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6-2-2015

CANTO
GREGORIANO
CANTO VIEJO-ROMANO

Francisco Javier Colodrón Bestuer


ÍNDICE

- Las fuentes 2

- El estilo 4

- Las fuentes para los cantos de la Misa 5

• Los Introitos

• Las Comuniones

• Los Ofertorios

• Los Graduales

• Los Tractos

• Los Aleluyas

- Las fuentes para los cantos del Oficio 8

• Los Responsorios

• Las Antífonas

1
Las fuentes

Las fuentes de este canto que conservamos datan de 1071 a 1250. La liturgia es similar
a la gregoriana, pero difiere radicalmente de ella en su contenido musical. Ninguno de estos
manuscritos ha sido publicado aún, y han sido estudiados por unos pocos especialistas cuyas
opiniones acerca del origen de este canto y su relación con el canto gregoriano están en
desacuerdo. Ha sido considerado un canto de origen posterior al gregoriano (Del siglo X al XI:
Mocquereau, Ferretti, Brou, Handschin), anterior al gregoriano (Del siglo XI: Andover,
Bannister, Frere, Besseler, Ursprung, Gastoué) y también ha sido considerado parte del
gregoriano (Stäblein). Michel Huglo abordó el problema desde un punto de vista histórico-
litúrgico e identificó quince manuscritos no musicales que testifican la existencia de la
tradición viejo-romana entre los siglos VIII y XIII. Indican que durante este periodo éste fue el
canto oficial en toda Roma y que también en otras partes de Italia central y posiblemente
también en las Islas Británicas antes de la invasión normanda.

La primera noticia moderna del “nuevo” repertorio se produce en uno de los viajes de
Dom André Mocquereau, monje de Solesmes, a finales del siglo XIX en su búsqueda de
manuscritos Gregorianos para la tarea restauradora emprendida por los benedictinos unos
años antes. Encontró el Vaticanum latinum 5319, un gradual que estuvo en uno en una de las
Basílicas romanas, probablemente San Juan de Letrán, aunque él no sabía que era una fuente
de canto Viejo-Romano. Incluye la fiesta de la dedicación de Letrán y las vísperas de Pascua,
propias de las grandes basílicas romanas. La presencia de los versículos en los ofertorios
probaba su relación con la antigua tradición, ya que durante el siglo XII desaparecieron.
Presentaba no obstante, algunas contaminaciones del Gregoriano como tropos, varios Aleluya
y los cánticos de la Vigilia Pascual, señal del conocimiento del nuevo repertorio en la urbe. La
notación y decoración de este manuscrito es muy similar a la del Phillips 16069.

Mocquereau se planteó el parentesco con el canto Milanés. Después encontró otras


dos fuentes: un gradual para su basílica (Vat. S. Pietro F 22) y un antifonario para la misma
sede (Vat. S. Pietro B 79). Presentaban de nuevo la misma disposición litúrgica y textual que el
Gregoriano pero con melodías distintas. En cuanto a su relación con el Milanés, ni texto ni
melodía concordaban, por lo tanto era un repertorio distinto que era necesario evaluar. S.
Pietro F 22 fue copiado en el siglo XIII de una manera no tan cuidada como el gradual
lateranense. No aparecen ni los versos de ofertorio ni las solemnes vísperas de Pascua y la
única adición de Gregoriano es la de los cánticos de la Vigilia de Pascua, mostrándose más
conservador que otras fuentes de Viejo-Romano. El antifonario S. Pietro B 79 copiado en la
segunda mitad del siglo XII destaca por la escasez de su repertorio. Incluye 38 piezas de la misa
(Introitos, Comuniones y Ofertorios) que han sido reconvertidas en responsorios, añadiendo
un versículo tomado de los tipos que se encuentran en los responsorios de Viejo-Romano.
Mocquereau lo consideró posterior al Gregoriano y lo llamó “Vaticano”.

Con el tiempo aparecieron otras fuentes de Viejo-Romano. El gradual de Santa Cecilia


in Trastevere (Cologny-Geneva, Bibliotheca Bodmeriana, C. 74, antes Phillips 16069),
perfectamente fechado y localizado gracias a una nota del propio amanuense Iohannes
presbiter en 1071. Es por tanto el más antiguo de los manuscritos notados de repertorio Viejo-

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Romano que ha llegado hasta nosotros. Originalmente este gradual contenía todos los cantos
del año litúrgico según la tradición Viejo-Romana, pero se han perdido los últimos treinta folios
que contenían el ciclo santoral de Julio a Noviembre y los domingos de después de
Pentecostés. Debido al escaso número de Aleluyas propios del canto Viejo-Romano, se
añadieron alrededor de treinta Aleluyas Gregorianos para dotarlo de mayor variedad. Contiene
los versículos de los ofertorios. El antifonario Londres British Library, add. 29988, copiado para
una iglesia desconocida a mediados del siglo XII contiene las vísperas pascuales, aunque
presenta lagunas notacionales.

Junto a estas cinco fuentes principales podemos añadir algunos manuscritos


gregorianos que contienen piezas de Viejo-Romano:

-Roma, Vallicel. C 52, Gradual Gregoriano del siglo XII, contiene una versión quizás
Viejo-Romana del cántico Vinea facta est de la Vigilia Pascual. Al menos no se trata de la
versión Gregoriana de ese tracto. Escrito al norte de Roma, en San Eutizio de Norcia.

-Roma, Arch. Cap. Sancti Petri, Vat. F 11 A, es un oracional que mezcla elementos
Gregorianos y Viejo-Romanos. Aunque se ignora su lugar de origen y destino, en ningún caso
no lejos de Roma, fue copiado a comienzos del siglo XII. Entre los folios 52v-56v copia la misa
de difuntos Viejo-Romana y aunque después incluye la versión Gregoriana en ella intercala el
tracto De profundis, el ofertorio Domine convertere y la comunión Lux aeterna Viejo-Romanos.
Contiene también la misa para las bodas y la misa Viejo-Romana Exaudivit de templo para las
letanías mayores.

-Florencia, Bibl. Riccardiana e Moreniana R 300 (siglos XI ex-XII in). Fragmento de misal
para el uso de alguna basílica de Italia central. Contiene dos misas cuyos cantos pertenecen a
Viejo-Romano: la missa pro congregatione y la misa de bodas que ya figuraba en el manuscrito
anterior.

-Florencia, Bibl. Riccardiana e Moreniana R 299 (s. XI ex). Sacramentario-Gradual de


idéntico origen al anterior, incluye la misa de bodas Viejo-Romana.

-Roma, Arch. Cap. Sancti Petri, Vat. F 18, misal copiado a finales del siglo XII o
comienzos del XIII en San Pedro para ser utilizado allí mismo. El Alleluia Confitemini de la Vigilia
Pascual lleva la melodía Viejo-Romana.

-Serie de pontificales de la curia romana que contienen antífonas para la procesión de


las reliquias Cum jucunditate, Ambulate, Ecce populus en versión Viejo-Romana.

Además de estos documentos con notación musical hay que considerar todos los
manuscritos o fragmentos sin notación que pertenecen a la misma tradición litúrgica de
manera directa o “indirecta” (Huglo, 1954, pag. 104-112 y 114-122; Bernard, 1996, pags. 34-
54) y que en muchos casos proceden del norte y en todo caso son de origen no romano.

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El estilo

El estilo del canto Viejo-Romano tiene sus propias peculiaridades que han sido
sintetizadas por Hucke y Dyer. Su manera típica de recitar utilizando fórmulas ornamentales de
dos o tres notas, como ocurre muy a menudo en los ofertorios. Estas fórmulas de tipo
melódico aparecen ligadas a cuerdas recitativas que en Gregoriano están encomendadas a una
sola nota. Es muy frecuente encontrar también extensos recitativos sobre series de dos notas
ascendentes (pes o podatus) como se encuentran también en el canto Beneventano, formando
unas estructuras muy peculiares. Se trata de la repetición de pequeños motivos melódicos que
producen una articulación sonora propia de determinados repertorios. Sus extensos melismas,
en ocasiones más prolijos que en el canto Milanés o en el Gregoriano, nos hablan de la
exuberancia de un repertorio que conserva características propias. Su ordenación melódica
distinta a la del Gregoriano es uno de los misterios que aún hoy nos presentan al Viejo-
Romano como una invención sonora propia de un lugar con características regionales.
Podemos ver esta particularidad en la antífona Collegerunt pontífices, destinada en épocas
antiguas a la procesión del Domingo de Ramos. Dom Jean Claire al observarlo detectó los giros
envolventes Viejo-Romanos, contrapuestos a los amplios recorridos del canto Galicano. El
estilo general de la pieza transcurre de una manera elegante, alcanzando unos movimientos de
octava que delatan algo el estilo Galicano, junto a las sonoridades en las que la nota re asume
cierto protagonismo. Antes de finalizar la primera sección es cuando se produce un hecho
melódicamente notable. Ne forte veniant comporta una sonoridad amplia, con el recorrido de
una octava que luego encontraremos en muchas piezas Gregorianas con reminiscencias
Galicanas, mientras Romani et tollant…locum utilizan el procedimiento típico de las melodías
Viejo-Romanas con sus giros envolventes, en este caso el empleo sistemático de seis
movimientos melódicos prácticamente iguales y de manera casi consecutiva.

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Las fuentes para los cantos de Misa

Litúrgicamente estos manuscritos son esencialmente iguales a los de tradición


Gregoriana. Se caracterizan por un cierto conservadurismo en los ciclos temporal y santoral y
se ajustan más estrechamente a los manuscritos gregorianos de los siglos VIII y IX que a los
contemporáneos con ellos. Dos fiestas del ciclo temporal que brillan por su ausencia son la
Vigilia de la Ascensión y lo que en la tradición Gregoriana es el Séptimo Domingo de
Pentecostés, con el Introito Omnes gentes. Éste Introito es completamente extraño a la
tradición Viejo-Romana, que por lo tanto no tiene más que veintidós formularios para los
Domingos después de Pentecostés.

También hay diferencias considerables en la forma en que las dos tradiciones se


ocupan de los domingos originalmente alitúrgicos que siguen al Adviento, Cuaresma y Semana
de Pentecostés. El domingo siguiente al Adviento permaneció alitúrgico aparentemente,
incluso en el siglo XIII en Roma. Al menos, ni 5319 ni F. 22 proporcionan ninguna indicación
para un formulario de Misa para éste Domingo. Ambos manuscritos proporcionan un
formulario para el domingo después de la Cuaresma, y 5319 también proporciona uno para el
de después de la Semana de Pentecostés, pero todos ellos difieren de varios encontrados en
fuentes Gregorianas. Ningún manuscrito incluye la Fiesta de la Santísima Trinidad, que se
encuentra en casi todas las fuentes Gregorianas que datan del siglo IX a más tardar.

La única fiesta que parece haber sido añadida al ciclo santoral después de c. 800 es la
de Todos los Santos. Ambos manuscritos proporcionan formularios para la Fiesta y su Vigilia,
pero no están de acuerdo en cuanto a la elección del material prestado, excepto para el
Introito Gaudeamus y el ofertorio Laetamini, ambos de la misma fiesta.

Generalmente las dos tradiciones tienen los mismos formularios de Misa, pero hay
algunas excepciones. La Fiesta de Sta. Lucía tiene la Comunión Diffusa est en las fuentes
Gregorianas, mientras que en los manuscritos de Viejo-Romano tienen Simile es; en Viernes de
Adviento el Ofertorio Gregoriano Deus tu convertens es reemplazado por Ad te Domine; y la
asignación Gregoriana de los Introitos In excelso throno and Omnis terra para el Primer y
Segundo Domingos después de la Epifanía está invertida en la Viejo-Romana. En total ocurren
como cuarenta diferencias (sin contar aleluyas).

En algunos casos los textos presentan variaciones menores. Muchas veces es por la
presencia de una frase adicional en el Viejo-Romano, a veces una palabra diferente en otro
texto idéntico. Son estas diferencias de texto y de asignación las que hacen posible identificar
los manuscritos Viejo-Romanos sin notación musical.

Melódicamente, el canto Viejo-Romano difiere del Gregoriano y constituye un corpus


distintivo de música litúrgica. Sin embargo, tiene muchas características de naturaleza general
en común con el canto Gregoriano. Las formas de varios tipos (Introitos, etc.) son
esencialmente iguales al Gregoriano. Las melodías fueron compuestas en (o más
correctamente estuvieron un tiempo sometidas a) el mismo sistema modal usado en la

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tradición Gregoriana. La fórmula salmódica (tonos de salmos, tonos para los Responsorios,
Introitos, etc.) es prácticamente idéntica. Las melodías libres, aunque normalmente diferentes,
sin embargo ofrecen contornos similares e idénticos esqueletos melódicos.

Las diferencias entre las dos tradiciones resultan de las características estilísticas
específicas de cada uno, de las formas específicas asumidas en las composiciones melódicas
libres (Introitos, Comuniones, etc.) o las fórmulas estándar (Tractos, Graduales, etc.) y de la
diferente manera en que se practica la centonización.

Los introitos

Los introitos de la tradición Viejo-Romana, 149 en total, son idénticos en cuanto a la


forma a los Gregorianos y no difieren significativamente con respecto a estos en lo referente a
los textos. Conservaron la práctica temprana del uso del versus ad repetendum que aparece
incluso en la más reciente de las fuentes (F. 22). Esto es otra muestra del conservadurismo de
la tradición ya que el versus ha desaparecido, en general, de los manuscritos gregorianos
desde el siglo VII. Las antífonas son más floridas que las Gregorianas en sus pasajes neumáticos
y más pobres en sus secciones silábicas. Muchas tienen todas las características de
composiciones libres, pero un número considerable tienen características que indican que
fueron derivadas de fórmulas salmódicas. En estas antífonas las frases empiezan con una
entonación corta, continúan con una recitación simple y finalizan con una cadencia más bien
extensa. Este tipo de diseño ocurre más a menudo en melodías en tercer y cuarto modos.

Las comuniones

Las antífonas de comunión de la tradición Viejo-Romana, de las cuales también hay


149, son en su mayor parte textualmente idénticas a las de Gregoriano. A veces, sin embargo,
aparecen pequeñas diferencias resultado de una frase adicional en el Viejo-Romano o por el
uso de una palabra diferente en un texto idéntico. Se mantuvo su forma original
funcionamiento y el salmo correspondiente está indicado en la mayoría de los casos.
Estilísticamente son similares a los Introitos pero tienen tendencia a usar los extremos del
estilo del Introito: si es silábico, lo son excesivamente; si es neumático, a veces se asemeja al
estilo melismático, como las comuniones de Gregoriano.

Modalmente están distribuidos más uniformemente que los Introitos. Los modos
favoritos son los de Sol, en los que sobre el 30% están escritos. En casi una docena de casos
5319 y F. 22 están en desacuerdo con el modo. Los dos manuscritos anotan la porción más
grande de la antífona en el mismo tono pero difieren en el tono de la frase final, con el
resultado de que una antífona puede parecer que está en el sexto modo en una fuente y en el
octavo en la otra. Es particularmente interesante que se encuentre el mismo tipo de confusión
en las fuentes tempranas de Gregoriano.

Los ofertorios

Los noventa y cinco ofertorios de Viejo-Romano muestran una mayor diferencia


textual con respecto al Gregoriano que el resto de los cantos para la misa. Los versos, en
particular, suelen diferir ya sea en su disposición o en la manera en la que las partes del texto
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son repetidas. Frases adicionales y pequeñas variaciones de palabras también se pueden
encontrar, pero no muy frecuentemente.

Un rasgo sorprendente de los Ofertorios es el uso de dos diferentes tipos de material


musical. Uno de ellos es una formula salmódica que destaca por su empleo de un torculus
reiterado en lugar de una sola nota de recitación. El otro tipo de material inusual consiste en
largos melismas, algunos de hasta 150 notas, que ocurren mayormente en los versos. En su
uso de un rango amplio y de repeticiones internas muestran características similares a los
correspondientes del canto Gregoriano.

Los Graduales

Los Graduales Viejo-Romanos muestran el mismo tipo de relación textual y formal con
los Gregorianos que los cantos anteriores. También muestran la misma estrecha similitud
musical y se limitan, como los Gregorianos, casi exclusivamente a los modos 1, 2, 3, 5 y 7.
Igualmente, están basados casi enteramente en una formula estándar o, en el caso del modo
2, están adaptados a una melodía estándar. Dado que las formulas y la melodía estándar son
muy similares a las de los Graduales Gregorianos, los Graduales Viejo-Romanos están
estrechamente relacionados con estos. Las formulas Viejo-Romanas, sin embargo, están más
limitadas en número; por esto y porque la centonización es practicada a veces de manera
diferente surgen un número de variaciones entre unos cantos específicos.

El modo favorito, con diferencia, es el quinto, que contiene 44 de los 112 Graduales
del repertorio Viejo-Romano.

Los Tractos

Los manuscritos Viejo-Romanos contienen veinte de los veintiún Tractos encontrados


en las fuentes más tempranas de Gregoriano, omitiendo Eripe me del Viernes Santo y
utilizando en su lugar Qui hábitat del primer Domingo de Cuaresma. Solo dieciséis de ellos, sin
embargo, son propios de la tradición Viejo-Romana, los otros cuatro fueron prestados del
repertorio Gregoriano. Son los cuatro Tractos del Domingo Santo, Attende caelum, Cantemus
Domino, Sicut cervus, y Vinea facta est, que probablemente reemplazaron a los originales del
Viejo-Romano en el siglo X.

Modalmente corresponden exactamente con el Gregoriano: once en octavo modo y


cinco en el segundo (el primer grupo carece del Tracto de Domingo Santo, Eripe me). Se suelen
forman a partir de un limitado número de fórmulas estándar muy similares a las versiones del
Gregoriano, y combinadas de la misma manera para construir el verso.

Los aleluyas

Son el grupo más intrigante de este repertorio tanto por sí mismo como por su relación
con la tradición Gregoriana. Tienen esencialmente la misma forma que los Gregorianos pero
en un número de casos emplean un alleluia secundus, que es una versión extendida del jubilus
para ser usado después del verso, una práctica que es básica en la tradición Ambrosiana. Es de

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especial interés el hecho de que también lo cantan en las Vísperas de Semana Santa y que
algunos tienen versos en griego.

El repertorio Viejo-Romano tiene cincuenta y cuatro Aleluyas de misa, siete de los


cuales constan de dos versos. Ocho Aleluyas tienen melodías propias usadas solo una vez. Los
demás se dividen en siete grupos y cada uno se caracteriza por una idéntica sección de Aleluya
y también normalmente por relación musical entre sus versos.

Las fuentes de los cantos del oficio

Aunque el oficio Viejo-Romano es esencialmente igual en su contorno general al oficio


no monástico de la tradición Gregoriana, un estudio de los aspectos litúrgicos de los
Antiphonaries Viejo-Romanos y Gregorianos es una tarea más difícil que el estudio de los
Graduals de las dos tradiciones. La razón de esto es que en los siglos IX y X el Antiphonarie
Gregoriano sufrió varias revisiones y recibió muchas adiciones por lo que es casi imposible
determinar su formato primitivo. Sin embargo, un estudio comparativo dela música de las dos
tradiciones revela la presencia de la misma clase de relación musical que la que encontramos
en los cantos de la Misa.

Los Responsorios

Una de las primeras cosas que llaman la atención cuando se examinan los
Antiphonaries Viejo-Romanos es la pobreza de su repertorio en comparación con los
manuscritos contemporáneos Gregorianos. B. 79 contiene solo 570 Responsorios y 29,988
tiene incluso menos, solo 534, mientras que los Antiphonaries de más o menos la misma fecha
suelen contener aproximadamente 1.000. El número de Responsorios diferentes que se
encuentran en las dos fuentes Viejo-Romanas, sin embargo, es 636, ya que cada manuscrito
contiene un número considerable de ellos que no se encuentra en el otro. De estos, doce son
añadidos del repertorio Gregoriano, y hay dos más que también presentan características que
no son de Viejo-Romano y probablemente también son añadidos de otra tradición o a lo mejor
son de un periodo posterior a los otros 622 responsorios, todos ellos con las características del
estilo Viejo-Romano.

La forma de los Responsorios Viejo-Romanos es, en la mayoría de los casos la misma


que en Gregoriano. Suele consistir en una respuesta, un verso (ocasionalmente dos o alguna
vez tres), y una repetición de una sección de cierre de la respuesta, el punto desde el cual se
repite está señalado en las fuentes con una rúbrica en el verso o en la respuesta. En ciertas
fiestas mayores como Navidad, Pascua, Ascensión y Pentecostés, B. 79 indica que la respuesta
entera debe ser repetida después del verso. Éste fue el método usual de proceder en Roma en
el siglo VIII, después se introdujo la tradición Gregoriana de repetir parte de le respuesta.

Las antífonas

El material musical usado en las Antífonas de la tradición Viejo-Romana está


estrechamente relacionado con el usado en las Antífonas de la tradición Gregoriana. Las dos

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tradiciones frecuentemente difieren en cuanto a la elección de temas para textos específicos,
los mismos textos están hechos con temas equivalentes en ambas tradiciones solo en el
sesenta por ciento del tiempo. La composición libre juega un papel más pequeño aquí que en
el Gregoriano.

Los tonos usados en las Antífonas son en muchos casos idénticos a las formulas
Gregorianas en sus entonaciones y terminaciones. Existen diferencias pero no son de gran
importancia.

Los Antiphonaries también contienen un número de Antífonas Invitatorias y varios


tonos para sus salmos.

Los himnos son casi ausentes en los Antiphonaries Viejo-Romanos, ya que no forman
parte de la tradición del oficio Viejo-Romano y fueron solamente introducidos gradualmente
como resultado de la influencia del oficio Benedictino. Solo se encuentra uno en el cuerpo
principal del B. 79, Te lucis ante terminum, cuyo origen es Benedictino, mientras que uno más,
Nunc Sancte nobis Spiritus, lo encontramos en un folio añadido al final del manuscrito, junto
con algunos ejemplos del ordinario de la misa.