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Origen y desarrollo del himno del Gloria

Introducción:
En este presente trabajo nos enfocaremos en el origen y desarrollo del himno
de gloria. Es importante mencionar que lo desarrollaremos desde la época
cristiana, pues sin duda, hay muchos textos del antiguo testamento que evocan
himnos de gloria a Dios, uno de los más representativos son los canticos de
Débora (Jc, 5), el cantico de Ana (1 Sam 2, 1-10), el cantico de David (2 Sam
22, 2-51), el himno de los desterrados (Is. 12, 1-6) y también se pueden
mencionar algunos salmos como por ejemplo (salmos 33; 96-99) y tenemos
otros tantos en el nuevo testamento como por ejemplo el Magnificad (Lc 2,
29-32) o el Benedictus (Lc. 1, 68-79). Entre muchos textos más.
Estos canticos reflejan que en el hombre hay una tendencia natural por darle
gracias a Dios en un sentido de alabanza y dar Gloria a Dios, pero no con un
carácter litúrgico sino más bien como un acto espontáneo por una obra
redentora en nuestras vidas.
Es por ello que en este trabajo se presenta el himno de Gloria pero desde que
se toma como un acto litúrgico.
Desarrollo
Este himno tiene un fundamento bíblico en (Lc. 2,14), en el cual se menciona
que es el cantico que los ángeles dirigen a Dios.
Se piensa que este himno de una manera más estructurada tiene su origen en
griego desde el final del siglo I o inicios del II. Puesto que el primer Papa que
introduce este himno en la Liturgia fue el papa Telesforo (128–139) quien la
incluye en el Ordinario de la fiesta de Navidad. Ya con variaciones se
encuentra otra versión en el siglo III.
Símaco (498–514) es el que lo generalizó para todas las celebraciones
dominicales. Al inicio, su rezo estaba reservado solo a los sacerdotes en la
Pascua, pero a fines del siglo XI los celebrantes comenzaron a obtener los
permisos para cantar el Gloria en todas sus celebraciones festivas. Aun así,
nunca se rezó en las fiestas durante del Adviento hasta la Misa de Navidad.
La versión de la Iglesia ortodoxa griega data del siglo IV, se dice que es la
más larga, aunque no pude encontrar esta versión.
Durante la Edad Media fueron compuestos muchos Glorias ampliados con
glosas y nuevos versos. La versión adaptada para la fiestas de la Santísima
Virgen María, que aparece en el Misal Sarum, fue usado en toda Europa, y,
aunque estas interpolaciones fueron prohibidas repetidamente, siguió
interpretándose, al menos, hasta 1570.
GLORIA IN EXCELSIS DEO, Et in terra pax hominibus bonæ voluntatis.
Laudamus te. Benedicimus te. Adoramus te. Glorificamus te. Gratias agimus
tibi propter magnam gloriam tuam, Domine Deus, Rex cœlestis, Deus, Pater
omnipotens.
Domine Fili Unigenite, Jesu Christe, Domine Deus, Agnus Dei, Filius Patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Qui tollis peccata mundi, suscipe
deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.
Quoniam tu solus sanctus, tu solus Dominus, tu solus altissimus, Jesu Christe,
cum Sancto Spiritu, in gloria Dei Patris. Amén.
Texto del rito Sarum anglicano

Del conjunto de cantos de inspiración bíblica que se compusieron en la


primitiva comunidad cristiana, compuestos a imitación de los himnos y
salmos, sobrevivió junto a otros pocos como el Te Deum (el cuál por su
contenido está muy unido al Gloria, e incluso dicen las rubricas generales del
misal romano que se reciten los mismos días), el Gloria, conocido como
Himno angélico (por las palabras con las que comienza, las que el evangelista
Lucas pone en boca de los ángeles que anuncian el nacimiento de Jesús) o
Gran doxología (en comparación con la pequeña doxología, antiquísima
también, del “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…”). Se ha dicho que
el Gloria es «el más bello, el más popular, el más antiguo canto cristiano
llegado hasta nosotros.».
El Te Deum Compuesto originalmente en latín, el nombre se debe a que así
empieza su primer verso. Se suele denominar también como "Himno
Ambrosiano", pues se atribuye a San Ambrosio de Milán, aunque una leyenda
indica que lo compusieron en común, inspirados por el Espíritu Santo, San
Agustín de Hipona y San Ambrosio. Cuando, en el año 387, San Agustín
recibió el Bautismo de manos de San Ambrosio “sigue diciendo la leyenda”,
Ambrosio entonó este himno y Agustín iba respondiendo a sus versos.
A Ti, oh Dios, te alabamos, aceptaste la condición humana
a Ti, Señor, te reconocemos. sin desdeñar el seno de la Virgen.
A Ti, eterno Padre,
te venera toda la creación. Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los
Cielos.
Los ángeles todos, los cielos
Tú sentado a la derecha de Dios
y todas las potestades te honran.
en la gloria del Padre.
Los querubines y serafines
Creemos que un día
te cantan sin cesar:
has de venir como juez.
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Te rogamos, pues,
Los cielos y la tierra
que vengas en ayuda de tus siervos,
están llenos de la majestad de tu gloria.
a quienes redimiste con tu preciosa
A Ti te ensalza sangre.
el glorioso coro de los apóstoles, Haz que en la Gloria eterna
la multitud admirable de los profetas, nos asociemos a tus santos.
el blanco ejército de los mártires.

Salva a tu pueblo, Señor,


A Ti la Iglesia santa, y bendice tu heredad.
extendida por toda la tierra, Sé su pastor
te aclama: y ensálzalo eternamente.
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de Día tras día te bendecimos
adoración,
y alabamos tu nombre para siempre,
Espíritu Santo, Defensor.
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
guardarnos del pecado.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
Ten piedad de nosotros, Señor, como lo esperamos de Tí.
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, En Tí, Señor, confié,
venga sobre nosotros, no me veré defraudado para siempre.

El himno del Te Deum se ha quedado ya dentro de la Liturgia de las Horas y


se recita regularmente después del oficio de lectura, y especialmente en
domingos, fiestas, y solemnidades.
En la actualidad la Sacrosatum Cocilium refiere que los hombres tomamos
parte de la liturgia de los ángeles y esto se manifiesta en el Himno de Gloria.
“En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia
celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos
dirigimos como peregrinos, y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios
como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, cantamos al Señor
el himno de gloria con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los
santos esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos
al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra
vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con El.” Sacrosantum
Concilium numeral 8.
En el siglo X-XI entró a formar parte ordinaria de la Misa de domingos y
fiestas, excepto en las de Cuaresma, tanto si estaba presidida por obispos,
como por presbíteros.
En la Misa actual, el Gloria es una pieza unida al rito de entrada para los
domingos y días festivos, excepto en los tiempos de Adviento y de Cuaresma.
Como parte de los Ritos iniciales, prolonga la invocación del Kyrie a través de
una oración de alabanza. Entre el Canto de entrada y la Oración colecta,
completa la unidad esencial de la oración cristiana: petición-acción de gracias.
En el Gloria se cumple, de forma muy especial, lo que se dice de los ritos
iniciales: que preludia y anticipa lo que va a ser la celebración en su parte más
central, la Liturgia eucarística.
En el himno del Gloria pueden distinguirse tres partes: el comienzo bíblico
con el canto de los ángeles la noche de Belén, las alabanzas a Dios Padre y,
finalmente, las aclamaciones y súplicas a Cristo. Todo esto termina con una
recapitulación en la que se nombra al Espíritu Santo dando así un carácter
trinitario al himno. Parece que en la antigüedad cristiana existía la costumbre
de encabezar los himnos con una frase de la Biblia que fuera su tema; en el
canto del Gloria el tema es la Gloria de Dios y la paz de los hombres. La
alabanza a Dios Padre se realiza con una acumulación de verbos: te alabamos,
te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias; esta
acumulación es signo del entusiasmo del creyente que puesto a alabar a Dios
repite una y otra vez lo que brota de su corazón. Por último, se invoca a
Jesucristo con variedad de títulos: Señor, Hijo único, Unigénito, Señor Dios,
Cordero de Dios y le suplicamos y aclamamos como aquél en quien Dios se
nos ha dado, en quien la Gloria de Dios se revela y se hace paz y salvación de
los hombres.
Las versiones actuales son múltiples en cuanto a idioma pero no a cuanto
contenido (siempre Trinitario). Ahora presentaremos el gloria en latín, griego
y español.

El Gloria en latín:

Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis.


Laudamus te, Benedicimus te, Adoramus te, Glorificamus te, Gratias
agimus tibi propter magnam gloriam tuam, Domine Deus, Rex caelestis,
Deus Pater omnipotens. Domine fili unigenite, Jesu Christe, Domine
Deus, Agnus Dei, Filius patris, Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad
dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus sanctus, Tu solus
Dominus, Tu solus Altissimus, Jesu Christe, Cum Sancto Spiritu in
gloria Dei Patris. Amen.

El Gloria en griego:

Δόξα ἐν ὑψίστοις Θεῷ καὶ ἐπὶ γῆς εἰρήνη ἐν ἀνθρώποις εὐδοκία.


Ὑμνοῦμέν σε, εὐλογοῦμέν σε, προσκυνοῦμέν σε, δοξολογοῦμέν σε,
εὐχαριστοῦμέν σοι, διὰ τὴν μεγάλην σου δόξαν. Κύριε Βασιλεῦ,
ἐπουράνιε Θεέ, Πάτερ παντοκράτορ, Κύριε Υἱὲ μονογενές, Ἰησοῦ
Χριστέ, καὶ Ἅγιον Πνεῦμα. Κύριε ὁ Θεός, ὁ ἀμνὸς τοῦ Θεοῦ, ὁ Υἱός τοῦ
Πατρός, ὁ αἴρων τὴν ἁμαρτίαν τοῦ κόσμου, ἐλέησον ἡμᾶς, ὁ αἴρων τὰς
ἁμαρτίας τοῦ κόσμου. Πρόσδεξαι τὴν δέησιν ἡμῶν, ὁ καθήμενος ἐν
δεξιᾷ τοῦ Πατρός, καὶ ἐλέησον ἡμᾶς. Ὅτι σὺ εἶ μόνος Ἅγιος, σὺ εἶ μόνος
Κύριος, Ἰησοῦς Χριστός, εἰς δόξαν Θεοῦ Πατρός. Ἀμήν. Καθ’ ἑκάστην
ἡμέραν εὐλογήσω σε, καὶ αἰνέσω τὸ ὄνομά σου εἰς τὸν αἰῶνα καὶ εἰς τὸν
αἰῶνα τοῦ αἰῶνος.

El Gloria en español:

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el


Señor. Por tu inmensa gloria, Te alabamos, Te bendecimos, Te
adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre Todopoderoso. Señor Hijo Único, Jesucristo. Señor Dios,
Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo, ten
piedad de nosotros, Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras
súplicas, Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de
nosotros, porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor, solo Tú, Altísimo
Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.

Conclusión
El Himno de Gloria es muy importante dentro de la liturgia porque nos hace
participes del Misterio Trinitario y de la actuación de la Trinidad en nuestras
vidas, es un himno también que denota alegría y festividad pues Dios a traído
la paz a los hombres. Cristo nos ha dado el perdón de nuestras culpas. El
Espíritu Santo participa de la Gloria del Padre y Del Hijo y sigue actuando en
nuestras vidas.
¿Qué es el “Gloria” y por qué lo recitamos en Misa?
https://infovaticana.com/2013/11/10/que-es-el-gloria/
«Rúbricas del breviario y del misal romanos». parte III, Capítulo 8 DE LAS DIVERSAS PARTES DE LA
MISA, nº 431 y 432. El documento también se encuentra en este sitio web. El documento parte de: Juan
XXIII (5 de julio de 1960). «Motu proprio Rubricarum instructum.». Libreria Editrice Vaticana.
«C)De hymno Gloria in excelsis.

Te Deum, http://es.catholic.net/op/articulos/15602/te-deum.html
Ritos iniciales: Gloria.
https://musicaliturgia.wordpress.com/2013/10/19/eucaristia-y-musica-
liturgica-6-ritos-iniciales-gloria/