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REDVET - Revista electrónica de Veterinaria - ISSN 1695-7504

Actualización en lupus eritematoso cutáneo canino (LECC) -


Canine cutaneous lupus erythematosus: an update

Balazs Mayanz, Verónica1 y Nolasco Espinosa, Luis Ramón2


1
Centro oftalmológico/dermatológico “Oftaderm”, Santiago, Chile.
veronicabalazs@gmail.com
2
Clínica Veterinaria “Derm&Pet”, Ciudad de México, México.
nolasco99@yahoo.com

Resumen

En este trabajo se describen los diferentes subtipos de lupus eritematoso


cutáneo canino sensu stricto, que se caracterizan por cambios
histopatológicos comunes. La forma de lupus eritematoso cutáneo sensu
stricto más frecuente es el lupus eritematoso discoide localizado. Otras
variantes que se han descrito, son el lupus eritematoso discoide generalizado,
el lupus eritematoso cutáneo vesicular, el lupus eritematoso cutáneo
exfoliativo y el lupus eritematoso mucocutáneo. En este artículo se hace
referencia a las características clínicas y a la predilección racial de cada una
de estas enfermedades, además de los métodos de diagnóstico más
frecuentes y las alternativas terapéuticas que se conocen.

Palabras claves: lupus eritematoso cutáneo / lupus eritematoso discoide /


lupus eritematoso exfoliativo / lupus eritematoso vesicular / lupus eritematoso
mucocutáneo.

Abstract

This review discusses the different subtypes of cutaneous canine lupus sensu
stricto that share a common histopathological pattern. The most frequent type
of cutaneous canine lupus sensu stricto in the dog is localized discoid lupus
erythematosus. Other variants are generalized discoid lupus erythematosus,
vesicular cutaneous lupus erythematosus, exfoliative cutaneous lupus
erythematosus and mucocutaneous lupus erythematosus. Clinical features,
breed predisposition, diagnostic methods and therapeutic options of the
different subtypes are discussed.

Key words: cutaneous lupus erythematosus / discoid lupus erythematosus /


exfoliative lupus erythematosus / vesicular lupus erythematosus /
mucocutaneous lupus erythematosus

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I. Introducción

El Lupus eritematoso (LE) es una enfermedad autoinmune que incluye un


amplio espectro de síntomas que abarca desde una forma sistémica, lupus
eritematoso sistémico (LES), hasta una forma cutánea (LEC) (Gronhagen et
al., 2014).

No se conoce la inmunopatogénesis de este grupo de enfermedades. Se sabe


que hay formación de complejos antígeno-anticuerpo (hipersensibilidad tipo
III) que se adhieren a vasos sanguíneos de pequeño calibre y a la zona de la
membrana basal de la piel (LES y LEC) y a varios órganos internos (LES).
También se ha implicado, en la patogénesis de estas enfermedades, a factores
ambientales, agentes virales, factores genéticos, defectos de las células T,
hiperactividad de las células B y alteraciones hormonales (Chiou et al.,2004;
Michael, 2016).

Sontheimer (1997) clasificó las manifestaciones cutáneas de LE en humanos,


en aquellas con lesiones microscópicas específicas del lupus, que se
denominan “enfermedades cutáneas específicas de LE” (o LEC sensu stricto) y
aquellas que no comparten un patrón histopatológico común, denominadas
“enfermedades cutáneas no específicas de LE”.

En humanos, además, las enfermedades específicas de lupus eritematoso


cutáneo (LEC) se subdividen en tres categorías: lupus eritematoso cutáneo
agudo, lupus eritematoso cutáneo subagudo y lupus eritematoso cutáneo
crónico. Esta división se basa en la duración promedio de la enfermedad, en la
morfología lesional, en los cambios histológicos y en la probabilidad de
desarrollar en forma concurrente un lupus eritematoso sistémico (LES), que
es mayor en la forma aguda y menor en la forma crónica (Sonheimer, 1997).

Las enfermedades cutáneas no específicas de LE son aquellas que están


relacionadas con la enfermedad autoinmune subyacente, pero que no son
específicas del LE, ya que pueden encontrarse en otras enfermedades.

LES es una enfermedad multisistémica y puede presentar lesiones cutáneas


específicas, al inicio o durante el curso de la enfermedad, en el 33 % al 50%
de los perros afectados (Scott et al.,1980; Adolph et al., 2013).

Actualmente, las enfermedades específicas de LE (LEC sensu stricto) en el


canino incluyen: LED localizado, LED generalizado, LEC vesicular (LECV), LEC
exfoliativo (LECE) y lupus eritematoso mucocutáneo (LEMC). Por otro lado, las
enfermedades no específicas de LE abarcan la vasculitis (incluyendo la
paniculitis lupoide) y el LES ampolloso tipo I (Cuadro I).

Basado en la clasificación humana de LEC, la mayor parte de los subtipos de


LECC, caerían dentro de la categoría de lupus eritematoso cutáneo crónico de
los humanos, incluyendo el LED localizado y generalizado y el LECE. En

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cambio, el LECV sería comparable al lupus cutáneo subagudo del humano


(Olivry, 2011).

Cuadro I

Clasificación de Lupus eritematoso cutáneo (Olivry, 2011)

El objetivo de este trabajo es la descripción de las enfermedades cutáneas


específicas del lupus eritematoso cutáneo en el canino (no sistémico).

II. Signos clínicos y factores predisponentes

Lupus eritematoso discoide (LED)

El LED localizado constituye una de las enfermedades autoinmunes cutáneas


más frecuentes en el canino y se presenta sin manifestaciones sistémicas
(Gross et al., 2005; Miller et al., 2012). Puede afectar a perros entre los 2,5 y
11 años de edad (Adolph et al., 2014), lo que indica que no hay una
predisposición etaria. Afecta con mayor frecuencia a razas dolicocéfalas: collie
de pelo largo, pastor de shetland, husky siberiano, pastor australiano, pastor
alemán y sus cruzas, lo que sugiere predisposición genética (Gross, et al.,
2005), habiéndose reportado predisposición en pastores alemanes (Adolph, et
al., 2014).

La mayoría de los casos son exacerbados y posiblemente inducidos por la luz


UV, por lo que frecuentemente se agravan durante los meses de verano y en
climas soleados. Se ha demostrado, en humanos, que la radiación UV induciría
la apoptosis de queratinocitos, lo que alteraría su naturaleza antigénica,
induciendo la reacción autoinmune (Uva et al., 2012).

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Las lesiones del LED localizado están restringidas a la cara y se manifiestan


inicialmente con una despigmentación y pérdida de la arquitectura adoquinada
del plano nasal. A medida que la enfermedad avanza, se puede desarrollar
eritema, erosiones, úlceras y costras en el plano nasal, con un patrón bilateral
simétrico. (Imagen1). Ocasionalmente las lesiones pueden estar presentes en
el puente de la nariz, labios, zona periocular y parte interna de los pabellones
auriculares. Las lesiones crónicas y atróficas son frágiles y pueden producirse
hemorragias en la zona afectada (Gross et al., 2005).

Imagen 1.
Hipopigmentación, pérdida de patrón
reticular, costras y úlceras en el plano nasal
de un perro con LED localizado.

Si bien la forma localizada del LED es


de predominio facial, no guarda una
similitud fenotípica con el LED
localizado en humanos. En cambio, la
forma generalizada de LED en caninos,
clínicamente se caracteriza por lesiones
muy similares a su homóloga humana.
Las lesiones de la forma generalizada
de LED en el perro han sido descritas
como anulares o policíclicas,
hiperpigmentadas y descamativas, con
erosiones y úlceras centrales,
hipopigmentación y/o cicatrices en el
tronco, cuello y extremidades laterales.
La transición de las zonas hiperpigmentadas a la normal es abrupta (Banovic
et al., 2014) (Imagen2).

Imagen 2:
Placa hiperpigmentada con costras
y ulceración central en la zona
lumbar de un perro boyero de
berna con LED generalizado.

Hay muy pocos casos descritos


de LED generalizado
(Oberkirchner, et al., 2004,
Banovic et al., 2014; Rossi et
al., 2014; Banovic et al., 2016),
por lo que no se tiene información sobre la edad de presentación o de si existe
predisposición racial.

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Lupus eritematoso cutáneo vesicular (LECV)

Este subgrupo de lupus eritematoso cutáneo canino sensu stricto,


anteriormente denominado dermatosis ulcerativa del perro pastor de shetland
y del collie de pelo largo, constituye una patología cutánea inflamatoria y
erosiva de etiología desconocida, que inicialmente se pensó era una variante
de la dermatomiositis canina familiar (Gross et al., 2005).

Jackson y Olivry (2001), demostraron que esta dermatosis tenía diferencias


clínico patológicas con la dermatomiositis. El LECV tiende a afectar a perros de
más edad (promedio 5 años) mientras que la dermatomiositis afecta a perros
más jóvenes (menores de 6 meses de edad). Además, el LECV se caracteriza
por una marcada fotosensibilidad y se presenta principalmente en meses de
verano, mientras que la dermatomiositis no tiene tendencia estacional
(Jackson, 2004).

Clínicamente, el LECV se caracteriza por úlceras anulares, policíclicas y


serpiginosas, que comprometen las zonas corporales de poco pelo,
específicamente el abdomen ventral, ingle, axilas y la parte cóncava del
pabellón auricular (Imagen 3,4,). Estas lesiones pueden avanzar y afectar las
uniones mucocutáneas, la cavidad oral y los cojinetes plantares (Jackson y
Olivry, 2001). En cambio, la dermatomiositis se caracteriza por alopecia
cicatrizal de la cara, miembros y extremidades, precedida por pápulas,
vesículas y eritema (Gross et al.,2005).

Imagen 3: Abdomen ventral de un perro Collie con LECV mostrando las lesiones
ulceradas anulares y serpiginosas. Gentileza Dr. Pablo Manzuc

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Imagen 4: Lesiones ulcerativas y eritematosas en zona anal y perianal en un perro


collie con LEVC. Gentileza Dra. Sandra Díaz

El pronóstico del LECV es reservado y muchos propietarios de los perros


afectados optan por la eutanasia (Jackson, 2004).

Lupus eritematoso cutáneo exfoliativo (LECE)

Esta patología fue descrita en 1992 y denominada inicialmente dermatosis


hereditaria lupoide del pointer alemán de pelo corto (Vroom et al.,1995).
Olivry et al., (1999), la denominaron lupus eritematoso cutáneo exfoliativo
(LECE), por su semejanza con una forma exfoliativa de lupus eritematoso
cutáneo en humanos y porque el patrón histopatológico predominante es una
dermatitis de interfase.

Wang et al., (2012). realizaron un estudio genético en 267 perros de esta


raza, e identificaron un alelo SNP (Single Nucleotide Polymorphism o
polimorfismo de un solo nucleótido), en el cromosoma 18 que segregaba con
esta enfermedad en los perros estudiados. De esta manera se confirmó la
naturaleza hereditaria de esta patología.

El LECE se manifiesta en perros adultos jóvenes entre 6 meses y 33 meses y


los perros afectados desarrollan descamación extensa con cilindros foliculares
y alopecia, despigmentación gradual, erosiones y úlceras (Bryden, 2005;
Maulden, 2010). Las lesiones se inician generalmente en la cara, pabellones
auriculares y dorso y luego se generalizan (Imagen 5,6,7). Los corvejones,
otros puntos de presión y el escroto pueden verse gravemente afectados. El
prurito es variable. Se han descrito casos con linfoadenopatías periféricas y
pirexia.

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Imagen 5: Alopecia, con intensa


descamación en la cara de un perro con
LECE. Se puede apreciar
despigmentación del plano nasal.

Imagen 6:
Vista cercana del pabellón auricular de un
perro con LECE mostrando alopecia y
descamación. Gentileza Dr. Stephen
White

Imagen 7: Alopecia multifocal, eritema y descamación en el tronco de un perro con


LECE. Gentileza Dr. Stephen White

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Progresivamente los perros demuestran letargia, cojeras y alteraciones


hematológicas como trombocitopenia y anemia y, en casos avanzados, nefritis
leve a moderada (Bryden, 2005; Wang, 2011). Sin embargo, Bryden (2005)
y Mauldin (2010), descartaron la presencia de artritis no erosiva en los perros
con LECE y de anticuerpos antinucleares (ANA) en el suero y concluyeron que
esta enfermedad no cumple con los criterios de inclusión para el diagnóstico
de LES (Asociación Americana de Reumatismo). La causa de las alteraciones
músculo esqueléticas y hematológicas en casos de LECE no han sido
determinadas aún.

El pronóstico de esta enfermedad es malo, no hay tratamientos efectivos y lo


más que se ha logrado son remisiones parciales; la mayoría de los perros se
eutanasian antes de los 4 años de edad (Bryden et al.,2005; Mauldin et al.,
2010).

Lupus eritematoso mucocutáneo (LEMC)

Durante muchos años se publicaron casos clínicos en caninos con lesiones


crónicas en las uniones mucocutáneas, con características histopatológicas e
inmunohistológicas compatibles con LEC (Bensignor et al., 1997; Schrauwen
et al.,2004; Gerhauser et al., 2006; Adolph et al.,2014).

Olivry et al., (2015) clasificó estos casos como lupus eritematoso


mucocutáneo (LEMC), una nueva variante del lupus eritematoso cutáneo
canino (LEC) sensu stricto. Este autor realizó un estudio en 21 perros con
diagnóstico de LEMC y concluyó que no existía predisposición asociada a la
edad. También concluyó que el ovejero alemán tendría una predisposición
genética a desarrollar esta enfermedad, ya que el 46% de los casos con LEMC
de este trabajo eran de esa raza.

Los perros afectados de LEMC no manifiestan signos de enfermedad sistémica,


la enfermedad se caracteriza por erosiones y úlceras simétricas y bien
demarcadas, eritema y costras, que
comprometen las uniones mucocutáneas, sin
formación de ampollas (Adolph et al., 2014;
Olivry et al., 2015). Afecta con mayor
frecuencia la zona genital/perigenital
(Bensignor et al.,1997) y la anal/perianal
(Schrauwen et al.,2004; Gerhauser et al.,
2006). Sin embargo, también se describen
casos con compromiso perioral, periocular y,
menos frecuentemente, con compromiso del
plano nasal (Olivry et al., 2015). (Imagen 8,9)

Imagen 8.
Erosiones/úlceras multifocales del ano, con exudado,
costras e hiperpigmentación perilesional en una
perra mestiza de 11 años de edad con LEMC

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Imagen 9.
Úlceras y costras en la
piel perivulvar de la
perra anterior con
hiperpigmentación de
la vulva y de los
bordes ulcerados.

La presencia de
hiperpigmentación
alrededor de las
úlceras mucocutáneas
constituye una
característica única
del LEMC (Olivry et
al., 2015).

Es frecuente que perros con lesiones en la zona perianal y perivulvar,


manifiesten signos de disquecia y/o disuria (Bensignor et al., 1997;
Schrauwen, 2004; Balazs, 2017).

III. Diagnóstico

El diagnóstico de las diferentes variantes de LECC se basa en los signos


clínicos, y la demostración histopatológica de los cambios típicos de las
enfermedades específicas de LEC.

Los diferentes subtipos que caen dentro de esta categoría (Cuadro I),
comparten el siguiente patrón histopatológico (Gross et al., 2005).

 Inflamación liquenoide de interfase, compuesto principalmente de


linfocitos y plasmocitos
 Engrosamiento de la membrana basal
 Apoptosis de queratinocitos de las capas inferiores de la epidermis
 Degeneración hidrópica de células basales
 Incontinencia pigmentaria

Sin embargo, existen algunas alteraciones histopatológicas adicionales,


propias del LECV y del LECE, que determinan características clínicas
importantes.

El LECE se caracteriza clínicamente por una intensa descamación y tendría


como característica histopatológica, adicional a los propios del grupo de LEC
sensu stricto, una intensa hiperqueratosis ortoqueratótica, una inflamación
perifolicular, localizada a nivel medio del folículo y un sebotropismo linfocítico

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que resultaría en una destrucción de glándulas sebáceas, similar a la que se


manifiesta en los perros de las razas akita y poodle, afectados de adenitis
sebácea (Olivry et al., 1999; Gross et al., 2005). Bryden et al., (2005)
también observaron una destrucción de glándulas sebáceas en el 57% de 25
perros con LECE. Estos autores demostraron la presencia de anticuerpos
circulantes contra el folículo piloso y la glándula sebácea en los perros con
LECE.

En el LECV la confluencia de la vacuolización de las células basales, lleva a


una vesiculación de la unión dermoepidérmica, lo que genera las lesiones
ulcerativas características en la zona ventral de los perros afectados, que se
pueden infectar secundariamente y son dolorosas y fotosensibles (Gross et
al.,2005).

Las diferencias clínicas entre los diferentes subtipos de LECC hace necesario
conocer la forma más adecuada de realizar las biopsias para obtener
diagnósticos precisos. En el Cuadro II se indica la forma de efectuar la biopsia
para cada subtipo de LECC.

Si bien la mayoría de los diagnósticos diferenciales de los subtipos de LEC


sensu stricto, se pueden descartar con el examen histopatológico, existen
excepciones, uno de ellos es el pioderma mucocutáneo (PMC), que clínica e
histopatológicamente es muy similar al LED localizado y al LEMC (Wiemelt et
al., 2004). Más aún, la colonización y/o infección bacteriana secundarias
pueden dificultar el diagnóstico del LEMC. Por esta razón es indispensable
realizar un tratamiento de 2 a 3 semanas con antibióticos, antes de realizar la
biopsia (Wiemelt et al., 2004).

Se dijo anteriormente, que el 33% al 50 % de los perros afectados con LES


pueden manifestar signos cutáneos (Scott et al.,1980, Adolph et al.,2013). En
estos casos, no es posible diferenciar, histopatológicamente, la piel afectada
de caninos con LES de la de perros con LEC.

Es por ello que, en el caso de sospecha de LES, se justificaría descartarlo y,


para ello, es necesario llevar a cabo varias pruebas: título de anticuerpos
antinucleares en suero (ANA), perfil bioquímico, hemograma completo y
urianálisis. Si no existen signos clínicos de decaimiento, dolores articulares y
las pruebas de laboratorio resultan normales, es posible descartar que las
lesiones cutáneas formen parte de un cuadro de lupus sistémico. La prueba de
ANA es positiva en el 85% al 90% de los casos de LES (Michael, 2006).

Hay un 5% de perros con LED que son positivos a la prueba de ANA y este
hecho podría ser indicativo de una potencial conversión a LES, por lo que se
recomienda monitorearlos (Molla et al., 2016)

Las pruebas de inmunofluorescencia directa (IFD) pueden demostrar el


depósito de inmunoglobulina, generalmente IgG (ocasionalmente IgM) y
muchas veces del complemento (C3) en la unión dermoepidérmica (Gross et

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al., 2005). Esto se denomina banda de lupus positiva. Sin embargo, no


existen trabajos de investigación en medicina veterinaria que evalúen la
sensibilidad y especificidad de la presencia de la banda de lupus para el
diagnóstico de todas las variantes de LECC.

En humanos se discute el valor diagnóstico de la IFD para el diagnóstico del


LEC. Se sugiere que la IFD es de utilidad solamente para el diagnóstico de LES
con lesiones cutáneas (Wailing y Sonheimer, 2009).

Considerando lo anterior, la histopatología sigue siendo la técnica diagnóstica


de elección para el diagnóstico de las variantes de LEC sensu stricto.

Cuadro II
Recomendaciones para biopsias correctas en LEC sensu stricto
LED Las muestras de biopsia con punch, deberían seleccionarse idealmente de
localizado zonas de despigmentación reciente, caracterizadas por un color grisáceo.
Las lesiones crónicas, como costras, úlceras y cicatrices se deben evitar
(Gross et al., 2005).
LED Las biopsias con punch deben ser obtenidas de los márgenes y del centro
generalizado de las lesiones cutáneas policíclicas (Oberkirchner et al., 2012)

LECE Se deben tomar varias biopsias con punch, seleccionadas de lesiones en


diferentes etapas de desarrollo, idealmente las más tempranas (Gross et
al., 2005).
LECV Seleccionar focos de eritema en los márgenes de lesiones costrosas o
ulceradas. Debido a la fragilidad de las uniones dermoepidérmicas en las
dermatosis ulcerativas, es recomendable realizar una biopsia incisional
elíptica con tejido sano y afectado (Gross et al., 2005)

LEMC Es necesario tomar varias muestras, ya que la dermatitis de interfase en el


LEMC puede estar limitada a pequeñas áreas y generalmente se observa
en los márgenes ulcerados. Es recomendable la biopsia incisional elíptica
en los márgenes ulcerados con tejido sano y afectado (Olivry et al., 2015).

IV. Tratamiento

Protección solar.

La importancia de la radiación solar es significativa en todos los casos de LEC,


especialmente en el LED y el LECV, que pueden ser inducidos o exacerbados
por la luz solar. Por ello, la protección contra la luz ultravioleta tiene un rol
importante en la terapia y prevención del LECC. El uso de bloqueadores
solares es controvertido, debido el que los caninos tienden a sacárselos con el
lamido. Lo ideal es restringir la exposición al sol en las horas de mayor
radiación solar (Miller et al., 2005). Si esto no fuera posible, se necesita la
aplicación tópica (dos veces al día) de bloqueadores solares para bebés con

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un factor de protección solar (SPF), mínimo de 30 y con protección contra


UVA y UVB. Se recomienda que los bloqueadores solares, usados en caninos,
no contengan óxido de zinc por el riesgo de lamido e intoxicación con zinc
(Gurnee y Drobatz, 2007).

En el caso de ser necesaria la protección solar en zonas extensas del cuerpo,


como en el LED generalizado o el LECV, se recomienda el uso de camisetas
protectoras de la exposición solar: https://www.baxterboo.com/l.cfm/dog-
clothes_dog-sun-protective-clothing.

Terapia tópica

El tratamiento tópico se puede usar como terapia única (en el caso de LED
localizado) o como coadyuvante de una terapia sistémica. Lo ideal es mínimo
10 min de tiempo de contacto con el producto tópico. La aplicación de una
terapia tópica requiere minimizar, en lo posible, el lamido e ingestión del
medicamento recurriendo a maniobras distractoras o a mantener el hocico
cerrado con un bozal.

 Glucocorticoides tópicos

Se pueden usar en las fases iniciales del LED localizado, como cremas o
ungüentos, cada 12 - 24 h (Miller et al., 2005). Los más usados son de
potencia media a alta (Griffies et al., 2004): betametasona valerato al 0,05-
0,1%, fluocinolona acetónido al 0,01%, mometasona furoato al 0,1% (Lázaro
y García Moreno., 2003). El uso prolongado de estos fármacos (más de dos
semanas) puede inducir atrofia epidérmica y existe el riesgo de efectos
adversos por absorción sistémica, por lo que se recomienda reducir la
frecuencia de aplicación, si fuera necesario un tratamiento más prolongado
(Zenoble y Kemppainen, 1987).

En algunos casos refractarios se requiere el uso de glucocorticoides tópicos


más potentes como el prednicarbato al 0,1%, que fue utilizado, como terapia
complementaria, en el tratamiento de un caso de LED generalizado
(Oberkirchner, 2012).

 Tacrolimus tópico:

Es un macrólido producido por el hongo Streptomyces tsukabaensis que, al


igual que la ciclosporina, actúa como inmunomodulador, inhibiendo la
actividad de la calcineurina y, por consiguiente, la producción y liberación de
interleuquinas (IL-2, IL-3, IL-4), factor de necrosis tumoral (FNT) y el
interferón gamma (IFN-γ),

El tacrolimus tópico tiene una mínima absorción sistémica y un amplio margen


de seguridad. Se considera que es 10 a 100 veces más potente que la
ciclosporina tópica y puede producir inicialmente eritema e irritación en la
zona de aplicación. Este efecto suele resolverse después de algunos días de

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tratamiento y, en algunos casos, reducir la frecuencia de aplicación es


suficiente (Soter et al.,2001).

El tacrolimus al 0,1% tópico ha sido utilizado como terapia única, con éxito,
para el tratamiento del LED localizado (Griffies et al.,2004). Ha demostrado
efectividad, en otros subtipos de LEC, en combinación con diferentes
inmunosupresores, para controlar recidivas al reducir la frecuencia del
inmunosupresor sistémico. Se han visto resultados en el LED generalizado
(Oberkirchner et al.,2011, Banovic et al., 2016), en el LECV (Lehrner y
Linek,2013; Banovic et al.,2017) y en el LEMC (Balazs 2017).

Se aplica inicialmente como una delgada capa cada 12h y, una vez alcanzada
la remisión clínica, la frecuencia de aplicación se puede reducir a cada 24 h
(Griffies et al.,2004).

Terapia sistémica

 Combinación tetraciclina nicotinamida (TNC)

La tetraciclina es un antibiótico de amplio espectro que tiene propiedades


antiinflamatorias. Puede afectar la activación del complemento, la producción
de anticuerpos, la quimiotaxis, la síntesis de prostaglandinas, lipasas y
colagenasas. La nicotinamida es una amida del ácido nicotínico, con
propiedades antiinflamatorias y que actuaría inhibiendo la degranulación de
mastocitos y las fosfodiesterasas. No se sabe si la acción combinada de ambas
drogas se debe a un efecto aditivo o sinérgico (Miller et al., 2013).

En perros, la combinación inmunomoduladora de tetraciclina y nicotinamida,


se ha usado durante muchos años como reemplazo de la terapia con
glucocorticoides o para reducir su dosis, en diversas enfermedades
autoinmunes como el LED localizado, el pénfigo foliáceo y la oniquitis lupoide.
(White et al.,1992; Mueller et al.,2003; Rozenkrants et al.,2004).

El protocolo de tratamiento con TNC en perros es de 250 a 500 mg (para


perros que pesan  10 o ≥ 10 kg. respectivamente) de cada droga, dados vía
oral, con alimento, cada 8 horas (Adolph et al., 2013). Alternativamente, se
ha recomendado el uso de doxiciclina (5 mg/kg c/12 h). en forma anecdótica,
ya que no hay publicaciones que demuestren su efectividad (Miller et al.,
2013). Si bien esta terapia tiene el inconveniente de que, para obtener
resultados óptimos, se requiere una dosificación inicial frecuente, posee la
ventaja de efectos adversos mínimos, comparados con otros
inmunosupresores (White et al., 1992).

Se recomienda dar TCN con alimento para minimizar los efectos secundarios
(anorexia, vómitos y diarreas), que se producen ocasionalmente y que se
atribuyen a la nicotinamida.

En un trabajo de investigación con 20 perros con LED localizado, se obtuvo

Actualización en lupus eritematoso cutáneo canino (LECC) 13


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resultados terapéuticos satisfactorios, utilizando esta combinación, en un 70%


de los perros, aunque la respuesta clínica no se produjo antes de 3 meses de
iniciada la terapia (White et al.,1992).

En el caso del LED generalizado, la efectividad del TNC no ha sido totalmente


comprobada, posiblemente por los pocos casos descritos en la literatura hasta
el momento. Rossi et al., (2015) publicaron el caso de un perro macho
castrado de 11 años de edad, de la raza shitzu, diagnosticado con LED
generalizado y tratado con TNC con remisión completa de las lesiones, pero
manteniendo el tratamiento en forma permanente. Por otro lado, Banovic et
al., (2014) no obtuvieron respuesta positiva utilizando TNC durante 4 meses,
para tratar un perro mestizo de 6 años con diagnóstico de LED generalizado.

Existe un informe del tratamiento con TNC y tacrolimus tópico de un perro con
LECV (Lehrner y Linek, 2013), en el cual se logró una remisión completa de la
enfermedad a los 2,5 meses de terapia. Se suspendió el tratamiento a los 4
meses, sin recidivas posteriores y lo único que se mantuvo fue la evitación
solar.

 Glucocorticoides y azatioprina

Cuando no se puede usar terapia tópica o TNC, las enfermedades del grupo
LEC se tratan generalmente con dosis inmunosupresoras de glucocorticoides
orales, con el objetivo de lograr una remisión rápida de los signos clínicos. La
más utilizada es la prednisona o prednisolona 1-2 mg/kg, c/12 -24 h
(Yu,2012).

En el caso del LED localizado, rara vez es necesario usarlos, en casos severos
se puede usar prednisona o prednisolona hasta la remisión de los signos
clínicos y después se continúa con la terapia tópica como mantención (Griffies
et al.,2004).

Los glucocorticoides sistémicos son efectivos en el tratamiento de algunas de


las enfermedades del grupo LEC, pero los tratamientos a largo plazo rara vez
llevan a una remisión completa. Por ejemplo, en el LEMC el tratamiento con
prednisona lleva a una rápida remisión de las lesiones clínicas, pero, por lo
general, se debe continuar con una dosis de mantención para evitar recidivas
(Olivry et al.,2015; Balazs,2017).

La azatioprina es un derivado imidazólico de la 6-mercaptopurina,


perteneciente al grupo de los análogos de las purinas. Inhibe la síntesis
celular y la proliferación de los linfocitos T y B, una vez activados por la IL-2,
porque inhibe el primer escalón de la síntesis de las purinas.

Se ha demostrado que la azatioprina y la prednisona tienen una sinergia


inmunosupresora (Kamal y Jusko, 2004). Esta combinación se usa
generalmente cuando no se logra controlar los síntomas clínicos con
prednisona. La dosis recomendada de azatioprina es de 1,5 - 3,5 mg/kg día.

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En el caso del LECE no hay reportes de terapias exitosas. Bryden et al.,


(2005) trataron 25 perros pointers con diversas drogas inmunosupresoras. En
los perros tratados con prednisolona oral (0,4 a 2 mg/kg c/24 h), solo se
lograba mejorías parciales o remisiones clínicas con constantes recurrencias,
con las dosis más elevadas, por lo que la mitad de ellos fueron eutanasiados,
ya sea por no responder a la terapia o por complicaciones secundarias.

 Ciclosporina
Es un inhibidor de la calcineurina y se ha planteado que, debido a su acción
bloqueadora de la actividad de linfocitos T, su acción es superior a la de los
glucocorticoides, en enfermedades autoinmunes mediadas por linfocitos, como
es el caso de los subtipos de LEC, con mínimos efectos secundarios. (Banovic
et al., 2017).

La ciclosporina demora cerca 4 a 6 semanas en lograr su efecto óptimo


(Robson y Burton, 2003), por lo que generalmente se comienza el tratamiento
de inducción con corticoides orales en forma conjunta y decreciente y luego se
continua con terapia única (Banovic et al.,2016; Font et al.,2006).

Se ha comprobado que el ketoconazol, dado en forma concurrente con la


ciclosporina, aumento su concentración sérica al interferir con su
metabolismo. Por ello, el ketoconazol permite reducir la dosis oral de
ciclosporina en perros, hasta en un 75%, aunque las respuestas individuales
pueden ser variables (Archer et al., 2014).

La ciclosporina ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de diversas


variantes de LEC. Banovic et al., (2014) obtuvieron mejoría clínica en un
perro mestizo de 6 años de edad, con LED generalizado, utilizando 5 mg/kg
día de ciclosporina, combinada con 1mg/kg día de ketoconazol y la remisión
se mantuvo dando estos medicamentos cada 3 días.

En un trabajo con 10 perros afectados de LED generalizado (Banovic et al.,


2016), se utilizaron diferentes protocolos terapéuticos para el tratamiento de
esta enfermedad. Los mejores resultados fueron obtenidos en 6 de los 10
perros, tratados con ciclosporina (3 -3-6 mg/kg día), acompañada
inicialmente, durante un mes, con dosis decrecientes de prednisona (1-2
mg/kg) día). En 2 de estos perros se obtuvo una remisión completa de los
signos clínicos después de 3 a 6 meses de tratamiento. En los otros 4 perros
se logró un 75% de remisión parcial, después de 1 a 6 meses de tratamiento.
La remisión se mantuvo con ciclosporina día por medio acompañada de
tacrolimus tópico 2 veces a la semana.

Font et al., (2006) publicaron el caso de un perro collie con LECV que se logró
controlar usando ciclosporina oral. Se comenzó con 4 mg/kg día de
ciclosporina, acompañado de 4 mg/kg día de ketoconazol y 0,2 mg/ kg c/12 h
de prednisolona. Gradualmente se suspendió la prednisolona y el ketoconazol

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y el perro se mantuvo en remisión, a partir de los 18 meses de terapia, con 2


mg/kg día de ciclosporina en forma permanente.

Banovic et al., (2017) trataron 11 perros afectados con LECV con ciclosporina
(media 5,8 mg/kg) con buenos resultados en 8 perros. La remisión se
mantuvo con ciclosporina, en algunos casos incrementado la dosis y/o
agregando tacrolimus tópico.

Mauldin et al., ( 2010) utilizaron ciclosporina (5-10 mg/kg) para tratar perros
afectados con LECE y, aunque este fármaco disminuía el eritema y la
artralgia, no impidió el agravamiento de las lesiones cutáneas.

 Hidroxiquinolona (HCQ)

Droga antimalaria de acción inmunomoduladora, utilizada en el tratamiento de


LED en humanos (Wolf et al., 2000; Walling y Sontheimer, 2009). No tiene
efectos secundarios y su costo es bajo.

Se sabe que las drogas antimalaria reducen la presentación de autoantígenos,


pero no de antígenos extraños, al sistema inmune. Además, disminuyen la
expresión de citoquinas proinflamatorias y son potentes protectores del daño
celular e inflamación inducidos por la radiación ultravioleta (Wolf et al.,2000).
En caninos, la HCQ ha sido utilizada para el tratamiento del LED generalizado
en la dosis de 5 mg/kg, con relativo éxito. El uso concomitante de tacrolimus
al 0,1% y/o de crema de prednicarbato al 0,1% ayudó a inducir y mantener la
remisión del cuadro clínico, evitando la reactivación de las lesiones
(Oberkirchner et al.,2011; ,Banovic et al., 2016)

La HCQ fue utilizada en el tratamiento del LECE en tres perros pointers


alemanes de pelo corto en la dosis de 5-10 mg/kg una vez al día, sin efectos
secundarios. Con esta droga se logró detener la progresión de la enfermedad,
pero no la remisión de las lesiones clínicas (Mauldin et al.,2010).

Terapia de apoyo

 Antibióticos, antisépticos y queratomoduladores tópicos y/o


sistémicos

Los antibióticos son necesarios, en la mayoría de los casos de enfermedades


del grupo LECC, debido a infecciones secundarias de las lesiones cutáneas. El
tratamiento puede ser con antibióticos tópicos, en casos de LED localizado en
el plano nasal (mupirocina o ácido fucídico).

El tratamiento con antibióticos sistémicos va a depender de la gravedad y


extensión de las lesiones. En el caso del LECV, en el cual hay lesiones
ulceradas y generalmente extensas, se recomienda comenzar el tratamiento
con un antibiótico bactericida (cefalexina, clindamicina, amoxicilina
potenciada, enrofloxacino etc.) por un periodo mínimo de 4 semanas,

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conjuntamente con una terapia tópica antibacteriana (peróxido de benzoilo,


clorhexidina, etil lactato) (Jackson, 2004; Banovic et al., 2017).

En el caso del LECE, generalmente se necesita una terapia antibiótica


sistémica y un tratamiento con productos antisépticos, además de
queratolíticos/ queratoplásticos y emolientes para reducir la excesiva
descamación. También se han utilizado retinoides sintéticos orales, por su
acción reguladora de la queratinización (Keller y Fenske, 1998; Bryden et
al.,2005).

V. Conclusiones

En el canino, las manifestaciones cutáneas de lupus eritematoso son


clínicamente diferentes, aunque comparten algunas características
histológicas, siendo la más importante la dermatitis de interfase rica en
linfocitos. Sin embargo, hay algunas alteraciones histopatológicas adicionales,
propias de algunos de estos subtipos (LECV y LECE) que determinan
características clínicas importantes.

Aunque el mecanismo exacto de estas patologías no se conoce, existe


evidencia del impacto de la radiación UV en desencadenar y perpetuar muchas
de las manifestaciones cutáneas del lupus eritematoso, lo que sugiere que la
fotoreactividad anormal es un factor importante en el LEC. La importancia de
la radiación solar es significativa en algunos subtipos de LEC como el LED y el
LECV.

Es evidente que la genética juega un rol importante en la etiopatogenia de los


diferentes subtipos de LEC en el perro. Se ha demostrado que el ovejero
alemán tiene predisposición para LED y el LEMC, los perros de la raza collie al
LECV y los pointers alemanes de polo corto al LECE.

Sin embargo, no se sabe qué es lo que genera la producción de


autoanticuerpos, la desregulación de las células T, células dendríticas y otras
células inmunes que pueden estar involucradas en la patogénesis de estas
dermatosis.

Todos los subtipos de lupus cutáneo en el canino se presentan sin


manifestaciones sistémicas, con la excepción del LECE, en el cual hay
manifestaciones clínicas que pueden ir desde depresión, decaimiento y fiebre
hasta signos más graves de tipo musculo esquelético, hematológico y renal. A
pesar de que muchos de estos signos pueden encontrarse en el LES, hasta
ahora no se ha podido encontrar una relación etiopatogénica entre ambas
enfermedades.

El pronóstico de los diferentes subtipos de LEC en el canino es muy variado,


siendo los de mejor pronóstico y respuesta al tratamiento el LED localizado y
generalizado y el LEMC. El LECV tiene respuestas variables a los tratamientos
y se podría decir que tiene un pronóstico reservado. El LECE tiene el peor

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pronóstico porque no responde bien a ninguna terapia y suele progresar a


alteraciones sistémicas, siendo generalmente necesaria la eutanasia de los
perros afectados.

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REDVET: 2017, Vol. 18 Nº 10


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Actualización en lupus eritematoso cutáneo canino (LECC) 21


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