Está en la página 1de 3

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA

Disciplina de la Psicología que se ocupa del estudio científico del comportamiento de un sujeto o
de un grupo de sujetos determinado, en su interacción recíproca con el ambiente físico y social,
con el fin de describir, clasificar, predecir, y, en su caso, explicar su comportamiento.

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA INFANTIL


Conjunto de procedimientos de evaluación administrados por un psicólogo para obtener
información sobre la capacidad de aprendizaje, los comportamientos y la salud mental del niño.

HISTORIA DE LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA INFANTIL


En el siglo XVIII el niño y la niña eran considerados como adultos en miniatura, por lo que el
método utilizado para evaluarlo cumplía los mismos principios de valoración y desarrollo de los
adultos
A partir del siglo XX, reconoce a los niños como sujetos cambiantes diferentes al adulto, que
cumplían con principios propios de desarrollo. Sin embargo, la evaluación infantil se centraba hacia
la clasificación y el diagnóstico, y no hacia la planificación, verificación de los resultados de
diferentes tratamientos o mejora clínica.
En 1977 surge el Modelo biopsicosocial, con el fin de vincular los aspectos biológicos y
psicológicos que conforman la estructura interna y personal de un sujeto, con el medio de
desarrollo. De acuerdo con esto, las características biológicas, psicológicas y sociales no son
independientes, sino que se relacionan unas a otras.

OBJETIVOS DE LA EVALUACIÓN INFANTIL


1. Conocer las causas y factores de riesgo en su entorno familiar-escolar y social.
2. Conocer los signos, síntomas, síndromes o enfermedades que presenta o ha presentado.
3. Formular el juicio clínico en base a los datos obtenidos.
4. Preparar y aplicar el plan de Intervención (Tratamiento).

CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS
El niño no acude a consulta por propia iniciativa. Son los adultos los que lo remiten y, por tanto,
el planteamiento del problema, motivo de consulta, vendrá condicionada por los valores y las
expectativas que los adultos tengan sobre el niño.
Los adultos forman parte de la génesis, evolución y mantenimiento del problema, por tanto,
su forma de afrontar el problema va a condicionar el proceso diagnóstico y de intervención
psicológica.
La información que nos puede transmitir un niño es mucho más limitada. Puede tener
dificultades de expresión verbal, deficiencias cognitivas, etc... También pueden aparecer miedos o
distorsiones en sus explicaciones al interactuar con un adulto que no conoce.
El pronóstico evolutivo del trastorno varía en función de las diferentes edades en las que se
ha iniciado el mismo, condicionando, a su vez, la gravedad y posible cronicidad de los síntomas.
La evaluación en niños y adolescentes deberá hacerse con "perspectiva de futuro", es decir,
el niño no tan solo se ve en su medio y circunstancias actuales, sino con proyección hacia los retos
o cambios vitales a los que se enfrentará.

FACTORES AMBIENTALES
Los niños pueden experimentar estrés debido a una variedad de sucesos ambientales:

 el nacimiento de un hermano
 mudarse a una casa nueva
 cambiar de escuelas
 reprobar en clases
 que uno de sus padres pierda el empleo
Es importante considerar todos los estresantes relevantes que el niño experimenta y cómo está
respondiendo a ellos. La razón es que el niño está sometido a un mayor control por parte del
entorno físico y social que el adulto, siendo, por tanto, más susceptible a estos factores.

LA INTERACCIÓN NIÑO-PSICÓLOGO EN LA EVALUACIÓN


El primer encuentro se puede producir con la familia y sin la presencia del niño. Ello permite
la recogida de información previa y preparar mejor el primer encuentro con el niño.
Hay que tomar en cuenta que cada niño es un mundo. Algunos niños se abren enseguida, de
forma espontánea, informándonos de manera abundante. En otros casos, las dificultades para
obtener información se complican con resistencias o temores.
En los primeros contactos, debemos intentar sintonizar con el niño y tratar de buscar un canal
comunicativo eficaz como, por ejemplo, el juego y el dibujo. Estas actividades el niño las vive de
forma no intrusiva y sin riesgo.
No forzar las situaciones. Si un niño no desea realizar cualquier actividad no hay obligarle.
El juego, como medio comunicativo, es el preferido hasta los 7 u 8 años de edad. Acompañado
de diálogo imaginario donde el niño puede expresarse a partir de objetos o juguetes es
especialmente útil.
LA IMPORTANCIA DEL JUEGO
El juego libre con cualquier objeto, suelen ayudar al niño y terapeuta en el establecimiento de un
primer contacto donde lo importante será ganar confianza y seguridad.
Por medio del juego, el terapeuta puede, no tan sólo evaluar y potenciar un buen vínculo afectivo
con el niño, sino empezar a modelar en él nuevas formas de comportarse en diferentes situaciones.
Aprovechando las reglas del propio juego que se está efectuando, podemos ensayar técnicas de:

 Respetar los turnos (control impulsividad).


 Aceptar las reglas o normas (entrenamiento de habilidades sociales).
 Tolerar mejor la frustración (si le ofrecemos un marco diferente de consecuencias cuando
pierde la partida).
 Mantener un comportamiento organizado (podemos enseñarle estrategias para ganar la
partida).
 La atención sostenida (permanecer un tiempo en una tarea sin pasar a otra).