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Psicomotricidad Clínica y educación

Ghio Ayelen
Trabajo Final.

Aproximaciones a la
Clínica Psicomotriz II,
por Ghio Ayelen

Introducción
La mirada en relación al niño, fue la que me acercó a la escuela de formación
“La Infancia”. Una mirada que veía al niño como un sujeto cultural e histórico. Ahora
que estoy finalizando el posgrado “Psicomotricidad Clínica y educación”, comprendo
que esa mirada de sujeto, es la mirada del encuentro entre los dos campos.
El encuentro entre los dos campos es un concepto que comenzamos a trabajar
desde el primer día, que a mi particularmente, me tomo toda la formación
comprenderlo y aun continúo generándome preguntas.
Cuando yo pensaba “a Esteban le interesa los sentimientos del niño, observa
sus gestos, lee su rostro”, era el encuentro entre los dos campos. Cuando Esteban
comienza a hablar de un caso clínico desde el discurso de los padres, es el encuentro
entre los dos campos. Porque el gesto como significado sólo se puede interpretar
atreves del encadenamiento discursivo, de ese gran Otro que le dona la estructura
subjetiva en la cual se desarrollará. Un significado no es universal, es subjetivo, por
eso se interpreta en trasferencia.
Cuando Esteban dice “no dirige la mirada, su aspecto trasmite fragilidad”,
cuando dice “esas miradas que nos atraviesan como si nosotros no estuviéramos”, es
el encuentro entre los dos campos. Un niño que no siente el dolor, Esteban le espeja
su dolor y dice, “si no le duele su dolor, que le duela el mío”.
Al hablar de la estereotipia como una producción subjetiva, es el encuentro
entre los dos campos. Porque gracias a esta mirada que anticipa sujeto, podemos
pensar la estereotipia como un gesto, que si hay otro que lo ve podrá ser
interpretaday no vista como un movimiento repetitivo de “descarga”. Y entonces
cuando vemos que no hay una estereotipia igual a la otra, entonces, este concepto
esta forma de mirar, es posible. Lo humano, surge de lo humano.
¿Será que el psicomotrisista anticipa al niño como el gran Otro anticipa a su
bebe antes del nacimiento? ¿Antes de la concepción misma?
Este concepto es lo que atraviesa la Clínica psicomotriz por completo, es una
mirada ética, es la forma de trabajar. No hay manera de hacer clínica psicomotriz si no
es en el encuentro entre los dos campos.
En este trabajo intentare continuar con el objetivo de mi trabajo anterior
“Aproximaciones a la clínica psicomotriz, por Ghio Ayelen”, relacionando conceptos,
contestándome algunas preguntas, generando otras tantas y demostrando mi
crecimientol. Sigo creyendo que mi recorrido recién empieza, sigo pensando que
tengo mucho por aprender. Supervisar los casos clínicos será mi próximo paso,
construyendo el conocimiento ya que la trasferencia nunca es de dos, siempre es de
tres.
El sujeto de la clínica psicomotriz
En la clínica psicomotriz trabajamos con niños con problemáticas en el
desarrollo y la estructuración subjetiva, es decir, que padecen de un sufrimiento, que
se observan en el uso del cuerpo y en el movimiento.
El campo es muy amplio y dependerá del caso a caso el abordaje clínico
terapéutico. Claro que el objetivo es el mismo, que el niño que ingresó al tratamiento
se vaya con un mejor uso de su cuerpo.
Cuando hablamos de cuerpo, hablamos del cuerpo de un sujeto, receptáculo,
parlante, erógeno, investido de discurso y simbólico.
Es decir que pensamos al sujeto sujetado al deseo del Otro. Por lo tanto, en la
experiencia psicomotora, se mirará mucho más que lo instrumental del cuerpo del
niño. El deseo del Otro se inscribe en la historia, que antecede al nacimiento del
sujeto. En la clínica se trabajará no solo en el tiempo cronológico, sino el tiempo
lógico. Tiempo de resignificación, discontinuo, disonante y anudado al deseo del otro
marcado por el ritmo pulsional.
Son niños que cuando intentan jugar por ejemplo al futbol, el cuerpo se les
hace tan presente que no pueden sostener la escena. Es decir, comenzamos a jugar
al futbol, armamos los arcos, pensamos los equipos y cuando arranca la acción, el
niño se cae al pegarle a la pelota, o no logra pegarle, o le duelen los pies y se cansa
rápidamente. Niños que comienzan a armar un juego y ya se vana otro y a otro, o les
agarra hambre, sed. Algunos sin ganas de moverse, que se observa no solo en su
gesto, sino en su tono muscular hipotónico y en los vicios posturales que genera.
El cuerpo se les hace presente e irrumpe con lo simbólico y rompe la escena.
Niños que estereotipan todo el tiempo, que el movimiento sensorio motor los
completa, de manera tal que no necesitan nada más que ese aleteo, balanceo, saltito,
sacudida de mano. El goce, lo real e irrepresentable del cuerpo.
Estos comportamientos y problemáticas se agudizan en los entornos sociales
que todos transitamos a medida que vamos creciendo. El jardín, la escuela, el club,
los cumpleaños, donde la diferencia se da a ver. Claro que la diferencia no es el
problema, el problema es cuando pretendemos extinguirla y la docente le pide al niño
con una problemática que vaya al mismo ritmo que todos, o a un niño que recién
comenzó a hablar se le pide que sepa lectoescritura, porque así lo dice el diseño
curricular.
La frustración es grande, de los niños y de las familias.
El trabajo con los padres
Lo primero que uno hace cuando cita a los padres es investigar, indagar
observar escuchar, pero siempre con la mirada del encuentro entre los dos campos.
Es decir, ¿Qué hay detrás del discurso de los padres?, ¿Cómo miran a ese hijo, cómo
se relacionan?, ¿Qué lugar ocupa el niño en la vida de familiar? ¿Cómo fue el
momento que se toparon con el diagnostico? Si fue en el momento del nacimiento,
¿Qué pasó con la Imagen ideal?, ¿Hubo algún acontecimiento importante que se
entrecruzo en el nacimiento del niño?
Se pueden seguir formulando miles de preguntas, que se irán desplegando en
trasferencia, relación que se entabla con los padres también.
Si concebimos el nacimiento del sujeto desde el tiempo anterior a su
nacimiento biológico, la imagen del niño, será llamada “Imagen Ideal”. Esteban Levin
dice: “Un padre inventa a un hijo y un hijo inventa al padre”, es decir, a partir de sus
experiencias como hijo y sus deseos no realizados, le da la estructura subjetiva al
niño. ¿Qué pasa cuando esta imagen ideal, se contrapone totalmente con la imagen
real del niño ya nacido? Por ejemplo por un síndrome, habrá que dular esa imagen y
crear otra. De lo contrario, como observamos en el último libro del mismo autor:
“Pinochos: marionetas o niños de verdad. Las desventuras del deseo” la Imagen Ideal
es la ausencia de la presencia de que el niño nunca llegará al ideal Social. Y el Ideal
estará en la espalda del niño como doble inalcanzable, como pliegue entre el adentro
el afuera y el Otro. ¿Será por eso que Pinocho la pasa tan mal,porque su deseo está
en pretender llegar a ser quien no fue, y en ese recorrido, la desventura se le hace
casi un cotidiano?, O ¿será que la gente con la que se cruza lo usa, lo toca y lo ubica
como objeto y no como sujeto?
Nuestro trabajo con los padres es llevar al ideal a otro lugar.
¿Qué pasa cuando no hay estructura subjetiva que aloje al niño ya nacido? O
sea y siguiendo con las palabras de ése libro, donde no hubo trasformación, y el niño
es solo cuerpo real no espejado. Habrá que armar un espejo gestual y armar la
demanda. Pero no en nosotros terapeutas, en los padres.
Ése, es un trabajo que se desarrolla en trasferencia en la clínica psicomotriz.
No somos psicólogos de los padres, nuestro trabajo con ellos, será trabajar sobre el
vínculo.

El trabajo con la escuela


Nuestro trabajo como psicomotricistas en la escuela será en equipo con
docentes y directivos, pensando estrategias, para construir experiencia de las cuales
el niño se pueda apropiar. Es decir, no basta con que este bien, no basta con que el
niño tolere la jornada de tres o cuatro horas. Lo que hay que generar en el espacio
educativo, son acontecimientos que tengan la potencia necesaria para construir
subjetividad. Ese es el verdadero trabajo de inclusión.
Para esto hay que ser sensible al otro,la maestra deberá ser sensible al dolor a
la angustia, del otro, buscando relacionarse generando un doble espejo, que refleje y
refracte, para que ese niño pueda relacionarse con sus pares. Enseñando que la
alteridad existe, y es en lo diferente donde los niños afirman su identidad y aprenden a
ser solidario con quien lo necesita.
Diagnóstico diferencial
La imagen corporal se funda en el “estadio del espejo”. Es constituyente del
sujeto deseante. Es el recorrido libidinal que esquematizó el Otro en el cuerpo. Se
constituye en la experiencia subjetiva, sobre la base de los contactos sociales.
Singular, propia de cada sujeto. Es un misterio, del orden de lo inconsciente. Se hace
consiente por medio del cuerpo, en dolor de cabeza o de muela. La conciencia del
cuerpo siempre es fugaz y nunca totalizante.
La imagen corporal tiene dos funciones: función de unidad y función de
contenido y sentido de cada parte corporal. Así el Otro por medio del toque sobre el
cuerpo; dibuja límites diferencia zonas. El esquema corporal es atravesado por el
lenguaje, por lo tanto también es subjetivo y se liga a la imagen corporal. La imagen
corporal se da a ver en el esquema corporal.
Parte del diagnóstico del psicomotricista será indagar si la imagen corporal se
construyó o no.
“La práctica del diagnóstico separa, discrimina y reconoce las
diferencias que puede haber en operatorias semejantes. Discernir
deriva de cerner que es separar con un cedazo, rescatar lo diferente
entre lo semejante, por ejemplo, recuperar una pepita de oro de entre la
arena y el barro. O sea separar la paja del trigo. Mientras clasificar
reúne y engloba homogeneizando lo que de diferente puede haber
entre los miembros de una misma clase de la cual pasan a ser parte”
(Vasen, Juan, 2015, p.40)

Es decir, nuestro diagnostico no se acaba en el descifrar si se construyó o no la


imagen, ya que podemos tener dos niños que no la han construido por lo tanto
encuadran en el diagnóstico clasificatorio de Autismo, pero con historias totalmente
diferentes. Por ejemplo: una madre que no pudo vincularse con su bebe porque nació
en el mismo momento que se murió su madre, lo que le provoca una enorme
depresión; a una madre que tuvo un hijo no deseado, por lo tanto no hubo estructura
subjetiva que aloje. Ambas alimentan y proveen los cuidados necesarios para la
subsistencia de sus hijos.
El diagnóstico no será el mismo, el trabajo terapéutico no será el mismo. Ni con
los niños, ni con la madre. ¿Será que el diagnóstico está continua construcción?
¿Algún día uno deja de rescatar lo diferente entre lo semejante?
Un niño sin imagen corporal se balancea sobre sí mismo durante horas, es un
movimiento que lo aliena, lo completa, es puro goce sensorio motor, sin registro
imaginarioni simbólico, solo real. Es decir, acción motriz.
¿Por qué ese niño se balancea y otro niño sacude su mano? En ambos el goce
y el cuerpo están unidos, es pura existencia irrepresentable, aun así no hay dos
estereotipias iguales.
Entonces pienso, ¿Será que el niño fue hamacado por su madre alguna vez y
ésa vez fue una experiencia para el niño que dejo una huella, pero al no haber sido
significada mediante el deseo del Otro, quedo en esa primera vez, en la presencia y
por lo tanto no ingresó al adentro y quedo afuera en el goce del cuerpo? ¿Será esa
siempre su primera vez inscripta y no resignificada por el Otro, y por eso hay tantas
estereotipias como niños? ¿Habrá de donarle un significante jugándola
relacionándonos con el niño y su movimiento en un espejo gestual?
¿Cómo se dá el pasaje de lo motor a lo psicomotor? Es justamente en el doble
espejo. Anticipando un saber que aún no fue construido, mediante la mirada,la
palabra, la demanda, el toque, mediante laexperiencia compartida, que da origen a la
pulsión motriz.
A veces sucede que los niños comienzan a narrar un juego, como por ejemplo
“a los autos” entonces armamos una pista, usamos dos aritos como si fueran volantes
¿Y…………….? Y no pasa nada. El niño logra armar el escenario pero no puede
narrar ninguna historia. Son niños que han construido la imagen corporal pero
necesitan de otro adulto para jugar. Pensando y articulando conceptos, se me ocurrió
relacionar estos niños con el Juego “For-da”, juego primordial donde se conquista lo
simbólico. Hay un espacio tridimensional (él-vacío-Otro), el otro es el que le arma el
“da” que sería el allá, como la proyección de él en el espacio, espacio que aún no
puede recorrer y por eso necesita de Otro que le devuelva el objeto que lanza. Se me
ocurre comparar a estos niños que arman el escenario, pero necesitan de Otro que le
done lo simbólico, que lo sostenga, armando ese espacio tridimensional. Espacio que
le permitirá historizar y por lo tanto, resinificarse. Niños que se les dificulta jugar a ser
otros ¿Será que necesitan de alguien que reafirme su yo, para poder jugar al no yo,
es decir para denegar?Seguramente son niños que han jugado poco, porque la
imagen corporal es relacional y se construye a partir de la experiencia compartida
primero con un gran otro y luego con pares, donde el niño se espeja y a la vez se
diferencia para poder jugar y jugarse, para poder transitivar y en esa trasformación
afirman su imagen corporal.
Seguramente son niños que han armado un síntoma o con problemáticas de
índole motora. En la clínica psicomotriz nos encontramos con niños con: hiperkinesia,
inhibición y torpeza.
Para el diagnóstico diferencial se deben interpretar: el tono, la postura, los
gestos, la mirada, el discurso, el movimiento, el juego, el juguete, la escuela, la
familia, todo en trasferencia.
A modo de ejemplo. Un niño que no deja de moverse llega al consultorio,
nosotros conocemos a los padres, hacemos una historia del niño: de los datos
personales, historia clínica, estudios previos, derivación, primeras veces: sentarse,
gatear, caminar, dejar el pañal, la primera palabra, etc. Esto es un relato que hacen
los padres de sus hijos, que nos debe aportar mucho más que datos biográficos,
porque en el encuentro entre los dos campos, deberemos conjeturar si el deseo del
Otro está presente en el discurso sobre ese niño que no deja de moverse.
Luego deberemos jugar con el niño, relacionarnos y al mismo tiempo observar:
¿Tiene una postura alerta como al ataque o a la búsqueda? ¿Cómo es su tono
muscular?¿Para dónde se mueve y qué mira? ¿Construye algo en los espacios por
los que transita? ¿Está contento? ¿Cómo usa los juguetes? ¿Me busca si me voy?
¿Le interesa mi presencia? ¿Se esconde? ¿Se transforma en personajes? ¿Logra
narrar una historia? ¿Cómo se ubica en el espacio, es consiente del lugar que ocupa
en relación a los objetos y a los otros? La preguntas son muchas y dependen de lo
que va surgiendo en relación con el niño y siempre referidas al uso del cuerpo (no hay
que olvidarse lo motor+psico+neurológico, anudado por lo simbólico)¿Puede
diferenciarse el diagnóstico del tratamiento mismo?

El psicomotricista en trasferencia

El cuerpo del psicmotricista se pone a disposición del niño para que este pueda
desplegar su subjetividad, dándole simbolización. Se utiliza como instrumento
significante para metaforizar el deseo del niño, lo que posibilita la constitución de la
imagen corporal.
“Tanto el esquema como la imagen, en otras palabras el cuerpo,
se van construyendo en el tratamiento psicomotor. Por eso, pese a
haber dos cuerpos, hay un solo sujeto: el sujeto de la trasferencia.
(Levin Esteban, 2011, p 123)

Una sola imagen que desbloquea el sufrimiento posibilitando el desarrollo


psicomotriz del niño. Así es como se produce la trasformación, aparece lo nuevo. Los
niños van modificando posturas, gestos, enriquecen su juego.
¿Cómo lo hacemos?
 Transitivando el lugar del otro.
 Corporificando el dolor, el drama, el sufrimiento.
 Armando espejos que refleje y que refracte.
 Donando.
 Haciendo el pasaje de lo Real a lo Irreal. De la estereotipia al gesto, de la
ecolalia al lenguaje, de la parálisis al cuerpo.
 Creando la utopía, para que el niño anude lo real a lo imaginario y simbólico.
 Construyendo un espacio donde el niño haga uso de su cuerpo.
¿Dónde?
En donde el niño es. En la estereotipia, en su deambular, en su desgano, en su
hiperactividad, en su discapacidad.
¿De qué manera?
En trasferencia, que implicará no sólo el trabajo en sesión, en el entre dos, sino
un trabajo posterior de repensar la práctica profesional. ¿Cómo y por qué pusimos el
cuerpo? Para que un acontecimiento suceda, es decir para que aparezca lo nuevo y
algo se pierda, muchas veces hay que dejarnos desbordar, pero ese desborde debe ser
controlado, ¿Cómo? Dudando, supervisando, no olvidemos que la transferencia es de
a tres.
¿En qué lugar?
En el espacio tridimensional, que anude lo real a lo imaginario y a lo simbólico.
Esto no tiene nada que ver con el consultorio como algo concreto, esto se puede dar en
la calle, en un auto, como dije anteriormente, se da en la experiencia compartida y
donde el niño es. Es un espacio que se construye, es un hacer, mediatizado por el
deseo. Siempre que hablamos de infancia, la experiencia es del orden del hacer, nunca
del tener.
¿Para qué?
Para que el niño en su realización psicomotora, se vaya con un mejor uso de su
cuerpo. Esa es la dirección a la cura.

“La experiencia infantil supone un movimiento sensible hacia el


afuera y que retorna como producción de subjetividad, si el niño
construye su imagen corporal, a partir de la cual se unifica aquello que
vive y siente como propio. El Otro le presenta el cuerpo y el mundo en
un encuentro deseante que lo afecta y lo fuerza a ubicarse en otra
posición con respecto a lo corporal, a los otros y a las cosas.”(Levin
Esteban, 2014, p 11)

Es mediante el juego que se logra el pasaje de lo motor (goce), a lo motriz.


Donde se monta una escena anticipando sujeto, donde se deja una huella, la huella es
lo nuevo. El niño se construye durante el juego, por imitación y reflejo del otro, crea
subjetividad. Es un espacio de creación, el niño cuando juega piensa.
Lo nuevo es posible, gracias a la plasticidad simbólica. No estamos
biológicamente determinados, el cerebro humano, no es fijo. Lo indeterminado, es lo
que le permite al psicomotricista, por medio de la experiencia con el otro, producir un
movimiento neuronal, armar nuevas redes. Para lo cual, al igual que el cerebro
indeterminado, nuestro trabajo en trasferencia, no puede ser pensado como algo rígido
y certero. No se trata de un plan de ejercicios o un proyecto anual, porque lo
indeterminado, es azaroso.

“La concepción de plasticidad simbólica que estamos


proponiendo nos habilita a pensar que la intensidad y la tenacidad de
una sinapsis dependen en gran medida del deseo y del afecto puestos
en juego en esa experiencia. No es posible desconocer la
determinación inconsciente, deseante e histórica que ocurre,
entrelazada y relacionada con el deseo y el amor del Otro, en cada
experiencia infantil”. (Levin Esteban,2014, p 47).
Conclusión

El trabajo del psicomotricista es arduo, porque implica relacionarse con el niño


que padece con la familia, con la escuela. Y en ese relacionarse uno dona, dona afecto,
afecto que afecta no solo al niño si no a nosotros mismos. Al donar uno pierde su lugar
para que nazca el otro, resignificando e historizando.
Es un trabajo arduo porque al relacionarse uno dona afecto, que tiene un efecto
enel niño pero también en nosotros, genera una deuda simbólica. Esteban Levin en una
de sus disertaciones afirma que esa deuda se paga en trasferencia. Me pregunto ¿De
qué manera? ¿Cómo regresa lo que doné?
Si me pongo a pensar en mis experiencias laborales con niños con
problemáticas, el mayor momento de felicidad es cuando veo que el niño ha logrado
superar obstáculos que antes no podía, cuando me necesita cada vez menos, cuando
sus padres lo miran y se miran y se encuentran en un momento amoroso que casi se
olvidan de saludarme o de preguntarme “¿Cómo estuvo?”, porque la respuesta la
encuentran en la mirada de sus hijos.
¿Por qué el logro del otro genera en mi tanta gratificación? Si yo di y di y di ¿Qué
es lo que mevuelve? En trasferencia nosotros no somos nosotros, ocupamos espacios
donde el niño se debería haber desarrollado, historizado, y no lo logro. Quiero decir,
espejamos, espejamos y refractamos, generamos cortes, nos identificamos nos
diferenciamos, son roles que en la normalidad de los niños lo hacen sus padres, sus
abuelos, sus hermanos, sus amigos. ¿Será que al ver que los niños con los cuales
trabajamos se relacionan desde el amor con sus padres y que juegan con sus amigos,
ese amor también nos vuelve indirectamente en esos nuevos espejos? ¿O será que
algo de ellos somos nosotros y en su felicidad está la nuestra a pesar de
perderlos?¿Sera que algo de nuestra historia también se resignifica en cada niño con el
cual trabajamos?
No lo sé, es una de las tantas respuestas que seguiré buscando.
Por último, creo que, repensar nuestras prácticas profesionales, contrastarlas
con la teoría, formular preguntas, dudar, es fundamental y necesario. No importa
cuanta experiencia tengamos, no importa cuántos libros leídos, el día que dejemos de
cuestionarnos, será el día que no hagamos más Clínica psicomotriz.
Bibliografia

 Dolto, Francoise, “La causa de los niños”, 1993, Pairos.


 Levin, Esteban, “La clínica psicomotriz: el cuerpo en el lenguaje”, 1991, Nueva visión.
 Levin, Esteban, “La Infancia en escena: constitución del sujeto y desarrollo psicomotor”,
1995, Nueva visión.
 Levin, Esteban, “La función del hijo: espejos y laberintos de la infancia”, 2000, Nueva
visión.
 Levin, Esteban, “Discapacidad, clínica y educación: los niños del otro espejo”, 2003,
Nueva visión.
 Levin, Esteban, “La experiencia de ser niño: plasticidad simbólica”, 2010, Nueva visión.
 Levin, Esteban “¿Hacia una infancia virtual? La imagen corporal sin
cuerpo”.2012.Nueva Visión.
 Levin, Esteban, “Pinochos: marionetas o niños de verdad. Las desventuras del
deseo”2014.Nueva visión.
 Spits, Rene A., “El Primer Año de Vida. Un Estudio Psicoanalítico de Desarrollo Normal
y Anormal de Relaciones de Objeto”. 1965. Nueva York: Prensa de Universidades
Internacional, Inc.
 Vasen,Juan., “Autismos: ¿espectros o diversidad? Familias, maestros y profesionales
ante el desafío de repensar etiquetas”.2015, Noveduc.