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RESEÑAS

MONSIVÁIS,Carlos, Los rituales del caos. México: Ediciones


Era, 1995.

En este libro, Monsiváis reúne toda una serie de ensayos de la


cotidianidad en la ciudad de México con ese tinte literario
propio de sus crónicas.
Cada una de esas pequeñas descripciones están señaladas
por ese marco caótico en que las inscribe desde el principio, ese
"feroz desorden" desde el cual se guarda la construcción de un
orden
El consumo de todo aquello que pueda ser una imagen por
medio de la cual se penetren y se describan circunstancias
ubicadas temporal y espacial mente, es el ámbito en donde el
caos se hace presente. El poder-espectáculo es otro elemento
donde el caos se hace presente, y donde, hipotéticamente, el
autor busca encontrar vi rtudes en ese desorden-armonía, en
donde "tiene lugarla mezcla petfecta de imposición autocrática
y nivelación democrática". Es ver en todo esto un falso caos
que tiene en su trasfondo toda una estructura de orden.
Las parábolas, esas narraciones que nos transmiten ense-
ñanzas morales, son el instrumento de las que Monsiváis se vale
para dejamos su mensaje. Un mensaje definido a partir de toda
una serie de tiempos y protagonistas en los que recrea la ima-

Comunicación y Sociedad (DECS, Universidad de Guadalajara), núm. 27, mayo-


agosto 1996, pp. 247-264.
248 Comunicación y Sociedad

gen del caos en la multitud, en el espectáculo, en las creencias,


en los mitos, en el nacionalismo, en el esparcimiento y en todo
aquello que llena sus crónicas y que le permiten interpretar ese
entramado de hilos que, en palabras de Geertz, significan la
cultura de un individuo o de una sociedad.
Son seis las parábolas, veinte los tiempos y cinco los
protagonistas en donde Monsiváis recrea esos "rituales del
caos"

Parábola de las imágenes en vuelo

Es la enseñanza de lo mucho y de una exaltación por la demo-


grafía, ya no como una disciplina científica sino como un rincón
estadístico, desde donde la gente acecha. Es la enseñanza de ver
como las multitudes se vuelcan en multitudes excesivas, en
donde la noción de lo mucho queda impreso en la memoria de
quienes viven en ese gentío.

La hora de la identidad acumulativa.


¿Qué fotos tomaría en la ciudad
interminable?

Monsiváis invita a fotografiar a la ciudad ya todo ese conglo-


merado de masa humana que la vive, la ciudad de México es un
espacio fundido a sus propios habitantes. Me imagino a Mon-
siváis viendo a toda esa gente que encuentra su reposo en el
tumulto. Desde su perspectiva de observador, sin sentirse ob-
servado, construye las imágenes que día a día se vuelven pe-
queños o grandes acontecimientos y que son formas de la
sociedad a partir de las cuales define su cultura.
En esta ciudad todo parece hablar de lo mucho, de las
grandes cantidades de personas que intentan transportarse en el
metro, de las que buscan hacer un examen de admisión para la
universidad, ya no en una aula sino en un estadio de fútbol; de
los grandes embotellamientos que se dan uno tras otro en di-
Florido reseña Los rituales del caos 249

ferentes cruces y calles de la ci udad, de la m ultitud de vende-


dores que se apropian de las banquetas y de los peatones.
Monsiváis magniftca lo estético de estas escenas en don-
de afloran los rituales de la ciudad popular.
Los nuevos orgullos que nacen de este lenguaje propio de
lo mucho, engendran toda una visión apocalíptica, pero es en
esta visión, falsa o verdadera, que se muestran los encantos de
la ciudad de México. El estado apocalíptico de la ciudad se vuel-
ve antagónico a las ventajas que ésta ofrece, y que se traducen
"en ventajas fonnativas e informativas de la extrema concen-
tración, las sensaciones de modernidad (o de postrnodernidad)
que aportan el crecimiento y las zonas ingobernables de la
masificación" .
Las ventajas se vuel ven más. aparentemente o di ríamos
¿realmente'), que todo aquello que señala el horror de vivir en
la ciudad más grande del mundo. La síntesis de Monsiváis es
una ciudad post-apocaliptica, donde la convivencia se hace
tolerable en ese teatro callejero donde cada actor representa su
propia obra.

La hora del consumo de orgullos.


Protagonista: Julio César Cháve:

El marco de esta crónica tiene como referencia una figura


central. el campeón de boxeo Julio César Chávez El otro
referente es la multitud que se ha dado cita en el estadio Azteca
a este evento, una multitud que se aglomera en sus propios
gritos.
El espacio de observación y de interpretación se constri-
ñe para Monsiváis, una figura en cuadrilátero y la atención de
miles de aficionados y no aficionados esperan la victoria del
mexicano. El consumo de orgullos. como titula esta crónica,
tiene su razón en la amplía propaganda del espectáculo-deporte
que trajo consigo este acontecimiento. En la descripción que
hace Monsiváis se descubre otra forma de comportamiento
de la gente. e incluso del mismo protagonista, ya no es aquel
250 Comunicación y Sociedad

espectáculo o lo que representaban simbólicamente los boxea-


dores de antes, ahora todo tiene el sello del mercado y de las
grandes bolsas para los promotores.
En esta crónica Monsiváis hace una descripción detalla-
da del evento, un evento que nos acerca a la posmodernidad,
aunque los aconteceres del pasado, evocados por el autor, con
protagonistas similares al Julio César Chávez de ahora, se
hallan quedado en el tiempo de la historia.

La hora del consumo de emociones.


Vámonos al Angel

Monsiváis presenta a un actor de los muchos que viven la ciu-


dad y sus aconteceres, personaje ficticio y verdadero a la vez,
apasionado y conocedor del fútbol, motivado por los triunfos
mundialistas de la selección nacional y visitador del altar del
triunfo: el Angel de la Independencia.
Monsiváis cuestiona, a través de este actor ficticio o ver-
dadero, la actitud que se asume por parte de la gente en momen-
tos en que la mexicanidad recorre todo el cuerpo, es sentimiento
que deja el placerde la victoria que nos da la selección nacional.
¿Es esto tener una verdadera conciencia cí viea". ¿ esto exalta el
patriotismo o lo acaba?
A través de este personaje, Monsivais pone de manifiesto
la cultura del mexicano y la forma en que éste interpreta las si-
tuaciones de las que participa y todos los símbolos de los que
se vale; "el Angel es un símbolo freudiano, el juego del fútbol
representa al ser nacional en abstracto, las reacciones ante
el Tri son festejos del postnacionalismo, la tele empequeñe-
ce la realidad para engrandecer nuestro ánimo", toda esta inter-
pretación de las transformaciones de los actores, en las que
aparentemente se pierden valores nacionales, son un invalua-
ble creador de los mismos.
Florido reseña Los rituales del caos 251

Parábolas de las postrimerías.


Teología de multitudes

Si bien en la primer parábola Monsiváis señala a la demogra-


fía como esa disciplina en que se aglomera la multitud, en esta
parábola señala la utilidad de lo cuantitativo, ahora la cantidad
legitima, antes se hablaba de la "utopía pocos pero repre-
sentativos", ahora deben acreditarse mayorías por encima de
todo
Las mayorías de antes sostienen una lucha con las ma-
yorias de hoy, en su enseñanza esto es la "explosión demo-
gráfica"

La hora de la tradición.
¡Oh, consuelo del mortal'

Otro acontecimiento digno de narrar por Monsiváis, en donde


se da cita la gente, es el 1I de diciembre, la víspera al día gran-
de de nuestra señora de Guadalupe. Este espacio de la basílica
es concurrido por todo tipo de gente caracterizados por su
posición social. Monsiváis ve en este acontecimiento un país
sin acceso a la modernización por contagio. Guadalupanismo
es igual a la "forma más encarnizada del nacionalismo ", lejos
de ver diferencia entre estos dos conceptos, Monsiváis obser-
va una relación estrecha para igualar

logros y limitaciones la miseria, la comprensión del mundo a


través de actos rituales, el desamparo, la costumbre, el amor
estremecido por los símbolos, el sincretismo como vía de adap-
tación, ( ... ) el fanatismo que es también un testimonio corporal
del arraigo en el primer aprendizaje. La fe ciega potencia den-
tro de la impotencia de creyentes que son mexicanos, de mexi-
canos que además son creyentes.

La guadalupana se presenta como un símbolo en el que los


mexicanos tienen W1a relación estrecha con su destino, con su
cotidianidad, con sus apuros. Todo este acontecimiento, mi-
252 Comunicación y Sociedad

tico en su origen, también ha sido invadido por la tecnologia y


el país entero se acerca a la basílica a través del televisor y vive
y se emociona con los artistas que participan en las tradicionales
mañanitas.
Todo esto lo narra Monsiváis en su crónica que pone al
descubierto toda una serie de interacciones simbólicas que
se dan entre lo sagrado y una multitud que emerge en la
pseudomodernidad.

La hora de la sensibilidad arrasadora.


Las mandas de lo sublime

Lo que tradicionalmente se entendía por sublime se transforma,


el sello del mercado aparece. Monsi váis en esta narración,
luego de hacer un recorrido por textos cargados de reflexiones
espirituales, observa como lo que ahí se decía, era motivo de
inspiración para escultores y artesanos. Sus lecturas encontra-
ban la inspiración necesaria para crear obras de arte reflejadas
en un cristo doliente o en una virgen de mirada dolorosa.
Ahora esa obra de arte que encontraba inspiración en lo
sublime se substituye por la figura resplandeciente y los jue-
gos ópticos que imprimen movimiento a las figuras de esos
cristos y de esas vírgenes; "lo sublime tiene que actualizarse".
Todo ha sufrido los embates de la globalización y del neolibera-
lismo

La hora del control remoto. ¿Es la vida


un comercial sin patrocinadores?

La televisión se hace la ventana de las multitudes, es la única


forma para verse, el control remoto, y no ese aparatito que nos
hace más fácil nuestra existencia, se ha convertido, según
Florido reseña Los rituales del caos 253

Monsiváis, en parte necesaria para que un acto público no pase


desapercibido por las multitudes.
El control remoto hace que el público finja ser pueblo y
la empresa que transmite finja ser la historia en sus horas libres.
Según Monsiváis, el control remoto es el mensaje que la tec-
nología le entrega a la vida cotidiana. En esta breve narra-
ción, Monsiváis dice que "el control remoto es el principio y el
fin de la democratización".

La hora del gusto. Las glorias de/fracaso

En esta crónica, Monsiváis busca las carencias de nuestra mú-


sica culta referida a otras. A la pregunta de ¿qué es el gusto?,
Monsiváis concluye que el gusto es propio de cada individuo y
"lo que otros digan es cosa de ellos".
Nuevamente, Monsiváis se ubica en un espacio y en un
acontecimiento: el palacio de los deportes y la ópera Aída, para
de alguna manera tener un punto de comparación con lo nuestro.
Por un lado, que viene de afuera, es un megamontaje y un
despliegue coreográfico de más de mil artistas y cantantes que
tiene la opera de Aída y que contrasta con lo nacional en nuestra
música culta.
Ante melodías muy mexicanas la patria se reconcilia con
sus limitaciones coreográficas.
Monsiváis señala que el gusto, ya como "producto de la
importación o de la sustitución de importaciones, el gusto in-
descriptible, es la escuela de los sentimientos y los sentimientos
en la que casi todos por una razón y otra nos inscribimos".

Protagonista: Jesús Helguera. E/ encanto


de las utopías en la pared

Las multitudes identifican al arte con lo bonito y se olvidan


de toda esa terminología propia de las bellas artes. La obra
254 Comunicación y Sociedad

pictórica de Jesús Helguera es narrada por Monsiváis a partir


de los calendarios, ya que éste era el "arte posible en el ámbito
popular"
Jesús Helguera se convirtió en el pintor de multitudes, sus
obras encontraban galería en cada hogar popular. Admirado por
el pueblo e irónicamente señalado por las clases cultas, las
minorías diria Monsiváis, Helguera trabajó ese arte plagado de
simbolismos nacionales que se mete en el OJO de las mayorias.

La hora de las convicciones alternativas.


¡Una cita COIl el diablo.'

En Catemaco se reúne una multitud, esta vez el súbito culto


al diablo es la causa de esa aglomeración y el foco de atención
del autor. Descubrir actitudes desde esa fe en lo otro es descu-
brir también una cultura de significados y de acciones cuando
se opta por lo alternativo. Un brujo de esta región es el actor
central, su popularidad se rige a partir de las clases medias. La
televisión y su despliegue informativo han propiciado ese pe-
regrinar a las misas negras. Monsiváis en lo absurdo funda sus
creencias, aunque esto esté marcado por el sello del mercado.
Ante el ataque de lo objetivo, señala Monsiváis que "las
burlas o las rotundas negaciones no disminuye la corriente de
adhesión a los fenómenos parapsiquicos ".

La hora de la pluralidad. i Ya tengo mi credo!

Monsiváis observa que la mayoría de gente se afilia a nuevas


creencias tal vez animadas por la moda que imponen artistas a
través de los medios masivos de comunicación. En otro de sus
personajes, el autor experimenta ese cambio de conducta y de
creencias que va de lo más objetivo y moderno hasta lo que es
objetivo y esotérico. ¿Son las multitudes las que fomentan
esos cambios?
Florido reseña Los rituales del caos 255

Protagonista: El niño Fidencio.


Todos los caminos llevan al éxtasis

Monsiváis nos ubica en 1927 para narramos la vida del niño


Fidencio y de sus dotes curativos, es, para el autor, símbolo de
una "religiosidad popular, abnegada, violenta en sus autotlage-
laciones, incapaz del desánimo y la esperanza, renacida en cada
culto o ritual". El autor observa una mezcla del sincretismo
tradicional con el curanderi smo, el espi ritual ismo trinitario y la
personalidad carismática.
Nos habla de una "mística de la rnarginalidad " y expone
a sus principales representantes entre brujos, magos y curan-
deros. Esta mística no ocupa prestigios o de visibilidad social,
se encarna en los pobres y en sus creencias y desde ahí se
proyecta. Para Monsiváis, "la mística de la marginalidad es un
enclave de resistencia psíquica se desentiende de conceptos
claves en la cultura dominante: fanatismo, superstición, herejía,
irracionalidad", ésta, señala el autor, es una ventaja a sí misma,
no sabe que "los milagros pueden ser manifestaciones supre-
mas del autoconvencimiento"

Parábolas de las postrimerías.


Ocupacion demográfica del sueño

En la enseñanza de esta tercer parábola, Monsiváis ve a una


multitud que ocupa el espacio más propio, el de los sueños. El
sueño es el "último territorio liberado de la multitud que con-
tiene a una multitud, que encierra a una multitud que ... ".

La hora del transporte. El metro:


Viaje hacia elfin del apretujón

El metro se convierte para Monsiváis en una reproducción de


la ciudad, en donde las multitudes experimentan su espacio, su
escaso espacio. De un problema que se relaciona más con la
256 Comunicación y Sociedad

corrupcion institucionalizada, devastación ecológica, surge


el rollo del apretón humanizado. Por ser una representación
de la ciudad, el sexo cobra también su cuerpo, aquí "la espe-
cie vuelve al desorden que niega el vacío", esto es, el campo
de batalla para las miradas indiscretas, para los arrepegones,
para los apretujones con esa universitaria, con ese de traje gris,
aquí todo da lo mismo. "En el metro se disuelven las fronteras
entre un cuerpo y otro, y allí sí que todos se acomodan".

La hora de los amanecidos.


Lo que se hace cuando no se ve tele

Es ese rato que no se ve tele las multitudes optan por mover el


cuerpo. Monsiváis se ubica en dos espacios de baile La Conchi-
ta y el salón Century. En el primero un grupo de trasvestis,
llamados por los parroquianos "las vestidas", son la atracción
y la "diferencia entre el dancing de antes y el de ahora", ante
este espectáculo, el autor antepone la tolerancia que antes no
existía.
En su crónica, Monsiváis muestra esos cambios en los
gustos de las multitudes, lo nuevo es el gusto por una música
estridente que excita los cuerpos de muchachos y muchachas y
que aturde sus conciencias.

La hora de I consumo alternativo.


El tianguis del Chopo

En una mirada rápida por los subtítulos de esta crónica, Mon-


siváis nos enseña el tianguis del Chopo, lugar donde el rock
tiene su templo, donde cada disco buscado vale oro, donde
el ambiente impregna al visitante de sentimientos del pasado.
El tianguis del Chopo es la provocación en la extemalidad de
la ciudad, donde las crisis que ocasiona el modelo neoliberal
se adaptan al modelo de sobrevivencia. En esta marginalidad
"todo y nada es objeto de comercio y todo y nada es objeto de
Florido reseña Los rituales del caos 257

transgresión". La televisión, en este ambiente, se pierde y


no tiene sentido. permite subsistir esa contracultura de los
setenta apostada en una buena rola pues en el Chopo "cada rola
no es parte de una atmósfera sino que es la atmósfera misma,
la vibración en estado puro". La marginalidad sirve nuevamen-
te como vía que democratiza la cultura.

La hora de la máscara protagonica.


El Santo contra los escépticos
en materia de mitos

Seguramente el nombre de Rodolfo Guzmán Huerta no nos


indique nada, pero si se asocia con el de El Santo inmediata-
mente recordamos a nuestro héroe y el olor de los cines los
domingos por la mañana. Un luchador que ha sido recordado y
admirado por muchas generaciones, El Santo encarna "el rito
de la pobreza, de los consuelos peleoneros dentro del gran des-
consuelo-que-es-Ia-vida, la mezcla exacta de tragedia clásica,
circo, deporte olímpico, comedia, teatro de variedad y catarsis
laboral ".
Cada película del El Santo le sirve a Monsiváis para des-
cribir los portentos de una leyenda que se construye en la
marginalidad, es decir, en esa multitud hacedora de cultura.

Parábolas de las postrimerías.


Donde, por falta de señalización,
se confunden el alfa y el omega

Monsiváis, en esta enseñanza, nos habla del relajo como origen


de desorden y principio de unidad. En el relajo el autor ve un
trasfondo en el que la sociedad se alivia, pues éste, "dirige y
extravía a lo que va surgiendo, convoca al orden a horas fal-
sas, en lugares inexistentes, precipita diluvios, genera y elimina
especies, esteriliza y fecunda a la primera pareja, todo en el
mismo segundo. El relajo: el alfabeto de los orígenes".
258 Comunicación y Sociedad

La hora civica. De monumentos


cívicos y sus espectadores

Monsiváis hace una crónica de los monumentos, esas estatuas


de los próceres que desde su base lo vigilan todo, Juárez,
Hidalgo, Morelos, Carranza, Zapata, todos ellos encuentran
espacio en plazas públicas o en avenidas. Con el tiempo estos
monumentos se mezclan con la gente, que los hace parte de su
entorno y de su cotidianidad, cuántas veces la cita de amor tiene
como referencia un monumento y cuántas otras se reúne la
gente para brindar homenaje. Estos se convierten en "símbolos
de lo cotidiano", lo mismo sirven para celebrar a "hijos predi-
lectos que destacaron en el arte" como para reconocer a los que
brindaron "servicios publicitarios de alcance internacional"
En las esculturas cívicas, dice Monsiváis,

intervienen simultáneamente la revancha contra el enemigo


vencido, la evocación suntuosa, el desafío político, la intimida-
ción, el catálogo de logros históricos, la alabanza al poder que
proclama la sensibilidad del patrocinador de esta obra y, a ojos
vistas, admite su inocencia cultural.

Monsiváis narra la crónica histórica, en donde aquellos


ayeres evocan los discursos ante el monumento propuesto o
inaugurado. Define a la escultura cívica como aquello que
perdura y que nunca se repetirá, con ello, Monsiváis ve las
tareas que le corresponden a los monumentos y que van desde
la reconciliación del régimen con sus gobernados hasta de apo-
yo a éste.

La hora del paso tan chévere.


No se me repegue que eso no es coreografía

El autor se encuentra ahora en el salón Colonia, lo que se


ameniza es el danzón, baile de adeptos de determinada edad,
entre los 30 y 35 años, vals de los pobres, externalización de
Florido reseña Los rituales del caos 259

todos los sentimientos puestos en el cuerpo, el danzón es forma


y es símbolo para quien lo practica.
Desde el cine, y más desde las películas de Fellini, se ve
algo que en la vida ni siquiera se nota, esa "aceptación
de que a partir de cierta edad se es invisible socialmente", los
30 40 años son proclamas de esa "desaparición de la figura",
ó

con esta edad todo los sentimientos juveniles se quedan en


el recuerdo. El salón Colonia revive esos traspiés del tiempo a
través de la danza, del baile de virtuosos en los ritmos de la sal-
sa, el cha-cha-chá, el danzón, la conga, etcétera, todo lo que
sirva para recuperar "las pérdidas, los hallazgos y los que-
brantos ".
Monsiváis en otra narración habla de la Santanera, aquella
que ha hecho bailar a muchas generaciones, los actores de es-
ta narración son una pareja por 25 años unida en matrimonio.
A través de los de la boda de plata, Monsiváis relata una
biografía de la Sonora Santanera y ven en esta la representación
del pueblo.

La hora del lobo.


Del sexo en la sociedad de masas

En esta ocasión el tema es el sexo. En doce pequeños relatos de


esos CIudadanos y ciudadanas Jóvenes, imaginados y reales,
Monsiváis nos muestra situaciones chuscas que hablan de di-
ferentes temas: la virginidad y lo que representa para ciertas
muchachitas, la especialidad en el conocimiento de condones,
el experto en teorías sexuales, lo que representa la masturba-
ción para unos, los temas de sexo en las épocas de cada ge-
neración, la iniciación en el sexo, la precocidad de las niñas que
estudian la secundaria, la infidelidad con las prostitutas, los
conflictos generacionales, las tácticas y estrategias a seguir
debajo de las sábanas, y las preferencias cinematográficas por
el erotismo y la pornografía.
260 Comunicación y Sociedad

Protagonista: Gloria Trevi.


Las provocaciones de la virtud,
las virtudes de la provocación

Monsiváis nos muestra una estrella rebelde, una cantante que


se sale de convencionalismos y formalismos a la hora de actuar.
Las letras de sus canciones y la forma de vestirse mues-
tran esa contestación de los jóvenes a una parte de la sociedad
que se queda en el anacronismo de su memoria conservadora,
y que trabaja más por el rescate de las buenas costumbres
olvidadas en el tiempo, que por el rescate de una cultura flore-
ciente de actualidad. En Gloria Trevi, señala Monsiváis, "la
provocación es el método en donde participan por igual las
efusiones sincerisimas y la estrategia de consolidación de ima-
gen. Eso la vuelve única: nunca es por completo industria,
jamás es por entero provocación".

La hora de codearse con lo más grande.


La pareja que leía ¡Hola!

Resulta increíble pensar cómo los medios para ligar se comple-


jizan, las relaciones que se pueden establecer a través de otros,
de esos que ocupan portadas de revista y que se pasean por
los rincones más exclusivos del mundo, de esos que al enfadar-
se con su pareja obtienen dividendos por publicidad, de esos
que construyen la high society y el sueño de muchos. Monsiváis
narra de cómo una pareja de burócratas, esos actores que se des-
vanecen en la multitud de los burócratas, se conoce a través de
la revista Hola, y de cómo éstos desatan por medio de la
imaginación que les proporcionan los artículos de ricos, nobles
y famosos, sus pasiones que desbordan en el éxtasis. Las mul-
titudes clasemedieras ven en este tipo de revistas sus sueños
idealizados, sus alcances imaginarios, olvidándose, a propósito,
de sus realidades presentes.
Florido reseña Los rituales del caos 261

Parábolas de las postrimerías.


De las genealogías de la respetabilidad

La enseñanza de esta parábola se finca en el respeto, de cómo


éste surge y se desarrolla. La respetabilidad, señala Monsiváis,
"se engendró a sí misma convencida de los derechos autorepro-
ductivos de las instituciones, y le satisfizo ampliamente el
vasallaje tributado por sombras y espejos ".

La hora de la sociedad del espectáculo.


La multitud ese simbolo del aislamiento

Es esta narración, o este tiempo, a la que Monsiváis dedica más


páginas. Implora la presencia de las vacas sagradas de la an-
tropología para ver los fenómenos que se dan en el espectáculo,
en donde se inventan los ritos instantáneos que permiten una
comunicación de la sociedad de masas con su estrella. El
escuchar de pie sobre una silla el espectáculo, el agitar encen-
dedores o tubitos luminosos, el mecerse valsísticamente, el
hacer la "ola", el enunciar "Mé-xi-co, Mé-xi-co", o el emitir
gritos desgarradores son el lenguaje de esos ritos que se con-
funden con lo espontáneo.
El espectáculo es el escenario natural para ver esa interac-
ción de una sociedad de masas en conjunción con su estrella o
artista favorito, el asistir a un concierto lo hace histórico, sea
del artista que sea. Las masas se dan cita para unirse en una so-
la voz, en un solo movimiento, en un solo destino.
La evocación de toda una época de los Estados Unidos
corre a cargo de Frank Sinatra, Sting nos muestra la tecnología
dellaser y la tradición del mariachi con la intención de explotar
sentimientos y pasiones, Luis Miguel con sus ademanes y
canciones hipnotiza a un público, en su mayoría femenino. Para
Monsiváis, cada concierto de un ídolo es un laboratorio de los
estremecimientos permitidos.
El paso de Madonna por tierras aztecas no queda fuera de
la crónica de Monsiváis, él entrevista a una persona de aquella
262 Comunicación y Sociedad

multitud que se ofendió con su presencia, que se desgarró las


vestiduras por tan semejante espectáculo, este protagonista
nos enseña que en México todavía hay moral y que los promo-
tores de ella poco a poco se diluyen en las masas.
Monsiváis nos habla de los ídolos express, los ídolos made
in televisa, todo ese grupo de niños y niñas bien que muestran
figura e influencias, que el talento no importa a la multitud y
que no les importa ser estrellas fugaces al amparo de televisa.
Ante el poder de esta empresa, la multitud crea también lo
alternativo.

La hora del ascenso social. Y si usted


no tiene éxito no será por culpa mía
(notas sobre la religión del miedo al fracaso)

Grandes insumos de mensajes y símbolos observa Monsiváis


en esta narración. Buscar el éxito se vuelve común a todo hom-
bre ordinario de la clase media. Las ventas se levantan como
una actividad que te permite más pronto tener acceso al éxito,
a ése que se traduce en mujeres rubias y bellas, autos, viajes y
toda una vida para vivirla. Llegar a tener éxito es sencillo como
lo demuestra todo un arsenal de best seller que tratan sobre el
tema. Aprender el manejo de las computadoras, saber hablar
inglés, estar en constante preparación con técnicas especiales
que nos permitan conducimos ante lo jefes, los clientes, la
familia, las multitudes, etcétera.
Monsiváis ve en sus protagonistas exitosos la negación de
sus debilidades.

La hora de las adquisiciones espirituales.


El coleccionismo en México (notas dispersas
que no aspiran aformar una colección)

Quien colecciona arte, colecciona poder. Debe ser una satisfac-


ción sentirse dueño de propiedades exclusivas, desde donde se
Florido reseña Los rituales del caos 263

puede especular en tiempos y en dinero. Monsiváis nos señala


cómo en el siglo XIX, y hasta mediados del siglo XX, el colee-
cionismo es una oposición ante el progreso.
Monsiváis tiene como protagonistas, para buscar e indagar
sus motivos y preferencias, a los coleccionistas. A los que com-
pran, a los que venden, a las galerías, museos y casas que
albergan a esas colecciones, pero más que nada es una búsqueda
de significados a las actitudes que mueven a la gente a colec-
cionar, dejadas llevar por sus pasiones quizá porque "toda
pasión colinda con lo caótico" y porque "la pasión del colee-
ci oni sta colinda con un caos de recuerdos".

Parábola de las postrimerias.


El apocalipsis en arresto domiciliario

Es esta la última enseñanza del libro de Monsiváis que en


sentido profético nos habla de lo que habrá de venir y en lo que
habrán de convertirse las ciudades y sus multitudes. El temor
del apocalipsis bíblico se ha olvidado, para Monsiváis la ciudad
encuentra en sus reclamos y en su crecimiento la razón de su
existencia y no se puede prescindir de ello, ahora "la pesadilla
más atroz es la que nos excluye definitivamente".

La hora de Monsiváis.
La enseñanza de la observación

Desde la portada de este libro, Monsiváis se nos muestra como


un observador ávido de alimentarse de lo que ve. Su intención
no es la de damos una descripción detallada del evento en el
cual se sitúa, más bien, ofrecemos una perspectiva diferente
para mostramos todo aquello que mueve a los actores, que se
hacen multitud, y que participan de ese evento.
Monsiváis busca en todas partes y encuentra en todas par-
tes, en las emociones desbordadas, en los grítos, en los rítuales,
en lo espontáneo de la gente, en lo simbólico y en todo aquello
264 Comunicación y Sociedad

que le permita encontrar representaciones significativas que


ayuden a describir las acciones voluntarias e involuntarias
de las multitudes enmarcado por ese caos aparente que envuel ve
a la ciudad de México.
Lo que sorprende de Monsiváis, es que los retratos que
hace de cada evento que narra no son imágenes inmóviles ni
fijas, más bien son imágenes interactivas en las cuales el lector
puede reflejarse desde su percepción consciente o inconsciente,
y lo mismo puede mezclarse con la gente que viaja en el metro,
como con la que se da cita en un estadio para ver un espectáculo,
que bien puede ser una pelea de box entre Julio César Chávez
y "x " boxeador, o la presentación de Luis Miguel o "x "
cantante, o ser "x " individuo inmerso en sus reflexiones filo-
sóficas acerca de lo que se es o de lo que se puede llegar a ser.
Nada escapa alojo clínico de Monsiváis y en esta serie de
pequeñas crónicas nos enseña a observar lo inobservable, lo que
está envuelto en el caos y por ello lo que es indescriptible, a
explicar lo inexplicable, los murmullos que se escapan desde
los rituales, desde esos rituales del caos.

Angel Lorenzo Florido Alejo


Departamento de Estudios Ibéricos y
Latinoamericanos (DEILA)
Universidad de Guadalajara