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Hombre de celuloide

Ganar la vida o perder el alma

Son tantos y tan graves los escándalos que golpean a la Iglesia Católica que no resulta
exagerado decir que se parecen a los que en el XVI llevaron al cisma de Lutero. En este sentido
hay que leer el título original de Amar o predicar: The Good Catholic; El buen católico remite a la
parábola del Buen samaritano que en Lucas 10 habla de un hombre que, preocupado por la vida
eterna, pregunta ¿quién es mi prójimo? La respuesta es un cuento en que el héroe resulta ser un
samaritano, uno de esos que, entre los judíos de la época, eran considerados la escoria social,
traidores a su pueblo y a Dios. Como los católicos, que con los escándalos de pederastia tan
mala fama tienen hoy. En la parábola de Jesús un samaritano era el único capaz de
compadecerse y en lugar de preguntar ¿quién es mi prójimo? Se hacía prójimo de un hombre
necesitado. En Indiana, donde sucede Amar o predicar, hay una mujer que espiritualmente está
tan golpeada como el hombre de la parábola. Un viernes por la noche de camino a casa, esta
mujer encuentra abierta una iglesia católica y adentro un cura en el confesionario. Ella va y
comienza a mentir pero el cura, como buen samaritano, trata de ayudarla y aproximarse en el
sentido espiritual. Se hacen amigos y claro, terminan por enamorarse. Amar o predicar está tan
bien escrita que permite que las dudas espirituales fluyan de forma natural. Además, los
personajes divierten: el buen católico vive con un jefe severo y un extravagante religioso
franciscano que sólo piensa en comer. Su vida transcurre en una rutina que recuerda la de otras
películas que hablan de la vocación, el llamado al sacerdocio. De hombres y dioses, de Xavier
Beauvois, por ejemplo, nos introducía en esta rutina aunque en un mundo más dramático, la
Guerra Civil Argelina. Aún así los problemas eran los mismos: un hombre lleno de fe dirige una
pequeña comunidad en la que hay hermanos que simplemente no ven a Dios. Lo mismo que en
To The Wonder de Terrence Malick: el cura que ha decidido entregar su vida al mayor de los
misterios se encuentra de pronto vacío, solo, apaleado por la rutina. Los protagonistas de estas
tres películas se encuentran en aquello que San Juan de la Cruz llamaba La noche oscura del
alma, el estado en que es necesario (según el místico español) abandonarse a sí mismo y
lanzarse a la oscuridad y el miedo con la esperanza, que no la garantía, de que Dios te va a
levantar. Desde este punto de vista místico resulta pertinente preguntarse si el cura de Amar o
predicar realmente encuentra a Dios en la persona que lo necesita como parece sugerir la
referencia a la parábola del Buen Samaritano. ¿No será más bien como previene San Juan que
lanzándose al vacío en la espera de ser abrazados por un Dios que no vemos también es posible
perderse? Hay dos o tres detalles en Amar o predicar que parecieran sugerir una interpretación
más profunda, una en la que tal vez esta mujer que se la pasa mintiendo representa la tentación
ancestral que golpea a los místicos cuando por ninguna parte encuentran a Dios. Después de
todo cuando el cura entra a la habitación de la heroína, se la encuentra llena de símbolos
satánicos de manual. A decir verdad el mensaje del director es ambiguo y uno puede decidir que
ésta es la historia de un buen hombre que encontró en el amor carnal al Dios del Evangelio o la
historia de un mal sacerdote que lleno de buenas intenciones traicionó su vocación y perdió el
alma.

Amar o predicar (The Good Catholic). Dirección, Paul Shoulberg. Estados Unidos, 2017.

Fernando Zamora

@fernandovzamora