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SALMOS 11: 1-7

En el SEÑOR hallo refugio. ¿Cómo, pues, se atreven a decirme: “Huye al


monte, como las aves»? 2 Vean cómo tensan sus arcos los
malvados: preparan las flechas sobre la cuerda para disparar desde las
sombras contra los rectos de corazón. (Fíjense en los malvados: se
esconden en las sombras, y esperan a la gente honrada, para atacarla cuando
pase).3 Cuando los fundamentos son destruidos, ¿qué le queda al
justo? 4 El SEÑOR está en su santo templo, en los cielos tiene el SEÑOR su
trono, y atentamente observa al ser humano; con sus propios ojos lo
examina. 5 El SEÑOR examina a justos y a malvados, y aborrece a los
que aman la violencia. 6 Hará llover sobre los malvados ardientes brasas
y candente azufre; ¡un viento abrasador será su suerte! 7 Justo es
el SEÑOR, y ama la justicia; por eso los íntegros contemplarán su rostro.

ACABARA ALGUN DIA LA VIOLENCIA?

En el drama más violento de William Shakespeare, Titus Andronicus, los personajes


enfrentan una escena similarmente grotesca. Tito sostiene en las manos las cabezas
cercenadas de sus dos sobrinos y lanza una extraña carcajada. Marcos le pregunta a su
hermano Tito: “¿Por qué os reís? No concuerda con esta hora”. Tito responde: “Ya no
tengo lágrimas para derramar” (Tercer acto, primera escena).

Vivimos en un mundo en el que la violencia abruma los límites del conocimiento. El tirano
Josef Stalin lo sabía cuándo opinó: “Una muerte es una tragedia; un millón de muertes es
una estadística”. Quizá por esto, Stalin mató a millones sin escrúpulos.

En una entrevista al director de Medicina Legal en Colombia dijo: En Colombia la violencia


no desaparece se ha transforma.

La historia del hombre se ha caracterizado por la violencia. Muchos, incluidos los


creyentes, piensan que no hay nada de malo en responder a las provocaciones con
violencia. Y millones se entretienen viendo películas y programas de televisión repletos de
violencia

¿Por qué estamos en un mundo tan violento?

Las semillas de la violencia

Hay violencia en la naturaleza. Los animales se matan unos a otros, sin sentimientos,
como fuente de alimentos o para proteger su territorio.
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Los seres humanos decimos tener un nivel de conciencia que los animales no tienen.
Pensamos en nuestros motivos, en las consecuencias de nuestros actos y simpatizamos
con los sentimientos de otros. ¿Qué es lo que hace que una persona quiera perjudicar o
matar a otro ser humano sin remordimiento?

Algunos psicólogos y filósofos sugieren que la violencia se aprende, que es el resultado de


una niñez expuesta a la crueldad.

Otros especulan que la tendencia hacia la violencia es tan natural como el hambre o la
reproducción en el ser humano. Que somos, en otras palabras, animales con el instinto de
matar.

Nosotros los cristianos creemos que las raíces de la violencia son mucho más profundas,
que llegan hasta un conflicto cósmico casi perdido en las brumas del tiempo. La violencia
se originó con uno de los personajes más cercanos a Dios. Las Escrituras lo llaman la
“estrella de la mañana” (aunque generalmente se lo conoce por su nombre latino
“Lucifer”). El pecado se debió, según la Biblia, a la arrogancia de Lucifer que se desarrolló
en la convicción de que él debía llegar a ser Dios (Isaías 14:12-14).

El orgullo fue la semilla del pecado, pero su primer fruto fue la violencia. “Después hubo
una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el
dragón y sus ángeles” (Apocalipsis 12:7). Lucifer fue echado del cielo, y vino a nuestro
mundo para convertirlo en su cuartel contra Dios al corromper a sus habitantes.

Los seres humanos no fuimos creados para ser criaturas violentas, más bien para lo
opuesto. Fuimos creados a la imagen de Dios (Génesis 1:26, 27), con los instintos divinos
del bien y la bondad. Pero Lucifer contagió a la creación perfecta de Dios con una
enfermedad moral fatal.

Así fue que los primeros seres humanos perdieron algo de su brillo de semejanza a Dios y
adquirieron en su lugar los tonos oscuros de su tentador. El primer crimen violento ocurrió
entre familiares. Lleno de furia, Caín asesinó a su hermano Abel (ver Génesis 4:8-10). Esto
fue apenas el comienzo de un largo descenso hacia la brutalidad.

==} Pasaban las generaciones, la paciencia de Dios se fue terminando. Las Escrituras dicen
que: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo
designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal... Y
estaba la tierra llena de violencia” (Génesis 6:5, 11).
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Una tierra violenta

No debiera sorprendernos que la tierra no sea menos violenta ahora que en aquel
entonces; posiblemente sea peor. No pasa un día sin que personas inocentes sufran
horrores inimaginables.

¿Será posible poner fin a la creciente marea de violencia? Muchos lo han intentado. Por
ejemplo, restringimos el acceso a las armas.

También el hombre ha tratado de contener a los que son violentos, se han creado topo
tipo de las cárceles, pero no podemos encarcelar a todos los culpables hasta el punto de
eliminar la violencia.

Algunos especulan que la pobreza lleva a los crímenes violentos; pero esa teoría pierde
fuerza cuando se nota que incluso los ricos no son inmunes a este tipo de conducta.

La razón por la cual no podemos terminar la violencia es porque se encuentra en nuestro


corazón humano. Aun si pudiésemos crear una sociedad en la cual se satisficieran
totalmente todas las necesidades humanas, algunos seguirían siendo violentos.

¿Es Dios violento?

La Biblia habla bastante sobre la violencia humana. Se muestra a algunas personas buenas
haciendo cosas horribles. Algo sumamente problemático es que hay pasajes que parecen
describir cómo Dios envía castigos crueles a los seres humanos. Los teólogos llevan
muchos siglos luchando con este problema.

Le diré honestamente que no puedo explicar todas las acciones de Dios en la Biblia, dudo
que algún ser humano pueda hacerlo. “¿Descubrirás tú los secretos de Dios?

¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?” (Job 11:7). Por no querer ser culpables de
la misma presunción que alimentó la perdición de Lucifer, somos cautelosos para tratar
estos temas.

Sin embargo, yo sé esto: que Dios odia el pecado y desea erradicarlo del universo. En
cierto momento, se desanima tanto con la violencia sobre la tierra que anuncia su
intención de destruir a sus criaturas. “Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los
hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia... pues me arrepiento de
haberlos hecho” (Génesis 6:7). Cuanta vez que Dios ordena la guerra o la muerte de un ser
humano encontrará declaraciones similares: Él ejerce violencia para terminar con la
violencia.
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¿Tiene algún sentido esto?

Tengo una amiga que desarrolló un tumor que tenía que ser quitado quirúrgicamente.
Francamente, se trataba de un proceso bastante violento. El cirujano le cortó la piel, abrió
una herida, le cortó trozos de hueso y metió sus manos dentro de su tórax para extirpar
un bulto de tejido enfermo. En el proceso empleó bisturís, sierras y herramientas
eléctricas de cauterización. Ella quedó mal, muy inflamada y sangrante, y le tomó muchas
semanas reponerse lo suficiente como para regresar a su casa. Se me ocurrió que si un
maleante callejero la hubiera dejado en tal condición, habría sido un crimen y hubiese
caído en la cárcel. Pero el que la había herido era un médico, y la hirió para salvarle la
vida.

Dios también tiene que causar dolor para sanarnos. El ejemplo cumbre fue que envió a su
propio Hijo para ser ejecutado con uno de los métodos más inhumanos de la historia.
Jesús, que nunca ejerció violencia contra nadie, murió una muerte de mártir a manos de
las criaturas que él creó, las mismas que había venido a salvar. “Por sus llagas fuimos
nosotros curados” (Isaías 53:5).

Dios promete un último acto de violencia que eliminará para siempre el pecado y sus
consecuencias y purificará el universo para siempre (ver Malaquías 4:1; 2 Pedro 3:11-13).
Luego “no habrá más muerte, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4). No habrá más
lágrimas porque Dios habrá eliminado toda causa de la violencia y toda la tristeza que ésta
engendra. ¿Estará usted listo para vivir en ese mundo de paz?