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Fr.

Fernando de Zevallos

LA FALSA
FILOSOFÍA
o el deísmo,
materialismo, ateísmo y
demás nuevas sectas

Tomo V
1774
LA FALSA
FILOSOFIA,
CRIMEN
DE ESTADO.
TOMO QUINTO,
4
V
o

E L A T E IS M O , D E IS M O , M A T E R IA L IS M O ,
y demás nuevas Se¿tas,

C O N V E N C ID A S D E C R I M E N D E E S T A D O
contra los Soberanos y sus regalías¡contra los JMagiBrados
y PoteBades legítimas,

C O N T IN U A C IO N D E L L IB R O S E G U N D O ,
donde se descubre mas el quadro de las turbaciones y ruinas
de Estados causadas por dichos impíos; y se combaten sus
especiales M áxim as contrarias á las Regalías de criar
Magistrados, hacer Leyes, decretar la Guerra contra los
enemigos estraños, y pronunciar sentencias capitales
contra los reos de adentro.

TOMO QUINTO,
SU AUTOR

FR. F E R N A N D O D E ZEVALLOS,
Monge Geronymo del MonaBerio de San Isidro
' del Campo.

St ;
m m Reges inteliigne Ertidbnmi qui judicatis te n ata.
f . io .
Psalm
.
z,

CON PRIVILEGIO Y LAS LICENCIAS NECESARIAS.

EN MADRID.
" ‘ t : 1mi __________________________

En la Imprenta de A ntonio F ernandez. Año de 1775.


i J
íta ubi ches scditíones movere inceperunt...... ne-
cessario calamhates qttast orbe quodam semper *|>
4+ revohuntur; cmtimntiqite successione mala malts
redduntur, Cic. Orat, inSenatu apud Dion. Cas. 'a
^ 4
|* lib. 44. prope médium.
? ' í
C O N T IN U A C IO N D E L L IB R O S E G U N D O D O N D E
se combaten las máximas sediciosas de los Filósofos
•impíos.

hechaijíf»
D IS E R T A C IO N QCJIN TA.

especial, la religión
por ellos mismos
f,poargm a,,
.i. reform
a
d o ada
Son funestas para tos Gobiernos, y pueblos las Se ¿tas o supersticiones

,
l a s herspas
A R T IC U L O P R IM E R O .

j se ¿tas antiguas han sido fatales para los


Imperios Prím ipés , p ag. 2.

N um .I.. £ | E enuncian los hechos de las Sé&as en parti-


O cular.
I I . Del Mahometismo: Observación de Montesquieu.
II I Esta fiera Religión deshace á los Principes que la hi­
cieron.
I V D e lo,s Arríanos rémisivei
Y ...... De los Novacianos.
V I ...... .. Rebueltas délos Donatistas,
V I I ..... D e los Petio-Brusianos, y Arnaldo de Brixia.
V IH .... D e los AJbígcnses , y de Dulcino. - 1
I X ........ De las tui badenes causadas por W iclefl
Bossuet nota en solo el articulo 15 . toda la docliína de
las sediciones, y tumultos de los pueblos.
X L ...... Rebueltas de los Húsitas.
X II..... . De los W aldenses, y sus devastaciones.
X III.... Sus máximas de sedición.
TABLA
A R T I C U L O II.

, ,
Es m hecho constélate que la religión reformada ha sido obra
de los Prínapes j Gobiernos humanos
pag. iG .

X IV *... Colores para entrarse los Príncipes seculares a refprmar


la Religión.
X V ..... Por codicia de lo temporal se reformaba k Religión.
X V L ... Se atrevieron á Jo mismo los Magistrados no Sobe­
ranos.
X V II... Confesion manifiesta de Jurieu.
X V III.. Formula de Jos Decretos de Holanda.
X IX ...., Empeñaron en el mismo error a los Reyes de In­
glaterra.
X X ...... Condescendencia del Synodo de Londres de
X X L ... Ardides políticos que observa Bossuet en el Parlamen­
to de Londres. .
X X II... Ley de Isabel por la que se arroga toda la potestad es­
piritual.
X X IIL . Nueva forma de juramento que se pidió i los Obispos.
X X IV .. Jui-ieu hace á la Reforma no solo una obra de la políti­
ca , sino también de los apetitos groseros, '

A R T IC U L O III.

La Reforma despreciada por sus Ministros como un hechiza humano,


se resuelve boy publicamente en Filosofía , y en Deísmo,
pag. ¿ 3 .

X X V .... Los Reformadores eran Deístas, Fatalistas, y Mate­


rialistas.
X X V I... Bayle quiso defender de esta imputación á los Gine-
brinos.
X X V If.. D ’Alembert repite lo que Bayle no sufrió al P.Garase,
X X V III. Retrato que hace la Enciclopedia de la Religión de los
Ginebiinos.
x x ix .;
DEL LIBRO n.
X X IX ...... Explica D ’ Alembert su inunción en el articulo
Geneve,
X X X ....... Declaración que para justificarse ha publicado el
Clero de Ginebra.
X X X I....... D 1 Alembert descubre la solapa de la confesion del
Clero.
X X X II...., Convence su incredulidad de la vida eterna , dé la
Trinidad , y demás my sterios,
X X X III... Tenor de los artículos sobre que D 1 Alembert pone
á qiiestion los Calvinistas , y los Acadeistas.
X X X I V ... Rousseau defiende á sus pastores , contra D ’ Alem->
bert.
X X X V .... Rousseau se enoja con Ginebra , y se une á D*Alem-
bert para condenar a sus Pastores.
X X X V I... Se hacen dos reflexiones, una para D 1 Alem bertj otra
para los Protestantes.
X X X V II.. Se satisface la queja de D* Alembert contra los T h eo -
logos Catholicos.
X X X V III. D ’ Alembert descubrió el Deísmo del C lero para
elogiarlo , no para reprobarlo.
X X X IX ... Les Catlió icos son mas insultados en el artículo
G eneve que losGmebrinos¡.
X L ............ Se previene un efugio de D ’A lem bert, y se hacen
algunas nosas sobre su articulo.
X LI...'...... D* Alem bert no logró complacer á Ginebra, yofen-
dió a la Iglesia Catholica.
X L II........ .II. Reflexión Parenetica á todos los Protestantes*

A R T IC U L O IV .

L a Religión reformada , j fo r n id a por los T r in c h e s ha


s.'do fu n e sta para tilo s misotosy
pag. 4 7.

X L IIL . Abnsaron de citas palabras de Christo : No» veni p 4-


iem mttttre i & c . ..
X L IV ......Com o es necesaria la sangre para establecer el Evan­
gelio-.
XLV.
TABLA
X L V ... El,nuevo Testamento se estableció únicamente con la
sangre del Testador,
X L V I., Los Reformadores quieren establecer su nuevo Evan­
gelio con la sangre de los pueblos.
X L V IÍ. Ansia de Lutcro para excitar tumultos y sediciones.'
X L V Ilí.C ó m o explica lo que es sedición.
X L IX .. Erasmo lamentaba esta funesta sedición de los Refor­
madores.
L ........ E l Turco no sufrió á ios Luteranos por sediciosos.
L I....... Nacen los tumultos particulares en varias partes con­
tra los Príncipes.
L II.......Vando de Muncero contra todos los Príncipes y M a-
: ’ gistrados.
L ili.... Mortandades inmensas de Rústicos tumultuados en
Alsaciá, Suevia, Paiatinado , Salisbourg , Carintia, &c.
L T V .,.. Las Ciudades aspiran á la independencia , y se rebelan.
Otros tumultos.
L V ....* .L a guerra de Smalchalda, y sus causas según eledic-
' to'del Cesar.
L V I.... E l nombre de P rotestan tes anunció mas derechamente
la sedición que la irreligión.
L V II... Otras protestas del mismo espiritu.
L V III.. Aun pidiendo la paz han protestado renovar la guerra.

A R T IC U L O V.

Otras sediciones \y guerras causadas por U Religión hecha,


centra sus Autores, pag, 65.

L IX ......... Causas de las rebueltas de Bohemia , según el edic-


1. to de Ferdinando II,
L X ........... Concuerdan con las que expresa otro ediéto del C e ­
sar Mathias.
LX I......... Los He reges daban por causa de estas rebueltas la
superstición5de Ferdinando II.
L X II........ Pero destruir la Religión del Im perio, y el Impe-
- < rio era la causa de tantas conspiraciones. ■
L X III........ Calamidades de Alemania por “sus turbaciones.
L X IV .
DEL LIBRO II.
L X IV .......L a misma causa tienen hoy las calamidades de Po­
lonia. .
LXV..™ ... Libelos que precedieron á los tumultos de Francia.
L X V I...... Asasínato del Duque de Guisa sugerido por Beza.
L X V II.... E l Duque de Alba conoció Jaraíz délos tumultos
de Francia, y diétó el remedio.
L X V III.... La causa de las guerras fue Introducirá fuerza de
armas el Calvinismo.
L X IX ....... Resolución sediciosa del Synodo de León año i
L X X ........ La sumisión al R ey parece un crimen inexpiable en
tre los Protestantes.
L X X I...... Se canoniza la sedición de cierto Abad,
L X X H ,.... Las guerras civiles han sido por introducir los H e-
reges dos paginas de controversia.
L X X III..,, Diversas sediciones contra Jacobo I. de Inglaterra.
L X X IY .,.. Otras contra Carlos I.
L X X V ......La causa del suplicio de este R ey era el ser R ey.
L X X V L ... Se responde a la necia calumnia de Jurieu.
L X X V II... Siguen los Independientes contra Carlos II*
L X X VIII,. Porque toleró a los C athólicos, se rebeló el Parla­
mento.
L X X IX .... Otras conjuraciones contra el R ey,
L X X X ..... Conjuraciones contra Jacobo II. y su destronamiento.
L X X X L ... Sediciones de K nox para meter la Reforma en Esc»-
(U.
LXXXn... Cruel asasínato del Cardenal David Bretón , Prima­
do del Rey no.
LX X X III.. Bossuet convence que esta fue una empresa de R e ­
ligión*
L X X X IV . K n ox el reformador se refugió con los asasinos, y
predica contra la Reyna.
L X X X V ... E l Rey jacobo é Isabel soplaron la sedición en Es­
paña contra Felipe IL
L X X X V I. Reconvenciones de Bayle á los Protestantes , con­
venciéndolos de sediciosos.
LXXXVII.N otable reflexión de Bayle sobre la opinión que dá
al Papa él poder absolver del juramento de fidelidad*.
TABLA
D IS E R T A C IO N V I.

le s filósofos con otros muchos mptos niegan a los Legisladores


y Leyes la fuerza de obligar a los hombres,
pag. 98.

. A R T IC U L O I.

d tl D erecha,y de todas las leyes


• pag. c>9 .
,
Les libertinos ,Tib'sofos, y otros impíos destruyen la autoridad

A ley de los impíos es la fuerza : discurso del

L Srlíio.
I I .........Concuerda con Epicúro , M etrodoro, y Horacio.
II I Discursos semejantes de los Materialistas-modernos.
I V . Helvecio desprecia últimamente á todos los Políticos.
........ V ..Pone en el interés y deleyte las fuentes de las a
nes justas.
V I Retrato del Placer dado por Cteíntes.

'
V I I Niegan ¿I derecho divino , y de gentes.

,
V III.... Disipan el derecho c iv il, sobre aquello: J u x to le x non
est fosita.
IX ....... . Notable dicho de Carlos V . sobre un efugio de Lutero
acerca de las Ley es *
X ......... En qué sentido alaban los Filósofos la fuerza de las
leyes.
X I........N i una compañía de ladrones puede estar si no hay al­
guna justicia.
X II, ...... Sin ley no puede haber sociedad ni humanidad.
DEL LIBRO H.
A R T IC U L O II,

;
Los Filósofos Gentiles, y ¡os GentíHzantes impugnan la naturdeza de
la justicia, y del Deretbo lo que únicamente se ensena b it»
por la Religión verdadera , pag. 1 1 6 .
.
X III..,, Prueba. La ¿lindo que los Filósofos no entendieron
la .verdadera justicia. -
X I V .... ¿Qué igualdad desea Laótancío entre los hombres?
X V ..... Se expone lo de Chrisco : ¿Q iijs vestrutn ad ju ere p otest
ad sta tu ra m stiani cul/ifíttn unum í
*
X V I...; Verdadera j y discreta igtialadon que hace el Evan­
gelio.
X V II..* ignoraban los Paganos el derecho de h naturaleza t y
la naturaleza.
X V III.. Heinecdo culpa de esta ignorancia á los PP*. y D D .
Eclesiásticos.
X IX .... Dan todo el meritó de esta ciencia ^ Puffcndorf.
X X .,.,. Pufícndorf y los Filósofos Gentilizantcs reparan las
opiniones de los Gentilés.
X X I.... O quitan á la justicia su fuente, ó k apartan de su fin.

A R T IC U L O III.

, ,
Urevt exposición del principie , naturaleza diferencias ,y progresas
de la Legislación según la doctrina de la Religión
ebristiana, pag» i i 8 .

X X II....... Insigne documento dpi Sabio que nos muestra la


fuente de las Leyes.
X X II I .H ay un Justo esencial.
X X I V Quanto agrada en la naturaleza , y en las artts , es
un rayo de la justicia.
X X ............V Compararion ent re el gusto ^y d juicio.
XXV I La justicia , ¿qué , y quién es?
X X V I l.... ?Cómo está en D i os? ¿Cómo en la naturaleza , y
cómo en«l arte? '
b 2 X X V III.
TABLA
X X V in .,. iQ jjé diferencia entre h ju stic ia ,y U ley} Y se defien­
de la ethimología que daba Chrisipo D erecho.
X X IX ....... La ley salió de Dios para lo insensible , sensible, y
racional: cada cosa en su modo.
X X X .„.¿... ¿Por qué debe ser la ley esencialmente justa?.Impli­
ca Derecho injusto, como jus injusum.
XXX I Honestidad de los años humanos.
X X X I I Dios no puede dispensarse de esta honestidad; £s la
ley eterna.
X X X III.... ¿Qyién dispensará al hombre de ser justo? Se im­
prime en nuestro ser la ley eterna.
X X X IV ... La do&rina de los ados humanos es mas antigua
que la Escolástica.
X X X V ......Confesada una justicia no se puede negar quales cosas
son injustas.
X X X V I... Carrieades dudando de la justicia sintió la injuria de
un aduíterio.
X X X V II.. Estas nociones de la justicia desconciertan el sysche­
ma que niega las ideas innatas.
X X X V III. Voltay re refuta este error en Locke,
X X X ÍX ... Algunos escusan la ley que aprobaba el hurto entre
ios Lacedemonios.
X L .„ .........No cometieron hurto los Hebreos en E gyp to* ni
Abraham homicidio.
X L I...........¿Cómo Oséas no cometió culpa?
X 'LIL.......D e la ley natural nacen los otros derechos humanos.
X L III...... Por los cuerpos de las leyes se refrena la osada igno­
rancia de los que hoy mofan á todos los Casuistas.
X L IV .......Explicación de dos lugares notables de San Pablo.
X L V ....... Se disipa el error de W iclef sobre los Magistrados^
y Prelados.
X L Y L ..... Absurdos de las máximas de los Filósofos sobre la.
legislación.
DEL LIBRO II.
A R T IC U L O IV *

l e s "Filósofos disipan la legislación humana , arrojando expresamente


He ella el orden a l a vida fu t u r a , pag. 160.

X L V ÍI. Error de Puffendorf condenado por Leibnits.


X LVH I.Trunca á la Jurisprudencia de su tnas noble parte que
es el summo bien del hombre.
X LIX ... ¡Qaán neciamente puso Puffendorf su prefacio al D e­
recho!
L .......... ¿Qnán contra las reglas , y exemplos de los sábios?
LI.....,..M antesquieu evita los errores de Puffendorf, y cae en
otros.
L II....... Doclrina de la religión acerca del designio de todas las
leyes.
L U I..... Incompetencia de los bellos espíritus para juzgar á los
Doétores Eclesiásticos, y sus obras,
L IV ,.... Se les propone una qüestion singular.
L V ...... Confiesa Puffendorf los inconvenientes de su error.
L V I ......¡Si tan necesario es el respeto I la otra vida para obede­
cer a las leyes, quanto mas lo será para acertar a com­
ponerlas!
I/VIL... Es poco loque enseña Montesquíeu para saber compo­
ner leyes.
L V IIL . Extraífco de sus regias 3 y algunas notas sobre ellas.
L IX .... T od o estaba mejor dicho en unos pocos lugares de
nuestras Partidas.
LX....... Montesquieu llena los vacíos desús reglas con sátyras
en ofensa de Felipe II.
E.XI...... Desprecio que hacen de las sentencias capitales de los
Príncipes.
JLXII.... Pierden el miedo á las leyes penales que hicieron a L u­
lero respetar las civiles. Transición a la disertación del
tiso de la espada.
TABLA
D IS E R T A C IO N V IL

F , ,
Los B etstfí, v Socittiítnos con los ito'sofos y otroi SeíUr'ws nhg&&
^ los soberanos la potestad de hacer la guerra a los esemigos
de la patria , pag. 18^. ■

I „ C ^ E distinguen dos ^usos que tiene íá espada del Sobe-


rano,
II. Uno de ellos hace argumento de esta Disertación.

A R T IC U L O I.

con que los espíritus falsam ente llamados belos


Breve quadrs donde se descubren tas sangrientas rebeliones, y guerras
conspiraron’
elevar el genio d éla paz sobre los tronos d élos
te y n o í, pag. i86*
l .
n i....,* Pasage de Erasmo contra los Evangélicos que negaban
al Emperador Ferdiriando el servicio Militan
Í V ........Hacen la guerra estos fanáticos por no hacer la guerra.
V ......... Época de los Anabatistas enemigos de la guerra ju sta,1
y de toda autoridad publica.
V I .j.... Respuesta que dieron a los Magistrados de Zurích sobre
la guerra del año 1 6 2 1 .
V I I ...i- Quanto incomoda este error , especialmente a los Sui­
zos gentes guerrerás.- '
V IIL .-.L o s Deistas sostienen las mismas máximas.
IX ........ Caso célebre entre el R ey de Polonia y los Socínianós
de sus Estados.
X . ¿ D é la .máxima de no tomar las armas esceptúan los ca­
sos de quando no sea á favor de los Deístas , ó contri
los Principes Christisnos.
X L ....... Siguen , y propagan estaS perniciosas máximas los F iló­
sofos; , 1
X II.......Contal espiritu nos reprochan qúe no predicamos con­
tra las guerras.
X IIL ... Se disipan sus necedades.
XIV.
D E L L IB R O II.
X IV ..;. N o es la guerra por si delito , ni causa de todos los
deütos , como dicen los Filósofos.
X V ...... Mas necesidad hay de excitar al servicio -militar los
ánimos flojos, que de predicar que no salgan á la guerra.
X V I..*.. Respóndese a los que nos mandan predicar del amor
s torpe.
X V II... Quando se predico a Reyes se les dio Ja doílrina con­
tra las guerras voluntarias ó injustas.
X y iI I .. Discursos de algunos Oradores Cathólicos , no contra
Ja guerra , sino contra su abuso*

A R T IC U L O II.

I>ecíaracion de U T)o8 fm& CdtWliut kcertá del derecho de U


espada en el uso de la guerra pública,
pag. 208.

X IX . . E l Evangelio solamente pídela guerra del espíritu


contra Jas pasiones.
X X ......... Esta vi¿toria puede hacer callar todas las guerras ex­
ternas.
X X I . Prohibeel luxo,quc esotra causa de guerras externas.
XXI I Sentencia de Arnobio sobre esta Filosofía del Evan-
< gelio,
XXIII;.,.... Se reducen al camino del Evangelio los extravíos
de los Socinianos Deístas, y demás errantes.
X X ÍV ..,..» El Evangelio no tiene culpa en *las guerras sino pena.
X X V ........ Jesu-Christo previo en la ambición la causa de ios es­
cancíalos,y proveyó de remedio en el uso de lá espada.
X X V I......S e explica eí lugar del Apostol íL los Romanos
que prueba el legitimo uso de la espada.
X X V II.... Se prueba de la respuesta del Bautista á los Soldados.
X X V I-I... Del exemplo de Cornelio el Centurión.
X X IX ...... De la instrucción que sedaba a los Soldados que se
bautizaban. ' '
XX X Pisages expresos de Tertuliano.
XXX I Casos decisivos de Joviano , y Valentiríiano; y disi­
pan una cavilación.
. X X X II.
TABLA
XTXXII..... San Cypriano elogia a Ignacio >y Laurentlno, solda­
dos M artyres.
X X X Ü I.,. Do&rina de San Agustín defendiendo la milicia co s­
tra. los Maníqueos.
X X X IV .... Sentencia que debe desvanecer los escrúpulos de los
que dudan sobre las causas justas de la guerra.
X X X V .,.. Los Filósofos turban con las m a xim a s contrarias.

A R T IC U L O III.

,
La Religión CbristUna no condena la guerra necesaria sitio ¡oí
victos de la guerra , pag. 215.

X X X V».... Tres capítulos principales por donde la Religión cor­


rige los excesos de la guerra.
XXXVI..» I. Reformó las señales militares, y la forma del ju ­
ramento*
X X X V II., II. Reformó eí error del Fatalismo que abite el espí­
ritu de la guerra.
XXXVlII-. III. Reformó el abatidoíio que inspirabi la Folosofí*
de los negocios de la p a z, y de la guerra.
X X X IX .... Efedros que causa la fe en las empresas militares.
XL» IV . Reformó las estaciones supersticiosas, y las prác­
ticas crueles.
X L I...1.... Regla por donde en la Iglesia se aprueba, ó reprueba
la guerra,
X L II....... É l Christianismo condena las guerras que mueve el
deseo de gloria.
X L III.i.... V* ElEvangelio detesta’ , y reforma el orgullo de la
■guerra.
X L IV .......V I. Reforma las licencias qüe se dicen m ilita res.
X L V ....... Avisos á los Militares por ün Coronél para reformar
los desordenes de las Tropas.
X L V L ».... Advierte el crimen de Estado en los que intfome-
ten la Impiedad en la milicia.
X L V II.,.. La Religión reformó él rigor de la guerra justa.
X L V III... Cómprobacion que dá á está verdad Montesquieil.
X L IX ....... E l Sabado fue para los Judíos día de paz.
L.
D E L L IB R O II.
L ............... Los tiempos en que la Iglesia prohibió la guerra.
LI........ . Las personas que reservó de la guerra.
U I , „ , ....... Los lugares, y cosas que la religión sustrajo de la
guerra.
f.TTT..........Las obras primorosas de las artes se reservan de la
guerra.
T TV , ..... . Dos razones que dá Is. Religión para no dejar hacer
la guerra á los frutos , y arboles.
L V ...........N uestra Theología se opone generalmente a los
saqueos de las Ciudades, y es seguida por Groeio.
L V I ..........Nuestra Religión quasi desterró de la guerra el uso
de la esclavitud; ' . ............. ■

A R T IC U L O IV .

que hacen tos Suizos al sueldo de diferentes sobet<MQst


Pag- H í -

Cuso singular que se propone , y resuelve acerca del S ertkh M ilhdt

L V II....... Tres casos diferentes en que se alistan los Suizos.


L V III.......Sofisma con que BuJinger disipó la Liga con Enri­
que II. el año i en el tercer caso.
L IX ..........Discurso de Bayle contra los Suitos sobre los otros,
dos casos, ,
L X .............. N o es constante la regla que fija Bayle para cono­
cer la justicia de las armas.
L X I......... Se considera el servicio que ofreció David a Achis
contra Israel.
L X II......... -Algunos por escusar a David de una cu lp a , le
acusan de dos.
L X III,,,.., Argumento eficíz aunque negativo én defensa de
D iv íd .
L X IV ..:.,, So interpreta de otro modo el hecho de D a v id .,
XJCV....... David ofreció solamente defender la persona de su
am igo; pero no el ofender á Israel.
L X V I.......Bayle desfiguró la conducta de Í6s Suizos, al menos
los Cathólicos. ...,s
L X V II..... Ofrecen no ofender á la patria , y á los aliados; exem-
T A R L A
píos de los Atheniense?»
L X V IH ..,, Arguyen álo s Suizos de hacer la guerra sin. moti­
vos.
L X IX .......Se disipa el sofisma de los Filósofos,
L X X ....,,. Arguyen que los Suizos hacen usura de la guerra.
L X X I...... Es delito hacer la guerra por codicia de riquezas, ó
por ambición de gloría,
L X X II......No se debe confundir el estipendio militar con el
fin de la milicia,
iLXXIII..,, E s un subsidio moderado lo que para militar toman
los Suizos,
E X X IV -... Resulta que ninguna de las tres imputaciones les
comprehende,

D IS E R T A C IO N V III,

C on tra t i sedicioso m o r de ¡os D e ís t a s , J Vile'sofos que niegan a l


M agistrado el uso de fa e.sfada sobre los subditos
d e lin c u e n te s , pag. 1 6 5,

A R T I C U L O I.

S e proponen los intentos de algunos T’seudo-Tilo'sofos contra el


legitim o uso de la s pen4s , pag. 267.

I . . ....... Error dé Jos Socinianos,


I I Máximas del A m or del discurso de la vida feliz.
II I Derrota que siguen en su caída los Libertinos.
I V . Discurso del tratado delitos y penas contra la pena ca­
pital,
V . . Dilema que forma contra el derecho de ajusticiar.
V I ...... Falsa Filosofía deque se sirve.
V I I ...., Exortacion que hace á un ladrón para acometer des­
preciando las leyes.
V IH .... Halla mas culpables á estas muertes por sentencia judi­
cial que á las causadas por la guerra.
I X ,,..... Desaprueban todos los modos de castigar q u e . están en
uso.
X.
D E L L IB R O Ií.
%......... El Autor de] sisthéma de la naturaleza hace a las leyes,
y penas causa de las culpas.

A R T ÍC U L O II.

Se manifiestan las falacias con que los Tito'sofos impugnan


malignamente el derecho de castigar a los reos,
pag. 280.

X I........ D e los discursos de los falsos Filósofos se infieren seis


calumnias áque debe responderse.
X II...... I. ¿Si es repugnante, como dicen, el derecho de castigar?
X III.... Confunden Ja potestad en común con la libertad.
X I V .... D e que falte la potestad activa, se infiere mal el de-,
feéto de la pasiva.
X V ......Todos quantos habitan en sociedad Consienten en las
penalidades, hasta padecer la muerte.
X V I.... Inconseqüencia en su sisthéma, que da \ cada utio el
derecho do matar.
X V I I ... Sofisma contra Ja necesidad de las penas capitales.
X V III.. ¿Si es menor Ja impresión de una pena fuerte, y bre­
ve , que la de una p rolija, y leve?
X IX ..» . Regla de cosmología que resuelve la dificultad contra
los Materialistas.
X X ....... Tres diferencias que se toman de la dicha, regla sobre
la poca impresión de las penas leves.
X X I» ... Segunda, y se falsifica otro dicho del libro de los de»,
lite s .
X X II... Tercera , nos acostumbramos á las penas leves , y con?
tínuas, pero no á Jas atroces.
X X III.. Beneficios que los inconsiderados Filósofos no advierten
nacer de las penas publicas.
X X IV .. Nombres.infames con que tratan las penas, y sentencias
capitales.
X X V .. Pinta m uy al rebes Jos di£támenes del público sobre las
egecuciones de justicia.
X X V I.. Pasages con que hacen aborrecibles á los Magistrados.
X X V II. Hacen ¡t la Religión rea de los delitos.
T A B L A
X X V IJL .. Si el abusó devla Religión influye en ellos mas qué.
apartada ellos la Religión.
X X IX .......Las verdades no sabidas bien, es como hacen mal.
XX X Montesquieu no entiende tan mal la duda propuesta.
XXX I Del Fatalismo que siguen los Filósofos , se sigue la
necesidad de suplicios mas duros.
X X X II.... Se convencen sus inconseqiiencias.
X X X IÍI... Se exortan á reasumir el estado de naturaleza que fin­
gen-
X X X IV ... Llama dulzura á ¡as egecuciones terribles que se
han egecutado en nuestros dias.
X X X V .... Sus intereses, y casos enseñan álos Estados á fijar
sus opiniones.
X X X V I ... Suplicios terribles de nuestro tiempo.

A R T IC U L O III.

3?andamento del legitimo uso de las penas de muerte,


pag. 309.

X X X V I L . La muerte no es moral mente mala,


X X X V III. Ni es injuria quando no hay derecho á la vida ; y


> , aunque no haya delito.
X X X IX .... Ociosa pregunta la de Moscou \qué origen tengan las
penas j castigos}
X L ............ La muerte como pena se funda en el pecado.
X L L . ..... . ¿Oye es el derecho de castigar, y qual es su funda­
mento?
X L II....V. Consta de la primera sanción que se publicó con pena
capital.
X L I I I „ .„ E l primer juicio de m uerte, y la forma de los jui­
cios públicos la dió el Criador.
X L IV .» ... Los Pelagianos,y Filósofos negaron las causas de nues­
tra muerte.'
X L V . O r i g e n , y fundamento d éla pena de muerte san­
grienta^
3 & V L ..... No se promulgó expresamente hasta pasado el di­
luvio.
D E L L IB R O II.
XLVTC,,,,, Los Patriarcas decretaban la pena de muerte.
X L V H L ,.. Repetidos documentos de este derecho en Ja ley es­
crita por Dios. N
X L IX ......Jesu-Christo aprueba expresamente el mismo dere­
cho- en su ley Evangélica.
L .............. Observación notable sobre la institución de los Ma­
gistrados, y reprobación de la autoridad privada.
L I..............De los padres se transfirió á los Jueces el derecho de.
; condenar & muerte , y esto por grados.
L II....... . Ley del Imperio año 1310 . restituyendo á Ja patria
potestad el ju s m tis .
L U I......... Se concluye que la potestad publica no depende del.
patío s o t U l , ni de algún arbitrio humano.
L I Y ........ . ¿En qué cosas depende del Pueblo la autoridad pú­
blica?
L V ............P o r razón natural se prueba Ja necesidad de Jaspe-.
ñas de muerte.

A R T IC U L O V.

E l ‘E y m g tlh no b<t reprobado e l aso de las penas de m uerte}


pag- 5 3 1*

L V I ......... Recibe aprobación de un lugar de San Juan.


L V II........ Exemplos délos Apostoles San Pedro, y SanPahlo
que las impusieron.
LX III....... Se toma argumento decisivo de la conversión del
Proconsul Sergio, y de los primeros Chrístianos.
L IX ..... . Testimonios de San Clemente Romano ¿ y del A le-
xa ndrino.
L X ........ . Sentencia del Concilio sexto de París.
L X I.......... Bayle inclina tanto á esta necesidad de las penas,1
que yerra en otro extremo.
L X lI..........Testimonios de San Chrysostom o, y de Laítancio.
TABLA
A R T IC U L O V I.

l á suavidad del Chrístianismo ha minorado, y mitigado el numero


y el rigor de los suplicios , pag. 539.

LX III....... Por quatro causas pudo el Chrístianismo mitigar


las penas.
L X I V .......E l uso de la confesion impide innumerables delitos
y suplicios.
L X V ....... Confesion de V oltayre en honor de la confesion Sa­
cramental.
L X V I ......E l dogma déla eternidad impide también muchos
suplicios.
L X V II.... También escusa , ó corta el Chrístianismo muchas
querellas , y procesos criminales. x
LX VIII...* Muchas querellas de personas privadas son contra
el Evangelio.
L X IX ....... Quando solo es por venganza.
L X X ....... E l Chrístianismo hace benignos á los Magistrados.
L X X I....... Se notó en Constantino desde que se bautizó.
L X X II..... Se han suavizado, ó corregido las mismas penas.
L X X III... Se comparan algunos suplicios de los Paganos con los
que se usan entre los Cathóücos,

A R T IC U L O V IL

Examen de los discursos con que los VscudoTilo'sofos impugnan U


p d ft h * dtl tormento que se dd a. los reos dudosos,
PaS* 353*
L X X IV ....D iferente espíritu con que varios han desconfiad»
de la tortura.
L X X V ......Diversos orígenes que dán k la tortura.
llX X V L .. Los Filósofos impugnan la justicia, y la utilidad de
la tortura.
L X X V II... Q yé qualidades se requieren en el reo atormentado.
L X X V IIL N o sin causa razonable es puesto alguno á qüestion.
L X X IX .
DHL LIBRO II.
LX X IX .... Aunque , alguno no esté convencido r e o , no debe
sei' tratado como un ¡nocente.
L X X X ....... Implicación del lib¡íd Delitos y Penas.
L X X X I,.... Los que dan derecho para decretar fen t%, por qué lo
quitan para imponer tormento.
L X X X II.... Es aun mas doro el arbitrio que subrogan al tormento.
L X X X III... SÍ el tormentó es inútil para probar los delitos.
L X X X IV .. Mas inútil para saber la verdad , es elp roye& o que
ofrecen los Filósofos.
L X X X V . — Se burlan de la purgación de la in fa m ia , cuyo, signifi­
cado ignoran.
L X X X V I... Hacen al Purgatorio, y á la Religión Christiaria fuen­
te de estas leyes que llaman ridiculas.
L X X X V IL , Se uso del tormento donde no hubo dogma del Pur­
gatorio , y se cree el Purgatorio donde no se usa del
tormento. ■' ■
LX X X VIIT, Se desvanece un ligero sofisma, > , ■1
L X X X IX .., Confunden bárbaramente la tortura con la purga­
ción vulgar.
X C .......... N o defiendo lo s inconvenientes que puede tener la
tortura.
X C I ....... Se representan dos excepciones: prímerá en favor
de las mugeres.
X C IL ,,,..., Parece que deberán considerarse como menores.
X C IIL ......P o r la honestidad pudieran escusarse las mugeres
de la tortura.
X C IV ........ JJ. Excepción; el no arrancar por este medio la
confesion del delito,
X C V ....... . No se debe mentir ante el Juez por ningún motivo.
Error de Montesquieu.
X C V I ........ Parece duro castigar este silencio culpable con pena
atroz.
X C V I I...... Nace de bondad este silencio culpable por abuso.
X C V III..... Es ocasíon para que un malvado haga reos a los que
no lo son.
X C 1X ....... Conclusión.
FE DE ERRATAS.
‘P a G . 19. not. 2.1e£tr. lee kttr, Pag.40. lin. 4. verda,
1 tt verdad. Pag.46. lin. 3. dolerían, mas, lee dolerían
mas. Pag. 52. lin. 23. prenodosiones, lee prenociones.
Pag.68.not. (3) lin. penult. contuserunt,lee coiitiikriint.
Pag. 125. lin. 21. eorruptorem, lee córruptorem. Pag.
14 1. not. (2 )lee(i) Pag. 143. not. (2) Gasian, lee Ca^
siam Pag, 145. not. (2) lin. 2. tours, lee tonr. A l l í , lin.
3. ce, lee ces. Pag. 203. num. marg. X V I. n b s, lee
nos. pag. 257. lin. 19. qualquie, lee qualquhr. Pag.264.
jiot. (1) Tueídid. lee Tucidid. Pag. 268. not. (1) bello,
lee bello cK Pag. 331. Articulo V . lee I V Pag. 322.
lin. 21. los, lee las. Pag.336. num. marg. L X I. hierra,
lee yerra. Pag. 339. Articulo V I. leeF. Pag. 353. A r-
-tículoVII. lee VI. Pag. 383. lin. 24. not. (1) lee (2)
Pag, 153. lin. (i)q . 94. lee 9 5.3 .4 . ad 1. A l l í , lin. 2,
rattonale, lee ratiomHs. Indice letr. E . Equilibrios, lee
MqtiUibrip,
CONTINUACION
DEL LIBRO SEGUNDO
DONDE SE COMBATEN LAS MAXIMAS
sediciosas de los Filósofos Impíos,

D IS E R T A C IO N Q U IN T A .

S O N F U N E S T A S P A R A LO S
Gobiernos y Pueblos las Seoías o superBicionex
hechas ; y en especial la Religión formada a
reformada por ellos
mismos.

esta Disertación comienzo k maní-'


festar quan perniciosa es Ja supers­
tición para los Estados. Mas para
no apartarme de mi objeto princi­
pal , despues que haya indicado los males públicos
que causó cada una de las Sedas en sus tiempos y
lugares, volveré toda mi atención á la época del
Socinianismo y Deísmo. Especialmente hablare­
mos de estas opiniones novísimas f de quienes ape-
Tom. V. A ñas .
3 L ib. II. D i s e r t a c i ó n V .
ms pueden prescindir los, Deístas , y , han sido to­
das una maniobra de la política de algunos Prínci­
pes y Gobiernos de los últimos siglos. D e este exa­
men esperamos que resultará demostrada esta ver­
dad, conviene á saber : que las falsas Religiones
son dañosas á la política ; pero singularmente las
que son ó fueron en su establecimiento mas depen­
dientes de ella.

A R T IC U L O I. »

Z A S H E R E G IA S Y S E C T A S A N T IG U A S
han sido fatales para ios Imperios
y Príncipes-

t. T tR o b a ro n esta verdad con razones bien nlani-


__ fiestas., Lampridio en su líbrp de Ingeniontm
S í en u n cian lo s
h e c h o s d e las
¿cáas en partí- moderañone. in negotio Religtonis ( i ) j Tfiomasini, en su
obra posthuma de ediUis, &>c, y antes d.e éstos Justo
Lipsio en sus A visos políticos, y en el libro de una
Religione. Y o me ceñiré desde luego a los hechos
de cada una de las Se&as en particular , con tales
quales observaciones singulares que han añadido á
ellos algunos Sabios. Comencemos por el Maho­
metismo que es, según algunos, un Deísmo ac<K
modado.

{i) L í j . i , cap . 1 2 . p a g . m í h í J 7 i . & c a p . J j . p a g . 1 7 5 , & s-eq. 1


M a x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 3

s. 1.

,, Es una desgracia para ía naturaleza humana Del Mahomc-


j 1 • * t i s m o : o b s c t v i-
1» (observa ( í ) oportunamente, y para mi Intento ciuudeMonte?-
Montesquieu ) que la Religión sea dada por un , “wu*
„ Conquistador. La Religión Mahometana, que so-
„ lo habla de la espada, obra todavía sobre loshonv
„ bres con este espíritu . destru£tor que la fundó. “
Pongase por una parte delante de los ojos ( dijo
antes) la continua carnecería (2) de los Reyes y de
los Gefes Griegos y Rom anos, y de la otra la des­
trucción de los Pueblos y de las Villas,por estos mis­
mos Príncipes Thlmúr y Gengtskan, que han devas­
tado el A sia; y veremos que debemos al Christia-
nismo un cierto derecho político en el Gobierno, y
un seguro derecho de gentes eri la guerra , que la
naturaleza humana no sabrá agradecer suficiente­
mente.
Un poco antes de esto, comparando el Mahome- Re.
dsmo con el Christianismo, respecto del Gobierno y
de los Príncipes, dice : E l Príncipe heredero de íúcímw».
Ethiopia (hecho Christiano) goza de un Principado*
y dá a los otros subditos egemplos de amor y de obe­
diencia. Bien cerca de allí se ve al Mahometismo
poner en cadenas á los hijos del R ey de-Sennao: al
tiempo de su muerte (3) el Consejo les manda dego­
llar en favor de aquel que sube sobre eí Trono.
Esta es entre todas las supersticiones aquella que
se hizo mas ai gusto, y por el mero arbitrio de los
A 2 Ca­
co Montcsíj. de1* sprit des luix ¡Ib, 24. cap. 4. pag. 17Í.
-<i> I b id . ca p . J . p a e . & SCíj. , .
Cj) ftelat, Echiop. parJe Sr. Poncct McdccínJiu. 4,rtcuell <leslctresedificantes.
4 Lib. II. D i s e r t a c i ó n V .
Califas o Príncipes que liabian de servirse de ella. Si
con todo eso, les es tan poco segura , y les amena­
za continuamente con las revoluciones y matanzas
que han experimentado , ¿de quál otra superstición
se podrá confiar, que sea favorable á sus inventores?
E l mismo Bayle que cayó en este error , y nos
pone en la ocasion de examinarlo, se contradice por
otra máxima, donde afirma: que los Reyes no deben
profesar aquella Religión que les parezca mejor, sino
la que hallen eBabkcida en la Nación: de otro modo
(añade) caerá su Imperio, Esta proposicion es mas
verdadera , y no teme la Religión Cathólica a las
eonseqüencias legitimas que pueden sacarse de ella;
asi como no teme daño de parte de alguna verdad.
Veremos esto al fin de este libro , quando conside­
remos las ventajas y razones singulares que asisten
al lado de la Religión verdadera. Notemos ahora
el suceso y efe&o de las falsas,

§. II.
IV.
De los Arría* A l principio de la Disertación donde se hablo
Boj remissivé. de las máximas perniciosas de los Deístas, y de sus
revueltas, se hizo mención de las que causaron los
Arríanos en ruina del Imperio de Oriente y de Oc­
cidente. Nos remitimos á lo dicho para hablar de al­
gunas otras Se£tas.
V.
De los Nova- D e los Novacianos, que fueron los primeros
SiatiDs.
faereges que turbaron la Iglesia, dice S. Cipriano ( i )
que se portaban como unos enemigos de los Sacer­
do­
te D . C ip r im . e p isr. 4 0 . í í . 6 8. S a ccrd o cu m h o ste s , p e rs c c n tio n c m
E p iscu p is irinvere , in E c c k s ia co u tr» E c tlc s ia m s u r g e r e j g la d iis Jc n iq iie a c
ven e n is e v e r te r e v c i í u e c í t .
M a x im a s I m p ía s c o k t r a tos G o b i e r n o s . 5
dotes; movían guerras públicas contra los Obispos;
erigieron un altar contra otro altar ; hicieron levan­
tamientos contra la Iglesia,y combatieron la verdad,
no con razones y discursos, sino con espadas y con
venenos.
Las inhumanidades que cometieron los Dona- „ vi.
, 1 . 1 Hevucltas de
tistas y sus revoluciones-han sido muy notorias, oan ios Oouatisws,
Agustín refiere de ellos cosas atroces. Las correrías,
muertes7 estragos que cometían sus Circunceliones,
no solamente contra los ciudadanos, sino también
contra los Magistrados públicos , han igualado las
desolaciones que por entonces causaban los Barba­
ros en las mas florecientes Provincias del Imperio.
Sus violentísimas carnecerías y estragos (dice) son
' cometidas hasta por sus mismos Obispos y Presbí­
teros , que hacen tumultuar á (1) muchas turbas de
hombres furiosos; y acometen, no solamente á los
Catholicos, pero algunas veces combaten entre si
mismos.
„ N o es menester ir muy lejos (añade): V e aquí
„ en nuestra propria Región de Hippona. Los Bar-
„ baros no tocaron en ella ; pero los latrocinios de
„ losDonatistasy Circunceliones devastan tan cruel-
,, mente las Iglesias, que en su comparación Rieron
„ benignos los rigores de los mismos Barbaros.
,, i Quál de estos pensó alguna vez en echar cal y
n vinagre en los ojos de nuestros Sacerdotes, cuyos
„ miembros llenaron también de horrendas heridas?
Saquean las casas; desparraman, los frutes secos;.

(1) D . A ug. fc k iu io . O i o i i j , & F e l i e i : V io lc iv iissir.ia s ea¡dcs &


ütrnges , p le riq u c ipsoriins (D o n :icíst'iu ;m ) L p is c o p ij & P r c s b y c c r i f>: < ¡iu liu ct
C lc r ic i co n gre ga cis etu-his h o m im u u tü in js a n im i n o u O ic h o lie is cantttm j. >cd
,
nonnuncjusju « ¡a s a suis 3 u b i p o s s u n t ¡ a f o r e n on ccssa n t.
6 ■ - ' R L l B . í í . : DiSEUTAGlON V ,
impiden los verdes;.y obligan por tales medios a
j, que todD& séíebaülken. *4 ' r• : N

§. ni. :
vir. Eil el siglo doce habían lós Pctro-Br lístanos
v D e los Pcsru-
B tu siin osí :.j ) conmovido la Provincia Ardateme, y renovado allí
A m aído de lirl
xia. los antiguos furores de los Donatisías. Acometían á
las Iglesias, y las derribaban hasta los fundamentos,
despojándolas primero. Rompían las imágenes, par­
ticularmente las sagradas cruces , de que se mostra­
ban m^s enemigos.
E n el mismo siglo én tiempo del Emperador
Federico I. excitó muchos tumultos y sediciones
Arnaldo de Brixía. A I Pueblo Romano, que estaba
algo inquieto , ío acabó de conmover contra él
Pontífice, y todos los Prelados. Enseñaba la doc­
trina que despues repitió W ic le f y otros, de que era
ilícito al Clérigo poseer bienes temporales.
En conformidad de estos principios exortaba á
la Plebe de Roma á que renovasen la antigua D ig­
nidad Senatoria, y restableciesen la gloria de la
Ciudad antigua: que para esto sacudiesen el yugo
del Papa ; pues que éste debia solamente adminis­
trar las cosas espirituales. Tanta impresión hicieron
sus sediciosos sermones en el Pueblo libre, e incli­
nado siempre á novedades, que atacaron, no solo
el Palacio del Papa, sino los de todos los Cardena­
les : eLunos derribaron por el suelo ; y á muchos
Cardenales hirieron »e hicieron otros malos trata­
mientos.
Vagó de un Reyno en otro sembrando por to*
das partes la amargura y la sedición* De Italia vino
M a x im as Im pías c o n t r a io s G o b ie r n o s . 7
á Francia: de aquí , despues de Haberse iniciado en
las cavilaciones de Aba llardo , pasó a Rom a : allí
fue condenado por Inocencio II. en el Concilio La-
teranense, y huyó á la Alemania , sin tener jamas
reposo.
San Bernardo pintó su cara&er en estas pala­
bras*. „ Arnaldo de Brixiá, cuya conversación es
„ dulce , cuya do&rina es veneno, cuya cabeza es
a, de paloma , y cuya cola es de escorpíon j fue vo-
,, mitado o abortado de Bríxia su patria, tenido en
,, horror para R o m a, repelido de Francia , abomi-
,, nado de Alem ania: Italia 110 puede sufrirlo: y
„ }í perturba todas las cosas. (1) “

■. IV . ■
:

Han sido bien públicas y funestas las guerras ^ v1III*Aiy


que sóstubierón los Albigenses én Francia, parti- g e n se s > y ile
cularmente en el Ducado de Tolosa. Ellos eran los DulcIno‘
mas sangrientos y crueles homicidas, y con todo eso,
dice Pedro de Bucernay que predicaban la máxi­
ma de que no era licito hacer morir á ningún hom­
bre , aunque fuese por delito. D e modo; que sintién­
dose ellos autorizados ó animados para cometer in­
numerables muertes, únicamente los Magistrados
y Jueces no podían condenar á muerte á'lo s reos.
-Solo esto era pava el inhumanidad. L a propria má­
xima siguen hoy los Filósofos,y especialmente Tout-
Saint en su libro des manirs, o de las costumbres.
¿Pues
(1) D . B ei'iiar.i. e p isc. ly.ff, A f iu UIu í ile. B r ix ia c u ju s c o n v e r s a tio mel> Se .
■doE trin a ven cim m ; cu ju s c ip n c c n h im h í , ca u ilá s c o r p ijn is e s t j qu em - B r ix ú
e v o m u ie , R o m a c x h o r r u it , F ra iicia rs p u U it,. G c r m a n ia a b o rain a tu r , I v i i a n o n
«rule rc cip e rc 's OmniA p t í t u r i a t .; . ; ,
8 . , . Líb. IL D i s e r t a c i ó n . V .
¿Pues :que diremos del veneno que Dulcíno
derramó en la Lombardía con su Dulcinea o su
manceba Margarita, por sostener los errores de Ge­
rardo Segareló ? Este había puesto en Parma su pa­
tria , los fundamentos de la Se&a Pseudo-Apostó­
lica , ó por mejor decir , A nti-Apostólica: porque
ni a los Apóstoles hacia licito haber reservado algu­
no eosa para el otro día.
Desesperaba de la salvación de los Eclesiásti­
cos , que guardaban para mañana. D e aqui se ele-
baba este fanático contra los Sacerdotes de la Igle­
sia Romana , y contra la misma Iglesia , porque
poseían gruesas rentas. Prohibía á los fieles pagar los
diezmos , y causaba otros disturbios por muchas
partes, especialmente en el Estado de Milán. Esto
le mereció la pena de fuego.
- N o ejcpió bastantemente su error la llam
r poral. Luego en el siglo catorce en tiempo de Cle­
mente V . el dicho Dulcíno,con su Margarita, re­
novó la vida And-Apostólica , y volvió á conmo­
ver toda la Lombardía.. Las turbas que excitó , ho­
llaban todas las leyes, divinas y humanas , con tan­
ta osadía y prepotencia, que Clemente V . tubo ne­
cesidad de convocar el Egercito de los Cruzados pa­
ra reprimirlas. Preso Dulcino con su ramera, fue
.quemado en Bercelis del Piemonte.

§. V .

De P ’turba < turbaciones no excitó en Inglaterra y des-


cioncs cau sad as - pues en Bohemia, y por toda la Europa, Juan W i -
P6. W'wief. clef? Este genio ambicioso, habiendo padecido re­
pulsa de algunas dignidades Eclesiásticas que pre-
ten-
M á x im a s I m p ía s c o n t p „a lo s G o b i e r n o s , o

tendió , y entre ellas el Obispado Wtgorniensc,


concibió un odio infernal contra el Papa. Comenzó
á fingir una vida austera: andaba descalzo y vesti­
do de un paño grosero. Con esta vestidura de ove­
ja no dejaba en secreto de sembrar odios contra los
Eclesiásticos, murmurando de sus rentas, y ense­
ñando que no les era licito tener posesiones. Ha­
biéndolo apercibido el Arzobispo deCantorbery
Simón Sugduriense , movió con todo eso una se­
dición atroz contra ía primera Nobleza de Ingla­
terra , y contra el Clero.
Había á la sazón diferentes parcialidades entre
la Nobleza; porque Juan, Duque de Lancastre,
que favorecía a W ic le f, se habia arrogado quasi
toda la autoridad , por la gran vejez y debilidad de
Eduardo II. La conjuración que movió W tclefi
.juntamente con el Duque Juan , sacrificó a muelas
personas principales , y entre otros fue asasinado Si-
jnon Sugduriense, Primado y Chanciller del R ey no.
Entre sus artículos que condenó primero G lií-
llelmo de Courtcnay, sucesor del Chanciller di­
funto , con otros Obispos el año 1 3 8 2 y despues
condenaron otros Synodos, tenía dos sumamen­
te sediciosos, donde enseñaba especialmente á re-
belar contra las Potestades. Por el artículo 15 , se­
gún el orden en que.los condenó el Concilio de
Constancia en la sesión o&ava, enseñaba: Que nirh
gurí Señor, Civil ni Eclesiástico, lo es mas desde que X.
somete algún pecado mortal (1) . Bosstict nota en
solo el are. i ? ,
Bossuet considerando (2) la malicia de estapro- c o d a l a d o ü í 'i n i
d e la s s e d ic io ­
Tom. V, B po­ n e s y c u rm ilc o í
de los Pueblos,
co Nullui' est dominiis CivUís , itullus cst Pvailatus i aullus cst Bpiscopus*
¿u n í esi I11 peccato tnortali.
il. te) B eísu ct Rist> des V ít ia t io n s lib .^ . b. i 5
io Líb. II. Disertación V.
posicion en orden al Estado, dice: ,, Aiírfftan-
,, do W íc le f que ya no se tiene la Dignidad ni en>
„ pleo de R ey , Señor , Magistrado, Sacerdote xii
„ Prelado, desde el momento que uno tiene en el
„ alma el pecado mortal, ha trastornado el orden
„ del mundo , comp también el de la Iglesia , y ha
„ llenado al uno y á la otra de sedición, turbacio-
a, nes y tumultos.u
También por el articulo 1 7 de los condenados
en dicha sesión de Constancia, daba á los Pueblos
potestad fara corregir d su arbitrio a los (1) Seño­
res delinqiientes. Esta dodtrina es la de Vohayre,
como veremos despues.
,, E l quiso establecer i como dice (2) Croisef,
„ una total igualdad entre todos > y á este paso , la
j, independencia entre los hombres. W ic le f y sus
„ Discípulos no predicaban otra cosa que libertad^
„ Tan cierto es (añade) que todas las heregías no
„ se dirigen menos á la destrucción del Estado, que
,, á la de la Iglesia.
,, Esta doctrina ocasionó en todas las Provin,-
s, cias del Reyno una sublevación general de loa
9, paysanos y gente, plebeya , y se vieron bajo diver-
„ sas cabezas mas de doscientos mil, puestos en ar-
mas, que hicieron en poquísimo tiempo infinitos
,, desordenes, clamando: Libertad. Tubieronel ar-
„ rojo de adelantarse hasta las puertas de Londres
,, mas de cíen mil, bajo la condu&a de un Juan
„ Baso, Sacerdote Wiclefista. Haviendo sido reci-
„ bidos en la Ciudad por la gente soez del pueblo,
„ co-

íi) P o p u lares possunc a J sim m libieum d o m in o s « M líg c r c ,


W IJuíionsí «leona.. íi. del Vfklcfism.
M a x tm a s Impías, c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i i

M comenzaron sus violencias por el asasínato del


„ Arzobispo de Caiitorbery, Chanciller del Rey-
B, no y gran Thesorero de la Corona. E i R ey se
}>vid obligado , por librarse de este furor, á conce-
„ derles toda la libertad que pedían, hasta que el Go-
,, bernadof de Londres , no pudiendo ya sufrir una
„ tan furiosa insolencia, derribó en tierra de una es-
„ tocada al General, y solo este golpe disipó inme-
„ díatamente toda esta desaforada canalla.^ ( i)
Gregorio II. quando se mudó á R o m a, escri­
bió entre otros un Breve al R ey Eduardo, en que
le prevenía, que los errores de \V iclcf no eran me­
llos peligrpsos al Estado que a la Iglesia.

$. VI.

Después de tantas turbaciones y anathemas can- R e b u d iXa sI . d e lo s


adas y merecidas por W ic le f, Juan H u s, D oítor l í u s k i t ,
de la Universidad de Praga , bolvió á suscitar aque­
lla doctrina con la memoria de su Maestro, á quien
lloraba injustamente condenado en tantos Con­
cilios. Son horribles las facciones y guerras san­
grientas que deaqui nacieron en Bohemia, y la hi­
cieron nadar en sangre.
E n primer lugar turbó á la Universidad de
Praga , y la disipó j persuadiendo -a Wenceslao
que la reformase, según las costumbres e institutos
de la Universidad de París, y que prefiriese á la
Nación Bohema sobre 'las otras tres Naciones de
Baba ros, Saxónes y Polacos, que componían la di­
cha Academia de Praga.
B 2 A n-
íij I d , ¡b u l.
is Lib. II. D is e r t a c i ó n V .
Antes de mucho desertaron de allí cinco mil
Escolares, y fueron á fundar la Academia de Lip-
cia en Saxonia. A la ruina de la Universidad se si­
guió despues la de la Religión , la de la Patria y
la del Rey. Tradujo en las lenguas del país los li­
bros de W ic le f, y los sembraba por todas partes
con las simientes de la sedición y de la irreligión.
Juntó quanta gente ambiciosa y descontenta había,
y tumultuando, caían ya hacía esta parte, ya hacia
aquella, haciendo grandes injurias.
E l Arzobispo de Praga renovó la condenación
de los libros de W iclcf. Por esto, según dice el
V . Esteban, Prior de la Cartuja Olomucense (en
unos Opusculos publicados en el tomo 4. de las
Anécdotas del P. Pez) era tenido como una fábula y
ludibrio de sus subditos, al cuidado de Juan Hus,
que los excitaba a la desobedienciay a la rebelión ( 1 ) .
Hacíales cantar versos irónicos por todas las
plazas contra el Arzobispo. Aumentó las turba­
ciones , juntando á su partido otros espíritus inquie­
tos ycomo Geronimo de Praga , JacobcloMisnensc,
y Pedro de Dresde. Este ultimo sugirió la co­
munión en ambas especies, b el uso del cáliz , abu­
sando de las palabras del Salvador en San Juan (2) .
Renovó la sediciosa do&rina de W ic le f contra
los Señores Civiles y Eclesiásticos. A esto miraba
el articulo go. que le condenó el Concilio de Cons­
tancia en la sesión quince: La muerte que mereció
Juan Hus por su contumacia , no extinguió su espí­
ritu de sedición»
Juan
* { i) A p u d J o a n n , D o n i. M a n s . ¿ri n o t . a d N a fíil* saecu!. 1 5 . r o m . 9 . p a g . ¿ 4 *
(2 ) J o a n , crtp . 6 . N Ú Í n u s id u c a v e r it ís c a r m í n f i l i j h o in im s , & b ib e r ic is s a * -
guinea t &c»
Maximas Impías c o n tr a lo s Gobiernos. i5
Juan Ziskase declaró G e fe de losHusitas. H izo
una guerra, terrible á la Patria y á los Cathólicos.
Quitó el R eyno de Bohemia al Emperador Sigis­
mundo /muerto su hermano W enceslao.
Por muerte deZiska, entre otros que se levan­
taron para ponerse á la cabeza de los Taboritas , fue
uno Nicolás Galeco. Defendía , que Hus y Geró­
nimo de Praga habían sido quemados injustamen­
te , porque enseñaban contra el uso de las legiti­
mas potestades, contra la administración de la jus­
ticia , y contra la do&rina (1) expresa del Apostol*
que ningún reo puede ser condenado a muerte (2)por
ningún Juez en tiempo dé la nueva Ley.
Sin embargo de esta aparente humanidad, ellos
tenian ley para derramar la sangre de innumerables
inocentes. Otros de esta furiosa Secta predicaban la
libertad de todo tributo o gabela, pedida por los
Príncipes ; enseñando que no debían pa^rse , por­
que Christo había eximido á todos los fieles. Esta
ignorancia fue propria de Juan Behaín que de T im ­
balero se hizo Predicante.
Continuaron estos espíritus hasta los tiempos
de los Luteranos , y entonces hicieron con ellos
una causa tomun. A u n quando exteriormente pa-'
.redan mas mbdestos , tenian inteligencias secretas
con los Saxones, y conspiraban contra Ferdinando
y contra Carlos V . „ Algunos pretenden (dice Eos-
,, suet) que estos hermanos de Bohemia (3) cuyas
„ pa­

t o - , A d R o m . 1 ; . S i m a liim Fcccn 's t im e : n o n en irti s in e c a u s a g la d iu m - p o ^ i


t a t . D e i c n im r o ín is t e r e s t r ín d e x in ir a m c ju s q u i m aliitn a g it -
(1) Qimd nullus horao jir c é occidi pocest ceropore nov® legis etiam per
-riieis sententiaro , enm lu v u m Testafticncum id non
íjj Bos,Hisc. des VaiíatioBJ. X£b. ti. n, ijí, ' .
T4 LlB. II. DlSERfACÍÓN V .
,, palabras eran tan suaves y tan respetosas 3. íosPd-
„ tentados, al paso que entraban en las pretensio-
3, nes y opiniones de los Luteranos, se introdujeron
„ igualmente en sus manejos e inteligencias , y en
9, sus guerras. Fernando les encontró mezclados en
9t la rebelión del Elector de Saxonia contra Car-
s, los V . y les expelió de Bohemia : Refugiáronse
„ en Polonia , y se ve por una carta de Músculo,
,, dirigida á los Potestantes de Polonia el año 1 556.
,, Poco antes habían sido acogidos m aqiaí
y estos refugiados de Bohemia.* ‘

$. vn.
xii. Los Waldenses movieron también safigríeíf*
í« Iy* TuS1Jde- tas inquietudes con sus hechos y máximas sedicio-
víKíwncí. 5ag cont;ra la Iglesia Romana. Depues de haber dado
los prim^bs pasos por un camino de desengaño
Christiano, se rindieron á la tentación que acome­
te á muchos de los que comienzan la práótica de la
virtud; y era querer corregirlo todo , hablar con
una especie de zelo amargo contra los que juzgaban
por abusos} y pensar que la Iglesia y el Christianis-
ia o no se salvaba ya sino en ellos.
Con este espíritu de error declamaban contra
el orden Eclesiástico. Si iban á oír á los Predi­
cadores Cathólicos, solo era con el designio de
m o f o : de el sermón, y para armar lazos, y co­
ger en alguna palabra al que havia predicado.
Todo su espiritu dice R enier, que era un rencor
y odio m aligno: ¿Ve processlt docírina eorum Ó*
eSus máximas
TIIT- <.J( rancor.
_ ' . . ,, A
«dióciD. bus misos dogmas conté man,, ettíre otras maximaa
que
M a x im a s I m íía s c o m t r a i ó s C o í t e r n o s . 15
que 110 se debía obedecer á los Prelados Ecle-*
siastíoos , ni d alguno otro hombre , sino a solo Dios.
Fueron condenados muchas reces ya por Alcxan-
dro III. en el Concilio Lateranense del año 11795
ya por Inocencio III. en el Lateranense quarto dei
año 1 2.2 y, y ya por otros Papas sucesores.
Quedaban algunas reliquias de los Waldense»
y Barbas en los Valles de la Saboya y Piemonté.
Am adeo, Duque de Saboya, mal seguro de ellos,
los proscribió de todos sus Estados en el año 1686*
y les derribo los Templos; pero losSelvages ocu­
paron las eminencias y lugares mas ásperos para
resistir á sus Príncipes, Inclinado éste a la media­
ción que los Oradores del Cantón de Berna y de
otros Cantones hicieron por los rebeldes, les con--1
cedió la vinia, mandándoles salir en paz de la
Saboya, y de todos sus Estados. A un no qui­
sieron obedecer, y en quanto lo pudieron lle­
var sus pocas fuerzas, hicieron frente al Duque:
este los disipó y ahuyentó finalmente de sus do­
minios.
Pero apliquemos ya nuestras miras á las nuevas
Seítas de los Protestantes. En la Reforma notare­
mos tres cosas, todas principales para el asunto que
aqui tratamos. L o primero, el hecho constante de
que ha sido un systéma. inventado y sostenido por
la política de los Príncipe^ y Gobiernos. L o segun­
do T quede esta causa proviene su ninguna estabi­
lidad , y es tan menosprrciable entre sus mismos
profesores. Y lo t:rcero, que por ella viven los
Príncipes y GobtcTnos tan poco seguros y tranqui­
los j ó por íTL'jor decir, lia trastornado la forma de
los mismos Estados que i ella le dieron autoridad*
i
r6 L ib. II. D isertación V ,
y forma. Consideremos cada una de estas cosas
•por sí mismas.

A R T IC U L O H

E S U N H ECH O C O N S T A N T E Q U E L A
Religión reformada ha sido obra ds hs
Príncipes y Gobiernos
humanos,

%. I

OS Príncipes y Pueblos £|ue, no pudíendo


L sufrir la sana doctrina, ardían en el prurito
de darse á las novedades y á las fabulas , buscaro
para sí Maestros de mentira, que les adularon desde
luego muy a su placer , diciendoles que les tocaba
privativamente ei derecho de reformar la Religión.
mv-
Colores paraen- Unos v fundaban esta do&rina tan lisonjera
>. en los 1pri-*
trarse los príti- meros actos de usurpación , que ae mano armada
reformar la Re.- habían hecho los Príncipes} y juntamente por algu-
lis‘011* ñas transacciones y conciertos, que con la espada
en la mano habían arrancado de los Estados C a-
thólícos: ya en el tratado dePasavia del año 1552:
ya en la paz llamada Religiosa del año 15 55" I>or-
que como traemos observado muy de antemano,
de los malos hechos infieren los nuevos Doílores lo
que se puede hacer.
Otros hacían distinciones sofísticas entre la po­
testad Eclesiástica y el derecho de refo rm a r la Igle-
.«a; llamando sagrado á lo primero, y político á lo
se-
M a x im a s I m p i as c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 17
segundo (1). A esto lo quisieron tener por una prer­
rogativa del derecho territorial, dejando lo primero
por suerte inseparable del ministerio Apostólico.
Otros Jurisconsultos, creyendo que sabían tan­
to mas quanto mas subía su osadía (2), engañaban
á los Príncipes diciendoles: Que les competía todo
eí derecho Episcopal, siendo cada uno de ellos Papa
en su Estado, y haciéndoles tan dueños de la Reli­
gión , como lo fuesen de lg. Región.
D e estos últimos los unos sacaban este derecho
Papal del derecho de Patronato ( 3 ) y los mas del
proprio dominio territorial; como si la Religión
fuera sierva , o estuviera mancipada al terreno, ai
modo de aquellos infelices que se decían Serví Gfc«
Dívídense todavía en mil questiones y partidos
(4) estos pragmáticos, distinguiendo éntre derechos
JVÍaye 'Báticos y Colegiales. *
En esta segunda palabra pusieron ya el princi-
cipio de arruinar á los Príncipes con el poder que
aquí -comenzaban a reservar á los Pueblos ó Comu­
nidades. N o hay que admirarse de que una Juris­
prudencia tan fresca y reciente,fuese tan mal cono­
cida y defendida por los mismos que la iban regaliz
do y criando , según los intereses y necesidades,
que cada dia les nacían de los nuevos casos.

Tom. V. C §. H

(0 D j V r t . d e en q u o ii ju s t u r a e s c c ir c a r c fü r m a c iu tie m s a c r o n im ,
(ju s re fo n n a n d i) p o iitic u m ju s ¿ síicram lio c c s í ; illu ii e x s u p e r iw it a t e rec-
r it O iiá li, h o c ex ju re Ecclcsia: p rim itiv o m aicit.
(;) Simb. Jurisprncl. p-jb!. c i p . ( j) Iil. itiid.
(4) Piaff. M ediiationes circa jos rcFonnandí cap. i . ^ ■ultíin.
i8 Lib, I I , D is e r t a c i ó n V.

, II.

1,or cod
xy:icia. de
J Aunque
4
estos errores fuesen tan groseros,
to temporal se como se nota a primera vista, los Principes y Ma>-
hKt' gistrados se dejaban engañar, porque sin sentir
el anzuelo que se les ocultaba, era muy sabro­
so para su codicia y para su ambición el cebo de
las nuevas dignidades en que entraban, y los de­
rechos y posesiones sagradas que conquistaban , sin
arriesgar Lina vida, ni gastar sus haciendas. Asi que­
daron , por solo el mérito de una buena resolución
á que se animaron, hechos Pontífices Sum os, y
Autores de la Religión y verdades que habian de
creer en adelante los subditos. Cada uno era árbi­
tro de la L ey , pero mas soberano que Mahoma,
mas sabio interprete de los mismos mysterios que
N um a, y de igual modo amigo de reformar la bar*
ba de oro de Esculapio que Dionysio.
Las cosas sagradas, y los dogmas que habian
tenido y creído los Pueblos, empezaron á ser des­
de entonces otra cosa distinta, y aun contraria á lo
que habiañ sido antes. La autoridad de los Prínci­
pes podía ya mudar en mentira lo que siempre ha­
bía sido verdad ; y hacer que fuese damnable y dig­
na de proscribirse la R eligión, que habiasido ado­
rable y sacrosanta.
st atívkron á A un los Magistrados que no eran Soberanos,
io ipismo ios se quisieron entrar á pie llano en esta nueva Pro-
M agistrados no . M , 1 T> 1- * •
Soberanos. vincia de reformar la Iveligion Mmstiana en sus
tierras , quitando y poniendo según su arbitrio.
„ Sucedió en el mes de Abril del año de 1 559. en
„ una Asamblea llamada Mercurial, que los mas
aa-
M a x ím a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s 19
„ Sabios y moderados ( asi habla (1) un. Escritor á
„ quien falta lo ' uno y lo otro ) del Parlamento (de
„ París) propusieron usar de menos crueldad en re-
„ formar la Iglesia. Este fue el parecer del Presiden-
„ te Ranzomt, de Arnaud Ferrier , de Antonio Fu-
,, mee, de Pablo de F o ix, de Nicolás D u v a l, de
,, Claudio Viole , de EuBaquio di la Porte , de Luis
„ du Faur, y del celebre Amia de Bmtrg. “
XVII.
Para no dilatarme especificando cada uno de los Confesión ma­
Estados, donde los Príncipes ó Magistrados se hi­ nifiesta <ie Ju -
rica.
cieron árbitros en el negocio de la Religión , pondré
aqui un documento tan poco sospechoso, quanto es
de un Ministro el mas zeloso defensor de la Iglesia
reformada. „ Es verdad ( dice claramente (2) y a
otro fin) que la Reforma ha sido hecha por los So-
„ beranos. En Ginebra se ha compuesto por el Es-
„ tado; en los Suizos por el Consejo Supremo de
„ cada Cantón; en Alemania por los Príncipes
„ del Imperio ; en las Provincias Unidas por los
}, Ordenes; en Dinamarca, en Suecia, en Inglaterra
„ y en Escocia por la autoridad de los Reyes y de
„ los Parlamentos: y esta autoridad 110 se ha que-
„ dado en dar una plena libertad á los reformados:
,, Ha pasado de aqui,hasta quitar las Iglesias á los Pa-
,, pistas, romper sus Imágenes» prohibir el egerci-
ció público de su culto, y esto por, todas partes.
,, A u n en muchos lugares se adelantó hasta conde-
„ nar el egercicio privado del Papismo. “
x y u i.
Algunos decretos de los Ordenes de Holanda Formula At
que cita Grocio (3), comienzan a s i: Usando de la los Decretos de
Huí inda.
C 2 an -
ii) H ístiíis'<lu ^ arlem - d u l U t i s e J it . tic ca p . 2 1. p a g . í ) í .
fi) J u r. T a M . l e f i : . 3 .
(3 ) U e e rc r. O r d in . ap u J G r o t . p a g . 1 4 1 ,
so L i b . 11 / D i s e r t a c i ó n V .
autoridad que nos pertenece en qiialidad de Soberanos
JvTcigiiircidos, según la _Santa palabra de Dios , y
según los egemphs de los Reyes, Príncipes, y Qu
dades que han abrazado la reforma de la R eli­
gión , &-c. En Jurieu se hallan otros decretos de los
mismos Estados Generales, tal como uno de Utrech,
y dicen expresamente, que cada Provincia es Se­
ñora de su Religión para reglarla y establecerla, se­
gún lo juzgare por mas oportuno (i).

5. IU .

Deben notarse con especialidad las desgraciadas


ventajas, que en quanto á esto quiso llevar la In­
glaterra a las otras Naciones reformadas j para que
despues se conozca mejor quanto mayores han sido
allí las espinas o revoluciones sangrientas que ha co-,
g,Ído por fruto de los cardos que sembró. N o
echemos toda la culpa á.sus desgraciados Príncipes;,
porque no los engañaron y empeñaron menos en es­
te precipicio los Doótores abominables, y Obispos
lisongeros, autores de aquella -scena , que sus pa-,
siones proprias. Si aquellos Soberanos tenían ver-
guenza alguna vez de cargarse de ciertos hechos y
títulos los Ministros de la naciente Religión les
quitaban los escrúpulos, encantando sus conciencias
y adormeciéndolas.
X I 3T.
E m p eñ aro n en
Bumet, cuya historia mereció tanta estimación de
e l m ism o e rro r á parte de los Parlamentos, no quita á sus Príncipes esta
1¡T5 H eves tic I ¡i-
g h tc r r i. talqual escusacion.,, La Reyna Isabel (dice) quería
aque-
(i) ju r . 11•i i sup. p - 4 'í i . T o u s Ies d e c r c ts d* u n ió n e n tre le s P r o v in e c s corn­
il]? cst ccíwi d f Ü tr e c h ti p n r ta n t expresem enc» tjue c h a q u c P r o v in c c d e m cu re ra
n ia icrcs^ d c la R e lig ió n p e u r l a r e g lé is & I* c r a b lir , sclo o q u c e lle ju g e r a apropos»
M a x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 3 i
f, aquellas ceremonias que sil (i)padreliabia conser-.
„ vado; y buscando el lucimiento hasta enelservícío
í5 divino, juzgaba que los Ministros de su herma-
„ no se habian excedido en el cercen de los orna-
„ mentos exteriores, y habian despojado demasia-
„ do á la Religión. En quanto á las Imágenes te-
,, nia designio de conservarlas en las Iglesias, y en el
,, servicio divino. Hacía para esto todos sus esfuer-
,, zos, porque amaba tiernamente á las Imágenes, y
,, las tenia por un gran socorro para excitar la devo-
cion; o por lo menos juzgaba que las Iglesias se-
„ fian mas freqüentadas por ellas. “ Pero á pesar de
su voluntad la hicieron firmar una ley , mandando,
110 solo que las Imágenes Juesen quitadas de las Igle­
sias , sino que ninguno de sus vasallos las -pudiera
tener en sus casas. Apenas pudo reservar aquella
Reyna un Crucifixo que tenia en su Capilla (2) Real,
y no la pudieron acabar de persuadir sus malvados
directores a que se deshiciera de él.
Mayor empacho y repugnancia mostró á que
la tubieran por Papa; quizá porque no se hiciese
verdad en Isabel la fabula que habían fingido otros
Hereges de la Papisa Juana. Aunque al fin se de­
jó persuadir á un error gratísimo á la mente y or­
gullo de una muger, y publicó su ley declarando
ser su voluntad , que se acumulase de nuevo á la
Corona el Primado Eclesiástico. xx.
Los artículos de do£triña que hizo el Parlamento C o n d c s c ín -
d cn c ia d e l S y -
el año 155 9,fueron recibidos y confesados por el Sy- n o d o cteLondres
de 1
nodo de Londres, junto en elañode i562.N otubie-
ron
( i) B u r n e t. lib . j . ^7,
4 »; A u g . T u a u . Jib. 1 7 . an 1 ; $ ? .
2* L ib. II. D isertació n V .
ron escrupulo aquellos acomodados Obispos efl reci­
bir el nuevo símbolo de fe , donde se confesaba que
la M ageBad R eal tenia la fotcBad soberana (i)...
en toda suerte de causas, sin que sus vasallos pu­
diesen defender en nada de alguna RoteBad E s-
tmngera. Entendían por esto último al Papa que
era hecho eílraño en medio de sus hermanos y pe­
regrino entre sus hijos. (2)
„ La R ey na (dice Bossuct)reglaba por sus edic-
,, tos , (3) no solamente el culto exterior , sino tam-
,, bien la fe' y el dogma, y los hacia ordenar por
„ su Parlamento, cuyos a£tos recibían de ella su
„ validación.
ijfl. „ N o hay cosa mas inaudita que lo que enton-
■Ardides Polí­ ,, ces ocurrió acerca de esto. E l Parlamento pronuri-
ticos que Obser­
va Hossuec en el „ ció directamente sobre la heregía ; reglo las con-
Parlamento de
Londres. „ didones bajo las quales una doctrina habla de pa-
,, sar por herética ; y donde estas faltasen, prohibió
,, condenarla, y se reservó su conocimiento (4). N o
„ se trata aqui de saber ( prosigue ) si la regla (5)
dada por el Parlamento es buena o mala ; sino, si el
„ Parlamento, un cuerpo secular, cuyos a&os reci-
„ biandel Príncipe su valor, podía decidir sobre las
„ materias de fe , y reservarse su conocimiento. Es
,, decir, atribuírselo; quitándolo á los Obispos, áquie-
„ nes Christo lo dio* Porqiie lo que el Parlamen-
„ to decia, que lo trataría de concierto conlaAsam -
„ blea del C lero, no era sino una ilusión. Pues
» que

(1) S in o d , L ú n d iii. a rt. 57. ap u d Hjssucc. aTcrris, m im j:.


(2) P s a lm . U S , $■. p ,
(3) S o s s u c t. n verris. í -
t+) B a rn e t i ; ¡ ¿ . p a ^ . í t *.
{-;) H istor, <lc las variación, lib . r o . n u n i, 1 6 .
M a x im As I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s , 23
que al fin siempre se reservaba al Parlamento la
,, suprema autoridad; y los Pastores eran oídos mas
„ bien como consultores de quienes se tomaban lu-
9>ces , que como Jueces natos , á quienes pertene-
S) cia la decisión por derecho divino. “
„ Y o no creo (concluye el ílustrisimo Bossuet)
,, que un Pueblo Christiano pueda sin gemir, oír
„ un atentado semejante sobre la autoridad Pasto-
„ ral, y sobre los derechos del Santuario : pero te-
„ míen do no se pensase, que todas estas sorpresas de
9, la autoridad Real sobre los derechos del Santua-
„ rio,eran claramente usurpaciones de los legos, sin
M que el Clero consintiese en ellas , se procuraba pa-
„ ra todo la anuencia y consentimiento de los
„ Obispos y del Synodo. u
El Synodo de Londres (dice el mismo) com­
puesto de las dos gerarquias del C lero , queriendo
establecer el valor de la ordenación de los Obis­
pos , Sacerdotes y Diáconos, la funda sobre la fór­
mula contenida en el libro de la consagración de
los Obispos y Arzobispos, y de la Ordenación de
los Sacerdotes y Diáconos, hecha poco antes en
tiempo de Eduardo V I . y confirmada por la auto­
ridad del Parlamento (1). ¡ Flacos Obispos! ¡Mise­
rable Clerol ( exclama el citado Bossuet) que gus­
ta mejor de tomar la forma de su consagración de
un libro hecho poco antes, y confirmado por la auto­
ridad dei Parlamento , que del libro Sacramental
de San Gregorio , autor de su conversión ; donde
aun podían leer la fbrma con que sus predecesores,

(1}Iti.ibL
y el Santo Monge Augustino, su primer Apostol,
24 L ib . II. D i s e r t a c i ó n V .
fueron consagrados; aunque este libro no estubíe-
se apoyado por la autoridad del Parlamento, sino
por la tradición universal de todas las Iglesias
Chrístianas.
,, Así es (dice despues) como olvidando la ca-
„ beza que Christo les habla dado , con las anti-
„ guas instrucciones de su Iglesia; y dándose el!os
,, mismos por cabeza á sus Príncipes, que Christo no
,, habia establecido á este fin, se envilecieron de tal
,, suerte, que ningún aóto eclesiástico , aun los que
j, miran á la predicación, a las censuras, á ía liturgia,
„ á los Sacramentos, á la fe misma, no tiene Rier-
„ za en Inglaterra, mientras no es aprobado y reva-
„ lidado por los mismos Reyes : lo que en el fon-
,, do les cía mas que la palabra y que la admínís-
„ tracionde los Sacramentos, pues que les hace ár-
„ bitros Soberanos de lo uno y de lo otro. “
X X II. Una ley que se publicó á nombre de la Reyna,
T .íy de Isabel;
p o r 1.1 <¡uc se ar- contenia „ que ninguno exercería ni tendría ju-
roj;) to i* !a p >
Gestad csp¡r¡-ua!,
„ risdiccion o potestad espiritual 6 Episcopal , si-
„ no al beneplácito de la R eyn a; ni en otra calidad,
,, que como por una autoridad derivada de la Ma-
,, gastad R e al( 1 ) : añadiendo* que esto no era atri-
ff, buido por una reciente usurpación, sino como
„ una antigua Regalía perteneciente á la Corona de
,, Inglaterra.
,, Asi constituyó Vicarios y comisarios suyos
,, en las cosas espirituales: abrió sello particular para
„ las

(1) P . N a ta l. Ssecul it f . tn n i. j). p a g . e d ic . V e n e t . 1 7 7 » . Ud ju r¡sd ¡£ tio-


ttcm poEescatcm que rípiscopalctn non ten eren e, tiisl a i íc n r p U d tx m R c g jn s , iicc
a lh e r íú s L p t t i R e g a ü M a ic s tn tc d e riv a ta m auít.> ricatcm : nct]:i<: is ta
q u id em . tan quam rc cc n s u su rp aci 11 j? a ttrilm c n s , sed ta iu ju a m a d a n tiq u m u ju s
r e g a le A n g l i a u u p e r tin e n tia .
M axímas I mpías contra tos G obiernos. a 5
„ las causas Eclesiásticas; determinó que no va-
„ líese mas el sacrificio de la Misa, y abolió el rito
„ Cathólico de predicar y administrar, los Sacra-
t, mentos; reservándose para «iempre la renta del
„ primer año de todos los Beneficios Eclesiastí-
„ eos que nombrase.
„ Para estas cosas convocó al Parlamento , y *xm.
,, mandó que todos los Arzobispos t Obispos y deMujuram7nt*
„ Prelados , le prestasen juramento de observar- 1^a¿¿esp¿idiA
,, lo asi. Abajo se pone la formula de este Jura- *
„ mentó. Los que rehusaban hacerlo asi, eran pri-
„ vados por la primera vez de sus beneficios, y
M de todos sus bienes , y puestos en prisión ( i ) ; y
„ por la segunda vez eran castigados con pena de
„ muerte. “

* IV .

No. solo se prueba que la Religión Reformada *


fue una invención de los Príncipes , dirigidos por ""
algunos impostores > sino también la invención ó JaPolítica, sino
, 1 . , . . también do los
sugestión de las pasiones humanas, ai modo que apetito» gráte­
las Divinidades infames, y las supersticiones ne- ro*'
fandas del Paganismo. Aqui se sacrificó otra vez
delante de los incestos, de los adulterios y de
los objetos de los amores torpes, el honor, y tran-
Tom. V. D quí-
fi) Apud. eiutiíl. Ego N. pmrsus tc.ícificor £: declaro in consciencia mea Ke-
ginatn esse solam Supremam gubernatriccm, Se ipsiuj Regni Angliac . & aliorum
sus majescaris ¡iominioruni & Regionum , non mínus in ómnibus spiritualibuj
arque Eciesiastieis rebus veí causis , quam temporalibus >3c quod nemo exter­
nas Princeps , Persona, Pr*Iatus , Status, veí Potcacatus, aut Ei&u aut ?ire ha­
ber nliquam jurJsdíñíonem, potestatfra j superioritatem , prsíemineiitiam vcl
¡míloncatctn i-clcsjasticam aut splritualem in hoc Rcgno. Idcnquc plenc rcnun-,
fio & rcp'jdio omrtes esternas jurisdiíHoties, potesutei j iuperiuiiíJCes, atqu¡e
auítnritatcs.
s 6 Lia. II. D i s e r t a c i ó n V .
quilídad de la patria , la antigua R eligión, la fe
dada y tenida, y todas las. cosas: divinas, y huma­
nas. D e suerte que el mismo Apologista de la R e­
forma no puede mantener este puesto, y le deja,
confesando la verdad * y burlándose , al parecer,
de su Religión. „ E l hecha es. cierto (dice) : Estos
,, Señores, son unos buenos ( i) hombres en querer
„ permanecer en una Religión hecha de esta mane-
„ ra......V é allí como ha sido nuestra reforma-
n cion.
¿Quién no esta viendo á este Ministro mo­
far la misma causa que defiende de proposito? N í
es menos notable lo que continúa diciendo en
este lugar- „ Que sea entregada nuestra Religión,.
„ atada de pies y manos, a la malignidad, de núes-
tros, enemigos , y a toda la ignominia con que se
„ le quiere cubrir. E n todo esto hay bastante apa-
,, rienda ( concluye ) de que Dios ha permitido-
„ que una obra donde ellos mismos reconocen, el
„ dedo de Dios haya sido hecha, universalmente,
por caminos, Antí-Christianós..
N o puedo abstenerme de sentir aquí la mas
Intima satisfacción al ver la gloria que dan ala ver­
dad los, mas ardientes defensores del error- La ver- *
dad,, este sublime é Invencible ser no puede: estar
aligado ; y mucho menos en el corazon de sus
enemigos., D e allí vuela, quando mas se empeñan
ellos en tenerla cautiva.. V é aquí como confiesa un
ministro de la Reforma que uta obra no se ha hecho
sinopor medios Anti-Christianos..
Los
(i) J u r- T a'.il. du S o c iw a n is m , le t r . 8 . p a g . l e fh ir e s t c e m i r i . c e t
M csicui-es so n t d csbon.rs huillines d e v o u lo ir bien d ca a c u rc t d^US u lic R e l ig ió n
a j u s i f l i k s . ,.. V y ila n o tíe r e fo n n a tip n .
M a x im as Im pías co n tra io s G o b ie r n o s . 27
Los Calvinistas habían querido diferentes ve­
ces prevenir esta infamia de su Religión, y junta­
mente apartar el yugo de los Magistrados, mas pe­
sado para ellos qüe el que pretendían sacudir. Des­
pues de haber hollado la potestad Eclesiástica, qui­
sieran qüe no viniera sobre ellos lá Real, sino que
esta sirviese & sus ordenes, y de valde diese fuer­
za á sus proye&os. En este espíritu condenaron en
el Synodo de París de 1565 ,y en otro de la R o ­
chela de 1 5 7 1 . a los que hiciesen ge/e de la Iglesia
al Magistrado, o sometiesen a los pueblos el Gobier­
na Eclesiástico.
L os Príncipes y Magistrados no querían ser­
vir á sus designios por tan ningún sueldo u honor;
y enseñados por ellos a despreciar los Pastores que
tenían la verdadera autoridad dada por Jesu-Chris-
to , no debia esperarse qüe tubiesen mas respeto á
unos malos Clérigos y Fray les > que no tenían ni
grado ni autoridad legitima en la Iglesia. Ello fue
que esta nueva Religión forjada por una conjura--
cion obscura y criminal, por no decir por la polí­
tica , ha venido desde luego á ser por esta causa
un asunto de menosprecio aun para sus profeso­
res y Ministros. Esto nos lleva al articulo que se
sigue según el ■ orden.
28 Lid, II. D is e r t a c ió n V,

A R T IC U L O ni.
L A R E F O R M A D E S P R E C IA B A P O R
stts M inistros, como un hechizo humano , se resuelve
hoy publicamente en Filosofa
yen Dsismo.

$• I

íiadie debe parecer que las máximas y re­


vueltas de los Reformados son agenas de una
obra dónde me propongo tratar las cosas de los
Pseudo-Filósofos, Deístas , Materialistas y Fatalis­
tas. L o primero, porque no se habla aqui de estas
Se£tas tan por cima que no se permita lugar á sus
causas y conexiones inmediatas con otras Señas
antiguas y modernas. L o segundo, porque los Pro­
testantes o deformados fueron los Patriarcas del
Deísmo o Socinlanismo *, y los que pusieron el
fundamento de la incredulidad, y aun de la Irreli­
gión. . '
íes?cfórma- Lutero llamó portentos o ’ monstruos a los ar~
ioTcttttnVcis- ticulos de la inmortalidad del alma (i) que había
definido el Pontifíce según la antigua fe de la Igle­
sia , de todas las Santas Escrituras, y de todos los
siglos desde el principio del mundo. Zw inglio, co­
mo sí la Religión Chrístiana o la fe sobrenatural
no fiiera necesaria para la vida eterna , y bastara so-
la-
¡(i> Luccr. gtrt. 17. aíiertion. contr. Bull, Legnii»
M a x im a s Xm p u s c o n t r a l o s G o b t e h k o s . 2 9
lamente la Filosofía , creía en el Parayso á quañ-
tos hombres famosos o infames , hubo en el Pa­
ganismo: como Hercules, Theseo, Numa , Só­
crates y otros, con quienes convidará vivir á Fran­
cisco í. R ey de Francia. - ; -
La do&riná del Fatalismo era propríá de Líi«
tero y de Calvino , que quitaban el libre alvedrio*
y suponían ser igualmente obras dé Dios los a&os
viciosos y virtuosos. ■
Y a vimos nacer y crecer al Sociníanísma del
seno y entre los brazos de la Reforma. Todas eran
linos los Maestros y Predicadores de éstas Se&asj
y las reglas eran también unas mismas ; de modo
que los que no eran expresamente Socinianos o
Deístas, eran inconsiguientes á sus per-versos prin­
cipios. D e aqui instaba Bossuet contra Jurieu. sobre
que no podían dejar de tolerarlos, y aun abrazar­
los como á hijos.
E i Materialismo fue desde luego sentido y se-
guido por muchos Calvinistas. Prateoto, citando a
Lindano, dice que los Protestantes; (1) Italianos,
refugiados en Ginebra , consultaban tina vez
los medios de abolir el Purgatorio, el Papado r y
los otros dogmas de !lá Iglesia Cathólíca ? y que
. para esto se propuso pót medio el negar la inmor­
talidad del aliña. Asi ( añadían )■destrilirémos de
una vez los artículos del Purgatorio, de la Misa,
y del Pontificado.-^
X X V I.
Bayle pretende purgar a los Calvinistas de esta B a ylt quíso-
nota, y singularmente á los de Ginebra ; teniendo
todas estás acusaciones por calumnias áe Garase G
írtCbliojS,
fteíctjdfr de esta
imputación los

............. y
(«) P a t e o ;, iü a lcací). ¡íseres. V ero . A e b c i. LiaJanus in O n íiM n tie dialif*g.
30 L ib. IX; D isertación V .
-y: de oíros Cathólicos, para desacreditar íftas i los
Reformados. „ El libro de las a£tas del proceso (1)
„ de Valentino Gentil (asi habla) citado por JLinda-
?> n ó , es un libro donde se lamentan los Reforma-
„ dos de algunos miembros de la Iglesia Italiana de
„ Ginebra ¿ infestados 4 él Arrianismo, y por .cuyos
,, errores fueron desterrados de alli. Juzguesesi es-
„ to es bastante para condenar á los Calvinistas, é
,, intentar algo «ontra la ortodoxia de los Gine-
„ brinos. Admirad sobre todo la ceguedad del Pa-
„ dre Garlase que ha convertido -en una asamblea
„ general 4 e todos los Estados, la asamblea de
„ d ie z ;o doce Italianos y en thescs defendidas
„ públicamente, la opinionque un pequeño partí-
,„cular habia propuesto en una ,sala. “

S iB ayle viviera hoy d í a t í o sabemos si man-


•tubiera esta defensa por, los Calvinistas , y por lo.
de Ginebra. Puede que hubiera desamparado el
puesto como lo ha hecho Rousseau, sin embargo;
de ser Ginebrino. Se sabe que este último salió á
la demanda dél Clero de su Patria el año 1758,
en la querella que aquel Cuerpo formó contra D ’
Alembert por el articulo que éste puso en la En­
xxvn.
ciclopedia relativo á Ginebra. . ,
I V A le m b e r t En él dijo D ’ Alembert que la Religión o e!
re p ite Jn q u e
B « /Ie n o su frió ;pulto era muy simple en Ginebra : ningunas imá­
al P.
genes , ningunas luces , ningunos adornos en las
Iglesias..,. El servida Divino (añade) se reduce a
dos
(!) B a y l. * rc. L u c e r. R c w a r q . ( E ) .
M a x im as I m p ía s c ó n t -k a l o s G o b i e r n o s . 3 1
dos cosas, á las predicaciones y al canto.- Las pre­
dicaciones se limitan quasí solamente á la moral.....
El canto es de bastante mal gusto,-y: los versos
franceses que se cantanr.son aun peores-
Si hemos, de-proceder sobre hechos ciertos , y -
hacer á Los Pástores y Ministros, de. Ginebra la jus­
ticia «pe se- debe á todo< hombre ,,es" necesario-!que
D 7 Alembert confiese que en: el artículo coir que-
ha dado*fundamento á la, querellá, ha dicho algo
mas-de lo* que ahora-expresa.: y7 también,, que si los
dichos Ministros no se aplauden: de ser Deístas,,
tienen- bien" de que haberse quejado por; el retra­
to que ha hecho- de' ellos-Ved: aquil un: extra£to
algo mas completo-de lo: que en dos columnas de
la Enciclopedia, se. dice.de.'la;-'Religión: de los*
Gmebrinos,- 1
„ Muchos no- creen ya; la Divinidad* de Jesu~- xxvm ;
„,Gliristo ,,de quien* Calvino su: gefe' era: tanzelo- w " / aE“e¡élo-
„.so defensor; y por- lá quaF hizo'quemar-á Servet.14
„ EL Infiernor,. uno de los puntos principales.nebrino*'
„ ;de nuestra: creencia no- es hoy día. alguna'cosa'.
„..para muchos Ministros- de Ginebra: Segun cllos
„ sería injuriar la Divinidad, el imaginar: que este'
^Sér. ,líéna.de bondad y de-justicia,,fuese capaz: de •
castigar nuestras, faltas con.una eternidad’ de. tor-
,, mentes.. Explican lo menos mal que5pueden los
pasages fórmales de la Escritura,• que son contra­
í d o s á su: opinión:....&c.. Para' decirlo- todo: en'
„,una: palabra , mu ciaos.Pasto res de Ginebra: no tie-'
„,nen otra: Religión' que un . Socihianismo perfec-
„ to,, desechando todo lo que se llama JWysterm. y, e
„ imaginándose que el primer principio de unaKe-
„ Jigion. verdadera: es no proponer* para, creer, nín-*;
„ gu-
3® L is. II. D isertación V .
„ gima cosa que se escapa á la razón: a sí, quando
» se Ies precisa sobre la necesidad de la revelación,
9, un dogma tan esencial del Chrístianismo , mu-
t, chos substituyen, el termino de utilidad , que les
„ parece nías dulce; En esto, si no son ortodo-
„ xos, son por lo. menos consiguientes á sus prin-
#J fipips. Un Clero que piensa asi, debe ser to-
i> lerante » y lo es con efedto, bastante para no ser
t) mirado con buenos ojos por los Ministros de las
„ oteas Iglesias Reformadas... L a Religión está en
Ginebra reducida ca$i á la adoracíon de un solo
„ PÍ9S; . al trenos entre quasi todos aquellos que
„ no son pueblo. EL respeto para con Jesu-Christo
„ y lásescr ¡turas son quizá la única cosa en que su
„ Chrístianismo se distingue de un puro Deísmo. “
„ E l culto es muy simple; ningunas Imágenes,
„ -ningutias luces v rniigun. adorno en las Iglesias...
ti E l servicio Divino incluye dos cosas, la pre-
„ dicacion y el canto. Los Sermones se limitan
„ quasi del todo á la moral. E l canto es de muy
,, mal gusto, y los versos franceses que se can-
„ tan, lo son de peor/*

- f III.

XXIX. Quiso D ;' Alembert decir en todo esto *como


Explica D<Atém-
bert su intención se explicó él mismo en una advertencia puesta an­
en el articula
Ortteve.y se que­ tes de la declaración de los Pastores de Ginebra,
ja de algunos
Ministros.
(que ha publicado con notas al fin del tomo quin­
to de sus Misceláneas) que „ desde el tiempo de
,j Calvíno, su Patriarca, se habían hecho Sodnianos
„ de buenos Protestantes» esto significa solamente en
n la boca de u.n Cathólico, que aquellos Ministros
o
M á x im a s I m p ía s c o n t r a r.os G o s m T w o s . 33
y, no han hecho sino mudar de hcregía, y que lian
,, tenido juntamente el mérito de substituir i ios er-
,, rores que profesaban otros mas consiguientes á sus
„ principios."
Nota poco después „ que un Ministro (el mas
9I culpable de entre ellos) se haya dado por mas
,, ofendido que todos los otros. Éste es el mismo
,, que habiendo juzgado necesaria la revelación en
,, la primera edición de su Cathecismo, en la se-
„ gunda 110 la juzgo síno por útil. Sobre lo qual
,, uno de sus cofrades, escandalizado de esta erra­
b a , le hizo observar que verosímilmente en la
,, tercera edición no pondría a la revelación sino
,, por conmoda, en la quarta algo menos, y asi
„ iria como por grados descendiendo en cadaedi-
,, don... Este forjador de Cathecismos donde la re-
,, velaciones tratada con tanta indecencia;este hom-
,, bre, cuya Theología S©ciniana es notoria éntre
„ sus cofrades, y que fea experimentado por esta
„ causa las mas vivas reprehensiones, y las mas in-
„ útiles de parte deios Ministros de Holanda;... Este
,, es el que imprime contra el Autor del artículo Ge-
„ nsve pequeños escritos obscuros; .....pero con la
>, desgracia de que sus defensas e inve£tivas no han
„ disuadido á ninguno, y ha quedado Sodniano en
5, el jixicio de todo el mundo.44
N o solo'ha tratado D ’ Alembert de Sodnia- Dec! que'
mos y Deistas á unos particulares , como pretendía
Bayle ) smo a toda' la Iglesia y Academia de Gine—. cicro de c-íhs^
Sbra. En vano han declarado estos en su confesion **’
de fe la do£h'Ína que parece contraria al error que
se les acusa. En vano se han quejado de que
se dán idéas muy falsas de su do¿trina> „ Se atribuí
■Tom. K É „yei3
34 L íb .IIí D i s e r t a c i ó n V..
; yen a muchos dé nosotros (dicen) diversos, attj--
», culos y .juicios que no tienen, y . en otros se de^-
^ figuran los que tienen., Se sd&ianta, contra toda
,, verdad, que muchos dé los mieHros no creenyd lai
,y Divinidad de Jesu-Chriiío... ni tienen otra Reli-
,, glon que un Soc'mianismo puro, desechando todo
„ quanto se llama myBerio, En fin (añaden) ccmp
„ por hacernos el honor de un espíritu todo F ilo-
,, sofico , se esfuerza (D 1Alembert) á extenuar núes-1
„ tro Christianismo, por expresiones que no tiran
„ á menos que á hacerlo del, todo sospechoso ; como
„ quando se dice *que entre nosotros la Religión eSíd
Mqnasi reducida a la adoración de un solo Dios al
3, -menos entre qnasi todos aqudlos que no son vulgo-,
» y ,qne el respeBo d Jesu-Chrisío y la Escritura es
,, tal vez la única cosa que distingue, al ChriBianis-
,, mo de Ginebra de un puro Deismo.íl
Sigue en la misma declaración protextando con­
tra todas estas imputaciones , y confesando tener
„ constantemente la doctrina de los Santos Profe^
,, tas y Apostoles , contenida en los libros del an~
j, tíguo y nuevo Testamento:.,;por una doctrina di-
„ vinamente inspirada, única regla infalible y per-
„ fe¿la de su fe, y de sus costumbres. A este respeto
(añaden) nosotros creemos que es necesario atener-^
0, .se á la santa Escritura, que’nos habla * no de. un
^ Purgatorio, sino del.Paraysoy del Infierno;.dónde
3, cada uno recibirá sy/justa recompensa , según el
}) bien o mal que haya hécho en esta vida.“

§. IV. ■*. ■

Despues de estas , y otras muchas protestas y*


de-
M axímAs -Impias contra los G obiernos. $5
declaraciones, el Clero de Ginebra tiene la desgra-, D(A/ ;^ n (tcs
cia díMio haber sido creído por su contrario, ni por. cubre ia sniapa
otros:muchos. D ’ Alem bert conoció 7 .advirtió las. delCicru.
equivocaciones y frases dolosas de su declaración, y.
por ciertas preguntas que les ha echo diestramente,,
los ha metido en un estrecho deque 110 han podido
salir, ni se han atrevido áresponderle otravez:; no-
ignorando que su silencio vale e¡a esta materia , por?
un convencimiento.
Primeramente á la queja que forman de el, por.
la que llama® imputación , les responde qn una nota
diciendo: ¿pofc qué causa (1) en 'la opihioii de. la.
mayor parte de los Protestantes , y señaiadameiv*
„ te de las Iglesias de Holanda y de los Suizos, la
„ Iglesia de Ginebra pasa por Sociniana, 6 a lo me-
nos por favorable ál Socinianismo? Si los Minís-,
,'i ttos de .Ginebrá ño dieroft lugar á esta opihioii^
,, es necesario coilfesar que son muchos coiitra los
„ que pueden quejarse.
E n quanto al articulo de la vida, eterna , que; c>n*™]'a¡H .
hacen por con’fesar>des -dice':- (2) „ S e deseara qüe ir„i de 1-
rí * -i' / • 1 -1 v a >¿c
?/los Pastores1 de Ginebra explicaran aquí las ideas u nini.ua , y
r 1 ■ í C 1 - ílcmásMysterios*
precisas .que juntan a la palabra etenuu. oe sabe,.
„ que muchos Escritores Protestantes entendieron
,, por esta palabra, no aqmtíb que no tendrá:finsino
¿ la que debe durar lifrgtUsiinp ¿tier&po-.P'.- .
: E n ’quanto al artículo del Purgatorio , que nie-^
gan, les réplica viva y eficazmente, áici'cndoles : ,, Sí
„ por casualidad fuera verdad que la Iglesia d e G í-
,, nebra no cree las penas eternas en el sentido ri~
Es „go-

(r) D c c l a r a t . H-:s P ü j c u r s d o G c t i e b e . n o r , ( B . ) u o m . j . M c l u n j .
A ll í non. (C ) p . 5 8 6 . 5 8 7 . .
g5 Lib. H. Disertación T .
„ goroso. que tiene esta palabra, entonces, segun
„ esta misma Iglesia, lo que propriamente dejaría
,, de haber , sería Infierno y no Purgatorio; y el
„ Autor del articulo Gmeve tendría razón en quan-
,, to ( i) ha dicho sobre este punto/*
También les hace ver que todo quanto confie-
can sobre la revelación, está falto de claridad , sien­
do un punto de los mas esenciales; mayormente
conviniendo los Ministros de Ginebra en que nada,
se debe dar á creer que se hurte a la razón : por eí
<jual principio han desechado como una doBrinA
absurda, ó como una doUrina que se hurta a la
razón el mysterio de la presencia real. Pues los
Misterios de la Trinidad, de la Encarnación, de
la Redención , <kc. no se escapan á la razón me­
nos que el mysterio de la presencia real. Luego
el principio admitido por los Ministros de Gine­
bra, vá á' proscribir todos los Mysterios.
Asi (añade) nada satisface menos que la defi­
nición que dan (2) de lo que entienden por Mys-
íerios. Éstos son (dicen) verdades de un orden sobre-''
■natural, que la razón humana no descubre por sí sola,.
o que no sabría comfrehmdír psrJeBamente; aunqut,
fo r otra parte no tienen imposibilidad en si mismos,
y D ios nos los ha revelado.
Finalmente , les pone en mucho aprieto con
esta proposicion que últimamente , les hace : „ Esta
declaración (dice) tiene algo de singular á con-
„ tinuacion de una profesion de fe ían insuficiente.
a, como la que hacen aqui (3) . Los Ministros de.

(¡y au í r m t. ( í) ,) (1) A l l i p . j j j s , n o ti
{3 ) A lü j* i8 . t f p . H o f, ( I . )
MAXtt&slMmSCOttTltA LOS GofffEimos. $7
„ Ginebra no deben temer dar alas otras Iglesia*
„ una razón individual de su fé. Se les pregunta,
„ pues , con animosidad. “
„ L o primero: ¿Si creen las penas del Infierno,
w de tal suerte eternas , que jamás tendrán fin?(t ;
„ L o segundo: ¿Quales Mysterios son los que
,, admiten?
Tenor de los tí*
„ L o tercero: ¿Si creen que Jesu-Christo es ciculos sobre que
D'Alembert po­
xxm
.
„ D ios, igual en todo í su Padre, y no haciendo ne a (¡uestion los
„ con él sino un solo , y mismo Dios? Calvinistas y
Acaáeiíc®u
„ Ellos deben sentir tanta menos pena en
„ responder á estas qüestiones , quanto les han sido
„ hechas por un Theologo, que no toma algún ín-
„ teres en el articulo Geneve déla Enciclopedia, y
„ que por otra parte desea sinceramente desenga-
9T ñarse , acerca de la idea que ha formado de los
Ginebrinos, por este articulo que no han disipado
t, por su profesion de fé.“

§. V.

V e aquí el confli£ló en que Rousseau quiso de-* xxxrr.


Rousseau defien­
fender á sus Pastores , antes que ellos intentaran de­ de ¿ sus P a it e n i
fenderse á sí mismos. Trató de persuadir, que el jui­ contra D' Alera»
ben,
cio hecho por D ’ Alembert ( i) era quando menos,
temerario : que les atribuía errores que expresamen­
te detestaban: y que afirmaba de ellos lo que no
sabía. Porque en las materias de puro dogma (le
dice Rousseau) ¿cómo se puede juzgar de la fé de
otro por conjeturas? ¿Cómo se puede decidir so­
bre

f t} Lsctr. de Mr. Rousseau á Mr. D* Alíinbfttt- sur lc a it. l 5 Elt- -


ciclopedte d í lo . de Marz. 175$,
38 L ib. II. D isertación V . "
bre la declaración •de un tercero , contra la declara--
c i o n d e Ja persona interesada? ¿Quién sabe mejor
que y o , lo que creo ,. 6 lo que dejo de creer? <Y a
quien se debe estar sobre lo que pienso o no pien­
so, sino á mí misino? :
Pero todo- ’este zelo por sus Pastores y conciuda­
danos se convirtió contra ellos en el pecho de R ous­
seau antes de mucho tiempo. E l placer que tomó
por haber sido el primero en defenderlos, dán­
doles el honor que merecían, se mudó en disgus­
to y en* enojo , luegoqueestos misinos Pastores no
dieron á sais licencias y libertinage el favor que no
merecía. Entonces les acusó con aquellos mismos
errores, de que poco antes les había escusado,
XXXV. ' . »> vé(díce) ahora* los Ministros de la
Roinseiu se etio-
j a co n G in c b r a j „ Iglesia de Ginebra ( i ) , antes' tan condescendí en-
y se u n e á P ‘
A le m b e ft p ara
„ tes, y en un momento hechos tan ^rígidos para
condonar a sus „ censurar la ortodoxia de un legó , dejando la suya
Pascacw,
3, en una incertidumbre tan escandalosa? Se les pre-
,, giinta si Jesu-CkriBo es Dtüs , y no se kan atre-
„ 'oído a responder, Se les pregunta quales
v ríos admiten; tampoco osan responder , ó'£v N o se
„ entiende lo que creen, ni lo que dejan de creer (2):
„ aun se ignora lo que hacen semblante de creer.
„ Su interés' temporal es la única cosa que decide
„ de su fe , y la única manera de establecer- esta
?, fe , es insultar la de todos los otros. ¿Pues sobre
„ qué responderán, y quales serán sus artículos
,, fundamentales, diferentes de los m í o s ; si ellos
120 los han comprchendÍdo?“
' A si es comp varía el humor de un Filósofo,
se-
$1) L e c tr . d e la M o ft t a g , le t c r . J . ¡>. S o . ic t t r . ¡. pag.
M a x í m a s Im pías c o n t r a . l o s G o b ie r n o s . 39
según'que
^
se le alhaga
c*
o'que
^
se. le enoiz.
f
Sl elin-j xxxvi.
Se Fiicicn
teres temporal es la única cosa que decide de. la Je flexiónes a un*
de los ministros de la. Reforma ; no es mas noble ni {^ít, on^pará
honesta la regla que decide del sí ó del no de sus !os Pt°ccstances-
Filósofos. D e este caso particular que descubre quan
obscuro y vergonzoso es hoy dia el estado de la
Religión Reformada, infiero dos conseqüencias ó
reflexiones , que quisiera poder dirigir una á D A le u v
bert, y otra á los Prostetantes.

$. V I. .

A l expresado Filósofo no puedo dejar de tri­


butarle sinceras gracias por los vivos desengaños que
pone á los ojos, asi de los Hereges , como de los Ca­
rbólicos. A estos., para que escarmienten en, aquellos:
y á aquellos para que habiendo tocado los extremos J'
mas funestos de su antiguo extravío, lloren su suer­
te , y hagan por volver á tomar el ,camino de
donde los sacaron sus intereses.
Pero al mismo tiempo quisiera rogar á ,nues­
tro Filósofo , que nunca presentase á los errantes sus.
excesos, como, quien los aplaude por haber llegado
a ellos i asi como al fin de su infeliz carrera. Haga-
lo como quien se conduele de sus: males, y les desea
mejor suerte. Esto segundo es proprío de un Cathó-
lieo; aquello primero no es digno de un Filósofo.
■ S iD ’ Alembert hubiera.considerado esto, acaso XXxvir
no le fuera tan incomprehensible la conduUa de los s' c ^tis£ce !*
Sacerdotes de la Iglesia Cathóíka en quanto al arti- l i e mtcrtcontra
culo de Ginebra, Y o oslo aseguro, Señor : el llus-,c;UóUcus°!0S0í
trisimo Bossuet, á quien invocáis porque ochen­
ta años há previo que’los principios de los Protesr
tan,-
L ib. n . DfSEUTAarow Ve­
tantes los conducirían al Sociníanismo : este Prelado*
(repito) os rendiría gracias, como lo hago yo aquí,
porque dais testimonio a toda la Europa de la ven­
cía de aquella predicción : y mejor os las tributaría­
mos porque hicieseis conocer su engaño á los desgra­
ciados con aquella dulzura,y espíritu que desea la cari­
dad, y también la verdadera Filosofía. Mas síRossuet
notara que les hacíais un honor de su extremo er­
ror ; y que intentabais aplaudirlos por la miseria que
él había presentido y llorado , ¿os daría gracias? Si
han sospechado en vos una semejante intención los
Sacerdotes Cathólicos , aunque no sean unos lío s-
raets , conocerán que el articulo Geneve no es útil a
ia causa de la verdad.
XXX V IH . Y o no diré que este haya sido vuestro animo;
D^Alenribert des
cubrió el Deís­ pero no culpareis á ios Sacerdotes que han pensado
mo del Clero pa- que lo es, quando el mismo Rousseau muestra que
sa elogiarlo no
pira reprobarlo. había entendido lo mismo. „ Habéis hecho (os dice)

„ de este cuerpo respetable (el Clero de Ginebra)


„ un elogio muy bello, muy verdadero , muy pro-
„ prío de ellos solos, entre todos los Cleros del
„ mundo ; lo que aumenta ía consideración que os
han testificado, mostrando que aman laFíioso-
„ fía , y que no temen el ojo de un Filósofo. Pero,
„ Mons, quando se quiere honrar á las personas, es
9, necesario que sea á su m odo, y no al nuestro;
9i de miedo que no se ofendan con razón por alaban­
z a s nocivas, que pueden ( i) darse con buena in-
,, tención.u
Los mismos Theologos Gínebrinos han reco­
nocido , quzi'omo si k s hicierais un honor t en atri­
buir-
í» ) l e t t r . d e BoitístRu ¡t A lem b ert.
M á x im a s Im pías c o n t r a lo s G o b ie r n o s . 4 l
huirles üi% espíritu Filosófico , os habsis esforzado en
anonadar su GhriBiamsino. ( i )
V os mismo mostráis en la advertencia que an­
tecede á la declaración de los Pastores, que no ha­
béis intentado imputarles alguna nota de que de­
bieran sen tirse;os habéis íisongeado de que los Paña*
res (2) habían conocido vucBra intención. A l menos sig­
nificáis que no. teníais ciertamente al Socinianismo
por algún error culpable; pues dejais en duda, j í es
queserian culpables los Ginebrinos , por ser Socinianos,
Pero considerando bien todo el articulo de la i^sXc!ch¿i;coa
Enciclopedia,
1 1
110 puedo
1
dejar
/
de avisaros, que 1
sí *ítt ™s¡««it*-
dos en d a rn cu -
los Cathólicos no fueran mas tolerantes que los 1° Gtatvt ,
que se ja&an de la ;tolerancia , 6 hicieran mas caso ,0SGiaebr1"0^
de este articulo ; tuvieran mayores motivos de que­
jarse de vos q,ue Ios£Hnebrinos. Porque estos segun­
dos no esperarían jamás que un Cathólico fuera h
lisongearlos, en quanto á sus ritos y dogm as; quan-
do los Cathólicos debían esperar que otro Catholi-*
co pasase por delante, de los puntos de nuestra R e­
ligión con algua mas respeto,

§. vn.
Nosotros (dice D ’ Alembert) m hacemos aqut Se previene im
sino de. historiadoresy
' yy m de controversistas. Está j y se
bien, Señor; pero
1 no mas de dos palabras
i bastan &*«“
notas jol)fc $>/.
contra esto. ¿Os tocaba hacer sirio de hi0 oriadort, an¡eaio,
quando referís la práítica de los Ginebrinos eit.
quanto a los Theatros'i Con todo, luego ímmedia-
Tom. V. F ta­
fo DecSarat, des Pasteufs de Gcncve p. ■¡Si.
fi) Advertenc. á lo. antecedente dccUracioi pag. 57 5. <74-
4« L ib. II. D isertación V ,
lamente gastais una columna , pasando de Relator
á Abogado; y plagueando muy pesadamente ante
los Gínebrinos para que muden de gusto, y
no piensen ni sientan sobre la comedia, sino
como vos* \
Un poco antes referís la vieja opinion que con­
servan en una inscripción pública, sobre que el Papa
es el Anti-Christo. Os resolveis á decir algo con­
tra esta manía; pero toda la osadía que tomáis con
muchas venías, es para pedirles que pongan otra
inscripción mas verdadera, mas noble, mas simple?
y en una palabra, mas digna de los Protestantes
sabios y moderados. Quien cotejare los oficios que
ha:ceis ante los Gínebrinos, acerca de estos dos
puntos; verá claramente quanto mas os interesan
las comedias , que el honor de Ja Iglesia Cathólica
Romana.
Quando referís el diverso modo de pensar que
tuvo Calvino respeéto del que hoy tienen los Cal­
vinistas de Ginebra , acerca del suplicio de Servet;
os declarais por la tolerancia de éstos, y reprobáis
la severidad de aquel, y la de los Cathólicos. Pero
advertid, que si yo fiiera á quien en particular se hi­
cieran las reconvenciones que alli di£tais contra noso­
tros , iríe harían muy poca fuerza. Porque los Cathó­
licos jamás hemos mudado de pensamiento acerca del
suplicio que merecía Servet: lo que hemos añadido
siempre e s , que si Servet mereció la pena que le
procuró Calvino, Calvino merecía otra igual á la
de Servet.
En los casos del S. JBartholome, y del supli­
cio de JuanHus, teníais que distinguir entre el le­
gitimo uso de las penas, y el abuso o exceso que
pu-
M a xim asIm p ias c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 43
p u d o caber en la e g e c u c ío n : L o p rim ero siem pre lo
d e c im o s : lo se g u n d o n o lo h icim o s nosotros. M as
e n estos casos se q u iere d ecir m u c h o , y e llo s pru e­
ban p o c o en fa v o r d e los q u e lo s alegan .
Y o siempre recuso el juicio de aquellos que
tienen interés en la causa de que se trata. A los So-
cinianos, Filo'sofos y Deisías va mucho, b el todo*
en este asunto: porque ellos son la parte interesada
en las galeras, azotes, y en el uso de las otras penas
á que tienen notorio derecho.
Os doléis despues de que el interior de los Tem­
plos de Ginebra no este decorado con quadros y e&a~
tuas: lo que esperáis tenga lugar en ellos, supuesta
que se advierta alpueblo, si se quiere, que no ks déit
algún culto, ni los miren sino como a monumentos des+
tinados a representar de una manera viva y agrada-*
ble los principales sucesos de la Religión. Las artes
(añadís) ganarían en e.Bo, sin que ganase la su­
perstición.
Dicho esto, sentisteis bien la necesidad que ha­
bía de añadir alguna palabra que os hiciera som­
bra , ó que os escusara. Hablamos aquí (añadís) m
los principios de los Palores de Ginebra , y no en los de
la Iglesia Cathólica.
También esperáis que tenga lugar en aquellos
Templos la Música. Parecíame que debierais prin­
cipalmente desear que tuviese lugar en ellos la ver­
dadera Religión, aunque no se reformaran jamás ea
quanto á los dos asuntos del canto yy de los versos;
ní al otro de las Comedias, que antes dejáis suplicado.
Finalmente, debierais haber añadido unas lineas
filas, para emboscar la proposicion que dejais dicha,
muy claramente quasi al fin del articulo. Por ultimo,
F i la
44 L i b . II. D i s e r t a c i ó n V .
la verdad nos hace decir que el Ser Supremo es honra­
do en Ginebra con ima decencia y un recogimiento,
que no se vé'm nueHras Iglesias, ¿Os parece, como car
thólico y en buena fe , que el Ser Supremo se dará
por honrado decentemente sin fe en Jesu-Christo, que
según dejais dicho , no la hay en Ginebra?
XLT. Todo hace ver que vuestros pensamientos en
D ' Alem bert no este articulo tubieron poca consideración con la R e­
lo g ió com placer
□ Ginebra , y ligión Cathóiica , y con la fe de Jesu-Christo, sin
tfen d ió á la I g le ­
sia C jc h ó iíc ii la qual nadie puede agradar á Dios , que es el Ser
Suprem oDespues de esto no os admiréis de haber
cogido el fruto amargo de las querellas y resenti­
mientos que habéis oído de todas partes.
Vemos , no sin dolor, que muchos Protestantes
tan llegado ya por sus principios al extremo del
Socinianismo5 pero nos dolemos aun mas de que
muchos falsos Cathólicos , sin rodear por aquellos
principios, entran en el Deísmo ó en el Paganismo
por el atajo precipitado de una Filosofía Gentilízan-
te* Porque aunque tienen el caracter y el nombre de
Christianos muestran que tienen aun mas ver­
güenza del Evangelio,
Si queríais ganar para esta Filosofía, y nopará
Christo ni para su Santa Iglesia, á los Protestantes,
fio debían estaros muy obligados los Cathólicos*
Estos se lastiman de que celebreis por modo de triun­
fo , 'liáber los errantes llegado ya al fondo de la irre-
li’g k m ; y ellos mismos hán mostrado vergüenza dé
que sé les ofreciese un honor tan miserable.
En esto son todavía dignos de alabanza? por­
que aun quando interiormente no se hallen pene­
trados del amor á la Religión Ghrisliána, : protes­
tan que le guardan algún respeto, y qüe tomarán
ai
M á x im a s I m p ía s c o n t r a los G o b ie r n o s . 45
■al menos parecerlo. ¡Quanta confusion, Señor, para
muchos de los nuestros, que son Cathólicos, y solo
estiman parecer Filósofos!
E l Cathólicisxno á ninguno pide hazañerías, ni
devociones derribadas , pueriles, y de mero exterior j
pero sabed que nos obliga á todos a laconfesion ex­
terna de lo que creemos erí lo interior del corazon.
H e querido deciros y rogaros en todo esto, que no
tengáis á menos el parecer Cathólico como lo sois;
asi como yo tengo la mayor gloría por aspirar á ser
Religioso, sin avergonzarme de parecerlo.

5. v iii.

Y vosotros» hermanos, á quienes un empeño de *nr.


vuestros padres arrancó del regazo de nuestra Santa
Madre la verdadera Iglesia,vivid ciertos de que los Sa- ita Protestantes,
cerdotes Cathólicos ño nos reimos at veros tan próximos
d tocar la ultima raya de vueBra (\) perdición. Esto
lo hacen únicamente los mismos impíos Filósofos
que lo dicen. Bayle, ni Cathólico ni Calvinista,
sino Filósofo , decía , que él solo era Protestante'»
y explicando esta palabta al Cardenal Póliñac qu'an- .
do , antes de serlo, estaba de Embajador en H o­
landa , añadía: Yo soy buen Protestante; quiero decir,,
que protesto contra toda especie de Religión. A si que­
ría significar lo que prometen los. principios de la
Seíla de los Protestantes.
L o mismo Habia dicho Bossuet, y otros zelosos
Cathólicos ; pero no rieridose , ni burlándose en una
materia tan grave, como lo hacen los Filósofos: sino
do-
( j j r ..R o us, li t t , p ag. 52.
46 L ib . II. D i s e r t a c i ó n V .
doliéndose; y previniéndoos vuestro peligro. A buen
seguro que estos: se complacieran hoy por ver certi­
ficada su predicción: antes se dolerían, mas ai ver acae­
cido lo que temieron.
L os Theologos verdaderos no buscan su gloría
sino la de D io s , que está en la salud de vuestras
almas. Pues si en efe ¿lo habéis ya acabado de errar,
o habéis llegado al termino profundísimo donde os
conducían vuestros principios j volved los ojos ha­
cia la. verdad i y si fuisteis hasta aqui ovejas errantes,
convertios (1) al Pastor y Obispo de vuestras almas.
La vileza y mofa de que es hecha objeto vues­
tra Religión, Reformada por la codicia de la política
y de las pasiones , os sacude y trae á la necesidad de
buscar verdades mas constantes. M t corazon qui­
siera permanecer ahora hablando al vuestro ; pero
una vez; visto quaii infelizmente ha sucedido á vues­
tra Religión r por ser una obra de los hombres y
de los Príncipes í pasemos áver si ha sucedido me­
nos desgraciadamente á los Príncipes esta Religión
que quisieron hacerse.

■,(*> 1. Petf. cif. a. f . is-.


M a x i m a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 4 7

*r>* 1 -■

■■.J ■— ■ ., . «¿n»

A R T I C U L O IV .

R E L I G I O N R E F O R M A D A
. y formada por los Principes , &í sidofunesta
para ellos mismos.

$. I.

A Reforma, esta nubecon vislumbres de oro y


L de lu z , en cuyo obscuro seno se ha sazona­
do el Deísmo, se animó y concibió desde luego en
el espíritu de la sedición. Sus simientes .fueron el
orgullo y el amor de las novedades ; su fomento
la corrupción de las costumbres } su fin la libertad
de conciencia y de condu&a »su estipendió la ven­
ganza y la satisfacción de particulares resentimien­
tos ; y su fruto los parricidios, tumultos , ruinas de
Reyes y de Reynos , y la muerte de innumerables
infelices, con la condenación eterna de muchas Na^
ciones engañadas.
X L III.
Los Patriarcas de estas Sectas, L u tero, Z w in- Abusaron de es­
glio , Calvino y otros interpretaron conforme á sus tas palabras de
C h risto: A'on v e -
malos designios,y en un sentido reprobo,aquellas pa­ ttt p d t e m T in t t t -
re , é -t .
labras donde dijo Christo : Yo no vine d poner paz,
sino a meter lá espada d ) . Jamás entendió alguno
que esta espada fuese carnal, sino como expresa­
mente dice el A p ostol, la espada viva y penetran­
te de la palabra de Dios , que cortaría todos los lazos
car-
L (i) M a ttli. cap. 10 . 34 .
4# Lib. II. Disertación V .
carnales conque unos a otros nos somos de éstorvo
para-oorrer hacia nuestra ultima: felicidad; Confor­
me á esto añadid el mismo Salvador: vine a separar
al padre del hijo , á la miera del , suegro , y al
hombre de sí mismo y de sus domésticos ; quando
le sirván de embarazo para llegar á su n bien
summo.
¿C ó m o es itecc- Pero Lutero y sus feroces conmilitones dama-
pai-a «t.iiXfér kan i E l Evangelio ha debido venir con la turba-
«i Evangelio? cion(i) ; es necesaria la sangre para establecerle. V ed
aquí hacían otro abuso torpísimo de la Santa Es­
critura, Que es necesaria la sangre para entablar el
Evangelio, y que sin intervenir alguna muerte,
no vale el Testamento ; ya lo sabíamos todos:
< mas qué sangre había de ser derramada? ¿O qué
muerte había de interceder para que se establecie­
se el Testamento y el Evangelio de paz ? Solamen­
te la muerte y sangre del que lo otorgó, y la de
los Apostóles que lo anunciaron y predicaron; no
la sangre de alguno otro, ni la muerte y ruina de
los pueblos que lo recibieron.
x lv. E l nuevo Testamento, mucho mejor que el
^e"rr°cT«w- antiguo, se firmo y confirmo con la sangre; así co-
kVÓu'la^añgíe mo to<^as las cosas eran purificadas en la L ey con
¿«i Testador, este rito í y sin el derramamiento de sangre no de­
bía haber remisión. D e un modo semejante el Evan­
gelio se dedicó primero con la sangre y muerte del
mismo testador t y despues se promulgó y sem­
bró con la sangre de los testigos que lo predica­
ron y afianzaron. Todo el gasto lo hacían el Le­
gislador y Ministros; nada se exigía de los sím-
ples
( i) L u cir, de sccr. u rb ltt, fb l. 4 ; 1.
M á x im a s Im pías tíoN m A í.os G o b ie r n o s . 49
píes c r e y e n te s , sin o la fe á D i o s ,c o n .í a fidelidad
y o b e d ie n cia á to d o s sus m ayores.
N i lá sangre del Cordero ni la de sus Discípu­
los se vertía con tumulto , sino corría sin violen­
cia , aun dé los mismos Martyres; sin turbación
de sus ánimos, sin murmuración , sin querella:’
porque la daban voluntariamente , sabidores de lo
que les convenia, y en una paciencia y sublime
Filosofía que les dejaba pacíficos poseedores de to­
da su a lm a . N o veríais alli unas ví&imas arrastra­
das por el cuerno hasta el pie del ara-, y dando
bramidos; sino unos corderos , o unas palomas que
se posaban gustosamente sobre la leña preparada
para el holocausto , aspirando á morir en silencio
por la fe de el Señor, y para confirmar en ■ ella á
muchos,
$. IL

Con solo este genero de muerte , y esta san- ^


gre voluntaria quería ser dedicado el Evangelio:' Rcormado-
1 v : f l i 1 » t rci quieren e s-
pero los que venían a rerorniarlo habían de tomar :ablecer sunue-
\in camino , y un é'spiritu del todo contrarío. T o - ■ h^Jngredc
da su sed miraba y aspiraba á la sangre de los h o m -1Iosí,QcUuí*
bres, y especialmente á la de los Príncipes y Po­
testades. Tengamos la paciencia de oír algunos bra­
midos y transportes de el furor á que se abando­
naba Lutero sobre este punto : E l que tullere, 'oí­
dos para, oír ( clamaba aquel sacrilego charlatán)
oyga, y absíengase de ir a militar contra el Turco»
Quería solamente la sangre de los Christia-
nos. Entonces no sé conocían'otros sino los que.,
despues se comenzaron á llamar Papistas. Asi gri­
taba : Sea mi vida d Carnicero di los Papiñass
Tom. V. G y
5o Leb, U . D i s e r t a c i ó n . V .
y mi muerte sea ( i) el Diablo de los mismos : eBa
y ,m otra suerte debe tocarles. M i doctrina ha de
elamar y azotar ; ni me conceda Dios en quanto
a esto alguna paciencia ni mansedumbre : aquí in-
siBo : no, no , no ; mientras qué tenga espirita , an­
siaré porque se le rompan los quadriles al Cesar , a
ios R eyes , d los Príncipes, d los Diablos y á otros
xtvn qiialesqiúera. Velemos todos , o amados Theutones,
Amia deLutero para no ser complicados en la ruina de todos los
por excitar tu* . r ..
muiros y sedí- tnjekces ¡ qm perecen por este delincuente y dta~
cioocs. bolko gobierno de los Romanos. Nada, me es mas
guBoso, ni me llena de tanta alegría , como el ver
nacer tantos tumultos jy disensiones, por la cau­
sa de mi Evangelio : Sería para m í un objeto de
puro placer y risa , si se moviera una sedición
tan insigne y robuBa , que extirpara p or . todo el
mundo los M agiBrados Eclesiásticos. M ientras
que viva no dejaré que tengan paz los Papt'Bas„
y si muriere diez veces, ¡es quedara otra tanta
menos.
En el libro que intituló de la poteBad se -
tmiar , maltrata á los Príncipes/ al Cesar que con- *
¿leñaron sus libros sediciosos, y los llama Carnice­
ros , torpes , necios, riegos, abandonados por Dios a
un sentido reprobo ; injuBos , tyranos , despoblado­
res de los subditos 9 matadores de ChriBo, Herodes
impíos , &c.
Y añade: Porque .aquellos Príncipes que pro­
híben mis libros, obran como Chrisíkidas , como
Herodes , y como suelen hacer los Príncipes por­
que el mundo es enemigo de Dios. Por tanto ha­
cen
(i) Luter. iaa^. Conwügr. WQrmat-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 51
ten ellos lo que es contra Dios , y conforme ai
mundo. No eííraneis tpues ¡ si se enfurecen y obran
infatuados contra el Evangelio; (asi llamaba á sus
libros ) porqué conviene que ellos correspondan á
su nombre y titulo. Y~ debéis saber que dísde el
principio del mundo es una rara ave un Príncipc
bueno.... Grande es el Señor nuestro Dios f por ío
qual no conviene sufrir a eííos iluBres y ricos ver­
dugos.
Y concluye con estas amenazas Yo les habi^
aconsejado fielmente que tubieran consideración &
eña breve palabra del Psalmo 106 *. Efimdit
contemptum proptsr Príncipes. M a s ahora os jura
por Dios , que sí menospreciareis eña sententiat
trayendola sobre vueHras cabezas con ímpetu, se­
réis perdidos, aunque cada uno de vosotros sea tan
poderoso como el Turco * y para nada os aprove­
chará hincharos ni enfurecerosi
Despues añade: „ N o es el mundo ya tan gro-
„ sero como quando los hombres se dejaban cazar
„ como fieras, y los asaeteabais. Dejaos ya de vues-
„ tra temeridad violenta , y permitid el curso que
„ las cosas quieren y deben tener: a el qual en.va-
„ no os opondréis. Si me replicáis, que como se
„ regirán exteriormente los Chrístianos, si no hay
„ entre ellos alguno que tenga el Imperio y uso
„ de la espada ; responderé. Entre los Ghristianos
„ no puede ni debe haber alguna superioridad, sino
,, cada uno es mutuamente subdito de otro, según
,, aquello de San Pablo a los Romanos: Honoreitt-
„ vicem prevenientes: Y lo otro de San Pedro.
„ nes invicem humilitatem insinúate'. Y aquello de
„ Christo en San Lucas: Cum vocatus fueris , re-
G 2 „ cum-
53 L ib . H. D is e r t a c ió n V ,
„ cumbe in novissimo loco. Entre los Chrístianos no
„ hay otro superior sino Jesu-Christo. Donde no
„ hay hombres de esta creencia, no’ hay verdaderos
0, Chrístianos. Porque según ya he declarado y
„ manifestado mi mente en muchas partes , los
j, Chrístianos no deben gobernarse sino por la pa~
labra divina. “ Todo esto lo escribió para expli­
car la potestad secular, y. para instruir en ella á
un Príncipe que le protegía.
N o cabrían en este libro los pasages desatina^
dos, insolentes y furiosos que este monstruo vertió
por todos sus escritos para combatir toda idea de
potestad y de superioridad entre ios hombres , y
principalmente entre los Chrístianos. A este malva­
do fin escribió y publicó su libro de Libértate chris-
tiana, donde á toda fuerza predica la anarquía, y
dice que todo hombre Christiano debe ser señor
de todas las cosas , libérrimo * á ninguno subdito;
aunque de su voluntad pueda hacerse siervo oficio­
sísimo de todos: que todos los fieles son Sacerdo­
tes y Reyes. D élos mismos errores está apretado su
tratado de Capthitate Baby Iónica , y sus respuestas
á Catharino ; y su glosa bajo el titulo de Prenocio-
dones a sus amados Alemanes (i), donde se propone
explicar lo que es , o no es sedición,
„ N o quiero (dice) dejar gravadas:las concien-
- „ cías de los hombres con esté miedo de si su re-
sistencia a los mandatos-imperiales'será sedicio-
„ sa. Porque en este caso un semejante nombre es
„ malo y molesto : por lo que conviene darle otro
„ titulo quQf los derechos hallarán fácilmente. N o

(j> Aptul CgcliUcfe aft. & script. Luter, atian. 1531. fui. *4^*
M a x im a s I m p ía s contra los G o b ie r n o s . 53
„ debe tenerse por sedicioso todo aquello que los
„ perros sangrientos acriminan por tal.
Quando Cochleo refiere este pasage de Lutero,
añade; „ Esto es porque túdíces que no es sedición
„ el obrar contra derecho 5 porque de otro modo
5, sería sedición toda transgresión de la ley. I^ro no
„ niegas que es sedicioso el que no obedece al M a-
„ gistrado; si no lo ataca é impugna,queriendo opri-
,, mirlo , y dominar por sí mismo r constituyendo
„ derechos.segun.su arbitrio. De aquí se infiere, que
. „ la repugnancia de los tuyos es claramente sedl-
„ ciosa. (i)
5. ni,
Erasmo en una carta: a sus hermanos' los de fa *LT*-
- a 1 * 1 j • • * Érasmn lam en-
Ba^a Alemania (2 \ prueba de proposito este espiri- taba«ta furirrn
tu .peligrosísimo y sedicioso de Luteto , Zwingliov Re¿'rm”do%i.>s
y demas Reformadores. „ Desde que tomé el pri-
,., mer gusto "dice) de los escritos de Lutero , profe-
„ rí en estas voces \La cosa v d a parar en sedición.
„ Capitón puede serme testigo, si quiere. ¿Por ven-
„ tura no trata el negocio sediciosamente el que con
„ tanta desvergüenza se desenfrena contra el Ce-
11 sar, contra los Reyes, contra los Príncipes más
„ poderosos, contra el Pontificó, contra los Carde-
„ nales , y contra los Obispos? Además de esto,
„ ¿el trastorno y rompimiento de las- Imágenes no-'
„ es atentado por si mismo sedicioso? ¿Pues á qué fin
„ es mostrar tanto horror á este nombre de sedi-
1, don , quando Lutero tiene por especial eara&er del
olivan-*
' (z) ’ Üd. Ibivl- ~~ -
(>) Erasm. Epm. ad Frwrcs iufvriórif Gsnjuiu
54 L ib. II. D ís^utacion V .
,, Evangelio el excitar sediciones? ¿ N o es taft célebre
„ entre ellos aquel dicho de Zwinglio: el Evange-
,, lio pide sangre*. ¿Es poca sedición, fundirlos va-
„ sos sagrados para acunar moneda, é inquietar álos
,, Magistrados que no quieren desertar de la anti-
,, gua disciplina de la Iglesia, &c? “
Y algo despues, aludiendo al estrago de mas
de doscientos mil rústicos que habían muerto en.
«na sedición contra'sus Príncipes, á que Lutero los
había incitado , le dice: „ N o conoces tal vez por
„ sediciosos á estos rústicos; pero ellos te conocen
,, ya , y es cosa manifiesta, que muchos de los que
„ se arrogaron el nombre de Evangélicos , fueron
,, los motores é incendiarios de esta cruelísima se-
„ dicíon. Y si sus conatos ^hubieran sucedido según
„ el intento , acaso aprobarían ahora la empresa
f, que detestan, solamente porque ha salido mal. Tú
ty quisiste por otro, libro cruelísimo 4 que escribiste
„ contra los labradores, apartar de tí la sospecha;
,, pero no dejas de hacer con otros libros escritos
„ en Alemán el que los hombres crean que(i) dis-
,, te la causa para estos tumultos. “
Y en la citada carta a los de la Baja Alemania
je queja así: „ La obediencia á los Obispos ha sido
,, echada por tierra, y con ella la de los Magis-
„ trados legos. En otro tiempo vivían quistamente
5) los Chrístianos aun bajo el yugo de los Príncipes
„ Gentiles, guardándose con mucho estudio de dar
„ alguna ocasion de sedición; sino pagando á cada
„ uno sus débitos. Pero este pueblo tan Evangélico
„ se lia hecho detestable aun para el Príncipe de
_________________ '__________ „ lo»
(i) fol. toji;
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 55
„ los Turcos , que lo llama nacido para las scdi-
„ dones : seditioni natum. ¿Quántos tumultos ha ex-
„ citado? ¿Quántas veces ha corrido ya á tomar las
„ armas por causas levísimas^ Con todo esto mués-
„ tran horror á todo tumulto y sedición. Pero con
„ la condicion de que nadie chiste, ni repugne á lo
„ que ellos quieren. “
Y en otro lugar repite (1) que era tan execrable EiTurcoft(,
para los Turcos el nombre Luterano, que toleran-
do en sus tierras á los Christianos t no sufrían a los ¿osos,
de la Se&a de Lutero , por evitar el peligro de la
sedición. Otros añaden consiguientemente a lo di­
cho , que Solimán prohibió á los Luteranos habitar
en Transilvania, y expelió á los que había intro­
ducido (a) Isabel. Es muy de notar que el Turco lo
tratase a si, no hablando Lutero bien de otro Prín­
cipe que del Turco. Pero este no se engañaba»

S* I V ,

¿Quien extrañará los tumultos v rebellones par- i'Isccitír-


los T u^
ticulares que excitaba la antecedente doétrina se- «mitos particu-
diciosa? Ulrico Huteno > Caballero dé Franconía, pa««contTa,rígs
hizo una confederación que se componía de treinta Plínc,p<1!-
artículos , ordenada á la conservación de la divina
verdad {asi llamaba á la do¿h*ina Luterana) y á la
salud de la patria, á dar favor á Lutero, y a extirpar
todo el Clero en el nombre de D ios. (3)
Christoval Schaplero animó otra conjuración
el
( l ) I d , lib , I , fol. 1 11 % . Ccrce zd publican! trarujuílitatcm ¡¡A cá su r: inuti-
Ies > tit Turca quaque fcratuv Lutcraivjruin nornc:i cx ecraii scditionis odia , tvm»
Christmnos toleret ab ipsius (fagrrucibus alíenos
(i) Ga*ar(!í. ful* l í j . (jj Cachi. ubi sap.
f6 Lis. II. Disertacío^ V.
el año 1524. y juntándosele innumerable-pueblo
con armas y maquinas atacó á los Magistrados, y
tomó Castillos y Monasterios; saqueando , matan­
do 6 incendiando. Sleidan calla Ci) el nombre de
la cabeza de esta sedición; pero confiesa que su
causa era defender la doBrina del nuevo Evangelio , y
sacudir la servidumbre.
C a rien , celebre historiador entre los R efor ­
mados por las continuaciones y adiciones que le hi­
cieron Meian&on y Peucero, dice mas claramente,
que el dicho Schaplero había fundado su conjura­
ción sobre doce artículos,que trataban de restituir la
libertad Christiana (2) , y entre ellos profesaban, que
no se debían pagar tributos al Príncipe. Por esta doc­
trina dice que se encendió el animo de una gran­
dísima parte de los rústicos, y tomaron las armas
contra sus legítimos Magistrados.
D e otro fanático llamado Thomas Monetario,
refiere que andaba predicando y prometiendo, que
el restauraría el estado postrado de la Iglesia; y con-
-dúoia en turbas al V u lg o , mandándoles saquear las
.casas de los Nobles y los Monasterios , para que
iodos quedasen iguales.
Mientras la Junta de Norimberga se hacía otra
conjuración entre algunos nobles de Franconia, di­
rigida contra Ricardo Arzobispo de Treveris. Biel­
dan la refiere en el año 1523- L a causa era el que
los recientes Predicantes impelían al pueblo a cosas
nuevas con sugestiones sediciosas (3)» y especialmente
á
(1) Sleid. fbl- íii . 11Í*
CTiron'ic» fol. $75. Cctít*París an Ex UíicdoSrin^ ( scilicce tribuid
tivii este fendeuda, Mttgístratui ) spe ííbertacis acqutrenda: m uíim a parí rustico*
nimlAeccusa*dicúur Armactpísse adversas legitiaios Mjgis.craCus-
(}) Co.cM. ubi suj>.
Máximas,Impías con tra los Gobiernos. 557.
á que ocupasen los bienes y Principados de los Ecle­
siásticos , con el color de restablecer el Evangelio.
También pretextaban que el Arzobispo les había
faltado en algunas etiquetas*
Ha sido celebre el estrago que causó Muncero
por sus crueles sediciones desde el añp 1 5 2 -La-
igualdad di los hombres era el primer clamor, (1) de, • LIt.
Vitado de M u*-
sus predicaciones según Sleidan. Absolvía despues ca n tw tu­

á todos de qualquíera sujeción 6 servidumbre; das los P r ín c i­


pesj Mígijttn-
exortaba a la comunidad de los bienes, por ser mas d os.
conforme a la humanidad ; y concluía, que ios Ma­
gistrados y Príncipes eran unos T y ranos ¿ á quienes
se debía matar para poner otros buenos en su lugar.
Los rústicos .tumultuaron muchas veces, y con*
movieron toda la Alemania. V ed aqui las condi­
ciones y leyes que; imponían á sus Magistrados y
Príncipes , según las,propone jSleídan. „ I. La facul-
tad de elegirse Ministros,qué enseñasen puramen-
te. el Evangelio, sin mezclar decretos de hom-
„bres. (2) II. L a Libertad; porque tenían por cosa
„ indigna, que los que habian sido libertados con la
„ sangre de Christo , sufriesen álguna servidumbre;
n la que ya no tolerarían mas, si no se les demos-
,, trase con testimonios de la Escritura. “ Nótese
aquí quan presto se habian hecho Filósofos los rús­
ticos, pidiendo demostraciones. ,,P 1 tímamen te, que
todos los hombres eran iguales ; que la .concien-:
•‘ Tom, V. ' H .• . „ cia .
( : ) Sleíd. lib, t . fo 1. 1 1 7 . Sr.scq, D ig n ita t; cssc üirines ¡equales , condicione
liberos, communionem bonortim hum anitati conientanratn, M agistratus Se P rin ­
cipes Tj'i.innus occid c ilio s , aliasque substituciiJos,
( i) I . Facultas eligendi M inistros, rjui Evím gclium puré docercnt, nu ¡lis ad-
m ixtis hfjniinum jdecretis. I I . Libertas: rem enítn jiídígitant d íceban t a t C h r is t f
sanguinc Rcdcm pti servitutem ferren t,’ amplius non ferendam nisi Scripturü res-
timoniis dem onstraretur. V erbo : Omn^s Cssc j>arcs....c^mtendfba<u:irigcfnínai)- '
tes Luteri cesscram; V i t e t Evt-ngelii»». , ■
58 L i b . II. D i s e r t a c i ó n V .
cía solamente se habiarde acomodar á laEscrítu-
,, ra*. desde aquí corrían á la pugna, clamando
„ según la norma que leshabia dadoLutero ; Viva
„ el Evangelio.“
MI. E n Suevia, en Franconia, en la Alsacía, en
M ortandades i n
üjcijsas de riis-
toda la ribera del Rhín , en Turingia * convirtieron
(icos. tum ultua­ quasi todos en lanzas y espadas las herramientas de
dos en A iraría,
Suevia , Paladi­ su agricultura. Se dice , que solo elD iique.de L o-
nado , Saíis-
boui-giCarlntiaj taringía mató en la Álsacia mas de doscientos mil.
&C.
Fueron innumerables los que murieron en la
Suevia, habiéndose -formado una Liga para des­
truirlos* Con igual estraga se portaron el Conde
Palatino , y el Márques’Casimiro en sus (1) respec­
tivos Estados. En el distrito de Salisbourg , y en la
Carintía alta huvo la misma carnecería. •
: N o se diga con Hibnero (2) * que es una Ca­
lumnia de los Cathólicos í el atribuir la guerra de
los rústicos á íá doótrina Luterana. Porque aun
quando Sleidán dé por causas otros gravámenes in­
tolerables que sé les hacían sufrir por los Señores (3),
y juntamente los Sermones sediciosos de Carosl-
tadio , Muncero,. y Pféiferó (4); pero ya hemos vis­
to que todos estos, Eschapléró, Monetario, los Ana-
fcaptístas» y otros fundaban sus conspiraciones en de­
fender el nuevo Evangelio ¿ y asi era una misma la
causa. <Pero quién puede escusar á Lutero , quan-
dó el mismo se carga, y aun se ja&a de estos es­
tragóte en sus coloquios Iskbicosi ,, Y o (dice alli) he
dado ía muerte á todos los rústicos sediciosos,
» Por“
(1) Sleid. Comtnent. lib . 4. fol. 14. H ibner. HÍSC. u n iv erj. fbl. ^ 77-
e ¿ ir . 1711.
( 2) Id . fol. eod. ( 3) Slcid. fol. 107.
( 4) Id . ful. 117-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a los G o b ie r n o s . 59
„ porque mandé que se les matase. Venga, lasan-
„ gre de todos ellos sobre mi cabeza. (1).

. v.
N o estaban las Ciudades mas tranquilas, entre- £lsC^ eslt.
tanto que la campaña estaba cubierta de labradores Íník-
v -*-» r 'i • 1 ■ líJf ^pendcicia» yse
muertos. Francfort tumultuó; lo mismo hizo JVLo—<rcbc1in. Otrot
guncia, Colonia y otras Ciudades. En. Baviera se 'í‘'mult"s'
descubrió otra conjuración contra el Duque Alber­
to. Fue menester que los Senados se hiciesen guar­
necer con Tropa. ■ . ..
Despues han sacudido los rústicos la obediencia
en varias ocasiones. En los años de 16 2 5. y 16 2 6. fue
turbada por. ellos toda la Austria. En Brachel tene­
mos un tanto dé las Aftas públicas que se forma­
ron (2) sobre esta sedición.; En el año de 1706. vol­
vieron á sentirse con estrépito en la rebelión de Do-
uauver. En el de 1724. en los arrebatos de las tur­
bas Tornianas; y en el de 1730. en las sediciones
de Salisbourg. Mas fácil y brevemente se dirían es­
tas cosas, afirmando que esta Religión , hecha por
tantos .intereses particulares, y aun contrarios, ha sido
un tumulto continuo, b la idea del eHado de la na­
turaleza , que dáHobbes, y es una guerra de todos
contra todos. - ..
LV.
Mas si todas estas revueltas parecen menos pictr* de
públicas, porque fueron entre los rústicos y sus ‘J-
respe&ivos Señores, ponganse los ojos en la guer-
;ra deSmalchalda ; donde,todos los Señores , Prínci-
H 2 pes,
6
(1) Fol. x j . E d it. Isleb . Ego omnes rtiscicos sd íítio so s in t e jfe c í> quia uc
. ¡n terficcrcim ir.ju sü . Sánruis eorum super capiit meüm.
( i ) Erach. part, 2. lib . 3, f o l .'i o ; . E d it. C o lq i. , , .
6o L ie. II, D i s e r t a c i ó n V .
pes , y Ordenes del Imperio combatieron entre sí ’, y
contra el Emperador , su- legitimo Soberano. La
causa de esta guerra fue la misma que la de todas las
otras. Consta del Edicto del Cesar contra los Prín­
cipes de la conspiración de Smalchalda; aunque
Sleydán añada otras , por tapiar (í)la principal, y
Jionestar la ignominia de su partido.
La primera, que se refiere en el Edi&o del Em­
perador es : porque los Príncipes (2) de Smalchalda
Iiabian hecho inútiles todos los estudios del Cesar,
sobre conservar la paz en el Imperio, negándole
la debida obediencia. La segunda, porque pa&aron
conjuraciones secretas, y atraían á sus osados in­
tentos á los otros Ordenes de Alemania ; concitando
al mismo tiempo contra el Cesar las naciones estra­
das. La tercera, porque exercitaban la tyranía. contra
las ordenes del Imperio que no les seguían. La quar­
ta, porque con menosprecio del Cesar substrajeroná
los Ordenes de parecer en la Junta deRatisbona. La
quinta, porque no reconocían algún juicio, y nega­
ban la administración de justicia. La sexta, porque to­
das estas cosas las coloreaban con pretextó de la buena
Religión, y de la libertad de Alemania. La sépti­
ma , porque con libelos calumniosos y pinturas ig­
nominiosas contra el Cesar, concitaban á los vulgos
para levantar rebeliones y discordias.

• ' - : $. V I.' ;

En el mismo nombre de Protestantes que se


to-
( i) Slcid, Comm enr, lió 6, ful. 1 7 S.
(1) Ex F.dífto l o . Juli j dat. Radsbon. apud SIeid. lib . 171 fbl. jo 6 , Sl apu^
Ríiiwld. ad an. JJ46, j>- 10;.
M á x i m a s I m I p iA s c o n t r a lo s G ob T eu ñ os 6r
tomaron los de estas Se&as, llevan por donde quie- E^ñomb-c
ra el titulo de su rebeldía contra todas las Potesta- Ae
. t 1 J t T T7 1 anuncK’ m ls dc-
des j y especialmente contra la del Imperio, h n el recámeme i»
articulo antecedente oímos áBayle explicar este nom- “ reügion.'lw **
bre diciendo, que significa el que ellos protestan con­
tra toda Religión. Pero aun es mas constante , que
intentaron mostrar por este nombre, que protestan
contra toda superioridad, y contra la dependencia
de todo Magistrado, R e y o Ley.
Es bien notorio que se llamaron Protestantes
por 'haber protestado contra los Edi&os Imperiales.
Reclamaron y protestaron despues déla fé y palabra
dada contra el que se llamó Reservado Eclesiástico,
y se estableció en la P a z Religiosa. N o se embara­
zaron en que esta era tenida por una leyfundamental,
salubérrima yperpetuó duratura, , imanitni Inperato-
ris, Regis Romanorum, ó» Stahnim Imperij consen-
su confirmata. Así la llama Pfefingero Ci).
E n otras protestas solamente despreciaron al Em­
perador ; en esta no hicieron caso del Emperador,
ni de todos los Estados, Imperiales juntos. Vitriario
los escusa (fi), con que ellos no la tuvieron por una
ley, hecha por la unánime deliberación de todos los
Estados. Es decir , que algunos Protestantes consin­
tieron de mala gana, o se quejaron de los gravamen
nes que podían resultarles del dicho Reservado. Pero
también los Cathólicos sentían los que se le siguie­
ron de la misma P a z Religiosa, y déla antecedente
Transacion de Pasavia; y no por esto se creyeron ca­
paces de faltar á sus tratados , que una vez habian
con-

ÍO S._4 ;P¡>cis B e lig . apud P fefin ger. ad V ictiar, t ít . 1 1 . lib . i .


(í) V itr iír , J u r. pubí. in stitu tion , lib , i . t i t . I J .
6* L i b . II. D i s e r t a c i ó n V .
consentido. ¿Qué ley se estableció jamás por la es­
pontánea vóluatad de todos en singular?
Lvu. Antes hablan usado de las mismas artes para
Otras o - o te s tA s - i t? * 1 l **
i.ci mismoespi- protestar contra el JJecreto de Espira del ano 1 5 2 9 ,
’!CL1' hecho y confirmado por los mas de los Estados (1).
Por esta razón Carlbs V . declaró por nula su pro­
testación. „ Pues ño es equitativo ("añade) que la
„ mayor parte se sujete á la menor.” Sleídan dice,
que los Protestantes, solamente eran seis Príncipes*
tres Ciudades, y once Lugares. En Smalchalda solo
^ se añadieron lós dos Condes Mansfeld , y las Ciu­
dades de Magdebourg y Brema. (2) "
También protestaron el Edi¿to de restitución,
dado por Ferdinando II, que mandaba solamente
el que se estubiese á lo acordado por la P a z Religio­
sas Pfefingfero , con la reverenda que estos D o l o ­
res acostumbran dar á los Cesares , le llama (3) *
Virolentum diploma.
Protestaron contra la clausula de la, P a z, que se
habia becho enRiswic ■ : Religtonc tomen Cath'dica
Romana in hcis sic reBitutis, in Batu quo nirnc eB,
remanente. (4). . ' .
De' igual modo 'h.sixí proteBado toáo quanto
sienten que detiene sus conatos átyranizar , y á me-1
ter sus errores á punta de lanza en el corazon de to­
rdos los Estados. N o han respetado los Concordatos
dé ¡ la Nación ó Cuerpo Germánico >que se po-
* : nen

(1 ) A p u d S le id . lib . 7 . fo l. Í p i . 1*1 ¡> ild lr4¡ ¿ « l D cc rtto d e C u t ía V . ten:


'A 'p p cllatiu n ein seu p ro cesta tio n em se h a b e re p ro n u lla : N am sq u u in es s e uc m í­
an r p árs se acco m m od ec in s jo n . Q n a n cu la v e r o sinC ip si p o rrío > s i cu iu.Po# M -
jlice M .x ir n o , s is c e u m > s í cum reí¡q u n P rín c ip tim cactu co m po n an cu r.
(i) I i!. a d á n . T Í30 .-F o l. 50 4 .
(j) P fc fin g eT . ad W icriar, tic . í - q . 1 . f o l . 7 1 ? .
(4) A re . 4 . ap u d Scrubium ju r . p u b l. c a p . tí. $ . 3 4 .
M a x i m a s I m p í a s c o n t r a i o s G o b i e r n o s . 63
nen (1) entre las leyes del Imperio ; y les llaman
unos males públicos que convenía destruir.
E n Reza (2) se notan las protestas que hicieron
los Calvinistas contra la Paz de .Orleans. A fin
(dice ) , para que la poBeridad conociese cómo se ha-*
bian portado en e0 e negocio. ,> Pero no se hallan en.
„ su Historia (añade; Bossuet) algunas proteBas con-
„ tra la guerra civil. N o era este su espíritu (3),
„ ni el de Iá Reforma."
Es muy de notar que todos estos Edictos ó Tra­
tados de paces celebradas no eran otra, cosa., que
unos costosos allanamientos ,■ hechos por los Esta­
dos Cathólicos; ya cediendo á los Protestantes lo
qué tes habian arrebatado, por fuerza y dolo, y ya
tolerando el uso de su falsa Religión en sus tierras.
Estas cesiones, aunque tan vergonzosas' y gravosas
á los Cathólicos , la? hablan por comprar lá paz,
contentándose con que los Protestantes se conten­
tasen también en los límites que tenían hasta en­
tonces. Pero estos, genios, hambrientos de sangre
y de rapiña, aman siempre nuevas sediciones por
ley de su nuevo Evangelio ; y solo se conforman
con que se les tolere, mientras que no pueden des­
truir á los que los toleran.

- ' . §• vn.

A u n quando, frustrados sus intentos sedicio­ IVTII.


Aun pidiéndola
sos , han caído en k necesidad dé pedir la paz y no p a i han protes­
lo han hecho sin la protesta de hacer la guerra, siem- tado renoyal 1*
gueriíU
pre
( 1) : Apud Línck, diíertatfon. de Concordads Germán.
. (i) HJstor, com. i. fol. 1S1. ............
<3> Eossuet Defina, de 1‘ H iitoir. des variación! contr. Mr; B ajn agí. 10.
64 Lis. H. D isertación V.
pre que puedan volver á la carga. Así sucedió des­
pués de las revueltas de los rústicos de Austria de
los años 1625. y siguiente. A l cabo de verse rotos
y dispersos mas de sesenta m il, y de haberles en­
viado el Cesar unos Legados para que dejasen las
armas , y expusiesen sus demandas legítimamente;
ellos detubieron á los Legados , y remitieron á seis
en su nombre , para pedir perdón de las turbaciones
pasadas: pero con la protesta de tomar eí remedio ds
la necesaria defensa (1).
Esto es como la sentencia que firmo Algernón
Sidney en el Album de la Universidad de Copen­
hague. Parece que presentan allí k las personas de
distinción, que visitan dicha Universidad, un libro
en blanco, para que escriban alguna sentencia , la
que mas les agrade. El expresado Syney, enemigo
inconciliable de los Reyes, firmó y escribió los si­
guientes versos, donde explicó los sentimientos
que tenia mas impresos en el corazon.
Mamis h(ec mímica tyrannisy.
Eme peth placida cum libértate quíetefll.
Asi consienten y piden estos Señores la paz y
la quietud , protestando con la espada en la mano ha­
cer la guerra siempre que puedan. Con que son JVo-
tcstantes por tres razones principales. I. Porque pro­
testan contra toda Religión. II. Porque protestan
contra toda dependencia, y contra toda potestad
humana, que estorve1 á la igualdad 'que quieren
establecer entre los hombres, especialmente si
son Christianos. III. Porque protestan contra toda
paz siempre que les parezca ñus útil rebelar, y
tur­
co S ra ch cl. lii), 3. fol. 1 i s .
M a x ím a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b ^ r h o s . 65.
turbar las cosas con nuevas sediciones.y guerras.
Estos son los frutos que los Gobiernos y Prín­
cipes , fautores de esta obra , cogieron de ella. Vea­
mos todavía otras revueltas y tumultos excitados por
el nuevo Evangelio.

# ? 4C S S ! ■
,*í . ■...1,, . ' 7 T” '1.

A R T IC U L O V.

OTRAS SED ICIO N ES Y b u E R R A S


smisadas por l(t Religión hecha » contra,
sus Autores.

§• !•

U N no se había reparado la Bohemia de lo»


A
.

estragos hechos en ella por los Husitas, Ca-


líxtinos , y otros Hereges revoltosos, que precedie­
ron á la gran Reforma; quando fue otra vez turbada
por esta peligrosa Se6ta a. los principios del siglo
diez y siete. Un Escritor (1) Protestante quiere atri­
buir esta guerra á las ideas de España , que preten­
día hacer á Bohemia una Provincia de su Monar­
quía. Pero no es tolerable * el querer sustituir unas*
cavilaciones , y sospechas mal entendidas, á las ver­
daderas causas de los hechos, quándo constan por
documentos públicos.
Tom.: V. I Las
0} O ld eipb ütger ad ¡nstruriieat. pac. p w t. i . dtseur*. i . foL tfj.:C u m - dq-j
Aiistriacíi iu tribus cantnni c o n siste rc t, M attua i Leopoldo (quibus nulla
p w lis supcrcrat spcs) fie ferd m an d o , satagere H ispani, qua ratione Bohemias
R figaunv.uc vu lgo crcdebatur , h areditavío ju re cransFerti, extin& is A u s -
triacis > ad Rogos II ispanix p a ste e : ac jam se rió te suiir úV é* ni rém '
solem nes. . . .
66 L ib . II. D is e r t a c ió n V.
cauíJs^áe la» Las causas reales de las turbaciones, y sedicio-'
revu eltas de Bo-
tficmri, según el
nes que
l
sacudieron el Estado de Bohemia „ .
fueron
de Fcr- los Protestantes. y la propagación de su nuevo Evan-
dininda II. 1- ' j 1■ . .
gelio, que debía anunciarse con tumulto y dedicar­
se con sangre. Duran en Escritores, nada'preveni­
dos en favor de los Españoles, ni dé los Cacholicos,
las A&as publicas de aquellas inquietudes; EÍEdic- .
to de Casación publicado por Ferdinando II. (i)
dá por causas de las turbulencias de los Bohemos,
el que despreciaban toda Autoridad Real y publica»
asaltaban á las Ciudades , impedían hacer levas de
gente para el R ey , sujetaban al plllage todos los
Templos de los Cathólicos, impidiendo el uso de
la Santa R eligión , y metiendo en lugar de ella por
toda fuerza y violencia *á la Luterana; hacían Ligas
secretas con los Saxones , Ungaros, Austríacos y
los convidaban á, entrar en Bohemia ; usurpaban las
tierras hereditarias; infamaban á la persona del R ey
con libelos calumniosos ; echaron una bomba so­
bre la misma Casa K é a lv eligieron o tro nuevo Rey,
y lo coronaron ; nacían por sí misnios otras nuevas
leyes, y comerían mil insukós públicos ; Líbertatís,
Ó* JR-digíontsjuco.
lx El Edicto del Cesar (2) Mathias de 1 1 . de Mar-
Concuerda con Zo ele 16 18, hace memoria primeramente de sus con-
«wEdi&Tdel tinuos conyentjculós; d¿ que habian arrojado por'
cesa- Mathias» ]a3 vea{anas‘ a los Ministros del Emperador , y de­
puesto sus Oficiales; que habian saqueado los M o­
nasterios y Colegios; que habian hecho amenazas
al Cesar de extirpar enteramente al Clero; de ha-
M a x i m a s L u p i a s c o n i r a . l o s G o b i e r n o ?. 67
berle interceptado una posta, y de haber establecido
treinta Direótores para gobernar el Reyno. Estes y
otros atentados que expresa individu?Jmente el edic­
to , resultaron de las informaciones hechas con toda
autenticidad, como dice el mismo Londorp (1) , y
otros Escritores dignos de cr édito.

$. H.
>

Los Protestantes han querido también atribuir


las conspiraciones y guerras de los Saxones Suecos
á Ja siij^érBicion de FerdinandoII, (2).Ya se sabe qiie
los qué protestan contra toda Religión y los Filó­
sofos , tienen costumbre de llamar superBicion á la
Religión Cathóiica.
Ferdinandó II. no queriá que esta se innovase Los (U_
ni túrbase: en lo que obraba, 110 solo como Prínci- ?ot ^usade
* . • * • . 1' ■ Tk J* cscas reUUCltM

1 # 'c* n
p e p ío , sin o ta m b ié n ' co m b b u e n P o lític o , M a s pa-< ia supendeía i
ra lo s co m ercian tes e n n u ev as oe¿m s es lo m ism o <ia u,
• 1 ■ p de Ferdítun-

no consentir á sus innovaciones, violencias , y rapi­


ñas, que dar causa a la guerra. Aquí no se culpa á los
agresores, sino solamente á los que se defienden.
Esto es lo que ya dijo Erásmo de los Refor­
mados , que tenian horror k ' las disputas y a las se­
diciones , mientras que nadie les disgustaba, mos­
trando que peñsabá dé otra manera, b no renun­
ciando á sus pies la do£trinaí y fe que había ‘trni­
do hasta entonces. Pero en este caso corrían a las
armas, y arremetían gritando : Viva el Evangelio.
I 2 Mas
( 1; L&ndorp com, i. lib . ; i , cap. ?í>. & Brachel. lib . i . ad, an.
fol. . ■
( 2) Oldcm’m re. n.í iustrtim ent., p ie . p art. i . d isc. í 4- SupersUiionis vim in
aniüiLi Csesans pradom üuutem ,.& c .
68 L íb. II. D isertación V í
tXÍÍ. Mas, las, verdaderas causas de estas,como dé otras
Pero destruir la
R elig ió n d cllm - conspiraciones, fueron siempre las nuevas ideas de
p srio , y el Im ­
perio é ra la cau­ los Reformadores. Estos fórmarón la facción de
sa de tantas
conspiraciones. - HeilbrumLutero-Calviniana,laBemburgenseDariCH
Saxonica, la Lipsíense Pro testan tico-Site ca. Todo
consta de las letras del dicho Cesar ‘Máthiás, dirigi­
das á los Estados Protestantes Unidos con los Sue­
vos (i) , y despues congregados en Heilbrum el
año 1614. En ellas se queja del mal suceso de sus
trabajos,tomados por concordar las diferencias naci­
das por ellos; y .de que estas confederaciones^ como
también la efectuada con los Holandeses ,/rio mira­
ban sino ala ruina del Imperio. (2)
Las causas para que los Suecos invadiesen la
Alem ania, viniendo á su cabeza Gustavo Adolfo,,
las refiere un historiador de ellos (3) , y se reducen
siempre a lo mismo. Este; R ey hizo la paz con los
Polacos el año 1&29. no por otra causa mas prin­
cipal , que por acudir á la guerra de Alem ania, á.
que era llamado mucho tíemporhabia por los Pro­
testantes., A esto se (untaba ( dice Adolfo Brache-
Jio } la envidia que t(ema el Sueco de la demasia­
da felicidad que gozaba la casa de Austria.
Las razones con que pretenden escusar estas
guerras* no alcanzan a probar que ellos no las ha­
yan causado,, sino el que salieron siempre muy nial
a los Estados : lo que es conforme á mi' presente
intento. Las Ciudades y Países de ios Protestantes
. " se
(■i). A p u d Londorp. pare, i . i i b . - i . (2) Brnchel. «d an, i6 i8 ..J íb . . 1 . .
(3) Id , ad an. ití2 p . l i j o . & 'O ld c m b u r g ', in M antisa ad inscrument. pac.-
fo l. j o . TJum lm peracoris v id rié is arma P rotcstan tibus esscnt suspeíta , ac <Cü -
éholicortim lig a -i S t'édid u m de restitu tion c bonorum Ecclesíásticorum acecde-
r c t , Brotcstantium o c u lím Uunc R e ge m ....- sesretá ' im periom b t lli
M a x im as Im tia s co k tr a lo s G o b ie r n o s , 69
se quejaban despues de los males a que se liabian
reducido por estas sediciones, y por las Naciones
forasteras , que liabian llamado en su socorro.
Lloraban lo primero (dice Lonclorp) el que los caí™msH.«ác
subditos habian (1) quedado exhaustos , y del todo íustur baáQJW*»
exprimidos por los antecedentes movimientos, y' ;
se habían hecho costumbre de turbar á qualesquiera
Magistrados que se establecían. L o segundo , la rui­
na de los Comercios , la pérdida de los frutos , de­
trimentos que se habían hecho necesarios'ít las pro­
vincias j e incomodidades de la guerra, que no
podían repagarse. L o tercero , el peligro en que se
veían- de ser proscriptos o arruinados. L o quarto ,-el
poco lucro que podían esperar de la misma victo­
ria , habiendo de tirar para sí los mejores frutos- de
ella, los confederados. Asi' pagaba la nueva R eli­
gión a todos aquellos qué se sacrificaban á. su; de­
fensa.
Hasta, hoy día vemos esté desen gario en Poíó- íktv.
*■ ' t 1 j ^ 1 • ■ . ' L a.n iiím a causa
nía. ¿Quien ignora el. extremo de turbación y rui- c¡eiicíl hoy Jas
na á que lia llegado allí ía dignidad R e a l, los pri-
vilegíos de la República los derechos de'la Coro­
na , la libertad y' fueros de la Nobleza’ , f todos
los bienes déla Nación? Para que en' adelante'no
dude alguno acerca de las causas dé estás calamida­
des, las ha declarado publicamente la junta de'la.
Nación por el escrito publicado el'año de 1 7 7 3 ./ ^ uí
atribuyen rodas sus desgracias á los negocios de íos-
D isid m ús, que son los Socinianos', y las derña&
Sedas de Reformados, que hallaren asilo , y pro­
tección desde el principio en aquellos Países-
illív
( j j. Lonciorp. in »Cl, p u U . p^rt. í.iit» . J. cap..
7® L ib . II. DeseFvTa c i ó n V,

S- III.

Lxv. La Monarquía Francesa se viópormucho tiem-


L ib ;f> s qu
■precedieron ir p o , y por la dicha causa puesta á peligro de arruí-
ios r.tnmlros d
F ra n c ia . e narse. A l mismo tiempo, que se introducían en aquel
, Reyno los Calvinistas, volaban por, todas partes
libelos sediciosos, que eran los emisarios de los tu­
multos que se siguieron. Entre otros que se
... comenzaron á sentir en el Reynado de Francisco
II. se publicó uno con este titulo : Dlssertatio de
libero Franco-Gallomm Imperio. Poco despues se vio
la práéHca de estos nuevos systhemas de gobierno;
aunque Juan Tilio,primer Abogado del Parlamen­
to los confutó por un escrito, que mereció colocarse
entre las constituciones Regias.
En el. mismo Reynado se vio el tumulto de
Amboyse. Los Reformados que eran notoriamen­
te sus fautores , tomaban por pretexto la autoridad
que egercían los Señores de la casa de Guisa; pero
su fin verdadero fue ocupar la perspna del R ey , des­
truir la Religión Cathólica, establecer la heregía en
el R ey no , y administrar todas las cosas á su ar­
bitrio (i*).
Difícilmente puede sumarse en poco la serie de
conjuraciones que precipitadamente disponían los
Calvinistas por todas partes. Despues de la muerte
de Francisco II. se animaron demasiado por un
edi&o de 28. de Enero de 1560. que en su favor
con-
(1) NatiL ízcui, 1$. cíhikp, 2?4-Motus 00 Kegni adniinisciationem
exc ita n in apeream con jurado ném e m p e r im t, spccíe tjiú iíem cam <V G jis ü s ad
H e g ii s an gu ín is P rín c ip e s tra n sfe re m li ; re v e rá ad h s r e s i m , e x tin íía R c li^ io n e
C a th ó lic a , per tocutu Xegna.ni sm 'jí icíu la m ¡ que a d o lc s c ín c e m o c c u -
pan d um .
M á x im a s -I mpías c o n t r a l o s G o b ie r n o s , 71
concedió la Reyna á trueque de asegurarse ella en
el gobierno. Hechos con esto mas insolentes, sin
guardar condiciones ni limites* ocuparon las Iglesias
en muchas Villas, rompieron las Santas Imágenes, y
todo lo entraban á fuego y sangre.
Aunque para contenerlos se formeí el edi&ó de
Julio,, llamado por esto Juliano-, pero ellos á la som­
bra del Príncipe de Conde y délos Castellones, no
cesaron de hacer [untas públicas y secretas , dé pre­
dicar su Evangelio de sangre* de celebrar su Cena, y
en todos estos a&os. animar nuevas sediciones- ;
E n el mes de Enero de 156a se hizo otro edic-'
to tolerándoles celebrar juntas fuera de las Ciuda­
des >, oír sus sermones , y mantener el uso- de su
Religión,Ínterin que se celebraba el. Concilio Gene­
ral : pero debían restituir los Templos casas ¿ here­
dades, y demas bienes, de que habían despojado a
los Eclesáisticos , y no cometer jamás semejantes
violencias. Juraron guardar este edi<9to : pero muy
presto rebelaron, y tomando las. armas contra el
R ey y contra la patria ocuparon á Orleañs, León,;
Putiers,. Rotemago,. Tours,. y otras Ciudádes ; der­
ribando las Iglesias ^ y hollando y quemando W
reliquias de ios Santos.
En el mes de Diciembre- del mismo año fue-1;
ron vencidos
t /■ 1 -
por los
j- m
Cathólicos- E í año- siguiente
O ’ ..
T>wíu?.de Guls:i
; s u g e r i d o j>or B c -
sucedio elasasinato del Duque de Guisa por mano de «-■
Poltrót, cuya egecucion se celebró entodaslas Iglesias
de los Calvinistas con acciones de gracias. Theo-
doro Beza divulgó muchos escritos para indemni­
zarse délas sospechas de haber dispuesto ófaver'ccido-
este asasinato; pero nadie mudó de dlífamen, porque
Foltro t le confesó cómplice. ;,,. M uy diferente fue la
ac-
7® L íb. II.. D íssrtacíon V .
t>, acción de 3a Reyna, que ofredendole un' Capifan
p, Hugonote, llamado vulgarmente Aíota quitar la
j, vida á Andeloto; le prendió, y le remitió atado
i, aí mismo Andeloto (i) para que lo -castigase “
Hicieron despues varias pacificaciones. La an­
gustia de los tiempos les daba de dia en dia nuevas
y entajas, pero jamás se lograba otra cosa que dar­
les espacio para sazonar nuevas revueltas. El año
1567. hicieron arder otra vez las guerras civiles
bajo el mando .del Príncipe de Conde, y del Almi­
rante de Coliñy. Fueron vencidos junto i San Di o-
nysio donde murió el Condestable de Montmoren-
ri, que mandaba a los Catliólicos. Les fue preciso
firmar nuevos tratados;. Se lejs prometió el perdón,
y ellos prometieron entregar las Ciudades ocupadas,
pernutiendoles la libertad de conciencia. Esto fue
pof el ediítp de 27. de Marzo del año de j 568.
Antes de mucho vuelven á rebelar, auxiliados de
los Protestantes de Alemania y de Inglaterra, Venci­
dos diferentes veces, se les trae á firmar nuevas pacifi­
caciones el año 15 70. Se les deja con todo eso el uso
publico de su Religión i se les iguala con los Cathó-
Ijcos en quanto alas dignidades y oficios; y se les con­
ceden quatro Ciudades de seguridad 6 de asilo.
El año 1574, traman la conjuración para tomar
a Carlos IX. pero entre tanto murió el Rey y sé li­
bró del lazo,
No es de mi asunto el sumar aquí todos los su­
cesos de estas guerras civiles que se leen en muchos
historiadores.. $ o 1 q me toca observar la causa que
puso á la Monarquía Francesa y á sus Reyes, en
tan-
í ■) ¿ d ric , C ícerifl. Jil». j . p a g. mi. So.
M axim as I mpías c o n t r a lo s G obternos . 73
tanto peligro. Por mas que los Protestantes hayan
querido sincerarse, les es imposible lavar una nota
que se impusieron á costa de tanta sangre vertida
por sus novedades furiosas. LXYTÍ.
E l Duque de Alba f aquel Hcroe, cuya gloría El Uüíjae d* A i-
v a conoció 1j
no saben todavía mirar algunos Estrangeros sin ofen­ « k de los t u ­
multos Je Fr.in-
der su delicada envidia , quando se vio en Bayo­ e ia , y iliftú el
na con la Reyna Cathalina de Medicis, y su hijo .'■CKieíl/u,

Carlos IX . para tratar de la seguridad de los Es­


tados de España y Francia, dio un dictamen que
hoy no podrían sufrir muchos espíritus endulza­
dos en humanidad, y vacíos de Religión y de
buena política.
Conociendo aquel famoso General la causa y
causantes principales de tan públicas sediciones, de­
cía resueltamente: „ Que para destruir las rebeliones
„ de los Estados, y las novedades en materias de
,, fé , era necesario despuntar las dormideras , pes-
,, car los peces gruesos, y no cuidarse de coger las
,, ranas; porque cesando los vientos, las ondas de la
„ plebe fácilmente se compondrían y sosegarían
„ por sí mismas. Añadía, que un Príncipe no pue-
„ de hacer cosa mas vituperable, ni mas dañosa á sí
,, mismo, que permitir la libertad de conciencia,
„ introduciendo en un Estado tanta variedad de
„ Sedas , quantas son las cabezas de los hombres,
,, y las fantasías de las personas inquietas; abrien-
,, do la puerta á la discordia y á la confusíon, acá-
„ dentes mortales á la quietud del Estado. Demos-
„ traba con una larga conmemoracion de señala-
„ dos egemplos, que la diversidad de la fe había
.. puesto siempre las armas en las manos de los
„ subditos, y ocasionado atroces alevosías y funes-
Tom. V. K ,, tas
74 L ib. II. D i s e r t a c i ó n V .
„ tas rebeliones contra los superiores. “ Concluía,
que „ asi como las controversias de fe habian ser-
,, vido siempre de pretexto y de argumento á los
„ levantamientos de los mal contentos , asi era nc-
„ cesarlo quitar luego esta cubierta; y despues con
„ severos remedios, y sin reparar en fuego ni en
,, hierro , arrancar las raíces de aquel m al, que bro-
„ tando perniciosamente con la blandura y sufrl-
„ miento , se dilataba siempre, y recibía nuevas
„ creces, (i) “
Esto liará repetir a algunos, que era conforme
al espíritu de severidad, de que culpan al Duque
de A lv a , como si un Generalísimo de las Tropas, y
de un tan grande siglo, debiera pensar como una
beata , o como un Oficial petimetre. Quando los
males vienen á ser tan universales y urgentes , es
necesario un remedio aun mas aóHyo y violento.
N a obstante que entonces y después se tubo k
los Protestantes y á su Evangelio por la causa de
tantos desastres , han presumido algunos de sus
Ministros ponerlo en duda , o persuadir lo contra­
rio. Bossuet ha disipado las impertinentes cavila­
ciones de Jurieu y Basnage, dirigidas á escusar su
falsa Reforma de este gravísimo crimen de todos
los Estados.
LXV1II. Tenemos en la mano ( dice el Ilustre Prelado ci­
La cauta de las
Guerras f je in­ tado ) las cartas de Calvino tomadas de buena par­
troducir á fuer-
12. de armas e l te, donde se ve el principio de las turbaciones de
Calvinismo. Francia. Creyó haberlo escusado todo con escribir
al Varón de San Andrés contra los pillages y vio­
lencias , contra el rompimiento de las Imágenes , y
: con-
[i) K jü k , Catiaar, liu . j .
M á x im a s Impías co n tra lo s G o b ie r n o s . 75
contra el saqueo de los relicarios y de los tesoros de
las Iglesias sin la autoridadpública, S¿ contenta coa
decir á los Soldados; no hagats (1) alguna violen­
cia , y estad satisfechos con vuestra paga ; sin decir
nada mas. Estoes hablar á una milicia sediciosa,
como si fuera una Tropa legítima que llevase la»
armas bajo la autoridad de sus Príncipes.
Despues de autorizada por todos losMinistros en
particular la do&rina que permitía tomar las armas
por causa de Religión , era necesario decidirlo en
común por los Synodos. Esta decisión era precisa
para empeñar en la guerra á algunos de los Pro­
testantes , que perturbados por algunos restos que
conservaban de la antigua fe de ios Christianos , y
por la sumisión prometida tantas veces al principio
de la nueva Reforma , no creían que un fiel debie- ■
se sostener la libertad de conciencia de otro modo,
que sufriendo según el Evangelio eri toda pacien­
cia y humildad.
Finalmente se hicieron decisiones expresas so­
bre esta materia por la mayor parte de sus S ín o ­
dos Provinciales. Una de ellas fue resuelta en eí
Sjnodo Nacional de León año 1563. por el arti­
culo 38.
El caso que allí se propuso contiene: „ Que un ReJ X KlJÍ_
*. JVliniBro de íemosin. que en todo lo testan te (2) ='0=a acl
1 ( * t • 1 j 1 ^ ^ do de X.cwi aau
„ se había portado bien, por amenazas de ios ene- m*?*
„ migos habia escrito á la Reyna Madre, dicien-
„ dolé, que él jamás habia consentido en tomar las
», armas, (ya sabía que habia consentido y contribuí-
K í „d o)
( 1) H is t. des V a r ia t. liu . 1 0 . n . a v c rc is s a r p a rr. x. n . lo ,
(2) E u s s j c i, a lti.
jS L ib. II, D i s e r t a c i ó n V .
,, do) y le prometía no predicar, hasta tanto que el
,, R e y se lo permitiese. Después, conociendo su fal-
„ ta este Ministro ( su falta era haberse sometido al
„ R ey y á la Reyna Regenta), había hecho de ella
„ pública confesion ante ei pueblo;y esto en undia
„ de la Cena , á presencia de todos los Ministros del
,, país, y de todos los fieles. “ Se preguntaba, ^si él
podía volver á su cargo?
„ E l Synodo fue de acuerdo que esto bastaba,
„ siempre que escribiese al que le había tentado, y
„ le hiciese conocer su arrepentimiento (de la sumi-
„.sion) , rogándole se lo diese á entender asi á la
„ Reyna , y adonde quiera que hubiese llegado el
„ escándalo : con esto permanecería en su Iglesia,
„ y estaría en la prudencia del Synodo de Lsmosin
„ mudarle de lugar. “
Este es un a&o tan Christiano y tan heroyco en
la nueva Reform a, conviene á saber, hacer la guer­
ra á sus Soberanos , que se tiene por un delito en
un Ministro el haberse arrepentido de ello , y pe­
dido perdón á la Reyna» Esta culpa le precisa á que
haga una reparación delante de todo el pueblo en
3a acción mas celebre de la R eligión» es decir, en
la Cena , por las escusas respe&ivas que se habían
ciado á la Reyna 5y llevar la insolencia hasta de­
clararle á ella misma que se desaprobaba este respec­
to , para que supiese en adelante,que no se querían
guardar algunas medidas.
rxx.
J..i sumisioíi -si DespucB de esta reparación y retratación , aun
R ey pavctc Uft
.crim en inexpia­ sé ignoraba si se había quitado el escándalo que
ble enere losP ro- esta sumisión había causado en el pueblo reforma­
Ltj.mneíí.
do, „ A si no se puede negar, que la obediencia al
„ Soberano es un pecado de escándalo en esta R e -
M áxim as I m pías c o n t r a los G o b ie r n o s . 77
„ ligion de política : asi lo declaró un Synodo
„ Nacional. **
Si el someterse á los Soberanos, y prometer­
les no tomar Jas armas contra ellos , es una culpa
que apenas puede repararse en la Reform a, y per­
donarse, ni en esta vida ni en la futura, como se
acaba de ver; el tomarlas y hacerles guerra , es un
heroísmo de un mérito sobresaliente, como decla­
ró «1 mismo Synodo de León por el articulo 48.
En el se presenta la historia de un bendito
Abad „ que despues de haber venido al conoci-
„ miento del Evangelio (Protestante) ha quemado
,, sus títulos; y no ha permitido despues de esto en
,, seis años que se haya cantado Misa en su Aba-
„ dia. “ Veasequé reforma! Pero lo que falta ha­
ce el colmo de la alabanza del dicho Abad. „ Se
„ h a portado (añade) tan fielmente, que siempre
„ ha tomado las armas para defender el nuevo Evan-
„ gelio. “
Este es un grande A b a d , exclama Bossuet, ixxi.
Se cjucdíes ía
que muy distante de la mansedumbre del Papis­ sedición de cier­
mo , y con mas espíritu que San Bernardo y San to Abad-
Benito, sabía manejar las armas de la milicia car­
n a l, ño sufriendo en su Abadía ni Vísperas ni M i­
sa. Y que además de esto, no contento con estas
armas espirituales, tan celebradas por San Pablo,
pero tan delicadas para su corage ; habia tirado la
espada contra su Príncipe por la defensa del guer­
rero Evangelio. A todo el Synodo agrado que fue­
se recibido á la Cena. Con esto el mysterio de re­
conciliación y de paz fue dado en recompensa de
la guerra que aquel habia hecho a su patria.
Por tales antecedentes se conocerá quan justa
es
78 L ib . II. D is e r t a c ió n "V.
es la definición que hace Mr. Jurieu de la nueva:
Religión. „ Los Reformados ( i) , dice, tienen el
„ furor y la rabia eri el corazon i y esto es lo que;
„ fortifica el odio que tienen á la Idolatría.... (Asi
„ llama á la Santa Iglesia; Porque las pasiones huma-
,, ñas (tales como él furor y la rabia) són grandes
„ socorros a las virtudes. “ Asi fomentan los Refor­
mados las pasiones mas brutales, porque las hallan
correspondientes y dignas de los fines de su R e­
ligión , que son la venganza, la rebelión, laúnde-
pendencia y el desprecio de toda Magestad.
Léase atentamente la quinta advertencia que di­
rigió el Ilustrisimo Bossuet á los Protestantes con­
tra las sediciosas cartas del Ministro Jurieu; y tam­
bién la Defensa de la Historia de las variaciones , es­
crita contra la respuesta de M r. Basnage, Ministro
de Roterdan; yen ambos tratados se verá demos­
trado , que el espíritu del nuevo Evangelio es tras­
tornar elfundamento de fas Imperios (2); que sus M i­
nistros defienden quo se puede hacer la guerra a la
patria y a su Príncipe, por defender k nueva R e ­
ligión (3) . ^
Responde á las (4) sediciosas explicaciones que
han hecho del Apocalypsi, y de todos los egenjplos
y do&rinas de la Santa Escritura, principalmente
(5) de las palabras de Jesu-Christo ; de la condu&a
dé David para con Saúl (6) ; y délas revueltas de
Absalón y de Adonías de que se sirvió Jurieu (7).
Confunde sus falsificaciones del Texto Sagrado, so­
bre
( 1) Ju r . avis á cous les C hrecieus. La fu re u r, & la rage dans le eteurj
l ' c ' esc ce qui Fortiñelc haine quc its avoyenc pour l c Iilo lactie-... Les pasiuui
humaines soiit Jes giam ls secours aux veittis clircticnnes.
( 2) Avcrtii. j . {¡) I b in , j . ( 4) Ib. 11. tí.
(5) Ib . n. 24. N . ¿7 . ití.É k e. (7) Ib i a . 4 1.
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l ó s G o b i e r n o s . 79
bre los capítulos ocho y diez del libro primero de
los Rey es (1). Le quita de la mano el egemplo de
las revoluciones de los Machabeos 6 Asmoneos , de
que abusaba Jurieu para honestar las rebeldías de
los Holandeses contra España (2): Y últimamente
les arranca la éscusacion de malicia que tomaban
de los egemplos del pueblo antiguo contra sus per­
seguidores. (3).
Les convence de que su do&rina no tiene
en su favor otros egemplos ni máximas , que las
de losHereges Maniqueos, Donatistas, Albigen-
ses, Husitas, Taboritas (4) . Prueba que Calvino,
y Beza autorizaron las guerras civiles de Francia
(5). No le deja que responder á lo dicho, sobre
la doctrina sediciosa declarada en el Synodo Na­
cional de León , en los Synodos de los Waldenses,
y en otras asambleas Eclesiásticas de la Reforma, ce­
lebradas para acalorar las sediciones (6) . Desvanece
las sofísticas razones con que uno y otro Ministro
pretenden justificar las guerras de la Reforma (7).
Y finalmente no ha dejado este Ilustre Prelado al­
gún efugio donde puedan los Protestantes ocultar,
que su perversa Religión ha conspirado, desde el
principio hasta hoy a turbar los Estados, á introdu­
cir en todas partes la anarquía con una libertad de
toda dependencia; y ha llenado de muertes, y de
males á quantas Provincias y Reynos se descuidaron
en dejarles alguna entrada. Remito al le£tor á los
citados tratados donde hallará satisfechos todos los
argumentos opuestos por losHereges sobre los casos
par-
1 ■ --------------------- ■ '■ ---------- ----- ---- ■ ------------ -M
. (i) Ib .n .4 3 . (2) Ibi u. 25, í S . & 45 . 47. (3) I b i n. 1 6 .
Í4) Ib. n . j . ( f ) Dsfens. contr. Easnag. «1.13. i o . 33.
(á; Ibi 11. 28. i ? . 30. 3 1 , 31. {7} Ib. n. 2 1 . 1 3 . 24. Jur. n . 32. 33. 45.50.
8o L i b . II. D e s e r t a c i o n V .
particulares sucedidos en las guerras civiles deFranda.
IaXXlI , O
Las Oherras ci- Despues de todo esto admirará mas la inconside-
pÓrCS ¿luroducír ración de los falsos Filósofos, quando dicen que la
insisT* d°s -^'ranc^a se lia visto destruida solo por no tolerar dos
mfyersís. °n paginas de controversia. Quando huviera sido algún
rigor reprehensible el sufrir tantas guerras, pom o
tolerar esas dos paginas , ¿dejaría de ser un gravisi-
mo crimen contra el Estado hacerle esa misma guer­
ra por obligarle á creerlas? Pero queda visto, que ja­
más se han contentado los Protestantes con una
mera tolerancia, ni que solo pedían el que los de­
jasen vivir en paz(i);y que es falso que tampoco han
usado de violencias, sino mientras que les fueron
precisas para rechazar las persecuciones.
Esto lo decía Rousseau mientras que era hala­
gado por los Calvinistas. Ss descuidaron éstos en
enojarlo, y entonces ha confesado todo lo contra-
fio. Les ha dicho : ,, Que ellos han sostenido una
,, guerra abierta , y que han soplado el Riego déla
,, sedición por todas partes. Queréis cerradamente
„ (les dice) convertir , y aún compeler. Dogmuti-
„ zais, predicas, censuráis, anatematizais, excoimil-
„ gais (2) , condenáis á muerte; egerceis la autori-
„ dad de los Profetas, Bcc.u
Nohicemos caso de estos dichos para fundar sobre
ellos alguna verdad ; porque vemos que siempre ha­
blan estos Filósofos tomados de alguna pasión. Sus
resentimientos o sus aflicciones son los vientos maes­
tros , que tienen fuerza sobre sus dictámenes. Como
hay asasino3 que venden su daga , así hay Folóso-
fos,

(tj Lcctr. i l l A rc h c v íq . d_ P-ü í >p.ti£* 87.


Lcttr* dc la Iptt* 2. ¡i.
M a x ím a s I m p ía s c o n t r a t o s G o b i e r n o s . 8 i
íos, que mancipan su pluma al servicio de la pasión
que la conduce, Pero la verdad que aquí se confiesa
queda demostrada antecedentemente; y hay otros in­
numerables hechos y documentos que la hacen no­
toria á todo el mundo. Ahora veremos algo de las
rebeliones que ha causado lg nueva religión en don­
de recibid mas forma,

§. IV,

En Inglaterra lisongeó la Reforma á la ambición


<de los Reyes , y estos se rindieron á los proye¿tos
lisorigeros de la Reforma. Con otro tanto furor per­
siguieron desde luego á su rival la Religión Cathó-
lica, Se aproprió el Rey muchos de sus bienes: en
solo el año 1535. ocupo' trescientos setenta y seis
Monasterios (1), cuyas rentas aumentaron las de su
Fisco cerca de ciento y veinte mil escudos ; y otros
quarenta mil de bienes muebles. Pero otro tanto
se vid reducido á miseria; de modo que se ha­
lló en la precisión de arrancar del Parlamento por
dos veces la dimisión de todas sus deudas. ,, Fal­
s ific ó la moneda, (añade Burnet) y cometió (2).
„ .otras acciones indignas de un Rey.“ Las turbacio­
nes le acompañaron hasta el fin de su Reynado, y
esta fue la suerte que dejó á sus sucesores mas bie»
que elReyno.
Aunque en el breve Reynado de María volvió
la Nación á'tomar algún trago de reposo ; se hacía
justicia, y gozaban-de paz los buenos; se restable-
Tom. V. L cié-
ApU'A Natal» A lo e , ssecul. itf. toriw^, p * ^ 557*
lib . toim 1. p ag. 2.^3.
Ss L ib . H . D is e r t a c ió n V .
cieron en su honor muchos Proceres y Obispos;
se alzó á varios el destierro, y entre ellos al Car­
denal Reginaldo P o lo , que por su fidelidad habia
sido condenado como reo de perfidia: pero duró
poco esta serenidad. Presto experimentó la Reyna
las mas estremadas turbaciones contra su persona y
gobierno. Descubrió algunas conjuraciones, oculta­
mente tramadas por los Hereges; prendió y castigó
con pena capital á las cabezas de los tumultos. En­
tre otros fue condenado á muerte el Duque de Su-
ffolc. Fue hallada cómplice Isabel Tque despues su­
cedió en el Reyno. Pero vengamos al Reynado de
Jacobo I.
txxm. De tres conspiraciones se libertó este R e y : fue­
W v e rja s sed i­
cion es c o n t r a ja ­ ron armadas por los mismos Hereges contra su
r a j o I . d e In­
glaterra. persona; siendo asi, que ya no podía irritarlos la di­
versa Religión, del Príncipe, porque eraherege como
ellos.
E l Conde Guarrico, y su hermano Alexandro,
ambos Protestantes , dispusieron la primera. E l R e y
hubiera muerto, silos asasinosno hubieran sido pre­
venidos , y hechos pedazos. Despues de esta, que
sucedió el año 1 600. quando-Jacobo solo era R e y
de Escocía, se libró de otra el año 1603, en el qual
sucedió á Isabel en el Reynado de Inglaterra. S e .
dice que esta segunda rebelión, que costó la vida
á muchos amotinados, miraba á poner en el Trono
á la Marquesa Arbella.
La tercera sedición fue el año 1605. Un asasi-
no se ofreció i servir al gusto de algunos Señores
Protestantes. Estaba dispuesto á matar al R ey de
un tiro. Pero también fue descubierto estelado,y
disipado.
£1
M axtmas I m pías c ó h t r a lo s G o b ie r h o s . 83
E l fomento de estas conjuraciones no podía ser
ya el zelo de los Hereges, por ver que los Reyes eran
Cathólicos. Nacían délas mismas divisiones y Sec­
tas que se multiplicaban entre ellos. Los Puritanos
o Presbiterianos sentian que el R ey Jacobo se mos­
trase propenso á los Calvino-Anglicanos, y con esto
ardían las facciones,
Carlos I. que sucedió á Jacobo el ano 1625, O cLi aXsX, tVcu.u tra
es el egemplar que basta para convencer la perfidia 2;irkiSI>
de los Protestantes contra sus legítimos Príncipes.
E l R ey favorecía á Jorge Yillier : Otro tanto se
ganó este Privado la envidia de muchos. Acusado
por estos, lo pidió el Parlamento al R e y , con la
amenaza de negarle todos los subsidios, si no lo en­
tregaba, E l R ey no supo disimular su propensión
hacia Jorge: mostró mas la confianza que hacía de
é l, encargándole el socorro de los Hereges de la
R ochela, que estaban sitiados por Luis XIII. A la
vuelta acabó de manifestarse la conspiración que te­
nían oculta contra el R ey. L a Escocia le negó la
obediencia: Quiso sojuzgarla por fuerza después de
haber despreciado las proposiciones de paz , hechas
por medio del Marqués Amílitón. Pero vendido en­
tonces por sus Ministros, se vio en la precisión de
firmar una pacificación iníqua con sus vasallos, que
eran de la Se£ta de los Presbyterianos.
A l mismo tiempo usurpó el Parlamento mu­
chas prerrogativas soberanas; condenó por reos dé
Estado á los que eran mas llegados al R ey. Uno fue
el Conde Strafor , que era tan fiel vasallo, como
buen Cathólico. Antonio Arnaldo tradujo al Fran­
cés la oracion que hizo el Conde por su inocencia
sobre el lugar del suplicio. -
La El
. $4 L ib . II. D is e r t a c ió n V.
E l año i6 4 3 .‘Jdecreto el Parlamento una guer­
ra abierta' contra el R e y , y en el año siguiente le
vencieron y desbarataron sus mismas Tropas. Cre­
cía la rebelión con la Se¿ta de los Independientes^
que «©"declaraba cada dia mas, y clamaban abier­
tamente contra la potestad pública. Las Tropas que
se componían de estos , eran conducidas por Oli­
verio Cromwel. .
E l R ey se retiró á Escocia. A llí experimentó la
misma perfidia: huyó á varias partes; pero halló
desterrada la fidelidad de todas las tierras de don­
de habia sido proscripta la fe. Cayó al fin en ma­
nos de C r o m w e ly este monstruo sanguinario e
hypócrita dio en la cabeza del R ey á toda Euro­
pa un espe&áeulo horrible j aunque ya la impía Isa­
bel había dado otro, poco desemejante en la Reyna
María.
m v. En el proceso que se le formó por sus mismos
l a eauíít d d su­ subditos, sirvió de causa principal el que era R ey,
plicio de este
R ey era el ser como en otro tiempo escribió Pilatos. E l día 9. de
Rey.
Febrero de 1649. vio la Inglaterra llevar a su Sobe­
rano al palo de la justicia pública , para ser castiga­
do por sus subditos, en vista de un proceso, segui­
do con todas las formalidades. Cromwel tuvo el
cuidado de hacer enterrar con honor el cadaver del
infeliz Príncipe, como solemos hacer acá con los
ahorcados. Pero este Cabo de lo $Independientes 110 se
descuidó en tomar el Imperio con nombre de Pro-*
teBor , que era mas nuevo y menos odioso que el
de R ey,
Persiguió despues á Carlos II; estableciendo en
Inglaterra un gobierno popular. Desbaratadas las
.Tropas del nuevo R e y el año 1651, huyó éste á
Pa-
Maximas Impías co n tra tos Gobiernos. ;8'£
París. Los tres Reynos de Inglaterra se riacUeroflt
bajo la j? rotee cion de Cromwel,

s. V.

N o es muy difícil que los Reformados feayáft ixxvt.


Se responde a la
intentado negar , que su Religión di&ó la muerte nccia calumni*
de J u tic u i
de Carlos I. Para quien sabe mentir tranquilamen­
te , también le es fácil calumniar , y asi lo haíe Ju­
rieu, cargando de esta perfidia á los Cathólicos.
,, Nada es mas injusto (dice) que atribuir á nues-
tra Theología el triste suplicio de Carlos I. E l fu-
>, ror de los fanáticos, y las intrigas de los Papista»
„ cometieron ( i) una acción tan espantable.“
Apenas habrá quien no se ría de una mentira
tan manifiesta. Si esta muerte se huviera dado por
¡medio de algún asasino obscuro, y en alguna con­
juración oculta, pudiera quedar algún lugar á fingir,
quienes Rieron los pérfidos, ó de quienes eran las
intrigas; pero el triste suplicio de Carlos I. se hizo
con mas solemnidad qüe se habia hecho su coro-
nación. Se distinguían los Jueces y Tribunales
<jue le condenaban; y aun perseverará quizá la
causa escrita , que será un documento raro, y sin
cgemplar en otro archivo del mundo.
Duran también las apologías que Milton, y
otros impíos conocidos escribieron para justificar
aquel parricidio. Con que no hay miedo de que se
pueda dudar jamás, quienes fueron los autores y
a&ores de aquella tragedia. Fue la Theología del
nuevo Evangelio, que desde el principio hasta hoy

{%} .[.ere. I I . pag* 135^


■86 Lib, II/Disertacíon. V.
(Sestiá sojuzgando los Reyes y Magistrados , tajo la
potestad o el furor de los pueblos. N o hay tierra
mas fecunda en monstruos , que son experimentos
de esta verdad , que la Inglaterra.
L X X V It,
Desterrado Carlos II, el Duque Lamberto, ene­
Siguen los In d e ­
pendien tes cun­
migo del nombre y dignidad de R e y , sosteníala
ar» Carlos I I . parte de los Independientes, y se arrogaba el nombre
de ProteBor. Monko favorecía disimuladamente la
justicia de Carlos II, y pudo inclinar al Parlamento
el ano 1660., a einbíar Comisarios, que en su nom­
bre y del Reyno le llamasen<^El R ey estaba en
París, Volvió con sus Hermanos los Duques E vo-
racense, y de Glocester, y fue otra vea corona­
do y aclamado por todo Londres, Hizo paces
con las Provincias Unidas., despues de haber der­
rotado su Armada naval, por medio de Jacobo su
hermano,
Los Holandeses ño dejaban de soplar el fuego
de las civilidades en Inglaterra, inspirando siempre
el odio al Gobierno Monárquico , y avivándoles ei
gusto por la libertad. Esto obligó a Carlos XI, a de­
clararles segunda vez la guerra el ano 1671, Su A r­
mada volvió a destruir la marina de los Holande­
ses en otra batalla que les dió su hermano Jacobo.
Luis X IV . hubiera acabado de arruinar las Pro­
vincias confederadas con la guerra que les hizo por
tierra , si algunas causas particulares, cuyo conoci­
miento se nos reserva para un gran dia, no las huvíe-
fa preservado, -
E l Parlamento de Londres volvió á manifes­
tar su perfidia contra su legitimo R e y , á quien poco
antes se habia sometido espontáneamente. Carlos IL
sojicedkí la libertad de conciencia a los Cathólicos,
Es-
MaximasImpías co n tra los Gobiernos. $7
Esto rio pudo tolerar el Parlamento, ni los Here— ixxvm.
■ n J ' / i 1 J Porgue toleró &
ges que se jactan de tolerantes , y son ios vengado los C a th ólicos,
jres déla libertad de pensar y creer. Por nada mas 'n’ai‘
llegaron al R ey los subsidios, y le obligaron a ca­
pitular con los Holandeses, Carlos II. revocó su
Edi&o » y k concedida libertad de conciencia »y
al punto sintió mas osados é insolentes contra su
persona á los Hereges.
En el año 1678. supieron acusar á los Cathólicos
de haber intentado perder al R e y, y á todo el R e y-
no. E l Conde Shaftesbury (discípulo i y confiden­
te de Locke) el mayor enemigo del Príncipe, como
se vió despues, dispuso la calumnia, y sobornó para
testigos á mucha gente ruin y perdida , y entre ellos
á TitoO at, que ya era Calvinista, ya Cathólico,
«egun le iba mejor.
Antonio Arnaldo convenció eon evidentes do­
cumentos la malignidad de aquella acusación, y
escribió la apología por la inocencia de los Cathó­
licos. A estos insultaron los Hereges el año 1679*
c impacientes de aguardar el efeéto de su calum­
nia, hicieron en ellos de su propria autoridad1una
carnecería inhumana..: ;: . :
Poco despues ya en el año 1682. logro el R e y
escapar de una verdadera y oculta conspiración que .
le dispuso el mismo Shaftesbury. Con esto se vio
manifiestamente quieñ era aquel zeloso acusador dé
los Cathólicos. Estos descubrieron la rebelión de
que Shaftesbury era cabeza. El se huyó á Holanda,
donde se fomentaba la independencia de Inglaterra.
Apenas habia tiempo para desarmar las cons-
pindenes que los Hereges disponían contra .el R e y .. ^ ,es eoWa
El año siguiente decretaron mataile. coy, su fcer- 1
.V mr
88 L ib. H. D isertación V .
mano Jacobo el dia veinte y uno. de Junio* en
que hábian de asistir á un espectáculo de toros.
Uno de los parricidas, amedrentado por la concien­
cia del delito , se declaró al R ey ,, y descubrió á los
cómplices ; que fueron condenados, unos á muer­
te, y otros á destierro. El R e y mudó entre tantas
turbaciones , desengañado; de quienes eran los Pro­
testantes,i y en su muerte se reunió ála Iglesia C a-
tholica, conociendo qual era el centro de la paz y
de la unidad.
LX XX , Su hermano Jacobo le sucedió, menos en el
Conjuraciones
.con: raja cobo XI. Reyno que en el peligro. Desde luego tuvo que
y su d cici'o n i'
®kacu. desarmar la conspirácion del Duque M ontm ut, que
siendo un espurio, alegaba mejor derecho á la C a ­
rona* por ser herege, que Jacobo II, siendo legíti­
mo , pero Cathólico. El Conde A rgilio, confiden­
te de M ontm ut, y este mismo Duque fueron con­
denados á muerte por cabezas de la conspiración.
E l primero pagó en Edimburgo, j el Duque Mont-
mut en Londres.
Los Ingleses hechos árbitros de la Dignidad
R eal (como sí estuviera vacante , 6 se hallaran en
algún perpetuo interregno) convidaron entonces
con ella á Guíllelmo Duque de Orange. Entro
éste en Inglaterra el año 1Ó88. Los Ingleses , mas
pérfidos que qúanto se puede ponderar ,se ofrecían
al'R ey Jacob©, y pretendían llenarlo de seguridad,
hasta que se vio sin Egercíto, porque éste se puso
á las ordenes de su rival. E l R e y no tubo otro
recurso que el de huir desconocido á París >havíen-
do embiado delante a la Reyna , y al pequeño Prín­
cipe Jacobo sil hijo. ■
N o ha sida- despues filas atable é. Trono de *
In-
M axtüias I m pías c o n t k a io s G o b ie r n o s . 89
Inglaterra. A l modo que el de Israel , ha pasado de
mano en mano, y de una fomilia en otra , siempre
agitado por el espíritu de rebelión, y convertido
aquel Reyno en una Isla flotante sobre el mar desa­
sosegado de un Pueblo sin freno, ni margenes.
„ N i hay que admirarse (dice un Escritor) de
„ que en el Reyno de Inglaterra , abysmado bajo
„ tantas Sedas de Hereges, se exciten tantas re-
„ beliones y tumultos, entre cuyos pies cae opri-
„ mido el vigor de las leyes, y toda la autoridad
„ de los Príncipes. Quitada una vez (1) la antigua
„ y verdadera Religión peligran las leyes ; nacen
„ entre los Ciudadanos continuos odios; ni la au-
„ toridad R eal puede estar ya segura entre los
„ Hereges, porque el genio de estos los hace im-
„ pacientes de toda dominación. Impugnan la po-
„ testad de los Príncipes, primero ocultamente y
,, con dolo, hasta que hallan ocasion de emplear
manifiestamente los medios de la fuerza , y de
,, trastornar la constitución del Estado, con las
v leyes é imperio de sus mayores..
Conviene hacer alguna especial mención de las
sediciones, y asasinatos con que se planto' la nue­
va Religión en Escocia; y se hallará que el es­
tablecimiento de la Reforma fue el termino fatal de
su antiguó gobierno , y Reynado.

§. V I.
irm .
Juan K n o x , discípulo de Calvino, fue a es­ Sediciones de
K n o x para me­
tablecer la nueva Reformación en Escocia. Sus es- cer la Reforma
e a Scocia.
Tom. V. M cri-
(1) P . G i a v « . H isc. E c d c s . Srew l. 18. rom. 8. p a g . j í .
CfO , L ib . II. D is e r t a c ió n V .
critos, y los de Bucanán prepararon los ánimos para,
emprender qualquiera sedición y crueldad. Ha­
biendo sido tan larga la'minoría de María Esruard,
y estando además de eso ausente en Francia, por
su casamiento con el Delfín , hubo lugar para que
los Reformados de su Reyno madurasen las rebe­
liones.
E l primer asasinato que cometieron fue el del
Cardenal David Bretón, Arzobispo de San Andrés,
y Primado del Reyno. Clamaban antecedentemen­
te los Hereges, que era un tyrano, por haber hecho
morir á V íschírd; y pregonaban , qxie si el Gobier­
no no lo castigaba, podía qualquiera particular
matar a'l dicho Prelado ( i) . A esta doílrina se si­
guió presto la egecücion. E l m odo horroriza , se­
gún se refiere en la historia de la reformación de
Escocia , escrita por un Autor Protestante; y aun
:se cree ser el mismo Juan Knox, gefe de esta obra,
i xxxii. D ice, pues, que habiendo el Cardenal sent i-
fr/ei c » * - d o el motin de los asasinos, quando asaltaban su
Pr';mfaoB^e°ei C astitt° i se cerro en su cámara (2): Mas habien-
iicyno. ¿ole hecho abrir , ó derribado la puerta , el Car­
denal se sentó en una Cathedra , y les clamaba:
Mirad que. soy Sacerdote; 110 me matéis que
„ soy Obispo. Juan Leslé siguiendo sus antiguos
,, propósitos ., fue el primero qüe le dio una ó dos
„ heridas. L o mismo hizo por su parte Pedro
„ Camichaelle. Pero Jacobo .M alvin, hombre de
„ un natural suave , y muy modesto (nótense las
■ virtudes que lea tribuye el Escritor), viendo que
„ los
( 1) Brunce liistur. de la Hclortreir, Sib. p a g. 4Í 1.
(ij H ist. dé la KcFbrmae. de Scoc. p ag. y i .
M axim as I m pías c o n t r a los G o b ie r n o s . 91
„ los dos expresados obraban llenos de cólera , les
„ paró diciendo... Esta obra y juicio dp Dios debe
„ hacerse con mayor gravedad.. Entonces presen-
„ tando la punta cíe la espada al Cardenal, le dijo:
„ H eam ígo, os arrepentíreis. de vuestra mala; vida
„ pasada v en particular de haber derramado la
„ sangre de este notable instrumento de Dios, Jor-
„ ge Vischard, que consumido por el fuego de-
„ lant.e de los, hombres, pide todayia venganza con-
,, tra tí. Nosotros; venimos, enviados de Dios para
„ hacer este castigo. Porque yo protesto aquí, y en
„ la presencia de mi D ios( ¡qué-caridad tan tierna
„ inspira esta. Religión!.) que ni el odio á tu per-
„ sona , ni el amor á tus. riquezas, niel, miedo de
„ algún mal que pudieras., hacerme,, me lian lie—
,, vado ni me llevan á matarte : sino solamente
,, porque has sido y eres enemigo de Jesu.-Chris-
„. to y de su Evangelio. Despues le atravesó dos 6
3, tres veces el cuerpo con. la espada./*'
Esta acción,, que los Reformados llamaban ins­
pirada ^ y se egecutó con una Filosofía tan subli­
me y tranquila, fue la señal pública que se dio del
establecimiento del nuevo Evangelio ,, y todos los
Cofrades corrieron luego a las armas para propa­
garlo* Se hicieron fuertes en el mismo Castillo , y
aili era el asilo donde' venían á refugiarse los, Pre­
dicantes, despues que habían gritado y declama­
do bien. Con todo eso Burnet (1) dá su palabra,
de que ninguno de dichos Predicadores habia entra­
do en eSía conjuración , ni aun consentido en ella : y
si muchos hicieron despues por paliar la enormidad del
M 2 de-
(x> Burncc. ubi supr.
9* L ib . I L D is e r t a c ió n V *
dslito , yo m hallo, que alguno haya etnprmdidvjiis--
ttficfirio*
íüxJtHi. » Se ven ya dos hechos constantes (dice Bos-
icisuecconvenr
C í íjuc eses níff
H SU e
< ,
t): eiuno
|
que
a
( i), j estos nuevos
j
Predicadores-
«iraempresa d«.,, tubieronr. el mismo asilo que los matadores j y el
c 'su>11’ w otro,, que paliaban la enormidad de la muerte.
„ V é alli, por confesion de M r. Burnet, los prí-
w meros frutos de la Reforma: en ella se paitan^
„ según é l , los delitos mas enormes. ¿ Qué mas
quería que executaran? ¿Que diesen abiertamente
f) su. aprobación para hacerse execrables, á todo el
j, género humano?,.., Pero yo pregunto:, ^quando
w se vio a-los inocentes irse á refugiar voluntar ia-
,, mente con los culpables? ¿Que destierro no debería:
„ elegirse mejor que un asilo tan infame?
Y notando lo que refiere Burnet de Ju
Rough r uno de los Predicantes, que dice se fue á In­
glaterra, por no sufrir la- licencia de ios Soldados de -
la guarnición cuya vida Umaba de vergüenza á l±t.
sansa de. qué se cubrían ,, discurre asi : Elásasina- ,r

„to cometido con perfidia: sobre la persona de un


„Cardenal , y dé un Arzobispo , y la audacia de
„defenderlo con* las armas contra la potestad pú-
„blica> no fueron los hechos que causaron horror
,,
a este Predicante; sino solamente la licencia délos
Soldados. E l hubiera tolerado en aquellos ,el asa-
. w sinato y la rebelión , si el resto de su vida, fuera
„ mas compuesto (2) según el titulo de Reforma-
w dos que se daban. “
Entre los Predicantes -que se hallaban: refugia­
dos.

{r} Dossuec D efe«s.de 1‘ hiscoir, des variatíuus num. 40.


Eümucc alli p.ig. i i í . edit. 1 7 5 1..
Maximas Impías co n tra ios Gobiernos. 93
dos coií los parricidas uno era la misma cabeza LXY^f t
de la Reformación r que como buen caudillo HO tnádof se refu-
desamparaba, á su tropa en lances tan apretados. í^or,Vp«d¡«i
Había publicado este nuevo Apostot una exorta- concralalt,:íníU
eion intitulada d la Nobleza y- Pueblo de Escocia ,
donde los animaba á todos a cosas mayores;, es-
eusandoles de culpa sobre su=conciencia' y. Theolo-
gía. „ Y o aseguraré osadamente ( decía en ella) que1
„ los Gentiles-Hombres ( j ) , Gobernadores, Jue-
„.ces-y? el Pueblo de Inglaterra-tienen obligación
„ no solo de resistir a Maria su R ejn a Testa nue-
„ va . Jezabél ,. desde que ella comienza á estorvar
„ el Evangelio ; sino'rambien. que la- deben ma-
,, tar con todos su# Sacerdotes, y con quantosen-
„ tran en sus.designiosi**’
¿Quien duda ( añade Bossuet )-qué un tal hom­
bre que enseñaba, estos principios-, y estas obliga­
ciones-contra su Soberana.,, no-habría aprobado la:
muerte del Cardenal Bretón? E l mismo JuanKnox;
animó con sus: discursos al pueblo de Éerth ,. ya re-
formado >á la violenta sedición’donde todo fue en­
tregado al pil Iage, .derramándose mucha sangrctLa
ínisma- Regeiicia no pudo refrenar eliuror yespiri-
tu de los nuevos Evangélicos , cuyas sediciones
fueron creciendo de dia en dia ; de suerte que según
Burnet, la Rey na 110 tenia mas autoridad que la
que. los pueblos querían permitirle.. Estas cosas lle­
varon a la R ey na -María hasta- el suplicio , donde la
puso su enemiga la Tyrana. Isabel., A ésta quadra
mejor el nombre de J.ezabel, que el. nuevo Apos­
to! Juan. Knox..da. neciamente á.María.-
Üas
(*í- lo-wii- kuox a4m^n. «4 6c-Pygtilvs«9Cé-«a£D.^.. jtossuet; j s g . u & -
94 L ib . II. D is e r t a c ió n Y .
Las turbaciones que se siguieron, en Escocia, y
las violencias cometidas; contra sus Principes, hi­
cieron despues un cúmulo con el. mar agitado de
las cosas de Inglaterra. E l fuego del nuevo Evan­
gelio se comunicaba de unos Reynos en otros, por
una especie de electricidad, que á pesar de los ma­
res y de las distancias , se hacía sentir en Naciones
m uy diferentes. Una singular providencia de Dios
conservó á nuestra España, no obstante que echa­
ban en medio de.ella muchos libelos cáusticos para
encenderla contra Felipe IL
LXXXW Sin reparar en alguna honestidad , ni en algu­
E t R e y Jacob s é
Isabel soplaron
na razón de justicia, ni en loque muchos debian á
Ist sedición en sus personas R eales, como Isabel y Jacobo de In­
E sp in a con tra
f e t ip c I I . glaterra, se formaban o aprobaban escritos sedicio­
sos, que hacían volar por nuestra España, inspiran­
do en todos la rebelión contra su Soberano. ¡ A
quantas bajezas se derriban los mismos Reyes,
quando sacuden el yugo de la verdadera Religión,
y pierden el temor de Dios! Esta fue la ocasíon de
hacerse algunas leyes entre nosotros r que condena­
ban la lección de tales libros, amenazando con pena
capital á qualquiera que los imprimiese, vendiese,,
o introdujese .en el Reyrio.
Se omiten aquí mil historias singulares,que con­
firman ser el espíritu de los Protestantes, no solo
la muerte de toda Religión sino también la de to­
da Regalía y superioridad. Asi como Rousseau ha
mortificado con esta verdad a los Gínebrinos , del
mismo modo lo había hecho Bayle contra todos
los Protestantes. Se tubo por suyo el escrito intitu­
lado : Aviso á los refugiados, &>c. impreso el año
1690; y por él padeció algunas iacoraodidades de
par-
M a x im as I m pías c o n t r a los G o b ie r n o s . 95
parte de sus cofrades, contra quienes descargaba
el golpe en dicho ¡Escrito. N o por hacer algún ho­
nor a k Religión Cathólica , sino por escusar su
irreligión o su Filosofía , se esforzó á convencer,
quan peligrosas eran las doót riñas de todos los nue­
vos Reformados para los Estados. Echó en cara al
Ministro Jurieu su vana ja&ancia (1) que diez
años antes habla mostrado, alabando la fidelidad de
los Protestantes para con ;sus Príncipes y Magis­
trados,
Reflexiona que todo el orgullo de la R efor- xxm i.
i P -ir - - ¡Reconvenció*-
n a , quando decía por boca de su Ministro, que t*s de Jsayic ¿
. TT f \ r lo s P ro te s ta n te s ,
los Hugonotes estaban prontos ajirmar con su san- C(,UVCnc¡cndoios
gre, que nuestros Reyes no dependen (2) en lo tem--de setUciü5a,‘
poral sino de Dios ; y que bajo de ningún pretex­
to podían los subditos ser absueltos del juramento;
de fidelidad ; se habia mudado en dar á los pueblos
todo el poder sobre los Príncipes.
Les acuerda también que otras veces tenían el
recurso á desaprobar todos los libelos que diótaba
el espíritu de la sedición ., no conociéndolos por su­
yos : tal como la-obra de Bucandn «, el libro intitu­
lado .Junms Brutas , y los escritos de un Pare..
Mas ya olvidando esta vana escusacion., no te-
n ian vergüenza de manifestar y confirmar por su
íprá&ica , que esta 'era la do&rina propria de su
Iglesia : que la misma Religión Anglicana, que
entre todos los Protestantes hí-bia lisonjeado y ele­
vado mas la autoridad de los R pyes, se veía ya has­
ta qué abysmo de menosprecio y odio ,1a había
■traído : que todos los Reformados daban,ya á los-
pue-
(0 Ávi» HUS *92* 4 *) •Mjafr 8»« Se
LíB. n . DiSERTACrON V .
pueblos la facultad de absolverse á sí mismos del
juramento de fidelidad hecrho á sus Príncipes, sin -
aguardar que alguna otra autoridad les absolviese:
que por este medio la -Reforma se refutaba á sí
misma , con mas fuerza que lo habían hecho todos
sus contrarios■ , y manifestaba su ninguna sinceri­
dad, ni buena fe.
tm v ii.
N otab le rcfle-
Filialmente hace un , discurso contra los Protes-
¿tbn de Bayie tantos que es bien de estimar. Los Protestantes (di-
ce) para ( i) ponderar su fidelidad sobre la de los
fird^jurame°ií- CathólicGSjdaban en otro tiempo por razón, el qué
'%fde fidelidad, gS(OS segundos atribuían á los Papas la superiori­
dad sobre todos los R e y e s , aun en lo temporal:
pero además que toda la Francia , una tan gran
jjorcion de la Iglesia Gathcílica , no profesaba se­
mejante Theología ; se les hace ver ahora clara­
mente que en caso de comparar las dos opiniones,
la que somete las temporalidades de los Reyes á
los Papas, y la otra que los sujeta a los pueblos,
sería mas de temer este último partido, donde el
furor , el capricho, la ignorancia y la precipitación
tienen mas lugar.
Por último la Reforma, acusada por sus sedi­
ciones, producía por respuesta el egemplo de los
Cathdlicos bajo Enrique el Grande (2); pero se le
lia forzado ( añade ) hasta en esta última retirada, no
solamente hadendole ver, quan vergonzoso era,
que diciéndose Reformada, obrase peor que to­
dos aquellos á quienes presumía reformar ; sino
mostrando también quan buen partido era el que
formaban el R e y , los Parlamentos enteros, com-
pues-
(1) A r ís . p ag. n o . ( i) Id . p ag. i í * .
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . - £ 7
puestos de Cathólicos, una innumerable Nobleza,
todos dé la misma creencia, y el cuerpo de los
Obispos, á quienes ni la autoridad, ni su Religión
persuadieron jamás algún atentada contra la obli­
gación de buenos vasallos: en vez que entre los
Protestantes habían todos los Estados y Ordenes
abandonado á sus Príncipes, e insultadolos con. el
mayor exceso.
Vean ahora todos sobre este quadro que acabo
de presentar delante de sus ojos , sí hubo jaoiás un
lazo tan funesto para los Príncipes y Gobiernos,
como esta aparente Religión , y verdadero Deís­
mo que ellos mismos hicieron o autorizaron. Pudie­
ra creerme descargado suficientemente de/ quanto
anuncie y prometí en el título de este libro con
solo lo que dejo dicho ; pero intenté obligarme
á mucho más. No solo quise probar la verdad en
general, sino descender á casos y máximas singu­
lares , de las que cada una pueda justificar por sí
sola el titulo de toda mi Obra. Las vamos á seña­
lar y combatir en disertaciones separadas.
9¡8 Lib. II. D is e r t a c ió n VI.

r— 1 _»■
—ii— i»11

D ISER TA C IO N VI.

L O S F IL O S O F O S , C O N OTROS M U C H O S
impíos. t niegan d los Legisladores y Leyes
¿a'fuerza de obligar a
los hombres.

Sobrado era con que los Atheistas, Filóso­


fos y Deístas negasen en general
la idea de toda potestad y domina-
cion , como acabamos de ver: pero
han tenido el empeño de comba­
tir en especial á cada una de las partes que cons­
tituyen el sumo Imperio. No hablo aqui de las
partes que lo integran, como son los subditos y
los Príncipes , sino de aquellos derechos que unos
llaman JÜayeBdticos (i), y comunmente se dicen
Regalías. Estas son él hacer Leyes , el criar Ma­
gistrados, el derecho de la espada para dar la paz,
ó hacer la guerra á otros Pueblos; y el derecho
de la vida y de la muerte sobre los subditos, quan-
do lo merecen sus excesos.
.Estos y otros derechos que no pueden ena-
genarse de la Soberanía , y sin los quales no pue­
de consistir algún Gobierno, son negados, uno
despues de otro, por los dichos impíos. Se irá
viendo esto en Disertaciones particulares, y aqui
comenzaremos por la potestad de hacer leyes, des-
cu-
(i j iic g lc r in oper. de ju tjb . M ajestatis.
M axim as I mpías c o n t u a lo s G o b ie r n o s . 99
cubriendo con quanto furor disipan los incrédu­
los la fuerza, que la razón y la Religión pusieron,
en estos lazos, para unir y regir á la Naciones.
Toca lo primero , el mostrar cómo niegan á
toda ley la potestad de obligar á los hombres, y
especialmente á los Chrístianos. Lo. segundo, toca
notar , cómo destruyen la Legislación por su fuen­
te , y por su objeto: y últimamente debe mostrar­
se el verdadero origen, y miras de la ley. Esta di­
vina lumbre, tan odiosa para los ojos de las aves
noílurnas y malhechoras , hará volar de entre no­
sotros las imágenes , que es necesario presentar de
estos espíritus de tinieblas.

A R T IC U L O I.

L O S L IB E R T IN O S , F IL O S O F O S , Y O T R O S
impíos destruyen ld autoridad ¿ ti Derecho y
de todas las leyes.

§. I . ' " - -

E L Espíritu Santo , que penetra por el cora- t L j

zon de los hombres, oyó y refirió muchos im píos es la


siglos ha esto mismo , que los perversos hablan da™wo!sclirs"
hoy día. „ Dijeron los impíos (así se escribe ( i)
„ en el libro de la Sabiduría) pensando neciamen-
,, te allá consigo mismos: breve y lleno de tedio
„ es el plazo de nuestra vida : para el hombre no
N 2 „ hay
( 1) S a p ien t. ca p . i , i f , i„
i oo Lib. II. D isertación V I.
„ hay en el fin alguna cónsolacion; y ninguno se
„ conoce que haya vuelto de los Infiernos. Porque
„ de nada fuimos nacidos; y despues de esto se-
„ rem os» como si jamás huvieramos sido: un va -
,, por es el espíritu que respiramos, y la palabra
,, es la centella que conmueve nuestro corazon.
,, Extinguida ésta , será nuestro cuerpo ceniza , y
„ el espiritu se disipará como un ayre blando.
„ Nuestra vida pasará como el vestigio de la m i-r
n b e , y se disolverá como la niebla que huye
de los rayos del Sol , y es agravada por el ca-
„ lor. Nuestro nombre será olvidado , y ninguno
„ tendrá en memoria nuestras obras. E l ínsito
,, fugitivo de una sombra es nuestro tiempo, y
,, nuestro fin es irreparable; porque la puerta que-
,, da sellada, y ninguno vuelve. Venid, pues, y g o -
,, cemos de los bienes que son, y usemos de las cosas
„ criadas, como en una juventud que corre con
precipitación. Llenémonos de balsames, y de
,, vino precioso , y no dejemos caerse de valde la
„ fíor de nuestros dias. Coronémonos con rosas
„ antes que se marchiten : ningún prado quede
,, cerrado á nuestra luxiiria; ninguno de nosotros
„ sea privado de algún placer : dejemos, por don-
3, dé quiera, monumentos de nuestra alegría ; por-
„ que esta es nuestra parte, y nuestra suerte. Opri-
„ mamos al justo, si es pobre, y no perdonemos
a la viuda , ni reverenciemos en Jos ancianos
,, su autoridad , ni las canas de sus largos años.
,, Sea la fuerza rtueBra ley y la suma de núes-
„ tra justicia, porque lo que es d ébil, es hallado
inútil. “
Esta es literalmente toda la Jurisprudencia de
los
M axim as Impías cotí t o a lo s G o b ie r n o s , i oí
los falsos Filósofos y de los Libertinos. Su jus­
ticia natural no añade alguna cosa á lo dicho ; y
no reconocen otro derecho civil, ni otras Leyes
divinas ó humanas.

$. II.

Epicúro, Metrodoro, y todos sus Se¿tarÍos se n.


habían burlado siempre de esto que se llama de- Epicuro , M e-
recho de la naturaleza ( i ) . Horacio , cantor de esta t^ oIM HoT4~
F ilo so fa , dice asi en una de sus sátyras {2)'.
Non natura poteB juBo secernere
Sola eB utilhas juB t prope mater &> aqui.
Aristipo , no concediendo (3) otro sumo bien
al hombre que su placer, ó el deley te ; no le daba
otra obligación, ni otra ley, que la de procurár­
selo. L a mentira, pues, el hurto, el adulterio,
qualquiera otra fuerza o violencia no eran contra
su ley ; sino conformes á ella, si le servían para di­
cho fin.
Carnead es , uno de los inventores del (4)Scep-
ticismo o Incredulidad , habiendo sido embiado
á Roma para exponer el derecho y la justicia de
las Repúblicas Griegas, hacía con todo eso Trata­
dos , Discursos, y Lecciones públicas contra la
idea general de la justicia. Toda ]a evacuaba ó re­
ducía á la utilidad de cada uno ; á egemplo de
los brutos, que no obran ni se m ueven, sino
____________ ____________________ Pa"
(1) A p u d D io g tii. L a c ri. lib , i . ( i ) H oiac. Sacyr. j . f . 3.
(3 } Apud D ia gen . lib . 2.
(4) Apud Laftam:. lib . de ju stit. eap. n . Carneades A cadém ic* S e íte
F iloso fas.... cu ni legatus ab Athcm ensibus ftomam missas e s s e t , tlisputavic
d e ju stitia copiqse , audientc -Galb.1 , & C ato» e.,.s. Sed ídem disputationcm
iu am postíidic contraria dispucatione su b v e rtí* , & justiciam , quam prklie
la m ia vcia t j subsmiír ,
102 L i b . II. D isertación V I.
para buscar su com ida, y para conserrarse,
ni. Los Epicúreos de hoy , que son también unos
rigorosos Materialistas, que no distinguen entre los
cc.Túiistas rao- racionales y las bestias, renuevan el mismo loco
systliema del derecho natural. E l que escribió el
discurso sobre la vida dichosa, dicc sin rodeos, „ Un
,, alma mortalno tiene obligaciones. Se cree (i) que
„ se le hace mucho honor queriéndola condecorar
„ con la i dea de una pretendida L ey natural..,. Ella
„ no se dejará engañar con este honor. Una alma
„ bien organizada, contenta con lo que es, y sin
„ llevar mas allá sus miras, desdeña todo lo que
,, se le concede sobre lo que le pertenece en pro-
„ priedad, y se reduce al sentimiento/* Y antes
dice : „ El bien no • es mas que una sensación
,, agradable, un bien estar , un placer ; en una pa-
„ labra, todo lo que lísongea al cuerpo. V e allí
,, el único piloto que conduce á la felicidad (2)
E l autor del libro de V Sprit no conoce sino es­
tas cinco diferencias entre el hombre y los brutos.
Primera: que en lugar de manos y dedos flexibles,
como tienen los hombres, las patas de los anima­
les rematan en cascos, ó en uñas, ó en garras. L a
segunda: que la vida de los hombres es mas larga, y
la de todos los brutos es mas breve. L a tercera:
que los animales tienen menos necesidades que
el hombre. L a quarta : que los brutos solo forman
una sociedad fugitiva. L a quinta: que el hombre
se multiplica mas que todos los otros animales.
Se debe esperar que este Filósofo, que des­
cubrió unas diferencias tan bizarras y tan necias
pa-
(ij Discuurs sur la r ic heureusc j ¡iag. 6 <¡, (2) I d . pag.
M a x i m a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i 03

para definir adequadamente al hombre, no será


menos feliz en descubrir la naturaleza de la jus­
ticia y de la virtud. Ignorando ó desentendiendo-
se de los errores que han sido generales entre los
Epicúreos, quiere darse por un Autor original
de aquel bestial systhéma. Para esto comienza que­
jándose de que habiéndose aumentado quasi to­
das las ciencias , como la Poesía, Geometría , A s­
tronomía , &c. la ciencia de lo justo y honesto
esté ahora como en la ninéz del mundo (1) .
¡Qué mas quisiéramos! ¿Si fuera verdad lo que
dice este Filosofo, para despreciar el estado pre­
sente de la Moral y de la Justicia? Si el mundo
Hiera hoy tan inocente como en su infancia i ¿como
cabrían en él este y otros Materialistas asquerosos
y crimínales? Pero solamente quiso decir, que la
ciencia de lo justo estaba por hallar: y añade, que
„ para descubrirla hay necesidad de una mano
„ osada, que pueda romper el Talísman de fia-
,, queza á que está asida la potestad (2) de aque-
„ líos genios malhechores, “ que dominan á los
otros hombres.
Mirando al mundo desde su alta contempla­
ción , como aimergido en un abysmo, dice que an­
tes de purgar los errores generalmente recibidos, es
ne-
( 1 ) Diseours cap. 1 1 . La Poesie , la G to ra n rie , I‘ Ascronom ie , 8í g e -
neraiemene touccs les scienees tendent plus ou moins rapideroent á Icur per-
feftion j lors que la inórale sem b'e a peyrte so rtir <lu b crccnu....nous n '
a ro n s j pour ainsi d i r é , que la Morale de 1* enfance du m onde.
(2) H e lv et. de I' Sprit, p a g. i z ó . II Faut d c une main hardie briser
le Talism an d ' xm lxxillitc au quel est attaché la pajsance de ces genies mal
faisanes : decouvrír aux N ations les vraüs principes He la morale ; leur rppren-
d re t¡u‘ insensiblem ent cncraincs rere le bonheur apparenr ou r e e l; la
douleur ou le pJaisir sont Ies íouis moteurs de l ‘ _Univers m oral , & qué le
.sentiment de 1* amonr de s o i , esc Ja soulc -base 511r la qu elle on puisc
. je tter 1$$ fon d ém ou d‘ une m orale u rile.
104 L ib. II. D isertación V I.
necesario echar á volar del Arca , al modo de palo­
mas , algunas verdades, para probar sí el diluvio de
los caprichos y preocupaciones humanas 110 cubren
tpda la cara del Universo : y si los absurdos comien­
zan á retirarse , y se descubren algunas Islas donde
la-virtud y la verdad puedan asentar el pie para co­
municarse desde allí á los mortales (1).
TV.
t|clvccí» des
Despues que menosprecia los preceptos y le­
prccia u ltim a - yes del Evangelio, truena contra los Jurisconsul­
m ente á todos
los Políticos. tos y Políticos, que hasta aqui trataron de los dere­
chos divinos y humanos. Estos semipolíticos (dice)
han creído que su consideración mantiene el respe­
to débil 6 fingido, que ellos unen ó rinden á todas
las opiniones y errores comunes (2). Su fin dice
que es el Ínteres, y el gusto de tener á los pueblos
postrados delante de las preocupaciones recibidas;
asi como delante de los Crocodilos de Men-
fis. (3)
Finalmente tiene por necesario el descubrir en
los protectores de la estupidez á los mas crueles ene­
migos de la humanidad , y arrancarles el cetro de
la ignorancia de que se sirven para imperar á unos
pueblos embrutecidos (4). Todo esto va á pararen
decir, que el deleyte y el Ínteres personal son las
fuentes de la justicia humana, y ds todas las virtudes.
„ Yo
( i ) J e sais quf avant dc actachcr un erreut generalcm ent re^ue , il
f.iuc em boyer commc les columbcs de 1* arche <juel^ucs verices ¡i la d ccou -
v erte , pour v o ir si le d clu ge des p r e jn jc s h u n u in s ne convre püint en co-
rc la f.icc d a m Kui": Si les erreurs com encent á s c ecoulcr , & si 1' on aper^oit
ca , ¡fe la dans U nivers qnelques Isles ou la vertu , & 1* v e ríté puisent p ren d re
ie rre , poniese conúiumiqucr aux.hom m es. U iscóurs i . cap. i f. p a g . m .
(¿) I d . p a g. 1 Í 7 , Les dem i-poUtiqacs q u i cro yen t que leu r consideraciu»
ticn t aa respet ím becilfe ou fein q u c iís affich cn t pour touces les opinions , & c r-
reurs reines.
( í ) I d . pag. m í - T e ñ i r peuples prosternes devane Jes p reju ges resus
comme devane les C rocodiles de M cufis. (4} Del* Sptit ib íd . pafi-
M a x ij ía s I m p ía s c w r U Á i o s G o b i e r n o s , i 05*
„ Y o descubro (dice) la fuente de todas las yir- V-
Pone en eí i;i ~t~
„ tudes en la sensibilidad fysica. V eo que sin la sen- r •; y d^leycí las
fuentes d : las
„ sibilidad del dolor o del placer fysico, los horii- acci J-ics j'Jíc**.
(l bres carecerían de deseos , de pasiones, y que
j, estarían Indiferentes igualmente para todo. Que
j, sin el ínteres personal 110 se hubieran juntado en
5, sociedad , 111 hubieran hecho entre £Í paitos; por-
s, que no hay realmente álgun interés general y co~
„ m un(i). De allí es que faltarían todas lasaccio-
„ nes justas, &c. “
Según esto, nuestro Filósofo descubridor teme
como una suerte miserable del hombre el no tener
deseos que lo agiten , ni pasiones que lo arrastren ha­
cía los extremos; y el estar indiferente para. todo,
© para determinarse á toda acción justa. Esto que
á él le parece una desgracia, nos sucedería sí 110hu-
rlcra interés-personal, o mió y tuyo, Pero los mismos
Epicúreos se reirían de este necio., porque gradúa
de infelicidad aquella tranquilidad en el medio, 6
la imparcialidad para todo, á que ellos daban el nom­
bre de equilibrio, y donde situaban el summo bien
del hombre. vr„
. Según la Idea de Oleantes, referida por Cice­ cRt re tradado
to del f U -
puf
rón (2) , el deleyte debía pintarse en la forma de C leautcs.
Tom. V. O una
(.1) Je decouvre facilemeiic la source des vertus iiumaínes ; je vois que -sans
le sensibilicé a la douleur S: au plaisir ph isiq u e Ies hotnmes sans desirs > satis
pasions egalemcrct'indiferente.? ii touts n ' cusent point conni; inuerer perso­
ne] : que sans iu teret persunel , ¡ís n esc Fusent point rasanables en societe, ils
a ' eusent point critt' eux des .coijventiaiis j qu* ÍL n1 y a eur p o w t dc interec
general : par c'jnseqiicni:, poinc aífcions justes ou injusccs > & qu< ainsi la
■sensibilicé phisique , & e . lb ú i.
( i) C íe, de iin ib. lib. i , oap. u . C leantes juv-ebst c o s q u i a u d ie b a a t, se-
.cuín ipsQS cogitare piítam in cabula volupcacein p u k h e rrim o in v e s tic u & oraa-
i u Regid! in solio sedentem : presto esse v irtates ut anrfUtdns i q n s n ih ila liu d
agerent , nullum s.uum ofE üiun ducerenc , ni-i ue vohiptati m inistrareiit , &
eanvtantum ad aurem adm incrcnc Csi modo id piftura inrclligi potest) ut enve­
l e t , nc id p^rficeret imprudens , cjuod otfvnderct .mimys honjiunui t sut .quid-*
■ gu ala e x qu? urirttw r ali<juis d<?ior..
i o6 Lib. II. Disertación VI.
una bella Reyna acomodada en un blando trono,
dormida tranquilamente , y cercada de las virtu­
des , que velaban y guardaban su reposo, con una
balanza en la mano. Prontas siempre estas virtudes
á sus ordenes , le decían secretamente al oído, por
no perturbarla, que no arriesgarían alguna acción
ii oficio que no contribuyese á su quietud. Que se
guardase ella de emprender imprudentemente algu­
na obra que le dejase-anhelo o dolor. Que estubie-
se satisfecha, é igualmente libre de toda fuerza, de
todo deseo , y quesemantubiese quieta en el pun­
to de un equilibrio ,5 en el centro de un deleyte
cumplido , á que nada pudiera añadirse 6 qui­
tarse.
Si Epicuro no hubiera hecho objeto de este
deley te las cosas sensibles y torpes, sino la verdad
vista y gozada en sí misma , con los placeres qué
de ella resultan al alma, habria dicho quanto en
esta parte cree la Religión Catholica. Tanto vá de
jnudar los objetos de las cosas! De no saber en­
tender la constitución de este deleyte ó gozo, ha
emponzoñado á muchos Quietistas y Molínistas,
el error de la Apatía , que es una especie de Epi-
curismo. Pero el hombre insensato, que convier­
te en carne al mismo espíritu, solo ve las fuen­
tes de las virtudes en los deseos torpes e impuros,
y en la sensibilidad fysica.

§. ni,
A esto mismo se redúcelo que dicen acerca del
origen y naturaleza de la justicia los que la fun­
dan en la fuerza, como Espinosa, Hobbe?, y otra
tur-
M á x im a s I m p ía s c o n t r a io s G o b ie r n o s . 10 7
turba de sequaces. En la práótica son innumerables
los que se acomodan á esta, impía Filosofía : por­
que sin duda son infinitos los Espínosistas , H ob-
becianos y Materialistas de condu&a. Su Ínteres
y utilidad es la única regla de sus acciones , y si
tienen fuerza para arrebatarla , tienen la última ra­
zón. de su parte , y se aplauden como justos y
beatos.
En realidad de verdad, ninguno se persuadirá
de buena fe á que estos hombres violentos o im-.
píos quieren zanjar y afirmar los principios del
derecho. Viendose está, que mas bien intentan
abrir la sepultura donde enterrarlo, y quitar de su
vista todo rastro de ley. A u n estos, que mas pre­
sumen de haber explicado bien la verdadera cons­
titución del derecho natural, como PufFendoífj le;
quitan su fundamento sólido , y su fin ultimo, como,
se verá despues en otro articulo. vir
D el derecho de gentes apenas hacen algún ca- ^ies?;u el Derf-
j 1 . . r í 1 t * ch o D ivin o.y tle
so. Uarneades io omitio ae tal m odo , que m aun G entes,
lo quiso nombrar, contentándose con dejar las vo­
ces del derecho natural y civil.
¿Qué diremos del derecho divino voluntario,
o de aquellas leyes y preceptos que nacen del decre-,
to libre de Dios , y son una porcion 6 comunica-
don de la providencia Soberana? Tampoco esto se
debe nombrar entre todos aquellos impíos que qui- -
tan la providencia, ó no la dejan alcanzar á nues­
tras acciones.

§. IV .

Por lo qüe hace a! derecho c iv il: no es poco,


O 2 des-
iq 8 L ib . II. D is e r t a c ió n V I.
vn:, despreciado y combatido por los impíos y Filtísa-'
So civüt?obí¡ fos. Los qué sacrificaron tcdos los Príncipes y Po-
psill íesta^es humanas á su libertinage y maledicencia,
cometerían otra inconseqüencia mas , si no sacrifi­
caran á los mismos intereses todas las leyes. L o s
llamados Reformadores de la Iglesia, abusando ma­
lignamente de aquellas palabras de San Pablo: Jus­
to k x twn jB p o s ita , las glosaban asi.
„ Por virtud de la libertad (i) christiana las
s, tradiciones, las leyes Pontificias, y Jos Legisla-
w dores pueden ser tratados como lobos y tyranos.
Y añade después el mismo diabolico interprete.
& Qualquiera instruido con esta ciencia podrá ha-,
s> berse fácilmente, y fuera de peligro en todos los
,, mandatos y preceptos del Papa, de los Obispos,
„ de los Príncipes y Magistrados; que de tal modo
,y agravan algunos necios, como si fueran necesarios
- . ,, para la salud y para la. justicia. Porque el Christia-
„ no que es libre, debe hablar así. Haré esto o lo
j, otro que me parezca; no porque lo juzgue obra
„ necesaria para la justificación y salud eterna j sino
„ por urbanidad para con el Papa , ó el Obispo, o
„ el Magistrado, ó Ja Comunidad ; y para dar buen
„ egemplo á mi progímo, “
Y en la respuesta á Ambrosio Catharino (2)
en
(1) L iitcr. de lib e tt. C h ristian ad I.eon. X . an. t f í o . tom . í . Libertare
C hristi.in aTradition csjlcges P o n tificia , ipsique latorcs possint c n ío n iiit ut: Itipi,
tyfflnnique i ítem ¡ hac instrtiftus sc k íitia , facilfi q u isp u ssitsc gerere citra p e - ’
ticu li;m in infiniris illis m.tndatis & p raccp tis P a p s >Episcoporum 5 Principum j
& Mnjriscr.'tuum , q u s aliqui sutilti sic urgenr quasi adsalutctn & justitiam sIrit
necesaria , oppcllatites ta prceepta E c c lc s is i ct¡m sint n ih il itiinus, Chrisri.'inua
cnim líber sic d ic e c : F go b oc & h»c faciam , non quod m ihi opiu íir.r .id jus­
ticial» & sslurent, sed ut morcm geram Papx, E pisccpoj Communicari iíli & M a-
gistratu i, ae proxim o meo ad extm plum facían1!... & c . Justo ttx nen tt t pulirá*
si cu: Paulus dicir,
, ( 2 ) lí.espofls. ad C a ch ariu .a n ¡ 1 5 2 1 . 35. januqr. tom . 2. operi fol.
Ú w istu sj ut füxi,pran(s leges p ; r lib trca tín i ¡iistu iit,
Máximas Impías c o n tr a los Gobiernos, ro$
en el ano 1 5 2 1 ,resuelve: „ Christo (cómo he dicho)'
,, quitó del medio todas las leyes por la libertad que1
„ nos dio. “ Y tam bién: „ D ios ordenó que no hu-
?) viera otro pecado , sino la incredulidad. “
Sín em bargo, ha tenido Lutero defensores que
afirmaron, haber sido este Heresíarca el fundador'
de las leyes y del Magistrado político contra los
Antinomos. SleÍdan ( i) alega sus cartas donde disua­
día á los Rústicos de qualquiera rebelión ó rumor.
Pero Policarpo Laucero añade, que según muchos:
buenos (Luteranos), y según la cosa parece mani­
fiesta , ningún D c & o r Eclesiástico de los que en­
señaron por espacio de seiscientos años bajo el Pa­
pado , elevó á tan alto punto, y con tantas (2) ala­
banzas el oficio de los Magistrados , como Lutero.
L a verdad es, que estos espíritus, siempre dese­
mejantes así mismos , dijeron cifro y el contra en
muchas cosas $como de Carneades notamos ya con
Ladrando. E n quanto á la necesidad y naturaleza de
la ley, convino alguna vez á Lutero ensenar, que
tío debía ser abolida (3) , sino que era sumamente
necesaria y ú t i l; y llamó imperitos á los que qui­
tan del medio de la Iglesia la autoridad de dar leyes.
Erasmo, que conocía bien á esta gente, afirma
que concedían mucho á los Magistrados i pero aña­
de que eíío era solamente de palabra^ para adularlos
y perderlos mas á seguro. (4)
E l mismo Lutero respondió por sí al cargo que
le hicieron de ciertas proposiciones, contra la auto-
ri-
fj) Slcid. l i b . 3. a pag. 123.
.( 1 ) Lauccr. apud Grecscr. in esatnín. Strenw jfol. 14^,
(3) Id, toiri, 1. latín, eilic. witemb. fol. 401.
Í4 ) Erasni. epist. adFiatr. Infeiioi. G<;iman. fol. J4Í,
no LíB. n . ChSEttTAClO'N V L
rldad de la ley , notadas en su libro de la Captívi-*
dad Babylonica (i) . En él había dicho: „ Es cosa
„ torpe é miquamente servil, que el hombre chris-
tiano ( que es libre) se sujete á otras cosas que á
}rj las tradiciones celestiales. F"también: D ig o , pues,
»* qué ni el Papa, ni el Obispo, ni alguno de
,, los hombres tiene derecho de establecer ni una
„ sylaba (2) sobre un Christiano, como el n.o con-
„ sienta; y quanto se hace de otro modo , es ty-
tt ranico/*
A los Colectores que le dieron a reconocer
estas proposiciones , respondió : ,, Esto no lo dije
M de las leyes civiles, sino de las Eclesiásticas, y es
iS sentencia de Pablo á los Goloseases. “
IX .
Nfltatile dicho Carlos V . habiendo oído esta explicación, ha­
¿ e C arlos V .
sobre un efu gio
lló motivo para pensar y decir en él E diíto (3)
4 e Lucero,ací:r- Wormaden.se. ,, Si Lutero 110 tubiera mas mié-
ta de k ley.
„ do al corte de la espada, que á las censuras,
execraciones, y demias penas Eclesiásticas , pue-
„ de que huviera tratado mas Indignamente al De-
„ recho C iv il, que al Canónica, a quien ha hecho
,, quemar. “
Conocieron todos que era efugio, por no provo­
car la ira de los Príncipes, porque habia firmado pu­
blicamente, que „ á los Chrístianos por ningún dere?
„ cho se les podía imponer ley ; ni p o r los hombres,'
ni por los Angeles, sino que ellos quieran ; por-
- ________________ ' ______
" ( 1 ) De C apciyit. Babyionic* cora* 2. fol* 8$. T arp e ese & in iq uiter servile
C h ró tia n u m hoinjiiem , quxlíbor e s t , alus qtum ca-lestibus subjeftum esse era*
d icioulbus.
( t) I J . ibitl. de Sacrarn. Eaprism . fol» D fco ¡taque , nequePíipa , ñeque
Cpiscopus i ñeque ullu? horoÍHum habet jus unius sillabit constítuenda; sü ~
iper Ghristiaim m hominem * ni$¡ id ftat ejusdem coasensu : quidtjuid 4ÜKr
‘¿f¡£ f tyrannico spiricu fit>
■_($) In E d ift. Wornuvc. Carvl» V ,
M a x ím a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i i i
„ qiíe somos libres de todas las Potestades.*4Tam­
bién habia dicho: „ Ninguna República se puede
„ administrar bien por leyes. “
Esta proposicion le fue puesta delante en YVor-
macia, y dió por respuesta, que la experiencia en­
senaba lo mismo : Hoc docet experiencia. Anadió
despues por egemplo, el Gobierno del Turco; don­
de solo hay el Alcorán. Y concluye diciendo, no
ser mas torpe la administración de aquel Imperio,
que la de los Estados Christianos, gobernados (i)
por el derecho Civil y Pontificio.
Los Filósofos de hoy continúan el mismo em­
peño contra la autoridad de todas las leyes; pero
según los intereses varios, y aun contrarios que
los hacen hablar en diferentes casos, asi las abaten
linas veces, y otras parece que las elevan. Quan-
do tienen delante á los Magistrados y Legisla­
dores, y a su vista se remueve en ellos la cólera
y nausea con que los miran, entonces llaman
una osadía, y una arrogante usurpación sobre los
hombres todas las leyes hechas por los Príncipes.
^Quién tendría la osadía (dice Yoltayre) de aña­
dir sus Decretos á las leyes invariables de Dios?
^Qué? ¿Pertenece á los hombres, que somos unos
seres imperceptibles, ilusiones que pasan en un
instante, y estamos próximos á la nada, ponernos
junto al árbitro soberano , y dár en su (2) nombre
ordenes y preceptos al mundo? Esto es quando
quieren tratar á los Soberanos y Magistrados de
irnos

{I) De S.ncrament. Eaptism. fol. 7 7 . rom . 2. opcr. N ih il ullo jure C h ristia -


ftjs possc ¡mponi ] c g u m ¿ .... Item , im llam RejnpubUcam legíbus felicite?
aJm im siraii.
(*) Vtíltnir. Poera. ds la leí namr,
t 2 L ib . H . D is e r t a c ió n VI.
Unos orgullosos atrevidos , que pretenden dar tartV
bien leyes asi cqxno Dios.
X. Trátese por otra parte de la R eligión , y de
H& qué se n tiio
alaban los F i­ lo que puede influir sobre las costumbres y en
lósofo! ia fuer­
on de las Je/?*-
la política- Entonces, para decir que es inútil, y
que ninguna necesidad hay de ella en ía vida hu­
mana , se arriman al poder de las leyes sabias ( i) ;
y con solo esto dan por felices y tranquilos á
los pueblos. D e suerte , que solo en odio de la R e ­
ligión muestraíi alabar las leyes í pero pisan y mal­
dicen estas leyes, por amor de su Ubertinage,. A si
vienen a reducir toda la legislación á su interésper-
¿onal, ó á siii amor proprio ; y no hay para ellos mas
justo que su proprio gusto.

§* V,

X I, Haga qualquiera una sencilla reflexión sobre


Wi ana cumpa-
í í i de ladrones
estas máximas; y considere ¿si no bastarían ellas so­
puede e s t a r , si las para disipar sobre la tierra toda forma de Estado?
jto h ay ,-Uguna
jiuucLi, Si no huviera unas leyes generales y ciertas que mi­
diesen las acciones humanas, ¿que cosa no sería
incierta en la vida, y como podría conservarse
esta justa igualdad , que la justicia solamente sabe
mantener entre los hombres? Hasta enmedío de una
sociedad de ladrones es necesaria , como obser­
vo sabiamente Aristóteles, una idea (a) de justi­
cia
(i) S ysth cm .tlela n a tu c.p a rc .i.p íig .io i.E ss a isu r Ies prejuges ca p .j.p a g.l®
(a) A pad Stob. Serm, 10. pag. i . edit. G en ev. Q uintilíano prueba la ne­
cesidad de las ¡eyes , aun para la subsistencia de los Filósofos que las nie­
gan , Ñeque enim Acadéinieí cum in urramouc rlissetunt partero > non sc~
cundum altcram vivu n c. Ñ eque Carneados iíle , qui 'Rom* > audiénte C en ­
sorio C o ro n e , .non rainoribus viribus contra justitiam d icú nr disseruise guam
p riíiie pro justicia dixerat j itjjustus ipse y ir fu it. In stitu t. O ra d jt. ü!>>
i» p , i . pag, j ; 7 .
M á x im a s I m pía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s 113
cía común; y si no, sería disipada en un. mo­
mento.
Aunque estas iníquas compañías se ordenen á
cometer.injusticias respe£to de otros, pero respec­
to de los mismos que las componen, es necesaria
una ley que proporcionalmente los iguale: y si esta
ley se quebranta, queriendo tirar cada uno mas de
lo que puede tocarle de la presa, siguiendo sola­
mente su particular codicia ; al punto riñen entre
silos ladrones, y paran, o en matarse reciprocamen­
te , o en separarse. <Que harán, pues, estos malva­
dos para tener (1) entre sí alguna paz? ¿Y que tiempo
durara ésta? Mientras que entre sí mismos (responde)
no se porten como ladrones, queriendo cada uno
robar la parte del otro. A l punto que se pierda
esta sombra de orden y de regla, que los iguala
con alguna imagen de justicia ; los vereis comba ­
tir entre sí mismos, y destruirse con guerras y
asechanzas continuas. D el mismo egemplo usó Po-
libio para demostrar la necesidad que hay del dere­
cho y de la justicia en toda República y (2) So­
ciedad humana.
B a yle, sin querer, atinó á decir una verdad xii.
que es demostrable por solo esta reflexión que de- ^’hV/ei.-'sud-"
jamos hecha. Si la Filosofía (dice) viniera al fin 1‘unw~
que pretende, de hacer obrar á todos ios hombres,
Tom. V. P se-

(1) D- Chrysostom . in cap. 4. ad Ephes. ¿ A t quid fiet e rg o , d íc tt aliqui».


ut iu pace vivanc Jarrones? (Quando vero? D ic quaso. N empe cum non
ur ¡atrones agunt ; nani si in dividendis rebus proscripta justitisc nint
serveat 1 ñeque particionetn ex *q u o faciatK , v íd e b is , & interesse b e llii,
ac p r s lijs im plicar:.
( í) Poli!), l i b . c a p . 25. N a'n & p r iv á is eoitiones facirmrusorum ac Fu­
ra»! iioc máxime m odo e ve rti so lc n c , ubi ín ter se jus uuu p rísta n e ■ &■
in summa 3 ubi Gdes Ínter ipsos perit.
ii4 L ib, II, D i s e r t a c i ó n VI.
según las ideas de la razón que ella propone y
adelgaza , el genero humano perecería bien pres­
to. (i)¿Adonde podríamos ir ábuscar un asylo,hu­
yendo de todos nuestros semejantes , sí las Ciuda­
des fueran unas sociedades leonicas, o unas com­
pañías de hombres rapaces, que no tubieran otra
ley que su astucia o fuerza, para echarse sobre todo,
y apropriarse quanto pudiesen? <Qué amistad du­
raría entonces? <Qué seguro tendrían los linos de
los otros? El sueño y el reposo huirían de enmedio
de las familias, y todos se consumirían en temo­
res , recelos y sospechas.
Nada hace ver mas claramente la necesidad
que los hombres tienen de las Leyes para poder
subsistir. „ Ha sido necesario (dice un juicioso Es-.
„ critor) poner (2) un punto de reunión, que nos
„ trayga á la práctica de las mismas obligaciones
„ y virtudes: sin esta precaución , dictada por la
„ sabiduría, estaría todo en la mas horrible con-
„ fusión. Quando no existían sino simples pasto-
,, res dispersos acá y allá , y 110 conocían otros
,, intereses, que la guarda de los rebaños, basta-
„ ba la Ley natural: pero despues que se ediíica-
„ ron Ciudades , que se han congregado en ellas,
„ y que la tierra se ha dividido en Reynos , Pro-
„ víncias y posesiones particulares, no ha podido
„ omitirse el hacer ordenanzas relativas a las nece-
„ sidades, y al buen orden. Estas leyes, aunque
„ humanas, teniendo conformidad con la volun-
„ tad Divina, y con las simientes de las virtudes,
que
(1) O liu v r . to m . 1 . p a g . S7 4 .
(2} Carrac» le la n gag, de U rá iso n cap. 8. p ag. 64.
M a x ím a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i i ^
„ que el Cielo sembró en nuestras almas, se ha-
„ cen obligaciones sagradas, que no se pueden rom-
„ per sin prevaricar.
„ La razón, que ve todos los días las brechas
„ que hace el vicio en la conciencia, se aplaude
„ de la existencia y del vigor de las Leyes. ¿Qué
„ son en efeíto las Leyes, sino el honor y el
„ bien de la razón misma? Ellas la defienden, la
„ hacen valer, y le dan este tono de autoridad,
„ que previene al desorden , y lo castiga. La di-
„ ferencia de los climas, asi como la délos Go-
„ biernos ha debido necesariamente engendrar
„ leyes diversas; pero el amor del bien público ha
„ sido siempre el objeto y el principió. ¿Qué ven-
„ drian á ser los Ciudadanos en medio de tantas
„ pasiones que inflaman , y producen por todas
„ partes horribles incendios; si la razón 110hubie-
„ ra dado Edi&os, Decretos, y formado cuerpos
„ enteros de Magistratura , para oponerse á los
„ progresos de la injusticia y de la envidia? Nu.es-
,, tros bienes, nuestras reputaciones, nuestras mis-
„ mas vidas, todo vendría á ser la presa de los
,, rapaces.
„ Si las leyes no fueran sino el efecto del ca-
pricho , o de la tyranía (como pretenden ciertos
„ Escritores peligrosos) hubieran tenido la suerte
„ de las modas. Una misma generación las hubie-
,, ra visto nacer y morir. Todo lo que es unido á
„ la esencia de las cosas , es ordinariamente dura-
„ ble: pues las leyes van con nosotros mismos, como
„ nosotros estamos realmente unidos con ellas ; y
„ este doble vinculo es quien nos une a Dios, á los
,, Soberanos y á la Sociedad: lazo que no se rompe
P2 „ si-
116 L ib . II. D is e r t a c ió n . V I.
„ sino con la muerte ; mas para remitimos a las,
„ manos de aquel que nos form ó, y que nó co-
„ municando ya entonces sus voluntades por con-
„ du&os intermedios , se hace el único Legislador
„ y Juez.“
N o admiremos el que los Filósofos turben
este orden, y las leyes que le sirven de regías.
A un quando el interés de vivir según sus pa­
siones, no los empeñara en tales errores, caerian
en ellos por la obstinación de no confesar la
fuente de la justicia y de la verdad. Se entran
en las cabernas huyendo de ver el S o l, y dicen
que van á buscar la lu z , y á sacarla de sus te­
soros. ¿Cómo podrán ser inventores del derecho,
los que aborrecen positivamente á la justicia, y no
•anduvieron jamás en ella?

.........

A R T IC U L O II.

Z O S F IL O S O F O S G E N T IL E S Y LOS
Gentilízantes impugnan la naturaleza de la ju B i-
eia y del derecho ; lo que tínicamente se
enseña bien por la Religión
•verdadera.

§. I.
X III,
Prueba Ljítan -
i» i=í- T A&ancio probaba esta verdad contra los Fi-
Icnj^cninía v« I ^ lósofos Gentiles, y yo la probaré aqui con-
dadcitajusticia, tra los Filósofos que se dicen Gentilízantes. Des­
pues
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b j é r n o s . 117
pues que el citado La&ancio (1) habla de Car-
neades, Filosofo Académico, y de su inge­
nio versátil con que trataba, y retrataba en mo­
mentos sucesivos acerca de la misma justicia,
ya. impugnándola , y ya pugnando por ella , aña­
de :Era muy fácil dar en el suelo con una justicia,
que no tenia algunas raíces; porque entonces nin­
guna había en la tierra, para que los Filósofos,
viesen quien, y qual era. Ojalá que tales y tan­
tos varones hubieran tenido ciencia , como tuvie­
ron eloqiiencia y animo , para que pudiesen lle­
nar la defensa de esta sumina virtud , que tiene su
origen en la Religión, y su razón ó documento
en la equidad. Pero los que ignoraron la prime­
ra parte , tampoco pudieron comprehender la se-

Para mostrar que los Filósofos ignoraron la.


justicia , y que no pudieron defender lo que ig­
noraban , quiero (dice) dar aqui una breve y
sumaria idea de esta virtud. Aunque la justicia
abrace todas las otras virtudes juntas , tiene con
todo éso dos partes principales, de quienes no
puede arrancarse ni separarse; que son la piedad
y la equidad. Porque la fe ,1a templanza , la pro­
bidad , la inocencia, la integridad, y todas las
otras pueden hallarse, y se hallaron en aquellos,
que ignoraron la justicia ; ya por las institucio­
nes que les dieron sus padres, y ya por lo que
les diótaba la misma naturaleza.
Los antiguos Romanos que solían gloriarse
de la justicia , no se gloriaban realmente sino de
aque-
(1 ) Laftaut. de In stit. cap. I j .
118 L ib. II. D isertación VI.
aquellas virtudes, que , como dije, pueden manar
de la justicia , y (aunque sea por poco tiempo) durar
verdes y frescas cortadas de su raiz. Mas la equi­
dad y la piedad son como sus dos venas vitales.
Porque en estas dos fuentes consiste toda la jus­
ticia. Pero su cabeza y su origen está en lo pri­
mero, y toda su fuerza y razón está en lo segundo.
La piedad no es otra cosa que el conocimien­
to de Dios, según la definió verdaderamente Tris-
megisto. Con que si la piedad es conocer á Dios,
y la suma de *este conocimiento es su culto, ig­
nora realmente la justicia, el que no tenga Reli­
gión de Dios. Porque ¿cómo podrá conocerla el
que no conoce de donde nace? Platón habló en efec­
to muchas cosas de Dios, por quien dice, que
fue constituido el mundo ; pero nada de la Re­
ligión: y era porque había soñado á Dios, mas no le
habia conocido.
Si éste, b qualquiera otro hubiera querido lle­
nar la defensa por la justicia, huviera derribado
primeramente las Religiones de los que no eran
Dioses, porque son contrarias á la piedad. Mas
porque Sócrates intentaba hacer esto, fue echado
en una cárcel para que apareciese desde entonces
lo que debieran esperar aquellos hombres, que
intentasen defender la verdadera justicia , y comen­
zasen á servir al único Dios.
La otra parte de la justicia es la equidad. No
hablo de aquella equidad, que enseña á juzgar bien
en el foro, lo que es muy loable en el hombre jus­
to ; sino de aquella, que nos enseña á igualarnos
con los demás, ya la que llama Cicerón equabilidad\
ó igualdad. Porque Dios, que hace los hombres
y
M a x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r k o s . 119
y'los inspira, quiere que todos sean iguales. La
misma condicion de vida puso en todos. Hizo a.
todos para la sabiduría, y prometió á todos la in­
mortalidad. Ninguno es echado de la participa­
ción de los beneficios celestiales. Porque al modo
que repartió igualmente su misma lumbre*, em-
bia á todos sus fuentes , ministra a todos su ali­
mento, y da a cada uno la dulcísima quietud del
sueño; así distribuye para todos la equidad y la
virtud.
En su presencia ninguno es señor >ninguno es
siervo. Porque si para todos es padre, con igual
derecho somos todos sus hijos. Ninguno es pobre
para Dios, sino el que tiene necesidad de justicia:
ninguno es -rico , sino el que está lleno de virtu­
des ; ninguno es ilustre , sino el que es bueno é ino­
cente ; ninguno clarísimo , sino el que hace larga­
mente obras de misericordia; ninguno perfectisl-
m o, sino el que ha subido por todos los grados
de la virtud. Por lo qual, ni los Romanos, ni los
Griegos pudieron tener la justicia» porque des­
igualaban á los hombres por muchos grados 5su­
biendo de los pobres á los ricos, de los humildes
a los poderosos , y finalmente de los particulares
hasta las sublimes Potestades de los Reyes. Don­
de todos no son iguales , no hay equidad, sino
desigualdad ; y esta excluye á la misma justicia,
cuya fuerza está en hacer iguales á todos los que
vinieron á tener una suerte semejante en esta con­
dición de vida.
120 L ib . II. D is e r t a c ió n VI.

§. IL

xiv. Quando lean este discurso de La&ancio aque-


jc s e a t-ii ¿rancio líos Filosofastros modernos, que siguen el rastro

entre ios hom- y herradura de Hobbes, Veltisen, Espinosa , Rous­


seau^ otrosque trabajan por meter una iniqua igual­
dad entre los hombres, se aplaudirán de que tienen
en su partido á un padre tan eloqiiente y de los mas
sabios entre los de aquellos primeros siglos de la
Iglesia. Por tanto, y á pesar del deseo que siempre
tengo de abreviar, no puedo dispensarme de po­
nerles á los ojos ló que añade La£tancio , para pre­
venir ó curar este escándalo.
Dirá alguno ( replica en el capitulo siguiente):
<Por ventura, Chrístianos, no ha/ entre vosotros
pobres y ricos, señores y siervos? ¿ N o hay tam­
bién distinciones ? Ninguna (responde) en quanto
á las cosas necesarias y comunes ; y no por otra
causa nos damos .el nombre de hermanos , sino
porque nos creemos iguales. Porque no medimos
todas las cosas humanas por la carne, sino por el
espírituj y aun quando sean diversas las condicio­
nes del cuerpo, los sierros no son , ni los tene-
,mos, ni llamamos sino hermanos en el espíritu,/
consierros en la Religión.
Tampoco las riquezas hacen entre nosotros in­
signes,sino á los que pueden volver mas ilustres sus
buenos hechos. Son ricos, no porque tienen rique­
zas , sino porque sirven con ellas á la justicia. Y los
que parecen pobres, son con todo eso ricos, porque
no necesitan ni desean. Sin embargo , quando por
humildad de espíritu son iguales los libres á los
MaximasImpus c o n tr a tos Gobiernos. 121
siervos, y los pobres á los ricos , se distinguen por
la virtud delante de D io s , y cada uno es tanto ma*
sublime quanto es mas justo. Si la justicia consiste
en igualarse con los menores , aunque en esto mis­
m o se aventaje el que se iguala así á sus inferio­
res i con tod o, sí no solamente se trata como igual
sino como m en o r, conseguirá un grado mucha
mas alto de dignidad ante el divino Juez.
E n esta vida secular , donde todas las cosas son
breves y caducas» los unos se anteponen á los
otros, y disputan por su dignidad. Pero nadahaymas
torpe ni mas arrogante , ní se aleja tanto de la razón
del Sabio. Todas estas cosas terrenas son contrarías á
las celestiales. L a sabiduría de los hombres es sura-
ma necedad delante de D ios , y la summa sabidu­
ría de D ios es locura para los hombres. A si es hu­
milde y abatido delante de D ios , el que parece
espectable y sublime en el m undo: y por no ha­
blar de estos bienes presentes de la tierra, á que se
da grande honor, y son contrarios á la virtud, y
cnerban la fuerza del alma; ¿qué nobleza puede ha­
ber firme , qué riquezas , qué potestad , quandó
puede D ios poner a los mismos Reyes debajo dfc
los mas ínfimos? Por tan to , consultando Dios á
nuestro provecho , puso entre otros preceptos di­
vinos aquello que dice : E l que se exalta sera hu­
millado , y el que se humilla sera exaltado„ N i es
falsa aquella sentencia atribuida á Eurípides : Qua
hk mala patantur, hac sunt m Ccelo bona.
E n todo esto pretende Laétando mostrar la
ninguna substancia y estimación que merecen estos
bienes terrenos , en que parecemos desiguales, aun
los Christianos; para concluir , que si estas fortu-
Tmn. K Q ñas
is a Lm . II, D is e r ta c ió n V i ­
nas son verdaderamente poea ó ninguna cosa, en
xv. poco ó nada podemos desigualarnos por ellas,
sfe exponeio d* A esto alude aquella sentencia del Salvador^
Coriseo i - ,r
* íjír „ « ‘ y uten de vosotros puede (i) anadtr un codo a s il es-
<
taturdí Porque realmente ninguna de estas falaces-
htumm<m> felicidades nos libra de las miserias' comunes. Tién­
tese así mismo el Rey,, y pruebe, si es desigual, ó
sale sobre todos en quanto i no ser mortal, ó en
estar dispensado de todas las enfermedades del
cuerpo y del ánimo.
„ Yo(decia urr R e y desengañado) hable á solas
con mi corazon , diciendo: V é aqui soy hecho
& grande,y antecedí en sabiduría á quantos me ante-
^cedieron en tiempo en jerusalen : y mi espíritu lia
,, contemplado sabiamente muchas cosas? y conocí—
„ dolas. Y apliqué mi corazon para saber prudencia
n y do£trina> y hasta los errores y necedades. (2) “
Y despues q,ue ha- discurrida por todas
sas que parecen mas-preciosas y sublimes en la t i­
da * no halla sino-una diferencia vana ; porque to­
dos nacen; desnudos, y vuelven1á entrar en la tier­
ra desnudos. Todos se conciben en un. mismo pe­
riodo de meses, y mueren-dentro de un quasi igual
numero de años; y esta vida breve está igualmente
llena de dolores y de miserias r asi para los ricos,
como para los pobres ? asi para el sabio > como
para el necio; asi para el' R e y , como para el esclavo.
xv x,. E l Christianismo, que es la verdadera sabi-
c''íí^kdoñ duría , no hace caso de estas minimas desígoaída-
| ^ a«^vaa des,en que no tropieza , por padecerle tan bajasj
pero quita el que por ellas nos creamos los hom­
bres
p) ¡U{, l i , f . * $ . í»; EccL MJ>. r . f . 16. & TJ.
■Má x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , 12 3
bres ser mas altos .0 mayores que los otros i y de
lo que sobra á cada uno manda dar al otro lo que
necesita. Con que es heclja urna igualación, aun en
las-cosas transitorias quq bastan para conservar esta
yida>
Los Filósofos ( en cuyo juicio y estimación no
pesa sino lo que es materia, ni son las cosas gran­
des sino por la mole) solamente notan y murmu­
ran la desigualdad 4e Jos hombres , en quanto á las
cosas corporales. Se puede temer no intenten igua­
lar á todos los hombres en quanto al cuerpo , y
«ierren las piernas o lgs caberas á los que descue-*
lian sobre los otros, pata dejarlos á todos de una
talla. ¿Por qu£ murmuran mas la desigualdad íls
las fortunas cjue la de las estaturas?

§. IIL

Por lo dicho se demuestra quan sabiamente igS L 1»*


explicó La&ancio la naturaleza , origen y partes u
principales de la justicia. Pero estos conocimientos
no han sido raros entre los padres de la Iglesia, Justicia,
ni aun entre los estros Christianos, asi como ape­
nas fueron conocidos de algún Filósofo Gentil.
Los que hoy saben ai Gentilismo, tratan al De­
recho natural y á la justicia, como una verdad
no buscada jamás, ni oída ¿ y si «e sabe de ella
alguna cosa, lo atribuyen, no á la Religión ni a
los D o lo res de ella , sino á ciertos Filósofos Ju­
risperitos, que apenas añadieron á los conocimien­
tos sacados' de nuestra Theología , sino alguno®
errores de su cabeza, y otros ya o lvid a d o sco n
un grande aparejo de eloqíiencia secular*
0 *,
1%4 L ib . II. D is e r ta c ió n V I .
Heraecdo ( i ) señala quatro épocas al estudio
y. contemplación del derecho natural. L a primera,
desde el principio del mundo hasta el Nacimien­
to dje Christo. La segunda, desde el Nacimiento de
Christo hasta el. origen de las Academias y Es­
cuelas. L a tercera, desde este origen hasta Grocio.
L a última , desde G rodo hasta nuestro tiempo.
xnn.. E n ía primera, solo á Cicerón ,despues de Ze-
H eintwio culPa non; Sy Panecio 7, concede algún
de esta ignoran*' O
conocimiento del
cía á jCspadres, derecho. natural aunque con; las notas de haber
«cm!5’ Edc41ai" confundido con él Ib. Ethica, y- de faltar entre sus
doctrinas la conexion. E n la segunda época , aun­
que concede que ningunos, pudieran enmendar me­
jor esta ciencia- que los Christianos y. no halla core
todo- eso entre lbs Padres de la Iglesia otro tras­
lado: acerca, de esta,, que elí opúsculo dé O fficjs de'
San Ambrosio-j y este se limita á explicar los ofi­
cios de Tos Clérigos- En él: nota asimismo no sé
que errores de- los. Platónicos , que á su parecer
mezclo San Ambrosio , como otros Padres 5 y ram-
bien que trata la materia mas, como Orador , que'
como- Filosofó.
En el tercer periodo no halla, sino lá turba de.
los Escolásticos, que se olvidaron de los principios
de la re¿la razón. En- el quarto periodo encuentra
por, fin á Hugo Grocio que escribió el tratad'© d&
Jure be11} p a á s; donde no vé otros dere&os,
que haber seguido demasiado á los Escolásticos , y
haber dad© mucha estimación al argumento que
se toma del eonsentimienso universal de las gen-
tes* Aqui fijan los moderaos el nacimiento de está-
cien­
es H cincec, in P-alfendorf d c o ifk .-h o in in . & e iv . p iy k g o tii. á pag. to,
M a x im a s Im pías c o x t r a x o s G o b i e r n o s , ti'f
ciencia del dei^cho natural.' Coetanío de Grocto fue
. Thomás Hobbes , que tubo- cuidado' de no dejar &
otro que a et mismo ,Ja: gloria de haber sido el
primcro: que cultivo el derecho de la naturaleza,-
Finalmente descubre á Samuel Puffendorf, qúé d™
vino á llenar los Yácío& de G ro tio y y á perféccio-
■nar la ciencia que aquel había comenzado a fun­
dar. Hartewgio llama a su obra de jure natune &>'
gentium, publicada en' 1672. Ábsdutlssimum opnsy
partus ejus primarius r opere G fotií incóHiparablliter
excdlentiusquia d ¡umiricis SchofaHicis defecatlus^
cordatioribiis, omnique-pene- orbe erudito ¿eBímatissi’~
mum ac proBatissimum^
Josué Schuvart y Nicolás Bekitian', sus C o ­
legas en la Academia de Escandía,publicaron contra
está- obra uii escrito; intitulado : Index■ n&úifatüni^
donde la \[^rnkn\Fcettmi Af}Mstf¡i,I?dgaHÍsrnÍrZ'&}m-
glianismi, SocmianismJ, Pefagianismiy Hohbesfamsmi3■
Garthesianismi ,:é= ^P^/iw LLa dicha' Academia^
condenó el’ libro de PufFendbrf con su A iítbr, ut
novatorem' ,, Acádemkíe juventiifís corniptonml-
Pero el Gobierne» le absolvió;-Gondeiío'por el con-*-
itario’ al’ Index- rttrvitátum, y desterró á Bekman»-
A 1 firtj ha1prevalecido la obra de Puffendorf en las'»-
Academias dé los Protestantes.--
Estos-,., con - algunos otros ni'enos conocidos»-
son los descubridores y perféccionadores dél dere­
cho natural. Su principal trabajo y mérito ha con­
sistido en evitar parecerse á los* Escolásticos , álos
Doctores Eclesiásticos, y aun á- tódos- los Chris-
tianos , imitando k los1Escritores1Paganos y Gen--
tiles;
En. el método ^ y n&s en d i estilo hatíprocá^
i í 6 L ib . H . D is e r t a c ío n V T .
rado llegarse á todos aquellos escritores antiguos,
que no tubieron Religión, ni estimaron conocer k
Dios. Así tratan de Ja naturaleza, y de su justicia
o derecho, como sí no dependiera del decreto del
Criador, y .desu 'institución.
desconocen el
jruosotosüíHfí- origen y rúente ae ia justicia* y ae todos los dere-

^Materialistas. Oíros ,* como el mismo Puffendor£


apartan los ojos de la vida futura á que deben m i-
car iodos los derechos y obligaciones humanas. Es­
to lo confiesa Heíneccio, y nota este grave defec­
to en el systhema ( í) del.dicho Puliendo rf.
D e suerte que algunosde los nuevos -Patriarcas
.del derecho .natural, y del estudio de las 4eyesrcopÍa-
ío n su systhema del estado de Inglaterra , quando
estaba mas.turbada por la anarquía. A si Hobbes,que
compuso..(2) por aquel modelo, su libro ds Che*,
y Machiabelo que escribió el suyo de Principe
para decir lo que se debía 'hacer (según su mala (3)
«scusacion , y la de otros) sino para mostrar lo que
se hacía. Esto es , no para manifestar el derecho de
los hombres; sino para descubrir las injurias que
obraban los Príncipes.
:Los quede negaron sus legitimosprincipios, 1?
die-

sticu tn R cíp ub licz Se su b d itoru n . cespioic> sed ad finem suum, quetn pene nc-
glexi# Puffcndorfíti s.
(1) A pud Enrad. p ro lf ¡jomen in P u ffen ilorf p a g . j ; . O ccasio hiijus liliclS
. .f i e cívc) íc u u í A n glij: m rbukncíssim us vereq u e anajchtcít, hinc sibi íú ix k
iiiram status iiaturalis , & c.
fj) Bacon. de augm en taron scien tiar, lib , 7 . cap. i . c ít quod gracias agst-
.............. * " ' " ‘ Se indisíim ulaiiterpí'ofe.-
M a x im a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . i 57
ifna fuente fan obscura y ponzoñosa, cofno O quitan
¿ E íe r o tí XXI.
i ía
el amor proprio y el Ínteres personal# Y el' filas Ju sticia su fijes-
te , o la aparta*
celebre de los Novatores ha olvidado el fin. de de su £ a.
la legislación, que es el sumo y ultiíno bien del
hombre, y lo ha puesto en la vida presente. Debe­
remos con esto decir lo que afirmaba Laóhtncio (r)
de los Filósofos Gentiles que le antecedieron: con­
viene á saber; que Inmutadas las verdaderas fuen­
tes de la justicia , y turbado el bien á qué se orde­
nan las cosas humanas, tendrá el derecho y la jus­
ticia que retirarse al Cielo, de donde habia mirada
hacia el mundo. „ Por tanto (añade aquel Padre) no
„ puede ser verdadero aquel bien r cuya invención:
Jrse atribuían los Filósofos , -porque ignoraban
)r de donde nacía, ó qué fuerza y dirección tenia.-
}y Estos conocimientos no han sido revelados a-otrosr
„ sino á nuestro puebkr fiel. “
Esta ultima verdad de LaStancío me da oca-
síon ai proponer en dos artículos-la do&rinia dé la
Religión Christiana, acerca de la fuente de k Le*
gislación-, y acerca de su termino.^

f r ) ’ t í í U n r . d c ju irít: lib . j . c a p . i 6 . de offic. v iri ju iti. Duobos ígittft- i l l i t


juscltiar foncibus inm utatij > omnis virtus Si om nis vcricas tollitu r , & ipsa ju i-
tis& remigrat- in tcrlu m . Ideo riu n 'cjt verum illud boríuMi i PÍi¡iosophis recep -
tum r qpía ign oraban t v e l u'nde’.o rir e íu r, v e l q u i d cff¡« r£ c , qu»d «rallis-alii)
|>rjeccrqa«m itóscro' populo ré v d a ü ia i ose.
128 Lía. XI. D i s e r t a c i ó n . VI,

A R T IC E L O D I

B R E V E E X P O S I C I O N D E I
principio , naturaleza, diferencias y progresos de la
^Legislación, segúnía doBrinade la Religmt
QhriBiam,,

„ voces ia pruaeíicia, y ciama su saDiuurta; m ío


j, (dice) es el conseje y la equidad, mía es la pru-
, r deneia y la fortaleza. Por mí reynan los Reyes,
„ y los Legisladores forman decretosjuBos. Por m í
„ mandan los Principes, y los poderosos discier-
,9> nenia justicia (i)..,. E l Señor me poseyó desde el
primero de sus decretos, y en el principio antes
,, que hiciera otra cosa. Desde la eternidad me or~
9, denó,y antes que la tierra fueraíhecha. Todavía no
9J eran los mares, y ya estaba yo concebida. Las
,, aguas no habían manado de las fuentes; los mon-
tes no estaban asentados según la gravedad de su
mole, y antes de los collados ya era yo nacida. T o-
^ do esto fue antes que hiciera la tierra, los ríos, y
j,’los polos del Universo, #t
A si nos excita el libro de los Proverbios á con-
tefti-
(tj Pr*vetb, cap., í.
M a x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i 2-9
templar la prudencia y la fuente eterna de la sabi­
duría y de la justicia. Porque es infalible, qu¿
para comenzar á entender con orden la ciencia de
lo justo, se debe primero contemplar la idea de esto
que se llama juBicia en sí misma.
Como hay un Pulcro b Bello esencial, nece- xxm.
\ . < J A T H ay un
sano e ínaepeaaente de nuestro gusto, que es emcnt*
D ios; así hay un Bueno y Justo esencial é inva­
riable , que es el mismo Dios. Todo lo bello que
nos agrada en el Universo y en cada una de sus
partes, como la claridad de la luz , de las aguas»
y de todos los diafanos; la solidez de la tierra , y de
todos los cuerpos densos ; la sutileza del ayre, y fi­
nura de todos los espiritus;y el exa£to temperamento
de todos los mixtos y varios: todo esto es mas 6 me­
nos bello y agradable, por la conformidad que
tiene.con el bello esencial y perfe&isimo , que es
el original é idea primitiva de quanto nos agra­
da. Este pensamiento lo explicó (1) Boecio, y al­
gunos otros que han escrito del Pericalon:
..................................... ...'..T u cuntía superna
Dticis ab ex¡mplo \ Pulcrum pidchcrrimus ipss
2dimdnm mente gerens, similtque ab imagine
formans.
E l orden, y buena proporcion que se da á las
cantidades y números hace los sonoros , que tocan,
tan viva y blandamente en el alma por el organo
del oído i y este orden y justicia que se guarda
á cada cantidad, es lo bello musical, ó aritmético.
A este modo , las proporciones, y justas medidas
que se lograren poner en las partes de un todo, asi
Tom. V. R en-
Boet. lib. 3. Je Cens*Jatiou. rnetr,?.
13 0 Lib. II. D is e r t a c ió n VI.
entre ellas , como respe&o del mismo todo; liara
lo bello geométrico, y derramará agrados so­
bre las obras de la arquite&ura , como dá una jus­
ta belleza á la simple naturaleza.
*O iit'ín /1i m nuo tioi* nmrfl/í/k *r ün ^r%+1fn

Naciones? Unos gustaron de estas figuras, otros


de aquellas ; unos de los cuerpos altos y delga­
dos , otros de los robustos; aquellos amaron la
simplicidad y claridad, otros la composicion y
la carga de los adornos: y mientras que el gusto
libre, que se llama capricho, elige y ordena las
formas, suele ponerse tanta diligencia en unas cosas,
quanta negligencia se padece en otras.
Despues que se ha gozado la que se eligió,
se percibe su limitación, y avistando aquellas otras
que se pospusieron y descuidaron , dan un nuevo
placer ; y su gusto entra á reynar por otro poco
tiempo. Por ésto varían, según los siglos , las opi­
niones de las artes; y no es porque en cada una
falte absolutamente el bien con que pueda agra­
dar j sino porque caprichudamente nos apasiona­
mos por aquella parte de gracia que hay en las
cosas i y siendo poca é im perfeta, se nos cansa
presto el gusto, y vuela en busca de otros agrados
que alli no halla. Buena es el agua i pero quanto
se goza con sed mas destemplada, otro tanto mas
daña y se aborrece despues.
D e aqui es que mientras el gusto no fuere cor*
M áxim as I m pías c o n t r a los G o bier n o s. 131
toca, siempre será inconstante, parcial e injusto.
¿Pero quien tiene este juicio? ¿Qué hombre posee
este ojo claro y sereno , que mira á un tiempo los
bienes derramados sobre las criaturas, y conoce
la perfección de cada uno? ¿Quiéji tiene esta ba­
lanza , ó este equilibrio justo é igualadísimo, don­
de ninguna perfección pese mas de lo que merezca,al
favor de alguna pasión >y donde quanto es agrada­
ble, tenga su estimación , sitio y alabanza , sin de-
fe£to ni exceso? Si un juicio tan exa£to viniera a
corregir los gustos de los siglos^ de los pueblos, se
estremecerían todos delante de el, como una quadra
de enfermos y heridos teme la presencia de un Ci­
rujano , que inapelablemente ha de quemar o cor­
tar de cada uno, quanto tiene de vicioso, y podrido.
Quando comparo el gusto y las gracias con la
justicia o el juicio , me parece que veo a una tro­
pilla de niños 6 niñas risueñas y festivas , delante
de una Maestra grave y mesurada. A estas jovenes
es pesada la presencia y censura de aquella noble
y compuesta matrona, que no aborrece las gracias,
sino las modera, sujeta y ordeña.
Aunque en este mundo apenas rayará en al­
gunos mortales un juicio tan perfecto ni el gus­
to de los hombres podrá llevar un corre&ivo tan
cabal; pero contemplado él en sí mismo , es inde­
pendiente y soberano á todas las reglas humanas»
y antes viene á ser su medida original, y el con­
traste donde todas se prueban. ¿Pues que ser es
este, cuya imagen agrada en todas las cosas, y en
todos los tiempos, y para todos los pueblos fue
amable y respetable?
Sin embargo que esta cosa divina no se deja
R 3 com-
13 2 L ib . II. D is e r t a c ió n V I.
comprehender, á todos se presenta como una idea
eterna de proporcion , de orden, de exactitud , y
quanto hemos llamado siempre J u s t ic ia ; y
la creemos y conocemos subsistente en sí mis­
ma. A esto hemos también llamado D ios, o el
todo de las perfecciones, gracias y bondades que
son posibles, unidas o reducidas á un Uno orde­
nadísimo y justísimo.
Este orden y harmonía es necesaria en el mis­
mo D io s, é independiente de sus decretos libres;
asi como es porque e s , y no porque quiso ser.
E n sus obras libres, como el Universo, debe ha­
ber orden y proporcion, y este orden en que
consiste lo bello del Mundo , es también necesa­
rio, no de una necesidad absoluta, sino depen­
diente de alguna suposición. Es decir : Dios no
crió al Universo por alguna necesidad ; pero en la
suposición de haberlo de criar , lo debió hacer con
cierto orden y proporcion; porque todas sus
obras, aunque sean libres, son ordenadas,
jpivn. Observamos este proceso en las cosas. En Dios
DÍosTcamo ” hay un orden eterno esencial : en el Universo y
la
comnatu
o Craleza,
JJ Ai* y e:n tocja la naturaleza hay J un orden necesariamen-
«? te conforme al orden eterno; y en el Arte se bus­
ca y estima una ordenación immediata y precisa­
mente conforme al orden de la naturaleza.
Aunque Carneades no entendía la naturale­
za de la justicia , conocía que ninguna arte nacía de
sí misma (1) j sino que se sacaba de la naturale­
za,

(>} A p u d . C jc . lib , v d e íln ib. Carneades negabar tillam csse artfiDj


quje Sí ipsa a se p r o fic is c ír ítu r ; esi enidi pcrspictium » millam a m m in-
se versavi 1 sed esse aliad aitctn i psann a aliiu l qttoit proposicum síc arti.
M axtm as I m p ía s c o n t r a io s G o b ie r n o s . 13 3
za, y la naturaleza del arte divina y eterna.
En el lugar citado de los Proverbios dice esU
Sabiduría o arte divina, que ella está ordenada des­
de la eternidad ó eternamente y sin principio (1) .
Y luego se deja ver asistente á Dios para orde­
nar todas las cosas. Quando preparaba los Cielos;
quando con cierta ley, y en un cierto gyro po­
nía un como vallado á los abysmos; quando á
las cosas ethércas las afirmaba en lo alto, y pe­
saba las fuentes de las aguas; quando ponia ter­
mino (*) y ley al mar, cuyos fines no había de
traspasar; y quando contrapesaba los fundamen­
tos de la tierra, yo estaba con él componiendo
todas las cosas , y hallaba placer en variarlas con.
diversas formas todos los días„ y en todos los
tiempos.
En otro lugar nos dice en «na palabra , que
Dios hizo todas sus obras en peso y medida. No
querramos entender otra medida, ni otro peso,
que la conformidad á las ideas arquetipas, u ori­
ginales del orden, proporcion, é intimo tempe­
ramento que hay en el centro del summo Ser, por la
unidad de todas las perfecciones que lo constituyen,
Pulcro y Justo esencialmente. Esto baste por lo
que mira á la justicia en sí misma , que es la per­
fección de las cosas y virtudes, y como la madre
y fuente universal de todas.

á i.
( i) . Proven ). 8. f . 3 ?. ,\b a tem o ordirttta íum .
(*) C o m u n ^ cn ic eüttfndrn por estos rtrw '.nt y h j ¡ que e l rnar no
pasa 1 aquellos lim ites y o -illas m ateriales que ahora lo cercan : p e n i no c í
ntra la ley que a;]ii¡ se dice puerta á las a g u i j y al mar 3 sítid la le y ¿C
Ja gravedad cciap.irctiva , ■ ■u/; puso' el Seiíot a tadi>5 ios fluidos » y fií>-
servan con un cquLi¡jrio in violable.
134 L ib . II. D i s e r t a c i ó n VI.

$. n:

„ í xXrií' - Sí consideramos esto que se llama Ley ó D e -


¿<*Ue d ítc ic n c u r s* ■ - i f f . . * **
cnzzc u rtern como un ser distinta de la Justicia, no hallare-
T s/defienf' mos otra diferencia que la que hay entre la bondad o
¡pe 2 ¡Tc35¡ Per^eccion en sí misma, y la bondad mandada á otros,
pe ai iunch,. Dios ó el sümmo Bien , difundido á todos los seres
que crió, les mandó juntamente este bien, según
que eran capaces de él» A s i, esto que se llama D e­
recho en nuestra lengua , y en la latina J u s, es lo
mismo jitssum, 6 mandato (i)
N o debió Grocio corregir la ethimología que
le daban Crisipo y los Estoicos , tomando el ori­
gen del derecho y su nombre de Jobe(ü). Por­
que aunque inmediatamente se derive de jussum
la palabra ju s ; pero esta voz nace de jabeo , 6 del
verbo ■mando, que es bien conformé á la voz
Jobs; aquel Ser á qiiien daban el imperio del
Universo. ■ ,
L o seguro es > que aquel Justo o JuBicia
esencial se participó o mandó á todas las cosas que
crió. A l Mar , dice un Psalmo, que puso (3) un
xxix. precepto que no traspasará. Este mandato que en.
pL” !íTin* í°s Proverbios se llama ley , es aquella necesidad á
sensible, sensi- qije silleta todas las, cosas .naturales 1* Jy le obedecen.
ble, y racional: ^
cada cosa en m A los animales dio la misma k y , según eran ca-
í'llíliij» -f 11 » \i
paces de ella, y según, mas convenía a la conssr-
vacion de sus especies, y al bien general del Uni­
verso. A los hombres y á todos los seres racio­
na-
íi) G r o t.d e ju r. freH. prolegoni. n. n . uot. (ra) E x e a ijuud tucrat
ju s j u í t i s t postea jm rif
(i) Gr<ut. ibid . (j) Psalun <4Ír f ,
M áxim as I ííp ía s c o n t r a i o s G obier n o s, i 3y
nales dio esta ley en la mente y voluntad, de qué
nos hizo participantes , inclinándonos hacia el bien
de un modo indeleble : pero dándonos discreción
y libertad para seguir lo bueno que discerniése­
mos , dejó su ley á la determinación y aplicación
de nuestro alvedrio.
Asi és una misma la ley dada b mandada á to­
das las criaturas, aunque no sentida de una ma­
nera. A los insensibles se imprime necesariamen­
te , y la cumplen con una obediencia del todo
pasiva :,a los sensibles se inspira, y la observan,
por impulso de su apetito j y á los racionales se
anuncia para que la cumplan por decreto y elec­
ción de su voluntad. Todas las cosas se inclinan
generalmente á conservarse. Unos fluidos estrivan
contra los otros: El agua resiste al fuego , y cada
parte del Universo se buscasu sitio al través de qual-
quiera otra que la disloca.
Los brutos usan de mas medios, y de suficiente
sagacidad para conservar su vida y su especie:■y
los hombres que tienen mucho mas que conser­
var , y para una eternidad, usan de mas leyes, pre­
ceptos y consejos, que necesitan la conservación de
la vida, de la especie, y la salvación de sus almas,
para un bien interminable.
A presencia de esta verdad se abate aque­
lla sugestión, de que las acciones necesarias para es­
tos respeétivos fines , y las obligaciones al Cria­
dor, y entre nosotros mismos, sean alguna invención
humana, ni algún jpaBo social, ni alguna Lty R&~
gia.
No se dio instante en que todas estas cosas
tuvieran ser , y 11o tuvieran estas obligaciones
i 36 L ib . II. D V I.
is e r t a c ió n

é inclinaciones. V eo(decia(i) Cicerón) que esta fue


la sentencia de los hombres mas sabios; conviene á sa­
ber, que lá ley no fue inventada ni hallada por los in­
genios de los hombres, ni alguna ciencia aprendida
de unos pueblos por otros; sino una cosa eterna
que debía regir al mundo con sabiduría para man­
dar y prohibir. A si decían que aquella L e/ prin-
■cipe era la summa mente de Dios, que obra en todas
las cosas, ya obligando , ya vedando,
xxx. Nada es justo en las acciones ni obligaciones
A!Leí- esen- 0 k y es humanas, que no se derive de la ley ctei-
cuirncncejusta? na (a), como parece que la luz se deriva v baia
impl.ca Derecho j 1 o 1 T» * * J* f 1
, como dei bol. ro r tanto se dice, y muy bien, que la
>/ iifpuant. je^. p^g esencialmente el ser justa. L o primero,
porque lo que no es justo, no es mandado , ni
merece el nombre de jitssum ó de Derecho. Lo
segundo, porque no se funda en el imico titulo
y principio, que es la justicia y ley eterna dada
y mandada por Dios. Como no hay potestad que
no venga de D io s, según el Apostol (3); ni hay
Reyes que reynen legítimamente sino por Dios,
y todos los otros no son Reyes (4) ; a si, no hay
leyes, sino las que nacen de la ley eterna, que
es la misma mente y voluntad eterna.
xxxt, D e aqui e s, que lo que llamamos bueno y
^ r i ^ h o n e s t o en los a&ós humanos, no es mas que
"«*■ una conformidad de nuestras acciones con aque­
lla
(t) O c - lio. 1 . de !cg ij. H ‘,n¿ v iie o sapíencissimarum hnmiimm esse sen-
centiam , legem nec homioum ¡ngcnifs excogita.cam , nec scicara esse aliquod
pnpulorum > sed cternum quiddam quod univenum raundum re g e re t, im-
perandt j prohibendique sapiencia.
(1) I). Aug. lib. de líber, arb. cap. & 6. In témporali lege ni ni! esc
justum i quod non e * l;g e zcerna homines sibi denvíve'iiU -
(j> Ad Korrnn. cap. 13»
(<■) Proverv. cap, í . peí rae Reges re g n m t, Src.
M á x i m a s Im p ía s c o n t & a l o s G o b í s ^ w o s , 3137
l k exa&itud y justicia esencial de Dios, Q uin­
to las operaciones de nuestra alma se conforma- *
ten mas. con aquel orden y exactitud eterna,
tanto serán mas perfeftas y honestas. Quan­
to mas. declínen de aquel orden, tanto mas pe­
can. Esto puede juntamente humillarnos. ¿Pues
quando nuestras acciones serán exa£h.mente ajus­
tadas á aquella idea eterna? ¿Quando no habrá ea
ellas defc&o-s, mayormente fluíluando, siernpre so­
bre un mar de pasiones y de deseos, que no dejan
fijar nuestras resoluciones, ni' embiar derechas
nuestras, intenciones? jO justicia eterna! ¿Quien (1),
entiende, 6 pesa ios delitos? La conformidad, pues,,
de todas las acciones deliberadas cojo, aquel justo
esencial es una oblígaclon, una necesidad , una
Ley. De aquí la ley eterna. V é aquí el fundar
mentó y regla fija de todas las leyes,
E l mismo Dios está obligado á aquella ley
eterna. Su voluntad puede decretar que se haga, o Djo3x^ ^ C(í(.
que no se haga j pero una vez que quiera , ha de dispensarse de
< . < A \ t esta honestidad.
querer lo que es justo, loque es confórme a aquel & u
bueno y honesto esencial que es él mismo, P-or "a‘
esto siempre se ama á sí mismo > siempre se
aprueba, se alaba , y se confiesa , que es sobre
manera bueno. ^Dichosa necesidadI digna de 11a
Dios.
D e esta operaclon no puede cesar, mientras
que , 0 no dejare de- ser , o no se dejare de cono­
cer. Respecto de todas las otras cosas no obra coa
esta necesidad ; sin ellas es felíz. Mas vio que podía
hacerlas, y en efe&o las hizo. Pero todo esto que
Tom. V S hi-
(ij Fililí:, i*.
138 L ib. II.'Disertación V I.
hizo libremente, necesariamente lo hizo bueno.
Esto nos hace notar Moysés, quando refiere la crea­
ción ¿leí mundo. N o expresa alguna obra de Dios,
á que después no añada su aprobación. Firo (dícé)
que la luz era buena', y finalmente <lice que vio,
que quaritas cosas había hecho, eran sobre mane­
ra. buenas. D io s, pues, es el mas exa£to observador
'de su ley eterna , y en todo nos dá egemplo,

§. IIL

xxxm. Crió al hombre capaz de conocer aquel bello


sars a) hombre y justo esencial: pues el hombre nace fundado
impíLlUcn°L« sobre la obligación de amarle, y conformarse con
Gtcináser
. ia itr e l, Dios no puede dispensar al hombre de esta
t r0

obligación, pues que :no .se puede dispensar á


sí mismo. V e aqui en’ el fondo del hombre la
ley ¿terna que le obliga á hacer Jo bueno, y de­
jar lo malo.
Para este objeto,'para este'bueno en común,
y para satisfacerle estos débitos, ‘no es libre él
hombre , ni algún ser racional. Su felicidad está en
conocerle y unirse á él. Por esto se anhelaba un Sa­
bio diciendo : ¿ Quién me moBrárd los bienes ? Pero
<co'mo podía faltar en el hombre la idea de su
obligación mas esencial? A l punto -se responde
■ aquél hombre á sí mismo : Sellada eBd sobre no­
sotros la lumbre de '-vueBro roBro, y eBa bella luz
*dió alegría d mi corazón.
-En esto nos hizo Dios .unos seres semejantes
: á él mismo. Com o ' sus decretos libres se confor­
man á su mente eterna, que es la ley invariable He
-todo Jo justo 5 asi puso dentro de nosotros la men-
tte
M áximas Impías c o n t jú lo s Gobierno.?,. 139
te, que es una lumbre de aquella lumbre qug dirige
las de terminad ones o, decre tos de nuestra iibjre vo­
luntad, ,, D e Dios (dice (1) Seneca) como Autor
„ de la. naturaleza, viene á imprimirse, y á inspirarse
„ en nuestros corazones la idea de lo' honesto; por
„ la qual, según, eldiífcamen de la razón prá&iea,
„ dirigimos, los aéfcós, humanos libres al fin de lo
„ bueno y de lo justo.
Nótese aqui. que no han sido los Escolásticos Jc
los que inventaron^este modo de hablar de los actos Ioí adtgs húnia-
humanos, y de la regla práófcica que los, dirige al guaqueé
bien. Los que por eso se disgustaren de este estilo, UtíUt'
podran contentarse desde luego, viendo ya que rio
es formula de la Escuela ni de losDoftores Eclesiás­
ticos ; sino mas bien frases que estos Doctores apro­
baron y aceptaron.de Seneca, de Cicerón, y de otros
maestros de la eloqüencia secular..
E l mismo estilo guarda Séneca en otros luga­
res., Una regla ( dice ) se nos ha dado para dirigir­
nos; en las virtudes (2) humanas : porque una es la
re£la y simple razón. Ninguna cosa es mas divina
ni mas. celestial: todas las cosas corruptibles, se ele­
van, caen,, se huellan, crecen otra, vez, y ya se ago­
tan , ya se llenan. Y asi, siempre hay en ellas des­
igualdad por éstas diversas suertes á que se sujetan.
Pero la razón no es otra cosa que una participación
S a, ctei

fi) 6
St nec. E pist. <¡ . ad L a c il,
( 2) I d . ep ist* 66 . U n a ín d u c ic u th u m a n is v ir tu tib iit r e c u la . U n a esc r a t í*
re& a sim p iex q u e » n ih il c s t d iv in o d iv iiu u s , C ts le s ti C oslestius : m o rta lia emi«*
*ei> c jC a á a n t¿ d ítc r u iitu r , c re s cu n t 3 e x h a u riu n tu r , im p’ cnvur. Itiicju c in i llis
in t¿tn d iv ersa so tc e in i q u a t k a s ese,- D iv inu ru m una esc n acu ra. R a tio auccnt
a i h í i aíiu d rs c 1 q tia m ín qorpus h um anum p ars d iv in i sp irittis m ersa. S i ra ti»
t f i v i n * ese , n u llu m a u c c n i bonttrn s m c r a c io n e c s t ,b o n iir a o t u n e d iv iu u m c se .
* 4® Lra. II. Disputacíon V ,
del Espíritu divino, inmersa en el cuerpo huiflano.
Crisipo en Cicerón guarda la miaña forma
:de hablar. Vivir cada uno según su naturaleza, esto
se dice fin (i) : no haciendo lo que prohíbe la ley
comun , que es la razón re¿ta que alumbra á todos:
j Ja misma regla hay en Júpiter: este Principe que
gobierna todas las cosas que son.
Como es tán clara y tan universal esta lumbre
que nos muestra las cosas que debemos hacer como
hombres , del modo que el Sol muestra por él día
los cuerpos y partes del Orbe; no hay alguno que,
sin peligro de ser -despreciado por un loco o ■por un
'ciego, niegue que hay un justo y hfnesto; y que
debemos conformar á él nuestros a£tos. Por eso to­
ados quieren ser hombres de bien, y esta es la ala-
tanza favorita que hoy se dan los Filósdfos á sí
mismos, y á quantos quíerenhonrar. Ninguno se
■atrevió liasta ahora a decir que gustaba de ser abo­
minable, torpe, pésimo é injusto. Todos gnhrm la
ju B íd a , como solemos decir
Lo mas que han ’ósado persuadir estos Cynicos
y Filósofos impudentísimos, es que -sustorpezas no
son malas, Aqiii ílegó-el extremo de tos perversos,
-com©dice Ja Escritura , llamando á lo malo bue­
no, y a lo'bueno malo. Hasta aquí es constante para
iodos, á-un para los mas necios , que 'hay en los
hombres lina ley indispensable, que nos “obliga &
’-obrar lo bueno y huir lo mala.

*IV .
l- W h1, ■i i r- i----- ---- --------
r*(l) C ic. de íinio. lib« i , id c itc o íinis tiieitur consentísneé sccunríum natu-
-•Tím^vivcrc.^ secnndum suíim ac universam naturam s n íh íl eorum faciendo
:á cníTimuni Icg c prohíl'cnrur 3 qua? est refta rario ¡n oranes petvemens.^ fcaden*-’
y^ucíii Jí>vc iw e Principe "u b e n u tiu iú s oinmum .<¡u* sunu
M á x im a s L u p ias c o n t r a i q $ G o b i e r n o s , j 4.i

S- IV.
Establecida esta verdad por ella tnistna son ^ xx <v.
Confesada urt&
deshechas las tinieblas c!e losque mientan obscura- j jscicin y no se
cerla, despues de verla y confesarla. Porque si qul-e- cos^^m-
Tcn sinceramente la justicia-,y lo que es bueno;
aborrecerán lo que es contrario á ella. «Quién dirá
lo que es injusticia 4 sino ellos mismos quando la
padezcan?
Quíteseles la esposa que aman, arrójeseles de su
propriacasa, -despójeseles de la herencia paterna, y
entren-se en ella los estraños ; no se íes té hospicio
quando lo necesiten , ni aunque se les vea naufra­
gar , se les deje poner el pie sobre el arena.
¿Dirán entonces los FÜósofos .que no .se les hace
injusticia? ¿Y 'habrá algún hombre que se lo niegue,
si el caso es verdad? Luego no conocemos solamea-
t : con. .claridad que hay una justicia comun, y una
ley general que nos ^obliga á aína ría; sino tambiea
íios son evidentemente conocidas las obras .particu­
lares de justicia y las leyes invariables que conde­
nan aladul ter io , al despojo, aHiurto, y ala inhu­
manidad de n© dar-?hospid© al que perece, n¡ socor­
ro al que naufraga.
Si es verdad que amais la justicia'(dice (i) Da- c^^deida.
vid ), iuzaad re&amente, liiíosde los hombres* d.;,,ldo,ic,,i,Jus-
-i » j- o * c* i t jc u sin tió Ja ¡a
JJon.ae.hace este discurso oan Agustín, 01 de ver- juria deun »dj*L
-dad *lia'

2) <¡y. ir-, i . D . Au£ . sup. eunid, si v tr c uíique ju n ^ ian rivq u im ulb


nullus est-qui sola natura duce nnti a s s ír a t » nollc a ccrd i ab altero ad uao-
it m su " m i , si -i fiirtnm fie n s & qtvi-velit ¡n jiu ia r o p r i> cui ram d iípü ceat pa-
it.-m^üii-jKgari esunentí j percgi iiiuro non suscipi , d ifla rcíju t rarionon naCUr»'
Jc;n u t eatictn .-¡Ujs v c l non Jliciamus mala., tc ) bu:;* pr*stcm i|s-
14*
.■ I<IB, n , DlSJíítTACÍQK VI,
dad hablamos justicia , lo que no hay alguno que
no afirme, ninguno negará por sola la lumbre na­
tural, que no quiere que otro se Hbgue ásu muger;
que se le haga hurto, o se le cause injuria; o á quien
no desagrade que se le niegue el pan quando pade­
ce hambre,a que no se. le hospede quando peregri­
na : y por consiguiente reprobará , que á todos los
otros hombres, se hagan los mismos males,, ó 110
se le presten los mismos, bienes..
Carneades se olvidó de su. sceptidsmo y de
quantas cavilaciones había ensayado contra la justicia,
quando conoció que Mentor su discípulo , trataba
torpemente con su muger. Entonces , dice Nume-
-nío(i), se olvido de sus argumentos.y echó a la
muger de su compañíay prohibió ai discípulo su-
■cederle en el magisterio de la Academia. Los ex­
perimentos desconciertan los raciocinios, que hacen
los Filósofos contra la razón.
Es un código abreviado esta lumbre de la ra­
zón que di&a ío bueno, y detesta lo torpe: y la ley
de Dios que nos manda amar a los progirnos, como
á nosotros mismos , es la prueba de si observamos
dicha ley natural impresa en nosotros. Sobre todo
esto vino el Evangelio , y puso la perfección di­
ciendo, Omnia qitacumque vuliis iitfaáánt vobis ho-
mines, vos Jache Mis : HvEC EST ENIM.
LEX.

____________________
(1} Nuiaenius apud E uscH. praeparat >pag, 73 8 . Me^corem Carneados p rí-
n u m habnir discípulum nnj* tnmea siicccsoreni, cjuod efiini illitm a d lm c vivem *
cu m p ellicc sua, rcpcrcrat »non jam viso tantum p ro ta b íli * quasí minas lio -
ñíiíiem to m p re b e iid c rc t, at suis máxime credens o ccu ib , eumqtifi re re ío m -
prcliCKileiif 1 e ju f d íiu c íp s o p c ió n & cojisiwtUíiÍMCin repudiavit-
M a x l m a s Im p ía s c o n t r a io s G o b ie r n o s . i 43

§• V.

Los que niegan en ;nosctros estas ideas que se xxxvit.


-ti . r \ 1 ' * ^ Estas nociones
llaman innatas , favorecen á los que impugnan esta de u* jusúci»
íiocion dela:justiáa, no adquirida ni aprendida de
hombres, como dice'Ciceron; sino.sellada en núes- s*las
*■*■* *t nacaí.
tro proprio ser : pero mas bien es este; un lugar que ,
desconcierta .evidentemente -aquel systenia.'Todas
las gentes.,-quando no tenían .ley, o quando no la
tienen ,'como (i) dice él Apostol , hacen natural-
snente, ó por la lumbre natural, las obras de la ley.
N o hay algún hombre, ya viva en sociedad, ya
en alguna'Selva o Isla, que no r'epruebe Jas cosas ex­
presadas antes, como contrarias á los preceptos dé la
ley natural. Sentiría.en sí'mísmo violencia, si vien-
:do desde, su Isla naufragar á oti es hombres , los ar-
rojásedela playa., o no les.permitiese llegar .a ella
para que se salvasen.
Casiano (2) ccnserva el discurso:que un 'Santo
^Abad hizo una ‘ vez ■ en faver de esta obligaciqjg.
Cómo desde el ¡principio (dedá) esté infusa en'toda
hombreóla .noticia de Ja le y s e ; prueba .de. aqui ma­
nifiestamente que: sus preceptos.son-conocidós, aun­
que no sepamos leerlos en la Escritura. Y . asi an­
tes del diluvio fueron-observados por-todos los San­
tos ,'ni huboalguno que pudiera'ignorarlos.
E l mismo Yoltaire se admiraba justamente en
.algún tiempo de que un .hombre tan. sutil .como.le
tpa-.
‘ O ) A á Romános cap, u ltím , -
(a) O isia n . C o Ie t.‘ 8. pag. 33. Nam quín sir hoihini omnis scíentia le g ís a b
inicio crcíitionis infussa , ninc manifesté p r o b a tu rv q u o d m a n J a c a legís absque
;fcrene le&íóne ,!«ntc legero, ¿mo.antc diluyium s í á & vs o b se rv a re c o g -
• aoscim us.
*44 Lt@. H, D M TAeídN
parecía L o cke, no conociese que esta idea deí bien
y del mal era, innata en nosotros,
„ H e quedado (i) admirado (dice) de que el
'at» ,, Sabio Locke y en el principio de su tratado del en-
„ tendim.ten.to humano, donde refuta también las
,Tideas innatas, haya pretendido que no hay algu-
„ na nocion de lo bueno ni de lo malo , que sea
„ común a todos loa hombres. Y o creo que hat <su~
w do en un error. ^
Locke se habia dirigido por los cuentos de al­
gunos yíageros, que refieren siempre extravagantes
costumbres de las Naciones., cuyas noticias traen
los primeros. Sobre estos testimonios creyó que ha­
bia hombres tan remotos de toda piedad natural,
que se comían á sus padres y madres.
Otros Libertinos pretenden obscurecer esta idea
del bien y del m al, sentida de todos los hombres,
por otros hechos particulares tomados de algunos
pueblos. E l hurto (dicen) no era mirado como de­
lito entre los Lacedemonios. E n algunas Naciones
ha sido mirado el adulterio , como licito ; y aun á
Oseas parece que se lo mandó Dios. Los Hebreos
^1 salir de Egypto llevaban furtivamente los vasos
y alajas mas preciosas de sus Señores. Con que aun
estos a¿tos humanos , que decimos que son de sí
mismos contrarios á ío honesto y justo , varían se ­
gún los tiempos y los países. Luego ningunas ac­
ciones humanas son de sí mismas honestas, ni tor-
■ ■ pe.sj-

( i ) V olt* R ílig . n atutvpag. ¡J .T * al coujours « té cto n n é > que le sage i o -


cTíc ¿ans ie cosnenceinent de .íün craicó ¿ e l entcn.lcnienc liumain, en refutare si
Jbicil les íd e ii prcícHJ:i qti‘ j l n ‘ y a aucun" nucion clubícu» í f lÍu liia lj
£¡ui soit comune * t»us le» bo¡n;nes. Je proií £jnr í; s! est coqibée la daas u»e
M á x im a s IkPÍÁS C ótttíiA to s G o b ie r n o s . i'4j
pes ; st no fuera porque son mandadas ó vedadas.
Puífendorf, á quien tanto aplauden los Protes­
tantes , cae en este principalísimo error. „ No juzgo
,y (dice) que se debe (i) establecer alguna cosa que
fi prescindiendo de toda prohibición ó ley , sea lio-
„ nesta o torpe, ni hacer de esto el objeto del dere^
cho natural. tJ
Helvecio (2) dice lo mismo. „ Unas proprias
}l acciones pueden sucesivamente ser útiles y daño*
sas i y por consiguiente , tomar á veces el nom-
w bre de virtuosas. “ Y añade: „ que la idea del
,, orden , de la harmonía y de un bello esencial, y
ft por consiguiente inmutable, son desvarios inge-
„ níosos del Platonismo ; pero ininteligibles. “
Ve aqui dejadas las ideas de lo justo e injusto,
de lo honesto y de lo torpe al arbitrio délos pue­
blos,ó al capricho de las pasiones mas vehementes*
Según este , cada uno tendrá por ley á su volun-r
tad , 6 por mejor decir, á su antojo. Lo que cada
tino apetezca , eso será debido. Quien se lo estor­
bare hará violencia á su ley , y le hará injuria. Los
preceptos que me mandan hacer lo que es contra
mi Ínteres personal, 6 contra el placer sensible do
sais pasiones , serán injustos y tyrámeos
De igual modo , las leyes que me prohíbe»
tener o hacer aquello que yo quiera , y me di
- Totn* V, T pía-.

(1) Puíléndorf. lib . de ja r, n atar. & gen tj cay. i i . J . 6. Haurt quaqunm n e-


KSiariur.1 arbitrattiur cum iiounullis strttuerc , quaúam pe: st tirra ormicm im po-
iírío n ím csse honesta atit curpia , & h * c faceré objeclum naturalis ju ris aut
perpctTii,
( i ) H elvet. de í ‘ sprít pag. >J4- I-es memes a ítian s pciivcüt devenir su ccesí'
Temenc uriles & nccesaircs , ou nuisil>les > & par co n sctju cü t> p r e n d e tours a
to u rlc nom de vírtucuses i de vitien ses... C e son: Íes icv 'is ¡a^ e.iieu í , m ais.
¿tüntcUgtblcs cU Platoqism e. .
t ¿6 L ib . H . D i s e r t a c i ó n V I .
placer, serán igualmente Injusta.?, y contra los prin­
cipios esenciales del bien moral. Pues ni deberé ha­
cer lo mandado , ni omitir lo prohibido. Véaqui
disipado el fundamento de toda la Legislación, y
dejado cada hombre á vivir según la ley de su-
propría voluntad.
Asi hablaron estos impíos , que nos dan por:
maestros de prudencia y del Derecho, nopensando
reUámente. consigo mismos ^i), ni considerando el
principio de las cosas. Se creen sabios para desco­
nocerse, e ignorar al Dios que los hizo. Buscan
solamente razones para obscurecer á la razón.
- A l fundamento con que se quiso engañar Locke,
respondió Voltáire , y no mal, diciendo. „ A todo,
viagero que me refiriese , que los Selvages por
égemplo, comená sus padres por piedad, me per-
*, ñutiría responderle, que en primer lugar el hecho
P) es muy dudoso : lo segundo , que en caso de ser
cierto , lejos de destruir la idea del respeto que
se debe á los padres, es probablemente un modo
Vi barbaro de mostrarles su ternera , y un abuso de
„ la ley natural: porque aparentemente no se mata
„ al padre oá la madre, sino por librarlos o délas
incomodidades de la vejez, o de los furores del
p, enemigo: y si entonces se les da sepultura en el
„ seno filial, en lugar de dejarlos comer á los ven-
,, ccdoi'cs, esta costumbre , por terrible que seima-
„ gíne, nace con todo eso necesariamente de alga-
„ na bondad del corazon. “
„ La Religión no es otra (f) cosa <}ue esta ley
„ que se conoce en todo el Universo j haced á otro

{i) Saju.uc, udi iup. lícita en lu certou o lo <¿ue es una pacte.


Máximas Impías óótffftA tos Gobiernos. 14 7
„ ío que quisierais que se hídese á. vos mismo: pues
tt el barbaro que mata a su padre por salvarle de
„ su enemigo* y le sepulta en su seno ,, de miedo
„ que no tenga á su enemigo por sepulcro * desea
„ que su hijo le trate en igual caso del mismo rao-
„ do. Esta ley dé (1) tratar á su progimo como así
„ m ism o» corre naturalriiénte por las Nadones mas
„ groseras j y se hace o ír, tarde b temprano, en el
„ corazón de todos los hombres: porque teniendo
„ todos la misma razón, es,necesario q u e , tarde o
„ temprano, se asemejen los frutos: de este árbol i y
„ ellos se parecen realmente en que en toda sbcie-
„ dad se llama virtud lo que se cree útil al común.
„ Que se m e halle un país, una compañía de
„ diez personas sobre la tierra donde no se estime
„ lo que se sienta útil al bien de todos , y enton-
„ ces yo convendré en que no hay alguna regla
„ natural. Esta regla varía infinitamente ; no tiene
„ duda: i pero que se concluye de a q u í, sino que
j, ella existe? La materia recibe á cada paso forma*
„ diferentes; pero la materia siempre mantiene sw
9t naturaleza.
„ Se nos dice por egemplo que en Lacedemo-
„ nía el hurto era ordenado: esto no es mas queutt
,, abuso de palabras. L o mismo que nosotros llama-
„ mos hurto, no era mandado en Lacedemonia;
„ sino en una Ciudad donde todo era com uii, la
„ permisión que se daba de tomar con destreza lo que
T 2 „ se
(1) V o lt, ubi sup. Ainsi cout voyageur <¡ui tn£ diva par estemple , que des
(a u v ig e s m an jcu t leur pere Bf ¡eur mere par pirie » me permccra d e luí repon ­
dré , qn‘ en prem ier lieu le filie esc l'trt douicux : secm iletnenc .. Le tie Se 1c
patín eriíc ui>e crinK done c e q u " uous appcllons (¿rcin , e t'ú c la pjnítiort , 3 C
cliez. eux , Sí c h c t nous i: y airoit de la re^ lep o a r la q u cllc líie u uuus ¿ file s
cwnmc il á Fait l«s formis , p o u r r iv r e ensem blc.
148 L ib. IL DíSEatacíoíj VI.
„ se apropriaban los particulares contra la ley, era
„ una manera de castigar el espíritu de propriedad
„ prohibido en estos pueblos. L o que nosotros lia—
„ mamos hurto, era allí el suplicio de lo mió y lo
,, tuyo, que valia entre ellos por un crimen: Y asi
m para ellos'como para nosotros habia esta regla,

Mpor la qual Dios nos ha hecho; asi como ha he-
„ cho las hormigas para vivir ensociedad.4t

VL

tl, Es cierto que esta costumbre de Lacedemo-


Altainos esíusan . . T. r
1,-icv que apro- nía se alega continuamente por egemplo de una
balvi. ci füirto /o ■ • ? j* j • ■
entre Jos zacc- practica inhonesta, y atendidas sus circunstancias, no
ja apruebo jpero no parece tan inescusable contra la ley
natural. Mas inescusable es por parte de las resultas
contra la buena educación. L o primero, se debe ad­
vertir que no era permitido quitarse sino las cosas
domesticas y de corto valor , como algunas espe­
cies de comer. L o segundo , esto se hacía por con­
sentimiento universal y reciprocó, y con la autori­
dad pública.
& E l fin cíe está ley o costumbre: era adiestrar 4
los mozos en sórpresas y ardides , qiíe estimaban-
utiles al comuft de tifia Nación toda guerrera. Por
este interés común renunciaban los Ciudadanos la
propriedad de aquellas cosas qtie eran el objeto de-
estos hurtíllos, Con la condiciori de que para hacér­
selas suyas, debieseíi los mozos tomarlas con tal
destreza, que no fuesen sentidos*
l Quién dirá qüe tina sociedad dé familias no
puede paitar mutuamente entre sí esta cesión de.;
todos3o de algunos desús bienes particulares, etiJ
es-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a tos G o b ie r n o s . 149
estas o en otras circunstancias? N o tiene este paito - -
n a d a repugnante al derecho de alguno-. prescindo
aqai de si era contra la disciplina de la sociedad.
Nadie se daba per injuriado en Lacedemonia de
que el vecino le tomase la perdiz , ¿a zorrilla , el
añade , ni otros bienes semejantes. Sabía que lo
perdía por el mero hecho de descuidarse en guar­
darlo, y que el otro lo hacía suyo en premio de su
sagacidad 6 de su vigilancia. E l se reparaba de su
perdida, si podia disponer otra sorpresa igual; y asi,
por consentimiento de cada un o, y de la autoridad
pública, se traspasaban estas cosas de uno á otro,
y se hacía un juego continuo de las represalias. Otras
costumbres tubieron mas barbaras y torpes
que esta.
Asi viene á resultar de ella poca o ninguna difi­
cultad contra la fuerza del derecho natural, y mas
bien se confirma, y se reducé a él. L o que es­
te prohíbe , es quitar lo ageno contra la volun­
tad de su dueño. Pero si el dueño cede el dere- •
cho á su cosa , ya el tomar esta no es malo; por­
que tampoco es hurto.
Este es él pensamiento de Santo Thomás , y , XLI- .
• ** - b / < Nn cometieron
con que satisface a otras dudas semejantes: (1) hurto ios He-
Quando los hijos de Israel ( dice ) tomaron los
,, despojos de Egypto por precepto de D io s , no mícldiq-
v____ ,. co-
f i ) D , Thom . 1. 2. q. to o . .i. 8. ad 5, Quando ü iii Israel praecepto D ei cuie*
íu n t ^ y p t io r u m spoJía * ncm fuie fureum s quia hoc e u debebatur e x sentencia
D e i í sím il írer Sí Ábrahüm cum consentit occíderc filium 1 non co itírn tit in ho-
líiicjdinfP) quin defritum crac cum occidi per manda tum TTei 3 q u iesc dominús
v i t r & m o ras, Jpse cnim est (jui pccnam m ortis in fligir ómnibus > justis & in**
Justis pro peeca.to primí parentis : cu fus scnccticíz j si homo sit cxcciiror d iv in i
¿u ftori tace, non crit hom icida sicut íicc Dcus. Ec siuülíter etiam O e a s necedcns
ad uxorcm fornícariam > r e í muíicrem adu'terafti} non est n cecHíitus »tiec fornt
riituSjí.Tiii.1 acccsic ad cam qua: sus $rat s<ximdutn xnamintuiu di ViíttW > q^i Clt
in stitu rio n ism atíim o aa , ' * -
150 L ib . I I . D is e r t a c ió n V I .
„ cometieron hurto, porque aquellos les eran de-
„ bidos por la sentencia del mismo Dios. De k
„ propria manera , quando consintió Abrahán en
,, matar á el hijo, no consintió en algún homicidio;
. „ porque era debido que Isac muriese por el pre-
,, cepto de Dios , que tiene el supremo dominio
n de la vida y de la muerte. “ Esto le toca por
autor , por conservador, y por absoluto Señor de
los hombres. ¿Por ventura, el Alfarero no tiene
potestad para romper el vaso que acabó de formar
de su barro?
Pero añade Santo Thomas otra razón de este
supremo dominio que tiene Dios para sujetarnos
A sentencia de muerte; y es el crimen capital que
cometimos todos en el padre común que pecó,
no solo personalmente , sino como representante
de toda su especie* Acerca de este crimen ori­
ginal deliran los nuevos Filósofos con el mismo
aturdimiento que sobre todos los derechos divinos
y humanos. No ven un derecho, quasi tan gene­
ral como el de gentes y por el qual un reo de Esp­
iado es depuesto de su nobleza, y le son confis-r
cadas sus ricas posesiones; no solo contra e l, sino
contra el derecho de su casa y familia, quedando
toda envilecida y pobre por un padre que rebeló
contra el Soberano; y esto aunque haya sido un
delito, personal, y no cometido a nombre y re­
presentación de sus hijos.
Dios es quien puede sujetar á pena de muer­
te todos los nacidos, justos é injustos, por el pe­
cado del primer padre. Si el hombre fuere egecutor
¿le esta sentencia por autoridad divina , como Abra-'
tián , no será homicida ¡ como tampoco lo es Dios.
M aximas I mpías contra tos G obiernos. 151
* De igual modo quando Oseas se llegó á la XL1Ii
muger prostituta o adúltera , no cometió pecado
de mechía, ni de .fornicación; porque se llegó á
la muger que ya era suya por el mandato de Diosj
que es el autor de la institución del Matrimo­
nio y de sus derechos indispensables por otro al­
guno.
A s i , pues , los mismos preceptos del Decálo­
go son inmutables en quanto a la razón de justicia
que contienen : pero en quanto a ciertas determi­
naciones o aplicaciones que admiten , (de modo
que esto o lo otro sea , o deje de ser homicidio»
adulterio , hurto) en todo esto son mudables. A l­
gunas veces solo por la autoridad divina ; convie­
ne á saber, en aquellas cosas que solo son estable­
cidas por D io s c o m o en el Matrimonio, y en
otras semejantes : otras veces puede mudarse su
aplicación por la autoridad humana; conviene a
s a b e r e n aquellas cosas de que somos arbitros , o
que están cometidas á la potestad de los hom.-'
bres. Porque en quanto á estas hacen los Prín­
cipes las veces de Dios 5 pero no en quanto a la*
cosas que se reservo.
\

$. VU.

Esta misma justicia natural, o esta ley ctef- :*mt.


na, impresa en toda la naturaleza , es distinta del ^
derecho de gentes en aquello mismo que se dis-
tingue la naturaleza universal de la naturaleza ra­
cional , o en lo que va del genero á la espe­
cie. E l derecho natural es el que la naturaleza en­
seña á tedos los animales, como su conserva-
clon, ‘
L ib. II. D isíhíacíon V L
cíon (i) ,1 a procreación (2), y el amor y educa­
ción de los hijos (3) , la defensa de su vida (4) y
la de los mismos padres.
El derecho de las gentes es el que la natura­
leza racional enseña á los hombres. Aun los otros
preceptos generales a todos los animales, están en
los hombres mas descubiertos é ilustrados por
esta lumbre de la razón; pero en los animales se
ven infaliblemente observados y seguidos por utt
instinto , que es la determinación del Criador.
Según se alargaban las luces, y se estendian
las explicaciones y conseqíiencias que la razón sa­
caba déla ley natural, impresa en ella; asi crecía»
las leyes, y se daban varios nombres á los derechos.
También se han llamado de Gentes aquellas leyes
que comprehenden á los hombres de mas de una
Ciudad, o de una Nación , y unen á diversas gen­
tes por unas obligaciones que son fundamentales
a la conservación de cada una de por sí, y de ¡todas
juntas; como no turbar los limites que las divi­
den; no quitarse mutuamente la libertad, los co­
mercios , ni el uso de aquellas cosas necesarias que
ofrece el suelo á sus naturales ; ní turbar sus le-*
yes y costumbres proprias, quando no son coa-*
trarias á la ley de la naturaleza,
A
,1 m p. ) 1 " " . >1 * 11*
{ i) C ic . de F in ib. lib r 4. Oinnis natura v u lt «sse conseiTRCriK sui ut f t
sit , 8c iy genere conseryetur,
(i) Orane adeo genus in te n is hem inum quí , fer^ruinque►
Ep genus sequoieum , pecudes , piílseque vnlucres
In turias > ignemqne ruunt ; amor orauíbus itlem. V ir jíl. Cem gicar.
(j) Liban, declam at. 1 6. Sunt parentibus de liberis la t * leges , m ulta
liis q u e seriptE sunt yenerabiliores ab ipsa natura in ñ xx ac staLiiLits , que
votun i proorcatofes suis liberis máxime fa v e r e , 6c on n es pro ipsis íabo»
res subiré.
' (4.) C íe . in T o p ic. N 'itura p a rtís babee duas > cuinanem sui , & ulcis-.
« n d i ; us: & L - 4 - ff- ad L e g . A q u íl. A d re rs iii pcnculM-m n w u ra lú ratto per-
OHtcic s? defenderá.
M a x im as I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 153
A esto llamaron algunos Derecho Publico , por­
que saliendo a una esfera más extensa que la de
cada nación, obliga á los Soberanos entre sí mis­
mos , y á todas las Ciudades y Repúblicas , que en
ninguna cosa dependen unas de otras. También
(y esto es mas proprio) porque regula los oficios
públicos , asi de los Príncipes, como de los Magis­
trados , como de los Legados. Muchos varían estos
nombres según los diversos respetos que íes juntan.
Si se ama la precisión, puede llamarse Derecho Na­
tural el que toca á los hombres como partes prin­
cipales de la naturaleza : Derecho de Gentes, el que
toca á todos , y á cada uno por ser hombres: D e­
recho Civil, el que toca á los Ciudadanos: y D e­
recho Público, el que toca á las Ciudades. Derecho*
Divino , el que enseña los Decretos o voluntades,’
que Dios ha manifestado á los hombres, como lla­
mados para ser consortes de su gloria : y Derecho
Eclesidñico los preceptos que recibimos de los Apos-»
toles y de sus sucesores para vivir como miem­
bros de la Iglesia. Pero todos estos derechos no soir
sino explicaciones y conseqíiencias (i)d e una ley
eterna, que se acomoda á cada cosa según su ca­
pacidad y fines: ó diferentes reglas para condu­
cir el corriente de la justicia, á que riegue, y d£
forma á las acciones públicas y particulares de la
vida humana.

Tom.K V §.VÜL
(1) D. Thora. 1. i . q. 94. a. 4, Dicendum quoii jus gcuuum est aiiqaa-
modo ñau: rale homini sccuedum qsiml esc ratiíinnte, in quantum dcrivaoic
a lcge nftturali per modum conciasianis >qiiatnon ese muiruin remata k princi'
pijs ¿ unde de focili ¡ti hujusniodí hollines conscnsciunt. Distiaguítur timen &
lcge juciiiaLi máxime ab ce jare quod esc ómnibus aninulibas commuac.
1 54 L ib . IL D i s e r t a c i ó n VI.

$. vm.
D el mismo germen eterno e incorruptible, con­
siderado y explicado mas y mas por los Legisla­
dores , han nacido tantas leyes sabias y justas, que
han dado un hermoso orden alas acciones délos
Ciudadanos. Estas fueron los Senatus consultos, y las
Leyes Regias, las Costumbres, las Constitucio­
nes Imperiales , los Estilos, las Decisiones , las co­
sas juzgadas.
La necesidad de estas leyes proprias de cada.
Nacion y Ciudad es tan conocida y sentida
para mantener el orden entre los particulares, como
las leyes Públicas , o de Gentes para que unos
Soberanos estén seguros de los otros, y las Naciones
tengan paz en sus confines. Con ser tantas las leyes
civiles, se siente muchas veces la necesidad de mas j b
para ¡decidir las dudas que nacen, ó para cortar las
controversias freqüentes sobre intereses y acciones
singulares.
Cada Nación tiene colecciones, y cuerpos in­
mensos , donde por títulos y libros están digeri­
dos , y ordenados los casos que se han resuelto,
los rescriptos que se han dado, las providencias
públicas que se han tomado , y aun las opiniones,
co n su lta s6 sentencias délos Sabios que se halla­
ron provechosas, y dignas de que la autoridad sum-
X L IV . má las aprobase, y diese fuerza.
P o i los cuerpos
de las Leyes se Quando leo , ü oygo hablar con menosprecio
refrena la osada
ignorancia de de todos los libros que se dicen de CasuiBas, sin
los que hoy m o­
fan s todos los
hacer discreción entre los malos y buenos; me
timína!. confirmo en que muchos de los hombres que se
creen
M axtmas I m pía s c o n t r a i o s G o b ier n o s. 155
creen sabios, no son sino un vulgo, ó mi reba­
ño conducido por el miedo, ó por la contempla­
ción al gusto de su tiempo.
Estos libros son en la Moral unas colecciones
de dudas ocurridas, 6 que pueden ocurrir, consi­
deradas y decididas por las reglas invariables de la
razón y de la Religión. Su utilidad es notoria para
muchos rudos , ó que son menos peritos en la cien­
cia de la Moral, que lo fueron los Doctores y Sa­
bios que los meditaron y escribieron; Si observa*
ramos atentamente todas las cosas humanas, vié­
ramos que los derechos positivos no son sino unas
sumas de casos, y de resoluciones sele&as; he­
chas , ya por los Sabios, y ya por los Senados 6
Príncipes; juntas en los Dígestos, Decretos ó
cuerpos de constituciones,ya civiles 6 seculares, ya
Eclesiásticas o Canónicas.
La ignorancia humana y el tumulto de las pa­
siones nos turban en cada paso de la vida , y ape-r
ñas vemos lo que nos diíta. hacer u omitir la
lumbre natural. De aqui resulta la necesidad de
que otro juicio mas sereno y tranquilo venga á
formar nuestras acciones, y á darles el acierto. Si
todos fueran re&os y sabios, con una ley sola
se dirigirían bien, y estarían de conformidad los
unos con los otros. Porque tiene tal fuerza esta
lumbre de la razón, 6 este rayo de la ley eterna
que nos alumbra , que una vez descubierta, aun­
que salga por la voca de un niño , postra y vence
a todo hombre, como sus pasiones se lo dejen ver y
sentir. Asi oímos que el pequeño Cyro corrigío y con­
denó la destemplanza de su abuelo Astiages; y el in­
fante Daniel reformo el juicio de los Jueces iníquos.
V 2 Jun-
i j- 6 - L íb . II. D is e r ta c ió n VI.
de Junto á esto me han parecido siempre admi-
íl^s 1jgi¡:csrio- rabies aquellas dos singulares sentencias del Apos­
t e s i-c „a.a- J7n una <Jíce ( i ) , que la ley no se ha pueBopara
$ juBo. En otra parte dice (2), que elju B o , 0el es­
piritual h juzga todo. N o quiere aqui decir que
el justo es un hombre sin ley ; ni que el espiri­
tual se debe meter á juzgar temerariamente los
hechos ágenos, públicos ó domésticos.
Solamente enseña el Apostol, que el justo,
esto es , el hombre unido al principio de la justi­
cia, no necesita de las leyes que nacen de alli. Quien
tiene la raíz y tronco del árbol, no necesita, para
unirse á é l , tomar las ramas que estiende liácia
todas partes. A llí se refrigera con su sombra, y
gusta de la dulzura de sus frutos.
Tampoco el espiritual ó el justo tiene algún
oficio de Magistratura sobre el pueblo : pero como
son irreprehensibles en sus obras y en sus pa­
labras , hablan justicia , ¿quién es el que puede re­
vocar sus pronunciados ó di&ados, ni adonde
se apelará de sus sentencias? <Hay algún Tribunal
superior á la justicia? Asi su juicio es irreforma­
ble ; y él juzga y reforma todos aquellos juicios
donde faltó la equidad 6 la verdad.
Slvi. L os errores andan ordinariamente cerca de las
fo/d^Vidcf' verdades y su vicio consiste en no llegar á ellas,
pie 0 en Pasarse de e^as* Junto á las verdades que dejo
fados. JS>y K dichas, anduvieran W ic le fy sus sequaces, y erra-?
ron desde que se excedieron en decir que los Pre­
lados y Magistrados dejan de serlo, luego quq
caen
( i) j . Ad T h im o t. cap. í . 'f r . 5 . Q iiia Ju sto t e x tion est posica.
( i) j . A d C o riu t. cap. 2. jt . 1 j . Spiriíualis aureifi jt i i c a c omnía,
MAxrMAs Impías c o n tr a io s Gobiernos. 157
caen en hechos torpes: y por el contrario, que los
particulares, quando son honestos, son por el mero
hecho Sacerdotes y Jueces, y pueden corregir y
castigar á sus Príncipes.
L a verdad, que no debe perderse entre estos
disparates, es que la justicia , dicha y pronunciada
por. qualquiera, arrastra el respeto de todos los
hombres; y que los Reyes y Prelados mas emi­
nentes, que son iniqiios en s u s obras d e n sus sen­
tencias, pierden él vigor que el buen egemplo, da
á su autoridad : y aunque todos respeten , y de­
ban respetar sus dignidades, detestan -interiormen­
te á sus personas con sus hechos y d ich os: tan­
to va en quanto á esto del varón justo al po­
deroso. :
¡Oh justicia! Pulcritud que nunca se marchita,
virgen que nadie corrompe (1), imperio que nin­
guno vence , virtud que nadie resiste , amable so­
bre todas las cosas para los buenos, temible para
los m alos, y principio del orden, de la harmo­
nía , y de la amenidad y decoro qué hay en el
U niverso, y en el mismo D ios que se eleva sobre
los Cielos.
Los que nieguen este origen divino , ¿de don­
de tomarán la corrida de su legislación? ¿Del
amor proprio con que cada uno se ama perdida­ X L V 1I-
Absurdos d : las
mente á sí mismo? ¿ Qué leyes generales é impar- m áxim as de lo s
cíales nacerían de esta fuente de parcialidades? ¿Qué tilóscifuE saiírc
la legislación .
Magistrado ó Legislador podría convinar entonces
los

(1) Ju stin a, est v irg o , ¿ te m o urtum qu2 ab J o v e Jucicj


Augusta , & v c n c ü o t U D ij’s , qui jeto; i n O lim po, H r iU i.
t j B L ib .'H . D i s e r t a c ió n - V I .

los intereses de las personas? Supongamos que


Pedro y Pablo aman para su proprio honor ó sa­
tisfacción un grado distinguido, ó una misma he­
redad , ó una misma esposa. Si el Magistrado ad­
judica esta cosa, o esposa á uno de ellos , hará
injuria al otro. Si muchos competidores concur­
ren á llevar un objeto, que es solo e indivisible,
declarado á favor de uno, queda ofendido el gus­
to y el interés personal de todos los otros. Pues
según esto, la sentencia y el Magistrado causa­
rán mas agravios que provecho 5por mas dkH ra-
ments que maneje estos principios que le enseñan
los Filósofos.
¿En qué imposibles no empeñaría este fana­
tismo á los Príncipes y Senados? ¿Cómo podrían
hacer justicia á todos , sí esta justicia fuera el pla­
cer de cada uao, quando estos placeres son in­
compatibles en un objeto limitado? No se halló
medio para que el mismo escudo de Aquiles se
pudiese adjudicar a un mismo tiempo para Uli-
ses , y para Ayáx.
El hombre no se contenta con qualquiera
cosa, ni d i partido. ¿De donde nacen las guerras
entre las Naciones, y las reyertas entre las fami­
lias? Las mas veces se fundan en que muchos
quieren una misma cosa. Con que la le/ , que de­
cidiese estas controversias, siempre sería injusta
por alguna parte ; y no podría evitar el quebran­
tamiento del principio fundamental que es la sa­
tisfacción del placer sensible de cada uno. Con que
ninguno, á quien se hiciese este agravio, debe­
ría obedecer á la Ley. Siempre. serían las armas
!a última razón; j el mas fuerte tendría mejor
M á x im a s I m pías c o n t r a l o s G obier n o s, i 59
derecho. El débil, y el mas recio, simple y sin
dolo, sería reo.
Con que deberían todos estudiar en armar la­
xos , y en hacer aguardos para cazar los unos á
los otros. Porque siendo la summa ley de cada uno
su placer y su interés personal} todos los medios
que por sí lo llevasen á dicho fin, serían de la
misma linea moral. ¿Que theatro de atrocidades,
de atropellamientos, y de ultrages no sé vería
hecha en un instante la Ciudad , si esta bárbara
política se entablara! ¿Qué padre estaría seguro del
hijo? ¿Qué marido de su esposa, ni ésta de su ma­
rido? ¿Qué señor se fiaría de sus domésticos? ¿Que
honestidad sería respetada? Ningún incendio, nin­
guna peste, ningún enemigo, por feroz y bárba­
ro que fuese, asolaría mas presto un país. ¡Que.
desorden! ¡Qué batirse los unos contra los otros,
y huir cada uno de todos!
Esta imagen de la República no hace temblar
á los Espíritusfuertes. Ahora muestran que lo son,
porque son capaces de ver sin pavor caer al rede­
dor de sí las ruinas del Orbe. ¿Pues qué ha suce­
dido de triste, dirán? ¿Qué inconvenientes tienen
los adulterios» la sodomía, los robos délas don­
cellas , los parricidios, las alevosías , los hurtos , y
toda sorpresa, que nos abra camino para nuestra
satisfacción propria? NueBra fuerza debe ser la ley
de nuesira justicia.
No se imagine que hacemos nosotros estas con-
seqüencias por acriminar su systéma. Ellos mis­
mos las sacan, y las hacen valer. Según Espinosa
(y en esto convienen todos los Libertinos) la vir­
tud del varón, es la misma que llama la Escri­
ta-
16 o L i b . II. D i s e r t a c i ó n V I.
tura, la virtud del caballo. Por esta se miden las1
-regias de las costumbres. Nada hay mandado , ni
prohibido por sí mismo (dice Puffendorf): nada
es honesto 6 Inhonesto : todo es indiferente : y aun
todo es bueno dirigido por el impulso de la na­
turaleza. E l que tiene mas fuerza para prevalecer,
este es mas beato.

A R T IC U L O IV .

LO S F I L O S O F O S D ISIPA N L A
legislación humana, arrojando expresamente
de ella el orden d la vida
futura. '
§. I.
I llegan los Libertinos á este chaos de mons­
S truosidades, por enturbiar á los hombres la
fílente y origen invariable de lo justo y hones­
to , no los precipitan en menos abysmos por qui-<
taríes el respeto mas sagrado que tienen las leyes,
y todos los derechos. La misma necesidad tiene
la moral y la política de conocer el ultimo fin
del hombreque.de entender su principio.
xtvm. Samuel Puffendorf (1) es juntamente repre-
fir r o td e Pufrcn-
«loft*condenada lien- >
por Leibflin:,
íl) Paffeudurf.de o ffic.hom in .Sí ctv.p rifat.Q iiain q u am ani ñus Konúnis iiüit
50I1ÍID ardenti curo affeftu im morcalitaci yeluc iminincaL >suique dcstlu&ionern
vehem enter a re ise tu r ¡ acque inde apud plerosqae Gencilium in o lsrcrit p é i-
suasio de anim e á corpore separaíz d uracioitc, Se quod 'tune bonis bene>;
m ilis male sit fucurum , ejusm odi cunen circa h * c persuado , in qua aniraus
hom inis firm íter, Se plañe acquicscere p o ssít.sx solo vcvbo t>ei auritur. Iodo 5 :
ju iis naturalis scica a d fon itu d um uM C íiutiLíttHH etys& nnc 3 ijutjd ultra hanc
vitítm tese non c n o n d ic . ■• .
M a xím á s I m pía s c ó k t í u ló s G o b íe íw o s . i 6&
hendido por Leibnítz, porque tratando de los ofi­
cios del hombre y del ciudadano, diee que bas­
ta el conocimiento de la vida presente para cum­
plir con ellos, sin tener consideración a otra vida
futura. Aunque el ánimo del hombre (dice) sien­
ta un ardiente afeito hacía la inmortalidad , y ten­
ga vehemente horror á la corrupción; y por tan­
to los mas de los pueblos estubieron en la persua­
sión de la duración del alma despues de la m u e r ­
te , y de los destinos contrarios que tocan á los
buenos y malos ; con todo eso , esta persuasión se
funda solamente en la palabra de Dios ; y á esto
solo debe asentir firmemente el hombre. De aqui
es que los preceptos del derecho natural solo mi­
ran al fuero humano, j no se alargan mas allá de
esta vida.
Leibnitz corrige este errado principio : por­ TranJttx.
ca á la
que como él dice , aunque fuera tan cierto, como risfu-udencú <4^
su paree m is nis-
es falso, que por la razón natural no puede adqui­ blc que es «1
a bien 4 e f
rirse un conocimiento demostrativo de la inmor­ sétimhoraore*
talidad del alma ; bastaría con todo eso el que se
tupiese. N i son despreciables el consentimiento
de todas las gentes, y el deseo innato de la
inmortalidad. Pero á todos ofrece un argumento
firme y obvio el mismo conocimiento de Dios....
Porque no puede dudarse que el sapientísimo y
omnipotente R eítor del mundo haya destinado
premios á los buenos, y castigos á los malos; 1»
que lia de tener egecucion en la vida futura,
diante que en la presente muchas culpas quedai*
im punidas, y muchas virtudes por compensar. Por
tanto, despreciar ahora el cuidado de la vida ve­
nidera, y quedar contento en el inümo grado
Tom, V, X dd
16 3 L ib . II. D is e r t a c ió n V I .
del derecho natural que pueda valer aun pata el
Atheista, es mutilar á la Jurisprudencia de su mas
hermosa porcion, y quitar muchos oficios de la vida
presente ( i ) .
Este ciego y descosido principio de los Filó­
sofos legisladores es el que puso PufFendorf por pre­
facio de su libro y es cierto que en quanto a esta
fue alga singular, o al menos se ignora á quien imi­
tó. N o á los Christianos ; y se guardan bien de esto’
los que no miran á JesU-Christo y al Evangelio
sin un odio , que no pueden esconder en sus corarzo-
^ ncs podridos. Pues de los Gentiles tampoco m i- -
tó á los que tal qual merecieron el nombre de sa­
bios. Platón y Cicerón pensaron qué debía ser
muy contrario- á lo dicho el proemio que se pu­
siese á las leyes. Desde luego quisieron que se anun­
ciase á los hombres el principio de donde nacen,-,
y el fin para que han nacido,
i.- , L o primero que se persuada á los Ciudadano#
»tn^apusoPüF- (dice (2) Cicerón) sea el creer que Dios es Mode-
fc r fd o r fs u P r e fa -
tr o a l D e r e c h o .

(i) E p is t, a d G c r h . W o 'th - M o la n , v o iu m . 2 .- E p isto la r. c p is t. ad d iv e rs o s :


V c r u m em m v e r o , l i c é t cam v e r a r a e s s e t , q u íin fclsu m ese in m o rta lita s te
a n i in i p len am d cm o n scra tio n em i n a tu ra li ra cio n e nun suppeditaj-i : su fJ ícc-
rcc t a m ín ..... fíc q u c s u r consensué o n n iu m p en e g ín c iu m , a u t d c s id e r im jí
im m n rta lita tís íp e r n i p a s u n t j s t d firiium i a r g u m c n tu a i & o b v iu m ó m n ib u s
íu r e r t e r a 'n o n piíetercatn s u b tilio ra ) p v í b c t ip sa d jv iiú N u m in is a r 'n itio . N e -
iiu c chirn d u n ita ri p o te s t R c fto re m u riiv e rsi s a p ic n tiís im u ín , eum dcftique pdtfcij-
tissim u m bo n is p rs fu ia , m alis partías d e s tilia s te j e s e q u id e s tin a ta fn fu tu ra
■vita quan do in h i c p r z s e n ti p lera q u e im p u n it a , im p e u sa ta q u e tr a n s m ita
co n sta r. I fa q u c n c g lig c r c b ic futura; v i t i curarn- qii<c cum p ro v id e n cia d iv in a
in s e p a ra b ifite r c o n n c x a e s t > & co n tcn cu m csse in fe rio v i qtiodam ju r is n scu rs lis
g r a d u ,q u i e d a m ap&id Athacum v a le r e possic s e st s c ie n fia m p u k h e r r im a s u i
p a rte m u tila re , & m u ltá h u ju s q u o q u e v i t * o ffitia to lle r e j s ic u t a n u áis í t f
<üio ■lo c o plaflaro e s t.
( 1 ) G ic . lib . a . d e ie g ib . c a p .f . S it ig ic u r h o c p ersiiasiim c iv ib u s , D o m in o *
esse o m n iü m rcru m ac m o d e ia to re s JJeps , ca q u e ’ quse g c rü n tu r , co ru m g e n T*
di’ciorie a c N u m in e : eo sdem qu e ó p tíriic d e g e n e re horninum n iereri , ¿ 'q u a -
Jís q u isq u e s it , q u id q u c a g a t , q u id in se a a m k t a t , q u a m en te 3, q u j p iccacc
c o la t re lig io n e s , in tu e r í , p íoru m q u e 3 Se im p io m m m o v e ré ra tfo n em . H is
í.iütD rebus im b u ta m en tes h a u d s a a e a b h o ír e b u n s a b u t i l i } & v e ra se n te n -
tía...»
M a x im a s I m píá s c o n t r a l o s G o b ie r n o s , i 6 3
ra’dor y Señor; y que quanto sucede , se gobier­
na por su omnipotencia , imperio y dictamen : que
juzga equitativamente del meritc? de los hombres,
y que segun fuere la vida y condu£ta de cada uno,
la piedad con que cultivare la R e lig ió n , y todas
sus obr^s i todo lo escribe ó nota , llevando una
exafta qiienta y razón de los píos y de los impíos.
Despues que los Ciudadanos estén imbuidos de esta
persuasión, no aborrecerán las sentencias útiles y
verdaderas. ¿Qué cosa es mas cierta , que el que
nadie debe ser tan arrogante, que viendo en-sí mis­
mo una razón y un espíritu que ordena las ideas,
los discursos y los hechos, juzgue que puede fal­
tar en el Cielo y en todo el Universo.? Mucho
mas si se advierte, quantas cosas se hacen firmes por
los juramentos, quantas alianzas se hacen sagra-*
das por la R eligión , y quantos Ciudadanos se abs^
tienen de los delitos por el miedo del diyino supli­
cio. Finalmente ¡quan santa debe ser la sociedad
de los hombres entre sí mismos, teniendo a los
Dioses inmortales por jueces y por inspe&oresí
Tienes con eBo (concluye) hecha el proemio de la ley,
porque asi llamó Platón a eBefundamento.
Además de estos sabios, tenemos el juicio que Lr
hace Plutarco de los principios, y preparación con fa^ cIlg¡íl£wi:í*
que se deben componer las leyes. N o vacila, ni egímpLos délos*
tiene dificultad en resolver desde luego que el 54
principal cuidado de los que establecen leyes debe
X 2 ser,

t ía .... cum incclligat ;qi;am m ulti finnentur jure jurando > qu an ta salutis sinc
fxdem tn Religión:;; j quain muítos d ivim su plicij raetus ab sceleie reirocarít?
Q aamque sanfta sic sociccas civium inter seipsos D ijs immortal ib u sin terp o -
titis unquat» jin lieíbiu & testibiis. í la lx s legis procaúuiu : sic euim hoe
ippcUac Plaeo.
i&4 Lía. II. D isertación VI.
ser, ante todas cosas , asentar bien en los ánimos la
persuasión y respeto para con Dios ( i) . Por tanto,
dice que Licurgo, Numa, Jon , y Deucalion, que
dieron Leyes á los Lacedemonios, Romanos, Athe-
nieases, y á todos los Griegos,, las consagraron á
sus Divinidades con los Griegos mismos, por vo­
tos , juramentos, vaticinios y agüeros y se los su­
jetaron con ía esperanza y el temor.
N o hicieron mas que seguir este orden indis­
pensable los demas que ordenaron leyes , ya para1
los Romanos (2),y ya para las-demás. Naciones. Las
nuestras, ordenadas con admirable prudencia y sa­
biduría r principian por .estas palabras : „ Dios es
„ comienzo , é medio ,,e acabamiento de todas las
„ cosas , e sin él' ninguna eosa puede ser i cá por et
„ su poder son fechas, é por el su saber son go-
„ bernadas, e por la su bondad son mantenidas.
Onde todo orne que algún buen fecho quisiere
„ comenzar, primero debe poner é adelantar a Dios
„ en él-, robándole e pidiéndole merced, que le dé
,, saber (#) e voluntad, é poder porque lo pueda
a,,, bien acabar, “■

§, IL

Con ser ían pocas estás palabras, son íftas pre­


cisas,. ordenadas y adequadas, que las que empleó
.Mon-

■ ( 1 ) Piucnre: advers. C o lo th . In legibu s constiiuenciis p ricip u a & máxima,:


est de D ijs jcntcntria gan are & I.íc u rg u s L.icedemonjc s , Be Niitna Itom anos , Se
Jí>n antiijuus A th c iiitn s e s & Deucalion pene oaines G rxcü s D ijs consecrarunt>
T ocii, jurajnetitiSiVaticinijs ,a u g u rijs ¡ spe & [m u rc e o s illis m bjcccruac.
. ( 1 ) L . i . - C . de una D c i « c t & Trúncate.
' Pj-üiog. a h Recop.ilaeion de la s í ie t íp a r t w U v
M a x im a s I m pias c o n t r a los G o b ier n o s, i 65
Montesquieu e» el principio (1) de este libro de
yeinte o de treinta años (f) r donde tanto se jaita él
y sus engañados admiradores de haber apurado* la
precisión, el método analítico y las verdades.No pudo
negar aquel Presidente, que Dios era el principio,,
por donde debia comenzarse i tratar de la naturaleza
de la ley , y con quien todas las leyes y todos los
seres tienen respectos indubitables, ya en razón de
principio, ya. de fin. „ Dios (diee) tiene respe&o-con
„ el Universo como criador y conservador : las le-
„ yes según las quales lo crió son-las mismas con
„ que lo conserva: obra según estas reglas, porque
f, las conoce; las conoce, porque las hizo >las hizo,.
„ porque dicen respe&óá su sabiduría y á su po-
91
dsr e* ... ..
Entre tantas palabras1pudiera haber hecho lu­
gar á una de seis letrasque es la bondad de Dios,,
como se dice en el Prefacio de nuestras Partidas.'
A. las obras libres de Dios no solamente concurren
su-
fi) ¿>e 1‘ s p r it, ILb, i . c a p . 9 . p a g . 2 . e d it , G c n í v . en 4 .
(*) E n e i P r e fa c io d e l E s p íritu d e la s le y e s lla m a á este lib r o u n tr a td jc /te
tltiitte ¿h u s. P a r te e i] 1;c ha' 61.\rtilo d e e ir á m ism a ü b r ¿ c u el p re fa c io d e la tr a ­
d u cc ió n d e l templo d t G ntdv ? d ic e ; > , l í a tr e in ta afros q u e ti a b a jo e n -u n lib r # ;
j í de x i . ¡saginas , q ú e d e b e can celler to d o q u a n to sab em o s so b re la m é ta fy sic¿ ,=
i> la p o lític a y la m oral y-y co d o lo qüc lo s g ra n d e s A u to re s o lv id a ro n H i l o s
7i gra n d es v o lú m e n e s ,q u e n o s han d a d o so b re e s r a í c ie n c ia s . w P re c io s a m in ia ­
tu r a serta la d e e sta s d o te p ad illas q ue ab reviasen ., -ic so la m en te <]Üj n: o se sab e
ío b r e lsi m tra fy s íc a ¡ l a p o lític a y la m o r a l, sin o quan to han ig n o ra d o ii o lv i d a - '
d o l o s g ra n d e s a u to re s cu lo s vp la m cn cs'q u fc h a ir d a d o siibrc estas cie n cia s. D i­
rá n qu e esto ¡10 p u e d e en ten d erse de! t s y i.it u de las U yts , p o rq u e n i esta o b ra
tie n e d o c e p a g in a s j sin o 10 8 4 . en quar.ro d e n ia rq u ilU jS e g u n la e d ic ió n que c ito ;
y. ad em ás d e eso , no se d ic e en esi-e g ru e s o a t e r p ¡ tsdo q u in te se m it a y se s a ­
be d e la s d ic h a s cien cia s ; y m u ch o m enos to d o is 5ur s i ha olvidado i h i g r a n - ’
det Si no se me q u ie re p asar p o r respuesta el d e c ir que e sto s F iló s o fo s -
su e le n o fr e c e r c a n s í v o la n tis d esd e q u e lo s han so ñ a d o ¿ y que esp e ran d e su ta - -
le n to m u ch o m as de a q u e llo q ue son cap aces ¡ nó se o cu rre a lg u n a o tra salí.*
d a d e l a p r ie t o . Los d e v o to s de e s te h om bre e x tra o rd in a rio p u d ie ra n sacarn o s
d ¿ é l , b t is e u id o e n 1 la c a r t e r a 1 d el d ifu n to M o n te sq u ie u esa p recio sa esqu elas ■
d o n d e e sta b a e s c i it o q u a n to se s a b ía , y q u a n to se ig n o ra b a so b re las d ic h a s
,
cie n cia s, P o rq u e sin d i i i a q úe esti b re v e tiq d e b ió $er d is tin t a d e l e s p ír itu d é ­
las le y e s ,-
1 66 LiB.il/DiSEaTAcioNVI.
su poder y su sabiduría, sino también su bondad:
porque las cosas no son hechas solo porque Dios
Jas pueda hacer , y las sepa hacer ; sino también es
¡necesario que las quiera hacer.
N i el notar estos defeétos que confinan con el
camino que llevamos, es ir á buscar, ea.este autor oca-
sion de deprimirlo; sino tomar la que se nos viene
al paso, para templar el peligroso afeólo que le
íienen muchos. Si estos parecen minutos á sus
amigos, sepan que de tales minutos depende la
verdad y la exa&itud. Algo mas de bulto era su
corta ciencia , quando decía que Dios conoce las re­
glas (del Universo) porque las hizo. Si supiera tan­
ta metafísica, mudaría el orden de esta proposición
íliciendo : Porque Dios conoce las reglas del Uni­
verso t son ellas hechas. Dios 110 conoce las cosas
hechas porque son; sino son, porque las conoce.
Aunque algún dogma no obliga á filosofar
.asi; pero .obligan los.fundamentos que favorecen
á este systéma y no son del presente lugar. En to­
do caso, es cierto que no hay en Dios necesidad ,de
haber hecho al Universo para conocerlo. Esta np es
razón precisa: los seres inteligentes conocen el or­
den del mundo y de toda la naturaleza material,
y con todo eso, nada les ha costado. Pero volva­
mos á las máximas comunes y perniciosas de ios
^¿Filósofos.
§. III.

Los que quitan de Ja ciencia de los derechos


el respeóto á Dios como ultimo destino del hom­
bre , no pueden fundar sino una legislación cie-
.£a. Si alguno me prometiera ser guia y conduc-
M a x im a s Im p ías c o n t r a r o s G o b ie r n o s . 16 7
to r e n mi c a m i n o , l o p r im e r o q u e d e b e ría p r e g u n ­
ta rm e , se ría ¿ a d o n d e c a m i n a b a , y q tt a l era e l d e *
s ig u ió d e m í jo rn a d a ?
Gobernar ( dice Santo Thomás en uño de sus
admirables libros} no' es otra cosa que dirigir con*-
dementemente d su debido fifí aquello que se gobier­
na* (1)..
Ltl,
„ Si el fin de lo que se ordena ( añade ) está Doctrina ilí U
fuera, como el puerto está fuera déla nave, per- dRele ligdesignio
ió n acere»

„ tenece al Gobernador, (2) no solamente con- todas las


,, servar la cosa ilesa en sí misma, sino además,
„ dirigirla al fin para que es hecha. Sí hubiera algo
„ que tublera su fin dentro de sí mismo, solo tó-
„ caría al Gobernador conservarlo ileso en su per-
,, feccíon. Aunque nada semejante se hálle en las
,, cosas á excepción de D io s, que es el fin de to-
„ das ; acerca de estas-que se ordenan á algun fin
j, extrínseco , se puede emplear diversamente el-
,, cuidado de muchos. Porque habrá uno que cui-
„ de de conservar la cosa en sí misma; otro ha-
,, bráque trate de llevarla á una perfección ulte-
„ rioircom o en la misma nave de donde se toma';
el modelo dé la gobernación. El fabricante tíene-
„ el encargo de restaurar lo qife descaezca en las-
obras de ella. Pero el Piloto solo piensa en:
j, conducirla al puerto determinado. Asi aconte--
„ ce cambien en el hombre; El Medico cuida de
la sanidad del cuerpo ; el Heonomo provee las
„ vituallas; el Doítor le instruye de las verdades,
j, y forma sus costumbres para que viva según la
„ razón. Estos cuidados le bastaban al hombre, si
„ no
V--- h .. -n ■ "T 1ir ........... — - ■ iiiiw i i i ' ■■^
1>. 1‘iiji)], ds R ct; i w n . P fin c ip . s s f . 14. í^) I d . iuid*
l 6S Lib. II. DlSFRTACrON. VI,
no se ordenase á otro bien que está fuera de
„ él (*). mismo, Pero hay un bien externo á que no
„ llega mientras que vive mortaímente ; conviene
„ á saber, la ultima bienaventuranza,que consiste en
» el goce de Dios despues de esta vida. Porque
, según el Apóstol , mientras que estamos en el
„ cüerpo , peregrinamos para el Señor,
a „ Pues el hombre christiano á quien est'i ad~
„ quirida por la sangre de Ghristo aquella bien-
,, aventuranza, y de que ya tiene algunas prendas
„ y arras en el Espíritu Santo, necesita de otro go-
„ bierno espiritual que lo dirija aí puerto de la
salud eíerna. Este gobierno se dispensa á los fie-
„ les por los ministros de la Iglesia de Christo.
El mismo juicio conviene formar del fin de
„ toda la sociedad, que del fin uldmo de cada ciu-
„ cladano. Pues si el fia de cada uno fuera cierto
,, bien existente en é l, el fin ultimo de la sociedad
sería semejante; conviene a saber , procurar el
„ que la sociedad permaneciese en este bien: y si el
„ fin úkimo de la multitud ó de cada hombre fuera
,, la vida ó la sanidad del cuerpo, un Medico de-
„ bería ser Rey. Si el ultimo-fin fuera la copia de
„ riquezas, un hábil negociante, o un buen Ma-
„ yordomo sería el Rey. Si fuera el conocer la ver-
„ dad, debería .ser Rey un gran Do&or.
„ Parece con todo eso que el ultimo fin de k
w sociedad es vivir según la virtud. Porque a esto
„ pa-
(*) M t proceSe esci lioáfcnnn contra aq-jella palabra de Jesu -G h risto q u e
J ic e : E l E e p ttd t D i n t s t ¿ Jtn trt ¿ e note tros. N i Santo T iio m á l 3 D ijs
cttra ñ o al ham bre. Por el a ifílo y gracia que nos une k D ios > h ab ita dentro d e
ijfflsotros ei Espirítu Saata , y este es el R cyu o de Dios. Mas por la bíenaveMtu-
riiii7..i nosatros iremos i eacrar en el g o to d el S e i'w : j « t e et el fio de¿
i»«mfexc ^uc n o . deaery de c t .
M ax im as I m pías c o n t r a lo s G69 o b ie r n o s , i

J( parece que se congregan los hombres , para que


J} vivan bien: la vida buena es la que se regula por
,, la virtud: luego parece que la vida virtuosa es
tt el fin de la congregación. Indicio de esto es el
que solo son partes de la sociedad los que comu-
,, nican bien entre sí. Si solamente pop vivir se jun-
„ taran los hombres, los animales serían también
„ parte de la sociedad civil. Sí el fin fuera adquí-
,, rir riquezas, solo serían partes de la sociedad los
„ negociantes ; asi como vemos que solo aquellos
,, pertenecen á una compañía , que se dirigen bajo
,, los mismos estatutos, y bajo el mismo regimea
„ en orden á vivir bien. Pero en realidad de ver-
,, dad viviendo el hombre según la virtud, se or-
,, dena todavía á un fin ulterior , que consiste en
p gozar de la Divinidad como ya, digimas.
,, Pues conviene que el mismo fin ultima
que tiene el hombre, tengá también la sociedad
„ humana. Luego el ultimo fin de la sociedad con-«
1, gregada no es todavía k virtud;sino el llegar pon
n la vida virtuosa á la unión con la Divinidad-, St
a este fin pudiera llegarse por virtud de la natu-
it raleza, tocaría únicamente al oficio del Rey dí-
„ rigír los hombres a este fin, Porque suponemos
„ que aquel debe decirse Rey á quien se comete la
„ suinma del régimen.; en las cosas humanas,
quanto es mas sublime el fin á que se ordenan,
,, tanto es mas sublime el régimen. Pero como el
„ fin de la bienaventuranza no se puede conseguir
v por virtud humana , sino por la divina, dirigir á
„ aquel fin 110 es solamente del régimen humano,
sino del divino, &c, “
Advierto, que quafido üso de estos pasages de
T em .K X . San-
ijo L i b . II. D i s e r t a c i ó n VI.
Mí. Santo Thomás , no dejó de tener presentes los fa­
Íactjiu pctín cis
¿ c los bellos Es- llos q u e la loquacidad de nuestro siglo pronuncia
piricus p a r a ju i-
g a t á los 1ÍD*
contra todos los Do&ores Eclesiásticos , especial­
Eclesiásticos y mente los Escolásticos. DeSanto Thomás ha di­
sus übrüs. /
cho el que escribió la defensa del espíritu . de las
..leyes , que es un Autor que no se puede citar en
este siglo. Con bastante fundamento se podrá creer
que este Censor de Santo Thomás no lo habría leí­
do en este siglo ni en el otro. Tal es el estilo de
los bellos críticos de nuestro tiempo.
Se sabe bien que algunos de estos Filósofos se
forman en los Cafés, y reciben el ultimo baño en
los cortejos y teatros. N o se han puesto en el. tra- -
bajo de aprender latin ni griego j y aun siendo
unos semibárbaros en su propria lengua , y sin
educación o profesion en alguna facultad, se bur­
lan con la risa de unos jumentos de todos los ar­
tículos y quectiones de la Theología. En una hoja
que tengan la suerte de escribir , apenas la pue­
den llenar , sino echan algunas tempestades ,y
fanfarronadas contra los gruesos libros en folio que
se han escrito sobre controversias.
Siempre dicen esto por mayor ; porque de
algún punto b question de doótrína en particular
no tienen segurameñte noticia. A muchos se po­
dría hoy cantar aquel verso que el sabio Thomás
Moro dirigió á un Señor como estos: por que traía
siempre en la voca este latín que le habían hecho
aprender de memoria: litera occidit.
JMagne pater clamas: litera occidit.
JJoc umim litera occidit, semper in ore ha.bes.
Bene tu ca’p iB i , ne te ulla occidefe posset litera,
Nam nulla .est litera nota tibu
Bien
M a x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 171
Bien sé han guardado todos estos bellos Sabios
de matarse en controversias ni systemas, fuera ni
dentro de las escuelas, donde no penetraron jamás.
Asi quando son grandes no pueden ver un libro
en folio, y solo gustan de hacerse ayre con un fo­
lleto. Santo Thomás , San Buenaventura , S. Agus­
tín tienen muchos libros en folio gruesos, y sol®
de verlos, asi como á otros Doótores y Theolo-
gos , sienten' dolor de sienes: no me adihiro de es­
to en acordándome de la debilidad de tales ca­
bezas , y del ningún uso que tienen en facultad
alguna*
Una sola duda me quedara siempre: ¿Por qué S e le s propone
nuestro bello siglo no puede sufrir uno o mas li- | ^ uestiünsin
bros en folio ó en quarto, de do£fcrina Catholi-
ca , quando.se carga de Obras tan espesas, enfa­
dosas éinmensas, como v. g...? Voltaire ha impre­
so ya mas de veinte y ocho tomos: Rousseau pa­
sará ya de quince. Bayle. fue aun mas copioso:
y finalmente , la-plaga de estos escribientes es tan
grande como su prurito por llenar ai mundo de
libios. N o dudare qile en pluralidad de Escritores
y de escritos excede este siglo a todos los pasados.
También- se advertirá que se dan con mas zélo á
esta ocupación los impíos que los Catholicos. ¿Por
qué, pues, apenas Se sufre lo poco que escriben es­
tos pocos, aun quando escriben bien; y se aplau­
den las nubadas de folletos y libros que arrojan,
los infinitos necios sin gusto de perfecto juicio „ ni
de ciencia , ní de buen sentido?
Aseguro que es mayor esta dificultad,que lo que
puede llevar la débil capacidad de muchos de los
nuestros. Pero $os sacan de todo embarazo estas
Y % pa-
iy i Lffl. II. piEEHtACión VI,
palabras que leemos frecuentemente en San Pa­
blo, „ Vendrá.tiempo en que no sufrirán la sana
9|1 doélrina, y se convertirán hacia las fabulas. Pa-
„ ra esto se buscarán montones de Maestros , con
„ orejas siempre deseosas, siempre curiosas, y siem-
,, pre llenas de comezon o de prurito. Pero tu ( le
5} dice á su discípulo ) esta alerta, trabaja , arguye,
„ ruega , increpa, parezca oportuna o importuna-’
w mente, <f-
Ved aquí manifiesta la raíz de mi duda, hom*
bres débiles: no se sufre una discusión seguida y
fundada seriamente con toda doílrina y paciencia,
quando se trata de justificar las verdades insultadas;
y se aplauden obras de muchos y gruesos tomo#
compuestos de invectivas impías, de puerilidades,,
de torpezas. El fastidio y el desgano salen siem­
pre á recibir un libro serio y de provecho : se anun­
cia una obra obscura y sospechosa ; y se corre hasta
la playa para recibir balones de papel tiznado por
adentro con discursos , mitad bárbaros y mitad
impíos, mal digeridos y no bien pensados ni ha­
blados. Qué diría el siglo 13. del siglo 18. si vie­
ra ir á formar el gusto de muchas Naciones á uno*
libros imperitísimos , sin sabor de crítica, y sin
conocimiento de las cosas que tratan? ¡Siglo infeli­
císimo , donde se dá el nombre de eloqüencia á una
pueril loquacidad, y donde una plaga de bárbaros
bien pey nados , con una pluma como un alfange,
cortan todas las dificultades con dos tajos y reve­
ses impíos, orgullosos, y bufonescos! Se exercita
la mas cruel tyranía sobre los entendimientos de
los hombres modestos , juiciosos y do&os por
mu» conquistadores como Tameiia» , ó como
A le-
M á x im a s Im p ía s c o n í h a l o s G c » ís r n © s . i 73
Atexancíro. Para su sable pamm interest an scin-
dntur vtl rumpatiir. Qualquiera dificultad se cor­
ta si no se desata.
Grocio, este hombre grande , que ponen los
modernos por época de la reparación de la cien­
cia del Derecho Público, exortaba una vez á un
Príncipe Alemán á que leyese atentamente lo que
escribió Santo Thomás en quanto á la naturales
m y fuerza de las leyes, dandosela por una d$
las obras mas acabadas y perfe&as que hay en es-*
te genero. Ya advierto , que qualquiera mas mo­
derno que Grocío sabrá mas que é l; porque hoy
val© la regla de que es mas sabio el que escribo
despues. Bacon comenzó a pensar asi, acerca de lo*
autores, Decia que debían llamarse antiguos estos
que nacen en la vejez del mundo, y modernos
los que nacieron y escribieron, en los primero»
siglos,
Con que los que ahora nacen y nacerán, sa^
fcen y sabrán mas (en razón de la distancia y de
los quadrados de los tiempos ) que Puffendorf,
Montesquieu , y otros que han corregido á Gro«
ció de las quisquillas, virios e ignorancias( como
dicen) délos Escolásticos,

$. IV ,

Mas volviendo al designio de la legislado^


que es caminar á la vida eterna, nada prueba me­
jor y con mas precisión la necesidad de su con­
templación , que el discurso sencillo , analítico , y
$>ien entendido deüanto Thomás , que he referido.
E l mismo Puffesdorf en el discurso de su
obra
174 L ib. II. D isertación V I
obra ,í vino a dar de ojos en las malas consecuen­
cias de aquella do&rina qüe asento en su pren­
do. Ya conoció que si los hombres perdieran de
vísta el ultimo bien á que son destinados, el fue­
ro civil y todo el Estado publico se vería turba­
do por continuas sediciones y tumultos i asi coni ,
tra las personas privadas, cómo contra las públicas.
LV Ninguno (dice) habria qüe hiciese obras de
.ConGes*Puffen* misericordia , ni dé verdadera amistad y humani-
<Joif l oi j ncon- . . , i . i t ; í i ■> 1
Tenientes de su dad: smó todos deberían explorar, lo primero Ja
*rror‘ esperanza de sú interés , 6 de su gloria * ó de su de-
leyte. Quitadas entonces juntamente las peñas eter­
nas , ninguno podria confiarse á la fe de Otro. T o ­
dos andarían inedmodados de miedos ¿ sospechas
y recelos de ser engañados y sacrificados al placee
o interés de sus concurrentes¿ Bien que á esto d i
Montesquieü eí nombre de paz.
Los mismos Reyes ( prosigue Pufíendorf ) f ,
todos los que imperan,asi como los subditos, se­
rían pocó 6 nada inclinados á hechos ilustres y del
bien público. Porqué ios Emperadores * no liga­
dos entonces cori algún vinculo de conciencia, ven­
derían la justicia y todos los cargos: eii qualquiera
cosa buscarían su comodidad personal , aunque
fuese con opresion de los Ciudadanos.
De parte de estos temerían siempre con fiirt-
dañiento el retorno de la rebelión y del parricidiot
con qüe pondrían la esperanza de sú salud, en ir
criando linos pueblos débiles* relajados * esclavos,
é incapaces de acometer , y aún de pensar en nin­
guna acción de fortaleza y de virtud. Por el con­
trario , los pueblos cansados de la opresion de.sus
Príncipes, comenzarían á mirar hacia todas partes,
pa-
M á x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s i 7^
para lograr la ocasion de rebclar contra ellos, echan­
do sobre sus cabezas la misma opresión en que se
llorasen sumidos (1),

$. V,

Tan claramente confiesan los impíos que hay i.vi.


necesidad de mirar a los fines del-hombre y de la « cUesMwTí*
.sociedad humana, para que pueda durar el foro ”“adLV «HSSpu-
v
* -
estado civil ; y que no t se rompa v confunda
i * . - - '
y°s> v íinco rnas
l o sera para accr
todo en sediciones, atentados ? insultos de unos carácomponer-
contra otros, <Pues quan necesaria será la vista con- I#s'
tinua de dichos fines para la obra difícil eje com­
poner leyes ptwdéntes y justas?
Si uno , que deba o quiera componer leyes,
no supiere sino lo que enseña Montesquieu en su
libro 29, dirigido á este proposito, no serán cier­
tamente las leyes que haga , muy bien entendió
das. Todo lo que dice en el capitulo primero del
espíritu del Legislador, se reduce a estas palabras
decisivas: „ Ya lo he dicho, y me parece que no
he compuesto esta obra sino para probarlo. E l
„ espíritu; de moderación debe ser el delLegisla-
. 11
{1} Pufifcndoif. de O ffic , hom in. & c iv . cap.-4- £■P- Cum ením in foro cí-
.▼ili pronuneicrur securiidum afta >& probata., ojnnia se d e ra s & fingiría 3 e x
Oúibus provenir? aftum est > si o c a lté patrari > & sinc arbítriis pnsscnc 3 pro
íe x te rica te in gen ij y i n qua placeré sibi quis p tísscc, Jaaberentur. Ncino quoque
opera misericordia: auc a m íc itis essee cxcrcitaturiLS , jiiíi glorias aut cm oíu-
menti explorara, spe, F x quo , S fillu d consetjuereror ? |it dm tí nenio iiiá lte riu s
Écie y rcmocis prenis divinis , 5 olida m td u ci.im co llo caie posset s sin gyii per­
petuo nificu > & suspitionibus a n x ij v iv e rtn t 5 nc ab a líjs depiperem ur aut la-?
dcrentiir. Sed, & ta ro im perantes , q u am sub jc& i parupi proclives essene n <3pise-
clara > & gloriosa opera patranda.. Nam Imperantes nullo coníeientiie vinculo
constriftí 5 omina puim a ípsíimque ju s tim m vciiíúja cssent habicuri * & in óm­
nibus privarum commodúm .qiupsit’iiri cum opprtsjoi>c civium , h quorum re-
h d lio n c , ufi senjper .metuereijt , íta snam saluxeni unícc ín co positam in tcl-
lig'eL'cnt, tu ülos quam maxinié enerves reddcrent. C iv e s contri, oppresionem im-
j>Ci;unmra fo r m t d w c s jiiujiquam uon c irc u n d e ¿turi furei^t gctasiuneiu rebdlaudi*
176 L m . I I . D is ít ít a c io n V I .
„ dor: el bien público, como el bien moraí se
„ siempre entre dos limites."
trtt. Ved aqui toda la do&rína que pronuncio el
Es p.to Joque Oráculo correspondiente al titulo del capitulo. L o
enseña Montes- , ./ . . i t i* i-
quicuf>araSat,er primero , ^qiuen ignoraba esta verdad general? Lo
«.«poner U- segUnd0 } ¿quien no ama la moderación en común,
y juzga que la tiene, aunque sea un espíritu mas
violento que el de las borrascas? Lo tercero, ¿quién
tiene el espíritu qual es menester, solamente por­
que sea moderado 6 tranquilo? Montesquieu no
dijo cosa.
I1 Mucho mas hay escrito en dicho capitulo; pero
debia tener otro titulo, y pedria ser asi: De los in­
convenientes que nacen del excesivo numero de
las formalidades judiciales, y de que las proban­
zas sean pocas ó demasiadas. Sobre este asunto se
lia dicho mucho por muchos ; y los Jueces expe*
r intentados dirán , si es fácil evitar todos los incon­
venientes en que peligran las providencias humanas.
Los que pensamos y escribimos en el retiro de núes*
tro estudio , hablamos muchas veces sin la conside-i
ración que era necesaria.
t A este modo abstfa&oprosigue el dicho Maestro
iwraño de su* su libro de componer leyes , cuyos capítulos refe-
«fJnVwj s&té > siquiera por sumario, para que se vean las
eikv idéas , y el estilo de un Filosofo de estos tiempos.
Son como se sigue ; III. Que las Leyes que pan^
een alejarse de la* miras del Legislador, son común*
mente conformes d ellas.
I V . D ¿ las leyes que chocan con las mitas del Le­
gislador. Antes de estos capítulos debió poner uno,
y habk de ser el primero >donde tratase * quales de-
bm ser eBas miras a que ordíns s'ui leyes el Legisla­
do?.
MaximásImpías contra los Gobiernos. i 77
olor. Pero los nuevos Tulios 110 se acordaron de es­
cribir libros deJinibus; antes convenía á sus siste­
mas de gobernar bestias, apartar de la memoria los
fines de los hombres, buenos y malos. Con todo
eso, puede ser que en el libro de doce paginas que
»e espera , venga esto con todo lo demás que se ol­
vidó a los grandes autores de Politica, J^Toral, y
Jtáetafysica. Pero sigamos el orden de nuestro au­
tor , que es tan delgado que con nada se quie­
bra.
En el capitulo VI. continúa pretendiendo pro-
... bar, que las Leyes que parecen las mismas, notienen,
siempre el mismo efeUo. En el VII. trata de la ne­
cesidad de componer bien las Leyes, Quando estas
especies se acaban de poner en orden, este capitu­
lo VII. servirá de preámbulo al libro. En el ca­
pitulo VIII. trata de persuadir , que las Leyes que
farecen las mismas , no tubieron siempre los mismos
motivos. En el IX. que las Leyes Griegas, y -Ro­
manas cobligaron el suicidio sin tener el mismo moti­
vo. En el X. que las Leyes que parecen contrarias^
nacen algunas veces del mismo espíritu. En el XI.
cómo se debejuzgar d¿ la diferencia de las Leyes. En
el XII. que las Leyes, que parecen unas mismas, son
algunas veces realmente distintas. En el XIIÍ. que m
'deben separarse las Leyes del objeto para que han sida
hechas; y de las Leyes Romanas sobre el robo. En
el XIV. qut no deben separarse las Leyes de las cir-.
€iinBancias en quefueran hechas.
En el X V . enseña, que es bueno algunas veces
que una ley se corrija a sí misma. E11 el XVI. ha­
bla di las cosas que se deben observar en la. compo-
sicion de las Leyes. Este era el lugar donde veinte
Tom. V. Z años
178 L ib . II. D is e r t a c ió n V I.
años debieran haber destilado observaciones y re­
glas singulares. Pero ve aqui todo lo que nos en-
seña. Que el estilo de las Leyes debe ser conciso ; que
debe ser simple; que las palabras de las Ley&s deben
significar una misma cosa para todos > que quan­
do se haga alguna fijación, o se ponga quota,
debe evitarse que sea en precio de moneda, porque
el valor de esta varía ; que se deben escusar expre­
siones vagas: que las Leyes no deben ser sutiles •, que
deben escusarse excepciones y modificaciones que 110
sean necesariasque no ,se deben mudar las Leyes sin
razón suficiente ; que Ho deben chocar con la natu­
raleza de las cosas ; que deben tener un cierto
candor.
Estas son todas las reglas que descubrió este
raro Legislador para que se compusiesen Códigos
de Leyes, dignos del siglo diez y ocho, y difereh*
tes de los que en los siglos de ignorancia hicieron,
o el Emperador deBizancio, o la barbarie de los
Lombardos y Vísogodos. Pero es constante, que si
en aquellas leyes se pecó contra estas reglas, no
fue porque las ignoraron, ni' hay hombre que las
pueda ignorar ; sino por la flaqueza humana , y
por otros deftélos que serán mayores, quando
los coiazcnes y espiriius de los hombres fueren
peores.
Estas condiciones que deben tener las leyes,
Toiots alame- fueron uno de los primevos cuidados que se advirtie­
ra* iu- ron y explicaron con mejor orden y método en
fraíCSplrcidas-e" Ia colee don de nuestras Partidas. En la Ley o¿ta­
ya i nueve, trece, catorce, diez y siete de la prime­
ra Partida se enseña *. Que las Leyes deben ser muy
cuidadas, e las palabras de ellas deben ser bu&-
ms¡
M á x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i 79
ñas, e llanas, c paladinas, de manera que todo hom­
bre laspueda entender e retener. E han de ser sin
escatima , e sin punto: porque no puedan del Direcho
sacar razón torcidera por su mal entendimiento o in­
teligencia : no contrarias las wVas de las otras : que
debe ser mucho escogido el Derecho que en ellas fu e­
re pusBo. E otrosí deben guardar qtie quando las■
Jicieren , no haya ruido, ni otra cosa que los eBorve
(a los qtie las hagan) o embarguee que *las fagan
con consejo de ornes sabidores e entendidos, e lea­
les, e sin cobdicia. Que elfacedor de las Leyes debe
amar a D ios, e tenerle ante sus ojos, quando lasfi-
ciere , porque sean derechas , e cumplidas. E otrosí
debe amar juB icia , e pro comunal de todos. E debe
ser entendido para saber departir el derecho del
tuerto, e no debe haber vergüenza en mudar, e en­
mendar sus Leyes ^quando entendiere o le inoBrarett
razón por que lo deba facer. No se deben escribir por
abreviaduras, mas porpalabras cumplidas, Dubdo-
sas seyendo las Leyes, por yerro de escríptura, o
por mal entendimiento del que las leyese: porque de­
biesen de ser bien espaladinadas, tBo no puede ser por.
otrofecho ,, sino por aquel que lasfizo , 0 por otro qui
sea en su logar. \
Estas y otras muchas c o s a s que se pudieran éx- :
traáUr de las leyes citadas, comprehenden las po- 1
cas que Montesquieu prescribe, y otras de que no
se acordó. Pero suple este defeóto con notar muchas
faltas en la legislación de los antiguos.
Siempre pronta su envidia , como la de mu-
chos Estranzeros
©
á inflamarse contra el sabio Feli- sus reglas cotí
pe II, refiere nn quemo, según el qual „ prome- sácyrasen ofcu-
„ tió á quien matase al Príncipe de Orange vein- ^
Z í „ te
iSo L ib. II. D isertación VI.
„ te mil escudos (i) y la nobleza; y esto bajo la
8, palabra de R e y , y como siervo de Dios. ¡La
t, nobleza (exclama) prometida por una tal acción!
„ ¡Una tal acción se ordena en qualidad de Mi-
„ nistro de Diosl Todo esto trastorna igualmente
„ las ideas del Hombre, las de la Moral, y las de
w la Religión.*e
Quando esta promesa (*) de Felipe II. con­
cebida en los términos expresados no fuese un
quento fingido al placer , ¿sería el egemplo de al­
guna ley? ¿Son leyes de las que aquí se enseñan á
componer, todas las palabras de amenazas , 6 de
promesas que han pronunciado los Príncipes? Pero
sepamos ¿por qué ésta, que sería quando mas, una
sentencia de proscripción y de muerte, fulminada
por un legitimo Soberano contra un subdito pér­
fido , y reo de Estado, trastorna las ideas de h
Religión? ¿De qué Religión habla Montesquieu?
Habla de una Religión , cuyas ideas no se trastor­
nan, sí no se establecen, por las sediciones y rebelio­
nes que excitaron Orange y los Holandeses con­
tra su Rey. De esto no hace escrupulo la Reli­
gión de Montesquieu; y se turba, porque Feli­
pe II. declaró por vandído a un subdito, reo de lesa
Magestad ; y dio autoridad para la egecucíon a
qualquiera de sus vasallos. ¿No puede un Prín­
cipe nombrar para la egecucion. de una sentencia
4 e muerte á quien quiera aceptar voluntariamente
es-
_ ------ - - ------------ - __i r

t i ) L»b. 1 5 . c*p. 16 . pag. 409.


(* ) L o que en hecha de verdad se sabe , es que Felipe I I . por una m a"nnni-
rcíJíid Real no quiso adm itir la oferta que se Le Irito de la c íb c ia del C sn -
de L tiií de N.isait , birm ano d e lP r in c ip e .d e O r a n t e , cpand» nndiba p i (
Francia haciendo gente para voWer i turbarle lo i Países B ajos. H errer.
M ísí. G en eral. iiü , j . cap. i . j
M a x ím a s Im p ía s c ó n t í i a i o s G o b i e r n o s . 18 1
este encargo? Con igual ignorancia había de las
ideas del Hombre y de la M oral. LXI
A esto se parece lo que ha dicho Voltayre so- ^
bre la muerte deMonaldesquí. Escribe en sus refle- capi-
i t J • • n r /~> ta le s ile lo s P r j j
aaones sobre la administración publica , que un C o - dPw.
le&or de las cartas de la Reyna Christina causó un
no pequeño agravio á la sociedad en justificar el ho­
micidio de Monaldesqui,que fueasasinado en Fon-
taínebleau por orden de una Sueca que había sido
Reyna. Es sin duda maxima de M oral, y de la Re­
ligión del hombre Filósofo llamar asasínatos á las
muertes mandadas dar por los Reyes á los delín-
qiientes. Pero en Felipe II. no tiene Montesquieu
ocasion para decir, que era un Español que habla
sido Rey. Era un Monarca, y dueño legitimo de
los Países Bajos; y el Principe de Orange era un
subdito pérfido y herege , que le turbaba aquellos
Estados, y la paz de la Religión Cathólica con unas
sediciones >cuyos efectos se han visto, y no han
costado poco á España.
Todo concurre á justificar , que la Religión
M o ra l, y Política de los Filósofos, no solo tras­
tornan las ideas del derecho y justicia natural, sino
también el derecho y Leyes civiles délos Prínci­
pes. Se ve que los impíos guardan conseqiiencia
con los principios de sus Patriarcas los Pseu do-Fi­
lósofos y Reformadores. Aquellos no se atre­
vieron á todo : estos quieren consumar la obra; y
sobre lo que sus padres intentaron, añaden su
insolente osadía, que no tiene reverencia 4 leyet
algunas.
A i principio dé esta disertación se hizo men­
ción d¿i respeto que mantuvo Lutero en W o r-
ma-
18 2 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VI.
lxii. macía a las Leyes Civiles j aunque entendieron
Pierden frl míe-
do .1 Jas leyes todos que era solamente de voca , y por miedo de
eierons'a^jLutero la horca, u del rigor de las Leyes penales: el mismo
vík^Transicíon Emperador Carlos V . lo noto así en su Edicto,
á ia disctíacion JSfis} civilis pladij aclem, magis áudm fulmina, execra*
i3cl uso de l a ~ T5 •£.’ ■ r ■; * ?■
s;paJa. tiones , pmiasqne lontifictas rejormiaasset, matg-
niora longé in jura civilia admisisset Luterus , quam
in exuBum ju s canonicum. Con que pisar este míe-
do de las penas, y perfeccionar el proyeíto de ho­
llar todas las Leyes públicas s era la última parte
que se reservaba para la arrogancia e Impía des­
vergüenza délos Filósofos. Estos, ni temen,como
Lutero, las execraciones, penas y censuras Eclesiás­
ticas ; ni tampoco temen el corte de la espada ci­
vil que hacía respetables las Leyes seculares: por­
que con singular malignidad y astucia se han apli­
cado de niucho tiempo á esta parte á ir inspiran­
do en los pueblos ideas de horror contra el uso le­
gitimo del derecho de la espada.
A este designio aplican una tropa de libros, que
dedican á la humanidad ; y'fingiendo en ellos un
espíritu de suavidad y de misericordia, no quie­
ren que se decrete alguna pena de muerte , ni de
sangre contra los hombres. Pero con una condi­
ción ; y es, que solamente gozarán de este favor los
reos impíos, malvados, y tan perjudiciales como;
sus maestros. Porque si faltare esta circunstancia,
y fueren cathólicos, piadosos, justos, honestos, no
les servirá de asylo la humanidad , ni deberá usar­
se con ellos de misericordia ; sino que se les ha de
ultrajar y perseguir con el último rigor, sin res­
petar el que sean Príncipes, 6 subditos.
N o se hará fácilmente creíble que los Filósofos
son
M á x im a s I m p ía s c o n t r a los G o b ie r n o s , i 83
son tinos monstruos tan sangrientos, astutos , é in-
fl males , vestidos con la máscara dé humanidad.
Por tanto es necesario ir haciendo patentes tedas
estas malignas máximas , y confutándolas en las Di­
sertaciones siguientes. Pasémosla ver qué ideas tie­
nen , y publican acerca del derecho de la espada.
1 84 Lm . II. D i s e r t a c i ó n VIL

i f c > t a s * — ■ ■ « g i i i v L t¿¡rs........... —■

D ISER TA CIO N V n .

LOS D EÍSTA S 0 SOCÍNTANOS,


Goti Jos Filósofos y otros SeUarios, niegan a los
Soberanos la poteBad de hacer la guerra
d los enemigos de la
patria.

Religión Cathólica creyó siempre


aquella palabra del Apostol, que ha­
blando del Príncipe y del Magis­
trado, dice : No en vano lleva la es­
pada (1). Este derecho es uno de los mas altos
caraítéres de la soberanía. El Apostol, y todos
los Christianos no lo hacen un derecho de puro
, ..f: nombre. La espada que conceden, y respetan en
Se distinguen . j i t» T • ■ j . rr . ,
aosuíosquotie- la mano del Principe, no es pintada* ni fingida,
íp¡jír^o?dadü como el rayo que estaba atado á la mano de Jú­
piter. Significa que el Soberano, en representación
del supremo Señor y Criador de las cosas, y del que
dá y quita la vida a los mortales , puede usar del
derecho de la vida y de la mu ate , quando por el
castigo de un perverso deba impedirse la ruina de al­
gún pueblo, ó quando por la destrucción de un pue­
blo dañado pueda mantenerse la salud de toda la Na­
ción. La felicidad y conservación de esta es la prin­
cipal obligación del Magistrado ó del Príncipe.

(O Ai} fUusaii* cap,


M a x im a s Im pías c o n t r a i o s G o b i e r n o s , i 85
Contra este fin nacen turbaciones dentro, y ame-»
nazan peligros de fuera. La espada sería en vano,
si no alcanzára á quitar los golpes que de ambas par­
tes vienen á caer sobre el pueblo. Por eso pone-1
inos en la espada dos remedios: uno contra los per­
turbadores domésticos; otro contra los agresores
estraños. Para los primeros basta la sentencia del
Tribunal, y la egecudon de un Ministro que
sirve á la justicia. Contra los segundos vá el de­
creto , y la intimación de la guerra. Este medio
extremo (decia Demdstenes) es para aquellos que
no pueden ser citados á los juicios ( i ) .
A esto se reduce el derecho de la espada, y it .

los dos principales usos que tiene en la mano del


Soberano. Pero contra uno y otro se ha suscitado „ e¡c™ UiSCV~-
en estos últimos siglos una plaga de hombres , que
fingiendo clemencia y amor á la humanidad , no
intentan menos. que arrancar de la mano soberana
los remedios y frenos, con que únicamente se puede
defender y conservar la humanidad y la sociedad.
Quitan á los Magistrados el uso de las penas
capitales , que es el remedio doméstico para mante­
ner la seguridad y la vida de los Ciudadanos ino­
centes , contra los homicidas, ladrones, y demas
hombres perversos. Quitan juntamente á los Prín­
cipes el otro remedio de la guerra contra los ene­
migos públicos de la seguridad, y vida de todos
sus Reynos. Hablaré separadamente contra cada
uno de estos perniciosos atentados.
Del uso de la espada contra los delinquentes
Tom. V. Aa de
Dcm osth. 111 orat. ¿ e Chtrsinese. pag, j®, Eellutn esse iti 59* qui jt y
iJJeiis coérecri ncqucunt,
1$6 Lib. II* D i s e r t a c i ó n VII,
de adentro por medio de las penas proporciona­
das, se hablará en la Disertación que se sigue a
esta: aqui se dirá lo concerniente á el otro aten­
tado de los Deistas, Filósofos , y demás infatua­
dos contra el segundo uso de la espada en la ege-
cucion de la guerra justa. Comencemos asentan- ,
tando los hechos , y considerando los tumultos y
sediciones con que estos espíritus mostruosos han
querido hacer amable la paz á los Soberanos,

A R T IC U L O I.

B R E V E Q U A D R O D O N D E SE
descubren las sangrientas rebeliones y guerras con que
los espíritusfalsamente llamados bell os^conspiraron
d elevar el genio de la fa z sobreí los tronos
de los Reyrns.

§. I.

L año 1520. voló por Alemania el libelo


E intitulado: D e libértate chriBiana, En él, se­
gún Bayle,, no había una proposkion (1) de que se
pudiera abusar para sublevarse los pueblos contra
los Soberanos. Pero todo el dicho libro en su sen­
tido proprio era una campana de rebato que juntaba
\
a

(1) Bayle are. rem arq. (A.) habla con m ucha suavi..!a:l , y re­
verencia del libro de L u tero ; y piensa en cicusar su sediciosa d o & rim c:>n
Jas palabras de Fti derico Spanhcmio , que d ice , iiaber sido escrito aquel libro
en un sentido sano : y además de esto fue exp licado después por Lutero > que
afirm ó de j í misino : Om nium ¡tr v u m s s i t , ir »m n¡bnt ¿ n íjtíh ir » .
M a x i m a s I m p í a s c o n t r a ios G o b i e r n o s . 187
a las plebes para arrancar una libertad llamada
ChriBiana déla mano de los Magistrados , Prínci­
pes , y demás Potestades, en quienes se miraba
como usurpada. Quedan referidos diversos pasages,
asi del dicho libro , como de otros del mismo
Autor , donde con un espiritu y estilo furioso
clamaba claramente, y despertaba á todos los sub­
ditos'para que se juntasen contra los Gobiernos
Chrístianos. E11 el mismo lugar queda prevenida
la escusa que Lutero y sus amigos dieron en su
favor por estas causas de sediciones ? fundándolas
en otros dichos Contrarios del mismo Lutero.
Añadiré ño obstante un lugar de Erasmo,
á quien no podrán decir los Protestantes t que no
entendía las palabras e intención de sus Reforma­
dores* Despues queErasmo los convence de se­
diciosos , pérfidos, perniciosos al genero humano,
y otras notas de que hemos hablado, viene á un
particular, que conviene á nuestro especial proposi­
to. Para eso es de advertir , que Lutero, asi como
-otras furias Infernales, despues de clamar que su
Evangelio tenia sed de sangre, y que 110 podía cre­
cer sin las sediciones ; se volvía hacia los Principes,
y los lisonjeaba con todas las licencias de la tyranía,
animándoles á exterminar todos los subditos se­
diciosos, Asi meneaba con una mano en el bajo
pueblo el amor á la independencia, y las brasas de
la rebelión; y en lo alto de los Magistrados sopla­
ba la llama de las guerras ■civiles, para consumir á IIt.
los pueblos.
r ^ ^
pasa»e deEíw
nio cuntra Los
De otra semejante destreza se servia en quan- Evangélicosque
to al negocio de la guerra. A los subditos daba de- pernio” Fcrd¡-
fecho para hacerla contra sus Príncipes porlacau-
Aa 2, sa
188 L ib. II. D is e r t a c i ó n VII.
sa del Evangelio; y al mismo tiempo negaba á
los Príncipes el derecho de hacer la guerra (ni aun
defensiva) contra el Turco, porque los nuestros
eran. Christianos. Muchos (dice Erasmo) negaron
el servicio militar, y todo el subsidio ai Cesar y
R ey Ferdinando f por (1) seguir el dogma de
Lutero, que hacía ilicita la defensa contra los Túrb­
eos. ¿Por ventura (pregunta el citado Filósofo de
Roterdán) no se jalaban los Evangélicos , de que
mas bien querían pelear por el Turco no bauti­
zado , que por el Turco bautizado; significando
por. ésta segunda expresión al Emperador Cathó­
lico ?
IV.
Haccn la guer­ Sin abusar, (como dice Bayle el segundo Erasmó
ra estos fonéti­
cos por no h a ­ de Roterdan) sino siguiendo , y usando del dogma
cer guerra.
Luterano (como dijo el primero), comenzaron las
sangrientas rebueltas de Alemania que hicieron tem­
blar en un instante á toda la Europa, Apareció
aquel estado de naturaleza que agradó á Hobbes,
y se dejó ver una guerra de todos contra todos. La
mas admirable paradoxa era que los subditos hi­
ciesen la guerra, por no consentir en hacer la guerra*

§. G.

Nicolás Storch , Marcos Stubner, y Thomás


Muncer, hombres bárbaros y feroces, fundaron
el año 1521. la Se¿la de los Anabadstas sobre la.
Theo-
(1} Erasm. Epist. ad Fratres Inferior. Germ án. & in lib . 2. H icp era sp íst.
fi. 1- u t S . í An nun pleriqac apud Saxonesnegarunt C ts a ri ac R egí Ferdinando
suppcrias adyersus v im T iu ca ru m , scqucuccs dogma Luteri c l; jus nunc i lie p a-
lünodiam e te in itf ¿Ntrniie vr-ccs has jaítarunt E va n g e líce se ip.aiic pugnare pro
Tu rca Jiun baptizaco, <¡uain pro T urca baptiiatOj liac nota designantes Casarca!?
‘Omieto quE Rom a gotea sunc ¿ ijmn) e va n gelicé se gssey in c Vienus-,
M a x im a s Im pías c o n t r a i o s G o b i e r n o s , i 89
Theología Luterana(1) .Porque de estos tres sola
Stubiier tenia alguna instrucción; pero que no le
daba atrevimiento para otra cosa mas, que para ex­
plicar en su sentido genuino las palabras de Lu­
tero , que Bayle llama la palabra de Dios,
Los otros dos eran unos hombres groseros y V.
Epora de
bestiales: Storch solo andaba tras el viento de ins­ lo s AlKlbílt^CílS
piraciones celestiales ; y Muncero osado y arreba­ enem igos de Ja
guerra jasca s y
tado pagaba sus tropas con la libertad de atrever­ ¿£ codn
dadpúbiicAf
se á todo , y con la licencia de satisfacer las pasio­
nes mas ardientes y reboltosas. „ No se contenta-
„ ron (2) con declamar sobre la tyranía Eclesiísti-
}> ca de la Corte de Rom a, y la autoridad de los
„ Consistorios: enseñaron también que la potes-
„ tad de los Príncipes era una usurpación; y que
„ los hombres , bajo el Evangelio, debían gozar
j, de una plena libertad.... Quanto á lo demás, in-
„ sistieron mucho sobre la moral rígida (de Lute-
„ ro): recomendaban las mortificaciones, los ayu-
„ nos , y la simplicidad de los vestidos : por seme-
„ jante exterior engañaron á una infinidad de mun-
„ do. Despues de estos dichosos principios, Mun-
cerse hizo tan temerario, que exortaba altamen-
„ te á los pueblos á resistir á los Magistrados, y
„ á forzar á los Soberanos á que depusieran su au-*
„ toridad.“
„ Un tal Evangelio agradó tanto a los pay-
,, sanos de Alemania , que teniendo por demasía-
,, do pesado el yugo de sus Señores, se subleva-
,, ron en mil lugares, y cometieron una infinidad
a de violencias. Se levantaron tropas contra ellos;

Jfi) E a jl, DiCtian. C ricíe. are, ^inab¿¡>tincí, £1) Id . ibid ,


1 90 L ib . II. D isertación V I I ,
„ fueron fácilmente batidos, y murió un grandísíilMi
„ numero. Muncer que los habia engañado, y era
„ tan. célebre por sus entusiasmos, fue preso yi
„ descabezado el año 1525*
Los discípulos que dejo entre los Suizos, tn.uk
9, tiplicaron la Se£a en su pais , y causaron allí mu-
„ chas turbaciones.Fue preciso recurrir á las leyes pe-
,, nales mas severas, para detenerlos progresos del
„ Áñabatisnio. El mismo remedio hubo que to-
,, mar en varias Ciudades de Alemania , y en otras
„ partes.... Hicieron muchos progresos en la Mo-
„ ravla, y Harían mas, ápesar de las oposiciones
severas del brazo secular, si 110 se hubieran divi-
„ dido 611 dos facciones. La Ciudad mas ator-
„ mentada fue Munster. Todos saben que fue do-
„ miñada por ellos , y que Juan de Ley de, el Rey
■„ de esta nueva Jerusalén , se defendió tanto como
,, pudo: pero tomada finalmente fue castigado con
el último suplicio el año 1536.“
Esto nos dice Bayle de los Anabatístas en su
primer hervor o perfección. Aquí hacían la guerra
á sus Magistrados, y lo anegaban todo en sangre,
porque se mahtubiese la dulce libertad que el Evan­
gelio da á sus profesores. Dentro de poco-, sin mu­
darse éltheatro /solamente se mudó la razón de en­
cender las rebeliones contra los Príncipes. Esta nue­
va razón consistía precisamente en que no se hicie­
se resistencia á los enemigos por fuerza de armas,
ni se quebrantase la mal entendida mansedumbre
del Evangelio.
Este era el dogma Luterano ; y los Anabatis-
tas apellas hicieron otra cosa que darle algún color
de moderación. El mismo Bayle los describe en
es-»
M á x im a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , Í9 1
este segundo estaco, sobre lina carta del Dean de
los Ministros de la Iglesia de Zurich, escrita en 21.
de Agosto de j 642, i H otón, Ministro de la Igle­
sia Walona de Amsterdan,
Habiéndose encendido la Europa, en guerras;
el año 1622 ,7 ordenaron los Magistrados
° ♦
deZu- „Respuesta
VI- que
rich (1) que, según la práctica usada siempre en divró'> *
- I 1 1 * 3 1 / Mi^isrrados de
semejantes casos , los habitantes del íJanton se eger-* zunch sobre u
pitasen en el oficio de 3as armas. Los Anabatis- fsu",ra dd ano
tas no quisieron obedecer; y a los que obedecían
les representaban que la guerra debía ser conside­
rada como castigo divino, y que no por las armas,
sino por la buena vida se debía defender la vida,
Amenazaban que antes dejarían su patria, sus mu-
geres, sus hijos, y todos sus bienes, que rechazar
por las armas al enemigo común,
Los buenos subditos se indignaron por esto dg
tal modo, que eran de parecer que se exterminas?
esta Se£la. Pero los Magistrados buscaron reme­
dios mas dulces. Encargaron á los mas sabios del
Senado el cuidado de arreglar con los Theologos
mas moderados lo que hiiyiese lugar de hacer en
el caso.
Este acuerdo se recomendó ante todas cosas
a las oraciones de su Iglesia, y se resolvió , 1o pri­
mero , que nada se olvidaría de quanto pareciese
conveniente para curar los escrúpulos de los Ana-
batistas : que no se condenaría á ninguno por eso,
ni á muerte , ni á galeras yy que 110 se obraría cosa
alguna que oliese a crueldad, o a precipitación , 6
á pasión. Despues se creyó a proposito el tratar con
ellos,
■ B évl. ibid, remítrq [LJ .
19» L ib. II. D isertación V i l .
ellos, y les señalaron tres lugares donde pudieran
juntarse á oír lo que hubiera que decirles. V in ie­
ron en la asignación : se les propusieron de pala­
bra y por escrito los principales puntos de la F e
christiana : no desecharon sino u n o , que es el que
ordena las Magistraturas, y las hace obedecer.
Despues que el Senado supo lo que pasaba en
estas asambleas, mandó que compareciesen algu­
nos de sus Gefes. Comparecieron ; expusieron sus
razones > se respondió á ellas tranquilamente ; pero
no se Ies pudo inclinar ; y con todo eso se les despi­
dió con mucha clemencia.
N o dejaron ellos de retirarse con recelos, y
como gentes que temían alguna superchería: asi
lo confesaron al otro d ia, habiéndoseles pregunta­
do, ¿por qué habían desconfiado del salvo conduelo
que el Soberano les había concedido? Esta dulzu­
ra de los Magistrados erá m uy desagradable á mu­
chas personas: sin embargo se quisieron todavía
apurar los medios de la moderación. Se juntaron
los principales cabezas de los Anabatistas : se les
aseguró de que, sin exigirles juramento > según las
fórmulas ordinarias , se contentarían con que res­
pondiesen s í, ó m : que s e les dispensaría de lle­
var las armas, supuesto que por sus oraciones y
otros medios piadosos concurriesen al bien publi­
co y que quando se les obligase á venir á las pre­
dicaciones d é lo s M inistros, no se les quitaría la
libertad de desaprobar lo que juzgasen contrario k
la palabra de D io s : que solamente deseaban de
ellos, el que no las censurasen, antes dé conferir­
lo , ó con alguno de sus pastores, o con otro
Eclesiástico. Se Concluyó dándoles promesas de
se-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , i 93
segura protección , y haciéndoles exortaciones muy
patéticas. Pero viendo-que nada aprovechaba,se les
aconsejó benignamente que se fuesen á otro país: en
este caso se les permitía llevar lo preciso para su
subsistencia; y se prometía la restitución á quan-
tos, sanos de sus errores, quisiesen volver. Final­
mente se declaró, que los hijos y mugeres que re­
nunciasen su se&a , y no quisiesen dejar la patria*
gozarían de una porcion correspondiente de los bie­
nes del padre 6 del marido.
Los Anabatistas respondieron , que la tierra
era de Dios y no de los Magistrados 3y despre­
ciaron todas las condiciones propuestas. Entonces
se vino al uso de las multas y tasas; y porque re­
husaban pagarlas, y declamaban contra la tyranía*
se les1 confiscaron los bienes. Murmuraban ellos
mas alto: se congregaban de noche secretamente:
rogaban á Dios que abatiese el furor del Magis­
trado por una peste , por la hambre, y por otras
semejantes calamidades.
El Magistrado se vio ya. obligado á usar de un
remedio mas fuerte: prendió á muchos; se salva­
ron quasi todos estos por una brecha que hicieron
en el muro ( la mañana de pasión del año de 163 6),
y no se mostraron despues menos inquietos que
antes. Se les volvió á prender ; exortabanlos de
quando en quando á convertirse , ó á dejar volun­
tariamente la patria ; pero ellos persistieron en pe­
dir simplemente la libertad. Se añade, que sus fu­
gitivos sembraban por todas partes quejas atroces,
como si sus prisioneros hubieran sido maltratados
con la mayor inhumanidad del mundo.
Nota Bayle,que siendo u110 de los fondos de
Tom. V, Bb la
i 94 L ib . II. D i s e r t a c i ó n VII.
V II. la subsistencia de los Suizos, la permisión de ha­
¡Q u a ito in co­
moda este error,' cer gente para ir a servir á los Estrangeros, im­
especiaímenfc a
lo s S y it o íj g e » , porta summamente á los soberanos que todos los
tes gu errctai!
subditos sean proprios para las armas, y amen la
guerra. „ Por eso les disconvienen los Anabatis-
tas, gentes que no quieren herir ni matar á nadie,
„ y que intimidan á otros mas belicosos quanto
„ está de su parte : porque inspiran escrúpulos de
„ conciencia sobre la efusión de la sangre humana,
,, y sobre las pasiones inseparables del exercidode
,, las, armas, (i) “

5. III.
V III.
I .o t D e ís t a s eb» -
Los Socinianos ó Deístas siguieron esta máxi­
ríenen l» s m ú - ma de los Anabatistas j y abusando de un lugar
mas m áxim as.
de La&ancio , relativo á las costumbres de los
Christianos de su tiempo, han condenado por
ilícito el uso de la espada, asi en los Soberanos
como en los Magistrados. Despues se hará ver el
verdadero sentido de Laftancio.
Por solo este error creyeron algunos, que los
Príncipes no abrazarían jamás una seíta como el
Deísmo, qué les quita de la mano el derecho de
la guerra, que tanto hace respetar su soberanía. Y a
notamos en el Aparato, que ningún Príncipe, á lo
que se sabe, profesó claramente el Deísmo ó el
Socinianismo.
Bayle (2) , volviendo siempre sus reflexiones
hacia los Cantones, dice en quanto á este particu­
lar de los Sociníanos. <A quantos Soberanos ve-
.í mos
fij JSayl. D i& ion . are. ís tin . icraarq, (L) ( i) Id ib itl. rciuucq. (G j
M á x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 19^
mos que trafican con sus subditos , como un par­
ticular trafica con sus caballos y rebaños; Levan­
tan tropas i no para defender sus fronteras, ni para
atacar a sus enemigos; sino para enviarlos por di­
nero al servicio de otros Príncipes. Los tales deben
darse por muy ofendidos, ai ver hechos Sod nía-
nos á sus subditos. Sus rentas padecerían desde en-
tonces un gran menoscabo. De otra parte (añade) los
mas de los Soberanos se agradan , ó de hacer en­
tradas en los Estados de sus vecinos , o de ligarse
con los que están en guerra, y les importa que se
crea que nadie les atacará impunemente.
En todas estas miras liada es mas inútil que Cajocd'eSrctu­
co mandar a hombres,que por principio de Religión p¿0!Íü^ioj so-
están empeñados en no tomar las armas. A este pro- dc
posito refiere un cuento algo galante. Dice qué el
Rey de Polonia, viendose atacado por los Cosa­
cos rebeldes y por los Tártaros; y teniendo necesi­
dad de todos sus subditos para rechazar al enemi­
go , mandó á los Socinianos tomar las armas. Ellos
respondieron, que su conciencia no podia sufrir
que se derramase la sangre humana, ni que se hi­
ciese mal á las criaturas racionales. Sobre lo qual
se les propuso el medio de ir al Egercito sin me­
ter balas en los mosquetes. Haréis numero ( les
decían) y esto servirá de algo , haciéndonos siquie­
ra mas temibles. Tuvieron harta repugnancia que
vencer, para abrazar este expediente.
El que refiere este caso, lo pinta con visos de
una fabula agradable, y hace por defender á los So­
cinianos de este error , y aun por escusar el mismo
error. Para lo primero dice: „ He sabido por bue-
„ na parte, que los Gentiles-hombres Polacos,
Bb 2 „ So-
19 6 L i b . II. D is e r t a c i ó n VII.
„ Socinianos, iban al Egercito quando lo pedían las
leyes del Reyno (1), y que aun algunos se da-
,, ban á la profesion de las armas, sin que los obli-
„ gase la necesidad de obedecer á las leyes de la
„ República de Polonia : su seíla no aprobará ja-
„ más su conduela en este ultimo caso. “
En el primero y en todo caso hemos visto an­
tes á los Anabatistas y á los Socinianos detestar
la efusión de la sangre humana sin algún limite ni
excepción , sino una que ya hemos explicado; y es,
¡quando quieran tomar las armas contra sus Prín­
cipes , para resistir á su mandato de tomarlas con­
tra los enemigos.
De lelísima El mismo Bayle descubre otra excepción no
& nomanar iat menos notable. „ N o es algún articulo de fe Soci-
armaSjexccptuan * / 1* \ 1 * / \ 1 T i r ­
io s casos <!c mana [ dice) el renunciar (2) a las Magistraturas
Mot n y a la guerra. Los Socinianos en quanto á esto
íía*b« ’prínd- '*> son mas indulgentes á las pasiones que los Men-
pe?chrístianos. nonitas. No tienen escrúpulo de egercer estos
„ cargos en Transilvania; y hay muestras de que
,, tomarían las armas como todos los demás hom-
„ bres, si tubieran un Soberano de su Religión. “
V é aqui un bello secreto de los Socinianos,
que nos declara Bayle. El horrol' de estos Filo'so-
fos no es á la guerra ni al derramamiento de la
sangre humana: esto lo dejo ya observado; por­
que los vemos relamerse en tanta sangre inocen­
t e , y en tantas muertes y sediciones como han
cáusado en los paises que les dieron asilo. Su hor­
ror es puramente á obedecer á los Soberanos, y á
pres­
tí) Ürsyl. jb id ■art. Socin. (Fausts) lem arq , ( 0 .)
(i) Ic!. ibíd. reuutuf, lH)
M á x im a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s , i 97
prestarles el servicio militar. Si se les mandara ha­
cerla guerra contra sus Príncipes , no tubieran los
escrúpulos de conciencia en que se ahogan de ha­
cer la guerra por orden de sus Príncipes..
Miran á estos con todo el desafeólo que otros
vasallos fieles tienen á los enemigos del Reyno:
y asi quando los Socinianos tubieran ■ un Soberano ds
su Religión , tomarían las armas como todos los otros
hombres. Per© entretanto que no ha llegado este
caso, obrará imprudentemente qualqúiera Príncipe
que ponga sus armas en las manos de estos; por­
que no harán la guerra por é l, sino contra él.
De que en Polonia y Transilvania sírvan en
la guerra muchos Socinianos, prueba Bayle muy
nial que no se enseñe tal error en su seíta. Aun las
buenas máximas que se profesan y dicen, no se
pra&ícan siempre. ¿Quanto menor conseqüenda se
deberá esperar entre la conduéla de los hereges
y sus caprichosos errores?
También trabaja Bayle por escusar la máxima
Sociniana, que condena el uso de las armas. Esto
lo hace en el modo malicioso con que expone el
dicho error.
„ Los Socinianos (dice) son mas rígidos que (1)
„ el resto de los Christianos, sobre la prohibición
„ de la venganza, y sobre la renunciación de los
,, honores mundanos; no buscan endulzamientos,
„ ni explicaciones figuradas á los textos del Evan-
„ gelio que se ordenan á las costumbres. Han res-
„ tablecido la severidad de la Iglesia primitiva, que
„ no aprobaba que el Chrístiano se mezclase en las
„ Ma-
(1) Id. ibid,
198 L ib . II. D is e r t a c ió n VII.
,, Magistraturas, ni tubiese alguna parte en la muer-
,, te de su progimo, hasta 110 consentir que acu-
„ sásen á los malhechores. “ Esto lo guarnece con
Ja sentencia singular de La&ancio á que se res­
ponderá.
Bayle hace en esto como uno de los Filóso­
fos de estos siglos. Ellos son muy próximos álos
Deístas, y el Deísmo es una semejante Filosofía.
Oygamos hablar contra la guerra justa e injusta á
otros Filósofos muy bellos y humanos.

5. iv.
xr. SÍ no tubieramos documentos firmes sobre que
Siguen 7 p r o e ­
ja n estas perni­ juzgar del espíritu de los nuevos Filósofos , creyé­
ciosa) máximas
Jet Filosofo!, ramos que era un afeito de compasión por los hom­
bres el que les hace gritar y declamar tan importu­
na y afeminadamente contra la guerra; pero fuera
de un movimiento de vanidad que les hace me­
terse en todo, no es sino un odio á los Sobera­
nos y al orden público quien les dióta sus leccio­
nes contra la Tá&ica, y contra todo el uso de las
armas.
Despues que Voltaíre desbrava su fiereza con­
tra los Príncipes en mil expresiones indecentes, aña­
de, que son unos bárbaros sedentarios , por quienes
ios que defienden, la patria , cometen la locura de ir
d dejarse degollar. Su parecer, es que ningún hom­
bre tomase las armas por ellos , sino mas bien con­
tra ellos ; porque según su juicio , los Príncipes son
los tínteos d quienes se debía caBigar personal­
mente.
Y o no afirmo que estos hombres insolentes crean
lo
Maximas Impía» c o n tr a lo s Gobiernos, i 99
lo que dicen ; ni que dejarían de tomar las armas,
o por lo menos los venenos y trayciones, que son
mas conformes a sus viles espíritus , si con tales ser­
vicios pudieran lisonjear á algún Príncipe y ganar
su gracia. Pero quando fuera a s i, y no supieran ni
sintieran lo que pronuncian, ¿puede esto dejar de
ser perniciosísimo á quantos leen sus libros y folletos?
E n ellos hay por otra parte aquellas sales qué
pueden ser del. gusto mal sano de la juventud, que
se destina á llevar las armas ; y muchos de éstos
mozos hacen su lección, conversación y placer so­
bre las palabradas y coplas de aquel Filósofo bu­
fonesco y sucio. ¿Qué espíritu militar podrán for­
mar sobre tales exortaciones? A unque no hubiera,
otro inconveniente que tem er, sería bien fundado
y justificado el zelo con que un Oficial General
quitaba poco ha entre nosotros el grado á qual-
quiera de los que servían en su Tropa , si les ha­
llaba tan pestilenciales librejos. D e tres supe, a
quienes arrancó el cingulo militar, y los arrojó del
servicio porque gustaban de tan corrompida lección.
E n esto no obraba solamente por las obligaciones
de un verdadero y egemplar Cathólico , como lo
era; sino también por las reglas de la prudencia hu­
mana y militar. ¿Pues qué confianza podría tener de
tales soldados, ni qué. cosa podría encargar á los
que estudiaban el arte de corromper?
Gritarán los Filósofos llamando un pecado
irremisible á la pi£ 5tíca de este G en era l, como lla­
maron á otra semejante que observaba el D uque de
Malborough; (1) pero discurriendo seriamente , se
cree
{tj D is e rta r, c o n t, 1‘ alxiListnionc dti C li r iic u n i s i n . p i g . ¡ .í ó - i c i j .
í 200 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIL
"cree hasta entre los Ingleses „ Que un Oficial, ca-*
,, paz de insultar la Divinidad, podrá llegar algún,
„ dia á excitar un motín contra su. Gefe. “ Y so­
bre todo dicen, que el General de un Egercito In­
glés correría riesgo de ser muy mal obedecido , si
sus soldados no tubieran respeto á sus ordenanzas,
ya que no lo tengan á la ley de Dios. Esto mira
precisamente al caso en que estamos acerca de res­
petar las leyes de la guerra , como sugieren los
Deístas,
§. V .

can laTJs'pintu Este es verdaderamente el espíritu con que los


n os repro ch an,
que no p red ica-
Filósofos
.
disuaden la t>guerra 7, Jy del mismo calibre
.«os contra ks es el zelo con que truenan contra los Predicadores
guerras
CathoÜcos, porque en sus sermones no toman por
asunto el. persuadir al pueblo á no llevar las armas,
o á dejarlas. ,
„ En todos los discursos de un. Francés llama­
do Masillon , no hay siquiera uno ( dice V ol-
taire) donde este Orador se atreva á elevarse con-
„ tra el azote y crimen de la guerra ( i ) , que con-
,, tiene todos los otros azotes y delitos. Los des-
,, graciados arenguistas hablan sin cesar contra el
,, amor, que es la única consolacion del genero hu-
„ mano , y la sola manera de repararlo : pero 110
,, dicen una palabra dé los esfuerzos abominables
,, que nosotros hacemos por extinguirlo. “
se<¡mpansu* En todo habla sin juicio y contra verdad este
hombre esclavo de la mentira y de las torpes pa­
siones. <Quién sino un loco culpara á los Oradores,
por-
{tj V o lta ir. P iá iü iia ir . P liilosop h iq , are. (7»rrrt,
M áximas I mpías contra ios G obiernos, so r
porque en sus discursos al publico 110 le pintan los
males y peligros que lleva consigo la guerra?
¿Los Oradores, aunque sean Gentiles, deben en­
tretener á ios pueblos sobre acciones que ellos no
resuelven ni juzgan? ¿Sería menos que un necio o
un fanático el Predicador que hiciese á su audito­
rio un largo razonamiento , sobre las convenien­
cias que podia traer al R eyno un tratado de paz
y de comercio con otra Nación? L os Sermones no
se dirigen á objetos, que no son de la esfera de los
oyentes. Las conveniencias de la paz 6 de la guer­
ra se pesan y consideran en ei gavinete secreto de
los Príncipes, y en el Consejo de los Generales y
Letrados. N o son estas deliberaciones las que se
proponen á un pueblo ChrístianQ quando se con­
grega en el Tem plo á oír la Misa y el Sermón.
M ucho menos es la guerra un deilto ni causa „ xfv-
i ti 1 j i N o es la ¿tierra
de todos h s delitos , de que el Predicador deba d i- por*/, ¿dito*¡
1- i 11 i * i - i i i • T 7 " i / causa Je todos
suadir al pueblo. A si no podía hablar sino un r ilo - los delitos* co—
sofo Sociniano o Anabatista, o fanático. L a guer- R'
ra tomada en sí misma no es algún pecado y puede
ser de grande mérito para Dios y para la patria, co­
m o veremos de aquí á poco.
Fuera de que el estado presente de los hombres
hará conocer á qualquiera que use de una mediana
reflexión, que no es necesario inspirar el amor á la
tranquilidad, contraria á ía profesion de la guer­
ra. L a flojedad y el gusto por el reposo y quietud
doméstica, se ha hecho tan dominante en los áni­
mos de los ciudadanos y en todos los ordenes de
personas, que hay poquísimos que quieran hoy las
armas. D e otros tiempos leemos que una N acioa
contaba tantos soldados, quantos eran los hombres X;
Tem, K Ce ca­
so* L ib . II. D is e r t a c ió n VII.
capaces de juntarse á la primera señal. Sin la necesi­
dad de agotar el público tesoro,cada uno corría a las
fronteras ádefender la libertad de la patria; asi por el
honor, como por conservar su propria casa , mu­
ger , hijos, heredades, ganados, y todos sus bienes.
A l presente se ha visto que un pueblo de mil ve­
cinos no pudo juntar cinco hombres que se le exi­
gían para el Egército *. y para que á cada uno no le
toque esta suerte , se hacen votos, promesas, y
en lo humano se apuran todos los artificios y
mañas.
xv. <Pide este temperamento el que los "Predicado-
hí^Jc^ci^ai res se esfuerzen á inspirar horror ala guerra, quan-
lorínimos'ftT esrá mas cerca el caso de ser necesario que los
ios,que<uPrc- mismos Predicadores los exorten para hacer la defensa
gan'áu'guetra? precísade sus vidas y las de otros? ¿Quanto mas opor­
tuno y justo será que los Predicadores expongaa
á los pueblos la obligación que tienen de salir al
servicio de la patria y del Soberano ; siempre que
éste, consideradas las causas é intereses inescusa-
bles, lo haya juzgado necesario? Esta obligación es
la que parece estar mas olvidada por los subditos;
y .que les urge tanto mas, quanto la guerra fue­
re mas justa, y ellos sean mejores y mas fieles
Christianos.
La doctrina que despues de esta sería también
muy propria de los Predicadores > es la que el;
Bautista daba á los soldados que le preguntaban,
como evitarían la ira de Dios, y le servirían, sir­
viendo á sus Gefes en la profesion de las armas.
¿ t Sobre la respuesta que les dio el Bautista,y está en
el Evangelio , sería conveniente y oportuno que
í> ■; . los Predicadores inspirasen en los ánimos de los
!• sol-
M á x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . *03
soldados el horror á toda rapiña con que hacen mis
daño que los enemigos ; y el temor á la torpeza y
lujuria, por quien reciben mas estrago y mas heridas
del cuchillo de los Cirujanos que de la espada de
los enemigos.
Pero en todo tenemos el trabajo de sentir y Re^ j ese ,
pensar al contrario de los Filósofos amorosos. Lio- iouq-eubsman.
ra Voltaire el que- los Predicadores Cathólicos eno- del
jen su amor, que es la única consolacion del género
humano. ¡Quién vio jamas tanto verdor en unviejo
seco! ¡Quan donosa y venerable no es una barba
cana y filosófica, regada de babas , o cubierta con
la espuma de un caballo rijoso , o de un cabrío en
el furor de su zelo!
¡De el amor quiere este Señor que diserten
los Oradores Christianos! Supuesto que nadie sos­
pechará que habla del amor de Dios ni de la'patria,
porque para los Filósofos no son estas sino ideas
fantasticas y Platónicas, ¿quién le negará que no sea
muy necesario que los Predicadores tomen ahora el
tema de soplar en medio de los pueblos el amor
lascivo y carnal? Apelo á las Naciones mas bárba­
ras, y á todos los pueblos mas ciegos , antiguos y
modernos , y los conjuro á que digan si nació al­
guna vez entre ellos algún animal que arróstrasela
una desvergüenza tan pública, .1
.Quando los Predicadores han dirigid^su pala? xvn.
bra á Soberanos y Príncipes chrístianos qué ..tenian dfcT¿Ye%Cc
presentes , no han dejado de ponderarles el gravi- d“ „l*f
simo cargo á que se rendían por las cbnseqüencias sueciíii. vüLjr-
j ^ . * 1 1 tarjas O iniUiUS
ae una guerra resuelta sin necesidad o sin justicia, y
egecutada sin regla y sin moderación. Si Voltaire
y sus confilósofos tubíeran orejas de oir sermonas,
Ce % ú
204 k®* XI, D i s e r t a c i ó n V I L
íi ojos para leerlos; verían en ese Francés llamado
Jblas'úlon, discursos eíoqiientisimosy ardientes, don­
de pinta muchas veces y por diversos lados el hor­
rible quadro de la guerra ( i) . Pero este sabio Ora­
dor conociendo bien que la guerra es una acción
indiferente, no se proponía el declamar tanto con­
tra ella, como contra la ambición (2) de los C o n ­
quistadores , contra el orgullo y gloria de los Gran­
des (3), y contra los demás vicios adonde puede la­
dearse el poder de los Soberanos (4); y que son las
raíces de las guerras injustas.
Predicar contra la guerra absolutamente, sería
dar voces tan necias como sí al pueblo se le exortá-
ra contra la peste, contra las tempestades y contra
otras calamidades, que aunque sean m ales, son ma­
les Inevitables y necesarios , al menos respecto del
pueblo.
xvm. D e los Oradores Españoles no falta entre mu-
gún“ rorádore¡ ch °s inútiles y sin sentido ( como hay en todas las
católicos, no N aciones') un numero de sabios que han represen-
coutrala guerra 1 1 1 1 1 -i
sinn contra su tado los males de la guerra con la necesidad y mo-
fibusOb -g * t i ^ 1
aeración que debe precederla y acompañarla*
E n un Sermón que predicó el Padre Vieira,
en la Cathedral de la Bahía el ano 1639. habla así:
„ N o todas las guerras tienen un mismo fin ; unas
J) mueve la vanidad, (5) otras la codicia , otras la
justicia, y otras la necesidad. L a que mueve lava-
„ nidad , tiene por fin el triunfo : la que mueve la
,nco-
(1) M asill. Scrní. du prem ier dim aiicli. petic Larcr.unc.
(1) Id. mister. Serm. deJapasión de notre Sti^ncur. Scrm. de la Visiution
de la Sairnc Vifge. (}) Id. Serm. de la Purification.
. (q y I d . Scrm . du 3. dim atich. p e tit carem. Scrm. desR am eaux. petít carctn.
líensees are. So uveraiuJ, Se are. V a n ité } Sjc.
(■j) Scrm . j i . d c l Rosario num. 444. 445.
M a x im as Im pías c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 205
„ codicia, tiene por fin el despojo; la que mueve
„ la justicia, o es movida de la necesidad, tiene por
„ fin la paz; y tal es la nuestra ; Pacem debet ha-
„ bere voluntas, Izllum necessitas. La paa ha de ser
„ voluntaria siempre , y la guerra forzada; solo la
j, necesidad ha de obligar á la guerra ; pero la vo--
,, luntad siempre ha de desear la paz: ya lo ha-
,, bia dicho antes Marco Tulio... La guerra (dice)
„ tomada por temeridad es de brutos ; la forzada y
„ por necesidad es de hombres. Como hombres
„ peleamos por la conservación de la paz, y no por
,, la ambición de la vióloria ; como justos solo pre^
„ tendemos defender lo proprio y 110 conquistar
„ lo ageno : como soldados solo tomamos las armas
„ contra las armas... Sola gerat miles qtábtis arma.
„ coerceat arma, “ Y luego inmediatamente pin­
ta asi la cruel guerra que habían hecho los Bárba­
ros y Hereges en la Provincia de Pernambuco*
„ ¿ Qué parte hay en este dilatadísimo cuerpo,
„ o mas vecina o mas remota, que no padezcagran-
„ des dolores y cada dia mayores? El mar infesta-
„ do, los puertos impedidos, las costas con per-
9) pernos rebatos amenazadas, las camparías taladas,
„ las labranzas abrasadas, las casas despobladas y
„ destruidas, las Ciudades y Villas arruinadas, los
„ Temples y los Altares profanados , las personas
„ de todo estado, condicion, stxo* y edad desaca-
,, tadas , y por mil modos oprimidas ; las prisiones,
„ los destierros, las pobrezas, la hambre, la sed:
,, unos muertos en los bosques, otros ahilados en
„ los desiertos , huyendo de los hombres para ser
„ pasto de las aves y de las fieras: las mngeres y ni-
}) ños inocentes entregados á la furia y voracidad
30 6 Lib. II. Disertación VIL
„ de los Barbaros, y los proprios cadaveres, con hor-
,, ror déla misma naturaleza, incestuosamente afren-
„ tadosjlas muertes inhumanas á sangre fría; las tray-r
„ dones, las crueldades, los rigores , los martyrios,
„ y tantos otros generps de la herética tyranía con-
„ trarios á toda la fe y derecho de las gentes, y
,, de ningún modo comprehendidos debajo del
„ nombre de guerra; esta es la guerra que pade-
„ cemos. Esta es (vuelvo ádecir) la guerra quepa-
„ decemos , y estos los dolores, cuyos gemidos pa-
,, sados sobre tanto mar, llegan tarde.y fríosá En-
„ ropa, b engañada o divertida. u
E l Padre Guerra tiene , bajo este nombre, ser­
mones y pensamientos de paz, dirigidos á desviar
de nuestros fines las guerras no necesarias. Hace ha­
blar á San Luis, y por su boca (i) dirige éstas pa­
labras á todos los Príncipes. „ Escusa las guerras
„ como madres insolentes de todas las infelicidades;
„ y considera antes de. moverlas, las culpas y des-
,, gracias que envuelve; la mas justificada. Si te pre-
císíre el legitimo indispensable derecho de mante-
ner tu territorio, consulta su rompimiento con
„ varones desapasionados que no tengan en la mi-
„ licia sus intereses. No conduzcas en tus randeras
,, forzados; te escusarás, o de castigar sus fugas, o
„ de llorar en la ocasión sus flaquezas. No admi-r
,, tas en..quanto puedas, armas estrangeras; pues
,, te obligas á tolerar sus insolencias; o si los castí-
„ gas, á malquistarte con sus Coronas. Mira los
„ tristes efectos, de .la guerra con tanchristiano mie-
„ do, que procures salvar tantas inocentes vidas que

(i) P , G u c n a Qracitm, var. orac. z . Je San Lu is R e y nmn. $ ) .


M a x im á s I m pías c o n t r a lo s G o b ie r n o s . 207
„ sacrifican sus alientos, porque goces quatro terro-
„ nes mas ó menos de tus dominios/ Sea insepa-
,, rabie dogma de tu mente, que porque no perezca
„ un inocente,se deben perdonar muchos culpados. “
El Padre Ortensio Paravisino , Predicador de
Felipe III. y IV, del mismo Orden de la Santísima
Trinidad que el antecedente, dice asi en un Ser­
món de Adviento. „ Lo que importa:, es que la
„ causa de la guerra sea justa; que siendo, ( como
,, dijo San Bernardo ) 110 puede tener mal suceso.
,, Non potesí esse infeliz exitus , ubi jitBa efi caiisa
„ pugnandi. La reputación rio la quita un- acciden-
„ te adverso ,.sino la intención mal guiada ; no sien-
„ dolo, no puede tener buen fin: porque si fue ma-
j, lo el suceso * se pierdan las armas, la hacienda, el
„ crédito:.si fue bueno, por el Interes de una suer-
„ te se pierde la buena opinion, y se grangea la voz
,, de tyranía , y raras veces se deja de perder todo.
„ Nabucodonosor juró defenderse de todas lasNa-
„ dones vecinas quando no le movían guerra nin-
,, guna. Juravit ut dsfenderet se\ porque quien bus-
,, caba causas de destruir á los otros, de los suyos y
,, d¿ los estraños se había menester defender i que
„ guerras antojadizas contra los de dentro y los de
„ fuera son igualmente; y amigos y enemigos, pro-
,, prios y extraños, todos se hallan ofendidos. “
A todos sus Ministros y Predicadores enseña,
estas mismas máximas la Santa Iglesia Cathóíica,
cuyado&rina acerca de la disciplina de la guerra con'
siderarémosen.el articulo que se sigue.
L ib . II. D is e r t a c ió n VII.

™ * * 1------ — e 1. ................... ..... » l í ¿ ^

A R T IC U L O H.

D E C L A R A C IO N D E L A D O C T R IN A
■Cathóiica acerca del derecho de la espada en
el uso de la guerra publica,

§. I.
X IX .
N solo genero de guerra manda el verdade­
U
El liv.'ingcljo
soiarnenre pide
la e u cira ro Evangelio de Jesu-Christo. No es este
ÍLplpasioncTua íod°s contra todos, sino de cada u
solo i del espíritu de cada hombre contra -su car­
ne; y de la voluntad contra las pasiones.
: Esta es la única guerra y lucha que pide el Evan­
gelio, y solo de esta habló Christo (i) quando
dixo: No vine d meter paz, sino la espada. Bien
claro es despues de la interpretación que díó San
Pablo (2) á esta palabra , que no hablaba de la es­
pada de hierro, sino de la palabra divina, que es
mas aguda y cortante que una espada de dos filos»
que divide aí alma del espíritu, y penetra por to­
das las comisuras , y artículos de nuestros pensa­
mientos , intenciones, deseos y afe&os del corazon
humano.
Porque ninguno entendiese que era de otra
especie esta espada, dice el mismo Apostol á los
Corintios: D e ningún (3) modo proyectamos guerras
car-
(I) M atch, cap. 10. t - 3 3 - ( 2) A d H eb r. cap. 4 ^ . i í .
fj) A d C o iin th . ». cap. í o . ’í ’. i j . Nequaquam cacnis bella gcrim uj : nam
jutna m ¡litis noscr® non sunt ca rn alií.
M a* íí¿ás I mpíáI eoWfRA tos G obíiírnos. 209
camotes^ porque las armas de nuestra milicia no
son de carne ó materiales , sino fuertes espiritual-
mente para destruir los armamentos y municiones
contrarias. En estas fuerzas enemigas comprehende
también las astucias (1) diabólicas, para cuya lu­
cha nos manda tomar la armadura de Dios.
El objeto y fin de esta guerra 110 es sujetar
Naciones ricas y feroces, no el juntar casas á ca­
sas , Pueblos á Pueblos, Provincias á Provincias,
Reynos á Rey nos. En suma , no es hacer una
Monarquía universal, tras de cuya sombra comea­
ron toda la tierra Alexandro, *y otros hombres am­
biciosos y necios, á quienes se dio ei nombre de
Conquistadores. La guerra á que nos conduce el
Evangelioaspira solamente á la vl&oria de no­
sotros mismos, ó de los apetitos rebeldes que
nos turban la pacifica poses!011 de nuestro cora­
ron y espíritu,

5- II*
Esto parece poco á los hombres derramados a fistf^ ¡aorf*
Sjera, y que no pesan, ni miden otras grandezas
-que las de los cuerpos. Pero es certísimo q u e si con- guatas
siguiéramos la visoria de nosotros mismos, y nos Baí'
luciéramos fuertes en esta guerra secreta , callaran •
¡todas las otras guerras públicas que turban al mun­
do } porque uno mismo es el origen de nuestra re­
belión interior , y el de todas las guerras externas.
„ ¿De dónde nacen filtre vosotros (dice otro Apos-
Tom. VI Dd tol)
( i j A d Ephes. cap. 6, f , 12, in d ulto univeisasn illa!» annaruram Uei
u t positis stírc ad-venus artes PiaboJU j ¡ju u jjq ji e*t vobis ü ifta adversas c a fc i,
Hfflí, &c*
3 io L ib , II. D isertació n VIl¿
,, tol) las guerras y las pugnas? <Por ventura ( i) d e
,, las codicias qué militan entre vuestros miembros?
„ D e vuestras delicias. Deseáis, y no obtenéis ven vi-1
„ diais,y no podéis conseguir: batallais y hacéis
„ guerras, y 110 vencéis , porque no pedís : pedís*
,, y no alcanzais , porque pedís neciamente.**
Si ninguno codiciara mas allá de lo necesario;
si cada uno se contentara con lo proprio ; si lejos de
hacer violencia á nadie, se ocupara cada uno en
tener a la raya de lo justo todos sus pensamientos
e intentos : si cada hombre estubiera en la disposi­
ción de sufrir alguna incomodidad o agravio, mas
bien que en la de causarlo : si el hermano previ­
niera la necesidad, y aun el gusto de su hermano
con el servicio y con el obsequio : finalmente , si
cada singular de la christiandad se obligara á sí
mismo á no exceder por ninguna parte los limites
del Evangelio ; amanecería al mundo un dia seré-1-
no y felicísimo. Las guerras se calmarían todas á
un tiempo. U n hombre no levantaría la espada
contra o tro , y sería vano el exercitarse mas para la
guerra: se arrumbarían y enmohecerían todas las ar­
mas , faltando quien ofendiese y se defendiese. E i
vecino guardaría las cosas de su progimo, como
las suyas ; en vez de que ahora se echan á tier­
ra las puertas de las casas, y se allanan los vallados
de las heredades para arrasarlas y despojarlas. Cada
pueblo o comunidad miraría al otro pueblo como
a una familia diversa en el numero, pero unida en
el afe£to como en la naturaleza. Esto alejaría las
secretas maquinaciones y dolos que ahora tiene una
- C iu -
M áximas I mpías eoWfft'A los G obiernos. 2 11
Ciudad movida contra otra^ y los Reynos entre sí
mismos. Todos los consejos serían abiertos, y los
dictámenes, mas justos de los ancianos y pruden­
tes decidirían en los negocios. Ninguna gente sos­
pecharía de los secretos de la otra, porque no se co­
nocería esta política doblada y peligrosa.

§. III.
XM,
Para esto serviría lAucho el destierro de quan-
to se llama-lujo en la vida humana. N o se desper- í^sKJegaettss
cxcerius.
taría ni se irritaría la codicia de alguno , si no vie­
ra en el otro cosas singulares , y que cuestan exqui­
sita diligencia y trabajo. Un vaso de palo colgado
cerca déla pobre mesa para servir el agua , no de­
jaría nacerla codicia , y las guerras que anima la
sed del oro y de las muchas riquezas ( 1 ) . L o mis­
mo que sirve a Hsongear nuestros deseos , sirve a
enojar y provocar los ágenos.
L a naturaleza es suficiente para dar á todos
lo necesario; pero no es capaz de satisfacer los
gustos de uno solo. Habiendo carestía de frutos por
un mal año , o por haberlos talado los enemigos,
murmura el pueblo , y hay peligro de que tumul­
túen los unos contra los otros por satisfacer cada
uno su necesidad. A toda carestía se sigue este pe­
lig ro : con que habiéndola siempre de las cosas que:
sirven al lujo, y á los apetitos desreglados, porque,
como va dicho , toda la naturaleza no basta a con­
tentar el gusto de uno solo; es necesario que á esta
Dd 2 ca-

( i) J'.ncin. lib. i . Hiscov. Gap. i . Qaipc ibitlcili diykiacum cupido estj


ubi Sí Wwi
9 12 LíB. H. DlSÉtttACIOU VTL
carestía universal é irremediable se sigan por to­
das partes tum ultos, rebatos, y guerras perpetuas.
Este sentido tienen los siguientes versos de L u -
cano ( i ) .
.................. ,„..0 prodiga rertrnt
JLuxurks, nnmqnam parvo contenta paratu^
JSt íjuitsltorum térra, pelagoque civorum
Ambitiosa James > lauta gloria mensal •
Diserte qtiatt} parvo liceat ptoducere vttamf
E t quantum natura petate Non erigit agros
Nobilis ignoto difusas Consule Baccnsy
JVm auro mirrhaqus vivimt, sedgurgite puro
Vita redit.Satis eB populisJinvhisquer Ceresque,
Heu miseriqtú bella, gemnñ
senSró* de- ® mismo discurso formaba Arnobío (s) . „ S i
Amobio sobre todos (dice) los que parecen h o m b r e s n o por
(SC2 r iio S o t iíl'u C | a * ■ f i 1 i
*j Eyanjjeüoi- „ l a Hgui?a del cuerpo, sino por Ja potestad de la
„ razón, se aquietaran del to d o ,, y poco- a poco
„ á los saludables y pacíficos decretos del C hris-
iVnanismo,, y no creyeran mejor á las conmoeio—
,, nes- de sus sentidos» hinchados de fasto y de so-
n beecejo,. todo el orbe hubiera, ya sin duda con-*
vertido sus usos en costumbres mas suaves; h a-
„ hitaría en una tranquilidad dulcísima » y disipa-»
„ padas las confederaciones singulares, ofensivas j
„ defensivas , se huvíera ajustado á tina concordia
,, provechosísima por unas sancionen incorruptir
„ bles.*®
L a Idea de esta felicidad la vemos nacer como
«na aurora de entre las santas reglas del E vange-

(t J L iica n . P liars.il. 4 , f~, 373.


¿J) Á ía * b . «dTírs. G $ at. f i í , i , pág.
MaxtmasIm'pias c o íítra io s Gobiernos. 2 13
lio. Ellas la prometen á los que le son fieles, y
sobre el mismo fundamento la ofrecían, y prom e­
tían Isaías con los otros Profetas. Si todos obser­
váramos esta celeste disciplina, ¿para qué sería la
guerra, quando D ios puso en el mundo lo ne­
cesario para todos? ¿Por qué afe&o de ambición,
debiendo no tener ésta algún lugar en qualquie­
ra que por el Bautismo toma el nombre de Chris­
to? ¿Por qué ocasion, b provocadon, quando to ­
dos estarían mas dispuestos á sufrirlas que á darlas?
¿Por qué miedos o recelos, quando cada uno dor­
miría en el seno de su progimo como en el de un
tutor y prote&or? ¿Por qué envidia, quando la
gloria de uno alegraría como una luz á todos los
sabidores , y no habría honor ageno ,■siendo el de
uno común á todos? Esta vida bienaventurada sin
todicias, sin contiendas, sin emulación, sin envi­
dia , sin sospechas, sin necesidades , es el Parayso
que riega el Evangelio ; y que nuestra dcsobedien-
cia y aféelos singulares marchitan , secan, enma­
rañan, y lo mudan en una selva de fieras, o en
un campo de batalla.

*. IV.

S i los filas de los vicios y errores soft unas? ú


sendas singulares y atravesadas contra el camino gXTfwwa-
de la verdad y déla virtud ; y si es quepuede vol- díanosioi>ek-
verse á éste , retrocediendo de aquellos extravíos; 131 > y de>»^
ved aqui lo que pudieron haber amagado á decir
los Anabatistasj Filósofos, y Socinianos, qUajido
han declamado que el Christiano no puede usar
de las amias, ni eü la guerra contra los enemigos
■314 , LíB. II. DISERTACION VII.
•de. afuera, ni en .el gobierno contra los delinquen-'
tes domésticos. 'Lo acertarían sí huvieran dicho,
que entre los Christianos, siendo fieles al Evange­
lio ., no puede haber guerras; ni dentro de los pue­
blos debería haber reos dignos de pena.
r Esto segundo es verdad. Asi es la Índole del
Evangelio; pero como éste no se intima con una
fatal necesidad, ni variando naturalmente la cons­
titución del hombre; sino que deja en nuestra alma
$u libertad, y quedan en los miembros las concupis­
cencias, hay innumerables Christianos que quieren
satisfacerlas con el abuso de su libertad. Creciendo la
relajación de día en dia , en muchos que han jura­
do en el Evangelio , no se distingue su ambición
por dominar, de aquella que distraía y estiraba con
tormento el animo de los Paganos.
X X IV ,
El E vin g eiio ti 5 Halló entre nosotros un ancho lugar la codi­
tiene culpa en
las guerras}5¡no
cia de lo ageno, y aquel mió y tuyo que no se oía
je*” - entre la multitud de los primeros creyentes, y fue
siempre fuente de discordias. Dejando los hombres
que se fuera entrando así el Reyno de -las pasiones
enmedio del Reyno de D io s, ¿que esperábamos
yér, sino dentro temores, por fuera guerras , y pe­
ligros en todas partes?.
Las guerras no pueden nacer sino de mal, aun­
que el decreto y deliberación de ellas sea buena.
Ninguna guerra (decia Plutarco) deja de nacer
de vicio (1), Unas del amor á las delicias; otras
del amor por las riquezas; otras del amor á ia
gloria; Por estos ¿mores , qtu no son ciertamente
gonsolacion, sino la dssolaclQn ¡del genero humano»
se
0) Pintare, is Coactad, Sro¡(9í«
M á x im a s Im p ías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 2 15
se enagenaii. los proprios de sus propínqüos; se
ta la n las grandes Regiones fértiles de frutos y de
habitadores ; los mares y las tierras se pueblan, de
naves, y de esquadrones para anegarlo todo en ca­
lamidades. Aquellos combates de los Griegos y
de los Bárbaros, ya de linos contra otros rya con^
tra sí mismos, cantados en las antiguas scenas , ma­
naron todos de este mismo principio.

■ : §. V.

Previendo Jesu-Christoestos males qüe , a pe-* XXV.


Jesu-Chm tO
sar del Evangelio., habian de nacer de la ambi­ previo ea la am-
Ilición la cau.-¡|
ción por los puestos , exclamo : \Ay del mundo por de los escarnía­
lo s , y proveyó
parte ■de los escándahsX E s necesario que haya escán­ de remedio en
dalos (1): y a conseqüencia proveyó .de medicina pada. e l uso de la tí*

contra estos males. N o quiso introducir un reme­


dio nuevo:; sino aprobó el que la razón, el derecho
natural y de las gentes, el uso de todos los pue­
blos, y singularmente el que habia tenido y usa­
do.el pueblo santificado. Tal era.el derecho 'de-la-
espada contra los perturbadores de adentro y dé:
afuera, haciendo temer las venganzas á los que no ¡
querían amarla justicia; -
N o solo mandó expresamente de palabra dar*
al Cesar lo que es debido ; sino él mismo vivía sil-1
jeto de hecho al orden público (2) . Y aun quando
salieron á prenderle como á un ladrón, repre­
hendió á San Pedro , porque hirió á un siervo
del Pontífice (3 ), y remedió con un milagro
él .

-ti) M.-itt. cap. ts¡. f.7. (í i Mate. íi. f. j*.


jfe) Luc, 21. j a . 51. Joaan. í 8. 11» . . . ^
%x6 Lrs. II.DisERTACtóN VII.
el daño que causó un exceso de su discípulo.
Sus Apóstoles instruidos con tan admirable
doíhina y egemplos, hicieron despues que to-'
dos los fieles respetasen y se sometiesen á las pu­
blicas potestades, confirmando en todas partes si*
legitima autoridad.
Es bien de notar la sabia idea del Rey que
se expUca^ciiu- da el Apostol á los Romanos. Ministro de Dios
«r dei Aposcoi es para fU bien; pero temelo si obrares m al; por-
a Iq s R a im a o s , r 11 t i \ •
que prueba ci que no en vano lieva la espada : esto le constituye
le g itim o uso d e . . i i f ■ i- • / K
k«pada. un ministro vengador de la ira divina (i) contra
aquel que hace mal.
Dos aspeólos da aquí á la Dignidad R ea l, í>
mas propriamente dos ministerios; con uno sirve
al bien de los justos, con otro vengan el mal que
hacen los mtqüos. Para el buen ciudadano y
Chrístiano no es el Rey algún objeto de temor.
L a espada que está en la mano Real, no ame­
naza al bueno, sino le asegura, y vela al rededor
de su casa y de su lecho para que viva y duer­
ma tranquilo contra las incursiones de los que des­
precian al Evangelio. Así es para los buenos un
ministro de bien : D d miniBsr eB tibí in bono.
Para este no hay penas , ni leyes severas ; asi como
no debe haber guerras contra las Naciones vecinas,
que 110 perturban ni rompen el derecho de gen­
tes, ní el de la naturaleza. Mas para las que hacen
lo contrarío hay poder en, la espada del Soberano.
N o debia ser inferior en quanto á esto el Prín­
cipe Chrístiano al Pagano. Antes, quanto el prime­
ro reyna por D ios, mas ciertamente que el según,-
M a x im a s I m p ia s c o n t r a l o s G o b i e r n o s , s iy\
d o , tanto es mas autorizado su ministerio en ser­
vido de la honra de Dios. ¿Habia de ser Ministro
de Dios un Príncipe pagano que no le reconoce, me­
jor que un Príncipe Christíano que le conoce, le
ama, y otro tanto mas siente sus injurias? Según'esto,
no de ios Príncipes malos b paganos solamente, sino
mas bien de los Reyes pios y Chrístianos hablo'
Saja Pablo en el dicho lugar.

s. V I .
E l Bautista, cuya doctrina no era contraria a
la de Jesu-Christo (i) , sino una preparación para
X X V tí.
ella , quando fue preguntado por los Soldados soj Se prueba ile lt
bre las acciones de su vida y oficio, que deberían respuesta d c;t
Bautista 4 las-
evitar para escusar la ira de Dios y salvarse j no Soldadas.

les respondió que dejasen las armas y el servicio


de sus Príncipes ; sino solamente el que se conten­
tasen con sus estipendios legitimos, sin hacer vio­
lencia á ninguno.
V ed aquí se trataba formal y precisamente el
punto en que erraron despues y yerran los Ma-
niqueos, Anabatistas , Deístas y Filósofos. Si el
cgercicio de las armas en la guerra que decreta el
Príncipe legitimó , fiiera una acción mala , y dig­
na de la ka de Dios , como quieren los dichos He-
reges , ¿no debiera el Bautista declarar á los solda­
do? t que era necesario dejar la milicia , quando
esto$ le preguntaban sinceramente lo que les con­
venía hacer 6 dejar, para no caer en el enojo di-
yino ?
Tom. V. Ee Pa-
¿if L w , c>f>. ¡ . f . i-fc
s iS Lib, II, Disertación, VII,
x>e*J2 ?úa* Para abatir mejor el dicho error, parece
lurion' 0d Ccn <iue aispuso Dios que las primicias de los. Gen-'
tiles que abrazaron la profesion christíana, fuesen
Soldados Romanos y hombres de armas, Gome-
lio Centurión de la Legión de Itálica, fue el pri­
mero que ymo a San Pedro , despues de la visión
que tuvo, acerca del llamamiento de todas las.
gentes al gremio de la Santa Iglesia (i) , N i de§--
pues que el Apostol le bautizó, se lee , que dejase
el mando de su Centuria; ni que el Apostol le
persuadiese , m aun le aconsejas^ el que dejas? las,
armas,
Desde el principio del Christianismo y en todo
su progreso se vio la prá&ica de esta do£trina; y
estendiendos.e la predicación y la red evangélica,
vinieron en ella con los pueblos enteros sus Prín­
cipes y Reyes, para ser los nutricios , y tutores de la
Iglesia, según habia profetizado Isaías (2) ,
xxix. Entre los puntos, de doctrina que las primé­
is ia ínstruc-, ra& re2las christianas mandaban enseñar á los que
cío» qu< se aab^ ' , ■ 0 N - . . - ‘ 1 1
¿ ios soldado* vinieran a bautizarse * uno miraba particularmente
wlLi? á los, soldados ,, y encargaba que se les, instruyese
además, del cathecismo general» acerca de la obli­
gación. de servir contentos con su soldada, sin
hacer vejaciones, o. injurias k nadie. En prome­
tiendo, esto , se le§ admitía, al bautismo (3) i - ■
Tertuliano se valía de esta verdad pará recha­
zar la calumnia que forjaban contra los, Christianos,
pintándolos de íiingun provecho parala vida, „ Cía.™
' „ maií?
( 1 ) . -'A d , A posr, cap, a i., Ore.. ( í) I s a i, cap. f. i 3 . :
(3) L íb . S. cap. }2.. CoAstituc. C lem ent. R om án, nuncup'ar. M iles bap-
tístnum postulan; d ü ceatu r ab in ju rijs , & vexat¡oni,bus abstiqcre : conteutuS
•sse «n» iiip eo d ijs si his p a re» . >. admicitor,.
M a x im a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 2 1 Cf
„ mais (les decía) , que los Chrístianos son inútiles
i> ( 0 : Psro l° s diestros navegan en vuestras flo-
„ tas, asi como vosotros : con vosotros militamos,
„ cultivamos la tierra, egercemos el comercio, y
,, la industria, y hacemos lo que todos los ciu-
,, dadanos.a En otros muchos parages deja ver la
multitud de Chrístianos, que llevaban las armas
bajo las ordenes de sus Capitanes, y al servicio de
los Emperadores.
Quejándose una vez de las injurias que reci­
bían, asi de parte del pueblo, como de las leyes
públicas que se daban contra ellos, dice : „ S i qui-*
„ sieramos obrar en nuestra defensa , vengando
„ nuestras injurias, ¿nos faltarían tropas bien eger-
„ citadas? Los Mauritanos o los Marcomanos , y
„ los mismos Parthos , que están comprehendidos
„ en sus confines, no compondrían (s) mayor nu-
„ mero que nosotros, que poblamos toda la tíeü-
„ ra. N o habiendo mucho tiempo que compare-
„cím osen el mundo, llenamos ya vuestras Ciu-
„ dades , vuestras Islas ; componemos las gimnicio-
„ nes de vuestros castillos, ocupamos los Munici-
„ píos, los Congresos, el Palacio, el Senado, el Foro,
„ y formamos las mismas lineas y el Egercito. “
Antes habia hecho mención al Emperador Mar­
co Aurelio del milagro de la lluvia, conseguida
por las oraciones de la Legión Thebana (g ). ¡Ved
quan grata era á Dios una milicia compuesta de
Soldados Chrístianos, quando su omnipotencia
obraba milagros por sus oraciones!
Ee a Qua-
>1 ! I I --- III.-..- ... .
. ( >) A p o lu g. ca p . 4 1 . (1) I d . ¡b id .c a p . 37.
(j) T e rtu l. A p o lo g . cap. j .
220 L ib* II, D isertación VII.
XXXI.
Casos decisivo* Quasi todo elEgercito de Juliano se compon
d * - J o v ia n o . y
Vslenriüijnra y
nía de Chrístianos, como se vio en la elección de
disipan una ca- Joviano. Este rehusaba aceptar el Imperio , que
v íla d o n .
muerto Juliano le daban las Legiones ; por no co­
mandar tropas que ignoraba si eran Christíanas.
Para vencer esta repugnancia de Joviano, clamó
el Egéi-dto : Todos somos Chrístianos, criados en
la fe ha-jo Constantino y Constancio (i) .
Este hecho disipa la cavilosa distinción que
hicieron algunos entre los que siendo Soldados
creyeron , y entre los que despues de haber creído,
*e hicieron Soldados, teniendo por ilícito al me­
nos este segundo caso. La Armada Romana, que.
eligid a Joviano , se componía toda deC/iriBianas,.
triados en la J é , bajo ConBantino yConBancio*
Habiendo muerto Joviano seis meses despues,.
volvieron á elegir en su lugar á Val entíniano , no.
soló Ghrisúano , sino también Confesor de la fáj.
por la qual habia renunciado el mando de las Tro-,
pas en las manos de Juliano.. De modo , que ser.
gun se multiplicaban los fieles , los que decretaban*
la guerra,,: los que mandaban las expediciones,,
y los que militaban en ellas, todos eran Chris-
tianos, y muchos de ellos Santos, ya Confesores,,
ya Martyres.
íxxin. San Cypriano (2) hace el elogio de Lauren-
San Gypriano tino y de Ignacio, Soldados Africanos; y dice
«logia .3 Ig n a -
c ío y la u r e n - que mientras militaban en los Egerdtos de las Po­
liflo , Soldado*
ÍM sjcyics. testades seculares* eran unos verdaderos y espiré
xkuales Soldados de D io s; y que despues que>
: ' .. P0S-
fi) Socrat. líb , cap. 1 1 , Suaom .Jjb. T i iío d o í c t . iib . 3 .
(¡i ) D . C y p tía a . R p i í t .j j .
M axim as Impías c o n t r a io s G o b ie rn o s 22 r
postraron al diablo por la confesion de Jesu-Cliris-<
t o , merecieron por su Pasión las ilustres coronas y
palmas que les dio el Señor.
Es notable en la materia presente la do&rina xxxin.
de San Agustín (1). Le argüían los Maniqueos con ­ Doíbina iicSan
A gustín ccdelu­
tra muchas leyes y prácticas del antiguo Testamen­ diendo !•> M ili­
to , y en especial contra las guerras y fuertes empre­ cia contiíi lo í
IifaujijucaS.
sas que allí se refieren hechas. Para convencerlos
tomaba -aquel Padre por principio la fuerza de la
ley eterna, que es la razón divina, b inmutable vo^
lurttad de Dios , que manda conservar el orden natu­
ral , y prohíbe turbadlo. De este principio deriva la
siguiente do¿trina. „ El orden (2) natural sobre que
„ se halla establecida la tranquilidad publica , exige
„ que la autoridad y el consejo para, emprender la
guerra a'^sídan sobei'anámente en el Príncipe ; y
b juntamente pide. .que la', egecucion de; las orde*
nes dé la guerra. ,* pertenezca á los moldados que
„ deben este ministerio a la salud y paz pública.íf-
DeL mismo puato invariable y firmé fiarte Saiá *KXW.
Agustín 1 otra resolución aunjnas adeUntada y debe Sentencia qitfi
doivanccor
m iiy necesaria al reposo de: Ms conciencias de los los escrúpulos
4e Jo? que d u ­
que militan. N é aquí «1 caso. ^ %Jn bcanbfe de dan «obre las
■„ virtud y de honor, que (3) militando sigue las or- lacausas justas ,dg
5, denes de im Príncipe djnpío ,• y 110 vé prudente-
ff ;mente, la injustída ¡demrs ¿¡designios;; v ni una ac-
& presa prohibición de, ¿Dios, ¡contra sus proye&oss
„ puede (dice) hacer inocentemente la guerra, guar-
dando el orden público , y la subordinación ne~-
r>cesaría al,cuerpo del Estado^* Y añade,, que e|
4» or-
- (J j D - A u g , con t. F a u i c . ü , 7 4 , ¿ zj I d . ih id . Huí». 3 7 .
j( ij I d . ib íd , ama. a y .
222 L ib . I I. D is e r t a c ió n V II.
„ orden de la disciplina justifica al subdito (i), au«
„ quando condene al Príncipe la injusticia de su
XXXV.
„ empresa. “
l o s FüoíoFüs
turban córt Ilís
Los Filo'sofos que hacen á todos los del pue­
máximas co n ­ blo iguales en el juicio , y desobligan á todos los
trarías.
hombres de obrar 6 creer cosa, cuya verdad ó justi­
cia no conozcan., dirán lo contrario de lo que aca­
ba de afirmar San Agustín, y con el todos los Ca-
thdlicos. Porque 110 confundiendo nosotros el or­
den que esencialmente debe haber entre las cosas,
■ y dando al Príncipe el examen de la justicia y de la
necesidad de la guerra, solo dejamos a los solda­
dos el cargo de egecutar las ordenes con fiel obe­
diencia. iMiserable estado el de unlmpeno donde
qualquiera resolución importante huviera de ser
examinada y aprobada por cada uno de los subdi­
tos! Pero ¡ o dichosa y Santa Ciudad! donde uña
juzga con equidad y reposo , y todos los ciudada-,
nos van á obedecer con silencio. Este es el Reyno
de losChristtanos; el;primero es el de los Filósofos.
De los Padres de los siglos posteriores no Hay ne^
cesidad de exponer documentos particulares en jus-i-
tificacion de la guerra ; porque siéndo chiristianas
las Naciones en cuerpo de tales, y habiendo sido
tan freqtientes las empresas militares , asi sobre otras
Naciones paganas, como -entre las ^mismas chris-
tianasj nadie puede dudar la práctica que en quan­
to a. esto hubo en todos los siglos. Mas útil podrá
ser el considerar lo que la do&rina del Evangelio
ha corregido en el exercido de las armas, y en la fe­
rocidad de las Naciones antiguas y bárbaras.
AR-
(i) JLd. ¿Üid. 11Jim. 7 j .
M á x im a s Im pías c o n t r a l o s G q r i ó n o s , q 23

ARTICULO m,

L A R E L I G 10 N G H R I S T I A N A,
no condena la guerra necesaria ? sino los Vicios
de la guerra.,

OS términos en que propongo este articulo,


L son una sentencia de San Ambrosio. N o es Trescapitulo
delito (dice) el militar j pero tomar las armas por
el interés de los despojos q de Jos robos, ese es de- f^ s“ m|ee
lito (i).El Christianismo ha corregido este y otros suM«.
excesos que hacen mas pesada y horrible la guerra..
L o primero, porque en vez de los agüeros y su­
persticiones que manchaban las tropas , ha erigido
una fe verdadera y magnánima. L o segundo, por­
que ha ordenado y arreglado los fines y causas que
deben, formar estos, proye&os: y lo tercero , por*
qué ha suavizado la condicion de los vencedores,
y consolado la suerte de los vencidos,

i: V ' §v I. - - ^ : ■

Los Eg¿rcitos de los pueblos Paganos eran tan


supersticiosos , que servían de señales militares las
misiiyisimágenes o ídolos de sus Demonios. Tm la,
&b<mÍ0&t¡iw, de ía desoláciopí entienden te d©& que
quisó: Christo expresar Jas- ideas de la& falsas Divi*»
.. ni-
_(O D- Ambros. Serm. 7,.Non militare. ddiítum «st¿ sed prupter prardanvini-
litare pcccattmi esr.
5 84 Lib. II. Disertación V IL
nidades que volaban delante de ías armas Roma­
nas. Estos eran propriamente los genios déla guer­
ra , que primero se hartaban de los sacrificios hu­
manos de los pueblos que se les consagraban, y a
este sueldo iban delante de ellos , como aguiíaa
carnívoras á saciarse con la sangre de las Naciones
contra quienes iba á caer la guerra.
XX7VI El sacramento o juramento militar tenia pof
t. R efartn ó in
scn¿tlcs m ilitares
testigos
v
y por jueces
# * •
á Júpiter
»
Libertador, a Marte,^
y la forma del y á los demás Dioses tutelares de la Nación. Cons-
jufinteifCoi tantlno reformó este execrable juramento y arre­
gló la forma en que en adelante se debía hacer. Ve-
jecio (i) dice que se reducía á jurar por D io s, pop
Jesu-Christo ,y per el Espíritu Santo, y por la Ador
gesíad del Emperador que debía ser amada y reve­
renciada por el genero humano , según el orden d i
Dios,
A l fin del tomo tercero Indicamos quantos es­
tragos habia causado la superstición , ya de Los
agüeros, ya de los Oráculos en los Egércitos. Lo*
errores dé las falsas Religiones y de la impía Filo*
sofia han abatido muchas veces el espirita de la
guerra.
n YefoT”¿ ci El dogffta del Fatalismo, o que hace siervo el
mor da fíw- alvedrio humano, no puede menos que desconcer-
ititnoj que abacc i % • %
«i Esprtcu* u tar las expedicioiíes militares^ '
ettma‘ ,) De la pereza del alma (2) nace el dogma de
„ la predestinación Mahometana^ del dogma de
,, esta predestinación/nace lá pereza del alma-. En
0, diciendo que asi estaba ©jrdenada en ios detre-
j» tos
(<) Ve je t. <tc re m iJkar. lib . i . cap. y.
- oe • ■■■
M axtmas I m pías contra to s G o b ier n o s. S25:
„ tos de Dios , es necesario quedar quietos , 6 sin
„ acción. “
N o menos funesta había sido la Filosofía al I I I .xReforma
x ív tn .
e E
esfuerzo de las armas Romanas por la pereza y abs­ abandono que
inspiraba ls Fi­
tracción de los negocios que inspiraba ca los áni­ ló soíii de ne
mos de todos. „ Las seílas de Filosofía (dice Mon- Socios 'le I .ip .n
y de h guerra.
tesquieu ) metieron en el Imperio un gusto al aban-
„ dono de los asuntos , que no huvlera podido 111-
„ troducirse en los tiempos déla República; quan-
„ do iodos se ocupaban en los negocios de la guer-
„ rá y de la paz. De alli vino una idea de perfec-
„ cion que se confunde con todo esto que trae i
„ una vida especulativa: de alli nacía el desprecio
„ de los cuidados, y de los embarazos que ofrece
„ una familia. La Religión Christiana viniendo tras
„ de la Filosofía, fijó, por decirlo asi, las ideas que
„ ésta no (1) había hecho sino disponer. t£ Aquí se
queda Montesquieu fuera del camino, por no dar
otro paso.
El Chrístianismo no solo fijó; sino mas biea
corrigió todas estas ideas. Nuestra predestinación
no quita la libertad de las acciones humanas, con
lo que aleja el pretexto de la pereza del alma: tam­
poco nos saca de la dependencia de los decretos de
D ios; por donde nos trae á pedir y esperar de su
mano el buen éxito de nuestras empresas. Inspira e l .
amor de las cosas eternas, pero sin abandonar el
cuidado de las temporales , de que nos hace una
grave oblígacíon según los oficios de cada uno: por
otra parte calma el deseo de meterse en las cosas que
no pertenecen á las personas privadas , y deja este
Tom, V. Ff ciu-
1■ 1 ■ --- ■ --------- ■
.---------------- ;----------- ■
(t'j Id . lib . 13 . cap, 1,
ss6 L i b . ü . D i s e r t a c i ó n ' V IL
cuidado á los Principes y Gobiernos.
Efirdosijnecau- La fe Cathólica levanta los corazones de los que
sa- la fe en las i , < .. ■ i it 1 t i
empresas múi~ nacen una guerra justa , y les llena de luces y de
«res. espíritus. Por esto dice propríamente el Apostol,
,, qu &por laJé vencieron los Reynos Gedeon, Da-
,, vid , Samuel y o tros Hér o es píos: qu e por la fé ( i )
,, cerraron las vocas de los leones, apartaron el gol-
„ pe de la espada , convalecieron de la enfermedad,
>, se hicieron fuertes en la guerra,/volaron losacam-
„ pamentos de los contrarios. u Vean esto los que
juzgan hoy la firmeza de la fé Cathólica como una
cosa indiferente y de ninguna importancia para la
buena disciplina de las tropas; y dejan que se apague
esta divina lumbre en el corazon de muchos. Pien7
san algunos necios que son otro tanto mas soldados
quanto son menos pios y religiosos.
Los antiguos Christianos dejaban el bastón , el
ángulo militar y todos los honores, desde que sen­
tían en ellos algún peligro contra su fé. Si les obli­
gaban á jurar por las Divinidades del Imperio, o
hacer estaciones en los templos de los ídolos , de­
fendiendo por la noche á los Demonios que habian
ahuyentado aquel día por los exorcismos; no solo (2)
dejaban la milicia , sino también la vida,
iv. Reformólas En estos casos solamente hablaron La&ancio,
persriciosr.s a y Tertuliano y algún otro Escritor Eclesiástico de

j^Praíheas CIue aquellos tiempos , quando desaprobaron el egerci-


cio de las armas. N o diga Bayle que sintieron como
los Anabatistas, Socinianos y Pseudoíilósofos acer­
ca del negocio de la guerra: solo detestaron las
prácticas supersticiosas á que los soldados eran com-
pe-
(») A tiH e b r .c a p .il, ( i) Tcrcul, apolog. ca p . i ? . 8c ca p . t i -
M a x im a s Im p ía s c o n t r a lo s G o b ie r n o s , ü í j

pelídos , y el abuso que se hacía de ías tropas para-


perseguir á los fieles.
Los Chrisdanos que militaban en el Egército de
Juliano,observaban esta misma diferencia, como lo
nota San Agustín: quando se les mandaba ír á dar
la vida(i) por la defensa de la patria, obedecían ai
Emperador de la tierra; quando se les mandaba ha­
cer carnecería en los Christianos, obedecían al Em­
perador del Cielo.
„ ¡ O Emperador! ( decian los que componían
,, la Legión Thebana (2) con San Mauricio su Ca~
,, pitan) vuestros soldados somos; pei‘o juntamen-*
„ te somos siervos de Dios: ávos debemos el ser-
t, vicio militar; pero á Dios debemos nuestra ino-
„ cencía: prontos estamos á obedeceros como hici-*
,, mos siempre que no nos obligaste á ofenderlo.
,, ¿Podréis esperar que seamos capaces de guarda-
„ ros fe , si mintiéremos la de Dios? Nuestro pii-
}, mer juramento fue dado á Jesu-Christo, elsegun-
,, do á vos : ¿Creereís en el segundo, después que
„ violemos el primero? “
Quando Juliano hizo morir en los tormentos
a Juvéntino y Maximino, dos Oficiales de una gran
distinción en sus tropas , le dijeron antes de morir,
que Juera de la idolatría no había en su Egército otra
cosa que los desagradase (3). Según esto,La¿lancIo
y los demás que desaprobaron la guerra, no siguie­
ron otra do&rina que la común de la Iglesia. Ve
aquila regla general é invariable que siempre ha
servido, y sirve aún. Toda arte u oficio en que 110
Ff 2 se
(1) D . A u g . sup. Psaim. 124 . reLat. canun.*>8. c. n . q . 3.
( ij Act. M ait. pag. jjio , (3) Theodor< r.lib. 3 . cap. 15 .
ss8 L ib . II. D is e r t a c ió n V II.
se puede entrar ó estar sin pecado , es prohibido
por el Evangelio ; pero quando se puede egercer
sin culpa , ninguna regia dhristiaria lo prohibe.
xli. En el Concilio Arelatense se tubo delante está
defn £°ígt°iá diferencia para declarar (i) quando era la guerra
^ucbTllgucí- prohibida , y quando podía ser meritoria. Fuera de
jos tiempos de persecución, (en que los soldados
hadan muchas veces de verdugos contra los San-'
tos) y quando los Príncipes ya Christianos no obli­
gaban á prácticas abominables, decidió el Conci­
lio que no tenian alguna causa los fieles para deser­
tar de la guerra; aun pasó mas adelante, é intimó
la pena de excomunión á los que dejasen las lineas
en tiempo de paz ; estoes,en tiempos que no eran
de persecución.
§. IL

ei Chr^tianii- ' Paríe de las causas y fines de la guerra el


raotondena las Evangelio detesta y condena las que no son legi-
Sü£rtziquemuc « -r\ 1^** - i _
ve ri desto de timas. Por Causas legitimas no conoce sino la ne-
giona. cesidad de mantener el orden publico, y conser­
var la justicia del pueblo: poí fines fio miraá otros
que á establecer la paz. •„ Él derecho de la guerra,
J5dice (2) Montesquieu,nace de la necesidad y de la
„ justicia rígida. Todo vá perdido sí los que dirigen
5, la conciencia, b los consejos del Príncipe „ no se
„ atienen á esta regla í y quando las expediciones
Mse fundaren sobre principios arbitrarios de glo^
ría, de bien parecer , y de utilidad, olas de san-
s, gre inundarán la tierra. Que ¡tío se hable jamás
„ de ía gloria del Príncipe; esta gloria no es mas
_______________________ „ que
(i) Concií, Arelar. cau. 3. (ij 1/ Sprit. desloix lio, 10. cap, i.
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 229
,j <Jue su orgullo: es una pasión, no un derecho
„ legitimo. “
Si la causa de la guerra es reparar alguna in­
juria recibida, o prevenir algún peligro que amena­
za , desde que se está asegurado contra este , o se ha
vengado proporcionadamente la injuria hecha, cesa
Ja justicia de la guerra» Abrahan no persiguió á los
Reyes confederados sino hasta recuperar á sus so­
brinos con todas sus cosas; y en la Iglesia remos
corregido ¡Sor San Ambrosio el exceso arbitrario de
severidad con que Theodosio había castigado la
injuria de los de Thesalónica.
Hubo Magistrados y Emperadores tan escrupu­
losos para condenar á muerte un reo, que sintieron
saber escribir por poderseescusar de firmar la senten­
cia : quiza estos mismos no afe&arian tanta huma­
nidad,ni titubearían para firmar un decreto de guer­
ra , que es la sentencia capital contra toda una Na­
ción , donde caen justos é injustos.
La gloria que hasalidode las armas, es un fuego
o un maligno resplandor que ha quitado verla jus­
ta idea de la guerra, y lo que es por su naturaleza.
Permítase en hora buena , que para animar á la
juventud se le deje oír y leer: „ Que el arte de la
„ guerra es el mas grande de todos : que por su mé-
„ dio se conserva la libertad ( i) 3 se perpetúan las
,, dignidades , y se mantienen las Provincias y los
„ Imperios: que es el arteá quien primero los Lace-
„ demonios, y despues los Romanos, sacrificaron
„ todas las otras ciencias : que es el arte que dispone
» de
<0 V c jc t . á la la t ic lt íj p . a rt. C w r r » .
ago L íb. II: D isertación VII.
„ de las vidas de los combatientes, y decide sobre
„ sus ventajas. “ Pero despues de este y otros elo-:
gios que se dan justamente á la profesion de las ar­
mas ; se debe persuadir á los guerreros , que no
son otra, cosa que unos egejcutores de la alta justi­
cia que vari a dar la pena capital, juzgada y decre­
tada contra los malhechores de la Nación.
Lo que es el Preboste en cada Regimiento es
el Egército encada Rey no: aquel se mantiene para
ajusticiará los malos soldados; y un Egercito de
soldados se-destinapara ajusticiar á los malos vecinosí
y á los ladrones estrangeros. Y o no sé por que el
verdugo anida tan corrido y temeroso despues que
ha desempeñado diestramente sil oficio sobre un
delinqüeñte j-y un Gefe de armas vuelve loco de
orgullo,porqueha egecutado la pena pública que se
decretó contra el pueblo que pecó. ¿Será porque el
primero ahorcó ó degolló á uno solo, y el segun­
do quemó y arruinó á muchos juntos?
T„ *JrTÍI- , N o desconozco la diferencia de combatir á
■It. E lE /a n g c liú r - .
u«mayreSriiw unps mertes enemigos que se defienden , y ajusti-
«uerfa1.110** 11 ciar á un reo atado é indefenso. Pero generalmen­
te parece cierto, que nada es tan mal fundado como
este orgullo que se saca de las calamidades agenas.
Si no conviene extinguir la gloria de las armas, con­
viene al menos, y aun es necesario', confundir esta
mostruosa vanidad, que lleva á los Príncipes á em­
presas, que son la ruina de muchas Provincias. A l
menos no hay cosa mas contraria al Evangelio, si
los GliFÍstianós hán de ser soldados.
mv De este orgullo que no sufre la Religión, sino
vi, Rcfomuiss muy ¿ Su pesar, nacen oíros vicios, que obscurecen
hscucias se * * 7 t i " " J“
diecpmUií*rf/, la tropa y la arruinan. Las licencias que se dicen
M a x lm a s Im pías c o n t r a t o s G o b i e r n o s . 331
m ilitares., e l desp recio d e la p ie d a d y d e la h o n e s­
tidad y o tro s lu n a r e s , de q u e ' a u n p re ten d e n ,
cacar o tra g lo r ia y o r g u llo m a s n e c io m u c h o s s o l­
d a d o s.
E l Marqués, de Mirabeau desconoce la dis­
ciplina militar de nuestro tiempo quando consi­
dera las costumbres de los antiguos gu érrero s.E n
t, las guarniciones (dice) (i) los soldados, mas
„ llevados á entrar en aventuras de lucimiento que
„ son hoy dia los nuestrosiban con todo eso a
#,uMÍsa en saliendo de la casa .de su Comandante.
Aquellos hombres, aunque ;extravagantes , y a
j, veces brutales, no sufrían que en su presencia
j, se dijese una palabra equívoca sobre la Reli-
„ gion; y promulgaban altamente , -que un hom-
j, bre sin Religión no podía dejar de ser cq-
9, barde.“ ■ - .y .■ ", ;
Esto es en quanto al menosprecio que hacen
hoy de la piedad y devocion muchos Milita­
res, que .solo pueden tener orgullo de sus grandes
vicios y' excesos: mas por lo que respe¿ta á la dis­
ciplina general délas costumbres que hoy se usa
en las Tropas llamadas Chrístianas, me absten­
dré de hablar, teniendo por bastante presentar el re­
trato que ha copiado el Goronél Carraciolí sobre el
mismo original, que tubo ocasion de observar bien.
„L o s Egércitos (dice) nos ofrecen desgrada- XLV.
A visos i los
,, damente modelos de toda indisciplina y disi- M ilitares por
un C o ro» élspa-
„ pación. ¿Qué dirían los Romanos, estos con- ra reform arlos
„ quístadores que fueron tan sobrios sobre todas desordenes de
las Tropas.
las comodidades de la vida, y tan simples en

to L ‘ ami des hom. tom . z . pag.- i £ j .


23* L ib. II. D isertación VII.
„ su exterior, sí vieran la mesa y el tren de nues­
t r o s Militares?' Sin duda pensarían que esto es
„ burlarse de el arte de la guerra, ó que es el me-
„ dio de enervar las costumbres, de arruinar sus
,, dependencias, y de llevar la calamidad por donde
„ quiera que se pasa. ¿Como pueden hallarse en
,, efeíto en las Villas saqueadas víveres y forra-
,, ges para millares de vocas inútiles, como des-
„ penseros y criados de que deberían suprimirse
„ las dos tercias partes?
„ No hay que admirarse si los oficiales se ar^
„ ruinan. En vez de ahorrar su dinero, van á der-r
„ ramarlo en un pais enemigo, que ellos creen
„ comunmente arrasar, pero que mas comunmen-
,, te se enriquece de sus locuras, y se burla de ellas.
„ Yo estoy seguro, que sobre cada millón de Lui­
s e s de oro, por exemplo, que pasaron á Alema-
„ nía en esta ultima guerra, hubo otros seiscien-
,, tos que se perdieron en el juego, en el Iuxo y
„ en la deshonestidad. Despues de esto nacen los
„ memoriales, se sitian los Ministros, y se piden
„ pensiones á toda fuerza, como si el Estado de-
„ biera pagar las necedades de los particulares.
„ Y o no se como los espectáculos» los bayles,
„ los banquetes suntuosos, que no son proprios
„ sino para enervar , se reproducen continuamen-
„ te en medio de los Egércitos, y aun durante
„ la estación militar. ¿No son estos gastos los que
,, un General debería suprimir tanto mejor, quan-
„ to es comprar con ellos el placer de hacerse ri-
„ diculos? ¿No es en efeíto desmentir la profesion
„ militar, que es un oficio rudo y penoso ,feste-
„ jarse en la víspera de un asalto 6 de tul combate,
M á x im a s I m p ía s c o n t r a tos G o b i e r n o s . 233
„ e. ir á ver jugar los títeres? Jamás se aprenderá a
ff ser General en el seno de la molicie y de la
„ futilidad. Es- necesario estudiar continuamente,
„ consultar los antiguos, y observar la mas cxaóla
disciplina , si se quiere servir á la patria : de otro
„ modo se le deshonra , y no se crian al parecer,
it sino para fijar su oprabrió. ¿Qué no diríamos
,Taquí de estas infelices, que se toleran, que se
„ autorizan , y que son la ruina de las Tropas?
„ Oí decir á un Mariscal Francés, que la ma-
y>yor parte de los Soldados que morían en la
,, guerra» perecían por la deshonestidad. Se cree
que ciertos excesos que se llaman galantería , no
tt son sino un pasatiempo necesario, y son estos
„ vicios, que destruyen toda la flor.de la juventud»
,, que causan todas las heridas mortales ; y que ar-
„ ruínaii la fottuna de la mayor parte de los-Ofi-
,, ciales. No nos admiraremos ya , si los gastos de
„ los Hospitales son extraordinarios. Mientras no
,, se vele sobre la condu&a de los Militares que de-
„ ben exa&amente contenerse,asi como losEstudia%
,, tes , se: perpetuarán estas desgracias. Mientras sé
„ atrevan á mirar á la Religión, como á una cosa
,, indiferente, y quizá para burlarse de ella, no
„ habrá sino medio-soldados continuamente ener-
„ vados por la deshonestidad.
„ La Religión christiana prohíbe la molicie,
„ proscribe los deleytes: de suerte que es la mas
}, alta locura no conocer su utilidad , y faltar á ha-
„ cerla observar. Ei punto de honor, como tampoco
„ probidad no impiden la desemboltura, y esta
„ es la peor deshonestidad que debe exterminarse
,, de los Egércitos f si se quiere teaer hombres de
Tom. V\ Gg n yl-
234 L ib, IL D isertación V II.
„ vigor y de salud.; Que respondan' á este argu-
„ mentó nuestros bellos espíritus, que publican,
,, qüe la Religión enerva los ánimos.
„ No se pueden ver sin admiración las Tro-
„ pas de la Emperatriz Reyna ha:cer su obligación.
„ capital de los. egercicios de la Religión. A lü no
y, se oye maldecir ni blasfemar; alli no. se mira
í, como una cosa indiferente el asistir á la Misa , o
.„ no asistir jamás a ella : porque se está en la per-
„..suasion de. que se falta fácilmente al Príncipe, des­
dide que se falta aD ios, y:que el Christianismo,,
j, siendo la perfección de la probidad , es el medio
„ infalible de evitar toda suerte de excesos. Ningu-
„ na deshonestidad, ninguna pereza , ninguna bri-
j, bonería , ninguna rebelión se ve en casa del ver-
j, dadero Ciiristiano. ,
XIVI. „ Todo General de Egército no puede en al-
A d vierte el c ri­
men de E stad o ,, gun modo inculcar el espíritu de la Religión..
en los que in -
trotncten la lm - Sin que sea supersticioso, ni gazmoño, debe
-tccUd cu
jkia. ,, sentirse e irritarse contra los discursos y escritos
,, que atacan á Dios, y a su culto; y mirar coma
,, á perturbador del Uñado á qualquiera que es tan
,, atrevido que dilacera la Religión que se profesa
,, en él, N o hay mas prudencia en las guamicio-
s, nes que en la guerra, porque se observa la des-
„ graciada costumbre de dejar á cada Oficial liacer
lo que quiere. ,
„ ¿Sería imposible nombrar en cada Regimienr
5, to dosOfkiales de edad y de un mérito recono-
,, cido, para que impidiesen estos abusos? ¿Sería im-
„ posible que estos Oficíales diesen todos los meses a
su Coronel cuenta exa¿ta de quanto’sucede ? ¿Que
„ el Coronel advirtiese á los refractarios} que sucesi-
M a x im a s I m p ía s contra l q s G o b ie r n o s . 235
„ vamente informase .-de todo al General, y quehu-
„ viese castigos briliántes en caso de desobediencia y
„ de incorregibilidad? Todo esto es fácil, y todo toca
„ al buen orden;pero todo esto no se egecuta jamás...
,, LosEgércitos se hacen consiguientemente escue-
j, lasdelibertinage, de disipación., y de independen-
„ cia. N o se sirve sino para divertirse,para substraer-
„ se á la corrección de los profesores y de los padrest
iy en una palabra, para vivir como petimetre, y mu-
„ chas veces como rufián. ¿Es de admirar que se
„ olvide su oficio , ó por mejor decir, que jamás
„ lo aprenda? Si algún Ministro sabio, si .algún
,, General ilustrado trabajan en reformar estos ahu-
,, sos , y quieren entrar en las menudencias relar
,, tivas'a tales desordenes, se burlan de ellos, se
les chasquea; y sus ordenanzas parecen otras tan-
„ tas extravagancias ; porqué el mal es sia remedía.
„ En medio de esto yo pienso que no se dirá
„ ya como otras veces, que este mismo Oficial, que
,, hace su canastilla como una muger, que come
como un Asentista -general-, y rqiie lio falta á. al-
„ gun espeótaculo, es uri guerrero invencible • pero
„ yo me detengo.... La posteridad no dirá síao
„ mucho de lo que aquí suprimo (1)

§. IIL r .V

Finalmente donde la Religión es atendida, X iyn .


L a Rcííguju rr
modera la misma justicia rígida de la guerra, y formó el
de li guerr
corrige las penas y el rigor que habían de experi­ justo,
mentar los vencidos. Quando xio se puede evitar
Gg 3 la
CíUTítiol. des YCritíble* úiteecR- d c la parné cap. i f . p a g . ji . &c.
236 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIL
la guerra, es un medio muy ventajoso hacer toda­
vía lugar en medio de ella á la paz. La Religión,
halló dichosamente .tres medios para introducir este
consuelo á los hombres, fatigados bajo el peso
de las armas. Lo primero, esceptuó tiempos i ló se­
gundo, lugares; lo tercero., reservó á ciertas personas,
Por lo primero entiendo las treguas & ferias,
durante las quales debe reposar el estrépito de las
aranas. Por lo segundo, hablo de las Ciudades de
refugio y de los a s ilo s y por lo tercero , quiero
significar los ministros y personas consagradas.
culto, por cierto cará&er que las hace santas.
Confiesa Montesquieu esta-grande utilidad que
C o m p l o t cion ha traído laReligon áias Naciones. Determinan­
^ue tii á esta.
tcrJad MonCC-“ do los inconvenientes que en la constitucion por
quicue
litica . corrige: la Religión, dice: ,, Quandó el Esr
¿,'tado es agitado (1) freqüentemente por guerras
,, civiles, hará mucho la Religión sí establece , que
,, alguna parte del mismo Estado permanezca en
„ paz. Entre los Griegos los Eleenses., como, Sa-
„ cerdotes de Apolo, gozaban de una.paz eterna*
„ En el Japón queda siempre en paz la Ciudad
„d e M e a c o , que es mirada como una Ciudad
w santa. La Religión mantiene este reglamento -y
este imperio, que parece ser único sobre la tier-
ra, en no tener, ni; querer algún socorro de
0, parte de los extrangeros, y tiene siempre en su
.8, seno un comercio que la ' guerra no arruina.
„ E n los Estados donde las guerras no se ha-
9, cen por una deliberación común , y donde las
s, leyes no han dejado algún;medio. de preyeiiir-
• :■^ _____ v las
(i) Sprtc des loix. lib. *+. cap . • ( £.
M á x im a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s , sgy
las o terminarlas, la Religión establece tiem-
„ pos de paz 6 de treguas para que el pueblo pue-
„ da hacer las cosas, sin que el Estado no sabría
, j subsistir j como las sementera?, y otros trabajos
de igual necesidad,
„ En cada año por tiempo de quatro meses
„ cesa toda hostilidad entre las Tribus de los Ara-
„ bes : la menor turbación seria mirada como una
t, impiedad. Quando cada Señor hacía en Francia
„ la guerra o la paz , la Religión dio treguas que
debian tener lugar en ciertas sazones,H
* : A los Judíos no era licito pelear el Sabadój X L I 5C,
B l Saba-Ju fue
y aun tomaron con tal exceso la observancia de para los Judio*
dia 4 c paz.
.esta L e y , que al principio de las guerras de los
Macabeos, se-dejaron muchos morir por no defen­
derse en dicho dia. Por la misma razon sentían
militar con las Tropas Romanas. Están en José-
fo las Cartas de { i ) Dolabela á los de Efeso, don­
de se v e , que los Judios pidieron inmunidad dej
servicio militar,, porque jos obligaban á egercer la
guerra, y hacer grandes marchas en los dias de Sa-
hadó. Y otra vez introdujeron esta -pretensión ante
¡Lelio Lenftilo(s), y alegaron los mismos motivos.
N o ptiede la, Religión chrisciana alabarse de ver
tan bien observadas sus reglas que prescriben I05
tiempos de las treguas. A los principios no habia
éntre los fieles sino ideas de paz: descendiendo
los tiempos, y viniendo las Naciones' enteras corj
sus mismos Príncipes á entrar en eí ,seno de la Igle­
sia (3), trajeron consigo la turbación enmedio de
mul-
Jo sq ih . antiqu it. ju rla iw r, lib . 14. cítp.. 10. $. H .
<J) Iíl. it id . § .1 } .
jüiiícb. E cclcs, H isci'r. lib . i . cap. -3.
238 L ib . II. Disertación VII.
multitud. Sucedió ló que á las riberas quando se
engruesan con muchas aguas para caer con ímpe­
tu en las madres de los grandes ríos: ellas vienen
mas turbias que quando corrían en menor can­
tidad ; y entran con tal tumulto, que hacen á los
grandes rios o senos ceder algo de su lugar. Quan­
do las Ciudades y Naciones con sus Magístraí­
dos, con sus ricos y pobres, señores y esciar
vos corrieron hacia la Iglesia , arrebataron y me­
tieron consigo mucha paja, o broza: de sus usos
y costumbres bárbaras en que habían estado,
, ;z-
Los tiempos t n .
N o se podía
1 .
todo purgar
O
de una
t 1
vez. Mucho
Te ticrnP° Y traba]o costo ir domando la fiereza de
sia pfóh ib fó la
guerra* los Longobardos, y otras gentes brayas. Y a que
no se pudieron hacer cesar todas las querellas y
guerras entre estos Pueblos y Príncipes , hechos
Christianos ; se arregló en ün Concilio de Letrán,
y en otros Provinciales, que desde puesto el Sol
el dia miércoles, hasta nacido el Sol del lunes
siguiente, ningún Señor, Príncipe o Pueblo in­
quietase al otro.
Esta tregua de días se observaba por todo el
Adviento , hasta la o¿tava de Epifanía; y desde la
Septuagésima, hasta la o&ava de Resurrección (i) t
Mandamos (dicen los Padres en el citado Conci­
lio) que los Obispos, teniendo ¡solamente respe­
to á Dios y á la salud del pueblo, y puesta á
,, un lado toda la timidez, se defi mutuo auxi-
,, lio y consejo para mantener firmemente la paz.
,, Que si alguno se mostrare flojo en esta solicitud,
,, no lo liaga sin peligro 6 privación desu dignidad.**
Ni
fí) Concil* Latcr- sub A lc x a n d r a W . cap» n *
M a x im a s I m pías c o n t r a lo s G o b ie r n o s . 239
‘ N i se hablaba aqui de los desafíos o duelos*
para los quales jamás se ha concedido tiempo en­
tre los Chrístianos, y en toda hora 7 día han sido
detestados y condenados; sino de guerras entre
Señores y Príncipes vecinos y chrístianos. Zela-
ba la Iglesia la observancia de estas treguas por me­
dio de las excomuniones y entredichos que de­
claraba contra los perturbadores. En favor de la
misma p az aflojaba el rigor de otras leyes genera­
les : en el dia de domingo en qúe no se admitía
el juramento de alguno para otro negocio , se or­
denó que se admitiese en causas de paz (1). Todo
pa&o acerca de Beneficios eranulo j pero en favor
de algún tratado de paz se le hacia lugar (2).
En quanto á las clases de personas que la R e­ II.
Xas personas
ligión Cathóiica hizo poner á cubierto de la guer- ■que teseryá d e
í a , se contaban lo primero, los Presbíteros: la -guerra.
despues los Mónges, los Conversos, los Peregrinos,
los Rústicos, los que iban y estaban en la obra
del campo, y con ellos los animales con que ara­
ban, y conducíanlas simientes j las dueñas con sus
domésticos, y todas las mugeres. Y aq u e no se
podían sacar todos los hombres y vivientes , á
lo menos se procuraban reservar todas estas por­
ciones, y se alegraban en una tranquila seguri~
'do4 {£) -'i mientras.que al rededor de ellos hervían
los combates.
. Hoy se habla con demasiado desprecio de
• • ■ to-
( i j C . 1 . de F í i i j í . ( i ) C . iViii de Pr.*i>cndis cap. fin a J.d e rcmtn
peTmutatioiic.
(3) in C o n c il. Rhem . Can. n . Gonc'il. lacer* 5uli A le x a n d r.IU .
Cap. a i,. Ú t Pyesbytcri , M oiniehi , peregrm i , conversi ,, merc.-itorcs j ruscicij
cuntes o Sí red eun res, & in agricultura esuscentes., & a tiin iaiu <jiúbiw ¡tiaát,
.& <ju* semina p o rta se ad agrum congr.ua seeimcacc ls:e n :u r.
240 L ib . II. D is e r ta c ió n VII.
todas las costumbres y leyes Longobardas; y
ai mismo tiempo se renueva una barbarie , que no
se parece por cierto á la de los Longobardos > Sar­
dones r Godos y otros pueblos groseros; porque
solo es propria de unos Filósofos que tienen en­
trañas de piedra, y se ja&an de ser insensibles i
todas las calamidades de la humanidad. Algunos
Príncipes, que tienen la disciplina y el espíritu dé
estos, han resuelto en nuestros días , no solo que
sufriesen la guerra los Monges y Eclesiásticos , sino
también que la hiciesen , y que cargasen con sus
armas íniqüas.
t Se han visto y están viendo despojados lo«
campos de labradores, el comercio de sus merca^
deres, los Templos de sus Sacerdotes i y han sido
tratadas con la mas bárbara indecencia las mugeres
aun de sangre R eal, con otras infinitas personas
inocentes é incapaces de resistir. A tales gentes fe­
roces dá nuestro siglo y la sabia Europa la palma
del Heroísmo, quando las mirarían con horror
los Babyloniós, que exceptuaban (1) á los labra­
dores y viñadores de la ley de la guerra; y los
Godos (2) , que tubieron respeto á los Sacerdotes
de Roma ; y otras Naciones Paganas, como los
Indios (3) , los, Asyrios (4), los Persas , que per­
donaban a las gentes pacificas y Utiles & la agri­
cultura o á la mercancía (5) .
Lir. En quanto á las cosas que se deben destruir, 6
t a s lugares , J
C 055S í¡u c la reservar, ha inspirado la Religión unas leyes , 110
■Relijji'jn subs­
tra jo de la gu et ................................... se­
co Jcrcm . csp. iilt .í- . iií. (2) P ro co p .iü ft 1 . ic b c ll» G o tíic .
(3) D iodor S icu l. líb . r . B ijlm th .
(4) Apud XcnophoHCf Ciriia>tftut. e*jn f.

Máximas Impías c o n tr a ¿os Gobiernos. 24 í
solo llenas de piedad, sino también de justicia ma­
nifiesta , de prudencia, y de utilidad para todos..
E n primer lugar, ha querido exceptuar del rigor
militar las cosas sagradas, y santas; como los se­
pulcros , los altares, y los tem plos; en especia!
si prudentemente no se teme recibir algún daño del
enemigo por estos edificios.
N i pide en esto demasiado la R eligión verda­
dera , quando á los Templos de los Idolos guarda-
ban los vencedores este decoro. Desolada A lb a
(1) y otra vez Capua por los Romanos r quedaron
los Tem plos intactos en medio de todas las rua­
nas. A si dice el Poeta de Itálica, que la Religión
y la presencia del N um en amansaban las mentes
feroces de los vencedores.
F.cce repens tadtopercurrit pe&ora sensa ^ ^
ReligiOyÓ* silvas componit Ntimine mentes.
Se tuvo por detestable la guerra que hizo
F iü p o , porque embriagado con la viíloria (2) , y
con el furor de un Orestes o de un A y í x , se batía
contra los Tem plos, echaba al suelo las aras y
las estatuas , volvía de abajo arábalos sepulcros, y
110 dejaba quietos á los Manes en sus asientos.
N o debe negarse la alabanza á un buen pen­
samiento de Apolonio (3) de Thiane, con que ex­
plicaba la fabula de los Gigantes que habían hecho
guerra al Cielo. Por estos Gigantes quería enten­
der los furiosos Conquistador es, que atacan los al­
tares y los sepulcros, combatiendo al C ielo , al
Suelo, y al Infierno: E n todo lo qual no hay*
Tom. K Hh al-
íi) T it, L iv . lib . i.e n p .'h
(z) Id . Jib. j » . cap. ,2jí._ Se F t o m lib . 2. cap. f .
( jj Puilostrüt csp . j . l i b . itf.
¿4a L íb . II. D is e r t a c ió n V II.
algún rasgo de pericia , sino una destemplada lo­
cura.
Porque en segundo lugar y generalmente no
tas obras pn- deben destruirse aquellas cosas, que ni aprove-
«*«- chan, ni dañan para la guerra (i). El primer cxem-
nn dela gB«- qUe p0íie Políbio , son los Simulacros, y otros
ornamentos públicos ; á quienes 110 hará la. guerra
sino ujia alma furiosa y mal sana.
Cicerón alaba la moderación (2) de Marcelo,
que quando tomó á Siracusa, conservó con tal
cuidado los edificios públicos, sagrados y profanos,
que mas parecía un conservador de la Ciudad que
un vencedor. Tenía por regla , dejar aquellas cosas
que daban gusto á los vencidos, sin traer peligro
ni detrimento á los vencedores. f'
En el libro siguiente habrá lugar mas oportu­
no para presentar alguna idea del estrago que por
faltar á esta regla y por su barbarie, han causado
los Puritanos, Socinianos , y otros impíos moder­
nos en las Bibliotecas, Archivos antiguos , y en di­
ferentes monumentos , asi de la literatura, como
de las buenas artes. Todas estás cosas son inocen­
tes, y sin dañar á ninguno, pueden aprovechará
muchos.
LTV Las heredades , los frutos pendientes, y los
arboles frugíferos se mandan reservar en la Escritu­
ra" no dejar ra (3), como también el que no se devasten las
Í Z S J S r ; regiones: y esto por dos razones llenas de pruden-
atbolea
.

(j) P o líb . l i b . -5. cap. >t .


'(2) M u tarc. i n vit- A lex ao d r.
'(}) D e u te r. cap. 10. 1 9 .& 10 . Quando obsederis civitatem m u lta tem po »
re-, .... nnn succitles arliores de qiñbtis vesci potes 3 ncc sccuribus per circui-
tum debes vastare Reginnem » quoniam liguun i est > & non ktuno > nec pó­
tese bclUntium contra te augcrc nutiicium.
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 243
cía y de juicio. La primera, porque quando es­
tas han caído bajo la mano del vencedor puede -
sacar de ellas subsistencia para los soldados, y para
las bestias. La segunda, porque no deben pe­
lear los hombres con los arboles, que no son
hombres, ni pueden aumentar el numero délos
enemigos.
Aqui se deja ver que estos rebatos, y devas­
taciones que hacen las Tropas, es algunas veces
miedo, paredendoles Gigantes las matas. Otras
veces se muestra que es envidia, y que entran mas
bien á perder , que á dejar ninguna cosa en esta­
do de poseerse: y otras veces será inconsideración
y furor con que se dañan á sí mismos los ven­
cedores. Si alguna vez mandó Dios talar y quemar
las selvas y arboles de los Mohabítas, no era
por el gusto de hacer hostilidades ciegas; sino por
destruir las conmodidades que servían á la idolatría,
y por otras razones singulares.
Sin estas especiales causas se condena también
generalmente el dar las Ciudades á saco donde cae Nuest^Thea-
el niño y el vieio, el inocente y el culpado. Ioeia f
J / , t j t j 1 feralmente a
Alexandro mostro muchas veces el dolor de lia.- s^eos <ie
- , ,, « T L 1 , la s Ciudades y
ber destruido a Ihebas por un exceso de su co- es seguida por
lera (1) . Tengo por una verdad (dice Grocío) lo G rocio.
(2) que han notado algunos Theologos ; convie­
ne á saber, que toca al oficio de las summas Po­
testades y de los Capitanes, que delante de Dios
y de los hombres gustan ser tenidos por Chrístianos,
el oponerse á las violentas ruinas de las Ciudades;
H ha h
CO P lu tatc. in t i c . A lcxan d r.
Lib. j . de jux. bíil. & pac. cap. 1 1 . $. 3 . a . í-
244 L ib . XI. D is e r t a c ió n V II.
e interceder para que no se hagan aquellas egecuclo­
nes que deben envolver la perdida de muchos
inocentes. ,, Porque mayor es el vínculo que tie-
„ nen entre sí los Christianos, que el que tubie-
„ ron los Griegos en otro tiempo ; y con todo
„ eso estaba prevenido por un decreto de los An-
„ fi&iones el que por las guerras no se destruyese
,, alguna Ciudad Griega. “
Ultimamente la Religión Christiana quasi ha
extinguido el uso de la esclavitud » y sin estas du­
ras condiciones perdona las vidas de los que se rin­
den á discreción. N i esta conservación nace ya dé la
codicia de hacer siervos, que fue la primera razón que
Introdujo entre las gentes la servidumbre; sino por
los sentimientos de humunidad y de caridad que
cada Christiano debe tener para con sus progimos.
Gregoras notaba en el siglo XIII. que esta pia­
dosa costumbre venía de padres á hijos desde el
principio de la Era Christiana, y que no era pro­
pria solamente de las Naciones gobernadas por las
leyes Romanas, sino también de los Búlgaros,
y dé los pueblos del Ilirico , de Thesalia, y de
todos quantos profesaban la misma Religión. Lo
que hace ver que esta humanidad no procedía de
la política , ni de la Filosofíaj sino de la caridad,
y del suave espíritu del Evangelio, donde quie­
ra que penetraba, ya fuesen Romanos ya Bárba­
ros. De los Godos , que tomaron áR om a, lo notó
particularmente San Agustín ( i ) : Porqué siendo
en
f l ) A t ig .lib . i . de C ivil:. cap. i . Q ui ramen cciam ipsi alibi cruces , atque
koscili more revien tes , postquam ad loca illa ven ieb an r, u'ji fueraü in lír c lio
iu m , quoá. alibi jure bclli licu isset 3 rota s iv ic n d i refren abarir inmarikas j 8c
C A P T 1V A N D I O í P l D i T A S frange ba tur,.
M a x im a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s . 245
en. otras partes atroces, despues que ocuparon aque­
llos Santos Lugares, sentían, mudarse su crueldad
en reverencia, y extinguirse en sus corazones la
codicia de hacer esclavos.
No pudieron llegar á tanto la Filosofía y Po­
licía de los Griegos. Sócrates habia predicado que
se acabasen las servidumbres (1) de parte á parte,
al menos entre los pueblos que componían la Gre­
cia : no mereció aun ser oído : vino el Ghristianis-
m o, y sin mucha persuasión gustan unos conser­
var la libertad de los Qtros. Quanto haya impor­
tado á la sociedad este efe&o deja Religión, lo
veremos en otro lugar ; considerando quanta mul­
titud de hombres se perdía en la obscuridad y
crueldad de la servidumbre ^y era suficiente á com­
poner medianas Ciudades.

.....

A R T IC U L O IV,

CASO SIN G U L A R QUE S E P R O P O N E ,


y resuelve acerca del servicio Militar que hacen
los Suizos al swldo de diferentes
Soberanos.

% I.

E muchos siglos á esta parte están los Hel­


D véticos en la posesion de reducir á comer­
cio el servicio de las armas. Un clima áspero y
du-
<1} P ia t. lib* 3 . d t R cp u b i.
346 Lib. II. D is e r t a c ió n VII.
duro los hace aptos para la guerra»y una tierra
montuosa y fría no les ofrece comodidades para
subsistir con la agricultura , y con los otros eger-
cicios déla paz. Lo mas-urgente es una costumbre
antigua, pof la que se habituaron á convertir su in­
dustria , su instrucción, y todo su trabajo, en la
ciencia de manejar las armas.
El fin de procurar hacerse do£tisimos en esta
disciplina , no es por lo común el defenderse á sí
mismos de los enemigos de afuera, y conservar
su libertad y la de su patria; sino disponerse para
poderse ofrecer al servicio de qualquiera Soberano,
por el sueldo y condiciones que se estipularen.
Para alistarse cada uno de por sí, y poder seguir
el partido que le ofrezca mas ventajas, precede
la licencia del Gobierno de los Cantones. Otras
veces los mismos Cantones ofrecen á los Príncipes
estas Tropas, y entonces van á servir en su
nombre.
Esto segundo sucede , o por fuerza de alguna
alianza que dicha Nación hace con otras de las ve­
cinas 6 lejanas para darse mutuo auxilio entre sí,
según el derecho de todas las gentes; o procede
de algún tratado pardcular hecho con algún Prín­
cipe para poner á sus ordenes tanto numero de
Tropas para cierta expedición , bajo la merced de
dinero que sepa&a y se cuenta,
retíaos dife- Aquí deben distinguirse tres casos diferentes:
LubwTo/sul- ^ primero, quando los subditos de los Cantones,
2US- con licencia de sUs Príncipes se ofrecen y alista»
por sí mismos en el servicio de qualquiera Prín­
cipe extrangero solo por el interés de la paga. El se­
gundo, quando el mismo Gobierno los alista y
obli-
M á x i m a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 247
obliga á ir por el mismo interés. El tercero, quan­
do aquella República los alista y ofrece á los
Príncipes aliados por fuerza de la amistad y so­
ciedad contratada con ellos, para que los defien­
dan o desagravien de sus contrarios.
Contra todos estos casos han nacido en dife­
rentes tiempos dudas y controversias, que han tur­
bado á los 'dichos Pueblos; pero sin haberles he­
cho jamás mudar de estilo. Los Suizos, asi de
los Cantones Cathólicos, como de los Here-
ges, sirven hasta el dia de hoy al sueldo de mu­
chos Príncipes que los conducen para hacer k
guerra,
- Despues que en aquellos países se dio lugar
á los errores de los Ánabatistas, Socinianos, y
generalmente á las doótrinas dé todos los Refor­
madores , como Zwinglio, Bulinger, &c. fueron
mas freqüentes las controversias que se excitaron
contra esta práctica9 pero como los intereses de las
opiniones y do¿tnnas singulares, son también
singulares, sirviendo la mentira á la injusticia, asi
como á lá justicia sirve siempre la verdad, em­
plearon sus malignos escrúpulos contra aque­
llos casos en que no habia temor.
Bulinger o
impidió
*
el ano 3549, la_ renovación SoAStoA„ con que
de la alianza que Enrique II. R ey de Francia tra- Buiingcr
1 J 1 t O * i t . i i ]a lipa con H en-
taba de nacer con los omzos, Una de las razones fiq u e 1 1 . el añu
con que persuadió á los Cantones que rompie-
sen o desechasen dicha alianza, fue el que no era
justo empeñarse por dinero en ir á matar á los
que ningún daño Ies habían hecho ( i) .
Dís-
(»; B a y l. D iítio iw k . C r itiq . are. E n liB £ t t.
248 L ib . II. D isertación V II.
Discufso m uy mal empleado, porque en este caso,
que es el tercero de los que hemos distinguido,
no se debe negar á los Suizos, como nación libre
que es, é independíente, el hacer ligas con otros Prín­
cipes , dándose mutuamente los auxilios necesarios,
asi en tiempo de paz como de guerra. A q u í 110 sola­
mente se interesa el dinero que recibirán los sol­
dados, sino mucho mas el auxilió estrangero en caso
de necesitarlo.
Los Helvéticos hereges, y especialmente su
vecina Ginebra , han conservado ó ganado su li­
bertad y su independencia al favor de ligas se*
mejantes. Mas racionalmente deberían, escrupu­
lizar dichos pueblos de haber invocado el au­
xilio de ios Príncipes extrangeros para rebelar
contra sus proprios Soberanos 5 que despues de
obtenida mal ó bien su libertad-, mantener la
unión con aquellos mismos aliados , ó por dine­
ro 6 por otros socorros- .
Quando- la obligacíon recíproca de dos pue­
blos es general y para mantenerse en amistad en
todo tiempo , asi d e;paz como de hostilidad , no
es el interés único ganar dinero en pago de las T ro ­
pas ; sino mucho m as, la conservación de la Pa­
tria. Esto se verifica principalmente en las R epú­
blicas de corto poder , tal como Ginebra , á quien
no huviera salido tan felizmente su desobediencia,
si la Francia no hubiera amparado tales empresas,
abatiéndose á la alianza de una mediana Ciudad,
que al presente es habitada solamente (1) por vein­
te y quatro m il personas. -

(ij T>- A lem berc. art G t n t t í > ea I* E u cidu p ed .


M AXIM AS IM PIAS CONTRA LOS GOBIHUNOS. I4 9

$. rr.

Los otros dos casos forman un problema m as


difícil de resolver. Bayle habla de ellos en el citado
articulo de Bulinger , y según su costumbre , mez­
cla luces con tinieblas en su discurso. „ Y o no Lrr
„ pretendo (dice) erigirme en Juez ni en Censor
,, de los Cantones Suizos, que sacrifican la vida s<i«©ss;>i>reiae
-,, de sus subditos á la querella de otro : y. esto, otrw^
„ quando no pueden dudar que la querella' no
„ sea 'injusta i porque ellos por exemplo , dan al
,t presente (esto lo decía en el año 1694.) Tropas
,, á la Francia .y á los enemigos de la Francia: y
„ entretanto es preciso que el uno o el otro de
,, estos dos partidos-haga .injustamente la guerra.
t }>Pero como quiera que sea, no entro á examinar
„ si Bulinger hacía mal ó bien, respecto de la Re-
„ pública Suiza. Solamente diré , que respecto de
„ los particulares que se alistan voluntariamente
,7 para ir á matar á los aliados de su patria, n a veo 1
„ como se pueda responder á Bulinger. Un parti-
„ cular puede llevar las armas contra los enemi-
„ gos de su patria , ya porque los Soberanos se lo
„ ordenen, ya porque ellos voluntariamente lo
„ hagan, supuesta la libertad en que dejan á cada
■„ uno de alistarse ó no. Pero quando se tkne esta
„ libertad, y por ella se empeñan en ir á matar
,, los amigos y aliados de su Soberano , no sé
,, si esto deja de ser lo mismo que empeñarse
,, en cometer homicidios >y sino es imitar á los
Gladiatores, que por divertir al Pueblo Roma-
Tom, K Ii no
1 50 Lib. II. D i s e r t a c i ó n V I.
„ cometieron hurto, porque aquellos les eran de-
„ bidos por la sentencia del mismo Dios. De la
„ propria manera quando consintió Abrahán en
matar á el hijo, no consintió en algún homicidio;
„ porque era debido que Isac muriese por el pre-
„ cepto de Dios , que tiene el supremo dominio
fr de la vida y de la muerte. “ Esto le toca pot
autor , por conservador, y por absoluto Señor de
los hombres. ¿Por ventura, el Alfarero no tiene
potestad para romper el vaso que acabó de formar
de su barro?
Pero añade Santo Thomás otra razón de este
supremo dominio que tiene Dios para sujetarnos
i sentencia de muerte; y es el crimen capital que
cometimos todos en el padre común que pecó,
no solo personalmente } sino como representante
de toda su especie. Acerca de este crimen ori­
ginal deliran los nuevos Filósofos con el mismo
aturdimiento que sobre todos los derechos divinos
y humanos. No ven un derecho >quasi tan gene­
ral como el de gentes > por el qual un reo de Es­
tado es depuesto de su nobleza, y le son confis­
cadas sus ricas posesiones; no solo contra é l, sino
contra el derecho de su casa y familia , quedando
toda envilecida y pobre por un padre que rebeló
contra el Soberano; y esto aunque haya sido ua
delito personal, y no cometido a nombre y re­
presentación de sus hijos.
Dios es quien puede sujetar á pena de muer­
te todos los nacidos, justos é injustos, por el pe­
cado del primer padre. Si el hombre fuere egecutor
de esta sentencia por autoridad divina, como Abra-
tián , no será homicida í como tampoco lo es Dios.
M aximas I mpías contra los G obiernos, i 51
* D e igual mocío quando Oseas se llegó á la XI TT_
muger prostituta o adúltera , no cometió pecado «cómo 0^*10
J & i\ * J r • * 11 , \ com etió tulpa?
de mee h u í , ni de fornicación; porque se liego a
la muger que ya era suya por el mandato de Dios,
que es el autor de la institución del Matrimo­
nio y de sus derechos 3 indispensables por otro al­
guno.
A s i , pues , los mismos preceptos del Decálo­
go son inmutables en quanto á la razón de justicia
que contienen: pero en quanto á ciertas determl- :
naciones o aplicaciones que admiten , (de modo
que esto ó lo otro sea , o deje de ser homicidio,
adulterio , hurto) en todo esto son mudables. A l ­
gunas Teces solo por la autoridad divina ; convie­
ne á saber , en aquellas cosas que solo son estable­
cidas por D io s , como en el M atrim onio, y en
otras semejantes : otras veces puede mudarse su
aplicación por la autoridad humana ; conviene á
saber , en aquellas cosas de que somos árbitros , b
que están cometidas á la potestad de los hom­
bres. Porque en quanto á estas hacen los Prín­
cipes las veces de D ios; pero no en quanto ala»
cosas que se reservó.

s. V IL

Esta misma justicia natural, o esta ley etef- nm .


fia, impresa en toda la naturaleza , es distinta del J
derecho de gentes en aquello mismo que se dis~
tingue la naturaleza universal de la naturaleza ra­
cional, ó en lo que va del genero á Ja espe­
cie. E l derecho natural es el que la naturaleza en­
seña á tedos los animales, como su conserva-
*5® Li®. II. Disertación V IL
pañaríaa en la expedición él y los suyos, y Je
respondió David - Ahora rereis lo que por vueSíro>
nspeto hará viteBro siervo, dicen que habló incoa-:
sLderadamente, o sin advertir lo que prometía. -
Quando despues por -providencia de Dios le man­
dó Achis -que se retirara, y él se quejó de la des­
confianza que de sil fidelidad mostraban los Fi­
listeos, entonces , dicen que fingió pesar por aquel
accidente^ que no era para é'l sino de placer.
Esía ocasion no esperada libró realmente a
David del crudísimo lanze én que se iba a poner.
Porque ¿con quañta nata de su créd ito d e su R e­
ligión^ de su fidelidad se huviera visto enfrente de
su Rey Saúl, y de sus hermanos y amigos para pelear
contra, ellos en el Egércko -de los incircuncisos?.
¿Quién le hubiera, consolado, ni quién hubiera en­
jugado sus lagrimas que vertió sobre Saúl y j.onatas,
si él mismo hubiera peleado contra ellos en aque­
lla acción en que fueron heridos y muertos?
Y o creo de buena gana, que la bondad de Dios
libró á David de este lance ; pero no leo de buena
gana el que se culpe á D avid, ni de ¿temeridad ni
de ficción en todo lo que hizo. Si David hubiera-
pecado en ofrecerse á seguir á Achis, o en obsti­
narse para no volver pie atrás, lo huviera signifi­
cado alguna vez. E l que hirió su corazon por el
dolor de haber estendido su mano á la vestidura
de Saúl para cortarle un pedazo, é hizo peniten­
cia tan publica;por todos los demás pecados en que
cayó, ¿no hu-viera mostrado siquiera una palabra de
descontento, por haberse empeñado en la expedición
de Achis, si en esto hubiera delinquido, primero por
temeridad , y despues por obstinación y por ficción?
Pe-
M a x t m a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 253
- Pero además de esto , no era David tan inad­
vertido que se empeñase inconsideradamente en
una acción torpe. Y caso que se hybíera descui­
dado al dar la palabra jjera tan poco saga? que
no discurriese algún medio de salir del emper­
no , sino- que iba serenamente a combatir contra
Saúl e Israel?
Y o conjeturo de otro modo para escu&arsín repug’- tX IV .
nanjcia á David,y sacar do&rina y cxemplo de.su he­ Se interpreta
otro mudo
.de
el
cho para nuestro propósito. Este Santo Príncipe, hecho.de
reconocido al buen hospicio que le habia dado el
R ey de Get quando ,sus enemigos le echaron de
Israel y de la cara del Señor, no se pudo negar
a emprender por su bienhechor todo quanto pudie­
se. Esta significación, y no mas, tienen las palabras
a que reduce el Texto la respuesta y promesa de
David : Nunc seles qiiit foÉnrus eB servus tmis%
Ahora conocerás, o Achis, quanto desea hacer por
tí este tu siervo (1 ),
Aqui no se trasluce algún dolos alguna falta
de sinceridad, ni tampoco alguna temeridad o in­
consideración. Las palabras siguientes descubren el
sentido en que acetó Achis esta promesa de Da­
vid. N o la tomó por algún juramento militai:, b
por alguna obligación de ir a hacer la guerra ojén-
sha contra Israel y su Rey ; sino .solamente por
lana oferta á defender su persona y su vida. In­
mediatamente respondió Achis áDavid:; Yq tefiaré
la guarda de mi cabeza en todos mis dias (e) .
Tenemos de aqui, que David 410 se ofreció a
mas
^ — — — - ..................... .... . ... . . 1
,.
I . K e g . cap. i ? . 2..
,0 0 Ibid , Ec a it A c h is ad D a vid : & ego cu «od em c a p itií mei p o n a n te
c u s á is d ie b u s.
254 Lib. II. D i s e r t a c i ó n V il.
tóas que a defender la vida y la persona dé ufí
Príncipe , qüe le erá tan amigo y tan favorable de'
XXV.
D tv id ofreció
dos años hasta entonces* David no ló estimuló ja­
solam ente defe n más á salir contra Israel. Esta empresa fue resuelta
ck r la persona
de su amigo; por los Filisteos de consejo de todos sus Sátrapas*
pero no el ofen­
der '* Israel.
no podía David ifnpedirkí'tíiestómr qüe el R ey
fliese á ella. ¿Pues qué rafcon debía tampoco estor-
’V'ar á David qüe fuese con Achis que se lo roga­
ba , para hacer una prueba de su amistad? David
se hubo prudentisimamente; Consintió agradecido
en ir á defender la vídá del Fiíneipe su bienlie->
chor * y sacar su persona * en caso que la viese .en
aprieto; pero de ningún -n*-cdo empeñó terne-;
rariamente su promesa para ir á ofender-, ni atacar
al Egércitó de Saúl.
En el capitulo siguiente se nos descubre con
claridad esta Intención de David. A llí se describe
el orden eíi que se movía el Egércíto de los F i­
listeos: de David y los süyos se nos da á Veí
un cuerpo dé reserva , formado en la (1) re7
taguardía, cercando á la persona dé Achis. N o es
fácil descubrir éñ esto algun delito contra Da­
vid , ni en e'ste alguna trayeion contra su patria;
aunque esta no le hubiera arrojado fuera de s í, y
le fuese menos ingrata.
Inferimos de aquí contra Bayle, que el respeto
a la patriaaunque tari sagrado , no es la última
r'ázon por donde se mide la justicia de la guerra.
Quandó Riera notoriamente injusta alguna empre­
sa , resuelta por la misma patria, no debéíiamos
•se-
(0 '- K c g . c .i p . f . 2. D sv id autem , & v iri e ju i eram in novissim o ajm in e
cum A c h is.
M a x im a s I m p ía s c o n t k a tos G o b ie r n o s . 255-
seguirla. El amor á la patria tiene sus limites; y
hay otras obligaciones superiores, á que 110 pode-*
jrnos escusarnos en ningún caso.
Mucho ,menor es la obligación que tienen los
ciudadanos particulares a ios aliados de su patria.
S í dichos ciudadanos se hallan recibidos en otro
R eyno, o sirviendo á otros ¿Soberanos que de­
claren la guerra .á los .amigos de su patria, no
por eso deberán omitir .el servicio que deben pres­
tar á el Príncipe ..con quien han contrahido em­
peños particulares. Para esto era necesario que an­
tes de .entrar <en el .servicio de otra Nación se hu­
biera exceptuado expresamente el caso de no min­
iar contra los amigos de la .suya;

5 . IV,
Asi lo paitan hoy dia los Suizos. 'Bayle come- K3yieL*^;urí
■te otro dcfcdlo mayor en su discurso, y es torcer -h< .«i^ua» ¿e
, . " " 1 ' 31 S SlluK »
los hechos , y suponer lo .contrario .de lo que su- menos las Ca-
cede., ¿1 menos en los Cantones Cathólicos. Las * 01C0S’
Tropas ;de .estos se .obligan u .diyersos .Soberanos
de .Europa , y entre las condiciones -que expresa­
mente sacan, .es .de.no poder .servir ofensivamente
ni contra la patria, ¿ni contra .alguna .de las Na­
ciones amigas , o aliadas, de su patria.
En las capitulaciones que hacen los ¡Cantones .ohc*nll\fe,,-
con ..España , se pone .„ la reserva de que no serán ^
en algún-tiempo empleados ofensivamente con- Egen,r!0 deios
1DS-, O ■ 1- j
„ tra los Cantones buizcs y sus ..aliados •>que son:
A tenienses.

. „ Su Santidad., el Imperio Romano , el Rey de


„ de Francia , y el Archiduque de Austria en sus
' j, países hereditarios en Alemania. “
Ana-
$56 L ib . H .D i s e r t a c ió n . V U . ’
Añaden esta expresión ofensivamente } porque
para el caso de defender bien están ellos en que
pueden servir á una Nación amiga contra otra*
aunque también lo sea. Para esto ayuda el exem-
pío de D avid, ségün queda explicado -y por esta
prá¿tica de los Cantones Cathólicos recibe ilustra­
ción él sentido particular que di á los hechos de
David con el R ey de Get,
Por la misma razón, que es perceptible y
dará para todos, leemos que -los Atheníenses aun­
que estaban en amistad y Sociedad con los de
Corcyra, y los de Corínto; y aun antes con estos
(1) segundos; todavía defendieron contra ellos- á
los primeros. Con que por esta parte al menos no
tienen que decir contra el servicio de los Suizos
Cathólicos.
i V,
LX VIII.
A rg u y e n i los Por otro capitulo han procurado turbar la con­
Suiiíjs cíe hacer
la gu erra sin ciencia de los Suizos; yes departe délos motivos
m otivo*. que les hacen tomar las armas. La guerra (dicen los
Filósofos políticos) es una acción que nace de in­
juria , y no se püede intentar sino contra aquellos
pueblos ó gentes que nos han agraviado. Lós de-
fechos sólo dan autoridad para llevar las armas con­
tra los armados: pero contra los pacíficos é inocen­
tes que nada intentan en daño de alguno, parece un
furor 6 rabia loca el batirse , y perseguirlos. Seneca
dice, qüe no se (2) puede llamar sino demencia
el;
( i ) T u tid id , lilt/i. í í p .
( j ) $cricc* natural* qtj. véró cp iil aliud quis dijccríc quam in.sa-
n b in ? Circitm fcrrc ptfHcuIa ¿ & ruerc tn Ignotos , iracum sine injuria * accttr-
rcncia (iívastaiitcm j a c ferarum more occld cré quem iw n oderis#
M a x im as I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . ¿257
el ír á caer sobre aquellos que jamás nos irritaron*
y que apenas nos son conocidos.
Esta (añaden) es la disciplina de los Suizos.
Ordinariamente se les vé ir a pelear contra pueblos,
queridos ofendieron , ni provocaron jamás. <Pues
qué furor mas reprehensible, especialmente en Ca­
thólicos , que ir á matar a los que jamás wbteron
ni aun motivos de aborrecer?
Este discurso 110 se ha hecho jamás sin mucha LJíIX,
Se disi pa el so­
malicia o ignorancia. Es verdad que á Ja guerra fisma d e los Fi­
lósofos.
debe preceder la injuria, asi como el delito al su­
plicio: pero se debe advertir que esta injuria
no debe ser precisamente hecha contra aquellos
que son ministros o egecutores de la guerra , sino
contra el Príncipe que los embía »asi como el de­
lito no ha de ser cometido contra el verdugo para
que este pueda ser executor de la Justicia, ni contra
el Juez para que pueda administrarla.Una vez come­
tido el crimen contra el público, b contra qualquie
Ciudadano , pueden los egecutores de las leyes , jr
los que las aplican á los casos, proceder contra eí reo.
Antes sería contra el buen orden , y contra la
sosegada administración de justicia, el que venga­
ra su injuria el mismo injuriado. La ira excedería,"
entonces todos los modos, y no se guardaría algu­
na proporcion entre la culpa y la pena. De aqui
e s , que solamente debe examinarse, si el que de­
creta la guerra, ybajo cuyas ordenes se hace, tiene
causa legitima de injuria recibida, o de algunos
derechos violados. Entonces aunque él mismo
no tome las armas, pueden hacer sú justicia los
subditos v vlos aliados. *
N i aun es necesario que á estos se les den á
Tom.V. Kk co-
258 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VII.
conocer las causas , para que pronuncien acerca
de si son legítimas: porque solamente tienen obli­
gación de obedecer á sus Soberanos, o de dar au­
xilio á sus amigos.
El Verdugo, según la comparación de que se
sirve San Chrysostomo (1), no comete homicidio,
ni crimen en quitar la vida á un reo juzgado , aun­
que haya sido mal juzgado. Este es delito del Ma­
gistrado que decretó injustamente la pena ; pero
no del que la egecuta. A l Príncipe (dice (2) Tá­
cito) dejó Dios el juicio, y á los súbditos dio sola­
mente la egecucion.
Esta es la do£trina de paz que enseñaron los
antiguos Padres a los Christíanos, y especialmen­
te San Agustín; que en tales casos, si huviere in­
justicia , la pone á quema del Príncipe que la man­
da , y no dél soldado que sirve. Y en otro lugar (3)
le hace reo del Imperio menospreciado; y lo tra­
ta como á desertor , si no hiciere lo ordenado por
sus GeFes.
Esta era, la do&rina que aprobaba San A m ­
brosio en los soldados Christíanos que sirvieron en
el Egercíto de Juliano (4). Lím ism a debe servir
para regla de conduéla en los aliados o en los au-
xi-
' (1) C h ry s u s th o m .ilí I r o v ld e n t . j . M u k i s®p(i M agisctátuum ób injustai
cx d cs acnsati pccnas íied eru n c: A t carn ificei > qui c * d i minísterium j q u i,
manunm ■ópcráiri prarbuere , ricino in jus v o e iv c iit > immo d e h is ne quscsieric
quifícjti. E xcusat enim cus neccssitas e x dign ieatc jaben cis,& e x parentis tim ó te.
( i ) T a c it. A n ñ al. 6 . 8. P rín cip i summum rertim judicium I )ij dederunt,
su b ditis obsequij glo ria relia n cst.
( j ) D e t iv it . B e i lib r. i .c n p . i ó . M iles cutn obediens p o t e s ta d , sulT qua
le g itim e cuíistjtutuí esc = hüttiüiem o c c id it , .m illa tiv ic a iis stia? lege icu s tsc
h om icid ij : immu nisi fecerir , reas « st im perij deserti atqae contem pti:
<Júod sisu a sponte atque a u & o ríta tc fe c issc r, in crimeni efusi humani sangui-
nis incidissei. Itaque undepuuicur , si feceririn ju su s , jnde punirem r J si non
feccrit jusus. i- ■
( i ) . ;E t sirniliter E pist. jo .a d B o n ifá e ,- -
M á x im a s .I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 259
xiliares. Estos no vienen a ser Jueces, sino á ege-
cutar las ordenes. De aqui es , que ni los Suizos, '
, ni los demás que al presente se ofrecen á las Na­
ciones amigas para servir de voluntarios en sus
campañas, no tienen el cargo de examinar los deT
rechos de las Gentes , ni de convencerse á la
justicia de aquella por quien llevan las armas. L o
contrario sería muy conforme á los principios de
los militares Filósofos i que nada aprueban sin co- ,
nocimiento de causa, y aun sin demostración:
pero sería realmente la ruina de los Estados seme­
jante Filosofía* ¿Quando se maduraría un acuerdo
de paz o de guerra , si todos los soldados tubiera»
asiento en el Consejo, y voto decisivo?

§. VL

, El tercer capitulo que oponen á la justicia de la


guerra que hacen los Suizos, lo toman de parte
del fin. Despues que desconocen la causa legíti- AnJ^ -
ma que puede moverlas Tropas Helvéticas, no Ios suidos ha-
, ,, * r - . . V ■\ i* •* . e s a usura d e i*
hallan otro objeto ni fin a que se dirijan, sino gum*.
á la avaricia, y á la codicia de la presa. Parece
que venden vidas, o que ferian muertes, como
de los Arcades decia Dionysio Milesio (1) } o que
hacen usura de la milicia (2).
Generalmente se. debe sentir él que los Eger-
. citos Chrístianos se muévan ya muchas veces por
Kit 2 fi­

f i ) Apud P h ilo s t m . v ir. Soplúst. lib . i , cap. i * . B e lii mscituuntur nun*


ti in r , & G rxcorum n u la in fru&us iu n t Arcndiim », & sitie a u sa ru m ccs-
poflu modo liüc t modo illue ruma circumFenintur.
( 1 ) Pliilip.M aced. apud D io d o r, S icu í. i S. 10 . Quibns unut ex m ilicia qu***
: u í essec.
s6ó L ib . II. D is e r t a c ió n VII. *
fines bajos y torpes } y que los mas de los que en
ellos militan , apenas busquen otra utilidad , que la
paga presente. No se debe disimular que este es
un estado peligrosísimo á las conciencias, asi de los
que imperan las armas , como de aquellos que las
egercitan. , r i . -' - ■ •
ixxi, ' D é tal modo se lia perdido Iá vergüenza por
k ínudios que profesan el Evangelio, que sin ru-
todicia de ri. bordan por
íju e x a s , o por . r
fin de. las expediciones
/
militares el
ambid™degio ganar fama y gloria mundana. Ksto no es menos
torpe y vano, que el mover las armas por adqui­
rir riquezas: pero uno y otro es damnable, y
3iace de la guerra un delito cierto. Esta es formal­
mente la sentencia de San Agustín. No es pecado
(dice) el militar \pero el militarpor la presa , eso es
pecado (i) .
Por esta regla serán condenadas todas aque-
'llás guerras que enciende la ambición de ocupar
y usurpar, sin tener respeto á Dios, y al terrible
juicio que hará á estos Conquistadores orgullosos
que se rebientan por llenar con su nombre algu­
na parte del mundo. Seria útil qué corrigieran sus
idéas por los hechos heroicos de los Emperado­
res y Generales Chrístianos, y aun por los de
aquellos fuertes Macabeos que antecedieron al
Evangelio. Jamás se oyeron en las vocas de Ma­
tatías , de Judas, ni de Simón otros fines para
-emprender sus hechos fuertes , que el zelo por la
ley , la gloria del Testamento que Dios habia dado
á sus Padres, el honor de las aras dedicadas al Nu­
men verdadero, y la libertad de su gente. Dios,

( íj D , A u g . de v erb .D o p u ti. iecm id, M atch.


M a x im as I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 261
que' tiene en su mano las suertes dé la guerra, les
daría entonces mas victorias, y una gloria mas im-
mortal que la que buscan.
Mas por lo que respeta al ínteres de la presa
y de la paga , que se promete á los que llevan las
armas, no se debe confundir lo que es puro es- ^ ^ ‘íLreies-
' / - t i • tip c n d io m ilita r
tipendio militar, con lo que es h ndeia acción «on _ci/¡ndc ia
militar. Cobrar el soldado su preB necesario para m,<aíU
subsistir , es justicia ; y no hay alguno (dice el (1)
Apostol) que esté obligado á militar á su costa.
■Esta paga puede tomarse sin que sea ella misma
reí fin de los que militan, y entonces su exercído
no será culpa.
Muchas acciones perdemos los hombres , y es­
pecialmente los Christianos , ó porque las ordena­
mos mal, 6 porque no las ordenamos..Una délas
principales cosas que diferencian á los racionales
de los animales brutos, es que todo hombre debe
ordenar sus obras á un fin legitimo , y digno de él.
Los Labradores pierden sobre el campo sus traba­
jos y afanes; los marineros echan al mar sus pe­
nas y sudores; los artesanos no hacen mérito de
su aplicación continua; y los soldados desperdician
sus vigilias , estaciones y marchas , porque no
-tienen cuidado de ordenar estas operaciones,
como racionales y como fieles, al fin déla vida
; eterna.
Estas miras, además de inspirar en ellós es­
fuerzo y deleyte para acabar sus obras, no les qui­
tarían percibir el jornal ó estipendio del día. Este
se dá para trabajar: pero se trabaja por un fin mas
no**
.............................. 1- ■
* 1 — — -y, 1 *- — r ir i_1 .. - •i< 1 _
[ <i) i. Ad Corintfi. c,np. i o, f . 7*j
262 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VII.
noble , y mas digno del hombre, que es la hol­
ganza eterija. No merece llamarse de otro modo
que subsidio, el moderado estipendio que se da á
los soldados.
L X X U I.
Es un subsidio Los Suizos Cathólicos que en España llevan las
moderado lo
que para m ilitar
armas, no perciben mas que lo necesario para sub­
coman los Sui­ sistir. Noventa reales (f) de nuestra moneda , se
zos,
da por mesada á cada uno de estos auxiliares en lu­
gar de prest, pan , vestuario, armamento y hos­
pitalidad que se subministra á las demás Tropas
del Reyno. De esto -se hace una distribución en
f¡que cabe a unos mas, y a otros menos , según
su? grados. Pero á ninguno le cabe mas que lo que
necesita para pasar con economía y moderación.
^Pues donde está aquel objeto que enciende la
avaricia de estos soldados? ¡InfelÍcs$ de ellos, y
de los nuestros, si no buscan otra consolacion á
sus trabajos, ni ponen otro fin á sus obras!
N i los Cantones que embian estas Tropas per­
ciben otra c<?sa distinta. Antes veo en esta gente,
á diferencia de la nuestra, que hay menos ambi­
ción a los ascensos, porque la esfera regular dé
cada uno es su Regimiento; y aunque el Rey
los habilita para todo , pero no salen tan freqüen-
temente de su esfera. El oficio de Coronel es el
grado mayor, y este lo nombra ?1 Cantón respec­
tivo , y 110 el Soberano con quien hacen el servicio
y el ineríto. A mas de esto, sirviendo siempre a
paciones diferentes , todo el crédito y gloria que
adquieren-, es para ellas: Porque quien suena,
. . es
'(* ) Consta por la C o otrata , que me confió urbanamente I>on Josepti
O lle r j Secretario Español del Regim ienta d e Sui*us d el Señor Barón de
R c d ii g .
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 363
es España, o Francia, íi otra Nación por quien
sirven.
Aquí no debemos entrar en los fines particu­
lares que pueda tener cada soldado j sino hablamos
del caso , según la pública forma , bajo que está
arreglado: y prescindiendo de vicios particulares y
secretos >el servicio militar qu? hacen los Canto­
nes al sueldo de varios Príncipes, carece de las acu­
saciones que hacen contra él los Filósofos roedo­
res y maldicientes.
Porque ni sirven contra su patria ni contra
sus amigos ofensivamente que es la primera nota, c,e„.Us

que les suponen. N i para guerras que tengan por ««* j es com -
iniquas, sino para servir generalmente á empre- prehendc‘
sas que suponen justas , que es la segunda nota. N i
militan por .codicia de la presa, sino bajo la condi­
ción de su paga precisa; que es la tercera de las
notas que les imputan los Anabatistas y Socinia­
nos con Bulingero, Zwingho, Bayle, y otros hy-
pocritas impíos.
Con otra luz verdadera y segura, como era la que
daba elBaptista, seles deberá finalmente decir:E B a d
(1) contentos con vueBros estipendios, ni hagais vio­
lencia d alguno, y evitareis vuestra condenación.
Asi pone la Religión orden y paz hasta en la misma
guerra (2), y ésta siendo justa, confirma mas y
mas la paz (3) . Porque según una sublime ima­
gen que se lee (4) en el libro de Jo b , el Justo es
so-
L u r. cap. 3. ~fr. 14- E t contenti stote stipendijs v estris.
( i) i.R e g u m . cap, ■1. ju xta versión , o r ig in . llo g a v it (D a vid U r¡«) de pace
Jóab, de pace pnpuli , & de pace b elli.
( j) T u eiííid . líb . i.P a x b e ll t ) n’.agis confirmaba tur,
(4) Job . cap. j . n . 2 j . 141
264 ^ ib. II. D isertación V I L
solamente quien puede reírse en medio déla de­
vastación y de la hambre: hasta con las piedras
de las Regiones tiene hechos sus pa<3:os, y las bes­
tias de la tierra son para él mansas. Asi sabe poseer
en paz su tabernáculo. Todo lo contrario se ve en
los impíos: con palabras de paz hacen la guerra
á la misma guerra, y alas conciencias de los que
militan. Roto asi el nervio que afirma el corazon de
los Soberanos , les dejan solamente una autoridad
que pueda ser la ilusión de sus enemigos, á cuya dis­
creción queda en tal caso todo el Estado.
Pasemos á considerar otro golpe seiñejante
que dan los Filósofos á la autoridad soberana, por
el lado que mira á los delitos y desordenes do­
mésticos. Veremos ahora como despojan á los Ma­
gistrados de la potestad para concluir los juicios de
sangre , y decretar las penas capitales; que es otro
de los derechos summos o regalías, necesarias á los
Príncipes y al buen orden ( i ) . Con esto promue­
ven la ruina y desconcierto de la República,
no solo llamando delito en los Príncipes hacer
k guerra contra los pueblos culpables, sino juz­
gando también por crimen en los Magistra­
dos el usar de penas contra los subditos perni­
ciosos.

DI-
■ | l l , ' I ■ I ■■ ... I M ....... ■ II ■ ■ . ■>

( i) T u cíd fd . líb. {.'cap'. T Í. Summi im perij signtim jlid ieiorura summa p o -


cestas , non minu:<juam Icgum , & M agistríttuum creandorum ju s. -
M a x i m a s I m p ia s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 265

D IS E R T A C IO N VIII.

C O N T R A E L SE D IC IO SO E R R O R D E
los D eiBasy Filósofos, que niegan al J\dagiBr<zcfa
el uso de la espada sobre los subditos
delinqüentes.

previno la necesidad de esta diser­


tación desde el Aparato. Su objeto
es uno de los asuntos mas principa­
les del plan de esta obra, y un in­
signe lugar de argüir de donde se prueba. Porque
hace ver quan diferentes son los conatos de estos
impíos por desautorizar á los Magistrados, y para
establecer mejor la impunidad de todos los de­
litos.
En la disertación antecedente qiieda visto como •
atan las mañosa los Príncipes, especialmente Chris­
tianos , para que no puedan hacer la guerra , ni
aun defensiva , contra otros Príncipes usurpadores: '
ahora con este segundo error acaban de atar tos
pies y las manos de las -dichas Potestades', para
que tampoco sean capaces de castigar, y refrenar
á los subditos díscolos y delinqüentes. Ambas
cosas venían cumplidamente para el proyecto de
estos infernales Filósofos: porque con el primer
lazo los Estados Cathólicos serían tomados como ;
una ave ¡nocente por qualquiera Príncipe que pro­
fesase semejante Filosofía. Y por él segundo vi-
Tom. Y. LI TÍ-
«66 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
y Man todos los licenciosos asegurados contra las
leyes ,.y los suplicio», en cualquiera Ciudad o
parte del Estado,
Siempre i asistiré en no llamar a esta furiosa de­
mencia error deFilósofos. Aristóteles, siguiendo las
opiniones y juicios de otros antiguos, probó de pro­
posito en unlugar (i) la necesidad y utilidad del
uso de las penas para contener la multitud, indó­
cil por lo ordinario a seguir la probidad, y la dul­
ce voz de k razón. Sin este uso no podría con­
sistir la paz pública; y de aqui se infiere inme­
diatamente que son unos enemigos de ella , e in­
teresados en la impunidad de los delitos, estos L i­
bertinos que asi declaman en defensa, de todos los
delinqüentesXos pensamientos que se divulgan hoy
en libros, no osaban otras veces sacar la cabeza
de los calabozos b galeras donde estaban encade­
nados sus autores originales. Pero vino un tiem­
po de tan general ilustración, que aprendieron á
leer y a escribir libros hasta los facinerosos. Con
esto hacen la apología por sí mismos, y por todos
los reos llamando tyranos á los Magistrados;
barbaridad de los siglos obscuros á las leyes pena­
les } y humanidad á k impunidad de todo cri­
men.
Despues que en el articulo inmediato me
ha-
ii) A rist. E thicor. ü b . 10. cap.^M ilIcítudíi n ícessítatí porius quam rationi»
poen* <juam hon estad pares, Idcirco suijf qui lfg u m ¡ajores o p o r m e cen­
sen ! ad virtiitcm in vitare ac provocare honestaf'js gratia j proprcrca quod
ij i probi M int, pb .tonsuetuAiocm pracipue obremperabunt : adveesus
autetn í’nobeJicnces, castigaciones pctnavjne i n s t i c u c r c a c ros qui o jia r i
seque etnendarí n equ eu n r, exrruttere atqne exterminar*,. Probum 'enim h o -
minem , 8c ad .bonestatem víren tem tatio n i Ftbcemperaturum esse ¡nquitm t:
¡mprobum vero v o lu jta te m affeGUnteu > d olore a fú c ic a tiu » esse periudts
.atque jum enm m .
M á x im a s I m p i Xs c o n t r a to s G o b ie r n o s 267
liaga cargo de sus dichos, y especialmente de aque­
llos que se leen ya en nuestra lengua, y son una
expresión, ó extraélo de la cicuta que se veía sem­
brada en varios libelos; fijaremos el principal cui­
dado en disipar sus pestilenciales discursos, para
que dure sin lesión el respeto que todos debemos
a los Juicios públicos,

......... ■ ■

A R T IC U L O L

SE P R O P O N E N LO S IN T E N T O S B E
algums Psetido-fiiósojos contra el legitimo uso
de las -penas juBas.

s. I.

N algunos lugares quedan indicados los va­


E rios Hereges que han intentado en difcren-*
tes tiempos hacer valer este error. Se vio en la
Disertación quinta » que esta fue una de las máxi­
mas de los Albigeiises y de los Anabatistas , sien­
do ellos tan enteles, y derramadores de sangre hu­
mana. También Lutero éntre tantas injurias como
habló y escribió contra los Magistrados , los des­
pojó del derecho de ía espada (r) , pata que no pu­
diesen decretar la muerte á los reos : siendo asi que
incitaba por otra parte á los legos para que lavasen
sus manos en la sangre de los Sacerdotes (2).
LU Con
O) Lacer. Episc. 234» ad P ilip. tom.r . ecíic. Jatin oper, Lucer-
¿15^ C o c b lz m i i k & ¿cn pc, Lurer. ía £■* edie. s jí# -
268 Lib, II. Disertación V II.
E rror ¡o . so Con mas reposo han trabajado los Sociníanris
ciniantíí. ■en quitar de la mano délos Magistrados christia-
nos este uso de las penas de sangre , haciéndoles
un delito el cortar del cuerpo déla República cliris-
. tiana los miembros podridos ( i) .
m.-xTíLs deí -Los Filosofes delicados en que se han trasfor-
A u to r dei dis- macJo todos aquellos fanáticos , emplean sus fofis-
curso de la v id a , 'A . ■1
feiíi. tenas, sus declamaciones y espantos , sus des­
mayos y melindres para hacer de apruebo todos
aquellos errores, y excitar el odio del público
contra las egecúciories de justicia.
En el infeliz discurso de la vida feliz , dice asi
el Escribiente : „ Tened cuidado; (habla ásus lec-
,, tores) la Política no es tan conmoda como mies-
„ tra Filosofía. La justicia es luja de aquella (2).
x „ Los verdugos y los cuchillos están á sus orde-
,, nes: temedla mas que a la conciencia y á los
„ Dioses. “
m> Nótese de paso la derrota que siguen los lí-
D crm ta que sí- berlinas en su caída hacia la independencia y li­
guen en su c a í- .. , , , j * O •
<u ios ü b e r ti- cencía sin: limites de hacer y decir, be comienza
,u>í* royendo el vocado de la potestad Eclesiástica , que
es el menos duro: se hacen á pensar que no hay
en la Religión Christiana alguna fuerza para com­
peler á la observancia de sus preceptos ; 6 que
en caso de haberla , 110 está en la mano del Pas­
tor, este báculo y vara, que corrige y consuela;
sino solamente en las manos del Magistrado se­
cular.
Acostumbrados ya a despreciar la corrección
Ecle-
*■<[) L u d o vic. W o lzo g in antiotationib. ad ijuacuor q q .d e M agistratu, bello
8r liis connexa sutit, q. j .
• (ij D iscour. sur la v ieh e u re u se , p a g . 1 3 4 ,
M a x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 269
Eclesiástica, dan otro paso á hollar la misma po­
testad coa£tiva en la mano del Magistrado lego,
o en qualquiera otra persona que se llame Juez,
A l principio les parecía ser repugnante á un Sa­
cerdote y Pastor el uso de las penas, aun leves;
y un paso despues hallan el mismo horror en que
decrete penas qualquiera Christiano.
Para esto se comienza por negar la fuerza coac­
tiva en quanto á los preceptos especiales de la Re­
ligión Cathóliea ; y á esto se sigue inmediatamen­
te el negar la fuerza de compeler á la observancia
aun de las leyes natural y positiva. Toda ligadu­
ra les aprieta; y quando piden que se les mude de
un lado á otro, no hacen sino entretener su anelo
por verse sueltos de todo lazo , de todo yugo, y
correr á los fines de sus apetitos, sin temor ni
retenida de alguno.
Por este partido, se declaran hoy unas tro­
pas de Filósofos que mirando con alta sobervia
todos lós Gobiernos antiguos , y todas las leyes
y práíticas presentes, juntándoles en cada linéalas
ideas de barbarle , de crueldad , de ignorancia di
los tiempos obscuros , y otras palabras que pronun­
cian muchas veces sin conocimiento, y al modo
que hablan los energúmenos; quieren reducimos
al estado de la naturaleza , según lo han soñado:
o mas realmente nos quieren poner al nivel de
los Canívales, ó de aquellos barbaros que andan
errantes, desnudos, y unos tras otros para cazarse
y comerse.
El gran principio sobre que fundan toda su
legislación, es un JPaBo social , que no es cierta­
mente como el Pacto moral , que toda la Theología
chns-
sy® L ib . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
cliristiana da entre el Criador y la especie fítfH
mana, respresentada por su primera cabeza , para
heredar sus dones * o las penas de su delito co­
mún. E l Pa&o social de la bella Filosofía no goza
hasta ahora mas autenticidad qué algunas de las
ideas caballerescas ya olvidadas, Para mas adelan­
te ños tendrán hallado él documento que lo jus­
tifica * ó las tibias en qué Sé escribió ; o nos dirán
por ló rñeñós, éfi qüé cdfilpO Sé juntaron todos loe
hombres seívages á establecerlo, y quieii conser­
vó las aftas de está asárilbléá * con las condicio­
nes y circurtstáncías que intervinieron. Pero eii-»
tretañto} ellos suponen está función como una
cósa ñotoria que huvíerá pasado ayer á los ojo»
de todó el mundo. No dejar! á vida otro docu­
mento de U potestad de los Magistrados y Sobe­
ranos. Oóñ que si está Feria b Cortes generales
no se han celebfadó jamás, sé queda la potestad
pública sin algún fundamento, y vieñe á ser nula
y fantástica. Pero si hubo este cólisejó abierto, la
potestad que de allí nace no puede exceder los
límites del mandato qüé sé le dio, o del poder que
se otorgó*
El desatinado Áutór del systhema de ta natu­
raleza, y otros Materialistas miden y pesan la
esfera y adarmes de ésta autoridad por una ba­
lanza geométrica. Toda su política está lleiia de
cálculos ^hechos sobre resortes, impresiones , in-*
cliñaciones , declinaciones , grados de fuerza, re­
sistencia , y otras voces relativas á los señtidós con
que determinan la actividad de las leyes , sus efec­
tos, y lá necesidad ó suficencia dé las penas: dé modo,
que todo se determina por minutos y monades.
E*
M a x i m a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 171
Es cosa miserable o de risa ver a estos razo-
mntes hablar por todo un libro, volviéndose y
revolviendose en estas voces, sin entenderse ellos
mismos, y queriendo tener admirado á un vul­
go simple , que siente no sé que propensión á loar
todo lo que no comprehende.
En un tratadito ya citadodonde se imita todo
este aparejo de yoces casuales , se habla acá y allá
¡de los delitos y de las penas ? con una .confusion
y tinieblas proprias de los siglos de los Godos,
Entre lo poco que ,se puede entender de su len-
guage, se ye trasportado el ánimo del Autor a un
afecto de humanidad que le dl&a mil discursos
contra la pena de muerte , en favor de los parri-?
fidas, sodomitas, ladrones y ptros malvados.

% tt

Aunque tengamos la pena de darlo ároer , es


necesario con todo eso copiar aqui el pedazo don­
de exclama contra el uso de los suplicios capi­
tales , para añadir después nuestras reflexiones.
„ Esta inútil ( j) prodigalidad de suplicios (dice;) , piscar»' 4
„ que nunca ha .conseguido hacer mejores á los
,, hombres , me ha obligado á examinar si es .la te .«*“**•
„ muerte verdaderamente Util y justa en un go^
bierno bien organizado. ¿Qué derecho pueden
„ atribuirse .estos para .despedazar á sus semejantes?
„ Por cierto, no el que resulta de la soberanía y
„ las Leyes. ^Son estas mas que una suma de cor-
„ tas porciones de libertad de .cada uno , que re*
» Pre“
D tiim jr ¡ m * i , j , j J . p a g. i f 1. y sig.
272 L ib. II. D i s e r t a c i ó n VIII.
,, presentan ta voluntad general, como un agregado
de las particulares? ^Quíén es aquel que ha que-
„ rido dejar á los otros hombres el arbitrio de ha-
„ cerlo morir? ¿Cómo puede decirse que en el mas
„ corto sacrificio de la libertad de cada particu­
l a r , se halla aquel de la vida, grandísimo entre
,5 todos los bienes? Y si füe asi hecho este Sa—
„ orificio, ijcbmo se concuerda tal principio con
„ el otro en que se afirma que el hombre no es
. „ dueño de matarse? Debía de serlo , si es que
„ pudó dar á otro, 6 a la sociedad entera este do-
„ minio (*).
^ No es pues la peña de muerte JDerecho*
„ qUando tengo demostrado que no puede serlo:
„ es solo una guerra de la Nación contra un ciu-
„ dadano ■ , porque juzga útil ó necesaria la destruc-
„ cion de sü ser. Pero si, demostrare que la pena
,, de muerte no es útil ni es necesaria, habré
„ vencido la causa en favór de la humanidad.
v> „ Por solos dos motivos puede creerse nece-
^cont^c/d'- ” savia la muerte de un ciudadano. El primero,
echj de ajas- }> quando aun privado de libertad , tenga tales re-
. ,, laciones y tal poder, que interese a la seguri-
,, dad de la Nación: quando su existencia pueda
„ producir una revolución peligrosa en la forma
,, de Gobierno establecida. Entonces será su muef-
„ te necesaria quando la Nación recupera b pief-
de la libertad ; o en el tiempo de la anarquía,
„ quando los mismos desordenes tienen lugar de
)»le—.
— j---- "■ ;• 1 : • ' • "• •7 r --------
rx>) P4&0 n- ■
Esta reflfexion prueba solariience -'contra la su ficltncia d el '
c t a l , según ellos lo suponen , o in ven tan . N osotros fundamos en ¿osa mas
grande , y fnas firme la autoridad fiib líca j p w o estas reflexiones se ha­
rán áeipues.
M a x i m a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 273
„ leyes; pero durante el Reyno tranquilo de es-
,, tas en una forma de Gobierno, por la qual los
„ votos de la Nación esten reunidos, bien preve»
„ nida dentro, y fuera con la fuerza, y con la
„ opínion acaso mas eficaz que la misma fuerza;
„ donde el mando reside solo en el verdadero So-
„ berano; donde las riquezas compran placeres ,y
„ no autoridad ; 110 veo yo necesidad alguna de
,, destruir a un ciudadano, á menos que su muer-
„ te fuese el verdadero y único freno que cbntu-
„ viese á otros, y los separase de cometer delitos:
,, segundo motivo por que se puede creer justa y
„ necesaria la muerte de un ciudadano.....basta con-
„ sultar su n a tu ra le za m is m a p ara c o n o c e r la Y e r -
„ d a d d e m í aserción .
vr.
„ N o es lo intenso de la pena quien hace el Falsa Fílosofi»
„ mayor efe&o sobre el ánimo de los hombres, de que se sirve.

„ sino su extensión ; porque á nuestra sensibili-


„ dad mueven con mas facilidad y permanencia las
„ continuas, aunque pequeñas impresiones , que
„ una u otra pasagera y poco durable, aunque
„ fuerte. El imperio de la.costumbre es universal
„ sobre todo ente sensible; y cómo por su ense-
„ ñanzael hombre habla y camina, y provee á
„ sus necesidades ; asi las ideas morales no se im-
,, primen en la imaginación sin durables y repe-
„ tidas percusiones. No es el freno mas fuerte con-
„ tra los delitos el espectáculo momentáneo, aun-
„ que terrible, de la muerte de un malhechor; sino
„ el largo y dilatado exemplo de un hombre que
„ convertido en bestia de servicio , y privado de.
„ li b e r t a d , re c o m p e n s a c o n sus fatigas a q u e lla s o -
„ c ie d a d q u e h a o fe n d id o . E s eficaz , p o r q u e c o n la .
Tom. V, M m „ v is -
274 L ib . II. D is e r t a c ió n VIII.
j, vista continua de este exemplo resuena incesan-
„ temente al rededor de nosotros mismos el eco
ít de esta sentencia : Yo también seré reducido á tan
„ dilatada y miserable rcondicion , si cometiere -se-
,, mejantes delitos. Es mucho mas poderosa que la
,, idea de la muerte, á quien los hombres miran
„ siempre en una distancia muy confusa.**
Despues de repetir este mismo raciocinio de
varias maneras, habla como un ladrón u homici­
V II .
B io rta ciu n que
da que, animándose á cometer los delitos y á su­
.hace a un la­ frir los suplicios, retoricase asi, „ ¡Quales son (dice)
drón para aco­
meter , despre­ „ eslas leyes queyo debo respetar , que dejan, tan gran-
ciando U i le ~
ye s.
„ de diferencia entre míy el rico? E l me niega un di-
„ ñero que le pido, y se escusa con mandarme un tra-
n bajo que no conoce. ¡Quién ha hecho eBas leyes?Hom-
„ bres ricosy poderosos, que no se han dignado , ni
,, aun visitar las miserables chozas de los pobres; que
„ nunca han dividido un pan duro, y amohecido entre
,t los inocentes gritos de los hambrientos hijuelos y las
„ lagrimas de la muger.Rompamos eBos vínculos,fa -
,, tales d la mayor parte , y útiles d algunos pocos 0
„ indolentes Tyranos: acometamos la injusticia en su
,, origen : volveré d mi primer eBado de independen-
„ eia natural: viviré libre y fe liz por algún tiempo con
„ losfrutos de mi valor¡ y demi indaBria\ vendrá acá-
„ so el dia del dolor y del arrepentimiento; pero será
,, breve este tiempo, y tendre uno de calamidad por
,, muchos anos de libertad y deplaceres. Rey de un
,, corto numero, corregiré los errores de la fortuna , y
„ veré eBos tyranospalpitar ,y cubrirse de palidez d
„ la presencia de aquel que con un insultante orgullo
„ posponían a sus caballos y d sus perros. Acude en-
„ tonces la Religión al entendimiento del malva-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 275
„ d o , que abusa de todo, y presentándole un
,, fácil arrepentimiento , y una quasi certidumbre
,, de felicidad eterna >le desminuye en gran, parte
„ el horror de aquella última tragedia.
„ Pero aquel que vé delante de sús ojos un
,, gran numero de años, o todo el curso de su vida,
,, qué pasaría en la esclavitud y en el dolor ala
„ vista de sus conciudadanos, con quienes vive
„ libre y sociable, esclavo de aquellas leyes de
„ quien era protegido, hace una comparación útil
„ de todo esto con la incertidumbre del éxito de
,, sus delitos, y con la brevedad del tiempo qué
,, podría gozar sus frutos. El exeitiplo continuo
„ de aquellos que a&ualmente vé viótimas de su
„ propria imprudencia , le hace una impresión
„ mucho mas fuerte que el espectáculo de un su-
,5 plicíojporque este lo endurece mas que lo corrige.
„ No es útil la pena de muerte, por el exem- ttall ^
,, pío que da á. los hombres de atrocidad. Si las p^ics i escás
. ^ 1 • l i l i 1 — muertes p or ícft
„ pasiones o la necesidad de la güerra han ensena- t e r c ia ju dicial,

,, do á derramar la sangre humana, las leyes mode- X^r^/gilcr"


„ radoras de la conducta de los mismos hombres, ra-
„ no debieran aumentar este fiero documento, tan-
„ to mas funesto , quanto la muerte legal se dá con
„ estudio y pausada formalidad. Parece un absur-
,, do que las leyes, esto es , la expresión dé la V o -
„ luntad pública, que detestan- y castigan el ho-
„mÍcÍdio, lo cometan ellas mismas» y para se-
„ parar á los ciudadanos del intento de asasinar,
„ ordenen un público asasinato, ¿Quales son las
„ verdaderas y mas útiles leyes? Aquellos pa&os
„ y aquellas condiciones que todos querrían ob-
„ servar y proponer, mientras calíala voz (siem-
Mm 2 pre
276 L i b . IL D isertacio n V III.
„ pre escuchada) del interés privado , o se convina
con la del público. ¿Quáles son los di&amenes de
cada particular sobre la pena de muerte? Leamos-
,, los en los actos de indignación y desprecio con
„ que miran al verdugo, que en realidad no es mas
que un inocente egecutor de la voluntad públi-
ca , un buen ciudadano que contribuye ai bien
'V-de todos, instrumento necesario á la seguridad
,, pública interior, como para la exterior son los
„ valerosos soldados. ¿Quál pues es el origen de
esta contradicción?
„ <Y por que es indeleble en los hombres esta
„ máxima en desprecio de la razón? Por qué en lo
j, mas secreto de sus ánimos, parte que sobre toda
„ otra Conserva aún la forma original de la anti-
gua naturaleza, han creído siempre que nadie
,, tiene potestad sobre la vida propría , á excepción
de la necesidad, que con su cetro de hierro rige
al Universo,.
», <Qué deben pensar los hombres al ver los
sabios Magistrados, y graves Sacerdotes -de la
„ justicia, que con indiferente tranquilidad hacen
arrastrar un reo a la muerte con lento aparato; y
mientras este miserable se estremece en las últi-
i, mas angustias, esperando el golpe fatal, pasa el

rt Juez con insensible frialdad (y acaso con secreta
^ complacencia de la autoridad propría) á gustar las
comodidades y placeres-de la vida? \Afi\ (dirán
ss ellos) eBas leyes m son mas que pretextos d éla fu er-
^ za ; y las premeditadas y-entelesformalidades de la
juBicia son sólo un Imgaage de convención para sacri-
„ficarnos con mayor seguridadjom o xñUimas, destina-
5, das en-holocauBo alld&lo insachibk del Despotismo.

M a x im As I m p ía s c o n t r a t o s G o b i e r n o s . 277
,, E l asasinato que nos predican y pintan como
„ una maldad terrible, lo vemos prevenido, y egecuta-
„ do aun sin repugnanciay sin furor. Prevalgámonos
„ del exemplo. Nospareciala’tmuerte violenta una esce-
„ na terrible en las descripciones que de ella nos ha^
„ bian hecho; pero ya vemos ser negocio de un insr*
„ tante. ¡ Quanto menos terrible será en quien no es-
„ perandola, se ahorra casi todo aquello que tiene de
„ dolorósol Tales son los funestos paralogismos que,
„ si no con claridad, á lo menos confusamente ,ha-
„ cen los hombres dispuestos á cometer los deli-
„ tos; en quienes, como hemos visto , el abuso de
„ la Religión puede mas que la Religión misma.4■
Despues, pasando por cima de la práéHca y de
las leyes de todas las Naciones, como sobre un
monton de barbarie, de tyranía, y de tinieblas,
acaba su discurso diciendo : „ La voz de un Fi-
„ lósofo es muy flaca contra los tumultos y grita
,, de tantos á quienes guia la ciega costumbre; pero
,, los pocos sabios que hay esparcidos en los angu-
,, los déla tierra me la recibirán , y oyrán en lo in-
}, timo de su corazón: y si la verdad, á pesar de
,j infinitos estorvos que la desvían de un Monar-
„ ca, pudiese llegar hasta su trono , sepa que la
,, que propongo vá acompañada con la aproba-
,, cion secreta de todos los hombres: Sepa que ca-
,, liará á su vista la fama sanguinaria de los Con-
„ quistadores, y que la potestad justa le señala ei
primer lugar entre los pacíficos trofeos de los
Titos, de los Antonínos, y de los Trajanos.
„ Feliz la humanidad , si por la primera vez
f>se la di&asen leyes, ahora que vemos colocados
„ sobre los tronos de Europa benéficos Monarcas
pa-
278 L ib . II. D is e r t a c ió n V II.
„ padres de sus pueblos, animadores de las vírtu-
,, des pacificas, de las ciencias, y de las artes. Ciu-
,, dadanos coronados, cuyo aumento de autoridad
,, forma la felicidad de los subditosporque des-
„ hace aquel despotismo intermedio mas cruel por
i, menos seguro, con que se sofocaban los votos
siempre sinceros de los pueblos, y siempre dícho-
,, sos quando pueden llegar al trono. Si ellos (digo)
„ dejan subsistir las antiguas leyes, nace esto de la
,, infinita dificultad que hay en quitar de los erro-
„ res la herrumbre venerable de muchos siglos,
,, siendo un motivo para que los ciudadanos ilu-
minados deseen con mayor ansia el continuo acre-
,, centamiento de su.autoridad.**
. Con igual destemplanza el Autor de esteTra-
Desapmeba* tado, y el del syñhema de, la naturaleza , con todos
¿e l°s Materialistas y Hobbecianos, murmuran del
«t¿n enwü. uso de todas las penas y egecuciones de justicia,
sean las. proscripciones., sean las prisiones , sean los
tormentos i ya condenándolo todo absolutamente,
b quando menos murmurando del Magistrado, o
por la lentitud con que obra , o por el rigor con
que procede. Estén ciertos todos los Jueces y
Magistrados de que en el Juicio de estos Filóso­
fos siempre serán reos, de qualquier modo que se
porten; ya abreviando los términos, ya alargando^
los : porque en lo primero siempre hallarán estos
sofistas inconsolables, precipitación, y en lo segun­
do los culparán de flojedad. Su fin es la licen­
cia, la impunidad,, y' aunque ,afirmen vagamen- ,
te que por la necesidad ;debe darse lugar al uso
de. las penas-, pero jamás acabarán de señalar: el
caso de esta necesidad, y el modo de.dicha.pena.
M a x im a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s . S79
Asi es como el Autor tenebroso del systhema x.
de la naturaleza, aunque confiese que las penas son ^sthe^d/i»
necesarias, declama incesantemente contra la justi- "“ “rlcyes^y
cia de la sociedad , porque las aplica á castigar ac- £“ sj“ ",a de
cxones que debiera prevenir , o á que no debería
dár lugar (1): desbrava contra los suplicios rigoro­
sos que practican ciertas Naciones pór varias es­
pecies de delitos; y por fin brama contra la pena
de muerte : y concluye que los Gobiernos eran mas
acreedores á estos suplicios, porque son la causa
de ellos (2) .
Aunque para los ánimos racionales y jus­
tos no había necesidad de responder á estos hor­
ribles discursos, que mas bien leerán con pena»
pero como son tantos los necios y malvados k
quienes dan por su gusto, y les descubren un
fumbo de ser peores sin tanto miedo dé los supli­
cios i es indispensable disipar con fuerza delante de
los ojos de,todos estos perniciosos sofismas, que sus
metedores tienen el orgullo de llamar dmvMra-
eiones. No hay algún error que pueda hacer mayor
partido en el público que el que disculpa los deli­
tos , y ofrece libertad á los delinqüentes j porque
á numero de votos es perdida toda causa que inte­
resa á tan. infinitos necios y perversos.

_______________ _______________ ARy


(1) El trjta d o cJc los d riico' 1 y pí.uás uí;i tíe csca d o & riiu insólente
absolver de pena ¡\ la Sodomía)t_Adwlterio, Infanticidio y Qt£QS*Dcjde
(íji Sytchcm. de U uacur. p . 1. p á g. 2 3 1. a jí- .
s 8o L ib . II. D is e r ta c io n V U L

-•r.áPiir-**-. '■1 ....' ' ikJ¿fr ,

A R T IC U L O II.

S E M A N I F I E S T A N L A S F A L A C IA S
son que los Filósofos impugnan malignamente
ti derecho de caBigar a los
reos.

ne ilos discursos T1 —¿7 N el discurso del tratado


« ,
de. los
. .
delitos1 y pe­
* los falsosfí- j nas donde se copian las cavilaciones de otros
icn°seis*taíutü” Filósofos condenados é impugnados en Francia,
K?o4 «íetebe Inglaterra, y otras Naciones políticas, noto lo pri­
mero , que es llamado imposible y repugnante el
derecho de usar de la pena de muerte } lo segun­
do , negada su necesidad; lo tercero, impugnada
su utilidad; lo quarto calumniada la Religión, cuyo
abuso dice que puede mas para cometer un delito,
que la Religión misma para impedirlo ; lo quinto,
insultadas las Leyes y los Magistrados con el ma­
yor atrevimiento ; y lo ultimo, lisongeadós los
Príncipes con la bajeza mas indigna de la Filosofía.

§• L
„ <Qué derecho (dice) pueden atribuirse los Go-
„ bíernos para despedazar á sus semejantes? Por
„ cierto, no el que resulta de la Soberanía y de
„ las leyes. ¿Son estas mas que una suma de cortas
„ porciones de libertad de cadauno, que represen-
tan la voluntad general como agregado de las
„ particulares? ¡¡Quién es aquel que ha querido dejar
M a x im a s I m h a s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 281
,, á los otros hombres el arbitrio de hacerlo nio-
,, rir? ¿Cómo puede decirse que en el mas corto
„ sacrificio , de la libertad de cada particular se
„ halla aquel de la vida, grandísimo entre todos
,, los bienes? Y si fue asi hecho este sacrificio, ¿como
,, se concuerda tal principio con el otro en que se
,, afirma que el hombre no es dueño de matarse?
„ Debía serlo, si es que pudo dár á otro óá la so-
jj ciedad entera este dominio. N o es pues la pena
„ de muerte derecho, quando tengo demostrado que
no puede serlo.”
Este es el discurso que se llama demostración, xir. .*■
siendo un miserable sofisma que jamás engendra- comodi.
r á , ni aun sospecha contra el derecho que hay ¿en
en el Magistrado para decretar la pena de muerte.
Por dos, razones; la primera, porque toda esta ca~
vilacion estriva en un principio falso y negado;
conviene á saber : que la autoridad de la soberanía
y de las leyes sea solamente una suma de cortas por-
dones de libertad de cada uno.
Aun quando 110 fuera una fabula desprecia­
ble la idea del Patío social, en las circunstancias
que se nos pinta, como ya se ha dicho y se dirá
expresamente en el articulo siguiente, ¿quien dejo
creer tan pacificamente á los Filo'sofos, que de este
principio solamente naciese la potestad de los So­
beranos y Magistrados? ¿Han demostrado los Ma­
terialistas, que no viene de Dios alguna potestad
á estos que los pueblos reconocen ó eligen por
sus verdaderos Príncipes? Nada menos era necesa­
rio para poder decir que la soberanía y las Leyes
no son mas que una suma de cortasporciones de líber*
tad de cada uno.
Tom. V. Nn ■Se
sSs L ib . I I . D i s e r t a c i ó n V I I I .
cnnrfiJdMiafí- S e co n fu n d en aq u i indiscretam ente las ideas
nn*i encomún libertad y de potsBad. D e porciones de líber-
coa Ja Itbtnaa* 7 x 1
tad smgwaf íig debe esperarse que nazca una jW-
teBad universal; sino quando mas , una libertad
general o ilimitada. No es precisamente lo mismo
libertad que potestad. Todo hombre dene libertad
para matarse , y para dañar á otros: ¿y quién dirá
que tiene potestad* para matarse á sí ni á ningu­
no? Hablamos ahora de potestad legitima, qual
es la de un Soberano y la de las leyes.
• Aquí se descubre que los Filósofos tienen por
potestad su voluntad. Y prevgunto ; ¿es esto dár la
fuente de un Gobierno legítimo y fundado en
principios invariables , o de Un gobierno arbitra­
rio, tyránico ó voluntarioso? Los hombres sensa­
tos no llaman á esto gobierno , sino antojo ó des­
potismo , que no necesita de principios ni de títu­
los.. Pero de esto trata el articulo que se sigue. Basta
notar aqui la mala versación que se hace de las vo­
ces y de las ideas,
xiv. Nótese todavía que es otro sofisma inferir que
potcswd^aiva alguno que no puede matarse , no pueda tampo-
"V1 co consentir 1 en que lot maten ; es mucho menos
el defe&o de la * j
p«íy». lo que pide la potestad para consentir y padecer,
que la potestad de hacer. De que un delínqueme
no tenga potestad legitima para darse la muerte,
no se infiere entre gente que discierne , el que no
tenga potestad para consentirla y padecerla,
¡Pero quién es aquel (dice) que ha querido de­
ja r d los hombres el arbitrio de hacerlo morirá ¿Quién
es aquel (le pregunto yo) que no se expone al pe­
ligro de ser muerto , y consiente en é l, quando
se expone á matar á otro? No digo por esto que
ha-
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 283
haya quien apetezca su muerte de buena gana;
pero 110 hay quien 110 consienta en sufrirla aun­
que sea de mala , quando se arroja á darla á otro,
de quien antes 110 pide tampoco el consentimiento*
Estos Filósofos aplican todo el valor de sus
cavilaciones en favor de los que cometen los deli­
tos ; pero nada dejan que pueda favorecer á los
que padecen y sufren. Toda su contemplación mira?
á si un facineroso ha podido por el paBo social con­
sentir en sufrir la pena de muerte ; y descuidan de
si un inocente, que es. útil á la República, puede es­
tar dejado á la voluntad de un ladrón, por cuya
gusto sea insultado y muerto- Para esto no aguar­
dan á examinar si es necesario su consentimien­
to ; o si hay algún ciudadano justo que tácita o ex­
presamente haya consentido en recibir una muerte
injusta. De nada de esto cuidan, contentos con
cavilar , si un hombre delinquiente prestó su con­
sentimiento para recibir una sentencia de muerte
justa. Pues quien no considera lo primero, es un
mostruo indigno de habitar entre los hombres; y
quien duda de lo segundo es una bestia mejor para
llevar carga, que para egercitar la pluma.
Aunque jamás se hayan juntado las Naciones- xv.
cñ los Campos de JSÍ.ontkl, ni en el valle de Jo- t|c:Irj"
safat á escribir las tablas ,del
,
paUo
j
social, todo
, , hom- cic,b'1
ton c u l i s p c n a -
bre que nace constituido bajo potestad (que es ií<ia<t« , i,as-
como nacen todos) y que viene á ser miembro de muerte!'*'-1 ^
una sociedad, desde que vive en ella y goza
de sus beneficios, como la defensa, la conserva­
ción de la vida, el mutuo auxilio, las ventajas que
le ganan el comercio y la industria de los otros;
consiente o debe consentir tácitamente en las con-
N11 * di-
584 L ib. I I .D isertación V III,
díciones penosas con que disfruta estas utilidades:
como el ser seguro á sus convecinos, no volverles
mal por bien , 110 turbar el orden público, y otras
obligaciones que se reducen á estas.
N i obliga solamente su palabra , sino también
su vida, si es menester; y consiente en perderla,
ya por defender la patria quando le toque su, vez,
y ya por satisfacer á la justicia pública, quando él
¡quito la vida á otro ciudadano, ó dio otra causa de
sufrir pena de muerte. N ingún hombre deja tacita-
mente de protestar aquello que expresamente decía
San Pablo ¡A' injurié d alguno , o cometí otra cosa dig­
na de muerte,no rehusó morir de la misma manera (1).
Se ven todos los dias exemplos de hombres,
que aunque han sido malos y groseros, en siendo
convencidos desús delitos, y oyendo la intimación
de muerte que se les hace por ellos, reconocen la
justicia, alaban el orden público, y se sujetan á la
muerte, aunque no la vayan á padecer de buena gana.
Porque el guBo^ elplacer, la buena gana , y otras fi­
nuras semejantes solo se estiman entre unos Filóso­
fos derretidos, y fundidos en deleytes. L os M agis­
trados justos no aguardarán para ahorcar á estos,
y á sus proselytos, el que consientan de buena
gana; hagan que la sientan, aunque, sea de mala,
y entretanto pueden ir camino del suplicio , mur­
murando y disputando si dieron ellos poder para
tanto en e lj vaBo social.
XVL
Aunque bastaba con lo dicho, es útil hacerles
' Licor.sequen cía todavía otra reconvención: ¿En la potestad de sí
en su syseema
que dá A c.ida mismo que dán á todo hom bre, según el esladé
tono el derccho
Matura! & n>a- de
(AT* ■ ..... ................. .... . ■
Aftur, Ap<cap, 25.^, 11.&cap. sí. jr. iSy
. MW ■ " 1
M a x im a s L m p u s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 285
de la naturaleza , y antes de unirse por el pacto
social, no le conceden un derecho de muerte a¿Hvo
y pasivo para hacer cada uno la guerra al otro, y re­
cibirla mutuamente de él? Siendo entonces cada
hombre un Soberano, dicen que podia llevar la guer*
ra sobre qualquiera otro que ponía recelos á la segu­
ridad de su vida, y matarle si era atacado por él.
Con que todos vivían igualmente expuestos á ma­
tar y morir. El paUo social no hizo sino recoger de
cada uno de los confederados estas porciones de
potestad con que se hallaban , y ponerlas en la ma­
no de un Dictador ó Capitan, para que las hi­
ciese valer en pro o en contra de quien fuese
justo.
De aqui no pueden negar que se traslado á
la mano de uno el derecho de muerte, y el
uso de la espada, que andaba antes en la mano
de todos. Luego todos consintieron en que el So­
berano o el Gobierno quitase la vida á qualquie­
ra ciudadano que diese para ello causa. Sin ern-
bargo, aunque cada facineroso tenga licencia in
scriptis de los Filósofos para matar al ciudadano
que estorve su interés personal, ellos tienen de­
mostrado , que no puede ser derecho la. pena de
muerte que decreta Un Magistrado público sobre
un delinqiiente particular. Esta satisfacción deja de
ser insolente solo porque se ha hecho la costum­
bre de hablar en este siglo de soberna y de fiereza,

5. II.
xvxi.
Sefisma contEO.
,Con un orgullo no menos magestuoso o ri­ 1a necesidad de
las penas esp í­
dículo pasan k decir que no hay necesidad de servir­ tales.
se
5í?6 L ib , II. D isertación V I I I.
se de la pena de muerte. „ Por solo dos motivos
„ puede creerse necesaria la muerte de un ciuda-
„ daño t el primero , quando aun privado de li-
„ bertad tenga tales relaciones y tal poder, que
„ interése á la seguridad de la Nación: quando su
„ existencia pueda producir una revolución peligro-
„ sa eli la forma de gobierno establecida. Enton-
,, cés será su muerte necesaria quando la Nación
„ recupera o pierde la libertads ó en el tiempo
„ de la anarquía, quando los mismos desordenes:
,, tíeneii lugar de leyes; .pero durante el Reyno
tranquilo de estas en una forma de Gobierno
,, pof k qual los votos de la Nación estén reuni-
„ dos j bien prevenida dentro y fuera con la fuer-
„ za y con la opínion, acaso mas eficaz que la
„ misma fuerza í donde el mando reside soló en
,, el verdadero Soberano ; donde las riquezas com-
,, praü placeres y no autoridadno veo yo nece-
j, sidad alguna de destruir á un ciudadano , á me-
,, nos que su muerte fuese el verdadero y único
,, freno que contuviese á otros, y los separase de
,, cometer delitos, segundo motivo por que se
„ puede creer justa y necesaria la muerte de un
ciudadano.'*
Todas estas palabras quieren decir , que la pena
de muerte es necesaria, ó porque toda la gente no
perezca , 6 porque cada ciudadano se abstenga coa
este freno de hacer injuria grave á otro. Mas para
ninguno de estos fines dicen que es necesaria la
pena de muerte.
Por no renovar á los leílorcs la pena de ru­
miar los discursos tenebrosos con que prueba la
verdad de su aserción el Autor del Tratado cita­
do,
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 287
d o , expondré mas brevemente lo que ¿1 y todos
los de su escuela quieren decir; yes que debe espe­
rarse mayor efeóto de una pena continuada , aun­
que sea menos violenta, que de un suplicio rapi­
dísimo y cruel, Porque estas egecucíones dejan
de hacer impresión sobre los ánimos desde que
pasan déla vista, o se caen de la memoria: pero
los suplicios que duran , y permanecen á la vista
del pueblo, siempre están acordando á todos lo que
les vá en cometer un crimen. Esto se dirige a con­
cluir que nunca es necesaria la pena de muerte;
pues cumplen mejor que ella la pena de servi­
dumbre, y otras molestas y afrentosas , que duran
con él delínqueme, y dan un continuo escarmien­
to á los ciudadanos.
A este débil sofisma se oponen muchas clara?
verdades. Lo' primero, la selva de los delitos y
males añórales es muy dilatada y muy varia:
correspondientemente debe variar el uso de las pe­
nas 6 males fysicos. Si se dijera que en todo caso
grave se habia de usar de la pena de muerte, se da­
ría una regla tan necia y dura, como la que pro­
pone quien dice que todo se ha de castigar con la
servidumbre. Esta discreción toca á la Jurispruden­
cia , y no á la falsa Filosofía.
Vamos á considerar con los Materialistas el xv m.
yalór de las impresiones o sensaciones que pue-
den hacer sobre los ánimos los espectáculos de £
las penas, o como ellos los llaman , ¿os motivos sen-* «« prolijayu-
sibles. A nueBra sensibilidad (dice) mueven con mas
facilidad y permanencia las continuas , aunque pe­
queñas impresiones, que una u otra pasagera y poco
¡durable, aunquefuerte. Aqui se oye hablar comes un
vúl-
2 8S L is. H. D isertación. V III.
vulgo ignorante á estos que por su nombre ¿Je-1
berian conocer siquiera las prepriedades de la ma­
teria , y el valor de las impresiones que unas po­
X IX .
tencias sensibles hacen sobre los sentidos. -
I tc » k de c o s­ Es regla bien (i) justificada , que la. impresión
m ología que re­
suelve la d ifi­ que hace un cuerpo sobre otro f vale en razón de
cultad- contra
los Maceriaiás- las masas de ambos, y de la celeridad 6 fuerza
con que se chocan. Tanto puede la impresión
de una masa que cae sobre otra con cien libras de
peso, como las impresiones hechas á un tiempo , y
en la propria dirección sobre la misma masa por
©tras ciento , cada una de peso de una libra. Si es-
tas impresiones se hacen sobre un péndulo, o so­
bre cuerpos fluidos, durará igualmente la agitación
y movimiento causado por el golpe de la masa
de cien libras, que por el de las ciento de una libra.
N o habrá otras diferencias que las siguientes,
XX,"
T r is diferen­ y todas contrarias á los Materialistas. Primera el
cias que se cu­
n an de la d i­ ruido espantoso que metería el golpe de una masa
cha regla sobre
la poca im pre­
enorme; el qual causará mas terror que muchos
sión de las pe­ golpes lentos ó débiles. Tales espantos pueden
nas lev es. P ri­
mer*. mudar totalmente la constitución del ánimo;
porque según su misma confesion, para influir
en las acciones, y movimientos morales es mas
eficaz la opinlon que la fuerza. Con que para apar­
tar de las resoluciones perversas, y enfrenar las pa­
siones del público, será mas poderoso el golpe 6
castigo que inspire mayor terror , y no el que haga
ma-

(t ) Si co rp a s a liq u o d A. i b alcerum B q u iescen s d ir e ít é ¡ « c u n a r , eln sticn tu


q u o ru m u tru jiiqu e non esc . c e le rita s p er co n ftííh im in u tro q u e te sú lta n s e st a d
ce lerita tc rn m cu rre n ú s in ra tio n s in a s is i ac u rre litis a d m assani u rriu sq u e sím u l.
V e a s e la d e m o stració n de esta proposición e a W u lffio C iio ít t u lo g .g e iie r . d e l í r
gib u s mocus > cap. 4. j . j S í .
M a x im a s Im pías c o n t r a los G o b ie r n o s . 289
mayor daño. Pues tal diferenciase percibe entre un
"suplicio brillante ó espantoso, y otro lento , sor­
do , y hecho sin aparato.
También hay una segunda diferencia que con­ X X I.
Seglln;i,; ; y x
siderar , y es bien notable para nuestro caso. Las fa lsifica ozi» ái •
c h o del lib io rff
cien masas menores, si no obran á un tiempo sino tts i t l t t i ! .
sucesivamente, no moverán ciertamente de su
lugar al otro cuerpo sobre que caen ; porque la re­
sistencia de este será incomparablemente mayor que
la aítivídad de cada una de las cien fuerzas que
obran contra él (1) . Un cuerpo de cien libras para­
do cederá á otro igual que incurra contra é l : pero
no cederá á cien cuerpos de á libra cada uno , que
vayan incurriendo contra él sucesivamente; antes
resistiendo á cada uno los ira parando á todos, y
extinguirá sus fuerzas sin menearse.
Toda esta mecanica que hacen servir los Ma­
terialistas para entender las fuerzas políticas y
morales, les demuestra la falsedad de esta aserción
donde dicen: Que a nueBra sensibilidad mueven
con mas facilidad y permanencia las continuas aun­
que pequeñas impresiones , que una tt otra pasagem
y poco durable , aunquefuerte.
Es falso que siendo la impresión fuerte como
ciento , sea también pasageray poco diirabk, como
si fuera débil como uno. Aunque nuestro espiri-
Tom„ K Oo tu
( 1) H11 1* ChutmaUgia drr/íuc±{ ra o tra propííton s em e ja n r e ¿ e s t* ay e i cor*9
te sigue : Si masca w p o r i s q u ie s m n ís plurimum supcric m assan m cuiren tis,
nec cflericatis' ingens ntlmodum sic ^tadus ; tnatus corpc-ris incurrcntis per
confliftum extin gu irá::; v eí sí celeritas corporis non clastici in cu rren tii i»
^uiesccas dividacur in ratiune massarum utrittsque corporis aá massam in cur-
rentis , 8c edénicas prtidcat conrem ptibiíis parvicntis , motus m currcntis c x -
tín guitur. W olti'. Libi su pr. § , í 8 8. L o m ism o se dem uestra, par lo, proptsieiom
sig u ien te. Si vis ín ertis corporis quiescenús superat vira corporis ineurTtntís,
m o ta ; muülis subscquicur , Se matus in cu trcn tis non c lx s tic i eirin gititu r*
lUJ. j8¡>,
390 L ib. II. D i s e r t a c i ó n VHI.
tu no sea para los Materialistas, sino como un fini­
do , ¿serán tan poco durables en el las vibraciones
de las fibras que componen los organos , quando
s o n sacudidas con mil grados de a&ividad, corno
quando lo son C o n uno? Antes sobre la mayor
fuerza de actividad y de duración , proporcio­
nada á la impresión de u n objeto terribilísimo, trae­
rá juntamente un espanto que desconcertará las pa­
siones , y sacudirá de ellas, aun las ideas de los ,
delitos. Concebirán los ánimos tal horror a estos,
como el que imprime en la obeja el lobo que tiene
enfrente. Paramoverelanimo.de los espe&ado-
res, llevan esta ventaja los escarmientos fuertes á
;los castigos sordos y dilatados ; aun quando por tu
mucha duración sean equivalentes en sí mismos
á los castigos violentos, dados instantáneamente.
X X II.
Tercera : N os
Hay otra diferencia muy sustancial que no
acostumbramos consideran los Filósofos, aunque sale y entra al­
á las penas le­
ve* -t y conci- gunas veces por su voca ; y es, que á las penas le­
nuas , pero n o
a las icroccs- ves nos acostumbramos, quando son continuas:
Pero jamás hacemos costumbre , ni nos habitua­
mos á las penas atroces. Se acostumbrará uno á sufrir
los fríos y destemplanzas de los tiempos ; se hará
á vestirse un cilicio; dejará de sentir la impresión
de dormir sobre un suelo desigual y duro; no
•tendrá pena en usar un alimento v il, y escaso: aun
íu rostro y su animo se endurecerán á las afren­
tas , y beberán como agua la infamia.
Vé aqui en lo que suelen parar las impresio­
nes continuas y leyes que hacensobre el ánimo y
sobre los sentidos, ya la opinion, ya la austeri­
dad. ¿Y entonces que fuerza hará á los hombres la
servidumbre, ni otra suerte miserable que se les
de-
Maximas Impías contra los Gobiernos, stji
decrete por suplicio? Nunca llegará á esfe despre­
cio un castigo violento, y que excede á lo que/pue­
den tolerar las fuerzas humanas. Parece que antes de
experimentar estas penas atroces, las ponderamos en
nuestro ánimo, y sintiendo que exceden a nues­
tra resistencia , se rinde luego toda humana osadía
solo á la vista de su memoria.
Y o no digo que la freqiiencia de ver correr la
sangre, no haga á los hombres monos estimadores
de la vida ; pero jamás se llegará á perder el mie­
do de renunciar esta , como se pierde á una afren­
ta continua, o á otra pena de que se puede hacer
un uso , o un habito.
. ¿Quánta inconsideración es necesaria para de­
cir que por la experiencia de todos los siglos se vs
que el ultimo suplicio no ha contenido a los hombres
determinados a ofender la sociedaaí? Las almas di­
sipadas , y que nada consideran , como los nuevos
Filósofos, no entran jamás á ponderad y estimar
los beneficios negativos que «cpnsisteni en los ma­
les de que nos libran la tutela y providencia di­
vina , los Santos Angeles que nos guardan., los
escudos con que nos cerca la Santa Iglesia, la pro­
tección de las leyes públicas, y la vigilancia de los
Pastores y Magistrados.
XXIII.
Ven nuestros Filo'sofos que hay males y de­ E in cficiu s qne
litos en la Ciudad : pues de aquí infieren , según los inconsidera­
dos Filósofbsno
su infeliz Lógica, que no puede haber mas de­ advierten nacer
de las penas p ú ­
litos, ni ser mas graves que esos que hay. Por­ b licas.
que sí consideraran que pueden suceder otros ma­
yores , y mas freqüentes que los que en efe&o se
cometen, deberían filosofar,, buscando la causa
que los impide. Verían que eran todas las dichas;
O© 2 %
s 92 L ib . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
y entre ellas la vigilancia de los Magistrados, y
la severidad de las leyes. ¡Oh! qué sería de la Ciu­
dad , si no hubiera estas cárceles públicas donde la
justicia recoge los malhechores, ni estos suplicios
donde los castiga con proporcion á sus delitos!
Los mejores ciudadanos, y los hombres mas bue­
nos serían despedazados y comidos por los mu­
chos perversos , que a manera de tygres y lobos se
regalan con las inhumanidades , con las rapiñas,
y con toda suerte de violencias.
Quando en una Corte ó en una gran Ciu­
dad veo la Cárcel publica, la venero por una obra
tan acepta á D io s, y 110 menos necesaria que mu­
chísimas obras "sagradas. Aquel es el presidio de ía
paz pública; aquel es el crisol de la justicia, el asvlo
de la inocencia ofendida , y lo que es la colera 6
la hiel, apartada en un lugar secreto del cuerpo
tmmano. Aquella casa derrama seguridad al der­
redor de sí en todas las otras de la Ciudad: por
respeto á ella duermen todos los ciudadanos con
reposo, y cuenta cada uno con lo suyo. Quitad
á los facinerosos el miedo de ser tomados , y con­
denados á morir, y no quedará algún hombre
de bien que pueda seguramente vivir. Si ahora
se cometen quatro delitos graves, quitados los
frenos, se cometerían quatro mil. ¿ Y es poco
beneficio redimir la vida de quatro mil justos con
la muerte dada á quatro malvados Si para los
Filósofos importan mas estos quatro colegas su­
yos , que todos los ciudadanos; mientras que no se
elijan los Jueces del numero de los segundos , o
no llegaren á sentarse en los Tribunales los osos,
ni los tygresj se hará justicia, y deberán seme­
jan-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 19 3
jantes Filósofos sufrir una pena aun mas seve­
ra que los ladrones.

5. III-
Por otro sofisma, que apenas se distingue del Nniv^ v‘ínfi¡
antecedente, intentan probar, no soló que es in- mescontjucera-
útil la pena capital, sino que es perniciosa, y aun «ñtcu«M «pi­
la quieren convencer de crimen. Con una osadía c,lcí'
la mas irreverente dan a las egecucíones de justi­
cia los titulos de un asasinato público , de homici­
dio , de documentosfieros; tanto mas funcBos , qnajt-
to la muerte legal se dá con eBudio y pausada
formalidad. Tengase la paciencia de oír este discurso.
„ N o es útil la pena de muerte por el exem-
„ pío que dá a los hombres de atrocidad. SÍ las
„ pasiones, ó la necesidad de la guerra han ense-
Mnado á derramar la sangre humana, las leyes
,, moderadoras de la conducta de los mismos hom-
„ bres no debieran aumentar este fiero documen-
,, to , tanto mas funesto , quanto la muerte legal se
„ dá con estudio y pausada formalidad. Parece
„ un absurdo que las leyes, esto es, la expresión
„ de la voluntad pública que detestan y castigan
„ el homicidio, lo cometan ellas mismas; y para
,, separar los ciudadanos del intento de asasínar
„ ordenen un publico asasinato. ¿Quales son los dic-
,, tamenes de cada particular sobre la pena de muer-
„ te? Leámoslos en los a¿tos de indignación y des-
,, precio conque miran al verdugo, que en realidad
„ no es mas que un inocente egecutor déla voluntad
„ pública. ¿Qual pues es el origen de esta contradic-
S) cion? ¿Y por qué es indeleble en los hombres esta
ma-
294 L ib . II. D is e r t a c ió n V III.
„ máxima en desprecio de la razón? Porque en lo
„ mas secreto de sus ánimos, parte que sobre toda
„ otra conserva aun la forma original de la and-
,, gua naturaleza, han creído siempre que nudie
„ tiene potestad sobre la vida propria k excepción
,j de la necesidad que con su cetro de hierro rige
„ al Universo. “
En este discurso í nadie se trata con honor sino
al verdugo. Las Leyes que mandan lo que él ege-

cuta , los Magistrados que declaran haber llegado
el caso de la ley , y los mismos suplicios , todo es
tratado indignamente. El Autor de este discurso
quiere inferir que la pena de muerte es un mal
exemplo que se dá á los ciudadanos para que apren­
dan á cometer homicidios y atrocidades.
Este es uno de los pensamientos singulares
que acaso se debe á los huevos Filósofos. Un extm-
plar de escarmiento llamaban los hombres á estos
suplicios : pero los Filósofos , que son unos hom­
bres al revés, les llaman exemplos de otros delitos.
Ahora creerán todos que deben impedirse las me­
dicinas , que en los casos forzosos se sirven del fue­
go y del hierro. Quien viere á un Cirujano an­
dar pacificamente, y á sangre fría, cortando brazos,
y miembros podridos , ¿qué dirá , si tiene la hu­
manidad de nuestros Filósofos, ó el zelo del bien
público en que se abrasan los nuevos fundidores
de derecho?
pmtfmuy re- Los dictámenes de cada particular sobre la pena
n« publicó át muerte, nos dice , que los leamos en los años de
*°brc ckc“ - indignación , y desprecio con qus miran al verdugo.
¿>.'cs ' JUín Suponiendo despues que éste es un buen ciudada­
no que contribuye al bien de todos, busca el ori­
gen
M a x im a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 295
gen de estos sentimientos de indignación , á que lla­
ma una máxima indeleble en los hombres , y halla
precisamente que lo que todos detestan es -el uso
del suplicio. Porque en aquella parte ddalm a donde
se conserva la form a original de la antigua natura -1
leza, han creído siempre que nadie tiene poteñ ad
sobre 4a vida propría . .
Esto querría decir, quando mas , que nadie
puede matarse á sí mismo : pero no el que las Le­
yes y el Magistrado no pueden privar de la, vida
á un reo. Esto es lo que intenta rastrear , y sacar
del sentimiento interior de todos los hombres. .
Supone aqui años de indignación , de desagrado,
y de un público odio con que todos miran el uso
de los suplicios. Finge lo que no hay , ni sucede;
porque, al menos entre nosotros, no vemos en
estos espectáculos , sino adiós de respeto para con
las leyes , de compasion para con los ajusticiados,
y de escarmiento que se sella sobre los semblantes
de quantos concurren.
. Los padres y madres de familias llevan á sus
muchachos como a una escuela de desengaño , y
ninguna curiosidad «alió, jamás tan á la cara á estos
inocentes ; porque á bofetadas son aquel día con­
firmados por sus padres en el proposito de no co­
meter en su vida lo que les arrastre á semejante
pena capital. A l menos en nuestra España tenía­
mos poquísimos años ha la felicidad de pensar
asi: pero sí se hacen comunes los libros, y los pen­
samientos de nuestros Filósofos , llegarán ii perder­
se las costumbres, y se vendrá a juzgar d e' todo
. muy en nuestro daño. Porque en estos libros se
enseña á juzgar muy al contrario de estas pra&i-
cas,
296 L ib . II. D i s e r t a c ió n V III.
cas, y a que todos piensen mal de los Magis­
trados y de las Leyes que asi castigan les de­
litos.
Observese el modo y forma en que, según
dice, tienen los hombres obligación de reflexio­
X X V I. nar y hablar en estos casos. „ ¿Que deben pensar
Pasages.»-m que
hacen aborrecí» ,, los hombres al ver á los sabios Magistrados, y
L i e s a los M a ­
g is tr a l* -
„ graves Sacerdotes de la justicia , que con indi-
,, ferente tranquilidad hacen arrastrar un reo á la
„ muerte con lento aparato j y mientras este mi-
„ serable se estremece en las últimas angustias , es-
4, perando el golpe fatal, pasa el Juez con insensible
,, frialdad , (y acaso con secreta complacencia de la
„ autoridad propria) á gustar las comodidades, y pla-
„ ceres de la vida? \Ah (dirán ellos) estas leyes no son
,, mas que pretextos de la fuerza i y las premsdi-
,, tadas y enteles formalidades de la fuñida son
„ solo un lengaage de convención para sacrificarnos
,, con mayor seguridad, como vlUimas destinadas
„ en holocauño al ídolo Insaciable del despotismo. ■
„ E l asasinato que nos predican y pintan como
„ una maldad terrible , lo vemos prevenido y ege-
„ cutado aun sin repugnancia , y sin furor. Preval-
,, gamonas del exemplo. Nos parecía la muerte vio-
„ lenta una escena terrible en las descripciones que
„ de ella nos hablan hecho; pero ya vemos ser ne-
„ godo de un instante. \Qudnto menos terrible sera
„ en quien no esperándola >se ahorra casi todo aque-
„ lio que tiene de doloroso1 Tales son los funestos
„ paralogismos que , sí no con claridad, á lo me-
„ nos confusamente hacen los hombres dispuestos
„ á cometer los delitos.*4
Pero nótese que en todo caso asi es como dice,
que
M a x i m a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s 297
qiti deben pensar los fiambres. ]Ah malvados maes­
tros en el arte de corromper á los hombres coa
vuestros funeBos pa.ralogismos\ ¿Y cómo deben pen­
sar de vosotros los Magistrados? ¿Que vigilancia y
severidad será demasiada en las leyes contra unos
prevaricadores públicos, do&ores de sediciones, cal-
deadores de pasiones, promotores de los mas graves
delitos?
Si el Juez 110 es inhumano, y mucho menos
si esChristiano , desde la muerte que hace dar aun
reo no vá á guBar los placeres de la vida con in­
sensible fr ia ld a d ni con alguna secreta complacen­
cia de su autoridad. Contra esto tienen un precep­
to especial en la santa Escritura. Por Amos ame-*
nazó el Señor á los Jueces y Principes de Sama­
ría, porque con semejante inhumanidad habían
convertido (1) en amargura el juicio , y en hiel
el fruto de la justicia. Se daban despues de la cala­
midad de sus hermanos a cantar k la voz del psal-
terio , á beber el vino en los vasos , y á ungirse
con ungüentos preciosos. Por esta crueldad les in­
timó Dios la ruina propria , y la disipación de toda,
su República. Tanto detesta la Religión en los
Jueces lina dureza tan inhumana, como esta de
que aqui les calumnia un Filósofo-

5. ir.
Con todo eso no tuviera lo dicho la salsa que Haccn i la
IHas gusta hoy dia en estos libros mal guisados, sino dclc*
Tom. V. Pp se
( i ) Am os cap. S . f . 13 . Quoníam eon rertistis in aiuaricudiocm J u d iciiiiu i
3t fru&uin Justitis in abtiatluiim. Y m e a S. C k ry stw t. 4f. i» M skU ,
£ 98 L i b . I I . D is e r t a c ió n V I I I .
$c salpicasen á trechos y con mucha maestría al­
gunas puntas amargas-contra la Religión. Dicen
que en los hombres han visto que el abuso de la
Religión puede mas que la Religión misma. Un poco
antes hizo á la Religión un cómplice auxiliar de las
pasiones para cometer los delitos. Quando pinta á
un facineroso disponiéndose á egecutar las atroci­
dades , dice que entonces acude la Religión al enten­
dimiento del malvado y que abusa, de todo ¡y presen­
tándole unfácil arrepentimiento ,y una-quasi certidum­
bre de felicidad eterna , le disminuye en gran parte
el horror de aquella última tragedia.
No hemos creído ni viíío , que el abuso de la R e-
si tituló de ¥u&da mas que la Religión misma; pero aca­
ía acíigiun ^ín- bamos de ver que este falso Filosofo abusa aqui
que aparta de la Religión de un modo de que pocos malva-

sion?a°sk Rel1" ¿os se habrán acordado, sYo no sé qué Religión


tiene» y de qual habla; pero bien cierto es que
no se explica por la christiana, o que quizá no esta
enseñado en ella.
Pregunto: ¿Quando acudió la Religión Cathó-
lica al entendimiento de un malvado que se esta­
ba resolviendo á cometer un delito, y le prome­
tió , que despues de cometido conseguiría con fá­
cil arrepentimiento una felicidad eterna? ¿Hay ver­
dad que mas se repita en los pulpitos , en los con­
fesonarios , y en todos los libros cathólicos , que
todo el que peca en la temeraria confianza de ar­
repentirse despues y salvarse, se hace Indigno de
la penitencia saludable , y de la salvación eterna?
¿Se aprende en la Religión christiana que es
fá cil el arrepentimiento á los que pecan con tan re-
flexa presunción? No hay doctrina mas repetida
eja
M a x i m a s I m p ía s c o n t r a los G o b ie r n o s . 299
en la Religión que la contraria á este error. Aun los
justos que pecaroii por fragilidad, trabajan y tra­
bajaronen su gemido (1) para alegrarse de haver halla­
do esta tribulación, y este dolor que (2) consuela
las conciencias rebueltas en sus espinas, y que
es necesario para la penitencia saludable. •
¡Ah groserisimos ignorantes que os llamais
t -
Fi- Las verdades
XXIX- n&
losofos! Las verdades christianas oídas de ICIOS t Ó sabidas bien , es
£ Q ttln lia r-f'n m n l ■
cogidas á medias y a pedazos , son como sirven .....
para el abusó que vosotros, y los demás facinero­
sos hacen de ellas! Pero bien entendidas no pue­
den dejar de ser útilísimas y eficaces para refrenar
las pasiones , para impedir muchisimos delitos , y
para descargar á las lejes y á los Magistrados de
la necesidad de ser crueles, y proveedores de ma­
yores suplicios.
Montesquieu (de cuyos errores y defectos son
unos arrendazgos muchos nuevos Filósofos) pre­
senta una aserción que aqui se ha querido imi­
tar. La proposicion de aquel Presidente es que la
verdad 0 falsedad de un dogma h hace menos útil
o pernicioso a los hombres en el eBado civil, que el
uso o abuso de él {3) .
Para no ofenderse en esta proposicion,
A i 7
es me- M-vntesqareu
,, xxx'r nm
nester tener presente todo el discurso con que la ex- <^:endf rannui
plicó su Autor, sin dejar una palabra. „ Los dogmas pn-jsraüda pr'°
„ (dice) mas verdaderos y mas santos pueden tener
,, malísimas consecuencias quando no se les ata con
„ los principios de lasodedad:y al contrario,los dog-
„ mas mas falsos pueden tenerlas admirables quan-
Pp 2 „ do
(1) Psalm . 6 . -f. 6 , (1) Psalm, H 4 , f-. 4 .
(5) Montescj. de 1‘ spric des íe ix lio . 1 4 . cap, « j.
í^oo L ib. II. D isertación V III.
„ do se logra que se ordenen á los mismos principios.
„ L a Religión de Confucio niega la inmoriali-
„■dad del alma ( i ) , y la se&a deZenon no lacre-
•j yó* ¡Quién lo dijera! Estas dos señas sacaron de
sus malos principios conseqiiencias no justas, pero
„ admirables para la sociedad. L a R eligión de los
i, Taos, y de los Foes creyó la inmortalidad del
„ alma; pero de este dogma tan santo sacaron con-
„ seqüenciás desgraciadas.
„ Quasi por todo el mundo , y en todos los
„ tiempos la opinion de la inmortalidad del alma,
entendida m al, empeñó las mugeres, las escla-
» vas, los subditos, los amigos, en matarse para ir
ñ a servir en el otro mundo al objeto de su res-
,, p eto, ó de su amor. Esto era asi en las Indias
„ Occidentales; esto era también entre los Dina-
marqueses (2) , y esto es aun en el Japón (3) , en
„ el Malabar (4), y en otros muchos parages de la
„ tierra.
„ Estas costumbres nacen menos direítamen-
„ te del dogma de la inmortalidad del alma que del
„ de la resurrección de ios cuerpos; de donde se
„ ha inferido que despues de la muerte un m is-
„ m o individuo tendrá las proprias necesidades, los

(1) Un Filósofo C h in o argumenta asi tunera la d-jílrina de F a S e dice


„ en un lij r o de esca se£b* , que el cilerpo es nuestro dom icilio , y el alma
,, la huéspeda inniorcal que lo habita : pero si el cuérp'j de nuestros padres
;J ao es irías que una lucrada , es natural m irarle can el mismo menosprecio
que se tiene de un monton de barro y de tierra . ¿N o es eítn querer arrnn-
,, car dül corazon la v ittu d del amor paternal1 E sta lleva cambien a d eieu i-
„ dar -dil cuerpo , y i rehusarle 1:; com pasión > y el afc6to tan ueccsaries
para su conservación ; asi los discípulos deF o£ se m jta a a millares**e O bra
tic un F ilóso fo C h in o en la recolección del I\ D ^m ld? com. 5. pag- 52.
<1) V o y a g . T hom ás B artolin. anriquicés D auoíses.
( j j Helar, ¿lu Japón dsns l t recueil des voyage* q u ' che se rv í a 1' et»U is«-
ment de C h o m p a gn ic des ín d és.
(4} M ím u ir. de fo rtiir»
M áximas I mpías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 301
„ mismos sentimientos, las mismas pasiones. E11
„ este respecto el dogma de la inmortalidad del
n alma afeita prodigiosamente los hombres, por-
„ que la idea de una simple mudanza de morada
,, es mas de la esfera de nuestro espíritu, y lison-
,, jéa mas nuestro corazon, que la idea de la mo-
„ diíicacion nueva.
„ N o es suficiente el que una Religión esta-
„ blezca un. dogma: es además de esto necesario
„ que ella lo dirija : esto es lo que ha hecho admi-
,, rablemente bien la Religión christiana , respeto
de los dogmas de que hablamos : nos hace espe-
„ rar un estado que creemos, no un estado que
,, sentimos, o que. conocemos: todo , aun la re-
„ surrección de los cuerpos, nos trae á ideas espi-
,, rituales. “
N o deja de merecer algunos reparos este d e ­
curso ; pero no tocan aqui, y tal como queda re­
ferido no dá ocasion a los imitadores de Montes-
quieu para decir que la Religión (entendida por
la christiana) puede menos para impedir los delitos,
que su abuso para cometerlos.
De la Religión christiana, y especialmente
de estos dogmas de la vida eterna , de la remisión
de los pecados, no se puede abusar, sin destruir
primero los mismos dogmas, o juntándoles algu­
na idia errada que los oprima: pero tomados en
su integridad y en sus circunstancias, es imposi­
ble que nadie saque de ellos conseqüencias perju-1
diciales á la moral ni á la verdadera política.
En otra parte prueba el mismo (1) Montes-
quieu,
¿ i) Lib. 14. « p . 14.
302 L ib. II. D isertación V IIL
quieu, que á la vista de estos premios o suplidos
eternos que promete la R e lig ió n , se minora tanto
la fuerza de las pasiones, que por eso pueden las le­
yes civiles necesitar de ser menos duras y san­
grientas. Y de aquí Infiere, que donde la R e li­
gión sea menos eficaz para reprimir , las leyes ci­
viles deben suplir este defcílo con mayor fuerza.
A si halla que es en el Japón; porque su R eligión
quasi no tiene dogmas, ni esperanza o temor de
Paraíso ó de Infierno.
. Semejante necesidad de leyes duras y terribles
halla entre los Mahometanos, porque enseñan el er­
ror del fatalismo; y en este caso deben estar las le­
yes armadas de puntas para excitar á los hombres
dormidos en esta creencia, de que el hado hace
todas las cosas en el Universo.
■' A esta Critica es contraria la que hace el A u -
D c l fatalismo tor del Tratado de los delitos, &-c. E l muestra se-

guír el error del Fatalismo, ó el de la predestina-


cion mahometana: porque dice que los hombres
¿uro*. han creído siempre que nadie tiene potestad sobre
la vida propria a excepción de la necesidad que con su
eetro de hierro rige el Universo.
D e esté bárbaro error quiere inferir, lo prime­
ro , que las Leyes y Magistrados no pueden man­
dar quitar la vida á ninguno, porque esto toca ex­
clusivamente al cetro , ó á la soberanía del hado , o
d e la necesidad. L o ¡segundo lo trae para pro­
bar que no es útil el uso de la pena de muerte. ¿Quán-
to mas bien debería inferir, como lo hace M o n -
tesquieií, que es necesaria en tal caso la dicha pena?
/ ; *1 Este último modo de razonar es regular, y consi-
guíente.
Los
M ax im as I m pía s co n tr a io s G o b ier n o s. 303
Los que quitan á los hombres la libertad de
obrar , los dejan al nibel de unas bestias , respec­
to de las obligaciones civiles ; y así como á las bes-
tias no se les aparta de un prado verde y vedado
donde se meterían, sino á fuerza de palos; del mis*
mo modo en el Gobierno donde se crea que una
dura necesidad arrebata todas las acciones de nues­
tra voluntad , es mas necesario que se aparte á lo*
hombres de los delitos por el miedo de ios casti­
gos. Y este miedo debe ser tanto mas terrible y
fuerte, quanto por solo e l, y sin el temor ni es­
peranza de las suertes eternas , se ha de hacer todo
en nosotros.
Vease con quanto abuso de la Lógica, y de ^
los dogmas saludables de nuestra Religión infie- Seconvence su*
ren estos pretendidos Filósofos consecuencias re-* incünsc'iuwlclí*'
pugnantes á las máximas christianas , y á la buena
administración de justicia. Asi buscan entrada á
sus errores groserisimos , y á los desordenes mas
perniciosos contra el Gobierno. Para esto se hacen

„ (Quales son estas leyes que yo debo respetar,


„ que dejan tan grande diferencia entre m í, y el
rico? (Asi hace hablar á un ladrón homicida)
9, ¿Quién ha hecho estasLeyes? Hombres ricos y po-
,, derosos que no se han dignado , ni aun visitar las
,, miserables chozas de los pobres , Scc. Rompamos Si: rM.
estos vínculos (concluye exortando) fatales á la 5l,iri’ e' ""“,0d
mayor paite, 7 útiles a algunos pocos, e indo-
3©4 L ib. II. D isputación VIII.
„ lentes tyranos : acometamos la injusticia en su
„ origen: volveré a mi primer estado de indepcn-
,, dencia natural; viviré libre y feliz por aígiui
,, tiempo con los frutos de mi valor, y de mi in-
dustria : vendrá acaso el día del dolor y del ar-
„ repentimiento •, pero será breve este tiempo , y
„ tendré uno de calamidad por muchos años de
„ libertad^1 placeres. Rey de un corto numero,
,, corregire los errores de Id fortuna , y veré estos
t, tyranos palpitar, y cubrirse de palidez á lapre-
sencia de aquel que con un insultante orgullo
f, posponían á sus caballos y á sus perros.”
Se dirá al instante que esto no lo habla el A u ­
tor del libro, sino que lo supone como pensado
y dicho por un malhechor: que él solamente lo exor­
na con aquella eloqiiencia que le es tan fácil; y tam­
bién por si acaso agrada este rasgo, y quiere copiar­
se para ponerlo en la voca de algún fanfarrón de
comedia que pudiera lucir con él en un corral, y
hacer temblar todo el Theatro desde la escena hasta
la cazuela.
Pero solamente pueden dár esta respuesta los
que enseñando unos principios contrarios, dejan
alguna vez lugar de hablar á los errores, y pasiones
que impugnan. En este sentido se leen hasta en la
Santa Escritura los discursos que hicieron los im­
píos. Mas luego que se les ha permitido hablar lo
preciso, al instante se aplica á sus sofismas una re­
probación expresa, y el correélivo de unas razones
sólidas y contrarias.
En ei hueco discurso queseábamos de referir
no leemos sino un exemplo de los mismos prin­
cipios en que estriban tales libm s , y sus Autores;
co-
M a x im a s I m p ía s c o n t r a go^
io s G o b ie r n o s ,

como quando dice : volveré a mi primer eBado di


independencia naturaL Estas y otras proposiciones
que se reúnen en este discurso, se enseñan sepa­
radamente por estos Filósofos, y ellos defienden,
o dicen lo mismo que los ladrones y homicidas ha­
cen. Asi ultrajan las Leyes, y exortan á romper
estos vínculos fetales , según dicen , á la mayor par­
te, y útiles á unos pocos tyranos.

§. V I.

Ultimamente' despues de haber pisado las Le- xxn*. n


i -mr . « 1 n 1* * 1- * tlimia d uiiurU
yes , los Magistrados, la Religión y las egecuciones las t«cucioiic«
de justicia, se concluye lisongeando á los Prínci- ^
pes que hoy ocupan los Tronos de Europa, de un awitws dias*
modo el mas contrario al espíritu de estos libros.
Un Filósofo no debe ser atrevido contra los Sobe­
ranos : pero éstos , ni algún otro le piden que sea
un abatido adulador contra lo que enseña y sien­
te. Si es su pretensión el desterrar el uso de los
castigos, y especialmente el de las penas capitales,
^cómo pueden alabar por favorables á esta relaja­
ción á ciertos Príncipes que han exercitado y exer-
citan la severidad. mas apurada y contraría? En
mas de un caso los hemos visto juzgar que era poca
la atrocidad de la pena ordinaria de los parricidas*
y han añadido a estas Leyes que aqui son llamadas
crueles , otras penas arbitrarias incomparablemente
mas atroces.
^Quando vió el mundo castigados los rebeldes,
y parricidas con mas rigor que en nuestro tiempo?
En estos mismos días se halla ocupada toda la aten­
ción y justicia de cierta Soberana en dar una muerte
T»m.V, Qq ter-
506 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
terrible a tres de estos revoltosos. Se nos advierte
en las noticias públicas qtte desde las once del diat
hasta entrada la noche estubieron encarnizados los
verdugos sobre estas tres ví&imas , Pugatschew y
sus compañeros. Pues todo esto ha sido por sen­
tencia y á contento de una Emperatriz, llena de
humanidad y de ternura para con sus vasallos, se­
gún se .nos dice todas las semanas : y en efeóto,
¡Ojalá que se imitaran muchos de sus hechos!
xxxv. Pero tal es la noyisima práctica de aquel es-
!«sVsn«>wuñí tado político, despues que se aplicaba tiempo lia-
ios Estaos a n- bia á examinar Jy 1preguntar
j a r sus o p jfiiü - a
, ¿qué origen
7 w o
tienen las
«es. penas corporales, y qual es elfundamento del dere-
eho de caMigart los suplicios capitales son abso­
rtamente necesarios para la conservación de la So~
ciedad? Quando despues de estas y otras qüestio-
nes dictadas por la humanidad , y propuestas á la
averiguación de los Juristas para desterrar los exem-
plares de la barbárie de la edad media, se han
egecutado tales suplicios, habrán ya sabido que era
necesario y útil el dár exempíares mas atroces que
los de dicha edad, y apretar el rigor de los suplicios
dolorosos y capitales.
Con eíío , no solo dejan SubsiBir algunos Gobier*
tíos las leyes antiguas , obligados de la infinita difi­
cultad que hay en quitar de los errores la herrum­
bre venerable de muchos siglos; sino que hemos
oído consultar, y seguir invenciones de la mas
portentosa severidad para añadir suplicios arbi­
trarios a-esa herrumbre ds las antiguas leyes.
\?TXVI' . El Príncipe á quien en nuestro siglo toco' el
Suplicios t e m - , 1 t i - » * 1 1 • / ►
tic? ¿e uucstrotitulo de üien-amado, no dejo por eso , ni por su
cará&er que era sin duda dulce, de escribir á los
Con”
M a x im a s I m pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 3 0 7
Consejeros de la Gran Cámara del Parlamento, que
pedía una venganza brillante (1) contra el par­
ricida Roberto Francisco Damiens. Y en efeáto,
según el Phílósofo Autor de la Hiño ría del Par­
lamento „ el suplicio de este miserable fue prepara-
„ do con un aparejo, y una solemnidad sin exem-
„ fio . Se había cercado, añade , con empalizadas
„ un espacio de cien pies en quadro, que tocaba
„ con la gran portada de la Casa de Villa. Este espa-
,, ció estaba rodeado interior y exteriormente por
,, todos los Alguaciles de París. Las Guardias Fran-
„ cesas ocupaban todas las avenidas, y las ds Corps
„ y Suizas estaban derramadas por toda la Villa.
„ El prisionero fue colocado como á las cinco (del
,, dia 2 8 . de Marzo de 1 7 5 7 . ) sobre un cadahalso de
„ ocho pies y medio en quadro. Se le ata con gr'ue-
„ sas cuerdas retenidas por argollas de hierro, que
„ sujetaban sus brazos y piernas. Se comienza que-
t, mandóle la mano en un brasero lleno de azu-
„ fre encendido. Despues fue atenaceado con gran-
„ des tenazas hechas brasas en las piernas y en el
„ pecho. Se le vierte plomo derretido con pez , re-5-
,, sina, y azeyte hirviendo sobre todas sus llagas.
„ Estos suplicios reiterados le arrancaban los mas
„ terribles aullidos. Quatro caballos vigorososazo-
„ tados por quatro mozos del Verdugo, tiraron de
,, las cuerdas atadas al paciente sobre las llagas san-
,, gnentas é inflamadas : los arrastres y sacudí míen-
,, tos duraron una hora. Los miembros se alarga--
,, ron, sin separarse. Los Verdugos cortaron por
,, fin algunos musculos. Los miembros se desencaja-
Qq 2 ,, ban
(I ) H iscoir d * P ad em eat chap. t i . pag. 345.
308 L i b . II. Disertación VIII.
,, ban el uno del otro. D am kns, habiendo perdido
„ las dos piernas y un brazo , respiraba todavía}
,, pero 110 espiró hasta que el brazo que le queda-
„ ba file separado de su tronco todo sangriento.
„ Los miembros y el tronco fueron echados en
„ una hoguera , preparada á diez pasos del Ca-
„ dahalso (1). “ Otros suplicios hemos oído en
-nuestros dias mucho mas terribles y coléricos, asi en
sí mismos , como en comparación de la alta qüalí-
dad, y delicado sexo de losreos que los padecieron.
Y o defiendo con todos los hombres sensatos
el legitimo tiso de las penas, porque son necesarias
para mantener la autoridad y orden público : pero
disuadiría con todas mis fuerzas el que se dejasen
las leyes ordinarias, y se fuesen á buscar al Infier­
no idéas de atrocidades extraordinarias con que per­
der , no solo los cuerpos de los reos , sino también
sus almas. .
Precipitadas estas por el lado de la desespera­
ción clamarán siempre desde los lugares de las pe­
nas contra los que quisieron tener potestad para
condenarlas eternamente. La naturaleza y la Re­
ligión christiana lloran todavía suplicios tan sin
exemplar. E11 una obra que no se escribe para li-
songear, ni para ofender , me hace decir esto el
ver con dolor que quando mas osadamente se mür-
mura á los Magistrados el derecho de castigar, se
quiere mentir á la cara de todo el mundo, dicien­
do que hoy no sufre la humanidad délos Príncipes
de Europa el que se egecuten suplicios atroces. Ta­
les extremos, ya de insolencia, ya de lisonja por
don-
M a x i m a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s . 309
adonde siempre anda una Filosofía eme i , tirana,
y. con voz humana, como la hiena ; me hacen
detener para declarar la do&rina de la razón y de
la Religión, acerca del fundamento de las penas
de muerte, y de su justa moderación,

A R T IC U L O IIL

F U N D A M E N T O D E L L E G IT IM O
tisQ de las penas de muerte.
§• I*
A muerte no es algún mal moral: por con­
L siguiente en sí misma no es pecado , ni mala La es
en aquel genero, que se opone á la justicia y A la *,oralmenií ro
“1 Sin error4 se puede afirmar en este senti­
santidad.
#>n <- I í J V ■» * n n n ^ - __ A- í

do que la muerte no es alguna cósa, como dicen


varios Filosofes; ó que el cuchillo no hace maly
como Arria decía á Peto. Háce mal quien la cau­
sa , si obra sin autoridad.
Dios no le debe, á ninguna criatura la vida
que le ha dado, y puede quitársela con tanta ala­
banza y gloria , quanta merece 'porque se la di ó.
El que recoge de otro los bienes de que le hizo uu
señor precario , usa de su derecho. La libertad, la,
salud, los bienes de esta vida y y la misma vida,
todo nos esageno: si lo tenemos, es al fiado
y por poco tiempo. Quando el legítimo Señor (1)
nosL
(1) S a p ien t. i 5'. ' f . 7 . 3 . FíjjiiIils n jo U cci c c n s m p ren icn s J.iboriose , fiiigíb
a d u sas u o ítr o s u m in iq u o ü q u e v a s , Si i¡t cm lfiii lu r o (In g it q u a in un da su jif
in ti su 111 v a s a , & sin-.üirer q u * h is s>mc co n tra ria : horuru su ceju v a sg ru m (juis,
sic usus ju tíc x í s t f i g u l u s . E t I s a i i c a p . 4 j , f r Si n .
g io L i b . 11. D i s e r t a c i ó n VIII.
nos lo pida y lo recoja, <nos hará injusticia?
x x x v iii. De aqui e s que l a muerte de quanto existe
qwndo n^bay accidentalmente no es injuria quando viene de la
derecho ¿i*vi- mano de aquel que graciosamente nos ha dado la
y au n q u e f J* 1 - J ' J
«o iia/adeiico. vida, om que antecediese alguna idea de crimen,
ni de crueldad, pudiera el Criador alzar de la tier­
ra este espíritu por quien todo vive.
Lo mismo se debe decir de qualquiera otro,
que en nombre de D ios, y por sus ordenes qui­
tase la vida aciertos hombres^ aun quando de par­
te de estos no hubiera culpa, ni otra causa que
la común de vivir por bondad y gracia del
Criador.
De aqui nace la idea posible de unos minis­
tros del Criador, b de unos Magistrados que pu­
dieran en nombre de aquel quitarnos la vida,
aun quando no hubiera entrado el pecado en el
mundo. Filósofos, el fundamento de la muerte está
dentro de nuestra naturaleza; el origen, y fuente de
-U vida -sobre ella y fuera de ella»

ii.

xxxix. Esto es por lor>.que mira a la muerte considera-


Ociosa pregunt* t /
iadeMnscna.qná da en si misma. oí la consideraremos como pena
t mH- f’& f t l<tS • i - ■ 4 « y
fntiy c4st¡¿.t. que se decreta contra los que viven, deberá pre­
cisamente' nacer de alguna culpa: y asi el pregun­
tar, qué origen tengan las penas. corporales , y qual
sea el fundamento del derecho de caBigar, es una
qíiestion generalísima , y que se está resolviendo
por sus mismos términos: como si .preguntáramos,.
¡tfué Origen tengan los hijos?
Porque la idea que corresponde á este nombre
M á x im a s I m p ía s c o n t r a i o s G o b i e r n o s . 311
pena y es relativa ala idea que juntamos á esta voz
tulpa. La primera de estas dos ideas 110 se puede
comprehender sin la segunda ; y asi quien pregun­
ta , qual es la causa u origen de las penas ó de los
castigos , viene ya suponiendo la Idea de las cul­
pas y de los delitos, donde se contienen como
en causa. En un inocente la; muerte , ni los dolo­
res , ni todos los trabajos jamás serán castigo o pena,
sino penalidades ; y si el hombre no hubiera pe­
cado , ni, el mismo Dios de las justicias pudiera
quitarle la vida por pena, sino por deuda.
Pecó , pues , el hombre; y vé aqui el origen, xl.
. 1 1 1 1 1 o ' Laraucrce coma
y t itu lo d e la pena, d e m u e r t e ; y e l q u e an tes 110 pena se funda

te n ía r ig o r o s o d e rech o a v i v i r c o n tra jo v o l u n t a r i a - CI1 eI Pec;ido*


á m orir,.
m e n t e u n d e b ito p o s it iv o ,
No ignoran esta verdad los que no se han ol­
vidado del Chrístianismo , ó los que saben la doc­
trina del Apostol que disipa claramente estas qües-
tiones quando dice ; por %mhombre entró ti pecado
tn el mundo. , y por eí. pecado, (i) la muerte.. D u­
ra ndo siempre abierta esta profunda llaga, es de
admirar que duden los hombres qual ea el origen
© la fuente de donde nacen las penas*

§, III.

El derecho de castigar no significa mas: que la ¿Quees ti ácrc-


potestad de aplicar dichas penas á las. culpas. N o yqi.ai^^u'w
hay aqui otro mysterio, Esta potestad reside legiti- damcn^?
mámente en el que pudo darnos, la ley contra que
pe-
£r) A d ttoman, cap. 5. 12, l^ crpcccjcum murs > & i:a ¡it omrics ¡minirtc*
mors pcrcransijc*. ter<*tversa?ttur lta sub jun git
D , A u gu st, Ub. 1* de Nupciis cap* 5. apud NacaU in e p is t. PauÜ > h ic.
3'i 2 L ib. II, D isertación V III.
pecamos. También puede residir legítimamente en
aquellos á quienes el Supremo Legislador comete
su potestad. V e aqui el fundamento del derecho
de castigar que hay en los Príncipes, Magistra­
dos , y en todas las potestades legitimas que vienen
de Dios.
P or Criador , y por absoluto Señor no solamen­
te podia éste dár leyes á los hombres, sino tam ­
bién intimarles penas, b ínconmodidades que pade­
cerían en caso de despreciar las leyes.
xj. L a razón percibe claramente esta verdad; y co~
Consta de la noce también que sin la contera, b sanción d cal-
.pritriera sanción < < a* • j i ■ t *
vjue se Pubi¡u¿ guna pena, la ley no se distingue del consejo. Ues-
«a .pena ati‘ e| pr'u lcipi0 dijo D ios a-Adán mandándole : da
todo árbol que hay en el paraíso puedes comer*
pero no comas dsl árbol ds la ciencia del mal y dil
bien; porque en qualquiera dia que comieres seras reo
■de muerte ( i) .
•Esta es la primera sanción y ley pública que.
se oyó en el mundo. Denm e los Filósofos que
desprecian las luces de la R eligión otro principio
tan documentado de la legislación, y del uso de
la autoridad. A q u i hizo D ios sentir el dominio que
•tenia sobre todo lo que habia criado ; primero en
las cosas de que dispuso en beneficio del hombre*
lo segundo, en las cosas que substrajo á este uso,
reservándoselas privativamente: lo tercero , en el
mismo hombre, mandándole abstenerse de lo uno,
y concediendo el goze de lo otro.
S e h a de advertir, que no declara Dios aquí su
autoridad sobre la persona de A dán solamente,
■si-.
(i) G e n e s , c a p . í . jr . i S . i ? .
Máximas Impías contp„a los Gobiernos. 313
sino sobre todo el linage humano. Para esto obser­
vo , y se debe observar que el dicho precepto se
intimó á Adán quando aun no se habia fundado
Eva de su costilla. Despues que fue edificada , no
consta que se intímase á ella formalmente el mismo
precepto ; y con todo eso conoció que le estaba
puesto de igual modo que á Adán : Pues quando el
Diablo le pregunto: ¡Por que os mandé Dios que (1)
no comieseis de todos los arboles del Paraíso* le res­
pondió la muger contestando su obligación, y
confesando que le corria á ella el mismo precepto
y pena; y asi dijo á la serpiente: D el árbol que está
en medio del Paraíso- (2) nos mandó D h s qm no
comiéramos,
Aqui se muestra claramente que la ley fue pues­
ta, no solo á la persona de Adán, sino á todo su
género: y esta es la primera promulgación de la
ley divina á todos los hombres, Pero con algu­
na diferencia : Para Adán que representaba á quan-
tos procederían de é l , se intimó la ley inmedia­
tamente i y para Eva y los que nacerían de Adán,
solo mediatamente, y como representados en
aquel.
Aun no habia hombres , y tenían un represen­
tante , no constituido en virtud de algún poder
otorgado por ellos , sino constituido p<>r Dios, y
por la naturaleza , para que consintiese por ellos, y
los obligase en sí mismo á el daño , y provecho que
se siguiese á sus resoluciones. xltII
El Criador, obrando sapientisimamente, asen- primei juicio
taba el orden publico con que habían de gobernar- forma<iclosV-
R f cí»
Tnrrt V
J. OfTlt V» Ixi S6 «os
¿íqgpúblicos
]Criador,h
<i) Id* w p - J . f * O) G enes, cap, 3. f , 3.
3*4 Lib. II. D iserta ció n V III.
se y conservarse los hombres antes que les diese el
ser, y desde que puso el principio de la naturaleza
racional , echó también el principio de la autori­
dad , de la subordinación , de las leyes, y de las
penas. Quando pecó A dán, se tubo un desgraciado
experimento de todo lo dicho. Dios se lo declaró,
y en un orden que sirve todavía de Forma- para sus­
tanciar los juicios de los delitos, y hacer los pro­
nunciamientos , y decretos á los reos. Jamás hubo
donde apelar de aquella sentencia , y hasta hoy tra­
bajan debajo de ella los hijos de Adán. Entre las
penas que se intimaron y cumplen en nosotros,
una es la de muerte.
xliv.
Z a s Pelagismos
Debemos considerar que T
morimos todos ,T mas
y Fjiúsoto» ne- bien como reos que como hombres; y mas en ruer-
Tc'uuesul za de aquella sentencia de condenación, que por
debito de nuestra condicion mortal. Porque ya este
débito, que lo es de todo ser defc&ible, estaba de­
tenido ó impedido por una gracia y dón del Cria­
dor que nos constituía inmortales. Él primer deli­
to derribó esta columna de nuestra inmortalidad,
y vino la naturaleza á caer por su peso, y por el
de su pecado aun mucho mas abajo de su estado
ordinario; porque no solo debió yá sentir el defe&o
de su condicion, sino también la obligación de
morir, á que por la culpa le sujetó la sentencia de
su condenación. Por tanto hacen una justa distin­
ción los que dicen, que en la vida bienaventurada
el hombre no puede morir, en la vida dichosa del
Paraíso pudo dejar de morirá pero en la vida pre­
sente no puede evitar d morir. Los Filósofos y los
Pelagianos, degradando nuestra humanidad hasta la
bajeza de las bestias, nos igualaban con ellas en la
cau-
M a x i m a s I m p ía s c o n t r a lo s G o b ie r n o s . 3 11
causa de la muerte ; pero la Iglesia (1) y los San­
tos Do&ores (2) nos muestran sobre la causa natu­
ral» otra moral; y este es un conocimiento que al
mismo tiempo nos humilla y nos eleva: Esto pof
la idea de nuestra capacidad, aquello por la de
nuestra culpa. Con que todos morimos como reos»
y por una sentencia de muerte.
Teniendo dentro de nosotros esta respuesta, y
viendo que esta prá&ica no se ha dispensado con
nadie desde A dán, eñ quien se intimó á todos los
hombres', es no poco de admirar que los Filóso­
fos anden tentando en busca del principio de las
penas de muerte.

$. IV.

Pero si quieren precisamente, hablar del prin-


cipio de las penas de muerte ejecutadas con der- ««««<> & ps-
1 „ , . . , ° Ua de muerte 5aii
ramamiento de sangre, bajaremos uu grado, y lo gricjiu*
hallaremos en el primer delito cometido con otra
semejante efusión de sangre humana.
Un principio de justicia natural., sellado inde­
leblemente en nuestra rázon, nos dice que debe­
mos reparar un daño en el modo mas conforme
y ajustado á la manera en q\ie lo causamos. Es
verdad que la vida no puede repararse en aquel á
quien se ha quitado: pero no hay modo que se acer­
que mas a su reparación, y satisfacción, que renun­
ciando el homicida su vida propria á los pies de aque­
lla justicia que dio el espiritu al muerto, y al matador.
R r* Yo
( t ) .. Cor.cil, M ilevitan. cap. r.
13. A u g , D e p ccca tw . m erit.U b . i , cap. í*
6 II. D í s e r t a c i o n VIII.
L ib .
^?o di la muerte au n justo que debía v iv ir: pues
al punto, se siente herido mí corazon , y cono­
ce que nada le cumple mejor que el morir. La fuer­
za de este sentimiento nos ha hecho ver á muchos
reos irse por sí mismos á las cárceles, y ponerse bajo .
la potestad delosjuezea.
Caín confesó que era indigno de vivir; y no le
Bacía de otra cosa el miedo que mostraba de que le
mataría todo el que le viese ( i ) . El fratricidio, que
sacudía su conciencia masque una furia, le arran­
caba el corazon con está confesion : mi delito- es
mayor que toda indulgencia; no hay para mí alguna
venía. Desde hoy que me proscribís de la cara de la
tierra , soy un anatema, un objeto de horror y de
odio común; y aunque vaya a esconderme de vues­
tro rostro , alli me azotará , y dará gritos contra mí,
no algún speítro, sino la sangre de mi hermano ver­
tida , hasta que otro de mis hijos vierta la mia como
lá de alguna fiera (s),
Dios usó todavía de su gran bondad ; quizá por
confundir este error o desesperación, que siguieron
■Judas y los Novacianos; y aunque la sangre del
hermano muerto clamaba á su justicia desde la
tierra, se contestó con desterrarlo de todas par­
tes t andando siempre vago y lleno de recelos,
xtvx. Con todo eso , no se halla declarada formal-
gó expresamente mente la pena de sangre hasta pasado el Diluvio.
iJiinvjttf5'*13110el la primera edad del mundo se promulgaron las
■leyes, y se estableció la pena de muerte contra los
■ transgresores. En esta segunda época del mundo,
ha-
( i; G enes. 4 . ^ . 14. O muís igicu r q u i íiw e n crit tne > occidet rae.
U) y. ü '
M á x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b ie r n o s . 3 17
habiendo la malicia metido tan profundas raíces en
la naturaleza, y viendo el Señor qüe todos los
sentimientos del corazon humano se precipitaban
hacia la corrupción, prohibió por una ley especial
el homicidio; y para poner mas horror á este delito,
pronunció la pena de muerte sangrienta contra ios
homicidas (1). \
Despues de este tiempo se halla el uso de la los pitd¡¡-ca*
.espada eriel exercicio de las penas de muerte ala
disposición de los padres de las familias. Vemos que
el Patriarca Judas condenó á su nuera Thamár á
la muerte de fuego por haberse prostituido (2).
Aunque no hay documento expreso que diga
quando se estableció esta pena tan severa contra
la prostitución, el libro sagrado habla de un modo
que la supone ya promulgada y aceptada. Porque
Judas no la arbitró entonces, sino solamente man­
dó que se egecutáse, una vez que constaba del
crimen.
Debe ser cierto que no se escribieron por M oy -
sés todas las leyes y preceptos con que los anti­
guos Patriarcas y su pueblo se gobernaron antes
de la salida de Egypto. A esto parece que alude
un lugar del Psalmo 77. Supone ciertas leyes es­
tablecidas en Israel desde el principio ; y sigue di­
ciendo : \Qtidntas cesas mandó Dios a nueñros (3)
padres para que las enseñasen a sus hijos , y lo en­
tendiese la otra generacionl Los lujos que nacerán y
se levantarán, las cantarán á sus hijos para que
pon-
(1) Genes, cap. 9. t - 6 - Quicumque efuderit huma num sanguincm ¡ funde -
tur sanguis í II ilis,
<1) I(í. cap. 3 8. f . 2 4 . D ixitq u e J u d a s : produciré caro u t com liuracur.
Q n x cum duccrccur ad pccnam >& c .
( ¡ ) Psalm . 7 7 . 7.
3 18 L ib. H. D isertación V III.
pongan en D h s su esperanza , y no olviden las
obras del Senqr, y busquen sus mandamientos.
x ly iii. tiempo de la L e j Escrita fiieron muy fre-
RepetíJos<iocu- qüentes las penas de muerte. 110 solo por el ho-
meneos de es ce • *j - - « 1. * ,
dercciio en Ja nucidlo ^smo por otros delitos a quienes se que-
i?!oí.E’er,WP°r T^a inspirar igual terror. El mismo Moysés , cuyo
cara&er fue la mansedumbre y el espíritu (1) de
lenidad, cgecuto con su brazo y espada el rigor
de la dicha pena sobre veinte mil del pueblo que
idolatraron ante el Becerro (2).
N o solo contra el homicidio, sino también
contra los reos de otros pecados enseño Diosa Moy­
sés á decretar la pena de muerte. El que ofrecie­
se alguno de sus hijos á M oloch, debía morir
apedreado (3) por el pueblo. E l adúltero debia
morir con la adultera (4). El que maldijese á su
padre o á su madre, era reo de muerte (5) por la
ley. El incestuoso con su madrasta (6) o con su
nuera'(7), o con su suegra (8) , o con su herma­
na (9) , debia padecer igual suplicio con la cómpli­
ce. El sodomita merecía pena de muerte (10) . El
que ó la que pecase con alguna bestia, debia mo­
rir con ella (11 ). Qualquiera Pythia o Pytlionisa,
y todo hombre que afe&áse(i2) el mismo espíri­
tu de mago o hechicero , debían ser adjudicados ál
último suplicio. Estas leyes no eran de algún hom­
bre sujeto á error ni capaz de vicio , sino del mismo
Criador y amador de la humanidad.
Je-

(I) B c cli. cap. 4 ? . 4. (1) E xad . 17* s í .


fj) L e T tt. c a p . 1 * . fr. 2 1 . & c a p . 3 9 , ' f . j , (4 ) I b id . tu .
(? ) I b id . f . y, {í) Itiid. f . t f . (j) f - ti.
(i) f . 14. c?) f - x 7- fi°) lUiJ. jr, <j-
(II) Ib id . ir, 14. (ti) Ibiil. 17.
M ax im as I m pías c o s t r a los G obier n o s. 319

Jesu-Christo vino á sanar y reparar la natu- j^¡!cÍw*m


raleza y el orden , y no á disolver las leyes natu- ¿pruebaexpresa-
- 1 . \ . / i i , <. . menee e l inisinn
rales y morales, m a quitar (1 ) las obligaciones esen- derecho en su
cíales que tienen todos los hombres para con Dios» Lcf Ev,in£cIkit-
y entre sí mismos: antes apretó estos vínculos ha­
ciendo conocer mejor su honestidad , y llenando
los vacíos que restaban en la Ley antigua con la
Evangélica, que conduce á la perfección de la vida.
N o hay algún lugar ni vestigio de donde se infie­
ra que el Señor derogase las leyes justas , ni conde­
nase el uso de las penas necesarias. Antes renovó
la pena(2) de sangre contra el homicida, y no
en vano mandó á sus Discípulos que comprasen
espada. El mismo Dios que dictó el antiguo Tes­
tamento , dictó el nuevo ; y no era algún genio o
principio malo (como soñaron los Maniqueos) quien
autorizó los suplicios que se ordenaron en la an­
tigua ley.
/Hasta aqui tenemos un origen constante del
uso de las penas de sangre, y no menos legitimo
y justo. No hay pues necesidad de fingir que los
hombres multiplicados ya , y derramados por los
bosques, se juntaron en algunos Parlamentos ó
Cortes Generales á establecer los paitos con que ha­
blan de habitar en común, y á ordenar las penas
que debian padecer los que faltasen á dicho pac­
to. De todo esto no se dará jamás algún Historia­
dor , y menos algún documento que lo pruebe.
Pero los tenemos expresos y sagrados , de que el
Supremo Criador y Señor de la vida intimó la
pena capital de muerte sangrienta contra qualquiera
que
£1) Match, cap. j . (íj M acth.cap, 26. f . 51.
320 L i b . II. D isertació n V III.
que por su arbitrio matase á su progímo. N o ha­
bia entonces mas hombres sobre la tierra que
N o e , su m uger, sus tres hijos, y sus tres nueras.
Quantos nacieron despues hallaron ya firmada esta
sanción , sin estar á su cargo, sino el estudió de
evitar no hacerse reos de ella.
Las gentes que nacieron de a lli, y poblaron
despues el mundo , llevaron hacía todas partes con
la naturaleza las ideas de aquellas primeras leyes
generales. Las necesidades particulares que debie­
ron nacer con la mayor multiplicación de los hom­
bres darían nuevas ocasiones y causas para deter­
minar dichas penas y leyes á otros casos que juz­
garían equivalentes al del homicidio.
N o se duda que la tyranía y la ambición abu­
saron infinitas veces de los títulos de la autoridad!
y de la potestad de establecer penas >para que sir­
viesen los mas crueles suplicios á su venganza par­
ticular , y á su desenojo, ¿Pero de qué cosa, por
buena que sea en sí m ism a, no abusaron los hom ­
bres , para satisfacer á sus pasiones? ¡N o sé como
110 deja ya de agradar este necio argumento que
sacan de los abusos contra las instituciones mas sa­
crosantas , y contra todas las cosas útiles, asi divi­
nas com o humanas!

§. V .

t. Tenemos claro que el origen de las leyes pe-


"ia na^ (lue han establecido los suplicios , ha nacido
intcíruciori 4c los ¿el mismo A utor de la vida y de la naturaleza,
xeprobacion de Quien debia ser el que hiciese observar estas leyes,
ia gradad pri- ^ manc|¿se aplicar [as penas á las culpas , es lo que
to-
M axuí As I mpías contra los G obiernos. 32 t
tccá considerar. N o dejo O íos estas egecuciones al
arbitrio de cada singular. Q uando Caín le signifi­
co su m iedo, de que le mataría todo el que le vie­
se , le respondió: de ningún modo sera hecho asi',
nequaquam itafiat ( 1 ) . A q u í se vé un precepto que
prohíbe á todos el castigar con pena de muerte,
aun á los parricidas; y se añade otra pena de
muerte contra los que se tomen la autoridad de'
matar a los delmqüentes , aunque sean tan'm alos
como C aín.
Tam bién esdigna de la observación de un inter­
prete de los Proverbios {2) la razón que despues
del diluvio añadió e l Criador á la pena de muer­
te que intimó á los homicidas. Qualquiera que der­
ramare la sangre humana, (dijo á N o e) sufrirá el
derramamiento de la suya ( 3 ) y añade la causal si­
guiente : porque d la imagen de Dios es hecho el hom­
bre* Esto e s : á la im agen de D ios está un hom bre
constituido M agistrado, para que en su represen­
tación derrame la sangre de los m alos, y pronun­
cie sentencia capital sobre ios delinqüen-tes. H a­
biendo pues una persona ó un hombre constitui­
d o representante ó im agen de D ios , para que in ­
quiera y juzgue, será reo de muerte quaiquiera
singular que vierta la sangre de otro ; aunque sea
el mas digno de pena.
^Q u e desor den, y ruina traería sobre los hombres el
uso privado de semejante potestad! Cada uno se ere-
Tom. K Ss ye-
(1) ( ¡ c iics . ca p . 4 . $■. 1 5 .
(:.) SaíüT.ar in P ro v e rb . cn p . r . y . ifí. ..A i im .ig m tm q n iffe T iti ¡aVr,ts e s t
huno , i<l e s; li^mo ¡lie cu i M a g is tf.itu í t k ia íu s c s t , c-xjirísa ¡m a go , 5 r ::i-
leu lacru m D ei e x i í í 'i t , & ipsius v i c í s a g it ...,a t i jt ie in ¡Iliin: ea p o t is ta s su siiV-
ó lto n im v ita s d n iv a t u r , qua: a lia s i X 'i p ro p ria t i c ,
(j) Seiicí. fi.f.i.
3s2 L i b . II, D i s e r t a c i ó n VIII.
yera autorizado para matar á su progímo, y en
liabiendole destruido, se aplaudiría á sí mismo , y
se creería justo. En estas palabras dichas á Caín
veo condenado el eBado de naturaleza que finge
Hobbes y los Materialistas, en una guerra de
todos y de cada uno contra todos. Porque an­
tes que hubiese mas hombres que Caín y Adán,
ya estaba intimada la prohibición de que alguno
matase al otro, aun quando fuese reo.
La egecucion de la pena de muerte debia so­
lamente mandarse por las personas públicas como
una de las causas mayores. Primeramente estubo en
la mano de los padres de tas familias; despues se
reservó á los padres de los pueblos. Ya vimos que
el Patriarca Judas condenó á su nuera á ía pena
de fuego. Este derecho de la vida y de la muer­
te duró mucho tiempo en la esfera de la patria
potestad: y esto en las mas de las antiguas naciones
de que hay noticias.
No creo como (i) algunos, que este derecho
lo inventasen los Leyes Romanas ; movidas , asi
de la consideración de los trabajos que los padres
sufren por los hijos, como de la eminencia natu­
ral que tienen sobre ellos : porque igual potestad
tenían los padres entre los Persas, aunque Aristó­
teles llame tyranico (2) á este dominio. Un uso,
.cuya antigüedad se pierde de alta, no menos que
las
( 1 ) Sím plic, ad B piftcti E nchiviil. in ca p . 37. p a g. is>í>. A n tiq u * llom niiu-
nim Urges j respic'ientes tum i d a m i|n s 11. tura e se , emin^ntiani 1 tum nd
labores quos prr> IÜ ktls pareritcs síilisíínirut > v o letitís p rstc rc a Li forros pa-
ictjtibus si ti e exccption e subjcítfts es^e , credo etinm co a fis* im 'irr.1 i n attn -
»um amore j> & venundandi 3 £¡ v c lk n c 1 lib e ro s , & im pune m tsrEciendi pa.-
jcncíbiis ¡us dederunt.
(i) E th ic. 8, 1 1 ,
M a x i m a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 323
las leyes civiles, era el principal titulo (1)’ con que
egercian los padres este m e r o im p e r io domes-?
tico.
. Parecía consiguiente que la p o s t e s t a d para dár
la muerte á los hijos indignos de vivir, estuviese
en el juicio de aquel que les habia dado el ser.
Pero se observa que quanto las Naciones fueron
tomando forma, se fueron reduciendo estos summos
derechos á la inspección y administración de un
Soberano, b de un Senado, Esta reservación se
fundaba en la gravedad de la causa que es una de
las mayores: y en el desinterés con que pedia ser
juzgado un negocio tan serio.
N o se quitó desde luego este derecho absolu- Dc i0SLLpadrc-:
tamente de la mano de los padres. Según un lugar
del Deuteronomíoquando (2) el hijo huviese in- «cho
*. m t i*
1 1- : i nar A snucrte t y
currido en algún delito grave, podía ser juzgado Por gradas
y sentenciado por el pad rem as para egecutarse
en el la pena de muerte , lo habia de entregar al
juicio de los Señores ó Senadores, para que lo hi­
ciesen apedrear y morir. Algún vestigio semejan­
te de la patria potestad summa duraba en las Le­
yes de los Romanos (3) .
Algunos (4) opinaron y consideraron , si con- T ,L,n‘
, . r 1• i • t * / \ i Lcy **el lHiPen®
vendría en estos perdidos siglos,, restituir a los ar.oiic i¡!'.uc«-
< 1 * . . . 1 , \ . ci t t i yc ndc ) i K
padres aquel antiguo imperio sobre sus hijos 7_ a pn¡-u f,ut(.s:ad
exemplo de lo que hizo el Emperador Luis de cl J,,: ntcis'
Babiera el año 131 o. concediendo á los padres por
modo de postliminio el egerciciü de la antigua po-
Ss 2 tes-
( 1 ) Puffendorf, de ju r. nanir & ge n t. lib .í.c a p . a. $. 1 1, ex L . u . d elib er.
& posth. L . ult. C . de P a tr. porest.
354 L ib . II. D isertación VIII.
testad sobre sus familias. En esto se conoce también;
qual fue el primer asiento donde estubo el derecho de
la vida y de la muerte ; de modo , que Bodina
( i) confiesa que en la reservación que se hizo de
esta potestad á favor de los Jueces, públicos , no se
derogó poco al derecho paterno.
De aquí se sigue que el summo y- mero im­
perio en los Magistrados y Soberanos 110 toma su
fuente del arbitrio ó paito libre de los hom­
bres , juntos ni en singular; sino que corre clara­
mente de la voca de Dios , supremo Autor de la
vida. Los pueblos solo tienen en su voluntad ele­
gir b constituir la persona pública que ha de éger-
cer esta potestadpero no es ei pueblo el autor
de la potestad misma.
Si consideraran esto los Filósofos, se desemba­
razaran de tantos sofismas y paralogismos en que
andan implicados; infiriendo que los hombres no
pueden dar el derecho de la vida y de la muerte
que no está á su arbitrio. De modo, que toda su
ciencia en esta materia se limita á. aquel di­
cho de los principiantes de Lógica: ISfemo dat
quod m se non kahet. Aqui van ya estas aguilas de
la última literatura. Pero aunque no fuera tan equi­
voca en sí misma esta media palabra vulgar T en
negándoles, que los hombres dan á sus Magis­
trados. y Príncipes el derecho de la vida y de la
muerte, sino solamente el consentimiento y su­
misión á esta potestad, quando usen de ella, tienen
concluido el negocio.

f.V L
i>e Kepubi. lib . i,, cap- 6.
M a x im a s I m p ía s c o n t r a lo s G o b ie r n o s .

§. V L

Además de los citados documentos, donde


expresamente estableció -el Criador la legítima po­
testad del mero imperio , ó del uso de la espada,,
debe también suponerse contenida en las leyes ge­
nerales que dejó parala conservación y el orden
de la naturaleza racional. La voluntad ó decreto
de Dios es. el origen de todas las leyes y provi­
dencias humanas- Lo que Dios vedó hacer , ó qui­
so (1) que se hiciese esa es la ley de lo que se hizo,,
y de quanto debe ser hecho.. Pues aunque Dios,
dejase al hombre en manos de su consejo , ó en
la libertad de elegir lo que quisiese, 110 por eso
lo dejó en la independencia de todo otro hombre*
y menos de La ley.
Es verdad que cada uno puede elegir lo qua
mas le guste ; pero á su riesgo, o de recibir premio,.
© de padecer el castigo merecido por su elección».
Estas cosas 110 se estorvan entre sí mismas: la lir
bertad humana no embaraza el uso de la potestad
legitimay pública; ni la potestad pública puede quitar
á ninguno el egercicio de su libertad privada. Cor*
que no hay hombre que por ser criado en libertad,,
deje de nacer constituido bajo alguna potestad.
Este ha sido el; decreto y orden establecido por
Dios para la conservación y aumento de los mis-*-
mos hombres. Nacidos hijos,, nos hallamos en tro­
las manos de nuestros padres;, nacidos, siervos q;
do-
( i ) IT. Ait^ust.contTíi Fáustum Manichaíunii,cap.27.I.ex alterna c s t racio divi^-
l u j v e iv o lu ii^ í Dci» ©rdmcm naturíikin coasriYari-jubens , psccurbaií vcw»s«.
L i b . I L D t s e r í a c i o n VIII.
domésticos, nos hallamos antes de nuestra delibe­
ración , bajo la maño de los Señores: vencidos en
la guerra , y reservados del cuchillo , nos vemos
hechos siervos de los vencedores ¡ cercados y com­
petidos de muchas necesidades , nos hallamos en­
tre los extremos, 6 de perecer, ó de ponernos
bajo la mano de un amo que nos maílde y sus­
tente , o de un Príncipe que nos impere y defienda.
¿Quién es el hombre á quien Dios dejó sobe­
rano absoluto, y sin necesidad de algtm socorro
forastero? ¿Quién, sino un necio , puede decir: ¿fe
nadie necesito* El Rey necesita del pueblo , no me­
llos que el pueblo necesita de una cabeza. Ningu­
no fue hecho para ser todo, sino para ser parte ; y
las partes dicen precisa relación al todo. Dios orde­
nó asi las cosas que hizo , y no quiso que subsistió^
seii , ni se conservasen en otro orden*
Con que es un decreto y una ley eterna del
Autor de la naturaleza, y no un pació arbitrario de
los hombres, el conservarse en este Unico modo
que el Criador les dejó; y es la mutua dependencia
y unión de unos con otros..
La autoridad publica no es otro fantasma o
S í con cluye que enigma que la facultad; de conservarnos los hom-
J l p o te s ta d p a - i . ’ i I I - / i * •
bücaeoduende bres en este Orden, que estableció por su arbitrio
nf de^V<°nár- cIlíe n0s dio el ser por su voiuntad. ¿Quién puc-
bírriu humano. dudar que en este plan establecido con la mis­
ma naturaleza, entran superiores é inferiores, pa­
dres é hijos, señores y siervos, Reyes ó Recto­
res, gobernados o regidos ; y bajo los nombres
que está á nuestro arbitrio inventar, entran las
ideas de Príncipes y subditos que no dependen
de nuestro arbitrio?
M a x im a s Im pías c o n t r a tos G o b i e r n o s . 3 2 7
Por ¿so ss afirma en ia santa Escritura aquella ver­
dad tantas veces referida y descuidada. Por mí (dice
Dios) reynon los Reyes ; por mí mandan ios Prín­
cipes , y los (1) poderosos decretan o administran la
juBicia, Como estos Reyes y Príncipes no lian in­
ventado la justicia, asi l o s hombres no han inven­
tado la autoridad de los Príncipes. Toda potestad
(dice sapicntisimamente (2) el Apostol) viene de
Dios , ó es constituida por Dios. ,
A lo que dejo dicho , acerca del principio y ¿Enquecosasdi
fuente de los gobiernos, debo añadir'aqui cierta Eíó’ia autorjjid
observación, que sobre ser importante á un asun- Publieíl?
totaii meneado y tan confundido, es también opor­
tuna para este lugar. Los pueblos unidos pudieron,
hacer paitos ó tratados solemnes para determinar
sobre la forma del gobierno; o sobre el modo-en
que ha de ser administrada la autoridad pública,
que es su conservadora ; ó para elegir y consti­
tuir la persona que ha de egercer sobre ellos la dig­
nidad de Príncipe o de Soberano. Pero se con­
funden torpemente las Ideas, diciendo, que los
hombres se juntaron en consejo para constituir la
misma autoridad pública , b la dignidad suprema.
Aqui se equivocan los oficíales con los oficios, y
y los ministros con los ministerios.
Dios estableció lo primero; esto es las admi­
nistraciones y potestades : ,su dulce y suave provi­
dencia dejó i los hombres el arbitrio de lo segun­
do ; esto es, de elegirse potentados. y ministros que
los gobiernan en nombre d¿l Criador y R e¿W
Soberano. Determinando los hombres, por nuestra
vo~
(ij Prov. cap. 8. f . 16. ,(2) Avi Koni^u. c;*p. •}.
n-2P, L ie* II. D isertación VIII.
voluntad las personas de estos' oficíales públicos,
era.de esperar que obedeciesemos sus ordenes con
menos trabajo.
Es de notar y de confrontar con la dicha do&rina
esta sabia palabra que Josafat dirigid á los Magis­
trados una vez que eligió Jueces, Vosotros (dijo á
estos el Rey) no juzgáis en nombre de los ( i) hom­
bres , sin» en nombre de Dios. Como si les digera:
la autoridad que yo os delego b cometo , no es
mi a, síno de Dios que la cometió principalmente
a mi oficio : Y o os llamo á la parte de mi ministe-'
río , y aunque bajo mis ordenes, no adminiBrah
nú profría ju B kia , sino, la de D io s , yen el nombre
de Dios. ¿Cómo pensarían asi estos falsos Filósofos
que no ven otra fuente de la autoridad publica,
sino el lago del pueblo? Estos dirían á los Jueces
en un estilo del todo contrario : Vosotros no jv.z -
-gais sino en el nombre de los pueblos. A Josaft.t le
enseñarían á decir: Vosotros nojuzgáis sino en el nom­
bre del Rey que os elige. N o teneis Otro poder que
el que os han dado los que os nombraron. Sois
linos meros representantes, ó quando mas , unas
apoderados autorizados solamente por m í, o por
■el pueblo *en La democracia, para que administréis
la potestad que os damos, como convenga mejor á
-nuestros intereses.
Semejante autoridad no -desciende de Dios,
sino asciende por el contrario de los charcos de la
plebe. Con que lio es alguna lumbre que-baja del
Cielo 5 sino una niebla que sube del sudo ó del
cieno, y quiere envolver al mundo. Por tanto
M axim as I m pía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 3 2 9
nuestro siglo se llama de luz. Nada resta que te­
mer , ni que esperar de lo alto. El rayo que hiere
las cumbres, 6 el rocío que salpica la grama de los
valles , todo sube de nuestras lagunas: Y como se
abusa de la fysica para confundir los simples vapores
y exalaciones que ascienden de la tierra , y decir que
llueve de abajo hacia arriba, y lo mismo del rayo, y
del rocío $también se trastórnala política , y porque
suben los votos o la aclamación de los pueblos,
dicen que sube del suelo la justicia, y la potestad
soberana. Era precisa conseqiiencia, que desco­
nociendo la providencia eterna, que es la fuente
de todo gobierno y de toda autoridad legitima, se
cabasen pozos de donde sacar agua con que suplir
la lluvia celestial,
Monsieur Hume no puede negar esta verdad
en sus ensayos políticos y morales (1) quando dice:
,, Admitida una vez esta providencia general que
„ preside sobre el Universo; que sigue un plan
„ uniforme en la dirección de los sucesos , y que los
„ conduce á fines dignos de su sabiduría ; 110 se sa-
„ brá negar que Dios sea el instituidor del G o-
„ bierno. El genero humano no puede subsistir
„ sin esto, á menos que no sé d e sp ro v e a de toda
„ seguridad y protección. Es pues indubitable que
„ la soberana bondad que ama el bien de todas,
„ sus criaturas, quiso que los hombres fuesen go-
„ bernados: asi lo son y lo han sido en todos los
„ tiempos y países del mundo. Lo que ofrece to-
„ davia una prueba mas cierta del ser sapientislmó
Tom. V. Tt á

(1) Essais poJitif^ & m oral. Essai 25,


330 L ib . II. D i s e r t a c i ó n . VIII.
„ á quien ningún caso se oculta, y quien en nin-
„ gima cosa puede ser engañado, “

$. vn.
IV .
P op ra>,nn natU'
La razón natural diíta la propria verdad que
ral se prueba la acabamos de tomar de las fuentes de la Religión.
deceskiad d i la:
penas lie rauei- ! En el plan de esta autoridad pública que conserva
tí,
a los hombres, es una de las partes principales el
oficio de purgar al cuerpo político de lo que pue­
de dañarle y matarle, ó apartar de enmedio de
él lo que le sirve de embarazo para llegar a su fin.
N o hay algún cuerpo corruptible de quien no sea
preciso expeler muchas cosas superfluas, o contrarias
á su orden y economía.
Todo árbol necesita ser podado de las ramas
secas, o viciosas, para que en las demás se sazone
el fruto que promete. No sabe agricultura, ni es
labiador el que no arranca las yervas que dañan, ó
el que no cercena de las que aprovechan , aquellos
brazos que distraen los jugos, y no dejan nutrir
algún fruto. El que todo lo quiere, todo lo pier­
de. Es necesario cortarse tm dedo para salvar el
brazo, ó dar el brazo para reservar el cuerpo. Tan
claro y legitimo como esto es el uso de los suplicios
capitales en el régimen de la autoridad summa.
Aun no es menos necesaria y cierta la di­
cha verdad política que estotro principio de geo­
metría : mayor es el todo que la parte. A esta ver­
dad se reduce el dictamen universal que estima en
mas conservar todo el cuerpo civ il, que-la parte o
miembro podrido. Porque no perezca la unidad,
no habrá quien disienta de que perezca uno ; y
pa-
M a x i m a s Im p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 331
para que se salve la Ciudad, qualquiera aprobará el
que se condene á un mal ciudadano ; mayormente
quando por él ^amenaza riesgo.

.............. ... ” ■
" ...... U4&

A R T IC U L O V.

E L E V A N G E L IO NO H A R E P R O B A D O
el uso de las penas de muerte.

§. L '

Q
Uando San Juan refiere la sentencia que proj lvt.

nuncio Cayfás en el Concilio diciendo: E s b¿eu£íug«


conveniente que uno muerapor elpueblo,para lte SanjLm-
que toda la gente no perezca (vi ) , río la reprueba;
antes la tiene por una verdad inspirada de Dios
en aquel Pontífice. Era también un principio, tan
claro como el que antes dejamos referido: Jvlayor
es el todo que la parte¡
N o habiendo venido Christo á disolver la
ley natural, ni alguna ley moral, sinoá darles per­
fección y plenitud, no cabe la mas ligera congetu-
ra sobre que reprobase el uso de la pena capital con­
tra algún reo, quando conviniese para provecho de
todo el pueblo.
Los mismos Apóstoles, aunque enseñados en fecmpí!^jck,
la mansedumbre de su Maestro,* amenazaron unas -
f/,¡1
PclroySanPa-
veces, y otras dieron en erecto penas de muerte bb ,<iieusin­
corporal contra los delinqiieütes. Se vio , y llenó prtS‘l'L0 ‘
T ts á
(1) Joan , cap, i i . f . 4 ? . Se 1 8 .^ , 1 4 .
332 L i b . II. D i s e r t a c i ó n V lli.
a toda la Iglesia de miedo, el terrible juicio que hizo
San Pedro con Ananía ySaphira(i) . Quasi igual
rigor usó SanPablo con Himeneo y Aiexandro, en­
tregándolos a Satanás (2) para que todos aborreciesen
la blasfemia. A los Corintios amenazo otra vez desde
lejos diciendoles: ¿qué esperáis? ¿Vendré á vosotros
con el uso de la vara (3), o en la caridad, y en el es­
píritu de mansedumbre?Esto es, según la explicación
de San Chrysostomo: ¿condenaré á muerte,ó á la (4)
mutilación de algún miembro? Porque hay en la
Iglesia espíritu de severidad,como lo hay de lenidad,
Quando este Apóstol Convirtió al Christianis-
Se coma srg u -
tticnío «kciüívo moá Sergio Paulo, no le advirtió que renuncíasela
<Je lacijiTcrsion
<tcl Proconm l magistratura y la potestad que egercía por los R o ­
StT¿io , y Je los manos. Si el uso de los suplicios y las sentencias
primeros C h rlí-
cjar.o;. capitales fueran contrarias al Evangelio, no pudie­
ra dispensarse el Apostol de instruir alProconsul
Sergio, que le era preciso dejar un cargo que le ponía
todos los dias en casos de pronunciar tales sentencias.
Todos aquellos que antes de ser Chrístianos se
ocupaban en oficios que no se podían exercer sin pe­
cado , ó que eran en sí mismos pecado , renunciaron
de tales oficios desde que abrazaron el Evangelio.
Asi el usurero no volvió mas á su banco } y los
que en Efeso andaban tras de cosas curiosas y ocul­
tas , por medio de malas artes, quemaron sus li­
bros , y detestaron su diabólica Filosofía. Con que
si los Procónsules y altos Magistrados , recibido
el

( 1 ) A ft . cap. f . ’jS’. >o. & i r .


(a ) 1. ad T liím o t, cap. i . f . j o .
Í j ) x. ad C o rin t. cap. 4. í -. 1 1 .
(4) D . Chrysostom , rom, 3. p. ¡ ¡ i , ¿ In re rfio a n * m ucí!abo? B stca in t at
lcnicatís , íca Se severiratis sp irk u i,
M a x im a s I m p ía s c o n t r a lo s G o b ie r n o s , 333
el Chrístianismo , permanecieron sustanciando los
juicios , y castigando con pena de muerte á íos reos
dignos de ella, según las leyes; se infiere que es­
tas sentencias no están prohibidas por la Religión
christiana , ni el oficio, de la magistratura , que se
ordena a formarlas ó decretarlas.
Pero lejos de condenarse por la do&rina Apos­
tólica el egerciclo de la extrema severidad contra
los malos, que de otro modo no se someten, se
recomienda y alaba esta potestad de los Príncipes,
quando se dice que en esto son ministros de Dios,
que vengan su justicia de los malos : para lo qual
llevan la espada. Los Príncipes chrístianos lle­
nos de zelo por el honor de la casa de Dios,
y por la guarda de'la justicia , vengan las injurias
hechas contra las santas Leyes , y contra los ino­
centes , primero que las suyas proprias. Para perdo.*
nar estas, pueden ser benignos í para castigar aque­
llas deben ser severos. LIJt.
En una constitución de las llamadas de San Cle­ Testimonios de
Sari Ciérneme
mente Romano, se declara mas expresamente, que B cm a tio , y i k l
no es ilícita toda pena capital, sino laque se hace AlexaadrinOi
padecer á los inocentes- y se advierte que esta pena
de muerte justa es reservada álos Magistrados (1) .
En otro lugar de Clemente Alexandrino se des­
cribe el oficio de un Magistrado, y entre las nece­
sidades mas principales, se expresan la de premiar
á loa buenos y castigar á los malos con suplicios
proporcionados (2) . Alli nota las causas que obli­
garon á Dios á usar de la pena de muerte.
______________________ n SI
(1) L ib . 7 . con stitu í, cap, 3. Non quasi omms c»des ¡Ilícita » it , sed ea
«¡u* escxanocentis : ita t.'imerj ‘ ut: qun justa e s r , M a^istratibus solis sit re*
servata. (jj Clcni. Aííxand.lib. i. Pcdag. «ap.
334 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
„ Si los Magistrados y Príncipes íto infun-
,, den temor (dice) á los que obran bien, <cómo lo
,, inspirara Dios , que es por naturaleza bueno , en
„ aquel que no peca? El Magistrado no solo debe
i, usar de lenitivos , sino también de medicamentos
,, acres. El miedo detiene las raíces amargas del can-
,, cer corrosivo de los pecados. Por tanto , es salu-
„ dable el temor aunque sea amargo. En la mano
delSeñor se nos hace ver un bieldo que separa del
,, trigo la paja que se debe al fuego....Y asi es sobre
Mmanera útil la reprehensión del Señor,según aque-
lio de David; son una generación perversa e ir-
rítante: Gente que no dirigió su corazon, ni
„ su espíriai se hubo fiel con D ios» ni guardaron
^ el Testamento del Señor, ni quisieron andar en su
„ ley. Estas son. las causas de ira, por las quales
„ viene el Juez: á imponer penas á los que 110 qui-
,, sieron elegir la vida honesta: y asi dá por David
,, esta causa manifiesta de sus amenazas: no creye-
,, ron en sus obras admirables. Quando los aban-
„ donaba á la muerte * lo buscaban, y se conver-
„ tian , y de mañana madrugaban a rogar a Dios,
„ y se recordaban que aquel era su ayudador, y su
altísimo Redentor. Asi conoció que el pueblo
» menospreciaba la benignidad y se convertía por
„ el miedo. “
LX. {j En un Concilio (i) de París se describe el ofi-
Sentencia
C o n c ilio V I . dt ció de un Rey justo por las máximas enseñadas
Pa rís.
siempre en el Christianismo , y discurre asi. ,, La
,, justicia del Rey consiste en no oprimir injusta-
mente á ninguno con su potencia, en juzgar
1 ,, sin
( i) CoitciJ. París. 6 . ¡>. j . cap. i , 3c 2
M a x i m a s Im pías c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 335
„ sin acepción de personas entre el varón y su
„ progímo , en ;mostrarse un defensor de los pupí-
„ los, viudas y peregrinos : en impedir los hur-
„ tos, castigar los adulterios, no honrar á los ini-
„ quos, 110 alimentar á los deshonestos y rufia-
„ nes , perder á los impíos, no dejar vivir á los
parricidas y perjuros: defender las Iglesias , ali-
,, mentar los pobres con limosnas, poner varones
„ justos á la cabeza de los negocios del Rey no;
„ dar lugar á la ira , defender contra los enemigos
,, fuertemente la patria, y buscar á Dios en todas
„ las cosas. Su miedo y su estudio debe servir para
,, que no se cometa alguna injusticia 5y si sucedie-
,, re, no dejarla subsistir ; sino que todos pierdan la
„ esperanza de poder obrar mal, ya disimuladamen-
„ t e , ya con audacia, Todos deben saber que si
,, llegare á noticia del R ey qualquiera mal que
,, hayan hecho, no quedará impunido, sino que
„ según la qualidad del delito experimentarán la
„ justa corrección. Por tanto se halla puesto en el
JS trono del gobierno para hacer juicios justos,...,
„ Porque es ministro de Dios vengador de su jus-
„ ticia contra aquel que hace mal.“
^Co'mo pudiera durar la República christía-
n a , si los malos y libertinos lograran encontrar
en ella la impunidad y licencia que les prometen
los Anabatistas, Socinianos, Deistas y Filósofos?
¿¡Que seguridad tendrían en nuestras Ciudades los
justos , asi de parte de los malos de adentro , como
de los de afuera , que Volarían á los países chris-
tianos, como á un asylo de todos sus perversos
designiosíEn breve serían extinguidos allí los fieles;
que huyendo á otras varías partes dejarían la pro-
vln-
336 L i b . II.D iserta ció n V III.
rincia para ser presa de los malhechores. Una de
las excelencias qusrecomienda ala Religión ■ chris­
tiana , es que castiga con severidad los d elito s, y
ofrece grandes premios y honores á todas las obras
de virtud.
Si habiendo ahora, de una parte los premios
y castigos temporales que prometen k s leyes jus­
tas, y de otra parte los suplidos y premios -eter­
nos que acuerda é Íntima siempre la Religión,
todavía prevalece la malicia de muchos, y viven
como si no huviera leyes , ni esperaran un juicio
terrible despues de esta v id a ; ¿que friera si se de^
jara vivir á cada uno sobre su concienciad
1X1. Bayle, aunque siempre con el designio de qui­
Bayle inclina
'tanto hescsi ne- tar el crédito á la Religión christiana, confiesa y
■«súiad de las
penas, que hier­
aun pondera (1) la necesidad que hay todavía en
ra en otro CXtre- los pueblos cathólicos de leyes armadas b penales
4no.
para contener el ftiror de las pasiones. „ A u n res-
„ pe£to de .aquellos (dice) que profésala la R e ii-
,, gion no se lograría el designio de esta : porque
„ el mayor numero se empeña siempre de tal modo
en los vicios, que si las leyes humanas no los
contubieran en su orden, todas las sociedades
„ de los Christianos serían arruinadas bien presto.
Aseguro que sin un milagro continuo (todavía
,, son milagreros los incrédulos) una Ciudad como
„ París sé vería en quince dias reducida al mas
triste estado del mundo-, si no se emplease otro
j, rem idió que las reconvenciones de los Predtca-
dor:s y de los-Confesores. Decid despues de
„ esto , que una fe vaga de la existendade un D ios
que
( 1) O E u vr. com . ; .,p a g . 84,
M áx im as I m pías c o n t r a i o s G o b i e r n o s . 337
„ que gobierna todas las cosas, es de grande efi-
„ cada para mortificar el pecado. Creed mejor que
„ esta suerte de fe no hace á los idólatras superior
„ res á los Ateístas. “
Aqui habla Bayle como un ebrio. De los Pre­
dicadores y Confesores Christíanos sobre quienes
quería irá caer, viene á dar sobre losDeistas ySoci-
nianos; porque algunos de estos dicen que basta la
fe vaga de la exisltncla de un D io s , que gobierna
todas las cosas. Los Predicadores y Confesores
Christíanos nó se contentan con tan poco. Predi­
can verdades duras, que compelen á muchos á en­
trar por los caminos duros de los santos manda­
mientos. Pero con todo, es verdad que si además
de la predicación y exortacion de los Ministros
Evangélicos, no hubiera Magistrados armados de
autoridad para castigar á los malos, según su mé­
rito , vendrían estos á ser intolerables, y a turbar
la Sociedad. Por eficaces que sean nuestros dog­
mas , nuestros mysterios y sacramentos, <:si no se
quieren oír los primeros, ni considerar los segun­
dos , ni recibir los terceros, de qué aprovecharán á
los malos? Con que en defé&o de estos dichos re­
medios espirituales que no pueden ser útiles, sino
á los que los creen y reciben de voluntad, debe ha­
ber otros remedios corporales, y mas sensibles á
los hombres groseros y embrutecidos, que por el
miedo de la muerte y de las galeras los refreneü,
é impidan ser mas perjudiciales.

$. II.

Si entre los Christíanos se observara exafta*


Tom. V, Vv men-
538 L i b . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
LXII. mente el Evangelio , no hubiera necesidad de jui­
Testimonios de
S. Cürjríostom o cios, ni de suplicios, ni de' cárceles. Asi pensa­
y de L a ñ a n d o .
ron en su tiempo acerca del uso de las penas San
Chrysóstomo (1) y La&ando (2) . Y a se ha di­
cho que la causa de éstas egecuciones son las cul­
pas': mientras que dure la causa, necesariamen­
te durarán sus continuaciones y efe&os. Tam­
bién el fin de los suplicios es el escarmiento. Si
los hombres sé contubieran por el miedo de unas
penas leves, no hubiera necesidad de introducir el
uso de^ otras mas atroces.
A Túcidides se hacía (3) creíble que antigua­
mente no se usaba sino de p en as ligeras ; pero ana-
de , que viniendo estas á caer en desprecio, fue
preciso recurrir á los suplicios capitales. Con to­
do , en ninguna parte son las execuciones de
justicia mas benignas, que donde domina mas el
espiritu del- Evangelio,

f 1) D . C h rjsosth o m . i . a d C o ritit. cap. 1 7 . j.tom - j.o p e r. pag. 4 5 2 . edir.


S abil. Si esbec in tet homirres , qualis oportet , ü ile d io , millas fore preñas c a ­
p itales. Ec in Sermón. ad P a ti. FideJem. ton). 6. pag. 696. ProptCi bos (n u ­
los) sutit judícia > & leges > & supplicia s totque pcetiarum modi.
( i) Laétanc. lib- 1. in stit.c .ip v 18 . 11. 1 6 . ¿Quid, ficc >si uirmcs in concor-
diam conjcnseriiit?
(5) Lib. 3-§. 4 í.C re d ib ile « t antíquitus quamvis gravium dclídtorum,
leves Fuisse p d tias:sed cum c i progressu temporis cutitcmnerentur > rentum
'a d mortem. -
M á x im a s I m v ia s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 339

A R T IC U L O V I.

L A S U A V ID A D D E L C H R IS T IA N IS M O
ha minorado y mitigado ei numeroy el rigor
de los suplicios.

§. I.

E L espíritu del Evangelio no solo desterró los ri -lxiil


•/» • 1 1 1 j
__ sacnhcios de sangre humana, donde muchos
t P o r qtiatro cau-
pudodchr^
inocentes eran inmolados á la injusticia de los De- í»peu«.nuc,g*1
monios infernales ; sino también hizo templar el
rigor de los juicios humanos , donde los delinquen-
tes son hechos vi¿timas para vengar la justicia del
Dios del Cielo y del Universo. Esto por quatro
razones principales. La primera; porque con la efi­
cacia déla gracia de Jesu-Christo, y por el uso
de los sacramentos, se impiden, o se satisfacen
muchas culpas. Segunda ; porque la obligación,
del Christianismo impide muchas querellas y jui­
cios de sangre. Tercera ; porque hace á los Jueces
mas humanos y compasivos. Quarta ; porque ha
corregido muchas penas enormes, y la peligrosa
celeridad de sus egecuciones,

§• IL

Si pudieran verse todos los crimenes que ha- Ei usodeh enti­


bian de cometerse en caso de faltar las exortacio- fes'°'1
n "T'-V"
umerables <le~
nes,exercicios piadosos, uso de sacramentos y con- litos>ysuplicios.
Vv 2 se-
^40 Lib. II. D i s e r t a c i ó n VIII.
sejos secretos di&ados por el espíritu y do&rina
del Evangelio, entonces sabríamos estimar quanto
trabajo quita está Santa Religión á los Jueces pú­
blicos j y quantas vidas detiene, que se fueran á
jperder en los suplicios , por medio de otras muer­
tes y venganzas obscuras que se egecutarían.
Esta ley con que la Iglesia obliga á todos los
fieles á confesarse y comulgar , por lo menos una
vez alano; la necesidad que el confesarse bien trae
de aborrecer todas las culpas y ocasiones de ellas,
con el proposito firme de evitarlas; el cargo de
satisfacer la fama y los bienes quitados al progi-
m o , sin ló qual no serán absueltos, y la Iglesia
los denunciará por excomulgados con una nota
publica de las mas infames que hay en los pueblos:
esta sola providencia importa mas á un Estado
para librarse de robos, muertes, calumnias y
otras injurias, que todo el aparejo de horcas , rue­
das , calabozos , ministros de justicia, y demás re­
me di os humanos.
Dentro de la Iglesia, y á los pies de un Con­
fesor no se juzga solamente una acción: se entra
también en las disposiciones interiores del corazon:
se descubren sus llagas , y no se absuelve el juicio
de un pecado , sin desatar al pecador de los lazos
de sus perversos propositos, de sus peligrosas cos­
tumbres , y de salir hecho otro hombre: pero otro
hombre inocente, justo, amador de sus enemi­
gos , y seguro al Estado, y á todos los ciuda­
danos.
¡Quién ponderará los bienes que produce esta
praótica entre los fieles1 ¿Que? ¿Por qué algunos
hurtándose al juicio déla penitencia, huyendo de
sus
M a x im a s I m p ía s c o n t r a l o s G o b i e r n o s . 341
sus Curas , y usando de mil trampas, para no
cumplir con Dios ni con la Iglesia, van entre­
tanto a satisfacer sus malos deseos , ya de los bie­
nes ágenos, ya de venganza, ya de lujuria con per­
turbación de las familias, dejando todavía qué hacer
& los Jxieces , y necesidad de cárceles y penas pú­
blicas? ^Quanto mayor sería la necesidad, y quién
podría con las plebes , si todos se extraviaran de
este santo camino de la confesion freqüente, o por
lo 'menos anual?
,, La confesion, dice el mismo Voltaire,(¡ quién CünP^‘ do
,, lo creyeraH es una cosa excelente; un freno para íilhí)-
” , • J 1 ■ J J ñor de í* cutife-
„ los delitos , inventada en la antigüedad mas re- siuii Sacíam e*-

„ mota...Es muy buena para obligar áqueperdo- taI*


„ nen las injurias los corazones mas llagados por
,, la pasión del odio j y para hacer restituir esto
„ que los secretos ladrones puedan haber robado
„ a su progimo con hurtos leves. Pero ella tiene
„ algunos inconvenientes (1)
Y grandes (añadiré yo) para todos aquellos á
quienes parece inconveniente renunciar sus man­
cebas, dejarse de engañar á muchos, y hablar sin
algún comedimiento contra Dios, contra sus atri­
butos , y contra sus preceptos. Pero en realidad
estos no son inconvenientes, sino para los apeti­
tos desreglados, y para Satanás que hace su comi­
da de la perdición de los hombres. Mas para
los hombres, y para los Magistrados nada es mas
conveniente.
Ningún otro inconveniente hallarán los im­
píos libertinos contra la confesion sacramental.
Aquí
(1) V o ltsir. D iS iv n a ir. Ph iloso ph. toni. i . C itc c h is m . du C u re.
34a L ib. H. D i s e r t a c i ó n VIII.
Aqui se puede notar la demencia o furor del obs­
curo Autor-de la HtBvria del Parlamento de Parts,
que con una confianza la mas insolente trata de
culpar á este sacramento de la egecucion de mu­
chos delitos. „ Sería bien horrible (dice) que (i)
„ una institución tan antigua , establecida para ex-
,, piar 6 para prevenir los pecados , sirviese tan co-
„ munmente para hacerlos cometer. Esta es una
,, fatalidad unida á la confesion auricular/' Deja­
ba dicho antes, que la confesion servia (2) para
inspirar los parricidios, y muestra que debiera
servir mejor para impedirlos revelando el secreto.
Porque aunque se dice (añade) que este es un
sacrilegio j pero un sacrilegio que impide un
parricidio, es una acción virtuosa.4* Si tales F i­
lósofos fueran ministros de -este sacramento , ya
se vé el abuso que liarían de él. Pero en la Santa
Iglesia se miran con el mayor horror eBas accio­
nes virtuosas. Mas como quiera , no están unidos
estos inconvenientes á la confesion auricular. Las
taras veces que ha sucedido, ha sido por culpa de
algún perverso ministro, y se ha castigado con la ma­
yor severidad, Y asi viene la confesion auricular
a prevenir los delitos no revelando el secreto , ni
con otro genero de inconveniente; sino mudando
el corazon de los pecadores, y haciendo menor la
carga de los Magistrados.
Les quita mucho trabajo, y les deja menos
reos que examinar y condenar, respe£to de los que
ten-
(O H:i;oir. du Pariemint chap. pag. i#?. il etraít bien horribíe
une ínstitution aussí ancietme instituc poui- expíer ou pour prevenir les cri-
mes >scrvit si sourenc á les Taire coiimiecrc. C‘ est un malheur accadic i I*
confesion suriculaire.
(ij id.chap. ¡í-pag. 177.
M a x i m a s Im p ía s c o n t h a l o s G o b i e r n o s . 343
tendrían sí no lo impidiera el juicio oculto de la
penitencia. ¿Quién no repara que en una Corte
c o m o Madrid apenas se ven en todo un año diez
o doce egecuciones de justicia en otros tantos
reos i -siendo asi que aqui son las penas algo mas
severas que en otras partes, y se castigan los deli­
tos de muchas Provincias del Reyno? Es no co­
nocer á los hombres, y ser unos demeritados el ha­
cer exclamaciones sobre la inhumanidad y rigor de '
los suplicios , siendo entre nosotros tan raros, y
egecutados con toda la benignidad posible.
Con esto se ocurre suficientemente al argu­
mento de Bayle referido antes. N o se niega la
utilidad de las leyes públicas para refrenar las pa­
siones del inmenso y confuso pueblo de una Cor­
te ; antes eso es lo que aqui defiendo contra Filó­
sofos tan perniciosos como Bayle: pero contra
los que hacen al Christianismo inútil para refrenar á
los malos, añado que debemos dar gracias á Jesu-
Christo, porque con su Evangelio ha impedido
una inmensa materia a los suplicios, en los innu­
merables delitos que embaraza.
Y a digimos con Montesquieu que el dogma Lxvl
de la eternidad de los premios y de las penas , re- de u
^ „ * 1 i c te rtu liad h n p i-
prime tanto a ios Christianos, que esto hace que detaml>iery mu-
las leyes civiles deban ser menos duras. N o hay cUos SUi,tlcIUS-
modo tan excelente de apartar de los suplicios
como éste, cuyo secreto tiene solamente el Evan­
gelio de Jesu-Christo , y es cortar el curso de los
delitos por la eficacia de su do&rina, y por el uso
de los Sacramentos.

§. III.
344 L ib . II. D i s e r t a c i ó n VIII.

§. III-

También csettsa Impide también o , quando menos, debe ím-


’ S Í S pedir muchos procesos nacidos de querellas crimi-
(juereiias yPt*- nales. Este punto me parece que es uno de aque-
C£ÍWetunuiíUsí r ^ r i - ij i
j o .
líos en donde esta muy desatendida la doctrina
del Evangelio. Que los Magistrados condenen
todos los reos juzgados y convencidos, es una po­
lítica sabía y necesaria, no censurada por el Evan­
gelio sino alabada: es también una obra meritoria
en los mismos Magistrados, que proceden con pu­
reza de intención, y de buen zelo ; y es finalmen­
te una necedad punible la de aquellos Deístas ó
Socinianos que vienen á turbar esta práétíca con
los escrúpulos de unos hypócrítas de la caridad y
de la humanidad
Que además de los Magistrados haya unos
pesquisidores o Fiscales públicos , autorizados
por Jas leyes para que , de oficio y por ínteres ge­
neral , pidan ante los Magistrados venganza y satis­
facción por las ofensas notorias, es tan justo y tan
útil, como el que haya leyes penales y Magistrados
que las manden egecutar. Pero que uncatholico par­
ticular haya de querellarse ante un Juez, pidiendo
ixviri. el suplicio que merece su ofensa, o la venganza de
n«£áTPcr“üCn*s la injuria ya recibida, tiene bien que considerar.
Los lugares del Evangelio y de la doftrina
i Apostólica, escudriñados y alegados por los Ana-
batistas y Socinianos , enemigos de los Magistra­
dos , no dicen cosa alguna que pueda fundar ni
aun congetura en favor de su error; pero pueden
hacer formar juicio de que muchas querellas par-
M a x im a s Im pías c o n t r a lo s G o b ie r n o s . 345-
titulares , no se hacen sin atropellar al Evangelio,
y olvidarse los quejosos de que son christíanos.
El precepto de amar á los enemigos, el otro
del Apostol, que se puede reducir al primero, de
tener paz con todos , de dar lügar á la ira, de no
volver mal por mal * y el de no vengarnos de aque­
llos que nos injurian : todo esto lo puede obser­
var inviolablemente un Juez , sin faltar por eso á
la mas exa&a observancia de la justicia, No faltará
á la caridad por hacer castigar á un homicida?,
pues entregando su cuerpo á la muerte , procura
salvar su alma de la condenación eterna , y parecien­
do que aborrece un miembro, muestra que ama
verdaderamente al cuerpo de la sociedad. En esto
tampoco se venga el Juez de sus enemigos parti­
culares, sino venga la inocencia y la justicia común
de sus enemigos públicos. En estos a¿los puede sin
dificultad conservar la paz de su corazon, aun con
aquellos mismos que destina á la muerte. Final­
mente , nada se vé aquí que obligue á quebrantar,
así los preceptos, como los consejos del Evangelio.
Mas en los que.se querellan por injurias particula­
res , se siente lo contrarío , quando la ofensa recibi­
da no admite otro remedio sino la carnal consola-
cion de la venganza. • :
No peca algún christiano quando se queja I
Q iuud
'ante el Juez de.que. su vecino le robó ,.para que se p or v e

le haga reparación dé sus cosas; poique no es mas


que consejo Evangélico aquella palabra : Si te qui­
taren la túnica, dd también la capa por no fifi-
g ír (i).
Tom.V. . Xx • ... . ■Es--
(1) M acdi. cap, 5. f . 40,
346 L ib . II. D i s e r t a c i ó n VIII.
Esta es dó3rina; pero no es ley ( 1), Tatnpó-U
co traspasa las obligaciones Evangélicas el que im­
plora la autoridad del Magistrado contra sus enemi­
gos que le persiguen o leponen asechanzas para des­
truirle. El mismo San Pablo se puso bajo la pro-?
teccion del Cesar (2), quando entendió las ase­
chanzas qué le disponían los Judíos. En esto no
se pide venganza de la injuria recibida ; smo am­
paro paira no recibirla. Asi se defiende uno á sí mis-
ano , sin que intente ofender a su contrario. Pero
quando el daño está ya hecho , y no tiene continua­
ción en lo sucesivo , ni espera reparación de lo
pasado, y la venganza es únicamente el fin de la
querella; entonces es ilícita, contra el precepto del
Evangelio, que nos manda amar y hacer bien á
nuestros enemigos, y nos prohíbe dár mal por
jmal.
La administración de justicia tolera y admi­
te estas querellas, y lio hace mal: porque el Juez
tiene ésto por oficio , y en hacerlo no persigue á
su enemigo proprio, sino al reo que ofendió al ciu­
dadano que se queja. N i puede el Magistrado de­
jar de aceptar estas demandasporque de lo con­
trario , se daría ocasíon á el agraviado para ir á des­
hacerse por su misma mano del enemigo; y :se
abriría caminó a la perturbación pública. Pero aun­
que el Juez haga bien en admitir la querella , él que
la pone y sigue, peca contra el precepto Evangélico,
no
■- --i— - __________ ___________________ _
(tj D . Hieronyrn. advers. Pela£. D ia lo g , Doct-'t Ev.iriijelmni ei qui no-
t i ‘ cum v e lit j'já ic io conrcnderc & per lite s , & jnrgi.i aufer're tim icam , eriam
pallium esse conccdcm lum . E c P . C yp ri.m , tic bou. páticat. £. Irxneu s. lib . ^
«p. V}.
í£j} ift.ApostoJ. c»pi aj. ius
M a x im a s I íip ia s c o n t r a i o s G o b ie r n o s . 347
no llevándole sino el odio de su contrario, y la ven-;
ganza de su agravio.
Muchas de estas demandas se impiden, o se'
cortan todos los días, ó por las exortaciones salu­
dables , o por la eficacia de la palabra de D ios, o
porque no se absolverá en el Sacramento dé la Pe­
nitencia á quien se hallare en este caso, y no se
apartare primero de tales querellas. Por este medio
se impiden o templan muchos juicios de sangre,
mudándose los querellantes en suplicantes ¿inter­
cesores por los mismos que les agraviaron.

§. IV.

También inspira ía religión en los Jueces un m.


tal espíritu de compasión y de caridad , que escu- L
san 6 templan ; quanto es posible, el rigor de las
egeciiciones. JesU-Christo dio' exemplos en parte
imitables de esta benignidad : como quando ad­
mitía á los pecadores ; y especialmente quando per­
donó a la muger acusada de adulterio. No tienen
todos los Magistrados tanta potestad .que puedan
dispensar las leyes, y dejar impunidos los deli­
tos ; peró alo menos apartan todo aquel rigor que
expresamente no pide la ley, y en los casos de duda
loman de mejor gana el partido de absolver, que
el de condenar, o ía pena leve mas bien que la
grave.
¿Do'nde están estos Jueces que finge el Autor
del Tratado de los delitos, que mientras el mise­
rable (ajuBiciado) se eBremece en las ultimas an-
'.¿uBias esperando el golpefa ta l , pasan con insensi­
blefrialdad, {y acaso con secreta complacencia de
Xx 2 la
348 L i b . XI. D i s e r t a c i ó n V I f l .
la autoridad propria) a guBar las comodidades, y
placeres de la vida) No he visto, ní comunicado1
con Jueces, de esta índole 5 y creo que ha de ser
muy raro entre nosotros un mostruo tan fiero. La
educación y crianza que todos tenemos en elChris-
tianismo, nos hace común el horror á la muerte
violenta, aunque sea justa. Y asi todas estas ege­
cuciones son dictadas por la precisa necesidad de
que quisieran los Jueces poder librarse.
lxxi. Constantino, despues que se hizo (1) chrístía-
n0) tt)mó tal gusto á la benignidad para con los-
Ve sebauciió. reos , que ya se hizo reprehensible por el exceso, y
lo culpan de floxedad-. Es notorio (y no temo que
alguno me desmienta) que en España solamente se
puede reprehender hoy una demasiada piedad en
muchos Magistrados, ó una flojedad como la de
Constantino. N o sé qué espíritus Ígneos y san­
grientos tendrán los Jueces en los otros países para
que habla el tratado de los delitos ; pero sabemos
que España , sin esta falsa filosofía que trae siem­
pre en la boca estas vocecülas azucaradas de huma-
tildad-, sensibilidad fysica , compásIon , amor de los
ciudadanos -, y otro semejante vis vis de mugerci-
Has y de cómicas, está en posesion de un gusto
demasiadamente dulce. N o es floja la caridad , aun­
que es benigna j pero sin duda que el amor áesta
virtud nos hizo también amables:las inclinaciones
que se le parecen.
Es sentencia común que elChristianismo ama
un
f i ) Zonaras lib . i j . cap. 4. Clemetttem se os ten del» t tjs qui pravam v i -
•am deserueratic j quod d iccret , abscinilcruliim meinbrum agru tam . a í- p a ji
trjtluqi , n esan e contagio eorrumpac : tilwi id gnod au; san-itan» jaiu íit > ¡Wt
sauejeat. Et Euseb. de víc. Conscandn. Jib. 4 . cap- 3 1 . -
M a t í m As I&íPUs C o n t r a l o s ( t o b í e i w o s . 349'
un Gobierno moderado y suave (1). Y esto es lo
que encargan á los Príncipes y Jueces las Santas,
Escrituras. ¿Os ban elegido ( 3) R ey , o Goberna­
dor (dice el Eclesiástico) ? Pues sed entre los ciu­
dadanos , como uno de ellos. Y antes habia dicho;
Serás blando para oír la palabra , á fin de .conce-'
birla, y dar con sabiduría una verdadera respues­
ta (3). Y en otrp lugar ; Hijo , haz tus nego­
cios con dulzura, y te elevará (4) tu gloria,so­
bre todos los hombres,

s. V .

Ultimamente, después que la suavidad de la


verdadera religión amansa los Reyes y Jueces fe­
roces , desarma á las penas de aquel rigor que re­
pugna ala natural compasion y razón. Los R o ­
manos , siendo una gente tan humana y política,
pra6ticaban unos juicios, á veces bárbaros é inhu­
manos. Por el Senatus"Consulto, llamado Silania-
porque fue hecho durante el Consulado de
Junto Silano, y de P . Cornelia Dolahela en el Im­
perio (5) de AuguBo , se mandaba que todos los
siervos que habitasen en la casa de aquel que fue­
se hallado violentamente muerto, fuesen ajusticia­
dos o puestos á qüestion. Porque según otra ley
no se admitía el testimonio de ningún siervo dado
espontáneamente, sino qué le fuese exigido en el
tormento. Por tanto era necesario usar de este ri­
gor con todos los siervos domésticos del muertos
pues
(1) S p ric des lo í x lib . 1 4 . c a p . . ( i) lic c li. 3 1 . f * 1 .
(?) I d . c a p . *. jf, 1 3 . (4 ; I d . ca p . 3 . ^ . I ? .
(jj A p iu l T a c it . A n u a l. 1 4 . 42.
35° L ib . I L D i s e r t a c í o n V I I I .
pues no era legitimo algua otro modo de tomarle^
declaración.
Si hoy viéramos aquella atrocidad., y oyéra­
mos las Voces de tantos, miserables atormentados
sin culpa, tubierámós mejor razón de hacer de­
clamaciones en defeiisa de la humanidad: pero
acuellas leyes desaparecieron, y el Evangelio ha
purgado íos Códices de otras atrocidades que la
prudencia secular nó reparaba-
Se admiran hoy nuestros viageros (i) al ver la
se ni-- atrocidad de los suplicios que usan los Turcos con
fe'iM ^os delífcqÜentes , y la inhumanidad con que los
con los que se abandonan ; pero si Volvemos los ojós á los siglos
thóiieos^ ° pasados, ¿qüe otra cosa hadan los Griegos, ó los
Romanos, oíos Egypcios, ó lasNacioiies pretendí-^
das sabias? Lós Cadáveres eran olvidados en las cru-
zes para qué los devorasen los Cuervos. No deja­
ban de conocer qúe era inhumanidad * y efe&o de
iiú ánimo duro nlanteneí el odió coiitra los muertos.
A si lo dijeron a E,neas lós Oradores del Rey Latino:
Corpord per(2) campos ferro, qucefussajacebant
R.edderet, as tuniülo smeret succedere ierra:
ISfíilhim cum zúclis ceriameñ , ér> sEthere cassis.
Con todo eso, eii el Deuteíoriomio se vé la (3)
primera ley que se hizo para corregir aquella ge­
neral barbarie.! ,, Quando pecaré el hombre , y
„ adjudicado á la muerte f fuere colgado en el pati-
„ buló, nó permanecerá su cadaver en el leño;
,, sino en el mismo dia será sepultado/1 Esta ley
decía respecto al Christianismo f y á la muerte de