Está en la página 1de 13

1

El “Movimiento de Trabajadores Sin Tierra” de Brasil:

la protesta hacia una nueva gramática política.

Elsa Ponce

Asumiendo como punto de inflexión la idea con que la teoría sobre movimientos

sociales distingue las condiciones constitutivas de la acción colectiva, en términos de “modos

de actuar”, para dar cuenta de la lógica que la guía, oponemos aquí categorías que

permeabilizan las orientaciones políticas de un actor colectivo como el Movimiento de

Trabadores Sin Tierra de Brasil (MST). Presumimos pues que se trata de un sujeto que,

surgido hace casi veinte años, ha tematizado la “cuestión agraria” atravesando caminos al

parecer siempre desencontrados, asumiendo el debate ideológico sobre las condiciones que

posibilitan la perpetuación del latifundio así como la discusión tecnocrática sobre los modos

de producción en el campo.

Ya que la discusión sobre la identidad es central en el análisis de la acción

colectiva, se sustenta aquí la hipótesis de la imposibilidad del acabamiento de los actores

políticos debido a que lo ‘otro’, en cuanto aquello con lo cual se deparan en términos de

sistema político y de imaginario social, crea un cerco alrededor de las posibilidades de su

resolución total. La cultura, en este sentido ofrece, a través de la estética, las formas posibles

en que acontece la búsqueda de ese ‘acabamiento’1.

Entenderemos aquí por estética al conjunto de prácticas en las que se crean o

recrean procedimientos rituales y simbólicos cuyo contexto de referencia va de la religión al

arte, pasando por otras diversas esferas de la vida social. Se incluyen bajo su denominación

prácticas de cuño religioso, contenidos culturales migrados de tradiciones diversas,

1
Seguimos en este sentido el rumbo de la teoría de la hegemonía trabajada por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe
2

actividades y objetos artísticos, y estrategias comunicativas empleados en un contexto de

acción colectiva.

El programa político del MST, en su conjunto, pauta los trazos generales de la

movilización y predetermina las acciones mediante las cuales sus principios han de traducirse

para la protesta. En esta esfera lo estético no está ausente y se presenta en el discurso con que

el Movimiento argumenta su existencia y postulados.

Mientras que la estrategia construida en el curso de la acción propiamente sigue

los trazos de la recepción de sus contenidos en el contexto en que acontece. Al recurrir a lo

estético, predetermina sus finalidades mediante diversos automatismos susceptibles de

control, exhibiendo con ello grados de inteligencia y astucia. Y comprende, como veremos, un

extenso repertorio de usos sensibles que operan fundamentalmente como intento de convencer

al colectivo social del paradigma al cual la organización adscribe.

La utilización de recursos extra-políticos, en este sentido, ha permitido al MST

protagonizar un modelo de movilización política de características casi-inéditas en la historia

brasileña, ya que desafía el esquema de oportunidades y coerciones mediante la movilización

de la esfera subjetiva de los actores, impactando con ello en las condiciones estructurales del

sistema. Constituyéndose como un actor impredecible en términos de su capacidad de

irrupción en la escena pública, el MST usufructúa insistentemente de la táctica de la sorpresa,

particularmente a través de las ocupaciones de haciendas y organismos públicos y los cortes

de rutas, quebrando toda posibilidad de predicción, particularmente para las esferas

gubernamentales.

La reforma agraria, cuya discusión iniciada en los años sesenta comprende la

localización en la agenda pública de la distribución de la tierra como fuente de

desenvolvimiento económico, encontró apenas en la convención constituyente de 1988 un

espacio de tematización. En ella, la descriptiva del latifundio en términos de tenencia de


3

tierras ociosas y del ‘grilagem’ avanzó en torno del distributivismo antes que de la

desapropiación de poses rurales.2 Sin impactar en las políticas especificas para el sector, dicho

debate mantuvo la reivindicación de la propiedad familiar junto a la propiedad colectiva con

gestión de los trabajadores.

Mientras el Estado puso en las décadas del 80 y el 90 un paño frío a la vieja

disputa sobre el problema, la movilización masiva del MST introdujo una frecuencia de

protestas que se ampliarían desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso hasta el

presente.

Asumiendo su programa, la organización ha redefinido continuamente su

posicionamiento frente a la coyuntura nacional, traduciéndose en consignas categóricas. En

1984, en el marco de su creación, acuñó las palabras de orden alentadas en su inicio por la

CPT3, “tierra para quien en ella trabaja” y “tierra no se gana, se conquista”. Luego se

sucederían otros lemas en respuesta a las coyunturas nacionales, como “ocupar, resistir y

producir”, “ocupación es la única solución”, “la reforma agraria es una lucha de todos”.

Aunque usando los mecanismos institucionales legales, el Movimiento se distanció

respecto de la política sindical de los años setenta, donde la movilización de los involucrados

fue escasa y la apelación burocrática excesiva. Así pues, mediante el reclutamiento de

familias enteras, promovió desde sus comienzos una sindicalización sin parámetros de tiempo

o espacio, envolviendo agentes de diferentes trayectorias, inclusive sin origen rural.

Apelando a un ideario en el que convergen vertientes teóricas y experiencias

políticas organizativas de múltiple índole los sin tierra desenvolvieron en los últimos años una

práctica de protestas que impide ubicarlos en el mismo podium que el resto de las

2
Se entiende por grilagem al procedimiento utilizado por los hacendados que consiste en la conservación
durante un tiempo determinado de documentos que se envejecen por estar guardados en cajas cerradas
conteniendo grillos, y que posibilitan así el simulacro de antigüedad de los papeles que acreditan pose.
3
Comisión Pastoral de la Tierra, órgano dependiente de la Iglesia católica Brasilera
4

organizaciones sociales existentes. En él, el pasado vuelve a tono, ya que reivindica procesos

de luchas asociados a la independencia negra, las contiendas por el federalismo, y el orden

democrático.

Si en el imaginario político ha perdurado la idea del atraso como condición del

campesinado, el MST se encargó de renovar su historia interna y las condiciones de su

aparición en la escena pública. Mientras la izquierda le acusa de depositar confianza en la

igualdad jurídica y los mecanismos institucionales del régimen democrático, la derecha lo

hace tributario de una incapacidad para ser actor político en la democracia deliberativa.

No obstante, no puede afirmarse que el MST haya conseguido una efectiva y

masiva extensión de la ciudadanía, pues ello lo colocaría en el terreno de la aceptación de su

participación en la legitimación de los resortes institucionales frente a los cuales mantiene una

critica enfática.

Su movilización consigue actuar, en lo inmediato, como interpelación a los

criterios que guían la toma de decisiones respecto la política específica sobre la cuestión

agraria, y acaba destacándose sobre el resto de las organizaciones sociales al señalar los

impasses de la lógica dominante en el régimen republicano.

Focalizando el orden democrático como una convergencia de desplazamientos del

imaginario igualitario, el MST ha conseguido erigirse, a partir de procesos deliberativos

internos, como demandante de autonomización de los tres poderes, y al mismo tiempo como

predicador de la necesidad de una democracia plural en la que sean atendidas todas las

reivindicaciones sociales del país. Sus iniciativas han seguido la amplia trama de reclamar su

incorporación en los planes y programas específicos para el campo hasta el llamamiento a

plebiscito en contra del pago de la deuda externa y el ALCA, pasando por campañas contra

los transgénicos y agrotóxicos, la reivindicación de una política de seguridad alimentaria

nacional, etc.
5

La estética, en el contexto que nos ocupa, es menos una instancia en la producción

e intercambio de bienes simbólicos condicionados en su recepción y recreación por la lógica

de reproducción del mercado, y más un esfuerzo por convertirse en un sistema autónomo

capaz de ofrecer un valor diferenciado de la mercancía a los individuos.

No estamos presumiendo aquí una relación exitosa entre la estética y la política, ya

que algunos bemoles en la propia historia de occidente muestran las crestas que la

interpelación de la una por la otra puede producir4.

Intentando abandonar el camino a que esta observación nos tienta, esto es, centrar

el enfoque en la intencionalidad de la acción, anticipamos que en el MST la estética se

configura en tramas que toman innúmeros desenvolvimientos, y nos arrima a pensar la

identidad de los actores políticos como una disputa por la significación que no se priva de la

sensibilidad para explorar su realización.

Un viaje al interior del problema nos depara con la existencia de protuberancias

que se aprecian en la medida que se deja andar la lectura de los recursos y prácticas de que

nos ocupamos.

La primera porosidad que se advierte es la autoría de la actividad estética de

carácter no-individualizado. Contrariando los cánones de la estética moderna, para la cual el

autor es el centro de la obra, y habilitando así la idea de que el anonimato reemplaza la

creación grupal, la experiencia expresiva se subordina a los objetivos de la organización. Con

la desaparición del autor individual en la producción estética del MST se fortalece el principio

de colectivización que la organización expone como matriz de su programa.

4
Baste volver sobre Benjamín, que definiera en su examen sobre el nazismo que la estrategia de estetización de
la vida política halló en la tradición cultural alemana los argumentos para justificar su negación de la democracia
y destacar los valores imperiales. Movilizando la promesa de un mundo maravilloso estilizó el horror, valiéndose
de la técnica expandiendo así la creatividad al servicio del exterminio.
6

Una segunda porosidad es la actividad metafórica que las prácticas expresivas

cumplen en el seno de la protesta, ya sea mostrando las vulnerabilidades del sistema político,

o evidenciando los opuestos que interfieren en su constitución. Ella opera como traducción de

la autoreflexividad del actor movilizado, ligada a una doble dimensión: la cognoscitiva y la

emotiva. La primera supeditada a instancias deliberativas durante la preparación de la

protesta, y la segunda migrada del dominio de saberes adquiridos en el curso de la historia de

la organización.

Lo estético incluye la utilización de prácticas artísticas como canto, música, poesía

y teatro, escenificadas adecuándose al momento en que la movilización se encuentra: llegada

a una ciudad, visita a alguna institución, ocupación de un organismo público, encuentro con

alguna figura importante o encerramiento de una jornada. Pero no se trata de recursos de uso

exclusivo en el seno de la protesta, sino desenvueltos permanentemente en el cotidiano de la

organización.

La estética se observa también, bajo una tercera porosidad, como empleo de

recursos sustitutivos de un repertorio de condiciones materiales de producción de la protesta

que se direccionan deliberadamente a asumir un carácter resolutivo, esto es, persuasivo

respecto de otros agentes. Consiste del empleo de recursos tendientes a movilizar la empatía

de los observadores, específicamente mediante los discursos de los líderes, que utilizan una

retórica rica en imágenes, ironías, ilustraciones históricas, refutaciones a declaraciones de

otros agentes, especialmente oponentes al MST, etc.

Esta arista sugiere una corrección imaginaria de un orden perdido o deseado,

reconstruyendo el sentido de lo social en la medida que se fortalece el sentido de lo político al

nominar lo que debe ser hecho en los poderes públicos, instaurando así una semiosis que

modifica las percepciones de la opinión pública y estimulando en consecuencia la

identificación o distanciamiento de otros agentes respecto de las demandas del colectivo.


7

Esta dimensión se aprecia particularmente en las marchas como enclave de la

protesta en el repertorio del MST, a modo de representación de un viaje a un centro político

que la organización periódicamente realiza en aras de interpelar al Estado sobre la cuestión

agraria. En ellas, el problema se argumenta mediante su relación con la pobreza, la indigencia

de menores y la prostitución en las ciudades, y como imperativo para mejorar la calidad de

vida y la seguridad.

Ocupando el espacio público, los marchantes se pronuncian contra el

distanciamiento de las instituciones políticas y las reivindicaciones específicas del colectivo,

con lo que éste se convierte no en meta, sino en mediación de la deliberación política. Las

marchas se vivencian por los miembros del Movimiento como metáfora del largo y

controvertido recorrido por la geografía y la historia del país que la organización debe

enfrentar, en la que se interpreta una y otra vez la historia y la política mediante oficinas,

campamentos, palestras y debates en localidades e instituciones diversas.

Ya más vinculada a lo emotivo-cognitivo, la estética se presenta en una cuarta

porosidad como subversión de los significados esperados por los agentes del contexto en que

la protesta se desenvuelve. Es decir, a modo de inversión de los sentidos que se espera que los

actores produzcan en la escena de la movilización, diciendo y haciendo aquello que no se

espera y no diciendo ni haciendo aquello que se espera que sea dicho y hecho por los actores

movilizados.

Las prácticas estéticas se esparcen en la protesta como puntos nodales que dan

significados parciales a la movilización en cuanto ejercen un juego explicativo de los

reclamos. Se trata de elementos que refieren al trabajo de la tierra: arcilla, granos de cereales,

frutas, legumbres, mixturados con consignas, que se emplean en actos de cierre de caminatas,

encuentros con otras organizaciones del campo, actos conmemorativos, y en las propias

experiencias de formación de la militancia.


8

La utilización de estos elementos tiene lugar bajo momentos que la organización

denomina mística, y que sus militantes definen como el estímulo que incentiva la lucha,

operativizada mediante rituales, símbolos y representaciones de situaciones que expresan

admiración por líderes y experiencias políticas combinadas con denuncias.

Diferenciado de una cultura política tradicionalista, el MST elimina en la protesta

la distinción entre ‘incluidos y excluidos de la organización’, porque en su base constitutiva

está el primado de universalizar sus valores. Los ritos y símbolos posibilitan que los sin tierra

subrayen los ideales fundacionales del Movimiento. En este sentido, la mística posee la

función de cohesionar las particularidades internas a la organización y presentar al MST en la

escena de la movilización como un actor unificado.

La estética despliega en las protestas un sentido lúdico de la acción, ya que

ecuaciona patrones racionales de comportamiento con una organización simbólica de formas

vinculadas a un esquema jerarquizado de ideas. Esto se evidencia, por ejemplo, en el uso de la

mímica, la parodia, y el teatro para escenificar situaciones traumáticas, como la represión

sobre la organización. En ese sentido, las prácticas estéticas toman el lugar de la socialización,

pues involucran respuestas al orden social vivenciado como conflictivo.

Los recursos expresivos movilizados a través de la mística muestran también la

autonomía de la organización, mediante ropas, íconos, pancartas y gritos de palabras de orden,

y al mismo tiempo se apropian y recrean elementos procedentes de otras experiencias

colectivas, particularmente del arte y la religión, bajo la forma de vigilias, músicas, etc,

diseñando con ellos la expansión de sus fronteras identitarias.

La estética, en ese sentido, es menos una construcción performativa de lo político

que un conjunto de desplazamientos de su hibridez en cuanto modalidad identitaria. Ella no se

ofrece apenas como la posibilidad de ‘embellecimiento’ de la acción colectiva, sino que,

trascendiendo esa instancia, habilita nuevos vínculos entre los agentes y el contexto social en
9

que protestan. La performance se plantea entonces en términos de una relación entre el

programa y la estrategia, en cuanto imbricación que llena sucesivamente de contenidos

creativos las ambigüedades e incertezas que produce el propio proceso de movilización.

Las posibilidades de la política en términos de interrogación del imaginario

democrático no pueden aislarse de la apreciación de los recorridos que los agentes efectúan,

interpenetrando durante la protesta la reivindicación enfática del colectivo MST, esto es, de

reforma agraria, con un plexo de demandas compartidas o imaginariamente compartidas por

otros agentes.

Uno de los impactos más notables de la conexión entre estética y política es la

desacralización del espacio público, tradicionalmente confinado a reivindicarse como

patrimonio histórico y al que el MST asignó un valor celebraticio a través de sus actividades

expresivas que parodian la función incompleta o deficitaria del Estado, pero en la cual se

reconocen como demandantes del régimen democrático.

Es aquí oportuno remitirnos a la idea adorniana de que la estética, en sentido

moderno, es un discurso autónomo entre otros pero a la vez capaz de subvertir de manera

soberana la razón de todos los otros discursos. El MST consigue ir en esa dirección, pues

valiéndose del discurso estético interpela el discurso político y rehabilita el interés en el

memorando público.

El otro impacto importante es la ampliación de la agenda de discusión de

reivindicaciones con contenidos procedentes de otros intereses colectivos. A la carencia

originaria de tierra y libertad, entonces, se suma la denuncia de la represión a otros actores de

la escena nacional, despertando indignación, réplica y solidaridad, inaugurando con ello un

adensamiento de la red de la protesta y dando vigor a las argumentaciones sobre la

legitimidad del MST para actuar como interlocutor frente al Estado.


10

En el ámbito parlamentario el impacto de la ecuación que nos ocupa ha sido

igualmente notable, ya que se radicalizaron las posiciones partidarias en torno de la necesidad

de formular políticas públicas específicas para el campo. Y se operativizó en la creación de

dos instancias legislativas de marcada polaridad: la bancada ruralista, que nuclea miembros de

la UDR, bastión del latifundio brasilero, y la comisión de asuntos agrarios del PT, que intenta

romper el flujo dominante en la toma de decisiones sobre el destino del campo y sus agentes 5.

Otra marca de la práctica política del MST es la incorporación en el dispositivo

jurídico del Estado de las figuras de ‘desapropiación’ y ‘asentamientos’ a partir de los años

80, aunque la organización continua cuestionando el alcance de ellas en términos de su

aplicación efectiva con relación a la propiedad y el lucro de la tierra. Continua en definitiva

exigiendo una reforma agraria de cuño radical.

La estética contribuyó también en la recaudación de testigos de dicha deliberación

y del manejo de un dispositivo de conocimiento sobre los aspectos que la envuelve. La señal

más enfática de esta conquista es la instalación, en los medios de comunicación, del debate

sobre la cuestión agraria, focalizada en la intervención del MST, particularmente después de

las primeras marchas nacionales a Brasilia a mediados de los años noventa.

Como consecuencia de lo indicado, la prensa nacional absorbió la polarización

política que el posicionamiento del MST en la escena pública adquirió, con lo que el efecto

es, en este sentido, su valoración como interlocutor legítimo en la contienda con el Estado y

los agentes adversos a la reforma agraria.

La incorporación del Movimiento Sin Tierra en la agenda de los medios de

comunicación, por obra del repertorio estético-político descripto, acabó sensibilizando

sectores de la opinión pública indiferentes o desinformados, particularmente mediante la

5
UDR - Unión Democrático Ruralista, creada en los años ochenta como respuesta al avance de las
movilizaciones campesinas, nuclea a propietarios rurales.
11

difusión de instancias más apoteóticas de la movilización, como la llegada a la capital en el

caso de las marchas nacionales. Este efecto se tradujo en convocatorias frecuentes de

instituciones educativas de todos los niveles a los cuadros militantes y dirigenciales de la

organización para exponer y debatir su programa.

De modo que lo ritual-simbólico operó como costura entre el conflicto y la

conciencia de otros agentes, exponiendo así un carácter pedagógico de la acción colectiva.

La culminación del glamour político del MST coincide con su institución como

factor de presión al poder público, en la medida que apela a fuentes de significación cultural

ya legitimadas socialmente o inclusive discriminadas por el imaginario social y en cuanto

organiza la agenda temática de los medios de comunicación social.

La intersección entre estética y política en el MST no se registra como una

inventiva sin precedentes en la historia de las movilizaciones políticas brasileras, sino antes

bien como una trayectoria de su identidad en busca de transformaciones en el sistema político,

condición que comparte con otros agentes y que ofrece trazos relativamente originales o

novedosos.

Como se advierte, nuestra sospecha es que en la relación estética-política expresa

menos una recusa a la frustración por el fracaso de los metarrelatos de la modernidad que una

tentativa por re-inventarlos. En este sentido, ella encarna la idea adorniana de que la estética

opera en la sociedad industrial como experiencia crítica de los discursos eficaces.

La invención de una gramática política en la escena brasileña por iniciativa del

MST permitió en definitiva tornar público y visible el problema agrario como determinante,

tanto de la pobreza en el campo, cuanto en extensas franjas de la población urbana,

consiguiendo con ello que todos los sectores del espectro político se pronuncien sobre su

viabilidad. El Movimiento Sin Tierra ha diseñado un modelo de intervención en la agenda

nacional que llama la atención de la historiografía política porque él recoge las experiencias
12

más exitosas de la movilización obrera del siglo pasado y de las luchas campesinas surgidas

en el siglo XlX.

La estética, en suma, puede entenderse como el entrecruzamiento del juego, el

símbolo y la fiesta en el escenario de la protesta, precediendo, reafirmando, o excluyendo los

contenidos diferenciales con los que el actor MST se depara como sus posibles interlocutores,

ensayando en una instancia concreta de acción colectiva la experiencia de una democracia

radical y plural, ya que es en ella misma que el actor consigue re-apropiarse de los contenidos

diferenciales de otros agentes e inventar una lógica que interpele el sistema político y el

propio imaginario social.


13

Bibliografía

 Laclau, Ernesto (1996) Emancipación y Diferencia – ed. Ariel – Argentina

 Mançano Fernández, Bernardo (2000) A Formação do MST no Brasil – ed. Vozes –

Petrópolis – Rio de Janeiro

 MST (2001) A História da Luta Pela Terra e o MST – ed. Expressão Popular

 Mouffe, Chantal (1996) O Regresso do Político – ed. Gradiva – Portugal


 Ponce, Elsa (2003) Caminhantes Fazendo Caminhos – UFSC – Brasil
 Stédile, João Pedro org.(1997) A Reforma Agrária e a Luta do MST – ed. Vozes –

Petrópolis – Rio de Janeiro

 Stédile, João Pedro y Mançano Fernandes, Bernardo (1999) – Brava Gente – ed.

Fundação Perseu Abramo – São Paulo