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LOS TEXTOS ARGUMENTATIVOS: SU ENSEÑANZA/APRENDIZAJE

1. LA PRODUCCIÓN DE TEXTOS ARGUMENTATIVOS EN EL AULA


La argumentación es muy frecuente en las diversas situaciones de comunicación en que
atravesamos. Se halla en las discusiones con amigos, familiares y otras personas con las cuales
intercambiamos a diario problemas comunes; en los textos publicitarios; en los debates públicos
acerca de temas polémicos a través de las editoriales, cartas de lectores, programas periodísticos,
en los tribunales, etc.
Investigaciones actuales dan cuenta de que los niños desarrollan muy tempranamente sus
capacidades argumentativas cuando tienen que defender su punto de vista sobre un asunto de interés
en una conversación (Dolz. 1993). En nuestras observaciones cotidianas hemos tenido oportunidad
de participar en múltiples situaciones en las que los pequeñitos despliegan una serie de argumentos
para conseguir su objetivo teniendo en cuenta las refutaciones posibles de sus interlocutores.
Seguramente, frente a esta aseveración, se nos aparecen imágenes repetidas de niños en los kioscos
o ante los escaparates de una juguetería, tratando de convencer con interminables argumentos a sus
padres o abuelos, de la necesidad imperiosa de que les adquieran el juguete deseado.
Su competencia argumentativa también fue puesta en evidencia en investigaciones antropológicas
realizadas en las aulas. Se señala que, en las situaciones en las que el docente abre un espacio para
el debate y no ratifica ni niega la validez de lo que los niños dicen, que retoma los argumentos que
los alumnos elaboran y los contrasta, estos producen razonamientos con fundamentos de interesante
complejidad.
Sin embargo, en la enseñanza practicada habitualmente en la escuela, los discursos argumentativos
no se trabajan de forma sistemática o se introducen tardíamente. La actividad discursiva con
frecuencia se limita a la comprensión y producción de textos que presentan una trama narrativa y/o
descriptiva pues se considera que las producciones argumentativas son sumamente complejas para
los alumnos, de este modo, se dejan de lado las posibilidades que los niños manifiestan cuando se
comunican y donde ponen en funcionamiento diferentes modalidades en la organización de su
discurso, ellos narran, describen y argumentan.
2. ¿POR QUÉ CONSIDERAMOS QUE ES NECESARIO TRABAJAR CON EL TEXTO
ARGUMENTATIVO DESDE EDADES TEMPRANAS?
El dominio del texto argumentativo posibilita:
 Saber argumentar, que permite tanto defender nuestras opiniones frente a otros como descifrar
los mensajes provenientes de contextos en los que se intenta influir en nuestra conducta.
 La competencia argumentativa oral que los niños despliegan se adquieren en contextos
cotidianos, con interlocutores con los que realizan intercambios lingüísticos de manera frecuente.
Pero es necesario que sea la escuela la que establezca la ligazón entre esos espacios
comunicativos coloquiales, familiares, informales y otras situaciones de mayor formalidad que
exigen niveles de argumentación y registros diferentes.
 La competencia argumentativa oral del niño no necesariamente implica que haya adquirido un
conocimiento letrado, es decir, que esté preparado para componer textos escritos de calidad
(Teberosky, Tolchinsky, 1994).

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En el diálogo argumentativo, oral, la presencia "cara a cara" de los interlocutores facilita la toma en
consideración y la adaptación al punto de vista del otro. La cooperación del receptor es muy
importante para construir el mensaje, hacer cambios durante el proceso, precisar contenidos.
En cambio, en el acto de escribir no se da la relación que se produce en el diálogo oral donde el
reajuste está garantizado por la presencia y la actuación del interlocutor. Para elaborar un monólogo
argumentativo escrito es necesario ir más allá de la improvisación y de la respuesta inmediata propia
de una actividad comunicativa espontánea. Es imprescindible, además, tanto la planificación de la
sucesión de los argumentos como la coordinación de distintos puntos de vista (Dolz, 1993).
3. LAS PROPIEDADES DEL TEXTO ARGUMENTATIVO
La argumentación aparece en un gran número de textos orales y escritos que se producen dentro y
fuera de la escuela: debates, avisos publicitarios, folletos turísticos, cartas a lectores, solicitudes,
artículos de opinión, monografías, críticas literarias, etc.
Como ya hemos señalado, el discurso argumentativo constituye un conjunto de razonamientos
acerca de uno o varios problemas con el propósito de que el lector o auditor acepte o evalúe ciertas
ideas o creencias como verdaderas o falsas y ciertas opiniones como positivas o negativas.
En un discurso eminentemente dialógico que puede desplegarse en distintas situaciones: diversos
sujetos presentan alternativamente sus puntos de vista y las objeciones que tienen respecto a los
razonamientos de los otros así como también un solo sujeto argumenta y presenta la refutación a
probables contrargumentaciones.
Los textos argumentativos suelen tener diversas superestructuras, pero generalmente se organizan
del siguiente modo:
a. Introducción: se inicia con la identificación del tema o problema y una toma de posición o
formulación de la tesis.
b. Desarrollo: se presentan los diferentes argumentos esgrimidos para justificar esa tesis u opinión.
c. Conclusión: se cierra con una reafirmación de la posición adoptada.
La organización textual se puede resumir en el siguiente gráfico:

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Esta estructura canónica puede sufrir transformaciones: el punto de partida puede estar
sobreentendido, la conclusión puede quedar implícita porque se impone como evidencia, etc.
En un texto argumentativo, el tema está identificado en el título "la televisión puede traer daño a los
niños" junto con una toma de posición. El desarrollo se realiza a través del texto y es necesario inferir
la conclusión.
Pero la efectividad del texto no se encuentra en las propiedades de su superestructura sino en la
calidad y diversidad de las estrategias discursivas usadas para persuadir al lector.
Se pueden emplear diferentes estrategias: la ironía, la acusación a los oponentes, la advertencia, la
cita de autoridad, la analogía, etc.
Una clasificación posible de estas estrategias desplegadas por el autor es que, fundamentalmente,
pueden apelar a dos aspectos:
A la razón (predominio de la "objetividad") construyendo un discurso convincente: cita de autoridad
(de un científico o Personaje famoso), opinión de un especialista, definición, ejemplificación,
descripción detallada y precisa de un producto o idea, analogía o comparación con elementos afines,
generalización ("el sentir general de la sociedad"), relato de diferentes etapas de una investigación,
minuciosa enumeración de fuentes de información, testimonios creíbles, prueba estadística, etc.
A la sensibilidad (predominio de la "subjetividad") que da lugar a un discurso persuasivo: acusación a
los oponentes, descalificación, ironía, insinuación, advertencia sobre implicaciones, consecuencias
indeseadas, desmentida, concesión, promesa de beneficios asociados con deseos o fantasías, etc.
La utilización de una u otra clase de estas estrategias dependen tanto del destinatario del mensaje
como del producto. La consideración del receptor incidirá en la selección de los argumentos, en la
progresión que se les dará, en el peso relativo de lo racional y de lo emocional y del vocabulario
empleado. Al mismo tiempo, el autor del mensaje, a través de su discurso, construye una imagen de
sí tanto al mostrarse como objetivo, apasionado, seguro, enérgico o tímido como al emitir juicios
apreciativos y asignar o no credibilidad a las opiniones de los otros (Arnoux, 1996).
Para llevar a cabo las diferentes estrategias en virtud de sus intencionalidades el que argumenta apela
a diversos recursos que ofrece el sistema de la lengua que le permite expresarse de una manera
adecuada.
Uno de los recursos lingüísticos específicos utilizados para expresar y encadenar los razonamientos
son los organizadores textuales lógico-argumentativos. Estos ponen en evidencia, en la superficie
del texto, la función de la estrategia utilizada. Así, si un argumento comienza con un "si bien" o un "sin
embargo" o un "aunque" podemos anticipar que se utilizará el procedimiento argumentativo concesivo
que implica aceptar objeciones parciales o afirmaciones o conceptos. Si leemos o escuchamos un
argumento iniciado con un "no es cierto que" o "contrariamente a" o "es necesario aclarar que"
podemos suponer que la estrategia utilizada será la de desmentir que tiene como objetivo descartar
la validez de un argumento opuesto.
Otra herramienta lingüística fundamental es el uso de modalizadores, que tienen la función de marcar
la subjetividad del escritor o del hablante, como los adverbios "quizá, evidentemente; seguramente,
sin duda, desgraciadamente, etc.", los adjetivos calificativos "espantoso, inusual, etc." o los verbos
"creo que, pienso que, me parece que, supongo que, dudo que, etc.".

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ANEXO 1

La noción de estilos de aprendizaje hace referencia a la idea de que los estudiantes aprenden mejor si
se toman en cuenta sus preferencias en cuanto a la forma en que se les presenta la información. Si
bien existe un sinfín de marcos teóricos para categorizar los distintos estilos de aprendizaje, el más
popular divide a los estudiantes en tres tipos: aprendices visuales, aprendices auditivos y aprendices
cinestésicos. De acuerdo con esta teoría, un estudiante que se declara a sí mismo como aprendiz visual
aprende mejor usando material visual, mientras que un aprendiz auditivo encuentra el material
auditivo más útil que el contenido visual. Pero esta clasificación no es la única de su especie: se han
documentado más de 71 instrumentos y teorías de estilos de aprendizaje, con oposiciones dicotómicas
exóticas como convergentes/divergentes, intuitivos/analistas e incluso jerárquicos/anárquicos.
El consenso ampliamente mayoritario entre los expertos es que la hipótesis de los estilos de
aprendizaje no tiene sustento científico. Aunque es cierto que todo estudiante puede desarrollar
preferencias subjetivas por material de uno u otro tipo, la investigación ha refutado que los estudiantes
aprendan mejor cuando solo utilizan la vía sensorial que prefieren. En particular, se ha mostrado que,
para un individuo, es más fácil y rápido procesar información a través de diferentes canales
simultáneamente que hacerlo a través de un solo canal. Por ejemplo, una persona puede reconocer
más fácilmente un instrumento si ve una figura que lo representa (canal visual) y escucha el sonido
que produce (canal auditivo) que si solo ve la figura o escucha el sonido. Desde una perspectiva más
general, se ha hallado que los estudiantes –sin importar qué estilo de aprendizaje prefieran– aprenden
con mayor profundidad empleando formatos que combinan palabras e imágenes que utilizando
formatos que solo incluyen palabras. A partir de evidencia como esta, los neurocientíficos consideran
que los métodos pedagógicos que presentan la información a través de varios canales sensoriales son
los más adecuados para optimizar el aprendizaje.
En este contexto, los académicos han pedido a educadores y estudiantes reemplazar el neuromito de
los estilos de aprendizaje con estrategias y recursos basados en evidencia de la teoría cognitiva. Sin
embargo, y a pesar de las recomendaciones de los expertos, existe una miríada de sitios de internet en
los que se anima a las personas de toda edad a “encontrar su estilo de aprendizaje”, lo que muestra no
solo cuán masivas se han vuelto estas teorías (más aún en los medios digitales), sino, sobre todo, de
qué manera la cultura online de la caracterización individual perjudica la difusión de la investigación
educativa. Por ello, no es inusual que algunos estudiantes lleguen a clase con asunciones explícitas
sobre sus modos más eficientes de aprendizaje. Y, de hecho, muchos educadores aún confían en la
teoría de los estilos de aprendizaje porque es aparentemente intuitiva y halla eco en la experiencia de
aula.
Sin embargo, tanto educadores como estudiantes necesitan aprehender la diferencia entre estilos de
estudio y procesos de aprendizaje. Los estudiantes pueden desarrollar sus propias preferencias para
revisar los contenidos de un curso, pero estas prácticas no se deben equiparar con procesos cognitivos
más profundos y universales, como la construcción de aprendizajes sobre la base de saberes previos,
la metacognición, el establecimiento de conexiones conceptuales o la transferencia de conocimiento.
Además, es fundamental tomar conciencia de que –como se mencionó anteriormente– los estudiantes
se benefician cuando se les proporciona distintas formas de acceso al aprendizaje. Así, la presentación
de información en varios formatos estimula el procesamiento cognitivo activo, y promueve el
aprendizaje significativo.
Adaptado de “Evaluación de conocimientos y actitudes sobre neuromitos en futuros/as maestros/as” de Aldo Fuente
y Alicia Risso, y “Learning Styles as a Myth” del Center for Teaching and Learning de Yale University.

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MARCA LA ALTERNATIVA CORRECTA.
1. ¿Por qué en el texto se afirma que la hipótesis de los estilos de aprendizaje carece de sustento
científico?
A. Porque existen demasiados marcos teóricos de estilos de aprendizaje, que se contradicen
entre sí.
B. Porque perjudica la difusión de la investigación educativa al basarse en la cultura digital de
la caracterización individual.
C. Porque diversos estudios en teoría cognitiva demuestran que la información presentada a
través de varios canales optimiza el aprendizaje.
2. En el tercer párrafo, ¿a qué se refiere la expresión “miríada de sitios de internet”?
A. A la calidad de los sitios de internet.
B. A la cantidad de los sitios de internet.
C. A la reputación de los sitios de internet.
3. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones se puede concluir del texto?
A. Para muchos individuos, el canal visual es más eficiente que otros canales sensoriales para
procesar la información.
B. Todos los estudiantes desarrollan preferencias subjetivas por determinados formatos de
presentación de la información.
C. Los métodos basados en un estilo de aprendizaje específico desaprovechan el potencial del
estudiante para procesar la información.
4. En una reunión con sus colegas, una docente opinó lo siguiente:
“Si los estudiantes eligen que se les presente la información por un canal determinado (por
ejemplo, el canal visual o el canal auditivo, entre otras posibilidades), debemos elaborar
estrategias de enseñanza basadas en dicho canal. De este modo, ayudamos a que los
estudiantes aprendan mejor”.
¿Cuál de las siguientes ideas del texto refuta la opinión de la docente?
A. Los estudiantes pueden aprender mejor cuando se les proporciona múltiples canales de
acceso a la información.
B. Muchos educadores confían en la teoría de los estilos de aprendizaje porque es intuitiva y
halla eco en la experiencia de aula.
C. La clasificación de los estudiantes en aprendices visuales o auditivos no es la única que
existe entre las teorías de estilos de aprendizaje.
5. ¿Cuál es el propósito principal del texto?
A. Poner en tela de juicio la práctica frecuente entre estudiantes de favorecer un único estilo
de estudio para desarrollar sus aprendizajes.
B. Demostrar que la presentación de la información en diversos formatos favorece el
procesamiento cognitivo activo y el aprendizaje significativo.
C. Convencer de que la hipótesis de los estilos de aprendizaje debe descartarse en favor de
métodos que presenten la información en diversos formatos.
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ANEXO 2
Harry Potter y la piedra filosofal
Por Francisco J. Vázquez

La obra comentada en esta oportunidad ha tenido


un éxito sorprendente en todo el mundo. Se trata
de “Harry Potter y la piedra filosofal” y ha
conseguido un importante logro: hacer que los
niños, los adolescentes y los mayores se animen
a leerlos.
Harry Potter es un chico huérfano recogido en
casa de sus tíos, los Dursley. Según le han
contado, sus padres murieron en un accidente de
tránsito cuando el apenas tenía un año. De aquel
momento tan solo le queda un recuerdo: una
pequeña cicatriz en forma de rayo en la frente.
La vida de Harry Potter no es fácil. Por una razón
que él no entiende, sus tíos y su primo parecen odiarle… lo consideran
distinto, diferente. Pero él es un chico normal… ¿o no?
“Harry Potter y la piedra filosofal” es el primer libro de la saga de aventuras
del joven mago Harry Potter. Su autora, J. K. Rowling, ha logrado atraer la
atención de todos con este personaje surgido de la mezcla de seres de las
más distintas tendencias: tradición, superstición, mitología, literatura
fantástica, entre otros.
Quizá la característica más destacable de este primer libro es la forma tan
peculiar y agradable que tiene Rowling de narrar los acontecimientos. Es
un lenguaje directo, con muchas explicaciones pero sin un léxico
excesivamente complicado. Podríamos definirlo como el cuento que todos
querríamos oír sentados alrededor de una chimenea en una fría noche de
invierno.
Posiblemente ese sea uno de los secretos de este joven mago que, con
su forma de ser y de actuar y, sobre todo, por ser un niño totalmente normal
con el que todos podrían identificarse, ha acaparado los corazones de
millones de lectores en todo el mundo.
Si aún no has leído “Harry Potter y la piedra filosofal”, te recomiendo que
no tardes mucho, Se lee fácilmente y te dejará una sensación muy
6
agradable de haber disfrutado de un libro excepcionalmente bueno. Para
todas las edades, Harry Potter es un fenómeno muy interesante.