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POEMAS DE ESCRITORES GUATEMALTECOS

AUTOQUIROMANCIA
Miguel Angel Asturias

Leo en la palma de mi mano,


Patria, tu dulce geografía.
Sube la línea de mi vida
con trazo igual a tus volcanes
y luego baja como línea
de corazón hasta mis dedos.
Mis manos son tu superficie,
la estampa viva de tu tacto.
Mapa con montes, montes, montes,
los llamaré Cuchumatanes,
como esas cumbres que el zafiro
del Mar del Sur ve de turquesa.
El Tacaná, dedo gigante,
guarde la entrada del asombro
donde el maíz se vuelve grano
ya comestible para el hombre,
cereal humano de tu carne.
El monte claro de la luna
es en tu mano lago abuelo
con doce templos a la orilla.
De allí partió tu pueblo niño
-modela, pinta, esculpe, teje-
a la conquista de la aurora.
Polvo de luz en la tiniebla,
línea del sol en la canora
carne del cuenco de mi mano,
caracol hondo en que palpitan
atlantes ríos acolchados
y otros más rápidos, suicidas.
Oigo pegando mis oídos
al mapa vivo de tu suelo
que llevo aquí, aquí en las manos,
repicar todas tus campanas,
parpadear todas tus estrellas.
Al desposarme con mi tierra
haced, amigos, mi sortija
con la luciérnaga más sola.
La inmensa noche de mi muerte
duerma mi sien sobre mi mano
con la luciérnaga más sola.
GUATEMALA
Romelia Alarcón Folgar

Nadie te hiera amor, nadie te toque


ni el dardo envenenado ni la espina
ni la espada furtiva se aproxime
a lastimar la luz de tu epidermis,
nadie con ojos fieros se te acerque
nadie te toque amor, nadie te toque
si no es para besarte,
y que estallen en tus predios,
con la ternura de sus flores nuevas
y en el silencio de tu faz nocturna
y de tu faz silvestre
con el viento de aurora conmovidas
tu tráfico de alondras sorprendidas.

Nadie te hiera amor, nadie te nombre


con los labios blasfemos porque eres
el sabio acontecer de tus mayores;
el resumen traslúcido de ayeres
que ha dejado plasmada la armonía
en todos los contornos y parajes
que relucen al sol tu geografía
única en el planeta y amorosa
desde la más humilde florecilla.
Dioses mayas regresen y te amen,
fecunden tus entrañas maternales
y una raza de héroes te salve.

Nadie te toque amor, nadie te mire


si no es para volcarse en alabanzas
con júbilo de luces y con frutos
maduros de tu tierra y ramilletes
de las flores del alba.
Hincarse reverente y cuidadoso
poniéndote un dosel de hojas y pájaros
para que tu camines conmovida.

Nadie te toque amor, nadie te nombre


si no es para adorarte.
Voceríos aclamen tu hermosura
y el tacto de tu suelo ennoblecido;
tu cesto de jardines olorosos
en el verde espiral de tu cintura.
SUICIDIO
José Batres Montúfar

Llegó en fin a este presido Tantos sabios distinguidos


inserta en El Semanario han tratado del esplín
(periódico literario) y del suicidio, que al fin
la contienda del suicidio. disputar está demás.
Para matar el fastidio, sobre si es nefas o fas
por no decir otra cosa, (que yo también sé Latín)
saco mi Musa quejosa
de vivir arrinconada, Tengo por mal argumento
cómo quién saca su espada para quitar la vida
para ver si está roñosa. el citar algún suicida
de valor o de talento.
A todos hablar prometo Por uno se encuentra ciento
sin ofender a ninguno, de la más ilustre fama
que a todos, uno por uno, que terminaron su drama
los estimo y los respeto. enfermos, asesinados,
borrachos, apaleados
A decidir no me meto en la horca y en la cama.
quién es quién tiene razón;
sólo diré mi opinión Lector, si fuera a exponerte
con modestia o sin modestia tantos ejemplos diversos
que suele causar molestia llegaría haciendo versos
afectar moderación. a la hora de mi muerte.
Citaré algunos y advierte
Muchos siglos van corridos que no quiero fastidiarte;
desde que hay suicidados va leyendo hasta cansarte,
amantes menospreciados y así que estés muy cansado
y jugadores perdidos. descansa, lector amado,
no vayas a suicidarte.
SIEMPRE
Luis Cardoza Y Aragón

He vivido casi toda mi vida lejos de mis cielos.


Pero mis pies están marcados en los códices,
en la voz profunda de mi pueblo.
Camino sobre el mar y las nubes que me traje:
son mi tierra firme.
¿Quién me la puede quitar?
Cuando digo que estoy solo es porque no estoy en la plaza pública
sino en cada uno de vosotros,
como en los granos la granada.
Podríais enterrarme en la voz de cualquier niño
si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.
Mis ojos siempre se abren sobre la luz primera,
y al cerrarlos, sobre mí cae siempre la sombra de mi infancia.
¿Y todo lo que he vivido,
me pregunto, toda el agua escurrida entre mis dedos,
todo lo bailado, no es un sueño?
No he tenido tiempo para soñar, amigos.
Apenas si he tenido para no morirme.
No puedo descifrar el símbolo
porque el símbolo no es un lenguaje.
Estoy tan cerca que no me veis
en las cenizas de los muertos
y en las manos de los niños futuros.
Tercamente guatemalteco,
no necesito recordar, me basta con palparme.
El sueño no tiene vocales,
pero tiene llamaradas y tambores mudos,
y las mismas fogatas
arden en las mismas cumbres.
...Si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.
A LOS CUCHUMATANES
Juan Diéguez Olaverri

¡Oh cielo de mi Patria! y por el mismo amor;


¡Oh caros horizontes! y por el mismo seno
¡Oh azules, altos montes; nutridos y abrigados,
oídme desde allí! con los mismos cuidados,
La alma mía os saluda, arrullos y calor!
cumbres de la alta Sierra,
murallas de esa tierra ¡Amables compañeros,
donde la luz yo vi! a quienes la alma infancia
en su risueña estancia
Del sol desfalleciente jugando me enlazó
a la última vislumbre, con lazo tal de flores,
vuestra elevada cumbre que ni por ser tan bello,
postrer asilo da: quitárnosle del cuello
cual débil esperanza la suerte consiguió!
allí se desvanece:
ya más y más fallece, Entro en el nido amante
y ya por fin se va. vuelvo al materno abrigo:
¡Oh cuánto pecho amigo
En tanto que la sombra yo siento palpitar,
no embargue el firmamento, en medio el grupo caro,
hasta el postrer momento que en tierno estrecho nudo
en vos me extasiaré; llorar tan sólo pudo,
que así como esta tarde, llorar y más llorar.
de brumas despejados,
tan limpios y azulados ¡Oh cielo de mi Patria!
jamás os contemplé. ¡Oh caros horizontes!
¡Oh ya dormidos montes
¡Cuán dulcemente triste la noche ya os cubrió!:
mi mente se extasía, adiós, oh mis amigos,
oh cara Patria mía, dormid, dormid en calma,
en tu áspero confin!, que las brumas en la alma,
¡cual cruza el ancho espacio, ¡ay, ay! las llevo yo.
ay Dios que me separa
de aquella tierra cara,
de América el jardín!

En alas del deseo,


por esa lontananza,
mi corazón se lanza
hasta mi pobre hogar.
¡Oh, dulce made mía,
con cuanto amor te estrecho
contra el doliente pecho
que destruyó el pesar!

¡Oh, vosotros que al mundo


conmigo habéis venido,
dentro del mismo nido

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