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CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

“¡Ahí vienen!”
El rumor como mecanismo de control
social durante la Protesta Nacional
en septiembre de 1985.1
Diego Araya López2

1  Adaptación a formato de artículo de la tesis de pregrado de licenciatura en historia


con mención en estudios culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
2  Licenciado en Historia con mención en estudios culturales de la Universidad
Academia de Humanismo Cristiano.
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RESUMEN ABSTRACT

Durante la dictadura del General During the General Pinochet


Pinochet hubieron varios tipos military dictatorship there were
de represión, uno de ellos fue several types of repression,
el control psicológico de masas one of them was the mass
utilizado sobre la clase baja psychological control over
de la periferia santiaguina en the low class periphery at the
septiembre de 1985, en forma capital in form of a rumor about
de rumor sobre saqueos y looting and raping, in September
violaciones, que llevaría a 1985, which would trigger into
establecer un estado de paranoia a complete state of collective
colectiva y temor entre la paranoia and fear among the
población que duraría semanas. population lasting a few weeks.

Palabras clave Key words


Represión psicológica, dictadura, Psychological repression,
periferia, rumor, Protesta dictatorship, periphery, rumor,
Nacional, 1985. National Protest, 1985.

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INTRODUCCIÓN

La represión en dictadura no sólo se enmarca en la consolidación


de un solo bloque dominante de la política a nivel nacional, sino que
además se traduce en el adoctrinamiento de la población a través del
uso de la maquinaria e infraestructura de la violencia institucionali-
zada de carabineros y demás cuerpos armados, de inteligencia y de
orden público.
Este trabajo tiene la intención de dar a conocer la historia y
recuperar la memoria de los afectados por uno de estos mecanismos:
el rumor colectivo y la manipulación de la psicología de masas con tal
de establecer las condiciones ideales para la instauración de una
doctrina que hasta hoy en día se tiene como natural: una ciudadanía
sumisa y necesitada de una autoridad incondicional.
Los márgenes en los que se desarrolla esta investigación son la
geografía de los sujetos directamente afectados por el rumor, es
decir, la periferia santiaguina, aunque se debe decir que no se descarta
que este fenómeno haya ocurrido a lo largo del país. Para esto hicimos
una revisión de la historia de las políticas urbanas y habitacionales
desde la creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo en 1965,
hasta la implementación del régimen militar y sus ejercicios de
confrontar el problema habitacional imperante en los años setentas
y ochentas. Cabe destacar que de este repaso nos enfocamos en la
marginalidad construida a través de la periferia santiaguina, cuyo
hacinamiento y distribución geográfica urbana conllevan a la
conformación de un tipo específico de habitantes, con altas tasas de
desempleo, delincuencia, violencia, discriminación y exclusión de las
esferas políticas. Este tipo de individuos creados políticamente a
través de la construcción urbana es el blanco habitual de las políticas
represivas, dentro de ellas la manipulación psicológica de masas de la
que se trata esta investigación.
Las fuentes utilizadas son orales, ya que el propósito es el de
recuperar la memoria de los afectados, por lo cual gran parte del

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trabajo se traduce en la transcripción de las entrevistas, haciendo


una comparación simultánea con las fuentes secundarias de prensa
escrita encontradas que hacen alusión al fenómeno. Para terminar,
describimos las ideas finales y conclusiones a las que podemos llegar
luego de analizar los márgenes antes nombrados.
Previa aparición del rumor
En la noche del 11 al 12 de septiembre de 1983, en Santiago sucedieron
apagones, se escucharon sirenas de bomberos y de patrullas, balazos
y cayeron bombas lacrimógenas, perpetrados por lo que serían
grupos de carabineros y civiles que impulsarían a la población de al
menos ocho comunas3, a una paranoia colectiva sustentada en la
circulación de un rumor: ‘Habitantes de poblaciones vecinas vendrán
a atacarnos y quemarnos las viviendas’4.
El régimen mismo se encargó de promover situaciones de terror,
con tal de establecer un freno al avance que había tenido la Protesta
Nacional comenzada en el mismo año, que había sido resultado de la
crisis económica que azotó a Chile desde 1982. La participación de la
periferia en estas jornadas de manifestaciones está sumamente
vinculada a nuestro fenómeno de estudio, ya que explicaría la
intervención que se habría hecho desde el Estado a las poblaciones
marginales de forma sistemática y maquiavélica, bajo la tesis
hobbesiana del Leviatán dormido en la profundidad de las masas,
que ante alguna incertidumbre sobre la seguridad y el orden de la
sociedad, necesitaría de la intromisión de una fuerte autoridad, que
sería representada en su momento, por los organismos militares e
infraestructura de la dictadura. En caso de no haber autoridad alguna,
las poblaciones se habrían aniquilado unas a otras.
Enfocándonos en la situación acontecida en 1983, podemos esta-
blecer el panorama político y económico que lograría dar cabida a
revueltas de nivel nacional que terminarían por acorralar al régimen

3  Steve Stern, Luchando por mentes y corazones. Las batallas de la memoria en el


Chile de Pinochet (Libro dos de la trilogía ‘La Caja de la Memoria del Chile de Pinochet’).
(Jacqueline Garreaud). Santiago, Chile: Ediciones UDP, 2013. (Trabajo original publicado
en 2006).
4  José Carrasco, Gobierno desata guerra psicológica, Análisis, 104, pp. 10-11,
1985.
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y obligar al gobierno a hacerse cargo del problema de una manera en


que no cediera a las demandas contra el desempleo, hambre y vivien-
da, pero en la que una negativa no desencadenara en una radicalización
de las protestas. La represión tradicional, efectuada por los aparatos
de violencia oficiales, y mayoritariamente por carabineros, no logró
ser efectiva, sin importar el saldo de heridos y muertos que hubo en
las cuatro jornadas efectuadas hasta septiembre de 1983, por lo que
fue necesario implementar el uso de una nueva estrategia de control.
El germen del rumor introducido en las poblaciones fue la idea de
que entre comunidades habrían de librarse encuentros violentos,
persiguiendo el deseo de satisfacer la demanda de trabajo y comida
que no podía alcanzarse dado el panorama crítico que vivía la
economía del país. A cada población llegó el rumor de un inminente
ataque desde la población próxima, o de los sectores aún más
marginados y paupérrimos, las tomas y campamentos aledaños a los
asentamientos definitivos de vecinos. Ante este panorama de
incertidumbre, en el que se podía respirar el potencial conflicto que
esperaba a un mínimo error que se produjera por parte de algún
poblador, para desencadenar una guerra interna entre comunidades,
las organizaciones y personajes que mantuvieron la calma y la cabeza
fría como para entender que una situación así sólo podía ser vista
como una acción represiva por parte de la dictadura, comenzaron a
hacer circular panfletos y comunicados que lograron calmar los
ánimos a través del refortalecimiento de la organización interna y el
diálogo entre las poblaciones, y así evitar que se propagara la amenaza
del conflicto. La Vicaría de la Solidaridad lanzó un documento
informativo titulado “Solidaridad ante situaciones de temor
colectivo”5, intentando racionalizar la situación y explicar de manera
simple y educativa que el miedo ha sido impuesto desde arriba, a
través de la circulación de rumores.
Durante el año 1984, como consecuencia de las jornadas de
protesta, el gobierno dictatorial amenazó de manera transversal la
integridad de las personas con la implementación del Estado de sitio
el 6 de noviembre, que continuaría por cerca de medio año con tal de

5  Vicaría de la Solidaridad y Programa Médico Psiquiátrico (1983). Solidaridad


ante situaciones de temor colectivo. Santiago: FASIC. CD: 01022.00
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otorgar facultades restrictivas a la población y a la prensa, por medio


del toque de queda y el veto a algunos periódicos y revistas de
oposición, a modo de poner fin a la escalada de violencia y subversión
que se vivía en el país. El artículo 41 de la Constitución sobre la
declaración de Estado de Sitio faculta al Presidente de la República
para disponer el traslado de personas de un punto a otro del territorio
nacional, arrestarlas en sus propias casas o en lugares que no sean
cárceles y expulsarlas o impedir su entrada en territorio nacional.
Puede también restringir el derecho a reunión, libertad de información
y de opinión, restringir el ejercicio de los derechos de asociación y de
sindicalización e imponer censura a la correspondencia y a las
comunicaciones. Más temerario aún, en septiembre se emitió el
bando número 146, que alude a que en caso de ser sorprendida
alguna persona en un acto ilícito, la autoridad represiva tenía la
completa facultad de fusilar en el acto a la persona en cuestión.
El panorama se veía cada vez más amenazante para la dictadura a
medida que aumentaban las jornadas de protesta y se conformaba
un bloque opositor que actuaría de dos maneras. Un sector estaría
vinculado con la reposición de la democracia con estilo restrictivo,
liderado (en palabras de uno de nuestros entrevistados) por personajes
y partidos de izquierda renovados, que adecuaron sus posturas
históricas sobre la participación de la ciudadanía para poder así
ejercer un cambio en el gobierno y poder incluir una mayor apertura
económica al sistema restrictivo, sin la necesidad de la presencia de
las fuerzas armadas, manteniendo el poder en un grupo exclusivo
constituido por una elite política tradicional, es decir, los partidos
políticos institucionales del socialismo y el demócrata cristiano. Por
otro lado, el sector de menor repercusión dentro de la esfera política
estatal, fue el movimiento social que comenzó a tomar protagonismo
en medio de la Protesta Nacional, radicalizando las formas de lucha y

6  Estrategia del terror (1985, 17 al 23 de septiembre). Cauce, 40, pp. 27.


El 7 de septiembre la Jefatura de Zona de Emergencia emitió el bando número 14, el
cual señala: Las personas que sea sorprendidas ‘in fraganti’ en la comisión de delitos tales
como hechos vandálicos, pillajes, sabotajes y actos terroristas en general, que pongan en
peligro la vida, la seguridad de las personas, la propiedad privada y los bienes públicos, se
expondrán a todas las consecuencias que deriven de su propia acción. Al margen de la
legalidad vigente y que la autoridad se vea obligada a adoptar en uso de sus atribuciones.
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los objetivos de la misma, centrado en la caída no democrática del


régimen, pretendiendo una negación a su obra y a sus artífices y a sus
cómplices. Fue necesario radicalizar la represión masiva, ya que la
más cruda y selectiva que se había estado ejerciendo no frenó del
todo el avance de la oposición.
Con la prórroga al Estado de sitio en febrero de 1984, hasta mayo
del mismo año, se amplían las facultades para interceder en contra
de los grupos subversivos que actuarían en las jornadas de protesta,
que se encuentran en la periferia, los campamentos y tomas ilegales
de terreno. A días de haberse confirmado la continuidad del Estado
de sitio, hubo allanamientos en campamentos, según la prensa oficial
solicitados por los vecinos adyacentes a los mismos; el 8 de febrero
saldría publicada la noticia de una “Revisión en 3 campamentos a
petición de los pobladores”7. En la noche del 13 de febrero, civiles no
identificados incurrieron de forma violenta en uno de los campamentos
investigados en este trabajo, Juan Francisco Fresno, ubicado en El
Bosque, jornada en la que hirieron de un balazo en una de las piernas
a su dirigente José Manuel Maturana, quien posteriormente haría
una petición de amparo para él y los habitantes del campamento, con
motivo de las agresiones sufridas en los allanamientos por parte de
personas del ejército, carabineros, Policía de Investigaciones y de la
Central Nacional de Informaciones8. El día 14 del mismo mes, el
periódico La Segunda redactaría así la información: Una persona
baleada en una pierna en campamento “Monseñor Fresno”, aludiendo
a la víctima como ‘dirigente de un comando del campamento...
perteneciente a la procomunista Coordinadora Metropolitana de
Pobladores9. En mayo de 1985, el recurso de amparo sería declinado
por las autoridades, sin llegar a conocer a los responsables de los

7  Fuerzas de seguridad y efectivos policiales efectuaron “revisiones” en tres


campamentos de Santiago. (1985, 8 de febrero). La Nación, pp. 6.
8  Recurso de amparo a favor del Campamento Fresno, apelado el 29 de mayo de
1985. CD: 03177-19.
9  Una persona baleada en una pierna en campamento “Monseñor Fresno” (1985,
14 de febrero). La Segunda, pp. 27.
Claramente la redacción de la noticia contiene un lenguaje político que intentaría
justificar a través de la descripción del personaje y sus vinculaciones políticas, la agresión
que sufrió.
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disparos y de las agresiones10.

“En el año 84, el 4 y 5 de octubre estuvo muy fuerte el mov-


imiento social que había, ¿cachai’? En Renca o en Pudahuel a
los pacos les hicieron una emboscada, hicieron una zanja, los
huevones cayeron dentro de la zanja, y los pacos arrancaron.
En San Rafael [población de La Pintana] también se hizo algo
parecido, entonces hubieron varios hechos así, en varias pobla-
ciones…Mira, unas protestas antes [del rumor] siempre en las
protestas, en los paros, nosotros nos juntábamos en la cancha
que estaba cerca de la casa, ahí, y jugábamos a la pelota. Los
que estábamos enganchados en alguna actividad cultural, nos
juntábamos a jugar a la pelota, y de ahí a la noche nos repartía-
mos a hacer nuestras actividades; llegaron unos pacos en un
furgón, ¿cachai’? Y los silbaron, y se devolvieron los pacos, y al
flaco Jorge, jmjm [se sonríe], llegaron los pacos: -A ver, ¿quién
es el chorito [sic]?. Y nadie respondió, todos nos mirábamos no
más. Y el flaco Jorge estaba al arco y un paco viene y le pega
un palo en la espalda: -A ver, ¿el arquero vio algo? Y salió la
señora Leti, la de la esquina, la mamá del Gollo11, a echarles la
aniñada a los pacos. Me acuerdo que tenía un perro grande, el
Káiser, y el paco le disparó a la señora Leti, ¿cachai’? O sea, igual
se nota que le disparó una bala salva, de fogueo, y la señora
Leti trompeaba con él, le echó la aniñada, [los uniformados]
se subieron al furgón y se fueron…La cosa social estaba más
explosiva, ¿cachai’? Estaban pasando cosas más fuertes, los
jóvenes estaban más decididos…
“ En el 84 y el 85 fueron[sic] los años más fuertes, luego se calmó
un poco porque se creó la Asamblea de la Civilidad, y también
se creó después el PAIZ, entonces se trataba de converger a
todos los partidos de izquierda, los más fuertes…entonces
crearon la Asamblea de la Civilidad, para apaciguar un poquito

10  Protección policial para dirigente vecinal (1985, 19 de febrero). El Mercurio, pp. 14.
11  Persona que resultó muerta en el intento de saqueo a una panadería del sector, que
según las versiones extraoficiales fue motivado por sujetos adeptos al régimen para
demostrar la vulnerabilidad de la población que existe cuando no está presente una
autoridad fuerte. Se extiende más detalle en el trabajo original.
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la cosa, que, como eran más derechistas, más renovados, la DC,


la Izquierda Unida, la Izquierda Cristiana, el Partido Radical, el
PPD que nació de ahí, estaban cachando que la cosa se estaba
yendo pa’l otro lado. Entonces ellos podían hacer un llamado
para decir: todavía estamos aquí, estamos haciendo una
protesta; pero [en] el partido amplio de izquierda, el PAIZ, las
conductas eran más radicales. Lo mismo que hoy en día, que
los movimientos sociales son los que organizan las marchas y
protestas, y ¿qué es lo que te forma eso después? Una fuerza
política. Como la Nueva Zurda, la ZUTE, [en] la que están todos
los cabros jóvenes que salieron de la universidad, que no me
acuerdo cómo se llama, entonces, todo eso converge en algo,
como el Partido Igualdad, que ahí no converge con el PPD, po’,
ni el PS renovado. Ahí tenemos una fuerza social como para
accionar algo con respecto a esto…
“[En el año 1985] Venía de atrás una cosa fuerte, ¿cachai’?
Entonces, la única forma de que la cosa no se les arrancara,
no se les fuera más allá… había gente ya preparada, el Frente
[Patriótico Manuel Rodríguez] llevaba un año de formación,
había mucha gente que en ese momento se estaba yendo,
porque por algo del Frente se fueron…tuvieron problemas.
Se estaban creando muchos movimientos fuertes. Estaba
naciendo el Lautaro, el movimiento y las fuerzas rebeldes, y
entonces la cosa era demasiado fuerte en ese tiempo…”12
El rumor
El 4 y 5 de septiembre de 1985 hubo jornadas de protestas en todo el
país, como antesala de un nuevo aniversario del golpe militar de 1973
dejando un saldo de 10 muertos y más de 600 heridos a nivel nacional,
de tal manera que tras dos años de iniciada la Protesta Nacional, y
la conformación de grupos armados, y de una férrea oposición se
desprende un panorama no del todo a favor del régimen, por lo que el
uso de la violencia se masificó. Los relatos sobre los asesinatos de las
familias y testigos coinciden entre sí en el modo en que ocurrieron en

12  Entrevista a Carlos Núñez, Santiago, 26 de enero de 2014. Archivo personal de


Diego Araya López.
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las poblaciones: los responsables de al menos cuatro de ellos fueron


civiles en autos sin patentes que conduciendo por las calles de las
poblaciones en las que se había cortado la luz, disparaban a diestra y
siniestra, hiriendo sin discriminación en su paso. Uno de los testigos
identificaría a uno de los sujetos de un vehículo como miembro del
ejército. Las versiones oficiales dictaminaban que las víctimas eran
participantes de grupos subversivos o que eran parte de turbas
enardecidas en medio de los saqueos y barricadas desatados durante
las protestas. Esto demuestra la situación agravante al régimen
dictatorial, ya que la subversión no disminuía por mucho que las
personas afectadas llegaran a las cientos, con no poco muertos. Así
mismo, la intromisión de los aparatos de la violencia institucional
dentro de las poblaciones al momento de reprimir resulta evidente.
Por lo mismo es que postulamos que el rumor tuvo su primer acer-
camiento a través de sujetos que actúan como una quinta columna: es
decir, la utilización de agentes encubiertos dentro de las poblaciones
que prestarían el servicio de vigilancia y de esparcidores del germen
del rumor13.
Los sujetos entrevistados pertenecen a tres comunas del sur de
Santiago, San Miguel, La Granja y La Pintana, a las cuales llegó una
versión diferente del rumor, pero que reflejaban el mismo sentido. A
los habitantes de La Pintana, de las poblaciones de Raúl del Canto y
Pablo de Rokha, llegó en un principio la noticia de la llegada inminente
y pronta de sujetos de La Bandera, comunidad que se ubica a cinco
kilómetros aproximados, lo que la sitúa en tiempo no mayor a un par
de horas caminando, y que en su paso, acercándose a las poblaciones
del sur, iba quemando, robando y violando. Ya a las horas de no tener
más noticias de La Bandera, los ojos quedaron fijos en un foco de
marginalidad e ilegalidad más cercana, la toma localizada a un par de
cuadras de distancia.

“Fue una vecina, la Gloria, que vive a los pies de nuestra casa,
la que llegó a mi mami diciendo: -Julia, Julia, viene una turba.
Gritando desesperada que a ella le habían avisado, porque
13  El entrevistado Carlos Núñez relata en el formato extendido de este trabajo, la
sospecha hacia un vecino ex carabinero que habría de ser clave para poder explicar el
inicio de la paranoia en La Pintana.
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ella tenía familiares aquí en el [paradero] 16 [de avenida Santa


Rosa], donde vivía tu abuela Lela [abuela de Rodrigo, madre de
Julia], y que de ahí le habían dicho que venían. Decía la Gloria
‘¡Julia, toma a los niños y ándate donde tu mamá, que de La
Bandera vienen violando y saqueando!’
“Los rumores fueron cruzados, porque allá decían que estaban
esperando a que fueran los de La Legua, o los de la Yungai. Y
allá, lo que se estaba esperando, según el saqueo [sic] que iba
para allá era que iba gente de acá de La Bandera, porque en ese
tiempo La Pintana era casi lo último. No existía la [población]
Santo Tomás, entonces desde [la población] La Castrina venía
La Bandera y de ahí puro peladero hasta las poblaciones de
acá de Pablo de Rokha, San Ricardo, San Rafael… Todos [los de
la casa] nos enteramos por ella [la señora Gloria], las demás
personas y vecinos se fueron enterando de corrido. Y la Gloria
salió arrancando con el Lujo, que estaba chico, tenía mi edad el
Lujo, y el Rei estaba más chiquitito. Y ella se fue no sé dónde. Mi
mami no la pescó mucho”.14

El mismo campamento Fresno más arriba mencionado, sería el


protagonista de los rumores esparcidos, dado su perfil de pobreza y
delincuencia asociada, motivados por la venganza por los allana-
mientos, el hambre y el desempleo, que generarían la desesperación
necesaria para poder llevar a cabo una sanguinaria tarea como
saquear las casas de los vecinos.

“Me acuerdo que fue un fin de semana, en que estuvimos todos


ahí. No fueron todos los días, fueron saltados, día por medio,
en que teníamos que correr a la esquina, porque ahí venía el
rumor de que hoy día sí, que iban a venir los del campamento a
usurpar nuestras casas. Porque desde [la población] La Bandera
tenían que atravesar todo el potrero. Yo me pongo a pensar
quién es la señora Gloria, que llegó donde tu abuela [mamá
del entrevistado Rodrigo Araya] con el rumor, y tú cuéntale que

14  Entrevista a Rodrigo Araya, Santiago, 15 de octubre de 2013. Archivo personal


Diego Araya López
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mañana va a caer un meteorito justo en el patio de su casa, y


va a hacer una bomba. La otra era la mamá del…la señora Rosa.
Cáchate el perfil de las viejas que llegaban contando.” 15

Esta situación sería exacerbada por el actuar de los medios de


comunicación oficial, quienes a través de las radios y periódicos se
dedicaron a establecer el clima de tensión e incertidumbre al promover
la noticia sin tino ni criterio, con la portada “Sicosis de saqueos en las
poblaciones. La alientan los rumores, la falta de luz y grupos que
proliferan amenazas”16. En la crónica del diario La Segunda se explica
el panorama vivido en las comunas de La Pintana, San Ramón y La
Cisterna, cuyas poblaciones fueron amenazadas por grupos de
personas, mujeres y hombres, que actuarían promovidos por los
botines alcanzables en los saqueos a casas y locales comerciales
menores, como kioscos y panaderías de barrio. Hubo amenazas a una
casa de menores en La Cisterna que comenzaron el día 4 de septiembre,
ya que las religiosas encargadas del recinto llevaron a los niños al
colegio, siendo que fue un día de protesta. Por otro lado, a una
residente del sector de Casas Blancas que fue entrevistada para el
diario La Segunda, otorgó el testimonio de que los ataques serían
llevados a cabo por delincuentes de las poblaciones de Pablo de
Rokha. En La Bandera, un par de mujeres fue consultado por el origen
de esta situación, a lo que respondieron que al lugar llegaban personas
de otras poblaciones, de las comunas de La Pintana, San Ramón y
Conchalí (aunque habría más de diez kilómetros de distancia entre
esta última y el lugar de la entrevista). Toda esta incertidumbre y
paranoia se esperaba que fuera posible de detener con un más grande
y fuerte control policial en las zonas afectadas, ya que en los días
transcurridos hubo varios incidentes en casas particulares y locales
comerciales, siempre aludiendo a un grupo de no menor a las 30
personas que circulaban por las calles, vociferando “Ahí vienen!”17.

“…En ese momento había salido de la escuela y no había


empezado a trabajar. Fue en esta misma casa, paradero 22 de
15  Entrevista a Carlos Núñez
16  Sicosis en las poblaciones (1985, 9 de septiembre). La Segunda, pp. 3.
17  Ídem
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Avenida Santa Rosa. Yo me enteré de una manera diferente


a todas las personas. Porque yo, esa noche, me venía de la
casa de un amigo que vivía en Santa Rosa. Bueno, los días de
protestas, convocados por las organizaciones y todo, se sabía
que había protesta. No salían micros, no se salía a trabajar. Se
hacían fogatas y se paralizaba el tránsito y todo. Todos sabían
que había protesta, y ese día no había protesta. Recuerdo
claramente que ese día no había convocatoria a protesta ni
nada. Y yo, volviendo a la casa, como a las once y media, doce
de la noche, sentí una algarabía, una multitud a lo lejos. En la
calle no había nadie. No había movimiento, no había nadie en
la calle, era una noche común y corriente. Todo el mundo en
sus casas, acostados, seguramente. Y yo volvía a mi casa y sentí
esta algarabía, que era el mismo ruido que tenía una multitud
protestando, entonces eso me llamó la atención, porque
inmediatamente asocié ese ruido a una protesta, y me acordé
que es día no había protesta. Me pareció extraño. Y me quedé
en la puerta de mi casa, escuchando, pensando y esperando
a saber de dónde venía. Pensando por qué había ese ruido su
ese día no había protesta. Y en eso, habré estado unos cinco
minutos afuera, escuchando, y apareció una señora que venía
de una casa como a cuatro casas de la mía, que ella venía de
ver a un familiar que vivía en la siguiente cuadra. Ella llegó a su
casa, entró y habló con alguien y ahí empezaron a hablar sobre
el que venía gente de otra población a saquear nuestras casas.
Bueno, como yo había escuchado el ruido, pensé, pues, que
todo calzaba. Y bueno, entré acá a mi casa, a decirles a mi papá
y a mi mamá, que estaban acostados. Mi papá no demostró
mayor preocupación. El asunto es que al poco tiempo, bueno,
mi hermano se levantó, mi mamá también se levantó, toda
la gente que vivía aquí en la casa, y en la calle estaba toda la
gente afuera, organizándose o tratando de organizarse para
defenderse del saqueo… No les dije [a mis padres] que habían
saqueos, les conté lo que sabía. Que llegó esta señora diciendo
que venían, y que [yo] había escuchado el ruido de multitud…no
recuerdo exactamente qué población pudo haber venido. A los
días siguientes supimos que en las demás poblaciones, como
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la San Gregorio, pensaban que nosotros íbamos a ir, y nosotros


que ellos vendrían, pero en ese momento no me acuerdo
qué población era la que venía. La Bandera pudo haber sido,
probablemente, pero no recuerdo bien en realidad. Sí sé que
el tema era que venían de otra población a saquear… Mi papá
nunca se mostró preocupado en realidad. Él se levantó y todo,
pero no creyó mucho en el asunto. Aún después del testimonio
de haber escuchado la multitud y todo. Él nunca fue muy dado
a creer cosas que no tuviera la certeza como para creerlo. No
creo que su actitud se debiera al hecho de ser carabinero…”18
“Yo no me acuerdo cómo me enteré. Debí haber estado en el
centro, y llegué y la mamá del Carlitos me contó algo, y después
yo con el Joselo nos pusimos a conversar, y después con el
Matute, y nosotros solos nos pusimos a pensar, a conversar lo
que escuchábamos de los vecinos. ¿Qué onda? ” 19

La duración total del ambiente de temor e incertidumbre dependió


del lugar, según los testimonios, ya que para un entrevistado duró el
suceso sólo un día con precisión en La Granja, más para David Cortés,
en San Miguel, no fue más de una semana. Sin embargo, en las
poblaciones de La Pintana, quizá al verse más alejadas de las demás
comunas, estuvieron en vilo por más tiempo, concordando Cecilia
Ureta, Gerardo Borbarán, Carlos Núñez y Rodrigo Araya; para Raúl del
Canto y Pablo de Rokha, la duración sería de cerca de un mes en total,
aunque los días de mayor tensión fueron los de la primera semana.
Lo compartido por cada uno de los entrevistados son las mínimas
medidas de seguridad que fueron ejerciéndose, sobre todo la
ubicación de guardias alrededor de fogatas en las esquinas más
estratégicas.

“Imagínate, 15 años, más o menos, ¿qué sientes? Miedo, pero


también adrenalina, porque aunque no hubiera sido mucho lo
que podía hacer en caso de haber enfrentamiento, igual quería
estar ahí metido, más por el peluseo que por defender mi casa…
18  Entrevista a Eduardo Salazar, Santiago, 27 de noviembre de 2013. Archivo
personal Diego Araya López
19  Entrevista a Carlos Núñez.
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pero igual nos parábamos. La parada fue pelear, dar pelea. Con
15 años, una edad en que pegai’ el estirón y creís que le ganai’
a todos. Ahí con los vecinos nos comenzamos a organizar, los
más vagonetas, los drogos, los marihuaneros. Mi hermano
no pescó, no creía a menos que viera algo; mi papá siempre
curao y mi mamá preocupada de la reja para adentro, aunque
llegaran los extraterrestres mi mamá no pescaba…el tema de
la guardia fue una excusa ideal para pedir plata, colaboración,
su vinito pa’ la noche. Le pedíamos a las vecinas si nos podían
dar un sanguchito, o unas moneditas para pasar la noche…
Empezábamos hartos vecinos, hasta como las doce, que ya se
empezaban a ir, porque al día siguiente trabajaban, así que nos
quedábamos yo, mi par de amigos, el pelao’ Julio con el Lucho,
que eran de mi edad. Uno era un año más grande y el otro un
año más chico. Yuntas de la infancia. Eran callejeros, igual que
yo, por eso todas las anécdotas las tuve con ellos. Me acuerdo
que había un volado, era bien volado en ese tiempo. Se llamaba
Reinaldo, y le decíamos el Rei. Y una noche estábamos curados,
a las dos de la mañana, y este compadre empezó a gritar:
-¡Saqueo, saqueo, puro hueveo!
“De todas maneras al día siguiente seguíamos con las guardas,
por si este compadre se equivocaba…Como una semana hici-
mos guardia, hasta que la cuestión decayó. Nosotros éramos
de la Forplan, y del otro lado de [avenida] Santa Rosa venían
las poblaciones a saquearnos…la [población] Brasil… En los de
la [población] Palena, otra población aledaña…La [población]
la Palena era una toma a unos 300 metros al norte, y de ahí
podían venir, que era un campamento campamento, po’.
“Al otro día en la escuela, uno documentaba lo de la noche
anterior, lo comentaba con los demás: mi papá se quedó hasta
tal hora de la noche. Otro día que venían los de la [población]
Yungay, los que vivían pa’ [la avenida] Las Industrias decían
que venían los de la Yungay. Entonces a todos nos iba a atacar
la población vecina. Fue una constante la pregunta en el día:
¿Qué pasó en tu población?-No pasó nada, pero se decía que a
la de allá ya la saquearon. O sea, se iban acercando. Entonces
uno se ponía cada vez más preparado, con palos…con las falsas
184
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

alarmas empezó a pasar lo del cuento de Juanito y el lobo.


De repente no faltaba el pelusa que gritaba: ¡Ahí vienen, ahí
vienen!, y toda la población salía y atenta, nos poníamos de
acuerdo para avisar silbando y…y nunca pasó nada, po”20.

Los espacios de sociabilidad e interacción se fortalecieron y


masificaron con el comportamiento de la población a causa del temor.
Las esquinas, escuelas, lugares de trabajo, juntas de vecinos fueron
los lugares más frecuentados para compartir información y decidir
sobre las acciones a tomar en cuanto se llegue al inevitable enfrenta-
miento que se esperaba.

“Yo no me acuerdo, yo lo que sé es que mi mami tomó la opción de


no salir, porque hay varios vecinos que salieron arrancando, que se
fueron, así, a casas de familiares y todo el cuento, pero yo como niño
no me acuerdo muy bien de detalles, de si mi mami le fue a avisar a
alguien o algo así. Lo que sé es que las guardias las hacían afuera de
la casa, por eso podíamos escuchar para afuera, cómo los vecinos se
iban organizando, quién iba, a quién le tocaba hoy día, o hasta cierta
hora, y todo el cuento…Así pesado, yo recuerdo que habrían sido unas
dos semanas, más o menos, porque después se fue agotando. Pero
fueron dos semanas heavys. Una vez enterados fue así. Los chiquillos
[hermanos mayores] querían salir, el Lawrence [hermano mayor],
pero por el peluseo… Pero los primeros días sí fue bien en serio, porque
nosotros, por ejemplo, había una cuestión reloca: como resulta que
nosotros… se juntaban en la esquina, hacían la guardia en la esquina,
se turnaban los vecinos, con palos, hacían fogatas, y la volá chistosa
era que de repente a cierta hora de la mañana, así como estaba de
paranoica la gente, escuchaban que, nosotros escuchábamos adentro
porque no nos dejaban salir, escuchábamos: ¡Ahí vienen, ahí vienen!,
y todos salían apurados, todos corriendo, pero nadie venía, po’. Una
volá reloca. Pero cualquier falsas alarmas, por esa cuestión paranoica
de la gente, hubieron cualquier falsas alarmas, y era típico escuchar
en la noche el ‘ahí vienen’, y quedaba la media locura, todos pa’ allá y

20  Entrevista a David Cortés, en Santiago, 30 de octubre de 2013. Archivo personal


Diego Araya López
185
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

pa’ acá… Y las fogatas eran en todas las esquinas, po’, ¿cachai’? No era
una fogata ahí no más, sino que era en todas las esquinas. La otra
gente estaba cuidando allá y se veían fogatas por toda la población
alrededor de las calles principales. Y toda la gente se estaba echando
la culpa unos con otros.” 21

La primera aproximación a la organización se hizo entre vecinos


inmediatos, para luego llegar de esquina a esquina de cada cuadra,
pasaje por pasaje. En un intento de salvaguardar y proteger las casas,
se tiene como a conocido al vecino de los costados, ya que se tiene la
certeza de su participación en contra de los saqueadores, así como la
del reconocimiento de ellos hacia sí mismo como miembros de un
solo bando. Los pequeños malentendidos entre vecinos
desencadenaron episodios menores en los que se desconocían a las
personas que vivían en un mismo pasaje, y resultaban en peleas y
disputas. El reconocimiento de los lugareños fue vital para que no se
desencadenaran enfrentamientos dentro de una misma comunidad,
para esto incluso se implementó un sistema de santo y seña, y otro
visual a través de pañuelos o ropa distintiva.

“Bueno, aquí se formó una histeria colectiva por el asunto


de que venían a atacar. La gente que tenía armas, andaba
con las armas en la calle, en plan de defensa, no en plan de
agresión, en todo caso. La gente que era cazador, porque en
ese tiempo Santiago todavía tenía sitios donde se podía ir a
cazar, salió con sus escopetas, con su revólver en la mano.
Todo el mundo armado en la calle. Y en ese tiempo no se podía
andar ni con panfletos en la mano. Y nada. La gente, de hecho,
igual denunció, llamó a carabineros y llegó una patrulla, y no
pudieron hacer nada, y ¿qué iban a hacer, po’? los carabineros
que llegaron se dedicaron a observar, porque no podían hacer
nada. No había ataque, que era por lo que supuestamente los
habían llamado; no había saqueo, no había nada; tampoco
podían ir a quitarles a la gente las armas, porque todos se

21  Entrevista a Rodrigo Araya, Santiago, 15 de octubre de 2013. Archivo personal


Diego Araya López
186
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

les habrían tirado encima. Y como era todo el mundo el que


estaba en esa condición, bueno, los dejaron estar no más, po’.
A que la cuestión decantara sola…los carabineros llegaron esa
misma noche, pero un par de horas después. Si fue como a las
doce, habrán llegado a las dos de la mañana. Yo recuerdo que
llegó una patrulla aquí, para ver qué pasaba, pero no hicieron
nada, porque no había pasado nada, y era una situación que no
podía ser abordada por ninguna parte.
“Yo recuerdo que lo más grave fue la primera noche. No tengo
memoria que esto haya seguido en los días posteriores. Mi
hermano me dice que sí, que en los días posteriores siguió,
pero yo recuerdo que fue una sola noche. Quizá igual después
se quedó gente afuera, pero no fue como en la primera noche,
en que andábamos todo el mundo en la calle.
“… Se llegaron a acuerdos, y es una cosa que siempre me ha
llamado la atención, a acuerdos tácitos. De repente alguien dijo
que no pasaba nada, y que váyanse a acostarse. Y si pasara algo,
íbamos a hacer sonar las campanas de la iglesia, pero nadie se
acuerda quién lo dijo. Después todo el mundo sabía que iba a
tocar las campanas de la iglesia si aparecían los saqueadores.
Bueno, las campanas nunca sonaron… El otro acuerdo tácito
que se hizo fue que, como te digo, nadie se hizo cargo de la idea,
pero después todo el mundo sabía. Era que la gente tenía que
ponerse un pañuelo blanco en el hombro, para identificarse
de quiénes eran de aquí y los que venían de afuera, porque
obviamente los saqueadores no iban a tener ningún tipo de
identificación. Por eso el pañuelo en el brazo, para identificar
quiénes era de aquí. En caso, no sé, po’, que hubiera una batalla
campal, los que andaban con pañuelos eran buenos, y los que
andaban sin pañuelos eran malos. Acá muy pocos se quedaron
haciendo guardia. Al rato el grueso de la gente se fue a su
casa, quedándose unos pocos, con el acuerdo de que si venía
la gente iban a hacer sonar las campanas de la iglesia…ah! Y
otra cosa, la gente le empezó a poner cable con corriente a las
rejas… a hacer instalaciones para ponerle corriente a las rejas,

187
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

por si aparecían, uno quedaba dentro de la casa y los otros


quedaban en la reja energizada22”.

Este tipo de acciones defensivas fue más común de lo que se podría


pensar, demostrando el ingenio que puede tener la población al verse
vulnerable, sin embargo hay elementos que demuestran lo contrario,
ya que si bien la defensa hacia adentro de las casas consistía en
proteger el cerco que la delimita, como electrificar una reja, no habría
resultado muy efectivo llegado el momento, ya que lo primero que
ocurría según los relatos en la prensa, era el corte del suministro
eléctrico para tener así una mejor oportunidad de anonimato frente
a los demás. Ello no obstante, es de pleno acuerdo y citado por todos
los entrevistados, el uso de armas, ya fueren improvisadas, blancas y
de fuego, durante las guardias en las esquinas y la disposición de las
mismas dentro de las casas anticipando el ataque. Cabe destacar que
las entrevistas se hicieron de manera separada y personal a cada uno
de los entrevistados, exceptuando al matrimonio Cecilia y Gerardo,
por lo que sus puntos de convergencia no son resultado de un acuerdo
previo, sino más bien el recuerdo común del fenómeno de estudio.

“Nosotros llegamos [a vivir] a la iglesia el domingo del


terremoto. El 3 de marzo [de 1985], nos estábamos instalando
y pasó. El campamento lo habían erradicado hacía como dos
años, porque nosotros vivimos en el campamento Fresno…
Primero decían que veían de Pablo de Rokha a saquear las
casas. Después se decía que venían a quitarnos las casas, a
tomarse nuestras casas… Me acuerdo que hacía fogatas y
guardias en las noches… anochecía temprano, y hacía frío, uno
se calentaba alrededor de las fogatas. Hasta los delincuentes,
los ‘patos malos’ hacían guardia con nosotros. Nos conocían
todos.
“Nosotros éramos los encargados de hacer sonar las campanas
de la iglesia, para que todos supieran, y ahí quedaba la media
embarrada, todos salían y corrían de aquí para allá…entre los
vecinos se juntaron y empezamos a hacer contraseñas. La de

22  Entrevista a Eduardo Salazar.


188
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

Raúl del Canto era ‘costa azul’, y resguardábamos por cuadras.


Era parcelada la guardia. Unos vecinos las hacían en la cuadra
de allá, nosotros en la de acá, y de repente nos juntábamos para
ver qué hacíamos… habían unos que iban de fogata en fogata
preguntando qué pasaba, si habían visto algo… Me acuerdo
que había una cuestión de temor de todos. Yo también estaba
asustada, bueno, en lo personal, porque recién habíamos
llegado a la iglesia, y la iglesia era toda abierta, ¿cachai’?
“…En [la calle] San Francisco se hacían guardias, pero no
duraban tanto, porque era el camino de tierra, el canal,
zarzamoras y puro peladero, así que cuando avisaban en la
noche, nos levantábamos, agarrábamos unos palos y salíamos,
y como no pasaba nada, nos devolvíamos a dormir…
“Por esta cuestión del santo y seña, en varios lados se
agarraban entre los mismos vecinos, les sacaban cresta y
media. Por eso tuvimos que ver cómo nos reconocíamos.
También empezamos a usar brazaletes, de color azul o celeste,
como la contraseña, para identificarnos y poder entrar en los
pasajes. Nos juntábamos en la Junta de Vecinos número 10, y
nos poníamos de acuerdo con las guardias y todo eso. Fueron
como dos semanas en que fue intenso. En las guardias, como
a las doce, se empezaban a ir los que tenían que trabajar, y se
quedaba el cabrerío… A nosotros nos avisaban y teníamos que
ir a tocar las campanas. De repente nosotros no estábamos,
o no escuchábamos, y la gente se pasaba y las tocaba ellos.
Incluso llegaron los pacos un día, para hablarnos, de que no
pasaba nada, y que dejáramos de tocarlas, porque ponía
nerviosa a la gente. Pero escuchábamos las campanadas de las
otras iglesias, y nosotros teníamos que tocarlas no más, po’.
Esperando al que venía y nunca llegó.”23

Si bien el clima de tensión y temor fue hegemónico en los primeros


días de la llegada del rumor, se configuró gracias al mismo una
identidad que hasta antes no se tenía. Una identidad24 que se ejercía
23  Entrevista a Cecilia Ureta y Gerardo Borbarán, Santiago, 26 de enero de 2014.
Archivo personal Diego Araya López
24  Fundación Mario Góngora, Lo público y lo privado en la historia americana. Chile, 2000.
189
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

de manera geográfica, dentro de un mismo espacio, en contra de otro


de la misma clase social, que también había creado una identidad en
oposición al primero. El rumor permitió que existiera tanto la idea de
amenaza como la de solidaridad dentro de una misma comunidad,
entre los diferentes poblados. El rumor viste al vecino bueno (que
trabaja o no tiene necesidad de saquear ni deseos de violar), y al
poblador-amenaza, generalmente ubicado en los campamentos, que
por vivir en esas condiciones es más vulnerable a caer en la barbarie,
pero que a su vez está sintiéndose vulnerable y aterrado del saqueo
que se aproxima, tanto como por una acción imprudente y defensiva
ante la situación de temor de las demás poblaciones.
El contexto
Primeramente se entiende que aunque la Protesta se inicie en mayo
de 1983, su significado radica en su continuidad y en las direcciones
que va tomando a medida que suman y siguen las jornadas de
manifestaciones, tanto así que si bien desde un comienzo son los
estratos medios quienes consiguen movilizarse de maneras pacíficas
y sin mayores altercados, como por ejemplo los cacerolazos, las
congregaciones en plazas y paralizaciones del trabajo y comercio,
luego de los primeros semestres las movilizaciones sufren una
desvinculación con esas formas de lucha y se establecen las
directrices que desde la marginalidad emergían, lo que Mario Garcés
nombra como una juvenalización y periferización de la protesta,
entendiéndose como una radicalización de la misma: cortes de luz,
de calles, enfrentamiento con fuerzas especiales de carabineros
e incluso en la utilización de vocablos como zonas o poblaciones
liberadas, cerrando los accesos de las comunidades y sectores con tal
de ejercer autonomía al protestar25.
Las jornadas de protesta previas a las del 4 y 5 de septiembre de
1985 estuvieron marcadas, según los testimonios recogidos, por la
violencia y prepotencia con que carabineros actuaba en las poblaciones
al momento de patrullar las calles, haciendo difícil ver en ese momento
que pobladores y policías lograsen tener un diálogo o interacción que

25  Mario Garcés Y Gonzalo de la Masa, Explosión de las mayorías. La protesta


nacional 1983-1984. Chile: Educación y Comunicación, 1985.
190
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

no fuera antagónica, sin embargo, al momento de la circulación del


rumor, y creemos que es uno de sus objetivos, la sociedad civil se
acerca y aferra a los símbolos de poder y a la autoridad en busca de
ayuda, resguardo y seguridad, ya que se presentía inminente el
enfrentamiento de las poblaciones entre sí.
En este punto cabe destacar que incluso dentro de la marginalidad
existen lugares discriminados y estigmatizados, como lo son las
tomas, campamentos y poblaciones con alta cantidad de lumpen,
delincuencia y narcotráfico, como La Victoria y La Legua. Éstos fueron
los que, según la prensa y los esparcidores del rumor, se suponían que
estaban saqueando, violando, robando y matando en una carnicería
sin mayor motivo y argumento que la crisis económica que desde el
año 1981 azotaba al país26.
Las versiones del rumor que nos fueron otorgadas por los
entrevistados tienen en un principio la mera idea de saqueo, sin
mayor información que la pronta llegada de la violenta multitud. Si
bien en partes como La Granja y San Miguel las poblaciones atacantes
habrían sido San Gregorio y el campamento La Palena, en La Pintana
el panorama se perfiló más turbio e incierto, ya que se creía que se
estaban acercando desde La Bandera, que dista de cerca de cinco
kilómetros, lo que daba un poco más de un par de horas de angustiosa
espera para la llegada de los saqueadores.
Pasadas las horas y avanzada la noche, entre guardias y arcaica
organización entre vecinos de cuadra, se descartó la posibilidad de la
llegada de la distante población, y los ojos se posicionaron sobre el
campamento más cercano, el Monseñor Fresno, que geográfica-
mente se ubicaba a una prudente cercanía, y estaba separado de las
casas de los vecinos pobladores por una calle amplia y un canal,
haciendo de las esquinas puestos de avanzada, guardias ejercidas por
los hombres (mayoritariamente) en torno a una fogata y animada por
alcohol y paranoia.
No obstante las organizaciones que existían entre las poblaciones
desde antes del fenómeno del rumor, durante el mismo éstas no
tuvieron efecto alguno, floreciendo un ambiente de hostilidad e
inseguridad entre los pobladores, llegando a haber incluso alguno

26  Sicosis en las poblaciones (1985, 9 de septiembre). La Segunda, pp. 3.


191
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

que otro enfrentamiento por malentendidos entre vecinos de una


misma cuadra o pasaje, que no pasaron a mayores.
Pasados unos días, el cansancio y escepticismo hicieron decaer el
impacto del rumor, así como también la comunicación que se fue
configurando en la cotidianeidad del colegio y lugares de trabajo,
donde se conversaba y se intercambiaban versiones de las noches
pasadas, tema que imperó durante poco más de dos semanas.
Los mismos pobladores, al ver que por mucho que hubieran falsas
alarmas y presencia de rumor en toda la periferia santiaguina, no
ocurría ningún evento en realidad, contuvieron su participación en
las jornadas defensivas y se abrieron al diálogo con los sectores
antagónicos, las poblaciones vecinas y campamentos aledaños,
terminando, luego de alrededor de quince días, con el fenómeno de
paranoia colectiva.
En el intertanto del rumor, la autoridad fue exigida y se reclamaban
por allanamientos y mayor presencia policial, demandando una
voluntad implacable, sin importar la violencia, con tal de restablecer
el orden y lograr tener una convivencia tranquila en el hogar.
Esto significó en lo material tras cerca de tres semanas el esperado,
aclamado y gratificante ingreso de las fuerzas armadas y de orden a
las poblaciones, reconociendo su mérito de existencia por proteger a
la sociedad.
Los mecanismos del rumor
La organización espacial de las poblaciones dentro de la periferia,
así como la construcción del otro en los campamentos, además de
la infraestructura y condiciones materiales precarias al momento
del rumor, perfilan la situación como propicia por parte del poder
gubernamental para establecer una manipulación de las personas
a partir de la poca información con la que circularía primeramente
el rumor, ya que sólo llegó el “¡ahí vienen!” de parte de vecinos y
desconocidos relatados más arriba. Para luego dar lugar al comienzo
del trazo de lo que fue el complemento del rumor: gente de otra
población o campamento específicos en plan de ataque. Esta
ambigüedad es necesaria para lograr hacer efectivo el mecanismo
del rumor. Las consecuencias que presentaba el rumor también
son necesarias con tal de tomarlo en cuenta. Allport y Postman en
192
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

La psicología del rumor27, asocian una relación de importancia por


ambigüedad necesarias para lograr crear un chisme, y que sin alguna
de esas condiciones en su contenido, no lograría llevarse a cabo el
involucramiento con el hecho incierto.
Las formas en que se enteraron nuestros entrevistados, de lo que
se supuso que se avecinaba, conllevaron a crear en el imaginario
personal y colectivo, formulaciones que otorgaron un sentido a lo
desconocido de los motivos de estas masas atacantes. Rosnow y
Foster28 configuran los escenarios en que se desarrollan los rumores
en base a una cuestión de percepción y entendimiento, ya que se
constituirían a partir de una incógnita, que es respondida a través de
la construcción de explicaciones que otorgarían una lógica a lo
desconocido. Estas explicaciones formuladas son responsables del
esparcimiento del rumor, ya que lo visten y revisten con detalles
muchas veces inexistentes, inverosímiles si se sometieran a un
mínimo de argumentos, pero que para el relator del rumor resultan
fundamentales con tal de entender la incógnita en cuestión. En este
caso la interrogante fue el ruido de protesta o multitud que llegó a
oídos de uno de nuestros entrevistados, así como el relato de las
personas que llegan con la oración “¡ahí vienen!”, que no se presentó
en ese momento con más detalle, pero que luego iría
complementándose con las versiones de violaciones, saqueos e
incendios perpetrados por la muchedumbre en su paso hacia las
poblaciones.
Una de las prácticas más habituales para especular sobre alguna
persona o entidad, es a través de un rumor de desprestigio de imagen,
con tal de desfavorecer y dañar la reputación de la misma. Para lograr
hacer frente a este tipo de situaciones es completamente necesaria
una buena información, ya que a falta de ella, comienza la especulación
que convence de forma mucho más persuasiva a las personas, porque
recurre a las emociones. En nuestro fenómeno de estudio, los saqueos
y violaciones dejan en clara evidencia la supuesta vulnerabilidad de

27  G.W. Allport & Leo Postman,  Psicología del rumor, Buenos Aires, Editorial
Psique, 1975.
28  Ralph Rosnow & Eric Foster,  Rumor and Gossip research, Apa online
psychological science agenda Vol. 19, N° 4 April, 2005. Extraído el 20 de abril de 2013
de http://www.apa.org/science/psa/apr05gossipprt.html.
193
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

los vecinos, quienes sin detenerse a pensar en las razones por las
cuales una población se levantaba en armas contra las demás,
prefirieron reaccionar como si fuera cierto, otorgando seguridad a
través de la preparación de la defensa29. En el caso de Carlos Núñez,
su escepticismo le hizo dudar de la situación, llegando a pensar
tempranamente la inverosimilitud del asunto. Sin embargo, no deja
de ejercer vigilancia en las esquinas, ni de estar armado en las
guardias. Una de las razones por las cuales este sujeto logra entablar
juicios de esa naturaleza, es su participación políticamente activa en
las poblaciones, y su conocimiento a nivel nacional del panorama
político que se perfilaba en la época. La falta de información de la
situación del país jugó en contra de las poblaciones afectadas por el
rumor, ya que en un escenario así de propicio, se logró establecer la
manipulación psicológica de las masas de la forma tan extensa como
aconteció.
En este momento del relato podemos establecer la significancia
tangible del rumor en tanto a los alcances en la sociedad civil, es decir,
el método usado en la construcción de esta investigación para lograr
pesquisar y exponer al rumor ocurrido como la maquinación represiva
dictatorial que fue.
Como punto uno proponemos las motivaciones de este mecanismo
represivo, teniendo en cuenta la Protesta Nacional y su periferización
y juvenalización, es posible dictaminar que la separación que existía
entre la sociedad civil (sobre todo marginal) y la autoridad, se
exacerbaba durante las jornadas de manifestaciones.
Como segundo punto logramos esclarecer que las prácticas
represivas utilizadas para calmar y controlar a los manifestantes no
tenían un efecto contundente, ya que las jornadas de protesta
duraban entre 24 y 48 horas a nivel nacional, y aunque como saldo
habían decenas de muertos y cientos de heridos jornada a jornada, no
se aminoraron las convocatorias, por lo que el uso de un nuevo
mecanismo represivo se hizo urgente de pensar y utilizar30.

29  César Tinoco, Dinámica del rumor y operaciones psicológicas de daño


reputacional. Anales de la Universidad Metropolitana, Vol. 4, N° 2 (Nueva serie. pág. 155
– 169.), 2004.
30  Mario Garcés Y Gonzalo de la Masa, Explosión de las mayorías. La protesta nacional
1983-1984. Chile: Educación y Comunicación, 1985.
194
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

Basándose en la tesis hobbessiana del Leviathan, la dictadura creó


una fuerza incontrolable dentro de las poblaciones, que finalmente
perseguía la violencia y destrucción de sí misma en el caso de ser
liberada de una autoridad que defendiera el orden y la seguridad
pública, lo que hace que el rumor de saqueos se convirtiera en la
excusa ideal para enaltecer a las fuerzas armadas y de orden y
restablecerlas como por encima de la sociedad civil de manera
intrínseca a la misma.
Los motivos por los cuales postulamos la voluntad que desde el
régimen emanó y tuvo que organizar una situación de conflicto entre
las comunidades nos son vastos. El clima de inseguridad e
incertidumbre al que se avecinaba el país al acercarse un nuevo
aniversario del Golpe de Estado, con la crisis económica y el
amedrentamiento sufrido por la policía resulta beneficioso al grupo
dominante al momento de intentar una técnica de control psicológico
de masas, ya que sólo cabía imponer la semilla del rumor que
germinaría a lo largo de toda la periferia.
Para este fin se utilizó la “quinta columna”, elementos infiltrados
que son usados para contrainformar al adversario, en este caso, para
comenzar y esparcir el rumor31. También fueron usados mecanismos
más frontales y explícitos para este propósito, como bien lo cuentan
las crónicas de la prensa, cuyos testimonios recopilados relatan
grupos de decenas de personas que recorrían las poblaciones luego
de sucesivos cortes de luz, gritando y haciendo algarabía con tal de
alertar al mundo de la inminente llegada de los de la otra población.
También existen relatos sobre autos circulando por los pasajes con
las mismas insignias y propósitos. Con la célula ya en desarrollo, lo
que cabía esperar era que la propia ciudadanía se creyera y actuara
basándose en este rumor, cosa que ocurrió, por lo que tuvo una
efectividad impecable durante los primeros días.
Sobre la eficacia del rumor
Con el panorama explicado a través de testimonios otorgados por
entrevistas, estudios y crónicas de prensa, la situación se vuelve

31  José Carrasco, Gobierno desata guerra psicológica, Análisis, 104, pp. 10-11,
1985.
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CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

aún más quisquillosa para abordarla desde una sola pregunta. En el


Chile dictatorial se usó de manera sistemática el rumor para lograr
controlar a la población en un momento en el que la organización
y osadía de la misma obligó al régimen a efectuar mecanismos de
represión psicológicos, en respuesta a la nula efectividad que presen-
taban los aparatos de pacificación y contención tradicionales, rela-
cionados con la dispersión de manifestaciones por medio de la fuerza
armada de gases lacrimógenos, palos y balazos. En este sentido,
nos es posible responder, respaldados por nuestra investigación, las
preguntas sobre los motivos que llevaron al Estado a accionar esta
maquiavélica pretensión de manipulación de la población; también
somos capaces de perfilar el cómo se llevó a efecto según todas las
versiones recopiladas; y finalmente podemos otorgar un para qué
a toda esta situación, en relación al contexto previo del suceso. Sin
embargo, para ir más allá que la mera repetición de los antecedentes
otorgados por nuestros entrevistados y la bibliografía, nos acercare-
mos a problemáticas de fondo y más de percepción posterior que de
agrupación de información. Posteriormente lograremos establecer
como conclusiones un mínimo de preguntas que aludirán a la eficacia
en la implementación del rumor, y al hecho de que un suceso así ha
pasado desapercibido durante 30 años, siendo que afectó a miles de
personas en la región capitalina.
En primer lugar tenemos la interrogante sobre la eficacia del rumor
presentado, tema que abordaremos desde el punto de vista de los
autores y responsables del mismo. En este sentido proponemos atrave-
sar la cuestión a través de los siguientes puntos: efecto deseado, por
muy tentativa que sea la forma en que lo expondremos, ya que no ha
sido posible entablar diálogo con los personajes que idearon este
fenómeno, nos aventuraremos a relatar las interpretaciones que desde
la investigación hecha son posibles de comprehender, con tal de res-
ponder los objetivos cumplidos y logrados por este mecanismo y su
ejecución. En segundo lugar expondremos los efectos producidos dife-
rente de los deseados, ya que éstos otorgarían la posibilidad de
constituir la balanza entre efectos positivos y negativos (para el
régimen y sus autores), y así lograr establecer a futuro, si en algún
contexto dado, vale la pena repetir el uso de este instrumento, teniendo
en cuenta todos los antecedentes que hemos sido capaces de adquirir.
196
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

Efectos deseados

Sobre el efecto deseado como parámetro para medir la eficacia


del rumor tenemos los siguientes tópicos cumplidos a través de
aquél. Número uno, dentro del panorama previo al rumor podemos
establecer las motivaciones que llevaron a los autores a producir y
esparcir la situación. Las protestas, llevadas a cabo durante dos años
de manera radicalizada dentro de la periferia, con enfrentamientos
cada vez más osados por parte de los manifestantes, apoyados en una
mayor organización lograda a partir de las necesidades demandadas,
y del contexto de desaprobación generalizado contra el régimen.
Las violaciones a los derechos humanos habían estado emergiendo
a través de la prensa de oposición, y de los diferentes organismos
que se habían creado para unificar las voces de los familiares de
las víctimas con tal de demandar justicia y verdad. En el momento
previo a un nuevo aniversario del golpe de Estado, se decidió tomar
medidas de desvío de atención, como bien dice nuestro entrevistado
Carlos Núñez, con tal de ejercer la suficiente presión como para llegar
a olvidar el acontecer nacional del momento, para poner los ojos
exclusivamente hacia uno mismo, preocupados por la seguridad e
integridad de su familia y su casa. Podemos decir que este propósito
fue cumplido en el 100% por lo menos durante los primeros días del
esparcimiento, ya que si bien no la totalidad de la población creyó
posible la situación, no deja de ser cierto que también se percibió que
había sujetos capaces de generar un conflicto movidos por un rencor
clasista:

“En la población habían vecinos más care’palo, los derechistas


escondidos, que le tenían bronca a los del campamento, y que
estaban dispuestos a ir a quemarlo con tal de que no estuviera
ahí al lado, entonces uno tenía que estar atento a la situación,
porque en cualquier momento se podía escapar de las manos
en caso de que algunos vecinos se pararan y fueran a quemar
a huevada, po’”32

32  Entrevista a Carlos Núñez, Santiago, 26 de enero de 2014.


197
CONVERGENC IA H ISTÓR ICA

La misma percepción se demuestra en las entrevistas de la prensa


a gente de la población de La Bandera, quienes, aunque se les tildó
por los medios oficiales de perpetradores y causantes de los saqueos,
cosa que desmienten, no dejan de tener una actitud precavida
haciendo guardias nocturnas, esperando a que desde otra población
se acercaran en plan de atacar de forma preventiva, motivados por
las vociferaciones del grupo de alborotadores que circulaba por el
sector33.
Como segundo tópico se puede apreciar como deseado el cese de
las organizaciones entre las poblaciones, o entre comunidades, ya
que los límites demarcados entre una población y otra, terminaron
por erigirse como fronteras, en las cuales para lograr ingresar hubo
que identificarse de manera particular a través de contraseñas, ya
que el ambiente de hostilidad y desconfianza crecía a medida que
pasaban los primeros días. Esta introversión de las poblaciones,
aunque no fue duradera, termina por generar el antagonismo
suficiente como para que hayan potenciales enfrentamientos por
mínimos malentendidos. Ya nos contaron Cecilia y Gerardo que hubo
varios vecinos dentro del sector, que intentando llegar a sus casas no
eran identificados por quienes ejercían las guardias, habiendo peleas
a menudo por este motivo. Si establecemos que uno de los efectos
deseados por el régimen fue la separación, desconfianza y
antagonismo entre las poblaciones, seguro que fue cumplido durante
el momento más álgido del rumor, es decir, durante los primeros
cinco días aproximadamente. Consideramos cumplido el objetivo ya
que, si bien hubo enfrentamientos menores, la esporádica aparición
de patrullas y personal de las fuerzas armadas, contenía a los
pobladores a no ejercer una ofensiva, controlando la situación para
que permaneciera estable dentro de la incertidumbre. En un territorio
tan vasto como lo es la periferia, en la que vivían dos millones de
personas, en algún momento inesperado un grupo lo suficientemente
susceptible y desesperado pudo haber sido capaz de comenzar los
enfrentamientos e iniciar una verdadera guerra entre comunidades
en un momento de tan alta tensión como el que se vivió. Sin embargo,

33  José Carrasco, Gobierno desata guerra psicológica, Análisis, 104, pp. 10-11,
1985.
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no hay registros de que haya ocurrido tal, y no creemos que sea por
mera casualidad, sino porque el control en todo momento no dejó de
estar en manos de la autoridad, movilizándose con soltura y
dialogando con la población, algo que previamente no sucedía ya que
sus intenciones al momento de entrar en las poblaciones eran las de
amedrentar a las personas, e imponerse como autoridad desde arriba,
en servicio de un aparato estatal, en cambio, en la duración del rumor,
el diálogo se percibía desde un igual, que entendía la situación de
angustia y desesperación vivida, pero que aconsejaba no aumentar la
sensibilidad de las personas con tal de no promover motivos para
iniciar algún enfrentamiento.
Efectos producidos
En segundo lugar, después de apreciar las formulaciones que hicieron
del rumor un mecanismo cuyo efecto esperado fue cumplido, por lo
menos en los días en que el ambiente estuvo más tensionado, nos
dedicaremos a establecer, en perspectiva del régimen, los efectos
producidos negativos al momento de llevar a cabo esta medida
represiva, para terminar por interpretar sus efectos positivos para los
accionadores del rumor.
Como pudimos apreciar, sí hubo enfrentamientos menores entre
vecinos, aunque no aconteció un suceso de mayor importancia, o de
dimensiones más grandes, no se descarta que el ambiente posibilitaba
la oportunidad del conflicto. Esta posibilidad no puede ser descartada
como un elemento estocástico, ya que si bien el control siempre
estuvo en manos de la autoridad, y el hecho que hasta donde sabemos
no hubiera un enfrentamiento mayor, estuvo encargado del azar más
que de la inteligencia militar, ya que en caso de que hubiese habido
un malentendido por parte del lumpen recalcitrante, o de algún
personaje imprevisible y violento, pudo haber ocurrido alguna
desgracia lamentable.
Por otro lado, en los sujetos más informados y organizados,
participantes política y socialmente en las poblaciones, no tuvo efecto
el rumor, así que su vigilancia estuvo concentrada en la observación
del movimiento de la autoridad, intentando encontrar la información
desvirtuada por el gobierno a través del rumor, con tal de invertir el
panorama en unión con las demás organizaciones. Para estos sujetos,
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el rumor no tuvo efecto más allá de su duración, y se vieron favorecidos


de manera ulterior por el mismo, ya que las comunidades terminaron
por establecer diálogo entre ellas, manteniendo una comunicación
fluida con el fin de evitar situaciones similares en el futuro. Es más, el
término del efecto del rumor tiene más relación con los nexos creados
entre las poblaciones, que con el hecho de que pasaran los días sin
tener noticias de los saqueadores.

“Como a las dos semanas partimos varios vecinos, éramos


hartos, yo iba de los últimos, hasta el límite con Pablo de Rokha,
en [la calle] José Toribio Medina, y ahí nos encontrábamos
con un grupo de esa población. Ahí nos pusimos a conversar,
mandamos tres o cinco para allá, y de allá vinieron cinco, y ahí
cachamos que ellos creían que nosotros íbamos a ir para allá a
saquear, y nosotros pensábamos que ellos iban a venir. Después
cachamos que había pasado en toda la región Metropolitana
lo mismo… Yo [Gerardo] trabajo en el Pueblito Inglés, en
Vitacura, y de ahí venía a trabajar gente de todos lados, y todos
contaban lo mismo. Y ya después de conversar con los de la
otra población se calmó un poco, pero de todas maneras uno
quedaba con la duda y se quedaba alerta. Ahí duró, pero menos
intenso, por una semana más, más o menos. Yo creo que fue
un trabajo de inteligencia, porque pasó en todos lados. O sea,
nunca pasó nada, pero en todos lados se decía lo mismo, que
los de acá íbamos a ir para allá, y los de allá para acá. Yo creo
que fue porque, no sé, habían muchos pobladores, y querían
poner al pueblo contra el pueblo, y lo hicieron.”34

Ello no obstante, creemos que hubo efectos positivos para el


régimen, ya que lograron que la operación llevada a cabo fuera
exitosa, al menos por un tiempo. El régimen creó una situación de
alteración al orden de una manera tal que solamente la autoridad
misma era percibida como capacitada de restaurar el orden y la
seguridad de la población. Ningún otro tipo de organismo social sería
demandado a resolver la situación sino los mismos mecanismos de la

34  Entrevista a Cecilia Ureta y Gerardo Borbarán, Santiago, 26 de enero de 2014.


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dictadura, incluso tras sólo haber pasado un par de semanas desde


los últimos enfrentamientos entre ambos en las jornadas de protesta
del 4 y el 5 de septiembre. No puede haber un efecto positivo mayor
para la dictadura que la misma población exija seguridad y una férrea
autoridad que no permita que escenarios así ocurran. La ciudadanía
firmó el contrato social redactado por el régimen, en el que delegaban
todo tipo de organización y mando a este último, a cambio de
tranquilidad, estabilidad y seguridad, que perfectamente había
podido ejercerse de haber mejores coordinación y comunicación
entre las poblaciones. Por eso, tras este último incidente de 1985, no
hay registros en los que deliberadamente se haya usado un
mecanismo de control psicológico de masas como el rumor.

Conclusiones
El mal sueño del que nadie quiere acordarse
La mayor particularidad de la situación desencadenada es el escaso
registro y referencias académicas que se ha hecho de la misma, ya
que si bien fue un fenómeno con un promedio de duración de dos
semanas, desarrollado en un vasto territorio, en conjunto con los
miles de personas que actuaron como testigos y víctimas del rumor,
es escasísima la bibliografía que se refiera al tema. Además de los
registros encontrados en la prensa de la época, no ha habido estudios
académicos acabados que nos logren demostrar los verdaderos
alcances a nivel nacional que pudo haber tenido este mecanismo de
represión. ¿Por qué no hay registros de un fenómeno que afectó a
tantas personas, siendo que sujetos de toda clase, en todo el país,
fueron informados de alguna u otra manera a través de la prensa y
medios de comunicación? Radio, televisión, periódicos y revistas se
dedicaron a establecer, de una u otra forma, los contenidos del rumor,
e incluso habiendo un enfrentamiento entre el discurso oficial y la
contrainformación de la prensa opositora, no fue posible encontrar,
en una búsqueda que tuvo un año de duración, más de una sola
referencia académica a este hecho.
El rumor como fenómeno, no sólo contiene el antagonismo
impuesto entre los pobladores de la periferia, quienes fueron las
víctimas indiscutidas, sino que comprende el conflicto, la dialéctica
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materializada en noche de vigilia, en cada página impresa, entre la


desarticulación y la organización; entre el discurso oficial y la contra-
información; entre la otredad victimaria y la solidaridad de clase. La
lucha entre el antiguo régimen derrocado contra el nuevo régimen
impuesto, se concretaría de la accidental manera en el deliberado
esparcimiento de una guerra psicológica, como aconteció, en el que
el diálogo y la comunicación tanto dentro de la población, como entre
las comunidades se vieron fortalecidos de maneras nunca antes
vistas desde que fue impuesto el modelo neoliberal dictatorial. Sin
embargo, terminó por convencer a la mayoría de la población, que el
único organismo capaz de ser responsable para instaurar y mantener
el orden, con voluntad implacable y disposición completa, era el
Estado y su violencia institucionalizada, sin importar que el costo de
este contrato haya sido la posibilidad de organizarse de manera
propia y autónoma, sin depender del poder central, en adelante y
hasta el presente.
El rumor terminó siendo el responsable de establecer las condiciones
favorables para la dictadura de instaurar un régimen autoritario sin
tener la necesidad de existir un dictador. Llevó a la ciudadanía a
considerar una simbiosis vertical, haciendo percibir como mutualismo
simbiótico35 el hecho de haber entregado la opción de organizarse
desde las bases, por la de cautelar de manera totalitaria el orden que
el mismo sistema había engendrado.
Hasta ahora no hemos encontrado registros de que una situación
así haya ocurrido a nivel nacional, o en las ciudades principales del
país, con tal de favorecer de manera trascendental la situación para el
Estado, en medio del fenómeno de la Protesta Nacional. Es posible
encontrar a las víctimas en prácticamente todos lados, en toda la
periferia, y muy probablemente en otras regiones, por lo que es
plausible continuar esta investigación en tanto sigan viviendo los
sujetos que fueron protagonistas de este acontecimiento. No creemos
que sea posible otra situación, en tanto no haya una nueva necesidad
de acercar de forma jerarquizada a la autoridad con la ciudadanía, ya
35  Lo nombro simbiótico por referirme a la relación de asistencia mutua y necesaria
entre dos especies usadas en la biología, diferenciándolo del mutualismo a secas de la
organización social que desde finales del siglo XIX se fue generando en los estratos más
bajos.
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que esta relación no ha dejado de verse confirmada por la separación


que existe entre las esferas política y social, y que seguirá existiendo
mientras se siga percibiendo que la ciudadanía sólo es tal al momento
de votar por sus representantes en un sistema que no la representa.

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