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DINÁMICAS

COOPERATIVAS

“Todos los cambios, incluso


los más deseados, acarrean
cierta melancolía, porque lo
que dejamos atrás es parte
de nosotros mismos. Hay
que morir en una vida antes
de poder entrar en otra”.

Anatole France

Módulo I: El aprendizaje
Cooperativo

Autor: Marcelo Pérez Marrero


Maquetación: David Araña Pulido
Contenidos
1.Introducción............................................................................................ 2
2.El Aprendizaje Cooperativo.....................................................................2
3.La Estructura del proceso de enseñanza y aprendizaje...........................3
La estructura de la actividad..................................................................3
La estructura de las finalidades.............................................................7
La estructura de la autoridad.................................................................8
4.Razones para apostar por el aprendizaje cooperativo...........................10
Valores que permite trabajar................................................................10
Normativas que lo promueven.............................................................12
Apoyo teórico que lo fundamenta........................................................13
Evidencias empíricas en las que se basa.............................................14
5.El aprendizaje cooperativo y los estudiantes a quienes beneficia.........15
6.Cómo empezar atrabajar cooperativo en el aula...................................18

OBJETIVOS
- Brindar al profesorado un primer acercamiento a todo lo que el
trabajo cooperativo conlleva.
- Dotar al profesorado de una base teórica imprescindible para poder
aplicar el trabajo cooperativo en el aula.
- Motivar al profesorado para la puesta en práctica del trabajo
cooperativo en las aulas.
- Introducir al profesorado en el conocimiento y el respeto de los
pasos a seguir para una implementación adecuada del trabajo
cooperativo en el aula.

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 1


1. Introducción
Pau Gasol es probablemente el mejor jugador de baloncesto
que haya tenido jamás el baloncesto español. Tiene un talento
natural, a la vez que su dedicación y entrega, ya sea en los
entrenamientos o en los partidos, está fuera de toda duda.
Posiblemente sea imposible concebir una selección española como
la actual al margen de tan exquisito jugador. Y si bien todo esto es
cierto, no lo es menos el hecho de que este grandioso y magnífico
jugador no sería concebido como tal si no estuviese acompañado
en la cancha de juego por otros maravillosos y espectaculares
compañeros de juego. ¿O acaso podría Pau Gasol jugar él solito
contra cualquier selección o equipo rival? Sin duda, Pau Gasol no
es un gran jugador de baloncesto por sí solo. Únicamente como
parte de un equipo o parte de una selección ha podido lograr su
grandeza.

El rendimiento excepcional en el aula, al igual que en una


cancha de baloncesto, exige un esfuerzo cooperativo, y no los
esfuerzos individualistas o competitivos de algunos individuos
aislados.

2. El Aprendizaje Cooperativo
Para poder entender el concepto de aprendizaje cooperativo
tenemos que partir de una premisa básica y contundente:
“Aprender es algo que el alumnado hace y no algo que se les hace
a ellos o a ellas”. Así pues, el alumnado no puede ser mero
espectador; el aprendizaje requiere de su participación directa y
activa. De la misma forma que hacen los alpinistas, nuestros

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 2


alumnos y alumnas escalan más fácilmente las cimas del
aprendizaje cuando lo hacen formando parte de un equipo
cooperativo.
La cooperación consiste en trabajar juntos para alcanzar
objetivos comunes. En una situación cooperativa, los individuos
procuran obtener resultados que sean beneficiosos para ellos
mismos y para todos los demás miembros del grupo. El
aprendizaje cooperativo es una metodología cuyo objetivo es la
construcción de conocimiento y la adquisición de competencias y
habilidades sociales y comunicativas para la vida, fundamentada
en el trabajo en equipo y entre iguales. Se basa en la
corresponsabilidad, la interdependencia, la interacción y la
participación igualitaria de todos los miembros, a la vez que
fomenta valores como la tolerancia, el respeto y la igualdad. En
definitiva, podríamos determinar que el aprendizaje cooperativo es
el empleo didáctico de grupos reducidos en los que los alumnos y
las alumnas trabajan juntos para maximizar su propio aprendizaje
y el de los demás.

3. La Estructura del proceso de enseñanza y


aprendizaje
Dentro de la estructura del proceso de enseñanza y
aprendizaje que tiene lugar en una clase, es decir, en la forma en
cómo se organizan y se relacionan los distintos elementos que
intervienen en este proceso, los expertos diferencian tres
subestructuras distintas y complementarias: la estructura de la
actividad que se lleva a cabo en el aula, la estructura de las
finalidades que se persiguen en ella, y la estructura de la
autoridad (de la toma de decisiones).

La estructura de la actividad

La estructura de la actividad es un elemento que configura y


determina la relación que se establece entre el alumnado dentro
del aula y la relación que se establece entre éstos, éstas y el
docente, determinando en consecuencia toda la estructura del
proceso de enseñanza y aprendizaje que se desarrolla en el aula.
Imaginemos a tres profesores o profesoras: el profesor o la
profesora A, el profesor o la profesora B y el profesor o la
profesora C. De las tres condiciones que según Wilson (1992)

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 3


tradicionalmente se ha considerado que deben tener los
profesores y las profesoras para llevar a cabo un trabajo de
calidad – a saber, en primer lugar, el carisma o el poder de una
personalidad magnética que “atrae” a sus estudiantes, los motiva
y les contagia las ganas de conocer y aprender; en segundo lugar,
el conocimiento de las materias que enseñan; y, en tercer lugar,
una capacidad pedagógica, es decir, tener las habilidades propias
de su profesión de docentes. Los tres profesores o profesoras de
nuestro ejemplo comparten las dos primeras condiciones, pero se
diferencian en un aspecto relacionado con la tercera condición (las
habilidades y las técnicas didácticas que utilizan): en cómo
conciben y, en consecuencia, en cómo organizan la actividad del
alumnado dentro del aula. Veámoslo:
• El profesor o la profesora A después de motivar y enseñar
con eficacia a sus alumnos y alumnas alguno de los
contenidos de su materia, les propone que realicen, cada
uno de ellos/ellas y en su pupitre, los ejercicios 3, 7, 9 y 12
de la página 48 de su libro de texto. Además, les pide lo
hagan en silencio y concentrados al máximo. Si tienen
alguna duda, avisan al profesor o a la profesora levantando
la mano y éste/a acude a resolvérsela en cuanto puede. Es
lógico suponer que en la clase del profesor o la profesora A
haya varias manos levantadas pidiendo ayuda. A menudo
ocurrirá que al terminar la clase el profesor o la profesora no
ha podido resolver todas las dudas, ni todos los alumnos o
alumnas han podido realizar la totalidad de los ejercicios. En
este caso, quedarán como deberes para casa. En la clase del
profesor o la profesora A, la actividad del alumando está
estructurada de forma individual (estructura individualista
de la actividad).
• El profesor o la profesora B también después de motivar a
sus alumnos y alumnas y enseñarles con eficacia alguno de
los contenidos de su materia, les propone realicen los
ejercicios 3, 7, 9 y 12 de la página 48 de su libro de texto,
pero con una diferencia con respecto al profesor/a A: este/a
docente les dice que tendrán mejor nota quienes además
hagan los ejercicios 4, 10 y 14 y que bonificará al primero o
a la primera que los termine y mejor los haga. Igualmente,
han de trabajar en silencio y si tienen algún problema han
de acudir al profesor o profesora, quien resolverá sus dudas
en cuanto pueda atenderlos. En este caso el alumnado

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 4


también trabaja en solitario, cada uno/a en su pupitre, pero
sí que les importa lo que hacen los demás, porque para ser
el “primero” o la “primera” de la clase, los/las demás no
deben serlo; por este motivo rivalizan entre ellos/ellas, se
esconden la información, no se ayudan, etc. El profesor o
profesora a menudo no tendrá tiempo para resolver todas
las dudas, ni todos los alumnos y alumnas tendrán tiempo
para acabar sus ejercicios, por lo que deben hacerlo como
deberes para casa. En la clase del profesor o la profesora B
la actividad del alumnado viene determinada por la rivalidad
que se establece entre ellos/ellas, o al menos entre los más
capaces, para ver quién consigue hacer más ejercicios,
acabarlos antes y hacerlos mejor (estructura de la actividad
competitiva).
• El profesor o la profesora C también motiva a su alumnado,
les contagia el deseo de conocer y aprender, y les enseña con
eficacia alguno de los contenidos de su materia. Pero, a
diferencia de los dos anteriores, organiza de forma distinta la
actividad de los estudiantes: tiene su clase dividida en varios
equipos de trabajo, de cuatro o cinco alumnos o alumnas
cada uno, y les propone que realicen en su cuaderno los
ejercicios 3, 7, 9 y 12 de la página 48 de su libro de texto,
pero advirtiéndoles que tendrá en cuenta que se ayuden unos
a otros a resolverlos y los bonificará si lo hacen y si todos
consiguen realizar los ejercicios, considerando las
posibilidades de cada uno/a. Deben trabajar, más que en
silencio, en voz baja para no molestar a los demás equipos,
entre todos deben buscar la mejor forma de hacer los
ejercicios, deben resolver sus dudas y, si hace falta, pueden
acudir al profesor o profesora. De esta manera, muchas de
las dudas que en los casos anteriores debía resolver el
profesor o la profesora ahora son resueltas por algún alumno
o alumna dentro de cada equipo, puesto que en el momento
de hacer la distribución de los mismos el profesor o la
profesora ha procurado que ésta fuera heterogénea,
habiendo en cada grupo un alumno o una alumna con más
capacidad, dos de rendimiento medio y otro u otra con
dificultades de aprendizaje. En la clase del profesor o la
profesora C la actividad del alumnado viene condicionada por
la ayuda mutua y la cooperación entre los miembros de un
mismo equipo (estructura de la actividad cooperativa).

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 5


Así pues, en función de cómo se combinen los elementos y
operaciones que intervienen en el aula y que constituyen la
estructura de la actividad, el efecto originado en la relación entre
los y las estudiantes se caracterizará por la “individualidad”, la
“competitividad” o la “cooperatividad”.
En la siguiente tabla presentamos las características
fundamentales de cada una de las estructuras mencionadas
anteriormente:

ESTRUCTURA ESTRUCTURA ESTRUCTURA


INDIVIDUALISTA COMPETITIVA COOPERATIVA
El alumnado trabaja El alumnado trabaja El alumnado está
individualmente, sin individualmente, pero distribuido en
interactuar para nada en este caso sí se fijan pequeños equipos de
con sus compañeros y en lo que hacen sus trabajo heterogéneos.
compañeras; sólo compañeros y
interactúan con el compañeras.
profesor o la
profesora, que es
quien resuelve sus
dudas.
Se espera de los Se espera de ellos y Se espera de cada
alumnos y de las ellas que aprendan lo alumno y alumna no
alumnas que aprendan que el profesor o la sólo que aprenda lo
lo que el profesor o la profesora les enseña, que el profesor o la
profesora les enseña: pero se espera lo profesora les enseña,
por eso procura hagan antes y mejor sino que contribuya
motivarlos al máximo, que los demás. Se también a que lo
captar su atención, utiliza la aprendan sus
explicar con eficiencia competitividad como compañeros y
su materia, etc. estímulo para compañeras del
aprender, entendida equipo. Por lo tanto,
como una motivación se persigue una doble
extrínseca. finalidad: que
aprendan los
contenidos escolares
del área
correspondiente y que
aprendan a trabajar en
equipo como un
contenido más.
El alumnado consigue El alumnado consigue El alumnado consigue
este objetivo este objetivo sólo si esta doble finalidad
independientemente los demás no lo solamente si sus
de que lo consigan sus consiguen. compañeros y
compañeros y compañeras de equipo

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 6


compañeras. también la logran.
Esta estructura Esta estructura Esta estructura
provoca la provoca la provoca la
“individualidad” de los “competitividad” entre “cooperatividad” entre
y las estudiantes a la los y las estudiantes a los y las estudiantes a
hora de aprender. la hora de aprender. la hora de aprender.

La estructura de las finalidades

Otra de las estructuras del proceso de enseñanza y


aprendizaje es la estructura de las finalidades, que hace referencia
a lo que pretenden conseguir los y las estudiantes. Esta estructura
de las finalidades varía mucho en función de la estructura de la
actividad con la que se relacione: individualista, competitiva o
cooperativa. Veámoslo de forma concreta:
• En una estructura de la actividad individualista, un o una
estudiante consigue su objetivo – aprender lo que el profesor
o la profesora le enseña – independientemente de que los
demás consigan el suyo. En este caso, se dice que no hay
interdependencia de finalidades.
• En una estructura de la actividad competitiva, un o una
estudiante consigue su finalidad – aprender lo que el profesor
o la profesora le enseña antes que los demás y mejor que los
demás – solamente si los demás no consiguen este objetivo.
En este caso, se da una interdependencia negativa de
finalidades.

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• Finalmente, en una estructura de la actividad cooperativa, un
o una estudiante consigue la doble finalidad que persigue –
aprender lo que el profesor o la profesora le enseña y
contribuir, a través del trabajo en equipo, a que lo aprendan
también sus compañeros y compañeras y así aprender a
trabajar en equipo como un contenido más que debe
aprender – solamente si los demás consiguen también
alcanzar este doble objetivo. En este caso, decimos que hay
entre los alumnos y alumnas una interdependencia positiva
de finalidades.

La estructura de la autoridad

La estructura de la autoridad o de la toma de decisiones


regula todo lo que hace referencia a quién decide – y cómo lo
decide – qué hay que aprender y cómo hay que aprenderlo, y qué
hay que evaluar y cómo se va a evaluar. Esta estructura también
fluctúa según se corresponda con una estructura de la actividad
individualista, competitiva o cooperativa.
• En una estructura de la actividad individualista o
competitiva, tal y como señala Coll (1984) existe, por una
parte, la convicción de que “las relaciones que se establecen
entre los alumnos y las alumnas en el transcurso de las
actividades de aprendizaje tienen una influencia secundaria,
cuando no indeseable o molesta, sobre el rendimiento
escolar”; y, por otra parte, “una concepción de la enseñanza
que contempla al profesor o a la profesora como el agente
educativo por excelencia encargado de transmitir el
conocimiento y al alumno o alumna como un receptáculo
más o menos activo de la acción transmisora del
profesor/a”. Así pues, no es de extrañar que en estas dos
estructuras las relaciones entre iguales se reduzcan a la
mínima expresión al ser consideradas como fuente potencial
de conductas perturbadoras en el aula, de manera que la
programación se sustente en el trabajo individual de los
alumnos y en la interacción profesor/a-alumno/a. El profesor
y la profesora aparecen como los principales responsables,
por no decir los únicos, en la gestión del currículo y de la
clase: ellos deciden qué, cuándo y cómo hay que enseñar y
evaluar.

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• En el trasfondo de una estructura de la actividad cooperativa
existe, en cambio, la convicción de que los alumnos y las
alumnas no sólo aprenden porque el profesor o la profesora
les enseña, sino porque cooperan entre sí e interactúan
enseñándose mutuamente. Esta relación es, desde el punto
de vista intelectual, la más apta para favorecer el verdadero
intercambio de ideas y la discusión. De esta manera se
fomenta la autonomía del alumnado en el proceso de
aprendizaje, así como su participación activa en la gestión
del currículo y del aula. Cuantos más alumnos y alumnas
haya que puedan trabajar de forma autónoma,
autorregulando su propio aprendizaje, más se podrá dedicar
el profesor o la profesora a quienes más lo necesitan porque
son menos autónomos/as. El alumnado ha de tener la
posibilidad de elegir entre varias opciones (hacer tres
ejercicios entre cinco propuestos, por ejemplo) y la
posibilidad de determinar el orden de las actividades que
constan en su plan de trabajo personalizado (saben lo que
deben hacer y ellos pueden escoger el orden de las
actividades). Éste constituye el primer paso hacia la
autorregulación del aprendizaje, la motivación y la
participación activa del estudiante. En definitiva, en una
estructura cooperativa, el profesor o la profesora comparte
con los y las estudiantes la responsabilidad de enseñar: los
alumnos y las alumnas también se enseñan entre iguales.

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4. Razones para apostar por el aprendizaje
cooperativo
Cuando hablamos de aprendizaje cooperativo no hacemos
referencia a un enfoque metodológico que se acabe de inventar ni
que pretenda unificar distintas prácticas docentes. El aprendizaje
cooperativo es una metodología realmente eficaz en el aula, que
se fundamenta en cuatro factores importantes: los valores que
permite trabajar, las normativas que lo promueven, el apoyo
teórico que lo fundamenta y las evidencias empíricas en las que se
basa.

Valores que permite trabajar

Partiendo de la premisa de que nuestra sociedad es una


sociedad cambiante y dinámica, conformada por gente de distintos
orígenes culturales, con diferentes intereses y maneras de ver el
mundo, el respeto por la diferencia debe ser un valor esencial para
una buena convivencia. Este valor se puede aprender y, por tanto,
enseñar. En este curso pretendemos ofrecer pautas para enseñar
al alumnado a respetar a los demás; espacios en los que
interactúen con compañeros y compañeras muy distintos a ellos y
entre sí, donde aprenden que deben velar por la participación
igualitaria de todos y todas, y se faciliten las condiciones para que
la diferencia se convierta en una oportunidad para aprender. Por
tanto, el aprendizaje cooperativo valora de forma positiva la
heterogeneidad del grupo, convirtiéndose ésta en un recurso de
aprendizaje, amén de estar en consonancia con una sociedad más
equitativa, democrática e inclusiva.
Otro valor que se nos antoja imprescindible para cualquier
ciudadano y ciudadana que quiera participar activa y libremente
en su sociedad es la responsabilidad, tanto individual como
colectiva. Para formar ciudadanos y ciudadanas libres es necesario
inculcar la importancia de que se hagan responsables de sus actos
y decisiones, y de las consecuencias que estos tienen sobre las
personas que los rodean. Con esta meta, el aprendizaje
cooperativo apuesta por generar estructuras de interdependencia,
en las que el alumnado tengan que asumir responsabilidades
ajustadas a sus capacidades, sin las cuales el conjunto del equipo
no puede conseguir sus objetivos. Para ello, se propone que cada
alumno y cada alumna adopte un rol dentro de su equipo, y

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asuma de este modo una responsabilidad específica que garantice
la resolución conjunta de las actividades y el buen funcionamiento
del equipo. Esto genera, de forma indiscutible, una mayor
implicación en las tareas compartidas, un fuerte vínculo afectivo y
un sentimiento de compromiso con el aprendizaje de los
compañeros y compañeras.

Interdependencia

Finalmente, un ciudadano o ciudadana que puede participar


activamente en su sociedad es aquel o aquella que tiene
capacidad para reflexionar críticamente sobre su entorno, con el
objetivo de detectar las situaciones de injusticia e intentar
transformarlas en otras que beneficien al conjunto de la sociedad.
Por ello, es necesario fomentar en los alumnos y alumnas la
capacidad de reflexión y el sentido crítico. Desde la metodología
del aprendizaje cooperativo se propone que el alumnado resuelva
actividades en grupos heterogéneos, lo que propicia que estos
puedan contrastar diferentes puntos de vista sobre una misma
realidad, lo que les servirá como base para forjar una actitud
crítica. Del mismo modo, el hecho de tomar decisiones conjuntas,
pese a no compartir las mismas perspectivas, hace necesario que
los alumnos y las alumnas expliciten y argumenten su opinión
para que otros y otras la comprendan. Por ello es preciso que
desarrollen un conjunto de competencias necesarias para negociar
y llegar a acuerdos, lo que contribuye a la formación de personas
más reflexivas.

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Normativas que lo promueven

Una de las metas fijadas internacionalmente ha sido “el


desarrollo de medidas que sostengan el derecho a la educación
inclusiva” (Unesco, 2008). Las distintas leyes educativas se hacen
eco de tal meta y así aparecen recogidas tanto en la LOMCE (Ley
Orgánica 8/2013 de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad
educativa), que establece el currículo para la Educación Primaria a
nivel estatal como en el Decreto 89/2014, de 1 de agosto, que
instituye la ordenación y el currículo de la Educación Primaria en la
Comunidad Autónoma de Canarias. En el capítulo II de la ya
mencionada LOMCE, artículo 16, se constata que “la finalidad de la
Educación Primaria es facilitar a los alumnos y alumnas los
aprendizajes de la expresión y comprensión oral, la lectura, la
escritura, el cálculo, la adquisición de nociones básicas de la
cultura, y el hábito de convivencia así como los de estudio y
trabajo, el sentido artístico, la creatividad y la afectividad, con el
fin de garantizar una formación integral que contribuya al pleno
desarrollo de la personalidad de los alumnos y alumnas y de
prepararlos para cursar con aprovechamiento la Educación
Secundaria Obligatoria”. La decisión de poner en marcha en el
aula estructuras de aprendizaje cooperativo nos ofrece, en
definitiva, un fuerte apoyo para conseguir tanto la meta de la
Unesco como las finalidades expresadas en el artículo 16 de la
citada LOMCE, especialmente en lo relativo a los hábitos de
convivencia, trabajo, creatividad y afectividad.
El currículo de nuestra Comunidad Autónoma goza de un
marcado carácter competencial e inclusivo. Este enfoque implica
que debemos enseñar a nuestros alumnos y alumnas aquellas
habilidades que les permitan resolver adecuadamente los
problemas y demandas del mundo que los rodea para convertirse
en ciudadanos con plenos derechos y responsabilidades.
Así pues, la doble función que tiene el aprendizaje
cooperativo es que los alumnos y las alumnas “aprendan a
cooperar” y “cooperen para aprender”, lo que propicia en esta
metodología el desarrollo de todas las competencias clave.

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Apoyo teórico que lo fundamenta

El aprendizaje cooperativo constituye una metodología que


se deriva de las aportaciones de autores y autoras de gran
prestigio en el ámbito de la educación y la psicología, autores y
autoras que nos invitan a tener muy presentes las características
del desarrollo infantil de la etapa, sus peculiaridades evolutivas y
su estructura de pensamiento (Piaget), su desarrollo afectivo y
social (Rogers) y los principios generales de aprendizaje más
adecuados a tener en cuenta: concepciones previas, intereses y
motivación, distancia óptima entre conocimientos nuevos y los ya
aprendidos (zona de desarrollo próximo de Vygotski), aprendizajes
significativos (Ausubel), etc.
Así pues, la formación del alumnado no debe reducirse al
desarrollo de sus capacidades intelectuales, sino que es
imprescindible atender a su desarrollo integral como personas. En
este sentido, resulta fundamental que las intervenciones
educativas que se realizan en las aulas no se centren
exclusivamente en los aspectos académicos del alumnado, sino
también en los sociales, emocionales o identitarios. Es en este
aspecto donde el aprendizaje cooperativo se nos antoja una
herramienta imprescindible al propiciar el desarrollo simultáneo de
todos estos ámbitos.

El aprendizaje cooperativo se basa en la mediación social y


el lenguaje como mecanismos de desarrollo y aprendizaje, a la vez
que subraya la interacción e interdependencia entre iguales como
un medio a través del cual todos los alumnos y alumnas puedan
aprender los unos/as de los otros/as. De este modo, con las
estructuras cooperativas propuestas en este curso, se busca que
sean los propios alumnos y alumnas, con la ayuda y supervisión
del profesor/a, quienes protagonicen el proceso de aprendizaje

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propio y el de sus compañeros y compañeras, con el objetivo de
que todos y todas vayan avanzando en su “zona de desarrollo
próximo” (Vygotski, 1978).

Del mismo modo, numerosos autores proponen el conflicto


sociocognitivo (Piaget) como un mecanismo especialmente útil
para el aprendizaje del alumnado. La idea central de este concepto
es que la confrontación entre puntos de vista moderadamente
divergentes, al resolver de forma conjunta una tarea, moviliza y
fuerza las reestructuraciones intelectuales.
Finalmente, un gran número de teorías educativas resaltan
el importante papel que las emociones, la motivación y la
identidad tienen en los procesos de aprendizaje. Para que los
alumnos y las alumnas logren aprendizajes significativos es
imprescindible que en su contexto educativo se den las
condiciones para que se sientan cómodos, seguros y libres para
poder expresar sus opiniones. El desarrollo de estructuras
cooperativas en el aula nos permitirá crear un clima adecuado que
nos sirva como campo de cultivo para el fomento de estas
actitudes.

Evidencias empíricas en las que se basa

El aprendizaje cooperativo es una metodología de


enseñanza-aprendizaje, con un fuerte aval de investigaciones
empíricas que han permitido diseñar las actividades y evaluar los
resultados obtenidos. Internacionalmente, las investigaciones más
importantes que existen en torno al mismo son las de Johnson y
Johnson (2008) y Spencer Kagan (2001). En nuestro país, Pere
Pujolás (2008) ha desarrollado el programa “Cooperar para

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 14


aprender/Aprender a cooperar”, mediante el cual se forma y
asesora al profesorado de Educación Infantil, Educación Primaria y
Educación Secundaria Obligatoria para dotarlos de herramientas
que les permitan cambiar la dinámica y estructura de su clase, así
como enseñar al alumnado a trabajar en equipo. Todas las
propuestas del presente curso se basan en teorías fundamentadas
de estos y otros autores de prestigio y reconocimiento
internacional.
Por otra parte, la metodología de aprendizaje cooperativo
lleva años poniéndose en marcha en numerosas aulas y centros
educativos, con excelentes resultados, tanto en lo que respecta al
mejor rendimiento académico del alumnado como al
funcionamiento general de las aulas y centros escolares.

5. El aprendizaje cooperativo y los estudiantes a


quienes beneficia
A medida que hemos ido avanzando en el desarrollo de este
primer bloque de nuestro curso nos hemos ido haciendo una idea
más o menos clara sobre los beneficios de aplicar el aprendizaje
cooperativo en las aulas y cómo éste beneficia a todos y cada uno
de los alumnos y alumnas presentes en las mismas,
independientemente de sus diferencias. Pero no hemos de olvidar
que para que el aprendizaje cooperativo sea efectivo y beneficioso
es necesario que exista una fuerte sistematicidad, planificación y
organización previa que cree las condiciones para ir
implementando un proceso de enseñanza-aprendizaje mediado
por esta metodología.
Una vez asumido que son todos los alumnos y alumnas los
que se benefician del aprendizaje cooperativo, pasamos a indicar
en qué sentido resulta una metodología beneficiosa para algunos
subgrupos presentes en nuestras aulas y que probablemente te
preocupen de manera especial:
• Alumnado con tendencia a presentar altos niveles de
ansiedad. Nos podemos encontrar con alumnos y alumnas
que sientan miedo a no ser queridos y aceptados en el
grupo; que se sientan bloqueados porque anticipan fracaso a
la hora de comprender las explicaciones; que sienten
frustración o miedo a equivocarse al participar delante de los
compañeros y compañeras; a fracasar en los exámenes, etc.
Tanto las investigaciones como las experiencias de muchos
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docentes avalan que el aprendizaje cooperativo es
especialmente beneficioso para este tipo de alumnado, ya
que fomenta su autoestima y la confianza en sí mismos, les
permite relajarse y trabajar en un entorno más tranquilo, en
el que encuentran tiempo suficiente para pensar, las
oportunidades para ensayar y recibir retroalimentación, y
muchas mayores posibilidades de éxito, derivadas tanto del
apoyo y ayuda de sus compañeros y compañeras como de la
adecuación de la intervención educativa a sus
peculiaridades.
• Alumnado con escasas destrezas de interacción social. En
nuestras aulas siempre tenemos estudiantes especialmente
tímidos o tímidas, con dificultades para hacer amistades,
muy impulsivos e impulsivas, rechazados o rechazadas por
sus compañeros o compañeras, etc. El aprendizaje
cooperativo propone actividades que propician la interacción
entre compañeros y compañeras como fuente de
aprendizaje, al tiempo que plantea actividades específicas
mediante las cuales el alumnado aprende determinadas
habilidades sociales que le permitirán interactuar
adecuadamente con otros y otras.

• Alumnado poco autónomo. Con más frecuencia de la que


deseamos nos encontramos en nuestras aulas alumnos y
alumnas que constantemente están pidiendo nuestra ayuda,
que no saben qué recursos utilizar para resolver una tarea,
que les cuesta planificar la actividad y aprovechar el tiempo,
que tienen poco control de sus progresos y dificultades, etc.
Cuando ponemos en marcha las dinámicas cooperativas, se
reduce considerablemente la dependencia del alumnado con

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respecto al docente, ya que los compañeros y compañeras
pueden proporcionar mucho del apoyo que antes corría a
cargo del mismo/a. De esta forma, los alumnos y las
alumnas se vuelven más autónomos e independientes en su
aprendizaje, al tiempo que el grupo de iguales proporciona
una ayuda ajustada y adecuada a sus necesidades.
Asimismo el profesorado tiene más tiempo para ocuparse de
otras tareas, como la supervisión de las experiencias de
aprendizaje, prestar ayuda a los alumnos y alumnas con
nivel competencial inferior, etc.
• Alumnado con distinto nivel competencial. Es del todo obvio
que en nuestras aulas nos encontramos con alumnos y
alumnas que presentan diferentes niveles curriculares y con
más o menos dificultades para afrontar las tareas que les
proponemos. Para afrontar esta situación, la metodología de
aprendizaje cooperativo presenta dos tipos de medidas.
Por un lado, actividades en las que los alumnos y las
alumnas puedan ayudarse entre ellos, lo que beneficia tanto a
aquel o aquella que más ayuda necesita (al compartir con alguien
más competente que lo acompaña en su proceso de aprendizaje)
como a quien debe dar la ayuda (en la medida en la que debe
tomar conciencia y explicitar sus conocimientos, para ajustarlos al
nivel de su compañero/a, e ir proporcionando las ayudas
necesarias para que este/a avance en su aprendizaje).
Por otro, el aprendizaje cooperativo propone un modo de
organizar el aula y los equipos cooperativos (tal y como
desarrollaremos en el módulo IV), que favorece el trabajo entre
compañeros y compañeras con distintos niveles de competencia,
siempre que se asegure que se trata de una diferencia moderada,
para que el ajuste en la ayuda pedagógica pueda ser eficaz.

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 17


• Alumnado procedente de diversos orígenes sociales y
culturales. Nuestra realidad canaria tiene un marcado
carácter multicultural, por lo que en nuestras aulas
encontramos alumnos y alumnas con diversa procedencia,
idioma, creencias y costumbres. El aprendizaje cooperativo
propone aprovechar esta diversidad como un recurso de
aprendizaje para todos y todas, y transformarla en una
oportunidad para desarrollar determinadas actitudes y
valores que están en la base de una sociedad democrática e
intercultural. Así, desde el aprendizaje cooperativo, se
proponen estructuras de aprendizaje con determinadas
condiciones que garantizan la participación igualitaria de
todo el alumnado, a la vez que se incluyen actividades en
las que se ayuda a que los alumnos y las alumnas conozcan
mejor a sus compañeros y compañeras, se vinculen de
forma más estrecha y aprendan a respetarse mutuamente.

6. Cómo empezar atrabajar cooperativo en el


aula
Se ha escrito mucho sobre las distintas formas de abordar el
aprendizaje cooperativo en las aulas. Al mismo tiempo se han
programado, diseñado, desarrollado y evaluado gran número de
experiencias al respecto. Ambos aspectos nos llevan a determinar
cuáles han de ser los pasos a seguir para que una experiencia de
aula basada en el trabajo cooperativo sea eficaz o exitosa.
Desde siempre nos hemos encontrado con muchos docentes
reacios al trabajo en grupo. Estos esgrimen una serie de

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 18


argumentos como la contaminación acústica, la pérdida de tiempo,
el efecto “parasitismo” (alumnos y alumnas que se aprovechan del
trabajo de los demás), la sensación de descontrol en el aula, etc.
Del mismo modo, nos encontramos con docentes que han
tenido muy buenas intenciones al respecto y han intentado, una
vez sí y otra también, el llevar a cabo trabajos grupales en el aula,
pues son conscientes de los altos beneficios que este tipo de
trabajos reportan al alumnado. No obstante, existe cierta desazón
al comprobar que las cosas no funcionan tal y como esperaban,
que no existe una buena relación entre los miembros de los
grupos, que generalmente uno/a de los miembros dirige el trabajo
del resto, que los productos finales se limitan en la mayoría de los
casos a la suma de las distintas aportaciones individuales,
inconexas y poco relacionadas entre sí, que cada miembro del
grupo parece tener nociones de una parte del trabajo pero no de
la globalidad, que… En definitiva, una gran cantidad de peros a la
que parece no somos capaces de encontrar alternativas válidas y
eficaces…
Después de muchos años de docencia metido de lleno en
este segundo grupo de profesionales, devanándome los sesos
curso tras curso por conseguir una buena puesta en práctica
grupal, parece ser que he logrado encontrar un elemento
determinante y eficaz que me ha hecho ver que a veces una
buena predisposición no es suficiente. Y ese elemento no puede
ser otro que, tal y como ya estás imaginando, querido lector/a, el
aprendizaje cooperativo.
Pero no podemos caer en el error de creer que trabajar
cooperativo es coger una serie de técnicas cooperativas y
aplicarlas en el aula tal cual. Resulta ser que antes de aplicar
estas técnicas cooperativas, de cuya eficacia te irás dando cuenta
a medida que vayamos avanzando en el curso y de especial forma
al abordar el módulo III - módulo que aborda las distintas técnicas
cooperativas -, hemos de preparar al grupo para que el trabajo
cooperativo sea realmente eficaz. Esta preparación lleva consigo
irremediablemente la puesta en marcha de actividades de
cohesión y clima de aula con la finalidad de crear una clase en la
que exista un buen ambiente, se conozcan los alumnos y alumnas,
mejoren las relaciones personales, se den nuevas relaciones,
disminuya el número de alumnos y alumnas que se quedan
excluidos porque no tienen amigos/as o no existan subgrupos
enfrentados. Es éste el primer paso para comenzar a trabajar

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 19


cooperativamente, convirtiéndose en condición necesaria, pero no
suficiente.
Lo habitual es que tus estudiantes todavía encuentren
muchas dificultades para trabajar cooperativamente ya que, en el
fondo, lo que saben hacer es trabajar de forma individual e,
incluso, competitiva, pues en la escuela han predominado desde
siempre estas formas de trabajo.
Por otro lado, hemos de tener en cuenta que las actividades
de cohesión y clima de aula no son exclusivas del aprendizaje
cooperativo. Muchos y muchas docentes las utilizan junto con
otras metodologías para mejorar las relaciones en sus respectivos
grupos clase.
Las dinámicas de grupo u otras similares a las que
proponemos en el módulo II del presente curso contribuirán a
crear en tu aula una pequeña comunidad educativa que sabrá
cómo trabajar mejor de forma conjunta.

El siguiente paso será la creación de grupos reducidos de


alumnos y alumnas para que trabajen juntos, es decir, los equipos
base. En el módulo IV hablaremos sobre cómo hemos de formar
estos equipos. Una vez formados los distintos equipos y tras
considerar que nuestro grupo está más o menos cohesionado,
podremos empezar a trabajar las distintas técnicas cooperativas
en nuestras aulas con la finalidad de que aprendan mejor los
contenidos curriculares, independientemente del área en cuestión.
Las distintas estructuras o técnicas cooperativas así como la forma
de ponerlas en práctica serán abordadas en el módulo III del
presente curso.

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 20


Finalmente, todo acto educativo que se precie como tal ha
de ser objeto de evaluación o revisión, pues ésta nos va a permitir
contrastar si estamos trabajando en el sentido y la dirección
deseados. De este aspecto nos ocuparemos en el módulo V, donde
podremos comprobar las grandes virtudes que nos ofrece el
trabajo cooperativo tanto para la evaluación individual como para
la grupal.
En conclusión, queremos insistir en la importancia de
respetar los procesos para poder desarrollar una buena práctica
docente en cuanto a cooperativo se refiere. Y el respeto de los
procesos hace referencia a seguir los pasos pertinentes tal y como
recoge el esquema siguiente:

PRIMER PASO SEGUNDO PASO


COHESIÓN GRUPAL / APLICACIÓN DE TÉCNICAS
CLIMA DE AULA COOPERATIVAS SIMPLES

TERCER PASO
APLICACIÓN DE TÉCNICAS
COOPERATIVAS COMPLEJAS

Módulo 1: El aprendizaje Cooperativo 21


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