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Dialogo Entre Masones

A r t í c u l o s Masónicos Seleccionados
Año 5 - N° 57

Setiembre 2018
Herbert Oré Belsuzarri

Mario López Rico


Vicente Alcoseri
Julio Villarreal III

- El invisible poder político de la masonería……………3


- El mito del incendio de la biblioteca de Alejandría
por los árabes……………………………………………………..8
- Kipling y su sorprendente primera novela…………24
- La verdadera cara de la masonería polaca………..49
- Los masones anarquistas………………………………….72

La revista agradece la difusión de los artículos


publicados, mencionando la fuente y la autoría.

Valle de Lima Setiembre 2018


EL INVISIBLE PODER POLITICO DE LA
MASONERIA
ALCOSERI
3
EL INVISIBLE PODER POLÍTICO DE LA
MASONERÍA
Al siguiente relato usted lo puede tomar como una simple fic-
ción o como algo contundentemente real; pero quienes viven,
vivieron este tipo de experiencias no tendrán reparo en suscri-
birlas y admitirlas como auténticas las palabras por mi vertidas
en este comunicado; o tal vez incluso, usted que me lee vivirá
luego en carne propia desde una Logia Masónica esta expe-
riencia.

Esto sucedió hace más de 25 años, yo era un hermano visitador


de una Logia en México, ahí el ambiente político era muy mar-
cado y hasta tal punto que esta Logia parecía ser el Laboratorio
político que determinaría el futuro de la Nación Mexicana; cla-
ro me reservo en sigilo en nombre de esa tan luminosa logia
masónica mexicana y el nombre de mis tan amados hermanos
masones sus miembros.

Esa Logia se manejaba o digo mejor se maneja como un reloj


de muy alta precisión, y creo esta es la razón de tan determi-
nante sea su poder invisible; pero más allá de eso en esa logia
se dio un fenómeno inusual, pues ahí se conjugaron hermanos
que detonarían un cambio radical en la política mexicana. Se-
guro esto no parece extraño hasta este punto, pues recordemos
que muchos políticos no solamente mexicanos, sino de prácti-
camente todo el mundo han hecho radicales cambios en mate-
ria de sociopolítica. Pero sin duda lo que contaré a continuación
sea sin lugar a dudas el ingrediente secreto masónico del éxito
de estos masones políticos; pero cuidado, mucho cuidado mis
hermanos masones pues esto tiene sus riesgos, y es necesario
manejarlo con cuidado, como si se manejara nitroglicerina que
puede estallar en nuestras propias manos.

Bien, comencemos este relato más en lo que sucedió y usted


que amablemente me lee ahora, sea quien determine con men-
4
te abierta lo que aconteció, y es que esto seguramente viene
sucediendo desde hace cientos de años en logias y sucederá
con algunas variantes sin duda en el futuro, y este relato sirva de
guía a las futuras generaciones de masones.

Entre los hermanos que conformaban aquella logia masónica,


había un parapsicólogo experimentado de origen chileno, que
me decía había en un viaje haber hecho contacto con Ninjas
Japoneses y haber aprendido técnicas milenarias de ellos, pero
había otro hermano masón más joven que más bien parecía ser
su pupilo o aprendiz; y ambos bajo técnicas para mi algo extra-
ñas podrían abrir portales inter-dimensionales y ver en ellas
algo, hasta ahí todo parecía fantasioso y hasta ridículo incluso,
este hermano masón pupilo del hermano masón parasicólogo,
me describía una logia masónica en otra dimensión paralela a
la cual accedía mediante un código numérico misteriosamente
relacionado con el número 11, y que en esa Logia había un per-
sonaje que era una especie de Líder luciferino invisible de la
Masonería inmaterial, bien , hasta aquí todo parece un cuento
sacado de un libreto de una trama masónica de algún BESTSE-
LLER que comparas en cualquier tienda departamental, pues el
hermano pupilo del masón parasicólogo me describía mientras
estaba en un estado de trance unas columnas masónicas gra-
vadas, en un templo masónico idílicamente ornamentado entre
nubes de algodón, luces y signos.

Pero de pronto, este hermano me dijo que horas antes yo había


estado con tal y cual persona, y que yo pensaba del hermano
parasicólogo chileno era un patán impostor, fue cuando yo pen-
sé bueno este hermano simplemente lee mis pensamientos, al
igual que lo hace mi esposa en ocasiones o mi madre lo hizo
cuando era jovencito. Pero , luego me dijo, hermano: mañana
por la noche estando en tu casa encenderás la televisión y ve-
rás la noticia que en Francia sucedió un accidente de trenes, en
tal ciudad de Melun Francia y a tal hora, y habrá tal número de
heridos y tantos número de muertos, y esto aún y no sucede,
5
está por suceder. Y, si efecti-
vamente el accidente luego
que me lo dijo ocurrió, y lo
supe en un noticiero nocturno,
algo extraño, sí, pero la pre-
dicción falló afortunadamente
el número de muertos y heri-
dos fue menor al que mencio-
nó aquel hermano masón en
trance, creo el año era 1,991.
Pensé para mí, este ser al que
contactan no es un buen ser
de luz, sino un demonio pro-
vocador de accidentes trági-
cos o algo así, y la verdad que
si me dio miedo o más bien
estaba más que aterrorizado;
pensé también que el núme-
ro de muertos y accidentados
fue menor debido a que un
ángel de Dios pudo salvarlos
de morir.

Tiempo después arribó a esa


Logia un político oscuro, algo
mediocre, para mí ver con
muy poco carisma, pero sí
muy ambicioso, y sucedió que
ese mismo francmasón parasi-
cólogo ahora en ese momen-
to más afamado y su masón
hermano pupilo visiblemente
más refinado y habilidoso, op-
taron por arropar a ese masón
político recientemente inicia-
do masón; y comenzó así todo
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el proceso, lo protegían , nos decían incluso como iba a ganar
sus candidaturas y adivinando con cuantos porcentajes a favor
etc., decían lo protegían de atentados y demás. Yo pensaba para
mí , el poderoso sistema invisible masónico (porque así lo des-
cribían) ayudando a un político mediocre para mí en lo parti-
cular era absurdo; pero pensé que incluso si esto se daba en
otros lugares del planeta, igual había una serie de personajes
políticos mediocres siendo apoyados por estos seres masónicos
de otras dimensiones, pero así era que funcionaba seguro es
engranaje misterioso de la Masonería con ese poder invisible
político, ahora me recuerda ese cuento de que el diablo sim-
plemente desató la cuerda al burro, y este fue a destrozar los
campos de cultivo de los vecinos, y así el diablo simplemente
apoya un poquito a un político desastroso , y lo demás es asunto
de las circunstancias.

Pero, y más, estos masones metidos en la trama de contactar con


poderosos seres masones invisibles para apoyar políticos, no
obtenían nada para sí, o quizá muy poco; creo esto si les inco-
modaba. Pero, así eran las cosas e incluso peores, se aconteció
al menos en corto tiempo una serie de muertes de masones in-
volucrados con el asunto; y pensé no será esto una tipo de pago
a ellos, al menos recuerdo fueron entre 15 o 20 masones falleci-
dos en un lapso de un mes o menos, nada lógico dentro de los
paramentos razonables.

Imaginó que el Francmasón parasicólogo chileno, ya debe ha-


ber fallecido, pues, pase caminando hace unos 30 días por su
casa para ir a comprar tacos en el centro de Monterrey Méxi-
co, y ya no hay signos que alguien viviera ahí, además cuando
lo conocí tendría algunos 65 años y de eso ya hace más de 25
años, de su pupilo masón que tendría mi edad, lo vi caminando
por la calle hace 3 meses mientras manejaba mi coche en una
transitada avenida.

Bien, de aquí usted saque sus conclusiones.


7
EL MITO DEL INCENDIO DE LA
POR LOS
Ricardo Sham
La historia está poblada de leyendas y fábulas que resisten el
paso del tiempo. Alguien dijo, con razón, que los historiadores,
a fin de evitarse las molestias de las averiguaciones, se copian
los unos a los otros. De manera que las leyendas siguen hacien-
do parte de la historia, pero ninguna de ellas ha tenido la tena-
cidad de aquella relativa al incendio de la biblioteca de Ale-
8
A BIBLIOTECA DE ALEJANDRIA
S ARABES
msuddín Elía *
jandría por los musulmanes. Esta falsedad ha sido repetida, de
siglo en siglo, hasta el cansancio, en todos los idiomas. Hasta un
escritor como Jorge Luis Borges incursionó poéticamente sobre
el tema. La que sigue es una sucinta exposición fundamentada
en las investigaciones de historiadores y científicos que logran
precisar el origen y la razón de la falsificación.
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Alejandría fue fundada cerca del delta del Nilo por Alejandro el
Grande el 30 de marzo de 331 antes de Cristo. Ptolomeo I Soter
(el ‘Salvador’), que había sido uno de los mejores generales de
Alejandro, inició en Egipto una dinastía de sangre griega de la
cual la famosa Cleopatra sería su último soberano.

Según lo manifiesta el obispo griego san Ireneo (c.130-c.208),


Ptolomeo fundó en Alejandría, en el barrio del Bruquión, cerca
del puerto, la que sería conocida como la Biblioteca-Madre, y
ordenó la construcción del Faro, una de las Siete Maravillas del
Mundo Antiguo. Su hijo, Ptolomeo II Filadelfos (‘Amigo como
Hermano’), llevó a cabo el proyecto de su padre construyendo
el Faro y el Museo, este último considerado como la primera
universidad del mundo en su sentido moderno, y además com-
pró las bibliotecas de Aristóteles y Teofrasto, reuniendo 400.000
libros múltiples (symoniguís) y 90.000 simples (amiguís), como
lo asevera el filólogo bizantino Juan Tzetzes (c.1,110-c.1,180)
basado en una ‘Carta de Aristeas a Filócrates’ que data del siglo
II a. C.

Por entonces los manuscritos se escribían sobre láminas de pa-


piros, un vegetal muy abundante en Egipto, que crece en las
adyacencias del Nilo. Según nos informa Plinio el Viejo (23-79)
en su Historia Natural, a causa de la rivalidad de la Biblioteca de
Pérgamo con la Biblioteca de Alejandría, Ptolomeo Filadelfos
prohibió la exportación de papiro; en consecuencia, en Pérga-
mo se inventó el pergamino; éste se conseguía preparando la
piel de cordero, de asno, de potro y de becerro, y cuando más
lisa y suave fuera la piel que se utilizaba, más se la apreciaba. El
pergamino era más resistente que la hoja de papiro y además
ofrecía la ventaja de que se podía escribir sobre ambos lados.

Ptolomeo III Everguétis (el ‘Benefactor’) será el fundador de


la Biblioteca-hija en el Serapeum (templo dedicado a Serapis,
una divinidad que deriva de la unión de Osiris y Apis identi-
ficada con Dionisos), en la Acrópolis de la colina de Rhakotis,
10
que sumará 700.000 libros, según el escritor latino Aulio Gelio
(c.123-c.165). Esta finalmente reemplazará a la Biblioteca-ma-
dre a fines del siglo I a. C., luego del incendio provocado du-
rante las luchas entre los legionarios de Julio César y las fuerzas
ptolemaicas de Aquilas, entre agosto del 48 y enero del 47 a. C.
en el puerto de Alejandría.

Durante el siglo IV d. C., luego de la proclamación del cristia-


nismo como la religión oficial del imperio romano, la seguridad
de los santuarios griegos comenzó a ser amenazada. Los viejos
cristianos de la Tebaida y los prosélitos odiaban la Biblioteca
porque ésta era, a sus ojos, la ciudadela de la incredulidad, el
último reducto de las ciencias paganas. Por esa época parecía
impensable que un siglo antes allí hubiera estudiado y formado
cientos de discípulos un filósofo como Plotino (205-270), funda-
dor del neoplatonismo.

La situación se tornó particularmente crítica durante el reinado


de Teodosio I (375-395), el emperador que no aceptó tomar el
título pagano de pontífice máximo y que trató de acabar con la
herejía y el paganismo. Por orden de Teófilo, obispo monofisita
de Alejandría, que había peticionado y conseguido un decreto
imperial, el Serapeum, el complejo que contenía la preciosa bi-
blioteca y otras dependencias fueron destruidos y saqueados.
“Tras el edicto del emperador Teodosio I en el año 391, man-
dando cerrar los templos paganos, esta magnífica Biblioteca-hi-
ja pereció a manos de los cristianos en el 391, fecha de la violen-
ta destrucción e incendio del Serapeum alejandrino; las llamas
arrasaron allí la última y fabulosa biblioteca de la Antigüedad.
Según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue
el patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), conoci-
do por su fanático fervor en la demolición de templos paganos,
el destructor violento del Serapeum” (Pablo de Jevenois: “El fin
de la Gran Biblioteca de Alejandría. La leyenda imposible”, en
Revista de Arqueología, Madrid, 2000, p. 37).

11
El renombrado historiador y teólogo visigodo Paulo Orosio (m.
418 d. C.), discípulo de san Agustín, en su Historia contra los pa-
ganos, certifica que la biblioteca alejandrina no existía en 415
d. C.: “Sus armarios vacíos de libros... fueron saqueados por hom-
bres de nuestro tiempo”.

Su desaparición significó la pérdida de aproximadamente el


80% de la ciencia y la civilización griegas, además de legados
importantísimos de culturas asiáticas y africanas, lo cual se tra-
dujo en el estancamiento del progreso científico durante más
de cuatrocientos años, hasta que felizmente sería reactivado du-
rante la Edad de Oro del Islam (ss. IX-XII) por sabios de la talla
de ar-Razi, al-Battani, al-Farabi, Avicena, al-Biruni, al-Haytham,
Averroes y tantos otros.

Mitómanos y detractores

Entre la avalancha de acusaciones que señalan a los árabes mu-


sulmanes como los autores de la destrucción de la Biblioteca
de Alejandría, hemos seleccionado tres ejemplos. El primero
se refiere a la nota titulada “¡Prendan fuego!”, firmada por Be-
lisario Segón y aparecida en El Tribuno de Salta (domingo 23
de febrero de 1,986, pp. 4 y 5). De la misma extractamos estos
párrafos: “Ese ejercicio perverso de prender fuego al saber es-
crito –pretextando cualquier motivo de tipo religioso, racial, polí-
tico o ideológico– pasó a la historia con el nombre de ‘omarismo’
(...) ¿Cuándo nace el ‘omarismo’? Probablemente con la quema-
zón de la Biblioteca de Alejandría. Se sabe que la incineración de
sus libros respondió a un programa de gobierno cuyo jefe –en
ese entonces dueño de un gran imperio– fue el califa Omar. Él,
al mando de un ejército de 4,000 hombres, en nombre de Maho-
ma, entró a conquistar Egipto en el año 640. (...) Cuando llegó a
tomar Alejandría, el oficial que comandó la patrulla que allanó
la célebre biblioteca, el ignorante Amrú, se dirigió a Omar y le
detalló la cantidad de libros existentes. Sin ninguna curiosidad
por los legendarios y miles de papiros que había en los cientos
12
de estantes, Omar –semianalfabeto y rudo– le espetó la siguien-
te frase a su miliciano: ‘Si esos escritos están conformes con el
Corán, son inútiles, y si ocurre lo contrario no deben tolerarse’.
Entonces Amrú, dando voces de mando, salió a quemar la Biblio-
teca de Alejandría, como venganza de los árabes que veían en sus
guerras santas el reinado de Dios. Los volúmenes y papiros fueron
extraídos del edificio y enviados a las calderas de los baños de
la ciudad. Sirvieron de combustible durante seis meses, perdién-
dose el tesoro de la humanidad más preciado: los manuscritos
originales de los mejores pensadores griegos, judíos y egipcios.
El ‘omarismo’ había logrado su objetivo gracias a un grupo de
sarracenos fanatizados. (...) El fanatismo de Omar, ¿hasta cuándo
seguirá acechando a las obras maestras escritas y a las bibliote-
cas de todos los tiempos?”.

El segundo ejemplo fue publicado por el matutino Clarín (mar-


tes 25 de septiembre de 1,990), en su suplemento de Ciencia
y Técnica (p. 3), con el título “¡Algo se quemó en Alejandría!” y
la signatura del articulista Leonardo Moledo, que dice cosas
como éstas: “La calurosa costumbre de quemar libros dista de
ser un invento moderno. La Biblioteca de Alejandría, que fue la
más grande de la antigüedad, terminó su larga vida al ser incen-
diada por el califa Omar en el año 644, que lo hizo basándose en
un curioso argumento: ‘Los libros de la biblioteca o bien contra-
dicen al Corán, y entonces son peligrosos, o bien coinciden con
el Corán, y entonces son redundantes. Este razonamiento notable,
que fue objeto de un exquisito comentario del filósofo argentino
Tomás Simpson, costó a la memoria humana una buena cantidad
de obras irrecuperables”.

El último ejemplo son los versos finales del poema de Borges


que lleva por título “Alejandría, 641 A.D.” (J. L. Borges: Obra Poé-
tica, Emecé, Buenos Aires, 1,977, pp. 507-508):

En el siglo I de la Hégira,
Yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas
13
Y que impone el Islam sobre la tierra,
Ordeno a mis soldados que destruyan
Por el fuego la larga Biblioteca...

Los inventores de la leyenda

El profesor Mustafá el-Abbadi, doctorado en la Universidad de


Cambridge y director de la Nueva Biblioteca de Alejandría, es
el especialista que ha analizado concienzudamente los porme-
nores de la invención, esclareciendo acabadamente sobre los
personajes y móviles que la fraguaron: “En el año 642, el gene-
ral árabe Amr conquistó Egipto y ocupó Alejandría. Los aconte-
cimientos del comienzo de la conquista árabe han sido relatados
por historiadores de ambos bandos, tantos árabes como coptos
y bizantinos. Sin embargo, durante más de cinco siglos después
de la conquista no se puede encontrar ninguna referencia a una
biblioteca de Alejandría bajo la dominación árabe. De repente, a
principios del siglo XIII, encontramos un relato en el que se des-
cribe cómo Amr había quemado los libros de la antigua bibliote-
ca de Alejandría” (Mustafá el-Abbadi: La Antigua Biblioteca de
Alejandría. Vida y destino, Unesco, París-Madrid, 1,994, p. 184).

Seguidamente, el profesor El-Abbadi se refiere a dos escritores


árabes que, por razones estrictamente relacionadas a su tiem-
po, se encargaron de fabricar los argumentos que darían pie
a la leyenda. Uno es Abdulatif al-Bagdadi, nacido y muerto en
Bagdad (1,162-1,231); el otro es Ibn al-Qifti, nacido en Qift (la
antigua Coptos), Alto Egipto, en 1,172, y fallecido en Alepo en
1,248. Sobre Abdulatif dice El-Abbadi que “era un gran médico
que residió en Siria y Egipto hacia el 1,200 (565 de la Hégira). A
raíz de su visita a Alejandría cuenta en un texto confuso que vio el
gran pilar (normalmente llamado el Pilar de Pompeyo), alrededor
del cual se encontraban otras columnas. Entonces añade una opi-
nión personal: “Creo –dice– que se trataba del emplazamiento del
pórtico donde Aristóteles y sus sucesores impartían sus enseñan-
zas; era el centro de estudio creado por Alejandro cuando fundó
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la ciudad; ahí se encontraba el almacén de libros que fue incen-
diado por Amr, por orden del califa Omar [Viaje a Egipto, Ifada
wa I’tibar]. Es evidente que lo que Abdulatif dice a propósito de
Aristóteles y Alejandro es incorrecto; el resto de sus afirmaciones
acerca del incendio del depósito de libros no está documentado y
por lo tanto no tiene valor histórico.” (El Abbadi: Op. cit., p. 185).

Vale recordar que Aristóteles nunca estuvo en Alejandría y que


cuando Alejandro fundó su primera Alejandría delante de la
isla de Faros, no vería ningún edificio pues partió rápidamente
hacia el oasis de Siwa para luego continuar con su expedición
al Asia Central y la India. La clave de esta fábula es, sin em-
bargo, Ibn al-Qifti. Éste relata que había un cura copto llama-
do Juan el Gramático que presenció la ocupación de Alejandría
por los musulmanes y trabó amistad con Amr Ibn al-’Ãs al-Qu-
raishi (594-663) –el fundador de al-Fustat (origen urbano de El
Cairo)–, a quien solicitó el acceso a los libros de sabiduría que
pudieran encontrarse en el tesoro real de los bizantinos, negán-
dose Amr a disponer de tales libros sin la autorización del califa
Umar Ibn al-Jattãb (591-644), la que solicitó por carta, recibien-
do la respuesta conocida.

Ibn al-Qifti comete una acronía al ubicar a Juan el Gramático a


mediados del siglo VII. Éste, también llamado Juan Filopón (Phi-
loponos), había sido un filósofo y gramático griego cristiano que
vivió entre 490 y 566 y jamás pudo estar con vida en Alejandría
en 641. Dice El-Abbadi: “Más importante es el segundo relato,
mucho más completo, que Ibn Al-Qifti proporciona en su Historia
de los Sabios (en el siglo XIII d. C. o siglo VII de la Hégira)... Amr
ordenó entonces repartir los libros entre los baños de Alejandría
para que fueran utilizados como combustible para la calefacción,
se requirieron seis meses para quemarlos.” “Escuchad y maravil-
laos”, concluye el autor.

Después de Ibn Al-Qifti, otros autores árabes repitieron su rela-


to, a veces entero, a veces de forma abreviada. No fue conocido
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en Europa hasta el siglo XVII, cuando dio pie a una polémica
sobre la autenticidad de todo el relato. Éste ha sido criticado
en numerosas ocasiones, aunque apenas hay dudas de que J. H.
Butler, también arabista, era el historiador más calificado para
formular objeciones [J. H. Butler: The Arab Conquest of Egypt,
Oxford, 1,902; 2ª ed., P. M. Fraser, 1,978, pp. 400 y ss.] ... A partir
del siglo IV los libros solían ir escritos sobre pergamino, que no
arde. El móvil del uso económico, consistente en quemar los li-
bros para calentar los baños públicos, revela el carácter ficticio
de toda la historia” (El-Abbadi: Op. cit., pp. 186-187).

Analicemos hasta qué punto son absurdos los argumentos de


esta leyenda. Se pretende que el número de los baños que fue-
ron calentados por los volúmenes de la biblioteca eran cuatro
mil. Por consiguiente, si se hubieran destruido veinte volúme-
nes solamente por baño y por día, el total luego de seis meses
sería de 14 millones cuatrocientos mil volúmenes. Ahora bien, si
los baños de Oriente tenían piscinas de agua caliente a sesenta
grados, es totalmente imposible que veinte volúmenes puedan
dar el número necesario de calorías; y si tenemos que multipli-
car por cinco, como ejemplo, el número de volúmenes de cada
baño, se pasará al límite del desatino. Tengamos presente que
el número mayor de volúmenes que albergó la biblioteca ale-
jandrina fue de setecientos mil, y es probable que ésa sea inclu-
so una cifra un poco exagerada.

Ahora veamos el resto de la investigación del profesor El-Abba-


di que nos conducirá a una insospechada conclusión: “Primera-
mente, el pasaje relativo a Juan el Gramático esta extraído casi
literalmente de la obra de Ibn Nadim [que vivió en Bagdad entre
936-c.995/998, autor del famoso Kitab al-Fihrist, ‘El Libro de los
índices’]... Es significativo que Al-Nadim hubiera consignado
todos los detalles tomados por Al-Qifti sobre la vida de Juan el
Gramático, incluyendo su relación con Amr; pero no menciona
la conversación sobre la biblioteca... en cuanto al pasaje relati-
vo al divertido intercambio de mensajes entre Amr y el califa,
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y el modo tan utilitario de emplear los libros para calentar los
baños, no se encuentra ninguna fuente más antigua. Esto mues-
tra que, hasta el siglo XII, los escritores árabes y bizantinos se
interesaban por la Biblioteca de Alejandría y su historia, pero
ninguno de ellos tenía constancia de que hubiera sobrevivido
hasta la conquista árabe. Es, por lo tanto, razonable pensar que
sólo el tercer pasaje, el que se refiere a los libros arrojados al
fuego por Amr, es una invención correspondiente al siglo XII
(siglo VII de la Hégira).

Para confirmar esta suposición, hay que aportar dos precisio-


nes. ¿Qué acontecimiento se produjo en el siglo XII que pudiera
suscitar un repentino interés por el destino de la Biblioteca de
Alejandría y que se llevara a responsabilizar a Amr de su des-
trucción? Por otra parte, ¿por qué después de un total silencio
de más de ocho siglos tras la destrucción del Serapeum, Ibn
Al-Qifti se muestra tan deseoso de contar tal historia con todo
lujo de detalles?

Para responder a la primera pregunta, debemos recordar que


los siglos XI y XII (siglos V y VI de la Hégira) fueron una época
decisiva en la historia de las Cruzadas y determinante en la his-
toria del mundo. Es en esos dos siglos cuando se decide el fu-
turo de la historia del mundo... Por entonces ya se sabía que, en
las grandes ciudades del mundo musulmán, había bibliotecas
célebres que reunían gran cantidad de libros y, concretamen-
te, antiguos libros griegos... La traducción del árabe al latín se
convirtió en un elemento clave para el renacimiento del saber,
y muchas obras de los clásicos griegos fueron conocidas indi-
rectamente en Europa gracias a traducciones árabes. Además
de las obras de Euclides, las de Hipócrates y las de Galeno, la
Almagesta de Ptolomeo, las de Aristóteles con los comentarios
de Avicena, las de Averroes y muchas otras fueron sistemática-
mente investigadas y traducidas del árabe al latín en Occidente,
durante los siglos XII y XIII.

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Durante esa época, la situación de los libros y de las bibliote-
cas en el Oriente musulmán fue totalmente diferente. Algunos
incidentes ocurridos en tiempos de las Cruzadas, en los siglos
XI y XII, tuvieron como consecuencia la destrucción de las bi-
bliotecas. El primer hecho de este tipo tuvo lugar durante la
gran hambruna que azotó Egipto hacia 1,070 (460 de la Hégira):
el califa fatimita Al-Mustansir se vio obligado a poner en venta
miles de libros de la Gran Biblioteca Fatimita de El Cairo para
pagar a sus soldados turcos. En cierta ocasión vendió “18,000
libros relacionados con las ciencias antiguas”...

Tras establecer su poder en Egipto, Saladino necesitaba mucho


dinero para proseguir sus campañas contra los cruzados y pagar
a quienes le habían ayudado o servido. Por eso ofreció o puso
en venta muchos de los tesoros que había confiscado. Sabemos
que en dos ocasiones las colecciones de las bibliotecas públi-
cas figuraron entre estos tesoros... Según Maqrizi [historiador
nacido en el Líbano en 1,365 y muerto en Egipto en 1,442, autor
de al-Jitat, ‘El Catastro’], después de que Saladino conquistara
Egipto (1,171, 567 de la Hégira), anunció la distribución y venta
de los enseres de la célebre biblioteca fatimita...

El hecho aparece confirmado por los detalles aportados por


Abu Shama [historiador damasquino que vivió entre 1,203-
1,268, autor de Kitab ar-Raudatein fi ajbar al-daulatein, ‘Libro de
los dos jardines’], quien cita a uno de los ayudantes de Saladino,
Al’Emad, que indicó que la biblioteca contenía en aquella épo-
ca “120.000 volúmenes encuadernados en cuero de los libros
inmortales de la antigüedad...; ocho cargamentos de camello
transportaban parte de estos libros hasta Siria”. Así fue como
Saladino liquidó los restos de una biblioteca que antaño, según
Abu Shama, había contenido más de dos millones de volúme-
nes, antes de que los fatimitas empezaran a venderlos... De todo
esto se deducen dos puntos importantes. En primer lugar, había
un importante aumento de la demanda de libros en Occiden-
te en la época de las Cruzadas, en concreto en el siglo XII, un
18
período en el que Europa recupera el gusto por el saber y que
ha sido llamado protorrenacimiento... El segundo aspecto sor-
prendente es la tristeza que se desprende de los relatos, y que
se traduce en el sentimiento generalizado de rencor y descon-
tento ante la pérdida de tan preciado patrimonio de sabiduría.
Saladino fue punto de mira de amargas críticas, en particular
de algunos supervivientes del antiguo régimen, a los que temía
y que intentó eliminar. En consecuencia, era necesario que los
partidarios del nuevo orden se movilizasen para defenderlo y
justificar los actos del nuevo soberano. Sin duda fue por eso por
lo que Ibn Al-Qifti [su padre había servido a Saladino como juez
en Jerusalén y él mismo fue juez en Alepo desde 1,214] hizo
figurar en su Historia de los Sabios el fantasioso pasaje de la
orden dada por Amr de utilizar los libros de la Antigua Biblio-
teca de Alejandría como combustible para calentar los baños
públicos de la ciudad, con lo que daba a entender que es menor
crimen el vender los libros en una situación de necesidad, que
arrojarlos al fuego” (El-Abbadi: Op. cit., pp. 188-196).

La versión de Abulfaragius

Iuhanna Abu al-Farag Ibn al-Ibri (1,226-1,289), latinizado Abulfa-


ragius Bar Hebraeus (‘el hijo del hebreo’), era hijo de un médico
judío, Aarón de Malatia (hoy Turquía), que se hizo cristiano. En
1264 fue nombrado mafrián, arzobispo de los jacobitas orien-
tales; su asiento estaba en Mosul (Irak), sin embargo, habitaba
las ciudades iraníes de Tabriz y Maragha, donde residían los
emperadores mogoles. Bar Hebraeus es autor de una volumi-
nosa obra de la historia de Siria, país donde residió largo tiem-
po, y otra conocida en Occidente como “Historias de las Nacio-
nes” (History of Nations, traducida por Edward Pococke, Oxford,
1665; 2ª ed. 1,806). Su obra, incongruente y contradictoria, no es
para nada confiable. Los historiadores europeos de los siglos
XVII y XVIII especializados en temas árabes e islámicos como
Gibbon, Ocley, Gagnier, Boulainvilliers o Niebuhr sólo tomaron
en cuenta sus descripciones geográficas y culturales, obviando
19
sus comentarios sobre los hechos políticos, por lo general in-
substanciales e indocumentados.

Los modernos investigadores señalan a este conspicuo repre-


sentante monofisita como el propagador principal del mito de
la quema de la biblioteca alejandrina por los árabes, que sirvió
durante cierto tiempo para echar una columna de humo sobre
la identidad del verdadero responsable, su correligionario Teó-
filo: “El hecho es que se trata de una invención tardía, con fines
de desprestigio político, tejida en el siglo XIII, 600 años más tarde
de la conquista árabe de Egipto y en plenas Cruzadas; su súbita
aparición coincide con la breve conquista de Alejandría y Egipto
por San Luis IX (1,249-50), en la VII Cruzada, lo que despertaría
el interés por la ciudad legendaria y reavivaría la memoria de la
pavorosa destrucción por los cristianos monofisitas de la Biblio-
teca-Hija de Alejandría, la última gran biblioteca de la Antigüe-
dad. El mismo siglo XIII que vio además a los últimos cruzados
abandonar el Medio Oriente, tras el fracaso de la VII Cruzada y
las victorias de Baybars, el sultán mameluco de Egipto, en 1,260.
Quien propagó la leyenda fue un enciclopedista sirio monofisita,
Aboul Farag Ibn al-Ibri, monje de Antioquía, obispo de Lakabin a
los veinte años, más tarde de Alepo y Primado de la comunidad
cristiana oriental hasta su muerte (...) Su acusación aparece in-
serta en su Specimen Historiae Arabum, dentro de su obra más
famosa, Chronicon Syriacum, historia universal desde Adam hasta
su tiempo, escrita en siríaco, con un resumen en árabe. (...) El re-
lato finaliza acusando al general Amru de haber quemado enton-
ces los miles de libros de la famosa Biblioteca de Alejandría por
orden del califa Omar, haciéndole a él y a su pueblo responsable
ante la Historia de semejante hecatombe cultural. Así nació la ver-
sión imposible de la leyenda, a fines del medievo, en el siglo XIII.
(...) Esta singular afirmación de Abulfaragius es un hapax legome-
non, apareciendo una sola vez en todo el medievo. Incluso única
en su género, provocaría la difusión en Occidente de la famosa
leyenda atribuyendo el incendio de la Gran Biblioteca a sus más
encarnizados enemigos de la época, a la religión rival monoteísta
20
que llegaba triunfante del fondo del desierto arábigo. (...) La le-
yenda, sesgada y falsa, ignora completamente la afirmación del
obispo de Constancia y padre de la Iglesia, Epiphanios (315-403),
en su Patrología Graeca, quien afirmaba que “... el lugar de Ale-
jandría donde una vez estuvo la Biblioteca, ahora es un páramo”.
(...) Por tanto, la leyenda es, efectivamente, una fábula inventada,
un engaño imposible que no resiste ni un somero análisis crítico.
Los árabes nunca incendiaron la Gran Biblioteca de Alejandría;
sencillamente porque, cuando llegaron en el siglo VII, ya hacía
cientos de años que no existía” (Pablo de Jevenois: Op. cit, pp. 27,
28, 32 y 41).

En realidad, Abulfaragius no fue nada original y no hizo otra


cosa que repetir las historietas de Abdulatif de Bagdad e Ibn
al-Qifti ya explicadas.

Gustavo Le Bon (1,841-1,931), el islamólogo francés, añade que


“Amru se mostró indulgente con los habitantes de la gran ciudad,
y no sólo les evitó todo acto de violencia sino que procuró ganar-
se su voluntad, escuchando todas sus reclamaciones y procurando
satisfacerlas. En cuanto al pretendido incendio de la biblioteca de
Alejandría, semejante vandalismo eran tan impropio de las cos-
tumbres de los árabes, que cabe preguntarse cómo tan dispara-
tada leyenda ha podido hallar crédito durante tanto tiempo entre
muchos escritores formales (...) Ha sido facilísimo demostrar por
medio de citas muy claras, que muchos antes de los árabes, los
cristianos habían destruido los libros paganos de Alejandría con
el mismo tesón conque habían destruido las estatuas, y por con-
siguiente que Amru no quemó ni halló libros que quemar” (G. Le
Bon: La Civilización de los Arabes, Editorial Arábigo-Argentina
“El Nilo”, Buenos aires, 1,974, capítulo IV, p. 193).

“La leyenda muy bien pudo nacer de la necesidad de explicar la


desaparición de la biblioteca, cuya existencia se conoció más tar-
de en el mundo musulmán cuando se tradujeron las obras de los
grandes filósofos y científicos griegos al árabe” (Hipólito Escolar
21
Sobrino: La Biblioteca de Alejandría, Gredos, Madrid, 2,001, pp.
123-124).

Por último, quisiéramos citar el comentario que hace el doctor


Muhammad Mahir Hamada para refutar los argumentos de la
leyenda: “El hecho de quemar libros y de destruir los vestigios de
las civilizaciones no está en la naturaleza del Islam ni en la de los
musulmanes, puesto que el Islam es una religión que fomenta el
saber y el estudio” (M. M. Hamada: Al-Maktabat fil-Islam ‘Las bi-
bliotecas del Islam’, Al-Risala Publishers, El Cairo, 1,390/1,970,
p. 24, en árabe).

Bibliófilos por tradición

Sabido es entre los hombres de ciencia y erudición que los mu-


sulmanes siempre han mostrado por los libros el mayor de los
respetos y los cuidados. Siempre estuvieron más orgullosos de
sus bibliotecas y librerías que de sus armas, palacios y jardines.
Durante el siglo X, en la Alta Edad Media, cuando los castillos de
los príncipes cristianos tenían bibliotecas de diez volúmenes,
mientras no excedían de treinta a cuarenta las de los monaste-
rios más famosos por su ciencia, como Cluny o Canterbury, la
de los califas de Córdoba alcanzaban los cuatrocientos mil.

“Cuando los árabes, inspirados por las enseñanzas de Mahoma,


salieron del desierto en el siglo VII, no tenían literatura excepto el
Corán. En el curso de trescientos años, las bibliotecas musulma-
nas se extendieron desde España hasta la India por tierras que
habían sido parte de los imperios romano, bizantino y persa. Con-
trariamente a muchos pueblos conquistadores, los árabes tenían
gran respeto por las civilizaciones que conquistaban. Considera-
ban fuente de inspiración el conocimiento de los griegos, los per-
sas y los judíos. Cuando el poeta abasida al-Mutannabi proclamó
que “el asiento más honorable de este mundo es la montura de
un caballo”, agregó que “el mejor compañero siempre será un
libro”. (...) Influenciados por las antiguas tradiciones literarias de
22
Bizancio y Persia, los árabes estudiaron las ciencias filosóficas:
medicina, astronomía, geometría y filosofía. Al principio traducían
trabajos antiguos, pero los musulmanes, que poseían el conoci-
miento sagrado, pronto contribuyeron prolíficamente a la literatu-
ra científica. A través de sus trabajos la Europa cristiana recibió la
inspiración para su Renacimiento” (Fred Lerner: Historias de las
bibliotecas del mundo. Desde la invención de la escritura hasta
la era de la computación, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1,999,
capítulo V, Bibliotecas del mundo islámico, p. 85).

El arabista e islamólogo holandés Reinhart Dozy (1,820-1,883)


en su pormenorizado trabajo sobre la España islámica, nos ofre-
ce estos datos ejemplares sobre el cordobés al-Hakam II (ca-
lifa entre 961 y 976): “Nunca había reinado en España príncipe
tan sabio, y aunque todos sus predecesores habían sido hombres
cultos, aficionados a enriquecer sus bibliotecas, ninguno buscó
con tal ansia libros preciosos y raros. En El Cairo, en Bagdad, en
Damasco y en Alejandría, tenía agentes encargados de copiarle o
de comprarle a cualquier precio libros antiguos y modernos. Su
palacio estaba lleno, era un taller donde no se encontraban más
que copistas, encuadernadores y miniaturistas. Sólo el catálogo
de su biblioteca se componía de cuarenta y cuatro cuadernos, de
veinte hojas, según unos, de cincuenta según otros, y no contenía
más que el título de los libros, no su descripción. Cuentan algunos
escritores que el número de volúmenes subía a cuatrocientos mil.
Y Haquem los había leído todos, y lo que es más, había anotado
la mayor parte (...) Libros compuestos en Persia y en Siria le eran
conocidos, muchas veces antes que nadie los hubiera leído en
Oriente” (R. Dozy: Historia de los Musulmanes de España, Edi-
ciones Turner, Madrid, 1,984, Tomo III, El Califato, V, pp. 97-98).

*La fuente: el autor es historiador, miembro del Instituto Argen-


tino de Cultura Islámica.
http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=News&fi-
le=article&sid=3928

23
24
25
Introducción

Este trabajo se asienta sobre tres circunstancias relacionadas


con Kipling y la masonería:

Rudyard Kipling es una “gloria masónica” al mismo nivel que


Mozart. Su nombre aparece en todas las listas de ilustres maso-
nes. Se trata de uno de sus iconos más alardeados. Su nombre
asociado a masonería es de por sí un escudo de defensa, de in-
discutible probidad, contra los detractores antimasónicos y los
ignorantes del fenómeno, en beneficio “moral” de la Orden.

La historiografía hispanoamericana sobre la masonería carece


de un estudio, tan siquiera en formato de notas, sobre la rela-
ción entre Kipling y la masonería en español 1. Su éxito literario
y su relación masónica interesaron de forma preferente a los
espacios anglosajón y francófono. Sus obras llegaban a España
en francés. A modo ilustrativo, en España, sólo un masón utili-
zó como nombre simbólico el de Kipling 2. Desde las publica-
ciones oficiales de las masonerías españolas sólo el Boletín del
Grande Oriente Español del 10 de septiembre de 1,931 nombró
al escritor británico en una nota sobre su poema masónico más
conocido, Mi logia madre 3. Poema reproducido en la revista ma-
sónica española Latomia al año siguiente 4.

La primera de sus novelas en introducir a la masonería como


argumento literario se revela cuanto menos original, alejado de
la apología, al límite de la burla de los masones y de sí mismo.
Es poco habitual ver a un masón ilustre manejar a la masonería
como estrategia literaria sin caer en elogios. Cuanto más ex-
traño que lo haga en su primera novela, El Hombre que quiso
ser Rey, tan cercana a su iniciación, es decir en un momento de
descubrimiento intenso del Simbolismo 5 y de sus intrínsecos
“secretos”.

26
Imagen 1
Joseph Rudyard Kipling (1865-1936)

Fuente: Revista de escuelas normales 117 (19 6): 53.

Antes de analizar la originalidad de esta novela se presentan,


teniendo en cuenta el objeto de este estudio, unos apuntes bio-
gráficos generales sobre el escritor y unas notas sobre su afilia-
ción masónica y sobre su obra. Notas orientadas a acercarnos a
la relación escritor masón, literatura y masonería de finales del
siglo XIX y principios del XX.
27
Apuntes biográficos

Kipling nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay, en la India


británica. Llevó una de las vidas típicas de un inglés nacido en
dicha colonia. Observador de las abismales diferencias sociales
entre la comunidad procedente de la tierra madre del Imperio
y la colonizada. Vida plácida, hasta que fue enviado a Inglaterra
para seguir su formación colegial, en una escuela militar donde
imperaba la habitual pedagogía basada en la disciplina de hie-
rro británica que, con vistas a la preparación para la vida adulta,
endurecía en exceso la infancia y juventud. Después de 6 años
de calvario, vuelta a la India, vuelta con la familia, vuelta a una
vida placentera, en una tierra de grandes contrastes sociales,
religiosos, espirituales… Curtido en trabajos periodísticos, su
pluma se afiló, maduró, al calor de una familia con alta sensibili-
dad artística que le apoyó y animó en sus primeros escritos que
se leían en el seno del hogar.

En efecto, sus padres no oficiaban como otros muchos británicos


en el entorno militar o comercial sino artístico, probablemente
una particularidad que le ayudó a desarrollar su sensibilidad
por el arte de la escritura. La madre poseía una gran cultura y
el padre llegó a ocupar, entre otros puestos, el de director de
la Escuela de Bellas Artes de Lahore, codeándose con todo un
abanico de personajes de aquella época 6. El éxito de Kipling
como novelista prendió en la India en el círculo de la comu-
nidad británica para saltar luego a Inglaterra, de allí a todo el
espacio anglosajón y al resto del mundo. Se convirtió en las dos
últimas décadas del siglo XIX en el escritor más leído del plane-
ta. Periódicos de todas las tendencias políticas le reconocieron
la excelencia de su obra 7. En vida del autor se tradujeron sus li-
bros a varios idiomas, publicándose en múltiples ediciones. Sus
historias de aventuras, de animales, que mezclan los aspectos
vitales de los colonialistas y de los colonizados, engancharon a
los lectores. Expuso al mundo unas sencillas descripciones de
la naturaleza, situando al humano a la vez como presa y como
28
dominador de su exuberancia. En sus obras más transcenden-
tes, perfiló toda una serie de simbolismos detrás de cada perso-
naje, animal, paisaje y acción, tramas novelísticas que lograron
conectar con el público a nivel mundial. Cuentos que admitían
lecturas para niños y, gracias a su carga simbólica, para adultos.

Tampoco es de extrañar que su postura a favor del Imperio le


ayudase a mantener viva su fama aunque, como cualquier gran
artista, contase con fieles detractores. Se le brindaron en varios
países las condecoraciones más prestigiosas. Universidades de
diferentes continentes le otorgaron cargos honoríficos.

Imagen 2
Distinción “Doctor Honoris Causa” por la universidad de la Sor-
bona, París, 1,921

Fuente: Bibliothèque nationale de France, Agence de presse Meu-


risse. Agence photographique, Réception à la Sorbonne de Rudyard
Kipling et Frazer, écrivains anglais : de gauche à droite, Frazer, Ki-
pling et Appell, recteur à la Sorbonne : [photographie de presse] /
Agence Meurisse (Paris : diff. par l’Agence Meurisse, 1,921 revisado
el 3 de oct. De 2,013: disponible en: http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/
btv1b9053513z.r=Kipling%2C+Rudyard.langES
29
Y en 1,907, recibió el galardón literario más importante, el Pre-
mio Nobel de Literatura, no sin causar polémica por su conocida
postura imperialista alejada del pacifismo que recorría la inte-
lectualidad de los artistas en general 8.

Vivió muy de cerca la segunda guerra de los Bóeres en Sudáfri-


ca y la I Guerra Mundial, convirtiendo su pluma en propagan-
dista oficial e incansable de los intereses bélicos de Inglaterra.
En esta última, murió uno de sus hijos.

Se prodigó, alternando periodos de aislamiento, en todo tipo de


sociabilidad de “club”, en el circuito social de la vida mundana.
Fue un admirador del Ejército de Salvación. Sirve apuntar que
se negó firmar –para entender los límites de sus concepciones
liberales 9–, en los años treinta del siglo XX, el manifiesto a fa-
vor de acoger en Inglaterra al proscrito y entonces perseguido
León Trotsky cuando éste buscaba un país que le diese asilo
político o al menos cobijo.

En su autobiografía cuyo título se ajusta a la realidad del conte-


nido, “Algo de mí mismo” 10, alude en numerosas ocasiones al di-
nero ganado y perdido, preocupado por el valor económico de
las cosas y por ser engañado por capitalistas sin escrúpulos. En
general, su vida transcurrió en el mundo anglosajón (Colonias
británicas, Inglaterra, Estados-Unidos, Canadá, Sudáfrica) con
incursiones en el espacio de influencia gala.

Falleció el 18 de enero de 1,936 a los 70 años dejando una in-


mensa fortuna forjada sobre un destacable legado literario. En
los días posteriores al óbito, la prensa española publicó sem-
blanzas sin alusión alguna a su afiliación masónica. Y de su am-
plia trayectoria como escritor, no solieron citar las obras que
incluyeron de forma nítida a dicha sociabilidad. Más o menos
distantes en referencia a sus conocidas posturas políticas, prác-
ticamente todos los periódicos rindieron homenaje a un escri-
tor valorado como uno de los mejores de su época 11.
30
Era el escritor oficial del imperialismo británico y de sus colo-
nias.

Kipling masón

Se inició el 5 de abril de 1,886 en la logia Esperanza y Perseve-


rancia nº 782 de Lahore (ciudad perteneciente hoy a Pakistán)
con una dispensa especial dado que le quedaban unos meses
para cumplir la edad mínima reglamentaria de 21 años que per-
mitía ingresar en masonería12. Años más tarde, Kipling se refirió
en varios escritos a su iniciación y en general a su primera logia.

Kipling en contacto con la teoría masónica descubrió un espacio


de sociabilidad, diferente a otros “clubs” y a sus vivencias for-
mativas. El contexto colonial, con sus flagrantes desigualdades,
el contexto académico británico, con sus verdades absolutas y
su intolerancia a la libertad de expresión y de crítica contras-
taban con el contexto de la logia donde al menos en teoría sus
integrantes se veían en pie de igualdad, respaldados por una
amplia libertad de expresión guiada al ritmo de las normas de
los rituales. Estas circunstancias fascinaron a nuestro autor que
lo rubricó a través del género poético. A Kipling le encandiló
que se celebrase el Rito con “musulmanes, judíos, católicos, hin-
dúes, blancos, negros y mulatos”, sociabilidad original, amable y
tolerante según lo experimentado hasta el momento 13.

Se afilio en diferentes logias y participo en la fundación de otras


según los avatares de sus viajes y estancias por los diferentes
continentes. En su primer año como afiliado, su ascensión en
grados fue galopante, alcanzando en poco más de seis meses el
tercer grado que le permitió ocupar el puesto de Secretario de
la logia. Su vida masónica fue activa los primeros años. Ya en el
siglo XX, su ritmo de vida le apartó de la asistencia regular en
logia.

En 1,888, año de publicación del relato objeto de estudio, se


31
trasladó a vivir a Allahabad (India), conocida entonces como la
Oxford del Este, afiliándose a la logia Independencia con Filan-
tropía nº 391. A lo largo de su vida, varias logias le nombraron
miembro de honor o le condecoraron con honores particulares
según la identidad profesional de la logia (sólo artistas) o temá-
tica (de investigación). Su fama compensaba el incumplimiento
de ciertas condiciones de entrada en diferentes tipos de socia-
bilidad. Por ejemplo, cuando en 1909 fue aceptado en la Socie-
dad Rosacruz de Anglia (Inglaterra), sin ser en aquel momento
miembro activo de la Gran Logia Unida de Inglaterra, condición
sine qua non 14.

Era un escritor muy famoso.

La masonería en sus obras

Quien tiene las llaves, al menos principales, sobre la com-


prensión simbólica de las referencias masónicas implícitas, en
cualquier relato, es el propio autor. A veces, los autores anexan
explicaciones en entrevistas, conferencias o artículos posterio-
res a la publicación para aclarar y despejar las dudas o las in-
terpretaciones de los lectores. Las demás llaves las poseen los
críticos de la literatura, historiadores, psicólogos, periodistas,
sociólogos, etc. que analizan al propio autor, producto de múl-
tiples factores, entre otros, sociales, económicos, políticos, on-
tológicos y religiosos. Por ejemplo, para el historiador Alberto
Valín, Kipling reflejó en sus obras el “místico ideario masónico:
la proclamación universal de la hermandad humana, anteponién-
dola siempre a cualquier cosa” 15.

La masonería ofreció a Kipling lo que su formación colegial le


impidió a base de represión moral y física. Como veremos más
adelante, Kipling no empleó en sus obras a la masonería ni a los
masones de forma uniforme hacia una poca original apología.
Salvo en poemas. Plasmó su sinceridad masónica a través del
arte poético. Eligió este género para expresar su admiración
32
hacia la Orden. Entendiendo que la poesía y la novela no tolera-
ban por igual todas las expresiones de la creatividad, destacan-
do a la primera como la más intolerante por ser el escenario de
la sinceridad, sin lugar para el humor.

Sellaría para orgullo de los masones un poema, Mi logia madre,


que en su momento y todavía hoy emociona a sus correligiona-
rios 16. Cuando Kipling escribía en versos era sobre todo para
elogiar lo que más le llamó la atención: el aceptar a individuos
con diferentes religiones, nacionalidades, profesiones, ideas
políticas y riquezas en un mismo lugar, en la logia. Es decir, un
nivel de tolerancia inalcanzado, fuera del Templo, en la socie-
dad civil. Y así lo describió en su famoso poema y en otros 17.
No obstante, en uno de los estudios más completos sobre la re-
lación de este escritor y la masonería, producido desde dentro
de la propia organización, desde la célebre logia de investiga-
ción Quatuor Coronati de la Gran Logia Unida de Inglaterra, se
desmiente que, en base a los nombres de los afiliados de su
primera logia, existiera la mezcolanza descrita por Kipling. Des-
cripción que según el autor del estudio resultó de “un fallo de la
memoria o de una fértil imaginación” 18.

Su fama, contemporánea a su época, sobrevivió hasta nuestros


días sobre todo gracias a su best-seller El libro de la selva19.
Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX, Kim, otra obra
maestra del escritor, competía de igual a igual entre los críticos
literarios para saber si era “mejor” que El libro de la selva. La
adaptación cinematográfica hecha por Walt Disney de las aven-
turas de Mowgli dinamizó su fama a nivel internacional y ante
un público muy amplio, dejando a Kim, que también tuvo su ver-
sión de celuloide, por detrás.

En Kim, las referencias masónicas son nítidas, empezando por


su protagonista, un joven huérfano hijo de masón. Esta obra
pesó lo suficiente para que la balanza del Premio Nobel de Li-
teratura se decantara por Kipling. Empero, es común encontrar
33
en la producción publicista masónica que El libro de la selva
fuese “obviamente” un relato masónico, en el que se distinguiría
la descripción de una experiencia iniciática, sólo perceptible
por quienes gozaron de la iniciación masónica. En este senti-
do, Mowgli experimenta un aprendizaje en varias etapas hasta
convertirse a su vez en responsable y aleccionador. ¿Una ale-
goría del recorrido de los grados masónicos? El debate sobre
educación y pedagogía era en la mayoría de las naciones de
aquella época una constante de la batalla política. ¿Participa-
ción original a ese debate? Esta interpretación que caracteriza
de manera rotunda este cuento de masónico carece de sólidos
argumentos. La masonería y los masones no son propietarios
de ciertos valores, sino que los comparten con otros tipos de
asociaciones e individuos y viceversa. ¿No habría algunas esce-
nas con “valores” anarquistas, comunistas, sólo perceptibles por
anarquistas o comunistas?

En los trabajos de origen masónico, se detectó ciertas diferen-


cias de trato entre si el autor era británico o de otra nacionali-
dad, sobre todo francesa. Los británicos no solieron ni suelen
relacionar dicho cuento como obra con referencias hiramistas.
En cambio, los demás autores masones lo destacan en sus escri-
tos sobre Kipling 20. Asimismo, los británicos dejaron claro que
la vida masónica de Kipling fue muy activa en sus primeros años
y apartada de la vida cotidiana de la logia en los siguientes,
aunque conservando y alimentando su admiración sin fisuras
hacia la Orden. Admiración comprobable con la relación de las
numerosas referencias masónicas que empleó en más de cua-
renta textos, sobre todo en la publicada en prosa 21. La maso-
nería o los masones aparecieron en sus escritos prácticamente
todos los años durante más de veinte años, reduciéndose su alu-
sión a partir de la I Guerra Mundial.

Era un fiel admirador de la Orden.

El hombre que quiso ser Rey 22


34
Imagen 3
Última edición española del relato

Fuente: Autor.

Esta primera obra de alcance internacional la protagonizan dos


masones, oficiando en algunas escenas como tales. Referencias
puntuales las hubo anteriormente en otros cortos relatos pero
sin llegar a este nivel. Esta primera novela de Kipling, siendo
masón activo, no siempre se cita como obra que use el tema ma-
sónico. Sin embargo, no ofrece ninguna duda.

De este corto relato se realizó una exitosa versión cinematográ-


fica en 1,975 de manos del realizador Jhon Huston con Sean
Connery y Michael Caine como protagonistas principales. Pe-
licula que fue difundida en España en los últimos días del fran-
quismo, enseñando masones a un público formado en la antima-
sonería más agresiva 23 ¿Falló la censura? Por supuesto que no.
La novela como se verá a continuación, y la película asocián los
masones a violentos estafadores utópicos.

El trato del tema masónico difiere del libro pero aparece des-
de los primeros compases, incluso añadiendo la pregunta sobre
¿Qué es la masonería?, que recibe respuesta por el personaje
(el periodista) que hace del mismísimo Kipling.
35
Imagen 4
Escenas con simbología masónica

36
Fuente: Fotogramas de la película de John Huston

37
La historia transcurre en una región limítrofe junto a la India bri-
tánica y reúne los ingredientes frescos de la vida personal de
Kipling (India-Afganistán, colonialismo, paternalismo, periodis-
mo, iniciación masónica, aventuras extravagantes, utopía impe-
rialista) en conjunción con su calidad creativa.

Un periodista es el testigo del deseo de dos hombres británi-


cos masones, de pretender conquistar-colonizar un terreno
ocupado por tribus alejadas supuestamente de la civilización
más moderna 24. Premisa que permitiría conquistar el terreno y
esclavizar a esa población utilizando mejores armas que las de
los autóctonos con el fin de obtener una enorme riqueza. Es un
resumen del procedimiento “habitual” de una colonización. Tra-
ma principal que le permitió a Kipling el desarrollar esta corta
novela de aventura que publicaría en 1,888. Año que dentro de
la historia de la masonería se enmarca en un contexto de inter-
cambio internacional incesante de acusaciones antimasónicas y
defensas de la Institución. La Bula papal de León XIII, Humanum
Genus, difundida en 1,884, avivó al extremo, hasta finales de si-
glo, la batalla dialéctica entre los sectores católico, apostólico y
romano y el masónico. Durante los cuatro años que distan entre
la bula pontificia y la publicación de la novela, un impostor, Leo
Taxil, se entrometió en los circuitos socioculturales masónicos y
católicos con varias exitosas publicaciones antimasónicas que,
entre otros hechos, promovieron el odio a los masones y la igno-
rancia sobre el fenómeno. No obstante, esta batalla, muy conoci-
da de todos los que se dedicaron a profesiones liberales y artís-
ticas en aquella época, sensibilizó mucho más a las masonerías
latinas que a la de origen anglosajón. A este contexto, que se
apoyó sobre la exacerbada imaginación antimasónica de Leo
Taxil, pareció ajeno Kipling. ¿O no? Esta impermeabilidad al
gran impostor de la época pudiera explicarse por su pertenen-
cia a la Gran Logia Unida de Inglaterra, cuerpo masónico algo
menos implicado en esa vorágine publicista que las masonerías
galas e iberoamericanas, más sensibles a las calumnias proce-
dentes y financiadas por la Curia Romana.
38
Así contamos en esta obra, con dos masones que desean apo-
derarse de un territorio sometiendo a unas poblaciones por
medio de la violencia y del engaño para convertirse en reyes.
El territorio, entre las montañas de Kafiristán, se sitúa hoy en
Afganistán. Se sabe de ese extravagante deseo, no lejano a ex-
periencias e intercambios de ideas reales presenciados por Ki-
pling como redactor y oficioso editor de periódicos ingleses
en la India 25, gracias a que estos dos aventureros revelasen su
propósito a un periodista que hace de enlace entre ellos y el
lector. Y lo lograron. Conquistaron, colonizaron y uno de ellos
se convirtió en Rey de Kafiristán, con el susodicho problema
de tener que mantenerse como autoridad, negociando con los
diferentes líderes indígenas. El relato en sí lo cuenta al perio-
dista el que oficialmente no llegó a ser el Rey, una vez acabada
la aventura colonialista que terminó de forma dramática con el
asesinato del monarca.

La “masonería” entra en escena, muy avanzada la historia, cuan-


do uno de los dos hombres comenta al otro (Rey) que uno de
sus mejores ayudantes en su empresa imperialista, reclutado
en esa tierra, era también masón. Para asombro del Rey que lo
comprobó realizando el “Apretón de Hermano de la Orden”26.
Le informa que los hombres más ilustrados de esas poblaciones
son todos masones aunque desconocían la exaltación al tercer
grado. Entonces, el Rey idea constituir, como complemento para
reforzar su autoridad, una “logia de Tercer Grado” para ascen-
der a todos ellos, proclamándose él mismo Gran Maestro de la
Orden. Su compañero de aventura le recuerda que no puede
formar logia sin autorización oficial porque “va contra todas las
leyes”. El Rey vio la ocasión de reafirmar su autoridad ante los
desconfiados líderes locales. Decide que al día siguiente se ofi-
ciara una tenida 27 de inauguración de logia y que las mujeres
fabricasen los mandiles durante la noche. La ceremonia se plan-
teó para asentar aún más su autoridad y así fue. Describe inclu-
so cómo diseñaron la logia.

39
Al día siguiente, en una nueva tenida, el Rey se proclama “Gran
Maestro de la Francmasonería de Kafiristán” y al mismo tiempo
Rey de todo ese territorio. Más adelante, pensó en escribir a la
Gran Logia Unida de Inglaterra para solicitar una “dispensa” y
contarles lo que hizo como Gran Maestro. En el relato, Kipling
siembra la duda sobre si los dos aventureros eran realmente
masones o simples conocedores de la Orden o iniciados con
escasa participación en tenidas o pobres de graduación: “Tú
sabes que nunca hemos oficiado en ninguna logia (pág. 27); En-
tonces deseé haberles explicado desde el principio que desco-
nocíamos los genuinos secretos de un Maestro Masón; pero no
dije nada (pág. 34)”.

La decadencia llega cuando al Rey, asimilado por los autóctonos


a un Dios, se le antojó contraer matrimonio. Deseo que además
de ser mal visto por los indígenas, rompía el acuerdo firmado
con su compañero de aventuras que les obligaba a no mirar a
mujeres 28. Su insistencia para conseguir que se le entregase a
la mujer que deseaba precipitó su fin. La ira de las poblacio-
nes sometidas se desató al descubrir la superchería de los dos
aventureros por el mordisco de la mujer que ensangrentó al
Rey. Sangre que probaba que era un humano y no un Dios. En
consecuencia, matan al Rey, y sólo le quedó fuerzas a su compa-
ñero de aventura, para huir y llegar a donde el periódico para
contar toda la historia. A los pocos días, moriría en un asilo de
fatiga e insolación.

Así pues, Rudyard Kipling, joven escritor y joven masón, en su


primera exitosa novela, “mata” a dos masones colonialistas que
pretendían ser reyes de poblaciones sometidas por los métodos
apropiados. Uso original del tema masónico, para un escritor
afiliado, en una época de grandes tensiones publicistas entre
partidarios de los fantasmas creados por Taxil y el Papa y los
defensores de esta Hermandad.

Era una novela.


40
Conclusión

Conclusiones de diferentes índoles sobresalen de este acerca-


miento no exhaustivo a Kipling y a su primera novela.

A buen seguro, la valoración como “gloria masónica” de Kipling


–al margen del lado artístico– necesita una revisión. Dista en
muchos aspectos de ser un ejemplo del espíritu masónico aso-
ciado a pacifismo y asiduidad a las sesiones de logia: el ideoló-
gico (Imperialista, liberalismo conservador contrario al libera-
lismo en teoría más propenso al pacifismo), el político (liberal
Tory, que no implica que no criticase sin tabúes al gobierno y a
las costumbres inglesas) o el propio masónico con su disconti-
nua participación a sesiones de logia.

En general, los masones lo destacaron, sin que se encuentren


referencias explícitas a la masonería, como el autor de El libro
de la selva, cuando no escatimó en insertarlas en otros muchos
relatos menos aireados. La fama individual se utiliza para nutrir
la fama colectiva, indistintamente si procede de la faceta “pro-
fana” o masónica. Aquí incluso, se pretende explicar la produc-
ción de este exitoso libro por haber sido iniciado en la Orden.

La masonería le inspiró, eso lo dejó nítido a lo largo de toda su


obra. Sin embargo, no cabe generalizar su producción artística
unilateralmente como consecuencia de su afiliación hiramista.
No fue el primero en utilizar cuentos de aventura con la natu-
raleza salvaje y su contacto con la civilización como escenario
principal para un relato de profunda reflexión, como él mismo
lo revela en su autobiografía. Su ingreso en la masonería no ex-
plica su obra de por sí aunque sin lugar a duda fue importante.
Su rico contexto familiar, formativo, geopolítico e histórico junto
con su talento fueron las principales fuentes de su inspiración.

¿Por qué calificar de “sorprendente” su primera novela?

41
En El Hombre que quiso ser Rey, Kipling se ríe, se burla de los
masones, de sí mismo, capacidad que en general no prolife-
ra en los ambientes de la alta sociedad y cuanto menos en el
masónico. Transformó la libertad de expresión en libertad de
visión, probablemente el súmmum de todas las libertades, sin
mayores pretensiones que la de crear una divertida novela que
a la vez recogiera parte de los diferentes contextos personales
experimentados hasta el momento. Si no fuera por ser él mismo
masón y famosa su admiración por la masonería, cualquiera po-
dría llegar a pensar que fue escrito con intenciones antimasóni-
cas. En efecto, mostró en aquel momento ser diferente a la casi
asfixiante obsesión por parte de los masones de defenderse y
justificarse frente a las calumnias vertidas por sus detractores
ultramontanos. En el extracto donde aparece el elemento masó-
nico, el escritor lo transforma en una parodia, ejercicio rarísimo
no sólo en la Orden sino en el seno de cualquier otra asociación.
Parte que no fue retenida para la versión cinematográfica.

Bebedores, mujeriegos, charlatanes, violentos, codiciosos, unas


características de la que, hipócritamente, quiere huir cualquier
asociación y cuanto más la masonería. Sorprende pues que una
de las principales “glorias masónicas”, admirador sin falla de la
Orden, escribiera un relato en el que sus protagonistas maso-
nes no correspondiesen al perfil conceptual difundido por las
propias obediencias: pacifismo, tolerancia, igualdad, sinceri-
dad, universalidad, filantropía, etc. Pero sólo era una novela de
entretenimiento para los ingleses de la India colonial, sin más.

Desde el punto de vista general, en cuanto al estudio sobre la


comprensión del fenómeno masónico, la relación Kipling-ma-
sonería deja entrever una de las tantas respuestas que existen
sobre la motivación que empujaba a un individuo a iniciarse en
ese espacio de sociabilidad al final del siglo XIX y primera par-
te del XX. En los contextos personales similares al de Kipling
fue un acto de revancha oxigenada contra infancias donde la
educación colegial, traumática, se había desarrollado bajo el
42
autoritarismo castrense y religioso, con maestros abnegados a
la Verdad Absoluta de su Dios, sin lugar para la libre creatividad
y el intercambio de pensamiento crítico. La logia era para las ca-
pas de la sociedad burguesa dispuestas a convivir con algunas
costumbres y diferencias de los demás, sino todo lo contrario,
un oasis de “tolerancia” y “libertad” 29. Esta sociabilidad ofreció
en ese círculo burgués la alternativa más social y conciliadora.

A nivel personal, Kipling evidenció en sus poemas estar orgu-


lloso de ser masón y aunque su “carrera” masónica distó de ser
convencional, su estima hacia ella no desfallecería desde el mo-
mento de su iniciación hasta su muerte.

Fuentes

• Caras y Caretas, 21 de marzo de 1936, 50.


• El Heraldo de Madrid, 18 de enero de 1936, 16; 23 de enero de
1936, 14.
• El Noroeste, 17 de enero de 1936, 3.
• El Paso Daily Herald, 17 de febrero de 1900, 11.
• El Sol, 12 de enero de 1936, 5-6; 19 de enero de 1936, 2; 16 de fe-
brero de 1936, 5.
• L’Humanité, 12 de diciembre de 1907, 15 de enero de 1936. La
Unión Católica, 30 de julio de 1892 y 1 de agosto de 1896. La Voz,
18 de enero de 1936, 2.
• Marietta Daily Leader, 15 de noviembre de 1900, 8. Revista de Es-
cuelas Normales, nº117, febrero 1936, 53-56. Revue de París, mars-
avril 1899, Tomo II, 34-74 y 621-653. Rock Island Argus, 22 de no-
viembre de 1899, 2.
• St Paul Daily Globe, 17 de junio de 1892, 8.
• The Watchman and Southron, 12 de abril de 1899, 8.

Bibliografía

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tuor Coronati Lodge 77 (1964): 213-253.
• De Donatis, Walter. “Kipling e la Massoneria”. En: Massoneria
Oggi III, no. 6 (1996).
43
• Dictionnaire illustré de la Franc-maçonnerie. Paris : Editions de
Lodi, 2004.
• Ferrer Benimeli, José Antonio y Susana Cuartero Escobes. Biblio-
grafía de la masonería.
• Madrid: FUE, 2004.
• Ferrer Benimeli, José Antonio y Susana Cuartero Escobes. “José
Rizal y la masonería en el centenario de su fusilamiento (1896-
1996)”. En: La Masonería española y la crisis colonial del 98. Coor-
dinado por José Antonio Ferrer Benimeli. Zaragoza: CEHME, 1999.
• Heras, Agustín de las. “Las sociedades secretas en los Simpsons”.
En: La Masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI.
Coordinado por José Antonio Ferrer Benimeli. Zaragoza: CEHME,
2004.
• Jaffa, Richard. Man and Mason-Rudyard Kipling. Reino Unido: Au-
thorhouse, 2011.
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En: Masonería española y América. Coordinado por José Antonio
Ferrer Benimeli. Zaragoza: CEHME, 1993.
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• Kipling, Rudyard. El Hombre que pudo reinar. Gijón: Sociedad de
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pling, Rudyard. Kim. Barcelona: Vicens Vives, 2012.
• Kipling, Rudyard. Mi Logia madre. Madrid: revista Latomia, 1932.
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co/rudyard.html Ligou, Daniel. Dictionnaire de la Franc-maçonne-
rie. Paris : PUF, 2006.
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• Qui sont les francs-maçons? Paris : Amarande, 1993.
• Saunier, Éric. Encyclopédie de la Franc-maçonnerie. Paris : Le li-
vre de poche, 2000.
• Serna Galindo, Ricardo. “Estudios literarios al socaire de la inves-
tigación masónica”. En: La Masonería española en el 2000. Una
revisión histórica. Coordinado por José Antonio Ferrer Benimeli.
Zaragoza: CEHME, 2001.
• Valín, Alberto. “La masonería como vehículo propagador del li-
beralismo político. El caso gallego”. En: Masonería, revolución y
reacción. Coordinado por José Antonio Ferrer Benimeli. Alicante:
Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert, 1990.
44
Anexo 1

Relación cronológica de los escritos de Kipling con referencias a la


masonería 30

1887: Letters of Marque.


1888: The Man Who Would Be King; The Route of the White Hussars; To
Be Filed for Reference.
1889: From Sea to Sea.
1890: With the Main Guard; The Enlightements of Pagett; On the City
Wall; The Sending of Dana.
1891: My New-Cut Ashlar. 1892: The Widow at Windsor. 1893: A Matter
of Fact.
1896: The Mother Lodge; If; The Native Born; The Song of the Dead;
The Merchantmen.
1897: Captain Courageous.
1898: 007.
1899: The Flag of their Country. 1900: Among the Railway Folk. 1901:
Kim.
1902: The Butterfly that Stamped.
1903: The Palace; The Feet of the Young Men.
1904: The Captive.
1906: The Winged Hats; The Treasure and the Law.
1907: Letters of Travel; Imperial Relations.
1908: Jubal and the Tubal Cain.
1910: A Truthful Song; The Thousandth Man; The Wrong Thing; Brother
Square Toes.
1913: Letters of Travel.
1917: The Dog Hervey; The Press.
1923: The Bold Prentice.
1926: In the Interest of the Brethren; A Madonna of Trenches; Banquet
Night; A Friend of the Family; The Janeites.
1932: Fairy List; The Tender Achilles.
1937: Something of Myself.

NOTAS.

1 No pasa generalmente de una relación de sus obras en las que el


tema masónico aparece de alguna forma.

45
2 Marcelo Saadia Hamu, comerciante, miembro de la logia Morayta
nº284 de Tánger. Dato facilitado por la historiadora Susana Cuartero
Escobes.
3 Publicado originalmente en 1896.
4 (Madrid, 1932), Vol. I, 99-101.
5 Término que engloba los aprendizajes que se adquieren siguiendo
las etapas marcadas por los rituales.
6 Apunta por ejemplo en sus memorias que su padre trató a la ma-
dre de la teosofía, Madame Blavatsky, considerada por su progenitor
como una “interesante gran impostora”.
7 En España, por ejemplo, fue descrito como autor de talento incluso
en la prensa católica. Ver: La Unión Católica (30 de julio de 1892): 3 y
(1 de agosto de 1896): 1. En Francia, L’Humanité, el periódico socia-
lista y más adelante (1920) comunista, siguió su trayectoria artística e
informaba de sus vivencias y desavenencias.
8 L’Humanité 1334 (12 de diciembre de 1907): 1
9 Incluso se llega a describirlo como “antiliberal” en la enciclopedia
coordinada por Éric Saunier, Encyclopédie de la Franc-maçonnerie
(Paris: Le livre de poche, Paris, 2000), 467.
10 Subrayado por mí. Es una parte de su vida novelada. Con descrip-
ciones escogidas para no “revelar” demasiado.
11 El Sol 5738 (12 de enero de 1936): 5-6. El Sol 5744 (19 de enero de
1936): 2. El Sol 5768 (16 de febrero de 1936): 5. La voz 4688 (18 de ene-
ro de 1936): 2. El Noroeste 13325 (17 de enero de 1936): 3. Revista de
Escuelas Normales 117 (febrero 1936): 53-56. El Heraldo de Madrid
15562 (18 de enero de 1936): 16. El Heraldo de Madrid 15566 (23 de
enero de 1936): 14.
12 Los archivos de la biblioteca masónica de Lahore fueron quemados
por extremistas religiosos en 1960.
13 Esta tolerancia es muy matizable según la masonería o logia de la
que se trate, aunque dicha práctica responda a la teoría.
14 Harry Carr, “Kipling and the Craft”, en: Transactions of the Quatuor
Coronati Lodge 77 (1964): 231.
15 Alberto Valín, “La masonería como vehículo propagador del libe-
ralismo político. El caso gallego”, en: Masonería, revolución y reac-
ción, coord. José Antonio Ferrer Benimeli (Alicante: Instituto de Cultu-
ra “Juan Gil-Albert, 1990), Tomo I, 184.
16 Ferrer Benimeli y Susana Cuartero Escobes sitúan este poema
como el equivalente al escrito por José Rizal, Últimos adiós, antes de
ser fusilado. “José Rizal y la masonería en el centenario de su fusila-
46
miento (1896- 1996)”, en: La Masonería española y la crisis colonial
del 98, coord. Ferrer Benimeli (Zaragoza: CEHME, 1999), Tomo I, 325.
17 Muy destacable es el titulado Si.
18 [The results of faulty memory or the creatures of a fertile imagina-
tion]. Carr, “Kipling and the Craft”, 221.
19 Se publicó en español con el título de “El libro de las tierras vírge-
nes”. En España, había llegado anteriormente en su versión francesa.
20 Un ejemplo galo : Daniel Ligou, Dictionnaire de la Franc-maçonne-
rie (Paris : PUF, 2006), 666-667.
21 Ver en Anexo I la relación de las obras en las que Kipling mencionó
a la masonería.
22 La editorial Sociedad de Aventuras Literarias de Gijón (España)
publicó en 2013 una magnífica, creativa y cuidada edición de este
libro. Vendido en un sobre en cuyo interior se insertó un recorte de
periódico con un mapa de Kafiristán, diálogos del texto y diversas
notas informando sobre algunos aspectos masónicos. Luego con un
código se puede leer el texto íntegro titulado El hombre que pudo
reinar, descargándolo desde Internet (www.aventurasliterarias.com).
23 Ciertas réplicas le recordaron al historiador Agustín de las Heras
algunas aparecidas en el capítulo que dedicó Los Simpsons a las so-
ciedades secretas. “Las sociedades secretas en los Simpsons”, en: La
Masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, coord. Ferrer
Benimeli, (Zaragoza: CEHME, 2004), Tomo I, 681.
24 En la película se le puso al periodista directamente el nombre de
Rudyard Kipling.
25 Rudyard Kipling, Algo de mí mismo, librodot.com, sin año.
26 Rudyard Kipling, Algo de mí mismo, 27.
27 Sesión de reunión entre masones.
28 Antes de lanzarse en esa aventura, habían firmado los dos aventu-
reros con el periodista por testigo que “no miraremos a ningún licor,
ni ninguna mujer negra, blanca o morena, así no nos mezclaremos
perjudicialmente con uno o la otra” (pág. 16).
29 Los estudios historiográficos matizan los límites de estos concep-
tos.
30 Extraído del estudio de Henry Carr citado anteriormente.

47
LIBROS DE
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48
LA VERDADERA CARA DE LA MASONERIA
POLACA
Mikolaj Glinski
49
El conocimiento promedio de los polacos sobre la masonería se
basa principalmente en el mito. En Polonia, el movimiento sigue
siendo considerado como una organización secreta que gobier-
na el mundo, mientras que fue gracias a los francmasones que
se produjeron algunos de los mayores logros de nuestro país, a
partir de las reformas del Sejm de cuatro años y la Constitución
del 3er. Mayo, a través de la tradición de liberum conspiro.

Mientras que en Polonia, el movimiento estaba algo sataniza-


do y rodeado del aire de un secreto inquietante, en Occidente,
la masonería era mucho más parte de la vida pública desde el
principio. Por lo tanto, los países al oeste de Polonia eran mucho
más conscientes de la influencia positiva y el impacto que el
movimiento tuvo en la historia mundial. Le debemos numero-
sas obras e instituciones grandiosas al pensamiento masónico,
como la Encyclopaedia Britannica y la Gran enciclopedia fran-
cesa, así como la idea de museos públicos y bibliotecas. Tam-
bién es esta línea de pensamiento la que dio origen a la idea
del respeto por la naturaleza, así como un concepto del jardín
como entorno natural del hombre y un nuevo concepto de edu-
cación. ¿Y qué hay de Polonia?

La exhibición en el Museo Nacional titulada “Masonería Pro


Público bono” revela la verdadera cara del movimiento franc-
mason, con su batalla por la igualdad y la fraternidad entre los
humanos y los ideales de progreso y sabiduría. Al mismo tiem-
po, representa el importante papel que jugó la masonería en la
cultura polaca, sin la cual este último parece mucho más pobre,
a veces misterioso, pero también propenso a la apropiación.

¿Qué le debemos a los masones en Polonia? En otras palabras,


¿cuáles eran los lazos de figuras tan destacadas como Stanislaw
August Poniatowski (el último rey de Polonia), Adam Mickiewicz
y Janusz Korczak con el movimiento? Estas son algunas de las
relaciones menos obvias entre la Francmasonería y nuestra cul-
tura nacional, con sus extraordinarios logros.
50
Arquitectura - “geometría en el trabajo”

El simbolismo basado en la arquitectura y la construcción sentó


las bases de toda la iconografía masónica. La paleta, el bisel,
la brújula y el Santuario de Salomón se encuentran entre los
símbolos más reconocidos de la Francmasonería y se refieren a
sus raíces: los gremios de constructores medievales (arquitec-
tos, albañiles, escultores). La leyenda de la masonería aparece
ya en 1723, en The Constitutions of the Free-Masons de James
Anderson. En él, el movimiento está asociado con el arte de la
arquitectura y, en una perspectiva más amplia, con el arte li-
beral de la geometría. Esta es la razón por la cual los tratados
de la Francmasonería (los de Palladio y Vitruvio) sirvieron no
solo como base y fuente de inspiración para el trabajo de los
arquitectos, sino que también se convirtieron en un objeto de
contemplación para los francmasones. Algunas logias también
estaban equipadas con copias de ellas.

Clasicismo de los francmasones polacos

El culto a la razón y la admiración de los francmasones por las


leyes de la geometría encontró su expresión, así como su cum-
plimiento, en la arquitectura italiana del Renacimiento tardío,
con las obras de Andrea Palladio (1,508-1,580). Los francmaso-
nes ingleses jugaron un papel importante en la popularización
de su culto. Fue gracias a los miembros de la Gran Logia de Lon-
dres que el estilo de Palladio se hizo dominante en Inglaterra, y
luego también en los Estados Unidos.

Los propagadores polacos del estilo eran arquitectos conecta-


dos con el rey Stanislaw August Poniatowski, y entre ellos el más
notablemente Dominik Merlini. Sus diseños para la Casa Blanca
y el Palacio sobre el Agua en el Parque Lazienki, así como el pa-
bellón Królikarnia, fueron alusiones directas a la Villa Rotonda
de Palladio, que se levantó en 1,582.

51
Szymon Bogumil Zug, un proyecto de la Iglesia Evangelista-Augsbur-
go en Varsovia, 1,777 una parte de la colección MNW

Los arquitectos masónicos que formaron la corriente clasicista


polaca del siglo XVIII fueron Szymon Bogumil Zug (responsable
de la Iglesia Evangélica de Augsburgo en Varsovia), el arquitec-
to de la catedral de Vilna Wawrzyniec Gucewicz y Jakub Kubic-
ki, autor del proyecto del Santuario de la Más Alta Providencia
en Varsovia. Marcello Bacciarelli, Antoni Smuglewicz y Zygmunt
Vogel, pintores y grabadores, también formaron parte del mo-
vimiento.

Lazienki masónica.

Membership La participación del rey Stanislaw August Ponia-


towski en los francmasones encontró expresión en la construc-

52
ción del Royalazienki Royal Park. El primer tratado polaco sobre
parques de estilo inglés fue escrito debido a la adaptación del
terreno en comisión para el monarca. Fue escrito por Fryderyk
August Moszynski, un francmasón, alquimista y asesor del rey.
Su trabajo está saturado con referencias al simbolismo y la ideo-
logía masónicos, pero la construcción real del sitio no se realizó
exactamente de acuerdo con su consejo.

Zygmunt Vogel, “Una vista de Lazienki desde el lado sur”, 1,795, apar-
te de la colección de MNW

El edificio que ahora se considera el más masónico es la Casa


Blanca diseñada por Dominik Merlini. Su famoso Dining Room,
con su pintura decorativa de Jan Bogumil Plersch, también se
llenó con los símbolos del movimiento. Desde la figura de Venus
Anadyomene –interpretada como Isis egipcia– a través de ele-
mentos pintados como una colmena (que simboliza el trabajo
de un Masón sobre sí mismo) hasta las estrellas de cinco puntas
que rodean a la diosa Ceres. Tales símbolos también estuvie-
ron presentes en las decoraciones del Santuario de Salomón,
53
diseñado por Marcello Bacciarelli para el Palacio sobre el Agua.
Desafortunadamente, estas pinturas fueron destruidas por los
alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Dobrzyca

El palacio en Dobrzyca es un lugar especial para masones.


Creado por un miembro, August Gorzenski, un general y ayu-
dante del rey Stanislaw August Poniatowski, así como un dipu-
tado del Sejm de cuatro años, el palacio también está rodeado
por un diseño urbano y de parque, así como un diseño interior
especial. El edificio en sí fue construido en el plano de la letra L
(que evoca la paleta masónica) en la parte superior de un por-
tón toscano de cuatro columnas con la cita latina de Horatio, “Ille
terrarum mihi praeter omnes angulus ridet” (que significa, este
lugar en la tierra es más querido para mí que cualquier cosa),
mientras que el América un ngulusademás de la designación
de un lugar en la tierra también puede significar una paleta.

Dobrzyca, interiores de palacio: foto tomada alrededor de 1,930 está


en una colección privada, escaneada por: Lucaok; fuente: Wikipedia
54
Pero Dobrzyca era aún más que eso: además de la arquitectura,
también era un proyecto social. Gorzenski intentó transformar
a Dobrzyca en una Bononia, una tierra de bienes y felicidad,
reinada por un gobernante protector de una manera justa, de
acuerdo con los principios de la Ilustración.

Hace unos años, surgió la idea de crear un Museo de la Ilus-


tración y la Francmasonería en el palacio Dobrzyca. La idea se
perdió, y en su lugar se fundó el Museo de Gentry y Patriotic
Tradition.

¿Qué tiene que ver el jardín con una Logia?

Los jardines se convirtieron en un lugar para reuniones sociales,


muy parecido a las logias. Ambos espacios compartieron el pa-
pel de un lugar para escapar y reflexionar. Pero para los mismos
francmasones, las similitudes eran más profundas. Dios mismo,
como el creador del Jardín del Edén, y el Gran Arquitecto, pro-
porcionó la razón.

Jean Pierre Norblin de la Gourdaine, “Una reunión social bajo la esta-


tua de Diane”, 1,779, óleo sobre roble, foto: MNW
55
Junto a la arquitectura, los jardines, fueron una de las fuentes
de inspiración favoritas. Se los consideraba un espacio simbó-
lico, que también permitía a un individuo desarrollar el bien y
el amor interior, así como la necesidad de libertad. Tal imagi-
nación de la armonía entre el hombre y la naturaleza se pue-
de rastrear en las pinturas de Jan Piotr Norblin y los dibujos de
Zygmunt Vogel.

Helena Radziwillowa nee Przezdziecka también realizó este


ideal de un jardín en Arcadia en Nieborów, y también lo hizo
Izabella Czartoryska née Fleming, en el pueblo de Pulawy. El
francmasón y arquitecto Szymon Bogumil Zug estuvo activo en
Arcadia, seguido por el italiano Henryk Ittar, cuya visión era
algo más cercana al Romanticismo. La reconstrucción del jardín
de Pulway que comenzó en 1,791 también adquirió un estilo in-
glés sentimental.

Jardines construidos en el espíritu masónico también se encon-


traron en el parque Lazienki en el distrito de Mokotów de Varso-
via, así como en Jablonna y Mlociny.

Jan Zachariasz Frey basado en el dibujo de Zygmunt Vogel, Una vista


del Santuario de Diana a través del Arco Griego en Arcadia, 1,807,
foto: MNW
56
Retratos de masones

Esta es la descripción utilizada en la historia del arte para des-


cribir retratos de masones con realeza masónica. Un retrato es-
pecial de este tipo en la pintura polaca fue pintado por Marcello
Bacciarelli, que representa al rey Stanislaw August Poniatowski
con un reloj de arena. Tanto el pintor como el modelo eran ma-
sones (del rito templario estrictamente observado) y en ocasio-
nes se interpreta que el retrato posee un mensaje encriptado.

Cuadros de Masón - Galería de imágenes

57
58
La Constitución del 3 de mayo

Los francmasones polacos desempeñaron un papel particu-


larmente significativo durante el período Sejm de cuatro años.
Allanaron el camino hacia una evolución necesaria del estado
y ayudaron a implementar muchas reformas. Casi todos en la
familia del rey Stanislaw August eran miembros del movimiento,
al igual que las figuras políticas clave: el reverendo Adam Kazi-
mierz Czartoryski, y Ignacy y Stanislaw Kostka Potocki. Según
Tadeusz Cegielski, el proyecto de la constitución se formó den-
tro de un triángulo masónico: el rey Stanislaw August Poniatows-
ki, el reverendo Scypione Piattoli e Ignacy Potocki. En el círculo
de diputados, uno de cada cuatro era un adepto de la paleta
simbólica (74 eran miembros de un total de 359 diputados).

Jean Pierre Norblin de la Gourdaine, La adopción de la Constitución


del 3 de mayo de 1,791, fechada después de 1,791, tinta, papel, foto:
MNW
59
El templo masónico

La historia de la Constitución del 3 de mayo también está rela-


cionada con la historia del Templo de la Providencia Suprema,
cuya piedra fundacional se estableció el 3 de mayo de 1,972, en
el primer aniversario de la promulgación de la constitución. Se
suponía que el templo era un “voto por la república multiétnica y
religiosamente diversa a la Providencia Suprema, que ha permi-
tido el trabajo eficiente y sin derramamiento de sangre de la re-
construcción del régimen del estado”. El levantamiento de este
templo debía ser un gesto de acción de gracias por la imple-
mentación del llamado estatuto fundamental. Y lo que es crucial
es que se suponía que el templo era un símbolo de trascenden-
cia, para todas las creencias particulares.

En el concurso de arquitectura, el primero en la historia de


Polonia, el proyecto ganador fue escrito por Jakub Kubicki, un
francmasón que poseía las más altas notas de iniciación.

El Santuario de la Providencia Suprema, según el diseño de Jakub


Kubicki desde 1,972

60
El proyecto de Kubicki se describe en la web de Bryla.pl:

Según su proyecto, se suponía que el templo tenía dos niveles.


Una iglesia inferior constituía el plinto de la iglesia superior, lo
que le dio a la estructura un carácter monumental. El proyecto
representaba una iglesia monumental en el plano de un hexá-
gono, con cuatro anexos, cada uno de los cuales tenía un pórtico
con un pico triangular. El edificio estaba cubierto con una cú-
pula. El proyecto limitó cualquier elemento decorativo, a favor
de una forma clara y clasicista. Un modelo muy lejano para el
santuario era el Panteón Romano.

La piedra angular del edificio fue colocada por el propio rey


de Polonia: la paleta y el martillo se rompieron posteriormente,
de acuerdo con la costumbre masónica. Desafortunadamente,
en 1,792, la construcción fue interrumpida por la guerra pola-
co-rusa.

La idea fue revivida una vez más en el período de entreguerras,


pero luego se transformó en un proyecto para una iglesia católi-
ca. Bohdan Pniewski ganó el concurso que se anunció en 1,930
con un diseño inspirado en catedrales góticas francesas, así
como los rascacielos estadounidenses de los años 1,920 y 1,930
(ver el proyecto en Bryla.pl ). La realización fue nuevamente in-
terrumpida por el estallido del conflicto militar, esta vez la Se-
gunda Guerra Mundial. En cierto modo, la siguiente entrega del
concepto y un proyecto evolutivo del Templo de la Providencia
Suprema podrían rastrearse en la construcción del Templo de
la Divina Providencia Suprema en Wilanów de Varsovia. Distrito.
Hoy en día, los restos del Santuario de la Providencia Suprema
del Templo de Varsovia se encuentran en la parte posterior del
Jardín Botánico de la Academia Polaca de Ciencias.

¿Hay algo así como la música masónica?

La realización más conocida del tema masónico en la música es,


61
por supuesto, la Flauta Mágica de Mozart. El marco para esta fa-
mosa canción es la leyenda de Osiris e Isis, popular en el medio
de la masonería (Mozart y Emanuel Schikaneder pertenecían
a la misma Logia en Viena). En Varsovia, la ópera de Mozart se
representó en 1793, solo dos años después de su estreno mun-
dial. Los directores del Teatro Narodowy (Nacional), Wojciech
Boguslawski y Ludwik Osinski, eran ambos francmasones.

Entre otros compositores francmasones, estaba Karol Krupins-


ki, autor de la ópera cómica Zabobon czyli Krakowiacy i górale
(Superstición, o Cracovians and Mountaineers) y Józef Elsner, el
maestro de Frederic Chopin.

Más literalmente la superficie de la música masónica durante


las reuniones de la Logia. Las canciones se realizaron con el
acompañamiento de un clavicordio, piano o armonio, y luego se
grabaron en los libros de canciones. Algunos de ellos aludieron
abiertamente a acontecimientos políticos, como la colección
Tragiczne spiewy massonskie ( Cantos de Masón Trágico), que
se lanzó después de la caída de Napoleón y la liquidación del
Ducado de Varsovia.

El registro Masonería (Masonería) lanzado por el Museo Nacio-


nal de Varsovia incluye composiciones de Mozart, así como las
obras de Jean Sibelius, Arvo Pärta y Erik Satie.

Legiones de Dabrowski

El creador de las Legiones, Jan Henryk Dabrowski fue miem-


bro de la Masonería italiana, y en el Gran Este de Italia, se des-
empeñó como Gran Experto. Los uniformes de los soldados de
la Legión polaca llevaban la máxima “Gli uomini sono fratelli”
(“Todos los hombres son hermanos”). Józef Wybicki, el autor de
la letra del himno nacional polaco (Dabrowski Mazurek) tam-
bién era un Masón. En todos los países, los masones participa-
ron en movimientos de independencia. Durante el período Ris-
62
sorgimento, todos los líderes del movimiento para unir a Italia
también fueron masones: el rey de Piemonto, Victor Emanuel, el
primer ministro Cavour y Garibaldi.

La casa de luto del Conde Józef Poniatowski

Napoleón, quien, como todos sus generales, también era masón,


les dio a los polacos grandes esperanzas. Los soldados polacos
lucharon en muchas de sus campañas, creyendo en los ideales
de igualdad y fraternidad, y la libertad entregada a muchas na-
ciones y pueblos.

Stanislaw Kostka Potocki, Preparándose para la Logia de Luto en me-


moria del Conde Józef Poniatowski, 1,814, colección MNW.
63
Uno de los últimos generales napoleónicos fue el último rey de
Polonia, el conde Józef Poniatowski, que fue nominado por Na-
poleón para ser el último mariscal de Francia. El Conde murió
en la batalla de Leipzig en 1,813. Después de su muerte, se or-
ganizó una casa de luto en Varsovia en el Palacio Mniszchy, y se
registró en el dibujo de Stanislaw Kostka Hoffman, un albañil y
un arquitecto.

Conspiro Liberum

Después de la caída de Napoleón, y después de los primeros


años del reinado liberal del zar Alejandro I, que aún permitía
que la francmasonería floreciera libremente, se produjo un dra-
mático cambio de rumbo. La masonería se convirtió en un mo-
delo para las organizaciones conspirativas creadas dentro del
ejército por el comandante Walerian Lukasinski. La estructura
y los rituales de la Francmasonería Nacional, que se fundó en
1,819, se parecían mucho a la Masonería regular. Unos 200 ofi-
ciales más jóvenes participaron en el movimiento, que se distri-
buyó en cuatro Logias. Lukasinski, quien fue arrestado en 1,822
y condenado dos años después, pasó el resto de su larga vida
en prisión: 46 años.

Masonería y literatura

Uno de los miembros más destacados del movimiento, Stanis-


law Kostka Potocki, era escritor. Este prominente político y di-
putado del Sejm de los Cuatro Años, miembro del KEN (Comité
Nacional de Educación), y, desde 1,812, maestro del Wielki Ws-
chód Narodowy (Gran Nacional del Este, equívoco en polaco
con Gran Ascenso Nacional), fue el autor de Podróz do Ciemno-
grodu (Un viaje a Darktown). Esta era una novela / tratado, en la
que el autor criticaba la mentalidad polaca. Pero fue sobre todo
el título del trabajo que hizo historia, ahora comúnmente utiliza-
do para designar el conservadurismo y el atraso.

64
Una escena de la película Ashes de Andrzej Wajda, fuente: East News

Entre los poetas masónicos, los que todavía se mencionan hoy


son Julian Ursyn Niemcewicz y Tomasz Kantorbery Tymowski.
Adam Mickiewicz , el gran bardo romántico, también rozó la ma-
sonería. En 1,822, mientras trabajaba como maestro en Kowno,
Mickiewicz se inició en el grado de Fellow Craft. Y la Sociedad
Filomaci posterior también se fundó de acuerdo con los princi-
pios de los francmasones.

65
Una de las escenas más conocidas de la literatura polaca ins-
pirada en el ritual masónico es la escena de iniciación de Rafal
Olbromski en Popioly (Cenizas) de Stefan Zeromski, El ritual
del Santuario de Isis también aparece en la película de 1,965 de
Andrzej Wajda.

Madrina de la Segunda República Polaca

Las personas y los ideales de la Masonería de la Segunda Repú-


blica encuentran sus fuentes en el acto militar del PPS, los parti-
dos de POW, las Legiones y los movimientos de exploración. La
tradición viviente del conspiro Liberum que sobrevivió en esos
movimientos hizo que algunos llamaran a la francmasonería “la
madrina de la Segunda República”.

Edward Rydz-Smigly

66
Durante el período de entreguerras, algunos políticos clave es-
tuvieron activos en la Gran Logia Nacional, aquellos también
conectados con el entorno Pilsudski. Entre ellos se encontra-
ban Kazimierz Bartel, Edward Rydz-Smigly, Felicjan Slawoj-Skla-
dkowski, el coronel Walery Slawek y el coronel Wieniawa-Dlu-
goszewski. Entre 1921-23, Andrzej Strug fue el Gran Maestro.

Al mismo tiempo, la atmósfera dentro del movimiento comenzó


a deteriorarse. La primera mala señal fue el asesinato del pre-
sidente Gabriel Narutowicz, un francmasón, y un miembro de la
Logia de Varsovia llamado Wolnosc Przywrócona (Libertad re-
cuperada). Otro fue el giro hacia la derecha de los miembros de
la reforma, y una tendencia creciente entre los seguidores de
Pilsudski a distanciarse de la Francmasonería. En 1,938, debido
a una campaña antimasónica, el decreto del presidente Moscic-
ki vio la disolución de todas las organizaciones de los francma-
sones.

Uno de los miembros de Le Droit Humain, una orden concu-


rrente del WLNP fue el general Michal Karaszewicz-Tokarzews-
ki, teósofo y miembro de la Iglesia católica liberal de Polonia.
Aquí, Janusz Korczak también jugó un papel activo.

Después de la guerra

Después de la Segunda Guerra Mundial, los masones polacos


estuvieron activos en la Logia Kopernik (Copérnico) y, desde
1,961, por iniciativa de Jan Józef Lipski, también estuvieron acti-
vos en la logia conspirativa de Varsovia. Algunos de sus miem-
bros se convirtieron en parte del KOR (Comité de Defensores
de Trabajadores) en 1,976. Desde diciembre de 1,991, la Franc-
masonería ha estado abiertamente activa en Polonia.

Autor: Mikolaj Glinski; fuente: catálogo de la exposición “Maso-


nería. Pro publico bono”, traducido por Paulina Schlosser.

67
Logia Janus al Oriente de Bydgoszcz
(Bydgostia ciudad situada al norte de
Polonia)

Los conceptos masónicos comenzaron a llegar en los años 1,784


cuando se funda la logia Janus con cede no lejana a las Ejes Ja-
gellónicas, sus fundadores fueron altos funcionarios trasladados
desde Prusia para tomar posesión de tierras adquiridas por el
hermano masón Frederick II, rey de Prusia, intendente de Viena
que recibe autorización de la logia madre “Royal York” para su
creación. Ya en el primer año de su existencia la logia contaba
con 35 miembros entre los que podemos destacar: Al H:. super-
visor del almacén de tabacos, al H:. supervisor de impuestos,
H:. controlador de provincias, ademas de ellos también perte-
necían a la logia el jefe de correos de la ciudad de Naklo, un
inspector clorhídrico de Fordon (barrio de Bidgostia), un fun-
cionario judicial de la ciudad Pila y el director de correos de la
ciudad Torun.

En 1,800 la logia de Bydgostia deja de pertenecer a “Royal York”


para pasar a ser parte de la “Gran Logia Madre Los Tres Globos”
en Berlín. bajo la curatela del rey de Prusia.

Durante el Ducado de Varsovia los hermanos de Bydgostia mos-


traron que sus principios de no mezclarse en la política no se
cubrían con los hechos, hasta el año 1,812 no reconocieron el
ducado y solo después bajo orden de liquidación cambiaron su
nombre a “Cruz de Caballeros” esta vez bajo la tutela de la gran
logia madre ”Estrella de Oriente” ,hay que agregar que en este
mismo periodo la logia se dividió en dos grupos, los alemanes
y los polacos.

El año 1,815 se describe como retorno a la anterior denomi-


nación “Janus” y la supremacía anterior de Berlín. Las listas de
hermanos afiliados al taller en los años 1,827-1,835 nos señalan
la cantidad de 167 entre los que podemos encontrar represen-
68
tantes del Colegio de Abogados, funcionarios de regencia, mé-
dicos, profesores, terratenientes, comerciantes, empresarios y
funcionarios postales. Ademas de la logia Janus en la agenda
del año 1,901 del Departamento de asociaciones son nombra-
dos también los siguientes talleres masónicos “Puertas del Mun-
do”, Logia Eduard “U.O.B.B” con tenidas en el Hotel St. Moritz
situado en la calle Podgórna, (Torun) y la logia en honor al rey
Federico el Grande, con domicilio en. Libelta 4 (situada en el
actual edificio de los comandos de Hufca (Asociación Polaca de
Escultismo Torun). Desafortunadamente, hasta el día de hoy no
se conservan registros y documentos de las Logias menciona-
das.

De como la hermandad guardaba sus secretos tenemos gran-


des hechos., un ejemplo es la aplicación para la reconstrucción
de una sala de Juegos, donde los hermanos se reservan para
sí mismo con claridad, que parte de la propiedad(una casa sin
ventanas) pudiera no ser accesible para los no iniciados. La his-
toria de la masonería antes de la guerra termina en el año 1,927
cuando unos hermanos vendieron sus lotes situados en la esqui-
na de la calle Tribunalska y Pod Blankami. Los alemanes destru-
yeron los edificios que estaban allí y en la actualidad en el lugar
de la antigua “Logia Janus” hay un césped ...

Logia Galileo Galilei de Bydgoszcz, Gran


Oriente de Polonia

Fue erigida el 20 de febrero del año 2,009 por el Gran Oriente


de Polonia. El lugar de las tenidas se encuentra en la ciudad de
Bydgoszcz (Polonia), aunque también por cuestiones prácticas
trabajamos en la ciudad de Torun o Grudziadz al centro del país.
Hay que recalcar que somos el primer taller fundado en la ac-
tualidad por El Gran Oriente de Polonia (los anteriores talleres
que hoy componen nuestro Oriente fueron fundados dentro del
Gran Oriente de Francia). Colaboramos de forma mixta y reci-
bimos mujeres y hombres.
69
¿Por qué Galileo?

El nombre de nuestra logia es una toma de posesión simbóli-


ca del pensamiento y legado del gran humanista. Dos famosos
pensamientos de Galileo: “El hombre no puede transmitir el co-
nocimiento, sólo puede ayudar a descubrir el conocimiento que
ya tiene de por si” y “No hay hombre tan estúpido del que no
pueda aprender algo”. Ilustran lo que en la transferencia del co-
nocimiento masónico es importante, su ubicación no solo en la
memoria sino también en la experiencia.

Estas palabras son una explicación lógica del proceso de au-


to-desarrollo del masón, las frases “No hay tal tonto en el mundo
del que no pueda aprender algo” nos muestra la forma de actuar
del taller. No venimos a las tenidas a escuchar ilustradas confe-
rencias, no venimos a compartir conocimientos enseñando a los
demás, venimos para trabajar juntos, para aprender unos de los
otros los conceptos de Vida, Humildad y Tolerancia.

Las anteriores explicaciones indican no solo el respeto hacia


el gran científico humanista, personalidad que nos inspira, que
supo cambiar al mundo y a la cual admiramos, vivió cien años
antes de la masonería moderna y podría describir acertada-
mente su significado y el espíritu que queremos continuar.

Otro aspecto de la elección del nombre de nuestro taller es la


historia de las ideas heliocéntricas. Nicolás Copérnico cambió
las viejas ideas y pensamientos para formar una teoría del mun-
do, la cual Galileo con sus conocimientos, experiencias y el uso
del telescopio confirmó y fortaleció. Del mismo modo, simbó-
licamente, nosotros con nuestra experiencia y entendimiento
masónico desearíamos afirmar y fortalecer los valores que a lo
largo de los años de la no- existencia conserva la Gran Logia
Copérnico.

Nuestros principios son: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD


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72
73
LOS MASONES ANARQUISTAS
Herbert Oré Belsuzarri 33°

En mis años de estudiante universitario, eran frecuentes las po-


lémicas en los claustros universitarios, donde los estudiantes de
diversas facultades exponían sus simpatías políticas para con-
traponer a otras. Así se formaban los futuros líderes políticos. En
las mencionadas polémicas, era frecuente oír a los camaradas
de diferentes pelajes y naturalmente a los demócratas, quienes
eran alentados por bulliciosos aplausos y arengas, cada vez que
el orador de su simpatía, expresaba un punto de vista solido o
contundente en la materia de debate.

Era común oír nombres de connotados personajes políticos


nacionales e internacionales, así se tenía a Marx, Lenin, Mao,
Castro y Guevara, como los tótems sagrados de los camara-
das, mientras otros como Engels, Bakunin, Kropotkin, Proudhon,
Trotski y otros, eran acudidos por los que se oponían al comu-
nismo internacional.

El debate de la lucha de clases entre el proletario y el frente


único, era el que más encendía estos debates, pero para con-
cluir en ello necesariamente se hablaba de la dictadura del pro-
letariado, el anarcosindicalismo, el sindicalismo libre y el frente
único.

Como hombre libre y de buenas costumbres, encuentro con fre-


cuencia a líderes políticos como miembros de la orden, y en la
lectura de material masónico, es común hallar referencia sobre
ilustres hermanos que son connotados políticos, y entre ellos
están los anarquistas.

De los primeros promotores del anarquismo moderno, Wi-


lliam Goldiwin (1,756-1,836), Max Stimer (1,806-1,856), Mikhail
Alexandrovich Bakunin (1,814-1,876), Leon Tolstoi (1829-1910),
Pyotr Alexeyevich Kropotkin (1,842-1,921) y Pierre Joseph
74
Proudhon (1,809-1,865), eran francmasones o se sospecha que
lo fueron. También muchos de los participantes en la Primera In-
ternacional (1,864/09/28-1,876/07/15), la Comuna Révolution-
naire y de París (1,871/03/28-1,871/05/28) eran francmasones.

En la mayoría de las teorías que vinculan a la masonería con la


anarquía, dicen que ambas tenían una cosa en común: la creen-
cia de que era posible construir un mundo mejor. Sin embargo
las relaciones entre anarquismo y francmasonería no siempre
eran armónicas.
75
Entre las fuerzas que aspiraban a la transformación del indi-
viduo y la sociedad se hallaba la masonería y el anarquismo,
ambas encarnaban con claridad este rol, por sus principios y
naturaleza; eran como dos sendas teóricas de salvación y de
mesianismo secularizado.

Los anarquistas hablaban que para llegar a la gloria de la anar-


quía, debían practicar un evangelio social y, sus líderes eran los
apóstoles de ese ideal. La intelectualidad ácrata, heredera del
optimismo filosófico de la ilustración, se entregó por completo a
la tarea de preparar al hombre y la sociedad para merecer ese
futuro soñado, que tanto tiene de paraíso terrenal cristiano. Ellos
infundieron a las masas su ideal y, dieron un ejemplo de bondad
desinteresada.

La masonería heredera directa de la ilustración dieciochesca,


pretendía también transformar la sociedad, pero sus medios di-
ferían sustancialmente de los propugnados por los anarquistas.
La radical diferencia: no tomaba al proletariado como agente de
ese cambio, sino al individuo, puesto que es una organización
interclasista. No obstante hablaban del hombre, convertido en
el sujeto que viviría libre absolutamente, en el curso perdurable
de los siglos. Había hecho del anticlericalismo y la lucha por las
libertades, el eje de su intervención en la sociedad; la masone-
ría francesa a partir de la segunda mitad del s. XIX, practicaba
del positivismo científico y el sufragio universal, y en algunos
casos, la obligatoriedad de reconocer la existencia de un prin-
cipio creador, había sido borrado de sus estatutos. Sin embargo
jamás impidieron el ingreso a su seno de personas por motivos
de raza o de religión y, por el contrario se vanagloriaban de
contar en su seno con personas de todas las clases sociales, y
de las más diversas tendencias políticas.

ILUSTRES MASONES ANARQUISTAS

Mikhail Bakunin
76
Fue iniciado masónicamente en 1,845. Veinte años después con-
tinuaba afiliada a la Logia Italiana “Il Progreso Sociale”, poseía
por entonces el grado 32°.

La logia de Bakunin, también conocida como “La Alianza Social-


demócrata Internacional”, en realidad publicó un manifiesto que
sin duda se basó y desarrolló el prototipo original del docu-
mento atribuido a los Illuminati de Weishaup.

La asociación de Michael Bakunin con la masonería plantea va-


rias complicaciones.
77
TR Ravindranathan informa que “a mediados de la década de
1,840 en París, se había unido a una logia masónica”, señalando
que “no hay constancia de que haya participado activamente en
el movimiento masónico”. Desafortunadamente él no nombra la
logia, solo se refiere a ella como una “Logia escocesa del Gran
Oriente de París”.

La relación de Bakunin con la francmasonería italiana es más


clara. Se unió a la autoproclamada Logia masónica Il Progres-
so Sociale en Florencia en algún momento de 1,864-65. Su co-
rrespondencia deja en claro que Bakunin no tenía interés en
la masonería más que como “una tapadera y una herramienta
para sus propósitos revolucionarios”. La francmasonería italiana
en ese momento estaba en un estado de confusión. De 1,864
a 1,867 hubo, simultáneamente, cuatro cuerpos masónicos que
reclamaban jurisdicción en Italia, todos los cuales eran política-
mente activos y no reconocidos por la Francmasonería regular.
De los registros disponibles no está claro, de donde tomo su
membresía Il Progresso Sociale; probablemente sea del Gran
Oriente de Italia en Turín, establecido el 1 de enero de 1,862,
que se limitó a los tres grados de la masonería. Lo que está claro
es que Il Progresso Sociale, era un grupo de separación, inspi-
rado políticamente y sin pretensiones de legitimidad masónica.

Diversos autores como Ravindranathan, Boris I. Nicolaevsky


(“Sociedades secretas y la Primera Internacional” Las revolu-
cionarias internacionales, 1,864-1,943) no afirman que Bakunin
fuera masón, como algunos críticos han mantenido, solo “indi-
can” que estaba “conectado con los filadelfianos”, sin propor-
cionar explicación a estar “conectado”. Por su parte Mark Leier
(“Bakunin, The Creative Passion”) dice que: “Bakunin se había
unido a los francmasones en París en la década de 1,840, y se
reincorporó a Italia”. “Bakunin había trabajado con miembros ra-
dicales de varios países mientras estuvo en Londres y se convirtió
en miembro del Rito Escocés, uno de los capítulos de la orden fra-
ternal, pronto se convirtió en un Masón de treinta y dos grados”.
78
“Su breve participación con los francmasones empujó a Bakunin
a reevaluar la relación entre religión y política”.

Existe un documento masónico expedido por Garibaldi el 22 de


enero de 1,864 que entre otras cosas dice: “En virtud de los de-
rechos que me han sido otorgados, yo Gran Maestro, en nombre
del Gran Arquitecto, he hecho al Sr. Bakunin hermano 30°, y ruego
al hermano Frapoli que regularice su situación. El Gran Maestre
G. Garibaldi 33°” (Luigi Polo Friz, Univ. De Turin, “Mijail Bakunin
y la masonería italiana”, pág. 198). Frapoli llevaba por entonces
una parte de las responsabilidades masónicas del Rito Escoces
Antiguo y Aceptado y Garibaldi era Gran Maestro. Meses des-
pués Bakunin será designado delegado a un conclave masónico
en Florencia para masones de los grados filosóficos.

No hay pruebas de cómo Bakunin intentó infiltrarse y utilizar la


maquinaria masónica para fines revolucionarios, salvo una carta
que escribió a Herzen y Ogarev desde Nápoles el 23 de marzo
de 1,866, explicando su fugaz romance con la masonería: “Solo
te pido amigos, no piensen que alguna vez me he ocupado seria-
mente de la masonería, esto puede ser útil como máscara o como
pasaporte, pero buscar algo serio en la masonería no es mejor,
sino peor, que buscar consuelo en el vino”. Luego les dijo a sus
corresponsales que ya no les hablaría más sobre la Francmaso-
nería.

Ravindranathan, señala que Bakunin escribió un extenso manus-


crito sobre la masonería en 1,865 “que se perdió”, pero afirma
que fragmentos de su llamado “Catecismo de un francmasón”
han sobrevivido. En él pronunció el famoso aforismo siguiente:

Dios existe, por lo tanto, el hombre es un esclavo.


El hombre es libre, por lo tanto, no hay Dios.
¡Escapa de este dilema el que puede!

Este silogismo se encuentra en Fédéralisme, socialisme et an-


79
tithéologisme (1,867), de Bakunin, que no hace mención de la
Francmasonería. Si existe un “Catecismo de un Francmasón”,
nunca fue publicado. Las afirmaciones de que Bukanin escribió
algo que tituló un “Catecismo de un francmasón” parecerían ser
tan sustanciales como las acusaciones de que él era un satanista.

Bakunin en su “Dios y el Estado” escribe: “La Biblia, que es un


libro muy interesante y a veces muy profundo cuando se lo con-
sidera como una de las más antiguas manifestaciones de la sabi-
duría y de la fantasía humanas que han llegado hasta nosotros,
expresa esta verdad de una manera muy ingenua en su mito del
pecado original. Jehová, que de todos los buenos dioses que han
sido adorados por los hombres es ciertamente el más envidioso,
el más vanidoso, el más feroz, el más injusto, el más sanguinario, el
más déspota y el más enemigo de la dignidad y de la libertad hu-
manas, que creó a Adán y a Eva por no sé qué capricho (sin duda
para engañar su hastío, que debía de ser terrible en su eterna-
mente egoísta soledad, o para procurarse nuevos esclavos), había
puesto generosamente a su disposición toda la Tierra, con todos
sus frutos y todos los animales, y no había puesto a ese goce com-
pleto más que un límite. Les había prohibido expresamente que
tocaran los frutos del árbol de la ciencia. Quería que el hombre,
privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno
animal, siempre de cuatro patas ante el dios eterno, su creador y
su amo. Pero he aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el pri-
mer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüen-
za al hombre de su ignorancia y de su obediencia animales; lo
emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de
la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto
de la ciencia” (pág. 12). Más adelante dice: “Todas las religiones,
con sus dioses, sus semidioses y sus profetas, sus mesías y sus san-
tos, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no
llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de
sus facultades intelectuales; en consecuencia de lo cual, el cielo
religioso no es otra cosa que un milagro donde el hombre, exalta-
do por la ignorancia y la fe, vuelve a encontrar su propia imagen,
80
pero agrandada y trastrocada, es decir, divinizada. La historia de
las religiones, la del nacimiento, de la grandeza y de la decaden-
cia de los dioses que se sucedieron en la creencia humana, no
es nada más que el desenvolvimiento de la inteligencia y de la
conciencia colectiva de los hombres” (pág. 24). Refiriéndose a la
iglesia católica dice: “El cristianismo es, precisamente, la religión
por excelencia, porque expone y manifiesta, en su plenitud, la na-
turaleza, la propia esencia de todo sistema religioso, que es el
empobrecimiento, el sometimiento, el aniquilamiento de la huma-
nidad en beneficio de la divinidad.

Siendo dios todo, el mundo real y el hombre no son nada. Siendo


dios la verdad, la justicia, el bien, lo bello, la potencia y la vida, el
hombre es la mentira, la iniquidad, el mal, la fealdad, la impoten-
cia y la muerte. Siendo dios el amo, el hombre es el esclavo. Inca-
paz de hallar por sí mismo la justicia, la verdad y la vida eterna,
no puede llegar a ellas más que mediante una revelación divina”
(pág. 24), continua y dice: “A nuestro modo de ver, es decir, según
nuestro punto de vista de la moral humana, todas las religiones
monoteístas pero sobre todo la religión cristiana, como la más
completa y la más consecuente de todas, son profunda, esencial,
principalmente inmorales: al crear su dios, han proclamado la de-
cadencia de todos los hombres, de los cuales no admitieron la
solidaridad más que en el pecado; y al plantear el principio de
la salvación exclusivamente individual han renegado y destruido,
tanto como les fue posible hacerlo, la colectividad humana, es de-
cir el principio mismo de la humanidad” (pág. 123).

Bakunin cuando se refiere a la ciencia dice: “la única misión de la


ciencia es iluminar la ruta. Pero sólo la vida, liberada de todos los
obstáculos gubernamentales y doctrinarios y devuelta a la ple-
nitud de su acción espontánea, puede crear”. Cuando se refiere
al estado dice: “En el fondo, la conquista no sólo es el origen, es
también el fin supremo de todos los Estados grandes o pequeños,
poderosos o débiles, despóticos o liberales, monárquicos o aris-
tocráticos, democráticos y socialistas también, suponiendo que el
81
ideal de los socialistas alemanes, el de un gran Estado comunista,
se realice alguna vez.

Que ella fue el punto de partida de todos los Estados, antiguos


y modernos, no podrá ser puesto en duda por nadie, puesto que
cada página de la historia universal lo prueba suficientemente.
Nadie negará tampoco que los grandes Estados actuales tienen
por objeto, más o menos confesado, la conquista. Pero los Estados
medianos y sobre todo los pequeños, se dirá, no piensan más que
en defenderse y sería ridículo por su parte soñar en la conquista.

Todo lo ridículo que se quiera, pero sin embargo es su sueño,


como el sueño del más pequeño campesino propietario es redon-
dear sus tierras en detrimento del vecino; redondearse, crecer,
conquistar a todo precio y siempre, es una tendencia fatalmente
inherente a todo Estado, cualquiera que sea su extensión, su debi-
lidad o su fuerza, porque es una necesidad de su naturaleza.

¿Qué es el Estado si no es la organización del poder? Pero está


en la naturaleza de todo poder la imposibilidad de soportar un
superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la do-
minación, y la dominación no es real más que cuando le está so-
metido todo lo que la obstaculiza; ningún poder tolera otro más
que cuando está obligado a ello, es decir, cuando se siente impo-
tente para destruirlo o derribarlo. El solo hecho de un poder igual
es una negación de su principio y una amenaza perpetua contra
su existencia; porque es una manifestación y una prueba de su
impotencia. Por consiguiente, entre todos los Estados que existen
uno junto al otro, la guerra es permanente y su paz no es más que
una tregua” (pág. 117).

Pyotr Alexeyevich Kropotkin

Las reclamaciones por la membresía masónica de Kropotkin pa-


recen estar basadas únicamente en sus Memorias, en las que
señala una reunión a principios de la primavera de 1,872 “en el
82
espacioso Templo Masónico Único”, en Zürich. De esto, conclu-
yen que él era masón, pero Kropotkin no escribe que fue una
reunión masónica, solo que su sección de la Asociación Interna-
cional de Trabajadores se reunió en un edificio masónico.

Kropotkin en “Memorias de un revolucionario”, en la página 180


escribe: “El lugar donde solían encontrarse las secciones de Gi-
nebra era el espacioso Templo Masónico Único. Más de dos mil
hombres podían reunirse en su gran salón”.
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Este revolucionario y teórico del anarquismo ruso. Nació en una
familia aristocrática, y se dedicó a la carrera militar. En Siberia
contribuyó a la exploración y adoptó las ideas anarquistas, in-
fluido por Proudhon y Bakunin.

A raíz de la represión de la insurrección de Polonia en 1,863,


abandonó el ejército y se dedicó a la geografía, así como ha-
cer críticas al régimen zarista. Durante sus viajes por Europa y
Asia se contactó con activistas anarquistas. En 1,872 se afilió a la
Primera Internacional (la AIT), en cuyo seno apoyó la corriente
anarquista de Bakunin en contra del liderazgo de Marx.

Cuando regresó a Rusia, en 1,874, fue detenido por sus activida-


des revolucionarias; pero se evadió y huyó a Francia en 1,876.
Fundó la revista El Rebelde, en cuyas páginas defendió el anar-
quismo y la necesidad de hacerlas realidad mediante el uso de
la violencia. En 1,882 fue detenido por las autoridades france-
sas, pasando a Inglaterra tras su encarcelamiento en 1,886.

Entre sus obras destacan: La conquista del pan (1,888), Campos,


fábricas y talleres (1,899), Ayuda mutua (1,902) y Memorias de
un revolucionario (1,906). En ellas definió el “comunismo liber-
tario”, ideología predominante entre los anarquistas de finales
del s. XIX y comienzos del XX, que vino a sustituir al colectivis-
mo de Proudhon y Bakunin. El comunismo libertario, consistía
en defender la organización colectiva de la producción en co-
munas autosuficientes, regidas por una concepción del mundo
estrictamente científica, relaciones sociales basadas en el apo-
yo mutuo y, una moral de libertad, solidaridad y justicia.

Valoró la lucha sindical como medio para despertar la con-


ciencia revolucionaria de las masas, e incluso recomendó a sus
seguidores apoyar a los aliado en la Primera Guerra Mundial
(1,914-18). Al estallar la Revolución rusa (1,917) regresó a Rusia
y prestó apoyo tanto al gobierno de Kerenski como al de Lenin;
sin embargo, criticaba el poder dictatorial de los bolcheviques.
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Pierre-Joseph Proudhon

Alec Mellor afirmó que Proudhon se convirtió en francmasón en


Dijon en 1,849. El propio Proudhon, afirmó en la Justicia haber
sido iniciado el 8 de enero de 1,847 en la Logia Besançon, Sin-
cérité, Parfaite Union y Constante Amitié.

Nació en Besanzón, en el seno de una familia de artesanos y


campesinos. Su padre, Claude Proudhon, era tonelero y cerve-
cero, y consideraba que la cerveza que fabricaba debía ven-
derse por un valor que agregaba al precio de costo, tan solo
el salario de su trabajo, ya que “hubiera creído robar si hubie-
se cobrado más al comprador”. Esta conducta paterna influirá a
Pierre-Joseph, evidenciándose esta búsqueda del justo precio
como estricta remuneración del trabajo, y considerando toda
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“ganancia” como “ingreso no ganado”. Su madre era cocinera
y sirvienta. Él mismo trabajó toda su vida: primero, como guar-
dador de vacas y boyero hasta la edad de 12 años, y después
como tonelero, junto a su padre; después, como mozo de labran-
za, luego, como tipógrafo.

“La caída y la muerte de las sociedades se debe al poder de


acumulación que se posee la propiedad”, decía Pierre Joseph
Proudhon, quien pronuncio su célebre frase: “la propiedad es
un robo”, en un tiempo en el que muchos franceses se sentían
frustrados por los resultados de las revoluciones de las déca-
das anteriores. Cuándo público “¿Qué es la propiedad?”, habían
pasado 10 años de la Revolución de 1,830, que acabo con los
Borbones. Se esperaba que la nueva monarquía de julio haría
realidad el ideal de libertad igualdad y fraternidad de la Revo-
lución de 1,789. Sin embargo hacia 1,840, el conflicto de clases
se había extendido, con una elite enriquecida junto a un pueblo
que seguía en la pobreza. Muchos vieron que el resultado de
tanta lucha no había sido la libertad y la igualdad, sino la co-
rrupción y desigualdad crecientes.

Proudhon sin temor desde las primeras líneas en el Capítulo I


de su libro, ¿Qué es la propiedad?, decía: ¿Por qué razón, pues,
no puedo contestar a la pregunta ¿qué es la propiedad?, diciendo
concretamente: la propiedad es un robo (pág. 17), pero en su for-
ma de pensar hay rasgos evidentes de su formación masónica:
“La obra de la humanidad consiste en construir el templo de la
ciencia, y esta ciencia comprende al hombre y a la Naturaleza.
Pero la verdad se revela a todos, hoy a Newton y a Pascal, mañana
al pastor en el valle, al obrero en el taller. Cada uno aporta su pie-
dra al edificio y, una vez realizado su trabajo, desaparece” (pág.
18), otros podrán decir que no, y consideraran que solo es una
coincidencia.

Proudhon sostuvo que los derechos a la libertad, la igualdad


y la seguridad eran naturales, absolutos e inviolables y forma-
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ban el sustrato mismo de la sociedad. Pero también añadió que
no pasaba lo mismo con el aparente derecho a la propiedad,
al contrario que Locke. De hecho, en opinión de Proudhon, la
propiedad socavada los derechos fundamentales anteriormen-
te mencionados: Así como la libertad de los ricos y la de los
pobres pueden coexistir, los ricos tienen propiedades a costa
de la carencia de muchos. Así pues, la propiedad es intrínse-
camente antisocial. Y ese era el principal problema de la clase
trabajadora y de los movimientos socialistas que surgían en Eu-
ropa del s. XIX, por lo que la contundente declaración de Proud-
hon fue el fermento revolucionario de la época.

Proudhon fue un importante detractor del acceso de las mujeres


a la educación y uno de los intelectuales del s. XIX que más ata-
caron el feminismo, declarando la inferioridad física e intelec-
tual de la mujer. Consideraba, como fue corriente durante toda
la historia de la humanidad que el papel clave de la mujer era
en el hogar donde prevalecía la autoridad del varón.

En Lyon escribió su obra más importante, “Sistema de las con-


tradicciones económicas o Filosofía de la miseria” (Système des
contradictions économiques ou Philosophie de la misère, 1,846),
en la cual se erige en portavoz de un socialismo libertario y
declara que “la sociedad ideal es aquella en la que el individuo
tiene el control sobre los medios de producción”.

Las cordiales relaciones entre Proudhon y Marx no duraron mu-


cho. Marx ataca a Proudhon cuando éste publica su Sistema de
las contradicciones económicas, tres o cuatro años después de
haberlo alabado por su “¿Qué es la propiedad?”. Marx replicó
un año más tarde a las teorías de Proudhon en el libro titulado
“Miseria de la Filosofía”. Para muchos marxistas, Proudhon es
un ideólogo de la pequeña burguesía, y particularmente de las
clases artesanas y campesinas. Los proudhonianos responden
a esto recordando los orígenes de Proudhon como trabajador
manual. Algunos autores como Jean Touchard, en su “Historia de
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las ideas políticas”, prefieren definir al proudhonismo como “un
socialismo para artesanos”; otros han hablado de “un socialismo
para campesinos”. Los proudhonianos responden a esto dicien-
do que tales definiciones sólo pueden aceptarse si se tiene en
cuenta que, en el momento en que Proudhon pensaba y escri-
bía, la mayoría de los trabajadores asalariados eran artesanos y
agricultores más que obreros industriales. También hay quienes
han optado llamarlo como León Víctor Bougeois, “padre del so-
cialismo francés”, como Stekloff, “padre del anarquismo” y como
Dolléans, “gran filósofo y tribuno de la plebe europea”.

León Tolstoi.

De él dijeron: Tolstói, el ascetismo estético se confunde con el


ascetismo moral, el poeta con el profeta. Es el anarquista absoluto.
La tierra para todos, mediante el amor; no resistir al mal; abolir
la violencia; he aquí un sistema contrario a toda sociedad, a toda
asociación, [...] porque toda ley, todo reglamento, toda forma per-
manente del derecho –derecho del burgués o derecho del pro-
letario–, se funda en la violencia. ¡Y decir esto en Rusia! El Santo
Sínodo excomulga a Tolstoi, sus libros son secuestrados, sus edito-
res deportados. Es el revolucionario y el hereje sumo.

Se ha discutido y se discute sobre el anarquismo del escritor y


aristócrata ruso, que fue un cristiano sin Dios ni Iglesia, un cris-
tiano de obras, de una filosofía por una buena vida basa en el
trabajo atrayente y la fraternidad por encima de las razas o los
credos. No fueron pocos los anarquistas que apreciaron su obra
y apostolado pedagógico, pero rechazaron su pacifismo de la
otra mejilla. Tolstói fue uno de los escritores que más influyeron
en la formación y en la evolución de aquellos obreros y obreras
que encontraron en sus libros una escalera atractiva y asequi-
ble, que le lleva a cuestionar su fe y su papel en la sociedad.

Tolstói fue reconocido por muchos anarquistas como uno de


ellos, como alguien que quería lo mismo que ellos. Kropotkin
88
mantuvo una relación amistosa desde lejos y, un sentimiento
de admiración. Max Nettlau, conocido como “el Herodoto de la
anarquía”, lo consideró un anarquista pacifista.

La novela “Guerra y Paz” escrita en 1,864 narra la vida de va-


rias familias rusas durante los años 1,805 a 1,813. En ella se re-
lata la iniciación masónica de uno de los protagonistas, Pierre
Bezukhoz, con una minuciosidad tal que hacen sospechar que
Tolstoi era masón y que estaba describiendo su propia expe-
riencia como masón.
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Bezújov encontró en Karatáiev contraste radical con la de su pri-
mer mentor, Osip Alexéievich Bazdéiev. Mientras que el masón
había adquirido su sabiduría con años de estudio y dedicación,
el campesino lo había hecho a través de la experiencia de vida
y la ingenua observación de la naturaleza humana. De igual for-
ma, mientras que Bazdéiev llevó a Pierre por el camino de la
masonería, una institución que no era de origen ruso, Karatáiev
le mostró un mundo que era el propio pero que el conde se
había rehusado a ver y conocer a pesar de tenerlo tan cerca,
basado en el altruismo, en el trabajo y en una espiritualidad y
misticismo sencillos y directos, un mundo que sólo requería de
la fe y no de grandes esfuerzos ni conocimientos intelectuales,
asi Tolstoi logra dar cuerpo a esta gran alegoría que es “Guerra
y Paz”.

De Tolstoi podemos decir, que se sospecha de su pertenencia al


anarquismo como de la masonería.

Anselmo Lorenzo Asperilla.

El español Anselmo Lorenzo, dice: “Fui iniciado en la Respetable


Logia “Hijos del Trabajo” el 13 de diciembre de 1,883, a la cual
he pertenecido siempre, asistiendo constantemente a todas sus
tenidas, desde aquella fecha hasta el presente salvo casos de en-
fermedad y muy contadas de ocupación profana indispensable”.

Entre los años 1,870 y 1,900, se constata que, con excepción de


algunas logias compuestas básicamente de trabajadores, los
elementos de la clase obrera que se acercan a las Logias, gene-
ralmente son de la elite intelectual o los redactores y directores
de prensa. Así ingresaron a la masonería José Lunas y Pujals,
fundador y director del semanario anarco-republicano-catala-
nista “La Tramuntana”, en Barcelona; Antonio Pellicer Peraire,
director de las revistas anarquistas barcelonesas “Acacia” y “El
Productor”, así como colaborador en la redacción de la obra
“Garibaldi Historia liberal del siglo XX” de Rafael Farga Pellicer.
90
Estos dirigentes del proletariado son bienvenidos a la masone-
ría, aunque como es el caso de Anselmo Lorenzo, prediquen la
futura destrucción del Estado y el subsiguiente advenimiento
de la sociedad ácrata. Por ello el anarquismo ibérico, era celoso
de su pureza y reacio a dejarse contaminar por la “podredum-
bre burguesa”.

La masonería española, pretendía integrar a todas las clases so-


ciales en un proyecto social y filosófico vago, pero era capaz de
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movilizar a los “hermanos” en tareas como la redención del pro-
letariado. El movimiento anarquista por su parte, como fenóme-
no social de carácter heterodoxo, combatía el status social vi-
gente, generando atracción entre dicho anarquismo y toda una
amplia gama de “ideologías” heterodoxas, como pueden ser el
espiritismo, el laicismo, el librepensamiento o la masonería.

En este contexto, el movimiento anarquista se aboca a ejercer


la dualidad de pertenecer a una organización obrera y, a crear
logias dentro de la obediencia de las órdenes masónicas, usán-
dolas como plataforma y modo de supervivencia del movimien-
to obrero al que pertenecen. Esta dualidad no estuvo exenta
de tensiones, tanto por parte del movimiento obrero contra los
que pertenecían a la masonería, como por parte de los masones
contra los que ejercían esta dualidad.

En 1,889 estalla una encendida polémica en el seno del mo-


vimiento anarquista: la necesidad o la imposibilidad de ser al
mismo tiempo masón y anarquista. Las dificultades en contem-
porizar anarquismo y masonería parecen obvias si se define al
movimiento anarquista, como una actitud permanente de con-
dena de la sociedad, aun cuando esta condena pueda proceder
de una concepción individualista de la naturaleza del hombre.
Para los anarquistas el método es siempre el de la rebelión so-
cial, sea violenta o no. La masonería critica, pero no condena a
la sociedad.

No se debe olvidar, que todo este proceso fue fruto de una épo-
ca. Época en que el movimiento obrero luchaba por defender
su razón de ser, su crecimiento y su pervivencia, y con la maso-
nería les unía parte de su lema: “Igualdad y Libertad”.

La relación fue beneficiosa para ambas organizaciones. Los lí-


deres obreristas dualistas consiguieron sobrevivir, tanto econó-
micamente como intelectualmente, manteniendo vivo su pen-
samiento y dándolo a conocer, mientras eran represados por
92
el poder político. El beneficio para la masonería, fue que los
masones tomaron conciencia de las injusticias cercanas palpa-
bles y eso los convulsionó. Fruto de ello, fueron sus posteriores
intentos y participación en el terreno social, con fines filantrópi-
cos, para ayudar a las víctimas de las injusticias sociales.

En este escenario, el masón Anselmo Lorenzo, cuyo nombre sim-


bólico era Gutenberg, había ocupado la Silla de Salomón de su
Logia, en 1,889 fue Primer Gran Vigilante de la Gran Logia Pro-
vincial de Cataluña, que agrupaba a todas las logias catalanas
pertenecientes al Gran Oriente de España. En 1,893 alcanzó el
grado 30° y, gozaba de un gran prestigio en la orden. Sus traba-
jos masónicos no diferían en absoluto con sus ideas anarquistas.
Revindico públicamente la compatibilidad de la masonería con
el anarquismo y, no dejo a duda, que valoraba tanto pertenecer
a la masonería como al anarquismo, generándole problemas
tanto en su logia como en el obrerismo, situación que se agravo
cuando fue acusado injustamente de actos violentos terroristas,
en el atentado contra la procesión del Corpus Christi, el 7 de
junio de 1,896 en la barcelonesa calle de Cambios Nuevos. El
atentado, dio pie a una amplia persecución gubernamental con-
tra el anarquismo: cuatrocientas personas fueron detenidas, en-
tre ellas Anselmo Lorenzo, que tras su encierro en la fortaleza de
Montjuic y negándose a pedir el indulto, fue deportado a París.
Retorno a Barcelona en 1,899 por amnistía, para nuevamente ser
deportado en 1,909

Anselmo estaba más cerca de Kropotkin y Réclus, que de Baku-


nin, y consideraba a la masonería como una herramienta para
liberar al hombre de sus cadenas materiales y mentales. Conci-
bió a la masonería como una organización que limpiaba al ser
humano de toda escoria con que le habían embrutecido en este
mundo injusto y degradante. Qué duda cabe, era un mesiánico
laico decimonónico.

Independientemente del contacto que estos hombres tuvieron


93
con la Francmasonería, no hay evidencia de que su política haya
tenido un impacto real en la Francmasonería, o que las enseñan-
zas de la Francmasonería hayan tenido alguna influencia en su
política.

Sin embargo hay aspectos de la masonería que lo vínculo con


el anarquismo.

LA FILANTROPÍA MASÓNICA.

Alberto Valín Fernández en, “La masonería y el movimiento obre-


ro: imagos e ideas para una reflexión teórica” cuando se refiere
a la filantropía masónica y el proletariado dice: “la masonería o
hiramismo británico fue el primero en preocuparse, a nivel estric-
tamente filantrópico, de la cuestión obrera en su industrializado
Reino Unido. La fundación y sostenimiento de instituciones de be-
neficencia como hospicios, escuelas y centros asistenciales donde
se acogió a una zona menesterosa del primer proletariado mo-
derno de la historia, fue y es una de las preocupaciones más re-
levantes de toda su acción corporativa”. Continua: “Todo tipo de
masonería, tanto la denominada “regular” como ha sido y sigue
siendo la anglosajona como la “irregular” o “liberal” como casi
siempre fueron, a lo largo de la historia, las llamadas masonerías
latinas, ha tenido la estatutaria obligación de realizar, primordial-
mente, la práctica del altruismo; pero la masonería British ha he-
cho, desde la propia fundación de esta asociación, más hincapié
en potenciar la caritativa labor de su organización. El origen de
todo ello está quizá en su propio rito masónico, el llamado Emu-
lation Working, no olvidemos que para este rito, los tres principios
en los que reposa la auténtica masonería son, por su orden: el
Amor fraternal, la Beneficencia y la Verdad.

Más tarde, ya entrado el siglo XIX, las logias inglesas irán asimi-
lando en sus iniciáticos misterios a elementos instruidos y cuali-
ficados de su proletariado nacional, llegando la masonería britá-
nica en esta preocupación proletarista al extremo de ofrecer sus
94
propios locales para que dieran cobijo a una de las más impor-
tantes reuniones preparatorias de la Primera internacional obre-
ra, como recogen, tanto el historiador alemán Max Nettlau como
el anarquista y masón español Anselmo Lorenzo –citando éste la
obra Garibaldi: Historia Liberal del Siglo XIX de Rafael Farga y
Pellicer–, cuando el engolado y prestigioso hiramismo británico
decimonónico cedió su Free Masons Tavern para que aquel cé-
lebre mitin, convocado por Karl Marx, la denominada Fiesta de
la Fraternización Internacional del 5 de agosto de 1,862, pudiese
llevarse a efecto” (pág. 13).

Inauguración de un orfanato masónico en Londres en 1,788

95
El movimiento anarquista en Inglaterra es puramente judío sal-
vo rarísimas excepciones. ¿Alguien desconoce el papel de la
literatura anarquista judía? ¿Cuál el primer idioma entre los di-
versos en que se edita la literatura anarquista?

Max Nettlau en su obra “La anarquía a través de los tiempos” nos


dice, si no fuese por los francmasones socialistas organizados
en “las pequeñas logias masónicas avanzadas de 1,850 y 1,858,
que reunían socialistas internacionales”, refiriéndose sin duda a
las logias “menfitas” de la Grande Loge de Philadelphes –for-
madas, en un principio, por exiliados republicanos y socialistas
franceses en Londres–, “no se podría llegar jamás a la reunión
fundacional de la Asociación Internacional de Trabajadores del
28 de septiembre de 1,864”.

Algo semejante ocurre en otras naciones como los Estados Uni-


dos, donde su primer sindicalismo de clase, poseerá una no-
menclatura de clara influencia masónica: el sindicato de zapa-
teros “Los Caballeros de San Crispín”, que se estructuraba por
“logias”; los sastres de “La Noble Orden de los Caballeros del
Trabajo”, que se organizaban secretamente en “logias”, adop-
tando complejos rituales y disimuladas señas y contraseñas de
reconocimiento, con el fin de que, “ningún espía del patrón pu-
diese hallar la manera de entrar en el salón de la logia para trai-
cionar a sus camaradas”, también hay que recordar que su más
alta jerarquía sindical se denominaba “Gran Maestre Obrero”.

En Francia prerrevolucionaria, encontramos en la masonería de


provincias a logias que, comienzan a aceptar entre sus colum-
nas, a pequeños artesanos. Durante el Primer imperio, se ini-
cia el lento proceso de aceptación de proletarios en las logias
francesas que se irá acentuando, progresivamente, a partir de
la Restauración borbónica. Durante la monarquía burguesa de
Luis Felipe de Orleans, se rebajarán las tasas o gastos mínimos
de iniciación y habrá una declarada política de permisividad,
con la exigencia de la alfabetización del neófito.
96
Serán los masones franceses exiliados en Inglaterra después
del golpe de Luis Napoleón Bonaparte, los que fundan, en el
Rito de Menphis –único prohibido por el Estado imperial fran-
cés–, la logia Philadelphes, cuyo título anunciaba –o recordaba–
viejos aires conspiradores, logia madre de la que saldrá la gran
logia del mismo nombre.

En este ambiente de masonería republicana y social democrá-


tica cada vez más extenso, con su recién fundada Gran Logia de
Philadelphos, encontraremos a republicanos y socialistas céle-
bres como Jean-Baptiste Boichot, Bradlaugh, el yerno inglés de
Marx, o Louis Blanc, y de este entorno masónico saldrá nada
menos que la Sociedad Fraternal de Demócratas - Socialistas
Franceses, y destacados internacionalistas como Le Lubez,
Combault, Vésinier o Benoit, los auténticos organizadores de la
A. I. T.

Estos masones consideraban a su institución como un auténtico


y arquetípico modelo de democracia con la obligada praxis de
ayudar a la transformación de la sociedad humana, siguiendo la
vieja y triangular divisa masónica de “Libertad, Igualdad y Fra-
ternidad”, y a la logia, como una escuela de formación cultural
y científica.

En 1,867, esta corriente masónica tendrá como principal teórico


a un viejo utópico sansimoniano, amigo y “hermano” de Proud-
hon, Marie-Alexandre Massol, se separará un pequeño grupo
anarquizante que creará la revista L’Action maçonnique, carac-
terizado por un violento anti teísmo y pretenderá convocar a la
masonería para que se comprometa, directamente, en las luchas
políticas y sociales.

En España, país de tardía Revolución industrial, la masonería,


comenzó a iniciar a proletarios, en el llamado Sexenio revolu-
cionario o democrático (1,868 - 1,874), sabemos de logias como
“Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad”, cuyo “cuadro logial”
97
poseía un abultado número de operarios de la fábrica de vidrio
de Gijón. A partir de 1,868, según las “obediencias” o “maso-
nerías”, se inicia una campaña de popularización de las logias,
al dirigir su acción proselitista hacia los obreros, hasta el final
de la guerra civil, en 1,939. Un extenso número de anarquistas,
socialistas y algún comunista, serán miembros de las logias es-
pañolas, desde el s. XIX hasta el final de la Segunda república.

LOS MASONES REVOLUCIONARIOS.

El s. XIX fue el siglo de las Revoluciones. Florecía la ciencia y


la filosofía. Fue la masonería el punto de unión entre burgueses
cristianos, judíos, árabes, europeos, americanos, asiáticos y afri-
canos. Sin raza, sin credo, unidos por la unión a la hermandad, a
la obediencia y a la logia con sus valores comunes. Orientales y
Occidentales compartían el mismo ideal humanista. Pero con el
tiempo, el carácter que adoptaron las revoluciones en el orbe,
reflejaba el desarrollo de las naciones.

A medida que iban acumulando poder desplazaban a los no-


bles y clero como aristocracia, los capitalistas iban adquiriendo
sus vicios de los desplazados. De progresistas liberales se vol-
vieron simplemente conservadores, de todo tipo de colores y
tendencias. Perdían el ímpetu de la revolución transformadora y
se integraban en estructuras estatales y empresariales cada vez
más y más opresivas, hasta el punto de instigar las peores ma-
tanzas y carnicerías que el mundo había visto hasta entonces.

La burguesía era el nuevo poder, los cargos eran acaparados y


se amparaban en los lazos de hermandad en diferentes socie-
dades iniciáticas y religiosas, y la masonería así como el judaís-
mo y otros, no eran la excepción. Decían, que toda una serie de
tendencias imperialistas, tenían como punto de encuentro, de
los que acumulaban el poder, en la masonería.

En solo una centuria la burguesía se convirtió en el antagonista


98
del obrero. Fue entonces cuando la masonería, como organiza-
ción, fue calificada como burguesa y a fuerza de propaganda
mal intencionado, buscaban que lo aborreciera el pueblo. Así
los “nuevos revolucionarios”, el clero eclesiástico, los marxistas,
comunistas, socialistas y anarquistas enfilaron sus baterías con-
tra la masonería.

En América del Norte, Centroamérica y América del Sur, los


masones se caracterizaron fundamentalmente por ser revolu-
cionarios y lideraron todas las guerras independentistas contra
el poder colonial de las potencias europeas, y sobre este tema
hemos escrito varios documentos y en distintos momentos: “La
masonería en el Perú”, “Las gestas libertarias en el Perú”, “Los
masones y la independencia del Perú”, “El libertador Don José
de san Martín”, “Los masones en la independencia del América
del Sur y Centroamérica” y “Masones logran independencias y
libertad”. Se destacan en ellos los masones George Washington,
Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Joseph Gilbert, Toussaint
Louverture, Miguel Hidalgo, Túpac Amaru, Francisco de Miran-
da, Simón Bolívar y San Martín, junto a una larga lista de maso-
nes en cada país que lucho por su independencia.

La masonería revolucionaria independentista de los criollos


sudamericanos se organizó en las logias Lautaro, cuyo antece-
dente masónico constituye “La Gran Reunión Americana”, tam-
bién conocida como “Logia de los Caballeros Racionales”, fun-
dada por Francisco de Miranda en el año 1,797 en Londres. El
objetivo de esta logia era lograr la independencia de América
de los españoles. En Cádiz (España), en el año 1,811 y en honor
al caudillo mapuche Lautaro, se funda con el nombre de Logia
Lautaro, la organización masónica que tuvo como miembros a:
Francisco de Miranda, Santiago Mariño, Andrés Bello, Luís López
Méndez, Simón Bolívar, José María Caro, Bernardo O’Higgins,
José Miguel Carrera, Juan Pablo Fretes, José de San Martín, To-
más Guido, José Cortes de Madariaga, Francisco Isnardi y otros.
Luego se establece la primera filial en América, en Buenos Ai-
99
res, en 1,812, por José de San Martín, Alvear y Zapiola. Tenía
como objetivo luchar para lograr la independencia continental,
triunfando en el plano militar, y haciendo que la política siguie-
ra ese objetivo básico. Se unió a la Sociedad Patriótica que fuera
creada por Mariano Moreno. Durante el proceso y la guerra por
la independencia se crearon otras filiales más, dentro de ellas
se tiene la de Chile, Perú, Bolivia y Uruguay.

Garibaldi durante la batalla de Calatafimi.

100
En Europa se construyó también una imagen romántica del re-
volucionario masón. Este tipo de costumbre, nos hablan de cons-
piraciones de los Iluminados de Babiera de Adam Weishaupt
–de nombre de guerra Spartakus–, que había copiado formas
y maneras francmasónicas para crear aquella subversiva aso-
ciación con sus sobrenombres y sus grados; la orgánicamente
triangular conspiración de los iguales de François Noël Babeuf,
de sobrenombre Gracchus; los Philadelphos con sus tres grados
y sus nombres de guerra; la Sociedad de los Sublimes Maes-
tros Perfectos creada como una “organisation secrète politique
de forme maçonnique”, como nos explica el Dictionaire de la
Francmaçonnerie de Daniel Ligou, por el discípulo de Babeuf,
el francmasón Philippe Buonarroti.

Así mismo están las sociedades secretas conspiradoras que, re-


medando parte de las formas y maneras francmasónicas, fueron
apareciendo a lo largo de la primera mitad del s. XIX, como el
carbonarismo, los comuneros, los anilleros, las sociedades se-
cretas republicanas en Francia, las mazzinianas Joven Italia y
Joven Europa, las de los progresistas a lo largo de toda la espa-
ñola Era isabelina y, ya dentro del incipiente movimiento obre-
ro internacional, la secreta Fraternidad internacional creada, en
1,864 y en Florencia, por Mihail A. Bakunin.

Esta sociedad secreta bakuniniana estaba proyectada, como


Weishaupt había pensado la suya cien años antes y León Trots-
ki en Rusia, lo hará más tarde, la secreta técnica partidaria de
infiltración denominada “entrismo”, que es la utilización de la
organización secreta de iniciados, para introducirse, clandes-
tinamente, en otras asociaciones –como llegó a intentar con la
propia Internacional Bakunin–, para manipular aquéllas, gran-
jeándose simpatías o inclinando a esas organizaciones, hacia
sus propias ideas o fines estratégicos; veámos como es eso: “La
sociedad internacional revolucionaria se constituirá en dos orga-
nizaciones diferentes: familia internacional propiamente dicha y
las familias nacionales (...). La familia internacional. Únicamen-
101
te compuesta por hermanos internacionales, tanto honorarios
como activos, será ella la clave de bóveda (...). El candidato (...).
Es preciso que esté convencido de que no podrá servir mejor
que compartiendo nuestros trabajos, y que sepa que, al ocupar
un puesto entre nosotros, contraerá con respecto a nosotros el
mismo compromiso solemne que nosotros contraemos respecto
a él (...). Debe comprender que una asociación cuyos fines son
revolucionarios debe necesariamente formarse como sociedad
secreta, y que toda sociedad secreta en interés de la causa a la
que sirve y de la eficacia de su acción, así como en el de la segu-
ridad de cada uno de sus miembros, debe someterse a una fuerte
disciplina, que no es por otra parte más que el resumen y el puro
resultado del compromiso recíproco que todos los miembros han
acordado unos respecto a otros, y que por lo tanto es una condi-
ción de honor y un deber el someterse cada uno a todo ello (...),
no toleraremos más que un maestro, nuestro principio (...). Incli-
nándonos con respecto ante los servicios pasados de un hombre,
apreciando la gran utilidad que podrían aportarnos los unos por
su riqueza, los otros por su ciencia, los terceros por su alta po-
sición y su influencia pública, literaria, política y social, lejos de
buscarles por todo ello, veremos en lo dicho un motivo de des-
confianza (...). Al entrar entre nosotros, el nuevo hermano deberá
comprometerse solemnemente a considerar su deber hacia esta
sociedad como su primer deber, concediendo como su segunda
obligación su atención a cada miembro de la sociedad, su herma-
no” (Guerin, D. Ni dios ni amo pág.151).

Bakunin crea esta conspiradora Fraternidad con masones de


la talla revolucionaria de Giuseppe Fanelli o Saverio Friscia en
la inquieta Florencia de 1,865, justo cuando este arquetipo del
revolucionario romántico ruso asistía en esa misma ciudad de
Toscana, el 21 de mayo de ese año –nada menos que como de-
legado del Cónclave masónico toscano por el Rito Escocés An-
tiguo y Aceptado–, a la primera asamblea constituyente de la
masonería italiana. En aquella efervescente masonería italiana
“post unitario” el camarada vitamine de Léo Ferré intentó in-
102
fructuosamente reformar de raíz a esta masonería, orgánica y
teológicamente.

Hacía un año que Bakunín, el romántico conspirador de origen


ruso había abandonado las causas revolucionarias nacionalis-
tas para centrar toda su energía en la causa social. Prueba ésta
–como otras muchas– de la fuerte influencia que el liberalismo
radical tuvo en el nacimiento del pensamiento anarquista.

Esta secretísima sociedad revolucionaria fundada y sostenida


por Bakunin y denominada, curiosamente, de variadas mane-
ras como: Sociedad Internacional Revolucionaria, Fraternidad
Internacional, Societá dei Legionari della Rivoluzione Sociale
Italiana –y que, por otro lado, esta prolija forma de denominarla
nos refleja una vez más el apasionado y pulsional Bakunin, que
tanto cuidó y llevó siempre dentro–, acabaría siendo el origen
o la causa de las denuncias dirigidas contra él en el seno de
la Internacional, por parte de un “britanizado” intelectual como
Karl Marx, su yerno Lafargue, Engels y Utin, ocasionando la ex-
pulsión del carismático Bakunin el l’enfant terrible de la A.I.T.,
en 1,872.

Si hablamos de Inglaterra, en su apogeo el anarquismo promo-


vió una visión ampliamente atractiva de una sociedad libre y sin
estado. Los delegados en el Congreso Anarquista Internacional
en 1,881 adoptaron la estrategia de “propaganda por acción”.

Un solo ataque podría “hacer más propaganda que miles de pan-


fletos”, dijo el filósofo anarquista Kropotkin, y los anarquistas
llevaron a cabo docenas. Armados con dinamita recién patenta-
da, la primera arma de destrucción masiva ampliamente dispo-
nible, los anarquistas transformaron sitios de sociabilidad bur-
guesa, en sitios de escenas de asesinatos.

Europa y Estados Unidos reaccionaron incrementando los po-


deres de la policía y aprobando actos para desterrar a los anar-
103
quistas o prohibirles la entrada. La única excepción fue Gran
Bretaña, que se enorgullecía de las tradiciones de asilo y liber-
tades civiles. Los anarquistas en fuga se congregaron en Lon-
dres, relativamente sin problemas por parte de la policía. Lo
mismo hizo miles de migrantes europeos, principalmente ju-
díos del este de Europa que huían de la persecución en Rusia.
Desde 1,881 hasta 1,901, el número de rusos y polacos en Lon-
dres saltó de menos de 9,000 a más de 53,000, lo que provocó
una reacción: partes de Londres eran “una ciudad extranjera”.

Las masas de inmigrantes y el puñado de anarquistas eran bas-


tante distintos. Pero la gente creía –influenciado por los periódi-
cos y las novelas sensacionalistas– que algunos extranjeros po-
dían ser revolucionarios que arrojaban bombas, no pensaban
racionalmente sobre las diferencias.

Cartel anunciando conferencia sobre anarquismo en 1,894. Bibliote-


ca, Universidad de Leicester.

104
Cuando ocurrió el ataque de Greenwich, pareció confirmar las
sospechas sobre los extranjeros y la violencia. La policía se aba-
lanzó sobre un club anarquista alemán en Soho y detuvo a italia-
nos sospechosos de construir bombas. Cientos de manifestan-
tes asaltaron el cortejo fúnebre de Bourdin, arengando “¡No hay
bombas aquí!”, “¡Regresa a tu propio país!”.

Pero la mayor amenaza terrorista provenía de los propios súb-


ditos británicos: los nacionalistas irlandeses. En la década de
1,880, los revolucionarios irlandeses habían dinamitado el me-
tro de Londres, la Torre de Londres y la Cámara de los Comunes.

Pero eso no quiere decir que el anarquismo no tuvo impacto.


El anarquismo ayudó a moldear las modernas restricciones de
inmigración en Europa y los Estados Unidos. Apoyó la consoli-
dación de la policía internacional cuando los agentes de justicia
penal se reunieron en 1,914 para abordar la amenaza del anar-
quismo y formaron lo que se convirtió en la Interpol de hoy. La
vigilancia más estricta de las fronteras. En 1,905, el Parlamento
Británico, aprobó una Ley de Extranjería, que limitaba la inmi-
gración por primera vez en su historia.

LAS REVOLUCIONES SE APROPIAN DE LA ICONO-


GRAFÍA Y RITUALES MASÓNICOS.

“La masonería es un hermoso sistema de moral, velado por ale-


gorías e ilustrado por símbolos”, y la república federal de los Es-
tados Unidos de Norteamérica, en su independencia se apropió
de la iconografía y simbología masónica, aun cuando mejor se-
ría decir que “hicieron suya”, debido a que en su revolución par-
ticiparon francmasones como Benjamín Franklin, George Was-
hington, Joseph Gilbert “el marqués de La Fayette”, Thaddeus
Kosciuszko, Thomas Adams, Joseph Warren, Richard Caswell, y
un largo etc. Quienes hicieron suyo la divisa masónica “Liber-
tad, igualdad y fraternidad”, no en la teoría, sino en la lucha por
su independencia.
105
Desde su misma gestación como nación y sobre todo durante
los primeros años de su historia, que corresponden a los dos
gobiernos de su primer presidente el masón George Washing-
ton, los ex-colonos británicos, padres de aquel nuevo Estado Li-
bre, no queriendo remedar para nada, los símbolos, apariencias
y fórmulas institucionales de las viejas monarquías, encontraron
en los símbolos, emblemas y el ritual masónicos, la base icono-
gráfica y algunos de los ritos protocolarios para aquel nuevo
Estado federal.

Una muestra arquetípica de todo esto, encontraremos en el di-


seño de su bandera: Stars and Stripes, que nos recuerda a la
“Logia”, la masónica y “universal” “Bóveda celeste” de su cantón
con sus “estrellas flamígeras” blancas sobre el azul firmamento,
que se pinta obligatoriamente en el techo de la logia.

Las mencionadas “estrellas flamígeras”, asociadas ritualmente


al segundo grado, de “Compañero Masón”, pueden representar
el “compañerismo” o camaradería entre otros significados eso-
téricos.

Para colocar la “primera piedra” del edificio fundamental de la


nueva y revolucionaria democracia, su primer presidente la va
a ubicar ceremonialmente “investido” con los llamativos atribu-
tos masónicos de un “Gran Maestro Masón” y no, como cabría
esperar, como un victorioso general militar o como un sencillo
y democrático presidente “laico” o civil. No olvidemos que ello,
llegaron a ser auténticas apoteosis, las bases iconográficas del
constructor “militar, liberal y obviamente masón”.

Esta ceremonia ha quedado perennizado en un cuadro de pin-


tura, donde el presidente de la república G. Washington, cabeza
descubierta, vestido para el ritual como “Gran Maestro” con sus
guantes blancos, mandil, collar y “joyas” de su “Dignidad”, hace
descender el sillar aparentando que lo empuja con su mallete,
mientras tres acólitos, también sin sombrero, vestidos masóni-
106
camente de ritual con mandiles, guantes y collares, esperan, so-
lemnemente, con el trigo, el vino y el aceite para derramarlos
sobre la piedra, consagrándola y dando por terminada la cere-
monia de fundación.

Alrededor de esta escena el público: mujeres, niñas, un niño,


tres obreros sosteniendo la cuerda en polea que mantiene y
hace descender el sillar, la bandera federal, un militar tocando
el tambor, y muchos hombres, la mayor parte de los cuales son
masones con el mandil atado a su cintura. Como se ve, la nue-
va república, quizás debido a la falta de un completo protoco-
lo institucional republicano y al posible deseo personal de su
presidente, se apropiaba de los usos y costumbres masónicos,
permitiendo esta extraña y formal imbricación simbiótica de su
República con el “Gran Arquitecto del Universo”.

La primera piedra del nuevo Congreso fue colocada el 18 de


septiembre de 1,793. La ceremonia estuvo presidida por la
“Gran Logia de Maryland” y Washington dirigió el acto. En la
ceremonia estaban presentes todas las logias de Maryland y re-
107
presentantes de la Alexandra, Virginia, que presidía el propio
Washington. Se organizó un desfile en el que participaron una
compañía de artillería y las logias luciendo sus insignias masó-
nicas. Los representantes de las logias entregaron a Washington
una placa en la que estaba grabada el nombre de todas las lo-
gias que participaban en el acto. Washington oró y dio un breve
discurso. Llevaba encima los símbolos masones de la trulla de
plata, la escuadra y el nivel, además del mandil masónico que
todavía se conserva en un museo.

El diseño del Capitolio lo hizo el arquitecto William Thorton. La


colocación de la primera piedra del Capitolio también se hizo
mediante un rito masónico. La ceremonia estuvo dirigida por
Jenkins Heights. Estuvo presente el presidente George Washin-
gton y una compañía de voluntarios. La logia Nº 22 de Virgi-
nia y la Nº 9 de Maryland recibieron al Presidente. En el propio
monumento del Capitolio, en la hoja izquierda de la puerta del
Senado, hay un panel diseñado en 1,868 en el que se ve a Was-
hington participando en la ceremonia de dedicación. Uno de
los caballeros que están a la espalda de Washington sostiene
dos escuadras y el Presidente lleva en la mano una paleta. To-
dos llevan el mandil masónico. El constructor de la cúpula del
Capitolio, Charles Bulfinch, también era masón. Todos los edifi-
cios tienen símbolos masónicos en su decoración. El arquitecto
nombrado para construir la Casa Blanca fue James Hoban, que
había diseñado el capitolio de Carolina del Sur. Hoban estaba
afiliado a la Logia Nº 9 de Georgetown.
108
Más tarde, será la Francia revolucionaria, que emulara el pre-
cedente revolucionario norteamericano, recogiendo tanto a ni-
vel de publicidad oficial como a nivel panfletario, infinidad de
“símbolos” o referentes iconográficos masónicos, componiendo
una complejísima emblemática revolucionaria de “igualitarios”
niveles, “moralizantes” escuadras, “Deltas sagradas”, “Estrellas
flamígeras”, “compases”, “Ojos”, “colmenas” con sus laboriosas
“abejas”, estables y seguras anclas, pirámides, obeliscos, Tem-
plos de Salomón, etc.

Eslogan original de la Rev. Francesa, Biblioteca nacional de Francia.

Los panfletos, folletos y opúsculos, poseerán, en ocasiones, un


clarísimo influjo iconográfico masónico, formado por el variado
ámbito de la impresión y las sociedades jacobinas.
109
Bajo la influencia de los clubes jacobinos, se imprimieron infini-
dad de panfletos preñados de clara iconografía masónica don-
de, por lo general, los símbolos más repetidos serán el equi-
librado y divino “Delta” y el “igualitario” nivel. Hoy se puede
encontrar, abundantes colecciones de estos panfletos.

El porqué de estas fuertes influencias entre la masonería y el


jacobinismo se debe posiblemente, a que la historia del desa-
rrollo orgánico o estructural de los partidos políticos contem-
poráneos, le debe muchas influencias a la masonería. Camille
Desmoullins comentaba sobre la sociedad (jacobina) de la ca-
lle St. Honoré: “Es su Gran Oriente, el centro con el cual todos los
jacobinos y amigos de la constitución de los 83 departamentos,
mantienen correspondencia”. Las sociedades masónicas, como
los clubes que (también) precisaban certificados de afiliación (o
diplomas), enviaban sus listas de miembros y estatutos a la capi-
tal, poniendo allí a buen recaudo las cartas de recomendación
de las logias cercanas. Sus peticiones expresando devoción a la
masonería y su deseo de admisión en el Gran Oriente, suenan
de modo notablemente familiar a las escritas posteriormente por
las sociedades (jacobinas) de provincias. En la estructura orga-
nizativa, tanto jacobina como masónica, las redes regionales se
desarrollaron agrupadas en torno a los centros urbanos provin-
ciales. Y, aunque los jacobinos carecían de algo comparable con
la asamblea nacional (masónica) en la capital, a la que cada logia
enviaba un representante, el club de Lille intentó sin éxito instau-
rar una “sociedad madre” para implantar un sistema similar en la
primavera de 1,790” (Kennedy, M. L. The Jacobins Clubs in the
French Revolution. The First Years. págs. 6-7).

En los primeros días de la revolución, la masonería proporcionó


gran parte del simbolismo clave y el ritual, comenzando con la
bienvenida masónica bajo una “bóveda de espadas” del rey en
el Hotel de Ville, tres días después de la caída de la Bastilla. Sin
duda, la mayoría de los masones franceses anteriores a la revo-
lución no habían sido “revolucionarios, ni siquiera reformadores,
110
ni siquiera descontentos” y, incluso durante la revolución, la ma-
sonería como tal permaneció políticamente polimorfa: “Cada
elemento social y cada tendencia política podían ‘ser masones’
como lo deseaba”. Pero la masonería proporcionó un terreno
rico y relativamente no tradicional para nuevos símbolos nacio-
nales –monedas, canciones, pancartas, sellos–, nuevas formas
de dirección (tu, frère, vivat!), y nuevos modelos para organiza-
ciones cívicas, particularmente fuera de París.

Después, el Imperio napoleónico volvería a oficializar estatal-


mente infinidad de iconos masónicos, como también a la propia
masonería francesa y a sus propagandísticas logias militares. El
propio Napoleón ordenará que sus trajes de emperador este
bordado con abejas y flores de lys, mientras los militares em-
pezando por el diseño de botonaduras, numismática, medallas,
etc. Emplearan simbología masónica.

En España la presencia masónica se da con gran énfasis duran-


te los llamados Sexenio Democrático de 1,868 al 1,874, La Res-
tauración Borbónica de 1,875 a 1,902 y la Segunda República
Española de 1,931 a 1,936. En ellos los símbolos y emblemas
masónicos se hicieron parte del arte iconográfico español.
111
112
Un claro ejemplo de ello es la alegoría de la proclamación de la
Primera República Española, aparecida en la revista humorísti-
ca “La Flaca” N° 55, el 6 de marzo de 1,873. Este semanario era
de tendencia política liberal, anticarlista, republicana y federal,
y fue publicado en Barcelona entre los años 1,869 y 1,876, es
decir, durante el llamado Sexenio Democrático. La libertad de
prensa disfrutada en aquel período permitió el desarrollo de
este tipo de revistas satíricas, que se vendían no sólo en España
sino también en sus territorios de ultramar e incluso en Francia
o Italia. A pesar de ello, “La Flaca” estuvo muy vigilada por la
censura y fue suspendida en varias ocasiones, debiendo publi-
carse de manera clandestina bajo encabezados diferentes. Una
colección digitalizada de la revista puede hallarla en: http://re-
vistalaflaca.blogspot.com/p/la-flaca-digitalizada.html

El autor de la imagen publicado en “La Flaca”, es el dibujante


catalán Tomás Padró Pedret. Autor de la totalidad de las ilus-
traciones que aparecían en “La Flaca”, donde firmaba con el
seudónimo AºWº. La figura principal es una mujer joven, alada,
tocada con un gorro frigio y vestido con una túnica roja que deja
un pecho al descubierto, a su espalda se encuentra el arco iris.
Su mano derecha se apoya en una lápida con una inscripción
que dice “LEY. RF”, mientras que su mano izquierda sostiene
una balanza. Una mujer vestida con una túnica roja, al estilo de
una matrona romana, era una imagen habitual para represen-
tar a España en las pinturas alegóricas del Renacimiento y del
Barroco. El detalle del pecho descubierto se relaciona con la
práctica de alimentar a sus pobladores, considerados como hi-
jos de la patria. Las alas son un símbolo de la victoria tomado de
la escultura clásica, al igual que las hojas de laurel que asoman
por encima de su cabeza. La balanza es un símbolo tradicional
de la Justicia que se le presupone a cualquier poder político.
Las novedades iconográficas se centran en el gorro frigio y en
las tablas de la Ley. El gorro frigio es una especie de caperuza
de forma cónica pero con la punta curvada, normalmente con-
feccionado con lana o fieltro. Aunque sus orígenes están en el
113
Mundo Clásico, constituye un símbolo de la libertad, de la razón
y del republicanismo que fue muy difundido durante la Revolu-
ción Francesa. El gorro frigio era utilizado por muchos masones
y revolucionarios, y precisamente por ello fue incorporado a la
imagen de Marianne, una mujer que personificaba a la Repúbli-
ca Francesa y que seguro sirvió de modelo de inspiración a la
alegoría de la República Española. En cuando a las tablas de la
ley, hacen referencia a la Constitución de la República Federal
(“RF”), que no pasó de ser un proyecto de ley, ya que un golpe
de Estado perpetrado por el general Pavía impidió su aproba-
ción en julio de 1,873.

Otros símbolos que aparecen, están directamente relacionados


con el contexto histórico de la época y la masonería. Destacan
dos elementos de inspiración francesa. El primero es el gallo
que hay a los pies de la mujer, que es símbolo de vigilancia, del
despertar a una nueva era y de combatividad. El segundo es el
triángulo grabado detrás, que recoge los tres principios de la
Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Además,
aparecen numerosas referencias masónicas: a la izquierda, un
haz de trigo, una colmena y abejas. A la derecha, el caduceo de
Mercurio, junto con otros símbolos relacionados con las artes,
las letras y las ciencias y un globo terráqueo.

La imagen de España como “La Niña Bonita” alcanzó tanto éxito


que fue reeditada años después como emblema de la Segunda
República (1,931), como un cartel conmemorativo, cuyo autor
es J. Barreira y J. Esteller, en ella la Republica es representa-
da de manera más recatada, pues la figura femenina se cubrió
por completo con una túnica blanca bastante puritana. Además
se sintetizó el mensaje, aligerando el aparato iconográfico e in-
troduciendo pequeñas variantes como la bandera tricolor y el
león. Paradójicamente, tanto el morado de la bandera como el
león son símbolos tradicionalmente monárquicos: el primero es
el color del pendón de la Corona de Castilla mientras que el
león está asociado desde antiguo a la nobleza y a los reyes. Para
114
evitar la confusión, la propaganda republicana se esforzó por
dotarlos de un nuevo significado acorde con su ideario, inter-
pretando el morado con el color utilizado por los Comuneros
del s. XVI y el león como símbolo de la fuerza del pueblo espa-
ñol, o de la Ley, ambos representados en las Cortes.

En el internet hay una colección “Más de 90 Carteles de la Repú-


blica de España” en http://www.xn--espaaporlarepublica-y3b.
es/2013/02/blog-post.html que puede mejorar la opinión sobre
este aspecto.
115
LOGE DES PHILADELPHES

En diferentes momentos hemos hecho referencias a las logias


de los filadelfos, pues bien hablemos de ello.

Formado a partir de la membresía francesa de refugiados de


Les Sectateurs de Ménès, La Grande Loge des Philadelphes se
estableció a fines de 1,850. Su constitución fue ratificada por el
Consejo Supremo de la Orden Maçonnique de Memphis el 31
de enero de 1,851, originalmente trabajando 95 grados del Rito
de Memphis, después del 8 de abril de 1,857 solo trabajó los
tres grados.

El 7 de noviembre de 1,866 (once años antes del Gran Oriente


de Francia), el Philadelphes, por una gran mayoría, acordó abrir
sus obras ‘Au nom de la Raison et de la Fraternité Universelle’,
para aceptar a los ateos como miembros. En enero 1,868, se de-
cidió fusionar las dos logias de Londres, que se conoció como
Les Philadelphes et Concorde Réunis. Una minoría decidió
mantener la antigua logia de Philadelphes en existencia, por
lo que, confusamente, pronto hubo dos logias en Londres: Les
Philadelphes y Les Philadelphes et Concorde Réunis.

Presumiblemente Leverson se unió a la logia, Austin Holyoake


figura como miembro de la logia, por lo tanto, Philadelphes in-
cluyó a tres de las figuras más destacadas del movimiento de
pensamiento libre inglés.

La antigua logia de Philadelphes, que había continuado en exis-


tencia después de 1,868 como protesta contra los procedimien-
tos de Benoit, se esfumó en 1,871, pero Philadelphes et Concor-
de Réunis continuó siendo muy activa a lo largo de la década de
1,870. En noviembre de 1,873, Le Monde Maçonnique informó
que un grupo de albañiles franceses en Londres habían forma-
do provisionalmente una logia bajo el título “L’Union Maçonni-
que”.
116
En marzo de 1,859, Bradlaugh se unió a la logia masónica que
había sido formada por refugiados franceses en Londres, el
Grand Loge des Philadelphes. El médico emigrante francés Si-
mon Bernard fue el patrocinador de Bradlaugh cuando en mar-
zo de 1,859, un año después del juicio de Bernard, Bradlaugh se
unió a la logia masónica formada por refugiados franceses en
Londres, el Grand Loge des Philadelphes.

Después del golpe de estado de Napoleón, el Rito de Memphis


fue reprimido en Francia, y en 1,853 Les Sectateurs de Ménès
se convirtió en la Gran Logia de la Orden, tomando el título de
Grand Loge des Philadelphes. Entre 1,853 y 1,856, otras logias
del Rito de Memphis se abrieron en Londres (Gymnosophis-
tes, Fraternité des Peuples, Discípulos de Hermès, Conseil des
Grands Régulateurs de la Maçonnerie) y Birmingham (L’Ave-
nir). Según una nota de John Hamill sobre el expediente del
‘Rito de Memphis’, esta logia fue asumida gradualmente por los
masones ingleses de habla francesa entre 1,863 y 1,866.

Entre los filadelfos encontramos a Louis Jean Joseph Charles


Blanc (1,811-1,882), que fue político, historiador y socialista re-
publicano, pero no simpatizaba con la Comuna de París. A él se
le atribuye la tan mencionada descripción del comunismo: “a
cada uno según sus capacidades, a cada cual según sus necesi-
dades”, y se inició en Les Sectateurs de Ménès, no en La Grand
Loge des Philadelphes, según afirma Prescott en la revista AQC
203 pág. 15

Louis Blanc

Si bien los orígenes de la logia se pueden encontrar en la Orden


de Memphis no política, y tal vez espiritualmente esotérica, en
general su membresía era políticamente republicana y socialis-
ta. Los miembros trajeron su política con ellos, no los encontra-
ron en la logia. También trajeron a sus amigos y asociados con
ellos, hombres que no se conmovieron con las lecciones de la
117
masonería, pero que se sintieron atraídos por un grupo existen-
te que simpatizaba con su política radical.

Ninguna de las numerosas biografías de los de Luis Blanc hace


ninguna mención especial de sus actividades como un masón o
como miembro de las sociedades secretas en general. Tampo-
co hay rastros de tales actividades en los periódicos de Louis
Blanc en la Bibliothèque Nationale de París. Pero en las historias
de la Francmasonería, Blanc siempre ha figurado como uno de
los principales representantes de la Orden de Memphis; Louis
Blanc era en realidad un miembro del Consejo Supremo de la
Orden de Memphis.

El papel jugado por los habitantes de Filadelfia en 1,864 fue


enorme; Víctor Le Lubez, para nombrar solo a los más importan-
tes, personalmente emprendió la tremenda tarea de organizar
la reunión del 28 de septiembre de 1,864, en la cual fue elegi-
do el Consejo General de la Primera Internacional. El Consejo
General de la Internacional fue seleccionado por Le Lubez, e
incluyó un grupo grande e influyente de Filadelfianos.
118
No sabemos sobre los miembros del Consejo General de esta-
blecer con precisión cuántos de ellos eran de Filadelfia o sus
aliados, pero sí sabemos que de ocho no ingleses elegidos para
el primer Consejo General, seis eran filadelfianos o mazzinistas,
quienes, como hemos visto, estaban entonces aliados con los fi-
ladelfianos. La influencia de los miembros no ingleses del Con-
sejo General de la Internacional, fue mucho mayor de lo que su
número sugeriría. Para el 29 de noviembre, la membresía del
Consejo General había aumentado a 58, y los nuevos miem-
bros eran principalmente candidatos propuestos por Le Lubez.
El grupo francés en el Consejo General creció de tres a nueve,
ocho de los cuales eran de Filadelfia; y la cantidad de miembros
no ingleses que definitivamente fueron aliados de Le Lubez –
entre los que se cuentan todos los italianos y polacos– creció de
seis a 18 en la reunión del 29 de noviembre, un aumento, de 19
por ciento a un 31 por ciento, de la membresía total del Consejo
General.

Nicolaevsky omite mencionar que de los veintitrés miembros


elegidos para el Comité Central provisional, en St. Martin’s Hall,
Londres, el 28 de septiembre de 1,864, solo tres: Victor Le Lubez,
JB Bocquet y J. Denoual podrían haber sido miembros de Loge
de Philadelph. De los aproximadamente cuarenta que asistieron
a la reunión del 5 de octubre de 1,864 De los diecinueve nom-
brados entre el 12 de octubre y el 29 de noviembre, de hecho,
solo tres fueron propuestos por Le Lubez.

Por otro lado, también se ha afirmado que la reunión había sido


convocada por los líderes de los sindicatos de Londres. Le Lu-
bez participó en la reunión inaugural, pero fue expulsado del
Consejo General en 1,866. La interpretación de Nicolaevsky de
la influencia de Le Lubez no surge de los minutos disponibles.
Una lista completa de la Asociación Internacional de Trabaja-
dores, libro de minuta 1,864-1,866 se puede hallar en: https://
www.marxists.org/history/international/iwma/documents/mi-
nutes/name-index.htm
119
La orden de Memphis

Si la Orden de Memphis era o no un cuerpo masónico es una


cuestión de perspectiva. Ciertamente, para la masonería artesa-
nal regular y reconocida, por la Gran Logia Unida de Inglaterra
y el Gran Oriente de Francia, la Orden de Memphis era irregu-
lar y clandestina.

Si bien toda la Francmasonería regular y reconocida evolucionó


a partir de sistemas desarrollados en Irlanda, Escocia e Ingla-
terra, los rituales de la Orden de Memphis fueron inspirados
por el rito egipcio de Cagliostro, que había inventado de plano
como un esquema para explotar a los francmasones.

El rito primitivo de Memphis, fue creado por Samuel Honis en


El Cairo en 1,814. Promovido por Gabriel-Mathieu Marconis de
Negre en Montauban, Francia, hasta 1,816, el rito fue revivido
por su hijo, Jacques-Étienne Marconis de Negre (1,795-1,868),
comúnmente conocido como Marconis. En París en 1,838, en-
contró con poco éxito y las pocas logias que había formado, en
París, Marsella y Bruselas, fueron reprimidas por la policía en
1,841. Se revivió nuevamente en 1,848 como el Rito de Memphis,
y quizás diez logias fueron absorbidas más tarde en el Gran
Oriente de Francia en 1,862 y sus “grados superiores” fueron
reconocidos pero no permitidos.

Para disgusto del Gran Oriente de Francia, Marconis de Negre,


continuó otorgando membresías fuera de Francia. La Gran Lo-
gia Unida de Inglaterra había emitido una advertencia el 24 de
octubre de 1,859, informando a sus miembros que el Rito de
Memphis era un cuerpo irregular. La promoción del posterior
Rito de Misram por Robert Wentwort Little, y el intento de sem-
brar el Rito de Memphis en América por Harry J. Seymour, así
como las manifestaciones actuales de los ritos no son parte de
esta historia.

120
LA PRIMERA INTERNACIONAL

Nicolaevsky es muy claro al afirmar que la Francmasonería re-


gular, como cuerpo, nunca fue un factor en la formación y el de-
sarrollo de la Primera Internacional o Asociación Internacional
de Trabajadores: “Exteriormente, estos grupos tenían la forma de
una organización masónica y llevaban un nombre masónico, la Lo-
gia de Filadelfia ( Loge des Philadelphes ). Algunos de los miem-
bros de hecho se han considerado albañiles. Pero los albañiles
veteranos, esos, que encabezaron las logias, deben haberse dado
cuenta de que sus logias tenían poco en común con la masonería
real” (pág. 38).

Continúa y dice: “No mantuvieron vínculos organizativos con la


masonería oficial ni en Francia ni en Inglaterra” (pág. 39), y lo des-
criben como “una de esas sociedades secretas que exteriormente
imitaban a los masones pero que eran esencialmente organiza-
ciones políticas conspirativas” (pág. 40).

Nicolaevsky señala que la masonería revolucionaria no se con-


sideraba una verdadera mampostería. Pero todavía lo define
como mampostería, lo que ha permitido a los escritores poste-
riores –menos exigentes– etiquetar a los movimientos revolu-
cionarios como inspirados por los masones.

Ciertamente, cualquier vínculo con el Loge des Philadelphes


parece tenue. Mientras que la membresía del Consejo Central
de la Primera Internacional fluctuó, comenzó con veintitrés y
llegó a 56 firmas, en el discurso al presidente estadounidense
Lincoln. En una reunión del 5 de octubre de 1,864, el periódico
The Bee-Hive del 8 de octubre de 1,864, informa que alrededor
de cuarenta personas estuvieron presentes. De estos, solo Vic-
tor Le Lubez es confirmado como miembro del Loge des Phila-
delphes.

Incluso Nicolaevsky, atribuye la membresía masónica sin citar


121
sus fuentes o proporcionar ninguna evidencia que corrobore,
así dice: Primeros miembros del Consejo General Internacio-
nal Charles Longuet (1,833-1,903) y Paul Lafargue (1,842-1,911).
“Fue también durante sus años en la Facultad de Medicina que
Lafargue, como muchos oponentes republicanos del Imperio, se
convirtió en Masón, el registro no está claro una cuenta lo des-
cribe como un miembro de la logia. L’Avenir y como más tarde
después de haber sufrido una caída por falta de pago de cuotas:
‘Avenirera una logia de pensamiento libre que atraía a estudian-
tes de derecho y medicina”. Los archivos de la logia en la Biblio-
teca Nacional, que incluyen listas de miembros de 1,865 a 1,874,
contienen los nombres de otros estudiantes de medicina, pero
no los de Lafargue y Jaclard.

Lafargue debe haber pertenecido antes de 1,865, pertenecía a


otra logia o no pertenecía a ninguna. El punto no es vital, como
argumenta Jacques Girault, los republicanos y los socialistas a
menudo se unieron sin ningún compromiso real con los princi-
pios masónicos.

LA COMUNA DE PARÍS.

Muchos, francmasones parisienses, miembros de logias bajo el


Gran Oriente de Francia eran partidarios de la Comuna de Pa-
rís de 1,871. Las actas de una reunión de la Loge LÕUnion de
Belleville, celebrada el 28 de abril de 1,871, ejemplifican los
sentimientos que motivaron a 10,000 francmasones para montar
las barricadas al día siguiente.

Veamos lo que dice el acta de una reunión Loge L’Union de Be-


lleville Celebrada el 28 de abril de 1,871

Considerando que las cuestiones de moralidad universal y huma-


nidad son la preocupación constante de los francmasones;

Teniendo en cuenta que sin alejarse de la esfera filosófica y no


122
política que es su lugar, la masonería tiene el derecho y el deber
de intervenir en todas las cuestiones donde los principios de la
fraternidad son mal entendidos;

Considerando que en el doloroso período de crisis por el que


estamos pasando, que está asolando nuestra patria y afligiendo a
la humanidad, todos los masones tienen el deber de afirmar los
principios que le parecen ajustarse a la moralidad universal, y
aquellos más aptos para hacer las ideas de solidaridad universal
prevalecen,

Una solidaridad que, el día que exista, evitará la renovación de


todas las luchas impías entre los hombres y hará desaparecer la
última semilla de la barbarie reuniendo a todos los hombres en
una familia;

Considerando que la proclamación de la Comuna de París, diri-


gida al pueblo francés, no contiene nada que sea contrario a los
principios masónicos;

Considerando que es por lo tanto la obligación de la Francmaso-


nería, que siempre ha estado a la cabeza de la marcha del pro-
greso, emplear toda la fuerza moral a su disposición para hacer
que esas ideas estén en conformidad con sus principios;

Considerando que es deber de cada logia indicar, no solo a los


francmasones, sino a todos los ciudadanos el camino de lo justo y
lo verdadero;

El Lodge “La Unión de Belleville” declara:

Que desea detener el derramamiento de sangre, mientras se ad-


hiere al programa de la Comuna de París como figura en su pro-
clamación al pueblo francés;

En consecuencia, y para llegar a este resultado, invita:


123
Masones en las barricadas de la Comuna de París, 29 de abril 1,871.

Todos los francmasones de París y las provincias, y todos los ciu-


dadanos, se unirán para que el gobierno de Versalles y la Comuna
de París acepten el siguiente acuerdo:

Reconocimiento de los derechos comunales para todas las gran-


des ciudades, así como para las ciudades más pequeñas;

Elecciones generales para todas las comunas y la Asamblea Cons-


tituyente; y

Para proceder a estas elecciones, que ocurrirán en tres meses,


se establecerá una comisión administrativa compuesta en dos
mitades iguales de miembros de la Comuna y miembros de la
Asamblea de Versalles, nombrados en las elecciones de estos dos
poderes.

124
Tales son las bases de un acuerdo propuesto por la logia “La Unión
de Belleville” para poner fin al crimen que estamos atravesando,
y para el éxito del cual invita a todos sus hermanos, Mason o no,
a emplear toda su fuerza moral y todos los medios puestos a su
disposición por la Declaración de los Derechos del Hombre.

Por orden: Para el Lodge “The Union of Belleville”, The Tit: .Sec :.
The Ven :. O:.

Voisin H. Fernaux.

92 miembros de la Comuna (o, más correctamente, del “Consejo


Comunal”) incluyeron una alta proporción de trabajadores ca-
lificados y varios profesionales (como médicos y periodistas).
Muchos de ellos eran activistas políticos, desde republicanos
reformistas, a través de varios tipos de socialistas, hasta los ja-
cobinos que tendían a mirar hacia atrás con nostalgia a la Re-
volución de 1,789. Asi todos ellos estuvieron presentes en las
barricadas de la Comuna de París, el 29 de abril de 1,871, una
jornada histórica.

Louis Auguste Blanqui

El veterano líder del grupo “Blanquist” de socialistas revolucio-


narios, Louis Auguste Blanqui, fue elegido presidente del Con-
sejo, pero esto fue en su ausencia, ya que había sido arrestado
el 17 de marzo y estaba recluido en una prisión secreta durante
todo el proceso. La Comuna intentó sin éxito cambiarlo primero
contra Mons. Darboy, arzobispo de París, luego contra los 74 re-
henes que detuvo, pero eso fue rechazado. La Comuna de París
fue proclamada el 28 de marzo, aunque los distritos locales a
menudo retuvieron a las organizaciones del asedio.

Aunque Karl Marx había hecho una referencia burlona a los


francmasones en una entrevista el 18 de julio de 1,871, la historia
de la Comuna, publicada en 1,895, no menciona a los masones
125
ni a las logias. Sin embargo Marx había dicho: “Entonces tam-
bién fue una trama de los francmasones, ya que su participación
en el trabajo como individuos no era de ninguna manera leve. No
debería sorprenderme, en verdad, encontrar al Papa establecien-
do toda la insurrección en su cuenta. Pero intenta otra explicación.
La insurrección en París fue hecha por los obreros de París. El más
capaz de los obreros debe haber sido necesariamente sus líde-
res y administración, pero los obreros más capaces también son
miembros de la Asociación Internacional. Sin embargo, la Asocia-
ción, como tal, puede ser de ninguna manera responsable de su
acción” (Entrevista con Karl Marx, jefe de L’Internationale´, de R.
Landor, New York World, 18 de julio de 1,871).

El Manifiesto emitido por los Francmasones el 8 de abril de 1,871


no parece haber tenido mucha influencia. Mientras que Gérald
Dittmar identifica a los miembros de la Comuna de París como
masones sin calificación, como lo hace Milorad M. Drachkovitch
para los miembros de la Asociación Internacional de Trabaja-
dores y Alberto Valín Fernández para “el movimiento obrero”,
no logra distinguir entre los clubes políticos que se convierten
en masones y las logias masónicas regulares.
126
Samuel Stephenson afirma que el geógrafo y anarquista francés
Jacques Elisée Reclus (1,830-1,905), exiliado por su papel en la
Comuna de París, estuvo “activamente involucrado” en la Franc-
masonería, pero no documenta el reclamo. Solo dice que Reclus
era “Probablemente un miembro de la Logia de Filadelfia (1,852)
y un miembro de la Francmasonería (1,864)” (Jacques Elisée Re-
clus, Samuel Stephenson http://academic.reed.edu/ formosa /
texts / reclusbio.html)

Dos miembros de Philadelphes et Concorde Réunis fueron ele-


gidos para la comuna, mientras que otros, como Edouard Benoît,
lucharon en su nombre. Lo de cierto es que habían varios fila-
delfianos en la Comuna, ¿Quiénes eran Filadelfianos?

Garibaldi, fue nombrado miembro honorario cuando visitó Lon-


dres en abril de 1,864, pero asistir a un banquete en su honor
parece haber sido el alcance de su participación.

Charles Bradlaugh era miembro, pero él también se oponía al


socialismo.

El socialista Louis Blanc era miembro, pero se opuso a la Comu-


na de París.

Paul Lafargue, su nombre no aparece en el rollo de la logia.

El anarquista Jacques Elisée Reclus, como el líder laboral socia-


lista.

Alexandre Auguste Ledru-Rollin (1,807-1,874), y tantos otros, su


membresía se reclama sin pruebas.

¿Quiénes fueron los fundadores de la Logia? Son desconocidos.


Sin embargo, si yuxtaponemos los nombres en la lista de Bossu
con los conocidos activistas políticos entre los emigrados fran-
ceses, encontramos una conexión cercana entre los primeros
127
miembros de la Logia y una agrupación política conocida como
La Commune Revolutionnaire, que surgió poco después. Así se
establece que en 1,859 Garibaldi, Mazzini, Charles Bradlaugh y
Louis Blanc eran miembros de la Logia de Londres de los United
Philadelphians. Por otra parte Bradlaugh, como es evidente por
su biografía, en realidad se unió a esta logia en marzo de 1,859,
pero es poco probable que Mazzini o Giuseppe Garibaldi, que
ocuparon puestos prominentes en el movimiento masónico ita-
liano, se unieran a una logia de emigrados franceses.

Cuando los revolucionarios como Adolphe Talandier, Gustave


Jourdain, Joseph Holyoake y Félix Pyat (1,810-1,889, un perio-
dista y político socialista francés), hablan en el funeral del ge-
neral francés Simon Bernard (1,779-1,839), o cuando, en 1,870,
Louis Blanc y Gustave Flourens y Talandier organizan un ban-
quete en honor a Paolo Tibaldi, no demuestra que estaban ac-
tuando como filadelfianos.

Por tanto, si uno permite que los francmasones definan los ob-
jetivos y las enseñanzas de su propia sociedad, y si uno acepta
que las acciones y creencias de los francmasones individuales
pueden ser independientes de su membresía masónica, enton-
ces el papel de la Francmasonería era inexistente. Por otra par-
te, el papel de los francmasones en forma individuales, como
quiera que esté definido, aún no se ha determinado. De ello, es
simplista y engañoso, identificar o agrupar individuos por su
membresía masónica.

MASONERIA Y ANARQUISMO EN AMERICA DEL SUR.

ARGENTINA.

En Argentina existían entre 1,890 a 1,930 numerosas logias ex-


tranjeras, así tenemos quince logias españolas, dos italianas,
una francesa, una eslava, una docena de logias inglesas, una
alemana y algunas estadounidenses. Por otra parte las logias
128
argentinas, contaban en su seno a muchos extranjeros, reflejo
de la inmigración que tenía un paralelo con las composiciones
de los sindicatos del naciente movimiento obrero argentino.

En 1,895, aparece en Buenos Aires el folleto Propaganda anar-


quista entre las mujeres, bajo la firma de la librepensadora ita-
liana Ana María Mozón, quien aborda temas como el amor libre,
la familia, la explotación en el trabajo fabril, las distintas formas
de violencia: conyugal: golpes, maltrato psicológico. “Queremos
liberaros de la codicia del patrón que os explota, de las acechan-
zas del cura que os llena la cabeza de supersticiones, de la autori-
dad del marido que os maltrata…”. El folleto fue reproducido por
el periódico La Questione Sociale. En 1,896 en Argentina, em-
pieza a circular el periódico “La Voz de la Mujer” (1,896-1,897),
que era la expresión de la corriente comunista-anarquista, cir-
cula entre las trabajadoras de Buenos Aires, La Plata y Rosario,
principalmente. El primer número es recibido con hostilidad
por algunos sectores anarquistas masculinos, que denominaron
a algunas redactoras como “feroces de lengua y pluma”, por sus
ataques dirigidos contra las actitudes poco consecuentes con el
anarquismo respecto de la igualdad entre mujeres y hombres.

Juan Manuel Ferrario en su trabajo “Anarquismo y masonería en


Argentina”, apunta: “La masonería y el movimiento obrero argen-
tino, tuvieron desde fines del s. XIX y principios del XX, una rela-
ción indudable. Desde la creación de La Fraternidad ferroviaria a
la que hoy es la Federación Gráfica Bonaerense, militantes anar-
quistas y socialistas, participaron en sociedades secretas y en la
creación de sindicatos.

Es conocido el ingreso a la Argentina de muchos antiguos carbo-


narios italianos, que llegaron de Génova al barrio de La Boca, con
las ideas de Garibaldi o Mazzini, para convertirse aquí en militan-
tes ácratas y socialistas, creando ateneos y bibliotecas populares.
En el caso socialista, sacando de ese barrio la mayor cantidad
de votos el “primer diputado socialista de América”, en 1,904: Al-
129
fredo Palacios. Habría muchos socialistas masones también en la
creación de la Sociedad Luz.

Anarquistas como Napoleón Papini, estarían a la cabeza de la lo-


gia “Torcuato Tasso”, de Carmen de Patagones, Bs As. Anarquistas
como Luis Franco darían numerosas charlas en la sede porteña
de la masonería, en calle Perón 1242. Diego Abad de Santillán y
Albert Camus, figuran entre los colaboradores de la revista de la
masonería argentina, “Liberalis”, así como Ernesto Sábato, quien
se definía como “anarquista cristiano”, polémicas aparte. El Gran
Oriente Federal Argentino (GOFA), creado en 1,935, tendría entre
sus filas a muchísimos anarquistas exiliados de España al caer la
República. El GOFA participaría en la creación del Patronato Es-
pañol de Ayuda a las Víctimas Antifascistas (PEAVA), Acción Laica
y la Liga Pro Cremación, sirviendo de inspiración también al Cen-
tro Republicano Español de Buenos Aires”.

Continúa: “¿Cómo explicamos que una organización, aparente-


mente elitista, de estructura vertical, extremadamente mística,
machista y llena de rituales, contara entre sus filas con militantes
anarquistas que eran todo lo contrario? Porque es sabido que mu-
chos teóricos del anarquismo fueron masones” (pág. 112).

El anarquismo nació del mundo ilustrado, en el que la maso-


nería tuvo mucho que ver. Para los anarquistas prófugos, no es
raro recurrir a una sociedad secreta que le sirva de refugio de
las persecuciones políticas y religiosas, de las que casi ningún
libertario estaba exento.

Según otros historiadores de la masonería (H. Chumbita y Emi-


lio Corbieri), los anarquistas prófugos como Buenaventura Du-
rruti y Severino Di Giovanni, habrían sido masones, aunque no
hay pruebas de ello. Masones anarquistas como Florencio Sán-
chez, Gerardo Andújar, Julio Jesús Marín, Jorge Roulet, Enrique
Grande y Julio V. González, eran miembros del GOFA.

130
Dora Barrancos destaca la participación de la masonería argen-
tina en los proyectos de escuelas laicas, tanto libertarias como
socialistas: “Las tareas pedagógicas se iniciaron en 1,905 auxilia-
das con nuevos aportes provenientes de la Logia Masónica ‘Liber-
tad y Fraternidad e Igualdad’, que más adelante fueron comple-
tados con los provenientes de otros nucleamientos masónicos. Es
de resaltar la permanente presencia de estas agrupaciones entre
los núcleos que apoyaron la experiencia, y sobre todo la partici-
pación de miembros masones en los aparatos destinados a vehi-
culizar alternativas de educación laica, expresándose tanto en el
socialismo como en el campo libertario” (D. Barrancos, 1,991)

Es conocida la influencia de masones anarquistas en el desarro-


llo del Esperanto, alentada por la Liga Universal Francmasónica,
donde abundaban los libertarios así como el gigantesco aporte
de todos ellos a la creación de invalorables bibliotecas y archi-
vos históricos como el de la Federación Libertaria Argentina, en
el barrio de Constitución, que conserva la sala creada por “Los
amigos de la ciencia”, todos anarquistas masones que lucharon
por la revolución social, más una gigantesca estructura de dos
pisos, que conserva a uno de los mayores archivos anarquistas
del planeta.

PERÚ.

Desde finales del s. XIX, existían vínculos entre algunos dirigen-


tes obreros y la masonería o, de forma más amplia, los grupos
de propaganda liberal, los cuales se comprometieron a elevar
la condición intelectual, moral y económica de los trabajadores.
Así tenemos masones liberales como Ricardo Palma, Christiam
Dam, C. Canevaro, W. R. Grace, F. J. Mariátegui, J. M. Quimper,
A. Deustua, que incluso llegaron a ser Grandes Maestros de la
masonería: Cesar Canevaro fue G.M en 1,887 y C. Dam en 1,896.
Así mismo el clero denunciaba las presiones de los liberales, y
las maniobras de los protestantes y masones, con el tiempo las
críticas también irán contra los anarquistas y comunistas.
131
Es muy significativo las relaciones entre el dentista, miembro de
la Gran Logia Masónica del Perú, Christian Dam y el panadero
Manuel Caracciolo Lévano, destacado militante anarco-sindi-
calista peruano; entre el periodista director de “La Idea Libre”,
Glicerio Tassara, y el grupo que editó “La Protesta”; entre el mú-
sico José B. Ugarte y el Centro de Estudios Sociales 1° de Mayo.

La GLP (Gran Logia del Perú) tuvo un órgano mensual de prensa:


la “Revista Masónica” que se comenzó a publicar regularmen-
te en febrero de 1,882, bajo la dirección colectiva de Christian
Dam, Eduardo Lavergne y J. A. Ego-Aguirre; a partir del cuarto
número quedó bajo la sola responsabilidad de Lavergne has-
ta 1,896 en que cesó de publicarse, entonces “El libre pensa-
miento”, bajo la dirección de Christian Dam, asumió el papel
de órgano oficial de la GLP, sólo se mantuvo en este carácter
hasta 1,897, en que, coincidiendo con la renuncia de Dam a la
masonería, pasó a ser órgano de la Liga de Libre-pensadores
del Perú.

Mariano Torres escribe: “el libre pensador no se preocupa ya del


cielo, del infierno, ni aun de la muerte, ni menos de los días en
que Dios creó el mundo, así sean tan largos como los días de la
indulgencia o jubileo universal. Lo que le preocupa es la vida; la
justicia, no como, sino como será, los derechos humanos, esos que
están no solo en los libros, sino en las necesidades del día” (Ma-
riano Torres, El Libre Pensamiento, 1,900, Nº 232).

“El librepensamiento” reveló claramente la consistencia del libe-


ralismo social, el internacionalismo, anticlericalismo, educación
laica, moral cívica y participación política, valores esenciales
con los cuales los masones formaron a los líderes de esa época,
pero también generó constantes persecuciones por parte del
estado y de la Iglesia, sin embargo y pese a tales dificultades
se constituyó en una permanente tribuna contra el conservadu-
rismo.

132
Los masones consideraban que el orden vigente en el Perú era
negativo para el desarrollo humano. Vinculaban el atraso eco-
nómico y social del país con la persistencia de la exclusividad
católica en la vida religiosa, originada en la conquista y la co-
lonización en que cristalizó “el contubernio entre la teocracia y
el despotismo”. Quizá el masón que expresó de modo más sin-
tético esta perspectiva fue José Benigno Ugarte: “Poseemos más
iglesias que talleres, qué digo, sólo tenemos templos para el dios
de la cruz, no para el dios del arte y de la industria”. Ugarte con-
sideraba que las dificultades organizativas de la masonería sim-
bólica eran producto de la tradición histórica del país, signada
por un régimen absolutista, la cual limitaba la implantación de
un verdadero republicanismo. El anarquismo inicialmente y el
indigenismo después expresan en sus raíces parte del pensa-
miento liberal social y dan origen a los partidos políticos mo-
dernos en el Perú.

Grupos de liberales influenciados por variadas corrientes del


positivismo, radicales liberales, anticlericales, anarquistas, so-
cialistas, masones, protestantes, y descreídos. Todos, mostrando
ser expresiones de una nueva sociedad, van a coincidir en ob-
jetivos y métodos.

Desde fines de los años 1,880, González Prada se había ganado


fama de inconforme opuesto a las oligarquías, al caudillismo y
al clero. Cuando regreso de Europa, en 1,898, su popularidad
fue creciendo a causa del tono muy radical de sus críticas a los
poderes establecidos. En su discurso de agosto de 1,898 en
el local de la Unión Nacional, el ensayista había designado al
obrero y al campesino como la parte sana del país. La semana
siguiente, su amigo C. Dam le invito a dar otra conferencia en
la Liga de Librepensadores que fue impedida por el gobierno.
Ideológicamente, los dos hombres evolucionaron de forma pa-
recida, pasando del liberalismo radical al anarquismo, del cual
fueron unos de los primeros propagandistas en Lima. La Liga
desempeñaba un papel de educación popular y concientiza-
133
ción política mediante reuniones públicas en las que partici-
paban intelectuales y trabajadores. G. Prada escribió artículos
para el semanario El Libre Pensamiento, el órgano de la Liga,
pero a partir de 1,902, el escritor estrecho sus relaciones con los
círculos obreros y parece que estuvo en contacto epistolar con
varios líderes provincianos.

De 1,904 a 1,909, G. Prada ejerció una influencia directa en el in-


cipiente movimiento anarquista, escribiendo asiduamente, bajo
seudónimos o de forma anónima, en el mensual “Los Parias”. El
1 de mayo de 1,905, a invitación de la Federación de Obreros
Panaderos pronuncia el discurso “El intelectual y el obrero”,
donde afirmaba la necesidad de la unión solidaria de todos
los trabajadores sin distinción de clase social en la perspectiva
de la futura revolución. También definía el papel que le corres-
ponde al intelectual en su relación con las masas: “Cuando pre-
conizamos la unión o alianza de la inteligencia con el trabajo no
pretendemos que a título de una jerarquía ilusoria, el intelectual
se erija en tutor o lazarillo del obrero”. Esa idea, sella la solida-
ridad entre los jóvenes universitarios de la clase media y los
proletarios, más tarde serán adoptadas por Víctor Raúl Haya de
la Torre en su Frente de trabajadores manuales e intelectuales,
que tomando en cuenta la realidad peruana, donde el prole-
tariado urbano era escaso y el rural se encontraba totalmente
marginado de la sociedad, mientras una creciente clase media
aspiraba a consistentes transformaciones sociales, la lucha por
la reivindicación de sus derechos no era una tarea exclusiva del
proletario.

Al año siguiente, informado de lo que sucedía en Francia, G.


Prada defendió en un artículo de “Los Parias”, la campana por
la jornada de ocho horas, objetivo que ya había sido incluido
en los estatutos de la Federación de Obreros Panaderos desde
1,904. En esta ocasión, los panaderos habían convocado un paro
general que fue parcialmente logrado. Es interesante subrayar
la argumentación de G. Prada: “Según la iniciativa que parece
134
emanada de los socialistas franceses, todas las manifestaciones
que hagan hoy los obreros deben converger a crear una irresis-
tible agitación para conseguir la jornada de ocho horas”. Para el
ideario anarquista, eso no valía mucho; pero en relación al es-
tado económico de las naciones y al desarrollo mental de los
obreros, significa muchísimo. Era el gran salto hacia adelante
en un terreno donde no se podía caminar ni a rastras ideológi-
camente.

Predomina en G. Prada, una concepción individualista que no


hace del sindicato la prefiguración de la sociedad futura. Con
todo, su pensamiento se mantiene cerca de la línea del anar-
quismo sindicalista preconizado por P. Kropotkine y F. Pelloutier,
para los cuales las reformas parciales son ante todo la ocasión
de fomentar la huelga general revolucionaria. De forma prag-
mática, el sindicato constituye una escuela de anarquismo, al
proporcionar a los individuos una experiencia de lucha solida-
ria y anti-autoritaria.

Ese texto, escrito antes del congreso anarquista internacional


de Amsterdam (agosto de 1,907), anticipa las críticas dirigidas
por Errico Malatesta al sindicalismo revolucionario defendido
por Pierre Monatte. Como el anarquista italiano, G. Prada confía
más en la solidaridad moral generada por un ideal común que
en la solidaridad económica; no toma el sindicalismo solo como
un fin en sí mismo, sino como uno de los medios de acción para
llegar a la revolución ácrata, la cual sobrepasa ampliamente los
intereses de una sola clase y se propone la liberación integral
de la humanidad oprimida económica, política y moralmente.

En junio de 1,906, publico un artículo de aclaración ideológica


que explica las diferencias entre el socialismo, que califica de
reformista y autoritario, y el anarquismo, a menudo confundidos
por los actores del movimiento social peruano: “Entre socialistas
y libertarios pueden ocurrir marchas convergentes o acciones en
común para un objeto inmediato, como sucede hoy con la jornada
135
de ocho horas; pero nunca una alianza perdurable ni una fusión
de principios”.

En noviembre de 1,906, mientras habían cesado el trabajo los


jornaleros del Callao, el escritor abogo por la huelga general
armada. Meses más tarde, en mayo de 1,908, después de la ma-
sacre en Iquique de 600 huelguistas por el ejército chileno (di-
ciembre de 1,907), preconizo también el sabotaje. No solo los
considera los únicos medios eficaces de lucha contra los capita-
listas, sino que también piensa como Kropotkin, que toda lucha
armada constituye una forma de preparación del pueblo para la
revolución final.

Lo que deseaba G. Prada era que se produjera una toma de con-


ciencia de esa clase intermedia (clases media), para que se una
a los demás trabajadores y regenerase el Perú. Denunciaba el
carácter inicuo del capitalismo que explota al trabajador y lo
mantiene en la miseria, lo cual la vuelve moralmente inacepta-
ble. Pensaba: donde hay cambio de dinero por fuerza muscular,
donde uno paga el salario y el otro le recibe en remuneración
de trabajo forzoso, ahí existe un amo y un siervo, un explotador
y un explotado. Toda industria legal se reduce a un robo legal-
mente organizado. En esto coincide con Proudhon.

Mostrando la continuidad histórica de la explotación (esclavi-


tud, vasallaje, proletarización) afirmaba que el productivismo
capitalista transforma al trabajador en proletario, o sea en má-
quina de carne y huesos, la forma más acabada de la aliena-
ción. Distinguía así dos concepciones de la actividad productiva
humana: por una parte, el digno trabajo libre para transformar
el Globo en una morada cómoda y salubre, concediéndose las
horas necesarias al solaz, a la instrucción y al sueño, y por otra,
la vil explotación que consiste en bregar y esquilmarse para
que otros reporten los beneficios, no conociendo más placeres
que el trago de aguardiente y la procreación. Subrayaba la du-
plicidad del discurso ideológico dominante de la época, que
136
enmascara la realidad gracias a la alianza cómplice de intelec-
tuales y capitalistas, donde el letrado y el capitalista explotan al
ignorante y al obrero. Hipócritamente, predican la evangélica
máxima del amor al prójimo, hablando de “libertad, igualdad y
fraternidad”.

Las Ligas de Libre Pensadores, constituidas por C. Dam, se de-


dicaban a la educación y la asistencia de los trabajadores; por
otra parte, Dam y Ugarte habían sido miembros fundadores del
partido radical Unión Nacional, creado por Manuel González
Prada en 1,891 y cuyo programa ostentaba un claro compromi-
so social.

Destacada labor de concientización y educación de clase tu-


vieron entonces algunas publicaciones liberales de crítica
sociopolítica: La Luz Eléctrica (1,886-1,897), Integridad (1,889
-1,891), Germinal (1,889; 1,901-1,906), El Libre Pensamiento
(1,896-1,904), La Idea Libre (1,900-1,920), antes de que aparecie-
ran órganos de definida orientación anarquista: Los Parias (1,904
-1,910), La Simiente Roja (1,905-1,907), El Hambriento (1,905-
1,910), Humanidad (1,906-1,907), El Oprimido (1,907-1,909) y La
Protesta (1,911-1.926).

Los gremios inicialmente más influenciados por el anarquismo


fueron los panaderos y los tipógrafos, también los sastres, za-
pateros y picapedreros; más tarde fueron los trabajadores del
sector textil, que influían en los jornaleros de los valles agríco-
las cercanos a Lima. En 1,907, funcionaba en Lima el Centro de
Estudios Sociales “Humanidad”, muy acudido por los textiles de
Vitarte. El Centro Socialista 1° de Mayo con su órgano “El Opri-
mido”, tenía como participante al dentista C. Dam, que fusionó
en 1,908 con el grupo “Humanidad”, originando al “Centro de
Estudios Sociales 1° de Mayo”.

Tenía actividad el Centro Racionalista Francisco Ferrer que edi-


taba mensualmente “Páginas Libres” en Lima, nombre que reto-
137
ma el título del primer libro de González Prada (Paris, 1,894). El
grupo “Luchadores por la Verdad”, reunía a los más destacados
militantes obreros y a algunos intelectuales, ellos publicaron a
partir de febrero de 1,911 el periódico “La Protesta”.

El anarquismo arraigó también en las provincias: Huacho, Sa-


yán, Barranca, Trujillo, Chiclayo, Ica... En Arequipa fue constitui-
do en 1,905 el Centro Social Obrero. Varios periódicos fueron
editados en Chiclayo, donde fue fundada la Confederación de
Obreros 1° de Mayo en 1,907. En Trujillo apareció “La Antorcha”
y se fundaron Centros de Estudios Sociales como “Luz” e “Hijos
del Pueblo”. En Huacho fue creado el Centro de Estudios Feme-
ninos “Luz y Libertad” (1,918). Hubo también un Centro de Estu-
dios en la hacienda azucarera Pomalca con escuela y biblioteca.

1,905 inaugura el primer periodo de la lucha sindical, como


un medio para mantener contacto con las masas. El anarquis-
mo por si solo carecía de tácticas de lucha apropiadas en una
sociedad de incipiente industrialización y paradójicamente la
orientación de las luchas del movimiento obrero era anarquista.
La Federación de panaderos “La Estrella del Perú”, separada de
la confederación de artesanos “Unión Universal”, ocupó la van-
guardia del movimiento con sus medios de difusión de prensa
anarquista.

A partir de 1,911, la influencia anarquista en el movimiento


obrero se volvió predominante. La segunda década del s. XX
encontró a la dirigencia anarco-sindicalista en posesión de los
principales gremios de la ciudad de Lima y del resto del país,
quienes hicieron la primera huelga general de solidaridad en
abril de 1,911, en apoyo a los tejedores de Vitarte; su resulta-
do fue la supresión del trabajo de noche. Como consecuencia
del conflicto, se fundaron la Unificación Obrera Textil de Vitar-
te en mayo de 1,911 y la Unificación Proletaria Textil de Santa
Catalina en noviembre del mismo año, que son las verdaderas
organizaciones sindicales y núcleos de formación y acción del
138
anarco-sindicalismo de la ciudad de Lima. Estas organizaciones
fueron los modelos para los gremios de albañiles, sastres y fe-
rrocarrileros.

Entre los años 1,912 y 1,913, las huelgas por las ocho horas y
aumentos salariales se intensificaron, dando lugar a la constitu-
ción de nuevos sindicatos. En el campo, que se iba organizando
en reivindicativas Sociedades de Auxilios Mutuos. En abril de
1,913 hubo conflictos violentos, y las fuerzas represivas mataron
a decenas de jornaleros de los valles agro-industriales de Chi-
cama y Santa Catalina, en La Libertad.

Frente a la multiplicación de las huelgas y por presión de la


patronal, el gobierno de Guillermo Billinghurst, promulgó en
1,913 un Reglamento de Huelgas destinado a luchar contra los
métodos anarquistas de acción directa, aunque decía garantizar
el derecho de huelga. No obstante, los conflictos se extendieron
a los obreros del petróleo de Talara, Negritos, Lobitos y Laguni-
tas, en el norte del Perú.

La propaganda sindical se intensificó a partir de 1,914, a causa


de la degradación de las condiciones de vida y trabajo. Como
las clases populares no se beneficiaban de la bonanza exporta-
dora por la I Guerra Mundial, sufrían el alza exorbitante de los
artículos alimenticios, generando la organizaron nuevos sindi-
catos de zapateros, albañiles, sastres y ferrocarrileros. La res-
puesta a ello fue, represión más violenta, muriendo numerosos
trabajadores en provincias en 1,916 y años siguientes.

Un nuevo paro general paralizó Lima y El Callao del 13 al 15 de


enero de 1,919 hasta conquistar la jornada de ocho horas. La
huelga había sido iniciada por los tejedores y fue rápidamente
apoyada por los demás sindicatos, así como los estudiantes de
la Universidad San Marcos. Víctor Raúl Haya de la Torre, el prin-
cipal líder de los universitarios, fue adquiriendo después una
gran influencia entre los trabajadores textiles gracias a la crea-
139
ción en 1,921 de las Universidades Populares González Prada,
que se creó con la finalidad de educar a la clase trabajadora.

Un frente único de sindicatos, gremios y organizaciones popu-


lares, llamado Comité Pro-Abaratamiento de las Subsistencias,
fue constituido por la Federación de Trabajadores en Tejidos
en abril de 1,919 para luchar contra la elevación del costo de
la vida. Ese Comité dirigido por los anarquistas Carlos Barba
(zapatero), Nicolás Gutarra (ebanista) y Adalberto Fonkén (te-
jedor), organizó un paro general en mayo-junio que fue severa-
mente reprimido por las autoridades, muriendo varios manifes-
tantes.

La Federación de Trabajadores en Tejidos se había fundado en


enero de 1,919 y tenía un órgano de difusión llamado “El Obrero
Textil”, esta organización anarquista distinguía claramente en-
tre crítica anticlerical y ataque contra la religión. Así “El Obrero
Textil”, publicaba artículos que alababan distintas figuras reli-
giosas por su sentido social, por ejemplo, en un artículo, “Jesús
fue anarquista”, se exaltaba como un modelo de revolucionario
al carpintero de Nazaret: “.. .el Mártir del Gólgota fue, en su épo-
ca, un Gorki más altruista, más valiente, un Tolstoy más intransi-
gente y convencido, un Bakunin más abnegado y hermoso!... Jesús,
en nuestro siglo, habría dado mejores resultados. Su gran poder
sugestivo imprimiría un rumbo uniforme a la Revolución Social”
(El Obrero Textil, Lima, octubre de 1,923, pág. 4).

A partir de 1,920, los huelguistas se dividían entre quienes


aplicaban la acción directa o el arbitraje previsto por la nueva
Constitución para resolver los conflictos laborales, y quienes
preferían métodos más radicales. En el Primer Congreso Local
Obrero de Lima y El Callao, organizado en abril de 1,921, fue
planteada la cuestión de la acción política de los trabajadores.
Parece ser que los anarquistas lograron declararla incompatible
con el sindicalismo pero que no pudieron obtener del Congre-
so que se pronunciara en favor del comunismo libertario como
140
objetivo de los trabajadores organizados. Las ideas socialistas,
divulgadas desde 1,918, empezaban a calar en el proletariado.

En mayo de 1,923 salió el primer número de “Claridad”, el órga-


no de la FOLL (Federación Obrera Local de Lima) y de la Juven-
tud Libre del Perú, fundado por Haya de la Torre y dirigido por
José Carlos Mariátegui a partir de 1,924, después de la deporta-
ción de Haya (octubre de 1,923).

En mayo de 1,923, los sindicatos y los estudiantes unidos logra-


ron impedir la consagración del Perú al corazón de Jesús, una
maniobra política del Presidente Leguía que buscaba su reelec-
ción. En los enfrentamientos murieron el trabajador tranviario
Salomón Ponce y el estudiante Manuel Alarcón Vidalón

A partir de 1,924, con la reelección de Leguía, la represión se


hizo más feroz y la influencia socialista arraigó en la FOLL. Los
textiles, seguidos por los choferes, electricistas, gráficos y otros
más, abandonaron el anarco-sindicalismo. El desterrado líder
estudiantil Haya de la Torre, funda en México (7 de mayo de
1,924) el APRA como un movimiento continental. Haya viajara a
Rusia como un representante de la Federación Obrera de Lima,
quienes lo acreditaron como tal el 2 de abril de 1,924 por medio
de su Secretario General Ricardo Cáceres. En efecto en cumpli-
miento de tal misión, en “El Tiempo” de fecha 9 de octubre de
1,924, Haya escribe “Impresiones de Rusia”, artículo que gene-
rará replica de los anarquistas, y así el grupo “La Protesta” em-
pezara una campaña en contra de Haya y de su participación en
los congresos moscovitas.

Los anarquistas, particularmente los albañiles y carpinteros, in-


tentaron en vano crear una nueva organización obrera libertaria
peruana. Finalmente, a principios de 1,926 ya dejó de publicar-
se “La Protesta” y en septiembre salió el primer número de la
famosa revista “Amauta”. A mediados de 1,926 empezaron los
preparativos para el Segundo Congreso Local Obrero de Lima a
141
iniciativa de los Trabajadores en Tejidos. Tuvo lugar bajo la di-
rección de Arturo Sabroso a partir de enero de 1,927, pero sin la
participación de los anarquistas. El Congreso se pronunció en
favor del sindicalismo revolucionario sin orientación ideológica
definida. En junio de 1,927, la represión gubernamental deses-
tructuró las organizaciones obreras encarcelando o desterran-
do a sus principales líderes. En octubre de 1,928 fue finalmente
constituido el Partido Socialista del Perú y, en mayo de 1,929,
la Confederación General de Trabajadores del Perú, cuyo pri-
mer Secretario General fue Julio Portocarrero, obrero textil de
Vitarte, ex-anarco-sindicalista y miembro fundador del Partido
Socialista.

El 20 de setiembre de 1,930 se funda en Lima el Partido Aprista


Peruano (PAP), cuyos líderes aurorales son masones: Haya de la
Torre, Luis Alberto Sánchez, Luis Heysen, Manuel Seoane, Ante-
nor Orrego, León de Vivero, Ramiro Priale, Armando Villanueva,
Manuel Ontaneda, Agustín Mantilla y otros.

De los varios anarquistas masones peruanos, destaca Christiam


Dam.

Christian Dam, a finales del s. XIX y siendo Gran Maestro, fue el


primer masón en el Perú que retiro de las logias de su obedien-
cia el uso de la Biblia y la advocación al Gran Arquitecto del
Universo, en su búsqueda de una masonería progresista, mo-
derna y liberal, hecho que no fue bien visto ni comprendido por
los masones conservadores de aquella época, que hicieron que
renuncie a su cargo.

Escribió “El Dogma de la Libertad de Conciencia” del que ex-


traemos algunos párrafos.

“La libertad de conciencia es la libertad es la recompensa del tra-


bajo y la virtud, y consiste en la seguridad de que no es el hombre
esclavo de la superstición fanática y explotaje de ninguna religión
142
revelada” (Christian Dam, El Dogma de la Libertad de Concien-
cia, Pág. 9).

En su época debió espantar a quienes leían su folleto, especial-


mente a la burguesía nacional que convivía con las autoridades
religiosas del país y a las mojigatas limeñas.

“Hemos visto, que los ritos y ceremonias inventados por los Pontí-
fices romanos, desde la llamada Agua Bendita hasta el acto de la
bendición de las palmas en el día del domingo de Ramos, tiende
143
a idiotizar las multitudes para sacar dinero, porque el dinero es
el móvil de todas las acciones de la tenebrosa religión apostólica
romana.

Pero donde la cosecha es abundante, para todos los cuervos del


altar y sacristía, es la representación mística –grotesca, titulada el
santo sacrificio de la misa.

El sacrificio de la misa es la comedia que deja incalculables ga-


nancias a los clericales. Es el tesoro o rica mina que no se ago-
ta jamás y donde se cosecha mucho más dinero embaucando a
tontos y fanáticos” (Christian Dam, El Dogma de la Libertad de
Conciencia, Pág. 44).

La GLP en la Declaración de Principios de su Constitución dice:


“La Francmasonería busca el conocimiento de la verdad, con-
sidera a la justicia como el valor supremo que regula nuestra
conducta y a la libertad e igualdad como derechos consustán-
ciales del ser humano, exige que sus afiliados practiquen la
tolerancia como actitud permanente en el trato social, respetando
las ideas de todos los hombres a los que considera componentes
de una misma familia, no admitiendo entre ellos ningún tipo
de discriminación, ya sea por su raza, nacionalidad, religión,
credo político o situación económica”.

CHILE.

Hacia mediados del s. XIX Chile es un país agrario, el 80 % de


la población vive en las zonas rurales, la agricultura es la prin-
cipal actividad económica. En el tercio final del siglo, esta situa-
ción se transforma. La incorporación como consecuencia de la
Guerra del Pacífico, de los yacimientos salitreros ubicados en el
Perú tras ser arrebatadas las provincias de Tarapacá y Antofa-
gasta, con lo cual se da gran impulso al desarrollo de las fuerzas
productivas, ya que la producción de nitrato permite generar
los recursos monetarios para la balanza comercial que corres-
144
ponden al 50% de las entradas del fisco, creando un mercado
para la producción agrícola del Sur y estimulando la naciente
industria del país. La base de este proceso lo constituye la clase
obrera. Según el censo de 1,875, el número de obreros del nitra-
to sumaban 2,848, los mismos que en 1,890 pasaban de 13,060.
Para igual fecha el número de trabajadores manuales no rura-
les llegaba a 150,000 individuos, cerca al 17 % de la población
económicamente activa se ubica en el sector de asalariados
urbanos, porcentaje que incluye una variada gama de oficios,
empleados de comercio y transporte.

Este desarrollo se realiza en condiciones laborales y salariales


deplorables que impulsaran a la resistencia obrera, que se ma-
nifiesta en un sin número de movilizaciones y huelgas. Es dentro
de este contexto de irrupción de las luchas populares, que sur-
gen los primeros núcleos de activistas que se imponen la tarea
de conformar un movimiento social obrero. La formación de la
clase obrera está ligada las corrientes marxistas y anarquistas,
por la presencia de núcleos de activistas europeos. En un prin-
cipio, el anarquismo superó al marxismo.

Al producirse las primeras migraciones europeas hacia Amé-


rica Latina, estos trajeron consigo la organización y levantaron
secciones en la costa atlántica, principal punto de radicación
de los extranjeros. Esta se manifiesta de diversas maneras, ya
sea en la prensa chilena; por el arribo a nuestro país de obreros
extranjeros anarquistas principalmente; o a través de la llegada
de impresos (libros, folletos, periódicos) publicaciones edita-
das por organismos europeos o americanos. Por otro lado, obre-
ros chilenos que salían del país tuvieron la ocasión de tomar
contacto con organizaciones obreras extranjeras; las organiza-
ciones internacionales hicieron llegar a Chile elementos para
organizarlos, que se confirma por la práctica de la Asociación
Internacional de Trabajadores que acostumbraba enviar emisa-
rios a América, con el expreso propósito de levantar secciones
de ésta.
145
La propaganda anarquista en Chile se inició en la década de
1,880, con material proveniente de España y Argentina. En 1,893
se editó “El Oprimido” en Valparaíso, primer periódico liberta-
rio, seguido de otros con nombres tales como: El Ácrata, La Luz,
La Revuelta, La Batalla, El Surco, Acción Directa, etc. Con mayor
continuidad se publicó La Batalla, entre 1,912 y 1,926. También
hubo varios periódicos voceros de sindicatos y Sociedades de
Resistencia de tendencia anarquista, como: El Siglo XX, La Im-
prenta (tipógrafos) y El Marítimo de Antofagasta (marítimos).

El 24 de febrero de 1,896 se publicó el periódico “El grito del


pueblo”, con la participación de Javier Rocuant, Antonio Bór-
quez y de los destacados escritores Diego Dublé Urrutia y Car-
los Pezoa Véliz. Antes de fines del siglo, editaron otros periódi-
cos: “El Proletariado”, dirigido por Luis Olea, Magno Espinoza y
Alejandro Escobar y Carvallo, “El Rebelde” (1,898), “El Martillo”
(1,898), “La Tromba” y “Rebelión”; y al despuntar el siglo XX: “El
Ácrata” (1,901) y “Germinal” (1,901).

En 1,898 se fundó la “Sociedad de Carpinteros y Ebanistas”, la


“Sociedad de Instrucción y Socorros Mutuos Caupolicán” y la
“Sociedad de Resistencia de los Obreros de la Maestranza de Fe-
rrocarriles”; todas de inspiración ácrata.

La llegada en 1,901 del jurista y teórico anarquista italiano, Pie-


tro Gori, fortaleció la formación ideológica de los anarquistas
chilenos. La época de oro del anarquismo chileno comenzó a
principios del s. XX con la creación de las Sociedades en Re-
sistencia y las Mancomúnales. Los principios fundamentales de
estas organizaciones, fueron inspirados por el anarquismo.

Los primeros sindicatos obreros organizados por gremios, ramas


u oficios, se crearon entre 1,901 y 1,902 así como los gremios de
carpinteros, ferroviarios, marítimos, relojeros, panaderos, tran-
viarios, yeseros, zapateros, mueblistas, gráficos y carboneros.
Algunos activistas destacados en esta época fueron: Marcos Yá-
146
nez, Belarmino Orellana, Eugenio Sagredo Jiménez, Luis Mora-
les y Manuel Guerra.

Estas Sociedades de Resistencia pronto tuvieron conflicto con


las viejas mutuales y sociedades de socorro, presentes desde
mediados del s. XIX; a las que consideraron incapaces de de-
fender los intereses de la clase obrera.

Hacia principios de s. XX comienza a desarrollarse la corriente


anarcofeminista, inspirado en los textos de Loise Michel, Volta-
rine de Cleyre, Lucy Parsons y Emma Goldman. Las anarquistas
formaron la “Federación Cosmopolita de Obreras en Resistencia”
(1,903), la “Sociedad en Resistencia de Sombrereras” (1,906) y la
“Sociedad en Resistencia de Operarias de la Casa Matus” (1,907).
Una de las mujeres más sobresaliente de estas primeras organi-
zaciones fue Ángela Muñoz Arancibia.

El crecimiento del movimiento obrero originan las mancomúna-


les, inspiradas en la idea anarcosindicalista y, eran de carácter
estrictamente reivindicativo. La primera mancomunal se funda
en Iquique por los portuarios el 1 de mayo de 1,900, y posterior-
mente surgieron en Antofagasta, Chañaral y Copiapo. En 1,904
se realiza en Santiago la “Primera convención nacional de man-
comúnales”; participando 15 organizaciones en representación
de 20,000 asociados. Los socialistas y marxistas, principalmente
a través del Partido Demócrata, se hicieran del control de la ma-
yoría de las mancomúnales, pasando luego muchas de estas a
integrar la Federación Obrera de Chile (FOCH).

Los anarquistas impulsaron “la gran huelga de lancheros” de


1,890 en Iquique, Antofagasta, Valparaiso, Concepción y otros
puertos menores que estallo en 1,903.

En 1,905 en Santiago ocurre un movimiento de trabajadores, es-


timulado por los anarquistas. El movimiento se inició luego de
una injustificada represión policial a un mitin en protesta contra
147
el impuesto a las importaciones de carne. Como resultado de
los enfrentamientos que causó la feroz represión se contabili-
zaron alrededor de 200 obreros muertos. La indignación de los
trabajadores estalló declarando, la gran mayoría de los gremios,
la huelga general. El gobierno decretó el estado de sitio y con-
vocó al ejército a reprimir. Las muchedumbres intentaron tomar
el palacio de gobierno, pero aunque no lo lograron, la ciudad
quedó prácticamente en su poder.

En la rebelión de 1905, tuvo una sobresaliente participación


Magno Espinoza y otros activistas anarquistas, que comenzaban
a hacer sus primeras experiencias de lucha armada embriona-
ria. Los trabajadores se apoderaron de las calles de Santiago
por 48 horas. Desfilaron desde sus barriadas hacia el centro de
la ciudad, amenazando con entrar a la Moneda y a la Tesorería
Fiscal. el gobierno, viendo que la policía no era capaz de do-
blegar la combatividad de los trabajadores llamo urgentemen-
te a varios regimientos. Grupos de trabajadores practicaron el
sabotaje revolucionario a líneas telegráficas y a la Maestranza
de Ferrocarriles con el fin de impedir la llegada de tropas a
Santiago.

El gobierno reaccionó acrecentando la represión y persiguien-


do a los anarquistas y sindicalistas que lideraban el movimiento.
Pero a pesar de la represión la actividad anarquista siguió en
alza. El periódico anarquista “El Alba” denunció en su edición
de la segunda quincena de octubre de 1,905: “el pueblo ha sido
asesinado con toda saña y alevosía por la cosa quería y por la hor-
da joven de la burguesía. Han sido asesinado cobarde y vilmente
más de 500 ciudadanos y más de 1,500 fueron heridos”

En 1,906 se da la huelga general en Antofagasta, dirigida por


los ferroviarios. El 21 de diciembre de 1,907 la huelga de los
salitreros en Iquique, terminó en una masacre perpetrada por
las autoridades, conocida como la Matanza de la Escuela Santa
María de Iquique. Allí el ejército ametralló a la multitud congre-
148
gada en la plaza Santa María, asesinando a unas 3,000 personas,
entre trabajadores, mujeres y niños.

21 de diciembre de 1,907, Iquique. Trabajadores del salitre en huelga


general por las míseras condiciones de trabajo y explotación son ase-
sinados con ametralladoras por unidades militares comandadas por
Roberto Silva Renard (también responsable de la Masacre del “mitin
de la carne” en Santiago, 1,905), bajo las órdenes del Ministro del
Interior Rafael Sotomayor Gaete. Víctimas: entre 2,200 a 3,600 per-
sonas, cifra difícil de precisar dado que todos fueron enterrados en
fosa común y los restos recién se exhumaron en 1,940 solo para ser
enterrados de nuevo. El gobierno de Pedro Montt prohibió detalles
en los certificados de defunción. El Congreso ordenó una comisión
investigadora sin designar a nadie y no investigó. Recién en 1,913
hubo un primer informe oficial. Existe además la presencia de perua-
nos y bolivianos entre las víctimas, además de familiares, mujeres y
niños que acompañaban a los trabajadores chilenos. Entre los muer-
tos se cuentan veteranos de la Guerra del Pacífico. Los sobrevivientes
fueron escoltados con sables hasta el Club Hípico, y desde allí a la
Pampa.

En junio de 1,906 en Santiago, fundan la primera central sindical


chilena: la Federación de Trabajadores de Chile (FTCH). Parale-
lamente se crea la “Federación Mancomunal de Valparaiso”, que
149
agrupa las sociedades de socorros mutuos y las sociedades de
resistencia. Siguiendo el mismo ejemplo se crea la “Federación
Mancomunal de Santiago” en 1.907. Con la Matanza de la Escue-
la Santa María de Iquique se inicia una mayor represión hacia
las organizaciones obreras, por lo cual la FTCH y gran parte de
las organizaciones anarquistas se disuelven o desarticulan.

Luego de la Revolución Rusa, las diferencias entre ácratas y


marxistas se profundizaron. La cohabitación al interior de las
sociedades de resistencia llegó a su fin, y los socialistas mode-
rados y reformistas se apropiaron de la Federación Obrera de
Chile (FOCH).

En diciembre de 1,919 obreros anarquistas fundan en Valpari-


so la Industrial Workers of the World (IWW) sección chilena. La
IWW chilena se diferenció de la organización obrera estadou-
nidense, porque en Chile fue mucho más anarcosindicalista que
en estados Unidos.

El principal logro de la IWW fue organizar el disperso movi-


miento obrero en su enfrentamiento con el capital y el gobierno.
Sin embargo, nunca pudo aglutinar a todas las organizaciones
sindicales libertarias.

El golpe de estado cívico-militar del 5 de setiembre de 1,924


fue repudiado por toda la izquierda chilena. Sin embargo el mo-
vimiento militar restaurador de enero de 1,925 fue apoyado por
las fuerzas socialistas y comunistas. Los anarquistas y las orga-
nizaciones en las que ejercían su influencia decidieron mante-
nerse al margen y no confiar en los militares.

En 1,925 Los anarquistas fundaron una nueva organización obre-


ra, la Federación Obrera Regional Chilena (FORCH), afiliada a
la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT).

Finalizada la dictadura en 1,931 los comunistas y socialistas fun-


150
dan la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH). Los
anarquistas hacen lo propio y crean la Confederación de Tra-
bajadores (CGT). Sin embargo, la legalización de los sindicatos
reformistas y su institucionalización, la dura represión hacia los
anarquistas y una cierta desorganización entre los libertarios;
minaron la preponderancia anarquista, que iría decayendo du-
rante la década, con un leve repunte durante los años de la Re-
volución Española, hasta tornarse poco significativa en la déca-
da de 1,940. El protagonismo sindical había quedado en manos
de los socialistas, comunistas y demócratas cristianos.

La característica de la primera masonería que se implantó en


chile fue una forma de sociabilidad ligada en su mayoría a co-
merciantes y artesanos extranjeros de origen europeo no hispa-
no, y a norteamericanos. Esto explica su proliferación en las ciu-
dades porteñas, centros de comercio nacional e internacional
del Pacífico. Eran hermandades laicas, con deberes de ayuda
mutua y solidaridad en aspectos sociales, políticos, laborales y
económicos entre sus miembros. Las logias eran un refugio fra-
ternal para extranjeros de confesiones protestantes, los cuales
debían soportar las persecuciones de la iglesia católica, que los
discriminaba al no permitirles contraer matrimonio, ni ser se-
pultados según sus propias convicciones religiosas.

En 1,850 un grupo de franceses residentes en la ciudad de Val-


paraíso, puerto de Chile, solicitaron al Gran Oriente de Fran-
cia carta constitutiva para regularizar sus trabajos. Jean Baptiste
Dubreil, antiguo miembro de la logia “L’étoile de la Gironda”
del oriente de Bourdeaux, Francia, levanta columnas de la logia
“L’étoile du Pacifique”. Situación análoga ocurre con un grupo
de masones norteamericanos y europeos, quienes dieron vida
a la logia “Bethesda”, bajo los auspicios de la Gran Logia de
Massachusetts. Por último, debido a que estas logias trabajan en
francés e inglés respectivamente, se formó una tercera logia en
1,853, por iniciativa del masón brasilero Manuel de Lima, la cual
fue bautizada con el nombre de “Unión Fraternal”, en la cual
151
participarían un importante número de chilenos y argentinos,
estos últimos exiliados por el régimen de Rosas.

En Valparaíso existía una gran concentración de extranjeros,


principalmente comerciantes, que le brindaba un carácter cos-
mopolita respecto a la capital, Santiago, sede de la oligarquía
chilena vinculada al catolicismo.

De este conjunto de logias surgió, debido a la gran movilidad de


los comerciantes entre los puertos de Valparaíso y Talcahuano,
al sur de Chile, una logia en la ciudad de Concepción. El espa-
ñol Enrique Pastor, que había sido miembro de la logia “Unión
Fraternal” fundó en 1,856 la logia “Estrella del Sur”, que se afilio
al Gran Oriente Nacional del Perú.

Las logias, que debían ser refugio para la fraternidad, no esta-


ban ajenas a los problemas del mundo profano. Durante la gue-
rra civil de 1,859, en la logia “Estrella del Sur” fue detenido su
Venerable Maestro, Federico Benavente, por el intendente inte-
rino de la ciudad de Concepción Adolfo Larenas, miembro de
la misma logia. Adolfo Larenas fue acusado de perseguir a los
hermanos de su taller por sus convicciones políticas, pero fue
eximido de los cargos en su contra.

En 1,860, la logia “Estrella del Sur” rompió Relaciones con la


Gran Logia Nacional del Perú y se afilió al Gran Oriente de
Francia, cambiando su nombre por “Aurora de Chile”. En la ciu-
dad de Copiapó, en el extremo norte, se funda la logia “Orden
y Libertad” en 1,862. En Valparaíso, además de las tres logias
existentes surgió una cuarta bajo el nombre de “Progreso”, cuyo
primer Venerable Maestro fue Blas Cuevas, miembro de la logia
“Unión Fraternal”. De este modo para 1,862 ya existían en Chile
6 logias creando una red intercomunicada entre el centro, norte
y sur del país.

La Iglesia católica chilena, atenta a los avances de la masonería


152
en Chile y en respuesta a un artículo publicado en 1,858 en el
periódico El Mercurio de Valparaíso, llamando la atención de
las autoridades en la “Revista Católica” sobre los peligros de
este tipo de agrupaciones. Este sólo sería el comienzo de una
difícil historia de confrontación y convivencia.

La masonería chilena, define como determinante para la forma-


ción de la Gran Logia, el hecho, de que el emperador Napoleón
III haya intervenido en la designación del Gran Maestro del
Gran Oriente de Francia en la persona del Mariscal Magnan,
el 11 de enero de 1,862. Este hecho más que desencadenar la
ruptura, sirvió de excusa para crear una entidad nacional y au-
tónoma.

La logia “Unión Fraternal” buscó agrupar a todas las logias exis-


tentes en el territorio. Sin embargo, las logias de Valparaíso
“l’etoile du Pacifique” y “Bethesda” se negaron a formar parte
de la Gran Logia. Algo similar sucedió con el Capítulo Rosa
Cruz del grado 18º y el Consistorio de Caballeros Kadosh del
grado 30º que dependían de dichas logias.

Las tres logias, acordaron que cada una presentara una delega-
ción de tres hermanos y con ello dieron vida a la Gran Logia de
Chile. Eligiendo como Gran Maestro a Juan de Dios Arlegui. La
Logia “Aurora de Chile” por su parte, pasó a llamarse “Frater-
nidad”, debido a su ruptura con el Gran Oriente de Francia, y
obtuvo el número 2, ya que el nº 1 lo ostentaba la logia “Unión
Fraternal”. Paralelamente con miembros de esta logia surgió en
Valparaíso otra con el nombre de “Aurora”.

Rene García Valenzuela nos manifiesta que: “La exageración del


sentimiento individualista condice a una doctrina política bien
definida, pero mal conocida, genéricamente denominada anar-
quismo, cuyos métodos de acción, de extraordinaria violencia a
veces, lo ha hecho temible y criticable de parte de ciertos sec-
tores”. No obstante el anarquismo tiene su propia ética, desde el
153
punto de vista masónico. “En efecto el anarquismo idealista busca
la disminución progresiva de las atribuciones de la denominada
casta gubernamental, a través del perfeccionamiento político de
los individuos” (Rene García Valenzuela: Introducción a la his-
toria de la francmasonería en Chile, pág. 117). Por otra parte
la masonería y sus obediencias en Chile, no era ni es parte de
ningún partido político ni social, pero sus integrantes tienen el
derecho de estudiar, cuantos problemas se refieran a la vida hu-
mana, para afirmar la fraternidad. Así en la masonería chilena
hubo masones anarquistas, socialistas, comunistas y liberales.

“Para ella el arte de gobernar no debe entenderse solo dentro


de los límites de la razón y de la ciencia, sino que también de la
justicia, incluso simbolizada en la escuadra del Maestro, como ar-
mónica combinación de derechos y deberes. Esta posición nada
tiene que ver con la política transitoria, con la política del poder,
con la política electoral, con la política del día, como resorte y
oportunidad para aprovechar circunstancias momentáneas y tor-
narlas favorables y dúctiles para el logro de una causa determi-
nada”. (Rene García Valenzuela: Introducción a la historia de la
francmasonería en Chile, pág. 142).

La Constitución de la Orden Masónica en Chile dice: ARTÍCULO


3. La Masonería tiene por divisa: Libertad, Igualdad y Fraternidad;
pero recuerda a sus adeptos que trabajando en el dominio de las
ideas, uno de sus primeros deberes como masones y como ciu-
dadanos es el respeto y observancia de las leyes del país que
habitan. Sin embargo, en la esfera de la discusión filosófica les
será permitido procurar la reforma de las que no estuviesen de
acuerdo con la justicia y la razón.

¿LA MASONERIA TIENE VOCACION POR LA


LIBERTAD?

Si la pregunta se formula al masón de América, la respuesta que


oirá es “Si”, porque los masones lucharon por su independen-
154
cia, contra las potencias imperiales de Europa, en América del
Norte, Centroamérica y el Caribe y, en América del Sur. Si la
pregunta se formula al masón europeo, las repuestas es “Si” en
algunos casos y, en otros es “No”. Mucho tiene que ver en esto
con su pertenencia a la masonería dogmática o, a la masonería
liberal o adogmática, con las excepciones que en ellas se dan.

Los masones europeos que responden si a la pregunta nos di-


rán que el artículo primero de la Constitución del Gran Oriente
de Francia (1,773) dice: “La Francmasonería, institución esen-
cialmente filantrópica, filosófica y progresiva, tiene por objeto la
búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la
solidaridad; trabaja por la mejora material y moral, por el perfec-
cionamiento intelectual y social de la humanidad. Tiene por prin-
cipios la tolerancia mutua, el respeto a los otros y a uno mismo, la
libertad absoluta de conciencia. Considerando que las concep-
ciones metafísicas son del dominio exclusivo de la apreciación
individual de sus miembros, rechaza toda afirmación dogmática.
Tiene como divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad”.

Mientras que los que responden no a la pregunta, dirán que las


Constituciones de Anderson de 1,723 dice: “El Masón ha de ser
pacífico súbdito del Poder civil doquiera resida o trabaje, y nun-
ca se ha de comprometer en conjuras y conspiraciones contra la
paz y bienestar de la nación ni conducirse indebidamente con
los agentes de la autoridad; porque como la Masonería recibió
siempre mucho daño de la guerra, el derramamiento de sangre y
el confusionismo, los antiguos reyes y príncipes estuvieron siem-
pre dispuestos a favorecer a los masones a causa de la quietud y
lealtad con que prácticamente respondían a las sofisterías de sus
adversarios y fomentaban el honor de la Fraternidad que siempre
floreció en tiempo de paz. Así que si un hermano se rebela contra
el Estado, no se le ha de apoyar en su rebelión, aunque se le com-
padezca por tal desgracia; y si no está convicto de ningún crimen,
aunque la leal Fraternidad deba condenar la rebelión y no dar
al Gobierno el menor motivo de recelo ni asomo de fundamento
155
sobre el particular, no podrán expulsarlo de la Logia y su relación
con ella permanece incólume”.

Cada masón es libre de hacer suyo, el principio que mejor le


parece y su opinión es respetable aun cuando no se comparte
ella.

156
Así en el s. XIX muchos masones que hicieron suyo el pensa-
miento masónico francés, así como los masones laboralistas
ingleses, consideraron natural que los masones luchen por sus
independencias en América y se preguntaron: ¿Qué contradic-
ción habría con la anarquía?, porque para los anarquistas y los
masones, el denominador común es el hombre. Ambos, anar-
quismo y masonería, se basan en una moral del comportamiento
del hombre. Ambos tienden a la universalidad. Ambos asocian,
complementaria y armoniosamente, el individuo a lo social.

El masón es hombre libre, que puede adherirse sin abdicar de


nada, a cualquier sociedad de pensamiento, porque su adhesión
no es un enrolamiento, no implica ninguna obligación incom-
patible con su ideal, porque la masonería no anula su libertad,
no atenta contra su independencia, no disminuye en nada sus
convicciones. Por otra parte es virtud para el masón practicar la
humildad, generosidad y la fraternidad entre otros.

La masonería tiene métodos particulares de trabajo, en la sere-


nidad de sus tenidas, sus tradiciones y ritos libremente acepta-
dos, sus símbolos libremente interpretados, una total libertad
de expresión en la tolerancia y la fraternidad, un proceso iniciá-
tico excepcional de perfeccionamiento y emancipación de los
individuos en sus diversidades.

El Masón libre en la Logia libre, aceptó no solo al anarquista,


sino también a otros perseguidos por sus ideas, su fe o raza.
Ellos se sintieron como pez en el agua, porque eran hombres
libres. Ahora bien, solo un hombre libre, acepta una disciplina.
Pues no hay más disciplina válida que aquella a la que uno se
somete libre y espontáneamente. Sea en una colectividad liber-
taria, iglesia, partido político, organización social o en una logia
masónica.

No se puede confundir organización y autoridad. En una reu-


nión anarquista o de cualquier organización social, hay un pre-
157
sidente un secretario y un tesorero. Un taller masónico está pre-
sidido por un Venerable Maestro, asistido por los Oficiales de la
Logia, que son hermanos del oficio y que nada tiene que ver con
oficiales militares de graduación.

Ni masones ni anarquistas son perfectos. Porque la masonería


es una sociedad humana y los anarquistas son hombres. Ni si-
quiera los religiosos son unos santos.

El problema surgió cuando sectores políticos y religiosos de


posición extrema, dijeron que había una trinidad o triada malé-
vola en colusión y, apuntaron con el dedo acusador a marxistas,
anarquistas y masones, como los enemigos del alma, los demo-
nios del mundo y la carne. Otros afirmaban que la masonería
había creado el anarquismo y el marxismo; la masonería patro-
cinaba el protestantismo, el anarquismo y marxismo; la maso-
nería anticlerical y atea fomentaba al anarquismo. Es decir los
enemigos del anarquismo, marxismo, masonería y del protes-
tantismo, juntaron fuerzas para combatirlos con los métodos y
medios más deleznables.

Lo cierto es que hubo masones que eran anarquistas, así como


también es cierto que hubo masones en América y Europa que
lucharon por la libertad.
158
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