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La exposición "El joven Murillo", que se exhibirá en Bilbao del 20 de octubre

al 17 de enero de 2010, permite descubrir el temprano virtuosismo y la


fuerza de las obras de juventud y primera madurez de Bartolomé E. Murillo,
uno de los principales artistas del siglo de Oro de las Letras y las Artes
españolas.
La muestra, coproducida por los Museos de Bellas Artes de Bilbao y Sevilla,
a donde viajará en febrero del año próximo), ha conseguido reunir para la
ocasión un total de 42 obras del periodo que abarca desde 1640, cuando el
artista barroco (Sevilla 1617-1682) tiene 23 años, hasta 1655, de las cuales
25 proceden de colecciones extranjeras y 16 se pueden ver por primera vez
en España.
La exposición, comisariada por los profesores Alfonso Pérez Sánchez y
Benito Navarrete, ha servido también, según ha revelado este último en el
acto de presentación de la misma a los medios de comunicación,
para investigar un periodo desconocido de la vida del autor y situar su obra
temprana en el contexto social de la época en que se hicieron los cuadros.
Navarrete ha manifestado que la muestra, encargada hace cinco años por
el director de la pinacoteca bilbaína, Javier Viar, al profesor Pérez Sánchez,
ha revelado "a un artista que inicia su carrera pictórica en la senda del
naturalismo".
"Hemos visto -ha agregado-, que Murillo comienza caminando de la mano
de artistas como Caravaggio, que desnudan el alma entera de los
protagonistas de sus pinturas; que no los divinizan, sino que los humanizan
y que esas sombras del cielo terminan siendo luces de la tierra".
"La muestra nos ha permitido descubrir también -ha agregado Navarrete-,
a un artista que desde el primer momento comienza a pintar con una
calidad muy sostenida y con una fuerza, garra, inmediatez y
espontaneidad en sus composiciones que perdería en su madurez aunque,
a cambio, ganaría en calidad técnica y recursos pictóricos".
Esta exposición aporta también, según ha especificado Navarrete, "la
influencia que tuvo en el joven Murillo el naturalismo holandés
representado por el pintor Abraham Bloemaert. Es
absolutamente revolucionario ver como, con escasamente dos años de
diferencia, comienza a conocer las obras de Bloemaert y a aprehender la
técnica del primer naturalismo holandés", agregó.
La exposición se ha planteado en siete secciones o apartados y se abre con
sus primeras obras (un Autorretrato, dos Virgen con Santo Domingo y dos
Trinidades), "en las que ya comienza a apreciarse la evolución del artista
hacia composiciones de gran fuerza de trazo y volumen", ha indicado
Navarrete.
Prosigue el recorrido con seis de los lienzos que constituyeron su primer
encargo importante y con el que se dio a conocer ante el gran público
sevillano: la decoración del Claustro Chico del desaparecido convento de
San Francisco de Sevilla y que, por primera vez, se muestran conjuntamente
en una exposición.
El tercer apartado exhibe las obras que muestran la conciencia social que
mantuvo el joven Murillo, cuando retrata a niños y ancianos pordioseros y
desamparados y en donde se pueden ver obras relevantes como el famoso
cuadro "El joven mendigo", prestado por el Museo del Louvre; el original de
"La vieja hilandera" o "Dos muchachos comiendo uvas y melón".
La muestra prosigue con la sección dedicada a la Infancia de Cristo y a sus
Lienzos Monumentales, entre los que destaca el cuadro titulado "José y la
mujer de Putifar", cedido excepcionalmente para esta exposición por el
Museo de Kassel (Alemania).
Las obras dedicadas a María Magdalena y a Santa Catalina y las
que muestran a santos penitentes en éxtasis, como el "San Pedro en
Lágrimas", propiedad del Bellas Artes de Bilbao, el "San Jerónimo
penitente", del Museo del Prado o el San Francisco del Bellas Artes de
Sevilla, cierran la exposición.