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La conducta.

Muchos nos preguntamos cómo es que puedo saber si lo que estoy haciendo está bien, que
aspectos de mi forma de actuar me ayudan a identificar si la conducta que poseo es la correcta,
esta y muchas otras preguntas son acciones que nos hacen reflexionar sobre la clase persona que
queremos ser, por eso es muy importante que cada uno de nosotros nos tomemos el tiempo
necesario para detenernos en nuestra cotidianidad y pensar si lo que estoy siendo es lo que
realmente quiero ser. Es indispensable que sepamos que tener dudas o inseguridades respecto a
este tema no está mal, todo lo contrario, es una posición muy positiva que contribuye a forjar esa
imagen que queremos que los demás vean de nosotros. Aunque es importante recalcar algunos
estigmas sociales que en ciertas ocasiones nos hacen tomar o asumir una conducta que nos es la
correcta y hacen que la esencia de nuestro ser se convierta simplemente en una vil y descarada
copia de lo que la sociedad y las masas quieren que cada uno de nosotros sea, a lo que me refiero
con este tema es que lastimosamente se puede observar en la actualidad como las modas y ciertos
parámetros de aceptación social son los que predominan en la mentalidad de la juventud,
haciendo que estos pierdan el interés por construir una propia personalidad y conducta que los
caracterice y diferencie de los demás. Quizás el motivo de lo que ocurre hoy en día se debe a esa
carencia de valentía que produce el hecho de interiorizar nuestro ser y de mostrarnos como
somos, sin tapujos ni mascaras ante la sociedad por el miedo de que esta nos rechace, pero ante
esto también es importante tener en cuenta que la riqueza de una persona se encuentra en lo que
es por convicción y felicidad propia y no por aceptación social y por felicidad ajena.

A partir de lo dicho anteriormente, lo que debemos hacer cada de uno de nosotros para adquirir
una buena conducta es principalmente aprender a querer y a valorar la exclusividad de nuestro
ser, partiendo de aceptarnos tal y cual como somos y sabiendo apreciar aquellas oportunidades
que Dios o la vida nos brindar para fortalecer y crecer como seres íntegros, a todo esto se le suma
la capacidad de identificar qué aspectos de la sociedad y de los demás permiten mejorar mi
conducta, es decir hacer caso omiso a los comentarios malintencionados y apreciar la buen
intención de aquellos comentarios que buscan aportar al crecimiento de nuestro ser.

Nunca debemos olvidar que la conducta que poseamos es nuestra carta de presentación ante la
mundo, es la posibilidad hacia la construcción de una sociedad mejor, es la esperanza de un
mundo donde lo material devora a la riqueza moral y espiritual del ser, y es la puerta que permite
alcanzar lo que realmente es importante para el ser humano en la vida, y eso es la felicidad y la
paz espiritual que causa la buena labor cumplida.