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Las minas a cielo abierto, son aquellas minas cuyo proceso extractivo se realiza en la

superficie y con maquinarias mineras de grandes dimensiones.

El término se utiliza para distinguir esta forma de minería de los métodos extractivos
que requieren hacer un túnel en la tierra, es decir, a las minas subterráneas. Se utilizan
las minas a cielo abierto cuando los depósitos de minerales comercialmente útiles o la
roca se encuentran cerca de la superficie, es decir, cuando es relativamente fina la capa
de material superficial o el material de interés es estructuralmente inadecuado para
hacer un túnel (como ocurre con la arena, la ceniza, y la grava). Para los minerales que
se encuentran profundamente bajo tierra en que la carga superior es gruesa o el mineral
se encuentra en vetas en roca dura se utilizan métodos de explotación minera
subterránea para extraer el mineral valioso.

Las minas a cielo abierto que producen materiales de construcción se llaman


comúnmente canteras. Las minas a cielo abierto se amplían por lo general hasta que o se
agota el recurso mineral o un cociente creciente de material superficial hace la
explotación minera adicional poco rentable. Cuando ocurre esto, las minas agotadas se
convierten a veces en terraplenes para el depósito de basuras sólidas. Sin embargo, se
requiere generalmente un cierto control del agua para preservar el hoyo de la mina de
convertirse en un lago.

La minería a cielo abierto es una actividad industrial que consiste en la remoción de


grandes cantidades de suelo y subsuelo, que es posteriormente procesado para extraer el
mineral. Este mineral puede estar presente en concentraciones muy bajas, en relación
con la cantidad del material removido.

Se denomina metamorfismo —del griego, μετά (meta=cambio) y μορφή


(morph=forma)— a la transformación sin cambio de estado de la estructura o la
composición química o mineral de una roca cuando queda sometida a condiciones de
temperatura o presión distintas de las que la originaron o cuando recibe una inyección
de fluidos.

Mármol: es una roca metamórfica compacta formada a partir de rocas calizas que,
sometidas a elevadas temperaturas y presiones, alcanzan un alto grado de cristalización.
El componente básico del mármol es el carbonato cálcico, cuyo contenido supera el
90%; los demás componentes, considerados impurezas, son los que dan gran variedad
de colores en los mármoles y definen sus características físicas.

Pizarra: es una roca metamórfica homogénea formada por la compactación de arcillas.


Se presenta generalmente en un color opaco azulado oscuro y dividida en lajas u hojas
planas siendo, por esta característica, utilizada en cubiertas y como antiguo elemento de
escritura.

Cuarcita: es una roca metamórfica no foliada de origen sedimentario, formada por la


consolidación con cemento silíceo de areniscas cuarzosas. Es de gran dureza, frecuente
en terrenos paleozoicos.