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I.S.F.

D N°1 “Abuelas de Plaza de Mayo”

4to 3era – Educación Primaria – Turno Mañana

Pedagogía críticas de la diferencia – Profesora: Valcarce, Marta.

Estudiante: Laurenzano, Evelyn.

Diferencias culturales y desigualdad social

Actualmente, el sistema educativo argentino está regulado por la Ley de Educación Nacional,
sancionada en el año 2006. Allí se asigna al Estado la responsabilidad de garantizar la igualdad y
la gratuidad de la enseñanza.
Esta ley permite que toda la población pueda acceder a una educación de calidad, que garantice
la igualdad de oportunidades y la equivalencia de los resultados, más allá de las diferencias de
origen.
En este sentido, el Estado debe crear las condiciones necesarias para que esto sea posible. Tiene
que asegurar tanto el sostenimiento de la educación pública y gratuita, como la unificación
nacional del sistema educativo con respecto a la organización y a los contenidos que se enseñan
en las escuelas de todo el país.
Para Bourdieu la reproducción y de la estructuración de las diversas relaciones de poder y
relaciones simbólicas entre las clases está directamente relacionado con los procesos de
educación, poniendo absoluta atención en la importancia del capital cultural el cual se hereda en
la familia como clave del éxito en la escuela. De esta forma el análisis se centra en los principios
tradicionales que rigen el currículum educacional y de evaluación escolar, por este motivo, el
análisis del sistema educativo se centra fundamentalmente en la forma de evaluación de las
escuelas, las que generalmente son guiadas por un sistema escolar que genera o forma un habitus,
aceptando ilegitimidad de su propia cultura en donde se enseña la cultura de un grupo o clase
social determinado.
En este sentido se fundamenta que el sistema escolar forma en las personas un proceso de
adoctrinamiento el cual es la base de la reproducción cultural y social, en este sentido los que no
adquieren esta formación son “excluidos” o “discriminados”, ya que el sistema les impone una
cultura dominante, lo que implica renunciar a su propia cultura, en otras palabras someterse a un
conjunto de reglas, valores y creencias que muchas veces no son concordantes con su estilo de
vida.
En este contexto, hablar de identidad involucra el poder, y este aparece como relación de fuerzas,
como enfrentamiento y lucha. Así, se define a la sociedad como un espacio diferenciado de
posiciones, que no forma una totalidad única integrada por funciones sistemáticas y una única
cultura común. Por el contrario, se reconoce la diferencia, la desigualdad y la lucha por el control
de los recursos individuales y sociales.
Es necesario, entonces, que dejemos de ver la diversidad como un pretexto para la exclusión
social. La diversidad es un hecho, es algo evidente, pero la igualdad necesita del convencimiento
moral. Dentro de los poderes públicos este convencimiento no está presente por lo tanto no se
centran en distribuir los recursos materiales y humanos necesarios para que la educación sea
enriquecedora para todos. Ya sabemos que se entiende diversidad como exclusión donde prima
la racionalidad, la seriedad y la jerarquía; donde unos hablan y otros callan.
Asistir a la escuela hasta cierta edad es obligatorio porque se entiende que la educación es algo
valioso para el sujeto, con esta educación logrará alcanzar unos objetivos que la escuela y la
sociedad han impuesto y se observara su progreso en las calificaciones finales.
Así mismo, no es lo mismo diversidad que diferencia. Habitualmente tanto el sistema social como
el educativo nos hablan de diferencias culturales con la intención no explicita de clasificar y
jerarquizar a las personas. La consecuencia de esta visión es la estigmatización de todos aquellos
sujetos que no estén dentro de los límites de lo “normal”, separándoles así del grupo y llevándoles
a clases de apoyo, compensatorias, con necesidades especiales… La tendencia pues, es establecer
diferencias dividiendo los grupos a priori.
Se confunde diversidad cultural con categorización social. Teniendo en cuenta la etnia, el nivel
económico, el origen nacional, la lengua materna; se dividen y clasifican a los sujetos en grupos
sociales bien delimitados que poco nos dicen en verdad de las personas que los forman. El
problema más grave de todas estas clasificaciones de las personas teniendo en cuenta sus
“diferencias” es que dicha clasificación se hace desde una apreciación moral, al delimitar ya
estamos valorando lo que es mejor o peor, bueno o malo. En el campo de la educación esto
conlleva la división de los niños y la creación de programas compensatorios o remediales.

Bibliografía de referencia.
 Azevedo, J. (2009). Diversidad cultural, desigualdad social y estrategias de políticas
educativas. Buenos Aires : Inst. Internac. de Planeamiento de la educación IIPE-
Unesco.
 Capdevielle, J & Freyre, M.. (2013). El concepto de lucha en la sociología de Bourdieu.
Revista Ciencias Sociales 140: 111 - 124.
 DGCyE. (2018). “Módulo Educación Inclusiva” en Diseño Curricular para la educación
primaria: primer y segundo ciclo. La Plata.
 Finnegan, F. & Pagano, A. (2007). El derecho a la educación en Argentina. Buenos
Aires: Fund. Laboratorio de Políticas Públicas
 Gilles Deleuze (1991). Posdata sobre las sociedades de control. Montevideo: Ed.
Nordan.
 https://www.educ.ar/recursos/117951/sistema-educativo-argentino-aspectos-
generales
 Huergo, J. (2001). Desbordes y conflictos entre la cultura escolar y la cultura mediática.
Colombia: Nómadas.
 Nietzsche, F. (2000). La voluntad del poder. Buenos Aires: Edaf.
 Vera, N & Valenzuela, M. (2011). El concepto de identidad como recurso para el estudio
de transiciones. (http://www.scielo.br/pdf/psoc/v24n2/03.pdf)

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