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COMIENZOS DE LA CREATIVIDAD EN WINNICOTT

EL OBJETO SUBJETIVO1

Lic. Psic. Adriana Anfusso


Lic. Psic. Verónica Indart
Dra. Vera Krecl

Introducción
Winnicott es un autor muy complejo bajo su aparente simplicidad y pretender transmitir un
concepto como el que nos ocupa -objeto subjetivo- en pocas líneas puede acarrear el inconveniente
de que no se pueda comunicar adecuadamente la sutileza de sus ideas y su importancia en la
aplicación clínica. Igualmente haremos el intento.

En su búsqueda de alguna técnica que le permitiera ayudar a pacientes borderline, esquizoides y de


otras categorías que ya habían sido analizados en una o más oportunidades con las prácticas
analíticas habituales sin mucho éxito, observó la necesidad de acompañarlos en una regresión hacia
etapas muy precoces del desarrollo. Esta tarea analítica, unida a su extensa experiencia como
pediatra, le permitió ir perfilando una teoría innovadora acerca del desarrollo emocional primitivo
del ser humano.

Herencia y medio ambiente


Winnicott resalta la enorme importancia del medio ambiente facilitador que, en permanente
intercambio con lo que cada sujeto trae como herencia, permite que se vaya constituyendo un
individuo.

Este medio ambiente facilitador suficientemente bueno es fundamental en los primeros momentos
de vida del niño. Está representado por la función materna, que él llama preocupación maternal
primaria y considera como una enfermedad normal de la mujer embarazada que se extiende hasta
unos meses después del parto.

Las características del cuidado ofrecido por esta madre devota, que se consagra temporaria pero
auténticamente al bebé, desempeñando una función yoica auxiliar por identificación con él,
determina la calidad de los procesos de desarrollo del niño. En esos momentos la madre está
dispuesta a ser todo para su hijo. Sabrá adaptarse a sus necesidades, satisfaciéndolas en el momento
preciso, en forma casi perfecta al principio, para ir fallando posteriormente en forma gradual y
acorde con el ritmo de tolerancia del bebé. Lo importante es que sea el bebé el que dirija este
proceso ya que Winnicott destaca insistentemente la necesidad que el infans tiene de establecer su
derecho a una actitud personal desde el inicio.

Procesos en el bebé
Winnicott describe tres etapas de acuerdo con el grado de dependencia del ser humano con respecto
a su medio ambiente: dependencia absoluta; dependencia relativa y hacia la independencia, paso
que nunca termina de completarse. Destaca también como característico de la salud el conservar la
1
Versión revisada del trabajo presentado en las “Jornadas de Inauguración de la Fundación Winnicott”. Uruguay,
Montevideo, 4 de mayo de 1989.
1
capacidad para pasar de una a otra flexiblemente.

El Objeto Subjetivo surge en el período de dependencia absoluta o de fusión madre-bebé a la que


Winnicott también llama unidad dual, binomio gestante u organización medio-individuo.

El tránsito de la dependencia absoluta a la relativa aparece cuando el sujeto se constituye como una
unidad delimitada por la piel y cuando surge un mundo interno donde pueden acumularse recuerdos
de experiencias. Llegado este punto, el bebé, si hablara, podría llegar a decir: yo soy.

El individuo viene al mundo como un ser no-organizado con lo que trae como herencia que son
tendencias al crecimiento y maduración que se asientan en el funcionamiento de los tejidos. A partir
de un mero conjunto de fenómenos sensorio-motores, a los que el ambiente otorga cierta cohesión,
se constituye un self verdadero -concepto muy valioso que introdujo Winnicott-, gracias al cual el
sujeto puede sentirse vivo y real, experimentar su existencia como continua y desarrollar su
capacidad para vivir de manera creadora.

En el período de dependencia absoluta del bebé tres son los procesos fundamentales que se dan a
veces sucesiva y otras simultáneamente. Ellos se corresponden laxamente con tres aspectos de la
función materna a los que nos referimos más adelante.

En el infante se dan la integración del yo, la personalización y la relación con la realidad exterior.

• Integración del yo a partir de un estado primario no-integrado, equivalente a los momentos


de relajación o descanso, cuando al niño no le importa ser una serie de fragmentos (núcleos
del yo), siempre y cuando haya cuidados maternos que lo sostengan. Luego, gradualmente,
éstos se unen, se organizan las funciones y las experiencias pasan a ser realmente
experimentadas, interpretadas y catalogadas por un yo en formación, constituyéndose el
niño en una unidad que ya puede incluir las categorías de tiempo y espacio.
• Personalización, que consiste en el cumplimiento en el niño de la tendencia a habitar su
cuerpo y beneficiarse con las funciones del mismo al establecerse una firme, íntima y fácil
relación entre la psique y el soma, con una posterior aceptación de los límites impuestos por
la piel como membrana restrictiva que separa al individuo de lo que no es él.
• Además, y simultáneamente se da el complejo proceso de contacto y relación con la
realidad exterior al adquirir el niño las coordenadas espacio-temporales. A su vez, en
movimiento complementario e inverso, los datos de dicha realidad enriquecen al sujeto y le
facilitan una adaptación activa al medio. De esta forma la madre puede permitirse fallas en
su adaptación porque el desarrollo de la mente y los procesos intelectuales del niño le
permiten comprenderlas y tolerarlas. La mente del bebé es la aliada de la madre y asume
parte de las funciones de ésta pues puede catalogar acontecimientos, almacenar recuerdos y
clasificarlos.

Procesos en la madre
Estos procesos de integración, personalización y contacto con la realidad que se dan en el bebé
podrán cumplirse siempre que estén presentes tres aspectos de la función materna que son los
llamados holding o sostenimiento, handling o manipulación y presentación de objetos.

Hay que destacar que en los primeros momentos el amor se expresa en términos corporales por lo
que el cuidado físico es también un cuidado psicológico.

El ser humano recorre un camino desde la subjetividad hacia la objetividad relacionándose con tres
tipos de objetos: subjetivo, transicional y objetivamente percibido. Estos tres tipos de objetos tienen

2
que ver con las tres áreas de la vida: la de la realidad psíquica personal, la cultural y la de las
relaciones interpersonales.

Nos parece necesario hacer algunas consideraciones acerca de la paradoja implícita en la expresión
Objeto Subjetivo, ya que él es y no es un objeto, es y no es subjetivo. Winnicott recurrió a este
término para señalar la discrepancia entre la percepción de un observador y lo que es experimentado
por el bebé. Desde su vivencia este objeto es subjetivo porque el lo creó y forma parte de él ya que
no existe alteridad ni exterioridad.

Definición de Objeto Subjetivo


Cuando hablamos de Objeto Subjetivo nos referimos al primer objeto teórico, cuando aún no hay
distinción yo/no-yo. Como ya dijimos, al comienzo de la vida el bebé conforma con la madre una
unidad dual Se podría decir que, desde la óptica infantil el objeto es el sujeto. El bebé es la madre,
es el pecho. En este sentido no habría intercambio entre el bebé y la madre ya que, “en términos
psicológicos, el bebé se alimenta de un pecho que es parte de él, y la madre da leche a un bebé que
forma parte de ella”.2

El Objeto Subjetivo surge de la experiencia de omnipotencia que permite al bebé crear exactamente
lo que ya estaba puesto allí para ser encontrado. Esta situación implica un dominio mágico del
mundo que lo rodea. Esta experiencia es la base de la creatividad primaria, creatividad que
Winnicott considera indisolublemente ligada a la condición de sentirse vivo.

El Objeto Subjetivo tiene además la cualidad importantísima de favorecer la manifestación del


llamado verdadero self, que se relaciona con el sentimiento de ser, de sentirse vivo y real y de
poseer una identidad personal. Si el individuo no alcanza esta etapa aparece en él un sentimiento de
futilidad y sin sentido de la vida. “Sentirse real es más que meramente existir, es encontrar una
forma de existir como uno mismo y de relacionarse con los objetos como uno mismo.”3 Al
desarrollar esta idea Winnicott apunta a la importancia de promover y preservar lo que de único,
irrepetible y personal tiene cada individuo.

Winnicott describe el encuentro madre-bebé en términos de “dos líneas que proceden de distintas
direcciones y son susceptibles de acercarse la una a la otra”.4

Al decir de Winnicott, de un estado no-integrado el bebé sale turbado por una vaga expectativa que
tiene su origen en “necesidades instintivas y apremiantes, acompañadas de ideas predatorias”5 y
está dispuesto a creer en algo que vagamente sospecha que podría existir. La madre adaptativa,
identificada con su bebé, posee el pecho, la facultad de producir leche y la idea de que le gustaría
verse atacada por un bebé hambriento. Le presenta al bebé objetos o cuidados en el momento
oportuno, en dosis adecuadas a la capacidad del bebé, de manera repetitiva y de modo que no
choque con su omnipotencia. Así no interrumpe la continuidad existencial del niño.

Estos dos procesos no establecen una relación mutua hasta que la madre y el niño “vivan y sientan
juntos”. Si coinciden se produce un momento de ilusión en el que se superpone lo que la madre
proporciona y lo que el niño puede concebir. De esta manera, la madre “le muestra al niño que es
sensato crear”. “Se produce entonces un breve período en el que la omnipotencia es una cuestión
de experiencia.”6 De este modo, el bebé llega a adquirir confianza en su capacidad para crear.

2
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Bs. As., Granica, 1972. Pág. 30.
3
Id. Pág. 154.
4
Winnicott, D. W. “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis”. Barcelona, Laia, 1981. Pág. 213.
5
Id. Pág. 213.
6
Winnicott, D. W. “El proceso de maduración en el niño”. Barcelona, Laia, 1979. Pág. 72.
3
Como resultado de una experiencia instintiva satisfactoria no sólo se da una experiencia física sino
también una unión emocional y el principio de una creencia en la realidad como algo en torno a lo
cual es posible tener ilusiones ya que se comporta como por arte de magia.

Al principio la madre deja que el niño domine la situación. Si no logra hacerlo no se consolidará el
Objeto subjetivo ni se logrará el tránsito adecuado por los otros tipos de objetos.

El bebé puede empezar a gozar de la ilusión de creación y control total. Sólo más tarde, en otra
etapa, reconocerá gradualmente al elemento ilusorio como tal, lo cual le permitirá imaginar y jugar.

Winnicott, a diferencia de Klein, considera que “Envidia es un término que se podría aplicar en la
experiencia de un fracaso atormentador del pecho como algo que ES.”7

Distinción entre Objeto Subjetivo y Objeto Transicional


El Objeto Transicional se caracteriza por ser la primera posesión no-yo y, a diferencia del Objeto
Subjetivo, no se domina exclusivamentepor la magia sino también por la manipulación que permite
experimentar el placer que brindan el erotismo muscular y el ejercicio de la acción coordinada.
Además, “el uso de un objeto transicional simboliza la unión de dos cosas ahora separadas, bebé y
madre, en el punto del tiempo y el espacio de la iniciación de su estado de separación”.8

Creación de lo externo a partir de la agresividad


Según Winnicott el pasaje de la pura subjetividad a la exterioridad es un paso difícil en el desarrollo
humano. Consiste en la ubicación del objeto fuera de la zona de control omnipotente.

El objeto que no se adapta totalmente a las necesidades del sujeto provoca en éste repudio y deseo
de destruirlo y, en la medida en que el objeto sobrevive y no toma represalias, adquiere valor para el
sujeto. Así, percibido y no sólo concebido se lo reconoce como una entidad con derecho propio.

Winnicott imagina el siguiente diálogo entre el sujeto y el objeto: “El sujeto dice al objeto: 'Te he
destruido', y el objeto se encuentra ahí para recibir la comunicación. En adelante el sujeto dice:
'¡Hola, objeto!' 'Te he destruido'. 'Te amo'. 'Tienes valor para mí por haber sobrevivido a tu
destrucción por mí'. 'Mientras te amo te destruyo constantemente en mi fantasía' (inconsciente)”. 9
Entonces el sujeto puede utilizar el objeto que ha sobrevivido.

“En la teoría ortodoxa siempre se encuentra presente el supuesto de que la agresión es una
reacción al encuentro con el principio de realidad, en tanto que aquí el impulso destructivo es el
que crea la exterioridad.”10

Transicionalidad, riqueza personal y vivir creador


La tarea de aceptación de la realidad no queda nunca terminada y ningún ser humano se encuentra
libre de la tensión de vincular la realidad interna con la exterior. El alivio lo proporciona una zona
intermedia de experiencia: la de los fenómenos transicionales.

La realidad exterior es, en alguna medida, un fenómeno subjetivo y el grado de objetividad es


variable en cada individuo y en cada momento de su vida. Puede decirse que la actitud científica
pura y dura representaría un logro nada común incluso de dudosa existencia.

7
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Bs. As., Granica, 1972. Pág. 113.
8
Winnicott, D. W. “El proceso de maduración en el niño”. Barcelona, Laia, 1979. S/d.
9
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Bs. As., Granica, 1972. Pág. 121.
10
Id. Pág. 125.
4
La subjetividad que en ocasiones incluye diversos grados de riqueza personal se origina en la
creatividad primaria y se expresa en el vivir creador. El impulso creador innato puede marchitarse a
menos que el niño tenga la sensación de que recrea el mundo al contactarse con lo externo.

La creatividad es así un fenómeno correspondiente a la coloración de toda la actitud hacia la


realidad exterior. Se opone a la relación de acatamiento en la cual se reconoce el mundo sólo como
algo en lo que es preciso encajar, algo que exige adaptación, algo a lo que acompaña un sentimiento
de futilidad.

En suma
Podríamos resumir diciendo: la creación del Objeto Subjetivo nace de un estado no-integrado a
partir de un gesto o idea espontáneos que encuentran eco en el ambiente. Momento muy especial de
ilusión. Se vive una experiencia de omnipotencia de la cual surge este primer objeto creado por el
sujeto pero puesto allí por la madre.

El Objeto Subjetivo se relaciona con la identidad, proporciona al niño la base para ser y el
sentimiento de ser persona.

Los cimientos para la que quizás sea la más simple pero la más importante de las experiencias, la de
ser, se establecen si la madre ofrece al niño la oportunidad de sentir que el pecho es él.

Winnicott afirma con énfasis: “Después de ser, hacer y que se le haga a uno. Pero primero ser”.11

ADENDA
Un hombre le hace un hijo a una mujer. A un hijo la mujer le da el ser por más que pronto
probetas, clonaciones y transexualidades nos obligarán a inventar nuevas teorías. Por ahora el
embarazo es un hecho habitual, paradoja viva de la que todos hemos participado. El embarazo
demuestra, contra la opinión comúnmente admitida que 2=1 o que 1=2, fórmulas aparentemente
absurdas, aunque tal vez tengan buen fundamento, como se animan a admitir los ingleses, a través
del “Oxford Dictionary” que, como comenta André Green, siempre han tenido cierta debilidad por
el pensamiento paradójico.

Una mujer primero nos ha anidado dentro de su cuerpo. Sus sistemas circulatorio y digestivo y los
nuestros fueron uno cuando constituíamos un único organismo.

Luego hay un momento en que, gracias a un esfuerzo aunado, se produce una primera separación,
parto y corte del cordón umbilical mediante, que se registra primordialmente a nivel corporal.
Desde la visión ingenua suele hablar de dos individuos. La observación reiterada de la indefensión e
inmadurez de la cría humana le hace decir a Winnicott, para su sorpresa, que “No existe nada que
pueda ser denominado “bebé” (Poner bebé entre comillas simples y después una comilla doble de
cierre)12. Siempre hay alguien revoloteándole alrededor, cuidándolo, escuchando, mirando,
sosteniéndolo en brazos, meciéndolo y meciéndose para que se duerma, cambiando los pañales,
empujando un cochecito, dándo teta o mamadera... Propone la hipótesis de que por parte del bebé
hay una inicial indiscriminación entre él y su ambiente. Sería la etapa de lo que en inglés se
denomina me. “Todo lo que experimento es parte de mí” podría decir el infante si tuviera palabras.
En un segundo momento empieza a reconocer aspectos del me que le resultan indeseables,
repudiables, molestos, que desea alejar lo más posible y que, al poco tiempo, empiezan a constituir
el grupo de lo not-me. Las traducciones homologan I y not-I con me y not-me. Cabe destacar que la
11
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Bs. As., Granica, 1972. Pág. 116.
12
Winnicott, D. W. “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis”. Bs. As., Paidós, 1999. Pág. 138.
5
palabra inglesa I nombra al sujeto que ejerce una acción y me algo que todavía no está íntegramente
constituido y delimitado y que es objeto de acciones que otro u otros ejercen sobre él. Nos referimos
a modalidades de lo activo y lo pasivo. Cuando se usan los términos me y not me estamos, más
estrictamente hablando, en el territorio de la paradoja del objeto subjetivo y de la relación fusional.

El bebé es como un dios o un rey y todo lo que colme sus necesidades, gracias a los esfuerzos de
súbditos que están pendientes de conformarlo, es parte de él mismo, del me, de su reino todavía
ilimitado. Gracias a la dedicación de otro/s que intuye/n e intermedia/n para que la necesidad del
bebé sea colmada es que se genera en él la primera expresión de la creatividad primaria de todo ser
humano que postula Winnicott. De experiencias reiteradas de ilusiones todopoderosas surge el
primer objeto, el objeto creado-encontrado u objeto concebido subjetivamente, que sienta las bases
de la continuidad de ser (being) y que, evolutivamente hablando, se continuará con la aparición de
los otros tipos de objeto que luego aparecerán y desaparecerán según las situaciones que enfrente el
individuo.

El sentirse vivo, real, uno mismo, capaz de crear con libertad y de ser espontáneo son antecedentes
ineludibles de la constitución del self o de la mismidad y de la identidad. Este breve período de
omnipotencia alimentará más tarde un cierto optimismo que nos llevará a creer que algunos de
nuestros sueños podrán hacerse realidad. Para ser es preciso que otro ofrezca la oportunidad de que
se despierte nuestra propia motivación. Algo que está en las antípodas de la reactividad o el
sometimiento a necesidades que sólo se originan y se nos imponen desde otros. Se trata de una
forma trófica y necesaria de egoísmo o narcisismo, también de iniciativa respetada y tenida en
cuenta por otro que, voluntariamente, se pone al servicio de alguien más inmaduro. Es un ejercicio
y una vivencia de libertad incondicional, condicionada, sin embargo, por la colaboración de otro.

BIBLIOGRAFÍA

Davis, M. y Wallbridge, D. “Límite y espacio”. Buenos Aires, Amorrortu, 1990.


Phillips, A. “Winnicott”. London, Fontana Press, 1988
Varios. “D. W. Winnicott”. Buenos Aires, Trieb, 1972.
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Buenos Aires, Granica, 1972.
- ---------------- “La familia y el desarrollo del individuo”. Buenos Aires, Paidós, 1980
- ---------------- “El proceso de maduración en el niño”. Barcelona, Laia, 1981.
- ---------------- “Escritos de pediatría y psicoanálisis”. Barcelona, Laia, 1981.
- ---------------- “El niño y el mundo externo, Buenos Aires, Paidós, 1986.
- ---------------- “Home is Where We Start From”. London, Penguin Books, 1896.
- ---------------- “Human Nature”. London, Free Association Books, 1988.
- ---------------- “Deprivación y delincuencia”. Buenos Aires, Paidós, 1990.
- ---------------- “El gesto espontáneo”. Buenos Aires, Paidós, 1990.
- ---------------- “Exploraciones Psicoanalíticas I y II”. Buenos Aires, Paidós, 1991.

PALABRAS CLAVE
Objeto Subjetivo, creatividad primaria, Objeto Transicional, riqueza personal, vivir creativo,
agresividad, creación de la exterioridad.

LO DICHO ES POCO. SI USTED QUIERE, HAY MÁS...


1) “... nosotros aceptamos sólo con enorme dificultad (...) que el mundo nunca es como nosotros
quisiéramos crearlo y que lo mejor que puede ocurrirnos es que haya una coincidencia suficiente
entre la realidad externa y lo que podemos crear. Nosotros sí hemos podido aceptar que la idea de
6
una identidad entre ambos es tan sólo una ilusión.” (La familia y el desarrollo del individuo. Bs.
As., Paidós, 1980. Págs. 186/7.).

2) “¿Crea la madre al bebé o crea el bebé a la madre? En lo que respecta a la metapsicología del
psicoanálisis, sostengo, que el bebé crea al pecho, a la madre y al mundo.” (Exploraciones
Psicoanalíticas II. Bs. As., Paidós, 1991. Pág. 199.).

3) “...cuando el niño pequeño se relaciona con lo que he llamado un objeto subjetivo,


indudablemente hay, al mismo tiempo, percepción objetiva. En otras palabras, el niño no podría
inventar el aspecto preciso de la oreja izquierda de su madre. Y sin embargo, debemos decir que la
oreja izquierda de la madre con la que está jugando el niño es un objeto subjetivo; el niño tendió la
mano y creó esa oreja particular que estaba allí para ser descubierta. Esto mismo es lo que tiene
de estimulante el telón de un teatro. Cuando se levanta, cada uno de nosotros crea la obra que se
representa, y posteriormente podemos incluso descubrir que la coincidencia parcial de lo que cada
uno ha creado proporciona material para una discusión sobre la obra representada.
No sabría cómo proseguir sin afirmar que hay aquí, en algún punto, un elemento de engaño que es
inherente al desarrollo de la capacidad de relacionarse con objetos.
Estoy leyendo este trabajo a un público que yo he creado. Pero debo admitir que al redactarlo
también pensé en el público que está realmente aquí en este momento. Quiero creer que ambos
coinciden en cierta medida, pero nada garantiza que puedan relacionarse entre sí. Al escribir este
trabajo tuve que jugar y moverme en el ámbito que llamo transicional, en el que simulé que mi
público eran ustedes tal como son aquí y ahora.” (El hogar, nuestro punto de partida). Bs. As.,
Paidós, 1993. Pág. 155).

4) “En mi opinión, sería erróneo deducir (...) que el objeto subjetivo puede perderse impunemente.
Este es un tema muy complejo que no es posible tratar en pocas palabras. Parecería que el objeto
subjetivo de los primeros meses puede cambiar a ojos del espectador y sin embargo no cambiar
para el bebé. Por ejemplo, es dable reemplazar un biberón por otro, y aún reemplazar el pecho por
el biberón. Muchas otras cosas permanecen semejantes. El bebé puede ser alimentado por la
misma persona o haber un cambio de personas cuyas técnicas, empero, se superponen en grado
suficiente. Pese a esta flexibilidad, correspondiente a las relaciones de objeto de los primeros
meses, durante los cuales el objeto es subjetivo, creo que la pérdida del objeto subjetivo es una
gran catástrofe, algo que pertenece al orden de cosas que designamos con las palabras “angustia
psicótica” (va entre comillas simples porque es cita dentro de cita y yo no sé cómo ponerla)... En
este ámbito, entramos en el debate del origen de la psicosis infantil y de la proclividad al trastorno
psicótico, que puede presentarse en cualquier edad de la vida del individuo.” (Exploraciones
Psicoanalíticas II. Bs. As., Paidós, 1991. Pág. 171).