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Nota: Esta lista de autores con una breve referencia de sus vidas ha sido realizada con

la intención de tener un registro y sopesar cual es el elegido de figurar en la


investigación para mi tesis.

Autores paradoxógrafos.

I. Calímaco de Alejandría.

Se considera habitualmente al poeta Calímaco como el fundador del género de la


Paradoxografía, ya que su nombre aparece asociado con la primera obra conocida que
dedica su contenido íntegramente a la mirabilia. Los títulos de sus obras que han llegado
hasta nosotros ponen de manifiesto la amplitud de sus intereses, que abarcaban casi todas
las áreas del saber e incluían campos hasta entonces descuidados o apenas incluidos dentro
de los curricula tradicionales.

La amplia gama de saberes en la que pudo ejercitarse la infinita curiosidad de


Calímaco se pone de manifiesto cuando ni siquiera los tratados de cocina quedaron
relegados y fueron también objetos de su labor de selección y catalogación, así que es del
todo impensable que éste trabajo no le hubiese conducido hacia la erudición obsesiva y la
fascinación absoluta por todo tipo de singularidades y aberraciones, Calímaco las fue
recogiendo para crear su catálogo de maravillas y curiosidades, así pues, parece que ésta
llevaba por título Colección de maravillas de toda la tierra clasificadas por lugares, y se
hallaba dividida por regiones, abarcando casi todo el orbe habitado.

Utilizó un número considerable de fuentes que iban desde autores como Aristóteles y
Teofrasto, en los que predominaba el interés científico, hasta historiadores como
Teopompo, Ctesias o Lico de Regio. Con ello se constaba la credibilidad a una obra, cuyo
contenido podía prestarse a todo tipo de especulaciones de falsedad, pero de esta forma, la
certificación de fuentes avalaba la legitimidad de la noticia y respondía al tiempo y al
principio de conducta que proclamaba el mismo poeta de que nada que no fuera verdad
atraería su atención.

La mayor parte de los cincuenta fragmentos que han llegado hasta nosotros se
conservan en la obra de Antígono de Caristo, quien pudo haber utilizado una versión
resumida con posteridad debido al aparente descuido en el que están dispuestos los
fragmentos dentro de la obra de Antígono, aún así, es evidente que dentro de éste terreno, la
obra de Calímaco sirvió de inspiración a otros que buscaron imitarle y contribuyó a
incrementar el interés en los fenómenos extraños, tanto dentro del mundo del hombre,
como del mundo natural que se impuso a toda la literatura del período y la posterior.

II. Filostéfano de Cirene.

Probablemente fue contemporáneo y discípulo de Calímaco el poeta, escribió obras de


variadas temáticas, dentro de las que se incluye la temática paradoxográfica, éstas debieron
alcanzar una gran popularidad, si se tiene en cuenta que el nombre de Filostéfano de Cirene
aparece asociado al de autores de relatos fantásticos, como Aristeas de Proconeso, Ctesias
de Cnido u Onesícrito, en la noticia que transmite Aulo Gelio sobre los libros que se podían
conseguir en Bríndisi, pero solamente tenemos noticias de uno de sus trabajos, Sobre los
ríos curiosos. Se cree que Filostéfano escribió también una obra sobre Parádoxa de las
aguas, en dísticos elegiacos y en dialecto jónico.

Se puede encontrar a Aristóteles entre las más célebres de sus fuentes, también es
probable que su interés fuera más allá del recopilar datos maravillosos, siguiendo la manera
de los primeros exponentes del género y algunos posteriores, recopilando todo el material
de acuerdo con un determinado principio de orden, ríos, lagunas, islas, y tratando,
probablemente, de explicar todos los fenómenos dentro de una perspectiva realista, sin
embargo el hecho de que si obra aparezca junto a la de los otros autores puede indicarnos
su gusto por lo fantástico, el cual también pudo imprimir considerablemente dentro de su
obra.

III. Arquelao de Egipto.

Natural de Egipto. Sabemos que un cierto Andreas de Caristo, médico de Tolomeo IV,
polemizó con Aquelao sobre la idea de que la morena pudiera acoplarse con la víbora.
Según Antígono de Caristo, Arquelao habría compuesto una colección de epigramas te
temática paradoxográfica en honor de un Tolomeo, que podría ser Filadelfo, quien según
Diodoro, tenía una pasión por los animales sorprendentes.

Conocemos solamente el título de Idiophyés que parece tener como contenido el


mundo animal, por lo que sería la primera obra del género con temática animal, los
fragmentos conservados dan fe de ello. Es muy probable que la estructura de la obra haya
estado dividida por secciones, gracias a la influencia de Filostéfano.

IV. Mírsilo de Metimna.

Historiador natural de la isla de Lesbos, perteneciente al siglo III, en el que escribió una
Historia de Lesbos, trabajo por el cual probablemente adquirió fama, además de una
recolección de curiosidades históricas de carácter paradoxográfico. La mayor parte del
escaso material llegado hasta nuestros días parece provenir de la Historia de Lesbos ya que
de aquí es de donde se extrae la cita que refiere Antígono de Caristo, quien probablemente
fue el primero en utilizar la obra de Mírsilo como fuente.

V. Antígono de Caristo.

La primera obra que ha llegado en un estado más íntegro hasta nuestros días suele atribuirse
al célebre Antígono de Caristo, escritor de diversos intereses y también uno de los
escultores de la escuela de Pérgamo, que participó obras como las esculturas que
conmemoraban la victoria de la ciudad sobre los Gálatas.

Sin embargo, la paternidad de la obra no es del todo segura ya que existen otros
autores que ostentaban el mismo nombre que pueden atribuirse la paternidad de la misma
sin problemas. El gentilicio de Caristo, aparece mencionado una sola vez dentro del léxico
geográfico de Esteban de Bizancio, además de que la obra en sí recoge elementos curiosos
de la zona de Caristo, aunque sabemos que existió otro Antígono escritor natural de esta
misma zona en un periodo un poco posterior (finales del siglo II a.C.). El otro posible autor
es Antígono autor de la Historia de Italia, que fuera contemporáneo del Antígono escultor y
quien también tuvo una activa participación en los círculos culturales y artísticos de la
ciudad de Pérgamo.

Habitualmente esta obra recibe el título de Historión paradóxon synagogé, el


manuscrito que la transmite es el Palatino Griego 398del siglo X y que ha perdido el folio
final, por lo que se la conserva incompleta al final, así la obra consta de 173 anécdotas y se
la divide en cinco apartados. I =1-26, II =26-60, III =60-115, IV =115-128 y V =129-173.
Dentro de la obra existe una serie de digresiones, tomadas de las fuentes originales, que
podrían reflejar el poco nivel de reelaboración personal que da la impresión de que es una
obra manipulada y reconstruida en diferentes fases, con un posible núcleo original de
Antígono. La obra en sí incluye la temática típica de la Paradoxografía, exceptuando
solamente los Thaúmata éticos, etnológicos y mitológicos, cabe mencionar que le faltan
varios textos introductorios, por lo que es difícil, a primera vista, pensar en un orden
temático en el que pudiera estar dispuesta la obra, siendo así se encuentra abierta a que se le
añadan extrapolaciones, más porque sigue un principio de analogía que manifiesta que
siempre es posible adquirir nuevos conocimientos y nuevos textos, esto le da también la
apariencia de una mera recolección de mirabilia.

VI. Filón de Heraclea.

Es un autor prácticamente desconocido, solamente se cuenta con su ciudad natal y una


dedicatoria que él mismo realizó para el historiador Ninfis, esto permite datarlo
aproximadamente en la época de Tolomeo III.

Al parecer su tratado llevaba el nombre de Perí thaumasíon, lo más probable es que


el contenido de dicho tratado abarcara zonas diversas, más allá de Escitia, la temática
refería principalmente al mundo animal, es por esto que aparece mencionado dentro de la
obra de Eliano (Historia de los animales). Aunque existe un problema de atribución, ya que
existe otro Filón activo en el período y del que también se mencionan citas y obras, estos
fragmentos pueden ser atribuidos también sin problemas a Filón de Biblos. Tampoco debe
confundirse con el autor de Prí hépta teamáton (Sobre las siete maravillas), obra bastante
tardía que se puede ubicar ya dentro del período bizantino.

VII. Ninfodoro de Siracusa.

Es un autor que se puede situar hacia la mitad del siglo III a.C., escribió unos Períploi para
los que debió de extraer noticias de corte paradoxográfico, muy al gusto de la época. Los
pocos fragmentos que han llegado hasta nosotros tratan temas antropológicos y zoológicos,
a juzgar por las fuentes que utilizó para su trabajo, (Teofrasto y Timeo, por mencionar a
algunos), puede que sus intereses al hacer éste tratado fueran más allá del mero
divertimiento compilatorio que marca la época para el género.
VIII. Polemón el periégeta (De Atenas).

Es, sin duda, uno de los autores más destacados de la cultura helenística. Escribió obras de
todos los temas y tipos, desde la Periégesis hasta los tratados filológicos, lo cual incluye
también un tratado de Paradoxografía, muy al estilo de la época, que pudo haber llevado
por título Perí Thaumasíon, dentro de la cual se englobarían otros tratados más pequeños,
como el Perí Potamón, que realmente, vendrían a constituir solamente apartados dentro de
la obra mayor.

Se sabe que Polemón fue una persona versada en diversos conocimientos y que
seguía de cerca distintas disciplinas e intereses, por lo que, dentro de la Paradoxografía,
algunos de los fragmentos que se le atribuyen apenas tocan el estilo y temática de la misma,
tienden a perderse dentro de divagaciones más propias de un sabio, que en las de un autor
dedicado solamente al género. El léxico Suda le sitúa durante el reinado de Tolomeo V
Epífanes, así mismo también sabemos que se trata de un autor bastante cuidadoso a la hora
de compilar las anécdotas siguiendo, más bien, el método de la Periégesis, por lo que es
probable que sus fragmentos que tratan la Paradoxografía, hayan sufrido el mismo
tratamiento erudito y escrupuloso.

IX. Apolonio.

Es uno de los autores de los que cuya obra Paradoxográfica ha llegado de forma directa
hasta nuestra era, junto con las de Antígono de Caristo y Flegón de Trales, a través del
códice Laurenciano. Sin embargo no resulta fácil identificar al autor de este trabajo, ya que
no parece pertenecer a ninguno de los autores que ostentan el nombre de Apolonio, por
razones cronológicas. La especulación apunta a Apolonio de Afrodisias , historiador que
vivió hacia finales del siglo III a. C. y que compusiera una obra con el nombre de Kariaká
que muestra el evidente interés de nuestro autor por el mundo bárbaro y sus fenómenos,
tema recurrente de la Paradoxografía, este mismo Apolonio escribió una obra sobre Orfeo
y los iniciados en sus misterios, lo cual demuestra su interés por los temas religiosos, su
inclinación hacia lo mágico y hacia lo maravilloso, muy común en un personaje
proveniente de la zona oriental del mundo griego.
Se ha propuesto también la atribución de este tratado a Apolonio, el sacerdote de
Sérapis, que habrá vivido entre los siglos III y II a.C., y quien es autor de una serie de
inscripciones de carácter aretalógico y de unas historias maravillosas que tendrían como
personajes a algunos de los que aparecen a inicios de esta obra.

La datación de esta obra se sitúa a mediados del siglo II a. C. en base exclusivamente


a la datación de las fuentes que menciona, las cuales no llegan más allá del siglo III y los
primeros decenios del II a.C. Si bien, en los primeros seis capítulos no se aclara del todo la
procedencia de la información, además de que se presenta el problema de la posible autoría
de Bolo sobre esa parte del tratado, lo cual no deja de ser difícil de dilucidar, ya que el
códice que la transmite está mutilado y no deja mucho a la vista sobre este hecho.

X. Agatárquides de Cnido.

Es una de las figuras más destacadas de la historiografía helenística. Formó parte de la casa
de uno de los ministros reales del régimen de los Tolomeos y también fue secretario
personal de uno de los miembros más influyentes de la corte del momento. Vivió durante
una de las épocas más convulsas de la historia del Egipto Helenístico, la lucha entre
Tolomeo VI y su hermano Tolomeo VIII, quien terminaría expulsando a muchos
intelectuales que habían tomado partido en favor de su hermano y de Cleopatra II.

Su experiencia política directa le permitió ejercer su oficio de historiador de la forma


más adecuada y fue una de las personalidades más influyentes en ese terreno, mereciendo
los elogios del patriarca Focio, a través de quien conocemos algunos de los fragmentos de
su obra. Escribió dos grandes obras históricas, una sobre Asia en diez libros y una
monumental sobre Europa en cuarenta y nueve, la cual ha sido conservada sobre todo
gracias a las citas de Ateneo, que concentra su atención en la mirabilia, pero es probable
que la obra en sí tuviera miras más amplias que la mera recolección de estos elementos.

Sin embargo se puede valorar de forma más detallada su actividad como geógrafo, en
su obra sobre el Mar Rojo, en cinco libros, conservada den Focio y utilizada ampliamente
por Diodoro Sículo. Aparte del material estrictamente corográfico y geográfico, la obra
contiene también otras áreas de interés como la mitología, algunas dosis de filosofía
peripatética, una buena cantidad de sentencias moralizantes, observaciones de carácter
personal y un considerable contenido de mirabilia, pero su actitud dista mucho de la mera
labor de recolección destinada al puro divertimiento, preocupaciones de tipo político,
sabemos que era hostil a la administración tolemaica, y quizás a la conquista romana
también, tenía también preocupaciones de carácter ideológico y algunas inclinaciones
utópicas que aparecen a lo largo de sus descripciones, todo esto eleva el tono y los intereses
de su obra muy por encima de la mera colección de hechos y fenómenos extraordinarios,
como era el común del género. Además Focio le atribuye una obra de carácter
paradoxográfico cuyo título preciso resulta problemático de determinar, aún así, sus obras
contenían numerosos ejemplos de este tipo de material y es probable que sus intereses no
fueran del todo ajenos a esta tendencia si tenemos en cuenta que por sus inclinaciones,
como eran la tradición etnohistórica por un lado y la científica-naturalista por el otro, pudo
muy bien haber confluido en ella, sin perder por ello, ninguna de sus otras cualidades que lo
elevan por encima del prototipo habitual del autor-compilador característico.

XI. Isígono de Nicea.

Fue uno de los autores más importantes del género paradoxográfico, su nombre aparece
mencionado en el comentario de Aulo Gelio, donde se precisan los libros que se podían
encontrar en el mercado de Bríndisi en aquel momento de la antigüedad tardía. Sin
embargo, desconocemos casi todo de su persona y de su vida, se suele fijar su actividad
hacia finales del siglo I a.C., quizás como contemporáneo de Nicolás de Damasco, en base
a las citas que hacen de él, Plinio el Viejo, Varrón y el ya mencionado Nicolás.

Su obra llevaba por título original Ápista y parece que, al menos, estaba dividida en
dos libros. La mayoría de los fragmentos proceden del Paradoxógrafo Florentino, cuyo
texto completo ha sido también atribuido a Isígono. Para la composición de la obra ha
utilizado buenas fuentes que incluyen a Aristóteles y los escritos atribuidos a él en la época,
Teofrasto, Ninfodoro y el mismo Calímaco. Isígono se adecúa perfectamente a los cánones
del género temprano, a pesar de la composición en fecha tardía, lo cual explica su posible
permanencia dentro de la tradición posterior.
XII. Nicolao (Nicolás) de Damasco.

Resulta una figura bien conocida. Vivió a finales del siglo I a.C. y procedía de una familia
acomodada de la ciudad siria, la cual ya había proporcionado hombres importantes en
aquella época. Estuvo al servicio de Herodes el Grande, encargado de misiones
administrativas y diplomáticas que le condujeron, por lo menos, dos veces a Roma. Durante
su estancia en la capital del Imperio escribió una biografía de Augusto a quien llegara a
conocer en persona.

Su obra más importante es una Historia Universal de carácter monumental, ciento


cuarenta y cuatro libros, que le fue encargada por Herodes, pero han llegado hasta nosotros
unos pocos fragmentos. Entre sus escritos destaca también una composición de carácter
paradoxográfico que fuera dedicada a Herodes, protector de Nicolao, El título que Focio ha
transmitido es Paradóxon ethón synagogé , a juzgar por el testimonio de Estobeo, de cuya
Antología proceden todos los fragmentos sonservados.

En la obra se recogen las costumbres de diferentes pueblos que sorprenden por su


rareza o singularidad, siguiendo quizá un cierto ordenamiento geográfico, muy propio de un
historiador, es probable que utilizara material proveniente de la Historia Universal, aunque
también se puede asumir que se trata de un excerpta de la obra histórica. Si bien, no
menciona sus fuentes, dadas sus afinidades peripatéticas, una parte de su material se
remonta a los Nómina barbariká aristótelicos. La obra paradoxográfica de Nicolao
presenta un enorme interés a causa del material etnográfico del que constituye la única
fuente de información que perdura hasta la actualidad, así mismo, revela la importancia del
género en una época tardía de forma más o menos declarada, a autores de cierta talla, que
no desdeñaban la práctica del género.

XIII. Alejandro Mindio.

El patriarca Focio ha conservado una obra paradoxográfica títulada Thaumasíon Synagogé,


la cual abarca por completo toda la temática abarcada por el género, la referente a la
Naturaleza. Se suele atribuir esta obra a Alejandro Mindio, autor de varios escritos
zoológicos que vivió a mediados del siglo I, aunque existe una propuesta que señala que
dicho tratado podría pertenecer a Alejandro Polihístor, quien habrá vivido en Roma en el
siglo I a.C. Aún así parece haber suficientes argumentos a favor de la primera propuesta, ya
que, según refiere Focio, el estilo de Mindio es claro y agradable y también existe la
utilización de este tratado como fuente por Eliano, o la predilección que muestra en otra de
sus obras, un Períplo sobre el mar Eritreo. La obra contaba con las acostumbradas
divisiones, animales, plantas, ríos, fuentes y lugares, además de que al parecer era de
lectura agradable.

Las observaciones de Focio hablan a favor de la autoría del Mindio, pues su


utilización escrupulosa de las fuentes contrastan con el método de Polihístor, y además
excluyen la posibilidad de que se trate de una compilación tardía, que habría sido elaborada
a partir de la obra original de Mindio y que habría pasado a la tradición como propia del
autor.

XIV. Sotión.

Fue quizás un peripatético de la época del reinado de Tiberio, se le atribuye un tratado


llamado Paradoxologoúmena perí potamón kaí kremón kaí limnón, que a primera vista
presenta todas las características del género en cuestión, aunque ya maneja una temática
totalmente especializada, pero lo siguiente en saltar a la vista es que la obra está compuesta
en un sistema de orden más bien distinto al habitual dentro del género. Así mismo, también
se le ha atribuido el texto conservado bajo la autoría del Paradoxógrafo Florentino, hecho
por editores como Westermann o Stephanus, sin embargo la cuestión todavía permanece
abierta.

XV. Flegón de Trales.

Fue un historiador interesado, sobre todo, en las anécdotas y la mirabilia. Al parecer fue un
liberto de Adriano, escribió dos tratados que abordan el género de la Paradoxografía, el
Perí thaumasíon y el Perí macrobíon, que se han conservado juntos en el mismo códice
que contiene la obra de Apolonio y Antígono. El comienzo de la obra está mutilado ya que
falta el primer cuaderno del manuscrito.

La temática que aborda la obra es solamente el mundo humano, deja de lado temas
más tradicionales del género, lo cual demuestra como habían comenzado a fluir dentro de la
Paradoxografía contenidos cada vez más extraños que se acercan más al sensacionalismo y
a lo fantasioso, o que reflejan una credulidad ingenua en fenómenos paranormales o
aberraciones fisiológicas. Se ha pensado que este viraje temático proviene de la influencia
romana y etrusca que para la época ya colmaba a la literatura griega tardía, o bien que
pudieran ser de origen oriental, ésta última ya había comenzado a infiltrarse dentro de la
literatura griega desde hacía mucho tiempo. El autor reúne una serie de anécdotas
provenientes de fuentes bien diversas, desde Hesíodo u Calímaco, hasta otros de menor
renombre, como Eúmaco o Teopompo de Sínope, además de que Flegón tuvo acceso a
fuentes más esotéricas, como los Libros Sibilinos o la obra de Antístenes, donde se
reflejaban las corrientes del pensamiento antiromano en forma de profecías u oráculos.

El mismo hecho de que la obra haya llegado hasta nosotros, al menos parcialmente,
devela la popularidad y aceptación de éste tipo de temáticas entre el público en general, por
lo que no es de extrañar que autores como Luciano de Samosata las haya utilizado para
satirizarlas junto con la mentalidad en general de la época, tan crédula y propicia a lo sobre
natural y extraordinario.

XVI. Protágoras el periégeta.

Posiblemente vivió hacia el siglo III, fue autor de una Geografía del orbe habitado
compuesta en seis libros, de los que, al parecer, el último estaba dedicado a la mirabilia. El
origen de la información contenida se puede rastrear en la literatura anterior, pero no se
descarta que haya tenido, a bien, parte de su origen en la experiencia personal del autor, al
menos en esta parte de la obra, parece guardar cierto parecido con los paradoxógrafos
inmediatamente predecesores, como Alejandro Mindio, tanto en contenido como en rasgos
de composición y estilo, pero es poco lo que ha llegado a la actualidad de la obra de
Protágoras el Periégeta.

XVII. Pseudo Aristóteles.

Esta obra es unos de los escritos que se han conservado dentro del corpus Aristotélico, pero
cuya autenticidad se comenzó a poner en duda ya desde el siglo XVI, sin embargo es una
de las obras paradoxográficas que han llegado en mejor estado de conservación hasta la
actualidad, lleva por título Perí thaumasíon akousmáton y consiste, básicamente, en una
compilación de mirabilia, de diferente calidad y origen, cuyo núcleo original se debe situar
aproximadamente a mediados del siglo III a.C. Se sabe que ya a partir del siglo II a.C. la
obra circulaba bajo la autoría de Aristóteles y es, sin duda, gracias a esto que fue
conservada hasta la época actual.

Es de destacar que el título de esta obra no aparece registrado en el catálogo


Aristótelico de Hermipo que Diógenes Laercio conservó. No existe tampoco un principio
de organización unitaria y coherente, como es de esperarse en las obras del sabio ateniense.
Da más bien, la impresión de que es una obra de carácter heterogéneo, compuesta en
estratos sucesivos que se han ido añadiendo a un núcleo original con la única intención de
aumentar la recopilación de noticias fantásticas.

La temática que sigue es la típica del género, prestando excepcional atención a la


zoología, además de incluir noticias sobre los minerales y sus procesos de extracción, tema
que llegaría a constituir un topos dentro de la historiografía helenística, lo cual pone en
evidencia el paralelismo con el carácter historiográfico, así como el uso de la mitología en
función etiológica o de algunas noticias de contenido etnográfico que revelan también una
inclinación hacia el exotismo.

Otro elemento curioso es el marcado interés que pone en occidente a los que se
dedica la mayoría de los pasajes de corte geográfico, donde aparecen citados historiadores
provenientes de la zona, como Lico de Regio o Polícrito de Mende, que a su vez, pudieron
haber sido extraídos de la obra de Timeo el historiador siciliano. De cualquier forma, es un
hecho que esta obra fue ampliamente utilizada por autores posteriores del género y además
es el escrito más amplio y completo conservado.