Está en la página 1de 16

RESUMEN

El contrato, en el negocio jurídico, es esencia, pues el mismo incluye una


amplia pluralidad de voluntades, encaminadas a crear, modificar o extinguir
una relación jurídica, normalmente sobre base patromonial. Se define por el
método del fin y explica que mediante él, se constituye una relación
jurídica, se modifica o se extingue la existente. Es el contrato, fuente
directa de derechos y obligaciones.

Conocer su esencia, estructura es una de las obligaciones de los estudiosos


del derecho y los encargados de ejercerlos, a diferentes niveles, propósito
con el que se presenta el siguiente artículo.

PALABRAS CLAVES

Contrato, ineficacia del contrato, estructura del contrato, requisitos del


contrato, clasificación de los contratos.

INTRODUCCIÓN

El punto de vista tradicional considera el contrato como un acuerdo de


voluntades, verbal o escrito, manifestado en común entre dos o más
personas con capacidad, las llamadas (partes del Contrato) que se obligan
en virtud del mismo regulando sus relaciones relativas a una determinada
finalidad o cosa, y a cuyo cumplimiento pueden compelerse de manera
recíproca, por consiguiente, se considera como algo que es una obra libre y
espontánea de sus autores. Para que exista contrato, debe existir un
consentimiento, que ha de ser serio, espontáneo y libre. Cuando alguna de
estas cualidades o condiciones del consentimiento no se da, se dice que el
consentimiento se encuentra viciado, de suerte que en el contrato existe
una irregularidad que ha de determinar, o al menos permitir, su
invalidación[1]

Este concepto de contrato, que hoy nos parece como algo natural y muy
claro, es, sin embargo, el fruto y el punto de arribada de una larga
evolución histórica del pensamiento jurídico sobremanera confusa y no muy
bien conocida.

Es necesario para la realización de una operación en una relación jurídica


(crearse, modificarse o extinguirse), que el alcance y el efecto del acuerdo
comporte un compromiso de dar, hacer o no hacer alguna cosa. Y por ello,
el contrato es, junto a la ley, la fuente principal de las obligaciones y
constituye, por tanto, un tipo específico de negocio jurídico. Esto conduce a
considerar como un acto jurídico bilateral (negocio jurídico), que origina,
modifica o extingue una obligación.

La mayoría de los códigos civiles de los países cuyos ordenamientos


jurídicos provienen históricamente del sistema romano-canónico y
germánico, contienen definiciones aproximadas del contrato. La mayoría de
ellos, siguen las directrices iniciadas por el código civil francés, heredero del
Código Napoleónico, cuyo artículo 1101 establece que el contrato es la
convención por la cual una o más personas se obligan, con otra u otras, a
dar, hacer, o no hacer alguna cosa. El BGB, Código civil alemán prescribe
por su parte que "para la formación de un negocio obligacional por actos
jurídicos, como para toda modificación del contenido de un negocio
obligacional, se exige un contrato celebrado entre las partes, salvo que la
ley disponga de otro modo". Por su lado el Código civil suizo señala que
"hay contrato si las partes manifiestan de una manera concordante su
voluntad recíproca; esta manifestación puede ser expresa o tácita". El
Código Civil de la antigua Unión soviética solo expresaba que "los actos
jurídicos, esto es, los actos que tienden a establecer, modificar o extinguir
relaciones de Derecho Civil, pueden ser unilaterales o bilaterales
(contratos)". El Código Civil español, en su artículo 1254, como todos los de
la Europa continental, sigue también el rastro marcado por el Código
Napoleónico, de modo que deja establecido que "el contrato existe desde
que una o varias personas consienten en obligarse, respecto de otra u
otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio."[2] El Código Civil
argentino, en su art. 1137, establece que "hay contrato cuando varias
personas se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad común,
destinada a reglar sus derechos."[3]Por su parte nuestro Código Civil
también ha seguido esta línea cuando en el Artículo 310 establece que el
contrato se perfecciona desde que las partes, recíprocamente y de modo
concordante, manifiestan su voluntad. También otras doctrinas siguen la
misma línea de pensamiento sobre esta Institución[4].

Por las razones antes expuestas, se considera necesario que se tenga


conocimiento de la estructura del contrato, su importancia y esencia como
acto jurídico derivado de las voluntades de las partes implicadas en el
mismo y los posibles factores que pueden acarrear la ineficacia del contrato.

DESARROLLO

El contrato tiene todos los elementos y requisitos propios de un acto jurídico


que son reconocidos por la doctrina civil y contractual en su generalidad, a
saber: elementos personales, elementos reales y elementos formales.

Tal reflexión viene dada debido a que el acto jurídico es el hecho, humano,
voluntario o consciente y lícito, que tiene por fin inmediato establecer entre
las personas relaciones jurídicas, crear, modificar o extinguir derechos y
obligaciones y que a su vez este produce una modificación en las cosas o en
el mundo exterior porque así lo ha dispuesto el ordenamiento jurídico, y
para que se dé el acto jurídico no basta con que haya un sujeto y un objeto
con bastante capacidad, se necesita algo que los ponga en relación,
estableciendo un lazo o un vínculo que los una, haciendo pasar la relación
jurídica del estado de posibilidad al estado de existencia. Este tercer
elemento es un hecho, que por ser productor de efectos jurídicos se
denomina Hecho jurídico, cuando tal hecho procede de la voluntad humana
recibe el nombre de acto jurídico. El Artículo 49 de nuestro Código Civil;
señala que el acto jurídico es una manifestación lícita, expresa o tácita, de
voluntad, que produce un efecto dispuesto por la ley consistente en la
constitución modificación o extinción de una relación Jurídica, este
articulado permite a los sujetos de derecho establecer actos jurídicos
destinados a crear modificar o extinguir relaciones jurídicas, cuyos efectos
pueden estar predeterminados por dichos sujetos ofreciendo la Norma de
derecho objetivo la fuerza legal la autonomía de la voluntad privada para
materializar el precepto legal en determinados actos negociales concretos,
esto es, para determinar la eficacia del acto tanto en su constitución como
en tanto a la fijación de su alcance y consecuencia[5]

Básicamente son tres, aquellos requisitos que, en casi todos los sistemas
jurídicos, exigen las leyes, para alcanzar la eficacia del contrato:

1. Consentimiento,

2. Objeto

3. Causa.[6]

El Consentimiento de las partes como uno de los elementos o requisitos del


Contrato

El consentimiento es considerado como el elemento volitivo, el querer


interno, la voluntad que, manifestada bajo el consentimiento, produce
efectos en derecho. La perfección del contrato exige que el consentimiento
sea prestado libremente por todas las partes intervinientes. La voluntad se
exterioriza por la concurrencia sucesiva de la oferta y de la aceptación,
como en relación a la cosa y la causa que han de constituir el contrato. Será
nulo el consentimiento viciado, por haber sido prestado por error, con
violencia o intimidación, o dolo, es uno de los requisitos que Código Civil
español exige para que exista el contrato. En un sentido vulgar el
consentimiento contractual es la acción de consentir y consentir es permitir
o tolerar algo, es decir dar aquiescencia o aprobación a algo, quizás más
técnico, consentir (de cum-sentire) puede considerarse como el común
sentimiento o la común voluntad de dos o más personas[7]La doctrina civil
cubana, como otras, se acoge a esta tesis cuando refiere en su Artículo 311
que el consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la
aceptación sobre el objeto del contrato.

Vicios del consentimiento. Concepto y forma de manifestación

Un vicio de consentimiento existe siempre que la voluntad contractual se ha


formado defectuosamente. Como presupone un conocimiento suficiente del
alcance del negocio, de su objeto y de sus circunstancias y libertad para
querer sus consecuencias, falta de conocimiento y falta de libertad, son
como dice PUIG BRtrrAu los dos grupos de causas por las que resulta
posible pedir la anulación de un contrato y por ello, de hablar de vicio de
consentimiento contractual[8]

El vicio del consentimiento también es recogido por algunas doctrinas como


vicios de la voluntad, vicios del consentimiento o vicios de los actos
voluntarios y está dado por ciertos defectos congénitos de ellos,
susceptibles de producir la invalidez de los actos que los padecen[9]
Un acto jurídico se reputa voluntario cuando es serio, manifestado, sincero,
libre y espontáneo. Si falla cualquiera de estas características estamos
frente a un acto jurídico que no producirá sus efectos propios.

Teniendo en cuenta estas características:

Obstan el discernimiento: la inmadurez y la insania.

Obstan la intención: el error o ignorancia y el dolo.

Obstan la libertad: la violencia, la simulación y el fraude, aunque algunos


estudiosos del derecho incluyen a la lesión.

Contendrán vicios del consentimiento aquellos actos jurídicos que no hayan


sido realizados con intención y libertad, mientras que los realizados sin
discernimiento serán actos jurídicos inexistentes.

Los postulados antes expuestos, a los que conduce una concepción del
contrato fundada en el voluntarismo jurídico, se encuentran necesitados de
alguna reflexión. El artículo 1.265 CC dice que será nulo el consentimiento
prestado por error, violencia, intimidación o dolo, estableciendo de esta
suerte un elenco limitado o una enumeración particularizada de las causas
que permiten la anulación del contrato por los llamados vicios del
consentimiento. Si la premisa es que el contrato exige un puntual
conocimiento de lo que se estatuye y la necesaria libertad de decisión, a la
vista del art. 1.265 CC es legitimo cuestionar si es posible algún otro vicio
distinto de los mencionados. Por ejemplo: personas que actúan en estado
hipnótico, bajo el influjo de drogas, en estado de embriaguez o en situación
de trastorno mental transitorio.[10]

La ausencia de vicios en el consentimiento es imprescindible para la validez


y eficacia del contrato, a cuyo fin se requiere que la voluntad no esté
presionada por factores externos que modifiquen la verdadera intención.
Entre los más destacados vicios del consentimiento se encuentran (a) el
error, (b) la violencia y (c) el dolo.

(a) El error: Cuando versa el error, existe una equivocación sobre el objeto
del contrato, o sobre alguno de sus aspectos esenciales. El error es motivo
de nulidad del contrato cuando recae sobre:

La naturaleza del contrato (quería hacer un arrendamiento e hizo una


compraventa).

La identidad del objeto.

Las cualidades específicas de la cosa.

Son varias las doctrinas que recogen el vicio del consentimiento de distintas
maneras y en tal sentido la doctrina Civil Mexicana establece en su Artículo
1812 la falta de valides del consentimientos siempre que haya sido dado por
error, arrancado por violencia, o sorprendido por dolo y en consecuencia en
el artículo 1813 que el error de derecho o de hecho invalida el contrato
cuando recae sobre el motivo determinante de la voluntad de cualquiera de
los que contratan, si en el acto de la celebración se declara ese motivo o si
se prueba por las circunstancias del mismo contrato que se celebró éste en
el falso supuesto que lo motivó y no por otra causa. Por otra parte la
doctrina venezolana establece en sus artículos 1.146 que puede solicitar la
nulidad del contrato aquel cuyo consentimiento haya sido dado a
consecuencia de un error excusable, o arrancado por violencia o
sorprendido por dolo, y más adelante en su Artículo 1.147 establece que el
error de derecho produce la nulidad del contrato sólo cuando ha sido la
causa única o principal por lo que a pesar que ambas doctrinas estipulan el
error como causa de nulidad establecen diferencias en cuanto a su
aplicación por su parte nuestra legislación cubana no establece de manera
específica la nulidad del contrato sino que se remite en cuento a las
causales de nulidad de los actos jurídicos como tal establecidos en los
Artículos

Así, el error solo invalida el consentimiento cuando recae sobre la sustancia


de la cosa; el miedo vicia el contrato cuando el mal que se teme sufrir es
inminente y grave; y el engaño vicia cuando es grave, ha sido producido
por la otra parte contratante y no es reciproco. En rigor, vicio del
consentimiento tendría que existir cualquiera que fuera la naturaleza o el
alcance del error, del dolo, o de la intimidación.

Sin embargo, los Derechos positivos ordenan que, aunque se hayan


producido tales vicios del consentimiento, solo bajo ciertas condiciones o
bajo ciertos requisitos el contrato puede ser anulado. Este planteamiento
obliga a pensar que más que en presencia de una dogmática categórica de
las voluntades contractuales viciadas, nos encontramos en presencia de una
serie de supuestos en los cuales lo que se hace es decidir la justicia o la
injusticia de la perpetuación de la vinculación contractual. La decisión no
recae tanto sobre si el necesario consentimiento se encontraba o no viciado,
cuando sobre si es o no justo que ese contratante quede o no vinculado y
continúe o no estándolo. Para ello, es necesario valorar su propia diligencia
y enjuiciar la dignidad que merezca la situación de la otra parte contratante.
Ello explica que, a pesar de que en pura teoría pueda hablarse de
consentimiento viciado, el contratante quede vinculado si existía por
ejemplo embriaguez o miedo leve que no han podido ser reconocidos por la
otra parte contratante que tampoco se ha aprovechado de ellos. En cambio,
en otros casos se permite al que ha sufrido una situación de voluntad
viciada atacar el contrato que fue injustamente vinculado (miedo grave,
engaño injusto

El error no debe de ser de mala fe, porque de lo contrario, se convierte en


dolo el texto del artículo 1.265, aparentemente categórico, queda suavizado
por los artículos subsiguientes. Así, el error solo invalida el consentimiento
cuando recae sobre la sustancia de la cosa

(b) La fuerza o violencia: En la violencia se ejerce una fuerza irresistible que


causa un grave temor a una de las partes del contrato, o que una de las
partes haya abusado de la debilidad de la otra. La amenaza de acudir ante
una autoridad judicial para reclamar un derecho no es coacción, a no ser
que se amenace abusivamente de este derecho.
(c) El dolo:

El dolo es el error provocado por la actuación intencionada de otra persona.


Lo define el artículo 1269 del Código Civil Español : hay dolo cuando, con
palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es
inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho

Para ser vicio de la voluntad que provoca la anulabilidad del negocio


jurídico, ha de ser determinante de la declaración de voluntad, es decir, que
ésta, sin el dolo, no se hubiera emitido. El artículo 1269 del Código Civil
Español lo expresa en su último inciso: «… es inducido el otro a celebrar un
contrato que, sin ellas, no hubiera hecho»; el artículo 1270, al expresar que
«deberá ser grave», tiene el mismo sentido; el artículo 673 establece la
anulabilidad del negocio celebrado «con… dolo» tiene igualmente idéntico
sentido , por tanto se define que todo medio artificioso, fraudulento o
contrario a la buena fe, empleado con el propósito de engañar, o confundir,
para inducir a una persona a consentir un contrato que, de haber conocido
la verdad, no lo hubiera aceptado, es considerado dolo. La víctima del dolo
puede mantener el contrato y reclamar daños y perjuicios.

(2) Objeto

Pueden ser objeto de contratos todas las cosas que no estén fuera del
comercio de los hombres, aun las cosas futuras. Pueden ser igualmente
objeto de contrato todos los servicios que no sean contrarios a las leyes, a
la moral, a las buenas costumbres o al orden público.El Objeto es la
realidad sobre la que recae el negocio; las cosas, intereses o relaciones a
las que se refiere la declaración de voluntad (en el contrato, por ejemplo,
declaro querer vender-declaro querer comprar esta cosa por este precio; en
el matrimonio, declaramos querer la convivencia; en el testamento, declaro
disponer de mi patrimonio para después de mi muerte).

(3) Causa

Normalmente, la normativa civil de los ordenamientos jurídicos exige que


haya una causa justa para el nacimiento de los actos jurídicos. La causa es
el motivo determinante que llevó a las partes a celebrar el contrato. Un
contrato no tiene causa cuando las manifestaciones de voluntad no se
corresponden con la función social que debe cumplir, tampoco cuando se
simula o se finge una causa. El contrato debe tener causa y ésta ha de ser
existente, verdadera y lícita.

Partiendo de las ideas mínimas anteriores, es dable recordar o reproducir lo


dicho sobre la causa en el estudio del negocio jurídico, plenamente aplicable
al contrato, negocio jurídico bilateral productor de obligaciones. Se analizan
las distintas teorías, para concluir que el Código civil español sigue la
concepción objetiva separada de los móviles subjetivos y viendo las causas
que recoge aquel artículo 1274.

Formación del contrato


Se trata aquí de analizar aquellos actos, causas, hechos, requisitos y formas
que, instantánea o sucesivamente, han de confluir para la perfección y
cumplimiento del contrato.

Acuerdo de voluntades

El contrato necesita de la manifestación inequívoca de la voluntad de las


partes que conformarán el acto jurídico. Así, cuando las partes contratantes
expresan su voluntad en el momento que se forma el contrato, se denomina
entre presentes. Cuando la manifestación de la voluntad se da en
momentos diferentes, se denomina entre ausentes. La distinción es
importante para poder determinar con exactitud el momento en que el
contrato entra en la vida jurídica de los contratantes. El contrato entre
presentes entrará en vigencia en el momento de la manifestación
simultánea de la voluntad, mientras que el contrato entre ausentes
solamente hasta que el último contratante haya dado su manifestación.

Oferta y aceptación

La oferta es una manifestación unilateral de voluntad, dirigida a otro. El


ejemplo clásico es el del comercio minorista que ofrece sus productos a
cualquiera, a un precio determinado. La oferta es obligatoria, es decir, una
vez emitida, el proponente no puede modificarla en el momento de la
aceptación del sujeto interesado. La aceptación de la oferta debe ser
explícita, de modo que el otro contratante debe mostrar su consentimiento
expreso o tácito, de manera que indique su inequívoca intención de aceptar
la oferta y adherirse a las condiciones del oferente. La vigencia obligatoria
de la oferta varía en los distintos ordenamientos jurídicos. Para algunos, el
oferente puede variar la oferta mientras ésta no haya sido aceptada; en
cambio en otros la oferta debe mantenerse intacta por todo el período que,
usual o legalmente, se reconozca al contratante para aceptarla.

Forma de los contratos

La forma de los contratos algunas veces pueden ser determinante, ya sea


en razón de de la validez así como de la eficacia de los mismos. Los
contratos pueden ser verbales, cuando su contenido se conserva sólo en la
memoria de los que intervienen, o escritos, si su contenido se ha
transfigurado en un texto gramatical el que puede estar reflejado o grabado
en soporte permanente y duradero como es el caso del papel, la cinta
magnética visual o sonora, CD, DVD, PD, entre otros.) que permitan su
lectura y la exacta reproducción posterior. Los contratos escritos pueden
además ser solemnes o no, dependiendo de si deben formalizarse en
escritura pública notarial, e incluso si la ley exige su inscripción en algún
tipo de registro público (Registro de la propiedad, Registro mercantil,
Registro de cooperativas, Registro de entidades urbanísticas colaboradoras,
etc.). En los denominados contratos reales, su perfección de su forma exige
además la entrega de la cosa (por ejemplo el préstamo, aunque se recoja
en escritura pública, éste no nace si no se entrega el capital prestado en el
acto de la suscripción del contrato).

Efectos de los contratos


"El contrato es ley entre las partes" es una expresión común (contractus
lex). Sin embargo, esto no significa que los contratos tienen un poder
equivalente al de las leyes. Los preceptos fundamentales nacidos de los
contratos, que los intervinientes deben observar serán los siguientes: Las
partes deben ajustarse a las condiciones estipuladas en el contrato
(principio de literalidad). Las condiciones y los efectos del contrato solo
tienen efecto entre las partes que aceptaron el contrato, y sus
causahabientes (principio de relatividad del contrato). Los pactos contenidos
en los contratos deben ejecutarse en los términos que fueron suscritos. Las
estipulaciones de los contratos típicos, que fueran contrarias a la ley, se
tienen por no puestas. Las disposiciones legales reconocen al contrato como
fuente de obligaciones. Las obligaciones contractuales son obligaciones
civiles, por lo que el acreedor puede exigir del deudor la satisfacción de la
deuda según lo pactado. En caso que el cumplimiento del objeto de la
obligación no sea posible, por equivalencia, el acreedor puede demandar la
indemnización de daños y perjuicios. Una vez que un contrato ha nacido
válidamente, se convierte en irrenunciable, y las obligaciones originadas por
el contrato válido no se pueden modificar unilateralmente.
Clasificación de los contratos

Los contratos fueron clasificados por los romanos en: verbales, literales,
reales y consensuales, nominados o innominados.

La clasificación más general de los contratos es:

Por la naturaleza de los vínculos que produce puede ser:

Contratos unilaterales: los que sólo originan obligaciones para una de las
partes del contrato.

Contratos bilaterales: Los que establecen relaciones recíprocas para


ambas partes contratantes. Ejemplo: el mandato y la compraventa.

Por la causa o título pueden ser:

Contratos onerosos: aquellos en que cada parte obtiene o persigue una


ventaja o una compensación económica. Ejemplo: la compraventa.

Estos, a su vez, se clasifican en conmutativos, en los que cada una de las


partes tienen en cuenta la adquisición de un equivalente de su prestación
pecuniaria. Ej. Compraventa y permuta. En aleatorios o de suerte, donde
cada una de las partes tiene también en cuenta la adquisición de un
equivalente de su prestación, pero no bien determinados en el momentos
de celebrarse el contrato, sino dependientes de un acontecimiento posterior
e incierto, corriendo los contratantes un riesgo de ganancias o pérdidas. Ej.
El seguro y la fianza.

Contratos gratuitos: una de las partes proporciona una utilidad a la otra


parte, sin recibir nada a cambio.

Por los requisitos necesarios para la formación del contrato:


Contratos consensuales: los que se perfeccionan con el mero acuerdo de
voluntades.

Contratos reales: los que, además de un consentimiento, requieren la


entrega de un bien, por una de las partes a la otra, o a un tercero.

Contratos solemnes: los que exigen una formalidad especial para su


celebración.

Por la naturaleza independiente o relacionada pueden ser:

Contratos preparatorios: tienen por objeto crear una situación de


derecho como preliminar necesario para la celebración de otros contratos.
Ej. El mandato y la sociedad.

Contratos principales: suplen por sí mismos un fin contractual propio y


subsistente, sin relaciones necesarias con ningún otro contrato. Ej.
Compraventa.

Contratos accesorios: sólo pueden existir por consecuencia o en relación


con otro contrato anterior. Ej. La fianza.

Por su denominación pueden ser:

Contratos nominados: regulado en la legislación.

Contratos innominados: cuyos elementos no integran ninguna de las


figuras contractuales reguladas y definidas en la legislación.

El contrato en la sociedad socialista, se aplica en las relaciones entre


empresas y organismos socialistas que actúan en estricta conformidad con
el Plan económico-social de la nación (presupone una iniciativa e
independencia de las empresas).

Mediante la celebración de contratos, las empresas ajustan y procuran


condiciones para el cumplimiento del Plan, precisan los plazos de ejecución
de las tareas y establecen las garantías propias del principio de autonomía
que disfrutan.

El contrato tiene aplicaciones en la relación de los organismos y de las


empresas con los ciudadanos, los cuales a su vez realizan contratos entre
sí. En las empresas y organismos, las tareas del Plan determinan las
obligaciones principales de las partes, el precio, el plazo y el lugar de
cumplimiento de las obligaciones, todo lo cual debe constituir el contenido
del contrato.

Existen contratos tipos o modelos, aprobados por el gobierno con arreglo a


los cuales se han de concluir los contratos concretos por las organizaciones
respectivas. El gobierno promulga las directivas sobre los asuntos
fundamentales que guardan relación con la firma de los contratos entre las
organizaciones y empresas socialistas. Estas conformes al Plan, deben
establecer entre sí las relaciones contractuales, no tienen derechos a
rechazar la celebración de contratos cuando una de las partes se niega a la
celebración del contrato, la otra parte puede imponer ante el arbitraje
estatal una demanda a fin de que se haga efectiva la obligación del
contratante necesaria al Plan. El fallo del arbitraje sobre este asunto es
obligatorio para dicho contratante.

CONCLUSIONES

El contrato constituye un acto jurídico determinado por un acuerdo de


voluntades de las partes implicadas y que en su esencia es fuente directa de
derechos y obligaciones.

BIBLIOGRAFÍA

ALBALADEJO, M.(1958), La representación, ADC.

ALBALADEJO, M.(1960), Instituciones de Derecho Civil, I. Barcelona.

BADENAS CARPIO, J.M. (1998) Apoderamiento y Representación Voluntaria.


Editorial Aranzadi.

BALMAÑA MULLERAT, RAMON M. (2002) La responsabilidad civil del


abogado. La toga, versión digital, abril 2002.

Código Civil Argentino Libro Segundo, Sección Tercera, Título Primero


Artículo 1137

Código Civil Español. Título Segundo. Capitulo Primero sobre Disposiciones


Generales. Artículo 1.254

DE PRADA SOLAEZA, M. P. (1992-1996), El Negocio Jurídico de


Apoderamiento. Cdroom Cuaderno del Poder Judicial Español, 1992-1996.
Bb, Centro de Desarrollo, ONBC, Villa Clara.

Díez-Picazo, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial, volumen


primero, quinta edición, Editorial Cívitas, Madrid, España, 1996, p.157

GONZÁLEZ FERRER, JUAN JOSÉ (2005) El aseguramiento de la


responsabilidad civil profesional del abogado publicado en Icas (versión
digital) no. 152 Enero/Febrero 2005.

LOPEZ LOPEZ, A.M. y MONTES PENADES, V.L. (1998), Derecho Civil. Parte
General, Colectivo de autores coordinados por ellos.3ra Edición. Editada por
Tirant lo Blanch, Valencia.

Valdés-Díaz Caridad del Carmen.: Compendio de Derecho Civil, Editorial


Félix Varela, La Habana, 2004, p.199

Albaladejo García, M. (1994). Curso de Derecho Civil, t.: IV Derecho de


Familia, Sexta Edición, Barcelona, p. 287.
Alessandri Rodríguez; A., Somarriva Undurraga M., Vodanovic H., A. (1998)
Tratado de Derecho Civil: Partes preliminar y general, Editorial Jurídica. .
Chile.

Clemente Díaz, T. (1984). Derecho Civil Parte General t. II tercera parte, La


Habana.

Diez-Picazo; L.y Gullon; A.,( 1994.) Sistema de Derecho Civil, Vol. I, 8va
ed., ed. Tecnos, Madrid

Fernández Sessarego, C. :( 2003.) Persona, personalidad, capacidad y


sujeto de derecho: un reiterado y necesario deslinde conceptual en el
umbral del siglo XXI, Editorial ASTREA, en Persona, Revista Electrónica de
Derechos Existenciales, No. 24, diciembre de 2003.

Lacruz Berdejo, J. L. (1983.). Elementos de Derecho Civil, Tomo I. Parte


General del Derecho Civil, Volumen II. Editorial Bosch, Barcelona, España.

Llamas Pombo, E..: (1993). El patrimonio de los hijos sometidos a patria


potestad, Editorial Trivium, España,.

Mesa Castillo, O. :( 1992.) Derecho de Familia, Universidad de La Habana,


Cuba.

Ruiz-Rico Ruiz; J. M. y García Alguacil; M. J. :( 2004.) La representación


legal de menores e incapaces. Contenido y límite de la actividad
representativa., Editorial. Aranzadi, Málaga, España,

Autor:

Lic. Yaremy Díaz Águila

Abogada del Bufete Colectivo de Caibarién

[1] Díez-Picazo, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial, volumen


primero, quinta edición, Editorial Cívitas, Madrid, España, 1996, p.157

[2] Véase el Código Civil Español Título Segundo Capitulo Primero sobre
Disposiciones Generales Artículo 1.254

[3] Véase igualmente el Código Civil Argentino Libro Segundo, Sección


Tercera, Título Primero Artículo 1137

[4] El Código Civil Federal de México, en la Primera Parte de las


Obligaciones en general, Título Primero Fuentes de las Obligaciones en su
Capítulo I Sobre Contratos, en su Artículo 1792 utiliza el término de
Convenio refiriendo que es el acuerdo de dos o más personas para crear,
transferir, modificar o extinguir Obligaciones en Libro cuarto de las
obligaciones Primera Parte Título Primero Capitulo I el Artículo 1793 estipula
que los convenios que producen o transfieren las obligaciones o derechos
toman el nombre de contrato.-

[5] Valdés-Díaz Caridad del Carmen.: Compendio de Derecho Civil, Editorial


Félix Varela, La Habana, 2004, p.199

[6] El Código Civil Español establece en su artículo 1.261 lo siguiente No


hay contrato sino cuando concurren los requisitos siguientes:
Consentimiento de los Contratantes, Objeto cierto que sea materia del
Contrato y Causa de la obligación que se establezca, de acuerdo con la
redacción literal del Artículo los requisitos del contrato son tres el
Consentimiento, el objeto de la causa, como así quedara expresado por
Díez-Picazo, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial, volumen
primero, quinta edición, Editorial Cívitas, Madrid, España, 1996, p.143, igual
criterio lo recoge la doctrina mexicana en el artículo 1794, asimismo es
recogido por la doctrina Venezolana en el Titulo tercero, Capítulo I Sección I
sobre los contratos en su Artículo1.141, en igual sentido lo recoge el Código
civil Mexicano en su Libro cuarto de las obligaciones Primera Parte Título
Primero Capitulo I en su Artículo 1794

[7] Díez-Picazo, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial, volumen


primero, quinta edición, Editorial Cívitas, Madrid, España, 1996, p.147

[8] Véase Díez-Picazo, L. en Fundamento…, Vol. I, cit., p158.

[9] Los vicios del consentimiento son vistos por varias doctrinas como
causales de Nulidad de los Contrato y así lo regulan de manera específica en
sus cuerpos legales entre ellas se encuentra la Doctrina Argentina artículo
1137 establece que el derecho de anular el contrato por vicios del
consentimiento corresponde a la parte que lo hubiere sufrido y no a la otra
parte ni al autor del Dolo Violencia o simulación del fraude, por su parte la
doctrina Venezolana refiere que en su Artículo1.142 entre las causas de
anulabilidad del Contrato la incapacidad legal de las partes o de una de ellas
ó por los vicios del consentimiento.-

[10] Díez-Picazo, L.: ob. Cit., p.147.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos96/contrato-como-acto-


juridico-definicion-y-estructura/contrato-como-acto-juridico-definicion-y-
estructura.shtml#ixzz37s6Gxxgo

LA INTERPRETACIÓN DE LOS CONTRATOS

1.- El contrato como Acto Jurídico: Para el Derecho civil, Acto Jurídico es
todo hecho o conducta de un sujeto que tiene por destino producir
determinados efectos jurídicos, los cuales son requeridos por éste. Estos
actos jurídicos pueden ser de diversas clases, así pueden ser, entre otros,
actos onerosos o gratuitos; patrimoniales o extra-patrimoniales;
conmutativos o aleatorios; unilaterales, bilaterales o plurilaterales.
Precisamente, dentro de la diversidad de Actos Jurídicos podemos
encontrar los Contratos, los cuales vienen a ser actos bilaterales y
patrimoniales. Son bilaterales pues para su celebración se requiere la
manifestación de voluntad común entre al menos dos partes, pues no existe
un Contrato que sea unilateral, siempre se requiere que la oferta de un
sujeto esté coligado a una aceptación voluntaria de otro, por lo cual existen
dos manifestaciones de voluntad apuntando a un mismo sentido.

A su vez los Contratos son Actos Jurídicos Patrimoniales pues


necesariamente versan sobre bienes o derechos de contenido económico
(como puede ser un inmueble, títulos valores, vehículos, marcas
comerciales, acciones de una sociedad anónima, titularidad de una
concesión, etc.), siéndole ajeno todo acto referido a situaciones extra-
patrimoniales como son, por ejemplo, el matrimonio, el reconocimiento de
un hijo o la adopción.

A partir de lo mencionado, es fácil deducir que el Contrato es la


especie y el Acto Jurídico es el género. No en vano nuestro Código Civil
establece una relación y similitud evidente al definir estas figuras jurídicas.
Así, el artículo 140º de nuestro Código nacional define el Acto Jurídico de la
siguiente manera:

"Artículo 140º.- El acto jurídico es la manifestación de voluntad


destinada a crear, regular, modificar o extinguir relaciones jurídicas. (...)"

Por su parte, en el Libro VII de Fuente de las Obligaciones del Código


Civil se define al Contrato de la forma siguiente:

"Artículo 1351º.- El Contrato es el acuerdo de dos o más partes para


crear, regular, modificar o extinguir una relación jurídica patrimonial".

Vemos, pues que el Contrato es una particular forma de los Actos


Jurídicos, los cuales se generan con la concurrencia de voluntades de al
menos dos partes (acto bilateral o plurilateral), con el firme propósito de
crear una relación jurídica patrimonial o afectar una ya existente (acto
patrimonial).

2.- La Relación Jurídica surgida de los Actos Jurídicos: Todo Acto Jurídico (y
por ende todo Contrato), tiene por finalidad crear, regular, modificar, alterar
o extinguir una relación jurídica, siendo éste el motivo por el cual se celebra
el acto o contrato. ¿Qué es una relación jurídica?. El Código Civil nacional,
no ensaya una definición de relación jurídica, correspondiendo a la doctrina
civil su conceptualización, así el célebre ENNECCERUS manifestó que
"llamamos relación jurídica a una relación de la vida ordenada por el
derecho objetivo y que consiste en una dirección jurídicamente eficaz de
una persona hacia otras personas o hacia ciertos objetos (cosas o
derechos). El destacado jurista alemán, involucra como relación jurídica a
toda relación social que el ordenamiento legal acoge, postulando que es
concordante con el supuesto que el Derecho sólo existe en sociedad (es
decir, cuando involucra dos o más individuos, pues, no existirá el Derecho
con un sólo individuo).
3.- La Manifestación de la Voluntad en los Actos Jurídicos: La voluntad para
que surta efectos o para que sea protegida por el ordenamiento jurídico, no
sólo debe ser producida con discernimiento, intención y libertad, sino que
también debe ser externalizada, es decir, debe ser expresada o manifestada
para que sea conocible por lo demás sujetos de la sociedad, revelándose al
mundo exterior. A partir de ella es posible efectuar una interpretación del
Acto Jurídico tratando de descubrir la lícita voluntad de los otorgantes.

En suma, debemos señalar que la voluntad interna, para que surta


efectos jurídicos, debe ser externalizada a través de una manifestación
(expresa o tácita). Manifestación que debe contener a la voluntad interna.

La voluntad correspondiente al ámbito interno, producto del proceso


volitivo del discernimiento, intención y libertad, debe ser además seria y
desprovista de reservad mentales.

Debe advertirse que toda voluntad expresada a través de una


manifestación, debe ser factible de ser interpretada de manera indubitable.
Por ello es frecuente que el Derecho Civil no conceda capacidad para
celebrar actos jurídicos y contratos a personas con cuenten con cierta
discapacidad por el hecho de no poder expresar de manera indubitable su
voluntad interna, como ocurre por ejemplo con los sordomudos (Art. 43º
inc.3 del Código Civil).

4.- Clases de Manifestación de la Voluntad: Nuestro Código Civil en el


artículo 141º, recoge como la mayoría de los Código Civiles, la clasificación
de manifestación expresa y tácita, cuando señala lo siguiente:

"Artículo 141º.- La manifestación de voluntad puede ser expresa o tácita.


Es expresa cuando se realiza en forma oral o escrita, a través de cualquier
otro medio directo, manual, mecánico, electrónico u otro análogo. Es tácita,
cuando la voluntad se infiere indubitablemente de una actitud o de
circunstancias de comportamiento que revelen su existencia. (...)"

Manifestación expresa, como lo explica LEÓN HURTADO, es "aquella


en que nuestra voluntad se exterioriza mediante palabras, escritos, gestos u
otros medios sensibles que normalmente, o por acuerdo especial, se
destinan a dar a conocer nuestra voluntad o querer interno, cualquier medio
es aceptable si permite traducir nuestra verdadera voluntad o intención.
Así, lo más frecuente será que se emplee el lenguaje, sea mediante la
palabra hablada, grabada en un aparato mecánico, escrita o dada a conocer
por signos o gestos, como sucede con el lenguaje mímico de los
sordomudos. Y es por lo mismo, manifestación expresa de voluntad lo que
se hace con un gesto, de afirmación o de negación o de otro carácter, si
exterioriza el querer del sujeto.

La manifestación será tácita, como lo dice ALBALADEJO, cuando a


través de un comportamiento, que sin ser un medio destinado por su
naturaleza a exteriorizar la voluntad, la exterioriza, sin embargo, porque a
través de él se advierte que el sujeto que lo realiza tiene una voluntad
determinada. En la manifestación tácita de la voluntad no se percibe
directamente, sino que se infiere de la conducta. Así cuando el deudor
liberado por la prescripción, paga a su acreedor, de cuya conducta se
concluye que ha renunciado tácitamente a la prescripción (art.1991º).

5.- Discrepancias entre la Voluntad y la Declaración: A menudo el Derecho


se enfrenta a controversias surgidas en torno a las manifestaciones de
voluntad de los particulares, quienes al momento de celebrar un Acto
Jurídico cualquiera o un Contrato en particular, estiman que sus expresiones
son lo suficientemente claras, pero frecuentemente se advierte vacíos,
contradicciones o declaraciones sin sentido que pueden afectar la validez del
acto o negocio celebrado y su ejecución posterior a su otorgamiento.

Ante estas situaciones los ordenamientos jurídicos adoptan distintas


teorías para descubrir o revelar cuales son los verdaderos límites de la
autorregulación de las partes, manifestados por ellos en el Acto Jurídico o
Contrato.

Con referencia a este tema, CARLOS FERDINAND CUADROS


VILLENA, explica que existen al respecto cuatro teorías:

1.- Teoría de la voluntad: Que Influenció en Francia y Alemania hasta


principios del siglo XX, surgida de la Escuela del Derecho Natural, - señala -
"que es la voluntad subjetiva la que define el acto jurídico, que aparte de la
declaración es indispensable la voluntad. Si falta la voluntad subjetiva, si no
coincide con la declaración, el acto jurídico, será nulo".

2.- Teoría de la declaración o manifestación de la voluntad: Surgida de


las bases de la Escuela Histórica del Derecho, sostiene por el contrario que
lo más importante en el acto jurídico es la manifestación de la voluntad, es
decir su expresión externa, contenida en el escrito u otro medio de
comunicación directa o en la ejecución de costos reveladores de esa
voluntad. Para esta doctrina sólo tiene trascendencia la declaración, tal
como fue entendida o tal como puede ser entendida.

Comentario: En este momento nos encontramos ante dos supuestos: el


de la voluntad y el de la declaración. Defender el primero significaría
promover la inseguridad, por cuanto se prescindiría de la declaración para
sólo hacer valer la real voluntad del declarante; lo cual traería consigo la
investigación de los propósitos y de las intenciones del agente, saliendo de
la esfera del Derecho y cayendo en el campo de la psicología.

Por otro lado, la Teoría el apoyar lo segundo (teoría de la


declaración) traería como consecuencia dar validez a los actos negociales,
emitidos por una declaración inducida al error por la contraparte del
negocio. En extremo injusto, pues, el efecto no fue querido voluntariamente
por el agente, sino inducido por error.

3.- Teoría de la Confianza: Es más bien una teoría intermedia. Se


sostiene que hay que tener confianza en la declaración de la voluntad. Así,
CUADROS VILLENA, citando a DERNBURG dice que la "fe que inspira las
personas capaces y honestas, su crédito normal y económico, reposa en el
respeto de su palabra". Es una doctrina que fundamenta la tesis de la
declaración".
4.- Teoría de la Responsabilidad: Se fundamenta en la responsabilidad
que puede tener el sujeto cuando existe un desacuerdo entre su voluntad y
su declaración. Según esta doctrina la voluntad debe prevalecer sobre la
declaración pero si hay divergencia es preciso saber si el autor obró con
dolo o culpa. El acto será válido si el autor obró sin dolo ni culpa, pero será
nulo por dolo o culpa, y será entonces, según el caso, responsable de ese
hecho. La nulidad del acto jurídico estaría en relación directa con la
responsabilidad del sujeto.

DIFERENCIAS ENTRE ACTO Y NEGOCIO JURÍDICO –

ACTO JURÍDICO
 Género
 Origen: La ley
 Lícito o ilícito, efectos queridos o no queridos.
 Legal
 No todo Acto Jurídico es Negocio Jurídico
 Sus efectos son Ex Lege: están previstos en la ley.
 Ej. Resp. Extracontractual.

NEGOCIO JURÍDICO
 Especie
 Origen: El acuerdo de las partes
 Requiere de Voluntariedad, licitud, efectos queridos.
 Convencional
 Todo Negocio Jurídico también es Acto Jurídico.
 Sus efectos son Ex Voluntate: produce los efectos que ha buscado el
sujeto voluntariamente. Ej. Resp. Contractual.