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en Taurus

Tres estudios sobre Hegel


La ideología como lenguaje
Dialéctica negativa
Sociologica
Terminología filosófica, I y II
Teoría estética
Mínima moralia Versión castellana
de Víctor Sánchez de Zavala
revisada por Jesús Aguirre

T Taurus Humanidades
SOBRE EL CONCEPTO DE LA RAZON -tn ~
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En la" ruta de la sociedad europea destaca n, uno contra otro,
dos conceptos d e razón. Uno de ellos ha sido propio de los grandes
sistemas filosóficos, desde Platón: en él se concibe a sí misma la
filosofía como imagen de la esencia razonable del mundo, algo así
como lenguaje o eco de la esencia eterna de las cosas; la percepción
de la verdad por los hombres era una sola cosa con la manifestación
de la verdad misma, y la capacidad pa ra semejante percepción in-
cluía todas las operaciones del pensar. Con el perfeccionamiento d e
una lógica propia, con la independización del sujeto y su distancia-
miento del mundo como mero material, surge, en contradicción con
aquella razón comprehensiva, igualmente apropiada al objeto que al
sujeto, la ratio formal, desvinculada, cierta de sí misma: és ta se
resiste a la mezcla con el ser y lo remite, como mera naturaleza ,
a una región propia, a la q ue ella misma no estaría sometida. T rata-
remos de ambos conceptos d_~_J:ªf:.Ó.D, especial mente, sin embargo,
del autónomo y excll!§eñte·,--y·· luego pod rá examinarse el tema de su
reu ni"ó n; juntamente con sus imp)icaciones sociales .
El uso lingüístico v igente sabe de la razón prefe rentemente en
el sen tido último, como u n instrumento, y trata más y más de
entender por «razonable» aquello cuya uti lidad quepa demostrar:
quien sea capaz de reconocer lo que es útil será una persona r¡¡zo---
nable; y la fuerza que lo hace posible será la capacidad de clasificar,
de sacar conclusiones, de la inducción v la deducción con indife-
rencia dercóñ tenido particular con el q~1e h<~ ya que habérselas. En
la vida cotidiana - y no sólo en ella- , la razón pasa por ser 1<~
funció n formal del mecanismo del pensar, y las reglas de acuerdo
con las cuales trabaja serán las leyes de la lógica forma l y discur-
siva -el principio de identidad, el de contradicción, el de tercio
excluso, el silogismo-, que, como forma, a modo de esqueleto del
pensamiento, se mantendrá firme fre nte al influjo de la cambiante

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expe rie~c~a. En la medida en que este concepto de razón -cuyu bre~ si ngu lares co mo entre clases sociales, a las ins tituciones de la
predomlnJO no es separable, en absoluto, de la sociedad burguesa soctedad _Y ha~ta a la n.aturale~a . extrahumana. Siempre que hable-
y ca racte ri za en es pecial el presente- no se preocupa por la cues- mos de ftlosofta en senttdo enfattco, con Platón y Aristóteles en la
?e
tión un en-sí, de algo objetivamente razonable, por tanto, sino Escolástica o e n los grandes sistemas del idealismo alemán, sie mpre
que tiene ante la vista excl usivam ente lo razonable para el q ue pien- nos e~co ntrare mos f.ren te a una _c?ns_epció n 9.!Jjetiva de la razón qu e
s~, pa ra el . sujeto, se le puede llama r concep to de la razón subje- se reftera a la cotahdad de lo exis tente - la cual inclu ve asimismo
tiva. Esta tiene que ver, ante todo , con la relación entre fina lidades al individuo· y- sus finalidades, mas sin coincidir con él~. Y enton-
y medios, con la adecuación de los modos de comportamiento a los ces el criterio de la verdad es la consonancia d e una acción, de toda
fines, qu e, como tales, se aceptan más o menos, sin someterlos por una vida e incluso de los afanes de un pueblo con dicha totalidad:
su parte, e n general, a una justificació n razonable . En cualesquiera la existencia ha de conmensu rarse siempre con esta es t ructu ra obje-
casos en que la razón subjetiva se ocu pe d e fines o es para con- tiva, no solamente con intereses parciales. Tal pensamien to de la
trastar si son razOn;bles tambíén en sentido subjetivo -luego razo- tradición filo sófica no condenaba la razón subje tiva, que se entendía,
nables quie re decir que sean convenientes para los inte reses del suje- antes bien, como una expresión limitada de l a razonal idad ge neral:
to, p ara su autoconservación económica y v ital, si no del individuo se hacía hincapié en esta última y, con ello, v isto desde el individuo,
aislado, al menos del grupo con que se ident ifique- o se introdu- más en los fines que e n los medios. Semejante modo de pensar
cen los fines en las consideraciones razonables para contrastar la remite a la idea de conciliación de un o rde n objetivo, concebido por
posibilidad de su realización y, por ejemplo, la adecuación de los la filo sofía como razonable, con la existencia h umana y su auto-
medios que se hayan de escoger. Para delimita~ el concepto de razón conservación. La república platónica, el ardo de Tomás y el de su
en es te último uso tenemos, en primer té rmino, la doctrina de Max antípoda Spinoza y el sistema de Hegel son algunos ejemplos famo-
Weber: según él, un fin no puede reivindicar ante la razón ninguna sos de tal concepción europea.
~rioridad fre nte a otros, pues el poder sería tan razonable y tan A todos ellos subyace la convicción d e que la intuición en la
Irrazonable como la justicia. (En cuanto a la equiparación de razón naturaleza del ser no es separable de lo valioso, d e lo orientador:
Y .utilidad, los dictadores, que ya Voltaire había previsto con su clara cua!1_t_Q._l}!ás penetremos en lo verdadero, con mayo r seguridad ram-
m1rada, han proporcionado un buen ejemplo: decían a los posibles bien sabrerTH?S qué hay que hacerj la·s -reglas de la virt~d .Se-segu( --.
oponen tes en el interio r «si no tomáis parte, estáis perdidos>>, y a rían del conocimiento de lo ·qúe existe - la virtud y el saber serían
lo~ futuros satélites en el exterior «somos más fuertes que vosotros», en el fondo uno- . El orden del mundo sería vá lido p ara los bos-
ast como « ¡sed razonables!». ) El pensamiento de u n fin inteligen te, quejos filosóficos no de otro modo que para la experiencia de la
· razonable en sí mismo, sin consideración de ganancias ni ventajas vida diaria: de la misma manera que la visión de un niño que se
algunas, es extraño al concepto subjetivo de razón, incluso cuando ahogue prescribe la acción al transeün te que sepa nadar (creo qu e
se levanta por e ncima del punto de vista de la utilidad personal y el psicólogo de Frankfurt Gelb fue quien en otro tiempo se sirvió
comprende en sí unidades más amplias, como la propia familia u de este ejemplo), como una situación crasamente crítica de una re-
otros grupos . También ocu rre algo enteramente aná logo con quien gión o una comu nidad conduce -aun sin las conclusiones de los

o... se lance a la acción no por cálculo interesado, sino por otros moti-
vos, con quien no sepa percatarse rápidamente de su provecho y
informantes- a un lenguaje elocu ente, y, por otro lado, la apari-
ción de la belleza mo ral o estética invita al amor- sin que ha ya
sido preciso dar antes una regla de conducta especial- igualmente,
:..J cuya vida tenga otra pulsación -no meramente otra, sino irrazona-
según aquellos sistemas filosóficos, también el mu ndo en grande
f(] ble, y esto quiere decir tonta-: no comprende ría que las palabras
habla su propio lenguaje, y el filósofo se hace portavoz suyo para
sobre la verdadera razón, sobre su realización y cuanto está unido
a ella , serían u na simple ru tin a p ara conducir a los prójimos y en- que sea audible. Y esto es lo que se quiere decir con lo de la razón
gañarlos, un mero medio de poderío como otro cualqu iera; no sería objetiva que encerrase en sí la sub jetiva.
suficientemente adulto, por viejo que fuese. E n las obras importantes se han actualizado siempre ambos
E l cor.cepto subjetivo de razón no ha sido siempre norm almente, momentos: incluso en la filosofía de David Hume, de lo s se nsitas
pese a lo na t ural que pueda parecer hoy a muchos: se le oponía y de los escépt icos, el pensamiento de lo objetivo y normador es tá
' i ]¡.¡ tesis de que la razón no dom ina Cmicamente en la conciencia de presen te cont inuamente a través de l tono en q ue se proclama u na
, / los indi viduos, sino que la cuestión de la ra zón y la sinrazón es v otra vez la modest ia cabe lo na tural como la recome ndación
· i también ap li cable al se r objetivo, a las relaciones as í e ntre los hom- (¡ [tima del sabio. No obstante lo cual , su efectuación es propia de

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los que han tomado una parte de peso en la independización del radas, la extensión de la d ependencia sin trabas del sujeto individ ual
concepto subjetivo de razón , que constituye un momento de la con respecto al Es tado de poder soberano y, en defin itiva , bl
Il ustración en sentido tradi cional, la expresión fi losófica de la des- de poder de alcance universal así como la i mportanci, a o_ques
mitologización, del desencanr¡¡miento del mundo -tal y como Max - ligada a lo anterior- de la ~reducción de med ios d e da ctrecJ~~re
Weber ha caracterizado este proceso- . A pi:lrti r del Ctltimo gran - 1 bJ es rucCIOD
tnc uso en pue os amantes de la paz todo ello seña la < ¡ ·
, ' ¡ue e con-
f:pat~t~de~{~o~~i~~' .I: -~ut-~c~n~s~~~~:,i;~n'·- ~on~.i ~n~¡:,. ~ -~)~~~r"
intento, en el idealismo i:llcmán, de med iación de la razón subjetiva 1
y la objetiva, todos los esfuerzos que han intentado hacer válido el a ser el ele
derecho del concepto objetivo de razón parecen artificiosos y anti- -s i el paso de la Il ustración al positivismo -'h~ .tefminado
cuados -aun el de Max Scheler. cancelar el concepto d e la misma razón como cierra clase d po_r
Si hoy ha d e hablarse en un sentido muy radica l de u na crisis . ' ' 1. d j • j e pOS!-
CJOn u_tt ma e a m ao ogía, ta l cosa nq . acontece simplemente con
de la razón, ello es o bien porque el pensamiento es incapaz de el an ttguo concepto, procedente de P latón, de la razón como una
captar la idea de lo objetivamente razonable -sin la que la razón fac~~.QJ!.!_ _a lma_ ~q~e ya H ume había tacha'd o--; tam-poco se
subjetiva no pasa tampoco de insegura e inconsistente- o porque reíte_r~ est: pro~eso un~~ame~te _a la doctrina ka~tiana._ de la aper-
el pensamiento comienza a negar aquella idea como un;¡ mentira, cep9!2_.f!___Qpgtnan~, del; y_o·, umtano , de la que, seg\inKanr,· tendría
como un trozo de mitología. Y la fatalidad de esta evolución es triba que pender la_ ftlosofia entera: de igual mod o ha negado, desde
en que finalmente disuelve el con tenido objetivo de tal concepto: ~ace m~cho tiempo, la teoría positivista del conocimiento como
en el espíritu vigente, sea en teramente consciente de ello o no en msostemble metafísica, esta imagen desustancializada de la doctrina
todos sus portado res, a todos los conceptos fundamentales se les platónica; el proceso es supremamente real, y la frase de Ernst
ha despojado de la sustancialidad , convirtiéndose entonces en cásca- Mach « n9 )ay_ql!_e salvar eL YO.», caracteriza una tendencia efectiva.
ri:ls formales, cuyo contenido depende del arbitrio e incluso no es Con<'l a ~unci?na1izaciorC de- la razón se completa un proceso que
ya susceptible de justificación razonable alguna. rec?r:e. la his_to~Ia contemporánea. La pretensión de justificarse ante
El proceso de ilustración , que guió la razón, atravesando mile- el JUI CIO sub¡ et1vo se funda en la razón misma, y la tentativa de
nios, contra la mi tología y las supersticiones, se vuelve al final con- estorbarla d esde fuera tiene que permanecer infructuosa. La lucha
tra los conceptos q ue había n permanecido como <<naturales» -esto co~tra la intelige~ci_ a pura -como Hegel llamó en otro tiempo a la
es , aposentados en la razón subjetiva-, tales los de libertad y paz, ratzo form~l. sub¡euva en nuestro sentido-- y todo intento de re-
de igualdad humana en sentido último, de santidad de la vida del troceso tr~JCIOnan, segú_n se lee en la Fenomenología del espíritu,
hombre y de justicia, y hasta contra el concepto de sujeto '! el «_el contagiO ya acon tecido; es demasiado tarde, y todo medio sólo
mismo de razón: el progreso, por d~cirlo así, se deja atrás a sí sirve:: para ~I?peorar la enfermedad, pues ha apresado la medula de
miSmo. Si tr-as la disolucióñ de -· lá image'ri___medieval del mundo, la la vida e~pmtual, a saber : la conciencia en sus conceptos, o su mis-
filosofía hubiera emprendido la erección por sus p ropias fuerzas de ma. esencia pura; se ... pueden reprimir sus desarticuladas manifes-
una totalidad obligada en que el hombre pudiera orientarse sin te ner taciOnes y sofocar los síntomas superficiales: eso le es sumamente
que creer nada que no fuese demostrable, nada de lo que pudiese ventajoso, ya que no despil farra entonces inútilmente las fuerzas ... ,
dudar decentemen te, la reducción de la filosofía a la razón subjetiva sino que... traspasa sigi lo~amente las pa rtes más nobles cada vez
sería algo así como su prueba por ejemplos: el que sólo quepa re- más, y pr onto se ha enseño reado a fondo d e las en trañas y miembros
currir razonablemente al predicado, la· fór mula ingeniosa que anti- todos d el ídolo carente de conciencia, y 'una hermosa mañanita da
cipa del modo más sucinto la sucesión probable de los fenómenos, un toque a sus compañeros con el codo y ¡pum!, ¡patapum! el
ídolo se va al suelo'" • Pero si Hegel pensaba aquí en la R~vo­
1
la adap tación máximame nte flexible del medio a la finalidad su bje-
ti va, la conformación del pensamien to a puro instrumento, han sido, lución francesa - las palabras resuenan a un pasaje de Diderot- ,
con toda la grand iosidad del éxito, u n momento de la razón aislado. desde entonces el campo de la historia está sembrado de i nnumera-
Y la pretensión del espíritu de poder apoyar la vida humana en bles ídolos conceptuales d emolidos y un número incontable de ellos
la razón, en la inteligencia razonable, en un sentido, ha parecido han resucitado; y una de las razones más importantes de tal cosa
yuedar reducida al absurdo por la misma razón. Los sistemas tota- es el desconcierto, tal como lo ha creado la departamentalización de
litarios ele cualquier orientació n, en Jos que la razón subje tiva - a la cultura. Ya en el siglo xw , la razón subjetiva, con su se ntido
saber, la relación racional del medio aplicado con la finalidad-
..' HEGEL, <~Siimi i ic~e W e rke», edición jubilar, t. II, publ. por Glocknc:r,
entra al servicio d e fines no meramente in humanos, sino dispara- Ph,momenologJe des Geistes. Srungart, 1927, pp. 418 v s.

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de la divis ión y la lim pieza, consolidó -a consecuencia d el ave- El único criterio yue reconoce la razón subjetiva, formal instru-
rroísmo- la separación del saber teológico y el mu ndano de aque- n_lental, es el que el lenguaje del posi~ivismo llama su valor opera-
llas dos Facultades de la Sorbona, separación inherente a la esencia tivo: su papel en la dominación del hombre y la naturaleza . Los ,
de la sociedad contemporánea: en un cajón está la religión; en otro, conceptos no quieren ya expresar, como tales, cualidades de la cosa
el arte: en un tercero, la {ili>_sqfía, y en el cuarto c;¡óñ, ,la ciencia, sino que sirven únicamente a la organización de un material el~
desgajada de rodo lo anterior -de acue rdo con el paradlgma--d~ saber para quienes puedan disponer hábilmente de él: se consideran
la física matemática-, el dominio propio de la razón subjetiva, como meras abreviaturas de muchas cosas singulares, como ficciones
de la que emana teóricamente la separación y que deja a los hom- destinadas a sujetarlas mejor. Todo uso de los conceptos que vava
bres sin norte - y justamente por ello se preparaba ya el conrrá- más allá de su puro significado instrumental cae bajo el veredic-to
golpe en la des mi rologización emancipada- . Incluso allí donde el de estar detenido en la superstición. Y la lucha contra los ídolos
concepto subje tivo de razón estaba ligado del modo más estrecho conceptuales, que en la historia de la humanidad ha tenido una
con la humanidad y do nde, en nombre de ésta, formu laba ideas importancia tan necesaria, pues han exigido sacrificios tanto como
como las de tole rancia y d e transigencia relig iosa- como ocurr ió los de oro y ma rfil - piénsese sola me nte en las b ru jerías y del irio
en la Francia del siglo XVI - , se mostraba capaz de ad aptación racial-, ha salido t riunfa nte ahora med iante algo así como u na
a los intereses do mi nantes: e ra más plegable que, po r ejem p lo, los extrapolación; ya no se subyugan los conceptos con un duro trabajo
esbozos objetivos d e sistema d e u n Bru no o u n Spinoza . La d ivisión concreto teo ré tico y polí tico, sino que se los explica abst racta v
y la neut rali zación de las esferas aisladas de la cultura v de los sumariamente, mediante lo que podríamos llamar un decreto fi l~­
valores con respecto a la ciencia y a la praxis, e n sí justa-e irrefu- sófico, pero que, en consonancia con el espíritu de los tiempos, lo
table, prepa ra también la coordin ación con el mal : «Le Maire e t hace pasándolos a meros símbolos: se toman como recursos o rece-
Montaigne ont toujours été deux, d'une sépara tion bien claire» 2 , tas que ahorran trabajo, igual q ue si se llevara el pensamiento mis-
quedan sepa rados rigurosamente el hombre en su función y el hom- mo al nive l de los modos de comportamiento industriales v se con-
bre con un nombre propio, y Mon ta igne cita a Quinto Curcio: Tan- ~irriese en un elemento de la producción. Cuanto más dege.neran las
tum se fortunae permittunt, etiam ut naturam dediscanf: «No ha tdeas de automatización e instrumentalización, cuanto menos signi-
de entregarse uno a las ocupaciones de tal modo que se olvide de fican en sí mismas, más sucumben a la vez a la cosificación, como
la propia natu raleza». Pero ¿qué es la naturaleza, que en Montaigne si fuesen un tipo de máquinas. El principio de la economía del
y luego con Montesquieu, coi ncide con la razón, si ésta vacía su pensamiento, de Avenarius y Ostwald, no está encarnado solamente
contenido y queda for malizada en la razón científica? No ofrece en la teoría del conocimiento, sino, po r ejemplo, en esas asombro-
detención alguna cont ra la p resión de la realidad, y esto es p recisa- sas máquinas que en ocasiones sobrepujan incluso la capacidad hu-
me n te po r lo que no comie nza a es ta r en peligro d e abandonarse mana misma en las operacio nes mate máticas más complicadas. He-
gel vio en el cálculo - cuyo primado ya tuvo presente Leibniz-
a lo irracional con el m ito del siglo xx sino ya en los n obles pensa-
el peligro de una mecanización del conjunto de la lógica y hasta
mientos de M ontaigne : por mu y manifiesta que sea la a bsurd idad
lo peor que podría suceder a la ciencia lógica -y con ella, a la
de la filosofía neoposi ti v is ta actual del llamado e m pirismo lógico,
filosofía-. Pe ro m ient ras tanto es te proceso ha conducido a un
que querría exorcizar rod a idea co n contenido como un ído lo condi- tabú, por e ncima de todo movi miento espiritual no traduc ible en
cionado por el len guaje t radicio nal, esta falta de sentido es igual un calcular y que no se someta al cont rol universal; y lo que en
de irresistiblemente consecuencia de un desarrollo preparado en el otros tiempos se exigió con justicia, en nombre de la humanidad,
concepto de razón, incluso en la voluntad de un conocimie nto más frente a la anticuada fe en la autoridad, el abandono de ideas no
claro e inequívoco. E n la crisis de la razón subjetiva se trata de su demostrables sobre el hombre y la naturaleza, se ha metamorfoseado
propio ser esencial, no de un mero ab uso n i de un simple haber en o presión de cualesquiera clases de sentido.
sido cogida desprevenida, por insípidas que puedan parecer las tri- El lenguaje se transforma así en una mera herramienta, en el
vialidades y tautologías en que se consuma el positivismo a una con- LOdopoderoso aparato d e producción de la sociedad moderna: toda
cie nci a que no haya capitulado ante la coerción de la sociedad de palabra que no sirve de rece ta para un proceso, de medio para
masas y de su aparatO. poner en movimiento a otros hombres, de advertencia, de mtmo-
randum o de propaganda, sino que quiera ser entend ida co mo sen-
' El alca lde.: y Montaigne han sido siempre dos, bien claramente separa·
dos. (N. del T.)
tido propio, como refle jo del ser, como moción propia de éste, pasa

l
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E l mundo desencantado, que aquellos impertérritos l uchadores
por mítico y carente de sentido, y también los hombre~ .e~perimen­
contra las supe rsticiones tirán icas alzaron como estandarte en el
tan ya enteramen te el lenguaje como lo exponen el posJttvtsmo y el
siglo xvn, vive hoy en secreto cu lturitlmente, largo tiempo tras la
pragmatismo. Si alguien dice algo, ello no depende tanto del signi-
victoria de los residuos de aquella herencia mítica, en la que tiene
ficado propio de las palabras, de lo que ellas mismas mientan, cuan-
que contarse también, desde hace mucho, la filosofía metafísica
to de lo que con tal cosa pretende el que lo d ice: el decir, el gesto
- subterráneamen te, sin saber de sí misma, exis te todavía alguna
y la expresión puros, que no quieren disponer, aparecen como
parte de aquella fuerza- : de otro moJo se deshace toda dicha
garru lería; y justamente porque los hombres se refieren si~mpre
ante la química de la subjetividad. Cuanto en el presente último
meramente a otros, quieren conseguir algo de ellos y no constderan
hace rodavía la vida digna de vivirse se alimenta del calor que en
en modo alguno la palabra, sino su eficacia, están todos tan aislados
otro tiempo era inherente a toda verdadera gana por una cosa: la
· y solí tarios <:.n este m.undo. el) _ qu~ ya_nadie -PJJ~<;le.-esta¡;. solo. Cuanto
dicha misma tiene rasgos arcaicos, y la consecuencia con que se los
más emprendtTa.V:ida el camino de la comunicación y del tráfago,
aparta lleva consigo la desdicha y el vacío an ímico. En la alegría
cuanto más cerca se arrim an los hombres,. cuanto más hablan o,
ante unos jardines con tinúa vibrando aú n el elemento cultual que
más bien, se habla por ellos, tanto más mudos se vuelven.
les incumbía a los jard ines cuando pertenecían a los dioses y se los
No puede tomarse suficientemente en serio el que el sentido
cultivaba para ellos; si se han cortado es tos hilos, cabe que reste
del lenguaje ·' haya sido sustituido por su función o su efecto en
todavía una imagen en la retentiva, pero su vida interna se ha
el mundo cosificado. Los conceptos que an tes eran propios de la
apagado, y la imagen no puede durar mucho. Podemos no atri buir
razón o estaban sancionados por ella es tán todavía en circulación,
nuestro gozo por una flor o po r la atmósfera de un espacio <l un
pero receptos y gas tados , neutralizados y sin identificación racional llamado instinto estético del propio se r esencial, que es un mero
obligatoria; deben su persistencia a una tradición que el contempo- subterfugio del filósofo desconcertado; pu~s 1.~ sensibilidad estética
ráneo puede llamar, a su gusto, venerable o simplemente negligente. del hombre tiene su prehisto!.~-- ~n.Ja.. idolátrta: - la- creeñcia.eñ- ra··
Para el tipo de conciencia que en el mundo ilustrado se insinúa bondad o en la sacralidad de una cosa ' precede históricamente, por
cada vez más sólo hav una autoridad la ciencia que se agota en necesidad, al gozo ante la belleza. Algo análogo ocurre también con
hechos y en números; y la afirmación de que la justicia y la libertad categorías t<ln decisivas como 1<~ de dignidad humana; sin el estre-
sean en sí mejores que la injusticia y la opresión no admite veri- mecimiento que sobrecogí<~ en otro tiempo a los hombres ante sus
ficación con las categorías de esta ciencia. De acuerdo con el vere- señores y sus dioses no se experimentaría realmente el respeto que
dicto de la crítica científica del conocimiento, no hay nada que hoy debe extenderse a cuanto tenga semblante humano, sino que se
justifique que una forma especial de manera de vivir, una filosofía hundiría en un a frase hue ra ; y en el respeto ante la vida del prÓ·
o una religión sean consideradas mejores, más elt"Vadas o más verda- jimo sigue vib r<~ndo, con el amor del Nuevo Testamento, también
deras que otras cualesquiera; en cuanto la razón se ha desembara- el miedo ante las sanciones del Viejo, con las que antaño se aseguró
zado de la reflexión sobre los fines como medida de sí misma, es el Decálogo. La subterránea relac ión con una experiencia no entera-
imposible decir que un sistema económico o político sea irrazonable, mente olvidada, con un conocimiento profundamen te hundido que
por cruel o despótico que sea, con tal que fUncione; y, como es no satisface el criterio estadístico y, con todo, retiene la pre tensi ón
sabido no todos los sistemas crueles y despóticos han tenido una de verdad, otorga vida y legitimación a semejantes ideas, que per·
duraciÓn relativamente tan corra como el que se daba a sí mismo filan nuestra civilización . En esta experiencia están incluidas las
mil años 4 • Cuando conceptos como el de dignidad humana pusie- vivencias míticas del pasado lej ano, pero también los grandes acon-
ron antaño en movimiento al pueblo, no buscaron amparo en la tecimientos históricos, en la medida en que los hombres m ismos
tradición ni invocaron un reino de valores sepa rado de la razón los hay<~n provocado; y, al mismo tiempo, también la resistencia
científica sino que se interpretaron a sí mismos como objetiva- contra el confinamiento de la dignidad en uno y algunos, contra la
mente v~rdaderos; mas tan pronto como una tradición o un valor injusticia y la desigualdad, y las explosiones históricas contra el
tienen que invocarse a sí mismos -esto es, esa cualidad abstracta, endurecimiento y la limitación . Sin tales residuos· en el inconsciente
separada del conocimiento obligativo, la tradición~ por no poder colectivo naufragan los conceptos = ¡)ür -Jiablar' co n Hegel- en un
alegar en favor suyo ninguna otra cosa, han perdtdo ya su fuerza. soso ser edificantes.
Para evitar tal cosa no basta un deseo pío. Ninguna verdad en
3 Cf. «Sociología y filosofía>>, en csrc n:ismo libro, pp. 9·21.
sí concede todavía a las ideas que le fuese mejor al mundo si tuvie-
' Se refiere al Tercer Reich . (N. del 1.)

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sen poder sobre los hombres, y sin verdad, ciertamente, son capa- con wdo lo que no cabe reducir al limitado espíritu subjetivo. La
ces de reclutar prosélitos -como las demás panaceas admitidas desventura - que ha acarreado la autodestrucción- no ha estriba-
hoy-, pero no de asi r a los hombres. El prosel itismo mismo sioue do en lo que la razón llevH a término, sino en su autoentronización-
~i.endo cosa de la oportunidad subjetiva y está expuesto a los c=m- ),~9ll.2!.l_bj.c..tiva, con el orgu llo inherente a todo cegarse , se h~
oios en cwlnto se salga adelante mejor con otros ideales . Como resi_S!I~!c_:_.:l~-~es a co~ceder que su existencia independien te no se !a
nuevo expediente ele la razón subjetiva, la objetiva, en la que se deba. a s1 mismá,- smo, en proporción altísima, a la divis ió n - de l
enclavan los conceptos como el de libertad v el de humanidad es trabajO y al proceso de confrontación del hombre y la naturaleza :
V!Ctl~a de igual rehuividad que aquella de 1~ que quiere prote~er; y cuañro- rñás a sabiendas lo niega, co-n ta-nto -mayor ahínco tien~
no snve de nada, para salir de esta aporía, apelar a valores eternos que ufanarse ante sí misma y ante los demás como un ser absoluto·
que no puedan acreditarse ante la razón, ni tampoco ninoún camino pero tamb_i~n tiene, finalmente, siguiendo su propio principio d~
intermedio, como el que recorría el último Scheler. t">Es te había com~robacion y duda, que expatriarse como una qua/itas occulta
instalado la razón subjetiva para los dominios técnico y económico al remo de los fantasmas : se transfo rma en un elemento del nihilis-
Y. ~pelad~ luego, como, correctivo, a un saber formativo y de salvH- mo, tal y como lo entendió Nietzsche. Solamente · al concebirse a sí
CIOn desl1ga~o de aquella; d e este modo se llegaba a un pluralismo
misma '! cada uno de sus pasos, de acuerdo con su sentido, como
que puede Ir pasando la existencia solamente mientras se rehuse la momentos de la confro ntación histórica entre los individuos entre
reflexión sobre los propios pensamientos, la meditación filosófica las c_l~ses sociales y entre los pueblos y continentes, conqu,ista la
sobre tal filosofía. La cultura - esto es, los distritOs extraeconó- relac10n a aquella totahdad que simultáneamente se le enfrenta v la
micos- corre aquí peligro de pasar por una sección dominical abraza, y en la que sus consecuencias aisladas pueden dar una y ~tra
como si con ella no se tratase del trabajo riguroso de los conceptos' vez muestras de su sinrazón. En la doctrina de una razón objetiva
de su función crítica, socialmente modificadora. El desdoblamient~ que no se agota en una pura función de finalidad v med io se con-
y la neutralización de la cultura no constituye ayuda contra la obra serva_ba esta . conexión -que está algo así como ·olvidada por la
de destrucción de la razón subjetiva: lo que vale no es salvar la hybrzs del sujeto que se emancipa- , por muy irreflexiva e ingenua
oposición entre la razón subjetiva y la objetiva decidiendo por una que fuese la forma en que lo hacía; la razón subjetiva v formal
de las alternativas ni - desde fuera- mitigando la oposición e para la que todo se convierte en medio, es la del hombr~, que s~
hipostasiando las ideas, sino hacerlo sumergiéndose en la contradic- contrapone a ~os ot_ros y a la naturaleza meramente porque sin el
toria cosa misma. paso por la discordia no puede producirse la conciliación. Pero la
El concepü> de la razón, que se ha puesto en cns1s ahora, no suspensión de la discordia no es únicamente un proceso teórico: sólo
es el sustrato del desarrollo histórico , sino uno de sus elementos. cuando la relación de ser humano a se r humano - v con ello tam-
Todos los juicios sobre la razón son falsos mientras se aferren a su bién de hombre a naturaleza- esté co nfigu rada de ·ot ro ·modo que
carácter desvinculado y aislado, que, desde luego, resalta en sus como en el período de dominación y aislamien to, desaparecerá en
sistemas modernos, desde Descartes . Es meneste r que se desarrolle una un!dad la disociación de la razón subjetiva y la objetiva; pero
la subjetivación de la razón, e incluso el pensamiento filosófico ello exige el trabajo en las total idades sociales, la actividad histó-
mismo, a par_tir del proceso vital conjunto de la humanidad, como ri_ca. La conse~ución de una situación social en la que uno se con-
un proceso meramente parcial: como la reflexión finita v limitada vierte en medio para otro es al mismo tiempo la consumación del
que subyace a la crítica. El pensamiento, escindido de l~s momen- concepto de razón, que en la descomposición en verdad objetiva y
tos materiales de la existencia, se glorifica en principio metafísico pensamiento formal amenaza ahora con extraviarse.
y se expone como fundamentO del proceso histórico -del que , El mundo habla hoy un lenguaje muy claro para los que piensan
antes bien, dependen el espíritu y el pensar-; pero la razón tiene teóricamente y para todos los que estén dotados de oído social. La
su sentido y su propio ser solamente aplicada a éste. De hecho, era tare~ ?el pensam iento fi~osófico que se vincula con la sociología es
percibirlo y formularlo mcansablemente; v cuanto más se contente
necesario que la razón se desprendiera de los momentOs objetuales
con un manifestar exacto y se abstenga de. enigmas, tanto más certe-
y se hiciese independiente para arrancarse de las manos de la violen-
cia natural ciega y dominar la naturaleza en aquella misma medida ramente repercutirá en la praxis a través de los que aprendan y
que hoy nos produce verdaderamente pavor; mas la razón no se ha actúen. A base de la consagración fiel de la ciencia a lo que ha v
percatado de este emanciparse como de algo necesario a la vez que se entenderá lo que hace falta y, sin necesidad de ha blar de fin e¿,
aparente : ha reunido en un montón la mitología y la supe rstición éstos estarán contenidos en cada paso de una teoría genuina, pues

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que solo se desvanece cuando aquel se desfigura en recet -- -------- -'- LA SOCIOLOGIA Y LA INVESTIGACION EMPIRICA
o- d M, · a y propa-
"'rn a~ as mientras su yropio elemento retenga la fidelidad pierde
e_ c~ racter ?e mero medio y, es capaz de convertirse en fuerza histó-
{Ica , ~~ ah1 que desde Piaron la filosofía no haya de desligarse de
. ~ _polJtJca, _Y que, con todo el pesimismo a que nos obliga la situa-
cion ~u-~dial , nos atreva~os a estar ciertos aún hoy de Ja estrecha
vmculac10n de ambas, e mcluso de su unidad .

M. H.

Los diversos procedimientos reunidos como una disciplina aca-


démica bajo el nombre de sociología están enlazados entre sí tan
sólo en un sentido sumamente abstracto; porque todos ellos se ocu-
pan de algún modo de lo social. Pero ni su objeto es unitario ni lo
es su método: varios se dirigen a la totalidad social y sus leyes
cinéticas; otros, en aguda oposición, a fenómenos sociales singulares
-y se proscribe como especulativo que se refieran a un concepto
de sociedad-. Y los métodos varían a proporción: allí, de condi-
1
l ciones estructurales fundamentales, como la de la relación de cam-
bio, debe seguirse la inteligencia de la conexión social; aquí se su-
prime semejante empeño como retraso filosófico en el desarrollo
1 de la ciencia, aunque tampoco _se quiera, en modo alguno, justi-
1 ficar lo fáctico a partir de un espíritu autocrático, y de lo que ocurra
!
deban retirarse meras comprobaciones. A estas dos concepciones
l subyacen modelos históricamente divergentes. La teoría de -la socie-
dad ha surgido de la filosofía, si bien, al mismo tiempo, trata de
hacer funcionar al revés las cuestiones que ésta plantea, determi-
nando la sociedad como el substrato que la filosofía tradicional
llamaba entidades eternas o espíritu; lo mismo que la filosofía des-
confiaba del engaño de las apariencias o fenómenos e iba tras de su
interpretación, la teoría también desconfía tanto más a fondo de la
fachada de la sociedad cuanto más neta se ofrezca ésta -quiere
nombrar lo que secretamente mantiene unido el engranaje-. El
anhelo del pensar, para el cual en otro tiempo era insoportable la
falta de sentido de lo que meramente hay, se ha secularizado en el
afán por el desencadenamiento: querría levantar la roca bajo la que
se incuba el abuso - sólo con su conocimiento se le acreditaría un
sentido- . Contra semejante afán se eriza la investigación socioló-
gica de hechos , para la que el desencantamiento, tal como todavía
asentía a él Max Weber, es solamente un caso especial de encanta -
miento, y la reflexión sobre la que impera oculto -que habría que
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