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UNIVERSIDAD PERUANA LOS ANDES

EDUCACIÓN A DISTANCIA

CIENCIA POLÍTICA

ABOG. JOSÉ RAFAEL FILEMON CAMACHO ORTEGA

HUANCAYO - PERÚ

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Primera Semana:
I. UNIDAD EL CONOCIMIENTO CIENTIFICO.
1.1. CONCEPTO DE CIENCIA.
La investigación es el proceso social de producción de nuevos
conocimientos científicos, logrados por el esfuerzo colectivo
mediante el empleo de metidos y criterios comúnmente admitidos
como validos para explicar la realidad y orientarla
transformadoramente al servicio de la humanidad. (Gildemaro
Arista, en su libro Metodología de investigación. Fd. Albatos, Lima.
Pág. 25).

La actividad intelectual orientada hacia el logro de nuevos


conocimientos de manera metódica, sistemática y comprobable.
(Consejo Nacional de Investigación del Perú, en su Política de
Desarrollo Científico y Tecnológico del Perú. Lima, 1970, Pag. 3).

Estudio de los antecedentes de un determinado aspecto, real


o ideal, estudio que esta seguido de una hipótesis corroborada por la
realización de observaciones en forma persistente, hasta llegar a la
formulación de una nueva verdad científica o de una conclusión
irrefutable. Antonio Sanabria Quintana en “El trabajo de
Documentación”. (2da. Ed. Universidad Pedagógica y Tecnológica
de Colombia Tunja, 1970, Pág. 22)

La Ciencia es el conjunto de conocimientos ciertos sobre un


objeto, adquiridos sistemáticamente.

Profundizando en la concepción de la ciencia esta vendría a


ser una relación específica entre un sujeto que conoce y un objeto
que es conocido; el sujeto que conoce puede considerarse como el
saber humano; mientras que el objeto conocido es lo que está
situado fuera de él, todo su entorno. La ciencia es una forma de
conciencia social resultado y reflejo de la acción del hombre sobre la
naturaleza.

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Otros autores sostienen que la ciencia viene a ser el reflejo o
conexiones histórico fundamentales que se observa entre los
fenómenos a lo largo del tiempo y del espacio.

Un concepto fundamental es el dado por Bunge quien lo define


como el conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por
consiguiente falible. En general se trata pues de un sistema de
conocimientos ciertos sobre un objeto, indagando sus causas o
razones explicativas, adquiridos en forma metódica y reflexiva.

El comienzo de una investigación científica es un trabajo muy


creativo que suele partir de una suposición, un presentimiento o una
idea de como pueden ser las cosas. El científico convierte esta idea
previa en una hipótesis, es decir, un problema que se pueda
investigar con los medios de que dispone. En muchas ocasiones el
éxito de su investigación dependerá de que sea capaz de inventar
aparatos de medida o técnicas de trabajo nuevas que le permitan
enfrentarse con el problema. Como dice Peter Medawar, ganador del
premio Nobel: "Los buenos científicos estudian los problemas que
creen poder resolver".

El científico no sólo está condicionado por las limitaciones de


los equipos de experimentación y los instrumentos; por ejemplo, por
el aumento de los microscopios. Los condicionamientos sociales son
también muy importantes. Las opiniones de los colegas y, sobre todo,
el pensamiento dominante de la sociedad en ese momento, marcan
de forma muy importante el tipo de preguntas que el científico se
plantea y las respuestas que encuentra.

Una vez que el científico comienza a trabajar en un problema


la inspiración debe estar acompañada de un trabajo sistemático y
cuidadoso. Para lograr resultados buenos hace falta una combinación
compleja de razonamientos y experiencia.

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La ciencia ha surgido desde el momento mismo en que la
filosofía le demostró al hombre que debe buscar su felicidad a partir
de un manejo equilibrado de la naturaleza, sin perjudicar a las
personas, haciéndole ver que el conocimiento científico, en realidad
está para proporcionar tranquilidad y bienestar al hombre.

En asuntos que tienen que ver con la naturaleza de la


investigación científica (como la formulación del problema, la función
de las hipótesis, el marco teórico y el diseño del método) el
investigador se expande con rigor, claridad y profundidad.

El tópico de problema es atacado con una estrategia global


tendiente a suplir las deficiencias de formación en metodología de
investigación científica. Así, los criterios formales que debe tener toda
teoría (como la consistencia teórica o la adecuada relación entre las
variables) son ilustrados con ejemplos pertinentes.

El método científico es un proceso de razonamiento que


intenta no solamente describir los hechos sino también explicarlos. La
ciencia, considerada como la máxima expresión del conocimiento ya
desde la Grecia antigua, basa toda su disciplina de investigación y
desarrollo en el método científico.

En definitiva, la ciencia busca resolver problemas, y por lo


general lo logra de forma eficiente, por lo que a cualquier persona
interesada en resolver algún problema le puede servir el hecho de
conocer algo acerca del método científico.

La importancia de la ciencia y del esquema de pensamiento o


método que ella define es fundamental en el mundo moderno, y no
puede ignorarse. Pero el método científico no solamente se aplica a
la ciencia pura, sino que su aplicación en la vida diaria, comercial,
política, etc. provee de numerosos beneficios y evita numerosos
problemas.

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La ciencia ha invadido nuestras vidas, nuestro lenguaje y
nuestras religiones, pero no en un plano intelectual. La inmensa
mayoría de la gente no entiende los principios científicos, ni está
interesada en entenderlos.
El sitio donde habitualmente nos topamos con las bases del
conocimiento científico es el colegio. En la escuela primaria se dibuja
un primer bosquejo, generalmente incompleto y cubierto de errores.
Es en el colegio secundario donde se aprende a caminar por un
resbaladizo sendero que conduce al saber científico. La mayoría
apenas lo pisa, se cae y no quiere volver a levantarse.

Vivimos en un tipo de sociedad donde la importancia de la


investigación científica está fuera de toda discusión. Los planes de
gobierno se adaptan, de buena o mala manera, a la necesidad de
generar ciencia y tecnología. Ambos términos están directamente
relacionados con un sentimiento de progreso; un micro ondas o un
disco compacto, además de darnos confort, nos brindan un estatus
de primer mundo.

1.1.1. VALIDACIÓN Y DIFUSIÓN DE UN HALLAZGO CIENTÍFICO

Los conocimientos científicos se tienen que poder comprobar y


verificar. Por eso tienen que ser observaciones o experimentos que
otros científicos puedan repetir para confirmar la exactitud de lo
observado o medido.

Todo hallazgo o trabajo científico debe ser publicado para que


sea analizado y contrastado por otros investigadores.

La publicación se hace en revistas científicas. Antes de que un


trabajo sea aceptado en estas publicaciones lo suelen revisar otros
científicos independientes para aprobar o no su edición o devolverlo
para correcciones. Hay más de 30 000 revistas científicas en el
mundo y se llegan a publicar miles de páginas de cada ciencia. Por
ejemplo, al año se publican más de 15 000 páginas de química.

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La mayor parte de los artículos publicados no tendrán ninguna
relevancia. Porque no aportan nada nuevo, o es demasiado nuevo y
nadie lo entiende; o porque rápidamente es superado por otros
descubrimientos mejores en el mismo campo, o porque es citado y
tenido en cuenta durante un cierto tiempo pero pronto se descubre
que lo que aporta o sugiere no es totalmente cierto o no sirve para lo
que se propone por lo que, muy pronto, es olvidado. Sólo unos pocos
hallazgos científicos pasan a la categoría de permanentes y
constituyen el conocimiento científico más valioso.

Es importante resaltar que el aprecio o desprecio de un


resultado comunicado por un científico debe ser hecho
exclusivamente teniendo en cuenta su calidad, sin que importe nada
la personalidad, raza, religión o ideología política del autor. Aunque
esta ética científica es imprescindible para la ciencia, no siempre es
fácil de vivir, sobre todo ante presiones políticas o económicas o ante
la división de los científicos en escuelas que se aferran en el
mantenimiento de determinadas posturas por motivos ideológicos, de
orgullo o por intereses personales.

1.1.2. IMPORTANCIA
La Ciencia como conjunto de conocimientos racionales,
objetivos y sistematizado, puede entenderse en dos vertientes
subjetiva y objetiva, la primera es el conjunto de conocimientos que
posee una persona; la segunda consta de una serie de preposiciones
referidas a objetos ya sean reales o irreales.

En general, la ciencia como conjunto de conocimientos sobre


hechos o fenómenos que conforman la realidad donde el hombre
desenvuelve su existir obtenidos y comprobados mediante la
investigación y la utilización de métodos racionales o cognoscitivos y
expresados en proposiciones lógicas.

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La Ciencia es muy importante debido a la estructuración de
conocimientos para llegar a una explicación razonada de las causas,
interrelaciones y efectos de los fenómenos observados e implica una
manera de ver el mundo. Es la explicación que se concreta en el
permanente afán por descubrir las leyes de naturaleza.

1.2. CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS


Las ciencias se clasifican tanto en ciencias formales y en
ciencias fácticas. Esta ramificación preliminar tiene en cuenta el
objeto o tema de las respectivas disciplinas; también da cuenta de la
diferencia de especie entre los enunciados que se proponen
establecer las ciencias formales y las fácticas. Mientras los
enunciados formales consisten en relacionarse entre signos, los
enunciados de las ciencias fácticas se refieren, en su mayoría, a
entes extracientíficos: a sucesos y procesos.

La ciencia representa un conjunto de conocimientos ciertos


sobre un objeto, adquiridos sistemáticamente. Para ello, emplea la
observación, método por excelencia para ver y comprender el
mundo. Se esfuerza por desentrañar las leyes de la naturaleza. Se
divide en ciencias formales y fácticas. Las formales tiene como
objeto de estudio aspectos ideales, caracterizados por ser exactos,
como por ejemplo, las Matemáticas y la Lógica. Las fácticas se
encargan del estudio de los hechos, los acontecimientos, actos o
sistemas concretos, susceptibles de ser apreciados cuantitativa y
cualitativamente. La ciencia policial es fáctica, porque nace del
estudio de la realidad social, de normas que guían y orientan la
conducta humana y que tiene contenidos y objetivos, así como un
método racional y observacional claramente definido.

Según Mario Bunge tenemos la siguiente clasificación:


1.2.1. CIENCIAS FORMALES
Su objeto de estudio no es la realidad empírica, sino los entes
ideales, caracterizados por ser exactos, sin contenido

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concreto, por cuanto no se hace ostensible la relación entre lo
fenoménico y el razonamiento lógico, como puede apreciarse
en la matemática, la Cibernética, la Estadística y la Lógica
Simbólica, en las que las operaciones funcionales se efectúan
con objetos ideales.
Estas ciencias tienen por objeto de estudio los entes ideales,
caracterizados por ser exactos, sin contenido concreto, por
cuanto no se hace ostensible la relación entre lo fenoménico y
el razonamiento lógico, como puede apreciarse en la
matemática, la Cibernética, la Estadística y la Lógica
Simbólica, en las que las operaciones funcionales se efectúan
con objetos ideales.

1.2.2. CIENCIAS FÁCTICAS


Estas ciencias tienen por objeto el estudio de los hechos,
acontecimientos, actos o sistemas concretos, susceptibles de ser
apreciados cuantitativa y cualitativamente. Son partes de esta
categoría de conocimientos, las ciencias naturales y algunas ramas
de las ciencias sociales.
Son aquellas, cuyo objeto de estudio son los hechos,
acontecimientos, actos o sistemas concretos, susceptibles de
ser apreciados cuantitativa y cualitativamente. Son partes de
esta categoría de conocimientos, las ciencias naturales y
algunas ramas de las ciencias sociales.

a) LAS CIENCIAS NATURALES


Son las que tienen por objeto de estudio los fenómenos que
se producen en la naturaleza. Dentro de este campo se
incluyen varias disciplinas como la Geología, la Astronomía, la
Biología, la Genética, la Anatomía, la Zoología, la Botánica, la
Psicología, la Medicina, la Física, la Química, etc.

b) LAS CIENCIAS SOCIALES

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Denominadas también ciencias humanas, comprenden todas
aquellas disciplinas que tratan sobre los actos y hechos de los
seres humanos, surgidos en sus interacciones sociales, como
entes que constituyen sociedades y culturas. En su amplio
sentido, se encuentran insertos en este campo la
Antropología, la Sociología, la Ciencia Política, el aspecto
fáctico del Derecho, la Historia, la Filosofía, etc.

El Derecho (en el cual está el Derecho Policial), visto, desde


el punto de vista sociológico, se aprecia, como el criterio de
valoración ético-social de las relaciones intersubjetivas de los
seres humanos, así como la formalización de las normas
jurídicas, en base de los datos de las diversas disciplinas de
las ciencias sociales, por lo que, la mayoría de los juristas
consideran el Derecho como parte de las ciencias sociales, en
su aspecto fáctico.

1.3. ESTRUCTURA DE LA CIENCIA


En la Ciencia las diversas disciplinas estudiadas se describen y
explican por medio de sistemas de Conceptos y Categorías cuyo
grado de generalidad permite la transmisión y aplicación del
conocimiento científico

a. HECHOS
El concepto de la etapa empírica del conocimiento científico
lo constituye el hecho científico. El hecho es el acto objetivo y
real que sirve de base para elaborar, confirmar y poder refutar
las teorías científicas.

b. HIPOTESIS
Constituye una formulación científicamente fundamentada y
dirigida a explicar previamente una situación problemática
adelantando su probable solución.

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c. LEY
Las leyes científicas o teorías se refieren a los objetos no
observados, contienen conceptos que no pueden ser obtenidos
directamente de la experiencia ni ser comprobados por ella. La
ley científica es una hipótesis bien comprobada

d. TEORIA.
Es la sistematización lógica y orgánica a hechos, hipótesis,
generalizaciones y leyes mutuamente relacionadas que explican
una determinada región de procesos y fenómenos de la realidad
material. La teoría es un conjunto de conocimientos lógicamente
estructurados, vinculados deductivamente que clasifica y
sistematiza los fenómenos por ellos estudiados.

1.4. FUNCIONES DE LA CIENCIA.


1. DESCRIBIR LA REALIDAD

a. Responde a la pregunta ¿cómo es la realidad?


b. Describimos el problema.

2. EXPLICAR LA REALIDAD

a. Responde a la pregunta ¿por qué es así la realidad?


b. Identificar las causas
3. PREDECIR LA REALIDAD

a. Responde a la pregunta ¿cómo será la realidad?


b. Nos transportamos a un futuro.

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Bibliografía específica:
BUNGE, Mario Epistemología. Edit. Ciencias Sociales. La
Habana 1982

KEDROV Y SPIRKIN La Ciencia. Edit. Nauka Moscú


1967.

SANZ ELGUERA, Julio Introducción a la ciencia. Edit. AMARU


1987.

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2. ENTORNO A LA POLÍTICA.
2.1. CONCEPTO DE POLÍTICA.
El intento de comprender y precisar en forma analítica, crítica y
rigurosa la acción humana e interacción social que conocemos como
política no es una aventura reciente, pues se remonta a la antigüedad
clásica.
A través de la historia encontramos una serie de apreciaciones
sobre política en pensadores de genial dimensión como Platón, Aristóteles,
Séneca, Polibio, Maquiavelo, Santo Tomás, Hobbes, Bodin, Lecke,
Suárez, Belarmino. Montesquieu, Rosseau, Tosqueville, Marx, Stuart Mill,
Lenin, Bertrand Bussell y otros.
Platón decía que la política es la "ciencia regia", Aristóteles,
sostenía que era una mixtura institucional y social.
Siendo la acción política objeto de estudios cada vez más
especializados, los pensadores modernos que se preocupan por el tema
en la gran mayoría son científicos políticos, aunque hay también
sociólogos, economistas, juristas y filósofos, al igual que sus antecesores
clásicos han planteado una serie de definiciones y elaborado diversos
conceptos que a continuación exponemos:
En uno de sus múltiples ensayos, "La Política como vocación", el
famoso sociólogo alemán Max Weber sostiene que la política es "sólo
dimensión, o la influencia sobre la dirección de una asociación política".
Según el tratadista germano, política significa esfuerzo por compartir el
poder, o esfuerzo para influir sobre la distribución del poder, ya sea entre
Estados o entre grupos dentro de un Estado. Observa Weber, que "los que
actúan en política luchan por el poder, bien para servir otros fines, ideales
o egoísmos o bien como "poder por el poder"; es decir, para disfrutar de la
sensación que proporciona el poder. Con estas palabras Weber está
señalando un elemento esencial de la política : su naturaleza agonal.

La política es lucha por el poder. Los móviles que dan sentido a


esta lucha son variados. Pueden ser fines nobles como la toma y doma del
poder para liberar a los pueblos de la dominación y explotación de los
poderosos; pueden ser fines innobles como la captura del poder con el

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solo y único afán de gozar de las prebendas, privilegios y prestigio que
éste ofrece.

Una de las notas esenciales del poder - según Weber -es la


dominación, que se sustenta en el uso de la fuerza física, de la represión, y
del cuadro administrativo (burocrático-administrativo), que garantizan el
establecimiento de un statu-quo determinado.

Maurice Duverger, politólogo francés, medita sobre la política como


"ciencia del poder" y como "ciencia del Estado" y aunque estima
importante considerar al Estado, por ser una estructura fundamental en
donde actúa y se desenvuelve la vida política, se pronuncia a favor de la
política como "ciencia del poder". Señala Duverger que la política, su
significado y naturaleza, es siempre ambivalente. Para demostrarlo da un
ejemplo partiendo del mito romano del dios Jano, al sostener que "la
imagen de Jano, el dios de las dos caras, es la verdadera representación
del Estado y la expresión más profunda de la realidad política".

Para dicho científico-político galo, la política como organización


institucional (Estado) y como realidad social (política práctica) es lucha e
integración. Ello es así porque el Estado, institución de poder a través de la
historia, no es sólo un instrumento de dominación sino también de
integración que intenta asegurar "cierto orden social".

La tesis de comprender la política como realidad social e


institucional organizada es expuesta, con meridiana claridad, por el
politólogo norteamericano David Easton, para quien la política es una
"forma de hacer" que se traduce en actividades grupales (partidos
políticos, grupos de presión) y en formas de gobierno que establecen
medidas de interés para el conglomerado social. En Easton siempre
encontraremos una identificación de la política con la autoridad, al sos-
tener que "se hace política o luchan los diferentes grupos para influir en el
tipo de medidas de carácter autoritario". Luego, a este concepto agrega lo
siguiente : "Si fuera a resumir el concepto de política inspirado en nuestro

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sentido común probablemente tendría la siguiente forma : la vida política
se refiere a toda actividad que influye de manera importante en el tipo de
medida autoritaria que adopta una sociedad y la forma en que la pone en
práctica" .

Para David Easton "la vida política es un sistema de conducir,


incorporado a un ambiente a cuyas influencias está expuesto al sistema
político mismo, que a su turno reacciona frente a ellos" .

Esta concepción de Easton no se limita a admitir que la política es


un "sistema de conducta" y que se trata de un "Sistema aislado", es decir,
cerrado. Por el contrario, desde el punto de vista de Easton, la vida política
es un sistema abierto, expuesto a la influencia de otros sistemas y rodeado
de los ambientes físico, biológico, social y psicológico. Más aún, Easton no
se queda allí: pretende ir más lejos al sostener que el sistema político, en
sí toda la vida política, tiene capacidad de autorregulación para responder
a las perturbaciones que lo engloban, de manera que tiene una especie de
capacidad de adaptación.

De la visión eastoniana de la política se desprende la siguiente


conclusión: "los sistemas políticos acumulan gran cantidad de mecanismos
mediante los cuales pueden tratar de enfrentarse a sus ambientes. Gracias
a ellos son capaces de regular su propia conducta, transformar su
estructura interna y hasta llegar a remodelar sus metas fundamentales.
Pocos sistemas, aparte de los sociales, gozan de esta posibilidad.

Hemos hecho un breve comentario de las tres más importantes


definiciones que se han dado sobre política en los últimos años; pero sin
duda dentro de este período hay otras muy importantes que no se pueden
descartar y que vamos a indicarlas, si bien no es nuestro propósito
analizarlas en estas líneas como hemos hecho con las de Weber, Easton y
Duverger.

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"Política es la actividad humana fundada en intereses justificados
ideológicamente, que pretende conseguir objetivos valederos para toda la
comunidad mediante el ejercicio del poder público organizado y el flujo
sobre él" (Pablo Lucas Verdú).

"Un sistema político es cualquier patrón persistente de relación


interhumana que englobe, en un significado extenso, el poder, la regla y la
autoridad" (Robert Dahl) .

"La política es la toma de decisiones por medios públicos" (Larl W.


Deutsch) (11).

"Por política entendemos el conjunto que se establece entre


individuos y grupos animados de deseos contradictorios y de relaciones
estables de autoridad y de dependencia" (Francoise Parroux) (12).

En estas definiciones encontramos conceptos que son propios de la


acción política como poder, decisión, autoridad, interés, ideología, acción
grupal, dependencia.

Hay politólogos que prefieren abstenerse de dar una definición


sobre política, porque consideran que el término es ambiguo e impreciso,
Así lo cree, por ejemplo, Robert Murphy al afirmar que hay dificultades en
dar una definición única y omnicomprensiva de política; y Beiley, quien
está más preocupado por comparar la política con el juego, porque
sostiene que ambos se mueven dentro de ciertas reglas.

Los soviéticos Yákivlev, Bieglov, Bikkenin, Brutents, Kelle, Okorelov,


Vólkov, Petrenko y Zeglandin, quienes parten de la concepción de Lenin
sobre la política, sostienen que "la política es la expresión concentrada y la
culminación de la economía".

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Los politólogos soviéticos admiten que la política tiene una relativa
independencia de la economía, y también la capacidad para influir sobre
ella.

Consideran que, por ser la expresión concentrada de la economía,


depende de ésta, porque sirve para mantener y sostener un régimen. La
política es una superestructura de lo económico, que es la base de lo
social.

La concepción marxista de política vincula correctamente la acción


política con la acción económica y está atenta a sus interrelaciones.

Así como hay diferencias de regímenes políticos y existen diferentes


regímenes económicos, la sociedad se diferencia siempre en ambos
regímenes.

La concepción soviética de la política es clásica y está fuertemente


ligada a las interpretaciones que ha hecho Lenin sobre ella.

Otras interpretaciones marxistas de la política distinguen la política


de los políticos; distingo que también hacen politólogos "no marxistas"
como Jiménez de Parga y Burdeau. Desde la perspectiva marxista, lo
político se reduciría al Estado: es pues, la superestructura jurídico-política
del Estado; en cambio, la política es la práctica política de clase.

Nicos Poulantzas diferencia con acierto la organización política de


la práctica. Dice que mientras la primera es una superestructura, la
segunda es la acción conflictual. En este caso, la política como acción
humana es lucha de clases. Esta idea coincide con las de Marx y Engels,
quienes sostienen en "El Manifiesto Comunista" que "toda la lucha de
clases es una lucha política".

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Es significativo, por otra parte, el aporte de los politólogos
argentinos para la comprensión de la política. Según Carlos A. Floria "la
política" es una dimensión constitutiva del hombre, de modo que no se
puede proponer no tener un comportamiento político o ser apolítico,
porque de alguna forma ello es una posición política" (16). Entiende Floria
que la política se ocupa del poder, que es un fenómeno intrínsecamente
político.

El planteamiento de Floria nos parece correcto. Las posiciones


apolíticas son políticas en la medida en que evitan el desenvolvimiento
dinámico de la política y contribuyen al mantenimiento de las injusticias
sociales en un sistema. Esta posición "apolítica" tiene las características
propias del pensamiento y conducta totalitarios y reaccionarios, que
intentan encapsular la vida política dentro de marcos institucionales y
categorías ideológicas consideradas inmutables. Las posiciones apolíticas
contribuyen al mantenimiento del sistema y en tal sentido son
conservadoras. Ven un peligro en la difusión de ideas distintas a las del
sistema imperante y en conflicto social.

Ello sucede frecuentemente con las corrientes tecnocráticas,


administrativas y burocráticas que pretenden desvincular la ciencia y la
técnica de la política, haciéndolas vivir en compartimientos distintos como
si el ejercicio del poder no fuera el producto de una técnica orientada a
inclinar voluntades, que con acierto llama Mario Justo López, aspecto
formal de la política.

También nos parece correcto el planteamiento de Floria sobre las


dimensiones políticas, pues la característica de toda relación de poder es
la de mando-obediencia, que se produce a consecuencia de los
mecanismos que utilizan los grupos de poder dominantes para inclinar
voluntades, a fin de poner en práctica un proyecto político determinado.
Estos mecanismos de poder son: la Fuerza Armada, la ley positiva y los
sistemas educativos y propagandísticos; reflejo de la mezcla de tres

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elementos claves en toda política formal de dominación: fuerza, Derecho e
ideología.

Según Jorge Venossi, "cuando se hace política se está creando o


se está tratando de reemplazar un sistema de lealtades por otro ".

Estas lealtades pueden ser hacia las ideas, hacia los hombres o
hacia los intereses. Para que la política funcione bien estas tres lealtades
deben interrelacionarse, pues de no ser así se produciría el descalabro. La
política como acción no es sólo lucha; es proyecto y construcción de
estructuras sociales y de Instituciones. De allí que es más importante el
político fundador que el conductor, sostiene Vanossi. El político fundador y
visionario es escaso. Por lo general, la vida política cotidiana favorece a
los conductores.

Luis R.M. Dellera Jofré sostiene que la acción social se convierte en


acción política cuando su finalidad es el poder. Para este científico-político
argentino "el fenómeno social se trasmuta en política recién cuando el
objetivo último perseguido es posible de ser merituado como finalidad de
poder" (18). Agrega luego que "la relación así generada se interesa en
provocar presión a full de uno de los términos sobre otro; en tratar de
alterar la voluntad, en pretender modificar la conducta: el emisor puede
intentar o transformar la relación social en relación de poder definitivo, o
utilizar para adquirir, conservar, aumentar o disminuir su propio poder ".

De estas observaciones se desprende que las relaciones sociales,


tal como sostiene Puolantzas, Onofri y Pissorno, son relaciones de poder.
Su característica principal, la de inclinar voluntades y conductas para
poner en práctica un proyecto político, es consecuencia de la dinámica de
la sociedad en su faz agonal y arquitectónica.

El planteamiento de Mario Justo López.

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Mención especial y estudio detenido merece el planteamiento que
hace el politicólogo y jurista argentino Mario Justo López. El considera que
la política es un término de difícil definición por su naturaleza múltiple,
polifacética, variable, simbólica y multirrelacionada. Para López, la política
es una realidad plenaria en donde interactúan una serie de elementos que
constituyen las diversas fases de la misma.

Como realidad polifacética, la política tiene una fase estructural, otra


dinámica, una agonal y otra arquitectónica.

Sostiene dicho profesor argentino que "la actividad política no se


desarrolla en el vacío, no tiene sentido sino como relación interhumana, y
tal relación implica una estructura que se presenta como jerarquizada,
existente entre los seres humanos, que permite a los unos inclinar la
voluntad de los otros. Esa estructura, aunque puede presentarse, a veces,
muy débil y fluida, ofrece siempre una tendencia natural a traducirse en
instituciones políticas-órganos y normas- con vocación de orden y
estabilidad .

Si concebimos la estructura social como el conjunto de grupos que


desempeñan roles y funciones, que son complementarios y diferenciados
dentro de una relación jerarquizada, no cabe duda que la política acontece
en ella como actividad humana y relación interhumana. Las diferencias en
la organización funcional de las estructuras son las que determina, en gran
medida, la jerarquización y el ejercicio del poder político. Es una secuencia
de órdenes verticales entre las diversas instancias institucionales de la
estructura.

Así, quienes desempeñan roles y funciones de más alto nivel en la


estructura social son aquéllos que tienen mayor capacidad de decisión
para encausar el comportamiento individual y social.

La estructura social vendría a ser el terreno en donde se


desenvuelve la acción política, pero ésta no es un terreno baldío : es un

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terreno organizado, debidamente planeado a través de las instituciones. La
revolución social consistiría en la ruptura de la estructura jerarquizada de
dominación y de poder y el cambio de una estructura por otra en donde no
existan jerarquías y los roles sean funcionales.

La actividad política que opera dentro de la estructura social es


dinámica y está en constante movimiento y cambio. La actividad en la
política tiene como principal fin la captura del poder político, o en otros
términos, de los roles y funciones que permiten el ejercicio de ese poder.
Al respecto Mario Justo López sostiene que la política como "actividad,
tiende inmediatamente a la conquista y conservación de los cargos o roles,
o también, caso contrario, a resistir la actividad desplegada desde ellos. En
tal sentido la faz dinámica de la política traduce una vocación de
movimientos y cambio".

Los participantes en la acción política que actúan dentro de la


estructura y en relación dinámica, entran en conflicto por razones de orden
ideológico, social y personales, es decir que entre ellos se produce una
lucha por conquistar o conservar el poder. A esta lucha se le denomina faz
agonal. Indica López que "esa competencia, esa lucha por la conquista, y
en un momento, por la conservación de los cargos y roles, forma parte de
la faz agonal de la Política".

En la faz agonal, la lucha puede darse dentro de los cruces


normativos e institucionales establecidos en la estructura social. En tal
sentido, los grupos antagónicos actúan dentro de los límites señalados por
la ley. Esto sucede, por ejemplo, en la democracia representativa y com-
petitiva, o también en las monocracias. Pero la lucha puede extenderse
más allá de los cauces normativos e institucionales llegándose a la
"destrucción organizada", como dice Mannheim, a través de la guerra
revolucionaria, o a través de medidas revolucionarias que paulatinamente
van mellando y desdibujando el orden institucional de una estructura
social. El fenómeno de la influencia, tan frecuente en política, también

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desempeña una función importante como elemento integral de la faz
agonal.

El acto de influir es diferente al acto de capturar el poder. A los


grupos de influencia y de presión no les interesa capturar el poder para
ejecutar un proyecto político determinado, sino por el contrario, persiguen
modificar las medidas y las conductas de quienes ocupan roles y funciones
en las instituciones de la estructura social, para que éstos tomen medidas
a favor de sus intereses.

Los grupos de presión y de influencia se valen de una serie de


medidas para llevar a la práctica sus objetivos. Desde el chantaje,
pasando por los medios de comunicación o utilizando relaciones directas
de contacto cara a cara con quienes ejercen el poder.

La realidad política, que es agonal y que opera dentro de una


estructura social, tiene, por último, la faz arquitectónica. No cabe duda que
de alguna manera los hombres elaboran "modelos" de organización social
y que luego luchan para llevarlos a la práctica.

De allí que la política sea también organización, conducción y


administración del comportamiento individual y colectivo. La ejecución de
un proyecto determinado impone una secuencia de pasos aparentemente
prefijados, que pasan de la simple concepción teórica del modelo, a la
planificación, organización y control de la sociedad. Así los políticos que
ponen en acción "su modelo" son arquitectos o ingenieros sociales,
hombres eminentemente prácticos, ejecutores de un plan determinado.
López dice que la faz arquitectónica "es la actividad creadora,
constructora, conductora, integradora, sin que estos calificativos importen
en modo alguno, juicios de valor". Lo que debe admitirse es la necesidad
de organizar la sociedad. El problema consiste en saber cuál de los
"modelos" propuestos es el más adecuado.

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La realidad política es variable, cambia en el tiempo; con los hechos
políticos, al igual que los hechos históricos, no se repiten de igual manera.

No obstante, habría que buscar ciertas constantes de regularidad


cíclica que nos permitan precisar objetivamente leyes de la política
aplicadas en todas las épocas de la historia. Quizás el desgaste progresivo
de los sistemas políticos, el desgaste de los gobiernos y las revoluciones,
se repiten a pesar de sus diferencias y, en tal sentido, podrían formularse
leyes de esta naturaleza que sean universales para todas las épocas y
para todos los casos posibles.

Por último, la realidad política es una realidad simbólica. La


ideología, como concepción del mundo y como expresión de clase social,
determina el comportamiento social y político. Los hombres crean una
serie de teorías para justificar la posición privilegiada que ocupan en la
estructura social. Incluso, llegan a afirmar que la situación es objetiva,
racional y científica.

El elemento subjetivo juega un papel importante en la vida política y


esta subjetivación conduce a internalizar una visión determinada como un
fenómeno universal, válido e inmovible. Lo ideológico y lo político están
íntimamente ligados, y muchas veces las ideas que tenemos sobre las
cosas no son la fiel expresión de su objetividad sino el reflejo de una
deformación de la realidad.

La sociedad política está organizada en función de esas ideas, y el


agente sujeto de la política, el hombre político, actúa en función de valores
internalizados, como expresión del proceso de socialización del
comportamiento.
A la adecuación de las conductas, al conjunto de ideas rectoras que
justifican un "modelo político", se le llama proceso de ideologización.

Rasgos característicos de la política.

22
A continuación como resúmen y utilizando todo lo expuesto, vamos
a señalar los rasgos característicos de la política. Creemos que son
constitutivos los rasgos siguientes:

a. La política es parte de la realidad social y está inmersa en ella.

b. La política es actividad humana interrelacionada.

c. La política es la expresión del ejercicio del poder coactivo físico


dentro del proceso de decisiones de efectos colectivos.

d. La política es una actividad dinámica y agonal.


Se basa fundamentalmente en la lucha por el poder político y en los
diversos intereses ideológicos y materiales que expresa acción
humana.

Teniendo en cuenta las anteriores características, podemos intentar


una definición de Política:

La política es una actividad humana y una relación Inter-humana


que acontece en una estructura social, dinámica y agonal; la misma que,
dentro de una medida significativa del ejercicio del poder físico coactivo
que manifiesta aspiraciones ideológicas para poner en práctica un modelo
societal, afecta el comportamiento colectivo con el fin de inclinar
voluntades, de una manera eficaz.

2.2. LA POLÍTICA COMO PRÁCTICA SOCIAL.


Para Poulantzas, la política y la historia están íntimamente ligadas.
La política es la expresión de una práctica social, de una acción dinámica.
La práctica política como expresión de la dinámica política, en el devenir
histórico ligado a las luchas de clases, haría de la política una ciencia
revolucionaria orientada a los cambios profundos de la sociedad.

23
Sostiene Mihailo Markovic que la política es la "realización de todas
aquellas actividades y la toma de todas aquellas decisiones mediante las
cuales son regulados y dirigidos los procesos sociales públicos
esenciales".

Este filósofo yugoslavo estima que en la política hay dos formas de


realización y manifestación. Por una parte, es actividad y, por otra, es
decisión. La actividad y la decisión tienen una función de regulación y
dirección de los procesos políticos. La política es un mecanismo de
regulación del comportamiento inter-subjetivo y de los conflictos sociales.
Partiendo de Marx, Markovic señala los rasgos esenciales de la política
como forma de deshumanización y despersonalización. Las formas de
alienación política según Markovic serían:

a. El hombre pierde el control de las instituciones políticas, del


Estado, del partido, que él mismo ha creado y que funcionan en
su nombre.

b. En una sociedad burocrática (entiéndase contemporánea) el


hombre se aliena respecto a los demás, tanto si pertenece a los
dominadores como a los dominados. En la elección de aquéllos con
quienes desearían mantener relaciones estrechas, no tiene
fundamental importancia para él quién sea el otro hombre sino qué
función ejerce.

c. En la sociedad burocrática la actividad política deja de ser


creadora.

d. Todas estas condiciones llevan a la ruptura total entre la


existencia política del hombre y su esencia auténtica
posible.

24
La política es la lucha por el poder. Pero no es lucha ciega, al
menos modernamente, pues se halla condicionada por intereses morales,
por ideologías que conforman una cultura política, o sea un ámbito que es
parte de la cultura general. La realidad social es gobernada y orientadas
por la política en cuanto a vocación de poder. La actividad política se
diferencia de las demás funciones sociales en el hecho de que sobre ella
recae la responsabilidad de dirigir lo social. Mucho antes de que hubiera
Estado, la actividad política existía como función social que organizaba la
cooperación del grupo. El concepto de lo político es más amplio que el de
lo estatal; no sólo la actividad política es anterior a la aparición del Estado
sino que existen grupos políticos dentro del Estado y entre los Estados. No
toda actividad del Estado es actividad política, pues la mayor parte de sus
funciones constituyen aspectos de mera administración. Ordinariamente, la
actividad de los órganos estatales subordinados, que se realiza siguiendo
pautas precisa, no es función política. Esta consiste en dirigir la marcha del
Estado o en disputar la tenencia del Poder.

La idea del poder ha sido obsesiva en muchos pensadores


alemanes, sobre todo desde el siglo diecinueve. "La voluntad de poder"
fue exaltado por Nieztche y primó como teoría sicológica y racial con el
nazismo. Cuando el Estado resulta un ente ávido de poder, ello conduce,
inevitablemente, a la dictadura en lo interno y a la guerra en lo exterior. La
política se explica por la aspiración al poder y a la ostentación de él, lo que
pervierte con frecuencia todo sistema de valores y lleva a constatar que los
recursos jurídicos de nada sirven frente a los hechos de poder. Si la vida
internacional se mira con realismo, no puede negarse que ella obedece,
casi siempre, a un pugna de poder, pugna que puede ser sutil o con
despliegue de fuerza, pero que subyace respecto de las doctrinas y las
declaraciones retóricas.

El poder político es el único que puede ejercerse sobre la


comunidad entera, a diferencia del poder económico, del poder religioso o
del poder sindical. El poder es multiforme e incluye desde la jefatura de
una organización de cualquier tipo hasta el de la burocracia. Pero el cargo

25
político es el único que inviste de autoridad global, el que dota de la aptitud
para imponer un orden de conducta. El poder económico o el sindical son
prominentes, pero no alcanzan la amplitud y eficacia del poder
gubernativo, que es el máximo. El empuje de una convicción determinada
mueve a los hombres a una acción unida, como sucede con los
nacionalismos que ofrecen motivación eficaz para el todo social. Los
poderes distintos al poder político pueden ser temporalmente muy fuertes
o aún dominantes, pero si bien influyen en la vida del Estado al punto que
no cabe afirmar que existe una forma de poder social con carácter de
absoluto, el poder del gobierno resulta siempre distinto e impone a la
comunidad el sentido unitario que esta requiere. Puede ser influido, a
veces quebrantado, pero se reconstituye por necesidad vital del grupo
humano y emprende su propia dirección, para realizar un orden
determinado. Al final de toda crisis, es el poder de signo político el que
predomina sobre el mando militar, la influencia económica o la presión
sindical.
El poder cumple una triple función: de dirección, de especialización
y de coacción. En efecto dicta reglas, las aplica de modo continuo y
sanciona a los infractores.

2.3. LA POLÍTICA COMO CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.


La Ciencia Política es una ciencia crítica que ha venido a
destruir la ingenuidad del derecho constitucional, que encubría en parte
los hechos al atribuir a las formas una realidad separada de la vida que
las inspira. Equivale a la sociología política, o sea que es una ciencia
pragmática y realista, empírica. Sus especialistas se denominan
politólogos y en los países anglosajones «científicos políticos». La
nueva disciplina se ha desprendido de la Sociología, con dimensión
propia, a partir de la Segunda Guerra Mundial. Analiza la naturaleza y
el ejercicio de la autoridad. Es objeto de su estudio la relación mando-
obediencia dentro de la sociedad. Hace luz sobre el gobierno como
hecho y sobre el origen y la formación de las decisiones políticas. Este
estudio del proceso decisional (decision-making processus) permite
particu-larizar lo político dentro del marco de lo social. Se trata de un

26
conocimiento preferentemente sociológico, dado que el poder reprime
pero a la vez absorbe la influencia innovadora de los gobernados.

2.3.1. POLÍTICA Y CIENCIA POLÍTICA

También debe distinguirse entre política, que es acción práctica,


disputa del poder, y la ciencia política, que es conocimiento reflexivo
del objeto de la política. Ni la teoría del Estado ni el derecho
constitucional pueden hacer abstracción del acontecer real, de esa
«vida estructurada en que consiste el Estado» como anotó Hermann
Séller. Por eso, el ser y el deber ser no pueden ser totalmente
emancipados; cuando se pretende hacerlo, nos encontramos con que
todo lo estatal se ha volatilizado y flotamos en la vaguedad.

Es tan grande la importancia alcanzada por la ciencia política


que Georges Burdeau, eminente profesor de la materia, pretende que
el derecho constitucional sea segregado de las disciplinas propiamente
jurídicas y pase a ser considerado como complemento de la ciencia
política, en el área de las ciencias sociales. En verdad, la politología
refleja una nueva actitud mental, pues aborda los temas con realismo
penetrante. Mediante el análisis de lo fáctico esclarece lo doctrinario e
incita a remodelar las estructuras tradicionales. El estructuralismo,
corriente filosófica que es ante todo un método, comienza a ser
aplicado a la ciencia política, con el ánimo de encontrar invariantes en
las relaciones de poder. Pero su estudio del comportamiento político es
todavía incipiente, por lo que no cabe hablar de constantes.

El surgimiento de la ciencia política se debe principalmente a la


corriente marxista, a los estudios realizados en las universidades
estadounidenses y a la obra de notables especialistas franceses. El
marxismo ha aportado aspectos positivos para la investigación,
incitando a la desacralización, a la destrucción de ciertos mitos
políticos, al análisis de problemas tales como la dependencia externa,
la estratificación social y la selección de los cuadros o dirigente. La

27
ciencia política occidental debe a los Estados Unidos y a Francia una
poderosa corriente creativa, perceptible desde fines del siglo pasado.
Duverger, Burdeau, Meynaud, Parsons y Easton son los especialistas
más notables. Pablo Lucas Verdú y Luis Sánchez Agesta son
representativos españoles ilustres. Desde la segunda guerra mundial,
la ciencia política se ha configurado como disciplina autónoma,
coincidiendo con la protesta del Tercer Mundo, con la crisis del
marxismo oficial y con cuestionamiento de los sistemas de democracia
formal imperantes en Estados Unidos y en Europa Occidental.

No es demás subrayar que la ciencia política propiamente dicha


es sociología. Estudia el comportamiento humano en un área de la
actividad social. Se ha enriquecido con observaciones de la sicología
social y guarda relación con disciplinas no sociológicas, como son el
derecho constitucional y la teoría del Estado, de carácter jurídico y
filosófico, respectivamente. El poder se legitima por su
institucionalización como Estado, o sea cuando se organiza como
autoridad impersonal. A partir de entonces se entiende que ejerce
coacción con miras de proteger los derechos de cada cual y a cautelar
el cumplimiento de lo deberes.

No basta hoy el análisis de las disciplinas constitucionales o el


razonar sobre las teorías políticas que justifican el ejercicio del poder.
La investigación sociológica ha penetrado todas las disciplinas
atañederas al Estado y trata de elucidar la conducta política. Por ello,
como quieren Duverger, Gatlin y Bentley, las expresiones sociología
política y ciencia política son equivalentes. Explicarse la política sobre
bases científicas, es decir descubriendo las leyes del comportamiento
político, es la aspiración de la ciencia política. Desde luego, sin incurrir
en la exageración de formular leyes de rigor matemático o con la
precisión de un recetario, puesto que la observación de la conducta
humana sólo permite esbozar leyes tendenciales.

28
El trasfondo económico y social, antes ignorado por los
expositores políticos, aflora modernamente con interés avasallador. Se
analiza el papel que cumplen los sindicatos,la Fuerza Armada, los
medios de comunicación o información (prensa, radio, televisión), la
Iglesia, los grupos de presión, los electores, la opinión publica. Toda la
política ha entrado en crisis y sus fundamentos doctrinarios son
revisados hasta llegara posiciones anárquicas. En algunos países la
opinión se divide por mitades, determinado gobiernos precarios, o de
indefinición obligada. Por doquiera se indaga e impugna respecto de la
alineación, del burocratismo, de la tecnocracia privilegiada, de los
mecanismos de poder, de la dominación y del «poder popular». La
redistribución de la renta nacional entre los diversos sectores, la
conducción de masas, la fabricación de mitos, la estrategia
revolucionaria, la prioridad de acumulación de capital nacional, las
aspiraciones a una justicia social real, las superestructuras y la
correlación entre el poder y el status de diversos grupos, todo ello ha
determinado una movilización del interés intelectual, dirigida a
desmontar la teorización abstracta. Claro está que tal inflación
sociológica, acompañada casi siempre del uso de un lenguaje
esotérico, ocasiona distorsiones de la realidad y de las ideologías, pero
el cúmulo de observaciones y planteamientos inquietantes resulta
sumamente útil para hallar la verdad.

2.3.2. LA ÉTICA Y LA POLÍTICA.


La Ética es la encargada del estudio de la conducta moral y de
las obligaciones del hombre en la vida social; es decir, ética es la
investigación filosófica de los problemas relativos a la conducta
humana. Ética es la parte de la filosofía que trata sobre la moral y las
obligaciones del hombre. Es la filosofía de la moral. En las ciencias
de las costumbres, la moral al fijar las normas que deben regir la
conducta del hombre en todos los momentos y circunstancias, la
ética se erige como fundamento de la vida social.

29
Bibliografía específica:
− BIDART CAMPOS, Germán Lecciones elementales de Política. Edic.
auspiciada por la UPLA 2002. Leer las Lecciones 1 y 2.
− MIRO QUESADA RADA, F. Manual de Ciencias Políticas. Edit. Libros y
Publicaciones. Lima Perú 2001, 2da Edic. Leer Cap. I.

AUTOFORMACIÓN FORMATIVA Nº 01

1. Concepto de ciencia y clasificación de las ciencias.


2. Estructura y funciones de la ciencia.
3. Concepto de Política y ésta como práctica social.
4. La Ética y la Política.

30
Segunda Semana:
II. UNIDAD OBJETO Y METODOS DE LA CIENCIA POLITICA.
3.1 OBJETO DE ESTUDIO DE LA CIENCIA POLÍTICA.
La descripción e interpretación del fenómeno político, es decir de la
movilidad del poder, o sea de los hechos políticos, es decir de la vida política,
constituye el área propia de la ciencia política. Pero con frecuencia, sobre todo
cuando la tratan autores franceses, la ciencia política ensancha su ámbito y
pretende constituirse en ciencia global del Estado. En su acepción estricta, la
ciencia política es el conocimiento de la vida política, del comportamiento
humano en relación con el poder, la dominación y la toma de decisiones. En
una acepción amplia o globalizadora, atañe al Estado: ideas, instituciones y
vida. Hasta hoy no existe unanimidad respecto a establecer si el estudio de
las realidades y de las abstracciones que conforman el Estado constituye una
sola ciencia o varias, o sea si cabe emplear la expresión ciencias políticas o
solamente la de ciencia política.

Es pertinente recordar que los especialistas, reunidos por la UNESCO


en 1948, se inclinaron por la denominación en singular, o sea ciencia política,
fundándose en que a la unidad de objeto debe corresponder la unidad de
ciencia. de la ciencia. A pesar de que dicho consenso ha sido corroborado en
importantes certámenes internacionales, lo real es que el comportamiento
político no puede ser analizado sino por una gran variedad de disciplinas, por
ser un comportamiento humano de complejidad extensa. De entre esa
variedad de disciplinas tres son las que comprenden la mayor parte de los
conocimientos relativos al Estado: Teoría del Estado, Derecho Constitucional
y Ciencia Política. Hemos considerado útil demarcar estas tres disciplinas con
la mayor claridad e inclusive con reiteración.

Distinguiendo entre teoría del Estado y ciencia política, repetiremos que


esta última es la ciencia del poder; de los hechos y no de los principios. La
teoría del Estado se propone desentrañar la esencia del Estado, o sea lo que
éste tiene de permanente, aquello que le confiere identidad. Pero, dado que
existe una conexión indisoluble entre lo teórico y lo práctico, la actitud teórica

31
no alcanza a desprenderse de los factores reales para cobrar una autonomía
radical. Por eso, en todo estudio doctrinario sobre el Estado advertimos la
presencia, o cuando menos la referencia ilustrativa, de hechos reales, con
valoración política.

El estudio del derecho constitucional, que debería circunscribirse a los


textos legales supremos, se extiende hoy al análisis de las instituciones
políticas, tal y como funcionan en la realidad. Casi siempre existe
disconformidad entre los textos legales y los hechos. Tal contraposición entre
los hechos y el derecho distingue qué parte del derecho tiene aplicación real y
qué parte no la tiene. Más aún, hoy reluce que el ordenamiento jurídico se
esfuerza por coordinar la realidad con la legislación, adecuando ésta a
aquélla. El derecho constitucional, para analizar instituciones que la
constitución ignora, tales como los partidos políticos, la prensa, los grupos de
presión, la manipulación de la opinión pública, recurre a la ciencia política,
desprendida de la sociología.

3.2 MÉTODOS Y TÉCNICAS DE LA CIENCIA POLÍTICA.


Efectúase así un valioso proceso de abstracción. Dicho proceso,
partiendo del estudio de los hechos políticos (ciencia político), conduce al
estudio de la organización formal del Estado (derecho constitucional), y por
último, se eleva a lo especulativo racional (teoría del Estado). El
eslabonamiento de las tres disciplinas es constante y resulta imposible
demarcarlas con nitidez excluyente. Pero, en sus líneas fundamentales, cada
una tiene su ámbito propio y constituye una etapa de la operación
gnoseológica que permite penetrar en la naturaleza del ente estatal.
La técnica de la ciencia política tiene mucho de sociología y aún de
micro-sociología, como cuando estudia la formación de líderes o el discurrir de
las opiniones en grupos de magnitud menor que la sociedad nacional o
regional. Pero guarda gran conexión con el derecho, como que muchos de los
investigadores llamados científicos políticos (political scientist) han ejercido
primero como constitucionalistas y recaen en lo jurídico, no obstante el móvil
de su disciplina. Su pragmatismo no les impide elevarse a abstracciones, a
conceptos generales que están más allá de los datos materialmente

32
identificables. Al aprehender el fenómeno político que está inextricablemente
unido al conjunto de fenómenos sociales, realizan un proceso de abstracción
para expresar la unidad de la esencia. Como dice Burdeau, sin tal abstracción
la ciencia política resulta encadenada a la política menuda; se hace de ella
una simple recopilación de recetas para cada contingencia. El científico
político realiza investigación valiosa, pero se halla lejos de la objetividad que
proclama. Al fin y al cabo, está implicado en la «la aventura humana que
analiza», aunque no se crea comprometido; tanto más en los casos en que se
sabe comprometido y considera que tiene por ello un mayor título moral.

3.3 BOSQUEJO DE LA EVOLUCIÓN DE LA CIENCIA POLÍTICA


Democracia, definía el Dr. Raúl Ferrero, es la forma de gobierno que se
concentra en la libertad y la justicia. Está orientada al bien común y al respeto
de los derechos humanos. Se basa en el predominio de la mayoría y en el
derecho de oposición.

En síntesis, quien fuera profesor de este Centro, nos decía lo siguiente:


el predominio de la mayoría y el derecho de la oposición, se reflejan sólo en lo
que se ha dado en llamar democracia representativa, forma de gobierno en
que el pueblo depositario de la soberanía elige a sus mandatarios para que
ejerzan el Poder.

La minoría es un problema de legislación electoral, si se acepta su


presencia tal como lo demandan las doctrinas democráticas. La cuestión es
que se debe conciliar la decisión (mayoría), con la representación (minoría), a
fin que se pueda gobernar. La misión de la minoría es supervisar; la de la
mayoría, gobernar. En consecuencia, minoría puede ser un tercio, un cuarto,
un quinto de representantes y, a veces, mediante la cifra repartidora, se
introduce no una sino varias "minorías" lo que, a nuestro juicio, entorpece el
desenvolvimiento de las instituciones políticas.

Su destino, agrega el maestro, en la síntesis que interpretamos, es


asegurar la libertad y la justicia, consagrar la plena vigencia de los derechos
humanos y, sobre todo que el poder se oriente hacia el bien común.

33
John Stracey en "El desafío de la Democracia", estimaba que un país
era democrático, cuando en él los ciudadanos adultos procuran gobernarse a
sí mismos en vez de dejarse gobernar por una autoridad que escape
totalmente a su control, entre sus preocupaciones señalaba : que si el pueblo
desea ser gobernado en su propio interés, debe hacerlo el mismo, pues nadie
lo haría mejor. "...No hay nada que pueda sustituir satisfactoriamente al
gobierno propio, cuando el gobierno está en manos de terceros resulta al final
un gobierno de beneficios de terceros. Si se encomienda la función de
gobierno a un sólo individuo, como es más frecuente, a una sola clase, se ter-
mina siempre siendo explotado".

Las libertades que este autor invoca, son clásicas, las de asociación,
de palabra, de reunión y la cuarta que denominaba el imperio de la Ley. Esta
última, un poco difícil de explicar, le reducía el deseo de todos los hombres de
ser regidos por las leyes y no voluntades arbitrarias.

Lenín en "El Estado y la Revolución" caracteriza a la utópica sociedad


que quería formar como aquella en donde había "la completa elegibilidad y
revocabilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, sin excepción "
(4). Si comparamos, vemos que la alternabilidad de la democracia
representativa es realidad, mientras que la promesa de alternabilidad
marxista, no se ha cumplido.

Por el contrario, en los países en donde gobiernan marxistas el político


vitalicio es la realidad mientras que la alternabilidad sigue siendo promesa.

Hemos citado este pasaje de Lenín, porque nos preguntamos si el


concepto democracia, tal como lo conocemos hoy, ha existido siempre.

Y aquí es bueno hacer un primer deslinde. Hablamos de democracia,


porque la evolución de las ideas políticas tienen que encararse alrededor de
este término. La política está siempre vinculada al poder, se dice incluso,
poder político. Todo análisis de la política debe llevarnos, necesariamente al

34
poder. Y, si rechazamos el poder despótico, debemos admitir que hay un
poder democrático. Esa es la razón por la cual nuestro análisis gira alrededor
de esta palabra. Y si hemos hecho este primer enfrentamiento con Lenín, es
porque los marxistas critican lo que llaman democracia burguesa, por
oposición a la que denominan democracia popular.

Debemos señalar que no existe un contrasentido o redundancia en


usar ambos términos. Etimológicamente democracia significa demos-pueblo;
cratos, poder, poder del pueblo. Decir democracia popular no es decir poder
del pueblo popular; se quiere graficar la idea de un gobierno ejercido por la
clase explotada, el pueblo, pero por el pueblo sólo comprenden el proletariado
y al campesinado, y llaman a nuestra democracia burguesa, (también la
califican de formal, literal), porque consideran que es un sistema que naciendo
con la revolución francesa, descansa en la clase media (burgo viene de
ciudad), y sólo la sirve. Hay aquí cuando menos, dos planteamientos
encontrados.

Y vemos que la alternabilidad propuesta por la democracia se cumple,


mientras que el buen propósito marxista ha trocado la alternabilidad por la
perpetuación política en el poder.

Podríamos decir que la evolución de la sociedad humana se ha dado


entre despotismos y poderes compartidos, entre concentración del poder y el
poder ejercido democráticamente. Si las naciones han sido gobernadas
transitoriamente por tiranías, ello no invalida la esencia de la democracia, así
como un eclipse no destruye la presencia de los astros.

Igualmente, como veremos más adelante, en medio de ambas


doctrinas ha surgido el cristianismo para decir lo que se entiende por
democracia, en un esfuerzo por hacernos comprender que su reino puede
edificarse en este mundo.

Antes de la Revolución Francesa hay un despotismo, absolutismo lo


han llamado, encarnado por los reyes, quienes presumen que su poder viene

35
de Dios. La voluntad de los monarcas es ley suprema. Nadie osa
contrariarlos, hasta que Voltaire, Rousseau, Montesquieu, llamados los
enciclopedistas, van a cuestionar la teoría de los reyes, forjada por Bodin,
desplegando el centro del poder hacia el pueblo como única fuente de la
soberanía. Este es el fin de los gobiernos hereditarios, vitalicios, sin controles.
Es el comienzo de los gobiernos fundados en la voluntad de poder y sujetados
a la normatividad de la ley. La doctrina democrática es muy simple: el poder
emana del pueblo, el pueblo elige a sus gobernantes, los gobernantes se
deben al pueblo; la libertad es el centro de toda la decisión política y la justicia
es la meta de todo esfuerzo del poder. Ello lleva a elaborar toda una
arquitectura administrativa que va desde la separación de funciones, hasta la
fijación de plazos para cambios de los gobernantes, como garantía de la
libertad y la igualdad. El liberalismo va a oponer al feudalismo, el concepto de
igualdad por contraposición a las estructuras estamentarias; la individualidad
frente al sometimiento colectivo; el derecho de todos los hombres como
reivindicación al derecho de un solo hombre.

El liberalismo distingue entre sociedad y estado; entre el hombre, como


individuo y la sociedad. Priman los derechos naturales que son inherentes al
hombre y anterior al Estado. El derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad
son propios de la naturaleza humana, y toda la arquitectura legal sólo puede
edificarse alrededor de estos cimientos. De allí, reiteramos, se diseña la
política de la representación porque el pueblo es el depositario de la
soberanía; se esboza la teoría de la "separación de poderes" como garantía
de esa libertad, para que el poder no se concentre en pocas manos, con el
consecuente peligro de la dictadura; y se enmarca un Estado dentro de las
normas - Estado de Derecho -, para que la arbitrariedad no sea la medida de
todas las cosas.

Comparado con el feudalismo, el liberalismo es un avance indiscutible.


Pero se agota ante las exigencias contemporáneas, los hombres tienen
ansias de justicia, urgencia de dignificación. Sobre el individuo prima el interés
social. Ante la infinidad de problemas, el Estado no puede ser espectador. La
indiferencia estatal no puede institucionalizarse. De aquí deriva otra

36
concepción; el Estado social de Derecho, enfatizando que tiene prioridad en lo
social sin sacrificar el individuo.

El marxismo, convertido en una religión, surgió para oponerse al


liberalismo. El materialismo dialéctico explica los procesos naturales a través
del método de los contrarios: tesis o afirmación, le sigue su antitésis o nega-
ción, cuya solución momentánea es la síntesis, la que vuelve otra vez a ser
tésis de una escala superior. Se denomina materialismo, porque se funda en
la materia, a la que considera anterior a la conciencia. El materialismo históri-
co, basándose en las mismas leyes, se esfuerza en explicar la evolución
social: del feudalismo surge el liberalismo, de éste el socialismo, cuya
negación lleva al comunismo. Habría, eso sí, que preguntarse : ¿Sí el
comunismo se convierte en tesis cuál es su contrario, antitésis?.

La realidad económica, formada por las relaciones que surgen de la


propiedad de los medios de producción, determina una estructura concreta, la
que a su vez da origen a una superestructura formada por leyes, el arte, la
religión, etc. Toda estructura social tiene un equivalente de superestructura.
He aquí un fatalismo que rechazamos: la realidad determina el espíritu; la
estructura origina una superestructura. Si fuera totalmente cierto, ¿Cuáles son
las posibilidades de liberarse de un medio opresor?.

A la burguesía como clase social, dueña de los medios de producción,


dueña del aparato político, se le va a oponer el proletariado, como clase
antagónica, hasta arrebatarle el poder y fundar una dictadura que servirá de
medio para la construcción del socialismo y pasar de este estado a otra etapa,
que es la sociedad sin clases que llama comunismo y en la que se extinguirá
el Estado.

No se puede negar la importancia del marxismo. Frente al liberalismo


que partía del supuesto del hombre libre, nos llamó la atención hacia la
dominación del hombre y postuló su liberación, por lo menos en teoría.

37
Pero el marxismo no ha creado instituciones políticas propias ni ha
cumplido con abolir el Estado, ni lo ha debilitado como preconizaba Lenin; por
el contrario, el Estado se ha fortalecido en dimensiones fantasmales.

No se han atendido las necesidades básicas del hombre, el pueblo no


elige a sus representantes; hay perpetuación en el poder. Los postulados
teóricos no han alcanzado concreción real.

Hay, pues, en ambos sistemas, el liberal como el marxista, graves


fallas, pero mientras por la vía de la libertad es posible concretar alguna forma
de socialismo, por el camino del socialismo marxista no se alcanza la libertad,
como lo prueban los diversos Estados regidos bajo este signo.

Como una solución del choque de los extremos, surgiría el fascismo,


aunque tarde se comprobaría que era otra forma abominable de dictadura. Si
el marxismo adecuaba el diseño político a la infraestructura económica, el
fascismo consideraba al Estado como el supervisor del sistema económico; si
el marxismo hizo de la lucha de clases, irreconciliable motor de la historia, el
fascismo se esforzó en soldar o conciliar las diferencias de clases; y, si el
liberalismo exaltó la libertad individual, el fascismo lo hizo sinónimo de
egoísmo, en lugar de la soberanía popular proclamó la autoridad y en sustitu-
ción de la igualdad propuso la jerarquía.

El fascismo fue un intento de conciliar ambos sistemas. No extraña por


eso la denominación del nacional socialismo que acuñara Hitler. Ni que
Mussolini arguyera que había bebido el socialismo desde los senos maternos.
El falanguismo español y el cooperativismo portugués reivindicaban idéntica
posición. Por descontado que hubo diferencias. El Nazismo se centró en el
endiosamiento de la raza aria, más el estilo de gobierno fue el mismo y todos
enfrentaban los males del capitalismo y el peligro comunista. Podría
agregarse que el Nazismo hizo del Estado un servidor de la Nación, mientras
que el facismo pensaba que el Estado es el creador de la Nación. Podría
complementarse esta disertación diciendo que el Nazismo basó su fuerza
política en los terratenientes mientras que el facismo lo hizo en la burguesía;

38
en tanto que el nazismo no trató de corporatizar el Estado, lo que sí hizo el
facismo, la verdad es que ambos tuvieron como común denominador la
violencia, la opresión, la intolerancia. Y acabaron siendo desplazados como
sistemas políticos, por la más grande conflagración que haya atormentado a
la humanidad, la segunda guerra mundial.

Frente a esas concepciones surgió el social-cristianismo. Creemos que


en el futuro cercano, la lucha se dará entre el social-cristianismo y el
marxismo, por la natural extinción del liberalismo. No se trata de una tercera
posición. El social cristianismo, contenido en las encíclicas (5) toma del
liberalismo su profundo sentido de la libertad humana y los derechos que son
esenciales al hombre.

Rechaza el egoísmo individualista, en cuanto trata de prevalecer sobre


los intereses generales. Pero admite, como el marxismo, que si bien el
hombre nace libre, hay un orden que le impide desarrollar su personalidad,
por lo que trata de liberarlo; admite las profundas desigualdades económicas
y sociales y postula un replanteamiento de la sociedad para hacerla girar
alrededor del bien común.

No cree, a diferencia del marxismo, que el hombre sea un producto de


la materia, sin posibilidad de salvación, ni que deba sacrificar su libertad
presente por su utopía venidera.
De allí que la doctrina social de la iglesia preconice una igualdad y un
rol más activo por parte del Estado y un régimen que, menoscabo de la
libertad, pueda afirmar la libertad total.

La dignidad del hombre no debe ser atacada. Si admitimos que el


marxismo alerta a los cristianos, no queremos decir que una alianza entre
ellos sea inevitable.

Esta pugna que vemos rondando los umbrales, no se dará en el nivel de


la satisfacción de las necesidades, sino en el del respeto a la libertad, de la
dignidad, en la trascendencia del hombre; será la batalla por la primicia del

39
espíritu en esfuerzo por edificar en la tierra el mundo que Dios quiso a su
semejanza.

3.4 FINALIDAD DE LA CIENCIA POLÍTICA


La Ciencia Política tiene como finalidad el darnos una valiosa
explicación de la dinámica del Estado, o sea de los grupos que lo dominan. La
evaluación hecha por la ciencia política es útil particularmente a los países en
desarrollo para la adopción de una política de mejoramiento social y de
reforma o sustitución de estructuras.
De este modo, la ciencia política, que es de naturaleza sociológica, se
entrelaza con la teoría del Estado, que es filosofía, y con el derecho
constitucional, que es jurídico-positivo, para hacernos comprender que el
Poder, el Estado, el Gobierno, entre otros conceptos, son instituciones
fundamentales para el desarrollo de la sociedad.

Bibliografía específica:
− FERRERO REBAGLIATI, R. Ciencias Politicas-Teoria del Estado y
Derecho Constitucional. 7ma Edic. Lima Perú 1984. Leer Pag. 17 a 30.
− ANDRADE SANCHEZ, Eduardo Introducción a la Ciencia Política. Edit.
HARLA, Mexico 2da Edic. Leer Cap. I.
− GARCIA BELAUNDE, Domingo Constitución y Política. Lima Perú 1981.
Leer paginas 15 a 63.
− BIDART CAMPOS, Germán Ob. Cit. Leer P. 11 a 28.
− MIRO QUESADA RADA, Fco Ob. Cit. Leer Cap. II.

40
SOCIEDAD Y ESTADO.
4.1 EL ORIGEN DEL ESTADO.
El Estado, representa un ente político y jurídico que establece reglas
y disposiciones para el desarrollo colectivo. El Estado es una realidad
jurídico-política, resultado de la vigencia de un poder soberano sobre una
población específica en un territorio bien delimitado. Los fundamentos del
Estado lo encontramos en la necesidad que tuvieron los hombres, desde la
Antigüedad de contar con un poder político, debidamente instituido y
legitimado que controlara la vida de los pueblos1.
Estamos hablando de un ente político creado por el hombre para la
conducción de la sociedad, para el manejo del poder y para dotar a la
comunidad de las normas y reglas que posibiliten la convivencia pacífica.
Según Durán Abarca2, el Estado es una sociedad humana, asentada
de manera permanente en el territorio que le corresponde, sujeta a un poder
soberano que crea, define y aplica un orden jurídico que estructura la
sociedad estatal para obtener el bien público temporal de sus componentes.
Considera Aristóteles que el Estado es la asociación de hombres que tienen
como fin el bien común, una definición donde se prioriza el bienestar
colectivo pero no se hace mención al ejercicio de la autoridad.

Hauriou tiene una definición más completa al señalar que el Estado


es la unidad jurídica y política capaz de unificar la organización social a
través del poder. Es un concepto más integral, que unifica la colectividad
con el ejercicio de la autoridad3.

El Estado ha sido definido por muchos tratadistas como persona


jurídica, y atendiendo al articulo 32 de nuestro Código Civil entendemos por
persona física "Todos los entes susceptibles de adquirir derechos, o
contraer obligaciones, que no son personas de existencia visible, son

1
FERRERO, Raúl. “Ciencia Política”. Editorial Gráfica DLino's. Lima Perú. 1989. Pág. 68.
2
DURAN ABARCA, Washigton. “El Poder Político y la Propiedad”. Dirección Universitaria de
Biblioteca y Publicaciones de la UNMSM. Lima - Perú. 1979. Pág. 48.
3
FERRERO, Raúl. “Ciencia Política”. Editorial Gráfica DLino's. Lima Perú. 1989. Pág. 68.
México 1954, Pág. 67.

41
personas de existencia ideal, o personas jurídicas". Dicha actuación de
tales personas es generadora de responsabilidades, que todo esto resume
la colectividad social.

Ahora la palabra "Estado" viene del latín status y se define como una
comunidad política desarrollada, de un fenómeno social, el Estado es un
ente jurídico supremo, o algo no visible pero palpable en los sujetos
sometidos a un orden jurídico establecido que nos limita y reconoce
derechos, pero estos derechos es una forma de organización de vida,
porque somos nosotros mismos quienes creamos derechos y limitamos
derechos, y no tan solo como los "otorga" la Constitución de 1917 en su
articulo primero, sino más bien como lo plasma en la de 1857 en su mismo
articulo pero esta "reconoce" y no otorga, esto claro, por la conveniencia
política de aquellos tiempos, entonces tenemos que radicar todo en un solo
ente supremo capaz de autoregularse, por eso de la justificación del Estado.
Del Estado se derivan aspectos secundarios, pero que están sumamente
ligados decretos, etc. y su fuente primaria: la Constitución. Para dar una
definición más adecuada del Estado empezaremos por decir sus elementos,
después el concepto de cada uno de los elementos para después así
unificar todos estos y así tendremos una definición del Estado menos
compleja.

4.1.1. CONCEPTO DEL ESTADO


El Estado, representa un ente político y jurídico que establece reglas
y disposiciones para el desarrollo colectivo. El Estado es una realidad
jurídico-política, resultado de la vigencia de un poder soberano sobre una
población específica en un territorio bien delimitado. Los fundamentos del
Estado lo encontramos en la necesidad que tuvieron los hombres, desde la
Antigüedad de contar con un poder político, debidamente instituido y
legitimado que controlara la vida de los pueblos.
Estamos hablando de un ente político creado por el hombre para la
conducción de la sociedad, para el manejo del poder y para dotar a la
comunidad de las normas y reglas que posibiliten la convivencia pacífica.

42
El Estado es una sociedad humana, asentada de manera
permanente en el territorio que le corresponde, sujeta a un poder soberano
que crea, define y aplica un orden jurídico que estructura la sociedad estatal
para obtener el bien público temporal de sus componentes.

4.1.2. FINES
A. LOS FINES DEL ESTADO
Toda colectividad humana que ha llegado a conformar una
organización social, política y jurídica, conocida contemporáneamente
como estado tiene ineludibles fines que realizar. Los fines del Estado
constituyen "e/ para que existe, su razón de ser, la misión que debe
cumplir, su justificación histórica".

B. EL FIN SUPREMO: EL BIEN COMÚN


a. La expresión "Bien Común" contiene un concepto de gran
amplitud y generalidad. A lo largo de la historia, destacados
filósofos y científicos políticos han especulado y formulado
diversos contenidos para el fin primordial y último del Estado. Así
se han acuñado sucesivamente términos, tales como "interés
público", "paz social", "bienestar colectivo", "interés general", bien
público", etc. Desde Aristóteles empezó a considerar el "bien
común", con el fin mayor y último que el Estado persigue en su
actividad política.
b. En determinado momento se consideró el Bien Común como el
resultado de la suma de todos los bienes individuales; concepción
errónea que no tuvo en cuenta que la suma exige que los
sumandos sean homogéneos, en cuanto a su naturaleza,
mientras que los bienes individuales son de naturaleza
notablemente heterogénea.
c. Mas tarde se postuló que el Bien Común era el bien de las
mayorías de una colectividad nacional, concepción que no resiste
el análisis a la luz de los legítimos derechos de las minorías; los
que serían desconocidos o postergados contradiciendo la idea

43
central de Bien Común, entendido como el bien de todos y no de
una parte de los integrantes de un cuerpo social.

C. DEFINICIÓN DEL BIEN COMÚN

a. Es el Fin Supremo del Estado, considerado como una situación


ideal por alcanzar, de manera que signifique el medio social
propio para la plena realización de la persona humana.

Se reconoce el Bien Común como el Fin Supremo del Estado.


Como situación ideal se caracteriza por un alto grado de progreso
y perfección de la sociedad. Sería utópico referirse a una
sociedad perfecta.

Se condiciona a la plena realización de la persona humana,


objetivando en un estado de cosas que configuran el ambiente
social propicio paira la realización de ella, contenidas en
condiciones altamente óptimas que no solo posibiliten, sino que
las promuevan, protejan y garanticen.

D. LOS FINES ESENCIALES

Del Bien Común tal como lo hemos concebido se desprende que


lo componen dos Fines Esenciales: El Bienestar General y la Seguridad
Integral.

a. EL BIENESTAR GENERAL

Es una situación en la cual las necesidades espirituales y


materiales de la persona humana se satisfacen en forma
adecuada y oportuna.

b. LA SEGURIDAD INTEGRAL

Es una situación en la cual el Estado tiene garantizada su


existencia, la integridad de su patrimonio, sus intereses
nacionales; así como su soberanía e independencia; entendida

44
ésta como la facultad de actuar con plena autonomía en el campo
interno y libre de toda subordinación en el campo externo,

c. LA SEGURIDAD INTERNA

Está orientada a preservar a la colectividad nacional de los


peligros que contra su supervivencia, autonomía, integridad y
logro del Bienestar General, pueden surgir en el interior de un
Estado.

d. LA SEGURIDAD EXTERNA

Se dirige al cautelamiento de la existencia, soberanía,


independencia e integridad del Estado frente a las oposiciones,
amenazas o presiones que surgen en el campo externo.

4.2 LA ESENCIA Y TIPOS DE ESTADO.


Los Estados con el tiempo se han clasificado en los siguientes:
4.2.1. LOS PRIMEROS ESTADOS
Surgieron a partir de la evolución de una situación primitiva, pasando
en algún momento determinado de su propio desarrollo, automáticamente y
sin influencia extranjera de un grado de organización política no estatal al
Estado. Es el caso de la Antigua China, de Mesopotamia, Egipto, Cusco y
Mesoamérica (Mayas, Aztecas)4.

a. ESTADO MONÁRQUICO

La Monarquía, forma del Estado en la que una persona tiene


derecho a reinar como cabeza del mismo, en general por vía hereditaria,
con carácter vitalicio. El poder del rey puede ser absoluto o estar muy
limitado, como es usual en las monarquías actuales sometidas a
regulación constitucional en la mayoría de los casos. El nombre con que
gobiernan varía según las zonas y las estructuras jurídicas de su

4
GONZALES URIBE, Héctor. “Teoría Política”. Edit. Porrua S.A. Mexico. 1989. Pág. 56.

45
gobierno (reyes y reinas, emperadores y emperatrices y zares y
Káiseres)5.

b. ESTADO REPUBLICANO
República (del latín res publica, `la cosa pública`), forma de
Estado basado en el concepto de que la soberanía reside en el pueblo,
quien delega el poder de gobernar en su nombre a un grupo de
representantes elegidos. En la práctica este concepto ha sido, sin
embargo, ampliado, distorsionado y corrompido de diversas formas, por
lo que se hace difícil dar una definición unívoca del término. Para
empezar, es importante diferenciar entre república y democracia. En el
estado republicano teórico, en el que el gobierno se convierte en
portavoz de los deseos del pueblo que lo han elegido, república y
democracia pueden ser dos conceptos idénticos (existen también las
monarquías democráticas). Pero las repúblicas que se han dado a lo
largo de la historia nunca se han ajustado a un único modelo teórico, y
en el siglo XX la república ha servido de forma de Estado a regímenes
democráticos pero también a regimenes de partido único y dictaduras.
En realidad, la república ha pasado designar a todo Estado cuya jefatura
es responsabilidad de un presidente, o figura similar, y no de un
monarca.

c. ESTADO IMPERIAL.
Organización política en la que un Estado extiende su poder sobre
otros países: el imperio austro-húngaro. Es el conjunto de los Estados
sometidos a un emperador: el imperio romano.
También se le puede definir como el espacio de tiempo que dura
el gobierno de un emperador: aquello sucedió durante el imperio
napoleónico.
d. EL ESTADO MODERNO
Una de las principales interrogantes a resolver con respecto a
este tema es ¿Por qué surge el Estado moderno? De acuerdo con
Hermann Heller, para que apareciera el Estado tuvo que haber en primer
5
Serra Rojas, Andrés, Teoría del Estado, Editorial Porrúa, México 1993. Pág. 48

46
lugar, una división del trabajo. Pero así mismo, tuvo que haber
interdependencia y cooperación. El Estado moderno aparece cuando se
han producido en Europa las siguientes causas:

1. El Renacimiento
2. La Reforma protestante
3. La expansión geográfica y sus descubrimientos

Y su principal característica es la clara división del poder que


opera en su estructura, por lo cual los mecanismos de control, vigilancia
y fiscalización se encuentran maximizados ya que por lo general hacen
suyos los prjncipios democráticos.

4.3 LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO.


4.3.1. PUEBLO
Se entiende como tal al compuesto social de los procesos de
asociación en el emplazamiento cultural y superficial, o el factor básico
de la sociedad, o una constante universal en el mundo que se
caracteriza por las variables históricas. El principal valor del pueblo está
en su universalidad. No habrá Estado si no existe el pueblo y
viceversa.
El Pueblo es el elemento más importante del Estado, porque de
él emana el poder y a la vez constituye el ámbito social de aplicación
de éste, de validez al ordenamiento jurídico y es el destinatario del Bien
Común.
Es el elemento humano del Estado constituido por el conjunto de
personas unidas por un vínculo jurídico – político sustentado en valores
comunes históricamente compartidos”. El pueblo es el elemento más
importante del Estado porque de él emana el Poder.

Es el conjunto de habitantes que radican en el territorio patrio,


teniendo la denominación común de peruanos. Al respecto de la actual
Constitución en el Art. 52 establece “Son peruanos por nacimiento los
nacidos en el territorio de la República. También lo son los nacidos en

47
el exterior de padre o madre peruanos, inscritos en el registro
correspondiente durante su minoría de edad”.

Son asimismo peruanos los que adquieren la nacionalidad por


naturalización o por opción, siempre que tengan residencia en Perú.

La población peruana está unida por vínculos:

(1) HISTÓRICOS :

Que nos ligan al pasado y a la forma y manera cómo hemos ido


evolucionando hasta el presente.

(2) IDIOMÁTICOS :

Lengua o habla que hemos cultivado y cultivamos en nuestro


desarrollo social. En este caso el castellano, quechua, aymará y
otros idiomas y dialectos aborígenes.

(3) COSTUMBRES Y TRADICIÓN :

O modo de desenvolverse particular de los pobladores de las


localidades y regiones que integran el país.

(4) RELIGIÓN :
Sistema de culto predominantemente católico y que se mezcla
con las creencias de los pueblos de ideología y fe ancestral
vinculados al pasado aborigen.

(5) TERRITORIAL:
Representado por el suelo común en que habitamos y en el
que desenvolveremos nuestras actividades.

6) ÉTNICO-CULTURALES :
Que es la expresión de nuestra raza predominantemente
mestiza y la manera de hacer y trabajar creando formas espirituales
como: arte, ciencia, pensamiento, etc que otorgan singularidad al
carácter de nuestra población.

48
4.3.2 PODER
Es el elemento formal o jurídico del Estado. Es la potestad o
facultad delegada, independientemente pero limitada de la que dispone
para ejercer su autoridad, organizar y conducir la vida social, política y
económica de la Nación, incluyendo el uso de la fuerza coactiva.
Es la capacidad o autoridad de dominio, freno y control a los seres
humanos, con el objeto de limitar su libertad y reglamentar su actividad.
Este poder puede ser por uso de la fuerza, la coerción voluntaria, o por
diversas causas, pero en toda relación social, el poder presupone la
existencia de una subordinación de orden jerárquico de competencias o
cooperación reglamentadas. Toda sociedad, no puede existir sin un
poder, absolutamente necesario para alcanzar todos su fines
propuestos.

Es la parte formal o jurídica del Estado. Es la potestad o facultad


delegadas para gobernar, limitada por la ley.

Es la forma cómo se organiza jurídicamente el Estado para ordenar,


mandar y ejecutar en procura del bienestar de la nación o población. El
gobierno se ejerce a través de los poderes del Estado y las autoridades
libre y legítimamente elegidas. Existe, pues, una delegación de facultades
de la población hacia quienes van a gobernar. Estos en consecuencia,
deben corresponder a las justas expectativas de quiénes los han elegido.
Al mismo tiempo, la población nacional debe estar atenta al actuar de sus
gobernantes y solicitar, según mandato constitucional, su remoción o
cambio cuando fuere necesario. Algunos tratadistas consideran el
ordenamiento jurídico como elemento del Estado. Evidentemente que es,
pero esto va implícito cuando afirmamos que el Estado se organiza
“jurídicamente” para gobernar.

a. CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES:
1) Abarca a toda la sociedad que vive en el territorio del Estado.- Es
un poder sobre toda la comunidad. Ninguna organización tiene tal
extensión en la capacidad de decidir sobre los comportamientos
sociales. El poder del Estado obliga a todos los que vivan en él,

49
cualquiera sea su origen, incluso nacionalidad, religión, cultura ,
situación económica o cualquiera que sea la consideración que
para si pretenda el hombre que vive en esa nación.

2) El Poder del Estado es omnicomprensivo.- A diferencia de los


otros poderes, en que cada organización sólo puede referir sus
órdenes a un espectro de la actividad personal. El Estado puede
referirse a toda manifestación del ser humano, y como fenómeno
de poder, inclusive está en capacidad de exigir posiciones hasta
en lo personal. Que esto tenga o no aceptación, que sea legítimo
o no, es otro problema, pero que el Estado puede dictar esa
norma, en efecto, puede.
3) El Poder del Estado es coercible.- Esto le permite que las órdenes
que dicta, sean exigibles por la fuerza física como consecuencia
del monopolio que el Estado tiene en la sociedad moderna.
4) La soberanía.- Es la capacidad que tiene el Estado para decidir lo
conveniente sin aceptar órdenes de nadie y sin estar subordinado
a ningún otro sistema normativo.

4.3.3. TERRITORIO
Es el elemento natural o físico del Estado. Puede ser definido
como la porción del globo terráqueo sobre el cual el Estado ejerce su
soberanía. Comprende la superficie del suelo, el subsuelo, las aguas
fluviales lacustres y el mar adyacente, el fondo marino y el espacio aéreo
que los cubre.

Es el último elemento constitutivo del Estado. Francisco Pérez


Porrúa lo considera como el elemento físico de primer orden para que
surja y se conserve el Estado, pero agrega “La formación estatal misma
supone un territorio. Sin la existencia de éste no podrá haber Estado”.
Según Ignacio Burgoa, el territorio es el espacio dentro del cual se ejerce
el poder estatal o “imperium” . Como esfera de competencia el Estado
delimita espacialmente la independencia de éste frente a otros Estados,
es el suelo dentro del que los gobernantes ejercen sus funciones”.

50
En este concepto cabe hablar de la Soberanía, que es la
determinación incondicionada e incondicionable de organizarse política,
social y económicamente y de emplear sus recursos en la forma que
considere más conveniente para el logro de los fines que justifican su
existencia.

Es el componente natural o físico del Estado. Es el área territorial


sobre la cual el Estado ejerce su soberanía.

El territorio es el espacio geográfico delimitado dentro del cual se


ha organizado jurídicamente la población. Comprende: “El suelo,
subsuelo, dominio marítimo y el espacio aéreo que lo cubre. Es
inalienable e inviolable”. (Art. 54º de la Constitución).

El suelo y el subsuelo nos proporcionan bienes y riquezas que al


ser aprovechadas sirven para satisfacer las necesidades del pueblo
peruano.

El dominio marítimo comprende el mar adyacente a nuestras


costas, así como su lecho y subsuelo hasta una distancia de 200 millas
marítimas. Esto ha dado origen al Mar Territorial del Perú, ahora
denominado Mar de Grau, que fue establecido por decreto supremo el
primero de agosto de 1947.

Sobre su territorio el Estado ejerce plena soberanía, es decir, la


capacidad de organizarse de manera autónoma e independiente, sin
intervención ni injerencia externa, sino de acuerdo a la voluntad popular.
Por esto mismo, el Estado ejerce soberanía y jurisdicción sobre el
espacio aéreo y el mar adyacente sin perjuicio de las libertades de
comunicación internacional.

51
La jurisdicción, es la facultad del Estado para aplicar su cuerpo
jurídico de leyes y normas en el territorio nacional, a hacer prevalecer
sus derechos en todo aquello que comprometa los sagrados intereses
del país.

El territorio nos otorga, además, el valioso sentimiento e idea de


Patria como heredad nacional, comprendida y valorada con el accionar
de quienes nos antecedieron y trabajaron sobre este suelo, se inmolaron
y sacrificaron en su defensa o difundieron su grandeza en los confines
del concierto mundial.

1. CARACTERÍSTICAS:
(a) UNIDAD
No puede haber varios territorios en un mismo Estado.

(b) INDIVISIBILIDAD
El territorio del Estado no puede dividirse y alienarse o entregarse
a otras entidades o a otros Estados

(c) INALIENABILIDAD.
El territorio del Estado es inalienable. La enajenación sólo se
concibe en el Derecho Privado, en cuanto a los productos de la
actividad humana que tienen un valor de comercio y de cambio. El
Territorio nacional está fuera del comercio humano. Tampoco se
concibe la enajenación en Derecho Público, la soberanía no
puede cederse ni donarse y cualquier acto de esa índole sería
nulo e inexistente en Derecho.

(d) IMPENETRABILIDAD
El territorio de un Estado, se caracteriza porque en su
extensión sólo es aplicable la soberanía de un centro de poder, y
se prohíbe que los demás Estados desarrollen actos de coacción.

2. Funciones:
a. Brinda asiento a la población.- En el territorio vive la población
que conforma un Estado. Claro que hay miembros del Estado que
viven fura del territorio como los diplomáticos, o hay extranjeros

52
que sin conformar parte del pueblo del Estado, habitan en el
territorio de éste, pero ello es una excepción. En él desarrolla sus
actividades y programa su existencia. De este territorio extraen lo
necesario para vivir o realizan las tareas que le permitan el
sustento.
b. Es la base para la aplicación de las órdenes y normas emanadas
del centro de poder.-El territorio delimita el ámbito donde debe de
cumplirse con el ordenamiento que formula el centro del poder del
Estado. Fuera de sus fronteras la coercibilidad, que es una de las
características de la voluntad estatal, no existe. El territorio, en
consecuencia sirve como campo de aplicación del poder y como
asiento de la sociedad de un Estado.

4.4 LAS FUNCIONES DEL ESTADO


El Estado Peruano tiene obligaciones para con su población, las
mismas que están consignadas en el Art. 44º de la Constitución Política ;
y son :

a. DEFENDER LA SOBERANÍA NACIONAL


Esto significa que el Estado debe velar y garantizar nuestra
integridad territorial, no permitiendo que potencias o elementos
externos pretendan apropiarse de parte de nuestro suelo, que no se
exploten nuestros recursos por empresas extranjeras , sino en
condiciones de equilibrio que favorezcan a nuestros intereses, es ,
además, rechazar cualquier injerencia exterior en las decisiones que
sólo a nosotros nos compete; es determinar nuestra propia
organización afirmando nuestra independencia, soberanía y
personalidad que, como Estado, nos corresponde dentro del contexto
mundial.

Es, también , y dentro de un plano interno, defender las


instituciones que integran el Estado; afirmar el sistema democrático
respetando la voluntad popular; velar por el imperio del estado de
derecho; afirmar su representatividad frente a cualquier intento

53
desestabilizador que quisiera surgir promovido por individuos o
grupos que atenten contra el Orden Interno de la Nación.

b. GARANTIZAR LA PLENA VIGENCIA DE LOS DERECHOS


HUMANOS
Ya se ha establecido que los derechos humanos son facultades
inherentes a la persona, para exigir y demandar ante la sociedad y el
estado, se les permita desarrollarse y realizarse dentro de un
ambiente de respeto, paz y seguridad públicas. Inscritos y aprobados
en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por la III
Asamblea de la ONU, del 1º de Diciembre de 1948, fueron
incorporados a nuestra legislación en Diciembre de 1959. Nuestra
actual Constitución los contempla en el Art. 2º incisos 1 al 24.

c. PROMOVER EL BIENESTAR GENERAL


Que es la situación de tranquilidad y confort que se tiene al
disponer de los elementos suficientes para satisfacer nuestras
necesidades vitales. Esto no es fácil de conseguir, de allí, que es
deber primordial del Estado, promover la búsqueda de este bienestar
basado en la justicia y en el desarrollo equilibrado e integral del país.
Esto significa contar con una remuneración en el trabajo justa y
equitativa, libre de explotación; otorgar fuentes y capacidad laboral
para la masa trabajadora a fin de que cuente con disponibilidad para
conseguir este ansiado bienestar; desterrar la miseria, el desempleo
,buscar sacar de la pobreza al país, propiciar una justa distribución de
la riqueza y que ésta llegue a la mayoría poblacional.

También significa, promover el desarrollo equilibrado en la


economía del país. Descentralizar los organismos que producen y
controlan a esta economía; mirar a las regiones, a los polos de
desarrollo. Otorgar igualdad de condiciones y prioridades a efecto de
lograr un desarrollo competente y armónico en todas las esferas del
territorio nacional, sin privilegios ni exclusividades, puesto que el

54
Estado es un todo orgánico y su progreso y desarrollo depende del
funcionamiento de sus partes, esto es, de las distintas áreas del país.

d. ESTABLECER Y EJECUTAR UNA POLÍTICA DE FRONTERAS


Las fronteras marcan los límites de la patria y demarcan la
integridad territorial; nos permiten una relación inmediata con los
países vecinos. Es deber del Estado implementar y llevar a efecto una
política de fronteras de tal manera que ellas se integren , activamente
a la vida nacional. Estas zonas son, por lo general, áreas geo-
económicas con potencial de recursos y riqueza; existe, por tanto, la
necesidad de vincularnos a ellas, a través de carreteras y otro tipo de
vías de comunicación; crear zonas comerciales, abrir escuelas,
hospitales, centros asistenciales de tal manera que los pobladores,
que han mostrado su nacionalismos a toda prueba, se sientan más
arraigados y compenetrados con nuestro quehacer y devenir histórico,
al tiempo que les proporcionamos seguridad y confianza si, llegado el
caso, se presentar la oportunidad de defender nuestra soberanía
territorial.

e. PROMOVER LA INTEGRACIÓN, PARTICULARMENTE, LA


LATINOAMERICANA.
Este es un viejo anhelo, que data desde el momento en que los
países de esta parte del continente se estructuraban como repúblicas
libres del colonialismo español. Los pueblos de América mestiza
sienten la necesidad de integrarse, sino políticamente, cuando menos
en el aspecto económico, porque entienden que, así, en conjunto,
podrán satisfacer mejor sus necesidades y requerimientos. Establecer
mercados de compensación, pactos y tratados regionales, nivelación
o liberación de aranceles para comercializar mejor y más ágilmente
los productos; todo ello llega a promover la integración. Ya hay
evidencias de esto, tal es el caso del Pacto Sub-Regional Andino,
Tratado de la Cuenca del Plata, Tratado MERCOSUR, el de los
países de Centro América y el Caribe, etc.

Bibliografía específica:

55
ENGLES, Federico Origen de la familia, de la propiedad y del Estado.
Edit. CLARIDAD, Bs. As. 6ta. Edic. 1957.
SILVA SANTISTEBAN L. Fundamentos de la Ciencia Politica. Univ. Lima 1986
Leer el Cap. II.
BOREA ODRIA, Alberto Los elementos del Estado moderno. Edit. Hochman
Internacional S.A. Lima 1994.
ZHIDKEV Y OTROS Teoría del Estado y el Derecho. Edit. STAR Leer
Cap. II.
BAZAN SALVADOR, O. Ciencia Política: Teoría del Estado. EDIGRABER.
Lima Primera Edic. 2001 Leer Cap. IV.

AUTOVALUACIÓN FORMATIVA Nº 02

1. Objeto y Métodos de la Ciencia Política.


2. Bosquejo de la Evolución de la Ciencia Política.
3. Origen y Concepto de Estado.
4. Elementos Constitutivos del Estado.

Tercera Semana:
III. UNIDAD EL PODER POLÍTICO.

56
5.1 ORIGEN DEL PODER
SEGÚN RAÚL FERRERO REBAGLIATTI, de acuerdo con el citado
autor: “La primera necesidad es subsistir, lo que implica alimentarse y
resistir a los vecinos. Ello no se logra sin un mínimo de cohesión. La
formación del Estado (máxima forma de concentración del poder) obedece
a una inclinación de la naturaleza humana y ha sido admitida en todo
tiempo por la razón como algo conveniente y necesario. Una fuerza
organizada, ejercida por una autoridad superior a todos y que mira el bien
común, es evidentemente preferible a las fuerzas particulares, dispersas y
antagónicas, que emplearían los hombres si el Estado no existiera. El
conflicto de intereses y el contraste de apetitos y pasiones, que son la
entraña misma de la vida, hacen quimérico pensar en la conciliación
espontánea. Si se ensayara la anarquía como forma de la vida legítima,
inspirada en la creencia de la bondad universal, el resultado sería la
imposición despótica de un hombre o de un grupo. El orden social que la
historia de la humanidad patentiza nos indica que la sociedad ha optado
entre una sociedad de anarquía, librada al abuso de los más fuertes, y una
situación de autoridad, con imperio de la fuerza pública que el Estado
emplea para proteger a todos los asociados. La sociedad ha escogido
siempre el gobierno que asegura un orden. (...)
Lo cierto es que la necesidad del poder se confunde con la necesidad
del estado, pues su triple función de dirección, especialización y coacción
es lo que determina y mantiene el hecho Estado, que perfecciona la
sociedad, la estructura conscientemente y la domina. La unidad social
previa al Estado nace por obra del poder y de la convivencia”.

SEGÚN ALBERTO MALPARTIDA MANSILLA, de acuerdo con éste


autor: “El origen del poder, se distingue entre el absoluto y el histórico. El
absoluto se refiere a los motivos por el cual existen los seres humanos que
tienen autoridad y mando precisando las razones. El histórico a las
circunstancias por lo que surgió este poder sean o no legítimos, es decir
legal o constitucional y de facto o por la fuerza según sea el caso. Para
Jellinek existen doctrinas que tratan de probar la necesidad de Poder del
Estado, partiendo de situaciones religiosas, físicas, jurídicas, morales y

57
psicológicas. Enúnciase también a la fuerza como explicación del origen del
poder. En esta clasificación tenemos entre los que más trascendencia
alcanzan, al marxismo, que indicaba que el Estado era el mecanismo que
usaba una clase dominante para explotar a las demás clases inermes
constituidas por el proletariado. Hay otro grupo de pensadores que refieren
también en este tema a la fuerza, pero lo mencionan sólo como una
creadora por reacción del estímulo que mueve a la aparición del poder, que
en definitiva surge mediante otro camino. En consecuencia no es fácil
encontrar expositores que funden la legitimidad del poder tan solo en la
fuerza, quizás en muchas obras aparezca ello como un presupuesto, pero
en pocas se les enuncia en forma clara y terminante. Hay doctrinas que
consideran que el poder surge como consecuencia de las necesidades de la
vida o de la naturaleza del hombre. Platón y Aristóteles, entre los antiguos.
Hegel y Heller entre los más cercanos son un buen ejemplo de estas
opiniones. En alguna medida estas explicaciones se encuentran también en
muchas de las doctrinas religiosas así como en los contractualistas.
(...) El poder que interesa se manifiesta únicamente en el ámbito de
la libertad humana y en la relación del hombre con sus semejantes. Pero
aún cabe otra distinción y es el que actúa no sobre la facultad de deliberar
sino sobre la decisión que es lo que diferencia el poder del consejo. En este
último caso, según se advierte no hay una energía que obre sobre la
facultad de hacer y que ponga al destinatario en la disyuntiva de cumplirla o
no, sino que lo hace en forma tal que procura que el propio agente por si
haga lo que el consejero pretende. Con lo cual agregamos a lo que tenemos
dicho precedentemente que esta energía actúa sobre el poder de decisión
del destinatario.”

5.2 CONCEPTUALIZACIÓN DEL PODER.


Según FELIPE ORTIZ DE ZEVALLOS M., el poder se puede
definir como la capacidad para lograr obediencia, constituye un error,
que crea confusión, llamar autoritarios a los gobiernos de fuerza, porque
autoridad y fuerza no son sinónimos sino antónimos.

58
Para ARNOLD BRECHT, La palabra PODER designa siempre la
posibilidad de imponer la propia voluntad y anular planes contrarios a
ella, pero no expresa unívocamente cuales son los medios y los fines por
los cuales se busca y utiliza esa posibilidad. Por lo que hace a sus
fuentes, el poder puede basarse en circunstancias muy diversas, o
proceder de ellas, como por ejemplo:

a. De la fuerza bruta o del efecto intimatorio de ella;


b. Del prestigio o del a autoridad, conseguidos de un modo
legítimo ,
c. De los medios financieros que dan a su propietario la
posibilidad o el poder de comprar en el mercado todo lo
que quiera.
d. Del atractivo personal, la personalidad fascinadora, el
carisma, el amor (fenómenos que pueden tener a su voz
origen en muy diversos factores, como la hermosura,
las cualidades intelectuales, la agilidad de espíritu, la
popularidad, o aquel algo indefinido al que se da el
nombre de encanto personal).
Todo esto es o da poder. Aquí es fundamental la distinción entre
el poder jurídicamente fundado y capacitado para emitir prescripciones
jurídicamente válidas, y el poder de hecho que consiste en tener
influencia sobre ese poder jurídico, o poder oponerse a las normas
sentadas por dicho poder.

CARRE DE MALBERG, en su “Teoría General del Estado” al


referirse al a distinción entre poder, sus funciones y sus órganos, dice
que está distinción tan sencilla está oscurecida, desgraciadamente, por
el lenguaje usado en materia de poder, lenguaje que es completamente
vicioso. En la terminología vulgar y hasta en los tratados de Derecho
Público, se emplea indistintamente la palabra poder para designar a la
vez, sea el mismo poder o sus funciones o sus órganos. Dicha
terminología ilógica y equívoca es peligrosa, pues, su naturaleza suscita
y mantiene numerosos malentendidos en esta materia. Un lenguaje claro
y preciso es la primera condición de todo estudio científico.

59
Para ROBERTH DUBIN, el concepto de poder es usado
universalmente para describir relaciones humanas. Sin embargo, es una
de las ideas menos comprendida y es un concepto acerca del cual
existe, relativamente, poco acuerdo, pero continua el mismo DUBIN ,
podríamos expresar que existe poder “ al hacer que las cosas se hagan“.

La características fundamental de la sociedad, es que ordena las


relaciones entre los individuos, entro los individuos y los grupos y entre
los grupos. Los grupos y los individuos no se internacional al azar; la
interacción esta estructurada y organizada. El elemento que esta tras
estos sistemas de interacción organizada es el poder. El poder esta
atrás de toda asociación y sostiene su estructura. Sin poder no existe
organización y sin poder no existe orden.

El poder en resumen, es un fenómeno universal en las sociedad


es humanas y en todas las relaciones sociales. Debemos dejar sentado
que le poder no es una fuerza y el poder no es una autoridad, sin
embargo, está íntimamente relacionado con ambas y puede ser definido
en término de ellas.

ROBERT BIERSTEDT, propone tres definiciones y analiza sus


implicaciones y son:

1. EL poder es una fuerza latente;


2. La fuerza es la manifestación del poder ; y
3. La autoridad es un poder institucionalizado.

Los dos primeras de estas proposiciones puede ser consideradas


juntas.

Parecen se, por supuesto , definiciones circulares, y de, hecho, lo


son.

Para el peruano ENRIQUE GHERSI es el poder, en último


termino, el elemento que subyace en el funcionamiento general de las
sociedades, y, agrega que FABRIZZIO ONOFRI escribe con belleza y
precisión que “Solo el poder y nada más que el, determina el

60
comportamiento de una sociedad, porque el poder ésta en la base de
todas las relaciones sociales.”

SEGÚN RAUL FERRERO REBLAGLIATTI, señala el autor que el


poder es “(...) la facultad de gobernar, de dictar reglas a la conducta
ajena. Al abordar el presente estudio, comprobamos que el poder es
inherente a la naturaleza humana y que el estado, en un primer aspecto,
es institucionalización del poder.

El Poder es la energía organizadora de la vida social. Hauriou lo


define como “una energía de la voluntad” que asume el gobierno gracias
a su superioridad, para asegurar el orden y crear el derecho. Ello
significa que la aptitud para el mando y la vocación de poder son
cualidades naturales del espíritu, que corresponden a personas dotadas
de ascendiente. Acertadamente, M

Meinecke define el poder como un impulso de intensificación de la


personalidad.

Para Bourdeau, el Poder es una fuerza al servicio de una idea.


“Es una fuerza nacida de la voluntad social preponderante, destinada a
conducir el grupo hacia un orden que estima benéfico y, llegado el caso,
capaz de imponer a los miembros los comportamientos que esta
búsqueda exige”. La coacción que el poder ejerce en todo grupo social,
así como el derecho de la colectividad a imponer normas, constituyen
hechos evidentes y constantes, más allá de las justificaciones que se
buscan para razonarlos. La fuerza de que dispone el estado es tan
ostensible que domina por simple demostración, sin que el poder
necesite recurrir a ella en la generalidad de los casos6.(...)”

SEGÚN ALBERTO MALPARTIDA MANSILLA, la definición de


poder viene dada por considerar a éste como: “...la facultad que tiene
una persona o un grupo de personas de obligar a otra u otras a realizar
6
Ferrero Rebagliatti, Raúl. Ciencia Política. Editorial Grijley. Lima 2000. págs.. 21 al 23.

61
un procedimiento o conducta”. En ese sentido este poder viene
determinado por una facultad, una autorización, una previsión de
posibilidad otorgada por quien es legítimamente poseedor de él. El
concepto de legitimidad se hace importante en la conceptualización de
poder de Malpartida Mansilla, ya que hace alusión a una facultad o una
permisión, una colectivización de ciertos aportes individuales o cuotas de
poder.

Con respecto a la NATURALEZA DEL PODER, según RAÚL


FERRERO REBAGLIATTI, el poder comporta dos elementos:
dominación y competencia. Este último determina que normalmente el
poder sea obedecido sin recurrir a la coacción. En cuanto idea, el poder
pertenece al mundo del espíritu, a diferencia de la fuerza, que pertenece
al mundo físico. Tiene el poder quien sabe ofrecer al hombre motivos
eficaces del obrar; posee la fuerza quien dispone de armas ante las que
desparece toda resistencia, dice Mayer. El poder puede existir sin la
fuerza, así como la fuerza puede carecer de poder. La Iglesia , que
carece de medios de compulsión material, ejerce un poder evidente
sobre sus creyentes y sobre la sociedad en general; inversamente, un
gobierno de ocupación detenta la fuerza, pero carece de poder. El poder
precede al derecho positivo, pues establece el Estado y éste se organiza
y consolida mediante normas jurídicas.

No cabe explicarse la vida social sin analizar el impulso de poder,


ya que la historia nos prueba que la voluntad de dominio es una de las
fuerzas más constantes en la dinámica social y seguramente la de
mayor expansión. Sociológicamente, el poder es la aptitud de un
individuo o de un grupo para realizar su voluntad, para exigir
colaboración de los demás individuos o grupos.

La voluntad de poder, verdadera libido dominandi, significa la


ambición de un hombre, de un sector o de un pueblo. El temperamento
político aspira a ocupar el escenario, a dominar o cuando menos
sobresalir, y constituye la motivación impura de los grandes

62
SEGÚN ALBERTO MALPARTIDA MANSILA, al desarrollar su
idea de origen del poder, citando a autores trascendentales aborda
también su naturaleza, en los siguiente términos: “Platón, por ejemplo,
en su obra “La república” indica:”lo que da origen a la sociedad no es la
impotencia en que cada hombre se encuentra da bastarse y la
necesidad de muchas cosas que experimenta ¿Hay otra causa:...Así es
que habiendo la necesidad de una cosa obligada a un hombre a unirse a
otro hombre y a otra necesidad a otro hombre , la aglomeración de estas
necesidades reúne en una misma habitación a muchos hombres con la
mira de auxiliarse mutuamente y a esta sociedad hemos dado el nombre
de Estado”. De modo que las necesidades de los hombres, por sí
mismos, son los que motivan el establecimiento del poder.

Aristóteles por su parte dice en su obra La Política: “...el Estado


es un hecho natural y el hombre es un ser naturalmente sociable, que el
que vive fuera de la sociedad es ciertamente o un ser degradado o un
ser superior a la especie humana” con lo que resulta aquí, que en la
propia naturaleza del hombre es donde se encuentra el origen del
Estado y por consecuencia del poder.

Hegel, piensa que la autoridad del estado no depende de un


capricho, teniendo al contrario un carácter incondicional es un fin en sí
superior a todos los demás. El Estado es la realidad de la idea ética, el
espíritu en tanto voluntad sustancial. Es así que es una realidad práctica
y que el más alto deber del individuo es integrarlo. Considera Hegel al
estado el sumo grado y que la evolución dialéctica alcanza el espíritu
objetivo y le atribuye el valor de realidad de la idea moral.

Concluyendo con las explicaciones psicomorales y al mismo


tiempo con las doctrinas justificatorias del poder Herman Heller indica:
“la institución estatal se justifica pues por el hecho de que en una
determinada etapa de la división del trabajo y del intercambio social la
certidumbre. Del mismo modo que el aumento del tráfico y el tránsito

63
hasta un cierto grado reclama una regulación e incluso un
reordenamiento de los servicios de policía de tránsito, así también el
desarrollo de la civilización hace preciso una organización estatal cada
vez diferenciada para el establecimiento, explicación y ejecución del
Derecho. En estos casos nace del hombre mismo ero no como
consecuencia de un acto contractual sino en razón de las propias
necesidades o tendencias de aquél.”

5.3 FORMAS DE EXPRESIONES DEL PODER POLÍTICO.


Según J. BLANCO ANDE, en los términos, poder y política conviven
mutuamente involucrados, en tanto y en cuanto que la política no existe sin
poder, y el poder se decanta prioritariamente como un concepto ante todo
político, por ello, es ponderado reconocer, como lo dicen R.E. Dowse y J.A.
Hughes, que “La política hace referencia al poder; que hay política allí
donde existen diferencias relativas de poder o autoridad. El poder, existe en
todas las sociedades, y si hacemos equivalentes política y poder, entonces
la política es también endémica a la vida social.”.

En el contexto de la moderna politología, ¿Qué papel le corresponde


la termino poder político? Entendemos que su noción, según J. Bentham,
“no es mi mas ni menos, que un hábito y una disposición a la obediencia
(hábito, cuando la referimos a actos pasados; disposición, cuando nos
referimos al futuro”. Este concepto implica:

- Conquista la conservación y el ejercicio del poder constituyen el tema y


el fundamento del “mundo de la política.

- El Poder Político es la relación entre el mando y la obediencia.

- El Poder Político como sustantivo o material requiere el uso o la


amenaza del uso de la coacción material osea la fuerza física para lograr
obediencia

- El Poder Político como Poder relativo, trata de coacción que no sea


simplemente física, sino mas bien una cuestión de INFLUENCIA

- El Poder Político es la capacidad de “A” de lograr que “B” actúe de


acuerdo con sus deseos----aun cuando a veces “B” no quisiera hacerlo.

64
- El Poder Político se relaciona íntimamente con el poder económico.

- La “Autoridad es algo que acompaña el Poder Político

- La autoridad política puede entenderse como “Legitimada”.

- Cuanto menor es la legitimidad de un régimen político(o gobernante),


mayor coacción necesitara para hacerse obedecer.

Entre las expresiones del Poder Político tenemos:

5.3.1. EL PODER ESTATAL

Para J. BLANCO ANDE, poder y Estado son términos


interrelacionados obligados a convivir juntos. El poder encuentra en la
sociedad política el marco más adeucado para su ejercicio y para su
desarrollo. El estado necesita del pode para organizarse, para mantener el
orden y en definitiva, subsistir. El Estado sin poder se convierte en un ente
inerte, vacío de sustancia, en un no Estado, por eso el poder es el requisito
“sine que non” para la existencia de la máquina estatal, y, como dice
M.FRAGA IRIBARNE,” Donde está el Estado está el poder. Este poder es
esencialmente uno, y su misión mas importante es la de legislar. En este
punto está de acuerdo Santo Tomás y Suarez. En definitiva, resulta que el
poder, es la fuente de todo el Derecho Positivo, y que a su vez esta basado
en el Derecho Natural. Y así llegamos a un auténtico concepto del poder de
derecho, puente unificado del mundo jurídico – político”.

La temática del binomio Poder y Estado tiene excepcional interés,


tanto para le estudioso de la politología, como para el simple espectador de
la vida misma.

El poder en el Estado es un atributo absolutamente imprescindible


para la existencia y supervivencia de la sociedad, toda vez que esta no
puede desarrollar su actividad, ni hacer cumplir las leyes, ni sancionar los
delitos, ni garantizar el orden ciudadano, ni oponerse por la fuerza a un
presunto rival que pretende apoderarse de su territorio, si no tiene la espada
del poder. La cuestión del poder en el Estado, tiene sus precedentes en la
“potestas” romana, la regalías fuedales y los poderes del constitucionalismo

65
decimonónico; así pues, no nos enfrentamos con un tema abstracto, sino
con uno de los resultados de la cultura occidental en su devenir histórico.

5.3.2. PODER DE POLICÍA

Para CHARLES EVANS HUGHES, en su obra “ La Suprema Corte


de los Estados Unidos” define el poder de la policía como el poder de velar
por la salud, la seguridad, la moral y el bienestar del pueblo. De modo
general se extiende a todas las grandes necesidades públicas.

Para BRANDAO CALVALCANTI T, el poder de policía no se puede


definir de manera rígida, y así lo reconocen los autores que más
profundamente estudiaron este asunto. Incluye todas las restricciones
impuestas por el poder público a los individuos, en beneficio de los
intereses colectivos, salud, orden público, seguridad y además los intereses
económicos y sociales. En otras palabras es la disciplina de las actividades
individuales impuesta por la colectividad, cuyos derechos deben ser
respetados por los individuos.

El Estado es valor axiológico, juricidad y poder, en otras palabras es


la institucionalización del poder en base a estos tres elementos. En toda
acción social observamos que la ausencia de una buena administración
implica el desorden. Es pues por lo tanto indispensable promover este
orden mediante la dación de dispositivos legales que dirigen un
comportamiento adecuado a este ordenamiento legal, para el efecto es
imprescindible contar con un poder, SANTO TOMAS DE AQUINO, en la
“Suma Teológica”, se preguntaba: si la autoridad sería necesaria en una
sociedad compuesta por seres perfectos, y se respondía: “la vida en una
sociedad numerosa no es posible sin un jefe que vele por el bien común,
librado a ellos mismos, hombres distintos tienden a cosas distintas”.

En consecuencia todo gobierno requiere de un poder que dirija y tome


las decisiones pertinentes y adecuadas a las necesidades de orden y
seguridad en su comunidad.

66
Para que estas decisiones se cumplan en determinadas circunstancias
deberá disponerse su empleo compulsivo, empleándose la fuerza y
coacción racional a fin de que sus mandatos que debe ser imperativos se
cumplan con la finalidad de mantener y conservar vigente el ordenamiento
jurídico del Estado que afronta esta responsabilidad con la sociedad de
conformidad a la competencia que por mandato legal y social le
corresponde.

Al respecto del empleo de la fuerza coactiva, Raúl FERRERO, indica:


dado el progreso material logrado y en parte por efecto del mismo, el tipo
actual de nuestra sociedad hace cada día más necesaria la función coactiva
del poder en razón de la creciente actividad antisocial”, que en el ápice del
Estado se halla el poder o sea la facultad de gobernar, de dictar reglas a la
conducta ajena... y agrega, que el poder se manifiesta como el principio
creador del orden dentro de una sociedad, es decir del derecho y dentro del
cual se va a conducir a la colectividad hacia el logro de sus aspiraciones.

BOURDEAU, precisa que el Poder de Policía “es una fuerza nacida de


la voluntad social, ponderantemente destinada a conducir el grupo hacia un
orden que estima beneficioso y llegado el caso capaz de imponer a los
miembros los comportamientos que esta búsqueda exige”.

5.3.3. EL PODER NACIONAL

A. DEFINICIÓN

El Poder Nacional, es la capacidad del Estado para imponer su


voluntad de lograr y/o mantener sus objetivos y realizar sus fines, pese a
los obstáculos internos y externos; capacidad que emana de la
integración de los medios tangibles e intangibles, cuálitativa .y
cuantitativamente considerados, que posee dicho Estado en un
momento determinado.

B. CARACTERÍSTICAS

67
1. INSTRUMENTALIDAD
El Estado busca alcanzar objetivos y fines esta búsqueda
supone una voluntad que demanda el despliegue de la acción.
Pero la voluntad por si sola es insuficiente y la acción requiere
de múltiples recursos que otorguen capacidad o poder suficiente para
conseguir aquellos objetivos y fines.
Por tanto la capacidad puesta al servicio de la consecución de
fines y objetivos, asume el carácter de instrumentación para la
acción.
Entre muchos instrumentos para la acción el poder tiene
destacado y a veces definitorio papel. Por ello la instrumentalidad es
una de las características principales del Poder Nacional en cuanto
es el medio por excelencia para impulsar el Desarrollo y hacer
efectiva la Defensa.

2. DINAMISMO

El Poder Nacional indica una capacidad actual y al mismo


tiempo transitoria, es decir que está en movimiento. El Poder
Nacional de hoy, no es el mismo de ayer, ni será el de mañana. Los
medios están en la Realidad Nacional y ésta es esencialmente
dinámica, por tanto el poder o capacidad que trasciende en los
medios, como parte de ese dinamismo.

3. VARIABILIDAD
El Poder Nacional está condicionado por los factores de
tiempo y espacio. En cuanto al tiempo. se advierte que por su
característica dinámica. el valor de los medios que otorga poder varia
de una época a otra "por múltiples razones. Principalmente porque
los medios se incrementan cualitativa y cuantitativamente por un lado
y otro se desgastan caducan o parecen; y porque un medio o
conjuntos de medios pudo tener en el pasado un valor que no es el
mismo en la actualidad y puede no serlo en el futuro, en función al
destino de su uso.

68
En cuanto al espacio la variabilidad es asimismo patente
puesto que un medio o c1asede medio en un lugar determinado son
escasos tienen alto valor que no es el mismo en un lugar donde son
abundantes. Por otro lado la Realidad Nacional concreta e virtud de
su grado de desarrollo alcanzado puede requerir preferentemente
una clase determinada de medios. aplicables en otra realidad de
diferente desarrollo.

4. TOTALIDAD
El Poder Nacional es el resultado de la integración de las
capacidades específicas de medios de toda naturaleza que el
Estado a logrado poseer en su devenir histórico. El Poder Nacional
es pues la combinación singular de un sistema de fuerzas que se
Interrelacionan combinan y se potencian recíprocamente cuyos
orígenes se encuentran en los medios de cualidad y cantidad
diversas. El Poder Nacional abarca la totalidad de los medios
existentes en la Realidad Nacional.

En virtud de su totalidad el Poder Nacional es aplicable a todo


tipo de situaciones y problemáticas que se dan tanto en el campo
interno como en el externo para la consecución de los fines fijados en
el "quehacer " político.

5. RELATIVIDAD
El Poder Nacional es relativo en el sentido de que la "realidad
concreta del Poder Nacional difiere de ]a creencia de] Poder
Nacional", En un Estado puede creerse que la situación del Poder
Nacional es una, pero la realidad de esa situación puede ser distinta
si es vista desde el campo de un eventual oponente o antagonista.
En el ámbito interno del Estado puede creerse que el Poder puede
surtir determinados efectos pero su aplicación puede poner en
evidencia los errores en su apreciación, con resultados negativos.

69
De aquí que la apreciación y evaluación de la capacidad inherente
al Poder Nacional. No pueda efectuarse en términos absolutos si no
relativos, considerando no sólo la variabilidad de los medios, sino
también el campo específico en que van a ser aplicados.

C. LA APRECIACIÓN Y EVALUACIÓN DEL PODER NACIONAL


1. LA APRECIACIÓN.
Comprende el establecimiento del Estado o situación real en
que se encuentra el Poder Nacional en un determinado momento.

2. LA EVALUACIÓN
Consiste en la contrastación de las posibilidades del Poder
Nacional, antes apreciadas (considerando las limitaciones) con las
necesidades y obstáculos previamente determinados que Confrontan
el desarrollo de la Política Nacional.

3. EXPRESIONES DEL PODER NACIONAL


Conforme a la naturaleza predominante de los medios son:
a) Medios que tienen naturaleza predominantemente política.
b) Medios que tienen naturaleza predominantemente económica.
c) Medios que tienen naturaleza predominantemente sicosocial.
d) Medios que tienen naturaleza predominantemente militar.

Todo Estado persigue fines u objetivos, por cuya razón orienta


sus esfuerzos y emplea todos los medios a su alcance encarando los
obstáculos de distinto tipo que se presentan en el interior y desde el
exterior, su Realidad Nacional.
Los Estados, en razón de sus realidades, tienen capacidades
diferentes, es decir Poder Nacional diferenciados; unos son más
poderosos que otros, en el sentido que unos influyen en mayor grado
en el ámbito internacional, así como influidos de distinta medida.
Es en virtud del Poder Nacional que los Estados tienen
capacidad de negociación, de transacción, de disuasión en sus
relaciones con otros Estados.

70
El Poder Nacional, no solo es diferenciado en una relación de
Estado a Estado, sino que también lo es en lo que respecta a los
efectos que pueden producir en su ambiente interno, frente a sus
propias necesidades y obstáculos que son inherentes a la Política
Nacional, en el camino hacia la realización de los altos fines del
Estado y del logro de sus objetivos.

El concepto de Poder se cementa a su vez en dos conceptos:


" voluntad y capacidad " de ahí que una primera aproximación a la
definición del Poder, permite señalarlo como " la capacidad para
imponer una voluntad " en donde el Poder aparece como un
instrumento por excelencia, de la voluntad plasmada en acción.

Cabe hacer notar en el aspecto de la voluntad, que tanto para


su determinación como para la viabilidad, juega importante papel el
sujeto (individual y colectivo) encargado de expresarla, aquí tienen
lugar la motivación y el liderazgo, la capacidad de conducción, las
habilidades y destrezas, las técnicas, los valores y en general todo
aquello que redunde en la acción efectiva y positiva en el logro de
fines y objetivos.

El Poder Nacional está constituido por el conjunto de medios


de toda índole que se encuentran en posesión de la Nación y por lo
tanto del Estado, en un determinado momento de su existencia como
entidad social y jurídico – política; esto significa que para los efectos
de la determinación del Poder Nacional cuenta únicamente los
medios como aptitud de aplicación inmediata o a lo sumo, en plazos
breves, es decir en la coyuntura.

Los medios que se encuentran en estado latente con aptitud


de empleo posterior, escapan a los alcances del concepto del Poder
Nacional, integrando el contenido del Potencial Nacional.

71
5.4 FACTORES DEL PODER POLÍTICO.
5.4.1. NECESIDAD DEL ESTADO
La primera necesidad es subsistir, lo que implica alimentarse y resistir a
los vecinos. Ello no se logra sin un mínimo de cohesión. La formación del
Estado obedece a una inclinación de la naturaleza humana y ha sido admitida
en todo tiempo por la razón como algo conveniente y necesario.

Una fuerza organizada, ejercida por una autoridad superior a todos y


que mira el bien común, es evidentemente preferible a las fuerzas
particulares, dispersas y antagónicas, que emplearían los hombres si el
Estado no existiera. El conflicto de intereses y el contraste de apetitos y
pasiones, que son la entraña misma de la vida, hacen quimérico pensar en la
conciliación espontánea. Si se ensayara la anarquía como forma de vida
legítima, inspirada en la creencia de la bondad universal, el resultado sería la
imposición despótica de un hombre o de un grupo. El orden social que la
historia de la humanidad patentiza, nos indica como la sociedad ha optado
entre una situación de anarquía librada al abuso de los más fuertes, y una
situación de autoridad, con imperio de la fuerza pública que el Estado emplea
para proteger a todos los asociados. La sociedad ha escogido siempre al
gobierno que asegura un orden.

Guillermo Ferrero coincide con Hobbes a explicar que la humanidad se


ha organizado en Estados porque cada hombre sabe que es más fuerte que
otros, pero también que es más débil que otros. Para liberarse del círculo de
terrores, o sea para no temer a los más fuertes, el hombre renuncia a
imponerse sobre los más débiles. El orden social radica en admitir la
autoridad porque ella organiza la defensa contra otros grupos, a la vez que
impone normas para precaver a todos contra la agresión interna. El temor al
abuso, así como el temor a la guerra, explican el acatamiento al Poder desde
las sociedades más rudimentarias hasta hoy día en que se aspira a una
organización internacional o super-Estado.
Lo cierto es que la necesidad del Poder se confunde con la necesidad
del Estado, pues su triple función de dirección, especialización y coacción es
lo que determina y mantiene el hecho Estado, que perfecciona la sociedad, la

72
estructura conscientemente y la domina. La unidad social previa al Estado
nace por obra del poder y de la convivencia.

5.4.2. PODER DE HECHO Y PODER DE DERECHO


Propiamente hablando, no existe sino un Poder, pero se distingue
corrientemente entre el poder de hecho y el poder de derecho. En puridad,
son los gobiernos los que pueden ser clasificados en regímenes de jure y
regímenes de facto, según se posesionan del poder conforme el
ordenamiento jurídico o quebrantando sus reglas.
Los gobiernos de hecho se constituyen por revolución o por golpe de
Estado, como sucedió en los casos típicos de Cronwell y Bonaparte,
respectivamente. Por lo general se consolidan por medio de una Constitución
o bien por el uso acertado de las facultades legislativas que se arrogan. El
gobierno de facto conserva casi todos los caracteres del poder legítimo y su
legislación es convalidada expresamente por el régimen legal posterior o bien
subsiste por la bondad intrínseca de las normas dictadas. Fundamentalmente,
el gobierno de facto se legítima cuando cumple el fin para el que existe el
Poder. El advenimiento del General de Gaulle al gobierno, en 1958 demuestra
hasta qué punto la toma del poder es una empresa de la voluntad.
Cualquiera que sea su origen, el Poder necesita contar con adhesión
pública, siquiera sea en su forma de asentimiento tácito, pues de lo contrario
establece un régimen de fuerza que es inestable. El grupo que ejerce el poder
tiende a convertir su gobierno de hecho es un gobierno de derecho, sea que
provenga de un golpe de Estado o de una revolución.
Un gobierno puede mantenerse por la fuerza durante largos períodos,
pero sólo en los casos en que una raza más ilustrada domina a otra. En cierto
grado de civilización, es imposible que subsista un gobierno que tenga en su
contra a la enorme mayoría de la nación. La adhesión a las monarquías en
gran parte pasiva e inspirada en hábitos tradicionales, explica el poder de que
gozaron los reyes. El principio de la soberanía del pueblo reside en el fondo
de todos los gobiernos y se oculta aún en las instituciones menos libres, como
observara Tocqueville. El propio emperador romano, autócrata omnipotente,
decía fundar su autoridad en la delegación de poder que había recibido del
pueblo.

73
El poder de Derecho posee la ventaja de ser ejercido en nombre de
una institución, el Estado. Ello le permite dar respuesta a dos grandes
interrogantes :
1° En virtud de qué principio tiene el Poder la facultad de mandar?
2° En un grupo dado, a quién le corresponde el derecho de mandar?

En cuanto a lo primero, o sea como competencia del Estado, el poder


tiene la facultad de mandar porque la naturaleza social del hombre hace
necesaria una autoridad. En cuanto a determinar a qué grupo de hombres
corresponde el gobierno, ello constituye un problema debatido durante milen-
ios y que trataremos de delucidar más adelante.

El Poder institucionalizado es el Estado. La formación de éste no trae


consigo, aparentemente, una modificación del fenómeno político primordial,
pues siempre se ve unos hombres que mandan y otros hombres que
obedecen.

Pero en esencia sí existe una transformación, pues las personas que


deciden ya no llevan en sí mismas la vocación de mando. Ahora es la
voluntad social la que sustenta la existencia de un Poder y no reconoce jefes
sino simples gobernantes, habilitados en virtud de un estatuto del poder, o sea
la Constitución, obligados a ceñirse en el ejercicio de su autoridad a los fines
del Estado. Desde que el Estado adquiere forma, la investidura de los
gobernantes, así como su actividad y su sucesión, se hallan normados por el
derecho.

El titular del Poder es el Estado, o sea un titular abstracto. En su


nombre se exige obediencia y se obliga a un comportamiento determinado. El
Poder resulta así dividido entre un titular, que es el Estado, y los agentes a su
servicio, que son los gobernantes. Como ilustran Kalsen y Georges Burdeau,
el Estado existe porque es pensado, a la vez que se da en la experiencia
como real. Es pensado por los gobernantes, que encuentran en él la fuente de
su autoridad, y por los gobernados, que ven en él un fundamento de las
reglas.

74
5.4.3. POLITICIDAD ESENCIAL DEL ESTADO : DERECHO Y POLÍTICA
Política es la relación entre gobernantes y gobernados y una búsqueda
de lo que es bueno para los gobernados. El acto político tiene una naturaleza
propia, tal como se distingue un acto moral o un acto económico. Dado que
los hechos se vinculan con el pensamiento, el conocimiento del Estado no
puede desprenderse de la actividad política. Esta es la actividad ordenadora
que precede a la sociedad ordenada o Estado, así como al orden de la
sociedad o sea a la Constitución. Como anota Sánchez Agesta, la actividad
política no es una forma de conducta que realice su efecto (la ordenación) y
luego se inhiba. Por el contrario, supone una acción contínua dentro del
Estado e influye sobre el orden constitucional para remoderarlo según las
ideas que predominan.
La "Razón de Estado" es la máxima del obrar político, la ley motor
del Estado, a fin de mantenerlo vigoroso. Pueden los políticos discrepar en
cuanto a los medios para alcanzar los objetivos del Estado, pues en cada
momento histórico hay una línea ideal de obrar, o sea una razón de Estado
ideal. Pero, junto al valor del bien del Estado, existen otros valores elevados
que también piden para sí una vigencia incondicionada, como son la moral y
la idea del Derecho. En último término, el poder mismo puede verse
amenazado por el quebrantamiento de los valores morales y jurídicos.

Meinecke, en "La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna",


señala el vasto espacio en la cual se entrecruzan en la acción gubernativa al
utilitarismo y la motivación ética al punto que ésta se pone de manifiesto sólo
cuando coincide con el provecho del Estado. El político respeta las fronteras
del Derecho y limita su impulso de mayor poder por la presión coincidente de
razones prácticas y de móviles idealistas. El hombre "goza con deleite del
poder en sí y en lo que tiene de intensificación de la personalidad". La
voluntad de poder, al lado del hambre y del amor, dice Meinecke, es uno de
los impulsos más eficaces; "sin las bárbaras concentraciones de poder,
tejidas con terror y crueldad, de déspotas y castas primitivas, no se hubiera
llegado a la fundación de Estados ni a la educación del hombre para grandes

75
cometidos supra-individuales". Desde luego, en la misma dirección han
obrado también los ideales, como factores para edificar y vigorizar el Estado.

Como afirma Jellinek, hay un derecho virtual, engendrado por el ansia


de justicia, que aspira a ser derecho actual mediante su consagración por la
ley. Por eso, las ideas políticas adquieren juricidad, o sea que la política se
juridiza,, cuando la aspiración alcanza a triunfar en la esfera del poder. Una
visión realista del poder nos lleva a considerar la relación entre derecho y
política, ya que el objeto directo de la idea de derecho no es el hombre sino el
grupo social, el cual asume un ordenamiento según sea la ideología de
quienes gobiernan.
La política tiene por fin al gobierno y dirección del Estado; para sus
relaciones se sirve de técnicos y administradores que hacen posible la
ejecución de los planes concebidos por los políticos. El estadista posee el arte
de hacer posible lo que es necesario, sirviendo su ideal con eficiencia. Se
encuentra situado en la zona de interferencia de dos ámbitos: lo que debe ser
y lo que puede ser, como anota Ruíz del Castillo; orienta a la opinión pública y
procura crear el ambiente favorable a sus designios. Para el pensador, la
política es un conjunto de principios; para el estadista, es una realización que
marcha a través de escollos, transacciones e impurezas.
Cabe distinguir, pues, entre la política como ciencia de gobierno,
especulación teórica, y la política como arte de gobierno, actividad práctica.
En la realidad social tal diferencia es difícil de advertir, pues la política se
vale de instrumentos jurídicos y de medios prácticos para alcanzar finalidades
señaladas por la elaboración doctrinaria. Arnold Brecht ha puesto de relieve,
con los ejemplos de Lenin y Stalin, que el pensamiento teórico no es asunto
ajeno a la vida, como sostienen algunos políticos de oficio. La importancia de
la teoría es muy grande. Basta recordar que la ideología Marxista condujo al
poder a Lenín, precisamente en el país que Marx consideró no adecuado en
razón de hallarse insuficientemente desarrollado.
La ideología, es decir la superestructura, cambió las formas de
producción es decir la infraestructura, contrariando el determinismo
económico por efecto de la voluntad de poder.

76
Por lo que se refiere a la importancia que tiene las teorías políticas,
citamos el pensamiento de Stalin, expresado en una de sus conferencias
sobre los fundamentos del leninismo: "La teoría pierde todo objeto si no
enlaza con la práctica revolucionaria, exactamente igual que la práctica queda
ciega si no elimina su camino con la teoría". La teoría puede convertirse en
otra inmensa fuerza si se desarrolla en unión con la práctica.
Más allá de toda cuestión jurídica, es indubitables que la voluntad de
poder constituye una de las grandes fuerzas de la vida individual y social.
Bertrand Rusel afirma en su obra "El Poder" que éste tiene en el mundo
del espíritu la misma importancia que la energía en el mundo de la física.
Por tanto, el Estado debe ser mirado esencialmente, como agrupación
política, o sea como un ente de poder, antes que como ordenamiento jurídico.
Es la agrupación política suprema y; como quiera que orienta su actividad con
arreglo a cauces jurídicos, puede definírsele como un ser político que se
organiza jurídicamente.
Querer huir de la política es como pretender huir del Estado, dice Carl
Schmit, dado que la comunidad nacional nos envuelve y nos afecta en una
totalidad en la que se entrecruzan la administración, la economía, la moral y el
poder. El fenómeno político guarda relación con el fenómeno económico, el
demográfico y otros, que pueden ser anteriores, concomitantes o
subsiguientes, pero siempre es motor de una colectividad el poder por el
poder, la voluntad de dominio. De ahí la importancia de integrar el mando en
un orden moral para evitar la opresión.

La política está constituida por puntos de vista sobre la justicia. Los


partidos y los grupos presionan en el sentido de aquello que consideran justo,
aunque no lo sea objetivamente. La política actual se cubre de un substrato
ideológico y todo obrar tiene tras de sí, más o menos conscientemente, un
pensamiento. La noción ideológica según la cual se organiza jurídicamente la
convivencia social, es llamada "fórmula política", inspirada en una concepción
capital sobre el modo de relación que deba existir entre la sociedad y los
individuos. Por eso, hablamos de sistemas políticos liberales, socialistas,
comunistas, etc. Claro está que, unas veces, son las ideas las que determinan

77
los hechos políticos, y otras veces son éstos los que toman tributarias a las
ideas, en un proceso de interacción.

La función política es vital, figura el lado de aquellas que aseguran


físicamente la supervivencia de la especie, como la nutrición o la
reproducción. Expresa la conciencia del grupo para encontrar un eje de
cohesión.

La política está profundamente inserta en lo social. Las teorías que


diferencian la sociedad natural de la sociedad política pretenden señalar el
paso de la primera a la segunda, como sucede con tal liberalismo y con el
marxismo, se funda en una hipótesis no comprobada por la historia. El
carácter religioso o guerrero que tuvieron las primeras autoridades ha
ocultado el hecho esencial de que la autoridad es siempre política, no importa
quien la ejerza, ya provenga de la imposición o de la elección.
El hecho político es simultáneo al hecho social, es indispensable para
evitar que la sociedad se disuelva. La distinción entre sociedad natural y
sociedad política puede hacerse conceptualmente pero no en la realidad.

5.4.4. EL PODER Y LA SOCIEDAD DE MASAS


La sociedad de nuestro siglo es una sociedad de masas,
caracterizada por su tamaño y su complejidad. A las pequeñas democracias
griegas, a las nacionalidades surgidas desde la edad moderna y gobernadas
por pequeñas élites, han sucedido las sociedades masivas, sean pluralistas o
totalitarias en las que la voluntad política determinante es aquella que sabe
apoyarse en la masa. El comportamiento de las masas las hace vulnerables al
totalitarismo, al engreimiento arrollador del derecho, a la manipulación
mediante maniobras de conductismo, pero es innegable que traduce la
aspiración de mejores niveles de vida, a la vez que una exigencia de mayor
participación en las decisiones políticas, lograda a través del sufragio
frecuente o por la cohesión transitoria en torno a una dictadura.
El máximo problema de nuestra época radica en organizar el
consentimiento, o sea la adhesión a una forma política, bien sea por
resignación o por participación activa. El creciente número de contestatarios e

78
impugnadores y la violencia desatada por "el poder joven", el "poder negro" y
el terrorismo urbano constituyen fisuras en el orden social, que hoy es
movimiento hacia el cambio. Nuestra sociedad respeta cada vez menos los
medios jurídicos de resistencia a la opresión, por ineficaces, y es incitada a los
métodos de violencia. La masa intuye una necesidad de transferencias de los
centros de poder, problema arduo y de manejo más difícil que el de los
explosivos, pues supone el planteo de los teóricos y la habilidad innata del
hombre político, del conductor carismático que sea capaz de equilibrar su
poder personal con la subsistencia de instituciones valiosas pero necesitadas
modificación urgente.
Vivimos una era de discontinuidad, tentando vías que conduzcan a nuevo
pluralismo, a la reforma de todo lo viciado, a la organización de un
consentimiento sin miedo. En cada circunstancia histórica ha surgido la
reinterpretación de los ideales vigentes. Para ello, la teoría Política y la ciencia
política nos brindan un rico material de reflexión, aunque ésta sea
contemporánea a la realización de hechos violentos que viene alterando la
subestructura social.
La sociedad no es una adición de individuos, sino un compuesto. Por
virtud del Poder adquiere una voluntad y sigue un comportamiento
determinado. Este comportamiento es producto de la orientación política. El
ordenamiento jurídico y la estructura del Estado son resultantes de la actividad
política. Por la toma de conciencia de ésta realidad, el poder se ha convertido
hoy en el centro de la lucha social y económica. A su vez, la política es mirada
como el arte de convertir las tendencias sociales en normas jurídicas. El
político hace posible el objetivo entrevisto o anhelado.
Nuestra época es una transición del Estado Liberal al Estado Social,
siendo perceptible una mayor participación del pueblo en el poder. Se quiere
pasar de la democracia gobernada a la democracia gobernante. Las
construcciones formales están cambiando su contenido, para no quedar
vacías de verdad. Tanto el pensamiento del derecho natural del Siglo XVIII
como el derecho racional de Kant, concibieron una organización estatal con
raíces individualistas. Pero a partir de la primera guerra mundial, se hizo
patente que los partidos políticos, los sindicatos y los grupos de presión iban
operando con un dinamismo que debilitaba lo formal del derecho. Por ello se

79
ha acentuado notablemente desde que los sindicatos de masas, las Iglesias,
el poder militar y la tecnocracia han gravitado claramente sobre la vida del
Estado.
Paralelamente a esta transformación del Estado en el interior, se ha
venido produciendo la declinación de su soberanía exterior y el surgimiento de
organizaciones supranacionales que limitan la autodeterminación. El proceso
más hondo es el de una nivelación subjetiva y acompañada de un desplaza-
miento del poder, que ha pasado de las esferas parlamentarias y gubernativa
al seno de los partidos políticos. El estado ya dejó de ser neutro, por virtud de
la exigencia general de que tome posición contra determinadas formas de
orden existentes.
Podemos señalar, siguiendo a Fayt, tres posiciones en pugna ideológica :
la de quienes quieren conservar el Orden existente y consideran que bastaría
dulcificar la injusticia humana; la de quienes quieren establecer la burocracia
totalitaria, arrebatando al hombre la posibilidad de decidir por sí sobre su
destino, y, por último, la de quienes deseen la transformación del orden dentro
de la libertad, para obtener un ordenamiento social que asegura la justicia
económica y el pleno desarrollo de la personalidad humana. Esta tercera
posición es la única que permitirá crear una sociedad nueva en el mundo
occidental.
Ello significa analizar, con frialdad de especialista, cuáles son los
instrumentos que permitirán implementar el cambio de un modo racional,
progresivo, con la conciencia de que el poder es bifásico, o sea supone
percepción clara de las metas en quienes gobiernan y motivación acertada en
quienes obedecen y presionan para participar. La relación mando-obediencia
conduce, en el mundo de hoy, hacia una amplia participación popular, con lo
que la política se ennoblece en la medida en que el miedo deja de ser el
sistema normal de gobernar.

5.4.5. EL ORDEN, EL PODER, LA LIBERTAD


Orden social, poder y libertad son nociones llamadas a equilibrarse
en la vida normal de un estado. Maurice Hauriornu, eminente
constitucionalista de la década anterior a la segunda guerra mundial, opina
que la concepción de un régimen constitucional tiene por fin establecer "un

80
equilibrio fundamental que sea favorable a la libertad, asegurando el
desenvolvimiento regular del Estado". Este equilibrio se establece por juego
de dos fuerzas dinámicas o de movimiento, que son el poder y la libertad, y de
una fuerza de resistencia, que es el orden. Así como afirmó Freud, toda
sociedad se construye sobre el renunciamiento a las satisfacciones instintivas;
por ello es represiva. Orden, poder y libertad conforman una trilogía en torno a
la cual se centra toda la problemática política. Son factores recíprocamente
imbricados, pues el poder hace un juego equilibrador a fin de compatibilizar el
orden y la libertad. Si se pone énfasis extremo en el orden, o sea si es
preferida la libertad, el poder resulta un aparato de coacción y arbitrariedad.

El equilibrio constitucional es el término medio, pues el orden hace


resistencia a los cambios, en tanto que la libertad y el poder suelen presionar
para alterar lo establecido por virtud de la dinámica política. Si la resistencia
que el orden opone a los cambios reclamados por la libertad, es excesiva,
dice Haurion, el poder coloca su fuerza al lado del cambio. Por el contrario, si
las reformas le parecen exageradas o prematuras, el poder se inclina del lado
del orden. Otro tanto podemos decir de las reformas exigidas por el sentido,
de justicia o de liberación social, que Hauriou no pudo entrever.

La primacía del poder en la formación o en la vida del estado es


evidente. Es él quien mantiene la cohesión entre los componentes de una
sociedad, más por situación que por adhesión, como anota Prélot. Un
mínimun de fuerza material le es indispensable, pues la cooperación libre,
espontánea, unánime, no pasa de ser una utopía; por ello afirmó Idering que
hablar de Estado sin fuerzas es "una contradicción en sí". Pero desde luego,
la autoridad no es solamente fuerza material, compulsiva; consiste sobre todo
en ofrecer motivos para ser obedecida. Si el poder residiera en la fuerza, tras
de cada súbdito habría que situar un vigilante o un policía, así como tras de
éste habría que colocar otro guardián. En el límite cabría preguntar ¿Quién
custodia al guardián?. El orden previene del hecho de que cada súbdito del
Estado reconoce que éste tiene derecho a ser obedecido, porque existe una
relación de dependencia respecto de la norma. De ahí que, cualquiera sea su
origen, todo gobierno invoca algún tipo de legitimidad, sea por su procedencia

81
democrática o afirmando que realiza el bien común. Todo poder aspira a ser
obedecido con un empleo mínimo de la fuerza y trata de ganar prestigio como
condición de perdurabilidad.
Ciertamente, la importancia de la represión varía en razón inversa del
grado de consenso. En los grupos coherentes, la represión es innecesaria de
modo general, pero en los grupos de consenso débil, la represión es
indispensable para evitar la disolución. Por ello, en los países en lo que el
consenso sobre los valores colectivos es grande, la influencia de la Fuerza
Armada es menor y su actividad se limita al rol específico de seguridad.
En el punto de partida de toda concepción humanista está la afirmación
de la libertad humana, que opone resistencia a los gobernantes en todo caso
de arbitrariedad. Se admite la necesidad del mando, y más ahora que se
tiende a hacer del Estado el "agente creador de una sociedad nueva", como
definen muchos. El diseño de esta organización futura es impreciso, además
de que varía ciento ochenta grados de uno a otro lado del mundo. Sin
embargo, existe la convicción de que el Poder no es solamente el servidor del
orden establecido sino también el regulador de los cambios anhelados, el
árbitro que puede hacer de la democracia un movimiento más que un estado
de cosas. Movimiento que conduzca a la justicia económica sin anular la
libertad.

5.4.6. LA REVOLUCIÓN Y EL MOVIMIENTO


La realidad política es la de un orden en movimiento. Como dice
Georges Burdeau, llamamos estabilidad a lo que no es sino un equilibrio de
fuerzas. El orden muestra siempre un determinado grado de aptitud para
integrar las fuerzas de renovación.
Cuando el proceso de cambio se cumple por medio de una contínua
incorporación de normas de justicia al orden establecido, éste no sufre
convulsión.
Pero cuando el orden no muestra capacidad para introducir los
cambios que la tensión social exige, se presenta el fenómeno denominado
revolución. Consiste en el cambio brusco de estructuras, sea raíz de un
simple golpe de estado o bien tras una subversión radical, que se enfrenta a
las fuerzas del Gobierno y las domina.

82
Las democracias representativas tienen mecanismos reguladores,
principalmente la autoridad de las ánforas libres, para que el orden, solidario
de una determinada idea del Derecho, incorpore reformas con oportunidad
que evita violencias. El instrumento legislativo es el modo normal de usar la
flexibilidad si el orden tiene razonable porosidad. Pero cuando el pluralismo de
las corrientes políticas enerva la autoridad gubernativa, o bien cuando las
fuerzas conservadoras se muestran impermeables y ciegas, adviene el
cambio brusco; la revolución. Esta realiza el cambio que inspiró el desacato
del orden, pero a la vez aspira a restablecer la cohesión social, pero que el
nuevo orden sea estable. Más allá del cambio de equipo gobernante, una
revolución entraña la sustitución del orden social sobre el cual se basaba el
anterior aparato político.
La revolución recoge la nueva idea del derecho y la convierte en
derecho. Desde luego, la palabra Derecho comprende todo lo legislado que
esté vigente. Por tanto, no hay derecho y viejo derecho, sino simplemente
Derecho. Esto se enriquece incorporando medidas de justicia que la
convicción general reclamaba y que faciliten un orden social estable, de
acuerdo con los tiempos.
No es imposible, aunque si improbable, efectuar una revolución dentro
de la libertad, o sea mediante la ley, respetando las formas de la democracia
representativa. En la esencia de la revolución, no está la violencia, pero
generalmente le acompaña, como sucedió en la revolución francesa, la rusa,
la mexicana, la china y la cubana. La experiencia de algunos países no
desarrollados es contradictoria al respecto, pues la transformación se ha
realizado de maneras diversas, inclusive sin derramamiento de sangre. A
partir de la experiencia cubana, los regímenes instaurados con el propósito
de cambiar las estructuras rápidamente se denominan "gobiernos
revolucionarios", tales como los de Argelia, Perú, Guinea e Irak.
La conquista del Poder no es un fin en sí: el Poder que tiende a
oficializarse no es otra cosa que la promesa y el símbolo del orden social
futuro, nos dice Burdeau, el cual agrega: "La revolución sanciona el desajuste
entre la vitalidad de las representaciones colectivas y la atrofia del aparato
político que hubiera cuando el Poder dicta las reglas por encadenamiento de

83
los sucesos, debido registrarlas". Las tensiones sociales desaparecen
consolidando la posición política obtenida.

Bibliografía específica:
ANDRADE SANCHEZ, Eduardo Ob cit Leer Cap III.
MIRO QUESADA RADA, Fca Ob cit Leer Cap III.
BAZAN SALVADOR, Oscar Ob cit Leer Pag. 30 a 36.

84
EL PODER POLITICO I
6.1 TIPOS DE PODER.
Según (el poder en las organizaciones): hay 4 tipos principales de
poder en las organizaciones con sus fuentes:
a.Poder personal: carisma, personalidad, magnetismo personal. Surge de
forma individual en cada líder. Es la capacidad que tienen aquellos para
conseguir seguidores a partir de su personalidad. Tienen fe en los
objetivos que atrae y retiene a dichos seguidores. Consiguen que haya
personas que deseen seguirle. El líder percibe las necesidades de las
personas y promete éxito para ellas. Ejemplo: Jesucristo.

b. PODER LEGITIMO: poder de posición, poder oficial. Es el que se le


adjudica por una autoridad superior. Culturalmente, las autoridades
delegan el poder legitimo a otros para que les controlen los recursos,
compensen o castiguen a los demás en su nombre. Este poder es
deseado por casi todas las personas, cuya finalidad debe ser el orden de
la sociedad. Ejemplo: el juez no dicta sentencias por sus cualidades
personales sino como miembros del poder judicial que tienen la autoridad
legitimada por un superior.

c. PODER EXPERTO: autoridad del conocimiento.  Proviene del aprendizaje


especializado, de los estudios académicos o formativos. Nos lo inculcan,
los conocimientos y la información que tenga ese líder sobre una situación
compleja. También, influyen la educación, la capacitación, la experiencia.
Es un poder muy importante en esta época de tecnologías nuevas.
Ejemplo: el poder que tiene un medico dentro de un hospital.
d. PODER POLÍTICO: apoyo de un grupo. Es muy importante la habilidad
que tenga ese líder para trabajar en equipo, con otras personas y dentro
de sistemas sociales cuya finalidad sea la de conseguir sus apoyos. Este
poder surge dentro de los medios técnicos y organizaciones inciertos. Se
da frecuentemente en aquellas situaciones de apoyos recíprocos.
Ejemplo: el político que pide votos a cambio de mejoras laborales.

Según French y Raven (1960) señala los siguientes tipos de poder:

85
PODER DE RECOMPENSA. es la capacidad para ofrecer incentivos
cuando se realizan las conductas que se desean: promoción, aumento de
sueldo, etc. Generalmente, se relaciona con el poder formal inherente a
alguien que ocupa un cargo superior.

PODER COERCITIVO. es la posibilidad de castigar aquellas conductas


que no son apropiadas: despido, sanciones, etc. suele estar también
relacionado con el poder formal existente en una organización. Tanto el
poder de recompensa como el coercitivo están muy conectados y así, a
veces, no resulta fácil distinguirlos. Por ejemplo, ¿es lo mismo no dar una
recompensa que castigar? O la retirada de un castigo ¿puede percibirse
como una recompensa?.

PODER REFERENTE O CARISMÁTICO. Es la capacidad de cada líder


para influir en sus seguidores a partir de su magnetismo personal. Por
determinadas características o forma de ser crea un clima de confianza y
provoca el que los demás se incorporen a su proyecto, ya que sostienen
que deben hacerlo.

6.2 LÍMITES DEL PODER.


La existencia de frenos que limitan la actuación del poder es, por otra
parte, una categoría diferenciadora que separa a unos regímenes de otros.
Estos límites pueden ser institucionalizados, cuando proceden de la propia
Constitución; pero también el respeto a la opinión pública y a la libre
organización de los ciudadanos en asociaciones para la defensa de sus
intereses constituyen otras tantas limitaciones. Otra restricción lo constituye
la coexistencia del poder central con otros poderes locales, originados por
un proceso descentralizador, o bien por la organización federal del Estado.

86
6.3 LEGITIMIDAD DEL PODER.
La autoridad es, pues un poder legitimo que el individuo posee en
virtud de su posición en una estructura social organizada. La base de este
poder es su legitimidad. La aceptación de la autoridad se realiza a través
del contrato psicológico y/o el legal. El reconocimiento de la legitimidad no
significa que haya un cumplimiento en todo momento de las órdenes.
Por ello el modelo de poder y autoridad legitima suele estar
respaldado por un sistema auxiliar de recompensas castigos. El poder esta
delimitado por reglas, leyes y ello constituye a su aceptación por los
miembros de la organización. Las condiciones que facilitan su aceptación
son los siguientes:
- Un contexto social que posibilite los procesos de socialización normativa.

- Símbolos de autoridad reconocidos y apropiados.
- Claridad de las normás y requerimientos legales.
- Delimitación de penalizaciones y castigos que apoyes esa autoridad
legal.
- Posibilidad de expulsión de aquellos miembros que no se conforman al
sistema.

6.4 LA ESTRUCTURA Y LAS RELACIONES DEL PODER.


El estructuralismo, corriente filosófica que es ante todo un método,
comienza a ser aplicado a la ciencia política, con el ánimo de encontrar
invariantes en las relaciones de poder. Pero su estudio del
comportamiento político es todavía incipiente, por lo que no cabe hablar de
constantes.
El análisis de la estructura jerárquica permite conocer el
comportamiento organizacional de los miembros; delimitar las relaciones
y el tipo de interacciones de autoridad y subordinación entre los
miembros. Además de especificar el dominio y amplitud de control de
cada superior. La podemos definir como una relación que asegura el
comportamiento coordinado dentro del grupo o la organización
subordinando de los individuos a las decisiones comunicadas por otros.

87
La autoridad jerárquica junto con la coordinación, cumple una función de
control y por tanto impone responsabilidades del individuo ante aquellos
que posen autoridad. El orden jerárquico presenta dos características
que lo definen:

- La asimetría.
- Transitividad.
La asimetría porque si la organización establece que A tiene
autoridad sobre B, este no tiene sobre A.
La transitividad porque si A tiene autoridad sobre B y B tiene
sobre C y D, A tiene sobre C y D.

Bibliografía específica:
BOREA ODRIA, Alberto Ob cit Leer Cap IV.
CASTRO CONTRERAS J, Sociología Edit. San Marcos Lima 8va edic.
1990 Cap. VII.
MIRO QUESADA RADA, F. Ob cit pag. 88 a 103.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 03

1. El Poder Político – Origen


2. Formas de Expresión del Poder Político
3. Tipos de Poder
4. Limites y Legitimidad del Poder

88
Cuarta Semana:
IV. UNIDAD EN TORNO A LAS FORMAS DE GOBIERNO
Concepto de formas de Estado y de Gobierno.
7.1. EL SISTEMA AUTOCRÁTICO Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.
Es un régimen político que deriva de la desaparecida monarquía
absoluta, en el que el gobernante ejerce un poder absoluto, asumiendo
todas las funciones ejerciéndolas unipersonalmente, no reconociendo
límite alguno, pues su voluntad es la suprema ley.

7.1.1. TIPOLOGÍAS
La diversidad de regímenes no democráticos abarca un extenso
abanico dentro del cual se produce una considerable cantidad de
variantes.

De las distintas tipologías elaboradas por los diferentes autores


sobre regímenes autoritarios, hemos seleccionado las elaboradas por L.
MORLINO y M. GASIOROWSKI. A nuestro juicio son las más
completas, ya que cubren realidades muy generales a la vez que
detallan sistemáticamente cada una de ellas.
A. L. MORLINO clasifica seis modelos de régimen políticos,
dentro de cada uno de los cuales elabora sucesivas variantes que, tanto
por su amplitud y sistematización como por su planteamiento
pedagógico y bibliográfico, no ha parecido conveniente reseñar.

1) Los denominados regímenes tradicionales, aunque no se pueden


incluir dentro de los totalitarismos, presentan algunas peculiaridades
respecto de los autoritarismos. Su base de legitimación es patrimonial y
su forma monárquica, como es el caso de los Emiratos árabes. Dentro
de este modelo se producen algunas variantes: a) los regímenes
sultanistas, basados en el poder personal del soberano, que lo utiliza de
modo particularista y con fines privados y, a través de decisiones
arbitrarias, mantiene con sus colaboradores relaciones basadas en

89
miedos y recompensas. Las Fuerzas Armadas y la policía desempeñan
un papel importante; no existe ideología ni movilización de masas, y el
ámbito político está dominado por élites e instituciones tradicionales. El
modelo característico ha sido el régimen de Somoza en Nicaragua. b)
También forman parte de los regímenes tradicionales las oligarquías
competitivas, en las que con una base económica fundamentalmente
agraria, persisten elementos culturales tradicionales, entre los que
destacan los valores y las instituciones religiosas. Sus variantes son el
caciquismo y el caudillismo, caracterizados por una política de alianzas
entre las élites detentadoras de poder y los jefes locales, que proveen de
votos al poder a cambio de protección política.

2) Otra variante de los regímenes autoritarios es la que L. MORLINO


denomina híbridos institucionales, dentro de los cuales incluye los
regímenes de transición. Estos regímenes, aunque no pertenecen
totalmente a la categoría de los autoritarismo porque han entrado en un
proceso de democratización, tampoco se pueden incluir dentro de los
sistemas democráticos porque no cumplen las condiciones requeridas
para ello. Su origen es el sector moderado de los gobernantes de los
regímenes autoritarios –con distintas variantes- y que tras una
“experiencia autoritaria, comienzan una apertura, liberalización y ruptura
parcial de las limitaciones del pluralismo”. (L. MORLINO, 1988: 137).

En ellos existe una escasa institucionalización del Estado, y junto


a los viejos actores del régimen anterior pertenecientes a una coalición,
que ya no es dominante ni está cohesionada, ha surgido la oposición, y
se permite un cierto respeto por los derechos civiles. Aunque existe un
pluralismo limitado, uno de los partidos se mantiene como dominante-
hegemónico en las elecciones semicompetitivas, mientras que el resto
de los partidos de reciente creación/recreación tienen escasa
organización y pocos seguidores.

3) La denominación de régimen militar o pretoriano surgido de un golpe


de Estado, tiene a los militares como el actor más importante. No tiene

90
ideología definida (por lo que recurre a valores tales como el interés
nacional, la seguridad, orden, la racionalización del despilfarro), tiene
escasa movilización desde arriba, así como una considerable apatía a
nivel de masas. Dentro del cual se producen variantes: un régimen que
se plantea de tipo provisional, especie de “dictadura” en el sentido
romano, está formado por Juntas Militares, que no suelen crear partidos
únicos ni parlamentos. Se puede dar o no la presencia de un líder militar
con una posición preeminentemente respecto a la institución militar, en
cuyo caso se la denomina “autocracia”, “tiranía militar” o “cleptocracia”.
La principal estructura de poder es el ejército, que es poco profesional,
se recluta sobre bases personalistas o conexiones tribales y son
regímenes inestables por sus propias características. Aquí se podría
encuadrar el modelo cubano de la etapa de Batista.

4) Los regímenes civiles-militares son frecuentes en países con


sociedades más complejas y heterogéneas que aquéllas en que es
posible que se puedan producir con mayor facilidad los regímenes
militares.

Estos regímenes civil-militares se basan en una alianza entre


militares profesionales y distintos sectores civiles: burócratas, políticos
profesionales, tecnócratas y representantes de la burguesía industrial y
financiera. Pero esta alianza no es armónica, ya que se producen
tensiones por la diversidad de intereses entre civiles y militares.

Dentro de esta variante se encuadran los regímenes burocráticos-


militares, que se han formado como consecuencia de una coalición entre
oficiales y burócratas, aunque también forman parte de ellos otros
grupos. No existe un partido único, aunque es posible la creación de un
partido que manipule la participación política. A veces se aceptan otros
partidos políticos, pero no existen elecciones libres y competitivas.

5) La tipología régimen civil de movilización responde a aquellos


regímenes en los que, a pesar de que existen otros partidos, el partido

91
único o hegemónico desempeña un papel preponderante, ya que no se
produce competitividad entre ellos. Las variantes de este modelo se
diferencian entre sí tanto por sus orígenes como por los contextos
culturales, socio-económicos y en las ideologías-mentalidades que los
legitiman (L. MORLINO: 153). Los regímenes nacionales de
movilización surgen en el contexto de las luchas por la independencia,
están dirigidos por la élite local, suelen tener un líder carismático que, a
través del partido único y con una ideología nacionalista, moviliza a la
sociedad desde abajo. Tras conseguir la independencia, el partido se
convierte en estructura sostenedora del nuevo régimen, pero a medida
que transcurre el tiempo se puede transformar en una maquinaria
burocrática clientelar, mientras que la ideología nacionalista adopta
formas autóctonas de un ambiguo socialismo. El modelo son las ex
colonias

7.2. EL SISTEMA DEMOCRÁTICO Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.


Confiere cada una de aquellas funciones a órganos distintos,
formados por personas y procedimientos diferentes. En la actualidad,
esta última es la formula de configuración más comúnmente aceptada,
aunque no la más fielmente cumplida, cuyas características básicas son
la formación de parlamentos por sufragio, la separación en grados
diversos entre el legislativo y el gobierno, y la existencia de jueces
independientes de los dos poderes anteriores.

Sin embargo, es claro que no basta con separarlos; es preciso


establecer unos controles, tanto entre gobernantes y gobernados como
entre los distintos órganos. A este respecto, la organización de consultas
electorales periódicas es el más sobresaliente ( de los controles),
aunque no el único.
7.2.1. LA DEMOCRACIA GRIEGA
La idea de democracia implica el abandono de la idea del
gobierno de la ciudad por los sabios y los mejores, tal y como la
concebían los filósofos clásicos griegos. Y, sin embargo, fue en Grecia
donde comenzó la aventura de la experiencia democrática, mostrando

92
ya entonces, durante los efímeros periodos de florecimiento, su
naturaleza frágil y su carácter prosaico.

La polis griega tenía un territorio bien definido, de pequeñas


dimensiones, gozaba, en términos generales, de autarquía económica y
militar, y poseía unas reglas de conducta y de organización compartidas.
En la época de esplendor, solamente aquellos griegos nacidos de
padres ciudadanos de la polis tenían plenos derechos de ciudadanía,
quedando excluidos los extranjeros, los esclavos y las mujeres. Aunque
resulta imposible conocer con exactitud la proporción de ciudadanos con
respecto a la población total, algunos estudios históricos y demográficos
rigurosos (G. GLOTZ y R. COHEN, 1948: 222-228) indican que en la
ciudad-estado de Atenas, antes de la guerra del Peloponeso (431-401 a.
de C.), de una población total de 418.000 habitantes, había 210.000
esclavos entre hombres, mujeres y niños, 70.000 metecos, es decir,
personas nacidas libres pero que no poseían derechos de ciudadanía, y
138.000 atenienses entre los cuales sólo 41.700 eran hombres adultos y,
por tanto, ciudadanos del Atica.
ARISTÓTELES (384-322 a. de C.) llevó a cabo el primer esfuerzo
de clasificación de los regímenes políticos, utilizando para ello un doble
criterio: el número de los que gobiernan y la legitimidad, es decir, el
gobierno de acuerdo a la ley. Cada uno de los tres tipos de régimen
político, monarquía, aristocracia y democracia podían degenerar en
virtud de las propias imperfecciones inherentes al tipo de régimen. La
democracia era el gobierno del demos y su forma corrompida la
constituía el reino caótico de los demagogos.

7.2.2. LA DEMOCRACIA LIBERAL


Durante el siglo XVIII y principios del XIX, las ideas democráticas
fueron esencialmente producto del liberalismo. Los regímenes políticos
del mundo angloamericano, las primeras democracias que existieron y
las más estables, partieron de un interés primordial centrado en el
gobierno constitucional y la protección de los derechos individuales.

93
Aunque la concepción de la democracia liberal y representativa no
se inicie hasta el siglo XVIII, hubo en Europa algunas comunidades
aisladas, radicadas en las ciudades, donde los individuos gozaron de
ciertos derechos reconocidos y de garantías legales contra la
arbitrariedad de los gobernantes. La república de Venecia en el siglo
XVI y los burgos holandeses del siglo XVII son ejemplos históricos
interesantes que muestran una cierta protección de las libertades. El
consejo municipal de algunas ciudades estaba formado por
representantes elegidos de los distintos oficios, con iguales derechos.
Estas comunas medievales fueron excepciones en el mundo feudal y
tremendamente inestables, siendo suprimidos sus privilegios a medida
que se formaban los grandes Estados nacionales centralizados bajo las
monarquías absolutas a partir del siglo XVI.
Las revoluciones americana y francesa introducen una
concepción radicalmente diferente del republicanismo clásico. La
referencia a la virtud del republicanismo había sido defendida por
PLUTARCO, CICERÓN y TITO-LIVIO, y retomada posteriormente por
MONTESQUIEU y los enciclopedistas del siglo XVIII. En la clasificación
de ARISTÓTELES, la democracia y la aristocracia son dos tipos
diferenciados de régimen político, mientras que para MONTESQUIEU
son dos modalidades de un mismo tipo de gobierno llamado republicano.
Para que perdure, la república tiene que ocupar un territorio de
pequeñas dimensiones, exige el abandono de la ambición y del egoísmo
personal, es decir, la devoción a la comunidad, la virtud política de los
ciudadanos. Es un gobierno en el que la autoridad se ejerce de acuerdo
con las leyes, está basado en la igualdad, en la virtud y en la
participación general en el poder soberano.

7.2.3. LAS REVOLUCIONES LIBERALES


Las revoluciones inglesas del siglo XVII aseguraron la victoria del
Parlamento sobre el monarca, instaurando una monarquía parlamentaria
a partir de 1688. El acuerdo de 1688-1689 fue un acto de confirmación
de un estado de cosas constitucional que el Parlamento consideraba
legítimo, de acuerdo con las principales leyes inglesas existentes. La

94
soberanía descansaba en “el Rey en el Parlamento”, es decir, en los
Lores y en los Comunes. El gobierno limitado y las libertades
constitucionales son el punto de partida del gobierno representativo en
Inglaterra. Como se ha resaltado tantas veces, Inglaterra, la cuna de la
democracia liberal, desafía la concepción clásica de la democracia como
el gobierno basado en la soberanía popular, pues aún hoy en día,
formalmente, la soberanía descansa en el Parlamento.

La Revolución americana creó una nueva nación al cortar los


lazos de dependencia con Inglaterra. Más que una revolución, fue una
secesión. En la Declaración de Independencia y en la fundación de los
Estados Unidos contribuyeron de manera decisiva el arsenal de
principios políticos elaborados por el pensamiento europeo occidental
hasta ese momento: la igualdad de todos los hombres, sus inherentes e
inalienables derechos y el derechos de los pueblos a instituir su propio
gobierno. En el proceso, sin embargo, desarrollaron una nueva idea de
la representación, importante para la democracia. Los americanos no
encontraban en el Parlamento de Londres quien representará sus
propios y legítimos intereses. Se fue abriendo paso paulatinamente el
principio de que los hombres sólo deben obediencia legítima aun
gobierno al que hubieran dado el consentimiento. La Constitución
estipulaba el derecho del pueblo a la elección de los representantes de
la dos cámaras legislativas y de la presidencia, aunque con métodos
diferentes. Sin embargo, en los orígenes, quedaban excluidos de la
participación las mujeres, los negros y se excluía del derecho de sufragio
a los que no tenían propiedades o no pagaban impuestos. En vez de
una monarquía parlamentaria como la de Inglaterra, el modelo
representativo se impuso en los Estados Unidos con la creación de una
república presidencialista federal como tipo de régimen.

95
a) La Democracia representativa y el modelo de
representación política
En las democracias modernas no se produce la identidad entre
los que gobiernan y son gobernados. La gran dimensión de los Estados
nacionales convirtió en inaplicable el tipo de democracia directa tal y
como se había practicado en la Grecia clásica.
Dos tradiciones opuestas surgen tras los procesos revolucionarios
durante el siglo XVIII: el modelo de democracia representativa, cuyas
fuentes principales son las aportaciones de J. LOCKE hasta J.S. MILLl,
los padres fundadores de la Constitución americana, y el modelo de
democracia directa inspirado en J.J. ROUSSEAU.
La aportación radical de ROUSSEAU fue el concepto de voluntad
general, según el cual cada ciudadano tenía un interés colectivo en el
bienestar de la comunidad, distinto del interés privado y, por tanto, el
cuerpo de ciudadanos debía actuar como un todo y aprobar libremente
las leyes que serían aplicadas por igual a todos los individuos. El pueblo
es, por tanto, el único soberano legítimo de una comunidad, y la voluntad
del conjunto, el poder legislativo, no puede ser representada por ninguna
persona o grupo. Por ello, escribe ROUSSEAU en el Contrato Social al
referirse al sistema parlamentario de Inglaterra, los ingleses sólo son
libres durante la elección de los miembros del Parlamento para después
volver a la esclavitud. Rechazaba el sistema representativo que se
había impuesto gradualmente en Inglaterra como fórmula de
compromiso entre los intereses de la monarquía y el pueblo.
ROUSSEAU establece la distinción entre el pueblo como soberano, es
decir, la soberanía popular, y la forma de gobierno, que puede ser
monárquica, aristocrática o democrática. El gobierno democrático, esto
es, que la gran mayoría sea responsable de la ejecución de las leyes,
constituía un gobierno tan perfecto, pensaba ROUSSEAU, que sólo era
apto para los dioses, no para los hombres.

96
b) La igualdad de condiciones y la libertad
La complejidad de la vida en la sociedad industrial dejaba al
descubierto una serie de problemas nuevos, que los primeros liberales
no pudieron prever. En sus escritos J.S. MILL examina el problema de
la “tiranía social” o “tiranía de la opinión y del sentimiento dominantes”, y
de su amenaza para la individualidad; es decir, llama la atención y pide
protección frente a la opresión que puede surgir cuando la misma
sociedad es el tirano. Ahora bien, el problema planteado por MILL no
sería más que un hecho relevante si no lo conectamos con el principio
de mayoría o regla de procedimiento para tomar decisiones propias de la
democracia. TOCQUEVILLE observó y conectó ambos factores
(SARTORI, 1988: 174).

El primer trabajo sobre la democracia tal y como se presentaba en


las grandes sociedades modernas, dominadas por una creciente
industrialización, fue realizado por ALEXIS DE TOCQUEVILLE a
mediados del siglo XIX. En su obra encontramos la descripción de un
Estado nuevo, con más atribuciones políticas y administrativas, más
interventor y, sobre todo, el hecho de advenimiento de la era de las
masas como producto de un irresistible proceso de democratización
surgido de la difusión de la idea de igualdad. La democracia, en la
concepción de TOCQUEVILLE, es la negación de la aristocracia, el final
de los privilegios, la supresión de las distinciones de “estado” y la lenta
tendencia hacia una igualdad económica y a una uniformidad de modos
de vida. La democracia estimulaba la creación de asociaciones para la
defensa de una pluralidad de intereses de tipo político, económico,
religioso y cultural que hacían inevitable y saludable el conflicto. Esta
definición de democracia social queda conectada con la definición
política de la democracia o gobierno democrático, es decir, aquel
gobierno donde el pueblo desempeña un papel más o menos activo en
el gobierno. El objetivo clave de la reflexión es cómo lograr la unión de
la democracia y el liberalismo o, en otras palabras, cómo pueden las
sociedades democráticas definidas por la igualdad de condiciones –
como había observado en los Estados Unidos al compararla con la

97
sociedad francesa de su época- conservar las libertades personales e
intelectuales, la protección de la ley contra la arbitrariedad del poder, y la
participación de los ciudadanos, por medio de sus representantes
elegidos, en la gestión pública. Es precisamente el acceso de las masas
a la participación política lo que más preocupaba a TOCQUEVILLE, que
temía la “tiranía de la mayoría”. Las sociedades modernas –la
americana era el modelo que seguirían las europeas- tendían a realizar
la creciente igualdad de condiciones, pero podrían tomar dos caminos
diferentes: preservar las instituciones liberales, o bien evolucionar hacia
lo que llamó “el despotismo democrático” (TOCQUEVILLE, 1980, T. 2:
264-277).

c) La extensión de la ciudadanía
Desde el final de las guerras napoleónicas hasta el estallido de la
Primera Guerra Mundial, la democracia liberal se va consolidando en el
mundo occidental.

En términos generales, la emergencia de los partidos políticos


está ligada al constitucionalismo y al gobierno representativo en el siglo
XIX. El nacimiento de los partidos socialistas en Europa está ligado a la
concesión del derecho al voto a los campesinos y a los obreros, aunque
la organización de los partidos políticos en algunos países sea anterior a
la extensión del sufragio. En el siglo XVIII, E. BURKE argumentaba que
la competición organizada por el poder era no sólo aceptable sino
incluso deseable. El desarrollo de los partidos políticos en Europa en el
último cuarto de siglo XIX, y la extensión del sufragio universal
recondujeron la cuestión hacia soluciones más inclusivas que las
pretendidas por la tradición liberal.
Como hemos visto, los clásicos de la democracia liberal no tenían
mucha confianza en la capacidad ni en la prudencia del pueblo, del cual
obtenía su legitimidad el gobierno popular. Y esto explica lo reducido de
la representación parlamentaria, las limitaciones al sufragio y otras
estrategias institucionales como la elección indirecta de algunos cuerpos
legislativos. Como dato histórico significativo, hasta la reforma de 1832,

98
los miembros de la Cámara de los Comunes eran elegidos por unas 200
familias hacendadas.
En el siglo XIX, la guerra civil americana emancipó de la
esclavitud a cuatro millones de negros, y la exigencia de poseer
propiedades para tener derecho al voto fue eliminándose en todos los
países. A medida que avanzaba el siglo XIX, la presión de las masas
obreras, entre otros factores, obligó a una gradual ampliación de la
representación parlamentaria, que culminó con la concesión del sufragio
universal masculino, es decir, que los derechos de ciudadanía fueron
extendidos a prácticamente todos los adultos varones. De 1828 a 1926,
29 países instauraron gobiernos basados en el sufragio universal.

7.3. EL SISTEMA SOCIALISTA Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.


“El sentido del socialismo, tanto lógica como sociológicamente,
sólo puede ser entendido como contraste con el individualismo” (DANIEL
BELL, Socialismo, E.IC.S., vol. 9). Es cierto, como señala BELL, que el
ataque contra el individualismo moderno empezó a ser significativo
desde las perspectivas ideológicas conservadoras, particularmente en
pensadores católicos como DE BONALD, DE MAISTRE, LAMARTINE,
LAMMENAIS, DE TOCQUEVILLE, etc. (sin olvidar al español DONOSO
CORTÉS), culminando en las filosofías cristianas “sociales” del siglo XX,
de origen denominacional diverso: el cristianismo ortodoxo de
BERDIAEV; el protestantismo liberal de RAUSCHENBUSCH; el
protestantismo neo-ortodoxo de KARL BARTH o de REINHOLD
NIEBUHR; el catolicismo social de las doctrinas pontificias desde LEÓN
XIII, y las aportaciones de pensadores como MARITAIN, DAWSON y
MOUNIER.

En este conglomerado ideológico cristiano se combinan


elementos de un individualismo transformado (“humanismo”,
“personalismo”) con los de un colectivismo ideal, éticamente
fundamentado en los lazos orgánicos de la communitas cristiana
(“solidarismo”, “comunitarismo”, “corporativismo”) radicados en una
tradición, en un pasado que hasta cierto punto se desea conservar.

99
Sin embargo, la ideología propiamente colectivista-socialista,
como bien explicó E. DURKHEIM en su famoso curso sobre el
socialismo, dictado en la Universidad de Burdeos en 1895-1896, está
totalmente orientada hacia el futuro: “Es ante todo un plano de
reconstrucción de las sociedades actuales, un programa para una vida
colectiva que aún no existe o que no existe tal cual es soñada, y que es
propuesta a los hombres como digna de sus preferencias. Es un ideal.
Se ocupa mucho menos de lo que es o ha sido que de lo que debe ser”.

Teniendo en la mente la distinción de MARX y ENGELS entre un


socialismo utópico y un socialismo científico, DURKHEIM cuestiona la
posibilidad del último, “porque, si un tal socialismo fuera posible, serían
para ello necesarias ciencias que aún no están hechas y que no pueden
ser improvisadas” (¿postula DURKHEIM unas ciencias de la conducta –
behaviorism- que en la misma época del revisionismo de BERNSTEIN
encontramos en el socialismo fabiano, principalmente en GRAHAM
WALLAS?), por lo que se inclina hacia una visión pragmático-política e
ideología del mismo: “El socialismo no es una ciencia, una sociología en
miniatura, es un grito de dolor y, a veces, de cólera, lanzado por los
hombres que sienten más vivamente nuestro malestar colectivo... El
individualismo, como el socialismo, es ante todo una pasión que se
afirma, aunque eventualmente pueda pedir a la razón razones para
justificarse”. Ahora bien, si el socialismo no es una ciencia es un objeto
científico, sociológico, en cuya comprensión entran en juego diversas
nociones: negación de la propiedad individual; subordinación del
individuo a la colectividad; igualdad de las condiciones sociales;
intervención y/o abolición/extinción del Estado, etc. DURKHEIM propone
una definición operativa: “Se llama socialista toda doctrina toda doctrina
que reclama la vinculación de todas las funciones económicas, o de
algunas de ellas que son actualmente difusas, a los centros directores y
conscientes de la sociedad”. Subrayamos la palabra vinculación, porque
el sociólogo francés no quería que se entendiera subordinación, siendo
más bien una especie de comunicación o nexo constante hacia y desde

100
el centro director (Estado, Gobierno), encontrando su razón de ser en la
organización: “El socialismo es esencialmente una tendencia a
organizar... El socialismo no se reduce a una cuestión de salarios, o,
como se dice, de estómago. Es ante todo una aspiración a una
reorganización del cuerpo social que tenga por efecto situar
diferentemente el aparato industrial en el conjunto de organismo, sacarlo
de la sombra en que funcionaba automáticamente, llamarlo a la luz y al
control de la conciencia”.

El Socialismo deviene en una dictadura del Comunismo, una


situación que muchas veces se ha transformado en la dictadura
comunista como la de Stalim, la que vivió la China Comunista y la que
vive actualmente Corea del Norte.

Bibliografía específica:
MIRO QUESADA RADA, F. Introducción a la Ciencia Política. Parte
Especial.- Edit. Cultural Cusco, S.A. Lima Perú 1997 Leer Cap. IV.
ZHIDKEV Y OTROS Ob. cit. Leer Cap III.
FERRERO R. Raúl Ob. cit. Leer Cap XIV.
LOWENSTEIN, kart Teoría de la Constitución. Leer Caps. III y IV.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 04

1. El Sistema Autocrático y sus formas de Gobierno.


2. El Sistema Democrático y sus formas de Gobierno.
3. Las Revoluciones Liberales.
4. El Sistema Socialista y sus formas de Gobierno.

101
Quinta Semana:
V. UNIDAD LOS PARTIDOS POLITICOS I
8.1. CONCEPTO Y CONCEPCIONES SOBRE PARTIDO POLÍTICO.
Es evidente que considerar por separado el sistema electoral y los
partidos políticos sólo se justifica expositivamente y de acuerdo con la
perspectiva general que impone un texto introductorio a la ciencia política.
Como es lógico, todo análisis específico centrado en un país fuerza a que
ambos se consideren conjuntamente en el marco de un sistema político
concreto, dado el influjo que ambos factores ejercen recíprocamente.

Teniendo en cuenta esto –análogamente a como hicimos con la


exposición de los sistema electorales- vamos a plantear la problemática de los
partidos políticos en tanto que ésta es sólo una forma más de expresión de la
actividad colectiva de los actores políticos; la interrelación entre ambos factores
se tratará sólo incidentalmente. Como bien se advierte, estamos conjugando
dos niveles distintos –pero complementarios- de la idea de sistema político, en
la medida en que por sistema político podemos entender tanto la cuestión
general del funcionamiento organizativo de la vida política de los diferentes
países o naciones como la realidad plena de la organización de un Estado o
país concreto.

Estos dos niveles no son, en ningún caso, formas contrapuestas entre sí,
sino límites metodológicos derivados del plano en el que se quiere proyectar el
análisis. En este sentido, no hay que entender esto como una contradicción,
sino como condiciones derivadas del límite representativo que invade todo el
fundamento del conocimiento, tal como se planteó más arriba.

Establecer una definición general de los partidos políticos no deja de


resultar complicado. Existen muchas definiciones que, delimitando
matizaciones específicas de la envoltura de los partidos políticos, hay que
estimarlas como esenciales para la captación de la función que cumplen.
Naturalmente, no ofrecer un catálogo de estas definiciones, ya que la más
importantes de ellas, en sus líneas generales, quedarán reflejadas en lo que
sigue.

102
En cambio, resulta funcional ofrecer un marco global de las
características de los partidos políticos que permita adentrarnos en su
problemática general. Como es lógico, este marco global encuentra su punto
axial en el límite que traza la misma concepción del sistema político, en la
medida en que de él dependen la propia construcción del partidismo político
como fenómeno tanto de canalización y de expresión (SARTORI, 1980: 80 ss.)
como de articulación y combinación de intereses (ALMOND-POWELL, 1972:
91 ss.) Hay que tener en cuenta que en caso contrario se anularía la
singularidad de los partidos políticos, esto es, que sería excesivamente fácil
confundirlos con cualquier otro tipo de movimiento social.

Por tanto, dado que el sistema político, gravitando en torno al poder,


tiene que facilitar el mecanismo de flujo circular permanente o retroalimentación
entre demandas y recursos, no puede omitir la función central que cumple el
ejercicio de gobierno y a la que les es esencial la característica de la alternativa
u oposición política. Así, está claro que este marco global hay que fijarlo entre
la definición de SARTORI –“...un partido es cualquier grupo político identificado
por una etiqueta oficial que se presenta a las elecciones, y puede sacar en
elecciones (libres o no) candidatos a cargos públicos...” (SARTORI, 1980: 91)-,
y el acotamiento establecido por EPSTEIN cuando señala que “... los partidos
son sólo un tipo de participación política posible y no desde luego el más
significativo, sobre todo en los Estados Unidos ... (pues) ... es difícil afirmar que
estas otras formas de participación política (por ejemplo, las asociaciones
voluntarias y la actividad comunitaria) son menos funcionales en un sistema
político democrático que la simple adhesión a un partido o que el activismo
partidista...” (EPSTEIN, 1967: 357-358).

Como puede advertirse, este marco global nos coloca ante dos límites:
de un lado, la posibilidad de contemplar como partidos políticos a los partidos
únicos o totalitarios para poder dotar de rigor científico a la construcción que se
hace de los sistemas no-competitivos y que es, en definitiva, lo que lleva a
SARTORI a transponer la función de gobierno en el acceso a cargos públicos
conforme con la transición que él supone desde el gobierno responsable hacia
el gobierno que responde como gobierno de partidos propio de la sociedad de

103
masas. De suerte que la competencia política de los partidos parece así, más
un combate entre oligarquías para lograr el botín público que una
responsabilidad efectivamente adquirida a través de la elección (BACHRACH,
1973: 156 ss.). Esta, como tal elección, no puede ser no-libre o, mejor dicho,
sólo puede ser no-libre eliminado la función de responsabilidad gubernativa, ya
que ésta depende exclusivamente de la existencia de una legítima alternativa
política que es lo que justifica de ipso el proceso electoral. La legitimidad de la
unanimidad popular, como vimos, es sólo un valor marginal que en ningún caso
puede esgrimirse para convertir al mismo proceso electoral en un acto nominal
o de iuris.

Por otro lado, nos coloca ante el hecho de que los partidos políticos no
son la única y exclusiva forma de comunicar, canalizar o expresar los intereses,
puesto que existen sociedades donde tales intereses se desenvuelven también
bajo otras formas de carácter eminentemente social y sobre la base de partidos
débilmente organizados, no programáticos y poco cohesionados (EPSTEIN,
1967: 351).

Partiendo de que la responsabilidad gubernativa y su implícita alternativa


política es lo que caracteriza al partidismo político desde el trasfondo del poder
político en aras a garantizar la legitimidad del sistema político, está claro que
no hay ninguna razón para convertir a los partidos en el mecanismo central de
la participación política. La existencia de otras formas distintas de
organización, por ejemplo, las asociaciones o comunidades de todo tipo, no
deja de revelarse como manifestaciones efectivas de participación y, por lo
mismo, como actores políticos reales que inciden desde su condición de
actores sociales.

Desde este punto de vista, el contraste entre el sistema bipartidista


anglosajón y el sistema multipartidista europeo-continental –diferenciados por
WRIGHT respectivamente como modelo racional-eficiente y de democracia
partidista (1971: passim), constituye un contraste relativamente forzado allí
donde se opera básicamente con tipologías –que en realidad son sólo
clasificaciones- y no se muestran suficientemente los aspectos topológicos de

104
las mismas, esto es, la descripción confrontada con la realidad, como exige
ROKKAN para no desvirtuar el sentido del método “típico-ideal” que WEBER
extrae de la idea de la ciencia social donde previamente JELLINEK ha
encuadrado la comprensión del Estado lato sensu.

Es indudable que este contraste resulta forzado en la medida en que no


se tienen en cuenta los problemas metodológicos inherentes a la propia ciencia
social y se observa el campo de estudio de la ciencia política con la mera
óptica del empirismo y con el exclusivo ánimo de describir la realidad. Sin
advertir –y esto es lo grave- que acaso semejante descripción, por ausencia de
confrontación, se establezca forzando los fundamentos generales del
conocimiento político. Así, en cuanto que se puede pensar que la acción del
gobierno responsable sea algo que se desarrolle como luchas interoligárquicas,
está claro que sólo marginalmente se fundamenta aquel contraste. Incluso en
el caso de que esto último fuera efectivo, la única explicación posible para
justificar el desinterés y la indiferencia política, y en consecuencia las luchas
Inter-oligárquicas, sólo puede encontrarse en un plano distinto del relativo a
ponderar otros factores más sobresalientes como, por ejemplo, el temor a la
expansión de la dictadura soviética durante el transcurso de la guerra fría, tal
como se ha concebido en el modelo PARSONS-PARETO hasta la caída del
modelo soviético desde 1989 en adelante. Salvo factores de este tipo, resulta
difícil justificar tanto aquel desinterés como aquella indiferencia política, ya que
son elementos antidemocráticos que sólo marginalmente pueden ser
soslayados por el propio sistema político en cuanto que inciden muy
directamente en su eficaz funcionamiento organizativo.

En este sentido, la dominación oligárquica establecida en las cúspides


de los distintos partidos políticos no puede significar omisión de los problemas
políticos y socio-económicos que tiene planteado el propio sistema político. En
todo caso, debe forzar a que se replantee la cuestión de la participación
política, en cuanto es fundamental para la propia estabilidad del sistema
político mismo. Por tanto, si la participación política constituye un elemento
esencial al propio sistema político, es obvio, por su parte, que éste no puede
descuidarlo (BACHRACH, 1973: passim). Y previendo este hecho, es por lo

105
que el mismo sistema político tiene que desarrollarse de forma que tanto el
factor electoral como el factor partidista se encuentren integrados respondiendo
así a sus necesidades socio-políticas de toda índole.

Por ende, operando desde el trasfondo del sistema político, el marco


global del partidismo político viene delimitado por los siguiente puntos: 1) las
elecciones no pueden ser no-libres, al margen de cuál sea su resultado, ya que
sólo así se puede asegurar la participación política y garantizar la legitimidad;
2) la existencia efectiva de alternativa política y de alternancia partidista es lo
que produce y garantiza la función de gobierno responsable; y 3) el partidismo
político, aún siendo la condición de los dos puntos anteriores, no puede ser
sino una forma entre otras aunque importante, de expresar los intereses
políticos, puesto que por intereses políticos no se puede entender
exclusivamente lo político concebido al margen de todo lo social
(SCHUMPETER, 1968: 210 ss.), tal como ocurriría si no se salvase el escollo
parsoniano, esto es, si consideráramos la política como un subsistema del
sistema social.

A este respecto, hay que tener en cuenta que estos intereses políticos, si
salvamos el citado escollo y lo entendemos con la complejidad planteada por
EASTON hemos de advertir, a su vez, que por intereses políticos no hay que
entender sólo intereses puramente políticos de acceso y distribución del poder.
Al ser la ciencia social, como se dijo, un ámbito global de campos
interdependientes entre sí (WILDAVSKY, 1959: 308 ss.), no es posible
proyectar, more geometricum, en un plano el eje de coordenadas empírico de
lo político –que es lo que justificaría la concepción positivista del partido político
en su mera búsqueda de cargos públicos-, sino que se hace necesario
enfatizar la función de gobierno como gobierno responsable, implicado el acto
de dirección y de orientación política, intentando programáticamente el
reconocimiento del statu quo o su modificación. Este es un hecho que no
puede soslayarse en la función de expresión ni, mucho menos, ocultarse tras el
velo de la ambición oligárquica, de la voluntad de poder sin más, ya que el
positivismo científico que ello lleva aparejado no puede justificarse sino por
pura ingenuidad científica como, por ejemplo, concibiendo la política, frente al

106
presunto carácter redentor del comunismo anclado en la autoconciencia del
sovietismo (SCHUMPETER, 1968: 494 ss.), como un acto que se expresa
meramente a partir de los propios intereses redentores, como queriendo
legitimar la existencia de estos mismos intereses aun a costa de deslegitimar a
las propias instituciones político-estatales. Estas, cayendo bajo la férula de la
dominación partidista en su acceso a cargos públicos como simple expresión
de sus intereses políticos, reflejan la posible inutilidad de aquellas instituciones
en cuanto pueden ser sólo instrumentos de poder para preservar la dominación
oligárquica stricto sensu.

Naturalmente, esto no significa que los partidos políticos, ejerciendo o no


una dominación oligárquica, pierdan de vista el acceso prebendario (winner-
take-all) a los cargos públicos (spoils system), pero sí que ello es insuficiente
para justificar su función en el terreno institucional estatal.

Desde este punto de vista, la posibilidad de considerar a los partidos


políticos bajo la óptica del liberalismo como partidos que esperan alcanzar un
gobierno responsable en la defensa de los intereses de clase –como partidos
burgueses-, es un tratamiento igualmente ingenuo. Por tanto, no se puede
perder de vista la propia especificidad del capitalismo, esto es, la profunda
inherencia del proletariado, de la clase trabajadora, para el propio desarrollo de
la economía burguesa o capitalista, que es por su parte lo que fuerza a la
admisión legal de los partidos políticos obreros bajo la etiqueta de socialistas;
asimismo, hay que valorar la ampliación del derecho de sufragio hasta el
sufragio universal como condición efectiva para la estabilidad de las propias
instituciones estatales y para la legitimidad del sistema político. De otra
manera, no habría solución al conflicto social, siendo todo esto la base del
Estado de bienestar, que debe tener como referencia obligada la idea de
solidaridad (LUHMANN, 1993: 31 ss.).
Teniendo en cuenta este marco global acerca del partidismo político,
vamos seguidamente a establecer un análisis de la perspectiva histórica del
partidismo político para abordar ulteriormente los modelos de partidos políticos
en su aspecto general.

107
8.1. ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS.
Históricamente los Partidos Políticos devienen de los grupos de
notables – Burgueses – intelectuales que habían decidido intervenir en
política. Estos grupos operaban de dos maneras: cuando tenían el
candidato adecuado buscaban el auspicio de celebridades, elementos
influyentes y sectores significativos de la comunidad y, cuando contaban
con el auspicio, el respaldo y apoyo, buscaban el candidato adecuado es
decir al “Mejor Hombre”.

Una definición de partido político, debe contener los


siguientes puntos:
- Una Organización bien establecida y articulada que mantenga
relaciones regulares y variadas.
- Una Organización duradera, es decir aquella cuya esperanza de
vida política, sea superior a la de sus dirigentes.
- La voluntad deliberada de asumir y ejercer el poder, solos o en
alianzas, y no simplemente de influir en él.
- Buscar apoyo popular, sea por elecciones u otros medios.

Michels, en su obra “Los Partidos Políticos” conviene en que estas


organizaciones “generan natural e indefectiblemente, una oligarquía
burocrática, caracterizada por la existencia en la cumbre de la
organización, de un círculo interior – cerrado – dirigentes profesionales,
prácticamente inconmovibles que controlan toda promoción, toman su
interés de dirigentes por el interés general de los que dirigen y difunden
la perpetuidad de la organización con sus fines, su razón de ser. Este
poder exorbitante se funde en un monopolio de la información y en la
habilidad política de profesionales frente a amateurs; en la voluntad de
los mismos de ser dirigidos firmemente, en la veneración de las masas
por los líderes.”

La existencia de un planteamiento ideológico, ayuda a la


consolidación de la institución denominada Partido. Considerándose a la
ideología como la parte de las ciencias filosóficas, que trata del origen de

108
las ideas, es pues un sistema coherente que explica, justifica o expresa
las actitudes del hombre en el mundo en que vive. La ideología define
una perspectiva sobre el mundo.

Por naturaleza, el partido es un grupo social que actúa para influir en


el poder y, si es posible para conquistarlo. El partido suele ofrecer una
particular perspectiva de la historia, un punto de vista sobre el futuro de
la sociedad, una concepción sobre el rol que le compete a cada
elemento que constituye parte de esa sociedad. Los individuos asumen
el trabajo político con una orientación definida. El partido aglutina,
agrupa, reúne a todos aquellos que conciben el mundo desde una
perspectiva similar, que aspiran a un cierto modelo final y que convienen
en un determinado tipo de trabajo.

8.2. CONFIRMACIÓN Y ESTRUCTURA DE LOS PARTIDOS.


8.3.1. LOS PARTIDOS Y SU CLIENTELA
Tal como Samuel J. Elderseveld ha señalado, los partidos políticos
difieren de otras formaciones o grupos sociales por sus "propiedades
estructurales primordiales". En particular, un partido democrático es un
sistema de acción especializado cuyo objetivo es la ocupación de cargos
en el gobierno, una relación competitiva electoral con organizaciones
similares y una pauta especial de apoyo público y de estrategias de
adaptación. Los partidos se orientan hacia una clientela de electores
actuales o potenciales aunque la presencia de un electorado "flotante"
sustancial puede variar según el sistema. El Partido y su clientela, e
incluso sus miembros, en cierto sentido se utilizan mutuamente en
beneficio de todos; esto contribuye al carácter abierto y multifaccionario de
la mayor parte de los partidos. Por otra parte, algunos partidos muy unidos,
como los totalitarios de izquierda o de derecha, suprimen las banderías.

8.3.2. AGREGACIÓN DE INTERESES

Los partidos también están unidos por "subcoaliciones" a los


intereses socioeconómicos que buscan reconocimiento político si no

109
control. Esto los relaciona estrechamente con la función de la articulación
de intereses así como la agregación de intereses (Almond y Coloman).
Generalmente los intereses se articulan con anterioridad o para el
propósito de vincularse con la política a través de un partido. Les conviene
buscar expresión e influencia a través de uno o, incluso, varios partidos. Al
partido por su lado, le conviene formar una gran alianza; o agregación de
tales subcoaliciones, y preferiblemente una alianza que le asegura una
mayoría en los cuerpos representativos. Si no alcanza esa mayoría no
podrá tener el control político. Una alianza que le ofrezca mucho más de la
mayoría, por otra parte, podría comprometerlo con demasiados socios
todos los cuales esperarían resultados de alguna clase. La agregación de
diferentes subcoaliciones en un mismo partido requiere una considerable
capacidad de organización y bastante esfuerzo. Sus intereses suelen
oponerse y deben reconciliarse también con los objetivos comunes del
partido. Las tensiones interiores resultantes deben ser cuidadosamente
manejadas por la dirección del partido que tiene conocimiento de cómo
satisfacer las demandas de los grupos a cambio de su dedicación a la
causa.

8.3.3. ORGANIZACIÓN JERÁRQUICA

Al igual que muchos autores desde Robert Michele, Eldersveld


también hace hincapié en la estructura jerárquica de los partidos políticos
que combina pautas de "deferencia descendente" que van hasta la base
de mando centralizado. La propia dirección puede ser reclutada en fuentes
o carreras muy numerosas y diversas o convertirse en una camarilla
cerrada y oligárquica tal como Michels ha descrito. Sea como fuere e
independientemente de las pautas de deferencia descendente, incluso los
partidos más democráticos suelen estar dominados por los criterios de la
dirección en materia de política más que la iniciativa de los miembros
ordinarios. Este hincapié en la dirección deriva evidentemente del carácter
competitivo de los partidos y difiere considerablemente del que suele
esperarse de la dirección gubernamental. Cuando los dirigentes del partido
se convierten en dirigentes del gobierno deben, por lo tanto, sufrir un gran

110
cambio en su conducta y actitud puesto que sirven a un nuevo electorado:
el público.

8.3.4. TIPOS ESTRUCTURALES DE PARTIDOS

Algunos autores como Maurice Duverger y Sigmund Neumann han


indicado la conveniencia de clasificar a los partidos políticos según su
estructura o tipo. Duverger propuso distinciones estructurales basadas en
el carácter del personal del partido, tales como entre partidos de cuadro y
partidos de masas y entre los miembros directos e indirectos (de la
organización). Generalmente los partidos de masas tienen también
miembros directos mientras que los partidos de cuadro, como los de
Estados Unidos, no tienen personal formal. Los partidos indirectos, como
los de la Gran Bretaña, se apoyan en comités electorales, parecidos a
cuadros, escogidos por organizaciones constituyentes que realmente
pueden proporcionarles una base de masas. Duverger también hizo hin-
capié en las diferentes estructuras locales o tipos distintivos de los partidos
europeos. El tipo junta, comité electoral compuesto de figuras principales,
es característico de los más antiguos partidos europeos liberales,
conservadores o radicales. En realidad, éstos son también los que
Neumann llamó "partidos de representación individual" que son pautas
típicas de participación popular muy limitada y que no va mucho más allá
del acto de votar. Entre las elecciones, la organización electoral
desaparece y el representante electo puede gozar su "libre mandato" y
decidir de acuerdo, únicamente, con su conciencia. Aunque la idea del
libre mandato puede estar bien arraigada en las teorías occidentales del
gobierno representativo, es evidente que sufrió un gran menoscabo con la
aparición de las camarillas de cabilderos de la disciplina de partido en las
legislaturas.

El segundo tipo de estructura local que Duverger menciona es la


sección, una asamblea local y club de debates de considerable tamaño
que se reúne con frecuencia. Típicos partidos de sección fueron los
socialistas del contingente europeo antes de que de ellos derivarán los

111
"partidos inclusivos" o "populares". Estos son los que Neumann llamó "de
integración social", partidos de masas unidas por la trama social de
asociaciones auxiliares, incluídos la atención a los hijos de los trabajado-
res, las organizaciones juveniles, los clubes recreativos, culturales y
educativos, los sindicatos, etc., que literalmente rodeaban a los miembros
por todas partes y durante toda su vida. Naturalmente, esta subcultura
política también los aislaba mucho de la sociedad no socialista lo cual
reforzaba su estereotipo ideológico "del sistema". Algunos partidos católi-
cos e incluso conservadores y agrarios evolucionarios en la misma
dirección. Los tipos tercero y cuarto de estructura local que Duverger
señala, la pequeña y a menudo clandestina célula de fábrica o célula de
área y la milicia del partido han caracterizado a los movimientos fascistas y
comunistas, especialmente en las décadas de 1920 y 1930. Por lo general,
cada una de ellas está relacionada con el partido superior inmediato sólo
por lazos verticales lo que permite la práctica del centralismo democrático
en las estructuras comunistas y del principio de dirección en las
estructuras fascistas. El grado de centralismo, disciplina y fuerza de
articulación" de todo el partido también brinda distinciones significativas.
Neumann caracteriza la intensa vida de las células y milicias como una
"integración total" a diferencia da "integración democrática", para
relacionar la militancia y el utopismo ideológico de la lucha por el poder de
éstos partidos con la dictadura totalitaria que suelen establecer una vez
que la alcanzan.

Otros criterios para clasificar los partidos políticos han sido


aceptados desde hace mucho tiempo en esta disciplina. Huelga decir que
es posible clasificar los partidos de acuerdo con sus programas
ideológicos, o con su culto de pragmatismo o de la dirección. A menudo se
establece, también, una distinción entre los partidos que defienden el statu
quo (o que tratan de restaurar el anterior) y los partidos reformistas y
revolucionarios.
Esta última distinción en las democracias constitucionales utiliza
con frecuencia el término "partidos constitucionales" (partidos dispuestos a
aceptar al gobierno constitucional prevaleciente, incluidas las reglas para

112
el cambio constitucional) a diferencia de los partidos que se oponen a la
constitución o que no están dispuestos a aceptar su autoridad legítima.

8.3.5. SISTEMAS DE UN SÓLO PARTIDO

Estos sistemas no son fáciles de definir. La literatura tradicional ha


tendido a excluir de la definición, automáticamente, a esos partidos en
cuanto cesa la competencia. Sigmund Neumann, por ejemplo, ha afirmado
que: "El sistema de un sólo partido es una contradicción en sí mismo". A
juicio, la competencia no puede excluirse al definir un partido político como
"la organización articulada de los agentes políticos activos de la sociedad,
quienes se ocupan del control del poder gubernamental y compiten por el
apoyo popular con otro grupo, o grupos que tienen distintas opiniones".
Neumann y otros se interesaban en el fenómeno de las dictaduras de un
partido que surgieron en el período entre las dos guerras mundiales.

Cada vez que un partido totalitario fascista o comunista se


adueñaba del poder y eliminaba a todos los demás partidos de un sistema
determinado, podía verdaderamente decirse que el carácter básico de la
organización había sufrido un cambio drástico. En muchos casos el hecho
de asumir funciones totalmente nuevas que hasta entonces estaban
reservadas a la policía, el ejercicio o la administración, indicaba que su
básica raison dietre había cambiado al lograr el monopolio del poder.

El interés de los especialistas en Ciencias Políticas por las naciones


en desarrollo así como por las primeras fases de la formación de los
países más viejos, centró nuevamente la atención en el parti unique ya
que la mayoría de los sistemas en desarrollo parecían haber empezado
con un solo partido, generalmente una especie de movimiento nacionalista
o de independencia.

Estos sistemas de un partido de los países en desarrollo pueden no


ser competitivos pero no son forzosamente dictatoriales y es posible que
se dividen en facciones Oportunamente, el movimiento nacionalista quizá

113
se divida en dos y la competencia política aparece mucho después de la
primera organización semejante a un partido.

Esa es la razón de que quienes estudian los partidos políticos


africanos, por ejemplo, evitan relacionar su definición de los partidos con la
competencia James S. Coloman y Carl Rosberg, por ejemplo, los definen
como "asociaciones formalmente organizadas con el propósito explícito y
declarado de adquirir y/o mantener el control legal, bien sea solos o en
coalición o competencia electoral con otras asociaciones similares, sobre
el personal y la policía del gobierno de un estado soberano real o futuro".
En otras palabras incluso los partidos únicos son aceptados como partidos
si cumplen ciertas funciones sociales que normalmente se adescriben a
los partidos políticos.

8.4. FINES Y ACTIVIDADES DE LOS PARTIDOS.


8.4.1. FINES
1. Reclutamiento y selección del personal directivo para los diversos
cargos gubernativos.
2. Generación de programas y políticas de gobierno.
3. Coordinación y control de los órganos de gobierno.
4. Integración social mediante la satisfacción y reconciliación de las
demandas de los grupos o por la generación de un sistema común de
creencias o ideología.
5. Integración social de los individuos mediante la movilización de la
ayuda y la socialización política.
6. Contraorganización de oposición o subversión.

8.4.2. ACTIVIDADES DE LOS PARTIDOS POLITICOS


A. PAPEL DE LOS PARTIDOS EN LAS ELECCIONES
Un aspecto relacionado de la selección de candidatos en los
sistemas competitivos, es también, el esfuerzo organizado para lograr que
sean elegidos y reelegidos. En realidad, hay muchas pruebas de que los
partidos modernos deben en gran parte su existencia a la necesidad de
representantes parlamentarios elegidos para crear comités electorales o

114
una organización netamente nacional para asegurar su reelección. Por lo
menos este fue el origen de las organizaciones permanentes de los
partidos en Inglaterra y en otros lugares al ampliarse el sufragio.

B. GENERACIÓN DE PROGRAMAS Y POLÍTICAS

La segunda función básica que generalmente se atribuye a los partidos es


la generación de programas y políticas. Algunos partidos pueden variar
mucho en lo que respecta al grado de compromiso ideológico o de
pragmatismo que tienen. En realidad, el que un partido determinado sea
considerado como muy ideológico o muy pragmático dependen más bien
del criterio del observador.

Si un partido se acerca a nuestras propias opiniones sobre determinadas


políticas nos parecerá más pragmático al abordar cuestiones concretas. Si
está bastante lejos de nuestro propio criterio, nos parecerá más
estrechamente ideológico en sus pautas. Sin embargo, algunos partidos
sumamente ideológicos se caracterizan por su hincapié en fórmulas
verbales coherentes y complejas para toda clase de políticas. Para ellos la
ideología es un medio de organización y disciplina así como una cuestión
de convicción. Por ejemplo, para el miembro individual de un partido,
comunista o fascista, la ideología constituye a menudo al mundo de
significado real, un hogar espiritual alejado de aquel enajenado que ocupa
en la sociedad que la rodea. Un partido pragmático, por el contrario, vive
en un medio caracterizado por el consenso básico por plural que sea.

C. PROGRAMAS Y POLÍTICAS DEL PARTIDO

En cualquier caso, incluso el partido más pragmático tiene que


desarrollar una respuesta más o menos coherente al reto constante que
supone la determinación de una política. Si está en la oposición, muestra
un punto de vista propio al criticar a quienes están en el poder. General-
mente, en la competencia electoral tiene que mostrar un programa de polí-
ticas alternativas para atraer a los electores. En realidad, hay muchos

115
sistemas oligárquicos de determinación de la política en la que ésta sólo
se decide en la cumbre o en donde su elaboración, atañe principalmente a
los organismos del gobierno y a los grupos de presión más que a los
electores que son miembros ordinarios de un partido. Pero incluso en los
sistemas de un sólo partido suele haber cierta competencia interior entre
los intereses a las facciones organizadas informalmente alrededor de
propias alternativas de política.

Cuando un partido de distinto programa llega al poder, ese


programa suele servir para orientar a los numerosos individuos que
ocupan cargos en los cuerpos legislativos, ejecutivos o en los gobiernos
regionales o locales en lo que respecta a los objetivos comunes. Como las
ideologías políticas y los programas electorales de los partidos más allá de
las volubles fórmulas verbales son bastante vagos, el programa del partido
en el poder suele ser modificado considerablemente al ejecutar las
políticas día tras día. Los seguidores ven lo que "su partido" lleva a cabo y
se identifican con él, independientemente de los detalles del programa. En
otras palabras : la idea unificadora del programa en la mente de los adictos
al régimen se convierte en su percepción de lo que el partido en el poder
realiza.

Naturalmente, la percepción de los regidores y opositores está


teñida por sus respectivas ideologías. Pero el hecho es que no se aferran
tanto a éstas como a sus dirigentes en el poder. Tienden a identificar el
gobierno existente, en el historial del partido, con su propia adhesión u
oposición al partido en el poder.

8.4.3. MODELOS DE PARTIDOS Y PERSPECTIVA


ACTUAL
Estos supuestos ayudan a superar, porque lo explican, el
aparente cinismo que envuelve al pensamiento de DOWNS sobre los
partidos políticos, allí donde los concibe en su condición de
maximizadores de votos en su esfuerzo por lograr el poder, teniendo en
cuenta que éste no se logra nunca a partir del óptimo de PARETO.

116
Debido a esto, se pueden hacer promesas que como es lógico no tienen
por qué cumplirse una vez que se ha obtenido el fin: el poder. Este
aparente cinismo –o maquiavelismo partidista actual-, que sólo es un
efecto perverso derivado de los caracteres concretos de un periodo
histórico –el que lleva desde el liberalismo, a través del desenvolvimiento
del nacionalismo, hasta la consolidación de la república democrática, o
en su defecto a la democracia representativa, que se hace patente en
toda su crudeza durante el proceso que va desde 1919 con la firma del
Tratado de Versalles hasta la caída del muro de Berlín (9-XI-1989), y
que en virtud de los acuerdos de Yalta y Potsdam (1945) racionalizan el
statu quo de los bloques militares-, nos permite no obstante entender
que sus razones no son algo ficticio ni baladi, pues responden
exactamente a hechos incontrovertibles, fundamentalmente el que hace
referencia a la pérdida de orientación y rumbo ante la complejidad del
problema social, en función precisamente de la arrogante e insólita
posición que se infiere de que una parte –pequeña o grande, es
indiferente- se tome el privilegio de decidir qué sea lo bueno o lo mejor
para los demás, y genere en consecuencia la escisión y el desgarro
entre la élite u oligarquía y las masas.
Dado que el sovietismo se encuentra en la necesidad de actuar
así, por reflejo reactivo también la sociedad occidental o no-soviética
debe actuar del mismo modo, y es aquí donde tiene lugar el despliegue
global de aquella perversidad, generadora del cinismo, en cuanto que los
partidos políticos de las sociedades occidentales tanto por temor a la
infiltración soviética como, velis nolis, por justificación añadida para la
conservación y abuso del poder se ven obligados a operar como
maximizadores de votos, en un esfuerzo por perdurar en el poder todo el
tiempo posible y empleando el cinismo en toda su extensión: promesas
incumplidas, sesgo en las informaciones, mediocridad cultural, etc., que
son características específicas propias del periodo analizado.
Supuesta la extinción de este periodo, la readaptación política
tiene que empezar a producirse, a pesar del intento lógico de
retardamiento que es previsible por la conservación del poder y de sus

117
privilegios por parte de las élites oligárquicas, y por parte de las masas,
debido a la inercia de su indiferencia y desinterés.
En este sentido, el cinismo downsiano, que tanta perplejidad
causa al lector de su obra y que se refleja en el capítulo final de
SARTORI, resulta de difícil solución para éste, pese a que empleando un
eje de coordenadas cartesiano, intenta delimitar espacios complejos que
permitan integrar los cleavages sociales que intersectan al campo
político. Pues DOWNS no opera, como interpreta SARTORI, sólo con el
bipartidismo, sino con el bipartidismo a partir de la bipolaridad como
categoría central, que es lo que subsiste en la formulación económica de
HOTELLING, y esto se pone de relieve con mayor enjundia si cabe, en
el hecho singular de tener que forzar la creación de espacios complejos
como única alternativa para poder convertir al campo científico de la
política en el contrapunto redentor del campo científico de la economía
en general y del pensamiento soviético en particular, cuando esto es un
hecho que ya el propio D. TRUMAN había revelado con toda claridad,
modificando profundamente el punto de vista de A. BENTLEY y sobre el
pluralismo grupal, al señalar que”... toda concepción del proceso político
debe tener en cuenta las efectivas diferencias individuales que separan
a los hombres... (e) integrarse en el sistema de relaciones que llamamos
Estado...” (TRUMAN, 1960: 262). Ello, como ya se advirtió, no tiene
necesariamente que significar que la ciencia política sea la panacea
redentora, sino que al contrario debe poner de relieve que semejante
integración no es algo que se pueda hacer sólo contemplando sus
márgenes y omitiendo sus límites, que existen y son esenciales para
evitar una desvirtuación de su genuino contenido científico.
Naturalmente, cobrar consciencia de estos límites inherentes a la
ciencia política es, como se dijo, fundamental no sólo para entender la
función que desarrollan los grupos de presión o grupos de interés, a
saber, sindicatos, Iglesia, ejército, organizaciones financieras, etc., sino
asimismo los movimientos sociales de toda índole, como por ejemplo,
los ecologistas, asociaciones a favor de la paz, etc. que cumplen unas
funciones esenciales como canalizadores de múltiples intereses,
independientemente de que no siempre logren imponer sus objetivos o

118
fines, debido precisamente a los límites que envuelven al campo
científico-político o, cuando menos, a cada sistema político en concreto.
La existencia completamente funcional de este aspecto
plurigrupal, cuya integración política deviene compleja debido a los
propios límites de la misma ciencia política, es lo que induce a R. Dahl a
concebir los sistemas políticos actuales como poliarquías (palabra
compuesta, derivada de -autoridad, dominio-), reflejándose así la
intrínseca complejidad del problema científico-político actual, allí donde
nos advierte de la falacia de la concepción de la política como algo
válido in aeternum, más allá de su aspecto meramente formal. Todo
contenido material de la misma –como dinámica de su sistema político-
transciende enteramente toda racionalización científica del propio
campo, debido a la interdependencia que hay que establecer con los
demás campos que integran el ámbito general de la ciencia social.
Con el trasfondo de la poliarquía dahliana podemos proceder a
advertir que todo el fundamento bipolar presenta una inconsistencia
científica si no se concibe bajo el límite de la representación o bajo el
condicionamiento de fraccionalidad que es justamente, lo que nos
permite remontar el cínico laberinto bipolar bipartidista de A. DOWNS –
entendiéndolo en su funcionalidad histórica- a la vez que atisbar la
fragilidad de las taxomanías neobaconistas –allí donde la paradoja del
tercio excluso (A no puede ser A y no-A al mismo tiempo) (SARTORI,
1980: 346) no tiene otra vigencia que la meramente formal-. Ahora
bien, que esta vigencia sea meramente formal no quiere decir que no se
puedan elaborar fundadamente clasificaciones susceptibles de
tipologizar. Sobre todo, si no se pierde de vista la necesidad de que
cuando se establezca una tipología se prevea asimismo su propio límite
o por el contrario, se la investigue correlativamente con sus distintas
posibilidades de clasificación y se la deduzca con todas las reservas
previsibles. De este modo, la economización que política y socialmente
representa el bipartidismo aparece entonces al resguardo de cualquier
desautorización que pueda impedir una diversidad de expresión de
intereses. Pues, todo esto no es sino la consecuencia de expandir
reactivamente –como contrapunto redentor de la conciencia occidental

119
frente al mágico economicismo soviético- el campo de la política y de
sus soluciones operativas a toda la vida social en general, subtendida en
la democracia partidista y en la representación proporcional pura.
La justificación sotto voce de este último proceso se puede
observar cuando se procede a examinar la evolución de los modelos de
partidos políticos que se han ido proponiendo desde la mitad del siglo
XIX hasta la época actual. En líneas generales, suele fijarse en el año
de 1848 el genuino inicio de los partidos políticos, correlativamente con
la insurrección revolucionaria que se produce en gran parte de la Europa
continental, de la que dan cuenta en sus escritos, entre otos, tanto
MARX como el mismo TOCQUEVILLE. Ya que, con el desarrollo de la
conciencia proletaria impuesta por el desarrollo capitalista tras el
paulatino control que la burguesía va adquiriendo del poder político
después de desplazar, tras la emblemática revolución de 1789 en
Francia, a la aristocracia de los centros neurálgicos de dominio, se
justifica la pertinencia de la existencia de los partidos políticos en cuanto
responden a realidades efectivas: la necesidad de crear un marco de
convivencia para intereses divergentes, que sin embargo no pueden
dejar de converger. Y que es lo que plantea la importancia de una
profundización democrática de la angosta estructura política del Estado
liberal que, basado en el sufragio censitario y en un parlamentarismo
radical que pusiera freno a la omnipotencia de la Monarquía absoluta,
resultaba ya una forma organizativa incongruente para poder integrar los
problemas que planteaba la sociedad de masas y los inicios de la
industrialización, tal como se puede percibir en el cuadro siguiente que s
ilustrativo en relación con todo esto.
Naturalmente, esta profundización era inevitable que sucediera no
sólo tras la creación, sino incluso la legalización e integración estatal de
los partidos políticos en el mismo marco democrático, lo que alteraba la
endeble cobertura social sobre la que se había edificado el Estado
liberal, que por la irrupción de las masas en la vida socio-política se
tornaba inconsistente e inelástico. La integración partidista en el Estado
democrático es sin embargo algo que se lleva a cabo de forma
paulatinamente paralelamente en el planteamiento teórico de la cuestión,

120
ya que no será hasta 1903 cuando, a partir de la publicación de la obra
del ruso M. OSTROGORSKI (1854-1919), La Democracia y la
Organización de los Partidos Políticos, se empiece a tomar conciencia
del fenómeno partidista en su sentido estricto, en la medida en que la
crítica marxista a la democracia representativa y el fenómeno del
partidismo político no constituye sino un arcano anclado en la razón
ilustrada, pues la posibilidad de que el proletariado, como actor socio-
político colectivo pueda a través de la dictadura del proletariado edificar
el socialismo no deja de ser un simple desideratum y sin que de ello se
infiera ausencia de orientación real en el pensamiento de MARX. Pues
como es lógico, el problema aquí no estriba en que MARX carezca de
razón, sino en cuáles son los senderos por los que ha de discurrir una
evolución que no se puede concebir con la simplicidad de la
unilinealidad, sino cobrando pena conciencia de la realidad, siempre
mucho más lábil y curvilínea de lo que en principio se puede suponer,
como consecuencia derivada del propio fundamento representativo del
conocimiento científico-social, y por lo mismo del científico-político.
La razón de esta toma de conciencia se debe fundamentalmente
a la parábola que construye el mismo OSTROGORSKI, en cuanto que,
sin de un lado, viendo el impacto extraño que la democratización, a
través del partidismo, produce en sociedades tan ordenadas como la
inglesa del siglo XVIII –con las reformas de 1832, 1867 y 1885, previas
al reconocimiento del sufragio universal y a la entrada en liza del
laborismo- y en la estadounidense durante la evolución del siglo XIX –
con las disputas entre el Norte y el Sur, con el trasfondo del federalismo
y los problemas de estabilización política derivados de la corrupción del
dominio republicano a principios del siglo X- se ve obligado, por otro
lado, a estimar que el partidismo es un mal a desechar.
El intento de buscar soluciones al problema como por ejemplo, el
establecimiento de un sufragio restringido referido mucho más al mérito
que a la renta, acompañado de la sustitución de los partidos políticos por
organizaciones ad hoc; es decir, grupos especializados en temas
concretos –análogos a los grupos de presión o a asociaciones
voluntarias- que se constituyan en canalizadores de los intereses, pero

121
que inmediatamente se disuelvan tras la consecución de su fin, no refleja
en realidad otra cosa sino una percepción del fenómeno social
enteramente alterado en función de no poder asumir las
transformaciones sociales de toda índole que la democratización trae
aparejadas consigo misma, sobre todo el problema de la sociedad de
masas que constituye un auténtico laberinto para el fundamento de la
filosofía liberal, que es el trasfondo del pensamiento político de
OSTROGORSKI (1979: 37ss.).
Es así como OSTROGORSKI advierte, respecto a la dirección de
los caucus –comités de dirigentes de los partidos- que los partidos
políticos no son más que un mero instrumento de dominación de élites
escondidas detrás de programas ómnibus (OSTROGORSKI, 1979: 209
ss.), programas que ofrecen soluciones universales, que nunca se
realizan y que alteran sustancialmente la conexión que el liberalismo
había establecido con la vida social, ya que el gobierno de partidos que
la democratización trae consigo no es de suyo más que una falacia en
cuanto que son los dirigentes los que controlan todo y ponen en
funcionamiento el party game (juego de partidos) que da la impresión de
democratización y que sin embargo, no es más que una reproducción
inconsecuente del principio de la volonté genérale de ROUSSEAU para
dar legitimidad al principio de mayoría, que por su ambivalencia no deja
de contener un cesarismo encubierto.

La impresión de OSTROGORSKI se refuerza cuando R.


MICHELS (1876-1936) publica, en 1911, su obra Los partidos políticos.
Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de las
democracias modernas, en el que intenta poner de relieve que la
organización es el instrumento que utilizan las élites para dominar a las
masas y que es en función de ella como se justifica la formulación del
principio michelsiano que conocemos con el nombre de ley de hierro de
la oligarquía. Bajo los efectos de este principio y para poder
fundamentarlo, MICHELS se inscribe en el Partido Socialdemócrata
Alemán –lo cual le costará la denegación de su acceso como profesor a
la Universidad de Marburgo en 1907, a pesar de la protesta de MAX

122
WEBER, yendo finalmente a la Universidad de Torino, donde enseñaba
G. MOSCA- y estudia a fondo esta organización política. Su resultado
será el libro mencionado que, bajo el influjo de la teoría de la circulación
de las élites de G. MOSCA y de W. PARETO, le lleva a poner de
manifiesto las limitaciones organizativas que poseía el mayor partido
obrero del mundo para poder conseguir efectivamente sus objetivos: la
integración organizada de las masas en la vida socio-política. La
inevitable dominación oligárquica ejercida por la élite del partido
socialdemócrata contradecía su genuino funcionamiento democrático, en
claro contraste con sus radicales exclamaciones a la democratización de
la vida política, máxime cuando, tras la caída de Bismarck y la
inauguración de la Weltpolitik (Política mundial) del Kaiser Guillermo Ii a
partir de 1890, la socialdemocracia eleva sustancialmente sus
porcentajes de votos hasta llegar a convertirse en los momentos previos
a la Primera Guerra Mundial en un partido clave en el sistema político
germano (MICHELS, 1983, 2 v.: 153 ss.).

Se supone, dada la relación de MICHELS con WEBER, que éste


pudo verse influido por aquél, ya que los escritos weberianos sobre los
partidos políticos son posteriores. Sin embargo, esto no deja de ser una
impresión inconsecuente, en cuanto que no es posible dejar de integrar,
por lo que afecta al pensamiento weberiano, sus escritos dentro de su
metodología. Esto no significa que WEBER eludiese dar opiniones
políticas, pero sí que a lo largo de sus escritos no es difícil encontrar
junto a aquellas, argumentos que puedan llegar incluso a contradecirlas,
en función básicamente del sentido que tiene la propia fundamentación
comprensiva de su pensamiento sociológico.
Desde este punto de vista, hay que inferior que la concepción
weberiana de los partidos políticos, partiendo de que él estima que son
“... nuevas formaciones... hijas de la democracia, del sufragio universal y
de la necesidad de reclutar y organizar las masas ... (y que)... son
relaciones de tipo asociativo y en una pertenencia fundada sobre
reclutamiento de forma libre...” y de que su objeto es “... asegurar el
poder a sus dirigentes en el seno de un grupo institucionalizado con el

123
fin de realizar un ideal u obtener ventajas materiales para sus
militantes...” (CHARLOT, 1971: 47) es pese a todo una concepción
mucho más compleja de lo que señala esta breve formulación. Pues el
propio WEBER desglosa cada uno de estos conceptos casi hasta el
milímetro para evitar convertir la comprensión del partidismo político en
un hecho científico-social y político inconsistente (WEBER, 1969: 1076
ss.). De ahí que el influjo michelsiano no deje de ser algo relativo, ya
que, independientemente de la novedad del fenómeno partidista como
tal, a partir de la estructura organizativa actual, está claro que el mismo
WEBER no magnifica en ningún caso tal realidad, sin que esto
signifique, por otro lado, que la desprecie como inconsecuente.
La valoración de los límites anejos al partidismo político es algo
que WEBER tiene bien presente en los comentarios que realiza al
respecto, sobre todo por lo que hace referencia a una intelección del
partidismo orientada exclusivamente bien por un ideal, bien por intereses
materiales, los cuales por sí mismo no representan nada si no se tiene
bien presente el efecto de la lucha de valores y fines con el trasfondo de
la distinción entre la ética de la responsabilidad y la ética de la
convicción que se abre con el proceso de secularización que genera las
condiciones para el desarrollo del capitalismo, y para la
institucionalización de la democracia moderna y de lo que no puede
sustraerse la función de gobierno.
Es aquí donde hay que plantear entonces la distinción weberiana
entre los partidos de notables (Honoratiorenparteien) y los partidos de
masas (Massenparteien). WEBER configura su tipología clásica
concibiendo estos últimos de modo ambivalente bajo el transfondo de los
de los partidos americanos, motivados por el aforismo de A. Jackson: to
the victor belong the spoils, y de la socialdemocracia alemana (LENK,
1980: 48). Ahora bien, esta concepción del partidismo político
weberiano es una formulación que sólo responde a medidas a la verdad,
en la medida en que el propio WEBER no concibe esta distinción
partidista sino dentro de todo el cambio político-constitucional y, por
ende, del cambio global que sufren los países más avanzados dentro del
proceso de democratización. Sin embargo, no plantea la posibilidad de

124
que el gobierno de partidos se superponga sobre el gobierno
responsable, ya que es precisamente de esto de lo que se lamenta por
la ausencia de desarrollo parlamentario que tuvo el Reichstag bajo la
arrebatadora personalidad política del Canciller Bismarck, cuyas intrigas
constantes y veleidades coalicionistas permanentes para mantenerse en
el poder habían fraguado una situación de impasse para el desarrollo de
la profesionalidad de los representación políticos.
Con este trasfondo, WEBER nos advierte acerca de la ineficacia
de los Honoratiorenparteien en cuanto que, aunque creados por el sector
burgués-liberal germano, éste no obstante dependía, a través de la
omnipotencia de Bismarck, de la estructura de poder del Junkertum
(grandes aristócratas latifundistas) prusiano, en contrapartida con los
Massenparteien que, si por su configuración organizativo-burocrática
dificultaban el desarrollo democrático interno, como bien había planteado
MICHELS, venían sin embargo a representar la orientación de salida al
impasse bismarckiano. No obstante, tampoco veía WEBER en estos
últimos ningún tipo de alternativa allí donde éstos no entendían bien la
significación de su integración en el marco estatal, en el marco
parlamentario según se produce en 1896, cuando se origina la
resolución de la Segunda Internacional –creada en 1889 tras la
disolución de la Primera Internacional en 1871 y que había sido creada
en Londres en 1864 que fuerza a la eliminación de las minorías que no
aceptasen participar parlamentariamente, dando así inicio a lo que se ha
denominado integración negativa, esto es, a la integración estatal del
partido cuando la masa se encontraba integrada a su vez sólo en el
partido.
La posición ambivalente de WEBER a este respecto ha sido hasta
cierto punto criticada, sobre todo porque se ha operado con una
interpretación simplista del fenómeno partidista en relación con su
formulación de los tipos de legitimidad; interpretación que bien mirada
desde la óptica del fundamento comprensivo de su pensamiento
sociológico es inconsecuente a todas luces y que requería un examen
más detenido.

125
Bibliografía específica:
MIRO QUESADA RADA, F. Introducción a la Ciencia Política. Parte
Especial. Leer Caps. VI, VII, VIII y IX.
Evolución, desarrollo y crisis del sistema de Partidos. Leer todo.
ANDRADE SANCHEZ, E. Ob. cit. Leer Cap IV.
SILVA SANTISTEBAN, L Ob. cit. Leer Cap VI.

126
LOS PARTIDOS POLÍTICOS II
8.5 ORDENAMIENTO LEGAL DEL PARTIDO POLÍTICO.
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERÚ. Artículo 35°. Los ciudadanos
pueden ejercer sus derechos individualmente o a través de
organizaciones políticas como partidos, movimientos o alianzas,
conforme a ley. Tales organizaciones concurren a la formación y
manifestación de la voluntad popular. Su inscripción en el registro
correspondiente les concede personalidad jurídica.
La ley establece normas orientadas a asegurar el funcionamiento
democrático de los partidos políticos, y la transparencia en cuanto al
origen de sus recursos económicos y el acceso gratuito a los medios de
comunicación social de propiedad del Estado en forma proporcional al
último resultado electoral general.

NUEVA LEY DE PARTIDOS POLÍTICOS: Ley 28094: Ley de


Partidos Politicos

Sólo los partidos podrían participar en las elecciones nacionales,


mientras que los movimientos lo harían solamente en las regionales y
locales y las organizaciones solamente en las locales. Dice el Art. 17:
“En las elecciones regionales o municipales pueden participar los
movimientos. En las elecciones municipales pueden participar las
organizaciones políticas de alcance local”. Ciertamente, no señala
expresamente que los movimientos regionales u organizaciones locales
no puedan participar también en las elecciones nacionales, pero el
texto claramente apunta en ese sentido.

El segundo, que las organizaciones políticas locales sólo


existen para fines de los procesos electorales y su reconocimiento legal
se cancela al terminar el respectivo proceso electoral. En efecto, el
mismo Art. 17 dice: “En el caso de las organizaciones políticas locales,
concluido el proceso electoral se procede a la cancelación de oficio del
registro respectivo”. En el otro extremo, se mantiene automáticamente
el registro de los partidos que consigan 5% o más de los sufragios, o al
menos una representación parlamentaria. No se especifica en qué

127
condiciones se mantiene o se revoca el registro de los movimientos
regionales.

El tercero, que sólo los partidos pueden tener acceso al


“financiamiento público directo” pues el artículo 28 recientemente
aprobado establece que “Solo los partidos políticos que obtienen
representación en el Congreso reciben del Estado financiamiento
público directo”.

En suma, la nueva ley aprobada no contempla la existencia


partidos regionales que puedan presentar candidatos a las elecciones
congresales y presidenciales ni –en consecuencia- recibir
financiamiento público, quedando en la ambigüedad en que
condiciones pierden o mantienen su registro.

La pregunta ahora es si el ejecutivo dará luz verde a esta ley. De


un lado, la ley cuenta con el apoyo de los partidos los partidos
“nacionales” presentes en el Congreso, incluyendo a sus dirigentes
regionales (ver entrevista a Miguel Reyes, Presidente de la Región
Amazonas de las filas del APRA). Dentro, cuenta con la oposición de
congresistas del propio partido de gobierno (ver entrevista a Walter
Alejos de Perú Posible) y –como era de esperarse- de líderes políticos
regionales (ver entrevista a Yehude Simon, Presidente de la Región
Lambayeque y lider del Partido Humanista).

8.6 SISTEMA DE PARTIDOS.


Por lo general, la mayoría de los científicos políticos coinciden en
afirmar que a un determinado tipo de régimen político corresponde una
forma específica de sistema partidario. De esta manera, se afirma que en
los regímenes totalitarios hay partidos únicos y que en los regímenes
democráticos se han establecido sistemas bipartidistas y multipartidistas.

Esta afirmación es cierta pero sólo en parte, porque en los


regímenes políticos encontramos una serie de variantes en relación a los

128
sistemas de partidos. Por ejemplo, en los regímenes socialistas, además
del unipartidismo, existe el sistema denominado de "partidos hegemónicos
ideológicos", que es una característica de algunas democracias populares,
como Polonia y la República Democrática Alemana (RDA).

El "partido hegemónico ideológico", tal como su nombre lo indica, es


un partido que tiene el control del Estado y del gobierno, pero que permite
la existencia de otros partidos; los mismos que pueden participar en la vida
política, pero dentro de fuertes limitaciones legales y de acuerdo a ciertas
reglas de juego establecidas por el partido hegemónico. En este sistema,
los demás partidos actúan en la perifería del partido principal, es decir,
como "partidos de segunda", tal como indica Sartori. Estos "partidos de
segunda", no compiten con el partido hegemónico en pie de igualdad; pero
tienen, aunque muy reducidamente, alguna presencia en la estructura
formal del Estado. Están permitidos siempre y cuando no alternen las
reglas de juego fijadas por el partido hegemónico y no pongan en tela de
juicio la ideología dominante en la sociedad.

Según La Palombara y Weiner, el partido hegemónico deja de ser


expresión de un sistema monopartidista y funciona en un sistema
"unipartidista Pluralista". En este caso, se trata de la presencia de un
partido hegemónico fuertemente autoritario, que también tiene el control
del gobierno e impone ciertas reglas de juego a la contienda partidaria; e,
incluso limitaciones legales que regulan la participación en el poder de los
otros partidos, pero se diferencia de los partidos hegemónicos ideológicos
porque no impone una ideología, sino que se preocupa sólo por mantener
su status privilegiado.

Hay casos en que estos partidos hegemónicos autoritarios son


pragmáticos, porque dan más importancia a soluciones inmediatas y
efectistas de los problemas sociales que a una concepción del mundo o al
ejercicio autoritario del poder.

129
Dentro de esta clasificación, podemos mencionar al PRI mexicano y
a la antigua "falange" española. Partidos de esta naturaleza, tanto
hegemónicos ideológicos, como hegemónicos autoritarios y pragmáticos
existen en Africa, pero la tendencia hegemónica ideológica tiene mayor
presencia que la autoritaria y pragmática Guinea, Túnez y Argelia son
ejemplos-tipo.

Jean Blondel señala que hay tres sub tipos de partidos único :
sistema de partido único autoritario-radical (del tipo comunista) sistema de
partido único autoritario de centro (de tipo populista); sistema de partido
único autoritario conservador (de tipo fascista).

Para Coleman y Almond, los partidos autoritarios se subclasifican


en totalitarios y autoritarios propiamente dichos. Ambos sistemas son
similares, pero se diferencian por el grado de penetración en una
sociedad. La penetración autoritaria es menos completa e integral que la
totalitaria que es más ideológica y universal.

Por su lado, Duverger se refiere a lo que él llama partido único


provisional, que se mantiene en el poder por cierto tiempo; pero que, luego
desarrolla una tendencia hacia el pluralismo multipartidista, como sucedió
en Turquía durante el gobierno de Kemal Ataturk; y el partido político que
es definitivo, como en los casos de los países de regímenes totalitarios, de
tipo stalinista y fascista; en que el partido está ligado al Estado, o
viceversa, es portador de una ideología dominante y asume la conducción
de la sociedad hacia un supuesto "destino histórico" que no puede ser
puesto en tela de juicio.

Un caso similar al explicado sobre el sistema de partido único es el


de los regímenes políticos con más de un partido como son los del sistema
bipartidista, multipartidista, dominante y ultradominante.

A nivel del sistema bipartidista, tenemos dos tipos o modelos; el


bipartidismo perfecto, en donde participan y predominan, en franca y libre

130
competencia, dos partidos políticos que suman alrededor del 90% del
electorado. Estos partidos predominan sobre otros partidos menores que
tienen poca influencia en el electorado.

El bipartidismo perfecto existe en los países anglosajones (Gran


Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia). Se dice
también que el bipartidismo perfecto es sólo una característica de los
regímenes anglosajones, pero esta afirmación carece de base empírica,
porque hubo y hay bipartidismo perfecto en Austria y Uruguay. En este
último país, el sistema se rompió por el golpe de Estado en 1973, pero con
las elecciones de 1984 se ha vuelto a restablecer.

El bipartidismo imperfecto se produce porque al lado de los dos


partidos importantes existe un tercero que, si bien no tiene mucho arraigo
electoral, es valioso para lograr la estabilidad en el parlamento y el
gobierno. En este caso, uno de los dos partidos principales debe por lo
general, formar alianza con el tercero para poder tener el control del go-
bierno.

Por otro lado, la imperfección puede consistir en la marginación de


ciertos sectores y partidos políticos que los grupos dominantes imponen,
como práctica y norma, en una sociedad: tal como sucede en Africa del
Sur, en donde el bipartidismo es imperfecto por discriminación racial y polí-
tica.

También hay bipartidismo imperfecto en sociedades no


anglosajonas como Alemania Federal, Bélgica, Ceilán, Colombia, Filipinas
y Japón.

Lo que se viene señalando respecto al bipartidismo también es


aplicable al multipartidismo. En este sistema hay, como es lógico, una
serie de variantes. El multipartidismo puede ser integral o extremo cuando,
por lo general, hay más de cuatro partidos que determinan una
polarización tal del sistema político que, incluso, puede poner en riesgo el

131
sistema parlamentario; situación que obliga, para su mantenimiento
estable, a la formación de pactos o alianzas partidarias a fin de lograr una
mayor estabilidad de la democracia competitiva. También el
multipartidismo puede ser atemperado o moderado. Según autores, como
Schwartzenberg y Sartori, esta modalidad supone la presencia de cuatro
partidos, los mismos que por medio de pactos y alianzas como en el caso
anterior, contribuyen a evitar la polarización extrema y con ello una
situación intermedia entre el bipartidismo y el multipartidismo integral o
extremo. Esta modalidad de multipartidismo moderado predomina en
países como Alemania Federal, Bélgica e Irlanda, que tienen tres partidos
importantes; y que, como se ha indicado, podrían considerarse dentro de
la clasificación de bipartidismo imperfecto, porque el tercer partido sólo
sirve de apoyo de los dos más importantes, ya que tiene poca influencia en
la sociedad y la vida política. Este sistema también existe en Suecia,
Islandia y Luxemburgo.

Duverger indica que el sistema electoral es un factor técnico


prioritario para la formación de los sistemas de mas de un partido, aunque
no el único factor porque hay que considerar situaciones de orden
histórico. Pero, por regla general, el escrutinio mayoritario de una sola
vuelta tiende al dualismo de los partidos.

8.7 EL SISTEMA MULTIPARTIDISTA PERUANO.


El escrutinio mayoritario de dos vueltas y la representación
proporcional tienden al multipartidismo.

Hay multipartidismo integral o extremo en la mayoría de los países


de Europa latina (Francia, Italia, España, Portugal); en países de América
Latina como Perú, Ecuador, Chile (antes del golpe de Estado), Honduras,
República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Panamá. En cambio, en
Argentina, Brasil, Venezuela y Costa Rica se tiende al multipartidismo
atemperado o moderado. Hay multipartidismo extremo en países no
latinos como Dinamarca, Finlandia, Suiza, Israel, Noruega.

132
Como se ha indicado ya, entre los sistemas con más de un partido,
además del bipartidismo y del multipartidismo, encontramos el sistema de
partido dominante y ultradominante.

El sistema de partido dominante se presenta en los casos en que


un partido político logra, de manera constante y permanente el control
electoral en un porcentaje que oscila entre el 40 y 50% de los votos. Estos
partidos reflejan, en cierta medida, las aspiraciones sociales principales de
un pueblo y están ligados a su tradición histórica; pero su predominio se
desarrolla dentro de marcos pluralistas y democráticos, en franca
competencia con otros partidos, los que coaligados pueden desplazar del
poder al partido dominante. Lo mismo se puede decir sobre los sistemas
de partidos ultradominantes; pero, en esta situación, un partido en tales
condiciones, logra de manera permanente e ininterrumpida, por medios
democráticos, competitivos y pluralistas, el control de aproximadamente el
90% del electorado, como sucede con el Partido de Congreso en la India.
Pero también este partido puede perder las elecciones y ser derrotado por
sus opositores, por lo menos en el control del gobierno (poder ejecutivo).
Al partido dominante Sartori lo llama predominante, y al
ultradominante, hiperdominante. La diferencia entre estos sistemas
partidarios y el partido único o hegemónico, en sus forma ideológicas y
autoritaria, es que no se mantienen en el poder por la fuerza sino por la
persuasión, dentro de las reglas de juego pluralista y competitivas, vale
decir, democráticas.

8.8 LA CRISIS DEL SISTEMA DE PARTIDOS EN EL PERÚ.


La crisis de un sistema deviene cuando éste deja de funcionar al
tomarse obsoleto e incapaz de cumplir con sus funciones. Estamos ante
la crisis del sistema de partidos cuando los partidos políticos que los
conforman dejan de cumplir su función intermediadora entre el poder del
Estado y los ciudadanos, y dejan de representar los intereses de la
sociedad o ésta no se siente representada por ellos, con lo que deviene
una crisis de representación. En tal sentido Domingo García Belaúnde
considera que la crisis de los partidos se advierte a todas luces en la

133
crisis de representación: "la sociedad civil no se siente representada en
los partidos que hasta hace poco concentraban las simpatías populares
y más bien se orienta hoy hacia otros cauces".

Como toda creación humana los partidos son finitos, por lo que
tienen un ciclo de vida al termino del cual se extinguen. La crisis del
sistema de partidos ocurre cuando la crisis de representatividad alcanza
a todos los partidos que lo conforman. La mayor parte de la sociedad
revoca su apoyo a los partidos entrando en crisis no sólo el sistema de
partidos sino la propia democracia ya que no sólo el sistema de partidos
necesita de la de la democracia sino la democracia necesita del sistema
de partidos. Cuando el sistema de partidos está en crisis, el sistema
democrático se queda sin sustento y totalmente vulnerable a cualquier
arremetida autoritaria.

8.1 EVALUACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN


EL PERU
Históricamente, los partidos en el Perú no han sido
organizaciones sólidas, con propuestas políticas claras ni han sido
constituidos por fuertes movimientos sociales. Generalmente
nacen de arriba hacia abajo, en una coyuntura de crisis en la que
recogen intereses inmediatos, sin lograr estructurarse en una
organización con vocación de continuidad. Ello puede apreciarse,
por ejemplo: En su poca actividad fuera del contexto electoral y
su centralismo; sin preocuparse por ejemplo: En su poca actividad
fuera del contexto electoral y su centralismo; sin preocuparse por
plantear propuestas alternativas de gobierno, desarrollar locales
en provincias o captar y formar militantes.

Otro rasgo que demuestra cuán débiles sin estas


organizaciones es su dependencia al fundador o caudillo que los
dirige, en quien se basa la simpatía del electorado. El único
partido político del Perú fue el APRA cual sobrevive a su
fundador.

134
Los Partidos Políticos de los 70 estaban sumisos con una
lógica movientista, según la cual su fortaleza radicaba en los
movimientos que les apoyasen por ello buscaron desarrollar redes
de clientelaje político que dejaban fuera de ellas a grandes
sectores de la sociedad no representados por estos movimientos.
Se desarrolla, entonces, un régimen de dominación patrimonial en
el que los líderes de los partidos y el Poder Ejecutivo distribuyen
restan a cambios de lealtad.
En 1980 el régimen que se instalaba aparecía como liberal
y de alcance universal, basado en el respeto al pluralismo y los
intereses de consenso, no pudo librarse de la tradición clientelista
de la historia peruana. Los líderes de los partidos elegían a sus
demás miembros en base a criterios personales o de acuerdo a
una lógica de supuesta representación de grupos, de muchas
veces no era tal.
Otra vez, entonces, se formaron redes de clientes al
rededor de líderes que veían en ellos sus aliados en la sociedad.
En vez de optar por promover la formación de ciudadanos en los
sectores emergentes y reconocer que un Estado en crisis no
podía mantener relaciones de clientelaje sólidas, los grupos.

8.2 LISTADO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ

1) PARTIDO COMUNISTA PERUANO (PCP), 1928 (*).


Fundado por José Carlos Mariátegui, con el nombre de
Partido Socialista del Perú. En 1930 cambió de nombre por
el de Partido Comunista Peruano. Jorge Del Prado ostentó
el cargo de secretario general desde 1966 hasta 1991.
Participó en las elecciones constituyentes de 1978,
generales de 1962 (en el FLN), 1980 (en UI), 1985 y 1990
(estos dos últimos en IU); municipales de 1980, 1983,
1986, 1989 y 1993 (todas al interior de IU). En 1980 fundó,
con otros partidos, Izquierda Unida. En el Referéndum de

135
1993, apoyó la opción por el NO. Desde 1992, dejó de
tener representación parlamentaria.
2) PARTIDO APRISTA PERUANO (PAP), 1930 (*). Fundado
por Víctor Raúl Haya de la Torre. Entre sus principales
líderes históricos se encuentran Luis Heysen, Luis Alberto
Sánchez, Armando Villanueva del Campo, Ramiro Prialé,
Manuel Seoane, Andrés Townsend, Alan García. Es el
partido con mayor número de participaciones electorales:
constituyentes y presidenciales de 1931, constituyentes de
1978, generales de 1962, 1963, 1980, 1985 y 1990;
municipales de 1963 y 1966 (en alianza con la UNO), 1980,
1983, 1986, 1989, 1993, 1995 y 1998; complementarias de
1967. Ha sido partido gobernante, con Alan García, entre
1985 y 1990. En el Referéndum de 1993, apoyó la opción
por el NO. Lanzó la candidatura presidencial de Mercedes
Cabanillas, en 1995 y Carlos Roca Cáceres, en el 2000, sin
éxito.
3) ACCION POPULAR (AP), 1956 (*). Fundado en
Chincheros (Cusco) por Fernando Belaúnde Terry, luego
de las elecciones de 1956. Entre sus principales líderes
han figurado: Javier Alva Orlandini, Manuel Ulloa, Javier
Arias Stella, José María de la Jara y Ureta, Eduardo
Orrego. Participa en las elecciones generales de 1962,
1963 (en alianza con la DC), 1980, 1985, 1995, municipales
de 1963, 1966, 1967 (estas tres en alianza con la DC),
1980, 1983. Forma en 1988, con el PPC y el Movimiento
Libertad, el Frente Democrático (Fredemo) y participa en
sus listas en las elecciones municipales de 1989 y
generales de 1990. Participa, asimismo, en las elecciones
municipales de 1993, 1995 y 1998. Fue partido de gobierno
en dos períodos: 1963-1968 y 1980-1985. En el
Referéndum de 1993, apoyó la opción por el NO. En 1995,
lanzó la candidatura presidencial de Raúl Diez Canseco y,
en el 2000, de Víctor Andrés García Belaunde.

136
4. PARTIDO POPULAR CRISTIANO (PPC), 1967 (*). Partido
formado por un sector de la DC dirigido por Luis Bedoya
Reyes. Entre sus principales líderes se encuentran Mario
Polar Ugarteche, Roberto Ramírez del Villar, Ernesto
Alayza Grundy, Felipe Osterling, Alberto Borea. Participó
en las elecciones constituyentes de 1978, generales de
1980, 1985; municipales de 1980, 1983, 1986. En 1988,
forma con AP y el Movimiento Libertad, el FREDEMO y
participa en sus listas en las elecciones municipales de
1989 y generales de 1990. Se presenta solo en las
elecciones del Congreso Constituyente de 1992 y las
municipales de 1993, 1995 y 1998. En el Referéndum de
1993, apoyó la opción por el NO.
5. PARTIDO COMUNISTA DEL PERU (PATRIA ROJA), PC
DEL P(PR), 1970 (*). Ruptura del PCP(BR) liderado por
Alberto Moreno, Jorge Hurtado Pozo, Rolando Breña.
Inicialmente de tendencia maoísta. Participa en las
elecciones generales de 1980 bajo las siglas del UNIR. Es
otros de los fundadores de IU. Al interior de sus filas
participó en las elecciones generales de 1985, 1990 y 1995
y municipales de 1980, 1983, 1986, 1989 y 1993. En el
Referéndum de 1993, apoyó la opción por el NO.
6. PARTIDO COMUNISTA PERUANO (Sendero
Luminoso)(PCP-SL), 1970 (*). Ruptura del PCP(BR)
dirigido por Abimael Guzmán, Antonio Díaz Martínez,
Osmán Morote. Con bases principalmente estudiantiles y
docentes en Ayacucho, inició acciones armadas y
terroristas en 1980. A pesar que gran parte de sus líderes
se encuentran presos, entre ellos su máximo líder Abimael
Guzmán, aún mantienen presencia importante en el
escenario peruano.
7. UNION DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (UNIR), 1980
(*). Frente electoral de izquierda conformado por PC del
P(PR), FLN, VR-PC. Se incorpora a IU y participa en todas

137
las elecciones desde las municipales de 1980 hasta las
municipales de 1993. En el Referéndum de 1993, apoyó la
opción por el NO.
8. IZQUIERDA UNIDA (IU), 1980. Frente político electoral
conformado inicialmente por UDP, UNIR, PCP, PSR, PCR,
FOCEP. En 1984, UDP y parte del PCR forman el PUM y
se incorporan a IU. Lo presidió Alfonso Barrantes Lingán
hasta 1987. En 1989 realiza su primer congreso. Presenta
listas en las elecciones generales de 1985, 1990 y 1995 en
las municipales de 1980, 1983, 1986 y 1989. Entra en crisis
orgánica en 1990 y presenta candidaturas municipales en
1993, donde sólo participan PCP, UNIR y FOCEP.
9. PARTIDO UNIFICADO MARIATEGUISTA (PUM), 1984 (*).
Fusión de VR, MIR y un sector del PCR. En su mayoría
conformado por la antigua UDP. Sus líderes principales:
Javier Diez Canseco, Agustín Haya de la Torre, Santiago
Pedráglio, Eduardo Cáceres, Carlos Tapia. Integra IU y
participa en sus listas en todas las elecciones desde 1985.
Se retira de IU en 1990 y participa en las elecciones
municipales de 1993. Vuelve a participar, junto con UNIR,
al interior de IU, en las elecciones generales de 1995. En el
Referéndum de 1993, apoya la opción por el NO.
10. CAMBIO 90, 1989 (*). Fundado por Alberto Fujimori
Fujimori. Entre sus fundadores se encontraron Máximo San
Román, Julián Bustamante, Carlos García García. Ganó las
elecciones presidenciales de 1990, luego del golpe de 1992
sus líderes se retiran de dicha agrupación junto con otros
parlamentarios. Participa en Alianza con Nueva Mayoría en
CCD de 1992, en las municipales de 1993 y generales de
1995. En el Referéndum de 1993, apoya la opción por el SI.
En 1999, conforma con otros grupos, la alianza Perú 2000,
que lanzó la candidatura de Alberto Fujimori Fujimori.
11. FRENTE POPULAR AGRICOLA-FIA DEL PERU
(FREPAP) (*). 1989. Integrado básicamente por miembros

138
de la secta religiosa Los Israelitas del Nuevo Pacto
Universal. Es dirigido por Ezequiel Ataucusi Gamonal.
Participó en las elecciones generales de 1990, 1995, CCD
de 1992, municipales de 1993 y las elecciones del 2000,
con Ataucusi como candidato presidencial.
12. NUEVA MAYORIA 1992 (*). Formado por el presidente
Alberto Fujimori para participar en el CCD de 1992, las
municipales de 1993 y las generales de 1995,
conjuntamente con Cambio 90. Entre sus líderes
fundadores se encuentran Jaime Yoshiyama, Carlos Torres
y Torres Lara y Martha Chávez. En el Referéndum de 1993,
apoya la opción por el SI. En 1999, conforma con Cambio
90 y Vamos Vecino, el frente Perú 2000, que apoyo la
candidatura de Alberto Fujimori Fujimori.
13. RENOVACION, 1992 (*). Agrupación formada para
participar en el CCD de 1992, reúne independientes y
militantes de Libertad, bajo el liderazgo de Rafael Rey Rey.
En el Referéndum de 1993, apoya la opción por el SI. En
1999, conforma con el CODE Avancemos que lanza la
candidatura de Federico Salas Guevara para las elecciones
generales del 2000.
14. COORDINADORA DEMOCRATICA (CODE) 1992 (*).
Formado por ex-apristas entre los que se encuentra José
Barba Caballero para participar en las elecciones del CCD
de 1992. Posteriormente, lo hace en las generales de 1995.
En 1999 forma con Renovación la alianza Avancemos, para
participar en las elecciones del año 2000, con Federico
Salas Guevara como candidato presidencial.
15. UNION POR EL PERU (UPP), 1994 (*). Agrupación
fundada y dirigida por el embajador Javier Pérez de
Cuellar. Participó en las elecciones generales de 1995,
convirtiéndose en la primera fuerza de oposición. Entre sus
principales lideres se encontraban Alfonso Grados
Bertorini, Henry Pease, Gustavo Mohme, Daniel Estrada,

139
entre otros. Al final del período parlamentario la mayoría de
sus integrantes habían abandonado la agrupación. Para las
elecciones del 2000, lanza la candidatura presidencial de
Máximo San Román.
16. PERU POSIBLE, 1994 (*). Agrupación formada por
Alejandro Toledo, quien fue candidato a la presidencia -en
alianza con CODE- en 1995 y 2000. Entre sus líderes
principales se encuentran Luis Solari y Carlos Ferrero
Costa.
17. SOMOS PERU, 1998 (*). Formada en base del movimiento
independiente Somos Lima, que había fundado, en 1994, el
alcalde de Miraflores, Alberto Andrade. Participa en las
elecciones municipales de 1998 y obtiene la alcaldía de
Lima y varias otras provinciales y distritales. Presenta a
Alberto Andrade como candidato presidencial para las
elecciones del 2000.
18. VAMOS VECINO, 1998 (*). Agrupación oficialista fundada
para participar en las elecciones municipales de 1998.
Presentó como candidato en Lima al ex -ministro Juan
Hurtado Miller. En 1999, conformó la alianza Perú 2000
apoyando la candidatura del presidente Alberto Fujimori.
19. PERU 2000, 1999 (*). Frente que agrupó a las
organizaciones Cambio 90, Nueva Mayoría, Vamos Vecino
y movimiento independiente Perú 2000, con el propósito de
lanzar la candidatura presidencial, en las elecciones del
2000, de Alberto Fujimori Fujimori.
20. AVANCEMOS, 1999 (*). Agrupación formada por
Renovación y CODE, que lanzó la candidatura de Federico
Salas Guevara como candidato presidencial a las
elecciones del 2000.
21. SOLIDARIDAD NACIONAL, 1999 (*). Agrupación formada
por Luis Castañeda Lossio, que encabezó la candidatura
presidencial de las elecciones generales del 2000.
22. UNIDAD NACIONAL

140
Formado por la Integración de de Unidad Nacional y
Renovación y liderado por Lourdes Flores Nano en las
últimas elecciones presidenciales del 2006.
23. PARTIDO NACIONALISTA DEL PERÚ
Formado por Ollanta Humala Tasso para participar
en las elecciones del 2006, esbozando un argumento
nacionalista.

Bibliografía específica:
BIDART CAMPOS, Germán Ob. cit. Leer Cap. XXII.
MIRO QUESADA RADA, Fco Ob. cit. Leer todo.
CHANAME ORBE, Raúl Diccionario de Ciencia Política. Edit. San
Marcos 1993. Leer p. 303 a 325.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 05

1. Concepto y Concepciones sobre Partido Político.


2. Fines y Actividades de los Partidos
3. Ordenamiento Legal del Partido Político
4. Partidos Políticos en el Perú. Evaluación.

141
Sexta Semana:
VI. UNIDAD LOS GRUPOS DE PRESIÓN.
9.1 CONCEPTO Y TIPOS DE GRUPOS DE PRESIÓN.

Asociación o grupo organizado de personas o instituciones


que manifiestan deseos conscientes o intereses comunes a sus
miembros, realizando una acción destinada a influir en las
instituciones del poder público para producir decisiones de éste
favorables a sus fines. Algunos autores prefieren usar el vocablo
cabildeo en vez de grupo de presión para referirse a los grupos que
intentan ejercer presión sobre el poder público, ya que la mayor
parte de dichos grupos, durante la mayor parte del tiempo sólo
plantean solicitudes y en el caso de usar la presión, ella no es
utilizada de manera regular.

Los grupos de presión pueden clasificarse atendiendo a


diferentes criterios:

• Grupos de personas y grupos de organizaciones

Este criterio atiende a la naturaleza del grupo. Hay grupos de


presión integrados de personas naturales (sindicatos, asociaciones
gremiales, asociaciones profesionales, asociaciones de vecinos,
etc.), como hay grupos de presión constituidos por otros grupos o
asociaciones (federaciones y confederaciones de sindicatos o
asociaciones profesionales; federaciones o confederaciones de
organizaciones campesinas; federaciones o confederaciones de
asociaciones estudiantiles; federaciones o confederaciones de
organizaciones empresariales, etc.).

• Grupos de masas y grupos de cuadros

Los grupos de presión de masas están compuestos de una


gran cantidad de miembros, con una organización bien estructurada
y con aportes financieros pequeños y regulares (organizaciones
sindicales de trabajadores industriales o de campesinos). Los
grupos de presión de cuadros están compuestos de una cantidad
pequeña de miembros con fuerte influencia económica o social
(asociaciones de banqueros, asociaciones de grandes empresarios
industriales o agrícolas, etc.).

142
• Grupos de presión exclusivos y grupos de presión
parciales

Los grupos de presión exclusivos son aquellos cuya razón de


ser para constituirse es ejercer presión (los lobbies en Estados
Unidos). Los grupos de presión parciales son aquellos grupos en los
que la presión es utilizada en momentos específicos o como instru-
mento adicional, no siendo ella la única finalidad del grupo
(asociaciones profesionales, asociaciones de cooperativas, aso-
ciaciones empresariales, etc.).

• Grupos de presión promocionales y grupos de presión

funcionales o seccionales

Los grupos de presión promocionales o de causa tienen por


objeto promover un ideal o una causa determinada, su número de
adherentes no es susceptible de apreciarse. Tales asociaciones
buscan atraer miembros con base en compartir determinados
valores o una visión determinada de ciertos problemas (sociedades
protectoras de animales, asociaciones opuestas al uso de centrales
atómicas, Amnesty International, etc.). Los grupos de presión
seccionales o funcionales son aquellos que hablan en nombre de
una función o sección reconocible de la sociedad (agrupaciones de
comerciantes, federación de sindicatos industriales, colegios
profesionales).

• Grupos de presión privados y grupos de presión públicos

Los primeros son todos aquellos que emergen de la


organización de la sociedad civil, mientras que los segundos están
compuestos de personas o agrupaciones de ellas que desarrollan
sus funciones dentro del poder gubernamental o estatal
(organizaciones de funcionarios públicos, las fuerzas armadas,
organizaciones militares, industriales).

• Grupos de presión nacionales y grupos de presión

internacionales

Los grupos de presión nacionales son aquellos que desarrollan


su acción dentro de los límites de un Estado. Los grupos de presión

143
internacionales ejercen su acción traspasando los límites de un
Estado, sin que necesariamente puedan ser identificados con las
organizaciones internacionales.

• Grupos de presión directos y grupos de presión indirectos

Los primeros son aquellos que presionan en búsqueda de su


propio interés (agrupaciones profesionales, asociaciones
empresariales, asociaciones sindicales). Los segundos son aquellos
que ponen al servicio de otros grupos su influencia a cambio de una
remuneración (los lobbies en Estados Unidos).

• Los grupos de presión material y los grupos de presión


moral

Entre los últimos que tienen intereses morales o valóricos,


encontramos las asociaciones filantrópicas, agrupaciones culturales,
las iglesias. Entre los primeros que son aquellos que persiguen un
interés material generalmente de carácter financiero (aumento de
remuneraciones, alzas de precios, deducciones tributarias,
bonificaciones), aunque también pueden ser de otro orden
(mejoramiento de las condiciones de trabajo, ventajas previsionales,
entre otras).

9.2 FACTORES DE PODER DE LOS GRUPOS DE PRESIÓN.

Se basa en los siguientes aspectos:

1) un grupo organizado;

2) expresar conscientemente intereses parciales o particulares;

3) ejercer presión sobre el poder público para obtener sus fines;

4) no buscan ejercer por sí mismos el poder público y

5) no asumen la responsabilidad de las decisiones adoptadas bajo


su influencia.

La fuerza y efectividad del grupo de presión dependen de la


importancia del grupo más que de la forma jurídica que éste adopte.

144
La efectividad del grupo de presión dependerá del sistema político
en que éste se inserte y de los recursos que controle, de la facilidad
de acceso a las autoridades competentes para adoptar la decisión
política. Los recursos económicos constituyen una manera de
facilitar la influencia directa o indirecta, ya que ellos permiten adquirir
y orientar los medios de comunicación, entregar información
orientada, influir en la opinión pública, etc. La fuerza del grupo de
presión es creciente a medida que controle un bien escaso, sea éste
material o inmaterial (conocimiento, capacidad, riqueza), ya que ello
lo sitúa en una posición negociadora más fuerte. En los regímenes
democráticos el número de las personas que conforman el grupo de
presión y el apoyo de la opinión pública constituyen un elemento
importante de su fuerza negociadora, ya que el poder político se
sustenta en la decisión ciudadana que se expresa normalmente a
través del sufragio. Los límites de la eficacia de los grupos de
presión están dados porque éstos son diversos y persiguen
objetivos paralelos o muchas veces contradictorios entre sí, como
asimismo, al hecho de que la presión no es sólo unidireccional, vale
decir, de los grupos de presión hacia el poder público, sino que
también el poder público puede influir en los grupos de presión a
través de las decisiones que adopte.

Otro factor limitante de la eficacia de los grupos de presión es


que las personas que los integran pertenecen a otros grupos, ello
hace que su lealtad a cada grupo del que participan sea una lealtad
parcial y condicional, dependiendo la mayor o menor lealtad de la
importancia de los propósitos del grupo de presión para la vida de
sus integrantes. Finalmente, la compatibilidad o incompatibilidad de
los intereses del grupo con los valores predominantes de la
sociedad respectiva, constituye un elemento que puede favorecer o
limitar la eficacia del grupo de presión.

9.3 FORMAS DE ACTIVIDAD DE LOS GRUPOS DE PRESIÓN.

Los grupos de presión utilizan tres formas o tipos de presión:


la persuasión, la corrupción, y la intimidación.

- La persuasión

145
Esta forma de presión se emplea a través de las negociaciones,
la información y la propaganda, con el objeto de convencer de que
ella está orientada hacia el bien común, aun cuando en la práctica
representa el interés particular o sectorial que sirve al grupo de
presión respectivo.

• La intimidación
Esta forma de presión lleva aparejada una amenaza velada o
abierta del uso de la fuerza o de no colaboración con el gobierno en
el caso de no aceptarse la propuesta del grupo de presión.

• La corrupción
Constituye éste el mecanismo más contrario al ordenamiento
jurídico, siempre se realiza fuera del escenario público, utilizándose
generalmente medios económicos para recompensar la decisión
política favorable al grupo de presión.

9.4 FORMAS TÍPICAS DE LOS GRUPOS DE PRESIÓN.


LABORAL

CGTP (CONFEDERACION GENERAL DE


TRABAJADORES DEL PERU)

HUAMAN RIVERA MARIO (PDTE)


AURIS MELGAR OLMEDO (VICE PDTE.)

CUT, CTP
(CENTRAL UNICA DE TRABAJADORES, CENTRAL DE
TRABAJADORES DEL PERU)
JOSE GUERRERO FLORES
ELIAS GRIJALVA ALVARADO

FEDERACION DE TRABAJADORES DE CONSTRUCCION CIVIL DEL


PERU (FTCCP)

HUAMAN RIVERA MARIO (SEC. GRAL)


SEMINARIO ABRAMONTE FERNANDO (SEC,. GRAL ADJUNTO)
VERA PEREZ BUENAVENTURA (SEC. ORGANIZACION)

COORDINADORA NACIONAL DE TRANSPORTE TERRESTRE


OMAR CALDERON TERAN

146
JOSE LUIS DIAZ LEON
MARIO ARCE VERA

COORDINADORA NACIONAL DE TRANSPORTE


URBANO

OMAR EUSEBIO CALDERON TERAN (PDTE SETUM)


JOSE LUIS DIAZ LEON (PDTE. ASETUP)
MANUEL ROLANDO O´DIANA QUIROZ (PDTE. AMETUR)

EDUCACIONAL
SUTEP (SINDICATO UNITARIO DE TRABAJADORES EN LA
EDUCACION DEL PERU)

NILVER LOPEZ AMES (SEC. GRAL)


LUIS MUÑOZ ALVARADO (SUB SEC. GRAL)
JUAN CONTRERAS MENDOZA (SEC. ORGANIZACION)

POBLACIONAL
UNION DE FRENTES REGIONALES
ANTONIO BRAVO BARRETO (PDTE)
ALFONSO VALDERRAMA GONZALES. (SEC.)

FRENTE AMPLIO CIVICO DE LIMA

ALFONSO VALDERRAMA GONZALE (PDTE. COLEGIADO PCP-PR)


JUAN LA TORRE MONTOYA (PDTE. COLEGIADO PCP)

ZOCRATES OMAR CAMPOS GARCES (PDTE. COLEGIADO PCP-PR)


CIRO SILVA PAREDES

Bibliografía específica:
MIRO QUESADA RADA, Fco Ob. cit. Leer Cap. X.
ANDRADE SANCHEZ, E. Ob. cit. Leer Cap 5.
MEGNAUD, Jean Los grupos de presión. Edit. EUDEBA Leer
todo.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 06

1. Concepto y Tipos de Grupos de Presión.

147
2. Factores de Poder de los Grupos de Presión
3. Formas de Actividad de los Grupos de Presión.
4. Formas Típicas de los Grupos de Presión.

148
Séptima Semana:
VII.UNIDAD EN TORNO A LA OPINION PÚBLICA
10.1 CONCEPTO

Opinión pública" significa cosas distintas según se contemple como una


instancia crítica en relación a la notoriedad pública normativamente licitada del
ejercicio del poder político y social, o como una instancia receptiva en relación
a la notoriedad pública, "representativa" o manipulativamente divulgada, de
personas e instituciones, de bienes de consumo y de programas. En la
publicidad concurren ambas formas de notoriedad pública, pero "la" opinión
pública es su común destinatario: ¿qué relevancia tiene tal magnitud?

Los dos aspectos de la notoriedad pública (y de la opinión pública) no


están en una relación de norma y hecho -como si se tratara del mismo
principio, cuya actuación efectiva restara meramente subordinada a la
actuación licitada por la opinión pública (y, análogamente, la conducta efectiva
del público, subordinada a la conducta que de él se espera)-. Se trataría en
ese caso de coordinar una magnitud ideal de la opinión pública con su
configuración real; pero éste no es evidentemente el caso. Las funciones de la
notoriedad pública, la crítica y la manipulativa, son claramente distinguibles.
Actúan socialmente contrapuestas. Cada una de ellas conlleva una
expectativa de conducta distinta del público: una -por enlazar con la distinción
ya establecida- tiene que ver con la opinión pública; la otra, con la opinión no
pública. No puede decirse sin más que la conjunción de notoriedad pública y
destinatarios de ésta constituye una norma. Como norma constitucionalmente
ìnstitucionalizada que es la notoriedad pública (cuya base social ha cambiado
estructuralmente respecto de la situación de partida del Estado burgués de
derecho), determina una parte importante de los procedimientos a los que
están fácticamente obligados el ejercicio y la compensación del poder. Eso
"proporciona" a la notoriedad pública algo así como un destinatario que colma
las expectativas de conducta que ella conlleva -no es, por cierto, este
destinatario el público globalmente considerado, sino un sustituto
funcionalmente capaz-. Otra cuestión empíricamente decidible es en qué
ámbitos están en vigor estas funciones de la notoriedad pública, qué

149
dimensión tiene y en qué condiciones está el público que le corresponde. Por
otra parte, tampoco puede decirse que la conjunción, competidora de aquélla,
de notoriedad pública y de sus destinatarios constituya algo parecido a un
hecho; ella está acompañada de una específica autocomprensión cuya
obligatoriedad normativa puede aparecer hasta cierto punto en contraposición
a los intereses directos del "trabajo en publicidad". Es significativo que esta
autocomprensión proporcione elementos esenciales precisamente a su
adversario publicístico.

10.2 DESARROLLO HISTÓRICO DE LA OPINIÓN PÚBLICA.

Opinión pública, como se irá viendo, es una expresión polisémica de


resonancias heterogéneas que, por culpa de ese disenso, ha constituido el
punto de partida de actividades profesionales, científicas y sociales bien
dispersas o incluso opuestas. Como objeto de reflexión ensayística, en sus
vertientes filosófica, política y jurídica tenía ya una identidad madura en pleno
siglo XIX, por referirnos tan sólo a los antecedentes inmediatos de una cierta
sistematización académica. La obra de Holtzendorff (ed. 1880), o las
revisiones históricas de Speier (1950) y F. Graham Wilson (1962) suponen
sólidas certificaciones del cúmulo de trabajos relativos al fenómeno en la
pasada centuria. En realidad puede afirmarse que de las citadas alusiones a
la "opinión publique" de Rouseau y Mercier de la Riviere, ninguna revisión de
los problemas interciudadanos o de la relación de éstos con un sistema de
gobierno representativo puede prescindir de su invocación. Por ello hay que
convenir con Murillo Ferrol (1972) y con Padioleau (1981, p. 27) que el
referente "opinión publica" como elemento simbólico o valor astracto de
legitimación ha quedado fijado a la esencia misma de la noción del Estado
Liberal de Derecho.

Hay que insistir sin embargo en que, desde el principio, los deseos de
encontrar un sentido unívoco -OTAN siquiera un contenido-, para el viejo
término, han fracasado en la ambigüedad y la pluridefinición. El mayor efecto
de expresión, en mi opinión, lo ha desencadenado su propio éxito. Es
evidente, en las palabras de Candidato Monzón (1887, p.135),que una
realidad tan compleja y dinámica como la opinión pública puede llevarnos a

150
tantas definiciones como marcos de referencia se utilicen. O como han escrito
Muñoz Alonso y Rospir: "La falta de acuerdo sobre la falta de naturaleza de
este concepto, evanescente y proteico, es, sin ninguna duda, una debilidad
congénita de la que adolece esta área de la reflexión sociopolítica. Pero
posiblemente todavía mayor es la dificultad para determinar cuál sea, en un
momento dado, la opinión pública de una comunidad"

10.3RASGOS ESENCIALES OPINIÓN PÚBLICA.

A. "ESPACIO PÚBLICO" FRENTE A "ESPACIO SOCIAL" Y "ESPACIO


PRIVADO"

Las leyes y tendencias de la interpelación sociológica resultan


imprescindibles para su estudio. La noción de "espacio publico" requiere una
interrelación de "lo público" que es contrario a lo privado, pero no en un sentido
jurídico-social, sino psicosocial.

El cosmopolismo contemporáneo, viene a decir Sennett, ha generado


una necesidad de ciertos códigos de interrelación con los extraños; formas de
implicarse con ellos, de colaborar, dialogar, etc..., mediante los que muestra
presentación ante ellos no tenga por qué significar una presentación desnuda
de nuestra intimidad, nuestros verdaderos sentimientos, etc. Ni siquiera tiene
que mostrarse la autenticidad de nuestra personalidad que reservamos para las
relaciones interpersonales privadas. Se trata, en definitiva, del mismo
mecanismo que preserva la interioridad del actor de teatro, por debajo de los
diferentes "papeles" o "personajes" que interpretan.

B. ANQUILOSAMIENTO MENTAL

Con frecuencia se ha pensado que la mayor amenaza contra la


integridad del profesional de la comunicación pública la constituía su posible
debilidad ante los sobornos o su temor ante presiones o chantajes de cualquier
tipo. En un creciente número de críticos del actual sistema periodístico va
surgiendo la convicción, sin embargo, de que el mayor, o por lo menos más
común, enemigo de la clarividencia periodística no son esas presiones
externas, sino los anquilosamientos mentales de los propios profesionales.

151
Como ha comentado también el citado Savater: ¿Por qué los
encargados de transmitir información -son capaces de prevenir toda objetividad
y exactitud en el cumplimiento de sus tareas? Los ingenuos creen que
solamente a causa de los sobornos, chantajes y amenazas del poder, basado
en el oscurantismo de la mentira. En ocasiones así ocurre naturalmente. Pero
en otros muchos casos se trata de gentes con convicciones tan firmes que ni
siquiera los hechos los hacen cambiar de opinión

10.4POLÍTICA Y OPINIÓN PÚBLICA

El análisis jurídico-estatal y teórico-político de las normas


constitucionales en relación a la realidad constitucional de las democracias de
masas constituidas por el Estado social tiene que atender a la ficción
institucionalizada de la opinión pública, sin poder, empero, identificar
directamente a ésta en el comportamiento del público de ciudadanos con una
magnitud real. La dificultad resultante de ello ha sido señalada por Landshut.
Landshut registra, por una parte, el hecho de que "en el lugar tradicionalmente
destinado a la opinión pública [aparezca] la vaporosa inclinación sentimental.
Ésta es orientada y dirigida según convenga a través de determinadas
disposiciones y por determinados acontecimientos en uno u otro sentido. Esa
inclinabilidad sentimental se mueve como el resbaladizo cargamento de un
barco balanceante". Landshut recuerda, por otra parte, que las instituciones
constitucionales de la democracia de masas estatal-social cuentan con una
opinión pública intacta, puesto que ésta sigue siendo la única base reconocida
de la legitimación del dominio político: "El Estado moderno presupone como
principio de su propia verdad la soberanía popular, y ésta, a su vez, tiene que
estar encarnada por la opinión pública. Sin esa atribución, sin la sustitución de
la opinión pública como origen de toda autoridad de las decisiones obligatorias
para todo el mundo, falta a la democracia moderna la sustancia de su propia
verdad". Si no se puede abandonar el mandato, implícito en las normas
constitucionales, de una publicidad políticamente activa a la simple facticidad
de una publicidad disgregada (o no se puede abandonar, al menos, sin
sostener al mismo tiempo una idea ingenua respecto de la racionalización del

152
dominio político), entonces se abren fundamentalmente dos caminos para
definir el concepto de opinión pública.

Uno de ellos retrotrae a posiciones liberales; el liberalismo quiso salvar


la comunicación -en el ambiente de una publicidad desintegrada- de un círculo
interno de representantes capaces de publicidad y formadores de opinión; el
liberalismo quiso salvar un público raciocinante en el ambiente del público
meramente aclamativo. "Se comprende que sea mucho más difícil formar una
opinión pública a partir del desierto de sentimientos, difusas opiniones y
popularizados puntos de vista difundidos por las medios de comunicación de
masas, que a partir de la polémica racional entre las grandes corrientes de
opinión que pugnan entre sí en la sociedad civil. Porque hay que admitir que
es más difícil que nunca el que una opinión pública consiga imponerse".
Evidentemente, Hennis constata ese estado de cosas sólo para urgir a la
creación de organizaciones especiales encargadas de procurar audiencia y
obediencia "al punto de vista representada por los ciudadanos relativamente
mejor informados, más inteligentes y de mayor rectitud moral". El momento
de la publicidad, que es garantía de racionalidad, tiene que ser salvado al
precio del momento de la universalidad, que es garantía de accesibilidad
universal. De ahí que las cualificaciones que las personas privadas podían
conseguir antes como criterios de pertenencia a un público dentro de la esfera
del tráfico mercantil y del trabajo social, puedan llegar a autonomizarse como
cualidades jerárquicas de la "representación"; porque no puede contarse ya
con aquella base: una "representación" de este tipo no puede ya, dadas las
circunstancias, determinarse sociológicamente de un modo satisfactorio.

Bibliografía específica:
BIDART CAMPOS, Germán Ob. cit. Leer Lec. Vigésima.
MIRO QUESADA RADA, F. Ob. cit. Leer Cap. XI.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 07

1. En torno a la Opinión Pública. Concepto.


2. Desarrollo Histórico de la Opinión Pública

153
3. Rasgos Esenciales de la Opinión Pública.
4. Política y Opinión Pública.

154
Octava Semana:
VIII.UNIDAD EN TORNO A LAS ELECCIONES
11.1 ELECCIÓN, REPRESENTACIÓN Y GOBIERNO
La Elección es el derecho político que se puede ejercer de
acuerdo a la capacidad establecida por ley. A través de este proceso y
derecho, los ciudadanos activos con derecho a voto, delegan su
ejercicio en las autoridades que la Constitución establece, eligiéndose
por votación solemne y general a las personas que deben ocupar la
Presidencia de la República, las curules del Congreso y los cargos
municipales. Es, pues, un acto de soberanía que corresponde
exclusivamente a los miembros de la sociedad política. Es la raíz y
base del Estado Democrático; es la más genuina manifestación de la
voluntad popular. Los elegidos democráticamente se convierten en
representantes del pueblo y en depositarios de la soberanía nacional,
ya que como dijo Lamartine: “Todo ciudadano es elector, todo elegido
es un soberano”.
Según Montesquieu, el elector debería ser infalible en su
exigencia. El ciudadano está investido de una función: concurrir a la
designación de autoridades y organizar democráticamente el Estado.
Pero es, al mismo tiempo, el titular de un derecho. El individuo que vota,
no lo hace en su condición de persona privada, sino en virtud de un título
que le confiere la Constitución, llamándolo a definir la voluntad general
de la nación, es decir, le confía una comisión pública al investirlo del
poder legal del voto. Sus deberes con la Patria y los sacrificios que ella
le exige tienen como contrapartida el derecho a participar en el Gobierno
por el sufragio y que le corresponde por su calidad de miembro del
cuerpo político. El voto es, pues, la parte del Poder atribuible a cada
ciudadano en la sociedad política. El cuerpo electoral, observa Jellinck,
es el órgano central del Estado Democrático. La elección popular es la
base de los Poderes Públicos, expresa la Declaración Universal de París
sobre los Derechos Humanos de 1948.
La Representación es el acto por el cual el elegido representa la
voluntad popular y suele tener carisma electoral. La representación se

155
alcanza a partir de las preferencias electorales, que mayoritariamente
eligen a un determinado representante.
El Gobierno viene a ser el poder que se ejerce legítimamente a
partir de la democracia representativa, según el cual, el pueblo
depositario de la soberanía elige a sus mandatarios para que ejerzan el
Poder. El gobierno se encarga de las decisiones políticas, de acuerdo a
la constitución y a las leyes vigentes.

11.2SUFRAGIO Y TÉCNICAS ELECTORALES.


El derecho de sufragio constituye la principal concreción y
desarrollo del derecho a la participación política. El cual es, a su vez,
expresión del derecho a la participación en los asuntos públicos.

El derecho de sufragio tiene dos manifestaciones fundamentales


a. EL DERECHO DE SUFRAGIO ACTIVO O CAPACIDAD
ELECTORAL ACTIVA.
El derecho de sufragio activo se define como el derecho de todo
ciudadano a votar y elegir libremente a sus representantes,
fundamentalmente en el, ámbito las Asambleas Parlamentarias.
b. EL DERECHO DE SUFRAGIO PASIVO O CAPACIDAD
ELECTORAL PASIVA
Se define este derecho como el derecho a presentarse como
candidato a unas lecciones libres y a resultar elegido. Como señala la
sentencia del Tribunal Constitucional español (sentencia 45/1983)
ambos derechos se encuentran en íntima conexión y, desde una
consideración objetiva del ordenamiento, se presuponen mutuamente.
El derecho de sufragio consagra la potestad de la persona ya se apara
elegir a quienes hayan de ocupar determinados cargos públicos, para
manifestar su opinión respecto a una medida propuesta, o para expresar
su criterio con respecto a un asunto de política nacional en un
determinado momento. La concepción del sufragio como derecho
personal concreta a nivel individual el precepto de participación en los
procesos de decisión de los poderes públicos, en correspondencia con el
principio de soberanía popular. A través del sufragio se materializa la

156
participación política, entendiéndose ésta como expresión de la dignidad
humana y de la autodeterminación de la persona.
Entre las Técnicas Electorales tenemos:
1. El uso de las boletas electorales. En las boletas electorales se
ofrecen todas las opciones electorales desde escoger un candidato o a
un grupo de ellos (lista electoral), elegir una o varias propuestas
(plebiscito) o incluso ratificarse a un gobernante o disposición legal
(referendum). Las boletas electorales se fabrican, por regla general, en
diversos tipos de papel seguridad, pero en algunos países donde se
teme el fraude electoral, se agregan medidas adicionales como el foliado
y la firma de los representantes de partidos sobre las boletas, ya que se
quiere evitar la falsificación o duplicación ilegal de las boletas. Durante el
siglo XIX, antes de que se perfeccionara el sistema de elección que
todavía utilizamos, eran frecuentemente utilizados libros en los que se
registraba el sentido del voto de cada elector, dicho sistema se descartó
pues en todos los casos se conocía el sentido del voto de los electores y
podían sufrir por ello distintos tipos de represalias.
2. Tenemos las técnicas del Sondeo y las Técnicas de las
Encuestas, las mismas que se utilizan para obtener resultados sobre los
ganadores y perdedores de la justa electoral.

11.3ESCRUTINIO
Es el proceso por el cual las autoridades electorales proceden al
conteo de los votos emitidos. Es un acto público y fundamental para
garantizar la veracidad y legitimidad del proceso electoral. En la
actualidad el escrutinio se ve apoyado por los procedimientos y
soportes informáticos.

11.4SISTEMA ELECTORAL PERUANO


Está conformado por el Jurado Nacional de Elecciones que
resuelve las discrepancias y controversias en materia electoral y
también por la ONPE órgano que tiene a su cargo el control
administrativo y técnico del proceso electoral. Cada uno de estos
órganos está descentralizado a nivel nacional.

157
12. ORGANIGRAMA

JEFATURA
NACIONAL

ÓRGANOS ÓRGANOS
DE LÍNEA TEMPORALES

COMITÉ DE OFICINAS DE
ÓRGANOS DE DESCENTRALIZACIÓN
ÓRGANOS DE GERENCIA DE
ASESORAMIENTO DE PROCESOS
CONTROL PROCESOS
Y APOYO ELECTORALES
ELECTORALES

159
Bibliografía específica:
PHILLIPS SHIVELY, W. Introducción a las ciencias políticas. Edit Mc
Graw Hill 5ta. Edic. 1997 Leer P. 196 a 206.
ANDRADE SANCHEZ, E. Ob. cit. Leer el Cap 6.
MIRO QUESADA RADA, Fco Ob. cit. Leer Cap. XII.
Manual de Ciencias Políticas. Edit. Libros y Publicaciones. Lima Perú 2001.
Leer Cap. VIII.

Bibliografia general:
DUVERGER, Maurice Introducción a la Política. Ediciones Ariel –
Caracas – Barcelona.
FUKUYAMA, Francis El fin de la historia y el último hombre.
Editores Planeta Argentina, 1996.
HUNTINGTON, Samuel P. El Orden Político en las sociedades
en cambio. Edic. Paidós 5ta. Edic. 1997.
OOSORIO, Manuel Diccionario de ciencias jurídicas, políticas,
y sociales. Edit. Heliastas. 26 Edic.
actualizada, corregida y aumentada por
Guillermo Cabanellas. Buenos Aires, 1999.
SABINE, George H. Historia de la teoría política. Fondo de Cultura
Económica 200.
SARTORI, Giovanni La Sociedad Multiétnica, Pluralismo,
Multiculturismo y Extranjeros. Editorial Taurus.
Buenos Aires, 2001.
TOFFLER, Alvin La tercera ola.
El cambio del poder. Editora Plaza & Janes
S.A. España, 1997.

AUTOEVALUACIÓN FORMATIVA Nº 08
1. En torno a las Elecciones: Elección, Representación y Gobierno.
2. Sufragio y Técnicas Electorales.
3. Escrutinio.
4. Sistema Electoral Peruano.

158
INDICE

Pág.
Primera Semana:

I. UNIDAD EL CONOCIMIENTO CIENTIFICO. 02

1.1. CONCEPTO DE CIENCIA.

1.2. CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS

1.3. ESTRUCTURA DE LA CIENCIA

1.4. FUNCIONES DE LA CIENCIA.

2. ENTORNO A LA POLÍTICA. 12

2.1. CONCEPTO DE POLÍTICA.

2.2. LA POLÍTICA COMO PRÁCTICA SOCIAL.

2.3. LA POLÍTICA COMO CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.

2.3.1. POLÍTICA Y CIENCIA POLÍTICA

2.3.2. LA ÉTICA Y LA POLÍTICA.

Segunda Semana:

II. UNIDAD OBJETO Y METODOS DE LA CIENCIA POLITICA. 31

3.1 OBJETO DE ESTUDIO DE LA CIENCIA POLÍTICA.

3.2 MÉTODOS Y TÉCNICAS DE LA CIENCIA POLÍTICA.

3.3 BOSQUEJO DE LA EVOLUCIÓN DE LA CIENCIA POLÍTICA

3.4 FINALIDAD DE LA CIENCIA POLÍTICA

4. SOCIEDAD Y ESTADO. 41

4.1 EL ORIGEN DEL ESTADO.

4.1.1. CONCEPTO DEL ESTADO


4.1.2. FINES

4.2. LA ESENCIA Y TIPOS DE ESTADO.

4.3. LAS FUNCIONES DEL ESTADO

Tercera Semana:

III. UNIDAD EL PODER POLÍTICO. 56

5.1 ORIGEN DEL PODER

5.2 CONCEPTUALIZACIÓN DEL PODER.

5.3 FORMAS DE EXPRESIONES DEL PODER POLÍTICO.

5.4 FACTORES DEL PODER POLÍTICO.

5.4.1. NECESIDAD DEL ESTADO

5.4.2. PODER DE HECHO Y PODER DE DERECHO

5.4.3. POLITICIDAD ESENCIAL DEL ESTADO: DERECHO Y


POLÍTICA

5.4.4. EL PODER Y LA SOCIEDAD DE MASAS

5.4.5. EL ORDEN, EL PODER, LA LIBERTAD

5.4.6. LA REVOLUCIÓN Y EL MOVIMIENTO

6. EL PODER POLITICO I 85

6.1 TIPOS DE PODER.

6.2 LÍMITES DEL PODER.

6.3 LEGITIMIDAD DEL PODER.

6.4 LA ESTRUCTURA Y LAS RELACIONES DEL PODER.


Cuarta Semana:

IV. UNIDAD EN TORNO A LAS FORMAS DE GOBIERNO 89

7.1. EL SISTEMA AUTOCRÁTICO Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.

7.2. EL SISTEMA DEMOCRÁTICO Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.

7.3. EL SISTEMA SOCIALISTA Y SUS FORMAS DE GOBIERNO.

Quinta Semana:

V. UNIDAD LOS PARTIDOS POLITICOS I 102

8.1. CONCEPTO Y CONCEPCIONES SOBRE PARTIDO POLÍTICO.

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS.

8.2. CONFIRMACIÓN Y ESTRUCTURA DE LOS PARTIDOS.

8.4. FINES Y ACTIVIDADES DE LOS PARTIDOS.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS II 127

8.5. ORDENAMIENTO LEGAL DEL PARTIDO POLÍTICO.

8.6. SISTEMA DE PARTIDOS.

8.7. EL SISTEMA MULTIPARTIDISTA PERUANO.

8.8. LA CRISIS DEL SISTEMA DE PARTIDOS EN EL PERÚ.

EVALUACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL


PERU

LISTADO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ

Sexta Semana:

VI. UNIDAD LOS GRUPOS DE PRESIÓN. 142


9.1 CONCEPTO Y TIPOS DE GRUPOS DE PRESIÓN.

9.2 FACTORES DE PODER DE LOS GRUPOS DE


PRESIÓN.

9.3 FORMAS DE ACTIVIDAD DE LOS GRUPOS DE PRESIÓN.

9.4 FORMAS TÍPICAS DE LOS GRUPOS DE


PRESIÓN LABORAL

Séptima Semana:

VII.UNIDAD EN TORNO A LA OPINION PÚBLICA. 149

10.1 CONCEPTO

10.2 DESARROLLO HISTÓRICO DE LA OPINIÓN PÚBLICA.

10.3. RASGOS ESENCIALES OPINIÓN PÚBLICA.

A. "ESPACIO PÚBLICO" FRENTE A "ESPACIO SOCIAL" Y


"ESPACIO PRIVADO"
B. ANQUILOSAMIENTO MENTAL

10.4. POLÍTICA Y OPINIÓN PÚBLICA

Octava Semana:

VIII.UNIDAD EN TORNO A LAS ELECCIONES 155

11.1 ELECCIÓN, REPRESENTACIÓN Y GOBIERNO

11.2. SUFRAGIO Y TÉCNICAS ELECTORALES.

11.3. ESCRUTINIO

11.4. SISTEMA ELECTORAL PERUANO