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Tabla de contenido

LOS ETRUSCOS...........................................................................................2
ETRURIA....................................................................................................2
FUENTES PARA LA HISTORIA ETRUSCA............................................2
UN PUEBLO DIFERENTE........................................................................3
CARACTERÍSTICAS FISICAS DE LOS ETRUSCOS.............................3
SOBRE EL ORIGEN DE LOS ETRUSCOS..............................................3
EL PODER DE LOS ETRUSCOS..............................................................5
LAS CIUDADES DE ETRURIA................................................................5
RÉGIMEN POLÍTICO................................................................................6
SOCIEDAD JERARQUIZADA..................................................................8
LA MARINA ETRUSCA..........................................................................10
COLONIALISMO ETRUSCO..................................................................11
EL COMERCIO........................................................................................12
AGRICULTURA.......................................................................................13
METALURGIA, ORFEBRERÍA Y OTROS OFICIOS............................14
CIUDADES OPULENTAS.......................................................................15
LOS ETRUSCOS

ETRURIA

Al noroeste de la península itálica, entre el macizo de los


Apeninos y el mar, se extiende un país extraño. Montañas negras
o de tinte oscuro, viejos volcanes extinguidos, sembrados
desordenadamente, rodean pequeñas llanuras cerradas. Las
aguas, no pudiendo salir de esos recintos, se juntan en charcas o
en lagos profundos al pie de las montañas. Algunos de estos
lagos, los más pequeños y profundos, llenan el fondo de un
antiguo cráter. Es el país que los antiguos llamaban ETRURIA.

Formado en parte por materiales volcánicos, el país es fértil.


Los valles y las colinas daban en otro tiempo buenas cosechas
de trigo. El macizo de las montañas del centro, cubierto de
árboles, formaba la Selva Ciminiana, desierta y sombría, que no
se atravesaba sin miedo y que dividía la Etruria en dos regiones
que se comunicaban con dificultad. La región del sur, más
reducida y baja, llegaba hasta el Tíber.

La costa actual está llena de arena y bordeaba por ancha


llanura cubierta de pantanos. En la antigüedad estaba más libre y
era más sana sin duda. En ella había puertos, hoy desaparecidos,
el más importante frente a la isla de Elba.

FUENTES PARA LA HISTORIA ETRUSCA

Las fuentes escritas de la historia etrusca son pocas e


indirectas por desgracia, no solo se han perdido los documentos
originales, entre los que habrían de figurar las Tuscae Historiae
(historias etruscas) citadas por los autores clásicos. Sino también
las que escribieron el griego Posidonio y los latinos Verrio Flaco
y el emperador Claudio, este último, aficionado de la
“arqueología” y autor de una Historia de Etruria en 20 libros.
Hemos de recurrir, por lo tanto, a las noticias indirectas y a los
documentos arqueológicos para reconstruir el pasado etrusco.

UN PUEBLO DIFERENTE

“No solo por su lengua, sino por su género de vida y sus


costumbres, los etruscos se diferenciaban de todos los demás
pueblos”, ha escrito Dionisio de Halicarnaso (siglo I). En efecto,
los etruscos no se parecían a ninguno de los otros pueblos
vecinos. Los griegos les llamaban TIRRENOS, los romanos
TUSCO o ETRUSCO (el mismo nombre pronunciad de distinta
manera). Ellos mismos se llamaban RASENNAS. Hablaban una
lengua muy distinta a todas las demás lenguas de Italia, de la
que conocemos algunas palabras por las inscripciones etruscas,
que están escritas en caracteres griegos, a pesar de lo cual ha
sido muy difícil descifrarlas (sobre la escritura ampliaremos más
adelante).

CARACTERÍSTICAS FISICAS DE LOS ETRUSCOS

Los etruscos, pueblo misterioso de raza desconocida, se dice


que eran hombres “rechonchos, bajos, obesos, vigoroso, con
cara abultada, nariz corva, frente ancha y deprimida, color
moreno y cráneo un poco aplastado y cubierto con una cabellera
ondulada”. Viendo sus estatuas y manifestaciones pictóricas, nos
confirman esta descripción, que los aleja de la esbeltez
característica de los griegos y romanos.
En contraparte, escritores griegos y latinos cantaron la belleza
de las mujeres etruscas, lo que es fácil de comprobar al observar
las pinturas donde se las representa. Estas mujeres dedicaban
mucho tiempo al cuidado de su aspecto externo.

SOBRE EL ORIGEN DE LOS ETRUSCOS

Desde la antigüedad se vienen transmitiendo dos teorías


sobre el origen del pueblo etrusco.
Dionisio de Halicarnaso, historiador de principios de nuestra
era, sostuvo que eran una población autóctona de Italia (que hoy
día prevalece, pero con modificaciones). Sin embargo, Dionisio
es el único de los autores antiguos que defendió esta posición,
ya que la segunda teoría, muy en boga entre los escritores de la
antigüedad, es que los etruscos eran gente que habían venido
desde Asia, más exactamente, desde Lidia, en el Asia Menor,
como los sostuvo Herodoto y como también lo creían otros
autores como Catón y Virgilio. Se ve que hasta los mismos
etruscos habían acabado por aceptar esa leyenda, como los
romanos lo habían hecho con Eneas y sus troyanos.

Herodoto expone antiguas tradiciones griegas, según las


cuales, los etruscos habían vivido primero en Lidia, pero el
hambre los ahuyentó de allí.

“En el reinado de Atis el hijo de Manes, se experimentó en toda la


Lidia una gran carestía en víveres, que toleraron algún tiempo con mucho
trabajo; pero después, viendo que no cesaba la calamidad, buscaron
remedios contra ella, y discurrieron varios entretenimientos. Entonces se
inventaron los dados, las tabas, la pelota y todos los otros juegos menos el
ajedrez, pues la invención de este último no se lo apropian los lidios:
como estos juegos los inventaron para divertir el hambre, pasaban un día
entero jugando, a fin de no pensar en comer, y al día siguiente cuidaban de
alimentarse, y con esta alternativa vivieron hasta dieciocho años. Pero no
cediendo el mal, antes bien agravándose cada vez más, determinó el rey
dividir en dos partes toda la nación, y echar suertes para saber cuál de ellas
se quedaría en el país y cuál saldría fuera. Él se puso al frente de aquellos
a quienes la suerte hiciese quedar en su patria, y nombró por jefe de los
que debían emigrar, a su mismo hijo, que llevaba el nombre de Tyrseno.
Estos últimos bajaron a Esmirna, construyeron allí sus naves, y
embarcando en ellas sus alhajas y muebles transportables, navegaron en
busca de sustento y morada, hasta que pisando por varios pueblos llegaron
a los umbros, donde fundaron sus ciudades, en las cuales habitaron
después. Allí los lidios dejaron su nombre antiguo y tomaron otro derivado
del que tenía el hijo del rey que los condujo, llamándose por lo mismo
Tyrsenos.”
Según Herodoto, esto ocurrió en el siglo IX a.C. Varrón, por
su parte, lo ubica en el siglo XI a.C.

Tampoco faltan autores modernos que han sostenido su


procedencia centroeuropea, posiblemente descendiendo de los
Alpes del Norte, de la Rhetia (Tirol).

Lo más probable es que el substrato indígena y los aportes


egeo-tirrenos hayan sido ingredientes básicos de su etnia, sea
como fuese, los restos etruscos prueban la existencia de
contactos muy estrechos con oriente desde época muy antigua.
Se ha encontrado un vaso de piedra con el nombre de un faraón
egipcio que reinó hacia el año 700 antes de Cristo y varios
escarabajos, algunos de los cuales son egipcios, y otros, copias
etruscas.

EL PODER DE LOS ETRUSCOS

Antes de que Roma se enseñorease de Italia, los etruscos eran


el pueblo más poderoso de la península. Tito Livio lo dice así:
“El poder de Etruria era tan grande que el prestigio de su
nombre se hacía sentir por tierra y por mar a todo lo largo de
Italia desde los Alpes al estrecho de Mesina”. Tanto en tierra
como en mar, Etruria era una potencia con la que debía contarse.

LAS CIUDADES DE ETRURIA

Los etruscos habitaron primero el valle del Po, pero


expulsados de allí por los galos, se establecieron entre el Tíber,
el Arno y el Apenino, en la fértil región que corresponde a la
actual Toscana, donde llegaron a ser ricos y poderosos. Sus
ciudades, edificadas sobre ásperas montañas, estaban rodeadas
de altos muros de 10 a 15 metros, construidos con enormes
bloques de piedra. Fueron las más fuertes poblaciones de Italia;
no era posible acercarse a ellas para batirlas y no fueron
sometidas sino por hambre o por sorpresa. Quedan aún restos de
aquellos recintos, parecidos a los muros ciclópeos de Grecia, en
Perusa y Velletri (antigua Volaterrae).
Cada ciudad tenía su territorio y su gobierno independiente;
era pues, una ciudad-estado como las de Grecia, que en griego
se llaman polis y en latín, populus. Eran doce las principales
ciudades etruscas (dodecápolis) y si bien no llegaron a constituir
una nación unificada etrusca, estaban unidas al parecer por una
LIGA de carácter religioso, aunque no debe olvidarse que en
aquel tiempo religión y política iban de la mano.
Estas doce ciudades principales celebraban una fiesta en el
sanitario de su diosa Vetumna o Voltumna, quien era la que
había guiado a los etruscos hasta su nueva patria y era adorada
por todos ellos. Dicho santuario se hallaba cerca de Volsines y
allí se celebraba la Asamblea de todos los jefes de las ciudades.
Pero no existía una confederación política y cada uno hacía la
guerra sin tener en cuenta a los demás.
No sabemos exactamente cuáles eran estas ciudades (pues
ciudades etruscas hubo más de doce) pero sin duda figuraban
entre ellas la mayor parte de las siguientes:
Veyes
Caere (Cerveteri)
Tarquinia
Vulci
Volsines (Bolsena)
Rusellae
Vetulonia
Populonia
Clusium (Chiusi)
Perusia (Perugia)
Cortona
Arretium (Arezzo)
Faesulae (Fiesole)
Volaterrae (Volterra)

RÉGIMEN POLÍTICO
En cada ciudad había una aristocracia rica y poderosa, los
LUCUMONES, que fue el árbitro de la vida política etrusca y
de entre las familias a ella pertenecientes se elegían a los
miembros del senado gobernadores de las ciudades. Los
individuos destinados a ocupar cargos relevantes se debían
elegir también anualmente entre las familias nobles.
La dignidad más importante era la del rey (lar) que al parecer
no era de tipo hereditario y tenía un poder muy limitado por los
nobles. No obstante, al principio debieron estar investidos de
grandes poderes sacerdotales, judiciales y militares. Estos
soberanos se reunían cada año en una Asamblea panetrusca.
Llevaban las seis insignias y atributos de su autoridad:
La corona áurea.
La trabea o toga de gala con franja púrpura.
La silla curul o asiento de marfil
Las fáleras
El anillo
Las fasces, que era un segur o hacha rodeada de un haz de
varillas, que eran llevados por los lictores, magistrados que
escoltaban al rey.

Todo este simbolismo sería adoptado y conservado por los


romanos.

Ya al filo de 500 a.C., aquellos reinos fueron reemplazados


por REPÚBLICAS con sus asambleas populares, sus senados y
sus magistrados electos como órgano ejecutivo de gobierno. En
unas ciudades el cambio fue inmediato, en otros, mediante una
tiranía de base más o menos popular.

Ni la monarquía, ni la tiranía dejaron buen recuerdo entre los


etruscos, hasta el punto que en adelante los cargos políticos
tendieron a ser colegiados, por recelo al poder personal, y
temporales (por un año) por aversión a la monarquía. En tal
evolución los etruscos siguieron los mismos pasos que la
mayoría de los pueblos mediterráneos de la época. Ni España
fue ajena a tal proceso (por ejemplo, cuando Aníbal puso sitio a
Sagunto, la ciudad estaba gobernada por un Senado a quien
respaldaba una Asamblea Popular –populi concilium como lo
llamaba Tito Livio, año 218 a.C.– Es posible que el cambio de
régimen en las ciudades etruscas sucedió al mismo tiempo que
los romanos destronaron a su último rey, de origen etrusco, y
establecieron la República (509 a.C.)

A pesar de ese tinte democrático, el poder político de las


ciudades etruscas estuvo siempre concentrado en manos de un
grupo reducido de familias patricias. De poco sirvieron algunas
tentativas populares de arrebatar el poder a aquellos oligarcas
como ocurrió en Bolsines en el 264 a.C. y en Arezzo y Volterra
en otras ocasiones. Solo la influencia de Roma y de sus reformas
sociales puso fin al despotismo de la aristocracia etrusca.

SOCIEDAD JERARQUIZADA

La existencia de clases sociales entre los etruscos se halla


atestiguada por fuentes históricas de todo género. Los autores
romanos hablan de clientes, de familias (en el sentido romano,
mucho más amplio que el moderno, pues comprende la
servidumbre), de libertos, de esclavos.
La clase superior etrusca gozaba de elevado nivel de vida y
en Roma era proverbial la molicie de los afeminados etruscos.
Esta clase incluía no solo a los terratenientes, que poseían todas
las tierras, sino también a los propietarios de minas, a los
industriales, a los navieros y a los comerciantes al por mayor.
Pero por otra parte sabemos también que, por ejemplo, la
plebe de Caere vivía con una holgura sorprendente. El sistema
de la denominación de la persona, con los nombres
fundamentales e incluso la “tria nomina” romanos (praenomen,
nomen y cognomen), acredita que la gens o la gran familia, con
sus ramificaciones, constituía el elemento básico de la sociedad.
Esto igual que en Roma, pero quizás con mayor amplitud y
flexibilidad que en Roma, donde se hilaba muy delgado en
materia de patricios y plebeyos. Por lo tanto, es de creer que el
régimen político oligárquico de que hemos hablado se viese
atemperado por un alto grado de confraternidad espontánea (hoy
diríamos quizás paternalismo, y Aristóteles no tendría reparo en
añadir que “inspirado por el miedo”) entre los distintos
estamentos u ordines. Ello evitó las revoluciones hasta época
muy avanzada.

Los ricos terratenientes se habían asegurado de que la noción


de propiedad tuviese carácter sagrado y se hallase, por tanto,
libre de amenazas e incluso de ser objeto de debate. La
agrimensura era una técnica depuradísima, inspirad y custodiada
por los dioses inmortales. De ella y del consiguiente respeto a
las lindes, a los mojones, a los senderos y cañadas, dependía
todo el ordenamiento social y político, pues tanto el terrateniente
como sus esclavos, jornaleros y aparceros vivían dentro del
perímetro de la gran ciudad y no en cortijos ni alquerías del
campo, que de hecho solo existían en forma de cobertizos o de
refugios temporales. Al caer la tarde, toda la población agrícola
se recogía en la ciudad antes de que esta cerrase sus puertas, con
sus acémilas y sus rebaños; los hombres, mostrando sus torsos
desnudos, morenos y rojizos, como lo representan las pinturas
murales de las tumbas; las mujeres veladas, para conservar la
blancura de su tez de que alardeaban esas mismas pinturas.
Entre la turba de campesinos vendrían los jóvenes de la nobleza,
haciendo caracolear sus caballo, montados a pelo, como los
vemos en la Tomba del Barone y en otros, pero más inolvidable
en la primera por la fantasía de sus colores. Aún hoy, en los
toldos de algunos bares y en otros sitios muy visibles de
Tarquinia lucen estos caballitos rojos y negros como si el pueblo
hubiera hecho de ellos los emblemas de la ciudad. Hay motivos
para cree que, hace más de 2.500 años, esa hora del retorno
vespertino se viese animado con música y cantos, artes de
raigambre popular, pero esmeradamente cultivada por los
etruscos.
LA MARINA ETRUSCA

La marina etrusca era ya famosa en la época de los poemas


homéricos (posiblemente del siglo IX a.C.) los cuales
mencionan a los “piratas tirrenos”. Aunque no figurasen en la
nómina de los pueblos de la antigüedad que detentaron durante
un cierto periodo la supremacía naval, las ciudades de Etruria
marítima, sobre todo Tarquinia, Caere y Vulci, dominaron con
su flota el área del Mar Tirreno, impidiendo a los griegos
establecerse en el mismo, y en las islas de Elba, Córcega y
Cerdeña.

Firmaron un tratado de paz con Cartago, y aliadas las dos


flotas, etrusca y cartaginesa, frustraron el intento de los griegos
focenses de fundar una colonia en Córcega, infligiéndoles una
derrota en la batalla naval de Alalia (costas corsas, año 540
a.C.). Esto dio la supremacía a Etruria en Italia, donde crearon
dificultades a los griegos del sur, sus odiados rivales.

La falta de fuentes históricas etruscas nos impiden conocer


los detalles de sus actividades marítimas, y sólo nos queda
recurrir los que nos dicen las fuentes griegas, siempre
empeñadas en mostrar a los etruscos como los más consumados
piratas del Mediterráneo: afirman que eran expertos en abordar
los barcos y asaltar las poblaciones ribereñas, robando a las
mujeres y niños para venderlos como esclavos, que era entonces
un tráfico comercial muy rentable.

Los marinos etruscos, que iban por lo común armados, hacían


la guerra a los marinos griegos, sus competidores e
irreconciliables enemigos, y degollaban a las tripulaciones. Los
poetas griegos los llamaban “feroces tirrenos”, y contaban
leyendas, como aquel himno homérico a Dionisos, compuesto
probablemente en el siglo VI a.C. que refiere que el dios de la
vid convirtió en delfines a los piratas etruscos que habían tenido
la osadía de raptarlo mientras dormía plácidamente a orillas del
mar.

Solo una de las ciudades etruscas, Caere, comerciaba con los


griegos mismos. Le daban estos un nombre fenicio, Agyla (la
redonda) y hacían el elogio de sus habitantes, los únicos
etruscos, decían, que no eran piratas.

COLONIALISMO ETRUSCO

El aumento de la población hizo sentirse a los etruscos cada


día más apretados dentro de la región toscana ciudades como
Tarquinia, con un perímetro de 8 km y una población de cien mil
habitantes, resultaban ya incómodas para vivir. Por ello,
colonizaron por el lado sur la Campania, adonde tenían acceso
por el Tirreno que sus flotas dominaban, y a través del Lacio,
donde llegaron a gozar gran influencia en lugares clave como
Satricum, Lanuvium y Praeneste. Un gran porcentaje de la gran
artesanía y del mercado de artículos de lujo estaba en sus manos,
como lo demuestran los ajuares de los potentados de Praeneste,
descubiertas en las tumbas Bernardini, Castellani y Barberini,
todas ellas de mediados del siglo VII a.C. (670-630). En una
fíbula se puede leer: Manios : med : vhe : vhaked : Numasioi
(equivalente a lo que en latín clásico sería: Manius me Feat
Numerio [o Numicio]) lo que demuestra que estos magnates no
eran etruscos, sino latinos, aunque los objetos sean etruscos. Lo
que prueba que los latinos adoptaron la cultura etrusca. Aunque
también pudieron en alguna u otra ocasión infiltrarse entre ellos
advenedizos de Etruria, como lo fue entonces la dinastía de los
Tarquinos en Roma.

Avanzando más hacia el sur, los etruscos sometieron a las


ciudades de la Campania, donde introdujeron también su manera
de vivir. Allí se formó un aliga de doce ciudades, similar a la de
Etruria, la principal de las cuales era CAPUA. En el sur de la
Campania ya se habían instalado los griegos de quienes
recibieron influjo cultural (ver batalla de Alalia).

Por el norte, los etruscos franquearon la barrera del Apenino


para colonizar Emilia y el valle del Po. Allí fundaron FELSINA
(Bolonia) destinada a ser la capital de la Etruria Padana y la
primera de una serie de ciudades que también en su momento
constituirían una Dodecápolis: Cremona, Módena, Parma,
Verona, Mantua y otras, que serían después ocupadas por los
galos. Es lástima que no conozcamos los detalles de este
proceso, probablemente no debido a un poder central, sino a las
ciudades o a las empresas privadas establecidas en ella.
Marzabotto, en la Emilia, deja ver el dispositivo de una ciudad
etrusca de nueva planta y constituye el ejemplo más antiguo
(siglos V y IV a.C.) de una urbanización itálica, plenamente
regular, de calles tiradas a cordel, como lo serán los típicos
campamentos y colonias romanas.

EL COMERCIO

Los puertos de Etruria albergaban muchos navíos, que


navegaban hasta Sicilia, y hacían el comercio, sobre todo, con
los cartagineses, quienes les llevaban los productos de Oriente:
marfil, telas de púrpura, alhajas egipcias. Por su parte, los barcos
etruscos llevaban a Cartago obras de artesanía griega, pues entre
Cartago y las colonias griegas no existía contacto directo. El
servirse de Etruria como intermedio demuestra el odio mortal
entre griegos y fenicios. Por su parte, los etruscos, apara adquirir
las mercaderías griegas, usaban como intermediarios a las
colonias griegas de Italia, con los que mantenían una intensa
actividad comercial en este caso, los etruscos utilizaban un
procedimiento muy frecuente en la antigüedad. Para evitar que
sus buques corrieran los riesgos y peligros de los pasos de
Sicilia y de alta mar (las tormentas del estrecho de Mesina,
donde los vientos impelidos por Escila y Caribdis hacían
zozobrar los barcos), desembarcaban en Lucania las mercancías
(copas, lámparas y espejos de mano) y ganaban por tierra el
puerto de Síbaris para enviarlos a Grecia. Síbaris debió a estos
trasbordos su actividad y su riqueza. En cambio, los griegos
enviaban a Etruria vasos y joyas que sirvieron de modelo a los
obreros etruscos. Estos falsificaban en gran escala aquellas
obras, sobre todo las estatuas de barro y las cerámicas roja y
negra, las abarataron y esparcieron profusamente por todos los
pueblos vecinos de Italia.
En muchas otras partes del Mediterráneo se han hallado obras
típicas de la cerámica etrusca, lo que prueba las extensas
relaciones comerciales de los etruscos. Es posible que
comerciaran incluso con la Galia y la España, e incluso se ha
llegado a postular la tesis de que los etruscos llegaran a
colonizar parte de la península ibérica, fundando la famosa
Tartesos, tesis que, sin embargo, no ha logrado crédito. Piezas
etruscas de bronce hallados en excavaciones realizadas en la
desembocadura del Guadalquivir y en otros sitios, no son prueba
suficiente de una colonización etrusca, pues dichas piezas bien
pudieron haber sido traídas en un barco etrusco o cartaginés o tal
vez fabricados por algún etrusco establecido en dicha zona.

Marineros, comerciantes y artesanos, es posible que algunos


se hayan establecido en España como orfebres y broncistas, pues
en tales artes, los de Tartesos alcanzaron fama en el mundo de
entonces: campo propicio para metalúrgicos tan expertos e
ingeniosos como los etruscos.

El comercio y la navegación enriquecieron a Etruria y por


ello los etruscos tenían mucho más necesidades que sus vecinos,
residentes en minúsculos estados agrícolas atrasados, entre ellos
la Roma de esa época.

AGRICULTURA

La civilización de los etruscos, muy avanzada, se parecía, en


mucho a la de los fenicios. Como éstos, no formaron un estado
organizado sólidamente, pero como ocurría entre los mismos, la
agricultura, la marina, la industria, el comercio, eran muy
florecientes.

Los etruscos fueron los introductores de una agricultura más


racional en Italia, y a ellos se deben grandiosas obras de
desecación de pantanos, construcción de puentes, acueductos y
albercas, y roturación de terrenos incultos, sembrando trigo, vid
y olivos en extensas comarcas de la Italia central, yermas hasta
entonces y manifestaron siempre un espíritu práctico y utilitario.
Lograron alcanzar importantes cosechas en regiones que
volvieron después a ser pantanos.

METALURGIA, ORFEBRERÍA Y OTROS OFICIOS

Los etruscos practicaban los principales oficios de los


pueblos de la antigüedad, que habían aprendido de los
cartagineses y de los griegos.

Extraían el cobre de las montañas de Etruria y de las de las


islas de Elba el hierro que fundían para mejorar el metal. En sus
fundiciones eran tratados los minerales y en sus talleres se
manipulaba el oro, el hierro, el cobre y el bronce con cierto
esmero. Fabricaban sobre todo objetos metálicos, alhajas de oro
y plata, sortijas, collares. Hacían muebles, espejos de bronce
pulimentado rodeados de adornos, copas doradas con dibujos.

Otro material usado es el marfil.

La decoración es con una gama variada de motivos


orientales, chipriotas o egipcios, influjos que llegan de manos de
los fenicios. De estos aprendieron, entre otras cosas, las técnicas
del granulado y de la filigrana, y con tal gusto y destreza que
superan a sus maestros. Basta como ejemplo el famoso colgante
del río Aquello (siglo V a.C.), síntesis magistral de su técnica de
orfebrería.
Los etruscos, además, acuñaban monedas imitadas de los
griegos, una pieza de plata con la cabeza de Medusa rodeada de
serpientes.

Lograron un extraordinario naturalismo en cuanto a la


representación de rostros: los bustos son prácticamente una
invención etrusca, el busto propiamente dicho, realizado en
bronce fundido, difiere del "busto" griego, en este último la
persona retratada suele estar idealizada, no así en el genuino
busto etrusco. Este arte fue adoptada por los romanos.

CIUDADES OPULENTAS

Los etruscos fueron también buenos arquitectos. Sus ciudades


estaban edificadas regularmente, con recintos de piedra tallada y
puertas abovedadas, calles rectas y anchas, pavimentadas con
losas, las casas aisladas de modo que se pudiera pasar por entre
ellas. Estaban provistas también de conductos subterráneos o
alcantarillas sostenidas por bóvedas para conducir fuera las
aguas de las ciudades. Los etruscos también demostraron su
capacidad constructiva regularizando ríos, construyendo
acueductos y arreglando puertos.

Los etruscos tuvieron un tipo singular de habitación: la casa


con atrio, que constituye una sala de recepción, situada ante la
casa y al aire libre, en cuyo muro de fondo se abren tres puertas
de acceso a las habitaciones privadas. Los romanos adoptarían
este original modelo. Las sepulturas etruscas tuvieron también
un carácter particular, como detallaremos más adelante.

Para dar una idea de la riqueza que llegó a acumularse en las


ciudades etruscas, baste decir los siguiente: ninguna ciudad del
mundo antiguo, de las hasta ahora conocidas, poseyó una
necrópolis tan ricas en obras de arte como la etrusca de Vulci.
Lo que de ella salió desde comienzos del siglo XX ha sido
suficiente para abastecer de cerámica griega y de otras artes
decorativas a varios museos de América y Europa. Y es de
advertir que el despojo de ésta y de otras necrópolis etruscas no
es cosa de la época moderna, sino que obedece a una práctica
conocida ya por los romanos, entre quienes estaba de moda
coleccionar estatuillas etruscas de bronce, las tyrrhena sigilla,
entre otras antigüedades.

Allá por el año 205 a.C., todas estas ciudades contribuyeron


con lo mejor de su producción a los preparativos que Roma
estaba haciendo para su enfrentamiento decisivo con Cartago.
Tito Livio especificó cuáles eran esas contribuciones:

Caere: grano y otros productos alimenticios.


Tarquinia: paño para velas de buques.
Rusellae: grano y madera para la construcción naval (y
exactamente lo mismo Clusium y Perugia)
Populonia: hierro.
Arretium: grano, armas y herramientas de hierro.
Volterra: grano y asfalto para la construcción naval.

En esta relación, se transparenta, primero, una riqueza en


productos alimenticios, capaz de sostener al elevado número de
habitantes de las ciudades etruscas, y segundo, la gran capacidad
de las industrias siderúrgicas y de construcción naval que
granjearon a Etruria la fama de que gozaba y de la que son
exponente los objetos de metal precioso e industrial llegados a
nosotros.

VICIOS Y PLACERES

Las fiestas en honor de los dioses y de los muertos daban a la


sociedad ocasión de mostrarse unida y solidaria. Los poderosos
disponían de nutridas huestes de esclavos, artesanos a sueldo,
músicos, bailarines y criados para dar fiestas deslumbrantes
cuando la ocasión lo demandaba. Posidonio no ocultaba su
asombro ante el lujo que rodeaba a los potentados etruscos. La
costumbre, por ejemplo, de tener esclavos de una belleza física
que dejaba estupefactos a los huéspedes a una cena era un lujo
que solo los etruscos podían permitirse, dados los precios que
alcanzaban en el mercado esos esclavos de primerísima clase.
En estas cenas, en estos convites, las mujeres alternaban con los
hombres con una libertad que era piedra de escándalo para
griegos y romanos. Estos concebían que en tales esparcimientos
las hetairas, las profesionales del placer, amenizasen la reunión
con su presencia, pero mujeres que pretendían gozar la
consideración de amas de casa y madres de familia comiesen y
bebiesen tendidas en los canapés del triclinio, en pie de igualdad
con los hombres, constituía una licencia mujeril —muliebris
audacia, como la llama Tito Livio— realmente inaudita. Solo
entre los depravados etruscos podía tener cabida semejante
costumbre.

El simposio, animado por músicos y danzantes, señalaba el


comienzo de la fiesta para los miembros de la gens. A juzgar por
sus representaciones se celebraba al aire libre, entre los árboles
de un jardín o de la alameda, donde cantaban los pájaros y las
fuentes. Anchas cintas de colores adornaban el ramaje de los
árboles. En conjuntos de tan sublime espiritualidad como el de
la TOMBA DEL TRICLINIO (hoy trasladado, como algunas
otras, desde su lugar de origen al delicioso Palazzo Vitelleschi,
de Tarquinia), es de suponer que la fiesta sea una visión de la
existencia de los muertos en las islas de los Bienaventurados.

Para que el espíritu de la fiesta se proyectase más allá de los


confines del círculo familiar, el responsable de la misma ofrecía
al pueblo el espectáculo de las carreras de carros y las
competiciones atléticas (lanzamiento de disco, pugilato, salto,
etc.) que los etruscos habían adoptado de los griegos. En el caso
concreto de Agyla (Caere) refiere Herodoto que la adopción de
la hípica (carrera de caballos) y de la agonística (competiciones
atléticas) se había hecho por mandato del oráculo de Delfos para
expiar un castigo divino que les había sobrevenido a los
agylenses por haber matado a pedradas a unos prisioneros de
guerra focenses. En cambio, los cruentos espectáculos
gladiatorios (de gladiadores o luchadores a muerte) que se daban
al lado de los anteriores respondían a una tradición itálica que la
helenización no logró nunca desarraigar.

LAS TUMBAS ETRUSCAS

Los más bellos tesoros artísticos que los etruscos nos han
legado son sus espléndidas tumbas de paredes decoradas con
frescos, considerados hoy como una de las más destacadas
curiosidades arqueológicas que posee Italia. Solo las últimas
moradas de los egipcios de noble alcurnia pueden rivalizar con
las tumbas etruscas desde el punto de vista ornamental. Para los
etruscos, como para los egipcios, la muerte y los funerales
tenían importancia capital en el terreno religioso. La muerte
debía inspirarles un terror sin límites. Ningún pueblo de Europa
ha imaginado criaturas más espantosas como los demonios
etruscos, con garras y picos de aves de rapiña, cabellos de un
rojo brillante y ojos feroces y ardientes en su rostro amarillento.

Muchas de estas tumbas han sido descubiertas y exploradas a


partir del siglo XIX. Algunas estaban cubiertas con un
monumento de piedra en forma de domo. La mayor parte eran
grandes salas subterráneas abovedadas abiertas en la roca, en
cuyas paredes había una serie de huecos o gabinetes, los cuales
eran cámaras fúnebres donde el cadáver reposaba en un lecho
rodeado de todo un ajuar. Se entraba a ellas por una escalera o
un pasillo con rampa. De estas tumbas proceden los muchos
vasos etruscos y joyas que conocemos.

Veamos ahora cómo evolucionó la construcción de las


tumbas. Mientras que en los siglos X a VIII a.C. en Grecia se
desarrollaba el arte geométrico, el norte y centro de Italia vivía
la llamada “fase villanoviana”, caracterizada por su “tumbas de
pozo”, en los que, junto con las urnas bicónicas y oikomorfas
(en forma de casa) destinados a contener las cenizas de los
muertos, aparecen ricos ajuares en los que ya abunda el metal. A
finales de ese mismo siglo VIII y coincidiendo con la llamada
influencia orientalizante, que por entonces empezaba a sentirse,
se advierte un cambio en el rito funerario, argumento básico
para los que sostienen la tesis de la llegada de pueblos foráneos.
La inhumación desplaza a la cremación, y por consiguiente, la
vieja tumba de pozo fue pronto sustituida por la “tumba fosa”,
muy simple en un principio, pero pronto convertida en “tumba
de cámara”, cubierta de un túmulo que, poco a poco, fue
adquiriendo el carácter monumental que lo caracteriza. Valgan
como ejemplo, la de Regolini-Galassi, en Cervetari, de
mediados del siglo VII a.C., y la de Casal Marítimo, fechado
en el VI. A comienzos de este siglo a estas “tumbas túmulos”,
cubierta con bóveda falsa, se sucedieron los hipogeos excavados
en el suelo y organizados en cámaras que repiten el esquema
habitual de las casas. Es aquí donde el arquitecto etrusco
comenzó sus ejercicios como escultor del espacio y donde la
pintura funeraria encontró su medio idóneo de expansión.

Son famosas las tumbas de Tarquinia, Caere o Cere


(Cerveteri), Clusium (Chiusi), Vulci, Orvieto, decoradas con
grandiosas pinturas al fresco.

En Tarquinia son notables la tumba del Triclinio, la tumba de


los Leopardos, la tumba de los Augures, la tumba de los Carros,
la tumba de los Escudos, de Larth Velcha. En Cerveteri, la
tumba Regolini-Galassi.

Las tumbas de Caere (una de las cuales se cree que es de la


familia de los Tarquinos) traen a la mente el recuerdo de las
cámaras sepulcrales egipcias, en donde todo aparecía dispuesto
para una nueva vida más allá de las fronteras de la muerte,
aunque los capiteles de sus pilares se parecen a los jónicos.