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COLEGIO MADRID
POEAMARIO
ANALISIS DE TEXTOS

Un chapuzón poético en el
Siglo XX

José María Casanova Celis

Op. B

Poemario mexicano siglo XX


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INTRODUCCION

Es muy complicado hablar de “la poesía mexicana en el S.XX” como una


época concreta en sí. Pues las diferentes situaciones que se dieron durante
ese siglo, hicieron que los temas a tratar fueran de diferentes materias.
Podemos entonces decir que la literatura mexicana del siglo XX es una de
las épocas más importantes en materia de literatura para México, pues es la
época de la Revolución (1910).

La vida política y social mexicana a finales del siglo XIX y XX estuvo


claramente marcada por la dictadura del General Porfirio Díaz, la cual se
caracterizó como un gobierno de paz, opresor e intolerante a las diferentes
movilizaciones sociales como huelgas por parte de trabajadores
inconformes. Este periodo de casi treinta años, presenta dos caras: la
industrialización y modernización del país, el bienestar de la clase social
alta; los latifundios o grandes extensiones territoriales en manos de unas
cuantas familias y la explotación excesiva de las clases menos privilegiadas.

Sus preocupaciones centrales fueron la universalidad y el esteticismo,


aunque los movimientos sociales no dejaron de marcar su impronta.

Las temáticas y posturas artísticas al final del siglo XX se muestran en


mosaico, donde cabe la poesía de temática urbana, social, intimista,
conceptista, coloquial, feminista, y un largo etcétera. Cabe señalar que de
1915 a 1930 hubo tres corrientes: una renovación estilística que incorporaba
influencias de las vanguardias europeas (el estridentismo, formado por
Manuel Maples Arce y Arqueles Vela; y los Contemporáneos), un grupo de
escritores retomaba temas coloniales (Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta,
José Gorostiza, Salvador Novo), y otros que comenzaron a publicar las
llamadas "novelas de la Revolución" como Mariano Azuela.

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El objetivo del siguiente poemario es exponer a los poetas más


representativos del siglo XX y algunas de sus obras más importantes, y así,
conocer la importancia que tuvo esta época de la literatura en la actual.
Algunos de los poetas de este siglo que vendrán en este pequeño poemario
serán, José Gorstiza, Gilberto Owen, Salvador Novo, Octavio Paz, entre
otros.

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INDICE

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MUERTE SIN FIN (Fragmento)

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis


por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí —ahíto— me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
—más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante —oh paradoja— constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,

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allí, como en el agua de un espejo,


se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso —también— más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!

¡Más que vaso —también— más providente!


Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.

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José Gorostiza

LA CANCION DEL TARDIO AMOR

¡Sí yo pudiera amarte, Alma noble y pequeña!

Llegas cuando mi vida ya es un arenal;

si pudiera ofrecerte el tesoro que sueña

tu insensatez romántica y pueril, que se empeña

en que florezca el seco tallo de mi rosal...

¡Qué más quisiera, ¡triste de mí!, que anclar mi nave!

Pero el remanso está lejos de mi dolor;

ya el corazón inhóspito arbusto es para el ave,

y en mi pecho, pletórico de hieles, ya no cabe

el tesoro mil-y-una nochesco de tu amor.

Si tú pudieras ser la nueva primavera

que es justo que suceda a este invierno precoz;

pero sería estéril tu empeño; espera, espera

hasta que llegue el alma juvenil que te quiera

y diga la aleluya que ya olvidó mi voz.

Alma noble, que llamas a la mía cobarde:

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¡Si yo pudiera amarte! ¡Si pudieras tú ser

mi nueva primavera! Pero llegas tan tarde,

tan tarde, que ya sólo, en Alma de Mujer:

¡Esta canción ceñuda y pesimista, en que

ahorco en el mástil máximo la Esperanza y la Fe!

Gilberto Owen

Primeros poemas. Obras, 1979

LA POMPA DE JABON

1.

Aquel rostro, aquel libro, aquel paisaje,

y todo el iris y yo mismo, todo,

todo en tu agua sedienta de imágenes.

2.

Te saludan los pájaros, las cosas

todas afinan para ti, su mejor alba de sonrisas.

Y recuerdan tus viajes, cuando ibas como un poco de río,

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redondo y frágil, por el cauce innúmero del viento.

Y recuerdan, Arca de Noé,

porque las regalabas a los niños,

trasmutando en juguetería de Noche Buena, el Mundo.

3.

Y la vida niña soplándote,

oh, pompa, oh árbol de cristal de alma,

por aquella raíz que te ocultó en su seno Poesía,

y te era, en el cielo, rama en flor, y pájaro en la rama.

Y la vida, sin fin, soplándote, sin fin, burbuja de emoción, hasta tu fin
sin ruido ni violencias,

-cuando mucho con un rocío amargo y trémulo, como de lágrimas.

Gilberto Owen

Desvelo, 1925

BOOZ CANTA SU AMOR

Me he querido mentir que no te amo,

rojo de alegría inacuta, sol sin freno

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en la tarde que sólo tú detienes,

luz demorada sobre mi deshielo.

Por no apagar la brasa de tus labios

con un amor que darte no merezco,

por no echar sobre el alba de tus hombros

las horas que le restan a mi duelo.

Pero cómo negarte mis espigas

si las alzabas con tan puro gesto;

cómo temer tus años, si me dabas

toda mi juventud en mi deseo.

Quédate, amor adolescente, quédate.

Diez golondrinas saltan de tus dedos.

París cumple en tu rostro quince años.

Cómo brilla mi voz sobre tu pecho.

Oyela hablarte de la luna, óyela

cantando lánguida por los senderos:

sus palabras más nimias tienen forma,

no le avergüenza ya decir "te quiero".

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Me has untado de fósforo los brazos:

no los tienen más fuertes los mancebos.

Flores palúdicas en los estanques

de mis ojos. El trópico en mis huesos.

Cien lugares comunes, amor cándido,

amoroso y porfiriado amor primero.

Vámonos por las rutas de tus venas

y de mis venas. Vámonos fingiendo

que es la primera vez que estoy viviéndote.

Por la carne también se llega al cielo.

Hay pájaros que sueñan que son pájaros

y se despiertan ángeles. Hay sueños

de los que dos fantasmas se despiertan

a la virginidad de nuestros cuerpos.

Vámonos como siempre: Dafnis, Cloe.

Tiéndete bajo el pino más erecto,

una brizna de yerba entre los dientes.

No te muevas. Así. Fuera del tiempo.

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Si cerrara los ojos, despertándome,

me encontraría, como siempre, muerto.

Gilberto Owen

Libro de Ruth, 1944

Y NUEVAMENTE ABRIL A FLOR DE CIELO...

Y nuevamente abril a flor de cielo

abre tus manos tibias, y yo canto

el júbilo entrañable y el espanto

que en mi sangre derramas con tu anhelo.

Amo la gravidez del alma, el vuelo

por la caricia que hasta ti levanto,

y el fuego triste hallado en el quebranto

de la distancia -aborrecible velo-.

Amor: abril, tu cómplice, desvía

la ruta del temor que disminuye

y disfraza de fiesta su agonía.

Eres abril de nuevo, amor, y nada

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escapa de tu ser: todo confluye

a cobrar plenitud en tu mirada.

Rubén Bonifaz Nuño

Imágenes, 1953

A TU PUERTA LLAMÉ. NO ESTABAS

A tu puerta llamé. No estabas.

Aspas de viaje te arrancaron.

¿Quién volverá cuando regreses?

Viento sin recuerdos, en la noche

se envuelve de inútiles presagios.

Dicen que la vida prosigue.

Entre nieves remotas, luces

que desconozco, abro los brazos

-lazarillos a ciegas-; busco.

Desde aquí, junto a la oreja sorda

amo en secreto, y enmudezco.

Dicen que la vida no perdona.

A tu puerta llego, y sin mirarte,

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maravillado te contemplo.

¿Regresaste, vives, te escondiste?

Frente a tu casa silenciosa

-pienso que estás-, no llamo. Espero.

Y pasa la vida, y se detiene.

Rubén Bonifaz Nuño

El ala del tigre, 1969

LOS ELEMENTOS DE LA NOCHE

Bajo el mínimo imperio que el verno ha roído, se derrumban los días, la


fe, las previsiones.
En el último valle la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.

Nada se restituye, nada otorga


el verdor a los campos calcinados.

Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente

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ni los huesos del águila


volverán por sus alas.

José Emilio Pacheco.

Los elementos de la noche,1963.

ALTA TRAICIÓN

No amo mi Patria. Su fulgor abstracto


es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).

José Emilio Pacheco.

No me preguntes cómo pasa el tiempo, 1969.

AMOR

Amar es este tímido silencio


cerca de tí, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir calor de tu saludo.

Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.

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Amar es percibir, cuando te ausentas,


tu perfume en el aire que respiro,
y contemplar la estrella en que te alejas
cuando cierro la puerta de la noche.

Salvador Novo

Espejo, 1933

EPIFANIA

Un domingo, Epifania no volvió más a la casa.

Yo sorprendí conversaciones
en que contaban que un hombre se la había robado
y luego, interrogando a las criadas,
averigüé que se la había llevado a un cuarto.
No supe nunca dónde estaba ese cuarto
pero lo imaginé, frío, sin muebles,
con el piso de tierra húmeda
y una sola puerta a la calle.
Cuando yo pensaba en ese cuarto
no veía a nadie en él.
Epifania volvió una tarde
y yo la perseguí por el jardín
rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre
porque mi cuarto estaba vació
como una caja sin sorpresas.
Epifania reía y corría
y al fin abrió la puerta

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y dejó que la calle entrara en el jardín.

Salvador Novo

El espejo, 1933

DESEOS

Trópico, para que me diste


las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón,
beber la penumbra de una costa desierta,
inclinarme en silencio sobre un recóndito balcón,
ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, deja de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
¡Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color!

Carlos Pellicer
Seis, siete poemas, 1924

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SONETO

A un amigo incomparable, regalándole un reloj


El tiempo que nos une y nos divide
--frutal nocturno y floreciente día--
hoy junto a ti, mañana lejanía,
devora lo que olvida y lo que pide.

Cuidar en él lo que al volar descuide


será internarse en su relojería;
y minuto a minuto y día a día,
sin quererlo, aunque poco, nos olvide.

Olvidados del tiempo, esos instantes,


serán de eternidad; los deslumbrantes
momentos del instante de lo eterno.

Junio en tus manos su belleza afina;


el otoño es su dócil subalterno.
Tiempo y eternidad tu alma combina.

Carlos Pellicer
Obras, "Poemas no coleccionados", 1981

YO NO LO SE DE CIERTO...

Yo no lo sé de cierto, pero supongo


que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como

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se hace la luz dentro del ojo.


El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;


piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).

Jaime Sabines
Horal, 1950
EL PAJARO

En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.


Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.
Octavio Paz

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CONCLUSION

Después de analizar, disfrutar y revisar los poemas anteriores, podemos


llegar a la conclusión de que muchos de estos, abordan el tema del
vacío (José Gorostiza), la desesperación, el amor, la patria y algunas
pinceladas de la revolución mexicana.

Y es entonces cuando podemos regresar un poco a lo dicho en la


introducción.

Llevar a cabo un repaso de la poesía contemporánea en México implica


correr el riesgo de hablar sólo de lo que se conoce, pero también, de lo
que personalmente se valora, debido a que los poetas y las tendencias
van formando un mapa conceptual que una educación historiográfica ha
moldeado: el siglo XX resulta de lo aprehendido a través del Ateneo de
la Juventud, el Estridentismo, las revistas literarias desde
Contemporáneos hasta Vuelta, las múltiples antologías, el Indigenismo,
el ’68, el coloquialismo de los años 70.

Sustraerse de este modo de apreciar la literatura es una tarea


sumamente difícil, además de esto, la mayoría de los mexicanos
contemporáneos no se preocupan por saber más, no solamente de la
poesía mexicana del siglo XX, sino de toda la literatura mexicana en
general. Nos hemos convertido en un tipo de “Hombre Light” (como
señala Enrique Rojas).

Es entonces cuando los jóvenes estudiantes debemos tener actitud e


invitar a que diferentes personas se informen más sobre la poesía
mexicana, pues fue quizá una de las épocas más importantes de esta
misma.

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