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Introducción

El siguiente trabajo nos da a conocer acerca de un antiguo presidiario que luego de salir de la
cárcel busca refugio en la ciudad, donde le niegan posada por haber estado preso. Dentro de la
obra, su narrador es omnisciente editorial y teniendo como personaje principal a Jean Valjean
está también el obispo Carlos Francisco, Gervasillo, Fantina, Cosette, los Thernadier, Javert,
Pontmercy, Mario y el Señor Guillenormand, en donde a partir de 1815 el relato de esta historia
empieza dentro de la ciudad de París.

El Obispo Carlos Francisco le brinda hospedaje en su casa. Dentro de ella Jean Valjean observa
unos candelabros y cubiertos de plata. Durante la noche toma una decisión que le cambiaría el
rumbo de su vida.

Cuerpo

Cedieron a darle posada y luego de cenar, el Obispo le enseña su cuarto. Al momento de pasar
por el dormitorio del Obispo, observó que en la cabecera de la cama había unos cubiertos de
plata, después de dejarlo en su dormitorio, el Obispo se retira. En la noche Jean Valjean recordó
un fragmento de su pasado, y sin más tiempo que perder se levantó, salió del cuarto y se dirigió
al del Obispo, sacó los cubiertos, cruzó la estancia, saltó por la ventana y se ausentó en la
oscuridad del jardín.

Al día siguiente unos gendarmes llegaron a la casa del Obispo trayendo a Jean Valjean porque lo
encontraron huyendo, en lo que el Obispo manda a que lo suelten, diciendo que él le ha regalad
aquellos cubiertos. Los agentes se retiran y el Obispo le entregó los candelabros a Jean Valjean
aconsejándole que no se olvide de la promesa que le hizo que emplearía el dinero para hacerse
un hombre honrado. Sin recordar haber prometido aquello, asombrado, Jean Valjean se retira del
pueblo.

Con el pasar de los años, se hace un hombre noble, honrado, justo y honorable. Llegó a ser
alcalde, y a rescatar a personas que necesitaban de su ayuda, haciéndose así un hombre de bien.
Con el tiempo Jean Valjean ya no tenía fuerzas para levantarse de la cama ni para comer, en
donde la luz de los candelabros del obispo, que lo habían acompañado toda su vida, le iluminaba
el rostro mientras se echaba hacia atrás.

Conclusion