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a una noche de rieles que son piernas

sobre los que se descarrila el tren de mi cintura;


tú, caballo de caderas mojadas,
serpiente que se duerme enroscada a mi pecho,
mujer de cascabel resquebrajado.
Me llamas armadillo para exigirme el gasto,
agua de tempestad, pomo de oxígeno.
Tú, lo más saludable por tu peso en sol,
lo más desnudo entre mis metros de aire,

H ERMINIO M ARTÍNEZ perfecta invención contra el aburrimiento,


hierba eriza con chapas
En el planeta de tu cuerpo para los cumpleaños de mi edad.
–astro de leche agazapada Terraza donde la luz se sienta
y de hambre de ti que se me hace agua en la boca– a tejer horas en el lavado lienzo de tu nombre;
vives igual que la estación tortuga con un hijo mío en cada ojo. 49
violada en un día del verano: Historia increíble
Bella como la rama del saúz que el Tentador escribió en mis cuadernos.
adonde el viento baja a pulir su gemido.
Te llamas como lo que hay al revés del follaje
y como la piedra que le quebró el cabello
donde al huevo del tiempo
al adolescente que se observa
lo calientan las vírgenes.
–desde lunas clavadas–
Como la música que remienda personas.
el vidrio de la piel,
Como la primavera que corona gusanos.
el polvo de oro de su cuerpo,
Bella como una calle con gente que conversa
el visto bueno que le dan los años.
mientras la luna se hincha
Bella como la intrusa que supones
y la mano del frío deshoja estrellas.
oculta en la bocina del teléfono.
Llano reverberante que atravieso
Y como el venablo de cupido
con la cabeza ardiendo como antorcha,
que vuelve loco a quien le pega.
la aflicción me ha pesado en su balanza.
Tanto o más que el paraguas
Agonizo rodeado de macetas.
de un hongo alucinante.
Quiero gritar que cargo una vigilia
Te llamas como la tarde
que pesa más que la extensión del aire
que es mejilla del mundo.
donde la nieve finca su edificio.
Más bella que la lengua de Dios
cuando lame la lluvia ¿A qué región de asfixia habré llegado?

o igual que el arco iris de la baba que deja. Me pregunto, sabiéndome manjar

Te llamas como las nubes, entre las cenicientas fauces del fracaso,

que únicamente son sombras de agua, preso en las bodegas del granizo,

tú, la que me incitas a un aroma de lima, pintado en la osamenta de la lástima.


Tu imagen es la llaga que no duerme porque sin ella a él ¿quién le barre los ojos
royendo el zancarrón de mi infortunio. y le endereza el tulipán del ánimo?
Orgullosa, obstinada, Nadie le amplía la luz, nadie lo habita.
luna veloz como animal que arde, Nadie está en sus orillas esperándolo.
aerolito en su trono de brasas, Fuera de la mujer nadie le aúlla.
canción de espuma en este invierno mío. Queda sin su varilla de importancia.
Bella como las plumas de la nieve, Oh, Circe, luz y océano de colores,
hermosa como el pie de la montaña, conviérteme en el sapo de tu oficio
como la camelina con su cresta colgante. o hasta en el tecolote de todas tus vigilias.
Nada se te parece: Entiérrame el fistol de tus presagios,
ni el manantial que es diáfano en sus cifras. dame a beber el néctar de tus flores,
Nada tiene tu pulso. mientras estas paredes no se caigan,
Nada es como tu cáscara de vidrio, mientras tengan raíces de concreto
oh hermosa como la pubertad para el amor que es cosa tan mudable.
50 que en cada esquina besa a un niño con fiebre. Orilla donde la desesperación se da silvestre,
Fuera de la mujer el hombre es lástima. sílaba que se incendia al caer a mi boca,
Nadie le pone aceite a sus herrumbres. materia destinada al cincel de mi canto.
Nadie viste de música sus cosas. Por ti, que eres hermosa, el hígado se enfada,
Nadie engendra esplendores que lo nutran los riñones se inundan y los nervios se estiran

Abel Vázquez
como tigres ganosos. que ocurre en el sabor de la saliva,
Por ti la sangre en todos sus caminos en la región musgosa de la lengua,
pelea contra lo amargo de la espiga al pie del campanario del galillo.
de la que cae la gota de la bilis. Prenda de mi medida.
Por ti que eres hermosa Viento que trae al campo del hocico.
como esos pueblos de ceniza Berenjena, lechuga,
donde la mano del metate el amor es el nudo en que se amarran
dirige sin batuta la pobreza. nuestros perdidos puntos cardinales.
Emperadora del berrinche, Es la nariz que respingamos juntos
perra brava con lunares y ombligo. y con mucha frecuencia las estatuas
Cangreja que me poda los deseos, que se ven de reojo.
pezuña que me aplasta con su rumor de avispas, Piedra y patrona mía.
viento aparte que se mece en mis canas, Mandarina con chile en cada gota.
dispersa el chorro de mi orina Nuestro amor es un túnel de gruñidos.
y me roe hasta el último hueso. Lo sabe la guitarra de Paracho, 51
Desalmada y eterna, la alacena acostada entre pocillos,
amarte es contemplar esa pintura las rosas de la jícara de Uruapan,
de un niño que sonríe la estufa nueva con su llama vieja.
desde el enorme desgarrón del llanto. Amarte es aplaudir mil tonterías
O barrer, en silencio, en la misma pantalla
el traste hecho pedazos de tu orgullo. y hacer necesidades en el mismo hoyo.
Es dorar el arroz aunque se queme. Lo sabe el trapeador lleno de pánico,
Es calentar un poco las lentejas la escoba manca, la cubeta mustia,
y respirar tus aires con ponzoña mi traje con viruela en los ojales,
que van y vienen por los corredores. el sauce y su enramada de violines,
Es recostarse un rato en las almohadas la puerta por la que entras a la calle,
que sólo son cadáveres implumes. también por la que sales a mi vida
Es conversar aparte con la máquina y el oficial mayor de tu carácter
y no romperte un plato en la cabeza, ordena que me arrojen por la borda
al fin, ¿qué vale una vasija rota? al océano con piel de tu figura.
¿Qué el caldo de frijoles en mis jetas? Señora y piedra mía,
¿Qué el parche y qué la arruga en el trasero calcetín para el pie de mi quebranto,
si el amor es el huésped memorable pitón de cabellera como lluvia,
que se lleva los metros de mis tripas gorriona con caderas de muchacha,
como cualquier lechuza carnicera? hermosa como el pozo
Es ver el tiempo sobre mis camisas en el que los secretos tiemblan muriéndose de frío,
y columpios de arañas en el baño. pastora de mis días,
Es el acontecimiento venturoso entre las llamas me alzo como un bosque.
Llego sin consumirme a tus aguajes. O hasta en el del Santo Padre que prohíbe
Me los bebo, te abrazo, me desnudo. todo lo que le dicta su gordura.
Señora, con tu orquesta de almohadones, Como quieras: mordiendo rebanadas
te pareces al eco en su covacha. de pan o de melón, me da lo mismo.
Déjame en los andamios de esta historia, En el nombre del cielo y sus sillones
dueña de lo que gano y lo que debo. que ya han de estar plagados de alacranes.
Guerrillera feroz de cucarachas. En el de las bacinicas y las lámparas,
Abrázame, tizón, yo soy un árbol, en el del envidioso que no es hombre,
quema mis hojas, tienta mis raíces. sino paja, pellejo y dentadura.
Te lo suplico con la voz de un loro. Mujer hermosa como el ojo avieso
Te lo pido en el nombre de las garzas de la ágata que vio nacer al mundo,
y hasta en el del zorrillo, si deseas: hagámoslo en el nombre de los tordos
hagamos el amor de los halcones y en el del volantín que me pasea
en el nombre del pez fuera del agua. atado a la ebriedad igual que a un mástil.
52 Hagámoslo con todo y pulmonía. En el nombre del grillo porque pule
Hagámoslo a trompadas, como sea, su canto en el terrón de la lujuria.
en una bicicleta, sobre un mueble, Y en el de las ardillas porque chiflan,
detrás de alguna puerta o en un cesto. y en el de las terneras porque lamen
Torre donde el relámpago se achata, un futuro de leche en sales húmedas.
eres la madreselva de mis muros. A la pata del odio que es muy gruesa.
Clavo que me perfora los sentidos, Y en el nombre también de los gusanos
hagámoslo en el nombre de la Virgen que les comen los ojos a las flores.
y de la Providencia que es su escolta. En el del buey, monarca del potrero.
En el nombre de todas las culebras En el de los venerables y sus pulgas.
y en el del Padre Eterno que las cuida. En el de los profetas y sus piojos.
En el nombre del sol que todo sabe Te lo suplico con la voz de un árbol:
y en el de tantos perros olvidados abrázame, tizón, quema mis hojas.
que arrastran su fulgor de gente en gente. Hagámoslo hasta el alba, ojo por diente.
Lugar donde la primavera se desploma, Hasta la transparencia, hasta la espuma.
hagámoslo en el nombre de las reinas Muertos de ti y de mí, vivos de ambos.
de los juegos florales que en los cines Hasta el último polvo del empuje.
reúnen a políticos y artistas. Hasta el último labio del almíbar.
Con pomada, rompiéndonos la boca, Hagámoslo en el nombre de los héroes.
bajo una bugambilia, oyendo un piano, En el de las ciudades cuando tiembla
embarrados de miel para darle hambre y en el áspero y gris de la catástrofe.
al corazón que tiene también lengua. Eres la chispa que imagina el día.
Hagámoslo en el nombre de las alas Tus pestañas son bosques de oyameles.
que abren las ilusiones en los niños. Tu cuello un surtidor entre pirules.
No hay nada semejante a ti en la vida: y el arpa sin barniz de mi esqueleto,
ni los hombros del álamo, hagamos el amor de las estatuas
ni la piel del reflejo, que se ven de reojo aun con frío.
ni siquiera la trompa de la noche Hagámoslo en el nombre de tus pómulos
cuando se embarra de constelaciones. y en el de tu raíz, blanca conífera.
Ni un rebaño de fresnos nadando en la laguna. Hagámoslo al estilo de los bóvidos
Tu ombligo es un oasis de gladiolas. con los lomos cargados de llovizna.
Toda la Biblia con sus tentaciones Sin hablar o gritándolo en el nombre
hojeada por la mano del otoño. del pino y su enramada de violines.
Amada, uva tiñendo su vocablo,
señora de lo cerca y de lo lejos, En el nombre de Dios que es puro cuento
estrella que se enciende peor que el caos, que bailen tus lunares y mi arruga.
cuánta imaginación me cabestrea En el nombre del ruido que estremece
al hotel donde siguen esperándonos de punta a punta el ámbito del orbe,
un catre sin tender y un foco muerto vamos a amarnos ya 53
velado por sí mismo, y una cómoda. en el nombre del mar que también sueña
Cantera donde está escrito el decálogo que llueve en sus montañas sumergidas.
que cumplo yo para ganarme el cielo.
Muero de puro amor
porque nadie me dio jamás lecciones
de cómo no morir
con una quemadura en el cachete,
con un hueco, como éste, en el cadáver.
Amarte es respirar estos perfumes
que van y vienen por los corredores.
Déjame ser el mundo que ha saltado
las trancas y te sigue como un hombre.
Déjame ser el manto del estío
que vista de esplendores tu silueta.
Conoces el pantano donde nace
el insecto patón de mis angustias.
Has visto los estragos del insomnio
cuando me pisa con su bota anciana;
cierva con rabo de cometa ebrio,
estrella con los pechos amarillos,
te seguiría como un ciego a su tacto,
como el melocotón a su fragancia. Guadalupe Rosas

Por el metal flexible de tu abdomen


Óyelo relinchar en los balcones, a la sombra del níspero, meciéndome en la hamaca?
salta las islas, sopla, se sacude. Así es como nos damos a querer
Es el mar a caballo por la arena. porque si no el casado no soporta
El mar bailando con los flamboyanes. la lentitud con que se va y se viene
Óyelo en las esquinas de tu lecho, por el viscoso corredor del tedio;
hermosa como un tallo con rocío. así sea presidente o policía,
Enjambre de murciélagos sonrientes. o venda, en rebanadas de amargura,
Tierna calabacita con perfume, la vida como un género cualquiera.
tu ombligo es un jardín de jacarandas, Nos damos a querer acostados encima de una tabla
pobre sauce llorón, hoy lo recuerdo: donde renace nuevamente el plan
compramos tejocotes en Huajúmbaro, de mandar al carajo a la que tantas cremas nos exige
en Acámbaro pan, luz en Morelia; y tantos detergentes que nos limpian del todo.
vimos a Zinapécuaro en sus hombres Amor es también un día sin almorzar, otro con moscas;
apuntalando el néctar de los frutos. el trono en el que Dios nunca se sienta
54 Muero de puro amor bajo mis cejas; a repartir sonrisas como panes.
debajo de las nubes y mis lágrimas. Un tapete en el patio junto al perro,
¿Qué sería de mí si de veras te fueras la flor de un puñetazo en la mandíbula.
por las ciudades, Hay que regar con sangre sus almácigos.
al lado de los hombres que transitan Hay que cantar su salmo a cuatro patas.
detrás de la carreta del olvido? Mejor hagámoslo ahora que el día va a comenzar,
¿En qué oído amanecería tu última palabra? su natalicio es traje de borlote;
¿En qué banca de jardín público hagámoslo hasta que la última estrella se desnude.
sentaría la nostalgia como a un niño? Se acumula en bandejas la abundancia
Los eucaliptus me contarían tu historia, porque el día va a empezar
remolino del Diablo, y cómo duermes tú, cangreja de ámbar.
señora del exabrupto y la catástrofe. Asómate al abismo de ese baúl sin asas.
Adjetivo cercado con alambres de púas, Ven conmigo a integrar el combustible humano.
¿qué va a ser de mí cuando tu sitio en el colchón Remáchate el carácter contra un muro.
tenga la figura de un hoyo negro en el espacio? Ábreles sus compuertas a las ganas
¿Quién me dirá que no me necesita, de salir a escuchar mientras escuchas
que me lleve mi música a otra parte? el programa risueño de los pájaros.
Todo es bello, inclusive la orzuela El animal de Dios ya asoma la melena:
que podas mientras bramas. el monstruo que se come media noche,
Las piedras, el sarcasmo, los desaires, y cómo duermes tú, pianola en llamas,
que llueven sobre mí a la conjuración de tu inventiva. mi reptil con pestañas de señora.
El frío me llegará envuelto en el oleaje de su manto. Quiero asumir el riesgo de mis bronquios
Todo será quebradizo como la porcelana de la gripe. y llevarte a brincar de puro gusto
¿Con quién discutiré debajo del durazno, y si puedo también de puro vidrio.
No estés tan sola, amada, en el severo púlpito del en busca de algún techo o una sombrilla.
mando. Las sílabas abordan el lenguaje
No estés tan cabizbaja en tu hermosura; temerosas de ahogarse.
arrójale aerolitos al fracaso, señora de lo cerca y de lo También es primavera en la lectura.
lejos. La veo salir de allí, ya desvestida;
La noche, remojándose en su charco, con su tiempo lluvioso se introduce
le huele una rodilla a tu destino. debajo de las camas. A los cuartos.
¡Qué horror por ese huevo en que te anidas Saca una lengua larga en que se envuelve;
como una enfermedad de terciopelo! su mano abre mis piernas y se posa
Entra la primavera inflando nubes. en donde más aprietan las costuras.
Lo sabe el hombre y se le calienta el rayo. Abril contempla esta labor de flores
Lo sabe la mujer y busca un hoyo desde un sillón de plumas y retoños.
donde meterse a germinar su dicha. Mi mamá fue modista muchos años,
El azúcar del sol llega en costales. por eso, con sus hábiles puntadas,
Los árboles la prueban y florecen, le teje a la estación túnicas frescas. 55
quedan embarazados de mil frutos. Señora de los suéteres, le digo;
Aquí ya es primavera con su escolta reina de los ajuares y las lágrimas.
de estrellas encalándole a la noche Mujer de los bordados, le susurro.
los muros para dar comienzo al baile. Arropa con tus manos la negrura
La oigo pasar desnuda entre las flores que cubre al corazón como una hiedra.
y ella misma se rasca en las cortezas Pienso que va a llover, querida espada.
la emoción de dormir con un amante. Revientan los tumores del escrúpulo,
Admira por la forma de su escote se les cae el calzón a mis preguntas:
de tantas margaritas, que hasta duele ¿Viniste del averno a enflaquecerme?
ponerle allí la mano de los ojos. ¿La soberbia te crió bajo su cola
Es el mes que suspira por las nubes. sólo para ceñirme de aflicciones?
El que ensaliva todas las gladiolas. Una nube te brota por la ceja
Le revive a la vid su mano seca, y yo el valle de lágrimas transito
invade el corazón que es un tumulto donde mora la luz atada a un sauce.
y estrena en el cumpleaños de la larva. La memoria estimula, desperézate.
El que pone su mano en los deseos Perfúmate esa carne de ave altiva.
que braman y se muerden encerrados Tu actitud en mi honor es una estaca.
en el corral sin muros del instinto. Oh majestad en un convoy sin frenos.
La noche lleva aretes de relámpago Autora de mis fémures hinchados.
y un collar de aguaceros. Abrazo que me enreda su neblina.
Estoy leyendo un libro donde se oye Cumbre donde la poesía posa su prosa,
llover; orden sacerdotal que yo profeso
letras mojadas brincan a la mesa -como un volcán bebiendo litros de hombre-
sin vocación, ni obispo ni misales. traen en las sienes yerbas para el aire.
Ahí se sienta a carcajear tu estirpe. Déjame ser tu perro de uñas rotas,
Ahí se orina de placer tu santo. tu apéndice altanero como un toro,
Conozco los arrieros del romance el buitre que se coma tus legañas,
que transitan los siglos siempre pobres. la mosca que tú aplastes de un chanclazo,
Y a muchos querubines que se alisan por hoy, sólo por hoy, aunque mañana
el amor con la mano de la gloria. volvamos a rondar nuestro albedrío
Vámonos a correr, aunque nos parta de padecernos mudos, diente a diente.
el rayo sin comer de la pelea. Vámonos ya a habitar el corazón,
Amada, tú padeces por la espiga ése que tú confundes con los trenes.
a veces tan cortante de mi culpa Vámonos ya y te regalo el mundo
y yo en tu garabato me destruyo. si dejas que recueste mi quebranto
Las cuatro esquinas de mi ser me duelen en el cojín azul de tu confianza.
cuando vacías de sopetón tu alma. Desbarato adjetivos, si me ordenas;
56 Vámonos a la fronda y olvidémonos acerco a tu rescoldo los apuntes
que en el estante vive una pistola en los que guardo algún dolor portátil.
que me malaconseja con tres balas, Armado de tu pecho hasta la boca
desde que los problemas en nosotros déjame ser tu patria de bolsillo.
Quiero bailar contigo en cualquier parte.
Tu lumbre no me espanta hija del viento,
tampoco el Diablo con sus cocodrilos.
Quieres venir, lo leo en los renglones
de tus pómulos.
En tu nariz con hambre de la mía.
Me moriría si yo no te llevara
como un escapulario en el pescuezo.
Conoces mis derrotas, pulmonaria,
vámonos pues, ahora, licopodia.
Verás bajar un ángel de su peana
para invitarte a ver el espectáculo.
Vámonos pues, ahora, flor de mirto,
vámonos a almorzar o a lo que gustes,
que animales de amor es lo que somos
y animales de amor siempre seremos.
Estírate, respira, resplandece,
ponte ya el corazón o la persona.
Ponte tu ojo de liebre, Salomé,
y baila aunque me corten la cabeza.

Antonio Ledesma

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