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Comentario crítico, personal, sobre la Declaración Mundial Sobre La Educación Superior en el Siglo XXI:

Visión y Acción

“En última instancia, la educación superior debería a apuntar a crear una nueva sociedad no violenta y de
la que esté excluida la explotación, sociedad formada por personas muy cultas, motivadas e integradas,
movidas por el amor hacia la humanidad y guiadas por la sabiduría.” Declaración Mundial Sobre La
Educación Superior en El Siglo XXI: Visión y Acción

Con esta afirmación maravillosa y concluyente sobre el papel de la educación en las sociedades del mundo
globalizado, la Declaración Mundial Sobre La Educación Superior en El Siglo XXI: Visión y Acción, nos devela
la verdadera esencia de lo que debería ser la educación desde el principio mismo de la formación de la
persona. Cambiaría las palabras muy cultas, por conscientes, pues en última instancia el ser conscientes
debe ser el objetivo primario en nuestro desarrollo como seres humanos, libres de la alienación, la
manipulación y la desinformación. Y es en ese punto en donde la educación debe jugar un papel
fundamental, formando seres críticos, librepensadores, creativos y con iniciativa que puedan aportar
desde sus capacidades, en la construcción de nuevas sociedades como las que plantea el documento.

Cada uno de los puntos que se abordan en el documento están orientados a garantizar la educación en su
totalidad como un derecho universal e inalienable y que además se convierte en la única garantía y en la
herramienta más efectiva para poder desarrollar sociedades justas, equitativas, democráticas, sostenibles
y que abracen la diversidad. La educación es el verdadero camino para la paz.

Aunque cada uno de los principios expuestos pueden sonar un poco utópicos y en algunos casos
inalcanzables para países como Colombia, es esperanzador darse cuenta de que existe desde el mundo
académico una conciencia a nivel global para la transformación de las sociedades en donde no prima el
factor económico sino el desarrollo de las personas, apalancada en los nuevos caminos y retos que se han
abierto con la sociedad del conocimiento, el uso de las nuevas tecnologías y la Internet como aglutinador
y diversificador social, educativo y económico. Además, el darle a la educación un papel esencial en las
decisiones de los gobiernos, haciendo hincapié en la inclusividad y en la participación de género, y en
donde la sustentabilidad del planeta y el bienestar de los seres humanos son los ejes de todo el engranaje
educativo, son precisamente una solución clara y contundente a los problemas que se han generado en
sociedades en donde el crecimiento económico sin medida y sin conciencia han provocado la profunda
crisis de valores, económica, social y ambiental en la que nos encontramos actualmente.

Por otra parte, hacer más responsable a la educación superior de sus funciones dentro de la sociedad y
rendir cuentas sobre los recursos utilizados contribuyen de manera positiva para que su protagonismo
sea mayor y para que los actores participantes en los procesos educativos (es decir, todos los estamentos
de la sociedad) sean más conscientes y estén más comprometidos con la misión de contribuir al desarrollo
sostenible y el mejoramiento del conjunto de la sociedad.

Ahora bien, la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías exigen cambios drásticos y modelos
educativos endógenos y novedosos que se caractericen por ofertas educativas flexibles y adaptables que
respondan a exigencias del mundo global pero que estén enmarcadas en el contexto y necesidades
locales. Un cambio radical en donde la educación no está ya más centrada en la transmisión sino en la
generación de nuevo conocimientos, en donde los docentes ya no somos poseedores del conocimiento,
sino participantes de un proceso conjunto, en donde se fomenta la creatividad, la iniciativa y el uso de las
nuevas tecnologías por parte de los estudiantes para lograr esas transformaciones sociales.
¿La educación superior en Colombia está acorde a los condicionamientos propuestos por la UNESCO?

Es un hecho que la demanda por la educación superior ha aumentado a nivel global y eso incluye a nuestro
país. Sin embargo, frente al cumplimiento de algunos de los principales lineamientos propuestos por la
UNESCO, a pesar de que la educación en Colombia cumple un papel estratégico en el proyecto de
desarrollo económico, social y político del país (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2010), hay varios
de esos puntos en los que todavía tenemos un largo camino por recorrer, especialmente en lo que tiene
que ver con calidad, equidad y pertinencia.

Aunque en términos de cobertura el Estado Colombiano ha dado respuesta principalmente a la educación


primaria, por lo menos en lo que se refiere a cantidad de estudiantes matriculados, con la educación
superior todavía persiste una problemática por resolver en cuanto a financiación e igualdad de
oportunidades. Sin duda las grandes diferencias socioeconómicas de las diversas regiones del país son ya
un desafío para que los gobiernos locales de regiones más pobres o apartadas puedan formular y ejecutar
políticas específicas para la educación superior y que estén a la altura de un entorno nacional globalizado
como lo propone el documento de la UNESCO. En este punto el papel de la educación superior a distancia
y virtual es sin duda una de las herramientas que pueden traer soluciones significativas para cerrar la
brecha en cuanto a accesibilidad y calidad, sin embargo, la gratuidad de la educación superior en esta
categoría (y eventualmente en todas) debe ser una meta a lograr por el estado colombiano a corto o
mediano plazo.

Por otro lado, las matrículas en educación superior en Colombia siguen estando lideradas por programas
tradicionales, mientras que la formación técnica y tecnológica sigue siendo subvalorada. En Colombia la
matrícula en educación superior universitaria es cuatro veces mayor que en técnicos y tecnológicos, en
claro contraste con países desarrollados. (VISIÓN 2019 Educación Propuesta para discusión). Esto implica
una escasa pertinencia de la educación superior para el desarrollo de la sociedad colombiana. En efecto,
uno de los principales obstáculos para la inserción creativa del país en la economía internacional, es el
bajo número de científicos e ingenieros (tecnólogos) de alta calificación, y la baja demanda por estudios
en Ciencias Sociales, Naturales y Matemáticas. En Colombia el número de Doctores por millón de
habitante fue de 6,6 en 2012, y el promedio de América Latina de 37,5. De acuerdo con cálculos de
COLCIENCIAS, es necesario que el país en 2025 cuente con 60 doctores por millón de habitante. Fuente:
Cálculos Colciencias con base en Aportes para la construcción de una política pública para la formación
doctoral en Colombia, Gémez-Mejia (2015).

Así como en el documento de la UNESCO se plantea una gran preocupación por las diferencias que existen
en la educación superior en los países pobres o en desarrollo frente a los países desarrollados, la misma
preocupación podríamos manifestar en nuestro país frente al acceso y la cobertura de la educación
superior, que si bien ha tenido mejoras, es insuficiente frente a los desafíos no solamente de los
condicionamientos propuestos por la UNESCO sino frente a las necesidad reales de nuestras sociedad.
Pues una educación superior de alta calidad, pero restringida a una pequeña élite privilegiada, no es de
utilidad para la paz social, la convivencia, la legitimidad de la democracia, ni la cooperación, pues la alta
restricción en las oportunidades educativas es fuente de exclusión social, de reproducción cultural de la
desigualdad social preexistente y de deslegitimación de las instituciones democráticas en la sociedad
moderna.