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UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR

FACULTAD DE CIENCIAS NATURALES Y MATEMATICAS


SEDE PLAN EXTRAMURAL LICENCIATURA EN EDUCACION
TEORIAS DE LA EDUCACION
Responsable: Lic. Alex Wilfredo Canizales
GT 06
Presentado por: Prof. César Armando Pérez Reyes

ENSAYO – MI HUMANISMO EN LA DOCENCIA.

Leyendo una sección del periódico llamada “astillas de cortes blanco”, leí una
cita textual del escritor Charles M. Schultz que decía: “Odio a la gente, pero
amo a la humanidad”, en un principio tuve mi propia interpretación sobre lo que
el escritor quería expresar, pero al dimensionar esta frase y la relación que
encuentro entre el humanismo, el realismo, el naturalismo, la reforma, la
contrarreforma y el neohumanismo, es increíble la dimensión que tomo en mi
pensamiento, pero sobre todo se contextualizo desde mi labor como docente e
incluso me hizo verme a mí mismo.

El humanismo como corriente derivada desde el choque histórico entre la iglesia y


Lutero, y desde la misma naturaleza histórica que trae el complejo desarrollo del
proceso de aprendizaje en el tiempo, nos ha colocado en una posición que cada
innovación producida del pensamiento que se podría convertir en una forma
pusilánime en la que el ser humano es el dilema de este gran capítulo de la
historia. A lo largo de la historia el realismo ha buscado la lógica y la razón
de nuestro contexto externo, el naturalismo nos ha hecho recordar nuestro
contexto interno, es así como la ciencia y la fe han chocado, mas no ha
encontrado un punto de integralidad, porque a lo largo de esta acumulación de
conocimientos, métodos, estrategias, experimentaciones, creo que la dinámica del
sistema en el cual nos movemos, define mucho al contexto, dado que el error de
llevar la fe de manera equivocada y servirla a los hombres de manera restringida
y pura, fue la que causo la disconformidad de aquellos que en cierto modo
interpretaron la fe de la manera más precisa, es aquí donde las demás corrientes
asumen su forma y cada una empieza a disiparse lenta y paulatinamente sobre las
generaciones venideras, dándonos personalidades que poco a poco han venido
definiendo un conjunto de reglas, normas, competencias, y categorías y
clasificaciones de cómo debe instruirse y formarse no solo a los llamados
ciudadanos y profesionales que paralelamente llevarían el compromiso de atreves
del ejercicio de sus labores servir y dignificar al resto de sus semejantes, pero
es aquí donde se lleva a cabo otro punto de quiebre entre la fe misma y la razón
o ciencia, dado que este profesionalismo contextualiza una división entre
individuos, lo que culturalmente se ha vuelto una forma de vida. El humanismo
entonces pierde su esencia, dado que pierde su objeto, que es el rescate de lo
que en teoría nos vuelve humanos.

Desde la escuela, se busca la formación temprana, clasificada, disciplinada y


orientada, que permita a través de metodologías, estrategias, técnicas,
competencias e indicadores de logro, moldear el conocimiento y llevarlo a la
aplicación misma, que interiorizada se convierte en un conjunto de herramientas
que deben de literalmente llevar al individuo al pleno uso de sus facultades
mentales en un concepto dogmático llamado “libre albedrio”, esto quiere decir que
de cierto modo el humanismo se encuentra aún en medio de este tecnicismo y que
junto al contexto en que se desarrolle al individuo, este tome la iniciativa no
solo de transformarse a sí mismo, si no también transformar el entorno de su
semejantes, que podría traducirse en el fin más próximo de la educación que es
formar buenos ciudadanos conscientes, constructivos y capaces de transformar su
realidad a través de una participación activa en su medio.

Cuando dirijo la mirada hacia mí y mi labor docente, me veo como un subproducto


de este proceso histórico también, dado que no paso por alto en mí, la labor y el
aporte que muchas personalidades dieron a cada corriente sobre la cual se sienta
y se desarrolla cada acción que tomo y planifico en el aula, muy en el fondo aún
persiste esa necesidad de transformar el contexto en que vivo y viven mis
semejantes, buscamos con necesidad la receta o la palabra precisa que nos permita
activar ese humanismo en el fondo de todos nuestros estudiantes y llevarlos a un
punto evolutivo que se pueda hallar el la convergencia entre la fe y la razón,
pero creo que aquí es donde nos perdemos la mayoría, dado que la arrogancia y la
rivalidad surgen como parte de ese conflicto interno que todos llevamos y que
tristemente, emocionalmente dejamos que impere un individualismo que no es
natural y beneficioso para todos nosotros, llevándonos por rumbos temporales
carentes de una visión y misión que defina realmente hacia donde se debe de
impulsar la esencia de la humanidad.

En resumidas cuentas, el humanismo quizá como corriente se encuentre paralela al


concepto utópico que se promovió en el principio de la edad media y que al
expandirse la propuesta luterana de instruir a todos por igual, se podrá tomar en
consideración este banco de términos e ideas que surgieron tanto de la reforma y
la contrarreforma, pasando por el realismo, el naturalismo y el neohumanismo para
comprender que todos y cada uno somos importantes, individualmente no se logra
nada, el naturalismo nos lo ha enseñado, pero colectivamente es distinto, nos
llevara a un concepto denominado evolución, es este medio que se requiere para
contextualizar y moldear una verdadera visión y misión que probablemente permita
una integración verdadera entre fe y razón, entre amor y pensamiento, entre Dios
y el hombre.