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LA DONCELLA

DE ORLEANS,

POEMA EN VEINTE Y UN CANTOSi

Y LA CORISANDRA.

CON LAS NOTAS.

por VOLTAIRE.

SEGUNDA EDICION, REVISTA. V COftl'.EGIDV

LONDRES,
EN 1A IMPRENTA DE DAVIDSON.
1824.
i
I

i
APERTURA

DEL TRADUCTOR ESPAÑOL.

JJe la otra parte de los Pirineos vengo tra


yendo de la mano, intrépidos Españoles libe
rales, á la Doncella de Orlesns, á la que nacio,
como nueva Palas, de la cabeza del grande
Voltaire , del grande corifeo contra la supers
ticion y el fanatismo, el que supo conservar las
flores de la primera edad entre los hielos de la
vejez; y os la presento en trage español, en
premio de vuestros afanes por sostener la in
dependencia de vuestra patria. ¿Pero sabeis lo
que es una doncella ? porque preciso es que la
conozcais, para que la aprecieis como se me
rece. Una doncella, una vírgen en estos tiem
pos es un hallazgo maravilloso. Cuando las
doncellas iban á bandadas por el mundo , y
despues de muchos años que iban de dia y de
vj
noche por los valles y cerros, se bajaban al
sepulcro cargadas con su virginidad , era muy
fácil encontrarlas á centenares; pero en nues
tros dias debemos estar muy agradecidos á la
alma piadosa y caritativa que nos haga encon
trar una de ellas. ¡ O deplorable degradacion
de nuestras costumbres ! ¿en donde hallaremos
una doncella? ¿acaso en la bóveda estrella
da ? En un espacio tan inmenso solo está la
que los astrólogos colocan en el signo de Virgo.
En la tierra hay algunas, y acaso no tan apre-
ciables , y aun es de temer que sean tan ima
ginarias. En la letanía hay bastantes, y mu
chísimas en el calendario ; mas de casi todas
ellas se podia decir con malignidad no cris
tiana , lo de Santa ürsola y las once mil com
pañeras que fueron mártires cuando dejaron
de ser vírgenes. ¿ Y que estraña es la escasez de
doncellas, cuando vemos las penas, amarguras
y aflicciones que les cuesta su virginidad ? ¿No
las veis abatidas, tristes y macilentas, mientras
la conservan intacta ; ó bien retozonas y bulli
vij
«osas, cuando Ies estimula demasiado ? Ya se
vé , como á las pobrecitas les dicen que es una
joya tan apreciable, y el secreto tesoro de los
placeres , desean conocer su virtud , y se apre
suran á disfrutarla : j porque sin ejercicio, de
que sirve ? lo mismo que los demas sentidos.
¿ De que nos serviria ver mucho y tocar ? ¿ de
que percibir ciertas particulillas , que descar
gandose sin fruto las privan del movimiento ?
Por eso una morena , á la que le incomodaba
un dia tanto la titilacion que sentia en la telilla,
que con el nombre de himen consagraban los
antiguos al dios Himeneo , en un rapto libidi
noso cantaba los siguientes versos :

Si Oic> me dio olfato,


Y crió flores con olor ,
Tambien quiso que oliese nuestro Seüor.
No quiso estuviese sorda.
Quien ¿ mi me dio el oido ,
Y i los cuerpos doló de sonido.
Si Dios crió el sol .
Y á los cuerpos cubrió de colores,
No hizo para ciegos sus resplandores.
Pues distinguen los sabores
Nuestra lengua y paladar ,
De los manjares debemos gustar.
Las facultades del tacto
Que tan delicadas son ,
Se nos dieron para nuestra conservacion.
¿ Si órganos nos dio el Señor
Para la generacion ,
Los tendrémos ingratos en inaccion ?
Graciosísima era la induccion que la mu
chacha sacaba de los cinco sentidos. Pero que
canten ó lloren , creedme , circunspectos Es
pañoles , todas suelen inferir lo mismo y
viva el grande Priapo. ¿De cuantos peligros
está circuida la tal doncellez ? estímulos por
dentro, estímulos por fuera, y estímulos en
fin por todas partes. Las risitas y miradas las
civas de los jóvenes ; la época en que florece
Mayo ; los buenos oficios de las diestras cor
redoras de oreja; los billetes amorosos; el roce
I
¡X
de los sexos en los apiñados concursos; las
palabritas halagüeñas ; todo , todo las estimula
á no poder resistir, y sucumben, y dan el fatal
bocado á la manzana del deleite , y se acuer
dan de su madre Eva.
¿Y no deberemos estar muy agradecidos á
la musa festiva, á la fecunda fantasía del can
tor del grande Enrique , que nos ha dado en
este poema una vírgen sin merecerla? Pero
vosotros la recibis ahora en el feliz suelo de
las Batuecas , en premio de vuestras victorias
eontra la tiranía.
¿ Pero esta produccion tan sencilla, se pre
sentará á todos bajo un mismo aspecto ? Ya
oigo las acerbas reprensiones del hipocrita,
que no pudiendo contenerse , se abrasa vivo
en un impuro fuego por no seguir dócil la
dulce inclinacion de la naturaleza , y vitupera
sus mas sublimes funciones. ¿ Cuando se mues
tra mas envanecido, mas hermoso el pavo real,
que en el acto de ocuparse en la propagacion
de su encantadora especie? Todos los seres se.
*

i
X
revisten de toda su dignidad y grandeza ,
cuando estan desempeñando la ley de la mul
tiplicacion , que les impuso su Criador.
Asi sale pues la hermosa Juana , la heroina
de las conquistas amorosas, la diosa, de Or-
Ieans , ostentando sus gracias en lengua espa
ñola. Guerrera , conquistadora , siempre vic
toriosa y nunca vencida , sojuzga á Reyes y
pastores, pontífices y sacristanes, generales y
rancheros, frailes y pelucones, y muestra para
confusion y desengaño de los esclavos de las
apariencias, que el hombre con tiara ó cayado,
con capilla ó con corona , con sayal ó con
uniforme militar , es siempre hombre , y que
tanto mas se degrada , cuanto mas se resiste á
los eternos decretos de la naturaleza.
Este es el verdadero punto de vista para
observar á nuestra varonil Juana ; pero tal ha
sido la destreza del pincel que la delineó, que
en su retrato , sin mudarle las formas atractivas ,
se descubre por el prisma de una jovial alego
ría , la invectiva del vicio , la sátira del liber
tinage , y la circunspeccion con que debe guar
darse la castidad.
Dicen algunos, que su filósofo pintor de
claro que no era produccion suya ; mas no
fué por desdeñarla , sino por modestia , al ver
que habia salido de sus manos tal dechado de
belleza y de perfeccion moral. Los objetos re
ciben diversas impresiones segun la varia dis
posicion en que se encuentran : el fuego endu
rece el barro y ablanda la cera. Por lo mismo,
lector candido , si al recorrer la maravillosa
historia de mi Juana , te sientes inflamado de
un fuego obsceno, no culpes á esta virginal
criatura sino á tu viciosa disposicion; cree que
en el cántico de Salomon , los dulces y puros
coloquios del esposo con su casta esposa es-
citarian tu lascivia , y te inducirian á deseos
atrevidos. No lo dudes , tú no estás ya en el
estado de la inocencia. Pero si al leer los tra
bajos de mi heroina, te sientes compungido de
sus deslices , te irritas contra los que le son
infieles, tomas parte en sus venganzas y en.
sus glorias ; para tí se ha escrito este poema.
Tomale , leele , devorale , pues tú eres el
alumno de la virtud , tú cual industriosa abeja
sacarás la miel que contiene. Para tí es el te
soro que encierra ; tú solo serás el digno pa
negirista de la Doncella de Orleans; y sin de
tenerte en los defectos de la traduccion , pues
tanto te embelesará su lectura, disfrutale en
paz, aprovechandote como discreto de sus
lecciones.
LA DONCELLA

DE ORLEANS.

CANTO I.
ARGUMENTO.
Cutos amores de Carlos YII y de Inés Sorel. Silio de
Orleans por los Ingleses. Aparicion de San Dionisio.

Yo no he nacido para contar vidas de San


tos, pues mi voz es débil y algo profana. Por
esta razon celebro los portentos divinos de mi
Juana de Arco, los que, segun dicen, ejecuto
hace algun tiempo. Ella fué la que con sus
virginales manos afirmó las flores de lis en la
estirpe galicana, y la que salvó á su Rey del
furibundo Inglés. Juana manifesto siempre bajo
el femenino rostro, el corsé y el cotillon, el
valor esforzado de un verdadero Rolando.
Apreciaria yo mucho mas para mi uso nocturno
una beldad tan amable é inocente como el
(O
manso corderino; pero Juana tuvo un corazon
tan embravecido como el de un leon. Ya lo
verás, lector mio, si paseas tus miradas por
esta obra. Temblarás al considerar sus estraor-
dinarios acontecimientos ; y el mayor de sus
trabajos fué el verse precisada á conservar su
virginidad todo un año.
¡ O Chapelain ! ' ¡ tú , cuyo ronco violin
de gótica y discordante memoria , con un arco
maldecido por Apolo , has cantado su historia
maravillosa en tono tan rústico y desagradable !
¡ Anciano Chapelain ! prestame gustoso tu su
blime ingenio para loor eterno de tu arte. Pero
no ; yo no le quiero , conservale para la Motte-
Houdart 1 cuando transforme la Híada.
El buen Rey Carlos , en la primavera de sus
dias, en los dias de pascua, en la ciudad de
Tours, encontró en cierto baile (este Príncipe
era muy aficionado á bailar) , para la felicidad
1 Salien los doctos que en tiempo del cardenal de
Piichelieu, Chapelain fué autor del famoso poema de
la Doncella, de pésima versificacion. ¿Pero que im
porta? al fin logró una pension de doce mil libras
tomesas : esto se llama emplear bien el dinero.
* Autor de una traduccion en verso de la lli'ada,
muy mala , pero muy sucinta.
(3)
de la Francia , una beldad llamada loes Sorel. 5
Jamas formó el amor otra semejante : ima
ginaos en ella la juventud de Flora, el cuer-
pecito y aire de la ninfa de los bosques, las
encantadoras gracias de la hermosa Venus, la
destreza de Aracné, y el dulce canto de las
Sirenas : lo poseia todo; hubiese prendido
entre sus cadenas á los héroes, á los sabios y
í los Reyes : verla , amarla , sentir el inflamado
arder de dulces transportes acaloradamente
producidos (Inés mira al mismo tiempo), sus
pirar, temblar, perder la voz al momento de
quererla hablar, comprimir sus manos coa
cariñoso semblante, dejar lucir la impaciente
llama , manifestar su turbacion , y causar otra
igual , agradable en fin , fué todo obra de po
cos momentos : Príncipes y Reyes caminan
apresuradamente á solicitar su amor. Pero
Inés, instruida en el arte de agradar, quiso
cubrirlo todo con el velo del misterio, velo
claro y transparente como la gaza , y que los
cortesanos penetran continuamente con sus
dañinos ojos. Para dar algun colorido á este
5 Inés Sorel, muy querida de Carlo» VII , y muy
famosa por su belleza, que dio á su Rey amante dos
hijos.
(4)
negocio segun fuese posible, eligió el Rey al
Consejero Bonneau, 4 confidente bastante se
guro : obtuvo un empleo que no era de poca
consideracion, que en la Corte, donde todo
se pinta bien , le llamamos el amigo del Prín
cipe, pero en las demas poblaciones, sobre
todo en Provenza, le llaman alcahuete. El
señor Bonneau poseia un elegante palacio en
la orilla de la Loira , donde fué Inés una tarde,
y el Rey luego que oscureció. Cenaron, y
Bonneau sirvió la bebida; todo fué sin lujo,
mas no sin preparativos. ¡Convites celebrados
por las divinidades de la antigüedad ! vosotros
sois nada en comparacion de este : nuestros
dos amantes, llenos de turbacion y de júbilo,
embriagados de amor, entregados á sus de
seos, se dirigian lascivas miradas, conductores
bastante seguros de sus/ú'dientes placeres. Los
gracejos y chistes j libres sin indecencia , agui
joneaban sus impacientes corazones : el Prín
cipe con el ardiente fuego de sus ojos la de
voraba , contandole al mismo tiempo prodi
gios de amor con la mayor ternura, y apre
tando las rodillas contra las suyas.

4 Personage fingido , j de libre aplicacion!.


(5)
Concluida la cena, hubo una gran música
italiana al estilo cromático; s con los contral
tos , violines y flautas, se confundian tres voces
diferentes, las que cantaban las historias ale
góricas de aquellos héroes que amor habia
encadenado, y quienes, por agradar á tiernas
beldades , habian depuesto aquel furor que
produce la gloria. Esta música tocaba en una
pequeña habitacion cerca de donde estaba el
Rey celebrando su suntuosa cena; y la her
mosa Inés, discreta y reservada , todo lo escu
chaba sin que nadie la viese.
Ya la luna se hallaba en la mitad de su car
rera : era media noche, hora destinada para
los amores. Todos los hechizos de Inés Sorel
estan recibidos entre dos sábanas tejidas á la
frisé , en una alcoba dorada á la mayor per
feccion , que estaba ni muy clara ni muy os
cura. Cerca de la alcoba , habia una puerta
que quedó abierta, porque Madama Alix,
criada ágil y discreta , no se acordó de cerrarla
al tiempo de marcharse. ¡O vosotros, aman
tes, vosotros que sabeis amar, bien veis la
5 El cromático procede de muchos semitonos con
secutivos , y produce una música afeminada cjue con
viene al amor.
(6)
estrema impaciencia que atormentaba á nues
tro' Rey de Francia ! Viene, entra en el lecho
de su dueño. ¡Momento divino de júbilo y
ternura ! E¡1 corazon les late el amor y el
pudor cubren de hermosa escarlata el rostro
de Inés, y en aquel momento el pudor se
aleja , y solo le queda la amorosa llama : su
tierno amante la abraza ; sus ojos ardientes ,
turbados, encantados, eon presteza recorren
sus gracias Pero ¿quien no la idolatraria?
Bajo un hermoso cuello que afrenta al alabas
tro, se ven dos pechos separados, redondeados
por el a mor , m ovibles á diferentes direcciones ,
y sus pezones del color de la rosa. ¡Teta her
mosa , que jamas estás en continuado reposo,
tú convidas á que con amorosa mano te opri
man y muevan , á que la vista fije en tí sus
ávidas miradas, á que la boca te imprima los
osculos de amor! Deseando complacerles iba
á manifestar á mis lectores las perfecciones de
bu divino cuerpo ; pero la virtud que llaman
decencia viene á detener mis atrevidos rasgos :
en ella todo es hermosura , todo hechizos. El
deleite de que Inés participa , le da una nueva
gracia : él la anima; el amor es un gran peso >
pero el placer adorna á las hermosas.
(7)
Nuestros dos jóvenes amantes estuvieron
tres meses entregados á tan dulces transportes.
Desde el lecho del amor van á la mesa; un
desayuno delicioso y nutritivo restituye á sus
sentidos el antiguo vigor : despues por distrac
cion, pero siempre poseidos desigual ardor,
van en dos caballos españoles acompañados
de una multitud de perros que saltan por la
campiña. A su regreso los conducen al baño;
pastas, perfumes, olores de la fértil Arabia
qne hacen la piel suave, fresca y hermosa,
son prodigados á manos llenas sobre ellos.
La hora de la comida se acerca ; las deli
cadas carnes de toda especie de aves, con mil
preparativos deliciosos, hechizan el olfato, el
paladar y los ojos : la chilladora espuma del
vino de Ai , y el amarillo licor de Tokai ener
vando las delicadas fibras del cerebro, con
duce un fuego que se exhala con tanta bri
llantez como tiene el licor que sube, salta y
espumea en el borde del vaso : el amigo Bon-
neau al mismo tiempo ensalza con entusiasmo
á su Rey por el valor que manifiesta. Digieren
la comida , hablan , cantan , rien , murmuran
del prójimo; Alain recita algunos versos, ha
cen venir varios doctores de Sorbona, los pe
(8)
luqueros, un mono y un arlequin. El sol de
clina ; una muchedumbre escogida va con el
Rey á la comedia ; y al terminarse este ventu
roso dia , la feliz pareja se embriaga de nuevo
con los placeres del amor.
Sumergidos ambos en el seno de las deli
cias, parecia disfrutaban las primicias de Cu
pido , siempre felices y siempre mas ardorosos,
sin celos y sin quejas, siempre con nuevo brio
al lado de Inés, el amor y el tiempo abaten sus
veloces alas. Con frecuencia esclamaba Carlos
entre sus brazos, besandola ardoroso : ¡ Cara
Inés ! ¡ ídolo de mi alma ! todo el mundo no
vale tanto como vuestras apreciables prendas :
reinar y vencer no es mas que una locura. En
este dia me separa 6 mi parlamento , y la
Francia queda subyugada al fiero Inglés. Mas
j ah ! que sea Rey , pero que envidie mi dichosa
suerte : pues que poseo vuestro corazon, pre
ferible es mi reinado.
No parece demasiado heroico este discurso;
pero nuestro héroe , cuando tiene en la cama
á una dama honesta , y que el amor le esti-

6 El parlamento de Paris sabia hacer de estas muy


¿ menudo.
(9)
mula , puede olvidar su heroísmo , y aun igno
rar lo que dice.
Como continuaba en una vida tan placen
tera , semejante á la de un Abad en su rica
abadía , el Príncipe inglés , 7 siempre enfure
cido, siempre en el campo , siempre armado,
siempre con el casco y la daga , levantando la
'visera , y hollando con sus pies á la armiñada
Francia , espidió el mas terrible decreto. Mar
cha , vuela , derribando en su tránsito los mas
fuertes muros, y las amenazadoras baterías.
Derrama sangre , saquea , destruye , arruina ,
entregando á los soldados las madres y las
hijas, penetra en los claustros, estupra mon
jas , consume las escclentes bebidas de los
padres Bernardos, acuña moneda con el oro
que cubre á los Santos, y sin respeto á Jesus
ni María , convierte las iglesias en asquerosos
establos : al modo que se ven desde alguna
aldea los sangrientos y encarnizados lobos ,
destrozando rebaños con sus carnívoros dien
tes, mientras que á lo lejos , recostados sobre
el prado frondoso , Colín se adormece en el
' El Duque de Bedíort, hermano de Enrique V,
Rey de Inglaterra, coronado en Paris por Rey de
Francia*
(.0)
blanco seno de Egeria , y su perro se entre
tiene junto á ellos en consumir los restos de
la delicada cena.
Desde lo mas encumbrado del brillante
apogeo, mansion de los Santos, y muy dis
tante de nuestra vista , el benéfico Dionisio , *
predicador de nuestros abuelos , vio las des
gracias de la afligida Francia , el horrible es
tado en que la habia sumergido el Inglés , en
cadenado Pariis, y el cristianísimo Rey abra
zando á Inés , y olvidado de todo. El buen
Dionisio es el patrono de la Francia , como
Marte fué el de los Romanos , y entre los Ate
nienses Palas; aunque es menester confesar
que vale mas el patrocinio de un Santo que el
de todos los Dioses del paganismo.
¡ Ah ! no es justo , dice , permitir la destruc
cion de un imperio en el que enarbolé yo el
estandarte de la fé. ¡ Trono de las lises! ea
gran peligro te hallas. ¡Sangre de ValoisI
conozco tus miserias. No suframos que los

* El buen Dionisio no es el areopagita, sino un


obispo de Paris, desde donde habiendo sido decapi
tado, llevó la cabeza en las manos hasta la abadía de
su nombre. ¿ Que cupsta el creerlo '!
('')
hermanos altaneros del quinto Enrique ' sin
razon y sin derecho destierren de su patria á
mis muy queridos hijos. Conservo , aunque
santiu.(Dios me lo perdone), un horror eterno
á la raza bretona : porque, si creo en el libro
de los destinos, estos gritones y amotinadores
se mofarán de las decretales santas , destruirán
los anales romanos, y todos los años quemarán
al Papa. Venguemos desde ahora tan sacrilega
afrenta : mis muy amados Franceses serán
todos catolicos , y los bárbaros Bretones abra
zaran todos laheregía : descarguerhos los mas
formidables golpes , arrojemos para siempre
de este suelo á esos contumaces Britanos ; cas
tiguemoslos , por cualquier medio, tauto mal
como han de hacer algun dia —
Dice : y aunque él solo hablaba, y» se es
taba celebrando en Orleans un sabio coi.greso.
Sitiada por los Ingleses esta ciudad , iba á ser
arrebatada á la Francia , cuando alguno; se
ñores y consejeros , los unos pedantes j los
otros aguerridos, deplorando de mil modos
su miseria , se preguntaban : ¿ Que hemosde

' Enrique V, Rey de Inglaterra, el mayor hombe


de su tiempo.
(»)
hacer? Poton, La Hire y el bravo Dunois 10
mordiendose los dedos , gritaban : ¡ Amigos !
vamos, muramos por la patria, pero que los
Ingleses compren caras nuestras vidas.. Ri-
chemont en altas voces decia : ¡Vive Dios!
que debemos incendiar á Orleans ; y el Inglés,
que piensa atraparnos aquí , no conquiste mas
que humo y cenizas
Interrumpele la Trimouille : En vano me en
gendraron mis padres en Poetu; he dejado á
mi Dorotea en ¡Milan y Orleans es la Causa...
¡ Ah ! la he abandonado Combatiré mas
ya perdí la esperanza. ¡ Cielos ! ¿he de morir
sin verla? El presidente Louvet, " gran per-
sonage, adusto y grave , y que cualquiera le
hubiese tenido por sabio, dice : Quisiera pri
meramente que reunidos publicásemos una
ley del parlamento contra los Ingleses, y que
en uncasotan enorme se procediese en debida
fornu ; mas ¡ ah ! que ignoraba Louvet su
lastinosa situacion ; si la supiese , su prudente
giaiedad procederiia contra su presidente. El
gran Talbot, gefe de los sitiadores, arde por
0 Hijo natural de Juan de Orleans y de la Condesa
df Enghíen.
* ' Mmistro de estado bajo Carlos VII.
(t3)
ella mcesantemente amorosa llama, y reina
sobre sus sentidos : no lo sabia Louvet , y todo
el objeto de su falsa elocuencia era la venganza
de los Bianceses. En este consejo de sabios,
de héroes , se oian sin cesar los mas nobles
discursos : el bien público , la virtud les ins-
pira ; sobre todos , el elocuente y diestro La
Hire habla por mucho tiempo , y de consi
guiente muy bien ; principiaba mucho , y no
concluia nada.
Estando hablando , vieron no sé por que
ventana aparecer en el aire un hermoso fan
tasma de rostro bermejo , sobre un rayo que
se habia separado del sol; abiertos los Cielos,
penetra la bóveda profunda , y en todo el circo
se exhala el suave y celestial perfume de los
Santos. Un duende mantenia sobre la cabeza
de su gefe una puntiaguda mitra de plata y oro;
el aire hacia fluctuar su dalmática á la griega;
en su frente brillaba una santa auréola, I*
y en su mano traia el báculo pastoral seme
jante al lituus de los agoreros. 1 3 Al resplandor
12 Auréola ó corona de rajos que los Sanios llevan
en la cabeza, de oro en las vírgenes, y de verde
laurel para el común de los Santos.
1 3 La varita de virtudes.
2 .
(i4)
de este objeto que no se descubria bien, el
señor la Trimouille, impúdico devoto, se ar
rodilla : Richemont, que tenia un corazon de
hierro, blasfemo y perjurador impío» 'levan
tando la voz , dice que es el diablo que habia
salido de lo mas profundo del Averno ; que
seria muy gracioso que pudiesen hablar á Lu
cifer. El maestro Louvet corre apresurada
mente á buscar un jarro de agua bendita. Po-
ton,LaHire y Dunois, atolondrados, abren
los tres sus embelesados ojos i todos los criados
se arrojan al suelo , y con sus bocas le besan
repetidas veces. El objeto se aproxima, y entra
el santo fantasma caminando muy pausada
mente sobre su rayo : despues da á cada uno
su pastoral bendicion , y de improviso todos
se persignan y se postran.
El Santo, con agrado paternal, los levanta
y les dice : No os admireis, yo soy Dionisio, '*
santo por esencia ; amo á la Francia , pues yo
la catequicé , y mi buena alma está cscandali-
14 Esle Dionisio es, ¿ modo de fraile, ordenado
Obispo en Atenas por San Pablo ; dio á la Virgen el
pésame de la muerte de su hijo ; le ahorcárnn en
Paris, predicó desde la horca , y se Ucró la cabeza en
las mano».
('5)
Eada al ver a Callos , mi hijo muy amado , que
se divierte con tentar incesantemente dos pe
chos , en lugar de defender á la Francia , cuyo
hermoso paisage se halla reducido á pavesas
y escombros. En este dia he resuelto asistir á
los buenos Franceses que estan combatiendo
'por él ; quiero terminar sus penas y su miseria.
Contraria contrariis curantur, se dice co
munmente. Si Carlos quiere , por una prosti
tuta, perder el imperio y con él el honor, para
variar su«destino, he resuelto servirme de las
manos de una vírgen. Vosotros, si deseais de
lo alto las felicidades, si vuestros corazones
son franceses y cristianos , si amais al Rey , al
estado y á la Iglesia , ayudadme en una em
presa tan santa : manifestadme el nido donde
debemos buscar el verdadero fénix de que
pretendo valerme. Asi hablo el venerable
señor.
Cuando concluyó , todos se echaron á reir.
Richemont , burlon y truhan por naturaleza ,
le dice : Par diez, mi caro predicador, señor
Santo , esto no vale la pena de haber abando
nado la celestial morada; ¿pedir á un pueblo
mezquino una joya tan preciosa , y que vos
tanto estimais ? Cuando se trata de salvar á un
(•6)
pueblo, es inútil una virginidad. Ademas, ¿por
que la buscais en este pais , teniendo tantas
en el paraiso?.... Entre los Franceses ya no
existen. ¡Oh! nuestros francos archeros, nues
tros oficiales , nuestros Príncipes, han despo
jado de estas flores á nuestras provincias:
todos , todos han hecho , á despecho de vues
tros Santos , mas bastardos todavía que huér
fanos. Señor Dionisio , para terminar nuestra
disputa , buscad si os parece en otra parte esa
vírgen , que aquí no la hay. »
£1 Santo se avergonzó al oir tan brutal dis
curso ; en seguida vuelve á montar en su ligero
caballo , sin decir palabra alguna , aguijonea
el rayo, vuela, para descubrir, si puede, esta
joya preciosa que dicen es tan rara, y por
cuyo hallazgo parece estar loco. Dejemosle
ir , y mientras que va colgado en uno de los
rayos que han de formar el nuevo dia, amigo
lector, ¡quiera la ventura puedas tú encontrar
para tu amor lo que él tan encarecidamente
busca ,'
('7)

CANTO II.
ARGUMENTO.
Juana, armada por San Dionisio, va en busca do
Carlos VII á Tours. Ocurrencias de su viage, y del
modo que obtuvo el despacho de virgen.
¡ Feliz mil veces el que encuentra lma virgi
nidad ! esta' es una de las principales venturas ;
pero es mucho mayor, segun creo , el enter
necer un corazon. Verse amado , es la suprema
felicidad. ¡ De que importancia es el arrebatar
una flor, cortandola en la primavera de sus
dias ! Al amor es á quien pertenece cogernos
la envidiable rosa. Hay muchos que han creido
que en el deber no hay complacencia ; pero
algun dia manifestaré yo en un buen libro cuan
de otra manera sucede ; entonces enseñaré el
arte de vivir bien ; probaré que ordenando
. nuestros deseos, el deber es el que nos pro
mete las mayores delicias. En tan honesta y
sabia empresa me ayudará sin duda San Dio
nisio desde Ja mansion celeste : le he ensal
zado , asi me favorecerá. Entretanto me precisa.
(t8)
deciros el dichoso éxito de tan santo empeño.
En lo mas recondito de la Champaña , hay
una antigua aldea poco conocida en otro tiem
po, pero ahora interesantísima para la his
toria , pues que fué la que salvó y dió tanta
gloria á las flores de lis y al pueblo de los Ga
los. Felicitemos todos con armoniosos cantares
la ántes olvidada aldea de Domremi ; que su.
alto renombre pase de edad en edad hasta la
posteridad mas remota.
¡ O Domremi ! tus pobres contornos ni pro
ducen los sabrosos racimos, ni velludos albér-
chigos , ni doradas naranjas , ni amarillos li
mones , ni codiciado oro ; pero eres la respe
table patria de Juana. Nace, en fin , esta hc-
roina : 1 cierto Cura' del lugar, que continua
mente estaba haciendo siervos de Dios , ardo
roso en el lecho y en la mesa , fraile que habia
sido en otro tiempo, fué su respetable proge
nitor; y una gruesa y robusta camarera, el
dichoso molde donde este pastor respetable
deposito la bendita semilla que á los pocos
meses produjo una beldad domadora del or-
1 Hija de Juan de Arco y de Isabel, de edad de
27 años, criada de un ligon, aunque se ha fingido en
el poema que era bija de un Cura. -
('9)
gullo inglés. A los diez y seis años entro en
una hostería en Vaupouleurs , para desempe
ñar las funciones de moza de cuadra ; y ya su
familia era harto conocida en toda la comarca.
Su ademan era altivo, pero honesto; sus ojos
negros y muy brillantes : treinta y dos dientes
de uniforme blancura son el adorno de su
sonroseada boca , tan pequeña que parecia
querer llegar desde la una á la otra oreja ; sus
labios muy encendidos, pero apetecibles y
frescos ; sus pechos morenos , pero firmes
como una roca : activa , diestra , vigorosa , y
de una mano tan ancha y nerviosa , que levanta
pesos enormes , sin descansar descarga cien
arrobas de vino , puede con el aldeano , el
noble y el plebeyo : sin detenerse distribuye
cien bofetadas á los que osados le tientan los
muslos ó sus descubiertos pechos ; desde la
mañana hasta la noche sin cesar trabaja y ríe,
pasea caballos, les da de beber, los limpia , y
saltando con ligereza , los monta en pelo como
el mas atrevido soldado romano. *
¡O divina sabiduría ! | y como confundes la
debilidad orgullosa de los grandes que son pe
queños en tu presencia ! ¡ Cuan grandes son
3 Montaba en pelo, ¡ tal era su ligereza!
(20)
los pequeños cuando tú quieres ! Tu fiel siervo
el bienaventurado Dionisio no va á rodar por
los palacios de las princesas , duquesas , y se
ñoras de las que llaman de alta gerarquía : cor
rió Dionisio amigos ¿lo creeríais? á
buscar el honor dentro de una taberna
Ya era tiempo que el apóstol de las Galias
atendiese al bien público , que no podia existir
sin el auxilio de Juana : la malicia de Satanas
estaba ya conocida ; y si hubiese llegado el
Santo un poco mas tarde , la halla perdida sin
remedio. El terrible Grisburdon, que habia
venido con Chandos de Albion , se hallaba
á la sazon en la posada ; este amaba tanto á
Juana como á su patria : empleado siempre
en peligrosas misiones , disfrutaba del placer
de su amiga , y de las científicas ventajas que
le proporcionaba el arte tan sagrado en Egipto,
ese grande arte tan conocido entre los Magos,
entre los Hebreos y entre todos los literatos de
la antigüedad , pero desconocido de los sabios
de nuestros dias. ¡ Desgraciados dias ! ya todo
degeneró. Recorriendo este buen fraile las pá
ginas del venerado libro de los destinos, en
contró que Juana habia de perjudicar á los
suyos, que llevaba debajo de su corto vestida
(ai)
toda la suerte de la Francia y de Inglaterra.
Enervado por la noble asistencia de su genio,
juró por su Dios y á San Francisco de Asis que
se sujetaria Juana á sus virtudes , y que él iba
í acompañar á esta bella heroina. 3 Orando
esclamaba : Yo serviré á mi patria y á la Igle
sia ; fraile y Breton , yo debo procurar el bien
de mi pais , y mucbo mas el mio por el orden
de la caridad.
Al mismo tiempo un ignorante , un rústico,
le disputaba la ilustre conquista : de dia y
noche le ofrecia sin fm, sin término, sus ser
vicios y su mas constante amor. La ocasion ,
la dulce igualdad , inclinaban á Juana á su fa
vor ; pero su pudor triunfaba de la llama voraa
que por los ojos se le introducia y penetraba
hasta el alma. Grisburdon bien conoció su
amor naciente ; sabia mejor que ella lo que
pasaba en su corazon : fué á buscar á su rival ,
y le dice el siguiente discurso, muy digno de
los mayores aplausos.
Poderoso héroe, que procurais el abun
dante pasto á todas las mulas que teneis á
vuestro cuidado, sin duda mereceis esta don-
' 1 Todos los dias vemos que muchos juran servir í
la patria , y es solo para disfrutarla.
cella : ella posee mi corazon del mismo modo
que vuestros obsequios : rivales ardorosos,
entrámbos nos tememos, perseverando los dos
fieles á su amor. Pues bien, partamonos sus
transportes, y rivales sin odio gustemos este
delicado manjar, que pudieramos tal vez per
der si nos disputásemos su posesion : condu
ceme al lecho de la hermosa ; yo invocaré al
Dios del sueño ; sus dulces vapores aletargarán
sus sentidos, y alternativamente velaremos por
"ella. Dice, saca su libro , é invoca al Dios del
sueño, que en otro tiempo se llamaba Morfeo.
Este se encontraba entónces en Francia : por
las mañanas , cuando nuestros abogados van á
enronquecerse comentando á Cujacio y Vinio
con los señores de la Audiencia : por la tarde
asiste á los sermones, en sus tres puntos, en
Sus citas y durante toda la hermosa elocuencia ;
y las noches las pasa por los patios y jardines.
A los gritos del fraile sube en su negro carro
arrastrado lentamente entre las tinieblas de la
sombría noche, se desliza por el aire, y sua
vemente penetra la oscuridad : aunque con los
ojos cerrados , llega bien dispierto ; se pone so
bre Juana, la tienta, se estiende, y vertiendo
sus narcoticos vapores , los deposita en su seno.
C»3)
Los dos galanes, durante este dulce sueño,
aguijoneados por el Dios del amor, quitáron
las ropas que cubriian á nuestra heroina ; y con
tres dados rulando sobre su seno, van á de
cidir cual de los dos ha de principiar la aven
tura : gana el fraile. ¡ Oh que dichoso es un
hechicero! Apoderase de su suerte, y salta
sobre nuestra heroina. ¡ Oh imprevista mara
villa! Llega Dionisio, y Juana se dispierta.
¡ O Dios ! ¡ como hace un Santo temblar á todo
pecador ! Nuestros dos rivales de miedo caen ,
y huyen llevando en el corazon , juntamente
con el temor, el deseo libidinoso. ¿Vosotros
habeis visto un nuevo enjambre que sale , vuela
con rapidez , y huye precipitadamente del que
va á impedirle su pérdida ? Pues , con la mis
ma velocidad y agitacion , corren pavorosos
huyendo del que les impide su mal obrar.
Se aproxima Dionisio , y fortalece á Juana
que temblaba todavía , y despues le dice :
¡ Vaso de eleccion ! el Dios de los Reyes quiere
por tus inocentes manos vengar la opresion
de los Franceses , y enviar las tropas inglesas
á sus antiguas posesiones. Dios sabe con su
omnipotente soplo cambiar la frágil caña en
cedro del Líbano , secar los mares , allanar las
T»0
colinas, y en un momento repafar las ruinas
del globo. El rayo humeará delante de tí, vo.,.
lará el terror, y verás al ángel de las victorias
abrirte los caminos que conducen á la inmor.>
talidad. Sigueme , renuncia á todas tus hu
mildes tareas ; ven á colocarte entre los héroes.
A este discurso terrible, patético , muy con
solador y mas teologico , admirada Juana ,
abriendo una gran boca , creyó por algun
tiempo que le hablaban en griego. Por fin , la
gracia obra ; esta agustina gracia le inspira un
deseo eficaz. Advierte entonces en el fondo
de su corazon todas las ansias de un sublime
ardor. No , esta no es ya Juana la hostalera ,
es un corazon guerrero, es una heroina. Asi
un aldeano humilde, simple y grosero, á quien
un viejo acaudalado declara por heredero
suyo , cambia al momento su choza en un
suntuoso palacio : su vergonzoso carácter se
convierte en altanería : los grandes sorpren
didos admiran su elevacion, y los pobres le
llaman su señor.
Para terminar mas pronto tan augusta em
presa , se dirigen acia la iglesia Juana. y Dio
nisio. ( ¡Pero, hija de Juan, cual fué tu sor
presa ! ) Un nuevo y brillante arnés bajado del
(35)
cielo , se le presenta y le ciñe : de los arsenales
del terrible empíreo acaba de sacar en aquel
momento el arcángel San Miguel tan noble
armadura : allí se veia el almete ó yelmo de
Debora ; el puntiagudo clavo tan funesto para
Sisara ; el redondo guijarro con el que un fiel
pastor rompió la cabeza á Goliat; la quijada
con que combatió el fiero Sanson, el que
rompió sus ligaduras cuando se vió vetídido
por su doncella ; el ancho cuchillo de la her
mosa' Judit, beldad tan pérfida en amor, que
siendo santamente homicida, asesinó á su
amante en el lecho, por un afecto estremado
al cielo. Admirada Juana con tantos y tan bri
llantes objetos , se viste inmediatamente la
luciente armadura ; toma casco y coselete ,
brazal , tonelete , tahalí , manopla , lanza ,
clavo , daga , espadin , piedra , quijada : mar
cha, se ensaya , y aspira al heroismo.
Toda heroina necesita un caballero , peraj.
Juana con un pobre mulatero se contenta ; al
instante se presenta un gran jumento dando
terribles rebuznos, limpio, ensillado, bridado,
herrado , can el correspondiente afzon y un,
dorado freno, tan trotador como el mas veloz
caballo de Tracia ó de Inglaterra.
3
(96)
Del lomo ele este hermoso animal nacian
dos alas , de las que solia aprovecharse : al
modo, que Pegaso llevaba sobre las dos co
linas nueve divinas doncellas , y el hipógrifo
volando acia la luna, conducia á Astolfo al
pais de San Juan. ¡ Lector querido ! ¿tú desea
rás saber el nombre de este afortunado animal
que tan gustoso vino á ofrecerse á la ninfa
Juana? Lo sabrás, te lo prometo; pero será
en el otro canto : te advierto que te acuerdes
en él de este burro venturoso , que no deja de
encerrar grandes misterios.
Salta Juana sobre su silla , y ya Dionisio lo
estaba sobre sil rayo : los dos caminan ácia
las riberas de la Loira á conducir al Rey la
esperanza de la victoria. El asno ya trota con
ligereza, y se eleva y rompe el vasto espacio
del aire. Nuestro reverendo, dominado siem
pre por la lujuria, algo descontento de tan
deplorable aventura , usando en fin de sus
privilegios endiablados, cambia en mulo al
pobjfe mulatero, sube sobre él , trota , pica , y
jura que ha de seguir á Juana hasta los con
fines del universo.
Marchando ácia Tours á buscar al Rey que
se hallaba entregado á. un continuo letargo
(»7)
amoroso, atravesaron los dos el campo inglés
por cerca de Orleaus , cuando ya las tinieblas
habiari estendido el denso velo que nos cubre
durante su imperio . Estos fieros Bretones , ha
biendo bebido por desgracia del licor de Éaco,
yacian en el mas profundo sueño. Gefes y sol
dados, todos estaban embriagados; no se es
cuchaban ni cajas , ni clarines : el uno estaba
todo desnudo , durmiendo dentro de su tienda,
y los otros roncaban sobre la dura paja.
Entonces Dionisio con tono paternal habla
asi á nuestra vírgen : Hija del bien , sabrás que
Niso 4 estando una tarde en las tiendas de
Turno , bien acompañado de su caro Enrialo,
- convirtio' la noche en muy fatal para los Ru-
tulos. Lo mismo sucedió en el cuartel de Rhe~
so, cuando el valeroso hijo de Tideo, ayu
dado de la oscura noche y de Ulises, supo tras
ladar sin peligro alguno , sin esfuerzo , tantas
Troyanos desde el sueñp á la muerte. Tú
puedes lograr igual victoria. Habla , dime :
¿ quieres tú ser participante de acontecimien-
4 El arte de las brujas y de los hechizas estaba
muy adelantado entonces ; en el día nos hemos (|utí-
dado á oscuras.
s Aventura descrita en la Ui'ada.
(28)
tos tan gloriosos, imitandolos?— Calla, y
Juana contesta : Yo nada he leido de historia ;
pero mi valor seria infame si aspirase á asesi
nar hombres que no combaten. Al terminar
estaspalabras , vé una tienda á los pálidos rayos
de la casta luna , los que la hacian parecer á
sus deslumhrados ojos tienda de un gefe ó
de un jóven marques : cien grandes frascos de
esquisito vino la circuyen. Juana con con
fianza toma los esquisitos restos de un enorme
pastel, y brinda seis veces con el señor Dio
nisio por la salud del hiten Rey de Francia.
La tienda era la de Juan Chandos, 6 famoso
guerrero, que dormia profundamente : toma
nuestra heroina su terrible espada y sus cal
zones. Al modo que David, amado de Dios,
habiendo encontrado á Saúl cu cierto lugar,
pudiendole quitar muy bien la vida, solo le
corto un pedazo de su camisa , para hacer ver
á todos los potentados lo que pudo y no quiso
hacer. Junto á Chandos estaba un jóven page
de catorce años, pero hermoso en su edad,
el que enseñaba dos globos tan redondeados,
6 Uno de los héroes de esta historia , hombre de
buena pasta, dispuesto para cualquier papel de cor
nudo i alcahuete.
(29)
que cualquiera los hubiese confundido con los
que escitan el tierno amor. No lejos del page
habia un tintero del que se servia el hermoso
jóven despues de beber, cuando hacia algu
nos tiernos versos para la beldad que seducia
su corazon. Juana toma tinta , y su trémula
mano le dibuja tres flores de lis junto á la ra
badilla. ¡Presagio feliz de las prosperidades
de los Franceses, y monumento del amor de
sus Reyes ! El buen Dionisio veia , pasmado
de admiracion , las lises de Franda sobre las
nalgas inglesas.
A la mañana siguiente , Chandos encuentra
disminuido su vino : revuelvese, y vé junto al .
culo del page las flores de lis. Poseido de un
justo furor grita , cree traicion , corre en busca
de su espada , pero en vano ; ya habia desapa
recido , juntamente con los calzones : restre
gase los ojos, jura , grita , y se persuade firme
mente que el diablo estaba en el campo.
¡ Ah ! ¡ con que rapidez dañan vuelta al
mundo un alado asno que sobre sí llevaba á
Juana, y su veloz compañero el luciente rayo !
Llegan los dos á la corte. Por esperiencia sabe
este .buen prelado que los cortesanos de Fran
cia son muy burlones : se acuerda al mism*
(32)
Bien pronto, pasado el primer ímpetu del
transporte á que su corazon se habia entre
gado, quiso averiguar si la enviada venia de
parte del diablo ó del Señor, que es lo que
debe creer , y si este gran prodigio es una ilu
sion ó un milagro. Volviendose acia la altiva
beldad , le dice el Rey con magestuoso acen
to, capaz de confundirá otra doncella : Escu
cha , Juana , ¿ estais vírgen ? Y Juana le res
ponde : ¡ O gran Señor ! mandad que los es-
pertos facultativos con anteojos sobre las na
rices, matronas, clérigos charlatanes, botica
rios, todos, todos acudan á reconocer las mis
teriosas y sombreadas sinuosidades del sexo ;
y si alguno tiene en ello conocimiento , que
alce los vestidos de Juana , y la examine.
Por tan Sabia y comedida respuesta cono-
rió luego el Rey que habia sido inspirada. Pues
bien, le dice, si tanto sabeis, hija del bien,
decidme:¿que le hiceyo anocheá mi amante?
responded claro. Nada , le contesta : sorpren
dido el Rey de improviso , se arrodilla , grita
en altas voces : ¡ Milagro ! ¡ milagro! y se per
signa. Al punto la comitiva, con bonete en
la cabeza , Hipocrates en la mano , viene á ins
peccionar el noble seno de la amazona , qu«
(53)
se habia confiado á su examen : 8 la desnu^
dan ; y el señor Dean , despues de haberla re
gistrado escrupulosamente por encima, de
bajo , dentro y fuera del hercúleo estrecho ,
espidio á esta beldad en un magmfico perga
mino el rescripto de virgen.
Llena de alborozo con el despacho sagrado,
Juana, con presurosos pasos, vuelve donde
estaba el Rey , dobla las rodillas en su presen
cia , y presentandole el soberbio despojo qué
en su marcha habia tomado al Inglés : Permi
tidme, le dice, o poderoso Señor, que vuestra
. humilde sierva , sostenida por vuestras leyes ,
t.e atreva á vengar la afligida Francia. Cum
pliré los divinos oráculos ; juro en vuestra pre
sencia , por mi valor, poí esta espada y por mi
virginidad , que pronto seréis ungido en Reims.
Rechazaréis las tropas inglesas que circuyen
los muros de Orleans. Venid á cumplir tan
augustos designios ; venid , y abandonando las
cercanías de Tours, permitid desde ahora os
acompañe.
Los cortesanos, agolpandose á su derredor,
levantando los ojos al cielo , y dirigiendose á
« Y efectivamente en aquel registro los médico»
y matronas declararon doncella á Juana.
*
(30
Juana , la aclaman , admiran , y van en pos de
ella : resuena el aire de aplausos : los guerreros
todos á competencia anhelan por servirle de
escuderos , llevarle la lanza . y consagrarle sus
vidas : todos se sienten inflamados del amor á
la gloria , y de una noble emulacion por robarle
lo que habia guardado tantos años. Los ofi
ciales apresuran la partida : uno se despide de
su antigua amiga; otro, sin dinero, no teme
la usura de los prestamistas; este no se des
pide de su huésped , aquel olvida el eqnipage.
¡ A Dionisio se debe tanto prodigio ! Enarde
cese el Rey con la noble esperanza de gloria.
El estandarte taif funesto para los enemigos,
la heroina y el alado jumento, le prometen
palmas y laureles inmortales.
Dionisio quiso, al dejar este delicioso sitio,
evitar las despedidas de los dos amantes ; hu
bieran vertido lágrimas amargas, y hubieran
perdido unas horas tan preciosas.
Aunque ya tarde, Inés dormia todavía, muy
agena de pensar en semejante separacion. Un
apacible sueño le presentaba los pasados pla
ceres del amor. Creia tener entre sus brazos á
su tierno amante. ¡ Lisonjero sueño ! ¡ como
burlas á esta beldad ! Huye su amante , y Dio
(35)
nisio se lo lleva : asi como en Paris un médico
prudente al enfermo por la glotonería le sujeta
á un régimen de sobriedad, apartandole inexo
rable de la vista de una abundante y variada
mesa á que le induce su estragado apetito.
Apenas el buen Dionisio acaba de arrebatar
al amor el Rey de Francia , cuando corre ar
doroso á su pichona , á su vírgen , á su hija
guerrera. Se reviste de su carácter de benigni
dad , toma el bendito anillo, la mitra pastoral ,
los guantes, la cruz y báculo episcopal. Ve,
le dice con acento meloso , sirve á la Francia
y á tu Rey; jamas separaré de tí mis bendi
ciones , pero al laurel sacro del valor heroico
.une incesantemente la virtud hermosa de la
pudicicia . Yo guiaré tus pasos á Orleans. Cuan
do Talbotj gefe de los incrédulos , devorada
su corazon por la infernal lujuria , crea tener
su impura presidente , caerá en tus robustos
brazos. Castiga sus crímenes sin imitarle. Seas
devota, pero con valor. Yo parto; á dios,
piensa en tu virginidad. La hermosa hizo el
juramento solemne, y su protector satisfecho
se subió á los cielos.
(36)

CANTO III.

ARGUMENTO.
Descripcion del palacio de la Ignorancia. Combate
junto i Orleans. Iné» se disfraza con la armadura
' de Juana para ir en busca de su amante. La prenden
los Ingleses , etc.

No le basta el valor á un intrépido guerrero;


la constancia en los combatesela presencia
de ánimo en medio de los estragos y mortan
dad , y la sabiduría en gobernar una muche
dumbre de soldados , son condiciones que ne
cesariamente le deben acompañar en todos
paises y en cualquier clima. ¿Habrá quien me
asegure que nuestros ardorosos Franceses , en
este grande arte , en el terrible arte de la guerra ,
son mas sabios que el intrépido Inglés; que el
habitante de la Gemianía lo es mas que el de
la Iberia ? Todos ban sido alternativamente
vencedores y vencidos. El grande Conde fué
batido por Turena ; ' el fiero Villars fué ven»
1 En la batalla de Dunas , cerca de Dunkerque.
(37)
cido por Eugenio. 1 ¿ El virtuoso apoyo de
Estanislao , este Rey soldado , el Don Qui
jote del Norte, cuyo valor parecia masque
humano , no ha visto en lo mas recóndito de
la ükraina ajados todos los laureles de Pul-
tava ' por un rival á quien miraba con menos
precio ?
Un prodigioso secreto , á mi parecer , seria
el de poder alucinar al vulgo , y revistiendose
de un carácter divino, imponer respeto con
su presencia á los enemigos ; porque los Ro
manos , que todo lo subyugaron , domaron
la Europa, ostentando los mayores portentos;
para ellos prodigó el cielo los oráculos : Jupiter,
Marte, Polux y todos los dioses guiaban sus
águilas, y combatian por ellos. El gran Baco,
que redujo á cenizas el Asia ; el antiguo Her
cules y el fiero Alejandro, para mejor reinar
en los pueblos conquistados, se vendieron por
hijos de Jupiter ; y se veia muchas veces que
los Príncipes de la tierra , temerosos del estre
pitoso rayo, les doblaban la rodilla , y bajaban
del trono á ofrecerles los mas profundos ho»
menages.
* Cerca deMons, ta 1709.
' En el mismo año.
(38)
Dionisio imito estos famosos ejemplos; pre
tendió que Juana pasase por doncella , aun
entre los Ingleses, y que Bedfort y Talbot el
enamorado, Tirconel y el indevoto Chandas
lo creyesen , y admirasen en Juana el brazo
divino , fatal para los profanos.
Para conseguir tan ingenioso y arriesgado
designio , se encamina á un monasterio , y busca
un viejo Benedictino , no de aquellos cuyo in
menso trabajo ha enriquecido á los libreros de
Francia , sino á un Prior bien cebado y nu
trido por la ignorancia, que apenas podia leer
en su breviario. El hermano Lourdis fué el
famoso personage elegido para la nueva tra
moya.
Mas allá de la luna, donde se halla colocado
segun algunos el paraiso terrenal , en los con
fines de ese abismo inmenso, donde el caos,
el érebo y la noche, producidos ántes de
los tiempos , han ejercido su ciega influen
cia , hay una profunda y espaciosa morada,"
poco visitada de los rayos de Febo, y que
solo tiene una luz trémula , sombría , falaz
* Llamabanse los limbos el paraíso de los asnos.
Limbo significa orilla, y se establecía en el borde de
la luna.
(39)
y misteriosa; sus estrellas son fuegos fatuos, y
el aire del horizonte le respiran los duendeci-
Ilos. La Reina de este pais es la Necedad. Lleva
una barba cenicienta, ojos torcidos, y la boca
á la Danchet : * su rústica y pesada mano
tiene por cetro un chupador. Es , segun dicen,
hija de la ignorancia. Junto á su trono está su
necia familia , el infame orgullo, la necia tena
cidad , la ciega credulidad , y la odiosa pereza :
sirvcnla y adulan como á toda Reina , como
ejerciendo en efecto una soberanía ; pero no
es mas que una vana fantasma : el engaño es
su codicioso ministro ; todo se arregla por este
pésimo principio, y la necedad es su digno
instrumento. Su corte se halla bien provista de
hombres instruidos en astrológica magia , satis
fechos con su arte, á cada momento engaña
dos y engañadores sutiles, bribones, pero
siempre creidos.
Allí es donde se ven los primeros alquimis
tas, estrayendo siempre oro , y siempre sin un
ochavo : allí deliran muchos doctores, enlo
queciendose á sí mismos. El obeso Lourdis fué
elegido entre sus competidores para pasar á

* Nombre de un escritor sobre bocas.


(4o)
esta insípida, pero alegre habitacion. Cuando
la noche cubrió la celeste bóveda con sus ne
gras sombras y pesados vapores, entregado á
las dulzuras del descanso, fué conducido á este
paraiso de los ignorantes. Su vista no le causó
admiracion : todo le agradaba; y al llegar,
creyóse estar en su convento. Al instante vió
la emblemática comitiva y los hermosos per-
sonages de esta antigua morada. Un largo cro
quis de todas nuestras majaderías, rasgos de
aturdimiento, ninguna instruccion, charlata
nismos, proyectos insensatos, y menos habi
lidad en su ejecucion , y por último todos los
diarios del cacareado Mercurio.
En este confuso acumulamiento de mara
villas, de imposturas y monstruosidades, se
vé entre todos sobresalir á un Escocés alta
nero, llamado Law; como nuevo Rey de los
Franceses, lleva una hermosa diadema de pa
pel , y en su frente escrita la palabra Sistema; 5
y con pueril y ridículo orgullo va ostentando su
grande poder. Frailes , capellanes , guerreros , y
aun mas subalternos de justicia, van á presen
tarle sus caudales, conducidos por su avaricia.
' El sistema del escocés Law , que arruinó tantas
casas en Francia.
(40
¡Ah! ¡que espectáculo! ¡ coñ que estais
allá, tierno Escobar, arrogante Molina , c pe
queño Doucin , que con temblona mano pre
senta un buleto reciente, orígen de todas nues
tras disputas , de nuestros partidos , de nuestras
discordias, y lo que es peor, de enormes é
insulsos volúmenes , henchidos, segun dicen,
de un herético veneno que enerva y entor
pece !
Los combatientes, como nuevos Belcro-
fontes, en esta perpetua noche dominados por
.quiméricas ideas, y con los ojos vendados,
van en persecucion de sus adversarios. Los
agudos silbidos hacen las veces de clarines, y
en sus doctos y santos frenesines van descar
gandose unos contra otros , con inflamadas
vejigas, golpes formidables. ¡ Cielos ! ¡ cuantos
papeles! ¡cuantos escritos, cuantas discusio
nes, cuantos mandatos, que de esplicaciones
repetidas y mil veces aclaradas, temerosos de
no entenderse ellos mismos !
¡ O tú , cronologista de los héroes de Saban
dijas , tú que tan doctamente supiste cantar las
largas pero indecisas batallas de las ranas y de
6 Padre de los casuistas, que introdujo la gracia
suficiente ó versátil.
(4»)
los ratones ! sal de la tumba fría , ven á cele
brar la guerra que cubrirá por una bula el
globo terraqueo. El jansenista , esclavo del des
tino , hijo perdido de la gracia eficaz , lleva
en sus banderas un Agustin , y marcha con
ardor. 7 Sus enemigos se avanzan caballeros
sobre una larga procesión de abates.
Cesad, cesad, civiles discordias: todo va
á variarse ; alto , alto , insensatos. Un gran se
pulcro sin arte ni adorno se vé elevarse no
lejos de San Medardo. 8 El divino espíritu , para
instruir á la Francia , encierra su poder en esta
tumba : corre el ciego incierto y vacilante,
pero asi que ha andado quince ó veinte pasos,
vuelve á galope tendido : llega el cojo á la fría
losa , y al momento salta y tira los instrumentos
que antes le conducian ; acude el sordo , escu
cha y nada oye, entona el hosanna , y todos
gritan ..•¡Milagro! ¡milagro! besando el taber
náculo del buen Paris. Nuestro Lourdis fija en
él sus preñados ojos, medita en esta obra ma
gnífica, rinde espresivas gracias al cielo, junta
7 Dicen los jansenistas, que el Mesías solo ha ve
nido para algunos.
6 Del diacono Paris ; se cuenta que hizo milagros
.que sirvieron á San Medardo.
( 43 )
las manos, y poseido de una risa sardónica,
nada entiende y todo lo admira con asombro.
¡ Ah ! ¡ que tribunal tan sabio ! la mitad pre
lados , y la otra mitad monacales. Una turba
sagrada de inquisidores, por mandato de Dios
habitan allí circuidos de crueles esbirros : estos
santos doctores sentados en el tribunal , vestidos
con plumas de lechuzo, tienen en las manos
una balanza para pesar lo justo y lo injusto, lo
verdadero y lo falso. En el un plato de esta ba
lanza está el oro, los bienes y la sangre de los
penitenciados; en el otro, las bulas , breves , in
dulgencias, rosarios, escapularios y AgnusDei.
A los benditos pies de la docta asamblea , está
el confundido Galileo c[ue contrito pide el per-
don , ' bien sentenciado , porque no tenia
razon alguna que alegar en su defensa.
¡ Muros de Loudun ! ¡ que nuevo fuego es
ese que se inflama! ¿Van á consumir las
llamas á alguno declarado hechicero ? ; Que
infeliz morirá con nú señor ürbino, que debe
ser tostado ! '°
' Galileo fué condenado por el Santo Oficio, por
fober demostrado el movimiento de la tierra.
10 Crbino , tostado en 1629 por haber endiablada
i algunas monjas.
(44)
¡ Galiga'i ! ¡ mi querida maríscala ! " la com
pañía ignorante y venal obliga á este parla
mento á que te mande calentar en un fuego
brillante y espiatorio, por haber pactado con
Lucifer. ¡ Ah ! ¡ cuan fatal es para los sabios
nuestra Francia ! ¡ O que bueno es limitarse á
creer en el Papa , y á saber el padre nuestro !
Esta es la verdadera filosofía : ¡ muera el he-
rege ! ' *
Venid, venid, mi buen padre Girardo : ,J
vos mereceis un buen capítulo separado; ya
os veo , mi buen confesor de niñas , devoto
tierno , que estáis predicando en las rejillas.
¿Que decis de los penitentes atractivos de esas
mansas corderillas que Soleis halagar en vues
tros paternales brazos? Tanto aprecio la union
dulce y natural de los sexos , que todo me
.parece humanidad en este hecho. Esto no es
pecar contra naturaleza. ¡Cuantos devotos han
acometido proezas mas peligrosas! Pero, amigo
mio, yo no esperaba ver al diablo metido en
1 1 Galigai, dama de honor de Maria de Medicis,
decapitada y quemada por bruja.
1 2 Con este epíteto se honra á los que se apartan
de las supersticiones de su pais.
1.3 Condenado á las llamas por hechicero.
(45)
este baile. ¡ Girardo, Girardo ! todos vuestros
acusadores, jacobinos, carmelitas, escribaD os,
jueces, testigos, enemigos, protectores, nin
guno de vosotros es brujo á fé mia.
Lourdis, en fin, vé nuestros enmohecidos
parlamentos que condenan los preceptos de
veinte prelados , y mandan por un decreto
esterminar la raza de cierto loco llamado San
Ignacio; pero tambien ellos despues son los
proscritos : Quesnel llora , San Ignacio ríe , y
Paris se conmueve al ver su trágica suerte.
¡ O tú , Ignorancia ! ¡ deidad poderosa , que
has llevado siempre sobre tus hombros mas
mortales que dioses dió al mundo la fecunda
Cibeles ! ¿Con que placer ves los muchos hijos
que recibes de mi patria ? Ignorantes traduc
tores, ignorantes periodistas, ignorantes au
tores , y no menos ignorantes lectores. Dime,
poderosa señora : dignate comunicarme entre
esa multitud inmensa, cuales son tiis predi
lectos hijos, y los mas fecundos en necios
escritos; ¡ Ah ! conozco que tus mas dulces
afectos se emplean en el periódico de Trévoux.
Mientras que Dionisio , nuestro buen padre ,
estaba mas allá de la luna preparando en se
creto este inocente misterio contra los Ingle
(46)
ses, abrióse una nueva escena entrelos mas
famosos locos del mundo sublunar. Ya marcha
Carlos á Orleans : sus estandartes siguen el im
pulso de los vientos : á su lado Juana con el
casco en la cabeza , prometiendole la con
quista de Reims. ¡ Si viereis los jóvenes escu
deros que con lanza en mano caminan en
derredor de nuestra santa amazona! Del
mismo modo se vé en Fontevraux al sexo mas
culino que sirve al femenino ; 1 4 allí el cetro
está en las manos de una muger , y el padre
Anselmo recibe la bendicion de madama.
La hermosa Inés, en tan cruel conflicto, no
viendo ya al amante que adora , se entrega á
la acerba pena que devora su corazon , y un
frio mortal se apodera de sus sentidos. El buen
Bonneau, naturalmente ingenioso, le ofrece
mil recursos para restituirla á la vida. Abre
otra vez sus ojos, sus hechiceros ojos , pero ya
no le sirven mas que para derramar copiosas
lágrimas; despues reclinandose sobre Bon
neau , le dice con ternura : Esto está visto , me
han vendido ¿A donde he de ir yo ahora?
¿Que intento es el suyo?.... ¿Es este el jura-
' 4 En aquella aldea reinaba la costumbre de ín*.
vertir los sexos.
(47)
mento que prestó , cuando me doblé á sus
ruegos? ¿Con que tendré que estar toda una
noche tendida en un lecho sola y sin mi aman
te?. ..Aun son otros mis temores... los zclos...
¡ O desesperacion ! Esa Juana quizá— no
será estraño que , declarada mi rival , no ene
miga de los Ingleses, y sí de Inés, trate de
distraerle, captandose su amor ¡Cielos!
¡ cuan odiosas me son estas mugeres que dege
nerando de su sexo transformanse en malos
caballeros , y afectan el valor 1 ' del masculino
sexo , sin poseer los atractivos del nuestro !
pretenden honrar á ambos, y no pertenecen
á ninguno de los dos Al pronunciar estas
palabras ,%\ que impresiones tan varias ! llora ,
se avergüenza , tiembla de furor , y el dolor la
hace prorumpir en espantosos lamentos.
Los zelos se pintan en sus ojos; y despues,
de repente, sin designio toma el camino de
Orleans : seguida de madama Alix y de Bon-
neau , llega Inés á una hospedería , donde en
aquel instante fatigada Juana de ir á caballo ,
acababa de acostarse. Espera Inés que duer
man todos, informandose ántes con cautela
1 s A tanto puede llegar la ilusion. ¿ Que género
c* este que no conviene á ninguno de los do$ses.os?
(48)
á donde duerme la amazona, y donde tiene
sus armas. Entrada bien la noche, se intro
duce pausadamente eñ su habitacion , toma
los calzones de Juan Chandos, y se los pone :
la coraza de la heroina, y el duro acero la
brado paralos combates, oprime sus delicados
miembros; el amigo Bpnneau la sostiene en
sus brazos.
La hermosa Inés dice entonces en voz baja :
¡ Amor, amor, tirano de mis sentidos! infunde
la fuerza necesaria á estas tímidas manos ; ayu
dame a llevar tan pesada armadura, para me
jor enternecer al autor de mis tormentos. Mi
amante quiere á una guerrera : convierte pues
á Inés en un valeroso soldado para mas agra
darle ; lo seguiré : sea yo en este *dia quien
combata á su lado ; y si se opone la suerte , la
terrible tempestad de los dardos ingleses que
amenazan á su cabeza caigan todos sobre la
mia , que al menos sea mi vida quien le salve :
que viva feliz, y muera yo en sus brazos, mue
ra poseyendo su amor Mientras que asi ha
blaba esta beldad , y Bonneau le estaba po
niendo sus armas , el Rey se hallaba á tres
millas de aquel sitio.
La tierna Inés determina salir aquella noche
(49)
en busca de su amante. Con este trage , y car
gada con las armas que no puede sostener, mal
diciendo su intentona, camina sobre un fogoso
caballo tan troton , que al poco tiempo se le
escoriaron las nalgas. El gran Bonneau iba
sobre un grueso normando , roncando á su
lado. El tierno Amor, temeroso por su beldad,
lanza lloroso afectuosos suspiros.
A los pocos pasos oye Inés en una floresta
vecina pisadas de caballos y de armas : el es
trépito redobla, y luego se presentan unos
personages vestidos de encarnado, quienes
para cúmulo de sus desgracias eran de las tro
pas de Juan Chandos. Adelantase uno de ellos,
y pregunta : ¿Quien vive? A esta voz, nues
tra sencilla amante, pensando en el Rey, res
ponde sin rodeos : Soy Inés ; ¡viva la Francia
y el amor! Al oir estas dos palabras que el
justo cielo quiso unir con indisolubles lazos,
prenden á Inés y á su grotesco confidente.
Conducenlos luego á la presencia de Chandos,
que en su furor habia jurado vengar el ultraje,
y castigar los ladrones y malandrines que le
habian robado la espada y los calzones.
En aquellos venturosos momentos que el
benéfico sueño permite á nuestros ojos la luz
4
(5o)
del dia , y las avecillas vuelven á sus armonio
sos conciertos, cuando advertimos un vivifi
cante vigor, los deseos, orígen del deleite , son
oscitados por los sentidos ; Inés , mas bella y
brillante que el sol , cuando en carro luciente
principia á iluminar nuestro horizonte : Juan
de mi corazon, di , ¿qu£ sentiste, al desper
tarte, cuando vistes á tu lado á esta hermosa
ninfa vestida con tus calzones ?
Chandos, obligado por un vivo ardor, la
mira con ojos lascivos. Inés tiembla, y le oye
que dice entre, dientes : Yo recobraré mis cal
zones ; al punto la hace sentar á su lado : Qui
taos , dice , hermosa prisionera , quitaos el
enorme peso de todas esas armas. Hablan
do , lleno de ardor y de esperanza , le quita la
coraza y el casco : la vergonzosa jóven se de
fiende con modestia ; el amable pudor sonrosa
su hermoso rostro; pensando en Carlos, se
somete á su vencedor. El amigo Bonneau , á
quien Chandos destina para el digno empleo
de cocinero mayor, va al instante á tomar la
honorífica posesion. El fué el inventor de la
lustrosa morcilla , y tambien le es deudora la
Francia de los pasteles con anguilas.
¡Chandos! ¡ah! ¿que haceis? decia Inés,
(5.)
con tímido pero afable acento. Par diez , le,
responde ( todo héroe inglés 1 * echa juramen
tos), alguno me habrá hecho una sangrienta
injuria : este calzon es mio, y yo debo tomar
lo que es mio donde quiera que lo encuentre.
Proferir estas palabras , y poner en cueros á
Inés, todo fué uno; y la beldad afligida y llo
rando le tenia entre sus brazos , y decia : No ,
yo no consiento no quiero
Oyese entonces un estruendo terrible , y
gritan : ¡Alerta, d las armas! La trompeta
bélica, anuncio de los estragos y de la muerte ,
reune los combatientes, y llama á avanzar. Al
despertarse Juana, buscando en vano las armas
y vestido , sin hablar palabra , toma acelerada
mente las de uno de sus escuderos, monta so
bre el burro , y en voz alta Jes dice : Venid á
vengar el honor de la afligida patria. Cien ca
balleros corren precipitadamente seguidos de
seiscientos veinte soldados.
Fray Lourdis , desde el hermoso palacio
donde reina la Ignorancia , baja á donde estan
los Ingleses guerreros, circuido de groseros
átomos, cargado de disparates, de obras de
16 Tacha de todo Inglés, el perjurar con frecuen
cia, y aun se jactan de ello.
($»)
frailes y de solemnes majaderías. Asi que llega ,
sacude los vestidos, los anchísimos vestidos,
y deja caer en su campo todos los tesoros de
la crasa ignorancia, tesoros muy abundantes
entre los Franceses : asi la negra deidad de la
noche, desde lo alto de su carro de ébano, es
tiende sobre nosotros las tinieblas y el sueño ,
y nos adormece en el seno de las mentiras.
(53)

CANTO IV.

ARGUMENTO.
Juana y Dunois combaten con los Ingleses. Lo que
les sucede en el palacio de Hermafrodiz.
Si fuera yo Rey , desearia ser justo, tener en
una paz octaviana mis estados, y todos los
dias de mi augusto imperio quedarian señala
dos con nuevos beneficios : si fuera contralor
de la hacienda pública, me entretendria en
dar buenas ordenanzas , y mi trabajo seria muy
bien pagado : si fuese arzobispo de Pariis, tra
taria , ayudado de los molinistas , de sepultar
el jansenismo ; mas si yo amara una joven
hermosa , apeteceria alejarme un poco de ella ,
gustando asi cada dia del incentivo de la no
vedad, para no caer en el empalagamiento de
la uniformidad , asegurando asi mas y mas su
corazon en mis cadenas. ¡ Venturosos amantes !
¡ O y cuan cruel es la ausencia ! ¡ Cuantos
peligros no presenta al amor ! ¡ Ah ! ¡ que de
riesgos ! Desde que uno se separa de. su amada ,
(H)
está siempre espuesto á ser cornudo á cada
instante, por lo menos dos ó tres veces al dia.
El valiente Chandos apénas empezaba á
sentir el deleite que le proporcionaba su pri
sionera, cuando penetrando Juana de repente
de fila en fila , la precede la muerte derra
mando la sangre inglesa. La formidable lanza
de Debora traspasa á Dildo, fatal enemigo de
la Francia , el que robó los tesoros de Clair-
vaux , y violó las hermanas de Fontevraux : con
Tin nuevo golpe Saca los ojos á Fonkinar : este
imprudente, nacido en los duros climas de la
Hihernia, en medio de los hielos, tres años es
tiba dedicado en Francia á las aventuras amo
rosas, como un jóven de Roma ó de Florencia.
Derriba á milord Halifax y al impertinente Bo
rax suprimo, d Midarblou que negó á su padre,
y á Bartonay que hizo cornudo á su hermano.
Siguiendo su ejemplo , no hay caballero mili
tar ni page que no traspase con su lanza diez
Ingleses : el temor los posee , la muerte los
persigue : parecia que en este instante un Dios
poderoso combatia con ellos.
Entre el horrible y estrepitoso ruido de las
armas , Fray Lourdis decia á grandes voces :
Es vírgen , Ingleses , temblad ; San Dionisio es
(55)
quien la arme! contra vosotros : ella es vírgen ;
ha hecho milagros; no hay obstáculo que opon
gais á su terrible brazo : arrodillaos pronto ,
escrementos de Albion; suplicadle que os dé
la bendicion. El feroz Talbot, espumeando de
furor , hace al instante aprisionar al fraile ; lo
atan , y él contento , sin alterarse , continuaba
, gritando : <i Yo soy mártir, Inglés, es preciso
que me creas; ella es vírgen , ganará la vic
toria. »
El hombre es naturalmente crédulo, y su
débil corazon es susceptible de todo : es como
una blanda arcilla ; pero con nosotros los mor
tales lo puede todo la sorpresa y el temor. El
patético discurso del buen Lourdis produjo
ratis,efecto en e! corazon de los soldados, que
estrago habia hecho en las filas la intrépida
amazona y su heroica tropa. Este antiguo ins
tinto que hace creer en portentos, el espíritu
del error , la turbacion , pl miedo y las ilusio
nes, trastornan las cabezas de los Bretones.
Esa atrevida nacion británica tenia entonces
muy poca filosofía ; aquellos diestros caballeros
eran de rústico ingenio : los espíritus afinados
solo existen en nuestros dias.
El valeroso Chandos, siempre lleno de con
(56)
fianza , gritaba á los suyos : ¡ Conquistadores
de la Francia! á la derecha. Dice, y al mo
mento se revuelven á la izquierda , y huyen
lanzando mil juramentos : asi en aquellas lla
nuras fecundas que circuyen las ondas del
Eufrates, cuando el caprichoso orgullo de los
hijos de Adan quiso construir un edificio que
llegase á la azulada boveda de los cielos , 1 ,
Dios, no apeteciendo tal vecindad, en cien
mil gergas transformo su lengua : cuando uno
pedia de beber, le daban yeso ó argamasa; y
esta gente , de quien Dios se burlaba , desistió
abandonandola otra. En los muros de Orleans,
saben el gran combate contra los del asedio.
La fama , con su rápido vueílo, publica el
nombre de la casta doncella. Vosotros cono
ceréis tal vez el impetuoso ardor de nuestros
Franceses ; se ven y se admiran llenos de mil
honores, é impávidamente pasan del baile á
las batallas. Ya Dunois , gloria de los bastardos ,
Dunois que en Grecia hubiera sido adorado
por el dios Marte , La Trimouille , La Hire , Sain-
trailles y Richemont, salen de las murallas,
1 Fué erigida la torre de Babel \2o años despues
del diluvio. El juicioso Calraet ha dado su dibujo tan
«acto como si la hubiese visto.
(57)
y creyendo echar fuera á sus enemigos, grita
ban todos : ¿ A donde estan ? ¿ á donde estan ?
No se hallaban muy distantes , porque cerca
de las puertas habia emboscado el señor
Talbot , hombre de gran talento , diez bata
llones para resistir nuestro denuedo.
Este habia jurado por San Jorge y por su
amor, que habia de entrar en la ciudad sitiada..
Su alma se hallaba vivamente interesada en su
intento , la preciosa mitad del grueso Louvet
le estimulaba mas que su amigo. Y este héroe,
inflamado por la noble esperanza , quiere con
quistar al pueblo y á su dama. Apenas habian
andado cien pasos nuestros caballeros, cuando
se arroja sobre ellos ; mas no se sorprendieron
los nuestros. ¡Campiña de Orleahs! ¡noble,
aunque pequeño teatro de un combate tan ter
rible y obstinado ! la sangre humana con que
quedaste cubierta , te fecundó para mas de
cien años. Jumas los campos de Zama, * de
Pbarsulia , 3 y la fatal campiña de Malpla-
quet , * célebres sitios cubiertos de tantos ca
dáveres, habian visto iguales proezas de valor^
Hubierais visto las erizadas lanzas en mil astir

534 Célebre» batallas que todos conocen.


(58)
Has , los pages y los caballeros que aun no ha
bían caido cuando ya estaban otra vez en pie ,
las encendidas chispas que salian de los fuertes
y repetidos golpes de las cimitarras que au
mentaban la luz del sol por todas partes, y
hacian caer hombros, narices, barbas, pies,
piernas y brazos.
Los ángeles de la guerra, Miguel el ester.»
minador, y el que castigó á los Persas, 5 tenian
fija la vista en la tierra , y admiraban este com
bate conmovidos de horror.
Miguel toma entonces la gran balanza en la
que en el ciclo pesan á los mortales, y con
segura mano pesa la suerte de los héroes de
Inglaterra y de Francia. Pesados exactamente,
fué menor el de los Franceses por desgracia ,
y superior el infiel Talbot : este era un secreto
juicio del cielo. Al punto se ven Richemont
con una herida en la cadera , el anciano Sain-
traille en una rodilla , La Hire ¡ Ah ! no me
atrevo á decir donde ; e pero , ¡ cuanto
compadezco á su pobre señora ! La Trimouille
cae , y no puede levantarse mas que con un
brazo roto ; fué necesario que se volviesen á la
* Soldados de Senaquerib.
' Sitios que el pudor reserva.
(59)
ciudad todos estropeados, y fuesen á la cama.
Asi recibieron el castigo por haber sacado
burla y escarnio de San Dionisio.
Dios castiga ó perdona segun su voluntad.
Esta proposicion la dijo Quesnel, 7 de lo que
no se debe dudar, pues fué la base de sus es
critos. En este caso le pareció perdonar al
bastardo , libertandole de las manos de los que
habian recibido el castigo por su atrevimiento.
Dunois,'sin recibir lesion alguna, rechaza á
los Ingleses, y con mayor celeridad que el
rayo penetrando en sus filas , se encuentra
en el sitio donde la doncella derriba y repele
á los que tienen la avilantez de presentarsele.
¿Habeis visto cuando dos torrentes, espanto
de los labradores , precipitados desde la cima
de los montes mezclan sus ondas, reunen su
furor, y van aniquilando la esperada cosecha
de nuestras campiñas ? Mas temibles eran to
davía Juana y Dunois , luego que se reunieron
para descargar sus formidables golpes.
Embravecido por su celo impetuoso, luego
que batieron á los Ingleses, se encontraron se
parados de los suyos. Ya la noche habia esten-

7 Cefe de los {agripados jansenistas.


( 6o )
elido su negro manto , y viendo que no oian
Juana y nuestro héroe ni á Ingleses ni á Fran
ceses, hicieron alto, y levantaron la voz di
ciendo : / VWa la Francia ! En lo mas espeso
de un bosque y con la escasa luz que les su
ministraba la pálida luna, iban buscando un
camino , y entre el silencio y el temor divaga
ban por la oscuridad. En fin , rendidos de la
fatiga ellos y sus caballerías , desfallecidos de
hambre , maldecian la fatal aventura de l<
victoria , pues no hallaban donde descansar :
no de otra manera que el barco sin velas ni
timon se entrega á la merced de Eolo y de
Neptuno.
En este amargo conflicto, vieron un perro
cerca de ellos, que parecia venir á salvarles
de la desgracia que los amenazaba ; acercase ,
salta y les prodiga sus caricias. Marcha delante
meneando la cola y alzando la cabeza, y con
tento y vivaracho, parecia queriia decirles en
su lenguage : Señores, venid por aquí, seguid
me ; venid pronto , os digo , que tendréis buena
acogida. Nuestros héroes conocieron muy bien
por sus ademanes lo que deseaba el pobre
perro. Le siguen por último, guiados de la
esperanza , rogando á Dios por las felicidades
(6.)
de su patria , felicitandose mutuamente con
ternura : Dunois miraba á la amazona con ojos
lascivos , pero sabia que de esta joya preciosa
dependia el feliz ó adverso éxito de la Francia ;
que seria arruinada , si se cogia esta flor antes
del año : por lo que sofocaba sus ardores libi
dinosos, y preferiia el bien de aquel reino al
desahogo de sus obscenos deseos. Mas con
todo, cuando el jumento tropezaba por el mal
camiuo, el impetuoso Dunois, Dunois lleno
de caridad , sostenia del brazo á la guerrera ;
y Juana de Arco, bajando los ojos, con el
brazo izquierdo estrechaba al héroe venturoso :
asi sucedió que en estos movimientos sus la
bios se tocaron muchas veces, para hablar
mas de cerca sobre sus intereses y los de la
patria.
Me han dicho , o hermosa Konismara, 1
que Carlos XII, con su bizarro humor, ven
cedor de Reyes y de la amorosa llama, no se
atrevio á admitirte en su corte. Temió Carlos
el tener que rendirte las armas; era sensible,
y temió no poder resistir á tus atractivos ; pero
tener cerca de sí á Juana y no tocarla , era
* T)ama del Rey de Polonia Augusto I , y madre
del celebre Conde de Sajorna.
5
. («O
mayor mortificacion , que con buen apetito abs
tenerse de manjares deliciosos puestos delante.
Aquí Dunois se parece áArbriselles, 9 que acos
tado en los brazos de dos hembras de carnosas
nalgas, manoseaba á la par cuatro pechos elás
ticos, firmes y turquiles , sin intencion de pecar.
Al apuntar el dia vieron un hermoso pala
cio, cuyas paredes eran de mármol blanco ;
en su circunferencia tenia un grande balco-
nage todo de jaspe, y la balaustrada de por
celana. Nuestros viageros admirados creyeron
iban á entrar en el palacio. Ladra el perro , y
al momento suenan veinte clarines , y mil pa
lafreneros salen á ofrecerles hospedage. Dos
marciales escuderos ricamente vestidos los
conducen de la mano por el palacio : las castas
doncellas los acompañan con ruborosa mo
destia á_un baño de oro; y habiendoles dado
agua de olor y toallas á las manos , y servido
un delicado desayuno , se acostaron en dos
camas bordadas, donde, como héroes, ron
caron hasta la hora de comer.
' Fundador de la orden de Fontevranx ; convirtió
en un sermon i todas las prostitutas , j se impuso el
martirio de pasar todas las noches entre dos monjas
jóvenes.
( 63 )
Conviene saber que el señor de este palacio,
digno de un Emperador, era el hijo de uno de
esos genios moradores eternos de los vastos
cielos, cuyas grandezas infinitas nos cuentan
que se humanizaron entre los débiles mortales.
Este Dios del gentilismo , mezclando su divina
sustancia con la carne humana , habia tenido
por hijo á Hermafrodiz , gran nigromántico, y
muy digno hijo de este íncubo y de su madre
Alix. En el dia que cumplió los catorce años,
su progenitor descendiendo de la esfera, le
dijo : Hijo mio, tú me debes la vida ; vengo á
verte, pideme cuanto apetezcas; habla, ma
nifiestame tus deseos, que yo todo te lo con
cedo : quiero que seas feliz. El genio, que ha
bia nacido muy voluptuoso y digno en un todo
de su bello orígen , le responde : Yo conozco
que desciendo de una raza mas que humana,
porque reuno en mí insufribles deseos y pro
pension á disfrutar eternamente : colmad , sa
ciad mi alma de deleites interminables; quiero
amar como hombre y como muger; por la
noche perteneceré al femenino sexo, y por el
dia al masculino. Asi será, contesta su padre ,
y desde este dia disfruta de ambos privilegios
de naturaleza. Asi pretendió Platon , el confi
(64)
dente de los Dioses, 10 que nuestros primeros
padres, formados de un poco de barro por las
manos del Criador, nacidos del todo perfec
tos, provistos igualmente de ambos sexos, se
bastaban á sí mismos con sus propias facul
tades.
Hermafrodiz era superior á estos, porque
darse placer á sí mismo no es la mejor suerte :
lo es sí el darlo al prójimo, y dos á dos es
como se disfruta la mayor felicidad. Sus cor
tesanos deeian que alternativamente era Venus
y el tierno Amor : por todas partes le iban
buscando las mozas y viudas, las coquetas y
las beatas.
Olvidóse no obstante de impetrar una prenda
indispensable , una sin la que no hay nin
guna cosa perfecta, no hay deleite, no hay
objeto amable : ¿y cual es? El don de agradar.
El Dios, para castigar á este perillan , le hizo
mas feo que á Samuel Bedard; jamas pudieron
sus ojos hacer una conquista ; en vano prodi
gaba los festines, las espléndidas comidas,
los bailes y los armoniosos conciertos. Pero,
cuando por el dia tenia una beldad , y por la
1 ° Según Platon , el hombre fué formado con tos
dos sesos.
(65)
noche los mugeriles distintivos , se sujetaba á
cualquier atrevido , y por besos y abrazos solo
recibia desprecios, denuestos é injurias. El
justo cielo le hizo conocer que no son las gran
dezas el sumo bien. ¡ Ali ! esc'amaba muchas
veces : la mas miserable camarera tiene á su
galan tendido sobre su seno ; no hay mortal
que no disfrute de esta delicia ; i y yo, Genio,
rico y soberano, soy el único en la máquina
redonda que me veo privado de esta felicidad !
Entonces jura por los cuatro elementos, que
ha de castigRr á los jovenes de los dos sexos á
quienes no pueda inspirar la pasion del amor,
y que haria sangrieulos ejemplares con los
corazones ingratos, y aun mas con los crueles.
Recibia como Rey á los pasageros; ni á
Sabá, " Reina de los Negros, ni á Talestris,
cuando fué llevada á Persia , se presentáron
regalos tan preciosos de los dos grandes Reyes,
que de ellas estabón tan prendados, como los
que hacia á los andantes caballeros, á las co
quetas y á las rancias doncellas; pero si algu
no , llevado de sus ingenuos sentimientos , no
se complacía con sus caricias, y le oponia la

1 1 La que vino á visitar i Salomon.


(66)
menor resistencia , estaba seguro de morir em
paredado.
Llegada la noche , y convertido mi señor en
mugcr, manda cuatro criados para que de
parte de madama pidan al amable bastardo
que se digne bajar, luego que sea mas tarde;
á su entresuelo , mientras que Juana con toda
ceremonia cenaba con los demas.
El buen Dunois baja todo perfumado al re
trete donde le esperaba una cena semejante á
la que la hermana de Tolomeo *, deseosa de
placeres, supo dar á los famosos Romanos, á
aquellos héroes fieros y voluptuosos , al gran
Cesar , al bravo Antonio ; ó semejante á las
que se dan en las eternas mansiones, si cree
mos á Orfeo , Nason , Homero , Platon y He-
siodo , el dios de los dioses, el patrono de la
gentilidad , cuando lejos de Juno cena con
Semelé , Isis , Europa ó Danae : sirvense los
platos en la mesa divina por las hermosas
manos de la tierna Efrosiana , Talia , y de la
joven Aglae , las que , como todos saben ,
son allá arriba las tres Gracias á quienes imitan
muy poco nuestros pedantes.

* Cleopatra.
(67)
El dulce néctar es servido por Hebe, y por
el hijo del fundador de Troya *; pues asi
ceno madama Hermafrodiz con Dunois entre
nueve y diez de la noche.
Madama estaba vestida con toda ostenta
cion ; los diamantes ornaban su peinado ; su
grueso y pálido cuello y sus carnosos brazos
estan circuidos de rubíes y de perlas que mas
la afeaban. Lo abraza al salir de la mesa, y el
desgraciado Dunois tiembla por la primera
vez. Entre todos los caballeros era él el mas
cortés : hubiese querido poder pagar con po
lítica las atenciones de su huéspeda ; y con
templando la fealdad de su pimpollo , se decia
i sí mismo : Mejor, mucho mas honor para
mí. Pero no lo consiguio. Hermafrodiz en este
acto le tuvo alguna compasion , porque se li
sonjeaba su alma de los esfuerzos infructuosos
de su triste campeon. Su probidad , su buena
intencion adquirió en este momento la reputa
cion mas alta : Mañana , le decia , podeis re
cibir la recompensa de vuestras amorosas fa
tigas. Vamos haced de modo que el amor
predomine, y desaparezca el respeto, y pre-

* Ganimeiles.
(68)
paraos para mejor complacerme en otra oca
sion.
Ya la rosada aurora en magestuoso carro se
asomaba por el oriente : cu este momento,
como ya sabeis, se convertia esta dama en
caballero. Entonces ardiendo en nueva llama,
se va al lecho de la amazona , descorre las
cortinas , y tentandole los pechos sin ceremo
nia ni reserva , y dejando resbalar por los
muslos entre su impúdica mano besos y sus
piros halituosos, quiere atacar su celestial
pudor : cuanto mas se agita , mas feo se vuelve.
Juana á quien animaba un cristiano esfuerzo,
con su nervudo brazo le destaca una bofetada
á puño cerrado sobre su villano rostro. Del
mismo modo he visto en mis fértiles praderas
sobre el verde esmalte á una de mis yeguas de
pelo de tigre, con manchas desiguales, de pies
ligeros, repeler las amorosas fiestas de un bor-
riquillo ardoroso con un fiero par de coces al
tiempo de besarle , y cuando levantando sus
eaidas orejas se rreia muy feliz. En ello co
metió Juana una gran falta , pues debia mu
chas consideraciones á su huésped. Yo de
fiendo los intereses de la pudicicia , es virtud
que me embelesa ; mas con todo , cuando un
(6g)
Príncipe , y aun mas un Genio , tiene el loable
deseo de besaros , no debeis pagarle con bofe
tadas. El hijo de Alix , aunque fuese de los
mas feos, no habia visto todavía muger nin
guna tan atrevida , que le aplastase las narices
dentro de su mismo palacio. Grita , y al punto
acuden pages, criados , guardias, duendes, to
dos á cumplir sus órdenes : uno de ellos le dice
que la altiva doncella no era tan recatada con
Dunois. ¡ O calumnia ! ¡ veneno el mas terrible
de las cortes ! ¡ discursos maliciosos , falsas pa
labras , murmuraciones , serpientes malditas !
¿silvaréis eternamente entre los amantes, como
lo haceis en la capital de la Francia ?
Nuestro tirano , altamente ultrajado, quiso
vengarse sin dilacion. Pronuncia la sentencia
fatal : Id , dice , id , amigos , y emparedarlos.
Al momento le obedecen , y disponen lo nece
sario para tan cruel castigo. Juana y Dunois,
honor de su patria , van á morir en la prima
vera de sus dias. Todo desnudo maniatan al
pobre bastardo para, sentarle sobre un palo en
punta. Al mismo tiempo una escolta profana
conduce á la amazona ácia una terrible co
lima , donde van á ser castigados sus hechi
zos y bofetadas en un espantoso suplicio. Des
(7°)
pujada al instante de la camisa, sufriendo
miles de azotes en su tránsito , es entregada á
los crueles cmparedadores. El buen Dunois,
sumiso á sus furores , esperando solo su última
hora , hacia á Dios una fervorosa súplica ;
pero de cuando en cuando una mirada impe
riosa y fiera admiraba á sus verdugos , y en
ellas conocian que era un héroe. Pero cuando
vió á su heroina , divina vengadora de las flores
de lis, cerca del patíbulo, se lamenta contra
la inconstante suerte : recorre con su vista rá
pidamente sus dulces prendas , y mirando des
pues el funesto aparato , vertia lágrimas , lá
grimas que por ningun otro objeto hubiera
derramado.
No menos altanera y no menos caritativa
nuestra Juana, insensible siempre al miedo,
languidamente suspiraba por el amable bas
tardo, y solo por él gemia su compasivo cora
zon. La desnudez, sus estimulantes atractivos,
su juventud , aun en aquella situacion , desper
taba en ellos la ternura : este fuego tan dulce,
tan discreto y tan apreciable, solo se manifesto
en el borde del sepulcro ; y con todo el animal
anfibio , reuniendo los zelos á su indigno des
pecho, hacia á los suyos la formidable seiial.
(7')
En este momento una voz semejante á la
del trueno , que hizo temblar el aire y la tierra,
pronuncia las siguientes palabras. « Deteneos,
guardaos bien de emparedarlos ; no los empa
redeis. » Dijo , y se detuvieron los ejecutores.
Miran, y ven sobre el mismo portal un desco
munal fraile , ceñido su vientre con un grueso
cordon. Grisburdon fué el noble libertador :
semejante á un perro que habiendo percibido
en un vecino bosque por el olfato un hermoso
ciervo , le persigue con precipitada carrera, y
sin verlo , solo por eL olor, salta y vuela sin de
tenerse , aunque en su carrera encuentre otros
ciervos ; asi el hijo del grande Asis , siempre
caballero en su pesado mulo, sigue las huellas
de la amazona corriendo sin descansar.
Asi que llega dice : ¡ Hijo de Alix ! en nom
bre del diablo y por las aguas del Estigio , por
aquel infame demonio que fué tu digno padre ,
salva la vida al objeto de mis delicias : mira-
me , yo vengo á pagar por dos ; y si este guer
rero y esta doncella han merecido tu indigna
cion , yo ocuparé el lugar de entrambos : ya
sabes cual es mi reputacion , ademas mira á
este insigne animal, mi "mulo, tan digno de
llevarme sobre su lomo : te lo doy, para tí fué
criado ; y algun dia dirás : ¡ O que hombre y
que mulo ! Dejad á ese buen soldado , des
atadle , y dejad libre á la virtuosa Juana : los
dos pedimos por digno precio á esta beMad
de quien estamos enamorados.
Escuchaba Juana este horrible lenguage
con estremecimiento: su fé, su virginidad, sus
sentimientos de amor y grandeza, eran para
ella mas apreciables que la vida. Ademas la
gracia, ese supremo don del cielo, combatia
en su espíritu hasta al mismo Dunois : lloraba
é imploraba á los cielos, y avergonzada de
hallarse desnuda , cerrando de tiempo en
tiempo sus tristes ojos, no viendo á ninguno,
pensaba que nadie la veia.
El buen Dunois estaba desesperado. ¡ Ah!
decia : ¡ este pancista se llevará á mi Juana , y
perderá á mi patria ! Todo lo conseguirá este
mágico impío mientras que yo, moderado
hasta este dia , he ocultado mi amor
La oferta de Grisburdon produjo buen efecto
sobre los cinco sentidos y sobre el alma del
Genio. Suaviza su furor, y parece satisfecho :
Para esta noche , le dice , preparaos vos y
vuestro mulo ; por fin cedo, y perdono á estos
Franceses, y os los entrego.
( 73 )
El Genio poseia el báculo del buen Jacob ',' 1
el anillo de Salomon , su clavícula , la encan
tada vara de los consejeros de Faraon , y la
escoba sobre la que al parecer subió la den
tuda bruja al valeroso Saul , cuando en Endor
hizo ver á este Príncipe las almas que divaga
ban por este mundo. El mendicante sabia mas
que él : describió un círculo, cogió un poco
de polvo , le arrojó á la bestia por detras, di-
ciendole al mismo tiempo aquellas palabras
que Zoroastro enseñaba á los Persas. " Por
estas palabras dichas en idioma diabólico , ¡ o
poder estupendo ! ¡ o inefable maravilla ! el
mulo se levanta sobre sus dos pies, su larga
cabeza se hace redonda , sus crines largas y
negras se convierten en pequeños y hermosos
cabellos, y sus orejas quedan cubiertas bajo
su casquete : al modo que aquel sublime Em
perador, '* cuyo corazon duro y altanero cas
tigó Dios, se vuelve buey, se alimenta con la,
verde yerba , y despues vuelve á su primitivo
estado de hombre, sin hacerse mejor.
1 2 Alhajas son todas estas de un mismo origen ;
el temor, la estupidez y la avaricia.
1 3 Grande Mágico.
1 4 Rabucodonosor.
Desde el centro azul de la celeste esfera,
miraba Dionisio el deplorable lance de Juana
de Arco con ojos paternales. Hubiera querido
precipitarse en el sitio donde se representaba la
infausta escena. De resultas de su anterior ba
jada, contrajo irreconciliable enemistad con
San Jorge , patrono de Inglaterra ; 1 5 este se
quejaba de que Dionisio sin ninguna órden
divina hubiese batido de tal modo á sus Bre
tones. Dionisio y Jorge se contrapuntáron en
términos, que llegaron á reñida pendencia :
los Santos ingleses tienen en su carácter un no
sé que de duros y de insulares : siempre se
pega algo del pais. Para esto en vano estan
nuestras almas en la mansion feliz, pues el
acento del idioma nativo de la provincia jamas
se pierde ni aun en la corte del Príncipe.
Pero ya es tiempo, lector, de que descanse:
he de andar una carrera muy larga ; yo tengo
poco aliento , y aun he de referiros las ocur
rencias de todo este gran misterio , su desen
lace, lo que hizo Juana, y cuanto le sucedió
en los infiernos , en el cielo y en la tierra.
' s De Capadocio , coronel al servicio de Diocle-
ciano , de caballeria sia duda, pues aun conserva el
caballo. Fué mártir.
(75)

CANTO V.

ARGUMENTO.
El hermano Griabnrdoo , que quiso violentar í Juana,
baja i los infiernos. Cuenta su aventura á los
diablos.

¡O amigos mios! vivamos como cristianos,


este es el mejor partido que podemos tomar :
do hay cosa mas dulce ni mas ventajosa que
cumplir con nuestro deber. En la primavera
de mis dias envidiaba la suerte de los que vi-
vian entregados á sus torpes deseos; de la
fonda al baile, y jamas en las iglesias; cenando
y durmiendo con bellezas, y mofandose de los
escrupulosos 'siervos de Dios. ¿Y que s;.".ede
por último ? La muerte , la fatal muerte con su
cortante guadaña viene á visitarnos : una ar
diente fiebre , desigual en sus períodos , hija
de la Estigia, esbirra de Atropos", turba los
sentidos. El notario se acerca á la cabecera de
la cama, y dice : Vamos, es preciso aban
donar este mundo. ¿A donde quereis, Señor,
(7«)
isio , el amor, la ciencia , las gracias , la beldad ,
y la inmensa é innumerable categoría de hijos
del cielo criados para ir á parar al infierno.
Tú sabes , lector , que en este fuego voraz
se hallan Reyes y tiranos : Antonino , Marco-
Aurelio, el buen Trajano, modelo de Prín
cipes; el amable Tito; los dos Catones, azote
de los perversos ; Cipion , que veució á Car-
tago y al Amor; el sabio y docto Platon, el
divino Homero, el docto Ciceron ; Socrates ,
hijo de la sabiduría , mártir en la profana
Grecia ; el justo Aristides, y el virtuoso Solon :
¡desgraciados! murieron sin confesarse.
Pero lo que mas le admiró, fué el ver en la
caldera grande á ciertos sugetos de cuyos
nombres hace alarde la historia. Uno de los
primeros fué el Rey Clodoveo. * ¿Que viene
á ser esto ? todos se admiran al oir que un Rey
tan grande, que condujo á todo su pueblo por
el camino del paraiso , no pudiese conseguir
la salvacion que proporcionóálosdemas. ¡ Ah!
¿ quien creeriia que el primer Rey cristiano
hubiese estado en el purgatorio ? Pero los lec
tores se acordarán muy bien que el ser lavados
con la saludable agua del bautismo , no es su-
* Ficcion poética.
(79)
ficiente para salvarse, si el hombre comete
despues un pecado. Este Rey tenia un corazon
sanguinario y manchado de crímenes; y San
Remigio no pudo lavar mas que de la culpa
original á este Rey de los Francos, cuyo co
razon se hallaba gangrenado por el pecado.
Entre estos Reyes, estos grandes del mundo,
sepultados en esta profunda oscuridad , se vcia
al famoso Constantino. ¡ Esto es cierto ! escla
maba el fraile admirado : ¡.o rigor ! ¡ o destino !
pues que, ¡ este héroe, protector de la Iglesia ,
que destruyó las falsas divinidades, ha bajado
con ellas á este lugar! Entonces se oyéron es
tas palabras pronunciadas por Constantino : '
Yo he destruido el culto de los ídolos ; sobre
las ruinas de sus humeantes templos he pro
digado inciensos al Dios de la verdad , al Rey
del cielo; pero todos estos homenages diri
gidos á la grandeza suprema no tuvieron en la
mayor parte otro objeto que mi propio interes;
los sagrados altares no fueron á mis ojos sino
un escalon para apoderarme del trono de los
3 Constantino quilo la vida á su padre político , á
su cuñado, á su sobrino, á su muger . á su Hjo; fué
el mas ambicioso , vano y voluptuoso delos hombres,
pero buen católico, aunque murió Arriano.
(8o)
Cesares. Para conservarmela supremacía , ase
siné á mi padrastro : sumergido en placeres y
en ríos de sangre , voluptuoso y zeloso hasta el
furor, embriagado de amor, y circuido de in
fundadas sospechas , hice perecer á mi hijo y á
mi esposa. No te admires ya de que esté aquí
Constantino , sino de que pueda eternamente
expiar tan enormes delitos.
Nuestro gallardo viagero admira cada vez
mas los secretos del imperio tenebroso. Vé
por todas partes grandes predicadores, ricos,
prelados , casuistas , doctores , abates de Italia ,
frailes, jurisconsultos, ministros de justicia,
poetas curanderos, y cuasi todos los direc
tores de Reyes y beldades , que habian dis
frutado del paraiso en esta vida. En un os
curo asqueroso rincon descubre un personage
rollizo y bigardo, vestido la mitad de negro y
mitad de blanco, con un cerquillo en forma de
escudilla. Mirandole con risa iionica se decia:
Este será Jacobino. ¿Cual es tu nombre? le pre
gunta sin detenerse ; y la sombra contesta con
melancólico acento : Yo soy Domingo.
Sobresaltado Grisburdon retrocede al oir
tan augusto nombre : se hacia mil cruces, y
no lo podia creer. ¡Como! esclama: ¡en esta
(80
lóbrega caverna un doctor tan grande, un
apóstol ! ¡ vos , promotoi' de la fe sagrada ,
hombre de Dios, predicador evangélico, vos
en esta mansion , como si fueseis un herege !
¡Miserables humanos, como os engañais mu
chas veces en vuestras opiniones ! Entonces
con voz lastimera repuso nuestro Santo : No
pensemos ya en los vanos discursos de los
mortales; sus errores ni estravagancias no nos
importan. Felices ó atormentados, oprimidos
ó festejados, hay algunos á quienes se les tiene
en gran concepto sobre la tierra , que vienen
como yo á este lugar á limpiarse de los delitos
de la flaqueza humana ; y otros á quienes con
denan allá injustamente , y estan gozando de
una eterna gloria. En cuanto á mí, me hallo en
esta oscura ratonera por haber perseguido en
otro tiempo á los pobres Albigenses. Mi mision
no era para destruir á mis semejantes, y yo es
toy descargandome de lo que les hice padecer.
Avmque mi lengua fuese de hierro, no podria
referirte , querido lector , cuantos allí hay de
los que aquí bajo están en buena opinion.
Cuando aquellos dignos vivientes de las
zahurdas de Pluton hubieron obsequiado al
viagero, tributandole los honores de aquella
(82)
triste patria, gritaron todos á un tiempo ;
Cuentanos, cuentanos quien te ha traido aquí
tan pronto ; dinos por que causa ha bajado tu
alma á esta mansion. Señores, responde, yo
no me resisto ; os referiré mi estraordinaria
aventura ; desde luego os admiraréis ; enten
ded que voy á deciros la verdad, porque desde
que el hombre muere, abandona la mentira.
En aquel mundo era yo vuestro emisario , y
para honor vuestro y mio iba á terminar la es-
pedicion mas estupenda que jamas se ha em
prendido fuera de convento. Mi muletero , ¡ ah !
¡ el animal insigne ! ¡ el grande hombre ! ¡ mi
condigno rival ! mi muletero , constante en su
deber, habia sobrepujado la esperanza de Her-
mafrodiz : yo tambien habia prodigado para
con este monstruo femenino , sin vanidad que
no la tengo, todo mi celo : el hijo de Alix, con
tentísimo de semejantes esfuerzos, nos cedió á
Juana, segun habíamos pactado. Juana lamerte,
la rebelde , iba á perder bien pronto la flor vir
ginal : ella se batia entre mis brazos, pero el
muletero y Hermafrodiz la sujetaban
¡Ah! ¿creeréis lo que voy á referiros^...
Oyese un estruendo en el aire , y desde lo alto
del empíreo , que otros llaman cielo ( lugar
(83)
feliz al que yo ni vosotros iremos jamas , bien
sabeis por que) , ví bajar... ¡O fatal mara
villa ! Me parecio ver venir aquel animal
insigne de largas orejas , que habló á Balaam
cuando subió sobre la montaña. ¡ Que terrible
jumento ! traia una silla de luciente tercio
pelo, y de su arzon colgaba una luciente y
enorme espada de dos filos : de cada espal
dilla le salia un ala con las que volaba hen
diendo el aire. Entonces grita Juana : ¡ Ala
bado sea Dios! este es mi jumento. Al oirla,
me amedrento : el animal se arrodilla , alza la
cola , se remilga , y contornea la cerviz á Du-
nois, en ademan de decirle : Montame. Sube
Dunois , vuela el animal sobre nosotros , y pasa
y se para repetidas veces sobre mi cabeza.
Acercase con ímpetu , y Dunois con la cimi
tarra en la mano me descarga algunos golpes ;
asi como sobre mi señor Satanas, mi amable
soberano , dicen que cuando pretendió hacer la
guerra con poco consejo al Dios del trueno , 4
arrojóse contra él el gran Miguel con espada
desnuda , como vengador inexorable de las
injurias del cielo.
* Grande batalla : San Miguel, gefe del band»
bueno , Satan del bando rebelde. '
(84)
Reducido entonces á defender mi vida,
acudí á la ciencia mágica. Me despojo de mis
groseras formas, y tomo las hechiceras fac
ciones de una tierna beldad , inocente y fes
tiva : los dorados cabellos caian sobre mi seno :
un transparente vestido de gaza fina dejaba
ver mis nacientes pechos : tenia todo el as
pecto del sexo femenino. En mis ojos y en mi
rostro se veia el ingenuo candor que siempre
engaña y siempre alucina ; mis voluptuosas
miradas hubieran seducido al mas juicioso ;
hubieran ablandado el corazon mas empeder
nido , porque lo poseia todo, artificio y hermo
sura. Mi palaciego quedó encantado : yo iba
á perecer : este invencible héroe tenia levan
tado el alfange para mí tan terrible; su brazo
estaba ya á medio bajar, y me creia hendida
la cabeza.
Mirame Dunois , se enternece , y detiene el
fatal golpe : el buen Dunois desiste : tenia tan
ablandada el alma como los ojos ; ya veo caer
en el suelo su terrible espada ; me acata , se
me muestra risueño y apacible, y en los ojos
el amor. ¿ Quien no creeria que iba yo á ganar
la victoria ? Pero aquí es donde principia lo
mas funesto de mi historia. El muletero que
(85)
estrechaba en sus brazos los robustos miembro»
de Juana de Arco, asi que me vé tan com
puesta y hermosa , se le escita tambien en su
corazon la amorosa llama. ¡Ah! mi corazon
no sospechaba que le movieran el apetito mis'
gracias. ¡ Un corazon grosero advertir los efec
tos de la inconstancia ! En el momento aban
dona su presa , y se me rinde como una cera.
Deja i Juana. ¡ O funesta hermosura! ape
nas se vé ella libre, y viendo la brillante cimi
tarra que Dunois habia dejado caer en tierra ,
toma en su diestra el afilado acero , y en el
instante que el rústico infiel se separó por mí
de la amazona , me agarra por el pescuezo la
terrible Juana de Arco, y de un tajo me corto
la nuca del cuello. Desde mi decapitacion no
he recibido noticia alguna ni del muletero , ni
de Juana la cruel , ni de Hermafrodiz , ni del
jumento, ni de Dunois. ¡ Quiera la suerte sean
emparedados cien veces ! ¡ y que el cielo , que
siempre confunde á los culpados, por mi gusto
los entregue á todos los diablos ! Asi habló el
viagero del infierno de muy mal humor, y
todos los habitantes de aquella morada empe
zaron á reirse á carcajadas.

6
(86)

CANTO VI.

ARGUMENTO.
Aventura de Inés y Monrosa. Templo de la Fama.
Aventura trágica de Dorotea.

Abandonemos el infierno , abandonemos


este inmundo abismo donde Grisburdon ar
derá para siempre con Lucifer. Subamos con
rápido vuelo á las vastas campiñas del aire , y
veamos que es lo que ocurre en el mundo.
Este mundo ¡ ah ! puede con razon llamarse
un segundo infierno. Por todas partes veo
proscrita la inocencia , vilipendiado el hom
bre de bien por la hipocresía , desterrada la
alegría, el deleite, las bellas artes, y tambien
las virtudes. Una infame é insensata política
ocupa los sublimes puestos, y sin ella no hay
mérito. La terrible suspicacia de los formida
bles devotos tiende á los sabios ocultos lazos;
y el interes , ese vil soberano de la tierra , por
quien se está haciendo continuamente la guerra
y la paz , triste y pensativo , vende al mas dé
(87)
bil por precio de los crímenes del mas fuerte.
¡Miserables mortales, imbéciles y llenos de
crímenes ! ¡ Desventurados que pecais sin gus
to ! sed mas comedidos en vuestros errores;
al menos sed pecadores con fortuna ; y si fuese
indispensable vuestra condenacion , que sea
por delitos que tengan muy hermoso atractivo.
Asi lo hacia Inés Sorel. En toda la larga
historia de su vida no encontraréis mas que las
dulzuras de una pasion. Yo por mi parte la
perdono , y creo que Dios se habrá compade
cido de ella. Los Santos no son todos célibes ;
el arrepentimiento es virtud en el pecador.
Cuando Juana de Arco defendia su honor
cortando con el filo de su celestial espada la
cabeza de Grisburdon , nuestro alado jumento,
que llevaba sobre la silla al caballero Dunois,
concibio el profano capricho de alejarse, y
arrebatarle á Juana. ¿Y por que razon pretendia
hacerlo? El amor, el tierno amor le obligó
á tan perverso designio. El lector sabrá algun
dia que atrevido pensamiento atormentaba á
este héroe de la Arcadia.
El pacífico animal , arrebatada de imagina
cion acalorada, voló ácia la Lombardía. Dio
nisio le aconsejó este recurso. ¿Preguntarás
(88)
por que, lector? Porque veia sus agitaciones
y las del bastardo. Ambos ardian en un fuego
lascivo, que temprano ó tarde hubiera per
judicado á la causa comun, siendo la perdi
cion de la Francia , de Juana , y de toda su for
tuna. Pensó Dionisio que con la ausencia y el
tiempo se estinguirian estas nacientes llamas;
y á mas de esto se proponia por este medio
lograr otra buena obra : no estorbemos sacrí
legamente tan piadosos designios.
Vuela pues el animal alado , alejandose de
las riberas del Loira, en derechura al Ródano;
y Dunois, atemorizado, mira desde mucha
distancia a su heroina , que enteramente des
nuda y con la espada en )a mano , el corazon
conmovido, teñida de sangre, y despavorida,
miraba atenta por donde caminaba el objeto
de su pasion , y se propone seguirle. En vano
la detiene Hermafrodiz en su precipitada car
rera : caesele la poblada cabellera sobre el
rostro, y la hace perder de vista; y una por
cion de duendes del aire la cercan, arrojanse
sobre sus robustos miembros, y no la dejan
pasar ; pero Juana los burla recogiendo sus
doradas madejas , y continúa su camino.
Cuando en un busque un joven imprudente se
(8g)
acerca á una colmena, y admira la prodigiosa
arquitectura de este palacio de cera; mas en
su descuido , un numeroso enjambre se agolpa
con rabia , y con picantes mordeduras le escar
mienta de su loco atrevimiento ; un pueblo
alado le cubre el rostro : corre sin tino , golpea
con ambas manos , se para , dispersa aquella
canalla indócil , haciendo una cruel mortan
dad : es una exacta pintura del modo que des
concierta y ahuyenta nuestra heroina aquella
turba bulliciosa.
El mísero muletero , hincandose de rodillas ,
temeroso de la suerte deplorable que le habia
cabido á Grishurdon , tiembla , y esclama :
¡ O virginal amazona ! ¡ Alma mia ! en otro
tiempo te servia yo en la cuadra — ¡ Que fu
ror ! ¡ perdoname ! que los honores no muden
tus costumbres. Ya ves mis lágrimas : ¡ Juana !
j ah ! yo muero.,..
Y la heroina le responde : ¡ Hombre vil ! te
perdono, no quiero manchar este acero divino
con tu abominable sangre. Vive para que ten
gas el honor de llevarme sobre tus espaldas :
no puedo convertirte en mulo; mas po im
porta, hombre ó mulo, cual fuere tu figura,
has de servirme de caballería. Dunois me ha
(£>o)
robado el jumento que tenia para este honroso
destino : tú le sucederás, congratulate. Vamos,
baja esa gran cabeza. Dice, y montando con de
nuedo la bestia que marcha sobre las manos,
vuela Juana por aquellas campiñas á afrentar á
los héroes. El Genio jura por 6u impío padre,
que ha de atormentar eternamente á los Fran
ceses por tanto oprobio. Ofrece enfurecido
castigar á mis indiscretos conciudadanos ,
cuando pasen por su territorio. Manda edificar
un palacio al gusto del dia , y un laberinto
para castigar en él á los héroes de la Francia.
¿Pero que se hizo la hermosa Inés Sorel?
¡ O desesperada situacion ! ¿ Que apurada se
vió cuando Juan Chandos la abrazaba estando
enteramente desnuda? Este caudillo se des
prende cansado de entre sus brazos con preci
pitacion , y corre al combate. La hermosa Inés
se creyo entonces fuera de peligro. Sorpren
dida todavía , jura mil veces precaver seme
jante conflicto : repite el juramento de amor
á su Carlos , quien por su parte le habia pro
metido amar á ella sola , respetar este tierno y
dulce cariño , y de morir ántes que serle infiel ;
pero jamas debemos afirmar con juramento
las cosas que estan por venir.
(9<)
Entre el estrepitoso ruido y horrible agita
cion , consecuencias irremediables en la sor
presa de un campo militar, cuando todos cor
rea , y oficiales y soldados se mezclan ; unos
huyen , y otros combaten ; y cuando los que
siguen el ejército se entregan al temor ó al
desenfreno, la hermosa Inés, viendose sin ves
tidos , entre los lamentos , estruendo , las balas
y polvareda , entra en el guarda-ropa del in
signe Chandos, y toma consternada una ca
misa, una bata , chinelas y el gorro de dormir.
La suerte le favorece , presentandose al paso
el brioso caballo que , ricamente enjaezado ,
habia de servir para Chandos , que lo tenia de
la brida un escudero viejo, intrépido y borra
cho. La astuta Inés le toma de la mano del
dormido page, pone el pie en el estribo , sube ,
se acomoda en la silla , y se encamina acele
radamente al bosque. El amigo Bonneau corre
á pie por el llano, maldiciendo su gruesa panza ,
aquella donosa espedicion , la guerra , la corte ,
los Ingleses, Inés y el amor.
El mas leal de los pages, * el escudero de

' Famoso page, encuja rabadilla habia Juana es


culpido las tres flores de lis.
Í9»)
Chaudos (cuyo nombre era Monrosa ) venia
en la misma mañana de una comision de su
señor : viendo desde lejos lo que allí pasaba ,
el caballo corriendo ácia el bosque, y sobre
él el gorro y bata de Cliandos, no acertando
lo que pudiera ser, supone sin dudar que habia
salido su amo á medio vestir á dar una vuelta
al campo. Pasmado de tan estraña aventura,
se afana por llegar, y levantando la voz :
¡ Ah , señor ! ¡ ah , señor ! decia , ¿ quien os
persigue ? ¿ Carlos ha quedado vencedor ? ¿ A
donde os dirigis? Yo me voy con vos ; mi vida
depende de la vuestra : y toma el vuelo con
rapidez.
La hermosa Inés, que se cree perseguida,
corre con riesgo de la vida ácia el bosque :
el page la sigue infatigable ; la hermosa iba
azorada. Tropieza el caballo, y dando un grito
que resonó en las nubes, cae y quedase tendida
en el suelo. El page llega con la velocidad del
rayo , pero pierde el uso de sus sentidos , cuan
do, alzado el ligero trage, se le ofrece á sus
amorosos ojos toda aquella beldad admirable :
albos y turgentes pechos ; muslos , cuya mo
vida lisonjea el tacto y el sombreado veneno
del deleite. Muy semejante á esta fué tu sor
(93)
presa, hermoso Adonis , * cuando la dama de
Marte, desde lo alto de los cielos, una noche
te salió al encuentro en la espesura del bosque.
Mas galas, mas afeite podia ostentar Venus,
cuando se preparaba á las couquistas , porque
en Inés se veia la simple naturaleza ; pero
Adonis, si las viese, vacilariia en dar la prefe
rencia.
Al punto sintió el jóven inglés abrasada su
alma por un fuego dulce y voraz : estrecha á
Inés en sus brazos, y agitado le da un beso.
¡ Ah ! esclama , ¿ por desgracia estais herida ?
La amable Inés vuelve sus lánguidos ojos, y
con voz quebrada , y dando un suspiro , le
habla asi : « Cualquiera que tú seas que me
u persigues, si no tienes conazon para el crí-
» men , no abuses de las desgracias que me
» oprimen: ¡joven estrangero, conserva mi
» honor; seas mi libertador, mi apoyo ! »
Y el llanto la impidió proseguir : aparto el
rostro, y en su desconcierto protestaba perma
necer fiel al buen Rey su amante. Conmovido
Monrosa enmudeció por algun tiempo ; pero
despues le dice con ternura : ¡ O adorable or-
* Hijo de Cinira y de Mirra, amante de Venus
Astarlé.
(94)
namento de este mirado, que tanto podér
tienes sobre los corazones! Soy tuyo; cuenta
con mi proteccion ; tú dispones de mi cora
zon , de mi sangre ; dignate admitirme en tu
servicio , no quiero otra recompensa ; para mí
el socorrerte , es hacerme feliz. Entonces saca
un frasquillo de aguas odoríferas , rocía sus
hechiceros pechos, y los ocultos senos forma
dos de rosas y lirios , que inhumanamente
habia maltratado en la caida. La hermosa Inés
ruborosa se prestaba á sus cuidados como
sin advertirlo, jurando siempre al Rey cons
tancia y fidelidad. Habiendo apurado el page
la botella, le dice : Maravillosa beldad, te
aconsejo camines hasta la poblacion inmediata
por este sendero : no hallaremos ningun sol
dado , ántes de una hora podemos llegar : llevo
dinero , y allí te proveerás de vestidos y demas
que necesites para adornarte como una belleza
digna del Rey de la Francia.
La dama trashumante aprueba este consejo:
Monrosa era tan cariñoso , tan sumiso , tan
bello , y sabia de tal modo vivir, que era im
posible no dejarse llevar de sus palabras.
No faltará censor frio é impertinente que
.dirá : ¿Es posible que un atolondrado jóvcn,
(95)
un inglés , un page , fuese con Inés comedido
y prudente ? ¿ que no se tomara la menor li
bertad? ¡ Ah! apartad, apartad ridículas cen
suras : este page amaba ; y si el deleite nos
hace atrevidos, el amor por el contrario nds
convierte tímidos y respetuosos.
Ambos se encaminaban á la aldea, tratando
de las delicias de amor, de las hazañas de la
guerra , y de los antiguos romances caballeres
cos. Nuestro escudero de cien en cien pasos
se encaminaba á ella , y le besaba sus blancas
manos, todo con ternura y comedimiento :
despues llegaba hasta los brazos; la afable Inés
no sabia resistirse , y se contenia : el buen jo
ven queria mucho, y nada pedia. Luego que
llegaron , la conduce á un suntuoso alojamien
to : Inés , para descansar de la fatiga , se
acuesta con modestia entre dos finísimas sába
nas. Monrosa corre , y casi sin aliento busca
p»esuroso comida y trages competentes á esta
su soberana. ¡Amable hijo, cuyo amor y ho
nor han tenido el grato placer de dirigir los
corazones ! ¿ donde estan los que te igualen en
fina correspondencia ? ¿ Quien es mas leal que
tú?
En la misma posada se alojaba un limosnera
(96)
de Juan Chandes : esta es gente mas atrevida
que los pages. El malvado, sabedor del viage
de Monrosa y la bella Inés, y que á cuatro
pasos de donde estaba habia tan apreciable
joya , estimulado del irresistible deseo , encen
didos los ojos, la sangre hirviendo, embria
gado de lujuria , marcha , entra jurando como
un desesperado , eierra la puerta , y descorre
las cortinas de la alcoba. Pero, encarecido
lector, conviene en este momento decirte que
es lo que hacia Dunois sobre su alado animal.
En lo mas encumbrado del aire, adonde
alcanzan las encadenadas cabezas de los Alpes,
y desde cuya frente estan divisando las nubes
que se forman en la elevada roca partida por
Anibal, 3 en aquel famoso estrecho tan fatal
para los Romanos , en que el cielo se encorva ,
y á sus pies se forma la horrible tempestad ,
hay un palacio de transparente mármol , sin
puertas ni techo, abierto siempre á todo via-
gero : su interior está construido de cristales
tan finos , que todo el que pase por delante de
ellos vé retratada su imagen al natural.
Mil caminos conducen al imperio donde
* Los Fenicios lloraban todos los años su muerte,
y se regocijaban de su resurreccion.
:( 97 )
tan perfectamente pueden mirarse ; pero son
todos muy peligrosos : hay que franquear es
pantosos abismos. Hay de ellos que tambien
han llegado á este nuevo Olimpo sin saber por
donde : todos corren por entrar; y mientras
que trepa uno, hay ciento que se rompen
antes el cuello..
La altiva dueña de este suntuoso palacio es
la Fama , esa antigua y parlera Diosa , á quien
en todos h^'tiempos hasta el mas modesta
le ha ofrecido su dosis de incienso. Él sabio
dice que su corazon la desprecia ; que abor
rece el esplendor que lleva consigo este gran
nombre; que la alabanza es un veneno para
el alma : el sabio miente, y dice un disparate..
La Fama habita pues en estos encumbrados
sitios : los Cortesanos que la obsequian, son
príncipes , guerreros , pedantes , religiosos ,
poetas y escritores. ¡ Oh cohorte embriagada de
vanidad ! lodos ván suplicandola y esclamando
arrodillados : ¡0 Fama, poderosa Deidad,
que lo sabes todo y hablas sin cesar j por ca
ridad siquiera habla un poco de nosotros ! .
Lleva la Fama^ para desahogar sus indis
cretos conceptos, dos trompetas: la una.en la
boca, con la que celébralas hazañas de los
7
(9«)
héroes; la otra, pues que quereis que os lo
diga , en el culo , y esta le sirve para instruir
nos de ese nuevo enjambre de libros insípidos,
producciones de plumas asalariadas, efímeros
insertos del Parnaso , que recíprocamente se
eclipsan, hechos en un mes, enterrados en un
dia , y olvidados para siempre.
Una infame turba de pretendidos autores
que persiguen atrozmente el verdadero genio,
Guyon, Freron, la Beaumelle, Nonolte y Sa-
batier, ese indigno instrumento del fraude, que
prostituye su pluma y miente por el dinero ;
todos estos trancantes de la opinion y del
tiempo se atreven atraerse la Fama. Cubiertos
de lodo , se presentan con altivez á la Divini
dad ; mas son arrojados á fuertes latigazos del
santuario, apénas han tenido el honor de besar
su trasero.
El gallardo Dunois , caballero en su jumen
to, se halla de repente transportado á este
placentero asilo. La celebrada trompeta habia
publicado su nombre por todas partes; con
templa las cristalinas paredes. ¡ Oh que com
placencia le domina ! ¡ Famoso héroe ! tú veias
en estos brillantes espejos reflejadas las vivas
pinturas de tus virtudes ; uo solo en los asedios,
(99)
combates y estrepitosas proezas bélicas, sino
tambien las mas pacíficas , que son mucho
mas arduas. Innumerables infelices cargados
con tus beneficios ie bendicen ; los hombres
de bien que protegias eu la corte, y los huér
fanos á quienes haibias vindicado de sus tu
tores. Contemplando Dunois su historia, se
complacia de la gloria que babia merecido. Su
asno, divertido tambien en mirarse , se recreaba
pasando de espejo en espejo'.
Resuena una de las dos trompetas, y oye
ron que decia : Este es el horrible dia en el
que se ha dictado en Milan la fiera sentencia
de quemar á la amable Dorotea. ¡Mortales
que conoceis el amor, llorad! ... ¿A quien?
pregunta Dunois. ¿Quien es esa beldad ? ¿Que
delito pudo haber cometido ? ¿Por que la que
man? Si fuese una fea, estaba bien; ¡pero
una belleza , Santo Dios ! testo es muy cruel.
¿ Habrán perdido el juicio los Milaneses' Con
tinúa la trompeta : ¡ Ah Dorotea , pobre Doro
tea ! en ardiente fuego vas á ser arrojada , si
el valor de un leal caballero no te saca de ese
brasero que te consumirá.
Sientese Dunois con vivo deseo de salvar á
la Dama : bien sabeis que asi que se presentaba
(ioo)
ocasion de señalar su valor, vengar i la mo
cencia , lavar una afrenta , sin hablar palabra
allí estaba nuestro invicto héroe. Entonces
dice á su fiel animal : Volemos á Milan , vo
lemos adonde nos llama el honor. El jumento
estiende sus dos alas; un Querubin camina
con menos rapidez. 4 Ya descubre. el sitio
donde la justicia preparaba el terrible suplicio.
En medio de la plaza mayor forman una enor
me hoguera; trecientos alguaciles, hombres
de suyo cobardes , codiciosos , é insensibles al
mal ageno , impiden al pueblo que se acerque :
por todas partes se ven las ventanas llenas de
gentes que ya esperan la hora con impacien
cia : en un balcon el Arzobispo y sus Cape
llanes estan observandolo todo con serenidad.
Cuatro corchetes traen á Dorotea en camisa
y cargada de hierro . Su desesperacion, su honor
y el trastorno de sus facultades estienden de
lante de sus ojos una opaca nube , y las lágri
mas de dolor inundan sus mejillas : vé con
terror el sitio destinado para el tormento; en
tre suspiros y sollozos pronuncia á pausas estas

4 Espíritu celestial con cuatro alas y con pies de


buey. . .' .
(.0.)
palabras : ¡ O amante , amante ! ¡ dueño mio !
¡tú que en este momento, para mitan terrible,
reinas todavía en mi corazon ! No pudo
continuar ; y articulando apenas el nombre de
su amante , cae desfallecida y cubierta de un
frío sudor, viva imagen de la muerte : mas en
tan temble situacion todavía era hermosa.
Un hombre inicuo , llamado Sacrogorgon,
se llega al suplicio con una daga en la mano,
vestido de hierro , y con el mayor descaro pro
nuncia en alta voz : Señores, juro por Dios
que Dorotea merece ser quemada. ¿Hay al
guno que quiera defender su causa ? ¿ Quien
quiere combatir por ella? Si lo hay, que salga:
aquí llevo con que confundir su necia osadía.
Dice , y con indecible altivez miraba por
todas partes blandiendo la espada. Todos tem
blaban al verle : no hubo en toda la ciudad
quien quisiese defender á la pobre Dorotea.
Sacrogorgon acababa de confundirlos con sus
terribles voces : todos lloraban , pero nadie
salia á la pelea.
El buen Dunois , que acaba de llegar á la
plaza , quedó tan maravillado de la insolente
audacia del perverso campeon , y al mismo
tiempo le pareció tan bella , aun en medio de
( '°2 )
tantos horrores, la hermosa Dorotea , i quien
la desesperacion la hacia mas interesante, que
asi que la vió la creyó inocente. Baja con se
renidad al sitio , y le dice con firmeza : \o
sov , cobarde insolente, yo soy el que con mi
valor vengo á manifestar en este «itio que Do
rotea es virtuosa é inocente , y que tú eres un
bárbaro, un fanfarron, un calumniador. Ahora
quiero que me diga Dorotea que crímen le
imputan , y por que queman á las herniosas
en Milan. Sorprendese el pueblo , y 1» espe
ranza de ver libre á Dorotea le consuela. Sa-
crogorgon , que estaba temblando de miedo ,
aparento como pudo serenidad y valor; mas
el fiero prelado no puede ocultar la turbacion
que le agita.
Entonces Dnnois se llega con ademan noble
y guerrero á hablar á Dorotea. La hermosa
joven, bajando sus ojos, le cuenta suspirando
su desgracia : el bravo jumento, plantado en
la puerta de la iglesia , parecia estar enterne
cido ; y las devotas familias de Milan bende
cian á Dios, porque se compadecia de sus
hijas.
(,o3)

CANTO VIL

JRGUMENTO.
De que modo Dunois salvó i Dorotea sentenciada i
muerte por la Inquisicion.

Ev la primavera de mis dias me abandonó


mi dama. ¡ Que tristeza se apodei.ó de tni co
razón ! Pero jamas pude ofender coa la menor
palabra á la beldad que habia adorado, ni tur
bar en nada su feliz suerte Jamas tuvo en
trada en mi corazon tan atroz delito ; jama*
pensé en causarla el menor disgusto : pues , sí
asi trato á las desleales , ¿ que haré con las que
solo por modestia se resisten á mi pasión ? Es
accion abominable perseguir á una jóven que
no se ha podido subyugar. Si la dama , á quien
ofreceis vuestros homenages, no participa de
vuestra llama , buscad en otra la tierna corres»
pondencia . fácil es encontrar donde conso
laros ; o si os parece , el licor de Baco puede
suavizar vuestras penas. ¡Asi el campeon, i
(,oí) ,
quien Amor habia convertido en bárbaro
opresor de tan rara beldad , hubiera seguido
tan prudente consejo !
Ya habia animado el amable Dunois á la
hermosa Dorotea ; mas convenia averiguar la
certera de los atentados que la imputaban.
¡ Oh ! csclama bajando sus ojos , ángel del
cielo , venis á emprender mi defensa , bien
Cabeis que estoy inocente. Yo no soy mas que
un mortal , replica Dunois , que disfruto la
ocasion lisonjera de libraros de un suplicio tan
cruel. En los corazones solo el Eterno es el
que lee : yo tengo á vuestra alma por virtuosa
y pura ¡ pero decidme que os ha sucedido. >
Entonces Dorotea , enjugando las lágrimas
que inundaban sus mejillas, dice : El amor,
6olo amor ha causado mis desgracias. ¿Cono
ceis al señor la Trimouille ? Sí , responde Du
nois, ese es mi íntimo amig'o : pocos héroes
tienen un alma mas sensible ; el Inglés no re
conoce enemigo tan fiero; no hay caballero
que sea mas digno de ser amado. Verdad es,
continúa, es el mismo, el mismo. Y» ha pasado
mas de un año que salió de Milan : aquí fué
donde me adoro ; lo juraba , y me atrevo á
aseguraros que se halla siempre inflamado de
( .o5 )
la misma pasion, que constantemente es cor
respondida.
No lo dudeis, dice Dunois; vuestra belleza
asegura la firmeza de su amor : le conozco; ha
sido tan consecuente como yo ensus promesas,
y como yo leal á su Rey. ¡ Ah, señor! esclamó
la desventurada, asi lo creo. ¡Oh venturoso
dia en el que al verle me pareció el mas amable
de los mortales y 'el mas virtuoso; dia en el
que se apoderó de mi corazon ! Le adoré ántes
de saber si le amaba.
Entonces, ¡ oh momento delicioso! estando*
en la mesa del Arzobispo este héroe, me declaró
su pasion ¡ Ah! perdí el uso de mis senti
dos; la sangre me ardia con fuego descono
cido : ignoraba los riesgos del lascivo amor, y
conmovida con la comunicacion eléctrica, ya
no comí. Al siguiente dia vino á verme ; su
visita fué corta , y mi corazon le siguió. Vino
despues con mas frecuencia , y aun me habló
á solas. Compadecida , quise recompensarle
recibiendo dos besitos sobre mis risueños la
bios, y luego exigió alguna otra cosa. Luego
logrón.. . ofreciendome un dulce enlace. Insis
tió en sus ataques me hizo un niño— ¡ Quei
digo ! es preciso que cuente todos los sucesos
( io6)
y mi vergüenza , sin que sepa , ¡ ó digno caba
llero ! quien es el héroe i quien confio mis se
cretos.
Por complacerla , y no por ostentar su na
cimiento y hazañas, dijo: Yo soy Dunois ; y
era decir lo bastante. ¡ O Dios, cuanto me fa
voreceis ! vuestra bondad quiere que me de
fienda este brazo siempre victorioso. ¡Ah!
bien se manifiesta de quien descendeis. ¡Enca
recido bastardo , corazon noble , alma sublime !
el tierno Amor iba á sacrificarme en sus aras;
mi salud procede del hijo del Amor : el cielo
es justo , y la esperanza me reanima.
Amable Dunois, nú amante á los pocos
meses se vió precisado á marchar á la guerra ,
á esa guerra funesta contra los malvados In
gleses. Escuchó la voz de su deber, y me dejó
en la desesperacion. Acaso habeis esperimen-
tado mi deplorable estado; ese fiero deber
causó nuestras desgracias : aprobé la separa
cion vertiendo lágrimas ; mi corazon se lo re«
probaba , pero moria sin poderme quejar. Ma
hizo el amoroso regalo de un brazalete tejido
de sus rubios cabellos , y su retrato con grata
ilusion rae presenta á mi amante ausente.
Entregóme un escrito formado por el amo;
( '°7 )
constante , en que me daba una garantía de su
eterno amor : prometiame con solemne jura
mento de volver bien pronto á esta corte i
desposarse con su cara Dorotea.
¡ Ah ! marchó á encerrar su valor en Orleans .
Quizá estará todavía dentro de aquellos mu
ros, adonde lo llama el honor. ¡ Oh si supiese
cuantas cuitas y que de horrores me haee su
frir su ausencia! No, cielos siempre justos,
no ; vale mas que lo ignore.
Partió pues, y yo me alejé de las vistas sus
picaces de la indiscreta Capital , á buscar en
la campiña un asilo á mi afligido corazon.
Muertos mis parientes, libre en mi tristeza,
oculta para el mundo, tenia sepultadas mi si
tuacion y mis lágrimas en el mas misterioso
secreto. Pero desgraciadamente conservaba
yo ciertas relaciones de familia con un Prela
do Al pronunciar estas palabras , la embar
garon los sollozos.
Despues, levantando al cielo sus ojos baña
dos en lágrimas, prosigue : Ya habia dado á
luz con sigilo el tierno fruto de mi amor clan
destino , y esperaba con su nacimiento el tér-
miiio de mis infortunios, el regreso de mi
ajryiute. El Prelado quiso ver que hacia yo en
( io8)
Jo enmarañado de la floresta , y en busca de
|ni retiro abandona su magnífica habitacion :
al verme , se enamoró de mis atractlvos. Esta
hermosura , dádiva funesta de la naturaleza ,
que detesto en el dia , penetra su corazon. Ma-
niñesta sus deseos. ¡ Cielos ! ¡ cuan sorprendida
me quedé! Le represente sus deberes religio
sos, el decoro de su estado , los sagrados nudos
que le enlazaban con mi familia ; le manifesté
lo horroroso de su porfía. Mas, ¡ ah ! que por
mas que le dije, no desistió de su intento. Se
lisonjeaba de que mi indócil corazon , cerrado
todavía al amor, se rendiriia á los esfuerzos del
tiempo y de la constancia , y asi insistia en sus
lascivos y porfiados ataques.
Un dia que estaba sumida en mi tristeza,
leyendo la dulce oferta que regaban mis lá
grimas , entra el cruel .... y me sorprende ; toma
el papel , del que dependia mi , vida , y des
cubre en el fatal escrito todos mis secretos,
mi amorosa llama, y su rival; entonces sus ra
biosos zelos lo enfurecieron ¡ espiabame con
mayor ahinco, y supo luego que tenia un niño.
Cualquier otro hubiera desistido entonces de
su temeraria empresa; pero él me dice : ¿Solo
conmigo habeis de ser ingrata? ^ Vuestros fe- '
( i°9)
vores han de ser solo para el atolondrado quo
posee vuestro corazon ? ¿ y os atreveis á resis
tir? No mereceis el loco amor que os tengo :
ceded al momento , ó temed mi venganza. Me
arrojé temblando á sus pies ; puse á Dios por
testigo de mi convenido enlace; lloré, pero
el furioso parecia encontraba en mí entonces
mayor mérito. Me tiende en el suelo, y quiere
gozarme : pido á voces socorro , y todo su amor
se convierte en furiosa rabia. ¡O cielos, que
ultraje ! con terribles golpes acardenalo mi
rostro. Acuden al ruido , y en el mismo ins
tante uniendo al anterior crímen otro nuevo :
¡Cristianos, dice, esta es una impía, sacri
lega, la abandono á Satanas! Un herege, un
reprobo sobornador ha hecho pública su des
honra : este hiño es fruto del adulterio. ¡Que
Dios confunda al hijo y á la madre ! y pues
que ya los he maldecido, que sean entregados
á la Inquisicion.
No quedó en vano esta amenaza ; apenas
habia llegado á Milan , cuando se presenta el
inquisidor mayor. Me sorprenden , y conducen
á un oscuro calabozo , donde el pan de dolor
era mi triste alimento, ¡ Subterráneos espan
tosos ! ¡ morada perpetua de la mas oscura
(...)
noche ! ¡ mansion de la muerte, y sepulcro de
vivos!... ¡Ab!... á los tres dias vuelvo á ver
la luz , mas para perderla otra vez en medio
de tormentos; ya veis esas voraces hogueras:
en ellas, á los veinte años, voy á espirar. Esta
es la cama para mi última hora ; allí , si no
fuese por vuestro brazo vencedor, iban á arre
batarme el honor y la vida. Muchos guerreros
hubiesen tonudo mi defensa, segun es cos
tumbre, y hubiesen combatido por mí; pero
la virtud se vé encadenada , y los Italianos
tiemblan al ver una estola 1
Al llegar aquí, Dunois, picado su honor,
compadecido de la hermosura acusada , y
enfurecido contra su perseguidor, anhelaba el
momento en que pudiera mostrar su valor,
lisonjeandose ya de la victoria; pero se sor
prende al verse rodeado de cien corchetes
que le embestian noblemente por las espal
das. Un capigorrista, con sotana y bonete cua
drado, gritalía en tono de miserere : Se hace
saber de parte del Santo Oficio , para gloria
de Dios, á todos los cristianos que el cielo
favorece, que acabamos de condenar al fuego

1 Oruamenlo sacerdotal.
fui)
i este estrangero, á este campeon profano , al,
infame caballero de Dorotea , por infiel , he-
rege y hechicero ; que sea quemado al instante
con su jumento.
¡Cruel ministro, Busiris con sotana! * ¡A
tanto habia de llegar vuestra perfidia ! ¡Te
míais el brazo de este guerrero ! ¡ Queríais
oprimir con el nombre de justicia al que in
tentase romper el velo espantoso que ocultaba
el crimen !
Avanza la escolta de asesinos con precipita
cion ;i prender á Dunois, y retrocede; vuelve
á .marchar, y despues se persigna y se detiene.
Sacrogorgon , que los capitaneaba temblando ,
les grita : Vamos, es preciso morir ó vencer;
procuremos prender á este hechicero. Los
diáconos de la ciudad y los sacristanes, que se
iban reuniendo, el uno con un jarro de agua
bendita, el otro con el hisopo, * y forma
banse en círculo , rociando á toda la asamblea ,
conjuraban y maldecian al Demonio , repar
tiendo pródigamente bendiciones.
El gran Dunois, algo alterado, vé que le

• Rey de Egipto, que pasaba por tiranos


1 Para rociar el agua bendita , de cerdas de caballo.
(•*0
condenan por emisario del Diablo; entonces
cogiendo en su invencible brazo la terrible
espada , y mostrando con la otra mano un ro
sario, catolico instrumento, estimable escudo
y conducto de su salvacion : Vamos, dice,
ven aquí, jumento mio. El animal se acerca,
monta Dunois, y en breves instantes descon
cierta la cobarde comitiva : al uno le traspasa
el esternon y un brazo ; al otro le aldanza en
el hueso que llaman atlas ; á este le hace.caer
la nariz y mandíbula; á aquel la oreja y el
húmero : quien se hunde para siempre en la
negra noche, y quien huye diciendo : Ore-
mus El asno , en medio de la sangre y ma
tanza , se anima con el valor del palaciego :
vuela, tira coces, muerde, patea al torbe
llino de impíos : los alcanza otra vez Dunois ,
y al uno le estruja los pubis, al otro le atra
viesa con el sangriento acero hasta el coccix.
Los viles caen , y el pueblo grita : ¡ Bendito sea
Dios ! El bárbaro — ya murió.
El malvado so revolvia todavía en el polvo,
y su corazon palpitaba ,. cuando le dice el
héroe : ¡Alma corva y facinerosa, el infierno
te espera; teme al Diablo, y confiesa que el
acusador es un infame , que Dorotea está ino
(..3)
centc , que es constante y leal al tierno amante
que la recata, y que tú eres un truhan. Sí, se
ñor, sí, teneis razon; soy incauto: el asunto
está bien claro, y vuestra espada lo acredita.
Dice , y su alma va á ser residenciada. Asi
murio el fiero Sacrogorgon.
En este instante el infame entregó su alma
á Belzebuth : se presenta en la plaza un escu
dero con celada y lanza ; delante corrian dos
postillones con librea amarilla , lo que indicaba
que se esperaba un gran caballero. A su vista
la hermosa Dorotea , transportada de admira
cion y de amor : ¡O Dios omnipotente ! escla
ma : ¿ será posible ? ¡ el cielo se compadece
de mis desgracias !
Los Milaneses, pueblo muy curioso, diri
gieronse al escudero. | Ah ! encarecido lector,
¿no te daria vergüenza de parecerte á esto
variable pueblo, y de ocupar tu atención en
reflexionar en su carácter voluble? ¿Acaso es
este el objeto de mi obra ? Piensa , lector', en
los muros de Orleans, en el Rey de Francia ,
en los crueles sitiadores , en la amazona, en la
ilustre Doncella , vengadora del pueblo y del
trono, que sin enaguas ni vestido iba por mer
dio del campo como un Centauro , teniendo en
(''4)
Dios su firme esperanza , contando mas en su
proteccion que en su valor, y dirigiendose siem
pre á San Dionisio , que iba intrigando en el pa
raiso contra San Jorge y eu favor de la Francia.
Sobre todo, lector, no olvides á Inés; con
serva en tu memoria sus gracias singulares :
todo hombre honrado debe lamentarla. ¿Hay
por ventura alguno tan severo y despiadado,
que no le interese la suerte de Inés?
Pero declarame, si gustas, si en efecto fué
sentenciada al fuego Dorotea; si el Señor,
desde lo mas encumbrarlo del firmamento,
salvó la vida á esa víctima desgraciada. Pero
¡ que el objeto que interesa á vuestro corazon,
lectores mios , esté entre los brazos de un li
mosnero de Chandos ! para esto no es menes
ter milagro alguno ; por desgracia , lo vemos
con demasiada frecuencia, lo confieso. Yo
aprecio mucho toda aventura que tiene por
límites el poder humano , porque soy hombre;
y para mí es un honor participar de las fla
quezas humanas. En mejores dias poseia yo el
afable cariño de las damas, y todavía apetezco
encontrar im corazon tan sensible como el
mio.
(,,5)

CANTO VIII.

ARGUMENTO.
El amable la Trimouille encuentra un Inglré en el san
tuario de Loveto, y la qne ocurrió despues con sa
Dorotea.

¡Cuín sabia é interesante es esta historia !


¡ Como forma el espíritu, y el corazon ! ¡ Como
aparece en ella triunfante la virtud , inaltera
bles los derechos de los Reyes , y sin mancilla
elpudor virginal ! Es un vergel. en que todo em
belesa por su cultivo y variedad. Veo en él la
castidad amable, la mas bella de todas las her
mosas flores, semejante al candido lirio que
levanta sin rubor su nevada cabeza. Jóvenes de
ambos sexos, leed estas refulgentes victorias
de la virtud. Escribieronse por nuestro abate
Tritemio , sabio Picardo , ornamento de su
siglo, ¡Cuan preferible es su lectura á la de
esas insípidas novelas que nacen y mueren en
un año , abortos de cerebros evaporados ! La
verdadera historia de Juana de Arco triunfará
de la envidia y del tiempo. La verdad me ar
rebata; solo ella es permanente.
De nuestra heroina no puedo por ahora
hablaros palabra ; Dorotea , su vengador Du-
nois , y La Trimouille , objeto de sus amoríos,
reclaman mi pluma; y es justo ademas mostrar
aquí los maravillosos efectos de su amor.
No habréis olvidado que La Trimouille , ho
nor del Poitu, cerca de Orleans, señalandose
en valor por su buen Rey , fué arrojado en un
foso , en donde quedó sumergido en el cieno
hasta el pescuezo : con grande trabajo pudie
ron sacarle sus escuderos del fango, contuso
y estropeado.
Conducian este cuadro de la miseria acia
la ciudad sitiada ; pero ya estaban tomadas las
avenidas por la sagacidad de Tnlbot. Trans
portan á nuestro héroe, por evitar una sor
presa, por mil rodeos á la hermosa Tours,
poblacion leal y sumisa al Rey Carlos. Un char
latan, que acababa de llegar de Vcnecia, le
reparó la dislocacion ; y el escudero le mani
festó luego que tenian cerrado el paso á Or
leans . El caballero , fiel siempre á su ternura ,
resolvió por mera distraccion visitará su dama.
Dirigese por mil riesgos acia el pais conquis
("7)
tado por los Lombardos. Al llegar á las puertas
de la ciudad , rodeale y le oprime la multitud,
que alborotando con., n á Milan, reuniendose
de las vecinas, y gritando desaforadamente :
Vamos pronto : ¿ en que nos detenemos ? de
esto no podemos disfrutar todos los dias.
Bien pronto supo nuestro caballero la fiesta
que iba á presenciar este soez pueblo lombar
do , y los crueles preparativos que le llenarian
de terror y furia. ¡ Dorotea mia ! dice , y corre
con precipitacion. Su veloz caballo, trepando
por cuantos obstáculos encuentra , le trans
porta en cuatro saltos á los arrabales , á la ciu
dad , y por último á la plaza , en donde la
generosa osadía del bastardo habia disipado
todos aquellos monstruos crueles ; donde Do
rotea , desmayada , afligida y exánime , no se
determinaba á alzar la vista á tan horroroso
aparato. El abate Tritemio , con su gran ta
lento, jamas hubiese podido pintamos la sor
presa y transportes de esta alma pura al ver
á su amante. ¿Que diestro pincel podria repre
sentar el resto del amargo dolor, y la plácida
alegría en que se anegaba el corazon? ¿Quien
s«ria tan diestro en presentar la lucha del
rubor con la ternura ? La Trimouille, embria
(..8)
gado de amor, la estrecha en sus brazos,
todavía afligida y llorosa ; abrazaba y besaba
alternativamente á Dunoi. , á su dama , y al
jumento.
El bello sexo ocupaba las ventanas, palme
teando enternecido ; y puesta en fuga la gente
de sotana, quedaron los despojos de la des
hecha hoguera nadando en sangre. El intré
pido bastardo , restituyendo la vida á Dorotea ,
parecia al grande Alcides, que encadenando
la furibunda muerte , el can de las tras cabe
ras, y la triple Euménides, restituyó á Alcestes
á su dolorido esposo , aunque le tenia secreta
mente zelos.
Desde allí fué conducida con toda pompa. en
una litera la hermosa Dorotea á la habitacion ,
escoltada por los dos héroes. Al dia siguiente,
el generoso bastardo se acerca al lecho de la
hermosa pareja , y les dice : Conozco que mi
presencia es ya inútil para los dulces deleites
que disfrutais; me precisa salir de esta ciudad.
Juana y mi Rey me llaman, deboreunirme con
ellos; me lastima el pesar de estaheroina por
la pérdida de su jumento. El gran Dionisio, el
patron de nuestras leyes, se me ha aparecido
esta noche ; pareceme estarle viendo. Me prestó
("<))
estas armas y la caballería para socorrer á las
damas , á los caballeros y á los Reyes ; me
encargó volviese á mi patria. Gracias al cielo,
ya estais servida , Dorotea ; ahora voy á servir
á Carlos séptimo. Disfrutad por largo tiempo
las delicias del tierno amor, que yo voy á sa
crificar la vida por mi buen Re'y.El tiempo es
corto, y mi asno estará impaciente.
Os sigo al momento en un caballo, dice el
amable La Trimouille. La beldad le dice : Este
era tambien mi proyecto ; tengo un vivo deseo
de ver la Corte de Carlos VII , su hermosa
corte, tan fecunda en héroes; su tierna Inés,
que dirige su corazon ; á la terrible Juana , tan
célebre por su valor. Mi caro amante, mi apre-
ciable libertador, me conduciriian hasta el
cabo del mundo ; pero no olvidando mi supli
cio, cuando en voz baja rezaba, hice á la
Vírgen el buen voto de visitar su casa de Lo-
reto, si se dignaba librarme de la hoguera. Al
punto la madre de mi Dios os hizo venir en
vuestro celestial jumento á salvarme de las
horribles llamas : por vos vivo; debo cumplir
el volo , para que no me castigue la Santisima
Vírgen .¡Víaría.
Todo está bicu , dice La Trimouille , y est*
( 120 )
peregrinacion es un deber sagrado ; me permi.»
tirás que te acompañe : tengo mucha devo"-
cion á nuestra Señora de Loreto. Marchad , Du-
nois, por el estrellado espacio, hendiendo el
aire , volad al campo de Blois , que antes de un
mes nos reuniremos. Y tú, Dorotea , ves á cnn>
plir tu voto religioso; he formado yo otro que
es digno de tus divinos ojos, y es probar en todo
tiempo y lugar á todo caballero, con la punta
de mi espada y lanza , que eres la preferible
entre todas las bellezas de nombradla , esce*
diendo á todas en hermosura , discrecion y
denuedo. Y pica el bastardo á su jumento, el
cual estiende las alas, vuela con rapidez por
los etéreos campos ; y saliendo del horizonte ,
conduce á Dunois al orígen del caudaloso
Rodano.
El hijo del P^oitu toma el camino de Anco-
na, 1 acompañando á su dama con un bordon
en la mano , ambos con sombreros de peregri
nos, bien guarnecidos de benditas conchas,
y colgados del cinto dos gruesos rosarios en
gastados de oro y perlas. El valiente rezaba
1 Allí está la casa de la Virgen , traida de Nazaret
por los Angeles ; y la estatua qiie en ella se venera,
lleva tiara papal.
(.2')
continuamente el Ave María ; la beldad res.»
pondia con suspiros y letanías; y yo te amo,
era el dulce responsorio del Oremus que can
taban por el Camino. Recorren á Parma, Pla-
sencia, Modena, ürbino, á la torre de Cesena,
siempre hospedados en magníficos palacios de
príncipes, duques, condes y cardenales. Nues
tro caballero tuvo el alto honor de Sostener que
no habia en todo el mundo una joven ni mas
hermosa ni mas discreta que Dorotea ; y nin
guno se atrevió á oponerse á su declaracion,
j Tan discretos y considerados eran todos los
caballeros de aquella comarca !
En fin, llegando á las orillas del Musone
cerca de Ricanate, vieron brillar desde lejos
la suntuosa morada , santuario de Nuestra Se
ñora , aquellas paredes venerables que el cielo
protege, aunque ansiadas por avaros é impíos
corsarios, y que en otro tiempo los ángeles tu
telares transportáron por el aire con la celeridad
del rayo . Detuvieronse los ángeles en Loreto ; *
abrieron sus puertas sublimes , y se vió brillar
cuanto de magnífico y suntuoso sabe inventar

* A donde se trasladó la casa de la Vírgen poc


manos de ángeles. .' . ' t.. V vi vi ;.' '
8
(«o
la imaginacion y ejecutar el arte ; y los Santos
Padres , grandes vicarios del cielo , han ador
nado este lugar augusto con todas las riquezas
del orbe. Bajan del caballo los dos amantes, y
con corazon contrito se arrodillan. Despues
cada uno , para cumplir su voto , ofrece esplén
didos dones, aceptados todos con gratitud de
la Santa Vírgen María , y de los frailes que ha
bitan aquella bendita casa.
Los dos amantes comieron en la hospede
ría, en ia que encontraron á un Inglés impío
y orgulloso , que habia venido i visitar á la
Santa Vírgen por pasatiempo, mofandose para
sí de Loreto y de Nuestra Señora : perfecto
Inglés, que viajaba sin destino, comprando á
buen precio de los moderaos los versos de la
antigüedad , mirando siempre con ademan
sombrío y desdeñoso í los Santos y sus reli
quias, acérrimo enemigo de todos los Fran
ceses : su nombre era Cristobal Arondel. Iha
viajando por no caer en la melancolía , llevaba
consigo á su dama , mas esquiva aun y mas
grosera que él , taciturna , hermosa , amable
por la noche, insolente de dia; en la mesa,
en la cama;y en todas partes, de un carácter
muy diverso que el de Dorotea.
( '*3)
El buen Baron, ornamento del Poim, le
hizo el correspondiente saludo, á que no con
testo ; ,y le. entabló conversacion de la Vírgen
Mari'ü , despues que habia prometido á San.
Dionisio entre los Lombardos, que sostendriia
por todo el mundo la sin par discrecion y
belleza de su dama. Yo creo, le dice al tétrico
Bretón , que la vuestra es noble y de alguna
celebridad , tan discreta como hermosa ; y
aunque no ha desplegado sus labios, entiendo
que tiene mucho talento ; pero Dorotea la su
pera en un todo. Lo confesaréis, sí señor,
contentandoos con qne la demos el segundo
lugar despues de mi Diosa.
El altivo Inglés, durante este corteé dis
curso, le miraba de arriba abajo. Par diez,,
esclama : ¿ que me importa vuestro indiscreto
voto á San Dionisio , ni que vuestra moza sea
fea ó bonita , discreta ó necia , ñna ó desali
ñada y andrajosa? Contentese cada uno con
lo que es suyo , sin vanagloria ; mas ya que
habeis tenido el arrojo de pretender preferen
cia sobre un Inglés , os enseñaré vuestro deber,
y os probaré que todo Inglés, en semejantes
casos, da á todo Francés en la cabeza ; que mi
dama, en facciones, en color, en pechos, en
("4)
brazos, en culo, en talle, y aun en discrecion
y sentimientos de honor, vale cien veces mas
que vuestra peregrina; y que mi. Rey ( de
quien hago muy poco caso), cuando le dé la
gana , sabrá humillar al vuestro y á su gorda
heroina. Pues bien, repuso La Trimouille, sal
gamos de la mesa á reñir al momento ; para
vuestro escarmiento sostendré mi tierno amor,
el honor de mi pais y de mi Rey. Mas como
siempre es preciso ser cortés, de dos modos
de combatir, elegid el que mas os acomode :
á caballo ó á pie , para mí son ámbos iguales.
A pie, dice el feroz Breton ; no quiero que un
caballo tenga la gloria de ufanarse con mi tra
bajo : sin coraza ni morrion , porque estos per
trechos son de cobardes; hace mucho calor,
y quiero combatir al fresco. Me presentaré á
la lid en cueros; nuestras dos bellas formarán
asi mejor juicio de los golpes.
Que me place, dice el noble y afable Fran
cés. Su querida Dorotea tiembla al pensar en
el éxito de tan espantosa lucha, aunque se li
sonjea de ser el objeto de tan noble desafío :
temia que Cristobal Arondel traspasase con
algun golpe mortal á su amado La Trimouille,
á quien está bañando con amorosas lágrimas.
La Inglesa animaba á su caballero con fieras
miradas, segura de su belleza; jamas habia
llorado, y los combates á trompis de su palS
habianle servido de pasatiempo. Su nombre
era Judit de Kosamora , á quien Cambridge
honró y encareció Bristol. 3
Presentanse nuestros caballeros en la arena :
ambos engreidos en su noble empresa , deci
didos á sostener su patria y sus damas. Alzada,
la cabeza, enristrado el acero , estendido el
brazo, perfilado el cuerpo, juntan las puntas
de sus espadas, y principian á descargarse fu
ribundos golpes : cual retroceden , avanzan ,
saltan, y se preparan terribles puntadas; asi
como en una brillante noche, bajo el signo de
Leon en la canícula , todo el horizonte se in
flama é ilumina con mil fuegos que deslumhran
nuestra vista , un relámpago sucede á otro con
su fugaz resplandor. . . ,.. , ,. .;
La Trimouille acierta un terrible golpe á la
barba del altanero Cristobal , despues salta acia
atras con ligereza , y le descarga uno en el
muslo , y queda teñido en sangre.

3 Dos ciudades célebres de Inglaterra : la primera


por su comercio , la otra por su universidad.
* *, , , .
Enardecidos en la lacha, querian morir por
la gloria (le sus damas , y por decidir cual de
tas dos debia sucumbir; pero un bandido de
fes estados del Santo Padre entra con sus com
pañeros ca este sitio , con el justo deseo de
poder cumplir sus devociones.
El malvado se llamaba Martin Guerra, lar
dron de dia y de noche, corsario, asesino,
pero siempre muy devoto de la Vírgen , sin
que dejase nunca de rezar su santo rosario
pan» conservarse limpio y puro de todo pe
cado. Descubre en el llano á las dos doncellas,
los caballos, las lucientes sillas, y dos mulos
cargados de oro y de Agnus Dei. Desde que
pudo Btiivarias, se ocultaron. Roba á Judit
de Rosatnora , á Dorotea, los mulos, los ca
ballos, la ropa, y parte con la velocidad del
relámpago. . " ,
Los campeones continuaban descargandose
sendos tajos. La Trimouille advirtió el primero
que habia desaparecido su dama , y i su escu
dero á lo lejos, que la iba siguiendo; se des
maya, y su puntiagudo acero le cae de la
mano. Arondel se amilana : quedanse los dds
como hechizados. ¡Oh, oh! dice el Breton,
Pios me perdone , ya nos han birlado nuestras
( '27 )
preciosísimas joyas, y nosotros nos estamos
dando miles de golpes indiscretamente; cor
ramos acia donde se las llevan ; corramos
pronto, y veamos donde estan : cuando las
hallemos, nos volveremos á reñir por sus her
mosos ojos.
Convienen en ello , y como buenos amigos
se dirigen en su busca. Apenas lian andado
cien pasos , principian á gritar : ¡Ay mi pierna !
¡ Ay mi brazo! ¡Ay el pecho! ¡La ca
beza ! Y no teniendo ya espíritus animales que
van al corazon y forman los héroes, perdido
este ardor por haberlo agotado todo en el
combate con su sangre, los dos acardenalados,
débiles y desfallecidos , caen á un mismo
tiempo sobre el césped, regando la tierra con
su sangre. Los escuderos que seguian el alcance
á Martin Guerra, se alejan de aquel pais. Los
dos héroes sin criados, vestidos ni dinero,
tendidos en la llanura , faltos de todo , creian
cercano el fin de su vida, cuando una vieja,
pasando por este sitio , viendoles desnudos , se
acerca , y compadecida manda conducirlos á
su casa en pangúelas ; y con remedios restau
rantes, en breve les. restituye los sentidos, el
Color y las fuerzas.
(r»8)
La buena vieja era tenida en aquella co
marca por santa. En toda la redonda de An-
cona no habia beata alguna ni alma santa en
quien la gracia brillase con mas portentos;
curaba las ligeras heridas con aceite, y con
sus fervorosas plegarias habia repetidas veces
convertido á pecadores obstinados.
Los héroes contaron á la santa abuela su
aventura , y la pidieron sus consejos. Entonces
la beata decrépita se retira un rato á la soledad ,
ora á María , sale , y abriendo la boca , dice :
Id en paz , amad los dos á vuestras damas ,
pero que sea con buena intencion, y no hay
que mataros por ellas : los dulces objetos de
vuestro cariño estan sufriendo las mas terribles
pruebas de virtud ; lamento sus desgracias y
vuestros afanes. Vestios; tomad nuevos caba
llos : no hay donde equivocarse en el camino
que debeis elegir ; el cielo se digna por esta su
mas inútil sierva deciros que para encontrar
las es indispensable que las busqueis.
La Trimouille admira la energía de este dis
curso ; y el Breton , pensativo , le dice : Yo
creo vuestra profecía ; perseguirémos al fugi
tivo ladron , cuando tengamos vestidos, armas
y caballos : porque sin calzones, ¿donde hemos
(^9)
de ir? La vieja responde : Yo os lo propor
cionaré todo. Por ventura se hallaba allí un
circuncidado , barbudo , hijo de Isaac y Judá,
amigo de servir á gente sin prepucio. El digno
Hebreo les prestó desinteresadamente dos mil
escudos al cuarenta por ciento, segun cos
tumbre de su bendita raza conducida por
Moises áCanaan ; y este corto rédito, producido
por los préstamos , se partia entre la bendita
Vieja y el justo Hebreo. "',
( i 5o )

CANTO IX.

ARGUMENTO.
La Trimouille y Arondel recobraron sus damas en
Provenía. Aventura singular.
I)os caballeros que se han batido á caballo
6 i pie, con sable o con espada, vestidos ó
desnudos, se profesan una estimacion parti
cular, y cada uno exagera las virtudes y los
grandes golpes de su adversario, sobre todo
pasado el acaloramiento ; empero , si á este
conflicto sobreviene algun incidente impre
visto ó desgraciado azar, la desgracia los une,
la amistad nace de la situacion adversa, y dos
héroes asi encontrados se convierten en her
manos cariñosos. Asi sucedió en el lance de La
Trimouille y Arondel: este habia recibido de la
naturaleza un alma orgullosa , insensible, que
se hizo dulce, afable y cariñosa con su amigo.
La Trimouille, vencido por los halagüeños
lazos de la amistad , seguia en todo su gusto ,
porque su corazon era naturalmente dócil.
(i3.)
¡Cuan satisfecho me encuentro, dice, de
vuestros finos modales! Mi Dorotea, ¡ ah ! me
la han arrebatado ; vos me ayudaréis en medio
de los combates á buscarla , y á libertar á la
que mi corazon adora. Yo despreciaré las
muertes mas crueles por restituiros á vuestra
Rosamora.
Los dos amantes y los dos nuevos amigos
.parten juntos , y guiados por un aviso falso
se encaminan apresuradamente á Liorna. Pero
desgraciadamenteel robador iba por el camino
opuesto , y el malvado conduce á parte segura
su presa ; entra en una casa distante del ca
mino , cerca del mar , entre Roma y Gaeta.
Infame choza , execrable asilo donde la inso
lencia y rapacidad , la glotonería y la licencia ,
la embriaguez , las pendencias que engendra
la obscenidad desenfrenada, que estingue la
pura llama del amor, todos los escesos de unas
almas las mas viles muestran allí lo que somos
los hombres cuando nos abandonamos ciega
mente al furor de las pasiones. ¡ O perfecta
imagen del Criador ! ¡ en que te conviertes por
tu degradacion !
A su llegada, el infame corsario se sienta á
la mesa entre las dos beldades ¡ come voraz
(.32)
mente, y bebe á su salud. Despues les dice :
Señoritas , ¿ de ustedes dos cual es la que ha
de dormir conmigo ? Para mí todo es igual ,
todo bueno, á todo me acomodo : pelo rojo,
pelo negro, Italiana, Inglesa, pequeña, grande,
cristiana á judía , me es indiferente : bebamos.
A tan insolentes palabras, el rubor colorea las
mejillas de Dorotea :solloza y gime; oscurece
sus bellos ojos una densa nube que se deshace en
lágrimas que inundan su rostro hasta la barba,
donde dicen que el amor, acariciandola ua
dia , le habia hecho una pequeña hendidura ;
queda sumergida en amarga consternacion. La
inglesa Judit, mirando al despiadado corsario,
con altanería le dice : Quiero disfrutar aquí el
placer de verme á la media noche en vuestros
brazos, y entonces se sabrá lo que puede una
Inglesa con un bandido , cuando está en la
capia..Al oirla, el feroz Martin Guerra la da un
^encendido beso , y la dice : Siempre he amado
las mozas de Inglaterra. La vuelve á besar, y
apura un.gran vaso, despues otro; come, bebe,
ríe , canta y jura , y su lasciva y juguetona mano
recorre sin respeto ninguno los pechos de Rosa-
morayde Dorotea. Esta llora;pero la otra, sin
alterarse, se entrega á discrecion. Levantase de
( '53)
la mesa con pasos vacilantes, los ojos encendi
dos , advirtiendo, con gesto propio de corsario,
que van á cumplir su promesa ; é inflamado
por los dones de Baco, se prepara para los
combates de Citerea.
La Milanesa , llena de confusion , dice á su
compañera : ¿ Os atreveis á satisfacer el deseo
de un malvado? ¿Por ventura merece que
vuestra belleza se abata á su obsceno capricho?
Yo pretendo darle otra cosa, dice Rosamora,
y pronto lo veréis : quiero vengar mi gloria y
mi honor; soy leal al caballero que amo. Sa
bed que Dios, por su bondad suprema, se ha
dignado darme dos robustos brazos; que mi
nombre es Judit , y que imitaré á la defensora
del pueblo de Israel. Esperadme aquí, que
vuelo á ejecutar mi proyecto ; y echase en la
cama al lado de su huésped.
La noche cubria con su negro velo los he
diondos techos de aquella habitacion, centro
de la iniquidad. La chusma de los malandrines
tendidos en el pajar estaba durmiendo el vino ;
y Dorotea, en estos momentos de horror, es
taba sola temblando de miedo.
El asesino , perturbado con el vapor de los
racimos de Italia , se hallaba menos dispuesta
9
( i34 )
para el amor que para el sueüo : iba compri
miendo con pesada mano los arrogantes atrae.'
tivos que le provocabau al amor; y Judie ,
prodigandole su ternura , le envolvia en la
red con falsos halagos en que habia de hallar
íu muerte. El disoluto, fatigado de tanto es
fuerzo, desfallece; y volviendo la cabeza, se
duerme.
Tenia á la cabecera el brillante acero que
tanto valor inspiraba á Martin Guerra : le des
envaina nuestra Bretona ; é invocando á la
antigua Judit, á Dehora, ' á Jahel, á Aod
y á Simon , llamado Pedro , perseguidor de
orejas , empuña la cabellera crinosa del mons
truo de obscenidad con su mano izquierda ; y
levantando su soporada cabeza , alza la tajante
cimitarra, y corta el cuello al desenfrenado
raptor. Inundase el lecho eu sangre y vino ;

• Conocida es la bella Judit. Debora , valiente es


posa de Lapidolo, derrotó al Rey Jabín, que tenia
novecientos carros armados , en un pais montuoso
en donde no hay en el dia mas que pollinos. Jahel ,
esposa de Haber, embriagó con leche al general Si
sara ,' y le clavó la cabeza ; Aod metió un cuchillo
en el vientre, de parte de Dios, al rey Eglon : Simon
Barjona solo cortó una oreja á Maleo.
(i35)
treinta mil gotas del purpúreo licor, que ar
rojaba su cuello, riñen el rostro de la noble
heroina. Salta entonces de la cama nuestra
amazona , llevando en la mano la ensangren
tada cabeza , y se dirige á su tímida compa
ñera , la que al verla se desmaya , y al recobrar
los sentidos, esclama : ¡ Ah , Dios de justicia !
¡que accion! ¡que golpe! ¡que peligro! ¿A
donde huiremos? Si se despierta alguno, nos
degüellan. Hablad bajo, dice Rosamora ; no
he concluido todavía , seguidme con valor.
Los dos amantes, estraviados, corrian por
todas partes sin encontrarlas. Llegan en fin á
Genova, habiendolas buscado en vano por el
continente; entran en el mar, á la merced de
las agitadas olas , tras de los dos objetos que
turban su reposo, preguntando por ellas á los
cuatro vientos. Estos los conducen sucesiva
mente á las orillas de la feliz mansion donde
el Padre apostolico de los cristianos tiene las
llaves del paraiso ; ya á lo mas recóndito del
golfo Adriático , adonde el anciano Dux se
desposó con Tetis ; * despues se acercan á las
fértiles riberas de Ñapoles, y al punio en que

* Diosa del mar.


(i56)
está Sanazaro muy inmediato á Virgilio.5 Estos
revoltosos dioses , que ya no son hijos de Ori-
tia , hacen bogar á nuestros viageros sobre las
azuladas olas al través de los Scilas y Carib-
dis , 4 adonde sepultados los gigantes por el
Etna 5 no arrojan ya pavorosas llamas mez
cladas con ardientes cenizas. ¡ Tanto ha cam
biado con el tiempo el universo ! No lejos de
Sil.acusa saludan á la fuente Aretusa , que llena
de arroyuelos no admite en su seno las deli
ciosas aguas de su amante esposo. 6 Bien pronto
descubrieron la ribera adonde florecieron
Agustin 7 y Cartago ; mo a<!a espantosa, infec
tada en nuestros dias por el furor y rapacidad
de los Musulmanes, hijos de la ignorancia.
El cielo conduce por viltimo á nuestros ca
balleros á los templados climas de la fértil
Provenza.
Allí por las orillas coronadas de verdes oli-
' Mediano poeta el Sanazaro , mas fué enterrado
yunto á Virgilio en un sepulcro mas suntuoso.
4 Escollos muy peligrosos. ¡
s Ya tiene pocas esplosiones de llamas.
* El tránsito subterráneo del rio Alfeo hasta la
fuente Aretusa , es fabuloso.
* Obispo de Hipona.
( i37 )
tos, se hallan las torres de la antigua Marsella ,
bello monumento de un antiguo pueblo jó
nico. 8 Noble ciudad, griega y libre en otro
tiempo, ya no disfrutas ni de una ni de otra
ventaja ; pero en tu recinto encierras un tesoro
mas precioso que la misma libertad. Todos
conoceis á la hermosa Magdalena, que ha
biendo seguido mucho tiempo al amor, le
vanto sus ojos al cielo con su arrepentimiento
y lloró la vanidad mundana. De las orillas del
Jordan trasladóse á Provenza , azotandose pe-
Ditente muchos años en una profunda coba-
cha bajo del peñasco de Maximino. ' Desde
entonces el aire que allí se respira está conti
nuamente perfumado del bálsamo divino de
sus virtudes. Muchas jóvenes é innumerables
peregrinos han trepado á la cima de esta roca,
para abjurar el imperio del dios del amor, á
quien llaman espíritu maligno.
Cn dia, conociendo la arrepentida Judía
que estaba cercana su muerte, exigió una
gracia de su piadoso director. Concededme,
le dice, que si alguna vez llegan á esta roca

8 Los de Li Feocia.
• Los peíiascos de San Maximino estan muy cerca.
(.38)
dos amantes á entregarse á las emociones de
su ternura, que se estinga su impura llama,
que se aborrezcan y huyan el uno «lel otro, y
que su pasion amorosa se transforme en odio
irreconciliable. Asi habló la santa aventurera,
y su confesor le otorgó su demanda. Desde
entonces este lugar santificado hace aborrecer
lo que mas se ama.
Los dos héroes, habiendo recorrido á Mar
sella , el puerto , la rada y demas maravillas ,
quisieron visitar la santa pena , tan famosa con
el nombre del Santo-Bálsamo , tan celebrado
por la gente de capilla , y cuyo olor perfumaba
todo el reino. El buen Francés quiere verla por
devocion , y el fiero Inglés por curiosidad. Al
trepará la cima, vieron por los escalones for
mados en el peñasco varios viageros que esta
rían orando ; entre ellos habia dos jóvenes muy
lindas, la una de rodillas y cruzadas las manos,
y la otra en pie con ademan desdeñoso.
¡O dulces prendas por nuestro mal halladas!
¡con que grata sorpresa reconocen álas dns bel
dades que tantos afanes les costaban ! ¡ Vedlos
aquí , pecadores y pecadoras , en este asilo tan
funesto para el amor! La Inglesa les refiere su
cintamente como su brazo sostenido de influjo
(•39)
sobrenatural vengó su afrenta en el infame
Martin Guerra. Tuvo en tan inminente riesgo
la advertencia de recoger un bolsillo atestado
de oro , que el muerto no necesitaba en el otro
mundo; y evadiendose con el horror de las.
tinieblas de la terrible choza , se encamina
con sable en mano á la cercana ribera, con
duciendo de la mano á su tímida compañera :
entramos en un ligero bote, dispertamos al
capitan y marineros , y pagandole bien nos ha
conducido por el mar Tirreno. En fin , la ca*.
prichosa direccion de los vientos, ó mas bien
el cielo que siempre hace lo mejor, nos ha
traido á los cuatro á los pies de Magdalena.
¡ O que portento ! ¡ ó maravillosa virtud !
Habla Judit , y su amante la iba aborreciendo.
¡ Cielos ! ¡ que displicencia , y por ultimo , que
odio va ocupando el lugar del mas tierno amor!
La Trimouille , que contemplaba siempre tan
hermosa á Dorotea , la encuentra entonces fea ,
necia, presumida; y ella le mira con despre
cio, le detesta , y por no verle, le vuelve la es
palda ; mientras que Magdalena , circuida de
una transparente nube, disfrutaba tranquila
mente la satisfaccion de haber producido
aquella milagrosa transformacion.
(,ío)
Pero ¡ ah ! habia conseguido que los amantes
en aquel sitio aborrecieran al objeto de su
pasion mientras permaneciesen entre aquellas
benditas breñas ; pero no tuvo presente pedir
que no pudieran contraer nuevos empeños
amorosos , ni San Maximino tuvo la preven
cion de conceder la gracia con esta estension ;
y asi la desleal Inglesa recibió en sus brazos á
La Trimouille , y Arondel se solazó con las ama
bles prendas de Dorotea que le dejó hechizado.
El abate Tritemio dice que Magdalena , al mi
rar este imprevisto cambio, solto la carcajada
desde lo alto del cielo ; y no es estraño , por
que aunque la virtud es muy agradable, á
pesar de su imperio , la Santa conservó siem
pre algun afecto á su primer oficio.
Sucedió, pues, que antes de exhalarsela
cuarta parte del santo aroma , ya no obraba el
milagro, limitandose su virtud al augusto re
cinto \ á la concavidad del sagrado peñasco.
Al bajar del monte, confuso La Trimouille por
haber aborrecido algunos momentos á Doro
tea, haciendo justicia á su gran mérito, la en
cuentra mas cariñosa que antes; y la beldad,
arrepentida de su rapto amoroso, le expia en
los brazos del héroe que adora. El señor
('40
Arondel se abalanza á su Judit , tambien con
vertida en apacible : todos aman como antes
amaban ; y podemos decir que Magdalena , al
ver su arrepentimiento , les perdonó fácil
mente.
El fiero Inglés y el Francés amable, teniendo
ya cada uno en la gurupa á su heroina , se en
caminan directamente á Orleans, deseosos de
reunirse á sus ejércitos para vengar el honor
de su palria. ¡Discretos amantes, enemigos
generosos! viajabais como verdaderos amigos,
sin entrar en pendencias ni riñas por vuestros
Reyes, ni por vuestras beldades.
( '4i )

CANTO X.

ARGUMENTO.

Inés Sorel es perseguida por el bigardo. Penas de tu


amante, y ocurrencia en un convento.

Acaso me he impuesto yo la obligacion de


encajar una sublime introduccion en cada tmo
de mis cantos ? Las reflexiones morales me fas
tidian y me aburren ; lisa y llanamente quiero
referir los hechos , mostrando la verdad des
nuda , y con estilo sencillo , que es el tinico
medio para desarmar á los censores atrabilia
rios. Entremos en el hecho, lector; los ma
gníficos cuadros de la naturaleza, y los que
la imitan, no necesitan los atavíos del arte.
El buen Rey Carlos , dirigiendose á Orleans,
entusiasmaba á sus briosos combatientes, col
mandolos de elogios, de esperanza , y les pre
dice el destino de los Franceses. Fuego y san
( .43 )
gre lanzaba de su boca y de sus ojos, al mismo
tiempo que secretamente suspiraba en la au
sencia de su dama. La separacion de su Inés
era en su situacion un rasgo de heroica virtud ,
era desprenderse de la mitad de sí mismo.
Cerrose en su aposento , y calmado del
transporte delicioso de la gloria, el demonio,
que preside al amor, principió á embargarle
los sentidos; y mas diestro en las lides, fácil
mente ganó la victoria. El buen Príncipe es
cuchó con distraccion los discursos con que
le mortificaba ; y despues en secreto, comba
tido de tristeza y con trémula mano escribió
una tierna carta, rególa con sus lágrimas : por
desgracia Bonneau no estaba allí para enjugar
las. Cierto majadero, gentil hombre ordinario,
fué el conductor del dulce billete. Una hora
despues, vuelve el ligero postillon. Sorpren
dido el Rey, le dice : ¿Por que te vuelves?
¡Que ! ¡ mi carta ! Señor, todo se ha per
dido; armaos, Señor, de valor y de virtud.
Los Ingleses Señor ¡ Ah ! pereció Han
cogido, Señor, á Inés y á la virginal Juana.
Al oir tau infaustas nuevas, cayó el l\ey sin
sentido : al volver del desmayo, fué estremado
su dolor. Quien resiste ú golpe tan acerbo, no
(i44)
ama de veras. Los gentiles hombres se esmera
ban en templarle la amarga impresion que tan
horrible efecto habia causado en su corazon
y en su entendimiento, que estuvo cerca de
perder el juicio ; por menos se le enagenó á su
augusto padre. En sus arrebatos, gritaba : Me
quitan á Juana; me quitan mis grandes, mis
clérigos, mi director, nada me dejan mis im
píos enemigos. ¡Cruel Inglés! quitamelo todo,
pero dejame á la que adora mi corazon.
¡Amor! ¡Inés! ¡Monarca desgraciado! —
j Que hago yo aquí mesandome los cabellos?
j La he perdido ! debo morir ¡ Pluguiese al
cielo que desapareciese de esta vida ! ¡O
corazon ! ¡ Acaso en estos momentos de des
esperacion , algun «solente Inglés abusará de
su vana resistencia , y gozará con impiedad de
sus .gracias ! ¡ Que otra boca podrá recoger
de tus hechiceros labios tan interesantes fa
vores ! ¡ Que mano aleve comprime tus for
mas! ¿en que manos anda un deleite celestial?
¡Detesto la vida! ¡Furias, hijas del Averno!
decidme : ¿ Ha vendido á su desdichado aman
te? El Rey, confuso, agitado de mil sinies
tros presentimientos, no puede contenerse, y
va á consultar á los doctores , nigrománticos,
(45)
adivinos, sorbonianos, jacobinos, judíos, yá
cuantos sabian leer. '
Señores, conviene me digais si mi Inés me
es constante en el amor , si me es leal , si su
hermosa alma suspira solo por mí, ó si algun
Inglés á la fuerza Cuidado con engañarme,
descubrid á vuestro Rey este gran secreto; no
me oculteis nada. Ellos, bien recompensados,
consultaron en griego, hebreo, siríaco y latin ;
el uno examina la mano del Rey Carlos; el otro
dibuja una figura cuadrada ; este observa á Ve
nus y Mercurio; aquel, recorriendo sus mamo
tretos, reza entre dientes y con las narices los
salmos, repitiendo en voz bajaoraere; quien
mira en el fondo de un vaso, y forma círculos
en tierra , que fué el modo de buscarlo oculto
en la antigüedad. Trabajan y sudan á la vista
del Príncipe : despues alabando á Dios todos
reunidos, concluyen que el gran Rey puede
dormir á pierna tendida ; pues es el único
entre todos los héroes, á quien el cielo, por
su gracia infinita, se digna conceder una fiel

1 Estas divinaciones han estajo muy en voga. El


rey Felipe III envió un obispo y un abad á una beata
de Kivelta, adivina, para saber si su muger le era lie!.
(.46)
amiga : Inés es prudente, discreta, y detesta
todos los otros amantes. Fiaos , á vista de esto ,
en los señores sabios con toda su magia.
El inexorable y descomunal limosnero se
aprovechó del momento favorable ; y sin arre
drarle los gritos y las lágrimas de Inés, devo
raba los tiernos atractivos de su juventud, y en
medio de sus transportes groseros y deleites
brutales, carecia del placer del amor. ¡ Cuan
poco lisonjea estrechar entre sus brazos una
beldad que aparta el rostro, que cierra los
ojos, y que con sus lágrimas inunda el lecho !
Un hombre delicado racional tiene otros de
seos; solo se cree venturoso cuando comunica
igual placer al que recibe. Un limosnero solo
cabalga por ímpetu , y disfruta por instinto , sin
conocer mas límites que losde su potencia viril.
El amoroso y tímido page , que afanado
habia recorrido toda la aldea por servir á la
reconocida por arbitra de su suerte , vuelve ,
y— ¡ Ah ! ¡ que amarga sorpresa ! encuentrala
presa infeliz á medio devorar del lujurioso bi
gardo. Aunque demasiado tarde , lanzase sobre
él con espada en mano , y le desprende de su
inocente víctima. Encolerizase, desconcertado
de verse atropellado por un page ; y tomaudo
C '47 )
mi palo lo acomete , y bregan furiosamente
como bravos campeones, el uno bramando de
lujuria, y el otro de rabia y de venganza.
Los venturosos mortales que en el campo
disfrutan de una vida pacífica é inocente , han
presenciado varias veces arrojarse un lobo so
bre un rebaño, y cebarse en un desgraciado
cordero , dejandole en el césped por embestir
al fiel y brioso alano que acudió en su defensa ;
y el palpitante cordero desea la victoria del
leal protector del redil. Asi el forzudo limos
nero se batia con el page, mientras que Inés,
desfallecida y consternada, permanecia en la
cama, digna recompensa del vencedor.
El huésped , la huéspeda y toda su familia
acuden al estruendo, los desprenden , ahuyen
tan el escandaloso limosnero , declarandose
todos en favor del page, que quedó libre con
su dama. ¡ Siempre alcanzan la victoria la ju
ventud yl a hermosura !
Inés, llena de rubor y confusion al contem
plar con que descaro habla abusado de su
cuerpo un mugriento sacristan , y de que lo
hubiese visto el donoso page , no levantaba los
ojos del suelo , llorando amargamente ; hu
biera querido morir ántes que verse cubierta
(i48)
de tal ignominia ; y entre sollozos decia al
page : Señor , quitadme la vida que no puedo
tolerar. ¡Morir vos! respondió Monroso. ¡Ah!
si hubieseis pecado, deberíais vivir, y resi
gnaros. ¿Mas acaso Dios nos obliga á hacer pe
nitencia por los pecados agenos? Divina Inés,
sois inocente; y al decir estas palabras, sus
ojos la persuadian con mas elocuencia que sus
labios , y se insinuaban en su corazon ; y en
aquellos momentos ya deseaba vivir.
Les fué forzoso comer : los pesares no ali
mentan (harto esperimentado lo tengo) , antes
bien el corage abre el apetito ; por eso los
grandes autores, el buen Virgilio, el hablador
Homero , jamas han dejado de colocar en
medio de las mas indecisas batallas descrip
ciones de espléndidas comidas.
La discreta Inés come junto á la cama, y al
lado su page. Ambos igualmente vergonzosos
no miraban mas que á los platos ; despues ya
algo atrevidos se dirigieron de soslayo ardo
rosas miradas. En la edad florida de la juven
tud , una tierna mirada , cual chispa eléctrica,
reanima los sentidos, y hace circular la sangre
con tal rapidez, que se siente una conmocion
general y repentina, que inflama el corazon
('49)
dulcemente de un voraz peso y agradable
fuego. ¿Como ha de ser? la carne es débil, y
el diablo tienta.
El lindo Monroso , no pudiendo ya resistir
á la ardorosa llama , se arroja á los pies de la
afligida Inés. ¡ O señora mia ! ¡ ó mi adorada !
yo soy el que debo morir : aceptad un corazon
sumiso y tierno. ¡Ah! ¿que, mi amor no con
seguirá lo que un bárbaro motilon ha tenido
la osadía de usurparos ? ¡ Oh ! si el crímen ha
triunfado , ¿ que deberéis hacer con el rendido
y casto amor? Inés conocio la fuerza del ra
ciocinio del page ; mas todavía se resistió una
hora para atizar su deseo, para conciliar el pla
cer con el honor, y añadir el gusto de vencer
los obstáculos. Monroso , en fin , erafortunado
Monroso , disfruto de la ventura y delicias que
solo los verdaderos amantes conocen. La gloria
del Príncipe inglés se contentaba con los Reyes
vencidos : el fiero Enrique solo habia subyu
gado á la Francia ; mas la presa que cupo al
page era superior á todos sus triunfos.
Pero, ¡ah! ¡y cuan momentánea es la ale
gría ! ¡ cuan pasageras las felicidades de este
mundo ! Apénas empezaba á gustar nuestro
page de los dulcísimos deleites, cuando llega
(.5o).
una compañía de tropas inglesas; y sin pararse
en ceremonias, derriban la puerta. ¡Ah,
amantes embriagados en las delicias del amor!
al limosnero , á ese bribon , debeis esta terrible
sorpresa. Cogenlos infragranti , y los presen
tan en la misma actitud á Chandos. ¿ Que cas
tigo se les dará ? En medio de su trastorno , aun
se miraban con ojos encendidos; no habian
heclio mas que irritar el apetito sin apagar la
concupiscencia. ¿Que escusa le darán á Juan
Chandos ? Dispone la fortuna que en el camino
se encuentren los Ingleses con veinte soldados
de Carlos, destinados á rondar por la noche
en aquella comarca, para indagar el paradero
de Inés y de la virginal Juana.
Cuando dos gallos ó dos amantes se encuen
tran frente á frente en un campo ; cuando un
defensor de la gracia eficaz encuentra á un
discípulo de la escuela de San Ignacio; cuando
un hijo de Lutero ó de Calvino tropieza con
un cura ultramontano , sin perder tiempo prin
cipia un terrible combate con los espolones,
la lanza, ó la pluma : pues del mismo modo
los gendarmas franceses , asi que vieron á los
Bretones, cargaron sobre ellos como halcones.
Los Ingleses siempre se defienden. Miles de
(i5.)
golpes van y vienen sin consuelo. El caballo
que llevaba á Inés era ardoroso y ligero ; sal
taba , mordia el freno : Inés saltaba de la silla ;
Lien pronto , al estrepitoso ruido de los com
batientes, se enfurece y desprecia el espumoso
freno. En vano se quiere Inés sujetar en su pre
cipitada catrera ; son muy débiles sus esfuerzos,
y se abandona á la voluntad del brioso caballo.
El desgraciado Honroso, á la mitad del
combate, se encuentra sin su amada ninfa. El
caballo vuela con la velocidad del viento ; y á
las seis millas, se detiene en un tranquilo valle
frente á la portería de un monasterio, cerca
del cual habia un espeso bosque que rodeaba
un manso y cristalino arroyuelo, dando mil
giros entre las flores, enramandose por los
troncos de la arboleda las flexibles vides en
riquecidas por el otoño con el dulce presente
que nos hizo Noé, cuando salió de su gran
cofre para reparar la pérdida del género hu
mano, que, cansado del continuado espectá
culo del agua, creó por un arte enteramente
nuevo aquel precioso licor. Flora y Pomona ,
con fecundadas flores de los suaves céfiros de
esta deleitosa campiña , en la imaginacion que
dan embelesadas al contemplar que el paraiso
(i5a)
ele nuestros primeros padres no tenia mas her
mosos valles, ni mas afortunados; y jamas la
naturaleza habia estado tan risueña, pacífica
ni abundante. El aire que se respira en este
lugar inspira una paz celestial á los corazones;
y calmando las inquietudes de los pesares , hace
amable su soledad, aun á los hijos del mundo.
A la orilla del claro arroyo descansa Inés
mirando el convento, y se disipa la turbacion
de su alma. Este era, querido lector, un con
vento de monjas. ¡Ah, esclama Inés, adora
ble retiro! ¡ morada adonde el ciclo ha derra
mado pródigamente sus beneficios ! ¡ mansion
feliz de la paz y de la inocencia ! ¡ El benéfico
cielo me conducirá tal vez aquí para que ab
jure mis estravíos, llorandolos hasta la muerte!
Estas vírgenes , estas esposas del mas fiel , del
mas amable de los esposos, embalsaman este
recinto con el delicioso perfume de sus vir
tudes. ¡ Y yo, famosa entre las pecadoras, he
consumido mis dias en la obscenidad del vicio
y olvidada de mi Dios ! Asi hablaba Inés en
altas voces, cuando repara sobre la puerta una
cruz : adora con profunda humildad el estan
darte de la salvacion del mundo ; y sintiendose
compungida, desea confesarse : porque del
(,53)
amor á la devocion solo hny ca paso; uno y
otro nacen de la debilid id.
La venerable abadesa hacia dos dias que se
hallaba fuera del monasterio para defender cu
Blois los santos derechos de la casa ; la her
mana Besoña , en su ausencia , tenia la presi
dencia : corrió al momento al locutorio , y
mandó abrir para que entrase Inés. Asi que
llega, la dice : ¡Amable viagera , que ángel
tutelar conduce al pie de nuestros altares una
beldad tan peligrosa á los mortales! ¿Seréis
tal vez algun ángel ó alguna santa que aban
dona el venturoso espacio de los cielos , para
traer consuelos á las hijas del Señor? Inés le
responde : ¡ Infeliz de mí ! yo soy , hermana
mia , una pobre pecadora : mis dias estan
tejidos de grandes delitos; y si quiere Dios
que vaya á la gloria, debo colocarme junto
á la Magdalena : del fatal capricho de mi
destino me han sacado Dios, el ángel de mi
guarda, y mi caballo, no sé como, y me
han traido á este ameno vergel Mi alma se
siente agitada de atroces remordimientos ; mi
corazon no ama el pecado , y desea verse
libre de su tiránico yugo. Ilabia perdido el
camino, le he vuelto á encontrar; y siento ya
(i54)
que la gracia me impide .abandonar este re
cinto, sin haber Invado mis pecados con las
lágrimas de la penitencia.
Sor Besoña con caritativa dulzura consuela
á la hermosa penitente , y ensalzando los atrac
tivos de la gracia, conduce á Inés á su celda :
celda limpia , bien adornada de olorosas flores.
Al ver esta hermosa habitacion, sediiia que toda
ella con su ancha y blanda cama habian sitlo
dispuestas por el amor. Inés alabó la Providen
cia, y vió cuan bueno es el hacer penitencia.
Despues de cenar (porque no quiero omitir
este punto en tan noble y.digna historia), dice
Besoña á la hermosa estrangera : Ya la noche ha
avanzado en su carrera , y vos sabeis , querida
mia, que este es el tiempo en el que los ma
lignos espíritus divagan por todas partes ten
tando las almas santas : tenemos que hacer una
obra provechosa ; durmamos juntas , para que
si el diablo quiere hacer contra nosotras al
guna tentativa, frustremos su designio siendo
mas fuertes. Sin resistencia se acostáron juntas:
la cree santa , que hace una obra de piedad ,
y que por ello la absolverá el cielo ; pero el
fiero destino la perseguia en todas partes.
¿Y podré yo referir al lector, sin avergoa
(.55)
zarme, quien era esta hermana Besoña? Es pre
ciso decirlo ; era pues un bachiller tan robusto
como Hercules , y del halagüeño rostro de un
Adonis, que se hallaba á los veinte años de
edad, blanco como la leche, y fresco como
una rosa aljofarada con las lágrimas de la au
rora. Este vivía en la abadía, con disfraz de
monja, para cultivar el magnífico jardin de la
abadesa; y bajo este disfraz queriia solicitar de
las castas vírgenes sus sencillas caricias, como
Aquiles, vestido de muger , lograba mil favores
en casa de Licomedes de la amable Deidamia.
Apenas entro en la cama nuestra penitente,
cuando advirtió una estraordinaria metamorfo
sis, en cuyo cambio sin duda ganaba. Gritar,
lamentarse, despertar á todas las del convento,
hubiera sido el mas imprudente escándalo :
sufrir en paz, suspirar, callar y resignarse,
era todo lo que debia hacer. Demas, que en
tales ocasiones rara Vez vence la reflexion.
Cuando el voluptuoso y sacrílego Besoña calmo
algim tanto su furor (porque lodo cansa), la her
mosa Inés, no sin arrepentimiento, formóla
siguiente reflexion : ¡Con que en vano es el que
piense yo en ser una muger de honor ! ¡ Cor
que no siempre es honrada la que quiere serlo !
(.56)

CANTO XI.

ARGUMENTO.
Violan los Ingleses el convento. Combate entre San
Jorge, patrono de Inglaterra, y San Dionisio,
protector de la Francia.

Voy á contar sin preludios inútiles lo que


ocurrio' por la mañana , cuando las dos almas
que habian disfrutado durante la noche de
los deleites de Venus, se entregaban á la dulce
y sosegada embriaguez del sueño.
Un espantoso ruido los despierta : por todas
partes los funestos anuncios de la guerra , la
horrible muerte despierta con pavor á los pa
cíficos moradores ; cerca del convento se der
rama sangre inocente. El escuadron de malan
drines ingleses habia batido á las tropas fran
cesas ; y en la llanura se empeña otra accion
mas reñida , en que caen en el suelo cabezas ,
como hojas de los árboles en él otoño. Atiu>
('57)
den por todas partes los gritos y lamentos.
Entregadnos á Inés, dijo una voz, ó moris.
Mas nadie sabia donde estaba esta señora. El
anciano Colin , pastor de aquella comarca , Ies
dice : Señores, ayer guardando mi rebaño vi
el milagro de la hermosura, que entró al oscu
recer en ese monasterio. Entonces empezaron
á gritar los Ingleses : ¡ Ah ! ella es ; Inés está
aquí : no lo dudemos, amigos, entremos. Y á
porfía asaltan las sagradas paredes sin cuidarse
de la escomunion de violar la clausura, y se
hallan cual voraces lobos entre las débiles é
inocentes ovejas.
Recorren el dormitorio, celda por celda,
registran la capilla , la bodega , lo escudriñan
todo ; y estos enemigos de la religion de las
siervas de Dios atacan á cuanto se les pone por
delante, sin escrupulo ni vergüenza. ; Ah ! sor
Marton , sor Ursola , sor Baltasara , ¿acia donde
correis con las manos levantadas al cielo, la
turbacion en vuestro pecho, la muerte delante
de vuestros ojos ? ¿ Adonde huis , despavoridas
palomas ? Vosotras abrazais gimiendo y tem
blando el santo altar, asilo respetable, sagrada
garantía de vuestra castidad. En vano gritais
en Un funesto peligro ; en vano implorais i
(i58)
vuestro celestial esposo : delante de sus mismos
altares, tierno rebaño, estos fieros, impíos,
atroces profanadores, van á despreciar la fé
pura y sagrada que vuestros labios y cora
zon inocente han jurado guardar hasta la
muerte.
Lectores habrá tan carnales y sin pudor,
que se burlen de la desgracia de estas castas
vírgenes ; y se atreverán á insultar la constan
cia en conservar ilesa la Cándida azucena de
la castidad. ¡Ah ! ¡ cual se enternece todo co
razon que no ha perdido la sensibilidad que
tanto le honra , al considerar á estas inocentes
doncellas batiendose entre los'inmundos bra
zos de la soldadesca insolente y brutal ! ¡ Cuanto
deben horrorizarlas las lascivas caricias , acom
pañadas de blasfemias y amenazas ! ¿Para estos
habeis guardado sin mancha vuestra virginidad
á costa de tantas privaciones y sacrificios?
¡ Aquellos cuerpos asquerosos, aquellos brazos
ensangrentados que parece van á dar la muerte
á las que halagan , y que al verles en sus es-
traños furores parecian demonios que violen
taban á ángeles !
Sor Rebondi , tan devota y tan sabia , debe
ser la compañera en amor del cruel Shipunk :
('59)
el inexorable Barclay y el incrédulo Warton
van persiguiendo á sor Amidon. Lloran , su
plican , juran , prpmeten ¡ vairos ruegos ! . . . ,
Entre la muchedumbre se veia á la fingida
sor Iiesoña, defendiendose de Bard y Parson ;
ignoraban aquella transformacion , y luchan
sin escuchar sus palabras. ¡ Amable Inés ! no
merecias quedar en olvido con tan obscena
turba : desgraciada suerte es la vuestra de dis
frutar de los deleites sensibles del amor, sin
que vuestro corazon tenga parte. El gefe del
ejército de hereges , el orgulloso vencedor te
persigue y te estrecha ; y los soldados , sumisos
hasta en los momentos del furor, le ceden
respetuosamente tan envidiable trofeo.
El cielo, inflexible en sus decretos, pone
ciertos límites á nuestras miserias; porque
mientras los hijos de Albion habian introdu
cido la abominacion mas execrable en la casa
de Sion , desde lo alto de los cielos el patrono
de la Francia San Dionisio, propicio á la ino
cencia , supo evadirse de las investigaciones
escrupulosas de San Jorge, enemigo de los
Franceses. Abandona elparaiso, y desciende
con rapidez á esta mansion terrestre; no ya
montado sobre un rayo de luz , para evitar la
(.6o)
publicidad : busca al Dios del misterio , 1 Dios
sabio y perspicaz, enemigo del ruido, que
siempre camina de noche. El favorece á mu
chos pícaros , pero tambien conduce al sabio ;
siempre está en las iglesias y en las cortes : en
cierto tiempo guió tambien al Amor. Provee al
buen Dionisio de una densa nube, y dirigió su
viage por un camino solitario, hablando siem
pre con voz baja, y andando de lado.
El fiel protector de los Franceses encuentra
no lejos de Blois á la virginal Juana, que á
caballo sobre su grueso arriero, caminaba por
una senda angosta , pidiendo á Dios una aven
tura en que recobrase las armas y vestido. Asi
que la divisó de lejos San Dionisio , la dice con
agrado el santo patrono : ¡ O virgen mia ! ¡ Don
cella destinada para proteger á las jóvenes y á
los Reyes , ven á socorrer el pudor que se halla
al borde de su ruina ; ven sin dilacion ; quiero
que tu brazo , vengador de las flores de lis , salve
á mis benditas hijas que viven en ese convento :
el tiempo es corto ; van á violarlas ; ven , vir
ginal amazona Dice, y da el brazo á Juana

1 Este Dios, no conocido en la antigüedad, es una


ficcion alegórica de nuestro autor.
(i6*)
el buen Dionisio sirviendola de escudero , y
dando fuertes latigazos al pobre arriero.
Ya la heroina se balla entre los infames ator
mentadores de las venerables señoras : Juana
iba desnuda. Un las '.ivo Inglés fija en ella su
vista ; quiere conquistarla , pensando que acu-
dia tambien á la funcion. Corre acia ella , dis
frutandola ya en su obsceno pensamiento; to
mase la libertad de alargar la mano al descu
bierto pecho; pero ella le corresponde con un.
furioso golpe de cimitarra en la nariz. Cae el
infame, blasfemando el sagrado nombre tan
reverenciado de los Franceses, nombre enér
gico dedicado al placer, y que el vulgo pre
fiere indignamente en sus raptos de cólera.
Juana , teniendo á sus pies el ensangrentado
cuerpo, decia : Malvado pueblo, suspended
tanta abominacion. ¡ Ah, malvados! temed á
Dios, temed á Juana. Mas ellos obcecados en
el desenfreno de su irritada lujuria, perseguian
vorazmente á las pobres monjas ; asi como los
borricos , en una pradera , no dejan de comerse
las flores por mas que les griten amo ni cria
dos. Juana , viendo su insolente desman , ena
jenada santamente con el mas justo horror,
invocando á Dios^(J|^ada por Dionisio , con.
(i6a>
la espada en la mano , vuela de espalda en es
palda , de nuca en nuca y de espinazo en espi
nazo, dando cortes, puntadas y reveses con su
divina pica ; atraviesa al uno cuando se prepa
raba , decapita al otro cuando concluia , y des
truye la gabilla infame, junto á las que iban
á ser sus víctimas ; llevandose el diablo al que
espiraba en los placeres de tan inicuos estu
pros y sacrílegas desfloraciones.
Isaac Warton , cuyo escitado furor habia
acelerado su detestable obra, el terrible War
ton fué el único escudero que abandonó su
Venus ; y poniendose de pies, toma las armas,
espera á Juana , y se pone en defensa.
¡ O vos , grande protector del estado , tes
tigo de este combate , dignaos iluminar á mi
rústica musa, que va á referir fielmente los
hechos de mi virginal heroina ! ¡ Encarecido
Dionisio ! ¡ Santo mio ! ¡ que caos de confu
sion ! ¡ mi coraza , mi celestial armadura, este
vuestro rico y brillante presente , defiende el
criminal cuerpo del reprobo ! ; lleva mi casco
y mi sayo ! Y era verdad, tenia Juana ra
zon. La hermosa Inés, cambiando sus enaguas,
se vistió con ellas secretamente, y fué des
pojada de tan apreciable» prendas por Juan
('63)
Chanclos, y su criado Isaac Warton se las puso.
¡ O Juana de Arco ! ¡ ó flor de las heroinas !
ya combatias por tus divinas armas , por tu
gran Rey, tanto tiempo ultrajado, por el pudor
de cien Benedictinas, y por San Dionisio, en
cargado de tan celestial recinto. Dionisio ad
mira la bizarría con que reparte cuchilladas en
su misma coraza. En el monte Etna, en su
ardiente fragua , los tiznados y tuertos cíclopes
del cojo Vulcano hacen resonar el encendido
yunque con martillos menos pesados , al pre
parar al Dios del trueno el cañon tan formi
dable para la tierra.
El fiero Inglés , cubierto de hierro , retrocede
un paso ; se estremece al ver que la descarga
tan furiosos golpes la vivaracha morenita.
Siente no obstante herir sus hermosas formas,
y rechaza solo su furia sin ofenderla , burlando
su femenil arrojo.
San Jorge no descubre i su compañero Dio
nisio por el anchuroso paraiso, rezela que el
Santo de la Francia ayudaba á los suyos con su
divina asistencia , recorre todos los rincones
del palacio celeste , y sin vacilar llama á su
caballo, tan conocido en las leyendas, llega á
la puerta de la feliz mansion, sale Jorge, el
(.64)
buen gincte "subo; y enristrando la lanza, y
la espada al lado, se hunde en el inmensura
ble espacio por esos lejanos cielos, esos astros
luminosos que hace rodar Rene cual rutilante
polvo, de los que nada se ha podido decir
hasta ahora con certeza , y que Newton , 3 en
sus famosos delirios, hace dar mil vueltas sin
brújula ni direccion en el gran vacío.
Jorge , despechado y orgulloso , lo traspone ,
y llega en un abrir de ojos á las riberas que
riega el Loira , adonde creia Dionisio cantar
victoria ; y al modo que el ominoso cometa en
la oscuridad de la noche, sacudiendo su bri
llante cabellera por la region etérea , suspende
al vulgo que le contempla amedrentado pol
los males que le anuncia , temiendo que aquel
año va á faltar el vino, asi se estremece el pa
trono de la Francia al ver á su formidable rival.
Luego que Jorge descubre á Dionisio, se
encoleriza ; y blandiendo su mortífera lanza ,
á imitacion de Homero, dice estas palabras :

* Siempre se representa á San Jorge a caballo.


3 En chanza se llama á Newton soñador, que en
realidad estuvo muy dispierto en la indagacion de la
Terdalla
(.65)
fDionisio , Dionisio , débil pero revoltoso rival ,
tímido apoyo de un partido desgraciado ! ¿ Con
que tú bajas clandestinamente á la tierra á de
gollar á mis héroes ingleses? ¿Crees frustrar
los decretos del destino con tu endeble brazo
y alado jumento? ¿No temes mi justa vengan
za? Ya tu vacilante cabeza se vió separada del
cuerpo : quiero en presencia de todo el uni
verso volvertela á quitar, y enviarte á las mu
rallas de Paris , á tu arrabal donde te celebran
esa suntuosa fiesta ; y si pudiese ponertela otra
vez y volverla á cortar, lo ejecutaria.
El pacífico Dionisio , alzando las mano! al
cielo, le responde con acento noble y piadoso :
¡ O grande San Jorge ! ¡ ó mi poderoso com
pañero ! ¿ siempre has de tener un carácter tan
duro? ¿desde que estamos en el cielo, no le
has templado todavía ? Tan venturosos como
somos, tan festejados en la tierra, que por
nuestra grande santidad hemos de dar ejem
plo al mundo , ¿ quieres que nos desacredite
mos con nuestras disputas, introduciendo la
guerra en la mansion de paz? Algun dia el
cielo , siempre justo , se cansará de tus quere-
Kas. Piadoso atrabiliario, patrono de un mal
dito pueblo sanguinario, muestrate mas socia
(.66)
ble , y por Dios dejame salvar á la Francia f
socorrer á mi Rey.
Al oir Jorge este discurso , encolerizado al
contemplar á su rival , que creia un collon ,
lanzase encjma , asi como el halcon sobre las
mocentes palomas. Dionisio se retira un poco,
y en altas voces empieza á llamar á su alado
jumento : Ven , decia gritando ; ven, y defien
deme. Hablando, olvida Dionisio que ningun
Santo puede perder la eterna vida que disfruta.
El hermoso rucio acababa de llegar de Ita
lia ; le presenla á su señor Dionisio cuerpo y
silla. Nuestro patrono, luego que estuvo á ca
ballo , se sintió con un valor nuevo : por fortuna
habia recogido un luciente acero de un Inglés,
que halló en el suelo ; blandiendole , acomete
á Jorge. Indignado el Inglés, le descarga tres
formidables golpes, y sabe huir el cuerpo.
Dionisio , guardando Ja cabeza , dirige sus for
midables tajos sobre el caballo y el caballero;
chispea el elástico acero, cruzanse las espadas
en diferentes direcciones para acertar un golpe
mortal.
Con sus inútiles esfuerzos mas se enarde
cian ; y estaba suspensa la victoria , cuando el
rucio, con voz tímida y discorde, entonó su
(■67)
desagradable octava : la tierra tiembla , y el
eco, resonando por las florestas, repite sus
contrapuntos.
A tan formidables rebuznos se sintió un per
queño temblor en la bóveda del empíreo :
abrese la puerta del estrellado Olimpo, y sale
el arcángel San Gabriel ; y sostenido por sus
brillantes alas , biende blandamente las llanuras
etéreas, llevando en la mano la vara con que
en otro tiempo dividió Moises las aguas del
Kilo, cuando se tragó el mar á los Reyes y á
sus pueblos.
¿Que es esto, pregunta con enfado y ojos
torvos? ¡Dos santos patronos, dos bijos de la
luz , dos eternos amigos del Dios de paz , se
estan batiendo como miserables mortales ! ¿ Es-
tais hartos ya de celestial ambrosía? ¿Que
demencia os alucina ? ¿ Vosotros á quienes la
gracia ha formado para la concordia eterna,
podeis fomentar las disputas de los Reyes?
Triunfe la caridad en vuestros corazones, si
quereis permanecer en las mansiones de la
verdadera felicidad. Insolente Jorge, y vos
señor Dionisio , envainad los aceros , y vos
otros acoplad con vuestros benditos dedos
esas porciones de individuos que las espadas
(,68)
hablan separado. Asi lo ejecutan, y entonan
los dos un solemne Orenms. Despues Ga
briel , con tono magistral : Abrazaos, les rlicc;
y en el instante el afable Dionisio, sin rencor
ni venganza , estrecha en sus brazos y besa de
buena fé á su contrario; pero el colérico Jorge ,
al tiempo de abrazarle, juraba que Dionisio se
la habia de pagar. Despues el buen Gabriel ,
poniendose entre los dos Santos, Ies manda
regresar á los cielos para que se tranquilicen
con el preciosísimo néctar. 4
Pocos lectores creerán esta portentosa ba
talla; pero ¿no se vió en tiempo de entonces
bajar, con estrepitoso ruido acia los muros que
baña el Escamaudro, á los Dioses del Olimpo
tan bien armados? ¿El inglés Milton no ha des
crito toda una legion ' de genios alados ensan
grentando las etéreas regiones, desplomando
sobre sus enemigos cuatrocientas ó quinientas
Montañas, y aun hacerles llevar gruesos ca-
ñenes? Si se batió Miguel con los Demonios,
jpor que Dionisio y Jorge no se habian de
buscar para cortarse los pescuezos?
¡ Y dicen que solo la tierra es la morada de

* 5 Doj imitaciones de Homero.


(i69)
la guen.a y de la discordia ! El rey Carlos iba
por mil partes en busca de Inés ; la llamaba'
por su nombre llorando ; mientras que la ter
rible Juana , con su impertérrita espada , pre
paraba la muerte al feroz Warton , le hiere en
las partes con que habia profanado lo sagrada ,
del convento. Warton vacila , y entre mortales
angustias deja caer de la mano el afilado acero ,
y muere renegando de todos los Santos. El ino
cente rebaño de las esposas de Cristo , viendo
espirar á los pies de la augusta amazona al ca
ballero desangrandose , rezando el Ave María.
gritaban : Es muy justo recibir el castigo por
donde se cometió el pecado.
Sor Uebondi , que en la sacristía se habia'
rendido al ímpetu lascivo de su impío vence
dor, llorando daba miles de gracias al cielo; y
fijando su vista en el criminal, decia con voz
caritativa : ¡ Ay , ay ! este era entre todos el
mas culpado.

ji
( i7° )

CANTO XII.

ARGUMENTO.
JVIonroso mata al limosnero. Carlos encuentra a Inés,
que estaba consolandose de sus pasados descalabros
con Monroso en el palacio de Cutandro.

H abi ame propuesto no moralizar en mi vida ,


y referir los acontecimientos sin atavíos ni epi
sodios. Empero ¡ que poderoso es el Dios del
amor ! Naturalmente es locuaz , y mi pluma es
cribe, sin saber como, lo que le dicta su maligna
lengua. Tiernas hermosuras, doncellas, viudas
O casadas, que estais alistadas bajo sus estan
dartes siempre victoriosos, que flechais y reci
bís sus mortíferas miradas , decidme : cuando
dos amantes jovenes, iguales en belleza y dis
crecion , os requieren de amores, que sin dife
rencia escitan vuestros corazones, que intro
ducen un ardiente fuego en vuestros pechos,
jos hallais indecisas? ¿Sabeis la placentera
historia de cierto jumento , tan ilustre en las
(*70
escuelas ? ¿ No ? pues, oid. Le presentan en el
establo para su comida dos medidas iguales de
un mismo alimento, de igual forma, y á la
misma distancia : vióse él tentado por las dos.
porciones, y alzando sus orejas en medio r!o
ámbas , por guardar las leyes del equilibrio ,
murio de hambre por no escoger. ¡ Asnal filo
sofía fué esta ! Mejor es hacer caso de los dos
amantes, acariciandolos igualmente á ambos.
Este es el modo de enamorar.
No lejos de este opulento monasterio, en
que despues de tanta sangre y lágrimas, y...«
derramadas, veinte consternadas vírgenes aca
baban de ser vengadas por una , habia junto al
Loira un antiguo palacio, con torres, fosos y
puentes levadizos. Un largo canal de una agua
cristalina circuia por caprichosos giros aquel
recinto.
El anciano Cutandro era el dueño de esta
agradable quinta ; su candorosa alma , la dul
zura de su carácter y su buena educacion le
hacian accesible á todos, y era el amparo y
consuelo de todo aquel pais. Franceses, In
gleses, todos eran sus amigos; todo viagero,
ya fuese en coche, á caballo ó á pie; Príncipe^
caballero, médico, fraile, monja, capellan,
(.7a)
Turco , Moro ó Judío , todos recibian igual
acogida ; pero habian de entrar en su casa de
dos en dos, porque como buen varon tenia la
estravagancia de no permitir en su quinta el
número impar. El se entendia : desgraciado el
que se presentase solo en este alojamiento ; le
daban muy mal de cenar, y tenia que esperarse
á que llegara un compañero para formar ei
número venturoso que los constituia dos.
La formidable Juana , restauradas sus armas
y puestas sobre sus robustos miembros, al de
clinar la tarde condujo á Inés al suntuoso pa
lacio. El limosnero que la seguia , siempre ar
doroso é insaciable, y que habia atropellado
su pudor , llega á aquel caritativo hospedage ,
anhelando cuaLlobo carnicero devorarla presa
que le habian hecho soltar mal de su grado.
Llama á voces descompasadas, salen á abrir;
y luego que le ven , levantan con precipita
cion el puente levadizo para impedirle la
entrada. Cumplida con este aparato la orden
del dueño, jura y reniega : sigue con la vista
los movibles leños; alza las manos; quiere
gritar, y pierde la voz : como rabioso gato
que no pudiendo atrapar el pajarillo que se
guareció en la jaula , quedan clavadas las uñas
«n los alambres. Nuestro inflamado limosnera,
con los ojos contorcidos, se arrancaba los ca
bellos, y pateaba queriendo arrojarse sobre
el puente que se cerraba ; llegó al colmo su
furor, descubriendo á un hermoso jóven con
«na dorada trenza , cejas negras, rostro hala
güeño, ojos brillantes, como la leche yla rosa,
adorado por las Gracias, y de florida edad. O
era el Amor, o el hermoso page : el esMonroso.
Todo el dia habia caminado en pos del objetó
de su naciente amor; y admitido en el con
vento por las monjas, apareció á estas dis
cretas vírgenes no menos hermoso que el án
gel Gabriel cuando bajaba desde el cielo para
bendecirlas. Las tiernas hermanas, viendo al
amable Monroso , decian en voz meliflua : ¡ Ah !
jsi hubiese venido, Dios eterno, cuando nos
violaron ! Formando un círculo á su rededor,
le hablaban á competencia ; y luego que su
pieron que buscaba á Inés, le dieron el mejor
caballo con un guia, para que sin estraviarse
llegase al palacio de Cutandro.
Vió cerca del camino, junto al puente, al
inhumano limosnero. Entonces reventando de
cólera, dice: ¡Ah! ¡con que eres tú, sacerdote
de Belzcbút! Juro por Chandos, por mi salud ,
(i7í)
y aun mas por aquellos ojos que m e tienen cau
tivo, que vas á pagar todas tus maldades Le
apunta el limosnero con una pistola, dispara,
pero yerra el tiro ; prepara el page otra, le
apunta, y saliendo el plomo enrojecido, le pe
netra el cráneo , el cerebro , y ahuyenta el alma
hedionda de aquel hombre brutal á las zahur
das de Pluton ' , diciendo al espirar : Te Deum .
Mientras que el impenitente monstruo se
hnadia en los profundos braseros de Satanas,
el buen rey Carlos, devorado de la tristeza,
buscaba á su fugitiva dama, para calmar el
dolor, se paseaba por las riberas del Loira con
su confesor. Fuerza es que notes , lector , en
pocas palabras lo que son muchas veces esos
doctores elegidos por un Rey jóven y ena
morado, y admitidos á su confianza espiritual
por pura etiqueta. Son condescendientes con
6us vicios, lisonjeros con sus gustos y proter
vas inclinaciones; y presentandoles un camino
para el cielo, ameno y sembrado de flores,
que los conduce á su perdicion, vendiendo su

1 Tal es la religion de muchos : vivir encenagados


en los vicios, con la confianza que un j&ve Maria i U,
Jiora de la muerte los ha de salvar.
(,75)
honor y su conciencia al poder, adula» al favo
rito del Príncipe, y aun á su dama.
El confesor del Monarca galicano , que era
un fraile de Santo Domingo, se llamaba el
padre Bonifacio , hombre de buena pasta , y
que se acomodaba á todo, le solia decir coa
melodía : ¡ Cuanto os compadezco ! la parte
carnal os domina , y encubre el espíritu : amar
i Inés, es un verdadero pecado, pero no es
imperdonable si hay arrepentimiento. En los
tiempos de antaño, le usaban los Hebreos r¡
hijos del Decálogo : Abraham , padre de los'
creyentes, engendro con Agar, porque esta
criada tenia unos ojitos tan saltones , que es-
citáron los zelos de Sara. El justo Jacob se
desposó con dos hermanas. Todos los Pa
triarcas conocieron las dulzuras de la variedad
en los deleites del amor. El anciano Booz
recibió en su respetable tálamo , despues de la
recoleccion de las mieses, á la buena Ruth,
avanzada en edad ; y el salmista David , a
mas de la hermosa Betzabé, tenia un bien
provisto serrallo. Su hercúleo hijo , famosa
por la escesiva fuerza de sus cabellos, una
mañana pasó revista á su almacen de bellas
ninfas. Sabida es la historia de Salomon : es
(.78)
á estas lioras se recoge á un alojamiento de
cente para cenar y pasar la noche. El tétrico
Rey, conducido por el fraile, sin respirar y re
funfuñando, entrase á galope por la llanura ; y
en un instante Carlos, el fraile y Bonneau se
hallaron en los fosos del castillo.
No lejos del puente se hallaba el page , que
habiendo sumergido en el canal á su enemigo.,
no olvidando el objeto de su viage, miraba
con enojo el maldito puente que le separaba
de la dama ; pero cuando descubrió entre los
rayos de la luna á los tres Francesas , sintió
en su corazon renacer la dulce esperanza, y
con mucha gracia , ocultando su nombre y su
amor desde que se les presento y principió á
hablar, fué inspirando al Príncipe afectos de
benevolencia y ternura , y el fraile le acariciaba
paternalmente, tentandole la cara con mano
trémula y cariñosa.
Luego que fuéron dos pares, bajaron el
puente , y los cuatro caballos entraron por los
movibles leños que crug¡an. El grueso Bonneau
se encamina en derechura á la cocina por la
cena : el fraile, antes de entrar, tributo á Dios
humildes gracias. Carlos, fingiendose un gentil
hombre, va á buscar á Cutandro ántes que se
('79)
durmiese; el buen varon le saludo cortesV
mente, y le mandó alojar en su misma habi-
. tacion. Carlos necesitaba de un rato de sole
dad, queria disfrutar de sus penas : llora á Inés,
muy ageno de que se hallaba tan cerca.
El lindo Monroso averiguó con destreza por
un page el lugar donde dormia Inés ; recogió
las señas ; asi como atisva el astuto gato al
incauto raton descuidado de sus asechanzas,
con igual agilidad y maña Monroso , avanzando
acia la deidad, alarga un brazo, y corre de
puntillas. ¡Inés, Inés, mira que entra en tu
habitación .l Con menos ligereza atrae el ámbar
la ligera paja, y el hierro menos simpática
mente se pega al iman. Se arrodilla al pie de la
cama en la que su beldad reposa, envuelta en
finísimas holandas. Ninguno de los dos se atre
vió á hablar el primero : la pólvora amorosa
prendió á la primera chispa. Un voluptuoso
beso unió sus medio cerradas bocas; sus almas
salieron al borde de los labios del color de la
rosa : de sus ojos se exhalaba un dulce fuego :
buscabanse sus lenguas, se olvidáron de todo
el universo. ¡Escena la mas interesante de la
naturaleza, en que los seres ostentan toda su
. dignidad para propagar sus especies;!
(i8a)
tento en su Efestion. 5 ¡ Oh ! ¡ de cuantas de
bilidades son susceptibles los héroes !
Si mi lector no ha perdido el hilo de esta
historia, se acordará que la valerosa Juana le
trazó en otro tiempo en la rabadilla, con un
dedo conducido por San Dionisio, tres her
mosas flores de lis : estas tres flores y el gran
trasero amedrentaron á Carlos, y se puso á
rezar de rodillas , ereyendo que es vision de
Belzebút. El dolor y el arrepentimiento produ
jeron en Inés un insulto : y cogiendola de las
manos el Rey, Vamonos, vamonos, la dice,
que el diablo está aquí. Los sigue Bonneau de
jando la mesa con dolor; corre el confesor sin
aliento; despiertase Juana, y empuñando su
acero siempre victorioso, busca el lugar de
donde venia el ruido, mientras que el varon
de Cutandro dormia apaciblemente , embele
sado con lisonjeros sueños.
s Alejandro , admirador de Efestion ; y Adriana
de su joven Antineo.
(.83)

CANTO XIII.

ARGUMENTO.
Salida del palacio de Cutandro. Combaten Juana y
Chandos : estraña ley del combate, á la cpie se su
jeta nuestra virginal amazona. Vision del padre
Bonifacio. Milagro que libra et honor de Juana.

Ex mas brillante época del año , cuando el


sol ha llegado á su mayor elevacion en el tró
pico del Cangrejo, y parece detenerse á con
templar nuestros afortunados climas; ¡ó so
lemne dia de San Juan ! ' entonces era tu fes
tividad , fuerte precursor del Mesías, orador de
los desiertos ; tú que gritabas con descompa
sadas voces, manifestando que iban á abrirse
los caminos de la salud eterna, yo te saludo
por tu celo. Otro Juan tuvo la fortuna de via-
1 Celebre es tambien en nuestra España la Cesta
de San Juan i juegos, amores, bailes, son los anuncioa
de esta festividad, la mas llena de supersticiones po
pulares.
( i86)
entonces gracias al bendito Santo cuyo lugar
ocupabas ! Te vestiste , ayudandote Inés coa
modesta timidez y recato, aunque su mano ju
guetona solia engañarse , y se estraviaba volun
tariamente : ¡ cuantos besos y caricias recibió
en castigo en sus labios de rosa ! ¡ cuantos ten
tones sus pechos. y !... Pero el confesor suspira
santamente al ver pasar al jóven que habia ga
nado su afecto, y le causaba cierta distraccion.
La astuta Inés compuso las facciones de su
rostro , ademan y lenguage. Bonifacio se reune
con el Rey , le consuela diciendole que habia
bajado al nicho un embajador celeste para
anunciar que el funesto poder de los Ingleses
iba á terminar, y que el Rey Carlos obtendria
la victoria. Carlos le dió fácilmente asenso,
porque era crédulo; la terrible Juana le apoyó
con energía : Aceptemos, le dice, los socorros
del Cielo ; venid , gran Príncipe , y juntemonos
con el ejército que se ha puesto sobre las armas
al saber vuestra ausencia.
Dunois y La Trimouille sin vacilar aprobáron
el proyecto , y presentáron á este héroe á la
bella Dorotea : la besa Inés , y sale el noble es
cuadron del alojamiento de Cutandro.
' El justo Cielo se ríe de las pasiones del un
' '*7.)
perio sublunar : ¡ cual le pareceria desde su
altura caminando por las vastas campiñas este
escuadron de héroes y de amantes ! El Rey de
Francia iba junto á su beldad, que en protesta.
de fidelidad eterna la presentaba la mano desde
el caballo , y apretaba la suya exhalando tiernos
suspiros ; pero no obstante , ¡ ó debilidad hu
mana ! de cuando.en cuando se la escapaba acia
el page alguna mirada. El confesor, rumiando
salmos, rezaba la oracion de los viajantes, y
bo dejaba de padecer alguna delectacion amo
rosa entre tantas hermosuras , y su vista diva
gaba del Rey al p;ige, de Inés á su breviario.
LaTrimouille , ornamento de la corte , vestido
de oro finísimo, y dominado su corazon por
el amor, hacia cual pavo la rueda á Dorotea ,
embriagado en amorosas delicias; y ella le
llamaba su caro libertador , su aprcciable
amante, ídolo de su corazon. Contestabale él:
Concluida la guerra , quiero vivir contigo tran
quilamente en mi patria. ¡ O amable union !
¿ cuando nos harás felices ?
Juana, incontrastable sosten del trono, con
corsé y vestido de amazona , con sombrerillo
verde enriquecido con oro y blanco plumero,
descansaba su mórvido cuerpo sobre su alado
f,€8)
jumento; decia.algo al Roy; daba algunas eor-
ridns; suspiraba por Dnnnis su compañero de
armas, y conmovia sin cesar sn corazon la
juieiuoria de haberle visto desnudo.
Bonneau, con barba patriarcal, Heno de
sudor y polvo , cerraba la marcha. ¡ O inapre
ciable siervo de un buen Rey ! De todo se
.acuerda ; tiene el cuidado de conducir dos
grandes mulos bien cargados de vino añejo ,
de sabrosas salchichas, pasteles deliciosos, ja-
.roones áuLces, pollos asados, almíbares y
frutas secas.
Iban asi viajando, cuando en la espesura de
¡un frondoso bosque tropezaron nuestros hé
roes con Juan Cliandos, que con espada en
imano iba en busca de Inés. Llevaba nna co
mitiva respetable de osados Bretones, no infe
rior á la que seguia los pasos del amoroso Alo
nares . Pero no la adornaban ni blancos pechos
«i brillantes ojos. ¡ Alto allá, dice con tono de
amenaza, gallardos Franceses, blanco de mi
furor 1 ¿con que vosotros habeis de llevar tres
diosas, y Chandos no ha de tener ni una ? Nw
hay remedio : decidan las espadas quienes
son los mas acreedores á la posesion de estas
hermosuras.
(-89)
El Rey se creyó ultrajado con este desafio, y
queriendo castigar tal osadía, se adelanta con
la lanza enristrada. Dnnois le dice: ¡ Ah! dejad
me, Sefior, voy á vengará mi Príncipo y á estas
magníficas damas. Deticnele La Triinouülc, v
compiten todos por la victoria. El amigo Boli
nean , escelente consejero , les propone que lo
decida la suerte d usanza de los guerreros de
los tiempos heroicos. Aun en el dia , en algunas
repúblicas, los empleos, las dignidades se
distribuyen por los dados, 5 y se evitan dis
cordias , parcialidades y descontentos. Si me
fuese permitido citar en esta grandiosa historia
á hombres que todo mortal debe creer, yo
os diriia que el señor San Matias entró asi en el
puesto de Judas. El gordo Iionneau lamenta
á su Rey, loma los dados, los remueve y tira
á presencia de todos. Dionisio, desde su ce
lestial fortaleza, lo miraba todo con ojos pa
ternales , y contemplando á Juana y á su ju
mento, quiere sujetar la suerte a su favor,
cuando oye, enternecido de júbilo, que es su
doncella la elegida. ¡ O Juana ! ¡á tí estaba des-

* En Homero es muy frecuento el uso de las suer


te», lo misQio 4ue CDtre lus Hebreos.
('9°)
tinado el Tiacer olvidar la maldita chanza del
Domínico que antes habia vendimiado tus
gracias !
Juana, luego que oye su nombre, se acerca á
su Rey, y con toda honestidad detras de ua
árbol se quita las enaguas, y viste la sagrada
armadura que le tenia prevenida unpage : salta
ligera sobre el rucio con desenfado, blandiendo,
la lanza, y apretando las rodillas. Invocará
las once mil beldades, fieles heroinas de la
virginidad. Pero Juan Chandos, indigno cris
tiano , á nadie invocaba en los combates.
Arrojase furiosamente Juan contra Juana :
ambos pelean con ardor : rocin y jumento
parten como rayos; se embisten de frente;
saltan brillantes chispas de los aceros, y !a
sangre tiñe las armas : vacilan las caballerías;
todos estan aturdidos en espectacion, y caen
ambos sobre los arzones.
La campeona augusta de los Franceses no
tenia las carnes tan firmes, tan robustas, los
huesos tan duros, los miembros tan ágiles ni
tan musculosos como el terrible Juan Chan-

4 Las once mil vírgenes y mártires, por mas señas


enterradas en Colonia.
( *l )
des. Y habiendo perdido en este encuentro el
equilibrio, el amedrentado cuadrúpedo la dejó
tendida en medio del prado de espaldas, y
algo levantados los blancos muslos; que en esta
posicion debe quedar una moza cuando cae.
Chandos rezela que el caido ó es el Rey ó
Dunois, y quiere al momento reconocer su
conquista. Desata el casco, y observa en suma
languidez dos bellos ojos negros : desase los
cordones de la coraza , y descubre ¡ ó cie
los ! ¡ ó maravilla ! dos turgentes y elevados
pechos, iguales, firmes, elásticosy separados,
con dos botones de rosa en el centro de cada
uno de ellos ; y alzando la voz, bendice á Dios
por primera vez en toda su vida. Mia es ya la
Doncella de Francia : satisfagase mi vengativa
saña. Marte y el Amor la ponen en mis manos
en recompensa de mi valor : yo soy el desti
nado para humillar á esta orgullosa heroina :
poco me importa que San Dionisio me mire
con enojo; no pierdo tan inopinada y favo
rable ocasion, uso de mi derecho.
Su page le decia : Daos prisa , milord , afir
mad el trono de Inglaterra : en vano el her
mano Lourdis nos atemorizaba; en vano juró
que esta santa virginidad es el paladion de los
Troyanos, 5 la egida sagrada de Lacio : ella es,
decia, la garantía mas segura de la victoria;
es preciso que os apodereis de ella. Sí, res
ponde Chandos, yo arrancaré á un mismo
tiempo el mirlo y el laurel.
Juana escuchaba este lenguage con horror,
y dirigía mil votos á San Dionisio, no pu-
diendo de otro modo defender su honor. El
gran Dnnois, con valor heroico quiere á todo
trance impedir el triunfo contra la castidad ; el
celestial poliiuo estaba tendido cori las orejas
caidas y las herraduras en el aire , y con la
cabeza inclinada estaba mirando á Chandos :
este alimentaba en su alma mucho tiempo una
secreta llama , y unos sentimientos de genero
sidad no comunes en estos tiempos.
Al confesor del pacífico Monarca Carlos le
tiemblan las carnes cuando habla Chandos : te
miendo que su penitente, para mantener ilesa
la gloria de la Francia , que envilecian con
tanlo descaro é impunidad , no comprometa
á su Inés, y que siga su ejemplo la Trimouillc*
cmi su Dorotea , ponesecn oracion al pie de una
encina , y medita muy compungidamente en
5 Escudo que cayó del cielo en Troya t y se guar
daba como garantía de su seguridad.
( '9^)
los cfrctos, la causa y la naturaleza del dulce
pecado que se llama lujuria. Acalorada su ima
ginacion , se arrobo el bueno y bendito fraile ,
y en su estasis seráfico tuvo una vision miste
riosa semejante al profético sueño de aquel
Jacob , cuyo espíritu de especulacion 6 le habia
hecho vender las lentejas á los Judíos1.' El an
ciano Jacob ¡ ó sublime misterio! vió una noche
al traves del Eufrates mil carneros que saltaron
sobre otras tantas ovejas. El fraile vio cosas
mas dignas ; vió á todos los héroes de las gene
raciones venideras , que iban á buscar la misma
ventura. Observó los halagüeños atractivos de
esas beldades que en sus dulces debates for
man las cadenas de los dominadores del conti
nente : cada una estaba al lado de su héroe , y
lo encadenaba con los dorados eslabones de
Pafos : al modo que Flora y Céfiro, á la lle
gada de la primavera , reaniman todos los vi
vientes y á la naturaleza entera, todo es dulce
y placentero en aquella estacion del amor, y
todoiconvida á disfrutar de sus deleites, antes
que el tiempo fugaz nos traiga con las canas el
tedio y el tardío arrepentimiento.
Allí fué donde vio á Fraucisco 1 : este Jjj-
6 Artificio con que Jacob pasó por Esaü.
!2
('94)
zarro Monarca y leal caballero , que con la
duquesa de Etampes 7 olvida felizmente los
otros lazos que le encadenaron en Pavia. Allí
Carlos V une el mirto al laurel , y sirve á un
mismo tiempo á la Flamenca y á la Mora.
¡ Cuantas testas coronadas ! ¡ que Reyes , ó
cielo ! El uno adquiere la gota en tan dulces
pasatiempos, y el otro una cosa peor. Junto á
Diana se ven danzar las placenteras Risas al
estrechar el amor entre sus brazos tiernamente
al segundo de los Enriques. El inconstante 8
sucesor de Carlos IX abandona á su Cloris por
un page, sin que le llamen la atencion las tur
bulencias de Paris.
¡Cuantas lides, cuantos debates presenció
el domínico por Borgia el VI Alejandro ! Mirale
representado en cien cuadros : ya sin tiara y
transportado con Vanosa 9 ; mas abajo su San
tidad se enternece por su hija Lucrecia. ¡ O
Leon X ! ¡ ó sublime Pablo III ! vosotros esce-
dísteis en proezas de amor á todos los Reyes :
solo cedeis al gran Bearnés, á este vencedqr de
la liga rebelde, á mi héroe, mas conocido mil
7 Diana de Poitiers.
8 Enrique III.
s Alejandro III, papa, tuvo tres hijos de Yanosa^
( ig5 )
veces por los placeres que disfrutó con Ga~
briela , ' 0 que por veinte años de trabajos y de
triunfos.
Se le pone delante de su imaginacion el
mas portentoso espectáculo, el siglo feliz, el
siglo de los milagros, el gran Luis, su sun
tuosa corte , en que el Amor es el maestro
universal. El Amor edifico el famosoVersalles s
el Amor, á la vista del alucinado pueblo , formó
de un lecho de flores un trono para Luis :
á pesar del terrible Dios de las batallas, el
Amor lleva las mas hermosas hembras, las
rivales hechiceras de esta corte inflamadas é
impacientes ; la sobrina de Mazarino la de los
ojos hermosos ; la generosa y tierna la Valiere;
la Montespan , mas ardiente y altanera , sacri
ficandose todas gustosas á la Diosa de Pafos y
á su alado hijo.
Llegó la época de la Regencia; tiempo ven
turoso , señalado por la disolucion , en el que la
demencia y el frenesí amoroso recorrió con
ligera planta la Francia entera; en el que nadie
queria ser devoto, y siempre exaltada la con.?
cupiscencia, toda se hacia, menos actos de pe-

" Gabriela de Estrée es famosa.


('96)
nitencia. Entonces el bondadoso Regente daba
la señal desde su palacio para que todos se en
treguen al deleite. Obedecísteis á la agradable
señal ^jóven Dafne , luminoso astro de la corte :
la obedeceis desde el centro del Lujemburgo,
vos tambien, á quien Baco y el Dios que pre
side en los convites conducen á la cama escol
tados por el Amor. Mas aquí detengo mi
pluma, y de esta última edad no me atrevo á
pintar la imagen : la ligera fantasía trazaria
rasgos muy voluptuosos; el tiempo presente
es como el arca del Señor; el que la tocaba
con osadía , castigado por el cielo , caia en el
mas profundo letargo. Me impongo silencio^
mas si osara ¡O la mas hermosa de todas
las beldades ! ¡ ó tú que eres la que solo en ej
mundo puede compararse con la divina Inés J
si osara describir tu peregrina hermosura, cual
mi amor me la presenta, ¿quien no peligrara
al oirme delinear tus hechiceras gracias ?
En fin , el fraile vió en su éstarís lo que yo
no me atrevo á bosquejar : ¡ que delicioso
ardor se difundiria por sus venas! ¡cual con
moveria su corazon el celestial espectáculo de
estas beldades, de los nobles amantes, en la
efusion deliciosa de sus almas ! ¡ Ah ! csclama :
( ' 97 )
si los grandes de lo tierra hacen esta guerra
eterna tan hermosamente enlazados, ¿debo
estrañar yo que Juan Chandas se arrodille de
lante de su presa? llagase la voluntad de nues
tro Señor : Amen, amen; v se deshacia en
gusto, como si disfrutara de lo que estaba con
templando.
Pero San Dionisio estaba lejos de permitir
que á la vista de los cortesanos del cielo hu
millase Juan Chandos á la virginal Doncella y
'A la Francia. Amigo lector, habrás oido decir
algunas veces que se suele atar la agugeta.
Estraña y terrible receta , de la que el varon
piadoso no ha de echar mano mas que cuando
no puede disfrutar de otra. El fuego de un
pobre amante se convierte en yelo; sin hacer
nada se fatiga, admirado de que desfallece en
sus esfuerzos, v queda consumido en el borde
del placer : semejante á una flor marchitada
por los ardores del dia , inclina la cabeza ,
doblase el vastago , y pide en vano los vapores
húmedos que le daban la vida y los calores.
Asi el buen Dionisio contiene al fiero Inglés en
sus derechos de conquista.
Juana , escapando de las manos de su con
fuso vencedor, recobra sus perdidos sentidos;
*
('9»)
despues con tono terrible le dice : Tú no eres
invencible ; ya ves que en el mayor combate
Dios te abandona, y tu caballo cae en el suelo :
en el otro vengaré yo algun dia la Francia ;
Dionisio asi lo quiere , y yo estoy segura de
conseguirlo : te emplazo con tus guerreros de
lante de los muros de Orleans. El gran Chan-
dos le replicó : Hermosa mia, allí me hallaréis :
seais ó no vírgen " , yo tendré en mi favor al
invencible Jorge, y os prometo reparar en
tonces mis faltas.

* 1 De libre aplicacion , i medida del deseo de los


lectores.
CANTO XIV.
ARGUMENTO.
Juan Chanclos quiere atropellar á la devota Dorotea.
Combate entre La Trimouille y Chandos; este fiera
Cbandos es vencido por Dunois.

¡ O sensualidad , madre de la naturaleza !


¡ hermosa Venus , única divinidad que Epicuro
invocaba en la Grecia ; que , desterrando del
caos la noche oscura , das la vida y la fecun
didad , la felicidad y el sentimiento á esta
innumerable muchedumbre de seres morta
les que renacen á tu voz ! ¡ Tú, á quien pintan
desarmando en tus brazos al Dios del Olimpo
y al de la guerra ; que con una sonrisa detienes
el trueno , restituyes la serenidad , y produ
ces bajo tus plantas los dulces placeres que
consuelan á la tierra ! desciende de los cie
los, Diosa de los dias venturosos; ven sobre
tu carro que rodean los Amores y los Céfiros
cubren con sus alas , que hacen ir volando tus
fieles palomas, halagandose por el espacio del
( 200 )
aire; ven á enardecer y tranquilizar ni uni
verso : ven , que á tu voz las sospechas , las
quejas y el sombrío disgusto, mas detestable
todavía , la negra Envidia de ojos torcidos y
perversos, caigan en los profundos infiernos,
y queden encadenados para siempre. ¡Que
todo se inflame y se una á tu voz , y que el
universo se conserve por las leyes del Amor !
Arrojemos á las llamas esc fárrago de leyes , y
solo sigamos la tuya.
¡ Tierna Venus ! conduce con seguridad al
Rey de los Franceses, que en defensa de su
patria conduce á su lado y sin peligro á la
hermosa Inés , en quien descansa su corazon :
te encomiendo de todas veras a estos amantes.
Por Juana de Arco no intercedo , pues no está
todavía sujeta á tu imperio : ;! Dionisio corres
ponde guiar sus pasos ; es vírgen aun , y él la
inspira. Imploro tus dulces favores para La Tri-
monillc y Dorotea : derrama la paz en sus sen
sibles corazones , y que no separandose jamas
de su amante , no se vea espuesta á los furores
de los que la persegnian.
Y tú, Como, 1 remunera á Bonneau , der-
1 Como, dios de los banquetes.
( SOT )
rama sobre él tus dones , pues que supo con
cluir un tratado pacífico eutre su Príncipe y el
cínico Cliandos, consiguiendo con destreza
que arabas tropas se fueran á derecha y á iz
quierda, sin sentimientos ni quejas, dejando
el Loira en medio. Condescendió con los gus
tos, costumbres y necesidades de los Ingleses;
Jes presenta un grande roslbif, 1 sazonado con
manteca de vacas ; varios pasteles , y esce .
lentes vinos de la Garcna , los mas esquisitoS
manjares , los guisados mas delicados con sa
brosos condimentos que escitcn el apetito , y
las perdices bien aderezadas, son para el Rey ,
las beldades y los titulados. El orgulloso Chan
clos, luego que bebióbien, scencaminó:porlas
riberas del Loira , jurando en altas voces que
en la primera ocasion recobrarla en la amazona,
sus derechos; y alentandole varonifinente, se
coloca al lado de su page. Juana vino animosa
y valiente á juntarse con Dimois.
El Rey de los Francos con su guardia azul,
Inés á la cabeza , y el confesor á la cola , ha
subido una legua por las floridas oriüas donde
se estieudí; el Loira en su sesg;i y sosegada

5 Especie de asado Ha que gastad los Ingleses.


( 902 )
corriente. Encuentran un puente de barcas
y de gastadas tablas , que une las dos ribe
ras ; y en su estremidad habia una capilla ;
era domingo. Un ermitaño con sandalias hace
resonar su voz sacerdotal, diceles la misa, y
un niño se la ayuda. Carlos y los suyos habiau
cuidado de oirla, antes de salir, en el palacio
de Cutandro ; pero Dorotea oia siempre á lo
menos dos , desde que el cielo le envió en su
auxilio al vengador de la inocencia, empleando
el valor de todo un bastardo para proteger la
fidelidad de su amor. Baja, se limpia, entra
«on desembarazo, se persigna con tres rociadas
de agua bendita , dobla humildemente ambas
rodillas, cruza las manos, y baja la cabeza. £1
buen ermitaño, al volverse acia donde ella es
taba , deslumhrado, sin poder dominarse, en
lugar de decir : Oigale fratres , con los ojos
achispados, dijo : Frátres , ¡que hermosa es!
Entra Chandos en la capilla , mas bien por
pasatiempo que por devocion. Pasa con la
cabeza levantada , y saluda al pasar á la her
mosa devota de La Trimouille ; pasa y repasa
muchas veces silbando ; mas , por último , se
arrodilla detras de ella , sin decir ni una sola
palabra del Padre nuestro ni del 4ve Maria.
( 203 )
La tierna Dorotea , en actitud humilde , se
compungia en su fervorosa oracion, escitada
por la gracia , con el rostro en el suelo y el
trasero levantado : sus cortas enaguas for
mando por descuido un doblez , ofrecian á los
ojos de Chandos , que estaba atento , dos pier
nas cuya redondez y forma habia trazado el
Amor : piernas de marfil , y semejantes á las
que Diana enseñó al cazador Acteon. Chandos
entonces, olvidando la oracion, concibio en
su pervertido corazon un deseo muy profano :
sin respetar el lugar santo donde se hallaba ,
va introduciendo su insolente mano por debaja
del jubon que cubre tan suavísimas carnes. No
quiero, con pincel cínico, exasperarla concu
piscencia de mis lectores, haciendoles una
pintura del atrevido esfuerzo de Chandos.
La Trimouille , viendo desaparecer el tierno
objeto que le habia confiado el amor, dirigese!
á la capilla. ¡A que no nos induce el amor!
Entra en el momento que se volvia el sacer
dote, momento en que el insolente Chandos
tocaba ya el mas bien formado trasero , en el
que Dorotea atemorizada daba unos gritos tan
terribles que llegaran á las nubes. Quisiera
ver á nuestros diestros pintores modernos de
linear con sus pinceles este extraordinario
acontecimiento; tendria el gusto de ver re^
tfalar la admiracion en los rostros de estos
cuatro personages. El hijo del Poitu decia en
altas voces: ¿Y te atreves, descortés y mal
caballero, Inglés desenfrenado, profanador
impío, á cometer semejante infamia hasta en
este lugar sagrado? El Inglés, con un aire al
tanero v burlon , componiendose el vestido ,
le dice : ¿ Que os importa ? ¿ sois el sacristan
de esta iglesia? Soy todavía mas, dice el leal
Francés; soy el amante correspondido de esta
dama; tengo por costumbre vengar altamente
mi honor, que tanto se pretende atacar. Acaso
esponeis el vuestro , dice Chandes , pues es
debe constar que ambos nos conocemos, y
Juan Chandas puede atisvar un trasero, pero
no mostrar el suyo.
El buen Francés y el satírico Breton piden
los caballos para la batalla; y recibiendo de
manos de un page la larga lanza y el redondo
broquel, acomodanse en la silla, y con veloz
carrera recorren el campo. Las lágrimas v
voces de Dorotea no los contienen. En su en
ternecimiento decia su tierno amante: ¡En
corecida beldad ! por tí voy á batirme > he de
(2o5)
vengarte ó morii> Pero se engañaba : su lanza
y sus amores brillaban en vano para el Amor
y la Francia.
Despues de haber traspasado dos veces la
malla de Juan Cbandos, prójimo á conseguir
la victoria, cae su caballo, y derribandole ch
el suelo, de una coz le abre la cabeza; la pur*
purea sangre liñe el verde césped : acercasele
el ermitaño, creyendo que va á espirar; grita :
Jn manus y quiere confesarlo. ¡Ah, Doro
tea! ¡Ah dolor inaudito! Sentada á su lado,
sin movimiento, sin vida, y desesperada, no
podia respirar. Mas ¿ que fué lo que pronun- *
ciaste luego que pudiste articular ? ¡ Adorado
amante .' ¿ con que yo soy la que te he quitado
la vida ? no debí separarme un momento de tu
lado : mi desgracia nace de haberte dejado.
Esta capilla me ha perdido.... he hecho trai
cion á La Trimouille y al Amor juntamente ,
por oir dos misas en un dia. Asi hablaba la
tierna amante entre sollozos. ' '. i
ChandüS se reia por el buen resultado dé
sus armas. Amable Francés , flor y nata de los
caballeros, y vos, devota Dorotea, pareja amo
rosa , sois mis prisioneros : esta es la respetable
Jev en nuestros combatís. He t«uido un mo-
J?
(io6)
mento á Inés en mi poder ; despues derribé
debajo de mí á vuestra doncella. No desem
peñé bien mi deber, lo confieso ; estoy aver
gonzado ; pero con vos , hermosa mia , resar
ciré lo que perdí entonces; y La Trimouillej
en su vista , dirá su parecer.
A Dorotea , á su amante y al ermitaño es
tremeció tan terrible propósito ; pero el justo
cielo , tardo en su venganza , no pudo sufrir
tal esceso de insolencia. Los enormes pecados
de Juan Chandos, tantas doncellas y jóvenes
violadas , tantas impiedades, blasfemias, sacri-
* legios, impenitencias, fué puesto todo á un
tiempo en la balanza , y pesado por el ángel
de la muerte. El gran Dunois, desde la otra
orilla , habia presenciado el combate y el in
fortunio de La Trimouille : una muger afligida,
que lánguidamente le tenia entre sus brazos , el
ermitaño que junto á ellos estaba, diciendole
la recomendacion del alma ; y Juan Chandos,
con los tres, haciendo el papel de sobresa
liente. A la vista de tan lastimera escena , pica
el caballo, y corre volando. . .
Usabase entonces en Albion llamar á las
cosas con sus propios nombres ; y saltando la
barrera del puente, adelantase ácia el vence
(307)
dor. Wjo de ptiía , 3 pronunciado con toda
claridad , es la voz que hiere el tímpano de sn
orgulloso oido. Lo soy, le contesta con altivez;
tambien lo fué Alcides y el divino Baco , 4 el
feüz Perseo y el grande Romulo, quienes lim
piaron á la tierra de ladrones y malvados ; y
en su nomhre voy á emprender otro tanto.
Bien ; acuerdate que el brazo victorioso de un
Bastardo normando 5 subyugó á la Inglaterra.
¡ O vosotros bastardos del Dios del trueno !
dirigid con acierto mis golpes; el honor lo
exige : vengandome , os vengaisvosotros. Dice,
y parte. El dorado círculo de las espuelas pica
los lujares de su valiente caballo : al primer
golpe, con su acerada lanza, hace pedazos lá
armadura de Chandos. .»'
El terrible Inglés le descarga un formidable
golpe; el impenetrable broquel recibe el ta
jante instrumento , y desrizandole , le rechaza.
Se agarran los dos héroes; sus fuerzas crecen
con su furor : alborotanse los caballos, los
dejan caer con sus brillantes armas, y corren

3 4 Lo fuéron en efecto; vease la historia.


5 Guillelmo el Conquistador, bastardo de un Juque
«le PJormand/a,
(aio)
con el ensangrentado acero por junto í la cla
vícula. Chandos, moribundo, decia aun en
voz baja : ; Hijo de pata ! y su altanero, inhu-
mano y sanguinario corazon conservó su ca
rácter hasta el último suspiro. Sus ojos, su
frente y su gesto , llenos de un horror sombrío,,
amenazaban á su vencedor; su impía*, inflexi-.
ble é implacable alma marchó al infierno á
insultar al diablo. Este Inglés murió como ha
bia vivido, vencido por un Francés.
El marcial Dunois no tomó los despojos de
la batalla; despreciaba estas vergonzosas eos-. .
tumbres, tan acreditadas entre los famosos
Griegos. Ocupado únicamente en su querido
La Trimouille, lo levanta; y socorriendole,
salva dos veces la vida de Dorotea. En el ca
mino sostiene á su tierno amante, y en sus
brazos parece recobrar nueva vida , y no estar
herido mas que por los hermosos ojos que
adora ; ellos le inspiran todo el vigor , y su
apreciable amante siente entonces , sumido en,
el dolor, renacer el dulce placer; y entre sus
lágrimas empieza á serenar su rostro una her
mosa risa , asi como se ilumina una nubeciUa
con los suaves rayos de un sol templado.
El Rey galo, su hechicera dama, y la ilustre.
(a»)
Juana, todos abrazan al venturoso Dunoisy
cuya triunfadora mano habia vengado á su
patria y al Amor ; admiraban su modesto con
tinente : recomendable virtud es la modestia,
cuanto mas rara en medio de los elogios.
Juana devoraba sus zelos en amargo silencio;
su corazon lamentaba su destino : sentia que
su mano virginal no hubiese cortado el hilo de
la vida al descomunal Chandos, acordandose
de la doble afrenta con que la cubrió en el pa
lacio de Cutandro¿ cuando siendo provocada
para el combate, se vió vencida ignominiosa-
jnente.
(111 )

CANTO XV.

ARGUMENTO.
Banquete esplendido en las casas consistoriales de
Orleans, seguido de un asalto general:Carlos ataca
a los Ingleses. Lo que sucede i la hermosa Inés y á
sus compañeras de viage.

Censores malignos, yo os miro á todos con


desprecio, pues conozco mis defectos mejor
que vosotros. Quisiera no presentar en esta
hermosa historia , escrita con letras de oro en
el templo de la memoria , mas que hechos
brillantes , y coronar á mi Rey en Orleans por
la Doncella, el amor y la gloria. Cruel cosa es
haber perdido el tiempo en hablaros de Cu-
tandro y de un page, de Grisburdon y de su
lúbrico furor, de un arriero, y de muchos otros
acontecimientos que tantas veces han cortado
el hilo de mi historia.
Todos estos incidentes se escribieron por el
Sabio Tritemio , ' y yo los copio fielmente , sin
poner nada de mi caudal : si mi lector se de
tiene en estos pormenores; si su genio, rígido
en ciertos casos , le obliga á juzgarme con se
veridad ; si en ciertos pasages arruga las cejas,
puede, si quiere, pasar la piedra tosca 1 á la
mitad de este libro hechizado , pero que res
pete al menos la verdad.
¡ O Verdad , vírgen pura y sagrada ! ¡ cuando
te acatarán cual mereces! Divinidad, que solo
nos instruyes, ¿por que has establecido tu
mansion en un pozo ? ¿ cuando saldrás de esa
profundidad? ¿cuando veremos á nuestros
doctos escritores , libres de la malicia y lison
jas, describirnos fielmente la vida y proezas de
nuestros caballeros? ¡Oh! ¡y como apura su
prudencia Ariosto, cuando cita al arzobispo
Turpin ! ' Este autentico testimonio concilia á
su libro el asenso de los crédulos.
1 Por pura modestia , el autor de este poema le
atribuye al abad Tritemio, que jamas ha entendido
ele doncellas.
* Cnanto mas se limase , mas pulimentadas saldrian
las figuras de tan grotesca escena.
' El arzobispo Turpin no es el autor 3e la historia
de Cario Magno y de Rolando .
(aii)
Desazonado en la espectativa de su adver
sario , caminaba Carlos ácia Orleans , escoltado
de brillante comitiva, pidiendo á Dunois le
aconsejase, como bacen los demás Reyes en
los lances apurados, cuando se muestran dó
ciles y humanos en la adversidad , aunque en
la prosperidad no tanto. Creia Carlos que Inés
y Bonifacio le seguian á cierta distancia ; y con
tan dulce esperanza , el Real amante vuelve de
cuando en cuando la cabeza á ver á Inés, y
mira y se detiene ; y cuando Dunois le habla
de los preparativos para sus empresas en Or
leans, el Rey le contesta con Inés.
El afortunado Bastardo, cuya cautelosa efi
cacia se ocupaba enteramente en el bien de la
Francia , descubre al anochecer un pequeño
fuerte que no ocupaba el duque de Bedfort,
no lejos de la plaza sitiada ; le ocupa Dunois r
y se fortifica el Rey ; y precisamente servia de
almacen á los sitiadores. El dios sanguinario
que distribuye las victorias , y el dios rollizo
que preside en los convites, se disputaban la
gloria de llenar estos lugares , el uno con ca
ñones y el otro con vinos esquisitos : todos los
aparatos de la espantosa guerra , todos los pre
parativos de los deliciosos placeres de la mesa
(a.5)
se presentaban en aquel castillo. ¡ Ah ! ¡ que
triunfo tan lúcido para Dunois y Bonneau !
En todo Orleans se tributaron solemnes ac
ciones de gracias al Dios de las misericordias
por tan prósperas nuevas. Cantose un solemne
Te Deum , 4 asistiendo las autoridades y cor
poraciones de la noble ciudad ; hubo una sun
tuosa comida , en la que el juez , el corregidor,
el canónigo, el obispo y el guerrero menu
dearon los bríndis por laJelicidad de la patria,
hasta caerse en el suelo con el vaso en la mano :
un vivísimo fuego que iluminaba los aires como
el mas claro dia , los gritos del pueblo y el es
tampido del cañon , anunciaron que el Rey
Carlos, restituido á los suyos, va á reconquis
tar cuanto habia perdido.
Los himnos de alegría y de gloria se cam
biaron repentinamente en voces de alarma :
por do quier se oye el nombre de Bedfort :
Alerta á los muros á la brecha á la
muerte. El Inglés se aprovechaba de los mo
mentos en que nuestros paisanos apurando
las botellas alaban al Príncipe, y en su obse-

4 Canto llano pausado, para gente de poco oído


músico ; es el de bajon.
(*'6)
»ruio eantan y bailan con entusiasmo. Debajo
ele una de las puertas colocaron dos salchi
chas, no cOmo las morcillas que invento Bon-
neau para un nuevo guisado, sino unos salchi
chones , en que dilatandose por la accion del
fuego la fatal polvora que contienen , todo lo
derriban, confundiendo la tierra y el aire:
máquina espantosa, homicida, infernal, que
contenia en su vientre de hierro ese fuego
amasado en las manos de Lucifer. Con mecha
preparada al intento , se inflaman los ingre
dientes combustibles, y vuelan por los aires
con estrépito espantoso puertas , cerrojos ,
candados, y piedras, cual encendida lava de
'm volcan. .Precipitase el orgulloso Talbot,
escitado por el amor j la venganza y la gloria ,
y en su yelmo brilla esmaltada en oro la pala
bra fx>uvet ; porque la señora Louvet era to
davía la señora de su corazon , la que sola,
ocupaba su pensamiento , y se proponia mani
festarla su amor sobre las ruinas de aquellos
ensangrentados muros. . . . . .
Este Breton, este hijo de la guerra , conduce
Jas huestes inglesas. Vamos, dice, generales
conquistadores, llevemos á todas partes el
hierro y el fuego; bebamouos el vino de los
(2i7)
cobardes de Orleans ; tomemos su oro , y disfru
temos todas sus mugeres. Jamas Cesar, cuyas
elocuentes palabras inspiraban la audacia y el
honor, habló con tanto acierto á sus valientes
soldados.
Sobre el terreno que la inflamada puerta
cubre al rebentar con un espeso humo, hay
una batería de piedras y tierra que Poton y La
Hire habian levantado, con un parapeto guar
necido de artillería , para rechazar la primera
invasion y los primeros golpes del temble
Bedfort.
Presentanse Poton y La Hire : acude de
tropel el pueblo todo ; resuena el cañon , y la
terrible palabra de mueran se repite en los
intervalos de silencio, cuando callan aquellas
bocas del infierno. Arrimadas las escalas al
fuerte , suben innumerables soldados ; y el gra
nadero, con el pie en el escalon y el acero en
la mano, impele al que va delante con bélico
ardor.
En este peligro ni Poton ni La Hire olvidan
su heroico valor : cautelosamente se proveye
ron de lo necesario ; emplean en este dia de
mortandad el aceite hirviendo , la pez encen
dida , las puntiagudas estacas cruzadas como
(2.8)
espigas en un campo ; largas guadañas con afi
lado corte como la de la muerte , y mosquetes
que aiTojan nubes de plomo sobre las cabezas
bretonas, cuanto el arte y la necesidad , la des
gracia y la intrepidez , y hasta el miedo mismo
han podido poner en accion para su defensa.
Caen Bretones por todas partes heridos, asa
dos, hechos pedazos, como espigas de trigo
al tiempo de la siega.
Sostienese el asalto con pertinacia , y el pe
ligro aumenta el número de los combatientes.
Las amenazantes cabezas de la espantosa hi
dra , que á medida que se cortan se reprodu
cen sin cesar, no atemorizan al hijo de Jupiter,
ni á los Ingleses entre el fuego , el acero y el
plomo ; insultan, caidos en el suelo espirando,
á la multitud que los aniquila.
Tú caminabas acia los muros ensangrenta
dos, valiente Richemont, digna esperanza de
Orleans; quinientos.de sus habitantes, hom
bres de ardimiento, te siguen inflamados. por
el vino que han bebido , licor que animaba sus
virtudes; y Richemont decia en altas voces :
¡ Pobres habitantes ! ya no teneis puertas , pero
me teneis á mí, no temais; combatamos. Dice ,
y vuela en medio de los Bretones. Ya Talbot
(219)
*e habia abierto paso en lo alto del muro, y
enfurecido lleva la muerte en su terrible brazo ,
y manda que por la otra parte avancen los sol
dados invocando á Louvet , que se le muestra
Dcna de gratitud. Todos los Ingleses gritaban :
louvet ! pero sm saber que era lo que queria
Talbot. ¡ O necios mortales ! ¡ cuan bien se os
enseña á repetir lo que no podeis comprender !
Carlos, retirado tristemente en el fuerte que
bloqueaban los Ingleses , no puede entrar en
la ciudad durante el ataque. Abismado en sus
melancólicos pensamientos, esclamaba : ¡Y
no he de poder prestar auxilios á mis amados
vasallos ! ¡ y los he de ver perecer á mi propia
vista! Han celebrado la llegada de su señor;'
iba á entrar á libertarlos de los inhumanos In
gleses, y la adversa suerte me tiene aquí enca
denado. No, le dice Juana , todavía hay opor-
tnnidad ; venid , y encerradlos con vuestro es
fuerzo entre Orleans y nosotros : marchemos,
Príncipe, y salvaréis la ciudad. Somos pocos,
pero vos valeis por mil. Carlos le responde :
¡Con que sabeis adular! yo valgo muy poco;
pero quiero merecer vuestro aprecio , el de la
Francia y de los Ingleses. Dice, y picando el
caballo, y delante el real estandarte, Juana y
( S20 )
Dunois vuelan á su lado , es seguido de la es
colta ; se oian mil gritos de viva el Rey, Mont-
joie y San Dionisio.
Carlos, Dunois y la altanera Amazona aco
meten á los Ingleses por retaguardia , cual
águila soberbia se arroja de los montes que
contienen los estanques del Danubio y del Rin ,
estiende las alas, alarga sus garras , y cierne en
los aires cayendo sobre el halcon que se encar
nizaba con la sencilla garza.
Entonces la audacia anglicana, semejante
al hierro batido sobre el yunque , que con el
temple aumenta su virtud, rechazó la galicana
intrepidez.
¡ Oh ! ¡ que no me sea dado escribir en estilo
sublime y magníficos versos acontecimientos
tan heroicos ! Solo Homero tiene el derecho
de contar las hazañas y aventuras , de esten
derse y repetirlas, de calcular los golpes y he-
ridas, y de añadir á los grandes combates de
Hector otros mayores todavía : este es el arte
de agradar y de merecer elogios. Empero no
puedo dejar de describiros otros riesgos con los
que el cruel destino acosaba á la hermosa Inés
Sorel , mientras que su amante se encaminaba
al templo de la gloria.
( 221 )
En el camino, sobre las fértiles riberas del
Loira, enlretiebe al padre Bonifacio, quien
siempre sabio, insinuante y afable, la contaba
algunas historietas divertidas del tentador , sa
zonadas con deliciosa é instructiva variedad :
á alguna distancia , La Trimouüle y su dama
se divertian hablando de su constante inclina
cion , y con el de..ignio de vivir un dia entre
gados enteramente al amor. En el camino la
mano de la naturaleza estiende bajo de sus
pies una verde alfombra , semejante al famoso
prado donde se ejercitaba la rápida Atalante.
Por tan agradable césped caminaba con ellos
Inés, á quien seguia el piadoso confesor, con
versando los cuatro dulces coloquios de pio-
dad , de combates , y de amores ; hablan del
diablo y de los Ingleses. En esto desaparecen
todos: cada uno se hunde poco á poco, hom
bre y caballo la tierra los absorve , desapare
ciendo primero los pies, despues el cuerpo, y
por último la cabeza : al modo que en Pariis,
en el teatro de la Opera , tan mal ejecutada
las mas veces, un héroe desaparece á nuestra
vista , bajando al infierno por un escotillon.
Hundense en un profundo subterráneo que
iba i las puertas de un jardin semejante al
( 22S )
que tenia Luis XIV , abuelo de un Rey que
le desprecian y le aman , el cual conducia á
un palacio correspondiente á el maravilloso
jardin : este era mi corazon suspira al pro
nunciarlo era el formidable imperio de
Hermafrodiz. ¡ O Dorotea , Inés y Bonifacio !
¿que es lo que haceis? ¿que será de vosotros?
(aa3)

CANTO XVI.

ARGUMENTO.
San Pedro pone en paz á San Jorge y San Dionisio ,
y promete nn gran premio al que componga la
mejor oda. Muerte de la bella Rosaniora.

¡Palacios de los cielos! abrios á mi voz;


seres brillantes , adornados de seis ligeras
alas, dioses con plumas, en cuyas tutelares
roanos estan los destinos de los pueblos y de los
Reyes, vosotros que ocultais con vuestras alas
los esplendores eternos de los encumbrados
cielos , dignaos apartaros un poco , y dejadme
ver en tan terrible contienda que sucede en el .
centro del santuario , ydisimulad mi curiosidad .
Esta súplica es del abad Tritemio , 1 y no
mia , porque mi vista audaz no puede penetrar
hasta la corte suprema : no es tanta mi teme
ridad.
* E« posible ; yo no he leído todas sus obras, isa*
tantas y tan voluminosas !
El inexorable Jorge y nuestro apóstol Dio«.
nisio estaban ambos encerrados en el cielo :
lo miraban todo , pero no podian auxiliar en
aquellos terrestres combates; intrigaban no
obstante , que es lo que puede hacerse en la
corte ; y enfadados , Jorge y Dionisio se pre
sentan el uno tras del otro en el empíreo al
buen señor San Pedro.
Este ínclito portero , cuyo vicario es el Papa ,
tiene á la suerte dentro de sus redes, y en sus
dos llaves está la vida y la muerte. Pedro les
dice : Rien podeis conocer, mis queridos
amigos, la afrenta que recibí cuando corté una
oreja á Maleo ; aun me acuerdo de la orden
de mi Maestro, para que envainase el acero: *
me prohibió el brillante derecho de usar de
las armas , pero ya imagino un medio entera
mente nuevo para decidir vuestras grandes
contiendas.
Vos , Dionisio , escoged entre todos los prin
cipales Santos que ha visto nacer la Francia ;
y vos , señor Jorge, buscad con diligencia , y
recoged los de la isla de Albion : que Cada

* Fío la tienen tan presente sus sucesores, pues son


tan atrozmente intolerantes.
(m5 j
partida componga un himno en verso, y no
una oda en prosa. 3 Houdart no tiene razon ;
es menester en estos sublimes lugares hablar
el lengnage de los dioses : que hagan , digo ,
una oda al estilo de Pindaro , en la que exalte
el poeta mis virtudes, mi primacía , mis dere
chos, mis atribuciones, y que desde luego se
ponga en música. Entre los mortales se nece
sita mucho tiempo para rimar unos pocos y
malos versos, mas se obra con otra celeridad
en la mansion de la gloria : os repito, ejercitad
vuestros talentos; la mejor oda obtendrá la
victoria , y vosotros decidiréis la suerte de los
combatientes.
Asi habla desde su alto trono el infalible Bar-
jona á los dos rivales; y sin gastar á lo mas dos
palabras ( el laconismo es el lenguage de los
escogidos) , en un abrir y cerrar de ojos, los
dos rivales celestes, para terminar su disension
funesta, van á congregar los Santos de su pais
que habian manifestado grandes talentos en la
tierra.
El buen patron , reverenciado en Francia ,

5 ¡ Que heena es una oda en pro» ! como on ser


mon en Terso.
(226)
manilo al punto sentar á su mesa rcdoruébi i
San Fortunato, * poco conocido en el mnodo,
y que pasaba por autor del Pange lingitá j y
á San Próspero , s cargado de epítetos , no muy
armonioso , y un poco jansenista ; puso tambien
en su nomina al grande Gregorio obispo , *
apreciado en el pais que vió nacer á Bonneau;
y á San Bernardo,? famoso por su antítesis,
que en su tiempo no hubo uno que le igualase ,
y á otros Santos para que le sirviesen de con
sejeros : sin oir á otros es cosa ardua agradar.
Jorge , al ver tanto afan en Dionisio, le mi
raba con risa desdeñosa ; descubre en un
rincon á San Austin , predicador de Inglaterra, *
y le dice su parecer en estas palabras :
Buen hombre Austin , yo he nacido para la
guerra , no para los versos de que he hecho
siempre muy poco mérito : yo sé blandir mí
ancha cimitarra, partir un cuerpo en dos mi-
4 Obispo de Poitiers, poeta.
1 Autor del poema sobre la gracia.
* El primero que escribió upa historia de Francia
atestada de milagros.
7 De estilo ingenioso , y que soñaba bastanle.
Apücú sus labios á los pechos de la Virgen Marta.
* Fundadsr del primad» de Cantorbery.
(227)
tades, y romper piernas y brazos : ¡tú sabes
rimar! trabaja, versifica, sosten en verso el
honor de la patria. Un solo Inglés en los cam
pos de la muerte triunfa sin esfuerzo de tres
Franceses : hemos visto en la Normandía , eni
el alto Mena , en Guiena , en Picardía , abatidos
á esos bizarros caballeros : si para descargar
golpes tenemos mejor brazo, creeme, en ma
teria de himnos, odas y demas obras de inge
nio, cuando se trata de pensar y de rimar, no
tenemos peor mollera que ellos. Trabaja , Aus-
tin¿ corre á esgrimir en verso : quiero que
Londres tenga para siempre el imperio en los
dos artes de bien obrar y de bien decir. Dio
nisio amontona una porcion de poetas que
entre todos reunian muy poco ingenio : trabaja
tú solo; tú bien conoces tus autores antiguos;
vamos, ánimo; toma , tu bendita arpa, y bur
late de su academia.
El buen Austin se encarga de esta comision v
agradece la protection que le dispensa Jorge,
y en el ameno retiro se ponen á trabajar cada
uno su oda. Concluidas que estuvieron , se
reunen los censores, y los Santos se fueron
sentando en ambos lados, con los ardientes
serafines y rollizos querubines, quedando ea
(aa8)
medio Pedro como presidente , para juzgar el
mérito de las producciones poéticas.
Principia Austin , cantando los prodigios que
endurecieron los corazones en Egipto, el gran
Moises, y los magos que casi le igualaron en
sus divinos prestigios; las ondas tan benéficas
del Mlo , teñidas en sangre en todo su curso ;
del oscuro limo los ponzoñosos reptiles trans
formados en varas, y las varas en serpientes;
el dia y la noche; los desiertos y las ciudades
cubiertas de mosquitos y sabandijas; la lepra
que come hasta los huesos; el rayo en el aire;
los primogénitos de una generacion rebelde
degollados por un ángel del Señor; el Egipto
cubierto de luto , y el leal pueblo llevandose la
vajilla de sus huéspedes, mereciendo su dicha
por sus robos; 9 este pueblo errante por es
pacio de cuarenta años ; los moradores de
veinte ciudades de Judea , degollados por sus
hermanos, 10 por causa de un becerro; veinte
mil otros enviados á la huesa por ser afortu
nados amantes; " despues Aod, el Ravaillac
5 Los Judíos robaron los vasos de plata i los Egip
cios , y se los llevaron.
1 0 Los lavitas degollaron veinte mil de sus hermanos.
1 1 Fincas mandó quitar la vida á veinte y cuatro
(229)
hebreo , ' 1 asesinando eu nombre de Dios á su
justo señor ; Samuel , que con divina mano
tomó del altar un cuchillo de cocina , y quita
la vida á Agag por no haber obedecido á la
ley de la circuncision : '3 luego la beldad que
salvó á Betulia; 14 el buen Baza que mató á
Nadad; 's Ácab muriendo como un impío,
por no haber degollado al inicuo Benadad ; 1 6
el rey Joas llevado al sepulcro por Josabad , 1 '
hijo de Atrobad ; y la reina Atalía , tan infame
mente condenada á muerte por .load. 11
Prolija en verdad fué la triste letanía : estos
lastimosos sucesos estaban sembrados de aque
llos rasgos tan del gusto de los tiempos anti
guos; se veia disolverse el sol, huir el mar, la
luna reducida á polvo, el mundo ardiendo, y
mü , porque uno de ellos había tenido cópula con una
Madianita.
12 Asesinó al rey Eglon, mas con la mano iz
quierda.
13 Samuel hizo pedazos al rey Agag.
1 4 Judít , es conocida.
1 5 Asesinado por Baza , que le sucedió en el mando.
1 6 Fué castigado Acab , por usar de clemencia coa
Benadad.
1 7 Josabad asesinó á Joas.
1 8 Igualó en crueldad á los antecesores.
>4
... ( 2"° ) .
el justiciero Dios levantando mil veces su ven
gador brazo; ríos de sangre, sepulcros y rui
nas; y en medio de todo esto, junto á las pla
teadas aguas corria la leche, los montes saltaban
como los corderos; y estos brincaban como
colinas. El buen Austin celebraba al señor que
amenazaba al Caldeo vencedor, y que dejaba
á su pueblo en la esclavitud; los leones que
rompiendo con sus dientes las cadenas, que
brantaban con los dos pies las serpientes, ha
blando al ¡Vilo , y suspendiendo el furor de los
basiliscos y los leviatanes. " Concluye Aus
tin. Su pindárica embriaguez movio entre los
bienaventurados un confuso murmullo, por
cierto no en favor de la produccion.
Levantase Dionisio, y bajando sus dos ojos,
y despues alzandolos con modestia , saluda al
auditorio celeste, que se sorprendió de sus ra
diantes facciones ; y su pudor parecia querer
decir, alentad al que os admira. Saluda por
tres veces con humildad á los consejeros y al
presidente : despues, con dulce y tierno acento
canto este discreto himno que vais á oir.
¡ O Pedro ! ¡ O Pedro ! ¡ O piedra sobre la

19 Leviatanes y basiliscos, animales fabulosos.


(a30
que se digno Jesus fundar su inmortal iglesia ,
portero de los Cielos, pastor de todos los fie
les , Señor de los reyes que se postran á tus pies ,
divino doctor, sacerdote santo, padre tierno,
augusto apoyo de nuestros cristianísimos reyes !
estiende sobre ellos tu saludable proteccion :
sus derechos son puros, y estos derechos son
los tuyos. El Papa en Roma es el árbitro de las
coronas, de lo cual nadie duda; y si tu teniente
presenta este don á quien le place , solo es á
nombre tuyo , porque tú eres el que las distri
buyes. ¡Ah, ah ! los de nuestro parlamento
han depuesto á Carlos; han colocado con des
caro una dinastía estrangera , despojando al
hijo de la herencia del padre : ¡ portero del
empíreo ! opon tus beneficios á esta audacia ,
á diez años de miseria; restituyenos las llaves
del palacio de la corte. Asi exordia San Dio.,
nisio; hace una pausa, y lee con mucho es
tudio de soslayo los ojos de Cefas , aparentando
secreta cortedad. Este deja ver en su sem
blante alegre un testimonio del amor propio ,
y sacando de su perplejidad al diestro cantor :
Eso va bien; proseguid, Dionisio. .
El humilde Dionisio repone con prudencia :
Mi rival ha podido embelesar á los Cielos»
(a3a)
cantando al Dios de las venganzas; pero yo
Voy á bendecir al Dios de las clemencias : el
aborrecer será bueno, empero el amar vale
mucho mas.
Entonces con tono firme canta en versos
felices al buen pastor que va buscando sus
estraviadas ovejas, y que gusta llevarlas al
hombro al redil : el buen arrendador cuya
mano liberal paga con agrado al jornalero ne
gligente que llega muy tarde, con el fin de que
Vuelva al dia siguiente á la madrugada; el
buen padre que no teniendo mas que cinco
panes y tres peces alimento á cinco mil per
sonas; el buen profeta, mas humano que aus
tero, que perdonó á la muger adúltera, á
Magdalena, y permite que le lave y enjugue
. galanamente los pies. ( Dionisio figura aquí á
ínés en la Magdalena : usó este ardid, y le salió
bien. ) La corte etérea conoció el rasgo , y le
perdonó al amor. La oda del buen Dionisio
mereció general aceptacion : llevóse el premio
por unanimidad de votos. Decayó la audacia
del santo Inglés : Austin se llenó de rubor, y
se retira eon precipitacion; echansé todos á
roir; el paraíso le silba. Asi se burlaron en los
muros de Paris á un desabrido pedante, cara
( a33 )
de Tersito, infame delator, msolente hipó
crita , que se atrajo el odio y vilipendio , cuando
sé atrevió Con sus vulgares frases á mancillar
Tas artes, y condenar ásus hermanos.
Pedro regaló á Dionisio dos hermosos Agmcs
JJei : Dionisio los tesa , y al golpe se resuelve
por decreto firmado de doce electos, que en
este grande dia sean vencidos los Ingleses por
Carlos en persona.
Apareeiósele estonces a la virginal Amazona
en los aires , en una densa nube , la figura de
su rucio , asi como el sol dirigiendo sus rayos
á una nubecilla, recibe la impresion y refleja
su imagen , y csclamó : Este es un dia glorioso ,
todo nos es favorable, mi jumento está en los
cielos. Bedfort, sobresaltado á tan espantoso
prodigio , se detiene y deja de ser invencible :
lee en el Cielo con espanto, que está abando
nado de San Jorge : sorprendido el Inglés, se
figura que le acomete un formidable ejército,
y se dispersa. Los habitantes de la ciudad, con
vertidos en valientes guerreros, viendo la fuga
de los sitiadores, salen con intrepidez. Carlos
haciendo una terrible mortandad atropella con.
todo. Acosados con ímpetu se precipitan en
las zanjas muertos y vivos con sus armas.
(234)
¡ O fiero Inglés ! á este campo de la muerte
Venias á ejercer tu valor. ¡ O Cristoval Arort-
del! tu altivez, tu fria indiferencia encarecian
tu altivo valor. En silencio desdeñoso exami
naba este guerrero la refriega delos Franceses;
y se hubiese creido, al ver su aire de supe
rioridad, que estaba allí para divertirse. Su .
inseparable Rosamora, vestida de hierro, le
acompaña cual hermoso page ó jóven escu
dero; su casco es de oro, su coraza de acero,
adornada con matizado plumero; desde el dia
en que su ominoso brazo degollo en su lecho
á Martin Guerra, se deleita en los combates.
Parecia la hermosa Palas, dejando la aguja
para tomar las armas, ó Bradamante, ó bien
la misma Juana. Hablaba al viagero de quien
estaba prendada , c on ternura é interes , cuando
un demonio , funesto para los amantes., llama
ácia Arondel al cruel Poton y al joven La Hire
y Richemonf que no conoce la compasion.
Poton, viendo el altanero ademan de nuestro
Inglés , se le arroja indignado y le atraviesa con
la lanza de parte á parte, y cae mueito en el
suelo inundado en su sangre.
A tan espantoso espectáculo no vieron á
Rosamora arrojarse sobre su adorado amante,
(a35)
ni arrancarse sus dorados cabellos, ni poblar
el aire con doloridos gritos , ni quejarse de la
providencia, ni suspirar : en el esceso de su
dolor solo esclama : ¡venganza ! ¡venganza !
Al bajarse Poton á recoger su lanza , el formi
dable brazo, que decapito de un golpe al atroz
bandido, corta la mano derecha de Poton, tan
criminal á su vista. Desde entonces Poton no
pudo nunca escribir.
En aquel instante el valiente y hermoso La
Hire le abre el corazon á Poton de una esto
cada , y al caersele su casco de oro , descubre
un seno de rosas y lirios , y le presenta su he
chicero rostro ; sus doradas madejas sueltas
por el vestido, sus rasgados ojos azules oscu
recidos con las sombras de la muerte, y aquel
cuerpo, formado para los placeres, es el de
una adorable muger. El buen La Hire suspira ,
vierte lágrimas, y con tono lamentable es
clama : ¡ O Cielos ! soy un asesino , y no un
caballero; mi corazon, mi brazo, mi espada
son infames. ¿ A quien es lícito quitar la vida
á una beldad? Pero Richemont, siempre bur
lon é insensible, le dice : Mi querido La Hire ,
vaya , tus remordimientos tienen demasiado
imperio en tu corazon, no es tan grande la ca
(a36)
tástrofe; al fin es una Inglesa, y no una don
cella como Juana.
No bien habia proferido estas palabras im
pías, cuando le hiere una flecha; y enfurecien
dose da centenares de golpes á la tropa bretona
que le envuelve enfurecida. La Hire, nobles,
plebeyos y soldados , corren por todas partes
Sedientos de sangre : matan , derriban , persi
guen ; los ensangrentados cadáveres impiden
el paso, formando el Inglés con ellos y los
moribundos un fuerte parapeto.
En esta horrible y sangrienta lucha el Rey
decia á Dunois : Encarecido Bastardo , dime
por Dios : ¿ y ella á donde se quedó ? ¿ no sabes
que se ha hecho? por vida mia — ¡Ah! ayer
por la tarde desapareció antes que la suerte
feliz nos condujese al fuerte de Bedfort; entra
mos en la plaza si» ella Ya la encontrare
mos, dice Juana. ¡Cielo! esclama el Rey; qúe
me sea constante y leal : conservadmela. Du
rante este amoroso discurso, avanzaba y com
batia sin cesar.
Bien pronto la noche cubriendo nuestro
hemisferio, lo cubrió con su estrellado manto,
y puso fin á las brillantes hazañas que hubiese
querido continuar Carlos.
(a57)
Al salir de tan arriesgada pelea , oyó decir
que por la mañana habian visto dirigirse al
bosque cercano algunas tiernas hermosas nin
fas, y entre ellas una de gallardo talle, grandes
ojos azules, sonrisa apasionada, á la que iba
predicando un Benedictino; bizarros escuda
ros, y varios caballeros sobre sus briosos caba
llos , cubiertos de acero, oro y cintas, acompa
ñaban á estas beldades. La tropa divagando se
habia internado hasta un palacio desconocido
hasta entonces, y de elegante arquitectura.
Al oir el Rey nuevas tan maravillosas , dice
á Bonneau : El que me ame , que me siga :
mañana, al salir la aurora , quiero visitar otra
fez el objeto de mi fiel amor , quiero recobrar
á Inés, ó sacrificarle mi vida. Pocas horas es
tuvo en los brazos del sueño : y cuando Fós
foro , de rostro encendido , habia anunciado las
rosas de la aurora; cuando todavía en el Cielo
se ponian al carro los fogosos caballos del sol,
elRey , Bonneau , Dunots y la heroina subieron
alegremente en las sillas con el fin de buscar
el suntuoso palacio. Carlos decia : Veamos
luego á mi ninfa, despues alcanzaremos á los
Ingleses; lo que mas interesa es el que viYa yo
con ella.
(a38)
tw».'v%>w* .»^v VV* .ww*

CANTO XVII.

ARGUMENTO.
Carlos VII, Ines, Juana, Dunois, La Trimouille y
«lemas se vuelven todas locos, y recobran el juicio
por los exorcismos del Padre Bonifacio, confesor
ordinario del Rey.

¡ O , y que lleno está este mundo de encanta


dores , sin contal' las hechiceras ! Yo te he
disfrutado , venturoso tiempo de debilidad ,
primavera de locos, edad hermosa de las ilu
siones ; pero en todo tiempo se encuentran
embaidores que son los verdaderos hechice
ros, irresistibles seductores, vestidos de púr
pura, y refulgentes de gloña : al pronto os
conducen á los Cielos ; pero despues os hun
den en los abismos de las negras ondas, y
bebeis la amarga copa de la muerte. Guardaos
muy cautelosamente de tratar con tan nocivos
nigrománticos; y si quereis encantos, preferid
las muchachas á todos los Reyes.
Hermafrodiz construyó tan magnífico pa*
lacio solo para encerrar á Inés, para vengarse
de las hermosas de la Francia, de los caballe
ros, de los rucios y de los Santos, cuyo pudor
y divinas proezas habian burlado su mágico
poder. Los que entraban en este maldito re
cinto desconocian al momento á sus amigos ,
perdian el juicio y la memoria : las aguas del
Leteo que bebian los muertos , los perniciosos
vinos, tan fatales para los vivientes, no pro..
ducen efectos tan funestos.
Debajo de los arcos de un pórtico inmenso,
confusa reunion del gusto antiguo y moderno ,
se paseaba una fantasma brillante , con ligero
paso, ojos centelleantes, gesto vivo, y erguida
la cabeza en continua movilidad, y su nombra
es la Imaginacion. No aquella hermosa hechi
cera Diosa que presidió en Roma y Grecia á
los escelentes trabajos de tantos autores famo
sos, que esparció en tan luminosas produc
ciones sus diamantes y sus flores inmortales
por muchos cantos del gran pintor de Aquiles,
sobre Dido celebrada por Virgilio , y que animó)
los acentos de Ovidio; pero si la que abjura
el juicio , la aturdida , evaporada é insípida ,
que inspira, á íaatos acores; la que condujo &
(24O)
Scuderi , 1 Lemoine y Desmarets. Derrama i
nanos llecas sus mas tiernos favores sobre
nuestras novelas y bellas operas modernas , y
ha dominado por mucho tiempo en el teatro
y las cátedras. JNo lejos de ella estaba el Ga
limatías, monstruo locuaz, á quien acariciaba
en sus brazos , llamado en otro tiempo el doctor
seráfico, " sutil, caviloso, tenaz, comentador
por fantasía , que engendra la confusion , que
compuso poco despues María de la Coque. 3
"Volteaban en torno los equívocos , el visojo
enigma, y las pésimas espresiones de doblo
sentido que forman la instruccion de los igno
rantes , la preocupacion , el desprecio , los
ensueños , las contradicciones y las absurdas
mentiras ; al modo que se ven por las paredes
de una antigua habitacion las lechuzas y los
murcielagos. En una palabra , tan maldito
edificio se construyó con tal arte , que todo
mortal que entra por sus umbrales queda sin
* Scuderi, autor del Alarico; Lemoine, autor de
la Luisiada; Desmarets, autor del Clodoveo : los tres,
poemas épicos.
* Píombre de que usaban los antiguos teólogos.
3 Obra rara por su escesivo ridículo, compuesta
por el obispo Laotjuet* .
(*40
juicio todo el tiempo que se mantiene dentro.
Apenas Inés, con su vistosa comitiva llegó
á la puerta, cuando ya Bonifacio, este grave
confesor, se le convierte en objeto de su obs
ceno ardor : le cree su querido Rey de Francia.
¡ O mi héroe ! dice : ¡ ó mi única esperanza !
el justo Cielo os devuelve á mis deseos. ¿ Han
sido derrotados por tí esos feroces Bretones?
¿ has recibido alguna herida ? ¡ Ah ! dejame
quitarte las armas : entonces quiere con tierno
y dulce esfuerzo quitar la capilla al padre Bo
nifacio, y abandonandose á sus brazos, enar
decida su vista , y estendido el cuello , busca
sus labios para darle un beso y recibir otro.
¡ Preciosa Inés ! ¡ cual fué tu sorpresa cuando
buscando una cara suave y afeitada , encon
traste con unas barbas ásperas, crespas y mal
peinadas ! El confesor corre azorado , desco
nociendo la hermosura que lo sigue. La tierna
Inés , viendose desairada , corre tras él bañada
en lágrimas.
Cuando mas corrian por los espaciosos sa
lones, santiguandose el uno , y la otra llorando y
los suspenden unas voces de dolor. Miran pir
donde venian los lamentos , y ven una persona
joven , interesante y eu estremo graciosa , que
i5
abrazaba temerosa las rodillas de un caballero ,
que cubierto de armas iba á inmolarla con
rigor inexorable. ¿Podeis reconocer por este
bárbaro designio al dichoso La Trimouille , í
aquel amante tan acendrado que en todo lance
hubiera sacrificado con gusto su vida por
Dorotea? Creeis que era el fiero Tirconel, aun
que en nada se asemejase. Buscaba al héroe
que la poseia, al dulce iman de sus afectos,
y hablandole sin poderle conocer , le dice :
¿No habeis1 visto á ese caballero que es dueña
de mi corazon, que ha venido. conmigo? La
Trimouille mio: ¡ay! ha desaparecido. ¿Que
hace ? por Dios , ¿ donde está ? El hijo del Poitu
á tan interesante demostracion no reconocio su?
fiel amante : figurase que oye á un implacable
Inglés que intenta cortar el hilo de sus dias.
Con la espada en la mano se pone en guardia ,
y se acerca á Dorotea : Yo humillaré , le dice ,
tu cerviz orgullosa, arrogante, melancolico y
descomedido. Breton ; insensato , isleño , bor
racho de cerveza. ¿Te atreves á amenazar á
un hijo del Poitu ? otros mas valientes que td
he enviado á las lagunas de Pluton. Cobarde,
reconocete : Tersita de Albion , nacido sola
mente para lucir cutre los de tu parlamento,
Vamos , midamos cuanto antes nuestras cimi
tarras : ea, saca luego tu acero, ó te traspaso
de una estocada , villano, ó te doy en la raba
dilla trecientas patadas. Al oir este discurso
pronunciado con valentía , pálida , afligida y
temblando de miedo, dice Dorotea : Yo no soy
Inglés, estoy muy distante de serlo : ¿por que
serie de sucesos me veo yo aquí maltratada por
vuestra causa ? ¿ á donde me he precipitado ?
Busco en este sitio al héroe del Poilu : una
joven es la que riega vuestras rodillas con sn
llanto. Hablaba sin que la escuchase ; y La
Trimouille , mostrandose del todo demente,
iba ya á cogerla por el cuello.
El confesor, que con precipitada fuga huia
de Inés Sorel , tropieza y cae entre los dos : La
Trimouille quiere asirle de los cabellos, y no
encontrandolos, cae tambien encima; y 1»
hermosa Inés que le persigue , tropieza y cae
entre suspiros y clamores , y envuelta con
ellos se debate Dorotea , desordenada y mal
vestida.
En este conflicto y barahunda , el buen Rey
Carlos , acompañado de Bonneau , Dunois y la
altiva Doncella , entra en el fatal palacio ;í
buscar su leal dama. ¡ O poderosa influencia !
( *44 )
¡ ó nueva maravilla ! Apenas se apean de Tos
caballos , y al llegar al pórtico , caen en la cna-
genar.ion mental. Asi en Paris todos esos doc
tores intrusos, atestadas sus cabezas de argu
mentos bajo sus bonetes cuadrados , van con
gravedad á la antigua Sorbona , morada de las
disputas , cueva tcológica , donde la contienda
y la confusion han establecido su sagrado do
micilio , y adonde nunca se acerca la razon :
llegan nuestros reverendos al circo; parecen
hombres de índole calmosa , y son tenidos por
sabios en sus casas : creyéronlos por adictos al
raciocinio, y aun algunos poseen en verdad
sublime ingenio ; pero se vuelven locos luego
que se sientan en los bancos.
Carlos , embriagado de júbilo y ternnra ,
arrasados los ojos que lanzaban fuego, y su
corazon dandole fuertos latidos , decia en tono'
amoroso y tierno :
¡Mi apreciable Inés, mi púdica amante,
cielo mio, epílogo de todos los bienes, cuantas
veces , ah , te has perdido ! ¿ Con que te res
tituyes á mis deseos? Habla , mi amor; te veo
y te tengo. ¡ O que cara tan hermosa ! ¡ que
labios ! pero no te veo aquel talle tan delgado
que tenias , y que otras veces podia yo abrazar.
( 245)
j Que gorda estás ! ¡ que rolliza ! ¡ que vientre !
¡ que nalgas! Este es el ñuto de nuestros tiernos
cariños ; Inés está embarazada , Inés está en
cinta , Inés me dará un gracioso bastardo que
nos defenderá. Yo quiero ingerir, en el ardor
que me domina, este nuevo fruto sobre el
árbol que lo produce : Amor lo decreta , fuerza
es que me ponga delante de este amable niño.
¿A quien hablaba el Rey?¿á quien dirigia
tantos requiebros? ¿á quien estrechaba entre
sus brazos amorosos ? á Bonneau , todo sofo
cado, calado de sudor y polvo : jamas ha
habido hombre que se sintiese mas atolon
drado. Carlos, escitado de un violento deseo,
lo empuja con sus nerviosos brazos , lo der
riba , y Bonneau cae abrumando á los otros
con su peso. ¡ Cielos ! ; como aullan ! ¡ como
se acaloran ! El confesor recobró algun tanto
sus sentidos; su enorme panza venia á parar
justamente sobre Inés, y debajo de Dorotea :
se levanta , y aquí caigo, allá me levanto , toma
el montante. El buen Bonneau , sin poder res
pirar por la agitacion , sale á tomar el fresco :
La Trimouille imagina que su beldad , su divina
dama , su Dorotea , estaba en los brazos del
Turonense , que huia como un diablo. Le;
(246)
persigue , y alcanzandole , le dice : Restituyeme
mi corazon , no me quites mi vida atiende,
espera.... y le descarga golpes sin piedad en
las espaldas con un aacho sableaste llevaba
una gruesa coraza , que parecia fabricada por
los Cíclopes y el dios Vulcano, los que con sus
terribles martillos hacian resonar las cavernas
de la tierra y los abismos del mar : el miedo
los hacia andar mas aprisa. Juana, viendo el
afan de Bonneau y los disformes golpes que el
otro le descargaba, cubierta con su casco, y
Testida de hierro , persigue á La Trimouille , y
le restituye lo que le iba dando el real confi
dente. Dunois, la nata de la caballería, no
sufre que atenten contra la vida de La Tri
mouille ; defiendele con energía : cree que la
virginal heroina es un Inglés ; se arroja sobre
ella, y la muele asi como ella molía al hijo
del Poitu , que picaba la retaguardia al amigo
Bonneau , tan pesado que no podia correr.
El buen Rey Carlos, en este desconcierto,
considera en su Bonneau lo que tanto ama , á
Inés ¡Que situacion para un Rey, para un
amante , y amante de los mas amartelados! No
hay enemigo que le amedrente : la defenderia
contra los ejércitos de Jerjes. Todos los guer
C«*7>
Teros que corren tras de Bonneau , le parecen
cobardes asesinos ; se arroja sobre Dunois con
espada en mano : el Bastardo se vuelve, y le
descarga una enorme cuchillada sobre la vi
sera. ¡ Ah , y como se horrorizariia , si supiese
que es el Rey de Francia ! pereceria de dolor
y de vergüenza. Al mismo tiempo Juana , coa
su potente espada, correspondia á los golpes
que recibia de la rústica mano del Bastardo; y
este, incapaz de tener miedo, los reparte sobre
6U querida y sobre su Rey, y da sobre sus cabe
zas mil cuchilladas de tajo y de revés. Amable
Dunois, hermosa Juana, deteneos. ¡Cielos!
¡ cual será vuestra sorpresa , llanto y confusion ,
cuando sepais á que personas ofendeis con
vuestras armas, y quienes os golpean, y con
quienes combatis !
La Trimouille, en la horrible refriega, des
cargaba su brazo sobre la Doncella , y la ponia
mas roja que una grana , mas blanda que .una
breva. El pacífico Bonneau, en su calma da
espíritu , los recibia , pero no los devolvia ;
iba detras de Bonifacio, llenandole de terror.
En tan furioso torbellino de todos contra todos,
acometedores y acometidos , atacando y ata-
fados , recorren todo el recinto ; Inés llorando ,
Dorotea Inconsolable, gritan pidiendo socorro :
¡ Que me degüellan ! ¡ que me matan ! £1 con
fesor, contrito, era el que guiaba siempre esta
procesion.
Vé en cierta ventana del palacio á su ter
rible dueño Hermafrodiz , que alegremente
estaba contemplando en el bárbaro tormento
de los buenos Franceses, y no podia tenerse
de risa. Bonifacio conocio que aquel fatal im
perio era sin duda obra del mismo demonio ;
todavía conservaba parte de su sana razon ;
su grande capucha y su ancho cerquillo le
habian conservado alguna frescura en el cere
bro. Se acuerda que el amigo Bonneau seguia
aun la antigua costumbre , muy sabiamente
establecida por nuestros abuelos, de llevar
siempre consigo ciertas cosas que pueden ofre
cerse de ordinario, como moscada, clavillos,
pimienta y sal : Bonifacio tambien llevaba su
misal. \¿ una fuente cristalina ; corre con el
librote y la sal en la mano, con la firme reso
lucion de confundir al espíritu maligno ; tra
baja para conseguirlo, diciendo en voz baja :
Sanctam , Catkolicam , Papam , Romam ,
aquam benedictam ; despues toma una taza
de Bonneau, y va con presteza á rociar con
(M9)
el agua bendita el malévolo genio hijo de Alie.
Menos fatal fué la ardiente agua del Estigio
entre los paganos para las ahnas criminales :
su cuerpo hediondo se cubrió de chispas de
fuego ; una grande nube de humo negro y es
peso envuelve al dueño y al palacio. Los com
batientes, cubiertos de espesas tinieblas, se
iban buscando sin hallarse. De improviso des
aparece el palacio ; entonces acabaron las ba
tallas, las equivocaciones y los desprecios ;
todos se vieron y se conocieron , en una pa
labra recobraron el juicio. En un momento
adquirieron lo que en otro habian perdido ,
porque la locura , ¡ ay ! y la sabiduría depen
den de muy poco en nuestra limitadísima es
pecie ; entonces sí que era un gran placer el
mirar á nuestros valientes á los pies de su fraile
libertador, bendiciendole , cantandole mil le
tanías, y pidiendose perdon de sus locuras.
¡ O La Trimouille ! ¡ ó vos Real amante ! ¡ quien
me pintará vuestro regocijo ! No se oian mas
que estas palabras : ¡ Ah , hermosa mia , mi
todo, mi Rey, mi ángel, mi amor! ¡ con que
sois vos ! ; con que eres tú ! ¡ feliz dia ! ¡ dulce
momento ! y besos y abrazos , y cien preguntas
y mil respuestas; y se atrepellaban por esplicar
( a5o )
Sus pensamientos. El confesor, con paternales
miradas , los recorriia á todos. El noble Bas
tardo y la invencible Juana se espresaban con.
circunspeccion su recíproca ternura ; su es-
traordinario compañero de aventuras amoro
sas alza entonces la cabeza y juntamente la
voz , y entona una discorde octava. Al resonar
este nuevo y celeste ruido , todo se conmovio';
la naturaleza se estremece de horror , y Juana
vió hundirse las paredes del mágico palacio
con sus cien puertas de acero y ciento de me
tal , como en otro tiempo la horda de Moises,
al sonido de su hebraica trompeta , demolió
los muros de Jericó, reducidos á polvo : cosas
que ya no suceden.
Entonces aquel suntuoso palacio tan res
plandeciente en oro, y tan hediondo en crí
menes, se transformo en un monasterio, su
salon en capilla , y el gabinete en un sagrado
santuario. El orden de Dios, que preside en,
los destinos , no varió la sala de los convites ;
pero tomó el nombre de refectorio , donde se
bendice la bebida y comida. Juana, elevando
su corazon ácia la celestial morada de los San
tos, acia Orleans y ácia Reims, dice á Dunois :
Todo favorece nuestros amores y nuestros sa
(a5i)
iños designios ; pues esperemoslo todo : estad
persuadido que el diablo ya ha apurado contra
nosotros todos sus ardides y esfuerzos. Pero
Juana, en todo esto que decia, la engañaba su
amor propio.

.J
(a5a)

CANTO XVIII.

ARGUMENTO.
Desgracia de Carlos y de su brillante comitiva.

0 conozco en la historia del mundo ningun


héroe, ningun hombre de bien, ningun pro
feta, ningun cristiano perfecto, que no haya
sido engañado por algun bribon, por algun
envidioso, ó por algun espíritu inmundo.
La Providencia en todos tiempos probó la
paciencia á mi buen Rey Carlos por sus altos
juicios : arrebatanle de su desgraciada cuna :
el Borgoñon le persiguió en la juventud : * su
padre le despoja de todos sus derechos : el
Parlamento de Paris, * tutor de los reyes, 3
emplaza á su pupilo junto á Gonesa : un gefe
inglés se adorna con las flores de lis : fué siem-
1 El duque de Borgoña , que asesine! al duque da
Orleans.
• Gonesa , población inmediata i Paris.
5 Carlos Vil fué citado por Desmarets,
( 253 ) '
pie divagando sin tener á veces pan que llevar
á la boca , ni albergue donde reclinar la ca
beza. Madre, 4 tio, amigo, dama , todos lo
abandonan, lo venden : un page inglés dis
fruta de la ternura de su Inés; y el infierno
desenfrena á Hermafrodiz, y con destreza má
gica le trastorna la cabeza por algun tiempo :
sufre desgracias de todo género , las lleva con
paciencia , y asi Dios le perdona.
Ya se alejaba del funesto palacio nuestra
brillante comitiva , donde Belzcbú desconcertó
la razon de los caballeros , de Inés y de Bon-
neau; iban á entraren la espaciosa y sombría
floresta , que hoy tiene el nombre de Orleans ,
cuando la esposa de Titon se levantaba mez
clando el dia con la oscuridad. Divisa de lejos
unas anchas casacas y unos casquetes redon
dos , con corseletes de flores de lis y de tres
leopardos. 5 Hizo alto el Rey , fijando su vista
en el ejército que se internaba en el bosque.
Juana y Dunois avanzan algunos pasos : la
tierna Inés, estendiendo los brazos, dice á su,
Carlos : Vamonos , huyamos , dueño mio.

* Isabel de Baviera , madre y perseguidora suya.


s Armas de Inglaterra.
La amazona , aproximandose , vio que eran
unos infelices al parecer, atados uno á otro,
con los ojos en el suelo, y en sumo abati
miento. ¡ Oh ! dice : estos son caballeros que
van cautivos , y nuestro deber es el darles
libertad. Vamos, Bastardo, vamos, y bagamos
ver al mundo entero quienes son Dunois y la
Doncella. Con la lanza enristrada acometen
en silencio á los soldados que custodiaban á
estos héroes. Al fiero aspecto de la poderosa
Juana y del valiente Dunois, y mucho mas al
del rucio , los pretendidos guerreros corren con
celeridad como galgos. Juana al momento,
transportada de placer, saluda á la desventu
rada comparsa. Bravos caballeros que enca
denó el Inglés , dad gracias al Rey que os puso
en libertad : besad su mano , estad prontos
para seguirle , y venguemonos todos de esos
perversos. Los caballeros á tan cortés ofreci
miento quedaron todavía taciturnos , y bajaron
los ojos Impacientes lectores, preguntais
quienes son estos personages á quienes Juana
animaba. Estos caballeros eran unos bribones
que en Paris , en recompensa de su mérito ,
los enviaban á remar al azulado imperio de
Anfitrite ; eran bien conocidos por su trage y
( 255 )
hazañas. El buen Carlos, al verles, lanza sus
piros. ¡ Ah ! dice , estos objetos han penetrado
mi alma de dolor. ¡Que, los Ingleses reinan
en mis dominios ! ¡ y en su nombre salen las
providencias y decretos ! ¡ por ellos se dirigen
las preces en los templos ! ¡ Ellos envian , ah ,
mis subditos á galeras! Despues el buen
Príncipe compadecido se digna acercar al
primero. No ha habido' malandriin de peor
aspecto, barba larga y desigual, ojos torcidos
é hipocritas que dirige á tierra , cejas rojas y
retorcidas en que se anida el dolor y la impos
tura; en su espaciosa frente se descubre la au
dacia, el ultraje, el olvido de las leyes, y el
desprecio de los remordimientos : la boca le
espumea , y le rechinan los dientes.
El eterno embrollon á la vista de su Príncipe
afecta ademan sumiso, devoto y contrito, baja
los ojos , y compone sus villanas y flexibles fac
ciones : semejante á un carnívoro y voraz
perro , que en presencia de su dueño le hace
fiestas, se humilla, le lame con la lengua, y
por un pedazo de pan se convierte en manso
cordero : al modo que nos pintan al demonio,
que fugandose de las cavernas del Tártaro,
oculta su cola y sus afiladas uñas, y entre nos
(a56)
otros figura el rostro y la voz de uu jóveu ana
coreta , para mejor tentar á la hermana liosa y
á la beata Discreta.
El Rey de los Galos , engañado por el des
leal , se muestra compasivo, y le reanima coa
agrado : Dime, infeliz, ¿que oficio tienes, tu
nombre, empleo, y por que causa te enviau
á remar á los mares de Provenza ? El forzado
le responde con voz lastimera : ¡ O Monarca
bondadoso ! yo soy de Nantes, y mi nombre
es Freron. * Yo amo á Jesus con un puro y
sincero fuego : yo estuve algun tiempo de do
nado en un convento ; conservo las costum
bres, y en todo tiempo he tenido sumo cui
dado de la salvacion de los jovenes. He consa
grado mi vida á la virtud. Entre los que llaman
inocentes , me ha visto Paris trabajar como
genio ; he vendido caros mis pliegos á Lambert ;
en la plaza Maubert soy bien conocido, pues
en ninguna parte me han hecho justicia sino
allí ; los indevotos maliciosamente me han
reprendido las debilidades de mi profesion ,
y algunas estafas; pero mi conciencia está
muy tranquila.
4 Miserable escritor que había sido fraile , y des
pues lomó por olicio el escribir.
(257 )
Esfas palabras enternecieron al Rey de Fran
cia : Consuelate, le dice, y no temas. Dime,
amigo, si todos los que ibais juntos á los remos
de Marsella, son , como tú , hombres de bien.
¡ Ah ! responde Freron : bajo palabra de cris
tiano , respondo yo de ellos como de mí mismo ;
parece que hayamos sido fundidos todos en un
mismo molde. El abad Guyon '.que camina á
mi lado, por mas que digan, es muy digno de
ser amado : hombre pacífico y veraz , jamas
ha sido ni malo , ni calumniador. El amigo
Chaumeix, * con aspecto sumiso, tiene un
corazon muy elevado, lleno de una santa osa
día; se dejará azotar por sostener su doctrina.
Gauchat podria 5 enredar á todos los Rabinos
acerca del testo y la glosa. Allá va lejos un
abogado sin pleitos, que dejó su despacho por
la gloria. Este Sabatier 10 es todo una miel
pura. ¡ Ah ! ¡ que talento tan perspicaz ! ¡ que
corazon tan benéfico ! Es verdad que ha ven
dido á su señor , pero sin malicia y por poco
' Autor del tiempo de Carlos Vil.
8 Otro calumniador de aquel tiempo.
' Escritor de chismes é injurias.
10 Escritor á quien, era indiferente sostener cual
quier partido.
( 258 )
dinero; se ha vendido á sí mismo, pero ha
sido al mayor postor : escribia , como yo , libe
los y folletos. Empleadnos, Señor, emplead
nos : nosotros os seremos fíeles. Nuestros lau
reles y reputacion han suscitado la envidia :
no es otra la suerte de los autores, de los
héroes , de los grandes talentos , y sobre todo
de los devotos, porque la virtud siempre ha
sido perseguida. ¡ O mi buen Rey ! ¿quien lo
Sabe mejor que vos ?
Mientras hablaba con tan tierno y meloso
acento, divisó Carlos dos personages sollo
zando , que con ambas manos se cubrian el
rostro : ¿ Quienes son , le pregunta , esos dos
remeros tan vergonzosos ?
Esos son , le responde el hombre de las se
manas, »« los mas discretos y virtuosos entre
todos los que vau por el pielago cerúleo : el
uno es Fantin, "predicador de los grandes,
humilde con ellos y afable con los infelices :
su piedad dominó á todo viviente; y para ocul
tar el bien que sabia hacer , confesaba á un
tiempo y robaba á los moribundos. El otro

1 1 Freron ctaba un folleto cada semana.


* * Este canto tiene mucho de profecía.
(259)
es Grizel, director de mongitas; su alma pura.
y santa despreciaba el oro, pero estaba teme
roso no cayese en manos de los indevotos. 15
En cuanto al último de la gente buena, es
mi apoyo, es mi querido La Beaumelle. De los
diez infames quitones que me han vendido su
voz, la de este es la mas baja, pero la mas
inalterable. ¡ Espíritu distraido ! dice que por
costumbre, y preocupado enteramente con
sus cristianas obras, piensa que los bolsillos de
otro son los suyos : demas , ¡es tan sabio en
sus escritos! Bien conoce cuan peligrosa es
muchas veces la verdad para los de cortos al
cances; que su brillante luz produce ilusiones
en los ojos de los ignorantes; que se abusa de
ella por interes ; y este autor discreto , que
siempre la miro con respeto y temor, ha re
suelto no decirla jamas. Yo, Señor, la digo á
V. M. : veo en vos un héroe á quien admiro,
y le manifiesto á la posteridad , digno de admi
racion. Favoreced á los que la calumnia ha
querido abatir y anonadar con su maligna in
fluencia : preservadlos de las asechanzas de los
impíos : volved por nuestro honor y nuestro

* 3 Todo esto se verificó al fié de la letra.


(a6o)
peculio : á fe de Freron , os ofrezco que em
plearé mos nuestras plumas en vuestro servicio.
Entonces pronunció una arenga muy per
filada contra el Inglés y en favor de la ley sá
lica, probando que bien pronto sin combates
ningunos defenderia con su pluma el estado.
Carlos admira su profunda doctrina : manifestó
á todos cierta complacencia, asegurandoles
benignamente que los protegeria.
La hermosa Inés, que se hallaba presente á
esta conferencia, se enterneció; su alma era
muy sensible, como muger que ama con pa
sion. Mi Rey, dice , confesad que este es un
dia venturoso para estos pobres diablos Pues
que tienen el honor de mirar vuestro sem
blante , serán felices, y romperán sus cadenas;
vuestro rostro les asegura el perdon. Los ju
risperitos son gente atrevida, sentenciando en
nombre del otro Príncipe , y solo deben reco
nocer á mi amante : son unos pedantes disfra
zados en jueces. Yo he visto á esos héroes de
escritorio venderse por tutores de nuestros
buenos Reyes, altaneros, tiranos con hopa
landas negras , despojar de sus derechos al
pupilo, emplazarle á su presencia, y confis
carle la corona. Los hombres de probidad que
(rf. )
se hallan á vuestras plantas son tratados como
vos en sus decretos : protegedles , su causa es
la vuestra : proscrito como ellos, sacadlos de
la esclavitud.
Este discurso le inspira nuevo interes , aun
que siempre se inclinaba á la clemencia. Juana ,
de alma no tan compasiva , dice al Rey que
debia ahorcarlos á todos ; que los Frerones y
demas de su catadura no eran buenos mas que
para estercolar un peral. El gran Dunois, tan
profundo y sabio como buen guerrero, habló
en diferente sentido. En Varias ocasiones , dijo,
nos faltan soldados ; necesitamos espaldas ,
piernas y brazos : estos las tienen , y en nues
tras aveutnras, en los asaltos, marchas y com
bates, podemos muy bien pasar siu escritores.
Alistemoslos; y desde mañana, en lugar del
remo ponerles un mosquete en la mano; ellos
desperdiciaban papel en las ciudades, pues
que sean útiles en los campos de Marte. El
Rey aprobó el consejo del gran Dimois. La
gente de pluma suspirando se arrojó á sus
plantas, y las inundaron con lágrimas. Los
llevaron á la casa donde Carlos, Inés y la lu
cida comitiva pasaron la tarde. Inés cuidó de
que el intendente Bouucau diese bien de comer
(a6a )
5 los que habian sido puestos en libertad , y
les dieron todo lo sobrante de la mesa del Rey.
Carlos y los suyos cenaron alegremente , y
despues Inés y Carlos, y todos se acostaron.
Al despertarse quedaron sorprendidos hallan
dose sin los vestidos. En vano busca Inés las
joyas, collar y preciosísimas perlas, con el re
trato de su real amante. El grueso Bouneau ,
que guardaba todo el dinero en un ancho
bolsillo , no encuentra ya el tesoro de su Prín
cipe. Lencería, vajilla, trages, todo habia
desaparecido. La borda de uñas corvas al
mando del Gacetista de Nantes , con ligera y
diestra mano y con ardiente celo , por la noche
habia desembarazado á nuestro Rey de la in
comodidad que le ocasionaba en la marcha
todo su equipage. Decian que entre los ver
daderos guerreros, segun Platon, no se usa el
lujo; y despues fugandose por ocultos sendero»
fueron á una taberna á distribuirse la presa.
Allí formaron doctamente por escrito un tra
tado de moral , durmieron como cristianos ,
soñando el desprecio de los placeres ; proba
ron que los hombres somos todos hermanos
nacidos iguales, debiendo todos participar de
los beneficios de Dios, de las fragilidades hu-
(a63)
manas, y vivir en comun para mejor atender
á nuestras necesidades. Este libro santo salió
despues á luz, y fué enriquecido con doctos
comentarios y apostillas para dirigir las al
mas , con prefacio y el aviso de estilo al lector.
La consternada familia del Rey clementí
simo se abandona á la turbacion; en vano
corren á los campos y por los bosques. Asi
vieron en otro tiempo al buen Fineo, prín
cipe de Tracia , y al piadoso Eneas , * 4 tan
confusos y arrebatados de furor, cuando de
lante de sus ojos las glotonas Arpías (*), en
punto de mediodia , salieron de sus cavernas
á tragarse la comida de sus reales personas.
Inés , temerosa , y Dorotea , deshecha en
llanto, no saben como cubrir sus carnes; el
buen Bonneau , fiel tesorero , á fuerza de tanto
gritar, les hacia á todos reir. ¡Ah! decia,
jamas hemos sufrido una pérdida igual en
todos nuestros combates. Voy á morir, no
hay remedio. ¡Estos bribones me lo han qui
tado todo! Cada vez que pienso en lo muy

14 Su piedad era inimitable : vease á Virgilio.


(*) Ave monstruosa , cruel y sucia, que fingieron
los poetas.
f a64)
bueno que es el Rey mi señor ¡Este es el
pago de su escesiva indulgencia , y lo que se
gana con los hombres ilustrados ! La afable
Inés, la compasiva Inés conserva su juicio , y
con buenas ideas le replicó : Mi querido y pin
güe Bonneau , por Dios, guardaos de que esta
aventura os disguste de la literatura y de los
escritores, porque yo he conocido á muchos
de ellos con un corazon tan puro como las
manos, amantes del Rey su señor, que no le
robaban , y hacían mucho bien sin saber de
donde salia , hablando en prosa y en melo
diosos versos de la virtud , y practicandola del
mismo modo. El bien público es el fruto de
sus desvelos; el dulce placer, disfrazando sus
lecciones, interesa el corazon , hechizando los
oidos : son muy apreciados , y si hay zánganos
Freronesen nuestro siglo, tambien hay abejas.
Repuso Bonneau : ¡ Y á mí que me importa
¡cuerpo de mi padre! los Frerones, ni las
abejas , ni esa caterva de eternos charlatanes !
Es forzoso comer, y mi bolsillo no parece.
Todos se esmeran en consolarle, como verda
deros héroes enseñados por la adversidad.
Marchanse directamente á la ciudad , al cas
tillo, noble y seguro asilo del gran Rey Carlos
(s65)
y de sus valientes , provisto de todo , y en es
pecial de vinos generosos. Nuestros caballeros
se abastecieron y equiparon , y las damas cu
brieron sus cuerpos sin adornos : asi llegaron
easi desnudos, y á medio calzar.

tS
(266)

CANTO XIX.

ARGUMENTO.
fuerte del valeroso y sensible La Trimouílle y de la
hermosa Dorotea. El inhumano Tirconel se mete
cartujo.

¡Hermana de la muerte , impía guerra , de


recho de salteadores, que nosotros llamamos
héroes; monstruo sangriento, nacido de entre
la pelvis de Atropos, que con tus iniquidades
has despoblado la tierra ! tú la has inundado
de sangre y lágrimas. Empero, cuando el
Amor reune tambien sus desgracias con las
de Marte ; cuando la encarecida mano de un
tierno amante, embriagado con los favores
apetecidos, derrama una sangre que adoraba,
y á la que quisiera restituirle la vida á costa de
la suya; cuando clava un puñal inadvertida
mente en el mismo seno en el que sus ardientes
labios habian prodigado los besos y caricias
del amor ; cuando vé cerrarse & la luz del dia
( 267 )
aquellos ojos que tanto amaba, y que solo
respiraban amor ; ¡ cielos ! ¡ cual es su situa
cion ! Mas efecto produce esta terrible pintura
sobre los corazones que nacieron sensibles,
que cien guerreros que terminan sus dias , asa
lariados por un Rey para correr á la muerte.
Carlos, circuido de su real guardia, habia
formado este fatal proyecto, maldita dádiva
de la que por desgracia se hace tanto caso , é
iba buscando los combates. Caminaba acia los
muros de la ciudad , y con direccion al cas
tillo, su noblo y seguro asilo, donde se guar
daban los almacenes de Marte, el gran acopio
de lanzas y dardos, y los cañones que el in
fierno en su furor habia fabricado para nues
tra destruccion : la tropa se precipitaba ya
llena de valor y esperanza ; pero La Trimouille ,
honor del Poitu y de los amantes, al lado de
su dama con paso lento , hablando de su amor,
equivoco el camino, y tomó otra direccion.
En un valle regado de cristalinas fuentes , en
lo espeso de un bosquecillo de cipreses siempre
verdes , que ha criado la naturaleza en forma
de pirámides, y cuya frescura se ha burlado
de cien inviernos , hay una caverna adonde
Con frecuencia las Náyades y los Silvanos
(a68)
van á tomar el fresco en las horas de la siesta .
ün claro arroyo se despeña , y forma veinte
cascadas : por su contorno se estiende una
verde y esmaltada alfombra ; el serpol , el
fresco torongil , el candido jazmin , el odorí
fero junquillo, parece que dicen á los pastores
de la comarca : Venid á descansar sobre el
hermoso lecho del amor. A La Trimouille re
sonaron estas palabras en el fondo de su co
razon. El aliento de los céfiros que oreaban
las copas de los árboles, el sitio, la hora , su
edad, inflamaron sus deseos á la vista de su
dama : bajaron de los caballos los amantes,
sentáronse en el frondoso césped , y despues
recogieron algunas flores y otros tantos besos.
Marte y Venus, bajando á propósito desde lo
alto de los cielos, jamas habian visto objetos
mas dignos de su afecto ; las ninfas los aplau
dian desde el centro del bosque, y las avecillas
de esta mansion , siguiendo su ejemplo , se
amaron mucho mas desde entonces.
En lo profundo dol bosque habia una capi
lla, mansion fúnebre consagrada á la muerte,
adonde dos dins antes habian enterrado el
mortal despojo de Juan Chandos : dos ecle
siásticos, vestidos con sobrepellices blancas,
(269)
estaban despachando largos De profanáis,
Pablo Tirconel asistia al divino oficio , no por
que fuese aficionado á este ejercicio devoto,
sino por ser íntimo amigo del difunto : era
compañero de armas del valiente Chandos,
no menos fiero y desenfrenado, y no conocia
ni el amor ni las lágrimas ; conservaba aun un
resto de amistad á Juan Cbandos, y en su furor
juraba por Dios que babia de vengarse, mas
por odio que por piedad.
Desde una ventana vió los dos caballos que
se solazaban paciendo : se dirige donde esta
ban ; y luego que le vieron , los animales
huyendo se encaminan á la fuente adonde
áinbos amantes se hallaban abandonados á sus
transportes, ocupados en su pasion, sin cui
darse de otra cosa. Pablo Tirconel, que en su
ferocidad no sufria los placeres de su prójimo ,
rechina los dientes , y grita : ¡ Profanos ! ¡ con
que asi, con vuestro indigno ardor, insultais
los respetables manes de un héroe ! ¡ Heces
despreciables de una corte sin pudor ! ¡ «les
enemigos! cuando fallece un Inglés, ¡ celebrais
asi vosotros tan cstraordinario suceso ! ¡ le
ultrajais al lado de su monumento, satisfa
ciendo vuestra brutal pasion sobre su tumba !
Habla , ¿ eres tú caballero , engendrado para
la corte, y criado para la afeminacion, el que
con débil mano habrás acaso por maña mas
que por valor dado la muerte á ese poderoso
guerrero ? Sientes ya tu confusion , y tu cora-
ion se reprende.
A tales insultos responde La Trimouille : No
soy yo, no he conseguido esta gloria : Dios,
que sostiene el valor de los héroes, concede
la victoria segun le parece. Yo he combatido
con honor á Chandos; pero una mano mas
afortunada , en los campos de Marte, terminó
sus dias, y yo podré tal vez ahora castigar
tambien la altanería de algun Inglés.
Cual viento que con rumor conmueve las
aguas, estremece las arboledas y dobla los
sembrados, difundiendo cerca y lejos un hor
ror universal en toda la naturaleza ; asi La
Trimouille y el feroz Tirconel se preparaban
para el terrible desafío con estas palabras de
furor y amenazas. Los dos estan sin coraza ni
casco ; el Francés habia dejado sobre el cés
ped, juntoá su Milanesa , coraza, lanza, sable,
morrion, y todas sus armas, para estar mas á
sus anchuras ; porque ¿ de que sirve todo esto
«1 amor ? Pablo Tirconel iba siempre armado,
(27' )
pero se dejó en la iluminada capilla su caseo
de oro y su brillante coraza en las manos d«
un escudero : solo llevaba un grande tahalí
que sostenia su fulminante hoja. Toma la suya
con arrogancia La Trimouille ; se lanza contra
este brutal isleño para escarmentar su teme
rario arrojo, diciendo en alta voz embrave
cido : Monstruo cruel , espera, malvado , y reci
birás hien pronto tu merecido; veniste, hipo
crita , á turbar la tranquilidad de dos amantes.
Dice, y acomete al Inglés con bravura : asi
como en la Frigia Hector y Menelao corrian
á la muerte, en presencia de la delincuente y
afligida Elena. 1
En la caverna , en el bosque , en el aire y en
el cielo resuenan las agudas voces de Dorotea,
consternada cual nunca por el amor. En el
mismo prado, dice, donde disfrutaba yo del
mas puro deleite , ¡ Dioses omnipotentes , he de
perderlo que amo ! ¡ mi amado La Trimouille! . . .
¡Ah, bárbaro! detente; desnaturalizado In
glés, traspasa antes mi inocente pecho.
A estas palabras corre con veloz planta , y

' Elena miraba con frialdad como se batian por


ella Héctor j Menelao.
(a7a )
con los brazos abiertos y ojos centelleantes
arrojase entre ellos. El pecho de alabastro de
su amante, el pecho que ella idolatraba, es
talla ya matizado de sangre. El hermoso Fran
cés, irritado por esta herida, se precipita
sobre el Breton; pero Dorotea se le interpone.
¡ O Dios del amor ! ¡ 6 cielos ! ¡ ó fatal golpe !
¡oh ! ¡ que amante podrá nunca saber, sin
regar mi escrito con sus lágrimas, que el mejor
entre todos los amantes, el mas tierno, el mas
colmado de dulces favores, ha podido herir á
su adorada dama ! El mortífero acero , la san
grienta hoja traspasa su corazon , asiento da
los amores, y objeto de sus fogosos deseos.
Vacila , cae exánime pronunciando todavía el
nombre de La Trimouüle y la muerte, la
terrible muerte iba ya apoderandose de ella :
la siente venir, hace un esfuerzo, entreabre
los ojos que iba á cerrar una eterna noche ; y
llegando todavía su débil mano al seno de su
amante, y jurandole un amor eterno, exhalaba
su alma y sus sollozos : y te amo te amo
fueron sus postreras palabras. Pero todo fué
en vano : su La Trimouille ¡ ah ! nada oia ;
las sombras del sepulcro le oscurecian : habia
caido á su lado sin sentido : estaba en sus bra
( »73 )
zns , bañado en su sangre, y no la oia. A este
horroroso y tierno espectáculo, Pablo Titco-
nel queda horrorizado é inmóvil por alguu
tiempo, se le embargan los sentidos. Asi nos
dicen que aquel Atlas, que jamas se compa
deció de ninguno , » se transformo en otro
tiempo en un peñasco.
Mas la piedad que la amable naturaleza
grabó sabiamente en nuestro corazon, para
moderar el ímpetu de las pasiones, cobró su
imperio en esta alma de mármol : socorrió á
Dorotea : eucontró dos hermosos retratos que
esta conservaba incesantemente como depósito
sagrado. El uno es de La Trimouille, con sus
ojos azules, cabellos rubios, facciones varo..
niles, pero agradables; la gracia y el valor Se
ven unidos con noble armonía. Tirconel dice :
Digno sois de ser amado. Pero ¿que es lo que
dice , cuando se halla copiado en «1 segundo
retrato ? Contemplase absorto : ¡ que sor
presa ! Recuerda entonces que , viajando en
otro tiempo por Milan, habia conocido á la
hermosa Carmiueta, noble y gallarda, nada
esquiva con los Ingleses ; y que al partir des-
* Allas fué transformado en peílasco, por haber
negado la hospiu!i<U<l í Perseo.
pues de algunos meses, dejandola en cinta, le
regaló este retrato para calmar las penas de
la ausencia ; era obra del diestro pincel de
Belin Lombardo. 3 Esta fué la madre ¡ ay ! de
Dorotea; y Tirconel reconoce entonces que
es su padre.
Era frio, apático, altivo, pero generoso y
lleno de humanidad. Cuando el dolor tiene
estos caracteres, hace sentir mas sus amargu
ras; ellos producen unas impresiones que no
conocen los corazones ordinarios que se fran
quean á las pasiones. El acero y el cobre se
inflaman con mas prontitud que las cañas á
quienes consume un lento fuego. Este cruel
Inglés vé á la hija muerta á sus pies : y tenido
el césped con su sangre , la contempla ; sus
ojos se anegan en las primeras lágrimas que ha
derramado en toda su vida, : bañala con ellas,
la abraza cjen veces, llena el bosque con sus
lamentos, y maldiciendo la fortuna y la guerra,
cae sin sentido en el suelo.
A tan doloridos acentos abriste los ojos para
verla luz,. La Trimouille, que tan odiosa te
fué luego. Saca con estremecimiento la fatal

? Contemporáneo sujo , pintó i Mahoiua II.


(275)
espada del adoradoypurpúreo seno, yapoyan.
dola en el suelo , se arroja sobre ella y se tras
pasa con golpe mortal, regando á su dama coa
su sangre.
A los terribles gritos que dió Tirconel, loa
escuderos y los eclesiásticos acuden precipita
damente : amedrentados de tan horroroso es
pectáculo, conmuevense ; y Tirconel, á no sec
detenido , hubiera seguido á los dos amantes á
la tenebrosa mansion.
Calmado el desorden y confusion de tan
estraordinario acontecimiento, y restituida la
tranquilidad , colocan á estos desgraciados
amantes en unas parihuelas que formáron con
las lanzas : muchos guerreros los transportáron
al campo del Rey , regando por el camino la
tierra con sus lágrimas.
Pablo Tirconel, hombre intrépido en resol
ver, desde tan estraña aventura, detesto á la
muger , á la hija , y al mundo entero. Monta en
un caballo berberisco , y corriendo sin criados
ni guia, sin acabar de pronunciar una palabra,
en su consternacion se dirige á Paris, lejos de
las riberas del Loira. En pocos dias llega á
Calais , se embarca , y pasa al pais de su naci
miento : allí vistió el hábito de monge de Sao
( a76 )
Bnmo; 4 allí fue donde puso t.! cielo entre ti
y el mundo, huyendo su bullicio y vanidad ;
allí guardó un eterno ayuno; vivió sin hablar
una palabra , pero sin poder llegar á ser uii
perfecto devoto.
Cuando el Rey Carlos , Inés y la guerrera
vieron pasar esta dolorosa comitiva y á los
generosos amantes todavía hermosos, y que
habian vivido por tanto tiempo felices, salpi
cados de sangre, y cubiertos de polvo, todo*
se amcdrentáron é inundaron sus ojos de lá
grimas. Menos lloraron en la sangrienta Troya ,
cuando Hector fué presa de la descarnada
muerte, y cuando Áquilcs, su modesto ven
cedor, le hizo arrastrar con tanta blandura , 5
atado de los pies , y pendiente sn cabeza de
tras de su carro que volaba sobrelos muertos :
porque Andromaca al menos vivia aun , cuanóo
su esposo pasó el borde de la tumba.
La hermosa Inés, Inés, temblando, estre
chaba al Rey , quien llorando en sus brazos le
decia : ¡ Amante mio ! ¡ ah ! algun dia, quizá,
seremos el uno y el otro conducidos del mismo
4 Fundador de los Cartujos , por haber oído hablar
a* un canónigo de .Paris desde el fóretro.
' Sentido irónico.
( '77 )
modo al imperio de los muertos. ¡ Ali ! ¡ que
mi alma , lo mismo que mi cuerpo, csté siem
pre unida á la vuestra !
A estas palabras que inspiraba en los cora
zones la ternura, Juana , con tono varonil y
terrible , órgano venturoso de un invencible
valor, dice : No son los gemidos, no los sollo
zos, no los gritos, no las lágrimas las que deben
vengar á estos desventurados amantes : san
gre sangre es la única ofrenda digna de pre
sentarsele en las aras de la justa venganza : to
memos las armas. Veis, ó Rey, esos muros
de Orleans, esos tristes muros circuidos por
los Ingleses. La inmediata campiña humea
todavía con la sangre que se ha derramado
atrozmente, y que vos mismo con vuestras
Reales manos hicísteis correr. Preparemonos ,
sigamos vuestros grandes designios : este es el
homenage que debemos prestar á las ensan
grentadas sombras de La Trimouille y de Do
rotea : un Rey debe vencer, y no suspirar.
¡ Hermosa Inés ! no os abandoneis ya i los
transportes de vuestra dulce sensibilidad : Inés
debe inspirar á su amante sentimientos dignos
de la corona. Inés replica : ¡Ah! ¡por Dios,
dejame llorar !
■7
(a78)

CANTO XX.

ARGUMENTO.
Juana cae en una estrada tentacion : temeridad de sh
asno : brillante resistencia, de nuestra heroína.

Ei hombre y la muger son dos cosas bien


frágiles; no debemos contar con nuestra vir
tud. Este vaso es bueno, pero está formado de
barro : se quiebra fácilmente, y es cosa ardua
su reparacion. El guardarle con tal precaucion
que no se empañe , creedure , es un sueño;
nadie lo consigue, testigo el marido de Eva ,
el anciano Lot, Sanson el ciego, David el
santo, el sabio Salomon, y sobre todo, tú,
sexo dulce, sexo amable, tanto del antiguo
como del nuevo Testamento , de la historia
como de la fábula : sexo devoto, yo per
dono vuestras ligatas estravagancias y vuestros
vanos caprichos, vuestras suaves resistencias
y vuestras hermosas intrigas; empero confe
saré que hay ciertos casos, ciertos gustos que
(279) .
no puedo disimular. Yo he visto im faraute,
un figurilla , un mono rechoncho , pequeño ,
velludo , como un pisaverde , acariciado en
vuestros brazos : lo siento por vuestros tiernos
atractivos. Un alado asno vale tal vez cien ve
ces mas que un fatuo con toga , y que un necio
señorito. ¡Sexo adorable, á quien yo he con
sagrado el don de mis versos con que fuí
honrado! ya es tiempo de que sepas para tu
instruccion el error de Juana , y como un buen
rucio estravió por un momento su razon : no
soy yo, es el snbio Tritemio, el mismo abad ,
quien os lo cuenta.
' El gran condenada de Padre Grisburdony
terrible todavía en el hondon de su caldera ,
buscaba la ocasion , entre blasfemias , de ven
garse de la altiva doncella, y sin cesar gritaba :
¡ O Bclzchút , padre mio ! ¿no podriias tú hacer
que cayese en un gran pecado esta esquiva
Juana ? creo que en ello se interesa tu honor.
Aun estaba hablando, cuando llega enfurecido
Hermafrodiz á la tenebrosa ribera , con el
rostro bañado aun de agua bendita. Para ven-
, garse , el animal anfibio viene á quejarse al
autor del mal universal : ya tenemos á los
tres que conspiran contra una pobre muger;
(Qg0)
i Ah ! no se ha necesitado tanto muchas Veri»
para seducir las mas cautas. Ya mucho tiempo
«ahian que Juana de Arco guardaba debajo de
ni cotilla las llaves de la ciudad sitiada, y que
la suerte de la afligida Francia dependia úni
camente de ella. El diablo es inventor : corre
aceleradamente á la tierra á observar lo que
hacian sus amigos los Ingleses, y en que es
tado se encontraban el cuerpo y alma de Juana
despues del grande conflicto.
El Pvcy , Dunois, Inés, entonces leal , Bon-
neau, Bonifacio, la Doncella y el jumento,
habian entrado al anochecer en el iüerte, es
perando nuevo refuerzo. La reedificada bre
cha de los sitiados no permite ya la entrada á
los sitiadores. Las tropas enemigas se habian
retirado ; los ciudadanos, el Rey Carlos y Bed-
fort , todos cenan con los suyos , y se duermen .
¡ Musas ! temblad de la estraña aventura que
es fuerza descubrir á las generaciones venide
ras; y tú, lector, en quien el ciclo ha puesto
los discretos placeres de una fina ternura , d*
gracias á Dionisio y Dunois por el enorme pe
cado que impidieron.
Os acordaréis que os he prometido referir
las inauditas maravillas de este Pegaso de larga i
(a8i) _
orejas, que combatia , debajo de Juana y de
Dunois, contra los enemigos de las jóvenes
beldades y de los Reyes; ya le habeis visto
transportar con sus doradas alas á DunoLs al
pais de la Lombardía , pero que volvio ar
diendo en zelos. Bien sabeis que , cuando lle
vaba á la Doncella , advirtió en lo mas pro
fundo de su corazon una centella de ese her
moso fuego, mas vivo que dulce, alma, re
sorte y principio de los mundos , que en los
aires, en los bosques, en las aguas, produce
los cuerpos y los anima; este fuego sagrado,
del que nos quedan todavía algunas chispas en
este agotado mundo, fué estraido para el cielo
con el objeto de animar á Pandora. Desde
entonces esta antorcha se amortiguó; la lán
guida fuerza de la naturaleza , en nuestros
infaustos dias, no produce mas que amores
imperfectos : si existe todavía una llama esti
mulante, un germen venturoso de principio»
divinos, no le busqueis en la Venus de Urania,
no entre los débiles mortales, dirigios á loa
héroes de la Arcadia.
¡Hermosos celadones, encadenados entre
trofeos con lazos de flores ! ¡ tiernos amantes
áe coraza y manteos! ¡prelados, abates, co
(282)
rondes, consejeros, poetas y gentes del bello
gusto, hasta frailes limosneros! en cuanto á
amores , no os fieis de un jumento. Entre los
Latinos, el famoso asuo de oro, tan encare
cido por su metamorfosis , le iba á este muy
en zaga; no era mas que hombre, y ya veis
cuan pico es esto. : .
El abate Tritemio, varon sabio y discreto,
mas instruido que el pedante Larcher, mo
desto autor de esta noble historia , tanto se
atemorizó que no es de esplicar, y se espanto
al tiempo de transmitir estos escesos á los ve
nideros siglos. Apenas podia sostener con sus
tres dedos la pluma sobre el papel : se le cayó;
mas su agitada alma se añimó, reflexionando
que la malicia de este acontecimiento es todo
obra del diablo , y este no puede hacer cosa
buena ; y como espíritu maligno , dotado de la
ciencia del mal , infunde en los irracionales
ciertas ideas , que agitadas por su influjo ocul
tamente , obra dentro del animal , ataca y
compromete al infeliz humano, débil por na
turaleza para resistirle.
Implacable enemigo del linage humano ,
tentador de profesion , se apodera con dolo
de los hombres. Este padre formidable de todo
pecado , rival de Dios , sedujo én otro tiempo
á nuestra querida madre , una tarde , en el
rincon de un bosquecillo de su jardin ; esta
hipocrita serpiente le hizo comer de una mal
dita manzana , y tambien suponen que la hizo
otra cosa, y fué arrojada del delicioso paraiso :
desde este dia , en nuestras familias ha gober
nado Satanas nuestras mugeres é hijas. El buen
Tritemio habia visto en su tiempo, con sus
mismos ojos , ejemplos muy grandes : .asi re
fiere este hombre la insolencia y la vergüenza
de esta gran bestia.
La robusta y colorada Juana, á quien ha
bian reanimado los narcóticos vapores del
sueño, recogida modestamente entre sus sá
banas, estaba repasando la historia de su vida.
Lisonjeado su corazon por tantas hazañas , sa
olvida de tributar el debido homenage de sus
glorias á San Dionisio, y concibió un tanto de
vanidad. Incomodado su patrono, como es de
creer, para castigarla , la abandona por algu
nos momentos al poder de sus sentidos. Quiso
Dionisio que su Juana , á quien amaba estre
ñidamente, conociese la debilidad del sexo,
y que una muger en todo lance necesita de
un protector para que la dirija y ampare ; y
la puso al borde de ser víctima de tm lazo es
pantoso que la preparó el demonio.
El tentador, que nada pasa por alto, medita
las medidas ( siempre las toma bien , pues
ostá en todas partes); introducese con astucia
en el cuerpo del rucio ; dirige sus ideas ; da á
su lengua la facultad de modificar los sooidos ;
dulcifica la rudeza de su ronco y desagradable
organo, y le instruye en las finezas del arto
consumado por Ovidio y Bernardo. '
El jumento, poseido del demonio, depone
todo rubor ; sube con destreza desde la cuadra
al pie de la cama en la que reposa dulce
mente Juana , se acomoda bonitamente á su
lado, la adula ensalzando su he mismo, su in
vencibilidad y poder, sobre todo su hermo
sura. Del mismo modo la serpiente seductora,
cuando pretendio subyugar á nuestra primera
madre , al principio la arengó con lisonjas : el
arte de alabar es la base de el del amor.
¡ Donde estoy ! | ó cielos ! esclama la Ama
zona : ¡ que oigo ! ¡ por San Lucas , por San
Marcos! ¿es este mi jumento? ¡ó maravilla!

• Compuso un Arte de amar, del mismo modo que


Ovidio.
(a85)
; ó prodigio ! mi rucio habla , y habla con
discrecion.
Arrodillase el asno , y en actitud humilde
la dice : ¡ O Juana de Arco ! esta no es una 41 u-
sion ; ved en mí el burro de Cnnaan , yo fuí
alimentado en casa de Balaan. Entre los pa
ganos Balaan era sacerdote; yo era Judío, y
sin mí mi dueño hubiera maldecido todo su
gran pueblo , y le hubiese sobrevenido un gran
desastre. Adonai recompenso mi celo; me
entrego al anciano Enoc; este estaba dotado
de una vida inmortal : yo tambien , y mi señor
ordeno que la tijera de la Parca cruel respetase
el hilo de mis venturosos dias. He disfrutado
siempre de una eterna juventud. El benigno
.dueño de nuestro prado todo me lo permitió ,
escepto una cosa ; me mandó viviese en con
tinencia : ¡ terrible empresa para un jumento !
Joven y sin freno en mi morada, dueño de
todo , tenia yo derecho para hacer cuanto
quisiese de dia y de noche, menos en materia
de amores. Obedecí mejor que ese tonto del
primer hombre, que todo lo perdio' por comer
de una manzana. Vencí mi temperamento.; se
amortiguo la carne : no cometí debilidades.
He conservado mi virginidad; pero ¿sabeis
( a86 )
como ? En todo aquel pais no habla burra al
guna : yo ví transcurrir, contento en mi estado,
mas de mil años de dulce celibato.
Cuando Baco vino desde lo mas recondito
de la Grecia á traer el Tirso (*), la gloria y la
embriaguez al pais que riega .el Ganges , le
serví de trompeta : los Indios, civilizados por
nosotros, cantan todavía mi triunfo y su ruina.
Sileno y yo 2 somos mas conocidos que todos
los grandes que sirvieron á Baco ; solo mi
nombre y mi virtud esclarecida formaron el
honor de Apuleyo. 3
En fin allá arriba en aquellas azules llanuras,
cuando San Jorge, tan contrario de vuestros
Franceses, el terrible San Jorge, amante siem
pre de la guerra , quiso tener un caballo inglés ;
cuando San Martin, famoso por su capa, 4
logró tambien otro caballo bastante bueno; el
señor Dionisio , que tan bien como ellos hace
su papel , quiso tener una cabalgadura , y me
(*) Vnra cubierta de hojas de vid y de yedra, de
que usaban los Gentiles en los sacrificios de Baco.
1 Sirvió de trompeta el burro de Sileno.
3 Fué afortunado cbn una dama.
* Dio la núlad do su capa al diablo, en figura de
«íendigo. ( '. . . , . , .
«scogió á mí, me llamó, y me regaló estas
dos brillantes alas ; dirigí mi vuelo acia las bó
vedas eternas. El perro del gran San Roque
me hizo fiestas ; 5 tuve por amigo al puerco de
San Antonio abad, celeste cerdo, emblema
de la lascivia frailuna. Melimpiáron con almo
hazas de oro, y el néctar ha sido mi sustento;
pero ¡ ó mi Juana ! tan apreciable vida no
llega en mucho al placer que yo siento al ver
vuestros hermosos hechizos. El caballo, el
perro y el puerco, y el mismo San Dionisio,
no valen tanto como vuestra suprema beldad;
sobre todo , creed que de todos los empleos á
que me ha elevado mi próspera estrella, el mas
venturqso, el inas de mi eleccion , y para el
que soy tal vez el mas digno, es el de servir
bajo el dulce imperio de vuestras augustas
leyes. Cuando, en lugar de dirigirme acia el
estrellado cielo, he bajado, he visto por vos
coronada mi fortuna., No, no me he alejado
de los cielos; todavía los veo, pues los halla
en vuestros ojos*. ; ,, '
5 Alegóricamente pintan asi a' estos santos, signi
ficando con el perro, que San Roque era amante de la
hospitalidad y curaba la pesie; y con el cerdo inmundo,
que San Antonio triunfó de los deleites obscenos.
(a»)
En este discurso , tal vez temerario , Juana
advirtió que se enardecia el orador. ¡ Amar á
un jumento , y entregarle la flor mas bella !
¿Sufriria acaso £«mejnutc deshonor, despues
de haber salvado su inocencia del arriero y de
los héroes de Francia ; despues de haber, por
la gracia eficaz, imposibilitado í Cbandos?
Pero ¡cuanto mérito, ó cielo, tiene este ru
cio ! ¿No valdria siempre tanto como la cabra
favorita de un Calabres , que la adornaba c on
flores ? No , deeia ella ; alejemos semejantes
horrores. Todos estos pensamientos ruovian
«na tempestad en el corazon de luana , y con
fundian su razon ; al modo que se ven en los
profundos mares los terribles tiranos de los
aires y de las ondas , el uno corriendo desde
las cavernas australes, el otro silbando desde
los boreales hielos , atacar á un bajel cimbrado
sobre el Océano , y arrojarle sucesivamente
ácia Sumatra , Bengala ó Ceilan : ya parece
dirigirse la nave hasta el cielo , ya arrojarla
contra los enormes peñascos; ya un abismo va
á tragarla , y parece que sale de los infiernos.
El maligno niño que tiene bajo su imperio
al género humano, á los asnos, á todos los
seres y á los dioses , se paseaba por lo alto de
los cielos con su arco en la mano, y miraba á
Juana con somisa burlona : el gran corazon de
Juana de Arco se lisonjeaba secret»menle del
admirable efecto que producia su singular bel
dad sobre los grotescos sentidos de una alma
tan grosera. Sin pensar en lo que hace , alarga
su mano acia el que la ama , y despues la re
tira de repente. Se ruborlza , se espanta , y se
incomoda ; despues se reanima , y le dice :
Bello animal , habeis concebido una esperanza
quimérica ¡ respetad mas mi gloria y vuestro
deber : hay demasiada distancia entre nuestras
especies j no, yo no puedo aprobar vuestra
temeridad , no trateis de apurar mi paciencia.
El asno replica : El amor todo lo iguala.
Pensad en el cisne (*) que acariciaba Leda, «
sin dejar de ser por ello una muger honesta :
¿ conoceis á la hija de Minos, ' que por un toro
despreció á los héroes, y estaba siempre sus
pirando por aquel hermoso cuadrúpedo ?
Sabed que un águila robo á Ganimedes , y
(*) Una de las constelaciones septentrionales.
i Puso dos huevos, habiendose ayuntado con un,
cisne.
' Eaco, Minos j fladaraanlo, los jueces de loa
infiernos.
(*9°)
Filira habia dispensado sus favores al Dios de>
los mares, disfrazado en caballo.
Continuaba su discurso; y el diablo, primer
autor de los escritos fabulosos, le sugeria.
ejemplos estraordiuarios, y ponia al asno en.
el número de nuestros sabios.
Mientras que habla con tanta elegancia , el
gran Dunois, que se habia acostado en una
habitacion inmediata , estaba pasmado de los
atrevidos rasgos de su elocuencia. Quiso ver
al héroe que hablaba , y quien era el rival que.
Amor le habia suscitado. Entra, vé ¡ ó prodi
gio ! ¡ ó maravilla ! el poseido conductor de
largas orejas; no creia lo que estaba viendo. ,
No quedo tan confundida la hermosa Venus,
cuando el desgraciado Vulcano la presento
desnuda debajo del Dios Marte , á todos los
demas Dioses , en una red de hilo de arambre.
Juana no habia sido vencida aun; el buen Dio
nisio no la abandonaba , y la sostiene en este
estremado peligro. Juana se indigna, y reco
brando su antigua altivez , como un soldado
que dormido en su puesto despierta á las pri
meras alarmas, se restrega los ojos, se pone
de pie, toma las armas, y apresuradamente
carga sobre el enemigo.
( 29' )
La terrible lanza de Debora estaba junto á
la cabecera de la heroina, y la preservaba cor»
frecuencia de muchas desgracias. La toma; el
diablo jamas habia tenido poder contra este
acero divino. Juana y Dunois cargan sobre el
maligno ; este eorre , y su formidable voz re
sonó en Blois, Orleans y Nantes : los jumentos
•pie pacian en el Poitu respondieron con el
mismo tono á sus rebuznos. Satanas huia; pero
en su precipitada fuga quiere vengar á Los In
gleses y su vergüenza : vuela como un rayo á
Orleans, y derecho á la casa del presidente
Louvet. Se entra en el cuerpo de madama;
estaba bien seguro de que gobernaria su alma;
esta era propiedad suya : el perfido está ins
truido de la enfermedad secreta que padece la,
presidenta; sabe que ama, y que Talbot.la
enamora. La vieja serpiente la conduce secre-
lamente, la dirige, la inflama, y espera que
podrá ayudarle para introducir á los Ingleses
dentro de los muros de Orleans; y trabajando
por Talbot y los suyos á quienes ama, sabe
muy bien que combate por sí misma.
CANTO XXI.

ARGOMEXTO.
Demuestrase el pudor de Juana. Malicia del diablo.
Cita dada por la presidenta Louvet al grande Talbot.
Servicios prestados por el hermano Lourdis. Con
ducta de la discreta Juana. Arrepentimiento del
rucio. Hazañas de la Doncella. Triunfo del gran
Key Carlos VII.

Mi benévolo lector sabe por esperieneia que


«se hermoso Dios que nos pintan en la infancia ,
y cuyos juegos no son de niño, tiene dos car
cajes del todo distintos ; en el uno tiene dardos
y saetas cuya dulce herida se hace percibir
sin peligro, sin dolor; crece con el tiempo,
penetra hasta el fondo del corazon , y deja una
llaga muy permanente : las otras saetas son de
Un fuego voraz, cuyo contacto penetra é
inflama en un momento : el desorden se mani
fiesta en todos los cinco sentidos; una rubi
cundez escesiva se muestra en el rostro ; el
que recibe el saetazo se cree animado por
Una nueva llamn; el cuerpo se enciende con
una sangre dotada de diferentes cualidades ;
nada se oye , y la vista centellea. El agua, que
puesta sobre el fuego hierve con ruido , que
se eleva sobre los bordes de la vasija que la
contiene, que salta y se derrama, no es mas
que una imperfecta imagen del esceso de de
seos que le devora. i
¡ Profanadores indignos de memoria , 1 vos
otros que habeis mancillado la gloria de Juana ;
escritores mercenarios, que poseidos del espí
ritu de mentira falsificais las producciones mas
sabias ! vosotros creeis que mi virginal Juana
advirtió un fuego profano en favor de su ju
mento; habeis dicho que ha combatido mal :
vosotros insultais su sexo y su virtud. Com
piladores infames de vergonzosos escritos ,
sabed que se les debe mas respeto á las damas s
no hay que decir que Juana sucumbió : hasta
ahora ningun sensato ha caido en semejante
error : nadie ha publicado semejantes falseda
des. Vosotros barajais los acontecimientos y
los tiempos ; desfigurais las mayores ínara-

* Contra los malos editores que desfiguran las obras


por mejorarlas.
(^94)
Tillas : respetad al jumento y su noble historia ,
pues que no teneis sus sublimes talentos , y sí
unas orejas todavía mas largas que las suyas.
Si mi heroína en este lance sintió con delec
tacion amorosa el nuevo fuego que escitaba su
persona , esto no es mas que el amor propio ó
la vanidad , disculpable en su sexo , pero no
el otro amor.
Para demostraros el inmarcesible pudor de
Juana de Arco , para probaros que su corazon
noble era inalterable á los fieros transportes
del elocuente jumento, y á las maquinaciones
del diablo , sabed que Juana tenia otro amante :
este era Dunois ; este es el bastardo que adora
su gran corazon. Se pueden muy bien escu
char los discursos de un asno , se puede re
cibir cierta complacencia interior en el arte
de agradar ; mas este pasatiempo inocente y
ligero no hace traicion al fiel amor.
Es una cosa del todo averiguada en la his
toria , que aquel héroe , el sublime Dunois , es
taba herido por una flecha dorada que le tiró
Amor de su primer carcax. Siempre domi.r
nando á su tierna pasion , su altivez le hacia
vencer : amaba mucho al Rey y al estado , y
el iuteres de estos fué su primera ley.
( =95 )
¡O Juana! él sabe que tu hermosa virgini
dad es la mas preciosa recompensa de la vic
toria. Respetaba á Dionisio y tus amables
prendas, semejante al valiente y leal perro
que, resistiendo al hambre que le devora ,
tiene la perdiz en su boca y no la come. Mas
luego que vió al rucio celestial requiriendote
de amores, la emulacion le inspiró osadía.
Hay momentos en que el sabio se olvida de sí
mismo.
Era á la verdad una locura el inmolar su pa
tria al amor : era perderlo todo por un gusto :
y Juana , todavía avergonzada de haber dado
oidos á los requiebros de un jumento , no sabia
resistir á los de un héroe. El amor oprimía su
'virtuosa alma : en este inminente riesgo, su
dulce patron la envia un rayo luminoso desde
el alto cielo, aquel rayo de oro, gloria en que
transporto su figura beatífica , cuando buscaba
con indecible afán una virginidad dentro de
los muros de Orleans. El rayo santificado,
hiriendo en el seno de Juana , desvanece todo
sentimiento profano, y dice : ¡Venturoso bas
tardo ! deteneos, aun no es tiempo; no destru
jamos nuestra suerte íeliz ; solo para vos existe}
mi amor. Yo os prometo que cogeréis la fipr.

: 1 1
('96)
Pero esperemos á que vuestro brazo vencedor,
vuesti.as virtudes, que hacen temblar i los
Bretones , hayan desterrado del pais al usurpa
dor. Cuando hayamos recogido los laureles de
la victoria , dormiremos sobre ellos.
Al oir esta oferta , el Bastardo desiste , es
cucha el oráculo, y se somete. Juana recibió
su puro y dulce homenage con toda modestia ,
y le da en recompensa treinta besos llenos de
pudor, y semejantes á los que un hermano
recibe de su hermana. Ambos contuvieron sus
deseos : Dionisio los mira ; Dionisio , muy sa
tisfecho, acelera este gran proyecto.
El vallente Talbot debia aquella misma
noche entrar por una estratagema en Orleans :
nueva hazaña de esos altivos Ingleses , todos
hombres sensatos , de mas osadía que valor.
¡ O Dios del amor ! tú , con tu funesto influjo
estuviste muy cerca de entregar á los enemigos
esta fortaleza de la Francia. Lo que el Ingles
no esperaba , lo que Bedfort y su esperiencia ,
lo que Talbot y su osadía no pudieron conse
guir, tú lo emprendes. ¡Amor! tú calmas
nuestras desgracias , niño querido , y despues
te burlas de nosotros.
Si en estas funestas conquistas hirió con
( 297 )
íus flechas honestas el corazón de Juana , ar
rojó otras muy diferentes en los cinco sentido»
de nuestra presidenta. La traspasa su triunfa
dora mano con los dardos que trastornan el
juicio á los mortales. Ya habeis visto el fatal
escalamiento, el sangriento asalto, los horri
bles cañonazos , todos los combates , todos los
denodados esfuerzos sobre los muros, dentro
y fuera de ellos , cuando Talbot y sus orgullo
sos soldados habian destruido baterías y puer
tas , y que diluviaba sobre ellos desde los te
jados á un mismo tiempo el fuego, el plomo
y la muerte. El ardiente Talbot se interna con
osada planta sobre los moribundos en la ciu
dad , destruyendolo todo y esclamando : ; In
gleses ! ¡ á dentro ! ciudadanos , rendid las
armas. Parecia al formidable Dios de la guerra
quehacia temblarla tierra bajo suspies, cuando
Belona , la Discordia y la Muerte arman su
brazo contra los mortales.
En la habitacion de la presidenta habia una
pequeña ventana que caia á un edificio arrui
nado, y por ella estaba mirando (¡ su amante ,
su dorado casco, el penacho, el brazo ar
mado , el fuego que salia de sus ojos , y su noble
orgullo, semejante al d* un semidios. La prc
(>9«) .
siderita está perdidamente enamorada , sin el
uso de su razon y con furor uterino. Asi en
otro tiempo , desde su oculto palco madama
Audon, 1 de cuya alma se habia apoderado el
amor , miraba á Baron , á este inmortal actor ,
y con sus ardorosos deseos devoraba su her
mosa fisonomía, su figura, sus adornos y su
hermoso ademan , mezclaba su voz á sus acen
tos, y recibia al amor por todos sus sentidos.
Bien sabeis que el diablo , sin necesidad de
importunar, habia entrado en casa de la Lou-
vet, y que el diablo y el amor son uno mismo .
lil negro arcángel , insaciable del mal, tomo el
rostro y la toca de Suson, que hacia ya mucho
tiempo que servia en la casa; moza entendida,
laboriosa, y necesaria para el tocador, para
rizar el pelo, y para llevar billetes amorosos;
instruida en el arte de conducir bien estos ne
gocios, y preparando á un mismo tiempo dos
citas , la una para su s«nora , y la otra para ella .
Satanas , en trage de esta doncella , dirigió este
discurso á nuestra corpulenta señora :
« Bien conoceis mi talento y mi corazon;

1 Bajo este nombre se entiende cierta dama mur


apasionada de Carpa el cómico.
( a99 )
quiero serviros para aliviar vuestro ardor ino*
centc; vuestro interes es el mio. Mi primo se
halla de guardia esta noche en un pequeño
surtidero que hay desde la muralla al foso :
allí sin esponeros á que os mancille el honor ,
puede veros secretamente vuestro amable Tal*
bot. Escribidle; mi primo es muy discreto,
desempeñará con delicadeza vuestra comi*
sion. '1 La presidenta escribió su billete, tierno
y voluptuoso; cada palabra inspiraba al co*
razon los deseos y la ardiente llama que la de*
voraba. Se conocia que el diablo le habia dic
tado. Talbot, tan hábil como tierno, juro
asistir á la conferencia amorosa , y juro en
este dulce conflicto, que los placeres habian
de ser el camino de su gloria : ya todo se ha
llaba preparado con el fin de que , al saltar del
" lecho del amor, no tuviese que dar mas que un
paso para alcanzar la victoria.
Os acordaréis que el hermano Lourdis fué
enviado por San Dionisio á los Ingleses, por
que era útil sil presencia ; estaba en libertad ,
se ocupaba en cantar el oficio divino y decir
misa. El valiente Talbot lo habia dejado libre
bajo su palabra , no pensando jamas que un
idiota , uu fraile ignoranton , escoria del con*
( JOO )
vento , á quien habia hecho azotar pública
mente , pudiese columbrar los designios de un
general tan sagaz; pero el justo cielo quería
desengañarle. Muchas veces se complace en
burlar en sus decretos los personages mas real
zados; se vale de los necios para confundir á
los sabios. Una brillante luz que bajó del pa
raiso , iluminó el cráneo de I.ourdis; la sustan
cia grosera y espesa de su cerebro se volvió
muy ligera y transparente ; él mismo se admiro
de su perspicacia. No pensemos de que modo
se verifica esto, pues solo lo sabe Dios. ¿Sa
bemos nosotros que resorte invisible le da mas
ó menos sensibilidad? ¿sabemos que combi
nacion de átomos diferentes es la que lo hace
perspicaz ó inestimulable? ¿sabemos en que
rincon de este maravilloso tejido existia el gran
(alento de Virgilio ó de Homero? ¿sabemos
que fermentacion , cargada de un veneno frio,
forma un Tersite , un Zoilo ó un Freron ? Dn
intendente del imperio de Flora vé florecer la
dañina cicuta al lado del odorífero clavel ; la
causa solo depende de la mano del Criador ,
permaneciendo oculta para los ojos de todos
los doctores : no imitemos pues su vana char
latanería.
das; vió caminar, al anochecer, ácia la ciudad
muchos cocineros que llevaban esquialos
manjares, criadillas, jamones, pollas y per
dices; grandes frascos, que encerraban este
hervoroso jugo , estos liquidos rubíes que hay
ton abundancia en las benditas bodegas del
Cister. 5 Todos caminaban en silencio á Is
puertecilla. Lourdis, entonces lleno de cien
cia, no latina, pero sí de este arte feliz qne
enseña á conducirse en este mundo escabroso ;
entonces filé dotado con una dulce facundia ,
se hizo discreto, próvido, diestro cortesano,
y con perspicacia profunda ; un fraile , en fin ,
el mejor fraile de todo él mundo. Del mismo
modo vemos á todds sus semejantes salir de la
cocina para entrar en los consejos. Embro
llones en la paz , intrigantes en la guerra , rei
nando desde luego entre los infelices aldeanos,
despues entrometiendose en los gabinetes de
los Reyes , y despues , tth fin , alborotando
toda la tierra : ya urbanos, ya insolentes, y*

' En el Monasterio Í¿ este nombre se conservaba .


un enorme tone!, «901» la nw. precios* reliquia de
la casa.
( 3o2 )
zorras, ya lobos, ya monos, ó ya serpientes :
por eso los descreidos Bretones han limpiado
la Inglaterra de semejante raza.
Nuestro Lourdis toma un sendero que con
ducia por un bosque al real cuartel; medi
tando en lo que significaba tanto aparato, va
á buscar á su compañero Bonifacio. Este en
el mismo instante deliraba estravagantemente
sobre los destinos : media esta invisible cadena
que tiene atados los tiempos y los destinos , los
hechos pequeños y los grandes acontecimien
tos , el otro mundo y el mundo visible. Lo
combina todo en su acalorada fantasía ; en los
efectos encuentra la causa, y la admira ; sigue
el orden : sabe que una cita puede ó salvar ó
destruir un imperio. El confesor se acordaba
todavía que se habian visto las tres flores de
lis doradas en campo de alabastro , en el tra
sero de un hermoso page inglés ; sobre todo
medita en los arruinados muros del palacio del
nigromántico Hern^afrodiz . Lo que mas le
admira , es el despejado jiúcio, el talento pers
picaz de Lourdis : conoció muy bien que por
último San Dionisio tendria en esta guerra toda
la ventaja.
Lourdis es conducido por Bonifacio á la
( 3o5 )
buena amiga del Rey : le salada , admirado de
su belleza y de la discrecion de su Real amante;
despues le dice que Talbot , olvidando su pru
dencia, tenia para aquella noche dada una
cita en la pequeña puerta que salia al foso, á
donde este osado debia encontrar á la presi
denta Louvet á quien amaba. Es fácil valer
se, continúa , de un ardid, seguirle y sorpren
derle en este sitio , como Dalila hizo con San-
son. Divina Inés, sugerid esta empresa al gran
Rey Carlos. ¡ Ah ! reverendo padre , le dice
Inés , ¿ por ventura creeis que me amará siem
pre Carlos? Yo no lo sé : pienso, sí, que
se c ondena , responde Lourdis ; mi hábito lo',
reprueba, mi corazon lo absuelve. ¡O que
venturosos son los que se vean algun dia
condenados por vos ! Despues , llamandole á
parte, le pregunta : Padre, ¿habeis visto por
casualidad entre los Ingleses al jóven Monroso?
El bendito fraile la entendió al pronto : Sí , le
he visto , la contesta , es muy hermoso. Inés
se ruboriza, baja los ojos, y disimula; y co
giendo de la mano al diestro Lourdis, le con
duce , ántes que entrase la noche , al gabinete
de su Rey amado.
Lourdis hizo un discurso ciceroniano. El
(3o4)
Rey Cavlos, que nada entendió, manda reunir
su consejo supremo y tambien el de guerra.
Juana , entre los héroes sus iguales, asistia á
los consejos como á los combates ; la hermosa
Inés cosia , y decia de tiempo en tiempo su
parecer, que siempre era seguido por el Rey
Carlos. i
Proponen sorprender en los muros á Talbot
y á su dama : asi en los cielos el Sol y Vul-
cano sorprendieron á Marte con Afrodisa. 4
Preparan esta grande espedicion que necesita
talento y manos. Dunois tomó la direccion ,
hizo un penoso rodeo ; era consumado en ar
dides ; pasa por entre el ejército enemigo y la.
ciudad, y en fin se sitúa junto á la puerta.
Talbot disfrutaba con su presidenta los pri
meros frutos de uua reciente union , promeT
tiendose que , como verdadero héroe , desde ej
lecho al combate solo debe haber un paso.
Seis regimientos debian seguirle ; la orden es
taba dada , y la conquista de la ciudad le pa
recia concluida. Pero sus guerreros, entorpe
cidos desde la víspera por un sermon que les

4 Nombre griego de Venus, que corresponde i


espuma, y eslá en uua bella alegoria.
(3o5)
Jiabia predicado Lourdis, bostezaban todavía,
'y apenas podian mavfirse : estaban durmiendo
en la llanura tendidos en el suelo. ¡O gran
milagro ! ¡ ó poder de Dionisio !
Juaua ,.Duuois, y lo mas brillante y escogido
¿e los caballeros de su séquito, abordaban ya.
á los muros de Orleans, y á la otra parte dfi
los anchos fosos del campo de los sitiadores.
Juana avanzaba .sobre un caballo berberisco,
el único que Carlos tenia en su caballeriza ,
llevando en la mano la divina lanza de Deborá;
de su lado pendia W noble espada que cortó
la cabeza de Holofernes. Nuestra vírgen, cap
devocion , dirigió á Dionisio esta súplica : ,
« Tú , que te dignaste confiar en Domrenii
á mi oscura debilidad estas armas , sed el
apoyo de mi fragilidad ; perdoname , si la va
nidad lisonjeo á veces mis sentidas, cuando
tu desleal jumento se emancipo de tal manera
que llegó hasta el punto de encontrarme her
mosa. ¡ Mi protector adorable ! acuerdate que
quisiste Castigar por mi brazo á los Ingleses
que se ejercitaban en este pais en violentar
con embravecida lujuria á las castas vírgenes,
á las afligidísimas monjas : mayor aventura se
presenta en este dia ; yo nada puedo sin tn
*
( 3o6 )
favor. Presta tus auxilios al brazo de tu hu-
milde sierva ; es preciso salvar á la patria que
se desploma , es indispensable vengar las lises
de Carlos séptims, y el honor del presidente
Louvet : conduce á su término este honesto
designio ; asi el cielo te conserve eternamente
la cabeza. »
San Dionisio la escuchó desde lo alto del
cielo, y su asno la oyó desde su prado : oyó á
Juana , y batiendo las alas y erguida la cabeza,
vuela adonde estaba. Se arrodilla , y pide per-
don de los raptos de su impuro amor. Yo
estaba , le dice, poseido del demonio; me ar
repiento. Llora , y la suplica le monte ; no
podria sufrir que otro asno corriese debajo de
su Juana. La heroina conoció bien que una
virtud mas que humana le habia devuelto el
burro alígero ; perdona al penitente , sube
sobre él , y le encarga que sea en adelante mas
circunspecto' y casto. El rucio lo jura asi ; y
enardecido y orgulloso de su carga , la lleva
por el aire. '
Con la velocidad del relámpago que va
acompañado del trueno , carga sobre los In
gleses. JLiana, volando, inunda la campiña de
' ríos de sangre y de miembros separados; corta
(3o7)
cien cuellos, y quedan amontonados los cadá
veres.
La reina brillante de la noche le remitia su
dudosa luz : el Inglés, aturdido, mira ácia lo
alto para indagar de donde habia partido el
golpe feroz; no vé la lanza que le mata; huye
la tropa dispersa y despavorida , y va á caer
en las manos de Dunois. Carlos se considera
el mas venturoso de todos los Reyes; sus ene
migos se presentan á recibir sus golpes, se
mejantes á las perdices que atolondradas en
el aire caen al impulso del fusil , y ensangrien
tan el matorral donde los perros las cogen : los
rebuznos del rucio infunden el terror; Juana
desde arriba estiende su brazo vencedor, per
sigue , destroza , atraviesa , desgarra y destruye :
Dunois confunde , y el buen Carlos estermina
á su placer á todos los que huyen de miedo.
El gallardo Talbot, embriagado en los pla
ceres que disfrutaba con la presidenta, oye el
estrépito de las armas en la puerta : medita en
su triunfo ; se decia á sí mismo : Estos son los
mios; ya tengo á Orleans : y se complace de
su ingenio. ¡ Amor! esclama , ¿ con que tú eres
el que conquistas las ciudades ? Animado Tal
bot por la lisonjera esperanza , le da á su dama
(5o8)
un beso, y se despide. Sale de la cama, se viste,
y vi ene á recibir á los vencedores de la Francia.
Talbot no llevaba en su compañía mas que
un escudero que le seguia siempre. Gran con
fidente, valeroso, digno vasallo de un héroe
tan galau , que guardaba su lanza tan bien
como su capa. Entrad , amigos , sorprended á
vuestra presa , gritaba Talbot ; pero pronto
huyó su alegría. En lugar de amigos, Juana coa
la lanza en la mano, y montada en su divino
jumento , le acomete. Doscientos Franceses
entran por el postigo. Talbot, consternado , se
estremece. Estos Franceses gritaban : « ¡ Viva
el Rey ! bebamos, venga para beber avan
cemos : seguidme, Gascones, Picardos, se
guidme; mueran todos no hay cuartel
miralos tírale matale »
Talbot, vuelto de la sorpresa que le causó el
primer movimiento, se atreve todavía á defen
derse en la puerta : semejante al hijo de Are
quises, que todo ensangrentado y reducida su
patria á escombros y cenizas , atacaba auu a
su vencedor. Talbot combate en su furor : era
Inglés, el escudero le sigue, y tal es su des
esperacion , que quisieran aniquilar todo el
mundo : ya de úcnte, ya por retaguardia, ya
poninndo.se los dos espalda con espalda , re
chazan i sus vencedores ; mas por último ago
tadas las fuerzas, ceden á los Franceses una fácil
victoria. Talbotse linde, pero sin humillacion.
Juana y Dunois apreciaron sus virtudes milita
res. Los dos van á entregar la presidenta al pre
sidente. Louvet la recibe sin manifestar rece
los contra su fidelidad conyugal : ¡ pobres ma
ridos, nunca saben nada ! el presidente ignora
que la Francia es deudora de su libertad á la
presidenta.
Dionisio desde lo alto de los cielos aplaudia
esta conquista, pero San Jorge se enfurecia
pobre su caballo : el asno entona su octava dis
cordante , que aumenta el miedo en los Ingle
ses. El Rey , que ocupaba ya un lugar entre los
conquistadores, cenó con Inés dentro de Or-
leans. Aquella misma noche, la terrible y
amorosa Juana , despues de haber despedido
al celestial jumento, fiel á lo que habia jurado,
cumplio' su palabra al amigo Dunois. Lourdis,
entre la valiente y leal tropa , gritaba todavía-
¡ Ingleses , mirad que es vírgen !

FJX DE LA DONCELLA.
CORISANDRA.

ADVERTENCIA.
tía Comandra era el canto décimo cuarto en las
primeras ediciones de la Doncella. El autor la su-
primió en la. áe 1762 y en las siguientes; nías
cotno por el argumento y estension puede mirarse
como un pequeño poema, le damos á continuacion,
por no privar al lector de una obriia que tanta
conexion tiene con la principal, de la cual for
maba parte. ,
M 1 querido lector sabe por esperiencia que
ese hermoso Dios que nos pintan en su infan
cia, y cuyos juegos no. son juegos de niño,
tiene dos aljabas muy diferentes. ' En el uno
tiene las saetas cuya dulce herida se deja per
cibir sin peligro y sin dolor, crece con el
tiempo , penetra hasta lo mas profundo del
corazon , y es permanente. Las otras son fle-
1 Temible Dios, niño, ciego, hablador, y con
dos aljabas ; sin tantas armas harta disposicion en
cuentra en los corazones humanos , para encender
amielia llama suya que arde, abrasa, y no lace.
chas iíe fuego voraz, cuya herida inflama á suf
primera impresion : difunde su fuego en Ios.
cinco sentidos : enciendese el rostro , y creese
reanimado de una nueva existencia : arde el
cuerpo circulando la sangre con hervor impe
tuoso : nada se percibe , y los ojos centellean.
Él agua que al fuego hierve con estrépito, que
se evapora y se desvanece , es una débil ima
gen imperfecta é inexacta del bullicioso tu
multo de deseos que entonces nos combaten.
Conoceis, hermanos mios , estas dos situacio
nes; pero este tirano de nuestras almas, este
Dios picarillo , este aturdido Amor, proyec
taba una burla mucho mas pesada.
Ilizo que se hospedase entre Blois y Cutan-
dro una beldad cuyos amables atractivos es-
cederian i todos los hechizos de Inés, si esta
hermosa tuviese un corazon tan tierno, pre
ciosa dádiva que vale tanto como todas Jas
otras gracias juntas ; esta era la joven y necia
Coiisandra. Quiso amor que todo Rey, caba
llero, persona de iglesia, joven bachiller, al
ver á esta hermosa imbécil , quedase loco de
atar. Los criados y la plebe, casta soez y baja,
estaban esentos de tan cstraña ley : pata enlo
quecer, sé necesitaba: ser ó noble , ó* eclesiás
)
tito, ó Rey. Aun hay mas; todo el arte dé
Esculapio y cien granos mas de eléboro no
alcanzaban para librar de este accidente; y
cada dia iban peor, hasta que la hermosa ino
cente se compadeciese de alguno de los aman
tes ; y este era el momento prescrito por el
cielo para que la mentecata adquiriese por fui
alguna discrecion.
Varios galanes, nacidos en las orillas del
Loira, por haber visto una vez á Corisandra,
habian perdido la memoria y el entendimiento.
El uno se Cree ciervo, y rumia por los bosques;
el otro se imagina que tiene el culo de vidrio,
y al acercarsele cualquiera qiie pasa , grita de-
saforadaraeute que se le quiebran. Bertaut se
mira transformado en muger ; lleva enaguas ,
y se muere de tristeza al ver no halla ningun
amante que la obsequie. Merardon se ha car
gado con una grande albarda , teniendose por
hurro , y no anda muy fuera de camino : Que
me carguen , dice á todos ; y no cesa de re
buznar. Culando dice que es olla de cobre;
camina en tres pies, una mano la pone ert
tierra , y con la otra forma el asa. ¡ Ah ! cada
cual de nosotros podriia tambien colocarse ett
el número de los locos , sin haber visto á la
(5.4)
liermosn Corisandra. ¿<¿»e talento no se deja
sorprender de los deseos ? ¿ y quien no tiene
sus locuras? En prosa ó verso todos loquea
mos.
Corisandra tenia una abuela , muger de bien,
de un humor poco severo , cuyo orgullo se
complacia secretamente viendo los locos que
su nieta hacia. Pero al fin acosada de escrú
pulos se lastimó del mal que causaba. Nuestra
beldad, tan funesta para los cerebros, fué
encerrada estrechamente en su habitacion :
manila apostar , para la custodia del palacio ,
dos campeones de adusto semblante, que no
permitiesen entrar á los que vinieran á arries
gar el juicio.
La hermosa tonta, metida en este encierro ,
hilaba , cosia , y cantaba sin cuidar de nada ;
sin pena ni gloriia como en el limbo , y sin el
menor afan de curar la locura de sus amantes ,
que solo consistia en un sí que hubiese querido
pronunciar.
El imperterrito Chandos , todavía enfurecid o
de no haber dado lumbre con su bella ene
miga , se volvia renegando á los Ingleses : se
mejante al porro cuyos voraces dientes sor
prenden en vano la liebre que se le escapa ,
(3*5)
que da vueltas, ladra, llora, aulla, despues
se acerca poco á poco acia su dueño , con las
orejas cachas y la cola entre las piernas. Chan-
dos maldice su rebelde animal que le falto en
tan brillante desafío. Su general, no obstante,
para que mas pronto regiese , le envia un co
ronel jóven, bravo Irlandés, llamado Pablo
Tirconel , de anchas espaldas , brazos nervio
sos , iracundo semblante , no acostumbrado á
sufrir la afrenta que tenia confuso áChandos.
Estos dos guerreros con su noble escolta
llegan á la puerta de Corisandra , y al querer
entrar, grita el uno de los dos porteros : Dete
neos, guardaos bien de penetrar hasta donde
está Corisandra , si quereis conservar el juicio.
El altivo Chandos, que ie cree desairado,
pasa adelante , y dandole una estocada , der
riba en el suelo á uno de los dos porteros que
va dando vueltas por la arena.
Pablo Tirconel , no menos inexorable , ato
siga con la espuela al caballo, sueltale las rien
das, y aprietale las rodillas. Su alazan, mas
ligero que la tempestad , salta , brinca, y pasa
por encima de la cabeza del otro , que que
daba en pie , y de una coz le deja tendido
junto á su compañero ; al modo que en, pro
(3'6)
vincia un oficial baratero , joven , gallardo , as.>
tuto , corre al teatro , derriba al cobrador de
una puñada , conquista un asiento , y muy sa
tisfecho , sin pagar, silba y se burla de cuantos
Salen á las tablas
La comitiva inglesa llega al patio ; la dama
vieja baja consternada. A este estruendo se
azora Corisandra , ponese las enaguas , sale
del aposento, y acude desmelenada. Chandos
la saluda sin ceremonia, como buen inglés que
BO se atropella por hablar; pero observando
el ademan inocente , el cutis de lirio , los
brazos de marfil , y nacientes pechos que habia
redondeado la naturaleza con sus manos , se
promete una aventura feliz , y Corisandra con
su sencillez dirige sin intencion una mirada
que nada significa. Tirconel saluda ala abuela,
y á la hija con mas agrado ; y ¿que sucede?
quedarse los dos locos. Chandos atacado de
esta enfermedad, como potro oriundo de Nor-
mandía , á la hermosa la tiene por caballo :
porfía en quejo ensillen , le pongan el freno,
y que lo monten; y dando media vuelta, salta
sobre sus hombros. La hermosa se deja caer
debajo de Chandos , cuando Tirconel por otra
manía se cree en aquel instante tabernero, y
(3.7)
juzga que la hermosa , que estaba con las
manos y rodillas en tierra , es un tonel de vino ;
quiere destaparlo , y gustar por el agujero el
licor que Baco ha teñido.
Cabalgandola Chandos le grita : Estais loco ,
; God dcmn ! el espíritu maligno os ha desor
ganizado el cerebro. ¿Con que teneis por tonel
de vino á mi caballo blanco con crines á la
¡sabela? — Esta cuba es mia ; aquí tengo yo el
grifo. — Este es mi caballo. — Es mi tonel ,
hermano mio. Los dos igualmente tenian ra
zon : cada uno sostenia su opinion con em
peño. Menos se encoleriza un Domínico en
defender á Santo Tomas , ó cualquier otro santo
padre , y Olivet por su querido Ciceron.
Como el viento , con su ligero murmullo ,
frisa al pronto la superficie de las aguas , le
vantase , brama , y estrellando los bajeles es
parce el horror por toda la naturaleza ; asi
nuestros dos Ingleses en un principio parece
chancearse y reirse. Despues se desazonan , y
en su obstinado delirio amenazan despedazar
se. Los dos en una actitud violenta , tendido
el brazo , en su perfil el cuerpo , y levantada
la cabeza , luchan por principios ; pero des
pues dejando las reglas y medida , mas enfu-
*
(3.8)
jtecidos se descargan los mas formidables tajo».
En el monte Etna y en su ardiente fragua ,
los compañeros monóculos del negro cornudo
hacen resonar el centellante yunque con mar
tillazos menos redoblados , menos prontos ,
cuando preparan al Dios del trueno el grueso
cañon del que se burla la tierra.
De ambas partes corre la sangre , del brazo,
del cuello y del hundido cráneo, á pesar del
acerado casco y luciente coraza , sin que se
oiga al herirse ni una sola palabra. La buena
vieja de puro dolor gime , reza el Padre nues
tro, y llama á un confesor; mas con todo su
nieta relamiendose con languidez, se atavia con
gusto. Nuestros Ingleses, bañados en sangre y
rendidos , yacian tendidos en el suelo , cuando
llegó nuestro buen Rey de Francia y sus héroes,
brillantes lanceros , y sus beldades que forma
ban un séquito digno de Marte y del Dios del
amor. '.
La hermosa boba anda unos pasos , hace sin
gracia una humilde reverencia , maquinal-
mente les da los buenos dias , y los mira á to
dos con indiferencia. ¡ Quien hubiese creido
que la naturaleza habia depositado tanto ve-
peno en unos ojos sin alma ! Apenas se digna.
( 5ig )
reparar en nuestros Franceses , cuando se lea
trastornan las cabezas : los dones del cielo
recibidos benignamente , son dádivas mortales
recibidas en mala disposicion. Todo se aco
moda á nuestros caracteres : la gracia obra en
nosotros de varias maneras. El mismo jugo con
que nutre la tierra las semillas de ciertas fru
tas , cria claveles , cardos y rosas. Conservan
todos el resabio de las costumbres de su pais :
todo varía ; una cabeza francesa se trastorna
de distinto modo que un cerebro inglés. Entre
los Ingleses sombríos y ásperos , toda locura
es furiosa , atrabiliaria : entre los Franceses, es
viva y divertida. . . j
Los nuestros al momento agarrandose de la
mano bailan y cantan. El obeso Bonneau se
mueve con dificultad tan sin compas como sin
aliento : el padre Bonifacio , con el breviario en
la mano, baila mas lentamente con los demas
locos : se arrima al hermoso page, y mirando
de reojo su bello rostro, en su sonrisa, en su
lenguage devoto , en sus miradas afables , en
sus manos, y en su voz, le creeríamos con
algun resto de juicio.
El nuevo veneno que alucina la vista de la
real comitiva bailando, les hace pensar que el
(3ao)
patio del palacio es un jardin con un estanque
de agua; y queriendo todos bañarse, se desnu
dan de sus coseletes y amias, y sobre el césped
nadando en seco con la barba levantada , pien
san que los moja la cristalina agua, reman , se
chapuzan , y sin salir de su error , ved á Boni
facio nadando sin descansar junto á Monroso.
A este Conjunto de cabezas sin seso,*á es
tos objetos en tanta desnudez , se vieron á las
púdicas beldades Dorotea , Inés y Juana , que
apartaban de ellos sus ojos , los dirigian á los
nadadores , y despues levantaban el corazon y
las manos al cielo.
¡ Ah ! esclama la inalterable Juana , tendré
por mí á San Dionisio y su alado jumento;
habré batido á muchos profanos ingleses , ven
gado á mi Príncipe , y salvado á conventos en
teros ; habré marchado á los muros de Orleans ;
¡ y todo en vano ! El destino nos condena á ver
desvanecerse nuestros impotentes afanes, y á
nuestros héroes perder el juicio. La dulce Inés,
la tierna Dorotea , estaban inmediatas á los
nadadores ; ya lloraban y ya reian , al ver tras
tornados á tantos héroes y á un Rey, todos
remando en cueros.
¿ Pero que habian do resolver? ¿adonde huir?
(32.)
¿que partido tomar? Ya echaban menos el
castillo de Cutandro. Una criada les dice con
mucho secreto, que dentro de la misma casa
de la beldad estaba la medicina para curar á
los que perdian el juicio. La Providencia ha
decretado, Ies dice, que no pueden recobrar
el entendimiento los cerebros que ella desor
denare , hasta que la hermosa Corisandra se
deje prender de los lazos de Amor.
No fué en vano este buen aviso. El arriero
por fortuna lo oyó ; porque debeis saber que
este terrible criado , siempre enamorado de
Juana de Arco , y teniendo sus zelillos del
rucio, habia siempre seguido las huellas de la
Amazona. En este momento se encuentra corr
el suficiente vigor para socorrer á su Rey y á
la Francia. La beldad precisamente se encon
traba en un rincon proporcionado para la obra :
la vé desde lejos , toma el hábito negro del
fraile i la hermosa, al mirarlo, se sintió sobre
cogida de un santo respeto ; obedece inocen
temente, sin que se atreva á resistirse y sin refle
xionar, creyendo que hace una buena accion.
Tanto hizo el airiero, que completo su alto
destino la subyugada. Apénas siente ella el de
leite cuya ignorancia habia embrutecido su
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alma , se rompió por todas partes el encanto ;
los cerebros volvieron á su anterior estado
con alguna equivocacion ; el Rey Carlos ad
quiere la facultad de pensar de Bonneau , al
que le tocó la del fraile ; y asi se trocaron en
los demas las potencias. En este mercado hubo
muy pocas ganancias ; la razon de los huma
nos , ese don de Dios , es muy poca cosa. Esta
variacion no produjo efecto ninguno entre los
amantes : cada uno conservó el gusto que te
nia por su dama , y su ternura : ¿ pues de qu«
sirve la razon en materias de amor? En cuanto
i Corisaudra , recibió la ciencia del bien y del
mal , una honesta seguridad , arte , gusto , en
fin mil gracias que ignoraba en su inocencia.
Un arriero la hizo todos estos regalos : asi la
necia compañera de Adan, viviendo en su jar
din sin deleite , luego que el diablo la tento
un poco, se volvió graciosa, instruida, sutil,
como las mugeres de nuestros dias, aunque
estas no necesitan que las ayude el diablo.
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