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Cinco argumentos pro armas y

cómo rebatirlos
Analizamos cinco de los argumentos a favor del uso de las armas y
encontramos sólo creencias y anécdotas alejados de la evidencia científica
que demuestra que las armas generan violencia.

Por: Marcela Figueroa

El pasado miércoles 16 de noviembre, se llevó a cabo un Foro en el Senado de la


República para debatir los pros y contras acerca de la iniciativa de reforma al
artículo décimo de la Constitución que busca permitir la portación de armas en
negocios y vehículos con el objetivo de hacer frente a la inseguridad.

En el espacio, convocado por el Senador Jorge Luis Preciado del PAN, autor de la
iniciativa, los defensores de la reforma presentaron una serie de argumentos basados
en supuestos, creencias y anécdotas que ignoran por completo la evidencia científica
que demuestra que las armas aumentan los factores de riesgo que generan violencia.

Es por ello que en este artículo presentamos los cinco argumentos más comunes de

aquellos que defienden la iniciativa y los refutamos, tanto con evidencia científica
como con contra argumentos que cuestionan la lógica detrás de la propuesta.

1. En los países en donde hay más armas, hay menos crímenes

Los defensores de la portación de armas como elemento eficaz para


combatir a la delincuencia usualmente ponen de ejemplo el caso de
Estados Unidos. De acuerdo a datos de la Oficina de las Naciones
Unidas para la Droga y el Delito, en 2013 Estados Unidos (dato
disponible más reciente) tuvo una tasa de homicidios dolosos de
3.9.[i] Hay que decir, una cifra muy por debajo de las tasas que se
registran en prácticamente toda Latinoamérica. Muchos defensores de
las armas, argumentan que esto se debe a que en Estados Unidos hay
altas tasas de posesión de armas (101 por cada 100 habitantes).[ii]

Vamos por partes. En primer lugar, si bien los dos datos son correctos,
uno no explica al otro.[iii] Es decir, que haya una baja tasa de homicidios
no quiere decir que sea debido al número de armas. En este caso
tendríamos que identificar otras razones para la baja tasa de homicidios.
Entre estas pueden estar, por ejemplo, el nivel de impunidad, de
corrupción en las instituciones de seguridad y procuración de justicia y
hasta otros factores socioeconómicos como el nivel de desempleo y de
educación.

Además, si bien Estados Unidos tiene una tasa de homicidios muy baja
comparado con el resto de América Latina (Gráfico 1), si se equipara con
países de Europa, incluidos países de Europa del Este que no son tan
desarrollados como los de Europa Occidental, Estados Unidos queda
muy por encima en este indicador (Gráfico 2).

Fuente:
Elaboración propia con datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra
la Droga y el Delito, 2014 (última actualización).
Nota. Los casos de Nicaragua y Bolivia corresponden a 2012, mientras
que los de Panamá y Estados Unidos a 2013.
Fuente:
Elaboración propia con datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra
la Droga y el Delito, 2014 (última actualización).
Nota. Los casos de Islandia, Reino Unido, Grecia, Holanda y Estados
Unidos corresponden a 2013.

Asimismo, hablar de Estados Unidos, un país de más de 300 millones de


habitantes como uno sólo también es incorrecto. Habría que analizar por
ejemplo el nivel de homicidios en sus grandes ciudades. Por ejemplo, en
Washington, la capital, la tasa de homicidios es de 18; en Miami de 17;
en Nueva Orleans de 41.[iv] Todas estas, cifras muy parecidas a casi
cualquier país de Latinoamérica.

De la misma manera, no todos los países con bajas tasas de homicidios


dolosos tienen altas tasas de portación de armas. En Holanda, por
ejemplo, hay 3.9 armas por cada 100 habitantes y menos de un
homicidio por cada 100,000 habitantes. En este país, las cárceles están
cerrando porque no hay quien las ocupe.[v] Japón es otro ejemplo
parecido en donde hay 0.3 homicidios por cada 100,000 habitantes y 0.6
armas por cada 100 habitantes. Otros casos son Reino Unido, Bélgica,
Eslovaquia, Dinamarca, España, Irlanda y Hungría, por mencionar sólo
algunos. De acuerdo a la lógica de a más armas menos delitos, la baja
incidencia delictiva en estos países no tendría explicación (Gráfico 3).
Fuente: Elaboración propia con
información de Small Arms Survey.

Haciendo un ejercicio estadístico[vi] para identificar la relación entre las


tasas de homicidios y de portación de armas de estos países, podemos
ver que no hay ninguna. De hecho, en el Gráfico 4 se puede ver cómo,
los países con tasas de homicidios de menos de uno por cada 100,000
mil habitantes, van desde menos de un arma por cada 100 habitantes,
hasta más de cuarenta. Es decir, en cada país hay condiciones
particulares que explican la baja tasa de delitos.

Fuente.
Elaboración propia con datos de tasas de homicidios de la ONU y de
portación de armas de Small Arms Survey.
2. Nos queremos armar para defendernos porque las
instituciones no funcionan

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre


Seguridad Pública 2015 (ENVIPE),[vii] sólo un 10.5% de los delitos se
denuncian. La principal razón para no hacerlo tiene que ver con un alto
grado de desconfianza en la autoridad. La población además, no
denuncia porque sabe que nunca va a recuperar sus bienes o que nunca
se va a encontrar al responsable. Eso sin tomar en cuenta el tiempo que
tarda levantar una denuncia y el maltrato al que son sometidas muchas
de las víctimas del crimen.

¿Cómo pensar en abrir los permisos de portación de armas en un país


en estas condiciones? El Senador Preciado propone que sea una
institución del Estado, la Secretaría de la Defensa Nacional, quien regule
los permisos y el uso de las armas bajo este nuevo esquema. Nos
preguntamos, si la justificación de esta iniciativa es que las instituciones
no funcionan, ¿no resulta ilógico que sean esas mismas instituciones las
que se hagan responsables de semejante tarea? ¿cómo confiar en que
una institución del Estado haga bien este encargo tan delicado?

Se trata por lo tanto de un argumento que se contradice a si mismo.


México no es un país con altos niveles de violencia debido a que no hay
armas, sino porque hay otras condiciones que han hecho que el crimen
se extienda a casi todo el territorio nacional.

3. No se van a armar todos, sólo la gente buena y honesta

Este argumento tiene varios problemas. Primero, ¿quién es la gente


buena? ¿cómo vamos a identificar a la gente buena y honesta de la que
no lo es? ¿Por su tipo de trabajo u ocupación? ¿por sus ingresos? ¿por
cómo la percibe la comunidad? Durante el Foro realizado en el Senado el
pasado 16 de noviembre se nos respondió que “era la gente que
demostrara un modo de vida decente”. En este sentido, preguntamos
nuevamente ¿qué es un modo de vida decente? La imposibilidad de
determinar estas cuestiones radica en que todas implican valoraciones
morales que no pueden regirse bajo una normatividad.

Sin embargo, imaginemos que logramos ponernos de acuerdo sobre


quién es una persona buena y quién es una persona mala. Entre los
buenos también habría niveles. Estaremos aquellos que no tendremos
los ingresos suficientes para comprar un arma, para pagar el permiso
correspondiente, los exámenes que aseguren que somos personas
buenas y honestas y además costear un curso para aprender a usarla. Y
somos la gran mayoría de la población. De esta manera la idea de que
con esto se “democratizaría el uso de las armas” es totalmente erróneo.

Otro problema con esta idea de “la gente buena” es que se divide a la
sociedad justamente en “buenos vs malos”. Como si esos “malos”, los
delincuentes, fuesen de otro planeta, ajenos a nosotros, y no como uno
de los muchos resultados de una sociedad desigual en donde existe un
alto nivel de impunidad.

4. El delincuente va a pensar dos veces en cometer un crimen


sabiendo que la gente está armada

Este argumento se basa en la idea de que las armas funcionan como


inhibidores del crimen. Es decir, que al saber que la víctima tiene un
arma, el delincuente se va a arrepentir de cometer el delito debido a que
su vida corre peligro. Sin embargo, no toma en cuenta que esto tal vez
tenga el efecto contrario. El delincuente podría ser incluso más agresivo
cuando sabe que su vida está en juego, esto sin contar las pocas
probabilidades que los usuarios tendrán de reaccionar rápidamente para
sacar su arma y defenderse del delito.

Un ejemplo. En 2014, el FBI dio a conocer un estudio[viii] sobre los muy


frecuentes tiroteos que ocurren en Estados Unidos. De 160 hechos
contabilizados entre los años de 2000 a 2013, sólo en uno de los casos
un civil armado pudo detener al perpetrador del incidente; en dos de
estos fueron policías fuera de servicio; en cuatro guardias armados; y en
21 civiles desarmados. El resto nadie pudo detenerlos. Otro ejemplo. En
2015, un tiroteo se registró en la Universidad de Oregón, un campus en
donde estaba permitido portar armas. Murieron nueve personas. Es
decir, ni la presencia de armas ha inhibido estos hechos, ni ha logrado
detenerlos.

Las armas no sólo no inhiben el crimen, sino que incluso lo vuelven más
letal. En Estados Unidos, el país con más armas del planeta, dos tercios
de los homicidios son por arma de fuego.[ix]Además, diversos estudios
han demostrado cómo en ese país, en los estados con mayor tasa de
armas, hay mayores tasas de homicidios y en específico de homicidios
por arma de fuego. No sólo eso, en los lugares con mayor tasa de armas,
hay más suicidios por arma de fuego y más muertes accidentales.[x]
Un ejemplo sobre el grado de letalidad. En diciembre de 2012, en
Chempeng, China, un hombre entró a una escuela y apuñaló a 22 niños
y a un adulto. Ese mismo día un hombre armado entró a una primaria en
Connecticut y disparó a 20 niños. En China, ninguna de las víctimas
murió; en Estados Unidos, murieron todas.

5. Prohibir las armas no hace que los delincuentes no las


consigan para cometer crímenes

Son cosas distintas porque la iniciativa busca ampliar la posesión legal


de armas que actualmente existe no desinhibir el mercado negro de
ellas. Además, está claro que los delincuentes no son inhibidos por las
leyes. Creer en ello es como afirmar que, como siempre hay alguien que
no respeta el semáforo en rojo, entonces hay que eliminar los semáforos.
Decir esto es lo mismo que afirmar que como el delincuente no obedece
las leyes, mejor hay que abolirlas todas.

Si bien es cierto que la ley no funciona como inhibidora para algunos,


funciona para todos. El problema, entre muchos otros, es que el grado de
impunidad es tan alto que, poco a poco las leyes van inhibiendo menos.
Ese es en realidad el problema que hay que atender. Armar a los
ciudadanos sólo hará que justamente ese nivel de impunidad aumente.

¿Qué hacer entonces ante el incremento de la inseguridad en el


país?

En definitiva, se tiene que reevaluar la estrategia de seguridad y cambiar


aquello que no ha funcionado. Se tienen también que fortalecer a las
instituciones de seguridad y procuración de justicia y sobre todo se tienen
que realizar disgnósticos locales sobre las problemáticas específicas de
cada región para poder diseñar diferentes estrategias dependiendo el
contexto de la zona y los tipos de delitos más frecuentes.

México es un país muy grande y con condiciones muy diferentes en sus


diferentes regiones. Uno de los errores más graves ha sido el intento de
homogeneizar una estrategia de seguridad que además se ha enfocado
en el combate a una sola de las modalidades del crimen organizado (el
narcotráfico).

Asimismo, se tienen que empezar a atender los factores estructurales


que son caldo de cultivo para el incremento de la criminalidad. En este
sentido no sólo son los altos niveles de impunidad y corrupción en las
instituciones, sino la falta de oportunidades laborales y educativas en el
país. Es decir, también hay que trabajar en medidas que disminuyan los
factores de riesgo de poblaciones vulnerables.

Se tiene también que tomar con seriedad el problema y se deben evitar


propuestas que sólo lleven a debates vacíos, como es el caso de la
iniciativa sobre portación de armas del Senador Jorge Luis Preciado. Una
propuesta que en resumen, busca combatir el problema de inseguridad,
creando condiciones para que la violencia aumente. Como ya se dijo, el
problema de la inseguridad en México no es el resultado de una carencia
de armas para defendernos, sino de una serie de vacíos institucionales,
de los altos niveles de impunidad, corrupción e incluso desigualdad.

* Marcela Figueroa es investigadora de @causaencomun.

[i] Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Bases de


datos.

[ii] Los datos de tasas de armas por habitantes por países fueron
tomados de la Small Arms Survey, una organización dedicada a generar
este tipo de información.

[iii] Una de las primeras cosas que se enseña en una clase de estadística
básica es que correlación no implica causalidad. ¿Qué significa esto?
Que dos cosas pueden estar relacionadas, pero eso no significa que una
explique a la otra. Sin embargo, hay infinidad de investigaciones que
usan este tipo de argumentos. En esta página se ejemplifican varios
casos de las llamadas Correlaciones Espurias. Aunque parezcan
inverosímiles, existen muchas investigaciones que sí se basan en este
tipo de relaciones entre variables.

[iv] De consulta aquí.

[v] De consulta aquí.


[vi] Se hizo un análisis de correlación, para ver si había una correlación
negativa entre las dos variables como la que sostienen los defensores de
la idea de que a más armas, menos delitos. Para hacer el cálculo se
utilizó la herramienta de Excel.

[vii] De consulta aquí.

[viii] De consulta aquí.

[ix] De consulta aquí.

[x] De consulta aquí.

Comentarios

RESPALDOS  La legítima defensa o defensa propia es, en Derecho penal, una causa que justifica la
realización de una conducta sancionada penalmente, eximiendo de responsabilidad a su autor, y
que, en caso de cumplirse todos sus requisitos, permite reducir la pena aplicable a este último. En
otras palabras, es una situación que permite eximir, o eventualmente reducir, la sanción ante la
realización de una conducta generalmente prohibida. Una definición más concreta revela que la
defensa propia es: el contraataque o repulsa de una agresión actual, inminente e inmediata con el
fin de proteger bienes jurídicos propios o ajenos.  ¿Qué considera la Ley chilena como legítima
defensa? Según el artículo 10 del Código Penal, “está exento de responsabilidad criminal: el que
obra en defensa de su persona o derechos”, considerando siempre que se cumplan ciertas
circunstancias: “Agresión ilegítima; Necesidad racional del medio empleado para impedirla o
repelerla; Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende”.  Discusión del proyecto
de modificación de legislación en materia de posesión, tenencia y porte de armas de fuego, entres
senadores y la presidenta Michelle Bachelet el 05 de Marzo de 2014. En la cual 16 de 27 senadores
están a favor de su modificación para evaluar la posesión de armas para uso personal. Entre las
cuales destaca el senador Navarro quien dice: Senador Alejandro Navarro Brain (actual
vicepresidente del senado): “

Senador Alejandro Navarro Brain (actual vicepresidente del senado): “…Yo estoy de acuerdo en
que los ciudadanos se puedan defender, pero no hay que facilitar a los delincuentes apropiarse de
las armas …” *admitió ser partidario de que las personas tengan armas para defenderse de la
delincuencia, pero también de evitar que éstas caigan en manos de delincuentes. En su impresión,
resulta urgente que las Fuerzas Armadas y de Orden revisen sus protocolos de manera de terminar
con el robo de fusiles, granadas y otros.  El profesor titular de derecho penal de la Facultad de
Derecho de la Universidad de Chile, Jean Pierre Matus, aclara que las personas tienen el derecho a
defenderse, lo que incluye la propiedad de cada uno. "Una persona se puede defender de un
hurto, de un robo, de un robo con intimidación, porque la ley se pone en el lugar del agredido. La
ley asume que no en todas las circunstancias ni en todas las ocasiones va llegar un carabinero que
nos va a defender"  Las personas que portan armas de fuego han sido estereotipadas
negativamente. Los medios de comunicación representan a estas personas como poco educadas,
con baja moral, criminales en potencia, etc. Sin embargo, un estudio realizado por el Instituto
Nacional de Justicia de Estados Unidos reveló que estadísticamente es más probable que los
poseedores de armas de fuego sean personas de edad media y con un estrato social de medio a
alto. Además, dichas personas no son ni más racistas, ni más sexistas, ni más

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