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Las pérdidas perinatales son en la actualidad un tema tabú.

En el siglo
xxi, cuando los asuntos relacionados con la sexualidad y la
reproducción son de interés general y creciente, el aborto sigue
relegado al silencio. Acaso tiene mucho que ver con el hecho de que
estamos hablando de muerte, el gran tema pendiente de nuestro
tiempo. El aborto es sangre, dolor, sexo y muerte. Es fracaso. Y nuestra
sociedad teme, intenta escabullirse, mirar para otro lado para
deshacerse de la carga que estos conceptos suponen. El aborto es un
tema que sigue relegado a la sombra; al terreno de los temas
censurados de manera latente, al tabú.

Las mujeres cuentan sus embarazos exitosos, pero silencian sus


embarazos truncados. Las parejas de estas mujeres, más todavía. Es
sorprendente, por lo poco habitual, que una mujer cuente que ha
tenido tres hijos y dos abortos, por ejemplo.

Una mujer se siente madre desde el momento en que se siente


embarazada, afirma Silvente hablando del vínculo. Los estudios más
recientes sobre la cuestión vienen a dar explicación científica a algo
que ya notaron o intuyeron muchas mujeres embarazadas. Según los
últimos estudios hechos en ratas por investigadores de Singapur, China
y Japón, durante el embarazo las células del embrión emigran al
cerebro de la madre. Parece ser que estas células fetales pueden
permanecer en el cuerpo de la madre hasta más de veinte años
después del embarazo. Las criaturas que viven en nuestro interior dejan
huella… Las madres de bebés no nacidos lo sabían, pero ahora lo
explica la ciencia. A partir del día quince de la gestación, ya implantado
en el útero, el embrión se comunica con los tejidos de la madre.
Los niños eligen venir a través de unos padres. Ellos marcan los
tiempos y ni los tratamientos de fertilidad más punteros lograrán que
una mujer quede embarazada si antes no ha sido tocada por la varita
mágica de algún hada caprichosa. La moderna medicina casi nos ha
hecho creer que somos los amos de nuestra vida, que podemos elegir
cuándo preñarnos con los modernos métodos de fecundación, decidir
qué día nacerá nuestro hijo; alargar la vida cuando ya nos toca irnos,
sortear a la muerte con tratamientos costosos que nos salvan la vida y
nos curan de mil enfermedades… Pero todavía, en pleno siglo XXI,
nadie sabe por qué razón ocurre el milagro de la vida en el vientre de
una mujer. Yo creo que nuestros hijos, cuando son seres de luz en
algún lugar hermoso, nos eligen. Eligen quedarse y, a veces, eligen irse.
No sé la razón. Sólo sé que el viaje de la vida es más complejo y
mágico de lo que nuestras pequeñas cabecitas podrían imaginar nunca.
MÓNICA ÁLVAREZ
Bueno, lo cierto es que, ocurra cuando ocurra, para la medicina es «un
feto», macho o hembra, sin más. Y como no hay un registro civil donde
se pueda inscribir a estos miembros de la familia de escasos derechos
(debe ser que a mayor tamaño corporal, mayores derechos tienes en
nuestra sociedad), el informe médico es el que cuenta y, a nivel civil,
será el único papel legal donde constará que el pequeño al que
ciertamente su madre llevó en su vientre con todo el amor existió
realmente
Desde hace ya varias décadas se investiga en la Terapia de Familia
cómo el tipo de comunicación dentro de cualquier grupo social cura o
enferma.

Un aborto no es «algo» que has tenido. Un aborto es un conjunto de


procesos que comienza en el instante en que la vida intrauterina cesa.
En el momento en que deja de haber latido fetal, el cerebro de la
madre recibe por medio de hormonas y sustancias químicas la señal de
que hay que «abortar la operación»: el embarazo se ha interrumpido y
ya no es necesario gastar más energía en la gestación de un bebé que
no tiene vida y no va a responder. Comienza un proceso de involución
que culmina con el parto de un embrión, feto o bebé, dependiendo de
la edad gestacional.
Los niños son inteligentes y sabios. Somos los adultos quienes en
muchas ocasiones tenemos problemas para estar a la altura de las
circunstancias. La pregunta que baila en boca de los adultos suele ser:
«¿Y ahora cómo se lo decimos?». Los hermanos, como partes
integrantes del grupo familiar, tienen derecho a saber que tienen otro
hermano, aunque no haya llegado a nacer. Tienen derecho a preguntar,
a recibir respuestas, a despedirse del pequeño con el que ya no
jugarán.

Un niño sabe que si alguien falta lo normal es estar triste. Puede pensar
que si él un día se muere tampoco lo llorarán…

No importa la edad que tiene un hijo cuando muere… no deja de


parecer un terrible error que tus hijos mueran antes que tú.

La muerte de un hijo es algo que uno no escogería nunca, pero lo que


hacemos después con nuestra vida está lleno de posibilidades. No se
limite: valore cada una y elija las que le permitan avanzar sin sentirse
culpable por ello.