Está en la página 1de 4

CHAMANISMO

El chamanismo antiguamente fue practicado por una élite sacerdotal y lo que conocemos
como chamanismo, sobre todo en Perú, después de quinientos años, no es el chamanismo
auténtico, porque este chamanismo está desprovisto de lo que es el trabajo de
autodescubrimiento. Podríamos decir que el chamanismo que se practica ahora es como la
medicina oficial, donde el paciente va al médico para que le solucione el problema y el
doctor intenta solucionarle su afección a través de unas sustancias químicas sin llegar a la
esencia de la enfermedad.
El chamán, su vocación es señalada por alguna circunstancia extraña (un sueño, una
enfermedad, un rayo) inicia su difícil aprendizaje, que puede durar muchos años y que se
caracteriza por la experiencia iniciática de sufrimiento, muerte y resurrección ritual, vivida
particularmente a través de rigores como el ayuno, dietas estrictas, veladas interminables,
abstinencia sexual, dominio de la caza, la pesca y las artes cotidianas, conocimiento de las
plantas medicinales y consumo de plantas psicotrópicas. En este tiempo, el iniciado
aprende cantos, bailes, rezos, mitos y, en general, la cosmogonía y la historia de su pueblo.
Los chamanes, vestidos con caracterizado atuendo gritan: ¡Sal Lucifer! ¡Sal Lucifer! ¡Sal Lucifer!
desocupa este cuerpo sagrado en nombre de Jesús, María y José. Estos vendedores de cebo
de culebra, que en muchos casos son en realidad un estafador de extracto humilde, que no
encontró otro modo de agenciarse recursos fingiendo ser un sanador de origen nativo; han
creado una mala percepción, una imagen que indica que son charlatanes, brujos, metidos en
esoterismos peligrosos y herejes. Podríamos afirmar que es en suma, una herencia colonial.
Recordemos como fue la conducta de los conquistadores desde que Colón puso pie en tierras
americanas; recordemos la labor de la Santa Inquisición de la Iglesia Católica con relación a las
creencias de los nativos indios de las américas.
Charlatanes
El conocimiento científico es modesto y provisional, se construye a partir de cautelas, se
basa en razonamientos que implican datos y pruebas experimentales, está expuesto a la
contrastación y a ser desmentido por nuevas pruebas. Nada más alejado de la verdad o del
saber absoluto, de la creencia,la intuición o la ideología. En sí mismo, el conocimiento
científico es abierto y perecedero, carece de otra connotación moral que no sea la bondad
intrínseca del saber frente a la ignorancia. Es el uso social, la aplicación que de ese saber
hacen los grupos humanos lo que puede merecer juicios o valoraciones éticas. El
descubrimiento de la radiactividad no es bueno ni malo en sí mismo, pero puede aplicarse
para producir energía, curar o destruir. La ciencia representa una forma de conocimiento
que es consecuencia de la capacidad humana de conocer y de las cautelas que se derivan
de una forma de conocimiento que desconfía de la simple especulación, abomina de la
creencia como forma de conocimiento y busca caminar paso a paso, consciente de su
provisionalidad.
Pero alrededor de la ciencia han surgido en todos los tiempos charlatanes que, amparados
en la vestimenta de su lenguaje, han buscado obtener provecho político, ideológico o
económico. Al fin y al cabo vienen a ser lo mismo. La historia está plagada de ejemplos.
Magnetizadores, pícaros que en tiempos de epidemia se aprovechaban del miedo para
prometer remedios milagrosos, charlatanes que recurrían al sacrifico o la oración para
aplacar las plagas.
Otro ejemplo está en nuestra ciudad de Huancayo, en donde encontramos a muchas
personas los cuales nos ofrecían productos los cuales eran muy buenas para diversas
enfermedades, incluso ellos prometían que podían sanarse y o curarse de enfermedades
incurables.

El darwinismo social fue aprovechado por los colonizadores occidentales para justificar el
sometimiento de los indígenas marcados por su inferioridad racial e intelectual; sirvió a Hitler
para exterminar judíos y a otros para promover estrategias de higiene social que incluían la
esterilización, mientras el estalinismo y las dictaduras de toda índole llenaban los asilos
mentales de disidentes. Las ideologías totalitarias han hecho siempre un uso perverso de
la ciencia para cercenar la libertad, lo estamos viendo en los últimos tiempos cuando se
recurre a argumentos falaces para desacreditar el darwinismo con la doctrina del diseño
inteligente o el uso del condón como medio de prevención de enfermedades de transmisión
sexual afirmando que los microbios son más pequeños que los espermatozoides.
La ciencia experimental es capaz de explicar el desarrollo embrionario, la formación
ordenada de un ser vivo, y la tecnociencia permite no solo conocer ese proceso sino
intervenir en las condiciones de su formación. Lo que no corresponde, de ninguna manera,
al criterio científico es determinar el momento en que un embrión recibe la condición de
individuo de su especie. Éste es un matiz malévolo en el que se manipula la ciencia con
fines ideológicos. Queda absolutamente al margen de lo científico el determinar el momento
en el que un embrión en formación alcanza la condición humana. Esa es una cuestión ajena
a la ciencia, que más bien tiene que ver con la legalidad, la cultura, o la ideología. Hay
culturas en las que la mortalidad neonatal es tan elevada que el recién nacido no es
identificado como humano ni siquiera después de nacer y solo recibe un nombre -es decir,
una identidad- cuando ya ha transcurrido un tiempo suficiente para garantizar su
supervivencia. El conocimiento científico puede explicar los mecanismos de los procesos
vivos, sus causas, su secuencia; pero no puede afirmar o negar si esas características
confieren al embrión la condición de ser humano. La condición humana no viene
determinada por lo biológico, ni en las sociedades occidentales por la posesión de un alma,
sino por el reconocimiento de unos derechos.
Ante la descarada manipulación del conocimiento científico que últimamente está
exhibiendo la jerarquía eclesiástica en nuestro país, un amplio colectivo que ya asciende a
varios centenares de científicos españoles ha elaborado un manifiesto en el que se
denuncia "el reiterado uso del término científico para referirse a opiniones sobre las que ni
la genética, ni la biología celular ni la embriología tienen argumentos decisorios". El
manifiesto, que he suscrito, se publicará en breve y en él se denuncia el uso ideológico de
la ciencia y su legitimidad con argumentos engañosos y falaces que buscan confundir a la
ciudadanía, contaminando problemas sociales con argumentos a los que la ciencia no
puede ni otorgar ni restar justificación. Esa es su limitación y al mismo tiempo su grandeza,
frente al saber absoluto y manipulador de toda suerte de charlatanes que nuestra realidad
los vemos por montones.