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Primeras civilizaciones

La evolución histórica de las primeras civilizaciones urbanas y de sus ciudades se


desarrollan en tres periodos principales los cuales fueron: Paleolítico, el mesolítico y el
neolítico; tiempo después, se forma un cuarto periodo, el cual fue la edad del bronce y
en este último se establecen firmemente las primeras civilizaciones urbanas.

Las primeras criaturas con forma humana aparecen por primera vez en la tierra hace
aproximadamente un millón de años.

En el periodo paleolítico el hombre subsiste similar a como lo hacían otros animales, de


la recolecta de alimentos, de la pesca y del consumo de otros animales; la sociedad era
nómada, debían desplazarse en búsqueda de nuevos alimentos, al aproximarse la última
gran glaciación estos encontraron refugio en las cuevas, pero la estancia en dichos
lugares permanecía hasta que se terminaran las fuentes alimenticias que se
encontraban alrededor del lugar.

El periodo mesolítico es la transición del paleolítico al mesolítico, en este todavía el ser


humano es nómada, pero se empiezan a dar los primeros casos de sedentarismo y se
empiezan a dar principios de agricultura.

Se pasa al periodo neolítico cuando la humanidad empieza a tener más control en


cuanto a la producción de alimentos, mediante el cultivo de plantas comestibles y la
domesticación de animales; aprenden de la naturaleza y la utilizan como su aliado. Se
hacen sedentarios, algo que influyo fue que ya las fuentes de alimentos se las podían
propiciar ellos mismos sin necesidad de ir de sitio en sitio buscando alimentos, surgió la
aldea aunque los primeros asentamientos fueron chozas rudimentarias.

Las condiciones más favorables para el desarrollo agrícola se dieron en la parte sur y
este del mediterráneo, en el área conocida como creciente fértil, en Mesopotamia la
relación de los asentamientos neolíticos se inicia en los pequeños oasis de estepas y
mesetas. A pesar de amenazas de sequias, las dificultades de dominar la tierra fueron
arduas en estos lugares que en las llanuras aluviales de los principales ríos.

Luego de unos años ya existían comunidades agrícolas firmemente establecidas en


tierras más elevadas, el asentamiento primitivo ocupaba una superficie de 550 por 365
metros aproximadamente, y en algunas zonas las chozas estaban ubicadas en dos
hileras con un camino de por medio.

La edad del bronce

El rasgo más destacados de los humanos que habitaron la Tierra durante la Edad del
Bronce se basa en la continua creación y uso de utensilios, herramientas e incluso
potentes armas. Prácticas desarrolladas principalmente en Turquía y donde se avanzó
mucho en materia de aleación, consiguiendo que la resistencia de los materiales se
incrementara a niveles nunca vistos. La proliferación de martillos, hachas y cuchillos
fueron los se convirtió en un aspecto habitual de una sociedad que avanzaba a un ritmo
constante.

También hay un apartado para la cultura en la Edad del Bronce. Y es que durante esta
época se desarrollaron una gran cantidad de vasijas en las que el tallado se definía como
una de las prácticas más destacadas. Los elementos decorativos y la representación de
las costumbres de la época en los utensilios se convirtieron en un hábito entre los
grandes artesanos. Unos elementos que determinaban el estatus de una persona en la
sociedad.

Hubo modificaciones en las relaciones sociales y económicas, en el transcurso del cuarto


milenio a.C. Se lleva a cabo lo que es la revolución urbana, según Mumford, ‘hasta donde
alcanzan los conocimientos actuales, el cultivo de cereales, el arado, el torno de
alfarería, la embarcación de vela, el telar, la metalurgia, las matemáticas abstractas, las
observaciones astronómicas exactas, el calendario, la escritura y otros modos de
discurso inteligible en forma permanente, surgieron todos ellos casi al mismo tiempo
hacia el año 3000 a.C aproximadamente’.

Algunas comunidades rurales de la baja Mesopotamia no solo aumentaron en tamaño,


sino que también sufrieron cambios en sus estructuras. Los procesos agrícolas sobre los
suelos aluviales dependían del regadío.

No se sabe con certeza cuando se fundaron los primeros asentamientos en las tierras
aluviales. Grahame Clark indica que los primeros habitantes que no son conocidos a
detalle son los pobladores de al’Ubaid, una humilde aldea situada en un islote sobre el
aluvión del rio en el valle del Éufrates. Estos pueblos aparecen arqueológicamente por
primera vez a finales del quinto milenio.

Cuando Sargón fundo la ciudad de Agade capital de un estado sumerio unido, los
principales asentamientos fueron ciudades-estados autónomas de las que once de ellas,
mantenían simultáneamente dinastías independientes y a veces lucha abierta entre sí.

Para este período se formaron tells, los cuales eran montículos formados por la mano
del hombre, que constituyen un elemento arqueológico característico de Irán, Irak,
Palestina, y algunos lugares europeos muy determinados, estos han estado habitados de
manera continua desde tiempos muy lejanos hasta la actualidad; un tell se formaba por
las sucesivas reconstrucciones de una ciudad sobre las ruinas de las anteriores.

En Mesopotamia y otros valles fluviales la mayoría de edificaciones se construían con


ladrillos de arcilla secados al sol; los ladrillos secados al horno eran utilizados para el
revestimiento de las murallas de las ciudades, palacios y templos. La vida de una casa
de ladrillos se prolongaba hasta los 75 años aproximadamente debido a condicionantes
atmosféricos.