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APOSTASÍA

Incredulidad. Ausencia de fe en el corazón. Falta de fe y de creencia religiosa.


La palabra de Dios nos habla de dos tipos de incredulidad: una causada por la ignorancia (1 Timoteo
1:13), otra, por la apostasía:
La primera tiene remedio, la segunda no. ¿Cuál es el remedio para la primera? El conocimiento del
evangelio y de la doctrina. Que haya obreros que lleven ese conocimiento a las almas, para que de esa
manera se pueda abatir esa ignorancia.
La incredulidad por apostasía no tiene remedio, pues la palabra de Dios nos dice que esa fe fue dada una
vez a los santos (Judas 1:3). Esa incredulidad tiene un proceso. Empieza a descender significativamente,
manifestándose en que las obras buenas empiezan a desaparecer paulatinamente de nuestras vidas. El
trágico desenlace es que esa criatura termina apartándose del Dios Vivo (Hebreos 3: 12).
¿Cuál incredulidad le preocupará al Apóstol del Señor? La otra no, pues el sabe que la mayoría de la
gente del mundo seguirá sin creer al anuncio de Dios. La incredulidad que sí le preocupa es la ocasionada
por la apostasía.
Nuestra principal preocupación debe de ser el procurar en todo tiempo que nuestra fe vaya en ascenso. La
fe, en algunos corazones se ha extinguido por haber descuidado las cosas de Dios. Las Escrituras nos dan
testimonio de hombres que apostataron de la fe, es decir negaron la fe que un tiempo profesaron. Esa
apostasía (negación de la fe), fue ocasionada por la desatención a las cosas de Dios o por haber dado oído
a malas conversaciones que tienen como fin destruir la fe de nuestros corazones.
2 Tesalonicenses 2:3. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la
apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta
contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios,
haciéndose pasar por Dios.
La palabra de Dios nos dice que la venida del Señor estará precedida por la apostasía. La apostasía no es
un mal que haya de manifestarse en el mundo, sino en la Iglesia. El mundo no puede negar lo que jamás
ha tenido. Nosotros –los que un día creímos por el oír de la palabra de Dios–, somos los que podemos
llegar a apostatar, si no cuidamos lo que Dios nos dio un día: la fe.
1 Timoteo 4:1. Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la
fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos
que, teniendo cauterizada la conciencia...
No ha de ser una apostasía de carácter general, sino de algunos, que descuidando sus oraciones, y dando
oído a pláticas inconvenientes, terminaran perdiendo el tesoro más preciado que Dios nos ha dado: la fe.
¿Hubo apostatas en la Iglesia primitiva? Sí, y enseguida analizaremos caso por caso para ver cómo
comenzaron a apostatar de la fe.
1 Timoteo 1:19. Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la
fe algunos, 20 de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan
a no blasfemar.
El consejo que el Apóstol dirige a Timoteo es para que conserve la fe, virtud esencial para la consecución
de nuestra salvación (1 Pedro 1:9). Le muestra un trágico ejemplo de lo acontecido a dos hombres que
tuvieron fe, pero que la desecharon, es decir, apostataron de la fe. Desecha la fe es como sufrir un
naufragio en alta mar. ¿Qué posibilidad tiene de sobrevivir un náufrago? Casi ninguna. ¿Qué probabilidad
de ser salvo tendrá aquel que pierde la fe que le fue dada una solo vez.
Naufragar. Irse a pique o perderse la embarcación; hallarse uno en la embarcación que naufraga.
Estos hombres, no sólo se apartaron de la Iglesia, sino que al estar privados de la fe, cometieron el más
grave de los pecados: la blasfemia, el cual no tiene perdón, ni en este siglo, ni en el venidero. Uno de
ellos, Himeneo, es señalado como un hombre que intentaba trastornar la fe de algunos al enseñar la herejía
de que la resurrección ya había sido efectuada (2 Timoteo 2:17).
Un corazón dotado de fe, honra a Dios, a su Hijo, y a quien lo representa en esta tierra.
2 Corintios 10:15 No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que
conforme crezca vuestra fe, seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla.
¿Cómo vemos al Apóstol del Señor? De acuerdo a como sea nuestra fe. Si la fe es pequeña, lo vemos así,
no porque sea pequeño, sino por la condición precaria de nuestra fe. Si la fe es grande, veremos al Varón
de Dios como un hombre cada día más grande ante nuestros ojos.
Si la fe se acaba, deja de ser para la criatura lo más sublime y comienza a forjarse de él una opinión
equivocada.

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