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Dulce es nombrarte, María, y no hay gozo en el mundo que pueda

compararse al de tu amor maternal. Si nuestros amigos nos


defraudan en ti encontramos a la Madre que nunca falla. Si
caemos en pecado, en ti encontramos el refugio y el auxilio para
levantarnos. Si la fortaleza del cuerpo se debilita, tú siempre nos
sostienes con maternal amor. Si lloramos, nos acompañas en el
dolor. Alegres, participas de nuestras alegrías. Siempre nos acoges
porque somos tus hijos, hijos de tu inmaculado y doloroso
corazón. ¿Qué haríamos sin ti, Madre nuestra? ¿Cómo responder
dignamente a tu amor de Madre? Si quieres nuestros corazones,
aquí los tienes, prontos a brindarte su amor filial y a manifestártelo
en el seguimiento fiel a tu Hijo. Si te gusta una expresión de amor,
acepta la que te tributamos en este día como signo de nuestra
piedad filial.

Bendita Madre nuestra de la Merced, no nos dejes solos durante


nuestro peregrinar en esta vida. No nos dejes entregados a nuestras
débiles fuerzas, ya que sin tu maternal intercesión
desfalleceríamos en el camino.

Madre del Señor y Madre nuestra, obtennos de tu Hijo la fuerza


del Espíritu para que anime y fortalezca nuestros pasos.

Madre de la Merced, ayúdanos a dar valiente testimonio de vida


cristiana y a ser generosos en el servicio de amor a los hermanos.

AMEN
Nuestra Señora de la Merced,
¡Virgen cuya misericordia no tiene fin!
¡Virgen poderosa, a quien nada es imposible!
a Ti acudo con toda mi ilusión y confianza
para solicitar me regales tu indulgencia y bondad.

Tú que eres tan buena y sobrepasas nuestras expectativas,


pues más de lo que te pedimos nos otorgas,
ven conmigo por los duros caminos de esta vida,
yo tu siervo-a, humildemente postrado-a a tus plantas,
con todo el fervor de mi alma, te suplico ayuda,
y por el poder con que te distinguió
nuestro Dios Padre Omnipotente,
te pido me socorras en mis grandes dificultades,
ayúdame en mis presentes aflicciones
que tanto dolor e inquietud me causan.

AMEN
Santísima Virgen de las Mercedes,
Madre de Dios y de todos los hombres,
Esperanza y Consuelo de los afligidos,
escucha nuestro clamor;
atiende nuestra súplica como atendiste
en otro tiempo la de los cautivos cristianos,
y como a ellos los libraste
de las cadenas de la opresión,
líbranos hoy a nosotros,
de nuestro egoísmo y sus cadenas
líbranos de la mentira,
líbranos de la avaricia,
líbranos de la inseguridad y de la indiferencia,
líbranos de la injusticia, del odio y del rencor.

Ayúdanos Virgen de las Mercedes,


a buscar y a encontrar remedio
a nuestras necesidades.

AMEN