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Megan Miranda Fracture

Megan Miranda Fracture

Vengeance
Fracture #2
MEGAN MIRANDA
Megan Miranda Fracture

Sinopsis
Todo se ha calmado, pero las secuelas son obvias. Los rumores de una maldición
circulan por la ciudad. Delaney cayó en el hielo y se salvó, no sin antes ser declarada
clínicamente muerta durante once minutos. Y al regresar, una anciana fallece, un
amigo muy querido muere en sus brazos, y otro muchacho muere al caer en el hielo
que recubre el lago.

Delaney engañó a la muerte, y la muerte no está satisfecha. Es fácil desestimar estos


hechos como coincidencias. La gente muere todos los días. Causas naturales,
epilepsia, imprudencia...

Pero cuando una serie de desafortunados accidentes comienzan a ocurrir, todos en


torno a Delaney, esas coincidencias se vuelven difíciles de explicar.

¿La muerte en realidad está tomando venganza por el engaño de Delaney, o es algo
más siniestro?
Megan Miranda Fracture

Prólogo
Antes, cuando todos creían que Delaney iba a morir, hice un trato con Dios.
Corrección: Hice un trato.
Realmente no creía en un dios. Ni siquiera sabía cómo rezar. Pero cerré los
ojos y pensé: Ella no. Estábamos en el hospital. Los doctores hablaban con sus padres.
Había máquinas que la vigilaban, que respiraban por ella, que vivían por ella.
Cualquiera menos ella, pensé.
Todos, menos ella.
Seis días más tarde se despertó, y por un tiempo olvidé esa negociación. Ella
sonrió cuando me vio. Ella volvió a casa.
Nuestra vecina estaba vieja cuando murió, al día siguiente. Yo no pensé nada
de eso. Pero luego, Carson murió—él tenía diecisiete y era, probablemente, mi mejor
amigo aparte de ella.
Luego recordé mis palabras. Cualquiera menos ella.
Todos menos ella.
Alguien había escuchado.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 1
Traducido por Yann Mardy Bum

La señora de la habitación 2B estaba a punto de morir. Ni siquiera necesitaba


que Delaney me lo dijera. Tenía los ojos abiertos, y estaba bastante seguro de que
acababa de pestañear, pero no respiraba. Me incliné sobre la barra de la cama,
presionando el frío metal con mis dedos, y susurré —¿Hola? —Ella tomó aliento de
forma violenta, y me tropecé con el cubo de basura a mis pies. Sus ojos se movieron
alrededor de la habitación, y aterrizaron en mí.
Me agaché debajo de la cama y empujé la basura nuevamente dentro del
recipiente. Recoger la basura: para eso estaba aquí, de todas formas. Mis manos
temblaban, como lo harían las manos de Delaney si estuviera aquí, pero por una
razón muy distinta. Ella debería estar aquí—no yo. Comprobé el reloj en la pared
del fondo. Realmente debería estar aquí.
Me puse de pie, a punto de salir, de conseguir ayuda, encontrar a alguien,
irme de aquí. Los ojos de la señora estaban abiertos, pero no respiraba. De nuevo. La
observé, esperando a que parpadeara. Esperando una señal de vida.
Nada.
—Oiga —dije, y la sacudí por los hombros. Y volvió a jadear con fuerza.
Aun no estaba muerta.
Perdí definitivamente casi muerta.
—¡Oiga! —dije, más fuerte, pero esta vez llamaba a alguien más. A cualquiera.
Yo no era esa clase de muchacho. No era la clase de muchacho que se sienta junto a
alguien mientras muere, no era la clase de muchacho que sostiene sus manos y les
promete que todo irá bien, cuando definitivamente nada irá bien. No era la clase de
persona que se ofrecía como voluntario en el hogar de ancianos para estar junto a
ellos cuando nadie más podía. Esa era Delaney.
Yo era el muchacho que trabajaba en el centro de asistencia por el dinero, en
parte, pero más que nada para estar cerca de su novia. Mátenme.
Contemplé la puerta vacía. ¿Dónde demonios estaba Delaney? Su turno
comenzó hacía treinta minutos, y si estaba en cualquier lugar de la zona, sabría lo
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que estaba ocurriendo. Podría sentirlo. Estaría aquí, porque ella es mejor persona
que yo.
Presioné los botones al costado de la cama, asumiendo que uno de ellos
pediría ayuda. Aunque esperaba no darle de forma involuntaria una dosis letal de
morfina o algo. No es que importara, de todas formas.
—Vuelvo enseguida —murmuré, pero sus dedos se aferraron a mi muñeca
cuando me volví hacia la puerta.
Delaney dijo que algunos se van de forma delicada, y que otros combaten la
muerte hasta el final, como lo hizo ella, atrapada del otro lado del hielo. Yo combatí
junto a ella, metí aire en sus pulmones y forcé a su corazón a bombear sangre.
Por la forma en que esta señora se aferró a mi muñeca, estaba a punto de
luchar.
—Dónde… —susurró, como una exhalación, mientras miraba la puerta
abierta.
—No tengo idea —dije, notando que teníamos dos conversaciones muy
diferentes.
Volvió la cabeza para mirarme, y estaba seguro de que el esfuerzo por sí solo
podría matarla, pero pareció hacerla más fuerte. Sus dedos se clavaron hasta el
hueso en mi muñeca mientras me acercaba hacia ella. Sus ojos me recordaban a
Delaney: color avellana; familiar. Eran lo único en ella que tenía color. El pelo blanco,
rostro pálido, labios que se desvanecían en la piel a su alrededor.
—Escucha —dijo ella, pero salió en tono áspero.
Yo escuché: un reloj, una puerta que se cerraba en algún lugar del pasillo, el
sonido de la ventilación del aire acondicionado. Ella me observaba, como si yo
tuviera el poder de leerle la mente. Se aferró con fuerza, como si yo no tuviera poder
para hacer nada.
Y entonces vi como las pupilas dentro de sus ojos se dilataban, carcomiendo
el color que quedaba.
Sin últimas palabras. Había muerto.
—Oh no —Mi jefa, Marlene, estaba en la puerta—. ¿Llegué demasiado tarde?
—Me recordaba a mi mamá—alta, delgada y precisa. Su pelo oscuro estaba recogido
en un moño, y tenía una bolsa de plástico en la mano, algo como un tubo. Lo dejó
sobre el mostrador y se acercó a nosotros, bajó la vista hacia mi mano, que ahora
tomaban la muñeca de la señora de la 2b, y no a la inversa.
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Ella puso sus dedos en el cuello de la mujer y luego tiró de mi mano mientras
doblaba sus brazos sobre su pecho inmóvil.
—¿Estás bien? —preguntó Marlene.
—Acaba de morir —dije. ¿Qué es lo que podría estar bien en esa situación?
Ella me miró por el rabillo del ojo. Miró a la señora de la 2b. Volvió a mirarme.
—Todos van a morir —dijo.
—Ella buscaba a alguien.
—Cariño, tenía Alzheimer. Probablemente buscaba a alguien que ya no existe
—Miré a la puerta vacía. El pasillo vacío.
—Iba a decirme algo —dije. Contemplé mi muñeca, las marcas rojas de sus
dedos, que tenían fuerza, vida y voluntad hacía menos de un minuto.
Marlene se arrastró junto a mí, colocó una mano en mi espalda, y me guió
fuera de la habitación —Oye, déjalo por hoy. Tomate el resto del día libre, ¿de
acuerdo? Ve a casa y haz algo divertido. Te veremos el lunes.
Divertido. Negué con la cabeza —Estoy esperando a Delaney.
Miró por el pasillo hacia las puertas dobles en el extremo —Llamó para
reportarse enferma. Pensé que lo sabías.
Asentí —Lo olvidé —dije. Pero era mentira. La puerta de la habitación 2B
continuaba abierta. La luz todavía encendida. La señora aún estaba en la cama. Sentí
que algo subía por mi garganta. No, algo que la cerraba.
Necesitaba salir.
—Vete —dijo ella. Y luego, mientras comenzaba a salir, dijo —Oye, lo hiciste
bien.
Pero yo no había hecho nada en absoluto. Y lo único que hacía ahora era
correr hacia la salida, hacia el aire. Ni siquiera sabía su nombre.
Me quedé en la entrada de mi casa, apoyado en el capó de la vieja minivan de
mis padres, mi coche actual. Estaba caliente—más caliente que el aire a mi alrededor,
y hoy había record de calor. Había sido así toda la semana. Mis manos aún
temblaban ligeramente cuando marqué el teléfono de la casa de Delaney. En su
móvil había atendido el correo de voz tres veces seguidas.
—Pensé que estaba contigo —dijo Joanne, la madre de Delaney, cuando le
pregunté si estaba en su casa, y pude sentir la tensión en su voz. Delaney vivía al
lado, en una casa casi idéntica a la mía—la suya era color gris; la mía color beige.
Mis ojos se desviaron hacia la ventana que había sobre la puerta, a la izquierda: su
habitación, la misma que la mía. Las persianas estaban cerradas. Las cortinas
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frontales a la sala de estar estaban abiertas, estaba casi seguro—por lo general lo


estaban apenas Joanne se levantaba en la mañana, pero no podía ver hacia adentro.
En vez de eso, el reflejo del sol me fulminaba. Me preguntaba si la mama de Delaney
estaría mirando hacia afuera, observándome.
—¿Decker? ¿No viniste a buscarla esta mañana para ir a trabajar? —La voz
de Joanne era más alta de lo normal. Más apretada. Sentí algo similar adentro mío.
No, no fui a buscarla porque yo debía estar allí a las ocho y ella debía llegar a
las nueve.
No era propio de Delaney reportarse enferma si no lo estaba, ni tampoco
mentirle a su mamá sobre dónde estaba, a menos que fuera conmigo.
Me aclaré la garganta. Sentí todo más relajado en mi interior. Sabía
exactamente dónde encontrarla —Me reporté enfermo —dije—. Solo quería
confirmar que había conseguido cómo llegar —Tampoco lo era mentirle a la mama
de Delaney, ya que había sido mi niñera y una figura de autoridad en mi vida desde
hacía tanto tiempo como podía recordar. Pero tampoco iba a decirle a Joanne dónde
estaba Delaney en realidad.
Caminé por nuestra calle—la mañana era brumosa, como si algo se moviera
por el camino, por la hierba, por todo. Era como si el calor no supiera qué hacer
consigo mismo aquí en Maine, así que vagaba inquieto, buscando un lugar a dónde
ir. Lo vi deslizarse a través del lago en la lejanía, como la niebla. Caminé hacia la
cima de la colina—donde la acera terminaba y el suelo formaba un pozo, un camino
de tierra que cortaba a través de los árboles, el lago en el centro.
Nadie volvió a poner un pie en el lago Falcon. Ni el último invierno, luego de
que Delaney cayera, ni en la primavera que le siguió. Nadie se sentaba en la orilla
pedregosa para contemplar el amanecer bajo una manta. Ni había barcos, ahora que
era verano.
El lago estaba muerto.
O estaba vivo, dependiendo a quién le preguntes.
De cualquier forma, vivo o muerto, es el tipo de cosa que es mejor abandonar.
Y lo hicimos.
Excepto ella. La encontraría allí, en esos días en que se sentía impotente, con
sus pies a la orilla del lago, sus dedos tocando el agua, como si lo tentara. Allí la
encontraría, lo sabía. Cerré los ojos antes de llegar a la cima, viéndola en mi mente,
con sus pies desnudos a unos centímetros del agua. Espero que estés ahí, pensé.
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Pero hoy Delaney no tocaba el agua con la punta de los pies. Estaba metida
hasta las rodillas, su piel pálida por encima de la inmóvil superficie del agua. Su
cabello rubio atado, su camisa colgando sobre su hombro. Sus pantalones cortos aún
secos, algunos centímetros sobre el agua.
Sabía que me escuchaba mientras bajaba a zancadas por el terraplén,
pateando piedras en el camino, pero ni se inmutó. Parecía un fantasma que salía del
lago Falcon.
No. Estaba allí. Estaba bien.
—Entonces —dije, caminando hacia ella—, en una escala del uno al diez, ¿qué
tan enferma dices que estás? ¿Demasiado enferma para ir a trabajar? ¿Demasiado
enferma para panqueques? ¿O demasiado enferma para llamarme y decirme que
estás enferma?
Ella no sonrió. Ni siquiera me miró —¿Crees en la reencarnación? —preguntó.
—Delaney—
—¿El paraíso?
Pensé en los dedos de la señora de la 2B en mi muñeca. Elimine el
pensamiento — Tengo hambre. Vamos por algo de comer.
—¿Algún tipo de vida en el más allá?
Pensé en los brazos muertos cruzados sobre su pecho inmóvil.
Me saqué las sandalias, sentía las piedras deslizarse debajo de mis pies. Oí el
chapoteo mientras mi pie golpeaba la superficie.
Contempló mis pies, como si no entendiera por qué lo hacía —Quiero saber
lo que tú crees —dijo ella, alzando la mirada hacia mi rostro—. Para poder creerlo
también.
—No creo en maldiciones —dije, acercándome—. No creo en esto —Mi brazo
rozó la superficie del lago.
—Shhh —dijo ella. Me quedé quieto, atento a lo que fuera que escuchó. O tal
vez creía que el lago podía oírnos.
El tema con las maldiciones es así: sabemos que no son reales. Nadie lo piensa
dos veces antes de hacer un crucero por el Triángulo de las Bermudas. Nombra una
persona que regalaría el Diamante Hope. Sí, no lo creo. Demonios, hasta los Red Sox
finalmente ganaron la Serie Mundial.
Nadie cree realmente en una maldición.
Hasta que tiene un rostro.
Megan Miranda Fracture

Hasta que conoces a la persona que desapareció. Hasta que conoces a la


persona que usó el diamante y murió. Hasta que eres quien tiene el balón rodando
entre tus piernas en el último out de la novena entrada.
Cuando hay muchas coincidencias, buscas un motivo.
Cuando hay muchas muertes, te aferras a algo para culpar.
La llaman la maldición del lago Falcon, pero solo porque no son personas
totalmente horribles. Pero Delaney sabe—yo lo sé, todos lo sabemos—que cuando
la gente dice “lago Falcon” en realidad hablan de ella. La gente lo piensa, lo puedo
asegurar. Por la forma en que le sonríen. Por lo amables que son. Demasiado
educados. Demasiado distantes.
Carson ayudó a sacarla del hielo, y murió a un costado de la ruta con la boca
de ella pegada a la suya. Su respiración en su cuerpo. Dijeron que estaba empapado
al llegar al hospital, como si se hubiera ahogado en lugar de ella. Era la nieve,
derretida contra su piel caliente, todos sabían eso. Pero la historia se mantenía firme.
Luego: Troy. El lago se lo llevó y la perdonó a ella. Él la había encontrado en
el hospital, se había hecho su amigo cuando ella volvió a casa, solo para intentar
matarla—matarse a ambos en realidad. No importaba. El lago la liberó, y tomó a
otro.
Corrección: Yo la había sacado del lago. Y quería vengarse.
Delaney intentó poner lógica para todo. Los números la respaldaban. La tasa
de mortalidad nacional, las estadísticas. Según los números, nuestra ciudad debía
tener cerca de quince muertes en todo el año. Tal vez un suicidio cada tres años.
Simples estadísticas, había reclamado.
—La gente sigue muriendo —dijo, como si incluso a ella le costara creer en sí
misma.
Sacó el elástico de su cabello y lo sacudió, dejándolo caer por su espalda.
Pensé en las pupilas negras, que se ampliaban —Son solo estadísticas —dije.
Se volvió para mirarme, sus ojos como una tormenta, nublada y color avellana.
Asintió con la cabeza y miró hacia otro lado, hacia el sol naciente. Vi mi reflejo
ondeando en la superficie mientras caminaba hacia ella. Luego tomé su mano—ella
se sobresaltó, luego se relajó—y la llevé más adentro del lago.
El agua rozaba nuestros pantalones cortos, nuestras camisetas. La oí jadear
mientras se cubría el estómago, a medida que avanzaba hacia su cuello. El lago la
tomó a ella primero, sus pies abandonaron el fondo, todo su peso en el agua. Yo
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estaba un paso por detrás. Nos mantuvimos a flote, sus labios temblaban y la
acerqué a mí.
Sentí sus piernas enredarse con las mías por debajo. Sentí sus brazos moverse
rápidamente, como si corriera contra algo que la empujaba hacia abajo. Sentí su
aliento en el espacio entre nuestros rostros. Sus labios temblaban y la besé.
Y luego, sus brazos dejaron de moverse y sus piernas quedaron inmóviles,
como si se entregara al lago, a mí.
Quería mover mis manos hacia su espalda, su rostro, su cabello. Pero si dejaba
de moverme, comenzaríamos a hundirnos.
Sus labios estaban fríos, y recordé esa otra versión de ella: a la que le presioné
mi boca para infundirle aire, mientras su pecho se inflaba en respuesta, rehusándose
a dejarse ir. La imaginé azul, inmóvil, y me alejé.
—Es solo agua —dije.
—Lo sé —dijo ella, aunque me hablaba a mí mismo. Ella arqueó la espalda,
alejándose de mí, como lo había hecho mil veces, y se acostó sobre la superficie del
agua, dejando que la lleve.
Con su cabello desparramado a su alrededor, y sus ojos cerrados, vi de nuevo
esa otra versión de ella: sin vida, peso muerto, la que arrastré hasta la orilla en la
nieve. La que presioné con mis manos, mientras contaba mentalmente para intentar
mantener su corazón en funcionamiento, y sintiendo como sus huesos se quebraban
bajo mis dedos.
Cerré mis ojos, ahuyenté el pensamiento, y me recosté sobre el agua como ella
había hecho. El agua cubrió mis oídos, así que solo podía oír como entraba y salía,
como el océano. Como el aire. Como la nada.
Escucha.
Pensé en los dedos en mi muñeca, que presionaban hasta mis huesos.
—¿Delaney? —Me puse de pie, pero ella no estaba frente a mí. Giré, pero ella
no estaba detrás.
Sentí que se me cerraba la garganta, escuché mi corazón en mi cabeza. No.
Ella salió hacia la superficie justo frente a mí, sacándose el cabello del rostro.
Respiró profundamente, y yo intenté hacer lo mismo.
—¿Decker? —preguntó. Se acercó nadando, colocó una mano en mi brazo—.
¿Está sucediendo de nuevo?
—No —Negué con la cabeza—. Estoy bien. Respira. Desde el estómago. Respira.
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Ella me empujaba hacia atrás. Había guijarros bajo mis dedos. Sentía peso
sobre mis pies —Decker, ¿qué sucedió?
El agua a la altura del pecho. El sol reflejado en la superficie. Su mano en mi
codo. Cerré los ojos. A veces me despierto con sudores fríos, buscándola. Como si
los últimos ocho meses no hubieran sucedido.
Que no pude sacarla del lago. Que nunca despertó. Que ella no existe.
Pero luego, pasan las semanas y yo estaría bien. Incluso meses. Y entonces,
ella se desliza bajo el agua un momento y todo vuelve.
Nunca se lo dije.
Nunca se lo dije a nadie.
El doctor al que me arrastraron mis padres pensó que se debía a que Carson
había muerto—él estaba sano, o al menos eso creíamos, y luego solo… murió. La
idea de estar aquí y luego irse—el doctor dijo que ese era el disparador.
Nunca le dije que la idea de morirme no era el disparador. Siempre fue ella.
En mi cabeza, ella siempre desaparecía.
—¿Decker? —El agua ahora por mi cintura. Por mis rodillas—. Esto fue una
mala idea —dijo ella.
Abrí mis ojos —Lo siento —dije, y sentí lentamente que algo liberaba mi
garganta. Mis pulmones—. La señora en la 2B murió —Me encogí al decirlo. No le
había dicho que estuve allí.
—Clarissa Duvall —dijo ella.
Delaney tenía sus brazos a su alrededor. Temblaba. El agua estaba muy fría
para nadar, incluso en agosto.
Estábamos fuera del lago. Simplemente habíamos ido a nadar al lago Falcon,
y ahora estábamos de pie en la orilla, y estábamos bien. Había algo liberador en todo
esto.
Como todos los demás, ya sea creyendo o no en la maldición, no había puesto
un pie allí. No hasta ahora, y no habíamos muerto.
Delaney estaba de pie frente a mí, con la ropa mojada que se aferraba a ella,
y sonreí.
Se rió para sí misma un segundo, mirando hacia abajo, y se formó un hoyuelo
en su mejilla izquierda. Amaba el sonido. Amaba la sonrisa. Se sentía como algo que
volvía a la vida.
—Bien, en serio —dije—. Me muero de hambre.
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—En realidad yo también tengo hambre —dijo ella, y su sonrisa creció hasta
formar la que yo sabía que reservaba para mí.
—No puedo llevarte a comer así —dije, tirando de su camiseta—. Pero la
oferta de panqueques sigue en pie.
—¿Estás ofreciéndote a cocinar para mí? ¿Sabes al menos como cocinar? —
preguntó.
—No prometo que vaya a ser bueno.
—Cocíname panqueques —dijo ella—, y te amaré por siempre —Bromeaba
al decirlo, y se aseguró de que yo supiera que bromeaba, por la forma en que estaba
de pie, por la forma en que sus manos estaban colocadas en sus caderas, y por la
forma en que mordía su labio inferior. Pero a la vez no bromeaba. Estaba sonrojada,
como si estuviera nerviosa por admitir lo que sentía. Aunque yo ya lo supiera.
Me reí.
—Es un trato —dije—. Vamos —La tome de la mano y nos dirigimos a casa.
El sol golpeaba en mi espalda. El aire rompía el record de lo caliente que
estaba. Pero no podía quitarme el frío—el lago Falcon, aferrado a mi piel, filtrándose
en mis huesos.
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Capítulo 2
Traducido por Yann Mardy Bum

Nos metimos a escondidas en el cuartito de la parte trasera de mi casa. En


realidad, no necesitaba esconderme—mis padres estaban en el trabajo. E incluso si
no lo estuvieran, no era como si tuviera horario para entrar y salir. Pero si la madre
de Delaney la veía por la ventana, probablemente enloquecería.
En primer lugar, su hija no estaba donde dijo que estaría. En segundo lugar,
su hija estaba empapada. En tercer lugar, fue a escondidas a mi casa.
Ambos chorreábamos agua sobre el linóleo—el resto de la casa, la sala, la
cocina, las escaleras, en todas partes, había madera —Quédate aquí —dije, aunque
no parecía que tuviera planeado moverse—. Traeré toallas.
Corrí hacia arriba, al armario de ropa blanca, tomé algunas toallas viejas, dos
camisetas y dos pares de pantalones cortos de deporte de mi habitación antes de
correr por las escaleras de a dos escalones. Sabía que iba dejando un rastro de agua.
Lo limpiaría más tarde.
Quería secar el agua de mi piel.
Quería hacerle sus panqueques.
Ella estaba en el mismo lugar donde la dejé, con un charco alrededor de sus
pies. Reduje la velocidad cuando llegué, cuando vi su rostro. Escuché el zumbido de
la puerta del garaje, el murmullo del motor de un coche.
—Está bien —dije, alcanzándole una toalla.
Ella dio un paso hacia la puerta.
—Es mi casa —dije—. Tengo permitido estar aquí. Y tú también.
Mis padres y yo teníamos un patrón completamente diferente al de Delaney
y sus padres. Y solo para demostrarle que todo estaba bien, la rodeé con mis brazos,
froté una toalla sobre su cabello, y besé su frente —Voy a prepararte unos
panqueques de locos —dije—. Y entonces te tendré atrapada.
Me aparté de ella, esperando ver su sonrisa, pero ella miraba detrás de mí, al
final del pasillo. Oí los pasos de mi papá primero. Probablemente seguían el rastro
de agua por la planta baja. Luego giró en la esquina y quedó a la vista. Aún en su
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ropa de trabajo, sus zapatos de trabajo, pero con su corbata floja. El botón de arriba
desabrochado.
—Estamos limpiando —dije, levantando la toalla para mostrársela. Pero él
observaba las puntas del cabello húmedo de Delaney, el charco de agua en el suelo.
Camino hacia dentro del cuartito, hacia mi lugar. Colocó un dedo en mi
pecho. Una mano en el hombro de Delaney. Podía ver el miedo y la lógica en
conflicto en su rostro.
—Delaney —dijo—. Ve a casa.
Ella estaba pálida. Más pálida que con el agua helada. Más pálida que por el
hecho de que siempre llevaba protector solar. Estaba pálida, y sus ojos estaban
enormes. Es solo mi papá, quería decirle. Él no cree en eso. Mientras ella retrocedía, mi
padre se pasó la mano húmeda por el cabello. Luego miró su palma, los restos del
lago Falcon, y la limpió contra el lateral de su pantalón.
—No —dije—. No tienes que irte —Pero estaba mirando a mi padre cuando
lo dije, y oí la puerta de atrás cerrarse tras ella con un crujido.
Siempre desapareciendo.
—No le hables así —dije.
—No me hables así —dijo él. La gente dice que soy su espejo—en cómo
lucimos, definitivamente. En la forma en que actuamos, según mi madre. Hasta yo
podía verlo—en su cabello oscuro y ojos grises y en su estructura delgada. Como si
al verlo pudiera ver mi futuro.
—Estas siendo ridículo —dije.
—Ve a cambiarte —dijo.
—¿Por qué? ¿Voy a morir porque fui a nadar? No puedes creerlo de veras. No
puedes creer que en verdad haya una maldición.
Contempló la puerta. Luego, sus manos de nuevo. Las limpió una vez más,
aunque no quedaba nada —No hablo de una maldición —dijo—. Hablo de ella.
Necesitas algo de espacio. Te estas liando demasiado—
—Detente —dije, mientras sentía las manos cerradas en un puño. Había
llegado demasiado tarde si pensaba que me estaba liando demasiado. Conocía a
Delaney de casi toda mi vida, había estado liado con ella de una u otra forma por los
últimos diez años. Enamorado de ella por los últimos tres años, por lo menos.
—No puedes verlo. Estás demasiado cerca…
—Detente —dije, y esta vez lo hizo.
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—Decker —dijo, pero luego cerró los ojos, negó con la cabeza y casi sonrió―.
Limpia este desastre —dijo.
Los círculos oscuros bajo sus ojos, accesorios permanentes de los últimos
meses, significaban que probablemente estaba trabajando en un caso problemático.
Y lo más probable era que esta conversación se sumara al problema. Desapareció
dentro de su oficina—supongo que decidió trabajar desde casa el resto del día.
Limpié el agua. Me cambié, me duché, intenté llamar a Delaney, pero daba
directamente al buzón de voz—imaginé que aún se estaba limpiando. O
respondiendo el interminable cuestionario de su madre. Podía imaginar a Joanne
quitándole el teléfono, luego apagarlo, decirle que no podía verme por un tiempo.
El cual duraría alrededor de dos horas tal vez. Su madre me amaba. Para ser justos,
creo que me amaba un poco menos ahora que era el novio de su hija—en vez del
mejor amigo de su hija.
Mi papá también solía amar a Delaney. Nunca lo tomé por alguien
supersticioso. Dios sabe que no era religioso. Era abogado: amaba los hechos
concretos, las cosas que tenían sentido, al igual que Delaney. Pero también le gustaba
discutir, al igual que a mí.
Bajé las escaleras y mi padre estaba en la cocina, inclinado sobre la mesada.
El almuerzo, supongo. También supuse que habíamos terminado de discutir,
porque esa es la forma en que funciona para nosotros. Simplemente fingimos que
nada sucedió —¿Qué estas preparando? —dije—. Porque me muero de hambre.
Quería panqueques. Con Delaney, sentado a la mesa con mi ropa puesta.
—Lasaña —dijo, agitando la mano sobre los tomates aún sin cortar—. Para
esta noche. Es la favorita de tu madre.
—Genial —Tomé una manzana de un tazón de cerámica de color rojo y salté
sobre la mesada—. ¿Puedo invitar a Delaney?
Sus manos se detuvieron sobre la tabla de cortar. Di un mordisco a la
manzana, y el sonido se hizo eco a través de la cocina —Claro.
Síp, la discusión había terminado —Excelente. Así podrás disculparte con
ella.
Salté de la mesada y me alejé, esperando que empezar a gritar otra vez. Llegué
a las escaleras. Nada. Y entonces —¿No se supone que deberías estar en el trabajo?
—dijo a modo de acusación, y podía oír todas las acusaciones por debajo de esa:
Dejaste el trabajo para salir con tu novia. Estabas aquí con ella porque pensabas que no habría
nadie en casa. Este era su trabajo—era un profesional en desviar acusaciones y
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enmarcar otras nuevas. Defendía gente para ganarse la vida, y decía que a veces la
mejor manera de defender a alguien era acusar a otra persona.
—Fui al trabajo. No me necesitaban. Me dieron el resto del día libre —Eso
también lo aprendí de mi padre—cómo decir lo suficiente de la verdad para que la
gente te crea, cómo omitir detalles sin que lo parezca. Cómo fingir que algunas
partes ni siquiera existen:
Una mano agarrando mi muñeca.
Pupilas negras, haciéndose más amplias.
Escucha.
El sonido de un cuchillo en la tabla de cortar. El sonido del mechero mientras
mi padre esperaba que encienda —¿Quieres ayudar? —preguntó.
Comencé a sacudir la cabeza, pero él sostenía el cuchillo, como si tuviera una
idea —Las chicas adoran a los muchachos que saben cocinar —dijo.
—Asqueroso —dije, porque hablaba de mi madre. Pero pensé en Delaney,
sacando la cadera hacia fuera, apoyada en ella, diciendo que me amaría por siempre.
Le debía una comida. Volví, tomé el cuchillo de su mano extendida, y dejé la
manzana en la mesada. Para cuando le di otro mordisco, ya se había puesto de color
marrón.
Delaney no atendió el teléfono luego, por la tarde. Seguía directo al correo de
voz —Atiende —dije, luego de que la voz me dijera que deje un mensaje.
—Hice la cena. Hice a medias la cena. Como sea, ayudé a hacerla. Hay lasaña.
Ven —Incluso pensé en volver a llamar al teléfono de su casa, pero no quería que
Joanne me grite, también.
Ella no llamó.
Estuve desconcentrado durante la cena, me preguntaba por cuanto tiempo
estaría castigada y si podría verla el día de mañana, y luego me pregunté si tal vez
debería escabullirme por la noche, y como siquiera iba a funcionar si ella no lo sabía
para dejar la puerta de atrás sin cerrar.
—Decker —dijo mi padre, como si ya lo hubiera dicho y comenzara a
enfadarse.
—¿Sí?
—¿Oíste una palabra de lo que dije?
Le sonreí a mi madre, luego a él —Esta lasaña —dije, tomando otro bocado―.
Es el paraíso. Es lo mejor que se ha creado en la cocina Philips —Mi madre me tiró
la servilleta.
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—Mañana nos vamos de excursión. A las seis de la mañana —dijo papá.


—Paso —dije.
—No es algo opcional, en realidad.
—Es sábado —dije—. A las seis de la mañana.
—Siete —dijo.
—Paso —dije de nuevo. La idea de mis padres de ir de excursión hace poco
era más como un paseo, que probablemente acabaría al menos a mitad del día—tal
vez más, dependiendo de lo lejos que fuéramos en coche.
—Joe —dijo mamá—, vas por el camino equivocado con esto —Se volvió
hacia mí y se aclaró la garganta—. Oh, bueno, podemos permanecer en casa y hacer
una de esas pruebas de preparación para el SAT.
—Voy a ir a buscar mis botas —dije, alejándome de la mesa. Los escuchaba
reír desde mi habitación.
Abre la puerta, pensé. No es que creyera en la telepatía ni nada de eso, pero
tampoco solía creer que una chica pudiera saber cuando alguien estaba a punto de
morir. No solía creer en que una chica pudiera sobrevivir once minutos atrapada
bajo el hielo. No creía que ella fuera a despertar alguna vez. No realmente. Así que
pensé que esto no haría daño. Teníamos que estar pensando lo mismo.
Era más de media noche cuando me escabullí por la puerta de atrás, de la
misma forma que lo hicimos a hurtadillas por la mañana. Estaba descalzo porque
hacía que pareciera menos premeditado si me atrapaban. Esto era definitivamente
premeditado. Lo había meditado durante horas.
Solo había hecho esto una vez anteriormente—pero fue después del día
especialmente de mierda en que aquel tipo le gritó en el trabajo. Él la había agarrado
del brazo. La sobresaltó. La llamó presagio, lo que supongo ella era, mientras estaba
de pie junto a su cama porque había sido impulsada hacia allí. Y si ella fue impulsada
hacia allí, fue porque él iba a morir.
Como dijo Marlene, todos van a morir.
Pero cuando él la agarró y ella dio un salto, lo golpeé en el brazo, a punto de
morir o no. Es un milagro que Marlene no me haya despedido en ese momento, pero
creo que ella vio la expresión en el rostro de Delaney. Creo que vio la forma en que
él la agarró por la muñeca. Marlene dijo que su mente se iba, que se había perdido.
Pero no era cierto. Él podía ver más que la mayoría. Podía ver a Delaney, como una
señal. Como una advertencia.
Megan Miranda Fracture

Le dije a Delaney que dejé la puerta de atrás sin seguro esa noche porque no
quería que ella pensara que era un presagio. No quería que pensara en ese hombre
muriendo unas horas después.
La hierba estaba más corta en su patio trasero, y más fría. Húmeda. Su casa
tenía esas luces con detector de movimiento en el patio y en el porche delantero, y
la única forma de evitarlas era ir pegado al revestimiento de la casa y deslizarme
hasta llegar a la puerta de atrás. Como si fuera un acosador. Contuve el aliento y
comprobé la manija. Cerrada. Ellos no guardaban una llave de repuesto bajo una
alfombra o una roca en el patio lateral, como nosotros. Me deslicé de regreso al frente
de la casa y miré hacia su oscura ventana. Creo que no pensamos lo mismo, después
de todo.
El aire estaba espeso por la humedad, a pesar de que la hierba estaba fresca,
como si tal vez fuera a llover. Bien. Era probable que la caminata se cancele y me
libere de levantarme en menos de seis horas.
No estaba siendo tan silencioso como debería serlo al volver a entrar a mi
casa, y la luz de la cocina parpadeo en el pasillo. Mierda. Me quedé inmóvil pero
imaginé que ya me habían atrapado. Miré mis pies descalzos. Solo estaba en la parte
trasera. Era cierto. No fui a ningún lado. Era cierto.
Entonces oí un ruido, como si chocaran con los muebles. Caminé hacia a la
cocina. Mi padre permanecía inclinado sobre la mesada, como lo estaba hoy más
temprano. Pero había una silla tumbada junto a él.
—¿Papá? —pregunté.
Se dio la vuelta demasiado rápido, golpeando un vaso de agua de la mesada.
Se hizo añicos a su lado, y yo Intentaba concentrarme en los pedazos, intentando
descubrir qué sucedía después de la medianoche en esta habitación, con una silla en
el suelo y un vaso en pedazos y un charco de agua sobre la madera junto a los pies
descalzos de mi padre.
—Algo no está bien —dijo él. Se aferró a su pecho por un instante, tal vez dos,
y me observó mientras sus rodillas golpeaban los pedazos de vidrio en el piso.
Sentí algo que me cerraba la garganta. Sentí el terror crecer en mi pecho —
¡Mamá! —grité.
Me deslicé hasta el suelo junto a él, sujetándolo por los hombros, mirando
cualquier lugar, excepto sus ojos, los centros negros. En vez de eso, mire su boca. La
forma en que se formaba una palabra, pero no salía ningún sonido. Mi madre estaba
en la habitación, ya tomando el teléfono —¿Decker? —preguntó, y me di cuenta que
Megan Miranda Fracture

no podía distinguir cuál de los dos estaba herido. Ambos luchábamos para respirar.
Mis brazos temblaban mientras intentaba levantarlo. Temblaban, aún, mientras
ambos nos hundíamos más en el suelo.
La ambulancia se llevó a mi padre, también se llevó a mi madre. Ella dijo —
Te llamaré —mientras cerraban las puertas dobles. Yo había ido en la parte trasera
de la ambulancia con Delaney. Apenas había sitio, y se sentía como un ataúd. Se
sentía como el infierno. Esta vez no peleé para ir en ella. Iría con ellos en mi propio
coche.
Eso era inteligente. Todos tendríamos que viajar a casa más tarde.
Entonces vi a Delaney de pie entre sus padres en el porche delantero, sus
brazos cruzados sobre su pecho, con las manos metidas bajo sus hombros, como si
ocultara algo. Su boca estaba abierta, pero no tenía que decir nada. Cerró sus ojos, y
en esa estúpida luz detectora de movimientos, pude ver la lágrima deslizarse por su
mejilla, y lo supe.
Lo supe con cada célula de mi cuerpo—ahora paralizado, con náuseas—de la
misma forma que ella lo sabía con las suyas.
En algún momento entre aquí y allí, él no iba a lograrlo.
Cuando la muerte está cerca, ella esconde sus manos. Le tiemblan. Revelan
su secreto.
El motor de la ambulancia se encendió, las luces rojas y azules iluminaban la
noche. Delaney corría a través de mi patio, y eso me puso en movimiento. Iba de
regreso hacia mi casa, como si pudiera alejarme de ella, si pudiera fingir que no la
vi, no sería cierto. Levanté mis manos.
Ella se detuvo en seco. Y entonces miré sus manos, que colgaban inmóviles a
sus costados, y por el más breve segundo pensé que él iba a estar bien.
Luego ella también miró sus manos, y las apretó en un puño.
—No —dije, hablándole a ella, a mí mismo.
Pero ella no escuchaba. Subió los escalones y me siguió hasta mi casa.
—Decker —dijo, casi en un susurro—, Yo lo, lo—
—¿Qué? —Giré mientras lo decía, y ella se encogió.
—Lamento —dijo, y podía ver el movimiento de su boca, pero no podía oír
nada más.
—Me tengo que ir —dije, buscando a tientas las llaves del coche. Mi madre
estaría allí, sola.
Megan Miranda Fracture

Sola, porque las manos de Delaney estaban inmóviles mientras la ambulancia


se alejaba. La muerte ya no estaba llegando. Ya estaba hecho.
Sus zapatos de trabajo estaban junto a la puerta. Y la casa aún olía a lasaña,
aún se sentía como si él…
Podía oírlo, bajando por las escaleras, un gran truco, al igual que cuando
imaginaba que Delaney se había ido, cuando veía su cuerpo inmóvil, y luego ella
volvería a aparecer, llena de vida, justo frente a mí.
Corrí hacia la oficina. La cocina. Miré las escaleras, mi respiración estaba
demasiado agitada, mi visión se nublaba.
—Decker —dijo ella. Y lloraba. Negando con la cabeza hacia mí.
Como si yo fuera esa señora de la 2B. Buscando a alguien que ya no existía.
Negué con la cabeza. Como si ella tuviera el poder de cambiar esto. Cambia
esto, pensé, y me alejé de ella para volver a observar las escaleras.
—¿Delaney? ¿Decker? —Joanne apareció en el umbral, con su cabello
ondulado hecho un desastre, una bata de baño alrededor de su pijama, zapatillas de
deporte sobre pies descalzos—. ¿Cariño? ¿Quieres ir o esperar que tu madre llame?
—Me voy —dije, sosteniendo mis llaves. Temblaban. Mi mano temblaba.
—Ron te llevará —dijo ella.
—Necesito mi auto —susurré. Pero no sabía cómo decirle que no a Joanne.
—Lo tengo —dijo Delaney, tomando las llaves por sobre mi hombro.
No podía lograr que mis manos dejen de temblar. No podía tomar aire.
Presioné las llaves en sus manos y la oí exhalar.
—Mamá —susurró mientras pasábamos rápidamente a su lado.
—Ya voy —dijo, y me apretó el hombro al pasar. Delaney corrió al auto. No
podía entender por qué corríamos. ¿Por qué corríamos?
Y ella conducía rápido, como que pudiera cambiar algo. Recordé que podía.
Corrí por ella en el hielo. La encontré. Ella vivió.
Delaney había muerto bajo ese lago—su corazón se había detenido, su cerebro
había estado sin oxígeno por once minutos, estaba azul y fría y dolorosamente rígida
cuando la saqué del hielo, y no la dejé ir. Ella regresó. Estaba sentada junto a mí en
este preciso momento.
Él no, pensé, lo pensé de la misma forma en que había rogado por la vida de
Delaney.
Estábamos a mitad de camino al hospital cuando me di cuenta de que ella no
llevaba zapatos. Me di cuenta de que yo tampoco. Sus uñas estaban pintadas de un
Megan Miranda Fracture

color púrpura que nunca le había visto antes. Todavía las estaba observando cuando
ella sacudió su pie en el freno y puso el coche en el aparcamiento.
Me entregó las llaves en el estacionamiento, pero no me siguió. Se quedó en
el estacionamiento, observando la luna. Me pregunte si simplemente estaba
esperando que vengan por ella. Me pregunté si tal vez estaba rezando. Me pregunté
si estaba haciendo un trato con alguien —Gracias —dije, y luego se volvió y se aferró
a mí, su rostro se enterró en mi cuello, como si supiera que todo estaba a punto de
cambiar.
La dejé allí, fingiendo que no sabía lo que quería decir.
Encontré a mi mamá en la sala de espera una media hora más tarde, después
de correr de piso a piso, de una habitación a otra, sin tener idea dónde iba. Pero
parecía como si hubiera un reloj, algo contra lo cual yo corría. Mientras me siguiera
moviendo, mientras todos nos siguiéramos moviendo…
Pero allí estaba ella, dándome la espalda, perfectamente inmóvil. También sin
zapatos. Era casi cómico.
Tenía esas cosas de gasa de color azul en sus pies que los cirujanos usan sobre
sus zapatos en la sala de operaciones o algo así. Observaba el teléfono. Solo lo
miraba. Temblaba ligeramente mientras caminaba detrás de ella —Mamá —dije.
Ella miró fijamente al teléfono, luego me miró —Iba a llamar —dijo.
Pero no pudo. No tuvo que decir el por qué.
Era casi de día cuando volvimos a casa. No era la mañana, sin embargo, no
para mí.
—Deberías dormir —dijo mamá, arrojando las llaves del coche en la mesa del
comedor, lo que parecía la idea más ridícula del mundo. Había un millón de cosas
más importantes que dormir. Un millón de cosas que hacer.
Excepto que no lo eran. No realmente.
—Tu abuela estará aquí después del almuerzo, así que… —Y luego
desapareció en la oficina de papá.
Paseé por la cocina y noté que los vidrios no estaban en el suelo. El agua había
desaparecido. La silla estaba de pie, de nuevo bajo la mesa, como si la última noche
no hubiera sucedido. Me preguntaba si Delaney lo había limpiado—ella sabía de la
llave de repuesto, sabía dónde encontrarla, tenía las agallas para utilizarla.
Deambulé por las escaleras y me detuve en mi puerta. Sip, definitivamente
Delaney, ya que estaba en mi cama tumbada boca abajo. Di un paso en la habitación,
deseando dejarme caer a su lado. Yacer allí, mientras ella frotaba mi espalda y me
Megan Miranda Fracture

decía que todo iría bien. Di un paso hacia ella, las tablas del suelo crujieron y ella se
enderezó para ponerse de pie, tomó una bocanada de aire y se sostuvo de la pared
para no caerse.
Me miraba como si no estuviera segura de dónde estaba o el motivo por el
cual estaba aquí.
Sentía como si tuviera algo que decirte, pero ella ya lo sabía. Lo sabía desde
antes de irnos de esta casa, de correr hacia el hospital sin ningún motivo. Contemplé
las botas de montaña en el rincón, las suelas cubiertas de lodo —Los médicos dijeron
que tenía una afección cardiaca —le dije, porque no podía pensar en otra cosa para
decir. No tenía nada más para decir. No había nada más para decir.
—Lo lamento —dijo ella. Ella caminaba hacia mí, y pensé que era la única
persona en el mundo que quería ver en este momento. Ella me conocía, lo conocía a
él, nos conocía.
Estaba intentando alcanzarla, y luego ya no.
—Tenía una enfermedad cardiaca —dije de nuevo, y era como si todo fuera
cayendo en su lugar dentro de mi cabeza mientras yo lo decía. Ella había dejado de
moverse, con un pie delante del otro, a medio camino a través del cuarto—. Algo se
formaba dentro de él —dije, repitiendo las palabras que mi mamá había utilizado
cuando la encontré en la sala de espera.
Delaney observaba algún lugar más allá de mí, algún lugar más allá de esta
habitación, y no hablaba en absoluto.
—Delaney —dije, lentamente, cada sílaba a modo de pregunta, y ella miraba
el piso, como si la hubieran atrapado con la peor mentira de su vida.
Por favor, no, pensé. Déjame estar equivocado. Pero ella aun no me miraba.
Porque ahora entendí la razón por la que había palidecido y se había ido de
mi casa.
Por qué me había ignorado el resto del día. Ella lo sabía. Estaba de pie en el
cuartito y mi papá camino hacia nosotros y ella lo sabía. Lo sabía y se quedó allí, en
silencio. Fue a su casa y se pintó las uñas. Lo sabía y se alejó y nunca dijo una palabra.
—Dime que no lo sabías —dije—. Ayer. En mi casa. Dime que no lo sabías —
Y lo decía en serio. Si ella lo decía, yo le creería.
Miraba la pared detrás de mí. El espacio sobre mí. El suelo, entre nosotros.
Hay un refrán que dice que debes conocer la tristeza para poder conocer la
felicidad.
Megan Miranda Fracture

Pensé que era pura mierda cuando lo escuché, y pensaba que era pura mierda
ahora también.
Pero la verdad es que la única razón por la que podía entender lo que yo
sentía en aquel momento era porque había pasado años amándola —Dime —dije,
solo que lo grité. Ella saltó. La hice saltar.
—Decker…
Di la vuelta a su alrededor, cambiando mi lugar por el suyo, intentando
forzarla a irse de mi habitación solo con mi voluntad.
—Vete.
Ella saltó de nuevo. Hacia atrás. Hacia la puerta.
Sus dedos se aferraron a los laterales de la entrada, se tropezó hacia el pasillo.
Podía verla pensar, hacer una pausa, con su cerebro trabajando para resolver esto,
cómo arreglarlo.
La mano de mi padre sobre su hombro.
La silla de costado.
Los vidrios en el suelo.
—Espera —dijo ella, apoyada en la pared del pasillo—. Escucha… —Sus ojos
buscaron el espacio entre nosotros con desesperación.
Yo esperé. Esperé. Quería escucharla. Quería que hubiera alguna otra
explicación. Pero solo permaneció allí, de pie, como si me estuviera pidiendo algo.
Quince muertes. Estadísticamente hablando.
Yo podría perdonarle casi cualquier cosa.
Ella podría perdonarme casi cualquier cosa.
Ambos lo habíamos hecho para llegar a donde estábamos.
Pero no esto. No esto.
Ella me observaba, deseando que la escuche. Pero no hizo ni un sonido.
Cerré la puerta en su cara. Encorvado hacia abajo con la espalda contra ella,
mi cabeza entre mis manos. Contuve la respiración hasta que oí sus pies corriendo
por el pasillo. Sin últimas palabras.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 3
Traducido por Pandita91

Ella estaba en todas partes.


Estaba atada a los recuerdos de esa noche. Era lo único en lo que pensaba
durante la última conversación con mi papá. Era a quien intentaba llegar mientras
lo perdía a él. No podía pensar en nada de eso sin ver su rostro, luciendo inocente.
Su rostro, luciendo como si no supiera nada. Sentí la ira dentro de mí luchando para
salir.
Y ahora, ella estaba en el piso de abajo. En mi casa, todos estaban en mi casa.
Mi abuela cocinaba, como si la supervivencia de nuestra especie dependiera
de eso, aun cuando la mitad de los vecinos había traído algunos platos horneados.
Ni siquiera había espacio en el congelador.
Ordene pizza desde mi cuarto.
Mi mama la subió, apoyando su cadera contra la puerta. Lucia cansada. Lucia
delgada.
Era como un robot, daba gracias a la gente como si estuviera agradecida,
aceptaba condolencias como si las estuviéramos guardando para algo. Como si las
quisiéramos.
—Supongo que esto lo ordenaste tú.
Me encogí de hombros —Tenía hambre.
La deslizó en mi cómoda y dijo —Delaney esta abajo.
—La escuché. —No lo hice, de hecho. Había demasiada gente allí abajo,
sonaba como un zumbido repetitivo. Pero la había visto cruzar el patio con sus
padres. Tenía puesta una camisa negra que sabía que su abuela le había dado en
navidad.
Odie que la usara.
Odie que caminara con sus padres.
Odie que pensara que tenía derecho a estar aquí.
—Le dije que podía subir, pero no lo hizo. Así que… —Abrió la caja de la
pizza y saco una porción, oliéndola. Le dio un mordisco, mientras cerraba sus ojos.
—No quiero verla —dije.
Megan Miranda Fracture

—Ya veo —dijo. Puso la porción de pizza de vuelta en la caja. Se sentó en el


borde de mi cama. Respiró hondo, luego otra vez, como si se estuviera preparando
para algo. Negó con la cabeza para sí misma y pasó sus manos por su blusa.
—Algunos de tus otros amigos están abajo —dijo—, ¿seguro que no quieres
bajar?
Miré a través de mi ventana y vi la Explorer negra de Kevin en la acera. Detrás
de ella, estaba el deportivo rojo de Tara, el cual nunca me había molestado—parecía
una extensión de ella, demandando atención. Pero ahora parecía tan incorrecto, tan
fuera de lugar. Justin no tenía coche, pero si Kevin estaba aquí, probablemente él
también. Los conocía desde hacía casi el mismo tiempo que a Delaney. Sin contar a
Delaney, Kevin y Justin eran los amigos más cercanos que tenía ahora. Crecimos
juntos. Pasamos por el infierno del año pasado juntos.
—Delaney está aquí todavía —dije—, así que no, gracias.
Se detuvo junto a la puerta, con los ojos ampliamente abiertos.
—No seas esta clase de muchacho —dijo. Y antes de que pudiera preguntarle
a qué se refería, antes de que pudiera decirle que no tenga tantas expectativas de la
inocente chica de la casa de al lado, entró en la sala.
—Buena idea lo de pedir una pizza ―dijo, volviendo al cuarto—, debiste ver
la cara de tu abuela. Invaluable.
Cerró mi puerta detrás de ella.
El aroma de la pizza era abrumador, repugnante de hecho, y estaba abriendo
mi ventana cuando volvió a sonar la puerta.
—Sí, toma una porción —dije. Pero no era mi madre quien entró. Era Delaney.
Al parecer cambio su idea de no querer subir.
—Sé que estás molesto —dijo, con sus manos en alto, como si estuviera
rindiéndose.
—De verdad —dije, mirando la caja de pizza— que observadora.
—Pero ayer —dijo. Luego sacudió su cabeza—. No es así como dejamos las
cosas.
Entonces la miré, y todo se retorció dentro de mí —Ni siquiera prendiste el
teléfono —dije entre dientes.
Ella movió su mandíbula inferior y suspiro —Salvaste mi vida, y no salve la
suya —Es el motivo por el cual todos le dieron la espalda el año pasado en el funeral
de Carson.
Megan Miranda Fracture

—No —dije—. No —Le apunte con el dedo —Tu no dijiste nada. Como, “Oye,
Decker, no seas idiota con tu padre” o “Oye, Decker, llama al 911.”
—No —dijo ella, sacudiendo su mano hacia mí desde el otro lado del cuarto—
Escucha. Yo no—
—No —grite—, esta es la parte en la que dejas de hablar.
Los ojos de Delaney se abrieron ampliamente, y una fracción de segundo
después los entrecerró —No, esta es la parte en la que recuerdo que nadie, ni siquiera
tú, y ni siquiera ahora, puede tratarme así —Y luego esperó a que me disculpara o
estuviera de acuerdo o discutiera. Lo que sea. Pero con un gesto le señale la puerta
detrás de ella.
Fue un pequeño milagro que no tirara la puerta de un golpe al salir.
Permanecí encerrado hasta que mi madre toco la puerta la mañana siguiente.
O quizás no. Mire alrededor del cuarto y la caja de pizza ya no estaba, incluyendo la
que no había comido. Salí de la cama de un salto. No recordaba haberme dormido.
No recordaba despertar —Usa la camisa azul —dijo a través de la puerta—, la que
tiene rayas —Algo realmente innecesario, ya que era la única camisa de vestir que
tenía.
Observé las puertas dobles de la parte de atrás del servicio, esperando que
Delaney apareciera para poder ponerme furioso, pero no lo hizo. Lo que, de alguna
manera, me puso más furioso. Sus padres se sentaron directamente atrás nuestro, y
Joanne apretó mi hombro. Mire hacia otro lado antes de empezar a reclamarle dónde
demonios estaba Delaney.
Todos los demás estaban ahí: Kevin, en su traje de diseño, con sus padres, en
sus ropas de diseño, luciendo totalmente fuera de lugar y en el lugar perfecto al
mismo tiempo; Justin, que lucía como una imitación de Kevin en todas las formas,
desde la ropa hasta el peinado—pero su cabello era ondulado, por lo que no caía de
la forma correcta; Tara, con un vestido demasiado corto para un funeral, pero supuse
que probablemente era en beneficio de Kevin y no mío. También parecía que había
traído amigos. Al funeral de mi papá. También intentaba lucir feliz. En el funeral de
mi papá. Kevin había terminado con ella sin contemplaciones al inicio del verano, y
al parecer ella no se lo estaba tomando bien. Aun.
Luego vino la parte en la que se suponía debía pararme junto a mi madre y
mi abuela y dejar que la gente caminara hacia nosotros y me diera un apretón de
manos o una palmada en la espalda o un beso en la mejilla, y me dijeran cuanto lo
lamentaban. Planeaba esconderme con Justin y Kevin hasta que me arrastraran de
Megan Miranda Fracture

ahí. Pero Kevin estaba consolando a su nueva novia, Maya, quien sollozaba, incluso
cuando estaba 99 por ciento seguro de que nunca había conocido a mi padre, y
mientras me acercaba, escuche a Kevin decir —Estoy jodidamente harto de los
funerales.
Y en vez de esconderme con ellos, me senté en el piso del baño, intentando
recordar cómo respirar.
Seguía imaginando a mi papá decir: Algo no está bien, un segundo antes de
caer. Y el rostro de Delaney mientras retrocedía. Y no podía separar las imágenes.
Era como si su muerte se estirara y llenara las horas entre esos momentos, cada
recuerdo de por medio, moría sobre la lasaña, moría mientras me escabullía, moría
sobre un vaso de agua.
Su boca había formado una palabra, mi nombre, mientras se hundía en el
suelo. Como si yo tuviera el poder de salvarlo.
Tenía mi cabeza entre las rodillas, y estaba agachado en el rincón del cubículo
para discapacitados. Un par de personas entraron y salieron y, si notaron que estaba
en el rincón, jadeando por aire, no dijeron nada.
Y luego, vi zapatos de diseño dirigirse al cubículo. Otra persona se acercó al
lavabo.
—No puedo tolerar esta parte —dijo Justin. Porque todos habíamos estado
aquí para el funeral de Carson—habíamos tenido que caminar por la línea, mirar a
sus padres a los ojos, mirar a su hermana, Janna, a los ojos, y decirles lo mucho que
lo lamentábamos, lo cual parecía totalmente insultante —Y no te ofendas, pero debes
llevarte a Maya de aquí. Está haciendo una maldita escena.
Kevin no respondió al primer instante. Escuche el grifo abrirse, lo imagine
salpicando agua en su rostro.
—Probablemente está pensando en su mamá —balbuceó— la sacaré de aquí
—La mamá de Maya estaba enferma—no, estaba muriendo. Así fue como Delaney y
yo conocimos a Maya la primera vez—fuimos atrapados observando su casa,
merodeando el jardín. Este tuvo que haber sido su funeral, el de su madre. No el de
mi papá.
Yo no respiraba. No, respiraba muy rápido. No podía contener el aliento. Las
líneas del piso de cerámica se ondulaban, se desvanecían al entrar y salir de foco.
La puerta del cubículo se sacudió y luego cedió mientras Kevin la forzaba
para abrirla, aun estando cerrada.
—Oh, mierda —dijo Justin, mirándome por encima del hombro de Kevin.
Megan Miranda Fracture

Kevin medio lo empujo, medio lo arrastro de la puerta.


—Ve a buscar a Delaney —dijo. Luego giró su cuello y me jalo por los
hombros, al principio pensé que intentaba levantarme, pero no. Se arrodillo en el
piso del baño y me jaló hacia él. Hacia sus hombros. Me rodeo la espalda con sus
brazos y permaneció ahí.
Justin volvió, un segundo o un minuto o una hora después.
—No la encuentro.
—Entonces trae a alguien —dijo.
—No puedo respirar —dije contra su hombro.
—Estas respirando —dijo. Y lo más extraña fue que apenas lo menciono, lo
sentí, el aire en mis pulmones, el oxígeno que se movía, mi corazón que palpitaba.
Pero todavía jadeaba. No, lloraba. Y arruinaba su chaqueta.
Me puse de pie rápidamente, me limpié el rostro con la manga.
—Lo siento —dije—, estoy bien. Dios. Realmente también odio los funerales
—Mire alrededor del baño, pensando que no había manera de que esto estuviera
sucediendo. Me observe en el espejo, con la misma ropa que había usado para el
funeral de Carson ocho meses atrás. Carson, quien se había ido, pero aún existía en
los espacios incómodos de nuestras conversaciones, como si esperáramos que dijera
algo. Casi podía imaginar lo que diría. Pero nunca lo hacía —No puedo quedarme
aquí —dije—, dile a mi mamá que me llevé el auto —Ella podía irse con mi tío. Con
cualquiera.
—Yo te llevo —dijo Kevin. Lo más triste de todo era que durante el año
pasado habíamos tenido suficientes experiencias con hospitales y funerales y dolor
para entendernos entre nosotros, incluso ahora.
—Quiero estar solo —dije. Él también lo entendió.
Empuje las puertas dobles, y Maya estaba sentada en el primer escalón, los
tacones de sus zapatos negros clavados en el concreto. Me miro mientras pasaba,
pero pretendí no notarlo.
—¿Decker? —Llamo— ¿A dónde vas?
—A casa —dije, caminando hacia el estacionamiento, pero ya se había puesto
de pie y caminaba hacia mí.
—Espera —dijo. Tenía ese largo cabello marrón, perfectamente liso y grandes
y perfectos ojos. Se veían más grandes porque había estado llorando. No quería
esperar, y debió ser bastante obvio ya que agarro mi muñeca como si necesitara
Megan Miranda Fracture

detenerme. Escaneo el estacionamiento repleto y luego me miro con los ojos


vidriosos.
—Lo siento —dijo. Y luego me abrazo—incomoda e inesperadamente. Su
frente descanso en mi hombro por un segundo antes de soltarme. Se aclaró la
garganta —Tienes mucha gente aquí —dijo.
Pero no supe que responder ante eso, porque estaba pensando en la única
persona que no estaba ahí.
—Kevin te está buscando —dije, ya alejándome.

Me detuve en la entrada y a duras penas detuve el coche antes de quitarme la


chaqueta del traje, tirando la corbata en el asiento de adelante. Dios, me sofocaba.
Desabotone la camisa azul de rayas, también la tire. Me habría quitado la
camiseta también, pero vi a Delaney parada en el porche de mi casa.
Cerré la puerta del auto con fuerza y marché por las escaleras del frente, sin
siquiera mirarla.
Sostuvo su teléfono entre nosotros, como un escudo.
—Kevin me llamo —dijo.
—Kevin te llamo —dije lentamente. Ya veo que me entiende—. ¿Y no te dijo
también que quería estar solo? —Pase una mano por mi cabello. Mire sus uñas, que
estaban extra cortas. Su short de jean, que fue un pantalón en algún momento, ya
que estaba deshilachado en la parte inferior. Su camiseta blanca, suelta y con
botones, los de la parte superior no estaban abotonados. Su cabello estaba enrollado
en el cuello, atado con un broche.
—No, el solo… dijo que te fuiste y quería que lo supiera y le dije que me
aseguraría de que estuvieras bien, porque estaba preocupado. Así que aquí estoy.
Avance apresuradamente por las escaleras, pasándole por el lado, sin mirar
su rostro.
Abrí la puerta del frente, sentí el golpe de aire frío a través de mi camiseta. Vi
las largas piernas de Delaney, aun de pie en mi porche, mientras yo me sofocaba con
el pantalón negro de vestir.
—¿Por qué estas vestida así? —Acusaciones debajo de otra capa de
acusaciones.
Miró su atuendo, como si estuviera confundida.
—¿Porque hace nueve mil grados?
Megan Miranda Fracture

—¿Por qué no estabas ahí? —Y cuando no respondió, ni siquiera soltó el aire


de sus pulmones, dije, mucho más alto—. Hasta Maya estaba ahí —Lo cual no tenía
nada que ver con Delaney, y ella lo sabía. Lo que realmente quise decir fue que
Delaney había hecho más por Maya de lo que había hecho por mí. Que Maya no
hubiera conocido a ninguno de nosotros si no fuera por Delaney, que retorció su
ceño en una mentira y dijo “Bienvenida a la ciudad” cuando Maya se paró en su
patio trasero, observándonos, observando su casa. Todo por un extraño que tenía un
padre a punto de morir. Nada para mí. Rechine mis dientes y le pregunte
nuevamente. Demandando una respuesta —¿Por qué?
—¿Para que me grites? ¿Para qué me eches nuevamente de otro lugar?
—Era el funeral de mi padre.
—Dejaste perfectamente claro que no me querías—
—¿Cómo demonios sabes lo que quiero?
Sentí la pausa. Todo se detuvo.
—¿Quieres que entre? —preguntó, y todo en su rostro cambio. Era doloroso
todo lo que podía oír en su pregunta. Preguntas debajo de otra capa de preguntas.
No respondí. Quería que una parte de ella entrara, quería gritarle a otra parte
diferente de ella. Dio un paso hacia el piso de madera, descalza, como lo había estado
la noche en la que él murió. Las uñas de sus pies aún estaban moradas. Demasiado
cercanos.
Levante una mano. Trate de pensar. Trate de alejar la ira. Trate de recordar
todas las peleas que habíamos tenido, y de las que nos habíamos recuperado toda
nuestra vida.
—No te equivocaste al no venir —dije. Le habría hecho lo que Janna le hizo
en el funeral de su hermano. La habría culpado. La habría odiado —Necesito algo
de espacio —dije. Una casa vacía. Una cabeza vacía. Necesitaba no pensar en ella,
necesitaba tener un recuerdo sin ella.
La vi girar sobre sus pies, dando la vuelta para irse. Puso su mano sobre el
pomo de la puerta y se detuvo por un segundo —Necesito decirte algo —dijo.
Quería silencio. Una casa vacía. No quería escucharla. Ni siquiera podía
mirarla. No tenía derecho a pararse aquí, en su linda ropa de verano, mientras yo
estaba de luto por mi papá. No tenía derecho a venir a intentar arreglar las cosas
cuando me traiciono por completo. No tenía derecho a estar aquí.
—No. No, no necesitas. Necesitabas decirme algo. Antes. Ahora, necesitas irte
de mí maldita casa antes de que tire algo contra la pared.
Megan Miranda Fracture

No me miro. Se alejó. No, corrió.


Corrió con una mano sobre su boca, y cerró de un portazo la puerta de la
entrada de su casa, y me tomo un segundo en darme cuenta de lo que había ocurrido.
Me había preguntado si podía entrar, le dije que no. No, simplemente la amenacé
con lanzar algo contra la pared.
No estábamos discutiendo. Pasamos la mitad de nuestras vidas discutiendo
por todo y a la vez por nada—me encantaba, y estoy bastante seguro de que a ella
también. Pero nunca le había dicho que no podía entrar. Nunca la había amenazado
con tirar algo contra la pared. No estábamos discutiendo.
Habíamos terminado.
Tome un jarrón azul de la parte superior de la chimenea, era un regalo que
mi padre le hizo a mi madre años atrás. Antes tenía flores. Las flores murieron, pero
ella guardó el jarrón.
Me di vuelta, lo lance por el aire como una pelota de béisbol, lo atrape con la
palma de mi mano. Luego me eche para atrás y lo arroje contra la pared.
Honestamente, me sentí un poco mejor.
Escuche a Delaney irse al trabajo a la mañana siguiente. Me pare frente la
ventana de mi cuarto y ella ni siquiera miro hacia arriba. No se detuvo en el garaje
mientras abría la puerta del auto de su padre. Yo estaba en mi cuarto, donde el
tiempo se había detenido, pero ella seguía moviéndose. No fui al trabajo. No llame
para explicar o pedir un tiempo libre, ni nada. Solo deje de ir. De todos modos, solo
faltaban dos semanas para que las clases iniciaran nuevamente.
Delaney siguió yendo, todas las mañanas. Escuchaba la puerta de su auto
cerrarse todas las mañanas, a la misma hora, un segundo antes que la de su padre.
Vi a Maya cenando en su casa, noche tras noche. Las vi sentadas en el porche
pasando el rato juntas, la voz de Maya recorría el patio mientras Delaney se mecía
en silencio. Al inicio del verano, cuando yo no había sido muy sutil sobre querer
pasar más tiempo con Delaney y menos con Maya, Delaney me dijo que le diera un
poco de espacio. Su hermano pasaba la mitad de su tiempo en Portland, el lugar de
donde se mudaron. Su madre necesitaba cuidados de tiempo completo. Delaney dijo
que Maya necesitaba a alguien.
Joanne, por una vez, se puso de mi lado.
—¿Qué sucederá luego? —le preguntó a Delaney—. ¿Dónde está su padre?
¿A dónde irá ella? —Pero Delaney dijo que no traería eso a colación, y Joanne le
Megan Miranda Fracture

continuó preparando a la pobre chica—sus palabras, no mías—comida y enviándole


sobras a casa para su mamá.
Qué curioso cómo había estado tan preocupado de perderla.
Había pasado seis días en el hospital con Delaney, esperando a que
despertara.
Pasé después ocho meses, temiendo que desapareciera.
Pero al final, había sido yo quien le dijo que se fuera. Ella hizo caso. Y fue al
trabajo, a horario, día tras día.

No había salido de casa en casi dos semanas y no estaba ansioso por


programar mi alarma mañana e ir a la escuela, fingiendo que todo era normal.
—¿Decker? —Me llamo mama desde algún lugar de la casa.
—Si —dije. No me permitía quedarme en mi cuarto todo el día. No después
de la primera semana. Deambule por las escaleras y me lance al sofá, control remoto
en mano. Ella buscaba algo en las gavetas del vestíbulo—. ¿Saldrás de la casa hoy?
—La escuela empieza mañana. Estaré fuera todo el tiempo.
Suspiró —Me voy —dijo, atando su cabello en una coleta.
Estas son cosas que se supone deben pasar en el día de trabajo—las que
pasaron el año anterior y el año antes de que ese: Uno, bloquean la avenida principal
y la gente regala comida gratis y pinta la cara de los niños y Delaney y yo
compartimos una pizza antes del mediodía, porque es gratis, pero solamente antes
del mediodía. Dos, nos reunimos con nuestros amigos y la abuela de Tara lee la
fortuna, y todos nos sentamos alrededor, escuchando lo que ella tiene que decir
sobre las líneas de nuestras manos y los anillos de nuestros ojos. Tres, nos vamos a
la casa del lago de Justin a celebrar el fin del verano. Lo que en retrospectiva no tiene
ningún sentido, de todas maneras.
—¿Estás seguro de que no saldrás?
—Sip —dije. Uno, no tenía hambre. Dos, no quería escuchar más mentiras
sobre mi futuro. Tres, la familia de Maya se había mudado a la casa del lago de Justin
durante el verano. Permanentemente.
Y cuatro, era la primera vez que tenía la casa para mí solo.
Después del funeral, los visitantes venían a visitarnos y los afligidos venían a
afligirse con nosotros. Y ahora, nuestro refrigerador estaba lleno de comida y mamá
estaba ansiosa por irse y yo por tener mi casa de vuelta.
Megan Miranda Fracture

—Ok —dijo, colocando algunos cabellos de vuelta a su lugar—. Si cambias de


opinión, estaré en lo de los Graysons. Si no, te traeré algo de cenar —Los Graysons
eran los mejores amigos de mis padres. Mi papá trabajaba con ambos, lo que
probablemente significaba que revisarían papeles con mi mama. Testamentos o lo
que sea. No gracias.
Encendí la televisión al instante en que salió por la puerta. Mi teléfono vibró
durante algún momento durante la hora del almuerzo, pero estaba del otro lado del
sofá. Tendría que pararme. Luego sonó—podía ver el nombre de Kevin brillando en
la pantalla. Me volví a concentrar en la televisión, pero un cartel rojo giraba en la
parte inferior, una alerta de clima que arruinaba la película. Cortó la pistola que
estaba en la mano de algún tipo, así que no pude ver a dónde apuntaba.
Alerta de inundación repentina. Mire por la ventana. Ni una sola nube en el
cielo.
Mentirosos.
Sonó el timbre, seguido de un persistente golpe antes de que pudiera tener
tiempo de levantarme a atender la puerta, lo cual estaba haciendo. Pero así es como
supe que era Kevin. Luego su rostro apareció en la ventana de la sala, con las manos
alrededor de sus ojos en forma de binoculares, mientras miraba hacia adentro. Me
vio y empezó a agitar su mano vigorosamente, ignorando el hecho de que yo estaba
obviamente ignorándolo. Abrí la puerta principal y se pasó los dedos a través de su
incluso—más—corto—de—lo—normal cabello.
—Así que… —dijo—. Historia graciosa.
—No puedo esperar.
—Oí que no le hablas a Delaney.
Sí, porque eso era lo más importante que había ocurrido recientemente —
¿Ella te…
—Maya me lo dijo.
Giré mis ojos antes de que pudiera detenerme. Quiero decir, entiendo lo que
vio Kevin. Lo que todos los chicos vieron. Lo que hice que Delaney viera—lo que
sintió—mientras manejábamos y vimos a una chica que descargaba la parte trasera
de un auto, balanceando una caja en su cadera mientras caminaba hacia la casa del
lago de Justin. A Delaney le preocupaba que fuera ella—teníamos que acercarnos
para estar seguros. Teníamos que estar mucho más cerca para estar seguros. Lo
suficientemente cerca para ver a un tipo cargando una silla de ruedas sobre su
Megan Miranda Fracture

cabeza mientras caminaba por la rampa improvisada que no estaba ahí la semana
pasada. Lo suficientemente cerca para que Maya nos viera observándolos.
Pero toda su amistad estaba basada en una mentira: que Delaney era
amigable, cuando en realidad solo había sido atraída hacia su casa. Y para mí, Maya
era solo otro recordatorio de las cosas que yo había hecho por Delaney.
Parte de mi pensaba que a Delaney le gustaba tenerla cerca, a pesar de lo que
dijo, porque Maya no conocía nada sobre ella. No conocía la historia, nunca conoció
a Carson o a Troy. Nunca entendió por qué todos, excepto yo, mantenían un poco
de distancia.
—¿Es por qué no fue al funeral? —pregunto Kevin—. Porque, no es que voy
a hacer Equipo Delaney o algo así, pero ella no tiene el mejor historial en funerales...
—En el último funeral al que había asistido, Janna le había clavado un dedo en su
pecho y la había culpado por la muerte de Carson. Frente a todo el mundo. Nadie la
defendió. Nadie le dijo a Janna que se detuviera. Ni siquiera yo.
Me dio escalofríos de solo pensarlo.
—Nop —dije, cerrando la puerta.
Kevin puso su pie contra el marco de la puerta para no permitir que se cerrara
mientras esta se deslizaba.
—Historia aun más graciosa… —dijo—, Janna volvió —Aprovechó que me
detuve —Así que... Vamos a lo de Justin. Estoy aquí para secuestrarte. Sería más fácil
si no te resistes.
Kevin lo haría. Me arrastraría de ahí. Pensaría que era algo muy gracioso. Si
él quisiera, ganaría. Yo podría ganarle a Justin. Solía ser capaz de ganarle a Carson.
Pero no podía ganarle a Kevin. Aprendí esa lección en octavo grado, cuando sostuvo
mi rostro en el lodo después de que le dije a su novia de aquel entonces sobre su otra
novia de aquel entonces. Desde ese momento, aprendí a mantener mi boca cerrada
con respecto a las cosas relacionadas con Kevin y sus novias.
También aprendí a no resistirme cuando él me decía que no lo hiciera. Así
que no lo hice.

No había historial alguno en el sótano de Justin. No como en su casa del lago.


Aquí, no podíamos ver el lago ni los árboles. No podíamos ver todos los lugares en
los que Carson debería estar. No podíamos ver su fantasma correr a través de la
cocina y derecho hacia la puerta trasera, lanzándose como bola de cañón en el agua
helada.
Megan Miranda Fracture

Janna se levantó del sofá cuando llegue a la parte inferior de las escaleras.
Estaba bronceada. Delgada. Su ondulado y rubio cabello estaba más largo, más
debajo de sus hombros ahora. No como la recordaba, como la sobra de Carson.
Caminé hacia ella y la abracé con un brazo.
—Hey —dije—, ¿Cómo estuvo Arizona?
—Caliente —dijo—, oh, y al parecer mi hermano está muerto allá, también
Se volvió a sentar en uno de los cojines y alejo su mirada de mí —Me entere
de lo de tu papá. Apesta.
—Si… —dije. Me gusto la forma en la que habló de la muerte. Como si
pudieras estar molesto con ella.
—¿Están de regreso de verdad? —pregunte. Su casa estaba vacía—
desértica—desde febrero. Honestamente, no estaba seguro si se había ido por un
tiempo o para siempre.
—Mi mama y yo, como sea —Golpeaba su pie en la mesa del café.
Tara se acercó al sofá y se inclinó hacia Janna para darle un abrazo —Te
extrañe —dijo. Luego se dirigió a mí—. ¿Estás bien?
Luego Janna escaneo el cuarto, estábamos todos ahí: Kevin, Justin, Tara, yo.
Todos excepto Carson. Y…
—¿Dónde está Delaney? —preguntó.
—Terminó con ella —dijo Tara.
Janna inclinó la cabeza hacia mí. Levantó las cejas.
—Estoy sentado justo aquí, Tara —dije. Como si eso hiciera alguna diferencia
para ella— ¿Algún otro chisme del que quieras ponernos al tanto? Oh. Kevin y Tara
estuvieron juntos hasta que él la dejo por la chica que está viviendo en la casa del
lago.
Hubo un momento de silencio. No estaba seguro si era porque había
mencionado el lago, o la casa, o el hecho de que estaba siendo un imbécil con Tara.
—Jódete, Decker —dijo. Se levantó, luego miro sobre su hombro —Y él no
terminó conmigo —Pero tuvo que susurrarlo, ya que Kevin estaba del otro lado de
la habitación y él, de hecho, había terminado. Yo estuve ahí. No escuche lo que él
dijo, si escuche lo que Tara dijo “eres un imbécil” y la vi alejarse.
Articulé las palabras definitivamente, él término con ella, hacia Janna.
—Dios, los extrañe, chicos —dijo. Creo que no recordó que no llamó. No
respondió su teléfono. No le dijo a nadie que se iría por un mes después del funeral
de Carson. Miro alrededor del cuarto, a los lugares en los que no lo veía. Yo hice lo
Megan Miranda Fracture

mismo. El año anterior, en nuestra fiesta del día de trabajo, él dijo “Este será el mejor
año de todos”. Y luego Delaney casi muere. Carson murió. Igual que Troy. Igual que
mi papá. Pensé en las estadísticas de mierda de Delaney.
—Quiero hacer algo —dijo Janna—, por Carson.
Pretendí no haber escuchado. ¿Eso era lo que sucedía? ¿Superabas la muerte
de alguien, mantenías un poco de luto y luego seguías adelante?
El silencio en el cuarto aumentaba.
—¿Quién es esa? —pregunto Janna.
Vimos sus piernas primero: delgadas y bronceadas. Luego, su falda marrón;
camisa blanca; cabello largo y liso. Ojos marrones, cabello largo y liso. Ojos
marrones. Uñas escarlatas.
—Esa —dije—, es la nueva novia de Kevin. Maya.
—Bonita falda —Le dijo Tara a Maya, con una sonrisa falsa. Como si no
estuviera molesta por que él había cortado con ella. Como si no estuviera
aterrorizada por ser reemplazada por la chica nueva que estaba definitivamente
mejor que ella y ni siquiera tenía que intentarlo. Y Maya no lo hacía. Sabía que no
tenía que hacerlo. Probablemente siempre lo había sabido.
Ella dijo —Gracias —Atrapó la mirada de Kevin, y sonrió. Kevin miró detrás
de ella y escuche a alguien más bajar las escaleras.
Vi sus zapatos deportivos primero, con la raya azul y los cordones
deshilachados. Luego los jeans oscuros. Me volteé hacia Janna. Vi como levantaba
su mano a modo de saludo y forzaba una sonrisa en su boca mientras contenía el
aliento.
Delaney.
—¿Quieres irte de aquí? —pregunte.
—No hay nada que quiera más —dijo Janna.
Golpee el hombro de Kevin al pasar —Fue idea de Maya —balbuceó.
Seguro. Ponlos en el mismo cuarto. Obviamente volverán a estar juntos. Me
pregunté si Delaney hizo que Maya hiciera esto, pero por la forma en la que sus pies
se congelaron al final de la escalera, supe que también estaba sorprendida de verme
aquí. Sus pies se hicieron a un lado mientras Janna y yo nos acercábamos a la
escalera.
Una brisa soplo por la calle, y Janna froto sus manos sobre la piel de gallina
en sus brazos —Nunca me di cuenta del frío que hacia aquí hasta que me fui —dijo.
Pero no hacía frío, para nada.
Megan Miranda Fracture

Nos detuvimos en el porche de Justin, bajo la sombra de una hilera de árboles


al costado de su jardín. El cielo sobre nosotros era gris oscuro, casi negro. La
tormenta se acercaba.
—Está muerto en todos lados, sabes.
—Lo sé —dije.
—Mi papá cree que mientras vivamos en un lugar donde Carson nunca tuvo
un dormitorio, él nunca lo abandonaría.
—Por ejemplo, Arizona.
—Por ejemplo.
—Te extrañábamos —dije.
Estiro uno de sus rizos más allá de los huesos de su cuello, y fue tan
dolorosamente familiar. Podía verla sentada junto a Carson—siempre con el—
haciendo lo mismo. Se sacudió, como si aclarara un pensamiento.
—Entonces… ¿Me vas a contar qué sucedió? ¿O tengo que consultarle a la
fábrica de rumores?
Casi le digo en ese instante. Que el cerebro de Delaney estaba dañado, como
los doctores dijeron. Que podía notar cuando alguien estaba enfermo—que iba a
morir. Que sabía que Carson iba a morir y por eso lo llevaba por la autopista a lo de
su doctor. Que intentaba salvarlo y no pudo. Que supo al entrar a mi casa que mi
papá estaba enfermo, que moriría, y no dijo nada. No intentó salvarlo. Ni siquiera
me lo dijo. Casi le digo, porque ella lo habría entendido. Estaba furiosa con Delaney,
y lo entendería.
Me encogí —Nada importante. No estamos juntos.
Inclino su cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
—Me di cuenta. No es que me oponga ni nada. Solo me pregunto por qué no
puedes ni mirarla.
—Puedo mirar…
La puerta se abrió de golpe detrás de nosotros y Delaney irrumpió por ella,
justo cuando me daba la vuelta para mirar. Golpeó mi hombro. Se tambaleó hacia
atrás. Miró al suelo.
—Lo siento —dijo, mientras la agarraba por el codo para estabilizarla. Y luego
miró hacia otro lado. El problema con mirarla, con estar así de cerca, era que no
podía recordar por qué estaba tan molesto. Por qué estaba tan enfadado. No hasta
que me alejé y sentí la ira arañando su camino hacia la superficie, de nuevo.
Megan Miranda Fracture

Maya bajo las escaleras detrás de ella, ni siquiera miro en la dirección de


Janna.
—Ok, lo siento mucho —dijo Maya—, solo intentaba ayudar. –dijo.
—Necesito irme —dijo Delaney, mirando hacia Janna, que no había dicho
nada.
Maya volteó y finalmente se dio cuenta de que no estaban solas. Nos ignoró
y volteó de nuevo hacia Delaney—. Por favor, no te enojes —dijo.
Los ojos de Delaney observaron los míos por un microsegundo mientras se
daba la vuelta, caminando hacia el carro de su madre. Y luego lo sentí: mi garganta
apretada, la imposibilidad de respirar. Manos frías en mi garganta. Janna decía algo,
pero yo arañaba mi cuello. Y por un segundo, lo que me quitaba el aire tuvo un
rostro.
Tenía ojos grises y manos de hielo y un aura de niebla. Y apretaba sus dedos
mientras se acercaba, como si estuviera furioso conmigo. Pánico, pensé. Si le daba un
nombre, dejaría de tener poder. Eso es lo que el doctor nos dijo. Pánico.
Respiré.
Las manos de Janna estaban sobre las mías, alejándolas de mi cuello —
¿Decker? —gritaba. Estaba pálida, como lo había estado Delaney en mi casa, el día
en el que supo la verdad y no dijo nada. Pero Janna probablemente solo pensaba en
Carson.
—Algo se atoro en mi garganta —dije. Tosí dentro de mi puño y me golpeé
dos veces el pecho—. Me iré —dije.
—Dios, ¿alguna vez piensas en algo más que en ella? —Me recordó a mi papá
diciéndome que éramos demasiado cercanos. Que estaba demasiado liado.
Sacudí la cabeza —Le dije a mi mama que me reuniría con ella en la casa de
sus amigos. Pero tú deberías quedarte. Ponte al día con todo. Solo vine a decir hola.
—Ok —dijo, entrecerrando sus ojos—. Hola, entonces.
—Nos vemos mañana.
—Último año. El mejor año de todos —Giro su dedo en el aire y volvió a
entrar a la casa.
Empecé a caminar. No vivía muy lejos de lo de Justin—diablos, no vivía muy
lejos de nada aquí—y no es como si nunca hubiera caminado antes. Dos millas,
quizás dos y media. Mejor que volver y pedirle a Kevin que me lleve de regreso a
casa. Que me enumere todas las razonas por las cuales no debería irme. Escuchar a
Megan Miranda Fracture

Tara decirles a todos que no hablaba con Delaney. Sabiendo que Janna sonreía por
eso.
Las nubes bloqueaban la mitad del cielo, y para cuando llegue a la avenida
principal, los vendedores estaban apilando sus cosas y se iban. Unos pocos niños
con sus rostros pintados se despedían a través de la calle desierta, y unas servilletas
volaban, dispersándose en todas las direcciones. Había seis cuadras desde allí hasta
el lago, una cuadra desde el lago a casa. El trueno rugió a la distancia. No estaba
seguro de lograr llegar antes de la tormenta.
Cuando llegue al lago, el viento soplaba de forma constante. La superficie se
movía, se quebraba y se arremolinaba. Troté la última cuadra a casa.
La llave no giro en la puerta principal. Ya estaba abierta. Metí mi cabeza
adentro y llamé
—¿Mama? —Mi voz hizo eco a través de los cuartos con piso de madera y por las
paredes desnudas y regresó. Estaba seguro de haber puesto el seguro en la puerta.
Mire el árbol que estaba a un costado del jardín, donde teníamos una llave de
repuesto, el viendo doblaba sus ramas bajo el cielo oscuro. Delaney sabía dónde la
guardábamos, y su carro estaba de vuelta en su garaje. Pero no lo haría. Me aclaré la
garganta—. ¿Delaney? —dije, escuchando las silabas de su nombre rebotar en voz
muy alta.
Entré y cerré la puerta con llave. Escuché el goteo constante de la lluvia en el
techo. Sonaba apagado, de alguna forma. Más cerca. La casa estaba oscura, gris,
como las oscuras nubes de afuera. Encendí las luces con el interruptor de la pared,
escuché un zumbido apagado, luego un estallido, luego nada. Sin luz.
—¿Hola? —llame de nuevo. Di otro paso y escuché agua salpicar, como si
entrara al lago Falcon. Di otro paso, escuché salpicar más agua. Mire hacia abajo.
Algo se movía por el suelo. Como si el lago estuviera en mi casa, acechándome. Se
filtraba por el piso de madera, reclamándome.
Una maldición. Un intercambio. Me incliné y puse mi mano sobre el suelo.
Agua fría. ¿Qué demonios? Saque mi teléfono y alumbre el piso con la pantalla, vi
el agua moverse, alejarse cada vez más por las escaleras. Moví la luz alrededor, vi
oscuros trazos de agua bajar por las paredes, gotear desde las lámparas en el centro
de la habitación.
Cerrándose a mí alrededor.
Venia por mí.
Quizás venía también por ella.
Megan Miranda Fracture

Salí de mi casa, corrí por el jardín bajo la lluvia. Un rayo ilumino el cielo, y
presioné y presioné y volví a presionar el timbre de Delaney. Abrió la puerta,
congelada al verme. Mire detrás de ella, a la alfombra de su casa. Seca. A las luces
encendidas. A las paredes, intactas.
—Hola —dijo, como una pregunta. Dos silabas, pero pude escuchar todo
dentro de ellas.
—Algo sucede —dije. Miré sobre mi hombro. Había dejado la puerta muy
abierta. La lluvia estaba entrando—. Mi casa —dije, negando con la cabeza—. Algo
le sucede a mi casa.
Debí verme tan confundido como sonaba, porque no me pidió una
explicación. Puso una mano en mi brazo y salió, inclinando su cabeza mientras corría
debajo de la lluvia. Casi me estrellé con su espalda cuando se detuvo, helada, en mi
entrada principal.
Aun había agua por todas partes. No lo había imaginado. Se filtraba,
goteaba—era real. Estaba sucediendo.
—¿Escuchas eso? —pregunto.
Escuchaba lluvia. Escuchaba agua.
Corrió hacia la cocina, donde el grifo estaba abierto al máximo. El agua corría
por el lavabo, hacia la mesada, hacia los gabinetes, hacia el piso. Saco dos toallas que
estaban atrapadas en el drenaje, y escuchamos el agua borbotar por él. Miró las
paredes. La lámpara del techo. La lluvia que entraba.
—La bañera —dijo, su voz vaciló, igual que mi respiración.
La seguí mientras corría por las escaleras, crujían—cedían—de forma no
natural. Había agua por todos lados, una capa fina sobre el piso de madera. Y venia
más. Corrió hacia mi baño, y fue al cuarto de mis padres. El cuarto de mi madre. La
bañera estaba taponada, y el drenaje de la parte superior estaba tapado con una
toalla, y el agua salía a cántaros. Giré las perillas. Delaney debió cerrar las de mi
baño. Todo lo que podía oír era la lluvia en el techo. El trueno, que se acercaba.
Luego, escuché sus pasos que se acercaban, chapoteando por el agua.
—No es seguro —dijo—. La electricidad. El agua…
La seguí por las escaleras. Resbalé en el tercer escalón desde abajo, choqué
con ella, y la tumbé al suelo.
—Mierda —dije—, lo siento —Le ofrecí mi mano, y en la oscuridad, la tomó—
. No fue mi intención…
Megan Miranda Fracture

—Lo sé —dijo. Su ropa estaba mojada, como aquel día en el lago. Podía notar
que sus ojos estaban muy abiertos, incluso en la oscuridad. Miró alrededor de mi
casa, hacia todos lados, por una última vez, y salió por la puerta principal—. Llama
a tu mama. Voy a llamar a la policía —La seguí al exterior, me detuve en el porche,
y la observé alejarse.
—Yo… —Un rayo ilumino el cielo oscuro. Miramos hacia arriba, ambos,
mientras el trueno viajaba por el aire.
Espere a que el rayo golpeara. Se sentía como lo que lógicamente ocurriría
ahora. Mi casa estaba inundada. Nada tenía sentido.
Busqué mi teléfono en el bolsillo, llegué hasta el número de mi madre. Ni
podía oprimir el botón para hacer la llamada. No podía decirle que habíamos
perdido algo más.
Delaney se estremeció y corrió por nuestros jardines. Desapareció adentro por
un momento, pero volvió a abrir la puerta con su teléfono presionado en su oído,
mientras yo observaba el mío. Vi su perfil mientras estaba parada en la entrada de
su casa, como si esperara por mí. Se resbalo en el hielo y casi muere. La traje de
regreso del lago y aquí estaba, perfecta. Como si para mantenerla aquí, respirando,
perfecta y viva, el mundo alrededor nuestro tenía que morir.
Convulsionando a un lado del camino.
Ahogándose en el medio del lago Falcon.
Que un corazón tenía que detenerse, y el agua estaba aquí para recordármelo.
Carson estaba mojado cuando lo llevaron al hospital. Como si se hubiera ahogado
en su lugar. El lago se había llevado a Troy.
Todos nos llevamos algo del lago, y este se llevó algo nuestro. Venia por todos
nosotros.
El hermano de Janna.
Mi padre.
Miré a Delaney, parada debajo de la luz de su porche, intacta, debajo del cielo
oscuro.
Y creí.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 4
Traducido por Brandon Nox

—No —dije.
Estábamos sentados en la cocina de Delaney, y estoy seguro de que podían
escucharnos a través de la delgada puerta de la sala, pero no me importaba.
—Shh —dijo mi madre, porque a ella sí le importaba—. Decker...
—Puedo quedarme con Kevin. O Justin —O con un completo extraño para lo
que me importaba. Demonios, dormí en la parte trasera de mi camioneta.
—Están ofreciendo que nos quedemos. No quiero quedarme en algún hotel.
Por favor. No quiero que estemos separados —Era tan poco usual que mi madre
dijera algo como eso —Están convirtiendo la biblioteca de arriba en un cuarto de
invitados. Y tú puedes usar la oficina.
La casa de Delaney tenía el mismo tapiz que la mía. Pero la habitación de
invitados era, básicamente, solo un cuarto de libros. Y, en verdad, su padre no usaba
mucho la oficina de abajo, pero no tenía cama. Cuando solía quedarme, cuando era
más chico (y desde entonces) dormía en un colchón armable en la sala de estar —No
quiero quedarme con ella —dije. Lo cual era más de lo que le había dicho a mi madre
sobre la situación desde que ocurrió. Ella sabía lo suficiente como para no preguntar.
Y teníamos cosas más grandes en la que pensar.
—Lo sé... Sé que ustedes, chicos, están peleados por algo. Pero ellos
prácticamente son familia.
Miré a la barra de la cocina y reí —No estamos peleados, mamá.
Hizo una pausa —Por favor, Decker. No será por mucho tiempo. Tendrás tu
propio espacio. Solo quiero saber dónde estás. Ya hablé con la compañía de seguros.
Tienen que calcular los daños antes de iniciar las reparaciones. Pero hasta que nos
digan lo contrario, es… —Puso sus dedos en el aire en forma de comillas y giro los
ojos—. Inhabitable.
La mamá de Delaney tocó la puerta, lo que provocó que se abra, hizo una
mueca de dolor y susurró —Siento interrumpir. La policía quiere hablar con Decker.
Excelente.
Megan Miranda Fracture

Mi mamá esperaba, todavía junto a mí. Haciéndome preguntas. Me encogí de


hombros, y murmuró, Gracias.

El policía estaba sentado en el sillón de Delaney, comía goma de mascar, tenía


el cabello corto rapado, y me miraba. Todos estaban de pie, excepto él —Tu madre
dice que la puerta de entrada estaba abierta cuando volviste a casa. ¿Estás seguro de
que estaba cerrada cuando te fuiste?
—Bastante seguro —dije. Todo lo que sucedió en la primera mitad del día era
borroso. Cuando Kevin vino a buscarme, tomé mi celular y cerré la puerta detrás de
mí...
—Sí, estoy seguro —Giré el seguro y Kevin miró sobre su hombro para
asegurarse de que yo venía.
—Y la llave de repuesto —dijo, señalando hacia donde estaba la llave, en la
mesa ratona, guardada en una bolsa de emparedado—. ¿Alguien más sabe dónde la
guardan?
—No —dijo mamá.
Delaney usaba esa llave todo el tiempo —No —dije —Nadie —Añadí. Solo
quien que me haya dejado en casa alguna vez. Probablemente, todos mis amigos.
—Yo sabía —dijo Delaney. Mantuvo la mirada en el policía, pero debió haber
sentido todo el resto de las miradas sobre ella—. La he usado —añadió. Luego me
miró, como si pudiera sentir que la estaba mirando—. ¿Qué? —preguntó—. Es la
verdad. Mis huellas estarían en ella.
Antes de que Delaney pudiera decir algo más, antes de que los padres de
Delaney pudieran decir cualquier cosa, mamá dijo —Ella y Decker crecieron juntos
—Y luego hubo un perfectamente incómodo y vacío silencio, donde ninguno de
nosotros sabíamos que decir.
El policía se cambió de sofá y se colocó al lado de Delaney. Volteó la llave
sobre su mano.
—Está bien. Pero solo para tacharte de la lista, ¿hay alguna razón... por la que
alguien más... —dijo, eligiendo cuidadosamente sus palabras —Pudiera pensar que
tenías un motivo para llegar a la casa Phillips?
—No —dije. Y lo dije rápidamente.
Estaba mintiendo. Excepto el policía, toda la habitación sabía que mentía. Y
la habitación entera se quedó en silencio por mi mentira.
Megan Miranda Fracture

—Está bien —dijo mientras movía la goma de mascar de un lado a otro en su


boca. Sostenía la bolsa de la llave de repuesto en su mano, estrechando sus ojos en
ella, como si casi pudiera ver la respuesta —Una cosa tan extraña, es todo. ¿Cuál es
el punto?
Capté la mirada de Delaney atravesando la habitación. Miró hacia otro lado.
Difícil de ponerlo en palabras sin sonar ridículo. Pero aparentemente no esperaba
una respuesta, porque le habló a mamá otra vez —Señora Philips —dijo, incluso
aunque probablemente tenían la misma edad.
—Allison —corrigió ella. No me gustó la manera en que ella se relajó contra
la pared al decir eso, o la forma en que él asintió cuando lo dijo.
—Allison —repitió él. Puso la llave en la mesa ratona, descansando los codos
en sus rodillas—. Vamos a buscar en los casos de su difunto esposo —dijo. Difunto
esposo —Como usted sugirió. Pero no estoy seguro de que vayamos a encontrar una
conexión.
Mi padre fue defensor público toda la vida. Había querido ser fiscal, pero mi
madre lo convenció de lo contrario. Dijo que no era seguro para nuestra familia, lo
cual era un poco raro. Todavía recibía correos hostiles, ocasionalmente una visita
amenazante. Irónicamente, no de criminales. De víctimas. De las familias de las
víctimas.
Mi mamá aclaró su garganta —¿Nos puede dar un tiempo aproximado? —
preguntó—. Es solo que la compañía de seguros no pagará hasta que ustedes sepan
algo.
—¿Por qué no? —cuestioné, preguntándome cuanto tiempo tendría que estar
varado durmiendo en el piso de la oficina de Ron.
Mamá no respondió, por lo que el policía habló en su lugar —Precisamente,
dados los recientes cambios en su vida... —Es decir, la muerte—. Su compañía de
seguros hará un análisis detallado sobre ustedes.
—Yo no estaba —dijo mamá, empujándose contra el muro, con los ojos
abiertos—. Desde esta mañana. Todo estaba bien cuando me fui. Puede
comprobarlo.
—Lo sé —dijo, tendiéndole las manos, como si nos mostrara que él no
pensaba que ella tuviera algo que ver —. Es decir, los dos —Tomo un segundo
asimilar sus palabras. A mí. Me miraban a mí.
—Salí con mis amigos. Caminaba de regreso a casa.
Megan Miranda Fracture

—Podrías haberlo hecho antes —dijo él. Habría podido. Es verdad. Luego, a
mi madre —No es que eso sea lo que piense que ocurrió aquí. Pero...
—Pero el trabajo de mi papá... —dije, más fuerte de lo que quería.
—Lo sabemos —dijo.
—Quizá alguien no sabía que él murió —El policía asintió. Me sonrió de
manera forzada. Pero lo único que yo hacía era desviar acusaciones con nuevas
acusaciones.

La lluvia aún caía cuando el policía se puso el sombrero, le dio la mano a


mamá, y se fue. Me metí en la oficina escaleras abajo, para no tener que sentarme
frente a la habitación de Delaney mientras mamá hacía llamadas y los padres de
Delaney se lanzaban miradas a través de la habitación, como si se comunicaran
telepáticamente.
Había un colchón a un lado del escritorio, y alguien había metido las sabanas
alrededor como si fuera una cama real. Mamá había empacado una maleta con mi
ropa—no sabía con certeza que tan seguro era que ella suba las escaleras en vez de
hacerlo yo, pero me di cuenta que no era el mejor momento para discutir. Además,
era ropa que nunca usaba. Las que colgaban en mi armario y que más ignoraba. Pero
supongo que era mejor a que hubiera estado hurgando en mis cajones.
No dormí esa noche, estando en la casa de alguien más, en la cama de alguien
más. Pensaba en Delaney, que dormía pacíficamente escaleras arriba, con su familia
intacta y su casa intacta.
Pensaba en el sonido del agua al chorrear por las escaleras, al escurrirse por
las paredes, al derramarse sobre la bañera. Viniendo por mí.
Sentí dedos que rodeaban mi garganta. Seguía imaginando la forma en que
la de la 2B se volvió hacia mí, la apretaba fuerte, como si pudiera mantenerla aquí.
La forma en que me miraba, viendo dentro de mí, mientras decía, "Escucha".

Mi auto todavía estaba en mi entrada a la mañana siguiente, hice una pausa


por un segundo mientras salía. Siempre había llevado a Delaney a la escuela en el
auto. ¿Quién la llevaría? Mamá estaba en su entrada y tenía su teléfono presionado
entre su oído y su hombro mientras entraba en su auto. Me hizo un gesto con la
mano para saludarme, o como para pedirme que espere.
Delaney no era mi problema.
Aceleré calle abajo sin dar otro vistazo a su casa.
Megan Miranda Fracture

El tema de vivir en un pueblo pequeño es que hay muy pocos secretos—o


ninguno. Todos sabían que Jana había vuelto. Y todos sabían que mi casa estaba
inundada, que ahora era, según declararon, inhabitable. Y todos sabían dónde me
quedaba.
—Amigo —dijo Kevin—. Puedes quedarte conmigo.
—Lo sé. Gracias. Mi mamá quiere que me quede con ella. Así que, estoy
varado.
Kevin miró por sobre mi hombro. Volteé y vi pasar a Delaney, caminando por
el pasillo junto a Maya, como si no estuviera molesta por su intento de juntarnos. Lo
había estado. Conocía a Delaney. Por supuesto que estaba molesta.
—Maya se enojó conmigo —dijo Kevin. Porque obviamente eso era más
interesante que la casa inundada de alguien—. Creo. No estoy seguro.
—Entonces, ve y averígualo.
—No es mi estilo —Sacudió su cabeza—. Quiero decir, no soy un maldito
autobús. Voy por ella después de buscar a Justin, quien, primero que nada, estaba
comiendo en mi auto, así que no estoy de buen humor. Y no soy alguien a quien le
guste madrugar, lo que todo el mundo sabe. Y ella dice, "¿No vas a buscar a
Delaney?" No, no voy a buscar a Delaney. Decker lleva a Delaney. Y si Decker no
quiere llevar a Delaney, es asunto suyo. Ella realmente no entiende cómo funcionan
las cosas aquí. En absoluto.
Tome aquello como si fuera su disculpa por lo del día anterior, por ponernos
en la misma casa. Pero todo lo que pude imaginar era a Delaney sola. La dejé sola.
Otra vez —No me importa si traes a Delaney —dije.
—Amigo. No soy un autobús. Como ya dije —Meneó la cabeza hacia mí,
como si estuviera siendo ridículo—. Como sea, la llamé, solo para comprobar,
¿sabes? Quiero decir, ¿te imaginas si tiene una llegada tarde sin justificar? —Sonrió,
entonces vio que yo no lo hice, y se detuvo—. Ella ya estaba en el autobús. Por lo
que toda la discusión fue una jodida pérdida de tiempo. Maya no llegó a enojarse —
Entonces miró hacia el arrugado papel en su mano—. ¿A quién tienes para Idioma?
—preguntó. Y así, la escuela había comenzado. El verano, y todo lo que había
ocurrido en él, había desaparecido.
—Hogar dulce hogar —dijo Jana, pasando entre Kevin y yo.
—¡Pequeña Levine! —gritó alguien que caminaba por el pasillo. Jana frunció
el ceño.
Megan Miranda Fracture

“Allí también está muerto” —había dicho ella. Pero al menos allí había gente
que no la veía como una extensión de alguien más. De alguien que se había ido.
Cerré los ojos y sentí las manos de hielo alcanzar mi cuello.
Y luego, el peso de manos sólidas en mis hombros —Por favor —murmuró
Janna, con su aliento de menta en mi rostro y sus dedos presionando mis huesos—.
Por el amor de Dios. Sácame de este maldito lugar.
“Esta muerto en todas partes.”

Nos saltamos el primer periodo del primer día de nuestro último año.
Estábamos en los bosques detrás de la escuela—pasando los campos de deportes,
pero aun a la vista del gimnasio —Bien —dijo Kevin, recostándose a mi lado—,
¿Estás listo?
—Por favor, explícame una vez más por qué soy yo el que debe hacer esto.
—Tú no te meterás en problemas —dijo Janna—. Papá muerto —Lo dijo de
manera tan casual, que de hecho no dolió—. Hermano muerto me dio quince
inasistencias sin justificar antes de empezar a llamar a mis padres. Me miró de reojo
—Aunque, no lo llevaría tan lejos si fuera tú.
—¿Hermano gana a papá? —pregunté
—Siempre —respondió.
Las ramas se rompieron detrás de nosotros, y salté. Creó que incluso jadeé.
Justin balanceo adelante y atrás su cuchillo de bolsillo mientras caminaba hacia
nosotros —¿Muy inquieto?
—Discúlpame por estar nervioso. Alguien inundó mi casa. Ayer. No parece
importarle a nadie.
Hubo un momento de silencio, y me di cuenta de que nadie había procesado
el hecho de que alguien hizo. Era solo algo que ocurrió, parte de la maldición. Mi
casa, empapada, inhabitable, mientras la de Delaney estaba perfecta a su lado. Un
intercambio.
—¿A qué te refieres con alguien? —dijo Justin.
—Me refiero a que alguien irrumpió en mi casa y la inundó.
—Una tubería se reventó en nuestro sótano una vez —dijo Justin—. No es
culpa de nadie.
Un escalofrío me recorrió la nuca. Ellos no tenían idea. Solo tenía la mitad del
rumor, supongo —No, alguien abrió todos los grifos. Bloqueo los drenajes. A
propósito.
Megan Miranda Fracture

—Eso es en verdad aterrador —dijo Kevin.


Justin se aclaró la garganta. Nadie quería hablar de ello. No de la maldición.
—¿Soy el único que se pregunta por qué? —Miré de Kevin a Justin y me di
cuenta de que sí, yo era el único.
—Preguntar por qué no soluciona nada —dijo Janna, con esa voz monótona—
. Eso dice el psiquiatra de Arizona —Se puso de pie, como si fingiera ser alguien
más—. Mira hacia adelante. Muévete hacia adelante —recitó, apuntando con su
brazo frente a ella como un arco. Luego se echó a reír.
Justin la empujó hacia abajo y puso una mano sobre su boca —Qué tal si no
llamamos más la atención sobre nosotros, ¿eh?
Ella se encogió en hombros, pero volvió a sentarse.
—¿Quizás por tu papá? —preguntó Kevin.
Asentí, porque él hacía lo mismo que yo. Intentaba darle un sentido. Hacer
que encaje. Restarle fuerza —Quizás —dije.
Justin me pasó el cuchillo —Realmente deberíamos volver y hacer esto por la
noche —dije—. Ya sabes, cuando no haya cinco mil personas en el gigante edificio
de ladrillo con ventanas cruzando el campo.
—Un acto premeditado traerá un mayor castigo —dijo Kevin, con su mano
en el tronco más cercano, escaneando los campos. Y de repente yo estaba de vuelta
en mi casa, escondido en la puerta trasera, descalzo, para que no pareciera
premeditado, mientras mi papá estaba muriendo a unos cuartos de distancia.
—Buena suerte —dijo Justin, mientras me empujaba hacia adelante, hacia el
claro.
Janna sonreía—la primera sonrisa real que vi en ella desde que regresó. Tenía
la sonrisa de Carson, solo que había un hueco entre sus dientes frontales. Pero si no
mirabas de cerca, podías verlo a él allí.
—Púdranse todos —dije, y salí corriendo por el campo de béisbol.
El gimnasio estaba pintado de dorado y azul, pero el dorado se había
decolorado con el sol y se convirtió en un amarillo triste. Y el azul se había vuelto
grisáceo. Desgastado. Esperaba que, si alguien desde el aula de ciencias miraba por
la ventana, pensara que era de mantenimiento o algo así, que simplemente estaba
trabajando. Esperaba que no miraran durante mucho tiempo ni muy de cerca.
Esperaba que no vieran el reflejo del sol en el cuchillo mientras tallaba las letras
gigantes en la pintura.
Megan Miranda Fracture

Tomó mucho más de lo que pensaba, y la adrenalina se desvaneció cuando


iba por la tercera letra. Moví la mano hacia abajo, cortando líneas cuadradas en la
madera, mientras pensaba en Janna, Justin y Kevin, mirándome. Pensaba que no
había forma de que Delaney pudiera estar aquí, observándome. No había manera
de que se hubiera saltado una clase o se escabullera alrededor del campus o
banalizara la propiedad de la escuela. Ni siquiera para esto.
No me detuve para admirar mi trabajo cuando finalicé, solo crucé los campos
otra vez, entre los bosques.
Kevin me dio unas palmadas en la espalda. Janna tenía esa sonrisa—en parte
maliciosa, en parte feliz. Le pasé el cuchillo y dije —De nada —mientras mi palma
se conectaba con la suya.
Su sonrisa desapareció —No es para mí, Decker.
Giré los ojos antes de que pudiera detenerme. Por supuesto que lo era. Carson
se había ido. Y estaba muy seguro de que no era para mí.
No fue hasta el cuarto periodo, en clase de ciencias, que me arriesgué a mirar
por la ventana. Sonreí para mí mismo mientras veía las palabras: CARSON ESTUVO
AQUÍ.
Janna quería hacer algo para Carson. Como en memoria o algo así. Un
recordatorio. Esta fue idea de Kevin. Pensó que esto haría enloquecer a la gente de
manera adecuada. Janna estuvo de acuerdo. Dijo que, si la gente iba a hablar de él,
podía hacerlo aún más. Y también era tan perfectamente literal—Carson había
estado en ese gimnasio. Muchas veces. Con muchas chicas diferentes.
Era perfecto.

Caminé hacia el interior de mi casa después de la escuela. Fue por instinto, y


ya estaba adentro antes de darme cuenta de que no debía estar allí. Definitivamente,
la limpieza no había empezado, a pesar de lo que había dicho mamá. Nadie había
cambiado nada.
El piso de madera estaba oscuro, mojado. Manchado con agua. Y los muros
estaban estriados, por lo que la pintura formaba burbujas en algunas secciones. Se
sentía húmedo. Sofocante.
Probé el primer paso. Crujió, pero se veía sólido. Mamá dijo estaba dañado el
yeso laminado, que el suelo debía ser evaluado, pero todo se veía bien. Era solo agua,
de todas maneras.
Solo agua.
Megan Miranda Fracture

Fui de puntillas el resto del camino. El pasillo se veía bien. Mi cuarto se veía
bien, todo exactamente como lo había dejado. Todo estaba simplemente húmedo y
manchado con agua. Tomé una bolsa de la parte superior de mi armario y empecé a
vaciar los cajones en ella.
Recorrí las superficies de mi escritorio, mi cajonera. Después de perder
personas, no me importaban mucho las cosas materiales. Pero no pude evitar abrir
el primer cajón, viendo el cuaderno de Delaney metido bajo un montón de mierda
de la escuela nunca usé. Lo dejó aquí porque pensó que estaría seguro en el desorden
de mi cuarto. Lo tenía aquí desde enero, intentando dar con el diseño. Cada página
tenía un nombre. O una dirección. O una ubicación—una descripción, quizás. Lo
que ella sentía y cuándo lo sentía. Y luego... el obituario. Como si pudiera
cuantificarlo. Encontrar la respuesta con el pasar del tiempo. Había matemáticas en
los márgenes. Su intento de asignar lo que sentía, en una escala del uno al diez.
Comparándolo con el tiempo hasta que llegaba la muerte. Esto ya no pertenecía
aquí. Lo tomé antes de volver a cerrar el cajón.
La puerta del frente crujió al abrirse —¿Decker? ¿Hola?
Debía estar bromeando.
—¿En serio? —Arrojé mi bolsa de lona por las escaleras y la vi aterrizar a sus
pies.
Delaney se paró en la puerta abierta, bloqueando el sol.
Vi a Maya detrás de ella —Whoa —dijo Maya. Delaney la miró. Y entonces
Maya miró hacia mí por sobre ella —Ella solo intenta ayudar —dijo.
Delaney giró los ojos hacia Maya, y yo casi quería sonreír —Ayudaba a tu
mamá —añadió.
Delaney extendió el llavero en su mano—el de mi mamá—y dijo —Mi madre
me envió a dejar entrar al equipo de limpieza. La puerta ya estaba abierta —Ella ya
estaba retrocediendo—. No sabía que estarías aquí.
—No pueden estar aquí adentro —Un hombre se abrió paso entre Maya y
Delaney hacia el vestíbulo de mi casa. Un hombre—demasiado para un equipo.
Llevaba gruesas botas negras y guantes de goma, como los que mamá usaba para
limpiar los baños, y tiraba de lo que parecía ser una aspiradora industrial detrás de
él. Tenía una máscara colgando alrededor de su cuello, y la puso sobre su boca
mientras entraba, como si el lugar fuera contagioso.
—Solo será un segundo —dije, retrocediendo hacia la oficina de papá.
Megan Miranda Fracture

La oficina estaba rancia. Mohosa. El agua había entrado por el ventilador de


techo, saturando todo. Sentí como si debiera llevarme algo. Salvar algo. Hacer algo.
Solo son cosas. El hombre me observaba registrarlo todo. Probablemente
había una regla contra esto. Mamá dijo que no podíamos ir hasta que fuera declarado
fuera de peligro. Algo sobre el seguro —Vivo aquí —dije, solo para que supiera que
no era un ladrón, y asintió hacia mí.
No queda nada para salvar.
—De cualquier modo, ya terminé —dije, mientras caminaba hacia la puerta
frontal de lo que solía ser mi hogar.
Maya estaba de pie en mi porche—miré al rededor buscando a Delaney, pero
al perecer solo estábamos nosotros.
Miro mi bolsa —¿Qué es eso?
Nada que fuera asunto suyo.
—Ropa —dije.
—¿Planeas ir a algún sitio? —Lo preguntó como si estuviera fuera del ámbito
de lo posible. Como si la gente no saliera de vacaciones cada día. Lo preguntó como
si tuviera algún derecho de saber sobre mi vida. Se acercó más, se inclinó, sonrió
más cerca —¿Huyendo? —preguntó.
Lo que implicaba que había algo digno de lo que escapar —Oh, no. Necesito
la ropa. Y necesito una maleta. Voy a Boston. En ese viaje escolar —dije.
Nuestra escuela lo ofrecía cada año—un grupo de estudiantes de último año
volábamos a Boston con algunos maestros y recorríamos todos los institutos.
Delaney se había registrado en junio pasado.
—¿Quieres ir a la universidad en Boston? —le había preguntado mientras
sostenía el formulario de permiso frente a mí.
—Quiero que vayamos a Boston —había dicho ella. Sabía en que estaba
pensando—no entraría a la misma universidad que ella, no había forma. Sin
embargo, había un montón de universidades en Boston. Podríamos estar cerca.
Era la primera vez que ella había hablado sobre algo tan lejano. Que había
querido planear algo tan lejos en el futuro. La besé mientras aún hablaba sobre el
formulario y el precio. La besé hasta que escuché a su mamá caminar por el pasillo.
—Hay un montón de gente en Boston —dije, mi voz bajó mientras su madre
pasaba junto a la puerta abierta (que era una nueva regla).
Ella sabía exactamente lo que me preocupaba. Mucha gente significaba más
gente muriendo, estadísticamente hablado. Sabía lo que esto había hecho a ella, la
Megan Miranda Fracture

manera en que no podría enfocarse en nada más. La manera en que constantemente


se preguntaba si había algo más que debería estar haciendo.
Escuchamos los pasos de su madre bajar las escaleras, y se acercó hacia mí. A
unos centímetros, quizás menos, de mi rostro —Con tantas personas, es difícil saber
quién es —dijo, y sus labios rozaron los míos. Ella odiaba saber. No sabía cuánto,
hasta ese momento. Pero entonces me besó, y yo solo pensaba en eso, y luego en
Boston, y luego en ella y Boston, y en el futuro extendiéndose ante mí, como la visión
en su mente transferida a la mía, hasta que lo deseé tanto como deseaba cerrar la
puerta de su dormitorio.
Había llenado ese formulario y le pedí a papá que lo revise al instante de
entrar a casa.
Boston era el sueño de Delaney, y yo no estaba seguro de tener uno separado
del suyo. Pero Kevin y Justin iban a ir, y teníamos días libres de clases, así que yo
también iría.
—Empacaste demasiado —dijo Maya, casi como si intentara ser simpática—
esto era algo que ella le contaría a Kevin, sacudiendo su cabello sobre su hombro,
inclinada sobre él. Pero conmigo, no se movía. No sonreía. No parpadeaba. Muy
diferente a la chica que me abrazó en el estacionamiento.
—¿No tienes un lugar donde ir? ¿A lo de Kevin, tal vez?
—No seas idiota —dijo.
La miré —Sí, no tienes que hablarme de esa manera.
Antes de que estuvieran juntos con Kevin, Maya siempre andaba cerca. Me
volvió loco durante todo el verano, cuando todo lo que quería era tiempo a solas con
Delaney. Pero su madre estaba básicamente en algún tipo de hospicio, y su hermano
rebotaba entre la universidad y la casa. Delaney dijo que parecía necesitar salir de la
casa, así que yo sería un idiota si decía algo. Honestamente, me emocioné cuando
empezó a salir con Kevin, porque venía mucho menos por aquí. Giró los ojos,
inspeccionándome lentamente —No entiendo que es lo que ella ve, de todas formas
—dijo. Se encogió de hombros, dio la vuelta para irse.
—Fuera de mi porche —dije, aunque ya se estaba yendo.
—Oh, pobre Decker —dijo. Se acercó a mí, y yo estaba completamente
desconcertado. Nunca había visto este lado de ella. Se acercó mucho, demasiado, e
inclino su cabeza, como si fuera a besarme—. ¿Tu padre muere y eso te da la libertad
de ser un completo idiota? —Su aliento olía como goma de mascar de canela. Puso
Megan Miranda Fracture

su mano en mi barbilla—miré más allá de ella, preguntándome si alguien más estaba


viendo esto—. Madura —dijo. Luego volvió a deambular hacia lo de Delaney.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 5
Traducido por Lilithdem

Conduje por la sinuosa carretera al costado de la montaña con vista al lago


Falcon. El único lugar donde encontrarías casas enormes y coches de lujo. El lugar
donde encontrarías la casa de Kevin. Su familia tenía dinero para mantener
generaciones y generaciones, la mitad de los establecimientos originales llevaban su
apellido. Todo el dinero del mundo, y todavía estaba aquí, con el resto de nosotros.
Estacione en su calzada, pero él ya estaba bajando los escalones de la entrada.
—Hey, Deck —dijo—, ¿Qué te trae por aquí?
Mi plan maestro era quedarme aquí y mendigarle una comida para evitar
tener que sentarme en la cena junto a Delaney y Maya.
Kevin continuó —Se supone que debo estar en el tanque de agua en treinta
minutos.
—¿Para qué? —El tanque de agua era exactamente como sonaba—una caja de
plástico que había en la escuela.
Cada grupo o club lo usaba para recaudar fondos. Kevin no estaba en ningún
club.
Me miró como si fuera un idiota —Es la barbacoa de la PTA. A Favor de la
fundación de mi mamá.
Su madre era la cabeza de la PTA. Su madre era la cabeza de todo. Su familia
prácticamente era dueña de esta ciudad. Esta era otra de las cosas que sucedían cada
año, una de esas que podría cronometrar. El día del trabajo equivalía a pizza gratis,
leer la fortuna y la casa del lago de Justin. El primer día de clases equivalía a la
barbacoa de la PTA—no a destrozar la propiedad escolar y correr a lo que solía ser
mi casa en busca de ropa.
Kevin llevaba vaqueros. Zapatillas deportivas Nike. Una camisa de cuello en
la que el resto de nosotros hubiera lucido ridículo —¿Traje de baño? —pregunté.
—De ninguna manera. Si no, no tendré excusa para irme. Vamos. Hay comida
gratis.
Lo que, después de todo, era el motivo por el que vine.
Megan Miranda Fracture

La mitad de la escuela estaba allí. Había parrillas instaladas alrededor del


estacionamiento, sorteos y, por supuesto, el tanque de agua. Me metí en la fila para
comer una hamburguesa y vi a la mamá de Delaney cuando llegué a la parte
delantera.
—Hola, cariño —dijo—. Tu mamá está en el puesto de salchichas —Señaló al
otro lado del estacionamiento—. ¿Has visto a Ron? Se suponía que vendría
directamente del trabajo. Su turno en la parrilla comienza en diez minutos —Dios.
Todo el mundo estaba allí. Incluso el padre de Delaney. Había pensado que la
muerte de mi padre y el hecho de que nuestra casa estuviera inundada, podría haber
cambiado los planes de mi madre. Pero no.
—No, lo siento —Le dije, mientras caminaba hacia el puesto de salsa de
tomate.
Todos hacían un débil esfuerzo por seguir con sus vidas normales. Mi madre
estaba repartiendo salchichas para una recaudación de fondos. Joanne estaba
preocupada por los horarios de planificación.
Kevin escalaba el tanque de agua como si estuviera realmente emocionado.
—Ese debería ser Carson —Me di vuelta, y Janna sostenía una hamburguesa
y observaba a Kevin lanzarse sobre la pared de plástico del tanque de agua, mientras
la gente aplaudía. Sus ojos estaban muy abiertos e inyectados en sangre—. Esto
siempre fue lo suyo.
Era cierto. Todos querían tomarle una fotografía a Carson, y él estaba bien
predispuesto.
Saludaba como si fuera el invitado de honor, se burlaba de los muchachos,
jugueteaba con las chicas. Pero habían pasado ocho meses. Ocho meses.
No podía escuchar a Kevin desde donde estaba, pero él sonreía, y le gritaba
algo al chico que tenía la pelota. Incluso la forma en que estaba sentado me recordaba
a Carson —Kev lo está haciendo bien —dije.
Toda su actuación era como un gran CARSON ESTUVO AQUÍ. No podías
mirarlo sin ver a Carson. Sin recordar. No podía no recordar, sobre todo con ella tan
cerca.
Tiro a la basura la hamburguesa apenas mordida —Cuando hablo contigo —
dijo—, siento como si ni siquiera me escucharas —Me miraba fijamente, y yo a ella,
luego Justin caminó hacia nosotros—. Pensaba que, de todas las personas, tú
entenderías.
—Lo lamento —dije.
Megan Miranda Fracture

—Yo también —susurró. Luego arrugó la nariz hacia mí—. ¿Podemos omitir
la parte de los abrazos?
La dejé con Justin. Le di unas palmaditas en la cabeza al pasar, enredando sus
rizos, como lo hice durante años.
Uno de los profesores tiraba de una manguera hacia el tanque de agua. Le dio
la vuelta a la boquilla, rociando a varios estudiantes de último año que estaban
desprevenidos. Sus gritos se convirtieron en risas, sus ropas se empaparon, y yo
perdí el apetito. Todos aquí actuaban como si todo fuera normal.
Vi a Justin cerca del tanque de agua, con el codo apoyado en el hombro de
Janna. Ella lo ignoraba, pero no se resistió cuando él colocó un brazo por encima de
su hombro. Vi a Kevin salir del agua y sacudir su cabeza, salpicando a todo el que
tenía cerca. Todos gritaban mientras se alejaban. Excepto Maya. Estaba aún cerca del
tanque, como si no le importara en absoluto. Y tenía esa sonrisa—la que guardaba
solo para él.
Me preguntaba si Kevin había visto alguna vez el otro costado de ella—el
costado frío que tuvo en mi porche. O si yo incluso debía ver en realidad la sonrisa
que le daba a él ahora. Si todo el mundo tenía caras que nunca había visto, que
esconden para diferentes personas.
El director echó hacia atrás su brazo, preparándose para lanzar. Sonrió
mientras decía —Voy a disfrutar esto más de lo que creen —Lanzó la bola al centro
de la diana, enviando a Kevin al fondo del agua otra vez. Podías oírlo gritar, o tal
vez reír, bajo el agua, mientras las burbujas subían a la superficie. Permaneció cerca
del fondo, con las manos presionadas al plástico, sonriéndonos.
Delaney, empapada mientras la sacaba del hielo.
Mi papá, mirando fijamente el agua del lago en su mano.
El agua, entrando a borbotones por el vidrio roto.
Agua, filtrándose a través de mi piso.
Sentí náuseas, caminé hacia la basura más cercana, y descansé mis antebrazos
en la repisa de plástico negro. Dejé caer mi hamburguesa dentro y traté de pensar
en otra cosa. Imaginé el cubo de basura en la habitación 2B mientras lo enderezaba.
Mientras estaba de pie. Mientras ella agarraba mi muñeca y clavaba sus dedos hasta
el hueso.
Sus pupilas negras, haciéndose más amplias.
Escucha.
Megan Miranda Fracture

Pasos. Risas. Una bocina que resuena en algún sitio del otro lado del
aparcamiento. Agua. Salpicaduras.
Respira.
Me alejé del bote de basura y regresé al tanque de agua. Kevin salía,
chorreando agua. Maya se inclinó hacia él, como si no lo hubiera notado.
Comenzaron a alejarse, de regreso hacia los coches aparcados, como si el resto de
nosotros no existiera.
—¡Kevin! —Su madre estaba de pie con las manos en las caderas, cerca del
tanque de agua, sus tacones altos en un lugar seco del pavimento, como si incluso el
agua supiera lo suficiente como para obedecerla—. ¿A dónde vas?
Él hizo un gesto hacia su ropa —A cambiarme.
Ella observó a Maya a su lado. Luego, al resto de nosotros. Me pregunté si
estaba a punto de pedirle a uno de nosotros que se desnudara. Apuesto a que alguien
la obedecería. Pero se limitó a sacudir la cabeza —Ve directamente, y vuelve pronto.
Él sonrió ampliamente —Por supuesto.
Caminó por el estacionamiento, seguido de Maya, así que, obviamente, no
tenía la intención de regresar.
Recorrí el estacionamiento con la mirada. Janna y Justin discutían las ventajas
de la mayonesa en las hamburguesas. Mi madre le entregaba una salchicha a
alguien. Tara levantaba la mano hacia mí desde el otro lado del estacionamiento,
rodeada de un grupo de chicas. Levanté la mano en respuesta, empecé a marcharme
antes de encontrarme con Delaney accidentalmente.
Me gustaría que fuera más fácil tratar de evitar a alguien. Tara y yo habíamos
dejado de vernos simplemente… Dejando de vernos. Aunque supongo que no
estábamos realmente juntos. No de verdad. Creo que nunca estuve con nadie, en
serio, hasta Delaney.
Y entonces oí su nombre. Alguien preguntaba por ella. Se acercaba. Era
vagamente familiar, pero no lo podía ubicar. Se detuvo frente a un grupo de chicas
de primer año y les preguntó —¿Conocen a una chica llamada Delaney?
—¿Qué quieres con Delaney? —Le pregunté, y se alejó del círculo, con una
mirada de alivio en su rostro.
—Estoy buscando a mi hermana —dijo—. Dijo que iba a venir con su amiga
Delaney y dejó un mensaje diciendo que iba a reunirse con ella aquí, pero no contesta
su teléfono... Y no he tenido mucha suerte preguntando por Maya —Y entonces,
Megan Miranda Fracture

reconocí sus facciones. Los ojos de Maya. El color de pelo de Maya. La forma de su
rostro. La misma constitución delgada.
—¿Maya? —Le pregunté—. La perdiste. Se marchó con Kevin.
—¿Quién es Kevin? —preguntó, lentamente.
—Su novio —respondí, y por la expresión en su rostro, supe que no debería
haberlo hecho.
—¿Su novio? —repitió.
Lo último que quería era meterme en medio del drama de otra persona, así
que empecé a caminar hacia el estacionamiento —Sí. Lo siento, me tengo que ir.
—¿Tienes alguna idea de hacia dónde iban? —preguntó.
Tenía un montón de ideas al respecto, ninguna de las cuales pensaba decirle
a su hermano —Nop.
Echó un vistazo a la multitud, con la mandíbula apretada —¿Qué hay de
Delaney, entonces?
—Ella está por aquí, en algún lugar —Le dije. Y me fui antes de que pudiera
pedirme que la buscara por él.
Caminé de regreso a mi coche. Las farolas comenzaban a parpadear. Una
brillaba justo encima de mi coche, y sentí un movimiento en alguna parte detrás de
mí. Me quedé inmóvil, escuché, esperando volver a sentirlo. Los sonidos de la
barbacoa quedaban bloqueados por la escuela.
—¿Delaney? —dije. Y odié haberlo dicho. Que ella fuera mi primer
pensamiento, siempre, incluso ahora.
Alguien estaba allí, entre las filas de coches, podía sentirlo. O tal vez estaba
entrando en pánico de nuevo.
—¿Decker? —Escuche. Y entonces, Tara dio vuelta por la esquina y se acercó,
desde el espacio entre una camioneta y un pequeño camión —Hey —dijo—. Te vi
irte...
Me iba porque no quería ver a Delaney. No quería hablar de mayonesa o
hamburguesas. No quería pensar en Kevin con Maya. Y si todo el mundo estaba
aquí, la casa de Delaney estaba vacía. Echaba de menos tener una casa para mí solo.
Cuando no respondí, Tara se mordió el labio inferior —¿Estás bien?
No sabía si se refería a este preciso momento o en general —Claro —dije.
Ella sonrió —Solo quería decir... Con todo lo que ha sucedido. Y tú estás solo...
—Estoy como quiero estar —No quería ser grosero—la mayoría de la gente
no conoce ese otro lado de ella. Que sabía cuando alguien estaba herido, e intentaba
Megan Miranda Fracture

ayudarlo. No era como la mayoría de las personas, que fingían que no pasaba nada,
como si eso mejorara las cosas.
Asintió y sonrió —Por cierto, ¿el gimnasio? No es muy inteligente.
Me pregunté si me había visto hacerlo. O si alguien le había dicho —No
puedes probar nada.
Sacudió su cabeza —Bien. Todavía tienes mi número —dijo, mientras giraba
para irse. Chistoso. Nunca había tenido su número desde que fuimos lo
suficientemente mayores como para tenerlos.
—¿Hey, Tara? —La llamé.
Me miró por encima del hombro —Kevin se lo perdió —dije.
Sonrió y se torció el pelo oscuro por encima del hombro, y mientras la luz del
farol volvía a parpadear, todo lo que permanecía eran sus labios color cereza y su
cabello color chocolate y el hecho de que Kevin era un imbécil. Tara era mucho mejor
que Maya, cualquier día.
—¿No es cierto? —dijo, y se dirigió de nuevo hacia la barbacoa.

***

Aparqué la camioneta en mi calzada y caminé por el patio. La casa Maxwell


estaba perfecta y gloriosamente en silencio. Me encontré caminando con cuidado y
lentamente por la planta baja, sin querer molestar. Abrí la bolsa de lona que había
traído de casa, saqué la ropa. Y luego saqué el cuaderno de Delaney, uno de esos
libros de composición en blanco y negro.
Lo abrí para ver si mi padre aparecía en él. Pero no estaba. Ella debía saberlo,
tenía que haberlo sabido, pero nunca lo escribió.
Pero tampoco había una página para Carson. Como si ponerlo en papel
hubiera hecho todo demasiado definitivo. No escribió nada acerca de Troy,
tampoco, pero había un artículo doblado y pegado en la parte frontal del cuaderno.
No tenía que leerlo—lo había leído cientos de veces ya. El artículo que había
comenzado todo.
Tenía una imagen en blanco y negro—el lago, congelado. No se podía ver a
la gente que corría por el hielo, buscando a Troy, porque ya estaban en la orilla.
Podía verme a mí de espaldas hacia el lago y una parte de mi brazo saliendo de la
imagen. Sostenía la mano de Delaney, pero ella no se ve. En la imagen se ve como si
estuviera sosteniendo algo que no existe.
Megan Miranda Fracture

Ese fue el trato. Observaba el agujero en el centro del hielo, mientras el lago
tomaba a alguien más. Mi mano sobre la de Delaney, reclamando su lugar.
La imagen lo decía todo.
El artículo no decía nada. El artículo decía que, a los diecinueve años de edad,
Troy Varga cayó en el hielo en el lago Falcon. Decía que había sido el segundo
accidente en ese invierno. Decía que él estaba muerto, pero la chica había
sobrevivido. El artículo no decía nada sobre el chico mirando hacia adelante, como
un espectador inocente. No decía el nombre de la chica que no salía en la foto. No
decía que Troy se suicidó, ni que trató de llevársela con él. No decía que la chica
corrió hacia la orilla—hacia mí—mientras el lago se tragaba a Troy.
La imagen no mostraba que estaba empapada. Que giramos y corrimos hacia
casa un segundo después de eso. O que la policía llegó más tarde ese día a tomar
nuestras declaraciones.
Fui el primero en mentir. Dije que estábamos dando un paseo, que lo vimos
de pie allí, y que Delaney se acercó a él porque lo conocía. Delaney dijo que casi
había llegado cuando cayó, y el hielo empezó a romperse, y tuvo que alejarse.
Este fue el artículo que puso todo lo demás en movimiento. Eso fue lo que le
dio el poder al lago. Lo que unió todas las piezas. Después de eso, la gente empezó
a susurrar acerca de una maldición. Delaney en el hielo, otra vez, hielo que se rompía
y la reclamaba. Como no podía tomarla, se llevaba a otro.
Me pregunto si habría hecho alguna diferencia si hubieran sabido la verdad—
que Troy se había suicidado y que intentó matar a Delaney en el proceso—si
hubieran pensado de la misma forma. Pero la mentira liberó algo. La maldición nació
de ella. De nosotros.
Le dimos poder, y ahora estaba viva.
No podía soportar ver esto. Tal vez por eso ella lo guardo en mi casa. Pero no
era mío, y no lo quería.
Subí corriendo las escaleras y me quedé de pie ante la puerta cerrada,
pensando que era espeluznante ir a su habitación si ella no estaba allí. Me
preguntaba si pensaría que estaba curioseando. Lo que sea. Abrí la puerta
rápidamente, antes de auto convencerme de no hacerlo.
Solo que ella estaba dentro, y se estaba cambiando, todo sucedió muy
rápidamente. Con qué rapidez sostuvo su camisa frente de ella. Con qué rapidez
aparté la vista. Cómo de repente no se te permite ver las cosas que has visto cientos
Megan Miranda Fracture

de veces antes. Hacer las cosas que has hecho cientos de veces antes. Decir las cosas
que has dicho cientos de veces antes.
La verdad es que la transición de amigos a algo más fue lenta, torpe y
aterradora. ¿Se suponía que debíamos darnos un beso de despedida, a pesar de que
nunca lo hicimos? ¿Y debía sostener su mano cuando caminábamos, a pesar de que
nunca lo hice antes? ¿Y se suponía que debía mirar hacia otro lado si entraba en su
habitación mientras se cambiaba, o no debía ocultar que la miraba, o eso era
totalmente espeluznante, de todas formas?
Me tomó un mes darme cuenta que debía darle un beso cuando me daba la
gana. Que podía sostener su mano en la mía si quería. Que podía mirarla cada vez
que tenía la oportunidad.
Pero solo tomo unos segundos perder todo eso. No hubo nada gradual en
separarnos. Todo se deshizo en un santiamén. Cortado y cercenado y limpio.
Estaba en su habitación, sin mirarla. No sabía hacia dónde mirar ni qué hacer
ni qué decir
—Pensé que estabas en la barbacoa —dije.
Se apresuró a ponerse su camisa —Odio las multitudes —dijo, como si no
supiera nada de ella.
—No sabía que estabas aquí —dije—. Solo... —Levanté su cuaderno—. Te
estaba dejando esto.
Fue casi cómico. Es curioso cómo algo tan pequeño puede llevar tal carácter
definitivo. Puse el cuaderno en su escritorio, todavía sin mirarla, y giré para
marcharme.
Aléjate, aléjate, aléjate.
—¿Por qué no está mi padre ahí? —pregunté, señalando el cuaderno. Era
triste, lo desesperado que yo estaba, también. Tal vez me diría que no supo hasta
más tarde esa noche, y que su madre tomó el teléfono y que estaba encerrada en su
cuarto. Creería su mentira. Lo haría.
No respondió.
—¿Fue porque dolía demasiado como para escribirlo? —Eso fue lo que
sucedió con Carson— ¿O porque no querías que yo lo vea? ¿O simplemente no
tuviste tiempo? —dije, entre dientes.
—Porque no quería que fuera cierto —dijo, y esa simple honestidad me hizo
sentir náuseas. Y furia. No debería haber nada simple sobre la muerte de mi padre.
—¿Hablas en serio? —Le pregunte—. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
Megan Miranda Fracture

—No quiero saber, Decker —Esa era su gran e ilógica defensa. Apestaba a
desesperación.
—Pero lo sabes —dije, girando hacia ella—. Tú lo sabías. No te entiendo,
Delaney. Sabías que lo iba a descubrir. Lo sabias. Se suponía que tú eras la
inteligente. ¿No te diste cuenta de lo que pensaría?
—Tu papá estaba muriendo. No pasé demasiado tiempo preguntándome qué
pensarías de mí —No podía mirarla. No podía concentrarme en lo que decía—.
Quiero decir, no puedes estar más enojado, ¿verdad? —Continuó—. Ya me odias.
Entonces, ¿cuál es el punto en mentir?
—Quiero que me digas por qué —dije—. Porque no lo entiendo. No entiendo
cómo podíamos ser así... —Todo lo que éramos, ni siquiera podía ponerlo en
palabras—. Y me mentiste.
No dijo nada —En serio —dije, acercándome—. ¿Cuál es el punto de todo
esto? ¡Tener el conocimiento y no hacer nada! —Sentí la ira salir a la superficie.
Rebosante—. ¿No crees que estás destinada a hacer algo con esa información?
Su cabeza giró hacia un lado, como si la hubiera abofeteado. Nunca habíamos
hablado de esto. Siempre acababa aplazándolo ya que le sucedía a ella. Y ya que
también era mi culpa, en primer lugar. Yo era la razón por la que ella estaba en el
lago ese día. Yo fui quien la dejó allí, de pie. Así que lo que alguna vez eligió hacer
o no, estaba en su derecho. Imagino que tenía sus razones, pero ahora que era mi
papá, pensaba en todas las cosas que podría haber hecho para evitarlo —¡Lo dejaste
morir! —grité.
Sus dedos se presionaron a los lados de su frente, y su rostro estaba surcado
de lágrimas. No podía recordar cuando empezó a llorar—si fue antes o después de
que empecé a gritar. Ella observaba la alfombra, y respiraba con dificultad, y gritó
—¡No podía hacer nada!
—¡Ni siquiera lo intentaste! ¡No le diste una oportunidad!
—Lo intenté. Se lo dije —Sentí todo el aire salir de la habitación. Sentí que la
habitación se hacía más grande y fría. Sentí que se me encogía el corazón en la boca
del estómago.
—Se lo dije —repitió, y entonces me miró—. Pero él ya lo sabía.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 6
Traducido por psycho

Todo dentro de mí se congeló —No —dije, y pensé en el tiempo—. No me


mientas. No hubo tiempo —Recordé ese día nuevamente. Ella, en el lago. Nosotros,
en casa. Ella se fue. Su teléfono estaba apagado. Yo estuve en casa el día entero.
Cociné con él. Ella no tuvo tiempo—. ¿Cuándo? —No era posible.
Ella cruzó la habitación y puso su mano alrededor de mi muñeca, y yo miré
sus dedos, preguntándome en qué universo ella habría pensado que estaría bien
tocarme ahora mismo —Se lo dije —susurró— en Julio.
Tuve un momento en el que sentí que todo dentro de mí estaba a punto de
romperse. Comprendí que este que sostenía mi muñeca, era un costado distinto de
ella. Julio. Julio. Muriendo hacía meses. Mintiendo hacía meses. Pensé en todas las
formas en las cuales esto no tenía ningún sentido. Pensé, en mayor parte, en papá —
Él no te creería —No lo haría.
—Tú lo hiciste —dijo ella. Pero era diferente. Papá no creía en cosas que no
tenían sentido. Él creía en la justicia. Hechos. Sin hechos, en la vida, tal como en la
Corte, no contaba.
—Él no te creyó —dije. No hizo nada al respecto. Nada.
—Él lo sabía, Decker. Me preguntó si tú me habías dicho. Me preguntó si tú
sabías. Y cuando le dije que no, me pidió que no te lo dijera.
Él me lo hubiera dicho.
Sus dedos seguían alrededor de mi muñeca, como si fuese mi amiga,
diciéndome que había sido traicionado por alguien más que ella. Y en ese momento,
con el tiempo paralizado, la sentí acercarse. Sentí su pulgar frotar mi mejilla. Oí su
respiración temblorosa. Me pregunté dónde terminaba este costado de Delaney y
dónde comenzaba el siguiente. Si acaso había una línea entre la persona que había
conocido desde siempre y la chica que no podía mirar. Si acaso estaba enfadado con
ambas.
Sentí sus brazos alrededor de mi espalda, me sentí a mi mismo hundirme en
ella.
Megan Miranda Fracture

—Decker —susurró, como si estuviera asustada de romper algún tipo de


trance—. Por favor.
Y no importa qué tan enfadado estaba después de eso, porque ella estaba muy
cerca—demasiado cerca para alejarme. Muy cerca para recordar siquiera por qué
quería hacerlo. Descansé mi frente en su hombro y nos sentí hundirnos lentamente
hacia el suelo.
Estaba entumecido.
De modo que me senté allí, con Delaney a dos centímetros de distancia,
sentada con las piernas cruzadas frente a mí —Deja que te lo cuente —dijo, pero no
es como si fuese a hacer algo para detenerla. No es como si pudiese hacer algo para
detenerla justo en ese momento. Todo lo que podía hacer era reclinarme contra el
suelo alfombrado y fingir estar en cualquier otra parte. Pero la escuché decirlo todo.
Que fue a la oficina de mi papá. Que él le preguntó cómo lo sabía, y ella le dijo de
plano que podía percibir enfermedades, como feromonas o algo así. Y él la miró de
manera extraña pero no dijo nada por un rato.
Y luego su voz estaba más cerca, y me di cuenta que estaba recostada en el
suelo junto a mí, y sus manos estaban divagando sobre su cuerpo mientras hablaba,
como si estuviera ilustrando un punto, excepto que tenía las palmas hacia arriba. Se
veía como si estuviera presionando contra alguna barrera invisible, como si
estuviera de nuevo bajo el hielo. Me pregunté si tenía idea de que lo estaba haciendo.
Ella siguió hablando, aunque yo había prácticamente dejado de respirar, al
verla de esa forma otra vez. Dijo que papá le había contado que ya estaba viendo un
doctor. Que estaban haciendo lo que podían.
Nos sentamos en silencio por un largo tiempo. Lo suficientemente largo como
para atar cabos de que, si mi papá ya estaba viendo a un doctor, mi mamá también
lo sabía. La única forma en que ella hubiera podido saber tan rápidamente sobre una
condición cardiaca en el hospital, era si ya lo sabía desde antes. Yacimos allí lo
suficiente como para poder pensar en todas las señales que me había perdido, o que
había ignorado, en casa. Todos los momentos que había pasado con Delaney entre
Julio y el día que murió. Todas las veces que ella me había sonreído, que se había
reído, que me había besado.
Ella rodó de costado y se apoyó sobre su codo, mirándome —Di algo —dijo.
Pensé en el Cuatro de Julio y en el espectáculo de fuegos artificiales al que
habíamos ido, y del que luego nos fuimos para volver furtivamente a casa. A mi
Megan Miranda Fracture

cuarto. Me pregunté si ella lo sabía en aquel entonces. Si ya intentaba expiarse por


algo que no había pasado aún.
Pensé en el hecho de que ella escogió a mi papá en vez de a mí.
Pensé en cómo me había ocultado un costado de ella y ni siquiera me había
dado cuenta.
Cerré los ojos y agité mi cabeza hacia ella, y la oí suspirar.
Todo se armaba dentro de mí hasta que sentí que, si hablaba, la habitación
explotaría por mi rabia.
Ella estaba equivocada. Yo podía estar más enfadado. Lo estaba. Solo que no
estaba seguro de con quién.
Mis ojos seguían cerrados, pero sentí a Delaney levantarse. Alejarse de mí. Y
escuché algo que se rompía, a lo lejos, como un viejo eco de papá tirando el vaso de
vidrio de la mesada. No podía ser real.
Delaney tropezó hasta estar de pie, y corrió hacia fuera de la habitación —
¿Qué...?
Vidrio rompiéndose, otra vez. Abajo. Estábamos solos. Yo salté, con mi mente
nublada, y revisé su ventana rápidamente—no había coches —Espera —dije. Pero
ella ya estaba a mitad de las escaleras. Se suponía que estábamos solos.
Yo estaba cinco pasos detrás de ella, demasiado lejos para alcanzarla,
demasiado lejos para detenerla. Demasiado lejos para hacer algo cuando llegó al
último escalón e inmediatamente, se lanzó de nuevo hacia mí, cubriendo su rostro,
mientras otra rociada de vidrio resonaba en todo el piso de abajo. Podía escuchar el
exterior. Sentir el exterior. Ver las luces traseras encendidas del detector de
movimiento.
La arrastré hacia el hueco de la escalera, inclinándonos contra la pared, hasta
que pasó un minuto entero sin ruido de vidrios rotos. Lo sentí en su cabello mientras
se acurrucaba sobre mi hombro. Vi sangre en las palmas de sus manos, de donde se
había tapado el rostro mientras revoloteaba de vuelta hacia el hueco.
Ella miraba sus manos. Las alejé de su rostro y pasé mis dedos rápidamente
a través de sus mejillas, su cuello, su piel. Atisbé a la vuelta de la esquina y vi el
vidrio cubriendo el alfombrado, los restos de las ventanas de la sala, el aire de la
noche que entraba.
—Espera aquí —dije, y corrí hacia la oficina de Ron. Encontré mi teléfono.
Llamé al 911. Otra vez.
Megan Miranda Fracture

Cuando regresé, Delaney tenía una escoba en las manos, que temblaban
mientras intentaba barrer el desastre —No —le dije—. Tienes que dejarlo.
De modo que se sentó en el último escalón y se pasó los dedos por el,
sacudiéndose los fragmentos de cristal. Me detuve en el porche trasero, observando
a la distancia, como si el tiempo no fuese real y si me quedara inmóvil el tiempo
suficiente, sería capaz de ver lo que acababa de pasar.
Llamé al celular de Joanne y llegó el ruido de la parrillada a través de la línea
antes que su voz preocupada —¿Decker? —dijo ella.
—Delaney está bien —dije. Pensé que sería mejor comenzar con eso—. Pero
algo pasó en la casa. La policía ya está en camino. Escuché el viento precipitándose
a través del teléfono, y me di cuenta que ya estaba en camino.

***

El mismo policía apareció—el que me dijo que yo podría haber destruido mi


propia casa. Me sentí irrazonablemente reivindicado por esto, por las ventanas rotas,
por tener una coartada en la forma de la chica sentada en el sofá, mirando las palmas
de sus manos.
—¿Segura de que estás bien? —le preguntó el oficial a Delaney. Además de
sus manos, que no estaban tan mal, ella parecía estar bien físicamente. Excepto que
tenía una expresión vacía. No estaba bien. Quería sentarme junto a ella. Poner mi
brazo a su alrededor. Quería encontrar a la persona que le había hecho esto y
estampar mi puño contra su rostro.
Ella fijó sus ojos en el oficial. Asintió. Me miró —Hielo —dijo.
El oficial aclaró su garganta y dijo —Eh, revisaré el refrigerador.
Pero ella no se refería a eso. Me recliné contra la pared, sentí el frío yeso sobre
mi espalda. Bajé la cabeza, vi los trozos de vidrio por todas partes, esparcidos por el
suelo entre nosotros. Como fragmentos de hielo, flotando en la superficie del lago.
Agua. Hielo. Nosotros.
—¿Estás bien tú? —preguntó ella. Maldita sea. Yo estaba caminando. Me iba
a sentar junto a ella. Iba a poner mi brazo a su alrededor.
La puerta principal se abrió de golpe, y la mamá de Delaney se cubrió la boca
con la mano —¿Qué demonios? —dijo, lo cual me pareció, inapropiadamente,
divertidísimo.
Megan Miranda Fracture

Mi mamá entró junto a ella, estudiando la escena. Vidrio en la alfombra.


Vidrio en la mesa. Los marcos de las ventanas vacíos. A mí, parado en el centro de
la habitación, a medio camino de Delaney.
Joanne se apresuró hacia Delaney, levantó su brazo y lo agitó hacia delante y
atrás, evaluando el daño —¿Qué sucedió? —gritó, a pesar de que estaba a dos
centímetros de distancia del rostro de Delaney. Delaney hizo una mueca, pero no
debido al vidrio. Ron evaluó la habitación, con su mirada fija en todo, pieza por
pieza, como si pudiera armar toda la escena en reversa.
El policía volvió a la sala, llevando una bolsa de guisantes congelados que
tendió a Delaney. Ella observó la bolsa, totalmente confundida. Él pasó una página
en su anotador y dijo
—Lamento volver a encontrarnos de esta manera —luego se aclaró la garganta y dijo
—. Los chicos estaban arriba cuando escucharon en sonido del cristal al romperse.
Delaney bajó las escaleras primero, entró en la sala—gesticuló hacia el cristal por
todas partes—justo cuando se rompía otra ventana. Decker seguía en el hueco de la
escalera.
—Ya casi estaba abajo —Por la forma en la que lo explicaba, yo sonaba como
un maldito cobarde, enviando a Delaney abajo primero.
—¿Qué estabas haciendo en su cuarto? —preguntó Ron, olvidando la ventana
rota y al oficial y la habitación llena de gente. Y luego se sonrojó, como si se hubiera
dado cuenta de que realmente no quería saber la respuesta.
—Nada. Tenía que darle algo.
—Ron. Luego —dijo Joanne. Él debía haber sabido que no estábamos juntos.
Todos lo sabían.
El oficial se aclaró la garganta —¿Vandalismo? —dijo. Nos sumimos en
silencio.
—¿Quién haría esto? —preguntó Joanne—. Primero tu casa, ahora la nuestra
—le dijo a mamá.
—Quien fuera que hizo esto no intentaba herir a nadie —dijo el oficial.
Miré las manos de Delaney. La sangre seca.
—Hasta ahora, el único objetivo parece ser la propiedad.
—Delaney no es una propiedad —dije.
Ella me observó. Aparté la mirada.
—No quise decir... Mira. Ella salió herida, pero esa no fue la intención.
¿Comprendes? —Y ahora me hablaba como si fuera un idiota. Un idiota cobarde.
Megan Miranda Fracture

Se giró hacia mamá —Tenemos que reconocer —decía el oficial —que el


objetivo puede no ser su difunto esposo.
Él seguía llamando a papá su "difunto esposo", y odiaba la forma en que
sonaba, como si aún estuviera en su camino.
—¿Puede pensar en cualquiera que pueda quererla a usted como objetivo? —
preguntó. Mamá tenía sus pulgares presionados sobre sus ojos. Trabajaba en
Servicios Sociales. Mis dos padres, benefactores de toda la vida. Y mira lo que nos
trajo eso. Podría haber sido cualquiera. Joanne hizo que Delaney se recueste en el
sofá y comenzó a pasar sus dedos por su cabello. Dejó caer los fragmentos de cristal
en el tazón de cerámica de la mesita de café. Los ojos de Delaney estaban cerrados,
y su cabello esparcido, como si flotara en el agua. Bajo el agua.
Oí el sonido de otro fragmento de vidrio al caer en el tazón.
—O quizás soy yo —dije, y mamá frunció el ceño, una línea apareció entre
sus ojos
—¿Quién podría estar detrás de ti? —preguntó. Los ojos de Delaney ahora
estaban abiertos. Ella sabía. Yo sabía. Pero ninguno de nosotros podía decirlo:
soltamos una maldición. Vivimos. La salvé. Todo sonaba tan ridículo.
—Tengo que irme —dijo mamá.
—No seas tonta —respondió Joanne.
—Te estoy poniendo a tu familia y a ti en peligro. Yo... voy a registrarme en
un hotel.
Gracias a Dios, pensé.
—¿Dejarás que Decker se quede? —preguntó.
—¿Qué? Tú fuiste la que dijo que no quería que estuviéramos separados. ¡Es
incluso la única razón por la que estoy aquí!
Mamá se ruborizó, supongo que en mi nombre. Me avergonzaba a mí mismo.
A ambos. Estaba siendo grosero. No me importaba una mierda.
—No es una petición —dijo ella, sin involucrarme para nada en esto, como si
fuera un niño, incapaz de tomar decisiones. Había sacado a Delaney del lago. Había
asistido al funeral de uno de mis mejores amigos. Había visto a alguien intentar
matar a Delaney. Había sostenido a mi padre mientras su corazón fallaba. Y aun así,
me trataba de esta manera.
Los ojos de Delaney estaban cerrados. Apretados. Su pecho no se movía.
Estaba inmóvil, casi parecía sin vida.
Megan Miranda Fracture

Mis manos, presionando su pecho. Mi boca, enviando aire hacia sus pulmones.
Despierta.
Había pasado meces viviendo con terror de que Delaney fuera a desaparecer.
Pero todos estaban desapareciendo excepto ella. Todos excepto ella.
Joanne dijo —Por supuesto, Decker se quedará aquí. Y tú también.
Ron miró a su esposa. Luego al oficial —Es una ventana. Niños,
probablemente. No tiene nada que ver con nada.
El poli asintió, pero parecía percibir que había algo más—agua y hielo, quizá
una historia que había oído y en la que no podía poner su atención del todo. Una
chica que sobrevivió. Una maldición.
—¿Mamá? —pregunté, luego de que el oficial deje su tarjeta en la mesa y
abandone la casa. Mamá caminaba hacia la ventana vacía con una caja de bolsas de
basura y un rollo de cinta—. ¿Papá estaba enfermo? —Ella dejó de caminar, como
había hecho Delaney, mientras yo juntaba todas las piezas en mi cuarto—. Quiero
decir, ¿sabías desde antes que papá estaba enfermo?
Ella forzó sus manos a seguir moviéndose, y alineó el plástico contra la
ventana. Joanne se aclaró la garganta y abandonó la habitación. Quería que Delaney
también se fuera, pero nos observaba. Inclinada hacia nosotros. Esperando. Mamá
no me miró mientras decía —Este no es el momento...
Lo cual fue toda la respuesta que necesitaba. Estampé la puerta de la oficina.
Caminé por la habitación, esperando que la adrenalina se fuera. Me puse mis
deportivas y salí a correr, golpeando el pavimento hasta que no quedó nada. Cuando
volví, me detuve frente a mi casa vacía. Quería destrozar el lugar. Encontrar a papá
y empujarlo contra un muro. Quería prender fuego la casa.

Kevin tenía su brazo deslizado sobre Maya en el pasillo, y ella me sonrió como
si no se hubiera comportado como una total zorra conmigo horas antes —¿Tu
hermano los encontró, chicos?
Su rostro cayó —Oh, fuiste tú —Rió—. Bueno, al menos ahora sé cómo se
enteró.
—¿Qué? —preguntó Kevin.
—No creo que su hermano esté emocionado con la idea —dije.
—No —dijo ella—. Diría que tienes razón.
Megan Miranda Fracture

—Eso es porque todavía no me conoce —dijo Kevin, con una enorme sonrisa
cursi en su rostro.
Ella puso una mano en su mejilla —No va a pasar, cariño.
—Oye —dijo él, inclinándose para besarla—. Te veré más tarde, ¿de acuerdo?
—De veras, igual podría haber dicho simplemente “Descartado”.
Ella parpadeó rápido tres veces, y dijo —Tengo que hacer un examen.
¿Después de la escuela? —Y se fue antes de que él tuviera oportunidad de responder.
—Así que... problema —dijo Kevin mientras yo sacaba los libros de mi
casillero—. El gimnasio.
Problema: alguien había inundado mi casa; alguien había roto tres ventanas
en la casa en la que estaba viviendo.
Problema: nadie me dijo que papá estaba enfermo. Ni Delaney. Ni mamá. Ni
siquiera él.
—¿Eh? —respondí. Mitad un murmullo, mitad un no-me-importa.
—¿Debo asumir que no escribiste tu nombre?
—¿Escribir mi nombre? ¿De qué diablos estás hablando? —Por favor, dime
que no había una cámara. Por favor, dime que seguridad no me tiene filmado en
alguna parte.
Kevin se reclinó contra mi casillero y frotó su barbilla con su mano libre
mientras escaneaba el pasillo —De acuerdo, sí, vamos a descubrir quién lo hizo.
—¿Hacer qué? —pregunté. Kevin levantó su mano hacia Justin, que caminaba
hacia nosotros.
—No descubrí nada —dijo Justin—. ¿Dónde está Janna?
Kevin rió —Abandonando el barco —La campana de aviso sonó y todos en
el pasillo se dispersaron.
—¿Qué diablos? —dije. Iba a llegar tarde. A la mierda. Corrí por el ala de
Ciencias, encontré un salón abierto donde la gente todavía se arremolinaba por los
alrededores, sin sentarse aún. El profesor hablaba con alguien en el pasillo. Me abrí
paso a través de un montón de estudiantes de primer año, presioné mi cara a la
ventana de cristal, y rodeé mis ojos con las manos.
Podía ver las palabras devolviéndome la mirada: CARSON ESTUVO AQUÍ.
Y justo debajo, en letras tan gruesas que debieron tomar una hora: TAMBIÉN
LO ESTUVO DECKER.
Megan Miranda Fracture

Kevin y Justin estaban enfadados; seguían hablando de algún código de


bromas o lo que sea, pero Kevin dijo —Es listo, le daré eso. Una broma dentro de
una broma —Justin asintió—. Vamos a descubrir quién lo hizo —Me aseguró Kevin.
Alguien me había visto y me había delatado, esa era su suposición. No era gran
problema. Descubrirían quién lo hizo. Se vengarían. Justin entrecerró los ojos
mientras escaneaba las mesas en la cafetería.
Delaney caminó junto a nuestra mesa con su bolsa del almuerzo en la mano.
No la había visto en la cafetería el día anterior, pero si tenía el almuerzo en el mismo
período, supuse que había comido en la biblioteca. Envió una rápida mirada en
nuestra dirección, una rápida mirada hacia otro lado. Kevin puso su pie en la silla
junto a él y la empujó hacia afuera sin hacer contacto visual, en una invitación. Ella
se detuvo por medio segundo antes de sentarse.
Janna dejó de comer. Yo dejé de comer. Ambos observamos a Kevin.
Delaney dejó su almuerzo y caminó hacia el dispensador de servilletas —
¿Qué? —dijo él—. También es su mesa. Siempre lo ha sido —Terminó los restos de
su almuerzo en un bocado y habló mientras masticaba—. Si quieres que la odie,
Decker, mejor que me des una buena razón. Yo no rompí con ella. Y, honestamente,
no tengo maldita idea de por qué tú lo hiciste.
Delaney volvió con una pila de servilletas —¿Qué hay, Maxwell? —preguntó
Kevin, mirando fijamente el almuerzo que ella sacó de su bolsa—. ¿Vas a comerte
todo el sándwich?
Ella alejó su mano de un codazo —Quita las manos, Kevin. Tengo
matemáticas en el próximo período. Necesito total capacidad cerebral.
—Maxwell —dijo Kevin, su barbilla en su mano mientras la observaba—. No
sé cómo decir esto. Eres bastante nerd.
Janna estampó su mano sobre la mesa. Todos dejaron de hablar —¿Qué?
Había una mosca —Comió la mitad de una patata frita—. ¿Viste el gimnasio,
Delaney?
Delaney se movió en su asiento y sacudió la cabeza. Oh sí, había visto el
gimnasio.
Kevin se estiró nuevamente para alcanzar su sándwich —Oye —dijo,
mientras ella le asestaba otro codazo—. Jugué un pequeño pero increíblemente
dramático papel en salvar tu vida. Yo diría que vale al menos un octavo de ese
sándwich.
Megan Miranda Fracture

Janna me miraba mientras sorbía su soda. Sacó la pajilla de su boca y dijo —


¿Crees en fantasmas, Decker?
—Ja, ja —dije.
—¿No? —Ella me sonrió, y susurró para que nadie pudiera oír —¿Y en
maldiciones, entonces? —Tomó otro trago de soda e irrumpió en risas—. Oh, Dios
mío, deberías ver tu rostro ahora mismo.
Justin se inclinó hacia Janna y susurró en su oído —Buu —Ella se lo sacudió
de encima, y ambos comenzaron a reír.
Nadie parecía estar leyendo las palabras en el gimnasio como lo hacía yo, y
con Janna sentada junto a nosotros en el almuerzo, tampoco iba a decirlo.
Carson estuvo aquí, y ahora no lo está.
Estuvo.
Verbo en pasado.
TAMBIÉN LO ESTUVO DECKER.
Inundación. Cristal. Una advertencia.

La vice directora me llamó durante el último período. Por un segundo, pensé


que quizá ignorarían toda la situación. Quizá quedaría como un tributo a Carson. Y
quizá hubiera sido así, si mi nombre no hubiera sido tallado justo abajo.
Entré en la oficina, me senté en una silla frente a la ventana de cristal que
separaba el recibidor de la oficina del pasillo principal. La secretaria estaba ocupada
hablando con el mismo tipo con el que me topé en la parrillada, el hermano de Maya.
Sabía que era mayor, ya en la universidad, pero lo confundí por un estudiante
cuando entré en la oficina. Había varios papeles dispersos en el mostrador entre
ellos.
—Estos son los documentos que pidió —dijo él.
La secretaria deslizó su dedo por cada uno mientras el hermano de Maya
observaba las fotos escolares en el muro frontal.
—Acta de nacimiento, certificado... Parece que aún falta su cartilla de
vacunación.
—Lo sé —dijo él, pasándose la mano por el pelo—. Llamé a la oficina del
doctor. Debería estar en camino.
Megan Miranda Fracture

La secretaria levantó sus ojos hacia él a través de sus lentes —¿Cuántos años
tienes, cariño? —preguntó ella. Era probablemente de mi misma altura y contextura.
Y, como dije, parecía un estudiante.
Él juntó los papeles, se los dio y dijo —Los suficientes para ocuparme de esto.
—Supongo que, desde que su mamá necesitaba cuidados a tiempo completo, debía
ocuparse de este tipo de cosas en su nombre.
Ella le tendió un último papel y dijo —Necesitaremos la firma de tu madre en
este.
—La conseguiré —dijo él. Tamborileó sus dedos en el mostrador—. Ya que
estoy aquí, pensé que podría llevarla a casa conmigo.
—Seguro —dijo ella. La secretaria tomó un teléfono y dijo —Maya Johnson a
la oficina principal para retiro temprano —La secretaria ondeó sus dedos hacia mí—
. Te verá en un segundo, Decker.
Él se giró, y me di cuenta que eran los rasgos que compartía con Maya que lo
hacían lucir más joven. Pero tenía círculos oscuros bajo sus ojos marrones, y su piel
era más pálida, lo cual lo hacía ver más grande. Parpadeó pesadamente en mi
dirección —Oye —dijo él—. Sobre anoche. No sabía... —Agitó la cabeza—. Decker.
De Decker y Delaney —Frunció la boca—. Lo siento, no me di cuenta que eras amigo
de Maya.
—Amigo —Era una exageración—. Claro —dije, y estiré mi mano para
estrecha la suya. Era más fuerte de lo que esperaba. Sostuvo mi mano como harían
los amigos abogados de papá, intentando demostrar autoridad en el puesto de
trabajo. Un apretón de manos adulto. Supongo que tenía que serlo, dado que estaba
llenando ese papel.
—Holden —dijo él—. Hermano de Maya —Luego bajó la voz y dijo—.
Lamento lo de tu papá, por cierto.
—Gracias —dije. Debería haber sido tu mamá, pero gracias.
—¿Decker? —La señora Woolworth estaba parada a medio camino de su
oficina, gesticulando hacia mi para que entre.
Vi a Maya revoloteando rápidamente por el pasillo, su mochila rebotaba en
su espalda a cada paso, como una niña pequeña, mientras me giraba para irme.
Abrió la puerta de un golpe y susurró:
—¡Un punto para el hermano! —y luego, más bajo —. Creí que debías irte
esta mañana.
Él rió —Me estoy ahogando en papeleo. Tu papeleo —dijo.
Megan Miranda Fracture

Ella se mordió el interior de la boca —Creí que tenías un examen que no


podías saltarte.
Él enganchó un brazo alrededor de su cuello, empujándola fuera de la puerta
—Resulta que no quería perderme el almuerzo con mi hermana, la que es un dolor-
en-el-culo.
—Ven, Decker —dijo la señora Woolworth. Agité mi mano hacia Maya, pero
ella ya estaba saliendo. Si me había visto, se había olvidado de mí una fracción de
segundo más tarde. De modo que giré hacia la oficina, mi castigo esperaba al otro
lado.
Su escritorio estaba inmaculado. La oficina entera estaba inmaculada. Ni un
papel a la vista, ni una mota de polvo. Ella estaba a cargo de la disciplina de la
escuela. Carson solía decir que solo su mirada podía quebrarte.
Pero, ahora mismo, sentada frente a mí, intentaba lucir amable. Preocupada.
No se podía traducir muy bien.
—Sé que ha sido un mes duro para ti —dijo ella. Supongo que Janna tenía
razón. Papá muerto me da un poco de soltura—. Un año duro, en realidad —
continuó—. Y parte de mi comprende lo que tratas de hacer.
Ella no había visto la cara de Janna en el bosque. Ella no había visto todos los
lugares a los que Carson debió haber ido.
—Pero no puedo dejar pasar esto, podrás entender. ¿Qué tipo de mensaje
enviaría eso? —Ella tamborileó la goma de un lápiz sobre el escritorio—. Pero no
veo motivo para involucrar a tu madre. O a tu expediente. ¿Participas en algún
deporte?
—No en otoño —Corría en la pista en primavera. Esperaba que no me echara
del equipo.
—¿Club?
—Nop.
—Bien. Entonces te veré luego de la escuela hasta que esté arreglado; puedes
ver al señor Hayes en el centro de deportes. Él te brindará todo lo que necesites.
Empiezas hoy.

Estaba en el estacionamiento con Justin y Janna. Justin le preguntaba a Janna


a quién intentaba impresionar con su falda, y Janna le decía a Justin que se vaya a la
Megan Miranda Fracture

mierda en cada forma posible. Vi a Kevin a través del estacionamiento y gesticulé


hacia él.
—No estoy en problemas—
—¿Ves? —dijo Janna—. Te lo dije —Ella agitó mi cabello, como si yo fuera
una mascota de la cual estuviese orgullosa.
—Pero tengo que arreglarlo.
—¿A qué te refieres con arreglarlo? —preguntó Janna, con los brazos cruzados
sobre su pecho.
—Lijar y pintarlo, supongo.
Ella se inclinó hacia mí y estampó un dedo contra mi pecho —No lo harás,
¿verdad?
—No tengo mucha opción —dije.
—Carson nunca pintaría sobre tu nombre —dijo ella, y dolió. Porque era
cierto. Pero yo no era él. Y tampoco Kevin, que puso una mano en su hombro y dijo
—Lo siento, Janna.
Ella se lo sacudió de encima.
—Así que... —dije—. Detalle de trabajo. Comienza hoy. Supuse que
podríamos terminarlo en un par de días si lo hacemos todos.
Kevin se encogió —Amigo, sí, eso es como una admisión de culpa de nuestra
parte.
Janna asintió —Ya me cansé de la buena voluntad hacia mi hermano muerto.
Miré a Justin.
—Yo... tengo que estudiar para un examen.
—Los odio a todos —dije.
Y mientras me iba, escuché a Kevin gritar —¡Vamos, Decker! —Como un
cántico de béisbol, y todos aplaudieron y alentaron a medida que me alejaba. Era
difícil odiarlos. Realmente.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 7
Traducido por Azhreik

Había formas peores de ver pasar septiembre. Pasé las tardes raspando
pintura, y no solo sobre las letras… sobre el cobertizo entero. Supongo que se
imaginaron que era un buen momento para repintar todo el edificio, y yo era mano
de obra gratis. Una semana de raspar pintura y lijar. Una semana de pintar. Hasta
ahora, dos semanas de evitar sencillamente a todos.
Las puertas del cobertizo normalmente estaban cerradas —aunque eso nunca
había detenido a Carson, quien abría el cerrojo de la ventana durante las prácticas
de la tarde cuando planeaba utilizar el cobertizo después— pero el señor Hayes tuvo
que dejar las puertas abiertas para mí mientras trabajaba, para que pudiera pintar la
moldura hasta las bisagras.
Había pasado tres días fingiendo hacer justamente eso, pero mayormente tan
solo estaba pasando el tiempo. Había una podadora en el rincón trasero. Equipo de
fútbol alineado junto a las paredes, redes y balones y vallas de obstáculos en varios
estados de desgaste. El piso era de madera, pulido lo suficiente para protección del
clima, pero no lo bastante para hacerlo cómodo.
Hacía frío adentro, más frío que el aire de afuera, cerca del otoño. Pasé tres
días allí recostado, en el centro de todo, con un contenedor de pintura abierto, con
las manos bajo la cabeza, oliendo aserrín y sudor y pintura y el débil olor de gasolina
de los contenedores junto a la podadora.
Me quedaba hasta después que las prácticas terminaran y la gente empezaba
a arrastrar equipo de vuelta al interior, luego conducía a la oficina de mi mamá,
donde comíamos juntos y no hablábamos sobre el hecho de que ella me había estado
mintiendo.
Entonces íbamos a casa de Delaney, donde decía cosas sin sentido como: está
lloviendo o el teléfono está sonando o ¿dónde tienen el detergente para ropa? Y también: No
sé cómo hacer funcionar la secadora, y no hablaba sobre el hecho de que ella me había
estado mintiendo.
Megan Miranda Fracture

Excepto por una noche, me arrinconó mientras yo tenía mi tarea de


matemáticas esparcida sobre la mesa del comedor y dijo —¿Durante cuánto tiempo
seguiremos haciendo esto, Decker?
Y yo dije: —¿Hacer qué? —Como un imbécil.
—Estás siendo un imbécil —dijo.
Y entonces me reí porque lo sabía. Ella subió las escaleras dando pisotones y
Ron, que Delaney no había visto en el sofá, me fulminó con la mirada desde el sillón
de la estancia, hasta que opté por hacer mi tarea en la oficina.
Y esa noche, encontré una nota bajo mi puerta. Decía: Para aclarar, no quería
decir que ERES un imbécil. Solo que estás actuando como uno. Además, la #2 está mal.
Buenas noches.
Dios, si no tuviera memoria, me enamoraría de ella de nuevo.
Pero la mayor parte del tiempo, yo no decía nada en absoluto. Delaney
trabajaba en su habitación, o si estaba en el piso de abajo, yo me sentaba afuera en el
patio trasero, o si ella estaba afuera en el patio trasero, yo me sentaba en el interior.
Resultó que no era tan difícil no ver a alguien. Incluso en la misma casa. Pensé
en cuántas veces había esperado que mi papá saliera de una habitación antes de
entrar yo. Cuántas veces había fingido dormir hasta que ambos se iban al trabajo
solo porque no estaba de humor para conversar.
Lo fácil que es volverse desconocidos.

En mi cuarto día de no terminar el cobertizo, una sombra se irguió sobre mí


mientras yacía sobre la madera desnuda —¿Esperando a alguien, Deck?
Tara sonreía y respiraba pesadamente, tenía el cabello oscuro en una coleta
alta. Tenía las mejillas rosadas, como si acabara de terminar de correr. Se inclinó para
subirse las calcetas sobre las espinilleras. Me guiñó el ojo mientras estaba agachada
—No te preocupes, no lo contaré.
Me enderecé sobre los codos —No, no espero a nadie.
—Ey, no tienes que explicarme a mí —Se encogió de hombros, pero se sentía
como si tuviera que explicárselo.
—Estoy pintando el cobertizo.
Ella elevó una ceja.
—Se supone que esté pintando el cobertizo.
Ella empezó a estirarse frente a mí, sentada sobre el piso de madera, con las
piernas rectas enfrente, alcanzándose los dedos de los pies —Yo, supuestamente,
Megan Miranda Fracture

vengo por conos —dijo, pero parecía que estaba tan interesada en conseguir los
conos como yo lo estaba en pintar el cobertizo.
Cambió de posiciones, colocando una pierna debajo de ella, e inclinándose
hacia su otro zapato —Escuché sobre Delaney —dijo—. Que miedo.
Me levanté, y me giré para que no pudiera verme —¿Escuchaste qué sobre
Delaney?
—Que alguien intentó allanar su casa mientras ella estaba ahí.
—Yo estaba allí —dije. Y eso no era exactamente lo que había sucedido.
—Que suerte para ella, supongo.
Su casa, sus ventanas. Mi mamá creía que ella era el blanco. Yo creía que yo lo
era. Pero era la casa de Delaney, y ella estaba en casa. Estaba en casa sola, hasta donde
todos sabían. Tal vez sí era ella. Empecé a revolver entre el equipo, distraídamente.
—No veo ningún cono —dije.
La escuché suspirar desde algún lugar detrás de mí —Detrás de las redes —
dijo.
Aparté las redes a un lado, con cuidado de no derribar ninguno de los
contenedores de gasolina, y saqué tres montones de conos—los mismos que
utilizamos en las clases de conducir, a juzgar por las marcas de neumáticos y que la
mitad de ellos estaban deformados.
Cogí dos montones y asentí hacia el tercero —Ayudaré —dije.
Ella se levantó y se sacudió el polvo de los pantalones de fútbol. Levantó el
montón de conos y chocó su cadera con la mía juguetonamente al pasar —Ah,
Decker Phillips. Siempre el héroe.
Habló durante todo el trayecto, por los campos de béisbol, la cancha de fútbol
americano, hasta la cancha de fútbol de las chicas. Habló y habló y yo no tuve que
decir nada. Habló sobre gente, sobre todo, sobre nada, y recordé por qué era tan
genial pasar el tiempo con Tara. Te olvidabas de todo lo demás. No había espacio en
tu cabeza para nada más.
Pero unas cuantas chicas del equipo dejaron de hacer carreras de
entrenamiento cuando nos aproximamos. Nos observaban, me observaban a mí, con
ella. Imaginé rumores de Tara y Decker comenzar justo en ese momento, circular por
la escuela, a través de todos, alrededor de todos, directamente hacia Delaney. Dejé
caer los conos en la esquina más alejada, saludé al equipo en general. Levanté la
mano cuando Tara gritó gracias, pero yo ya estaba a mitad del campo de fútbol y no
me giré.
Megan Miranda Fracture

Abrí la puerta del cobertizo. Mis ojos tardaron un segundo en enfocarse por
el cambio de luz. Encendí el interruptor de la luz, listo para abrir la lata de pintura
y terminar con esto. Pero la habitación olía raro. Demasiado a gasolina, no suficiente
a aserrín y sudor y pintura. El suelo estaba más oscuro, como mi casa cuando el agua
se había filtrado en los pisos de madera.
Pero era gasolina.
Uno de los contenedores rojos estaba de lado, el tapón yacía junto a él, y el
piso estaba empapado de gasolina. El contenedor estaba cerca de las redes, que yo
había movido para alcanzar los conos, pero había tenido cuidado. Había revisado.
Cuando me fui, estaban derechos y sellados; estaba seguro.
Y ahora este lugar entero estaba cargado y esperando, a segundos de arder
en llamas. La habitación entera, esperándome.
Esperando una chispa.
Crucé corriendo el campo, como si me persiguiera.

***

El señor Hayes dijo que era un accidente, pero creo que en realidad asumió
que era mi accidente —Está bien —dijo—. Aprecio que me dijeras. Pudo haber
terminado mal.
—Estaba así cuando entré —dije. Viniendo por mí, esperándome.
—Claro, claro. Probablemente uno de los entrenadores lo derribó al salir y no
lo notó.
—Pero el tapón. ¿No debería estar puesto? ¿No es ese el punto del tapón? —
Agua goteando de las paredes. Vidrio destrozado en el piso. Gasolina aferrándose al interior
de mis pulmones.
—Sí, así es. Probablemente alguien olvidó apretarlo —Un tapón abierto. Un
golpecito accidental mientras yo estaba fuera. Una cadena de pequeños errores que
pudieron haber terminado en desastre.
O un evento. Una persona, quitando el tapón, observando mientras la
gasolina se esparcía por el suelo. Esperando por mí.
Pero nadie sabía que yo todavía estaba allí adentro. Para cualquier otro
probablemente parecía que hubiera terminado cuatro días antes, como se suponía
que hiciera. Ahora sencillamente estaba evitando todo, hacía todo mecánicamente.
Contaba los días hasta que se volvieran semanas, las semanas hasta que se volvieran
Megan Miranda Fracture

meses, hasta que todos desaparecieran—en escuelas de todo el país, en trabajos con
largas horas, en apartamentos con amigos.
O desaparecerían de la escuela, se volverían elementos fijos para toda la vida
en este pueblo. No la misma gente. Como los alumnos que se quedaban aquí y se
ponían sus viejas chaquetas durante la celebración de bienvenida, volviendo a ser
las personas que habían sido alguna vez. Nunca los notábamos en el pueblo durante
cualquier otra época del año. Solo ese único día, cuando se convertían en quienes
recordábamos.
Todos desaparecerían. Ahora lo sabía.
Pero no Delaney. Ella siempre estaría aquí, o el fantasma de ella siempre
estaría aquí. Su leyenda. Una imagen de ella, flotando debajo del hielo, arañando
por salir. Viviría en las historias, las advertencias, que dirían generación tras
generación. No toques el lago Falcon. Te quiere. Quiere.
Nunca terminé de pintar el gimnasio. El señor Hayes tenía que limpiar el
derrame. Dijo que él terminaría. Supe que la próxima vez que regresara, las puertas
estarían cerradas.

Revisé mi auto, alrededor de mi auto. Revisé las calles en cada intersección,


incluso si la luz estaba en verde. Revisé su casa. Pasé los dedos por los marcos de las
ventanas, para asegurarme que estaban cerradas.
No debería quedarme aquí. Lo que sea que estuviera sucediendo —el agua,
las ventanas, la gasolina— me tenía como blanco. Ahora estaba seguro. Yo era el
único que lo unía todo.
Cuando regresara de Boston, idearía una forma de convencer a mi mamá para
que me permitiera marcharme. Aunque por la actividad en nuestra casa —hubo un
electricista ayer y una compañía de secado hoy— imaginé que de todas formas no
sería mucho más tiempo.
—¿Algo de ayuda con los víveres, Decker? —Joanne me estaba observando
desde el pasillo con dos bolsas de papel de víveres en los brazos. No la había oído
entrar. Escucha me había dicho la señora de la 2B. Ni siquiera había oído la puerta
de la cochera.
—Sí, lo siento —dije, retrocediendo de la ventana del frente. Fui a la cochera
y saqué unas cuantas bolsas del maletero.
Megan Miranda Fracture

—Te veo menos ahora que realmente vives aquí —dijo cuando regresé a la
cocina.
—Sí —dije, vaciando la bolsa. Sabía dónde iba todo en esta cocina.
Prácticamente crecí aquí.
Joanne se aclaró la garganta —Y no te preocupes por esas ventanas…
—No lo estaba —dije, aunque por supuesto que lo estaba.
—Bueno, como sea, acabamos de instalar un sistema de alarma —Apuntó al
teclado numérico en la pared—. Así que no necesitas preocuparte, si lo has estado.
—No lo estaba —dije de nuevo.
—Dos-cinco-cuatro-tres —dijo.
—¿Eh?
—El código —dijo.
—Oh, está bien, nos mudaremos pronto.
—Decker, no seas ridículo. Dos-cinco-cuatro-tres —repitió.
Saqué tres contenedores de hamburguesas —Hamburguesas en oferta —
murmuré mientras buscaba espacio en el congelador.
Joanne se puso una mano en la cadera —Tendremos una barbacoa mañana.
Está en el calendario —Apuntó al calendario pegado al costado del refrigerador,
luego sacudió la cabeza para sí—. ¿Soy la única en esta familia que revisa el
calendario familiar? —No deseaba señalar que yo en realidad no era un miembro de
esta familia, y que una vez que me mudara, ya no estaría por aquí—. De verdad, eres
peor que Delaney —dijo.

***

Nos iríamos a Boston en dos días, y yo tenía que estar en esa barbacoa en casa
de Delaney en menos de una hora. Igual que Maya, supongo, porque cuando aparecí
en el sótano de Justin después de la escuela, ella dijo: —Oh bien, puedes llevarme —
como si fuéramos amigos.
Deseaba contarles sobre la gasolina, sobre la sensación de que algo andaba
tras de mí, pero no con Maya allí. Ninguno de nosotros sabía cómo hablar con Maya
allí. Kevin seguía teniendo que hacer una pausa y explicar cosas en medio de una
conversación.
—Necesitamos hacer algo más grande —dijo Janna, descansando su cabeza
en el sillón.
Megan Miranda Fracture

—¿Más grande que qué? —preguntó Maya, y Kevin tuvo que explicar de
nuevo sobre el cobertizo.
—Estoy pensando en Johnny’s —dijo Janna, lo que tenía sentido ya que todos
habíamos comido allí desde que pudimos hacer algo por nuestra cuenta.
—¿Quién es Johnny? —preguntó Maya, y Kevin tuvo que explicarle que era
el sitio de pizza en el pueblo.
—Oh —dijo Kevin—. Mis padres son dueños de ese edificio, Janna, así que
no.
—¿Tus padres son dueños del edificio? —preguntó Maya, pero esta vez Kevin
no respondió.
Janna estrechó los ojos en su dirección —Y tienen el dinero para arreglarlo.
—¿Cuál es el punto? —preguntó Justin—. ¿Si simplemente vuelven a
pintarlo?
—Podrías hablar con tus padres —dijo ella a Kevin—. Hacer que lo dejen.
—Sí, no. Un mensaje espeluznante en un letrero sería malo para los negocios,
lo que sería malo para mis padres. ¿Ves cómo funciona?
—Sí, veo cómo funciona —dijo, con palabras cortantes y agresivas—.
Entonces piensa en una idea.
Esta sería la ocasión cuando Carson intervendría y le diría a su hermana que
se calmara, que dejara de ser tan mandona, y la rodearía con un brazo y diría algo
como: No se lo tomen en cuenta, está enojada por un examen de matemáticas. A -. Vaya
decepción. Y le sonreiría. Ella rodaría los ojos. Y terminaría. Pero ahora, el silencio tan
solo se asentó.
—Voy a irme —dijo Janna, y yo dije un adiós más fuerte de lo necesario,
intentando sacudir la incomodidad.
—Decker —dijo Kevin—. Lo que sea que esté sucediendo con Delaney,
arréglalo de una vez. Luces como la mierda. Está arruinando mi humor.
—Suficiente —dije.
—No —respondió—. Suficiente tú. Ruptura, bien. Pero los ojos desanimados,
melancólicos y enojados se acaban. Es incómodo. Cada almuerzo me da como un
dolor de cabeza por la tensión o algo —dijo. Giró los hombros hacia atrás—. Creo
que me está dando dolor en el cuello —Durante un segundo, creí que Maya le
susurró ese discurso a Kevin al oído. Pero Maya miraba fijamente detrás de mí. A
una Janna silenciosa y congelada.
Megan Miranda Fracture

—Me estás bloqueando la salida, Kevin —Estaba irritada, como si algo nos
estuviera forzando a estar juntos. Él le arrojó las llaves desde el sillón.
—¿Sexista? —preguntó ella.
—¿Cómo demonios eso es sexista? Te estoy confiando mi coche. Eso es lo
opuesto a sexista.
Necesitaba salir. Odiaba las brechas de silencio. La forma en que la ausencia
de Carson podía llenar esta habitación. La forma en que nos apartaba, en lugar de
unirnos —Vamos, Maya —dije. Ella intentó recargarse en Kevin, para despedirse de
la forma en que siempre se despedía, pero el brazo de él se puso rígido y se apartó.
Kevin me miraba como si la actitud de Janna también fuera de alguna manera
mi culpa.
—¿Qué? —pregunté.
Él reclinó la cabeza en el sillón, como solía hacer Janna cuando estaba
pensando —Tan solo quiero que todo regrese a ser como solía ser —Pero yo no veía
cómo eso era posible cuando uno de nosotros ya no existía.
Janna regresó mientras Maya recogía su bolsa. Tendió las llaves sobre su dedo
en dirección a Kevin, pero no se acercó más. Él extendió la mano, con la palma hacia
arriba, aún sentado en el sofá. La habitación estaba en silencio. Incluso Maya dejó de
revolver en su bolsa para observar. Janna lentamente inclinó la mano y la llave se
deslizó de su dedo en cámara lenta.
Colisionó con el duro suelo del sótano, destrozando el silencio.
La alarma del coche se encendió en la distancia. Debía haber presionado el
botón de pánico al caer. Pero Janna la dejó allí. Kevin la dejó allí. La alarma retumbó
en nuestros oídos. Fui a levantarlas, para silenciar el maldito ruido, para poner un
fin al empate.
—Espera —dijo Kevin mientras se levantaba del sillón. Caminó hacia Janna.
Se agachó para recoger las llaves, presionó un botón para silenciar la alarma
mientras se levantaba. Y al levantarse, rodeó a Janna con los brazos, jalándola hacia
él. Le susurró algo en el oído, y ella empezó a sollozar en su pecho, como si Carson
acabara de morir de nuevo. Y Kevin tenía su otra mano sobre los ojos, con el rostro
descansando sobre el hombro de ella.
Justin dijo: —Mierda —Y se dobló a la mitad sobre el sillón, con la frente
descansando en las manos.
Sentí que mi interior se doblaba a la mitad. Lo sentí morir de nuevo. Ahora
mismo.
Megan Miranda Fracture

Escuché a Maya empezar a hablar junto a mí. La mitad de una palabra —


¿Qu…?
La jalé del brazo y por las escaleras. Por la puerta. Fuera de donde no
pertenecía —No hables —dije. Condujimos en silencio tenso a casa de Delaney.
—Lo entiendo, sabes —dijo al girar en nuestra calle—. Si mi hermano…
bueno. Lo entiendo.
Pero ella no entendía que Carson había sido uno de mis amigos más cercanos
o que él había ayudado a salvar la vida de Delaney, y luego había muerto al lado del
camino por una extraña y repentina enfermedad convulsiva, con Delaney a su lado.
Y Delaney nunca le había dicho a Janna por qué estaban en el coche, recorriendo
juntos la autopista. Y Maya no comprendía todos los pasos que condujeron a eso,
cuando lo mirabas en reversa.
—Delaney te contó sobre la caída en el hielo, ¿verdad?
—No. Quiero decir, lo sé, pero ella nunca me lo contó.
Todos lo sabían. El pueblo prácticamente lo respiraba —Entonces supongo
que nunca te contó por qué estaba allí en primer lugar. Yo estaba enojado con ella,
eso fue antes de que estuviéramos juntos. Los encontré a ella y Carson unos cuantos
días antes. Sobre mi sofá —Apreté el volante—. Y Carson sabía que yo… él sabía.
Todos sabían. Así que estaba celoso y la hice hacerlo porque sabía que ella no quería.
Y cuando se detuvo a la mitad, vi a Carson esperándonos, y la molesté al respecto,
y entonces la dejé allí.
Aparqué en mi entrada, pero Maya no se movió para desabrocharse el
cinturón de seguridad —Y entonces ella cayó —dije, mientras apagaba el motor.
—¿Por qué me estás diciendo esto?
No tenía idea. Pero se sentía como algo que tenía que decir. Que Carson no
era perfecto, que ninguno de nosotros lo era, pero no importaba. Que todo, cada cosa
horrible que había sucedido durante el último año podía rastrearse hasta mí —
Porque tú no entiendes —dije.
—Crees que soy tan idiota —dijo—. Que tan solo soy una chica con la que tu
amigo tontea. Que soy incapaz de pensar.
—No es así —dije.
—Y ahora —dijo, desabrochándose el cinturón y abriendo la puerta—. Estás
mintiendo.
Megan Miranda Fracture

Todos estaban demasiado alegres, demasiado ruidosos, en casa de Delaney.


Maya hizo la transición perfectamente, sonrió y dijo: —Gracias por invitarme —Y se
fue a unir a la multitud en el patio trasero donde Ron asaba hamburguesas mientras
Joanne atendía la cocina. Había presentes unos cuantos de nuestros vecinos. Mi
mamá estaba aquí. Todos comían en el patio trasero o habían terminado de comer y
ahora estaban sentados por ahí. Y todas las ventanas estaban abiertas.
Probablemente uno de los últimos días que serían capaces de abrirlas. Traje mi
comida al interior y la picoteé sobre la encimera de la cocina antes de mudarme a la
estancia vacía, escuchando la conversación a través de la ventana abierta.
—¿Vas al viaje, Maya? —preguntó Ron.
—Nop. Todavía me queda un año —dijo.
—¿Cómo está tu mamá? —preguntó Joanne.
—Bien —dijo Maya. Hubo una pausa incómoda, y entonces Maya empezó a
hablar de nuevo—. Como sea, voy a visitar a mi hermano este fin de semana.
—¿A dónde va a la escuela? —preguntó Ron.
—Portland —dijo—. No demasiado lejos.
Lo más al sur de Maine. Al menos a tres horas de distancia. Bien podría haber
sido Boston o Nueva York o Florida. Pero al menos estaba lo bastante cerca para que
su hermano se montara en un coche si necesitaba hacerlo.
—Al menos puedes conducir —dijo Joanne—. ¿Estás segura que no quieres
ir a algún lugar donde puedas conducir, Delaney?
Delaney no respondió.
—No le va muy bien en los vuelos —dijo Joanne, supongo que al resto del
grupo. Eso era un eufemismo.
Escuchaba desde el sofá de la estancia con una lata de soda en la mano y mi
tarea en mi regazo, aunque no estaba concentrado realmente —Bebe algo de té —le
dijo mi mamá a Delaney. Beber té era su cura para los nervios.
—Estaré bien —dijo Delaney. Delaney no estaría bien. Ella odiaba volar. Lo
odiaba, pero lo hacía. Me contó que mentalmente sabía que estaría bien, pero no
podía convencer a su cuerpo.
—Oh —dijo Maya—, ¿Has intentado Xanax? Hace maravillas.
Hubo un latido de silencio antes que su madre dijera: —Delaney preferiría no
tomar medicina —Sí, lo prefería desde que su madre continuó administrándole
medicamentos a la fuerza, intentando regresarla a la persona que creyó conocer
antes del accidente.
Megan Miranda Fracture

—¿Tal vez ya lo superaste? Lo hiciste grandioso durante las vacaciones de


primavera —dijo Joanne.
Me ahogué con la soda, y la tuve que limpiar de mi cuaderno. En las
vacaciones de primavera había tenido que visitar a su abuela en Florida. Se puso
ansiosa durante toda la semana anterior, pero al menos tenía la escuela para
distraerse. La mañana de su vuelo, el primer día de las vacaciones, se presentó en
mi puerta frontal —Me voy en quince —dijo, paseando arriba abajo en la estancia,
de forma ausente. Tenía puesta una falda negra que apenas le llegaba a las rodillas
y unas medias grises debajo. La falda era ondulada y bonita, pero definitivamente
no su estilo —Bonita falda —dije, intentando atraparla mientras caminaba de arriba
abajo.
—Mi abuela me la dio en navidad, así que —Se desplomó en el sofá, y su falda
se levantó dos centímetros, y pude ver que sus medias no eran medias en absoluto,
sino algo que terminaba en su muslo.
—¿También estas? —pregunté, jalando la parte superior de su media.
—No, esas son todas mías —Se levantó y dijo—: Mira, apropiadas para el
clima de Maine —Hizo un gesto hacia sus piernas cubiertas. Entonces se inclinó y se
bajó las medias —Apropiado para el clima de Florida. Totalmente practico, puedo
hacerlo en el avión.
Era tan lógico y ridículo y tan absolutamente Delaney. Se sentó de nuevo, y
sus dedos temblaron al subirse la media de la pierna izquierda. Me arrodillé frente
a ella —De acuerdo, tienes que respirar —Le subí la derecha. En realidad me parecía
adorable que los aviones la asustaran. De todas las cosas que le habían sucedido en
los últimos meses, esto aún la asustaba.
Estaba sonriendo y tenía mi mano en su pierna, a punto de levantarme.
Y ella definitivamente seguía sin respirar.
Entonces sentí su piel desnuda bajo la falda, bajo mis manos, donde me había
congelado. Su piel estaba caliente. La habitación estaba caliente. No quería
apartarme. Volteé a verla, y ella me observaba, y su boca estaba medio abierta y dije:
—De acuerdo, de verdad, respira.
Ella sonrió durante un segundo, y no se apartó de mí o dijo nada astuto o me
dijo que se tenía que ir, lo que sí tenía que hacer. Podía escuchar el reloj sonar desde
la repisa de la chimenea.
Pasó una cantidad eterna de segundos, los escuché sonar, donde ninguno se
movió. Ninguno respiró.
Megan Miranda Fracture

—Oye, Delaney. Te amo, lo sabes —Se lo había dicho antes, más de una vez,
pero nunca arrodillado entre sus piernas, con la mano a mitad de su falda, donde
podía sentir su pulso acelerándose. Ella asintió y la besé en la boca y movió la mano
y casi perdí la cordura cuando ella cerró los ojos y se inclinó hacia mí. Perdí la
cordura completamente cuando susurró mi nombre y me acercó más, respirando en
mi oído.
Después no le dije que era hora de irse. Pero la jalé para levantarla, y observé
cómo su falda se bajaba. Me besó en despedida, presionando cada parte de ella
contra cada parte de mí.
Cruzó la habitación y sonreí; o seguía sonriendo, y dije: —Ten un buen vuelo.
Ella abrió la puerta delantera, miró sobre el hombro y sonrió como si supiera
un secreto. Un lado de ella que yo nunca antes había visto.
Y de todos los momentos que sucedieron entre ese día y este, ese era el que
más recordaba. El que me hizo sentir como si no hubiera conocido todo de ella hasta
ese día. Que cada aspecto de ella —los que mostraba y los que no— eran míos. Y
algunos eran tan solo míos.
Incluso ahora, me estremecía saber que ella estaba pensando en ese momento
horas después, en el avión. Que se distrajo de su miedo a volar al pensar en eso. Que
lo pensaba en este mismo segundo mientras caminaba detrás del sillón, camino al
baño.
—Entonces, supongo que realmente debes extrañarme ahora mismo —dije.
Las palabras supieron viles al salir, se sintieron como ácido en el aire. Quemaron su
piel, quemaron sus ojos, quemaron todo entre nosotros.
—¿Qué dijiste? —preguntó, rodeando el sillón. Me miró fijamente, pero yo
no podía mirarla a ella. También sentía las palabras quemarme—. Por supuesto que
te extraño. Te extraño todo el tiempo, pero no hagas eso —dijo, y observé sus pies
recorrer el pasillo. Me dejaba odiarla, me dejaba estar enojado, pero esto no—. No
—dijo de nuevo, el segundo antes de azotar la puerta.
No nos hagas algo ordinario.
No nos hagas no importar.
No nos des por terminado.
Megan Miranda Fracture

Maya estaba parada junto al sillón cuando Delaney regresó —Mi mamá acaba
de mandar un mensaje —dijo, sosteniendo su teléfono—. Me necesita en casa.
¿Alguna oportunidad de que alguien me dé un aventón?
Joanne salió de la cocina con un contenedor Tupperware de ensalada de
patata —¿Qué hay de una hamburguesa para el camino? ¿Para tu mamá?
—Un momento —dijo Maya, tecleando en su teléfono—. No gracias —dijo.
—No tienes que irte —dijo Delaney—. Vamos, mi mamá hace un pastel de
manzana para morirse.
Pero Maya volvió a agitar su teléfono —Sí —dijo—. Sí tengo que irme.
Joanne dijo: —Delaney, llévala a casa.
Joanne no siempre entendía a Delaney. No comprendía cada giro de sus
pensamientos, cada tono de voz, pero yo sí.
Delaney sonrió falsamente y se dirigió a la puerta principal, pero yo sabía.
Maya tan solo quería una excusa para salir de aquí. Honestamente, hoy no podía
culparla.

Después de la cena, caminé con mi mamá hacia nuestra casa. Abrió la cochera,
que permanecía perfectamente funcional, sin daño por agua. Una luz separada,
accionada por batería y no conectada al resto de la casa, colgaba del techo con su
propio interruptor. Ella la encendió, y la habitación se llenó de un brillo amarillo.
—Podría acampar aquí —dije. Ella se rió. Yo solo bromeaba a medias.
Tenía libros y papeles esparcidos encima de la capota del coche gris de mi
papá, que estaba allí sin utilizar, provocándome. Como si él estuviera aún aquí, en
esta casa. Me preguntaba si ella planeaba venderlo. Me preguntaba si me lo daría si
se lo pedía, si lo quisiera.
—Quiero tu opinión sobre los pisos —dijo.
—¿Los pisos? —pregunté, intentando descubrir de qué estaba hablando.
—Sí, el color. Tenemos que reemplazarlos, así que estoy intentando decidir
qué quiero.
—Lo que quieres —dije. No podía procesar eso. Lo que quería, como si todo
esto fuera una excusa para hacer cosas en la casa. Podía ver por qué la aseguradora
decía que nos estaría observando con mucha atención—. ¿Qué tenían de malo los
pisos que teníamos?
Megan Miranda Fracture

—Nada —dijo, pero se encogió de hombros—. No estaban en la mejor forma.


Antes. De todas formas, estaban en mi lista de cosas que arreglar.
—No hablas en serio —dije. Se congeló bajo la luz de la cochera, sabiendo
exactamente a qué me refería—. Quieres mi opinión sobre los malditos pisos.
Quieres cambiar los malditos pisos.
Apoyó la palma sobre la capota del coche, sosteniéndose —De todas formas,
tenemos que poner pisos nuevos.
—Y crees que me importa.
Apretó la boca, como hacía cuando estaba decepcionada de mí. O como hacía
cuando no quería revelar nada —Estoy intentando incluirte.
—Oh, ¿ahora quieres incluirme? Es gracioso. Es divertidísimo. Sí, hablemos
sobre los pisos. Eso es importante —Tenía las manos en el maletero, y nos quedamos
allí parados, mirándonos el uno al otro por encima del coche—. ¿Honestamente te
importa? —pregunté.
—No lo sé, Decker. Pero ¿no crees que merezca algo bueno? ¿Incluso si tan
solo son los malditos pisos?
—¿Qué hay de mí? —pregunté.
—¿Qué hay de ti? —preguntó—. ¿Qué te gustaría? ¿Te gustaría ir a Boston?
Oh, bien, ya irás. ¿Te gustaría que pagara tu universidad, aunque no tienes idea de
qué quieres hacer? Porque lo haré. Lo estoy intentando. Así que dime, ¿qué es
exactamente lo que quieres?
La miré fijamente. Ella me miró fijamente.
Escucha. El zumbido de la luz, su respiración, mi respiración.
Ella bajó la voz y dijo: —Me refiero a algo que realmente pueda darte.
Dejé caer la cabeza y cerré los ojos. Odiaba mirarla de esta forma. Ella rodeó
el coche y me jaló hacia ella. Le rodeé la espalda con los brazos y enterré el rostro en
su hombro. Hoy me di cuenta que nunca superaríamos a Carson. Yo nunca superaría
esto —Lo siento —susurró mientras yo me tragaba la urgencia de llorar. Estaba
perdiendo.
Odiaba que estuviera disculpándose, como todos los demás con sus
condolencias inútiles.
—Siento que no te dijéramos —dijo.
Me pregunté por qué Delaney no podía decir lo mismo.
—¿Por qué no hicieron algo? —murmuré en su hombro—. ¿No es ese todo el
punto de ser un cardiólogo? ¿Para arreglar el maldito corazón?
Megan Miranda Fracture

Dejó escapar una respiración lenta —Es una condición que puede afectar tu
cuerpo entero, pero afectó mayormente a su corazón. Tenía depósitos por todos
lados para cuando tuvo algún síntoma. Lo estaban supervisando… hicieron lo que
podían. Pero, Decker, sabíamos que no había cura para la amiloidosis cardiaca. Lo
siento mucho.
Era como si estuviera disculpándose porque nadie más podía.
—¿No podían tan solo darle un nuevo corazón?
Pude sentirla sacudiendo la cabeza. Susurró: —No, no podían. Tan solo
volvería. Era parte de él.
Apreté los dientes. Sacudí la cabeza. Sentí que la ira me atravesaba de nuevo
—¿Y eso era todo? —Odiaba sentir que él se fue gradualmente. Deseaba que fuera de
la clase que combate a la muerte, hasta el final.
—Estaba tomando medicina, Decker. Intentaba ralentizarlo. Lo estábamos
supervisando… lo hacíamos. No creímos que sería tan pronto —Sentí su peso, como
había sentido el de mi papá cuando cayó al suelo. Y me di cuenta que habíamos
cambiado posiciones. Yo la sostenía a ella.

Delaney bloqueaba la puerta de la oficina/mi dormitorio cuando intenté irme


a la escuela la mañana siguiente. Debía haber estado esperando allí, porque tan
pronto la abrí, vestido y listo para irme, ella puso las manos a ambos lados y se
inclinó hacia mí.
—Mierda —dije, mientras dejaba caer mi bolsa en shock. Miré fijamente el
piso.
—Esta es mi casa —dijo. Si la estuviera mirando, mi suposición es que ella
estaría haciendo una mueca—. Ya no vas a hacerme sentir como mierda en mi propia
casa. No vas a hacerme sentir como… basura…
Hice una mueca.
—…en mi propia casa.
—Lo siento —dije, aunque odiaba ser yo el que se disculpara. Sentí la culpa
revolviéndose en mi interior, donde estaba permanentemente, como un pulmón.
Fácil olvidarte de él hasta que no puedes respirar.
Culpa por dejarla en el lago. Culpa por todo lo que siguió. Ella fue a mi casa
después y dijo: —Te perdono —Como si fuera la cosa más fácil del mundo. Y
entonces lo hizo. Nunca lo mencionó. Ni una vez.
Megan Miranda Fracture

Todos los demás actuaron como si yo fuera un héroe porque la había salvado.
Nadie recordaba lo que sucedió el momento antes, cuando la dejé.
Ella sencillamente… me perdonó. Me preguntaba si yo podría hacer lo
mismo. Si podría forzar las palabras y obtendrían significado en el trayecto de mis
pulmones a mis labios. Si se volverían reales.
Abrí la boca, pero ella levantó la mano —Y sé que no se supone que diga esto,
porque tu papá murió y me odias y ni siquiera puedes ir a tu propia casa. Y ahora
estás aquí atorado con una chica a la que ni siquiera puedes mirar, en un lugar en el
que no quieres vivir, y apesta. Pero esta es mi casa. Así que finge. No es tan difícil.
Mira, yo estoy fingiendo ahora mismo.
Sonreí de verdad porque era tan ridículo. No estaba fingiendo nada; estaba
diciendo exactamente lo que pensaba —¿Exactamente qué estás fingiendo? —
pregunté.
—Estoy fingiendo que esto… —Agitó las manos en el espacio vacío entre
nosotros—, no me está matando.
Tragué el nudo en la base de mi garganta —¿Algo más?
—Sí —dijo. Y eso era exactamente como Delaney. Ignorar mi sarcasmo—.
Cuando te termines la maldita leche, no la regreses al maldito refrigerador.
La miré entonces, mientras se alejaba, con el cabello cayéndole a mitad de la
espalda. Y la verdad es que la intercambiaría de nuevo. Haría el mismo trato. Ella
por cualquiera.
Incluso ahora.
Me revolvió el estómago saber eso.
—¿Tengo un turno para hablar ahora? —pregunté.
—Lo siento —dijo—. El tipo que vive en mi casa está demasiado molesto
conmigo para permitirme ir con él a la escuela, así que tengo que alcanzar el autobús.
Punto: Delaney.
—Nunca dije que no pudieras.
—No, sencillamente te fuiste sin mí. Lo bueno es que soy lo bastante
inteligente para leer entre líneas.
Escuché la voz de Maya en mi cabeza, diciéndome que madurara —Solo
dame un segundo —Le arrojé las llaves, y para cuando salí, ella estaba sentada en el
asiento del pasajero con el motor encendido, leyendo un libro.
La escuché girar las páginas mientras conducíamos. Podría cronometrar el
reloj. Pero cada pocos minutos se detenía y hacía una nota en el margen. Para la
Megan Miranda Fracture

escuela, para una calificación. No me disculpé, no dije que la perdonaba mientras


estaba sentada a mi lado, planeando su futuro como si nada de esto importara a
largo plazo.
No dije nada en absoluto.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 8
Traducido por Leenz

—No contestaste el teléfono esta mañana —dijo Kevin, mientras yo cerraba


mi casillero.
—Lo siento —dije. No he respondido al teléfono por un tiempo. No a
propósito, pero mantengo el tono muy bajo. Me sobresalta.
—Necesitaba un aventón —dijo él y sus ojos estaban muy abiertos, como si
me estuviera perdiendo algo importante —Mi coche no arrancó, mis padres ya se
habían ido y no pude encontrar las llaves del de repuesto —Asentí. La expresión de
Kevin no cambio. Él no tenía idea de cómo sonaba. Un coche de repuesto. Él tiene
un coche de repuesto. Como el resto de nosotros tenemos una llanta de repuesto en la
cajuela para emergencias. Ellos tienen todo un coche.
—Lo siento —le dije—. Parece que llegaste bien.
—Amigo —dijo él, se inclinó un poco y bajó la voz —Tome el autobús.
Me reí. No podía detenerme. No pude recordar alguna vez en que Kevin haya
tomado el autobús. Antes de que obtuviera su licencia, el hermano mayor de Justin
los traía a ambos. Luego ellos se fueron a la universidad y se llevaron el coche, pero
Kevin ya tenía su licencia y un coche, y aparentemente, también uno de repuesto.
—Pero esa no es la peor parte —dijo él—. Se suponía que iba a recoger a Maya
—Él hizo esa exagerada expresión de ¡mierda! Levantó sus manos—. Llaves de la
camioneta. Por favor. Regresó en veinte.
—Oh-oh. De ninguna manera. No te vas a llevar mi coche.
—La chica está esperando en su casa. Con su madre moribunda. ¿Es en serio?
Coloqué la llave en mi dedo —Creo que me queda algo de buena-voluntad-
por-padre muerto.
Maya paseaba por el corredor cuando llegamos. Ella miraba su celular y luego
miraba la calle. Maya era la única cosa que me recordaba que la casa del lago de
Justin ya no era solo la casa del lago de Justin. Honestamente, lucía bastante igual.
No había coches en la entrada, salvo el nuestro. Las mismas cortinas baratas
cerradas en las ventanas frontales. Me preguntaba si ellos usarían los mismos
muebles que siempre hubo allí, o si trajeron los suyos. Me pregunto qué tan enferma
Megan Miranda Fracture

estaba su madre, que la casa no había cambiado, solo la rampa para la silla de ruedas
en los escalones del frente.
Kevin me había dicho que nunca entró. Ni cuando iba a buscarla. Me dijo que
pasaban la mayor parte del tiempo en el asiento trasero de su coche. No se quejaba.
Maya nos vio llegar y colgó su mochila en sus hombros. No su mochila
escolar. Algo más grande. Ella miraba sus pies mientras caminaba hacia la
camioneta, pero se detuvo cuando vio a Kevin bajar del asiento de pasajeros.
—Pensé que dijiste que venías en un auto prestado —dijo ella.
—Así es —dijo él—. Incluso traje un conductor —Él apostó a la frivolidad.
Ella no le creyó.
Me miró a mí, sentado en el asiento del conductor.
—Maya, sube al coche —dijo Kevin—. Ya es tarde. La próxima vez, toma el
autobús.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho y gritó hacia mí en el coche.
—¿No es mi novio el más dulce? —Me preguntó.
—¿En serio? —dijo Kevin, cruzando los brazos por su espalda—. ¿Quieres a
otro a quien mandonear? Fíjate si alguien más viene hasta aquí y te da un maldito
aventón —Sabía a dónde iba todo esto. Cómo esto inevitablemente se daría vuelta.
Kevin no cedería. Se pondría terco y caprichoso, no daría su brazo a torcer, ella se
enojaría y amenazaría con irse, y Kevin no haría nada por detenerla.
Estaba a punto de presenciar una ruptura. Miré mi reloj, sacudí mi cabeza.
Salí del coche —Vamos —dije—. Necesito regresar a clases.
—Lamento arruinar la mañana a todos —dijo ella—. Pero la razón por la que
necesitaba un aventón, Kevin, es porque necesito ir a la estación de autobuses. Lo
sabrías si escucharás la mitad de lo que digo.
Ella se tragó sus lágrimas y tiró su gigante bolsa en el suelo.
Recogí su bolsa antes de que pudiéramos averiguar si Kevin lo iba a dejar allí.
Si la iba a dejar a ella allí. Antes de que esto se fuera cuesta abajo.
—¿Vas a faltar a la escuela? —pregunté. Estábamos preparando una excusa
para faltar un día por el viaje a Boston. Ella no, asumí.
—Odio estar sola —dijo ella. Rozó a Kevin al pasar a su lado. Él inclinó su
cabeza hacia atrás e hizo una mueca de exasperación. La abrazó por la cintura, la
apretó hacia él y la besó. No era mi intención estar parado allí observando; es solo
que nunca vi a Kevin ceder de esa manera.
Megan Miranda Fracture

—Lo siento —dijo él—. Llegué aquí lo más rápido que pude. Te llevaría
conmigo si pudiera.
Cerré la puerta del coche. Me preguntaba qué tan enferma estaba la mamá de
Maya que ya sentía que estaba sola.
Casi esperaba que Kevin se deslizara en el asiento trasero con Maya, eso
implicaría lo mucho que ignoraban mi existencia. Pero Kevin tomó el asiento junto
a mí y nos quedamos en un silencio completamente incómodo. Aclaré mi garganta.
—No sé dónde está la estación de autobuses.
Kevin suspiró. Ruidosamente. Como si toda esta situación tuviera diecisiete
capas de repugnancia.
—A un par de kilómetros por la autopista. Detrás del Burguer King —dijo
Maya.
—Eso es como, casi diez kilómetros —dije.
—No era mi intención que perdieras tus clases —dijo ella, con voz suave. Lo
hubiera creído si no fuera por que escuche el otro costado de ella una vez.
—Está bien —dijo Kevin—. Perdón por no haber llegado antes. Y, por cierto,
solo pedí prestado el coche. No al conductor. Él no me confío su bebé.
—Ah, confío en ti para manejarlo —dije—. Es solo que no sabía que planeabas
hacer en él.
Kevin se rió, lancé una mirada en el espejo retrovisor para ver si ella lo hacía
también, pero no prestaba atención. Estaba revisando su cartera mientras yo tomaba
la autopista.
—Ok, esto es embarazoso —dijo ella—. ¿Alguna chance de que me presten
dinero para el pasaje?
Kevin sacó su billetera y tomo su solitario billete de veinte dólares. Ella lo
tomo entre sus dedos y pregunto: —¿No tienes más dinero?
—Lo siento, no tengo.
—¿En serio? Eres muy rico. Todos sabemos eso.
Los ojos de Kevin se agrandaron. Es verdad. Lo era. Todos lo sabíamos. Él
tenía un maldito auto de repuesto. Sus padres tenían edificios. Pero nadie se lo echaba
en cara, nadie le había pedido dinero, nadie esperaba que nos invite algo solo por
eso. Él estaba aquí, en medio de la nada, como el resto de nosotros.
—No —dijo él—. Mis padres son asquerosamente ricos. Yo tengo que trabajar
si quiero dinero.
—Claro —dijo ella—. Estoy segura de que compraste ese coche por ti mismo.
Megan Miranda Fracture

—No, no lo hice. Por esa razón está a nombre de mis padres.


—Ok, ok —dijo ella—. No intento ser una perra ni nada de eso, pero voy a ir
a ver a mi hermano y no tengo nada de dinero, así que por favor ¿podrías prestarme
más? Por favor.
—Maya, lo haría. Tengo una tarjeta de crédito para emergencias, pero eso es
todo lo que tengo ahora. Hasta mi próximo pago. No soy muy bueno manejando el
dinero.
—Kevin. Mi madre está muriendo. Esta es una maldita emergencia —Sus ojos
se llenaron de lágrimas, tomé mi propia cartera. Las lágrimas de las chicas son
kriptonita. Tomé mis cuarenta y tres dólares y los pase al asiento trasero.
Kevin puso una mano en mi brazo.
—No, ella tiene razón. Yo arreglo esto.
Maya no habló en las últimas ocho millas, pero de vez en cuando la oía tomar
pequeñas bocanadas de aire. Kevin inclinó su cabeza contra la ventana. Me
preguntaba cuando dejaríamos de pensar en la muerte. Si había siquiera una chance
si tenía una novia que era atraída hacia ella.
Escucha. La camioneta variaba la velocidad mientras subíamos la colina;
Kevin tamborileaba sus dedos en la base de la ventanilla; el ruido intermitente
mientras llegábamos a la estación de autobuses.
—Te voy a extrañar —susurró ella cuando bajo del asiento trasero.
—Son tres días, nena —dijo Kevin.
Kevin pagó el boleto en la estación. Pasó sus manos por la larga cabellera de
ella. Se inclinó para besarla. Desvíe mi mirada. Espere afuera. Pateé una roca por el
estacionamiento.
—Mierda —dijo cuando regresó al auto—. Ahora me siento como un idiota.
—No es tu culpa que su mamá esté enferma.
Él se encogió de hombros —Supongo que no.
Pero entendí a lo que se refería. Hay una extraña culpa que viene con la
impotencia. Porque no había nada que pudiéramos hacer, excepto darle veinte
dólares, como condolencias, aunque eso no cambiaría el hecho de que su mamá iba
a fallecer muy pronto.
Estábamos a punto de llegar a la escuela cuando dije: —Estaba seguro de que
estaba a punto de presenciar un rompimiento épico entre Kevin y Maya cuando la
fuimos a recoger.
Megan Miranda Fracture

Él sonrío. Casi —Ella no suele ser así, sabes. ¿Recuerdas? Dios, ella era tan…
perfecta en el verano.
Yo no estaba totalmente de acuerdo con esa afirmación, pero elegí quedarme
callado.
—Como sea —dijo él —No puedo romper con ella ahora —Sabía por qué.
Pero, aun así.
—No es que ella sea exactamente amable —Probablemente no debí decir eso.
Si alguien dijera eso sobre Delaney, me habría enfurecido. Pero tampoco creo que el
asunto con Maya fuera más allá de lo superficial. O, tal como él dijo, de la parte
trasera de su auto.
—Yo tampoco lo soy —dijo él. —¿Sabes lo que pasó con Tara?
—La dejaste.
—¡Ja! Eso hubiera sido algo amable. No, hice que ella lo haga. Le pregunté si
le importaba que saliera con Maya la noche siguiente —Él hizo una mueca. Sacudió
su cabeza—. Le importaba.
Pensé en Kevin en el funeral de mi padre. Kevin en mi casa, con su cara
pegada contra la ventana, sin permitir que me quedara solo. Kevin empujando la
silla para Delaney en el almuerzo.
—Eres amable —le dije—. Pero también eres un idiota.
Regresamos a la escuela a mitad del segundo período. Los pasillos estaban
vacíos.
—Te debo una —Me dijo antes de entrar a su salón de clases y saludar a su
profesor.
—Disculpe. —Escuché que dijo—. Problemas de chicas.
Caminé por el pasillo al ala de Historia e Idioma, pero me detuve una clase
antes de la mía. Vi a Delaney en la parte frontal de la clase, sus ojos seguían al
profesor mientras camina de atrás hacia adelante por el salón, la punta de su lápiz
descansaba en su labio inferior.
Di la vuelta antes de llegar a mi clase, giré y regresé—ella miraba por la
ventana, su cabeza descansaba en su mano. Meditando sobre algo.
Pasé por allí de nuevo y ella escribía. La luz del exterior golpeaba su
escritorio, y tenía una mano alrededor del papel, cubriendo las palabras mientras las
creaba.
Una vez más. Iría una vez más y luego regresaría a clases. Pero mientras
giraba, la puerta se abrió y ella corrió hacia el pasillo en otra dirección, revolviendo
Megan Miranda Fracture

su mochila mientras caminaba. Se desvío hacia el ala que llevaba al baño de chicas,
puso su mano sobre un oído, presionando el celular con la otra mano y susurró: —
¿Hola?
Estaba cerca. Más cerca de lo que debería estar. Justo afuera del baño. Si ella
no estuviera escuchando atentamente a la persona del otro lado del teléfono, me
habría oído. Di un paso hacia adentro del pasillo que llevaba a los cubículos.
Ella asentía y decía: —Sí. ¿Diez? Si, puedo hacerlo —Colgó y pude ver su boca
recitar algo para memorizarlo.
—¿Quién era? —pregunté sin pensarlo.
Ella se sobresaltó. Puso su mano sobre su corazón. Hizo una pausa muy larga
antes de responder —Un amigo.
Maya se había ido. Todos estaban en clases. Yo estaba parado frente a ella.
Un amigo.
Estaba mintiendo. Escondía algo. ¿Cuánto de ella escondía de mí?
La miraba fijamente, cosa a la que no tenía derecho en realidad, y dijo —¿Qué
estás haciendo aquí?
Me encogí de hombros y dije —Llegue tarde a clases —Luego me di cuenta
de que se refería al hecho de que estaba técnicamente en el baño de mujeres, entonces
le dije —Luces… como si algo anduviera mal.
Ella miró su teléfono. Luego a mí. Presionó sus labios y asintió. Pero antes de
que tuviera la certeza de que lo guardaría como un secreto, antes de tener la
seguridad de que no iba a decírmelo, dije: —Está bien. No necesitas decírmelo. Digo,
lo que hagas ahora no asunto mío, ¿verdad?
Ella puso una mano en la pared —¿Quieres saberlo o no, Decker? —Me
preguntó. Significado sobre otro significado.
Escuchamos unos pasos y di un paso más cerca de ella. Nuestra respiración
compartía el mismo espacio.
Escucha. Pasos en el pasillo; ella conteniendo la respiración. Esperanza.
Pupilas negras, que se dilatan.
El peso de mi padre mientras se desliza por el piso.
Su rostro pálido cuando salió de mi casa.
Su rostro pálido mientras la sacaba del lago Falcon.
Sentí mis pulmones buscar aire, pelear entre ellos por aire, sentí que no
ingresaba nada. Regresé al pasillo lo más pronto posible mientras oía desaparecer
Megan Miranda Fracture

los pasos, corrí hacia el baño de chicos y mojé mi cara con agua fría, intentando
borrar la imagen.
Abrí mis ojos y vi su reflejo en el espejo distorsionado que esta sobre el lavabo,
como si flotara, hundiéndose. Moví mis dedos a lo largo de la imagen.
—¿Estás bien? —Me preguntó. Giré. Ella estaba justo detrás de mí. En el baño
de hombres.
—En mi mente, te veo morir. Todo el tiempo —Ella se puso pálida, tal como
en mi visión—. En mi mente aún estás muerta.
Era algo horrible para decir, por lo cual nunca se lo había dicho antes. Era
algo horrible que no tenía que saber. Era algo horrible para pensar.
—¿Es… esa una de las razones del pánico?
Le escondía cosas y ella me escondía cosas, y me preguntaba si habría algo—
algo desde antes—que ya estaba roto entre nosotros. La falta de confianza que
empezó el día en que la deje en el lago. Si lo de mi padre fue solo lo que le dio un
nombre.
—Es la única razón —dije —Cada vez.
Era muy fácil ser honesto con ella cuando no estábamos juntos. Cuando no
estaba preocupado por no herir sus sentimientos—algo que ya había hecho. Imaginé
que no podía ser peor. Estaba equivocado. Ella asintió y se fue, lentamente. Sus pasos
fueron silenciosos mientras salía del baño. Para cuando salí al pasillo, ya se había
ido.

Empacaba para ir a Boston, luego de que todos fueron a sus habitaciones,


cuando oí chirriar la puerta principal. Pero no escuché ningún motor. Fui a la
ventana justo para ver la coleta rubia de Delaney doblando la esquina, alejándose.
Parecía que llevaba prisa.
¿Qué demonios?
En mi intento por evitarla en las últimas semanas, no tuve idea de lo que ella
había estado haciendo. En lo que había estado. Con quién había estado. Quién la
llamó por teléfono. Con quién planeo encontrarse a las diez.
Salí y me senté en la mecedora de su porche. La noche estaba fresca, era casi
octubre, lo que significaba que casi era invierno para nosotros. Revisé mi reloj—
21:32. Hay tantas cosas que se pueden hacer después de las nueve de la noche un
jueves. Ella iba a encontrarse con alguien a las diez.
¿Qué demonios?
Megan Miranda Fracture

Observe la esquina, esperando a que ella regrese. Tenía que saber. No quería
saber, pero el no saber me volvía loco. Terminé con ella y ella siguió su vida, que es
lo que la mayoría de la gente hace. Eso es lo que se supone que sucede. No. Yo
terminé con ella. Se suponía que yo siguiera adelante. Ni siquiera pude mover la
maldita mecedora donde estaba sentado, por miedo a perderme el sonido de su
regreso. O el sonido de ella susurrando a alguien a la distancia. En mi mente, no la
vi morir. La vi en la habitación de alguien más, en la cama de alguien más, con la
sonrisa que ella siempre reservó para mí.
Pero menos de media hora después, escuché sus pasos viniendo de la otra
dirección. Delaney venía por la otra calle. Corrección: ella corría por la calle. Me
levanté y observé detrás de ella, viendo si alguien la seguía, pero estaba sola. Su
cabeza estaba baja, así que no me vio hasta llegar a los escalones, donde la esperaba.
Miró primero mis zapatos. Sus mejillas estaban encendidas y prácticamente
jadeaba por aire. Dio un traspié sobre los escalones y se sentó, cerca de donde yo
estaba. Me apoye sobre la barandilla del porche, aparentando una tranquila
indiferencia.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Le pregunté. Demasiado como para lucir
tranquilamente indiferente.
Ella se apoyó sobre sus hombros y ladeó su cabeza. Miré las formas de las
nubes mientras ella exhalaba, aun recuperando el aliento.
—Correr —dijo ella. Supongo que sus planes de ver a alguien no eran para
esta noche.
Y luego la miré de cerca: pantalones cortos grises, camiseta manga larga,
zapatillas. La sentí mirarme mientras lo comprendía. Miré hacia la noche.
—Odias correr.
—Si —dijo ella. Se paró y sacudió su pantalón —Pero la única cosa en la que
pienso cuando corro es lo mucho que odio correr.
Y pensé: eres perfecta.
—Se supone que va a llover —dijo—. En Boston.
—¿Eh?
—Paraguas —dijo ella—. Empaca uno. Hay uno escondido en el armario.
Y luego entró a la casa, presumiblemente a su habitación, y yo me preguntaba
cómo podía hablar de paraguas mientras yo intentaba adivinar cómo no querer
sonreírle, aunque estuviera furioso con ella.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 9
Traducido por Sigfried

Nos montamos en uno de esos aviones que tienen hélices. Lo cual lo hacía
ruidoso. Incluso más ruidoso porque estaba sentado sobre el ala. Y estar sentado
entre Kevin y el ala lo hacía aún peor. Justin sacó la cara por el hueco de nuestros
respaldos.
—¿Cuándo crees que construyeron este avión? ¿En la Primera Guerra
Mundial?
—Señor, por favor tome asiento —La asistente de vuelo le tocó el hombro y
lo empujó hacia abajo con delicadeza. Ella sonrió, pero se notaba que no buscaba
estar en ese vuelo, con veinte adolescentes sin padres. Ninguno de los otros
pasajeros parecía divertirse, tampoco. Justin se volvió para hacerle una pregunta.
—¿Y si un pájaro quedase atascado en esas hélices? Lo vi una vez en las
noticias…
—El pájaro muere —respondió, con la cara como una piedra. Kevin puso esa
mirada que significaba que ahora estaba concentrado en la asistente de vuelo. Me
puse los auriculares. Ella se inclinó sobre Kevin y me quitó uno de ellos—. La puerta
está cerrada. Hasta que no lleguemos a los tres mil metros los aparatos electrónicos
deben permanecer guardados y apagados.
Kevin masculló, lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara.
—Yo estoy completamente encendido ahora mismo —Lo suficientemente
alto como para que Janna, que estaba junto a Justin, lo escuchara.
—En serio, ¿cómo puede Maya aguantarte? ¿Cómo puede alguien hacerlo?
—Janna —Escuché decir a Justin—, explícamelo de nuevo. ¿Cómo se
mantiene el avión en el aire?
—Oh, Dios mío. Alguien, que cambie su sitio con Justin, antes de que mi
cerebro explote.
—Encantado —dije, pasando por encima de Kevin.
—¡Siéntense! —exclamó la asistente de vuelo desde la parte trasera del avión.
Le lancé mi mejor sonrisa de disculpa, aunque no funcionó. En su lugar, vi a
Delaney. Ella estaba sentada cerca de la parte trasera, y agarraba el posa brazos con
Megan Miranda Fracture

mucha fuerza, a pesar de que el avión ni si quiera había empezado a moverse. No


podía decir quien estaba a su lado. No miré lo suficiente como para averiguarlo.
Cuando su madre nos dejó, fuimos en direcciones opuestas. Yo, hacia Kevin. Ella,
hacia un montón de muchachos de sus clases. Clases en las que definitivamente yo
no estaba.
Me deslicé hasta el asiento del pasillo, al lado de Janna, mientras Justin
ocupaba el mío.
—Va a derribar el avión solo con sus pensamientos —dijo ella, mientras
apretaba mi cinturón.
Una vez alcanzamos los tres mil metros, la música sonaba a todo volumen en
mis oídos, y Janna dormía con la cabeza apoyada contra la ventana. El avión dio una
sacudida, y Janna levantó la cabeza. Sonrió hacia mí, para reírse de sus propios
nervios.
Se sacudió de nuevo, y todo el equipaje se movió en el compartimiento sobre
nosotros. Entonces nos caímos. De repente y rápidamente. Y brevemente, por suerte.
Debimos haber golpeado una bolsa de aire.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Justin. Y cuando Kevin no contestó, su
cabeza apareció por el hueco de los asientos. Me quité los auriculares —¿Qué
demonios ha sido eso? —preguntó.
—Una turbulencia —respondió Janna—. ¿Podrías dejar de alterarte, por
favor?
—Nunca había estado en un avión antes —dijo él—, tengo curiosidad. Tengo
curiosidad por saber si un avión debería caer así —Y mientras lo decía, golpeamos
otra bolsa de aire, y Janna cogió mi mano por instinto.
—Sí, bueno, apreciaría no imaginarnos el avión estrellándose —dijo ella y él
se dio la vuelta. Y entonces el avión comenzó a agitarse de nuevo, como si
estuviéramos conduciendo sobre rocas a cien kilómetros por hora.
—Es solo física, ¿verdad? —dije. Ella asintió y se inclinó hacía la oreja de
Justin.
—Es solo física —dijo ella—, estás bien.
Miré su mano y me pregunté si así es como las cosas habían sucedido. Te
aferras a la persona más cercana a ti. Y Delaney había sido siempre la persona más
cercana a mí. Yo fui la persona más cercana a ella. Proximidad.
Dirigí una rápida mirada hacia atrás en el pasillo. Su cabeza estaba echada
hacia atrás, sus ojos cerrados, y podía decir incluso desde donde estaba que sus
Megan Miranda Fracture

nudillos estaban blancos sobre el reposabrazos. Estaba pensando en todas las


maneras en las que podía hacer que dejara de pensar en ello. Solté a Janna y
desabroché el cinturón de seguridad.
Ella agarró mi brazo.
—¿Qué demonios estás haciendo?
—Tengo que ir al baño —dije.
Janna se arqueó alrededor del sitio para echar una mirada —Claro.
—Señor —La asistente de vuelo me llamó desde su asiento del fondo—,
siéntese. Ahora.
Delaney abrió los ojos y me vio, de pie. Se enderezó. Entramos en otra área
de turbulencias y caí de costado, de vuelta a mi sitio.
—Dios, los chicos son idiotas —Entonces, ella giró para mirarme—. ¿Qué
piensas Decker? —preguntó Janna mientras el avión se sacudía— ¿Estamos lo
suficientemente lejos? —Un escalofrío recorrió mi espalda— ¿O puede alcanzarnos,
incluso aquí?
—Basta —dije y volví a ponerme los auriculares, subiendo aún más alto el
volumen. Ella me sacó uno y dijo —No es una broma —Y yo asentí. No lo era. Lo
entendía. Luego, hizo una bola con su chaqueta y la utilizó como almohada mientras
descansaba su cabeza sobre mi hombro. Tal vez era un idiota, pero era lo más
cercano a ella.
Tan pronto como aterrizamos, alguien golpeó a Justin en el hombro —
Gracias, hombre.
—¿Qué?
—Casi logras que nos maten —Como si sus palabras, su miedo, hubieran
creado la turbulencia.
Kevin golpeó la nuca de Justin sin demasiado entusiasmo. Luego se sacudió
como si estuviera limpiándose las últimas horas de encima —La próxima vez
guárdate tus pensamientos. —dijo y luego se sacudió de nuevo.
Todos lo entendimos. Se sentía mucho mejor culpar a algo real de las cosas
que no podíamos controlar. Ellos lo habían estado haciendo por meses, ya eran
expertos en eso.
Kevin se levantó para recoger su equipaje y, de repente, quise decir algo.
Quise ponerme del lado de Justin. Pero luego pensé en lo que había dicho Janna, en
lo que había estado pensando. Y mientras todos estuvieran centrados en Justin,
nadie recordaría a Delaney, sentada en la parte de atrás del avión. El intercambio, la
Megan Miranda Fracture

maldición. Así que al final, dejé que tomara la culpa. Resulta que era un cobarde,
después de todo.

Tomamos el metro en la hora punta de Boston. El vagón iba repleto—


estudiantes universitarios y gente camino a casa desde el trabajo—y estábamos
todos dispersos, agarrando cualquier hueco libre en la barra de arriba o en las barras
que estaban de pie.
El cabello de Delaney formaba una larga trenza, justo frente a mí. Estaba entre
la barra y yo. El vagón se tambaleaba, el metal chocaba contra el metal debajo de
nosotros, y yo me agarré a la barra que ella tenía enfrente, rozando su pelo en el
proceso. Sentía su tensión junto a mi brazo. Supongo que sabía que era yo. Escuché
a Kevin riéndose desde el otro extremo del coche. A Janna, también. El cabello de
Delaney estaba prácticamente en mi rostro.
—Un vuelo duro —dije.
—Sí —respondió ella, sin darse la vuelta.
Wow. Profundo, ambos. Miré fijamente la parte de atrás de su cabeza. Cada
parte de su trenza tenía un tono diferente de rubio—un mechón era casi blanco, la
parte iluminada por el sol—y me pregunté si lo había hecho a propósito. No parecía
algo que ella haría, pero al mismo tiempo parecía imposible que ocurriera por
casualidad. Era demasiado perfecto. Y había una cadena alrededor de su cuello. El
cierre estaba descentrado. Quería enderezarlo. Quería ver lo que colgaba del otro
extremo. Quería seguir la cadena alrededor de su cuello, y debajo de su camisa.
—Yo… —Sentía todo su cuerpo tenso. Sentía como contenía la respiración. El
metro chirrió y nos tambaleamos juntos hacia adelante, y de repente estaba
presionando contra su espalda, mi brazo libre se encontraba alrededor de su cintura.
Quería poder hablar con ella. El problema de que tu novia sea tu mejor amiga es que
puedes perderlas a ambas en un instante. Me preguntaba si podía traer a una de
vuelta. El problema era que no podía separarlas, nunca podría.
Las puertas se abrieron, una ráfaga de rancio y frío viento entró y la sonora
voz de la señora Adams se escuchó por encima de la multitud.
—¡Instituto Anderville, somos nosotros!
Para nada embarazoso.

—Es alfabético —dijo Janna, mientras nos metíamos en el ascensor juntos. Era
por eso que Justin compartía habitación con Parker Banyon.
Megan Miranda Fracture

—Venga —dijo Justin—, cincuenta dólares para el que me lo cambie.


—Imposible —dijo Kevin—. Decker es mi favorito.
—Imbécil —respondió Justin.
—Yo te lo cambiaré —dijo Janna, mirando a la llave de su habitación—.
Habitación 521.
Justin elevó una ceja hacía ella.
—¿Hay algo sobre Parker que no sepa? ¿Con quién compartiría habitación?
—Delaney —dijo ella. De repente se hizo el silencio en el ascensor.
Las puertas se abrieron en el quinto piso y Janna salió. Ella nos saludó.
—Caballeros —dijo mientras las puertas se deslizaban, dejándonos adentro.
—A veces —dijo Kevin—, ella me recuerda mucho a él.
Es por eso que era tan reconfortante como doloroso tenerla alrededor.
Después de dejar nuestras mochilas y cenar, y después de volver a nuestro
cuarto—con Justin, porque decía que el suyo olía a culo—alguien llamó a la puerta.
Janna hizo esa mueca hacia mí mientras abría la puerta. Fue una mueca que reconocí,
pero no de ella. Vi un retazo de Carson mientras elevaba la comisura de sus labios,
y luego se fue. Puso un dedo en mi pecho.
—Déjame entrar —dijo ella.
—La revisión de las habitaciones es en una hora. Ven después de eso —
respondió Justin.
—Tú estás aquí —dijo ella, curvando su cadera.
—Genitales masculinos, mi amiga —dijo él.
—Ugh —Se cubrió las orejas y me dirigió una mirada suplicante.
—De acuerdo, hey —dije—, ahora vuelvo.
Nadie preguntó a dónde iba. Probablemente porque era tan obvio que era
patético. Si Janna estaba aquí, quería decir que Delaney estaba sola. Y había algo
sobre el hecho de estar lejos del lago Falcon que lo hacía más sencillo. Como que
quizás podría mirarla. Hablarle.
Bajé por la escalera dos tramos y vi como las puertas del ascensor se cerraban.
La mitad de su boca, un ojo color avellana, mirando abajo hacia la puerta que se
cerraba. Desapareciendo. Siempre.
Mierda.
Bajé corriendo las escaleras, tomando los escalones de dos en dos o de tres en
tres, y llegué al vestíbulo principal. Vi su espalda, yéndose por la puerta giratoria.
Megan Miranda Fracture

Pensé que tal vez saldría a correr otra vez, pero llevaba vaqueros y su cabello estaba
suelto.
A veces sentía que estaba persiguiendo a un fantasma, por la forma en que
ella vivía alrededor de mí mirada. Como si supiera de su existencia, pero tratara de
ignorarla, para algunos días acabar siguiéndola hasta el sótano, donde nada bueno
podría pasar nunca.
Como ahora.
La seguí a través de la multitud—caminaba concentrada, como si supiera
exactamente a donde iba, lo que era raro, porque no conocía el área. Entonces temí
que ella pudiera estar sintiéndose atraída hacia alguien, y que lo estuviera siguiendo.
Comencé a andar más rápido para mantener el ritmo.
Ella frenó de golpe unas cuadras más allá, al límite de Boston. Se quedó sobre
la hierba, mirando fijamente al río, como si la hubiera llamado. O como si la atrajera
hacia sí—tal vez nunca podría escapar del tirón del agua, que la quería de regreso.
Se sentó con las piernas cruzadas en el borde, como si imaginara su futuro
aquí. Pero esta vez, yo no podía imaginarlo.
Mis piernas me llevaron hacia delante, con audacia, debido a la multitud. La
manera en que podía desaparecer en ella, hacerme invisible. Hasta que estuve a
pocos pasos detrás de ella, viendo el viento levantar el agua.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, y me sentí expuesto.
—¿Qué estás haciendo tú? —repliqué.
Su espalda se puso rígida, y me di cuenta de que no me hablaba a mí. Parecía
nerviosa mientras se ponía de pie—casi tanto como yo lo estaba. Ella no era un
fantasma. Era una droga que no podía dejar de tomar. Un hábito que no podía
quitarme de una patada. No podía entender como no podía alejarme. Incluso ahora.
—¿Me estás siguiendo? —Por supuesto que la estaba siguiendo.
—Salí a dar un paseo.
Todo era diferente lejos del lago. Como si fuéramos personas sin historia.
Puede que este fuera nuestro futuro—puede que vengamos aquí, y nos reunamos,
dentro de un año, tal vez dos, y solo… hablemos. Como si el pasado no importara.
Como si no la hubiera dejado en el hielo. Como si ella no me hubiera traicionado por
completo. Delaney quería que fingiera. Y fingí. Me senté en la hierba, y ella se sentó
a mi lado, a unos cuantos metros de distancia —¿Qué escuelas vas a visitar mañana?
Megan Miranda Fracture

Había una lista, y se suponía que teníamos que reunirnos al día siguiente en
el vestíbulo principal con un profesor específico. Yo todavía estaba bastante
indeciso. Probablemente acabaría yendo donde fuera Kevin.
Delaney pateó la hierba del suelo. Miró las luces de la calle, como si estuviera
ganando tiempo.
—No voy a perseguirte ni nada de eso —dije.
—Eso es un hecho.
Ahora me estaba irritando. Yo me esforzaba y ella ni siquiera parecía intentar
seguirme —No es una pregunta capciosa —dije.
—No voy a ninguno —dijo ella.
No era lo que esperaba.
—¿Has cambiado de idea con respecto a Boston? —¿Era por mí? Quería que
fuera por mí.
—No. Solo que tengo otros planes…
Otros planes —Porque…
—Porque tengo una cita con un muchacho —Estiró y dobló de nuevo las
piernas—. Un muchacho que está realizando su postgrado. Investiga, sobre, ya
sabes…
No, no lo sabía. Y luego lo entendí —¿Cerebros?
—Más bien, feromonas. Pero relacionado con los cerebros. Así que, sí.
Eso es lo que le había dicho ella a mi padre. Había dicho que era algo como
feromonas. Me pregunté si lo había estudiado durante algún tiempo. Pero nunca me
había dicho nada.
—No entiendo… por qué necesitas hablar con este hombre —Pero lo que
quería decir era “no entiendo por qué necesitas hablarle a este hombre de ti”. Se
sentía privado. Frágil.
—Porque no lo comprendo, ¿no lo entiendes? —Pensé en su cuaderno. Los
números, sin sentido —A veces, todo tiene sentido; alguien está enfermo y va a
morir. Pero otras veces, no podría decirlo, como con la madre de Maya…
Mi estómago se revolvió. Ella, seguía viva. Mi padre, no —¿Por qué sigue
viva?
—No, porque no puedo sentir nada. Solía sentir la atracción hacia allá. Y la vi
una vez, sentada fuera con Maya frente al lago, en una silla de ruedas. Y regresé a
casa, porque recuerdo que pensaba… recuerdo que pensaba que no les quedarían
muchos momentos juntas —Me pregunté si sabía lo que estaba diciendo—. Pero
Megan Miranda Fracture

ahora cuando voy a su casa a recogerla… no hay nada. No siento nada. Pensé que
tal vez estaba desapareciendo. Le pregunté a Maya si su madre estaba mejor, porque
no la había visto, y seguí preguntando, pero siempre me decía que todo seguía igual.
Entonces pensé que tal vez yo estaba mejorando, y… luego…
Mi padre.
—No lo entiendo… —susurró.
—¿Y piensas que un extraño te podrá ayudar a entender?
—No es un extraño del todo. He estado hablando con él —dijo ella—. Y ahora
tengo una cita.
—¿Ya se lo has dicho?
—No. La verdad es que no. Su estudio se centra en la idea de que los humanos
tenemos la habilidad de sentir feromonas, que nuestros cuerpos pueden responder
involuntariamente a señales que, típicamente, solo otros animales responden. Pero
eso se convirtió en algo latente, o algo así. Así que le envíe un e-mail, diciéndole que
yo podía. Le dije que tenía el cerebro dañado. Le dije que había cambiado. Me llamó
y me pidió que viniera. Le dije que ya tenía planes de estar por aquí.
Eso sonaba al equivalente de una cita a través de Internet, como si estuviera
quedando con un extraño en un bar y tuviera que cruzar sus dedos porque él no
estuviera allí por otra razón. Sabía que ella era más lista que eso, probablemente
había hecho sus deberes, pero me hacía sentir que estaba fuera de control. Me hacía
sentir que ella estaba fuera de control.
Todo estaba fuera de control. Nada salía como se había planeado. No como
nuestros planes. No como los míos.
Su teléfono sonó, ella frunció el ceño, luego lo silenció. Estiró las piernas en
el césped frente a ella.
—Además —dijo ella—, no tengo ni idea de qué hacer en la universidad, de
todas formas —Que fue lo más no-propio-de-Delaney que podría haber dicho.
Me encogí de hombros —Puedes hacer lo que quieras —No importa lo que
escogiese, sería muy buena en ello. Nada podría detenerla. Ni un coma. Ni Troy. Ni
yo.
—No, me refiero a que no sé lo que se supone que debo hacer.
—Bueno, por todo lo que he aprendido de todas esas películas sobre la
universidad, aparentemente, debemos ser irresponsables e ir sin dirección. Yo, por
mi parte, estoy entusiasmado con la idea.
Ella rodó los ojos, tratando de no sonreír.
Megan Miranda Fracture

—Piensas demasiado —dije—. Haz lo que quieras.


—Tiene que haber un propósito, ¿verdad? —preguntó —Porque, de otra
manera, soy tan solo uno de esos personajes trágicos de la literatura griega.
—Bien, intenta no volverte loca —dije—, pero de hecho sé de quién estás
hablando. Esa chica que podía ver el futuro, pero nadie le creía, por lo que no podía
pararlo.
—Cassandra —Sonrió ella.
Estábamos sentados sobre la hierba, con las rodillas dobladas frente al río.
Pero ella me miraba, y yo la miraba a ella. Y éramos simplemente nosotros en ese
momento, sin ninguna historia.
Este sería el momento en el que me acercaba y la rodeaba con mi brazo —Lo
extraño, también —dijo.
Y en vez de acercarme, puse la cabeza entre mis rodillas y todo sobre el hecho
de estar aquí, de vivir aquí, se sintió mal. Como si lo estuviera dejando atrás.
—¿Cuándo en Julio? —pregunté.
Tan solo lo dije, sin premeditación. Todo su cuerpo se puso rígido, pero tenía
que saberlo. Importaba.
—No estoy realmente de humor para ponernos a gritar —respondió.
—Una pregunta —dije. Porque había tan solo una que importara para mí en
ese momento. Ella me miraba, el aire entre nosotros estaba pesado—. El cuatro de
Julio… ¿lo sabías?
—No —dijo ella. Sentí un gran alivio. Algo se desenrollaba en mi interior—.
Fue al día siguiente.
Al siguiente día la vi en el trabajo, ella me abrazo muy fuerte y hundió su cara
en mi hombro, sin dejarme ir hasta que nuestro jefe pasó cerca carraspeando. Le
sonreí. La besé. Pensando que había significado algo. Pero todo lo que había hecho
ese día, y el mes siguiente, significa otra cosa.
Pude escuchar a alguien acercarse a la orilla en un kayak, pero no pude verlo
en la oscuridad. Solo escuché el chapoteo de un remo, el sonido de un bote que
surcaba el agua, y luego otro chapoteo.
Escucha.
—Se congela —dijo ella. Sus ojos estaban muy abiertos cuando me miró—.
No sabía que los ríos podían congelarse, pero pueden. Si son muy lentos.
Megan Miranda Fracture

El viento se movió desde el agua, agitando su cabello. Desde que Delaney


había caído en el hielo, sentía que algo me perseguía, justo en mi espalda. Aún estaba
ahí. Muévete rápido, susurraba. Estoy llegando.
Incluso aquí.
Me alejé del borde del agua, pero no parecía lo suficientemente lejos —Nos
hemos saltado la revisión de habitaciones —dije, sin saber con certeza si era verdad.
La necesitaba alejada del agua. La necesitaba siempre lejos del agua.
—Lo sé —dijo ella, entrecerrando los ojos hacia el agua oscura.
—¿Lo sabes?
Señaló su teléfono. Luego se levantó y se sacudió los pantalones.
—¿Pusiste una alarma para la revisión?
Apoyó una mano sobre su cadera, justo como había hecho el día en que mi
padre murió, de pie sobre el lago Falcon con el agua hasta las rodillas —Por supuesto
que puse una alarma para la revisión.
Y ella se lo había saltado a propósito.
Froté mi rostro con la mano, para que no pudiera ver mi sonrisa. Y cuando
ella me ofreció su mano para ayudarme a levantarme, la tomé.
Caminamos despacio de regreso, compartiendo el espacio, en silencio.
Nos encontramos con nuestra tutora en el vestíbulo, sosteniendo un
portapapeles. Aparentemente no éramos los únicos que nos habíamos saltado la
revisión de habitaciones. Ella ni siquiera parecía preocupada. Delaney comenzaba a
disculparse, pero ella solo nos saludó al pasar.
—Vamos —dijo ella, mientras ponía una marca al lado de nuestros nombres.
También tomamos juntos el ascensor. Ella se bajó en el quinto piso. No me
pidió que me quedara, pero yo tampoco se lo ofrecí.
—Buenas noches —dijo, mientras las puertas se cerraban tras ella.

Kevin estaba en la sala de estar de nuestro piso con un par de estudiantes de


último año. Todo el mundo sabía que, tras la revisión, teníamos prácticamente
rienda suelta. Siempre y cuando no hicieras una escena. Las exenciones que tuvimos
que firmar decían que teníamos que estar en nuestro cuarto a las nueve; no
especificaba qué teníamos que hacer después de eso. Los hermanos de Justin nos
dijeron que mientras estuviéramos en el hotel y no hiciéramos nada ilegal, no
tendríamos problemas. Y era un gran hotel.
Megan Miranda Fracture

Kevin movió la cabeza hacia un lado, haciendo un gesto para que me acercara
a él.
—No vas a creer esto —dijo, su boca se dividía en una amplia sonrisa—.
Hemos sido desalojados.
—¿Por quién?
—Justin.
—Tonterías —dije, caminando hacia nuestra habitación.
—Y Janna —Añadió. Me detuve.
—No.
—Desearía estar mintiendo —dijo, pero a pesar de todo seguía sonriendo—.
Oh, créeme, ojalá mintiera. Estaba para la revisión a las nueve, la cual te saltaste,
para tu información, y después de eso bajé al bar para ver si me servían. Lo cual no
hacen, para tu información. Y también, aparentemente, es donde los profesores
pasan el tiempo. Divertido.
—¿Y?
—Bien. Vuelvo arriba y hay alguien en mi cama, solo que son dos personas en
mi cama y todo lo que dice Justin es “mierda, pensaba que estarías fuera toda la
noche”. Y yo digo “¿Cómo demonios has entrado aquí? ¿Y quién demonios es esa?”,
y Justin responde “Tomé la llave de la billetera de Decker”, así que ya sabes, tal vez
quieras vigilar tu mierda. De todas maneras, intentó esconderse, pero era ella,
definitivamente.
—¿Estás seguro? —pregunté. Me costó imaginarme a Justin con Janna. Por
otra parte, tampoco es como si hubiera prestado mucha atención.
—La pregunta que deberías estar haciéndome es, ¿dónde dormiremos?

Acabamos llamando a la puerta de la habitación de Justin y Parker, un poco


después de medianoche. Parker parecía un poco confundido, pero siempre se veía
así, así que era difícil decir si siquiera estaba pensando en algo. Kevin se apropió de
la cama de Justin, y también arrojó todas las cosas de Justin por el baño, tan solo
porque echarnos de nuestra habitación había sido un movimiento algo estúpido.
Tuve que dormir en el maldito suelo. Lo cual parecía estar bien. No había
tenido una cama en más de un mes.
Que te jodan, universo.
Megan Miranda Fracture

Justin irrumpió en nuestra habitación—su habitación—antes de las seis. Me


vio en el suelo y dijo “Ja”. Y algo de todo eso, sobre él, que sonaba justo como me
había imaginado que el universo se reía de mí, me llenó de furia. O tal vez fuera el
hecho de que, cuando me había inscrito para este viaje, me había imaginado
escurriéndome hasta la habitación de Delaney. No durmiendo en el suelo de
cualquier habitación. Solo.
Me levanté y corrí hasta él, incluso estando medio dormido. Le empujé contra
la pared. Supongo que normalmente tendríamos un nivel similar en una pelea justa,
pero tenía el elemento sorpresa de mi parte. Y rabia. Cayó la sangre antes de que
Kevin pudiera apartarme. Parker estaba sentado en su cama, su pelo lucía como
salido de una película de los ochenta, parecía totalmente desorientado.
—Gah —dijo Justin, inclinado contra la pared, mirando la sangre en sus
manos—. Tengo una entrevista, idiota.
—Espero que hayas dormido bien —respondí.
Lo empujé mientras salía al pasillo, demasiado luminoso. Kevin me alcanzó
antes de que llegáramos a nuestra habitación, lo cual era bueno puesto que no tenía
llave. Puso su mano sobre mi hombro. Luego palmeó mi nuca. Miró su cama, decidió
no hacerla, y se fue a dar una ducha.
Cuando cerró la canilla aún podía escuchar el ruido el agua. Lluvia, como
Delaney me había advertido. Me pregunté dónde estaría hoy. Si tenía algo de sentido
que yo fuera a esos tours, de cualquier forma. No tenía ni idea de qué quería hacer
aquí. Estaba aquí porque perseguía a una chica. Ella.
Miré el reloj, la puerta, el horario.
Todavía la perseguía.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 10
Traducido por Akonatec

Diez. Eso es lo que había dicho por teléfono. Diez. No diez de la noche. Diez
de la mañana. Probablemente se iría alrededor de las nueve. No, era Delaney. Ocho
treinta. Miré el reloj y empecé a arreglarme. Estaba afuera de su puerta a las 8:29.
Abrió la puerta a las 8:34, con un paraguas en la mano, y dio un respingo
cuando me vio –Olvidé traer un paraguas —dije.
Ella sonrió, y se detuvo. Llevo la mano a mi boca, que aún me ardía por el
puño de Justin. Puso la mano en mi labio —¿Qué pasó? —Entonces recordó que
supuestamente no debía tocarme, definitivamente no mi boca, y sacó la mano como
si yo fuera un animal listo para morder.
Me pasé la legua por el labio inferior, que estaba hinchado y herido pero que
ya no sangraba —Pelea. Ni siquiera. Altercado.
Frunció el ceño, y señalé la puerta de baño, donde escuché la ducha correr —
¿Sabes dónde fue Janna anoche?
—No tengo idea donde estuvo anoche.
—En mi habitación —dije, y Delaney se puso de un color horrible, como si
fuera a vomitar. Se veía como cuando escuchó a Kevin hablar de mí y de Tara.
Le tomó hasta el mes de mayo preguntarme finalmente sobre Tara. No tanto
preguntar como asumir. Habíamos salido con Kevin, que hablaba de Tara—
específicamente de él y Tara—y se giró hacia mí y dijo —Bueno, tú sabes —sin
importarle que Delaney estaba justo ahí. Como dije, él podía ser un verdadero
imbécil.
Y Delaney se veía como siempre que estaba a punto de vomitar.
—Eh, no, no lo sé —dije.
Y Kevin miró a Delaney y dijo —Ups.
Ella no dijo nada. No hasta que estuvimos en el auto —Bien, acerca de eso —
dije.
—No —dijo, y puso las manos sobre sus oídos como hacia cuando tenía diez
—Lo odio, ¿de acuerdo? Lo odio. No quiero escucharlo. Y no quiero… imaginarlo.
Megan Miranda Fracture

Mi historia con Tara era algo que desearía poder borrar, pero no podía. Pero
pensé en el recuerdo de Delaney y Carson en mi sofá, y entendí. No podía soportar
pensar en eso. Así que no lo hice.
—Me enferma físicamente. Como que quiero vomitar. Odio que ella te
conozca así —dijo, con su cabeza contra la ventana. Me tomó un segundo darme
cuenta de lo que quiso decir.
—Oh —dije—. Oh. No. Uh-uh. Nosotros nunca. No lo hice.
Estábamos en un semáforo y desvié los ojos hacia ella por un segundo y añadí
—No lo he hecho.
—Oh —dijo. Entonces puso los pies sobre el tablero, y todo su cuerpo pareció
relajarse. La luz cambió a verde, y pensé que la conversación había terminado. Nos
estábamos moviendo de nuevo cuando dijo —¿Quieres? —Moví el pie al freno, y el
auto detrás de mí tocó la bocina, sacudiéndome a la realidad.
Reí. Accioné los limpiaparabrisas por accidente cuando buscaba el
intermitente.
—Quiero decir —añadió—, hipotéticamente. En general. No, como, ahora
mismo.
Y pensé: Sí, ahora mismo. Observaba el tráfico. Observaba el camino —No en
general —dije—. Sí, contigo.
—Está bien—dijo, y pasé esa noche y las tres siguientes preguntándome qué
diablos había querido decir con eso. Como, está bien, ¿sí?O, está bien, que bueno
saberlo. Debería haberle preguntado. Debí haber dicho esas cosas del estilo si estás
lista, cuando estés lista, pero está bien si no lo estás.
Me preguntaba cuánto tiempo la carcomió—el pensamiento sobre mí y Tara.
Cuánto la había herido, aunque no lo mencionó durante meses.
Y ahora se estaba poniendo roja, se veía enferma, como si le estuviera
diciendo lo de Janna para hacerle daño a propósito —No —dije—. No. Yo no estaba
ahí. Estaba Justin. No tenía donde dormir. Y realmente estaba de mal humor esta
mañana.
Al menos eso casi le sacó una sonrisa. Y pensé, podemos hacer esto. Podía hablar
con este costado de ella.
Retrocedió hacia su habitación y volvió con otro paraguas. Era amarillo. Tenía
un pato en el mango. Lo di vuelta en mi mano —Eh, ¿cambiamos? —pregunté.
Negó con la cabeza.
Megan Miranda Fracture

Le tendí el paraguas de nuevo —Esto es de segundo grado —dije. Recuerdo


cuando lo llevaba en la parada del autobús.
Se encogió de hombros sonriendo, mientras cerraba la puerta detrás de ella
—Te dije que trajeras el tuyo.
Me encantaba que ella supiera que no lo haría.

No fue hasta que estuvimos en el vestíbulo que me pregunto a dónde iba —


Contigo —dije.
Se detuvo y dije —¿Podemos no discutir sobre esto? No quiero discutir más.
Sobre nada.
Me miraba, supongo que intentaba ver qué había querido decir, pero no podía
mirarla a los ojos en ese momento. Empujó la puerta, sin discutir. Excepto que yo
podía ver todos los argumentos en su rostro, de todas formas.
Era difícil decir cuánto llovía desde el interior del hotel. No era como en casa,
donde se podía escuchar el viento sacudir las ventanas o la lluvia golpear el techo o
el hielo que rebotaba en las paredes. Aquí, todo sonaba protegido y estéril, y fue una
sorpresa pasar por la puerta giratoria a un jodido diluvio.
Delaney levantó el paraguas negro (no vergonzoso) sobre su cabeza, los rayos
directamente al nivel de mi rostro, así que aunque quisiera, ni siquiera podía
colarme debajo. Giró su paraguas y sonrió—estaba nerviosa por lo de hoy, me di
cuenta. De lo contrario, no giraría su paraguas y me sonreiría. Definitivamente
Denaley no era de girar —¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Tu paraguas no funciona?
Era demasiado tarde, de todas formas. Mis ropas estaban empapadas. Sentí
la lluvia filtrarse por las zapatillas hasta mis calcetines. Sentí que se aferraba a mi
cabello, a mis pestañas, a todo. Tomé su mano libre. La solté. En su lugar tomé el
paraguas. Vi que sus ojos se abrían con horror un segundo antes de que se le
oscureciera su cabello rubio y presionara la ropa contra su piel. Vi aparecer en su
rostro la sonrisa más grande que había visto en meses, un segundo antes de lanzarse
bajo el paraguas, a unos centímetros de mí, sonriendo.
Era tan fácil aquí. Lejos. Sin historia. Desearía haberla conocido aquí. Desearía
haberla conocido aquí la primera vez.
Estaba presionada contra mí, y retrocedí a los meses anteriores, ella hacía lo
mismo, se inclinaba hacia mí y sonreía mientras mantenía secretos en su cabeza,
mientras mi padre comenzaba a desaparecer. Sentí que me alejaba. Le entregué el
Megan Miranda Fracture

paraguas y dejé que la lluvia ahogara los recuerdos —Vamos —le dije, siguiendo las
indicaciones de la parada del metro.

Estábamos en un sótano. Todo estaba etiquetado “laboratorio esto” y


“laboratorio aquello”, pero no había duda de que estábamos en un sótano. Y ya que
era sábado, la mayoría de las puertas estaban cerradas y las habitaciones oscuras.
Los pasillos estaban parcialmente iluminados y nuestros pasos resonaban en el suelo
mientras caminábamos. Mis zapatillas chirriaban, dejaban huellas húmedas al pasar,
y me sacudí el cabello mientras caminaba detrás de ella. Ella leía los números
mientras nos acercábamos. —¿LL3…? ¿LL5…? Aquí —Nos paramos frente a una
puerta abierta. Un tipo que no parecía para nada un científico estaba sentado en un
taburete, encaramado sobre una mesa de laboratorio de espaldas a nosotros.
Delaney tocó la puerta y el tipo se giró. Su cabello colgaba sobre sus ojos, y
tenía puesta una camiseta gris y vaqueros gastados. Apuesto a que era del tipo que
los compraba de esa forma, para empezar. No me gustó la forma en que sonrió
cuando la vio. No me gustó la forma en la que su cuerpo se relajó cuando lo vio
sonriendo —¿Delaney? —preguntó, y se levantó del taburete, alardeando—sí,
alardeando—por la habitación. Los científicos no deberían tener permitido alardear.
Le tendió la mano y ella la tomó.
—Lo siento, sé que es temprano. Encantada de conocerlo, Dr…
—Josh —dijo. Josh. Dr. Josh. ¿En serio? Parecía como si hubiera nacido seis
meses antes que nosotros. Y entonces me miró, como si no estuviera seguro de si
estaba ahí con Delaney o simplemente era un tipo que vagaba por el sótano,
chorreando agua.
—Este es Decker —dijo ella, agitando la mano hacia mí.
—Hola —dijo el Dr. Josh, sin extender la mano. Me hizo toda una evaluación
masculina. Retorcí la camisa en el suelo. Se aclaró la garganta, y Delaney hizo su
mueca afligida. Y entonces, este tipo disfrazado de doctor, se lanzó en una
descripción de su investigación. Nos dio un recorrido por el laboratorio, y el adjunto
a éste. Nos contó acerca de los animales que había estado investigando, de la forma
en que las feromonas funcionan típicamente. Y acerca de cómo los humanos tienen
las partes necesarias para recibir y procesar estas señales, pero que la conexión con
el cerebro no está activa. Que se cree que los órganos son vestigiales. Como el
apéndice.
Megan Miranda Fracture

Pero que Delaney, con los cambios en su cerebro—neuroplasticidad, lo


llamó—podía ser un ejemplo de su funcionalidad. Dijo que estaba entusiasmado.
Muy entusiasmado. El tipo prácticamente goteaba entusiasmo, casi babeaba sobre
ella, guiándola por el laboratorio, y ella asentía y decía uh-huh, pero podía ver sus
ojos vidriosos. Su columna estaba recta. ¿Qué diablos le había dicho a este tipo? Di
un paso hacia ella, y casi puse la mano en su espalda. Casi.
Volvimos a su área de trabajo, y sacó un segundo taburete para Delaney.
Ninguno para mí. Reorganizó algunos vasos en el estante, buscando detrás de ellos
mientras se paraba sobre la punta de los pies antes de sacar un lápiz. Le hizo un
guiño a Delaney —Los universitarios siguen robando mis lápices.
Puso un block de notas amarillo en su rodilla y empezó a hacer preguntas.
Pero sonaba como si ya supiera mucho —Entonces, después de tu lesión cerebral,
pronto te diste cuenta que podías… sentir cosas que no podías antes. ¿Puedes
explicar un poco más eso?
Delaney se aclaró la garganta —Sí, claro. Podía decir cuando la gente estaba
enferma —Escogía las palabras cuidadosamente.
—¿Cómo exactamente podías saberlo? Y ¿Qué te hizo darte cuenta?
—Era como una picazón, en el centro de mi cerebro. Como si sintiera una
atracción hacia alguien. No sabía lo que era al principio. Cuando realmente estaban
enfermos, mis manos empezaban a temblar. Mi doctor pensó que tenía ataques, pero
el electroencefalograma no mostraba actividad anormal. Pero entonces me di cuenta,
mi vecino tenía enfisema. Un amigo con epilepsia… —Nunca dijo que murieron.
Solo que estaban enfermos.
Era inteligente. No le decía todo.
Amaba el hecho de ser el único que realmente sabía.
Josh giró de lado a lado en su taburete —Sabes, varios animales tienen algo
similar. La feromona de la muerte. Generalmente es una señal para dejar atrás a uno
de los suyos, por el bien del grupo. O, en las hormigas, es una señal para sacarlas
del hábitat.
—Pero la atrae —dije, para demostrarle que estaba equivocado. Para
demostrarle que la conocía mejor. No la aleja, la atrae. No como los animales. No
para dejarlos atrás.
—Interesante —dijo—. Dime, ¿hay otras feromonas que eres capaz se sentir?
—No estoy segura… no sé a qué te refieres —dijo.
Megan Miranda Fracture

—Hay unas peligrosas, y otras sexuales —Lo dijo con tanta naturalidad, tan
científicamente, pero Delaney se puso roja y me miró por una fracción de segundo.
Josh sonrió —Ya veo —dijo. Pero yo no lo hacía. ¿Decía que Delaney estaba
interesada en mí solo por las feromonas?
—No —dijo ella, como si pudiera escuchar mis pensamientos. Pero el siguió
garabateando.
—Um —dijo, golpeando el lápiz contra el block de notas—. Me gustaría que
me mostraras algo. Necesitamos el computador del laboratorio adjunto.
—Sí, claro —dijo Delaney, pero lo dijo lentamente, como si no estuviera de
acuerdo o segura. Me miró por una fracción de segundo.
—Adelante —dije—. Mantendré tu asiento caliente.
No era la respuesta que ella quería. Ni de cerca. Pero yo estaba de pie, y era
más alto que Dr. Josh, y podía ver el destello de una esquina de metal en el estante
donde su mano acababa de buscar un lápiz. Fuera lo hubiera ahí, definitivamente
no era un lápiz.
Dejaron la habitación, el doctor habló todo el tiempo, Delaney enviaba
miradas nerviosas sobre su hombro. Esperé hasta que pude oírlo a través de las
paredes en el cuarto de al lado, entonces caminé hacia los vasos donde había tomado
el lápiz. Pasé la mano por el estante y me detuve en un rectángulo de metal frío. Lo
saqué. Era una de esas grabadoras de sonido digital que Kevin había intentado usar
una vez en clases en lugar de tomar notas. Y estaba encendida.
La apagué antes de meterla en la cintura de mis pantalones y la tape con mi
camisa. Luego fui al laboratorio adjunto, mis músculos temblaban en anticipación.
Hice crujir los nudillos contra los costados de mis piernas.
Estaban sentados en taburetes de nuevo, uno frente a otro. La pantalla del
computador estaba encendida, mostrando un diagrama de la cabeza humana, lleno
de flechas al azar y regiones de colores brillantes. Había sacado su instrumento,
como el que usaba mi doctor para ver infecciones de oído, y lo sostenía hacia
Delaney, como una pregunta.
—Sí, no lo creo —dije. Los dos parecieron sorprendidos de verme—. Quiero
decir, ¿tienes un consentimiento o algo? ¿Algo que ella firme para darte permiso
para examinarla y declarar para qué podrías usar esta información?
—No estoy realmente en esa etapa de investigación donde estoy listo para
publicar…
—¿Entonces qué-demonios-estás-haciendo?
Megan Miranda Fracture

Se recostó en su silla y me escudriñó lentamente —Se llama investigación,


muchacho. Se llama ayudar a tu novia. Se llama hacer preguntas para obtener respuestas.
No para ella. Para él. Delaney se puso de pie —En realidad, tenemos que estar
en otro lugar pronto. Visitas universitarias.
Le sonrió, como si no se diera cuenta que la incomodaba —¿Vas a venir aquí
el próximo año?
Me preguntaba si ella sintió lo mismo, algo que la perseguía. Como si no
pudiera escapar de eso. Como si pudiera encontrarla en cualquier parte —No estoy
segura —dijo—. No creo que pueda entrar en la mayoría de estos lugares —Y me
pregunté cuándo se había vuelto tan buena mintiendo con tan poco esfuerzo. Tomó
mi mano mientras se alejaba. Puse mi brazo alrededor de su cintura. Ambos,
mintiendo y mintiendo y mintiendo.

No hablamos hasta que el ascensor se abrió en la planta baja —Gracias —


susurró, y la palabra hizo eco a través del pasillo vacío—. Nunca pensé en todo eso.
Allá abajo, sonabas muy parecido a tu padre —Se sacudió un escalofrío mientras
empujaba la puerta y salía a la lluvia, pero nos quedamos pegados al edificio, bajo
el toldo—. Eso fue extraño. Mierda.
—No —dije—, eso fue espeluznante —Levanté la camisa y saqué el grabador.
Sus ojos se abrieron —¿De dónde sacaste eso? ¿Lo robaste?
—Lo obtuve de donde supuestamente tenía sus lápices. Y sí, lo robé. Te estaba
grabando.
Su boca se abrió. Pero luego la cerró —Porque la investigación—
—No, eres tú. Somos nosotros. Y no tenía derecho. No eres una investigación.
—De hecho, como que lo soy —Sus ojos se abrieron aún más—. Si esa es su
investigación —Susurró, apuntando al grabador en mis manos—, probablemente
haya más. Otras cosas. Sus cosas.
—No me importa —dije. ¿No lo entendía? Solo me importaba ella.
—Va a saber que la tomamos.
—Aun así, no me importa —dije. Y no podía preguntar nada sin confesar que
nos estaba grabando sin permiso en primer lugar.
—Tenemos que devolverlo —dijo—, podría ser importante.
—No hay forma de que lo recupere —dije, mientras deslizaba la grabadora
en el bolsillo de atrás.
Megan Miranda Fracture

—Solo—intentó alcanzarlo—dámelo. Borraré mi parte, y se lo llevaré. ¿Está


bien?
—Sí, no. Yo se lo enviaré por correo, después de borrar tu parte.
Entrecerró los ojos hacía mí —Lo prometo —dije—. Pero te quedas fuera de
esto. Ya tiene tu número, Delaney. Dios, ¿qué estabas pensando?
Y entonces sentí eso que nos había estado persiguiendo aquí, todavía. No el
lago Falcon. No el agua. Nuestro pasado. Todo lo sucedido entre nosotros. Y ahora
estaba aquí —Lo que pensaba era que necesitaba hablar con alguien. Pensaba que
necesitaba ayuda para entender. Pensaba que soy, en realidad, algo que investigar.
Pensaba que tal vez él podía ayudar.
—Oh, no, no puede. No está interesado en ayudarte. Quiere ayudarse a sí
mismo. Su investigación.
—No es como si yo tuviera muchas opciones. ¿Con quién debería hablar, sin
que mis padres o mi doctor piensen que estoy enloqueciendo de nuevo?
—Yo estaba ahí. Yo podía ayudarte. No él, yo —No mi papá, yo. No este
doctor, yo—. Se supone que tenías que hablar conmigo.
Inclinó la cabeza hacia un lado, cerró los ojos —¿En serio? —preguntó—.
¿Qué tal ahora, Decker? ¿Con quién debería hablar ahora?
Asintió hacía mí cuando no dije nada. Me pasó el paraguas, sujetó el pato de
segundo grado sobre su cabeza, y miró su reloj —Aún hay tiempo para alcanzar las
visitas de la 1 p.m. ¿Sabes dónde quieres ir?
No lo sabía, pero parecía que ella sabía exactamente donde quería estar, así
que asentí.
Tenía que haber algún juego de fútbol de alguna escuela a punto de
comenzar, porque la calle y la acera estaban inundadas de gente a pesar de la lluvia.
Gente ebria, gente feliz, gente triste. Gente. Y de pronto, pude ver mi futuro tan claro
como ella podía ver el suyo. La vi desaparecer. Vi gente ir y venir. Nos vi arrastrados
en direcciones opuestas. La vi buscarme por un minuto, perderme de vista y
empezar a moverse.
La vi alejarse.

***

Todos dormimos en nuestras habitaciones correspondientes esa noche. No


había visto a Justin o Janna en todo el día. No vi a Kevin hasta la noche, cuando nos
Megan Miranda Fracture

íbamos a dormir. No había ido a ninguna visita, solo vagué por la ciudad,
sintiéndome perdido. Le dije a la Sra. Adams que tenía una infección estomacal, y
ya que nadie más se la saltó, supongo que me creyó.
La mañana siguiente, todavía llovía, pero nuestro vuelo salió a tiempo. En la
parte posterior del transbordador del metro a la terminal del aeropuerto, escuché a
Justin decir —Pero ¿cómo pueden volar en la lluvia?
Y un gemido colectivo se elevó desde más de la mitad del autobús.
Sonreí.
Delaney estaba en la primera fila, sentada al lado de esa chica, Tess, de sus
clases. Después de llegar al aeropuerto, mientras pasábamos por seguridad, tomé a
Tess por el codo.
Ella frunció el rostro y miró alrededor. Sí, probablemente nunca habíamos
tenido una conversación antes —¿Estás sentada con Delaney? —pregunté.
—Eh, sí —dijo, tirando los zapatos sobre la cinta transportadora—. ¿A menos
que tú pensaras hacerlo?
—Ella odia volar —dije, ignorando su pregunta.
—Me di cuenta —dijo.
—Así que esta vez, ¿qué tal si intentas distraerla o algo así? —Entonces tiré
mi bolso delante del suyo y salté a su lugar en la línea.
Pasé junto a la fila de Justin en el avión y dije —Hey —Tenía un corte en el
labio inferior, pero no se veía tan mal.
—Hey –dijo. Me deslicé en la fila detrás de él. Conversación terminada.
Janna tenía una gorra de béisbol en la cabeza y bajo ella su cabello volaba en
todas las direcciones. Vi a Justin sonreírle, y como sus ojos se abrieron, vi que pasó
la fila de él y se deslizó a mi lado.
Debí haberle sonreído porque me espetó —¿Qué?
—Nada —dije.
Tiró el borde del sombrero hacia abajo y se encorvó en el asiento —Cállate —
dijo.
Kevin se deslizó en el asiento al lado de Justin, pero no sin antes voltearse y
descansar la barbilla en el respaldo de la silla con una sonrisa enorme —Hooola,
Janna —dijo. Justin le dio un puñetazo en el brazo, y se dio vuelta.
—No me malinterpretes —dije—, creo que es un gran tipo, y he escuchado
que es totalmente—
Megan Miranda Fracture

—Cállate —dijo. Pero fue demasiado tarde. Kevin y yo no podíamos parar de


reír, a pesar de que Justin le golpeó la cabeza en el asiento adelante de nosotros.
—Sabes lo que yo escuché —dijo Kevin. Y empezamos otra vez.

Joanne nos recogió en el aeropuerto, y la ciudad empezó a filtrarse, directo


hacia mis huesos. Llegamos a su casa, y me di cuenta que eso era todo. La última
vez que estaríamos juntos. La última vez que me escaparía a su casa o ella a la mía,
o que nos sentaríamos en el piso de su habitación haciendo nada o cosas distintas o
las mismas cosas. El próximo año, no demasiado lejano, eso habría terminado.
Que ella se iría. Y tal vez yo iría a alguna aparte, a ser un tipo que nadie
conociera. Sin nunca conocer lo que era antes de que mi padre muriera. Sin nunca
conocer al tipo que una vez amó a la chica de al lado. O tal vez no iría a ninguna
parte. Todo se sentía igual. Podría cruzar el país, escuchar una gota de agua y
regresar nuevamente.
Este lugar no cambiaría. Pero nosotros lo haríamos.
En un año, no estaría enojado con ella. No estaría tan enojado que no podría
mirarla, no sentiría el pánico arañar mi garganta. No sentiría ninguna de esas cosas
porque no la vería en absoluto.
Sentí que mi respiración se aceleraba, sentí que venía el pánico. Vi que
Delaney me miraba en el espejo retrovisor. Porque ahora ella sabía. Sabía que estaba
pensando en ella. Se giró en el asiento y dijo —Oye —Como si me recordara que
todavía estaba aquí.
—Estoy bien —dije, apoyando la cabeza contra el asiento. Pero, ¿ella no podía
ver lo que pasaría? Aún iba a desaparecer de mi vida. Y sería por mi culpa. Ella iba
a estar exactamente donde dijo que estaría. Pero yo no.
Le prometí que lo haría. Hace meses. A pesar de que lo había sentido cuando
lo dije, me preguntaba si—como todo lo demás entre nosotros—contaría ahora como
una mentira.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 11
Traducido por kiiariitha

Cuatro de julio. No la había visto en dos días—papá y yo habíamos ido a


acampar y quedamos atrapados en el tráfico, así que no llegue a casa antes del
horario en que se suponía nos reuniríamos con todo el mundo para los fuegos
artificiales. Me había enviado un mensaje diciendo que me esperaría. Le dije que
fuera. Había un terreno, dos cuadras pasando la calle principal, y todo el mundo,
mis padres incluidos, tomaban mantas de picnic y se relajaban allí antes de los
fuegos y después. Le dije que la encontraría allí.
Estaba oscuro cuando llegué, horas después de que se suponía debía
encontrarme con ella, y los fuegos artificiales se disponían a comenzar. La vi de pie
con Kevin, Tara y Maya—esto fue justo antes de que Kevin dejara a Tara y
comenzara a salir con Maya, pero ya se podía sentir el comienzo.
Le vi la espalda, la forma en que la brisa levantaba su cabello de su espalda
por un segundo antes de volver a caer. La vi girar su rostro y sonreír a algo que
Maya dijo. Empujé para pasar entre la gente. Abriéndome camino. Ella no me
escuchó llegar.
Estaba de pie justo detrás, y ella observaba el cielo, como si esperara que algo
sucediera. Coloqué su cabello hacia un costado. Besé su hombro. La sentí derretirse
hacia mí. Ella no se dio la vuelta al principio—la avergonzaba, con todo el mundo
de pie aquí, observando. Sabía que lo hacía. No me importaba. Envolví mis brazos
alrededor de su cintura y besé su cuello.
Luego ella giró, enroscó sus brazos alrededor de mi cuello, se presionó contra
mí tan fuerte que casi me tambaleó hacia atrás, y me besó. Quiero decir, me besó.
Supongo que no estaba avergonzada. Alguien se aclaró la garganta. Los
ignoramos. Ella me seguía besando.
Estábamos de pie en un campo en el medio de una multitud en medio de un
evento y no me importaba. A ella no le importaba.
—Entonces, me extrañaste —dije, todavía tan cerca que mis labios rozaban
los suyos mientras hablaba.
Megan Miranda Fracture

Se alejó de mí por un segundo. Tenía esa mirada de que estar a punto de salir
con uno de sus planes épicos, y me preparé para la idea: tal vez trepar un árbol para
tener mejor vista, correr a la tienda y conseguir bocadillos, controlar el tiempo de los
fuegos para algún proyecto que yo no comprendía. Diría que sí, a lo que sea. Diría
que sí.
—¿Quieres irte? —preguntó.
Acababa de llegar. Los fuegos artificiales estaban a punto de comenzar. Me
tomó un segundo darme cuenta lo ella quería decir, con sus dedos enganchados en
las presillas de mi cinturón, y en la forma en que se presionaba contra mí, y la forma
en la que podía adivinar que se sonrojaba, incluso en la oscuridad.
Me dio un vuelco el estómago. Pensé, por favor, que signifique lo que yo creo que
quieres decir —Sí —dije—. Sí. Sí.
—Entonces… ¿sí? —preguntó ella. Sonreía, y estaba nerviosa.
—Quiero decir tal vez, no lo sé, déjame pensar sobre ello… —Pero tironeaba
de ella con ambas manos, y me reía. Prácticamente corría.
Nadie nos vio irnos—todos se habían dado la vuelta; estábamos
probablemente avergonzándonos a nosotros mismos. No me importaba.
Ella se detuvo en medio de la calle antes de regresar a mi casa y dijo —Te amo
—Con esa expresión realmente seria, como si no lo hubiera dicho antes.
—Lo sé —dije.
—No. Quiero decir… —Ella movió sus brazos alrededor como si pudiera
encontrar la palabra que estaba buscando.
—Delaney —dije, y mi brazo estaba envolvió su cintura, y mi rostro estaba a
un centímetro del suyo—. Lo sé.
Recuerdo que pensé que era la persona más afortunada en la tierra.
Le dije que no podía soportar estar lejos de ella.
Le dije que la seguiría a cualquier lugar.
—Prométemelo —dijo ella, con sus brazos envueltos a mi alrededor.
Se lo prometí una y otra y otra vez.

La miré ahora, sentada en el asiento delantero del coche. Eso fue hace solo
tres meses. Había sido tan estúpido al pensar que duraría para siempre. Ni una
promesa. Ni una vida. Ni nosotros, tampoco.
Ni lo que habíamos sido, de todos modos.
Megan Miranda Fracture

Joanne estacionó el auto en la entrada, pero yo miraba mi casa. Era domingo,


así que no había nadie trabajando, pero podía decir que había un progreso. Me
pregunté cuanto tiempo pasaría antes de que pudiéramos mudarnos. Entré por la
puerta principal, y mamá inclinó su cabeza hacia nuestra casa y dijo —Ya no debería
demorar —Como si pudiera leer mis pensamientos—. ¿Cómo estuvo Boston?
—Enorme —dije al mismo tiempo que Delaney dijo —Lleno de gente.
Había planeado ir a Boston por ella. Tomaba cada decisión sobre mi futuro
por una chica. Y una no la cual ya ni siquiera salía. Yo era un cliché. Nunca se me
había ocurrido ir a Boston antes de que ella lo mencionara. Ni siquiera había asistido
a una sola gira. No era para mí.
—Supongo —dije—, quiero quedarme en Maine.
Sabía que Delaney me escuchó cuando lo dije. Sentí su pausa. Sentí que toda
la habitación se detuvo. Pero era verdad. En ese momento, con mamá que alborotaba
mi cabello, y mirando a aquella casa en donde había crecido, dónde papá había
vivido, quería quedarme.
O tal vez todo esto era parte de la maldición. Tenía el control de mis tobillos,
me ataba a la tierra. Tomaba y tomaba, como yo había tomado de ella, tomaba y me
hacía observar: todos menos ella.

Saqué el grabador de mi equipaje luego de que todos se fueran a la cama y


escuché la última grabación. Él la había iniciado después de que entramos a la
habitación, y el malestar de Delaney, su curiosidad, mi molestia susurraron a mi
alrededor. Presioné borrar. Luego fui a los archivos guardados y escuché la
grabación anterior, para asegurarme de no olvidarme de nada.
Era su voz.
—Delaney —dijo él—. Una estudiante de último año. Afirma tener una
afinidad hacia las enfermedades.
Borrar.
La anterior a esa, podía escuchar la voz de Delaney —¿Diez? Sí, sí, puedo
hacerlo —Él había grabado sus conversaciones telefónicas.
Borrar.
Y la anterior a esa, otra llamada telefónica en la que el Dr. Josh intentaba
pescar información —Cuéntame sobre el accidente que llevo a la lesión cerebral.
—Me caí en el hielo —dijo ella—. Estuve debajo por un largo tiempo.
—¿Dónde fue eso? —Él buscaba algo—nos buscaba a nosotros.
Megan Miranda Fracture

—Un lago. Yo caminaba por el lago.


—¿Y el equipo de emergencias medicas se las arregló para sacarte y revivirte
en la escena? Eso debe haber sido noticia.
—No, no, estaba en coma. Y no, no ellos. Mi… —Podía escucharla buscando
una palabra—. Mi mejor amigo me rescató.
—Debe ser muy valiente —dijo él. Yo hice una mueca.
—Lo es —dijo ella.
La cinta se cortó por un segundo, y luego la voz del doctor regresó —El sujeto
no me dirá quién es o dónde está exactamente, pero su código de área sugiere Maine.
El sujeto evade preguntas, y no ha hablado con su médico personal. Lo cual lleva a
la pregunta: ¿Por qué?
Toda la grabación era un estudio de Delaney. Era su historia y la mía. Era
nuestra historia. Escuché todo, todo lo que quedaba, tres veces más antes de dejarla
limpia.

La esperé en la entrada el lunes por la mañana, como lo había hecho desde la


semana pasada. Después de estar lejos de aquí, después de haber podido hablar con
ella en Boston, se sentía un poco como volver a la normalidad. Lo normal antes de
estar juntos. Antes de todo.
Ella también parecía sentir que algo había cambiado. Saltó a la camioneta y
mantuvo sus manos en frente de la rejilla de calefacción —Buenos días —dijo.
—Sabes que tienes que esperar que el coche encienda para que eso funcione
—dije.
—Nueva idea —dijo mientras yo giraba la llave—. Universidad en Florida.
Encendí la calefacción, ignorando el hecho de que evidentemente quería
hablar sobre todo el asunto de quedarme en Maine —¿Qué escuela fuiste a ver al
final? —pregunté.
Ella se inclinó y flexionó sus dedos delante de las rejillas un par de veces antes
de hablar —Iba a Harvard, y entonce me sentí… no lo sé. Distraída. O abrumada.
Ambas —Se echó hacia atrás en su asiento y giró su rostro hacia mí—. Supongo que
lo arruiné —dijo—. ¿Qué tal si ese tipo viene a buscarme? ¿Qué tal si habla con mis
padres, o con mi doctor?
—Fácil. Lo llamas pedófilo mentiroso y es tu palabra contra la suya.
Por el rabillo de mi ojo, podía asegurar que me miraba y hacía esa mueca de
estás-siendo-ridículo —Lo digo en serio.
Megan Miranda Fracture

También lo hacía yo —Delaney, ¿realmente quieres decirme que te saltaste


una gira de la universidad porque estabas preocupada por un tipo? —Nada propio
de Delaney, que hizo su tarea en el hospital después de casi morir para no atrasarse.
Pensé en como la decisión de dejarla en el hielo me había cambiado.
Y que esa decisión también la había cambiado a ella de algún modo.
Y pensé que tal vez era posible perdonar a alguien por cualquier cosa.
—No lo sé —dijo—. Llegué allí, ¿pero lo notaste? Todo el mundo en Boston
camina tan rápido.
Mordí el interior de mi mejilla para no reír.
—Así que deambulé por los alrededores —dijo. Se encogió de hombros—. Tal
vez Boston tampoco es para mí.
Era mi turno de hablar, pero había demasiado significado en su frase.
Demasiadas capas de preguntas debajo.
Cuando estacioné, ella dijo — Gracias —Luego salió del auto. Se detuvo por
un segundo, supongo que para comprobar si iba con ella, pero me quedé en el auto,
observándola irse.
Te perdono, pensé, deseando que fuera cierto. Un error. Un terrible error. Un
error que ella no podía deshacer, que la comería por dentro. Como yo, al dejarla en
el centro del lago.
Cortemos camino por el centro, dije.
Tú novio está esperando, dije, hostigándola sobre Carson. Y luego la dejé allí.
¡No tenemos todo el día! Grité. Ella resbaló. Se cayó. Desapareció bajo la
superficie del lago.
Yo nunca podría deshacer eso. Pero en la grabación, ella solo había
mencionado que la salvé.
Somos más grandes que una pelea, pensé. Somos más grandes que un error. Y decidí,
en ese momento, que la próxima vez que la tuviera sola en la misma habitación, la
perdonaría.
—Hey —dijo Janna, dando golpes sobre mi ventanilla. La bajé—. ¿Planeas
salir pronto? ¿O vas a mirar la entrada del colegio por otros cinco minutos?
Salí del auto, y ella seguía hablando —Voy a aplicar al Colegio de Boston. Y
a la Universidad Tufts. ¿Fuiste a la Universidad de Boston? ¿Qué piensas? No puedo
decidirme —Seguía hablando, pero más como para evitar que yo dijera algo.
Luego observó algo por sobre mi hombro. El coche de repuesto de Kevin que
se detenía en el estacionamiento. Su coche de repuesto probablemente costaba más
Megan Miranda Fracture

que el noventa por ciento del resto de los autos del estacionamiento. Maya se deslizó
fuera del asiento de pasajeros. Justin salió de la parte trasera. Janna se encogió e hizo
una línea recta hacia la entrada del colegio cuando los vio acercarse.
—¿El coche principal sigue en el taller? —pregunté.
—Ja —dijo él. Luego hizo una extraña mueca, se pasó una mano por el cabello
y dijo — Había agua en el motor.
—¿Por la lluvia? —preguntó Maya. Sus ojos estaban inyectados en sangre,
como si hubiera estado despierta toda la noche.
—Uhm, no. De lo contrario habría agua en el motor de todos.
Nos decía algo que Maya no comprendería. Lo escuchamos. Agua en el
motor. Agua en mi casa. Todos la habíamos sacado del lago. Todos la habíamos
traído de vuelta. Venía por todos nosotros.
Kevin se encogió de hombros, como si se sacudiera algo de encima —Como
sea. Debería estar bien. Solo tengo que manejar ese pedazo de metal por un par de
días más.
Me pregunté si todos estábamos viendo lo mismo en la pausa que siguió. Si
todos veíamos versiones distintas del lago congelado, de mí con la cuerda, de ellos
sacándome del agua, de Delaney, quieta y azul.
Maya se aclaró la garganta —¿Cómo sucedió eso, entonces?
Él sacudió su cabeza con rapidez —Puede suceder si pasas por un enorme
charco o algo.
Pero todos sabíamos que no había llovido tanto. Y todos probablemente
pensábamos en el lago Falcon. El silencio nos comía a todos, y Maya nos observaba,
intentando armar algo.
—Luces cansada —dije. Pero cuando me miró, pensé que tal vez estaba
equivocado. Tal vez lucía triste en vez de cansada. Y quise retirar lo dicho.
—Regresé tarde anoche —dijo ella.
—Hablando de eso —dijo Kevin—, creo que tu hermano me odia.
—Prácticamente intentabas toquetear a su hermana en el patio delantero —
dijo Justin.
—En mi defensa, no tenía idea de que él estaba en el porche —Miró a Maya—
. ¿Una pequeña advertencia la próxima vez?
—Te aparté —dijo ella—. ¿Qué más advertencia quieres? Te dije que él me
trajo anoche.
—No me dijiste que todavía estaba aquí.
Megan Miranda Fracture

—¿En serio? Usa un poco el sentido común, Kev —Fue el mismo modo en
que ella me había hablado cuando me dijo que creciera, y podía decir por el rostro
de Kevin que él nunca había visto este lado de ella antes.
Y antes de que Kevin respondiera, Maya se giró hacia mí —¿Está Delaney?
—Adentro —dije, mientras pasaba a mi lado.
Justin no había estado prestando atención. Exploraba el estacionamiento —
¿Han visto a Janna? —preguntó, con una sonrisa ridícula en su rostro.
—También adentro —dije—. Evitándote —Lo cual no consiguió apagar su
sonrisa.

Había carteles azules y dorados colgados en todo el pasillo. Y serpentinas. Y


cualquiera que jugara un deporte llevaba su uniforme. Lo usarían toda la semana,
hubiera juego o no.
La primera semana de octubre era tradicionalmente la de bienvenida, y era
tradicionalmente el comienzo del clima frío, y era tradicionalmente divertida. La
mejor parte de la semana de bienvenida era que no teníamos la parte más
tradicional—no teníamos un baile. En cierta forma era lo mismo: llamativas
decoraciones y el gimnasio del colegio y música en el fondo, pero no era como un
baile-baile. Por ejemplo: no teníamos que usar traje. O escoger citas o cualquiera de
esas cosas que se llevaba la diversión de la mayoría de los eventos. Solo ibas cada
noche, junto con un montón de ex alumnos, y todos se divertían y comían—y luego
nos íbamos a la ciudad.
Solíamos ir a la casa del lago de Justin, especialmente con sus hermanos en
casa—que no llegaron muy lejos cuando dejaron el colegio. La mayoría no lo hacía.
Pero Maya y su mamá estaban en esa casa ahora, y aparentemente su hermano
también. Kevin le preguntó si podía hacer una fiesta, y ella lo miró como si él fuera
el idiota más grande del planeta. Más o menos lo era.
Yo no tenía planes realmente, y no vi a Delaney en el estacionamiento después
del colegio, así que regresé a su casa, esperando alcanzarla allí—pero en cambio
terminé haciendo tareas. Solo, en el comedor. Así que cuando el auto de Justin (con
Justin y sus hermanos) tocó la bocina y volvió a tocar fuera de la casa de Delaney,
me fui. Buscaba a Delaney—ya que no había vuelto a casa, me imaginé que estaría
aquí. En el gimnasio del colegio. Pero no parecía que fuéramos a quedarnos. Era más
bien una misión para juntar más gente. Nos reunimos con Kevin, que trajo a Maya,
quién tenía su teléfono presionado en la oreja. Y Kyle, el hermano mayor de Justin,
Megan Miranda Fracture

trajo a Janna, que se puso roja, pero dijo —Esto apesta, de todos modos —Y vino con
nosotros.
—¿Es Delaney? —pregunté, señalando el teléfono de Maya, pero ella negó
con la cabeza, apenas mirándome.
—¿La has visto? —Y esta vez toqué su brazo para que me prestara atención.
Ella se apartó de mí, ahuecó su mano sobre el teléfono — Sí, la he visto.
—¿Aquí? —Estábamos saliendo y exploré la multitud detrás nuestro. Ella dijo
unas palabras en su teléfono y colgó.
—Decker, si ella no se siente como para decirte dónde está, estoy segura de
que no te lo dirá.
Tenía razón. Saqué mi celular y lo escuché sonar. Maya me observaba
mientras los hermanos de Justin intentaban convencer a Tara de venir con nosotros,
pero no parecía interesada. Yo estaba de pie en medio del gimnasio con el teléfono
presionado en mi oreja, dando vueltas en círculos, intentando encontrar a Delaney.
Atendió el contestador y Maya se acercó —Acabas de perderla.
—Podrías habérmelo dicho —dije.
—Es mi amiga —dijo—. Y estás jugando con ella.
—No estoy jugando con ella, estoy—
—Ahórratelo. No hablas con ella. No la miras. Pero no puedes dejarla en paz.
La estás torturando —dijo, y me estremecí—. Y no lo entiendo, quiero decir, ¿qué hizo
siquiera? Ella no me lo dirá. Y sé que aún no hay nadie más
¿Todavía?
—Maya, por favor dime dónde está.
Estábamos afuera, en el frío, nos movíamos en grupo, y yo tenía que caminar
rápido para mantener el paso con ella —Fue a encontrarse con mi hermano,
aparentemente.
Dejé de caminar, y Maya tuvo que darse la vuelta —¿Qué? —pregunté.
—Wow, Decker, si no lo supiera mejor, diría que estás celoso.
—¿Qué demonios está haciendo con tu hermano? —pregunté, ignorando la
acusación.
Ella cruzó sus brazos sobre su pecho y entrecerró sus ojos —¿Por qué te
importa?
Siguió caminando, al paso de Kevin —Mierda —murmuré, y llamé a Delaney
de nuevo. Cuando ella no respondió, le envié un mensaje de texto: De camino al claro
del bosque. Deberías venir.
Megan Miranda Fracture

Diez minutos después, Maya estaba sentada frente a mí, en el capó del coche
de repuesto de Kevin, riéndose de un chiste. Yo seguí mirando mi teléfono, deseaba
que Delaney respondiera. Estábamos detrás del estacionamiento, detrás del
gimnasio que yo había pintado—había un camino improvisado en caso de que las
personas necesitaran transportar equipos—justo al borde del bosque. Había algo
tranquilizador en todo esto, en estar con las mismas personas que había conocido
toda mi vida. Y Maya. Y las botellas. Estaría tranquilo si Delaney apareciera.
Maya estaba prácticamente sentada en el regazo de Kevin, riéndose de algo
que él le había dicho.
Puse un brazo alrededor de Janna, quién estaba sentada antinaturalmente
cerca. No porque tuviera alguna pretensión conmigo ni nada, si no porque quería
estar lo más lejos posible de Justin. Estaba prácticamente aferrada a mí. Y a juzgar
por la forma en que sus hermanos la observaban, ellos sabían por qué.
—Tiene la boca muy grande —murmuró ella.
—En su defensa, no fueron exactamente discretos.
Con mi mano libre, presioné el botón de llamar de nuevo y sostuve el teléfono
en mi oreja.
—¿A quién llamas? —preguntó ella, pero levanté un dedo hasta que
respondió el contestador de Delaney de nuevo. Janna se inclinó sobre mi regazo para
ver el teléfono mientras yo lo apagaba—. Dime que no estás llamando
obsesivamente a tu ex novia.
—Está bien, no estoy llamando obsesivamente a mi ex novia.
Ella giró sus ojos, me sacó el teléfono y lo metió en su bolso —Te estoy
haciendo un favor —dijo.
—Janna…
Pero mantuvo su bolso del otro lado, lejos de mí.
Kyle se levantó y le entregó una botella —Pequeña Levine, toda crecida —
dijo él, sacudió la cabeza y sonrió. Ella se sonrojó, rehusándose a hacer contacto
visual, luego tomó un sorbo de la botella y me la entregó. Luego dijo —Esto es
divertido, ¿verdad? —Y se rió.
—¿Ya está borracha? —preguntó Kevin.
No, estaba bastante seguro de que estaba a punto de enojarse con alguien.
También estaba bastante seguro de que no era conmigo. Me encogí de hombros hacia
Kevin. Janna se puso de pie en medio de todos nosotros, más cerca de Justin de lo
Megan Miranda Fracture

que había estado desde Boston, y dijo —Tus hermanos están muy orgullosos de ti,
¿no es cierto?
Justin miró el capó del auto. Intentaba no sonreír.
—Pero si mi hermano estuviera aquí, te patearía el culo —Y luego se rió una
vez más—al menos a mí me pareció una risa. Justin dejo de sonreír, y Kevin tomó
un enorme trago y dijo — Mierda —Y el lugar quedó en silencio.
Me puse de pie, levanté la botella, y dije —Por Carson Levine, quién en este
mismo segundo estaría pateando el culo de Justin —Luego ladeé la botella, observé
como el líquido corría por la tierra y desaparecía debajo de la hierba. Imaginé por
un momento a Carson sonriendo. Riéndose de nosotros. Diciendo ya era hora, hijos
de puta.
—Por patear el culo de Justin —añadió Kevin, vertiendo su botella también.
Luego miró a Janna y sonrió—. Lamento que hayamos metido la pata con esto —Le
entregó la botella vacía a Maya, se puso de pie y sonó su cuello.
—Levántate —Le dijo a Justin. Kevin sonreía. Justin gimió. Se deslizó fuera
del capó del auto muy despacio. Kevin lo enganchó del cuello y lo arrastró al centro
del círculo y le dio un golpe bajo a su estómago.
—Amigo, eso duele —dijo. Pero el costado de su boca se curvó hacia arriba.
Kevin lo golpeó una vez más, luego hizo crujir sus nudillos contra el costado
de su pierna.
Janna me miró, con las cejas levantadas.
—Janna —dije—, le pateé el culo esa noche.
Kevin sonrió —Es verdad —Janna se rió y se limpió los ojos con el pulgar.
—Tu turno, Janna —dijo Kevin, sosteniendo los brazos de Justin desde
atrás—. Por Carson —Ella se acercó de manera atrevida y lo golpeó en el estómago,
más fuerte que Kevin. Justin hizo una mueca y tosió. Y luego ella se acercó más, se
puso de puntillas, y lo besó en la boca.
—Está definitivamente borracha —dijo Kyle, riendo. Incluso Maya sonreía.
Kevin regreso con ella y susurró algo en su oído, algo que era solo para ella, y la hizo
sonreír un poco más.
Agarré el bolso de Janna, buscando mi teléfono.
No los escuchamos venir.
—No es por romper el festival del amor… —Justin y Janna se apartaron.
Estábamos rodeados por un grupo de ex alumnos, que nos sonreían—. Es la hora —
Megan Miranda Fracture

dijo el tipo grande. Lance Cooper. Mariscal de campo hace media vida. Nunca se
perdió una bienvenida.
Él solía ir a fiestas, de acuerdo con los hermanos de Justin, pero se volvió
seriamente espeluznante a medida que se acercaba más y más a los treinta. Me
imaginé que se había mudado, ya que no lo había visto por un tiempo. Pero aquí
estaba.
Me quedé inmóvil, y creo que el resto también. Incluso los hermanos de
Justin, quienes no estaban aquí el año pasado cuando todo sucedió, sabían lo
suficiente como para saber que esta parte no iría muy bien.
Era el momento en que los ex alumnos arrastraban a los estudiantes de último
año al lago Falcon, como una especie de iniciación en el gueto de ex alumnos o algo
así.
—Pero… —dijo Justin. Vi su garganta moverse de arriba abajo mientras
tragaba. Me pregunté si alguno de nosotros tendría las agallas para mencionar la
maldición. Sonaba tan ridículo en voz alta, y no creo que alguno de nosotros
realmente lo creyera. No individualmente. No Janna—ella era como Delaney, todo
cerebro y lógica. Y Kevin era frío y distante. Justin era el único lo bastante asustado
como para decir algo.
—Pero ¿qué? —dijo Lance, haciendo un blanco sobre Kevin. Kevin era el más
grande. Era el líder. Kevin sería su premio.
Dejé caer el bolso de Janna.
—Oh, demonios —dijo Justin, y se largó a correr. Kevin hizo lo mismo.
No estoy orgulloso de reconocer que hice lo mismo.
Puede que no sea el más grande o el más fuerte, pero definitivamente era el
más rápido, y nadie iba a atraparme. Y nadie lo hizo. No hasta que la vi, como un
fantasma en mi visión periférica, caminando por la noche como si estuviera en un
trance. Por el campo rodeado de bosques.
Dejé de correr —¿Delaney? —llamé. Ella se dio la vuelta e inclinó su cabeza a
un lado. Luego sus ojos se ampliaron cuando vio algo detrás de mí. Me giré justo a
tiempo para ver a dos ex jugadores de fútbol acercándose desde ambos lados —Oh,
mierda —dije. Pero era demasiado tarde. Uno me derribó por la cintura, y el aire
temporalmente salió de mis pulmones. Tuve ese momento de pánico dónde no
podía respirar y me pregunté si sería capaz de volver a hacerlo. Me pregunté si esto
es lo que Delaney sintió debajo del hielo. Me pregunté eso un montón.
Megan Miranda Fracture

Y luego volví a respirar, y el tipo que no estaba encima de mí dijo —No te


preocupes, linda, te lo regresaremos en una pieza —A continuación, el
reconocimiento pareció cruzar por su rostro. Cierto, la iniciación. Y luego el horror.
Cierto, la iniciación. La vi cambiar de dirección y seguirnos de regreso al
estacionamiento. Me lanzaron a la parte trasera de una camioneta junto a Justin.
Kevin siguió poco después. Él arrojó sus llaves a Maya, quién observaba toda la
escena con total confusión —El lago —dijo él.
Vi a Delaney discutir por un segundo con Maya, luego Maya se encogió de
hombros y ambas se metieron en el auto. Vi sus luces brillando sobre nosotros
mientras nos dirigíamos hacia el lago Falcon.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 12
Traducido por kiiariitha

Janna ya estaba allí, de pie junto a los hermanos de Justin, con una multitud
animada de ex alumnos agrupados en la orilla. Un montón de autos y camionetas
apuntaban las luces encendidas hacia el lago Falcon. Ya había un montón de
estudiantes de último año mojados, goteando en la orilla, enojados. Pero entonces
alguien arrastró un barril por la colina, y pronto sostenían vasos plásticos y ya no
lucían tan molestos. Solo mojados.
—¡Kevin Mulroy! —Escuché mientras Lance lo arrastraba fuera de la
camioneta. Kevin saludo y echó sus hombros hacia atrás, como si estuviera en un
maldito desfile. Y luego Lance lo arrastró hacia el agua, empujándolo hacia abajo, y
lo mantuvo allí mientras la multitud animaba. Lo levantó por la parte trasera de su
camisa y Kevin sacudió su cabello. Observó el agua por un segundo, luego de vuelta
a la orilla y sonrió.
—Oye, nena —llamó a Maya mientras salía del agua. Pero Maya no corrió
hacia Kevin y se inclinó hacia él como lo había hecho el día del tanque de agua. Ella
miró por sobre él, hacia el agua oscura. Me pregunté si la maldición podría tener
alguna influencia también en ella. Cuánto tiempo llevaría vivir aquí para poder
sentir que algo estaba mal. Para creer en eso.
—¡Decker Phillips! —Y luego Lance me arrastraba hacia el agua. No estaba
asustado por eso. Había estado en el agua antes. Con Delaney. Pero estaba fría y
oscura y no podía ver nada, solo las luces que brillaban en mis ojos y se reflejaban
en el agua. Y cuando me retuvo abajo, la calma se fue. Me la imaginé al otro lado del
hielo, atrapada. Y comencé a agitar mis brazos. Los escuché salpicar por encima de
mí. Él me volvió a levantar —Con calma, vaquero —Escuché risas. De él. Desde la
orilla. Volví hacia las luces, buscando a Delaney. Giré justo a tiempo para ver a Justin
ser arrastrado desde la camioneta.
—¡Justin Baxter!
Justin, a pesar de sí mismo, se resistió todo el camino.
—No —Le escuché decir. Él miró a Janna mientras pasaba a nuestro lado, y
ella se mordía la uña del pulgar—. Diles —Le articuló a ella—. ¡No! —Gritó. Pero
Megan Miranda Fracture

Lance seguía tirando de él, y todo el mundo observo con horror como Justin gritaba.
Era una broma. Era la iniciación. Él actuaba como si estuviera por ser asesinado.
Luego estaba bajo el agua y luchaba y Lance lo mantuvo abajo mucho más
tiempo debido a eso. Lo sacó y Justin tosía. Tenía arcadas. Náuseas. Miró hacia la
orilla con mala cara y dijo —Está en mis malditos pulmones —Y luego repitió, lo
bastante fuerte para que todos escucharan—. ¡Está en mis malditos pulmones!
—Cálmate —dije.
—¿Qué me calme? ¿Qué me calme?
Puse mi mano sobre su hombro —Cálmate. Dile, Janna.
Janna tomó la mano de Justin y lo apartó de la orilla —No voy a mentirle —
dijo ella.
Lo cual solo aumento su pánico incluso más —¿Lo ves? No soy el único que
recuerda. Este lugar, no es una broma.
—No, no lo es —susurró ella. Sus ojos se movieron de Justin hacia mí y luego
hacia Kevin. Se miró los pies, el agua lamía los tacones de sus zapatos, y se acercó
más a nosotros—. Hay toallas. Sígueme.
Kevin tomó a Maya de la muñeca para sacarla. Tara estaba con algunos de
sus otros amigos, y observaba a Kevin por el camino. Observaba a Maya y a Kevin,
específicamente. No notó a Lance detrás de ella. No al principio.
—Estás mejor cada año —dijo Lance. Él chorreaba agua y le tomó el cabello.
Ella se echó hacia atrás.
—No me mojes —dijo—. Tengo frío.
Lance sonrió y tironeó de ella. Tara no se resistió mucho, probablemente
porque todos estábamos observando. Estábamos a punto de observar como la metía
al agua y verla mientras estaba de pie allí, con su ropa pegada a su cuerpo, el cual
había desafiado todas las reglas de la naturaleza desde que cumplió trece años.
Lo cual, para ser justos, era exactamente el motivo por el cual Lance estaba a
punto de meterla al agua.
Y, para ser justos, ese era el motivo por el cual iba a permitírselo.
Ella sonreía, pero arrastraba los talones y gritaba.
Estaban hasta las rodillas en el lago y dijo —Santa mierda, está helada.
Hasta la cintura —Espera —dijo.
Pero Lance no espero. Le tiró de las piernas por debajo y la presionó hacia
abajo desde sus hombros hasta que desapareció bajo el agua. Lance sonrió y la dejó
subir de inmediato. Ella emergió del agua, echó su cabello hacia atrás y lo empujó.
Megan Miranda Fracture

Fuerte. Él cayó hacia atrás, debajo del agua. Y una ovación estalló desde la orilla.
Tara se quedó de pie allí con una sonrisa enorme y las ropas pegadas y todo el
mundo mirando, e hizo una reverencia.
Tara casi había llegado a la orilla, caminando hacia nosotros. Me pregunté si
podía sentir los ojos de Kevin sobre ella. Yo podía sentirlos. Y por el cambio en la
postura de Maya, ella también. Lance se arrastró fuera del agua y dijo —Tara Spano,
por favor, dime que ya tienes dieciochos años.
Ella se puso una mano en la cadera, giró para enfrentarlo y dijo —Solo si
puedes redondear.
Luego se giró hacia mí, sacó la lengua como si se estuviera ahogando, y
articuló la palabra asco.
—Lástima que apesto en matemáticas —dijo Lance, mientras la miraba
lascivamente.
Me acerqué y coloqué mi brazo alrededor del hombro de Tara —Lástima que
ya esté tomada —dije.
A medida que nos alejábamos dejé caer mi brazo, pero ella chocó su hombro
contra el mío mientras caminábamos hacia las camionetas con las toallas —Gracias
—dijo—. Es asqueroso.
Ella comenzó a frotar su cabello con una toalla y yo tenía que recordarme
activamente no mirar hacia abajo. Kevin obviamente no se lo recordó. Maya
probablemente estaba enojada. No, Maya no prestaba atención en absoluto. Miraba
hacia el agua, envolviéndose con sus brazos y temblaba como si la hubieran
sumergido.
—Probablemente esté rompiendo el código masculino en este momento —
dije—, pero si quieres recuperar a Kevin…
—No quiero recuperar a Kevin —dijo. Colocó otra toalla sobre su camisa y
froté sus brazos mientras se estremecía. Yo también temblaba.
—Seguro lo parece…
—Hay una diferencia —dijo, encogiéndose de hombros—, entre querer a
alguien y querer que alguien esté celoso —Se alejó de mí, cubierta con la toalla. Luego
me miró por encima del hombro—. Tú sobre todas las personas deberías saber eso.
Yo no había intentado poner celosa a Delaney —Tara, eso no es lo que yo—
—Oh, por favor —dijo—. No es como si me importara —Se dio la vuelta—. Me
alegro de que seamos amigos —dijo—. Lo digo en serio. Es lindo tener a alguien con
quién puedes contar para salvarte de los tipos viejos de mala calidad.
Megan Miranda Fracture

—Intenso —dijo Kevin, caminando hacia nosotros. Tara echo hacia atrás su
cabello de nuevo. Esperaba que Maya rodara sus ojos, pero miraba su teléfono.
—¿Alguien ha visto a mi hermano? —preguntó, con sus ojos sobre el teléfono.
—¿Alguien ha visto a Delaney? —pregunté, sin importarme ser
completamente obvio. Me quedé de pie en la parte trasera de la camioneta y exploré
la multitud alrededor del lago, buscándola.
Maya exploró la multitud, también —O tal vez él sí vio mi mensaje.
—¿Perdón? —dije.
Ella se encogió de hombros —Él estaba de camino a encontrarse con Delaney.
Pero ella se… desvió —Entrecerró los ojos hacia mí, como si odiara que a Delaney
todavía yo le importara. Como si yo no valiera la pena—. Le dije que nos dirigíamos
hacia el lago —Ella miró hacia su casa, y yo hice lo mismo. Estaba oculta en la
oscuridad.
—No entiendo por qué él querría encontrarse con Delaney —dije.
Ella puso un dedo sobre sus labios mientras me juzgaba. Evaluaba qué decir,
supongo — ¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Hay alguna razón que me impida
presentarle a Holden, Decker?
Ella caminó alrededor de la camioneta con Kevin. Vi la camisa de Kevin
mojada sobre el piso. Escuché la risa de Maya.
—Holden —murmuré—. ¿Qué clase de nombre es Holden, de todos modos?
Janna parpadeó hacia mí. Justin se rió mientras saqueaba el montón de toallas,
buscando una seca.
—Oye —dije—. Decker era el apellido de mi mamá. Tiene significado.
Janna sonrió —¿El guardián en el centeno? ¿Te suena? —Por mi expresión en
blanco, supongo que ella pudo adivinar que no. Suspiró—. Holden es solo la voz
angustiosa de la juventud descontenta en toda la literatura reciente.
Mierda.
Delaney iba a amarlo.
En mi cabeza vi a Delaney hablar con él en algún lugar en el bosque. A él
diciendo algo angustioso. Frunciendo el ceño. Ella compadeciéndose. Sonriendo.
Justin sacudió su cabeza, y cuando Janna se dio vuelta, articuló —Ve, idiota.
—Janna, ¿mi teléfono?
—Oh, cierto —Me lo entregó. Me alejé caminando y ella gritó—. Por cierto,
Delaney llamó.
—¿Qué? ¿Qué dijo?
Megan Miranda Fracture

—Nada, yo dije “teléfono de Decker” y colgó. Quiero decir, ¿qué demonios?


¿Ni quiera puede decir hola? —Luego Janna gritó—. Fue la última persona en ver a
mi hermano vivo, ¿y ni siquiera puede decir un maldito hola?
—Por favor —dije, retrocediendo—. ¿Por qué debería decirte algo? Actúas
como si ella le hubiera dado epilepsia a Carson. Como si ella pudiera haberlo
detenido —Respiraba pesadamente y todo el mundo nos observaba. Y dejé de
hablar, porque básicamente había acusado a Janna de lo mismo que yo había hecho.
—Y tú actúas como si algo no estuviera seriamente mal con este lugar —dijo
ella.
Casi le hago un gesto con el dedo mientras me alejaba, pero pensé en Carson
y lo que él haría si estuviera aquí. Qué pensaría de mí ahora mismo. Lo que su
muerte le había hecho a ella.
Lo que nos había hecho a todos nosotros.
Traté de llamar de vuelta a Delaney, pero solo sonó. Le envié un mensaje, de
que era yo y no Janna.
Podía ver la casa de Justin—no, la de Maya—desde aquí, a un cuarto del
camino alrededor del lago. Mejor dicho, veía dónde debería estar, pero ahora solo
era una sombra oscura. Sin luces. Comencé a temblar. La toalla era bastante inútil ya
que mi ropa estaba empapada. Mis zapatos también. Hacía ruido a cada paso, y
mientras los sonidos de la iniciación se desvanecían, mis propios pasos se hicieron
más fuertes. La luz desde los autos todavía atravesaba algunos de los árboles,
iluminando el camino. Pero se desvaneció cuando doblé la siguiente curva. Todavía
podía ver a todos detrás de mí, sombras en la luz, pero la zona delante de mí estaba
en total oscuridad.
Caminé de memoria—había un tronco cerca, un árbol que los Baxters habían
cortado porque se balanceaba demasiado en las tormentas, amenazando con caer
sobre su techo. Y cuando alcanzara la parte inferior, sería capaz de ver el patio
trasero, inclinado sobre mí a mi izquierda. Y luego la puerta corrediza trasera. No
había cortinas en las puertas traseras, ni antes ni ahora, pero el interior de la casa era
muy oscuro. Intenté con el celular de Delaney una vez más, escuchando el resonar
en el silencio. Nada.
Así que trepé la pendiente de hierba y ahuequé mis manos sobre mis ojos
mientras presionaba mi rostro en las puertas de cristal. La casa era un rancho—pero
un rancho grande. Enorme, la zona de la sala de estar abierta, perfecta para fiestas.
Una cocina al costado. Un largo vestíbulo extendido fuera de la zona principal, que
Megan Miranda Fracture

llevaba hacia los dormitorios. Perfecto para fiestas. Podía ver una tenue luz que
venía desde el vestíbulo. Rodeé el costado de la casa, asomándome por las ventanas.
Como algún tipo de acosador. Genial. Me alejé. No era de mi incumbencia.
Había un auto rojo en la entrada. Un auto que normalmente no estaba aquí,
que no había visto desde el día en que Maya se mudó. De Holden, supuse. Él había
regresado a la casa. Estaba aquí. Tal vez Delaney—
No es de mi incumbencia, pensé de nuevo, pero presioné de todos modos mi
rostro de nuevo en la ventana. Nada. Todos los dormitorios tenían las persianas
bajas. Pero había una luz que venía desde atrás de uno de ellos. Mi rostro estaba al
nivel de la base de la ventana y me incliné hacia abajo para tratar de ver a través de
la grieta del fondo. Una sombra se movió a través de la habitación.
Mi teléfono sonó, rompiendo el silencio. Busqué a tientas el botón para
apagarlo. Y luego la ventana se oscureció y las persianas revolotearon por un
segundo, luego cayeron, cortando mi visión. Volaron hacia arriba mientras yo me
lanzaba hacia abajo contra la base de la casa.
Mierda. Presioné mi espalda contra la pared, esperando que quien sea que
estuviera allí no pudiera verme. Que no fuera su madre, asustada de un intruso. Que
no llamen a la policía. Lo siento, solo comprobaba que mi ex novia estuviera allí.
Idiota.
Me deslicé a lo largo de la pared, hacia el patio trasero, y casi choqué con el
pecho de Holden.
—Santa mierda —dije.
—Santa mierda, tú —dijo él—. Maya no está aquí.
—Lo sé —dije. Di un paso hacia atrás. Traté de calmar mi respiración—. Lo
siento, buscaba a Delaney.
Él lucía confundido. Luego sus ojos se estrecharon, y miró atrás hacia su casa
—¿Por qué debería ella estar aquí?
—Solo me fijaba… —Porque te nombraron como a un tipo angustioso de la
literatura. Porque Maya dijo que querías conocerla.
—¿Ella dijo que vendría aquí? —Él miró sobre su hombro y luego sobre mi
hombro.
—No, Maya dijo que Delaney fue a encontrarse contigo y no pude
encontrarla. Lo siento, esto fue estúpido.
Megan Miranda Fracture

—Me dijo que no podía —dijo él. Lo cual me hizo sentir mejor pero luego me
hizo notar que habían hablado. Quién sabía con qué frecuencia o sobre qué. Holden
me miraba —¿Estabas nadando?
Señalé hacia el lago —Todo el mundo está allí. Es… estúpido. No importa. Lo
siento — dije, y giré para irme.
Holden agarró mi brazo mientras se inclinaba hacia adelante, más cerca del
agua. Dio un paso hacia el lago —¿Qué están haciendo? —preguntó—. ¿Qué
demonios sucede?
—Es una broma anual —dije, alejando mi brazo. Quería darle la respuesta
más rápida para así poder salir corriendo de allí—. Los ex alumnos nos meten al
agua —Mantuve mis brazos afuera como evidencia.
—Pensé que ya nadie entraba al agua —susurró él. Así que la maldición los
había alcanzado. Ellos sabían. Tal vez no el por qué, pero sabían el qué.
—Alguien olvido decirles eso —dije. Holden todavía observaba el lago
cuando me di la vuelta para irme.
Me fui corriendo, sin mirar ni una vez detrás de mí. Caminé detrás de los
autos, lejos de la luz, y comprobando mi teléfono. La llamada perdida había sido de
Delaney.
La volví a llamar —¿Qué sucede? —preguntó ella.
—Te estaba buscando.
Una pausa —Tenía el timbre apagado. Estoy en casa.
Porque si podía caminar hasta la casa del lago, podía también caminar a casa
—Reúnete conmigo en mi casa —dije. Y después del silencio que siguió, añadí—,
Por favor.

Tenía esta idea, que si regresábamos a este lugar dónde todo comenzó, dónde
todo cambio, si podíamos hablar, si yo podía perdonarla, podríamos seguir adelante.
Era la idea perfecta.
Ella golpeó. La electricidad todavía no regresaba, así que estaba oscuro. Tenía
una linterna, pero eso parecía raro. Aun así, la encendí, la coloqué sobre la mesa
delante de mí — ¿Qué estoy haciendo aquí? —preguntó ella. Pero vino, así que sabía
exactamente lo que hacía aquí. Estaba esperanzada.
—Pensé que estabas con Holden. Maya dijo…
—Sí, realmente no estoy de humor para ser amigable —dijo ella, y ya me
sentía sonreír.
Megan Miranda Fracture

—¿Hablaste con él, sin embargo? ¿Querías encontrarte con él?


—¿Estoy en una inquisición? —preguntó ella. Y luego suspiró—. Él tenía mi
número en caso de que no localizara a Maya. Para emergencias. Y llamó porque
quería hablar conmigo sobre ella. Asegurarse de que estaba bien o algo así.
—¿Y quería encontrarte en los bosques?
—Pensé que sería incómodo hablar sobre Maya con ella allí.
—Maya lo hizo parecer como que te estaba presentando muchachos o algo
así.
Ella hizo una pausa —¿Es eso una pregunta? Me llamaste diez veces porque
estaba por reunirme con un muchacho, que, para que conste, es la primera vez que
me llamas desde agosto. No lo vi. No quiero salir con él. Nada sucedió. ¿Soy libre
de irme ahora?
—Ese no es el motivo por el cual… —Di un paso más cerca—. Te fuiste y no
podía encontrarte.
—Sucede qué no soy realmente fanática de verte encima de Tara Spano.
Ella me había perdonado por eso, pensé.
—No era eso lo que sucedió —dije—. Ese tipo Lance estaba siendo grosero, y
yo solo—
—Lo sé —dijo—. Lo sé. Aun así, apesta verlo. Y no podía pensar en ninguna
razón para quedarme.
Ella estaba de pie cerca de la puerta. La quería más cerca. Quería que ella se
acercara más —Quería que te quedaras —dije. Por favor, comprende lo que quiero decir.
—Estoy aquí ahora —dijo. Y esperaba. Sabía lo que ella estaba esperando.
Sentí mi ropa gotear en los pisos nuevos —Estoy tratando… —dije. Aclaré mi
garganta y dije—. Estoy tratando de perdonarte.
Ella hizo una pausa. La escuché cambiar de posición —¿Estás tratando, o estás
fingiendo? —preguntó.
—Quiero hacerlo —dije—. Te extraño —añadí. Lo cual parecía como el mayor
eufemismo.
Vi las sombras extenderse sobre ella. Pensé que ella tal vez había retrocedido
un paso. Pero se acercaba más —Estás tratando. Quieres hacerlo —Dio otro paso—.
Pero no puedes, ¿verdad?
—No lo sé, Delaney. No lo sé. Solo quiero… seguir adelante. ¿Podemos saltar
esta parte? —Ella estaba de pie tan cerca que cuando respiró, casi podía sentir el aire
en movimiento.
Megan Miranda Fracture

Tan cerca que podía besarla.


—¿Y fingir que esto no pasó? —preguntó.
—Sí.
—¿Fingir que no existió?
—Sí.
—¿Cómo demonios se supone que haremos eso? Ni siquiera puedes mirarme
ahora mismo —susurró.
—Estoy mirando directo hacia ti —Extendí mi mano hacia su brazo, casi la
tocaba.
Ella retrocedió —Estamos de pie en la oscuridad. Me invitaste a un lugar sin
ninguna luz. No quieres verme —dijo.
Yo quería encender la luz. Demostrárselo. Besarla en la luz —Odio que él esté
muerto — dijo—. Lo odio por ti, y odio que eso te lastime. Odio haberte lastimado.
Amo a tus padres también, ya sabes —Podía decir por la vacilación en su voz que
probablemente había lágrimas en su rostro. Quería secarlas. Quería que ella dejara
de hablar.
—No sé qué decir —dijo—. No te pido que me perdones. No puedo. Porque
fue horrible, y lo odié, pero lo hice. Y si él me pidiera que hiciera lo mismo otra vez,
lo haría. Lo haría por él.
No fue lo correcto para decir.
—¿Qué hay de mí, entonces? —dije. Supongo que ella tenía razón. No podía
solo fingir que no existió—. Pensaba que era una especie de requisito para estar
juntos, que tú no me mientas. ¿Qué pasa con esa promesa?
Tampoco estuvo bien decir eso.
—Sí. Eso es lo que pensaba. No me perdonas. Y no me comprendes.
—No digas eso —dije. La agarré por el brazo mientras se daba la vuelta para
irse. Si esto era una competencia de insultos, eso ganaría. Ganó, de hecho—. No te
atrevas a decir eso.
—Me escondes cosas todo el tiempo —susurró ella—. Lo que la gente dice de
mí. Lo que piensan. Lo que pensaron cuando Carson murió.
Pensé que me había perdonado por eso, también. Pero todo lo que había
hecho mal seguía viviendo dentro de ella, perdonado o no. imposible no recordar.
Yo tenía razón. Algo más profundo que esto también estaba roto.
Tragué con dificultad. Odiaba saber que todo estaba aun allí. Que no podía
eliminarlo de la existencia. Perdonar. No olvidar.
Megan Miranda Fracture

¿Cómo fue que todo esto se transformó en querer disculparme yo con ella, y
no al revés?
—Lo siento, Decker. Lo siento mucho. Pero no puedo disculparme por algo
que haría de nuevo, ¿o sí? Y tú no puedes perdonarme cuando aún estás furioso,
¿verdad?
—Te habría escogido —dije, y escuché mi voz quebrarse cuando lo dije. Eso
era lo que me mataba. Como si eso significara que me preocupaba más por ella que
ella por mí. Lo entendí. Yo simplemente hubiera hecho una elección diferente.
Ella no podía responder a eso. Casi se va.
—No es lo que ese tipo dijo ¿verdad? No son solo las feromonas, ¿verdad? —
pregunté. No podía soportar pensar que todo entre nosotros era una mentira, pero
no podía soportar el no saber, tampoco.
Ella se quedó de pie en la entrada, a medio salir —Segunda semana de primer
año.
—¿Qué?
—Estabas esperando en la parada del autobús —Ella hizo una pausa—. No
hables sobre las feromonas —Y se fue.
Primer año. Dos años antes del accidente. De hecho, recordaba ese día porque
ella actuó muy rara. Me vio, al igual que cualquier otro día. Le sonreí. Ella se sonrojó.
No me hablo por el resto del día.
La besé en un reto más tarde ese invierno, pero fue solo una excusa para
besarla. Y ella se molestó. Porque solo fue un reto.
Traté de pensar y recordar la primera vez que la quise, pero no podía recordar
un tiempo en el que no la quisiera.
Y luego ella volvió a abrir la puerta —Se estaba muriendo —dijo—. Es por
eso que lo escogí a él. Puedo prometerte un millón de cosas. Pero esa fue la última
promesa que podía hacerle a él —Dio un paso afuera—. Desearía que no me lo
hubiera pedido —dijo. Y luego se fue.
Puse mi mano sobre la pared, apoyé mi frente contra ella, temblando en mi
ropa mojada. Esa era ella. Y esa era la persona que siempre sería. Una vida de
escuchar los secretos de los moribundos. Una vida de mantener las promesas a los
muertos.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 13
Traducido por kiiariitha

Dos días más tarde, Justin se deslizó en su asiento a mi lado en matemáticas


y me miró hasta que miré en su dirección —¿Qué?
Sus ojos estaban rojos y su boca colgaba abierta —Estoy enfermo —dijo. Y
luego tosió para demostrarlo.
Me alejé —Entonces ve a casa.
—No —dijo, tosiendo en su puño cerrado—. Estoy enfermo.
Puse mi brazo sobre mi rostro —Sí, ¿Podrías retroceder tal vez, amigo?
Kevin tomó su lugar delante de nosotros y se dio la vuelta —¿Justin te habló
sobre su resfriado de la muerte?
Justin ignoró a Kevin y se inclinó sobre el pasillo hacia mí —Inhalé la maldita
agua del lago y ahora estoy enfermo —dijo él.
—Tiene sentido —dije, sonriendo a Kevin—. Lo hiciste, después de todo,
inhalaste agua mientras estabas en pánico.
—Agua del lago —repitió.
—Cualquier agua —dije, hablando más fuerte ahora—, en tus pulmones no es
exactamente saludable.
Alguien tosió en la esquina trasera —¿Qué pasa con ella? —pregunté—.
¿Crees que está resfriada por ahogarse en el agua del lago? Vamos a preguntarle.
Justin me golpeó en el brazo —No seas imbécil.
—Lo mismo digo —dije, sacando mi cuaderno. Pero cada vez que lo
escuchaba toser, cada vez escuchaba el sonido de su respiración, daba un salto.
Me lo imaginé entrando en pánico en el lago, sus brazos agarrando
desesperadamente la superficie. Me imaginé el agua goteando de él, dentro de él,
circulando en su sangre ahora.
Él no.
Lo pensé rápido, en un susurro, mientras me aclaraba la garganta y sacaba mi
lápiz.
Megan Miranda Fracture

Después de clases, Janna se reunió con nosotros en el pasillo. Lidié con el


hecho de que lo debíamos llevarlo de la mejor manera en que sabía —Hola —dije,
como si nada hubiera pasado.
—Hola —dijo ella. Y eso fue todo.
Justin se inclinó por un beso—supongo que ahora estaban juntos, pero sus
ojos se agrandaron y puso una mano sobre su pecho—. Mantén la plaga para ti
mismo, muchas gracias.
—¿Ves? —Me dijo Justin, mientras Kevin terminaba de saludar a Maya.
—No deberías haberte metido en esa agua —dijo Janna. Luego señaló con su
dedo a cada uno de nosotros—. Ninguno de ustedes debió haberse metido en esa
agua. ¿No recuerdan?
—¿Qué es lo pasa? —preguntó Maya, y parecía que el pánico se había
trasladado directamente a ella—. ¿Por qué no puedes meterte en el agua?
—Porque está maldita —dijo Janna—. Todo el mundo sabe eso.
Kevin forzó una risa y puso sus manos sobre los hombros de Janna —
Permíteme hacer el trabajo de Carson aquí —Se aclaró la garganta, pretendió
sacudirse el cabello del rostro, como Carson lo habría hecho, a pesar de que el cabello
de Kevin era más corto—. Supéralo.
Ella miró hacia sus zapatos, pero su rostro se iluminó con una sonrisa.
—Hey, mis pulmones no son una broma —dijo Justin. Pero Kevin lo descarto.
—¿Alguien se anota para una pizza? Viene con buenas noticias —dijo Kevin.
—¿Qué tal solo las noticias? —dijo Justin—. Quiero ir a casa y morir.
—¿Alguien más?
—No voy a ir a Johnny —dijo Janna.
—Las noticias primero —dije—. La pizza después.
—Bien —dijo Kevin—. Cosas importantes: dado que la casa del lago de Justin
es ahora la verdadera casa de Maya y ya no está a nuestra disposición, fui arriba y
más allá y procuré una nueva instalación.
—¿Eh? —preguntó Justin.
—Un lugar para Halloween. Este fin de semana.
—Um, Halloween es en, como, tres semanas —dijo Janna.
—Sí, bueno, el lugar está disponible esta semana —Sostuvo en alto un juego
de llaves—. Los inquilinos se mudaron este fin de semana. El nuevo contrato de
arrendamiento comienza en dos semanas. La empresa de limpieza viene la próxima
semana. Es perfecto.
Megan Miranda Fracture

Su familia realmente era dueña de la mitad de la ciudad —Tus padres van a


matarte — dije.
—Pueden añadirlo a la larga lista de cosas por las que ya quieren matarme.
Como sea — dijo Kevin—. Los disfraces son obligatorios.
—No usaré un disfraz —dije.
—Disfraces obligatorios —repitió—. Ahora, pizza.
Él colgó un brazo alrededor de Maya y asintió hacia mí —Oh —dijo Maya—.
No puedo. Mi hermano está en casa esta semana. ¿Puedes dejarme en el camino?
Dejó de caminar —Vamos, May, él no es tu padre.
No vio la mirada que pasó por el rostro de ella por un breve segundo —Tienes
razón — dijo—. Pero a la vista de que mi padre se fue cuando tenía cinco años, y que
mi madre ha estado enferma de forma intermitente desde que tenía diez, y a la vista
de que Holden tendrá que probablemente dejar una clase ahora, mayormente
debido a mí, y viendo como él prácticamente me crío y ya se tomó un año de
descanso de la escuela para ayudarme con mamá, ¿qué tal si no hago su vida más
difícil de lo que ya es? Algunos de nosotros tenemos más de lo que preocuparnos
que conducir un coche de repuesto, Kevin.
—Lo siento —dijo él. Dios, todos lo sentíamos.
Nunca fuimos por la pizza. Los dejé juntos en el pasillo, Kevin alisaba la parte
trasera de su cabello mientras se disculpaba una y otra vez. No quería estar en ese
coche. No quería pensar en cómo un padre era mejor que nada.

El hielo comenzó a caer la mañana de la fiesta de Halloween. Comenzó como


lluvia la noche anterior, pero desperté después de la medianoche con el sonido de la
lluvia torrencial contra las ventanas y el tipo de oscuridad que significa que ninguna
luz funciona. Porque, como siempre sucedía durante una tormenta de hielo, la casa
de Delaney se quedaba sin electricidad.
Tiré de las mantas hasta mi cuello, pero no podía sacudirme el frío. Era
ridículo. Mi padre solía llevarme acampar en abril— la temperatura siempre caía en
picado en la noche.
Me imaginé el material azul y verde de nuestra tienda sobre mi cabeza. El
olor de la tierra, tan cerca de mi rostro. El sonido de la respiración de mi padre en el
rincón lado de la tienda.
Escucha. Hielo golpeando el techo. Hielo golpeando el piso. Y nada, nada,
nada que viniera del otro lado de la habitación.
Megan Miranda Fracture

El calor había vuelto antes de salir del cuarto en la mañana, pero Delaney
todavía estaba envuelta en cinco capas de ropa.
—Buenas noticias, malas noticias —dijo mamá entre sorbos de café—. La casa
pasó la inspección. Pero los de la luz y el gas no vendrán hasta el lunes.
—Entonces… No muy distinto a lo que fue anoche —dijo Delaney. Estaba
acurrucada en un rincón del sofá, como si el frío aún estuviera en sus huesos.
Me reí, y cuando giré hacia mamá, ella me sonreía.
—Ustedes pueden ir y comenzar a arreglar la habitación de Decker. Solo
tomen una linterna.
No escapó de mi atención que había dicho “ustedes.”
Aparentemente tampoco le pasó desapercibido a Delaney —Hey, mamá,
¿puedo tomar prestado el auto hoy? —preguntó—. Necesito ir a la biblioteca por mi
proyecto de historia.
Y supongo que con eso dio su respuesta.

Mi mobiliario estaba colocado en mi dormitorio, pero en sitios equivocados.


Alguien había removido todo para fijar los paneles de yeso y los pisos y luego lo
había reorganizado. Incluso las ropas en mi armario habían sido guardadas al azar.
Quiero decir, siempre estaba todo un poco al azar. Pero ahora estaba al azar de la
forma equivocada.
Sería un dolor en el trasero mover los muebles sin rayar los pisos, algo que
fastidiaría a mamá. Y honestamente, no había nada malo con la forma en que estaba
todo organizado ahora. Así que me tiré de espaldas a la cama.
Tomé una siesta.
Dormí como un muerto.
La llamada de Justin me despertó en algún momento de la tarde —¿Puedes
recogerme esta noche?
Bostecé, tratando de orientarme —¿No puede recogerte Janna?
Él hizo una pausa —Está asustada por todo el asunto del resfriado de la
muerte —dijo él.
—Hablando de eso… pensé que te sentías a punto de morir —dije.
—Lo hacía, pero seguí el consejo de Kevin y me drogué. Me siento excelente.
Conduje la última vez.
—Tus hermanos condujeron la última vez —dije.
—Igual cuenta —dijo él.
Megan Miranda Fracture

Suspiré, porque lo hacía —Bien. Pero no te voy a esperar —No estaba


realmente de humor para ir en lo absoluto. Pero la casa todavía no tenía electricidad,
y mentiría si dijera que no tenía frío debajo de mis sábanas. Mi mamá probablemente
estaba cenando con los Maxwell. Y no sabía que haría Delaney. Ella por lo general
no iba a fiestas. La arrastré a una el año anterior y me vio besar a Tara.
Fue antes de que estuviéramos juntos, pero apestó. Ver su rostro, quiero decir.
Realmente apestó.

Recogí a Justin tarde, mayormente porque quise actuar como un imbécil. Me


puse la ropa más anodina que poseía, más o menos lo que usaba todos los días. Justin
tampoco estaba disfrazado. Al menos, no que me diera cuenta. Cerró la puerta de
mi auto y sacudió el hielo de su abrigo —Estaba a punto de llamar un taxi o algo —
dijo.
—Lo siento. No podía decir que ponerme —Los limpia parabrisas cortaron a
través de la aguanieve, como vidrio roto—. ¿Has estado allí? —pregunté.
—No —dijo él—. Son solo unas tres puertas más abajo de la casa de Maya.
—Estoy seguro que su mamá estará emocionada —murmuré.
—Sería perfectamente incómodo.
—Excelente.
Y lo fue. Justin y yo condujimos por su casa del lago—las luces estaban
encendidas, y los autos ya se desbordaban en la calle, bordeando el patio de Maya.
Los autos estaban amontonados delante de la casa tres puertas más abajo, en la
entrada, fuera de la entrada, en cualquier lugar que pudieran encontrar espacio. No
era ningún secreto lo que estaba sucediendo allí. Estacionamos sobre la calle,
directamente delante de la casa de Maya.
La casa era rara, más o menos lo opuesto a la casa del lago de Justin. Era
estrecha y de dos pisos, y toda púrpura. Sofás de color púrpura y una alfombra
púrpura y pinturas púrpuras. —¿Qué demonios? —preguntó Justin cuando
entramos.
Kevin nos vio desde el otro lado de la habitación y se abrió paso entre un
grupo de personas.
—Uhm, ¿a tu mamá le gusta tanto el púrpura? —preguntó Justin.
—Fueron los inquilinos —dijo él—. Y no creo que les guste el púrpura, ya que
dejaron todo atrás.
Megan Miranda Fracture

—No te disfrazaste —dijo Justin—. No es que nosotros lo hayamos hecho,


pero, aun así.
Kevin dijo —Sí, solo intentaba que ustedes cabrones lo hicieran — Se encogió
de hombros. Sonrió—. Las neveras están atrás. Hasta luego —Y se fue,
desapareciendo entre la multitud.
Alguien saludo frenéticamente desde el sofá púrpura. A pesar de que usaba
una peluca rubia y demasiado maquillaje, no era difícil reconocer a Tara, con su falda
demasiado corta y sus botas apoyadas en una mesita de café, cruzadas en los
tobillos. Toqué el hombro de Justin y me dirigí hacia ella.
Justin hizo un gesto de que iba a buscar un trago. Tara se deslizó para hacer
espacio para mí en el sofá —¿Quién se supone que eres? —gritó por encima del
ruido.
—Cualquier persona —dije—. ¿Tú?
Ella pasó sus manos por el largo cabello que no era de ella. Parpadeó
lentamente con largas pestañas que no eras suyas. Puso un dedo sobre su labio
inferior, un color que definitivamente no era de ella —La Barbie de Maine. ¿No es
obvio?
—Ah, las botas de piel. Claro indicativo.
—Hey —Justin tenía una lata de cerveza en cada mano mientras caminaba
hacia nosotros, con una gran sonrisa en su rostro—. Barbie, ¿verdad?
Ella se dio la vuelta hacia mí —¿Ves? Obvio —Se acercó más a mí para que
Justin tuviera espacio. Yo estaba embutido contra el costado del sofá, y Tara estaba
prácticamente en mi regazo. Tomó uno de los tragos de Justin —Gracias, nene.
Alejé mi brazo del camino, sobre el sofá detrás de ella, y ella apoyó su cabeza
sobre mi pecho mientras tomaba un sorbo —Quiero decir, no lo entiendo —dijo,
como si estuviéramos en medio de una conversación.
—¿Entender qué? —pregunté.
Ella asintió a través de la habitación. Hacia Maya y Kevin —Eso. Ella. ¿Qué
ve él en ella? Ella es tan… escuálida.
Justin dijo —¿La estás mirando a ella? Vamos—. Maya llevaba ropa discreta
y ajustada. El único disfraz que llevaba era una máscara sobre sus ojos—era negra,
con plumas—podría haber sido un pájaro, un ángel, un demonio. Y Justin tenía un
aspecto muy sólido.
—¿En serio, Justin? Vaya forma de patear a una chica cuando está depresiva
—Y por si acaso el peso de su cabeza sobre mi pecho no era un claro indicativo, sus
Megan Miranda Fracture

palabras me hicieron saber que estaba borracha. De ningún otro modo Tara Spano
admitiría que estaba depresiva.
—Pero estás totalmente mejor que ella —dijo Justin.
—Ahá.
—Ella solo es… misteriosa. Misteriosamente de forma sensual.
Golpeé la parte trasera de la cabeza de Justin.
—¿No soy misteriosa? —dijo ella, frunciendo el ceño hacia él. No, ella
decididamente no era misteriosa, con su falda corta y camisa de corte bajo y su mano
sobre mi pierna.
—Él es un idiota —dije—. Salió perdiendo.
Ella palmeó mi pierna. Giró su rostro hacia mí —Gracias, Deck —Tenía el
rostro levantado, así que podía oler la cerveza en su aliento, ver los brillos que había
aplicado sobre sus ojos—. Pero tú hiciste completamente lo mismo.
No lo hice. No realmente. Tara y yo nunca fuimos algo real, ni algo duradero
y ella lo sabía. Yo estaba triste y ella estaba sola. Pero no dije eso. No cuando ella
estaba triste. No cuando yo estaba solo —Lo siento.
Ella suspiró y apoyó de nuevo su cabeza sobre mi pecho —Te perdono —
Luego levantó su rostro y su aliento, sus labios, rozaron mi cuello—. ¿Quieres salir
de aquí? —susurró.
Quería. Pero no con ella —Estás borracha —dije—. Pero te llevaré a casa.
—No te molestes —Ella dejo caer sus pies de la mesa al piso. Alisando la
peluca sobre su cabello castaño—. Solo quiero saber —dijo, se inclinó hacia adelante
y se agarró a sí misma sobre mis rodillas para que yo pueda ver directo por su
camisa. Sus dedos apretados en mis piernas—. Quiero saber si me estás diciendo
que no a mí —y apuntó su pulgar hacia el otro lado de la habitación— o si le estás
diciendo que sí a ella.
Seguí su pulgar y la vi. Delaney estaba de pie frente a un tipo, y asentía.
Excepto que no estaba vestida para nada como Delaney. Estaba vestida exactamente
igual que Maya. Ellas probablemente se habían alistado juntas. Camisa negra
ajustada. Corte bajo. Y su cabello estaba suelto y ondulado, y usaba esa máscara
sobre sus ojos, al igual que Maya, la oscuridad elástica contra su cabello claro. Sus
botas tenían tacones, lo cual me hizo pensar que definitivamente no eran suyas. Y
un tipo estaba de pie muy cerca de ella.
Sentí mis manos apretar los puños.
Megan Miranda Fracture

—¿Entonces? —preguntó ella—. ¿Cuál es? ¿No me quieres? ¿O la quieres a


ella?
—Estás borracha —dije de nuevo. Pero lo que realmente quería decir era eres
triste.
—Y tú eres un imbécil —dijo. Entrecerró sus ojos—. Ella o yo. Solo dilo.
Asentí. Miré las joyas en los costados de sus ojos. Miré sus uñas perfectamente
cuidadas sobre mi pierna. Cerré mis ojos —La quiero a ella —susurré.
Por supuesto que lo hacía.
—Está bien entonces —Se alejó de mi de un empujón, agarrando el cuerpo
más cercano para mantener el equilibrio—. Muchos chicos allí afuera ¿cierto? —
Había uno que acababa de entrar, con una máscara genérica de plástico comprada
en una tienda, que ya la observaba. Nunca le habían escaseado hombres.
Justin puso su pierna sobre la mesa para bloquear su camino —Hey, justo
aquí. Soy un chico —Él se apuntó a sí mismo y sonrió.
—Aww —dijo Tara, se inclinó y besó la parte superior de su cabeza—. Eres
dulce — Luego pasó por encima de su pierna y desapareció entre la multitud.
—Amigo — dijo Justin—. ¿Qué pasa?
—¿Probablemente el hecho de que estás con Janna?
—Dile eso a Janna. En cierto modo depende de su estado de ánimo. Y justo
ahora, me está ignorando —dijo él.
—Ahá —dije, pero miraba a Delaney. Miraba la forma en que alguien más la
miraba—. Espera —dije.
—Ya veo —dijo Justin.
—Ya regreso —dije.
—Claro que lo harás.
Me abrí camino a través de la multitud—un ala me golpeó en el rostro. Un
ángel, supongo. O una mariposa. Ella me vio llegar. Apunté hacia ella y luego al
pasillo, a pesar de que no tenía idea a donde llevaba. Ella parpadeó y regresó su
atención al muchacho que hablaba y hablaba.
Empujé a una bruja y luego un vampiro y unos disfraces más, hasta que
estuve de pie a su lado —Necesito hablar contigo —dije, con mis dedos sobre su
codo.
Ella miró su brazo. Mi rostro. De cerca, su máscara tenía unas plumas rosadas
que hacían juego perfectamente con su boca. El muchacho con el que ella hablaba
le miraba la boca.
Megan Miranda Fracture

—Está bien —dijo. Pero alejó su brazo de mí mientras lideraba el camino por
el pasillo, moviéndose a través de las personas. La primera puerta que intentó abrir
estaba cerrada con llave. La que estaba al final del pasillo estaba cerrada, pero sin
seguro. Una oficina. Sin cama.
Cerré la puerta detrás de nosotros y me apoyé en ella —¿Quién era ese? —
pregunté.
—¿Quién? —Se encogió de hombros—. ¿El chico de mi clase de Idiomas?
Decker, ¿Qué es esto?
—¿Estás tratando de ponerme celoso?
Sus ojos se agrandaron detrás de la máscara —Sí —dijo—. Obviamente. Eso
está en la cima de mi lista de cosas por hacer. Poner celoso a Decker. Lo siento, ¿no
tengo permitido hablar con otras personas ahora?
Sacudí mi cabeza —¿Qué llevas puesto? ¿Por qué demonios estás vestida así?
—Porque es Halloween —dijo. Sus dientes estaban apretados—. Y hoy soy
alguien más aparte de mí.
—No, eres exactamente tú. Eres solo la parte de ti que se supone que me
pertenece.
—¿Que te pertenece? Eso es gracioso. La única razón por la que me estás
mirando ahora mismo es porque no luzco como yo.
Apreté mis ojos, cerré y apreté mis dientes —Porque cuando te miro —dije, y
sentí mi voz subiendo el tono—. no puedo recordar por qué estoy enojado.
Ella se congeló. Yo me congelé.
—Quiero decir, sé por qué. Pero no me importa. ¿Qué tan jodido es eso?
—Decker…
—Dime. ¿Qué tan jodido estoy? Estoy furioso. Y luego te veo y no me importa
—Gritaba. Solo que no a ella.
Luego ella movió sus dedos hacia la máscara, la sacó de su rostro. La dejó caer
al piso. Había líneas alrededor de sus ojos, dónde la máscara había presionado
contra su piel. Y una arruga por su cabello. Pasé un pulgar a lo largo de la línea de
su mejilla.
—Estoy tan jodidamente furioso —susurré.
Y luego hizo clic. En mí. En ella. La vi comprenderlo —No conmigo —
susurró.
—No contigo —respondí.
Megan Miranda Fracture

Ella se acercó más, luego extendió la mano por detrás de mí, hacia el
picaporte. Giró el seguro.
—Abre tus ojos —dijo. No me di cuenta que los había cerrado. La escuché, y
todo lo que podía ver era a ella, nada más que a ella. Y de repente mis dos manos
estaban en su cabello, y mi boca sobre la suya. Estaba ido.
Ella me empujó hacia atrás contra la puerta, y el sonido de nosotros hizo eco
a través de la habitación vacía. Y luego la puerta en la pared lejana se abrió, y Janna
se tapó los ojos con una mano y levantó la otra en el aire —¡Lo siento, lo siento, ya
me voy!
Delaney comenzó a reírse en mi pecho. Janna siguió hablando —Estaba en el
baño y luego ustedes estaban aquí, y luego pensé que solo esperaría que ustedes
salieran…
—Puedes abrir tus ojos, Janna.
Ella bajó su mano, pero no podía mirarnos —Ugh. Pensé que estaban
peleando, pero este encuentro ha tomado un giro inesperado. Y lo siento, no quiero
esperar a que salgan.
Nos hicimos a un lado mientras ella se apresuraba hacia la puerta —En serio
—Me dijo al pasar. Cerró la puerta detrás de ella, y miré alrededor de la habitación
estéril. Habitación vacía con muebles fríos.
—Vamos a casa —Susurré en su oído. Ella asintió contra mi pecho, sus brazos
todavía envueltos a mi alrededor.
No podía dejarla ir mientras caminábamos por la fiesta. Como si esto fuera
un hechizo, y al momento de separarnos, terminaría. Así que ella caminó, y yo
caminé detrás de ella, mis brazos envueltos alrededor de su cintura. Vi a Justin de
pie con Janna y el atrapó mi mirada y sacudió su cabeza. Supongo que ya sabía que
debería buscar quién lo lleve a casa.
—¿Chaqueta? —Le pregunté.
—No lo sé. Maya la tomó, y ella y Kevin están… quién sabe. Solo… déjalo.
Me saqué la mía y la vi deslizar sus brazos dentro, las mangas demasiado
largas. La envolvió a su alrededor y me sonrió.
Ido.
Corrimos hacia mi auto—bueno, traté de correr, pero con los tacones de sus
zapatos y el hielo en el piso, mayormente solo terminé medio cargándola y ni cerca
de correr.
Megan Miranda Fracture

La besé contra el costado de la camioneta. Mis manos dentro de mi chaqueta.


Sobre ella. Y en todo lo que podía pensar era el tiempo en que no pasé besándola. La
sentí estremecerse.
—Estás helada —dije.
—No lo estoy —dijo ella.
Pero destrabé la puerta de todos modos. Observé mientras se deslizaba en el
asiento. Cerré su puerta, sintiéndome seguro. Sintiendo como todo regresaba.
Normal. De la manera en que se suponía que tenía que ser.
Caminé alrededor de la camioneta, cerré mi puerta. Le sonreí a ella, que
estaba sentada a mi lado, frotando sus manos. Cruzó sus manos dentro de mi
chaqueta y se inclinó hacia adelante, hacia el calefactor. Pensé en encender la
calefacción y no ir a casa en absoluto. Y como ella no había abrochado su cinturón
de seguridad ni nada, sabía que estaba pensando lo mismo. Giré la llave en el
contacto, y las luces de circulación iluminaron el borde del lago Falcon.
Me incliné hacia adelante y encendí los limpiaparabrisas para limpiar el hielo,
pensando en todos los lugares a los que podríamos ir para estar solos.
Los limpiaparabrisas chirriaron contra el vidrio.
Sus manos agarraban el tablero, y estaba inclinada hacia adelante, y pude ver
la forma en que todo su cuerpo se tensó.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó, inclinándose hacia adelante.
Me incliné hacia adelante también. Vi una figura a la orilla del lago. Vi color
—¿Quién…? —dije. No era un qué en absoluto, sino un quién. Eran piernas desnudas
sobre las rocas y cabello rubio flotando en el agua.
—Oh Dios —dije—. Consigue ayuda.
Escuché a Delaney gritando antes de llegar a la fiesta, antes de que yo
alcanzara la orilla del lago. Antes de que tirara de ella por sus botas de piel,
arrastrándola fuera del agua. Antes de darle la vuelta y ver el rostro de Tara. La
peluca unida por horquillas, pero su cabello castaño escapando por debajo.
Su boca abierta. Labios rojos manchados. Agua del lago Falcon goteando de
su inmóvil y frío cuerpo.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 14
Traducido por Johaqc

—¡Tara! —grité, sacudiéndola por los hombros.


Escucha. El agua salpicaba mis rodillas. Los pies pisaban las piedras mientras
las personas se acercaban a trote. Y nada, nada, nada que viniera de Tara.
Ella tenía un corte en la frente, y la sangre goteaba por el costado de su rostro,
mezclada con agua del lago.
Vi a Delaney en su lugar. Su rubio cabello flotando en el agua. La forma en
que su piel se volvió azul cuando la saqué del hielo. La forma en que no se movía.
No respiraba. El terror devastador.
No podía respirar hondo. No podía concentrarme en la muchacha en el
costado del lado que necesitaba ayuda. Era un inútil. Alguien me hizo retroceder.
Kevin, creo.
No a mí o sí a ella. Tara me preguntó con el lago como testigo. A ella, dije yo.
La quiero a ella.
Ella antes que todos.
—¿Está respirando? —preguntó alguien. Pero todo lo que podía oír era a otra
persona que hacía la misma pregunta sobre mi hombro, mientras reclinaba la cabeza
sin vida de Delaney y ponía mi boca sobre la suya.
—¿Puedes sentir su corazón? —dijo alguien. Pero todo lo que podía sentir era
las costillas de Delaney quebrándose bajo el peso de mis manos mientras trataba de
que siguiera latiendo.
Me escuchaba contar en mi cabeza. Escuchaba sirenas que se acercaban, como
lo hicieron ese día, hacía casi un año. Escuché la voz de Delaney en mi oído —
Respira —susurraba —Sentí el aire de sus pulmones contra mi mejilla. Su mano en
mi pecho mientras se arrodillaba junto a mí.
Giré mi rostro, y todo lo que podía ver era a ella. Viva —¿Qué sucedió? —
preguntó, una vez que pudo comprobar que yo respiraba—. ¿Qué demonios sucede?
No respondí, porque la pregunta en su cabeza ocupó toda la mía: ¿Qué
demonios sucede?
Megan Miranda Fracture

Observé como todos los demás miraban a Tara al ser cargada en una camilla,
técnico de emergencias médicas se cernía sobre ella, por lo que no podíamos ver lo
que sucedía. Miré a la policía empezar a hilar entre nosotros, a buscar respuestas. Vi
como la atención de los demás pasaba de la ambulancia que se alejaba directamente
a Delaney, al borde del lago Falcón.
Las personas asentían en mi dirección mientras los policías hacían preguntas.
Los policías se abrieron paso hasta mí, como si yo tuviera alguna respuesta,
cualquiera fuera.
Vi a Tara en el agua. Eso es lo que le dije al policía joven. Me di cuenta que lo
reconocí de la escuela. No era mucho más grande que nosotros —¿Qué estabas
haciendo cuando la viste? —preguntó.
Me había alejado de Delaney. Él había querido hablar conmigo en privado —
Me estaba yendo —dije.
—¿Por qué te ibas tan temprano?
Me di cuenta que intentaba ver si yo había estado involucrado —Me estaba
yendo con una chica —dije, manteniendo bajo el volumen de mi voz. Sin querer traer
a colación su nombre.
—¿Te importaría ser un poco más específico? Solo para verificar…
Miré por encima de mi hombro. La vi observarme —Delaney —dije, todavía
mirándola. Luego me giré hacia el policía—. Delaney Maxwell.
La miró, como si intentara identificarla. La conocía, por supuesto. O su
historia. Cerró su libreta, se alejó un paso del lago —Tienes que quedarte —dijo—.
No podemos dejar ir a nadie manejando. Pronto llamaremos a los padres.
—No he bebido —dije.
—Eso es lo que todo los demás dijeron, también —dijo.
Kevin estaba detrás de mí, y tiraba de mi brazo —Vamos —dijo— A lo de
Maya.
—Se supone que debemos quedarnos —dije, intentando pensar claramente.
—Necesitamos irnos —dijo. Se giró hacia Delaney, la miró y sentí sus dedos
deslizarse entre los míos. La sentí alejarse de mí, seguir a Kevin.
Desaparecimos en el bosque, abrimos camino por sobre de ramas, aferrados
unos a otros en la oscuridad cada vez que perdíamos nuestro punto de apoyo.
Caminamos en silencio, en una sola fila. Justin lideraba el camino en lugar de
Maya. Fue su casa primero. Cuando Carson murió, Justin, Tara y yo habíamos
pasado la noche en la de Kevin porque no sabíamos qué más hacer. Ni siquiera
Megan Miranda Fracture

hablábamos. Era solo una habitación llena con conmoción y aflicción, pero era mejor
que estar solo.
Justin dejó pasar a Maya cuando llegamos al porche. Ella miró por encima de
su hombro y dijo —Tienen que estar callados —Mientras giraba la manija. La puerta
chirrió al abrirla, y nuestros zapatos hicieron eco en la vieja madera bajo nuestros
pies. La casa estaba exactamente como la recordaba. Unos cuantos sofás en el enorme
salón. Se podía ver el interior de la cocina, con una segunda salida. Un pasillo con
paneles de madera que iba hacia un baño y tres habitaciones, muy juntas, con una
tercera salida.
Había sido construida para ser una casa de alquiler vacacional. No había nada
de hogareño en ella.
—¿Maya? —Escuchamos la voz desde el oscuro pasillo, se escucharon pasos
que se acercaban.
—Tenemos compañía —respondió. Holden salió a la sala de estar, mirando a
cada uno de nosotros, entonces miro fijamente a Maya.
—No es un buen momento —dijo, y miró hacia atrás por el pasillo.
Me sentí mal, sabiendo que su madre estaba en algún lugar ahí abajo y que
necesitaba descansar —Ha habido un accidente —susurró, y un sollozo escapó de la
garganta de Janna.
Justin puso un brazo a su alrededor y Kevin se hundió en el suelo con su
cabeza en sus manos, como si lo hubiera olvidado hasta ese segundo.
—¿Qué pasó? —preguntó Holden.
Ninguno de nosotros pudo decirlo —Tara —dijo Maya—. Se ahogó.
—No está muerta —dijo Janna. Y Maya la miró fijamente —No lo sabemos
todavía —Janna miró a Delaney y supe lo que pensaba. Morir y casi morir estaba
bien lejos de ser lo mismo.
Holden apoyo la mano en el mueble más cercano y todo el color desapareció
de su rostro. Sacudía la cabeza, como si tal cosa no debiera ser posible. Es
exactamente como me sentía cuando llegué al hospital y vi a mamá esperándome —
¿Quién es Tara? —susurró.
—La ex de Kevin —dijo Maya, que era lo menos importante de ella, pero
supongo que era la única Tara que Maya conocía. Aquella a quien le había quitado
algo.
Holden aún sacudía la cabeza —¿Quiénes son ustedes? —preguntó Holden.
Nos miraba como si intentara identificarnos. Él conocía a Kevin. Me conocía a mí.
Megan Miranda Fracture

Maya hizo una rápida introducción poco entusiasta del resto —Janna, Justin,
Delaney —dijo.
Holden miró fijamente a Delaney de una manera que me hizo acercar un paso
a ella —Ella es Delaney —dijo. Como si esperara que Delaney dijera hola o que
estaba encantada de conocerlo o algo así. Ella se aferraba a mí o yo a ella, y ella
definitivamente no lo conocía.
—¿Qué demonios está sucediendo? —murmuró Kevin. Me miró a mí—. ¿Qué
demonios hacía en el agua?
—Shh —dijo Maya—. Detente.
—No me digas que me detenga cuando mi—
—¿Tu qué? —preguntó—. ¿Tú qué?
Así es como comienza. Todos habíamos estado aquí antes. La acusación y la
culpa. Esas venían primero.
—Maya —dijo Holden, acercándose a ella.
—No, es horrible, lo sé, pero actúas como si fuera tuya —dijo, y rechazó a su
hermano con un ademán.
Kevin la miró como si estuviera loca —Ella es nuestra —dijo.
Nos pertenecíamos los unos a los otros. Cuando algo estaba en juego, éramos
protectores el uno con el otro. Contra el mundo exterior. Y ella no lo entendía.
Kevin entornó sus ojos hacia ella y continuó —Y Janna es nuestra. Y Justin. Y
Decker. Y Delaney. Carson es nuestro, también, pero tú... nunca… lo conocerás —
Habló con los dientes apretados. Janna comenzó a sollozar. Él actuaba como si todo
esto fuera culpa de Maya. Ella no era más que un cuerpo. Lo más parecido a algo
que podía culpar.
—Detente. Mi madre —susurró. Kevin dejó de hablar, pero sus hombros
temblaban.
—Todos ustedes tienes que irse —dijo Holden, dando un paso más cerca de
su hermana. Puso un brazo alrededor suyo y la jaló hacia él—. Fuera —dijo—.
Ahora.
Sentía que me iba a enfermar. Comencé a caminar por el pasillo hasta el cuarto
de baño. Y Holden dijo en voz alta detrás de mí —¿Adónde vas?
Levanté mi mano porque ni siquiera podía responder. El baño estaba en el
otro extremo del pasillo. Pasé la habitación de Maya a mi derecha—todo era rojos y
marrones—y luego una habitación con una cama doble sencilla, un viejo edredón,
como si hubiera sido cosido a mano. La habitación era desértica en su defecto,
Megan Miranda Fracture

probablemente porque Holden mantenía la mayor parte de sus cosas en la escuela.


Y una puerta cerrada a mi derecha. Traté de no hacer ningún ruido mientras pasaba.
Cerré de un portazo la puerta detrás de mí, puse mis manos sobre el borde
del lavabo, miré al desagüe, y esperé que pasara la ola de las náuseas. El baño ya
tenía aroma a enfermedad, como si alguien recientemente hubiera estado enfermo
allí y mis rodillas cedieron mientras intentaba respirar. Mi piel empezó a hervir y
sentí las gotas de sudor formarse en el nacimiento de mi pelo, lo que sucede justo
antes de vomitar, usualmente. Hubo un golpe en la puerta, pero no se detuvo antes
de que Delaney se deslizara hacia el interior, y la cerrara detrás de ella.
No podía mirarla. No podía decirle cómo había rechazado a Tara. Tara dijo
que elegí a Delaney en vez de a ella. Imaginé a Tara tendida boca abajo en el agua
mientras mis manos acariciaban el cabello de Delaney, mientras mi boca besaba la
suya. Mi cuerpo, presionado contra el suyo, sintiéndose completamente vivo.
Delaney no dijo nada. Abrió el grifo, puso la toalla en el lavabo y luego la
colocó sobre la parte de atrás de mi cuello. Sentí el agua escurrirse bajo mi cuello,
enfriando mi piel caliente.
Vi sus manos agarrar con fuerza el borde del lavabo que estaba a mi lado,
como si intentara no vomitar. Y recordé el aspecto que sus manos tenían sobre el
tablero. Como si lo agarraran con fuerza para impedir su movimiento. El
estremecimiento que la recorrió.
—Lo sabías —dije, y presionó más sus manos.
—Este lugar —susurró, sin responder exactamente—. ¿Qué demonios
sucede?
—Delaney —dije, porque ella lo sabía, lo sabía—, Ella está…
Se dio la vuelta, levantó sus manos —No lo sé, no lo sé. No sé nada. Nada tiene
sentido.
Tenía la mano sobre su boca y los ojos cerrados, y no podía asegurar si
intentaba contenerse o conservar la cordura. Este era el motivo por el que fue a ver
al tipo de Boston. El no saber destrozaría a cualquiera. El no saber irrevocablemente
destruiría a una persona que confiaba en la lógica, como Delaney. Y lo hacía.
Tenía mis manos a los costados de sus brazos —Entonces dime.
Nunca habíamos hecho esto. Quiero decir, no es que ella no me lo decía. Pero
hablaba vagamente. Sin darle importancia. Sin emoción. Me preocupaba pasarme
de la raya, que ella quisiera guardarlo para sí misma. Pero por la forma en que me
miraba, era como si hubiera estado esperándome para decirlo. Dios, fui un imbécil.
Megan Miranda Fracture

—Estabas besándome —susurró. Y tocó la boca con sus dedos por un


momento—. Afuera. Y luego… —Sentí su estremecimiento—. De la nada —dijo.
—Su cuerpo comenzaba a morir —dije, y asintió. El cuerpo de Tara, emitía
una señal. Una señal del estilo déjame-atrás. Solo que atrajo a Delaney. No la alejó.
La atrajo —¿Por qué no dijiste nada?
—Creí que no era real —dijo—. Como un recuerdo. Un recordatorio de lo que
te había hecho —Y lo que yo le había hecho a ella—. Y ya nada tiene sentido. Como,
estoy parada justo aquí —Señaló la puerta cerrada hacia el pasillo—, y no puedo
sentir nada. Nada tiene sentido.
Escuché una puerta cerrarse en el pasillo. Y luego otra. Y luego un golpe en
nuestra puerta.
—Un segundo —dije.
—Los voy a llevar a sus casas —dijo Holden.
Delaney abrió la puerta y él la miró de reojo. Me observó por encima de su
hombro. Como si pensara que estábamos en algo raro y no solo intentando no
vomitar en su lavabo —Voy a coger mis zapatos, y nos vamos —Luego desapareció
dentro de la tercera habitación. La habitación que tenía la puerta cerrada.
Mentalmente las conté. Maya. La vacía, cama acolchada. Madre, detrás de la puerta
cerrada.
Había algo raro. Delaney, que no sentía nada. Holden, que quería que nos
fuéramos. Holden, entrando a la habitación equivocada.
—Tenemos que irnos —Le dije a Delaney, y la agarré de la mano. Estaba
confundida, podía asegurarlo. Pero no dijo nada.
Kevin esperaba en la puerta —Holden me va a llevar al hospital.
Negué con la cabeza. Había algo raro —Ven con nosotros. Caminaremos.
Haremos algunas llamadas.
—No. Voy a ir al hospital —Holden volvía a salir al pasillo. Teníamos que
irnos. Y Kevin tenía esa mirada de estar buscando a alguien con quien enojarse otra
vez.
—Ven con nosotros —susurré.
Golpeó su hombro contra el mío mientras pasaba —Vamos a ir al hospital a
ver a Tara —dijo. Me miraba fijamente y Holden se acercaba —¿Me llamas cuando
sepas algo? —pregunté.
—¿No vas a venir?
Megan Miranda Fracture

Necesitaba aire. Necesitaba pensar. Necesita pensar correctamente —


Caminaremos —Saqué a Delaney por la puerta de cristal corrediza de atrás antes de
que Kevin pudiera decir algo más. Avanzábamos demasiado rápido y la agarré
mientras se deslizaba detrás de mí por el terraplén hacía el camino. Nuestra casa
estaba del otro lado del lago, pero el camino nos llevaría hasta allí.
Podía ver a la policía a un par de casas de distancia, aun buscando pistas por
la orilla del lago y puse mi dedo en mis labios mientras caminábamos. No fue hasta
que recorrimos todo el camino hasta la otra orilla, donde no podía ver a los policías
en la oscuridad, que me preguntó: —¿Qué? ¿Qué pasa?
—Su mamá no está allí —dije.
Delaney miró confundida —¿Cuál mama? ¿La de Maya?
—Holden entró en la única habitación en la que ella no podía estar. Por sus
zapatos.
—¿Hay alguna razón por la que sus zapatos no pudieran estar allí dentro?
Negué con mi cabeza —No sientes nada porque ella no está enferma. Ella no
está allí.
—Está bien, así que está en el hospital o algo así… Tal vez por eso no siento
nada. Eso tiene sentido.
Sí. No. No lo sabía. Mi mente estaba confundida, como cuando vi a Delaney
en el agua en lugar de Tara. No podía pensar claramente. Estaba muy nervioso por
nada. Por todo. ¿Besé a Delaney esta noche? ¿Me fui para estar solo con ella? —¿Qué
demonios está sucediendo? —dije.
Ella miró hacia algún lugar detrás de mí, podía escuchar el agua golpeando
contra la costa cercana, y se estremeció —Tenemos que ir a casa —dijo.

***

Era raro volver a casa juntos. Al mismo lugar. Ver a nuestros padres sentados
juntos en el sofá, tomando algo. Era raro verlos a todos girar hacia nosotros al mismo
tiempo, con la misma expresión. Un segundo de confusión al vernos juntos, al ver
mis dedos entrelazados con los suyos de nuevo, antes de que sus rostros se alzaran
momentáneamente. Hasta que volvieron a mirarnos y vieron la suciedad en mis
manos. En el rostro de Delaney. En nuestras ropas, cubiertas de hielo y barro.
Joanne habló primero —¿Dónde están sus zapatos?
Megan Miranda Fracture

Miré hacia abajo. Delaney llevaba puesto solo calcetines. Supongo que dejó
las botas en lo de Maya. La había arrastrado por el hielo y la tierra y estaba descalza
—Encontramos a Tara Spano —dijo como respuesta.
Luego su mano soltó la mía, voló para cubrir su boca y subió corriendo las
escaleras. Su portazo al cerrar la puerta sacudió la casa entera.
—Estamos a la espera de saber algo —añadí.
—Oh, Dios mío —La mamá de Delaney se puso de pie, en dirección a las
escaleras. Llegué primero que ella.
—Decker —dijo mamá—. Déjaselo a Joanne.
Pero la ignoré. Subí dos escalones a la vez y no llamé a la puerta. La cerré
detrás de mí, dando un portazo tan fuerte como lo había hecho ella, que se jodan las
reglas de la casa.
Me desplomé a su lado sobre la cama, en el espacio vacío en el que había
estado acurrucada. Coloqué mi rostro contra su clavícula y escuche su corazón que
latía fuerte. Un segundo después envolvió sus brazos alrededor de mi espalda,
acercándome más, y susurró las palabras que había estado esperando oír —Está
bien. Está bien.

***

Mi teléfono sonó un poco más tarde, cuando estaba entre despierto y


dormido. Ambos saltamos. Vi que era Justin, mis dedos temblaban mientras
presionaba el botón —No está muerta —dijo Justin, y sentí que todo en mi interior
se desenroscaba.
—¿Está bien?
—Kevin llamó desde el hospital, dijo que no estaba muerta… Inconsciente
por golpear su cabeza, eso es todo. Tragó algo de agua y esas cosas. Pero sus padres
la van a llevar a casa. Es lo último que escuché. Ya no contesta el teléfono. Sus padres
lo van a asesinar…
—Bueno —dije.
Justin empezó a toser. Lo escuché aclarar su garganta y gemir —Tengo que
irme —balbuceó. Colgó el teléfono.
Delaney estaba de pie en la habitación totalmente oscura —Está viva —dije.
Empezó a buscar en sus cajones y su respiración se aceleraba cuando debería haberse
Megan Miranda Fracture

aliviado. Me puse de pie y caminé hacia ella. Destapado, empecé a temblar. Mis
ropas se adherían a mí, tiesas y frías y sucias.
—Hey —Puse mi mano sobre su brazo para sujetarla—. Ella está viva —
Aclaré mi garganta—. La salvaste.
—No lo hice —dijo, y sacó de un tirón un pijama al azar y cerró el cajón de
un golpe—. No hice nada.
—Pero tú la viste. Estabas observando y la viste.
—Eso no significa que la salvé —Escupió la palabra, como si fuera repugnante.
Su cuerpo entero se puso rígido. Aclaró su garganta—. Salvé a alguien una vez.
—¿De verdad?
—Un chico. De nuestra edad, creo. Le iba a dar un derrame cerebral y le dije
a su enfermera y lo llevaron al hospital a tiempo. Mi doctor también dijo que lo salvé
—Sacudió su cabeza, la cosa más triste—. Es un vegetal —Soltó—. ¿Crees que lo
salvé, Decker? ¿Debería no haber dicho nada de nada?
No tenía idea de que decir —Nunca sé que hacer —dijo—. Nunca hago lo
correcto. Lo intenté tanto con Carson. ¡Tanto! —Me di cuenta en ese momento que
ella nunca se había permitido llorar su muerte. No con la culpa. No con Janna
señalándola siempre. No con el resto de nosotros tan absortos en nuestra propia
aflicción.
—Sé que lo hiciste —dije—. Pero Delaney, Tara está en casa.
Sus manos quedaron inmóviles y giró para verme —¿Ella está bien? —
preguntó, con la voz llena de necesidad.
No estaba seguro. Esperaba no mentir cuando dije —Ella se encuentra bien.
Observé su rostro pasar de la esperanza al alivio, vi el esbozo de una sonrisa,
escuché el aire que soltó como una risa, y todo lo que puede pensar fue por favor, que
sea verdad; por favor, que sea verdad.
Escuché las voces de nuestros padres que llegaban desde el piso de abajo y
supe que las nuestras probablemente también se escuchaban —Debo irme —dije.
—Oh —Sostuvo sus ropas, como si pensara que yo creía que no debía verla
vestirse.
—Quiero decir, estoy repugnante, y estoy estropeando tu cama —susurré—.
Tus padres van a matarme.
—Puedes usar mi ropa —dijo. Reí.
—No voy a ponerme tu ropa.
Megan Miranda Fracture

Sonrió también. Se sentía como que habíamos vencido a la maldición de


alguna manera. Tara vivía. Delaney la encontró y yo la saqué del lago y vivía.
Estábamos sonriendo.
—Decker Phillips: demasiado bueno para mi ropa y demasiado bueno para
mi habitación —dijo, la cual era su manera de pedirme que me quedara.
—Para futuras referencias, la próxima vez que trates de atraer a alguien a tu
habitación, no ofrezcas vestirlo como una chica. Lo dejaré pasar esta vez —La cual
era mi manera de decir que sí.
Sí, por supuesto que me quedaría —Debería quedarme en el suelo —dije,
escuchando las voces que venían del piso de abajo.
Asintió y sacó una almohada extra de su closet. Tomó el edredón de su cama
y lo dejó en el suelo. Y mientras yo preparaba todo, ella se vistió, antes de que yo
pudiera ver. Tenía puesto un suéter enorme. Pantalones del pijama —En serio —
dijo—. Necesitas cambiarte —Tiró de la parte inferior de mi camisa. La levantó. Paso
sus manos a lo largo de mi estómago mientras sacaba mi camisa por encima de mi
cabeza.
Escuchamos pasos en las escaleras. Sus ojos se ampliaron, y me alejé hacia un
lado de su cama. Me recosté más sobre el edredón en la alfombra. Ella se metió en la
cama. La puerta se abrió, pero nadie dijo nada. Fingimos estar dormidos por tanto
tiempo que me quedé dormido.

***

—Decker —Escuché su voz, sus dedos se clavaban en mi pierna—. Ella o yo —


preguntó—. Ella. O. Yo.
Desperté con un sobresalto, sentía frío. El edredón estaba alrededor de mi
cintura. Alcé la vista hacia la cama de Delaney, pero estaba vacía.
Luego vi su sombra en la puerta abierta. Caminó lentamente hacia la
habitación y cerró de un golpe la puerta detrás de ella.
—¿Te desperté? —preguntó.
—No —dije, mis ojos se ajustaron a la oscuridad—. Pensé que me habías
dejado aquí.
—Baño —dijo. Luego caminó despacio y se recostó a mi lado—. No te dejaría.
Megan Miranda Fracture

Ella quería que sus palabras me dejen tranquilo, estaba seguro—


especialmente esta noche—pero quemaban. Porque yo la había dejado. Y un día, ella
lo haría también —Yo te abandoné —dije.
—Decker, es…
—No, quiero decir, antes —Había algo más en el núcleo de esto, y me
asustaba que fuera a alzarse de nuevo, cuando menos lo esperáramos—. Quiero
arreglar lo que sea que esté roto. Solo no estoy seguro de cómo hacerlo. No puedo
deshacerlo. Y no puedo olvidarlo —No podía mirarla cuando lo decía, así que me
quedé mirando el techo. Este era el momento en que ella también podría verlo. Que
éramos irreparables. Arruinados por lo que nos habíamos hecho el uno al otro.
Se deslizó bajo las sábanas, y me acerqué para compartir la almohada —Nada
está roto —dijo—. Es solo nuestra vida.
Puso una mano sobre mi pecho, moviéndola hacia abajo por mi estómago.
Puso su cabeza sobre mi hombro —Vuelve a dormir —dijo. Mi respiración estaba
atrapada en mi garganta. Y con su mano en mi estómago y su respiración en mi
cuello, no había ninguna maldita forma de que regresara de nuevo a dormir.
Me giré para verla, la besé para que supiera que no fue solo la ropa ni
Halloween ni la fiesta. Que yo la amaba a pesar de que eligió lo deseos de mi padre
sobre los míos. Tal vez incluso a causa de eso.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 15
Traducido por Shiiro

Todos estaban en el salón cuando bajé las escaleras. Los oí hablar.


—Se golpeó la cabeza —dijo Joanne—. Se resbaló y se dio el golpe. Necesitó
siete puntos.
—¿Durante cuánto tiempo estuvo en el agua? —preguntó mamá.
—No mucho, creo. La encontraron justo a tiempo.
Salí del hueco de la escalera, y Joanne dijo —Ah, el héroe ha despertado.
Mi madre me miró por encima del café. Su mirada decía espero que hayas
practicado tus disculpas, porque ahora sería un buen momento para usarlas.
Delaney salió de la cocina —Lo siento —dije. Sus padres levantaron la
mirada—. Estaba disgustado. No pensaba con claridad. Y luego me dormí —Parte
de la verdad. Suficiente verdad.
—No pasa nada —dijo Joanne—. Tara está bien —Ron sacudió el periódico
frente a su rostro, lo que era su forma de decir que no estaba de acuerdo. Joanne lo
fulminó con la mirada; bueno, fulminó al periódico con la mirada—. No pasa nada
—Articuló, con una sonrisa de disculpa. De todas formas, hasta donde sabían, yo
dormía en el suelo. Solo.
Mi madre seguía mirándome —Y no volverá a ocurrir —añadí. Luego bajé la
vista hacia mi ropa.
Delaney estaba de pie en la entrada de la puerta de la cocina, apoyada en el
marco, intentando no sonreír cuando me miraba. Yo intentaba no sonreírle a ella.
Ambos fallábamos. Aparté la mirada antes de que alguien se diera cuenta —Voy a
casa de una corrida para buscar ropa seca —dije.
—Mañana —dijo mamá—, volverás a tener casa.

Paseaba por el jardín. El hielo se había derretido, pero el suelo seguía estando
frío y mojado. Sacudí la cabeza. Llevaba más de un mes esperando volver a casa
definitivamente. Y ahora quería quedarme. Tener una excusa para acabar en el suelo
de Delaney en medio de la noche. Para que fuera lo primero que viese por la mañana,
Megan Miranda Fracture

con el pelo revuelto y sus pijamas ridículos. Para que me grite por beberme toda la
leche y dejar el cartón vacío en la nevera.
Aparté las sombras del salón, permitiendo que entre luz y, con suerte, algo
de calor.
Abrí el grifo de la ducha tras quitarme la ropa sucia, pero tuve que dejar la
puerta del baño abierta para que entre un poco de luz. El agua estaba helada—fue
probablemente la ducha más rápida de mi vida, pero al menos me ayudó a
despejarme. Tara estaba en el lago, pero está viva. Está viva.
¿Qué demonios sucede?
Mi teléfono sonaba cuando salí de la ducha. Justin.
—Dímelo —dijo con voz cansada y ronca—. Dime que no sucedió. Dime que
estaba tan hasta arriba de medicina para el resfriado que me desmayé y tuve el sueño
más jodidamente extraño de mi vida y tú me trajiste a casa mientras estaba
inconsciente.
Tosió. Se atragantó —Dime que Tara no estaba boca abajo en el maldito lago.
Dime que no tuviste que sacarla.
—Está viva —dije—. Está bien —añadí.
—Viene por nosotros, Decker —dijo, y sentí escalofríos a medida que el agua
se secaba sobre mi piel.
Agua en mi casa. Cristal en su suelo, como si fuera hielo.
Salí del oscuro recibidor, caminé hacia las ventanas de la fachada, y observé
la casa de Delaney —Detente. Estás siendo ridículo. Es un lago. Es agua. Es lluvia.
No hace nada. Dios, ¡escúchate!
—Dile eso a Tara —replicó Justin antes de toser otra vez.
—Estaba borracha. Se cayó. Se dio un golpe en la cabeza —dije, recitando los
hechos, las cosas que eran reales. Y, cuando no me contestó, repetí—. Se resbaló y se
dio un golpe en la cabeza.
—Se resbaló. Estaba sentada con nosotros. ¿Adónde demonios iba? ¿Qué
hacía fuera?
No tenía ni idea. Quizá se iba. Quizá quisiera aclarar sus ideas —¿Y qué
importa? —pregunté.
—¿Eres estúpido? —gritó Justin. Alejé el teléfono de mi oreja—. Abre los ojos.
Carson.
Tara. Viene a por nosotros, Decker. Viene a por todos nosotros. —Sus palabras se
perdieron entre toses y jadeos.
Megan Miranda Fracture

—Cálmate, Justin. Cálmate.


—No voy a calmarme —dijo. Y luego bajó la voz—. La rescatamos, y viene
por nosotros —Por fin puso en palabras lo que todos pensábamos. Delaney, helada
y azul, en la orilla del lago. La habíamos traído de vuelta—. ¿Qué demonios hacía
Tara al borde del lago, de todos modos? La nevera estaba en el patio. ¿Crees que fue
a dar un paseo? Estaba helando, maldición.
—Cálmate —repetí, aunque yo tampoco tenía ni idea de qué hacía en el lago.
Agua en el coche de Kevin. Agua en los pulmones de Justin. En los de Tara...
—Incluso Janna está asustada —dijo.
—Voy a ir a ver a Tara —dije, planeándolo mientras hablaba, y luego me di
cuenta que necesitaba buscar el coche, que seguía aparcado al otro lado del lago
Falcon.

El paseo hasta el otro lado del lago siempre parecía más largo durante el día,
porque podía ver cuánto me quedaba por recorrer, lo poco que avanzaba. Y por eso
obligué a Delaney a cortar por la superficie helada el año anterior. Parece
inmensamente grande cuando puedes ver la casa directamente mientras caminas,
un punto diminuto en la orilla opuesta.
Cuanto más caminaba, más culpable me sentía por haber arrastrado a
Delaney de regreso, descalza sobre el suelo helado y mojado. ¿Y para qué? Porque
estaba desorientado y me asusté por el número de habitaciones de su casa. Y qué si
su madre estaba o no en casa. Ridículo.
La casa de Maya y Holden estaba en silencio y no había ningún movimiento
cuando pasé por el frente. Pero vi, a través de los árboles, una persona sentada de
piernas cruzadas, cerca del agua que tenía enfrente. Me oyó, y se puso de pie antes
de que llegara. Maya se sacudió la suciedad de los vaqueros y se cruzó de brazos.
Levanté las llaves.
—Solo voy a coger el coche —dije. A medida que me acercaba, me di cuenta
de que tenía los ojos inyectados en sangre con manchas negras en las comisuras,
restos del maquillaje de la noche anterior. Me pregunté si seguía esperando una
llamada—. Tara está bien.
Ella soltó un suspiro de alivio —Gracias a Dios —dijo—. Kevin no llamó —
Giró hacia el lago de nuevo mientras yo pasaba a su lado. Pero recordé a Delaney
aquel día, en el funeral de Carson. La forma en que nadie, ni siquiera yo, la apoyó.
Megan Miranda Fracture

Me detuve detrás de ella. Podía ver la camioneta desde donde estaba, más
allá de los árboles, esperándome. Me aclaré la garganta —No eres tú —dije—. Todos
hemos estado—todos hemos tenido muchas cosas que llorar durante el año.
—¿Y creen que yo no? —preguntó, con la voz temblorosa—. Solía estar celosa
de ustedes. Están tan unidos, y parece que jamás se abandonarán unos a otros.
Quería eso —Se rió—. Pero están todos tan mal. Están demasiado unidos para verlo.
Hora de irse.
Oí la puerta deslizarse colina arriba.
—¿Estás bien, Maya?
Holden me miraba fijamente, con los brazos cruzados.
—Solo vine por el coche —repetí. Y pienso salir de aquí.
—Estoy bien —dijo ella.
—Entra —dijo él. Debía estar congelada.
—Tara está bien —respondió ella, ignorando la orden.
Giró para seguir mirando el lago, y Holden se apoyó en el marco de la puerta.
Los dejé ahí y subí por el terraplén, en dirección a la carretera. Me pregunté si habría
sido peor saber de mi padre de antemano. Si hubiera pasado los últimos meses antes
de su muerte llorando su pérdida, como Maya con la de su madre. Si era por eso que
no había querido decírmelo.
El por qué nadie había querido decírmelo.
Mientras conducía de regreso a casa, vi a Maya, aún en el borde del lago. Y,
por un segundo, me pregunté si de verdad habría querido saber lo que se me venía
encima.

Convencí a Delaney para que viniera conmigo. Delaney pensaba que a Tara
no le haría mucha gracia verla allí, pero no me importaba. Respiró hondo mientras
yo aparcaba frente a la casa de Tara.
Cuando era pequeño, pensaba que Tara vivía en la mejor casa del mundo.
Vivía, literalmente, sobre una tienda de helado, y con tanta familia que parecía una
fiesta que no terminaba nunca. La heladería era la parte delantera de la primera
planta, y los dos pisos superiores estaban divididos en el centro: la familia de sus
primos en un lado, la de Tara (completa con tres hermanos más pequeños) en el otro,
y sus abuelos en el piso de arriba.
Y teníamos helado gratis siempre que queríamos.
Megan Miranda Fracture

Tara trabajaba allí en el verano, hurgando en el helado en musculosa, aunque


probablemente se estuviera congelando. Nunca se lo comía. Decía que ya no
soportaba su sabor. Como hijo único, estaba celoso del ruido continuo en su casa, de
que todos estuvieran siempre encima de todos. De las grandes cenas familiares. De
que cuatro caras extra nunca les molestaran.
Ahora veía por qué siempre había querido marcharse. Era una tienda de
temporada, y la temporada acababa de terminar—las ventanas estaban tapadas,
pero las mesas seguían afuera. Jared, su hermano más pequeño, estaba sentado en
una de las mesas de picnic con un videojuego en la mano.
—Hey —dije—. Venimos a ver a tu hermana.
—Está durmiendo —dijo, pero arrastró la palabra "durmiendo". Como si ella
no hubiera dejado de dormir. O como si no fuera a hacerlo.
—No está durmiendo —dijo Tony, saliendo del bosque con un palo en la
mano. Tenía doce años, la edad más cercana a la de Tara—. Aunque tenemos que
quedarnos fuera para que haya silencio —nos dijo. Señaló con un dedo un costado
de su cabeza—. Tiene un dolor de cabeza criminal.
Cogí a Delaney de la mano y la llevé hacia las escaleras. Estaban en el lateral
de la casa, y conducían a un balcón sobre la heladería, que es donde en realidad
estaba la puerta principal.
Su madre nos abrió la puerta, y antes de que pudiera enterarme de lo que
sucedía, nos dio un abrazo rápido a cada uno; primero a mí, y luego a Delaney. Era
todo lo opuesto a Tara. Ropa pasada de moda. Nada de maquillaje. No parecía
importarle su aspecto.
—Gracias —nos dijo, y trató de sonreír—. No estoy segura de que esté como
para visitas ahora, Janna ha estado aquí durante casi toda la mañana. Creo que
pronto va a tener que dormir una siesta. Pero suban.
Gesticuló hacia mí porque había estado allí más recientemente. Delaney solía
venir cuando era más joven, también, antes de que fuera obvio que, en realidad, no
eran amigas. Tara era el tipo de chica que entraba y salía de todos los círculos
sociales, sin quedarse nunca en uno.

Esperamos en la entrada del cuarto de Tara. Estaba tumbada sobre las


sábanas, con la ropa más anti-Tara del mundo. Una camiseta holgada. Pantalones
de deporte. Una venda blanca atada sobre su ceja derecha—que me remitió a la
imagen de la sangre aguada resbalando por su rostro.
Megan Miranda Fracture

Llamé a la puerta abierta, y cerró los ojos antes de girar el cuello hacia
nosotros. La cara de Tara no cambió. No me sonrió. No frunció el ceño al ver a
Delaney detrás de mí. Su boca apenas se movió cuando habló.
—Veo que la noche terminó mejor para ustedes que para mí.
Ahora era cuando sonreiría tímidamente o se tocaría el pelo. Pero no lo hizo.
Siguió ahí tumbada. Lánguida y no-Tara.
—Vinimos a verte —dijo Delaney. Me empujó, poniendo la mano en mi
espalda, hasta que quedé a los pies de la cama de Tara. El hecho de que su cama
fuera también un sofá era otra de las cosas que parecían mucho mejores cuando
éramos pequeños.
—Puntos —dijo. Levantó la mano derecha y tocó la piel por debajo de la
venda. Le temblaron los dedos mientras repasaba el borde.
—¿Te tropezaste? —pregunté. Necesitaba estar seguro para poder decírselo
a Justin. Se tropezó, se dio un golpe en la cabeza y casi se ahoga en el lago, pero fue
un accidente. Estaba borracha y fue un accidente. Ojalá se acordara.
—Sí —dijo—. Para nada vergonzoso... —Sonreí cuando lo dijo, captando un
chispazo de la Tara que todos conocíamos. Ella entrecerró los ojos, y dijo: —¿Me
viste?
—¿No te acuerdas? —pregunté.
—No, recuerdo eso —Tragó saliva, y pareció que le dolía—. Escuché que me
sacaste del lago —Estaba ahí afuera porque la rechacé. Me pregunté si también se
acordaba de eso.
—Sí, lo hizo —dijo Delaney. No mencionó que fue ella quien vio a Tara. La
que la salvó.
—Está bien —respondió, y sus dedos comenzaron a juguetear con el
edredón—. Me preguntaba si vieron... —Inhaló despacio, insegura—. Si vieron
cómo llegué al lago.
Sentí que Delaney se tensaba a mi lado. No podía moverme. No podía
respirar. Incluso la habitación pareció contener el aliento. Tara tenía los ojos muy
abiertos, y paseaba la mirada entre Delaney y yo. Se agarró al edredón, y dijo —
¿Cómo me metí al jodido?
Tuve que inclinarme. Apoyarme en algo. Lo que fuera. Puse las manos al
borde de su cama —Pensé que habías dicho que te tropezaste y te diste un golpe en
la cabeza —La habitación parecía ladearse. O quizá era yo el que se iba para un
costado. Era difícil de decir.
Megan Miranda Fracture

—Si —dijo—. Me caí del patio. ¿Pero cómo llegué al lago? Dime.
No podía responderle. El lago estaba a unos buenos diez pasos del borde del
patio.
—No lo vimos —susurró Delaney—. No vimos cómo pasó.
—El doctor dijo que estaba desorientada después de darme el golpe en la
cabeza —dijo—. Que la mayoría de la gente no recuerda lo que pasó antes. O
después —Excepto que Tara recordaba los momentos previos—. Dijo que
seguramente me levanté. Me tropecé. Y me caí. Me quedé fuera de combate. Mala
suerte —dijo.
—Mala suerte —repetí, deseando que fuera verdad.
—El doctor dijo que fue una gran suerte que estuvieras ahí. Una gran suerte
que no me haya ahogado. Gran. Suerte —dijo, alzando la voz. Torció la boca—.
Divertido, ¿verdad?
Recordé su imagen, su cabello rubio flotando en el agua. Como Delaney,
desapareciendo bajo la superficie.
Ella comenzaba a entrar en pánico. Yo comenzaba a entrar en pánico —¿Cómo
llegué al agua? —preguntó. Miró a Delaney, con los ojos muy abiertos—. ¿Cómo
llegué al jodido lago?
Delaney sacudió la cabeza. Pensé que iba a girar e irse, pero, en vez de eso, se
acercó. Puso los dedos en la cabeza de Tara, cerca de los puntos.
—Estás bien ahora —dijo. La respiración de Tara volvió a la normalidad, pero
seguía mirando a Delaney.
Me miró y dijo —Janna piensa que es real —No tenía que decir de qué
hablaba. Todos lo sabíamos—. No solo el lago. Toda la ciudad. Dice que hay algo
que está muy mal en este sitio. Que nos hace olvidar.
Este era un sitio que no me dejaría olvidar. Delaney en el lago. Mi padre en el
suelo. Me quitaba cosas, y me obligaba a mirar —Y, qué, —dije—, ¿piensa que te
obligó a levantarte y meterte en el agua? —Llené mis palabras de sarcasmo, para que
sonaran ridículas. Para que pudiéramos creer que eran ridículas.
Oímos pisadas que hicieron crujir el techo encima de nuestras cabezas. Miré
hacia arriba. Su abuela vivía ahí. Leía la fortuna, y a veces hacía sesiones de
espiritismo. Solíamos espiarla cuando éramos pequeños. Tara nunca lo creyó. Humo
y espejos, me dijo la última vez que estuve aquí. Me vio mirar hacia arriba —No sé
—dijo— qué es lo que piensa ella.
Megan Miranda Fracture

Tuve una visión de Tara tumbada al lado del patio, con la frente sangrando.
Vi dos dedos de agua que se alzaban del lago, serpenteando entre las rocas y la
suciedad, como lo había visto bajar por las paredes de mi casa y deslizarse por el
suelo. Vi cómo el agua rodeaba sus muñecas y la atraía hacia sí, hacia el lago.
Intentando llevársela.
La madre de Tara estaba detrás de nosotros, y nos apartó para llegar a su hija
—Estoy tan contenta de que hayan venido a verla. No podemos agradecerles lo
suficiente.
Me dio las gracias, como los padres de Delaney lo habían hecho. Como si
también hubiera salvado su vida. Una suerte que la encontráramos. Mala suerte que
hubiera acabado en esa situación, para empezar. Una suerte que Tara—y Delaney—
siguieran vivas. Mala suerte que casi se ahogaran antes. Yo era el héroe que las había
sacado del agua. Yo era el villano que las había mandado al lago en primer lugar.
Como si el lago Falcon intentara decirme algo. Algo sobre mí.
Escucha.
—¿Necesitas descansar, cielo? —Su madre se sentó al borde de la cama, y le
acarició la frente. Tara asintió. Cerró los ojos. Giró la cabeza. El lago se había llevado
algo suyo; ya no parecía invencible. Pero había sobrevivido. Me lo repetí a mí mismo
mientras bajábamos las escaleras e íbamos hacia mi coche. Está viva está viva está
viva...

Estábamos a dos calles de distancia cuando Delaney empezó a respirar como


cuando intentaba no llorar. Miraba por la ventana, y respiraba lentamente. Adrede.
Podía oírla contenerse. Pensé, no llores no llores no llores, y una lágrima rodó por su
mejilla.
Mierda. Paré en la cuneta, y dejé el motor encendido —¿Delaney? —pregunté.
—¿Por qué ella? —me preguntó, mirándome—. ¿Por qué ella y no yo? Si me
quiere a mí, estoy justo aquí.
Me estiré, por encima de los mandos y el refrigerador que tenía entre los
asientos, desabroché su cinturón y la atraje hacia mí. La abracé, de forma un poco
rara, por encima del hueco —Detente —dije—. No es real. Lo sabes.
—Entonces, ¿cómo acabó en el maldito lago? ¿Cómo se tropezó, se golpeó la
cabeza y casi se ahogó? —murmuró contra mi hombro. Sentí sus lágrimas en mi
camiseta. Maldita kriptonita.
Megan Miranda Fracture

—Porque la gente con un nivel de alcohol en la sangre por encima de 0.23 es


seis veces más propensa a hacerse daño en la cabeza. Y diez veces más propensa a
ahogarse.
—Te lo estás inventando —dijo.
—Sí —contesté, y sentí su sonrisa.
Sonó su teléfono, y me reí al verla saltar, aunque yo también lo había hecho.
Ignoró la llamada —¿Estamos bien? —preguntó.
—Estamos bien —confirmé.
Se pasó las manos por el cabello, se volvió a abrochar el cinturón y miró el
teléfono.
—¿Quién era? —pregunté. Ella se encogió de hombros.
—Número equivocado —Lo guardó en el bolso y apoyó la cabeza en la
ventana, como si no hubiera pasado nada.
No había pasado nada.
Traté de mantener la respiración normal mientras conducía, pero cada vez
que la veía a mi lado, veía el cabello rubio flotando en el agua, una chica, boca abajo.
Me veía a mí mismo sacarla por las botas, dándole la vuelta.
Y veía la cara de Delaney.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 16
Traducido por Shiiro

La casa de Delaney estaba vacía. Tecleó el código de la alarma mientras yo


leía la nota que había en la mesada de la cocina.
—Es la factura de la luz de mi casa —le dije.
Ella miraba por la ventana, pensando aún, estaba seguro, en lo que Tara había
dicho. Así es como empieza un rumor sobre una maldición: si te permites creerlo. El
miedo te devora, poco a poco, hasta que deja de parecer irracional. No podíamos
permitir que sucediera de nuevo —Voy a devolverle la llamada a Justin —dije—. A
decirle que todo está bien.
Ella asintió —Todo está bien —repitió. Necesitábamos, en cambio, seguir
diciendo eso. Creerlo lo suficiente para que fuera verdad.
Me metí en la oficina de Ron para que no oyera cómo Justin se ponía histérico,
al otro lado del auricular.
—Tara está bien —dije, tan pronto como me cogió el teléfono—. He ido a
verla. Se tropezó y se dio un golpe en la cabeza. Así que ya puedes dejar de darle
vueltas.
Lo escuché respirar hondo, o resollar, al otro lado —Eso no es lo que dijo Jana
—Tosió, y habló más claro—. Dijo que Tara no tenía ni una maldita idea de cómo acabó
en el agua.
Oí el timbre en el salón.
—Justin —dije, bajando la voz—, es Tara. Vive por y para el drama. La
atención —O solía hacerlo, al menos.
Oí una voz masculina en el salón. Supuse que nuestros padres habían
vuelto—. Oye, tengo que irme —dije.
—Sé que estaba drogado hasta las cejas anoche —dijo, levantando la voz—,
pero ¿soy yo, o Tara tenía un ligerísimo aire a Delaney? —Y se me erizó el pelo de
la nuca.
Oí la risa de Delaney desde el cuarto de al lado. Viva. Estaba viva.
Pero aquello era lo que me había imaginado en el coche, mientras conducía
de regreso a casa con ella. A Delaney en lugar de Tara.
Megan Miranda Fracture

—¿Decker? ¿Sigues ahí?


—Tengo que irme —dije, y colgué.
Tara había dicho que los médicos pensaban que estaba confundida. Pero yo
era el que estaba confundido. Vi a Delaney cuando saqué a Tara del agua, con el
cabello rubio flotando a su alrededor.
Vi a Delaney.
—¿Delaney? —La llamé, abriendo la puerta. Necesitaba verla. Necesitaba
hablar con ella a solas. Me quedé congelado en el sitio, justo en el umbral de la
oficina. Holden estaba en el salón, como si el lugar fuera suyo, y Delaney le sonreía.
Me miró una segunda vez al ver quién era.
—Oh, hey —dijo—. No sabía que estuvieras aquí —Levantó el brazo: llevaba
una bolsa de plástico—. Misión, devolver zapatos —dijo.
Delaney esbozó una sonrisita.
—Gracias —dijo—. Pero Maya me los prestó.
Él dejó caer la bolsa —Bromeas.
—Nop. Siento que hayas perdido el tiempo.
Me metí en la cocina para que ella no pudiera ver que comenzaba a entrar en
pánico. ¿Por qué ella y no yo?, me había preguntado, como si también pudiera sentirlo.
Se suponía que debía ser ella.
—Para nada —Escuché que decía Holden—. Oye, escucha. Tengo que irme
antes de que se haga de noche, pero me preguntaba si querrías comer algo antes.
Empujé la puerta de la cocina y salí, sin importarme ya si estaba entrando en
pánico o no.
—¿Estás pidiéndole una cita? —pregunté.
Él nos miró a los dos —Lo siento —dijo—, Maya me dijo que se habían
peleado.
Creo que podía leerme la mente por mi expresión —Pero no —añadió—. Solo
quería hablar contigo —Le dijo a Delaney. Pero ella podía ver que algo me pasaba.
—En otro momento —respondió. Y empezó a caminar hacia la puerta.
Holden, gracias a Dios, pilló la indirecta.
Después de cerrar la puerta y echar el pestillo, Delaney dijo —¿Qué...?
Decker, ¿qué?
—Describe a Tara —pedí.
Puso una mano en su cadera y me miró fijamente —Por favor —supliqué.
Megan Miranda Fracture

Levantó la mano, y empezó a decir lo que opinaba mientras daba golpecitos


con las puntas de los dedos —Le gusta ser el centro de atención. Flirtea con todo el
mundo, en especial contigo...
—No, me refiero a su aspecto.
Delaney hizo una pausa, y podía sentir su mirada. Podía oírla en su tono de
voz.
—Alta. Pechos grandes. Pelo oscuro. Guapa... ¿Decker? ¿Cuál es el problema?
Tuve que cerrar los ojos. Tuve que verla en mi mente, como la vi anoche.
Necesitaba respirar.
Así era cómo describiría a Delaney: más alta que el promedio, con más curvas
que el promedio, hermosa. Mía.
No se parecían la una a la otra. Pero Justin tenía razón. Anoche, Tara era una
linda rubia tumbada sobre mí en el sofá. Anoche, Tara encajaba perfectamente en la
descripción de Delaney.
—¿Qué? —preguntó. Extendió la mano y me tocó el brazo.
—Nada —dije, pero solo me salió un susurro. Me hundí en el sofá, con la
cabeza entre las rodillas.
Tenía que salir de aquí. Teníamos que salir de aquí. De esta ciudad, lejos de lo
que fuera que estaba pasando.
—¿Nada? —preguntó, casi chillándome—. No me digas que nada cuando
estás sentado en el sofá intentado respirar y acabamos de visitar a una chica que
piensa que el lago la llamó cuando estaba inconsciente.
No podía respirar con normalidad, y cuando ladeé la cabeza para mirarla,
ella parecía estar a punto de vomitar también. Recordé el momento en que le dije las
palabras en el baño. En mi cabeza, te veo morir.
Me pregunté si ella también lo veía. Si la visión de mi cabeza se transmitía a
la suya, y si se veía flotando, bajo el hielo, con la boca y los ojos abiertos.
Perfectamente quieta.
En mi cabeza, sigues muerta.
—Se suponía que debías ser tú —dije, y me arrepentí de inmediato, como
cuando le había dicho en el baño que la veía muerta continuamente.
—¿Perdona? —me dijo—. Acabas de decir que estaba borracha. Acabas de
decir—
—Sé lo que dije. Pero tú no sabes lo que vi. Tara, quiero decir. En el agua. Se
parecía a ti.
Megan Miranda Fracture

—¿Así que el lago venía a por mí? —susurró—. ¿Eso crees? ¿Que el lago me
quiere muerta?
—No, Delaney. No el lago —Tragué saliva. Me obligué a decir las palabras,
hacerlas reales—. Una persona.
¿Cómo describir la manera en que siento que todo está conectado? Cómo nos
sentimos con respecto al lago, cómo nos permitimos tenerle miedo y creer—que nos
quiere. Que nos puede hacer daño. La forma en que alguien podría usar ese miedo.
Esconder algo dentro. Es el lago; es lo que quiere.
Solo que no es el lago.
Es lo que alguien quiere. Alguien quiere que ella desaparezca.
Murmuraba, intentando explicarlo frenéticamente, movía los brazos y
señalaba al lago, a todo y a nada. Y ella seguía mis manos, como si tuvieran más
sentido que mis palabras.
—¿Quién me querría muerta? —preguntó cuando terminé. Tenía las manos
cerradas en puños, entre las piernas, como dispuesta a aferrarse a si misma. Y no me
lo preguntó como si fuera algo muy lejano en probabilidad. Me lo preguntó de la
forma más triste posible. Como si me estuviera preguntando cuál de todos.
—No, espera —dijo, sacudiendo la cabeza. Con un suspiro de alivio—. La
gente conoce a Tara. Puede que luzca tal y como tú me describirías, pero no se parece
a mí. Alguien sabría que era la persona equivocada.
—No es alguien que te conozca, entonces —dije, sin sentido—. Quiero decir,
saben que existes. Pero no te conocen —Pensé en el artículo posterior a que Troy se
ahogara, de mi foto, al borde de la página, intentando alcanzar algo que no existía.
En su nombre, que se susurraba en la ciudad como si fuera una leyenda. En la forma
en la que los policías me habían mirado cuando dije su nombre. Todos sabían que
existía. Pero no todos la conocían.
—No tiene sentido, Decker —Delaney se apoyaba en la lógica. No confiaba
en la forma en la que las cosas parecían conectar. En la forma en la que yo sabía que
tenía sentido, aunque no supiera cómo—. Porque no es muy difícil averiguar quién
soy. Y Tara se cayó. Se cayó y se dio un golpe en la cabeza. Nadie la empujó.
Mi mente volaba, descartaba posibilidades, imaginaba escenarios, buscando
alguno que encaje. La verdad no eran los hechos. Es decir, lo eran. Pero también era
algo más. Algo que podía sentir. Los hechos encajarían con eso más tarde.
Megan Miranda Fracture

Era por eso que mi papá y yo éramos tan diferentes. Todos pensaban que
éramos iguales, pero él se parecía más a Delaney, necesitaba hechos. Sin hechos, no
contaba nada.
Pero esto sí.
Alguien venía por ella. Podía sentirlo.
Contaba.

Mamá, Joanne y Ron estaban descargando todas las bolsas de los dos coches
en el garaje.
—Qué bien, chicos, están en casa —dijo mamá—. Quedan unas pocas horas
de luz... Empiecen a moverse.
Delaney y yo empezamos con mi habitación. Trabajamos en silencio,
movimos mi armario a su sitio original, pusimos la ropa en los cajones. Ambos
conocíamos de memoria esta habitación. Ella ayudó a mi madre a poner las cortinas
escaleras abajo, y pusieron una alfombra sobre los suelos de madera, nuevos y más
oscuros. Los padres de Delaney estaban limpiando la casa—todo estaba cubierto por
una capa de polvo blanco, de la obra.
Pero, hacia el final de la tarde, el sol no entró por la ventana con el ángulo
correcto, y las habitaciones se sumieron, una a una, en la oscuridad.
Ayudaba a mamá a limpiar las ventanas de su cuarto cuando Joanne llamó a
la puerta. El pasillo, detrás de ella, estaba a oscuras —La cena estará en una hora,
¿de acuerdo?
Mamá hizo una pelota con el papel y la tiró al cubo de basura que había a mi
lado —Voy a salir con Decker, en realidad.
—Muy bien. Disfrútenlo.
Un minuto después, Delaney nos dijo "adiós" mientras pasaba por delante de
la habitación, arrastrando una bolsa de basura gigante.
—Espera —dije. Tomé la bolsa en el pasillo oscuro, y me la eché al hombro.
Ella se agarró a la barandilla de las escaleras mientras bajaba, y se arropó con la
chaqueta.
Tiré la basura en el contenedor del garaje, y ella se quedó en la puerta,
esperándome. Pensé que no creía que alguien la persiguiera, pero parecía que, en el
fondo, sí lo hacía —No te asustes —dije, acercándome a ella. No debería haberle
dicho lo que pensaba. Fue un error. Ella necesitaba hechos a los que aferrarse, no
Megan Miranda Fracture

este sentimiento de pavor con el que no podía hacer nada. Algo más ante lo que
sentirse impotente.
—No hay nada de lo que asustarse, ¿no? Solo alguien que me quiere muerta.
Nada serio.
—No —dije, y pasé la mano por su cabello, colocándolo detrás de su oreja.
Sentí sus manos en el dobladillo de mi camiseta, sus dedos enredados en las
trabillas del pantalón, sobre mis caderas —No te va a pasar nada —dije. Estaba
empezando a ser tan bueno en decir lo que deseaba que fuera real, que por un
segundo pensé que quizá tenía el poder de hacerlo realidad.
Y antes de que pudiera discutírmelo, acaricié su labio inferior con el pulgar
—Te extrañe con locura —Ella levantó el rostro, solo un poco, y dije—. Soy tan idiota.
Sonrió, y se formó ese hoyuelo en su mejilla. Sus ojos se cerraban a medida
que se acercaba, y dijo —Qué bueno que seas mi idiota favorito.
Quería darle un beso de despedida. Solo un segundo o dos. O tres. Pero se
convirtió en el tipo de beso en el que, sin importar lo que hagas, te sientes como si
no pudieras estar lo suficientemente cerca. Cuando se apartó de mí, me agaché de
nuevo, la besé una última vez.
—Te veo esta noche. Mándame un mensaje cuando todos se hayan dormido,
¿de acuerdo?
Salió por el garaje, y la observé correr por el jardín. Mientras cerraba la puerta
detrás de ella, sentí esperanza en lugar de miedo. Sentí cada hora. Las sentí pasar.
Y entonces sentí que había alguien más en la habitación.
Miré hacia atrás, y vi a mamá apoyada contra la pared al final de la escalera,
con su propia bolsa de basura y una ceja enarcada. Me aclaré la garganta, y no hice
contacto visual mientras pasaba a su lado.
—¿Tienes un momento, Decker?
Me encogí, preguntándome cuánto tiempo llevaba ahí. Metí las manos en los
bolsillos, y giré sobre los talones.
—Oh, eh, tengo una idea. Vamos a saltarnos esta parte.
—Ya que tu padre no está aquí, necesito decirte algo.
—Ya hizo esto, te lo prometo. Hace como tres años.
—No, creo que se saltó una parte.
Contuve la respiración. Por favor, que sea rápido. Por favor, que esto no esté
pasando.
—Están demasiado unidos—
Megan Miranda Fracture

Dejé de retener el aliento, y entrecerré los ojos —Sí, hizo eso también. No
acabó bien.
Pero ella no se detuvo —Están demasiado unidos, y no ves lo que ella está
haciendo. O quizá sí, y no te importa. No lo puedo asegurar.
—¿Perdón? —Delaney no estaba haciendo nada.
—Está cambiando su vida, Decker. Por ti. Joanne dijo que está solicitando
universidades en Maine, como si no le importase mirar en ninguna otra parte ya.
No tenía sentido. Habíamos vuelto hacía tan solo un día. Es como si siempre
hubiera sabido que un día le diría que había sido un idiota, y ella me perdonaría
diciendo que al menos era su idiota preferido. Sabía que pasaría. Nunca dejó de
creerlo.
—Y yo iba a ir a Boston por ella. ¿Cuál es la diferencia?
—No la hay —dijo—. Y tu padre te iba a hablar de eso. O lo intentó. Por lo
que me dices, no salió bien.
No lo intentó demasiado. Probablemente porque se dio cuenta de lo inútil
que era su argumento.
—Eres tan obstinado —dijo, pero no como si fuera algo malo—. Pero piensa
en ella. Y quiero que lo hagas de verdad. Y no solo en cuánto quieres estar con ella.
Piensa en lo duro que ha trabajado toda su vida, y por lo que está sacrificando eso.
¿De verdad quieres eso en tu conciencia? ¿Qué pasa si empieza a guardarte rencor
por eso? Y Decker, mira lo que acaba de pasar. ¿Qué pasará la siguiente vez que
decidas que has terminado con ella?
Sentí en el pecho cómo ascendía furia al rojo vivo. ¿Cómo se atrevía? —Jamás
terminé con ella. Estaba—
—Enojado, sí, lo recuerdo. Estabas enojado con ella. Estabas enojado
conmigo. Estabas enojado con todo el mundo.
—No, mamá, estoy enojado con él —Que fue por lo que me di cuenta de que
era un idiota—enfadándome con todo el mundo excepto con él. Culpando a todo el
mundo excepto a él.
Como Janna, que señalaba a Delaney en el funeral de su hermano.
—Porque no te lo contó —dijo mi madre.
Sí, porque no me lo contó. Sí, era una traición. Pero estaba enfadado por algo
peor que eso —Porque se murió —Se murió, maldita sea. Y aquello lo sentía como
la traición más grande de todas.
Megan Miranda Fracture

Ella hizo una mueca de dolor —Sí —dijo—. Yo también estoy enfadada por
eso.
—Y sí, porque no me lo contó, como si me viera como a un niño pequeño que
no podría con ello.
—Eso no... —empezó—. Creo que quería recordarte tal y como eras—no
como a alguien que tenía miedo de perderlo, cosa que iba a ocurrir de cualquier
manera. Si pudieras salvar a alguien que te importase de ese miedo, de esa pena
añadida, ¿no lo harías?
Pero yo tenía derecho a saberlo. Solo que entonces pensé en Delaney. Imaginé
su sonrisa, y no volver a verla, ni a ella cuando bromeaba, avergonzándome por
poner la leche en el congelador. Sin sonreír ni llamarme idiota. En lugar de eso, todo
se entrelazó con tristeza, desesperación y la forma en que me había sentido en el
hospital, cuando pensé que no despertaría, haciendo tratos con cualquiera que me
escuchara. Cualquiera excepto ella. Todos excepto ella. Y sí, se lo evitaría.
Abrí la boca para responder —Y además —dijo—, si te pillo subiendo las
escaleras esta noche, te quedas sin las llaves del coche.
Punto para mamá.

Para cuando mamá y yo volvimos de cenar, todos estaban arriba en casa de


Delaney. Me mandó un mensaje poco después de medianoche. Todo en calma.
Contesté: Plan fallido. Mamá me metió miedo.
Unos minutos después, oí un golpecito en la puerta de la oficina. Abrí la
puerta y ella me saludó, pero no entró. Miré la escalera que tenía detrás.
—¿Quién es la rebelde ahora? —susurré.
—Es tu última noche aquí. Y no hay ninguna regla sobre ver la televisión en
el salón después de medianoche. Estoy segura —Sonrió—. Así que... ¿Quieres ver la
tele?
La seguí fuera del cuarto —Intento averiguar si eso es un eufemismo para
algo, pero tengo la sensación de que me voy a llevar una buena decepción.
Ella encendió la televisión, bajó el volumen todo lo que pudo y me lanzó una
almohada al regazo desde el otro lado del sofá. Luego apoyó la cabeza en la
almohada, tumbándose, y se cubrió con la manta que había en el respaldo.
—Ya veo que te quedas con el mejor sitio —dije.
—Cállate —dijo ella, con los ojos fijos en la pantalla. Tenía miedo. Corrección:
yo la había asustado.
Megan Miranda Fracture

—Tienes razón —dije—. Yo no. Como siempre —La envolví con el brazo.
—De acuerdo —dijo, pero era como si mis pensamientos, las visiones en mi
mente, le hubieran llegado a ella. Y, lo creyera o no, estaba ahí atascado,
convirtiéndose en algo.
Le acaricié el pelo hasta que se durmió, y luego traté de apoyar la cabeza en
la otra mano, pero no funcionaba. Dormí como si estuviera en un avión,
despertándome a cada momento cuando se me doblaba el cuello de una forma
extraña. Pero, al final, me dormí de verdad, porque lo siguiente que recuerdo es que
había una mano en mi hombro.
Salté, viendo a mamá detrás de mí, y desperté a Delaney sin querer. Se
despertó poco a poco, y luego de golpe, procesando el hecho de que mi madre estaba
detrás de nosotros.
—Oh, Dios —dijo, echándose al otro lado del sofá—. No es lo que parece.
Mi madre enarcó una ceja —Lo que parece es que se quedaron dormidos
viendo la televisión.
—Oh. Entonces, sí que es lo que parece —Tenía la mejilla llena de líneas por
la almohada, y se las frotó.
—Ahora, sube antes de que venga tu madre y le dé un ataque al corazón.
Delaney asintió, saliendo del cuarto. Pero mamá se había quedado quieta. Y
yo la miraba fijamente —¿Acabo de hacer un chiste sobre ataques al corazón? —
preguntó.
—Síp —dije.
Se cubrió la boca con la mano, y se sentó en el sofá a mi lado —Soy una
persona horrible —dijo.
—Lo eres.
Sacudió la cabeza y se volvió a concentrar en mí, sentado aún en el toro
extremo del sofá —Ya veo venir tu defensa. Pero no estaba en su cuarto, mamá.
—No tengo nada que decir —dije—. Fue idea suya. La mayoría del tiempo,
solo sigo sus ideas —Giré el cuello—. Auch.
Me preparé para la discusión, pero esta no llegó. Se levantó del sofá, y me
acarició el pelo al pasar. Se metió en la cocina —Vas a tener una vida muy buena.
Puedo sentirlo.
Me pregunté cómo podía sentir algo así, cuando solo en el último año había
perdido a mi padre y a Carson, y por poco a Delaney.
—Gracias, Galleta de la Suerte —dije mientras desaparecía tras la puerta.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 17
Traducido por EnithCrystal

Quizás mama podía haber sentido que mi vida iba a ser buena, pero ella no
veía la forma en que todos nos miraban esa mañana en la escuela. Nadie quería ser
nosotros. Nadie quería estar cerca de nosotros. Como si la maldición fuera parte
nuestra ahora, y fuéramos contagiosos.
Acompañé a Delaney a clase, y la gente susurraba a nuestro paso. E imagino
que no fue solo porque sostenía su mano. Me esforcé por escuchar lo que decían.
Escucha.
Carson y Troy.
Tara en en lago Falcon.
Viene por ellos.
—¿Decker? ¿Estás ahí?
—Aquí. Lo siento —dije, y giré para ver a Delaney—. ¿Nos vemos en el
almuerzo?
Forzó una sonrisa al entrar a su salón, pero sus ojos escanearon el pasillo
detrás de mí. Todos miraban. Todos hablaban. Me pregunté si estaría escuchando
también. Me pregunté que le susurraba este lugar a ella.
Pasé junto a Janna en el pasillo. Estaba peleando con el seguro de su casillero,
incapaz de abrirlo. Lo golpeó con la palma de su mano y trató de nuevo.
—Te ayudo —dije. Sabía su combinación sin darme cuenta. Era la misma
desde primero año. Sentí algo hacer clic dentro del seguro y lo abrí.
—Gracias —dijo—. No dormí —Sacó su libro, y sentí su respiración agitarse.
Se inclinó más cerca hacia mí, agarró mi chaqueta con su mano libre, y dijo —¿Has
fingido algo por tanto tiempo que se vuelve real?
Justin había mencionado que Janna pensaba que la maldición era real. Tara
también lo dijo —Está jugando con tu mente —dije— Nada de esto es real.
Se acercó mucho a mi rostro —Lo es ahora —dijo— Oh Dios —Cubrió su boca
y me miró con los ojos muy abiertos.
La campana sonó, ella agarró sus libros y se fue por el pasillo.
Megan Miranda Fracture

No vi a Kevin hasta el almuerzo. Ya estaba en la mesa, inusualmente sombrío.


Ni siquiera comía. Justin estaba sentado frente a él, su cabeza descansaba en sus
brazos cruzados.
—Hey —dije al sentarme junto a Kevin—. ¿Están bien?
Justin alzó su mano y gruñó.
—Bueno, estoy vivo —dijo Kevin. Luego se encogió—. Mierda, no fue
gracioso.
—¿Qué dijo tu mamá? —pregunté.
—Lo usual —dijo mientras tomaba su hamburguesa —Irresponsable.
Estupidez épica. Castigado por la eternidad. Sin coche. Sin celular. Sin vida —
Levantó la mirada—. Además, aparentemente tomo pobres decisiones de vida, y
todos deberíamos estar contentos de que Tara no haya muerto porque si no hubiera
tenido cargos o algo —Luego me miró, con los ojos inyectados de sangre—. Como
si esa fuera la razón por la que debería alegrarnos de que Tara no haya muerto.
Janna se sentó junto a Justin y le puso la mano en la frente —No te sientes
muy bien — dijo.
—Bronquitis —dijo—. Ya fui al doctor.
—Dios, ¿Alguien ha hablado con Tara? —preguntó Kevin.
—Nosotros —dije, al mismo tiempo que Janna dijo —Yo.
—¿Nosotros? —preguntó Kevin.
—Delaney y yo —dije, mientras ella se deslizaba en el asiento junto a mí.
Kevin nos miró y comenzó a reírse —No puedo creer que tuve uno de los
peores fines de semana de mi vida, y Decker se queda con la chica.
—Hablando de eso… —dije—. ¿Has hablado con Maya? —Si Holden se había
ido y Kevin no la había llamado, entonces estaba sola ahí.
Se encogió de nuevo —No, probablemente sea lo mejor.
—Es solo que… Cuando la vi, mencionó que no la habías llamado. Ni siquiera
sabía que Tara estaba bien.
—¿Pero supongo que tú le dijiste?
—Sí, pero quizá podrías decirle que solo estabas alterado, que no era tu
intención.
Me miró a los ojos —No estas realmente intentando darme consejos sobre mi
relación en este momento.
—Y quizá si era su intención —Janna me miró, con los ojos abiertos y salvajes.
Megan Miranda Fracture

—Sí, estoy tratando de recordar tus palabras exactas en el funeral, Janna —


dijo Kevin—. Qué gracioso. ¿Decker te pidió a ti que te disculparas por ellos alguna
vez?
Y de repente, todos estábamos de regreso allí. En el funeral de Carson.
—Basta —dije, no lo hice en ese entonces. Pero debí.
Janna ladeó la cabeza, mirando a Delaney. Ya lo había escuchado una vez. No
podía hacerlo de nuevo —No puedes respirar agua por once malditos minutos —
dijo Janna. Lo había dicho el año pasado, y lo estaba diciendo de nuevo.
—¡Basta! —dije.
Y Janna se detuvo. Pero Delaney continuó donde lo había dejado —Y
quedarte aquí sin más en el funeral de mi hermano —siguió—. No pueden solo
quedarse ahí tan perfectos como si nada—
—¡Es suficiente! —dije—. Dios, mírennos.
Delaney se alejó de la mesa —¡Traté de pararlo, Janna! Llamé al 911. Le hice
RCP hasta que llegó la ambulancia. Yo tampoco quería que muriera. ¿Qué se
suponía que hiciera?
Janna se quedó mirando a Delaney. La mesa estaba en silencio. Toda la
cafetería estaba en silencio —Una mariposa bate sus alas y un huracán se forma al
otro lado del mundo, ¿no? —dijo—. Un pequeño cambio y todo es diferente. Tú
mueres, y Carson no está en el coche contigo. Tú no estás ahí, y él no se distrae. Se
da cuenta de que algo va mal.
—Se dio cuenta —dijo Delaney, y Janna se echó para atrás—. Sabía que algo
andaba mal, y yo llamé al 911 de camino a ver a mi doctor. Así que ahora lo sabes —
Salió furiosa, y yo me senté, me sostuve del borde de la mesa, intentando mantener
el control.
—¿Qué demonios, Janna? —dijo Justin—. ¿Le acabas de decir a Delaney que
ella debía morir?

Dejé mi comida en la mesa y me fui por el pasillo. Por favor que esté en la
biblioteca. Si no, iba a tener que ser un pervertido y buscar en el baño de chicas.
Afortunadamente, la encontré en la parte trasera de la sección de no ficción, al final
del pasillo, inclinada contra un afiche de Salva la Vida Silvestre.
—Nadie más lo piensa —dije.
—¿No es suficiente que una sola persona lo haga? —preguntó.
Megan Miranda Fracture

—Solo estamos… —Están todos tan mal —había dicho Maya—. Están demasiado
unidos para verlo.
Alguien golpeó en la parte metálica del estante al final del pasillo, como si
fuera una puerta —Perdón —Janna se quedó de pie al final de las pilas de libros—.
Lo siento —dijo.
Delaney asintió, y nos quedamos ahí en silencio, en la esquina trasera de la
biblioteca, como si estuviéramos esperando a ver qué pasaba después —Y yo —
susurró Delaney.
Kevin y Justin venían veinte segundos detrás —¿Ves? —Kevin le dijo a
Justin—. Te lo dije. Biblioteca.
Justin tosió, y parecía venir de algún lugar muy dentro de él. Kevin nos miró
a los tres. Separados por el pasillo —Así que, tenemos un mal día —dijo. Incluso
hizo reír a Delaney.
La campana sonó, y Janna saltó. Estábamos al borde, llenos de adrenalina.
Empezamos a caminar de vuelta a nuestros casilleros —¿Qué vamos a hacer
después de clases? —preguntó Kevin.
—Yo me mudo de nuevo a casa —dije.
—Oh, genial —dijo Kevin—. Por favor déjame ayudar. Mi casa es un jodido
ambiente hostil.
—Pensé que estabas castigado —dije.
—Por supuesto que estoy castigado —Sonrió—. Así que necesito que me
lleves.
—Yo te llevo —dijo Janna, mirándome—. Justin, ¿Vienes?
Justin tosió de nuevo, se dobló, y asintió antes de meterse al baño más
cercano.

Janna se estacionó detrás de mí en la entrada. El coche de mi mamá no estaba,


pero todas las luces de la casa estaban prendidas —Electricidad —dijo Delaney
cuando abrí la puerta.
—Calor —dije.
—Wow —dijo Kevin—. Tu casa se ve… diferente.
Sus pasos hicieron eco en la sala —¿Nuevos suelos? —preguntó Justin.
Sonreí —Nunca pensé que tuvieras ojo para el diseño de interiores.
Me hizo un gesto con el dedo.
Megan Miranda Fracture

—En serio —dijo Kevin—. Todo está diferente —Señaló al arreglo de luces
sobre la mesa del comedor—. Incluso las luces.
—Seh —dije—. En vista de que la casa entera estaba en ruinas, tuvimos que
hacerlo —Señalé a la cocina, donde mi mamá todavía no había empezado—. Elijan
un trapo. Quiero tener esta habitación lista antes de que mamá llegue a casa.
El teléfono de Delaney sonó, su columna se tensó, y lo silenció, dejándolo en
la mesa del comedor. Igual que ayer. Había silenciado su teléfono la semana pasada,
esta semana estaba ignorando las llamadas.
—Hey, ¿Me haces un favor? —dije—. Ve a ver si tu mamá tiene más
servilletas de papel.
—Seguro —dijo, y se fue sin llevarse nada con ella, como sabía que haría.
Agarré su teléfono y revisé su registro de llamadas perdidas. Hijo de puta.
Presioné Devolver Llamada y sostuve el teléfono junto a mi oído, y ese tipo de
Boston respondió al primer timbre —Gracias por devolverme la llamada —dijo sin
aliento—. Primero, por favor acepta mi disculpa.
—De nada —dije—. Y no.
Después de una pausa, el Dr. Josh dijo —Cierto. El novio.
—Si, y así está la cosa. Ella no va a hablar contigo. Y esto se acerca al acoso.
Así que quizá quieras parar antes de que ella haga algo al respecto.
Lo escuché respirar en la línea, pero no dijo nada. Estaba a punto de colgar
cuando dijo —Dale un mensaje, ¿Quieres? Solo una cosa. Es… es parte del
Juramento Hipocrático. Es una promesa, a otros, ‘compartiré gustoso aquel que sea
mi conocimiento, con los que vengan después’. Ella entenderá la importancia.
Genial. Así que iba a atraerla con cosas médicas —Vaya, eso es hermoso. En
serio. Como poesía. Vamos, comparte. Qué tal si yo voy y comparto con tu fabulosa
institución que estabas tocando a una menor, que intentabas examinar a una menor
de edad sin un tutor legal presente.
Por favor que esas palabras signifiquen algo. Se me habían metido, como por
ósmosis, a través de años en la mesa con dos personas que trabajaban en la ley y los
servicios sociales, cuando juraba que no ponía atención.
—¿No tiene 18? —preguntó.
Le sonreí al micrófono —Solo si puedes redondear —dije. Y colgué. Gané.
Delaney regresó por la puerta con dos rollos de servilletas de papel debajo de
cada brazo y una bajo su barbilla. Los dejó caer todos a la vez, y se desenrollaron en
Megan Miranda Fracture

diferentes direcciones —Bueno, mierda —dijo. Me miró, ladeó su cabeza, sonrió ante
mi expresión—. ¿Qué? —preguntó.
—Tú —dije—. Eres perfecta.
—¿Me estás tomando el pelo? —preguntó, con una mano en su cadera.
—Nunca —dije.
La ayudé a volver a enrollar las servilletas, y volvimos a la cocina. Janna
fregaba los mostradores, limpiando el fino polvo blanco del yeso que se había
asentado sobre todo como cenizas, y lloraba. Se pasó la mano, y el polvo del yeso,
por el rostro, intentando esconderlo.
—¿Janna? —La llamé.
Se enjuagó las manos en la pileta de la cocina, buscando dónde secarlas, y las
sacudió. Giró y dijo —¿Cómo llegó Tara al lago, Decker? Tara me lo preguntó, como
si yo pudiera saber. ¿Por qué cree que yo lo sé? No lo sé. No.
No le dije a Janna lo que sentía. Lo que realmente pensaba —Está desesperada
—dije—. Me preguntó lo mismo.
Miró alrededor, a los pisos completamente nuevos bajo sus pies. A las luces
nuevas. A todo lo nuevo —No sabía que el agua podía destruir una casa —susurró.
Que era algo gracioso, ya que se podía llevar una vida o dos o tres. Le
temíamos como si pudiera hacer algo mucho peor.
—Y un motor de auto —dijo Kevin.
—Oh, y para su información, realmente puede destrozar tus pulmones,
también —dijo Justin. Su voz traqueteó al hablar, como si todavía intentara toser
agua, una semana después.
—¿Qué dijo la policía? —preguntó Janna—. ¿De tu casa?
Me encogí de hombros —A este punto, no seríamos capaces de probar nada,
de todas formas. Aun así, quiero saber. Me desespera pensar en eso. No saber. Como
si pudiera pasar de nuevo.
Una de las manos de Janna se deslizó por la mesada, aún mojada. Se la secó
en los vaqueros, justo como había hecho mi papá. Y ahora estaba parada
exactamente donde había estado él, justo antes de…
—¿Qué? —preguntó. Bajó la voz—. ¿Por qué me miras así?
Sentí mi garganta cerrarse, pero no por pánico —Mi papá murió —dije—.
Justo donde estás parada. Estaba aquí, y luego ya no, y ahora estamos limpiando la
jodida cocina como si no importara. Como si él no…
Megan Miranda Fracture

Delaney se acercó antes de que pudiera terminar. Apoyó mi cabeza en su


hombro, apretando sus brazos alrededor de mi espalda. Lo que debía haber sentido
esos primeros días. Lo que debería haber hecho esos primeros días —Lo hacía —
susurró, para que solo yo pudiera escuchar.
Janna se giró hacia la pileta, fregando sus manos, como si no pudiera quitarse
los restos de polvo —No puedo estar aquí —dijo, a Justin supongo, porque la tomó
del brazo y empezó a caminar fuera de la cocina—. Lo siento, Decker —dijo ahogada
al salir—. Lo siento —dijo, mientras Justin la sacaba de la habitación—. Lo siento —
oí desde la sala.
—Uh —dijo Kevin—. Ahí va mi aventón. Así que… —Apretó mi hombro al
pasar.
A veces soñaba que Delaney no existía y era horrible.
Pero a veces soñaba que mi papá aún lo hacía. Y en el segundo que seguía, en
el segundo que recordaba, tenía que morir una vez más.

Delaney se fue para hacer algún proyecto para alguna de sus muchas clases
avanzadas cuando mi mamá llegó a casa con la cena. La casa se veía como un hogar
otra vez—no exactamente como el nuestro, pero cerca. Las mismas fotos en el muro.
Mismo tipo de muebles. Misma distribución de cuartos.
Excepto la oficina de papá, que estaba vacía e inútil. Mi mamá estaba parada
en la puerta abierta, y supongo que me sintió detrás de ella, porque dijo —¿Qué
deberíamos hacer con ella?
No respondí. No podía responder. Se dio la vuelta, entrecerrando los ojos
como si intentara evitar que viera lo que sentía —¿Una sala de ejercicios? ¿Un cuarto
de costura?
—Tú no haces ejercicio —Le dije—. Ni coses —Ella sonrió.
—¿Una biblioteca? —Le pregunté, como la que tenía la familia de Delaney en
el cuarto de huéspedes de arriba.
Ahora ella sonreía de verdad —Tú no lees —dijo. Cerró la puerta al salir,
dejándola como estaba. Y probablemente, como se quedaría. Un enorme agujero
vacío en la casa. En nuestra vida.

Llamé a Delaney antes de ir a dormir —Es raro que ya no vivas aquí —dijo.
Megan Miranda Fracture

Yo reí —No, es raro que haya vivido contigo —Y se me viene algo a la cabeza,
la imagen de nosotros en una habitación en algún lugar. En algún otro lugar. Uno o
dos años a partir de ahora. ¿Estaríamos juntos en la universidad? Algún día,
¿viviríamos juntos? Me pregunté si Delaney pensaba en eso. Sobre algo en un futuro
lejano. O, con nuestra historia, si era estúpido pensar más allá del mes siguiente.
—Debate —dijo, era algo que solíamos hacer cuando éramos más jóvenes—.
Único sobreviviente del Apocalipsis. Ahora.
Pero antes de tener la oportunidad de responder, añadió —Yo digo que una
cucaracha.
Solíamos hacer esto todo el tiempo, cuando nos quedábamos sin cosas de qué
hablar. Ambos podíamos debatir de cualquier cosa. El ganador era el que lograba
dejar sin lógica al otro.
No hablamos de quién podría estar tras ella o por qué. No hablamos de Tara.
No hablamos de Boston o de si ella cambiaba su vida por mí.
La escuché respirar en el teléfono, como si se hubiera quedado dormida,
cuando estaba a la mitad de mi argumento del mosquito como último sobreviviente
del Apocalipsis.
Colgué y me recosté en mi almohada. Se sentía bien. Como un descanso de
todo. Como cuando estábamos en Boston y lejos del lago, lejos de nuestro pasado,
lejos de todo en lo que nos habíamos convertido.
Pero lo último que vi mientras me deslizaba en la nada eran los centros
oscuros de rostros sin ojos, aumentando de tamaño.

Escucha.
Pasos, crujiendo en el nuevo suelo de madera.
La perilla de la puerta girando lenta, lentamente.
Mi pulso, que golpeaba y golpeaba en mi cráneo.
Me enderecé, mirando la puerta, completamente desorientado y débil. Vi un
flash de cabello rubio atrapado en la luz de la luna desde mi ventana un segundo
antes de que Delaney entrara en mi habitación.
Presioné las palmas de las manos contra mis ojos —Me diste un susto de
muerte —dije. Luego, enfocándome en ella, susurré—. ¿Cómo entraste? —Habíamos
cambiado las cerraduras.
Levantó una llave, que colgaba de una casa plateada en miniatura —Tu mamá
dejó una copia en mi casa. Para emergencias.
Megan Miranda Fracture

Revisé el reloj, miré los números hasta que se enfocaron. Más de las tres —
¿Qué estás…? —La miré. Llevaba pantalón deportivo. Zapatillas. Su cabello atado
—¿Qué está pasando? ¿Qué sucede?
—Lo que pasa es que no podía dormir. Y me imaginé que estaría vestida así
en caso de que hubiera alguien levantado cuando regresara. Tú sabes, de mi carrera
matutina.
Totalmente Delaney. Tres pasos por delante. Preocupada por adelantado —
¿Y estás aquí porque…?
Ella levantó una ceja hacia mí, acercándose a mi escritorio —¿No es obvio? —
Pasó la mano por el borde de mi escritorio, sacó la silla y se sentó—. Me siento
rebelde.
—Tú no eres rebelde. De hecho, eres algo así como una ñoña.
Se inclinó hacia delante, me sonrió de la forma en que sabía que era solo para
mí —¿Pero soy tu ñoña favorita?
—Sí —le dije—. Eres mi favorita.
La miré de cerca. La forma en que su talón rebotaba en el suelo. Y la forma en
que sus manos se desataban el cabello. Y la forma en que aún estaba sentada en esa
silla. Y que había escapado en primer lugar.
—¿La cosa va a ser así ahora? No es que me queje, —Me senté en el borde de
mi cama, mis codos sobre mis rodillas, inclinándome hacia ella— pero ¿vas a
decirme por qué estás realmente aquí?
Sus ojos se dirigieron a mi teléfono, en la mesa de noche —Te llamé primero
—susurró—. Pero no despertaste —Sacó su cuaderno, que había traído en una bolsa
de plástico—. He estado mirándolo y pensaba —dijo—. Estoy haciendo una lista.
—¿Qué tipo de lista? —Le dije, pero tuve el presentimiento de que sabía
exactamente qué tipo de lista era.
—La gente... que quisiera verme muerta.
—No hagas eso. Ya te lo dije —Le dije—. Estoy equivocado. Es totalmente
posible que Tara se golpeara la cabeza, se tambaleara y cayera.
—¿Una coincidencia?
Apreté los labios. Yo sabía lo que pensaba acerca de las coincidencias. Las
odiaba. Decía que se sentía como si el mundo le estuviera jugando una mala pasada.
Ese cuaderno estaba lleno de muerte. Obituarios.
—Estas personas —dije, intentando sacarle el cuaderno—, están muertas.
Megan Miranda Fracture

Sostuvo el diario contra su pecho. Hechos. Respuestas —Estabas tan enojado


conmigo, y tú eras mi... me amabas.
—Lo siento —susurré. Tenía una larga lista de cosas por las que pedir perdón.
¿Quién ganaría en una pelea? ¿El pasado o el futuro? El pasado. Siempre. Era
implacable.
Pasaba sus dedos a través de las marcas de lápiz en las páginas —No —dijo—
. Pero, ¿no lo entiendes? Si tú podías estar tan enojado, imagínalos a ellos. Imagina
un extraño... ¿dije algo? ¿Hice algo? ¿Andar mucho por ahí y alejarme? ¿Ellos piensan
que hice algo? —Troy hizo cosas. Él aceleró sus muertes, pensando que era
compasivo.
Delaney necesitaba hechos. No sensaciones. No suposiciones —Tara tropezó
y se golpeó la cabeza —Le dije—. Es un hecho. Nadie la empujó. Nadie planeaba
ahogarla. Es una coincidencia. Tiene que serlo.
—O tal vez no —dijo. Me preguntaba cuando me había llamado, exactamente.
Cuánto tiempo llevaba pensando en todo esto—. Y si... —dijo—. Qué pasa si,
hipotéticamente, necesitas dinero. Pero no eres un ladrón, ni nada. Pero estoy
caminando frente a ti y tiro un montón de dinero, y tú lo recoges. Quiero decir, está
justo ahí.
—Igual que un mensaje del universo —le dije. O una respuesta a una plegaria.
—Así que, Tara está inconsciente junto al lago, y es como si a alguien se le
presentara esta oportunidad —dijo Delaney.
—Oportunidad —repetí, recordando las cosas que mi papá siempre enlistaba
cuando practicaba para el palacio de justicia. Medio. Motivo. Oportunidad. Él
siempre buscaba el agujero en uno de ellos—. Tara ya estaba inconsciente. El trabajo
estaba a medio hacer. Solo había que arrastrarla unos cuantos pasos —Un escalofrío
me recorrió el cuerpo, y susurré—. Apuesto a que ni siquiera se sintió como matar.
—Debe haber parecido una señal, ¿no te parece? —preguntó.
Aquí está, solo para ti. Dinero, desparramado por el suelo, para que te lo
lleves. Una chica, inconsciente en el suelo, para matar.
—Solo que no era una señal —susurró—. Ni si quiera era yo.
—Podría haber sido Tara —Le dije—. Quiero decir, tal vez estoy sacando
conclusiones. Tara molesta a mucha gente. Tal vez realmente iban tras ella. Todo el
mundo la conoce...
Pero tenía esta sensación.
Megan Miranda Fracture

Podía verlo tan claramente. Pasos que se acercaban al cuerpo. El lago, allí
mismo. Como una señal, llamándonos. El lago, cubriéndonos.
Cerró el libro de golpe —O tal vez Janna tiene razón. Tal vez hay algo malo
en este lugar. Nos hace olvidar. Nos hace olvidarnos de nosotros.
—O tal vez Tara bebió demasiado. Y se resbaló. Y tal vez la salvaste de una
horrible muerte accidental. Ahora ve a dormir.
Abrió el cajón para guardar el diario, dónde solía estar. Pero en lugar de eso
sacó el grabador que había escondido en su interior —Pensé que ibas a devolver
esto.
—Borré todo —Le dije. Me aclaré la garganta—. Solo estabas tú —Mucho más
de ti.
—Creo que esto te hace un ladrón —dijo ella, pero no estaba molesta. Él había
estado llamando. Ella lo había ignorado.
Y pensé en las palabras, preocupado de que fueran copiadas electrónicamente
en alguna parte. Sus secretos. Su historia.
—Entonces que así sea —Le dije, y la atraje hacia la cama, diciéndole que se
fuera a dormir. Y luego seguí mintiendo. Le llené la cabeza con promesas que no
estaba seguro de poder cumplir. Estás bien. Estás a salvo. Nada te hará daño.
El año anterior, la muerte no podía tocarnos. Era algo que existía en algún
otro mundo, otro universo. Sucedía cuando eras viejo. O a otras personas en el
periódico. En las noticias.
Y yo la había traído cuando la dejé en el hielo. Hincó los dientes, se puso
cómoda, se sintió como en casa. Dormía en el centro de ese lago. Y de vez en cuando,
giraría y se estiraría, y alguno de nosotros quedaría atrapado entre sus garras.
Envolví mi brazo a su alrededor, acostada en mi cama, y pensé de nuevo:
Ella no.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 18
Traducido por Yann Mardy Bum

Se había ido cuando desperté. Siempre desaparecía. Pero el pánico disminuyó


cuando sentí su huella en mi cama, dónde había estado recientemente. Aún cálida.
Me volvió a dejar su cuaderno de notas. Probablemente porque estaba medio
dormida. No, eran más de las cinco. Viví el tiempo suficiente al lado como para saber
que los Maxwell se despertaban muy temprano. Si se suponía que había salido a
correr, no tendría su diario personal con ella. Eso sería propio de Delaney, mantener
su coartada.
O tal vez el cuaderno tenía mentalidad propia y se burlaba de mí, como el
lago. Observa, decía. Escucha, susurraba. El blanco y negro de la parte frontal, dentro
y fuera de foco, como si fuera el centro de los ojos de alguien.
Lo abrí. Nombres. Obituarios. Alguien que conocía. Alguien que no. Y todos
los que no estaban allí, los que habían quedado atrás. Buscaba alguien que no existía.
No todavía.
Y la última página, para la madre de Maya. Delaney ni siquiera sabía su
nombre. Pero estos eran los hechos, grabados en la página con tinta oscura, en
formato de viñetas: La fecha en que las conocimos. 22 de junio. Un número
conectado. Un siete. Bastante alto, teniendo en cuenta que aún era fuerte,
dondequiera que estuviese.
Y a continuación, el 1 de agosto, un signo de interrogación. Nada más en la
página. Porque no había nada, nada, nada que viniera de la madre de Maya.
Como si el lago la hubiera curado. Como si se hubieran mudado aquí con ese
propósito.
Mierda. Mierdamierdamierda.
Levanté el teléfono, pero Delaney no respondía. Revisé el reloj. Su mamá
estaría despierta. Probablemente preparando el desayuno. Me vestí y casi choco con
mamá en el pasillo.
—Buenos días para ti también —dijo.
—Voy a correr —dije, y la rocé al pasar, agradecido de haberme puesto
pantalones de deporte en vez de vaqueros.
Megan Miranda Fracture

Corrí escaleras abajo, poniéndome las zapatillas, mientras saltaba de un pie a


otro de camino hacia la puerta delantera. Crucé nuestros jardines y toqué el timbre,
con mi cuerpo presionado contra la puerta.
Joanne abrió la puerta de entrada, con cara de sueño y una taza de café en la
mano —Llegas temprano —dijo.
—Lo sé, lo siento, dejé mi tarea aquí. Con Delaney. Es para hoy.
—Me dejó una nota diciendo que iba a correr. ¿Quieres entrar? Imagino que
no tardará mucho.
Pero yo ya retrocedía. Corriendo, como dije que haría. Corriendo, hacia lo
que siempre corríamos. Eso que nos unió. Lo que nos unió uno al otro y a este lugar.
—¡Delaney! —grité su nombre antes de poder verla. Tienes que estar ahí, pensé,
mientras la orilla del lago se filtraba en mi visión. Pero no estaba.
Corrí por el terraplén, escaneando la superficie del lago en primer lugar, con
una horrible sensación.
Y entonces la vi. A la vuelta de la esquina, lanzándose a través de los árboles
hacia mí.
—¿Qué haces? —Le pregunté en la oscuridad. Aún no salía el sol.
Parecía que realmente había estado corriendo. Solo que no donde debería.
Ella no debería estar cerca de aquí. Se inclinó, apoyando las manos en sus rodillas
—Corro —dijo—. Hombre, odio correr.
—No deberías estar aquí —dije, viendo por sobre su hombro como el camino
desaparecía en la oscuridad. Hacia las sombras del otro lado del lago.
—¿Por qué no? —preguntó, observando el agua—. Me quedé parada ahí —
dijo—. Fui tonta. Fuimos tontos. Casi muero por quedarme ahí parada. El lago no
me hizo nada. Nunca lo ha hecho.
—No hablo del lago —dije, mirando a lo lejos. No el lago, una persona.
Puse mi mano en su brazo y comencé a movernos hacia nuestras casas. Me
paré cerca, susurrándole con mi rostro pegado al de ella, para que nadie más pudiera
oír, para que nadie más pudiera saber —Un extraño, ¿de acuerdo? Tenía que ser
alguien que no te conociera.
—Cierto. Pero entonces no tiene sentido, porque todos los de la fiesta me
conocían.
Negué con la cabeza. Delaney escuchaba. Era más lista que yo, lo sabía. Pero
ella también sabía que yo era bueno en este tipo de cosas. Como hacer conexiones
Megan Miranda Fracture

sin lógica. Sin pensarlas demasiado. Cosas que no servían para la escuela. Pasé años
intentando sacarla de la lógica —Alguien que estaba cerca de la fiesta.
No dije nada durante el silencio que se generó a continuación. Tampoco ella.
Debíamos pensar lo mismo. Una persona que estaba cerca de la fiesta, que no la
conocía, hasta que lo hizo. Cuyos ojos se clavaron en ella en la sala de estar de Maya.
Que parecía sorprendido. Que había dicho —Esta es Delaney —Como si estuviera
confundido.
Él tenía los medios. Tuvo la oportunidad. Podría haber estado en la fiesta sin
que lo supiéramos. Él pudo haber sido ese tipo en la máscara que miraba a Tara.
Podría haber sido cualquiera.
—Estuvo en mi casa —susurró ella.
La alejé del lago. De la casa de esas personas.
—Él... —Negó con la cabeza—. ¿Qué hice? —preguntó.
—¿Por qué alguien vendría a un sitio como este? —pregunté—. En el medio
de la nada. Con un pariente enfermo. No está cerca de ningún hospital. Y está...
quiero decir, la gente piensa que está maldito. ¿Por qué alguien se mudaría aquí? —
Lo sentí esta mañana, al leer la última página de su diario.
La sentía a ella ahora en el silencio. La sentía creerlo.
Ella estaba tan cerca. Demasiado cerca. Casi demasiado cerca como para ver
con claridad.
—Para esconderse —dijo.
Un sitio como este. Lejos de todo. Lejos de todos. Con gente que dio vida a
una maldición. El lugar perfecto para desaparecer.
—¿Cuándo fue la última vez que viste a su madre? ¿Por qué ya no la sientes?
Era tan obvio ahora. Si realmente lo observábamos. Si no estábamos tan
ocupados con nuestras vidas. Delaney llevó sus dedos a sus labios, sacudió la cabeza
hacia mí —Porque está muerta —dijo.
Asentí —No hiciste nada —dije—. Sabes algo.
Eso era lo que el doctor de Boston no entendía. A veces, saber no es algo
bueno. A veces, saber es peligroso. A veces puede hacer que te maten, porque no se
puede deshacer de otra forma.
—No son quienes dicen ser —susurré. Podrían ser cualquiera. Una vida que
nunca vimos en la práctica —¿Qué es lo que realmente sabes de ella, de todas
formas?
Megan Miranda Fracture

—Se... se lo que ella me dice. Y sé... sé que no todo es cierto. Pero la dejo
hablar. Es como que ella necesita que yo lo crea —Miró hacia la casa—. Así que finjo
hacerlo.
Un escalofrío recorrió mi espalda —Ve a casa y prepárate —Le dije.
—¿Para qué? —preguntó.
—Para ir a la escuela. Te llevaré. Y luego te traeré a casa. Te vas a quedar
conmigo.
No teníamos lo suficiente. Una acusación sin pruebas. Era Tara la que había
sido encontrada en el agua, no Delaney.
Y no había evidencia de que alguien le hubiera hecho algo a Tara, de todas
formas. Se había golpeado la cabeza. Solo una sensación. Todas las conexiones, todas
las capas, que se alineaban y se sentían como verdaderas.
En mi mente, vi desaparecer a Delaney en todas las formas posibles. En su
campera roja, bajo el agua. O boca abajo, un año más tarde. Deslizarse bajo la
superficie del agua mientras nadábamos, sin salir nunca a la superficie.
Abandonando la ciudad para ir a la universidad. Abandonándome.
—¿Y luego qué? ¿Luego qué? —preguntó, levantando la voz. Y luego y luego
y luego, pensé.
—Voy a investigar —dije.
Delaney amaba investigar. Creía que podía darle un sentido a todo. La vi
relajarse. La vi aferrarse a la idea de que eso podía salvarla —¿Nos encontramos en
la biblioteca después de la escuela? —preguntó.
—Claro —dije, pero Delaney y yo teníamos definiciones muy distintas de la
palabra “investigar”.

—Escucha —dije en el teléfono, porque Justin definitivamente no me


escuchaba. Se estaba volviendo loco. Se hundía en su paranoia. Se ahogaba en su
miedo.
O tal vez era yo.
—No voy a tomar nada —dije—. No voy a hacer nada. Lo juro.
—Estaba durmiendo —dijo. Que era completamente irrelevante, pero era lo
que Justin hacía cuando estaba nervioso por algo. Aferrarse a cualquier excusa
posible. Luego comenzó a toser otra vez. No podía asegurar que estuviera fingiendo.
—Despiértate —dije.
Megan Miranda Fracture

—¿Qué demonios tienes que hacer en la casa del lago? Y aunque pudiera
conseguir una, el hecho de tener una copia no hace que sea legal. Hay gente viviendo
ahí.
—Es sobre Tara —dije. Y pude oír el peso de su miedo en la pausa que siguió.
Intentando procesar a qué le tenía más miedo: la maldición que venía por todos
nosotros o meterse en problemas por darme la llave.
—No voy a ir contigo —dijo—. Y si te atrapan, voy a decir que me la robaste.
—Gracias —dije—. Te debo una.

Caminé con Delaney hacia su clase. Afortunadamente, no tenía ninguna clase


con Maya, porque estaba un año detrás de nosotros. El rostro de Delaney nos
hubiera delatado. Siempre había sido mala jugando al póker.
—Te veo en el almuerzo —dijo, y sonreí mientras se iba.
No podía encontrar a Justin—ni en los casilleros, ni alrededor de Janna, ni en
su primera clase. Corrí hacia Janna antes de que entre a clases —¿Dónde está Justin?
Presionó el libro contra su pecho y dijo —La última vez que lo vi, aún estaba
en el estacionamiento, inclinado sobre tu camioneta. Dijo que tenían planes y que
nos veríamos en el almuerzo.
Sonreí. La abracé. No quería, pero lo hice.
Él aún estaba apoyado contra mi puerta de pasajeros cuando salí. Se encogió
de hombros y tiró de la manija —Olvidé hacer mi tarea de Historia. Prefiero
saltearme la clase.
Nos fuimos mientras sonaba el timbre del primer período, y sonreí por un
segundo, al pensar en Janna diciéndome que tener un padre muerto me daría un
montón de excusas para ausentarme de clases. Esperaba que tuviera razón.
—¿Qué estamos buscando? —preguntó Justin.
—Créeme cuando te digo que no quieres saberlo.
—Más sencillo para mí alegar ignorancia —murmuró.
Más sencillo para mi no tener que explicar que buscaba pruebas de que la
persona que rentaba su casa estaba muerta.
Me preguntaba si Maya era realmente quien decía ser. Si mostraba diferentes
facetas de su personalidad a diferentes personas. Me preguntaba por qué demonios
estaba aquí.
Megan Miranda Fracture

—Así que —dijo Justin mientras conducía despacio por su calle—. Estaciona
por aquí —Hizo un gesto hacia la entrada de coches dos casa antes de la suya. No
podía ver la casa entre los árboles.
Frené a mitad de la vereda de modo que la camioneta quedó en ángulo,
inclinada hacia el lago. Dos ruedas sobre la vereda, dos sobre la calle —No tardaré
—dije.
Me alcanzó la llave de la casa mientras yo apagaba el motor —No —dijo—.
Déjalo encendido —Se aclaró la garganta y cerró la ventanilla—. Hace frío —Puso
las manos delante de los orificios de ventilación y las frotó.
—Claro, no hay problema —dije.
—No la cagues —dijo, mientras bajaba del coche.
—Gracias por la charla de apoyo —dije, y cerré la puerta. El sonido
permanecía por sobre el motor en marcha. Justin tenía razón: hacía frío. Podía ver
mi aliento mientras pasaba por entre los árboles, verificando que el auto de Holden
no estuviera en la entrada.
No había nada más que árboles y rocas y tierra compactada desde allí hasta
la casa.
Me quedé entre los árboles, como Delaney y yo estuvimos dos noches atrás,
de camino de la fiesta a la casa de Maya. Me escabullí al costado del garaje que hacía
las veces de un cobertizo.
No había ningún auto.
Pero había algo. Algo a través del sucio cristal de la ventana a un costado.
Una silla de ruedas. Una pila de frascos de pastillas en todo el piso sucio. Cajas que
nunca vaciaron.
Genial. Ahora me sentía como un idiota. Un idiota escalofriante. Pero tomé la
llave del bolsillo y caminé por el patio hasta los escalones de la entrada de todos
modos. Toqué el timbre de la puerta para asegurarme de que no había nadie en el
interior, luego miré alrededor a mis espaldas, verificando que no había nadie
caminando por el bosque o pasando por la carretera. Luego deslicé la llave en la
cerradura y la giré.
Crucé el umbral, era oficialmente un criminal. Espera, si tenía una llave, ¿eso me
hacía un criminal? Probablemente. Tal vez alguien usó una llave para entrar en mi
casa, también. Odiaba estar haciendo lo mismo que otra persona. Salvo que era por
un motivo distinto. No estaba aquí para destruir nada.
Megan Miranda Fracture

La casa tenía el mismo aspecto que la noche de la fiesta. Apenas habitada. Los
mismos muebles que habíamos visto, y utilizado, desde hacía años. Y de repente, no
se sentía como entrar de forma ilegal. Este lugar era nuestro. Nuestra vida. Nuestra
historia. Como si pudiera ver nuestros nombres grabados en la pared: Decker estuvo
aquí, Carson estuvo aquí, Janna estuvo aquí, Delaney estuvo aquí, Tara estuvo aquí…
Pasé los dedos a lo largo de la parte posterior del sofá y caminé hacia la
cocina. Abrí el refrigerador—vi lo básico y esencial. Jugo. Leche. Una caja con restos
de pizza.
Dejé que se cierre y el sonido de la puerta resonó a través de la cocina. Pasé
la mano por la mesada, me detuve en una pila de cartas. Vi un montón de sobres
abiertos dirigidos a Katherine Johnson. Por un segundo me pregunté si era quien
Maya era realmente, pero luego junto a la pila de cartas, vi un cheque a nombre de
Katherine Johnson del seguro social, y otro de alguna compañía oficial de sondeo.
Probablemente por discapacidad, lo cual respaldada la historia de Maya. Me
preguntaba si esto era de lo que vivían ahora. Asumí que así era. Aunque esperaba
que recibieran algo más, no es que yo supiera mucho sobre dinero y el costo de vida,
pero recibía cheques más grandes que ese cuando trabajaba en verano, y el dinero
se iba rápido.
Dejé caer los cheques en la mesada. Uno cayó boca abajo, y vi el garabato
desordenado de Katherine Johnson en la parte posterior. Lo puse del lado correcto,
con la esperanza de no dejar ninguna evidencia de que alguien había estado aquí.
Fui por el pasillo a la habitación con la puerta cerrada. A la que Holden había
entrado esa noche. Llamé, a continuación, giré el picaporte y la abrí. Había cajas a
medio embalar en el suelo, los muebles propios de la casa, una vieja computadora
en el escritorio viejo de la esquina. La puerta del armario estaba abierta y pude ver
un par de prendas masculinas.
Definitivamente era la habitación de Holden.
Volví a entrar en la habitación vacía con el cubrecama acolchado por la que
había pasado la noche del sábado. Abrí un cajón, para ver si había ropa en el interior,
y oí el sonido de las puertas de vidrio de la parte trasera.
Me quedé inmóvil, mientras salía de la habitación en puntas de pie hacia el
pasillo. Conocía esta casa de memoria. Había una segunda salida, que daba hacia el
lago.
Escuché pasos en la cocina—fuera de la cocina—sonido de zapatos. Seguí
avanzando por el pasillo, lentamente, en silencio, pero los pasos comenzaron a
Megan Miranda Fracture

moverse de nuevo, hacia el pasillo. Hacia mí. Estaba perdiendo el tiempo, así que
corrí los últimos pasos esperando no hacer ruido. No tuve suerte. La tabla del suelo
crujió a un paso de la salida. Me quedé inmóvil. Los pasos quedaron inmóviles. Por
favor, que piensen que es la casa, y los cambios de la temperatura. Contuve la respiración,
con mi corazón golpeando en mi cabeza.
—Holden? —Escuché. Maya.
Mierda. Giré la llave de la puerta, el sonido hacía eco en el salón vacío, y tomé
el picaporte mientras los pasos comenzaban a moverse nuevamente.
Salí y cerré despacio la puerta a mis espaldas, contuve la respiración,
esperando que ella verifique primero las habitaciones, lo que me daría más tiempo
para alejarme.
Pero la puerta se abrió cuando me lanzaba colina abajo, hacia el lago.
—¿Decker? ¿Qué demonios estás haciendo? —Me quedé inmóvil al pie de la
colina. Giré hacia su voz. Maya estaba de pie frente a la puerta por la que acababa
de escapar. Llevaba vaqueros, una sudadera y calcetines. No tenía zapatos. Su
cabello estaba atado, y lucía como una niña. Como la hermana pequeña de alguien.
No como alguien a quien Kevin tomó de la mano durante meses, no como alguien
que hizo que todos giraran la cabeza. No como alguien que me tomó del mentón y
sonriendo con malicia me dijo que madure. Alguien de quien habría que cuidarse.
—¿No deberías estar en la escuela? —pregunté. Rechazando acusaciones con
acusaciones.
Ella rió —¿Quién me va a obligar a ir, Decker? —Entonces sacó su teléfono
del bolsillo trasero y lo levantó, como amenaza—. Ahora dime qué demonios estás
haciendo en mi casa antes de que llame a la policía.
—¿Dónde está tu mamá? —pregunté. No podía detener mis acusaciones. No
podía permitirle articular una palabra —Vi los cheques, pero sé que ella no está aquí
—Un buen ataque es la mejor defensa, decía papá —¿Está en el hospital? ¿Está con
Holden? ¿Estuvo aquí siquiera alguna vez?
Maya entrecerró sus ojos y comenzó a acercarse a mi —Claro que estuvo aquí.
¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Crees que solo evocaba la existencia de mi madre?
¿De una persona? ¿Que nunca existió?
No, sabía que había estado aquí. Delaney dijo lo mismo. La sentía… la había
visto una vez. Lo que realmente quería decir era ¿está muerta? Pero no me atreví a
decirlo con ella de pie frente a mí.
Megan Miranda Fracture

—Entraste a mi casa. Y me haces preguntas. Me acusas de haber inventado a


una persona, como si ella ni siquiera importara. Así que dime. Qué. Demonios.
Haces. En mi casa.
Y aún agitaba el teléfono mientras hablaba.
Tragué saliva —¿Quieres saber por qué estoy en tu casa? Intento averiguar
por qué demonios están aquí —dije—. Quiero decir, aquí. En este lugar. En esta
ciudad —Pensé en las ventanas de la casa de Delaney, el vidrio en sus manos. El
cuerpo de Tara flotando en el lago. Tenían que estar conectados. Nada más tenía
sentido—. ¿Qué demonios quieren con nosotros?
—¿De qué estas hablando? —preguntó Maya, cruzando los brazos en su
pecho.
—¿Sabes lo que dijo Tara? Dijo que alguien la arrastró hacia el agua.
El cuerpo de Maya se puso rígido —¿Y me acusas a mí?
—O a tu hermano —dije.
—¡Cómo te atreves! ¿Qué derecho tienes? —Pero sus ojos revoloteaban junto
a mí, buscando algo. Me preguntaba si él estaría por aquí.
—¿Sabes lo que pienso? Pienso que él creyó que era Delaney. Pienso que
Delaney sabía algo que Holden no quería que sepa.
—Estás loco, Decker. El nunca haría algo así.
—¿Por qué están aquí, entonces? ¿Por qué? ¿Por qué vinieron?
Se encogió de hombros, como si fuera obvio. Como si yo fuera el único que
no podía verlo —Mi madre siempre quiso vivir cerca del agua —dijo—. Dijo que era
lo único que podía unirnos. Que puedo poner mi dedo en el océano en la costa de
Maine, y una chica de mi edad puede poner el suyo en la costa de África, y
podríamos tocarnos. En lugares opuestos del mundo —Me miró con los ojos
vidriosos—. Si te ahogas en la costa de Florida, puedes aparecen en Inglaterra o algo
así —dijo. Pero no creí que fuera cierto. Corrientes. Animales—. Ella dijo que nos
unía a todos —Maya sumergió la punta del pie en el lago y cerró los ojos. Debía estar
helada. Vi como el calcetín se oscurecía a medida que absorbía el agua. Pero Maya
respiró lentamente, como un suspiro. Me esforcé para ver la otra orilla. Nadie más
estaba tocándola. Nadie más sentía esa conexión. No con el lago Falcon. No aquí.
—Hay un montón de lagos —dije, intentando comprender por qué vinieron
aquí. ¿Por qué este? Sentí lo que Delaney habría sentido. Coincidencia: como si el
mundo me estuviera jugando una mala pasada—. Por aquí alrededor, quiero decir.
¿Por qué aquí?
Megan Miranda Fracture

—No hay otro lugar como este, Decker —dijo. Me pregunté si habría algo
especial en este lugar, que tuvieras que ver desde afuera para apreciarlo—. Donde
se puede alquilar una casa al lado de un lago durante el verano a bajo costo, y no
solo por una semana —Nop, no tan especial. Solo un lugar. Un lugar barato—.
Pensamos que éramos tan afortunados. Aunque ahora entiendo.
—Está maldito —dije.
Un costado de su boca se curvó hacia arriba —¿Qué está maldito? ¿El lago?
No, el lago es todo lo que se supone que sea. No está maldito. Ustedes lo están. Todos
ustedes.
Retiró el pie del agua y se sacó el calcetín, liberando su pie rojo por el frío.
Pero no pareció notarlo. En cambio, escurrió el calcetín sobre el agua.
Volviendo a la fuente —¿Cómo entraste en mi maldita casa? —preguntó, pero todo
se movía en cámara lenta. Sus palabras se sentían como si cruzaran el agua para
llegar hasta mí. Como si no pudiera comprenderlas del todo —Tenía una llave —
Parte de la verdad. Que piense que la tenía hace años. De otra vida.
Levantó su mano —Dámela —Lo hice—. Y desaparece de mi propiedad.
Lo hice.
Corrí, aunque no sabía de qué corría. Corrí hacia el costado de la carretera,
donde Justin me esperaba, ya con sus manos en el volante. Salté y le grité para que
arranque, pero no hizo falta. Ya lo había hecho.
—¿Qué sucedió? —preguntó.
—Maya estaba en casa.
—¿La llave? —preguntó, y pude oír el pánico en su voz.
—Sí, malas noticias sobre eso.
—Mierda. ¿Al menos encontraste lo que buscabas? —preguntó. Su mamá no
estaba, pero yo ya sabía eso. Aún no podía probar ninguna otra cosa. Ni que su
madre había muerto, ni que Holden pensaba que Delaney lo sabía, ni que había
arrastrado a Tara hacia el lago pensando que era Delaney.
—No —dije—. Apresúrate —La maldición está en nosotros, había dicho
Maya. Vive en nosotros. Quería escapar. Lejos de Maya, lejos del agua. O quería
acercarme. A quienes pertenecían a este lugar. A quienes debíamos estar juntos.
Vi un destello de color a través de los árboles mientras nos alejábamos. Maya,
abajo en el lago, capaz de creer que tocaba algo que no existía.
Y de repente desee que hubiéramos hecho algo por mi papá. Esparcir sus cenizas en
el viento, así podría imaginarlas en China y Rusia y Brasil. Así podría imaginarlo en
Megan Miranda Fracture

cualquier lugar y en todos lados, y evocarlo a mi voluntad. No enterrado bajo el


suelo, en una caja, conectado a la nada.
Me hubiera gustado, como dijo Maya, meter el dedo en el agua e imaginarlo al otro
lado.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 19
Traducido por loredanapm

Esperé a Delaney después de clase, antes del almuerzo. Ella observaba el


pasillo, con los ojos como platos —¿Has visto a Maya? No deja de llamarme —dijo.
—No está aquí —dije.
—Es como si supiera lo que pensamos —susurró, inclinándose a mí—. Como
si tuviera un sexto sentido.
—Sí, no tiene un sexto sentido. Tal vez sabe porque quizás fui a su casa
cuando quizás pensaba que ella no estaría allí.
—¿Tú qué?
—Pensé que estaría en la escuela, y fui para allá porque estoy intentando
entender —dije, al igual que Delaney intentaba entender cuando fue a Boston.
Cuando reveló demasiado de ella—. Quería ver las habitaciones. Pensé que lo sabría
si podía verlas.
Golpeteó su pie contra el piso. Me miró como diciendo eres un imbécil.
—Investigar —dije, y sonreí. Intentando hacerla sonreír.
No lo hacía.
—Hay cheques —dije, para demostrarle que en realidad sí encontré algo—. Y
están endosados. Así que o la mamá está viva y ha estado allí, pero no creo que ese
sea el caso, o alguien más los está cobrando.
—Entonces, básicamente —dijo ella—, no sabes nada. ¿Le preguntaste a
Maya?
—Le pregunté a Maya un montón de cosas —dije, poniendo mi mano en su
espalda para guiarla hacia la cafetería—. Pero no estaba demasiado comunicativa —
murmuré.
—Decker, te amo, pero a veces… a veces escuchar tus preguntas puede
sentirse un poco como estar a prueba —Sacó su teléfono de nuevo—. Necesito hablar
con ella.
—No lo necesitas —dije.
—Sí, lo necesito.
Megan Miranda Fracture

Me avergoncé, al pensar en la forma en la que le había disparado preguntas


a Maya —Tal vez necesite un poco más de tiempo.

En el almuerzo, Tara estaba sentada en nuestra mesa. Todavía tenía un


vendaje sobre su frente, y sus hombros estaban inclinados hacia delante, como si se
escondiera con nosotros —Dios —dijo, mientras nos sentábamos—, todo el mundo
sigue mirándome —Cualquier otro día, todos los demás días, eso hubiera estado
bien para Tara. Miré alrededor de la cafetería, y en parte tenía razón. La miraban.
Nos miraban a todos.
A Kevin, que puso una mano en el brazo de Tara, el cual sufrió un ligero
temblor. A Justin, que se veía como la muerte. A Janna, sin su hermano. Y a mí, sin
mi padre. A Delaney, que casi murió.
Y en el centro, el asiento vació donde Carson debió haber estado, donde Janna
había tallado su nombre en la mesa con el filo de un tenedor. Carson estuvo aquí,
decía, grabado en el plástico.
No es el lago—cualquier extraño podía ver eso. Incluso Maya.
Somos nosotros.

Lo supe, por la expresión en la cara de Delaney después de la escuela, que


terminaríamos aquí de nuevo. No significaba que estuviera feliz al respecto. No
significaba que me pareciera bien —Pero Holden se ha ido, ¿cierto? —dijo ella, como
si esa fuera la única razón por la cual la quería lejos de allí. Pero era tan terca como
yo, lo que significaba que haría esto con o sin mí. Escogí que fuera conmigo.
—Ella no va a lastimarme —dijo Delaney, no por primera vez. Sus pies
trituraban las hojas mientras caminábamos por el borde de la calle. La casa se veía
extraña, de repente. Impredecible. Por primera vez, no podía imaginar a Carson
entrar o salir de esa puerta. No podía imaginar que alguna vez nos había
pertenecido.
Me miró y frunció el ceño —Tres meses, Decker. Si está muerta, han pasado
tres meses.
Delaney quería que sintiera lástima por Maya, y supongo que podía, más o
menos. Una chica que perdió a su madre, pero no podía llorar su pérdida.
Completamente sola.
Pero no lo dijeron. Y seguían cobrando esos cheques. ¿Y por qué? ¿Algo de
dinero? ¿Como si eso fuera lo que su vida valía para ellos?
Megan Miranda Fracture

Estábamos a mitad de camino de la entrada cuando la puerta del frente se


abrió y Maya se paró allí, con los ojos bien abiertos, sacudiendo su cabeza —No es
verdad —dijo ella, antes de que tuviéramos la oportunidad de decir algo—. Delaney,
no es verdad. Yo nunca lo haría. Él nunca intentaría hacerle daño a alguien —repitió,
que es lo que mi papá hacía durante los juicios, cuando volvía hacia casa. Decirlo
una y otra vez hasta que lo escuchaba en su propia cabeza. Algo que se sentía
correcto, aunque no lo fuera.
O tal vez ella solo vio ese costado de él. El costado que nunca haría nada para
lastimarla. No lo que le podía hacer a otras personas. Me vio, parado allí, a último
momento —Lo trajiste —dijo ella.
—Él me trajo a mí —respondió Delaney.
—No debieron hacerlo —susurró.
Escuché el sonido de ruedas en las rocas, moviéndose lentamente en la calle.
Los ojos de Maya se movieron hacia la entrada de la casa de al lado, donde llegaba
un coche azul. No era Holden, aún no. Pero Maya lo estaba esperando. Porque si
llamó a Delaney en pánico, seguramente también llamó a Holden —No deberías
estar aquí —Me dijo y pude ver que estaba nerviosa.
—Maya —dijo Delaney—. ¿Qué le sucedió a tu mamá?
Maya se encogió de hombros. Colocó sus manos en ambos lados del marco
de la puerta, intentando lucir casual, pero nos bloqueaba. Bloqueaba nuestra vista
—Estaba aquí un día, y luego se fue —Parte de la verdad, saltándose las cosas
importantes.
—¿Dónde está?
—Déjennos ser —dijo Maya—. Por favor déjennos ser. ¿Por qué es asunto de
ustedes? Estamos bien.
Delaney miró detrás de ella, a la casa medio vacía, al refrigerador medio
vacío, y a esa solitaria chica, quien no tenía razón para presentarse en el colegio,
porque ¿quién la obligaría?
Y había cajas en el suelo, abiertas y listas para empacar. Se preparaba para
algo. Como si se preparara para el final, como si pudiera verlo venir. ¿Sería mejor,
pensé de nuevo, no saber?
Nos vio observar y desplazó su cuerpo para cortar mi línea de visión —Dime
—preguntó—. ¿Alguien se dio cuenta de que no estuve en la escuela hoy? ¿Y ayer?
—Sonrió—. ¿Qué tan rápido pueden todos ustedes fingir que nunca existí? Hey,
Megan Miranda Fracture

¿recuerdan a esa chica Maya? —Imitaba la voz de alguien. Tal vez la de Kevin. Tal
vez la mía—. Cabello largo, mamá enferma, ¿no?
Aclaró su garganta. Ahora era alguien más. Cualquier otra persona. Pasó sus
manos por ese cabello largo. Fijó sus ojos en Delaney —Déjame ir —dijo—. Nadie lo
notará. A nadie le importará. Será como si nunca hubiera estado aquí.
Como si la hubiéramos inventado por algunos meses, por diversión. Por
Kevin y el asiento trasero de su auto cuando se aburría de Tara. Nunca dejándola
entrar. Nunca aquí realmente. Pero esta casa comenzaba a tomar su forma. Su olor.
Nunca sería capaz de entrar aquí otra vez sin verla, su nombre grabado en las
paredes con todos los nuestros. Maya estuvo aquí.
—Tu mamá está— —Empecé a decir.
—No lo está. No puede estarlo. Aún no —dijo Maya, sin dejarme terminar el
pensamiento. Sin dejarme traerlo a la vida.
—No puedes mantener a alguien vivo —dije. Dios sabe que Delaney lo
intentó. Dios sabe que yo también.
—Sí puedes —dijo ella—, si tu familia depende de eso.
—Te refieres a que dependen del dinero —dije.
Hizo una mueca de dolor —Es de otra manera, Decker. El dinero es el modo
para mantenerla viva —Frunció el ceño—. No hay nadie más.
Entonces lo entendí —Holden podría tomar tu custodia —dije.
Se rió —Pero entonces Holden no tendría dinero —dijo ella—. ¿Siquiera viste
esos cheques? Si está muerta, su incapacidad laboral se detiene —Un círculo vicioso.
Es lo que Delaney pensaría, y ahora yo también lo pensaba—. Está en la universidad.
¿Debería quitarle eso, también? ¿Hacer que se consiga un trabajo para que pueda
apoyarme mientras estoy en la escuela? ¿Como ya se tomó tiempo para cuidar de mi
mamá? Está un año atrasado, y ya lo está pagando a su manera. Después de todo lo
que ha hecho por mí…
—Intentó matar a Delaney —dije—. Casi mata a Tara.
Sacudió su cabeza. Fuerte —No, él nunca haría eso. No lo haría —Dio un paso
hacia Delaney. Un paso demasiado cerca—. ¿Por qué querría hacer algo así?
—¿Él pensaba que Delaney sabía sobre tu mamá? —pregunté.
Delaney no respiraba. Yo no respiraba. Algo estaba cambiando. Todo estaba
cambiando. La esquina de la boca de Maya se crispó, y sus ojos se avivaron por un
segundo, luego se relajaron. Pero en ese segundo, vi que todo cambió. Vi que ella
comenzó a creer, y eso era suficiente para mí —Déjame ir —dijo—. Déjanos ir. No
Megan Miranda Fracture

nos verás nunca más. Será como si nunca hubiéramos existido —No se dio cuenta
de que lo que decía era imposible.
—Si lo veo aquí… —susurré.
—¿Qué? ¿Qué harás, Decker? Tengo curiosidad —preguntó. Me sonrió—.
Ustedes están todos tan llenos de sorpresas.
Él venía, y yo no quería averiguarlo. No quería saber exactamente lo que haría
o no haría —Ve al coche —Le dije a Delaney, con los ojos todavía en Maya.
—Maya —dijo ella, y pensé Por favor, por el amor de Dios, ve al jodido coche.
—Mi madre no es tu responsabilidad, Delaney. Es mía. Y de Holden.
Entendí, en la misma manera en la que estábamos vinculados el uno con el
otro—con el recuerdo del otro—incluso después de la muerte. Carson nos pertenece a
nosotros, también, había dicho Kevin. La muerte no cambió eso.
—Delaney —dije. ¿No podía sentir cómo todo estaba cambiando? Cómo
Holden ya casi estaba aquí, y Maya haría cualquier por él, y nosotros estábamos ahí
parados, santurrones e indefensos.
Entendí, porque es exactamente como me sentí, parado del otro lado, con
Delaney.
Sentí sus dedos deslizarse entre los míos. Lo sintió. O quizá mi miedo se había
transferido a ella y se había convertido en algo real. De cualquier manera, cuando di
un paso hacia atrás, ella también lo hizo. Caminamos sin hablar todo el camino de
vuelta hasta el coche. El motor se encendió y vi a Maya parada en su porche con el
teléfono en su mano.
Y mientras salía de la entrada, noté que Delaney también había sacado su
teléfono. Miró fijamente la pantalla en blanco mientras lo sostenía en su regazo —
Está muerta —dijo—. Podría estar en cualquier lugar.
—No en cualquier lugar —dije. Ella estaba en todos lados para Maya.
Sumerge tu dedo en el agua y siéntete conectada. Siéntate en tu porche trasero, como
en vigilia de una lápida. Observando como el agua nos conectaba a todos —Está en
el lago.
Escucha —Decker —Escuché mi nombre. Delaney me había llamado mientras
caía bajo el hielo. La boca de mi padre había formado la palabra mientras caía al
piso.
—Decker —Ella agarró mi brazo, con voz concentrada—. ¿El lago?
—¿Me crees? —pregunté.
Megan Miranda Fracture

—Sí —dijo ella. Sacó su teléfono y llamó al 911—. Hay un cuerpo —dijo—. En
el Lago Falcon. La madre de Maya Johnson —El más grande salto de fe en una
sensación. En mí.
—Quiero saber lo que crees —había dicho ella—, para poder creerlo yo también.

Me encogí cuando Delaney dio su nombre antes de colgar, porque sabía lo


que sucedería a continuación.
Vinieron a nosotros primero. Un cadáver no era exactamente una emergencia.
Era una sugerencia. Una sugerencia muy dudosa.
Yo estaba allí. En su habitación. Con la puerta abierta. Intentaba convencerla
de que había hecho lo correcto, ignorando el hecho de que había un coche de policía
en estacionado en la entrada —Pero yo ni siquiera debería saber sobre eso —dijo
ella.
El motor se apagó.
—Pero lo sabes —dije.
Una puerta se cerró bruscamente.
—Siento que estoy haciendo un lío con el destino. Como que hay una manera
en la que se supone que las cosas deben suceder, según las decisiones que tomamos,
y yo estoy cambiándolo todo.
El timbre sonó, y la puerta se abrió.
—No crees en el destino —dije.
Se oyeron pasos en las escaleras. Y luego Joanne estaba de pie en la entrada
de la habitación.
—Delaney —susurró—. ¿Por qué está la policía aquí? —Movió sus ojos de
Delaney hacia mí—. ¿Decker? —Cosas como estas eran usualmente mi culpa. Ella
sabía eso sobre mí—. Afirman que tú los llamaste.
Delaney se puso de pie —Sabemos algo que no deberíamos, mamá —susurró
ella—. La madre de Maya está muerta.
Joanne se puso la mano en el corazón —Oh, no. Pobre Maya.
—Ha estado muerta por un tiempo —añadí. Nada de pobre Maya.
Joanne se sentó en el borde de la cama mientras yo me paraba —Pobre Maya
—repitió, como un eco.
Megan Miranda Fracture

Seguí a Delaney a la planta baja. Joanne se paró contra la pared con el teléfono
presionado en su oreja —Tu padre debería estar aquí para esto —dijo, como si le
preocupara que Delaney estuviera a punto de meterse en problemas.
—Hey —Le dije al oficial, como si fuéramos viejos amigos. No era el que se
apareció en nuestra casa; era el que me interrogó cuando encontramos a Tara en el
lago. Quien me dijo que me quedara por allí. Lo cual no hice.
Asintió con la cabeza y comenzó a escribir. Luego me miró y dijo —D-e-c-k-
e-r, ¿verdad? —Tal vez esto era parte de Tácticas de Intimidación 101 —Sí —dije
yo—. Y Phillips tiene dos L.
Joanne aclaró su garganta —Necesito llamar a su madre si planeas
interrogarlo.
Él sonrió —No, todo está bien. Estoy aquí para hablar con su hija. No es un
interrogatorio. Solo quiero asegurarme de que tenemos todo correcto.
—Ya dije todo lo que sé —dijo Delaney, pero miraba a su mamá—. Esto es un
desperdicio de su tiempo —dijo, dirigiéndose al policía. Creo que estaba empezando
a darse cuenta de que tendría que (a) mentir; (b) mentirle a un policía; y (c) mentirle
a un policía en frente de su mamá.
—Debería hablar con Maya —dije.
—Denuncias como esta —dijo el oficial, haciéndolo ver mucho más viejo de
lo que se veía—, son bastante serias. Si declaras que una persona fue asesinada—
—¿Asesinada? —dijo Delaney, levantándose del sofá—. No, ella murió. No fue
asesinada.
—Dime, entonces —dijo él—. Dime cómo sabes todo esto.
Podía ver por la manera en la que miraba a Delaney, que sabía los rumores.
Que era parte de este pueblo. Que creía. Delaney, a salvo en esta casa. Un cadáver,
escondido debajo de la superficie. Un intercambio.
—¿Te—consultó sus notas—te dijo Maya esto? —preguntó. No hizo contacto
visual, como si ella pudiera manejar el poder del lago. Decidir a quién el lago podía
tomar en su lugar.
—Ella lo implicó—dijo. Cuidado, pensé.
—Necesitamos que expliques cómo lo implicó exactamente. No vamos a
examinar un lago por un capricho, ya sabes.
Joanne tragó aire —Estás diciendo que la madre de Maya está en el…
—Lo está —dije.
Megan Miranda Fracture

—Bien —dijo Delaney—. Su madre no ha estado en esa casa por meses. Estaba
enferma, realmente enferma, antes… discapacitada. Y ahora se ha ido.
—¿Y ella te dijo que el cadáver está en el lago? ¿De todos los sitios? ¿Qué
demonios podría poseer a una chica para que le hiciera algo así a su madre?
Delaney se encogió de hombros —No sé qué posee a quien sea para que haga
lo que sea.
—Acabamos de ir a su casa —dijo él—. Afirma que su madre ha estado
recibiendo tratamiento en Canadá. Algo que no ofrecen aquí. Dice que ha estado allí
por meses —Algo difícil de rastrear, algo para encubrir nuestra historia—. Dijo que
ella y su hermano van a ir a recogerla este fin de semana y traerla a casa.
Miré a Delaney, pensé en las cajas. Se habrán ido antes de que esos pocos días
pasen. Borrados de la existencia.
—Si está en Canadá, ¿entonces cómo firma sus cheques de discapacidad en
Maine? —pregunté. Y el policía me miró—. Están cobrando los cheques —repetí.
Porque eso era algo ilegal. Algo que podía probarse—. Ella no está aquí, y están
cobrando los cheques.
Algo real.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 20
Traducido por loredanapm

Comenzó.
Dos botes, afuera en el lago. Una multitud de espectadores dispersos a lo
largo de la orilla. Susurros—rumores—sobre lo que estaban buscando. Empezaron
cerca de la casa de Maya a la primera señal de luz. Los vimos ahí afuera, mientras
conducíamos hacia la escuela.
—¿Qué les pasará a ellos? —preguntó Delaney, con la frente presionada
contra la ventana del coche mientras pasábamos por el lago.
No lo sabía. No podíamos probar que Holden le había hecho algo a Tara, pero
podíamos probar esto. Era un crimen. Y habría algún tipo de justicia, aunque fuera
por otra cosa —Esto va a terminar —dije—. Todo esto va a terminar.
Esperé que el lago me escuchara mientras pasábamos. Esperaba que estuviera
escuchando.

***

Escuchamos los rumores en los pasillos en la escuela.


—Están buscando un arma homicida.
—El agua es tóxica, y están buscando la procedencia.
—Un hombre caminó directo hacia el agua y nunca salió.
Observaban a Delaney mientras caminaba por el pasillo, perfecta e intacta —
Siento que no deberíamos estar aquí —dijo ella.
—¿Dónde más se supone que estemos? —pregunté. Pero sabía la respuesta.
Deberíamos estar en el lago Falcon, esperando a ver lo que ofrecería, y lo que
tomaría.
Justin, Janna y Kevin estaban ya agrupados en un rincón en el ala de ciencias
—Ve a clase —Le dije a Delaney. Hasta que esto acabe, ese era probablemente el
lugar más seguro para ambos—. No hay nada más que puedas hacer.
Se escapó entre la multitud.
Megan Miranda Fracture

—¿Escuchaste? —preguntó Justin. Sus ojos estaban llorosos, y su voz se había


desvanecido, pero parecía tener más energía. Más vida.
—Lo escuché —dije.
—Mis padres dicen que están buscando un cadáver —dijo Kevin.
—¿El cadáver de quién? —Janna agarró el brazo de Kevin y presionó sus
dedos con tanta fuerza que él hizo una mueca de dolor y alejó su brazo.
—No lo sé —dije—. Escuché a mamá al teléfono esta mañana, pero cuando
entré en la habitación, se fue. Y cuando le pregunté, me ignoró. Naturalmente.
Los ojos de Justin y Janna revolotearon por el pasillo. Sabía lo hacían. Un
conteo. Un chequeo. Que no sea uno de nosotros. No uno de nosotros.
Justin aclaró su garganta —¿Alguien ha hablado con Maya? —susurró.
Los ojos de Kevin se abrieron ampliamente. Un cadáver en el lago. No se le
había ocurrido que era alguien que conocíamos. Si alguien estuviera perdido, lo
sabríamos. Viajaría por el pueblo y lo escucharíamos en los pasillos o en la cena o
solo aparecería en nuestra mente, convirtiéndose en una verdad.
Vi el pánico en sus ojos. Lo vi empezar a tomar el control de sus hombros, de
su rostro. Pánico y culpa, de que todo esto tal vez podría remontarse a él.
—Es la madre de Maya —dije—. Están buscando a la madre de Maya.

Sacaron unos huesos mientras estábamos en la escuela, pero resultaron ser de


un gato. Las noticias viajaron por el pueblo, y lo escuchamos en los pasillos y en el
almuerzo. Muchos secretos enterrados aquí. Un cementerio de ellos. Y luego
encontraron un cofre grande que abrieron con una palanca, solo para encontrar
sobres, cartas selladas, la tinta se había corrido hacía mucho tiempo.
No hicimos planes. No en voz alta. Pero nos esperamos después de la escuela
en el estacionamiento, como si hubiera seguridad en los números, y nos dirigimos
al sitio de la fiesta—la casa que la familia de Kevin poseía. Había coches de policía
en lo de Maya. Y camionetas designadas con acrónimos que ni siquiera quería
intentar descifrar. Y estaba el coche de Holden.
Para toda la conmoción, para la cantidad de personas involucradas en la
búsqueda o viendo desde la orilla, el lago estaba siniestramente, ominosamente
silencioso.
La gente se agrupó a su alrededor, mientras observaban los botes moverse
lentamente, con dos personas en cada uno y una cuerda larga atada a un buzo del
otro lado, hacia atrás y hacia delante a lo largo del fondo del lago. Kilómetro por
Megan Miranda Fracture

kilómetro. Metro por metro. No podíamos verlos a través del agua turbia, solo la
cuerda mientras se estiraba de aquí para allá, pero el buzo subió después de quince
minutos de que nosotros llegáramos, enviando a alguien a bajar en su lugar.
Delaney tiró de su chaqueta más fuerte, sumergió su barbilla en el cuello.
Nuestros vecinos nos asintieron mientras soplaban aire caliente en sus manos o se
acomodaban los gorros para que les taparan las orejas. Pero principalmente, todos
estábamos hipnotizados por estos hombres buscando en nuestro maldito lago.
Nos paramos todos en la orilla pedregosa, observando el agua, como si
fuéramos a hacer las paces con él. Todos negociando los términos de su propio trato
—¿Qué es eso? —preguntó Justin, inclinándose hacia adelante. El buzo había subido
de nuevo, y el hombre en el bote le limpiaba un flujo negro, a la cuerda y a todo.
—Es solo lodo —susurró el hombre a nuestro lado, a quien reconocí como
uno de los vecinos. Había gente por todas partes, repartidos en distintos puntos de
la orilla, yendo y viniendo en horarios de trabajo y escuela. Pero la mayoría de la
gente no hablaba, o hablaban en susurros por respeto a lo que sea que estuviera
enterrado ahí abajo.
Cuando el hombre a mi lado dio un paso hacia atrás, vi a Maya sentada en el
borde del lago, a tres casas. Él susurró —Ha estado sentada exactamente en esa
misma posición desde que comenzaron —Sus piernas dobladas debajo de ella, su
barbilla en su mano, dejándolos arrastrar cada secreto enterrado en el lago Falcon,
antes de que alcanzaran el de ella.
—¿Qué está haciendo ella aquí todavía? —preguntó Delaney—. ¿Y dónde
está Holden? Pensé que se habrían ido…
Kevin miró a Maya —¿Debería decir algo? —preguntó—. Siento que debería
decir algo —Pero no lo hizo.
Vi a nuestro policía—el que vino a interrogarnos ayer—observándonos desde
la curva. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, empezó a caminar en nuestra
dirección —La cabeza en alto —Le susurré a Delaney, y nos alejamos de Kevin,
Justin y Janna.
Cuando se paró a nuestro lado, miró a Delaney, y luego apartó su mirada.
Aclaró su garganta —¿Pueden apuntarnos la dirección correcta? —susurró. Él
entendía. La manera en la que estábamos todos atados a este lugar. Como si ella
supiera secretos del lago Falcon, como si fuera parte de él, como si lo escuchara
susurrarle cosas en la oscuridad.
Megan Miranda Fracture

—No lo sabría —dijo ella—. Solo sé lo que Maya me dijo —Dobló sus brazos
en su pecho, y pensé en la grabadora aún enterrada en alguna parte en mi cajón.
Prueba. Verdad.
—El problema es que Maya dice que no es verdad —dijo él.
—Su hermano —dije—. ¿Hablaste con su hermano?
—¿Holden? —preguntó—. Lo llamamos esta mañana. Es fiel a la historia de
Maya. Acaba de llegar.
Delaney se abrió camino, directo hacia Maya. Maya la vio venir, mantuvo sus
ojos en ella como si la traición no le hubiera hecho daño en lo absoluto.
Maya nos observó aproximarnos, y se puso de pie antes de que nos
acercáramos demasiado. Nos hizo un gesto con el dedo —No me harían esto si yo
fuera uno de ellos —Entonces extendió su brazo y apuntó a Kevin, a Justin, a Janna.
—Ellos nunca hubieran hecho lo que ustedes hicieron —dijo Delaney.
Y Maya empezó a reír —¿No lo harían? —Y de repente vi a la Maya malvada
que estaba de pie en mi porche. No, ellos no lo harían. Ellos sacaron a Delaney de
este lago—. ¿Piensas que no ocultan cosas? ¿Siquiera los ves? ¿No puedes ver lo
asustado que está Justin? —susurró—. ¿En serio no puedes ver lo enojada que está
Janna?
Vi la mirada de Delaney girar hacia Janna —Hay cosas sobre nuestro pasado
que no entenderías.
—Vete —dijo Maya. Y cuando Delaney no se movió, Maya gritó—, ¡Vete! —
Y Delaney dio un salto.
Pero no se fue —Sé lo que le hizo —dijo Delaney—. A Tara.
—¿Quién? —preguntó Maya—. ¿Mi hermano?
—Él estaba en la fiesta —dijo Delaney.
—Él estaba en mi casa, después de la fiesta, donde tenía todo el derecho de
estar, porque estaba de visita.
—Pero yo lo sé —dijo Delaney.
Maya hizo una pausa, miró detrás de nosotros. Se aseguró de que los policías
miraban hacia el agua, distraídos, y no a ella.
—Ese es el problema —dijo, bajando su voz—. Es mi hermano, Delaney. No
sé qué esperas que haga. Pero no puedes probar nada. Y él es todo lo que tengo —
Luego miró el agua—. Nada de eso importa.
Tenía razón. No podíamos probar nada. En el tribunal, no significaba nada.
Pero yo lo sabría. Ellos lo sabrían.
Megan Miranda Fracture

—Sí importa —dije—. Importa que intentara hacerle daño—


—Detente —dijo ella, mirándome—. No sabes cuándo parar, Decker —Luego
bajo la voz y se inclinó hacia mí—. Aunque empiezo a entender por qué alguien te
querría a ti en el fondo de ese lago.
Me quedé inmóvil. Delaney se quedó inmóvil —Quiero creer —dijo
Delaney—, que en realidad no lo dices en serio.
Maya se giró hacia Delaney —Y yo quiero creer que mi amiga más cercana en
este infierno no se puso en contra de mí por completo —La señaló—. Esto es tú culpa,
¿sabes? Holden sabía que esto pasaría. Me advirtió sobre acercarme, sobre dejar que
la gente me conociera, que nos conociera. Prometí que sería cuidadosa, y lo fui. Tú
seguiste preguntando sobre mi madre. Se lo dije… se lo dije porque tendríamos que
irnos. Y nos iríamos, tan pronto como se acabara el contrato. No sabíamos lo que
sabías. Él solo intentaba averiguarlo. Y entonces supongo que parecía que estabas
ahí, boca abajo, a centímetros del lago.
Como una señal.
Pareció ver algo en la superficie del agua, a la distancia. Una boya amarilla—
habían estado enviando boyas cada vez que encontraban algo sospechoso —Así que
sabías sobre mi madre… —Se giró hacia Delaney. Ladeó su cabeza—. Pero lo que no
puedo descifrar —dijo ella—, es cómo lo sabías.
Cuidado.
Sentí a Maya arañando la verdad, como si se deslizara por la superficie del
hielo, pero ella pudiera verla—casi atraparla.
—Cuando alguien muere —dijo Delaney, y yo pensé, por favor no—, siempre
le importa a alguien —Ella desvió la mirada. Cerró sus ojos—. Te importó a ti.
Escuché los remos sumergiéndose en el agua mientras los botes se movían
otro metro.
El agua golpeaba en la orilla.
—La gente no puede simplemente desaparecer —dijo Delaney.
Y luego sucedió la cosa más extraña. Maya se sentó, y Delaney se sentó a su
lado. La respiración de Maya se agitó, y sentí como si pudiera ver el aire moverse
junto a ella, en el frío —Lo último que dijo, antes de no poder decir más nada, fue
que el agua se veía muy tranquila.
No sabía cómo alguien podía mirar el lago Falcon y ver paz y calma y belleza,
cuando acababan de sacar lodo y secretos y huesos. ¿Qué lado le había mostrado el
Megan Miranda Fracture

lago a su madre? ¿O qué había querido ver ella? Todo lo que veía yo era agua negra,
batiéndose en el viento, y la boya amarilla que se mecía por la superficie.
Veía lo que nos había hecho.
Delaney se sentó junto a Maya y observó el agua, esperando a que esto se
terminara.
Y de repente entendí lo que no pudo entender el tipo de Boston. El motivo
por el cual ella sentía un tirón y no un empujón. No podía ayudar a los moribundos.
Mayormente, no podía. Pero a la gente que quedaba atrás—como yo, como Maya—
sí podía. Lo hacía.
Delaney me miró, y me dedicó una sonrisa, como si supiera lo que estaba
pensando por la manera en la que la observaba.
Pero ella era mejor persona que yo. Miré sobre mi hombro, capté la sombra
de Holden en la puerta corrediza. Escondiéndose, como un cobarde. Corrí por la
colina, directo hacia él. Cerró la puerta, pero no pudo cerrarla a tiempo. La abrí y
entré —Piensas que eres tan inteligente —dije—. Manipulando a tu hermana para
que finja que no tuviste nada que ver con esto. Con nada de esto.
—Deberías irte —dijo él, y podía ver lo furioso que estaba. Debería irme. Pero
había gente y policías y no me iba a pasar nada. No aquí, y no ahora —Sé lo que
hiciste. Aunque nadie más vaya a saberlo, yo lo sé. Incluso Maya lo sabe.
—No hagas eso. No actúes como si te importara Maya. No cuando acabas de
arruinar su vida.
Miré alrededor de la casa. No veía haber arruinado nada. Ella vivía por ella
misma, cuidaba de ella misma.
—Podrías asumir su custodia. Maya lo dijo. ¿No puedes?
—Oh, claro, probablemente puedo hacerlo. ¿Y entonces qué? Apenas puedo
permitirme cuidar de mí mismo. No hay manera de que pueda cuidar de otra
persona sin el seguro de discapacidad del viejo trabajo de mi madre. Tengo veinte
malditos años. La mayor parte de la gente de veinte años está en un bar con su
identificación falsa, no trabajando en dos empleos a la par de la universidad, no
yendo de aquí para allá cada vez que su hermana se siente sola.
No vio a Maya, de pie en la puerta, con sus ojos abiertos ampliamente.
—Amo a mi mamá, y luchó duro por años para mantenernos, para
mantenernos juntos, ¿pero pedirme que me haga cargo de mi hermana? Se está
muriendo y me hace prometerlo. No sé cómo cuidar de otra persona. Ella me dijo que
Megan Miranda Fracture

podría —Dejó escapar un suspiro profundo—. Me dijo cómo hacerlo. Y es lo que


intento —¿Quería decir que su madre le pidió que no reportara su muerte?
—Pero ella lo entendería.
—Oh, ¿lo entendería? Dime, ¿cómo estás tan seguro? Está muerta. ¿Cómo le
rompes una promesa a alguien que está muerto?
Entonces escuchó a Maya, de pie detrás de él, escuchó el sonido que se escapó
de su garganta —Maya —dijo él, intentando alcanzarla. Pero ya se había ido.
Corría por la colina, directo hacia el policía, con Holden que corría detrás —
Espera —dijo él—. Maya, no lo hagas.
Agarró el brazo del policía, y miró hacia el lago. Entrecerró sus ojos contra el
resplandor del atardecer, y extendió su brazo hacia delante, apuntando un lugar en
la distancia —Allá —susurró.
Se dio la vuelta y miró a Holden por encima de su hombro —Lo siento —
Lloró—. Lo siento tanto —Y entonces, de vuelta al policía—. No sabía qué hacer —
dijo entre sollozos—. No quería que me llevaran. No quería vivir con extraños. Y
entré en pánico. Intenté cavar una tumba, pero el suelo estaba duro —Miró sus
pequeñas, inútiles manos—. Y pensé en animales… así que encontré las cadenas y
el concreto en el viejo sótano, y pareció como si me estuviera diciendo algo. Como
si el lago me llamara. Solían enterrar gente en el mar, ¿saben?
Cadenas y concreto. Oh Dios. El policía miró a Holden, y Maya lo vio
observando —Cuando mi hermano llegó aquí —dijo ella—, intentó detenerme. Pero
ya se veía como si yo fuera culpable de algo. Y le supliqué. Le supliqué.
—¿Y los cheques? —preguntó él.
—Necesitaba el dinero —dijo ella. Miró a Holden—. Él no tenía nada que ver
con eso. ¿Pero que se suponía que haría? ¿Ponerse en contra de su propia hermana?
Pasó una mano por su cabello y asintió, como si tuviera una hermana y
entendiera —No te muevas —dijo, mientras se alejaba.
Y mientras se iba, ella susurró —¿A dónde podría ir?
Holden la atrajo hacia él, envolvió sus brazos alrededor de su espalda —
Maldita sea, Maya —susurró mientras la abrazaba.
—¿Qué demonios acaba de suceder? —preguntó Kevin mientras otro policía
guiaba a Holden y Maya de vuelta a su casa—. ¿Maya dijo que ella hizo esto? —Esa
era la mentira a la que se aferraba. Pero Maya no lo había hecho. Al menos, no sola.
Pero iba a cargar con la responsabilidad.
Megan Miranda Fracture

Nadie se fue, aunque estaba oscureciendo. Aunque en realidad yo no quería


ver esta parte. Más gente apareció, como si todo el pueblo le hiciera vigilia al lago
Falcon. La boya subió, cerca de donde Maya había dirigido al policía, y esperamos.
Nadie habló. Nadie se movió. Sacaron una bolsa para cadáveres, pero al principio
no subió. Ella no subió. Se suponía que no subiría. Se suponía que nunca subiría. Así
que esperaron, enganchados al fondo del lago, a lo que presumiblemente era algo
que se suponía que se quedaría escondido.
Trajeron más equipo, más aire, para forzar a los bloques de cemento a que
subieran también—el peso y las cadenas que la mantenían en el fondo.
La multitud creció en la orilla, y luego apareció una burbuja desde debajo de
la superficie, como si el lago gorgoteara, liberando algo—sus secretos, su aire, su
vida.
Ella salió, bolsas de basura negras subieron a la superficie, flotando, mientras
todos mirábamos.
Kevin hizo la señal de la cruz, luego se inclinó y puso sus manos en sus
rodillas.
—Tengo que salir de aquí —dijo Janna.
Justin retrocedió con ella —Vamos —dijo él.
Todos empezamos a caminar hacia nuestros coches. Nos alejamos del lago,
golpeándonos los hombros. Más cerca de lo que caminábamos normalmente. Kevin
cerca de Delaney, cerca de mí, cerca de Justin. Justin tenía su brazo alrededor de
Janna —Este lugar está tan jodido —dijo él—. ¿Cuánto falta para que salgamos de
aquí?
—Siete meses para la graduación —dijo Kevin—. Si aún no estoy enterrado.
Extendí la mano y tomé la de Delaney.
—Este lugar —dijo Janna—, es como vivir con fantasmas.
Sentí un escalofrío correr a través de Delaney, a través de su mano, directo
hacia mí.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 21
Traducido por gi_gi

—¿Qué pasara con ellos? —Le pregunté a mamá. Había hecho la cena.
Ninguno comía.
Mamá empujaba la comida alrededor de su plato con la parte posterior del
tenedor —Probablemente la tendrán como puedan hasta que completen la autopsia.
Para asegurarse de que su madre murió de causas naturales.
—¿Y qué pasa con Holden?
—¿Qué pasa con Holden? —preguntó.
Holden podría haber matado a Tara. Podría haber matado a Delaney —Me
resulta difícil creer que él es remotamente inocente en esto —Le dije.
Ella se encogió de hombros —Hay cosas que son difíciles de probar. Y hay
cosas, para la corte, que no tienen validez. Tú deberías saber eso.
—¿Así que solo van a salirse con la suya?
Lo que había pasado en mi casa. En la casa de Delaney. Se llevaron y se
llevaron y me hicieron creer...
Mamá fijó sus ojos en mí y dejo de mover la comida alrededor de su plato —
Ellos perdieron a su madre. E hicieron algo estúpido. Lo único que va a pasar es que
Maya va a tener un lugar donde quedarse y gente que cuide de ella. Y,
personalmente, estoy más que de acuerdo con eso.
Pero observé mi casa, y pensé en las ventanas de Delaney y Tara en el lago.
Holden había estado por aquí la noche que rompieron las ventanas. Era evidente
que era capaz de todo. Tenía que ser él. Metí un bocado de comida en mi boca,
enterré mis dientes en él, y me concentré en evitar el contacto visual con mamá para
que no pudiera verlo en mi rostro.
Quería que Holden pagara por eso. Quería justicia.

—Voy a casa de Kevin —grité desde mi habitación.


—¿No tienes deberes? —preguntó mamá.
Megan Miranda Fracture

—Sí —dije, mientras hurgaba en el primer cajón y sacaba el grabador


robado—. Es por eso que voy a casa de Kevin. Un proyecto.
Metí el grabador en mi bolsillo y salí a la calle. La luz del dormitorio de
Delaney estaba encendida. Ella estaba en casa, y estaba a salvo. Maya se había ido.
Holden se iba. Y yo necesitaba una prueba, por ella, por mí.
Había un montón de policías cuando nos fuimos—estaba seguro de que
todavía estarían peinando la costa, tomando declaraciones a los vecinos. Pero
cuando llegué a la casa del lago de Justin, en el camino oscuro, no vi a nadie. Coloqué
el grabador en el asiento de al lado y apagué el motor. No escuchaba nada. No veía
nada. Solo una luz en la casa, detrás de las persianas baratas. Solo una luz a la
distancia, a través de los árboles, del vecino.
Mala idea. Al igual que pararse en medio del lago Falcon. Encendí el motor,
mis faros cortaron la oscuridad, y algo golpeó mi puerta e hizo sacudir la camioneta,
y a mi. El rostro de Holden estaba en la ventana, y su mirada era salvaje. Tenía una
tabla de madera en el hombro, con un clavo doblado en la parte superior, que
capturaba la luz de mis faros. Luego la dejó caer contra el capó de mi furgoneta y
gritó —¡Bájate del auto!
Tiró el tablón a un costado—lo oí rebotar en la tierra —Bájate. Del. ¡Auto! —
dijo de nuevo.
Este era el hombre que quería matar a Delaney. ¿Y para qué? Para proteger
su secreto. Su vida, por un secreto. Su vida, por nada.
Abrí la puerta, miré la tabla de madera, el clavo doblado, y me pregunté qué
tan rápido podría tenerlo en mis manos.
No lo suficientemente rápido. Holden me empujó contra la camioneta, una
vez, dos veces, antes de que estrelle mi codo en su rostro —¿Quién carajo te crees
que eres? —preguntó, pasándose la mano por la mandíbula.
—¿Yo? —Le pregunté, recuperando el equilibrio y empujando la puerta—.
¡No soy yo quien trató de matar a alguien! No soy yo el que tiró una tabla en el coche
de alguien.
Mis ojos se dirigieron a la madera y de nuevo a Holden. Nos lanzamos ambos
por ella, pero yo era más rápido. Llegué a ella una fracción de segundo antes que él,
la agarré mejor que él, sentí las astillas clavarse en mi palma, en mis dedos, mientras
la quitaba de su alcance.
Megan Miranda Fracture

Holden dio un paso atrás —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Le
pregunté, y coloqué la tabla de madera sobre mi hombro con un movimiento rápido,
la acomodé en mi mano y la aferré más fuerte.
Holden miró la madera, dio otro paso atrás —Me estaba yendo —dijo—. Solo
estoy tomando nuestras últimas cosas y me voy —Jadeaba, y estaba furioso
conmigo—. Pero la pregunta es, ¿qué estás haciendo tú aquí?
Sentí que las astillas me picaban en la palma de la mano. Vi la abolladura en
la puerta detrás de mí. El capó de la camioneta hundido. El grabador, a través de la
ventana, todavía apagado. Y no me importaba. Apreté mis dedos en la madera, y
sabía que no era justicia lo que quería. Era venganza.
—Quería respuestas —Le dije. Pero incluso si las obtuviera ahora, no iba a
tener la prueba. Y ahora quería algo más.
Él se rió, aun mirando la tabla de madera en mis manos —Ya las tienes. ¿Estas
feliz ahora? Nuestra madre murió. Mentimos. Ya se acabo. Así que hazme un favor
y déjame en paz.
—Tú eres el que acaba de atacar mi auto —Le dije. Holden cambió de
posición, como si estuviera decidiendo qué hacer. Correr o luchar.
—No debería haber hecho eso —dijo Holden, señalando al coche, mientras
respiraba con dificultad—. No sé en qué pensaba.
Di un paso más cerca. Él dio un paso atrás —¿No deberías haber hecho eso?
Hay un montón de cosas que no deberías haber hecho. Esto está al final de la lista.
Esa noche —dije, dando un paso hacia él—, en la fiesta...
Él negó con la cabeza hacia mí —Es este lugar —dijo en un susurro—. Nos
hace hacer cosas. ¿Entiendes?
Él miraba la madera en mi mano porque quería que entendiera. Quería que
creyera que era este lugar lo que lo hizo capaz de las cosas que había hecho. Dejó de
moverse hacia atrás.
—¿Te hizo destruir mi casa? —Le pregunté—. ¿Destruir las ventanas de
Delaney? Nos has estado atormentando.
—¿De qué demonios estás hablando? —dijo.
—¿Intentabas distraernos? ¿Hacernos creer en la maldición?
—Ni siquiera sé dónde vives. Tengo cosas más importantes de qué
preocuparme que fingir que hay una maldición —dijo. Se hundió de nuevo en la
oscuridad, pero lo seguí.
Megan Miranda Fracture

Admitía lo de Tara. Pero negaba algo mucho menor. Diciendo que todos
fingíamos.
La madera se deslizó de mis dedos —Y ahora Maya se ha ido —dijo—. Y yo
me iré al segundo que tú te vayas. Así que, ¿qué vas a hacer, muchacho? ¿Qué vas a
hacer con ese pedazo de madera y con tu bonita novia y tu maldito y brillante
futuro? ¿Qué —dijo, mientras daba un paso más cerca, como si pudiera verme
vacilar—te hará hacer—otro paso—este lugar?
Pero no era este lugar el que lo hizo arremeter en mi dirección.
Y no era este lugar el que me hizo golpear la tabla contra sus costillas.
Escucha.
Oí el crujido de su costilla, como había oído la de Delaney cuando intentaba
mantenerla con vida. Escuché el impacto de sus manos y rodillas en el pavimento.
Lo oí gruñir y luego reír.
Holden estaba en el suelo, y se reía mientras hacía muecas de dolor —¿Ves?
—dijo.
—Sí —le dije—. Lo veo.
Y dejé que lo creyera. Le dejé creer que este lugar era lo que lo había hecho
capaz de asesinar y a mi de esto. Que era este lugar lo que me hizo capaz de odiar.
Que era este lugar lo que hizo a todos capaces de morir.
El lago Falcon no se llevó nada de nosotros. Nos dijo cosas. Nos enseñó cosas
acerca de nosotros mismos.
—¿Alguna vez fingiste tanto algo que se convirtió en realidad? —Me había
preguntado Janna en el pasillo, después de que Tara terminara en el agua. Estaba
enojada. Estaba tan enojada. Incluso Maya pudo verlo. Empecé a sentir náuseas,
traté de orientarme. Recordé la pelea que Kevin tuvo con Janna justo antes de que
ella saliera del auto. Recordé como me deshice de ella, sin querer hablar de Carson,
antes de que mi casa se inundara. La gasolina en el cobertizo luego de tapar el
nombre de Carson.
Igual que la maldición. Viniendo por todos nosotros.
Holden se dio la vuelta, me miró mientras caminaba hacia él, aún
sosteniendo la tabla de madera.
—¿Qué más quieres de mí? —susurró, con sus manos extendidas para
mostrarme que no tenía nada. Yo quería intercambiarlo. Por mi papá. Por Carson.
Por todo lo que nos habían quitado.
Megan Miranda Fracture

Quería venganza por cada injusticia, por todo lo que no podía cambiar y no
podía parar.
Pero más que eso, quería creer en el futuro, como hacía Delaney, que siempre
planeaba lo que venía después. Como si lo viera venir. Como si pudiera vernos. E
incluso si no podía verlo, como lo hacía ella, quería creerlo. Quería ese futuro, más
de lo que necesitaba venganza.
—Quiero saber en qué crees —Me había dicho ella—, para creer lo mismo, también.
Y así lo dejé. Me acerqué a él, a su lado, mientras trataba de recuperar el
aliento. Dejé caer la tabla de madera al lado de su cabeza, y me fui directo al coche.
Salí de la entrada. No miré hacia atrás.
Pero no fui a casa.

—¿Dónde estás? —Le pregunté al teléfono.


—En casa —dijo.
—Voy para allá —dije.
Y después de una pausa —Era cuestión de tiempo que alguien lo hiciera.
Casa. No habíamos estado en casa de Carson desde que murió. Nunca había
sido la casa de Janna. Había sido de Carson. Ella simplemente había vivido allí
también. Conduje por las calles como si estuviera en un sueño. Tomé los giros de
memoria y me detuve frente a la casa de ladrillo con el camino de piedra y las
cortinas azules, siempre abiertas.
Ahora estaban cerradas.
El auto de Janna—el auto de Carson—estaba en el camino de entrada, al lado
del coche de su madre. No había ningún sonido procedente de su interior. Todo era
como una tumba. Un recordatorio constante de que Carson estuvo aquí, y ahora ya
no. Una persona borrada de la existencia.
Toqué el timbre y oí pasos que se acercaban por la escalera. Janna abrió la
puerta y frunció el ceño cuando vio la expresión de mi rostro —Hola —dijo ella.
—Tu —Apunte mi dedo a su pecho, del mismo modo que ella se lo había
hecho a Delaney en el funeral de su hermano. Pero ahora, mirándola a los ojos,
iguales a los de Carson, no podía hablar. No podía acusar. Ni siquiera podía culpar.
Pero estaba ahí—a medio decir—entre nosotros. Ella salió y cerró la puerta
detrás de sí. —Mi mamá está arriba —dijo, a pesar que no oía ni un sonido desde el
interior. Con qué facilidad podría ella haber sido Maya—para todos los efectos, sola.
Sin nosotros, sola. Salió del porche delantero, por el costado de su casa, al patio
Megan Miranda Fracture

donde todos solíamos pasar el rato con Carson y lo que fuera que pudiera robar del
bar de sus padres sin que lo notaran.
Se sentó en una silla—no la de él—y cruzó las piernas por los tobillos, se
inclinó hacia atrás, y suspiró hacia el cielo —Todo se ha ido a la mierda —dijo.
Metí la mano en mi bolsillo, presioné el botón de Grabar en el grabador que
nunca devolví. Al igual que mi padre, necesitaba hechos. Necesitaba pruebas.
Conseguiría pruebas.
No podía probar nada más. Ni que Holden arrastró a Tara al lago, pensando
que era Delaney; ni cómo la mamá de Maya terminó en el lago; ni lo que la señora
de la 2B intentaba decirme cuando murió.
—Vas a tener que hacerlo mejor que eso —dije.
—Él se fue para siempre —dijo ella, como si yo no entendiera el concepto.
Como si no soñara con eso todo el tiempo. Delaney, que desaparecía. Mi papá, que
dejaba de existir. Tomó aire, pero no pudo. Lágrimas, pero era como si siempre
hubieran estado allí, esperando simplemente a que ella respirara.
—Mi papá quería demandar a los médicos, como si eso pudiera traerlo de
vuelta —dijo—. Pero esta es la cosa: cada vez que iba a una cita, le hacían una serie
de preguntas. Sobre lo que sentía. Cómo se sentía. Él pasó la prueba —Se echó a reír—
. Probablemente la única prueba en la que alguna vez obtuvo un puntaje perfecto —
Frunció el ceño—. No es culpa de los médicos.
—Salió de la nada —dije. Un ataque repentino, una muerte repentina,
inesperada, y nada que se pudiera hacer para detenerlo. Algunas muertes son
imparables. Delaney entendió eso, de la peor manera—. No es culpa de nadie —Ni
de un doctor. Ni de Delaney. Ni mía.
Ella miró a su asiento vacío. Apretó los dientes —No sé, Decker. A veces me
pregunto si él simplemente no dijo nada. Si sentía el indicio de que comenzaba de
nuevo, si solo fingió que estaba bien —Me miró fijamente—. Piénsalo. Es algo que él
haría, actuar como si todo estuviera genial, como si la vida fuera perfecta. Sabes que
lo haría. Tú lo conoces.
Enterró la cara en sus manos, y luego me senté. Mis piernas no funcionaban.
Mi mente no funcionaba.
Podríamos grabar su nombre en una pared, en un árbol, en nuestra piel, pero
no habría importado. Era verdad. Carson siempre había vivido su vida como si no
pudiera durar tanto como la del resto de nosotros, podía ver eso ahora. Con una
chica en el sofá o tirándose de bomba en el agua o diciendo lo que quisiera cuando
Megan Miranda Fracture

quería. Sin preocuparse por el futuro, en caso de que nunca llegara. Con los pies
pisando fuerte sobre la tierra, sobre todos nosotros, a los gritos, Carson estuvo aquí,
Carson estuvo aquí, Carson estuvo aquí.
Pero él habría luchado por vivir. Habría luchado por nosotros, y él habría
luchado por Janna. Lo conocía.
—¿Cómo pudo hacerme eso? —Lloró. Es lo que pensé de mi papá. De que
muriera. De que se fuera. Sus uñas rascaban los reposabrazos de plástico, y podía
imaginarla tallando su nombre allí también.
—No lo haría —dije. Estaba seguro de eso. Él pudo haber vivido su vida como
si quisiera aprovechar al máximo todos los días, pero habría intentado detenerlo si
hubiera podido. Se metió en el auto con Delaney porque quería vivir—. Janna —
dije—, no hay manera. No es su culpa. No hay nadie a quien culpar.
Pero sus ojos estaban muertos. Ella quería a alguien a quien culpar. No, ella
lo necesitaba —Odio estar aquí —dijo. Y luego más bajo—. Odio estar en todas
partes.
Muerto aquí. Muerto en todas partes.
Quería traerla hacia mí y envolver mis brazos alrededor de ella y decirle, está
bien, está bien. Pero estaba furioso por otro lado.
—Mi papá murió, Janna. ¿En qué diablos estabas pensando? Quiero decir, mi
casa. La casa de mi mamá.
—Fue un error —dijo. No estaba seguro de si hablaba de Carson o de lo que
había hecho. Probablemente ambas cosas.
—Destruiste mi casa, Janna —¿No podía verlo? Mi papá y luego mi casa. Y
luego todo. Convirtiéndose en la maldición—. Heriste a Delaney.
—Por si sirve de algo, no sabía que Delaney estaba en casa. Ni tú. Y no quería
destruir tu casa. Era solo agua... —Pero el agua lo destruyó todo. Pudrió la madera,
cortó la electricidad. Se metió en los pulmones de Justin. Arruinó el motor de Kevin.
Se congeló y atrapó a Delaney, sofocante y asfixiante.
Respira.
Ella seguía llorando, pero pensé que era por Carson. No por mí —Pensé que
ustedes no lo recordaban —dijo—. Que estaban dejando ir a Carson. Y él nunca los
habría dejado olvidarme. Nunca.
Tallando su nombre en la madera. Mostrándonos la maldición. El
intercambio. Un recordatorio.
Megan Miranda Fracture

—Pero la maldición... los hizo recordar a todos. Recordaron todo lo que


sucedió. Lo que perdimos. Y por qué —Se inclinó hacia mí, a través de la brecha
entre nuestras sillas—. Para entonces ya era demasiado tarde. Es como si volviera a
la vida. Justin se enfermó. Y luego Tara... No puedo detenerlo.
Ella casi sonrió —Está vivo ahora —dijo—. Todos lo recordaran.
—Yo nunca lo olvidé, Janna —Cerré los ojos, imaginando a Delaney en la
cama del hospital. El funeral de Carson. Nunca lo olvidé.
—Sí, todos lo hicieron. Nunca hablaste de él antes de esto. Nunca quisiste.
Nunca quisiste hacer nada por él. La única persona en la que pensabas, incluso
después de que terminaran, era Delaney.
Maya tenía razón, todos estábamos demasiado cerca uno del otro, demasiado
envueltos, así que no podíamos ver. Todas las capas. Las cosas que nos afligían. Las
cosas a las que temíamos. No, eso que enterramos en el lago Falcon. Le dimos
nuestros miedos. Le dimos poder.
—Te equivocas —dije.
Ella se encogió de hombros —No importa ahora. Todo tiene un precio, ¿no?
Ellos no me van a perdonar por esto. Ya lo sé —Se movió en su silla, mirando hacia
otra parte—. Ya lo sabía.
—¿Qué te hace pensar que yo te perdonaré?
—Oh, sé que no lo harás —dijo—. Tú, menos que el resto.
Empujé la silla hacia atrás, las patas de metal rasparon los ladrillos en el patio
mientras me ponía de pie. Me alejé, apagando el grabador mientras caminaba —
Tienes razón —Le dije, antes de desaparecer a la vuelta de la esquina—. Carson
nunca nos habría dejado olvidarte. Pero también él nunca te habría dejado convertirte
en esto.
Megan Miranda Fracture

Capítulo 22
Traducido por Gisgirl8

No hice nada con la grabación.


Esa noche me senté y la escuche—la escuche a ella—pero mayormente, pensé
en Carson. En lo que él haría; en lo que él querría que yo hiciera.
Pensé en todos los errores que cometí en el último año, en todos los “casi” de
los que escapamos, escapando de los castigos o de castigarnos a nosotros mismos.
Que tal vez la justicia y la venganza no eran lados opuestos de una moneda,
si no más como el mismo lado de un papel, doblado a la mitad.
Y a veces ellos no existían, realmente no había nadie a quien culpar por la
muerte de Carson y quizás Janna quería justicia o venganza solo por eso.
Ella me encontró cuando iba a almorzar. Vi a Delaney en nuestra mesa, e
ignoré todo excepto llegar a ella. Janna me agarro del codo mientras cruzaba las
puertas de la cafetería, y me empujó hacia la salida, tan cerca que podía escuchar su
susurro —Justin me llamo esta mañana, y me preguntó por qué no había ido a
recogerlo —dijo ella—. ¿No se los has dicho aún?
—No —dije, y me solté—. Y no lo voy hacer.
Sus ojos buscaron los míos por un segundo, me pregunte si ella quería ser
castigada. Si lo necesitaba. Pero si quería que lo supieran, ella misma tendría que
decirles.
Entrecerró los ojos —¿Lo dices en serio?
—Sí —dije, mis dedos encontraron el grabador en mi bolsillo, la había traído
conmigo, inseguro de qué hacer con él. Evidencia, la tenía, pero Carson nunca lo
hubiera dicho. Él lo hubiera encubierto por ella. Sin importar qué—. Pero no es por
ti —dije. La deje pensar que lo hacía por Carson, pero eso era solo parte de la verdad.
Como Holden, podía sentir una obligación con los muertos. O podía sentir una
obligación con los vivos.
Si Delaney podía apartarse de la lógica—y algún día lo haría—reexaminaría
estos meses en adelante, el año siguiente, y vería huecos. Si la dejaba pensar que
Holden había hecho todo—destruir mi casa, atacar la suya—ella encontraría esos
Megan Miranda Fracture

huecos. ¿Por qué mi casa? ¿Por qué tratar de asustarla antes de intentar matarla? ¿Y
el momento tenía sentido? Ahora mismo, ella estaba muy cerca. Todos estábamos
muy cerca. Pero más adelante, volvería sobre esto, como lo hizo con Carson y con el
chico que salvó, y quien sabe cuántas otras decisiones tendría que tomar. Ella
examinaría los hechos y trataría de darle sentido, como hizo con su diario. Y luego,
cuando me enfrentara con hechos, con hechos que tendrían sentido, ¿entendería
cuando le dijera que hice una promesa silenciosa a los muertos? ¿Y otra a los que
quedamos atrás?
Esperaba que lo hiciera.

Estaba en el dormitorio de Delaney después de la escuela, y hurgaba en su


escritorio, algo que ella odiaba —Si solo me dices que es lo que estás buscando…
hay un sistema…y tú estás… — Agarro los papeles de mi mano y los volvió apilar—
. ¡Estas desordenando el sistema!
Pero vi lo que buscaba, lo saqué de un montón de nuevos panfletos
universitarios y los mantuve encima de su cabeza cuando saltó por ellos —Nop —
dije—. Tú no quieres ir ahí —Todas las escuelas de Maine, todas las escuelas
equivocadas.
—Puedo tener mi licenciatura donde sea —dijo, y me pegó en el estómago
con el codo, por lo que me doblé a la mitad y pudo alcanzar los papeles.
—Eres un gran cliché —dije—. Irás a una escuela por un chico.
—Ja —dijo, luego retrocedió, rindiéndose en tratar de detenerme—. ¿Sabes lo
que me dijo tu papá?
—¿Que no vayas a la escuela por mí? —pregunté, porque eso es lo que él me
dio a entender a mí.
Ella sonrió —Le pregunte, ¿sabes? Cuando el momento se acercaba. Le
pregunte qué haría si le quedara un día de vida.
Hice una mueca —Tú y esa pregunta —dije, inseguro de querer escuchar la
respuesta.
—Sí —dijo. Respiró profundo—. Me dijo que ya lo estaba haciendo —
Sonrió—. Dijo que su vida era exactamente lo que había esperado que fuera —Había
dejado de respirar—. Y no creo que estuviera hablando sobre a qué universidad fue.
—Delaney —dije, pero no sabía que decir después.
—Así que me quedo —dijo.
Megan Miranda Fracture

—No, no lo harás —Si se quedaba, si nos quedábamos, nunca escaparíamos


del tirón. El recuerdo del pasado y como nuestras vidas se habían entretejido en hilos
irrompibles, uniéndonos el uno al otro y a este lugar.
El lago era nuestra excusa. Para todo nosotros. Nos escondíamos, dándole
más y más.
—Nos vamos —dije.
—¿Nos? —preguntó.
—Sí —dije. Como si pudiera haber una chance de que fuera de otra manera—
. Quizás no a Boston, porque, si, lo noté, como dijiste, todos caminan muy rápido —
Le sonreí—. Pero a alguna parte, algún lugar donde tú puedas hacer grandes cosas,
y yo pueda hacer… cosas ligeramente por encima de lo normal —Ella golpeó mi
hombro, pero se río.
Y luego miraba por la ventana, como si pudiera ver nuestro futuro.
Golpearon la puerta y Joanne dijo —Ábranla —Mientras sus pisadas
continuaban por el pasillo.
—En un año, no va a existir esa estúpida regla de la puerta —dije, girando el
picaporte.
—En un año, probablemente estarás cansado de mí —No pensé que lo dijera
en serio, pero tal vez ella se lo preguntaba, tal vez le preocupaba.
—Sí, probablemente —dije. Ella golpeo mi brazo de nuevo, pero sonreía, solo
para mí—. A veces —dije—, dices las cosas más ridículas.

Me desperté antes de que sonara la alarma, seguro de escuchar a alguien


llamándome. Debió ser parte de un sueño que no podía recordar. Pero por si acaso,
me levanté y busqué a mamá. Pude oler el café. Escuche sus pasos en el piso de
abajo.
Así que me preparé para el día y miré el reloj en mi escritorio —Adiós, Decker
—Saludó mamá mientras se iba al trabajo. Quinces minutos antes de encontrarme
con Delaney en la entrada. En un impulso, saque el grabador del cajón. No lo volví
a escuchar. Lo borré.
Pero eso no era suficiente, agarre mi bolso y mis llaves y salí de casa, pero
primero camine en la dirección contraria—al final de nuestra calle, sobre la colina,
pateando las rocas mientras derrapaba por el muro de tierra—directo hacia el agua.
Megan Miranda Fracture

Sentía el peso del grabador en mi bolsillo, lo saque, y lo tire dentro del


corazón del lago Falcon. Era bueno en tomar lo que le dábamos. Era bueno en
mantener nuestros secretos.
Vi el destello plateado desaparecer bajo la superficie.
Lo guardaba todo. Como una promesa.
¿Esto era justicia para algo? ¿Era la idea de justicia de papá? ¿La mía? No
estaba seguro. No estaba seguro de que fuera algo en absoluto, otra cosa que mis
decisiones, mi vida.
Camine de vuelta a la colina, y luego que me quede muy quieto, en la esquina
de mi calle, preguntándome si podía escuchar su fantasma, en este lugar que
mantenía sus fantasmas tan cerca.
Escucha.
Nada más que silencio y el viento, alejándome del lago.
Me mostró cosas sobre mí mismo, como siempre lo hizo. Que la deje, sí, y que
volví por ella. Que deje que el hielo se rompiera bajo mis pies mientras corría para
poder alcanzarla más rápido. Me había caído, una y otra vez para tener una chance
de mantenerla conmigo.
Vi a Delaney caminar hacia mi coche y mi estómago saltó como si la estuviera
viendo por primera vez. Se detuvo cuando me vio al final de la calle y levantó su
mano sobre su cabeza como si yo no estuviera ya en camino.
—¡Decker! —gritó, y podía asegurar que sonreía. También había gritado mi
nombre cuando se cayó en el hielo. Y al igual que esa vez, no lo necesitaba. No
importaba.
Yo ya estaba corriendo hacia ella.
Megan Miranda Fracture

Agradecimientos
Moderadora
Yann Mardy Bum

Traductores
Yann Mardy Bum
Pandita91
Brandon Nox
Lilithdem
psycho
Azhreik
Leenz
Sigfried
Akonatec
kiiariitha
Johaqc
Shiiro
EnithCrystal
loredanapm
gi_gi
Gisgirl8

Correctora
Yann Mardy Bum

Diseño
Pamee
Megan Miranda Fracture

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