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Conferencia General Octubre 2005

A las mujeres jóvenes


Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Sean mujeres de Cristo; atesoren su valioso lugar a la vista de Dios;


Él las necesita; esta Iglesia las necesita; el mundo las necesita.

Antes que nada, quiero que estén orgullosas de ser mujeres; quiero que sientan la
realidad de lo que eso significa, que sepan quiénes son en verdad. Son literalmente
“hijas[s] espiritual[es] de padres celestiales [con] una naturaleza y un destino divinos” 1
. Esa incomparable verdad debe estar profundamente arraigada en sus almas y ser algo
básico para toda decisión que tomen al hacerse mujeres maduras. Jamás podría haber
mayor evidencia de su dignidad, de su valía, de sus privilegios y de su promesa. Nuestro
Padre Celestial sabe cómo se llaman ustedes y conoce sus circunstancias; Él oye sus
oraciones; Él conoce sus esperanzas y sueños, incluso sus temores y sus frustraciones. Y
Él sabe lo que ustedes pueden llegar a ser por medio de su fe en Él. Debido a este
patrimonio divino, ustedes, junto con todas sus hermanas y todos sus hermanos
espirituales, tienen plena igualdad ante Su vista, y por medio de la obediencia se les da
poder para llegar a ser herederos legítimos en Su reino eterno, “herederos de Dios y
coherederos con Cristo” 2 . Procuren comprender la importancia de esas doctrinas. Todo
lo que Cristo enseñó lo enseñó tanto a las mujeres como a los hombres. De hecho, a la
luz restaurada de ese Evangelio de Jesucristo la mujer, incluida la mujer joven, ocupa la
dignidad propia de su naturaleza en el divino diseño del Creador. Ustedes son, como lo
parafraseó el élder James E. Talmage, “una investidura santificada que nadie se atreverá
a profanar” 3 .

Sean mujeres de Cristo; atesoren su valioso lugar a la vista de Dios; Él las necesita;
esta Iglesia las necesita; el mundo las necesita. La tenaz confianza que la mujer
tiene en Dios y la inquebrantable devoción a las cosas del Espíritu han sido
siempre un ancla cuando el viento y las olas de la vida han sido de lo más intensos
4 . Les digo a ustedes lo que el profeta José Smith dijo hace más de 150 años: “Si
cumplís con estos privilegios, no se podrá impedir que os relacionéis con los
ángeles” 5 .

Todo lo que he dicho es con la intención de decirles lo que nuestro Padre Celestial
siente por ustedes y lo que Él ha planeado que lleguen a ser. Y si en algún
momento una de ustedes no comprende los designios que Dios tiene para ella o
se empeña en vivir por debajo de sus posibilidades, entonces le expresamos un
amor aún más grande y le suplicamos que haga de sus años de la adolescencia un
triunfo y no una tragedia. Los padres y las madres, los profetas y los apóstoles no
tienen otra intención que no sea la de bendecirlas y evitarles todo posible
sufrimiento que les podamos evitar.

A fin de que reclamen todas las bendiciones y la protección de nuestro Padre


Celestial, les pedimos que se conserven fieles a las normas del Evangelio de
Jesucristo y que no sigan ciegamente los caprichos de las costumbres y de la
moda. La Iglesia nunca les negará su albedrío moral en lo relacionado con lo que
deban vestir y el aspecto que deban tener. Pero la Iglesia siempre anunciará
normas y siempre enseñará principios. Como la hermana Susan Tanner enseñó
esta mañana, uno de esos principios es la modestia. En el Evangelio de Jesucristo,
la modestia en la apariencia siempre está de moda. La sociedad no puede cambiar
nuestras normas.

El folleto Para la fortaleza de la juventud es bastante claro en el consejo que dirige


a las jovencitas de evitar ropa demasiado apretada, demasiado corta o atrevida de
cualquier manera, incluso las prendas que no cubren el estómago 6 . Padres, por
favor repasen ese folleto con sus hijos. La segunda cosa que ellos necesitan,
después del amor que ustedes les den, son los límites que les impongan.
Jovencitas, elijan su ropa de la misma forma en que elegirían a sus amistades; en
ambos casos, elijan aquello que las haga mejorar y les dé confianza al estar en la
presencia de Dios 7 . Las buenas amigas nunca las harían pasar vergüenzas, nunca
las degradarían ni las explotarían. Su ropa tampoco debería hacerlo.

Hago una súplica especial en cuanto a la forma en que las jovencitas podrían
vestirse para los servicios de la Iglesia y las reuniones dominicales. Solíamos decir
“bien vestidos” o “ropa de domingo”, y tal vez debiéramos hacerlo otra vez. De
todas formas, desde los tiempos antiguos hasta los modernos siempre se nos ha
invitado a presentar lo mejor de nosotros mismos, por dentro y por fuera, al
entrar en la casa del Señor, y una capilla dedicada de los Santos de los Últimos
Días es una “casa del Señor”. No es necesario que nuestra ropa y nuestro calzado
sean caros, de hecho, no deben ser caros, pero tampoco deben dar la apariencia
de que estamos en camino a la playa. Cuando vamos a adorar al Dios y Padre de
todos nosotros y a participar de la Santa Cena que simboliza la expiación de
Jesucristo, debemos tener una apariencia tan atractiva y respetuosa, y ser tan
circunspectos y correctos como sea posible. Se nos debe reconocer tanto en
apariencia como en comportamiento que en verdad somos discípulos de Cristo,
que en espíritu de adoración somos mansos y humildes de corazón, que en verdad
siempre deseamos tener con nosotros el Espíritu del Salvador.

Por el mismo estilo, quisiera tratar un asunto aún más delicado. Les suplico,
jovencitas, que por favor se acepten más a ustedes mismas, incluso la forma y la
contextura de su cuerpo, con menos deseos de parecerse a alguna otra persona.
Todos somos diferentes; algunos son altos y otros bajos; algunos son gruesos y
otros delgados, y casi todos, en algún momento, quieren ser lo que no son. Pero
como dijo un asesor de jovencitas: “No pueden vivir preocupándose de que otras
personas se queden mirándolas. Si permiten que la opinión de otras personas las
ponga incómodas, ustedes mismas estarán desechando su propio poder… La
clave para sentirse seguras es escuchar siempre al fuero interno, a su [verdadero]
yo” 8 . Y en el reino de Dios, su verdadero yo “más precio[so] es que las piedras
preciosas” 9 . Toda jovencita es una hija de Dios con un gran potencial, y toda
mujer adulta es una poderosa fuerza para el bien. Menciono a las mujeres adultas
porque ustedes, hermanas, son nuestros más grandes ejemplos y recursos para
estas jovencitas. Y si están obsesionadas por vestir las tallas más pequeñas, no les
deberá sorprender que su hija o la joven Abejita de su clase hagan lo mismo y que
se perjudiquen la salud para tratar de lograrlo. Todos debemos estar en el mejor
estado físico posible: una buena doctrina de la Palabra de Sabiduría. Eso significa
comer debidamente, hacer ejercicio y ayudar a nuestro cuerpo a funcionar a su
capacidad ideal. Tal vez todos podríamos mejorar en ese aspecto, pero aquí me
refiero a la salud ideal y no a la talla universal ideal.

La modestia: Un
principio eterno para
todos
Por Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Nuestra manera de vestir demuestra la comprensión que


tenemos del evangelio de Jesucristo.

Uno de los desafíos que enfrentan los miembros de La Iglesia de


Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la actualidad es el de
obedecer los principios de modestia en un mundo que es cada vez más
inmodesto. Por difícil que pueda ser, al obedecer las normas de
modestia de la Iglesia demostramos si somos o no discípulos
del Salvador Jesucristo; estas normas abarcan la vestimenta, el
lenguaje, los pensamientos y la conducta,.

El propósito original de la ropa fue cubrir nuestro cuerpo y protegerlo


de los elementos; ese propósito sigue en vigencia, aun cuando ahora
la vestimenta tiene también objetivos más complejos. Actualmente,
puede ser la expresión de condiciones variadas como la riqueza, la
posición social, la individualidad o la tendencia del grupo; pero la ropa
también refleja nuestra actitud y nuestros valores. Para los Santos de
los Últimos Días, nuestra manera de vestir demuestra la comprensión
que tenemos del evangelio de Jesucristo y nuestra devoción hacia él.

En un mundo que constantemente trata de socavar nuestro sentido de


quiénes somos y de lo que podemos llegar a ser, la acción de observar
el principio de la modestia aumentará nuestra confianza; y si vivimos y
enseñamos ese principio, contribuiremos a inculcar esa misma
confianza en la siguiente generación.

¿Qué es la modestia?

La modestia es un principio dado por Dios que puede ayudarnos a


aprender a usar nuestro cuerpo de forma apropiada aquí en la tierra. La
definición de modestia en Leales a la Fe es “una actitud de humildad y
decencia en la forma de vestir, en tu arreglo personal y en el lenguaje
y la conducta”1. La modestia no es banal ni presuntuosa. Las personas
modestas no utilizan su cuerpo ni su forma de comportarse para buscar
la aprobación del mundo ni para llamar la atención hacia sus propios
logros o atributos atractivos, ya sean reales o supuestos.

Por favor, recuerden que los atributos de la modestia que aquí se


mencionan se aplican tanto a los hombres como a las mujeres, a los
hijos y las hijas; y recuerden que, si bien enseñamos y ejemplificamos
la modestia, nunca condenamos a quienes deciden usar faldas muy
cortas o “cabello de arco iris y… muchos aretes”2. Siempre debemos ser
un ejemplo de compasión y amor cristiano hacia la persona, al mismo
tiempo que permanecemos leales a las normas que el Señor ha
establecido.
Testifico que la decisión de vestir y comportarnos de forma modesta
transmite el poderoso mensaje de que comprendemos nuestra identidad
como hijos de Dios y de que hemos escogido permanecer en lugares
santos.

Me encanta esta Escritura: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que
el Espíritu de Dios mora en vosotros? …el templo de Dios, el cual sois
vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17). Nuestro cuerpo es el templo de
nuestro espíritu; invitamos al Espíritu Santo a ese templo corporal para
que sea nuestro compañero constante. Yo creo que cuando elegimos
vestir ropa modesta y comportarnos modestamente, lucimos y vivimos
el testimonio que tenemos de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo
Jesucristo. Mediante nuestra apariencia física afirmamos que somos
discípulos de Cristo y que vivimos Su evangelio.

¿Por qué es necesaria la modestia?

Cuando comprendemos mejor la doctrina en que se fundamentan los principios de modestia,

nos damos cuenta de que ésta es la virtud que guía y modera las acciones.

La doctrina en que se funda la modestia comienza con el conocimiento de que somos hijos de

Dios, creados a Su imagen (véase Moisés 2:27). Nuestro cuerpo es un don sagrado de

nuestro Padre Celestial y tiene propósitos particulares que Él ha designado. Como receptores

agradecidos, reconocemos ese don al tratar nuestro cuerpo en la forma en que Él nos ha

pedido que lo hagamos (véase D. y C. 88:33). A fin de llegar a ser como el Padre Celestial,

capacitamos, controlamos y refrenamos nuestro cuerpo y las formas físicas de utilizarlo.

Desde el principio, el Señor ha mandado a Sus hijos que se cubran el cuerpo. Después de que

Adán y Eva comieron del fruto prohibido, se les abrieron los ojos y percibieron que estaban
desnudos; entonces trataron de cubrirse con unos delantales sencillos hechos de hojas de

higuera. Pero los delantales no eran suficientes, por lo que el Señor les hizo túnicas de pieles

más modestas (véase Génesis 3:7, 21).

En aquel entonces Dios ya tenía una norma más elevada, tal como la tiene ahora. Sus normas

no son las del mundo, como lo dice Él en Isaías 55:8–9:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,

dijo Jehová.

“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros

caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.

Un principio eterno

Debido a que la modestia es uno de los “caminos más altos” del Señor y no una tendencia

social pasajera, se ha enseñado a través de todas las épocas. Consideren estos otros ejemplos

de las Escrituras sobre la vestimenta, y lo que nos enseñan acerca de la modestia.

La modestia demuestra humildad. El profeta Jacob, del Libro de Mormón, censuró el


orgullo y el amor a las riquezas, y amonestó a su pueblo para que evitaran que su corazón

orgulloso les destruyera el alma. Una de las demostraciones de ese orgullo excesivo era su

manera de vestir, y Jacob les dijo: “…porque algunos de vosotros habéis adquirido más

abundantemente que vuestros hermanos, os envanecéis con el orgullo de vuestros corazones,

y andáis con el cuello erguido y la cabeza en alto por causa de vuestras ropas costosas, y

perseguís a vuestros hermanos porque suponéis que sois mejores que ellos” (Jacob 2:13).

En Doctrina y Convenios 42:40 se desarrolla otra vez la idea de que debemos ser

humildes en nuestro modo de vestir “…no serás altivo de corazón; sean todos tus vestidos

sencillos…” ¿Significa eso que no podemos vestir bien? No, sino que debemos vestir de manera

apropiada para la ocasión pero sin preocuparnos excesivamente por usar marcas famosas o
estar al último grito de la moda. Es mejor emplear los recursos monetarios en objetos más

duraderos e importantes.

La forma en que nos vistamos para adorar al Señor demuestra la reverencia


que sentimos hacia Él. El Señor mandó a Moisés preparar vestimenta sagrada que fuera
digna de usarse en Su santa casa (véase Éxodo 28:2). En ese mandamiento se pone

claramente de manifiesto que Él consideraba que la ropa diaria no era apropiada para eso.

Como lo hizo Moisés, ¿reflejamos nosotros en nuestra forma de vestir para adorar al Señor

nuestros sentimientos de amor por el Padre Celestial?

Según lo demuestran estos ejemplos, los “profetas de Dios siempre han aconsejado a Sus hijos

a vestir con modestia”2. En nuestra época se nos ha hecho recordar lo siguiente: “Tu modo de

vestir es un reflejo de lo que eres en tu interior. Tu vestimenta y apariencia general comunican

a los demás la clase de persona que eres e influyen en la forma en que tú y los demás se

comportan. Cuando estás bien arreglado o arreglada y vistes de manera recatada, invitas la

compañía del Espíritu y puedes ejercer una buena influencia en las personas que te rodean”3.

¿Por qué es tan importante la modestia? ¿Por qué le importarían al Señor


el largo de una falda, la altura de un escote o lo ajustado de una
camiseta?

¿Cuáles son las bendiciones de la modestia?

1. La modestia invita la compañía constante del Espíritu Santo. El élder


Hales enseñó: “La modestia es… fundamental para ser digno de tener
el Espíritu”5.
Ayudemos a nuestros hijos a comprender que no querrán hacer nada
para negarse a sí mismos el “inefable don del Espíritu Santo” (D. y C.
121:26). Ayúdenlos a saber que el tener Su sagrada compañía trae
consigo dones espirituales preciados y poderosos. Dios ha prometido:
“Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de
gozo… y entonces conocerás, o por este medio sabrás, todas las cosas
que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, creyendo
en mí que recibirás” (D. y C. 11:13–14). Conocimiento, sabiduría, así
como gozo, paz y felicidad— ésas son algunas de las grandes
bendiciones que podemos prometer a nuestros hijos al invitarlos a vivir
de forma modesta y a ser dignos de la compañía del Espíritu Santo.

Uno de los desafíos para vestir modestamente es que las modas y los
comportamientos sociales aceptables cambian con frecuencia. Las
normas del Señor nunca cambian. Enseñen a los jóvenes a ser sensibles
al Espíritu al tomar decisiones en cuanto a lo que vestirán, lo que dirán
y lo que harán. Si viven cerca del Espíritu, no tendrán necesidad de ser
como el mundo.

Nuestros hijos han recibido el don del Espíritu Santo y están en el camino
del convenio que los conduce al templo y los llevará de regreso a la
presencia de Dios. Necesitan que les aseguremos y demostremos por
medio del ejemplo que serán guiados, protegidos, consolados y
purificados si viven dignos de tener el Espíritu Santo consigo.

2. Podemos enseñar a nuestros hijos que la apariencia y el


comportamiento modestos sirven para protegernos de las influencias
destructivas del mundo. Una de las armas más engañosas que se usa
contra todos nosotros es la actitud aceptada por la sociedad de que la
moralidad es anticuada. La modestia es una defensa contra esas
influencias malignas y una protección de castidad y virtud. Presten
atención a las palabras que se encuentran en Para la Fortaleza de la
Juventud: “Antes del matrimonio… no hagas nada que despierte
emociones sexuales”6. La apariencia y el comportamiento inmodestos
con frecuencia despertarán emociones sexuales, destruirán las barreras
y aumentarán la tentación a romper la ley de castidad.
El élder Hales enseñó: “La modestia es esencial para ser puro y casto,
tanto en pensamiento como en acción. Por consiguiente, debido a que
nos guía e influye en nuestros pensamientos, conducta y decisiones, la
modestia es una parte central de nuestro carácter”7. Enseñen la
modestia y sean un ejemplo de ella a fin de ayudar a los jóvenes a estar
preparados para defender y proteger el poder de procrear innato en
ellos. Ayúdenlos a mantener sagrada la expresión de amor entre el
esposo y la esposa, y a preservarla para cuando se casen.

3. La modestia nos permite “ser testigos de Dios en todo tiempo”


(Mosíah 18:9). El Salvador enseñó: “Alzad, pues, vuestra luz para que
brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto”
(3 Nefi 18:24). Tenemos el mandato divino de ser un faro al mundo, de
demostrar el gozo de vivir el Evangelio, de enseñar la rectitud y de
edificar el reino de Dios sobre la tierra. Cada uno de nosotros refleja la
luz de Cristo cuando somos modestos y puros y guardamos los
mandamientos. La modestia es una manifestación de nuestro testimonio
del Salvador y del evangelio de Jesucristo.

Qué hermosas y qué bendecidas aquellas personas que son guiadas por
el Espíritu Santo, se protegen de lo mundanal y son testigos de Dios al
mundo; y benditos son aquellos que son un ejemplo de la doctrina de
la modestia y la enseñan a todos los hijos e hijas de Sión.

Ya que hemos hecho convenio de seguir al Salvador y deseamos recibir


la plenitud de las bendiciones de Su expiación en la vida, sólo hay una
vestimenta que verdaderamente importa. Moroni registra: “¡Y despierta
y levántate del polvo… sí, y vístete tus ropas hermosas,oh hija de Sión…
a fin de que… se cumplan los convenios que el Padre Eterno te ha
hecho…!” (Moroni 10:31; cursiva agregada).
Las ropas hermosas son los mantos de rectitud que visten quienes han
honrado sus convenios. ¿Estamos preparando a nuestros hijos para que
se vistan con esas ropas hermosas?

Testifico que la salvación está en Cristo, y que quienes hayan honrado


sus convenios, “hallándose vestidos de pureza, sí, con el manto de
rectitud, tendrán un conocimiento perfecto de su gozo y de su rectitud”
(2 Nefi 9:14).

¿Qué podemos enseñar a nuestros hijos e hijas para ayudarles a tener


el valor de escoger la modestia en un mundo que se burla de ellos por
elegir la virtud? ¿Nos ven usar nuestro cuerpo para llamar la atención o
para glorificar a Dios?

La modestia en la forma de pensar, de hablar, de vestir y de


comportarnos nos ayuda a obtener tres bendiciones que nos ennoblecen
y nos dan poder.