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LECTURA Nº 1

Medicamentos

La utilización de medicamentos como agentes terapéuticos se ha empleado desde épocas muy


remotas. Los farmacéuticos, además de los médicos y enfermeros, deben enfrentarse al reto de
mantenerse actualizados en el conocimiento de estos productos en constante cambio.

Las fuentes de información para el enfermero con respecto a los nuevos fármacos son: el
departamento de farmacia de la institución, los médicos, las revistas profesionales de medicina y
de enfermería, y la información dada por las casas comerciales. En la mayoría de las
instituciones sanitarias, el departamento de farmacia mantiene actualizado un formulario que
contiene y describe los medicamentos usados convenientemente en la institución. El enfermero
debe conocer y utilizar la fuente de información disponible en su institución acerca de los nuevos
fármacos.

Muchos fármacos se venden con sus nombres comerciales o de patente. Cada fármaco suele
tener, por lo menos, tres nombres, a saber: comercial, químico y oficial. El nombre comercial
(de patente) del fármaco es el que le da el fabricante. Un solo fármaco puede tener varios
nombres comerciales, pues, posiblemente, es fabricado por varias compañías, cada una de las
cuales le da una marca diferente. El nombre químico de los fármacos es una descripción de sus
componentes; el nombre oficial o genérico es el que se encuentra en una de las publicaciones
oficiales.

La administración de medicamentos es una función terapéutica de la enfermería, que depende


principalmente de las indicaciones dadas por el médico.

Algunas indicaciones de medicación señalan la hora exacta en que se administra una medicina;
otras dejan a juicio del enfermero la hora de la administración; por ejemplo, no es raro que el
sulfato ferroso se prescriba tres veces al día, después de las comidas, en tanto que la duralgina
suele indicarse de modo que el enfermero la administre cuando juzgue que el paciente necesita
un analgésico.

La forma de presentación de los medicamentos es diversa: cápsulas, comprimidos, tabletas,


elíxires, jarabes, granulados, aceites, suspensiones, polvos y líquidos (gotas), etc.; todos estos
se administran por la boca. Una cápsula contiene polvo, aceite o líquido dentro de una cubierta
gelatinosa y una tableta es un medicamento pulverizado. Los trociscos son comprimidos para
disolver en la boca. Las ámpulas o ampolletas, y los frascos, ámpulas o bulbos, contienen
medicamentos en polvo o en líquidos para inyección.

Un bulbo es un frasco de vidrio con tapón de caucho (goma); un ámpula (ampolleta) es un


envase de vidrio sellado. Un supositorio consiste en un medicamento que se incluye en una base
firme, con el fin de que pueda introducirse en un orificio o cavidad corporal. Una pomada es una
mezcla semisólida que se aplica en la mucosa o en la piel.

Administración de medicamentos

Los medicamentos se pueden administrar por muchas vías, entre las cuales la más común es la
oral. La parenteral, considerada a menudo como sinónimo de inyección, abarca en realidad todas
las vías distintas de la oral, incluyendo las de uso tópico, la transdérmica, así como a través de
las mucosas (gástrica, respiratoria, vaginal y rectal).
La vía de administración, más que cualquier otro factor, determina el inicio del efecto del
medicamento. Por ejemplo, los fármacos administrados mediante la inyección intramuscular
actúan casi inmediatamente porque tienen acceso directo al torrente sanguíneo. Por lo tanto, se
usan comúnmente para producir una respuesta rápida. Los antibióticos, con frecuencia, se
administran por vía intramuscular para lograr una reacción rápida y continuada.

Otros medicamentos se deben dar por vía intravascular porque por otras resultan ineficaces o
peligrosos. Sin embargo, dicha vía está contraindicada para el uso de ciertos fármacos. Por
ejemplo, algunos preparados no acuosos en suspensión, no se pueden dar por vía intravascular
porque obstruyen el flujo sanguíneo.

Los medicamentos administrados por vía intratecal, como en la raquianestesia, también actúan
con rapidez. Sin embargo, los fármacos administrados por vías parenterales, que no sean
inyección, deben ser absorbidos por la corriente sanguínea, a fin de poder ejercer su efecto. Por
lo tanto, el punto máximo de su efecto tarda en alcanzarse, de modo que estas vías suelen
usarse cuando el estado del paciente no requiere con urgencia el efecto medicamentoso
inmediato.

La vía de administración también está relacionada con la comodidad y la seguridad de la


persona. Los medicamentos que no se administran por inyección causan en general menos
molestias, con menos riesgo de efectos colaterales peligrosos que los inyectados.

La vía recomendada también depende del órgano o aparato sobre el cual se espera que actúe el
fármaco. Por ejemplo, los padecimientos cutáneos suelen necesitar medicamentos tópicos; los
trastornos digestivos se tratan comúnmente con fármacos orales.

Guías para administrar medicamentos

El tipo de preparado suele coincidir con el método de administración: los medicamentos se


expenden en diversas formas de preparación y cada tipo suele requerir un método específico de
administración. Puede ser que una fórmula o preparación se pueda administrar por varias vías,
pero esto se especifica en la etiqueta. Es más frecuente que un preparado tenga un solo método
de administración, y que si necesita administrarse por otra vía, habrá que usar otra forma de
preparación.

Los medicamentos se administran solamente mediante la vía indicada por el médico y


especificada en la etiqueta. Por ejemplo, las tabletas de penicilina se administran por vía oral, y
la solución especial de penicilina se administra por inyección intramuscular. Conviene leer
cuidadosamente la etiqueta y comprobar la indicación médica para confirmar la vía de
administración.

La vía de administración del medicamento afecta su dosis óptima. La dosis óptima de un


medicamento administrado por vía oral puede ser distinta que la dosis óptima del mismo
medicamento aplicada por inyección subcutánea. Por ejemplo, parte de un medicamento
administrado por vía oral se excreta por el tubo digestivo sin haberse absorbido.

La administración de un medicamento con un buen margen de seguridad exige conocimientos de


anatomía y fisiología, lo mismo que el propio medicamento y la razón por la que fue prescrito.
Los conocimientos de anatomía y fisiología tienen una importancia particular cuando se
administran medicamentos, por ejemplo, cuando se administra un medicamento por inyección
intramuscular pueden dañarse vasos sanguíneos o nervios grandes, si se pinchan
accidentalmente.

Conocer el medicamento y sus efectos también ayuda a protegerse de la administración de un


fármaco que pueda dañar al paciente. Si el paciente tiene una respiración muy lenta, es
peligroso administrar morfina, puesto que puede deprimir aún más la respiración; esto, además,
ayuda al enfermero a hacer observaciones razonadas, que le faciliten determinar la eficacia del
medicamento y de su trabajo.

El método de administración de un medicamento es determinado, en parte, por la edad del


paciente, su orientación, si tiene conocimiento y el grado de este, y su enfermedad. Es
importante que el enfermero notifique las dificultades que tenga cuando administra un
medicamento. Quizás el paciente desorientado se rehuse a deglutir la medicación oral, o el que
tiene náuseas la vomite después de haberla tomado. El paciente que ha perdido el conocimiento
no puede tomar medicamentos, y quizás, si es un niño, sea demasiado pequeño para tragar una
cápsula. Estas observaciones deben comunicarse al médico, con el propósito de que este se
ajuste a las necesidades específicas del individuo.

El error es posible en toda actividad humana. Los errores en la administración de medicinas


pueden ser graves, y como siempre hay posibilidad de que ocurran, pero si se toman
precauciones especiales pueden evitarse. Si el enfermero tiene alguna duda, debe consultarlo
con el médico u otro personal de enfermería o, en su defecto, con el farmacéutico antes de
seguir adelante.

Si se comete un error hay que avisar inmediatamente al médico o al jefe de enfermeros para
que se tomen medidas inmediatas que protejan al paciente. Cabe también analizar el caso para
determinar la causa del error y prevenir que ocurra otro, y valorar posteriormente la actuación
del enfermero.

Cada paciente en particular necesita que se le den explicaciones y apoyo en cuanto a la


administración de medicamentos. Los medicamentos son administrados a las personas, y el
enfermero va a encontrar que en todos los casos cada individuo es diferente. Algunos quieren
saber sobre sus medicamentos; otros prefieren no saber nada. El conocimiento que necesita una
persona depende, en buen grado, de circunstancias individuales. El paciente grave puede estar
demasiado mal para preocuparse por sus medicinas. La información que debe darse depende de
características como inteligencia, edad, educación, enfermedad y necesidades emocionales.

Precauciones generales

La administración de medicamentos es una función de enfermería en las instituciones de salud.


Hay, como consecuencia, diversas reglas de administración de medicamentos que guían la
actuación del enfermero. Pero, independientemente de las reglas, antes de que el enfermero
administre un medicamento debe estar convencido de que la acción de este no tiene riesgos
para el paciente.

Una buena base para la práctica correcta de la enfermería es el saber. De manera tradicional, los
cinco correctos han servido como guía para la administración de medicamentos: el medicamento
correcto, la dosis correcta, la vía correcta, la hora correcta y el paciente correcto. Esos cinco
requisitos siguen vigentes; sin embargo, una buena actuación del enfermero necesita más
requisitos que los mencionados.

La información del enfermero debe ampliarse hacia la identificación de los problemas de atención
de enfermería que necesita el paciente, y hacia la forma en que él puede actuar para que el
paciente tenga cubiertas esas necesidades. Por ejemplo, ayudar al paciente a cambiar de
posición y darle apoyo físico ¿aumentan la acción de un analgésico?

Cuando se administran muchos medicamentos, la atención de enfermería es capaz de aumentar


o completar su acción; por ejemplo, darle masaje en la espalda al paciente y estirarle la ropa de
cama podría reforzar la eficacia de un sedante, y la ingestión de líquidos ayudaría a impedir la
cristalización renal de ciertos antibióticos.
Las personas difieren en sus reacciones ante fármacos específicos. Es importante la reacción del
paciente a cualquier fármaco y debe registrarse en la historia clínica.

A menudo, los pacientes necesitan informar al enfermero o al médico, las reacciones provocadas
por determinados medicamentos, y sobre todo aquellos fármacos que son administrados en
casa. Algunos necesitan conocer la importancia del medicamento prescrito y la dosis que han de
tomar. Con bastante frecuencia se escucha: "Si una tableta me hace bien, dos me harán mejor."

Hay personas que también necesitan ayuda para comprender el valor de la dosis prescrita y su
acción, así como una explicación realista de los resultados que se esperan. Esto es importante
tanto para el paciente hospitalizado como para el que toma los medicamentos en la casa,
quienes deben conocer la naturaleza de los fármacos que se administran, los motivos por los
cuales lo hacen, las dosis que se ordenan y los posibles efectos secundarios. También es
necesario hacerles saber los signos y síntomas adversos a los que deben estar atentos al tomar
estos fármacos, y los peligros a que se exponen al alterar la dosis o al no administrarse los
medicamentos.

Otra preocupación de la enfermería son las reacciones idiosincrásicas a los medicamentos, las
dosis excesivas de estos y la ingestión de veneno.

Parte también de las funciones de enfermería es ayudar al médico en la valoración de la eficacia


de un medicamento, y muchas veces a juzgar el momento en que debe darse una medicina
específica. Con el fin de hacer esta valoración, se toman en cuenta las necesidades del paciente
y los objetivos del propio agente terapéutico.

La necesidad de tomar ciertos medicamentos varía de tiempo en tiempo en un mismo paciente,


y desde luego, de un paciente a otro. Las órdenes de medicamentos se basan en los problemas
específicos y la acción del fármaco para facilitar el efecto terapéutico deseado.

Preparación de medicamentos

La primera etapa de preparación de cualquier medicamento consiste en leer toda la indicación


médica y tener la seguridad de haberla entendido. Se ha considerado una práctica de seguridad
en la preparación de medicamentos leer tres veces la etiqueta de un frasco, tubo, paquete,
sobres, bulbos y otros. Se lee antes de tomar el envase de su sitio, antes de abrirlo y
justamente antes de devolverlo a su lugar. La lectura incluye el nombre del medicamento y la
dosificación. Hay que fijarse especialmente en la vía de administración de una medicina
determinada.

La medicina debe administrarse en la dosis exacta indicada por el médico. Si se requieren dosis
pequeñas (para niños) la práctica común es que los medicamentos sean preparados con
precisión por un farmacéutico. Cuando hay que calcular la dosis, conviene que un segundo
enfermero revise los cálculos del primero. El enfermero no debe calcular una dosis por iniciativa
propia; por ejemplo, nunca debe romper una tableta no ranurada para obtener una dosis. La
dosis del medicamento es indicada por el médico, tomando en cuenta el peso, la edad, el sexo y
el estado físico del paciente. Como consecuencia, las dosis aproximadas son peligrosas.

Con el propósito de evitar errores, el enfermero que prepara el medicamento debe administrarlo
personalmente y enseguida que lo prepara. Si los medicamentos preparados se dejan sin
administrar, aumenta el peligro de que se pierdan o sean tomados por otros pacientes.

El enfermero es legalmente responsable de los medicamentos que se administran y solo cuando


él ha preparado por sí mismo un medicamento, puede atestiguar sobre su preparación.
La identificación de un medicamento por su simple aspecto es peligrosa. Cuando el paciente no
se encuentre en la sala, no se debe preparar el medicamento hasta que regrese, por lo tanto, es
aconsejable no guardar medicamentos preparados, listos para administrar al paciente.

Cuando un enfermero está preparando diversos medicamentos para un grupo de pacientes, las
medicinas de uno se separan de las de los otros.

Solo el farmacéutico puede etiquetar el envase de medicamentos. Como consecuencia, cuando el


enfermero encuentra un envase sin etiquetas o una etiqueta que se ha borrado en parte, debe
enviar todo el envase a la farmacia para que se aclare su contenido. Los medicamentos no
deben ser pasados de un recipiente a otro.

El enfermero nunca debe combinar dos medicamentos si no está seguro de su compatibilidad.


Aunque la incompatibilidad causa a menudo una reacción tan visible, como turbiedad, burbujas o
precipitación, en algunos casos ello no ocurre, aun cuando se altere la naturaleza química y la
acción de los compuestos. Cuando no haya seguridad con respecto a la compatibilidad
específica, es necesario consultar las fuentes documentales apropiadas o con el farmacéutico. Si
persiste la duda, adminístrense las inyecciones por separado. Nunca hay que tratar de combinar
más de dos medicamentos.

Ciertos fármacos solo son compatibles por un lapso breve de tiempo, después de ser
combinados, y se deben administrar en un plazo de 15 min como máximo. Pasado este tiempo,
factores ambientales como la temperatura, la exposición a la luz y a la humedad, pueden alterar
la compatibilidad.

Métodos de administración de medicamentos

El método más común de administrar medicamentos es por vía oral. Cápsulas, líquidos, tabletas,
polvos y trociscos, se administran por la boca.

Los trociscos son para disolverse, por su efecto local. La administración sublingual consiste en
colocar el medicamento bajo la lengua del paciente y la región vestibular, sitios donde se
disuelve y absorbe con lentitud.

Otro método es a través de la inyección, que consiste en la introducción de medicamentos o


sueros mediante una aguja hueca en la piel, los músculos y las venas. Las formas más comunes
de este tratamiento son las inyecciones intramusculares, intradérmicas, subcutáneas e
intravenosas.

Métodos menos comunes son la inyección intracardiaca, intrapericárdica, intratecal (intraespinal)


intraarticular e intraósea (en el hueso). Todos estos tratamientos requieren el empleo de un
equipo estéril y de sustancias estériles fácilmente solubles. En general, los medicamentos que se
administran por inyección se absorben con rapidez por la circulación.

La inhalación es la administración de un medicamento por las vías respiratorias. Una vez


inhalado, el medicamento se absorbe casi de inmediato. Pueden inhalarse medicamentos
volátiles, estos últimos mediante un vehículo como el oxígeno.

La instilación consiste en poner un medicamento en forma líquida en una cavidad u orificio del
cuerpo, por ejemplo, oídos, ojos y vejiga urinaria. Los medicamentos líquidos pueden instilarse
con un gotero (en el oído) o con una jeringuilla (en la vejiga urinaria).

Los medicamentos también pueden ser aplicados en la piel y las mucosas, esto se llama
aplicación tópica. Por ejemplo, los antisépticos, los astringentes y los emolientes, pueden
aplicarse en forma líquida o en pomada.
Los supositorios se introducen en una cavidad o en un orificio del cuerpo, como el recto o la
vagina. El supositorio se disuelve gradualmente a la temperatura corporal liberando el fármaco,
que se absorbe a través de la mucosa. Aunque se administran supositorios en ocasiones en las
que se desea obtener un fármaco que ejerza una acción general, por ejemplo para dar un
sedante, no se considera tan eficiente como los administrados por otras vías. Por ello, los
supositorios se utilizan principalmente por su acción local. Pueden usarse para administrar un
analgésico a la zona rectal, o para estimular la peristalsis y lograr un movimiento del intestino.

Los medicamentos se administran por su efecto general o local. Por efecto general se entienden
las acciones del medicamento en todo el cuerpo, en tanto que por efecto local se entiende aquel
que ocurre en una zona específica, como el de una pomada en una zona particular de la piel. A
veces los medicamentos que se administran por su efecto local tienen reacciones generales, por
ejemplo, puede aparecer una reacción indeseable, como fiebre, debido a la aplicación tópica de
una pomada en una incisión.

Medicamentos y pacientes

Uno de los factores más importantes para la administración de medicamentos es la identificación


del paciente. Es bueno cualquier método que lo identifique con precisión. Se le debe preguntar a
este su nombre antes de darle el medicamento, si es el caso. El enfermero no debe decir: ¿Es
usted el señor Gómez?, ni confiar en que el paciente responderá al ser llamado por su nombre.
En ambos casos, el paciente puede responder automáticamente con un sí; es mejor decir:
¿Cómo se llama usted? El hábito de confianza del número de la cama, del cuarto para identificar
al paciente es peligroso, porque este cambia de cuarto o de sala en muchas ocasiones. La
identificación es especialmente difícil cuando los pacientes cambian de cuarto o de sala con
frecuencia.

Una vez que el enfermero haya identificado con precisión al paciente, hay que explicarle el
tratamiento que se le va a aplicar, porque muchas veces la explicación le da seguridad y
refuerza la eficacia de la droga. En ese momento el enfermero puede explicarle la acción de la
medicina en términos claros. Los pacientes suelen sentirse satisfechos de participar en su
tratamiento y son capaces de controlarse mejor. Si el médico no quiere que el paciente reciba
informes del enfermero sobre un medicamento dado, este puede sugerirle que le pregunte al
médico lo que desee saber.

Si la administración de un medicamento depende de algún factor, como el pulso, se medirá este


primero.

El enfermero debe acompañar al paciente hasta que se le haya administrado la medicación


completa.

A veces, el enfermo rechaza un medicamento y con frecuencia son válidas las razones que alude
para hacerlo. Si el paciente se rehusa, el enfermero debe encontrar la razón. Algunas de estas
razones pueden ser:

- La medicina le da asco al paciente y la vomita.


- Es alérgico al medicamento. Durante la admisión se debe anotar todo aquello a que es
alérgico el paciente. Algunas veces, esto no es posible, por ejemplo, cuando el paciente ha
sido llevado en estado inconsciente.
- El medicamento no le ayuda.
- El enfermo cree que el medicamento que le están administrando está equivocado.
- Cree que el médico ha cambiado la indicación.
- Le da miedo la aguja hipodérmica.
- La medicina tiene mal sabor.
- No acepta el medicamento por sus creencias religiosas o culturales, por ejemplo, un
paciente de religión hindú puede rehusar una preparación hormonal que contiene extracto
bovino; un paciente que pertenezca a la secta de testigos de Jehová puede rechazar una
transfusión de sangre. Muchas personas que creen en los remedios naturopáticos pueden
rehusar cualquier medicamento preparado con compuestos inorgánicos.
- No entienden las orientaciones y temen que les haga daño.
- El enfermero quiere administrarle el medicamento a una hora impropia, por ejemplo,
cuando el enfermo tiene visita.

Por lo general, el enfermero puede afrontar con buenos resultados la razón que plantee el
enfermo para rechazar la medicina, por ejemplo, si tiene sabor desagradable, podrá
administrarse con jugos de frutas. La indicación del médico debe revisarse si el paciente la
discute. La negativa del paciente a tomar su medicamento debe comunicarse siempre al médico
o al jefe de enfermeros y anotarse en la historia clínica. En ciertas circunstancias es mejor
notificar al médico de inmediato, en especial cuando el estado del paciente peligra si omite el
medicamento, como ocurre si el cardíaco no toma el digital prescrito.