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María Núñez

Certamen II - Metafísica I

Sobre la existencia de propiedades.

1. Introducción.

En metafísica uno de los problemas principales que ha persistido hasta la filosofía


contemporánea es la existencia de las propiedades, es decir, si son reales las características
que poseen los objetos y las personas. Para abordar la discusión en torno a este realismo de
propiedades es necesario remitirse a su mayor punto de conflicto: la existencia de
propiedades comunes o, más popularmente llamadas, universales.

El presente informe se expondrán una serie de argumentos de porque no existen


propiedades universales. De esto se siguen diversos cuestionamientos, especialmente en lo
que respecta a cómo podemos asociar objetos con propiedades comunes sin que estas
mismas existan. Ante tales dudas se presentaran las propuestas dadas por Donald Williams,
quien es uno de los principales defensores de la “teoría de tropos”.

2. Realismo de propiedades y universales.

La principal cualidad del realismo de propiedades es que los particulares (cosas o personas)
tienen o instancian una o varias propiedades, además, dos o más particulares pueden
instanciar la misma propiedad a la vez: por ejemplo, existen martillos y pelotas que pueden
ser del mismo color. Estas propiedades que son comunes entre particulares son
denominados universales.

Una de las justificaciones para defender este tipo de realismo es remitirnos al significado en
las relaciones de sujeto – predicado. Cuando decimos que “un X es F” (sujeto y predicado
respectivamente) queremos decir algo sobre “X”, es decir, nos referimos a algo que lo
caracteriza: una propiedad de él, “F”. En otras palabras, “X” posee la propiedad de “ser F”.
Lo que este tipo de oraciones deja ver es que cuando afirmamos que “un X es F” significa
que la propiedad F no es única de X, sino que es instanciada en él. En este sentido, si F no
es propia de X, entonces es universal, pues puede ser parte de “X” como de “Y” o cualquier
otro termino (Conee & Sider, 2013).

Otro argumento para aceptar la teoría de propiedades universales acontece al referirse a dos
entidades idénticas, es decir, que las propiedades estén instanciadas al mismo tiempo en las
dos. Esto imposibilita que la propiedad pueda ser particular, pues un particular no puede
duplicarse, es decir, no puede instanciarse en dos lugares al mismo tiempo; en cambio, los
universales si pueden, por ejemplo: la felicidad que yo siento, “mi felicidad”, no puede
instanciarse en otras personas, pues es particular y solo referente a mi persona; mientras
que la felicidad como tal, es decir, “sentir felicidad” puede instanciarse tanto en mi como
en otras personas, puesto que es algo universal.

3. Críticas y dificultades de la existencia de universales.

Una dificultad latente al momento de defender la existencia de universales es la de definir


su relación con los particulares y su localización. Los universales podrían no estar ubicados
en el espacio, pero si los particulares en los que están instanciados (el universal de la rojez
no estaría físicamente, pero el color rojo de una manzana si esta físicamente). Pero esta
alternativa resulta realmente insatisfactoria, pues genera bastantes dudas: el solo hecho de
que un particular instancie físicamente un universal que no puede ser físico resulta extraño,
como también de cómo es posible la relación de una entidad material (el particular) con una
que no lo es (la propiedad universal). La otra posibilidad es que las propiedades universales
estén presenten físicamente en cada particular donde se manifieste, pero esto termina
complicando la misma concepción universalista: si se asevera que el universal se presenta
en los particulares “partidamente”, significa que no se instancia de la misma manera en
todos los particulares, entonces no es un universal común entre ellos; mientras que si
afirmamos que los universales se manifiestan completamente en cada particular, o sea, que
los universales puedan tener localizaciones múltiples, no sé explica porque esto puede ser
así y no se puede dar con las cosas materiales: el ejemplo del auto planteado por Conee
ilustra esto último1.

Una de las principales críticas que se realiza al realismo de propiedades y, específicamente,


a la existencia de propiedades universales, es con respecto a la instanciación, pues esta
implica un regreso al infinito2:

“cuando dos o más particulares instancializan un universal, esas instanciaciones


serán ellas mismas instancias del universal instanciación. Lo que explica que
distintas instancias de instanciación compartan algo deberá ser la presencia de un
universal ulterior instanciación. Y lo que explica lo que hay de común entre las
distintas instancias de instanciación deberá ser la presencia de un universal ulterior
instanciación. Y así, ad infinitum, si admitimos el supuesto del realista de que
cualquier comunidad de algo debe ser explicada como la instanciación de un
universal.” (Garrett, 2014, pp. 56)

Otro aspecto criticable de las propiedades universales es que algunas de estas poseen una
propiedad de autoinstanciación, es decir, se instancian a ellas mismas, por ejemplo: todas
las propiedades tienen la propiedad de ser tales. Pero esto en sí no representa un problema,
pues son pocas las propiedades que pueden autoinstanciarse. Lo complejo resulta al
considerar el argumento a favor de las propiedades universales que apela a la relación de
sujeto-predicado, puesto que el universal se asocia al predicado, es decir, el predicado
mismo es la propiedad, entonces la propiedad debería autoinstanciarse, pero como vimos
anteriormente, no todos las propiedades pueden manifestarse en sí misma, lo cual lleva a no
poder resolver el problema. De este mismo modo, si una propiedad no puede
autoinstanciarse entonces pertenece al universal de las cosas que no pueden
autoinstanciarse a sí mismos, por ende, si se instancia a sí mismo (Conee & Sider, 2013, pp.
245 - 246)

1
Conee & Sider, 2013, pp. 237 - 238
2
Esta crítica es similar a la realizada por Aristóteles a la teoría de las formas de Platón, en que
esgrime que para explicar la relación de los particulares con su idea común, es necesario recurrir a
una idea común que las relacione a los particulares con la primera idea y así sucesivamente, hasta el
infinito.
4. La teoría de tropos.

Si bien la posición realista sobre las propiedades, en especial sobre las propiedades
universales, resulta atractiva en primera instancia, en el apartado anterior queda en
evidencia que dicha postura no es viable para responder si existen o no propiedades. Una
teoría que se ha encargado de resolver varios de los problemas que suscito la postura
realista y universalista fue la teoría de tropos, planteada por D. Williams.

La teoría de tropos concibe las propiedades y las relaciones como particulares, es decir, que
no los concibe como universales, ni como categoría, ni conjuntos, etc. En este sentido, los
tropos corresponden a particulares que son propiedades o relaciones:

“Un tropo es entonces una entidad particular que es además o bien abstracta, o bien
una entidad que consiste en una o más cosas concretas en combinación con algo
abstracto. Así, un gato y la cola del gato no son tropos, pero la sonrisa de un gato es
un tropo, y también lo es el todo cuyos constituyentes son la sonrisa del gato más
sus orejas y la aridez de la Luna” (Williams, 2017, p. 131).

Cada tropo puede ser instanciado por una entidad en particular: en el caso de tener dos
pelotas rojas, la rojez de cada pelota corresponde a un tropo distinto. En este sentido, y
como dice Willliams en su definición, los tropos son particulares abstractos, pero estos se
relacionan entre sí por sus conexiones de localización y semejanza. Esto quiere decir que si
bien la rojez de cada pelota es un tropo distinto, podemos relacionarlos y decir que “ambas
pelotas son rojas” porque sus tropos son semejantes. Esta “propiedad” de los tropos
solventa la dificultad presentada por la postura universalista en cuanto a la localización,
pues aquí no existen propiedades que se instancien dos o más veces a la vez.

La teoría de tropos también escapa de la crítica de autoinstanciación de las propiedades


universales: los tropos solo pueden instanciarse una vez, es decir, “el rojo de la pelota” es el
tropo de dicha pelota y no del mismo tropo. En este sentido, los tropos son propiedades que
no se instancian a sí mismas, por lo que no cae en la problemática planteada.
Asimismo, los tropos no admiten que las relaciones entre particulares y tropos constituyan
un universal, puesto que cada relación de semejanza o de cercanía es distinta a las otras, lo
que también soluciona la caída ad infinitum, puesto que la relaciones que se dan entre
relaciones de tropos solo son de semejanza, no es que se expliquen por alguna instanciación
ulterior.

Williams detalla que el mundo (y todo mundo posible) está compuesto por la suma o
racimos de tropos. Los tropos, como particulares abstractos, no son todos esenciales para la
composición del conjunto de tropos (que un chupete sea rojo o sea verde no implica que
deje de ser un chupete por el cambio de color), pero si hay tropos que lo son (un chupete
debe tener cierta “forma general” que lo identifica como tal). Independiente de su
“importancia” este conjunto de tropos en el particular concreto son lo que conforman el
racimo y permiten distinguir y establecer relaciones entre particulares.

Williams procura defender de su teoría de tropos el carácter “abstracto” de estos


particulares. El autor entiende “abstracto” como “el carácter de aquello que es menos que el
todo que lo incluye” (Williams, 2017, p. 139). Esta definición se ajusta completamente a la
de tropos, pues si bien hay tropos más “esenciales” que otros, es el conjunto de tropos, el
racimo, el que termina componiendo a totalidad el particular concreto. De hecho, Williams
resalta la importancia de la existencia de los tropos en cuanto al conocimiento por
“percepción”, puesto que nosotros no conocemos la sustancia o el particular concreto en sí,
sino que sus “agregados”:

“Aquello por lo que la mayoría de los hombres valora a la Luna es su brillo; lo que un
niño quiere de un chupetín es cierto sabor y persistencia. Preferiría con mucho tener
estas cosas abstractas sin el resto de la masa que la masa sin las cualidades” (Williams,
2017, p. 140).
5. Crítica a la teoría de tropos.

Garret expone que la teoría de tropos no se encarga se explicar que es lo que hace esencial a
un tropo y no a otro en la composición de un racimo o si es necesario que este tenga partes
esenciales. También recalca que la teoría de tropos no se encarga de los tropos que puedan
“instanciarse” en los mismos tropos:

“Podemos decir muchas cosas verdaderas acerca de un tropo de la rojez: que es rojo,
que tiene color, que es rojo o es verde, que es mi tropo favorito, que se halla en
Camberra, que ha durado todo el 2006, etc. Dado que un tropo no es un racimo, no
podemos considerar «este tropo es rojo» como algo cuya verdad esté determinada
por un racimo que contiene un tropo de rojez. Entonces, ¿cómo entender estas
predicaciones, si no es en términos de la instanciación de una propiedad en un
tropo? Y ¿no nos remite eso de nuevo a los universales?” (Garrett, 2014, pp. 62-63)

A su vez, Williams tampoco expone que es lo que posibilita que el conjunto de tropos se
manifiesten en un particular concreto, de igual manera que los universalistas no explican
como las propiedades son capaces de instanciarse en los particulares.

6. Comentarios.

A pesar de que la teoría de tropos defendida por Williams no soluciona todos los problemas
que suscita la postura realista de propiedades, esta logra resolver varios de estos, los cuales
tampoco son capaces de solucionar los nominalistas (lo que se evidencia en los manuales de
Conee & Sider como en el Garret). Lamentablemente el planteamiento de esta teoría
implica el surgimiento de otros problemas que no se presentaban anteriormente, como
consecuencia de las nuevas apreciaciones planteadas por el autor.

En cuanto a la crítica que se le establece a Williams de la falta de “cemento” que junte todo
el racimo de tropos en el particular concreto, si bien es relevante, se explica también por lo
“revolucionario” que es esta teoría. La teoría de tropos, especialmente con su
“reivindicación” del carácter abstracto implica cierto giro con la epistemología y teoría del
conocimiento de su momento, puesto que rompe con la aspiración, de origen aristotélico, de
buscar la sustancia, esa entidad que aglutina todas las propiedades, y la relega a un segundo
plano, planteando que para la explicación del mundo resulta más provechoso conocer los
“accidentes” en vez de la “masa” en que estos acontecen.

7. Referencias Bibliográficas.
- Conee, E., & Sider, T. (2013). Acertijos de la existencia. Madrid, España: Alianza
Editorial.
- Garrett, B. (2014). ¿Qué es eso llamado metafísica? Madrid, España: Alianza
Editorial.
- Williams, D. (2017). Sobre los elementos del ser: I. Cuadernos de filosofía, 35, 127-
142.