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REINO,NUEVO PACTO Y GRACIA

Este espacio es dado a publicar la verdades presentes del evangelio del reino al  conocer
las inescrutables riquezas del nuevo pacto,el poder disfrutar la gracia como un agente
transformador y liberador que nos habilita hacer la voluntad de cristo.acontinuacion
veremos algunas enseñanzas de ministros del reino que amplian una mejor vision del plan
y proposito real de jesucristo al enseñar del establecimiento del reino de dios

 Como Activar la Palabra Profética 16 palabra revelada.
Ap. Basilio Patiño - Miércoles, 26 de Febrerio de 2012.
1ª Timoteo 1:18-20. El apóstol Pablo declara que la palabra profética es un arma de
guerra que debe usarse con una actitud combativa y militante en nuestra carrera cristiana.
Además nos enseña que las dos alas en que la palabra profética vuela libremente son la
fe y la buena conciencia, las cuales son necesarias e inseparables para lograr el resultado
que Dios quiere. La palabra profética no se resume simplemente en un recado que Dios
me envía por medio de una tercera persona, ni tampoco simplemente un sueño o visión
que tuve; sino que es la revelación recibida por el Espíritu directamente de la Palabra
escrita. La palabra profética es un depósito divino puesto en mí ser interior, en la cual se
halla encapsulado el poder necesario para lograr el propósito que Dios quiere realizar: EN
MI y POR MEDIO DE MÍ. La palabra profética nada ni nadie puede impedirla que se
cumpla, asi que el único que puede anularla, abortarla o alcanzarla soy yo mismo. El
apóstol Pedro nos exhorta a estar atento para recibir y no descuidar la palabra profética,
hasta que Cristo sea manifestado en nuestra vida
(2ª Pedro 1:19) El capítulo 11 a los Hebreos no fue escrito solamente para darnos una
definición técnica y teológica de la fe; sino darnos una revelación práctica y profética de lo
que es la fe, por eso, en lo que algunos han denominado la «galería de la Fe» se nos
presentan una serie de personajes y episodios bíblicos, los cuales nos muestran como
actuaron en fe, conforme a una promesa hecha por parte de Dios a sus vidas, obteniendo
grandes beneficios, no solo para ellos, sino también para el pueblo de Dios a través de
sus generaciones. Encontramos allí a Abraham, el «padre de los creyentes» que es uno
de los más grandes ejemplos de fe del Antiguo Testamento. Aprendamos hoy, del
patriarca Abraham cuatro principios fundamentales para activar la palabra profética:
1. CREERLE A DIOS, SIN SABER ¿DÓNDE? (vv. 8–10). Un excelso paradigma que nos
enseña que la verdadera fe obedece para ver la recompensa. El ser humano hace a la
inversa: quiere primero ver para creer. Creer no es un simple entendimiento natural de las
cosas, sino un firme convencimiento espiritual, que me conduce a obedecer siempre EN y
CON todo a Dios.
1.1. Romper con las ligaduras almáticas. Fue la fe en la Palabra de Dios lo que hizo que
Abraham dejara su casa, para vivir como peregrino y seguir a dondequiera que Dios le
guiaba. Que difícil es para muchos romper con las tradiciones culturales y religiosas, los
vínculos familiares o costumbres de su tierra. Cuantas veces Dios nos está guiando a salir
y cómo no sabemos «dónde» nos quedamos más de la cuenta y lo único que hacemos es
empeorar las cosas. No «salir» es tanto o más problemático que salir sin permiso. Note
que había una orden que necesitaba una obediencia inmediata y una revelación
subsiguiente. Dios le iba mostrando el camino a Abraham, en la medida que él caminaba
por fe y obediencia al plan divino. Primero, tuvo que sepultar a su padre Taré en Harán,
pues estaba retrasando el proceso (Gen 11:31-32). Segundo, tuvo que apartarse de su
sobrino carnal Lot pues le estaba generando conflictos (Gen 13:7-18). Me impresiona el
versículo 14, que dice que Dios le habló después que se apartó de Lot. Las ligaduras
almáticas pueden ser personas, lugares o cosas que nos impiden ver lo que Dios nos
muestra y nos impiden oír lo que Dios nos dice. Tercero, tuvo que echar a la esclava Agar
y a su hijo Ismael nacido de una relación equivocada (Gen 21:8-21); pues el hijo de la
libre (del Espíritu) y el hijo de la esclava (carne) no pueden convivir, (Gal 4:22-31). Fe es
dar un paso de obediencia hacia lo desconocido, pero con la seguridad que no será en
falso. Con Dios desconocido no es lo mismo que inseguro.
1.2. Romper camino donde no existe senda. Dios llamó a este hombre a abrir camino
donde no había. A ser un pionero, un innovador. A ser padre espiritual de un nuevo
pueblo. La fe no pregunta ¿a dónde vamos? La fe confía en la promesa y obedece y sigue
a quien camina delante, nuestro gran Dios. Cristo es el precursor “prodomos” de nuestra
fe, quien nos abrió el camino para avanzar seguros. (Hebreos 6:20). Es necesario
entender que la revelación es progresiva, conforme vamos obedeciendo, conocemos más.
Que fácil es recorrer el camino que otros han trazado. Dios nos desafía para abrir
caminos en el desierto. La tarea apostólica demanda sacrificio. Hoy nosotros estamos
cosechando de lo que a otros les costó lágrimas, sudor y sangre.
2. CREERLE A DIOS, SIN SABER ¿CÓMO? (vv. 11–12). 2.1. No depender de las
probabilidades humanas, sino de las posibilidades divinas. La fe le dio a Abraham y a
Sara el poder para tener un hijo cuando estaba «ya casi muerto». Las promesas de Dios
no están sujetas a nuestras limitaciones físicas, económicas y naturales. El ser humano
se mueve en el plano de lo limitado por el tiempo y el espacio. La fe se mueve en el plano
de lo ilimitado, pues tiene que ver con una promesa hecha por Dios. Jesús prometió en
Marcos 9:23 que: al que cree todo es posible. 2.2. No someter la promesa a nuestro
tiempo sino al de Dios. Te parece que se está pasando el tiempo y la bendición no viene.
Entiende que si Él lo prometió no importa cuan imposible lo veas o te parezca, a su
tiempo lo tendrás. Dice el texto sagrado: “porque creyó que era fiel quien lo había
prometido”. ¿Si usted fuera Dios a que edad le hubiera dado el hijo de la promesa? En
todo Dios nos quiere hacer crecer y madurar. Solo Dios sabe cuando la fe producirá
alabanza y gloria a su nombre. Recuerde que fuimos creados para Su Gloria, no para
nuestra gloria (1 Pedro 1:7). 
3. CREERLE A DIOS, SIN SABER ¿CUÁNDO? (vv. 13–16). 3.1. La COSMOVISION de la
Promesa: Mirándolo de lejos. Si lo puedes ver desde el cielo, lo puedes tener en la tierra.
Abraham y sus descendientes peregrinos no retrocedieron, como los líderes hebreos se
vieron tentados a hacerlo, sino que mantuvieron sus ojos en Dios y persistieron en
avanzar hasta la victoria (vv. 13–16; 10:38-39). El pueblo hebreo, descendiente de
Abraham —padre de la fe— estuvo a las puertas de la tierra prometida y no la pudieron
poseer por incrédulos. Hay momentos donde hay que recordar nuestra historia y tomar
ejemplo para no volver a cometer sus errores. “El que no mira la historia para aprender de
sus errores, está condenado a repetirlos”. El estorbo más grande para lo mejor del
presente son las cosas buenas del pasado; pero el estorbo más grande para lo excelente
del porvenir es lo mejor del presente. Es imprescindible mantener una Renovación
Continua. PMC Proceso de Mejoramiento Continuo, que es un poderoso Principio de
Reingeniería. Dios trabaja con vidas renovadas, no con vidas remendadas. No te
condenes lamentando tu pasado, ni te conformes disfrutando tu presente, conquista tu
futuro glorioso. LO MEJOR ESTA DELANTE DE TI. Tres principios para lograrlo: *
Renunciar a las deficiencias del pasado. * Realizar las exigencias del presente. *
Reafirmar las excelencias del porvenir.
3.2. La CONVICCION de la Promesa: Creyéndolo. Creer no es un conocimiento natural,
sino un convencimiento espiritual. La firmeza de nuestra convicción, nos hará fuertes para
enfrentar y atravesar victoriosos cualquier situación. No debemos buscar señales en el
cielo, sino ser una señal en la tierra. Con la fe del corazón, se vence la duda de la mente.
Sólo sé que Dios QUIERE, TIENE y PUEDE hacerlo todo conforme a Su propósito para
mí.
3.3. La CONFESION de la Promesa. Confesando. Homologia, “decir lo mismo”. Oramos
bien, pero hablamos mal (Hebreos 10:23). La confesión de mi boca es una declaración
profética que tiene poder. Abraham creyó y habló a su descendencia que lo tendrían; Dios
testificó que el enseñaría a sus hijos para lograrlo. (Gen 18:17-19) Pablo dijo: Creí por lo
cual hablé… Así que hablamos lo que creemos. “Dime que hablas y te diré que crees”. La
Palabra no se activa y fundamenta en la INTENSIDAD de mis EMOCIONES, sino en la
PROFUNDIDAD de mis CONVICCIONES, la REALIDAD de mis ACCIONES y la
SEGURIDAD de mis CONFESIONES.
4. CREERLE A DIOS, SIN SABER ¿POR QUÉ? (vv. 17–19). 4.1. No debo entenderlo para
creerlo y obedecerlo. En medio de la prueba es probable que no entendamos los motivos
divinos, eso no quita que debamos creer y obedecer, lo que Dios nos dice. Cuando en la
prueba uso la investigación natural para saber POR QUE? no voy a tener la iluminación
espiritual para entender PARA QUE. La respuesta a nuestra fe en ocasiones hace que
Dios nos tenga que probar para ver si amamos mas al dador que a las dadivas; al
Bendecidor mas que la bendición. “Comienza por admirar lo que Dios te muestra y no
tendrás tiempo para cuestionar lo Dios te oculta”. Alejandro Dumas 4.2. Probados pero no
tentados. Dios me prueba para pulirme, el diablo me tienta para destruirme. Prueba
repetida es examen no aprobado. Muchas veces el Señor nos permite enfrentar la misma
situación a fin que aprobemos el examen de fe y confianza, que reprobamos en la anterior
ocasión; ya que en la universidad del Reino, Dios no le regala la materia de obediencia a
ninguno de sus alumnos. La fe hace que uno sea probado aun en lo que sabemos que
recibimos de parte de Dios, pues él lo había prometido. 4.3. El poder del pensamiento
positivo. No es una invención de la Nueva Era, ellos han robado y distorsionado lo que
está en las Escrituras y que es nuestro. Pensar bien es la clave para salir victorioso de la
prueba; pues ella me define o me deprime. Lo que pienso de Dios en la prueba, es lo que
me permite salir aprobado o reprobado. Si pienso que Dios es injusto me resiento, si
pienso que Dios es poderoso me levanto. La prueba es una oportunidad que se nos
ofrece para demostrar cuanto amamos a Dios y hasta donde estamos dispuestos a
obedecerle. Conclusión: La Biblia afirma: “Todo aquel que en él cree, no será
avergonzado” (Romanos 10: 11) No importa si no sabemos a dónde, cómo, cuándo o el
porqué. No seré defraudado. Dios es fiel; si El lo dice yo lo creo, si yo lo creo El lo hace, si
El lo hace yo lo tengo. Voy a militar en la palabra profética recibida, aunque me demanda
esfuerzo, compromiso, sacrificio, disciplina; pues no soy de los que la desechan y
naufragan, sino de los que la reciben y avanzan hasta llegar al puerto seguro.





















El Extraño proceder de Dios en la Historia


Ap. Basilio Patiño - Miércoles, 26 de Febrerio de 2012.
Uno de los problemas que mayor ansiedad provoca en la esfera de la fe, es lo que
podríamos llamar «el problema de la historia», o cómo interpretar los hechos históricos.
Muchos cristianos se preocupan porque temen que los hechos actuales no concuerdan
con lo que la Escritura dice y, por esa razón, su fe ha empezado a debilitarse. Pero,
¿deberíamos sentirnos angustiados o temerosos de que la Biblia no haga referencia a
grandes eventos históricos que han ocurrido o que están ocurriendo? La razón principal
por la que muchos son afectados en su fe, por las circunstancias históricas, es que
utilizan la Escritura en un sentido muy restringido, como si fuera exclusivamente un libro
de texto sobre salvación personal. Muchos parecen creer que el único tema de la Biblia es
el de la relación personal del hombre con Dios. Por supuesto que es uno de sus temas
centrales, y damos gracias a Dios por la salvación que nos ha dado sin la cual
quedaríamos en la peor desesperación. En efecto, podemos decir que la Biblia ubica al
tema de la salvación personal en un contexto más amplio. En última instancia, el mensaje
central de la Biblia está vinculado con la condición del mundo entero y su destino; y tú y
yo, como individuos, somos parte de ese contexto mayor. Es por eso que comienza con el
relato de la creación del mundo y no con la del hombre. El problema está en que tenemos
la tendencia de ocuparnos con nuestro propio problema personal, mientras que la
Escritura comienza más atrás, pues coloca todos los problemas en el contexto de esta
perspectiva global.
Si no reconocemos que la Escritura contiene este particular enfoque del mundo, el
presente estado de eventos nos lleva a desesperarnos y confundirnos. Muchas veces
elegimos algún salmo preferido, un texto bíblico o evangelio favorito. Sin embargo, si
leemos a través de toda la Biblia y tomamos conciencia de su mensaje, descubriremos
que contiene una profunda filosofía de la historia y un particular enfoque del mundo. Nos
permitirá entender lo que está ocurriendo en nuestro tiempo y que ninguno de los eventos
de la historia deja de tener su lugar en el programa divino. La gran enseñanza de la Biblia
está relacionada con todo el tema del mundo y su destino. En el libro del profeta Habacuc
tenemos una perfecta ilustración de esto. El profeta afronta el problema de la historia de
una manera sumamente interesante. Lo hace no como una teoría académica o un
enfoque filosófico de la historia, sino como la perplejidad personal de un hombre,
perturbado por la situación. Habacuc escribió este libro para relatar su propia experiencia.
Aquí tenemos a un hombre que estaba muy perturbado por lo que estaba ocurriendo y
ansioso por poder reconciliar lo que veía con lo que él creía.
LA SITUACION v/s LA CONVICCION Al enfocar el estudio del libro de Habacuc podemos,
en primer lugar, considerar la situación que el profeta enfrentaba personalmente. Luego
podremos proceder con la deducción de ciertos principios. De esta manera veremos que,
en esencia, todo lo que le causaba ansiedad al profeta es precisamente lo que está
preocupando a tantas personas hoy día. Muchos cristianos procuran relacionar todo lo
que ocurre a su alrededor, con la enseñanza de las Escrituras, y particularmente con la
doctrina respecto a la persona y el carácter de Dios. El profeta vio a Israel en una
condición de profunda decadencia. Se había apartado de Dios, lo había olvidado, y se
había entregado a falsos dioses y a prácticas indignas.¡Qué terrible cuadro! El pecado, la
inmoralidad y el vicio se practicaban en forma desenfrenada, mientras que las autoridades
y el gobierno eran negligentes e indolentes. No aplicaban la ley con equidad y honestidad.
La ilegalidad reinaba por doquier, y cuando alguno se aventuraba a quejarse con el
pueblo, tal como lo hizo el profeta, las autoridades se levantaban para someterlos. La
declinación religiosa había producido, como siempre, una degeneración moral y política.
Tales eran las condiciones alarmantes que tuvo que enfrentar el profeta Habacuc.
Esta dramática situación constituía un verdadero problema. No nos sorprende que tuviera
que exclamar: «¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti,,,(Hab
1:2–4). Por una parte no podía comprender por qué Dios lo había permitido. Había orado
a Dios por el problema, pero Dios no parecía responderle. De ahí su perplejidad, y
desafortunadamente para el profeta, esto era sólo el principio de sus problemas. Después
de quejarse de que Dios no le había oído o contestado sus plegarias, Dios sí le respondió
pero de una manera totalmente inesperada. «Mirad entre las naciones, y ved, y
asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contara, no la
creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina
por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas» (Hb 1.5,6). Virtualmente Dios
le decía al profeta: Muy bien, he estado escuchando tus ruegos todo el tiempo y ahora te
diré lo que voy a hacer. ¡Voy a levantar a los caldeos! Los caldeos era para esa época un
pueblo muy insignificante comparado con los asirios quienes fueron los grandes
contemporáneos de Israel. Así Habacuc, ya perplejo con el hecho de que Dios había
permitido la iniquidad en su propia nación tiene que oír la declaración de parte de Dios,
que Él va a levantar un pueblo pagano e impío para conquistar la tierra de Israel y castigar
a su pueblo. El profeta quedó totalmente abrumado, porque parecia vislumbrar las
siguientes perspectivas: 
1. UN DIOS INACTIVO, INESPERADO E INUSUAL? Algunas veces, ciertos
acontecimientos históricos y actuales hacen que nos preguntemos: ¿dónde está Dios?
Queremos creer pero lo que ocurre a nuestro alrededor mengua nuestra fe. Al analizar la
primera parte del capítulo uno de Habacuc, nos ayuda a entender el misterioso proceder
de Dios con respecto a los sucesos mundiales históricos y a los eventos que ocurren en la
iglesia actual y en nuestra vida diaria. El mensaje de Habacuc es muy necesario en estos
días en que tantas personas están perplejas ante el problema de la historia.
Reconozcamos que ante diferentes hechos, el proceder de Dios es misterioso. 1.1. Su
aparente inactividad
Lo primero que descubrimos cuando estudiamos las acciones de Dios, es que pareciera
estar en silencio e inactivo en situaciones provocativas. ¿Por qué permite Dios que
ocurran ciertos acontecimientos? ¿Por qué la Iglesia cristiana está hoy en esta condición?
Observemos su historia en los últimos años. ¿Por qué ha permitido Dios estas
condiciones? ¿Por qué ha permitido el surgimiento del postmodernismo con su efecto
negativo sobre la fe, y aun negando sus verdades fundamentales? ¿Por qué no destruye
a estas personas que profieren blasfemias y niegan la fe, cuando debieran estar
proclamándola? ¿Por qué permite que se hagan tantos males en su nombre? Por otra
parte, ¿por qué no ha respondido Dios a las oraciones de su pueblo fiel? Hemos estado
orando por un avivamiento por muchos años. Nuestras oraciones han sido sinceras y
celosas. Hemos lamentado el estado de los eventos y hemos clamado a Dios. Sin
embargo, parece que nada ocurre. Al igual que Habacuc, muchos se preguntan: «¿Hasta
cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no
salvarás?» 
Este no es sólo el problema que acosa a la Iglesia en general, sino también la
preocupación que enfrentan muchos en forma personal. Hay quienes han estado orando
por un ser querido por muchos años, y Dios parece no responder. Razonan dentro de sí
de esta manera: ¿No es acaso la voluntad de Dios que se salve? He estado orando por
esta persona por todos estos años y parece que nada ocurre. ¿Por qué? ¿Por qué
permanece Dios en el silencio? Muchas veces esta impaciencia se apodera de los
creyentes. ¿Por qué no contesta Dios nuestras oraciones? ¿Cómo podemos comprender
a Dios en esto?
1.2. Su providencia inesperada Lo siguiente que descubrimos, es que a veces Dios
responde a nuestras oraciones en forma inesperada. Esto, más que nada, fue lo que
espantó a Habacuc. Por un largo tiempo, Dios parece no responder en absoluto. Luego,
cuando contesta, lo que dice parece ser más misterioso aún que su aparente negación a
escuchar nuestros ruegos. Habacuc creía que Dios castigaría a Israel y que luego
enviaría un gran avivamiento. Cuando Dios le dijo que iba a levantar al ejército caldeo
para arrasar y destruir las ciudades de Israel, esto fue sin duda lo último que hubiera
imaginado Habacuc. Sin embargo, esto fue lo que Dios le dijo y más aún, fue lo que en
efecto ocurrió. Tenemos la tendencia de indicarle a Dios cómo debe responder a nuestras
oraciones. Pensamos que Dios sólo puede actuar de una manera, pero las Escrituras nos
enseñan que a veces Dios nos responde y permite que la situación empeore antes de que
pueda mejorar. En algunas oportunidades hace exactamente lo opuesto de lo que
nosotros anticipamos. Quizás nos llegue a abrumar enfrentándonos con un ejército
caldeo. Un principio fundamental en la vida y el andar de fe, es que debemos siempre
estar preparados para lo inesperado, cuando estamos en relación con Dios. Es una
respuesta inesperada, pero debemos aferrarnos a la esperanza de que Dios ha permitido
que las cosas empeoren, para que finalmente mejoren.
1.3. Su instrumento inusitado La tercera característica sorprendente del proceder de Dios
es que a veces utiliza instrumentos extraños para corregir a su Iglesia y a su pueblo. De
todos los pueblos contemporáneos de Israel, los caldeos serían los que Dios utilizaría
para su castigo. ¡Tal hecho parecía inconcebible! Pero nuevamente nos encontramos ante
un hecho que se evidencia a través de todas las Escrituras. Si Dios lo desea, puede
también utilizar a un caldeo impío. En el curso de la historia vemos que ha utilizado toda
suerte de instrumentos insólitos para llevar a cabo sus propósitos. Este es un factor de
relevancia en nuestros días, pues parece ser, según la Biblia, que mucho de lo que está
aconteciendo ahora en el mundo debe ser reconsiderado bajo esta luz. La importancia de
todo esto descansa en el hecho de que si no observamos esto correctamente, nuestras
oraciones estarán mal concebidas y mal dirigidas. Debemos tomar conciencia del real
estado de la Iglesia y reconocer su iniquidad. Es válido comprender que las fuerzas que
hoy más antagonizan con la Iglesia, posiblemente las utilice Dios para su propio propósito.
La sencilla enseñanza de Habacuc es que Dios puede utilizar instrumentos muy extraños,
y a veces inusuales.
2. EL PROCEDER DE DIOS ES MALENTENDIDO El carácter misterioso del proceder de
Dios provoca interpretaciones completamente ajenas a la realidad. Cada quien interpreta
desde su posición y propia experiencia. 
2.1. Por personas religiosas pero negligentes. 1:5. Las acciones de Dios con frecuencia
dejan perplejos y sorprenden a más de una clase de personas. Son, en primer lugar, una
gran sorpresa para los más negligentes entre los religiosos. En Habacuc 1.5 Dios se
refiere a los impíos de Israel, a aquellos que se habían tornado negligentes y
descuidados. Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en
vuestros días, La actitud del pueblo fue: Este profeta nos quiere decir que Dios va a
utilizar a los caldeos. ¡Cómo Dios puede hacer eso. No lo escuchen; no hay peligro
alguno. Estos profetas siempre son alarmistas y nos amenazan con calamidades. ¡Quién
pensaría que Dios puede levantar a un pueblo como los caldeos para castigar a Israel!
¡Es absolutamente imposible! El gran problema de Israel es que nunca quiso oír a sus
profetas. Sin embargo, Dios procedió con su pueblo tal cual lo había dicho.
La actitud que encontramos en Israel es tan vieja como el diluvio. Dios advirtió al mundo
antiguo acerca del juicio por medio de Noé. «No contenderá mi espíritu con el hombre
para siempre» (Gen 6:6). Los hombres se mofaron y dijeron que tal cosa era monstruosa,
y que no podía ocurrir. 
Lo mismo ocurrió con Sodoma y Gomorra. Personas complacientes jamás podían creer
que sus ciudades serían destruidas. Decían que Dios habría de intervenir antes de que tal
catástrofe aconteciera, y permanecieron en su indolencia en la esperanza que sin duda,
Dios les libraría. En el tiempo de Habacuc, la actitud era la misma. A pesar de lo que el
pueblo pensaba, Dios levantó a los caldeos, e Israel fue atacado y conquistado. La nación
fue aplastada y llevada en cautiverio.
Es verdad que las personas religiosas negligentes, nunca creen a los profetas. Siempre
dicen: ¡Dios no va a hacer tal cosa! Pero Dios sí hace tales cosas. Dios puede estar
utilizando al fanatismo islámico en nuestro tiempo para castigar a su propio pueblo y
enseñarle una lección. No sigamos entonces en una actitud de indolencia y
despreocupación, dejemos de decir que es inconcebible que Dios utilice tal instrumento.
No debemos permitir que se nos arrulle como a los que habitan confiados en Sión y
fracasan en discernir las señales de los tiempos.
2.2. Por el mundo. 1:11 En segundo lugar, las acciones de Dios causan sorpresa al
mundo. «Luego pasará como el huracán, y ofenderá atribuyendo su fuerza a su
dios» (Hab 1:11). Los caldeos no comprendieron que estaban siendo utilizados por Dios y
atribuyeron todo su éxito a su propio dios. Pensaban que debían su victoria a su propia
hazaña militar, y se jactaban del hecho. Estos arrogantes poderes que han sido utilizados
por Dios para el cumplimiento de sus propósitos a través de la historia, siempre se han
jactado de sus logros. El orgullo del hombre de hoy en su progreso científico y en sus
sistemas económicos y políticos es un típico ejemplo. Al ver los enemigos de la fe
cristiana que la Iglesia languidece, y que ellos están ascendiendo, atribuyen los éxitos «a
su propio dios». No llegan a comprender el verdadero significado de la historia. Grandes
poderes se han levantado y han dominado por un tiempo, pero siempre se han
embriagado con sus propios éxitos. Repentinamente, cuando menos lo esperaban, se
encontraron a sí mismos derribados. El verdadero significado de la historia jamás
amanece en sus discernimientos.
2.3. Por el propio profeta. 1:2-3 Finalmente, el proceder de Dios fue desconcertante para
el mismo profeta, pero su reacción fue muy distinta. Su pregunta se relacionaba con la
manera en que todo esto estaría reconciliado con la santidad de Dios. Exclama: ¿Hasta
cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti y no... 
3. LA ESCRITURA EXPLICA EL PROCEDER DE DIOS EN LA HISTORIA A manera de
respuesta a este problema de la historia, será suficiente establecer los siguientes
principios bíblicos: 3.1. La historia está bajo el control divino Sabemos que Dios tiene el
control de todo lo que ocurre en la tierra; sin embargo, en algunas ocasiones y frente a
algunas circunstancias, malinterpretamos a Dios e incluso olvidamos que las respuestas a
nuestras crisis e interrogantes las encontramos en su santa Palabra. El testimonio de
Habacuc nos exhorta a cambiar nuestra perspectiva de los hechos mundiales e
individuales. A dejar de decir: ¿Por qué Dios lo permite?, para empezar a preguntar:
¿Dios, qué deseas enseñarme a través de esto? «Por que he aquí, yo levanto a los
caldeos, nación cruel y presurosa». Dios no sólo controla a Israel, sino también a sus
enemigos, los caldeos. Toda nación de la tierra está bajo la mano de Dios, pues no hay
poder en este mundo que no esté, en última instancia, controlado por él. Las cosas no son
lo que aparentan. Los caldeos pensaban que su astuta proeza militar los había conducido
al dominio, pero no fue así, porque fue Dios quien los levantó. Dios es el Dios de la
historia. Está sentado en los cielos y «las naciones le son como la gota de agua que cae
del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas» (Is 40:15). La Biblia
afirma que Dios está sobre todo. Él comenzó el proceso histórico, lo está controlando, y lo
va a concluir. Nunca debemos dudar este hecho crucial. 3.2. La historia sigue un plan
divino Las cosas no ocurren al azar. Los acontecimientos no son accidentales, pues existe
un definido plan de historia, y todo ha estado pre-dispuesto desde el principio. Dios, quien
ve el fin desde el principio, tiene en todo un propósito, y conoce «los tiempos y las
sazones» (Hch 1:7). Existe un propósito en la historia, y lo que ahora está ocurriendo en
el siglo XXI no es accidental. Recordemos que la Iglesia está en el centro del plan de
Dios. En efecto, en todos estos acontecimientos hay un propósito discernible. 
3.3. La historia sigue un cronograma divino Dios no se detiene a consultarnos y pedirnos
permiso para obrar, todo acontece de acuerdo al «designio de su voluntad» (Efes 1:11).
Dios tiene su tiempo y su propia manera de hacer las cosas, y actúa de conformidad con
ellos.
3.4. La historia está ligada al reino divino La clave de la historia mundial, es el reino de
Dios. La historia de las otras naciones mencionadas en el Antiguo Testamento, es de
relevancia sólo cuando está asociada con el destino de Israel. En última instancia, la
historia actual, sólo es de importancia en la medida de su relación con la Iglesia. Lo que
realmente importa en el mundo, es el reino de Dios. Desde el principio, desde la caída del
hombre, Dios ha estado obrando para establecer un nuevo reino en el mundo. Es su
propio reino, y está llamando a personas para que salgan del mundo y entren en ese
reino. Todo lo que acontece en el mundo está relacionado con este, su propósito central.
Todavía está en su proceso de formación, pero finalmente llegará a su perfecta
consumación. Otros eventos cobran importancia en la medida en que estén asociados
con este evento. Los problemas de hoy sólo se han de entender a la luz de este propósito.
Lo que Dios está permitiendo en la Iglesia y en el mundo actual, está relacionado con su
gran propósito para su Iglesia y su reino. Por lo tanto, no tropecemos cuando vemos que
ocurren acontecimientos sorprendentes en el mundo. Más bien, hagamos la siguiente
pregunta: ¿Cuál es la relación de este evento con el reino de Dios? De igual manera, si
nos ocurren acontecimientos extraños en la esfera personal, no nos quejemos, sino que
digamos: ¿Qué me está enseñando Dios por medio de esto? ¿Qué hay en mí que
necesita ser corregido? ¿Dónde he procedido mal? ¿Por qué está permitiendo Dios estas
cosas? Sin duda que en todo hay un significado si tan sólo podemos llegar a verlo. 
CONCLUSION: No es necesario turbarse y dudar del amor y la justicia de Dios. Si Dios
contestara algunas de nuestras oraciones enseguida, y a nuestra manera, seríamos
cristianos muy empobrecidos. Afortunadamente, Dios a veces demora su respuesta a fin
de proceder a la eliminación de nuestro egoísmo u otras actitudes que no debieran estar
en nosotros. Tiene interés en nosotros, y se propone equiparnos para un lugar de mayor
plenitud en su reino. Debemos entonces juzgar cada evento a la luz del grande, eterno y
glorioso propósito de Dios. El tema central de Habacuc se encuentra en el versículo
central de su libro: EL JUSTO POR SU FE VIVIRA. (2:4) No por su comprensión, ni por
ser mejor o mas bueno que otros malos. El justo vivirá EN fidelidad. La fe de Cristo lo
justifica y la justificación le capacita para ser fiel. (Romanos 5:1), asi que ya no vive por su
propia fuerza o fe, sino la fe de Cristo que obra en el. (Gálatas 2:20)
El Reino de Dios como un llamado a la acción
Ap. Basilio Patiño - Miércoles, 26 de Febrerio de 2012.
Rom 14:17 Jesús nunca definió el Reino de Dios. Él describía el Reino con parábolas, con
alegorías, según lo vemos relatado en Mateo 13 y Marcos 4, también lo hacia con
conceptos como vida, gloria, júbilo y luz. Entre los teólogos, todavía nos encontramos con
una ingenua impotencia cuando se trata de definir el Reino de Dios. 
La mejor descripción bíblica que podemos encontrar como la esencia del Reino nos la da
Pablo: Después de todo, el Reino de Dios no es una cuestión de si tú obtienes aquello
que deseas para comer o beber, sino que el Reino de Dios es una cuestión de justicia,
paz y júbilo en el Espíritu Santo (Rom 14:17).
Algunos autores ven este texto como la única definición del Reino que jamás se haya
intentado dar en todo el Nuevo Testamento. Albert Schweitzer denominó la definición de
Pablo como “un Credo para todos los tiempos”. El constante peligro ha residido en el
hecho de interpretar estas palabras exclusivamente en un sentido espiritual y pasar por
alto el hecho de que conceptos básicos como “justicia, paz y júbilo” sirven igualmente
para hacer referencia a la vida del cristiano en el aquí y ahora.
Este versículo generalmente se malinterpreta para referirse exclusivamente a bendiciones
privadas, individuales, interiores, puramente espirituales tales como la condición íntegra
del individuo ante Dios, la paz de espíritu y corazón gracias al perdón de los pecados, el
júbilo del niño redimido. Pero, aunque dichas bendiciones no han de ser excluidas, éstas
no han de agotar o incluso han de hacer plena justicia al mensaje de estas palabras.
Después de todo, paz significa principalmente lo opuesto de guerra, la tranquilidad dada
por el orden, por el orden social; justicia quiere decir justicia, la virtud propia de las
relaciones sociales; y júbilo, aunque tiene una dimensión individual, puede significar un
regocijo precisamente en las bendiciones que traen la paz y la justicia
En resumen, si se establece la justicia del Reino de Dios gobernando en la vida del
hombre, tendremos paz integral y si ésta se logra disfrutaremos un gozo auténtico.
1. LA JUSTICIA COMO UN REQUERIMIENTO BÁSICO DEL NUEVO PACTO IMPLICA
UNA RELACIÓN VIVIFICADORA. El Reino, definido con esta breve fórmula, no es, por lo
tanto, otra cosa que justicia, paz, y júbilo en el Espíritu Santo. Éstas no son meras
sensaciones o sentimientos sino realidades que se han de poner en práctica en este
mundo. Podemos denominar, con toda la razón, a estas tres características como los
valores fundamentales del Reino.
La justicia, como concepto bíblico, se podría traducir mejor como relaciones íntegras o,
mejor incluso, como relaciones vivificadoras. De acuerdo con la antropología cristiana, la
definición de ser humano implica esencialmente estar en el mundo (significa tener un
cuerpo) y relacionarse.
Estas relaciones esenciales se desarrollan en cuatro direcciones: Hacia Dios, hacia uno
mismo, hacia el prójimo, bien sea como individuo o como parte de la sociedad, y hacia la
creación como un todo. Ser justo significa vivir entablando relaciones vivificadoras con
nuestro prójimo, los seres humanos, con uno mismo, con la naturaleza y, en primera
instancia, con Dios. La identidad y autenticidad humanas sólo se consiguen cuando
dichas relaciones esencialmente humanas son “íntegras”. La salvación significa, desde
este punto de vista, entablar relaciones que vienen dadas por la voluntad de Dios para la
autorrealización y felicidad de nuestro propio ser. 
La vida eterna quiere decir vivir en relación con Dios, con uno mismo y con la naturaleza,
dichas relaciones vivifican y ,a la vez, son vivificadas. Dios es un “amante de la vida”,
significa que, donde quiera que Dios entre en relación con los seres humanos, allí la vida
se da plenamente. Dios espera que aquéllos a quienes ha reavivado de esta manera
entablen, a su vez, relaciones vivificadoras con sus hermanos, los seres humanos, y
también con toda la creación. (Juan 10:10)
Por lo tanto, es correcto decir: En la fe bíblica, la aspiración fundamental de Dios es hacer
justicia. Todo lo demás, a modo de principio ético y requerimiento de la Alianza deriva de
esto, ya que Dios es verdaderamente un “amante de la justicia”. Aquí se ordena a Israel
que atienda aquello que Dios más valora, concretamente, la justicia.
Lo que el Viejo Testamento quiere decir con “shalom”, (“paz”), se encuentra mejor
expresado en un texto que se halla dos veces en el Antiguo Testamento, en Miqueas y en
Isaías. El pasaje anuncia lo que sucederá cuando Dios venga a traer su Reino a este
mundo y cuando las personas estén dispuestas a permitir que esta realidad irrumpa en
sus vidas:
Y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada
nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. Y se sentará cada uno debajo
de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de
Jehová de los ejércitos lo ha hablado. (Miq 4:3-4; Is 2:4).
Aquí, Miqueas presenta una visión de lo que sucederá cuando las naciones se sometan al
Reino de Dios. En resumen, hay dos cambios fundamentales que tendrán lugar en el
individuo y en las naciones en general: Primero, ninguna guerra más e incluso ninguna
preparación para la guerra, y ninguna industria bélica; y segundo, el retorno a un estilo de
vida sencillo y pacífico, que no se preocupa tanto de ir egoístamente acumulando cada
vez más, sino más bien de fomentar las relaciones interpersonales que propulsen el
bienestar y progreso de todos los hombres. 
La verdadera paz se construye cuando las armas de la guerra se fundan en el fuego de la
justicia y se transformen en herramientas de trabajo para el desarrollo integral de todas
las naciones. 
2. LA RELACIÓN ENTRE EL REINO Y LA IGLESIA El apóstol Pablo en Efesios comienza
describiendo a Cristo como el misterio del Padre y también a la Iglesia como el misterio de
Cristo. En ella, el plan eterno del Padre se consuma y manifiesta en Jesucristo: Conducir
a la humanidad a su gloria eterna. Aquí se ve a la Iglesia en conexión con “el hecho de
desvelar el secreto escondido durante siglos en Dios” (Col 1:16; Ef 3:3-9; 1ª Cor 2:6-10).
Por lo tanto, tiene que verse a la Iglesia desde esta amplia perspectiva del plan de
salvación de Dios, que incluye a todos los seres humanos y a la creación como un todo
(1ª Tim 2:4; Rom 8:22).
¿Identificaba el Reino de Dios a lo largo de la historia con la Iglesia peregrina? O
¿consideraba al Reino de Dios como una realidad que se extiende más allá de la propia
Iglesia?
La mayor parte de los teólogos (aunque no todos) sostienen actualmente que la Iglesia se
apartó de cualquier tipo de identificación, en este momento, con el Reino a lo largo de la
historia. La base teológica para obrar de esta manera se ve en que la gracia salvadora de
Dios nunca puede estar ligada exclusivamente a un sacramento, se tiene que admitir que
el Reino abarca todavía más que la Iglesia, ya que el Reino de Dios es una realidad
dotada de mayor amplitud que la Iglesia, que está presente y se encuentra operativa más
allá de sus propios límites entre los miembros de otras tradiciones religiosas.
Igualmente significativo es el hecho de que no sólo distinguen claramente entre la Iglesia
y el Reino, reconociendo que la realidad más extensa del Reino no puede ser delimitada
por la Iglesia ni englobarse dentro de la misma, sino que también de forma inequívoca, la
Iglesia está orientada a ser sierva del más extenso e importante Reino de Dios.
Es cierto que la Iglesia no es un fin en sí misma, ya que está dirigida hacia el Reino de
Dios del que ella es semilla, símbolo e instrumento. La Iglesia está activa y
específicamente al servicio del Reino. La misión de la Iglesia es fomentar el “Reino de
nuestro Señor y de su Hijo Jesucristo” (Ap. 11:15) para cuyo servicio ella ha sido
diseñada, comisionada y empoderada.
3. LA MISIÓN TRIDIMENSIONAL DE LA IGLESIA EN EL REINO Una vez que ya no se ve
a la Iglesia como la única depositaria del Reino, ésta no tiene que definirse más como “el
Reino de Dios sitiado” por los poderes de este mundo. La Iglesia se ve a sí misma más
como levadura del Reino o al servicio de dicho Reino, que tiene mayor amplitud que la
propia Iglesia. En otras palabras, una teología de la trascendencia da paso a una teología
de la transformación.
Partiendo de tal visión sobre la Iglesia y el Reino, la misión de la Iglesia se explica
brevemente como sigue:
1. Proclamar la Palabra de que el Reino de Dios ha venido en la persona de Jesús el Hijo
de Dios. Al celebrar la presencia del Reino, la Iglesia pone activamente a las personas en
comunión con el Reino. La Iglesia no es el Reino de Dios, pero es el instrumento legal con
el que Dios cuenta para expresarlo y extenderlo, pues ella da testimonio simbólico del
Reino por medio de la Palabra y su praxis anticipa eficazmente el Reino.
2. Crear comunidades eclesiásticas en todas partes y ofrecer su propia vida como
muestra de que el Reino está presente y se encuentra operativo actualmente en el
mundo. Más concretamente, en la propia vida de la Iglesia, en la justicia, en la paz, en la
libertad y en el respeto por los derechos humanos. La Iglesia debería presentarse como
un “distintivo” o una consigna para la transformación de la sociedad en general.
3. Desafiar a la sociedad en su totalidad para que se transforme a partir de los principios
básicos del Reino actualmente presente: Justicia, paz y gozo. El mensaje del Reino, como
el principal elemento de la evangelización, con las señales que lo acompañan son los
elementos constituyentes de la proclamación del Evangelio, ya que el objetivo último del
Reino es la transformación de toda la creación. La Iglesia, por lo tanto, debe comprender
su misión al servicio del inminente Reino.
La Iglesia se encuentra activa y específicamente al servicio del Reino. Esto se observa
particularmente en su predicación, que es una llamada a la conversión. La predicación
constituye el principal y fundamental modo que tiene la Iglesia de presentar la venida del
Reino a los individuos y a la sociedad humana. 
La Iglesia sirve al Reino difundiendo por todo el mundo los principios, leyes y valores del
Evangelio, que son un vehículo de expresión para el Reino y que ayudan a las personas a
aceptar el plan de Dios. Es cierto que la incipiente realidad del Reino puede encontrarse
también más allá de los confines de la Iglesia, entre los pueblos, en todas partes, hasta el
punto de que ellos viven los valores del Evangelio y están abiertos a la acción del Espíritu,
que alienta cuando, como y donde él dispone.
El Reino que Cristo trajo tiene dimensiones cósmicas que van más allá de los confines de
la propia Iglesia. Exige la transformación de todas las estructuras e instituciones religiosas
y sociopolíticas. Por consiguiente, la comunidad cristiana no tiene otra opción que la de
entrar a transformar al mundo y las insitituciones por el bien del Reino presente. La labor
permanente de la Iglesia acepta este desafío afirmando que la predicación del Evangelio
del Reino constituye una parte integral y esencial de la misión de la Iglesia. La Iglesia
debe permear a otras opiniones para llevar a cabo su misión y comprender su identidad. 
4. LA PERCEPCIÓN DEL REINO La identidad de la Iglesia depende en última instancia
de su grado de conocimiento del Reino basado en las Escrituras. Ella ha de revelar esto
por medio de su sensibilidad hacia la prioridad del Reino. Tal percepción del Reino que
incluye los cinco aspectos siguientes:
1. La cognición del Reino significa vivir y trabajar con la firme esperanza del triunfo final
del Reino de Dios. A no ser que se demuestre lo contrario, los hijos del Reino se aferran a
la convicción de que Dios acabará finalmente con todo el mal, el odio y la injusticia.
Tienen la firme creencia de que la levadura del Reino ya se está fermentando en la masa
de la creación, haciendo uso de la misma parábola de Jesús. Esto proporciona a los
creyentes una confianza utópica y audaz que les permite continuar haciendo lo que otros
dicen que es imposible o fútil.
2. Comprender el Reino de Dios quiere decir que la línea entre lo “sagrado” y lo “secular”
no existe en la realidad concreta. El Reino de Dios significa que todas las cosas se
encuentran en la esfera de la soberanía de Dios y que, por lo tanto, son de su propia
incumbencia. Todas las esferas de la vida son ejes centrales del Reino.
3. La concientización del Reino significa que su ministerio es mucho más extenso que la
labor de la Iglesia. Los cristianos que comprenden el significado del Reino de Dios saben
que ellos están implicados en los asuntos del Reino, no sólo en los de la Iglesia.
Consideran que toda actividad tiene a la larga una relevancia en lo que al Reino respecta.
Necesitamos romper con la “mentalidad Aarónica” que nos acondiciona para ser fieles
sacerdotes en un sistema eclesiástico restringido al ámbito interno del culto, por una
“mentalidad de Melquisedec” que nos posiciona para ser conquistadores en los diferentes
escenarios públicos de nuestra fe. 
4. Desde la perspectiva del Reino, la preocupación por la justicia y el compromiso
específico con la Palabra de Dios están necesariamente correlacionados. Una
concientización del Reino de Dios, entendido bíblicamente, resuelve la tensión generada
entre estos dos asuntos cruciales. Aquéllos comprometidos con el Reino desean atraer a
la gente a la fe personal en Jesucristo, ya que el Reino es el fundamental anhelo de todo
corazón humano. Ellos también están comprometidos con la paz, la justicia y la rectitud a
todos los niveles de la sociedad porque el Reino incluye “todas las cosas en el cielo y
sobre la tierra” (Ef 1:10) y el bienestar de todas las personas y de todo lo que Dios ha
creado.
5. La realidad del Reino de Dios puede ser experimentada en este momento por medio
del Espíritu que proporciona al creyente los primeros frutos de la plenitud del Reino en el
Aquí y Ahora. La gente del Reino, concretamente en su vivencia, anticipa el júbilo del
Reino. Los diferentes dones otorgados por el Espíritu Santo, ofrecen testimonio
precisamente del Reino presente y son apreciados por todos como evidentes muestras de
la poderosa presencia de dicho Reino en medio de su cotidianidad. Eso nos ayuda a
romper con la postura escapista que finca todas sus esperanzas del Reino, en un “mas
allá del sol” sin que tenga relevancia para lo que nos toca “debajo del sol”
Observando el mundo de hoy, tenemos razones para dudar sobre si la especie humana
posee la capacidad necesaria para cambiar. Muchos ven la situación del mundo actual
con desesperación. La fe cristiana ha sido una de las vías más importantes por la que las
personas han vivido con esperanza en condiciones aparentemente desesperanzadoras.
Aquéllos que se abren al Reino descubrirán que existe un poder que opera dentro de
nosotros y que puede incluso transformar nuestras voluntades deterioradas. 
Esta transformación no está sujeta a nuestro control pero viene a modo de regalo. Lo
llamamos gracia, y no podemos definir hasta que punto la gracia puede hacer de nosotros
hombres y mujeres nuevos. El Reino permanece nuevo, nunca anquilosado. Si nos
golpea, nos dará siempre una gran sorpresa como el granjero que en su dura y rutinaria
vida, un día da con un tesoro y, entonces, de repente, únicamente perseguía un interés,
retener este tesoro con todo lo que él tenía. (Mateo 13:44) 
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