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Albert Camus, “El mito de Sísifo”​ (1995). Editorial Alianza.

Lectura del capítulo “​El suicidio filosófico​” (páginas 45-70).

⇒​El sentimiento del absurdo no es lo mismo que la noción de absurdo​.


Si bien la fundamenta, el sentimiento es algo que “está vivo”, plantea el autor. Nos
adelanta que su interés particular no está relacionado a la obra de los autores que
menciona, sobre los cuales no realiza una crítica, sino que toma en consideración en
qué conclusiones coinciden.

⇒​La noción de lo absurdo​, en el discurso, implica también la idea de lo “imposible” y


de lo “contradictorio.
Delmira Agustini (1886-1914): “El Vampiro” (Cantos de la Mañana, 1910)

En el regazo de la tarde triste


yo invoqué tu dolor... Sentirlo era
Sentirte el corazón! Palideciste
hasta la voz, tus párpados de cera

Bajaron...y callaste...Pareciste
oír pasar la muerte...Yo que abriera
tu herida mordí en ella -¿Me sentiste?-
¡Como en el oro de un panal mordiera!

Y exprimí más, traidora, dulcemente


tu corazón herido mortalmente;
por la cruel daga rara y exquisita
de un mal sin nombre, ¡Hasta sangrarlo en llanto!
y las mil bocas de mi sed maldita
tendí a esa fuente abierta en tu quebranto

¿Por qué fui tu vampiro de amargura?


¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
que come llagas y que bebe el llanto?
Antes del movimiento modernista, temas como el deseo sexual eran considerados tabú. Sin
embargo, junto al anticonformismo de las otras tradiciones, se desmoronó las barreras que
paraban los poetas anteriores de expresando sus deseos más profundos. Agustini, aunque
mujer, es posible la más famosa de los poetas modernistas para su habilidad de expresar la
sexualidad en su poesía. En "El vampiro", por ejemplo, ella fluidamente incorpora lo erótico
con frases como: "​y las mil bocas de mi sed maldita / tendí a esa fuente abierta en tu
quebranto". La inclusión del vampiro refleja la búsqueda de otras realidades, como se ve en el
resto de la poesía modernista. En este caso, el mundo del vampiro - oscuro, sin limitaciones,
sin tabú - es adónde Agustini escapa para expresar sin miedo su sexualidad. No obstante,
incluso en este nuevo mundo todavía la poeta cuestiona las razones detrás del deseo: "¿Soy
flor o estirpe de una especie oscura...?"

El Renacimiento
Trabajo realizado por la Prof. De Nigris

Se llama Renacimiento a ese período histórico artístico que se mezcla con la Baja Edad Media.
Recordemos que la en la Baja Edad Media las ciudades empiezan a fortalecerse a causa de las debilidades
de los feudos. Estos últimos se han visto obligados a vender su excedente de producción y eso ha
provocado que comenzaran a desmembrarse. La actividad comercial empieza crecer y en las ciudades
empieza a manejarse la moneda.

Florencia es la ciudad precursora de todo este movimiento comercial. Y es allí donde comienzan las
tendencias artísticas que marcarán los fundamentos de la época. Pensemos en pintores como Leonardo,
Miguel Ángel, Rafael, por mencionar los más conocidos.

El Renacimiento aparece como una época contrapuesta, en algunos aspectos a la Edad Media. En primer
lugar, debemos destacar la figura del burgués, que aparece lentamente en escena. El burgués, que es el
dueño de los medios de producción, aparece ligado a los artesanos y los comerciantes. Son aquellos que se
han ido del feudo y comienzan a producir en las ciudades. Esta clase social insipiente y débil aún en poder
político, comienza a ganar plata que le permite disfrutar de los placeres y comodidades que la vida puede
brinda. Recordemos que en la Edad Media, esta idea de disfrutar de la vida en la tierra no estaba bien vista.
El hombre debía prepararse para vida del más allá, llevando acá una vida de sufrimientos y de santidad. Así
que los nuevos intereses del burgués se oponen a las creencias antiguas.

Lentamente, los ideas burguesas van adquiriendo espacio, y van desplazando las creencias planteadas por
la religión, así Dios, si bien no pasa a un segundo plano, queda al mismo nivel que los intereses y deseos
del Hombre, y por lo tanto la vida en tierra es tan importante o tal vez más, que la del más allá.
Esta nueva mirada del mundo debe ser avalada con algún sistema de valores, que permita evitar las
repercusiones de un aparato inquisidor, que aún está fuerte. Ese sistema tiene que ser lo suficientemente
admirado por la Iglesia como para que no exista oposición, y que a su vez promueva esa mirada humana
que necesita el burgués. El sistema de valores más adecuado es el del mundo clásico, el que tenía la cultura
greco-latina. Esta cultura promovía al hombre en su belleza, equilibrio y mesura. La belleza en el mundo
griego y latino es aquella que el ojo humano puede captar en toda su dimensión. El culto de al hombre se
da precisamente en esta cultura. Y a su vez, si sabemos algo de esta cultura es porque la Iglesia, que era
quien preservaba los textos, la admiraba tanto, que los conservó. Así que, en el Renacimiento renace la
cultura greco-latina.

Toda esta atmósfera en la que el hombre adquiere importancia, hace pensar en la posibilidad de que las
emociones lleven a un desequilibrio, que podría ser nefasto para él. Así que, igual que en la cultura griega,
se busca la mesura, y para dominar la emoción es necesaria la razón. Esta es una época donde la razón
juega un papel crucial. Debe estar en equilibrio y armonía con la pasión, porque tanto una como la otra son
naturales. Este es otro concepto importante: la naturaleza, que siempre ha de estar en relación armónica con
el hombre.
Estas ideas que empiezan a imperar mueven al hombre a descubrir, buscar, investigar, a querer conocer. No
es casual, que en España surja la conquista de América. Si bien en un principio no sabían exactamente lo
que estaban descubriendo, es este afán el que los mueve. Con esto se abre una perspectiva nueva: hay un
mundo desconocido para conocer, y hay una vida para hacerlo, que debo aprovechar.
Algunas líneas en el arte
Teniendo presente este clima humanista, podremos ver tanto en la pintura, escultura y literatura que la
figura humana estará en el centro de la obra. Pensemos en la Gicconda o Mona Lisa, obra de Leonardo tan
conocida, o también podemos ver esta impronta en el David de Miguel Ángel. Esta es la época de las
Madonas, es decir la época en la que se pintan toda clase de madres con sus niños en brazos, a semejanza
de la Virgen María. Podemos ver que el motivo religioso no desaparece, sino que persiste, pero cambia la
forma en que se pinta. En la Edad Media las pinturas eran motivos religiosos con un fin didáctico, enseñar
sobre pasajes de las Escrituras. Ahora no se busca ese propósito, sino deleitar. Por eso la pintura comienza
a preocuparse de otros detalles. Lo mismo pasa en la literatura, donde ya no hay un fin de enseñanza moral
tan marcado, y comienza a darse paso a temáticas donde el hombre pueda expresar sus emociones, siempre
en perfecta armonía y equilibrio.

Junto con los motivos religiosos, aparecen los motivos paganos. Ahora se pinta, además de las vírgenes, a
las diosas griegas y latinas, o a los mitos de esa cultura. De la misma forma, las referencias a esos mitos se
hacen patentes en la literatura.

La armonía y el equilibrio pasan a ser elementos fundamentales en la literatura y la pintura. Nada debe ser
desproporcionado, nada debe mostrarse excesivamente apasionado, todo debe ser agradable al ojo humano.
Por lo tanto, siendo el hombre un ser simétrico, es lógico pensar que todo lo que a sus ojos se presente debe
también ser simétrico, porque eso mantiene el equilibrio y la armonía. Y esa armonía debe ser natural. Por
eso el arte renacentista hace siempre referencia a la naturaleza. Las pinturas están cargadas de elementos
naturales, y en la literatura, la naturaleza acompaña armónicamente el proceso de los hombres.

Esta época cargada de vitalidad, hace que los colores tengan brillo y luminosidad, y por lo tanto sean más
vivaces que en la Edad Media que gustaba de la sobriedad en todas las cosas. A pesar de la vivacidad,
nunca debe perderse el matiz de lo natural, así que esos colores serán equilibrados, y nunca agresivos al ojo
humano.

Por último, nos referiremos a ese deseo de descubrir. Esto se traduce en la pintura en el descubrimiento de
la perspectiva. La pintura empieza a preocuparse mucho por el fondo del cuadro, mostrar ese mundo que
puede estar más allá. Si miramos la Giocconda, vamos a ver que detrás de la figura humana hay un campo,
vital, inmenso, que se pierde en el horizonte. Esto traduce el sentir de una época. En la literatura aparecerá
el movimiento tanto sugerido, como plasmado en juegos de palabras o en imágenes metafóricas.

Lazarillo de Tormes - Análisis tratado I (1°parte)


Tratado primero: Presentación de Lázaro

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

Los tratados comienzan con un paratexto, en este caso dice “cuenta Lázaro su vida y cuyo hijo fue” que en
realidad no parece adelantar nada importante sobre el contenido de lo que va tratar. Toda la novela va a
hablar de eso. Esto ya predispone al lector a la burla, ya que éste, acostumbrado a las novelas de caballerías
que solían comenzar con un paratexto que anunciaba el episodio central, encuentra aquí el mismo
mecanismo, pero si bien es cierto que esos paratextos no decían mucho, nunca eran tan vacíos como éste.

La narración comienza abruptamente, con una conjunción, como si hubiera una conversación previa. Esta
conversación está dirigida a la figura del narratario (aquel a quien está dirigida la historia), figura que no
aparece comúnmente en las narraciones, lo que hace que esta novela tenga un carácter epistolar (carta).
Este narratario es “vuestra merced”, un burgués que le ha pedido a Lázaro que le explique cómo es posible
que su mujer le engañe con el Abad. Seguramente, el burgués ocioso, deseaba conocer los pormenores del
adulterio, pero Lázaro responde con su vida, demostrando que esta situación no es más ue una nimiedad
ante las desgracias y desventuras que él ha tenido que pasar. Él es un producto de la sociedad injusta “ante
todas las cosas” y si ha llegado allí ha sido “remando” en la vida, para llegar a buen puerto.
Él comienza su relato desde algo tan esencial como es el nombre. Lázaro no se llama así, así le dicen; es su
apodo. Por lo tanto, a Lázaro le está vedado hasta su propio nombre, su identidad. Él es alguien, por la
mirada de otros, otros han determinado su identidad. Esto va en relación con el nombre “Lázaro”. Éste es
un nombre bíblico. Es un personaje de los Evangelios que Cristo resucita. De la misma manera este niño
tiene dos nacimientos, uno es el biológico y otro el de pícaro. Volverá a la vida, pero no como el Lázaro
bíblico para hacer el bien, sino, irónicamente, para sobrevivir a como de lugar. Por eso es un anti-héroe,
porque encarna todas las cualidades negativas de una época, de una sociedad.

Ironizando las novelas de caballería, Lázaro anexa a su nombre, el del río en que nació. Era una práctica
común de los caballeros, anexar el nombre del lugar en que habían nacido para realzar ese lugar con sus
hazañas, una vez que cobraran nombre y fama de héroes, pero como Lázaro es un anti-héroe, lo que logra
con este efecto es comicidad, burla despectiva a las clases superiores, aristocráticas, y a los personajes que
se destacaban por sus buenas hazañas. Las hazañas de Lázaro son para sobrevivir él, no para lograr “fama y
nombre”, y no son heroica, sino muchas veces son cosas que a la sociedad desprecia.

En línea de la ironía, que es un recurso literario por el cual se sugiere lo contrario a lo que se dice, Lázaro
anexa el nombre de sus padres a su presentación, como si estos fueran de alcurnia, aristócratas importantes.
Sin embargo, el nombre sugiere la vulgaridad de ellos, son Pérez y González. Algo parecido sucede con el
nombre de la aldea, el nombre de un pueblito desconocido, pero adjuntado al nombre de Salamanca,
parecería darle prestigio a la aldea.

Desde su nacimiento le está negado lo esencial, su nombre, una descendencia digna, un lugar al menos
conocido, e incluso un nacimiento recibido con agrado. Lázaro no tiene en el momento del nacimiento el
apego emocional que debería tener, la madre bien puede sustituirse por el río, y el padre es una figura
ausente como veremos más adelante y como Lázaro adelanta cuando dice “que Dios perdone”. La madre
tiene el parto casi sin darse cuenta, no lo espera realmente, la agarra desprevenida “una noche en la aceña,
preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí”. La utilización de los verbos unidos por la conjunción “y”
muestran esta sorpresa del parto. Esto nos muestra el desapego de esta madre.

Lázaro hasta tiene vedada su voz, y por lo tanto su posibilidad de mostrar emociones, y estas se muestran
en las palabras que utiliza, como una especie de venganza del mundo que lo margina. Así su madre no
estará embaraza, estará “preñada” como si ella fuera una vaca y él un ternero, siendo ambos puestos a un
nivel de animales. Muchas veces, ante hechos fuertes, Lázaro no se permitirá expresar emociones, sino sólo
las dejará entrever a través de palabras.

Es interesante ver, antes de seguir adelante, que Lázaro pasa de su nacimiento directamente a los ocho
años. Y el tratamiento del tiempo en toda la novela será un tema interesante a apreciar, porque el tiempo
será el tiempo del hambre. En el primer tratado el tiempo pasará lentamente, casi no se hará mención a él.
En el segundo tratado el tiempo está medido en días, y será medido con precisión, mientras que en el
tratado tercero, el tiempo se menciona por horas, porque el hambre apremia.

Volviendo a las figuras parentales la figura del padre será también otra clave en la vida de Lázaro para
explicar cómo a pesar de las carencias él logra salir adelante. El padre es un trabajador, hace quince años
que trabaja en un molino. No es un vago, ni un delincuente, sin embargo se ve en la obligación de robar
para poder alimentar a su familia. Ese es el ambiente en que Lázaro crece. Dice Lázaro que al padre le
acusan de unas “sangrías mal hechas” en los costales. Se las “achacaron” como si no fuera culpable,
rodeando la imagen del padre de una atmósfera de inocencia a pesar de que el padre las confiesa luego. De
esta manera Lázaro comienza a descubrir que la realidad en que se mueve es injusta. No importa que seas
honesto, trabajes y te esfuerces durante años, aún te tendrás que ver obligado a robar en esta España
empobrecida.

Es interesante reparar en la metáfora “sangrías mal hechas”. Las sangrías eran una práctica médica que
consistía en hacer pequeños tajos en los brazos del enfermo. De esta manera la sangre salía y se limpiaba.
Por lo tanto una sangría mal hecha podría equivaler a la muerte. En este caso el tajo en los costales son
sangrías mal hechas porque equivalen a la desgracia del padre y de su familia. Este episodio en la vida de
Lázaro es vivido por él de manera sorpresiva, rápida, e inevitable, y esto se ve en la polisíndeton (la
reiteración de la conjunción “y”) unida a los verbos (“y confesó y no negó y padeció”), dándole agilidad a
la acción e imitando así el lenguaje infantil tal como lo sintió Lázaro.

El narrador no pierde ocasión de burlarse de las Escrituras, o por lo menos de la interpretación que se hace
de ella, mostrando que la misma es fácil de torcer. Dice que su padre “padeció persecución por justicia” y
luego agrega “espero en Dios que está en la gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados”,
asegurando que según la Biblia su padre debería estar en la gloria porque padeció persecución por justicia.
El narrador hace referencia a las bienaventuranzas que Cristo hace en el sermón del monte (intertextualidad
con el Evangelio de Mateo), pero en ese caso se habla de aquellos que padecen la persecución a causa de la
justicia divina, es decir por llevar el Evangelio a los otros. Lejos está el padre de Lázaro de caer preso por
hacer el bien.

La pena del padre es el destierro. Con esto debe ponerse al servicio de un caballero, y de alguna manera
esto se transforma en una profecía del destino de Lázaro, que también tendrá que servir a amos para
sobrevivir. De todas formas eso no dura mucho, ya que como acemilero (cuidador de las mulas) va a la
guerra y allí muere podría decirse de casualidad. Esta falta del rol paterno nos muestra la carencia de
Lázaro de una persona que le enseñe a manejarse en la vida, ya que esa es la función de un padre.
Ante esta pérdida, la madre intenta cambiar de vida. Lázaro, una vez más negando sus sentimiento dice “mi
viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese”, como si él estuviera por fuera de esta situación, si no
estuviera implicado en ella. Lázaro asegura que su madre determinó “arrimarse a los buenos” y esta
expresión se vuelve muy oscura dado el tono de toda la novela. Podría tomarse literalmente, y decir que la
madre realmente intenta seguir por un camino honesto y por eso se pone a trabajar rectamente. Pero
también, dado que empieza a frecuentar las caballerizas y conoce a Zaide, hace pensar que tal vez la frase
fuese irónica, y que la madre hubiera tenido que llegar a prostituirse.

Entre Antona y Zaide se da una relación afectiva, pero teñida de lo material. Lo mismo pasa con Lázaro y
Zaide. Este hombre negro, tiene un origen moro, por lo tanto pertenece a una cultura diferente a Antona.
Pero aún siendo diferentes, forman una familia. La forma en que Zaide entra en el hogar es lentamente, y se
presenta con comida en principio, y luego con abrigo. Al principio, Lázaro tiene miedo, precisamente por
la apariencia física de Zaide, pero a medida que descubre que la condición de ellos mejora, cambia el
afecto de él hacia Zaide. De esta manera, Lázaro asocia el amor a las cosas materiales que puede recibir.

La segunda figura paterna también está asociada al mundo de la delincuencia, pero con la impronta de ser
un trabajador, cuyo trabajo no alcanza para mantener su hogar. La historia de su padre se repite y se
reafirma. Este hombre roba no sólo para abrigar y dar de comer a su familia, sino también para vender lo
robado. Esto es diferente al padre, es como si este ambiente de delincuencia se hubiera agravado, y aún más
porque ahora Lázaro está implicado en él. Él debe vender, a veces, algunas herraduras robadas. La madre
ahora es claramente cómplice de estos robos, pero teniendo en cuenta que todo esto es por una causa noble,
por lo menos así lo presenta Lázaro, incluso lo justifica diciendo “esclavo del amor le animaba a esto”.

Otra vez sufre la pérdida de esta figura, otra vez se le niega la posibilidad de un padre. Esto explicará la
importancia de la figura del ciego.

Lazarillo de Tormes - Tratado primero (2° parte)


Tratado primero – Lazarillo de Tormes
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
Presentación del ciego y despedida de la madre

Una vez que Lázaro pierde su segunda figura paterna, la madre determina ir a servir a un mesón, tratando
de “evitar el peligro”. Así sirve, Lázaro ayuda y conocen un día a un ciego que viene a posar una noche.
Este personaje será para Lázaro un padre, aquel que le enseñe el oficio de pícaro, lo inicie en este mundo y
le de las herramientas para vivir en él.

La ceguera en la literatura es algo tradicional. Desde la época griega, se consideraba que el ciego era una
persona que tenía poderes especiales. Justamente, por ser ciego y tener impedida uno de los sentidos más
importantes para el hombre, se creía que los dioses los compensaban con la posibilidad de ver más allá que
el resto de los mortales, y por eso se los asociaba a la adivinación. No es casual que este ciego viva de la
adivinación, basándose en esa creencia popular, pero en realidad serán mentiras y estafas las que hará a
quien requiera de sus servicios. Sin embargo, en la vida de Lázaro, el ciego le profetizará el futuro cuando
le diga “que si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú” y en otro momento “A
lo menos, Lázaro, eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, mas el vino mil
te ha dado la vida”; así Lázaro terminará su vida vendiendo vino, siendo esta profesión la que le permitirá
sostenerse dignamente.

El ciego aparece y ve a Lázaro con buenos ojos, así se lo pide a su madre para que le sirva. Este diálogo
entre el ciego y Antona se muestra a través de las palabras de Lázaro narrador, en la forma de discurso
indirecto libre. No sabemos exactamente las palabras de los personajes, sino por fragmentos. Sin embargo,
el Lázaro personaje no habla directamente. No hay lugar para escuchar su voz en algo tan importante como
es su futuro. No sabemos cómo se sintió, qué quería, si le dolió. Lázaro personaje parece no poder opinar.
Pero Lázaro narrador deja entrever algunas cosas a través del lenguaje. El ciego lo pide para “adestrarle” y
no para enseñarle, si bien la palabra está adecuada en su contexto, deja entrever la relación Lázaro/animal.
La madre lo “encomienda”, no lo da en adopción, casi como se encomendaría un paquete. Así se siente
Lázaro ante esta situación.

A su vez, este diálogo revela otra de las lecciones que empezará a aprender Lázaro y es que el mundo es
hipócrita, y que para conseguir algo es necesario disfrazar la realidad. La madre la disfraza cuando le dice
al ciego que el padre era “un buen hombre”. No es que no lo fuera, pero tampoco es tan cierto esto. Era un
trabajador, pero también era un ladrón, y así la realidad se hace compleja. Le dice que fue muerto “por
ensalzar la fe”, eso tampoco es del todo cierto. Si bien estuvo en la guerra, no estuvo peleando, sino
cuidando las mulas de un caballero. Y en este contexto, la expresión “confiaba en Dios no saldría peor
hombre que mi padre”, termina siendo cierta, pero con lo dicho anteriormente, sería interpretada de manera
diferente. Termina pidiéndole al ciego algo que resulta paradójico si se toma literalmente, le pide que
“mirase por mí”, esto muestra el desapego de la madre, que aún le afirma que “era huérfano”, siendo que
Lázaro tiene una madre.

La respuesta del ciego también está cargada de ese disfraz. Él se compromete a cuidarlo y agranda la
situación al decirle que “no por mozo, sino por hijo” lo toma. Esto es cierto y no lo es. Lo castigará, lo
maltratará, se burlará de él, sin embargo, como un padre terrible, despiadado, le enseñará todo lo que
necesita para moverse en este mundo. Le dará las herramientas para subsistir. Le mostrará el camino como
no pudo hacerlo ninguno de los padres que tuvo hasta el momento.

Así Lázaro comienza esta nueva vida marcada por esa antítesis “nuevo y viejo amo”, será una nueva vida
para él, por lo dicho anteriormente, y a su vez, la expresión “viejo amo” nos muestra la experiencia que
este personaje tiene en estos artilugios que en breve saldrán a la luz.

De la despedida con la madre resulta una de las lecciones que Lázaro aprenderá vivencialmente con el
ciego en el episodio de iniciación a su nueva vida, que es el episodio del toro. La madre llora al despedirse,
sin embargo, las palabras que usa con Lázaro son duras, porque también la situación lo es. Ella sabe que no
habrá otra posibilidad de encuentro, así que Lázaro está muriendo a su vida anterior. Ahora deberá
enfrentar una vida nueva, sin la presencia materna, aún cuando la madre no es una presencia significativa,
hasta ahora ha procurado alimento y cuidados para él, y por lo que hemos visto, Lázaro no ha vivido
maltrato físico, como comenzará a vivir en su nueva condición.

Ella le dice tres cosas: “procura ser bueno y Dios te guíe”, “Criado te he y con buen amo te he puesto” y
“válete por ti”. La primera depende de su comportamiento para ser ayudado por Dios, la segunda es
referida a su responsabilidad como madre, y la tercera es la lección más importante, es como el secreto, la
lección que Lázaro necesitará que quede marcada a fuego en su cuerpo, para poder comprender en el
mundo en que va a pasar a moverse: válete por mí. A partir de ahora está solo, y eso lo va a aprender
cuando el ciego lo inicie. Así que ni Dios, ni la madre, ni el ciego van a poder ayudarlo, él debe aprender a
mirar por sí mismo, a buscar lo que necesita, a sobrevivir, sin confiar realmente en nadie.

Episodio del toro


Este episodio es la iniciación a la vida de pícaro, y tendrá una carga simbólica importante. En primer lugar
deben cruzar un puente, que es un pasaje que permite salir de un lugar y llegar a otro. Este pasaje será
simbólico de ese pasaje que Lázaro va a hacer de una vida a otra, de una condición a otra. Por otra parte, el
puente es un pasaje sobre un río. Así la presencia del río recuerda aquel río en el que nació. Lázaro va a
tener un nuevo nacimiento después de este episodio.

Al salir de Salamanca y cruzar este puente, hay un toro de piedra. El toro es otro animal simbólico en
España. Sabemos que las corridas de toros son una pasión española porque implican enfrentarse con un
animal fuerte, que arremete, en donde se pone en juego la valentía y la destreza del torero. Así será la
realidad y la vida a la que Lázaro se va a enfrentar, fuerte, despiada, que arremete contra todo, y que no
tendrá piedad por él, ni aunque sea un niño, y a esa realidad él tendrá que enfrentarse con valentía, con
astucia, con destreza, como lo haría un torero.

El ciego le pide que se acerque al toro para oír lo que hay dentro. Apela al mundo infantil y mágico que
todo niño ha de tener. Un mundo idealista, ingenuo, y ese será el mundo que el ciego va a destruir al
golpearlo contra la piedra, algo material que debe quedar marcado en el alma, en la vivencia y en el cuerpo
de Lázaro. No se puede ser ingenuo y mágico en una realidad en la que te tenés que valer por ti. Y es en la
cabeza donde debe darse el golpe, porque es la cabeza la que debe despertar. El golpe retumba en él como
una “calabazada”, como si algo dentro de él se hubiera roto en mil pedazos. Nada puede quedar en su lugar
después de este episodio.

Una vez dado el golpe, aparece la burla. Así son las lecciones del ciego, siempre terminan con la burla. Lo
que en este momento le dice es la lección más importante y la que define a un pícaro: “necio, aprende, que
el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo”. Es necesario ser más rápido, más astuto, más
perverso, más vivo que el mismo diablo, saber aprovecharse de las circunstancias, mentir, engañar, sin
importar el otro, aprender a sacar ventaja de cualquier situación. Esto es un pícaro, alguien más rápido que
el diablo.

Lázaro comprende la lección cuando asegura que en ese instante “desperté de la simpleza en que como
niño dormido estaba”, y termina concluyendo lo que su madre le había dicho momentos antes “solo soy y
pensar como me sepa valer”. Este es su nuevo nacimiento, uno en el que debe moverse en soledad,
desconfiando de todo.

Episodio del poste

Así como el episodio del toro es la iniciación a la vida de pícaro, el episodio del poste, el final, es la
graduación, y por esa razón tendrá innegables similitudes.

Luego de pasar por una serie de lecciones, en las que Lázaro va puliendo su técnica de engaño y
aprendiendo de esta realidad cruel en la que se encuentra y se encontrará inmerso durante toda su vida,
Lázaro llega a determinar dejar a su amo, cuando se siente preparado para hacerlo.

Espera la circunstancia, aprende a valerse de ella, como el ciego aprovechó la circunstancia del toro para
hacerle la broma. Las circunstancias en este episodio es que había llovido mucho, y aún seguía lloviendo, y
encima venía la noche, por lo tanto había cierta presión para apurarse. Estas circunstancias son repetidas
insistentemente por el Lázaro narrador, como si quisiera despertar al Lázaro personaje, que no se da cuenta
de estas ventajas hasta que descubre que el ciego tiene cegado el entendimiento. Últimamente, como
pequeñas venganzas, Lázaro llevaba al ciego por lugares difíciles de caminar, y el ciego lo sabía. Se
quejaba, pero Lázaro aseguraba que no había otra forma, y que buscaba el mejor camino. En este caso hace
lo mismo, y era de suponer que el ciego se daría cuenta, pero no lo hace. Cree en la excusa de Lázaro, es
decir, ha mejorado su capacidad de engañar. Y así como en el episodio del toro el ciego se vale de su
ingenuidad, aquí Lázaro se vale de la ingenuidad del ciego. Le asegura que hay un paso por donde pasar en
el que no se van a mojar, y cuando ve que el ciego alaba la bondad y el cuidado de Lázaro, ahí percibe la
oportunidad.

Elije para la venganza un “pilar o poste de piedra”, igual que el toro que era de piedra. Y así como el ciego
despertó a Lázaro enfrentándolo a la dureza de la piedra, así despertará, o mejor dicho, dormirá al ciego
con la dureza de la piedra. La piedra ahora será más dura que la de la primera lección.

Lázaro se pone detrás del toro “como quien espera tope de toro”. Con esta comparación se teje un puente
con la primera lección. Ese toro, esa realidad que lo arremete, y que se encarnó en este tiempo en la figura
del ciego, ahora será enfrentada por Lázaro cual si fuera un torero, mostrando que sabe cómo ganarle a esa
realidad, que de alguna manera, sin quererlo realmente, el ciego le enseñó.

Le dice que salte con “todo lo que podáis”. La ambigüedad de sentimiento se vislumbra en la expresión
“pobre ciego como cabrón”. Parece haber en esta una cierta compasión, pero también toda la rabia que esta
figura le transmite.

Igual que en la primera lección aparece la palabra “calabazada”, mostrando que aquello que pareció
romperse en la cabeza de Lázaro, ahora se rompe en la cabeza del ciego. El aprendiz superó al maestro, y
aquello que a Lázaro lo despertó, al ciego lo durmió.

Y al final, como sello de esta graduación aparece la burla, guardada, resentida, que sale cuando menos se
espera. La burla a la sagacidad que el ciego ha perdido en este instante, y que le valió este golpe que lo dejó
medio muerto.

Lazarillo de Tormes - Información

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris​

Contexto histórico
Debemos ubicar a esta novela en la España del Mercantilismo. Se llama Mercantilismo al proceso
económico por el cual España se va empobreciendo a causa de su ineficacia para producir.

Luego de la conquista de América, España se ha convertido en una de las potencias mundiales. Es una de
los imperios más ricos, ya ue obtiene de América el oro tan preciado. Pero al no producir ninguno de los
elementos básicos para su subsistencia, debe comprárselos, fundamentalmente, a Francia e Inglaterra. Esto
provoca que España parezca rica pero sea realmente pobre. Esta es la época de Carlos V, un rey que llevó a
España a la expansión territorial, pero todo eso no era más que un telón escenográfico que ocultaba la
realidad. España vive esa doble cara que marca este tiempo como una época hipócrita.

Novela picaresca

La novela picaresca nace como reacción a las novelas de evasión de la época. La literatura, en ese entonces
era cómplice del poder, encarnado en Carlos V que lo promovió. De esta manera la literatura de evasión
cumplía el propósito de crear una atmósfera para que la gente no advirtiera la realidad en que vivía y
deseara formar parte de ese mundo idílico que se les presentaba.
Las novelas típicas de la época eran las de caballería y las pastoriles.

Las novelas de caballería contaban las hazañas de los caballeros pero de una manera inverosímil. Pintaban
un mundo inexistente, plagado de criaturas inventadas, siendo sus personajes muy alejados de la realidad.

Las novelas pastoriles también eran inverosímiles, narraban amores de pastores que sentían, se movían, y
hablaban como cortesanos y aristócratas.

Como género contrario a esto nacen las novelas picarescas. Es una novela de protesta, que busca denunciar
la injusticia social, tratando de evitar la evasión. Pero esto sólo es un principio, porque a medida que pasa
el tiempo, el género se va desvirtuando, se va convirtiendo también en novela de evasión, ya que el pícaro
se transforma en un personaje que busca la libertad y el contacto con la naturaleza y por eso se entrega a la
vida del vagabundo.

La novela picaresca se caracteriza por la figura del pícaro que es quien cuenta la historia, por eso es una
novela autobiográfica en general. A su vez es episódica, porque es el pícaro quien une los epsodios que se
van sucediendo. Fuera de esta figura, nada tiene importancia.

La novela picaresca es esencialmente amoral, desde el momento que el pícaro estafa, roba, miente y eso lo
hace mezclando gracia y festejando el triunfo que quiere contagiar a quien lo lee. Por lo tanto presenta una
atmósfera ambigua de pesimismo y burla.

El pícaro y Lázaro

Decíamos en el ítem anterior que la novela picaresca fue evolucionando y con ella también lo hizo la figura
del pícaro. Esto hace difícil la definición, porque si pensamos que la novela picaresca nace con el Lazarillo
en 1554, entonces veremos a un pícaro con ciertas características, pero si consideramos que el Lazarillo es
un precursor y que la novela picaresca surge 50 años después, veremos que el pícaro tiene otras
características. Este problema aparece con el hecho de que entre el Lazarillo y las novelas picarescas hay
50 años de silencio en el género.

Los pícaros posteriores eran vagabundo por elección. Eran jóvenes cansados del mundo, que abandonaban
su vida para dedicarse a ser libres. Para ello se ponían bajo el servicio de amos a los que engañaban,
estafaban para conseguir algo y luego marchaban al servicio de otro. Eran delincuentes y hasta podían
llegar a matar. No les interesa el mundo, no se mueven dentro de sus leyes, sino que quieren escapar de él.

El caso de Lázaro es diferente. Él es un niño que proviene del bajo mundo, en un clima de delincuencia,
como todo pícaro, pero la postura de Lázaro ante la vida es diferente. Él no elige esta vida, está
determinado a ella. Es un producto de ella y no quiere eso, sino que quiere tener un lugar en la sociedad en
la que poder vivir y no sobrevivir.

Lázaro es empujado a conseguir sus necesidades básicas por medio de artilugios, engaños y mentiras, pero
todo es para sobrevivir. Su propósito es abrirse camino, no escapar. No es un amoral como los pícaros
posteriores, es un niño abriéndose paso en el mundo, y para ello no tendrá otra alternativa que ponerse al
servicio de algún amo.

El Lazarillo
Esta novela tiene el propósito de denuncia de la realidad miserable en la que se encuentra España; tanto
económicamente como espiritual y religiosamente.

A nivel religioso estamos en una época de revisión de la Iglesia. La impresión de la Biblia ha puesto a este
libro al alcance del mundo secular que ha obligado a la Iglesia a revisar sus principios. En algunos países
aparecen las primeras reformas protestantes. En España, en la que hay aún una Inquisición muy fuerte
(aparato represor de la Iglesia que tortura y quema a cualquiera que considere hereje o en pecado), aparece
la figura de Erasmo de Rotherdam, un religioso que comienza criticando la pomposidad de la Iglesia.
Erasmo habla de una Iglesia enriquecida que se ha olvidado lo esencial de su función, que ha olvidado la
humildad y la sencillez de Cristo y que está más apegado a los bienes materiales de este mundo. El
Lazarillo está plagado de huellas erasmistas.

A causa de todo esto es que el autor esconde su identidad. Sabe que puede ser castigado por estas críticas
duras que hace en su novela. Este anonimato nada tiene que ver con el anonimato medieval. En la Edad
Media no se firmaban las obras en su mayoría, porque no era esperable que el autor sobresaliera, ya que
todo debía ser hecho para la obra de Dios. También tenemos que tener presente que la mayor parte de las
creaciones literarias medievales son orales, porque no era un bien común la escritura, así que nadie era
dueño de esa producción que se iba modificando de boca a boca.

Estructura

Esta novela está estructurada exteriormente, en tratados que son escritos con fines didácticos donde se
diserta sobre un tema. Por lo tanto vemos que el propósito de Lázaro es enseñar sobre la vida a través de su
vida. “Cada uno es producto de sus obras” parece ser una sentencia del Renacimiento; y el prólogo del
Lazarillo, escrito por el personaje que asegura que es posible “con fuerza y maña” aún teniendo a la
Fortuna contraria a ellos, “remando” salir “a buen puerto”. Este es el propósito del personaje al contar la
novela, mientras que el propósito del autor es la denuncia.

Son siete tratados los que encontramos en ella. Casi se podría decir que en cada tratado a un amo, excepto
en alguno de ellos que hala de dos amos, pero uno de ellos es tan insignificante que no se hace un tratado
de él. En realidad Lázaro pasa por manos de nueve amos.

Son los tres primeros amos y tratados los que marcan su vida infantil. Los otros marcan su vida juvenil.

En los tres primeros tratados, Lázaro sólo busca alimentarse, corre una carrera contra el hambre, y es el
hambre quien mueve sus pasos. En cambio en los otros cuatro tratados, el hambre parece estar resulta y
ahora hay otros intereses.