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Ken Wilber

DIARIO

Traducción del inglés de David González Raga

Título original: ONE TASTE

Edición: Septiembre 2008


NOTA AL LECTOR

En el pasado me he negado reiteradamente a aparecer en la escena pública porque,


aunque no sea una persona especialmente reservada, tampoco deseo convertirme en un
personaje. No obstante, como persona que ha escrito numerosos libros sobre cuestiones
relacionadas con la vida interior, considero oportuno compartir la mía, al menos hasta
cierto punto. En este sentido, las páginas que siguen contienen mucho material privado
aunque, en última instancia, se trate de un diario más filosófico que personal porque gira
en torno a ideas ligadas a la filosofía perenne (el núcleo común de las grandes
tradiciones de sabiduría del mundo entero). A pesar de ello, también tiene una
dimensión muy personal porque incluye descripciones detalladas de mi propia
experiencia con prácticas meditativas y estados místicos muy distintos. (Quienes deseen
un relato más personal en otros dominios pueden consultar el libro Gracia y coraje
[publicado en castellano por Gaia Ediciones, Madrid, 1995].)

Y, puesto que se trata de un libro orientado hacia las ideas, me he tomado ciertas
libertades en cuanto al orden de las entradas ya que, en ocasiones, me he visto obligado
a insertar fragmentos teóricos sin los cuales otras hubieran resultado incomprensibles.
Las fechas, por su parte, suelen ser exactas aunque, en unos pocos casos, podrían no
serlo porque no siempre feché las notas y, en consecuencia, he tenido que emplazarlas
donde me ha parecido más oportuno. En otros casos -y para no cargar excesivamente las
tintas- he debido diluir en varios días lo que ocurrió en uno solo (como sucede, por
ejemplo, con algunos de los seminarios del Naropa), pero, aunque las fechas no siempre
sean exactas, las citas sí lo son. Debo señalar también, por último, que estos diarios no
aspiran tanto a convertirse en un escrupuloso registro de los pormenores de mi vida
personal como en un inventario de los intentos realizados para transmitir la esencia de la
filosofía perenne.

El hecho de que las entradas teóricas sean más bien breves e independientes y de que
suelan hallarse circunscritas a unas pocas páginas -o, en algunos casos, a una decena de
ellas- favorece una presentación fácilmente asimilable de la información presentada. Es
por ello que el lector no deberá dudar en saltarse cualquier entrada que no le interese
(sobre política, mundo empresarial o arte, pongamos por caso), aunque también debo
señalar que cada entrada se asienta en las precedentes y que, si lo que busca es
información teórica, no será una buena idea leer el libro saltando indiscriminadamente
de un lado a otro.

El tema fundamental de este diario -si es que tiene alguno- es que el cuerpo, la mente y
el alma no son mutuamente excluyentes. Los deseos de la carne, las ideas de la mente y
las iluminaciones del Espíritu son expresiones perfectas del Espíritu único que habita el
universo, gestos sublimes de la Gran Perfección que resplandece sobre el mundo. En el
Kosmos no hay más que Un Solo Sabor y ese sabor es Divino, ya se exprese a través de
la carne, de la mente o del alma. Descansando en Un Solo Sabor y expandiéndose
mucho más allá de lo mundano, el mundo emerge en la Libertad y la Liberación más
pura, inmensamente feliz, perdido en la eternidad y rendido ante el rostro original del
más impenetrable de los misterios. Todas las cosas emanan de Un Solo Sabor y todas
regresan a Él y entre su emergencia y su disolución discurre este momento, el sueño - y,
en ocasiones, la pesadilla- del que haríamos bien en despertar.

K.W.
Boulder, Colorado
Primavera de 1998
ENERO
El significado del alma es tan profundo que jamás llegaríamos a sondearlo, por más
que recorriéramos todos sus caminos.

HERÁCLITO

Jueves, 2 de enero de 1997

He pasado toda la mañana leyendo y estudiando, mientras contemplaba el reflejo de la


luz del sol en los copos de nieve. Hoy el sol no es amarillo sino blanco, tan blanco como
la nieve, de modo que el blanco me rodea, blanco sobre fondo blanco y solo en la
soledad. Todas las cosas se asemejan a la Vacuidad Pura, una luz clara y suave que
irradia languidez y susurra melancolía. En esa Vacuidad me hallo inmerso y, bajo la luz
clara de este día, todo parece resplandecer.

Viernes, 3 de enero

Hace ya un tiempo -en torno al día de Acción de Gracias- empecé a escribir The
Integration of Science and Religión: The Union of Ancient Wisdom and Modern
Knowledge,1 un libro que ya está terminado, aunque no sé muy bien qué hacer con él.
No lo escribí pensando tanto en mis lectores habituales -la gente de la contracultura y de
la nueva era- como en el público más convencional de la cultura dominante. No tengo la
menor idea de la acogida que tendrá e igualmente ignoro cuál debería ser mi próximo
paso.

1. Publicado en castellano con el título de Ciencia y religión: El matrimonio entre el alma y los sentidos (Barcelona,
Kairós, I998).

Debo encontrar el modo de llevar a cabo mi trabajo intelectual sin renunciar, por ello, a
cierta vida social. Creo que me sucede algo parecido a lo que le ocurría a Balzac, de
quien dicen que, cada vez que tenía un orgasmo, comentaba: «¡Ahí va otro libro!».

Después de la muerte de Treya -este mes hará ocho años- estuve cerca de un año sin
salir con ninguna mujer y, desde entonces, he mantenido algunas relaciones muy
interesantes aunque ninguna, sin embargo, llegó a cuajar. Quién puede saber lo que
ocurrirá este año...

Sábado, 4 de enero

Algunos alumnos del Naropa me han invitado a una rave, una fiesta que dura toda la
noche con música tecno y -¡ejem!- ciertas substancias ilegales. Los chicos -porque
realmente son muchachos de veintipocos años- consumen pequeñas cantidades de
éxtasis, una droga que aumenta la empatia y el rapport entre los participantes. El clima
es grupal y asexual -o, mejor dicho, andrógino-, amable y hasta diría -a falta de un
término mejor- que espiritual. La música (a cargo de grupos como Moby y Prodigy, por
ejemplo) suele carecer de letra -es decir, de referente-, con lo cual la mente simbólica no
se ve implicada y es posible, en ocasiones, acceder a pequeños vislumbres de lo
supramental... por no mencionar grandes dosis de lo inframental.

Y todo esto, por más cosas que puedan objetar sus padres, me parece muchísimo mejor
que lo que nosotros solíamos hacer en nuestras fiestas, a saber, atiborrarnos de latas de
cerveza y arrojarnos de bruces sobre la chica que teníamos más cerca. Por otra parte, ver
a los baby boomers* echando pestes sobre las substancias ilegales me parece -por
decirlo suavemente- hipócrita.

* Término con el que suele designarse a la generación narcisista que llegó a su mayoría de edad en los años sesenta
(N. del T.).

Pero, en fin, creo que pasaré de la rave. Mejor para ellos.

Martes, 7 de enero

Esta semana se celebrará en San Francisco la «Ken Wilber Conference». Me han dicho
que tienen prevista la asistencia de mucha gente y están buscando un local más grande
para celebrarla. Y la verdad es que no sé muy bien si ésa es una buena o una mala
noticia.

Roger [Walsh]1 será uno de los principales presentadores del evento. Me pregunto si
todavía contará ese chiste tan divertido de Neil Armstrong:

El chiste en cuestión dice que todo el mundo conoce las palabras que pronunció Neil
Armstrong cuando puso los pies sobre la Luna: «Un pequeño paso para el hombre, pero
un verdadero salto de gigante para la humanidad» (aunque son muy pocos los que saben
que luego agregó: «Enhorabuena, señor Gorky». Porque, según dicen, cuando
Armstrong era un niño, escuchó por casualidad una acalorada discusión procedente de
la ventana de la habitación de sus vecinos en la que la señora Gorky gritaba a su marido:
«Sólo tendremos sexo oral cuando el menor de los Armstrong camine sobre la Luna».

1. Los paréntesis están en los diarios originales, mientras que el texto que aparece entre corchetes y las notas a pie de
página fueron añadidos especialmente para esta publicación.

Miércoles, 8 de enero

He recibido otra carta de una mujer que leyó mi prólogo al libro de Frances Vaughan
Sombras de lo sagrado: Más allá de las trampas y las ilusiones del camino espiritual
[publicado en castellano por Gaia Ediciones, Madrid, 1997] y, con ésta, ya son muchas
las cartas que he recibido de mujeres que se refieren directamente a los problemas
tratados en ese prólogo.

El texto dice así:


Frances Vaughan es la más sabia de todas las Mujeres Sabias que he conocido. Este
maravilloso concepto se refiere a la mujer que sabe más que tú y que yo; a la mujer que es capaz
de transmitir un conocimiento, un contacto amable y una presencia sanadora a cada uno de sus
encuentros; a la mujer para la que la belleza constituye una forma de conocimiento y de apertura
a una fortaleza excepcional; a la mujer que ve mucho más que tú y que yo, que es capaz de
conectar con más profundidad que tú y que yo y que nos tiende cuidadosamente su mano,
asegurándonos que todo irá bien, a la mujer sabia de la que todos tenemos tanto que aprender...

Frances es una mujer que no huye del mundo en busca de una sabiduría distante sino que
derrama la suya en este mundo; una mujer que, si bien fomenta el desarrollo de la
individualidad, también se preocupa por ubicarla en el contexto más amplio y profundo de la
colectividad y alienta nuestra comunión con los demás, con el cuerpo, con el Espíritu y con el
Yo superior que mora en cada uno de nosotros y cuya esencia se manifiesta en todas nuestras
relaciones. Es precisamente en estos términos como suelo pensar en Frances, la mujer sabia que
nos enseña a establecer relaciones sanas y sinceras, la mujer que nos ayuda a adentramos en
nuestras dimensiones más profundas, la mujer, en suma, que me siento orgulloso de conocer.

La carta de hoy -escrita por una terapeuta- se centra en la tradición histórica de la


Mujer Sabia y en la importancia de conjugar la psicoterapia con la espiritualidad en
términos con los que yo no podría estar más de acuerdo. El final del prólogo reza así:

En el tipo de práctica que Frances (entre muchos otros) intenta fraguar, asistimos al nacimiento
de algo realmente crucial, una vivencia de lo espiritual y de lo transpersonal que nos transmite
el aroma del Misterio Profundo que trasciende nuestra sensación de identidad separada, que nos
conmueve a todos y cada uno de nosotros y nos libera de nuestro yo angustiado y perecedero, de
nuestra contracción básica, que nos emancipa, en suma, de nosotros mismos y nos deposita
amablemente en manos de lo atemporal y lo Divino, un lugar en el que la apertura diluye las
defensas y las relaciones se asientan en la cordura, en donde la compasión ablanda la dureza del
corazón y el cuidado eclipsa la desesperanza. Esta es la apertura a lo Divino que Frances nos
enseña a cada uno de nosotros.

En cierta ocasión, una de sus clientes le dijo a Frances que la consideraba la comadrona que la
había ayudado a dar a luz a su alma, una frase que creo que lo sintetiza todo. Dar a luz a lo
Divino..., algo que ya se halla presente en cada uno de nosotros, aunque quizás no de un modo
plenamente actualizado; algo de lo que todos disponemos, aunque tal vez todavía no seamos
plenamente conscientes de ello; algo que está cuidando al mundo, pero que posiblemente no
advirtamos a causa de nuestro ajetreo. Esa es la apertura a lo Divino que Frances también nos
enseña.

Tomemos, pues, la mano de la Mujer Sabia, adentrémonos con ella en los dominios de nuestra
propia alma y escuchemos en silencio la historia que tiene que contamos. Tal vez convenga
saber que no es posible encontrar, en los tiempos que corren, una mano tan firme como la que
Frances nos tiende.

Jueves, 9 de enero

En este país, la fama es una religión -que exige, por cierto, sacrificios humanos- a la
que no quiero pertenecer. Todo empieza cuando uno comienza a tomarse demasiado en
serio y eso fue, precisamente, lo que comenzó a ocurrirme después de haber escrito mi
primer libro a los veintitrés años. Daba conferencias y seminarios, la gente me decía lo
increíblemente importante que era y, más pronto o más tarde, uno termina creyéndoles y
se convierte en un ejemplo de aquello que Oscar Levant le dijera a George Gershwin:
«¿Dime, George, si vivieras de nuevo volverías a enamorarte de ti mismo?».

Al año, aproximadamente, me di cuenta de que debía decidir entre dos alternativas,


limitarme a enseñar lo que ya había escrito en el pasado o dedicarme a escribir algo
nuevo. Entonces fue cuando dejé la enseñanza, dejé de dar conferencias y dejé de
conceder entrevistas.

Y, en los veinte años siguientes, me he atenido muy estrictamente -y casi sin


excepciones- a ese plan... y todavía sigo haciéndolo, dudando si publicar o no Ciencia y
religión en una editorial convencional. La verdad es que estoy seriamente preocupado
por este particular.

Martes, 14 de enero

Frank Visser, que ha traducido -y muy bien, por cierto, según me han dicho- El
proyecto Atman y Breve historia de todas las cosas al holandés, ha venido desde los
Países Bajos a saludarme después de haber asistido a la «Ken Wilber Conference» de
San Francisco.

-¿Cuál dirías que es el tema más candente del mundo transpersonal europeo? -le
pregunto.

-Lo regresivos que son muchos de los abordajes norteamericanos a la espiritualidad;


las escuelas que confunden la conciencia espiritual con las sensaciones corporales, con
la bioenergética, con todo aquello que suene a experiencial, con la ecopsicología, con
los sentimientos, con las terapias de regresión, etcétera, etcétera, etcétera. Estoy
escribiendo un artículo a este respecto. ¿No te parece que los estadounidenses están
locos por la regresión?

-Mucho me temo que sí. Y creo que la razón fundamental de ello es que la regresión
está al alcance de todo el mundo. El crecimiento es difícil, pero la regresión es fácil.

-Así que estamos de nuevo ante tu famosa «falacia pre/trans».

Frank se refiere a un ensayo que escribí, hace casi dos décadas, titulado «The
Pre/Trans Fallacy».1 La idea es muy sencilla y se centra en la habitual confusión
existente entre lo pre-racional y lo trans-racional, dos facetas que comparten la
característica de ser no-racionales. Partiendo de esa confusión, se abren dos
posibilidades igualmente lamentables, reducir las realidades espirituales transracionales
a estados prerracionales infantiles (en cuyo caso uno se ve obligado a negar la existencia
de las realidades espirituales puesto que, desde esa perspectiva, no son más que basura
infantil) o elevar los sentimientos prerracionales infantiles a la gloria trascendental (en
cuyo caso uno termina glorificando los mitos infantiles y los impulsos preverbales).
Pero hay que decir que, en este último caso, uno comienza tratando de trascender la
racionalidad (lo cual está muy bien) y acaba convirtiéndose en el paladín de todo lo que
no sea racional, lo cual incluye muchas cuestiones abiertamente prerracionales,
regresivas y egocéntricas (lo cual no lo está tanto).
1. Incluido en: Los tres ojos del conocimiento. Barcelona: Kairós, 1991.

Y Frank tiene razón, porque la mayor parte de lo que, en este país, se califica como
«renacimiento espiritual» no es más que una huida prerracional, narcisista y egocéntrica
que, en última instancia, sólo sirve para glorificar al yo.

-Y, a los europeos, esto nos parece ciertamente alarmante.

Miércoles, 15 de enero

Paso casi toda la mañana leyendo investigaciones y más investigaciones en torno a los
éxtasis y las agonías de la relación existente entre los hombres y mujeres para el
volumen 2 de la trilogía de Kosmos (Sex, God, and Gender).1 Espero leer pronto la
revisión sobre el tema realizada por Bret Harte titulada The Outcasts of Testosterone
Flat. Recordemos los comentarios irónicos realizados a este respecto por Aldous
Huxley: «Cierta ley de la naturaleza afirma que hombre menos mujer igual a cerdo y
que mujer menos hombre igual a lunática», Gloria Stenheim: «Una mujer sin un hombre
es como un pez sin bicicleta», Woody Allen: «Dios dio al hombre un pene y un cerebro,
pero sólo la sangre necesaria para poder hacer funcionar uno de esos dos órganos al
tiempo» y Billy Crystal: «La mujer necesita una razón para hacer el amor, al hombre le
basta con un lugar».

El primer volumen tiene unas ochocientas páginas y lo mismo ocurrirá con el segundo.
«¡Otro condenado mamotreto! ¿Siempre emborronando páginas, eh, Mr. Gibbon?»

1. El primer libro de la trilogía se titula Sexo, ecología, espiritualidad [ha sido publicado en castellano en un par de
volúmenes por Gaia Ediciones, Madrid 1996 y 1997, respectivamente). En la actualidad estoy escribiendo el segundo
libro, cuyo título provisional es el de Sex, God, and Gender: The Ecology of Men and Women, E l tercer libro también
está medianamente esbozado con el título provisional de Spirit of Post/Modernity.

Viernes, 17 de enero

He recibido una carta de Alex Grey, para quien escribí un prólogo a su Sacred
Mirrors: The Visionary Art of Alex Grey, en la que me recuerda una conversación que
mantuvimos en mi casa sobre la naturaleza del verdadero arte: «El objetivo del arte
realmente trascendente consiste en expresar algo que todavía no somos, pero en lo que
podemos llegar a convertirnos».

Según ese prólogo, todos poseemos un ojo de la carne, un ojo de la mente y un ojo del
Espíritu y, en consecuencia, podemos clasificar a las distintas manifestaciones artísticas
en función del ojo con el que contemplamos el mundo. El realismo y el naturalismo, por
ejemplo, se asientan, fundamentalmente, en el ojo de la carne; el arte abstracto, el arte
conceptual y el arte surrealista, por su parte, se apoyan en el ojo de la mente, y ciertas
grandes obras del arte espiritual -como los thangkas tibetanos, por ejemplo-, lo hacen en
el ojo de la contemplación, en el ojo del Espíritu.

Cada uno de estos ojos contempla un mundo diferente -y, en consecuencia, también
refleja un mundo diferente-, el mundo de los objetos materiales, el mundo de las ideas
mentales y el mundo de las realidades espirituales, respectivamente. En este sentido,
bien podríamos decir que, cuanto más elevado es el ojo, más profundo el arte.

Alex constituye uno de esos raros artistas que pintan con el ojo de la contemplación,
con el ojo del Espíritu, y su arte no es simbólico ni metafórico: refleja directamente
realidades que no pueden verse con el ojo de la carne ni con el ojo de la mente, sino con
el ojo del Espíritu. Pero su objetivo no se agota simplemente en la contemplación:
aspira a la transformación, porque este tipo de arte representa las realidades más
elevadas o profundas a las que todos podemos acceder en el caso de proseguir con
nuestro proceso evolutivo. Ese es, precisamente, el motivo por el cual «El objetivo del
arte realmente trascendente consiste en expresar algo que todavía no somos, pero en lo
que podemos llegar a convertirnos».

Miércoles, 22 de enero

He tomado la decisión de publicar Ciencia y religión en una editorial convencional. Y


todo a causa de Tony Schwartz.

Conocí a Tony cuando estaba escribiendo What Really Matters: Searching for Wisdom
in America. Tony es una persona acostumbrada a los grandes relatos, un periodista de
éxito -que ha trabajado para el New York Times, la revista New York y ha escrito casi
una docena de artículos de portada para Newsweek- que acababa de publicar The Art of
the Deal1 -escrito en colaboración con Donald Trump-, un libro que no tardó en
colocarse en la lista de best-séllers del Times y catapultó a Tony al fascinante mundo de
los supermillonarios, una incursión en el extravagante mundo de Trump que le permitió
comprender que el hecho de poseer todo el dinero del mundo no resolvía
automáticamente los problemas más acuciantes de la vida. De modo que, con el dinero
que le proporcionó ese libro, destinó los siguientes cinco años de su vida a buscar la
sabiduría, una búsqueda que le llevó a recorrer de un extremo a otro los Estados Unidos,
entrevistando a más de doscientos psicólogos, filósofos, místicos, gurús, terapeutas y
maestros. Uno de los capítulos de ese libro está consagrado a mi obra y, desde entonces,
somos muy buenos amigos.

1. Trump: El arte de la negociación. Barcelona: Grijalbo, 1989.

Después de What Really Matters y teniendo una familia que alimentar, Tony acometió
la autobiografía de Michael Eisner, con la intención de hacer para el jefe de la Disney lo
mismo que había hecho para Trump. Pero ahí terminan todas las coincidencias porque,
según Tony, Trump es Trump, lo que ves es todo lo que hay, y el libro, aunque riguroso,
era muy directo. Pero la historia de Michael Eisner es completamente diferente porque
implica a todo el imperio de Walt Disney -parques temáticos, películas, libros, ciudades,
televisiones, etcétera-, por no mencionar personajes secundarios como Jeffrey
Katzenberg y Michael Ovitz, por ejemplo. Se trata de un proyecto en el que, por el
momento, lleva ya invertidos más de tres años.

Cuando termine ese libro, Tony quiere emprender un abordaje integral al desarrollo y
la transformación del ser humano como el que ya esbozó en What Really Matters, una
empresa que, en su opinión, se halla ejemplificada -aunque no de un modo exclusivo-
por mi propia obra. Tony está tan decidido a llevar este mensaje integral al público en
general que me ha hecho cobrar conciencia de que -al menos hasta cierto punto- yo
tendría que hacer lo mismo. Sí, ciertamente fue Tony el que comenzó con todo esto.

Jueves, 23 de enero

Acabo de leer el primer volumen -¡mil páginas!- del diario de Christopher Isherwood y
me ha dejado profundamente deprimido durante casi una semana. Y son varias las
razones que justifican esta depresión.

Isherwood representa, para mí, facetas muy importantes de la vida que podrían
resumirse en una sola. Tendría que comenzar subrayando, en primer lugar, el papel
desempeñado por la Vedanta Society y personajes ligados a ella como Aldous Huxley,
Gerald Heard y Thomas Mann (este último de forma muy incidental aunque no, por
ello, menos importante). Isherwood colaboró con Swami Prabhavananda (cf. Mi gurú y
su discípulo [publicado en castellano por Muchnick Editores S.A., Barcelona, 1997]) en
la primera -y, a mi juicio, excelente- traducción al inglés de la Bhagavad Gita, los Yoga
Sutras de Patanjali y el clásico de Shankara La joya suprema del discernimiento, la
mejor, en mi opinión, de todas ellas.

En 1941, Christopher escribió en su diario: «deje a un lado su ego y permita que el Yo


real utilice sus piernas, sus brazos, su cerebro y su voz. Ya sé que resulta
extraordinariamente difícil pero ¿para qué otra cosa sirve la vida?», una visión
profundamente espiritual que le permitió comprender que «cualquier movimiento cuyo
objetivo se halle en el tiempo siempre genera violencia», algo que las religiones
meramente descendentes -desde la ecología hasta la adoración a Gaia y la
ecopsicología- no parecen entender y que le proporcionó la distancia necesaria para
vivir su vida «con pasión, un compromiso sincero y una cordial hostilidad».

Isherwood realizó, a su manera, un esfuerzo muy sincero por alcanzar un enfoque


integral que no escindiera la espiritualidad de la vida, tal vez porque -como él mismo
dijo- vivía muy intensamente el sexo y el espíritu, dos dimensiones frecuentemente
antagónicas.

Aunque no lo sepa, casi todo el mundo conoce a Isherwood, porque se trata del
personaje central de la película Cabaret, una película basada en uno de los relatos cortos
incluidos en su Adiós a Berlín1 (el titulado «Sally Bowles», que giraba en torno a la
cantante Jean Ross, a quien Isherwood conoció en Berlín en 1931). En esa película,
Michael York interpreta el personaje de Christopher y Liza Minelli el de Sally (un
trabajo por el que, por cierto, recibió un Oscar). El guión es muy inteligente y no resulta
extraño que Virginia Woolf escribiera en su diario: «Acabo de conocer a Isherwood y
me parece un joven muy prometedor» y que W.S. Maugham dijera: «el futuro de la
novela inglesa se halla en manos de ese joven».

1. Adiós a Berlín. Barcelona: Seix Banal, 1995.

El relato «Sally Bowles» -cuyo apellido, dicho sea de paso, proviene de Paul Bowels,
compositor, traductor de Sartre (es el traductor de Sin salida, por ejemplo) y escritor (tal
vez El cielo protector sea su novela más conocida) también sirvió de base para la obra
teatral de Broadway titulada Soy una cámara (de la que posteriormente se hizo una
versión cinematográfica protagonizada por Julie Harris). El título de esta obra procede
de un pasaje muy citado -aunque habitualmente muy mal entendido- que dice: «Soy una
cámara con el objetivo completamente abierto, una cámara que no piensa sino que se
limita a registrar pasivamente todo cuanto ocurre. Estoy grabando al hombre que está
afeitándose en la ventana de enfrente y a la mujer en kimono que se está lavando el
pelo. Algún día, todo esto tendrá que revelarse y fijarse». En esa época, Isherwood sabía
muy poco acerca de las grandes enseñanzas -tanto orientales como occidentales- y sobre
el Yo real en tanto que Testigo puro y sin elección a través del cual uno puede ver (algo
que se asemeja al famoso «globo ocular transparente» de Emerson cuando afirma que:
«Todo egoísmo se desvanece. Yo me convierto en un globo ocular transparente. No soy
nada pero, en cambio, lo veo todo»). Pero los críticos se le echaron encima por la
supuesta desidentificación y falta de consideración que evidenciaba esa actitud,
ignorando -como señaló el mismo Isherwood- la naturaleza de ese estado, ya que «la
idea que yo era una persona indiferente a lo que ocurría a mi alrededor es absolutamente
falsa». Porque el hecho es que la idea de que esa actitud ocasiona un divorcio de la vida
resulta completamente estúpida, porque el verdadero Testigo permite la emergencia de
cualquier cosa (pasión, sosiego, compromiso, desapego, hostilidad cordial, etcétera).

Isherwood no estaba, en modo alguno, separado de la vida. Su amigo W.H. Auden -


destinado a convertirse en uno de los dos o tres mejores poetas de este siglo- había
llegado a Berlín a finales de los años veinte en busca de sexo decadente y convenció a
Christopher para que se le uniera. Ambos eran homosexuales y los famosos bares de
ambiente -especialmente el Cosy Córner- los retuvieron en Berlín durante varios años.

(Los homosexuales de hoy en día consideran a Isherwood como una especie de héroe -
una admiración que comparto- por su abierta aceptación de la homosexualidad. Lo
mismo hizo, por ejemplo, E.M. Forster en su conmovedora novela gay Maurice1 que,
comprensiblemente, se resistió a publicar en vida y terminó legando a Christopher. Hoy
en día tendemos a olvidarnos con demasiada frecuencia de que, hasta hace muy poco
tiempo, la homosexualidad era, en la mayor parte de los países, un crimen castigado con
la cárcel y, en ocasiones, hasta con la muerte. Como ilustra la desagradable historia de
Alan Turing -que, en un alarde de inteligencia que hizo más por la victoria que
cualquier otro acto individual, desarmó a los servicios de inteligencia nazis al descubrir
su sistema de codificación de mensajes, conocido como «Enigma»-, Inglaterra era
especialmente cruel a este respecto ya que, cuando se descubrió su homosexualidad, dio
con sus huesos en la cárcel y se vio obligado a someterse a un tratamiento hormonal
para corregir su «enfermedad», un lamentable incidente poco después del cual acabó
suicidándose.)

I. Maurice. Barcelona: Planeta, 1997.

En 1923, Adolf Hitler intentó dar su conocido golpe de Estado en Munich que acabó
dando con sus huesos en la cárcel, donde escribió Mein Kampf. En 1929, tuvo lugar la
muerte de Hindenburg y el desastre y la desesperación económica propiciaron el acceso
al poder de Hitler que, en 1934, fundió la Presidencia y la Cancillería y se convirtió en
el Führer de todas las Alemanias.
Isherwood llegó a Berlín en 1929 y permaneció allí hasta 1933, un período
especialmente crítico -probablemente el más delirante de toda la historia de Occidente-
que abocó a una locura como jamás se había visto antes... y como esperemos que nunca
más vuelva a verse. E Isherwood se ocupa de registrar por escrito todo lo que ve: «Esto
es como vivir en el infierno. Todo el mundo está boquiabierto y nadie se cree lo que está
ocurriendo. Estamos bajo la ley marcial. Nadie en Inglaterra podría hacerse la más
remota idea de lo que es esto. En todas las esquinas hay camiones repletos de policías
dispuestos a sofocar cualquier manifestación y las calles están tan llenas de mendigos
que hasta resulta difícil caminar por ellas...».

Alemania, la heredera de Grecia y la más resplandeciente de las antorchas filosóficas


de Occidente, gobernada por un loco disfrazado de pintor de brocha gorda originario de
Austria. ¡Qué difícil resulta hoy en día pensar en los grandes -Kant, Hegel, Spinoza,
Marx, Fichte, Freud, Nietzsche, Einstein, Schopenhauer, Leibniz, Schelling (y toda la
esfera de influencia germánica, en general)- sin que nos asalten también los fantasmas
de Auschwitz, Treblinka, Sorbibor, Dachau, Bergen-Belsen y Chelmno! ¡Y todos tienen
nombres, Dios mío, como si fueran seres humanos!

Pero la supuesta relación causal existente entre la tradición trascendentalista alemana y


los campos de la muerte -a la que tan acostumbrados nos tiene, por otra parte, la
chachara postmoderna americana sobre metanarrativas- es, además de errónea,
mezquina y vulgar. Porque lo que ocurrió en Alemania es, entre otras mil razones, un
ejemplo típico de falacia pre/trans. Toda la tradición alemana es, de hecho, un caso de
falacia pre/trans que ha producido ora un Hegel, ora un Hitler. Porque fue precisamente
el hecho de que la tradición alemana se esforzara de un modo tan noble y denodado por
alcanzar Geist y el Espíritu (un intento por el que merece nuestro agradecimiento
eterno) lo que la llevó a confundir el entusiasmo corporal y emocional prerracional con
la intuición y la conciencia transracional. Así fue como, bajo el estandarte de un retorno
romántico al Espíritu, de un rescate del Fundamento perdido y de una vuelta al Dios
escondido, florecieron la sangre, la tierra, el regreso del noble salvaje y la vuelta a la
naturaleza, una revelación que fue grabada a fuego en la carne de quienes se interponían
en el camino hacia la pureza de la sangre y de la raza y en las que las cámaras de gas
cumplieron con la función de útero silencioso de la Gran Madre -la que suele gobernar
ese tipo de procedimientos- recibiendo en su seno a todos los que osaban mancillar esa
pureza. No fue, pues, la racionalidad ni la transracionalidad la que derrumbó la fortaleza
de Alemania, sino la reactivación de los impulsos prerracionales.

Y ése es otro de los puntos que quería resaltar ya que, en el Berlín de 1933, Dios y el
Diablo coexistían... y Isherwood estaba ahí para contárnoslo.

Además, hay que hablar también de su relación con Huxley, probablemente uno de los
últimos autores -y ahí también se asienta parte de mi depresión- que escribió profunda y
filosóficamente sobre temas místicos y trascendentes... y fue tomado en serio por la
intelectualidad, los medios de comunicación, los banqueros, los liberales y los
vanguardistas, el último autor que escribió sobre temas trascendentales y fue tenido en
cuenta. Porque hay que decir que los liberales* odian al Espíritu y que los
conservadores lo restringen a su Dios mítico fundamentalista y que ambos bandos, en
consecuencia, encontrarían hoy a Huxley completamente incomprensible. ¿Quién podría
escribir hoy Filosofía perenne y lograr que fuera leído con entusiasmo fuera de
California? La «espiritualidad» actual se reduce, fundamentalmente a 1) los
revivalismos fundamentalistas, 2) el narcisismo de la nueva era, 3) la regresión mítica,
4) los reduccionismos sutiles característicos de los enfoques que se centran en el gran-
tejido-de-la-vida y 5) el holismo chato, enfoques, todos ellos, que Huxley, Heard,
Isherwood y Mann hubieran encontrado mortalmente aburridos.

* En la terminología norteamericana la palabra "liberal" equivale a nuestra "izquierda".

Gerald Heard (autor de varios libros muy brillantes, entre los que se cuenta The Five
Ages of Man -que sirvió de base para la lúcida Life-Force, de Jean Huston- y que
contribuyó muy positivamente al establecimiento y desarrollo de la Vedanta Society),
presentó a Isherwood a Huxley poco después de que aquél se hubiera mudado, de
manera más o menos permanente, a Los Ángeles, ganándose la vida con la adaptación
de guiones para el cine, como también hizo, en ocasiones, Huxley (y Tennessee
Williams, William Faulkner y F. Scott Fitzgerald, entre tantos otros ¡así eran esos días!)
y siguieron siendo amigos hasta la muerte de Huxley, acaecida en 1963. Y no debemos
olvidar que la Vedanta Society de Los Ángeles (en uno de cuyos templos, si no
recuerdo mal, Adi Da experimentó su primera iluminación) es una de las tres o cuatro
grandes puertas a través de las cuales la sabiduría de Oriente ha penetrado en nuestro
país.

Y esa relación resultó mutuamente enriquecedora porque Christopher se benefició del


agudo intelecto de Huxley, al tiempo que le prestó su espléndida voz literaria. Como
bien señaló Isherwood, entre tantos otros, Aldous no era un novelista, ya que sus
personajes son de cartón piedra. Siempre me gustó su propia explicación a este respecto:
«No suelo tener ninguna idea sobre mí, tenerlas es algo que me desagrada hasta el punto
de que las evito -al menos en principio- y sólo las improviso cuando me encuentro con
alguien como usted que afirma tenerlas...». De modo que Huxley escribía novelas
acerca de las ideas, aunque era plenamente consciente de los graves riesgos que ello
implicaba. «Sólo puedo escribir sobre las personas que tienen alguna idea que expresar,
tal vez el 0,01 % de la especie humana. Es por ello que los verdaderos novelistas, los
novelistas innatos, no escriben esos libros. Pero yo nunca he pretendido ser un novelista
innato.»

Huxley, jugaba con las ideas de un modo deslumbrante, admirable, inteligente y, en


ocasiones, soberbio. Y también, por cierto, sumamente liberador. Como dijo Isaiah
Berlin en sus memorias: «Encabezados por Voltaire -el paladín de la profesión-, los
hombres de letras emanciparon de la opresión a multitud de hombres y mujeres del siglo
XVIII. Lo mismo han hecho desde entonces Byron, George Sand, Ibsen, Baudelaire,
Nietzsche, Wilde, Gide y tal vez hasta Wells, Russell y tantos otros poetas y críticos
preocupados por los problemas fundamentales de nuestro tiempo que tanto han ayudado
a los miembros de mi generación». En este sentido, Isaiah coloca a Huxley junto a Ezra
Pound y J.B.S. Haldane entre los principales libertadores de su tiempo.

Sybille Bedford, una de las biógrafas de Huxley, nos ofrece otra visión de esta gran
tradición emancipadora que incluye a «varios individuos sumamente dotados cuya
influencia... ha sido extraordinaria. Su común denominador fue el deseo de adquirir,
promover y difundir el conocimiento, el deseo de mejorar la suerte de la humanidad,
una responsabilidad muy elevada -l'intelligence oblige- y una auténtica pasión -no
conozco otra palabra mejor- por la verdad».
Era una época en que las cosas importaban, un tiempo anterior a que los profesores de
humanidades de mi generación decidieran que ellos no podían crear nada y consagraran,
en un ataque de resentimiento, sus esfuerzos a la destrucción, dejando prendida del aire
la sonrisa del gato deconstruccionista de Cheshire; y sorprendidos -realmente
sorprendidos- de que alguien pudiera experimentar pasión por la verdad, se dedicaron
alegremente a malinterpretar a Foucault -«la verdad no es sino poder disfrazado»-,
tratando de asegurarse de que ninguno de sus discípulos buscara la verdad, la encontrase
y comenzara a producir obras reales.

Pero Huxley estaba conectado con lo trascendental y su prosa, en consecuencia, tenía


un gran potencial liberador. Si usted quiere liberar a alguien debe saber positivamente
que existe algo que lo trasciende porque, de otro modo -si no existe nada más-allá-de-
lo-dado-, no hay liberación posible. No es de extrañar que los escritores postmodernos
de hoy en día, que carecen de lugar a donde ir y, en consecuencia, no brindan ningún
camino de liberación, abracen lo dado, se identifiquen con lo obvio, se aferren a las
sombras y se dediquen a festejar el mundo de las superficies.

No debe sorprendernos que uno de los mejores amigos de Aldous durante varias
décadas fuera Krishnamurti (el sabio que afiló mis dientes espirituales). Krishnamurti
era un liberador supremo -al menos en ciertas ocasiones- y en libros como Freedom
from the Know, su extraordinaria sabiduría subrayaba con mucha claridad el poder de la
conciencia no dual sin elección para liberarnos de la tortura del encadenamiento al
espacio, el tiempo, la muerte y la dualidad. Cuando un incendio destruyó su casa -y con
ella su biblioteca-, el primer libro que Huxley compró fue Comentarios sobre el vivir,1
de Krishnamurti.

1. Comentarios sobre el vivir. Buenos Aires: Ed. Kier, 1966.

En cierta ocasión, Yehudi Menuhin dijo, a propósito de Huxley: «Su persona integraba
al científico y al artista, brindándonos lo que más necesitamos en un mundo
fragmentado en el que cada uno de nosotros es un mero fragmento del gran espejo
universal roto. Aldous se dedicó a recomponer esos fragmentos y, al menos en su
presencia, los hombres volvían nuevamente a ser completos. Pero, para saber cuál es el
lugar que le corresponde a cada fragmento, uno debe tener alguna idea acerca de la
totalidad y sólo una mente como la de Aldous, una mente ajena a toda vanidad personal,
una mente que lo percibía y lo registraba todo sin quedarse con nada, podía conseguir
tan vasto propósito».

A esta saga perteneció también, en mi opinión, Thomas Mann, cuya obra me


obsesionó durante varios años hasta el punto de leer todos los libros suyos que cayeron
en mis manos. A los veinticinco años de edad, Mann escribió su primera novela,
Buddenbrooks,2 por la que le fue concedido el premio Nobel. ¿Quién podría, hoy en día,
escribir -o incluso publicar- La montaña mágica?1 ¿Y no sigue siendo, acaso, «Muerte
en Venecia» el cuento más perfecto que jamás se haya escrito? Cuando se mudó a
California, Mann -que junto a Robert Musil, quien dijera: «Lo más notable es que nadie
va a ninguna parte», y Marcel Proust son mis tres autores favoritos de este siglo-
también estableció contacto con la Vedanta Society.
2. Los Buddenbrooks. Barcelona: Edhasa, 1997.
1. La montaña mágica.Barcelona: Plaza y Janes. 1993.

Mann comenzó apoyando los primeros movimientos fascistas retrorrománticos y


reaccionarios de Alemania -que subrayaban la importancia de la sangre, la tierra y el
«alma» de Alemania- pero no tardó en retroceder asustado para abrazar el pluralismo
racional humanista, convirtiéndose en la voz más potente y clara en contra de los nazis
dentro de Alemania y también muy probablemente, en el más grande de los novelistas
humanistas de este siglo. Mann llevó a cabo un profundo estudio de la vida interior -
Freud, Nietzsche, Schelling, Schopenhauer y el misticismo-, pero su incursión en el
fascismo prerracional le predispuso a confundir para siempre la regresión prerracional
con la gloria transracional. La suya es una de las voces más hermosas y lúcidas de
nuestro siglo y su nombre se halla inscrito, por derecho propio, en el panteón de todos
aquellos que, de un modo u otro, contribuyeron a la emancipación de multitud de almas
sensibles.

Concluiré esta disgresión subrayando un último punto porque, por más extraño que
pueda parecemos, hubo un tiempo en que existió un linaje de literatos comprometidos
con la libertad que contribuyó poderosamente a desarticular la represión, frustrar el
poder y escapar de la superficialidad. Hoy en día, esa tradición se halla casi
exclusivamente relegada al ámbito de los científicos racionalistas (como el bueno de
Carl Sagan), intentando desmentir las apariciones de Elvis, las abducciones de los ovnis
y cuestiones similares. Pero mucho me temo que aquella noble tradición que se dirigía a
lo más elevado, lo más profundo y lo más verdadero que hay en todos nosotros, se
extinguió con la muerte de Huxley.

Y hay que decir que Christopher Isherwood constituye un elemento crucial porque,
partiendo de él, es posible llegar, con unos pocos movimientos, a todo lo que es
importante.

Qué lamentable resulta, sin embargo, que tan pocas personas sientan, hoy en día, la
necesidad de hacer esos movimientos. ¡Eso fue, precisamente, lo que me evocó la
lectura de sus diarios y lo que acabó deprimiéndome!

Viernes, 24 de enero

He alquilado Labios ardientes -que ya había visto en la pantalla grande- y sigue


pareciéndome soberbia. Se trata de una película protagonizada por Jennifer Tilly y Gina
Gershon, dos lesbianas que engañan a Joe Pantoliano con una tensión que hace que uno
comience mordiéndose las uñas y acabe llegando incluso a morderse el dedo. Se trata de
un excelente thriller sensual, uno de los géneros cinematográficos que más me gustan.
Tal vez no tenga mucho que ver, pero me ha hecho pensar en los títulos de crédito de
Seven, un film presuntuosamente desdeñado por tantos críticos. Fue por ello que me
alegré al enterarme de que sus títulos de crédito habían conseguido el International
Design Award, un premio que el diseñador Kyle Cooper describió como «inútiles y
juguetones sujetalibros para la película más mala del año».

Tengo la extraña sensación de que la publicación de Ciencia y religión serán el «inútil


y juguetón sujetalibros de este año». Ya veremos.
Sábado, 25 de enero

He quedado con una mujer (cuyo nombre no mencionaré), pero las cosas no han
funcionado muy bien. Resulta que la mayor parte de sus relaciones tienen una vida tan
corta que uno de sus matrimonios duró sólo unos meses. En mi nevera hay comida más
antigua que todo eso.

Lunes, 27 de enero

Sam [Bercholz] se apresuró a sacar El ojo del Espíritu antes de la conferencia de San
Francisco. Hoy he recibido varios ejemplares y, como siempre, Shambhala ha hecho un
buen trabajo. De algún modo, es uno de mis libros favoritos, pero no sé cómo
funcionará.

Jack [Crittenden] ha escrito un generoso prólogo para ese libro que me ha retrotraído a
los días en que vino a visitarme a Lincoln después de haber leído El espectro de la
conciencia. En aquel tiempo, Jack quería publicar una revista, que luego se llamó
ReVision, y yo le ayudé a ponerla en marcha. Hoy en día ya no tenemos nada que ver
con ella, pero seguimos siendo grandes amigos. Resulta difícil de creer que él y Patricia
tengan ya tres hijos adolescentes. Él es un teórico muy brillante y un notable escritor,
que ha escrito Beyond lndividualism (publicado por la Oxford University Press) y en la
actualidad está trabajando, con mayor o menor intensidad, en dos o tres nuevos libros
que intercala con su tarea docente en el estado de Arizona.

Jack ha realizado un excelente trabajo explicando el significado del término «integral»


y la naturaleza lamentablemente fragmentaria de lo que el mundo actual denomina
«conocimiento». Ya he recibido numerosos comentarios sobre su prólogo, del tipo
«ahora comprendo lo que usted está tratando de hacer en todos sus escritos». Gracias a
Dios que alguien ha podido explicarlo.

Varias de las siguientes entradas se refieren al prólogo de Jack. Veamos, a modo de


referencia, unas pocas citas al respecto:

El enfoque de Wilber es cualquier cosa menos ecléctico. Él nos ha proporcionado una visión
integral en la que entreteje verdades procedentes de campos tan diversos como La física, la
biología, las ecociencias, la teoría del caos, las ciencias sistémicas, la medicina, la
neurofisiología, la bioquímica, el arte, la poesía, la estética, la psicología evolutiva, un amplio
espectro de abordajes psicoterapéuticos (desde Freud hasta Jung y Piaget), los teóricos de la
Gran Cadena (desde Platón y Plotino [en Occidente], hasta Shankara y Nagarjuna [en Oriente]),
los modernistas (desde Descartes y Locke hasta Kant), los idealistas (desde Schelling hasta
Hegel), los postmodernistas (desde Foucault y Derrida hasta Taylor y Habermas), las grandes
tradiciones hermenéuticas (desde Dilthey hasta Heidegger y Gadamer), los teóricos de los
sistemas sociales (desde Comte y Marx hasta Parsons y Luhmann), las escuelas místicas y
contemplativas de las grandes tradiciones meditativas, orientales y occidentales y las grandes
tradiciones religiosas del mundo entero. Y todo esto no es más que una muestra. No deberíamos
extrañamos, pues, de que quienes circunscriban exclusivamente su interés a un determinado
campo se sientan ofendidos cuando Wilber no considera su campo de atención como la pieza
fundamental del Kosmos.
No pecaré de parcial si digo que quienes critican un punto de la obra de Wilber están
empeñados en talar un árbol concreto de todo su bosque. Porque si en lugar de ello
contemplamos la totalidad de su obra, la única conclusión razonable es la de que incorpora e
integra más verdad que cualquier otro sistema.

Pero ¿cómo lo hace? y, sobre todo, ¿cuál es el método que sigue? En cualquiera de los campos
que considere, Wilber determina el nivel de abstracción en el que las distintas visiones en
conflicto coinciden entre sí. Tomemos, por ejemplo, las grandes tradiciones religiosas del
mundo. ¿Están, acaso, todas ellas de acuerdo en que Jesucristo es Dios? Descartemos, pues -
dado que la respuesta es negativa-, ese nivel. ¿Están de acuerdo en la existencia de Dios? Eso
dependerá del significado que atribuyamos al término «Dios». ¿Están de acuerdo en la
existencia de un Dios si, con ese término, estamos refiriéndonos a un Espíritu que es, en muchos
sentidos, incualificable (desde la Vacuidad budista hasta el misterio judío de lo divino)? Porque
cuando alcancemos un nivel de abstracción en el que todas las religiones estén de acuerdo
habremos logrado una generalización, lo que Wilber denomina una «generalización
orientadora» o una «conclusión sólida».

Wilber aborda todos los campos del conocimiento humano, desde el arte hasta la poesía, desde
el empirismo hasta la hermenéutica, desde el psicoanálisis hasta la meditación y desde la teoría
de la evolución hasta el idealismo. Y, en cada uno de los casos, centra su atención en la
articulación del conjunto de generalizaciones orientadoras sólidas y fiables (por no decir
irrefutables) a las que arriba. No le interesa -como tampoco debiera de interesarle a sus lectores-
la aceptación que tengan sus conclusiones entre los especialistas de otros ámbitos del
conocimiento (no se preocupa, por ejemplo, por el hecho de que las conclusiones de los
empiristas no concuerden con las de quienes están interesados en la religión). En lugar de ello,
dedica todo su esfuerzo a tratar de ensamblar las distintas generalizaciones orientadoras a las
que ha llegado como si cada campo encerrase verdades extraordinariamente importantes. Ése es,
precisamente, el primer paso de su método, una suerte de fenomenología del conocimiento
humano elevada al nivel de generalizaciones orientadoras. Su interés, dicho en otras palabras,
consiste en llegar a sintetizar todas las verdades aportadas por los diferentes campos del
conocimiento humano.

Wilber prosigue luego articulando las distintas verdades en cadenas o redes de conclusiones
interrelacionadas, un paso en el que deja de lado el mero eclecticismo en aras de una visión más
sistemática y organizada. Así pues, el segundo paso de su método consiste en tomar todas las
verdades o generalizaciones orientadoras recogidas durante el primer paso y formularse la
siguiente pregunta: ¿Cuál es el sistema que podría incorporar -de manera coherente- el mayor
número posible de estas verdades?

El sistema presentado por Wilber en Sexo, ecología, espiritualidad (un sistema resumido de
manera clara y sencilla en las siguientes páginas) incorpora el mayor número de
generalizaciones orientadoras procedentes del mayor número posible de campos del quehacer
humano. Es así como la visión de Wilber reconoce, incorpora e integra más verdad que
cualquier otro sistema de la historia.

No se trata, pues, de determinar qué teórico está en lo cierto y cuál está equivocado porque, en
su opinión, todos están básicamente en lo cierto. «Yo no creo», dice Wilber, «que exista una
mente humana capaz de cometer un cien por cien de errores. Así pues, en lugar de tratar de
determinar qué enfoque es correcto y cuál erróneo, parto de la premisa de que todos son
verdaderos pero parciales y, en consecuencia, no pretendo elegir uno y desembarazarme de los
demás sino que busco el modo de articular las distintas verdades fragmentarias que nos brinda
cada uno de ellos.»

El tercer paso del enfoque global de Wilber apunta al desarrollo de un tipo nuevo de teoría
crítica. En este sentido, una vez que ha articulado el esquema global que incorpora el mayor
número posible de generalizaciones orientadoras, lo utiliza para criticar la parcialidad de los
enfoques más limitados (aunque sin dejar, por ello, de incluir sus verdades esenciales). La
crítica de Wilber no se centra, pues, tanto en la verdad o falsedad de un determinado enfoque
como en su parcialidad.

Esta misma visión integradora, por tanto, nos proporciona una pista para comprender las
reacciones tan encontradas que suscita su obra, reacciones que van desde la indignación hasta la
afirmación de que es lo más importante que nunca se haya publicado. Lo cierto es que las
críticas más furiosas proceden, casi sin excepción, de teóricos que creen que su propio campo o
método es el único verdadero. Porque el hecho es que a Wilber no se le suele criticar tanto por
malinterpretar o tergiversar los campos del conocimiento de los que habla, como por tener en
cuenta cuestiones que un determinado crítico no considera importantes o por acuchillar el buey
preferido de ese crítico (sin pretender, con esta metáfora, ofender a los vegetarianos). Así pues,
los freudianos nunca han dicho que Wilber no comprendiera a Freud, sino que no debería haber
prestado tanta atención al misticismo; los estructuralistas y los postestructuralistas no se quejan
de que Wilber malinterprete sus respectivos campos, sino de que los coloque en pie de igualdad
junto a otros que, según ellos, carecen de toda importancia, etcétera, etcétera, etcétera. El ataque
siempre asume la misma forma: ¡Cómo osa usted decir que mi campo no es el único verdadero!

Pero, independientemente de cuál sea el tema, las dificultades, como ya he dicho, son
extraordinarias. Cuando, en cierta ocasión, le pregunté lo que opinaba acerca de su obra, Wilber
respondió: «Me gusta pensar en ella como una de las filosofías que presenta más visos de
credibilidad, como un abrazo genuino entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur». Y
resulta muy curioso, en este sentido, que Huston Smith (autor de Las religiones del mundo y
entrevistado por Bill Moyers para la conocida serie de televisión titulada The Wisdom of Faith)
afirmara recientemente que «nadie -ni siquiera Jung- ha hecho tanto como Wilber por abrir la
psicología de Occidente a la sabiduría perenne de la que hablan las grandes tradiciones del
mundo entero. Do un modo lento pero seguro, cada uno de los libros de Ken Wilber está
asentando los cimientos de una psicología auténticamente oriental y occidental».

Al mismo tiempo -agrega Ken-, «la gente no debería tomársela demasiado en serio. No son
más que generalizaciones orientadoras que dejan suficiente espacio como para que cada cual
rellene los huecos como mejor le plazca». Wilber, en suma, no nos está imponiendo una camisa
de fuerza conceptual sino todo lo contrario ya que, como él mismo dice, «lo único que espero es
demostrar que el Kosmos es mucho más espacioso de lo que usted jamás hubiera sospechado».

Pero lo cierto es que no hay espacio, sin embargo, para quienes quieren conservar sus
respectivos feudos y reducir el Kosmos a un determinado campo -el suyo, claro está- ignorando,
al mismo tiempo, las verdades procedentes del resto de los campos. «No es posible», concluye
Wilber, «integrar adecuadamente métodos y campos tan distintos sin mostrar el modo en que
encajan entre sí. Ése es el modo correcto, a mi juicio, de articular una auténtica filosofía
mundial.» Y Wilber nos muestra exactamente la forma de llevar a cabo ese «ajuste». De otro
modo, no estaríamos siendo cuidadosos y no tendríamos totalidades sino meros montones.

Martes, 28 de enero

Cita con el dentista. Al parecer, todos los dentistas de Boulder son «holísticos». Quizás
no sepan arreglar una caries, pero son buenos para la evolución de su alma y de su
Espíritu.

Miércoles, 29 de enero
Estoy empezando a considerar la necesidad de contratar los servicios de un agente
literario, algo que nunca he tenido, para la publicación de Ciencia y religión. En la
última década he mantenido una relación muy buena con Shambhala Publications,
alentada por mi gran amistad con Sam Bercholz. Pero Sam comprende perfectamente
que, en esta ocasión, quiera publicar mi libro en una editorial convencional de modo
que, con sus bendiciones, voy a asomarme al mundo de las grandes editoriales.

¿Dónde podría encontrar a un agente literario? ¿Es necesario un agente que defienda
mis intereses en todo el mundo? ¿Acaso existe algo así como Agents Are Us?

Jueves, 30 de enero

Mañana es mi cumpleaños, el cumpleaños de «Ken Wilber», pero no el cumpleaños de


mi Rostro Original, del gran No nacido, de la inmensa amplitud que yace en lo más
profundo de mi ser, de una Vacuidad que no puede verse mancillada por el tiempo, el
océano infinito de la Libertad, la inmensa amplitud de Liberación, el mar lúcido de la
Quietud, la intersección infinita en la que yo dejo de ser y lo único que existe es el
Espíritu.

El gran No nacido jamás cumple años, porque, siendo la Talidad infinitamente


resplandeciente de todo lo que es, jamás nació. No existe celebración alguna para ese
instante atemporal anterior a la historia y sus mentiras, al tiempo y sus terrores, a la
duración y sus esfuerzos. No existe ningún regalo para lo No Creado, la Fuente de todo
lo que es, el Océano infinito de Serenidad que engloba la totalidad del Kosmos. No
existe ninguna canción para festejar a Siempre Ya, la Libertad infinita y gloriosa que se
encuentra más allá del nacimiento y de la muerte.

Todo ser sensible puede decir: en esencia, soy atemporal, soy la Totalidad, los surcos
de mi rostro son los crujidos del huevo cósmico al resquebrajarse, las supernovas se
arremolinan en mi corazón, las galaxias pulsan en mis venas y el resplandor de las
estrellas ilumina las neuronas de mi noche. .. ¿Quién festejará este cumpleaños? ¿Quién
celebrará la inmensa amplitud que entona su insólita canción en el silencio de la noche?
FEBRERO

Todos los budas y todos los seres sensibles no son sino Un Espíritu separado del cual
nada existe. Ese Espíritu, que carece de origen, no ha nacido nunca y es indestructible.
No es verde ni amarillo y carece de forma y apariencia. No pertenece a la categoría de
las cosas que existen ni de las que no existen y tampoco puede ser calificado, en
consecuencia, en términos de nuevo o viejo. No es largo ni corto, grande ni pequeño,
porque transciende todos los límites, todas las mesuras, todos los nombres y todos los
rasgos y está más allá de toda comparación. Basta con despertar al Unico Espíritu.

MAESTRO ZEN HUANG PO

Sábado, 1 de febrero

He estado trabajando durante toda la mañana y luego he ido a comprar comida. En uno
de los ventanales del tendedero ubicado bajo el tejado han anidado dos palomas. Como
parecía gustarles el aire caliente que sale de ahí, quité la mampara exterior para que
pudieran entrar durante el invierno y hoy he visto que han tenido descendencia y ya son
tres. Al igual que los católicos, los pingüinos y las palomas también se emparejan, con
la única salvedad de que, en estos últimos dos casos, nunca consiguen la anulación
milagrosa de sus matrimonios.

Domingo, 2 de febrero

He conseguido un ejemplar del libro de Andrew Harvey The Essential Gay Mystics, un
libro del que me alegré de escribir un breve comentario [«Andrew Harvey ha recopilado
algunos de los escritos más apasionados y conmovedores de toda la literatura mística y
todos los autores incluidos son homosexuales. En este libro, las palabras hablan por sí
solas, es decir, que la Divinidad se expresa directamente con palabras que fluyeron de
corazones gays, de mentes gays y de amores gays con una elocuencia exquisita y
profunda que se dirige a la Divinidad que mora en cada uno de nosotros. El místico no
es alguien que ve a Dios como un objeto, sino aquel que se halla inmerso en Él. Harvey
ha abierto la cornucopia de la sabiduría mística y nos brinda una sabiduría
enternecedora como las lágrimas y ligera como la bruma, pero tan apasionada como el
fuego implacable de lo Divino»].

Antes de que Harvey empezara a trabajar en este libro (cuyo comentario sobre el autor
advierte, con singular encanto, que «Andrew estudió en Oxford y, a los veintiún años de
edad, recibió el galardón académico más importante de Inglaterra que le convirtió en el
Fellow of All Soul más joven de toda su historia. Escritor prolífico, es autor de más de
diez libros, entre los cuales cabe destacar Journey to Ladakh. También ha colaborado
con Sogyal Rinpoche en el best-seller El libro tibetano de la vida y de la muerte.1
Asentado actualmente en París, Harvey es el personaje central de un documental
filmado en 1993 por la BBC y titulado "The Making of a Mystic"». Vino a visitarme
con su futuro esposo Eryk y mi amigo Alee Tsoucatos. Preparé pasta y comimos en la
terraza contemplando el espectáculo de las llanuras de Denver.

1. El libro tibetano de la vida y de la muerte. Barcelona: Urano, 1994.

Andrew es un romántico que idealiza y aborrece alternativamente al amante perdido,


de modo que ha pasado por la fase de adorar a la Madre Meera y por la fase de odiarla,
aunque ahora parece felizmente enamorado de Eryk, quien, según dice, le ha enseñado
más que nadie sobre el auténtico amor. Parece realmente feliz y le deseo lo mejor.

Martes, 4 de febrero

Estoy preocupado por la salud de Huston [Huston Smith]. A veces creo que todavía
vivirá diez o veinte años más pero, en otras ocasiones, dudo si llegará al próximo año.
Desde la muerte de Treya trato de decirle a la gente lo que siento por ellos antes de que
se hayan ido y sea ya demasiado tarde. Treya y yo tuvimos esa extraordinaria
oportunidad y soy consciente de lo que ello implica para quienes no disponen de ella.

Huston hablaba ya de filosofía perenne mucho antes de que el tema se popularizase.


Antes de que las tradiciones multiculturales de sabiduría, de que el legado cultural de
las grandes religiones del mundo, de que la unión espiritual y la celebración de la
diversidad se pusieran de moda, Huston estaba ya ocupándose de todas esas cosas.

Su piel es ahora casi transparente, como un hermoso tejido delicado y translúcido. La


última vez que le vi estaba muy débil, pero resplandecía tanto que llegué a sospechar
que, en el caso de que la luz se apagara, su cuerpo emanaría una luz muy suave.

Mi muy estimado Huston:

Estoy muy contento de haber podido visitarte pero todavía me hallo muy impresionado por la
respuesta que me has dado -«la ciudadela está desmoronándose»- al interesarme por tu salud. Es
precisamente por ello que me he decidido a escribirte.

Cuando mi ser se halla saturado de la Vacuidad se asemeja a una especie de conciencia de


«doble entrada». Por una parte, todo lo que ocurre -desde lo que consideramos más excelso
hasta lo que calificamos como más profano- resplandece con la misma luz de lo Divino hasta el
punto de que resulta imposible señalar la menor diferencia. Es un auténtico misterio que, para
esta conciencia que todo lo impregna, en la que nada se mueve y goza por igual tanto de la
puesta como de la salida del sol y del sufrimiento como de la felicidad, el alma más divina y la
más desdichada resplandezcan por igual. En por ello que, cuando estoy en contacto con esta
presencia y escucho que la ciudadela de mi querido Huston está desmoronándose, todo está en
su sitio, todo está bien, las cosas son sencillamente como son y todo irradia la gloria inagotable
que somos.

Pero, simultáneamente, del otro lado de la Vacuidad -de la otra «entrada» de la que antes
hablaba- todo es, de algún modo, mucho más intenso. La tristeza es más triste, la alegría más
alegre, el gozo más placentero y el dolor más doloroso, mis carcajadas son más fuertes y mis
lamentos más ruidosos. En la Vacuidad pura todo fenómeno relativo es más intenso porque ha
dejado de luchar con lo Divino y sencillamente lo expresa.
Cuando, desde este lado de la doble entrada -en el que el dolor es más desgarrador (porque está
Vacío) y la tristeza más angustiosa (porque está Vacía)-, escucho decir que la ciudadela de mi
estimado Huston está desmoronándose, me siento embargado por una tristeza que no sé bien
cómo expresar.

Tú has enseñado muchas cosas a muchas personas, tú nos has recordado (con una voz
ciertamente celestial) quiénes somos, tú has prendido una antorcha divina que ha iluminado
nuestros rostros y nos has obligado a despertar, tu luz ha iluminado la noche oscura de nuestras
desconcertadas e infelices almas, tú se nos has presentado en forma de nuestro ser más profundo
para que no olvidáramos. De una manera coherente, sincera, íntegra, brillante, humilde, valiente
y respetuosa, tú nos has señalado -y sigues todavía señalándonos- el camino que debemos
seguir. Y es por ello que nuestro agradecimiento, respeto y amor por ti trasciende con mucho lo
que mis palabras podrán nunca llegar a transmitir.

Como ves. me he convertido en un esquizofrénico de lo Divino, alguien cuya mente se halla


dividida. Por una parte, me encuentro inmerso en la Vacuidad, que siempre es un gesto
maravilloso de la Gran Perfección, pero, al mismo tiempo -y hasta en la misma percepción-, la
idea de que tú puedas abandonarnos me resulta angustiosa e intolerable y siento rabia por la
extinción de esa luz y grito inútilmente mi impotencia frente a esa afrenta del samsara. Pero
eso, precisamente, es el nirvana y no de un modo teórico sino absolutamente práctico, aquí y
ahora mismo, la Vacuidad. Y también sé que no tendría que decirte nada al respecto, porque tú
ya sabes todo esto.

De modo que, del lado que está furioso por el desmoronamiento de la ciudadela, sólo quiero
recordarte una vez -desde lo más profundo de mi ser- lo que tú nunca has dejado de recordarnos
a todos nosotros... y a mí en particular. Debo decirte que tú siempre has sido una de mis
referencias más importantes. Todavía recuerdo aquella memorable carta que escribiera a un
joven de veinticinco años felicitándole por la publicación de su primer libro, aún recuerdo el
alborozo que sentí cuando me enteré de que aceptaba el compromiso de participar en ReVision
(yo le había dicho a Jack Crittenden que no me sentiría a gusto en la revista hasta que Huston
participase) y jamás olvidaré su discurso de despedida de Treya, un discurso que me hizo saltar
las lágrimas y desarmó toda mi coherencia. Desde este lado sé muy bien lo mal que me siento
cuando la ciudadela se desmorona.

Debes perdonarme por enterrarte prematuramente y expresarme como si tu muerte fuera ya


inminente; Dios quiera que dentro de unas décadas podamos seguir hablando de todo esto, antes
de que tus cenizas regresen a la danza cósmica y tu alma retorne al lugar que nunca abandonó.
Pero el hecho de que, como tú has dicho, «la ciudadela esté desmoronándose» me entristece
tanto que he preferido cometer el error de hablar prematuramente de todas estas cosas. Es muy
posible que la historia de Treya me haya tornado más sensible que la mayoría al «estallido de la
burbuja», lo esperemos o no.

Perdóname, pues, por escribirte una apología [en inglés eulogy], un término cuya etimología
(de en. que significa verdadero y logy, que significa historia: la verdadera historia) siempre me
ha gustado. Recibe todo mi amor, un fragmento, a fin de cuentas, del que tú has derramado
siempre a manos llenas por todos nosotros y nos has invitado a encarnar. Vaya con ésta todo mi
amor -que, como tú nos has recordado, es el amor de Dios- a mi mentor, a mi guía y a mi amigo,
el hombre cuyo recuerdo nunca me abandonará.

Siempre tuyo,
Ken

Domingo, 9 de febrero
Antes de comenzar a escribir Sexo, ecología, espiritualidad [SEE], varios profesores
del Naropa Institute, de Boulder, me pidieron que me reuniera con ellos y con sus
discípulos. Habitualmente, yo declino cualquier invitación a dar conferencias o cursos,
lo cual es una pena, porque es algo que me gusta mucho. Pero, en este caso, hemos
llegado al acuerdo de invitar a los estudiantes a venir a mi casa -en tres o cuatro grupos
de entre treinta y cincuenta cada vez- y hablar el tiempo que quieran en torno a los
temas que les interese. Durante mi período de retiro de tres años para escribir SEE
cancelé estos seminarios, pero este año me ha parecido adecuado retomarlos. De este
modo, si los estudiantes vienen a mi casa, estaré sencillamente hablando con unos
amigos y seguiré sin dar ningún tipo de «enseñanza pública».

Hoy hemos tenido otro seminario y hemos decidido vernos un par de veces al mes.
Alguien sugirió que podríamos grabar en vídeo estos encuentros y tal vez lo hagamos.

Lunes, 10 de febrero

La semana pasada llegaron los comentarios sobre Ciencia y religión escritos por
personas muy amables que se apiadaron de mí y los envié, junto a una carta más bien
jactanciosa, a una serie de agentes literarios que me han recomendado varios amigos y
editores. La idea me parece muy interesante, porque se trata de una especie de subasta
entre una media docena de agentes y el ganador subastará, a su vez, el libro entre una
media docena de editores.

Pero la cuestión también tiene su vertiente cómica, porque algunos de los agentes son
también representantes de autores de la nueva era cuyo mensaje, hablando en términos
generales -aunque aprecie la obra de algunos de ellos-, me parece más prerracional y
narcisista que transracional y divino. Suele tratarse de autores que, al percatarse de la
ausencia de Dios y de la Diosa en el mundo moderno, han decidido suplantarle
(mientras sus agentes se frotan las manos esperando cobrar su correspondiente 15%).
Tengo la sensación de que Dios es mucho más que todo eso.

Martes, 11 de febrero

UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA

Hal Blacker, editor de What Is Enlightenment? ha descrito del siguiente modo en su


revista el tópico de este artículo:

Trataremos ahora de investigar una cuestión muy especial, una cuestión que debe ser estudiada
con sumo cuidado, la superficialidad que parece invadir la investigación espiritual y el discurso
occidental actual, sobre todo en los Estados Unidos. Resulta lamentable que la transmisión de
las tradiciones místicas de Oriente (o de cualquier otro lugar) a nuestro país achate su
profundidad, diluya sus exigencias y desperdicie, de ese modo, su revolucionaria capacidad de
transformación. Y el modo en que esto ocurre parece ser muy sutil, puesto que las palabras
empleadas suelen ser las mismas. Pareciera como si, mediante un curioso malabarismo -que tal
vez consista en cambiar el contexto y modificar, en consecuencia, el significado de lo dicho-, el
rugido de las grandes enseñanzas se convirtiera en el consolador borboteo de un jacuzzi
californiano. Y, si bien es cierto que existen notables excepciones, esa actitud suele acabar con
las implicaciones radicales de las grandes tradiciones de sabiduría. Investiguemos, pues, las
causas y consecuencias de esta dilución de la espiritualidad en Occidente.

Quisiera partir de esta afirmación e ir comentando sus puntos esenciales porque todos
ellos, en mi opinión, ejemplifican la crisis de la espiritualidad americana.

Traslación versus transformación

Son varios los libros (Un Dios sociable, Después del Edén y El ojo del Espíritu, por
ejemplo) en los que he tratado de demostrar que la religión cumple dos funciones muy
diferentes pero igualmente importantes. Por una parte, la religión se ocupa de dar
sentido a la sensación de identidad separada creando o reviviendo mitos, historias,
cuentos, narraciones y rituales que, en general, ayudan al yo separado a encontrar
sentido -y, en consecuencia, a soportar- a los golpes y dardos de la insultante fortuna.
Esta función no suele pretender cambiar el nivel de conciencia de la persona y no
apunta, en consecuencia, a ninguna transformación radical. Así pues, no proporciona
una liberación del yo separado sino que tan sólo proporciona consuelo al ego, lo
fortifica, lo defiende y, a fin de cuentas, lo promueve. En la medida, pues, en que el yo
separado crea en los mitos, celebre los rituales, recite las oraciones o acepte los dogmas,
se siente «salvado» -ya sea ahora o en algún momento posterior a la muerte- por la
gracia de Dios o por el favor de la Diosa.

Pero la religión también cumple -aunque de un modo ciertamente minoritario- con la


función de promover la transformación y la liberación. Se trata, en este caso, de una
función que no fortalece al yo separado sino que lo destruye, y no proporciona, por
tanto, consuelo, fortaleza, satisfacción y comodidad sino desolación, vacío, ruptura y
revolución. Esta función no apunta, pues, al apuntalamiento convencional de la
conciencia sino a su transformación y transmutación profunda.

Existen diferentes modos de expresar estas dos grandes funciones de la religión. La


primera de ellas -a la que he llamado traslación y que consiste en dar sentido al yo-
constituye una especie de movimiento horizontal, mientras que la segunda -a la que he
denominado transformación y que apunta a la transcendencia del yo- es una especie de
movimiento vertical (más alto o más profundo, dependiendo de la metáfora que
utilicemos).

La traslación proporciona al yo un nuevo modo de pensar o de sentir sobre la realidad,


brindándole una nueva creencia que puede ser holística en lugar de atomística,
relacional en lugar de analítica o subraye el perdón en lugar de la venganza. Pero, en
cualquiera de estos casos, la traslación enseña al yo a traducir su mundo y su ser en
función de una nueva creencia, un nuevo idioma o un nuevo paradigma, una nueva y
maravillosa traducción que atenúa y alivia provisionalmente el terror inherente a toda
sensación de identidad separada.

La transformación, por su parte, cuestiona, desafía, testimonia, socava y, finalmente,


desmantela el proceso mismo de la traslación. Con la traslación típica, el yo (o sujeto)
dispone de un nuevo modo de pensar sobre el mundo (o sobre los objetos); pero con la
transformación el yo mismo es puesto en entredicho, apresado y literalmente sofocado
hasta la muerte.
Repitámoslo de otra forma: con la traslación -que es, con mucho, la función prevalente
y más difundida de la religión- el yo sigue feliz en su contracción, contento de su
esclavitud y satisfecho ante el escandaloso terror que constituye, de hecho, su esencia
más profunda. La traslación permite que el yo se adentre somnoliento en el mundo y se
lance a la pesadilla de este mundo provisto de una nueva dosis de morfina con el que
enfrentarse al samsara. Esta es, de hecho, la situación en la que se halla la humanidad
religiosa, la situación, precisamente, que los grandes maestros espirituales -los grandes
maestros de la transformación- han puesto en cuestión y, finalmente, han acabado
desarticulado.

Porque la verdadera transformación no es, en modo alguno, una cuestión de creencias


sino que entraña la muerte del creyente; es ajena a todo intento de traducir el mundo de
otro modo y se centra, por el contrario, en su transformación. No tiene, pues, nada que
ver con el consuelo sino con la búsqueda de un infinito que se halla del otro lado de la
muerte. De este modo, el yo no se contenta sino que se desvanece.

Ahora bien, aunque yo me incline, obviamente, por la transformación y minimice la


importancia de la traslación, el hecho es que, globalmente consideradas, constituyen dos
funciones indispensables extraordinariamente importantes. La gran mayoría de los
individuos no han nacido iluminados, sino que lo hacen en el pecado, el sufrimiento, las
esperanzas, los temores, los deseos y la desolación. Nacen como un yo dispuesto a
contraerse, un yo acosado por el hambre, la sed, la tristeza y el miedo y no tardan en
aprender formas muy diversas de traducir el mundo, de darle sentido, de darle
significado y de protegerse del terror y la tortura que nunca se hallan muy lejos de la
felicidad aparente de toda sensación de identidad separada.

Y por más que nosotros -por más que usted y yo- deseemos ir más allá de la traslación
y queramos emprender una auténtica transformación, la traslación seguirá
desempeñando una función absolutamente indispensable. Quienes, por las razones que
fuere, tienen dificultades para traducir con la suficiente exactitud, no tardan en caer
presas de la neurosis severa o hasta de la psicosis, en cuyo caso, el mundo deja de tener
sentido y las fronteras existentes entre el yo y el mundo no se ven trascendidas sino tan
sólo desarticuladas. Y eso no tiene nada que ver con el avance y la trascendencia sino
con el retroceso y el desastre.

Lo que ocurre es que, en algún momento de nuestro proceso de desarrollo, la traslación


-por más adecuada o exacta que pueda ser- deja simplemente de servir. En tal caso no
existe creencia, paradigma, mito o idea que pueda remediar la irrupción de la angustia.
A partir de ese momento, el único camino posible ya no es el de encontrar una nueva
creencia para el yo sino el de trascenderlo.

Pero el número de individuos que están dispuestos a emprender semejante odisea es -


siempre ha sido y, probablemente, siempre será- una minoría. Para la inmensa mayoría,
por su parte, siempre existirá una nueva creencia religiosa que cumpla con una función
consoladora y promueva una nueva traducción horizontal que proporcione algún sentido
a este monstruoso mundo. Y la religión siempre ha cumplido -y lo ha hecho ciertamente
muy bien- con esta primera función.
Yo también suelo referirme a esta primera función de la religión (la traslación
horizontal y la creación de significados para la sensación de identidad separada) porque
la religión apunta, fundamentalmente, a la legitimación del yo, buscando refrendar sus
creencias, sus paradigmas, sus visiones del mundo y su manera de estar en el mundo. Y
esta función legitimadora -por más provisional, relativa, no transformadora o ilusoria
que pueda ser- ha sido el cometido más importante de todas las tradiciones religiosas
del mundo. La capacidad de una religión para proporcionar sentido, legitimidad y
aprobación horizontal al yo y sus creencias ha sido, históricamente, el «aglutinante»
social más importante de cualquier cultura.

Y no deberíamos jugar a la ligera con el aglutinante que mantiene unidas a las


sociedades porque, cuando ese aglutinante se disuelve -cuando se elimina la traslación-
el resultado, como anteriormente señalábamos, no es tanto el avance y la liberación
como el retroceso y el caos social. (En breve volveremos sobre este punto.)

Y si la religión traslativa proporciona legitimidad, la religión transformadora brinda


autenticidad. Para aquellos pocos individuos que, hartos del sufrimiento inherente a
toda sensación de identidad separada, no quieren seguir abrazando la visión legítima del
mundo, se abre cada vez más claramente el camino de la transformación, un camino que
conduce a la autenticidad, a la iluminación y a la liberación. Y más pronto o más tarde
(dependiendo de su capacidad de sufrimiento) todo el mundo debe responder a la
llamada de la autenticidad, de la transformación y de la liberación que nos invoca desde
el lejano horizonte del infinito.

La espiritualidad transformadora no pretende sostener o legitimar ninguna visión del


mundo, sino proporcionar verdadera autenticidad desarticulando lo que el mundo asume
como legítimo. La conciencia legítima se ve confirmada por el consenso general,
adoptada por la mentalidad colectiva, abrazada tanto por la cultura como por la
contracultura y promovida por el yo separado como el modo de dar sentido a este
mundo. Pero la conciencia auténtica no tarda en sacudirse ese yugo y asume, en cambio,
una mirada que ve el mismo resplandor infinito en el corazón de todas las almas y
respira la atmósfera de una eternidad demasiado sencilla como para creérsela.

La espiritualidad transformadora, la espiritualidad auténtica, es, por tanto,


revolucionaria. No legitima el mundo sino que rompe con él, no consuela al mundo sino
que lo desarticula, y no se ocupa de satisfacer al yo sino de trascenderlo.

Y todo esto nos lleva a las siguientes conclusiones.

¿Quién quiere, realmente, transformarse?

Existe una creencia muy difundida que afirma que la espiritualidad oriental es
auténtica y transformadora y que la occidental -tanto antiguamente como en la «nueva
era» de hoy en día- es, en el mejor de los casos, horizontal, traslativa, legítima y tibia.
Y, si bien eso encierra alguna verdad, la realidad es -tanto en Oriente como en
Occidente- bastante más triste.

Porque hay que comenzar diciendo que, aunque Oriente haya producido un mayor
número de personas totalmente realizadas, el porcentaje de la población oriental que se
halla realmente comprometida con una espiritualidad auténticamente transformadora es,
y siempre ha sido, lamentablemente pequeña. Una vez le pregunté a Katigiri Roshi (con
quien tuve mi primer gran descubrimiento, que, afortunadamente, no tenía nada tenía
que ver con la regresión) cuántos maestros ch'an y zen habrían existido en el curso de la
historia y respondió de inmediato sin el menor asomo de duda: «quizás un millar». En
otra ocasión, le pregunté a otro maestro zen cuántos maestros japoneses iluminados -
profundamente iluminados- habría en la actualidad y replicó: «Menos de una docena».

Supongamos ahora que esas respuestas sean aproximadas y hagamos números. Aun
cuando supusiéramos que en el curso de la historia sólo ha habido mil millones de
chinos (una estimación ciertamente baja), ello significaría que sólo mil entre mil
millones habría seguido una espiritualidad auténticamente transformadora, un número
(para quienes carecen de calculadora) que supone el 0,000001% de la población. (Y,
aun cuando habláramos de un millón en lugar de mil, ello no implicaría más que el
0,001% de la población, un porcentaje semejante al de una gota en un cubo de agua.)

Pero eso también significaría que, en el mejor de los casos, el resto de la población
estuvo -y sigue estando- inequívocamente implicada en diversos tipos de traslación
horizontal, en religiones legítimas, en prácticas mágicas, en creencias míticas, en
oraciones egoicas de petición, en rituales mágicos, etcétera, etcétera, etcétera, o, dicho
en otras palabras, en modalidades que sólo pretenden dar sentido a la sensación de
identidad separada, una función traslativa que constituye, como ya hemos dicho, el
principal aglutinante social de todas las culturas -tanto chinas como de cualquier otro
lugar- existentes hasta la fecha.

Sin tratar, pues, de minimizar las extraordinarias contribuciones realizadas por las
tradiciones orientales, el hecho es que la espiritualidad transformadora es, en cualquier
momento histórico y en cualquier parte del mundo, algo sumamente raro (y el número
de occidentales que la han seguido resulta todavía más deprimente).

Porque, aunque el pobre número de occidentales que se hallen implicados en una


espiritualidad transformadora resulte ciertamente lamentable, nos deberíamos extraer la
errónea conclusión de suponer que, en otro tiempo o en otras culturas, las cosas hayan
sido muy distintas. Tal vez, en alguna ocasión, las cosas haya sido, en Occidente, un
poco mejores de lo que lo son hoy en día, pero, en última instancia, el hecho sigue
siendo el mismo: la espiritualidad auténtica es -en cualquier tiempo y lugar- una rara
avis. No olvidemos que la espiritualidad vertical transformadora es una de las joyas más
preciosas de la tradición humana y que el rasgo distintivo de las joyas es, precisamente,
su escasez.

Digamos también, en segundo lugar, que aunque creyéramos que nuestra función más
importante es la de articular una espiritualidad auténticamente transformadora, la mayor
parte de nuestra actividad debería centrarse en proporcionar modalidades más benignas
y útiles de traslación. Dicho en otras palabras, aun cuando nos hallemos comprometidos
en la práctica o en la elaboración de una espiritualidad realmente transformadora,
deberíamos comenzar tratando de proporcionar a los seres humanos formas de
traducción más adecuadas. De modo que, antes de poder fomentar la auténtica
transformación, deberíamos comenzar alentando traslaciones más útiles.
Porque el hecho es que, si la traducción es demasiado rápida, demasiado abrupta o
demasiado ajena a un individuo (o a una cultura), el resultado no es el avance y la
liberación sino el retroceso y el colapso. Veamos ahora un par de breves ejemplos a este
respecto.

Cuando Chögyam Trungpa Rinpoche, el gran -y ciertamente controvertido- maestro


tibetano, llegó a nuestro país, era conocido por responder siempre a la pregunta por el
significado del Vajrayana con las palabras: «Sólo existe Ati» o, dicho de otro modo,
miremos donde miremos, lo único que existe es la mente iluminada. No tenemos, pues,
la menor necesidad de desembarazarnos del ego, del samsara, de maya o de la ilusión,
porque nada de eso existe en realidad. Lo único que existe es Ati , lo único que existe es
el Espíritu, lo único que existe es Dios, lo único que existe es la Conciencia no dual.

Pero, puesto que casi nadie se hallaba en condiciones de comprender lo que Trungpa
estaba diciendo -puesto que nadie estaba en condiciones de actualizar la realización
radical y auténtica de la verdad-, éste se vio obligado a diseñar un conjunto de prácticas
«menores» que pudieran conducir a esta radical y última «no práctica». Para ello
introdujo los nueve Yanas como fundamento de la práctica o, dicho en otras palabras,
introdujo nueve estadios o niveles de práctica que culminaban en la última «no
práctica» de Ati siempre ya.

Es cierto que la mayor parte de esas prácticas son meramente traslativas y que sólo
algunas de ellas son lo que podríamos denominar prácticas «transformadoras menores»,
prácticas minitransformadoras que ponen al cuerpo-mente en condiciones de percatarse
de que la iluminación ya se ha alcanzado. Estas prácticas traslativas menores salen de la
«práctica perfecta» (de la no práctica), de la comprensión radical, instantánea y
auténtica de que, desde el comienzo de los tiempos, Ati es lo único que existe. Así pues,
aunque la transformación última fuera el objetivo fundamental omnipresente, Trungpa
tuvo que introducir prácticas traslativas menores que facilitaran a sus seguidores el
reconocimiento de la evidencia de lo que es.

Y lo mismo, exactamente, ocurrió con Adi Da, otro influyente -e igualmente polémico-
adepto (aunque oriundo, en este caso, de los Estados Unidos). Adi Da comenzó
enseñando exclusivamente «el camino de la comprensión», que no es tanto un camino
para alcanzar la iluminación como una indagación en los motivos por los cuales uno
quiere alcanzar la iluminación. Desde ese punto de vista, el mismo deseo de buscar la
iluminación espiritual es, en realidad, un fruto de la avidez del ego que, en
consecuencia, obstaculiza la búsqueda. La «práctica perfecta» no consiste, por tanto, en
buscar la iluminación sino en investigar los motivos que alientan esa búsqueda.
Obviamente, uno busca para escapar del presente -el único lugar, por cierto, en donde
puede hallarse la respuesta-, de modo que el mismo hecho de buscar nos condena a no
encontrar. No hay ningún momento en el que usted haya dejado de ser Espíritu
iluminado y, en consecuencia, el mismo hecho de buscar el Espíritu se convierte,
simplemente, en una negación del Espíritu. Porque resulta tan imposible alcanzar el
Espíritu como alcanzar sus pies o llegar a sus pulmones.

Así fue como Adi Da -y por los mismos motivos que Trungpa- se vio obligado a
introducir una serie de prácticas traslativas y transformadoras menores -en siete
estadios, en este caso-, que conducían al punto en que uno podía dejar de buscar y
permanecer abierto a la verdad siempre ya de su propia condición atemporal y eterna
que se halla completa y plenamente presente en el mismo momento de partida, pero que
la búsqueda misma nos lleva a ignorar.

Sea lo que fuere lo que uno piense acerca de esos dos adeptos, el hecho sigue siendo el
mismo, ya que es muy posible que los suyos fueran los primeros intentos realizados en
nuestro país para transmitir la idea de que «Lo único que existe es el Espíritu» y, por
tanto, de que la búsqueda del Espíritu es, precisamente, el principal obstáculo para la
realización. Y ambos descubrieron que, aunque podamos estar despiertos al Espíritu, a
la verdad radical y transformadora de este momento, las prácticas traslativas y
transformadoras menores siempre constituyen un requisito previo de la transformación
radical y última.

También debo decir, en segundo lugar, que, además de ofrecer una auténtica
transformación radical, debemos considerar y respetar las muchas y beneficiosas
consecuencias de las prácticas traslativas menores, una actitud generosa de la que debe
hacer gala cualquier «enfoque integral» a la transformación, cualquier enfoque que
incorpore prácticas traslativas y transformadoras menores -que abarcan los aspectos
físicos, emocionales, mentales, culturales y colectivos del ser humano- como
preparación y expresión de la transformación última en el estado presente siempre ya.

De este modo, aunque critiquemos las religiones meramente traslativas (y las formas
transformadoras menores), también sabemos que un enfoque integral a la espiritualidad
deberá combinar lo mejor de lo horizontal (de lo traslativo) con lo mejor de lo vertical
(lo transformador), permitiéndonos centrar nuestros esfuerzos en una visión global,
equilibrada y sensata de la condición humana.

Sabiduría y compasión

Tal vez alguien pueda preguntarse si no es ésta una visión muy elitista. ¡Pues sí, Dios
mío, o eso es, al menos, lo que espero! ¿A quién prefiere ver usted cuando va a una
cancha de baloncesto, a mí o a Michael Jordan? ¿A quién quiere escuchar cuando
compra la entrada de un concierto, a mí o a Bruce Springsteen? Y, en el caso de que le
interese la literatura, ¿a quién preferirá leer, a mí o a Tolstói? ¿Y qué pintura compraría
por sesenta y cuatro millones de dólares, una mía o una de Van Gogh?

La excelencia -y ello incluye también la excelencia espiritual- es ciertamente elitista...


pero se trata de un elitismo al que todo el mundo está invitado. Si escuchamos lo que
nos dicen los grandes maestros -desde Padmasambhava hasta santa Teresa de Ávila,
Gautama Buda, la princesa Tsogyal, Emerson, Eckhart, Maimónides, Shankara, Sri
Ramana Maharshi, Bodhidharma o Garab Dorje- oiremos siempre el mismo mensaje:
permita que esa conciencia esté en usted como está en mí, un mensaje que comienza
siendo elitista y termina siendo igualitario.

En medio, sin embargo, la sabiduría grita desde el fondo de nuestro corazón


alentándonos a no olvidar la meta de la transformación radical y última. Es por ello que
cualquier espiritualidad integral o auténtica siempre supondrá un grito crítico, intenso
(y, de tanto en tanto, polémico) desde el campo transformativo al campo traslativo.
Volviendo a los porcentajes anteriormente mencionados a título meramente ilustrativo,
resumamos diciendo que el 0,000001% de la población se halla comprometido con una
espiritualidad genuina o auténtica, mientras que el 99,999999% está sencillamente
implicado en sistemas de creencias horizontales meramente traslativos que no tienen
nada de auténtico y de transformador. Y ello significa que la inmensa mayoría de los
«buscadores espirituales» de nuestro país (y de cualquier otro lugar) están interesados
en cuestiones bastante poco auténticas. Siempre ha sido así y todavía sigue siéndolo y
nuestro país no constituye, en este sentido, ninguna excepción.

Pero en la América de hoy en día esto resulta muy inquietante, porque los practicantes
espirituales horizontales no suelen tener empacho alguno en afirmar que representan la
vanguardia de la transformación espiritual, el «nuevo paradigma» que cambiará el
mundo, la «gran transformación» de la que se erigen en portavoces. Pero, en la mayor
parte de los casos, no se trata de transformaciones sino de meras traslaciones, puesto
que no ofrecen medios eficaces para desarticular el yo (para transformarse), sino tan
sólo formas diferentes de pensar en él (meras traslaciones). De hecho, la mayor parte de
ellos no nos proporciona una práctica, un conjunto de prácticas, una sadhana, un
satsang, un shikantaza o un yoga, sino la simple invitación a leer su libro sobre el nuevo
paradigma, lo cual está completamente equivocado y resulta sumamente problemático.

La auténtica transformación espiritual tiene el corazón y el alma de las grandes


tradiciones de transformación y sigue insistiendo en dos puntos fundamentales: valore y
comprométase con las prácticas traslativas menores (de las que normalmente depende el
éxito de la empresa), pero no olvide nunca que la mera traducción resulta insuficiente.

Todas aquellas personas, por tanto, que hayan experimentado el impacto de la


auténtica transformación tienen, en mi opinión, la obligación moral de gritar -ya sea de
un modo silencioso y amable, con la voz entrecortada por las lágrimas, con la pasión de
la sabiduría airada, con el análisis lento y cuidadoso o con el simple ejemplo público-
porque, en cualquiera de los casos, la autenticidad impone la exigencia y la obligación
de acabar con la autocomplacencia y sacudir, con las mejores armas de que uno
disponga, el árbol del Espíritu. Usted debe permitir que la realización radical retumbe
en sus venas y sacuda a quienes le rodeen.

Porque, en el caso de no hacerlo así, usted estará traicionando su propia autenticidad,


estará ocultando su verdadero estado. Usted no quiere perturbar a los demás porque no
quiere perturbarse a sí mismo y, en tal caso, estará actuando de mala fe y transmitiendo
el sabor de un mal infinito.

Cualquier realización profunda impone una terrible carga porque quienes ven
experimentan simultáneamente la obligación de transmitir lo que han visto; o, dicho de
otro modo, uno sólo puede ver si luego se compromete a comunicar lo que ha visto (ése,
precisamente, es el significado último del voto del bodhisattva). Y por consiguiente, si
usted ha visto, debe transmitir lo que ha visto -ya sea con compasión, con sabiduría
airada o con «medios hábiles»- pero, en cualquiera de los casos, deberá transmitir lo que
ha visto.

Y ésta es una gran carga, una carga muy pesada, porque no deja lugar alguno a la
vacilación y el hecho de estar equivocados no supone ninguna excusa. Poco debe
importarnos estar en lo cierto o estar equivocados porque, como nos recordó
Kierkegaard, la verdad sólo podrá vencer las resistencias de este mundo cuando
expresemos apasionadamente nuestra visión. Poco importa, pues, estar en lo cierto o
estar equivocado, porque es la pasión la que alienta nuestro camino. Nuestra obligación
es alentar este descubrimiento y expresarlo con toda la pasión y el coraje del que
seamos capaces. Y, en este sentido, cada uno debe gritar del modo en que mejor sepa
hacerlo.

El mundo vulgar ya está gritando y lo hace con tal estridencia que impide poder
escuchar las voces auténticas. El mundo materialista está atiborrado de ruidos,
tentaciones, ofertas comerciales, llamadas de atención y gritos de bienvenida. No
quisiera ser duro (porque debemos respetar todos los compromisos menores) pero estoy
seguro que usted ya se ha dado cuenta de que la palabra «alma» es hoy en día la más
repetida en los títulos de los libros aunque, en la mayor parte de los casos, no deje de ser
más que un sinónimo del yo. Porque, en el frenesí de la traslación, la palabra «alma» no
se refiere tanto a lo atemporal como a lo que más ruido hace y «cuidar el alma» ha
terminado significando, incomprensiblemente, centrarse en la sensación de identidad
separada. Y lo mismo ocurre con el término «espiritual», un término que va de boca en
boca, refiriéndose a cualquier sentimiento egoico intenso, y con el término «corazón»,
que ha terminado significando cualquier sentimiento sincero de contracción sobre uno
mismo, lo cual, obviamente, forma parte del mismo juego traslativo disfrazado de otro
modo.

Pero lo único alarmante en todo ello es que todas esas maniobras traslativas son
calificadas de «transformaciones» cuando no son más que meras traducciones. Parece
que hay, dicho en otras palabras, una profunda hipocresía en el hecho de tomar
cualquier nueva traducción y calificarla de gran transformación. Y el mundo en general
-tanto oriental como occidental, tanto del Norte como del Sur- permanece, y siempre ha
permanecido, sordo a esta calamidad.

¿Acaso estaba usted pensando en susurrar en voz baja a la oreja del mundo sordo que
le rodea? No, amigo mío, usted debe gritar. Grite desde su corazón lo que ha visto y
hágalo lo más fuerte que pueda.

Grite, pero no lo haga de manera indiscriminada, proceda de manera cuidadosa.


Permita el surgimiento en usted de pequeños núcleos de auténtica espiritualidad, centre
sus esfuerzos y comience a transformarse. Y deje luego que esos núcleos vayan
expandiéndose lenta, cuidadosa y humildemente, ampliando su tolerancia por todas las
visiones, aunque abogando inequívocamente por una espiritualidad verdadera, auténtica
e integral centrada en la libertad y la liberación. Permita que esos núcleos de
transformación vayan persuadiendo amablemente a sus yoes y al mundo, desafiando su
legitimidad y sus limitadoras traducciones y proporcione al aletargado mundo que le
rodea una oportunidad de despertar.

Comprometámonos aquí y ahora mismo -usted y yo- a respirar en el infinito hasta que
el mundo acabe reconociéndolo. Deje que la realización radical resplandezca en su
rostro, ruja en su corazón y atruene en su cerebro el más sencillo y evidente de los
hechos: que, en la inmediatez de su presente, usted encierra, en realidad, toda la gloria y
el esplendor, las alegrías y las lágrimas, el frío y la fiebre de la totalidad del mundo.
Usted no ve el sol, sino que es el sol; usted no escucha la lluvia, sino que es la lluvia;
usted no siente la tierra, sino que es la tierra. Esa mirada simple, clara e inequívoca
acaba con toda traducción y, en ese mismo instante, uno se convierte en el mismo
Corazón del Kosmos y aquí, precisamente aquí, muy simple y muy quedamente, todo
concluye.

Entonces, la maravilla y el remordimiento serán ajenos a usted, el yo y los demás serán


ajenos a usted y fuera y dentro carecerán de todo sentido. Y en la conmoción evidente
de ese reconocimiento -en el que mi Maestro es mi Yo, ese Yo es el Kosmos y el
Kosmos es mi Alma- usted se adentrará lentamente en la niebla de este mundo y lo
transformará sin necesidad de hacer absolutamente nada.

Entonces -y sólo entonces- inscribirá finalmente la clara, respetuosa y compasiva


lápida de un yo que nunca existió: «Lo único que existe es Ati».

Miércoles, 12 de febrero

Finalmente he contratado los servicios de Kim Witherspoon (protégé de mi viejo


amigo John Brockman), con quien he elegido los siete editores que más nos interesan:
Random House, Simon and Schuster, Doubleday, Bantam, Broadway,
Riverhead/Putnam y Harper SanFrancisco? Kim les ha enviado hoy el libro a todos
ellos. Estamos a la espera de su respuesta.

Viernes, 14 de febrero

Buenas noticias. Los siete editores respondieron a Kim antes de cuarenta y ocho horas,
diciendo que el libro está «al rojo vivo», aunque tendría que preguntarme lo que eso
podría significar en este mundillo.

-Ann Godoff, jefa de ediciones de Random House, que es la editorial que más nos
interesa, quiere hacer una oferta preventiva.

-¿Cuánto ofrece?

-No sé, supongo que la propuesta gira en torno al medio millón de dólares.

-¡Dios mío! Pero el problema es que también ofrecimos el libro a los demás editores y
no me parece bien dejarlos fuera.

- A la vista de que sus catorce libros anteriores siguen vendiéndose, parece que todos
quieren participar. Podríamos hacer una subasta. Sería una buena idea que viniera a
Nueva York.

-Hummm. Muy bien.

-Pronto.

-Hummm. Muy bien.

-Hasta la semana que viene.


-Hummm. Muy bien.

Viernes, 21 de febrero (Boulder-Nueva York)

A primera hora de la mañana viajo en avión a Nueva York. Me siento muy


ambivalente porque si bien, obviamente, quiero que el libro funcione y sea un
megabest-séller..., no quiero, en cambio, que la situación me desborde. Ni siquiera sé si
he seleccionado la ropa adecuada. Necesito ponerme algo que no despierte las
resistencias.

Dividiré mi estancia entre la casa de Tony Schwartz y un hotel del centro de la ciudad.
Estoy muy contento de volver a ver a Tony y su familia (su esposa Deborah y sus dos
adorables hijas adolescentes, Emily y Kate) pero, para la subasta, debo estar metido en
tema y, para ello, será mejor alojarme en un hotel del centro de Manhattan.
«Abróchense los cinturones, la noche será agitada.»

Domingo, 23 de febrero (Nueva York)

Tony y Deborah tienen una casa muy hermosa en Riverdale, un barrio extrañamente
elegante del Bronx ubicado justo al norte de Manhattan. Llegué el viernes y he tenido
unos días para relajarme antes de la subasta que, por cierto, empieza mañana. La
primera noche olvidaron decirme dónde está el termostato y resulta que este invierno
hace tanto frío en Nueva York que pasé la mayor parte de la noche tratando de
conseguir que sus dos perros se metieran en la cama y disponer así de un poco de calor
tipo esquimal. «¡Ven aquí, perrito bueno! ¡Tú puedes hacerlo! ¡Tú puede hacerlo! ¡Muy
bien, ven aquí, ven aquí!» Pero los perros parecen haber sido adiestrados (con descargas
eléctricas) para no subir a las camas y lo máximo que pude lograr es que uno de ellos se
arrimara al borde de la cama mientras sus patas traseras permanecían en el suelo.

Mañana comienza todo.

Martes, 25 de febrero (Nueva York)

Tony movió algunos hilos y me consiguió alojamiento en el Four Seasons, el único de


todo el hemisferio occidental que ha sido diseñado, que yo sepa, por I.M. Pei. Es
realmente exquisito.

Las reuniones han durado todo el día de ayer y de hoy. Los editores consintieron
amablemente en reunirse conmigo en el restaurante del hotel y fueron desfilando
sucesivamente desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde para poder estar un
par de horas con cada uno de ellos. He pasado dos días en la misma mesa bebiendo
zumo del tomate -algo que, por cierto, aborrezco-, tratando de impresionarles, igual que
ellos han tratado de impresionarme a mí.

Kim y yo no tardamos en darnos cuenta de que el libro había despertado una


considerable agitación. Alice Mayhew, gran dama de Simon and Schuster y editora,
entre otros, de Todos los hombres del presidente, manifestó abiertamente su interés.
Phyllis Grann, jefa de Putnam y editora de Tom Clancy dijo: «Éste es el primer libro de
no ficción que realmente quiero publicar». Estoy sorprendido por todas estas reacciones
y no sé bien lo que está ocurriendo. Creo que mi libro ha caído en medio de una serie de
corrientes y que simplemente se halla a merced de ellas. Lo primero que me ha dicho
Ann Godoff -ella ha sido la última del día de hoy- ha sido: «En toda mi carrera
profesional jamás había visto tanto alboroto en torno a un libro de no ficción».

«¡Vaya, vaya!» Luego hemos seguido hablando durante una hora o dos. Lo que más
me ha gustado de Ann, más aún que su amable comentario, es que cuando le he dicho
que no pienso hacer nada para promocionar el libro, ha respondido: «No hay ningún
problema», mientras que el resto de los editores se han asustado por mi falta de interés
en los aspectos comerciales del contrato.

-Mira Ann, tenemos que ver lo que hacen los otros editores pero, por favor, procura
que Random House no abandone el juego.

-No te preocupes.

Miércoles, 26 de febrero (Nueva York)

La subasta ha comenzado esta mañana y casi de inmediato nos hemos encontrado con
una especie de catástrofe. Kim ha comenzado leyéndome las distintas ofertas telefónicas
que habíamos recibido. En torno a la una del mediodía, las cifras estaban acercándose a
los 400.000 dólares. Pero la oferta más elevada de Random House era de 200.000
dólares, lo que significaba que se hallaban definitivamente fuera de juego. La situación
me ha sorprendido mucho. ¿Qué está ocurriendo?

Lo que no sabíamos era que Harry Evans, jefe de Random House, había visto el libro
esa misma mañana -mientras discurría la subasta- y había decidido que más de 200.000
dólares era demasiado para un libro académico. (Y, personalmente, creo que tiene
razón.)

Y esto me ha obligado a tomar -contando con la aquiescencia de Kim- una decisión


difícil, porque me he dado cuenta de que la única editorial que me interesa para este
libro es Random House. De modo que, a mitad del proceso, he comunicado mi decisión
a Kim y ella ha puesto fin de inmediato a la subasta, sorprendiendo a todo el mundo.

Pero el hecho es que estoy muy contento de contar con Random House y con Ann.

Jueves, 27 de febrero (Nueva York)

Hoy me he reunido con Ann en su oficina. Ella acaba de colocar The Soul's Code,1 de
James Hillman, en el número uno de la lista de best-séllers del Times, algo realmente
importante. Y su Medianoche en el jardín del bien y del mal se ha convertido en el best-
séller de la década. Ayer tarde le envié flores y hoy estaban en su escritorio.

1. El código del alma. Barcelona: Martínez Roca, 1998.


-Harry no andará muy lejos. Tienes que verle.

Y, ciertamente, Harry (pequeño, delgado y activo) no tarda en llegar. Por una curiosa
coincidencia, estoy en el mismo despacho con Harry, uno de los editores interesados en
la biografía que Tony está escribiendo sobre Eisner, y con Ann, interesada en mi libro.

-¡Encantado de conocerte, Ken! ¿Cuál ha sido la última ocasión en que un libro de no


ficción ha generado tanto ruido, Ann?

-Que yo recuerde, nunca, Harry.

-Así es, nunca. Y la verdad es que estamos muy satisfechos.

Luego hemos charlado un poco más y Harry ha desaparecido tan deprisa como había
llegado.

Después, Ann y yo hemos continuado hablando durante una o dos horas -realmente me
gusta mucho- y finalmente he regresado al Four Seasons. Su comentario sobre el
alboroto que ha despertado el libro me ha provocado una corriente de calor por todo el
cuerpo..., pero es muy probable que diga lo mismo a todo el mundo.

Hace sólo cinco meses que comencé a escribir Ciencia y religión y ahora, de repente,
todo eso parece tan, tan distante.
MARZO

Nuestra conciencia vigílica normal no es más que un tipo especial de conciencia que
se halla separada de otras modalidades completamente diferentes por la más delgada
de las membranas. Podemos pasar toda la vida sin sospechar su existencia, pero basta
con aplicar el estímulo adecuado para que comiencen a desplegarse en toda su
amplitud... Existe un continuo de conciencia cósmica frente al cual nuestra
individualidad levanta barricadas y en el que nuestra mente se zambulle como en un
océano o un claustro materno.

Ningún relato global del universo en su totalidad puede pretender ser definitivo
mientras no preste atención a esas otras modalidades de conciencia.

WILLIAM JAMES

Lunes, 3 de marzo (Nueva York-Boulder)

Regreso a Boulder en avión, a una vida que, de algún modo, parece lejana.

¿Ha llegado ya realmente el momento de hablar de la posible integración entre la


ciencia y la religión o es que simplemente he escrito un libro que interesará
provisionalmente a unas pocas personas y se desvanecerá en la nada a la misma
velocidad con la que apareció? Pronto lo sabremos, porque la fecha de su publicación se
ha fijado para comienzos de 1998.

Martes, 4 de marzo (Boulder)

He trabajado durante toda la mañana, luego he ido a comprar comida, he pagado varias
facturas y he visto dos películas en vídeo. La primera de ellas, Family Viewing, de
Atom Egoyam, me ha parecido, como todas las suyas, realmente brillante. Su Exótica es
un film soberbio que espero que no tarde en editarse en vídeo. Luego he visto Amateur,
la película que más me ha gustado de Hal Hartley -director también de Simple Men y
Truth Unbelievable-, aunque todas las suyas me parecen muy inteligentes y divertidas.

Está cayendo una nieve muy ligera que parece bailar con el reflejo de la luz del sol
sobre el suelo. Me siento envuelto por una especie de sábana cósmica levemente
luminosa.

Miércoles, 5 de marzo

Ciencia y religión comienza con un breve resumen de la filosofía perenne, el núcleo


común de las grandes tradiciones de sabiduría del mundo que proclaman -cada una a su
modo- la existencia de diferentes niveles o dimensiones de la existencia que van desde
la materia hasta el cuerpo vivo, la mente simbólica, el alma sutil y el Espíritu causal y
no dual. El hombre moderno no tiene problema alguno en aceptar la existencia de la
materia, del cuerpo y de la mente, pero se muestra muy renuente a admitir la existencia
del alma y del Espíritu. Exigimos pruebas de la existencia del alma y del Espíritu sin
comprender que la auténtica respuesta a esa demanda sólo puede proporcionárnosla la
experiencia espiritual directa, una experiencia, por cierto, repetible, reproducible y
confirmable. Sobre esto, precisamente, versa Ciencia y religión.

[La Figura 1 representa la llamada Gran Cadena, aunque éste resulta un nombre un
tanto inadecuado porque, en ella, cada nivel superior trasciende y despliega, al tiempo
que incluye o engloba, a sus predecesores. A mi juicio, pues, sería mucho más adecuado
hablar del Gran Nido del Ser, porque no se trata tanto de una jerarquía como de una
holoarquía, de una serie de esferas anidadas.]

Existe una abrumadora evidencia intercultural de que la conciencia y la identidad del


ser humano abarca un amplio espectro de conciencia que va desde la materia hasta el
cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu. Ése parece ser el continuo a través del cual
discurre el proceso de desarrollo o de evolución de la conciencia durante el cual nuestra
supuesta «identidad» va experimentando una serie de transformaciones. Cuando la
conciencia se identifica con el cuerpo vital -cuando estamos identificados con nuestros
impulsos, sentimientos y sensaciones corporales inmediatas- nos hallamos en presencia
del ego-cuerpo o yocuerpo; cuando nuestra conciencia se identifica con la mente,
tenemos el ego (la sensación de identidad conceptual, mental y narrativa que conlleva la
posibilidad de asumir y desempeñar roles); cuando se identifica con el nivel sutil,
tenemos el alma (una identidad supraindividual que se halla inmersa en un clima que
trasciende lo convencional y lo mundano), y cuando evoluciona todavía más y se
identifica con la realidad no dual, tenemos el Espíritu, Objetivo a la vez que
Fundamento del Gran Nido del Ser.
Figura 1. El Gran Nido del Ser. El Espíritu es, al mismo tiempo, el nivel más elevado
(causal) y el Fundamento no dual de todos los niveles.

Las pruebas de la existencia de este Gran Espectro se asientan en una experiencia


directa que puede confirmar o refutar fácilmente todo aquel que lleve a cabo en su
conciencia los experimentos internos adecuados. Estos experimentos -variantes de lo
que normalmente se conoce con el nombre de meditación o contemplación- no pueden
ser desdeñados con el argumento de que se trata de meras aprehensiones «subjetivas» o
«internas» porque, a fin de cuentas, las matemáticas también son «subjetivas» o
«interiores» y no por ello las menospreciamos como irreales o absurdas. Después de
todo, las ciencias contemplativas han acumulado una extraordinaria cantidad de datos
fenomenológicos -experiencias directas- relacionadas con los niveles sutil y causal del
alma y del Espíritu, respectivamente. Así pues, en el caso de que uno quiera saber si
esos datos son o no reales, lo único que tiene que hacer es llevar a cabo el experimento -
la contemplación- y ver por sí mismo. Y hay que decir, en este sentido, que la inmensa
mayoría de quienes así lo hacen llegan a la conclusión de que, en ese nivel, uno
establece contacto directo con su Verdadero Yo, con su Condición Real, con su Rostro
Original, que no es otro que el Espíritu.

Jueves, 6 de marzo

He pasado casi toda la mañana leyendo (sobre cuestiones relativas al nuevo


historicismo, los estudios culturales, la crítica legal y el nuevo paradigma) y, hablando
en términos generales, los artículos me parecen muy decepcionantes amén de muy mal
escritos. Me pregunto por qué la mayor parte de los teóricos actuales no saben escribir
como lo hacía William James. Cuando le preguntaron a Whitehead: «¿Por qué no
escribe con más claridad?», respondió: «¿Y por qué no piensa usted con más claridad?».
Muy bien..., ningún problema..., pero tengo la impresión de que ni siquiera les interesa
intentarlo.

Viernes, 7 de marzo

He recibido un paquete postal de Shambhala con las cartas del mes, una cuarta parte de
las cuales todavía tienen que ver con Gracia y coraje. En la vida y en la muerte de
Treya Killam Wilber. Hasta el momento, habré recibido unas ochocientas cartas al
respecto y suelen ser tan conmovedoras que habitualmente las respondo todas.1 Cuando
escribí Gracia y coraje creí que esa correspondencia duraría un tiempo pero lo cierto es
que, hasta el momento, sigo recibiendo decenas de ellas al mes y he llegado a la
conclusión de que eso formará parte de mi vida para siempre... y me parece muy bien.
De modo que, una vez al mes, me dedico a poner al día toda esa correspondencia.

1. Se trata de cartas tan desgarradoras que, en un principio, pensé en no incluirlas. Pero el hecho de que se hayan
convertido en parte integrante de mi vida me ha llevado a cambiar de opinión, aunque eliminando, en la medida de lo
posible, las alabanzas. Comprendo perfectamente el agradecimiento de las personas que me escriben a este respecto,
pero son sus historias -que no tanto su gratitud- lo que quiero transmitir al incluirlas en este libro.

Estimado Ken:

Mi nombre es... y acabo de leer Gracia y coraje. En febrero me diagnosticaron cáncer de


mama y un amigo de Zurich nos envió su libro. Al comienzo creí que me deprimiría pero la
curiosidad pudo más que yo y no tardé en emprender su lectura. A veces me resultaba
demasiado angustioso y dejaba el libro de lado por un tiempo pero, a pesar de ello, seguí
adelante y, a partir de en un determinado momento, no sólo dejó de asustarme sino que
comenzó a transformarse en un verdadero apoyo. Valoro mucho su sinceridad al compartir con
todos nosotros lo que supone ser una persona de apoyo y también me ha gustado mucho conocer
a Treya, que me parece una mujer maravillosa. Creo que este libro me ha enseñado más cosas
sobre el amor, la compasión y el perdón que cualquier otro que haya leído jamás.

Su libro también me dio la oportunidad de llorar y establecer de nuevo contacto conmigo


misma. Gracias.

Amor

Estimado señor Wilber:

Quiero darle las gracias por su libro Gracia y coraje, que adquirí en las navidades de 1994.
poco después la muerte de mi esposa -aquejada de un terrible linfoma no-Hodkin- acaecida en
septiembre.

Durante más de un año ella permaneció ingresada en un hospital mientras estaba siendo
sometida a un tratamiento quimioterapéutico. Mi esposa (que era budista y con la que estuve
casado seis maravillosos años) había nacido en Laos y había vivido en Thailandia hasta los
treinta años.
Durante todo el tiempo que duró su ordalía yo dejé de trabajar y permanecí día y noche junto a
ella en el hospital. Entonces ignoraba la existencia de su libro, pero hoy puedo decirle que sus
palabras encierran mucha verdad.

Mi esposa murió en ese mismo hospital, porque la enfermedad la mantuvo atada a la cama y,
aunque la situación resultara deprimente, nos vimos obligados a pennanecer allí. Me hubiera
gustado mucho traerla nuevamente a casa, pero fue imposible.

La tarde en que murió se desató una gran tormenta, llovió mucho y vi una gran nube gris
flotando sobre su cuerpo y alejándose poco a poco de ella. Al cabo de veinte minutos la
tormenta había escampado.

Una semana después llevé su cuerpo a Thailandia siguiendo el dictado de una voz interior que
me decía que no la incinerara en Alemania sino que la llevara de nuevo a su país. Y eso fue lo
que hice.

En las últimas semanas habré leído unas seis o siete veces su libro y en cada ocasión mi
espíritu aprende algo nuevo. Espero que muchas personas lean sus libros y traten de cambiar sus
vidas.

Usted ha escrito un gran libro, uno de los más importantes de mi vida, un libro que leeré y
releeré una y otra vez. Por ello le estoy tan agradecido.

Saludos

Como ustedes pueden comprobar, los relatos (como el de ese hombre llevando de
vuelta a Thailandia el cadáver de su esposa) resultan tan conmovedores que hacen saltar
las lágrimas. Veamos ahora lo que nos cuenta un joven:

Estimado Ken:

Acabo de leer Gracia y coraje. En cierto modo, siento que conozco a Treya..., aunque tal vez
debiera decir que la siento. Me gustaría compartir con usted la experiencia que tuve al finalizar
el libro.

Cuando leí los últimos dos capítulos me sentí embargado por el llanto. No sé por qué esperé
hasta el final para llorar, pero eso fue lo que ocurrió. En el mismo momento en que di la vuelta a
la última página lloré y todo mi cuerpo comenzó a temblar. Entonces pensé: «¿Qué me está
ocurriendo?», luego me levanté y di una vuelta por casa, como si el movimiento pudiera
proporcionarme alguna comprensión. Caí en la cuenta de lo preciosa que es la vida y
experimenté el impulso de subir escaleras arriba para despertar a mis padres y decirles cuánto
les amaba. Y aunque algo me detuvo -tal vez mi ego o lo avanzado de la noche-, sé que nunca
podré volver a verles como antes.

Entonces me senté de nuevo y permanecí en silencio durante unos minutos. No lloraba sino
que simplemente permanecí en silencio y me vi embargado por una gran sensación de paz.

Estoy muy agradecido a usted, Ken, y también a Treya, por haber compartido conmigo un
regalo tan especial. El mensaje del libro, mi mensaje, es la Vida y el Amor.

Paz
Estimado Ken:

El pasado mes de agosto me diagnosticaron cáncer de mama. Yo he pasado por el quirófano


donde he sufrido cirugía segmentaria, disección de los nódulos linfáticos y también he recibido
un tratamiento de tres semanas. Estoy continuamente inmersa en el cáncer. Hace varias semanas
un amigo me habló de su libro y supe que tenía que leerlo aunque supiera cuál había sido el
final y me asustara por ello.

«Tal vez», pensé, «Treya padeciera un cáncer más grave que el mío.» Pero ¿para qué negar la
evidencia de que sufro el mismo tipo de cáncer terrible que acabó con la vida de Treya? En
cualquier caso, debo decirle que, en ocasiones, su libro me ha resultado aterrador mientras que,
en otras, ha sido completamente liberador.

Cuando leía los escritos y las reflexiones de Treya escuchaba mi propia voz y la de todos
aquellos que sé que me quieren. La misma actitud impositiva, la misma actitud «yo sola puedo,
muchas gracias». Mis amigos y mi familia se sorprenden de que no me dé cuenta de lo hermosa
que soy, de lo mucho que me aman y de lo bien que creen que hago las cosas. Durante muchos
años he estado preguntándome por el significado y el objetivo de mi vida. Ahora sólo quiero
dejar de considerar la vida como un premio y la muerte como un castigo.

Le doy las gracias, le felicito y le bendigo por el valor y la sinceridad que ha puesto en Gracia
y coraje. También le mando un cásete que espero le guste. Le deseo lo mejor.

Paz

He recibido muchas cartas de mujeres que dicen haberse identificado con Treya,
porque sus preocupaciones e intereses eran exactamente los mismos que los de ella. Y
también hay quienes quieren contarme su historia (tenga o no que ver con el cáncer) y
compartirla conmigo.

Estimado señor Wilber:

Saludos desde Polonia.

Acabo de leer Gracia y coraje y todavía me hallo bajo su influjo. Es un libro que me ha
conmocionado. Hacía mucho tiempo que no experimentaba nada parecido.

Hace ya muchos años, estuve interesada por el psicoanálisis de Freud, luego la maternidad me
impuso una nueva escala de valores. Pero, aunque he estado muy ocupada cuidando de mis hijos
y de mi trabajo como maestra, siempre he tratado de percibir la proximidad de los demás. No
obstante, mi vida familiar es muy insatisfactoria, me siento muy infeliz y, a veces, me pregunto:
«¿Por qué yo?», una pregunta a la que suelo responderme: «¿Y por qué no?» (una respuesta que,
por cierto, también he encontrado en su libro). Me gustaría vivir con la plenitud con la que lo
hacía Treya, pero me resulta muy difícil; su vida era tan excepcional que parece irreal. A veces
creo que no se trata tanto de un libro como de un sueño.

He comenzado a buscar mi daemon y creo que mi vida debe cambiar. He tomado algunas notas
de sus otros libros y también de los autores y filósofos que usted menciona en ellos.

Quisiera, para concluir, decirle que el libro de su esposa, Treya, y suyo ha sido, para mí, lo
más hermoso que nunca haya leído acerca del amor y el sacrificio y que me siento muy
afortunada por haber tenido la oportunidad de leerlo.
Me complacería mucho que esta carta llegara hasta usted.

Reciba, desde Polonia, mis mejores deseos para este verano.

Atentamente suya

Estimado señor Wilber:

Acabo de leer Gracia y coraje y me he identificado muchísimo con Treya. Ella luchaba por las
mismas cosas por las que yo estoy luchando, trataba de encontrar su daemon, exploraba la
espiritualidad y la creatividad, el ser versus el hacer, lo masculino versus lo femenino, el exceso
de autocrítica, etcétera, los problemas fundamentales, en suma, de mi vida. En la medida en que
iba leyéndolo, el libro fue atrapándome hasta el punto de que creo que su recuerdo no me
abandonará nunca. La sinceridad que demuestra al hablar con tanta claridad sobre los
sentimientos de Treya y de los suyos propios me parece muy valiente y muy profunda. Les
admiro por ello y por la franqueza con la que hablan de sus debilidades, ha sido una buena
lección para aprender a no ser tan dura conmigo. Gracias por ello. También me ha impresionado
la aceptación y la trascendencia del cáncer de Treya y sus implicaciones, un verdadero acicate
para mi práctica meditativa. Las palabras que más acudían a mi mente mientras estaba leyendo
Gracia y coraje eran «devastador» y «hermoso» y la verdad es que se trata de un libro
devastadoramente hermoso. Por ello quiero darle las gracias.

Afectuosa y agradecidamente

Estimado Ken:

Mi marido y yo acabamos de leer Gracia y coraje, un libro sumamente didáctico sobre el amor
y las emociones. En varias ocasiones, tuvimos que dejar de leerlo con el corazón en un puño y
los ojos empañados por las lágrimas. Si me lo permite, le diré que jamás había visto expresar el
amor de un modo tan genuino. Mi cuñada está siendo sometida a un tratamiento de
quimioterapia y su libro nos ayuda a comprender lo que está atravesando.

Atentamente

Me han sorprendido las muchas cartas que he recibido de parejas que afirman haber
leído el libro en voz alta. Creo que el hecho de haber citado ampliamente los diarios de
Treya -y dejar así que ella hablara por sí sola- favorece ese tipo de lectura. Y, aunque
ésa no haya sido mi intención, resulta muy alentador pensar que nuestra experiencia
pueda servir a otras personas y que la muerte de Treya les ayude a expresarse su amor
antes de que sea demasiado tarde.

Estimado Ken:

Le escribo esta carta, aunque no sé si la recibirá, porque ignoro si lee las cartas que recibe para
darle las gracias, desde lo más profundo de mi corazón, por haber escrito Gracia y coraje.
Estaba, y todavía estoy -diez días después de haberlo terminado- muy consternado por el valor y
amor que ha puesto en su profunda y sincera descripción del tiempo que pasó junto a Treya.
¡Cómo debe añorar su presencia física y cuan paradójico debe resultarle extrañar a alguien con
quien se ha estado tan fundido!
Yo también conozco ese tipo de amor. En 1988, un año después de casarnos, a mi mujer se le
diagnosticó un tipo especialmente difícil de enfermedad de Lyme. Tardé casi un año en
comprender que, en tanto que persona de apoyo, yo también necesitaba ayuda, una ayuda que
encontré en un extraordinario terapeuta al que todavía visito regularmente. Cinco años después,
mi esposa se ha recuperado de la mayor parte de los síntomas, excepto un dolor de espalda que
sigue manteniéndola postrada entre la mitad y las dos terceras partes del tiempo que pasa
despierta. Nosotros también nos hemos familiarizado con todos los niveles de expresión de una
enfermedad y, por tanto, con todos los posibles niveles de curación. E igualmente nos sentimos
enojados con nuestros amigos de la nueva era que no tienen el menor empacho en decir cosas
tales como «¿Qué es lo que estarás tratando de evitar con tu dolor de espalda?». Le doy las
gracias y mis más fervientes deseos de bendición por haber compartido conmigo y con el
mundo su increíble historia de amor. Cuando lo terminé lloré como no lo había hecho en
muchos, muchos años, embargado por los sollozos y las lágrimas.

Con mi amor y gratitud

Estimado Ken:

Le doy las gracias, con el corazón en la mano, por haber vivido su historia de Gracia y coraje
con tal sencillez, amor, honestidad y aceptación. Hace sólo unos días que acabo de leerlo y la
historia todavía conmueve todo mi ser, aun cuando haya ocurrido hace ya varios años. Esta
experiencia ha sido para mí uno de esos extraordinarios eventos místicos que me abre nuevas
puertas (¡no exentas, por cierto, de problemas!) y en los que uno va transformándose a lo largo
del proceso. Siento una gran afinidad con Treya porque nuestros caminos se han cruzado de
muchos y muy diferentes modos, hasta el punto de que estoy segura de que hubiéramos podido
mantener una relación muy profunda. ¿Tomaría yo las mismas decisiones? ¿Acaso una
enfermedad tan devastadora pondría también de relieve, como en su caso, lo más noble de mi
alma?

Aunque nunca la conociera en vida, le doy las gracias por presentármela de un modo tan claro.
Su lucha y su aceptación final de lo inaceptable que la llevó a afrontar la muerte física con una
«ecuanimidad apasionada» (un término que, por cierto, me parece perfecto) mezclados con su
humanidad, me han conmovido profundamente. Siento una gran necesidad de modelos
femeninos inspiradores, existen demasiados maestros espirituales varones y, en ese sentido,
tengo un abismo de comprensión. Le bendigo por haber permitido que Treya hablara con su
propia voz y por permitirle relatar su historia con sus propias palabras.

También me he sentido muy emocionada y conmovida por su proceso, su lucha y su


disposición a servirla y amarla. Su devoción hacia ella, aun durante las veinticuatro horas
posteriores a su muerte, me ha desarmado, nunca he visto un amor tan grande. Porque, a pesar
de que siempre haya creído en la existencia de ese nivel de profundidad -llamémosle como le
llamemos, karma, destino o decisiones inconscientes-, nunca he experimentado lo que ustedes.
¡Pero el hecho de que usted y Treya lo encontraran me parece perfecto! ¡No estoy loca! ¡Ese
amor existe!

Debe resultar muy extraño permitir que tantas personas desconocidas se asomen a su alma.
Sólo quiero que sepa que su libro me ha ayudado mucho.

Gracias de todo corazón.

Amor
Estimado Ken:

El año pasado me diagnosticaron un cáncer de mama con metástasis avanzada. Un amigo me


recomendó la lectura de Gracia y coraje pero, cuando le pregunté cómo terminaba y respondió
«Ella murió», tuve miedo de leerlo durante mucho tiempo.

Hoy mismo he acabado su lectura y quisiera darles las gracias a usted y a Treya desde el fondo
de mi corazón. Sé que yo también puedo morir pero, de algún modo, la historia de Treya me ha
dado fuerzas y me ha liberado, por vez primera, del miedo. En mi vida he tenido un par de
experiencias que, a juzgar por sus descripciones sobre la conciencia superior, califico como
satoris. Cuando Treya murió sentí como si yo misma muriese, de modo que ahora ya no tengo
motivos para preocuparme.

Le doy las gracias de nuevo, muchas, muchísimas gracias. Sé que cuando muera Treya estará
conmigo.

Atentamente

Yo me siento muy cerca de esas personas y siento que ellas también están cerca de mí.
El sufrimiento constituye un recordatorio constante de la condición humana, pero
también es una de las formas más elementales de establecer contacto con los demás
porque, de uno u otro modo, todos sufrimos. No convendría, pues, olvidar que el
sufrimiento no es algo exclusivamente «negativo», sino que también es un vínculo que
nos conecta con todos los seres humanos... hasta tal punto que bien podríamos decir que
se trata de una auténtica gracia.

Estimado Ken:

Gracia y coraje ha supuesto un punto y aparte en mi vida. Antes de poder ocuparme de


cualquier otra cosa tenía que terminarlo. Cuando leí los primeros capítulos, me senté y lloré
desconsoladamente durante un buen rato con una intensidad que resulta difícil de expresar.

Me hallaba completamente desbordado por un torrente de emoción bloqueada que se había


liberado e inundaba todo mi ser. Usted debe de saber mucho acerca de los sollozos que brotan
de las entrañas y sacuden todo nuestro ser. Estaba profundamente emocionado. Gracia y coraje
me ha parecido la más hermosa historia de amor que jamás haya leído. Lloré por sus alegrías
(una alegría que sólo puedo vislumbrar) y también lloré por su pérdida (un dolor que está más
allá de mi imaginación)... y también lloré por las sensaciones de alegría y pérdida que desató en
mí.

Saltaba literalmente de alegría al saber que es posible experimentar el tipo de relación que
usted expresa tan bellamente, el amor sagrado es real y no una mera fantasía, y un hombre de su
profundidad y lucidez intelectual es capaz de tal conexión emocional profunda. Supongo que, a
causa de mi padre -un hombre inteligente que nunca ha habitado su cuerpo (que se hallaba
cortado a nivel del cuello)- siempre he sido muy escéptica a ese respecto. Cuando los sollozos
sacudían mi cuerpo sentí, por primera vez en mi vida, la posibilidad de integrar profundamente
la mente, el corazón y el cuerpo.

Y sufrí porque, si bien he tenido vislumbres fugaces de este tipo de conexión, nunca he llegado
a experimentarla con un hombre que estuviera dispuesto o fuera capaz de mantener ese nivel de
intensidad. Ese es el deseo más profundo que alienta mi corazón, una expectativa que casi había
abandonado por imposible.
Quisiera reiterar que sus palabras me han recordado una Verdad muy profunda y que no tengo
que conformarme con menos que esa profundidad que anhelo y ahora sé que es real.

Sé que usted es un solitario, pero también espero que algún día podamos encontrarnos. Reciba,
con ésta, mi respeto, mi admiración y mi amor.

Estimado Ken Wilber:

Tengo catorce años y desde que era niña he tenido mucho miedo a morir. Sólo quiero decirle
que, desde que leí la historia de Treya, ya no le tengo miedo a la muerte.

Atentamente

Los diarios de Treya son realmente extraordinarios. Cuando los leí (un tiempo después
de su muerte), me sorprendió que no encerrasen ningún secreto. Es cierto que en ellos se
habla de cuestiones muy íntimas, pero no lo es menos que tampoco encierran nada que
Treya no hubiera compartido conmigo o con otra persona porque, para ella, no había
diferencia alguna entre su yo público y su yo privado. Uno siempre sabía lo que Treya
estaba pensando o sintiendo, porque nunca mentía ni ocultaba la verdad y esa integridad
era, precisamente, lo que la hacía tan irresistible. Creo que esa honestidad impregna
todo el libro y que las personas responden agradecidas ante la sinceridad de su relato
sobre la experiencia de vivir -y morir- con una enfermedad tan terrible. Son muchas las
personas que me escriben en un intento de darle las gracias a Treya (y eso me parece
muy bien) y que, como expresión de su gratitud, dicen cosas buenas sobre mí (lo cual
también me parece muy bien).

Pero en todo esto hay algo muy divertido, porque Treya estimaba mucho el tiempo que
dedicaba a escribir sus diarios (aunque, como luego supe, no encerrasen ningún secreto)
y yo había tomado la decisión de no leerlos y destruirlos después de su muerte.

No obstante, veinticuatro horas antes de morir -y antes de subirla por última vez
escaleras arriba- señaló con el dedo sus diarios diciendo «los necesitarás».

Una semana antes me había pedido que escribiera nuestro calvario desde el momento
en que se le diagnosticó cáncer de mama diez días después de habernos casado, ya que
esperaba, según dijo, que las lecciones que tan duramente habíamos aprendido pudieran
servir a alguien, y yo le prometí que así lo haría. De modo que «los necesitarás»
significaba que, para cumplir mi promesa, debería recurrir a ellos. Entonces supe que
los leería, desde la primera hasta la última página -diez cuadernos en total-, y eso fue
precisamente lo que hice con más dificultad, por cierto, de la que puedo ahora
transmitir. La última entrada (escrita pocas horas antes de su muerte) comenzaba
diciendo: «Exige gracia, sí, y también coraje».

Sábado, 8 de marzo

Joyce Nielsen es la autora de Sex and Gender in Society, probablemente el mejor texto
sobre feminismo. Es un libro completo, justo, comprehensivo y juicioso. Junto a Janet
Chafetz, Carol Gilligan, Martha Nussbaum, etcétera, Nielsen es una de mis escritoras
feministas favoritas. Nunca pensé que enseñara en Boulder, en la Universidad de
Colorado.

Hoy, al llegar a casa, he encontrado el siguiente mensaje en el contestador: «Si usted


es el Ken Wilber que escribió Sexo, ecología, espiritualidad -y estoy segura de que lo
es- me gustaría hablar con usted. Yo enseño sociología en la Universidad de Colorado y
utilizo su libro como texto para mi seminario de postgraduados. Me pregunto si
podríamos hablar. Llámeme, por favor, al teléfono...».

De modo que he descolgado el teléfono, he llamado a ese número y he dejado el


siguiente mensaje en su contestador: «Si usted es la Joyce Nielsen que escribió Sex and
Gender in Society -y estoy seguro de que lo es- debo decirle que soy un auténtico
entusiasta de su obra...». Espero su llamada.

Domingo, 9 de marzo

La conciencia meditativa -incluido el sueño lúcido- ha tardado casi una semana en


regresar. Durante el tiempo que estuve en Nueva York perdí el acceso al testigo puro y
también desapareció la permanencia del sujeto en los estados de sueño y de sueño
profundo. Con ello quiero decir que dejé de permanecer consciente durante el sueño y el
sueño profundo, un estado que, de un modo u otro, me ha acompañado durante los
últimos tres o cuatro años.

Esta conciencia constante a través de los tres estados -vigilia, sueño y sueño profundo-
tiende a presentarse después de muchos años de meditación, en mi caso unos
veinticinco. Sus rasgos distintivos son muy simples: uno es consciente durante el estado
de vigilia y, cuando cae en el sueño y empieza a dormir, sigue siendo consciente del
sueño, en un estado semejante al sueño lúcido. Pero, en el estado de presencia constante
de la conciencia testigo, uno se limita simple e inocentemente a contemplar todo lo que
ocurre, sin el menor deseo de transformarlo y manipular los sueños para soñar con
orgías sexuales, grandes comilonas, volar por encima de las montañas, etcétera, como
ocurre en el caso del sueño lúcido. Se trata de una conciencia sin elección, de una
conciencia que se asemeja a un espejo en el que se refleja de manera completa e
imparcial todo cuanto emerge. En este caso, uno permanece consciente durante el estado
de sueño, contemplándolo sin interferir en él (aunque nada se lo impidiera en el
improbable caso de que así lo quisiera).1 Luego, cuando uno entra en el sueño profundo
sin sueños, sigue consciente, pero ahora de la inmensidad del vacío puro carente de todo
tipo de contenido, aunque bien podríamos decir también que el término «consciente de»
no resulta, en este caso, del todo apropiado, porque ahí no existe ningún tipo de
dualidad. No es más que conciencia pura, sin cualidades, contenidos, sujetos ni objetos,
un inmenso vacío puro que, sin ser «nada», resulta, no obstante incualificable.

1. He denominado a este estado con el nombre de «sueño diáfano» para diferenciarlo del sueño lúcido (aunque en
muchas entradas, sin embargo, siga refiriéndome a él con este conocido término) y también hablo del estado de
«sueño profundo diáfano», del testigo tácito del estado de sueño profundo sin sueños.

Cuando uno sale del estado de sueño profundo sin sueños, asiste a la emergencia y
formación de la mente y del estado de sueño, como si la mente sutil (y, con ella, de los
sueños, las imágenes, los símbolos, los conceptos, las visiones, las formas, etcétera)
emergiera del vacío causal. Ese estado de sueño perdura durante un rato y luego (al
empezar a despertar) comienza a advertir (en la mente sutil) la emergencia del reino
físico (y, con ella, del cuerpo, la cama, la habitación, el universo físico y la naturaleza
en general).

Dicho en otras palabras, uno da una vuelta completa a la Gran Cadena del Ser -desde
el cuerpo ordinario a la mente sutil y, desde ésta, al espíritu causal- en su doble
movimiento ascendente (evolutivo) y descendente (involutivo). Todo el mundo
atraviesa este ciclo -desde el cuerpo ordinario (vigilia) hasta la mente sutil (sueño) y el
vacío causal (sueño profundo) cada veinticuatro horas, pero con la conciencia constante
-con la permanencia del testigo- uno es consciente de todos esos cambios de estado,
hasta cuando se halla en el estado de sueño sin sueños.

Puesto que el ego existe fundamentalmente en el estado ordinario (aunque también


perdure de forma vestigial en el nivel sutil), cuando uno se identifica con la conciencia
constante -con la conciencia presente en los tres estados- se desarticula la crispación
sobre el ego que, como ya hemos dicho, apenas existe en el nivel sutil y se halla
completamente ausente en la vacuidad causal (o en el estado de sueño profundo sin
sueños, que es un tipo de vacío). En tal caso, uno deja de identificarse con el ego y se
identifica con la conciencia pura y sin forma, con la vacuidad inmaculada aespacial,
atemporal, carece de forma y de color. Entonces uno ya no se identifica con nada en
particular y, al desaparecer el ego y fundirse con la Totalidad, puede abrazarlo
absolutamente todo.

Y aunque, en tal estado, sea todavía posible acceder al ego vigílico, ha dejado, no
obstante, de ser exclusivamente eso. En tal caso, nuestro yo más profundo se funde con
todo lo que ocurre instante tras instante y se convierte en la resplandeciente totalidad del
Kosmos. Y con ello no quiero decir que uno vea el cielo sino que es el cielo; uno no
toca la tierra sino que es la tierra; uno no escucha la lluvia sino que es la lluvia; que uno
y el universo, en suma, se han convertido en lo que los místicos denominan «Un Solo
Sabor».

No estoy hablando en un sentido estrictamente poético, sino que me refiero a una


experiencia directa, tan palpable e inmediata como si le arrojaran al rostro un vaso de
agua fría. Como dijo cierto gran maestro zen sobre su iluminación: «Cuando escucho el
sonido de la campana no hay campana ni yo, sino tan sólo tañido». Y ese tañido no dual
es la totalidad del Kosmos en la que sujeto y objeto se funden en Un Solo Sabor y el
infinito entrega todos sus secretos. Como nos han recordado investigadores como
Aldous Huxley y Huston Smith, el núcleo esencial del consenso universal de las
grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero es la experiencia de Un Solo Sabor,
la «conciencia cósmica», la sensación de unidad con el Fundamento de toda creación.
Un Solo Sabor no es una alucinación, ni una fantasía, ni el producto de una mente
distorsionada, sino la experiencia directa e inmediata, el legado que nos han transmitido
todos los yoguis, santos y sabios que en el mundo ha habido.

Se trata de algo muy sencillo, muy evidente, muy claro, muy concreto y muy palpable,
algo, en suma, irrefutable.

Lunes, 10 de marzo
Aldous Huxley escribió La filosofía perenne, un libro muy conocido en el que aborda
el núcleo universal de las grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero, un tema
sobre el cual Forgotten Truth, de Huston Smith, sigue siendo la mejor introducción. Yo,
por mi parte, escribí un ensayo para el Journal of Humanistic Psychology que comienza
así: «Esta visión del mundo, conocida con el nombre de "filosofía perenne" -porque
presenta rasgos esencialmente idénticos a través de todas las culturas y de todos los
tiempos- no sólo ha configurado el núcleo de las grandes tradiciones de sabiduría del
mundo -desde el cristianismo hasta el judaismo, el budismo y el taoísmo-, sino también
el pensamiento de algunos de los principales filósofos, científicos y psicólogos tanto
orientales como occidentales, tanto del Norte como del Sur. Es una visión -cuyos
detalles veremos a continuación- tan abrumadoramente difundida que o bien se trata del
mayor error intelectual de toda la historia de la humanidad -un error tan colosal que
literalmente hace tambalear la mente- o de la reflexión individual más precisa acerca de
la realidad que jamás haya tenido lugar».1

1. Este ensayo ha sido incluido en el capítulo 1 de El ojo del Espíritu.

Pero ¿cuáles son los rasgos distintivos de la filosofía perenne? Dicho en dos palabras,
la filosofía perenne es el Gran Nido del Ser que culmina en Un Solo Sabor.

Pero con ello no estoy diciendo que tengamos que creer a pies juntillas, como si fuera
oro en paño, todo lo que afirme la filosofía perenne. No hace mucho que he escrito un
artículo titulado «The Neo-Perennial Philosophy» señalando la necesidad de actualizarla
y modernizarla.2 En cualquiera de los casos, sin embargo, la esencia de las grandes
tradiciones de sabiduría del mundo constituye el marco de referencia fundamental de
todo esfuerzo serio por comprender el Kosmos.

2. Un ensayo que ha sido incluido en el capítulo 2 de El ojo del Espíritu.

Y hay que decir que el núcleo fundamental de las grandes tradiciones de sabiduría se
asienta -de modo claro, evidente, inequívoco e incuestionable en la experiencia de Un
Solo Sabor.

Martes, 11 de marzo

Incuestionable, claro está, en el caso de que practiquemos. Me interesa mucho todo


aquello que interrumpe el flujo de lo no dual, lo que perturba o eclipsa la conciencia
constante, lo que nos saca de la Totalidad y nos arroja a las garras del yo separado,
donde acecha el sufrimiento. Resulta curioso que, en mi caso, baste con un vaso de vino
para distorsionarlo (es decir, que la noche en que bebo un vaso de vino, pierdo la
conciencia durante el estado de sueño y de sueño profundo). Estoy seguro de que los
grandes yoguis pueden beber y seguir, no obstante, conscientes durante los tres estados,
pero debo decir que eso no es lo que me ocurre a mí. La tensión, por su parte, no suele
interrumpir ese flujo. En Nueva York bebí varios vasos de vino la mayor parte de los
días, así que bastaría con eso para dar cuenta de la interrupción del testigo, pero había
ido para promocionarme, algo en lo que soy más bien torpe, porque o bien me paso o
bien me quedo demasiado corto. De modo que la pérdida del acceso estable al Testigo
podría explicarse simplemente por haber pasado casi toda la semana atrapado en la
contracción egoica.

Anoche las cosas parecieron volver a su sitio. Al comienzo no había ningún sueño
lúcido, sino que simplemente soñé que una mujer y yo estábamos sentados frente a Sri
Ramana Maharshi. Sé que con nosotros había mucha más gente, pero no llegué a verlos.
La mujer estaba explicando la práctica de la indagación sobre uno mismo, un trabajo en
el que uno se pregunta «¿Quién soy yo?», tratando de descubrir el origen mismo de la
conciencia y experimentar el Testigo puro y omnipresente. Pero, por alguna razón que
se me escapa, la mujer estaba explicándolo mal, ya que lo presentaba como el resultado
de un esfuerzo por ser consciente. Entonces miré a Ramana y subrayé que «uno no tiene
que hacer el menor esfuerzo, que uno simplemente debe cobrar conciencia de lo que ya
es y que esa conciencia -tal y como es- es el Testigo. No existe, por tanto, la necesidad
de hacer esfuerzo alguno». Entonces Ramana sonrió y, por un instante, mi mente se
fundió con la suya y, en ese mismo instante, entré en el sueño lúcido, un flujo de
conciencia y una conciencia constante que ha permanecido conmigo durante varios días
y varias noches en un estado que, con sus altibajos, me acompaña desde hace varios
años.

Se trata de un estado realmente fascinante, de la Vacuidad pura, ilimitada, radiante,


libre e inmensa, un estado radicalmente incalificable que se encuentra más allá de la luz
y de la beatitud. Ramana denominó Yo-Yo a este testigo profundo (o conciencia
constante), porque es consciente del pequeño ego o yo separado. Ken Wilber no es más
que una manifestación ordinaria del Yo-Yo, que no es Ken sino la Totalidad. Ken nació
y morirá, pero el Yo-Yo nunca entró en la corriente del tiempo. El Yo-Yo es el gran No
nacido, el misterioso Inmortal y la totalidad del Kosmos existe como la simple
sensación de mi propio Ser. Y ésa es una afirmación que puede hacer cualquier ser
sensible del universo mientras existe como el gran Yo-Yo (que nada tiene que ver, por
otra parte, con el pequeño yo).

(El vedanta subraya el Yo-Yo, mientras que el budismo, por su parte, enfatiza el no yo,
pero ambos apuntan a la Vacuidad pura, no dual e incualifícable -sunyata o nirguna-, la
esidad o talidad simple, la conciencia pura, natural, espontánea y omnipresente, nuestro
verdadero estado ahora mismo, una corriente no dual ininterrumpida que persiste a
través de todos los cambios de estado posibles entre la vigilia, el sueño y el sueño sin
sueños. En su forma pura, el Testigo se disuelve en lo que observa, la mente-espejo se
torna una con los objetos que refleja y la Vacuidad deviene una con la Forma. Así es,
como afirman el vedanta y el budismo, la conciencia pura, la conciencia no dual, la
conciencia vacía y, en última instancia, incualificable).

Cuando el meditador comienza a desarrollar (o, mejor dicho, a darse cuenta) de esta
conciencia constante, tiende a caer en una especie de división de la conciencia. Porque,
por una parte, uno está desarrollando la capacidad de mantener la ecuanimidad
meditativa, la capacidad de testimoniar tanto el dolor como el placer sin replegarse, sin
tratar de apresarlos y sin tratar de escapar de ellos. Como dice Chuang Tzu: «La persona
perfecta emplea la mente como un espejo: acepta sin aferrarse y recibe sin conservar».
En la medida en que la conciencia de la mente en tanto que espejo (la conciencia
constante) va fortaleciéndose, el estado de vigilia ordinaria se torna cada vez más
«onírico», en el sentido que pierde el poder de agobiarle, agitarle y llevarle a creer que
las sensaciones pasajeras son la única realidad. Entonces la vida empieza a asemejarse a
una gran película en la que uno es el Testigo inmóvil que la contempla. Aparece la
felicidad y uno la contempla, aparece el gozo y uno lo contempla, aparece el dolor y uno
lo contempla y aparece la aflicción y uno no deja de contemplarla. En cualquiera de los
casos, uno es el Testigo y no una ola superficial y provisional sujeta al absurdo del ruido
y de la furia. Porque, en el centro del ciclón, uno se halla completamente a salvo.
Cuando uno comienza a sentirse embargado por una paz profunda procedente de su
interior, ya no puede seguir haciendo ruido con la misma convicción.

Pero eso no significa que uno no pueda sentir deseo, daño, dolor, alegría, felicidad,
sufrimiento o aflicción, lo único que ocurre es que todo eso pierde parte de la
convicción que anteriormente poseía. De nuevo es como si se tratara de una película. A
veces uno se olvida de que no es más que una película y queda atrapado en lo que está
ocurriendo. En tal caso, si se trata de una película de miedo, uno podría llegar a
asustarse y si, por el contrario, fuera una película de amor, podría incluso llegar a llorar.
Entonces es cuando se acerca un amigo y nos dice: «¡Eh, despierta! ¡Esto no es más que
una película! ¡No es la realidad!» y cobramos conciencia de ello.

La iluminación consiste, precisamente, en salir de la película de la vida, despertarnos y


despabilarnos. Porque uno es, y siempre ha sido -como ocurre en el cine-, el Testigo.
Pero cuando nos tomamos la vida demasiado en serio -cuando creemos en la realidad de
la película- nos olvidamos de que, en realidad, somos el Testigo puro y libre y
acabamos identificándonos con el pequeño yo -con el ego- como si formáramos parte
de la película que estamos viendo. Y cuando uno se identifica con alguno de los
personajes que aparece en la pantalla, termina asustándose, llorando y sufriendo.

La meditación nos permite relajarnos en nuestra butaca y contemplar la película de la


vida sin juzgarla, evitarla, aferramos o querer que vaya más aprisa o más despacio. La
meditación nos enseña, simplemente, a descansar en la conciencia simple, clara,
espontánea, sin esfuerzo y omnipresente y a utilizar nuestra mente como un espejo.

En la medida en que uno sigue testimoniando (y relajándose) en la conciencia sin


elección de lo que es, esa conciencia empieza a pasar del estado de vigilia al estado de
sueño y comenzamos a permanecer conscientes de manera constante (incluso durante el
sueño) de que la mente sin elección es un espejo en el que todo se refleja. Será entonces
cuando nos daremos cuenta de que el mundo ordinario -el cuerpo físico, el mundo
sensoriomotor y el ego que lo integran- comienza a disolverse en el mundo sutil de la
imaginería y la visión. Y, cualquiera sea el evento que aparezca, uno permanece
consciente.

Con la práctica, la conciencia sin elección va extendiéndose desde el estado de sueño


con ensueños al estado profundo de sueño sin sueños. Y puesto que «uno» todavía se
halla presente (no como ego sino en tanto que Yo-Yo, en tanto que conciencia pura sin
objeto), descubrirá la existencia de una identidad mucho más profunda y verdadera.
Porque, aun en ausencia de objeto, de sujeto y de todo tipo de contenido (sufrimiento,
dolor, placer, deseo, objetivos, esperanzas y miedos), uno sigue siendo todavía
tácitamente consciente. En el estado de la conciencia pura y carente de Forma, no
aparece nada en absoluto, pero uno todavía es, uno todavía existe en tanto que
conciencia pura. No hay ningún cuerpo, no hay ningún ego, no hay ninguna mente y, sin
embargo, uno todavía sabe que existe y que no es, obviamente, ninguno de esos estados
inferiores. En tal caso, uno es la Identidad pura, la Conciencia pura no dual tan
radicalmente libre, ilimitada e incalificable que, estrictamente hablando, sólo podemos
denominar la «Vacuidad», algo que se «experimenta» como una Ausencia o como un
inmenso Abismo, otro de los nombres, en suma, de la Libertad infinita.

Jueves, 13 de marzo

Acabo de hablar por teléfono con Mike Murphy (nuestras exuberantes conversaciones
rara vez duran menos de dos horas). El y su amiga Sylvia Tompkins están elaborando
una serie de proyectos, entre los cuales destaca un libro y un CD-ROM centrados en una
espiritualidad integral (o armónica), una versión actualizada y modernizada de la
filosofía perenne que concuerda con mi propia obra. Sylvia pensó en presentar esta
visión integral en CD-ROM y no tardaron en solicitar la colaboración de James
Redfield, (autor de Las nueve revelaciones y La décima revelación, libros que han
alcanzado un éxito extraordinario -más de quince millones de lectores), cuya
colaboración podría contribuir a la difusión de esos proyectos.

Parece que tendré que viajar a San Francisco para hablar en el Fetzer Institute, de
modo que he concertado una cita con Mike. Mike es una persona realmente
sorprendente. No sólo fue el cofundador del Esalen Institute -pionero en el movimiento
del potencial humano- sino que, desde entonces, ha seguido en la vanguardia del
desarrollo psicológico y espiritual. Acaba de escribir The Kingdom of Shivas Irons, la
esperada continuación de su clásico Golf in the Kingdom. No hace mucho que escuché
que Clint Eastwood estaba interesado en dirigir y protagonizar, junto a Sean Connery, la
versión cinematográfica de este libro. Mike no para ni un momento y espero que este
proyecto no arruine la vida de su esposa.

Viernes, 14 de marzo (Boulder-San Francisco)

Esta mañana he volado camino de San Francisco. El Fetzer Institute, fundado por John
Fetzer, es una de las pocas organizaciones liberales interesadas en respaldar proyectos
genuinamente espirituales. En nuestro país, los liberales no se llevan muy bien con
Dios, de modo que los conservadores han acabado monopolizando el mercado de lo
divino. Y la verdad es que no tengo claro cuál de las dos cosas resulta más
desafortunada.

El Fetzer Institute es una de las pocas instituciones liberales sin ánimo de lucro que no
se asustan por el Espíritu. Ellos, por ejemplo, han patrocinado la serie de PBS de Bill
Moyers sobre la salud y la meditación. En la actualidad, el Institute está dirigido por un
equipo presidido por Rob Lehman, del que también forma parte, desde hace mucho
tiempo, mi vieja amiga Judith Skutch (editora de Un curso de milagros), un personaje
que ha resultado clave para la participación de otras buenas personas, como Frances
Vaughan, por ejemplo. En la actualidad, el Fetzer Institute se encuentra en proceso de
reorganización y es por ello que solicitaron mi participación para hablar con ellos acerca
de los posibles caminos a seguir en el futuro.

De modo que aquí estoy, a 36.000 pies de altura y a punto de aterrizar. El equipo
directivo se reunirá el viernes y el sábado y yo estoy citado los dos días de dos a cinco
de la tarde en un encuentro que asumirá el formato de preguntas y respuestas. Iré
directamente del avión a la reunión que comienza dentro de unas pocas horas.

Sábado, 15 de marzo (San Francisco)

Había previsto, para presentar un enfoque comprehensivo e integral de la


transformación, comenzar bosquejando mis ideas generales tal y como las he resumido,
por ejemplo, en Breve historia de todas las cosas, pero, cuando llegué a la sala de
conferencias, descubrí que en las paredes había diagramas de ese libro y que todos los
presentes parecían estar bastante familiarizados con mi terminología. Entonces he
decidido cambiar de estrategia. En el primero de los descansos, me he cruzado con
Roger [Walsh] -que es uno de los asesores- en el vestíbulo y me ha susurrado: «No lo
compliques mucho».

Hoy hay más reuniones y esta tarde me tocará de nuevo a mí. Las preguntas, al igual
que mis respuestas -o mis intentos de respuesta-, se centrarán en la naturaleza de una
visión realmente integral y comprehensiva u holística y en el mejor modo de
implementarla o, dicho en dos palabras, en el mejor modo de difundirla a la cultura y al
público en general.

Hay muchos modos de explicar el término «integral» u «holístico». El más sencillo


consistiría en decir que se trata de un abordaje que aspira a incluir e integrar la materia,
el cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu, es decir, el Gran Nido del Ser. Y puesto que la
física se ocupa de la materia, la biología lo hace del cuerpo vivo, la psicología de la
mente, la teología del alma y el misticismo de la experiencia directa del Espíritu,
cualquier acercamiento integral a la realidad debería incluir la física, la biología, la
psicología, la teología, y el misticismo. [Véase la Figura 1 de este capítulo.]

Un buen punto de partida sería el de comenzar definiendo el término «integral». En


mis escritos he tratado de presentar un esquema un poco más sofisticado señalando que
cada uno de los distintos niveles presenta, al menos, cuatro aspectos o dimensiones
importantes. Cada nivel, en este sentido, puede ser considerado tanto desde una
perspectiva interna como externa y desde un ángulo tanto individual como colectivo.

Su conciencia, por ejemplo, puede ser vista desde el interior, desde el lado subjetivo,
desde su propia experiencia inmediata, lo que ahora mismo está experimentando en
primera persona en tanto que «yo» (todas las imágenes, impulsos, conceptos y deseos
que, en este mismo instante, discurren por su mente). Pero también es posible estudiar la
conciencia de un modo objetivo, empírico y científico en tercera persona en tanto que
«ello» (en cuyo caso, por ejemplo, diríamos que el cerebro contiene acetilcolina,
dopamina, serotonina, etcétera, afirmaciones, todas ellas, que pueden ser descritas en el
lenguaje del «ello»). Ahora bien, ambas perspectivas no sólo existen de un modo
singular sino también plural, es decir, no sólo «yo» o «ello» sino también «nosotros». Y
esta vertiente colectiva también presenta dos facetas, una interior y otra exterior,
representadas por los valores culturales internamente compartidos (las distintas
modalidades de la moral, las visiones del mundo y los significados culturales, por
ejemplo) y por las formas sociales concretas externamente consideradas (como, por
ejemplo, las modalidades de producción, la tecnología, la base económica, las
instituciones sociales y los sistemas de información), respectivamente.
De modo que cada uno de los niveles de la Gran Cadena presenta una dimensión
interna y una dimensión externa que pueden expresarse en formas tanto individuales
como colectivas, con lo cual, cada nivel de la existencia presenta cuatro dimensiones (o
«cuatro cuadrantes»). [La figura 2 nos proporciona detalles concretos de los cuatro
cuadrantes en una terminología que iremos explicando a continuación cuando proceda.]

El hecho de que los dos cuadrantes de la mano derecha sean «ello(s)» objetivo(os) nos
permite unificarlos en un solo grupo y simplificar las cuatro dimensiones a tres: «Yo»,
«nosotros» y «ello», o primera persona, segunda persona y tercera persona. [Como
también señalamos en la Figura 2.]

Existe un modo fácil de recordar estas tres dimensiones diciendo que la Belleza se
encuentra en el ojo del espectador, en el «yo» del espectador; que la Bondad se refiere a
las acciones morales y éticas que ocurren entre usted y yo, entre «nosotros»; y que la
Verdad tiene que ver con los hechos empíricos objetivos o «ellos». De ahí que las tres
dimensiones básicas del «yo», del «nosotros» y del «ello» sean también conocidas como
la Belleza, la Bondad y la Verdad o, dicho de otro modo, como el arte, la moral y la
ciencia.

De modo que una visión realmente integral no debería centrarse exclusivamente en la


materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu, porque cada uno de esos niveles tiene
también correlatos en el mundo del arte, de la moral y de la ciencia que también habría,
en consecuencia, que incluir. En este sentido, por ejemplo, tendríamos que hablar de la
existencia del arte propio del reino material/corporal (naturalismo y realismo), del arte
propio del reino mental (surrealista, conceptual y abstracto) y del arte propio del reino
del alma y del Espíritu (contemplativo y transformador). Del mismo modo, también
tendríamos que hablar de la moral propia del reino sensorial (hedonismo), de la moral
propia del reino mental (reciprocidad, rectitud y justicia) y de la moral propia del reino
espiritual (amor y compasión universal). Y así sucesivamente.
Figura 2. Los cuatro cuadrantes.
Figura 3. Niveles de la Bondad, la Verdad y la Belleza.

La conjunción, pues, de estas tres dimensiones («yo», «nosotros» y «ello»; o arte,


moral y ciencia; o Belleza, Bondad y Verdad) con los grandes niveles de la existencia
(materia, cuerpo, mente, alma y Espíritu) nos proporcionaría un enfoque mucho más
integral u holístico a la realidad. [Figura 3. Véase también, en este sentido, Ciencia y
religión para una comprensión más detallada sobre este punto.]

El Fetzer Institute aspira a alentar y promover los abordajes integrales (en el campo de
la educación, la medicina, la espiritualidad, la investigación científica, los estudios
sobre la conciencia, etcétera). Y puesto que los miembros de su equipo directivo han
encontrado que mi esquema de dimensiones y niveles resulta útil para esta discusión, se
han interesado en él.

Hoy las cosas parecen discurrir mejor porque nadie me ha susurrado al oído
sugerencias urgentes de última hora en el pasillo.

Lunes, 17 de marzo (San Francisco)


Hoy me he mudado del Inn Above Tide, en Sausalito, donde el Fetzer nos alojó
(creíamos que íbamos a estar en el Inn Below Tide) al Hyatt, en Union Square, en pleno
centro de San Francisco. Ahora estoy sentado en el restaurante ubicado en el piso treinta
y seis del hotel, contemplando la ciudad más hermosa de los Estados Unidos. A mi
izquierda, el Golden Down conecta la vitalidad de la ciudad con el verdor de Marin; a
mi derecha, el Bay Bridge se extiende hasta el aburrido Oakland, y frente a mí se halla
la isla de Alcatraz, un auténtico monumento a la testosterona.

San Francisco me gusta tanto que si pudiera permitírmelo (y si la casa de Boulder no


fuera el lugar perfecto para trabajar) no dudaría en vivir aquí. Antes de volver a casa y
reemprender la investigación que me queda por hacer para el volumen 2 de la trilogía
voy a pasar unos días vagabundeando por la ciudad.

Mi viejo amigo Mitch Kapor está en la ciudad, cerca de Campton Place, pero está a
punto de marchar a un retiro meditativo de varios días. Ayer le pedí que se quedara para
poder presentarle a Frances y Roger, la pareja más especial en mi vida, a quienes
conozco desde hace casi un par de décadas y en quienes suelo pensar como si
formáramos un trío. Mi vida sería muy pobre sin ellos, compartimos todos nuestros
altibajos y también lo que hay entre los altos y los bajos. Desde mi punto de vista, son
dos personas ejemplares en todos los sentidos, atentos, despiertos e inteligentes. Los dos
han escrito varios libros muy interesantes y les he visto completamente entregados a lo
que sólo podría calificar como «servicio desinteresado». Y aunque sé que se mueren de
vergüenza cuando digo este tipo de cosas, no puedo menos que mencionarlas.

Mitchell y yo nos conocimos en la época en que yo vivía en Lincoln. El había leído El


espectro de la conciencia y fue a visitarme un par de veces. Me gustó de inmediato, es
muy agudo e inteligente pero, al mismo tiempo, sumamente amable. Él era amigo (a la
vez que maestro de meditación) de Jack Crittenden, con quien, en esa época, pusimos en
marcha ReVision y que fue el responsable de mi traslado a Boston, donde ambos vivían.
Posteriormente, Mitch volvió a la universidad, se licenció en el MIT y fundó Lotus, la
empresa de software más exitosa de su tiempo. Más tarde, Mitch vendió Lotus por una
suma multimillonaria, fundó la Electronic Frontier Foundation y puso en marcha Kapor
Enterprises. Siempre es bueno presentar a los amigos, de modo que Mitch, Frances,
Roger y yo hemos pasado la tarde hablando de todo un poco.

Miércoles, 19 de marzo (San Francisco)

Esta mañana he alquilado un automóvil y he viajado hasta Muir Beach, a la casa de


Sam Keen, una casa que Sam nos alquiló a Treya y a mí y en la que vivimos un tiempo
después de casarnos. Pero no había nadie y me he quedado en el porche durante una
hora o tal vez dos. Treya todavía está conmigo. La tristeza es casi palpable y se me ha
antojado tan integrada en el clima brumoso de la playa que me resultaba casi
irrespirable.

Dos semanas después de la muerte de Treya, yo todavía me hallaba en el mismo estado


de gloria y gracia en el que ella murió. Sólo había una conciencia resplandeciente ajena
a todo sujeto y a todo objeto, una conciencia en la que todo emergía tal cual es, es decir,
hermoso. No me cabe la menor duda de que, entonces, estábamos juntos. Luego, como
de costumbre, regresó la contracción egoica y volví nuevamente a ser Ken.
He estado contemplando la playa mientras las escenas de nuestra vida parecían surgir
de las nubes y venir a mi encuentro. De formas muy distintas, todavía pienso en Treya y
en mí viviendo en esta casa. Aquí pasamos unos meses antes de que el cáncer nos
golpeara, fue el único espacio de nuestra vida común que no se vio contaminado por el
cáncer. Y es por ello que aquí es donde la evoco completa y plena, impresionantemente
hermosa, con una luminosidad que penetraba en uno y le llegaba hasta el alma
susurrando palabras demasiado tiernas como para repetirlas. Aquí bailamos, lloramos,
hicimos el amor y reímos, sosteniéndonos mutuamente como en el milagro de la vida. Y
desde aquí también comunicamos telefónicamente a nuestra familia y a nuestros amigos
esas terribles palabras -«Terry tiene cáncer»- en esa primera y aciaga noche.

Hoy en día ya no pienso tanto en ella porque forma parte de mí para siempre. Treya
corre por mis venas y late en mi corazón, de modo que no tengo que imaginármela y
recordarla. Treya no está lejos y fuera de mí sino que se halla de este lado de mi piel.
Treya y yo crecimos juntos... y también morimos juntos. Siempre fuimos las dos caras
de la misma persona... y creo que siempre seguiremos siéndolo.

Jueves, 20 de marzo (San Francisco-Boulder)

Regreso en avión a Boulder. Ayer cené con Mike Murphy y Sylvia y estuvimos
hablando de los centros de Integral Transformative Practice que él y George [Leonard]
están poniendo en marcha. Mike consiguió que el Stanford Center for Research in
Disease Prevention se interesara por investigar la eficacia de una práctica integral. Creo
que se trata de un enfoque muy importante y que contribuirá a diseñar un abordaje
completamente nuevo a la transformación psicológica y espiritual que incluya lo mejor
de la sabiduría antigua con lo mejor del conocimiento moderno. Y no resulta nada
extraño que Murphy se halle, como tantas otras veces, en la vanguardia de este
proyecto.

Viernes, 21 de marzo (Boulder)

Hoy ha hecho una mañana memorable... Boulder puede ser muy hernioso. He ido de
compras, he llenado de nuevo la nevera y he comenzado a poner al día la
correspondencia y a escuchar los sesenta y dos mensajes que me aguardaban en el
contestador.

Luego he acabado de leer The Andy Warhol Diaries1 y ahora sé más cosas sobre la
superficialidad. Su obra ha terminado gustándome... y también su arte. Fruto de una de
las ramas del árbol de Duchamp, Warhol se ha convertido en el artista por antonomasia
del mundo chato. Su obra es la expresión más pura y electrizante de una superficie bajo
la cual no hay absolutamente nada. Me desagrada el mundo chato pero me gusta su
representación. Warhol es, realmente, el gran precursor de la superficialidad agresiva,
virulenta e implacable propia del postmodernismo. «Las superficies, las superficies, las
superficies son lo único importante.»

1. Diarios. Barcelona: Anagrama, 1990.


Domingo, 23 de marzo

He estado en el porche contemplando la puesta del sol. Pero no había observador


alguno sino tan sólo puesta del sol. De la Vacuidad más pura brota la claridad y, por
encima de todo, resuena el canto de los pájaros. Unas pocas nubes salpicaban el cielo,
pero no había «arriba», «abajo», «encima» o «aquí» alguno, porque tampoco existía
«yo» que diera sentido a esas direcciones. De un modo simple, claro, sin esfuerzo y
eterno, Eso es, en lo más profundo, lo único que hay.

La frase en que Sri Ramana Maharshi señala que «lo que no está presente en el estado
de sueño profundo sin sueños no es real» me hizo tomarme mucho más en serio la
práctica meditativa.

Se trata de una afirmación chocante puesto que, en el estado de sueño profundo sin
sueños, no hay absolutamente nada. Y ése es precisamente el asunto porque, en opinión
de Ramana, la Realidad Última (o el Espíritu) no puede ser algo que brote en la
conciencia y luego aparezca fuera de ella; la Realidad Última debe ser algo que se halle
continuamente presente o, dicho de un modo más técnico, algo que, siendo atemporal,
se halle completamente presente en cada uno de los puntos del tiempo. Por
consiguiente, la Realidad Última también debe hallarse totalmente presente en el estado
de sueño profundo sin sueños y viceversa, lo que no esté presente en el estado de sueño
profundo sin sueños no puede ser la Realidad Última.

Este comentario me inquietó profundamente, porque yo había experimentado varios


kensho o satori (vislumbres de Un Solo Sabor), pero todos ellos confinados al estado de
vigilia. Es más, la mayor parte de las cosas que me interesaban estaban en el estado de
vigilia, un estado que no es permanente sino que viene y va cada veinticuatro horas. Así
pues, según los grandes sabios, hay algo en nosotros que ya es consciente, que está
literalmente consciente o despierto todo el tiempo y en todos los estados (tanto en el
estado de vigilia como en el de sueño y en el de sueño con sueños). Y esa conciencia
omnipresente es el Espíritu en nosotros. Esa corriente subyacente de conciencia
constante (o conciencia no dual) es un rayo directo e ininterrumpido del Espíritu puro,
es nuestro contacto directo con la Diosa, nuestro contacto directo con Dios.

Así pues, si queremos realizar nuestra identidad suprema con el Espíritu, debemos
establecer contacto con esa corriente de conciencia constante y permanecer con ella a
través de todos los cambios de estado -la vigilia, el sueño y el sueño profundo-, lo cual
1) nos despoja de la identificación exclusiva con cualquiera de esos estados (el cuerpo,
la mente, el ego y el alma) y 2) nos permite reconocer e identificarnos con lo que es
constante o atemporal a través de todos esos estados, es decir, la Conciencia como Tal
o, dicho con otras palabras, el Espíritu eterno.

Cuando tropecé con esa frase de Ramana, yo llevaba meditando con bastante asiduidad
desde hacía unos veinte años. Había estudiado zen con Katagiri y Maezumi; vajrayana
con Kalu y Trungpa; dzogchen con Pema Norbu y Chagdud Tulku; además también
había estudiado -en ocasiones por encima y, en otras, con más detenimiento- vedanta,
meditación trascendental, el shivaísmo de Cachemira, el misticismo cristiano, la Cabala,
el enfoque de Adi Da, el sufismo..., una lista más bien larga. Cuando leí el comentario
de Ramana, yo estaba en un retiro intensivo de dzogchen con mi maestro Chagdud
Tulku Rinpoche, quien también subraya la importancia de llevar la mente que sólo
refleja a los estados de sueño y de sueño profundo. Poco a poco, comencé a tener
vislumbres -confirmados por Rimpoche- de esta conciencia no dual constante a través
de todos los estados. Pero no fue hasta un año más tarde, durante un retiro muy intenso
de meditación que duró once días -en el que la sensación de identidad separada pareció
desaparecer por completo de raíz- que pude disfrutar de modo continuo de ese estado.
En esos once días no dormí o, dicho de otro modo, permanecí consciente durante once
días y once noches, aunque el cuerpo y la mente siguieran atravesando los estados de
vigilia, sueño y sueño profundo. Era como si yo permaneciera incólume en medio de
todos los cambios, como si no hubiera yo que se moviera, sino que únicamente existiera
una conciencia continuamente vacía, la mente resplandeciente que todo lo refleja, el
Testigo que es uno con lo atestiguado; era, en suma, como si simplemente hubiera
vuelto a lo que soy en lo más íntimo de mi ser. Desde entonces, las cosas han seguido
discurriendo más o menos por esos cauces.

Esta conciencia no dual constante resulta evidente, porque permite el acceso a un


nuevo destino en medio del mundo manifiesto y uno habrá descubierto su propia mente
de Buda, su propia Divinidad, su propia Vacuidad infinita, atemporal, aespacial y sin
forma, su propio Atman que es uno con Brahman, su Keter, su conciencia crística, su
Shekhinah (nombres distintos, todos ellos, para referirse a Un Solo Sabor). Ésa es,
inequívocamente, nuestra verdadera identidad -la Vacuidad pura, la Conciencia como
Tal pura e incualificable- que nos libera del terror y el tormento que necesariamente
aparecen cuando uno se identifica con un pequeño sujeto en un mundo de pequeños
objetos.

Pero, después de que haber descubierto la identidad sin forma en tanto que mente de
Buda, Atman, Espíritu o Deidad pura, uno se adentra de nuevo en los estados inferiores
de la mente sutil y del cuerpo ordinario con la conciencia constante no dual
omnipresente, reavivándolos con su vitalidad. Uno no permanece simplemente Vacío y
sin forma sino que se vacía de la Vacuidad y se derrama en la mente y en el mundo y los
crea en el proceso y penetra en todos por igual, pero lo hace de un modo más pleno y
concreto en su cuerpo y en su mente concreta (que, en mi caso, se llama Ken Wilber),
ese yo inferior que, a partir de entonces, se tornará el vehículo del Espíritu que usted es.

Es entonces cuando todas las cosas, incluyendo su cuerpo, su mente, sus sentimientos
y sus pensamientos, emergerán en la inmensa Vacuidad que usted es y se liberarán en su
misma naturaleza tal y como aparece, porque usted ya no se identifica con ninguno de
ellos, sino que les permite salir de la Vacuidad y la Apertura que usted es. Entonces
despertará como Libertad esencial y entonará la canción de la resplandeciente
liberación, irradiando un infinito demasiado evidente como para verlo y se beberá de un
trago el océano del gozo. Entonces se dará cuenta de que la luna forma parte de su
cuerpo y saludará al sol como parte de su corazón. Porque Eso, eternamente, es todo lo
que hay.

Pero en modo alguno podrá decir que haya descubierto esa Libertad ni que la haya
alcanzado, porque esa Libertad mora desde siempre en el hogar del Testigo puro. Usted
habrá reconocido simplemente el Yo puro y vacío, el Yo-Yo radical, su conciencia
natural presente desde el mismo comienzo del comienzo y que había olvidado después
de embriagarse y perderse en la película de la vida.
Lunes, 24 de marzo

Con el despertar de la conciencia constante, uno se convierte en una especie de


esquizofrénico (en el sentido de «persona con la mente escindida») de lo divino, en
alguien que puede acceder tanto al Testigo como al ego. En realidad, usted es «una
persona completa», pero que parece que esté dividida porque es absolutamente
consciente del Testigo o Espíritu constante y también es absolutamente consciente de la
película de la vida, de todos los altibajos que experimenta su ego. De modo que usted
todavía sentirá dolor, sufrimiento y aflicción, pero habrá dejado ya de estar convencido
de su importancia y no será ya la víctima de la vida sino su Testigo.

Es más, el hecho de haber perdido el miedo a los sentimientos le permitirá


experimentarlos con mayor intensidad, en cuyo caso la película de la vida será más
intensa y vibrante, porque habrá dejado de tratar de aferrarse a ella y de evitarla y ya no
tratará de amortiguarla o diluirla o, dicho de otro modo, ya no bajará el volumen sino
que incluso podrá llorar con más sentimiento y reír con más alegría. La conciencia sin
elección no supone que uno deje de sentir, sino que uno se siente tan plena y profunda
que puede reírse, llorar y amar hasta el paroxismo. Entonces es cuando la vida sale de la
pantalla y usted no se repliega y se contrae sino que se funde plenamente con ella.

Si usted está soñando y cree que su sueño es real puede llegar a asustarse mucho.
Supongamos que usted está soñando que es un funambulista que se halla suspendido
sobre un cable tendido sobre las cataratas del Niágara y es consciente de que, en caso de
caer, está condenado a muerte, de modo que camina muy, muy lentamente. Supongamos
que, en esas condiciones, comienza a tener un sueño lúcido y se da cuenta de que ése no
es más que un sueño. ¿Qué es lo que cree que hará entonces? ¿Acaso ser más
precavido? ¡No, porque, en el mismo momento en que uno se da cuenta de que está
soñando y de que, por tanto, el sueño no es real, puede permitirse el lujo de jugar y
comenzar a dar saltos sobre el cable!

Y lo mismo ocurre cuando uno comprende que la vida cotidiana no es más que un
sueño, una película, un juego. Porque, en tal caso, no se torna más cauteloso, más
tímido o más reservado, sino que empieza a saltar y a dar volteretas, precisamente
porque todo es un sueño, porque todo es Vacuidad pura. Cuando uno puede
permitírselo, no siente menos, sino que siente más. Cuando uno ya no teme morir,
tampoco teme vivir y, en consecuencia, se torna radical y salvaje, intenso y vivido,
chocante y tonto y permite que todo discurra.

Entonces es cuando la vida asume su intensidad más plena, su luminosidad más vívida
y su efervescencia más radical. El dolor es más doloroso, la felicidad más feliz y la
alegría más alegre y la tristeza más triste. En la mente que opera como un espejo, en la
mente que no se aferra a nada y que tampoco elude nada sino que simplemente atestigua
el despliegue de todo ese juego, todo se torna más vivo y, por tanto, puede permitirse el
lujo de jugar.

¿Qué podría motivarle si todo lo viera como el sueño de su Yo superior? ¿Qué podría
realmente movilizarle en este mundo semionírico? A un nivel profundo, en el sueño
todo es diversión, exceptuando el sufrimiento de quienes toman el sueño por la realidad,
porque ver sufrir a alguien no es nada divertido. Y, en ese caso, uno siente el impulso
compasivo de despertarles del sueño para liberarles del sufrimiento. Es por ello que la
persona despierta sólo piensa en el modo de despertar a los demás y liberarles así del
sufrimiento, el tormento, el dolor, el terror y la angustia que provoca el hecho de
tomarse en serio el estúpido sueño de la vida.

De modo que entonces usted se convierte en un «esquizofrénico de lo divino», en el


sentido de que está simultáneamente en contacto con el Testigo puro y con la película
del ego. Ese, precisamente, es el significado de la «mente completa», de la mente que
sabe que, en realidad, esos dos mundos no son dos. El ego no es más que el sueño del
Testigo, la película creada por la plenitud infinita del Testigo por el mero gusto de tener
algo que observar.

En ese momento es cuando se despliega el juego completo en su conciencia constante.


En ese momento, no existe interior ni exterior, dentro ni fuera y el universo no dual de
Un Solo Sabor emerge como un gesto espontáneo de su auténtica naturaleza. Usted
puede degustar el sol, tragarse la luna y sostener siglos enteros en la palma de su mano.
El Yo-Yo puro, la gran Identidad respira el infinito y crea un Kosmos como celebración
de su Identidad más profunda, mientras las lágrimas de su Rostro Original se derraman
en océanos de compasión.

Anoche contemplé el reflejo de la luna en un estanque cristalino... y Eso era todo.

Viernes, 28 de marzo

Un pequeño arroyo discurre por detrás de casa y, con oídos silenciosos, escucho el
murmullo de su canto, mientras el resplandor del sol arranca destellos esmeraldas de las
hojas verdes. En esos momentos, el Espíritu parece expresarse con absoluta claridad.
«Yo me convierto en un globo ocular transparente. No soy nada y, en cambio, lo veo
todo.»

La solidez vencida se disipa en el aire, la consistencia se ablanda en la transparencia


más pura y la esencia del mundo -que no su apariencia- se muestra diáfana. Me diluyo
en el despliegue de la transparencia que nos abarca a todos, luz en la luz, imágenes en
las imágenes que flotan sin esfuerzo alguno en el océano de la serenidad.

La naturaleza es la forma externa de Buda, la naturaleza es el cuerpo físico de Cristo.


«Tomad y comed todos de Él, porque éste es mi cuerpo. Tomad y bebed todos de Él,
porque ésta es mi sangre.» Pobre y querida naturaleza, manifestación palpable de lo
Real, impulso del Infinito, espejo de la Eternidad, superficie brillante en el océano del
inagotable Espíritu que danza en la luz de lo Divino y se oculta en la noche de la
ignorancia.

Quienes desconocen lo Atemporal sólo cuentan con la naturaleza, Última Cena de


quienes no degustan el sabor del Infinito. Quienes precisan de redención caen en el
engaño de creer que la naturaleza es lo único real; pero aquellos conocedores de la
liberación saben que la naturaleza es la cáscara resplandeciente en la que mora una
verdad más profunda. Ocultos entre los pliegues del Kosmos se hallan la naturaleza, la
mente y el Espíritu, el Nirmanakaya, el Sambhogakaya y el Dharmakaya, el mundo
ordinario, el sutil y el causal, una trinidad eterna, una trinidad que nunca se ha perdido y
que, en consecuencia, nunca podrá encontrarse.

... excepto hoy, en que todos devenimos luz en la luz, imágenes en las imágenes que
flotan sin esfuerzo alguno en el océano de la serenidad.
ABRIL

Veamos ahora la naturaleza de este Testigo absoluto porque, cuando lo reconozca, se


liberará de las ataduras de la ignorancia y alcanzará la liberación.

Existe una Realidad que se sostiene a sí misma y sobre la que se asienta la conciencia
de nuestro ego. Esa Realidad es el Testigo de los estados de la conciencia del ego y del
cuerpo. Esa Realidad es el Testigo constante en los tres estados de conciencia, la
vigilia, el sueño y el sueño sin sueños. Él es su verdadero Yo, la Única Realidad cuyo
resplandor impregna la totalidad del universo.

Su naturaleza es la conciencia atemporal que conoce todas las cosas y las contempla,
desde el ego hasta el cuerpo. Es el Testigo del placer, del dolor y de los objetos
sensoriales. Éste es su verdadero Yo, el Ser Supremo, el Antiguo, el Inmutable, el que
nunca deja de experimentar la liberación infinita. Ése es el Espíritu.

SHANKARA

Miércoles, 2 de abril

Descansar en el Testigo sin forma nos proporciona una liberación radical y nos impone
una obligación. La liberación nos emancipa de la esclavitud al mundo de los objetos
que nacen y mueren y del sufrimiento que acompaña a ese proceso. Pero, en el espacio
inmenso de la liberación, uno experimenta también el deber de ayudar a los demás a
encontrar su verdadero Yo, su Condición más profunda, la Vacuidad pura, el Espíritu
puro, la Divinidad pura. El último secreto metafísico es que no hay nadie a quien salvar,
el problema es que ellos no lo saben y esa ignorancia es la que pone en movimiento la
implacable rueda del nacimiento, la muerte y el sufrimiento.

«La ignorancia», dice Patanjali, «consiste en la identificación del Vidente con los
instrumentos de la visión.» En tal caso, en lugar de contemplar el cuerpo nos
identificamos con él, en lugar de contemplar el ego nos identificamos con él y en lugar
de contemplar el sufrimiento nos identificamos con él. Pero, de ese modo, quedamos
inexorablemente a merced de aquello con lo que nos identificamos y nos vemos
torturados por todo aquello que no hayamos transcendido. Encadenados de este modo al
mástil de la miseria, quedamos a expensas del terror inherente al espacio y al tiempo.
Como expresó cierto poeta el mensaje del Buda:

Somos nosotros mismos los que nos encadenamos al sufrimiento,


nadie nos impone la vida o la muerte,
nadie nos obliga a empujar la rueda
y a abrazar y besar sus dolorosos radios,
su llanta de lágrimas, su nave de nada.
Jueves, 10 de abril

Alec Tsoucatos era un viejo amigo de Treya que ha terminado convirtiéndose en un


buen amigo mío. Da clases de economía y gestión empresarial en varias universidades y
de tanto en cuanto lleva un grupo de estudio de mi obra. No hace mucho vino de visita
con su grupo y yo aproveché la ocasión para invitar a unos pocos amigos, entre ellos
Kate Olson, productora de la PBS, y Phil Jacobson, uno de los directores del Naropa.

En cierto momento comenzamos a hablar de la meditación y de los cambios que puede


provocar en las pautas de onda cerebrales. Entonces, un joven e incrédulo estudiante de
psiquiatría me pidió «pruebas» y le puse un vídeo en el que estoy meditando conectado
a un electroencefalógrafo [EEG].

El vídeo en cuestión evidencia la presencia de ondas alfa, beta, theta y delta en ambos
hemisferios. Alfa está asociada a la conciencia despierta y relajada, beta al pensamiento
analítico, theta sólo suele producirse en el estado de sueño y, en ocasiones, en estados
de intensa creatividad, y delta únicamente aparece en el estado de sueño profundo sin
sueños. Así pues, alfa y beta tienen que ver con el reino ordinario, theta con el reino
sutil y delta con el reino causal o, dicho de otro modo, alfa y beta están ligados a los
estados egoicos, theta a los estados del alma y delta a los estados del Espíritu. Es
probable también que delta esté relacionado con el Testigo puro, algo que la mayor
parte de las personas sólo experimentan en el estado de sueño profundo sin sueños.

El vídeo empieza conectándome a la máquina y, como me encuentro en un estado de


vigilia ordinaria, evidencia mucha actividad alfa y beta en ambos hemisferios, aunque
también puede apreciarse una gran cantidad de ondas delta en ambos hemisferios
(debido, muy probablemente, a la presencia de un Testigo constante y estable). Luego
trato de entrar en nirvikalpa samadhi (o cesación mental completa) y, a los cuatro o
cinco segundos, todos los registros de la máquina se ponen a cero. Es como si el cerebro
hubiera muerto, ya que no hay ondas alfa, beta ni theta y las delta se hallan al máximo.

Al cabo de varios minutos comienzo a practicar una técnica de visualizaron de


mantrams, la meditación yidam que, en mi opinión, es predominantemente una práctica
del nivel sutil y no tarda en presentarse una gran profusión de ondas theta al tiempo que
la actividad delta sigue siendo máxima. El hecho de que theta y delta (que normalmente
sólo se presentan en el estado de sueño y en el estado de sueño profundo,
respectivamente) se hallen presentes en un sujeto despierto parece indicar la presencia
simultánea de los estados ordinarios, sutiles y causales (es decir, turiyatita). En
cualquiera de los casos, sin embargo, se trata de una atención tensa.

De modo que puse el vídeo y nos dedicamos a verlo. Sam dice que, cuando hago eso,
le parezco un bocazas, algo que me parece bastante probable. En cualquier caso, no es
más que un evento objetivo. Lástima que el sujeto sea yo y no otra persona, porque los
resultados son muy impactantes para el espectador medio, captan mucho más su
atención que mis libros y resultan muy convincentes, como ha ocurrido también con
nuestro futuro psiquiatra.

Comencé a grabar estos vídeos -entrando en distintos estados meditativos y registrando


el correlato de las pautas de onda electroencefalográfica- como parte de una
investigación integral de los estados y niveles superiores de la conciencia que trataba de
correlacionar los que yo llamo cuadrante superior izquierdo (conciencia subjetiva) y
cuadrante superior derecho (cerebro objetivo), una investigación que me ha llevado a la
conclusión de que los distintos tipos y niveles de la meditación van acompañados de
diferentes pautas de onda cerebrales. En el peor de los casos, esta investigación podría
servir de punto de partida para una investigación más detallada y controlada. Se trata de
una línea de investigación que, en mi opinión y en la de las personas que han visto el
vídeo -entre las que se cuentan Roger Walsh, Frances Vaughan, Mike Murphy, Tony
Schwartz y Lex Hixon-, se halla en la línea de la apasionante y sofisticada investigación
que, desde hace un tiempo, están realizando Charles Alexander y la gente de la MT
[Meditación Trascendental].

Después de ver el vídeo, la gente tiende a quedarse muy seria -en el buen sentido del
término- porque resulta evidente que la conciencia primordial no es una idea sino el
resultado de una práctica realmente transformadora. También hay quienes se
desalientan, porque creen que ellos nunca podrán llegar a conseguirlo. No obstante, la
mayor parte de las personas se ven animadas a emprender una verdadera disciplina
espiritual y seguir la corriente de la conciencia constante a través de los tres estados
(vigilia, sueño y sueño profundo) hasta encontrar el resplandor constante del Espíritu
que nos habla con términos inequívocos a cada uno de nosotros.

Sábado, 12 de abril

Sam vendrá mañana de visita y también he invitado a Reb Zalman Schachter-Shalomi


y a su esposa, Eva. Zalman (una persona resplandeciente, hermosa, bendita y santa) es
un gran erudito de la Cabala y el misticismo hebreo y actualmente es la punta de lanza
del movimiento de renovación judío. Él fue quien «rabinizó» a Michael Lerner, su más
adecuado heredero espiritual, a mi juicio, porque ambos tienen el mismo brillo en los
ojos. El último libro de Michael, The Politics of Meaning, representa un importante
esfuerzo por unir el liberalismo y la espiritualidad (como también lo es su revista
Tikkun). Pero cuando Michael pasó por Boulder me dijo lo decepcionado que estaba con
el libro, porque tenía que revisarlo para hacerlo más «popular» (está más contento con
su anterior Jewish Renewal).

La historia de Michael es un cuento con moraleja acerca de lo que los medios de


comunicación liberales de este país hacen con todo lo que suene a «espiritual». En la
actualidad, estoy trabajando en varios libros que tratan de perfilar mi postura política, a
la que yo definiría como postconservadora y postliberal. El liberalismo y el
conservadurismo tienen sus ventajas y sus inconvenientes y tenemos que despojarnos de
éstas y aprovechar aquéllas.

La principal ventaja del liberalismo reside en su énfasis en los derechos humanos


individuales y su principal debilidad en su furibundo miedo al Espíritu. No hay que
olvidar que el liberalismo moderno nació durante la Ilustración como un movimiento de
oposición a la religión mítica (lo cual está muy bien), pero que luego cayó en la falacia
pre/trans y acabó arrojando todo lo que sonaba a espiritualidad al cajón de la mitología
prerracional, con lo cual desdeñó (o, como diría Ronald Reagan, echó al bebé en el
fregadero) también la espiritualidad transracional (lo cual fue ciertamente catastrófico).
El liberalismo trató de matar a Dios y trocar el Espíritu transpersonal por el humanismo
egoico. Es por ello que su reivindicación de lo humano resulta tan admirable (hasta el
punto de que muchos de mis valores sociales son francamente liberales) como
desdeñable su horror a lo divino.

Por su parte, una de las ventajas del conservadurismo típico tiene que ver con su
confianza en el Espíritu y uno de sus principales inconvenientes es que ese «espíritu» es
casi siempre prerracional, mítico, fundamentalista y etnocéntrico. No es de extrañar que
los conservadores estén demasiado predispuestos a imponer sus creencias y sus «valores
familiares» a todo el mundo, y puesto que tienen a Dios de su lado, se sienten tan
seguros que la caza de brujas nunca se halla muy lejos de la agenda conservadora.

Lo que nos interesaría sería tomar lo mejor de ambas visiones -los derechos
individuales y la orientación espiritual- y buscar el modo de conectar los valores
humanistas con el Espíritu transracional, con una espiritualidad que no sea preliberal,
reaccionaria y regresiva sino transliberal, evolutiva y progresiva.

También es político, en el sentido más amplio del término, el hecho de que su principal
motivación -la compasión- se vierta en la acción social. Pero la espiritualidad
auténticamente postconservadora y postliberal (la espiritualidad transracional) no debe
verse constreñida al mero activismo social, porque mantiene la separación racional entre
la Iglesia y el Estado y la exigencia liberal de que el Estado no debe promover ninguna
versión particular de la vida. Así pues, quienes quieran «transformar» el mundo
obligándonos a abrazar su nuevo paradigma, su dios o diosa preferidos, su versión de
Gaia o su mitología favorita no son transracionales sino preliberales, reaccionarios y
regresivos, en el peor de los sentidos, y la caza de brujas nunca se halla muy lejos de su
programa. La espiritualidad realmente transliberal, por el contrario, debe presentarse
como un estímulo cultural, como un contexto que ni obstaculiza ni fuerza la emergencia
de la auténtica espiritualidad, sino que la alienta. [Ver la entrada correspondiente al 10
de diciembre para una discusión más detallada sobre este punto.]

Éste es el problema sobre el que está trabajando Michael Lerner y yo le respaldo todo
lo que puedo. Su organización postuló Sexo, ecología, espiritualidad para su premio de
ética pero no lo consiguió y ahora está tratando de conseguirme una columna en Tikkun.
No estoy seguro de que pueda hacerme cargo de esa misión pero, en cualquier caso,
resulta muy tentador.

Michael es amigo de Bill y Hillary y a ella le gustó mucho su «política del


significado». Pero, cuando los medios de comunicación liberales se enteraron de eso, no
tardaron en hablar de santa Hillary, del «gurú de Hillary», etcétera, lo cual resultó muy
duro para Michael y no acabó hasta que... Jean Houston tomó el relevo. Una simple
técnica de la visualización, utilizada a diario por miles de terapeutas, la convirtió en la
Eleanor Roosevelt, la channeller de Hillary, cuando lo único que practicaba era
visualización creativa. El asunto es que todo lo interior resulta tan absoluta y
radicalmente ajeno a los medios de comunicación liberales que apenas saben hablar del
tema sin reírse o burlarse.

Este es el motivo por el cual considero Ciencia y religión como una especie de prueba.
Está escrito teniendo expresamente en cuenta los miedos de los liberales y tratando de
refrenar lo que ellos deben de ver como otra cabalgada salvaje de Mister Sapo Calvo. El
último capítulo subraya la importancia de salvaguardar las ventajas de la Ilustración
liberal y esbozar una visión transliberal, no antiliberal, que fomente la unión entre la
Ilustración occidental (o la libertad política) y la iluminación oriental (o la libertad
espiritual). Y por «iluminación oriental» me refiero, obviamente, a la auténtica
transformación espiritual, tanto oriental como occidental, tanto del Norte como del Sur.
El asunto consistiría en utilizar las libertades legales, políticas y civiles del Occidente
moderno como trampolín para favorecer la emergencia de la transformación espiritual y
de su más hermosa flor, la compasión. Es por ello que considero Ciencia y religión (que
concluye con ese mensaje) como una prueba del modo en que los liberales pueden
comenzar a aproximarse a una espiritualidad auténticamente transracional.

Domingo, 13 abril

Anoche quedé con Marci Walters, una mujer muy hermosa, y fuimos a su restaurante
favorito, Mataam Fez, un restaurante marroquí en el que nos sentamos en el suelo,
comimos con los dedos y yo traté de no mancharme. Marci es una graduada del Naropa
que trabaja con retrasados y ha sido aceptada por el Peace Corps cuando termine la
carrera. Practica la meditación, se dedica al levantamiento de pesas, ha participado en
una docena de maratones y en seis triathlones de modo que, si me desmando, bastará
con que me dé un empujoncito.

Miércoles, 16 de abril

Vuelvo a mi horario habitual. Me despierto entre las tres y las cinco de la madrugada,
medito durante una o dos horas y luego voy directamente al escritorio, en donde trabajo
hasta la una o las dos del mediodía. El tipo de meditación que practico varía, pero la
forma básica es «la práctica de la mañana» o «el yoga del último gurú», en donde el
último gurú es la auténtica naturaleza de nuestra mente. La práctica consiste en lo
siguiente: Al despertar, o al pasar del estado de sueño al de vigilia, contemplar
directamente la mente y preguntar «¿Quién soy yo?» a la fuente de la conciencia o, si lo
prefiere, uno tiene que contemplar directamente al observador. Al preguntar por el yo, el
yo desaparece y se diluye en la resplandeciente Vacuidad y la conciencia descansa en la
Libertad absoluta, ilimitada, no nacida, inmortal, inadvertida y desconocida.

Es en esa inmensa Vacuidad donde emerge el alma sutil, pero tú no eres eso. Es en ese
inmenso Vacío donde emerge el ego ordinario, pero tú no eres eso. Es en ese inmenso
Vacío donde emerge el cuerpo, la naturaleza y la materia ordinaria, pero tú no eres eso.
Tú eres la esencia resplandeciente anterior a todos los mundos, a la vez que una con
ellos, que abraza de un solo vistazo, cuya gracia hace que salga el sol y que la luna
refleje su gloria. Y, en la inmensa amplitud del Vacío que es lo único que existe, tú te
habrás desvanecido por completo.

Jueves, 17 de abril

En ese estado transcendental, delta parece desaparecer y si cuando tú entras en el


estado de vigilia sigues en contacto con la mente en tanto que espejo, con el testigo
estable, es muy probable que las ondas delta también sigan presentes. Esto parece ser lo
que ocurre en el vídeo pero, en cualquiera de los casos, se trata de un campo de
investigación presumiblemente muy fecundo.

Cuando uno «sale» del estado causal, del estado sin manifestar -el estado de cesación
pura, de sueño profundo sin sueños, de nirvikalpa samadhi, ayn, jnana samadhi o
conciencia pura sin objeto, por nombrar sólo unas pocas versiones del tema-, puede
percibir directamente la emergencia de los reinos sutiles y mentales y resulta evidente
que constituyen una especie de condensación, cristalización o contracción del reino
causal. Y con ello quiero decir que el reino sutil se experimenta como un gesto del
Espíritu causal, un gesto semejante al de cerrar el puño de su mano.

Si tú permaneces atento y sales del estado sutil -del savikalpa samadhi, de las
iluminaciones arquetípicas, de los estados de sueño o de visión creativa, por nombrar
sólo unos pocos-, tú puedes percibir directamente la emergencia del reino ordinario, el
reino del cuerpo físico, de la materia, de la naturaleza y del ego reflexivo que emerge en
el mundo sensoriomotor. Y ese reino ordinario se asemeja a un gesto del alma sutil, se
experimenta como algo que está haciendo lo sutil.

Y el resultado de todo este arco involutivo -en el que el espíritu causal se contrae en el
alma sutil y el alma sutil se contrae en el mundo ordinario del ego y de la naturaleza- es
que la totalidad del mundo manifiesto constituye un gesto de su conciencia primordial,
de su Espíritu, de su Divinidad, de su Rostro Original. Todas y cada una de las cosas del
Kosmos son una manifestación de la Gran Perfección, una manifestación del infinito
gozo de la Pureza Primordial.

El mundo de lo manifestado no es un pecado, pero perderse en él sí lo es. Nosotros


creemos que el ego y la naturaleza son las únicas realidades del Kosmos, ése es nuestro
pecado y de él se deriva todo nuestro sufrimiento. Nosotros nos perdemos en la película
de la vida cotidiana, olvidándonos de que el proyector, la luz y la pantalla no son sino
formas diferentes del último Un Solo Sabor, ondas radiantes de la luminosa Vacuidad.

En el mismo momento en que uno recupera la capacidad de contemplar establemente


lo que ocurre, en el momento en que su mente opera como un espejo y aparece una
cierta continuidad entre los diferentes estados (de modo que no siempre pierde la
conciencia al pasar de un estado a otro, desde la vigilia al sueño profundo, por ejemplo),
resulta evidente que todos los estados y todos los niveles -altos o bajos, sagrados o
profanos, superficiales o profundos- son una manifestación de su Espíritu primordial.
En consecuencia, todas las situaciones aparentemente «inferiores» que los ortodoxos
consideran «pecado» no son distracciones sino celebraciones de la creatividad
exuberante, abrumadora y omnipresente del Espíritu.

Este es, precisamente, el punto central del tantra, ya que toda «mancha» -el enojo, la
envidia, el deseo, la ignorancia o los celos, por ejemplo- lleva oculta en su misma
esencia la sabiduría transcendental -la claridad, la igualdad, la apertura y la
discriminación. El tantra se basa en la intuición inquebrantable de que lo único que
existe es Dios, de que lo único que existe es el Espíritu, de que lo único que existe es la
Divinidad, de que lo único que existe es el Tao. Pero no estoy hablando de un modo
metafórico sino absolutamente literal. Como dice el Tao Te King: «El Tao del que uno
puede desviarse no es el verdadero Tao». Usted no puede desviarse de Él porque Él es
lo único que existe y porque cualquier «desvío» que pudiera tomar seguiría
permaneciendo dentro de Él. (Y ése es también, dicho sea de paso, el motivo por el cual
los libros que insisten en decirnos que nos hemos desviado de la Divinidad, del Tao o
del Camino verdadero están muy equivocados.)

Ésta es la experiencia de Un Solo Sabor en la que todos y cada uno de los eventos del
Kosmos, superiores e inferiores, sagrados y profanos, tienen el mismo sabor, el mismo
aroma, un sabor divino. Todos son gestos de Dios, gestos de nuestra Perfección
primordial, manifestaciones de nuestra resplandeciente Vacuidad, ondas de nuestra
propia Conciencia no dual. El universo entero cabe en la palma de su mano, usted puede
sostener la luna con dos dedos, puede regalar el sol en Navidad y no sucede
absolutamente nada.

Viernes, 18 de abril

La luz del sol está acabando de derretir los restos de la nieve que están diseminados
por doquier y se agrupa bajo los oscuros pinos verdes que hay junto a la casa. Todo
emerge en la claridad luminosa de la Vacuidad, en el espacio de la Divinidad, en la
expansión incalificable de Ese Espacio que no es otro que su conciencia sin elección
instante tras instante. Eso es todo. Y esa situación suspende mi respiración y me obliga
a rendirme a mi estado más profundo, en donde me desvanezco por completo en la
Belleza.

Éste es precisamente el motivo por el cual la Belleza tiene un significado tan profundo.
En la conciencia sin elección, en la simplicidad última de Un Solo Sabor, todos los
reinos -desde la conciencia causal sin forma hasta la luminosidad sutil, el cuerpo, la
mente y la naturaleza ordinaria- asumen un aspecto dolorosamente bello, una auténtica
belleza dolorosa. Entonces es cuando la estética, en todos sus dominios (la belleza del
cuerpo, de la mente, del alma y del Espíritu) asume también una importancia
completamente nueva. Cuando vemos las cosas como expresiones perfectas del
Espíritu, todo se torna profunda y hermosamente doloroso.

Ayer estuve en un centro comercial durante varias horas, observando el ir y venir de la


gente y todo el mundo resplandecía como esmeraldas verdes. Y no percibí tanto el
habitual sufrimiento de sus rostros, la tristeza de sus ojos y el pesado movimiento de sus
pasos salpicado de tanto en cuanto por alguna que otra voz alegre, como la gloria de las
esmeraldas verdes, budas resplandecientes caminando por doquier... y lo mismo ocurría
con la basura que se acumulaba en las aceras, con las piedras de la calle y con los gritos
de los niños. ¿Quién hubiera podido sospechar que el paraíso se escondía en un centro
comercial?

Sábado, 19 de abril

Acabo de recibir una carta extraordinaria de Joyce Nielsen [autora de Sex and Gender
in Society], seis páginas mecanografiadas a un espacio, muy interesante desde el
comienzo hasta el final. La carta versa sobre un capítulo de El ojo del Espíritu titulado
«Feminismo integral», un capítulo en el que subrayo la existencia de una buena decena
de escuelas feministas diferentes que sólo concuerdan en la existencia de las mujeres y
que divergen en todo lo demás, hasta en el significado del feminismo (e incluso de las
mujeres). En ese capítulo utilizo un enfoque «omni-nivel y omni-cuadrante» y trato de
demostrar que cada una de esas escuelas se centra en un determinado cuadrante o nivel.
En ese sentido, todas tienen cosas importantes, aunque limitadas, que decirnos y el
único enfoque interesante sería el de un «feminismo integral» que rescatara las
aportaciones de cada escuela despojándolas de sus debilidades. Así pues, cualquier
feminismo realmente integral debería incluir los cuatro cuadrantes (intencional,
conductual, social y cultural), cada uno de los cuales presentaría niveles
preconvencionales, convencionales y transconvencionales, proporcionándonos así un
feminismo multidimensional no chato ni de un solo cuadrante ni de un solo nivel. Esto
es lo que he tratado de subrayar en El ojo del Espíritu y Joyce afirma estar de acuerdo
con ello.

Pero también cree -y ésta es la principal diferencia que advierte entre nuestros puntos
de vista- que los factores biológicos no explican la estratificación de género y que el
hecho de sostener esa visión (como yo hago) puede incluso contribuir a mantener la
estratificación que estamos tratando de evitar. No obstante, aunque comprenda su
preocupación, estoy en desacuerdo con ese punto. Por otra parte, creo que Joyce exagera
la importancia que atribuyo a las diferencias biológicas de género. Porque, si bien esas
diferencias (el hecho de que las mujeres den a luz, por ejemplo, un hecho que ha tenido
una extraordinaria importancia en la determinación de los roles productivos de los
hombres y de las mujeres en las sociedades agrarias, y de que el embarazo no sea, en
modo alguno, una construcción social) son importantes, no me llevan, por ello, a
concluir que los factores biológicos sean los únicos ni tan sólo los más relevantes.
Además de las diferencias biológicas entre los sexos (cuadrante superior derecho),
debemos tener en cuenta las fuerzas sociales (cuadrante inferior derecho), las
diferencias individuales (cuadrante superior izquierdo) y los valores culturales
(cuadrante inferior izquierdo). Yo suelo subrayar que la importancia de los valores
culturalmente construidos desempeñan un papel extraordinario en la estratificación de
género, pero me niego (como hacen los constructivistas) a reducir el resto de los
cuadrantes al cultural, ya que todos son igualmente importantes.

Veremos lo que opina Joyce sobre el volumen 2 de la Trilogía del Kosmos (Sexo. Dios
y género: La ecología de los hombres y las mujeres). Espero que me ayude (por más
difícil que resulte) a no convertirme en un asno.

Lunes, 21 de abril (Denver)

Marci y yo hemos pasado el fin de semana en Denver, en el Oxford Hotel, ubicado en


un barrio llamado LoDo (Lower Downtown), una abreviatura semejante a la que da
nombre al SoHo. Me gusta ese lugar y también me gusta mucho ese anticuado hotel. La
vieja estación de la Railroad Union, de ocho pisos de altura y media manzana de largo
se encuentra al otro lado de la calle. A la vuelta de la esquina se halla la sucursal local
de la librería Tattered Cover a la que varias organizaciones han calificado como la más
exquisita del planeta. Mi amigo Dave Query -que fue cocinero en el yate de Malcolm
Forbes durante dos años- acaba de abrir el restaurante Jax en la puerta de al lado. Hay
decenas de galerías de arte, tiendas, cafés, bares, restaurantes... Realmente es un
pequeño SoHo.
En los últimos cinco o seis años me he sentido cada vez más fascinado por la estética y
por la belleza, en cualquiera de sus dominios, algo que atribuyo directamente a la
conciencia meditativa. Las grandes tradiciones contemplativas no odiaron este mundo
sino que se esforzaron en embellecerlo (al tiempo que también desarrollaban la
compasión, la claridad y el respeto). Pensemos en los grandes jardines zen, en los
exquisitos manuscritos iluminados del misticismo medieval, en la extraordinaria belleza
arquitectónica del Taj Mahal y de Angkor Wat. No, los verdaderos místicos no duales
no odian este mundo, sino que disfrutan de él. En opinión de santo Tomás, la gracia no
deja de lado la naturaleza, sino que se ocupa de perfeccionarla.

La belleza física no es más que uno de los modos en los que el Espíritu resplandece a
través del mundo sensorimotor. Y para muchas personas -éste fue, al menos, el punto de
vista que sostuvo Thomas Mann- la contemplación estética representa su mayor
aproximación posible a la Belleza de lo Divino. Ésta es una versión en miniatura, una
versión reducida, de la Belleza infinita que resplandece en el Rostro de Dios. Pero, por
más minúscula que sea, se trata de una emanación de lo Divino. En este sentido, El
banquete de Platón constituye un excelente recordatorio de que el rayo de la belleza
física puede permitirnos ascender a la visión de lo Bueno, la Belleza última.

En este país, no obstante, tenemos la triste, agresiva, ascendente y puritana idea de que
la belleza estética -en la arquitectura, en las personas, en el vestir- constituye una
especie de pecado. ¡Qué visión más lamentable!

Pero también ocurre todo lo contrario ya que, en este país, hay muchas personas para
las cuales la belleza física es todo lo que hay. Esas personas no conocen otras
expresiones más elevadas de la belleza y lo ignoran todo sobre la visión mental, sobre la
sorprendente belleza de la iluminación arquetípica, sobre la belleza insoportablemente
dolorosa y dichosa del alma radiante y sobre la belleza trascendente del infinito sin
manifestar. Y es precisamente por ello que rendimos culto a la moda. En este mundo de
una profundidad insondable, todo el mundo parece limitarse a aspirar desposar a una
estrella del rock o un as del deporte.

Es precisamente la estética del LoDo lo que me gusta; es hermoso y, en consecuencia,


un recordatorio de la belleza. Marci y yo hemos tenido un hermoso fin de semana:
librerías, capuchinos, despreocupación y cuerpos desnudos por la noche. Marci quería
comprarse un nuevo maquillaje y fuimos a Dior, donde estuve charlando con la
vendedora de Brit John Galliano, que ha asumido la dirección de Dior en lugar de Jean-
Paul Gaultier. Yo estaba a favor de Jean-Paul, pero ella prefería a John, aunque hay que
decir que ella trabaja ahí. Hemos tomado Martinis en el Cruise Bar y enormes ensaladas
en Jax; placeres, todos ellos, maravillosos, cuando uno pasa tanto tiempo ante un
escritorio.

Martes, 22 de abril (Boulder)

Ha llamado Sam y me comenta que, a partir del próximo año, Shambhala publicará
mis obras completas. Creo que pretenden sacar todos los volúmenes al mismo tiempo.
Éste es el programa provisional, al menos hasta el momento presente:

Vol. 1. El espectro de la conciencia y Conciencia sin fronteras.


Vol. 2. El proyecto Atman y Después del Edén.

Vol. 3. Un Dios sociable y Los tres ojos del conocimiento.

Vol. 4. Psicología integral y diversos artículos (entre los que se cuentan las
introducciones a El paradigma holográfico y Cuestiones cuánticas).

Vol. 5. Gracia y Coraje.

Vol. 6. Sexo, ecología, espiritualidad (volumen 1 de la Trilogía del Kosmos).

Vol. 7. Breve historia de todas las cosas y El ojo del Espíritu.

Vol. 8. Ciencia y religión [El Matrimonio entre la ciencia y los sentidos] y diversos
artículos.

Domingo, 27 de abril

Nuevo seminario del Naropa en casa. Estos seminarios suelen durar unas tres o cuatro
horas y suelen ajustarse a un formato de preguntas y respuestas. Me gusta escuchar las
dudas de los estudiantes, porque me indica los problemas en los que debo centrarme en
mis escritos. Además, también evidencian los problemas que tienen con mi obra y me
ayudan a clarificarla.

En esta ocasión, los estudiantes estaban particularmente interesados en el Testigo.


Ahora estamos grabando en vídeo los seminarios. Veamos unos pocos extractos:

***

He hablado de la conciencia testigo que persiste a través de la vigilia, el sueño y el


sueño profundo. Pero el Testigo está completamente presente en cualquier estado de
conciencia, incluyendo el estado de conciencia en el que ustedes se hallan en este mismo
instante. De modo que trataré -eso es, al menos, lo que pretendo- de inducirles ese
estado recurriendo a lo que se conoce con el nombre de «instrucciones para señalar».
Pero no aspiro a que entren en un estado diferente de conciencia, en un estado alterado
de conciencia, en un estado no ordinario, sino que, por el contrario, voy a señalar algo
que ya está sucediendo, de manera ordinaria y natural, en el estado en el que se
encuentran ahora mismo.

Comenzaremos cobrando simplemente conciencia del mundo que nos rodea.


Contemplen el cielo, relajen su mente y permitan que se funda con el cielo. Observen
las nubes que flotan en el cielo y dense cuenta de que eso no les exige el menor
esfuerzo. Su conciencia presente, la conciencia en la que esas nubes están flotando, es
muy simple, muy sencilla, muy fácil y muy espontánea. Adviertan simplemente que
existe una conciencia sin esfuerzo de las nubes. Y lo mismo podríamos decir con
respecto a esos árboles, esos pájaros y aquellas piedras. Ustedes pueden observarlos
sencillamente sin realizar esfuerzo alguno.
Contemplen ahora las sensaciones que aparecen en su propio cuerpo. Ustedes pueden
ser conscientes de cualquier sensación corporal que se presente, tal vez la sensación de
presión en la zona en que están sentados, quizás un leve calor en la zona del estómago o
una tensión en la nuca. Pero aun cuando la sensación sea de tensión, ustedes pueden ser
fácilmente conscientes de ella. Estas sensaciones aparecen en su conciencia presente y
esa conciencia es muy sencilla, muy fácil, muy espontánea y no requiere esfuerzo
alguno. Ustedes simplemente observan sin realizar esfuerzo.

Observen ahora los pensamientos que aparecen en su mente. Tal vez puedan darse
cuenta de la aparición espontánea en su conciencia de imágenes, símbolos, conceptos,
deseos, esperanzas y miedos. Son pensamientos que emergen, permanecen durante un
rato y terminan desapareciendo. Los pensamientos y los sentimientos aparecen en su
conciencia presente de un modo muy simple, muy fácil y muy espontáneo. Y ustedes se
dedican simplemente a observarlos sin realizar esfuerzo alguno.

Dense ahora cuenta de que, si pueden ver el discurrir de las nubes, es porque ustedes
no son esas nubes sino el testigo que las contempla. Dense cuenta de que, si pueden
experimentar las sensaciones corporales, es porque ustedes no son esas sensaciones sino
el testigo que las contempla. Dense también cuenta de que si pueden ver el discurrir de
los pensamientos, es porque ustedes no son esos pensamientos sino el testigo que los
contempla. De una manera espontánea y natural, todas estas cosas emergen en su
conciencia presente sin que tengan que hacer el menor esfuerzo.

¿Quiénes son, pues, ustedes? Ustedes no son ninguno de los objetos que se hallan
fuera, ninguna de las sensaciones, ninguno de los pensamientos; ustedes no son ninguna
de esas cosas, sino la conciencia sin esfuerzo que las contempla. ¿Quiénes o qué son
ustedes?

Ahora pregúntense a sí mismos: Yo tengo sentimientos, pero no soy esos sentimientos.


¿Quién soy yo? Yo tengo pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy yo?
Yo tengo deseos, pero no soy esos deseos. ¿Quién soy yo?

Ahora den un paso atrás hacia la fuente de su conciencia, den un paso hacia el Testigo
y descansen en Él. Y repítanse: Yo no soy objetos, ni sensaciones, ni deseos, ni
pensamientos.

Y aquí es donde la gente suele cometer un gran error, porque creen que, cuando
descansen en el Testigo, van a ver o sentir algo muy especial. Pero el asunto es que, en
tal caso, uno no ve nada raro porque, si viera algo, eso no sería más que otro objeto, otra
sensación, otro sentimiento, otro pensamiento u otra imagen. Pero todos ésos son
objetos, todos ellos son lo que usted no es.

No, cuando uno descansa en el Testigo -y comprende que no es los objetos, los
sentimientos ni los pensamientos- lo único que percibe es una sensación de Libertad,
una sensación de Liberación de la identificación con los pequeños objetos finitos, con
su pequeño cuerpo, con su pequeña mente y con su pequeño ego, todos los cuales son
objetos que pueden verse y, en consecuencia, no pueden ser el verdadero Vidente, el
verdadero Yo, el verdadero Testigo, que es lo que ustedes realmente son.
De modo que, en tal caso, ustedes no verán nada en particular. Todo lo que aparezca
estará bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones se mueven en el cuerpo, los
pensamientos discurren por la mente y uno puede contemplar todo eso sin necesidad de
hacer el menor de los esfuerzos. Todo eso aparece espontáneamente en su conciencia
presente sin realizar esfuerzo alguno. Y esa conciencia testigo no es nada concreto que
pueda ver sino una inmensa sensación de Libertad -la Vacuidad pura- en la que emerge
el mundo manifiesto. Usted es esa Libertad, esa Apertura, esa Vacuidad y no cualquier
cosa que emerja en ella.

Descansando en ese Testigo vacío y libre, adviertan ahora que las nubes están
apareciendo en el inmenso espacio de su conciencia. Las nubes emergen dentro de
ustedes, ustedes pueden degustar las nubes, ustedes son uno con las nubes, que se hallan
tan próximas que es como si estuvieran de este lado de su piel. El cielo y su conciencia
son uno y todas las cosas que hay en el cielo están flotando en el interior de su
conciencia. Y todo eso se halla tan próximo que pueden besar el sol y tragarse las
montañas. Según el zen, cuando dentro y fuera dejan de ser dos, cuando sujeto y objeto
son no dos, cuando el observador y lo observado se tornan Un Solo Sabor, «uno puede
beberse el océano Pacífico de un solo trago» y ésa es la cosa más fácil del mundo. ¿Se
dan cuenta de ello?
MAYO

Existe un tipo de despertar del trance que he experimentado con cierta frecuencia
desde la infancia, especialmente cuando me encuentro a solas. Para ello solía bastar
con repetir en voz baja mi nombre dos o tres veces hasta que, súbitamente, mi
individualidad parece disolverse y desvanecerse en el ser ilimitado. Y no estoy
hablando de un estado confuso, sino del más claro e indiscutible de todos los
estados...,un estado que trasciende por completo las palabras, en el que la muerte es
una imposibilidad irrisoria y la pérdida de identidad -si es que puede hablarse de tal
cosa- no se asemeja en nada a la extinción sino, por el contrario, a la única vida
verdadera.

ALFRED, LORD TENNYSON

Viernes, 2 de mayo

La luz del sol parece danzar con las gotas de lluvia (que, mientras caen parecen hablar
entre sí), convirtiéndolas en perlas irisadas que estallan apenas entran en contacto con el
suelo.

El ojo del Espíritu es el primer libro, desde Transformations of Consciousness


[traducido en castellano con el título Psicología integral] en el que he vuelto a
ocuparme del campo de la psicología y de la espiritualidad evolutiva, actualizando mi
enfoque (y comparándolo con otras últimas contribuciones al respecto). Asimismo me
he referido a mi vida espiritual, en un nuevo intento de transmitir el resplandor de la
verdad siempre ya. Los distintos capítulos de ese libro se centran en el campo de la
filosofía, la antropología, la epistemología, la meditación y el feminismo desde una
perspectiva integral, y también incluye un largo ensayo, a mi juicio el más interesante -
hasta su misma génesis lo es-, en torno al arte y la interpretación artística.

Hace ya tiempo que estoy interesado en el campo de la «hermenéutica» (el arte y la


ciencia de la interpretación), el modo en que llegamos a descifrar el significado de una
afirmación, del sueño de anoche, de las matemáticas, de una obra de arte, de una
película o, en suma, de cualquier cosa. ¿Cuál es, por ejemplo, el significado de esta
frase? Como ustedes saben, ésa no es una tarea fácil porque existen multitud de factores
que afectan a nuestra capacidad de comprender el significado y, en consecuencia, de
entender la vida, a Dios, la literatura o incluso a nosotros mismos. Yo había encontrado
un modo, o eso al menos me parecía, de unir el significante (la palabra escrita), el
significado (su significado interno), la sintaxis (las reglas formales) y la semántica (el
trasfondo cultural) en una visión integral del significado y la interpretación simbólica1
que me llevó a extraer ciertas conclusiones concretas sobre el arte y sobre el modo de
interpretarlo.
Aproximadamente al mismo tiempo, un coleccionista anónimo sacó a la luz pública
varias pinturas inéditas de Andrew Wyeth (un descubrimiento realmente excepcional) y
se organizó una gran exposición de su obra, que iba a celebrarse simultáneamente a los
juegos olímpicos de Atlanta, para la que me pidieron que escribiera un ensayo (porque,
en mi opinión, están hartos de la «teoría» postmoderna al uso, que habla de todo menos
de la obra de arte real), algo que me resultó muy interesante.2 De modo que, sin
pensármelo dos veces, me dediqué a afrontar ese reto desde un abordaje extraño y
novedoso dentro del campo de la teoría del arte.

Para ello, comencé presentando una visión general de las principales escuelas de arte y
de su interpretación, que incluía la teoría representacional, la intencional-expresionista,
la sintomática, la formalista y la de la recepción respuesta. Luego traté de demostrar
(utilizando una visión holónica,3 el espectro de la conciencia y el modelo de los cuatro
cuadrantes) la posibilidad de unificar esas cuatro escuelas en un modelo que integrase
las herramientas interpretativas propias de cada una de ellas.

1. En el capítulo 5 de El ojo del Espíritu esbozo esta teoría integral de la semiótica.

2. «How Shall We See Art», en Andrew Wyeth: American's Painter, de Martha R. Severens, que incluye un ensayo
de Ken Wilber (Nueva York: Hudson Hill Press, 1996). Reeditado en los capítulos 4 y 5 de El ojo del Espíritu.

3. Un holón es una totalidad que, al mismo tiempo, forma también parte de otras totalidades: los átomos forman parte
de las moléculas, las moléculas forman parte de las células, las células forman parte de los organismos, los
organismos forman parte de los ecosistemas, etcétera. Los holones están organizados holoárquicamente, en el sentido
de que cada uno de ellos trasciende -a la vez que incluye- a sus predecesores, como los organismos contienen a las
células que, a su vez, contienen a las moléculas que, a su vez, contienen a los átomos, pero no viceversa..., de ahí la
jerarquía (u holoarquía). La Gran Cadena es también una holoarquía compuesta de holones: el Espíritu trasciende el
alma que, a su vez, trasciende -al tiempo que incluye- la mente que, a su vez, trasciende -al tiempo que incluye- el
cuerpo, etcétera. En este sentido, cada holón superior engloba y, en este sentido, incluye a sus predecesores. Ésta es la
verdadera naturaleza de las totalidades/parte, de los holones y de las holoarquías, nidos cada vez más globales y
abarcadores.

Y ésta es la conclusión a la que arribé: la ciencia nos permite acceder a la Verdad


objetiva, al «ello» del Espíritu; la moral nos permite acceder a la Bondad, al «nosotros»
del Espíritu, y la Belleza -que está en el «ojo» del espectador- nos permite acceder al
«yo» del Espíritu. El ensayo en cuestión acaba del siguiente modo:

Piense en la persona más hermosa que nunca haya visto. Piense en el momento exacto en que
vio sus ojos y, por un instante efímero, quedó prendado de ellos sin poder apartar su mirada.
Piense en el momento en que miró y quedó cautivado por una belleza que le transportó fuera del
tiempo. Suponga ahora que esa misma belleza resplandece en el interior de todas las cosas que
pueblan el universo; suponga que cada roca, cada planta, cada animal, cada nube, cada persona,
cada objeto, cada montaña, cada arroyo; suponga que todo, hasta las montañas de basura y los
sueños rotos, irradian esa misma belleza. En tal caso, usted quedaría sosegadamente paralizado
ante la amorosa belleza de todo cuanto le rodease. Porque cuando uno puede contemplar la
inagotable belleza de la obra de arte que es el mundo entero se libera de toda contracción, se
libera del tiempo, se libera del temor y descansa finalmente en el ojo del Espíritu.

Porque hay que decir que esa belleza que todo lo impregna no es un mero ejercicio de
imaginación creativa sino la estructura misma del universo. Esa belleza que rezuma todo es, de
hecho, la naturaleza misma del Kosmos en este mismo instante. No se trata, pues, de algo que
usted tenga que imaginar porque es la estructura misma de todo lo que puede llegar a percibir.
Cuando uno descansa en el ojo del Espíritu la belleza resplandece en todo objeto. Cuando las
puertas de la percepción se hallan limpias, el Kosmos entero es el Amado perdido y
reencontrado, el rostro original de la belleza primordial, ahora, y también ahora,
interminablemente ahora. Y ante esa deslumbrante belleza usted acabará desvaneciéndose y
nunca volverá a saber de sí, excepto en esas noches serenas en las que el viento sopla
suavemente sobre las colinas y las montañas susurran quedamente su nombre.

Lunes, 5 de mayo (Denver)

Marci y yo nos hemos pasado otro fin de semana en Denver. De nuevo hemos ido al
LoDo, a Oxford y nos hemos sumido en la maravilla de la estética.

Suelo seguir muy de cerca todas las manifestaciones de la cultura popular (música,
literatura, cine, moda, etcétera) porque me gusta y porque me ayuda a comprender el
zeitgeist de la época, la estructura cognitiva general que sirve de sustrato y organiza la
percepción popular promedio. En este sentido, advierto que la tendencia actual está
pasando del racionalismo moderno al aperspectivismo postmoderno, algo que puede
advertirse con mucha claridad en el mundo de la moda.

Giorgio Armani, por ejemplo, es un modernista puro cuyos diseños -a menudo


monocromos- son elegantes, sencillos y distinguidos. Los de Versace y Gaultier, por su
parte, son abiertamente postmodernos, provocadores, exuberantes, multiplicativos y
plurales, ejemplificando una diversidad que, no obstante, nunca se halla muy lejos de la
disgregación. La estructura cognitiva característica de la postmodernidad ha sido
calificada como aperpectivista-integral -«aperspectivista» en el sentido de que no
privilegia ninguna visión concreta e «integral» porque, a pesar de ello, posee una cierta
coherencia que impide su total disgregación-; yo la denomino visión lógica, una visión
que se encuentra perfectamente ilustrada por la obra de Frank Gehry, un genio del
postmodernismo cuya arquitectura combina milagrosamente en una unidad global -una
auténtica «unidad-en-ladiversidad»- formas plurales que se hallan al borde de la
disgregación.

El problema es que el postmodernismo se ha preocupado tanto por la diversidad que


suele olvidar la unidad y abocar a la fragmentación, ahogándose en una profusión de
mundos pequeños y aislados. Esta es, precisamente, la forma patológica del
aperspectivismo-integral, una patología a la que denomino locura aperspectivista y que
se caracteriza por la presencia de todo tipo de diversidades, de fragmentos
esquizofrénicos y por la total ausencia de unidad. Hasta el momento, el postmodernismo
suele desembocar en esta locura aperspectivista, aguardando la aparición de verdaderos
genios -como Gehry, pero en otros campos- que unifiquen los fragmentos, conecten lo
inconexo y zurzan los descosidos provocados por el absurdo ejercicio de una diversidad
extrema.

¡Al infierno con todo eso! ¡Creo que estoy enamorándome!

Domingo, 11 de mayo (Boulder)

Hoy es el día de la Madre y acabo de llamar por teléfono a la mía. Es un encanto pero,
según me ha dicho, está enfadada con Tony Schwartz por un comentario que hizo de
pasada en un capítulo de What Really Matters acerca del complejo de Edipo y de mi
relación con ella, por el que le desea que nadie compre su libro. Pero, dejando eso de
lado, está muy bien para sus setenta años. Desde la última visita que les hice el año
pasado -en la que conseguí que se inscribieran en un gimnasio- no han dejado de hacer
ejercicio.

He recibido un ensayo de Michael Zimmerman -un gran especialista en Heidegger, un


hombre admirable, brillante, ingenioso y sincero que, según me han dicho, fue uno de
los preferidos del auditorio en el encuentro celebrado en San Francisco en torno a mi
obra- titulado «Heidegger and Wilber. On the Limitations of Spiritual Deep Ecology».
Como ilustra perfectamente su libro Radical Ecology, Michael es uno de los principales
teóricos de la ecología profunda al tiempo que un gran conocedor de las limitaciones de
la llamada «ecología espiritual».

De su ensayo entresaco la siguiente cita: «En mi opinión, Wilber lleva a cabo un


profundo análisis de la modernidad, el retrorromanticismo y la crisis ecológica, llegando
a incluir casi todo lo que dice Heidegger acerca del dominio de lo trascendente y
dejando simultáneamente de lado el sentimiento antimodernista que le llevó a colaborar
con el nacionalsocialismo. Por otra parte, la visión de Wilber incluye también aspectos
importantes de las tradiciones espirituales que Heidegger rechazó o adoptó únicamente
de manera parcial. La polémica abierta por Wilber al afirmar que los modernistas y los
ecologistas han abrazado la visión sistémica materialista del mundo propia de la ciencia
moderna le llevan a concluir que no podemos esperar nada bueno de sus
bienintencionados esfuerzos por "resacralizar la naturaleza", a menos que redescubran e
incluyan también la dimensión transcendente de la naturaleza, la humanidad y lo
divino».

Pero todo esto, por más cierto que sea, me llena de dudas y me entristece. «Estoy
convencido de que Wilber ha hecho una contribución extraordinaria al debate actual
acerca de la naturaleza, la humanidad y lo divino. En concreto, Wilber tiene algo
importante que decir a los modernistas y a los ecólogos profundos espirituales, en el
sentido de que el único modo de superar la crisis ecológica pasa por resolver la crisis de
significado creada por la adopción de una ontología materialista unidimensional [es
decir, de una visión chata del mundo]. Wilber afirma muy claramente que esta crisis no
podrá ser superada por un trascendentalismo que niegue la vida ni por el mero anhelo
ultramundano, sino por una ontología multidimensional no dual [es decir, integral] que
deje suficiente espacio como para incluir lo que durante tanto tiempo se ha visto
excluido. En lugar de seguir permitiendo que los sistemas naturales materiales -la «red-
de-la-vida»- agote las dimensiones infinitas de lo divino, la auténtica ecología espiritual
deberá reivindicar las dimensiones profundas de la realidad. Y Wilber está
desempeñando un papel muy importante en el proceso de gestación de una ecología
espiritual auténticamente profunda».

Y digo que me entristece porque son muy pocas las personas que parecen dispuestas a
emprender un trabajo auténticamente integral. Y no estoy hablando sólo de mi obra,
sino de la de los muchos autores realmente integrales, como Zimmerman, Roger,
Frances, Tony, Jack, Murph. En todo caso, me encuentro pleno en la Vacuidad.

Lunes, 12 de mayo
Sin pensarlo dos veces, Marci y yo hemos decidido tomarnos unos días de vacaciones.
Hace muchos años que no tengo verdaderas vacaciones. Me lo pasé muy bien en
Manhattan y en San Francisco, pero no dejaron de ser viajes de trabajo y fueron de todo
menos relajantes. Y, puesto que ahora no estoy escribiendo nada concreto, sino que
estoy inmerso en la literatura de investigación, poco importa que lo postergue durante
unos pocos días.

Queremos ir a un lugar que cumpla con varios requisitos. Tanto a Marci como a mí nos
gusta el sol, la arena y la playa y, puesto que paso la mayor parte del tiempo a solas y
alejado de la gente, ahora querría estar en un lugar con mucha gente. A los dos nos
gusta la cultura tanto como la naturaleza, de modo que no tendríamos que estar muy
lejos de una ciudad. Pero tampoco quiero pasarme el tiempo tumbado al sol ni estar en
medio de una muchedumbre tragando humo. ¿De qué sirven unas vacaciones si uno
tiene que preocuparse de que no le disparen un tiro ni le atraquen? Por último, Marci y
yo nos pasamos la vida estudiando y también queremos -para cambiar de ritmo- algo
superficial, rutilante y frivolo.

Por todo ello henos aquí, camino de South Beach (Miami).

Domingo, 18 de mayo (South Beach)

South Beach es asombroso, un auténtico espectáculo, el compendio de lo que menos


querríamos en nuestra vida real. Así pues, es perfecto.

Realmente es muy, muy hermoso. La playa de South Beach abarca las veinte
manzanas que hay al sur de Miami Beach, una zona que se hallaba muy degradada hasta
que, en la última década -y gracias a una inversión multimillonaria y la influencia de la
jet set, las agencias de modelos y las estrellas de cine- ha experimentado un desarrollo
espectacular. Madonna ha abierto un restaurante en el Delano Hotel; Sly Stallone es el
propietario de un discoteca; Michael Caine dirige la Brasserie y la mansión de Versace
en Ocean Drive se asemeja a una embajada. También se han restaurado más de dos
docenas de hoteles decó pintados en tonos pastel muy vistosos y llenos de neones. Los
hoteles están frente al océano que se halla del otro lado de la calle y la playa es de una
arena purísima, sin piedras ni conchas que puedan dañar los pies. Por su parte, el océano
no tiene el color gris azulado metálico característico del Atlántico, sino que es de un
turquesa tan hermoso que basta con mirarlo para ser feliz. El océano es tan
deslumbrantemente transparente que parece que sus destellos reflejen la conciencia
primordial y aquí, en el borde mismo de la tierra, la mente y el mundo son no dos.

Estamos alojados en el Cavalier, el hotel de moda (aunque, dicho sea de paso, también
el más tranquilo) de Ocean Drive. En South Beach todo el mundo es gay, modelo o
actor o las tres cosas a la vez. Los hoteles alternan con restaurantes encantadores y
soberbios, la mayoría de los cuales tienen una terraza en la que puedes sentarte a
contemplar el desfile de los cuerpos medio desnudos. Marci, a caballo de los tiempos, se
ha hecho un piercing en el ombligo y ahora es miembro ya de pleno derecho de la
generación X. Y así vamos, boquiabiertos, de la playa al restaurante y del bar a la
boutique. Hemos decidido beber una botella de vino al día, Marci un tinto fuerte y yo un
blanco seco muy suave. ¡Adiós Testigo, bienvenido mundo cruel!
Cada día vamos a la playa a eso de las once de la mañana y permanecemos ahí hasta
las cuatro de la tarde. Realmente es una de las mejores playas que nunca he visto.
Además de ser pura arena -por más que camines y camines nunca tropiezas con una
piedra o una concha-, la temperatura del agua es perfecta, en torno a los 27 grados
centígrados, de modo que por más tiempo que pases en el agua nunca tienes frío. De
hecho, yo paso unas tres horas al día con el agua al cuello, caminando lentamente de un
lado para el otro sobre las puntas de los dedos de los pies, mientras Marci -que es una
excelente nadadora- va describiendo literalmente círculos en torno a mí. ¿Dónde
esconde esta mujer los músculos? Tiene demasiadas curvas para ser tan atlética. ¿Será
cierto que las mujeres de triatlón no tienen un ápice de grasa en el cuerpo?

Dada nuestra decisión acerca del vino, yo esperaba perder el contacto con el Testigo, y
eso fue precisamente lo que ocurrió la primera noche. Pero el hecho de flotar en el agua
no sólo me ha devuelto al Testigo, sino que también parece haber propiciado su
disolución -al menos en ciertas ocasiones- en Un Solo Sabor. (El Testigo, o la
conciencia contemplativa pura, pertenece al nivel causal, un nivel en el que todavía
persisten vestigios de la dualidad entre sujeto y objeto y uno contempla ecuánimemente
el mundo como un objeto diáfano y levemente resplandeciente. Pero, en la medida en
que prosigue el proceso de desarrollo, el Testigo acaba desvaneciéndose en lo que se
contempla, el sujeto y el objeto se tornan Un Solo Sabor, la Talidad simple, el estado de
no dualidad. Resumiendo, el camino parte del ego, pasa por el alma, sigue con el
Testigo puro y concluye en Un Solo Sabor.) De modo que aquí estoy, gratamente
sorprendido, inmerso en la sangre de la naturaleza, flotando en Un Solo Sabor que, en
este caso, es levemente salado.

En este estado no existe el tiempo, aunque el tiempo discurra a través de él. Las nubes
flotan en el cielo, los pensamientos flotan en la mente, las olas flotan en el océano y yo
soy todo eso. Ya no se trata de que yo contemple eso, porque ahí no existe ningún
centro en torno al cual se organice la percepción. Es simplemente que todo va
discurriendo, instante tras instante, y que yo soy todo eso. Yo no veo el cielo sino que
soy el cielo viéndose a sí mismo, yo no siento el océano sino que soy el océano
sintiéndose a sí mismo y tampoco escucho los pájaros sino que soy los pájaros
escuchándose a sí mismos. No existe nada fuera de mí y tampoco existe nada dentro de
mí -porque no hay ningún yo- y lo único que existe -lo único que siempre ha existido-
es Eso. Nada me empuja y nada tira de mí, porque no hay ningún yo. Eso es todo... y
siempre ha sido así.

Anoche estuvimos bailando y hoy tengo el tobillo lesionado pero, si bien hay dolor, no
duele porque no hay yo alguno a quien pueda dolerle. Lo único que hay es dolor, un
dolor que aparece como todo lo demás, como los pájaros, como las olas, como las nubes
y como los pensamientos. Yo no soy nada de eso sino todo a la vez, Un Solo Sabor. Y
no se trata de ningún estado de trance o de reducción de la conciencia (no tiene nada
que ver con lo subconsciente y con lo infrarracional) sino, por el contrario, con su
intensificación con lo supraconsciente y lo suprarracional. Existe una conciencia tan
clara como el cristal de que todo lo que ocurre, instante tras instante, no le está
ocurriendo a nadie. Y tampoco estoy hablando de una experiencia extracorporal o de
que contemple desde arriba lo que ocurre abajo, porque yo no estoy contemplando
absolutamente nada; no estoy por encima ni por debajo de nada, porque lo soy todo. Lo
único que existe es simplemente todo Eso... y yo soy Eso.
Y, por encima de todo, Un Solo Sabor es la simplicidad más absoluta. Las experiencias
místicas características de los niveles sutil y causal pueden ir acompañadas de una
sensación de grandeza, de reverencia numinosa, de luz, de felicidad, de beatitud, de
agradecimiento e incluso de lágrimas de alegría. Pero eso no es lo que ocurre en Un
Sabor, algo absolutamente simple y extraordinariamente ordinario: exactamente Esto.

Y aquí estoy, con el agua al cuello, tres horas al día. No sé cuánto tiempo paso como
ego, como Testigo o como Un Solo Sabor. Y poco importa lo desconcertados que nos
hallemos, porque Un Solo Sabor siempre transmite la sensación de que uno nunca ha
salido de ahí y, por tanto, nunca se tiene la sensación de estar entrando o de estar
saliendo en ese estado..., aunque no se trata tanto de un estado como del fundamento
mismo de todos los estados. Así es ahora, así ha sido siempre y así seguirá siendo, hasta
el mismísimo fin del mundo.

Pero en este ahora concreto ha llegado el momento de transportar a este cuerpomente


concreto a un restaurante. Además, estoy seguro de que Marci quiere perforarse algo
más y nadie -ni ego, ni alma, ni Dios- querría perderse esta ocasión.

Martes, 20 de mayo (South Beach)

Para cambiar el ritmo, nos hemos mudado del Cavalier a la Casa Grande. Ambos son
fabulosos, el Cavalier es muy coqueto y la Casa Grande es muy elegante, pero ninguno
de ellos es un megahotel -como el Hyatt o el Four Seasons- sino que, como tantos otros
hoteles de South Beach, son edificios modernistas relativamente pequeños, de unos tres
o cuatro pisos y con un encanto muy especial.

Hace unos días fuimos de compras a la boutique de Nicole Miller -aunque hay una
docena de pequeñas tiendas magníficas en la zona- y tuvimos una charla muy cordial
con los vendedores en torno a quién era el diseñador de moda. En mi opinión es Tom
Ford, que se ha hecho cargo de la dirección de la antigua casa Gucci y cuya ropa (ligera,
sexy y, sobre todo, elegante) está causando sensación (sobre todo tratándose de un
norteamericano). A ellos les gusta Galliano y, a Marci, Isaac Mizrahi, porque vimos
Unzipped y le pareció encantador («utiliza colores muy, muy divertidos»). Es una pena
que Hollywood haya terminado convirtiendo a Armani en un estereotipo, porque
todavía no hay nadie como él; es un genio del modernismo, un baluarte que resiste
contra viento y marea la avanzadilla más grotesca del postmodernismo de La Croix,
Gaultier, Versace, Dolce y Gabbana, aunque me gusten muchos de estos diseños. El
postmodernismo todavía aguarda a que aparezca su genio en el mundo de la moda,
como ha ocurrido con Gehry en el campo de la arquitectura, aunque Gaultier parece
hallarse en primer lugar seguido a corta distancia por Galliano y McQueen. Una gran
cena pero ¿por qué no puedo recordar el pescado que hemos comido? ¡Vaya con los
efectos del vino!

Anoche estuvimos frente a la mansión de Versace y entablamos conversación con una


pareja muy interesante, de modo que nos fuimos a cenar juntos y en el curso de la
noche... y también, por cierto, por los efectos del vino, cada vez resultaba más claro que
la mujer -inteligente y perspicaz aunque un tanto conservadora- quería tatuarse.
De modo que al terminar la cena nos dirigimos al mismo lugar en el que perforaron el
ombligo de Marci. Me parece una tienda de todo tipo de mutilaciones corporales que
bien pudiera llamarse Mutilations Are Us. Marci no dejaba de animarla a que llevara a
cabo su propósito: «¡Oh mira esa gran águila americana!», decía, al tiempo que señalaba
una imagen del tamaño de un plato. «¡Mira ese corazón», apostillé yo entonces, que
cada vez estaba más nervioso, señalando un pequeño corazón del tamaño de un
guisante. Finalmente, ella se decidió por el corazón y, al cabo de un par de minutos, ya
estaba hecho.

El lunes volvimos nuevamente a la playa pero, en esta ocasión, ni Testigo ni Un Solo


Sabor, sino tan sólo un ego levemente preocupado. Pero el agua estaba exquisita y
tomamos unos bocadillos y cerveza friéndonos al sol de esta larga playa llena de
mujeres en topless. Marci no sólo va sin sujetador, sino que cada vez entra más en el
espíritu de South Beach, quiero decir, en la ausencia total de Espíritu, meras superficies
brillantes. Cuando esta noche ha decidido perforarse ambos pezones, le he soltado un
discurso muy serio sobre la necesidad de ser responsables, pero... ahí vamos de nuevo
camino de Mutilations Are Us. Cien dólares -y unas pocas imágenes que no tardaremos
en olvidar- después, Marci tiene dos anillos en los pezones que se me antojan dos
pequeños sujetatoallas apuntando directamente hacia mí. (Es curioso que cuando les
cuento esto a los baby boomers se alarman, se enfadan o hacen un gesto de repugnancia,
mientras que cuando se lo digo a un miembro de la generación X responde: «¡Qué
bien!».)

Mañana tomamos el avión de vuelta. Marci es una excelente compañera de viaje,


nunca se enfada, está realmente encantada de la vida y es muy sincera sin asomo alguno
de seriedad. Ya en el avión, contemplo alejarse el océano en el que resplandece
débilmente la Vacuidad, unas vacaciones de ensueño, literalmente un sueño.

Domingo, 25 de mayo (Boulder)

Hemos comenzado otro de los seminarios del Naropa. En esta ocasión, los temas
planteados por los estudiantes han sido la compasión versus la «compasión idiota», la
falacia pre/trans, la meditación y la neurosis y el enojo de algunos teóricos ante mis
intentos de elaborar una visión integral... Veamos algunas citas de este encuentro:

ESTUDIANTE: He estado hablando con algunos compañeros acerca de la visión


integral y me he dado cuenta de que ellos interpretan mis críticas como una falta de
compasión, pero a mí no me parece que eso sea así.

KW: Sí, y éste es un tema que suele estar muy confuso a causa de la dificultad para
distinguir la compasión de la «compasión idiota» (y debo decir que los términos no son
míos sino que ése era el modo en el que Trungpa Rinpoche solía abordar esta cuestión).
En este país -y especialmente en los círculos de la denominada nueva era- creemos en
una especie de igualitarismo tibio políticamente correcto según el cual no existe ninguna
visión que sea mejor que las demás y, en consecuencia, nos vemos obligados a
aceptarlas todas por igual en aras de la diversidad. Desde esa perspectiva, el hecho de
no emitir ningún juicio es considerado como un signo de compasión, pero de una
compasión que, a mi juicio, termina oponiéndose al sentido común.
Y esa actitud, como ustedes comprenderán, resulta contradictoria porque, mientras
asume que ninguna visión es mejor que las demás, no deja de insistir en que la suya es
la mejor de todas. De modo que esta visión «compasiva» afirma que ninguna visión es
mejor que otra... excepto la suya que, supuestamente, es superior en un mundo en el que
se supone que no existe nada superior. Se trata, pues, de una jerarquía que niega las
jerarquías, de un juicio que niega los juicios, de una visión bienintencionada pero, en el
fondo -cómo decirlo- sumamente hipócrita.

Y la hipocresía, obviamente, no tiene nada que ver con la verdadera compasión sino
con la «compasión idiota» que, por más amable que pueda ser, no deja de ser, en el
fondo, sumamente cruel. ¿Acaso le daría un trago a un amigo alcohólico si supiera que,
de ese modo, podría matarle? Después de todo, para ser amable usted tendría que darle
lo que quisiera, ¿no es cierto? ¿Quién es usted para imponer a los demás su visión de las
cosas? ¿Cree usted que sería realmente compasivo darle un trago? ¡De ningún modo!

La verdadera compasión debe ser una compasión inteligente, es decir, una compasión
que establezca juicios de respeto y cuidado; la verdadera compasión nos dice que ciertas
cosas son buenas y que otras no lo son tanto y, en consecuencia, nos lleva a movernos
aquello que se halla infundido por la sabiduría y el respeto. Ofrecerle un vaso de whisky
a un alcohólico crónico por el simple hecho de que él se lo pide y usted quiere ser
«amable» no tiene nada que ver con la verdadera compasión sino con la «compasión
idiota».

El zen se refiere a esta misma diferencia con los términos «zen abuela» y «zen real».
Para despertar del sueño del samsara y acabar de una vez con sus juegos favoritos, el
ego debe verse hostigado, en ocasiones, de un modo muy severo, algo que el «zen
abuela» no parece estar dispuesto a hacer. El «zen abuela» quiere ser «amable» y le
permitirá seguir durmiendo, si lo desea, un rato más, dejar de meditar si no le gusta
como discurren las cosas y seguir revolcándose en su yo. Pero el «zen real», por su
parte, no tiene el menor empacho en recurrir a un palo muy largo y, en algunos casos, va
acompañado de gritos, huesos y egos rotos. La verdadera compasión da coces e insulta
y, en ocasiones, es cualquier cosa menos agradable. Y si usted no está dispuesto a
soportar este tipo de fuego, haría bien en alejarse de quienes practican la verdadera
compasión, porque éstos no dudarán en echarle al fuego y buscarse un sonriente maestro
de la nueva era, todo dulzura y luz que rebautice su ego con términos abiertamente
espirituales. Lo que la mayor parte de las personas entienden por «compasión» es una
mera autocomplacencia egoica, pero resulta que el ego es nuestro peor enemigo y quien
se muestre amable con él no estará dando muestras de una gran compasión.

Tal vez usted y yo no seamos maestros realizados y quizá no siempre sepamos


diferenciar con claridad dónde comienza y dónde termina la «compasión real». Pero, en
cualquiera de los casos, deberíamos empezar a tratar de ejercer la «compasión real» en
lugar de la «compasión idiota», tendríamos que aprender a establecer distinciones
cualitativas, es decir, juicios que implican jerarquías de valores. Y en el caso de que a
usted le desagraden las jerarquías no debería olvidar que ésa también es una jerarquía,
una jerarquía que coloca a las no jerarquías por encima de las jerarquías. Y eso no me
parece mal, sólo que uno tiene que ser lo suficientemente honesto consigo mismo como
para llamar a las cosas por su nombre. Está muy bien que a uno le disgusten las
jerarquías de valores y quiera evitarlas, pero no hay que olvidar que ésa sigue siendo
una jerarquía que ubica a las no jerarquías por encima de las jerarquías, lo cual no deja
de ser una jerarquía, su propia jerarquía. Sea, al menos, sincero y, puesto que no hay
modo de escapar de las jerarquías de valores, hágalo, al menos, de forma consciente y
abandone la actitud hipócrita de que usted «no emite juicios», el más colosal, por cierto,
de los juicios.

ESTUDIANTE: ¿Pero acaso la conciencia sin elección no es una conciencia sin


juicios?

KW: La conciencia sin elección acepta absolutamente todo lo que aparece, tanto los
juicios como los no juicios. Como usted ve, la actitud no enjuiciadora es una elección
entre dos alternativas opuestas: enjuiciar versus no enjuiciar, de modo que el hecho de
«no enjuiciar» no es exactamente lo mismo que la conciencia sin elección.

La conciencia sin elección se refiere, en realidad, a lo que los budistas denominan


bodhichitta o Vacuidad absoluta, mientras que el hecho de establecer juicios es la
bodhichitta relativa o compasión. Esta es la verdadera compasión, no la «compasión
idiota», ¡y la compasión real utiliza la sabiduría para establecer juicios! Así pues,
ninguna las dos, pues -absoluta o relativa- es una actitud sabia y «no enjuiciadora».
Desde una perspectiva Absoluta, descansamos en la Vacuidad de la que emanan ambas
actitudes y poco importa que hagamos juicios o que no los hagamos. Desde una
perspectiva relativa, establecemos juicios basados en la sabiduría y la compasión, es
decir, juicios basados en las distinciones cualitativas, en las jerarquías de valores y en la
profundidad.

¡De modo que no haga mucho caso de quienes afirman que ellos no son «jerárquicos»
y que «no emiten juicios»! Lo que tenemos que hacer es aprender a establecer
distinciones cualitativas conscientes, tenemos que aprender a establecer juicios basados
en los grados de profundidad. La «compasión idiota» hace mucho daño y obstaculiza el
auténtico desarrollo espiritual.

ESTUDIANTE: Esos hipócritas casi se me echan encima por establecer juicios


cualitativos...

KW: Como usted sabe, existe una gran diferencia entre hacer juicios cualitativos y ser
molesto. En este sentido, le recomiendo que comience verificando su actitud y su
motivación. No tiene el menor sentido ponerse santurrones. Como ya hemos dicho,
existe una «compasión real» y una «compasión idiota». Y es muy fácil quedarse
atrapado en este punto, eso, al menos, es lo que me ocurre a mí. Ese sería un juicio
ajeno a los llamados «medios hábiles», algo ciertamente molesto. De modo que debería
tener mucho cuidado al respecto. ¿Pero estaba usted diciendo, acaso, que le atacaron por
defender la importancia de una visión integral?

ESTUDIANTE: Así es.

KW: Ese es un problema muy especial. Para empezar, hay que tener en cuenta que, en
un determinado momento, las personas no pueden expandir su visión mucho más allá de
un 5%, de modo que no resulta extraño que, en el caso de que usted pretenda ofrecerles
una visión demasiado amplia, se cierren, se enojen o le descalifiquen diciéndole que
carece de compasión, que es muy arrogante, etcétera. Y, en el caso de que usted siga
insistiendo en este punto, es muy probable que el problema sea realmente suyo. Quizás
su ego esté disfrutando de la situación; eso es, al menos, lo que me ha ocurrido a mí en
varias ocasiones y por ese motivo sé perfectamente que no sirve para nada. Porque si lo
que realmente quiere es ayudar a alguien no debería cargar la cuchara con más comida
de la que la otra persona puede tragar. ¿No le parece?

También habría que recordar que los sistemas de creencias no son sólo eso, sino que
son el hogar del ego, el asiento de la contracción sobre uno mismo. Hasta una creencia
holística, como la creencia en la «red-de-la-vida», por ejemplo, alberga siempre el ego,
porque las creencias son meras formas mentales y si lo supramental todavía no ha sido
descubierto, las construcciones mentales van acompañadas de un ego muy poderoso. Es
por ello que el yo separado experimenta cualquier desafío a un sistema de creencias
como una amenaza de muerte que pone en marcha los instintos de supervivencia. Y, en
tal caso, lo que está en juego no es sólo la verdad o falsedad de una teoría, sino que se
trata de una lucha a vida o muerte. De modo que, siempre que se encuentre en una
situación parecida -no sólo en los demás sino también en sí mismo- deberá tener
cuidado porque se hallará ante una rata acorralada.

ESTUDIANTE: ¿Por qué se halla tan extendida la «compasión idiota»?

KW: Por el simple hecho de que no amenaza absolutamente nada. El hecho de que el
ego no quiera verse amenazado explica el auge de la «compasión idiota» en los círculos
espirituales. Al ego le gusta el «zen abuela», de modo que no dudará en pagar lo que sea
por un taller de fin de semana que «potencie» su ego, le diga que usted es Dios o la
Diosa, le brinde un nuevo concepto sobre el que pensar al que llamar «espíritu», le
conecte con la «red-de-la-vida» o le prometa la unidad última con esa idea mental. De
hecho, el enorme mercado de la literatura espiritual de nuestro país gira en torno al
hecho de que a los baby boomers [ver nota del traductor en el primer capítulo] les gusta
escuchar que su ego es Dios y que la contracción en uno mismo es el Espíritu. Pero, de
ese modo, la contracción sobre uno mismo se ve simplemente reetiquetada como
«sagrada», con lo que el «zen abuela» acaba sonriendo por doquier.

Yo no creo que ninguna de esas visiones esté mal, sea mal intencionado o algo por el
estilo, lo único que creo es que están un poco confundidas y que no vendría mal una
visión más integral del Kosmos que proporcionase un pequeño atajo a su noble
búsqueda. Espero que una visión más integral pueda ayudar a clarificar toda esa
confusión.

ESTUDIANTE: ¿Por qué resulta tan amenazadora la visión integral?

KW: Porque casi siempre exige una ampliación de las creencias superior al 5% y eso
es algo que muy poca gente está dispuesta a hacer.

ESTUDIANTE: Me sorprendió mucho que se enojaran tanto.

KW: Sí, eso es muy lamentable. Yo creía que si uno conseguía demostrar la
importancia de tres enfoques diferentes -llamémosles A, B y C, por ejemplo-, todo el
mundo quedaría satisfecho, pero lo cierto es que los defensores de A, B y C acaban
enojándose porque uno ha demostrado que su campo de interés no es el único. Resulta
lamentable que los budistas se quejen apenas escuchen que Freud y Piaget tienen algo
importante que decir con respecto a la comprensión de la conciencia y que los ecólogos
comiencen a acusarle de odiar a la naturaleza cuando le oyen defender la importancia de
la naturaleza ordinaria, del nivel del alma sutil y del reino del espíritu trascendental.

¡Pero también habría que decir, por último, que algunas personas podrían reaccionar
negativamente porque nuestra supuesta visión integral no lo es tanto! Y con ello quiero
decir que no tenemos que desdeñar la posibilidad de que quienes creamos en una visión
integral estemos equivocados y que las personas sensatas y racionales reaccionen
negativamente. No vayamos ahora a creer automáticamente que ellos se sientan
amenazados porque nosotros tengamos razón y ellos estén equivocados, porque las
cosas bien podrían ocurrir al revés.

Martes, 27 de mayo

He estado trabajando durante toda la mañana, leyendo, leyendo y leyendo. Luego he


ido con Marci a comprar comida. ¿Acaso la familia que levanta pesos juntos permanece
unida?... Yo diría que más bien termina en la unidad de cuidados intensivos.

Miércoles, 28 de mayo

Acaba de salir el décimo número de la Noetic Sciencies Review. Hace un tiempo me


pidieron una visión resumida y global de la última década de estudios sobre la
conciencia, un artículo que ha salido en este número acompañado de las respuestas de
Alwyn Scott, Duane Elgin, Jeanne Achterberg, Peter Russell y Will Keepin. Las
respuestas son muy interesantes y concienzudas y creo que este número está muy bien,
gracias a los esfuerzos realizados por Barbara McNeill, su editora ejecutiva, y por David
Johnson, Carol Guion, Christian de Quincey y Keith Thompson, sus editores y
directores asociados.

La introducción de los editores empieza así: «En un artículo especialmente escrito para
el número conmemorativo del décimo aniversario de nuestra revista, Wilber subraya los
doce elementos más importantes que debería incluir cualquier enfoque auténticamente
integral de la conciencia, el tema más importante de nuestro tiempo».

Y eso es, más o menos, lo que he tratado de hacer, subrayar una decena de campos
diferentes de estudios sobre la conciencia -la ciencia cognitiva, el introspeccionismo, la
neuropsicología, la psicoterapia individual, la psicología social, la psiquiatría clínica, la
psicología evolutiva, la medicina psicosomática, los estados no ordinarios de
conciencia, las tradiciones orientales y contemplativas, los enfoques cuánticos a la
conciencia y la investigación sobre las energías sutiles- que, a mi juicio, debería incluir
cualquier visión integral.

Pero el asunto es el siguiente:

He observado que, como ocurre en tantos otros campos, los investigadores de la conciencia
tienden a decantarse, en los comienzos de su carrera, por uno o dos de estos abordajes y a
quedar entonces atrapados bajo la autoridad de un mentor, organización o departamento
académico concreto. A la naturaleza humana le resulta muy difícil abrazar -y hasta, en
ocasiones, hasta reconocer la existencia de los demás enfoques. A partir de ese momento, sólo
se acumula aquella evidencia que apoye la propia visión de las cosas, ignorando,
menospreciando y justificando, simultáneamente, el resto.

Tal vez convenga recordar que la mente humana es incapaz de producir un ciento por ciento de
errores, es decir, que nadie es tan inteligente como para equivocarse en todas las ocasiones.

Ello significaría, dicho en otras palabras, que ninguno de los doce abordajes anteriormente
mencionados puede estar absolutamente equivocado o, lo que es lo mismo -pero dicho de un
modo positivo-, que cada uno de ellos tiene cosas importantes y valiosas que decirnos. Y eso
significa, indefectiblemente, que nuestro avance hacia un enfoque auténticamente integral
depende precisamente de nuestra capacidad para incluir, sintetizar e integrar esos doce
importantes enfoques. Se trata, obviamente, de un reto muy complejo pero también es claro que
cualquier otro abordaje no merecería el calificativo de «integral».

Y, tras una larga discusión al respecto, el ensayo concluye diciendo:

¿Cuánto hemos avanzado en nuestro camino hacia la integración? Dejando de lado alguna
excepción significativa, en la última década existen doce facciones distintas que reclamaban la
propiedad del pastel.

En una serie de libros (especialmente en El ojo del Espíritu) he tratado de bosquejar una teoría
integral de la conciencia que incluya explícitamente esos doce grandes enfoques. Pero lo
realmente importante no es mi versión particular de esa visión integral, sino el diálogo que
comienza a entablarse en torno a la posibilidad de una integración, un abordaje que, aunque
pueda ser calificado de modos muy diferentes, integre los enfoques «duros» con los enfoques
«blandos», las ciencias naturales con las ciencias noéticas, las realidades objetivas con las
realidades subjetivas y lo empírico con lo trascendental.

Esperemos que, dentro de una década, alguien pueda pergeñar un megabosquejo realmente
integral de los estudios sobre la conciencia..., pero antes será necesario que quienes estemos
interesados por el holismo, la globalización, la síntesis y la integración comencemos a
planteamos estas cuestiones. ¿Es posible una teoría auténticamente integral de la conciencia?
Ésa sería la pregunta que me gustaría formularles a todos ustedes y ése sería también el reto ante
el que creo que nos hallamos. ¿Cuan grande es nuestro paraguas? ¿Cuan lejos y profunda
podemos lanzar nuestra red? ¿Cuántas voces integran el coro de la conciencia? ¿Cuántos rostros
de lo Divino sonríen ante nuestro esfuerzo? ¿Cuántos colores, en suma, admitiremos en nuestro
particular arco iris?

¿Con qué nos encontramos cuando hacemos una pausa en nuestra investigación, ponemos
provisionalmente a descansar nuestras teorías y nos relajamos en el fundamento primordial de
nuestra conciencia intrínseca? ¿Dónde está nuestra conciencia cuando el petirrojo canta de gozo
al despuntar la mañana? ¿Dónde está la conciencia cuando el resplandor del sol se refleja en la
cima de una montaña coronada de nieve? ¿Dónde está la conciencia en el lugar en el que el
tiempo se olvida, en el momento eterno que carece de fecha y duración, en el fondo secreto del
corazón en el que la eternidad roza el tiempo y el espacio anhela el infinito, cuando el golpeteo
de las gotas de lluvia resuena en el tejado del templo, cuando la luz de la luna se refleja en cada
gota de rocío para recordarnos lo que usted y yo somos y cuando en el universo entero no hay
más que el sonido de una cascada en la llovizna que susurra quedamente su nombre?

Jueves, 29 de mayo
El mundo parece levantarse tranquilo esta mañana, resplandeciendo débilmente en el
radiante océano de la transparente Vacuidad. Sólo existe esta luminosidad inmensa,
abierta, vacía, clara y desnuda. Todas las preguntas se desvanecen en esta única
Respuesta, todas las dudas desaparecen en este único Grito, todas las preocupaciones se
develan una ola en el océano de la ecuanimidad.

Un Solo Sabor es compatible con todos y cada uno de los mundos, pero,
paradójicamente, es más feliz cuando entona una melodía holística. Ese es precisamente
el motivo por el cual el objetivo de cualquier abordaje integral a la conciencia debe
incluir e integrar todos los niveles y todos los cuadrantes o, dicho en pocas palabras,
todos los niveles del Gran Tres del «yo», del «nosotros» y del «ello» o, dicho de otro
modo, los relatos acerca de la conciencia escritos en primera, en segunda y en tercera
persona.

Hoy en día existe una gran batalla entre los relatos introspectivos escritos en primera
persona (que subrayan la introspección inmediata de los contenidos de la mente tal y
como se despliegan ante nuestra propia conciencia) y los relatos objetivo/científicos
escritos en tercera persona (que pretenden traducir la conciencia a las entidades
objetivas o «ellos» de los que habla la ciencia empírica). Pero ambos ignoran la
importancia de los relatos escritos en segunda persona que pertenecen a los dominios
intersubjetivos propios de las estructuras lingüísticas, los contextos morales, la
semántica compartida y el sustrato cultural, sin los cuales no es posible ningún «yo» y
ningún «ello». Por otro lado, las humanidades y los estudios culturales tratan de reducir
toda conciencia subjetiva («yo») y toda conciencia objetiva («ellos») a meras
construcciones culturales («nosotros») y se ocupan exclusivamente de subrayar el
contexto cultural.

Pero aunque esos tres enfoques estén parcialmente equivocados también son
parcialmente ciertos y, en consecuencia, todos ellos deben entrar a formar parte de la
mesa de la integración. Soy muy consciente de que nadie -exceptuando tal vez a Jürgen
Habermas, el hombre actualmente más inteligente, a mi juicio, del planeta- está
asumiendo un enfoque integral (que englobe por igual los dominios de la primera, la
segunda y la tercera persona). Pero lamentablemente Habermas no deja lugar para los
dominios transracionales y transpersonales, de modo que su abordaje, si bien es omni-
cuadrante, no es omni-nivel.

Éste fue el abordaje que bosquejé en El ojo del Espíritu y, más técnicamente, en «An
Integral Theory of Consciousness», publicado por el Journal of Consciousness Studies,
una revista excepcional que, en tan sólo cuatro años de vida, se ha convertido ya en el
foro principal de estas importantes discusiones y en la que participan luminarias como
John Searle, Daniel Dennett, Francisco Varela, John Eccles, Roger Penrose, David
Chalmers, los Churchlands, etcétera. El título del último número «Taxonomy or
Taxidermy?» es muy elocuente a este respecto porque cuestiona si la conciencia debe
ser aceptada y categorizada como algo real (taxonomía) o como mera carne muerta (y
sólo válida, por tanto, para la mesa del taxidermista).

Sábado, 31 de mayo
Durante la meditación de esta mañana, en lugar de descansar en la conciencia clara, sin
elección y omnipresente -una de las «no prácticas» habituales he practicado una vieja
visualización tántrica yabyum (técnicamente hablando, anuttaratantra yoga) -y digo
«vieja» porque hace un tiempo solía practicarla con cierta frecuencia- que posibilita la
transformación de la energía sexual en beatitud resplandeciente y abrazo compasivo. Se
trata de una práctica fundamental del nivel sutil (cuyas prácticas se caracterizan por
comenzar en el nivel psíquico y conducir al nivel sutil y, en ocasiones, llegar a
disolverse en el nivel causal. Y, aunque rara vez alcanzan Un Solo Sabor no dual, o
sahaja, son ejemplares para el desarrollo que conduce desde el dominio psíquico hasta
el dominio sutil). El núcleo estándar de este tipo de práctica se resume del siguiente
modo: «La cognición beatífica de la Vacuidad emerge como compasión».

La cosa funciona aproximadamente así. Durante la meditación, usted se visualiza en


unión sexual con su consorte. Visualícese a sí mismo y a su consorte como un dios o
como una diosa, como un ángel o como un bodhisattva, como un buda o como un santo,
el símbolo, a fin de cuentas, que más le resuene como representación de su naturaleza
más profunda o más elevada. Pero esa visualización de usted y de su consorte en tanto
que divinidades transparentes y resplandecientes haciendo el amor debe ser muy clara y
muy intensa. Usted debe hallarse sexualmente excitado y debe acompasar esa excitación
con la respiración de modo que, al inspirar, respire Luz por la parte delantera del cuerpo
hasta los genitales, asiento de la Vida, y, al expulsarlo, debe respirar Vida por la parte
posterior del cuerpo ascendiendo por la columna vertebral hasta llegar a convertirse en
Luz en y por encima de la coronilla. (Ésta es simplemente otra versión del proceso
involutivo-evolutivo, de lo superior adentrándose en lo inferior y de lo inferior
regresando a lo superior formando, de ese modo, un gran círculo de energía descendente
y ascendente. En el caso de que esté llevando a cabo la práctica con una pareja real,
pueden sincronizar sus respiraciones.)

Cualquier placer que se genere en la región genital deberá ser dirigido, en el momento
de la espiración, hacia la columna y liberarse en Luz al llegar a la coronilla, usted debe
respirar cualquier placer corporal y dirigirlo hacia y por encima de la coronilla, el
asiento de la Luz y la Liberación infinita. Luego, al inspirar, debe respirar Luz
directamente hacia abajo y hacia el cuerpo, por la parte delantera, hasta la garganta, el
pecho, el estómago y la base de los genitales. Ése es el ciclo, derramando Luz celestial
hacia la Vida terrenal y retornando luego la Vida a la Luz y fundiendo, de ese modo, a
cada nueva respiración Agape con Eros, lo Descendente con lo Ascendente, la
Compasión con la Sabiduría.

En la medida en que su cuerpomente vaya llenándose de ese flujo circulante de placer-


beatitud, usted debe centrarse en cualquier sensación de beatitud que se halle presente y
usarla para meditar en la Vacuidad, en el Misterio absoluto de la existencia, en la simple
Transparencia del mundo o en Dios como expansión, lo que más interesante le parezca.
Una forma sencilla de llevar a cabo esta práctica consiste en descansar como Yo-Yo,
como el gran Vidente que no puede ser visto, como el Testigo puro completamente
abierto y vacío. Y entonces, descansando como Yo-Yo, permita que la beatitud se
expanda en ese espacio vacío y abierto que usted es, dejando que el cielo de su
conciencia se llene de la beatitud de la unión divina que usted es.

Cuando se halle en el estado de beatitud espaciosa de la Yoidad, más allá de las


necesidades y de los deseos, deje que emerja una pequeña y amable ola del siguiente
pensamiento: «Prometo liberar a todos los seres sensibles en este espacio libre y
abierto», con lo cual una oleada de compasión emergerá del inmenso océano de la
beatitud. Y, al igual que las olas del océano están compuestas de agua, esa compasión
está literalmente compuesta de la infinita beatitud vacía, porque la compasión es la
beatitud vacía infinita en acción.

Así pues, el reconocimiento de la beatitud vacía emana como compasión o, dicho en


otras palabras, el reconocimiento y la reconexión de la beatitud con su fundamento
divino (el Espíritu o la Vacuidad) expande su gracia liberadora y extática a todos los
seres y emerge como compasión al servicio de los demás.

Salto de la cama, preparo el desayuno y me pongo a trabajar.


JUNIO

¿Por qué es usted infeliz?


Porque 99,9 por ciento
de todo lo que piensa
y de todo lo que hace
es para usted.
Y no hay nadie.
WEI WU WEI

Domingo, 1 de junio

T George Harris y Kate Olson -productora del «Jim Lehrer News Hour» de la PBS y
una de las principales artífices de muchos de los programas espirituales que se emiten
(como los del padre Thomas Keating, el Dalai Lama, etcétera)- han venido a visitarme.
Kate es una persona muy especial -inteligente, atractiva y entregada a la práctica
espiritual-, de modo que nos vemos siempre que podemos.

T George está tratando de lanzar una revista de ámbito nacional centrada en el tema de
la espiritualidad y creo que si alguien puede hacerlo es él. Él fue el responsable del
lanzamiento de Psychology Today, que, bajo su dirección, alcanzó cotas realmente
extraordinarias. Parecía que todo el mundo la leyera y, para muchos de nosotros,
representó un verdadero salvavidas. Y, aunque de eso haga ya unos veinte años, todavía
conservo algunos ejemplares. Luego T George pasó a ocuparse de American Health y
actualmente está trabajando en Spirituality and Health. Tendrá unos setenta años y,
como Huston Smith, constituye un auténtico ejemplo de que la edad no debe
intimidarnos.

Hemos comido en la terraza contemplando el valle. T George y yo hemos estado


hablando del modo de hacer una revista accesible y popular que tenga, sin embargo, una
cierta profundidad y sofisticación, una disyuntiva muy frecuente ya que, cuanta mayor
es la profundidad del producto, más restringido suele ser su público. Mi pobre
contribución se ha limitado a la planificación de la revista, que debería contar, a mi
juicio, con muchas secciones sencillas y accesibles, pero también con algunas más
avanzadas y más exigentes. ¿Pero cómo llevar eso a la práctica? Por el momento,
George está tratando de recaudar fondos y, según comenta, está negociando con Time
Warner. Espero que las cosas le salgan bien porque realmente necesitamos un foro
nacional en el que debatir el tema de la auténtica espiritualidad.

Poco a poco la conversación ha ido centrándose en torno a la falacia pre/trans, un


tópico que presenté en El proyecto Atman y posteriormente elaboré en un ensayo
titulado «La falacia pre/trans» (incluido en El ojo del Espíritu), según el cual, el hecho
de que lo prerracional y lo transracional sean no racionales origina muchas confusiones
que terminan reduciendo los estados espirituales o transracionales a estadios infantiles y
prerracionales (reduccionismo) y elevando los estadios infantiles, narcisistas y
prerracionales a la gloria transracional (elevacionismo). Tal vez los ejemplos más
ilustrativos en este sentido son los que nos brindan Freud -un reduccionista típico que
trató de reducir los estados profundos del misticismo no dual al narcisismo primordial y
la fusión oceánica infantil (El porvenir de una ilusión)- y Jung, un elevacionista típico
que solía elevar los mitos prerracionales a la gloria transcendental.

(Un mito [que Moisés separó las aguas del Mar Rojo, que Jesús nació de una virgen,
por ejemplo] es una historia que la mayor parte de sus creyentes interpreta de manera
literal y concreta. Cuando el mito se utiliza conscientemente de un modo alegórico,
simbólico o interpretativo pone en marcha las facultades cognitivas más elevadas, desde
la razón a la visión-lógica, que permiten acceder a vislumbres de las dimensiones
transpersonales. A menos, pues, que especifique otra cosa, cuando hable del mito estaré
refiriéndome a los mitos literal-concretos que normalmente son prerracionales.)

Yo creía que las principales amenazas a los estudios realmente espirituales procedían
del campo reduccionista, pero lo cierto es que el elevacionismo característico del
movimiento de la nueva era es todavía peor. Se trata de personas con intenciones muy
buenas y muy nobles que toman algunos estados infantiles y egocéntricos a los que, por
ser «no racionales», reetiquetan como «sagrados» o «espirituales» generando, de ese
modo, grandes problemas.

El proceso real del desarrollo va desde lo prerracional a lo racional y, desde ahí, a lo


transracional; de lo subconsciente a la conciencia de uno mismo y, desde ahí, a la
supraconciencia; de lo preconvencional a lo convencional y, desde ahí, a lo
postconvencional; de lo prepersonal a lo personal y, desde ahí, a lo transpersonal; del id
al ego y, desde él, hasta Dios. Pero, bajo el influjo de la falacia pre/trans, lo pre suele
elevarse a lo trans, con lo cual, en lugar del necesario proceso de desarrollo y
transformación, tiene lugar una regresión abiertamente narcisista.

Y mucho me parece que la mayor parte del «renacimiento espiritual» que


supuestamente asola este país no tiene tanto que ver con el desarrollo transpersonal
como con la regresión prerracional, lo cual resulta muy inquietante porque, de este
modo, la actualización de lo prerracional se confunde con la conciencia transracional;
los sentimientos e impulsos preverbales se ven elevados a la intuición transverbal; la
autocomplacencia premoral se confunde con el Yo transmoral; la naturaleza
preconvencional se ve promovida al Espíritu postconvencional y el id prerracional
acaba confundiéndose con el Dios transracional.

Y éste es el «Espíritu» que suelen vender hoy en día las editoriales. Mucho me temo,
pues, que la afirmación de que estamos entrando en «una cultura realmente integral» o
que estamos asistiendo a una «renovación espiritual» sea bastante más que dudosa.
William Irwin Thompson estimó que menos del 20% de ese supuesto renacimiento
«espiritual» era realmente transracional y que un 80% era abiertamente prerracional. Y
aunque ésta sea una estimación con la que estoy bastante de acuerdo, creo, sin embargo,
que las cosas son bastante peores ya que ¡mi propio análisis al respecto indica que
menos del 1 % de la población se halla implicada en una auténtica transracionalidad!1
Los estudios realizados a este respecto evidencian de manera fehaciente que el
porcentaje de las personas que alcanza los estadios superiores del desarrollo personal es
inferior al 5%... ¡imagine, pues, cuántos serán los que alcanzan los estadios superiores
del desarrollo transpersonal!

1. Ver los capítulos 9 y 10 de El ojo del Espíritu para una discusión más detallada sobre este punto.

En todo caso, ésta es la pesadilla de la que he estado hablando con T George y Kate.
¿Cómo hacer -si la mayor parte de los consumidores del «supermercado espiritual» se
sienten atraídos por la magia y por el mito prerracional- para llegar a aquellos pocos que
realmente están comprometidos con las verdaderas, laboriosas y exigentes disciplinas
transracionales? Y esto resulta un tanto difícil, porque ambos mercados son calificados
como «espirituales», cuando lo cierto es que uno es francamente traslativo, mientras que
el otro es decididamente transformador. ¿Cómo integrar ambas visiones en la misma
revista? Porque lo cierto es que muchas de las personas que están implicadas en una
búsqueda prerracional desean también abrirse a auténticos estados transracionales y
transpersonales, de modo que es muy importante abrir un espacio que los incluya a los
dos. Y T George es muy consciente de este problema, lo cual es muy positivo, pues está
dispuesto a enfrentarse a esta dificultad.

Lunes, 2 de junio

Amanece y sale un sol anaranjado cuya claridad luminosa y vacía lo llena todo. La
mente y el cielo son uno, el sol sale en el inmenso espacio de la conciencia primordial y
eso es todo lo que hay. En cierta ocasión, Yasutani Roshi dijo, hablando del satori, que
ésa era la más preciosa de las realizaciones, la realización última que todos los grandes
filósofos han tratado, sin éxito, de comprender, una pregunta cuya única respuesta
profunda reside en el satori o despertar: eso es todo lo que hay.

Martes, 3 de junio

¿Y nosotros nos preocupamos por el estado de arte en el mundo postmoderno? En la


revista 5280 leemos lo siguiente:

Cuando 60 Minutes publicó un informe sobre el absurdo del arte postmoderno, Morely Safer
puso como uno de los ejemplos más ostensibles de lo que ocurre con el arte de hoy en día un
cenicero de unos dos metros y medio de lado repleto de colillas de cigarrillos y de puros. Y, a
modo de posdata, Safer comentaba que la pieza había sido comprada recientemente por 60.000
dólares por el Denver Art Museum.

¿Y nosotros nos preocupamos por la ética comercial del mundo actual? Veamos, a este
respecto, lo que comenta Men's Health:

El 86% de los ejecutivos entrevistados en una encuesta reciente afirmaba que la cualidad
laboral más valorada en sus subordinados es la fidelidad y la que menos la integridad (a la que
sólo ubicaban en primer lugar el 3% de los ejecutivos entrevistados).

Miércoles, 4 de junio
He estado trabajando durante toda la mañana y luego he decidido correr un rato por el
patio trasero de casa. Cuando uno corre siendo consciente del Testigo y descansando en
el inmenso Vacío, no se mueve sino que es la Tierra la que lo hace. Usted, en tanto que
Testigo, permanece inmóvil o, dicho de un modo más concreto, usted no presenta
ningún tipo de cualidades, de rasgos, de movimientos o de agitación. Uno es consciente
del movimiento y, en consecuencia, no es -en tanto que Testigo- ningún tipo de
movimiento. Entonces parece realmente como si uno no se estuviera moviendo -ya que
el Testigo es ajeno al movimiento y a la inmovilidad- y lo único que se moviera fuera el
suelo. Es como si estuviera sentado en la butaca de un cine y contemplara cómo el
espectáculo se desplaza en torno a usted sin necesidad de moverse de su asiento.

(Esto resulta relativamente fácil de practicar cuando uno está conduciendo por una
autopista. Siéntese, relájese y suponga que el que se está moviendo no es usted sino el
paisaje. En ocasiones, basta simplemente con esto para colocarse en la posición del
Testigo real, momento en el cual uno descansa, sin el menor movimiento, en la
conciencia sin elección contemplando el discurrir del mundo. Porque el centro inmóvil
de la conciencia pura es, en realidad, el centro del Kosmos, el ojo o Yo-Yo del ciclón
kósmico. Y ese centro inmóvil -único en el mundo e idéntico en todos los seres-, el
círculo cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna, es también el
centro de gravedad de su alma.)

Y éste es el motivo por el cual el zen dice: «Un hombre bebe vodka en Nueva York y
se emborracha en Los Angeles». Porque el hecho es que es la misma Gran Mente,
atemporal y aespacial, la que se halla presente en ambas partes. De modo que el Testigo
inmóvil y aespacial contempla el espectáculo de que alguien beba en Nueva York y se
emborrache en Los Ángeles. Y éste es también el motivo por el cual la respuesta a la
pregunta zen: «¿Cómo ir a Nueva York sin moverse» es: «¡Ya estoy allí!».

Al igual que el Testigo, el Yo-Yo no se mueve en el tiempo, sino que es el tiempo el


que discurre a través de El. Al igual que las nubes flotan en el cielo, el tiempo flota en el
espacio abierto de su conciencia primordial y el Yo-Yo no se ve mancillado por el
tiempo, el espacio y sus servidumbres. La eternidad no tiene nada que ver con vivir para
siempre en el tiempo -una idea ciertamente aterradora- sino con morar en el instante
atemporal anterior al tiempo y a toda su vorágine. Del mismo modo, el infinito no tiene
nada que ver con un espacio muy grande sino con una dimensión completamente ajena a
toda noción de espacio. En tanto que Testigo, el Yo-Yo es aespacial; en tanto que
Testigo, el Yo-Yo es eterno. El Yo-Yo mora en la eternidad y en el infinito, porque el
Testigo es ajeno al tiempo y a todo espacio. Ese es el motivo por el cual puedo beber
vodka en Nueva York y emborracharme en Los Angeles.

Así era como esta mañana, mientras corría, lo único que se movía era el paisaje de la
película de mi vida.

Jueves, 5 de junio

Como han señalado tantos eruditos -desde Ananda Coomaraswamy hasta Huston
Smith-, el núcleo esencial de la filosofía perenne es la Gran Cadena del Ser, el Gran
Nido del Ser. Pero ahora resulta evidente que la visión tradicional de la Gran Cadena
presenta, al menos, cuatro grandes insuficiencias que debemos superar si queremos
articular una visión realmente integral que resulte aplicable al mundo moderno y
postmoderno.

La Gran Cadena habla, tradicionalmente, de materia, cuerpo, mente, alma y espíritu


[Figura 1], pero son muchas las tradiciones que subdividen al alma en los niveles
psíquicos y sutiles y al Espíritu en el nivel causal y el no dual. Una visión expandida
del Gran Nido del Ser debería incluir, por tanto, a la materia, el cuerpo, la mente, el
alma (psíquica y sutil) y el Espíritu (causal y no dual).

Y eso está muy bien, pero los problemas comienzan a presentarse en cuanto caemos en
la cuenta de que afirman incluir toda la realidad cuando, de hecho, sólo son aplicables
al cuadrante superior izquierdo (el espectro de la conciencia interior). De modo que,
como a menudo he tratado de señalar, debemos diferenciar cada uno de los niveles
verticales de la Gran Cadena en cuatro dimensiones horizontales (los cuatro
cuadrantes). Así pues, además del espectro subjetivo de la conciencia, deberíamos tener
también en consideración los correlatos objetivos (el cuadrante superior derecho), el
sustrato cultural intersubjetivo (cuadrante inferior izquierdo) y los sistemas sociales
colectivos (cuadrante inferior derecho) [ver Figura 1, 2 y 3], De otro modo, la Gran
Cadena no podrá superar las acertadas críticas que le lanza la modernidad.

Es por ello que las grandes tradiciones rara vez comprendieron que los estados de
conciencia (cuadrante superior izquierdo) tienen correlatos en el cerebro orgánico
(cuadrante superior derecho), un hecho que ha revolucionado nuestra comprensión de la
psicofarmacología, la psiquiatría y los estudios sobre la conciencia. Del mismo modo,
las grandes tradiciones siempre se han mostrado muy renuentes a aceptar que la
conciencia individual (cuadrante superior izquierdo) se halla muy determinada por el
trasfondo impuesto por las visiones culturales del mundo (cuadrante inferior izquierdo)
y por las modalidades de producción tecnoeconómica (cuadrante inferior derecho). Y
esta situación coloca al Gran Nido en la incómoda situación de verse expuesto a la
devastadora crítica de la moderna ciencia biológica, de los marxistas y de los estudios
culturales e históricos, entre otros, todos los cuales demostraron que la conciencia no es
un noumenon transcendental desencarnado, sino que se halla profundamente
incardinado en contextos de hechos objetivos, sustratos culturales y estructuras sociales.
Los teóricos de la Gran Cadena no tenían ninguna respuesta plausible a estas
acusaciones (a causa, precisamente, de su deficiencia al respecto). Sólo cuando
tengamos en cuenta el cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu desde la perspectiva de los
cuatro cuadrantes (o en el Gran Tres), podremos responder adecuadamente a todas esas
objeciones.1

1. Ver Ciencia y religión para una discusión más detallada sobre este punto.

El segundo problema es la necesidad de subdividir el nivel de la mente a la luz de su


desarrollo temprano, un punto en el que resultan claves las aportaciones realizadas por
la psicología occidental. Por decirlo en pocas palabras, la mente presenta, al menos,
cuatro estadios diferentes del desarrollo: mágico (de los dos a los cinco años), mítico (de
los seis a los once), racional (de los once en adelante) y aperspectivista integral o
visión-lógica (madurez).
Si tuviéramos en cuenta la evidencia proporcionada por las aportaciones orientales y
occidentales dispondríamos de un Gran Nido del Ser que incluiría las siguientes diez
esferas, cada una de las cuales engloba a su(s) predecesora(s) en un desarrollo que, al
mismo tiempo, es envolvente:

1. Sensoriomotor: El cuerpo físico, el nivel material, la fisiosfera.

2. Emocional-sexual: Impulsos biológicos, percepciones, sensaciones, energía vital,


élan vital, libido, prana, energía.

3. Mágico: La forma más rudimentaria de la mente («preop» o primeros símbolos y


conceptos), en donde el sujeto y el objeto se hallan escasamente diferenciados. Se trata
de un nivel caracterizado por el egocentrismo, el artificialismo, el animismo, el
antropocentrismo y la magia de la palabra. Y el hecho de que dentro y fuera se hallen
pobremente diferenciados implica que los objetos se presenten preñados de intenciones
humanas egoicas. Del mismo modo, el ego narcisista cree que puede operar de manera
directa y mágica sobre el mundo (los dibujos animados de las mañanas de los sábados
en los que los superhéroes pueden mover montañas, volar, fundir el acero y desintegrar
a sus enemigos con el único poder de su mirada son un ejemplo claro de la estructura
mágica). En resumen, pues, cuando sujeto y objeto no están claramente diferenciados, el
ego mágico trata al mundo como una extensión de sí mismo y le imbuye de sus propios
rasgos egoicos. Se trata, en suma, de un estadio dominado por el narcisismo y el
egocentrismo.

4. Mítico: Nivel intermedio de la mente («conop» o mente concreta regla/rol), en el


que el poder mágico se transfiere desde el ego a los llamados dioses y diosas míticas, en
cuyo caso, si el ego no puede cambiar milagrosamente el mundo a voluntad, deja que lo
hagan los dioses y diosas. En el nivel mágico, el ego puede realizar milagros, mientras
que, en el nivel mítico, ese poder se halla concreta y literalmente en manos de un gran
Otro (como ocurre, por ejemplo, en el caso de Jehová separando las aguas del Mar
Rojo). La magia utiliza el ritual para ejecutar sus poderes milagrosos, mientras que el
mito utiliza la plegaria en un esfuerzo por conseguir que el dios o la diosa realicen el
milagro por él. El mito, por consiguiente, constituye la primera comprensión de que el
ego no puede transformar mágicamente el mundo que le rodea y, en ese sentido,
representa una disminución del narcisismo, una disminución del egocentrismo.

5. Racional: Se trata de una función altamente diferenciada de la mente («formop» o


formal reflexiva), que trasciende los mitos literal-concretos y trata de satisfacer sus
necesidades a través de la evidencia y la comprensión. Ni la magia egocéntrica ni las
figuras de los dioses míticos intervendrán milagrosamente en el curso de los eventos
kósmicos para satisfacer sus deseos del ego. Si usted quiere algo del Kosmos va a tener
que comprenderlo en sus propios términos y siguiendo su propia evidencia. Este nivel
supone el nacimiento de una actitud verdaderamente científica, al tiempo que también
supone una nueva disminución del narcisismo.

6. Visión-lógica: La función más elevada de la mente ordinaria, una visión


sintetizadora que conlleva una modalidad unificada de cognición. La visión-lógica no
alcanza la unidad ignorando las diferencias sino englobándolas -es por ello que también
se denomina aperspectivista integral- y supone el descubrimiento del pluralismo
universal y de la unidad-en-la-diversidad.
7. Psíquico: Comienzo de los dominios transpersonales, supraindividuales y
espirituales. Este nivel suele hallarse jalonado por una intensa unión mística con el reino
ordinario, el reino de la naturaleza, de Gaia, del Alma del Mundo. Constituye el asiento
del misticismo natural.

8. Sutil: El reino sutil no es el hogar de las figuras mitológicas de los dioses y diosas
del reino ordinario centradas en el ego, sino experimentadas de un modo directo y
vivido y de las Formas ontológicamente reales de su propia Divinidad. Hogar del
auténtico misticismo teísta.

9. Causal: El reino causal per se, lo no manifestado sin forma, el nirvikalpa, el


nirvana, la Vacuidad pura, el Abismo, ayin. Asiento del Testigo y del misticismo sin
forma.

10. No dual: Es, al mismo tiempo, la Meta más elevada de todos los estadios y su
Fundamento omnipresente. Unión de la Vacuidad y la Forma, del Espíritu y del Mundo,
del nirvana y del samsara, Un Solo Sabor, sahaja, samadhi, turiyatita. Hogar del
misticismo no dual o integral.

Ésta es una Gran Cadena o un gran espectro de conciencia mucho más completo que se
refiere al cuadrante superior izquierdo.1 Y no hay que olvidar que cada uno de esos
niveles presenta cuatro dimensiones o cuadrantes, lo cual nos brinda una visión
ampliada del Gran Nido que nos permite tener simultáneamente en cuenta lo siguiente:

• Dejar de elevar la magia y el mito a lo psíquico y lo sutil, respectivamente. Y hay que


decir, en este sentido, que la elevación del narcisismo mágico a la conciencia
transcendental constituye, por más bienintencionado que pueda ser, el rasgo distintivo
de muchos de los modernos movimientos de la nueva era.

• Dejar de confundir las visiones mitológicas con la conciencia transpersonal directa e


inmediata. Esta elevación del mito es muy frecuente en la espiritualidad característica
de la contracultura.

• Dejar de confundir a la indisociación mágica con la visión-lógico holística. Esta


elevación de la cognición mágica (que confunde el todo con la parte) al estatus de la
visión-lógica (que integra el todo con la parte), es prevalente en el ecoprimitivismo (en
la creencia de que las tribus recolectoras integraban el yo, la cultura y la naturaleza
cuando lo cierto es que -como han señalado Lenski, Habermas y Gebser- ni siquiera
llegaron a diferenciarlos).

• Dejar de confundir la biosfera, la bioenergía y el prana (nivel 2) con el Alma del


Mundo (nivel 7), uno de los rasgos más distintivos de la ecopsicología, del
ecofeminismo y de la ecología profunda (que a menudo va unida a la confusión anterior
de la visión mágica con la visión-lógica) que suele abocar a una regresión a la visión
hortícola del mundo.

1. Para esta visión simplificada de las cosas no he establecido diferencia alguna entre las estructuras básicas, las
estructuras de transición (como las visiones del mundo, por ejemplo) y los fulcros del desarrollo del yo. [Ver, en este
sentido, la entrada correspondiente al 16 de noviembre para tener una visión más global sobre este punto y El ojo del
Espíritu para tener una más detallada.] Para nuestro interés actual bastará con este breve resumen. Digamos también,
de paso, que los distintos niveles se ven definidos por las estructuras básicas propias de cada nivel (sensoriomotora,
cognición regla/rol, reflexivo-formal, visión-lógica, etcétera), cada una de las cuales dispone de su propia visión del
mundo (mágica, mítica, racional, existencial, etcétera), términos con los que también suelo referirme a los distintos
niveles. En cualquiera de los casos, no hay que confundir las estructuras básicas con las visiones del mundo. [Ver, en
este último sentido, la entrada correspondiente al 16 de noviembre.]

Y esos ejemplos podrían multiplicarse casi hasta el infinito. Baste, sin embargo, con
decir que una Holoarquía expandida del Ser podría ayudarnos a descubrir la naturaleza
regresiva de muchos de estos movimientos. De este modo, la integración de las grandes
tradiciones de sabiduría con la psicología occidental nos ayudará a ir hacia adelante, no
hacia atrás.

Veamos ahora un problema que la psicología occidental puede ayudar a corregir. La


imagen tradicional de la Gran Cadena (es decir, cuerpo, mente, psíquico, sutil, causal y
no dual) suele tener una visión tan pobre y limitada de los niveles prerracionales del
desarrollo que suele reducir el nivel de la «mente» a la facultad lógica o racional y
ubicar todo lo que no es racional en los niveles transracionales más elevados. Pero éste
es un problema que la psicología evolutiva occidental puede ayudarnos a enmendar.

Dicho en otras palabras, la visión tradicional del Gran Nido del Ser (una visión que
suelen compartir el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el sufismo, el taoísmo, el
paganismo, el culto a la Diosa, etcétera) fue -y lamentablemente sigue siendo- muy
proclive a todo tipo de falacias pre/trans, porque no tiene forma alguna de diferenciar la
magia y el mito de lo psíquico y lo sutil, con lo cual todo acaba calificándose
erróneamente como transpersonal y transracional. Y esta desafortunada confusión
(saturada, como estaba, de dogmatismo mágico y mítico) ha sido la principal
responsable del rechazo de la Ilustración occidental hacia la espiritualidad. Así fue
como Occidente se despojó oficialmente del agua del baño de la prerracionalidad
perdiendo con ella también, lamentablemente al bebé de la transracionalidad.

Veamos ahora la tercera de las insuficiencias que habíamos mencionado


anteriormente. El hecho de que los teóricos de la Gran Cadena tradicional tuvieran una
comprensión tan limitada de los estadios tempranos, infantiles y prerracionales del
desarrollo humano, les impidió también comprender las psicopatologías que suelen
derivarse de las lesiones en esos estadios tempranos. Digamos, en este sentido, que la
psicosis suele originarse en problemas en los estadios l y 2; que los trastornos borderline
y narcisistas suelen derivarse de lesiones en los estadios 2 y 3 y que las psiconeurosis
suelen asentarse en dificultades del desarrollo de los estadios 3 y 4.1

1. Ver Psicología integral para una discusión más detallada del espectro completo de las psicopatologías. Ver
también la nota 17 -correspondiente a la entrada del 10 de septiembre- para una visión acerca del papel desempeñado
por la psicopatología.

La psicología profunda occidental se ha dedicado a recopilar una abrumadora


evidencia (de la que la Gran Cadena se halla muy necesitada) acerca de estas patologías
y de su etiología. Porque, a falta de una adecuada comprensión de los estados
prerracionales inferiores, cada vez que los teóricos de la Gran Cadena se enfrentaban a
un caso de locura se veían obligados a interpretarlo como un descenso del Dios
transracional, cuando, en la mayor parte de las ocasiones, se trataba sencillamente de un
resurgimiento del id prerracional. Así pues, los pobres locos rara vez están embriagados
de Dios, de modo que tratarles como dioses es convertirlos en vacas sagradas y
corroborar la sospecha de la modernidad de que todo fenómeno espiritual es una
cuestión de locos. ¿Si los idiotas y las vacas están iluminadas, para qué habría que
escuchar a Eckhart, Teresa y Rumi?

La cuarta insuficiencia de la Gran Cadena tradicional es su inadecuada comprensión


del fenómeno de la evolución, una aportación casi exclusiva del Occidente moderno.
Pero lo más curioso -como tantos teóricos han señalado- es que la evolución no es más
que el despliegue en el tiempo de la Gran Cadena del Ser, una temporalización, en
suma, de la visión de Plotino.

Bien podríamos decir que, hasta la fecha, la evolución -que comenzó en el Big Bang-
ha desplegado unas tres quintas partes de la Gran Cadena, desde la materia insensible
hasta los cuerpos vivos y la mente conceptual (o desde la fisiosfera hasta la biosfera y,
desde ésta, hasta la noosfera). Bastaría simplemente con comprender que la Gran
Cadena no es algo estático e inmutable que nos viene dado de una vez por todas, sino
que evoluciona y se desarrolla a lo largo de grandes períodos de tiempo y que cada uno
de los niveles superiores no es tanto la consecuencia de los inferiores sino que emerge a
través de ellos. En cualquiera de los casos, lo cierto es que nadie comprende realmente
cómo emergen los estadios más elevados, a menos que asumamos que lo hace vía Eros,
vía Espíritu-en-acción.

La evolución en el dominio cultural es, obviamente, un tópico políticamente incorrecto


del que se han ocupado multitud de teóricos, entre los que cabe destacar a Jürgen
Habermas, Gerald Heard, Michael Murphy, W.G. Runciman, Sisirkumar Ghose,
Alastair Taylor, Gerhard Lenski, Jean Houston, Duane Elgin, Jay Earley, Daniel
Dennett, Robert Bellah, Erwin Laszlo, Kishore Gandhi y Jean Gebser, por nombrar sólo
a unos pocos. En este sentido, la obra pionera de Jean Gebser -que considera que la
evolución de las visiones culturales del mundo va, por usar sus términos, desde lo
arcaico hasta la magia y, desde ahí, hasta el mito, la mente y la visión integral- resulta
ciertamente paradigmática. ¿No les suena esto a algo familiar?

Porque el hecho es que una visión evolutiva y desarrollista de la Gran Cadena


favorecería la integración con el Dios del moderno Occidente, es decir, con la
evolución.1 Además, esto nos abre las puertas a posibilidades realmente extraordinarias
ya que ¿no es probable -si la evolución ha desplegado ya las primeras tres quintas partes
de la Gran Cadena- que siga su camino desplegando las dos quintas partes superiores?
Porque, en tal caso, el Jardín del Edén no descansará en el pasado sino en el futuro y
Dios no estará detrás sino delante.

1. Ver Ciencia y religión para una discusión más detallada acerca de este punto.

Resumiendo, pues, las cuatro insuficiencias de la Gran Cadena del Ser que han
dificultado su aceptación por parte de la modernidad son las siguientes: no abarca los
cuatro cuadrantes, no tiene en cuenta los estadios tempranos del desarrollo prerracional
(con lo cual se condena a caer en todo tipo de falacias pre/trans), interpreta
inadecuadamente las patologías tempranas del desarrollo y no suele comprender la
evolución. Es muy probable, por tanto, que la superación de estas deficiencias haga
compatible la Gran Holoarquía con los datos que nos proporciona la moderna
investigación y nos permita así integrar lo mejor de la antigua sabiduría con lo mejor del
conocimiento moderno... Ésta, precisamente, es la esencia del abordaje integral.

Llegados a este punto, no puedo sino pensar en Huston Smith, cuyo principal legado es
la Gran Cadena, una idea que ha intentado introducir en el mundo moderno. Pero para
que la Gran Cadena pueda sobrevivir, tendrá que ser reformulada en términos integrales.

Viernes, 6 de junio

Pero, por más útil (y necesario) que pueda llegar a ser, el bosquejo del Gran Nido del
Ser [que acabamos de pergeñar en la entrada anterior] en tercera persona -en el lenguaje
del «ello»- resulta muy difícil. En breve trataré de escribir algo -con el título de
«Anamnesis»- describiendo desde dentro -es decir, en el lenguaje en primera persona
propio del «yo»- cada uno de esos niveles.

Sábado, 7 de junio

He trabajado durante toda la mañana, después he ido a comprar comida y luego he


estado levantando pesas durante un rato. Miro hacia el escritorio y descubro a mi amigo,
el pequeño zorro, que parece haberse instalado bajo el porche. Hace unos meses
descubrí que tiene una novia, ya que un día, mientras estaba trabajando, se presentaron
los dos y se quedaron mirándome fijamente desde el otro lado de la ventana. Son
adorables, parecen gemelos. Hace tiempo que no le veía y me preguntaba por dónde
andaba.

Domingo, 8 de junio

Esta mañana, sólo la inmensa Vacuidad.


Yo-Yo está solo, solo con el Único, completo en la Totalidad.
La plenitud me arrastra fuera de la existencia,
el resplandor me ciega a las cosas de este mundo
y sólo veo la Libertad infinita,
es decir, no veo nada en absoluto.
Me esfuerzo en reanimar el alma,
Me esfuerzo en reducir la conciencia y entrar en el reino sutil,
Me esfuerzo en bajar al ego y al cuerpo
y salir de la cama.
Pero la Libertad todavía sigue ahí,
en plena madrugada
y mora hasta
en el más pequeño movimiento
para manifestar
este glorioso Estado.

Jueves, 12 de junio
He tenido una entrevista con Scott Warren, practicante zen, psicólogo transpersonal y
discípulo de Michael Mahoney, autor del extraordinario Human Change Process (y
literalmente de cientos de otras excepcionales publicaciones). Veamos ahora algunos
extractos de la entrevista:

SW: ¿Cómo suele ocupar su día? ¿Cuál es su horario típico?

KW: Me despierto a eso de las tres o cuatro de la madrugada, luego medito durante
una o dos horas y después trabajo unas cinco o seis horas más sin interrupción hasta eso
de las dos del mediodía. Luego levanto pesas durante una hora aproximadamente, me
ocupo de hacer los recados que tenga pendientes y ceno en torno a las cinco de la tarde.
Finalmente voy al cine o veo alguna película en casa, quedo con algunos amigos, pongo
al día la correspondencia, leo algo, llamo por teléfono y me acuesto. Y, en el caso de
que haya quedado con alguien, solemos pasar la noche juntos.

SW: ¿A qué trabajo se refiere cuando dice «trabajo hasta las dos»?

KW: Bien, eso depende de si estoy investigando o escribiendo. En el primero de los


casos, leo y leo y sigo leyendo. Habitualmente leo entre dos y cuatro libros al día, lo que
significa que lo hago muy rápidamente, tomando notas en el caso de que sea necesario.

Si un determinado libro me resulta interesante, lo leo más lentamente y paso una


semana o más con él, tomando muchas notas. Los libros que me interesan mucho llego a
leerlos de tres a cuatro veces.

La cosa resulta un tanto diferente cuando estoy escribiendo, ya que entonces trabajo a
un ritmo muy intenso y entro en una especie de estado alterado de conciencia que me
permite procesar la información a gran velocidad. En tal caso puedo escribir hasta
quince horas al día. Pero debo decirle que se trata de un trabajo muy duro, un trabajo
físicamente agotador y que por eso también me dedico al levantamiento de pesas.

SW: ¿Cuánto tiempo tarda en escribir un libro?

KW: Suelo leer centenares de libros al año y poco a poco mi nuevo libro va cobrando
forma en mi cabeza, como si lo escribiera mentalmente. Luego basta con sentarme ante
el ordenador y en un mes o un par de meses o, en algunas ocasiones, hasta tres, acabo
mecanografiándolo.

SW: ¿De modo que todos sus libros los ha escrito en unos pocos meses?

KW: Sí, excepto Sexo, ecología, espiritualidad, que requirió unos tres años de trabajo
realmente muy duro. Pero el tiempo real de escritura también fue bastante corto, unos
pocos meses.

SW: ¿Por qué dice que fue muy duro? ¿Qué fue lo que ocurrió?

KW: El espectro de la conciencia o El proyecto Atman fueron libros muy difíciles de


concebir porque en ellos traté de integrar decenas de escuelas psicológicas distintas.
Pero esos libros sólo abarcaban el cuadrante superior izquierdo. En SES, por el
contrario, traté de unificar decenas de disciplinas procedentes de los cuatro cuadrantes y
se convirtió en una especie de pesadilla que no parecía tener fin. De modo que, durante
tres años, me recluí en mí mismo y viví el tipo de vida que suele atribuírseme, es decir,
me convertí en un ermitaño. Si dejamos de lado las cuestiones de intendencia general,
como la compra de comestibles y similares, durante esos tres años no vi a más de cuatro
personas. Resultó ser algo muy parecido al típico retiro budista de tres años. Ha sido la
cosa más difícil que nunca he llevado a cabo.

SW: ¿No enloqueció?

KW: Lo peor ocurrió a los siete meses de haber comenzado el retiro. Entonces me di
cuenta de que lo que más añoraba no era tanto el sexo o la conversación, como el
contacto corporal, el simple contacto humano. Me moría por tocar a alguien y sufría de
lo que comencé a calificar de «hambre de piel». Todo mi cuerpo parecía tener «hambre
de piel» y, durante unos tres o cuatro meses, cada vez que terminaba de trabajar y me
sentaba, me veía embargado por el llanto durante una media hora. Era algo realmente
muy doloroso. ¿Pero qué puede uno hacer en tales casos sino contemplar lo que ocurre?
De modo que finalmente acabé desarrollando una especie de ecuanimidad meditativa
hacia esa sensación y descubrí que la necesidad parecía desvanecerse, al menos hasta
cierto punto. Después de eso, mi meditación experimentó un salto cuántico hacia
adelante que me permitió acceder a vislumbres de una conciencia constante, un tipo de
conciencia transparente que permanecía incluso durante los estados de sueño y de sueño
profundo. Y todos eso ocurrió, en mi opinión, porque no me permití actualizar ese
«hambre de piel» sino que, por el contrario, me obligué a ser consciente de él, a traerlo a
la conciencia y a observarlo. El «hambre de piel» constituye un tipo muy rudimentario
de comprensión, un tipo muy profundo de deseo, de identidad subjetiva, y el hecho de
observarlo y convertirlo en un objeto me permitió desidentificarme de él y, hasta cierto
punto, trascenderlo, con lo cual mi conciencia se vio liberada del más arcaico de los
impulsos biológicos. Pero debo insistir en que, durante un tiempo, se convirtió en un
auténtico suplicio.

SW: Veamos ahora algunas cuestiones teóricas. Basándose en referencias


interculturales de muchos tipos, usted ha dividido el desarrollo transpersonal o espiritual
en cuatro ondas o reinos elevados a los que denomina psíquico (centrado en el estado de
vigilia cotidiana), sutil (centrado en el estado de sueño sutil), causal (centrado en el
estado de sueño profundo ajeno a toda forma) y no dual (que integra a todos los
anteriores). Esto también propicia cuatro tipos diferentes de experiencia espiritual, el
misticismo natural, el misticismo teísta, el misticismo sin forma y el misticismo no dual.

KW: Eso es básicamente correcto. Pero el asunto consiste en traerlos todos a la


conciencia para que el estado básico de despertar y la conciencia sin elección acaben
impregnando todos los dominios de la vida -la vigilia, el sueño y el sueño profundo-,
momento en el que uno es ciertamente merecedor del calificativo de Despierto.

SW: La mayor parte de los terapeutas transpersonales y espirituales que conozco


trabajan de un modo muy racional, como si lo único que les interesara fuera memorizar
su visión de los estadios superiores. Dicho de otro modo, no creen que sea necesario
emprender ninguna práctica espiritual, como el zen, el yoga o la oración de
centramiento, porque usted ya les ha proporcionado todas las respuestas.
KW: ¿Quiere decir que soy el culpable de su falta de compromiso con una disciplina
práctica? ¡Pero si eso es, precisamente, lo más opuesto a mi intención, si lo único que
hago es subrayar que uno tiene que emprender una práctica, una instrucción, para ver y
comprender por sí mismo los estadios más elevados del desarrollo! ¿No me estará
tomando el pelo?

SW: No, le hablo muy seriamente. Ellos creen que la única condición necesaria para
ser buenos terapeutas transpersonales es memorizar los estadios de los que usted habla.

KW: Nada me parece más desacertado. Eso sería lo mismo que decir que yo he
cartografiado un buen mapa de la Bahamas y que usted se contenta con pasarse el mes
de agosto contemplando ese mapa en lugar de irse realmente de vacaciones a las
Bahamas. ¡Eso sería terrible! Uno no puede ser un buen guía de las Bahamas si no ha
estado allí.

KW: La práctica habitual, en el caso de que exista, consiste en un enfoque centrado en


la conciencia sensorial y en el cuerpo. Porque creo que existe una frecuente confusión
entre la conciencia corporal y la conciencia espiritual.

KW: Sí, ya sé que ése es un error muy común. La conciencia sensorial es muy
importante, pero no tiene absolutamente nada que ver con la conciencia espiritual.
Digamos, para empezar, que la conciencia no dual o espiritual consiste en «abandonar el
cuerpo-mente», es decir, dejar de identificarse exclusivamente con el cuerpomente, con
los pensamientos y con los sentimientos. Es cierto que todo ello todavía se halla
presente y sigue funcionando perfectamente pero, además de ello, usted debe despertar a
una identidad más amplia que abarque toda manifestación, algo que, por cierto, jamás
podrán proporcionarle los abordajes exclusivamente centrados en el cuerpo.

SW: Según esos terapeutas, el focusing experiencial centrado en el cuerpo acaba


conduciendo a la iluminación.

KW: ¡Vaya! Es cierto que la meditación suele comenzar centrándose en la conciencia


sensorial -seguir la respiración, focalizar la atención en las diversas sensaciones y
sentimientos corporales, etcétera-, pero nunca acaba ahí. La conciencia meditativa -la
capacidad de observar con ecuanimidad o de prestar una atención pura a todo lo que
aparece- dura desde varios minutos hasta varias horas y, en el caso de los retiros
intensivos de meditación, permanece durante la mayor parte del día. Cuando uno logra
mantener la constancia del Testigo durante la mayor parte del día, esa conciencia
contemplativa impregna también el estado de sueño y aparece una especie de sueño
lúcido y, desde ahí, prosigue hasta el estado de sueño profundo sin sueños, hasta que
uno termina descubriendo turiya, «el cuarto estado» (el Testigo puro que se halla por
encima y más allá de los tres estados de vigilia, sueño y sueño profundo) y turiyatita,
«más allá del cuarto», es decir, Un Solo Sabor, la conciencia omnipresente, la
conciencia constante, el despertar básico o la conciencia sin elección que transciende,
al tiempo que incluye, todos los posibles estados y, en consecuencia, no se halla
confinada a ninguno de ellos. Y no se trata ahora tanto de un Testigo como de una
conciencia No dual que no es otra que el Espíritu. Decir, por tanto, que todo esto puede
encontrarse en la conciencia vigílica, experiencial y centrada en la persona es
equivocarse de pleno. Y tampoco encontrará usted nada de esa conciencia constante en
los libros que versan sobre la ecología profunda, el ecofeminismo, el neopaganismo, el
enfoque junguiano, la «red-de-la-vida», la ecopsicología o los teóricos del nuevo
paradigma, lo cual significa que, sea lo que fuere lo que estén haciendo -y debo decir
que yo soy un fan de este tipo de obras-, en modo alguno se ocupan de la conciencia
constante, de la conciencia en tanto que espejo y del Espíritu omnipresente y no dual.

SW: Veamos ahora otra cuestión muy interesante. Otro modo muy habitual de abordar
la terapia espiritual consiste en sustentar una especie de visión sistémica, de
pensamiento Gaia, de ecopsicología, de teorías que hablan de la «red-de-la-vida»,
etcétera, con la idea de que usted mejorará cuando llegue a pensar holísticamente
porque -y ésta parece ser la idea final- el Espíritu es Gaia o la «red-de-la-vida».

KW: Pero, como usted sabe, la «-red-de-la-vida» no es más que un concepto, una idea
y la Realidad Última no tiene nada que ver con los pensamientos, sino con el Testigo de
esos pensamientos. Investigue en ese Testigo. ¿Quién es consciente de tal o cual
concepto, ya se trate de un concepto analítico o de un concepto holístico? ¿Quién, o qué,
es consciente, en este mismo instante, de todas esas teorías? La respuesta, como usted
sabe, no yace tanto del lado de los objetos del pensamiento como del Testigo. Poco
importa, en este sentido, que esos pensamientos sean acertados o estén equivocados, lo
que importa es el Yo, el Testigo o, dicho de otro modo, la Vacuidad pura. De este
modo, si aparece un concepto analítico, nosotros lo observamos y, si aparece un
concepto holístico, nosotros también lo observamos. La Realidad Última no está ligada
tanto a los conceptos (acertados o equivocados) como al Testigo. Y eso es algo
inalcanzable si uno se limita a quedarse en el nivel de los pensamientos, de los
conceptos, de las ideas y de las imágenes.

SW: ¿La conciencia pura es la Vacuidad pura?

KW: Sí. En realidad, la conciencia radical es incualificable, pero puede ser señalada
metafóricamente afirmando que es la Vacuidad pura. No obstante, debo insistir en que
la Vacuidad no es un concepto, sino una conciencia inmediata y directa. Ahora mismo
usted puede ver varios colores -ese árbol es verde, la tierra es roja y el cielo es azul-
pero, a pesar de ello, su conciencia es incolora. La córnea de su ojo es transparente
porque, si fuera roja, no podría ver el color rojo. Usted puede ver el color rojo porque su
córnea «no es roja» sino incolora. Su conciencia puede ver el color porque es incolora,
el espacio porque es aespacial y el tiempo porque es atemporal; dicho de otro modo,
ver las formas porque carece de forma.

Así pues, su conciencia básica inmediata -no los objetos de conciencia, sino la
conciencia misma, la conciencia testigo- es incolora, aespacial, atemporal y carente de
forma; dicho en otras palabras, es incualificable, es ajena a toda forma, color, espacio y
tiempo. Su conciencia, ahora mismo, es la Vacuidad pura, pero una Vacuidad de la que
emana el universo entero. El cielo azul existe en su conciencia inmediata, la tierra roja
existe en su conciencia inmediata, la forma de ese árbol existe en su conciencia
inmediata y el tiempo está fluyendo en su conciencia inmediata.

De modo que la totalidad del mundo de la Forma está emergiendo ahora mismo en su
conciencia sin forma. Dicho en otras palabras, la Vacuidad y la Forma no son dos sino
que, en este mismo instante, son Un Solo Sabor y, en realidad, usted es Eso. La
Vacuidad y la Conciencia no son más que dos nombres distintos para referirse a la
misma realidad constitutiva de la inmensa Apertura y Libertad en las que ahora mismo
está emergiendo el universo entero, una Vacuidad que recibe el nombre de Espíritu
Último y que es su Conciencia primordial ahora mismo.

Pero ¿cuál es la apariencia del mundo manifiesto? Yo suelo verlo, como afirma el
modelo holístico, como una red de procesos interrelacionados u holones. Pero nosotros
corroboramos la verdad de ese modelo -y la verdad del mundo manifiesto- investigando
el mundo manifiesto y corroboramos la verdad del Espíritu investigando el Yo-yo
interior. Es cierto que son «no dos», pero el único modo de captar esa realidad yace en
el Yo-Yo interior, no en el mundo objetivo de la «red-de-la-vida». Si se limita a eso se
equivocará y, si lo hace siempre así, se equivocará siempre.

SW: ¿Cuál cree usted que debería ser el papel de un terapeuta espiritual? Ya hemos
hablado de los que parecen trabajar aprendiéndose de memoria los estadios superiores
sin emprender la práctica que podría llevarles a experimentarlos directamente,
confundiendo entonces la conciencia espiritual con la conciencia sensorial, la «-red-de-
la-vida» y las teorías de la ecopsicología. ¿Cómo debería, pues, trabajar un terapeuta
auténticamente espiritual?

KW: A este respecto, tengo una idea que me parece fantástica [risas], aunque de
momento no consigo que nadie se interese seriamente en ella. En el campo de la
medicina disponemos de la figura del médico generalista, del llamado médico de
cabecera, personas que han estudiado medicina general, pero que no se han
especializado en ninguna rama concreta. En consecuencia, son personas que, si bien no
están capacitadas para practicar la cirugía cerebral, realizar complejos diagnósticos
diferenciales ni llevar a cabo investigación de laboratorio, saben, en cambio, qué
especialistas pueden hacerlo y están en condiciones, por tanto, de enviar, en caso
necesario, a sus pacientes a esos especialistas.

En este sentido, creo que el terapeuta espiritual debería ser una especie de médico
general del Espíritu, una persona familiarizada con todos los niveles del espectro de la
conciencia: la materia, el cuerpo, la mente (los niveles mágico, mítico, racional y
aperspectivista-integral), el alma (niveles psíquico y sutil) y el Espíritu (niveles causal y
no dual). También deberían hallarse familiarizados con los distintos tipos de patologías
que pueden presentarse en cada uno de esos niveles y con las técnicas generales de
trabajo personal y de interpretación psicológica. Serían, por así decirlo, especialistas en
tratar a la persona, la sombra y los problemas del ego. Y también deberían hallarse
comprometidos con una práctica contemplativa concreta. Pero, en lo fundamental, se
trataría de personas adiestradas para descubrir patologías concretas en todo el espectro
de conciencia, desde las más bajas hasta las más elevadas y que no tratarían de resolver
cualquier problema que se les presentase sino que, en el caso de que no pudieran hacerle
frente, enviarían a sus clientes hacia un especialista en zen, vipassana, t'ai chi, vedanta,
meditación trascendental, oración de centramiento cristiana, zikr sufi, daven judío, el
Diamond Approach, el yoga (en el caso de que se tratara de un problema de los niveles
superiores) o el counselling, el levantamiento de pesas, el aeróbic, la dietética, el
rolfing, la bioenergética, etcétera (en el caso de que se tratara de otro tipo de
problemas).

La competencia básica de estos profesionales, pues, debería centrarse en los siguientes


puntos: 1) la práctica de la psicoterapia general y de alguna terapia transpersonal con
sus clientes; 2) derivar hacia los especialistas adecuados a aquellos pacientes cuya
problemática quedara fuera de su ámbito de competencia y 3) coordinar las diferentes
herramientas de transformación utilizadas por el cliente.

Un terapeuta no puede abordar por sí mismo todas las terapias. Hay demasiados
terapeutas transpersonales y espirituales que creen que pueden y deben hacerlo todo, lo
cual resulta muy desafortunado.

Y debo decirle que me sorprende que esta idea tenga tan mala acogida.

Viernes, 13 de junio

He ido a ver Children of the Revolution porque me gusta mucho cómo trabaja Judy
Davis. Ella estaba histérica en Maridos y mujeres de Woody Allen y realmente brillante
en su papel de Madame George Sand en Impromptu. Children of the Revolution es una
desigual comedia negra que se ubica a mitad de camino entre Strictly Ballroom y
Daniel. Pero Davis está realmente maravillosa. Lo que más me gusta del guión es el
modo en que expresa que, para miles de millones de personas de todo el mundo, el
marxismo-leninismo es una religión fundamentalista. Bien podríamos decir, en este
sentido, que ha sido la primera gran religión del mundo moderno, una religión que trató
de destronar a Dios y trocarlo por un Dios de la Mano Derecha, el Dios y la Diosa del
mundo chato, el materialismo científico, el naturalismo del reino ordinario y el holismo
chato. En este sentido, fue el precursor de muchos de los movimientos descendentes y
de las religiones chatas del mundo actual, entre los que podemos señalar gran parte de la
ecología profunda, del ecofeminismo, de la adoración a Gaia, del neopaganismo y de los
revivalismos de la «red-de-la-vida». Y pareciera que, cuanto más chata es una
determinada religión, más vehemente es también el fanatismo de sus acólitos.

Sábado, 14 de junio

«Mis problemas comienzan ahí donde se entrecruzan los osos más inteligentes con los
visitantes más estúpidos.» Steve Thompson, funcionario del Yosemite Park.

Domingo, 15 de junio

Random House me ha pedido un título para Ciencia y religión (que, en la medida de lo


posible, incluyera los términos «alma», «espíritu» o algo similar). Pensando en la gran
cita de Oscar Wilde [«no hay nada que pueda curar los sentidos sino el alma, y nada que
pueda curar el alma sino los sentidos»], les presenté varias sugerencias y finalmente han
aceptado El matrimonio entre el alma y los sentidos: Una integración entre la ciencia y
la religión. Tanto criticar el uso degradatorio de los términos «alma» y «espíritu» para
acabar cometiendo el mismo pecado.

Martes, 17 de junio

Durante casi veinte años he estado practicado hatha yoga y desde hace unos cinco
empecé con el levantamiento de pesas, que se ha revelado muy positivo para escribir,
meditar y mantener en forma el sistema inmunológico, un verdadero legado que
ninguna práctica auténticamente integral debería dejar de lado. Tengo cuarenta y ocho
años y debo decir que no recuerdo haberme sentido nunca más a gusto en mi cuerpo.
Desde mi punto de vista, las cosas así son más fáciles de trascender porque, cuando el
cuerpomente se encuentra fuerte y sano -cuando no lo maltrato ni lo desdeño
ascéticamente- resulta más fácil abandonarlo, trascenderlo y soltarlo. Quiero decir que,
cuando el cuerpomente funciona bien, sin problemas imprevistos que obliguen a la
conciencia a ocuparse obsesivamente de él, uno puede «olvidarlo» con más facilidad y
caer en el Testigo o incluso en Un Solo Sabor.

Obviamente, en los estadios más elevados, el ego y el cuerpo todavía están presentes,
todavía siguen ahí, todavía funcionan y todavía cumplen con sus funciones
convencionales. De modo que si alguien pronuncia su nombre, usted responderá, porque
no ha caído en la indisociación borderline o psicótica y sabe dónde empieza y dónde
termina su cuerpo, lo único que ocurre es que su identidad ya no está exclusivamente
centrada en esos meros vehículos. Cuando dichos vehículos funcionan bien y no como
una rueda chirriante que requiere del engrase de su conciencia, ésta queda libre para
adentrarse en los dominios más profundos y más elevados de la existencia. Con ello no
quiero decir que esa puerta no esté abierta en cualquier circunstancia, sino tan sólo que
un cuerpomente sano adecuado resulta más fácil de abandonar y, en este sentido,
favorece el acceso al océano de infinitud que constituye nuestra auténtica morada.

Miércoles, 18 de junio

La práctica integral va a ser el «próximo evento importante» del circuito espiritual,


pero esa «moda», en mi opinión, afectará tan sólo a ese 1% que se halla seriamente
comprometido con la transformación.

Hay muchos modos de hablar de una práctica integral. El término «yoga integral» fue
utilizado por Aurobindo (y su discípulo Haridas Chaudhuri) para referirse a una práctica
que unificara las corrientes ascendentes y descendentes del ser humano y que no sólo
incluyera la transformación de la conciencia, sino también del cuerpo. (Resulta
lamentable que el California Institute of Integral Practices [el CUS], fundado por
Chaudhuri, tenga hoy en día tan poco que ver con una auténtica práctica integral que no
pueda recomendarlo a quienes solicitan mi consejo a este respecto.) El libro The Future
of the Body, de Mike Murphy, constituye un excelente compendio de una visión
integral, como también lo es What Really Matters, de Tony Schwartz y The Life We Are
Given, de Murphy y Leonard, un manual introductorio a la práctica integral que
recomiendo encarecidamente. Digamos también, por último, que El ojo del Espíritu
bosqueja mi propio abordaje integral.

Cualquiera podría diseñar su propia práctica integral, un enfoque que ejercitase


simultáneamente todos los niveles y dimensiones fundamentales del cuerpomente
humano: físico, emocional, mental, social, cultural y espiritual. Veamos ahora algunos
ejemplos de todos los cuadrantes y mencionemos también algunas prácticas
representativas de cada uno de ellos:

CUADRANTE SUPERIOR DERECHO


(individual, objetivo y conductual)
Físico
Dieta: Pritikin, Ornish, Atkins; vitaminas, hormonas.
Estructural: levantamiento de pesas, aeróbic, caminatas, rolfing, etcétera.

Neurológico
Farmacológico: medicación, en el caso de que fuera necesaria.
Tecnología mente/cerebro: inducción de los estados de conciencia correspondientes a
las ondas theta y delta.

CUADRANTE SUPERIOR IZQUIERDO


(individual, subjetivo, intencional)

Emocional
Respiración: t'ai chi, yoga, bioenergética, circulación de prana o energía-sensación, qi
gong.
Sexo: comunión sexual tántrica, sexualidad autotrascendente encarnada en la totalidad
del cuerpo.

Mental
Terapia: psicoterapia, terapia cognitiva, trabajo con la sombra.
Visión: adoptar una filosofía consciente de la vida, visualizaciones, afirmaciones.

Espiritual
Psíquico (chamán/yogui): chamanismo, misticismo natural, inicio del tantrismo.
Sutil (santo): yoga deidad, yidam, oración contemplativa, tantrismo avanzado.
Causal (sabio): vipassana, ¿Quién soy yo?, atención pura, testigo.
No dual (siddha): dzogchen, mahamudra, shivaísmo, zen, etcétera.

CUADRANTE INFERIOR DERECHO


(social, interobjetivo)

Sistemas: asumir la propia responsabilidad con respecto a Gaia, la naturaleza, la


biosfera y las infraestructuras geopolíticas a todos los niveles.
Institucional: ejercer los deberes educativos, políticos y cívicos en todos los niveles,
desde la familia hasta la ciudad, el estado, la nación y el mundo.

CUADRANTE INFERIOR IZQUIERDO


(cultural, intersubjetivo)

Relaciones: con la familia, con los amigos y, en general, con todos los seres sensibles;
establecimiento de relaciones como parte del propio desarrollo, descentramiento del yo.
Servicio a la comunidad: voluntariado, buscar cobijo a los sin techo, trabajo en
hospitales, etcétera.
Moral: compromiso con el mundo intersubjetivo de la Bondad ejerciendo la compasión
con todos los seres sensibles.

La idea básica de cualquier abordaje auténticamente integral está bastante clara: Elija
una práctica básica de cada categoría (o de tantas categorías como le resulte
prácticamente posible) y practíquelas simultáneamente (emprendiendo, así, una práctica
«omni-nivel y omni-cuadrante»). Cuántas más categorías intervengan más eficaz será su
práctica (porque todas ellas forman parte de su propio ser). Practique diligentemente y
coordine sus esfuerzos integrales para desplegar los diversos potenciales del
cuerpomente, hasta que el cuerpomente acabe desplegándose en la Vacuidad y el viaje
mismo acabe convirtiéndose en el recuerdo difuso de algo que nunca ocurrió.

Viernes, 20 de junio

Siguen llegando libros escritos por amigos. M. Scott Peck -a quien todo el mundo
llama «Scotty»- acaba de mandarme Denial of the Soul. «La verdad es que yo no suelo
apuntarme a muchas causas», dice en su carta, «pero estoy muy preocupado por la
eutanasia (o suicidio asistido).» En su opinión, el movimiento proeutanasia, que parece
tan sensato y racional, suele ocultar un rechazo hacia las lecciones que puede
enseñarnos la muerte consciente y el proceso del morir. Scott, al igual que yo, es un
entusiasta del movimiento hospice, que trata de eliminar, en la medida de lo posible, el
dolor (recurriendo, no obstante, a una medicación que no aturda la mente) para que el
individuo pueda afrontar conscientemente la muerte en compañía de su familia y de sus
seres queridos, algo que me parece muy adecuado.

Michael Crichton me ha mandado un ejemplar de su última novela Airframe, cuya


dedicatora reza así: «Aquí tienes algo para leer la próxima vez que viajes en avión». Y
es que, después de haber leído su Travels, en donde termina un capítulo diciendo que se
sentó en la playa en Hawaii a leer a Wilber, yo le envié una copia de SEE, un
mamotreto de ochocientas páginas, con la siguiente dedicatoria: «Para la próxima vez
que te sientes en la playa». Pero lo cierto es que para lo único que podría servir ese libro
en la playa sería para golpear a los tiburones. En cualquier otro caso, leer SEE en la
playa sería tan divertido como... leer Airframe -un libro que habla de las mil y una
posibles causas de accidente de aviación- en pleno vuelo.

También he recibido una copia de las galeradas de The Kingdom of Shivas Irons, de
Mike Murphy, un libro muy divertido. Todavía no puedo creer que Murphy esté
colando de rondón tanto misticismo en la sección del golf de las librerías Barnes and
Noble de este país, porque lo cierto es que toda y cada una de las páginas de su libro
destilan misticismo. John Updike calificó a Golf ín the Kingdom como «un clásico del
golf, si es que puede hablarse de tal cosa» y parece que Shivas Irons está siguiendo el
mismo camino. Me alegro mucho por él, porque todo esto ayuda a romper la coraza con
la que la pragmática América se defiende de los temas trascendentales.

También he recibido Awakening the Buddha Within,1 de Surya Das, y me parece muy
bueno. Quienes seguíamos su obra estábamos un tanto preocupados por su aparente
disgregación, pero parece haber encontrado el camino para hacerla más coherente.

1. El despertar del Buda interior. Madrid: Edaf, 1998.

Hace tiempo que no he visto a Surya. Él, Sharon Salzberg, Mitch Kapor y Adam, el
hijo de Mitch, estuvieron cuatro días en mi casa el verano pasado. Tengo mucho respeto
por el intento de Surya de traducir el dzogchen tibetano a la cultura americana, algo que
interesa tantos a tibetanos como a estadounidenses.
Parece que el libro (promocionado por One Spirit Book Club y Tommy Boy Records y
con la colaboración también de Richard Gere y Alan Dershowitz) está teniendo muy
buena acogida. Tommy Boy fue fundado por Tom Silverman cuando todavía era un
muchacho (de ahí su nombre), aunque ahora debería llamarse Tommy Man. Él y su
amiga Pivar (una discípula de meditación de Sam) pasaron, no hace mucho, una tarde en
casa y Tom y yo estuvimos levantando pesas. Una de las ramas de Tommy Boy (Upaya)
se dedica a la orientación espiritual de un público cada vez más numeroso. Él fue quien
llevó a Deepak Chopra a la MTV, el responsable de la edición en casetes de Andrew
Weil, etcétera, todo lo cual llevó a que la revista W's le caricaturizara diciendo:
«¿Alguien sabe si la nueva espiritualidad de Nueva York y de Hollywood es un don del
cielo o una locura divina?». Tom y Susan conocen mi escepticismo sobre la posibilidad
de que la «espiritualidad pop» no acabe convirtiéndose en una versión descafeinada
pero, bien pensado, merece la pena intentarlo. Además, quién sabe si no puede servir
para abrir el apetito de una audiencia cada vez más amplia y hambrienta.

Martes, 24 de junio

Existen cuatro o cinco grandes obstáculos a una orientación y una práctica


auténticamente integral. Y no estoy hablando ahora de la cultura predominante
(compuesta por el liberalismo ateo y por el conservadurismo fundamentalista) que
desdeña toda espiritualidad verdadera, sino de las amenazas que provienen desde la
misma vanguardia de la comunidad supuestamente espiritual, contracultural y
alternativa.

El primer obstáculo, en mi opinión, proviene de las visiones exclusivamente traslativas


que se centran en las nuevas ideas o los nuevos paradigmas sobre la realidad. Y no estoy
negando, con ello, la importancia de algunos de estos conceptos y de algunas de estas
ideas con las que, por otra parte, suelo estar de acuerdo. Lo único que quiero subrayar es
que el hecho de aprender un nuevo concepto jamás nos permitirá acceder de manera
constante a la conciencia no dual porque, para ello, es necesaria una práctica intensa y
prolongada. El campo traslativo incluye muchos aspectos de la teoría sistémica, de la
ecopsicología, del ecofeminismo, de los teóricos de la «red-de-la-vida», del
neopaganismo, de la astrología, de la neoastrología, de la ecología profunda y del culto
a la Diosa/Gaia. Y si bien es cierto que existen algunas notabilísimas excepciones, la
mayor parte de esos abordajes suelen quedar atrapados en el mundo sensoriomotor
ordinario, el mundo chato descendente, y no se centran en transformar la conciencia
hasta los dominios sutil, causal y no dual, sino que se limitan a brindar nuevas formas
de traducir el mundo. En el mejor de los casos, pues, estos abordajes permiten el acceso
al nivel psíquico del misticismo natural y del Alma del Mundo, niveles que, si bien son
extraordinarios, no representan más que la puerta de acceso a los dominios
transpersonales.

Es cierto que, desde su punto de vista, los dominios más elevados niegan y reprimen la
tierra, pero no lo es menos que eso sólo resulta aplicable a las patologías propias de los
estados superiores. Porque hay que decir que los estados más elevados trascienden e
incluyen los inferiores, de modo que el Espíritu no niega la naturaleza sino que la
trasciende y la incluye. Es verdad, no obstante, que ciertos caminos espirituales
reprimen los dominios inferiores convirtiéndose, así, en el segundo gran obstáculo a
cualquier práctica equilibrada o integral. Veamos con más detenimiento este punto.
Durante el gran período axial (que tuvo lugar en torno al siglo VI a.C.), la avanzadilla
de la evolución de la humanidad realizó un descubrimiento verdaderamente
revolucionario, ya que ciertos sabios pioneros -como Parménides, Krishna, Jesús de
Nazaret, Gautama Buda y Lao Tzu, por nombrar sólo a unos pocos- descubrieron la
posibilidad de rastrear la conciencia hasta su origen, donde tiene lugar una comunión
con el Espíritu (nivel psíquico) y una fusión con el Espíritu (nivel sutil) («Atman es
Brahman», «Yo y mi Padre somos Uno», el ego separado se disuelve en Vacuidad y la
conciencia encuentra al incalificable Uno). Esta revolución -que condujo desde las
Formas más elevadas de la conciencia (nivel sutil) hasta la conciencia Sin Forma (nivel
causal)- constituyó un auténtico paso hacia adelante, la mutación de conciencia más
importante que había tenido lugar hasta ese punto, una mutación que dio origen a casi
todas las grandes tradiciones de sabiduría del mundo que siguen floreciendo hasta hoy
en día.

(Centrarse, en este punto, en una visión política de género no hace más que confundir
las cosas, porque el nivel causal es un estado genéricamente neutro y resulta asequible a
ambos sexos. El monopolio de este estado por los varones del período axial fue
desafortunado según las normas de hoy en día, pero inevitable según las de entonces.
Hay que recordar que la misma estructura de la sociedad agraria recompensa la esfera
de los valores masculinos que, hablando en términos generales, se centra en el trabajo
fuera de casa, lo cual incluye largos retiros religiosos, en los que tuvieron lugar la
mayor parte de esos descubrimientos. Los habitantes de las sociedades industriales y
postindustriales, que no necesitamos de este tipo de estratificación de género, podemos
comenzar, pues, a equiparar el acceso a esos dominios sin vernos obligados de partida a
descalificar a los varones.)

El principal problema de estos descubrimientos axiales fue que su comprensible


urgencia por entrar en el dominio de lo Sin Forma que se encuentra más allá del mundo
de la Forma les llevó a menospreciar ésta. El objetivo era encontrar un nirvana
divorciado del samsara, un cielo que no fuera de esta tierra, un reino que no es de este
mundo, un Uno que excluye a los Muchos. El paradigma o modelo de estos abordajes
axiales fue el nirvikalpa samadhi, ayin, el nirodh o la cesación pura, la absorción pura
sin forma. Su meta, dicho en pocas palabras, se centraba en el dominio causal o no
manifestado. Se trataba, pues, de un camino puramente ascendente y ultramundano en el
que casi todo lo que se identificaba con «este mundo» -como el sexo, el dinero, la
naturaleza, la carne y el deseo- acabó convirtiéndose en sinónimo de pecado, ignorancia
e ilusión.

Y aunque desde cierto punto de vista todo eso encierre mucha verdad (porque si uno
sólo persigue las cosas del mundo sensorial jamás descubrirá las realidades más
elevadas o más profundas), si uno descarta, niega o reprime este mundo, jamás
encontrará lo no dual, el estado radical que comprehende al Uno y a los Muchos, lo
ultramundano y lo intramundano, lo ascendente y lo descendente, la Vacuidad y la
Forma, el nirvana y el samsara, en tanto que gestos iguales de Un Solo Sabor.

El gran período axial comenzó en torno al siglo VI a.C. tanto en Oriente como en
Occidente. Todas las religiones avanzadas de ese período estaban dominadas por la
renuncia yóguica, por las prácticas meramente ascendentes, por el rechazo de la vida,
por el ascetismo, por la mortificación del cuerpo y por el «camino ascendente». Eran,
casi sin excepción alguna, religiones profundamente dualistas que abogaban por un
espíritu separado del cuerpo y por un nirvana divorciado del samsara en donde lo
informe se hallaba en guerra con el mundo de la forma. Pero, en torno al siglo II a.C.,
las limitaciones del nirvana causal y dualista eran ya tan patentes que la vanguardia de
la conciencia emprendió un gran movimiento que iba a conducir más allá del dominio
causal sin manifestar que terminaría trascendiendo -aunque incluyendo- el Abismo
causal. El Espíritu, en otras palabras, empezó a reconocer su condición pura no dual,
algo que ocurrió de manera muy especial en dos almas extraordinarias: Nagarjuna en
Oriente y Plotino en Occidente.

Tal vez la formulación más conocida del descubrimiento de lo no dual sea la que nos
proporciona El sutra del corazón, que fue el fruto de una revolución puesta en marcha
por Nagarjuna y resume del siguiente modo la esencia del budismo Mahayana: «La
Forma no es más que Vacuidad y la Vacuidad no es más que Forma». Así pues, el
nirvana y el samsara, el Uno y los Muchos, el ascenso y el descenso, la sabiduría y la
compasión, el Testigo y lo atestiguado son no-dos o no duales. Pero esta no dualidad no
es una idea ni un concepto sino una realización directa, y cuando uno la convierte en un
concepto o en una mera creencia, lo único que consigue es el bastonazo del maestro zen.
Es precisamente por esta razón que la no dualidad suele ser denominada «no-dos, no-
uno» (una formulación que trata de asegurarse de que no terminaremos convirtiéndolo
todo en un monismo exclusivamente conceptual, como la teoría de la «red-de-la-vida» o
cualquier otro tipo de holismo chato).

Este paso hacia adelante permitió rescatar del infierno los gestos resplandecientes del
Espíritu que habían arrojado allí los caminos meramente ascendentes considerándolos
como impurezas, pecados o ilusiones. Como dijera Plotino (pero no como una teoría
pensada con el ojo de la mente, sino como algo directamente percibido con el ojo de la
contemplación), los Muchos no se hallan separados del Uno, sino que constituyen sus
múltiples manifestaciones. De modo que la práctica espiritual no consiste tanto en negar
las cosas manifiestas, como en «convertirlo todo en camino». Según el tantra -otra flor
del revolucionario jardín de lo no dual-, hasta el peor de los pecados encierra oculto en
sus profundidades el resplandor de la sabiduría. En el mismo núcleo del enojo está la
lucidez, en medio de la lujuria florece la compasión y en el corazón mismo del miedo
descansa la libertad.

Y todo eso se apoya en un principio muy sencillo que afirma que lo superior no
trasciende lo inferior negándolo sino, por el contrario, incluyéndolo. El Espíritu
trasciende pero incluye al alma que, a su vez, trasciende pero incluye la mente que, a su
vez, trasciende pero incluye el cuerpo que, a su vez, trasciende pero incluye la materia.
Por tanto, el auténtico camino espiritual incluye, transforma, asume y engloba todos los
niveles. Esta es, en esencia, la misma Gran Cadena del Ser de la que hablaban las
escuelas ascendentes, pero ahora no comprendida como un mapa del camino de huida
de la prisión de la carne, sino como la representación del abrazo eterno de toda
manifestación con el Espíritu del que dimana.

Así comenzó la extraordinaria revolución no dual, una revolución valientemente


encabezada por la tradición neoplatónica occidental, pero que se vio rechazada por
doquier por una Iglesia que había jurado obediencia al camino ascendente, un camino
que seguía tozudamente insistiendo en que «Mi reino no es de este mundo» y en que
hay que «dar al César lo que es del César». No obstante, la corriente neoplatónica abrió
un sendero no dual que pudieron seguir durante el primer y el segundo milenio quienes
tuvieron ojos para ver y oídos para oír. Cuando se comprendió que el Gran Nido del Ser
realmente se desplegaba o se desarrollaba en el tiempo, la tradición neoplatónica alentó
la visión idealista de Fichte, Schelling y Hegel (que consideraba el universo como un
producto del desarrollo evolutivo del Espíritu, un producto del Espíritu-en-acción),
aunque lo único que hoy perdura de esa extraordinaria visión es la teoría científica de la
evolución, un vastago real -aunque ciertamente pálido, anémico y enfermizo- de esos
padres tan notables.

En el caso de Oriente, la revolución no dual dio origen al budismo Mahayana, el


Vedanta, el neoconfucianismo, el shivaísmo de Cachemira y el budismo Vajrayana
(todos los cuales pueden ser calificados como «tantras»). El gran florecimiento del
tantra no dual tuvo lugar fundamentalmente en el período que va desde el siglo VII al
XI en India, desde donde se extendió (a partir ya del siglo VI) hasta el Tíbet, China,
Corea y Japón. Y cuando se comprendió que la Gran Cadena se desplegaba o
evolucionaba, de hecho, en el tiempo, el gran Aurobindo expuso la noción con un genio
inigualable.

Hoy en día nos hallamos en un momento histórico muy auspicioso en el que esas dos
grandes corrientes no duales, en su forma evolutiva e integral, están comenzando a
confluir y en el que las corrientes neoplatónicas e idealistas, adecuadamente combinadas
con la comprensión científica de la evolución occidental, están comenzando a integrarse
con las grandes escuelas no duales y tántricas de Oriente, que también poseen un fuerte
tinte evolutivo.

Como resultado de todo ello, son muchos los investigadores de todo el mundo que se
hallan implicados en este enfoque integral, aportando su compromiso con la psicología
profunda, un descubrimiento casi exclusivamente occidental. De este modo, será posible
que la excelencia brille en todos los niveles, dimensiones, cuadrantes y dominios de la
condición humana y divina. Y aunque este enfoque integral se halle hoy en día en su
infancia, está creciendo, no obstante, a gran velocidad.

Así pues, si el primer obstáculo a este abordaje integral procede del mundo chato (es
decir, de las escuelas meramente descendentes), el segundo, como ya hemos dicho,
proviene, precisamente, del otro lado, es decir, de los enfoques meramente ascendentes,
cuyos vestigios pueden advertirse todavía en el budismo Theravada, en algunas formas
del Vedanta (que descansan en nirvikalpa o jnana samadhi y no prosiguen hasta sahaja)
y en muchas formas de asthanga y hatha yoga (que sólo apuntan a la cesación mental).
Y no se trata, por decirlo de otro modo, de que esos abordajes están equivocados, sino
de que, para que lleguen a ser realmente no duales, deberían complementarse con el
camino descendente.

El tercer obstáculo procede de lo que suele denominarse «bypass espiritual», según el


cual se supone que cuando uno encuentre el Espíritu, la Diosa o su Yo superior, todo lo
demás le será dado mágicamente por añadidura, como si, en tal caso, el trabajo, las
relaciones, la familia, la comunidad, el dinero, la comida y el sexo dejaran de
convertirse en un problema. Lo realmente lamentable es que, normalmente, se tarda
unos diez o veinte años en descubrir que ése no es precisamente el caso, y, entonces,
¿en qué ha invertido uno su vida? Si la primera mitad de la vida está descaminada, ¿qué
ocurrirá con la segunda?
Por más irónico que pueda parecer, este obstáculo suele presentarse con más
frecuencia en las escuelas no duales más elevadas. Un Solo Sabor es una conciencia
omnipresente (la mente natural y espontánea en su estado actual, de modo que si usted
se torna ahora mismo consciente de esta página, dispone ya del ciento por ciento de esta
conciencia última completamente presente). El hecho de que Un Solo Sabor se halle
«siempre ya» presente puede permitir que muchas personas accedan (si un maestro
realizado se lo señala cuidadosamente) a un vislumbre fugaz pero sumamente poderoso
de este estado último. De hecho, son muchas las grandes escuelas no duales, como el
dzogchen y el Vedanta, por ejemplo, que disponen de textos enteros consagrados a las
llamadas «instrucciones para señalar» [ver entrada correspondiente al 27 de abril para
un ejemplo en este sentido].

Pero una vez que el discípulo vislumbra esta conciencia siempre ya, pueden ocurrir
varias cosas desafortunadas. Porque, en un sentido muy profundo, esas personas se han
visto liberadas de la naturaleza vinculante de los niveles inferiores del cuerpomente.
Pero eso no significa que los niveles inferiores hayan dejado de tener sus propias
necesidades, por más relativas que éstas puedan ser. Usted puede estar en la conciencia
de Un Solo Sabor y tener cáncer, experimentar una crisis matrimonial, perder el trabajo
o seguir siendo sencillamente un imbécil. El logro de un estadio más elevado del
desarrollo no supone la pérdida de los niveles inferiores (los budas siguen teniendo que
comer), ni tampoco significa que uno llegue automáticamente a dominarlos (por más
iluminado que se halle no resulta nada fácil correr una milla en cuatro minutos). Es más,
de hecho suele significar exactamente lo contrario porque, en tal caso, uno suele
descuidar -o hasta ignorar- los niveles inferiores, creyendo que han dejado ya de ser
necesarios para su bienestar, cuando, en realidad, constituyen el vehículo del Espíritu y
su medio de expresión. Desdeñar, pues, esos vehículos es cometer un «espiritucidio»
que desatiende letalmente sus manifestaciones más sagradas.

Pero las cosas pueden ir todavía peor. Para atravesar la fase oral del desarrollo
psicosexual, usted no tiene que convertirse en un gran chef, del mismo modo que para
descubrir lo transverbal usted no tiene que ser un Shakespeare. Dicho en otras palabras,
para poder ascender a un estadio superior no es preciso alcanzar el completo dominio de
los estadios inferiores, sino tan sólo lograr un determinado grado de competencia. Y ello
significa que uno puede alcanzar fases muy elevadas del desarrollo y tener todavía
problemas en diversos estadios inferiores. Recordemos, pues, que el simple hecho de
conectarse con un estadio superior no resuelve necesariamente los problemas existentes
en los niveles inferiores.1

1. Para una discusión más detallada sobre este tópico ver las entradas correspondientes al 16 de noviembre y al 18 de
diciembre.

Esta suele ser una de las pesadillas que asolan a las escuelas siempre ya porque, una
vez que se logra atisbar claramente Un Solo Sabor, uno puede perder la motivación
necesaria para tapar las goteras de su tejado psicológico. Tal vez usted pueda tener una
neurosis profunda y dolorosa pero, como ya no se identifica con ella, comienza a
descuidarla. Y, aunque haya una cierta verdad en esa actitud, se trata, no obstante, de
una flagrante violación del voto del bodhisattva, el voto que le compromete a comunicar
Un Solo Sabor a todos los seres sensibles hasta que todos se hayan liberado. En tal caso,
usted podría hallarse muy satisfecho sin trabajar una neurosis evidente para todos los
demás, quienes nos veríamos obligados a recordarle la necesidad de evitar a toda costa
el estado de Un Solo Sabor. Tal vez usted se halle, por ejemplo, muy feliz en Un Solo
Sabor, pero fracase miserablemente en encontrar el modo de transmitirlo a los demás,
porque no haya trabajado adecuadamente los vehículos inferiores a través de los cuales
debe comunicar su comprensión. Obviamente, resulta muy distinto que su agresividad
derive de la sabiduría airada o de una especie de combate dhármico que si se origina en
una simple neurosis. Un Solo Sabor lo es todo y, en consecuencia, no tiene nada que ver
con nada. Es, por tanto, con su alma, con su mente, con su cuerpo, con sus palabras, con
sus acciones y con sus hechos como deberá transmitir su Estado... y mal podrá hacerlo
si aquéllos no se encuentran en las mejores condiciones.

No se trata, pues, de que las escuelas sahaja o Un Solo Sabor estén equivocadas. Son
escuelas que se hallan en el estado más elevado imaginable, pero que deben ser
complementadas con una adecuada comprensión de que el desarrollo auténticamente
integral exige también el ejercicio de los niveles y de los estadios inferiores (a través de
la psicoterapia, la dieta, el ejercicio, las relaciones, la vitalidad, etcétera). Sólo así será
posible transmitir Un Solo Sabor a los seres sensibles que permanezcan en los dominios
inferiores, ya que los mensajes más sanos se escuchan mucho mejor que los neuróticos.

El último gran obstáculo a un enfoque integral reside, en mi opinión, en la epidemia de


la nueva era que, mal que le pese, eleva la magia y el mito a los niveles psíquico y sutil,
confunde el ego con el Yo, glorifica lo prerracional como transracional, confunde la
autocomplacencia preconvencional con la sabiduría postconvencional y se aferra al ego
llamándole Dios. Yo les deseo lo mejor pero... ojalá consigan pronto la satisfacción de
sus deseos para que no tarden en descubrir lo insatisfactorios que son en realidad.

Éstos son, pues, a mi juicio, los principales obstáculos que impiden la emergencia de
un enfoque integral no dual: la visión descendente y chata del mundo y sus escuelas
meramente traslativas, los caminos exclusivamente ascendentes y su rechazo de este
mundo, el bypass espiritual (la supuesta suficiencia de Un Solo Sabor que deja a los
necios tal y como los encuentra) y el elevacionismo característico de la nueva era. Y, si
a todo esto añadimos la visión prevalente del mundo convencional general -que incluye
tanto al ateísmo liberal como al fundamentalismo mítico conservador-, existen una
media docena de obstáculos a la autorrealización integral, lo cual significa que el
Espíritu todavía no se ha cansado de este Juego Kósmico del escondite, porque parece
seguir queriendo ocultarse en los rincones más endiabladamente difíciles.

Jueves, 26 de junio

Ram Dass está mejor y existe cierta esperanza de recuperación. La última vez que le vi
fue en la fiesta del cincuenta cumpleaños de Roger. Frances y yo habíamos planeado esa
fiesta como nuestro presente a Roger -una persona realmente amorosa- por haber
cumplido medio siglo de vida y pensamos que lo mejor que podríamos ofrecerle era una
reunión que congregase a las personas que le quieren, una reunión que celebramos en el
Campton Place, cerca de Union Square, en San Francisco, y a la que asistieron más de
cincuenta personas, entre las que se hallaban Huston Smith, Stan y Christina Grof, Jack
Kornfield, Jim Fadiman, Miles Vich, Bryan Wittine, John O'Neil, Robert McDermott,
Keith Thompson, Philip Moffet, Ram Dass, etcétera.
Ram Dass y yo nos sentamos junto a Roger y Frances y él estaba lleno de vida, lleno
de Espíritu. Luego, cuando estaba en Nueva York, Frances envió un fax a casa de Tony
en el que decía «Ram Dass ha sufrido un ataque; su cuerpo está casi paralizado, no
puede moverse ni hablar». Frances está muy preocupada ya que, durante los últimos
años, ella y Roger han estado muy unidos a Ram Dass. Pero ahora parece que ya puede
hablar un poco y que, con unos dos años de terapia, podrá recuperarse bastante bien.
Rezo por él porque sé por experiencia propia que, no importa cuan fuerte y
aparentemente inquebrantable sea su realización espiritual, la vida puede mover
completamente el piso que nos sostiene cuando menos lo esperamos, o más
dolorosamente, cuando más lo esperamos.

Sábado, 28 de junio (Denver)

Ceno en Denver con dos de mis mejores amigos en la zona, Warren Bellows y Willy
Kent, y estoy triste porque están a punto de mudarse al condado de Sonoma, justo al
norte de San Francisco. Fue Treya quien me presentó a Warren, a quien había conocido
en Findhorn. En Gracia v coraje describo a Warren, la única persona ajena al núcleo
familiar que estuvo presente en el momento de su muerte. Warren y yo fuimos quienes
cuidamos de ella las últimas semanas y fue un auténtico regalo de Dios. Su amante
Willy es un médico muy interesante y les quiero mucho a ambos. Warren, que se dedica
a la acupuntura, está más orientado espiritualmente y Willy es el científico escéptico y,
como yo tengo una gran afinidad con ambos, siempre he disfrutado mucho de su
presencia. Jamás he tenido una experiencia homosexual, pero me siento muy cómodo en
la cultura gay, probablemente debido a su mayor sensibilidad estética, algo para lo que
los varones parecen estar más bien negados.

-¿De verdad te entristece el hecho de que se vayan -pregunta Marci.

-Claro que sí. ¿Por qué me preguntas eso?

-Ya sabes. Creo que deberías poner a cero tus ondas cerebrales y no preocuparte por
ello.

-La Vacuidad significa preocuparse más, no menos. Estoy muy triste.

-Sí, lo sé. Y estoy contenta de que sea así.

Lunes, 30 de junio

Vacuidad, pura y exclusiva Vacuidad, con un ligero asomo de beatitud luminosa. Así
es como se experimenta lo sutil cuando emerge de lo causal y así ha ocurrido esta
madrugada. Cuando el cuerpo ordinario emerge de esa beatitud luminosa y sutil, resulta
difícil decir, al comienzo, dónde se hallan exactamente los límites. Uno posee un cuerpo
y lo sabe, pero el cuerpo parece la totalidad del universo material. Entonces la
habitación va consolidándose lenta, muy lentamente y la conciencia va adaptándose a
las convenciones del reino ordinario que dictan que este cuerpo está dentro de esta
habitación. Así son las cosas, así es como funciona el proceso involutivo.
Pero la Vacuidad permanece, siempre.
JULIO

¡Mírame! ¡Soy Dios! ¡Date cuenta de que estoy en todas las cosas! ¡Mira! ¡Yo he
creado todas las cosas! ¡Mira! ¡Yo nunca aparto, ni apartaré, las manos de mis
criaturas! ¡Mira! ¡Yo soy quien lleva todas las cosas hasta su fin, por el mismo Poder,
Sabiduría y Amor con que las creé desde el instante sin comienzo! ¿Cómo podría existir
algo equivocado?

DAMA JULIANA DE NORWICH

Martes, 1 de julio

ANAMNESIS O E L PSICOANÁLISIS DE DIOS

Tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...


tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes... tirones, empujones, golpes...
tirones, empujones, golpes...

Deseo, deseo.
Hambre, sed, hambre.
Tragar, tragar.
Debo tener, debo tener, debo tener.
Acercarme, alejarme.
Miedo, miedo, miedo,
Enojo, rabia, explosión, tragar, atrapar ansiosamente, terror.

Veo, oigo y siento. No estoy solo, estoy junto a otros de mi misma sangre y todos
somos uno contra los demás.

La naturaleza duerme y se despierta con nosotros. A veces estamos muy contentos y


otras veces muy asustados ante este poder que nos trasciende. Hay muchas ocasiones en
que nuestro deseo no es lo suficientemente fuerte. La tierra, el aire, el fuego, el agua, no
siguen ningún curso, a veces nos ayudan y otras veces se vuelven contra nosotros.

La vida es corta y sigue el camino de la sangre sobre la tierra. Aquí también hay otros,
unos luminosos y otros oscuros. Los de mi sangre están conmigo y los demás no. La
muerte está con nosotros y matamos a los que no son de mi sangre.

La familia es de mi misma sangre y está con nosotros. Yo soy el cuarto de mi familia.


Dieciocho soles me han traído hasta aquí. Ahora la luna está imponiéndome la muerte.
La luna, la serpiente y el agua son uno.

Todo está conectado con todo. En la tierra no existe la menor separación. Tocar una
cosa es convertirse en esa cosa y comer una cosa es convertirse en esa cosa. Nosotros no
tocamos ni comemos las cosas de los demás. La vida está de este lado, del lado de
nuestra sangre. La muerte está del otro lado. Nosotros no tocamos al otro ni nos
comemos sus cosas. Ahora la luna está imponiéndome la muerte, porque la serpiente, la
luna y el agua son uno. Cuando la serpiente me mordió, la luna entró en mí y ahora la
muerte está entrando en mí.

Éstas son las cosas que me han enseñado los que saben. Mi sangre acabará
mezclándose con la tierra y sobrevivirá.

Matan al muchacho y a la muchacha, luego los asamos y nos los comemos, porque
ellos son de la Madre. La sangre pertenece a la Madre y a Ella se la ofrecemos y nos la
devuelve en forma de alimento.

Soy Tiamat, de la quinta casa, la que siembra las semillas que nos legaron nuestros
mayores en los días anteriores al comienzo del tiempo. Mi sangre es de la Madre, mis
huesos son de la Madre, los latidos de mi corazón son las llamadas de la Madre. Mi
cuerpo se mezcla con la tierra, que es la Madre.

Son pocos los que comprenden a la Madre. Ella es la Vida, su sangre nos da la vida. Es
a Ella a quien ofrecemos la sangre del muchacho y de la muchacha que nos hemos
comido, de otro modo las semillas no crecerán. Cada cuatro estaciones lunares hacemos
un sacrificio a la Madre, quien nos lo devuelve en forma de alimento. Si dejáramos de
hacer sacrificios, pereceríamos. Esto fue lo que me dijeron a mí, Tiamat, los mayores
que nos legaron las semillas en los días anteriores al comienzo del tiempo.

El padre de mi padre desciende del Creador, que no mora aquí sino en el cielo y cuyos
designios son inescrutables. Los sacerdotes de nuestras ciudades saben el modo de
establecer contacto con nuestro Padre, pero mi familia no les entiende. El padre de mi
padre sí lo sabía, porque eran semejantes, pero nosotros nos hemos olvidado. Pero eso
no importa porque nuestras vidas están en Sus manos. Hay muchos dioses y diosas pero
Él, sin que sepamos cómo, los gobierna a todos.
Los sacerdotes afirman que hubo un tiempo en el que nuestros antepasados se hallaban
junto al Creador, pero ocurrió algo terrible. Y es para regresar a ese tiempo anterior al
pecado que rezamos dos veces al día. Yo rezaba mucho pero, la última vez que lo hice,
mi hermana murió, de modo que debo estar haciendo muy mal las cosas. Mi tío dice que
debo rezar todavía más.

Estoy entrenándome para ser alfarero, porque soy muy bueno con las manos y veo las
cosas que tengo que hacer. Mi hermano era alfarero y mis otros hermanos se dedican a
arar la tierra. Una de mis hermanas murió y nadie me ha dicho lo que ocurrió con mi
otra hermana.

Somos muy afortunados, porque tenemos una casa muy sólida. Y esto es así porque el
padre de mi padre desciende del Creador. En la lucha a muerte que acabó con la toma de
la ciudad, nuestra familia luchó muy valientemente y por ello tenemos esta casa.

El día del sacrificio es el mejor, porque todo procede del Creador y ese día le
devolvemos algunos de los dones que nos ofrece. Mi familia sacrifica pájaros muy
hermosos que cría para esa ocasión. Existen ciertos rumores sobre lo que ocurre en el
templo, pero yo no me los creo. Nosotros sacrificamos pájaros. La sangre del pájaro
vuelve a la tierra. La sangre es la que nos da la vida, así que nosotros devolvemos la
sangre a la tierra. Comer una cosa es convertirse en esa cosa, de modo que, después de
que el sacerdote bendiga el pájaro, nosotros nos lo comemos, porque ahora los dioses
moran en él y es comida de los dioses. Así nos fortalecemos y los elementos nos dejan
tranquilos. Pero la última vez que recé por mi hermana, ella acabó muriendo, de modo
que debo estar haciendo muy mal las cosas.

Este mundo tiene un sentido y yo no dejo de luchar contra quienes quieren ocultar la
luz de la razón bajo el manto oscuro del engaño -ovnis, astrología, alquimia, viajes
astrales, misticismo oriental. ¡Menuda confusión!

La mayor parte de estas personas -normalmente bien intencionadas- no parece


comprender que están viviendo en un mundo relativamente seguro gracias a la ciencia
racional y sus frutos, la medicina, la odontología, la física, la producción, la abundancia
económica y la ampliación de la vida de los treinta a los setenta años, con lo cual acaban
serrando la misma rama que les sustenta. He sido ingeniero eléctrico durante más de tres
décadas porque es algo que funciona, es verificable y mejora las condiciones de la vida
humana. Existe un mundo real lleno de verdades reales y requiere mucho trabajo llegar
a descubrirlo. Uno no puede pasarse la vida contemplándose el ombligo y esperando
que aparezca algo que merezca la pena.

La fortaleza de la ciencia depende de su capacidad de actualizarse de continuo,


siempre y cuando, claro está, las fuerzas de lo irracional no acaben apoderándose del
hospital.

Tal vez no debiera enfadarme, pero lo hago. Desde que el año pasado murió mí hijo en
accidente de automóvil, las cosas han ido de mal en peor. Pero correr a refugiarme en
algún imaginario Dios ubicado en el cielo no sirve absolutamente para nada. Para bien o
para mal, los seres humanos somos los únicos dioses de la existencia, los únicos agentes
de la intención racional y de la buena voluntad y nadie más que nosotros podrá
salvarnos. Y si bien la Biblia tiene razón en que «la verdad os hará libres», la ciencia es
el único camino que puede ayudarnos a descubrir la verdad. ¿Acaso creen que existe
alguna otra alternativa?

No estoy muy angustiado aunque, de tanto en tanto, tengo dificultades para dormir.
Entonces paso la noche despierto en la oscuridad.

Cuando comprendí, por vez primera (siendo una niña de catorce años), que todas las
cosas están relacionadas con todas las demás, mi vida experimentó una transformación
radical. Más tarde supe que eso se llamaba holismo pero, en ese momento, lo único que
sabía era que todas las cosas estaban relacionadas con todas las demás. ¡Veinte años,
dos maridos, ningún hijo, tres trabajos y un National Book Award después sigo
creyendo firmemente lo mismo!

Mi libro A Re-Weave the Web constituye un relato detallado de esta visión holística
que no sólo se basa en los recientes descubrimientos revolucionarios de la ciencia (que,
por cierto, son tantos y tan excitantes, ya que van desde la teoría del caos hasta la física
cuántica, las teorías de la complejidad y el abordaje sistémico que llegan incluso a
marearme), sino que también se asienta en el holismo de los pueblos indígenas de todo
el mundo, que sabían todo esto antes de que la ciencia moderna lo redescubriera. ¡La
Gran Diosa ha regresado! ¡Gaia está viva! ¡Todas las cosas están relacionadas con todas
las demás!

¿No es maravilloso que la ciencia esté recién comprendiendo la visión holística


interrelacionada de la que llevo escribiendo desde hace tanto tiempo? Me consideran
una pionera. ¡De modo que, heme aquí, convertida en una especie de heroína! Me han
pedido que participe en tal mesa redonda, que escriba para ese otro periódico y que
acuda a aquel congreso. ¡Yo! ¡Imagínense!

Oh, por cierto, casi olvido decir que no son sólo las creencias indígenas las que
afirman todo esto sino que también lo hace el misticismo oriental. Todos dicen lo
mismo acerca de la «red-de-la-vida», todas las cosas están relacionadas con todas las
demás. No entiendo por qué los practicantes zen insisten en preguntarme si medito.
¿Acaso eso supondría alguna diferencia? ¿Acaso no basta con comprender que todo está
relacionado con todo? Unos lo hacen a su manera, que es la meditación, y yo a la mía,
que es el pensamiento holístico. Pero entonces replican que ésa no es más que una idea
y me piden que les muestre esa unidad. ¡Qué absurdo! La verdad es que, a veces,
pueden llegar a ser realmente desagradables.

Finalmente hicimos esa excursión a la montaña que tanto deseaba. Estábamos


locamente enamorados y no dejábamos de hacer bobadas, como un par de niños, pero
eso era lo que menos importaba. Durante una hora, John había cargado con la mochila
sin dejar de bromear diciendo que no entendía por qué tenía que llevar él la comida del
CEO* de Digital Data Corporation. Y yo le respondí, en el mismo tono, que ésa era
precisamente la función que deben desempeñar los esclavos del amor. Pero, antes de
terminar esa frase, desaparecí súbitamente y frente a mí sólo se hallaba el paisaje, John
y mi cuerpo..., pero yo no estaba..., quiero decir que no había ningún yo..., vaya, la
verdad es que me resulta muy difícil de describir. Yo era una con el paisaje, una con la
montaña, una con el cielo; era algo muy gozoso, pero también estaba un tanto asustada,
aunque de un modo muy pacífico, como si hubiera vuelto a casa. El lunes siguiente
volví a la oficina y no le conté nada a nadie. ¿Quién me hubiera creído en Digital Data
Corporation?

* Máximo responsable de una empresa que equivale, aproximadamente, a nuestro cargo de director general (N. deI 
T.). 

Eso nunca ha vuelto a sucederme. A veces he leído cosas parecidas, cosas a las que se
refieren con el nombre de unidad, conciencia cósmica y similares, pero lo cierto es que
ninguna de ellas parece ajustarse a lo que me ocurrió a mí. También he oído que hay
personas que pueden permanecer de continuo en este estado pero, como no lo he visto,
tengo muy serias dudas al respecto, porque creo que, en tal caso, perdería todo el
sentido de la orientación. Sin embargo, esa situación se esfumó tan aprisa como vino.
Cuanto más pienso en ello, más creo que pudo haberse tratado de algún tipo de ataque.
En aquel momento no me lo parecía, pero ahora esa idea no me parece tan descabellada.
¿De qué otra cosa podría, después de todo, tratarse?

Hace ya unos días que ocurrió pero fue tan intenso, apasionante y raro que todavía
puedo recordarlo como si estuviera sucediendo ahora mismo. Era cerca de la
medianoche y yo estaba sentada a solas en casa. Entonces fue cuando tuve la evidencia
de que no estaba sola. ¿Conocen esa sensación? Al comienzo me asusté mucho, pero
finalmente acopié el valor necesario para inspeccionar toda la casa. Luego regresé y la
sensación no tardó en desaparecer.

Era como si, de repente, una bola de fuego (porque lo cierto es que no se me ocurre
otro modo mejor de describirlo) se hubiera materializado delante de mí. Sé que esto
puede parecer una locura, pero les aseguro que nunca antes me había ocurrido nada
parecido y debo insistir también en que no soy una persona que sufra alucinaciones.
Pero no era algo realmente eléctrico porque, aunque me tomen por loca, les aseguro que
eso estaba vivo. Era, cómo decirlo..., era Amor. Era un fuego vivo de Amor y de Luz. Y
lo sé tan bien como que ahora estoy sentada aquí. Entonces eso, que se hallaba delante
de mí, se colocó sobre mi cabeza, luego detrás, de nuevo delante y otra vez encima de
mi cabeza. Y, saben, cuando se colocaba sobre mi cabeza toda mi columna empezaba a
vibrar y por ella ascendía una corriente que llegaba a la coronilla. ¡Una verdadera
locura! ¿eh? Pero, en cuanto supe que eso era Amor, desapareció, sencillamente
desapareció. Y, apenas se marchó, se apagaron todas las luces. Pero yo no me asusté
sino que, por el contrario, estaba muy segura, mucho más segura de lo que nunca he
estado.
A veces he oído hablar de esa luz que, según dicen, nos espera al final del túnel. La
única diferencia es que yo no estaba muerta. Pero sé perfectamente lo que sentí y tengo
muy claro que el Amor es algo que se encuentra fuera de mí. Desde que tuve esa
experiencia, siento todo mi cuerpo de un modo diferente. Y no sé bien cómo ha ocurrido
pero me duele la columna, como si hubiera metido los dedos en un enchufe. Y tampoco
sé bien cómo, pero sé que la verdad está fuera de aquí. En todo caso, desde entonces he
vuelto a rezar... como una forma de agradecimiento.

10

La naturaleza se retira ante Dios cuando la Luz encuentra su Morada. Eso es lo que
pienso cuando entro en esa extraordinaria inmensidad. Entro y asciendo, entro y
asciendo y, cuanto más entro, más asciendo hasta dejar de tener cualquier tipo de
sensación corporal. De hecho ni siquiera sé dónde está mi cuerpo, si es que acaso sigo
teniéndolo. Sólo sé que voy despojándome de capas de una beatitud luminosa, cada una
de ellas más suave y, sin embargo, también más fuerte, más luminosa; más brillante y, a
la vez, más tenue; más intensa pero, al mismo tiempo, más difícil de ver.

Por encima de todo, en este océano de beatitud y de amor estoy pleno. Estoy tan pleno
que me resulta imposible concebir siquiera la posibilidad de querer algo, de desear algo
o de aferrarme a algo. Y eso es tan infinitamente desbordante que me resulta imposible
contener nada más que lo que se halla presente. Estoy más allá de mí mismo, más allá
de este mundo, más allá del dolor, más allá del sufrimiento y más allá del yo. Sé que
ésta es la morada de Dios y que me hallo en Su Presencia. Es evidente que soy uno con
la Presencia, es evidente que soy uno con Dios, es evidente que soy uno con el Espíritu.
Nunca más querré nada, porque la inmensidad del infinito desborda de Gracia.

Los lindes de esa beatitud de amor están llenos de lágrimas muy tiernas, débiles
recordatorios de que lo mucho que he añorado esto, de lo desesperadamente que he
anhelado estar saturado hasta los bordes para, finalmente, alcanzar la plenitud y la
libertad. Año tras año añorando esto, vida tras vida buscándolo y gritando de dolor por
su ausencia. Eso es lo que me recuerdan las lágrimas tiernas que brotan en el borde del
infinito.

Ahora estoy seguro (porque lo he visto con los ojos de mi verdadera alma) de que
todas las cosas dimanan de esta Luz y de este Amor. Y ahora estoy también seguro
(porque lo he visto con los ojos de mi verdadera alma) de que todas las cosas acabarán
regresando a esa Luz y a ese Amor. Y vuelvo de ahí con un mensaje: La paz sea con
vosotros, hermanos y hermanas humanos; la paz sea con vosotros, hermanos y
hermanas animales; la paz sea con vosotros, hermanos y hermanas inanimados, porque
todo está bien, todo estuvo bien y todo estará bien. Ahora estoy seguro (porque lo he
visto con los ojos de mi verdadera alma) de que todos estamos hechos de la misma Luz
y del mismo Amor.

11

No sé decir cuánto tiempo fui Luz; tampoco sé cuánto tiempo existió la Forma ni
puedo decir cuánto tiempo he sido nada.
Del otro lado de la Luz se halla el Abismo; del otro lado del Amor se halla el Abismo.
No sé durante cuánto tiempo.

Recuerdo que una vez fui una piedra que experimentaba tirones, empujones y golpes.
Entonces vagué por el universo en un abandonado letargo y, a decir verdad, las cosas
nunca dejaron de ser divertidas. Recuerdo que una vez fui planta, luego animal y sed y
hambre, acercándome y alejándome de las formas de mi propia avidez. Fui de un lado a
otro impulsado por el hambre y escapando de la muerte y, a decir verdad, las cosas
nunca dejaron de ser divertidas.

Luego desperté como ser humano e ingresé en la escuela de mi propio devenir.


Primero rendí culto a mi aletargado yo en forma de otro. Así fui acercándome a mi
propia piel, la querida naturaleza, ora asombrado, ora temeroso, ora maravillado, ora
aterrado, ejecutando todo tipo de rituales en un intento de hacer frente al espanto de mi
propio sueño. Pero, a decir verdad, las cosas nunca dejaron de ser divertidas.

Recuerdo que, en otra ocasión (ya escasamente dormido) desperté como ser humano
que se buscaba en un otro celestial, en mi propia forma en tanto que misterio mítico. Y,
para apaciguar el miedo que evocaba mi letargo, sacrifiqué partes de mí mismo. Pero,
como usted puede comprender, en el caso de que hubiera despertado, el juego habría
concluido ahí mismo. Y, a decir verdad, las cosas nunca dejaron de ser divertidas.

No tardé en despertar como ser humano que, esforzándose en ser una luz para sí
mismo, comenzó a caminar a tientas el camino hacia la Luz que, en realidad, soy.
Luego, en un prodigioso salto hacia adelante, dejé de buscar afuera y desperté a la
conciencia de la luz. Después, en otro extraordinario paso hacia adelante, me volví hacia
dentro y comencé a experimentar los primeros síntomas de cansancio de todo ese juego,
porque ahora me hallaba ya en el camino que habría de conducirme hasta mí mismo. Y,
a decir verdad, aunque comenzaba a atisbar el fin del juego, las cosas nunca dejaron de
ser divertidas.

Cierto día, sentado a solas como mi otredad, me vi como una bola de Luz y Amor y
supe que el Gran Despertar se hallaba en mí.

En el siguiente paso en la escuela de mi propio devenir entré en Mí como Luz y Amor


y permanecí en el infinito. Y esto lo reconocí de inmediato con un susurro que abrazó
todo el espacio y un fogonazo de Luz que contenía la totalidad del tiempo.

Luego, el Abismo más allá de todos los más allás. Algunos le llaman la Libertad
radical, la Liberación infinita, la Liberación última, la gran Redención o el Ser
ilimitado. Yo no sabría cómo llamarlo, puesto que ahí no hay yo alguno que sepa, ni de
un modo sagrado ni de un modo profano, ya que lo único que permanece (por calificarlo
de algún modo) es una ausencia total de forma. No es la beatitud, ni Dios, ni el amor.
No es holístico, ni la Diosa, ni está relacionado con nada. No es infinito ni tampoco es
eterno. No es ningún concepto, ningún objeto ni tampoco es ningún estado. El Yo-Yo
no es la luz, ni el amor, ni el Espíritu. El Yo-Yo no está encadenado, no es libre, ni
ignorante, ni está liberado.

Lo único que podría decir es que donde no está esa Vacuidad, sólo existe el
sufrimiento.
Todo esto es lo que recuerdo del aprendizaje que he hecho hasta ahora. Todo esto me
ha enseñado la historia de mi propio descubrimiento. Todo esto es lo que afirmo a la
audiencia que me escucha, todo esto es lo que prometo a los demás, las distintas formas
que ha ido asumiendo mi propio dormitar. Porque esto es lo que los demás también
verán cuando despierten de su otredad, sacudan sus aletargados egos y regresen al
corazón de lo que son.

No sé decir, exactamente, cuánto tiempo fui Luz, tampoco sé cuánto tiempo existió la
Forma ni cuánto tiempo hace que he sido nada.

Del otro lado de la Luz, el Abismo; del otro lado del Amor, el Abismo. No sé cuánto
tiempo hace.

Pero sé que esta Vacuidad se derramará de nuevo y creará un Kosmos que volverá a
encarnarse en el mundo de la Forma y nacerá como el hijo de mi Conciencia.

12

El océano de la Vacuidad está rodeado por la beatitud.


Cuando el océano de la Vacuidad parpadea de compasión.
las iluminaciones sutiles pueblan el espacio de la
conciencia
y se funden en la conciencia como formas radiantes.
Un universo está cobrando forma,
está naciendo un universo.
Yo-yo exhala sus pautas más sutiles
que acaban cristalizando en las formas más densas
y originando todo tipo de objetos y procesos
que se precipitan en la oscuridad de la noche de la
conciencia,
emergiendo como un sol glorioso,
resplandeciente recordatorio de su fuente.
La aletargada Tierra, morada de los hijos del Espíritu.

13

Suena el teléfono y corro a descolgar.

-¿Dígame?

-Hola, soy Marci.

-Hola, preciosa. ¿Qué ocurre?

-Creo que deberíamos tomarnos unas vacaciones.

-Ya sabes que tengo mucho trabajo.


-Vamos, no pasará nada por dejarlo todo durante unos días.

-Muy bien. Nunca habíamos estado en South Beach y nos fuimos de vacaciones.
Ahora sí hemos estado y podríamos volver ¿Qué te parece?

-¡Sí!

Dos semanas después estamos nuevamente en South Beach (Miami). Y


zambulléndome y descansando en el océano descubro, en todas partes, vislumbres de
Un Solo Sabor.

Vacuidad, claridad y respeto son los nombres del momento presente, tal y como
emerge en este instante, y en éste y también en éste. Y el aspecto que asume este
instante es el del cuerpo del Buda, las manos de Cristo, el rostro de Krishna y los pechos
de la Diosa. Sé bien que todo ello está, de algún modo, ligado a una promesa que hice
desde lo más profundo de mi alma, no sé bien -ni tampoco importa- cómo, dónde ni
cuándo. Así son las cosas para quienes recuerdan el curso que ha seguido su propia
conciencia desde el mineral hasta el vegetal y el animal, desde la magia hasta el mito, el
dominio mental y el supramental, desde el cuerpo hasta el ego, el alma, la Vacuidad y
Un Solo Sabor. Porque, cuando uno regresa a Sí-Mismo, tiene la obligación de
transmitir, del mejor modo que sepa, lo que ha visto, lo que recuerda y lo que ha
descubierto en la escuela de su propio devenir.

Y, a decir verdad, las cosas nunca dejaron de ser divertidas.

14

Marci está nadando. Yo acabo mi Coca-Cola y mi bocadillo. Es mediodía, el cielo está


despejado, el océano es azul y las olas van y vienen empapando la arena blanca de la
playa.

Miércoles, 2 de julio

Leo durante toda la mañana, luego respondo a las llamadas telefónicas urgentes y paso
una hora desempaquetando y archivando el envío semanal de libros. Pero, en realidad,
quién necesita los libros. Las personas creen que el hecho de despertar significa
comprenderlo todo cuando, en realidad, significa todo lo contrario, no comprender nada.
Después de todo, se trata de un Misterio insondable, de un absurdo e interminable
balbuceo.

La iluminación no es la «omnisciencia» (el conocimiento de todo) sino la «a-sciencia»


(el no conocimiento), la liberación última de ese calambre que nos mantiene atados al
mundo de la forma cuando, en el fondo de nosotros mismos, nos hallamos más allá de
toda forma. No habría, pues, que hablar tanto de la nube del saber como de la nube del
no-saber, del conocimiento divino como de la ignorancia divina. Porque hay que decir
que el Vidente no puede ser visto, el Conocedor no puede ser conocido y el Testigo no
puede ser atestiguado. En el fondo de nuestro ser, no somos más que una inmersión en
la ignorancia divina, una inmensa Liberación de todas las cosas conocidas, vistas, oídas
y sentidas, una infinita Libertad que se halla del otro lado del conocimiento, la eternidad
que se halla del otro lado del tiempo.

Pero, en el mundo convencional, en el mundo relativo, el conocimiento es


absolutamente necesario y yo me alegro de desempaquetar esos libros y de tratar de
comunicarme a través de ellos, debido a ciertos votos y obligaciones que me
comprometí a cumplir en este mundo, meros ornamentos, en el fondo, de la conciencia
primordial, pautas que se reflejan en el espejo de la Vacuidad. Ken Wilber no es más
que una cicatriz en mi rostro Original, y esta mañana resulta tan fácil de sacudir como a
un molesto y diminuto insecto, y no tarda en desvanecerse en el espacio infinito que
constituye mi auténtica morada.

Pero esta inmensidad infinita se mueve a impulsos, entona las canciones de su propia
manifestación y celebra danzando su propia creación. De la nada más pura emerge
ahora, también ahora y para siempre ahora, este majestuoso mundo, un gesto y un
pestañeo del Abismo radiante. De modo que sigo desempaquetando los libros y
ocupándome de los asuntos pendientes.

Viernes, 4 de julio

Hoy he recibido una copia del Association of Transpersonal Psychology Newsletter,


en donde leo lo siguiente: «La American Medical Writers Association de Nueva
Inglaterra ha concedido su Award in Excellence in Medical Communication a Textbook
of Transpersonal Psychiatry and Psychology (Basic Books, 1996) de los psiquiatras
Bruce Scotton, Allan Chinen y John Battista».

Un premio merecido porque, a mi juicio, han hecho un trabajo excelente. Hace un


tiempo que me pidieron que prologara su libro y me alegré mucho de hacerlo. Pero
resultó que, cuando me senté a escribirlo, me pasé y, cincuenta páginas después, había
escrito lo que me parecía un artículo muy interesante pero un prólogo demasiado largo.
De modo que escribí otro artículo mucho más reducido de unas cuatro páginas y utilicé
el ensayo, al que titulé «La visión integral», como introducción a El ojo del Espíritu.
Así, todos hemos acabado sacando provecho de mi ineptitud.

Que el conservador establishment médico de Nueva Inglaterra haya concedido un


premio a un libro sobre psiquiatría espiritual y transpersonal me parece extraordinario,
realmente extraordinario. Porque el hecho es que la psiquiatría médica de este país
dictamina, mediante un acto político, qué estados de conciencia son «reales» y cuáles
son «patológicos», «enfermos» o «ilusorios». Y, por lo que parece, Dios está
comenzando a dejar de ser una enfermedad mental.

Sábado, 5 de julio

Tal vez convenga decir unas pocas palabras acerca de «Anamnesis». Se trata de un
trabajo en el que he pretendido describir cada uno de los principales niveles de la
conciencia en primera persona, desde dentro, desde el interior, desde el punto de vista
del «yo». La literatura académica nos obliga a hablar en el lenguaje objetivo del «ello»
y, en esta ocasión, he querido hacerlo en el lenguaje del «yo». (Es evidente que una de
las razones fundamentales por las cuales los escritores religiosos académicos se aferran
al lenguaje objetivo del «ello» es que, de ese modo, se ven liberados de la carga de tener
que transformar su conciencia (su yo). ¡Es como si, en lugar de viajar a las Bermudas,
se contentasen con leer libros sobre las Bermudas y discutir sobre ellos! Algo realmente
muy extraño.)

Para referirme a los niveles inferiores, he elaborado una serie de relatos cortos (hasta la
sección 9), tratando de describir el aspecto que asume el mundo desde cada uno de
ellos. A partir de ese nivel (desde la sección 10 a la 14) las referencias son
fenomenológicas, penetrando en los distintos estados y registrando la experiencia desde
ahí. Veamos ahora, puesto que normalmente utilizo diez grandes niveles de conciencia,
las correlaciones existentes:

• La sección 1 se refiere al mundo sensoriomotor (nivel 1), el mundo de la materia y de


la física. Sé perfectamente que mi abordaje no es muy imaginativo pero, en cualquier
caso, ahí está.

• La sección 2 tiene que ver con el mundo pránico o emocional-sexual (nivel 2). Y
aunque tampoco sea muy creativo, resulta bastante ilustrativo.

• La sección 3 representa el mundo mágico (nivel 3), la cognición mágico animista que
equipara los sujetos con los predicados que se le asemejan y las totalidades con las
partes, siguiendo las reglas de la condensación y el desplazamiento. En cierto modo,
podríamos decir que se trata de una de las más hermosas visiones del mundo. No
debemos olvidar, por otra parte, que las leyes de la metáfora (que equipara ítems que
comparten una individualidad semejante) y la metonimia (que equipara ítems que
comparten una comunalidad semejante) constituyen una de las principales raíces del
lenguaje y todavía siguen expresándose en el campo de la poesía. Resulta fácil en
advertir que éste es, precisamente, el punto en el que se confunden los románticos.

• Las secciones 4 y 5 representan el mundo mítico (nivel 4), al que he dividido en dos
partes, la mitología hortícola (sección 4), que suele ser matrifocal, y la mitología
agraria (sección 5), casi siempre patrifocal (patriarcal). Históricamente, el cambio de la
visión del mundo mágico/recolector previo a la visión del mundo mitológico/hortícola
tuvo lugar con el descubrimiento de la agricultura. En las sociedades hortícolas, el
cultivo se realiza con un simple palo de cavar o una azada de mano, de modo que los
requerimientos físicos son modestos y no impiden la participación de las mujeres
embarazadas (de hecho, el 80% de los alimentos de las sociedades hortícolas eran
producidos por las mujeres). Consecuentemente, en torno a un tercio de todas las
sociedades hortícolas tenían deidades exclusivamente femeninas (la Gran Madre), otro
tercio deidades masculinas y femeninas y el último tercio deidades exclusivamente
masculinas. (Si exceptuamos a unas pocas sociedades marítimas, las sociedades
orientadas hacia la Gran Madre se basaban en una modalidad hortícola de producción.)
El descubrimiento de los arados más grandes y pesados tirados por animales que abrió
las puertas a una masificación del cultivo exigía, sin embargo, un trabajo físicamente
más duro y pesado (en el que las mujeres tenían una tasa significativamente más elevada
de abortos, de modo que el hecho de no arar suponía una ventaja evolutiva en el sentido
darwiniano del término). En consecuencia, casi toda la producción de alimentos de las
sociedades agrarias era llevada a cabo por varones, por lo cual no es de extrañar que el
90% de ellas tuvieran deidades predominantemente masculinas.

El rasgo más notable de las sociedades hortícolas matrifocales tal vez fuera la práctica
esporádica de los sacrificios humanos. La Gran Madre Tierra exigía sangre para que las
nuevas cosechas prosperasen y, como han documentado eruditos como Joseph
Campbell, «la furia del sacrificio» jalonó la aparición de muchas sociedades hortícolas
matrifocales en todo el mundo (empezando en torno al 10.000 a.C). Y aunque, en
algunos casos, el sacrificio se intensificó en las culturas posteriores, parece cierto que
comenzó aquí. Para mi ejemplo, he utilizado un gráfico y bien documentado caso que
nos ha proporcionado el mismo Campbell, en el que se sacrifica a un joven y una
muchacha mientras están copulando y cuyos cuerpos se ven posteriormente asados y
devorados por la comunidad, en un rito sangriento típico de toda religión de la Gran
Madre.

La aparición de las sociedades agrarias patrifocales se vio, a menudo, jalonada por la


interrupción brusca de los sacrificios humanos, cuyos temas, sin embargo, perduraron
de un modo meramente simbólico (como ocurre, por ejemplo, en la misa católica:
«Tomad y comed todos, porque Éste es mi cuerpo. Tomad y bebed todos, porque Ésta
es mi sangre»). Las religiones mítico-patriarcales se consideraban a sí mismas más
éticas que las paganas anteriores que rendían culto a la tierra debido, fundamentalmente,
a la prohibición de los sacrificios humanos.

La psicología junguiana suele confundir el nivel mítico con los dominios


transracionales y espirituales. Pero lo cierto es que, por más que posea su propia belleza,
no es transracional sino prerracional. Por otra parte, todavía disponemos de la
posibilidad de acceder a esos niveles tempranos que, cuando son adecuadamente
subsumidos, nos proporcionan una gran vitalidad y riqueza imaginativa. Pero quiero
subrayar que ni la mitología hortícola ni la agraria -ni ningún tipo de mitología, en
general- puede proporcionarnos una guía transracional y espiritual para el mundo
moderno y postmoderno.

• La sección 6 representa el mundo racional (nivel 5). El perspectivismo y el


pluralismo racional van acompañados de un incremento tan notable de lo bueno, de lo
verdadero y de lo bello y conllevan tal aumento de comprensión que no resulta nada
extraño que casi inmediatamente fuera calificado con el epíteto de «Ilustración». Pero la
racionalidad también suele ir acompañada de hubris y, de vez en cuando, aparece la
tragedia y con ella el remordimiento.

• La sección 7 representa la visión-lógica, la visión aperspectivista-integral del mundo


(nivel 6). En esta historia entré un poco a saco porque traté de reflejar la euforia típica
del paradigma de la nueva era que toma las verdades importantes de la visión-lógica y el
holismo pero acaba confundiéndolas. Porque hay que insistir en que la teoría sistémica
no está descubriendo la misma «red-de-la-vida» que nos brinda la visión mágica del
mundo (los teóricos sistémicos, dicho de otro modo, no creen que el volcán esté
entrando en erupción porque se haya enfadado personalmente con ellos); el pensamiento
holístico no es lo mismo que la contemplación oriental (puesto que aquél es mental,
mientras que ésta es supramental), y Gaia no es lo mismo que la Diosa (ya que aquélla
es finita, mientras que ésta es infinita). Hablando en términos generales, la protagonista
de esta historia está presa de las falacias que tan a menudo impregnan la agenda del
paradigma de la nueva era, un holismo chato (exclusivamente de la Mano Derecha),
retrorromántico, puramente descendente y biocéntrico que incurre en numerosas falacias
pre/trans. [Yo le llamo el «paradigma 415» porque tuvo su epicentro en el área de la
bahía de San Francisco, en instituciones como el CUS. Yo he sido un agudo crítico del
«paradigma 415» y muchos de sus acólitos han respondido con vehemencia a mis
comentarios. Ver la entrada correspondiente al 25 de septiembre para una crítica más
elaborada de esta visión.] En cualquier caso, la visión del mundo correspondiente a este
nivel es la visión-lógica y la aperspectivisla integral.

• La sección 8 representa un tipo de experiencia propia del nivel psíquico (nivel 7);
más concretamente, un ejemplo típico de conciencia cósmica, la sensación fugaz de
unidad con todo el reino ordinario. Adviértase que esta experiencia no es permanente y
que no implica la presencia de los dominios sutiles o causales superiores o, dicho en
otras palabras, que se trata de un caso típico de misticismo natural. Hablando en
términos generales, éste es el tipo más elevado de misticismo reconocido por los
ecólogos profundos, los ecopsicólogos, los neopaganos, las ecofeministas, los Gaiasofos
y los adoradores de la Gran Madre, aunque constituya la más baja de todas las esferas
místicas, la esfera del Alma del Mundo o del Yo Econoético. Pero, a pesar de ello, se
trata de una dimensión profunda y poderosa de la conciencia, de un vislumbre que
puede transformar toda una vida. El tono de la experiencia del nivel psíquico (del
misticismo natural) casi siempre es de una reverencia absoluta, una sensación del temor
hacia la existencia e insignificancia de los seres humanos, en general, y de uno mismo,
en particular.

• La sección 9 representa otro tipo de experiencia propia del nivel psíquico (nivel 7)
que suele presentarse en el camino del chamán/yogui y que se caracteriza por el
despertar de las corrientes psíquicas conocidas con el nombre de kundalini. Estas
corrientes empiezan en el cuerpo etérico (el cuerpo emocional-sexual), pero
normalmente se tornan conscientes (como ocurre en esta historia) en el nivel psíquico y
perduran durante el nivel sutil. El protagonista de nuestro relato experimenta un
despertar de kundalini e, incapaz de contenerlo, lo interpreta como algo externo, que
sólo muy lentamente va reintegrando en las corrientes de su propio cuerpomente. Este
tipo de experiencia psíquica suele representar la puerta de acceso al nivel siguiente, el
nivel sutil y, en el kundalini yoga, el practicante sigue el camino de estas corrientes
corporales hasta su fuente en el sahasrara, el resplandor luminoso que se encuentra en y
más allá de la coronilla (epítome del nivel sutil superior).

Habitualmente, el tono de estas experiencias comienza siendo reverencial (cuando la


fuerza sagrada se ve externalizada como un Gran Otro) y acaba convirtiéndose en una
fuente de fortaleza y poder (cuando la fuerza sagrada se interpreta como una corriente
interna del propio cuerpomente). Tradicionalmente se dice que, en este nivel, existe la
posibilidad de utilizar inadecuadamente el poder, en una especie de movimiento tipo
Darth Vader o Castañeda.

• La sección 10 representa una experiencia típica del nivel sutil (nivel 8), propia del
camino del santo. En ella, el reino ordinario queda provisionalmente muy atrás, tanto
que normalmente ni siquiera se reconoce. En esta experiencia, las corrientes de energía
del cuerpomente regresan a su origen en el nivel sutil (y especialmente al sahasrara, la
Luz y Beatitud infinitas que se hallan por encima del nivel ordinario, una posición
«santa» que a menudo se representa en forma de un halo luminoso en torno a la cabeza
del sujeto que la experimenta). En este tipo de meditación, la sensación siempre se
encuentra «en y por encima» del sujeto, pero no en un sentido metafórico sino literal. La
Luz y Beatitud infinitamente Superior es directamente experimentada como tal. Se trata
de la Forma de la Deidad, de la Estructura más profunda de uno mismo propia del
Sambhogakaya, el asiento del misticismo teísta en donde el alma se une a Dios.

El tono de estas experiencias es normalmente extático, visionario, apocalíptico,


pacífico y profético.

• La sección 11 representa el nivel causal (nivel 9) del que habla el camino del sabio.
Se trata del hogar (la fuente raíz) del Testigo, de la conciencia sin objeto, de la cesación
pura, del nirvana y el nirvikalpa clásico, del ayn, de lo no manifestado, de lo Sin Forma,
del gran No Nacido, de la Deidad, del Urgrund, del Dharmakaya y de la Vacuidad pura.
El nivel psíquico implica la comunión del alma con Dios, el sutil implica la unión del
alma con Dios y el causal implica la identidad entre el alma y Dios en la Divinidad. Es
decir, cuando la conciencia asciende al infinito de la Luz sutil y de la Beatitud Superior
(que es el reino sutil) «cae», en algún punto, en el Núcleo causal en el que toda
sensación de identidad separada acaba finalmente desvaneciéndose en la Vacuidad
radical, en nirguna Brahman o en la Divinidad incualificable. (Creo innecesario decir,
por otra parte, que no debemos confundir el núcleo causal con el chakra del corazón,
que es el centro de energía del amor propio del nivel sutil, ya que aquél es la Vacuidad
pura, el bodhicitta absoluto, mientras que éste, por su parte, es la compasión, el
bodhicitta relativo; cf. Sri Ramana Maharshi.)

En todos los estados místicos inferiores siempre existe la sensación de entrar o salir del
estado, la sensación de que se trata de algo diferente (ver la Luz, sentir el Amor,
conocer a Dios, encontrar la paz, etcétera). Pero, en algún punto de estas corrientes
ascendentes o descendentes que son todas experiencias propias de los niveles ordinario
o sutil aparece el Testigo de todo lo que ocurre y uno deja de moverse en busca de
experiencias del tipo que fueren. Entonces uno sale de la línea del ascenso y del
descenso (que, en sí mismo, es el samsara) y permanece Libre como el Corazón que
atestigua. Entonces, en lugar de ir detrás de los objetos sagrados o profanos, altos o
bajos, terrenales o celestiales, uno simplemente descansa como mente en la que se
reflejan ecuánimemente todos los objetos. Uno ya no sigue ascendiendo a la Luz infinita
ni bajando a la Vitalidad inferior, sino que se limita a testimoniar todos y cada uno de
los movimientos. Es una salida del Gran Círculo del ascenso (Eros) y del descenso
(Agape), y aunque ambos movimientos se vean abrazados por igual por el Testigo, ya
no siguen motivando a la conciencia. En tanto que conciencia -en tanto que Testigo
vacío- uno es el Motor inmóvil.

Los centros de la vida ordinaria-vital (es decir, los chakras inferiores) son, por sí
mismos, una condensación de la Luz sutil superior (el chakra más elevado, el
sahasrara), que no es más que el reflejo manifiesto de lo No Manifestado
resplandeciendo por el poder del Corazón causal, aunque éste, en sí mismo, no sea la
Luz (ni cualquier otra cualidad manifiesta). Dicho en otras palabras, todas las corrientes
ascendentes y descendentes tienen su última fuente en el Corazón causal que no es
ninguna de esas corrientes, razón por la cual el Testigo puede atestiguar con
ecuanimidad toda manifestación, al tiempo que permanecer ajeno a todo el despliegue.
(El Testigo, sin embargo, constituye el último vestigio de separación, de yo y de
dualidad en forma de crispación y separación entre el Testigo y lo atestiguado, entre lo
no manifestado y lo manifestado, entre el nirvana y el samsara, entre la Vacuidad y la
forma, una dualidad que sólo termina desvaneciéndose cuando el Testigo causal se
disuelve en Un Solo Sabor no dual, en donde la Vacuidad abraza toda Forma, el nirvana
y el samsara no son dos y el Testigo se funde con todo lo que atestigua.)

Yo elegí, en esta sección, incluir un conjunto de estadios pasados del crecimiento. Del
mismo modo que un individuo que vive una experiencia de aproximación a la muerte
puede «revivir» su vida entera, en la muerte causal uno también puede «revivir» el
despliegue de la historia cósmica, la historia de su Yo más profundo. (Fue una
experiencia de este tipo, a la edad de veintisiete años, la que sirvió de base a Después
del Edén). Esta «revisión» no tiene lugar en el nivel causal -porque nada existe en él-,
sino, más bien, del otro lado de él (entrando o saliendo de él).

El tono del nivel causal es pétreo, en el sentido de que es firme e inconmovible, como
una gran montaña de lo no manifestado; pero también proporciona una gran sensación
de inmensidad, libertad, amplitud, espacio, apertura y liberación. Además -y esto
resulta bastante más difícil de transmitir- ninguna de esas «experiencias» parece ser una
experiencia. Las experiencias aparecen y desaparecen, pero el Espejo vacío es el
inmenso espacio en el que van y vienen todas las experiencias, algo que trasciende con
mucho lo experiencial.

• La sección 12 representa el descenso del plano causal al sutil o el principio de la


involución, de la emanación o de la manifestación. Las secciones 1 a 11 representan la
historia del proceso de ascenso o evolución de la conciencia, desde la materia hasta el
cuerpo, la mente, el alma y el espíritu causal. Pero una vez que la conciencia retorna a
su origen en el Corazón causal, puede emprender conscientemente el proceso
descendente o involutivo que conduce desde el Espíritu hasta el alma, la mente, el
cuerpo y la materia. Obviamente, esté ciclo se halla continuamente sometido a todo tipo
de variaciones y discurre de un modo completamente anidado (hasta el punto de que no
estaríamos equivocados si dijéramos que la evolución y la involución tienen lugar en
cada respiración y hasta en cada nanosegundo. Lo único que ocurre es que, en el
momento del retorno al Corazón causal, todo el ciclo puede advertirse de manera
consciente y deliberada, lo cual contribuye a comprender y desarticular su poder
fascinante).

• Las secciones 12 y 14 representan una versión muy limitada de la historia involutiva


desde la perspectiva de este cuerpomente concreto (es decir, de Ken Wilber).

La mayor parte de las personas «experimenta» esta transición cada noche cuando pasa
del sueño profundo (una versión del nivel causal) al estado de sueño (una versión del
nivel sutil), pero no pueden recordarlo. Uno de los objetivos de la meditación consiste
en tornar conscientes todas estas transiciones y, de ese modo, tornarse transparente a la
Fuente de todo movimiento.

• La sección 13 representa la continuación del proceso de descenso que va desde el


nivel sutil hasta el nivel ordinario y completa, de ese modo, el círculo completo de la
evolución y de la involución (lo que Plotino denominó flujo y reflujo). En el momento
en que la conciencia se mantiene constante a través de los tres reinos o estados
principales (causal, sutil y ordinario), en los arcos ascendente y descendente, la
Condición Única, el Único Sabor de todos los reinos se torna estremecedora y
absolutamente evidente.

El tono de Un Solo Sabor -y el camino del siddha- suele ser descrito de dos modos
diferentes que pueden generar alguna que otra confusión. El primero es un tono de
absoluto tedio, un enorme bostezo ante el mundo. La razón es que, dado que Un Solo
Sabor es el sabor de todo lo existente, degustando Un Solo Sabor uno lo degusta
absolutamente todo. Estar ahí y ver Eso. Es por ello que en el budismo dzogchen, por
ejemplo, suele representar tradicionalmente la figura del adepto como alguien
infinitamente aburrido.

El segundo es un tono irrespetuoso, como una especie de asno sabio y ciertamente


irreverente. Cuando le preguntaron a Bodhidharma acerca de la naturaleza de la
realidad, respondió: «Inmensa Vacuidad, nada santo, nada sagrado». Nada, en otras
palabras, de lo que no podamos burlarnos. Cuando todas las cosas son vistas como el
mismo Espíritu, no cabe espacio alguno para la piedad. La imagen del chamán/yogui del
nivel psíquico representa el poder, la del santo del nivel sutil, por su parte, ilustra el
resplandor y la paz, la del sabio del nivel causal representa la ecuanimidad
imperturbable y la del siddha no dual, por último, se caracteriza por el humor ilimitado.
Entonces es cuando uno recupera la sonrisa y la alegría se refleja en todos sus actos.

Creo innecesario puntualizar que con ello no estoy diciendo que todo el mundo que
posea sentido del humor esté establecido en Un Solo Sabor (porque el humor suele girar
en torno al nivel del ego), lo único que digo es que, cuando nada es sagrado, todo puede
tomarse muy a la ligera.

• Ambos tonos se caracterizan por una implacable ordinariez que no resulta, en suma,
nada especial. Eso, precisamente, es todo, nada más (sección 14).

Domingo, 6 de julio

Phil Jacobson -cuyo nombre completo es Philip Rubinov Jacobson, un viejo y


honorable nombre ruso-judío- acaba de regresar de Viena, en donde ha pasado un mes
con Ernst Fuchs, creador de la escuela del realismo fantástico de Viena y heredero
artístico de Salvador Dalí. El hecho de que yo haya escrito bastante ampliamente sobre
arte y estética ha llevado a artistas de todo el mundo a mandarme dossiers de su obra y
solicitar mi ayuda para promocionarles, de modo que, durante un tiempo, estuve
pensado en que un buen modo de comenzar era crear una especie de centro de
información, de museo moderno del arte transpersonal o espiritual. En nuestra opinión,
Phil sería un buen coordinador de este proyecto, pero no sabíamos dónde ubicarlo y
cómo ponerlo en marcha.

Pero resulta que Fuchs también estuvo pensando en un museo de arte espiritual y,
cuando Phil le mencionó nuestra idea, se entusiasmó tanto que inmediatamente compró
un edificio. Actualmente, Fuchs está buscando un castillo que pueda servir de taller,
mientras que el edificio de Viena alojará los archivos, la administración, etcétera.
Dentro de medio año, Phil volverá a Viena para poner en marcha el museo y luego
regresará a los Estados Unidos para hacer lo mismo en nuestro país, dividiendo su
tiempo entre Europa y los Estados Unidos.

La casa de Viena es un hermoso y espacioso palacio barroco y, según dicen, piensan


comprar el castillo de verano de Francisco José. Estoy asombrado. Si la cosa funciona -
y parece que va a funcionar- podría ser un auténtico regalo para los artistas
transpersonales de todo el mundo.1

1. En el momento en que este libro ve la luz, el proyecto del Transpersonal and Spiritual Art Museum sigue adelante.
Quienes se hallen interesados en él pueden escribir a Shambhala Publications a la atención de Phil Jacobson.

Martes, 8 de julio

La lluvia está formando un gran charco en la terraza. Todo flota en la Vacuidad, en la


Transparencia pura, sin que haya nadie para contemplarlo. Si hay un yo, eso es todo lo
que aparece en este instante, y en este otro y también en éste. Aquí, donde nunca pasa
nada, mis pulmones son el cielo, las montañas mis dientes, las esponjosas nubes mi piel,
el trueno el latido de mi corazón en lo atemporal y la lluvia las lágrimas de nuestra
condición colectiva.

Miércoles, 9 de julio

Hoy han venido a visitarme Sam y su hija Sara. Resulta asombroso ver cómo una niña
que conoces desde que era pequeña se convierte súbitamente en una mujer. Ahora tiene
dieciocho años y es verdaderamente hermosa. Es una persona muy inteligente, tiene un
intelecto muy despierto y perspicaz y quiere graduarse en filosofía.

-Sara quiere hablar contigo sobre la universidad que más pudiera interesarle.

-Sí -agregó ella-. Estoy pensando en un lugar como el Sarah Lawrence, Brown, Canadá
o cualquier otro país.

-Lamento decirte que mi generación ha convertido la enseñanza de las humanidades en


los Estados Unidos en una trampa muy cenagosa. El clima prevalente al respecto es el
postmodernismo extremo que, como sabéis, aboca al nihilismo y el narcisismo o, dicho
en otras palabras, a no creer en nada más que en uno mismo. Muchos de los textos
actuales de humanidades han sido escritos por baby boomers que tratan de demostrar su
superioridad moral condenando todas las obras de arte, ciencia, literatura y filosofía que
les precedieron. Es por ello que, con demasiada frecuencia, el ámbito de los estudios
culturales ha terminado convirtiéndose en una especie de terapia de autoestima, una
forma de auspiciarse a sí mismos a expensas de quienes les precedieron.

Sé que éstas son palabras muy duras, pero acabo de recordar un reciente artículo en
lingua franca: The Review of Academic Life, escrito por el profesor Frank Lentricchia,
en el que habla de la epidemia nihilista y narcisista que hoy arrasa los departamentos
literarios y culturales de las universidades de nuestro país y que, en su opinión, parece
«emerger de la sensación de que uno es moralmente superior a los escritores de los que
uno está hablando», una actitud prosigue- que se convierte en una especie de «pozo
negro que los críticos literarios dicen ofrecer para beneficio de la humanidad». Luego
agrega que «el mensaje fundamental es muy hipócrita y suele asumir la siguiente forma:
«T.S. Eliot es homófobo y yo no, por consiguiente, yo soy mejor persona que Eliot»,
algo a lo que habría que responder diciendo: «Pero T.S. Eliot era un auténtico escritor y
usted no». Poco debe, pues, extrañarnos que Lentricchia concluya del siguiente modo su
estudio acerca del estado actual de las humanidades en los Estados Unidos: «Resulta
imposible exagerar la epidemia de inflación heroica que aqueja a la literatura académica
y a la crítica literaria de nuestro país».

-¿Existe algún aspecto positivo en los movimientos postmodernos? -preguntó Sara.

-Obviamente -respondí- Mi crítica sólo es aplicable a las posturas radicales. Porque


debo decir que, en mi opinión, el postmodernismo ha formulado tres verdades
sumamente importantes: el constructivismo, el contextualismo y el pluralismo. El
constructivismo afirma que el mundo que percibimos no nos viene dado sino que es
parcialmente construido por nosotros. Muchas -aunque no, obviamente, todas- de las
cosas que anteriormente considerábamos como datos universales se han revelado social
e históricamente construidas y, en consecuencia, varían de una cultura a otra. El
contextualismo, por su parte, sostiene que todo significado depende del contexto. La
palabra «corteza», por ejemplo, significa cosas completamente diferentes en la frase «la
corteza de un perro» que en la frase «la corteza de un árbol» y el único modo de
determinar el verdadero significado depende de la consideración del contexto. Así pues,
nosotros no percibimos el mundo sino que lo interpretamos, lo cual justifica la
extraordinaria importancia que desempeña la interpretación (también llamada
hermenéutica) en nuestra comprensión del mundo. El pluralismo, por último, afirma la
existencia de múltiples contextos y que, puesto que los significados y las
interpretaciones dependen del contexto, nuestra búsqueda de la comprensión no debería
privilegiar ninguno de ellos (una visión que también ha sido denominada
aperspectivista-integral, visión-lógica o visión lógica reticular).

Éstas son las tres grandes verdades que nos han aportado los diversos movimientos
postmodernos, tres verdades, por otra parte, que yo también sostengo, por lo que en este
sentido, me declaro abiertamente postmoderno. El problema, como ocurre con cualquier
movimiento, es que uno puede tomar estas verdades y sacarlas de quicio, momento en el
que se tornan autocontradictorias. Quiero decir que el postmodernismo extremo no se
limita a decir que algunas verdades sean socialmente construidas y relativas, sino que
todas las verdades lo son y que no existe ningún tipo de verdad universal. Lo curioso es
que, al mismo tiempo, ellos reclaman la universalidad de su verdad, eximiéndose de las
acusaciones que imputan a los demás, con lo cual revelan el narcisismo implícito en su
visión nihilista.

-Ya veo -apostilla Sara-. No se trata, pues, de que debamos evitar tanto el
postmodernismo como el postmodernismo extremo.

-Esa, al menos, es mi opinión. Desgraciadamente, los extremistas monopolizan los


departamentos de humanidades de casi todas las universidades de nuestro país. Otro
reciente artículo, esta vez escrito por Richard A. Posner en The New Republic, dice lo
siguiente: «La izquierda postmoderna se define por su oposición a los valores, las
creencias y la cultura de "Occidente" concebidos en términos de supremacía de los
varones blancos heterosexuales no discapacitados de origen europeo y sus "imitadores"
de Oriente Próximo y Lejano, como los japoneses ("arios honorarios", en opinión de
Hitler) y los judíos. La izquierda postmoderna es multicultural y radical, pero es más,
porque el "Occidente" que denigra no es históricamente concreto sino que engloba el
liberalismo, el capitalismo, el individualismo, la Ilustración, la lógica, la ciencia, los
valores asociados a la tradición judeocristiana, el concepto de valor personal y la
posibilidad del conocimiento objetivo». Dicho en otras palabras, una negación nihilista
de todo lo que no sean sus propios valores, el nihilismo y el narcisismo. Y su
melancólica conclusión es la siguiente: «Las universidades de los Estados Unidos
constituyen el último baluarte de la izquierda postmoderna».

-¿Dónde, pues, podría conseguir una buena educación en humanidades? -preguntó


Sara, notoriamente interesada.

-La verdad es que un buen profesor puede convertir casi cualquier universidad en una
experiencia que merezca la pena. Y en nuestro país hay muy buenos profesores, de
modo que tendrás que considerar atentamente la oferta de que dispones.

-He pensado en varias universidades del Canadá, como la de Victoria, por ejemplo.

-En último caso, siempre quedarán Cambridge y Oxford -apostilló Sam.

-¿Tú qué piensas, Sara?

-Este año visitaré Londres, de modo que tendré la ocasión de comprobarlo.

-La gran ventaja de un lugar como Oxford o Cambridge es que siempre puedes
participar en el diseño y la elaboración de tu propio plan de estudios y convertirlo en
una auténtica educación multicultural, estudiando lo mejor de Oriente, de Occidente, del
Norte y del Sur, sin quedar atrapada en programas determinados ideológicamente o en
las simplezas de postmodernismo extremo. Porque, aunque nuestro país esté
moviéndose en esa dirección, las cosas, sin embargo, discurren muy lentamente.

Jueves, 10 de julio

Sam está poniendo a punto un proyecto -en el que, por cierto, colaboro -que me parece
excepcional. Se trata de una serie de seis documentales de una hora de duración -cada
uno de los cuales presenta a una persona que peregrina a un determinado centro
religioso (Sri Lanka para el hinduismo, Bodhgaya para el budismo, Groenlandia para
los esquimales inuit, Konya para los derviches islámicos, Australia para los aborígenes
y Jerusalén para el cristianismo, el judaismo y el islam)- que llevan el título genérico de
Pilgrimage. Se trata de una serie que se distribuirá por todo el mundo a través de las
diversas televisiones, satélite, cable y circuitos comerciales.

Rudy Wulitzer es el guionista y Philip Glass se ha comprometido a componer la


música de esta serie que tratará de evitar el «turismo antropológico» característico del
National Geographic y buscará, en cambio, una adecuada combinación entre el
peregrinaje subjetivo y el peregrinaje objetivo. De este modo, mientras vaya
acercándose a su particular santuario, cada uno de los participantes de la serie
compartirá con el espectador sus expectativas, sus temores, sus deseos y sus
preocupaciones. La serie tratará también de combinar el reportaje fotográfico del lugar
concreto con un relato muy personal de la búsqueda espiritual y, por encima de todo, no
presentará a las distintas tradiciones como una reliquia del pasado, sino como una
invitación a emprender una auténtica práctica espiritual y, de ese modo, abrir las puertas
a un mañana mejor.

Viernes, 11 de julio

Hoy hemos celebrado en casa una fiesta para Alex Grey a la que han asistido Marci,
Sam, Sara, Tammi, Kate, Phil, Alex y muchos más. Alex es una persona muy notable,
no tanto por ser un pintor brillante y muy innovador, sino también porque tiene un
corazón de oro y una gran bondad que no refleja tanto debilidad como fortaleza.
Además, también posee la curiosa habilidad (extraña, por cierto, en un tiempo como el
nuestro, tan dominado por la ironía) de saber aprobar a los demás.

Yo sabía que Alex llevaba un tiempo trabajando en un libro de arte, pero me


sorprendió publicando otro que iba acompañado de muchas de sus extraordinarias obras
de arte. Sam le hizo una oferta para publicar ambos libros a la vez y Alex se quedó tan
estupefacto que apenas podía hablar.

Me alegro mucho por él. Creo que no tardará en recibir el reconocimiento


internacional que se merece. Ojalá todas las fiestas fueran tan divertidas y
recompensantes.

Sábado, 12 de julio

En el Naropa se va a celebrar un encuentro que tratará del tema de la ecopsicología,


una disciplina muy interesante que, entre otras cosas, trata de sanar la disociación
existente entre el sujeto conocedor y la naturaleza objetiva conocida; busca el modo de
acabar con el antropocentrismo; aspira a proteger el medio ambiente (pero no como un
«Otro», sino como parte de nuestro Yo más profundo); considera que la neurosis
humana constituye una de las consecuencias de la (evitable) fragmentación entre el
organismo y el medio ambiente y, por tanto, busca el modo de curar la mayor parte de
nuestras enfermedades sanando la escisión existente entre el ser humano y la naturaleza.

Estos son los grandes beneficios de la ecopsicología. Pero lo cierto es que me preocupa
que la ecopsicología, en su intento por convertirse en un enfoque verdaderamente
holístico, suele caer -como bien señala Michael Zimmerman [ver la entrada
correspondiente al día 11 de mayo]- en una visión del mundo chato meramente
descendente (u «holismo chato»). Trataré ahora de resumir mis preocupaciones a este
respecto (preocupaciones que, dicho sea de paso, también son imputables a casi todas
las formas de ecología, como la ecofilosofía profunda, el ecofeminismo, el
neopaganismo, la neoastrología y la ecopsicología).

1. En el mejor de los casos, la ecopsicología se ocupa del Alma del Mundo, de Gaia o del Yo
Econoético, llamémosle como le llamemos (nivel 7), o, dicho en otras palabras, del misticismo
natural propio del dominio ordinario, pero soslaya los misticismos teísta, sin forma e integral
propios de los dominios sutil, causal y no dual, respectivamente. (Los budistas que se sientan
atraídos por la ecopsicología harían bien en recordar que esta disciplina sólo se ocupa del
Nirmanakaya y no tiene para nada en cuenta el Sambhogakaya, el Dharmakaya y el
Svabhavikakaya.)

2. Aun en el caso de que la ecopsicología se ocupe del Alma del Mundo o del Yo Econoético,
suele caer en la falacia pre/trans y acabar confundiendo la biosfera (nivel 2) con el Alma del
Mundo (nivel 7). En este sentido, no parece entender que el Alma del Mundo transciende la
fisiosfera (materia), la biosfera (vida) y la noosfera (mente) y que precisamente por ello puede
incluirlas e integrarlas. Se trata, en suma, de un intento que suele reducirlo todo a la biosfera y
al que muchos críticos han calificado de ecofascismo.

3. Pero el hecho es que los pocos ecopsicólogos que comprenden la naturaleza real del Alma
del Mundo suelen carecer de una tecnología de transformación interior, es decir, de algún tipo
de instrucción, modelo o paradigma que les permita transformar su conciencia y ascender al
nivel del Alma del Mundo. En este sentido, se convierten en los paladines de un objetivo que
carece de camino. Y, a falta de ese camino, cualquier ecopsicología acaba degenerando, aun en
el mejor de los casos, en mapas y teorías sistémicas chatas, meros conceptos mentales que
carecen del poder de conducir al sujeto hasta el dominio de lo transmental.

4. La estructura mágica de las tribus recolectoras suele confundirse y elevarse al nivel del
abrazo holístico de la visión-lógica, alentando, de ese modo, un ecoprimitivismo regresivo que,
asociado a la chata teoría de sistemas, se presenta (más frecuentemente de lo debido) como un
«nuevo paradigma», lo cual resulta, en el mejor de los casos, ciertamente problemático.

Resumiendo, pues, sólo unos pocos de los abordajes de la llamada ecopsicología


parecen comprender la naturaleza del Alma del Mundo o Yo Econoético y son menos
todavía los que disponen de una tecnología que nos permita llegar hasta ahí. Es
precisamente por ello que casi todos los abordajes ecopsicológicos acaban cayendo en
las garras de la falacia pre/trans y confundiendo a la biosfera con el Alma del Mundo.
Pero al colapsar, de ese modo, las dimensiones internas de la conciencia, se convierten
en un verdadero obstáculo que impide que las personas acometan prácticas realmente
transformadoras, al tiempo que alientan la regresión al mundo sensorio-vital, con lo cual
acaban convirtiéndose en adalides del mismo mundo descendente y chato responsable
del desastre ecológico.

Todas estas críticas fueron ya expuestas en una serie de notas a Sexo, ecología,
espiritualidad y reiteradas luego en Breve historia de todas las cosas.
Lamentablemente, sin embargo, la mayor parte de los ecofilósofos han decidido
ignorarlas y lo han hecho apoyándose en dos puntos circunstanciales de SEE que giran
en torno a dos citas de Emerson y de Plotino. Resulta que, en una larga cita al primero
de ellos, omití el término «naturaleza», que Emerson utiliza, al menos, en tres sentidos
diferentes que luego, por otra parte, resultan evidentes (y, aunque incluí la fuente
original para que los eruditos pudieran verificarla por sí mismos, debo confesar que
hubiera convenido haber sido más explícito). En el caso de Plotino, señalé que, a menos
que dijera lo contrario, todas las traducciones procedían de William Inge, pero cometí el
error de incluir una traducción de Karl Jaspers -«lo Divino-en-Nosotros acaba
desvaneciéndose en lo Divino-en Todo»- sin reseñarlo.

El asunto es que, cuando los ecoteóricos hablan hoy en día de SEE no dejan de
subrayar el modo en que «distorsioné» a Emerson y a Plotino (una imputación a las que
respondí exhaustivamente en las notas finales 1, 2 y 3 del capítulo 11 de las sucesivas
ediciones de El ojo del Espíritu). Lo más penoso, sin embargo, es que con ese error
terminan ignorando no sólo mi crítica al misticismo natural (y, en consecuencia, a casi
todas las formas actuales de ecopsicología, como la ecología profunda, el ecofeminismo
y el neopaganismo), sino también las de Emerson y Plotino.

Veamos ahora un resumen, extraído de El ojo del Espíritu, de la interpretación


prevalente de la visión de Emerson a este respecto: 1) la naturaleza no es el Espíritu sino
un símbolo (o una manifestación) del Espíritu; 2) la conciencia sensorial, en sí misma,
no sólo no revela el Espíritu sino que lo oscurece; 3) para develar el Espíritu es
necesaria una corriente ascendente (o trascendental); 4) el Espíritu sólo se entiende
cuando se trasciende la naturaleza (es decir, en la naturaleza el Espíritu se halla de un
modo inmanente y sólo se despliega plenamente cuando la trasciende, o, dicho de otro
modo, el Espíritu trasciende, a la vez que incluye, a la naturaleza). Éstos son, en
resumen, los puntos que admiten todos los estudiosos de Emerson.

Plotino habría estado de acuerdo con todo lo dicho hasta ahora. De modo que
olvídense de mi crítica a los ecomovimientos y tengan en cuenta que Emerson y Plotino
hubieran acusado a casi todas las formas de ecopsicología, neopaganismo, ecología
profunda, ecofeminismo y culto a Gaia, de verdades parciales y, en consecuencia,
falsamente holísticas. En este sentido, mis críticas son un mero reflejo de las suyas,
aunque los ecofilósofos pretendan soslayarlas con el simple expediente de centrar la
atención en mi «distorsión» de esas citas.

Y si menciono todo esto es porque una verdadera ecopsicología, en tanto que esfuerzo
profundo por comprender el Alma del Mundo, debería profundizar todavía más en su
inestimable proyecto espiritual y adentrarse en los dominios sutiles, causales y no
duales realmente transpersonales. Pero para ello obviamente debería comenzar
renunciando a la identificación con el mundo sensoriomotor ordinario en tanto que
única realidad del Kosmos. Existen dominios más profundos, regiones más elevadas,
percepciones más amplias -desde el reino ordinario hasta el sutil, el causal y el no dual-
que aguardan a quienes se adentran en el Alma del Mundo y encuentran el Testigo y, a
partir de Él, Un Solo Sabor.

Entonces es cuando realmente podría consumarse la gloriosa promesa de las


ecofilosofías y descansar en el Único Sabor que, desde el mismo comienzo, ha sido su
intuición más admirable.

Martes, 15 de julio

Dios mío, esta madrugada han asesinado a Gianni Versace enfrente mismo de su
residencia de South Beach. Al principio se presumió que el crimen podría estar
relacionado con sus supuestas conexiones con la Mafia, ya que, durante muchos años,
se ha rumoreado que se dedicaba al blanqueo de dinero para la organización, aunque
finalmente se le ha atribuido a Andrew Cunanan, un asesino en serie gay.

Se trata de una gran pérdida para la cultura pop y resulta penoso que haya muerto de
un modo tan absurdo. Es cierto que ninguna muerte es feliz, pero muchas se ven, al
menos, redimidas por la aceptación del sufrimiento o por un momento de trascendencia
o lucidez. Pobre Versace, dos tiros en la cabeza y, de repente, la oscuridad.
Y esto resulta especialmente triste porque Versace, además de ejercer una electrizante
influencia en el mundo de la moda, fue uno de los artífices de la renovación de South
Beach. Hasta tal punto fue así que, como afirma un comentarista de televisión -una
pequeña hipérbole nunca dañó a nadie-, la mansión de Versace se había convertido en
«la casa más famosa del paseo más famoso del centro de vacaciones más famoso de
todo el mundo». Versace logró así unir el mundo de la moda con el mundo del
entretenimiento -el llamado «frock and roll»-, y su pérdida resulta ciertamente
lamentable.

Pero también debo recordar cuan superficial era y probablemente seguirá siendo la
cultura pop, algo que no ocurriría si la estética del reino ordinario se aliase
conscientemente con la profundidad sutil o causal, en cuyo caso el despliegue de lo
sensorial en el mundo de la forma y de la moda dejaría de ser un sustituto del Espíritu y
se convertiría en una expresión de su riqueza. Pero así es la cultura popular, meras
gratificaciones sustitutorias, intentos de obtener del cuerpo un placer que sólo puede
proporcionar la plenitud del Espíritu, deseos que anhelan el infinito, impulsos ansiosos
de Totalidad que sólo encuentran el patético goteo de liberaciones provisionales, un
orgasmo aquí, quince minutos de fama allí, una raya de cocaína más allá, y todo ello
bien empaquetado por los proveedores de superficies brillantes, uno de los cuales ha
sido asesinado brutalmente hoy.

Ha sido terrible ver el reportaje televisivo, porque han disparado a Versace en el


mismo lugar desde el que Marci y yo contemplábamos su casa, pocos pasos más allá de
la verja de hierro, un lugar que ahora se encuentra manchado por un pequeño charco de
sangre.

Sábado, 19 de julio

Roger y Frances han venido de visita a pasar unos días en su camino a Fetzer, en
donde Frances ha organizado una conferencia sobre «Inteligencia Espiritual». Tony
vendrá mañana a descomprimirse de Eisner y Aspen, de modo que seremos multitud...,
pero espero que lo pasemos muy bien.

Lunes, 21 de julio

Roger y Frances acaban de marcharse a Fetzer y Tony y yo nos hemos quedado solos.
Durante varios años, Tony ha sido un practicante y un apasionado defensor del
Diamond Approach, una técnica de desarrollo psicoespiritual diseñada por Hameed Ali
y muy valorada por él. Pero aunque en What Really Matters Tony le concediera una
valoración muy elevada, hoy en día, sin embargo, alberga ciertas dudas al respecto.

(En la nota 11 del capítulo 11 de El ojo del Espíritu escribí una crítica de trece páginas
del Diamond Approach que Tony parece haber terminado asumiendo. Hablando en
términos generales, el Approach me parece un paso muy importante hacia adelante en la
integración de la psicología y la espiritualidad, pero que incurre en diversas falacias
pre/trans.)
Digamos, para resumir, que el Diamond Approach sostiene que, cuando somos niños,
todos estamos básicamente en contacto con nuestra Esencia espiritual, pero que el
proceso de desarrollo termina reprimiendo o sofocando esa Esencia y nos deja con
varios «agujeros» (en forma de tensiones, defensas y síntomas). Las diferentes técnicas
psicológicas utilizadas por el Diamond Approach (que hoy en día goza de una
popularidad creciente) tratan de unir la psicoterapia y la espiritualidad en un sistema
coherente para desarticular esta represión y permitirnos restablecer el contacto con la
Esencia perdida y, de ese modo, aportar un conocimiento espiritual a nuestras vidas.

-¿Crees que el Diamond Approach incurre en alguna falacia pre/trans? -me pregunta
Tony.

-Decididamente sí, la de confundir los impulsos preegoicos con la Esencia transegoica


por el simple hecho de que ambos son no egoicos. Y no olvides que ésa es,
precisamente, la forma típica que asume la falacia pre/trans.

-Pero ellos te responderían diciendo que cualquiera que observe el juego de los niños
pequeños se dará cuenta de que están muy en contacto con la Alegría Esencial. Son
espontáneos, vivos y tan vibrantes que resplandecen de pura alegría. Pero, en la medida
en que crecen, van perdiendo el contacto con esa alegría y...

-Permíteme sólo un segundo. ¿Te has dado cuenta de que has utilizado el calificativo
«puro» para referirte a la «alegría»? ¿Y quién dice que la alegría pura sea lo mismo que
el gozo espiritual? Porque el hecho es que esa alegría no es pura ni espiritual sino tan
sólo impulsiva, lo cual supone una gran diferencia.

-¿Por qué?

-Como ya sabes, existe una serie de experimentos que demuestran que, en algún
momento del proceso de desarrollo psicológico que va de los cinco a los siete años, el
niño atraviesa un momento en el que aprende a asumir el papel de los demás. Si, por
ejemplo, tomas una pelota verde por un lado y roja por el otro y la colocas de modo que
el niño vea el verde y, a continuación, le preguntas «¿De qué color la ves?», el niño
responderá, acertadamente, «verde». Pero si luego le preguntas «¿De qué color la veo
yo?», también responderá lo mismo, aunque tú la veas roja. Y eso es así porque a esa
edad el niño carece de la capacidad de salir de su punto de vista y no puede asumir la
perspectiva de los demás.

-Sí , lo sé. La capacidad de asumir el punto de vista de los demás sólo se adquiere a
eso de los siete años de edad, sólo entonces podrá dar la respuesta correcta.

-Así es. Y eso significa que el niño ha pasado del egocentrismo al sociocentrismo, del
mí al nosotros, del narcisismo a la participación social, a poder asumir el papel de los
demás y llegar, así, a incluirlos. Y ésta es una extraordinaria transformación de la
conciencia a la que se conoce también como el paso de la conciencia preconvencional a
la conciencia convencional. Finalmente, en torno a la adolescencia tiene lugar el paso de
la conciencia convencional a la conciencia postconvencional, lo cual significa que la
conciencia ya no se halla identificada y circunscrita a mi grupo, mi tribu o mi nación,
sino que se abre a una conciencia mundicéntrica universal y global en la que todas las
personas son tratadas por igual, independientemente de su raza, su sexo, su religión o su
credo. Y, como ya sabes, el mundicentrismo global constituye, según mi sistema, la
puerta de acceso a los estados auténticamente espirituales.

-Sí. -dijo Tony-. ¿Y cómo se aplica todo esto al Diamond Approach?

-Por seguir con su ejemplo, el Diamond Approach confunde la alegría egocéntrica


preconvencional y narcisista con la alegría mundicéntrica postconvencional y espiritual;
confunde, en suma, lo pre con lo trans.

-¿Pero cuál es, exactamente, la diferencia? -insistió Toni.

-Ten en cuenta que la alegría no es realmente espiritual hasta que pueda incluir la
alegría de los demás. La alegría que permanece exclusivamente circunscrita al propio
ego puede ser alegría, pero no tiene absolutamente nada que ver con la alegría espiritual,
la esencia de la alegría, ni nada que se le parezca. Se trata de una alegría centrada en
uno mismo, una alegría autocentrada y autoglorificadora y, si ésa es tu idea de lo que es
el Espíritu, las cosas no creo que vayan muy bien.

-¿Qué es lo que debería, pues, ocurrir con la alegría? ¿Acaso desarrollarse hacia
formas superiores?

-Así es porque, al igual que ocurre con el resto de los rasgos, la alegría crece o se
desarrolla desde lo preconvencional hasta lo convencional y, desde ahí, a las formas
postconvencionales y espirituales.

-¿Qué entiendes por alegría convencional?

-La mayor parte de las personas no están realmente contentas hasta que pueden
compartir su alegría con alguien, sobre todo alguien a quien quieren, un compañero o un
amigo. No se trata, pues, tan sólo de la alegría del «mí» (egocentrismo) sino de la
alegría del «nosotros» (sociocentrismo). Uno no está contento si es el único en estarlo,
porque quiere que su familia y sus amigos compartan su felicidad y sufre cuando no lo
hacen. Porque el hecho es que cuando, en este nivel, la alegría permanece circunscrita a
uno puede perfectamente ocultar alguna patología profunda.

- ¿Y qué entiendes por alegría postconvencional?

-En la medida en que la conciencia va desarrollándose y evolucionando hasta las


modalidades mundicéntricas globales, uno ya no puede ser realmente feliz sin la idea, al
menos, de expandir esa felicidad y alegría a todos los demás. Entonces es cuando uno se
torna idealista en el mejor sentido del término y desea liberar del sufrimiento y extender
la felicidad más allá de su familia, sus amigos, su tribu, su religión o su nación (todas
ellas preocupaciones sociocéntricas y etnocéntricas) hasta abarcar a todo el mundo, sin
consideración de raza, sexo o credo. Al menos hasta cierto punto, uno comprende que
no podrá ser profunda y auténticamente feliz mientras alguien, en alguna parte, esté
sufriendo. La mera idea del sufrimiento de los demás empieza entonces a inquietarte, de
un modo leve al comienzo y luego mucho más intenso, una incomodidad que te impide
disfrutar y te impulsa a actualizar tus mejores talentos y recursos en tratar de mejorar la
suerte de la humanidad. En este nivel, uno no puede ser realmente feliz hasta que todos
los demás puedan compartir su alegría.
-Utilizando tus propios términos -apostilló Toni- eso significaría comenzar a abrirse a
las modalidades de felicidad auténticamente espirituales y a buscar el modo de
expandirlas a todos los seres sensibles. Algo semejante al voto budista del bodhisattva.

-¡Eso es! ¡Y ahí, precisamente, es donde podemos empezar a vislumbrar la Alegría


Esencial, la Alegría verdadera que no tiene, por tanto, nada que ver con la alegría
egocéntrica y narcisista! El hecho de confundirlas no es más que una pesadilla
profundamente narcisista, una parodia que acaba elevando esas modalidades narcisistas
a la gloria espiritual.

-Muy bien. ¿Pero reconoces que la alegría del niño puede verse reprimida y sofocada?

-Efectivamente. Es evidente que el niño puede verse despojado de su alegría pero no


olvides que, en cualquiera de los casos, no se trata de una alegría postconvencional sino
preconvencional.

-Y tú siempre has dicho que, en tal caso, comienzan a aparecer problemas -agregó
Toni.

-Exactamente. Si tratas de acelerar el proceso de desarrollo de una bellota, acabarás


dañándola e impedirás que se convierta en el roble que hubiera podido llegar a ser. Pero
lo que, en tal caso, estarás dañando y reprimiendo no será tanto el roble (puesto que éste
todavía no ha aparecido, ya que la bellota carece de hojas, ramas, raíces, etcétera) como
la bellota. De modo que puedes reprimir o dañar realmente la alegría en cualquiera de
sus fases de desarrollo, algo que, muy probablemente, termine dificultando la posterior
emergencia de la Alegría Esencial. Pero esa Esencia es un emergente que aparece, no un
estadio infantil con el cual volvamos a establecer contacto; es el descenso de Dios, no el
ascenso del id.

-Estoy de acuerdo -dijo Toni-. Pero los defensores del Diamond Approach argüirían
que los datos experienciales demuestran su punto de vista. Porque cuando emprendes el
trabajo del Diamond Approach comienzas sintiendo o experimentando cualquier
«agujero» que puedas tener, el sentimiento de vacío, de aburrimiento, de inquietud,
etcétera. Y cuando relajas tus defensas y simplemente sientes este agujero, no tardas en
descubrir la emergencia de una Esencia que «llena» ese agujero con una calidez y
sabiduría positiva, lo que demuestra, en su opinión, el restablecimiento del contacto con
la Esencia que se vio reprimida durante el proceso de desarrollo.

-Pero, en mi opinión, eso no demuestra nada. Ahí ocurren dos cosas muy diferentes
que ellos parecen confundir. Cuando tú reprimes un impulso preconvencional -la alegría
infantil, pongamos por caso-, esa represión se convierte en una especie de muro que no
sólo te aleja de los impulsos inferiores que tratan de ascender sino también de los
impulsos superiores que tratan de descender. Dicho en otras palabras, una fuerte
represión del id tenderá también a bloquear a Dios sencillamente porque el id y Dios
pueden amenazar al ego y una defensa contra uno nos defenderá también del otro. De
este modo, la liberación de una represión (que tal vez fue creada contra un impulso
inferior cuando sólo tenía dos o tres años de edad) abrirá también las puertas al
descenso de los impulsos más elevados que nunca se vieron reprimidos en el pasado y
que ahora emergerán por vez primera. La Esencia, pues, no es una regurgitación infantil
sino un emergente. Es cierto que la Esencia posee una dimensión atemporal que provoca
la sensación de tratarse de una reconexión, pero se trata de una reconexión con las
profundidades del presente eterno, no del dragado en un pasado infantil. El hecho de
relajarte y desarticular la represión de los impulsos preconvencionales puede abrirte con
más facilidad a las modalidades postconvencionales y espirituales. Pero recuerda que
confundirlas constituye un ejemplo clásico de falacia pre/trans.

Martes, 22 de julio

-Creo -prosigue Toni, retomando nuestra conversación de ayer- que el Diamond


Approach es un camino valioso, pero atrapado en la falacia pre/trans. Y también he
empezado a preocuparme por la realidad de su supuesta curación de los traumas
infantiles tempranos. Y éste es un problema que, a mi entender, afecta a casi todos los
enfoques espirituales sobre el desarrollo.

-¿A qué te refieres concretamente? -le pregunté.

-Ayer decías que el hecho de relajar las defensas significaba obstaculizar el ascenso
del id y el descenso del Espíritu.

-Sí. Y también existen otro tipo de defensas contra el Espíritu que deben ser
adecuadamente afrontadas. Pero sí, las defensas tempranas contra la interferencia de un
impulso tienden también a mantenernos alejados de lo superior, en cuyo caso se torna
necesaria la «regresión al servicio de la trascendencia».

-Así es, porque el hecho de volver atrás y desarticular esas tempranas defensas permite
que el proceso de desarrollo siga su curso. Estoy completamente de acuerdo. El
problema es que muy pocos enfoques se remontan tan lejos, o tan eficazmente, como
para relajar realmente esas defensas y represiones primitivas. Y, a decir verdad, no creo
que el Diamond Approach lo haga. Por su parte, el resto de los enfoques orientados al
desarrollo espiritual ni siquiera se ocupan de este problema, de modo que tampoco lo
hacen.

-Cierto. El único enfoque que se ocupa eficazmente de los traumas tempranos es la


escuela de las relaciones objetales, como la de Kernberg, la llamada psicología del yo,
el enfoque de Kohut y los abordajes de Masterson, Stone, etcétera. El Diamond
Approach utiliza esas fuentes para la comprensión teórica (lo cual es mucho), pero no
llega realmente a servirse de ninguna de las poderosas herramientas proporcionadas por
esos abordajes (lo cual es, ciertamente, lamentable).

-Muy bien. Pero el debilitamiento de las defensas tempranas que se produce es muy
efímero. En cierta ocasión, terminé un período de trabajo intensivo del Diamond
Approach y, durante dos horas, permanecí en un maravilloso estado de Alegría
Esencial. Pero ese estado no tardó en marchitarse. Nunca más se ha repetido. Fue como
quitarme el velo durante un rato para luego volver a tener los ojos vendados. El
Diamond Approach es bastante poderoso para sacar la venda durante un período corto
de tiempo. .. que no tarda, por cierto, en terminar -concluyó Tony.
-Y lo mismo ocurre con casi todos los tipos de desarrollo espiritual que no se ocupan
de estos temas ni tratan de entender o desarticular esas defensas y, en consecuencia, no
sacan ningún tipo de venda. Y el resultado de todo ello es que, de ese modo, sus cuerpos
y sus mentes individuales no pueden convertirse en un adecuado vehículo del Espíritu
porque, en tal caso, su ser permanece demasiado a la defensiva, demasiado tenso,
demasiado crispado y demasiado encerrado sobre sí como para abrirse a lo Divino.

-Según tu sistema -puntualizó Tony- el Diamond Approach tiene fundamentalmente


que ver con los niveles 7 y 8, los niveles del alma.

-Así lo creo, lo cual, en sí mismo, resulta muy interesante. Y Hameed, al menos, tiene
en cuenta el trabajo teórico que se ha llevado a cabo en torno a los niveles 1, 2 y 3, los
niveles de las relaciones objetales tempranas y las defensas primitivas. Pero, como
estábamos diciendo, el Diamond Approach no parece disponer de las herramientas
adecuadas para sanar realmente las lesiones tempranas del proceso de desarrollo de la
conciencia. Es por ello que, en mi revisión al respecto, les aliento a tener en cuenta la
amplia investigación realizada sobre los niveles tempranos del desarrollo.

Luego le expuse mi idea de los terapeutas generalistas espirituales, los terapeutas de


amplio espectro que, aun cuando no se hallan adiestrados en todos los tipos de terapia,
sí que lo están para diagnosticar problemas procedentes de todos y cada uno de los
niveles del espectro de la conciencia, y están, por tanto, en condiciones de enviar a sus
clientes a terapeutas, maestros espirituales, analistas, yoguis, psicoterapeutas, etcétera,
especialistas en el nivel(es) concreto(s) en el(los) que el cliente tiene problemas.

Tony respondió con un «tonismo» típico:

-En cierta ocasión, le pregunté a Hameed lo que hacía cuando los estudiantes del
Diamond Approach necesitaban psicoterapia y él respondió: «Cuando la necesitan les
recomendamos a un terapeuta». «Pero todos la necesitan», respondí. Y lo hacen.»

Miércoles, 23 de julio

He recibido un e-mail de Leo Burke procedente de Beijing. Leo está a cargo de la


dirección del equipo de Motorola que se ocupa de la formación de unos veinte mil
ejecutivos de todo el mundo (en cuyos cursos utilizan Sexo, ecología, espiritualidad).
La dirección de empresas es uno de los últimos campos de los que me he ocupado, un
interés que Leo despertó en mí cuando, hace dos años, me envió un fax muy interesante
en el que analizaba el estado del ámbito de los negocios en el mundo actual. Desde que
recibí ese fax, he estado más abierto a la correspondencia que me llega de las personas
interesadas en el ámbito empresarial de todo el mundo y espero que ese interés siga
creciendo con la publicación del volumen 2, que tiene que ver concretamente con el
fundamento tecnoeconómico de la evolución social o, hablando en términos muy
generales, con el mundo de los «negocios».

Leo escribe que «A estas alturas, mi viaje es interesante. En una reunión celebrada el
viernes en el Santa Fe Institute formulé la siguiente pregunta: ¿Qué papel desempeñan
las instituciones comerciales, especialmente las corporaciones multinacionales, en la
evolución de nuestra especie? ¿Y cuál es el potencial, si es que lo tiene, que encierra el
mundo de los negocios para alentar una visión de la humanidad que integre los niveles
espiritual, mental y corporal con los niveles organizativos y sociales? Y, si bien es
cierto que no hubo ninguna respuesta, también lo es que el hecho de plantear esas
preguntas en el contexto empresarial supone un pequeño paso hacia adelante. Pero
cualquier consideración de este tipo resulta limitada si quien pregunta no se halla
personalmente comprometido en su propia transformación personal, que, en última
instancia, no tiene tanto que ver con el mero cambio superficial como con la auténtica
trascendencia».

Amén.

Martes, 29 de julio

Roger se halla inmerso en un debate de orden nacional sobre el tema de la astrología,


algo que me parece muy interesante porque hasta el momento yo había sido el único en
recibir las andanadas de los defensores del paradigma de la nueva era, una función en la
que Roger parece haber tomado el relevo.

Los defensores de la nueva era (¡benditos sean!) no parecen comprender que no sólo
hay dos grandes bandos en liza, los racionales (de quienes desconfían) y los no
racionales (a los que abanderan), sino tres, los prerracionales, los racionales y los
transracionales. Y resulta ciertamente lamentable que la inmensa mayoría de los
abordajes de la nueva era tiendan a caer en el campo prerracional. Para complicar
todavía más las cosas, el bando transracional, en el que incluyo a Roger, tiene más en
común con lo racional que con lo prerracional (aunque el objetivo, obviamente, consiste
en las tres visiones).

De modo que la camarilla de la nueva era está sorprendida, dolida y enojada de que un
místico como Roger empiece a criticarles, porque se supone que nosotros, «los místicos
no racionales», estamos en el mismo barco, luchando contra los racionales
convencionales, tipos abiertamente antiespirituales. Pero la verdad es que los místicos
se encuentran expuestos al fuego cruzado procedente del campo de la regresión
prerracional y de la racionalidad extrema, tratando de abrir ambos a un enfoque
auténticamente transracional.

Roger, pues, se ha colocado en plena línea de fuego porque, con su ataque frontal a la
astrología, está convirtiéndose en un personaje público. Por el momento, su revisión
sistemática de una inmensa cantidad de investigaciones realizadas al respecto le ha
llevado a la conclusión de que la mayor parte de los enfoques astrológicos tradicionales
no son más que mera palabrería. En este sentido, quiere escribir un libro con el título
The Scam of the Century, The Rip-Off of the Ages o algo parecido [pero, en cualquier
caso, será un título controvertido].

De modo que la Noetic Sciences Review ha invitado a Roger y a Will Keepin a debatir
este tema en sus páginas. Will es un escritor muy inteligente, con un estilo muy locuaz y
una presentación muy escrupulosa. Formado como físico y desdeñando originalmente a
la astrología como mera cháchara, acabó finalmente creyendo en su validez por los
mismos motivos por los que Roger la ataca, es decir, la evidencia. Tan elocuente es Will
a este respecto que ha llegado incluso a convencer al periodista de la revista Life que le
entrevistó y ha conseguido un reportaje de portada. Éste promete ser un gran debate.
Yo voy recibiendo los artículos en la medida en que van escribiéndose y así es como
están las cosas hasta ahora. Roger empezó el primer asalto con un resumen de la
investigación realizada hasta la fecha: «La mayor parte de las personas se sorprenderían
al saber la gran cantidad de investigación experimental realizada sobre el tema de la
astrología. Hasta el momento se habrán realizado más de cien estudios, algunos de los
cuales han sido llevados a cabo por astrólogos o en colaboración con ellos. En su
conjunto, constituyen un cuerpo de investigación con la calidad y la cantidad suficiente
como para permitirnos realizar una estimación equilibrada de la validez de las demandas
astrológicas.

¿Y qué es lo que se ha descubierto hasta el momento?, se pregunta Roger. Según él:

Los investigadores han estudiado cinco capacidades que, en opinión de los astrólogos, resultan
esenciales para legitimar la validez de la astrología.

• El primer grupo de estudios se centró en el grado de concordancia existente entre las


interpretaciones dadas por distintos astrólogos a la misma carta natal, llegando a la sorprendente
conclusión de que casi no existe el menor acuerdo entre ellos. Y éste fue un resultado
consistente en todos los estudios analizados, incluidos los realizados por los mismos astrólogos
y aquellos otros realizados por los astrólogos en colaboración con los científicos.

• Este descubrimiento, por sí solo, neutraliza (hasta llegar casi a invalidar) las demandas de
fiabilidad o validez de las lecturas astrológicas. Como concluyó cierto crítico: «El hecho de que
ni los mismos astrólogos logren ponerse de acuerdo en el significado de una determinada carta
natal reduce al absurdo toda su práctica».

• Los sujetos de la lectura astrológica son incapaces de determinar cuál es la lectura de su carta
de un conjunto realizado aleatoriamente. Dicho en otras palabras, los sujetos tienden a creer que
el perfil de cualquier persona constituye una adecuada descripción de su caso.

• Los estudios realizados sobre más de tres mil predicciones astrológicas no se han mostrado
mejores que las meras conjeturas o las lecturas realizadas el azar.

• Más de treinta estudios han demostrado que las lecturas realizadas por los astrólogos no
cuadran ni se correlacionan significativamente con tests de personalidad psicométricamente
validados. El mismo fracaso se evidenció en el caso de astrólogos reputados que participaron en
el diseño del experimento, lo consideraban como una buena medida de sus habilidades y
mostraban una elevada confianza hacia estas últimas.

• Los astrólogos suelen afirmar que las lecturas completas de la carta son más exactas que el
estudio de ciertos factores individuales. No obstante, la investigación ha descubierto la misma
inexactitud en la lectura de toda la carta que en la de ciertos factores individuales.

«Resumiendo, pues», concluye Roger, «los resultados de las investigaciones no


apoyan, en modo alguno, la fiabilidad ni la validez de las lecturas astrológicas.»

¡Vaya golpe! Parece que el contrincante se tambalea. De no ser por los extraordinarios
estudios realizados por el investigador francés Michel Gauquelin -que, en los años
cincuenta, acometió un análisis exhaustivo de varias décadas de duración de los datos
estadísticos relacionados con la astrología- podríamos hablar perfectamente de KO.
«Para mi sorpresa», señala Roger, «el análisis del trabajo de Gauquelin ha revelado la
existencia de una pequeña pero significativa correlación entre personas sobresalientes
en diversos campos y la posición de ciertos planetas en el momento de su nacimiento.
En este sentido, por ejemplo, es probable que científicos, periodistas y atletas tuvieran a
Saturno, Júpiter y Marte, respectivamente, en el horizonte o en el cénit del cielo en el
momento de su nacimiento.»

Parece que Roger ha dejado una puerta abierta y Will no la desaprovecha. En su


artículo comienza señalando que, hasta el momento, son varias las organizaciones
científicas escépticas que han tratado, sin conseguirlo, de refutar el estudio realizado por
Gauquelin. Hans Eysenck, el reputado psicólogo estadístico, ha resumido del siguiente
modo lo que esto significa: «Emocionalmente, yo hubiera preferido demostrar que los
resultados de la investigación de Gauquelin no se mantenían, pero racionalmente me
veo en la obligación de aceptarlos... No existe la menor crítica válida de sus diseños,
metodología o conclusiones y, en vista de todo ello, no podemos desdeñarlos por el
mero hecho de que nos resulten desagradables o porque se hallen en desacuerdo con las
leyes de la ciencia de nuestro tiempo... Tal vez haya llegado el momento de afirmar de
manera inequívoca que una nueva ciencia está a punto de nacer».

¡Guauuu! ¡El primer asalto parece haber terminado con un gancho de izquierda!

Sorprendentemente, Roger emprende el segundo asalto aceptando sin parpadear


siquiera los resultados generales de los estudios de Gauquelin porque, en su opinión,
todo depende de la interpretación: «Comenzaré diciendo que el estudio de Gauquelin no
cuadra con los modelos astrológicos tradicionales». En otras palabras, si esto es verdad,
dado que el estudio de Gauquelin es el único que ha demostrado su validez, el hecho de
estar de acuerdo con sus hallazgos debería llevarnos a desestimar la mayor parte de la
astrología tradicional, pues ésta tiene muy poco apoyo si es que tiene alguno. «En
segundo lugar, los descubrimientos realizados por Gauquelin sólo se aplican a personas
notables, dicho con otras palabras, quienes no sobresalen -es decir, la inmensa mayoría
de nosotros- no muestran ninguna correlación con las posiciones planetarias del
momento del nacimiento.» ¡Otro duro golpe para la astrología tradicional! «En tercer
lugar, estas correlaciones son sumamente pequeñas, en torno al 0,05, lo cual significa
que sólo dan cuenta de una variabilidad inferior al 1%.» Esto significa que, por ejemplo,
los atletas sobresalientes tienen sólo un 5% más de probabilidades que los demás de
tener a Marte en una determinada posición. Sea cual fuere, pues, el efecto, resulta
ciertamente muy débil. En este sentido, Roger concluye que se trata de algo «muy
pequeño, demasiado pequeño como para que nos incline a conceder algún crédito a las
lecturas o predicciones astrológicas».

¡Final del segundo asalto! Digamos lo que digamos, la astrología tradicional ha


recibido una paliza. Al parecer, la mayor parte de las demandas de validez de la
astrología tradicional no se sostienen y los únicos estudios serios merecedores de algún
respeto son los de Gauquelin. Will y Roger están de acuerdo en que la astrología del
signo solar y la de los periódicos está definitivamente fuera de combate pero, en opinión
de aquél, existen ciertas demandas de la astrología tradicional que deberían tenerse en
cuenta. Pero luego Roger propina un fuerte derechazo: «En su opinión [de Will], los
hallazgos de Gauquelin confirman la astrología aplicada occidental tradicional, mientras
que, desde mi punto de vista, existen razones suficientes para concluir que sus hallazgos
no respaldan en absoluto las demandas concretas de la astrología tradicional. De hecho,
dejando de lado unos pocos principios muy generales que usted afirma sustentar (como,
por ejemplo, la importancia del meridiano), el mismo Gauquelin dejó muy claro que sus
hallazgos no se ajustan a la astrología tradicional». Y luego Roger extrae una
conclusión probablemente muy cierta, al menos hasta este momento: «Resulta
absolutamente necesario diferenciar claramente las conclusiones de Gauquelin de la
astrología tradicional» porque, si bien existe una cierta evidencia de aquéllas, no hay
ninguna de ésta.

En cualquier caso, en opinión de Roger, el grado de correlación señalado por


Gauquelin es tan, tan débil, que debería desdeñarse, mientras que Will, por su parte,
afirma que, por más pequeña que fuere, resulta indiscutible y debe explicarse. Y para
ello recurre a algunas de mis ideas. «Las conclusiones [de los estudios de Gauquelin]
son incuestionables. Pidiendo prestadas algunas de las ideas de Wilber, la astrología
parece señalar la existencia de una inmensa "holoarquía" que no sólo unifica la
fisiosfera, la biosfera y la noosfera -como las llama Wilber-, sino que lo hace así en un
contexto que "trasciende a la vez que incluye" al sistema de Gaia. Y si damos un paso
más allá, descubrimos un más allá más amplio, una holoarquía "kósmica" viva, del que
la tierra no es más que uno de los muchos superholones planetarios constitutivos. Los
tránsitos astrológicos se corresponden con los efectos de estos superholones celestiales
en el sentido de que "limitan la indeterminación" de los holones menores, es decir,
modifican las condiciones de probabilidad de los eventos terrestres. De este modo, es
muy probable que el proceso no se halle determinado de un modo exclusivamente
mecanicista, sino que constituya un proceso unitivo que se despliegue holográfica y
simultáneamente en múltiples niveles holónicos que dan origen a las correlaciones
temporales observadas».

Will utiliza mis términos con una precisión asombrosa que confiere cierta credibilidad
a su teoría, aunque yo creo que, sin salir del mismo marco de referencia, existe una
explicación más plausible.

Porque la duda es si estamos operando con causación ascendente o con causación


descendente. Y con ello me pregunto si las débiles influencias astrales observadas se
generan en el nivel del Alma del Mundo («superholones celestiales») y luego se
imponen sobre los holones menores de los seres humanos individuales (y, en
consecuencia, se trata de una «causalidad descendente» o de una «influencia
descendente», como afirma Will), o si están operando exclusivamente a un nivel físico -
una influencia física que ejercen los planetas físicos sobre el cuerpo físico) y, a partir de
ahí, tienen una leve «influencia ascendente» en la emergencia de los niveles más
elevados, entre los que se incluyen las emociones y la mente. Y debo decir, en este
sentido, que son varias las razones por las que yo me decantaría por esta última
alternativa.

En primer lugar, estas influencias son, como señalan Roger y Will , muy, muy débiles,
algo que no suele caracterizar tanto a la influencia descendente (que suele ser muy
fuerte, casi causal) como a la influencia ascendente. Cuando, por ejemplo, el holón
superior «yo» decide mover el holón inferior brazo, todas las moléculas de éste se
ponen en acción hasta terminar provocando el movimiento solicitado.

En segundo lugar, existe un fenómeno que parece contradecir las correlaciones astrales
descubiertas por Gauquelin, la cesárea o parto inducido. En este sentido, cualquier
superholón kósmico que no pueda superar una cesárea no debe serlo tanto.
En tercer lugar, estas correlaciones astrales sólo se presentan en el caso de las personas
sobresalientes, algo sumamente revelador, en mi opinión, y que resulta, por cierto, muy
difícil de explicar en el caso de que las influencias provinieran del nivel del Alma del
Mundo. A fin de cuentas, el Alma del Mundo o superholón kósmico influye
poderosamente sobre los holones inferiores, en tal caso, ¿por qué habría de limitarse a
las personas sobresalientes, poderosas y famosas?

Pero esta correlación, por el contrario, tendría sentido en el caso de que emanara del
nivel físico y ejerciera una influencia débil sobre los niveles emocionales y mentales (y,
en consecuencia, sobre los rasgos caracteriales) superiores, porque entonces sería de
esperar que sólo las más intensas de ellas tuvieran algún efecto observable. Con ello
quiero decir que las únicas influencias que pueden superar el efecto amortiguador que
necesariamente acompaña a los fenómenos de «causación ascendente» son las más
fuertes o, dicho de otro modo, lo inferior tiene que esforzarse mucho para alcanzar o
influir sobre lo superior. En el caso de la persona promedio estas influencias son tan
tenues que acaban desvaneciéndose.

Final del tercer asalto. Me parece que Roger ha dado una paliza a la astrología
tradicional. Yo mismo, que me he mantenido agnóstico al respecto durante algún
tiempo, encuentro muy claros la mayor parte de sus argumentos. Hasta Will parece
admitir que la astrología del signo solar, la astrología de los periódicos y la astrología de
los planetas externos ha quedado definitivamente noqueada y, en consecuencia, fuera de
combate.

Ambos están de acuerdo, sin embargo, en que las correlaciones astrales de Gauquelin
son reales pero muy débiles y en que una correlación del 0,05 no da mucho de sí. Pero,
como Will y Eysenck han señalado, esta anomalía resulta muy problemática para
cualquier visión del mundo que no pueda explicarla. Will y yo creemos que tal vez
habría que buscar la explicación en algún tipo de concepción holónica (u holoárquica).
Yo solía creer que esta explicación podía provenir del nivel del Alma del Mundo (el
superholón del nivel psíquico), pero hoy en día me inclino más a pensar en una
influencia del nivel físico -a través del simple efecto de planetas físicos sobre el cuerpo
físico del ser humano- vía «causación ascendente» durante el desarrollo, sobre los
niveles superiores de la emoción y de la mente (tal vez mediante una interacción del
tipo gravitacional/hormonal, geomagnético/neuronal o algo por el estilo). Tal
explicación justificaría que sólo las más intensas de estas débiles fuerzas sobrevivieran
de forma observable en determinados rasgos caracteriales sobresalientes.

Mi signo solar es Acuario, aunque yo estoy tratando de cambiarlo legalmente. Veamos


lo que dice mi horóscopo para el día de hoy: «Sospecho que esa hermosa criatura que
apenas atisbo a ver está convirtiéndose en un adicto a la beatitud. El ambiente es
exuberante y sensual. El aire está saturado de feromonas y de una sensación
inequívocamente sagrada. No estaría fuera de lugar aventurar que, mientras siga bajo la
influencia de la Lujuria, Acuario está en condiciones de batir todos los récords de
Desarrollo Espiritual».

¡Definitivamente, creo a pies juntillas en las lecturas astrológicas de los signos solares!
AGOSTO

¿Qué es el mundo? Un poema eterno


en el que brilla y resplandece el espíritu de la Divinidad,
en el que chipea y espumea el vino de la sabiduría
y todo nos habla en el sonido del amor.

HUGO VON HOFMANNSTHAL

En la medida en que el espíritu se torna más consciente es más capaz de transformar


los momentos de contemplación en una visión permanente.

PIET MONDRIAN

Sábado, 2 de agosto

-Hola Ken, soy Frances.

-¿Qué tal, Frances? ¿Lo estás pasando bien ahora que Roger está en su mes de retiro
meditativo?

-Tengo demasiadas cosas que hacer. Hace muy poco que he vuelto de la reunión anual
de la Association for Transpersonal Psychology.

-¿Te pidieron que te hicieras cargo de la conferencia de clausura?

-Sí. Había llegado el día anterior y me encontré con muchos viejos amigos, todo muy
positivo y muy nostálgico. ¡Hace ya treinta y dos años del primer congreso! Fue un
evento extraordinario que cambió radicalmente mi vida. Estaban Huston Smith y Jim
Fadiman, miembros de la tripulación original y también Laura Huxley, a quien me
alegré mucho de volver a ver después de todo este tiempo.

-¿Bromeas?

-Debe de tener unos ochenta años y es muy pequeña, pero permanece muy despierta.
Me dijo que le gusta mucho mi obra y yo le respondí cuánto admiro la suya, que me
parece realmente muy interesante.

-¿Cómo fue la conferencia?

-Hablé de creatividad y estuvo bien.

-¡Apostaría a que estuvo mejor que bien!


-La creatividad puede ser uno de los modos en que las personas conectan con su propia
inteligencia espiritual, de modo que me centré en ese punto. La verdad es que estuvo
muy bien.

-¿Cómo va el World Forum?

El State of the World Forum es una organización muy interesante fundada por James
Garrison y Mikhail Gorbachev, en la que han terminado integrándose Desmond Tutu,
Elie Wiesel, James Baker, Jehan Sadat y Ted Turner, entre muchos otros. Este año se
celebrará en San Francisco entre los días 4 y el 9 de noviembre. A Frances le han pedido
que organice las sesiones de «Inteligencia y Evolución», que ella ha dividido en tres
partes: «Inteligencia humana y Evolución», «Práctica y Trabajo Interno» y «Legado de
Sabiduría». Para las dos primeras ha invitado a un extraordinario plantel de
participantes, pero la última -que parece haber congregado a un plantel de ancianos
hablando sobre la importancia de la herencia y la tradición- no funciona muy bien.

-Todo va bien excepto la parte del «Legado de Sabiduría». Algunos de los


participantes, como Ram Dass, están enfermos y otros, como Huston, han tomado la
sabia decisión de no acudir. ¡Son demasiado sabios como para aceptar participar en un
espectáculo sobre la sabiduría! La verdad es que no sé cómo continuar.

Pero estoy seguro de que Frances sabrá sacar las cosas adelante, siempre lo hace.

Domingo, 3 de agosto

Las personas suelen hallarse atrapadas por la vida, atrapadas por el universo, porque
creen que están dentro del universo y que, en consecuencia, éste puede aplastarles como
si de un bicho se tratasen. Pero esa suposición es falsa porque usted no está en el
universo, sino que es el universo el que está en usted.

La creencia habitual es la siguiente: mi conciencia está en mi cuerpo


(fundamentalmente en mi cabeza); mi cuerpo está en esta habitación, y esta habitación
está en el espacio que me rodea, el universo mismo. Y, si bien esto es cierto desde la
perspectiva del ego, resulta, no obstante, completamente falso desde el punto de vista
del Yo.

Cuando yo descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, resulta evidente que, en este
mismo instante, yo no estoy en mi cuerpo, sino que mi cuerpo está en mi conciencia. Yo
soy consciente de mi cuerpo y, por tanto, no soy mi cuerpo. Yo soy el Testigo puro en el
que emerge ahora mismo mi cuerpo. Yo no estoy en mi cuerpo, sino que mi cuerpo está
en mi conciencia. Yo soy, por consiguiente, conciencia.

Cuando descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, resulta evidente que, en este
mismo instante, yo no estoy en esta casa, sino que es esta casa la que está en mi
conciencia. Yo soy el Testigo puro en el que emerge ahora mismo esta casa. Yo no
estoy en esta casa, sino que esta casa está en mi conciencia. Yo soy, por tanto,
conciencia.
Cuando miro fuera de esta casa al espacio circundante -tal vez una gran extensión de
tierra, una gran apertura al cielo, otras casas, calles y automóviles-, cuando miro, en
suma, al universo que me rodea y descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, resulta
evidente que, en este mismo instante, yo no estoy en el universo, sino que el universo
está dentro de mi conciencia. Yo soy el Testigo puro en el que ahora mismo emerge este
universo. Yo no estoy en el universo sino que es el universo el que está en mi
conciencia. Yo soy, por consiguiente, conciencia.

Es cierto que la materia física de su cuerpo se halla dentro de la materia de la casa y


que la materia de la casa se halla dentro de la materia del universo. Pero usted es algo
más que materia, usted no es sólo algo físico, usted también es Conciencia y la materia
no es más que su cascarón externo. Cuando el ego adopta el punto de vista de la materia
queda atrapado en la materia y se ve, por tanto, torturado de continuo por el aspecto
físico del dolor. Pero el dolor también emerge en su conciencia y usted puede hallarse
en el dolor o, cuando descansa en la inmensidad de la Vacuidad pura que constituye su
identidad más profunda, puede darse cuenta de que es el dolor el que se halla en usted,
de que es usted el que rodea al dolor, de que usted es más grande que el dolor y de que,
en consecuencia, lo trasciende.

¿Qué es, pues, lo que soy? Si me contraigo en el ego, parece que estoy confinado al
cuerpo que, a su vez, está confinado en la casa que, a su vez, está confinado en el
inmenso universo que la rodea. Pero cuando descanso en el Testigo -la conciencia
abierta, inmensa y vacía- resulta evidente que yo no estoy en el cuerpo, sino que el
cuerpo está en mí, que yo no estoy en esta casa, sino que la casa está en mí, y que yo no
estoy en el universo, sino que el universo está en mí. Todo eso es lo que emerge en el
Espacio inmenso, vacío, puro y resplandeciente de la Conciencia primordial, ahora y
también ahora y eternamente ahora.

Yo soy, por consiguiente. Conciencia.

Lunes, 4 de agosto

Mitch acaba de llegar del congreso sobre Inteligencia Espiritual organizado por
Frances que acaba de celebrarse en Fetzer. En su opinión, ha sido muy interesante y útil,
pero podría haberse beneficiado de una actitud un poco más crítica y escéptica. Frances
sabía cómo se sentía Mitch (Kate Olson le llama nuestro glorioso escéptico), de modo
que el último día le invitó a expresar en voz alta sus preocupaciones.

-¿Cómo fue? -le pregunté por teléfono.

-Stan Grof estaba allí y habló de su último libro, El juego cósmico,1 y dijo que le
habías ayudado.

1. El juego cósmico. Barcelona: Kairós, 1999.

-La verdad es que muy poco. Él me envió el manuscrito y me pareció que, de hecho,
contenía dos libros en lugar de uno, de modo que le recomendé que los publicara por
separado. Así lo hizo y SUNY acaba de publicar el primero. Me parece un libro
excepcional, una versión distinta de la Gran Cadena del Ser desarrollada, en esta
ocasión, con técnicas modernas. ¿Pero qué pasó el último día con tu escepticismo y todo
eso?

-Algunos de los asistentes criticamos el tema de los ovnis y hubo quienes se


molestaron mucho porque sus creencias fueran puestas en tela de juicio. Alguien dijo:
«Cada año hay más de cien mil casos documentados sobre abducciones. ¿Realmente
crees que todas esas personas están inventándoselo?». «Obviamente», respondí,
«aunque no me parece que el comentario les gustara mucho.»

-Me lo puedo imaginar.

-Ya sé que, en ocasiones, soy demasiado escéptico, pero tal vez sea para compensar la
falta de crítica de otras personas. Y es una auténtica pena, porque el campo de lo
transpersonal ya está lo bastante trastornado como para tener que lidiar encima con las
abducciones. Lo más curioso es que si no les crees piensan que estás enfermo, que eres
antiespiritual o algo por el estilo. Pero el hecho de que diez mil personas afirmen haber
sido secuestradas por los ovnis no me parece un argumento muy convincente que
digamos.

-Estoy completamente de acuerdo -le respondí-. Sólo en el año pasado hubo mil
quinientas personas que afirmaron haber visto a Elvis, algo que no nos proporciona,
obviamente, la menor evidencia de que Elvis siga vivo.

Después de concertar una cita, Mitch y yo nos despedimos.

¡Vaya con las abducciones ovni! Hace un tiempo vi a John Mack entrevistando a
varios «abducidos» y me resultó dolorosamente evidente lo que ahí estaba ocurriendo.
Todas esas personas habían sido «abducidas» y sometidas a un examen físico completo,
en el que, entre otras cosas, les introdujeron una sonda anal y les extrajeron esperma u
óvulos. Luego -ya en plena escena primordial, en el mismo núcleo de la alucinación-
esas personas mostraban a sus hijos y a sus hijas, supuestamente gestados por la
fertilización de sus espermas u óvulos con los de los alienígenas, dicho en otras
palabras, esas personas se atribuían el papel de padres y madres de la nueva raza que
poblaría la tierra. ¿No les parece flagrante el narcisismo que se oculta tras ese tipo de
afirmaciones? Yo no quisiera ser cruel pero el hecho es que, si esas personas van a ser
los padres de la nueva raza, nos encontraremos en un serio problema.

Y con ello no estoy poniendo en duda que a las personas que tienen el recuerdo o la
experiencia de ser «abducidos» les parezca absolutamente real (de hecho, estoy seguro
de que la mayor parte de ellos pasaría con éxito la prueba del detector de mentiras).
Pero el hecho de que se trate de una experiencia fenomenológicamente real no significa,
en modo alguno, que sea ontológicamente real o que posea la menor realidad objetiva.
Porque de un lado se halla el fenómeno (o la experiencia) y del otro el modo de
interpretarlo. Y, en este último sentido -como ocurre también con cualquier otro tipo de
interpretación-, debemos rastrear toda la evidencia disponible y ubicarla en el contexto
más adecuado. Y eso, precisamente, es lo que no hacen quienes creen a pies juntillas en
esas experiencias, especialmente, por lo que parece, Mack.
¿Representan, acaso, las experiencias con ovnis las realidades más elevadas? Desde un
punto de vista teórico, es posible que algunas de esas experiencias provengan del nivel
de conciencia psíquico o sutil (niveles 7 y 8) y que, precisamente, el hecho de que esas
personas no se desarrollen y evolucionen hasta esos niveles es lo que les lleva a
experimentarlos como «ajenos». De este modo, en lugar de interpretar la experiencia
como una manifestación de su naturaleza luminosa más profunda y elevada, esas
personas la proyectan como si se tratara de algo ajeno. De modo que, aun cuando eso
fuera cierto, esas personas se hallarían presas de una patología disociativa, algo de lo
que, a mi juicio, no habría que presumir.

El signo delator, como de costumbre, es el narcisismo. El cómico Dennis Miller lo


expresó muy claramente del siguiente modo: «Sólo el ser humano es tan narcisista como
para creer que una fuerza vital alienígena integrada por un grupo sumamente inteligente,
tan despreocupado y absolutamente por encima de todo como para no equipar su nave
espacial con ventanas que les permita contemplar la belleza celestial, sería capaz de
viajar miles de millones de años luz para acabar enfocando con una linterna, apenas
aterrizan, al primer patán con el que se cruzan».

¿Qué es lo que realmente quieren las personas cuando piensan en los ovnis? ¿Qué es lo
que buscan cuando piensan en los extraterrestres? Porque, en mi opinión, lo que están
buscando es algo que les trascienda, lo que quieren, en suma, es descubrir, en la
extraordinaria inmensidad del Kosmos, algo que vaya más allá que sus exiguos egos.

Esto es todo lo que tengo que decir al respecto.

Martes, 5 de agosto

Eso me saluda esta mañana, sólo Eso, sin más explicaciones, nada más que Eso, el
sonido de una sola mano aplaudiendo, el sonido, en suma, de Un Solo Sabor. Lo sutil y
causal puede ser abrumadoramente numinoso y santo, pero Un Solo Sabor, por el
contrario, resulta de una obviedad pasmosamente simple.

Maureen Silos, que acaba de recibir su PhD en UCLA, me ha enviado su tesis


doctoral, titulada «Economics Education and the Politics of Knowledge in the
Caribbean». El año pasado me comentó que estaba tratando de aplicar mi obra «a los
problemas del desarrollo del Tercer Mundo» y empezamos a cartearnos. Entonces, la
puse en contacto con varias personas, entre ellas Michael McDermott, que está haciendo
algo parecido en Swazilandia. Maureen nació y creció en el Caribe y, en tanto que
mujer negra, se halla en una posición muy adecuada para afrontar estos delicados y
difíciles problemas. Originalmente, ella había conectado conmigo levemente exasperada
por la actitud antievolutiva e implícitamente reaccionaria del comité asesor
supuestamente «liberal» y «progresista», una postura muy habitual en el mundo chato
postmoderno y sobre todo en sus universidades, en donde la subordinación al
igualitarismo tibio -impuesta por la élite intelectual- desalienta, tanto a nivel individual
como cultural, el desarrollo de la conciencia interior, lo único, por cierto, que podría
contribuir a solventar este tipo de problemas.

Maureen aborda estas cuestiones con un enfoque basado en mi obra, pero luego
prosigue por su cuenta y llega a conclusiones muy interesantes. Ella empieza señalando
que «dentro del campo de la antropología y los círculos progresistas de las ciencias
sociales, la evolución es un tabú [debido a] la reacción de los círculos progresistas
occidentales ante el darwinismo social, el colonialismo, el racismo, el Holocausto e
ideas similares que clasifican a los seres humanos como esencialmente inferiores o
superiores. Y, aunque se trate de una reacción muy comprensible, sus consecuencias
resultan desastrosas para la teoría social porque ha terminado generando una gran
hostilidad hacia todo lo que suene a evolución cultural».

Maureen continúa su argumentación diciendo: «Los estudiosos del Caribe y del Tercer
Mundo, en general, deben ser muy conscientes del origen social del rechazo global de la
noción de evolución cultural por parte de los teóricos sociales progresistas occidentales,
porque esa actitud "aboca a la extraña conclusión de que la evolución opera en el
dominio de lo no humano y está ausente en el dominio de lo humano, una conclusión
(normalmente bien intencionada), que acaba generando una esquizofrenia en el seno del
Kosmos". Mi intención, por tanto, es la de separar los aspectos válidos e inválidos de la
noción de evolución cultural, porque ése me parece el único enfoque que nos brinda la
posibilidad de comprender la naturaleza del choque entre las distintas visiones del
mundo que coexisten en el Caribe e interceder por una dimensión vertical de la cultura y
del desarrollo de la conciencia que tenga en cuenta el modelo evolutivo de las
tradiciones contemplativas de Oriente y Occidente».

Excelente. Luego Maureen prosigue diciendo: «La idea de la evolución de las culturas,
de la conciencia y de las visiones del mundo resulta absolutamente necesaria porque sin
ella no parece existir alternativa alguna a la idea de que la emergencia de las sociedades
industrializadas liberales y democráticas de Occidente constituye la cúspide de la
historia de la humanidad, una conclusión que, por otra parte, me parece
fundamentalmente inaceptable. ¿Acaso existe alguna otra alternativa mejor?, y ¿cómo
podemos pasar de una a otra?». Touché. Contrariamente a lo que afirma la visión chata
postmoderna prevalente, el concepto de evolución cultural no sólo no es un concepto
eurocéntrico, sino que, además, constituye el único modo de trascender el etnocentrismo
oculto en la mayor parte de los círculos «progresistas» de la sociología occidental que
desalientan la evolución cultural. Dicho con otras palabras, aunque quieran aliviar la
opresión, los anlievolucionistas culturales padecen la misma enfermedad que tan
violentamente se aprestan a diagnosticar.

Pero es necesario diferenciar las teorías válidas de la evolución cultural de las


inválidas y es precisamente aquí donde Maureen recurre a mi trabajo: «Para demostrar
la tesis de la evolución cultural, para determinar modalidades de estar en el mundo y
modalidades de conocimiento superiores y más elevadas que las que nos brinda el
modelo prevalente actual, necesitamos "un conjunto de principios que puedan explicar
tanto el avance como la regresión, tanto las buenas como las malas noticias, tanto los
altos como los bajos, en suma, del progreso evolutivo que opera tanto en los seres
humanos como en el resto del Kosmos". En su libro El ojo del Espíritu, Wilber habla de
cinco de estos principios: la dialéctica del progreso, la distinción entre diferenciación y
disociación, la distinción entre trascendencia y represión, la distinción entre jerarquía
natural y jerarquía patológica y el hecho de que las estructuras más elevadas puedan
verse secuestradas por los impulsos inferiores».

Maureen continúa luego ofreciéndonos un análisis inteligente y ocasionalmente


brillante de las condiciones culturales y del futuro del Caribe. «Este cuatrimestre estoy
enseñando dos materias en UCLA, una que versa sobre "Sociología de la Educación" y
la otra sobre "Identidad, Individualidad y Transformación Social en la Diáspora
africana", esta última basada en su obra. Aunque mis alumnos suelen quedar muy
contentos, también tienen ciertos problemas con el hecho de que usted apenas mencione
el islam o la filosofía africana. En este sentido, el énfasis en las religiones orientales les
resulta un tanto frustrante...»

Muy bien. Deberé, pues, subrayar más explícitamente lo que pienso acerca de las
religiones africanas y del islam, en general, y sobre el chamanismo y el sufismo, en
particular. En el pasado he tendido a simplificar y centrarme en «lo más avanzado de
Occidente» (resumido fundamentalmente por el neoplatonismo) y en «lo mejor de
Oriente» (resumido fundamentalmente por el hinduismo y el budismo indio), pero lo
cierto es que tal vez merecería la pena explayarme en las múltiples fuentes diferentes de
las que he bebido.

«Yo me he impuesto la tarea de ubicar al pensamiento africano en el lugar que le


corresponde dentro de su esquema, de tal modo que no fortalezca el racismo ni tampoco
caiga en el error de alentar una visión romántica del Africa precolonial o, dicho en otras
palabras, que vaya más allá de los obstáculos de la represión, por una parte, y de la
regresión, por la otra. Ese se ha convertido en uno de los intereses centrales de mi obra.
El primer paso público que daré en esta dirección tendrá lugar en una conferencia que
pronunciaré titulada "Religión, Espiritualidad y Transformación Social en la Diáspora
africana" y estoy un tanto nerviosa al respecto porque trataré de afirmar una identidad
afro-americana que se sustente en el antiguo pensamiento egipcio. También pienso
abogar por una visión evolutiva de la conciencia y la espiritualidad y por su relación con
la transformación social.» Bravo. Me parece un intento muy valiente.

«Mi próximo proyecto, patrocinado por una beca postdoctoral del Center for Pacific
Rim Studies, de UCLA, consistirá en tratar de replicar la investigación realizada en mi
proyecto caribeño en las economías sumergidas del lejano Oriente, en un esfuerzo por
teorizar la compleja relación existente entre el contexto cultural (la conciencia) y el
progreso económico. Para ello espero visitar, en 1998, Indonesia, Taiwán y Malasia y
entrevistar a profesores y alumnos de las facultades de ciencias económicas, políticas y
empresariales.»

Buena suerte, Maureen Silos.

Miércoles, 6 de agosto

Ha muerto William S. Burroughs y su muerte pone fin al triunvirato beat formado por
Kerouac, Ginsberg y Burroughs.

Ginsberg acabó siendo discípulo de Trungpa Rinpoche y, de tanto en cuanto, solíamos


encontrarnos en algunas de las actividades promovidas por el Naropa Institute, cuya
nueva biblioteca lleva su nombre. Cada vez que me veía me preguntaba si podía
tocarme la calva y, tras responderle afirmativamente, se aprestaba a hacerlo. Lo que me
más me gustaba de Allen no era tanto su poesía -de un tono demasiado irreverente, para
mi gusto-, como el modo en que la leía, un verdadero gozo. Allen era un torbellino de
energía, la beatitud empaquetada y ofrecida generosamente al público.
Pero lo que más me gustaba de los beats no eran tanto sus novelas como su teatro -
quiero decir, el teatro de su vida-, una representación que ejecutaban con una osadía
desacostumbrada incluso para los años sesenta. Sus vidas eran un auténtico e
interminable melodrama, una performance en ocasiones muy divertida y, en otras,
ciertamente trágica, que comenzó con la muerte accidental de su esposa cuando
Burroughs trataba de disparar sobre un vaso colocado sobre su cabeza; pasó por la
terrible agonía de un Kerouac consumido por el alcohol y concluyó con el abrazo de
Ginsberg a una religión cuyo objetivo central consiste en socavar el ego y que, en caso
de ser adecuadamente practicada, acabaría con su misma raison d'être.

Fue un verdadero espectáculo que difícilmente volveremos a presenciar. Con la muerte


de Timothy Leary -y el ataque que acaba de sufrir Ram Dass- temo que mi generación
no tarde ya en comenzar a escuchar los sombríos acordes del tictac de la muerte. Los
últimos años he asistido a varias fiestas de celebración del cincuenta cumpleaños de
algunos amigos y al comienzo también de la oleada de la muerte. ¿Será ya la hora de
comenzar el penoso camino de descenso que acabará conduciéndonos a la puerta de
salida (al menos por esta ocasión) de este mundo? ¿Encontraremos finalmente al gran
Nonato, el útero de los santos, los sabios y los bodhisattvas o sólo nos encontraremos a
nosotros mismos?

Domingo, 10 de agosto

A primera hora de la mañana -a eso de las tres de la madrugada- me encuentro en los


dominios del reino sutil, a caballo de la frontera que separa el reino causal sin forma del
sueño profundo de las formas sutiles propias del estado de sueño. De la oscuridad pura,
infinita y sin forma -una vacuidad clara y resplandeciente aunque viva y tácitamente
consciente- emerge la forma más sutil, en ocasiones una nube luminosa ondulante y
blancoazulada, en otras, un impulso infinito de la más leve beatitud. Resulta extraño
comprender que esa beatitud sea, en realidad, un paso descendente. Pero, al mismo
tiempo, Eso coexiste con la Vacuidad; es, por así decirlo, la forma que asume la
Vacuidad en este momento.

Pero, por detrás y durante todo el tiempo, Eso es lo único que existe.

Martes, 12 de agosto

Hemos celebrado otro seminario del Naropa. El tema que han planteado en esta
ocasión varios alumnos ha sido el marcado antiintelectualismo del que suelen hacer gala
la mayor parte de las instituciones supuestamente espirituales y contraculturales de
nuestro país. Se trata de un punto de vista que valora lo «experiencial» por encima de lo
«intelectual» hasta el punto de que quien se atreve a dar una explicación intelectual
sobre algo se arriesga a ser -como dijo cierto estudiante- «crucificado sumariamente».
Desde esa perspectiva, se supone que uno no debe ser intelectual, abstracto o conceptual
sino experiencial, y que uno no tiene que estar centrado en la cabeza o en la mente sino
en el corazón y en el cuerpo. Es como si lo experiencial se asimilara a lo espiritual (algo
muy bueno), mientras que lo intelectual fuera egoico, analítico y divisivo (lo más malo
de todo).
Pero todo esto, a mi juicio, evidencia una confusión entre lo experiencial y lo
espiritual. Veamos algunos extractos de esa conversación:

KW: Estábamos hablando de lo experiencial. Y ya sabes que la experiencia no es más


que otro nombre para el término conciencia. Cuando yo digo que experimento mi
cuerpo, estoy queriendo decir que soy consciente de mi cuerpo. Y del mismo modo que
uno puede ser consciente de su cuerpo, también puede ser consciente de su mente, es
decir, puede percatarse de los pensamientos, imágenes e ideas que ahora mismo desfilan
ante el ojo interior de su mente. Dicho con otras palabras, uno puede experimentar su
mente, ser consciente de su mente. Es muy importante poder experimentar la mente de
un modo directo, claro e intenso, porque sólo entonces puede liberarse de sus
limitaciones y empezar a trascenderla. Cuando tal cosa empieza a ocurrir -habitualmente
durante la meditación o contemplación- , uno puede tener experiencias todavía más
elevadas, experiencias espirituales, experiencias místicas (llamémoslas satori, kensho,
samadhi, unio mystica o como queramos) o, dicho de otro modo, uno puede ser
consciente del Espíritu, experimentar el Espíritu de un modo no dual.

De manera que uno puede experimentar el cuerpo, la mente y el Espíritu... y todo eso
es experiencial. Tal vez ahora nos demos cuenta de que reducir lo experiencial
exclusivamente al cuerpo, las sensaciones corporales, los sentimientos, las emociones,
los impulsos, etcétera, constituye un grave error. Este es un reduccionismo muy
desafortunado que no hace más que negar las realidades experienciales superiores de la
mente y del Espíritu, negar y reducir el intelecto, buddhi, la visión mental superior, la
imaginería y el mundo de los sueños, la discriminación racional superior, el
perspectivismo, la profundidad moral, la conciencia sin forma y los estados
contemplativos más elevados.

El cuerpo, como usted sabe, es básicamente narcisista y egocéntrico. Las sensaciones


corporales no van más allá de su cuerpo, las sensaciones corporales no pueden asumir el
papel de los demás -una capacidad, por cierto, mental- y, en consecuencia, la conciencia
sensorial no puede entrar en el discurso del respeto, la compasión, la ética y la
espiritualidad yo-tú, porque todo ello exige una conciencia cognitiva, mental e
intelectual. Dicho en dos palabras, en la medida en que uno «permanece en el cuerpo» y
es «antiintelectual», resulta imposible salir de la órbita del narcisismo.

De modo que el primer error consiste en «alentar una oposición entre lo experiencial y
lo intelectual» que reduce todas las modalidades experienciales a experiencias
exclusivamente corporales, la esencia, en suma, del egocentrismo. El segundo error
consiste en reducir las experiencias espirituales a experiencias corporales, en la idea de
que si uno permanece centrado en el cuerpo, centrado en sus sentimientos, podrá
acceder a la espiritualidad, porque aquéllos trascienden la mente. Pero lo cierto es que
las sensaciones corporales, los sentimientos y las emociones no son transracionales, sino
prerracionales. Cuando uno permanece exclusivamente atado al cuerpo, no está más allá
de la mente, sino más acá de ella, no está trascendiendo, sino regresando, de modo que
cada vez es más narcisista y egocéntrico y está más centrado en sus propios
sentimientos. Y esto, en todo caso, no hace más que dificultar la emergencia de las
verdaderas experiencias espirituales, porque la auténtica espiritualidad consiste en
«abandonar el cuerpo y la mente», es decir, en dejar de identificarse exclusivamente con
los sentimientos del cuerpo y con los pensamientos de la mente, algo, por cierto,
imposible en el caso de que uno «permanezca exclusivamente centrado en el cuerpo».

Por tanto, cada vez que se encuentra con alguien que le diga que sea «experiencial» en
lugar de «intelectual», puede estar casi completamente seguro de que esa persona está
incurriendo en los dos sencillos pero cruciales errores que acabo de señalar. Están
oponiendo las experiencias corporales a las de la mente y del Espíritu y afirmando que
las únicas reales son aquéllas, reduciendo así las experiencias espirituales a experiencias
corporales -¡el más bajo de los dominios!-, dos errores, a mi juicio, sumamente
desafortunados.

Pero la cosa es todavía más grave porque, aunque podamos hablar con cierta precisión
de las experiencias corporales, de las experiencias mentales y de las experiencias
espirituales, el hecho es que los estados espirituales más elevados no son ni siquiera
experiencias. Las experiencias, por su misma naturaleza, son provisionales, vienen,
permanecen durante un tiempo y terminan desapareciendo, pero el Testigo no es
ninguna experiencia. El Testigo es consciente de las experiencias, pero no es ninguna
experiencia, es la inmensa apertura y libertad en la que emergen y discurren todas las
experiencias. Pero el Testigo nunca entra en el discurrir del tiempo -aunque es
consciente de él- y tampoco se ve, en consecuencia, afectado por el flujo de las
experiencias.

De modo que la afirmación de que el Espíritu es experiencial (en tanto que opuesto a
intelectual) constituye una completa distorsión del Espíritu, porque el Espíritu no es una
experiencia pasajera sino el Testigo sin forma de toda experiencia. Permanecer atrapado
en las experiencias es, por tanto, ignorar el Espíritu.

DISCÍPULO: Pero el cuerpo contiene importantes «significados sentidos».

KW: Evidentemente, y deben ser integrados en la mente y el Espíritu. Pero considerar


que la «espiritualidad» está exclusivamente ligada a las sensaciones corporales es una
burla.

DISCÍPULO: ¿Y por qué es un error tan difundido?

KW: Porque todos disponemos ya de esa capacidad corporal. Todos nosotros tenemos,
desde niños, acceso a la conciencia corporal; todos podemos experimentar el cuerpo, de
modo que usted tiene una alta probabilidad de éxito con «el trabajo centrado en el
cuerpo». Pero si usted estuviera dando un taller para «establecer contacto con el
nirvikalpa samadhi» -un estado auténticamente espiritual que requiere unos cinco o más
años de trabajo-, no le bastaría con un fin de semana. De modo que no resulta tan fácil
comercializar los verdaderos dominios transpersonales, ya que eso sólo es posible con
los estados alterados que vienen y van y con las experiencias corporales a las que todos
tenemos acceso con cierta facilidad.

Del mismo modo, si usted es una institución cuya supervivencia depende del dinero de
sus alumnos, no va a ganar mucho en el caso de que se especialice en los estados de
conciencia sutiles, causales y no duales, porque no puede permitirse el lujo de esperar
cinco o diez años para cobrar cuando esas cosas ocurran. Existe una presión oculta pero
evidente que lleva a calificar a los estados menores (en ocasiones abiertamente
regresivos) como «espirituales». Tenga en cuenta que con este abordaje tendrá una tasa
de éxito de cerca del 100%, porque casi todo el mundo puede experimentar algún tipo
de sentimiento, emoción o conciencia corporal, mientras que muy pocos pueden llegar a
experimentar el satori. Es por ello que todos nos «sentimos» bien, todos somos
«experienciales», todos nos movemos desde el «corazón» y «no desde el sucio
intelecto» y, en consecuencia, todos somos «espirituales». Así son las cosas.

DISCÍPULO: ¿Pero es que la conciencia corporal carece de toda utilidad?

KW: No quisiera haber dado esa impresión. El contacto con el cuerpo desempeña un
papel muy importante que tal vez podamos explicar del siguiente modo. En el curso del
proceso de desarrollo del ser humano, la conciencia comienza identificándose con el
cuerpo, con los dominios vital y sensoriomotor. A los dos o tres años de edad, la mente
empieza a aparecer, y en torno a los seis o siete años, la conciencia empieza a
identificarse con la visión más amplia que le brinda la mente. El cuerpo sensorial,
recordémoslo, es preconvencional y egocéntrico (porque no puede, por ejemplo, asumir
el papel de los demás) pero, con la emergencia de la mente, la conciencia se halla ya en
condiciones de pasar de la modalidad egocéntrica a la sociocéntrica, es decir,
evolucionar desde el yo hasta el nosotros. La mente trasciende e incluye al cuerpo y, en
consecuencia, puede ser consciente tanto del «yo» como del «nosotros».

Pero si existe algún tipo de patología -y, en este punto, la contribución de Freud
resulta ciertamente esencial-, la mente no puede trascender e incluir al cuerpo sino que
se ve obligada a reprimirlo, negarlo, alienarlo y disociarlo. Dicho de un modo más
concreto, algún concepto, idea o superego mental reprime o niega algún sentimiento,
impulso o instinto corporal (a menudo el sexo y la agresividad pero, en otras ocasiones,
toda la vitalidad corporal). Y esa represión del cuerpo por parte de la mente origina
varios tipos de neurosis, enfermedades emocionales, alienación corporal y un cierto
entumecimiento vital.

Así pues, una de las primeras cosas que usted debería hacer en terapia -en las llamadas
«terapias de descubrimiento»- consiste en relajar la barrera de la represión y permitirse
sentir el cuerpo, volver a establecer contacto con sus sentimientos, experimentar sus
emociones y tratar de comprender por qué las reprimió. Luego deberá asumir los
sentimientos reprimidos y reintegrarlos al ego mental para acabar configurando una
imagen más sana y exacta de sí mismo.

Y lo que ocurre cuando uno restablece el contacto con el cuerpo y sus sentimientos,
cuando uno restablece contacto con sus raíces orgánicas, con su élan vital, es
extraordinario, porque entonces se siente lleno de vitalidad. Pero de ahí a concluir que
los sentimientos corporales constituyen, de algún modo, una realidad más elevada que
el ego mental, media un verdadero abismo. Está muy bien volver a establecer contacto
con el cuerpo, pero no porque se trate de una realidad más elevada, sino porque se trata
de una realidad inferior que permanece reprimida por otra superior. De modo que nos
vemos obligados a retroceder provisionalmente, a regresar -el término «regresión» se
refiere simplemente a una vuelta a un nivel inferior de la jerarquía de la conciencia- a
las sensaciones corporales que se vieron alienadas por la represión para terminar
reintegrando los sentimientos perdidos.
Y el resultado de este proceso de regresión provisional para recuperar lo perdido (la
llamada «regresión al servicio del desarrollo») conduce a la integración de la mente y el
cuerpo, una unidad superior a la que denomino centauro, en la que la mente humana y
el cuerpo animal son uno. Pero ello no debe llevarnos a reducir la integración de la
mente y el cuerpo al mero cuerpo, una confusión muy frecuente, por otra parte, en
autores como Alexander Lowen, Ida Rolf y Stanley Keleman, que suelen elevar el
cuerpo al estado del centauro (al estado de unión entre la mente y el cuerpo),
desdeñando simultáneamente los aspectos mentales (como evidencian sus escritos, en
los que no suele haber la menor referencia a la ética racional, el perspectivismo, la
moral postconvencional, la comprensión mutua, etcétera). Así pues, lo que ellos
denominan unión entre el cuerpo y la mente no deja de ser, en realidad, más que un
conglomerado de sensaciones corporales -una microfalacia pre/trans que confunde al
centauro postconvencional con el cuerpo preconvencional-, una confusión que
constituye, por otra parte, el sello distintivo de la mayor parte de las terapias corporales.

En cierto modo, la terapia y la meditación suelen comenzar con el cuerpo y con la


conciencia del cuerpo, porque la mayor parte de las personas están, de hecho,
desconectadas de sus raíces. Pero las terapias eficaces y las técnicas realmente
meditativas no permanecen mucho tiempo en el nivel de la conciencia corporal. Las
terapias eficaces no tardarán en centrar su atención en la experiencia cognitiva y mental
y en tratar de comprender por qué el sujeto se vio obligado reprimir el cuerpo y algunas
de sus sensaciones. El avance de la terapia sólo tiene lugar cuando uno deja de
representar corporalmente los impulsos alienados y pasa a la comprensión mental.

Lo mismo ocurre con la auténtica meditación que, aunque también suele comenzar con
la conciencia corporal centrada en la respiración, las sensaciones corporales, etcétera, no
tarda en convertirse en una investigación de la experiencia mental y de la misma
corriente mental. De este modo, pasa del cuerpo y del mundo sensoriomotor ordinario al
mundo mental y sutil. La identidad sólo puede expandirse desde el cuerpomente hasta el
Espíritu investigando las contracciones sutiles del flujo de la mente y, especialmente, de
esa contracción sutil conocida con el nombre de sensación de identidad separada, en
cuyo caso, la identidad personal con el organismo se ve subsumida por una identidad
con la Totalidad.

De modo que el cuerpo nunca se ve desdeñado, sino que se ve trascendido e incluido


por la mente que, a su vez, termina siendo trascendida e incluida por el Espíritu. El
cuerpo es el fundamento, la raíz y el punto de partida, pero cuando uno se identifica
exclusivamente con él, cierra todo acceso a la mente y al Espíritu. En tal caso, uno
quizás pueda alcanzar el Nirmanakaya (el cuerpo de la forma), pero no el
Sambhogakaya (reino sutil), el Dharmakaya (Vacío causal) ni el Svabhavikakaya
(Talidad no dual). Cuando, por el contrario, uno conecta el cuerpo con esos estadios y
dominios superiores, éstos tienden a afectar y terminar transfigurando el propio cuerpo
físico..., momento en el cual uno tal vez empiece a brillar en la oscuridad. Pero, en
cualquiera de los casos, lo cierto es que asumirá una extraña y persistente belleza y se
convertirá en el vehículo transparente del Espíritu primordial que es desde toda la
eternidad.

Viernes, 15 de agosto
Richard G. Young, uno de los directores de The Center for Contemplative Christianity
y editor de Pathways: A Magazine of Psychological and Spiritual Transformation,
escribió una revisión de El ojo del Espíritu para su revista que me resulta muy divertida.
Según él: «¿Por qué me gusta tanto este elusivo iconoclasta que no da conferencias,
tampoco organiza talleres, rara vez concede entrevistas y permanece tan distante como
para desalentar a todo aquel que esté dispueslo a considerarle un maestro espiritual?
Estoy sencillamente a la espera de poder culparle de haber concedido una entrevista
para Pathways».

Acabo de enviar un fax a Pathways...

Sábado, 16 de agosto (Denver)

Marci y yo hemos pasado el día en Denver, yendo de un lado a otro, comprando


zapatos y disfrutando del mero hecho de existir. Marci es una persona adorable, trabaja
a diario con personas evolutivamente disminuidas y he visto lo bien que se relaciona
con esas personas tan amorosas y directas, pero tan desconocedoras, al mismo tiempo,
de las terribles normas que rigen el mundo civilizado que necesitan vigilancia. Por más
que babeen, la cojan, reclamen su atención, lloren o griten, ella nunca les rechaza ni les
da la espalda, sino que les apoya y les asegura que todo irá bien, y ellos la creen, le dan
la mano y confían en ella por la sencilla razón de que saben que siempre está ahí cuando
la necesitan.

Ella ha sido aceptada para el Peace Corps y deberá incorporarse el próximo febrero,
aunque albergue ciertas dudas al respecto a causa de nuestra relación. Por otra parte,
acaba de ser ascendida a jefe de marketing de la organización para la que trabaja, una
organización que se encarga de la dirección y gestión de varios centros asistenciales, lo
cual supone una inesperada y extraordinaria oportunidad. Y, si bien sigue queriendo
llevar a cabo labores de servicio, también necesita un trabajo remunerado que le permita
devolver el préstamo que pidió para estudiar. Es probable, pues, que nuestra relación no
deba finalizar en febrero..., con lo cual estoy egoístamente encantado.

El amor hacia una persona concreta es perfecto cuando sale de la Vacuidad. Porque,
aunque todavía sea amor, aunque todavía sea intensamente personal, aunque todavía sea
muy concreto, es una ola que emerge del océano del infinito llevando consigo la fuerza
y la emoción de todo el mar. La sensación se asemeja al hecho de contemplar una salida
del sol en el desierto a primera hora de la mañana: una inmensa llamarada
rojoamarillenta que emerge en la inmensidad azul. Cada uno de nosotros es, en el fondo,
el cielo infinito del Amor en que emerge la bola de fuego concreta del amor personal.

Pero hay que decir que el amor infinito y el amor personal no son excluyentes, sino
que éste es una de las olas del océano inmenso que es aquél. El único cambio que
advierto cuando me despierto junto a Marci a primera hora de la mañana y comienzo a
meditar es la presencia de una beatitud que engloba todo el cuerpo, una beatitud
paradójicamente débil a la vez que intensa, que agudiza mi conciencia. Es una energía
sexual que se conecta con su fuente en las regiones sutiles del cuerpomente. A menudo
medito tocándola levemente, con lo cual se cierra un circuito energético que ella
también puede sentir.
Eso es lo que los hombres y las mujeres (y también los homosexuales, tanto
masculinos como femeninos) pueden hacer entre sí y ésa es también la afirmación
central del Tantra: de un modo muy concreto y visceral, la unión entre el varón y la
hembra es la unión entre Eros y Agape, lo Ascendente y lo Descendente, la Vacuidad y
la Forma, la sabiduría y la compasión. Y no estoy hablando de un modo teórico sino
absolutamente concreto, estoy hablando de la distribución real de las corrientes de
prana, la energía corporal. Este es precisamente el motivo por el cual las enseñanzas
tántricas más elevadas (anuttaratantrayoga) no hablan de la mera visualización de
nuestra pareja en tanto que consorte divino para alcanzar la iluminación final. Para
alcanzar la iluminación final, uno debe tomar una pareja real -sexo real- que le permita
completar los circuitos que conducen al reconocimiento de la mente iluminada.

Lunes, 18 de agosto (Boulder)

Acabo de hablar por teléfono con la profesora Sara Bates que está usando Breve
historia de todas las cosas y El ojo del Espíritu como textos para sus clases sobre arte y
cultura nativas. Ella enseña en el estado de Florida pero ahora está trabajando como
lectora de la Universidad de San Francisco, desde donde me ha llamado. Sara es india
cherokee; ella y dos de su amigos -un hopi y un mojave- han formado un grupo de
discusión sobre cuestiones relacionadas con los estudios culturales, la religión, el arte y
las sociedades nativas, y están utilizando mi obra, según afirma, por su naturaleza
intercultural e integral.

-¿Qué piensa usted acerca del interés actual por la espiritualidad nativa americana? -
me ha preguntado.

-Creo que la clase media blanca hace cosas muy extrañas con las creencias nativas -le
he contestado.

-La romantización de las creencias nativas resulta lamentable. Porque esa visión
romántica sencillamente no existe. No existe hoy en día y tal vez nunca haya existido,
aunque muchos indios hoy parecen creerlo.

-Sí, es muy extraño. Son muchos los nativos que parecen estar asumiendo la versión
del hombre blanco de la espiritualidad nativa. Estoy muy asombrado por ello.

-Yo he tenido la experiencia -señaló Sara- de comulgar directa e inmediatamente con la


Luz interior. Se trata de un tipo de experiencia espiritual muy frecuente en mi tradición.
A ese respecto, un colega (que, obviamente, pensaba que le respondería positivamente)
me preguntó: «Cree usted que hay que ser cherokee para tener esta experiencia», a lo
cual, obviamente, respondí: «¡No, por supuesto que no!».

Sara está refiriéndose al hecho de que el postmodernismo radical está cayendo en un


lamentable esencialismo, ya que hoy en día se supone que uno debe ser mujer para saber
algo sobre las mujeres, que uno debe ser indio para decir algo sobre los indios y que
uno tiene que ser homosexual para poder hacer cualquier comentario sobre la
homosexualidad. Dicho en otras palabras, existe una regresión de lo mundicéntrico a lo
etnocéntrico, como si lo único que se valorase fuera la política de la identidad y el
pluralismo extremo, todo lo cual acaba conduciéndonos a una situación en la que cada
vez tenemos menos cosas en común.

Como dice David Berreby en The Sciences, en esta atmósfera regresiva «los
americanos parecen tener un guión estándar a la hora de crear una identidad político-
cultural. Uno parte de la convicción de que pertenecer a un grupo le proporciona una
experiencia que le une a los demás miembros del grupo (aun cuando no los conozca) a
la vez que le aleja de las personas que no pertenecen a él (por más amigos íntimos o
parientes que sean). Luego asume que sus esfuerzos, humillaciones y triunfos
personales constituyen una versión de las luchas sociales en las que ese grupo se halla
inmerso (de modo que lo personal acaba convirtiéndose en lo político). En tercer lugar,
comienza a afirmar que los intereses de su grupo están siendo soslayados o masacrados,
de modo que hay que pasar a la acción transformando, por ejemplo, la forma en que el
grupo es percibido por quienes están fuera de él». Y no es que tal actividad me parezca
mala, lo único que ocurre es que, en y por sí misma, constituye una alienación y una
fragmentación, una especie de pluralismo patológico que lleva a creer en la posibilidad
de que la aceptación de mi grupo depende de la acusación y culpabilización sumaria del
grupo cuya aceptación busco.

El verdadero pluralismo es siempre un pluralismo universal (un pluralismo


aperspectivista-integral): uno debe comenzar con los factores y estructuras profundas
que unen a los seres humanos -todos sufrimos y gozamos, todos reímos y lloramos,
todos experimentamos placer y dolor, asombro y remordimiento; todos tenemos la
capacidad de articular imágenes, símbolos, conceptos y reglas; todos tenemos
doscientos ocho huesos, dos ríñones y un corazón y todos estamos abiertos a un
Fundamento Divino, pongamos por caso. Luego, sobre ese sustrato común podrán
agregarse todas las maravillosas estructuras superficiales, variantes culturalmente
construidas, etcétera, que configuran los grupos y los individuos, todos diferentes, todos
especiales y todos únicos. Pero si uno empieza con las diferencias y el pluralismo y no
tiene en cuenta lo universal y lo integral, sino sólo lo perspectivista, acabará inmerso en
un pluralismo patológico, una locura aperspectivista que no hace sino alentar el
etnocentrismo, el revivalismo etnocéntrico y, en suma, todo tipo de desastres regresivos.

Está muy bien afirmar la importancia de un determinado grupo, pero no lo es tanto


definirlo en tanto que «oprimido», porque todos los grupos afirman ser oprimidos y
ninguno admite ser opresor. Hasta no hace mucho, los varones blancos eran los malos,
pero hoy en día parece que hasta ellos se han contagiado de la enfermedad. Los varones
blancos han dejado de ser un grupo al que pueda acusarse de opresión, porque la mayor
parte de sus integrantes dice pertenecer a tal o cual grupo oprimido o marginado, el de
los drogadictos, el de los minusválidos, el de los alcohólicos, el de los que sufrieron
agresiones sexuales siendo niños, el de las víctimas de un padre ausente, el de los
abducidos por los alienígenas o el de los convertidos en «objetos de éxito» de las
mujeres. Y, claro está, están tan oprimidos que no les queda tiempo para oprimir a
nadie.

Además, según el esencialismo, uno no puede decir nada sobre los varones blancos a
menos que sea un varón blanco. De modo que convendrá ignorar lo que dicen las
feministas al respecto y preguntarles a los varones blancos mismos si son opresores. Y
su respuesta, obviamente, será que no. Porque parece que seamos una nación compuesta
de grupos brutalmente oprimidos, en los que, no obstante, no hay ningún grupo opresor.
Una situación, sin duda, muy curiosa.

Y es que mucho me temo que nos hallamos en presencia de una nueva versión del
narcisismo. Sean cuales fueren mis problemas, no son míos sino de Otro, que siempre es
el Malo. Lo lamentable es que, en tal contexto, los casos de auténtica opresión (los
casos en los que una mujer, un homosexual, un negro, un indio o un varón blanco son
realmente encarcelados a causa de prejuicios etnocéntricos o grupales, por ejemplo) se
ven sofocados por un coro de miles de voces que hablan de opresión para referirse a los
desengaños más inevitables y triviales de la vida y pierden toda su relevancia.

Pero Sara no se está refiriendo tanto al pluralismo etnocéntrico como al pluralismo


universal y a su renovadora creencia en el más allá.

-Yo no creo que uno tenga que ser cherokee para acceder a ese tipo de iluminación
interior. Yo no creo que estas experiencias internas sean culturalmente construidas.
¿Qué opina usted al respecto? -me preguntó.

-En modo alguno. En el mejor de los casos, la construcción cultural no deja de ser uno
de los cuatro cuadrantes [el inferior izquierdo]. Lo único que yo trato de hacer es
subrayar los rasgos profundos o universales de las experiencias de iluminación interior,
por ejemplo que parecen compartir una estructura muy similar dondequiera aparezcan.
Es cierto que todas ellas presentan rasgos superficiales que varían en función de la
cultura que estemos considerando, de modo que siempre existe algún tipo de
construcción cultural, pero en modo alguno en el grado que reclama el postmodernismo
radical.

-¿Pero esas estructuras superficiales culturales se hallan también presentes en el nivel


de la comunión directa con ese ser interior de Luz?

-Eso es, hasta cierto punto, lo que me parece. Cuando, por ejemplo, estas experiencias
ocurren en la tradición tibetana, el ser interno nunca se asemeja a Jesús de Nazaret. Del
mismo modo, cuando esta experiencia le ocurre a un cristiano, el ser interno rara vez
tiene cuatro brazos, cosa, por otra parte, bastante frecuente en la versión tibetana
(recordemos, por ejemplo, a Chenrezi).

-Por lo que veo, hasta en el momento de la experiencia directa, el sustrato cultural está
desempeñando algún papel.

-Hasta llegar a la cesación completa, pero, como usted dice, no creo que haya que ser
un cherokee para tener este tipo de experiencias. El hecho de que esas experiencias se
hayan visto parcialmente modeladas por la cultura no significa que sean un mero
producto de su cultura o de su sustrato grupal. De este modo, al reducir todas las
realidades espirituales a meros símbolos creados por el ser humano, el constructivismo
radical distorsiona por completo la experiencia religiosa. ¡Porque no son los seres
humanos los que crean al Espíritu, sino el Espíritu el que crea a los seres humanos! Yo
creo, por tanto, que esas personas están viendo las cosas al revés. En cualquiera de los
casos, sin embargo, me parece muy útil reseñar los rasgos universales o profundos de
esas experiencias, así como los rasgos superficiales culturales y las variaciones locales,
ya que ambas facetas son muy importantes.
-Esto es, precisamente, lo que estamos tratando de hacer mis amigos y yo. Nosotros
queremos explicar nuestras tradiciones, pero también queremos relacionarlas con otras.

Y por esos derroteros fue discurriendo nuestra conversación. Sara es muy crítica con la
ecopsicología («porque omite las dimensiones interiores»), con la teoría del arte que
acaba ignorando el arte («hablan de todo menos de arte»), con el lamentable estado del
postmodernismo extremo («que acaba fragmentándolo todo») y con la desvalorización
de la estética en favor del lenguaje del «ello» («la antropología por encima del arte»).
Ha quedado en mandarme alguno de sus textos sobre teoría estética y alguna muestra de
su arte. Me ha gustado mucho la conversación que hemos tenido y estoy muy contento
de haberla conocido.

Martes, 19 de agosto

Inner Directions está preparando una nueva edición de Talks with Sri Ramana
Maharshi, un libro centrado en las principales enseñanzas de este extraordinario
maestro, para el que me han pedido un prólogo. Y aunque no creo que podamos decir
que Maharshi sea el representante ideal de una visión integral, su autorrealización, -su
reconocimiento de la verdad siempre ya del Testigo y su fundamento omnipresente en
Un Solo Sabor- fue extraordinaria.

En el prólogo he incluido algunas de las «instrucciones para señalar» que recibí en uno
de los seminarios del Naropa y que me han parecido apropiadas para esta ocasión. El
nombre del Naropa Institute procede del reputado maestro y mahasiddha hindú Naropa
(siglo XI), una figura capital de la universidad de Nalanda, uno de los grandes centros
de aprendizaje del mundo entero, que llegó a tener más de diez mil alumnos, durante el
período que va desde el siglo VIII hasta el siglo XI en India, el mayor florecimiento de
la tradición no dual a la que el mundo nunca haya asistido. La visión no dual -en forma
de Vedanta, shivaísmo, budismo Mahayana y budismo Vajrayana constituye el regalo
más precioso de la India al mundo, un regalo que encontró su expresión más pura,
elegante e inteligente en el sencillo sabio de Arunachala.

EL SABIO DEL SIGLO

Talks with Sri Ramana Maharshi -el libro que el lector tiene ahora entre sus manos- es
uno de los dos o tres que siempre he mencionado cuando me han preguntado: «¿Qué
libros llevaría consigo a una isla desierta?». Se trata, en mi opinión, de la voz viva del
sabio más importante de este siglo y, presumiblemente, de una de las realizaciones
espirituales más elevadas que haya podido presenciar cualquier período histórico.

Una de las muchas cosas sorprendentes de estas «charlas» reside en la consistencia del
tono, el estilo y la voz. Pero no estoy diciendo, con ello, que se trate de algo estático y
rígido, sino que Maharshi se expresa con plena madurez desde la primera hasta la última
palabra. Es como si -o, mejor dicho, ése debe de ser precisamente el caso- la realización
de Ramana hubiera llegado a él completamente formada -aunque tal vez debieríamos
decir completamente sin forma- y, por tanto, no hubiera necesitado un largo desarrollo.
Maharshi simplemente habla desde y como el Absoluto, el Yo Superior, la Vacuidad
pura, la Meta y el Fundamento del mundo manifiesto, que no es otro que ese mundo.
Haciéndose eco de Shankara, Ramana Maharshi decía:

El mundo es ilusorio;
Sólo Brahmán es real;
Brahmán es el mundo.

Esta realización profunda es lo que separa la iluminación genuina de Maharshi de la


multitud de pretendientes actuales al trono, como la ecología profunda, el
ecofeminismo, el revivalismo de Gaia, el culto a la Diosa, la ecopsicología, la teoría
sistémica o las ideas en torno a «la red-de-lavida», ninguna de las cuales ha
comprendido las dos primeras estrofas y, por tanto -y contrariamente a sus pretensiones-
, tampoco puede comprender la tercera. Y es precisamente por ello que todos los
enamorados del mundo manifiesto -desde los capitalistas hasta los socialistas, los
polucionistas, los verdes, los egocéntricos y los ecocéntricos- deberían escuchar con
suma atención el mensaje de Ramana Maharshi.

¿Qué y dónde está el Yo? ¿Qué tengo yo que ver con Eso? No existe la menor duda de
la respuesta que Ramana Maharshi y tantos otros darían a esta pregunta: ¿Quién quiere
saber? ¿Quién es, ahora mismo, consciente de esta página? ¿Quién es el Conocedor que
conoce el mundo, pero que no puede conocerse a sí mismo? ¿Quién es el Escuchador
que escucha el canto de los pájaros pero no puede escucharse a sí mismo? ¿Quién es el
Vidente que ve las nubes pero no puede verse a sí mismo?

Esta es, precisamente, la indagación sobre uno mismo que Ramana Maharshi regaló al
mundo. Yo tengo sentimientos, pero no soy esos sentimientos. ¿Quién soy yo? Yo tengo
pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy yo? Yo tengo deseos, pero no
soy esos deseos. ¿Quién soy yo?

Así es como uno va acercándose gradualmente a la fuente de la conciencia, lo que


Ramana llamó el «Yo-Yo» y que es consciente del yo normal o ego. Uno puede dar un
paso atrás hacia el Testigo, hacia el Yo-yo y descansar en tanto que Eso. Yo no soy
ningún objeto, ningún sentimiento, ningún deseo y ningún pensamiento.

Pero en esta indagación sobre uno mismo las personas suelen cometer un error
bastante desafortunado porque creen que, cuando descansen en el Yo o Testigo, van a
ver o sentir algo realmente asombroso, especial o espiritual. Pero lo cierto es que uno no
ve nada especial porque, en el caso de que viera algo, eso no sería más que otro objeto,
otro sentimiento, otro pensamiento, otra sensación u otra imagen..., y todos ellos son
objetos o, por decirlo de otro modo, son lo que usted no es.

Cuando uno descansa en el Testigo y comprende que el yo no es ninguno de los


objetos, que no es ninguna de las sensaciones y que no es ninguno de los sentimientos,
lo único que advierte es una sensación de Libertad, una sensación de Liberación, la
liberación de la terrible constricción que supone la identificación con esos pequeños
objetos finitos, con el pequeño cuerpo, con la pequeña mente y con el pequeño ego,
todos los cuales son objetos que pueden verse y, en consecuencia, no son el verdadero
Vidente, el Yo real, el Testigo puro que usted realmente es.
En tal caso, uno no ve nada en particular y todo lo que aparece está bien. Las nubes
flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la
mente y uno puede contemplarlo todo sin necesidad de realizar el menor esfuerzo. Todo
emerge espontáneamente en su conciencia presente, sin la necesidad de realizar esfuerzo
alguno. Y esta conciencia testigo no es algo concreto que usted pueda ver, es la inmensa
sensación de Libertad -o Vacuidad pura- de la que emana la totalidad del mundo
manifiesto. Tú eres esa Libertad, esa Apertura, esa Vacuidad y no cualquier cosa
pequeña y finita que emerja en ella.

Descansa sin realizar esfuerzo alguno en ese Testigo vacío y libre y advierte que las
nubes emergen en el inmenso espacio de su conciencia. Las nubes emergen dentro de ti
y, en esa misma medida, tú puedes saborear las nubes, tú eres uno con las nubes y tienes
con ellas una intimidad que las torna tan próximas como si se hallaran en este lado de tu
piel. El cielo y su conciencia se han fundido y todas las cosas que hay en el cielo flotan
en su conciencia con tal proximidad que tú puedes besar el sol y tragarte la montaña o,
como dice el zen, cuando dentro y fuera han dejado de ser dos, cuando sujeto y objeto
son no duales, cuando el observador y lo observado son Un Solo Sabor, uno puede
«beberse el océano Pacífico de un solo trago».

Así:

El mundo es ilusorio significa que usted no es, en modo alguno, ningún objeto, nada
de lo que puede verse es, en última instancia, real. Usted es neti, neti, ni esto, ni aquello,
y bajo ninguna circunstancia debe usted basar su salvación en lo que es finito, temporal,
pasajero, ilusorio, generador de sufrimiento e inductor de agonía.

Sólo Brahman es real, el Yo (el incalificable Brahman-Atman) -el Testigo puro, el


eterno No nacido, el Vidente sin forma, el Yo-Yo radical, la Vacuidad resplandeciente-
es lo único real. Esa es su condición, su naturaleza, su esencia, su presente y su futuro,
su deseo y su destino que siempre está presente en tanto que Presencia pura, el único
que es Único.

Brahman es el mundo, la Vacuidad y la Forma son no dos. Después de que usted


comprenda que el mundo manifiesto es ilusorio y que sólo Brahman es real, puede ver
que lo absoluto y lo relativo son no dos o no duales, que el nirvana y el samsara son no
dos, que el Vidente y todo lo visto son no dos, que Brahman y el mundo son no dos, el
simple sonido del canto de esos pájaros. El mundo entero de la Forma sólo existe en su
propia Conciencia Sin Forma Presente. Usted puede beberse el océano Pacífico de un
solo trago porque la totalidad del mundo sólo existe literalmente en su Yo puro, el gran
Yo-Yo omnipresente.

Finalmente -y mucho más importante-, Ramana nos recuerda que el Yo puro -y, en
consecuencia, la gran Liberación- no puede ser alcanzado, como tampoco usted puede
lograr sus pies o adquirir sus pulmones. Usted ya es consciente del cielo, usted ya
escucha los sonidos que le rodean, usted ya contempla el mundo. El cien por cien de la
mente iluminada o del Yo puro -no el noventa y nueve sino el cien por cien- se halla ya
presente ahora mismo. Como continuamente señalaba Ramana Maharshi, en el caso de
que el Yo (o el conocimiento del Yo) fuera algo que apareciese en algún momento en la
existencia -si su realización tuviera un comienzo en el tiempo-, no sería más que otro
objeto, otro estado pasajero, temporal y finito. No hay que alcanzar el Yo que está
leyendo ahora esta página. No hay que buscar el Yo, porque ese Yo está mirando desde
sus ojos ahora mismo. No se trata, por tanto, de lograr el Yo, porque el Yo es el que está
leyendo estas palabras. O, dicho más sencillamente, es imposible encontrar aquello que
nunca se ha perdido. Y, como diría Ramana, en el caso de que lograra algo -por más
positivo que fuera-, eso no tendría nada que ver con el Yo.

Si cuando lee las siguientes palabras pronunciadas por el mayor sabio del mundo cree
que no entiende el Yo o el Espíritu, descanse en lo que no entiende, porque Ése es el
Espíritu, y en el caso de que crea que nunca «alcanzará» el Yo o Espíritu, descanse en lo
que no llega a alcanzar, porque Ése también es el Espíritu.

Tanto si cree que comprende el Espíritu como si piensa que no lo comprende, Ése es el
Espíritu. Proclamemos en voz alta, pues, el mensaje más secreto de Ramana Maharshi:
la mente iluminada no es difícil de alcanzar sino imposible de evitar. Según las palabras
del estimado Maestro:

No hay ni creación ni destrucción,


destino ni libre albedrío;
camino ni meta alguna.
Ésta es la verdad última.

Miércoles, 20 de agosto

Me levanto un poco más temprano de lo habitual para poder leer un rato antes de que
lleguen Mitch y Freada, su nuevo amor. Habré leído ya unos quinientos libros para el
volumen 2 de la trilogía -sobre antropología, ecología, feminismo, postmodernismo,
estudios culturales y estudios postcoloniales- y todavía me quedan otros tantos y debo
decir que me resulta un trabajo ciertamente pesado. Para más inri, el estilo de todos esos
libros suele ser críptico y agobiante y uno puede leer capítulos enteros sin encontrar una
sola frase comprensible. En el mejor de los casos, uno puede terminar adormecido,
mientras la prosa va arrastrándose lentamente por la página gris, transmitiendo la
sensación de que se trata de una «experiencia cercana-a-la-vida».

Jueves, 21 de agosto

Freada es un verdadero encanto, atractiva, inteligente, abierta y muy perspicaz. Junto a


ella, Mitchell resplandece, lo que me hace muy feliz. Había muchas personas que
querían verle, de modo que ayer por la noche organicé una fiesta para él y maté -valga
la expresión- varios pájaros de una sola fiesta.

Ahora acaban de marcharse. Estoy muy contento de haberles visto y espero que la
relación les vaya muy bien. Shiva y Shakti siempre acaban encontrándose ¿Que otra
cosa podríamos esperar?

Lunes, 25 de agosto

Sara Bates ha llamado y ha dejado un mensaje, invitándome a participar en un


congreso patrocinado por la San Francisco Art Commission y la Society for the
American Indian Studies. Ha sido muy amable al decir: «Usted es la única persona que
he leído en los últimos tiempos que tiene una visión intercultural realmente integral».
También me ha mandado alguna muestra de su arte y me parece muy hermoso. Las
fotografías muestran grandes mándalas apoyados sobre el suelo -de una superficie de
unos quince metros cuadrados- que Sara ha construido con centenares de objetos y
materiales naturales y artificiales. Su arte incluye e integra temas modernos (modelos
abstractos), postmodernos (multiperspectivistas) y tradicionales (en su caso, los nativos
norteamericanos).

La nación cherokee está compuesta de siete clanes -el clan de los Osos, el clan del
Ciervo, el clan del Dolor Rojo, el clan del Pájaro, el clan de los Trabalenguas, el clan
Azul y el Clan de la Patata Silvestre- y Sara pertenece al clan del Lobo, de modo que
ése es el tipo de elementos que incluye en su arte. Pero lo que más atractivo me resulta
de su trabajo es el modo en que articula elementos representativos de una humanidad
global e interconectada, dicho de otro modo, el modo en que rehuye el pluralismo
etnocéntrico y se centra en el pluralismo universal. En uno de sus folletos puede leerse
lo siguiente: «Muchos artistas se remiten a la historia para relatar su realidad concreta
dentro del contexto de la historia del arte en tanto que indio americano, mujer o artista,
llegando a describir con grandes dificultades lo que le diferencia de otros individuos
[identidad de grupo o pluralismo etnocéntrico]. Bates ha decidido utilizar la historia y la
filosofía de su herencia como india americana y, más concretamente, como miembro de
la nación cherokee para hablar de nuestras similitudes y describir la interconexión que
nos une» [mundicentrismo o pluralismo universal]. Este es un verdadero bálsamo para
nuestra fragmentada alma, para la pesadilla de la identidad política, del narcisismo y de
la autocompasión. El arte de Sara expresa de manera maravillosa el pluralismo universal
al tiempo que lucha contra las tendencias de moda del pluralismo etnocéntrico y de la
diversificación extrema.

Viernes, 29 de agosto

Existe un soberbio grupo de rock llamado Live, liderado por el cantante Ed


Kowalczyk, cuyo CD Throwing Coper -del que ya llevan vendidas más de cinco
millones de copias- es uno de mis favoritos. Van a dar un concierto en las proximidades
y Ed ha llamado para preguntarme si podían venir a visitarme porque, al parecer, Breve
historia de todas las cosas ha significado mucho para él. De modo que hemos quedado
para vernos.

Ed tiene veintiséis años y es una persona muy inteligente, hermosa y tierna que está
empeñada en que su música llegue a reflejar su devoción espiritual. Él y su novia, Erin,
me han parecido muy amables y sinceros. Hemos pasado la tarde juntos y le he
prometido que seguiría sus pasos hacia una música más espiritual.

Marci ha ido a visitar a su familia en Pennsylvania y, cuando se ha enterado, se ha


quedado muy contrariada por no haber podido conocerles.

Domingo, 31 de agosto

UN BILLETE PARA ATENAS


PATHWAYS: ¿Por qué el Espíritu se molesta en manifestarse, sobre todo teniendo en
cuenta que esa manifestación es necesariamente dolorosa y exige el olvido de Su
verdadera identidad? ¿Por qué -dicho de otro modo Dios se encarna?

KW: ¡Vaya, vaya, ya veo que empezamos con las preguntas sencillas! Empezaré, pues,
dándole algunas de las respuestas con las que, a lo largo de los años, se ha intentado
responder a esta pregunta y luego le hablaré de mi propia experiencia personal al
respecto.

Esta misma pregunta se la he hecho a varios maestros espirituales y uno de ellos me


dio una respuesta rápida y muy típica: «Porque cenar solo no resulta nada divertido».

Supongo que se trata de una especie de impertinencia, pero cuanto más pienso en ello
más sentido parece tener. Supongamos, de un modo, por cierto, un tanto blasfemo, que
usted y yo somos Tat Tvam Asi, el Espíritu. ¿Para qué deberíamos -si somos Dios
Todopoderoso- crear un mundo si, como usted dice, necesariamente debe ser un mundo
de separación, confusión y sufrimiento? ¿Por qué usted, en tanto que Uno, debería crear
a los Muchos?

PATHWAYS: ¿Porque no es nada divertido tener que cenar solo?

KW: ¿No cree que, en tal caso, las cosas tendrían cierto sentido? ¿Qué haría usted, si
fuera el Uno, el Único y el Infinito, permanecer inmerso en su gloria por toda la
eternidad complaciéndose en su propio deleite por los siglos de los siglos? ¿Y luego
qué? No es de extrañar que, más pronto o más tarde, usted llegue a la conclusión de que
sería divertido -y con ello quiero decir exactamente divertido- pretender que usted no es
usted. ¿Qué otra cosa cree que podría, en tal caso, hacer?

PATHWAYS: ¿Crear un mundo?

KW: ¿No le parece acaso tal cosa posible? Porque entonces la cosa comienza a
ponerse interesante. ¿No ha jugado usted, siendo niño, al parchís consigo mismo? ¿Ha
hecho usted alguna vez algo parecido?

PATHWAYS: Sí, recuerdo haberlo hecho.

KW: ¿Y le parece que funciona?

PATHWAYS: No exactamente, porque yo siempre sabía de antemano el movimiento


que iba a hacer mi «oponente». Como yo era el que desempeñaba ambos papeles, la
cosa no tenía la menor «sorpresa». Yo siempre sabía lo que iban a hacer ambos
contendientes, de modo que no resultaba muy divertido. Para jugar a ese juego es
necesario jugar con «alguien más».

KW: Ése es, precisamente, el problema. Usted necesita a «otro». De modo que, en el
supuesto caso de que usted fuera el único Ser de toda la existencia y quisiera jugar -a
cualquier juego- se vería obligado a asumir el papel del otro y olvidarse, a continuación,
de que está desempeñando ambos papeles. De otro modo, como usted mismo dice, la
cosa no tendría ninguna gracia. Usted debe pretender que es el otro con tal convicción
que llegue a olvidarse de que está desempeñando ambos papeles porque, en caso
contrario, el juego no resultará nada divertido.

PATHWAYS: De modo que, si usted quisiera jugar -y creo que ése es precisamente el
significado del término utilizado en Oriente para referirse a esta situación, lilah-, deberá
comenzar olvidándose de quién es. Amnesia.

KW: Eso es lo que a mí me parece y ésa ha sido también la respuesta que han solido
dar a esta pregunta los místicos de todas las tradiciones. Si usted fuera el Uno y -por
mor de su exuberancia, plenitud y superabundancia- quisiera jugar, regocijarse y
divertirse, debería, en primer lugar, crear a los Muchos y olvidar a continuación que
usted es esos Muchos porque, de otro modo, el juego no tendría la menor gracia. La
creación, o encarnación, es el gran Juego del Uno pretendiendo ser los Muchos para su
propio deleite y solaz.

PATHWAYS: Pero ese juego no siempre es divertido.

KW: Bien, sí y no. El mundo manifiesto es un mundo de opuestos: placer y dolor,


arriba y abajo, bueno y malo, sujeto y objeto, luz y sombra. Pero si usted va a jugar el
gran Juego cósmico ¿qué sería lo primero que pondría en marcha? ¿De qué otro modo
podría hacerlo? Si no hay partes, jugadores, sufrimiento y muchos, usted seguirá siendo
el Uno, el Único y el Solitario, en cuyo caso ya sabe que no resulta nada divertido cenar
solo.

PATHWAYS: De modo que el juego de la creación es el que pone en marcha el


mundo del sufrimiento.

KW: ¿Acaso le parece que es de otro modo? Porque los místicos parecen estar de
acuerdo en que hay un modo de salir del sufrimiento, un modo de liberarse de los
opuestos que conlleva la evidencia de que el Espíritu no es bien versus mal, placer
versus dolor, luz versus oscuridad, vida versus muerte, totalidad versus parte u holístico
versus analítico. El Espíritu es el gran Jugador que pone en marcha el mundo de los
opuestos -«Yo, el Señor, he hecho la Luz a partir de lo bueno y de lo malo. Yo, el
Señor, he hecho todas estas cosas»-, algo con lo que están de acuerdo los místicos de
todo el mundo. El Espíritu no es sólo la mitad buena de los opuestos, sino el
fundamento mismo de todos ellos. Nuestra «salvación», por tanto, no consiste en
encontrar la mitad buena del dualismo sino en descubrir la Fuente de ambas mitades,
porque eso es, precisamente, lo que somos. Nosotros somos las dos mitades del gran
Juego de la Vida, porque, en nuestra más profunda intimidad, hemos dado vida a los
opuestos para poder jugar a este gran juego cósmico.

Ésa, al menos, ha sido la respuesta «teórica» que han dado casi todos los místicos a esa
pregunta. Como dicen las Upanishads, la «no dualidad» consiste en «la liberación de los
pares», es decir, la liberación de los opuestos, la liberación de la dualidad, hasta llegar a
descubrir El Único Sabor del que emanan. Ésa es la liberación que acaba con el sueño
imposible y doloroso de malgastar la vida tratando de encontrar un arriba sin abajo, un
interior sin exterior, un bien sin mal o un placer sin su inevitable dolor.

PATHWAYS: Antes señaló que también iba a dar una respuesta más personal a esta
pregunta.
KW: Así es. La primera vez que tuve un atisbo del nirvikalpa samadhi -la absorción
meditativa en el Uno sin forma- recuerdo haber tenido el vago sentimiento -ciertamente
difuso y sutil- de que no quería estar solo en esa inmensidad. Recuerdo haber sentido,
de un modo muy vago pero, al mismo tiempo, muy patente, que quería compartirlo con
alguien. ¿Qué puede uno hacer en ese estado de soledad?

PATHWAYS: ¿Crear el mundo?

KW: A eso, precisamente, me refiero. Y yo sospeché, de un modo ciertamente un tanto


torpe, que la salida de la Unidad sin forma y la caída en el mundo de los Muchos
suponía sufrir, porque los Muchos siempre nos hieren al tiempo que nos ayudan. ¿Y
sabe usted que estaba contento de abandonar la paz del Uno aunque eso supusiera
experimentar el dolor de los Muchos? Tal vez esto pueda transmitirle el aroma de lo que
han visto los grandes místicos y que mi limitada experiencia parece corroborar: usted es
el Uno creando libremente el dolor de los Muchos -el dolor, el placer y la totalidad de
los opuestos- porque usted decide deliberadamente no morar en la soledad exquisita del
infinito ya que no quiere cenar a solas.

PATHWAYS: ¿Y qué ocurre con el dolor implícito en todo ello?

KW: Es algo libremente elegido como parte del necesario Juego de la Vida. No es
posible tener un mundo manifiesto sin los opuestos del placer y del dolor. Es por ello
que, al desembarazarse del dolor -del pecado y del sufrimiento, dukkha-, usted recordará
quién es. Este recuerdo, esta remembración, esta anamnesis («Haced esto en
conmemoración mía») significa «Haced esto para recordar el Yo que sois», Tat Tvam
Asi. Las grandes religiones místicas del mundo son prácticas para acallar el pequeño yo
que pretendemos ser -el causante de todo el dolor y el sufrimiento que experimentamos-
y despertar el Gran Yo que constituye nuestro Fundamento, nuestra Meta y nuestro
Destino... «Dejad que la conciencia sea en vosotros como fue en Jesucristo».

PATHWAYS: ¿Acaso es ésta una realización del tipo todo o nada?

KW: Normalmente no. Lo habitual es que consista en una serie de atisbos de Un Solo
Sabor, atisbos del hecho de que usted es uno con toda manifestación, tanto en sus
aspectos positivos como en sus aspectos negativos, en el calor como en el frío, en la
alegría como en el sufrimiento. Usted es, literalmente, el Kosmos. Y éste es un hecho
que usted va descubriendo a través de vislumbres cada vez más claros del infinito, hasta
llegar a comprender exactamente cómo comenzó el juego maravilloso y terrible de la
vida. Pero, en última instancia, no se trata de un juego esencialmente cruel porque nadie
sino usted alienta este Drama, este Lilah, esta Kenosis.

PATHWAYS: ¿Y qué hay acerca de la noción de que las experiencias de «Un Solo
Sabor» o de «conciencia kósmica» no son más que un subproducto de la meditación y
que, en consecuencia, no son «realmente reales»?

KW: Eso puede ser dicho de cualquier conocimiento que dependa de un método. La
«conciencia kósmica» suele depender del instrumento de meditación como el núcleo de
una célula depende del microscopio con el que lo observamos. Pero ¿acaso se le
ocurriría decir que el núcleo de la célula no es real y que no es más que un subproducto
del microscopio? ¿Acaso las lunas de Júpiter son irreales por el hecho de depender de
un telescopio? Quienes afirman esto se niegan a mirar a través del instrumento de la
meditación como la Iglesia se negó a observar a través del telescopio de Galileo y, por
tanto, a ver las lunas de Júpiter. Tratemos -con la mejor de nuestras capacidades e
impulsados por la caridad o la compasión- de convencerles de que miren una sola vez y
vean por sí mismos. No les obligue, simplemente invítelos porque sospecho que, de este
modo, podría abrirles un mundo completamente nuevo, el mismo mundo que han visto
todos aquellos que se han atrevido a mirar a través del telescopio, del microscopio y de
la meditación.

PATHWAYS: Podría usted decirnos...

KW: ¿Me permite interrumpirle para leerle una de mis citas favoritas de Aldous
Huxley?

PATHWAYS: Adelante.

KW: Se trata de una cita que procede de su novela Viejo muere el cisne:

Me gustan las palabras que suelen estar relacionadas con los hechos. Es precisamente por ello
que estoy interesado en la eternidad, la eternidad psicológica. Porque ése es un hecho.

-Tal vez lo sea para usted -replicó Jeremy.

-Lo es para todos aquellos que decidan cumplir las condiciones bajo las cuales puede
experimentarse.

-¿Y por qué debería alguien cumplirlas?

-¿Por qué debe alguien ir a Atenas para ver el Partenón? Porque la molestia bien merece la
pena. Y lo mismo podríamos decir respecto a la eternidad. La experiencia de lo atemporal
merece la pena las molestias que supone.

-Lo atemporal -apostilló Jeremy con desgana-. Ignoro lo que significan esas palabras.

-¿Y por qué debería saberlo? -concluyó el señor Propter- Usted nunca ha comprado un billete
para Atenas.

PATHWAYS: ¿Así que la contemplación es el billete para Atenas?

KW: ¿No le parece?

PATHWAYS: Definitivamente. Me pregunto si podría contarnos algo más sobre su


propio billete a Atenas? ¿Podría decirnos algo sobre la historia de su propia experiencia
con la meditación? ¿Cuál es la «práctica integral» y qué es lo que puede ofrecer al
moderno buscador espiritual?

KW: Bien, no sé bien lo que podría decir en un espacio tan limitado en cuanto a mi
propia experiencia. Llevo meditando unos veinticinco años y sospecho que mis
experiencias no son muy diferentes de las de quienes han recorrido un camino similar.
Pero trataré de decir algo sobre «la práctica integral», porque sospecho que ésa bien
pudiera ser la ola del futuro. La idea es bastante sencilla y Tony Schwartz, autor de
What Really Matters: Searching for Wisdom in America, lo resumió como el intento de
«casar a Freud y el Buda» o, lo que es lo mismo, de integrar las contribuciones
procedente de la «psicología de las profundidades» de Occidente con las grandes
tradiciones de sabiduría de la «psicología de las alturas», de integrar el id y el Espíritu,
la sombra y Dios, la libido y Brahman, el instinto y la Diosa, lo inferior y lo superior,
llámele como quiera... Supongo que la idea es clara.

PATHWAYS: ¿Como una práctica real?

KW: ¿Cómo podríamos -puesto que el Gran Nido del Ser (que va desde la materia
hasta el cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu)- reconocer, honrar y ejercitar todos los
niveles de nuestro ser? ¿No podría, en tal caso, una práctica que comprometiera todos
los niveles potenciales de nuestro ser ayudarnos a recordar la Fuente del gran Juego de
la Vida, que no es otro que nuestro Yo más profundo? ¿Si el Espíritu es el Fundamento
y la Meta de todos los niveles y si, en verdad, somos Espíritu, ¿no podría la activación
de todos esos niveles ayudarnos a recordar qué y quién somos realmente?

Ésta es la teoría, que acabo de exponer de un modo bastante escueto. La idea, más
concretamente, es la siguiente: escoge una práctica (o prácticas) de cada uno de esos
niveles y comprométase plenamente con ellas. Tal vez, en el nivel físico, podría incluir
el yoga físico, el levantamiento de pesas, el aporte vitamínico, la nutrición, el jogging,
etcétera; en el nivel corporal y emocional, podría ejercitar la sexualidad tántrica, las
terapias que le ayuden a establecer contacto con las sensaciones (como la bioenergética,
el tai chi, etcétera); en el nivel mental, podría tratarse de la terapia cognitiva, la terapia
narrativa, la terapia verbal, la terapia psicodinámica, etcétera; en el nivel del alma,
podría elegir la meditación contemplativa, el yoga deidad, la contemplación sutil, la
oración de centramiento, etcétera, y, en cuanto al nivel del Espíritu, cualquier práctica
no dual (como el zen, el dzogchen, el advaita vedanta, el shivaísmo de Cachemira, el
misticismo cristiano sin forma, etcétera).

Y tengo mis reticencias en dar estos ejemplos porque, como usted sabe, existen miles
de prácticas para todos esos niveles y no quisiera dejar de lado a ninguna de ellas.
Centrándonos, pues, en la idea global, seleccione una o varias prácticas de cada uno de
los niveles -desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu- y ejercítelas
todas lo mejor que pueda, ya sea de forma individual o colectiva. Entonces no sólo
podrá comenzar a sentirse mejor en un nivel mundano, sino que también aumentará la
probabilidad de caer espontáneamente en su propio Estado radical que es el Espíritu, su
identidad y su impulso más profundo.

PATHWAYS: ¿Existe en la actualidad algún maestro que esté impartiendo este tipo de
práctica integral?

KW: Lamentablemente en este momento no hay muchos maestros que lo hagan. En


cierto modo, este tipo de práctica integral constituye una síntesis entre Oriente y
Occidente que ha comenzado hace muy poco tiempo. Pero lo cierto es que hay muchos
grandes maestros que tratan con uno o más de los muchos niveles de su propio ser y,
por tanto, usted tiene simplemente que «buscar, comparar y elegir» a los mejores de
cada uno de los niveles. Elija una buena práctica física, siga un adecuado programa
alimenticio, comprométase con alguna practica psicoterapéutica (que podría consistir en
algo tan sencillo como apuntar los sueños o integrarse en un grupo de discusión),
emprenda una buena práctica meditativa y comprométase en el servicio a la comunidad.
No quisiera que esto sonara a algo horriblemente fascista, pero trate de comprometerse
con todas sus fuerzas en el despertar.

PATHWAYS: ¿Pero existen maestros cuya práctica se aproxime a esta visión integral?

KW: Sí. En la actualidad hay unos pocos que subrayan la importancia de un enfoque
integral, y si bien son muy preliminares, constituyen un buen punto de partida. Tal vez
pudiera leer, en este sentido, The Life We Are Given, de Michael Murphy y George
Leonard, What Really Matters, de Tony Schwartz, Trascender el Ego, de Roger Walsh
y Frances Vaughan, y mi propio El ojo del Espíritu.

Pero la idea, en general, es muy sencilla: la práctica de un solo nivel no iluminará


todos; la práctica exclusiva de la meditación no eliminará automáticamente su «basura»
psicodinámica. Si usted se dedica exclusivamente a meditar, su trabajo o la relación con
su pareja no mejorarán automáticamente. Tampoco piense, por otra parte, que la
práctica de la psicoterapia le liberará de la carga del miedo y de la muerte. Hay que dar
a Freud lo que es de Freud y al Buda lo que es del Buda y -lo más importante de todo-
hay que entregarse a la Divinidad con todo tu ser.

Dios mío, parezco un anuncio de los marines: «Sea usted todo lo que pueda ser».
Porque el hecho, en realidad, es que cuantas más dimensiones de su ser se hallen
comprometidas en la búsqueda del Juego de la Vida, más probable es que acabe
descubriendo el hecho desconcertante de que usted es su Único Autor. Y ésta no es una
mera proposición teórica, sino la mejor oportunidad de que disponemos de sacar nuestro
propio billete para Atenas.
SEPTIEMBRE

Es un gran error pensar que es posible encontrar la verdad universal, el Camino de


los cielos y la tierra, la experiencia de lo absoluto y de lo infinito o, dicho en términos
espirituales, el Tao, en un supuesto cielo o en un supuesto otro mundo. Ni existe un solo
instante en el que abandonemos el Tao porque resulta imposible salir del Tao.

AMAKUKI SESSAN

Martes, 2 de septiembre

Cuando abandono el cuerpomente, cuando no soy nada que pueda ser encontrado,
existe una Vacuidad infinita y una Plenitud radical eternamente luminosa. Cuando Yo-
yo se despliega en tanto que Kosmos, sin objeto alguno que mancille su pureza
primordial, la dualidad oculta avergonzada su rostro y el sufrimiento no recuerda
siquiera su nombre. More ahí, donde nunca pasa nada, en la plenitud del infinito,
celebrando la beatífica existencia, y viva con un gesto autoliberador, feliz de hallarse
nuevamente en casa. En la inmensa apertura de este instante, la gratitud infinita
encuentra la simplicidad más absoluta, así es y así ha sido siempre.

Sábado, 6 de septiembre

La princesa Diana y la madre Teresa han muerto. Las dos mujeres más famosas del
mundo han muerto esta misma semana. (Digamos, de paso, que la respuesta del mundo
a su muerte ha sido un ejemplo patente de la pirámide del desarrollo, según la cual a
mayor profundidad, menor amplitud.)

Diana era una persona bondadosa, respetuosa, amable y entregada pero,


fundamentalmente, era la hermosa princesa del mundo. Y en nuestro chato y marchito
mundo postmoderno, en el que se supone que todo es igual de deprimente, una auténtica
princesa constituye la promesa de algo más. A su modo, ella era real y divinamente
hermosa, y millones de personas de todo el mundo la amaron profunda y sinceramente
porque evocaba su propia belleza interior. Pero también era un reflejo de algo que
trascendía su personalidad -a la vez que se expresaba a través de ella-, y el mundo
respondió venerándola. Contemplando a sus dos hijos, William y Harry, caminando tras
el cortejo fúnebre yo también me sumé al desconsuelo general.

La madre Teresa se hallaba mucho más próxima a ese rayo divino y lo expresó de un
modo más claro y menos fascinante. No era tanto una persona como una apertura
manifiesta, implacable y decidida a la compasión cósmica.

Yo las apreciaba a ambas por razones bastante diferentes y he de decir que,


ciertamente, el resplandor del mundo era más tenue esta mañana.
Miércoles, 10 de septiembre

Kate Olson y T George cenaron anoche con Marci y conmigo. T George es asombroso.
Parece mentira que tenga setenta y dos años de edad y esté tan vivo y tan despierto. Es
casi imposible lanzar una revista que tenga éxito -nueve de cada diez fracasan-, y T
George lo ha hecho ya un par de veces (con Psychology Today y con American Health,
que todavía siguen vendiéndose). Estoy convencido de que Spirituality and Health será
la tercera, pero las probabilidades son bastante limitadas porque el término
«espiritualidad» significa tantas cosas que resulta muy difícil aunar esfuerzos y
conseguir personas que se sumen a la causa.

La dificultad se ve exacerbada, obviamente, por la falacia pre/trans, porque lo que


muchas personas denominan «espiritual» no es tanto la conciencia transracional como el
sentimiento prerracional... y éste es el problema acerca del cual hemos estado hablando
la mayor parte de la noche. Para aclarar algunos puntos, suelo recurrir a la siguiente
figura (véase la Figura 4).

El desarrollo y la evolución del ser humano va desde el cuerpo hasta la mente, y desde
ésta hasta el alma y el Espíritu, pero no al modo lineal de una escalera sino en forma de
ondas anidadas, en las que -en el caso de que todo vaya bien- cada una engloba a su(s)
predecesor(as). Lo cierto, sin embargo, es que, en casi todos los casos, el nivel más
elevado puede reprimir a los inferiores, de tal modo que en lugar de englobar y abarcar,
acaba negando y rechazando, y en lugar de incluir y trascender, termina alienando y
reprimiendo.

Figura 4. La espiral curativa.

Esto resulta especialmente cierto en lo que respecta a la relación existente entre la


mente y el cuerpo. Los primeros años de vida son fundamentalmente sensoriomotores,
preverbales y prementales y, en ellos, el yo es básicamente corporal y se halla
restringido a las sensaciones y los impulsos orgánicos. En torno al segundo año de edad,
no obstante, empieza a emerger la mente simbólica y conceptual y, hacia los seis o siete,
lo hace la mente operacional concreta que, si las cosas funcionan bien, acaba
trascendiendo e integrando las sensaciones corporales, los impulsos y los sentimientos
anteriores. La mayor parte de las veces, sin embargo -y aquí es donde reside la gran
contribución realizada por Freud-, la mente (el ego mental) reprime o niega algunas de
las sensaciones corporales anteriores, habitualmente ligadas al sexo o la agresividad.
Pero ello no supone, no obstante, la desaparición de las sensaciones reprimidas que, por
su parte, reaparecen disfrazadas en forma de síntomas neuróticos.1

1. Convendría subrayar aquí que no estoy negando la importancia de la neuroquímica cerebral y de la neurobiología
en la génesis de la psicopatología. A fin de cuentas, cada evento del cuadrante superior izquierdo (psicológico) tiene
su correlato en el cuadrante superior derecho (material) y, en este sentido, los cuatro cuadrantes participan de
cualquier psicopatología. En esta discusión, sin embargo, nos estamos centrando en los componentes del cuadrante
superior izquierdo, la disociación existente entre la mente conceptual y el cuerpo sentido.

De este modo, cuando las personas alcanzan la madurez suelen experimentar algún tipo
de disociación entre la mente y el cuerpo que les lleva a desconectarse de sus cuerpos,
de sus sentimientos, de su vitalidad orgánica y de su élan vital. Esto tiene dos
importantes consecuencias, amortiguar la vida y obstaculizar -e incluso impedir- el
desarrollo superior.

Así pues, para revitalizar el presente y promover el desarrollo que conduce a los
niveles superiores suele ser necesario volver a establecer contacto con el cuerpo, una
tarea para la que se han diseñado muchas terapias, algunas de las cuales abordan
directamente el cuerpo (como ocurre con la conciencia sensorial, el rolfing, la
bioenergética, etcétera), mientras que otras fomentan una especie de regresión a la
modalidad de conciencia propia de la infancia temprana. En tal caso, retrocedemos
provisionalmente al cuerpo preverbal, volvemos a establecer contacto con él, lo
recuperamos y lo reintegramos la mente (en un proceso habitualmente denominado
«regresión al servicio del ego»), pero, en cualquiera de los casos, el objetivo último
consiste en volver a establecer un contacto pleno tanto con la mente como con el
cuerpo.

Una vez hemos integrado el cuerpo y la mente resulta mucho más fácil -y también
mucho más probable- que el desarrollo vaya más allá del cuerpo y la mente y se adentre
en los dominios del alma y del Espíritu, un movimiento -de regresión al servicio del ego
y de posterior progresión hacia la trascendencia del ego- que, en la Figura 4, se ve
ilustrado por una gran espiral que, para el adulto normal, comienza con un descenso
(regresión) y va seguido de un ascenso (trascendencia).

En la fase regresiva de esta espiral no es posible, como sostienen los románticos,


restablecer el contacto con un Fundamento superior que se haya perdido, sino
simplemente con una sensación corporal inferior que se vio reprimida.1 No estamos,
pues, reconectando con una conciencia transpersonal que poseíamos cuando niños y
luego perdíamos, sino con un impulso prerracional que lamentablemente reprimimos.
Esta represión fue dolorosa y nociva, pero sólo puede ser curada restableciendo el
contacto con los impulsos y sensaciones corporales alienados (regresión al servicio del
ego como preludio de una progresión hacia su trascendencia).

1. Michael Washburn también habla de una espiral del desarrollo, pero se trata de una espiral que no tiene nada que
ver con la mía. Ver el capítulo 6 de El ojo del Espíritu para una discusión más detallada sobre este punto.
Pero el problema de la mayor parte de las terapias y de la espiritualidad alternativa es
que emprendemos esta espiral curativa y luego -presos de la falacia pre/trans- acabamos
estancados en el estadio prerracional, sensorial y corporal; regresamos a los
sentimientos, las emociones y las sensaciones corporales -lo cual, por cierto, está muy
bien (la primera parte del viaje)-, pero luego nos estancamos ahí y calificamos a ese
estado de transracional cuando, de hecho, no tiene nada de tal. Tratando, pues, de ir a lo
transracional, acabamos en lo prerracional y -en una especie de pesadilla- lo llamamos
liberación.

T George y Kate parecían estar de acuerdo con este análisis y Kate comentó: «Estoy de
acuerdo, pero no querrás decir con ello que todos los sentimientos son prerracionales o
egocéntricos, ¿verdad?».

-De ningún modo. Porque existen, por así decirlo, diferentes niveles de sentimiento,
diferentes niveles de afecto, que van desde los sentimientos egocéntricos a los
sentimientos sociocéntricos, los sentimientos mundicéntricos y los sentimientos
espirituales, o, dicho de otro modo, desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el Espíritu.

-¿Cómo saber, entonces, de cuál se trata?

-Si estás tratando de conectar con tus sentimientos, si estás trabajando con la
conciencia sensorial, la sensación sentida, el focusing corporal, la terapia somática o la
bioenergética, por ejemplo, entonces podemos decir que te hallas en una fase
egocéntrica, algo que, en sí mismo, no tiene nada de malo, ya que constituye el
fundamento mismo de toda práctica. Pero si te quedas ahí, no habrás hecho más que
retroceder a una modalidad rudimentaria de conciencia preconvencional. Es evidente
que, al comienzo, te sentirás bien porque habrás renunciado a los rigores de la
conciencia sociocéntrica y de la comprensión mutua. En tal caso, estarás simplemente
dando vueltas y más vueltas sobre ti misma, «procesando» una y otra vez tus
sentimientos y reactivando tus impulsos, lo cual puede estar muy bien durante un
tiempo hasta que, como dice Kierkegaard, terminas inevitablemente abocada a la
desesperación, porque habrás salido del círculo de compartir que te conecta con lo que
está más allá de ti misma.

-Ese círculo constituye el próximo estadio -señaló entonces T George.

-Eso es lo que yo creo ya que, cuando relacionas tus sentimientos con los sentimientos
de los demás, entras en un diálogo que apunta a la comprensión, el respeto y la atención
mutua y pasas de los sentimientos egocéntricos a los sentimientos sociocéntricos (del yo
al nosotros). Kohlberg dijo que este paso conduce desde el ego centrado en uno mismo
hasta la reciprocidad y Gilligan lo denominó el paso del «estadio egoísta» al «estadio
del respeto», un paso tan real en el caso de los hombres como en el de las mujeres. En
tal caso, tus sentimientos se expanden hasta llegar a generar un círculo de respeto y
comprensión mutua que te conecta con los demás. Y, cuando te has expandido desde el
yo hasta el grupo, estás tan preocupado por el modo en que se sienten los demás como
en el modo en que te sientes tú misma.

- Y ¿cuál es el estadio que hay después del grupo? -preguntó Kate.


-Todos los grupos -dijo T George.

-Es decir, el estadio mundicéntrico -puntualicé-. El proceso de desarrollo va desde lo


egocéntrico a lo sociocéntrico y, desde ahí, a lo mundicéntrico; desde el mí hasta el
nosotros y, desde ahí, hasta el todos nosotros, en cuyo caso no estás únicamente
interesado en tu tribu, tu nación o tu grupo sino en todos los grupos, en todas las
personas de todo el mundo, con independencia de raza, sexo o credo. Y no estoy
hablando de una abstracción, sino de algo profundamente sentido como si, por más
extraño que pueda parecer, a uno le doliera el mundo.

-Conozco muy bien ese sentimiento -replicó Kate-. A veces se presenta mientras hago
oración de centramiento. Es como el voto del bodhisattva.

-Sí, y yo creo que ése realmente es el siguiente estadio, ya que los sentimientos
mundicéntricos dan lugar a los sentimientos verdaderamente espirituales que incluyen a
todos los seres sensibles. Pero lo más sorprendente es que podemos llegar a
experimentar un profundo sentimiento mundicéntrico o espiritual de respeto o
compasión universal. Schopenhauer dijo (y yo estoy de acuerdo con él) que sólo
podemos sentir ese sentimiento cuando finalmente todos somos Un Solo Yo.

-Pero -puntualizó Marci-, toda esa compasión universal se pierde cuando lo único que
uno hace es tratar de establecer contacto con sus sentimientos, quedarse en el cuerpo y
procesar las emociones, algo que ocurre a diario en el Naropa Institute. Todo el mundo
está tratando de permanecer en sus sentimientos (¡y a eso lo llaman «espiritual»!), con
lo cual nadie termina trascendiendo nada.

-Muy cierto -apostillé-. Pero lamentablemente se trata de algo que no se halla


exclusivamente circunscrito al Naropa. El cuerpismo (un rasgo distintivo del mundo
moderno y postmoderno que nos mantiene atados al nivel corporal) es, de hecho, otro
término para referirse al mundo chato, a la creencia de que las únicas realidades
verdaderas son las sensoriales y empíricas, algo que afecta por igual a la cultura
dominante y a la contracultura. Todos sabemos que el materialismo científico es la
visión del mundo dominante, pero no deberíamos olvidar que las visiones
contraculturales (como la ecopsicología, la ecología profunda, las terapias corporales, el
ecofeminismo, la «red-de-la-vida», las religiones de la Gran Madre, la espiritualidad
inmanente y la terapia somática, por ejemplo), también comparten la creencia de que la
única realidad existente es la que se halla circunscrita al mundo sensoriomotor
ordinario. En otras palabras, el cuerpismo subscribe también la visión chata del mundo.
Demos, pues, la bienvenida a la visión chata del mundo, al mundo exclusivamente
descendente característico del erial moderno y postmoderno.

T George y Kate tenían interés en comprender los motivos por los cuales el cuerpismo
ha terminado poniéndose tan de moda, y yo les sugerí que ésa era una de las
servidumbres de la modernidad.1 Durante más de mil años, Occidente se ha visto
dominado por un ideal ascendente según el cual el Reino de Dios no es de este mundo
sino ultramundano y transcendente. En el Renacimiento, sin embargo, apareció un
movimiento -que culminó en la Ilustración- que rechazó con tanta virulencia el ideal
ascendente que, en su intento de despojarse de éste, acabó despojándose también del
bebé de la verdad transcendente. Como consecuencia de todo ello, el Occidente
moderno acabó abrazando una visión del mundo exclusivamente descendente -lo
ordinario, lo sensoriomotor, el cuerpismo empírico- o, dicho en dos palabras, la visión
chata del mundo.

1. Ver Breve historia de todas las cosas para un relato más completo del origen histórico del cuerpismo y del mundo
chato. El cuerpismo es simplemente otro término para el reduccionismo sutil, para la creencia de que las únicas
entidades reales son las de la Mano Derecha, aquellas que poseen localización simple.

Así pues, por más que los movimientos contraculturales afirmen haber superado el
viejo paradigma de la Ilustración, todavía siguen firmemente anclados en él, atrapados
en una visión puramente descendente del mundo, con su intenso cuerpismo y holismo
chato y abrazando ansiosamente el dominio meramente ordinario, igual que el «viejo
paradigma» que tan violentamente condenan.

(Recuerdo, a este respecto, The Body Project, de Joan Brumberg, un libro que estudia
la relación que las muchachas han sostenido con sus cuerpos durante los últimos dos
siglos. Una entrada típica de finales del siglo XVIII dice: «Trabajar en serio.
Dignificarme. Interesarme por los demás». Una entrada típica de un diario de hoy en día
diría algo así: «Quiero perder peso, comprarme gafas nuevas, maquillaje y ropa». En
opinión de Brumberg: «Antes del siglo XX, las muchachas no organizaban su
pensamiento en torno a su cuerpo, mientras que hoy en día, por el contrario, lo
consideran como la última expresión del ego». Además, Brumberg trata de convertir el
cuerpismo en un problema feminista, cuando no es tal cosa, sino otro de los nombres del
mundo chato, un impulso regresivo y narcisista de la conciencia que afecta por igual a
hombres y a mujeres, como si intentáramos curar la represión del cuerpo con la
regresión al cuerpo, -ahora ya no seguimos negando al cuerpo, sino que nos
obsesionamos con él- alimentando una visión puramente descendente del mundo, el
mundo sensoriomotor.)

La idea, obviamente, es la de integrar el movimiento ascendente (del cuerpo a la


mente, el alma y el Espíritu) con el movimiento descendente (del Espíritu al alma, la
mente y el cuerpo). Por el momento, sin embargo, sólo disponemos de unas pocas
religiones transcendentes meramente ascendentes y de una plétora de movimientos
cuerpistas y chatos abiertamente descendentes. Todavía aguardamos la aparición de una
visión integral y no dual del mundo y, aunque haya muchas personas que estén
trabajando en esa dirección, aún nos queda mucho camino por recorrer.

Viernes, 12 de septiembre

Acaban de llegar las galeradas de Ciencia y religión, sólo falta hacer unas pocas
correcciones y enviarlas. Ya falta poco para terminar.

Durante las conversaciones que mantuve con los posibles editores en el Four Season
de Nueva York, siempre terminaba diciendo lo mismo, hasta el punto de que he acabado
convencido de su verdad: el mundo moderno necesita dos grandes debates, el debate
entre la ciencia y la religión y el debate entre la religión y el liberalismo; dicho de otro
modo, la espiritualidad debe comenzar pasando por el tamiz de la ciencia moderna (y
ése ha sido precisamente uno de los objetivos de Ciencia y religión) y luego debe pasar
por el tamiz del liberalismo (y ése será el tema central de la continuación de Ciencia y
religión).

El mundo actual está dividido en dos grandes bandos, la ciencia y el liberalismo, por
una parte, y la religión y el conservadurismo por la otra. Y la clave para unificar estos
dos bandos pasa, en primer lugar, por conseguir que la religión supere la prueba de la
ciencia y, en segundo, conseguir que pase la prueba del liberalismo, porque una y otro
son profundamente antiespirituales. Y ése es, precisamente, el orden porque, en caso
contrario, el liberalismo nunca escuchará a la espiritualidad.

Y la antiespiritualidad de la ciencia y del liberalismo está justificada por el hecho de


que la mayor parte de lo que históricamente se ha considerado como «espiritualidad» es
abiertamente prerracional (ya sea mágico [etnocéntrico] o mítico [dogmático]). A fin de
cuentas, el origen del liberalismo está ligado a la lucha contra el despotismo de la
mitología perracional -contra la religión tradicional, intolerante y etnocéntrica- y ahí,
precisamente, es donde radican sus más nobles verdades (la libertad e igualdad de los
individuos ante una colectividad opresiva y muy a menudo hostil). Y ése es también el
motivo por el cual el liberalismo se alió con la ciencia racional en la lucha contra la
religión fundamentalista, mítica y prerracional (y contra la política conservadora que
normalmente la acompañaba).

Pero ni la ciencia ni el liberalismo son conscientes de que, además del mito


prerracional, existe el despertar transracional. Estrictamente hablando, no deberíamos
hablar tanto de dos bandos (el liberalismo contra la visión mitológica) como de tres
bandos en liza (la religión mítica, el liberalismo racional y la espiritualidad
transracional). En este sentido, el hecho de que el liberalismo mire de soslayo el mito
prerracional no implica que deba cerrarse a la conciencia transracional. A fin de
cuentas, sus objeciones a las formas míticas no resultan aplicables a la conciencia sin
forma y es por ello que, en un mañana no muy lejano, el liberalismo bien podría ir de la
mano de la auténtica espiritualidad. Si esto pudiera demostrarse utilizando términos que
resultaran aceptables para ambos bandos creo que nos hallaríamos -por primera vez en
la historia- ante la posibilidad de una espiritualidad postliberal que aunara las ventajas
del conservadurismo y del liberalismo y apuntara hacia una verdadera integración
transracional y transpersonal. Creo que Ciencia y religión constituye un buen punto de
partida para este primer diálogo y espero que, dentro de unos cinco años, dé paso al
segundo (entre la espiritualidad y el liberalismo).

Sin estos dos diálogos, toda la cháchara acerca de un supuesto «renacimiento


espiritual» de América constituye una auténtica pérdida de tiempo. Si la espiritualidad
no puede superar la prueba de la ciencia -y, por tanto, del liberalismo- jamás podrá
convertirse en una fuerza significativa del mundo moderno y seguirá relegada a una
forma de poder característica de los niveles prerracionales del desarrollo.

Lunes, 15 de septiembre

-¿Qué es un pandit? -me preguntó Pritam, que ayer vino con Tammi y Matthew (su
ayudante) a cenar a casa. Tammi Simon es la fundadora de Sounds True, uno de los
sellos de grabación (ha grabado, entre otros, a Thich Nat Han, Carolyn Myss y el Dalai
Lama) más importantes de los Estados Unidos y que está ubicado en Boulder. Pritam
quería hacerme varias preguntas sobre mi obra, y Matthew y Tammi, que están
revisando el último libro de Gangiji (una maestra espiritual americana del linaje
Vedanta) tenían muchas preguntas que hacerme a este respecto.

-Yo no soy un gurú sino un pandit, -comencé diciendo. Y a partir de esa premisa, que
habré utilizado centenares de veces, la conversación comenzó a girar en torno a este
espinoso tema. En India diferencian el gurú, que tiene discípulos, y el pandit, que no los
tiene. Los pandits (a los que en Estados Unidos llamamos «pundits») suelen ser eruditos
de una determinada tradición, mientras que los gurús no tienen por qué serlo.

-¿Por qué el pandit se niega a tener discípulos o devotos?

-Porque, por así decirlo, se trata de una profesión completamente diferente. Para un
gurú o maestro, tener un devoto es un asunto muy serio, como el psicoterapeuta que
asume tener un cliente. Es algo que no puede hacerse a la ligera, porque supone años, e
incluso décadas, de trabajo personal, íntimo e intenso. Los gurús deben luchar, a
menudo en público, con el karma o condicionamiento de todos sus discípulos, y ésa es
una labor muy seria y exigente.

-Que no es propia de los pandits.

-Así es. El pandit puede hallarse más o menos iluminado que un determinado gurú
pero, en cualquiera de los casos, suele limitarse a la escritura, la enseñanza (por así
decirlo, en el ámbito universitario) o a otras cuestiones bastante cotidianas, pero no
suelen comprometerse en el trabajo espiritual concreto de las personas. Se trata de una
actividad completamente diferente.

-¿Cuál es el trabajo del gurú? -preguntó Tammi.

-Eso depende del gurú. Pero los buenos gurús comparten un rasgo (distintivo, por otra
parte, del gurú yoga) y es que, cuando la compasión del gurú se encuentra con la
devoción del discípulo, aquél se come el karma (o condicionamiento) de éste. Eso es, al
menos, lo que afirma la tradición. En este sentido, Sri Ramana Maharshi constituye el
ejemplo más ilustrativo de gurú, mientras que Plotino, por su parte, puede ser
considerado como un ejemplo claro de pandit. Seguramente habréis visto imágenes de
Ramana y, aunque no pueda decirse que fuera una persona hermosa, era tan
increíblemente radiante que resulta difícil apartar la vista de él. Maharshi irradia la
Belleza de lo Divino que no es otra que nuestra propia condición, una condición hacia la
que uno se siente naturalmente atraído. El gurú (el auténtico gurú) irradia el atractivo de
lo Divino y ayuda a despertar nuestra propia Belleza interior, nuestra esencia espiritual.

-¿Y eso no pueden hacerlo también los pandits?

-Son muchos los que así lo hacen. Pero también hay que decir que, en el caso del gurú
yoga, el vínculo existente entre el gurú y el devoto (un vínculo que, por otra parte,
constituye un ingrediente importantísimo en la transformación y despertar de éste) es
tan intenso (o incluso más) que el existente entre el terapeuta y su cliente. Y supongo
que, en este sentido, también tendrá lugar algún tipo de transferencia sutil, un
mecanismo en virtud del cual (según el psicoanálisis freudiano) el cliente transfiere o
proyecta sus relaciones pasadas sobre el analista, cuyo análisis permite que el paciente
llegue a comprender y, en consecuencia, a liberarse de la neurosis.

»Lo mismo, pero en un nivel superior, parece ocurrir en el caso del gurú yoga, en el
que el devoto no sólo proyecta sobre el gurú su sombra sino también su verdadero Yo.
En tal caso, el devoto no ve tanto al gurú como a la Realidad Divina. Éste es el motivo
por el cual el devoto queda absolutamente fascinado por su gurú y siempre quiere
hallarse en su presencia. Es como si se enamorase del Yo Verdadero proyectado en la
figura de su gurú.

»Y es precisamente esta transferencia la que utiliza el gurú realizado para despertar a


sus discípulos a su verdadero Yo, a su propia Divinidad, a su naturaleza búdica, algo
que, desde el punto de vista tradicional, puede ocurrir de dos maneras diferentes. Una de
ellas consiste en la transmisión real del gurú y la otra tiene que ver con la práctica
meditativa del discípulo o devoto. En el primero de los casos (la sumisión al gurú), el
devoto se somete a su maestro y esa sumisión irá menguando su ego y permitiendo que
aflore su Verdadero Yo; en el segundo (la autoindagación), uno llega a descubrir su
verdadero Yo investigando en la fuente del ego. Pero la eficacia del primero de los
casos depende de la autenticidad y de la potencia del gurú.

-Vayamos paso a paso -dijo Tammi. ¿Quieres decir que, en el primero de los casos,
existe algo que se transmite realmente, como una especie de fuerza?

-Eso es, según mi experiencia, lo que ocurre. Las personas plenamente iluminadas
pueden transmitir (y, de hecho, transmiten) la conciencia iluminada a través del
contacto, la mirada, el gesto o hasta la palabra escrita. Y no debemos extrañarnos de
esto, porque no estamos hablando de ninguna cosa rara. A fin de cuentas, todos nosotros
estamos «transmitiendo» de continuo a los demás nuestro estado de ánimo. Cuando, por
ejemplo, estamos deprimidos, tendemos a «contagiar» nuestra depresión a las personas
que nos rodean, del mismo modo que cuando estamos contentos, tendemos a irradiar
nuestra alegría. Y lo mismo ocurre con los estados superiores. De modo que, en
presencia de un yogui del nivel psíquico, uno tiende a sentir poder; en presencia de un
santo del nivel sutil, uno tiende a experimentar una gran paz; en presencia de un sabio
del nivel causal, uno tiende a experimentar una gran ecuanimidad, y en presencia de un
siddha no dual, que suelen ser personas muy normales, uno no deja de reír.

-Pero eso es algo que también pueden hacer los pandits.

-Todo el mundo puede hacerlo. Todos estamos «transmitiendo» de continuo el nivel de


conciencia en que nos hallamos. El rasgo más característico del gurú es el de tomar a
una determinada persona como discípulo, como «cliente», y trabajar personalmente con
él. Y ya que me lo has preguntado, te diré que eso es algo que no me atrae en absoluto.

-¿Quieres decir que eso es algo que puede hacerse en los Estados Unidos? -preguntó
Matthew.

-Ésa es una buena pregunta. Yo creo que, cuando funciona, el gurú yoga es el más
poderoso de todos. Pero en el mundo actual existen dos razones que lo hacen casi
imposible. La primera es que el gurú yoga se originó en los tiempos feudales agrarios,
una época en la que, si bien no era fácil, cabía, al menos, la posibilidad de someterse al
gurú y entregarle nuestras posesiones, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma,
una entrega que, en las modernas sociedades democráticas, constituiría casi un signo
alarmante de patología. Y ése es el segundo problema porque, en una cultura igualitaria
como la nuestra (en la que se supone que nadie tiene más profundidad que los demás),
hasta la misma noción de gurú despierta todo tipo de recelos, porque la idea de que
alguien sea mejor que los demás rompe un tabú y resulta profundamente perturbadora.
La nuestra es una sociedad de egos acorazados y si amenazas al ego con la sumisión o la
transcendencia corres el riesgo de verte fácilmente excomulgado.

»Es por todas estas razones que la práctica del gurú yoga en este país no me parece una
buena idea. Por otra parte, el gurú yoga es tan intenso que tiene más problemas que...

-Espera -dijo Tammi-. ¿Por qué dices eso?

-¿Has tratado alguna vez de aprender un idioma extranjero? Eso es algo muy difícil y
que requiere mucho tiempo, sobre todo cuando uno quiere aprenderlo bien. Pero me han
dicho que ese proceso se ve acelerado en el caso de que uno se enamore de alguien que
habla en ese mismo idioma. Y esto parece muy comprensible, ¿no es cierto?, porque el
amor constituye un excelente catalizador del aprendizaje. Y lo mismo ocurre con el gurú
yoga porque, en tal caso, uno se enamora profunda y desesperadamente de su gurú y ese
amor se convierte en un vehículo que acelera el aprendizaje del idioma de su Yo
Verdadero. El hecho de que este aprendizaje se vea impulsado por el amor acelera el
desarrollo espiritual mucho más que cuando uno sencillamente se sienta a solas en una
esquina en su cojín a contar las respiraciones.

-Entiendo. Pero eso también deja las puertas abiertas a muchos abusos.

-Así es. Y ése es precisamente el punto que ahora iba a comentar, porque la misma
fortaleza del gurú yoga lo torna muy proclive al abuso. En este campo, los abusos son
legión y casi cada día escuchamos hablar de uno nuevo. En cualquier caso, yo no creo
que el gurú yoga (por algunas razones muy buenas y por otras ciertamente patéticas)
pueda florecer en nuestro país.

-¿Y ése es el motivo por el que no quieres ser un gurú?

-¡No, no! Yo no quiero ser un gurú porque no quiero entrar en una relación del tipo
terapeuta/cliente. Sea cual fuere mi comprensión, yo tengo que expresarla a través de la
palabra escrita y tú deberás juzgar por ti misma si es verdadera o falsa y utilizarla como
más te guste. Pero siempre que me siento próximo a algo que se asemeje aun vagamente
al camino del gurú, a una transmisión intencional personal, le pongo pronto fin. Y no es
que crea que el principio del gurú sea malo sino sencillamente que no tengo el menor
karma en ese sentido. Yo no me hallo cualificado para asumir el destino espiritual de las
personas ni tengo el menor deseo de interferir en la vida de nadie. Y si uno es un
terapeuta o un gurú, tiene que interferir (por poco directivo que sea) en el curso de las
vidas de los demás. Yo aplaudo a los buenos terapeutas, a los buenos maestros
espirituales y a los buenos gurús (profesiones, todas ellas, absolutamente necesarias y
respetables), pero lo cierto es que mi vocación discurre por otros cauces.

-¿De modo que nunca tendrás discípulos?


-Tradicionalmente, existe una gradación de implicación creciente con el maestro que
va desde el estudiante hasta el discípulo y finaliza en el devoto. Desde esta perspectiva,
si estudias cualquiera de mis libros ya eres una estudiante de mi obra, y eso me parece
bien porque se trata de un tipo de relación que no me supone ningún problema. Pero el
hecho es que no tengo el menor interés en implicarme en la transformación personal de
nadie y me parece que nunca tendré discípulos, menos todavía devotos.

-Pero hay estudiantes de tu obra. Quiero decir que, de tanto en tanto, impartes
seminarios. ¿Seguirás dándolos?

-En un seminario puedo dirigirme, digamos, a unas cien personas, mientras que, en el
caso de un libro, puedo llegar a unas cien mil. Realmente siento que mi vocación es la
de escribir. Por otra parte, siempre he dicho que cuando me retire de la escritura
académica, me gustaría dedicarme a enseñar, viajar y escribir malas novelas. Pero quién
sabe, a fin de cuentas, qué es lo que haré mañana.

Luego se marchan y me quedo a solas con el Único, el simple Misterio de este


instante, de éste y también de éste.

Miércoles, 17 de septiembre

¡Maravilloso! Sara [Bates] ha recibido el Creative Arts Award de 1997 concedido por
el Foreman Institute. Me alegro mucho por ella. Y ahora las malas noticias porque, en
un congreso celebrado en el Hartwick College, Sara se cayó y se rompió la pierna por
dos lugares diferentes. «Sin embargo, la fortaleza del Espíritu me permitió crear un
círculo de unos cuatro metros de diámetro [el tipo de arte en el que Sara se ha
especializado] colgada de una grúa y con la pierna escayolada. Los estudiantes estaban
tan sorprendidos como yo. No he tomado ningún analgésico porque temía no poder
concentrarme. El trabajo exige cuarenta y ocho horas de una atención muy intensa y
creo que es uno de los mándalas más hermosos que nunca haya realizado.»

Hoy el Espíritu sopla fuerte.

Jueves, 18 de septiembre

He comido con Nancy Levine, una mujer maravillosa, inteligente, hermosa y despierta
que, hace unos meses, trabajó en el Naropa, donde se ocupó de la organización del
congreso de la revista New Age. Según me ha dicho, ella y sus colaboradores leyeron
«A Spirituality That Transform» y quedaron muy impresionados porque «casi todo lo
que hacemos en New Age es decididamente traslativo». Pero ambos estamos de acuerdo
en que la espiritualidad traslativa, aunque sólo sea introductoria, desempeña un papel
muy importante. En mi opinión, uno no debería mentirse con respecto a lo que está
haciendo. No hay que hablar de creencias traslativas y presentarlas como si fueran
transformativas. Si New Age dijera la verdad sobre lo que está haciendo se convertiría
en un decidido movimiento hacia la transformación.

Sábado, 20 de septiembre
Esta madrugada resplandece la Vacuidad y el cuerpomente no es más que una pequeña
ola en ese océano infinitamente hermoso. Y el sol, usurpador del trono de la Luz, irradia
su luz sobre una Gaia insignificante, una diminuta mancha azulada en un océano infinito
de la inagotable serenidad.

El gran maestro Yasutani Zen dice: «¡Mira! La totalidad del mundo fenoménico es
completamente una. Por consiguiente las nubes, las montañas, las flores, el sonido de un
pedo, el hedor de la orina, los terremotos, los truenos y el fuego son expresiones del Yo
Original. La recitación de los sutras, la celebración de las ceremonias, las sartas de
mentiras, las calumnias, las charlas ociosas, la fealdad y la hermosura, ya están
supremamente iluminadas. Todo es su propio Yo Original pleno en sí mismo y sin
mácula alguna».

Lo único que existe es Un Solo Sabor, lo único que existe es el Gran Yo que engloba
por igual «los pedos, el olor de orina, la sarta de mentiras y las calumnias». Por ello,
hasta que los ecólogos comprendan que el agujero de ozono, la polución y los residuos
tóxicos participan por igual del Yo Original, nunca alcanzarán la conciencia iluminada
que es la única que sabe cómo lidiar con estos acuciantes problemas.

Al mismo tiempo, la totalidad del mundo podría desvanecerse -como ocurre en el


nirvikalpa samadhi- y el Yo Original seguiría siendo pleno y, por tanto, completo;
aespacial y, por tanto, infinito; atemporal y, por tanto, eterno. Y no me estoy refiriendo
ahora a una versión divulgativa del panteísmo que equipare simplemente el mundo
manifiesto con el Espíritu. El mundo manifiesto no es el Espíritu, sino un gesto del
Espíritu, del mismo modo que las olas son un gesto del océano. Pero la humedad de
cada una de sus olas es idéntica a la humedad del océano; sólo hay Un Solo Sabor en
cada una de las olas y ese sabor es el Espíritu mismo. El Espíritu es la humedad de cada
una de las olas del universo que incluye -como dijera Yasutani- los pedos, las mentiras
y cualquier otra cosa..., hasta el mismísimo agujero de ozono.

Nosotros queremos recomponer la capa de ozono no porque esté dañando al Espíritu (o


a la Diosa), sino porque nos daña a nosotros. Una ecología realmente espiritual no
debería equiparar la biosfera con el Espíritu -una terrible confusión de lo relativo con lo
absoluto, de lo finito con lo infinito, de lo temporal con lo eterno (otra versión, en suma,
del cuerpismo)- sino que debería considerar la biosfera como una manifestación
gloriosa del Espíritu y tratarla con el mismo respeto que se merecen todas las criaturas
de Dios, sabiendo, también, que esas creaciones son manifestaciones de nuestro Yo más
profundo. Usted no llora la destrucción de la biosfera porque su Dios esté muriendo,
sino porque son sus criaturas las que están muriendo.

Domingo, 21 de septiembre

Hay algo extraño y sumamente paradójico en Un Solo Sabor, puesto que uno nunca
entra realmente en él ni tampoco lo abandona. Un día, más pronto o más tarde, uno
acabará descubriendo que, desde hace literalmente quince mil millones de años, conoce
a Un Solo Sabor y entonces pondrá fin a la Gran Búsqueda. Entonces se dará cuenta de
que cualquier estado en el que pueda entrarse no es Un Solo Sabor.
Vacuidad por toda la eternidad, Plenitud en todo el infinito. Eso, precisamente, es
todo. Tan evidente que suele requerir vidas enteras percatarnos de ello, tan inmediato
que no puede ser apresado, tan sencillo que no puede ser alcanzado, tan presente que no
puede ser logrado. Los budas nunca lo alcanzaron y los seres sensibles jamás lo han
perdido. ¿Quién puede creérselo?

Lunes, 22 de septiembre

El International Cosmos Prize es un premio anual -al que también se conoce como el
«premio Nobel japonés» o, en ocasiones, el «premio Nobel asiático»- concedido por
una reputada fundación japonesa (Expo '90). Sus folletos afirman que: «Su objetivo es
el de premiar (con un importe económico de 500.000 dólares) a aquellos individuos
cuya obra contribuya al desarrollo de una visión global que nos ayude a subrayar la
necesidad de comprender nuestro mundo como una entidad interdependiente».

Un objetivo ciertamente loable. Como dice su folleto informativo: «La investigación


actual y futura necesita comprender la interdependencia existente entre todas las cosas.
Las respuestas, sin embargo, no se hallan en los métodos analíticos y divisivos de los
que se ha servido la ciencia del pasado, por lo que son necesarios nuevos paradigmas
integradores e inclusivos».

»La Fundación reconoce la importancia de una visión holística y global y desea alentar
a quienes promuevan este enfoque. Por consiguiente, ha decidido recompensar los
esfuerzos de aquellos investigadores y científicos de todo el mundo que hayan mostrado
su dedicación a este tema, concediéndoles el reconocimiento del que son merecedores.
Al hacerlo así, no sólo pretende consolidar los ideales de la Fundación, sino que
también quiere promover una nueva oleada de valores y compartir sus frutos con toda la
humanidad.»

Hoy he recibido una carta suya comunicándome que estaban considerando mi


candidatura al Cosmos Prize. Pero antes de hacerlo debería dar algunas conferencias,
etcétera, lo cual me parece muy interesante, porque todas las personas que hasta el
momento han sido premiadas han sido teóricos de la Mano Derecha, es decir, teóricos
sistémicos o ecoteóricos que se han ocupado fundamentalmente del lenguaje en tercera
persona del «ello», al tiempo que ignoraban o desdeñaban las dimensiones de la primera
y de la segunda persona (del «yo» y del «nosotros»). Dicho en otras palabras, han
estado honrando el holismo exterior (el holismo de la Mano Derecha), pero no el
holismo interior (el holismo de la Mano Izquierda), el mundo de la conciencia, de la
experiencia vivida, de la conciencia, de las iluminaciones interiores y de las
revelaciones espirituales.

Este intento de reducir lo interior a lo exterior (o la izquierda a la derecha) no es un


reduccionismo grueso sino un reduccionismo sutil (ejemplificado por el holismo chato,
la teoría de sistemas, la red empírica de la vida, la reducción, en suma, del «yo» y del
«nosotros» a «ellos» interrelacionados). Este reduccionismo sutil u holismo chato -la
reducción del arte y de la moral a la ciencia- constituye el talante dominante de la
modernidad y constituye, pese a todas sus declaraciones de principios, un enfoque de la
Mano Derecha sumamente reduccionista y divisivo. Como he dicho con cierta
frecuencia (parafraseando a Karl Krauss), la teoría sistémica se presenta como un
remedio, pero no hace más que propagar la misma enfermedad que pretende curarnos.

En cualquier caso, no obstante, cualquier reduccionismo sutil (que reduce todos los
«yoes» y los «nosotros» a «ellos» interrelacionados) es infinitamente preferible al
reduccionismo burdo (que no tiene empacho alguno en reducir todos los «ellos»
interrelacionados a «ellos» atomísticos). De modo que la Expo Foundation ha hecho un
gran servicio al recompensar los enfoque holísticos, aunque se trate de un holismo
meramente exterior.

Y creo que el hecho de que estén pensado en mi obra constituye un síntoma de que
están comenzando a reconocer que el verdadero holismo debe ser tanto interno como
externo (e incluir, por tanto, los cuatro cuadrantes). Tal vez haya llegado ya el momento
de un enfoque «omninivel y omnicuadrante» que ponga punto y final al holismo chato
que nos aboca a un mundo absurdo que vaga por una red ajena a toda profundidad, toda
interioridad, toda alma y todo Espíritu.

Martes, 23 de septiembre

LA NUEVA RELIGIÓN CIVIL CENTRADA EN LA PERSONA

Recientemente se han publicado un par de encuestas que han provocado un gran


revuelo, me refiero a «The Rise of Integral Culture» y «Report on Grassroots
Spirituality», de Paul Ray y Robert Forman respectivamente, que pretenden demostrar
la existencia de una revolución cultural fundamentalmente centrada en los baby
boomers. La conclusión de Paul Ray es que hoy en día está emergiendo una nueva
cultura superior transformadora -a la que llama «cultura integral», que gira en torno a lo
que él denomina «culturas creativas»- que bien pudiera (a su juicio) convertirse en una
de las transformaciones culturales más importantes de los últimos mil años. Pero todas
estas afirmaciones no son, a fin de cuentas, muy diferentes de los primeros manifiestos
de los baby boomers (La conspiración de Acuario, The Making of a Counter-Culture, El
punto crucial y The Greening of America), lo único que las diferencia es el esfuerzo
invertido en la recopilación de datos y la metodología sociológica empleada que les
lleva, no obstante, a extraer la conclusión provisional de que la esencia de esta
revolución es de índole profundamente espiritual. En este sentido, Paul Ray llega a
afirmar que el 24% de la población de los Estados Unidos -unos cuarenta y cuatro
millones de personas- está comprometida en el movimiento denominado «creatividad
cultural».

Pero la afirmación de que cuarenta y cuatro millones de baby boomers de clase media
y media superior estén experimentando una profunda transformación espiritual resulta
manifiestamente falsa. ¿Qué es, pues, lo que está ocurriendo?

A mi juicio, nos hallamos ante un fenómeno cultural fascinante que no implica tanto
un nuevo tipo de espiritualidad transformadora como la emergencia de una
espiritualidad traslativa relativamente nueva. No se trata, pues, de una nueva
autenticidad (de un camino para trascender al yo), sino de una nueva legitimidad (de un
nuevo modo de dar significado al yo); no se trata, de un nuevo paso hacia adelante en el
desarrollo de la conciencia, sino de un nuevo modo de justificar el estadio en el que uno
se encuentra.

Tal vez convenga, en este punto, hacer una corta disgresión para recordar que, a finales
de los años cincuenta, varios estudiosos serios (como Talcott Parsons, Edward Shils y
Robert Bellah, por ejemplo) acuñaron la noción de «religión civil». La idea era que
muchos estadounidenses habían transferido la sensación de sacralidad de la religión
institucionalizada (religión de la Iglesia) a ciertos aspectos de la sociedad civil. El
resultado -una religión civil- tendía a sacralizar ciertas características y eventos de la
historia de este país como algo inspirado por Dios. Desde ese punto de vista, la
inmigración a América constituía un nuevo Éxodo y los americanos eran el nuevo
«pueblo elegido» encargado de transmitir al resto del mundo la nueva revelación
espiritual.

Pero esta religión civil no abogaba por la transformación sino por la traslación, no
trascendía al yo sino que le dotaba de un sentido superior, proporcionando a muchos
americanos un significado y legitimando, de ese modo, sus vidas. Significado porque les
vinculaba a algo que les trascendía y legitimidad porque sus vidas recibían con ello el
espaldarazo de lo sagrado. Y eso es precisamente lo que hace cualquier tipo de
espiritualidad traslativa. No olvidemos que la legitimidad es uno de los ingredientes que
proporcionan significado cultural y cohesión social a una determinada sociedad. Y lo
que subrayaban esos estudiosos era que la religión civil había comenzado a cumplir con
algunas de las funciones (cohesión social y expresión emocional) que las Iglesias habían
dejado de satisfacer. Así fue como muchas instituciones civiles y seculares acabaron
nimbadas de una sensación numinosa ajena ya a las Iglesias, en la idea de que esa
sacralidad les confería una misión especial.

No obstante, a finales de los sesenta, esta religión secular y civil experimentó una
crisis de legitimidad que afectó a muchas otras instituciones americanas. En Un Dios
sociable discutí con detenimiento esta crisis de legitimidad y llegué a tres grandes
conclusiones. En la medida en que la legitimidad convencional fue fragmentándose, los
individuos (y la sociedad en general) dispusieron de: 1) la oportunidad de desarrollarse
en una dirección más postconvencional, lo cual implicó, para unos pocos, el acceso a las
modalidades auténticamente transpersonales, transracionales y espirituales; 2) el
retroceso, para muchos otros, a modalidades preconvencionales y egocéntricas, y 3) la
necesidad de encontrar una nueva religión o sistema de creencias civil que sacralizara
las traducciones ordinarias del ego separado.

Era como si la cultura integral descrita por Ray representase una nueva religión civil.
Existe poca evidencia de que la modalidad postconvencional se halle presente en la
mayor parte de las personas adscritas a esa «cultura creativa» (caracterizada, por otra
parte, por un abierto narcisismo regresivo), porque la mayor parte de estos individuos
parecen hallarse en el mismo nivel general de desarrollo que sus padres. Lo que
nosotros advertimos, en cambio, es una nueva forma de legitimidad y espiritualidad
traslativa que no apunta tanto a la transcendencia del ego separado como a darle sentido,
consuelo, aprobación y futuro.

Fundamentalmente impulsada por los baby boomers, esta nueva religión -a la que
llamaré religión civil centrada en la persona (RCCP)- presenta todos los rasgos de la
agenda postestructuralista postmoderna que todavía rige el ámbito académico detentado
por los boomers. Con ello quiero decir que, con muy pocas excepciones, es
fundamentalmente antijerárquica, antiinstitucional, antiautoritaria, anticientífica,
antirracional y profundamente subjetiva [véase la entrada correspondiente al 22 de
noviembre para una discusión más detallada sobre todas estas tendencias], algo que
contrasta marcadamente con la vieja religión civil. Sin embargo, al igual que ocurre con
la vieja religión civil, los nuevos creyentes ya no encuentran en la Iglesia la necesaria
sacralidad (según Forman, «la espiritualidad popular» cree en ABC: Anything But the
Church [cualquier cosa menos la Iglesia]). Y al igual que ocurría con la vieja religión
civil, suelen considerarse la vanguardia de una nueva visión espiritual (o, en el peor de
los casos, de un nuevo paradigma) que, en opinión de muchos, transformará el mundo,
sanará el planeta, curará a América, etcétera.

Los contenidos concretos de la nueva religión civil centrada en la persona (RCCP)


proceden, en mi opinión, de varios campos diferentes. En primer lugar habría que hablar
del romanticismo, que enfatiza los sentimientos, desdeña la razón, subraya la conexión
emocional con los demás y sacraliza la naturaleza en tanto que algo opuesto a la cultura
(hay que decir que, en opinión de Ray, el principal subconjunto de los acólitos del
movimiento de la «creatividad cultural» es el de «los verdes»). El segundo habría que
buscarlo en las terapias experienciales tan populares en la década de los sesenta (los
«creativos culturales» son, en opinión de Ray, los principales consumidores de los
talleres experienciales). El tercero radica en la religión de la nueva era (que, según Ray,
constituye uno de los ingredientes principales de la «religión de la cultura integral»,
aunque se trate de un nombre con el que muchos no estarían de acuerdo). El cuarto es el
holismo (o, como dice Ray, la afirmación de que «todo es holístico» aunque los detalles
concretos de ese supuesto holismo nunca acaben de definirse con claridad, porque eso
sería «demasiado controlador», un holismo sin rostro que, en ocasiones, no se halla muy
alejado de la chata teoría de sistemas). El quinto es el globalismo o el intento de que sus
valores sean compartidos por el resto del mundo. El sexto es el feminismo y la
espiritualidad femenina (no hay que olvidar que el 60% de los integrantes del
movimiento de la llamada «creatividad cultural» son mujeres).

Este énfasis en la espiritualidad femenina resulta muy interesante porque encierra, en


mi opinión, la clave para comprender algunos aspectos fundamentales -tanto positivos
como negativos- de la religión civil centrada en la persona. Gran parte de la
espiritualidad femenina sigue el camino señalado por la investigación realizada por
Deborah Tannen y Carol Gilligan al mostrar que las mujeres tienden a enfatizar la
comunión, la relación y el respeto, mientras que los varones tienden a subrayar la
individualidad, el derecho y la justicia. Las primeras tienden a ser heterárquicas (lo que
significa que no privilegian ninguna perspectiva, sino que las consideran a todas por
igual), mientras que éstos tienden a ser jerárquicos (es decir, afirman la existencia de un
ordenamiento jerárquico de perspectivas de distinta amplitud y profundidad). La
espiritualidad de las mujeres ha asumido, por tanto, una postura fuertemente
antijerárquica y así es, de hecho, como suele presentarse a voz en grito.

Pero lo cierto es que, de este modo, se dejan de lado las verdaderas conclusiones de la
investigación realizada por Gilligan, a saber, que el proceso de desarrollo de las mujeres
(al igual que el de los hombres) atraviesa tres grandes estadios jerárquicos (el término
es suyo), a los que denomina egoísta (egocéntrico o preconvencional), respeto
(sociocéntrico o convencional) y respeto universal (mundicéntrico o postconvencional).
El desarrollo, pues, de los hombres y de las mujeres atraviesa la misma secuencia
jerárquica, pero los hombres lo hacen subrayando la individualidad, mientras que las
mujeres, por su parte, enfatizan la relación. (Convendría también recordar que jerarquía
significa, en realidad, holoarquía, porque cada estadio superior transciende al tiempo
que incluye -o envuelve a la vez que anida- a sus predecesores en un desarrollo que es,
tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, envolvente.)

El hecho de que gran parte de la espiritualidad femenina, de los «creativos culturales»


y de la espiritualidad popular nieguen violentamente la existencia de una jerarquía del
desarrollo es probablemente una de las principales razones que justifican la poca
capacidad transformadora de este tipo de movimientos. Transformación significa
crecimiento jerárquico y, si uno comienza negando la holoarquía, carecerá de toda
brújula que le indique la dirección a seguir, con lo cual no tendrá modo de encontrar el
camino a seguir ni tampoco podrá conseguir autenticidad y transformación y deberá
conformarse con la legitimidad y la traslación. Y eso es, precisamente, lo que hace la
nueva RCCP, lo cual, muy probablemente, limite su potencial transformador.

Como afirma Roger Walsh refiriéndose a movimientos tales como la «cultura


integral»: «Estos movimientos suelen ser antijerárquicos, pero lo cierto es que el
desarrollo espiritual discurre a través de niveles y que algunas personas se encuentran
más desarrolladas que otras. Y si no reconocemos este punto corremos el riesgo de
generar problemas tales como la resistencia a realizar distinciones que resultan
esenciales, la falta de pensamiento crítico y el pseudoigualitarismo. La cuestión
fundamental, por decirlo en pocas palabras, es la siguiente: ¿hasta qué punto la «cultura
integral» o la espiritualidad popular está alentando realmente la maduración espiritual y
hasta qué punto se centra exclusivamente en lograr que las personas se sientan bien? La
mayor parte de lo que actualmente se califica como espiritualidad parece ser un
sinónimo de sentimentalismo exacerbado». [Ver entrada correspondiente al 5 de julio
para el llamado «paradigma 415», una de las versiones más relevantes de la nueva
RCCP.]1

1: Robert Forman es un reputado teórico y un excelente editor y el resultado de su investigación no siempre coincide
con las respuestas ofrecidas por sus encuestados. En su excelente The Problem of Pure Consciousness, Forman
avanza la hipótesis de que el estado de absorción sin forma (o cesación sin manifestar) es un elemento cuasi universal
de la espiritualidad mística profunda, algo con lo que estoy completamente de acuerdo. Tal vez, en el segundo paso
de su investigación, podría preguntar a sus encuestados: «¿Ha tenido usted alguna experiencia prolongada de la
cesación pura sin forma? En caso afirmativo, descríbala». De este modo, Robert tendría una idea más clara del
porcentaje de personas que están accediendo a una espiritualidad profunda y, por substracción, del porcentaje de
personas implicadas en una espiritualidad menor meramente traslativa (propia de la RCCP).

A pesar de todo ello, sin embargo, son muchas las cosas buenas que podrían decirse en
torno a la religión civil centrada en la persona en tanto que legítima espiritualidad
traslativa. De hecho, es la primera religión traslativa que tiene seriamente en cuenta los
problemas ecológicos. También engloba muchos grupos anteriormente marginados,
como las mujeres, por ejemplo (aunque sigue siendo, sin embargo, una religión
fundamentalmente blanca y centrada en la clase media y media superior), y se distingue
por un marcado optimismo social. Valora positivamente la educación, el
establecimiento de relaciones de vecindad y, muy en particular, el diálogo y la discusión
en pequeños grupos (la RCCP valora las pequeñas asociaciones cívicas centradas en la
persona, de ahí su nombre, ya que el término «civil» se refiere a aquellas asociaciones
existentes entre el nivel de la familia y el nivel del Estado). Y todo esto es, en mi
opinión, bastante positivo, al menos en un sentido traslativo. Además, en casi todos los
estadios del desarrollo es posible tener una experiencia cumbre -una auténtica
experiencia espiritual, lo cual también incluye a los miembros de la religión civil
centrada en la persona, y acceder a un vislumbre provisional de lo Divino-, (aunque lo
mismo ocurre con todas las personas y no constituye, en este sentido, un signo privativo
de la RCCP).

Y todo eso está mezclado con el consumismo, el gusto por el turismo (en especial, por
el turismo eco o espiritual), el interés obsesivo por la alimentación y por la participación
en los talleres de tipo experiencial. Además, son los innovadores de las boutiques de
cerveza y no es improbable encontrar, en su despensa, cinco tipos diferentes de vinagre.
Son personas que desdeñan la televisión (lo cual definitivamente me deja fuera de la
nueva «cultura integral», aunque siempre he pensado que, si vieran más televisión,
serían más conscientes de lo que realmente está ocurriendo y no se atreverían a escribir
libros como La conspiración de Acuario o The Greening of America).

Así pues, en mi opinión el 24% de la población no se halla implicado en ninguna


transformación espiritual profunda. Tal vez lo esté en torno a un 1% de la población -
¡un número que aun así supera el millón de personas!-, pero en modo alguno los
números que baraja la Conspiración de Acuario o la «cultura integral». Junto a ese 1%,
el resto de la población sigue buscando la legitimidad mediante: 1) la religión mítica
tradicional (bíblica) cuyo peso en nuestra cultura sigue siendo muy grande; 2) el
republicanismo tradicional o el humanismo cívico estrechamente ligado, en nuestro
país, a la religión mítico-bíblica; 3) la ciencia secular, la religión de las élites
educativas; 4) el liberalismo político, fundamentalmente ligado a la ciencia; 5) los
movimientos regresivos de la nueva era, y 6) la religión civil centrada en la persona.

Pero, pensemos lo que pensemos al respecto, existen, en los movimientos agrupados


bajo el epígrafe de «creatividad cultural», aspectos que me parecen sumamente
positivos. En este sentido, tengo que decir que mi generación fue la primera en tomarse
en serio, a gran escala, la posibilidad de una liberación espiritual auténticamente
transformadora. Mi generación fue la que importó a este país el misticismo oriental de
un modo desconocido hasta entonces, mi generación fue la que señaló las raíces
místicas del cristianismo y del judaismo (desde los gnósticos hasta Eckhart, Luria y la
Cábala) y comenzó a buscar experiencias espirituales inmediatas que fueran más allá del
mero dogma. Bien pudiera decirse que el lema distintivo de mi generación ha sido el del
«Aquí y Ahora». De algún modo, mi generación abrió un horizonte de posibilidades que
supuso, en el mejor y más profundo de los sentidos, una transgresión y subversión de
todas las convenciones y abrió las puertas a una libertad inimaginable para las
generaciones precedentes.

Pero todo eso, lamentablemente, no deja de ser una mera idea. Una cosa es tomar un
café, fumar y charlar hablando acerca del zen de esto y el zen de aquello, del Tao de
esto y el Tao de lo otro, y otra muy distinta practicar asiduamente el zen para cambiar el
mundo y transformar el samsara. Es por ello que mi generación no sólo rompió con los
convencionalismos sino que, con la ayuda de la religión civil centrada en la persona,
volvió a la plaza del mercado, pero no desde la décima estampa del pastoreo espiritual
del boyero sino desde la primera. Y es que mi generación acabó tornándose yuppi y
cayó presa del capitalismo o restringió sus impulsos espirituales exclusivamente al reino
ordinario, reduciendo a Dios a Gaia. En líneas generales, mi generación renunció al
idealismo verdadero (la transcendencia vertical del yo) y acabó asumiendo el
romanticismo (la obsesión horizontal por el yo). Y la RCCP nos ayudó a justificarlo
todo y a seguir con el turbio asunto de alentar la obsesión por el ego a través de largos
días y solitarias noches.

Pero lo que me parece más importante es el hecho de que, de ese 24% de la población
que cree en la posibilidad de la trascendencia, existe un 1% que no sólo está ligado a
una espiritualidad traslativa o experiencias cumbres ocasionales, sino que se halla
realmente comprometida en experiencias meseta y en auténticas prácticas espirituales.
Ese 1% de la población -más de un millón de personas- está realmente implicado en una
trascendencia cuyo abrazo compasivo es sumamente raro en cualquier cultura. Ése,
precisamente, podría ser el mejor regalo de mi generación al mundo.

Esta situación, al mismo tiempo, supone un interesante reto educativo: ¿cómo


podríamos diferenciar claramente entre las creencias meramente traslativas y las
prácticas auténticamente transformadoras? ¿Cómo podríamos contribuir a que ese 1%
acabara convirtiéndose en el 5, el 10 o incluso el 20%? Como dice Jack Crittenden, éste
es un elitismo, pero un elitismo al que todo el mundo está invitado.

Miércoles, 24 de septiembre

Soy un entusiasta de Anselm Kiefer, cuya obra me parece muy interesante. Por una de
esas curiosas sincronicidades, hoy he recibido la siguiente carta de Marian Goodman,
dueña de la Marian Goodman Gallery, de Nueva York:

Regento una galería de arte en la que exponen algunos de los principales artistas
contemporáneos. Uno de ellos es el renombrado Anselm Kiefer, que ha realizado exposiciones
individuales en los museos más importantes de todo el mundo. Creo poder afirmar, sin temor a
equivocarme, que se trata de uno de los principales artistas contemporáneos y, muy
probablemente, del principal pintor europeo de su generación.

Anselm Kiefer es un alemán nacido en 1945 que ejemplifica perfectamente la lucha por
encontrar el sentido tan propia de la generación de la postguerra. El tema de su obra ha ido
evolucionando con el paso del tiempo, pasando del cuestionamiento de los orígenes de la
catástrofe alemana -a través de la mitología, la historia, etcétera- hasta una reflexión acerca de la
capacidad del ser humano para el bien y para el mal. En los últimos años, sin embargo, su
trabajo se ha adentrado en derroteros más interiores, más espirituales y transcendentales.

A mitad de noviembre inauguraremos una gran exposición sobre su obra y, para ese evento,
hemos pensado publicar un libro.

Luego me comenta que Anselm estaría encantado de que escribiera un prólogo para
ese libro, cosa que haré con sumo gusto.

No recuerdo dónde acabo de leer una revisión de la obra de Anselm. ¿Acaso fue en el
maravilloso Has Modernism Failed, de Suzi Gablik, una lúcida crítica del
postmodernismo extremo? (Yo también disfruté mucho con su Progress in Art, donde
demuestra que el arte se halla inmerso en un proceso de evolución y desarrollo.) Según
Gablik: «Aunque la visión ecléctica de los americanos Julián Schnabel y David Salle
nunca se combine con el compromiso o el sentido -y , en consecuencia, se asemeje más
a un síntoma de la alienación que a su cura- hay otros artistas, como el aleman Anselm
Kiefer, cuya imaginería está comprometida e incluso alienta la disposición a creer de
nuevo. Kiefer, en mi opinión, es uno de los pocos artistas que hoy en día se esfuerzan en
recuperar la dignidad espiritual del arte y abrir nuestra visión y nuestros ideales a una
renovación apocalíptica. Es como si estuviera abriendo la fenestra aeternitatis -la
ventana a la eternidad y la clarividencia espiritual- que nuestra sociedad ha mantenido
cerrada durante tanto tiempo».

Viernes, 26 de septiembre

Roger y Frances han venido a pasar dos días con Marci y conmigo. Frances debe
pronunciar una conferencia en el Arizona Center for the Study of Consciousness en
representación de la Fetzer Foundation, uno de los patrocinadores del evento. Yo había
escrito un largo artículo (para su revista, el Journal of Consciousness Studies) titulado
«An integral Theory of Consciousness», en el que subrayaba la necesidad de un enfoque
«omni-nivel y omni-cuadrante» y cuya conclusión, dicha en pocas palabras, es que
tenemos que encontrar el modo de combinar adecuadamente los abordajes al estudio de
la conciencia realizados en primera persona («yo»), en segunda persona («nosotros») y
en tercera persona («ello») [lo que podríamos denominar un enfoque 1-2-3].

Pero cuando Roger y Frances y yo revisamos el campo de los estudios sobre la


conciencia, nos dimos cuenta de que casi todos se centran en un determinado cuadrante
y pugnan por excluir a los demás, lo cual resulta ciertamente deprimente. De modo que
Frances ha pensado que bien pudiera titular su conferencia como «The 1-2-3 of
Consciousness Studies» para alentar así el desarrollo de una visión más integral. Roger,
por su parte, ha tenido la fantástica idea -a la que ha bautizado como 20/20- de que cada
cuadrante debería ocupar, al menos, un 20% de las actividades del centro. Las
oportunidades son ciertamente pequeñas, pero se trata de una buena idea que tal vez
resulte aplicable en otro contexto.

Lunes, 29 de septiembre

-No es tanto lo que una persona dice como el nivel de conciencia desde el que lo dice,
lo que determina la veracidad de un aserto espiritual - le he comentado al joven profesor
de una universidad local con el que he quedado esta tarde para conversar un rato.

-¿Qué quiere decir con ello? -me ha preguntado.

-Cualquier persona, por ejemplo, puede decir que «todas las cosas son Uno», que
«todos los seres sensibles poseen Espíritu», que «todas las cosas forman parte de la
"red-de-la-vida"» o que «sujeto y objeto son no dos». La cuestión es si realmente
comprende lo que está diciendo. ¿Está esa persona hablando de algún tipo de
experiencia o sus afirmaciones no son más que meras palabras?

- ¿Y qué ocurriría en el caso de que sólo fueran meras palabras? ¿Es que las palabras
no son importantes?

-Bien, las realidades espirituales no son meras formulaciones verbales sobre el mundo
objetivo, sino que también expresan hechos subjetivos, hechos interiores, y para que
sean ciertas usted debe hallarse directamente en contacto con esos hechos superiores o
interiores, de otro modo, por más «adecuadas» que sean, sus palabras serán falsas. Es el
estado subjetivo del hablante, que no el contenido objetivo de sus palabras, el que
determina la veracidad de un aserto.

-Lo comprendo. ¿Podría darme algunos ejemplos? -me ha preguntado, mientras


garabateaba furiosamente en su cuaderno, aunque no quedaba claro si tomaba nota de
mis comentarios o no hacía más que registrar por escrito sus propios pensamientos.

-Muy bien. Alguien, por ejemplo, podría decir: «Todas las cosas son Una», para
verificar la veracidad de su aserto, usted tendría que determinar el estado subjetivo de su
conciencia (o su nivel de conciencia). Es absolutamente necesario conocer el nivel de
conciencia del hablante para comprender lo que realmente quiere decir cuando se refiere
a «todas las cosas». ¿Acaso se refiere a que todas las cosas del nivel ordinario son una?,
¿a que todas las cosas del nivel sutil son una?, ¿a que todas las realidades causales son
una?, ¿o acaso está refiriéndose a todas las cosas pertenecientes a todos esos niveles? La
afirmación «Todas las cosas son Una» tiene muchos y muy distintos significados
posibles, significados que no dependen tanto del contenido objetivo de las palabras (que
es, por cierto, el mismo en cada uno de los casos) como del nivel subjetivo de
conciencia de la persona que las pronuncia, algo que cambia radicalmente su
significado. Porque usted podría ser uno con todo en un determinado nivel, pero ¿qué
ocurriría en el caso de que existieran niveles superiores y más profundos que usted
ignorase? En tal caso, usted no sería uno con todos ellos. ¿No le parece?

-Así es. ¿Cómo lo formularía usted?

-Existen varias cuestiones a tener en cuenta. La mayor parte de los libros que tratan de
la teoría sistémica, de Gaia, de la Gran Madre, de la ecopsicología, del nuevo
paradigma, etcétera, se refieren al estado de vigilia ordinaria. Y esto resulta evidente
porque nunca mencionan la existencia de fenómenos propios del reino sutil, de los
diversos estados meditativos, del samadhi, de las iluminaciones interiores, de los
estados extraordinarios del yoga del sueño, de la iluminación arquetípica, etcétera, ni
tampoco mencionan los estados más elevados del dominio causal sin forma. Es por ello
que sus afirmaciones del «holismo», de la «no dualidad», etcétera, carecen de todo
sentido. En el mejor de los casos, se mueven dentro del nivel del misticismo natural en
el que la conciencia está limitada a la unión con el estado ordinario de conciencia. Y,
aunque eso esté muy bien, lo cierto es que no nos lleva muy lejos, porque se trata de la
más superficial de las esferas, de la unidad mística del Gran Nido del Espíritu.

-¿Cómo puede saber si su conciencia se extiende más allá del dominio ordinario?

-Cuando la conciencia se estabiliza hasta el punto de permanecer durante el estado de


sueño (cuando usted penetra en el sueño lúcido, por ejemplo o experimenta los diversos
tipos de savikalpa samadhi, meditación con forma), usted dispone de la posibilidad de
acceder a un dominio completamente nuevo (a saber, el reino sutil), lo cual se reflejará
inequívocamente en su vida, en su escritura, en sus teorías y en su práctica espiritual.
En tal caso, usted ya no se limitará a pensar en el dominio sensoriomotor ordinario (su
dios dejará de ser «verde») y un extraordinario paisaje interno se abrirá ante el ojo de su
mente. Si usted es pintor, por ejemplo, ya no se limitará a los bodegones, los paisajes o
los desnudos, sino que podrá comenzar a pintar las escenas sutiles de su interior, como
hace el surrealismo y el realismo fantástico, o los objetos de la meditación interior,
como ocurre en el caso de los thangkas tibetanos. Porque debe tener en cuenta que
ninguno de esos objetos sutiles puede verse con el ojo de carne.

-De modo que cuando alguien que se halla en el nivel sutil dice «Todas las cosas son
Una», está refiriéndose a algo muy diferente de lo que dicen los teóricos del nivel
ordinario.

-Sí, completamente diferente. Normalmente, cuando alguien cuya conciencia se halla


circunscrita al dominio ordinario dice «Todas las cosas son Una», está hablando de algo
parecido a la teoría de sistemas o la ecopsicología, en el sentido de que todos los
fenómenos empíricos constituyen aspectos diferentes del mismo proceso unificado.
Pero cuando esa afirmación proviene de alguien cuya conciencia puede acceder al reino
sutil, está queriendo decir que todos los sucesos empíricos y todos los fenómenos sutiles
son aspectos del mismo proceso unificado; una realización, por cierto, mucho más
profunda y amplia que trasciende e incluye el dominio ordinario.

-De modo que su conciencia es realmente más intensa.

-En cierto sentido sí, porque su conciencia no se desvanece al atravesar el umbral del
estado de sueño. El desarrollo y la evolución de su conciencia le permiten permanecer
«despierto» aun cuando aparezca el sueño y también pueden entrar en los estados
profundos del savikalpa samadhi sin que su conciencia se desvanezca. Y esta
«fortaleza» de la conciencia es todavía mayor en el estadio causal, en donde uno alcanza
un tipo de «conciencia constante» o de «capacidad de contemplar de manera constante»,
lo cual significa que usted permanece «despierto» a través de los tres principales estados
de conciencia (la vigilia, el sueño y el sueño profundo). De modo que la conciencia es,
por así decirlo, cada vez más fuerte, soportando cambios de estado cada vez mayores,
algo que se reflejará inequívocamente en su vida, su trabajo, sus teorías, etcétera. Todo
ello signos que resultan difíciles de olvidar.

-Lo comprendo. De modo que, si usted se halla en el estadio sutil, tiene acceso...

-En el estadio sutil, uno puede acceder a las formas propias del misticismo teísta
(iluminaciones interiores, nada, shabd, diversos tipos de samadhi o estados meditativos,
saguna Brahman [Deidad con Forma] oración del corazón, yoga de sueño, la mayor
parte de los reinos del bardo, etcétera). Éste es el reino sutil del misticismo teísta. El
hecho de que el alma sutil transcienda a la vez que incluya el dominio sensorimotor
ordinario implica que, en el nivel del misticismo teísta, usted también puede acceder al
misticismo natural, porque no son exclusivos. Pero los inferiores, los místicos naturales,
tienden a pensar que usted está chiflado.

- Y en el estadio causal...

-Es la morada del misticismo sin forma, de la Vacuidad pura, del Abismo, de lo No
Nacido, de ayn, nirodh, del nirvikalpa samadhi, del jnana samadhi, del nirvana clásico
o de la cesación. La experiencia (o «no experiencia») de la cesación es inequívoca e
indeleble. Y cuando alguien ha llegado a experimentar directamente ese estado y
escribe libros espirituales, créame, habla precisamente de eso y sabe perfectamente
quiénes hablan de lo mismo.
-Usted también habla de lo no dual.

-Así es porque, cuando usted penetra en lo causal sin forma (el hogar del Testigo puro)
el mismo Testigo se funde con todo lo que se contempla en los tres estados, algo a lo
que el Vedanta denomina sahaja que significa la unión espontánea entre el nirvana (la
vacuidad) y el samsara (la forma), los tibetanos lo llaman Un Solo Sabor (porque todas
las cosas, en todos los estados, tienen el mismo sabor, el sabor de la Divinidad) y los
taoístas tzujan (que significa «lo que emana de sí mismo», lo espontáneamente
prefecto). De modo que cuando una persona que se halla en este estadio dice que
«Todas las cosas son Una», lo que realmente está queriendo decir es que todas las cosas
del reino ordinario, del reino sutil y del reino causal tienen Un Solo y el mismo Sabor,
algo, por cierto, muy distinto délo que significa la afirmación de que «Todas las cosas
son Una» pronunciada por alguien que sólo haya despertado al reino ordinario.

-Entiendo. Es por ello que usted dice -ha comentado, echando un vistazo a sus notas-
que «es el estado subjetivo del hablante, que no el contenido objetivo de sus palabras, el
que determina la veracidad de un aserto».

-Efectivamente.

-De modo que existe una unidad del nivel psíquico, otra del nivel sutil, otra del nivel
causal y otra del nivel no dual.

-Básicamente sí. Y ello también incluye la Unidad o Unión transpersonal y


transracional. También existen formas primitivas, prerracionales o prepersonales de
«unidad» o fusión. Existe la fusión o unidad arcaica o plerromática con el mundo
mágico (típica del primer año de vida), el animismo mágico o indisociación entre el
sujeto y el objeto emocional, una especie de unidad propia del nivel vital (que suele
tener lugar entre los tres y los cuatro años de edad), y también existe el sincretismo
mítico o la unidad de las fusiones simbólicas (que ocurre entre los cuatro y los ocho
años). Y es evidente, como señala Jean Gebser, que todos nosotros seguimos
disponiendo de la posibilidad de acceder a esos distintos tipos de cognición primitiva -
arcaica, mágica y mítica-, aunque ahora ya se hayan visto anidados por el desarrollo
posterior. Y también tenemos las formas racionales de Unidad, como la teoría
sistémica, por ejemplo, que son alcanzadas por la razón madura (o visión-lógica).

-¿Podría usted resumir este último punto?

-Fusión pleromática, animismo mágico, sincretismo mítico, teoría sistémica racional,


misticismo psíquico o natural, misticismo sutil o teísta, misticismo causal o sin forma y
Un Solo Sabor no dual.

-Y todos ellos -ha proseguido- pueden afirmar que «Todas las cosas son Una» y estar,
sin embargo, refiriéndose a cosas completamente diferentes.

-Así es.

-Lo comprendo, lo comprendo -ha dicho, mientras seguía emborronando su libreta.


-Éste es precisamente el asunto -he subrayado-, porque últimamente hay un aluvión de
libros que no dejan de afirmar que todas las cosas forman parte de una totalidad
unificada, que todos somos hebras de la «red-de-la-vida», que todas las cosas son
aspectos distintos del mismo proceso, que el mundo es un sistema orgánico vivo,
etcétera, versiones, distintas todas ellas, de la afirmación de que «Todas las cosas son
Una». Pero esa afirmación carece, en sí misma, como ya hemos visto, de todo sentido,
ya que su veracidad depende por completo del nivel de conciencia de la persona que la
formule.

»Y esto significa un par de cosas. En primer lugar, cuando usted lea estos libros, trate
de juzgar como mejor pueda la profundidad real de los escritos, ya que todo el mundo
puede decir que «Todas las cosas son Una». La mayor parte de los libros escritos sobre
la «unidad con el mundo» están escritos desde el animismo mágico, el sincretismo
mítico o, en el mejor de los casos, la teoría sistémica propia del nivel racional. Trate,
pues, de encontrar a un autor que no sólo se dirija a los niveles de conciencia racionales
o prerracionales, sino también a los transracionales. En segundo lugar, el autor no sólo
debe proporcionarle nuevos modos de traducir el mundo, sino nuevas formas de
transformar su conciencia, y en el caso de que no se las diera, debería tenerlo
claramente en cuenta.

Luego he preparado una taza de té verde y ambos hemos contemplado en silencio


cómo la luz iba apagándose mientras el sol se ocultaba detrás de las montañas. Parecía
absorto en sus pensamientos, como si llevara un walkman invisible que cantara una
canción que sólo él pudiera escuchar. «Gracias», ha dicho finalmente y luego le he
acompañado hasta la puerta.
OCTUBRE

Y, a pesar de Todo, existe la sensación -supongo que se trata de la Última Convicción


mística- de que, más allá del Dolor, más allá de la Muerte y más allá del Horror, el
Universo entero está, de algún modo, Completamente Bien (con «ce» mayúscula y con
«be» mayúscula).

ALDOUS HUXLEY

No hay forma alguna de alcanzar el Yo. Porque, en el caso de que la hubiera, ello
significaría que el Yo no está aquí y ahora y que puede ser alcanzado. Pero todo
aquello que se logra termina perdiéndose y, en consecuencia, es impermanente. Y lo
que no es permanente no merece la pena. Es por ello que digo que no es posible
alcanzar el Yo. Usted es el Yo, usted ya es Eso.

SRI RAMANA MAHARSHI

Miércoles, 1 de octubre

Después de cenar con Marci he pasado un rato en el centro para discapacitados del
desarrollo en el que trabaja. Uno de los residentes, Richard, es lo que, en un sentido
temporal, se denomina un «retrasado», aunque, llamémosle como le llamemos, se trata
de una persona muy perceptiva. El también está enamorado de Marci de modo que,
cuando comenzamos a salir juntos, quiso conocer a ese entrometido que estaba saliendo
con su chica. Entonces Marci le dijo que yo era un escritor y le mostró algunos de mis
libros, y hoy, cuando he llegado, le he encontrado leyendo un ejemplar de Psicología
integral.

-¿Sabes que puedo entender este libro? Tengo hasta cuarto grado -me ha dicho.

Jueves, 2 de octubre

Después de veinticinco años de meditar en la postura del loto ahora suelo hacerlo en la
postura yóguica «del cadáver», que consiste en tumbarse de espaldas, con los pies
juntos y los brazos ligeramente separados, la misma postura en la que suelo dormir, de
modo que normalmente me despierto y empiezo a meditar sin moverme siquiera.

-¿Sabes que podría determinar perfectamente el momento en que empiezas a meditar?


-me ha dicho Marci esta mañana.

-¿Cómo es eso? -le he preguntado.


-Por los leves cambios de respiración que, en ocasiones, llega incluso a detenerse. Y
cuando meditas durante toda la noche [es decir, cuando la conciencia se mantiene
ininterrumpidamente presente a través de los tres estados], respiras exactamente igual
que si durmieses. Me gusta, es como si roncaras.

Empiezo a escribir el ensayo para el libro de arte de Anselm. Se titula: «Ver un mundo.
El arte y el yo del espectador». Hablando de la postura del cadáver, he de decir que, en
algunas de sus últimas pinturas, hay un hombre en primer plano que yace inmóvil sobre
su espalda en esa postura representando la muerte del ego, la muerte de la sensación de
identidad separada y, en consecuencia, la apertura a lo transpersonal y lo
supraconsciente. En mi opinión, el arte supraconsciente es el arte del futuro.

Viernes, 3 de octubre

E L DESARROLLO Y LA REGRESIÓN
(Conversación telefónica con un grupo del estudio)

PREGUNTA: No entiendo por qué, en aras del holismo integral, critica usted otros
puntos de vista. ¿No deberíamos acaso -si todo forma parte de todo- aceptar todos los
puntos de vista? ¿El verdadero holismo no tendría que aceptarlo todo, en lugar de
criticarlo?

KW: Ese es precisamente el meollo de cualquier libro que hable de holismo ¿no es así?
En los libros del «nuevo paradigma» -libros que hablan de Gaia, de la teoría sistémica y
de la ecología, por ejemplo-, uno puede leer que «todo está relacionado con todo» y que
«todos formamos parte igualmente inseparable de la "red-de-la-vida"». ¿Pero opina
usted que eso significa que debamos abrazar la visión del mundo que tienen los nazis?,
¿acaso ellos no forman parte también de la totalidad?, ¿significa eso que tenemos que
permitir que el Ku Klux Klan forme parte de esa totalidad inseparable?, ¿debemos
valorar, en suma, por igual a la madre Teresa que a Jack el Destripador? Y no estoy
hablando ahora desde una perspectiva absoluta, según la cual todas las cosas, tal cual
son, constituyen manifestaciones perfectas y divinas de la Vacuidad, sino que estoy
hablando del mundo relativo, finito y manifiesto al que se supone que se aplica el
holismo y las teorías que versan sobre la «red-de-la-vida». ¿Entiende usted cuál es el
problema?

PREGUNTA: No exactamente. Porque si en el mundo manifiesto todo forma parte


igualmente del todo, ¿por qué no deberíamos incluirlo todo?

KW: Porque no es cierto que todo forme parte igualmente del todo. Tenga en cuenta
que la totalidad es una holoarquía y que una holoarquía es un ordenamiento jerárquico
de distintos grados de totalidad en el que algunas cosas son más totales que otras. Los
átomos forman parte de las moléculas que, a su vez, forman parte de las células que, a
su vez, forman parte de los organismos. Así, por más asombrosa que resulte la totalidad
átomo, cualquier molécula es más compleja que ella, porque incluye a esa totalidad más
la suya propia. Y lo mismo podríamos decir con respecto a la totalidad molécula que se
halla, a su vez, contenida dentro de la totalidad de cualquier célula viva, y así
sucesivamente a lo largo de toda la Gran Holoarquía o Gran Nido de la existencia
manifiesta. Es por ello que cada nivel superior contiene más totalidad -es superior a los
niveles inferiores-, porque transciende a la vez que incluye a sus predecesores.

Y es necesario advertir que esto no ocurre en el sentido contrario. Las moléculas


contienen átomos, pero los átomos no contienen moléculas. Cada nivel superior engloba
e incluye a sus predecesores, pero no viceversa, lo cual supone que el verdadero
holismo implica un ordenamiento de totalidades. El único holismo real es el holismo
holoárquico, de otro modo no tendremos totalidades sino meros montones.

PREGUNTA: ¿Y dónde encajan, en todo esto, los nazis y el KKK?

KW: Es cierto que los nazis y el KKK forman parte de la holoarquía del desarrollo
humano, pero representan una versión especialmente patológica de un nivel más bien
inferior. Ciertamente, nadie puede negar que «forman parte de la totalidad», pero no
debemos olvidar que representan un nivel muy bajo en la jerarquía de «totalidades» y
que, en ese sentido, constituye un obstáculo para el desarrollo moral más elevado y
profundo del Kosmos.

PREGUNTA: Pero si realmente son tan malos, ¿por qué existen?, y, sobre todo, ¿qué
papel desempeñan en la holoarquía?

KW: Todo el mundo, de hecho, atraviesa alguna versión de estos estadios inferiores
que constituyen, por así decirlo, los átomos y las moléculas elementales sobre las que se
erigen las células y los organismos superiores del desarrollo moral. Pero los nazis y el
KKK ejemplifican el estancamiento del desarrollo en un nivel de totalidad inferior. En
la holoarquía moral global, en la secuencia moral del desarrollo -que va desde lo
preconvencional y egocéntrico hasta lo convencional y etnocéntrico, desde ahí a lo
convencional y mundicéntrico y, finalmente, a lo post-postconvencional y espiritual-, el
KKK y los nazis representan un estancamiento del desarrollo en el estadio etnocéntrico
según el cual la propia raza, grupo, religión o tribu es superior a todos los demás, por lo
que pueden ser maltratados con total impunidad. Es cierto que el KKK y los nazis
también forman parte de la «red-de-la-vida», pero no debemos olvidar que se trata de
una parte que convendría acotar, porque ocupa un orden de totalidad inferior y, en
consecuencia, menos moral.

PREGUNTA: De modo que el verdadero holismo es, en realidad, muy crítico.

KW: Así es. Y ése es un punto muy importante. El verdadero holismo es holoárquico,
es decir, se basa en un ordenamiento jerárquico de totalidades, grados de inclusividad y
respeto diferentes. El verdadero holismo implica, por así decirlo, diferentes niveles de
amor en ambas direcciones -Eros ascendente y Agape descendente-, pero un amor que
no se basa tanto en la «compasión idiota» (que elude todo ordenamiento) como en la
auténtica compasión, en el «amor verdadero». Dicho en otras palabras, cualquier
holismo verdadero debe incluir de manera explícita algún tipo de teoría crítica.

PREGUNTA: Y ése es el motivo por el cual usted está preocupado por el auge de los
movimientos regresivos en nuestro país.

KW: Así es. Estamos asistiendo a la emergencia de una serie de tendencias que
parecen demasiado dispuestas a renunciar a los logros post-postconvencionales,
mundicéntricos y liberales de la Ilustración y regresar a los revivalismos sociocéntricos
y etnocéntricos, la política de la identidad, el esencialismo racial, el esencialismo de
género, los movimientos que se asientan en «la sangre y la patria», el ecofascismo, la
glorificación del tribalismo y la autocompasión (¡por no mencionar la regresión mayor
al egocentrismo «narcisista»!). En suma, no sólo estamos asistiendo a una especie de
retribalización del mundo -en donde las naciones parecen desintegrarse en distintas
líneas racial-tribales-, sino también, y de un modo tal vez más ominoso en nuestro país,
a un retorno al ideal del noble salvaje, a la naturaleza y a los revivalismos tribales,
alentado, todo ello, por un holismo chato que afirma que «todos por igual formamos
parte inseparable del la "red-dela vida"» que, obviamente, no es tanto holista (en tanto
que totalidades integradas) como «montonista» (en el sentido de que constituyen un
simple amontonamiento desordenado). Así pues, como «todo forma igualmente parte de
todo», se niega a establecer grados de profundidad.

Y esta desintegración regresiva -que resulta, por cierto, galopante en el ámbito


académico- también subyace detrás de la mayor parte del postmodernismo, del
multiculturalismo y de la diversidad extrema que aplaude cualquier movimiento cultural
como una muestra de la «rica diversidad» de la existencia. Pero, desde esa perspectiva,
si queremos diversidad, deberemos tener en cuenta a los nazis, y si queremos
multiculturalismo, no habrá que dejar de lado al KKK.

PREGUNTA: Y todo ello, a su juicio, se deriva de la negativa a reconocer la


existencia de diferentes grados de profundidad.

KW: Así es.

PREGUNTA: Pero ¿existe algo valioso en los movimientos multiculturalistas y de la


diversidad?

KW: Obviamente. Esos movimientos liberales están tratando de expresar el


pluralismo universal, una postura no etnocéntrica sino mundicéntrica, lo que ocurre es
que, en su comprensible celo, enfatizan el pluralismo y acaban olvidándose de lo
universal. Porque el hecho es que sólo será posible abrazar el verdadero pluralismo y
rechazar las posturas morales inferiores como el nazismo, por ejemplo, desde una
postura auténticamente postconvencional, universal y mundicéntrica. Y eso significa
que si queremos ser realmente pluralistas, no debemos cruzarnos de brazos afirmando
que la diversidad nos obliga a valorar por igual todas las visiones del mundo, sino que
debemos alentar el desarrollo moral que conduce desde el egocentrismo hasta el
etnocentrismo y, desde ahí, hasta el mundicentrismo.

Cuando el liberalismo y el postmodernismo abrazan una versión radical de la


diversidad, están aserrando la rama que los sostiene y destruyendo sus propios
cimientos. El liberalismo constituye una postura muy elevada del desarrollo
postconvencional que no debería concluir, en un determinado momento, en que todas
las posturas son igualmente válidas socavando, de ese modo, sus propios fundamentos.

Dicho en otras palabras, el liberalismo actual parece estimular actitudes regresivas que
pueden acabar destruyéndolo. Porque su negativa a establecer el juicio moral de que no
todas las posturas son iguales y de que lo mundicéntrico es mejor que lo etnocéntrico, y
que éste, a su vez, es mejor que lo egocéntrico, termina alentando la retribalización, la
regresión a actitudes inferiores y la exacerbación de las reivindicaciones egocéntricas
hiperindividualistas que amenazan con desgarrar el mismo tejido de la sociedad en
jirones casi irreconocibles y acabar con el liberalismo.

Ésta es la contradicción -una actitud ciertamente suicida- a la que termina abocando el


liberalismo y el postmodernismo extremo. Obviamente, simpatizo con muchos de sus
objetivos -especialmente el pluralismo universal-, pero soy muy crítico con respecto al
modo en que lo hace.

PREGUNTA: De modo que, a su juicio, es necesario asumir una verdadera holoarquía,


es decir, un ordenamiento jerárquico moral que abogue por el pluralismo universal al
tiempo que desaliente las actitudes morales inferiores.

KW: Sí. Todo el mundo habla de holismo, de «la red-de-la-vida», de ser más inclusivo,
de compasión y de globalización. Pero quienes no se contentan con sustentar una noción
nebulosa y chata de la «red-de-la-vida» y de la «diversidad equiparable» y tratan de
llevarla a la práctica no tardan en descubrir que el mundo real, en sus cuatro cuadrantes,
es holoárquico (una jerarquía anidada) y que presenta un ordenamiento de valores,
profundidades y totalidades que le llevarán a ser crítico en el mejor sentido del término.
El verdadero holismo reclama una nueva teoría crítica.

ESTUDIANTE: ¿Es por ello por lo que usted asume, en ocasiones, una postura tan
polémica?

KW: No, uno puede ser crítico sin necesidad de ser polémico. Si ocasionalmente soy
polémico es por otras razones.

ESTUDIANTE: ¿A qué se refiere?

KW: Quiero decir que, en este campo, es frecuente encontrar actitudes sumamente
equivocadas según las cuales nosotros estamos en posesión de un nuevo paradigma que
transformará el mundo, una nueva espiritualidad que salvará el planeta, etcétera. Y
todos sabemos lo presuntuoso e hipócrita que esto puede llegar a ser. ¿No les parece
esto lamentablemente frecuente? La polémica es una forma muy antigua y honorable,
especialmente entre los maestros espirituales, de sacudir el piso y desinflar los globos
(sobre todo aquellos que asumen la forma de lo que he denominado «compasión
idiota»). De modo que creo que, de tanto en cuanto, me parece conveniente (sobre todo
en un campo como éste, que suele tomarse tan en serio) una cierta dosis de polémica.

Domingo, 5 de octubre (Denver)

Hoy hemos alcanzado los 30 grados, un auténtico récord para esta época del año, de
modo que, después de una larga mañana de trabajo, Marci y yo nos hemos ido a
disfrutar del aire acondicionado de los centros comerciales de Denver. La verdad es que
me siento un tanto desconectado. Existe una gran diferencia entre mantenerse en el
Testigo y la despersonalización. En el primer caso, uno está desidentificado, mientras
que, en el segundo, se encuentra sencillamente aislado; en el primero, uno experimenta
una ecuanimidad desde la que puede comprometerse apasionadamente con todo lo que
aparece, mientras que, en el otro, uno está sencillamente atontado y es incapaz de
interesarse por nada; en el primero, uno lo ve todo con una claridad y luminosidad muy
intensa, mientras que, en el último, es como si viera el mundo a través del otro lado del
telescopio. Y hoy tengo una extraña mezcla de ambas actitudes y voy oscilando entre
una y otra..., aunque el péndulo parece permanecer más tiempo en la indiferencia que en
la contemplación.

Pero de repente aparece la Vacuidad y permanezco en ella.

Lunes, 6 de octubre (Boulder)

Se llama John y está ingresado en uno de los centros de cuya gestión se encarga Marci.
John se está muriendo de sida, como recientemente lo hizo su esposa. Sobre la cama -
una cama pequeña separada de otras cuatro por una delgada cortina que sirve para
delimitar el espacio- hay una foto de los dos cuando eran personas sanas y fuertes, dos
rostros hermosos y sonrientes. Esta foto es todo lo que le queda de aquella vida. Le han
pronosticado unas dos semanas de vida y él lo sabe.

-Usted dijo que este lugar me gustaría y yo lo odio -le dice a Marci, que se ocupó de
cumplimentar los trámites necesarios para su admisión. Lo lamentable es que ésta sea la
mejor de las opciones de que dispone, y eso que, afortunadamente, tropezó con Marci,
pero en tiempos así debe de ser difícil recordarlo. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio!
¡Míreme! -dice, levantándose la ropa y mostrando las dos pequeñas y nudosas ramas
que ahora ocupan el lugar de sus piernas, como si los huesos estuvieran envueltos con
pergamino blanco-. ¡Usted me mintió! ¡Me mintió! ¡Sólo me quedan unas pocas
semanas! ¡Míreme! ¡Odio este lugar y odio esta comida! ¡Odio esta comida por encima
de todo! ¡No quiero morir así!

-John, escúcheme, ¿qué tipo de comida le gusta?

Y John se lanza a enumerar la comida que le gusta..., aunque debe tratarse de la


comida que le gustaba, porque ahora ya no come casi nada.

-Lo que más me gusta son los burritos mexicanos y la Coca-Cola -concluye.

Esta mañana Marci se ha levantado temprano para prepararle un burrito y una Coca y
llevárselo a su cama, en el diminuto cuarto en el que agoniza.

Martes, 7 de octubre

Pienso en John y me doy cuenta, una vez más, de que toda la práctica espiritual es un
ensayo -y, en el mejor de los casos, una representación- de la muerte. Como dicen los
místicos: «Si mueres antes de morir, cuando mueras no morirás» o, dicho en otras
palabras, si ahora mismo mueres a la sensación de identidad separada y descubres tu
verdadero Yo (que es la totalidad del Kosmos), la muerte de este cuerpomente concreto
no supondrá más que la caída de una hoja del árbol eterno que, en el fondo, eres.

La meditación consiste en practicar esa muerte ahora mismo, en este instante y


también en éste, descansando en el Testigo atemporal y desidentificándose del ego
finito objetivo y mortal que puede ser visto como objeto. En el Testigo vacío, en el gran
No Nacido, no existe muerte alguna, pero no porque usted viva para siempre en el
tiempo, porque tal cosa no ocurrirá, sino porque entonces descubre la atemporalidad del
instante eterno que nunca penetra en la corriente del tiempo. Cuando usted descansa en
lo No Nacido, cuando usted permanece libre en tanto que Testigo vacío, la muerte no
supone ningún cambio esencial.

Pero eso no significa, obviamente, que la muerte deje de ser algo muy triste.

Miércoles, 8 de octubre

Cena con Leo, Paul y Cel en Morton's, en el LoDo. Leo es una persona muy
bondadosa, inteligente y amable que trabaja en Motorola, une empresa que, en la
actualidad, tiene 67.000 trabajadores en China y es la única que ha entrado en ese país
sin haberse visto obligada a asociarse con el gobierno comunista. Leo acaba de llegar de
Beijing y Paul y Cel viajarán allí por negocios las tres últimas semanas de noviembre,
de modo que se dedicaron a intercambiar impresiones sobre el país.

El mundo empresarial se ocupa de la producción y venta de bienes y servicios,


productos de la Mano Derecha que, no obstante, son originalmente creados por la
conciencia de la Mano Izquierda. Es por ello que, como Leo señaló, su trabajo tiene que
ver fundamentalmente con el desarrollo interno de los ejecutivos, que fue lo que
originalmente le orientó hacia mi obra. Y también por ello las tres áreas críticas de la
aplicación actual de los estudios sobre la conciencia son la educación, la teoría política
y el mundo empresarial.

Leo se marchó a primera hora de la tarde, porque tenía que volar a las ocho de la tarde
y Paul y Cel volvieron a su casa. Luego, Marci y yo -que previamente habíamos
reservado una habitación en el Brown Palace- nos sentamos en la Roosevelt Room,
pedimos un par de martinis y desaparecimos en una niebla romántica.

Viernes, 10 de octubre (Boulder)

Sam acaba de regresar de Francia, donde ha pasado un mes enseñando meditación, y


Roger acaba de volver de su retiro meditativo de un mes. Como dice Bob, el hijo de
Frances: «para avanzar, Roger se retira».

Domingo, 12 de octubre

Marilyn Schlitz está en Boulder y ha venido a cenar con Marci y conmigo y luego
hemos estado paseando. Marilyn es muy inteligente y encantadora, participa en varios
cuadros directivos, como los de Harvard, Stanford, el National Institute of Health, el
Arizona Center for Consciousness Studies, Esalen, IONS, etcétera. Está casada con
Keith Thompson y los dos me gustan mucho. Keith y yo hemos hecho un largo camino.
Amigo de Mike Murphy, Keith ha escrito y editado varios libros y he de decir que tiene
un hermoso estilo, muy erudito y elegante (que, por alguna razón que se me escapa,
resulta muy poco habitual). En la actualidad es uno de los editores del Institute of
Noetic Sciences (IONS), del que Marilyn es directora de investigación.

En este momento, Marilyn está especialmente interesada en la investigación de la


sabiduría de los pueblos indígenas, pero sin el romanticismo que suele acompañar a
estos casos (según dice, refiriéndose a cierta tribu: «no debemos olvidar que, a fin de
cuentas, son cazadores de cabezas»). Se trata de un abordaje imparcial -que reconoce
tanto las ventajas como las miserias- con el que estoy decididamente de acuerdo.

Martes, 14 de octubre

Desde la publicación de Sexo, ecología espiritualidad -y, en especial, de Breve historia


de todas las cosas- ha aumentado mi interés por campos tan convencionales y ortodoxos
como la política, la educación y el mundo empresarial. Y eso, en mi opinión, por varias
y muy importantes razones.

Las primeras versiones de mi obra (a las que, en El ojo del Espíritu, he calificado
como Wilber-1, Wilber-2 y Wilber-3) implican los dominios transpersonales y
espirituales. De modo que, si usted quisiera usar esos modelos en el mundo real, debería
incluir los niveles transcendentales más elevados, algo, por cierto, muy difícil, por la
sencilla razón de que existen muy pocas personas que estén seriamente interesadas en
ellos y menos todavía que hayan evolucionado hasta ahí. Es precisamente por ello que
su aplicación al mundo de los negocios y de la educación ha sido hasta el momento tan
limitada.

Pero el modelo Wilber-4 (el modelo de los cuatro cuadrantes, cada uno con su decena
aproximada de niveles) es aplicable a la mayor parte de los ámbitos, porque los cuatro
cuadrantes cubren una multitud de eventos ordinarios. Su utilidad, dicho de otro modo,
no depende de la inclusión (ni de la creencia) en los niveles transpersonales más
elevados de cada uno de los cuadrantes. Los cuadrantes son útiles porque nos
proporcionan una forma fácil y sencilla de comprender el reduccionismo chato tan
prevalente en el mundo moderno y postmoderno. Porque no hay que olvidar que el
reduccionismo radical es sencillamente falso, lo cual afectará negativamente (llegando
incluso a mutilar) los esfuerzos realizados en cualquiera de los ámbitos, desde el del
mundo empresarial hasta el político y el educativo. Es por ello que el modelo de los
cuatro cuadrantes le ayudará a no cojear, lo cual redundará en beneficio de todos los
ámbitos a los que se aplique, favoreciendo el desarrollo de una política más responsable,
de una educación más eficaz y de una visión empresarial económicamente más rentable.

Creo que éste es el motivo por el cual este modelo está aplicándose -tanto teórica como
prácticamente- a dominios tan diversos. Veamos unos pocos ejemplos:

Bill Godfrey, director de la Greenhills School (niveles 6 a 12) en Ann Arbor


(Michigan), me envió un amplio resumen de «la aplicación de la teoría de los
cuadrantes al diseño curricular y a todo nuestro modelo escolar». Se trata de un
documento excepcional en el que expone los objetivos globales y los medios educativos
utilizando los cuatro cuadrantes (y sus niveles de desarrollo). En el mismo sentido
escribe Ed McManis, de la Denver Academia, una escuela para niños con dificultades
de aprendizaje: «Hemos implementado ya muchas de sus ideas en nuestro plan de
estudios». Hasta el momento, habré recibido ya varias decenas de cartas similares de
centros educativos repartidos por todo el mundo.

Las personas que integran el equipo de Jeb Bush de Florida me han llamado con la
intención de discutir estas ideas en el ámbito político (un ejemplo procedente del lado
conservador), y Michael Lerner y su organización (Politics of Meaning) las encuentra
útiles desde la perspectiva liberal (o postliberal), algo que no ocurrió -y no podía
ocurrir- cuando me centraba exclusivamente en «las dimensiones más elevadas de la
naturaleza humana». Los cuatro cuadrantes operan también en los dominios inferiores e
intermedios, el entorno en el que tiene lugar la mayor parte de la acción en el mundo
real.

El doctor Kenneth Cox, de la NASA, me ha enviado «A Futurist Perspective for


Space», un artículo en el que utiliza este modelo para esbozar las futuras directrices que
debería seguir la NASA y la investigación espacial. El informe subraya los veinte
principios, la naturaleza de los holones, sus cuatro características, etcétera, y concluye:
«La Tierra/Espacio es un holón y la investigación de sus características en tanto que
totalidad, al tiempo que parte, posibilita la determinación de las pautas evolutivas». Ya
me gustaría ver a la NASA tratando de conseguir fondos del Congreso explicando la
naturaleza de los holones. «Lo siento, coronel, pero debemos regresar al planeta tierra».

Ron Cacioppe, un hombre de negocios australiano, está escribiendo un manual de


gestión empresarial basado en estas ideas y cada vez recibo más cartas procedentes de
personas del mundo empresarial e institucional, como Leo Burke (de Motorola). Daryl
Paulson (fundador de BioScience Laboratories) también ha escrito un artículo muy
interesante sobre el mundo de la gestión empresarial. En su opinión, existen cuatro
grandes teorías sobre la gestión empresarial, la teoría X (que se centra en la conducta
individual), la Teoría Y (que se centra en la comprensión individual), la Gestión de
Sistemas (que subraya la estructura y función de la organización) y la Gestión Cultural
(gestión de valores compartidos), que tienen que ver, obviamente, con los cuatro
cuadrantes. Esta visión, ampliamente desarrollada y documentada por Daryl, no sólo
nos permite integrar los cuatro principales estilos de gestión, sino que también ubica al
ámbito empresarial en un «marco de referencia» más amplio que da sentido y substancia
a todo su esfuerzo.

Y no se trata de una visión meramente teórica sino que tiene aplicaciones muy
concretas. Daryl publicó «Developing Effective Topical Antimicrobials» (es decir, sopa
antibacteriana) que comienza diciendo: «Puesto que el objetivo es el de introducir
productos exitosos en el mercado, los fabricantes deberían desarrollar sus productos
desde una perspectiva multidimensional». Muy bien. «El modelo holónico de los
cuadrantes afirma que debemos asumir una perspectiva cuádruple que tenga en cuenta
lo social, lo cultural, lo personal subjetivo y lo personal objetivo. Veamos con más
detalle el modelo de los cuadrantes». Y luego procede a explicar cómo y por qué los
cuatro cuadrantes nos brindan una comprensión mucho mejor de las necesidades del
mercado y del modo más adecuado de ubicar un determinado producto en el mercado.
(Anteriormente, mi obra llegaba a los interesados en el satori, pero ahora parece llegar a
los interesados en el campo de la microbiología.)

Susan Campbell, que trabajó extensivamente con John Robbins (Diet for a New
América), está interesada en la dieta y el bienestar global, sobre todo para los niños. Ella
es la autora de The Healthy School Lunch, un libro muy aclamado, y ahora está
trabajando en un segundo libro en el que utiliza los cuatro cuadrantes para diseñar un
programa de nutrición aplicable al ámbito nacional.

El doctor Thom Gehring (una autoridad mundial en el campo de la educación en las


prisiones) y su esposa Carolyn Eggleston están «escribiendo un libro sobre la historia de
la educación de los reclusos, describiendo el progreso que se ha hecho en nuestro campo
en cada uno de los cuadrantes en cada período histórico». En opinión de Thom:
«Cuando parto del intento "omni-nivel, omni-cuadrante", soy realmente incapaz de dar
el salto a la parte "omni-nivel" de mi presentación. Estoy buscando el modo de dar el
salto desde la comprensión "omni-cuadrante" a una comprensión "omni-nivel" más
madura. ¿Le parece una estrategia razonable y operativa?». De hecho, así me lo parece,
porque es mucho más fácil comenzar con los cuatro cuadrantes, dado que ellos se
aplican a casi todos los ámbitos, y luego moverse a una orientación «omni-nivel», una
orientación que incluye los dominios transpersonales superiores.

Sea como fuere, hasta el momento habré recibido varios cientos de cartas que parecen
constatar la existencia de lo que considero una revolución en marcha contra el
reduccionismo chato. Y me alegro de que mi obra sirva de catalizador para alguno de
estos abordajes y que su interés fundamental se dirija hacia los enfoques integradores y
holísticos, lo cual resulta muy alentador.

Miércoles, 15 de octubre

EL DESARROLLO Y LA REGRESIÓN
(Continuación de la conversación telefónica)

PREGUNTA: Usted suele decir que cada estadio es adecuado pero que cuanto más
elevado es el estadio más adecuado es. ¿Qué es lo que quiere decir con ello?

KW: Si usted pretende alcanzar una visión auténticamente holística, deberá disponer
también de algún modo de integrar todas las visiones en una imagen holística, pero sin
olvidar que no todas tienen la misma importancia. Y, para ello, le resultará
absolutamente necesario ordenar jerárquicamente la importancia relativa de las distintas
visiones porque, en caso contrario, se verá obligado a colocar a la madre Teresa en pie
de igualdad con Jack el Destripador y a invitar a los nazis al banquete multicultural,
puesto que «ellos también forman parte del rico tejido de la vida». Y ése es un auténtico
problema, ¿no le parece?

Y ahí, precisamente, es donde la idea de desarrollo se torna crucial, porque el


desarrollo proporciona la clave -o una de las claves- para afrontar este difícil problema.
Porque resulta que, en casi todos los tipos de desarrollo que conocemos, los estadios
superiores transcienden, a la vez que incluyen, a su(s) predecesor(es), lo cual nos
proporciona un ordenamiento natural que tiene en cuenta los distintos grados de
inclusión y profundidad. Ya hemos visto el ejemplo que va de los átomos a las
moléculas y, desde éstas, a las células y los organismos, un ordenamiento de totalidades
cada vez más inclusivas y, en consecuencia, más elevadas. Y este despliegue evolutivo
de totalidades y profundidades mayores nos proporciona una clave esencial para
comprender el papel que desempeñan las distintas visiones en la imagen mayor, porque
el hecho es que algunas visiones son mejores que otras porque son, sencillamente, más
profundas.

PREGUNTA: ¿Podría dar algunos ejemplos en el desarrollo humano?

KW: Veamos, por ejemplo -ya que estábamos hablando de ello-, lo que ocurre en el
caso del desarrollo moral. Los estadios del desarrollo moral de los que habla Kohlberg
han demostrado ser aplicables -sin excepción alguna a más de cuarenta culturas
(incluyendo el Tercer Mundo). Porque, aunque la conclusión de la investigación
realizada por Carol Gilligan señale que las mujeres atraviesan los distintos estadios del
desarrollo de Kohlberg «con una voz diferente» (enfatizando la relación en lugar de la
individualidad), no cuestiona, sin embargo, la existencia de los tres grandes estadios que
conducen de lo preconvencional (que afirma que lo correcto es lo que yo quiero
[egocéntrico]) a lo convencional (que dice que lo correcto es lo que quiere el grupo
[sociocéntrico]) y, desde ahí, a lo postconvencional (que indica que es lo correcto para
todas las personas, con independencia de su raza, sexo o credo [mundicéntrico]). Éste
me parece un buen ejemplo.

El hecho es que todos comenzamos nuestro desarrollo en el estadio preconvencional y,


a partir de ahí, pasamos al estadio convencional y, con suerte, al postconvencional. Es
imposible saltar o eludir esos estadios porque cada uno de ellos se construye sobre
ciertos rasgos que sólo aparecen en el estadio anterior, a los que se agregan su propios
emergentes, del mismo modo, por ejemplo, en que usted debe tener letras antes que
palabras, palabras antes que frases y frases antes que párrafos. Nadie ha pasado nunca
del estadio de las letras al de las frases saltándose el de las palabras.

Y esto no significa que los estadios inferiores estén equivocados, sean estúpidos o
estén desencaminados. Porque los estadios preconvencionales representan la cúspide del
desarrollo moral característico de las fases más tempranas del desarrollo. Es un estadio
en el que uno todavía no puede asumir el papel de los demás, tampoco puede participar
en la comprensión mutua, sostiene una visión de mundo mágica y narcisista y, por tanto,
una actitud moral egocéntrica y preconvencional. Y el hecho de que representen la
mejor de las alternativas en esas condiciones concretas las torna bastante adecuadas, ya
que son específicas de una determinada fase y se hallan, por tanto, adaptadas a ella.

Pero con la emergencia de la moral convencional, uno aprende a asumir el papel de los
demás, uno aprende a ponerse en la piel de otra persona, con lo cual su respuesta moral
se expande y profundiza desde el yo hasta el nosotros. Y ésta es una respuesta moral
más adecuada, porque tiene en cuenta a los demás. Obviamente su respuesta moral
queda entonces anclada a la visión del grupo -motivo por el cual también se denomina
conformista-, pero el hecho es que, en este estadio, uno no dispone de otra alternativa
mejor. Eso es lo mejor que uno puede hacer con el limitado equipo de que dispone en
ese estadio. De modo que se trata de un estadio específico de fase y, en consecuencia,
también resulta adecuado a esa fase.

Con la emergencia de la moral postconvencional, uno trata de determinar lo que es


bueno y justo, no sólo para mi grupo, mi tribu o mi religión, sino para todas las
personas, independientemente de su credo, sexo o color. Entonces es cuando su
respuesta moral se expande y profundiza de nuevo hasta llegar a englobar a todas las
personas en una totalidad mayor y, en consecuencia, todavía más adecuada. Y muchos
de ustedes sabrán que ésta es, desde mi punto de vista, la antesala que conduce a una
moral espiritual que incluya a todos los seres sensibles.

PREGUNTA: De modo que los distintos estadios son adecuados, pero que los hay más
adecuados y otros todavía más adecuados...

KW: Así es. Cada estadio es adecuado, pero los estadios subsiguientes lo son todavía
más. Y eso es importante porque sólo de ese modo tendremos la posibilidad de integrar
las distintas visiones en una imagen mayor, sin llegar, no obstante, a equipararías.

PREGUNTA: ¿Y lo mismo ocurre con las visiones del mundo?

KW: Eso es, al menos, lo que opino. Como ustedes saben, en distintos escritos he
bosquejado varias visiones evolutivamente diferentes del mundo que van desde lo
arcaico hasta lo mágico, lo mítico, lo racional, lo existencial, lo psíquico, lo sutil, lo
causal y lo no dual. Y, si bien cada una de ellas es importante y adecuada, no hay que
olvidar que las superiores son más importantes y más adecuadas que las inferiores.

La dificultad se presenta con la regresión porque, en tal caso, uno está volviendo hacia
atrás, hacia una visión que tal vez fuera apropiada para un estadio anterior pero que ya
ha dejado de serlo. La visión mágica del mundo, por ejemplo, no es una enfermedad ni
una locura; es la visión del mundo propia de los cuatro años de edad..., y tener cuatro
años, como usted sabe, no es ninguna enfermedad. Es más, incluso para los adultos, la
cognición mágica, cuando es asumida, puede desempeñar un papel muy importante en
determinadas situaciones. Pero si usted es un adulto integrado en una cultura racional y
pluralista y retrocede a la magia exclusivamente egocéntrica, tendrá verdaderos
problemas y se verá aquejado de alguna «enfermedad emocional». Para retroceder, las
estructuras más elevadas y complejas deberán disgregarse, lo cual puede resultar
catastrófico y muy doloroso porque, en tal caso, las placas tectónicas de su psiquismo se
separan y uno acaba cayéndose por las grietas.

PREGUNTA: Una última pregunta, si no le importa. Usted ha dicho que el liberalismo


se basa en un elevado logro evolutivo, la actitud mundicéntrica del pluralismo universal.

KW: Sí.

PREGUNTA: ¿Cómo puede el liberalismo alentar esa actitud sin imponer sus
creencias sobre los demás?

KW: ¿Está usted en la universidad?

PREGUNTA: Sí.

KW: ¿Y acaso está estudiando teoría política?

PREGUNTA: Sí.

KW: Eso es lo que me parecía, porque su pregunta se centra muy concretamente en el


problema fundamental del liberalismo. Según el liberalismo, el Estado no puede
imponer una determinada noción de «buena vida» a los ciudadanos. Los individuos
deben ser libres (mientras no transgredan los derechos de los demás) para elegir su
propia religión, sus propias creencias y sus propios caminos hacia la felicidad. El
fundamento moral del Estado liberal, dicho en pocas palabras, se asienta en el
pluralismo universal postconvencional y sus leyes e instituciones están imbuidas de esos
principios mundicéntricos para impedir así la aparición de respuestas egocéntricas y
etnocéntricas.

Pero en la democracia, las leyes son, en última instancia, elaboradas y sostenidas por
las personas, lo cual significa que la misma existencia del Estado liberal depende de que
una buena parte de su población haya alcanzado el nivel de desarrollo
postconvencional. Sólo desde el nivel postconvencional es posible tolerar la «rica
diversidad», porque si únicamente alienta la rica diversidad, acabará socavando la
misma necesidad de alcanzar el nivel de desarrollo postconvencional (porque esa
perspectiva valora por igual todas las respuestas, incluso las egocéntricas y
etnocéntricas, con lo cual acabará con los incentivos sociales que fomentan el desarrollo
moral).

El dilema es el siguiente: ¿cómo puede el Estado promover -sin imponer- el desarrollo


que conduce al nivel postconvencional del pluralismo universal? Porque si el
liberalismo no encuentra la respuesta a esta pregunta acabará muriendo y, con él,
también lo hará el auténtico multiculturalismo.

PREGUNTA: Ésa es, precisamente, mi pregunta.

KW: Trataré de darle una respuesta breve. Es cierto que los individuos tienen derecho
a «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad», pero también lo es que el Estado
también tiene ciertos derechos, y uno de ellos es el derecho a exigir que sus ciudadanos
desarrollen ciertas habilidades básicas que resultan imprescindibles para la cohesión y
supervivencia de la sociedad. Ése es precisamente el motivo por el cual otorgamos al
Estado el derecho a declarar la guerra, reclutar a los soldados, imponer la vacunación
obligatoria contra las enfermedades contagiosas y, muy especialmente, exigir un nivel
mínimo de educación obligatoria (exceptuando, claro está, los casos de seria
incapacidad).

Tradicionalmente, sin embargo, la educación liberal ha sido el modo en que el Estado


liberal ha escamoteado la exigencia de que los ciudadanos crecieran y se desarrollasen
hasta alcanzar un cierto nivel. Los ciudadanos deben completar un determinado nivel de
educación en la expectativa de que, al recibir una educación liberal, están
estableciéndose las condiciones que fomentan el desarrollo de una moral liberal o, dicho
de otro modo, de un pluralismo universal postconvencional y mundicéntrico.

Y ésta no me parece una mala idea. No es posible forzar el crecimiento de las plantas o
de las personas, pero sí lo es poner las condiciones que favorezcan el desarrollo (como
el agua en el caso de las plantas). El Estado no puede exigir el desarrollo, pero sí las
condiciones y eso es lo que tradicionalmente ha pretendido hacer con la educación
obligatoria.

PREGUNTA: Y es por ello que usted subraya la importancia del proceso educativo.

KW: Efectivamente. Y ése es el motivo por el cual el estado de la educación en este


país resulta ciertamente preocupante. La educación de hoy en día se halla sometida a
muchas agendas postmodernas radicales, algunas de las cuales evidencian tendencias
abiertamente regresivas. Por una parte, los movimientos en pro de la diversidad y el
multiculturalismo han contribuido poderosamente a garantizar que el pluralismo
universal sea auténticamente pluralista, extendiendo ese criterio hasta llegar a incluir a
muchos grupos anteriormente marginados. Esta es simplemente la culminación de la
doctrina liberal de la igualdad de oportunidades, independientemente del sexo, color o
credo -la culminación del pluralismo universal y mundicéntrico-, y, en ese sentido, soy
un ferviente defensor de los movimientos postmodernos, especialmente en el campo de
la educación.

Pero también es cierto, como estábamos diciendo, que muchos de estos movimientos
han llegado, en su celo, a asumir posturas francamente contradictorias. El objetivo de
cualquier educación liberal/multicultural es el de proporcionar ciertas habilidades y
condiciones básicas dentro de las cuales el desarrollo moral pueda pasar de lo
egocéntrico a lo etnocéntrico/sociocéntrico y, desde ahí, a lo mundicéntrico/plural. Pero
la agenda de la Nueva Izquierda ha extrapolado las cosas hasta el punto de terminar
boicoteando sus más nobles objetivos. Es así como la educación media y superior de
nuestro país ha terminado alentando facetas que forman parte del movimiento de la
llamada «rica diversidad», como la identidad política etnocéntrica, el esencialismo de
género, la identidad racial y la política de la autocompasión. La enseñanza de la historia
se ha convertido en una especie de terapia de autoestima en la que no se enseña tanto lo
que sucedió, dónde y cuándo, sino lo ignorantes, torpes e inmorales que son todos los
demás comparados con nosotros, aunque, de ese modo, los valores de la Ilustración
liberal terminan siendo instrumentados para condenar sumariamente toda la historia
anterior, incluida la misma Ilustración liberal.

Pero las cosas son todavía peor, porque no se trata tan sólo de que la educación aliente
la regresión desde lo mundicéntrico hasta lo etnocéntrico, sino que incluso llega, en
ocasiones, a alentar la regresión desde lo etnocéntrico a lo egocéntrico. ¡Desembarázese
de las sucias diferencias y conceda un aprobado general! No hay nada mejor ni peor en
los demás, lo cual también significa que no hay nada mejor ni peor en usted, algo que,
como puede suponer, imposibilita todo desarrollo. De ese modo, uno prepara a su hijo
para el futuro utilizando el mismo método con el que los mendigos en India adiestran a
sus hijos para el trabajo, rompiéndoles las piernas y dándoles, así, la justificación y los
medios para mendigar.

En la actualidad, pues, el liberalismo -pero esta vez dentro del campo de la educación-
está persiguiendo objetivos suicidas. Al subrayar la noción chata de una «diversidad
equiparable» y negarse a establecer juicios de diferencias de profundidad, la educación
liberal está alentando su propia destrucción.

PREGUNTA: ¿Y cree usted que esta tendencia acabará corrigiéndose?

KW: Bien. Debo decir que el proceso de desarrollo del Kosmos parece hallarse
movido por un impulso (Eros) que le lleva a desplegar totalidades más elevadas y más
profundas. Los rasgos regresivos -que, a mi juicio, se hallan gobernados por Thanatos
(una especie de deseo de muerte)- más pronto o más tarde se desvelan como erróneos.
En los últimos años hemos asistido, en este país, a una respuesta negativa, en el buen
sentido, contra estas agendas regresivas y a la demanda de la aplicación de las normas
educativas. De modo que, hablando en términos generales, soy cautamente optimista.
Y aquí estamos hablando de la educación liberal tradicional en tanto que despliegue de
los potenciales más profundos y más elevados de uno mismo, lo cual significa que,
además de estimarse y aceptarse uno mismo tal cual es, también es preciso afrontar
desafíos y exigencias reales -la sabiduría real y la compasión real- y, en consecuencia,
comprometerse a crecer, desarrollarse y evolucionar. Pero no será posible llevar a cabo
esta educación primaria, media o superior si, en lugar de apoyarnos en la «compasión
real», lo hacemos en la «compasión idiota».

Viernes, 17 de octubre

Mike [Murphy] está en plena gira de promoción de su libro The Kingdom of Shivas
Irons, lo que le ha llevado a Denver y Boulder, y me ha llamado para que nos veamos.
Su libro The Life We Are Given (escrito en colaboración con su amigo John Leonard)
esboza la necesidad de emprender una práctica transformadora integral (PTI) y, según
me comenta, hasta el momento habrá unos cuarenta grupos de PTI en todo el país, lo
cual me parece una buena noticia. Y, como ahora mismo habrá otros tantos grupos que
se dedican al estudio de mi obra, hemos hablado de la posibilidad de agruparlos.
Cuando Mike se ha marchado, Marci ha dicho: «No sé qué le hará tan fascinante, me
parece una persona adorablemente amable».

En este mismo instante, Tony está volando hacia Italia porque una fundación de este
país ha concedido un premio a What Really Matters. Se trata de un gran evento de los
medios de comunicación: Tony pronunciará una conferencia (ha escrito una
introducción de unas doce páginas muy interesante acerca de un enfoque integral de la
salud y el bienestar, un enfoque que él, por otra parte, suele seguir) y su foto ha salido
en todos los periódicos. Luego pasará una semana en Italia, comiendo y bebiendo y -al
menos esta semana- sin llevar a la práctica su discurso.

Martes, 21 de octubre

VER UN MUNDO: EL ARTE Y EL YO DEL ESPECTADOR

El rasgo distintivo del arte no es tanto el objeto expresado como la profundidad del
sujeto que lo expresa. Tal vez, de este modo, podríamos contribuir a que el arte y la
crítica del arte pasaran -en un movimiento un tanto desconcertante para la mirada
actual- de la ironía a la autenticidad. ¿Acaso podrán, el arte y la crítica del arte,
sobrevivir a la inspiración que les proporciona la ironía y la falta de autenticidad? Y, lo
más importante de todo, ¿dónde se asentará el arte si finalmente renuncia al ámbito
superficial de la ironía?

***

Uno de los principios fundamentales de la revolución postmoderna en el campo de la


filosofía, de la psicología y de la sociología es que no vivimos en un mundo dado a
priori, sino que existen diferentes visiones del mundo, diferentes modos de categorizar,
presentar, representar y organizar nuestra experiencia. No existe, pues, un único mundo
que sólo podamos representar de un determinado modo sino muchos mundos y muchos
modos de interpretarlos. Es más, las distintas visiones posibles del mundo difieren con
mucha frecuencia -de hecho, casi siempre- de época en época y de cultura en cultura.

Pero no debemos sacar las cosas de quicio, porque las distintas interpretaciones
posibles comparten muchos rasgos comunes que evitan que el mundo se desmorone.
Son muchos, de hecho, los eruditos que han descubierto, en el ámbito del lenguaje, de
los afectos, de las estructuras cognitivas y de la percepción del color, por citar sólo unos
pocos, la existencia de algunos (y muy frecuentemente muchos) rasgos universales
organizados de modos tan diversos que nos ofrecen un amplio abanico de visiones del
mundo.

Pero aunque, desde un punto de vista teórico, exista un número casi infinito de
visiones del mundo, la historia del ser humano evidencia la existencia de unas pocas que
han ejercido -y siguen ejerciendo- una influencia muy poderosa y significativa. Estas
visiones del mundo (que se han visto investigadas por eruditos tales como Jean Gebser,
Gerald Heard, Jürgen Habermas, Michael Foucault, Robert Bellah y Peter Berger, entre
muchos otros) son las siguientes: sensoriomotora, arcaica, mágica, mítica, mental,
existencial, psíquica, sutil, causal y no dual (términos cuyo significado exacto irá
clarificándose en la medida en que prosigamos nuestra exposición).

Y no se trata tanto de determinar cuál de ellas es correcta y cuál equivocada, porque lo


cierto es que todas son adecuadas para el tiempo y el lugar en el que aparecieron, como,
por el contrario, de caracterizar, tan minuciosamente como podamos, los rasgos
distintivos generales de cada una de ellas, dejando de momento de lado (o «poniendo de
momento entre paréntesis») la cuestión acerca de su «realidad», y dedicándonos
simplemente a describirlas como si fueran reales.

Digamos, para comenzar, que la visión mágico-animista del mundo se caracteriza por
una identificación parcial entre el sujeto y el objeto, de modo que los «objetos
inanimados» (como las rocas y los ríos, por ejemplo) son percibidos directamente como
si estuvieran vivos o como si poseyeran un alma o un espíritu subjetivo. La visión
mítica del mundo, por su parte, se caracteriza por una plétora de dioses y diosas, pero no
como entidades abstractas, sino en tanto que poderes profundamente sentidos que
ejercen una influencia bastante directa sobre los asuntos terrenales. El rasgo
fundamental de la visión mental del mundo -de la que la «visión racional del mundo»
constituye la subclase más conocida- es la creencia de que el mundo objetivo se
encuentra radicalmente separado del mundo objetivo de la naturaleza, de modo que uno
de los problemas más apremiantes de esta visión consiste en el modo de volver a
conectar esos dos dominios. La visión existencial, por su parte, considera que el
universo puede ser contemplado desde perspectivas muy diferentes y que la ausencia de
una visión privilegiada obliga al individuo a otorgarle un sentido. La visión sutil del
mundo se caracteriza por la percepción de formas sutiles, arquetipos trascendentales y
pautas primordiales que habitualmente son experimentadas (y consideradas) como
Divinos. La visión causal del mundo se caracteriza por la experiencia directa de un
vasto dominio no manifiesto -conocido por nombres tales como Vacío, cesación, el
Abismo, lo No Nacido, ayn, Ursprung-, la inmensa Ausencia de Forma de la que emana
toda manifestación. Y la visión no dual del mundo, por último, constituye la unión entre
la No Forma y la Totalidad del mundo de la Forma.
Estas distintas visiones del mundo (y hay que decir que la lista que hemos enumerado
no agota las infinitas visiones posibles del mundo que se hallan sujetas a un proceso de
cambio que nos abre de continuo a nuevas posibilidades) nos ofrecen un amplio abanico
de modos diferentes de organizar e interpretar la experiencia. Porque el hecho es que,
como decía William James, en ausencia de algún tipo de visión del mundo nos
hallaríamos perdidos en la floreciente y zumbadora confusión de la experiencia.

Todas nuestras percepciones individuales, por decirlo en otras palabras, se hallan


insertas en una determinada visión del mundo. Es cierto que, dentro de ellas,
disponemos de una gran libertad de acción, pero las visiones del mundo nos constriñen
tanto que ni siquiera podemos considerarlas como opciones. Es innecesario decir, por
ejemplo, en este sentido, que el hombre actual no se levanta de la cama con la idea de
que «ha llegado el momento de ir a matar el oso». Cada visión del mundo impone sus
rasgos distintivos a quienes han nacido dentro de ella, hasta el punto de que la mayoría
de los individuos no saben -de hecho, ni siquiera sospechan- que sólo pueden percibir
aquello que queda dentro del limitado horizonte impuesto por la visión del mundo en
que se hallan. De este modo, cada visión del mundo contribuye de un modo colectivo e
inconsciente a presentarnos el mundo como si fuera un dato. Al igual que ocurre con los
peces, que son inconscientes del agua que les rodea, son muy pocos, de hecho, quienes
ponen en cuestión la visión del mundo en que se hallan inmersos.

Sin embargo -y en este punto nuestra explicación toma un rumbo decididamente


fascinante- los resultados de la investigación realizada al respecto por la psicología
individual y por la antropología transcultural demuestran convincentemente que, bajo
determinadas circunstancias, el ser humano dispone de la posibilidad de acceder al
espectro completo de todas las posibles visiones del mundo. Es como si la estructura de
la mente humana dispusiera potencialmente de la posibilidad de acceder a todas estas
visiones del mundo -desde la arcaica hasta la mágica, la mental, la sutil y la causal-,
prestas a desarrollarse en cuanto se den las condiciones adecuadas, como la semilla
aguarda la aparición del agua, la tierra y el sol que propicien su desarrollo.

Así, aunque cada una de las épocas se haya visto determinada por una visión concreta
del mundo -la de los cazadores-recolectores por la visión mágica, la agraria por la
mítica y la industrial por la mental-racional, por ejemplo-, todo el mundo dispone
(apenas se den las condiciones adecuadas) de la posibilidad de acceder a esas grandes
formas de interpretar la experiencia. Así pues, la respuesta última a la pregunta «¿De
qué visiones del mundo disponemos ahora mismo?» parece ser: «De todas ellas».

Lo habitual, sin embargo, es que la mayor parte de los individuos que se hallan dentro
del ámbito de una cultura y un momento histórico determinado compartan la misma
visión del mundo. Y la razón de ello es bastante simple, porque la visión del mundo es,
en realidad, el mundo de una persona y perder ese mundo es sufrir un terremoto
psíquico equivalente a un 7 de la escala Richter interna, algo que todo el mundo quiere
evitar a toda costa.

En ocasiones, sin embargo, bajo circunstancias excepcionales..., o en el caso de artistas


excepcionales..., se resquebraja el caparazón de nuestras percepciones habituales y
accedemos a visiones del mundo más elevadas o más profundas y, a partir de ese
momento, el mundo ya no vuelve nunca a ser el mismo.
***

Los artistas expresan visiones del mundo. Los artistas paleolíticos, por ejemplo,
representaban el espacio mágico del mundo (solapamiento de objetos, ausencia casi
total de perspectiva, símbolos animistas, falta de limitaciones temporales y espaciales,
intercambiabilidad entre las totalidades y las partes, etcétera). Los artistas medievales,
por su parte, representaban el espacio mítico del mundo (panteones llenos de ángeles,
arcángeles, un Dios, el Hijo de ese Dios, la madre de ese Dios, Moisés separando las
aguas del mar Rojo, etcétera). Los temas, en este caso, estaban ligados a las infinitas
posibilidades que nos propone el espacio mítico, aunque no representadas de un modo
simbólico sino en tanto que realidades literales (por el hecho, como ya hemos visto, de
que cada visión del mundo se nos aparece como «la verdad»). Con el advenimiento de
la modernidad en Occidente (a caballo de la visión mental del mundo y de la separación
entre la mente subjetiva y la naturaleza objetiva, asistimos al reemplazo gradual de los
temas mitológicos por los temas naturales (realismo, impresionismo, expresionismo
subjetivo y expresionismo abstracto, por ejemplo), y, con la emergencia del
postmodernismo, esas tendencias se ven extrapoladas más allá del espacio existencial
del mundo, en donde las múltiples perspectivas que, en un primer momento, fueron
fuente de incesante creatividad, no tardan en convertirse en una pesadilla
inmovilizadora cargada de sarcasmo e ironía.

Gebser califica de «aperspectivista-integral» la visión existencial del mundo


(«aperspectivista» porque nos ofrece un amplio abanico de perspectivas, sin privilegiar,
en cambio, ninguna de ellas, e «integral» porque, en medio de esa multiplicidad, cabe
encontrar un cierto tipo de unidad, coherencia o significado). En la visión mental-
racional del mundo (a la que Gebser denominaba «perspectivista») el sujeto tiende a
adoptar una interpretación única y fija el mundo, lo cual quedó patente en los cambios
que tuvieron lugar en esa época histórica, tanto en la ciencia (Newton) como en la
filosofía (Descartes), el retrato (van Eyck) y el perspectivismo (que comenzó en los
pintores del Renacimiento, especialmente Brunelleschi, Alberti, Donatello, Leonardo y
Giotto). Luego, con el cambio a la visión aperspectivista-integral, el sujeto mismo pasa
a formar parte de la escena -la cámara se incorpora en la película, el flujo del
pensamiento del autor se incluye en la novela y las operaciones del pintor mismo se
muestran sin ambage alguno en el lienzo. Así fue como la visión aperspectivista arrojó
al sujeto al mundo de los objetos, convirtiéndolo en un objeto entre muchos otros,
perdido en una vorágine de subjetividad de la que resulta imposible escapar.

Pero cada visión del mundo también tiene sus propias expresiones patológicas. Dentro
del ámbito de la visión racional del mundo, por ejemplo, nos encontramos con el
«dualismo cartesiano» (la escisión entre el sujeto y el objeto, el divorcio entre la mente
y la naturaleza, etcétera), un dualismo al que, según parece, ha declarado la guerra toda
persona pensante de los últimos trescientos años. La patología propia de la visión
postmoderna aperspectivista-integral del mundo suele ser conocida con el nombre de
«locura aperspectivista», una visión que afirma que ninguna visión del mundo es mejor
que las demás. Partiendo del noble empeño de tratar de manera imparcial a todas las
posibles perspectivas («pluralismo y rica diversidad»), el postmodernismo suele caer, en
sus formas extremas, en la insidiosa creencia de que ninguna perspectiva es mejor que
las demás, una confusión que aboca a la parálisis completa de la voluntad, el
pensamiento y la acción. Se trata, en suma, de una locura que pretende que ninguna
visión es mejor que otra... excepto la suya propia, claro está, que se supone superior en
un mundo en que, según se afirma, nada es superior. Y, lo que resulta todavía más
grave, si ninguna visión es mejor que las demás, los nazis y el KKK se hallan en pie de
igualdad con, pongamos por caso, los críticos de arte.

El término «locura aperspectivista» describe perfectamente mucho de lo que ha


sucedido en las dos últimas décadas en el mundo del arte, de la crítica del arte, de la
crítica literaria y de los estudios culturales en general. Porque, en el implacable mundo
de la locura aperspectivista, la ironía (el hecho de querer decir una cosa y decir otra para
no ser pillado en el vergonzoso renuncio de asumir una determinada postura) es uno de
los pocos lugares en los que uno puede refugiarse. (Si, supuestamente, ninguna posición
es mejor que otra, uno no debe comprometerse, porque la sinceridad es la muerte.) De
modo que evita la sinceridad y opta por el sarcasmo; no construyas, deconstruye; no
busques profundidad, abraza las superficies; evita el contenido y céntrate en el ruido...
Bret Easton Ellis resumió así este panorama: «superficies, superficies, fue lo único que
encontraron». No es de extrañar que David Foster Wallace, en un ensayo reciente que
levantó un gran revuelo, lamentara la persistencia en el mundo del arte de un «sarcasmo
agotador», de una «ironía reflexiva», de un arte «sofisticado y extremadamente
superficial».

Pero ¿qué es lo que nos queda si renunciamos a la ironía y tratamos de hacer


afirmaciones sinceras?, ¿qué significa exactamente renunciar a las superficies y buscar
las profundidades?, y, sobre todo, ¿dónde se hallan esas profundidades?

Wallace sugiere que, en lugar de «ironía reflexiva», el arte debería ofrecer


«comprensiones y guías de valor», un hermoso sentimiento, pero debemos recordar que
los valores concretos sólo existen dentro del marco de determinadas visiones del
mundo. La visión mítica del mundo, por ejemplo, valoraba el sometimiento a una
jerarquía social tan rígida que muy pocos modernos encontrarían atractiva. Además, la
visión mítica del mundo valoraba también la dominación masculina y la sumisión
femenina, cosa que la mayor parte de los instruidos modernos considera como un fruto
de la ignorancia. Todos los valores existen en visiones del mundo concretas y si el
sarcasmo representa, en realidad, el agotamiento de la visión existencial del mundo, la
única conclusión posible es que, para escapar de la locura aperspectivista y de su
persistente insinceridad, vamos a tener que buscar otras visiones del mundo
completamente distintas...

***

Si el arte del mundo postmoderno y existencial se halla en un callejón sin salida no es


porque el arte en sí se haya agotado, sino porque lo que se ha agotado es la visión
existencial del mundo. Al igual que la modernidad racional agotó previamente sus
formas y dio paso a la postmodernidad aperspectivista, el mundo postmoderno se halla
hoy en día postrado en su lecho de muerte y sólo cuenta con la ironía para que le
acompañe a la tumba y coloque flores donde nadie va a echarles de menos. La calavera
de la postmodernidad sonríe en el horizonte mientras atravesamos la tierra de nadie de
dos visiones del mundo, una que agoniza lentamente y la otra que todavía no ha nacido.

Pensemos lo que pensemos -y son muchos los libros que se han publicado a este
respecto-, lo mejor que podemos decir de la vanguardia es que siempre se halló en la
cresta de la ola de las nuevas visiones del mundo. En este sentido, la vanguardia era el
extremo más avanzado, la punta de lanza de una humanidad en evolución, el heraldo de
lo nuevo y el anuncio de lo venidero. La vanguardia era la que atisbaba y luego
representaba las nuevas formas de ver, las nuevas formas de ser, las nuevas modalidades
de conocimiento, las nuevas alturas o las nuevas profundidades del sentimiento y, en
todos los casos, las nuevas modalidades de percepción. La vanguardia artística siempre
ha cumplido con la función de romper con la antigua visión del mundo y atisbar y
representar la visión venidera del mundo.

Todos conocemos la historia. El arte de Jacques-Louis David formaba parte de la


primera oleada de la modernidad (razón y revolución) que arrasó violentamente con
todo vestigio del pasado mítico, aristocrático y jerárquico rococó. Desde el
neoclasicismo hasta el expresionismo abstracto, cada nueva oleada ha acabado
convirtiéndose, a su debido tiempo, en la norma convencional aceptada, para ver cómo
sus formas eran barridas por la siguiente vanguardia. Hasta el postmodernismo y su
locura aperspectivista, que había nacido con la intención de deconstruir la vanguardia,
depende íntimamente de ésta para tener algo que deconstruir. No es de extrañar, como
señala Donald Kuspit en The Cult of The Avant-Garde Artist, que una especie de
«neovanguardia» siguiera estrechamente, casi desde sus inicios, los pasos del
postmodernismo.

A modo de enormes olas rompiendo en la costa, las distintas visiones del mundo se
han ido sucediendo unas a otras, y las vanguardias, en el mejor de los casos, han sido
los surfistas de estas olas. ¿Qué nuevas olas brotan hoy del océano del alma, ahora que
la ola del postmodernismo está llegando a la costa de su propia defunción, augurando el
advenimiento de una nueva percepción?, ¿dónde debemos buscar los contenidos de las
propuestas artísticas sinceras que se encuentran en condiciones de reemplazar la ironía y
la locura aperspectivista?, ¿acaso podemos ponernos de puntillas y otear a través de la
bruma para atisbar el difuso perfil del rostro del arte del mañana y, por tanto, del mundo
del mañana?

***

¿Qué visiones del mundo portará consigo el arte del mañana? Es evidente que algunos
aspectos del paisaje del futuro serán completamente nuevos y originales. Según
Whitehead, el rasgo distintivo del universo es el «avance creativo hacia la novedad».
Pero también sabemos, por el amplio cuerpo de las investigaciones psicológicas y
sociológicas de que disponemos, que la naturaleza no parte de la nada sino que
reelabora lo que tiene a mano y le añade el toque final de la novedad y que ciertos
rasgos principales de la docena aproximada de visiones del mundo más importantes que
anteriormente hemos resumido, son potencialidades de las que ya dispone el organismo
humano.

Ya hemos señalado algunas de las visiones del mundo que han ido sucediéndose a lo
largo de la historia en la medida en que iban agotándose: la arcaica, la mágica, la mítica,
la mental-racional (moderna) y la aperspectivista existencial (postmoderna). Es evidente
también que la visión postmoderna seguirá ejerciendo su influencia durante varias
décadas en el camino que la lleva hacia su lugar de reposo. Por el momento, sin
embargo, el grisú de la postmodernidad está acabando con la obra de arte (a modo de un
canario en la mina cultural). A diferencia de lo que ocurre con la mentalidad colectiva,
el mundo del arte está buscando la puerta que le permita salir del cul de sac en que le ha
metido la visión postmoderna. ¿De qué otros horizontes disponemos hoy en día?

De momento, ya hemos señalado tres visiones que los fenomenólogos de las visiones
del mundo (es decir, las personas que se ocupan de la investigación y descripción de las
visiones del mundo disponibles) califican de transracionales o transpersonales (por
contraste con las anteriores visiones del mundo, algunas de las cuales -como la arcaica,
mágica y mítica- son prerracionales o prepersonales, mientras que otras -como la mental
y la existencial- son racionales o personales): la sutil, la causal y la no dual. De este
modo, el ser humano dispone de un amplio espectro de visiones del mundo que van
desde lo prerracional a lo racional y, desde ahí, a lo transracional; desde lo
subconsciente a lo autoconsciente y, desde ahí, a lo supraconsciente. Suponiendo que
haya concluido ya el retroceso de la autorreflexividad sólo se abren ante nosotros dos
posibles caminos, hacia atrás (en dirección a la subconsciencia y de vuelta a lo
infrarracional) o hacia adelante (en dirección a lo suprarracional).

Y esta distinción es importante, porque las visiones del mundo transracionales o


transpersonales son lo que podríamos llamar «espirituales» aunque, no obstante, tengan
muy poco que ver con las visiones del mundo propias de las religiones tradicionales de
las esferas mágica y mítica. Los dominios transracionales no tienen nada que ver con
dioses o diosas externos, con oraciones de petición y rituales ni con dogmas o creencias,
sino con una atención interior que nos permite sondear las profundidades del psiquismo,
con la expansión y clarificación de la conciencia y con la limpieza de las puertas de la
percepción. No se trata, en suma, de buscar la vida eterna del ego sino, por el contrario,
de llegar a trascenderlo.

Cuando se agota lo personal se abren las puertas a lo transpersonal. Ahora mismo no


tenemos otro lugar adonde ir.

***

Las diferentes visiones del mundo no sólo nos proporcionan valores diferentes, sino
también objetos diferentes. Pero los artistas sólo pueden pintar, representar o expresar
sus percepciones particulares de los objetos de cualquiera de estos reinos en el caso de
que estén realmente despiertos a ellos.

El mundo sensoriomotor es familiar a todos nosotros, ya que sus objetos -rocas,


pájaros, bodegones, desnudos, paisajes, etcétera- pueden ser vistos con los distintos
sentidos. Los artistas han representado esos objetos de todas las formas posibles, desde
el realismo más deslumbrante hasta los matices mucho más suaves del impresionismo).
La visión mágica del mundo (una visión que, por otra parte, se presenta cada vez que
entramos en el sueño) está dominada por los mecanismos de desplazamiento y de
condensación, por el mundo onírico y por sus objetos reales tan bien ilustrados por los
surrealistas. El mundo mítico, por su parte, está saturado de dioses, diosas, ángeles,
elfos, almas desencantadas, figuras amables y crueles, auxiliadoras y malévolas. Y el
(artista puede pintar esos objetos, de hecho, así lo han hecho la mayor parte de los
artistas del mundo entero, desde el 10000 a.C. hasta el 1500 d.C. La visión mental del
mundo, por su parte, está plagada de conceptos, ideas, perspectivismo racional y formas
abstractas. En tal caso, los artistas no sólo pueden representar esos contenidos (arte
conceptual, arte abstracto), sino que también pueden expresarlos (expresionismo
abstracto). La visión existencial (aperspectivista), entre otras cosas, va acompañada del
miedo del sujeto aislado que se ve arrojado a un mundo esencialmente ajeno desprovisto
de consuelos míticos y de pretensiones racionales, una visión que han representado de
un modo en ocasiones hasta abrumador (como ejemplifica perfectamente El grito, de
Edvard Munch) los artistas de todos los medios. Pero la visión aperspectivista del
mundo también es, en última instancia, un sujeto mirándose a sí mismo mientras trata
de mirar el mundo, en un paso hacia atrás que los artistas han tratado de representar de
múltiples maneras, desde la deconstrucción hasta la ironía reflexiva o el desdoblamiento
(incluyendo al artista como parte del arte), un juego peligroso que fácilmente puede
terminar resultando sofocante.

Y los espacios y los mundos transpersonales también tienen sus propios contenidos,
temas y percepciones. En última instancia, todos los dominios son transpersonales, en el
sentido de que esas realidades incluyen, al tiempo que trascienden, lo personal y lo
individual, a modo de corrientes más amplias que van más allá del ego encapsulado en
la piel y nos permiten establecer contacto con seres, con el cosmos, con el Espíritu, con
pautas y lugares que permanecen ocultos para quienes sólo abrazan las superficies y dan
vueltas y más vueltas en tomo a sí mismos.

Pero el hecho de que dispongamos de la posibilidad de acceder a los espacios


transpersonales del mundo no significa que ese espacio se encuentre ya adecuadamente
amueblado. Somos nosotros quienes debemos amueblarlo, construirlo, crearlo,
modelarlo, labrarlo, fabricarlo y componerlo, una tarea que normalmente han asumido
los artistas, vanguardia en el mejor de los sentidos. Convendría, pues, volver nuestra
mirada hacia aquellas inusitadas ocasiones en que una cultura estableció contacto con el
dominio transpersonal y lo mostró a través del arte, la arquitectura, la poesía, la pintura,
la artesanía y la expresión musical (véase, por ejemplo, en este sentido, la influencia del
zen en la estética japonesa). Pero esa mirada hacia atrás sólo puede proporcionamos
indicios, porque la casa del mañana sólo puede ser decorada por los artistas del presente.

¿Qué aspecto tendrá el mobiliario de nuestro futuro hogar? Hoy en día nos hallamos de
pie, a mitad del camino entre dos mundos, aguardando ese nacimiento. Pero no
debemos olvidar que sólo los hombres y las mujeres que se hallen abiertos a lo
transpersonal podrán crear, desde la profundidad de sus corazones y de sus espíritus,
realidades que nos hablen en términos inequívocamente claros de las visiones del
mundo de las que disponemos. Y cuanto más profunda sea la conciencia de los
individuos, más mundos podrá sondear. Ese es, en última instancia, el motivo por el
cual el rasgo distintivo del arte no reside tanto en el tipo de objeto como en la
profundidad del sujeto.

Hemos hablado de objetos sensoriales, objetos mágicos, objetos míticos, objetos


mentales y objetos aperspectivistas... y también hemos visto cómo todos ellos han
terminado agotando su significado. ¿Quiénes se abrirán a profundidades que nos
permitan escalar las nuevas cumbres y volver para contamos lo que han visto?, ¿quiénes
nos mostrarán los objetos del mundo transpersonal?, ¿quiénes podrán alejarse tanto de sí
mismos, de su ego, de sus esperanzas y de sus miedos para servir de cauce a lo
transpersonal con una fuerza que sacuda al mundo hasta sus mismos cimientos?,
¿quiénes representarán la realidad que se revela cuando se trasciende el ego y, en la
postura del cadáver, uno muere y contempla el mundo de un modo nuevo?, ¿quiénes
pintarán el primer amanecer de ese nuevo paisaje?, ¿quiénes nos lo mostrarán?
Sábado, 25 de octubre

He aquí varios de los principales grupos de rock de los últimos años: Elástica, Pulp,
The Crystal Method, Artificial Joy Club, The Chemical Brothers, No Dubt, Garbage,
Fluffy, La Bouche, Lush, Rancid, Texas, Klover, The Muffs, Fastbacks, 60 Ft. Dolls,
Belly, One Dove, Dance Hall Crashers, Superdrag, En Vogue, República, Blackhawk,
Goo Goo Dolls, The Fugees, NIN, The Goops, Nitzer Ebb, Sleeper, Bluetones,
Offspring, De La Soul, Echo Belly, Midnight Oil, The Mavericks, Live, Wallflowers,
Sleater-Kinney y London Suede.

Marc Jacobs se ha encargado de la dirección de Louis Vuitton. Es realmente


sorprendente el número de anglosajones que en la actualidad dirigen empresas europeas
de diseño de moda: Galiano está en Dior, McQueen en Givenchy, McCarthy en Chloe,
Marc Jacobs en Vuitton, Rebecca Moses en Genny y mi favorito -y el favorito
habitualmente de las mujeres- Tom Ford en Gucci.

La habitación de Robert Isabell es mi idea de la perfección en decoración interior, una


especie de estética minimalista zen hermosamente concebida.

Me he enterado de que The Sweet Hereafter, de Atom Egoyan, ganó un premio en


Cannes, de modo que parece que finalmente ha triunfado.

LA. Confidential, brillantemente dirigida por Curtis Hanson, ha sido la película mejor
hecha que he visto este año y es, hasta el momento, mi candidata para el Oscar. Shall
We Dance?, por su parte, es la película más conmovedora que he visto en los últimos
tiempos. En ella, Koji Yakushu hace un trabajo realmente impresionante. No sé muy
bien cuál es el motivo por el que funciona, pero he de decir que pasé llorando la mitad
de la película y riendo la otra mitad. La película afroamericana Love jones
probablemente sea la más literaria de este año, absolutamente soporífera. La directora
polaca Agnieszka Holland ha realizado una obra exquisita, Washington Square, basada
en la novela de Henry James (en un mundo que niega la conciencia, un novelista como
él parece un contrasentido. ¿Quién fue el que dijo que William James era un novelista
disfrazado de psicólogo y Henry James un psicólogo disfrazado de novelista?). Europa,
Europa, la anterior película de Agnieszka es una de mis favoritas de todos los tiempos,
una película que se mueve en varios niveles muy bien acompasados, (¿No fue, acaso,
ése uno de los primeros trabajos de Julie Delphy? ¡Con eso debería bastar!)

Grosse Pointe Blank ha sido la película que más me ha divertido. John y la hermana
Joan son dos personajes muy creíbles y Minnie está realmente adorable. La música es
de Joe Strummer y no resulta sorprendente ver un póster de Clash en la pared de
Minnie. Es una película con un guión excelente, en el que Cusack representa el papel de
un profesional de éxito que está a punto de acudir a la décima reunión de exalumnos de
la escuela secundaria y se halla muy preocupado porque cree que no tendrá nada en
común con los asistentes al encuentro y no deja de preguntarse «¿Qué les diré?, ¿cómo
te han ido las cosas en este tiempo? Yo he matado al presidente del Paraguay con un
tenedor...». Alan Arkin, por su parte, es el terapeuta de Cusack que no quiere
presionarle mucho porque teme su agresividad. Su despedida habitual es la siguiente:
«¡Que le vaya bien! ¡No mate a nadie!». La reunión discurre perfectamente... hasta el
momento en que tienen que quemar un cuerpo en el incinerador del sótano de la escuela,
etcétera, etcétera, etcétera. Junto a Leaving Las Vegas (el zen de la autodestrucción:
«cuando bebo, sólo bebo»), Shallow Grave, Trainspotting, Swingers, Bound, Flirting
with Disaster, Kicking and Screaming y unas cuantas más, han sido mis últimas
diversiones favoritas.

Todavía me pregunto por qué le presto atención a todo esto. ¿No es, acaso, todo ello
muy poco espiritual? Eso, al menos, es lo que dicen los críticos más sesudos acerca de
la televisión. ¡Que los practicantes espirituales se dediquen a lo suyo y no se interesen
por nada más!

Pero me parece que ése sería un Dios muy pequeño. Todas las formas, sin excepción
alguna, son una con la Vacuidad. ¿Por qué, pues, debería mirar por encima del hombro
todas esas formas particulares? ¿No son, acaso, también manifestaciones del gozo
último del Espíritu chapoteando en las efervescentes aguas de su propia exuberancia?,
¿no son, acaso, olas en la cascada de Un Solo Sabor, aromas de la Divinidad, emanando
aquí y allá?, ¿debería, acaso, limitarme a rendir culto a un Dios tan mezquino que sólo
se interesara por una parcela muy estricta de la realidad?

Domingo, 26 de octubre

Los efectos de los diferentes tipos de música resultan fascinantes. La música rock, qué
duda cabe, influye sobre los chakras inferiores (desde el segundo hasta el tercer chakra,
el sexo y el poder, respectivamente),1 la música rap suele ser música de supervivencia
callejera (primer chakra), el buen jazz (Charlie Parker, Miles y Wynton, por ejemplo)
tiene que ver con los chakras tercero y cuarto.

1. Los siete chakras del kundalini yoga constituyen una representación arquetípica de la Gran Cadena compuesta de
siete niveles básicos de conciencia, cada uno de los cuales tiene una determinada ubicación corporal (porque cada
uno de los componentes conscientes de la Mano Izquierda tiene su correlato corporal objetivo en la Mano Derecha).
Los siete chakras van desde el inferior (ubicado en el vientre) a los intermedios (en el pecho/corazón) y, desde ahí, a
los superiores (ubicados en la coronilla e incluso más allá de ella).

La música de los grandes compositores románticos (Chopin, Mahler), toda ella


emoción del corazón ocasionalmente muy empalagosa, está esencialmente ligada al
cuarto chakra. Por su parte, Haydn, Bach, Mozart y el último Beethoven influyen en los
chakras quinto y sexto, la música de las esferas. Uno puede sentir el modo en que cada
uno de estos tipos de música activa los distintos centros corporales (intestinos, corazón
y cabeza).

La única música que puedo escuchar cuando estoy escribiendo sobre, pongamos por
caso, Plotino, Eckhart o Emerson, es la de Mozart, el último Beethoven o algunas
composiciones de Haydn. Pero cuando estoy haciendo un trabajo bibliográfico, las notas
a pie de página o algo por el estilo, entonces no escucho más que rock and roll.

Cada uno de los siete chakras del kundalini yoga son, sin excepción alguna, formas
resplandecientes de Shakti, la energía de la Diosa eternamente abrazada a Shiva, el
Testigo puro e informe. Todas las Formas son una con la Vacuidad, porque Shakti y
Shiva se hallan eternamente fundidos en un abrazo que no puede verse mancillado por
el tiempo, la agitación, la muerte o el destino.
Ésta es, precisamente, la idea que el budismo dzogchen trata de expresar en el thangka
de Adi-Buda (el Buda más elevado), Samantabhadra y su consorte, Samantabhadri.
Samantabhadra suele representarse como una figura desnuda de color negroazulado que
se halla sentada en la postura del loto y en cuyo regazo -y en plena relación sexual- está
Samantabhadri, también desnuda, pero de un color blanco y resplandeciente.
Samantabhadra representa el Dharmakaya o la Vacuidad última completamente informe
(por ello es negro, como el sueño profundo sin sueños). Samantabhadri, por su parte,
representa el Rupakaya, el mundo de la Forma, un despliegue luminoso de un blanco
resplandeciente. Ambos representan la Vacuidad y la Forma, la Conciencia y la Mente,
el Espíritu y el Mundo. Pero el hecho es que están haciendo el amor; son uno en su
abrazo extático y se hallan unidos por toda la eternidad por el lazo indestructible del
Amor. Cada uno de ellos es, para el otro, Un Solo Sabor.

Pero el thangka de Samantabhadra y Samantabhadri (Purusha y Prakriti, Shiva y


Shakti, la Vacuidad y la Forma, la Sabiduría y la Compasión, Eros y Agape, el Ascenso
y el Descenso) no es un mero símbolo, sino la imagen de una realización directa.
Cuando uno se establece en el Yo-Yo y descansa en tanto que Testigo sin forma, se
convierte literalmente en Samantabhadra, en el gran No Nacido, en la Divinidad
incualificable, en la Gran Vacuidad negra de la liberación infinita de la que instante tras
instante emana el universo entero, las nubes atraviesan su conciencia, los árboles crecen
en su conciencia y el canto de los pájaros es uno con usted. Porque usted, en tanto que
Testigo sin forma (Samantabhadra), es uno y se halla unido sexualmente por toda la
eternidad con la totalidad del Mundo de la Forma (Samantabhadri). Usted está haciendo
el amor literalmente con la totalidad del mundo. Entonces, el abismo brutal y doloroso
que separa sujeto y objeto se desvanece y usted y el mundo se adentran en una unión
íntima, sexual, extática, plena de beatitud, libérrimamente resplandeciente, el trueno y el
relámpago de Un Solo Sabor.

Y siempre ha sido así.

Lunes, 27 de octubre

Marci está trabajando duro para acabar la tesis de su master que versa en torno a la
gestión interna en el mundo de los negocios. Leo Burke, jefe de formación de Motorola
nos visitará el miércoles y Marci está deseando hablar con él. Es bueno tener a un
experto cerca que me ayude a no decir bobadas, aunque estoy seguro de que Marci lo
hará muy bien.

Viernes, 31 de octubre

En el camino que conduce a Un Solo Sabor, las personas suelen incurrir en dos tipos
de errores. El primero de ellos se refiere a lo que ocurre cuando uno establece contacto
con el Testigo, mientras que el segundo afecta al paso que conduce desde el Testigo a
Un Solo Sabor.

Veamos. Existe la creencia de que en el momento en que uno establece contacto con el
Testigo (con el Yo-Yo) verá algo muy especial. Pero lo cierto es que, en ese momento,
uno no ve nada sino que simplemente contempla todo lo que aparece, porque uno no es
algo que pueda verse sino el Vidente puro y vacío. Las luces, la beatitud y las visiones
súbitas no son más que objetos y, en consecuencia, no tienen nada que ver con el
Testigo, y aunque, finalmente, en Un Solo Sabor uno se convierta en todo lo que ve, no
puede comenzar tratando de hacer eso -tratando de ver la Verdad- porque ese mismo
intento obstaculizaría su emergencia. Es por ello que tenemos que partir de «neti, neti»
(«yo no soy esto, yo no soy eso»).

De modo que el primer error impide la presencia del Testigo tratando de convertirlo en
un objeto que pueda ser apresado, cuando lo cierto es que es el Vidente de todo cuanto
aparece y sólo puede ser «experimentado» en tanto que sustrato de Libertad y
Liberación de todos los objetos.

Descansando en esa Libertad y Vacuidad -en la contemplación ecuánime de todo lo


que emerge- se dará cuenta de que el yo separado (o ego) aparece en su conciencia
como cualquier otra cosa. Y eso es algo que usted puede sentir del mismo modo que
puede sentir sus piernas, una mesa, una piedra o sus propios pies. La contracción sobre
uno mismo se experimenta como una tensión interior que, a menudo, se halla localizada
detrás de los ojos y se ancla en forma de una leve tensión muscular en todo el
cuerpomente. Es una sensación de contracción frente al mundo, una ligera tensión que
afecta a la totalidad del cuerpo. Advierta, simplemente, esa tensión.

Cuando uno descansa en el Testigo vacío y se percata de esa contracción sobre uno
mismo supone erróneamente que, para pasar finalmente desde el Testigo hasta Un Solo
Sabor, tiene que desembarazarse de ella (liberarse del ego). Y ése es el segundo error,
un error que no hace más que fortalecer la tensión.

Nosotros creemos que la contracción sobre uno mismo oculta o eclipsa el Espíritu
cuando, de hecho -como ocurre con cualquier Forma del universo-, no es más que otra
de sus resplandecientes manifestaciones. Todas las Formas -incluida la forma del ego-
no son más que Vacuidad. Es más, el único que quiere desembarazarse del ego es el
propio ego. El Espíritu ama todo lo que emerge tal cual es. El Testigo ama todo lo que
emerge tal cual es. El Testigo ama el ego, porque el Testigo es la mente-espejo
ecuánime que refleja y abraza con la misma aceptación todo cuanto aparece.

Pero el ego decide jugar al juego de desembarazarse de sí mismo porque, mientras


tanto, seguirá existiendo (¿quién, sino, está jugando?). Como dijera Chuang Tzu hace
ya mucho tiempo: «¿No es acaso el deseo de librarse del ego una manifestación del
ego?».

El ego no es más que una tensión sutil y usted no puede recurrir a la tensión para
librarse de la tensión porque, en tal caso, terminaría con dos tensiones en lugar de una.
El ego es una manifestación perfecta de lo Divino y funciona mejor descansando en
Libertad que tratando de desembarazarse de él, lo cual, dicho sea de paso, no hace sino
aumentar su contracción.

¿Cuál es, entonces, la práctica adecuada? Cuando usted descanse en el Testigo, cuando
usted descansa en el Yo-Yo, cuando usted descanse en la Vacuidad, preste atención
simplemente a la contracción sobre sí mismo. Descanse en el Testigo y advierta esa
contracción porque, para sentir esa contracción, para contemplarla, deberá haberse
desidentificado y, en consecuencia, liberado de ella. Entonces, usted estará mirando
desde la posición del Testigo que siempre se halla libre de todos los objetos.

De modo que descanse en el Testigo y percátese de la contracción sobre sí mismo,


exactamente del mismo modo en que puede sentir la silla en la que se sienta, la tierra o
las nubes que flotan en el cielo. Los pensamientos flotan en la mente, las sensaciones
flotan en el cuerpo, la contracción sobre sí mismo sobrevuela en su conciencia y usted
contempla todo eso de un modo espontáneo y ecuánime.

En ese estado simple, cómodo y sin esfuerzo, no está tratando de desembarazarse de la


contracción sino sencillamente sintiéndola, y mientras este descansando en el gran
Testigo o Vacuidad que es, Un Solo Sabor podrá resplandecer con más facilidad. No
hay nada que uno pueda hacer para provocar (o causar) Un Solo Sabor, porque Un Solo
Sabor no es el resultado de acciones temporales, siempre está completamente presente y
uno nunca se ha alejado un ápice de él.

Lo máximo que uno puede hacer, por vía del esfuerzo temporal, es evitar estos dos
grandes errores. No trate, pues, de ver al Testigo como un objeto, sino que descanse
simplemente en Él en tanto que Vidente, ni trate tampoco de desembarazarse del ego
sino que dedíquese, simplemente, a percibirlo. De ese modo, se colocará en el borde del
mismo abismo de su Rostro Original.

Descanse en el Testigo y dése cuenta de la contracción sobre usted mismo: ese es


precisamente el ambito en que Un Solo Sabor puede resplandecer con más intensidad.
Pero no lo haga para conseguir esto o aquello, sino de un modo espontáneo durante todo
el día y toda la noche, permaneciendo de pie al borde de su más sorprendente
reconocimiento.

Éstos serían los pasos a dar:

Descanse en el Testigo y experimente la contracción en sí mismo, y cuando lo haga,


dése cuenta de que el Testigo no es la contracción, sino que es consciente de ella. El
Testigo está libre de la contracción... y usted es el Testigo.

En tanto que Testigo, usted se halla libre de la contracción en sí mismo. Descanse en


esa Libertad, Apertura, Vacuidad y Liberación. Experimente esa contracción y déjela
ser, del mismo modo que permite la existencia de cualquier otro tipo de sensación. No
trate de librarse de las nubes, los árboles o el ego sino permítales ser mientras
permanece relajado en el espacio abierto de Libertad que usted es.

En ese espacio de Libertad -y de un modo espontáneo- uno puede advertir que la


sensación de Libertad carece de interior y de exterior, de centro y de periferia. Los
pensamientos flotan en esta Libertad, el cielo flota en esta Libertad, el mundo emana de
esta Libertad y usted es Eso. El cielo es su cabeza, el aire su respiración, la tierra su piel,
y todo ello de un modo inmediato e íntimo. Cuando uno descansa en esta Libertad, que
es Plenitud infinita, se convierte en la totalidad del mundo.

Este es el mundo de Un Solo Sabor, un mundo que no tiene dentro ni fuera, sujeto ni
objeto, aquí ni fuera de aquí; un mundo que carece de origen y de final, de objetivos y
de medios, de camino y de meta. Ésta, como dijo Ramana Maharshi, es la verdad
ultima.

Esto es lo que podría llamarse un «ejercicio capital». Pero no lo haga en lugar de, sino
además de, cualquier otra práctica (centramiento, vipassana, oración del corazón, zikr,
zazen, yoga, etcétera). Todas estas prácticas tratan de que usted entre en un determinado
estado de conciencia, pero Un Solo Sabor no es un estado concreto, es compatible con
todos y cada uno de los estados, del mismo modo que la humedad impregna totalmente
todas y cada una de las olas del océano. Tal vez una ola pueda ser más grande que otra,
pero no por ello está más húmeda. Un Solo Sabor no es una ola concreta sino la
humedad del agua, y, por consiguiente, las prácticas concretas (desde la oración hasta el
vipassana y el yoga) no podrán ayudarle a entrar en Un Solo Sabor. Todas las prácticas
han sido diseñadas para permitirle entrar en una ola concreta -habitualmente una ola
muy grande- y eso está muy bien, pero Un Solo Sabor es la humedad que impregna
hasta la ola más pequeña, de modo que cualquier ola de conciencia que ahora tenga
estará bien. Descanse en esa ola, dése cuenta de la contracción en sí mismo y
permanezca Libre.

Pero no abandone sus otras prácticas, porque ellas le permitirán, en primer lugar, entrar
en olas concretas e importantes de su conciencia (psíquica, sutil y causal), todas las
cuales son vehículos importantes para la manifestación plena del Espíritu. En segundo
lugar, el hecho de que Un Solo Sabor sea demasiado simple como para creérselo y
demasiado fácil de alcanzar a través del esfuerzo supone que la mayor parte de las
personas nunca sepan que la ola en la que se hallan ahora mismo ya está mojada, que
nunca adviertan la Talidad de su estado presente y que pierdan el tiempo buscando una
ola más Grande y Mejor sobre la que cabalgar... Francamente, así son las cosas.

Las prácticas típicamente espirituales constituyen una introducción a experiencias cada


vez más sutiles y, en este sentido, le ayudarán inadvertidamente a cansarse de toda
experiencia. Cuando se canse de saltar de ola en ola permanecerá de pie ante la
humedad de la ola en que se encuentre. El Testigo puro no es ninguna experiencia, sino
la apertura o claro en la que aparecen y desaparecen todas las experiencias, incluidas las
experiencias espirituales, y mientras esté a la caza de experiencias, nunca descansará en
el Testigo ni caerá en el océano omnipresente de Un Solo Sabor. Cuando se canse de las
experiencias descansará en el Testigo, y es precisamente ahí donde puede advertir la
Humedad (Un Solo Sabor).

Entonces el viento será su respiración, las estrellas las neuronas de su cerebro, el sol el
sabor de la mañana y la tierra el modo en que experimenta su cuerpo. Entonces su
corazón se abrirá a la Totalidad, el Kosmos se precipitará en su alma, su Yo emergerá
como las innumerables galaxias girando por toda la eternidad. En el mundo no hay más
que una sola Plenitud, en la Vacuidad no hay más que un Resplandor que se contempla
a sí mismo, grabado en los muros del infinito y presente por toda la eternidad, la única
verdad: Esto es todo lo que hay -chasqueando los dedos- nada más.
NOVIEMBRE

Los místicos son los portadores de la antorcha que ocasionalmente trae destellos del
conocimiento de la realidad al mundo de la ignorancia e ilusión del ser humano. Un
mundo sin místicos sería un mundo absolutamente ciego y malsano.

Eminencia gris, ALDOUS HUXLEY

Domingo, 2 de noviembre

Tony ha llegado en avión este mediodía. Marci ha ido a buscarle al aeropuerto y luego
ha seguido trabajando en su tesis. Joyce Nielsen también ha pasado a saludarnos (era la
primera vez que nos veíamos) y luego Marci se nos ha unido a cenar mi famoso chile
vegetariano del que nadie ha repetido.

Martes, 4 de noviembre

Charles Skip Alexander acaba de enviarme los resultados de su última investigación en


torno al sueño y la meditación, según la cual el sueño de los meditadores avanzados
presenta «una actividad theta-alfa simultánea a delta», que corrobora mis pequeños
experimentos con el EEG. En este mismo sentido, la actividad electroencefalográfica de
quienes afirman permanecer «conscientes» durante el sueño -la llamada «conciencia
constante» en los tres estados- evidencia la presencia simultánea de ondas alfa (vigilia),
theta (sueño) y delta (sueño profundo).

Lo que me resulta más interesante es que este tipo de investigación nos proporciona
otro correlato empírico de los estados transcendentales más elevados, lo cual tiene
varias aplicaciones inmediatas. En primer lugar, permite que los practicantes
monitoricen su proceso de transformación de la conciencia y, en este sentido, los deja
menos librados al azar. En segundo lugar, también nos proporciona una herramienta
para investigar la eficacia relativa de distintas «prácticas transformadoras». Bastaría,
para ello, con diseñar varios grupos de practicantes y asignarles tareas tan diferentes
como la lectura de libros del tipo Ecopsychology, El retorno de la Diosa o Usted puede
sanar su vida, la práctica de la meditación, los rituales chamánicos, el yoga, la oración
contemplativa, etcétera, y cuantificar luego los cambios en las pautas de ondas
cerebrales provocados por estas actividades.

El principal interés de este tipo de investigación, dicho en otras palabras, reside en el


hecho de que no sólo alienta a las personas a pensar de un modo diferente, sino también
a emprender una práctica. Hay que tener en cuenta que el hecho de leer (o de pensar)
sólo influirá en alfa y en beta (el reino ordinario), mientras que la práctica meditativa
profunda le llevará a theta (el reino sutil), delta (el reino causal) y, finalmente, a la
presencia simultánea de los tres estados -la llamada conciencia constante en los tres
estados- permitiendo, así, que el Fundamento de todos ellos -el Espíritu no dual- se
torne tan incuestionable como un vaso de agua fría arrojado a su Rostro Original.

Además, ésta es también una llamada de advertencia para que la espiritualidad


traslativa -que domina más del 90% del mercado- se abra a una espiritualidad
auténticamente transformadora que revivifique nuestra alma y nos permita conectar
directamente con Dios.

Viernes, 7 de noviembre

UNITAS MULTIPLEX

He alquilado Nowhere, la última película de la que ha sido calificada -a mi juicio muy


acertadamente- la «trilogía del nihilismo» de Gregg Araki (junto a Doom Generation,
que todavía era más desoladora y Totally Fucked Up, una película realmente muy
extraña). La postmodernidad siempre ha considerado el nihilismo y su primo hermano
el escepticismo como ideologías muy valientes y sofisticadas, en suma, muy in. Se
supone que el nihilismo refleja con exactitud el relativismo de los valores culturales, la
naturaleza socialmente construida de toda realidad, el carácter resbaladizo de todo
significado, la deconstrucción de toda referencia moral y la incertidumbre básica
inherente a toda creencia, un punto de vista desde el cual la única respuesta «sincera»
ante el mundo real es el bostezo.

Los nihilistas no dejan de insistir en que no hay nada en que creer. Pero, aunque no
acepten ningún sistema de valores, no abracen ninguna visión ni crean en ningún
principio... comen, sin embargo, tres veces al dia con tal voracidad que no cabe la
menor duda de que, al menos, deben de creer en la comida. Y lo cierto es que también
duermen cada noche, con lo cual deben de creer en el descanso. Y buscan agua, cobijo y
calor, de modo que también deben también creer en las necesidades fisiológicas. Por
último, y no por ello menos importante, la mayor parte de ellos cree abiertamente en el
sexo. Así que éstas son sus verdaderas creencias: la comida, el cobijo, las necesidades
fisiológicas y el sexo. No se trata, pues, de que carezcan de valores, sino de que
comparten el mismo sistema de valores que los conejos, las ratas y las comadrejas.

¡Vaya, pues, con el nihilismo! Finalmente resulta que su postura no sólo es


profundamente hipócrita -al afirmar carecer de valores y atrincherarse, no obstante, en
los más bajos (compartiendo así el mismo sistema de valores de los crustáceos)-, sino
que parece que sus adeptos también se lo pasan en grande atacando los sistemas de
creencias de los demás, porque eso es, a fin de cuentas, lo que les gusta hacer a los baby
boomers deconstructivistas. Pero lo cierto es que si alguien no hubiera construido, ellos
no podrían deconstruir, y, en tal caso, no les quedaría más diversión que permanecer en
su madriguera. ¿De verdad resulta eso tan divertido?

En los últimos dos o tres años, no obstante, creo advertir una cierta reacción en contra
de las distintas manifestaciones del nihilismo postmoderno, es decir, el relativismo, el
contextualismo y el constructivismo extremos. Como Jerome Bruner ha señalado, para
no perdernos en lo relativo, en lo construido, en lo diverso y en lo diferente, debemos
atenernos a una regla que él denomina imitas multiplex, es decir, la necesidad de tener
en cuenta tanto los rasgos locales o superficiales de la existencia humana como sus
características universales o profundas.

Según Bruner: «Es cierto que los idiomas difieren entre sí, pero no lo es menos que
existen universales lingüísticos que permiten a los niños aprender con facilidad
cualquier idioma. Es cierto que las culturas difieren, pero no lo es menos que también
poseen universales que evidencian la existencia de características mentales generales y,
muy probablemente también, de rasgos generales en su proceso de desarrollo.
Convendrá, pues, recordar este lema: Unitas multiplex».

La validez de unitas multiplex (del pluralismo universal) no sólo resulta esencial en el


ámbito de los estudios culturales, en general, sino también en el ámbito de la
espiritualidad, en particular. El argumento que habitualmente sustentan los
constructivistas -como David Katz, por ejemplo- es que no existe nada universal y, en
consecuencia, tampoco puede existir ninguna filosofía perenne, ninguna Realidad
transcendente y ningún Espíritu universal, punto y final. (Exceptuando, claro está, su
propia afirmación universal..., que les hace caer en la más flagrante de las
contradicciones performativas.)

He leído innumerables libros para el volumen 2 de la trilogía y he llegado a la


conclusión de no hablar de ninguno de ellos porque, de otro modo, este libro se
convertiría en una gigantesca reseña bibliográfica. Pero lo que he advertido en muchos
de estos libros (que abarcan, por cierto, una buena decena de campos diferentes) es una
indiscutible reacción en contra del relativismo y del constructivismo. Los eruditos están
comenzando a darse cuenta de que, detrás del relativismo extremo, se oculta el
nihilismo y de que, detrás de éste, acecha el narcisismo. El día en que encuentre un buen
libro sobre estos temas (y he de decir que, hasta el momento, habré leído una buena
decena) decretaré mi propia fiesta nacional personal.

Martes, 11 de noviembre

He permanecido consciente durante toda la noche, es decir, he estado atento de una


manera espontánea -siendo uno con todo lo que iba apareciendo durante los estados de
sueño y de sueño profundo. En ese estado, no existe ningún yo, sino tan sólo una
conciencia primordial, una atención pura, una conciencia muy, muy sutil, que no viene
ni va sino que, de algún modo, es atemporal, Un Solo Sabor durante el sueño y Un Solo
Sabor durante el estado de sueño con sueños. Cuando esto ocurre, la meditación de la
mañana no es distinta de la de la noche. En el reino causal (durante el estado de sueño
profundo sin formas) no hay más que la conciencia de Un Solo Sabor, una conciencia
tácita no dual que se mantiene cuando lo sutil emerge de lo causal (y nos adentramos en
el estado de sueño) y cuando lo ordinario emerge de lo sutil (y nos adentramos en el
estado de vigilia cotidiana). Por ello, cuando aparece el estado ordinario (en torno a las
tres de la madrugada), no existe el menor cambio en la conciencia primordial o en la
conciencia constante, sino que simplemente emana de ella una percepción del cuerpo
ordinario, de la cama y de la habitación. El reino ordinario, dicho de otro modo, emerge
en el ámbito de Un Solo Sabor que soy eternamente y no existe entonces nada a lo que
podamos denominar concretamente «meditación», puesto que se trata de algo ya
inherente a esa conciencia no dual o conciencia constante muy sutil.
Cuando emerge el dominio de lo ordinario emprendo vanas prácticas meditativas o
contemplativas, que siempre comienzan con el gurú yoga último, que consiste en la
indagación sobre uno mismo, en la contemplación directa de la naturaleza de la mente
(por ejemplo: «¿Quién soy yo? ¿Quién es ese Testigo Vacío puro?» [una práctica que
normalmente resulta indistinguible del «ejercicio capital» que he mencionado en la
entrada correspondiente al día 31 de octubre]. Cuando me despierto, contemplo o
experimento la aparición de la sensación de identidad separada (es decir, siento la ligera
tensión de la conciencia que constituye el rasgo distintivo del ego separado» y descanso
en la Vacuidad anterior en la que esa contracción se evidencia como un gesto
innecesario. En el caso de que este ejercicio se realice bien -es decir, si se hace sin la
menor expectativa de logro- la sensación de identidad separada acaba disolviéndose en
la Vacuidad pura, en la inmensa Apertura, en la ilimitada Libertad, en el Espacio
infinito que es la conciencia constante, atemporal y no dual. Entonces, el ego se diluye
en la Vacuidad y retorno al Yo-Yo que eternamente soy. En tal caso Ken Wilber
simplemente emerge come un gesto del Yo-Yo que soy y, hasta un determinado nivel -
que varía considerablemente-, no estoy especialmente identificado con él, ya que Ken
Wilber es simplemente uno entre mil millones de vehículos del Espíritu y de su eterna
canción.

Entre las cuatro y las cinco de la madrugada emprendo la práctica de la meditación y


de la contemplación. Se trata de prácticas que nunca dejo de hacer por más que la
conciencia constante se halle ya presente, ya que es la forma más clara que conozco de
ejercitar y expresar esa Melodía (Cuando le preguntaban a Suzuki Roshi por qué
debemos meditar, siempre daba la misma respuesta: Nosotros no meditamos para
alcanzar la naturaleza del Buda -que, siendo omnipresente, resulta literalmente
inalcanzable-, sino que lo hacemos para expresar la naturaleza del Buda que ya somos.)
Yo llevo meditando cerca de treinta años -y debo decir que lo he hecho con decenas de
prácticas espirituales distintas-, pero mi práctica actual (que forma parte del ciclo de
enseñanzas de Longchen Nyingthig) la recibí de Su Santidad Pema Norbu (Penor)
Rinpoche, actual regente de la escuela Nyingma del budismo tibetano. Esta práctica
incluye el tigle gyachen y el shi tro (con ejercicios tan sofisticados como el trekchod y
el togyal. las dos prácticas principales del budismo dzogchen o Maha-Ati). Debo decir
también que mi principal maestro de dzogchen y quien me ha iniciado en muchas de
estas prácticas ha sido Chagdud Tulku Rinpoche.

Este período de meditación formal concluye con la práctica conocida con el nombre de
tonglen, «dar y tomar», que también llevo a cabo varias veces al día (tal vez sea mi
práctica más habitual), que consiste básicamente en inspirar el sufrimiento del mundo
(aspirándolo, por así decirlo) y exhalar paz y felicidad (emanando toda la serenidad que
uno pueda). Se trata de una práctica muy profunda que va socavando lentamente el
dualismo existente entre uno y los demás, entre el amigo y el enemigo, entre el sujeto y
el objeto, y acaba reconectándonos con nuestra naturaleza primordial, con la Vacuidad
pura, con el Espíritu puro.

El lector interesado puede encontrar un esbozo general de todas estas prácticas en el


libro Gracia y coraje. Y, aunque se trata de prácticas budistas, creo sinceramente que lo
mismo podría proporcionarme cualquier otro tipo de prácticas sutiles, causales y no
duales procedente de cualquiera de las grandes tradiciones no duales del mundo, tanto
orientales como occidentales, tanto del Norte como del Sur. El objetivo de la auténtica
contemplación consiste simplemente en acelerar el proceso de crecimiento, desarrollo o
evolución desde las dimensiones subconscientes hasta el ego consciente y, desde ahí,
hasta los dominios supraconscientes de nuestro Ser. Hoy en día tenemos abundantes
pruebas de que, si bien la meditación no altera ni modifica la secuencia de estadios
fundamentales del proceso de desarrollo de la conciencia, sí que los acelera
considerablemente.1 La meditación acelera el proceso de desarrollo individual, la
meditación estimula el recuerdo y el redescubrimiento del Espíritu que eternamente
somos, la meditación intensifica la velocidad del desarrollo de la bellota en roble y del
ser humano en Dios.

1. Ver El ojo del Espíritu para una visión más detallada acerca de este punto.

El zikr del sufismo, el shikantaza del zen, el devekut del judaismo, la oración del
corazón del hesiquismo cristiano ortodoxo, la búsqueda de la visión del chamanismo, la
indagación sobre uno mismo de Ramana Maharshi, el vipassana del Theravada. el chih-
kuar, del budismo T'ien t'ai, la oración de centramiento, el raja yoga, el jnana yoga, el
hatha yoga, el karma yoga y el kundalini yoga son sólo algunas técnicas de la amplísima
panoplia de prácticas contemplativas procedente de las grandes tradiciones de sabiduría
del mundo entero que apuntan a re-membrar, re-colectar y re-descubrir lo que uno
siempre ha sido. Y en esa realización en la que todo estalla en pedazos, uno despierta a
un mundo en el que el Kosmos es su alma, las nubes sus pulmones y el sonido de las
gotas de la lluvia el latido de su corazón.

Jueves, 13 de noviembre

Stuart Davis es un cantante y compositor de veintiséis años de edad famoso en todo el


mundo. [Según The Dresdener News (Alemania): «En la vanguardia de los más
talentosos compositores de los Estados Unidos, Stuart Davis nos ofrece en su obra una
visión profunda y dolorosamente sincera de los componentes sociales y personales de la
vida. Un cantante fascinante y una poesía igualmente poderosa».] Pero, además de todo
ello, Stuart Davis tiene un gran sentido del humor. En su último CD podemos leer: «A
la edad de veintiséis años y con cinco álbumes vendidos en dieciséis países, Stuart
Davis ha adquirido una reputación internacional por su valiente uso del lenguaje y por
su habilidad para expresar los asuntos más difíciles. Su última obra, Kyd Mystic, se
dedica a investigar nada menos que la creación, la evolución de la conciencia y del
espíritu y la muerte (y todo ello en doce fragmentos musicales muy pegadizos).
¡Finalmente disponemos de una recopilación que combina el genio lírico con temas
tales como la aprehensión directa de Dios, la abducción alienígena y el suicidio! No
cabe duda de que Davis ha conseguido condensar al misticismo en el marco de un single
de tres minutos».

Stuart -que, por cierto, me ha dedicado Kid Mystic- ha venido de visita. Marci nos ha
preparado comida china y luego hemos pasado la tarde juntos. Stuart considera que, en
este momento, está atravesando una encrucijada vital que le lleva en una dirección cada
vez más espiritual y transpersonal (en la actualidad medita dos veces al día y yo le he
aconsejado que consolidara esa práctica). Hemos hablado largo y tendido sobre el arte y
sobre sus posibilidades -en el mejor de los casos- para evocar las realidades más
elevadas. Luego le he mostrado algunas de las obras de Anselm y Alex y se ha quedado
sin palabras. ¿Por qué no podría ser él el primero en transmitir el mensaje transpersonal
a través de la música?

Luego nos ha obsequiado con una actuación de unos treinta minutos, durante la cual ha
cantado canciones muy hermosas y emocionantes (en cierto momento, Marci incluso
rompió a llorar). Mañana por la noche actúa en el salón Mars de Boulder y hemos
decidido ir a verle.

Viernes, 14 de noviembre

Ayer quedamos en ir a la actuación de Stuart, pero hoy Marci ha decidido teñirse el


pelo y las cosas han acabado torciéndose.

Pero no estoy seguro de que «torcerse» sea el término adecuado para referirme a lo que
ha ocurrido porque, según el criterio de cada cual, podría decirse que ha sido
«maravilloso» o que ha sido «terrible». Resulta que Marci quería teñirse el pelo de
blanco platino, de modo que hemos ido a una peluquería, en donde nos han explicado
que, para hacerlo, eran necesarios un par de fuertes agentes químicos, Marci los ha
comprado y ha hecho la prueba.

¡Y al cabo de un rato tenía el pelo de un naranja resplandeciente!

Hoy he quedado con Ronald McDonald.

Hemos decidido no ir a la actuación de Stuart.

Sábado, 15 de noviembre

Marci ha llamado a todas las peluquerías locales solicitando una cita urgente. La
verdad es que a mí me gusta cómo le ha quedado, pero ella quiere cambiar de inmediato
el naranja rabioso por un blanco escandaloso. Finalmente ha acabado encontrando un
lugar en el que la atenderán hoy mismo.

Por fin se han resuelto las cosas y Marci tiene ya el pelo blanquísimo. He cancelado la
cita con Ronald McDonald.

Domingo, 16 de noviembre

Acabo de leer el libro Psychotherapy and Spirit, de Brant Cortright, y me ha resultado


decepcionante, sobre todo por el modo en que malinterpreta mi obra. Ya sé que, en
ocasiones, se me acusa de ser muy susceptible al modo en que algunos autores
distorsionan mi obra, pero decidan ustedes mismos:

En El ojo del Espíritu divido mi obra en cuatro grandes estadios, Wilber 1, que es
fundamentalmente romántico; Wilber-2, centrado en la Gran Cadena del Ser entendida
en términos evolutivos (un modelo que presenté por vez primera en El proyecto Atman);
Wilber-3, que va mucho más allá y afirma la existencia de numerosas líneas de
desarrollo diferentes que evolucionan de un modo relativamente independiente a través
de los distintos niveles de la Gran Cadena (un modelo que comencé a presentar en
Psicologia integral y que acabó cobrando forma en Ei ojo del Espíritu), y Wilber-4, que
coloca todas esas lineas y niveles en el contexto de los cuatro cuadrantes (el
componente psicológico de Wilber-3 y Wilber-4 es esencialmente el mismo, de modo
que suelo referirme a mi último modelo psicológico como Wilber-3, sin perder de vista
que no es más que el cuadrante superior izquierdo de Wilber-4).

Pero, a pesar de ello, Cortright no duda en dirigir sus ataques contra Wilber-2, sin
tener en cuenta Wilber-3 (y no digamos ya Wilber-4), lo cual resulta ciertamente
desafortunado porque considera anacrónicamente mi postura como un ejemplo de un
modelo espectral escalonadamente rígido, según el cual antes de acceder al desarrollo
espiritual uno debe completar el desarrollo psicológico.

Esta mala interpretación es tan frecuente -e inexacta- que Donald Rothberg ha tratado
de salir al paso resumiendo del siguiente modo mi modelo actual (Wilber-3): «El
desarrollo no procede de un modo sencillo a través de una serie de estadios que unifican
todas las facetas del desarrollo... Como dice Wilber, existen muchas ocasiones en que
las [diferentes] líneas del desarrollo no muestran una gran coherencia... En este sentido,
por ejemplo, un desarrollo cognitivo superior puede coexistir perfectamente con un
nivel interpersonal o moral medio y con un nivel emocional francamente bajo. Y estas
disparidades de desarrollo parecen depender de los valores y los estilos culturales
generales». Dicho en otras palabras, las distintas líneas de desarrollo discurren de
manera relativamente independiente a través de los distintos niveles de la Gran Cadena
del Ser, de modo que uno puede hallarse en un nivel elevado del desarrollo en algunas
líneas, en un nivel intermedio en otras y en un nivel descaradamente bajo en una tercera.

A mi juicio, el problema fundamental del libro de Cortright es que no acierta a


comprender el meollo del desarrollo psicológico y espiritual. En El ojo del Espíritu he
dejado muy claro que uno puede concebir esas dos facetas -la psicológica y la espiritual-
como líneas separadas del desarrollo, de modo que el desarrollo espiritual pueda tener
lugar (como veremos en breve) al mismo tiempo que el desarrollo psicológico. Y,
aunque el mismo Cortright reconoce que esto es lo que digo, luego, sin embargo, lo
ignora. Su discusión evidencia que no ha llegado a comprender el núcleo central de la
cuestión: ¿Cómo podríamos definir el desarrollo espiritual en el caso de que lo
consideráramos una línea separada del desarrollo? Porque el asunto es que, en tal caso
(en el caso de que considerásemos que el desarrollo espiritual constituye una línea
separada del desarrollo -una más entre otras, como la cognitiva, la moral, la
motivacíonal, la kinestésica, la afectiva, etcétera-), deberíamos ser capaces de definir la
línea espiritual sin recurrir a términos propios de las otras líneas del desarrollo
(cognitiva, moral, motivacional, de las necesidades, del compromiso ético, del amor o
de la compasión, por ejemplo). Con ello quiero decir que si la «espiritualidad» es una
línea separada del desarrollo, deberíamos describirla en sus propios términos, algo que
Cortright no consigue hacer de un modo plausible, con lo cual todo su enfoque queda
cojo. Yo me inclino a pensar que algunos de los aspectos del desarrollo espiritual (como
el afecto superior, el amor transpersonal, la cognición superior o la conciencia
transracional, por ejemplo) tienen que ver con los estadios más elevados de las
diferentes líneas, mientras que otros (como el respeto y la apertura, por ejemplo) se
mueven en líneas separadas. Pero, en cualquiera de los casos, antes de formular grandes
declaraciones acerca del desarrollo «espiritual», uno debería preocuparse por definir las
cosas con más detenimiento.

Aun cuando nosotros dijéramos, por ejemplo, que los estadios más elevados de las
distintas líneas del desarrollo son «espirituales» y que los estadios inferiores son
«personales» o «psicológicos» -cosa que, por cierto, hacen muchos transpersonalistas-,
mi modelo actual (Wilber-3) nos brinda una visión según la cual existen diferentes
líneas desarrollándose de un modo relativamente independiente, de un modo tal que el
estadio transpersonal o espiritual de una determinada línea (como la cognitiva,
pongamos por caso) puede coexistir simultáneamente con un estadio personal o
psicológico de otra línea (como la de la moral, por ejemplo). Desde esta perspectiva, el
desarrollo «espiritual» y el desarrollo «psicológico» de las diversas líneas no discurriría
tanto a modo de ladrillos secuencialmente apilados (que, según Cortright, es mi punto
de vista), como de un modo relativamente paralelo. La idea de que cualquiera de estas
líneas debe completarse antes de poder acometer la siguiente me parece tan absurda que
ni siquiera Wilber-2 la mantenía.

Cortright, en la sección, a mi juicio, más incongruente del libro, afirma que mis
«niveles intermedios» del desarrollo -el operacional concreto, el operacional formal y la
visión-lógica- y sus patologías asociadas simplemente no existen. Si no entiendo mal,
en su opinión todos esos niveles podrían reducirse a uno. Pero la evidencia de la
existencia de esos estadios es tan abrumadora que yo no he hecho más que sugerir que,
dondequiera que exista un estadio real, hay algo que puede funcionar mal, de ahí la
existencia de diferentes niveles de patología que pueden acompañar a los estadios del
desarrollo. Pero Cortright parece ignorar toda esa evidencia e inclinarse por una visión
políticamente correcta, a mi entender, según la cual la mayor parte de las psicosis se
originan por una lesión evolutiva (y/o genética) en los estadios tempranos del
desarrollo. Luego finaliza esta sección (que es, con mucho, la más impresentable)
corrigiéndome por mi falta de sensibilidad moral, al tiempo que nos recorda
manifiestamente su altruismo.

Debo decir, por otra parte, que Cortright evidencia un conocimiento insuficiente, y en
ocasiones nulo, de las grandes tradiciones de sabiduría; esto le lleva a tergiversar
algunas de estas tradiciones, una insuficiencia que empobrece claramente el libro
Veamos sólo algunos ejemplos. En opinión de Cortright, mi concepción de los estadios
no cuadra con el desarrollo meditativo, porque «la literatura budista está cuajada de
casos de personas que acceden directamente a la comprensión de la vacuidad
impersonal de lo no dual». Pues bien, lo cierto es que tales casos brillan por su ausencia.
Tal vez estuviera pensando, cuando hizo esta afirmación, en los mondos zen en los que,
tras un intenso y profundo intercambio con un maestro zen el alumno alcanza el «satori
total» Pero como corroborará fácilmente cualquier maestro zen, ese tipo de situaciones
sólo acontece después de un promedio de seis años de meditación intensiva que
atraviesa por una serie de estadios (véase, sin ir más lejos las diez estampas del pastoreo
espiritual del boyero).

Igualmente inexactos son los demás ejemplos propuestos por Cortright para tratar de
ilustrar su afirmación. «Ramana Maharshi, a quien Wilber muestra como ejemplo de
realización no dual, alcanzo directamente la experiencia no dual sin necesidad de
"pasar" por los estadios psíquicos o sutiles» Pero el mismo Ramana Maharshi confiesa
que su despertar fue una ordalia de tres días en los que atravesó el savikalpa samadhi
(dominio de las formas psíquicas v sutiles) y el nirvikalpa jnana samadhi (dominio
causal sin forma) para terminar despertando al sahaja (Un Solo Sabor puro o Talidad no
dual). Y mucho me temo que todo el libro adolezca de esa omisión, porque Cortright
malinterpreta por igual tanto el modelo de Aurobindo como el del Vajrayana. En
opinión de Cortright, Aurobindo es un «modelo de esta tradición» porque según él, no
cree en la existencia de un proceso concreto del desarrollo espiritual, obviando así la
afirmación explícita de Aurobindo de que «la evolución espiritual obedece a una lógica
del desarrollo sucesivo según la cual sólo puede darse un nuevo paso hacia adelante
cuando el anterior ha sido adecuadamente conquistado, de modo que, aun cuando ciertas
fases menores puedan ser eludidas o dejadas de lado por un ascenso rápido v brusco, la
conciencia deberá retroceder para asegurarse de que el sustrato obviado termina
anexionándose a la nueva condición; un desarrollo más rápido o más concentrado [algo
ciertamente posible] no elude la existencia de pasos ni la necesidad de su conquista»
(Aurobindo, La vida divina, II , 26).

Según Cortright, el budismo Vajrayana tampoco reconoce estas dimensiones del


desarrollo, soslayando así el único estudio profundo realizado sobre este tópico por
Daniel P. Brown, que analizó minuciosamente más de una decena de los principales
textos de meditación mahamudra para terminar descubriendo que todos, sin excepción
alguna, afirman la existencia de un modelo de estadios concretos del desarrollo
(estadios que encajan bastante bien con los que en Psicología integral he denominado
niveles psíquico, sutil, causal y no dual). Brown y Engler verificaron esta concepción de
estadios en la tradición meditativa china y en la tradición vipassana y descubrieron que,
en cada uno de los casos, se repetía el mismo modelo, una constatación que Cortright
parece haber decidido ignorar alegremente.

Cuando llega el momento de resumir el campo de la terapia transpersonal, Cortright


descalifica de un plumazo Wilber-2 como «el viejo paradigma» y presenta Wilber-3
como «el nuevo paradigma», al tiempo que sigue caracterizándolo como si se tratara de
Wilber-2. La verdad es que no entiendo lo que está queriendo decir.

Cortright se refiere al nuevo paradigma en los siguientes términos: «Todo esto apunta
a una visión según la cual el desarrollo psicológico y espiritual discurre a través de
muchos senderos que, en ocasiones, se entremezclan, interpenetran y solapan, mientras
que, en otros casos, permanecen nítidamente separados. A veces el desarrollo es
psicológico, otras es espiritual y aun en otras es, simultáneamente, psicológico y
espiritual». Pero, como acabo de decir, ése es, precisamente, el modelo Wilber-3. Lo
que creo que ha ocurrido es que Cortright escribió la mayor parte de su libro antes de
haber leído El ojo del Espíritu y se limitó a presentar unas meras nociones de Wilber-2
(que, como digo, ya había escrito); luego, después de leer El ojo del Espíritu, hizo vanos
comentarios de pasada para cubrirse las espaldas (del tipo «no creo que Wilber crea
realmente eso pero, a pesar de todo, ataquémosle»). Pero lo cierto es que Wilber-3
identifica una buena decena de líneas del desarrollo separadas, entre las que cabe
destacar la cognitiva, la moral, la afectiva, la del amor, la del respeto, la de la atención,
la de la identidad, la de las defensas, la interpersonal, la artística y la kinestésica -
algunas de las cuales son espirituales y algunos de cuyos estadios superiores son
espirituales-, lo cual nos permite rastrear los distintos solapamientos del desarrollo,
todos ellos organizados y coordinados por el yo.1 Cortright acaba presentando
triunfalmente una versión descafeinada del modelo Wilber-3 como el nuevo paradigma
revolucionario, pero esa versión no se asienta realmente en la evidencia evolutiva y, por
encima de todo, carece de la sensibilidad necesaria para definir la «espiritualidad» en
términos ajenos al resto de las otras líneas del desarrollo. (Igualmente ignora la obra de
Jenny Wade, nos ofrece una interpretación muy singular sobre el enfoque de Hameed
Ali, etcétera, etcétera, etcétera.)

1. Es muy probable que la teoría prevalente en la ciencia cognitiva actual sea la de los módulos, la idea de que el
cerebro/mente está compuesto por numerosos módulos evolutivos independientes, desde el lingüístico hasta el
cognitivo y el moral, módulos que se parecen mucho a lo que yo denomino líneas o corrientes relativamente
independientes del desarrollo. La principal diferencia es que la teoría de los módulos rechaza de plano la existencia
de un yo o unidad trascendental. No obstante, según su propia teoría y sus propios datos, los individuos son capaces
de cobrar conciencia de estos módulos y, en consecuencia, llegar incluso a trascenderlos, pero resulta que, según la
teoría de la electrodinámica cuántica, cuando uno puede trascender un módulo, es señal de que ya no está en él.

Cortright abraza la Gran Cadena del Ser de Huston Smith, pero rechaza el llamado
espectro «monolítico» de la conciencia, sin darse cuenta, al parecer, de que,
básicamente se trata de la misma cosa. En este sentido yo he intentado ir un paso más
allá y sugerir que, para poder llegar a integrar la sabiduría de Oriente con el
conocimiento de Occidente, es necesario reconocer la existencia de lineas (o corrintes)
diferentes del desarrollo que se despliegan independientemente a través de los distintos
niveles (u olas) de la Gran Cadena. Los cuatro cuadrantes -o, dicho en pocas palabras, el
Gran Tres del «yo», el «nosotros» y el «ello»- son algunas de las líneas o corrientes
fundamentales, cada una de las cuales se despliega a través de los niveles u olas de la
Gran Cadena [ver la Figura 3 en la entrada correspondiente al día 25 de marzo].
Cortright, por su parte, cree que el concepto de «niveles y líneas» complica mucho las
cosas y confunde y debilita la Gran Cadena, sin darse cuenta de que, por el contrario,
nos ayuda a sintetizar una gran cantidad de información y, en este sentido, no hace más
que fortalecerla.

Existe un modo muy sencillo de representar Wilber-3 que consiste en integrar los
niveles de la Gran Cadena con las distintas líneas evolutivas que discurren a través de
esos niveles (o corrientes a través de las olas). Para ello utilizaremos una versión muy
simplificada de la Gran Cadena limitada a cuatro niveles (el cuerpo, la mente, el alma y
el Espíritu); también utilizaremos sólo cinco lineas (cuando existen casi dos docenas), y
consideraremos -para englobar las dos visiones posibles de que disponemos- que la
espiritualidad es, al mismo tiempo, tanto el desarrollo superior de cada línea como una
linea separada (ver la Figura 5).1

1. Para una consideración más detenida de este modelo ver «Two Patterns of Trascendence», Journal of Humanistic
Psychology, 30. núm. 3 (verano de 1990), pp. 113-136.

Dado que la palabra «jerarquia» parece, molestar a muchas personas, esbozaremos


también esa jerarquía en los términos en que realmente se manifiesta, es decir, en tanto
que holoarquía (ver la Figura 6). Porque, aunque se trate del mismo concepto, algunas
personas (yo mismo, por ejemplo, sin ir más lejos) se sienten más a gusto con la imagen
de los círculos femeninos, porque ilustran claramente la naturaleza «transcendente al
tiempo que inclusiva» del Gran Nido del Ser.
Figura 5. El psicógrafo integral.

Este diagrama -al que denomino «psicógrafo integral»- nos permite rastrear el
despliegue de las diferentes líneas (o corrientes) del desarrollo a través de los distintos
niveles (u olas) del Gran Nido del Ser. Así, uno puede hallarse en un nivel superior,
transpersonal o «espiritual» en varias lineas y en un nivel inferior, personal o
«psicológico» en otras, de modo que el desarrollo espiritual y psicológico se solapa y
la(s) línea(s) espiritual(es) separada(s) pueden ser también relativamente superiores o
inferiores.

El yo (o sistema del yo) es el que debe gestionar, equilibrar y armonizar todas estas
corrientes y olas. Es más, en cualquiera de esas olas (o estadios) pueden presentarse
problemas, y el psicógrafo puede servirnos para señalar el lugar en eí que se originan los
diferentes tipos de patología.

Aunque exista una evidencia masiva (tanto clínica, como fenomenológica y


contemplativa) que corrobore que la mayor parte de estas corrientes del desarrollo
discurren a través de las olas a modo de estadios, el desarrollo global del yo no lo hace
así, porque se trata de una amalgama de todas esas líneas cuyas posibles permutaciones
y combinaciones resultan virtualmente infinitas. En este punto, el desarrollo global del
individuo no se atiene a ningún tipo de secuencia definida.

Finalmente (y como hemos sugerido en el diagrama anidado de la Figura 6), cada


dimensión superior transciende, al tiempo que incluye (o anida), las inferiores y el
hecho de hallarse en una ola superior no supone necesariamente haber dejado atrás las
dimensiones inferiores. Porque hay que insistir una vez más en que éste no es (y nunca
ha sido) un modelo escalonado, sino un modelo anidado semejante al modelo
explicativo de los átomos, las moléculas, las células y los organismos según el cual cada
nivel superior encierra o envuelve a sus predecesores, en un proceso que, como dijera
Plotino, es envolvente. Así pues, la presencia de un determinado nivel «superior» no
conlleva la anulación de los niveles «inferiores» (recordemos, en este sentido, que las
células están compuestas de moléculas y que hasta los budas tienen que comer).
Figura 6. Visión holoárquica del psicógrafo integral.

Éste es -dicho en pocas palabras- el modelo Wilber-3. Veamos ahora un último


ejemplo que ilustrará el motivo por el cual creo que este modelo mejora el modelo
tradicional de la Gran Cadena (o Wilber-2) que, si bien recoge la existencia de los
distintos niveles del Ser, no llega, sin embargo, a reflejar el modo en que las diferentes
líneas se desarrollan a través de esos niveles y las razones que lo justifican.1 Ya hemos
dicho que Huston Smith presenta una versión resumida de la Gran Cadena tradicional
en tanto que cuerpo, mente, alma y Espíritu (dominios que él correlaciona con los reinos
terrestre, intermedio, celestial e infinito), un modelo relativamente adecuado, pero que
no resiste el menor escrutinio y acaba colapsándose bajo el aluvión de datos aportados
por la moderna investigación psicológica.

1 Tal vez los estudiosos de mi obra quieran saber que la correlación exacta de Wilber-3 con la Gran Cadena es la
siguiente:

1. He ampliado el abanico de la Gran Cadena tradicional que habla de materia, cuerpo, mente, alma y Espíritu a
materia (físico), cuerpo (sensación, percepción, impulso y emoción), mente (imagen, símbolo, concepto, regla, formal
y visión-lógica), alma (psíquico y sutil) y Espíritu (causal y no dual). Si quisiéramos podríamos subdividirla todavía
más, pero basta con lo dicho para poder acomodar los datos que nos brinda la investigación occidental.

2. Lo más importante de todo es subrayar que la Gran Cadena se desarrolla o evoluciona tanto de manera individual
(ontogenética) como colectiva (filogenética). Y esto encierra una paradoja, porque el Espíritu es, al mismo tiempo el
nivel más elevado de la evolución y el sustrato o esencia de todos los niveles, la Vacuidad pura y sin forma (que no
evoluciona) y la totalidad del mundo de la Forma (que sí lo hace). En este sentido, resulta primordial integrar los
aspectos trascendentes e inmanentes del Espíritu. La forma del desarrollo (subrayada en El proyecto Atman y los
veinte principios que subrayo en Sexo, ecología, espiritualidad) es, por decirlo en dos palabras, la de trascender e
incluir.

3. Una vez que emergen, los quince niveles aproximados de desarrollo de la conciencia (a los que también
denomino estructuras básicas de la conciencia u ondas básicas de la conciencia) siguen existiendo y operando
durante todo el proceso de desarrollo, aunque ahora de un modo subsumido. Cada estructura básica constituye así un
sistema de intercambio relacional con los holones que forman parte de su mismo nivel de organización.
4. Cada una de las líneas o corrientes del desarrollo atraviesa las distintas olas o niveles de la conciencia (de esta
visión expandida de la Gran Cadena) de un modo relativamente independiente. Es tas líneas son -por nombrar sólo
aquellas de las que tenemos evidencia plausible- la cognitiva, la afectiva, la moral, la de la sensación de identidad
proximal o «desarrollo del ego» (que no hay que confundir con el desarrollo del yo global, que no sigue secuencia
alguna), la de las defensas (la jerarquía estándar de mecanismos de defensa), la interpersonal, la artística, la del
respeto, la del amor, la de la modalidad epistémica, la del gozo (nivel de exuberancia de la existencia), la
visoespacial, la de la presencia de la muerte, la lógico-matemática, la psicosexual, la de las necesidades del yo, la de
las modalidades espaciotemporales, la de las relaciones objétales, la kinestésica. la psíquico profunda, la de los
talentos concretos, la de la creatividad, la de la capacidad contemplativa, la del altruismo y la de las visiones del
mundo. Gran parte de la investigación (que he resumido en El ojo del Espíritu) concluye que cada una de estas líneas
crece y se desarrolla siguiendo una secuencia invariable de estadios universales relativamente independientes, a los
que muchos investigadores se refieren con los nombres de preconvencional («precon»), convencional («con») y
postconvencional («postcon»), y a la que, en mi opinión, deberíamos agregar (basándonos en la evidencia
intercultural) un cuarto gran nivel o estadio, el post-postconvencional («post-postcon»). Aunque exista una evidencia
empírica substancial que demuestre que cada línea se desarrolla siguiendo invariablemente esta secuencia de estadios
holoárquicos -porque se desarrollan de un modo relativamente independiente-, el crecimiento y el desarrollo global
es una cuestión compleja, imbricada y no lineal que no se atiene, en consecuencia, a ningún tipo de secuencia.

5. La secuencia universal e invariable que va de precon a con, postcon y post-postcon no es otra que la Gran Cadena
del Ser. La fase precon incluye los niveles sensoriomotor, cuerpo vital y mente ligada al cuerpo; la fase con se refiere
a la mente intermedia (hasta la mente-regla/rol y los comienzos de la mente formal; la fase postcon tiene que ver con
la mente superior (formal y visión-lógica) y, por último, la fase post-postcon incluye lo transpersonal/espiritual
(considerado en tanto que desarrollo superior, algo que no excluye, no obstante, la existencia de líneas espirituales
separadas). Éste es, simplemente, otro modo de considerar los niveles u ondas básicas de la conciencia (de la Gran
Cadena) a través de las que discurren las distintas líneas. Y debo decir que la razón por la cual los investigadores han
descubierto que estas líneas son fundamentalmente invariables se asienta en la constancia de la Gran Cadena del Ser.

6. Ahora bien, esta invariabilidad sólo afecta a sus rasgos profundos. Porque también he señalado que cada uno de
estos niveles y líneas presenta rasgos superficiales y rasgos profundos a los que denomino, respectivamente,
estructuras superficiales y estructuras profundas (una terminología ciertamente un tanto confusa porque puede llevar
al equívoco de confundirla con la de Chomsky). De este modo, los rasgos profundos de cualquier nivel o línea (que
son aquellos que la investigación ha descubierto como universales) se ven moldeados por los hábitos locales y
culturales que determinan los rasgos superficiales que difieren de cultura en cultura y hasta de persona en persona.

7. El yo (o sistema del yo) es el que se encarga de gestionar el despliegue de las corrientes y de las olas. Entre sus
funciones destacan la identificación, la organización, la voluntad, los mecanismos de defensa, el metabolismo y la
navegación.

8. En la medida en que el yo va desplegándose a través de las ondas básicas de la conciencia va generando los
distintos niveles de identidad del yo (Loevinger), de necesidades (Maslow) y de morales (Gilligan), por mencionar
tan sólo las más importantes. Estos estadios del yo (al igual que las necesidades y la moral) son algunas de las líneas
de desarrollo más importantes por el simple hecho de que afectan profundamente al individuo.

9. Pero además -y por encima- de todo ello, el yo global debe equilibrar las demás líneas evolutivas que
habitualmente se desarrollan de un modo disparejo en un «acto de armonización» que constituye la verdadera clave
del drama vital del yo global.

10. En la medida en que el yo va gestionando su desarrollo a través de las distintas ondas básicas, comienza
identificándose/fundiéndose con una determinada onda, luego se diferencia de ella, la trasciende y acaba
incluyéndola/integrándola en la siguiente onda, en un proceso de tipo 1-2-3 al que también denomino fulcro del
desarrollo.

11. En cualquiera de los estadios del desarrollo -en cualquiera de los fulcros del desarrollo- pueden aparecer
problemas que den origen a todo tipo de psicopatologías, y es por ello que hay tantos niveles de patología como
niveles del desarrollo. En este sentido, yo suelo utilizar una versión de nueve niveles de la Gran Cadena del Ser que,
por tanto, va acompañada de otros tantos niveles de patología, aunque ciertamente las cosas no siempre discurren de
un modo tan estricto y, en muchas ocasiones, se solapan.

12. Para abordar esos nueve niveles de patología se han desarrollado diferentes terapias orientales y occidentales y
cualquier enfoque equilibrado del desarrollo no debería privilegiar una o dos en desmedro de las otras, sino englobar
la totalidad del espectro.

13. Veamos ahora una última definición. Ya he señalado que las estructuras básicas u ondas básicas de la conciencia
son estructuras permanentes, estructuras que, una vez emergen, perduran (son subsumidas pero siguen funcionando).
Pero la mayor parte de las líneas evolutivas están compuestas de estructuras de transición, estructuras provisionales o
estructuras apropiadas de fase que no se ven subsumidas sino que son reemplazadas por los estadios subsiguientes del
desarrollo de esa línea. Y ésta es una distinción importante, porque nos permite determinar lo que debe perdurar a lo
largo del desarrollo y lo que, por el contrario, debe ser abandonado. Ejemplifiquemos este punto diciendo que, si bien
la necesidad de alimento perdura, no ocurre lo mismo con el estadio oral (exceptuando, claro está, los casos de
estancamiento del desarrollo y de franca patología).

14. Finalmente, y más importante todavía, hay que decir que la Gran Cadena del Ser se refiere exclusivamente al
cuadrante superior izquierdo y que, en consecuencia, debe ser adecuadamente ubicada (junto a los distintos niveles y
líneas) en el contexto de los cuatro cuadrantes. Este sistema constituye, en suma, una visión ampliada de la Gran
Holoarquía tradicional del Ser tanto en su vertiente ascendente (Eros) como descendente (Agape). Y digo que se trata
de una visión ampliada porque se ha visto enriquecida con la diferenciación entre ondas y de corrientes, entre
estructuras duraderas y estructuras provisionales, entre estructuras profundas y estructuras superficiales, con una
definición precisa de !a forma del desarrollo, del yo y de su patología y de ios cuatro cuadrantes que nos permite, en
mi opinión, integrar lo mejor de la sabiduría antigua con lo mejor del conocimiento moderno.

Digamos, para comenzar, que la Gran Cadena tradicional tiende a confundir los
distintos niveles de Ser con las distintas sensaciones de identidad asociadas a cada nivel.
La mente, por ejemplo, es un nivel de la Gran Cadena, mientras que el ego, por su parte,
es el yo generado cuando la conciencia se identifica con ese nivel (es decir, se identifica
con la mente). El nivel sutil es un nivel de la Gran Cadena, mientras que el alma es el yo
generado cuando la conciencia se identifica con el nivel sutil. El causal/Espíritu es un
nivel de la Gran Cadena, mientras que el Yo Verdadero es el «yo» asociado a ese nivel,
etcétera. De modo que la sucesión de niveles de la Gran Cadena va desde el cuerpo
hasta la mente, el nivel sutil y el nivel causal/Espíritu mientras, que la sucesión de
sensaciones de identidad correlativas son las que corresponden al cuerpoego, el ego, el
alma y el Yo, respectivamente (por usar la misma versión simplificada). Y aunque yo
suela utilizar la terminología tradicional (cuerpo, mente, alma y Espíritu), siempre tengo
en cuenta la diferencia existente entre los niveles reales (cuerpo, mente, sutil y causal) y
el ego correspondiente a esos niveles (cuerpoego, ego, alma y Yo).

Aquí es donde comienza a ser patente la utilidad de algunas de estas distinciones (y


también donde resulta más evidente la utilidad del paso de Wilber-2 a Wilber-3). Las
tradiciones de sabiduría suelen afirmar que el ser humano disponen de dos grandes
sistemas de personalidad, el frontal y el psíquico profundo, por así decirlo. Los teóricos
de la Gran Cadena tradicional (y con ellos Wilber-2) simplemente dicen que el frontal
es el yo asociado al cuerpo y a la mente, mientras que el psíquico profundo, por su
parte, está asociado al alma, lo que supondría, de hecho, una disposición escalonada.
Pero lo frontal y lo psíquico profundo parecen mucho más flexibles que todo eso, ya
que no se asemejan tanto a niveles diferentes como a líneas separadas del desarrollo que
no discurren, por tanto, una encima de la otra sino una junto a la otra. La Figura 7
constituye un ejemplo de este tipo (para la que hemos utilizado un modelo más preciso
de seis niveles).1

1. El Vedanta -la mas tradicional de las versiones de la Gran Cadena del Ser- habla de la existencia de cinco niveles:
(materia, prana, manomayakosha o mente inferior, vijnanamayakosha o mente superior y anandamayakosha o mente
beatífica) que se hallan divididos en tres grandes reinos (el ordinario, el sutil y el causal). La materia es el reino
ordinario, la mente beatífica es el reino causal y los tres niveles intermedios (cuerpo/prana, mente inferior y mente
superior) corresponden a los dominios sutiles. Y cuando hablo de los tres reinos (ordinario, sutil y causal) estoy
refiriéndome, en términos generales, a esa correlación. Pero a veces también utilizo la acepción «lo sutil» para
referirme al más elevado de los tres reinos sutiles (anandamayakosha) y recomiendo al lector que utilice el contexto
para identificar a cuál estoy refiriéndome en cada caso.

El ser frontal -lo que nosotros entendemos como «ego»- es la personalidad orientada
hacia el mundo ordinario, la personalidad orientada hacia el exterior, hacia el mundo
sensonmotor. El ser frontal comienza su línea o corriente del desarrollo en el momento
de la concepción, prosigue a través del estadio emocional-sexual (o pránico) y los
estadios mentales y acaba desvaneciéndose en el estadio psíquico. El desarrollo frontal
representa la evolución del yo (de la sensación de identidad) desde las olas inferiores del
desarrollo del Gran Nido del Ser hasta las intermedias.

Según las tradiciones, la personalidad frontal se desarrolla en esta vida, mientras que la
personalidad psíquica profunda (que constituye, hablando en un sentido muy amplio, lo
que nosotros entendemos como «alma») se desarrolla entre vidas. Según dicen también,
la personalidad psíquica profunda se halla presente desde el momento de la concepción
hasta el período intermedio. En este sentido, las tradiciones también sostienen (y ciertas
investigaciones parecen corroborarlo) que esta personalidad psíquica profunda es la que
porta los recuerdos prenatales, perinatales y neonatales que no pueden ser vehiculados
por la personalidad frontal y por el cerebro ordinario (puesto que todavía no se han
desarrollado) y que acaban disolviéndose en el ser psíquico durante los primeros
estadios del desarrollo frontal.2 Del mismo modo, los recuerdos de otras vidas -en el
caso de que fueran ciertos- también se verían vehiculados por la personalidad psíquica
profunda. No obstante, no es necesario creer en la memoria prenatal o las vidas pasadas
para reconocer este yo psíquico profundo cuyo rasgo más distintivo no tiene tanto que
ver con el acceso a vidas pasadas como con el acceso a la conciencia superior.

2. En este caso, la parte inferior de la línea «psíquico profunda» de la Figura 7 sería también continua. Ver El ojo del
Espíritu para una consideración más detenida de este punto.

Aunque la personalidad psíquica profunda se halle presente desde el momento del


nacimiento (