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Incubadoras para el aprovechamiento

del derecho de acceso a la información pública

Programa Transparencia para Tod@s.

¿Les ha ocurrido que a veces trabajan en busca de un resultado y producen otro


diferente, y en ocasiones más útil que el que pretendían? Quizás éste sea uno de
esos casos. Cuando, entre 2005 y 2007, nos dimos cuenta de la indiferencia a
nuestra propuesta de que el sector de las bibliotecas públicas y de los órganos
garantes de la transparencia realizaran procesos de capacitación para que, en las
primeras, se pudiera ofertar asesoría básica para el ejercicio del derecho de
acceso a la información pública (DAIP), decidimos realizar por nuestra cuenta un
intento piloto de dicha tarea.

El primer problema fue poder ingresar a bibliotecas a impartir dicha capacitación.


El tema del DAIP era nuevo, desconocido e incomprendido. Finalmente pudimos
conseguir un contacto que confió en nuestra iniciativa, y así logramos impartir el
primer taller para bibliotecarios –para formarlos como usuarios y facilitadores del
derecho de acceso a la información pública– al que sólo asistió un bibliotecario, el
promotor cultural de la biblioteca y tres personas externas a ésta.

Cuando en el taller llegamos al momento de exponer para qué sirve el DAIP,


nuestras explicaciones no fueron convincentes en el contexto de los participantes.
Al momento de exponer los dos únicos casos de que disponíamos de aplicaciones
exitosas ciudadanas –registradas en el extranjero, por cierto–, el escepticismo fue
desconsolador. “Esos casos sólo podrían ocurrir en otros países, nunca en
México”; “¿en qué están pensando ustedes? –nos reclamaban–, estamos en
México”. Y así, perdimos a dos participantes en el taller. De los tres que quedaban,
dos no podían renunciar pues eran los anfitriones, y el tercero tampoco, ya que era
un colega promotor del DAIP.

Algunos años después, en la parte final de la cuarta edición del taller, con un grupo
más nutrido de asistentes, la mayoría empleados del Poder Judicial del Estado,
ocurrió lo inesperado porque no imaginábamos que sucedería tan fácil: un caso de
éxito. Y fue ahí que surgió la magia, el enamoramiento por este nuevo derecho y,
más adelante, la pasión por su potencial para defender la dignidad de las personas
ante el abuso o la indiferencia de la autoridad.

Además de los beneficios que el DAIP suponía para el grupo de élite que ya lo
aprovechaba, este nuevo derecho abría posibilidades para atender intereses y
necesidades de a quienes jamás los funcionarios de primer nivel les tomarán una
llamada, de quienes nunca aparecerán en la agenda de altos servidores públicos,
de quienes no saben ante quién y cómo presentar sus inconformidades,
necesidades o peticiones; de quienes jamás podrán hacer uso de la palabra en un
acto público gubernamental.
Como afirma la socióloga boliviana Vivian Schwarz, la información nos ofrece la
posibilidad de relacionarnos con el Estado en otros términos. Y eso, hay que saber
aprovecharlo. Y advierte que los ciudadanos “tampoco hemos entendido el valor de
la información como instrumento para avanzar, para hacer seguimiento a las
instituciones y decirles lo que necesitamos y lo que queremos; para participar, para
decidir, para proponer, para votar, para criticar”.

A la fecha, hemos vivido en los talleres la enriquecedora experiencia de


acompañar la construcción de docenas de casos exitosos, de diversa naturaleza,
en el uso del DAIP. Ha sido como una bola de nieve que desciende por la colina:
mostramos, analizamos y comparamos casos de éxito a los nuevos participantes
de un taller, quienes toman ideas o se inspiran en ellos para probar aplicaciones de
este derecho en asuntos similares o diferentes, pero de su contexto personal. ¿El
resultado? Conocemos nuevas aplicaciones del DAIP, cometemos nuevos errores,
tenemos nuevos fracasos y, sí, a veces, con paciencia y perseverancia, logramos
nuevos casos de éxito.

Después de dedicar algunos años a estudiar la mecánica de los casos de


aprovechamiento del DAIP, y a tratar de identificar etapas y factores comunes en
las categorías en que los hemos clasificado, nos preguntamos por qué fue que
surgieron casos de aprovechamiento durante los talleres, que sólo pretendían ser
un espacio de formación en el uso de este derecho.

MICRO LABORATORIOS DE APROVECHAMIENTO DEL DAIP

Hubo un momento en que nos dimos cuenta de que, hacia el final de los talleres,
quienes estaban participando en ellos habían acumulado experiencias que sería
muy útil que compartieran entre sí para enriquecer el aprendizaje de todo el grupo.
Entonces las dos últimas sesiones del taller las destinamos a que los participantes
expusieran ante el grupo “lo bueno, lo malo y lo feo” de su experiencia en el uso
del DAIP, y en la formación de sus propios aprendices.

Era entonces que los talleres se convertían en micro laboratorios sociales en los
que experimentábamos con el derecho de acceso a la información pública e
intercambiábamos resultados. Así, todos conocíamos los errores, “trucos”, tips,
problemas, soluciones, fracasos y éxitos de los demás, y multiplicábamos los
aprendizajes.

Debido a que, después de los dos meses de duración de cada taller, varias
solicitudes o recursos de revisión aún se encuentran en curso, su desenlace ocurre
semanas o meses después. Por eso cada grupo dispone de un sitio y foro virtual
en el que se le brinda acompañamiento y asesoría. Y en ocasiones, meses
después de haber concluido el taller, el grupo recibe la grata noticia de alguna
compañera (generalmente son mujeres quienes lo logran) de que ha construido un
caso de éxito derivado de alguna de sus solicitudes de información.
Nuestra tarea era documentar, registrar o al menos recordar las lecciones más
significativas para compartirlas con los grupos de nuevos talleres, lo que hacía
crecer de manera continua los aprendizajes grupales.

Escuchar al final de cada taller los testimonios derivados de experiencias en


primera y segunda persona (como usuarios y como tutores de sus aprendices), nos
permitía también conocer las diferentes aplicaciones que cada participante había
dado al DAIP, sus expectativas y resultados. Es decir, atestiguábamos la manera
en que cada uno de ellos se había “apropiado” de este derecho para sus intereses
personales, familiares o comunitarios. Lo cual, al paso del tiempo, nos mostraba
los problemas o necesidades sobre los cuales centraban su atención, y eso nos
permitía enfocar los contenidos del taller en esas direcciones.

Nos dimos cuenta de que, sin haberlo planeado así, la parte práctica del taller se
había convertido en una “incubadora” de casos de aprovechamiento del derecho
de acceso a la información pública. ¿Cuáles han sido las condiciones que han
contribuido a ello?:

1. El acompañamiento y seguimiento continuo de ejercicios reales de acceso y


uso de información pública.
2. Absoluta libertad para aplicar el DAIP en asuntos inéditos o desconocidos.
3. Proveer la orientación o asesoría necesaria y oportuna, cuando ha sido
posible.
4. Dar el tiempo necesario a cada caso. (Quien pondrá punto final será quien
usa el DAIP o el desenlace mismo del ejercicio).
5. Comprender que pocos casos de éxito ocurren en días o semanas, la
mayoría requieren meses, y otros toman años.
6. Los aprendizajes en “cabeza ajena”, que en algunos casos ayudan a
reorientar las solicitudes de información o –sobre la marcha, a veces– las
estrategias en el uso de la información obtenida.

El aprendizaje del uso y aprovechamiento del DAIP puede rendir mejores frutos
cuando se da en entornos de grupos pequeños, de empatía, colaboración y –muy
importante– sin prisas, con la duración suficiente.

Estas lecciones surgidas al andar el camino de la formación de usuarios,


facilitadores y multiplicadores del DAIP, nos han servido para prestar mayor
atención a esta función paralela: la “incubadora” de casos de aprovechamiento;
porque la mayoría de las personas se animan a usar este derecho para la atención
de necesidades o problemas de su entorno inmediato, con la expectativa de
resolverlos.

Como expresara en 2011 Sergio López Menéndez, Director de Promoción y


Vinculación con la Sociedad Organizada del IFAI, en un foro de participantes en
estos talleres: “Al escuchar a quienes participaron en los talleres nos damos cuenta
de que el derecho de acceso a la información pública no sólo es una herramienta
para los grandes temas del país, sino también para los pequeños temas de los
individuos. Si este derecho no les sirve a las personas no tiene ningún sentido”.

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