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Una visita al medico

Nos encontramos en la sala de espera de un hospital, aquí reina el silencio a excepción


de toses y estornudos que se escuchan casi sin cesar. La puerta de la consulta se abre
para llamar a otro paciente.

Enfermera: (De pie junto a la puerta de la consulta y hablando en voz alta)

– ¿José Luís Rodríguez, por favor? entre a la consulta si es tan amable.

José Luís: (José Luís se levanta de su asiento y se dirige a entrar en el interior de la


consulta con paso lento. Una vez allí se sienta de nuevo)

– Hola, buenos días.

Médico: (Sentado tras un largo escritorio repleto de papeles y grandes libros,


elmédico observa por encima de sus gafas a su paciente)

– Hola José Luís, dígame: ¿Qué es lo que le sucede hoy?

José Luís: (Muy nervioso y frotándose las manos)

– Pues verá, hace días que no me siento bien, nada bien. Siento como una inquietud
que no me deja vivir, tengo los nervios a flor de piel. También, sufro de constantes
jaquecas, he pasado los últimos días acostado. Y debido a todo el tiempo que he
pasado tumbado se me ha entumecido una rodilla. ¿Qué es lo que me recomienda,
Doctor?

Médico: (Mientras sigue mirando a José Luís muy fijo por encima de sus pequeñas
gafas)

– De manera que dice usted, que siente ansiedad, nervios, y unas constantes jaquecas
que por estar acostado le han derivado en molestias en su rodilla. ¿Podría indicarme
cuál de las rodillas es la que está afectada?
José Luís: (Agitándose en su asiento mientras se toca con las manos las rodillas)

– Pues ahora que lo dice creo que son las dos, definitivamente sí. Siento
entumecimiento en ambas. Temo que no podré volver a andar correctamente en toda
mi vida: ¡Ay, doctor ayúdeme!.

Médico: (Se ha quitado las gafas, ha sacado un pañuelo de su bolsillo, y las limpia
cabizbajo mientras se queda en silencio)

– De manera que ahora son las dos rodillas dice usted, ¿cierto? Dígame, ¿siente un
dolor punzante también en el dedo gordo del pie?

José Luís:

– ¡Uy, sí, sí! ya lo creo, muy punzante además.

Médico: (Se coloca de nuevo las gafas y se aclara la garganta para hablar mientras
mira fijamente a los ojos a José Luís)

– Mire, José Luís, viene usted a mi consulta todas las semanas quejándose siempre de
dolencias absurdas, ya hemos hablado en muchas ocasiones acerca de su problema: es
usted un hipocondríaco. Relájese y no tema nada, por que usted no está enfermo.
Déjeme que le recete unos tranquilizantes para poder controlar esos nervios.
Título: Tres perros y un gato.
Autor: Alan Rejón

Escenografía: Un callejón, con algunos botes de basura.

Personajes:

Perro Dóberman (Voz fuerte y babeando)

Perro Akita (Orgulloso y callado)

Perro Chihuahua (Tembloroso, habla cantadito)

Perro Vagabundo (Perro/gato)

Introducción: Un día como cualquier otro 3 perros amigos paseaban por el callejón
buscando algo para comer, mientras se acercaban a los botes de basura vieron a lo
lejos a otro de sus amigos, un perro algo raro (flaco y con poco cabello, el perro
vagabundo) al que llevaban meses sin ver… Bueno, excepto por el Chihuahua quien
tendría un chimes que contarles.

Chihuahua: Oigan, oigan, adivinen qué me contaron del vagabundo.

Dóberman: No sé, dinos.

Chihuhua: ¡El pobre enloqueció y se cree un gato!

Akita: ¿Estás seguro? Yo creo que sólo son habladurías de la gente.

Chihuahua: Pues seguro, seguro, no pero…

Dóberman: (interrumpiendo) Pues vamos a ver, llamémosle.

Akita: Si es cierto no hay que burlarse de él, hay que ayudarle.

Chihuahua: Claro, claro.

Dóberman: ¡Hey vagabundo, ven!


(Vagabundo los mira y corre hacia ellos.)

Vagabundo: ¡Amigos, tiempo sin verlos!

Akita: Sí, mucho tiempo, para ser sinceros te hablamos para saber si es cierto algo que
han estado diciendo de ti.

Vagabundo: ¿Qué cosa?

Akita: Pues…

Dóberman: (interrumpiendo) Que te crees un gato…

Vagabundo: Jajaja, claro que no me creo un gato…

Akita: Eso creí…

Vagabundo: ¡Soy un gato! Miren como hago Miau.

Chihuahua: No lo puedo creer.

Dóberman: Claro que no eres un gato.

Vagabundo: Sí lo soy mira como digo Miau.

Akita: Amigo no eres un gato y te lo podemos demostrar.

Vagabundo: ¿Cómo?

Akita: Bueno, para empezar si fueras un gato nosotros te perseguiríamos y no lo


hacemos.

Vagabundo: Eso es porque soy un gato rudo, mira como hago Miau (con voz ruda)

Chihuahua: Eso no demuestra nada, si fueras un gato te gustaría el pescado y no te


gusta.

Vagabundo: Bueno, lo que pasa es que soy un gato vegetariano, mira como hago Miau
(con voz elegante y chupándose los dedos)

Dóberman: No, no, no, si fueras un gato podrías trepar a los árboles y estoy seguro que
no puedes.

Vagabundo: Claro que no puedo y eso es porque soy un gato pesado, sólo mira como
hago Miau (voz pesada)

Akita: Si fueras un gato serias flexible y podrías lavarte a ti mismo con la lengua.
Vagabundo: Claro que puedo, miren. (Improvisa movimientos gatunos)

Chihuahua: ¡Santos caninos!

Dóberman: Esto es muy perturbador.

Akita: Ok, ok eres un gato pero deja de hacer eso.

Vagabundo: ¿Ven? Soy un gato y digo Miau.

Dóberman: ¿Cómo aprendiste a hacer eso?

Vagabundo: Yoga.
Título: ¡¡¡Esto es un asalto!!!
Autor: Fabián Choque

Personajes:

El Pillo

El Gandaya

La Cajera

La Clienta

El Policía

(Mientras se encuentran haciendo sus cosas rutinarias en el banco, dos personas con
máscara entran y gritan)

El Pillo: ¡¡¡Esto es un asalto!!! ¡¡¡Arriba los monos!!! (La clienta y la Cajera se miran
extrañados. Él pone la punta de la pistola en su cabeza y se queda algo pensativo) No,
esperen.

El Gandaya: (Le dice en el oído y en voz baja) Se dice, “Arriba las manos”

El Pillo: ¡Ah, chuma verdad! ¡¡¡Arriba las manos!!! (Las dos reaccionan y recién
comienzan a asustarse)

El Pillo: ¡Quiero que me den todo el dinero que tienen! ¡Para hoy!

La Cajera: Muy bien. ¿Me dan el número de su cuenta, por favor?

El Pillo: Sí, anote es el… (El Gandaya golpea la cabeza de su compañero)

El Gandaya: ¡No seas tonto, oe! (Mira a la encargada) Mételo todo en estas bolsas ¡Y
rápido!

La encargada: ¡Sí, en seguida! (Va a colocar el dinero en las bolsas que les dio).

La Clienta: ¿¡Pero dónde está la policía cuando se le necesita!?

(En eso, sale del baño el oficial; flojo y totalmente indiferente ante la situación)
El Policía: ¡Ay, qué rico! (Voltea y ve a la Cajera y a la Clienta tiradas en el suelo boca
abajo) ¿Qué está haciendo ahí? ¿Qué, está calientito el piso o qué? (Ella le señala con
el dedo a los asaltantes) ¿Qué pasa? (Voltea y ve la punta de las pistolas en su cara) (Se
asusta y comienza a gritar) ¡¡¡Mamaaaaaaaa!!!! (Al instante se arrodilla y junta sus
manos) ¡Por favor, no me maten tengo esposa con dos hijos y otros tal vez por ahí!…
¡Yo que sé pero por favor no me maten por su madrecita linda!

La Clienta: ¡Oiga! ¿¡Pero qué clase de policía es usted, que no cumple su deber
aprehendiendo a esos rufianes!?

El Policía: (Le quita la pistola al Pillo y se la muestra a la Clienta) ¿¡Y qué, no ha visto el
tamañote de arma que tienen!? (Se la devuelve al asaltante)

La Clienta: (Se coge la cabeza) ¿Y para esto pago mis impuestos?

El Gandaya: ¡Al suelo usted también! ¡¡¡Rápido!!!

El Policía: ¡Ya voy! ¡Ya voy! (Se echa al suelo, al costado de la Clienta y ella le dice)

La Clienta: (Dice con sarcasmo) “¡Ahora que usted está a mi lado, me siento más
tranquila!”

El Policía: ¿Ah sí? ¿Y qué cree? ¿Qué yo soy superman, que las balas me chocan y
rebotan?

La Clienta: ¡Ya mejor…cállese la boca!

(Llega la Cajera con las bolsas de dinero)

La Cajera: (Le da toda atemorizada) Acá está.

El Gandaya: Espero que esté todo.

La Cajera: Si desea, lo puede contar.

El Pillo: A ver... (Abre la bolsa y sacando el dinero, comienza a contar) 100, 200, 300…
(El Gandaya toma la mano de su compañero y lo mira con ojos furiosos) ¡Pero
compañero! Hay que estar seguros que no nos falte nada…

El Gandaya: Guarda… eso… ahora… ¿Ok?

El Pillo: Muy bien, pero luego no vengas a reclamar que te han robado, ah.

El Gandaya: Si no te callas ahora, vas a estar con ellos en suelo.


El Pillo: No te quejes después, no más…

El Gandaya: ¡¡¡Ya!!! (Mira a la Clienta y a la Cajera) Bueno bueno, estos caballeros, se


retiran. Muchas gracias por su colaboración.

El Pillo: Sí, y para cualquier asalto o secuestro, acá está nuestra tarjeta (Se las entrega
mientras lo quedan mirando con extrañeza)

El Gandaya: Este… (Extiende su mano hacia la tarjeta) ¿Me lo prestas un momento?

El Pillo: Sí, las acabo de mandar a hacer, ¿Te gusta? (Comienza a leerlo y mientras lo
hace, la expresión en su rostro comienza a cambiar)

El Policía: ¡Inaudito!, ¡Ahora hasta los asaltantes hacen su “cherry”! ¡Qué tal raza!

La Clienta: ¡Usted cállese, que para policía es un completo inútil!

El Policía: ¡Oiga no le permito que me insulte! ¡A la policía, se le respeta!

La Clienta: ¡Qué “a la policía se le respeta”! ¡Si usted para lo único que sirve, es para
comer e ir al baño! (Los asaltantes discutían en silencio sobre la tarjeta)

El Gandaya: ¿¡Pero has gastado la plata en esto!? ¿¡Qué tenías en la cabeza!?

El Policía: Una pierna de pollo. Sí, eso es lo único que pude comer. Me va a perdonar
¿Pero, sabe usted a qué se parece?

El Pillo: A la “Tía Camote”, a ella le encargué las tarjetas.

El Gandaya: Mira ya olvídalo y vámonos (Ve a las personas) Bueno fue un gusto hacer
trato con ustedes, nos vamos (Los dos se retiran apuntándoles con sus armas mientras
que los otros se quedan en el suelo asustados, hasta que se fueron. A los pocos
segundos, entra El Pillo rápidamente y les deja la tarjeta)

El Pillo: (Habla en voz baja) Acá abajito está el número, llámenos (Al instante de
dejarles la tarjeta, se va. Todos se quedan mirándolo muy sorprendidos y extrañados.
Luego, se levantan).

El Policía: (Todo cursi, toma la palabra) Tuvieron suerte esta vez (La Clienta lo mira con
indignación).

La Clienta: Mire, mejor cállese antes que me amargue (Va donde la Cajera y la
encuentra maquillándose) ¿¡Y usted, qué está haciendo?

La Cajera: ¡Ay pues con todo esto, se me cayó todo el maquillaje!

El Policía: Bueno lo que es por mí, esta pelea me ha dado hambre. ¡Ya regreso, voy a
comer!
La Clienta: ¡Oiga! ¿¡Y usted a dónde cree que va!?

El Policía: ¿Qué? ¿También quiere un sanguchito? Hay de pollo, de chancho de…

La Clienta: ¡Qué sanguchito, ni que “ocho cuartos”! ¡Lo que debe hacer es investigar
este asalto para atrapar a los asaltantes!

La Cajera: Este lo único que atrapa es una papa rellena con ensalada.

El Policía: Y un poco de ají.

La Clienta: ¡Esto es el colmo de la desfachatez! ¡Me voy de aquí! (Se retira totalmente
molesta)

El Policía: Bueno, yo sí me voy a comer. Ya vengo (Se va todo despreocupado)

La Cajera: Y aprovechando que no hay clientela, voy al baño a maquillarme. (Se va


caminando como si fuera una modelo de pasarela)
Lo inesperado de un amor (1era parte)

Autor:Henryk Aguilar

N° Participantes: 3
Ambientación (Escenarios): El parque, la casa de Elizabet, la tienda de
helados y una cabaña en el campo
Personajes: Elizabeth, Julio, Fabiola y los padres de Elizabeth

(El telón se abre y aparece Elizabeth sentada en la sala de su casa, estudiando y


pensativa)

Elizabeth: No puedo concentrarme, no sé qué me pasa, tengo examen y no puedo


retener nada en mi mente. (Cierra el libro y lanza un fuerte suspiro)

(En eso suena el celular y le llaman)

Elizabeth: Bueno, ¿Quién habla?

(Voz) Fabiola: Soy Fabiola. Oye, ¿quieres salir a caminar?

Elizabeth: (tono pensativo) Mmm estaba estudiando, pero creo que un poco de aire
fresco no me caería mal, ¿en dónde te veo?

(Voz) Fabiola: En el parque de siempre, ¿está bien?

Elizabeth: Sí, está bien, te veo en un rato, bye.

(Se cierra el telón y se cambia la escenografía a un parque, una banca, algo de pasto, y
un farol)

(Se abre el telón y aparece Elizabeth esperando a Fabiola en el parque, mira muy
seguidamente el reloj y al ver que no llega Fabiola decide sentarse a esperar)

Elizabeth: (En tono de impaciencia y preocupación) ¿Por qué no llegará? ¿Estará bien?,
¿y si le llamo? O mejor me espero. Sí, mejor esperaré un poco más. (Se levanta de la
banca y camina un poco, distraída, se voltea rápidamente y en eso Julio aparece en
escena y se golpea con el hombro de Elizabeth. Julio le tira el celular al suelo y se
estrella un poco)
Elizabeth: ¡Ay, mi celular!

(Levanta del suelo el celular y se fija si funciona, pero no funcionaba, Julio avergonzado
y nervioso le pide disculpas y le ofrece comprarle un celular nuevo)

Julio: (nervioso y avergonzado) Discúlpame, no me fijé, no me di cuenta, en serio,


perdón, deja que te reponga el celular, no fue mi intención, acepta, te compraré uno
nuevo.

Elizabeth: (Dudosa y enojada acepta) Bueno, te tomo la palabra, ya que era el único
celular que tenía, es justo que me lo repongas.

Julio: (apenado, se traba un poco al hablarle a Elizabeth) Bueno, si quieres


acompañarme a una tienda que está en un centro comercial no muy lejos de aquí.

Elizabeth: (acepta y salen del escenario) Bueno, vamos.

(Se cierra el telón y se cambia la escenografía: una calle, árboles, algo de hojas en la
calle, y entran a escena Elizabeth y Julio que caminan y de la nada se detienen a
platicar)

Elizabeth: (en tono de pregunta) Oye, ya nos conocimos y mi celular te conoció, pero
no sé ni tu nombre, ni tu edad, ni qué estudias. ¿Como te llamas?

Julio: (con algo de pena, contesta) Julio.

Elizabeth: (con interés de saber más sigue preguntando) Y… ¿Cuantos años tienes?
¿Qué estudias? No te de pena conmigo, no soy mala persona, aunque me haya
enojado por lo del celular, no te cohíbas conmigo, me caes bien. (Le sonríe a julio)

Julio: (le contesta un poco más seguro y sin tantos nervios) tengo, 19 años, estoy
empezando a estudiar en una universidad, y me pongo nervioso cuando hablo contigo,
no lo puedo evitar, perdón.

Elizabeth: (le sonríe a Julio y empiezan a platicar) ¿en dónde vives? ¿eres de aquí?
Julio: (le contesta sonriente) Si, vivo un poco lejos, pero salí a tomar aire fresco, lo
necesitaba y bueno, no sabía que en el camino te encontraría, aunque fue un
encuentro muy vergonzoso porque te destruí tu celular.

Elizabeth: (contesta con una sonrisa y como sí ya no le importará el celular) Pero si no


lo destruiste, sólo se apagó y no quiso prender. Además, me está empezando a gustar
hablar contigo. Espero que nos sigamos viendo, aunque ya se está haciendo un poco
tarde y me tengo que regresar a mi casa porque si no mis papás se molestarán y seré
yo la destruida.

Julio: (con una sonrisa, se despide de Elizabeth y llegan a un acuerdo para volver a
verse) Oye, pero espera, ¿podríamos volver a vernos en el mismo lugar del accidente
del celular, en el parque?

Elizabeth: (contesta con alegría) ¡Sí! Allí nos veremos todos los días, y bueno hoy te
extrañaré, créeme que con nadie me la había pasado tan cómoda platicando, aunque
aún te cohíbes un poco, no importa.

Julio: (contesta con una sonrisa) Bueno, allí te veré en el parque, y también te
extrañaré, al igual que tú me la pasé muy bien contigo aunque llevemos pocas horas
de conocernos y aunque no me hayas dicho tu nombre.

Elizabeth: (se lleva la mano a la frente y con tono de pena) ¡Es cierto! Yo te pregunté
todo pero tú a mí nada. Bueno, me llamo Elizabeth y tengo 18 años, y también estoy
comenzando en la universidad. Vivo cerca de un museo.

Julio: Bueno Elizabeth mañana te veré en el parque. Trataré de no ser tan cohibido,
(dice en tono de broma) es que me pongo nervioso.

Elizabeth: ¡Sí! Mañana nos veremos, y seguimos platicando, te cuidas mucho, eh, y no
te olvides de mi.

Julio: (contesta con una sonrisa) No lo haré, no te olvidaré. Ni tú a mí me olvides.


Cuídate, y duerme bien.

(Se despiden y Elizabeth sale a un lado del escenario y Julio al otro lado del escenario y
se cierra el telón)
(Se abre el telón y la escenografía hay una puerta, escaleras, un árbol, y está Fabiola
sentada en las escaleras. Al llegar Elizabeth, ve a Fabiola que la estaba esperando, y
alegre la invita a pasar a su casa)

Elizabeth: ( en tono de sorpresa o emoción) ¡Fabiola! Hola, pasa, entra, tengo que
contarte algo.

(Se cierra nuevamente el telón y se cambia la escenografía: una cama, un buró, una
lámpara, se abre el telón y sentadas en la cama está Fabiola y Elizabeth platicando)

Elizabeth: (alegre) ¿Sabes qué me paso hoy?

Fabiola: (bromista) ¿tiene que ver con tu celular? Porque por lo visto quedó para la
basura.

Elizabeth: (contesta alegre) ¡Sí! Tiene que ver con lo que queda del celular.

Fabiola: (en tono de interés) ¡Cuéntame! ¡Anda! ¡Cuéntame!

Elizabeth: (narra lo que le paso) Estaba allí en el parque en donde me citaste, y por
cierto, te tardaste horas en en llegar, pero eso no importa, bueno, te decía, estaba
esperándote y en eso un muchacho sin querer se golpea conmigo y me tira el celular, y
me enoje y el se ofreció a comprarme un celular nuevo. Yo acepté, pero conforme lo
fui viendo vi en el algo que no había visto en nadie, no sé, él tiene algo muy lindo, muy
no sé, es algo callado, se cohíbe conmigo, pero también es divertido y me pone mucha
atención.

Fabiola: (emocionada y con interés pregunta) ¿y cómo se llama el? ¿le preguntaste su
nombre o su edad? ¡Ya! ¡Cuéntame todo! ¡Me tienes con la duda!

Elizabeth: (sonríe al mencionar el nombre) Sí, su nombre es Julio, tiene 19 años y va


también en universidad. Me quedé de ver con él mañana en el mismo parque, y allí
vamos a vernos para seguir platicando. Él es diferente a los que he conocido, bueno,
aún no lo conozco muy bien, pero sé que no estoy equivocada, y él es diferente.

(Se quedan platicando y se cierra el telón)


Título: El amor no basta
Autor: Fabián Choque

Personajes:
Dalía
Edwin

(Aparece Dalia en su sala con un sobre en la mano algo nerviosa caminando de un lado a
otro. En eso, tocan a la puerta. Ella se asusta pero inmediatamente se calma tocando su
pecho)

Dalia: ¡Ya llegó! (Levanta un poco las manos) Ya, tranquila Dalia, todo saldrá bien (Va
caminando hacia la puerta haciendo una pausa en cada paso que da. Al llegar, toma la
perilla quedándose un momento en silencio. Finalmente, abre la puerta) ¡Edwin! (Lo
abraza muy fuerte) ¡Pasa por favor! (Los dos van caminando abrazados a la sala)
Edwin: ¡Vine lo más pronto que pude! ¿¡Qué pasa!? (Se sientan en el sofá. Acaricia su
rostro mirándola a los ojos) Todo el camino me la pasé pensando que te habría pasado
algo malo.
Dalia: Bueno, algo pasó pero… (Mira a un costado algo temerosa)
Edwin: ¡Ey! (Coge su mentón con los dedos y le levanta la cabeza) ¿Qué pasa?
Dalia: Hoy fui al médico a hacerme un chequeo y… (Le muestra el sobre)
Edwin: (Mira el sobre muy sorprendido y extrañado. Luego mira a Dalia) ¿Qué es esto?
(Lo comienza a abrir)
Dalia: Será mejor que lo veas tú mismo (Lo sigue mirando muy nerviosa) Es algo que he
querido decirte desde hace unos días pero no he tenido el valor de hacerlo. (Edwin
comienza a leerlo y su expresión cambia radicalmente)
Edwin: Dalia (Se ríe sarcásticamente) ¿Es una broma esto?
Dalia: (Toma sus brazos) Claro que no, es totalmente serio ¡Vas a ser papá! (Edwin quita
la mano de Dalia de su hombro, se pone de pie muy molesto y con las manos en la cintura,
camina hacia el público) (Voltea y mira muy serio a Dalia. Ella se asusta un poco y se
queda parada viéndolo fijamente. Camina lentamente hacia ella con la misma mirada seria
y se para a pocos centímetros de su rostro)
Dalia: (Asustada) ¿Qué pasa? (Sonríe ligeramente y nerviosa) ¿No te agrada la noticia?
(Edwin arruga el papel mientras mira a Dalia muy molesto y luego de estrujarlo, lo tira al
suelo)
Edwin: ¿¡Pero qué diablos te pasa!? ¡Cómo no se te ocurrió protegerte! (Dalia lo mira muy
sorprendida y mueve la cabeza de un lado a otro) (Edwin mira hacia arriba con las manos
en la cintura y camina de un lado a otro)
Dalia: Esperaba que te sintieras… (Se queda en silencio unos momentos)
Edwin:(Muy molesto) Qué ¿¡Feliz!? ¿¡Saltando de alegría!? (Se acerca a ella muy rápido)
¡No tienes ni idea de lo que has hecho! ¿¡Verdad!?
Dalia: (Con cara de indignación) ¿¡De lo que he hecho!? ¡Pero, si estuvimos juntos! ¡Es
nuestra responsabilidad!
Edwin: ¿¡Nuestra responsabilidad!? (Le mueve el dedo índice en señal de negación y le
sonríe sarcásticamente) No “mamita”, (Le señala su barriga) ese ahora es tu problema y
ahora tú, ve cómo te las arreglas (Va hacia la puerta caminando rápido)
Dalia: ¡No! ¡Edwin! ¡¡¡Edwin!!! (Corre tras él antes que él llegue a tocar la perilla, lo
detiene) ¡No puedes hacerme esto! (Comienza a llorar) ¡También es tu hijo! (Edwin la toma
bruscamente de sus brazos y la mira fijamente a los ojos)
Edwin: Solo diré esto una vez (Acerca su cara a la de ella) No me importa, ese bastardo
que llevas en tus entrañas (La empuja tirándola al suelo mientras se va) (En el suelo, Dalia
comienza a romper en llanto y a golpear el piso)
(Se cierra el telón) (Se vuelve a abrir y aparece Dalia con su hijo en brazos)
Dalia: Ya hijito ya (Le sonríe al bebe) ¿Quién es el más lindo? ¿Quién es el más lindo? (Va
a sentarse al sofá) Vamos a sentarnos porque mami está algo cansadita ¿Ya? (Se sientan
y comienza a moverlo para que no llore) (En eso, comienzan a tocar a puerta) ¡Uy, tocan a
la puerta! Vamos a ver quién es (Se pone de pie y va hacia a puerta. Al abrirla, ve nuevo a
Edwin y pone una expresión de asombro)
Edwin: (Con voz nerviosa) Hola Dalia, ¿Cómo estás?
Dalia: (Con una mirada muy molesta) ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?
Edwin: Vine a hablar un momento contigo (Ve a bebe) ¿Ese es él? (Acerca su dedo a la
cara del bebé pero antes que lo toque, ella lo aleja)
Dalia: Te hice una pregunta.
Edwin: Mira Dalia sé que estás molesta por lo…
Dalia: ¿¡Molesta!? ¿¡Molesta!? Me abandonas cuando te di la maravillosa noticia que
serías padre, no te veo después de muchos meses ¿¡Y me dices que sabes que estoy
molesta!? (Sonríe sarcásticamente) Creo que para ser broma, es algo pesada.
Edwin: Merezco todo lo que me dices y sé que más…
Dalia: Definitivamente.
Edwin: …Pero he cambiado (Se acerca a ella) Quiero que seamos una familia, ¿Qué
dices?
Dalia: (Se queda en silencio por un momento. Luego, va a dejar al bebe en su corral y
regresa con Edwin) ¿Quieres que ahora seamos una familia? ¿De verdad? (Le tira una
bofetada y comienza a llorar) “No me importa ese bastardo que llevas en las entrañas” ¿Te
suenan esas palabras? (Le levanta el dedo índice) Tú no mereces tener este hijo, es más,
no mereces llamarte padre. Creí que podría formar una familia contigo ¡Una feliz familia!
Pero creo que me equivoqué, y doy gracias a Dios por eso.
Edwin: Sé que he sido muy duro al hablarte así y te pido perdón. ¡Dame otra oportunidad!
¡Por favor!
Dalia: Te rogué de la misma manera hace meses, pero tú me tiraste al suelo, como a un
trapo viejo, ¿Crees que mereces una oportunidad? (Va hacia a puerta y la abre) Ahora
quiero que por favor te retires de mi casa.
Edwin: Dalia yo…
Dalia: ¡¡¡Vete!!! (Edwin hace un suave suspiro mientras agacha la cabeza. Va caminando
lentamente hacia a puerta; a llegar, voltea y ve a Dalia, se queda en silencio por un
momento y se retira) (Dalia cierra la puerta cuando en eso, su hijo comienza a llorar e
inmediatamente va con él) ¡Ya tranquilo, tranquilo! Fue solo una pesadilla que ya pasó (Lo
ve fijamente) Jamás estarás solo, siempre me tendrás a mí, por siempre y para siempre.