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INTRODUCCIÓN

“El 8vo hábito. De la efectividad a la grandeza” es uno de los tantos libros escritos
por Stephen Covey, un reconocido capacitador, escritor y consultor

organizacional estadounidense. Este libro es sucesor de otro del mismo autor,


titulado: “7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

La temática principal radica en la efectividad, la cual se logra, según el autor, a

través de pasos o “hábitos”, tal como él los denomina. Dicho autor considera que
estos hábitos son indispensables para que una persona logre alcanzar el

equilibrio y la integridad.

Según Covey, los siete hábitos principales son los siguientes:


1. SER PROACTIVO

Para Covey, ser proactivo es algo más que tener iniciativa, sino que involucra
que las personas tengamos la capacidad de asumir y reconocer que somos los

únicos responsables de nuestra vida y, por lo tanto, de nuestras decisiones.


2. COMENZAR CON EL FIN EN LA MENTE

A través de este hábito, el autor intenta explicar que aquellas personas u

organizaciones exitosas, no se limitan a vivir el día a día, sino que tienen


presente una visión de sus proyectos, aspiraciones a largo plazo para lo que
desean alcanzar en la vida.
Este hábito nos hace recordar a la historia de un conocido general chino

llamado Sun Tzu, quien escribió un libro sobre el arte de la guerra. Este general
dijo una frase muy conocida y que está muy relacionada con lo que plantea el

autor con este hábito: “Un ejército victorioso gana primero y entabla la guerra
después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria
después”. Pero… ¿qué quiere decir este general? ¿qué tiene que ver la guerra
en esto? Y es que, a manera de metáfora, Sun Tzu planteó que para cualquier

cosa que deseemos alcanzar, es necesario buscar las estrategias para lograrlo.
No es simplemente lanzarse al vacío, es reflexionar y conseguir el armamento

necesario para conseguirlo.


3. PONER PRIMERO LO PRIMERO

Tal y como se lee, involucra organizarse y ordenar todas mis actividades en


función de mis necesidades. Siempre es bueno preguntarse ¿lo necesito? ¿o lo

quiero? Y a partir de ello, empezar a tomar decisiones sobre qué cosas debo

empezar a hacer primero. PRIORICEMOS.


4. PENSAR GANAR – GANAR

Este hábito no quiere decir que deba enfocarme en solo ganar. ¡NO! Este
hábito hace referencia a que debemos tener una mentalidad dirigida hacia en

beneficio de todos. Se enfoca mucho en la negociación, en buscar soluciones


que nos beneficien a todos, no solo a mí mismo.

5. BUSCAR PRIMERO ENTENDER, LUEGO SER ENTENDIDO


Covey hace referencia que, para iniciar una comunicación y una relación

auténtica con los que nos rodean, es necesario primero escuchar con atención
lo que la otra u otras personas intentan decirnos, antes de tener la intención

de responder.
6. SINERGIZAR

Para comprender este hábito sería necesario definir qué es la sinergia. Este
término es muy utilizado en el ámbito organizacional y hace referencia a que

el esfuerzo y trabajo de dos o más partes, es mucho más productivo y


beneficioso que el esfuerzo o trabajo individual”.

Por lo tanto, con “sinergizar”, Covey hace referencia a que al buscar soluciones
ante una problemática, es necesario tanto mi punto de vista como el tuyo para

encontrar una solución mucho mejor.

7. AFILAR LA SIERRA
Este hábito tiene un nombre muy gracioso, pero tiene 100% de razón en su

existencia. Consiste en que debemos estar abiertos al cambio. Nuestra forma


de ser no tiene que ser la misma todo el tiempo, al contrario, dependiendo de

las situaciones de vida que se nos presenten, será necesario hacer


modificaciones y adaptarnos. Por lo tanto, Covey plantea que debemos

renovarnos contantemente en todos los ámbitos de nuestra vida:


biopsicosocial, además de uno muy importante: el espiritual, el cual no se

refiere únicamente a un tema de religiones, sino que va más allá, pues involucra

nuestra fe y nuestra trascendencia en el mundo.

Si logran darse cuenta, finalmente, todos los hábitos se relacionan entre sí, por lo
que ninguno es más importante que otro para alcanzar la efectividad.

Covey también planteaba que debemos tener presente estos siete hábitos en

todo momento de nuestra vida, puesto que, tal como su nombre lo dice son
hábitos. Y… ¿qué es un hábito? Es una conducta aprendida que se vuelve

costumbre al realizarse en reiteradas ocasiones. Por lo tanto, mientras más


apliquemos y pongamos en práctica estos 7 hábitos, se vuelven más válidos.

Asimismo, cuando los apliquemos en situaciones o retos difíciles, recobran mayor


fuerza y solidez.

Lo previamente mencionado fue una introducción a nuestro tema de interés. Si

ya conocemos los 7 hábitos de la gente efectiva, ¿cuál es el 8vo hábito?

El 8vo hábito que plantea Covey en su libro consiste en encontrar nuestra voz
propia, pero no limitarnos a eso solamente, sino que debemos inspirar a quienes

nos rodean a encontrar la suya. Tomando como definición de voz a la relevancia


personal única que se manifiesta cuando nos enfrentamos a desafíos. Asimismo,
Covey plantea que esta surge como respuesta ante un trabajo en donde

percibimos que nuestro talento e inteligencia son valorados.


ANÁLISIS DE LECTURA
“El octavo hábito. De la efectividad a la Grandeza”
Stephen Covey

El 8vo hábito de Stephen Covey, consta de tres capítulos: El Dolor, El Problema y


La Solución. Los cuales analizaremos a continuación:

I CAPÍTULO: “EL DOLOR”


En este capítulo, Covey nos plantea la realidad de muchas personas: en la

actualidad, la mayoría de personas no se sienten desarrolladas, motivadas o


entusiasmadas en sus centros de trabajo, incluso, en muchas ocasiones, no saben

con claridad hacían donde se dirigen, llegando a cumplir sus funciones


simplemente por inercia o necesidad, pero sobre todo, no creen que puedan

hacer algún cambio significativo en el lugar donde se encuentran, por lo que


actúan como sucesores o espectadores y no como protagonistas del cambio

organizacional.
Esto es un punto negativo para las organizaciones, puesto que, cobra un gran

costo el no aprovechar el talento, la pasión e inteligencia del personal que la


labora en la misma.

Muchas empresas aún consideran a los colaboradores como recurso humano,


cuando en realidad es un capital, puesto que es una fuerza generadora de valor
competitivo.
Es así como, ante esta realidad, las personas empiezan a quejarse y sentir

descontento de lo que hacen. Empiezan a sentir DOLOR.

II CAPÍTULO: “EL PROBLEMA”


Todos los seres humanos hemos sentido dolor en muchas ocasiones a lo largo

de nuestra vida. Sin embargo, es naturaleza del hombre, inclusive biológicamente,


el evitar el dolor. Lo dijo Freud alguna vez, lo dijo Millon y muchos otros autores,

el hombre siempre va en busca del placer y evitando el dolor.


Sin embargo, ¿qué podemos hacer para superar este dolor? Es así como Covey

explica que, antes que todo, es necesario identificar y reconocer cuál es problema,
pero ¿cómo logramos esto?

Covey plantea que para comprender el problema es necesario tener una visión
holística de la naturaleza humana. De esta manera, el autor describe a través del

proceso de la evolución, cómo el hombre ha ido cambiando la naturaleza de sus

“trabajos” y en especial, la motivación que los hacía buscar uno. Desde la época
de las cavernas, donde solo se buscaba sustento a través de la caza y la

agricultura, hasta la era industrial donde se buscaban personas que se limiten a


manejar aquellas máquinas necesarias en el proceso de producción, hasta la

actualidad, en la que el hombre busca oportunidades de desarrollo personal.


Sin embargo, puede que los años hayan pasado, pero no podemos negar que

muchas (por no decir la mayoría) de empresas aún basan su metodología de


gestión en resultados y productividad, muy similar al estilo de la era industrial

donde solo se buscaba alguien que pudiera operar físicamente máquinas o


instrumentos especializados, y muchas veces recibían un trato deshumano,

dejando de lado su aspecto emocional, social e intelectual.


Asimismo, basan su nivel de productividad en criterios que podrían llamarse

conductistas, pues están guiados por el principio de recompensa o castigo.


Dándole al clima y cultura organizacional de las empresas, un sentido mucho más

mecanizado.
Es así como, la mayoría de las organizaciones con este estilo gerencial, no logran

tener un éxito completo y es que su problema no radica en que no puedan


resolver sus problemas, sino en que no pueden reconocerlos.

III CAPÍTULO: “LA SOLUCIÓN”


En este capítulo, Covey plantea que, si ya hemos identificado el problema, es

decir, qué es lo que está generando que las cosas no estén yendo bien en mi vida
o en mi trabajo, entonces tengo la capacidad de decidir entre dejar las cosas así

y seguir quejándome, o tomar “cartas en el asunto” y plantearme alternativas de


solución.

Covey, además, plantea dos pasos fundamentales en el proceso de encontrar la


solución a un problema:

1. ENCONTRAR UNA VOZ PROPIA


Dicho autor señala que todos los seres humanos nacemos con dones: la libertad

y la capacidad de elegir; leyes o principios naturales y cuatro inteligencias (mental,


física, emocional y social) que debemos potenciar a lo largo de nuestra vida.

En primer lugar, abordaremos los dones que identifica Covey: La libertad de


elegir.

Dicho autor plantea que es uno de los mayores dones que posee el ser humano,
puesto inclusive, todos nosotros somos producto de una elección. Si bien a lo

largo de nuestra vida existen una diversidad de factores que orientan las
decisiones que tomemos, como nuestra familia, amigos, medios de

comunicación, etc., al final de cuentas los que tomamos la decisión para realizar
cualquier acción de nuestra vida, no somos más que nosotros mismos.

De esta manera, quien logra desarrollar y sacarle provecho a este don de una
manera positiva, va a trascender en futuras generaciones y enseñará a los demás

a tomar la batuta en lo que sucede en sus vidas. No porque algo siempre se haya
hecho de la misma manera está bien, a veces es necesario abrirse al cambio y

tomar decisiones en contra de la corriente.


En segundo lugar, se encuentran los principios o leyes de la naturaleza, las cuales

son universales, trascendentales e intemporales. Estos son: la justicia (que vendría


a ser la capacidad de darle a cada quien, según sus necesidades, esfuerzo, trabajo,
etc.), el respeto (que hace referencia a la dignificación de la persona simplemente
por el hecho de serlo), la honestidad (que implica ser una persona sincera y

transparente en todo momento) y por último, la integridad (que se refiere a ser


una persona coherente entre lo que dice y hace, que se guía a través de principios

que dignifican al ser humano, este principio engloba a todos).

Por último, Covey plantea la existencia de 4 inteligencias en el ser humanos: la


física o corporal, la mental, la emocional y la espiritual.

Respecto a la Inteligencia física o corporal (IF), Covey señala que es la encargada

de todo lo que hace nuestro cuerpo sin necesidad de un esfuerzo consciente. Esto
involucra al sistema autónomo, que actúa por reflejo o bajo el instinto de

supervivencia, y está muy relacionado con los órganos implicados en la


producción de hormonas que generan el estrés. Por lo tanto, esta se puede

controlar y desarrollar teniendo una nutrición sabia, ejercicio constante y un


descanso adecuado con relajación.

Por otro lado, tenemos a la Inteligencia mental (IM), la cual consiste en la


capacidad de analizar y razonar, está relacionada con el pensamiento abstracto y

simbólico. Asimismo, el autor plantea que esta se puede desarrollar con estudios
y educación continua, cultivando la autoconciencia y aprendiendo mediante la

enseñanza y práctica.
En tercer lugar, tenemos a la Inteligencia emocional (IE), la cual consiste en el

conocimiento que cada uno tiene de sí mismo (autoconocimiento, autoestima y


autoconciencia). Esta se debe desarrollar a través de la autoconciencia

(proactividad), la motivación (empezar con un fin en mente), la autodisciplina


(establecer prioridades y “afilar la sierra”), la empatía (primero comprender y

después ser comprendido) y habilidades sociales (pensamiento ganar/ganar,


primero comprender y después ser comprendido, sinergia).

Por último, pero no menos importante está la Inteligencia espiritual (IES), la cual
según el autor es la más importante de todas, puesto que va a ser la que dirija el
rumbo de las otras. Esta inteligencia está representada por nuestra voluntad y

podemos desarrollarla mediante la integridad, el sentido y la voz.


De esta manera, el que desarrollemos estas 4 inteligencias creará dentro de

nosotros mayor confianza, seguridad y fuerza; lo cual tendrá gran impacto en los
demás, dependiendo de la forma en cómo las direccionemos.

2. INSPIRAR A LOS DEMÁS A QUE ENCUENTREN SU VOZ

En esta parte, Covey plantea que el liderazgo y la administración con conceptos

codependientes, es decir que resultan fundamental desarrollar ambos para poder


tener éxito en cualquier ámbito de nuestra vida.

Covey resalta a lo largo de toda la lectura el constructo de persona como un ser


completo, formado por un cuerpo, una mente, un corazón y un espíritu. Por lo

que, sería absurdo pensar en una organización como la suma de esfuerzos


individuales, puesto que cada uno de ellos se relaciona entre sí, formando un

comportamiento colectivo.
Sin embargo, la interacción humana es complicada, cada quien tiene una forma

de ser, pensar y sentir distinta, por lo que la convivencia y el comportamiento


colectivo puede generar miles de circunstancia desafortunadas dentro de la

organización. Es aquí donde surge el papel del líder, como un agente conciliador,
director y organizador de los esfuerzos individuales para convertirlos en un solo

esfuerzo grupal, que ayude al cumplimiento de los objetivos de una organización.


Les puede parece que sí, efectivamente, es muy fácil decirlo, pero ¿cómo puedo

llegar a ser un líder y no morir en el intento?


De esta manera, Covey intenta resolver esta interrogante mediante un “fórmula”

Denominada “Los cuatro roles del liderazgo”. Esta fórmula consiste en cuatro
rasgos que debemos desarrollar para poder llegar a ser líderes. Y ¿quién es un

líder? Un líder es aquella persona que tiene seguidores, pero no por obligación,
sino por decisión, al sentirse motivados e inspirados en su conducta.
Estos cuatro rasgos son los siguientes:
a. Modelar (conciencia): dar un buen ejemplo (espíritu).

b. Encontrar caminos (visión): determinar en conjunto el rumbo (mente).


c. Alineamiento (disciplina): construir y administrar sistemas para no desviarse

del rumbo (cuerpo).


d. Facultamiento (pasión): concentrar el talento en los resultados, no en los

métodos, y retirarse y proporcionar ayuda cuando se lo soliciten (corazón).


Personalmente, considero que todos podemos llegar a ser líderes, sin embargo,

solo lo lograrán aquellas personas que se esfuercen por serlo y primero decidan

tomar el mando sobre su vida, desarrollen sus inteligencias y tengan principios


sólidos que guíen su forma de vivir.

Hubo una frase muy interesante de Covey en este libro y que nos llamó mucho
la atención y nos pareció muys inspiradora: “Un pequeño timón en un barco o

avión, es el que permite el giro del timón grande que determinará la dirección de
toda la nave. Así son también los líderes. Hacen de pequeños timones puesto

que, a través de pequeñas acciones basadas en una visión, en pasión y conciencia,


logra generar un impacto que trascienda a toda la organización”. Es por esta

razón que, muchas veces los líderes no son necesariamente los gerentes de una
organización, sino colaboradores que ejercen mayor impacto e influencia en ella.

Para concluir, está de más decir que así contemos con toda la información, esto
no quiere decir que seamos sabios. Puesto que, la sabiduría va más allá de

conocimientos puramente intelectuales, sino en el desarrollo y la trascendencia


que tengamos en los demás.

En muchas ocasiones ha sucedido que aquellas personas que consideramos más


inteligentes basándonos en su nivel de conocimientos, son las que mayores

errores cometen. Pero ¿por qué? La respuesta es muy sencilla, aquellas personas
“inteligentísimas” tienden a caer en la soberbia si es que no desarrollan sus demás

inteligencias. Llegan a creer que lo saben todo y que nadie es mejor que ellos, y
esto, de cierta manera, limita su visión del mundo.
Trabajar con éxito con los demás hace que el saber y las capacidades de uno sean

productivas y requiere la creación de un equipo que posea el saber y las


capacidades para hacer irrelevantes la ignorancia y los puntos débiles

individuales.

CONCLUSIONES
 Algo que nos parece fundamental en este libro es la forma como el autor

plantea estos hábitos que, si bien se enmarcan en la vida profesional


específicamente, en realidad, también son totalmente aplicables en la vida

personal de cada persona. Una vez que cambio yo, puedo ayudar a cambiar
a los demás.

 La sabiduría va más allá de los conocimientos científicos o intelectuales,


significa trascender al otro y ayudarlos a tener voz propia, implica no solo

desarrollar la inteligencia mental o racional, sino todas y cada una de ellas,

para poder dirigir nuestra habilidades y esfuerzo hacia el logro de objetivos


específicos que no solo nos favorezcan a nosotros mismos, sino también a

los demás.
 Muchas empresas aún consideran a los colaboradores como recurso humano,

cuando en realidad es un capital, puesto que es una fuerza generadora de


valor competitivo. Por esta razón, tienden a manejarse en base a un estilo

gerencial de la era industrial, en el que solo importan resultados y basan su


funcionamiento en una cuestión de recompensas y castigos. Sin embargo, se

ha logrado comprobar que este estilo gerencial genera problemas dentro de


la organización. Muchas veces estos gerentes olvidan que, si quieren tener

buenos resultados, deben enfocarse en su personal como seres humanos que


son, que sienten y tienen sueños o metas al igual que ellos, las cuales no

deben estar necesariamente en diferente dirección a los de la empresa.


 Un líder no manda, inspira a sus colaboradores a hacer las acciones,

trasciende más allá de sus objetivos personales, dirige, delega y confía en sus
trabajadores.

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