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PONENCIA: RÉGIMEN DE VERIDICCIÓN Y GOBERNABILIDAD EN LA ERA DE

LA POSVERDAD

LÍNEA TEMÁTICA: PROPUESTA PARA EL ANÁLISIS DE LAS


SUBJETIVIDADES CONTEMPORÁNEAS:

RESUMEN:

Esta ponencia tiene como objeto de estudio la gobernabilidad en la era de la


“posverdad”. De acuerdo con algunos comunicólogos y científicos sociales, la
política contemporánea está marcada por el sello de la posverdad; es decir, por
las dinámicas político-sociales en las cuales el discurso político apela a la emoción
y a las creencias personales del pueblo antes que a la reflexión crítica de los
ciudadanos. En ese orden, el objetivo que persigue la ponencia es reflexionar
sobre las implicaciones, en términos de gobernabilidad, que entraña una política
de la posverdad. Empero, antes de entrar en materia, me permito hacer una
distinción entre el término posverdad, en su versión anglosajona, con la definición
española de posverdad, contenida en el diccionario de la Real Academia Española
de la Lengua. Con ello, lo que pretendo señalar es que la definición española
permite pensar la posverdad como una “distorsión deliberada” de lo real y como
una “manipulación” de creencias y emociones, lo cual no sucede con la definición
anglosajona, que se presenta como un término deliberadamente ambiguo y
equívoco, al señalar, simplemente, las “circunstancias” en las cuales los “hechos
objetivos” tienen menos importancia que las creencias personales en la
conformación de la opinión pública. Toda vez realizada esta importante distinción,
refiero las circunstancias en las que se acuñaron ambas definiciones, exponiendo
los contextos socio-políticos, tanto en Inglaterra y Estados Unidos en 2016, como
en España en 2017. Después de ello, recurro al concepto “Régimen de
veridicción”, de Michel Foucault, así como a su reflexión sobre el tipo de
gobernabilidad que posibilita dicho régimen, con el fin de entender la
gobernabilidad que se desprende de una política de la posverdad.
PALABRAS CLAVE: POSVERDAD, DEFINICIÓN ANGLOSAJONA, DEFINICIÓN
ESPAÑOLA, RÉGIMEN DE VERIDICCIÓN, GOBERNABILIDAD, POLÍTICA DE
LA POSVERDAD.

Hoy en día, al hablar del término posverdad, es importante señalar a qué acepción
nos estamos refiriendo, pues si bien la definición más popular es la entregada por
el diccionario Oxford, el cual declaró posverdad “palabra del año 2016” bajo la
siguiente caracterización: “un adjetivo que refiere o denota circunstancias en las
cuales los hechos objetivos tienen menos influencia en la opinión pública que la
apelación a las emociones y a las creencias personales”; un año después, en
diciembre de 2017, el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua
definió posverdad en los siguientes términos: “Distorsión deliberada de una
realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión
pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.”
Como puede verse, estamos ante dos definiciones totalmente distintas,
dado que al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua le parece de
fundamental importancia subrayar, tanto la “distorsión deliberada” de la realidad,
como la “manipulación de creencias y emociones” que se da bajo el fenómeno
denominado posverdad. Por el contrario, la definición del diccionario Oxford no
señala ninguna “distorsión deliberada de una realidad” ni refiere ninguna
“manipulación de creencias y emociones”; antes bien, se limita a señalar las
“circunstancias en las cuales los hechos objetivos tienen menos influencia que las
emociones y las creencias personales” en la conformación de la opinión pública.
De lo anterior, me parece que podemos concluir que el DRAE tiene la intención de
definir la posverdad como un juicio deliberadamente tergiversado, mientras que el
diccionario Oxford se limita a llamar la atención sobre las circunstancias en las que
se conforman juicios apelando a las emociones o creencias personales,
independientemente de la correspondencia de ese juicio con la realidad y con la
verdad.
Si las diferencias entre el DRAE y el diccionario Oxford han quedado claras,
ahora lo que cabe preguntarnos es la razón de dichas diferencias. Me parece que
es posible encontrar una respuesta a la interrogante en los contextos socio-
políticos que se vivieron, tanto en Inglaterra y Estados Unidos, como en España
durante el 2016 y 2017, respectivamente. Recordemos: en 2016, fecha en la que
el diccionario Oxford nombró a posverdad como “palabra del año”, se llevó a cabo
en Gran Bretaña el referéndum para decidir la permanencia de ese país dentro de
la Unión Europea. Por otro lado, en Estados Unidos se convocó a la ciudadanía a
elecciones para decidir el cargo de Presidente de la República. A propósito de
ambos eventos, se popularizó el uso de la palabra posverdad como un término
que daba cuenta, lo mismo de los engaños con los que se persuadió a la
población de votar a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, que
de aquello que el equipo de Donald Trump llamó alternative facts; es decir,
“hechos alternativos” con los que sustentaba sus juicios falsos o carentes de
verdad. Dos ejemplos de posverdades:

Sobre el Brexit: (Fuente: https://www.abc.es/internacional/abci-


cinco-mentiras-brexit-201703291208_noticia.html)

2.-«Cada semana enviamos a la UE 350 millones de libras


que se pueden destinar al NHS [la sanidad pública]». Fue un
eslogan famosísimo en la campaña del referéndum de la UE,
porque iba impreso en la carrocería del bus rojo con que Boris
Johnson recorrió todo el país como paladín del Leave. Hasta los
propios brexiters han reconocido que fue una hipérbole.
Johnson se equivocó en la cifra, porque no tuvo en cuenta los
reembolsos de la UE hacia el Reino Unido. También hizo un
trasvase automático de partidas económicas que en la realidad
no opera así.

Conclusión: el lema más famoso de la triunfal campaña del


Leave era mentira.

Sobre las elecciones presidenciales en E.U.A: (Fuente:


https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36851760)

El desempleo en el 42%?
El 28 de septiembre de 2015 Trump dijo que el desempleo en
Estados Unidos podría estar hasta en el "42%". Según Politifact,
incluso las mediciones más extremas y alternativas de cualquier
definición de desempleo en Estados Unidos no lo ponen por encima
de 14%.
El gobierno federal estadounidense, a través de su buró de
estadística, asegura que en septiembre de 2015 el desempleo en el
país era oficialmente del 5.1%.
George Williams, delegado a la convención por Alabama, le
contestó así a BBC Mundo frente a la inexactitud de Trump frente a
las cifras del desempleo.
"Si es que ha hecho esas declaraciones, no las ha hecho para herir
a la gente... Trump ha estado hablando de la seguridad, de proteger
al país. Para mí eso tiene precedencia sobre todo lo demás".

Así las cosas, en un contexto político que vivió bajo declaraciones,


valoraciones o juicios evidentemente falsos o carentes de verdad, comunicólogos,
líderes de opinión, así como la opinión pública en general, “viralizó” la palabra
posverdad con el fin de señalar estos actos o estos dichos a partir de los cuales
alguien dice algo a todas luces falso, sin importar que lo sea o lo que sea, con el
fin de convencer a los demás; o bien: alguien se cree la falsedad que le dicen, sin
importarle que los hechos objetivos desmientan lo que le dicen, sólo por su afán
de creer en quien le dice algo. En ese orden, era de esperarse que la definición
anglosajona de posverdad diera cuenta de este fenómeno; sin embargo, no fue
así: en su definición, el diccionario Oxford no introdujo ningún elemento que
pudiera hacer pensar en la falsedad de lo que se dice, en la distorsión de la
realidad que se hace con lo que se dice, y en la manipulación de creencias con
cuyo fin se dice. Recordemos: para el diccionario Oxford, la posverdad es: “un
adjetivo que refiere o denota circunstancias en las cuales los hechos objetivos
tienen menos influencia en la opinión pública que la apelación a las emociones y a
las creencias personales”. Con tal definición, neutra y por lo mismo ambigua, el
diccionario Oxford ha caído en un acto de omisión que debería representar una
vergüenza y un deshonor para tan extraordinaria institución.

Por otro lado, la definición española de posverdad, aquélla que sí da cuenta


de la distorsión de la realidad y de la manipulación de creencias y emociones de la
opinión pública, se emitió en 2017, año en que España vivió el Referéndum de
independencia de Cataluña, también conocido como “Referéndum Cataluña 1-0”;
evento en el cual, tanto el Gobierno Español como los medios oficialistas, vieron
una violación al marco legal constitucional, sustentada en una campaña populista
de posverdades llevada a cabo por políticos demagogos. A continuación ofrezco
una muestra de posverdad en su versión española-catalana, según un medio y un
columnista oficialistas:
Referéndum Cataluña 1-O
Cataluña se instala en la posverdad

RAFAEL LATORRE
Madrid

17 SEP. 2017.

El independentismo acelera la difusión descarada de bulos y


manipulaciones conforme se acerca el 1-O

La enfermedad de los ricos es creerse pobres. Cataluña sufre en


cotas epidémicas esta patología que fue descrita por el escritor
Albert Cohen. La masiva manifestación de la pasada Diada ofreció
el síntoma inequívoco: decenas de miles de personas que
celebraban en ingenua verbena el tránsito hacia lo desconocido.
Este delirio colectivo, que ha hecho que una de las comunidades
más ricas de España camine hacia el abismo con la decisión del
paria que no tiene nada que perder, no es fruto de un brote
espontáneo sino que se trata de un mal inducido. Es lo que ahora
llaman la posverdad, una letanía sugerente y venenosa que
termina por despertar las pulsiones suicidas de pueblos prósperos
y cobijados bajo el paraguas de las garantías democráticas.
¿Cómo es posible que una multitud salga a las calles de un país
occidental a reclamar una restricción de derechos como la que
impone la llamada Ley de Transitoriedad catalana? Cuanto más se
acerca la fecha del 1 de octubre con más violencia se mueven los
engranajes de la posverdad. Una vez asumida la mentira original,
que es que el referéndum es una imposición del pueblo catalán
que sus dirigentes no tienen más remedio que acatar, el bloque
secesionista trabaja actualmente por imponer dos ficciones: la
legitimidad internacional del procés y la heroicidad de sus
impulsores.

(Fuente:
http://www.elmundo.es/espana/2017/09/17/59bd5b91e5fdea5f368
b45f2.html).

En síntesis: Rafael Latorre, de Madrid, publica en el diario El mundo, de


Madrid, un artículo que se apega a la visión oficial en torno a la independencia de
Cataluña1. Desde el título del texto aparece la palabra posverdad, la cual queda
asociada, en el subtítulo, con la expresión “difusión descarada de manipulaciones
y bulo”2. Es decir, ya desde el encabezado del artículo podemos distinguir el uso
que, tanto Rafael Latorre como el diario El Mundo, le dan a posverdad; no
obstante, y por si éste no quedara claro, la vehemente pluma de Rafael Latorre

1 Sobre la política editorial del diario El Mundo, dice Wikipedia:

2Noticia falsa propalada con algún fin, según el DRAE. Véase:


http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=bulo
nos brinda otra poética caracterización de posverdad, la cual entiende como: “una
letanía sugerente y venenosa que termina por despertar las pulsiones suicidas de
pueblos prósperos y cobijados bajo el paraguas de las garantías democráticas”.
En este contexto, la definición de posverdad, en su acepción española, no podía
sino incluir el orden del discurso presente en la circunstancia socio-política de
España. En efecto, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua
acuñó la siguiente definición:

Posverdad

De pos- y verdad, trad. del ingl. post-truth.

1. f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y


emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes
sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.

De esta manera, la Real Academia Española de la Lengua, aquella


institución que “limpia, fija y da esplendor”, ha “fijado” la posverdad en el ámbito de
la distorsión, de la manipulación y, en última instancia, de lo tergiversado,
apegándose con ello al uso que los hablantes le dan al término.

Así pues, han quedado explicitadas, las diferencias entre las definiciones
anglosajona y española de posverdad, y hemos referido las circunstancias en las
que surgen ambas. Queda ya, por último, reflexionar sobre las implicaciones que
en términos de gobernabilidad tiene el término posverdad, así como el régimen de
veridicción que subyace en ambos. Vayamos a ello:

Sobre el “régimen de veridicción”, Michel Foucault ha dicho que

[…] el régimen de veridicción, en efecto, no es una ley determinada


por la verdad, [sino] el conjunto de las reglas que permiten, con
respecto a un discurso dado, establecer cuáles son los enunciados
que podrían caracterizarse en él como verdaderos o falsos.

Conviene aquí recordar que Foucault, interesado en el estudio de las


genealogías, entiende éstas como:
[…] algo que procura restituir las condiciones de aparición de una
singularidad a partir de numerosos elementos determinantes, de los
que ella no se muestra como el producto sino como el efecto.
Puesta en inteligibilidad, por tanto, pero sobre la cual es preciso ver
que no funciona de acuerdo con un principio de cierre”.

Aplicando un análisis genealógico foucaultiano, podemos entender la


posverdad justo como una singularidad que ha aparecido a partir de numerosos
elementos determinantes, entre los cuales destacan el Brexit, las elecciones que
arrojaron a Donald Trump como presidente de E.U.A., el referéndum en Cataluña
y, en el ámbito latinoamericano, el referéndum por la Paz en Colombia, la guerra
sucia durante las elecciones presidenciales en Perú y México y, a propósito de
éste último, en el marco de la “Verdad Histórica” con la cual el gobierno quiso
poner fin a la desaparición de 43 estudiantes de la normal “Isidro Burgos” de
Ayotzinapa3. Estos elementos determinantes, junto con los discursos
tergiversados que los acompañaron, surtieron, según la genealogía de Foucault,
un efecto; a saber: la “viralización” del término posverdad; uso extendido que se
tradujo en la introducción del término en los diccionarios Oxford y de la RAE. De
esta manera, la posverdad, no es un principio de cierre de los elementos
determinantes enumerados; antes bien, se presenta como una singularidad que
debería poner en condiciones de inteligibilidad lo señalado por ese término.

Bajo esa tesitura, la singularidad denominada posverdad, en sus


definiciones española y anglosajona, podría verse como un extraño régimen de
veridicción; esto es: como un extraño régimen que permitiría, con respecto a un
discurso dado, establecer cuáles son los enunciados que podrían caracterizarse
en él como verdaderos o falsos. Dije “extraño régimen”, aunque muy bien pude
escribir: “régimen asimétrico”, pues mientras la definición española de la
posverdad hace referencia a la distorsión deliberada de una realidad con la
finalidad de manipular emociones y creencias de la opinión pública; en la
definición anglosajona no leemos nada de esto. A pesar de que el uso que los

3Jaqueline Fowks ha reflexionado sobre la posverdad en cada uno de estos contextos


en su libro Mecanismos de la posverdad.
hablantes anglosajones y españoles le dan al término es el mismo; las
definiciones de sus respectivos diccionarios refieren realidades totalmente
diferentes, por lo que lo que el régimen de veridicción, o “las reglas que permiten,
con respecto a un discurso dado, establecer cuáles son los enunciados que
podrán caracterizarse en él como verdaderos o falsos”, de cada una de esas
realidades, sería distinta.

Por ende, pareciera ser que en el caso anglosajón, la gobernabilidad


instaurada en la era de la posverdad pudiera montarse, en efecto, sobre los
“hechos alternativos” a los que alude Donald Trump, dado que el régimen de
veridicción de la posverdad, según la definición del diccionario Oxford, es vago,
ambiguo, indeterminado y, por lo mismo, incapaz de llamar a lo falso, falso, y a lo
verdadero, verdadero. Por el contrario, en el caso español, la gobernabilidad
desprendida del régimen de veridicción de la posverdad llama a identificar las
distorsiones de la realidad que tienen el fin de manipular emociones y creencias,
por lo que busca señalar, en los discursos, lo falso y lo verdadero; lo cual, por
supuesto, no implica que la política que se practica en los países de lengua
española no caiga en discursos falsos o tergiversados. En todo caso, lo que
permite la definición castellana de posverdad es entender este término como un
mecanismo de tergiversación de los discursos para así señalar su falsedad.