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Instituto de Profesorado Pablo VI

Centro de Estudios Superiores Especializado en


Educación Especial, Audición y Lenguaje
Biblioteca Especializada “Asunción de Nuestra Señora”

DOCUMENTO SOBRE EDUCACION ESPECIAL


(A 35 AÑOS DE LA FUNDACION DEL INSTITUTO)

Dedicamos el presente trabajo a


los egresados de nuestro Instituto,
con gran afecto.

A los alumnos actuales, con el sincero


deseo de que lleven en su alma un gran amor
por los niños con necesidades educativas
especiales y les consagren su preparación
profesional exquisita, según el estilo de este
Instituto, que los ha formado diligentemente.

ESTIMADOS SEÑORES PROFESORES

Con renovado afecto y reafirmando los valores que, para


nuestra Institución, representa el trabajo educacional que Ustedes
realizan en la misma, queremos, en el importante aniversario que
celebramos, dirigirles esta carta, en la cual hemos de referirnos a
una temática que nos concierne a todos: la Educación Especial.

Por otra parte, la creación, hacia fines del año p.pdo., de la


Cátedra Permanente de Educación Especial “Hermana Asunción
Clarizio”, nos parece, además, otro suficiente motivo como para
que reflexionemos juntos, Ustedes como Cuerpo de Profesores, y
nosotros como Consejo Académico, sobre los dos asuntos
mencionados.

Así van, pues, estas líneas que sirven para asentar nuestro
pensamiento acerca de la misión que tenemos entre manos como
Instituto dedicado a la Formación de Profesores para la Educación
Especial.

1.- PRESENTACION

El año de 1981 fue declarado por las Naciones Unidas como


“Año Internacional del Minusválido”.
Con tal motivo, la Santa Sede, habiendo deseado asociarse
plenamente al magno acontecimiento mundial, emitió un
documento el 4 de febrero de 1981, el cual lamentablemente no
fue demasiado difundido en el país.

El Órgano Oficial del Arzobispado de La Plata, conocido en


aquellos años como “Boletín de la Arquidiócesis Platense”
(desde 1988 se llama “Revista Eclesiástica Platense”) lo dio a
conocer completo.

(Cfr. su publicación, Tomo año 1981, números 5-6,


mayo/junio 1981, páginas 71 a 80, inclusive).

2.- CONSIDERACION HISTORICA

En nuestro Instituto de Profesorado Pablo VI, que, en 1981,


era prácticamente nuevo, porque tenía apenas siete años de
fundación, quisimos celebrar dignamente el Año
Internacional del Minusválido y organizamos una serie de
actividades especiales, que, por razones de espacio y tiempo,
no vamos a mencionar aquí, excepto las que siguen, muy
someramente narradas.

Dos años antes, más precisamente el 1 de abril de 1979,


habíamos iniciado la Biblioteca Interna y tomamos
posteriormente dos resoluciones, con motivo del significativo
evento mencionado:

Primero: que la misma se titulara “Asunción de Nuestra


Señora”, por la devoción que se había gestado a esa dulce
advocación en honor de la Madre Santísima del Redentor dentro
del establecimiento, o sea en nuestra comunidad de profesores y
alumnos.

La palabra “Asunción” era de nuestro agrado (y sigue


siéndolo hoy), pues en la misma hallábamos un mensaje:
“asumir” las responsabilidades de la educación, en general, y la
de los niños discapacitados o con necesidades educativas
especiales, en particular.

Asumir tales responsabilidades con todo lo que ello entraña.

Pero la palabra “Asunción”, en nuestro juicio, es una


palabra meliflua, porque la asociamos con el Misterio de María, la
Madre de Jesucristo, la cual, al término de su vida terrena, fue
llevada al Cielo en Cuerpo y Alma.
Además “Asunción” tiene que ver con el concepto de
“elevarse”, máxime si ello se hace como un perfeccionamiento
querido por Dios, para ir hacia El.

Elevarnos nosotros, para que podamos ayudar a elevarse a


las personas que padecen una discapacidad.

Nosotros, educadores, conscientes como estábamos en


aquellos años, de cumplir una destacada misión de alto
contenido científico, educativo y socio-cultural, sabíamos
que, merced a la inteligencia y a la voluntad que poníamos en las
cosas, nos elevábamos en el plano humano, pero, al mismo
tiempo, poníamos los ojos en lo Alto, desde donde nos
viene todo bien y transitábamos la vida con la alegría y el
entusiasmo propio de quienes saben que todo esfuerzo por los
demás resulta enaltecedor y tiene una recompensa.

Segundo: Hicimos una elección fundamental: que nuestra


Biblioteca tuviera una marcada inclinación por la Educación
Especial, la Audición y el Lenguaje, ya que estas temáticas, en
sus variados enfoques, tenían que ver con la existencia del
Instituto y más precisamente con los fines y objetivos, que ya,
por entonces, se hallaban perfectamente delineados.

De manera que, desde sus inicios, nuestra Biblioteca


comenzó a especializarse y a ser designada y conocida por todos
como “Biblioteca Especializada”.

Pero fue en 1981, cuando se zanjó definitivamente la


cuestión, como veremos seguidamente:

Dado que no había otra con igual connotación y, por ello


para quienes deseaban conocer, por ejemplo, con mayor
ahondamiento sobre los distintos sujetos de la Pedagogía
Especial, y no tenían mayormente cómo hacerlo, hubimos de
abrirla a la comunidad docente en general, para que
gradualmente adquiriera el carácter de BIBLIOTECA SOLIDARIA.

Y si en la misma fundación del Instituto fuimos


originales y creativos, también lo fuimos en la creación de
la Biblioteca, sobre todo desde que quisimos que la misma
tuviera marcada delimitación cultural por estudios
superiores en asuntos que, si bien eran concomitantes con
nuestra actividad, significaran un progreso no sólo para las
ciencias pedagógicas, sino también para mejorar el
conocimiento de otras disciplinas vinculadas con la Educación
Especial, habida cuenta de que los destinatarios hacia quienes
apuntaba cuanto hacíamos iban a ser los niños con necesidades
educativas especiales, para los que formábamos profesores.
Vale la pena demorarse un momento más para
mencionar un hecho que, en la vida institucional, fue relevante y
comenzó precisamente en 1981: para aquellas calendas, el
Instituto resultaba conocido dentro y fuera de La Plata,
especialmente en otras provincias, tanto en las capitales como en
otras urbes o en lugares alejados de las mismas.

Así la matrícula fue creciendo considerablemente año tras


año, porque fueron numerosos los jóvenes estudiantes que
llegaban para iniciar sus estudios especializados con nosotros.

3.- AGRADECIMIENTOS

En tres décadas y media, hubo tanta gente que nos apoyó y


nos brindó desinteresadamente su comprensión, que nombrarlos
a todos aquí llevaría demasiado espacio y quizás incurriríamos en
la injusticia de omitir a alguien.

Todos ellos saben que los gestos con que nos


distinguieron no serán nunca olvidados y que se los
agradecemos de vivo corazón.

Sin embargo, queremos tener un recuerdo especial para:

Monseñor Antonio José Plaza: porque, en 1977, aceptó


que el Instituto pasara a depender del Arzobispado de La Plata. Y
además porque, por su valimiento ante las autoridades
nacionales, el Instituto obtuvo, en 1974, la primera aprobación del
plan de estudios “ad experimentum”, y, en 1976, el aporte estatal
del 100% para el pago de sueldos y cargas sociales del personal
directivo, docente y docente auxiliar.

El 7 de noviembre de 1980, Mons. Plaza, en su carácter de


Arzobispo de La Plata, les dirigió una “carta” a los Profesores
Especializados en Sordos, con motivo de cumplirse aquel año el
centésimo aniversario del “Método Oral”.

Dicho documento de gran valor pastoral y pedagógico fue


publicado en el Boletín de la Arquidiócesis de La Plata, en la
edición de octubre-diciembre de 1980, páginas 231/232.

Monseñor Antonio Quarracino: porque aprobó el


“Estatuto” del Consejo Académico del Instituto, en 1987, y
también porque, en aquel mismo año, proclamó el Patronazgo
de la Santísima Virgen María en su gozoso título de su
Asunción en Cuerpo y Alma a los Cielos como así también el
del glorioso Patriarca San José sobre el Instituto de
Profesorado Pablo VI (Cfr. Prot. Nro. 13/87).

Monseñor Carlos Galán: porque nos brindó su


acompañamiento y apoyo cada vez que recurrimos a su paternal
bondad. Así pues, nos place señalar la autorización concedida en
1992, para que el Instituto pudiera abrir, desde el año siguiente,
la Carrera de Profesorado en Educación Especial para
Discapacitados Mentales.

También nos concedió la aprobación de los documentos


institucionales “Ideario” y “Reglamento Interno” y una
actualización del Estatuto del Consejo Académico.

4.- Algunos datos dignos de mencionarse

En 1983, empezamos tímidamente con el dictado de los


cursos de perfeccionamiento docente.

Fue así que hubo importante respuesta de parte de


numerosos profesores y de personas interesadas en conocer
detalles sobre la Educación Especial, particularmente en el tema
de la educación de los discapacitados auditivos, porque en el
sentir de la gente nosotros éramos “especialistas”.

Ello permitió no sólo difundir la obra educacional del


Instituto sino que fuera afianzándose nuestra obra educacional,
paso a paso.

Con el plantel de “especialistas” que teníamos, también


pudimos abordar otros temas exitosamente, por supuesto, tales
como “dificultades de aprendizaje” o “alteraciones del lenguaje en
los niños”.

Los cursos fueron dictados en nuestra sede de la calle 57 o


en diversos lugares donde nos invitaban.

En 1985, el Instituto, habiendo cumplido los requisitos


legales pertinentes, solicitó y obtuvo la inscripción como “Instituto
de Perfeccionamiento Docente” ante la Superintendencia Nacional
de la Enseñanza Privada.

Cierto es que, por aquellos años, los temas que nosotros


considerábamos eran poco conocidos y mucho menos difundidos.

Para todos resultaban más que nada asuntos de profesores


especializados.
El dictado de los cursos duró hasta fines de 1990. El último
lo dictamos en la localidad de San Antonio de Gualeguay,
Provincia de Entre Ríos.

5.- ¡Quien era Asunción Clarizio?

La Reverenda Hermana Asunción Clarizio, a quien todos


conocían como la “Madre Assunta”, había nacido en Cosenza,
Región de Calabria, en el sur de Italia, el 13 de agosto de 1918.

Desde joven sintió la vocación por la vida religiosa e ingresó


en el Instituto de las Hijas de la Caridad - Siervas de los Pobres,
conocidas como Madres Canossianas.

Realizó estudios de numerosos saberes: magisterio, música,


(era una excelente organista), economía doméstica y actividades
manuales, Francés e Inglés, lenguas que conocía y hablaba bien.

En el Instituto de los Hermanos Gualandi, de Bolonia, hizo


la carrera de profesorado para la enseñanza a los sordomudos,
habiéndose graduado. En la Argentina hizo revalidar su título.

Ingresó en el Instituto de Profesorado Pablo VI para


desempeñarse como Profesora de Foniatría, en la Carrera de
Profesorado en Sordos e Hipoacúsicos, en 1975. Permaneció en él
durante 10 años, hasta que la enfermedad que padecía la obligó a
jubilarse.

Entre quienes tuvimos el honor de haberla conocido, quedó


un magnífico recuerdo de su dulce y recia personalidad.

Por ello, en este año, que para nosotros como comunidad es


especial, queremos rendirle un homenaje de recordación, gratitud
y justa ponderación, pues la Hermana Asunción trabajó
denodadamente acompañando la gestión directiva en cuanto
pudo.

Para ella, un importantísimo objetivo era la formación de sus


alumnos del nivel superior. Era con ellos sumamente afable y
simpática, pero absolutamente exigente a la hora de evaluar los
conocimientos.

5.- ¿Por qué una cátedra permanente de Educación


Especial?
Como Ustedes saben, Señores Profesores, desde que, a fines
del año 2008, implementamos el Proyecto “Mentes para
pensar…, manos para trabajar”, decidimos poner nuestras
miras en los fines y objetivos que el Instituto se había trazado
desde su creación.

Esto se encontró siempre perfectamente delineado y fue


oportunamente convalidado por un documento emanado de la
autoridad de la Iglesia Arquidiocesana (Cfr. Decreto Arzobispal
Nro. 233/96 del Arzobispo de La Plata, S.E.R. Mons. Dr. Carlos
Galán, de venerada memoria).

Así, fuimos tratando de separar la paja del trigo y, en tal


sentido, resolvimos acomodar nuestro accionar teniendo en
cuenta los fines fundacionales y los que fuimos adoptando con
el devenir de los años.

En ese encuadramiento de “separar” lo superfluo,


entendemos con este gesto que por los “cambios” que nos
conciernen pretendemos tener una institución que se halle
permanentemente en movimiento, para crecer
adaptándose a las necesidades y requerimientos de los
tiempos actuales y los del tiempo por venir.

Porque hemos asumido el compromiso de “escuela de


excelencia”, es que hemos hecho un viraje importante,
donde lo primordial es “educar con el nivel propio de los
estudios superiores”, “enseñar ciencias”, “perfeccionarse
en todo aquello que tiene incidencia en el quehacer
educativo”, “hablar de ciencias”, “tratar asuntos de
ciencias”, “investigar”, “producir intelectualmente”,
“armar la Biblioteca para gente que desea especializarse
en ciencias”, “disponerse interiormente para aceptar los
cambios que se hacen para proseguir en la excelencia
educativa”, en fin… realizar acciones para asegura nuestro
futuro como institución dadora de trabajo.

Si de ciencias hablamos, en nuestro ámbito serán las


“ciencias pedagógicas” las que ocupen un lugar
preponderante.

Ello no significa en modo alguno que queramos disminuir o


menoscabar a otras ciencias.

6.- Hacia la superación constante


Nuestro Instituto, como bien lo dice el Reglamento
Interno, ha sido creado con fines superiores y nobles (Cfr.
Punto 1.4.), con un fin perfectamente definido y concreto.

Es el nuestro un establecimiento único por motivos


que ya conocemos y que no vale la pena repetirlos en esta
carta, porque han sido consignados en el P.E.I.

Retomando el tema de las ciencias, pensamos que de


entre las ciencias deben cobrar, según nuestro juicio,
relevancia aquellas que, por un motivo u otro, ponen su
mirada en los sujetos con necesidades educativas
especiales.

7.- Para tener en cuenta especialmente

Si nos proponemos reflexionar juntos, nos parece


adecuado que lo hagamos teniendo como “referente” el
Documento de la Santa Sede ya mencionado en estas
líneas.

Al respecto, subrayemos que:

“El primer principio que debe ser afirmado con claridad y


con vigor es que la persona minusválida (bien lo sea por
enfermedad congénita, a consecuencia de enfermedades crónicas
o de infortunio, o bien por debilidad mental o por enfermedades
sensoriales, cualquiera que sea el alcance de tales lesiones) es un
sujeto plenamente humano, con los correspondientes
derechos innatos, sacros e inviolables”

(Cfr. I, punto 1, página 72, publicación mencionada).

Y agrega más adelante:

“Es necesario afirmar con toda claridad que la persona


minorada es uno de nosotros, partícipe de nuestra misma
humanidad. Reconociendo y promoviendo su dignidad y sus
derechos reconocemos y promovemos nuestra dignidad y
nuestros mismos derechos”.

(Op. Cit., Cfr. I, Punto 3, in fine, pág. 73)

Debiendo, pues, ajustar nuestro cometido educacional a los


lineamientos del referido Documento desde que el mismo nos fue
entregado, hemos visto la necesidad, en primer lugar, de haber
ido adecuando nuestros emprendimientos pedagógicos y nuestros
pensamientos doctrinales a la letra y al espíritu del texto
pontificio.

El año próxime pasado hubimos de modificar, por el trienio


(2008/2010), nuestro Proyecto Educativo.

El “Organigrama Institucional” también ha sufrido


cambios necesarios.

Uno de tales cambios ha sido precisamente el de crear el


DEPARTAMENTO DE EDUCACION ESPECIAL, AUDICION Y
LENGUAJE y, dentro de éste, la CATEDRA PERMANENTE DE
EDUCACION ESPECIAL “HERMANA ASUNCION CLARIZIO”.

Se nos dan vientos de popa, favorables para lo que


queremos hacer.

Y lo que hayamos de hacer nunca será superior a nuestras


fuerzas.

Los hechos se concretarán gradualmente y no se avanzará


hacia otro sin haberse verificado el anterior como un logro del
Instituto.

El Punto 10 “Paso a la sociedad. Condiciones para una mejor


inserción” del Documento que venimos citando, parece haber sido
escrito pensando, entre otras, en las instituciones formadoras de
docentes y dice:

“Un momento particularmente delicado en la vida de la


persona minusválida es el paso de la escuela a su inserción en la
sociedad o en la vida profesional. En esta fase tiene necesidad de
especial comprensión y de aliento por parte de los distintos
organismos de la comunidad.

“Incumbe a los poderes públicos garantizar y promover con


medidas eficaces el derecho de las personas minusválidas a
la preparación profesional para las que deberán ser
idóneas”.

Y, en el Punto 13: “La Competencia”, el Documento tiene


nuevamente palabras especiales para quienes se dedican a
la educación de los minusválidos. Veámoslas:

“Quienes se dedican laudablemente al servicio de las


personas minusválidas deben conocer de manera científica
las minoraciones, pero al mismo tiempo deben comprender
con el corazón a las personas portadoras de tales
minoraciones.
“Deben aprender a ser sensibles a los signos propios de
expresión y de comunicación de las personas minusválidas;

“Deben conquistar el arte de hacer el gesto exacto y de


decir la palabra conveniente;

“Deben saber ver con serenidad eventuales reacciones y


formas emotivas y aprender a dialogar con los padres y
familiares de las personas minusválidas.

“Esta competencia no será plenamente humana si no está


sostenida interiormente por disposiciones morales y
espirituales apropiadas, hechas de atención, sensibilidad,
respeto especial por todo aquello que en el ser humano es
fuente de debilidad y de dependencia”.

Y el texto queda concluido con esta maravillosa expresión:

“El cuidado y la asistencia a las personas minusválidas se


convierte entonces en escuela incluso para los padres, educadores
y personal de servicio: una escuela exigente, noble y
elevadora de auténtica humanidad”.

El pretender abundar en más razones acerca de la creación


de esta Cátedra Permanente de Educación Especial podría ser
innecesario.

A nuestro criterio, ya está dicho lo que debía decirse, pero


conviene recordar lo que señala nuestro “Reglamento”:

“El Instituto Pablo es el lugar de encuentro de quienes


poseen sensibilidad humana y cristiana, sienten espíritu de
superación y desean dedicar su capacidad con miras a la
educación de los discapacitados””.

(Cfr. Nro. 1: Disposiciones Generales sobre el Instituto,


punto 1.1.)

QUERIDOS PROFESORES,

Deseamos cerrar esta carta asegurándoles que el Instituto


no puede volver su mirada hacia atrás… Es más, no deebe hacerlo
si no es para regodearse con las glorias pasadas, las que le han
permitido proyectarse en el tiempo y en el espacio.

Los emprendimientos cumplidos sirvieron en su momento,


pero ahora no.
Desde 1992, el Instituto Pablo VI se comprometió a sí mismo
con un “proceso de excelencia” que supone modificaciones y
cambios tantas veces como sean necesarios.

De manera que resulta imposible pararnos, pues el


hacerlo significaría un retroceso y es seguro que ningún
integrante de esta Comunidad de Profesores desea que ello
suceda, pues aquí todos vamos en la misma dirección, sumando
siempre.

Jamás nos dejaremos marinar, porque tenemos honor y


decencia, trayectoria límpida jalonada por hechos innegables de
sabiduría, porvenir de progreso.

Ahora, luego de este aniversario feliz, orientamos el bauprés


en el rumbo correcto, para el cuadragésimo aniversario, que será,
D.m., en 2014.
La unión de criterios, el ansia inclaudicable de trabajar, el
interés puesto en las ciencias, la búsqueda de la Verdad, la
Justicia, el Bien y la Belleza serán alicientes.

Pero habrá un motivo mayor todavía que es precisamente el


de la tarea de “educar con estilo propio”, buscando ensamblar
ciencia con conciencia cristiana, como venimos haciéndolo desde
siempre.

Sólo así, con esa actitud superadora, podremos


alcanzar los objetivos que han sido y serán nuestra
motivación:

“La gloria de Dios y el bien del prójimo”

EL CONSEJO ACADEMICO

La Plata y 17 de junio de 2009.-