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Hombre de celuloide

El director que olvidó que sabía escribir

Que los dibujos son feos, que sobran personajes, que está mal clasificada. Esto y más se ha
dicho de Ana y Bruno entre los espectadores que escriben sus blogs de cine o que lanzan por
twitter una bala de cañón. Al mismo tiempo la crítica mexicana quiere tratarla tan bien que lo que
escriben sabe a condescendencia. Vale la pena por tanto hablar de esta tensión entre “crítica
seria” y “crítica de a pie.” Pero antes habrá que contextualizarla. Aunque no fue escrita por él
Ana y Bruno fue dirigida por Carlos Carrera, uno de los directores más importantes en el cine
mexicano. Su primer largometraje, La mujer de Benjamín, tenía todo para invitar a los
productores a invertir más. La historia ganó el programa de óperas primas del CCC lo cual
demuestra que Carrera es un magnífico guionista. En este rubro, sin embargo, la sorpresa vino
en 1994 cuando El Héroe ganó la Palma de Oro a mejor cortometraje. Poco después
comenzaron los problemas. Un embrujo de 1998 fue una decepción aunque en el 2002 tuvo un
gran éxito: El crimen del padre Amaro que le escribió Vicente Leñero. Dieciséis años después
aparece Ana y Bruno con un presupuesto excepcional y otro guión que no escribió él. Primer
problema: ¿será capaz de recuperar el dinero que gastó? La película no es tan mala como la
piensan los críticos de blog pero tampoco la maravilla que anuncia la crítica que quiere apoyar al
cine mexicano. Ana y Bruno tiene una historia que sorprende y, lo más importante en la carrera
del director, una elaboración de sus personajes femeninos. Aquí está el espíritu intranquilo de
Arcelia Ramírez en La mujer de Benjamín, la seducción de Ana Claudia Talancón en El crimen
del padre Amaro y la enternecedora locura de Martha Higareda en María en el elevador un guión
que por cierto, escribí yo. Y es importante decirlo porque creo que Carlos Carrera debe volver a
escribir sus guiones. Ana y Bruno enternece, seduce e intranquiliza como los personajes
femeninos de sus mejores películas pero es verdad que casi todos sus chistes resultan fallidos
porque estoy seguro que lo estuvieron molestando con que tenía que hacer una película para
niños y el humor de Carlos Carrera simplemente no se presta a la bobería que se clasifica como
“infantil.” Sólo así se explica que él haya accedido a dirigir el chiste de un ciego que conduce y
que hemos visto hasta la saciedad; que el hombrecito verde de la película quiera parecerse al
Pato Lucas cuando recuerda más bien a Jar Jar Binks, el esperpento de la serie de La Guerra de
las Galaxias. Creo que a Carlos Carrera le pasó esto: a partir de Un embrujo comenzó a dudar
de sí mismo como guionista. En aquella ocasión la producción exigió hacer cambios que parecen
haber destruido la historia de amor. Si alguien sabe cómo construir secuencias con remate
espectacular es él. Ahí está El héroe para probarlo. En cuanto a la crítica, que alguien les diga
que no se apoya al cine mexicano invitando a la gente a ver cosas que no va a ver. Ana y Bruno
es una historia encantadora y con una animación maravillosa. Pero tiene muchos personajes,
perdemos la pista del héroe, está llena de clichés y en efecto hay albures y personajes que van a
asustar a los padres timoratos. Yo creo que el verdadero problema que plantea esta película en
la carrera de su director es que puede ser un terrible fracaso económico. Tal vez eso ayude a
Carlos Carrera a hacerse un favor y volver a escribir él mismo los guiones que va a filmar.

Ana y Bruno. Dirección, Paul Carlos Carrera. México, 2017.

Fernando Zamora

@fernandovzamora

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